Skip to main content

Full text of "16 Ilustración Española Y Americana 1898 1"

See other formats


This  is  a  reproduction  of  a  library  book  that  was  digitized 
by  Google  as  part  of  an  ongoing  effort  to  preserve  the 
information  in  books  and  make  it  universally  accessible. 


Google"  books 

https://books.google.com 


Acerca  de  este  libro 

Esta  es  una  copia  digital  de  un  libro  que,  durante  generaciones,  se  ha  conservado  en  las  estanterías  de  una  biblioteca,  hasta  que  Google  ha  decidido 
escanearlo  como  parte  de  un  proyecto  que  pretende  que  sea  posible  descubrir  en  línea  libros  de  todo  el  mundo. 

Ha  sobrevivido  tantos  años  como  para  que  los  derechos  de  autor  hayan  expirado  y  el  libro  pase  a  ser  de  dominio  público.  El  que  un  libro  sea  de 
dominio  público  significa  que  nunca  ha  estado  protegido  por  derechos  de  autor,  o  bien  que  el  período  legal  de  estos  derechos  ya  ha  expirado.  Es 
posible  que  una  misma  obra  sea  de  dominio  público  en  unos  países  y,  sin  embargo,  no  lo  sea  en  otros.  Los  libros  de  dominio  público  son  nuestras 
puertas  hacia  el  pasado,  suponen  un  patrimonio  histórico,  cultural  y  de  conocimientos  que,  a  menudo,  resulta  difícil  de  descubrir. 

Todas  las  anotaciones,  marcas  y  otras  señales  en  los  márgenes  que  estén  presentes  en  el  volumen  original  aparecerán  también  en  este  archivo  como 
testimonio  del  largo  viaje  que  el  libro  ha  recorrido  desde  el  editor  hasta  la  biblioteca  y,  finalmente,  hasta  usted. 


Normas  de  uso 

Google  se  enorgullece  de  poder  colaborar  con  distintas  bibliotecas  para  digitalizar  los  materiales  de  dominio  público  a  fin  de  hacerlos  accesibles 
a  todo  el  mundo.  Los  libros  de  dominio  público  son  patrimonio  de  todos,  nosotros  somos  sus  humildes  guardianes.  No  obstante,  se  trata  de  un 
trabajo  caro.  Por  este  motivo,  y  para  poder  ofrecer  este  recurso,  hemos  tomado  medidas  para  evitar  que  se  produzca  un  abuso  por  parte  de  terceros 
con  fines  comerciales,  y  hemos  incluido  restricciones  técnicas  sobre  las  solicitudes  automatizadas. 

Asimismo,  le  pedimos  que: 

+  Haga  un  uso  exclusivamente  no  comercial  de  estos  archivos  Hemos  diseñado  la  Búsqueda  de  libros  de  Google  para  el  uso  de  particulares; 
como  tal,  le  pedimos  que  utilice  estos  archivos  con  fines  personales,  y  no  comerciales. 

+  No  envíe  solicitudes  automatizadas  Por  favor,  no  envíe  solicitudes  automatizadas  de  ningún  tipo  al  sistema  de  Google.  Si  está  llevando  a 
cabo  una  investigación  sobre  traducción  automática,  reconocimiento  óptico  de  caracteres  u  otros  campos  para  los  que  resulte  útil  disfrutar 
de  acceso  a  una  gran  cantidad  de  texto,  por  favor,  envíenos  un  mensaje.  Fomentamos  el  uso  de  materiales  de  dominio  público  con  estos 
propósitos  y  seguro  que  podremos  ayudarle. 

+  Conserve  la  atribución  La  filigrana  de  Google  que  verá  en  todos  los  archivos  es  fundamental  para  informar  a  los  usuarios  sobre  este  proyecto 
y  ayudarles  a  encontrar  materiales  adicionales  en  la  Búsqueda  de  libros  de  Google.  Por  favor,  no  la  elimine. 

+  Manténgase  siempre  dentro  de  la  legalidad  Sea  cual  sea  el  uso  que  haga  de  estos  materiales,  recuerde  que  es  responsable  de  asegurarse  de 
que  todo  lo  que  hace  es  legal.  No  dé  por  sentado  que,  por  el  hecho  de  que  una  obra  se  considere  de  dominio  público  para  los  usuarios  de 
los  Estados  Unidos,  lo  será  también  para  los  usuarios  de  otros  países.  La  legislación  sobre  derechos  de  autor  varía  de  un  país  a  otro,  y  no 
podemos  facilitar  información  sobre  si  está  permitido  un  uso  específico  de  algún  libro.  Por  favor,  no  suponga  que  la  aparición  de  un  libro  en 
nuestro  programa  significa  que  se  puede  utilizar  de  igual  manera  en  todo  el  mundo.  La  responsabilidad  ante  la  infracción  de  los  derechos  de 
autor  puede  ser  muy  grave. 


Acerca  de  la  Búsqueda  de  libros  de  Google 


El  objetivo  de  Google  consiste  en  organizar  información  procedente  de  todo  el  mundo  y  hacerla  accesible  y  útil  de  forma  universal.  El  programa  de 
Búsqueda  de  libros  de  Google  ayuda  a  los  lectores  a  descubrir  los  libros  de  todo  el  mundo  a  la  vez  que  ayuda  a  autores  y  editores  a  llegar  a  nuevas 
audiencias.  Podrá  realizar  búsquedas  en  el  texto  completo  de  este  libro  en  la  web,  en  la  página  http  :  //books  .  qooqle  .  com| 


UNIVERSITY  OF  CALIFORNIA 
AT  LOS  ANGELES 


Stf AT/J. 


1  |j¡||  EX  LIBR1S  |] 


¡3XA\^<L:  ;4%w  ^  r>^.im 


lur 


IvO 


Nív 


>w 


N( 


/y  -4vn;~/ 


‘;^Vv 


t 


ci 


<i?- 


1 


t  A~  -.  y  • 


^  -**L  < 

7j--V  í-^' 


7~A_. 


A 


;.<K 


>V 


¿r  v  h 


y 


vC 


y 


CiT* 


47 


f~f 

y 


/AaXW  II 


\  ■ 


T 


y 


JX 


*t:¿ 


-^r 


TP'-ílV 


/<  A 


*  J. 


n  ><Kv 


> 


s_ 


jC 


*) 


\ 


w*> 


\_- 


-r 


c  7j  \  .w.  • 

--'•  ^ 


oyCr- 


k 


LN- 


r 


«m-  : 


j — „ 


«a 


a>- 


>'j 


*  ■.. 


áT* 


'j 


V 


J 


r~'Jsr&^:;^''r 


»  r  *s 

•;VN... 


v  >-. 


V*\- 


5T 


-  \" 


\ 


*7- 


i 


,> 


'XV,^ 


Xj3,"T 


d¿> 


£4 


ijr 


VX 


7\  ^ 


r 


•v* 


V/ '  *> 


>  .'Y 


\- 


H  s^ 


i/ 


"r- 


•*  y  ‘ 


N  V^ 


A  >  i 


A 


W 


f> 


/ 


X 


[3 


■gr 


v 


'<V; 


w 


Nd 


V 


j 


S-*r 


yy^yyc  -y  .?y¡  %■  ^  ^ 

'  ^aS3  ,  *  x  rxr 

7  vr>  í>>^ 

'-yy 


•jjLsS? 


<7*7  -■  17; 

*7**  * 


N\ 


V'  v- 


K 


:3 


c 


71 


r> 


t 


VA* 


v\ 


ti 


K 


37 


; 


V 


L 


~^r 


V 


r-Á 


Y 


>1 


K 


V 


;x¡ 


A 


7v 


4 


xv 


r<v>  va.  Kv,-S*y* 

„  K^W 


•*á 


r* 


~Ni. 


V 


4, 


3 


-442^3 '  ^t>C 

fctóíajJ-  xr  VV  ,  z\  3  ^  K4.  •^‘s>  \ 

ñ-  3  ^'.v*'  y^v^o-v^.  >-<Ta‘  '  .3  ..->  -  c  a.  o>f>-~4rt  v-' 


r  ü 


K33 


,\'w*'-^: 


yvs 


A 


V,X 


7 


xÁ  v 

a  '  ‘3.-4v-  •  -<>7*  ¡O 

¡  'Vt 

>' -.7.7  >:•  ;3; 


•» 


í3\ 


V^ 


Ju<  f 


*y* 


<  ^ 


m 


X  j¿ 


A 


:at 


Al 


rw 


X 


s 


:  y  i 


.  aj’W 


Digitized  by  ^.ooQie 


4 


Digitized  by  ^.ooQie 


LA  ILUSTRACIÓN 


I  ¿  i 


EMPANOLA  Y 


AMERICANA. 


REVISTA  DE  BELLAS  ARTES  Y  ACTUALIDADES 

F  U  NIDIA  D  A 

por  el  Excmo.  Sr.  D.  Abelardo  de  Carlos. 

AÑO  XLII. 

ÍNDICE  DE  LOS  GRABADOS  CONTENIDOS  EN  EL  TOMO  LXV. 

(PRIMER  SEMESTRE  DE  1898.) 


BELLAS  ARTES. 

itaadros,  estatua?,  monumentos,  etc. 

¡Adiós!,  dibujo  do  Picólo,  304. 

Aficiones  precoces,  dibujo  de  Sauber,  33. 

Alegoría  dkl  Corpus  Christi,  por  D.  An¬ 
selmo  Gascón  de  Gotor,  331. 

Canciones  de  actualidad,  dibujo  de  F.  Al- 
berti,  237. 

Capuchinos  en  el  coro  cxntando  vísperas, 
cuadro  de  Navarrete,  189. 

«Cjnff.tti»  Y  Serpentinas,  dibujo  de  Jimé¬ 
nez  Martín,  105. 

Cjqübtsuía.  cuvlro  de  G.  Uoussin.  10. 

Cjquetkuía,  cua  íro  de  Palmaroli,  101. 

Costumbres  andaluzas. — Una  merienda,  di¬ 
bujo  de  José  García  llamos,  28. 

Cupido  fin  de  siglo,  133. 

De  la  corrida  patriótica,  dibujo  de  Pía,  234. 

Despuéí  de  la  función,  cuadro  de  Degrave, 

21. 

El  beso  de  un  ángel,  dibujo  de  M.  Alcázar, 
188. 

En  campaña,  dibujo  de  Moreno  Carbonero,  2  6  2. 

En  el  baile,  dibujo  de  Pía,  101. 

En  el  columpio,  dibujo  de  Carlos  Vázquez,  8. 

En  el  «foyer»,  dibujo  de  Muñoz  Lucena,  17. 

En  la  fuente,  cuadro  de  Godward,  364. 

Entre  dos  fue  jos,  cuadro  de  Percy  Morau, 
173. 

Escudo  colocado  en  el  Ánco  del  nuevo  Mi¬ 
nisterio  de  Fomento,  escultura  de  lticardo 
Bellver,  52. 

¡Feliz  año  nuevo!,  por  Barraud,  1. 

Intimidades,  cuadro  de  Blaas,  14. 

Jesús  Nazareno,  imagen  que  se  venera  en 

u  la  iglesia  de  Sin  Juaa  de  Letrán,  en  Mcm- 

V  toro  (Córdoba),  209. 

La  Anuncación,  cuadro  de  Murillo,  166. 

La  buenaventura  al  alcance  de  todos,  di¬ 
bujo  de  F  Mota,  49. 

La  emperatriz  Isabel  de  Portugal,  cuadro 
del  Tiziano,  149. 

La  farándula,  cuadro  de  Garrido,  60  y  61. 

La  gallina  ciega,  cuadro  de  llicci,  13. 

La  Semana  Santa  f.n  Madrid.— Visita  de 
Sagrarios,  dibujo  de  Pía,  200. 

La  vendimia  en  Jerez,  cuadro  de  Salvador 
Viniegra,  93. 

Las  cuatro  edades  de  la  vida,  cuadro  de 
Van  Dyck,  45. 

Las  fiestas  de  Flora,  cuadro  de  Cava- 
llaro,  221. 

Las  joyas,  cuadro  de  Czacborski,  10  y  11. 

Madrid. —  El  pelele  en  los  lavaderos,  di¬ 
bujo  de  Emilio  Sala,  103  y  109. 

¡Mañana,  gran  día!,  cuadro  de  Vollon,  156. 

Monumento  á  Gayarre,  por  Mariano  Ben- 
lliure,  316  y  317. 

«Música  di  camera»,  cuadro  de  Vicente  Pal¬ 
maroli,  157. 

Numtro  Señor  llevando  la  cruz,  cuadro 
de  Sebastián  del  Piombo,  198. 

Paisaje,  por  F.  Morera,  44. 

Paseo  sobre  el  hielo,  en  el  siglo  xviii,  cua¬ 
dro  de  P.  Aureli,  29. 

Primavera,  cuadro  de  Linden,  140. 

Propósito  de  la  enmienda,  dibujo  de  Alcᬠ
zar,  172. 

Recolección  de  la  sal,  cuadro  de  Salvador 
Viniegra,  92. 

Rbgreío  de  la  pes3A,  cuadro  de  Haquette,  113. 

Riquezas  ub  Extremadura,  cuadro  de  Emilio 
Sala,  365. 

San  Juan  ob  la  Peña,  dibujo  de  Gastón  de 
Gotor,  202. 

Secretos  del  tocador,  cuadro  de  Lambert, 
141. 

Sueños  de  la  noche  de  Reyes,  dibujo  de 
Comba,  15. 

Tapiz  de  «La  Rendición  de  Granada»,  por 
la  Srta.  D.*  Catalina  Narváez  de  Ruiz,  239. 

Trafalgar,  dibujo  de  J.  Vallejo,  268  y  269. 

Un  currutaco,  dibujo  de  C.  Cuadra,  20. 

Un  día  de  Mayo,  cuadro  de  Félix  Mestres, 
334. 

DETRITOS. 

Alvarez  Tubau  de  Palbnoia  (María),  emi¬ 
nente  artista  española,  85. 


Angelini  (Enrique),  cónsul  tie  Méjico  en 
Roma,  192. 

Aranzabr  y  Estefanía  (D.  Ramiro),  coro¬ 
nel  de  Infantería,  63. 

Arbóh  y  Trcmantí  (D.  Fernando),  laureado 
arquitecto,  362. 

Arguelles  (D.  llamón),  coronel  de  volunta¬ 
rios  de  la  isla  de  Cuba,  314. 

Augustjn  y  Dávila  (D.  Basilio),  gobernador 
general  de  Filipinas,  136. 

Atjñón  y  Villalón  (D.  llamón),  ministro  de 
Marina,  293. 

Bexlliure  (Mariano),  laureado  escultor, 
310. 

Bermejo  (D.  Segismundo),  ministro  de  Ma¬ 
rina,  177. 

Blanco  y  Errnas  (D.  Ramón),  gobernador 
general  de  la  Isla  de  Cuba,  357. 

Bru  (Isabel),  del  teatro  de  Apolo,  67. 

Cadarzo  y  Rey  (D.  Luis),  comandante  del 
crucero  Rúni  Cristina,  234. 

Calleja  (Dr.  D.  Julián),  presidente  técnico 
del  IX  C ongreso  de  Higiene,  224. 

Cámara  Y  Livermore  (D.  Manuel  de  la),  con¬ 
traalmirante  de  la  Armala,  277. 

Campos  (Luisa),  del  teatro  de  Apolo,  19. 

Carrvnza  y  Ueguerv  (D.  llamón  de),  te¬ 
niente  de  navio,  212. 

Cascajares  y  Azara  (1).  Antonio  María),  car¬ 
denal  arz  )bispo  de  Valladolid,  138. 

Cavalotti  (Felice),  oralor  y  literato  ita¬ 
liano,  176. 

Ckrvf.ra  y  Topete  (D.  Pascual),  contraalmi¬ 
rante  de  la  Armada,  229. 

Clara  Barton  (Mise),  representante  enCuba 
de  la  Cruz  R  »ja  norteamericana,  116. 

Coll  Y  Zamuy  (D. Francisco),  mélico  mayor 
de  S anidal  Militar,  14. 

Collado  (D.  Casimiro  del),  distinguido  lite¬ 
rato,  356. 

Conde  Ferrucio  Macóla.  167. 

Cubas  (Concepción),  del  teatro  Eslava ,  35. 

Ciiamberlain  (Mr.),  ministro  de  las  Colonias 
de  Ingl  iterra,  303. 

D’Annunzio  (Gabriel),  97. 

Dksniamps  (L).  Manuel),  capitán  del  transat¬ 
lántico  Montserrat y  245. 

Díaz  Morsu  (D.  Emilio),  capitán  de  navio, 
comandante  del  Cristóbal  Colón ,  323. 

Díaz  (D.  Porfirio,  hijo),  capitin  de  Ingenie¬ 
ros  del  ejército  mejicano,  36. 

Dolz  y  Arango  (D.  Eluardo),  ministro  de 
Obras  Públicas  y  Comunicaciones  de  la  Isla 
de  Cuba,  24. 

Dovign  Sigsbee  (Mr.  Charles),  comandante 
del  Maine ,  en  su  cámara,  153. 

Dreyfüs  ,  39. 

Duque  de  la  Victoria,  individuo  de  la  Aca¬ 
demia  de  Ciencias  desde  el  año  1847,  40. 

Dltse  (Eleonora), eminente  actriz  italiana,  244. 

El  cabecilla  Arangurkn,  71. 

El  comandante  Esterhazy,  39. 

El  Dr.  Paul  Brouarokl,  decano  de  la  Fa-, 
cuitad  de  Medicina  de  París,  213. 

El  emperador  de  Annam,  Thanh  Tiiai,  ea 
bicicleta,  84. 

El  general  Fitziidgh  Lee.  cónsul  general 
de  los  Estados  Unidos  de  Norte-América  en 
la  Isla  de  Cuba,  159. 

El  general  Saussibr,  ex  generalísimo  del 
ejército  francés,  64. 

El  general  Zurlinden,  sucesor  del  general 
Saussier  en  el  gobierno  militar  de  París,  58. 

El  príncipe  Enrique  de  Prusia,  jefe  de  la 
según  la  división  de  la  Escuadra  alemana 
en  China,  5. 

Frexas  (D.  Earique),  eminente  crítico  musi¬ 
cal,  profesor  del  Conservatorio  de  Música 
de  Buenos  Aires,  48. 

Gálvbz  y  Alfonso  (D.  José  María),  presi¬ 
dente  del  Miaisterio  cubano,  6. 

Gamazo  (D.  Germán),  ministro  de  Fomen¬ 
to,  326. 

Gladstone  (Mr.  William  Evart),  ilustre  es¬ 
tadista  inglés,  298. 

González  Muñoz  (D.  Andrés),  teniente  ge¬ 
neral,  37. 

González  y  Pareado  (D.  Julián),  general  de 
división.  3S4. 

Goschen  (Mr.),  primer  lord  del  Almirantazgo 
de  Inglaterra,  335. 

Gorordo  b  Igartóa  (D.  José  María  de),  ca¬ 
pitán  del  transatlántico  Alfonso  XIII,  273. 


Guerra  (Srta.  D.R  María  Luisa),  eminente 
concertista,  170. 

Haes  (D.  Carlos  de),  376. 

Hédigbr  y  Olivar  (D.  Emilio),  capitán  de 
navio,  288. 

Hernández  y  Fernández  (D.  Víctor),  co¬ 
ronel ,  teniente  coronal  de  Ingenieros,  32. 

Humann,  jefe  de  la  Escuadra  francesa  del 
Mediterráneo,  129. 

Jefe  y  comandantes  de  la  escuadrilla  de  caza¬ 
torpederos  y  torpederos  destinada  á  la  Isla 
de  Cuba,  169. 

Jimeno  y  Cabañas  (D.  Aiml¡o),  secretario 
general  del  IX  Congreso  de  Higiene  y  De¬ 
mografía,  224. 

La  oficialidad  del  aviso  Giralda ,  384. 

La  oficialidad  del  Montserrat ,  248. 

La  Cerda  y  Gómez  Pedro  so  (D.  Manuel  de), 
general  de  división,  249. 

Larrosa  (D.  José  Ramón),  decano  do  los 
obreros  y  maestros  de  la  fábrica  de  Tru- 
bia  ,31. 

Long  (Mr.  John  D.),  ministro  do  Marina  de 
los  EE.  UU.  de  Norte-América,  160. 

Loza  y  Pardavé  (limo.  Sr.  Dr.  D.  Pedro), 
arzobispo  de  Guadalajara  (Méjico),  372. 

M.  Magdonald  (Sir  Claudio),  ministro  de  In¬ 
glaterra  en  Pekín.  25 

Maoías  y  Casado  (D.  Manuel),  teniente  ge¬ 
neral,  42 

Malats  (Joaquín),  distinguido  pianista  es¬ 
pañol,  90. 

Monga oa  y  Soler  (D.  Ilelioloro),  coronel  de 
Infantería,  313 

Monga  da  y  Soler  (D.  Luis),  general  de  bri¬ 
gada,  286. 

Mon cayo  (  José),  del  teatro  de  la  Zarzuela,  51. 

OsÉs  y  Rodríguez  de  Arellano  (D.  Joaquín), 
general  de  brigada,  143. 

Paz  Graells  (L>  Mariano  de  la),  individuo 
de  la  Academia  de  Ciencias  desde  el  año 
1847,  40. 

Teán  (El  Dr.),  87. 

Pertierr\  y  Albuerne  (D.  José),  marqués 
de  Cienfuegos,  79. 

Pidal  y  Mon  (L>.  Alejandro),  70. 

Pino  (Rosario),  del  teatro  de  Lara,  19. 

Polo  de  Bernabé  (D.  Luis),  ministro  pleni¬ 
potenciario  de  España  en  Washington,  112. 

Pon  tes  y  Rosales  (D.  José  de),  primer  far¬ 
macéutico  de  la  Real  Cámara,  338. 

Prado  y  Villar  (D  Celedonio),  maestro  de 
Instrucción  primaria,  175. 

Primer  Gobierno  autonómico  de  Puerto  Rico, 
321. 

Primo  de  Rivera  (D.  Fernando),  capitán 
general  de  ejército,  marqués  de  Estella,  53. 

Primo  de  Rivera  y  Orbaneja  (D.  Miguel), 
teniente  coronel  de  Infantería,  58. 

Reina  Barrios  (D.  José  Maria),  presidente 
de  la  República  de  Guatemala,  88. 

Riouebjurg  (Emilio),  87. 

Rodríguez  (D.  Laureano),  ministro  de  Agri¬ 
cultura,  Industria  y  Comercio  de  la  isla  de 
Cuba,  127. 

Román  (D.  Manuel  C.),  jefe  del  partido  auto¬ 
nomista  de  Puerto  Rico,  383. 

Romea  (D.  Julián),  autor  de  El  señor  Joaquín, 
estrenado  en  el  teatro  de  la  Zarzuela,  106. 

Sanarklli  (Doctor),  distinguido  médico,  351. 

Sánchez  (Salvador,  Frascuelo ),  popular  ma¬ 
tador  de  toros,  164. 

Sánghez  y  Gutiérrez  de  Castro  (D.  Juan 
Manuel),  duque  de  Almodóvar  del  Río, 
ministro  de  Estado ,  330. 

Sbymour  (Sir  E.  H.),  comandante  general  de 
la  Escuadra  inglesa  en  China,  25. 

Tamayo  y  Baus  (D.  Manuel),  373. 

Toral. y  Velázquez  (D.  José),  general  de  di¬ 
visión,  10J. 

Torre í  Campos  (D.  Rafael),  comisario  de 
Guerra,  132. 

Vizcondesa  de  Janzé,  327. 

Zayas  (limo.  §r.  D.  Francisco),  ministro  de 
Instrucción  Pública  del  Gobierno  de  Cu¬ 
ba,  80. 

LA  GUERRA  EN  CUBA. 

El  titulado  «Presidente  de  la  República  Cu¬ 
bana»  Bartolomé  Massó  y  su  acompaña¬ 
miento,  161. 


Guardias  del  titulado  «Gobierno  de  la  Repú¬ 
blica  de  Cuba»,  137. 

Individuos  que  forman  el  titulado  «Gobierno 
de  la  República  de  Cuba»,  137. 

Reparto  de  raciones  en  la  trocha  de  Jácaro  á 
Morón,  24. 

Residencia  del  titulado  «Gobierno  de  la  Repú¬ 
blica  de  Cuba»  en  la  provincia  de  Puerto 
Príncipe,  136. 

Un  tren  militar  conduciendo  tropas,  4. 

Bahía  de  Guantánamo,  385. 

LA  GUERRA  EN  FILIPINAS. 

Croquis  de  la  entrada  y  bahía  de  Manila,  263. 

Gruta  en  Biac-na-bató.  -  Paseo  del  Malecón 
y  obras  del  puerto  (Manila). — Calle  del  Ro¬ 
sario  en  Binondo. —  Proveedores  de  víveres 
á  las  puertas  de  Manila,  360. 

Indígenas  insurrectos  y  aliados  do  las  tropas 
norteamericanas,  361. 

Los  jefes  tagalos  en  el  tren  que  los  condujo 
á  Dugapán,  76. 

Sumisión  de  los  principales  jefes  de  la  insu¬ 
rrección  filipina. —  Despedida  de  los  jefes 
tagalos  y  del  teniente  coronel  D.  Miguel 
Primo  de  Rivera,  en  Sual,  al  abandonar  ©l 
archipiélago,  77. 

Vista  parcial  de  Manila,  341. 

Idem  de  los  puentes  colgante  y  Ayala  sobr© 
el  Pasig,  377. 

LA  GUERRA  ESTRR  ESPAÑA 

Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA. 

Cañonero  torpedero  Hueva  España ,  308. 

Idem  de  tercera,  Ligera,  271. 

Captura  de  dos  redactores  corresponsales  del 
periódico  norteamericano  World ,  en  la 
playa  del  Salado  (Cuba),  313. 

Cazatorpedero  dispuesto  para  atacar,  169. 

Croquis  de  la  isla  de  Puerto  llico,  282. 

Croquis  del  Archipiélago  Filipino,  2o6. 

Croquis  de  las  costas  de  la  Florida  y  parte  do 
la  del  Norte  de  la  Isla  de  Cuba,  255. 

Croquis  de  la  bahía  de  San  Juan  de  Puerto 
Rico,  279. 

Croquis  general  de  cables  submarinos,  353. 

Destructores  y  torpederos  españoles,  89. 

El  acorazado  Pelayo ,  216. 

El  acorazado  de  segunda  clase  Cristóbal  Co¬ 
lón ,  328. 

El  acorazado  Infanta  María  Teresa ,  232. 

El  acorazado  norteamericano  Maine ,  56. 

El  acorazado  Massachusetts,  320, 

El  acorazado  Vizcaya ,  80. 

El  crucero  no  protegido  Reina  Cristina ,  264. 

El  crucero  no  protegido  Conde  del  Venadito , 
305. 

El  crucero  norteamericano  Merry  Mac . — El 
crucero  español  Reina  Mercedes,  344. 

El  crucero  norteamericano  Montgomery ,  161. 

El  destructor  de  torpederos  Terror ,  367. 

El  nuevo  crucero  Rápido ,  250. 

El  transatlántico  Saint  Louis ,  233. 

El  yate  Giralda ,  218. 

Entrada  del  puerto  de  la  Habana,  305. 

Entrada  de  la  bahía  de  Santiago  de  Cuba. — 
Castillo  del  Morro — La  población  y  la  bahía. 
— Muelle  grande,  329. 

Entrada  y  bahía  de  Santiago  de  Cuba,  312. 

Escuadra  de  reserva  fondeada  en  Cádiz,  300  y 
301. 

EE.  UU.  db  Norte-América. — Instrucción 
de  reclutas  de  artillería  en  el  fuerte  Slocum 
(Long-Island-Sound),  217. 

—  Fábrica  de  cañones  de  Washington,  160. 

—  La  catástrofe  del  Maine.— El  capitán  Wil¬ 
liam  T.  Sampson,  presidente  de  la  comisión 
norteamericana  investigadora,  152. 

Aspecto  del  buquedespnés  de  la  explosión,  152. 

El  acorazado  Maine  sumergido,  152. 

Los  autores  del  informe  yankee  sobre  las 
causas  de  la  voladura,  217. 

La  escuadra  norteamericana  á  la  vista  de  la 
Habana. —  Campamento  de  infantería  de 
Tampa.— El  regimiento  de  línea  núm.  13. — 
Vista  de  Cayo  Hueso. — Reconcentración  de 
tropas  norteamericanas,  281. 


3G£837 


Digitized  by  ^.ooQie 


La  escuadra  volante  americana  en  Hampton 
Road,  256. 

La  escuadra  española  en  Filipinas,  265. 

La  escuadra  americana  en  Manila,  272. 

La  torre  de  proa  del  Vizcaya ,  232. 

Las  guerrillas  españolas  rechazando  el  desem¬ 
barco  de  los  americanos  en  Cienfuegos,  297. 

Marina  de  guerra  española,  124  y  125. 

Marina  de  guerra  norteamericana,  124  y  125. 

Dinamitero  Vesuvius ,  378. 

Plaza  Norte  del  varadero,  en  Cárdenas,  287- 

Plaza  Sur  del  varadero,  en  Cárdenas,  287. 

El  mayor  general  Nelson  A.  Miles,  233. 

Reclutamiento  de  voluntarios,  234. 

Sección  longitudinal  del  acorazado  Maine}  194. 

Torpederos  en  viaje  parala  Isla  de  Cuba,  169. 

Torpedero  americano  Cusling ,  271. 

Trabajos  de  fortificación  en  la  costa  de  San¬ 
tiago  de  Cuba,  340. 

Recluta  en  Nueva  York,  217. 

Uniformes  de  los  oficiales  de  la  marina  de  los 
Estados  Unidos  de  Norte- América,  112. 

V apor-  correo  A  Ifonso  XIII ,  270. 

Vapor  norteamericano  Right  Arm,  de  la  Em¬ 
presa  contratista  de  la  extracción  del  casco 
del  Maine ,  184. 

Vista  parcial  de  Matanzas  (Cuba),  280. 

Vistas  de  San  Juan  de  Puerto  Rico.-— La  en¬ 
trada  del  puerto. — Oeste  de  la  ciudad. — 
Barrio  de  la  Marina  y  la  bahía ,  296. 

ACTUALIDADES,  ALEGORÍAS, 

TIPOS,  VISTAS,  ETC. 

Barcelona. — El  Carnaval,  121  y  122. 

—  Desembarco  de  soldados  heridos  y  enfer¬ 
mos  de  Filipinas,  168. 

—  Desembarco  de  tropas  el  27  de  Febrero 
último  de  Filipinas,  144. 

—  Embarco  de  tropas  para  Cuba  el  25  de 
Febrero  último,  144. 

—  Idem  de  tropas  para  Baleares,  288. 

—  Idem  de  pontoneros  para  Cuba  el  5  del 
corriente,  88. 

—  Idem  de  los  batallones  de  Luchana  y  Ma¬ 
llorca  para  Canarias,  el  5  del  corriente,  216. 

—  Exposición  de  Bellas  Artes  é  Industrias 
Artísticas,  285. — Gran  salón  central,  320. 
—  Salas  españolas  y  Sala  extranjera,  319. 
— Feria- concurso  Agrícola,  inaugurada  el 
5  de  Mayo,  336. — Gran  café-restaurant  de 
Colón  y  Academia  de  billar,  369.  .  . 

—  Llegada  del  León  XIII  conduciendo  al  ge¬ 


neral  Primo  de  Rivera,  ex  gobernador  gene¬ 
ral  de  Filipinas,  280. 

Barcelona. — Palacio  de  Bellas  Artes. — Inau¬ 
guración  de  la  tómbola  á  favor  de  los  dam¬ 
nificados  por  las  últimas  inundaciones.  Di¬ 
bujo  de  Passos,  168. 

Cádiz. — El  Carnaval,  128. 

Canarias  (Santa  Cruz  de  Tenerife). — Des¬ 
embarco  de  fuerzas  expedicionarias,  236. 

—  Llegada  de  ingenieros  militares,  236. 

—  Isla  de  Gran  Canaria. — Cenobio  de  los 
guanches  con  503  celdas,  41. 

Córdoba. — Catástrofe  de  Bélmez. — Vista  de 
la  villa  y  mina  Santa  Isabel,  186. 

—  Solemnes  funerales  en  la  plaza  del  Santo, 
185. 

—  Mina  Santa  Isabel,  lugar  del  suceso,  185. 

—  Pozo  núm.  22,  de  180  metros,  por  donde 
se  extrajeron  las  victimas,  183. 

Jerez  déla  Frontera. — La  Fiesta  del  Arbol 
en  el  Campo  de  Instrucción,  113. 

La  Habana.— Consulado  norteamericano,  184. 

—  Las  nuevas  Cámaras.  —  Salón  de  Sesio¬ 
nes. — Vista  exterior,  368. 

—  Manifestación  de  duelo  con  motivo  del 
entierro  de  las  victimas  del  Maine,  143. 

—  Una  manifestación  ante  la  Capitanía  ge¬ 
neral  contra  Iob  groseros  insultos  á  España 
en  las  Cámaras  y  antees ,  248. 

Madrid. — Apertura  de  Cortes  en  el  Senado. — 
Ovación  á  S.  M.  la  Reina  Regente  al  leer 
el  discurso  de  la  Corona,  dibujo  de  Comba, 
253. 

—  Llegada  de  SS.  MM.  al  Senado,  250. 

—  Banquete  de  la  Unión  Conservadora,  72. 

—  El  Carnaval,  120. 

—  Congreso  de  Higiene  y  Demografía. — Sala 
séptima  de  la  Exposición,  224. 

—  Máquinas  de  desinfección  del  Laboratorio 
Municipal:  carruajes,  para  heridos,  de  Sani¬ 
dad  Militar,  225. 

—  Instalaciones  de  la  Sociedad  Protectora  de 
los  Niños,  del  Sanatorio  maritimo  de  Chi- 
piona  y  de  las  publicaciones  del  Dr.  Tolosa 
Latour,  225. 

—  Congresistas  de  la  sección  de  higiene  mi¬ 
litar  y  naval,  240. 

—  Los  delegados  mejicanos,  240. 

—  Conferencia  del  Dr.  Cajul  en  la  Academia 
de  Medicina;  recepción  en  el  Palacio  Real; 
visita  al  Hospital  Militar;  banquete  en  el 
teatro  Real;  recepción  en  el  Ayuntamiento, 
dibujo  de  Comba,  241. 

—  La  primera  comunión  del  rey  D.  Alfon¬ 
so  XIII,  380  y  381. 


Madrid. — Cuadro  final  de  la  función  patrió¬ 
tica  en  el  teatro  Real  el  31  de  Marzo. — Ova¬ 
ción  á  S.  M.  la  Reina,  204  y  205. 

—  El  palacio  de  Bibliotecas  y  Museos,  220. 

—  Experiencias  del  suero  antidiftérico  de 
Roux  en  el  Instituto  Microbiológico,  223. 

—  Fábrica  Nacional  de  la  Moneda  y  Tim¬ 
bre. — La  acuñación  de  la  plata,  345. 

—  Balanza  automática,  347. 

—  La  acuñación  de  la  plata,  348  y  349. 

—  Máquina  de  inutilizar  moneda.  —  Entrega 
de  la  moneda  fabricada. — Vista  general  de 
la  fábrica,  352. 

—  Fachada  de  la  casa  editorial  de  las  obras 
de  Pérez  Galdós,  289. 

—  Gabinete  de  Odontología  del  Dr.  Gallar¬ 
do. — Sala  de  consultas,  191. 

—  Gran  carroza  gótica  de  la  Empresa  «La 
Soledad»,  292. 

—  Presidencia  del  Consejo  de  Ministros. — 
Salón  donde  se  celebran  los  consejos,  181. 

—  Prueba  de  una  sustancia  para  la  extinción 
de  fuegos,  148. 

—  Salida  del  batallón  de  León  para  Baleares, 
249. 

—  Salida  de  Palacio  de  la  Comisión  del  Se¬ 
nado  después  de  entregar  á  S.  M.  la  contes¬ 
tación  al  discurso  de  la  Corona,  260. 

— Solemne  entrega  á  S.  M.  de  la  contestación 
al  discurso  de  la  Corona,  257. 

—  Solemne  Tedeum  en  Palacio,  en  acción 
de  gracias  por  la  pacificación  de  Filipi¬ 
nas,  57. 

—  Solemne  Tedéum  en  San  Francisco  el 
Grande,  en  acción  de  gracias  por  la  pacifi¬ 
cación  de  Filipinas,  73. 

Mahón  (Baleares). — Llegada  de  tropas  á  bor¬ 
do  del  vapor  Ciudad  de  Mahón ,  289- 

Matanzas  (Isla  de  Cuba). — Casa  Consistorial 
de  la  villa  de  Colón,  48. 

Montoro  (Córdoba). — Vista  general  de  la 
ciudad,  145. 

Murcia. — La  Semana  Santa. — Maítr  Doloro- 
sa. — Cristo  en  la  columna.— San  Juan. — 
La  caída,  esculturas  de  Salcillo,  composi¬ 
ción  de  José  Arija,  208. 

—  El  prendimiento.— Salcillo,  207. 

—  La  Verónica,  escultura  de  F.  Salcillo,  207. 

Puerto  Rico. —  Patio  interior  del  cuartel  de 

Ballajá. — Apeo  del  piso  de  la  galería  prin¬ 
cipal. — Grietas  de  los  muros  resentidos,  177. 

San  Juan  de  Puerto  Rico. — Desembarco  del 
gobernador  general  Sr.  González  Muñoz,  81. 

—  Entierro  del  gobernador  general  Sr.  Gon- 
-  zález  Muñoz,  81. 


Santiago  dk  Cuba.  —  Pescadores  de  Cayo 
Smitb,  próximo  á  la  capital,  324. 

Toledo. — El  Alcázar,  32. 

Zaragoza. — Vista  parcial  del  principal  salón 
del  café  de  Ambos  Mundos,  176. 

REVISTA  EXTRANJERA  ILUSTRABA. 

Alemania. — Un  nuevo  sport. — Diversiones 
populares,  65. 

—  Pruebas  de  aerostación  recientemente  ve¬ 
rificadas  con  un  globo  de  aluminio,  41. 

CocfliNCHiNA. — Gocong. — Visita  del  Empera¬ 
dor  de  Annam,  Thanh-Thai,  á  las  tumbas 
de  8 us  antepasados,  97. 

China. — El  acorazado  inglés  Centurión ,  25. 

—  El  fuerte  de  Talien-Wan,  en  la  bahía  del 
mismo  nombre,  25. 

Escuadra  alemana  en  China. — El  acora¬ 
zado  Deutschland,  5. 

—  El  acorazado  Gefión,  5. 

—  El  crucero  Kaiserin  Augusta,  5. 

—  Vista  general  de  Puerto  Arturo,  ocupado 
por  fuerzas  rusas,  25. 

EE.  UU.  de  Norte-América.— Cayo  Hueso. — 
Edificio  donde  celebró  bus  sesiones  la  Co¬ 
misión  encargada  de  investigar  las  causas 
de  la  catástrofe  del  Maine ,  196. 

Francia.— El  acorazado  Brennus,  129.  ? 

—  París. —  El  proceso  Esterhazy.  —  Una  se¬ 
sión  del  Consejo  de  guerra,  40. 

—  Palacio  de  la  Vizcondesa  de  Janzé,  337. 

—  Moda  femenina. — Tortugas  bijoux,  65. 

—  Manifestación  en  honor  del  general  Saus- 
sier. — Destile  de  las  sociedades  patrióticas 
en  la  plaza  Vendóme,  64. 

Italia.  —  Roma.  —  Bendición  de  Su  Santi¬ 
dad,  209. 

—  La  Semana  Santa. — El  Capitulo  de  San 
Juan  de  Letrán  dando  gracias  después  del 
bautismo  de  los  judíos,  dibujo  de  H.  Este- 
van,  201. 

—  Peregrinación  mejicana. — Grupo  de  los  pe¬ 
regrinos  que  van  á  Tierra  Santa,  192  y  193. 

—  Su  Eminencia  el  cardenal  Herrera,  acom¬ 
pañado  del  Embajador  de  España,  recibien¬ 
do  las  visitas  llamadas  de  calore,  228. 

Marruecos. — Ingleses  del  sindicato  The  Globe 
Venture,  capturados  por  tropas  del  Sultán  á 
bordo  del  Alhassani ,  96. 

Noruega. — Skien.— Casa  donde  nació  el  céle¬ 
bre  autor  dramático  Ibsen,  96. 

Portugal.  —  Medalla  conmemorativa  del  IV 
centenario  del  descubrimiento  del  camino- 
de  las  Indias,  295. 


INDICE  DE  LOS  ARTICULOS  CONTENIDOS  EN  ESTE  TOMO. 


A — Los  teatros,  desde  el  número  1  al  15. 

Andrade  (D.  Benito  Mariano). —  Literatura 
novísima,  94. —  Pueblos  delincuentes,  338. 

Anzorena  (D.  Luis). —  El  triunfo  del  arte 
(poesía),  27. —  El  verdadero  poeta  (poesía), 
178. 

Arizcun  (D.  Ramón).  —  ¿Cómo  se  hace  un 
duro?,  346. — Del  Sur  de  América,  385. 

Armad ún  (D.  Juan),  Ante  una  estatua  (poe¬ 
sía),  386. 

Becerro  de  Bengoa  (D.  Ricardo). — Por 
ambos  mundos,  en  todos  los  números. 

Bonavento  (D.  Jacinto).—  El  cantor  de  la 
miseria,  143. 

Beruete  (D.  Aureliano). — Carlos  de  Haes, 
379. 

Blanco  Belmonte  (D.  M.). — El  diluvio 
(poesía),  242. 

Blasco  (D.  Eusebio)  — ¡Sin  luz!,  183. 

Bnstillo  (D.  Eduardo). — El  teatro  en  Es¬ 
paña,  142. — El  «Ciego  de  Buenavista»  (poe¬ 
sía),  226. 

Calvo  Bevilla  (D.  Luis).—  Por  qué  el  sol 
no  se  apaga,  258. 

Castelar  (D.  Emilio). — Alemania  en  China, 
26. — La  muerte  de  Cleopatra,  138. — Impo¬ 
sibilidad  de  las  alianzas  europeas,  219. — 
Cuba  nuestra,  267. —Los  discursos  de 
Chamberlain  y  Salisbury,  362. 

Cervera  Bachiller  (D.  Juan). — Las  cien¬ 
cias  en  España,  190. 

Cuenca  (D.  Carlos  Luis  de). — Nuestros  gra¬ 
bados,  en  todos  los  números. — A  la  Repúbli¬ 
ca  yanlcee,  254. —  Eucaristía  (poesía),  331. 

Díaz  de  Bzcovaff  (D.  Narciso). — Malague¬ 
ñas  (poesía),  95. 

Doctor  Thebussem. — Sanes  y  compañía, 
103. 


Esperanza  y  Sola  (D.  J.  M.). — Revista 
musical,  318. 

Fastenrath  (D.  Juan). — El  centenario  del 
gran  pintor  alemán,  346. 

Fernández  Bremón  (D.  José).— Crónica 
en  todos  los  números. 

Fernández  Duro  (D.  Cesáreo). — Episo¬ 
dios  de  guerra  marítima,  251,  314  y  330. — 
Efectos  del  corso,  270,  299  y  378. 

Fuentes  (D.  Anselmo).— Tercera  ración 
de  artículos,  194. 

Gascón  de  Goto*  (D.  Pedro). — San  Juan 
de  la  Peña,  202 .^Corpus  Christi ,  332. 

Godró  (D.  Antonio).— A  Grilo  (poesía), 
370. 

Grilo  (D.  Antonio). — A  mi  querido  poeta 
Antonio  María  Godró  (poesía),  370. 

Jackson  Veyán  (D.  José).— ¡Hay  que  ver¬ 
los!  (poesía),  94. — Los  estrenos,  111. — Los 
Pepes  muertos  (poesía),  162. 

Jover  (D.  José). — España  (poesia),  274. 

Xasabal.— La  muerte  de  la  Princesa  de  Join- 
ville,  186.  —  La  vida  privada  de  un  grande 
hombre,  315. 

Lapoulide  (D.  Juan).  —  Por  la  guerra 
paz,  191. 

Larrnbiera  (D.  Alejandro). — Voltaire,  per¬ 
fumista,  175. — El  alma  del  muerto,  350. — 

-  Noche  de  San  Juan,  367. 

Laszo  de  la  Vega  (D.  Angel).— Vasco  de 
Gama,  288. 

Leyva  (D.  Nicolás  de).  —  El  traje  de 
luto,  158. 

Lope  de  Vega. — Soliloquio  de  un  alma  á 
Dios,  206. 

Lnstonó  (D.  E  ). — Meter  ruido,  27. — Los 
que  fueron ,  334.  ' 

Madariaga  (D.  Juan  de). — Tribunales  de 


amor  en  Provenza,  46. — El  problema  de 
Filipinas  y  el  de  la  Península,  366. 

Madrazo  (D.  Pedro  de). — Tapiz  de  «La  Ren¬ 
dición  de  Granada»,  238. 

Mar  (D.  A.).  — Crónica  parisiense,  303. 

Ochoa  (D,  Rafael).— Carta  de  Cuba  (poe¬ 
sía),  354. 

Ontalvilla  (D.  L.  de). — Juan  de  Juanes, 

223. 

Ossorio  y  Bernard  (D.  Manuel).— Ba¬ 
lance  anual,  7. —  Poetas  desequilibrados, 
155,  170. 

Falacio  (D.  Manuel  del). — Ante  el  cadáver 
de  mi  querido  amigo  y  compañero  Manuel 
Tamayo  y  Baus  (soneto),  386. 

F&lacio  (D.  Eduardo  de). — El  primero  y  el 
último,  110. — A  espada  española,  187. — Sol 
en  Tauro  (poesía),  354. 

Fórez  d0  Guzmán  (D.  Juan). — Tres  gene¬ 
raciones  de  Silvelas  y  dos  de  Pídales,  78. 

Pérez  Galdós  (D.  Benito). — Episodios  na? 
dónales,  283. 

Pérez  y  González  (D.  Felipe). — Con¬ 
trastes  (poesía),  12.  —  Un  reino  por  un 
asno  (poesía),  62.  —  Ofensas  inofensivas, 
106. — Din  dan  don ^  299,  319.— Las  ma¬ 
nos,  379. 

Pérez  Nieva  (D.  Alfonso).  —  Extrañas, 
207. — Desayuno  de  gorrión,  331. 

Pérez  Záñiga  (D.  Juan). — ¿Más  periodi- 
•  quitos?  (poesia),  119. 

B.  España  (D.  Gabriel).  —  D.  Eduardo 
Dolz,  31. — El  capitán  del  Montserrat ,  254. 

Beina  (D.  Manuel). — Dante  (poesía),  82. — 
Góngora  (poesía),  306. 

Beparaz  (D.  Gofizalo). — España  en  Amé¬ 
rica,  12.— Sorpresa  en  Arniens,  203. — Por¬ 
tugal  en  Oriente,  302. 


Beyes  (D.  Arturo).— En  la  era  (poesía),  142. 

Bodao  (D.  José). — El  sistema  más  cómodo, 
(poesía),  47. 

Bodrígnez  Mourelo  (D.  José). — La  re¬ 
volución  del  pan,  59,  107. — Las  recientes 
aplicaciones  del  horno  eléctrico,  334. 

Sánchez- Ar óvalo  (D.  C.). — La  gavillera 
(poesía),  111. 

Sánchez  Fórez  (D.  Antonio). — El  primer 
cuento,  12. — Grande  en  chico,  58. — El  pú¬ 
blico .  niño  (?),  123. — El  señor  Andana,. 

154.— Correo  interior,  363. 

Sandoval  (D.  Manuel  de). — La  nieve  (poe¬ 
sía),  126.— A  un  impaciente  (poesía),  195. — 
La  niña  y  la  mariposa  (poesía),  322. — Ins¬ 
tantánea  (poesía),  354. 

Sellés  (D.  E.).—  Pruebas  fotográficas,  6. 

Serrano  Fatigati  (D.  Enrique).— Ciudad- 
Rodrigo,  187. 

Soriano  (D.  Manuel). — La  guerra  (poe¬ 
sía),  290. 

Stor  (D.  Angel). — La  mano  blanca,  30  — 
Injusticia  y  lealtad ,  95. — El  cacao,  el  cho¬ 
colate  y  el  ayuno,  206. 

Tejera  (D.  José  Pío). — La  procesión  de) 
Viernes  Santo  en  Murcia,  203. 

Tolosa  Latour  (D.  M.  de).— El  Congreso- 
internacional  de  Higiene,  235. 

Valora  (D.  J  uan). — Sobre  la  primera  repre¬ 
sentación  de  la  tragedia  Cleopatra,  43. — 
Tres  recientes  representaciones  teatrales, 
75. — La  duda,  90.— Sobre  la  primera  re¬ 
presentación  de  El  Padre  Juanico ,  174. 

Verdea  Montenegro  (D  José). — Las  mu¬ 
jeres  de  Gabriel  d’Annunzio,  97. 

X.-^Un  aniversario  solemne,  47. 

Zeda. — Pepito  Pérez,  63. — Teoría  y  práo- 
tica,  271.  . 


Digitized  by  ^.ooQie 


Madrid.. . . < 
Provincias. 
Extranjero. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCION.  PAGADEROS  EN  ORO. 


TRIMESTRE. 


SEMESTRE. 


ANO. 


ADMINISTRACIÓN: 
.ARENA.  Xj,  18. 


3.»  pesetas. 
40  id. 

60  francos. 


18  pesetas. 
21  id. 

26  francos. 


Cubo.  Puerto  Rico  y  Filipinas.  12  pesos  fuertes.  <  pesos  fuertes 
I  Demás  Estados  do  América  y 

Asia .  60  francos.  35  francos. 


10  pesetas. 

11  id. 

14  francos. 


Madrid  8  de  Enero  do  1898. 


¡FELIZ  AÑO  NUEVO! 

DEL  NATURAL  POR  BARRAUD. 


i 


Digitized  by  ^.ooQie 


2  —  N.°  I 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Enero  1898 


SUMARIO. 


Texto.  —  Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón.  — Nues¬ 
tros  grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  Pruebas  fotográfi¬ 
cas,  por  D.  Eugenio  Selles.  —  Balance  anual.  1HU7.  por  D.  Manuel 
Ossorio  y  Bernard.  —  Contrastes,  sonetos,  por  D.  Felipe  Pérez  y 
González  —  El  primer  cuento,  por  L>  A.  Sánchez  Pérez.  —  España 
en  América,  por  D.  G.  Reparar..  —  Por  ambos  mundos  Narraciones 
cosmopolitas,  por  D.  Ríe  irdo  Becerro  do  Bengoa  —  Los  teatros, 
por  a.— Sueltos.  — Libros  presentados  it  esta  Redacción  p  >r  autores 
ó  editores,  por  C.— Anuncios 

GRABADOS.  —  Bellas  Artes  :  ¡Feliz  año  nuevo!,  del  natural .  por  Ba- 
rraud  —  En  el  columpio,  dibujo  de  Carlos  Vázquez  —La*  joyo*,  cua¬ 
dro  de  Czaehorski.—  La  gallina  vicia,  cuadro  de  Ricci  -  Intimida- 
de*,  cuadro  de  Blaas. — Sueño *  de  la  noche  ti  ’  It>  ye*,  dibujo  de  Com¬ 
ba.—  Coquetería,  cuadro  de  G  Koussin.  —  En  el  «foyer»,  dibujo  de 
Muñoz  Lueena.  —  l'n  currutaco,  dibujo  de  C.  Cuadra.  —  Retrato  de 
D.  Francisco  Coll  y  Zamuv  medico  mayor  de  Sanidad  Militar,  or¬ 
ganizador  de  varios  hospitales  en  la  isla  de  Cuba  — La  guerra  en 
Cuba:  Un  tren  militar  conduciendo  tropas.— La  escuadra  alemana 
en  China:  El  crucero  Kais  rin  Angada.  —  El  acorazado  Deutschtand 
—El  acorazado  G '.ñon.  —  Retrato  del  principe  Enrique  de  Prusia, 
jefe  de  la  segunda  división  de  la  escu  idra  alemán  i  en  china  — 
Retrato  del  Exorno  .Sr.  D.  José  M  Gal  vez  y  Alfonso,  presidente 
del  Ministerio  cubano.— Retratos  de  Rosario  Pino,  ael  teatro  de 
¿ara,  y  de  Luisa  Campos,  del  teatro  de  Apolo. 

NUESTROS  SUPLEMENTOS.  —  lietrato  de  Mona  Lisa .  llamada  vulgar¬ 
mente  *<la  Gioconda ».  cuadro  de  Leonardo  de  Vinci.  —  En  la  plaza 
May>r,  dibujo  de  Emdio  Sala. 


CRONICA  GENERAL. 


Amigo  R...: 

~  E  dice  usted  que  le  conteste  en  mi  Cró- 

í  ¿Un  nica,  y  nada  me  cu  asta  complacerle, 
jjwlP  porque  mi  respuesta  coincide  con  lo 
que  sobre  poco  más  ó  menos  había  de 
escribir  en  ella.  81  liemos  de  creer  á 
los  periódicos,  la  gente  está  muy  preocu¬ 
pada  con  los  problemas  políticos  que  hay 
necesidad  de  resolver  y  la  escasez  de  recur¬ 
sos;  pero  yo,  que  veo  á  todo  el  mundo  diver¬ 
tirse,  y  los  teatros  llenos,  y  la  animación  de 
tanta  cara  üe  pascua,  me  tiguro  que  hay  dos  Hispa¬ 
nas:  una  que  nos  abruma  con  sus  pesimismos,  y 
otra  á  quien  no  se  le  importa  un  bledo  de  cuanto 
pueda  suceder,  y  á  la  que  toda  variación  es  simpᬠ
tica  si  tiene  algo  pintoresco,  pero  que  no  se  halla 
dispuesta  á  tomar  parte  en  nada,  sino  á  servir  de 
público  y  aplaudir  ó  silbar  desde  sus  asientos. 
Están  asistiendo  á  una  función. 

Esa  mayoría  ni  se  ha  opuesto  ni  se  ha  alherido 
á  lo  de  la  autonomía  de  Cuba.  No  se  explica  qué 
ganen  ni  pierdan  los  cubanos  por  tener  como  nos¬ 
otros  un  juego  de  ministros  y  sus  Parlamentos:  el 
pueblo  de  Madrid  se  interesa  poco  por  las  discu¬ 
siones,  y  á  la  tribuía  pública  ya  sólo  acuden  los 
paletos,  los  cesantes  y  algún  desocupado:  nadie 
lee  el  Diario  de  las  Sesiones,  y  hasta  los  diarios  po¬ 
líticos  reducen  tanto,  cuando  las  Cortes  están  abier¬ 
tas,  el  extracto  de  los  discursos,  que,  en  realidad, 
no  se  sabe  lo  que  han  dicho  los  oradores:  es  un 
índice  de  los  que  hablaron,  atribuyéndoles  muchas 
veces  conceptos  que  no  se  les  ocurrieron.  En  otro 
tiempo,  el  solo  anuncio  de  nuevas  elecciones  hu¬ 
biera  agitado  é  interesado  por  lo  menos  al  público; 
hoy  sólo  se  preparan  los  políticos  que  pueden  figu¬ 
rar  en  algún  encasillado,  por  haberse  compren¬ 
dido  que  la  voluntad  electoral  coincide  casi  exac- 
timente  con  aquellos  borradores:  la  voluntad  na¬ 
cional  pone  en  limpio  la  voluntad  de  los  Gobiernos. 

Creo  que  divago.  Lo  del  general  Weyler  parece 
terminado  en  bien,  puesto  que  el  Consejo  Supre¬ 
mo  no  halla  materia  de  delito  en  su  exposición- 
protesta  contra  las  injurias  inferidas  por  el  pre¬ 
sidente  Mac-Kinley:  el  hecho  se  presta  á  toda 
clase  de  interpretaciones:  en  realidad,  el  ataque 
fue  grosero,  pero  contra  la  inviolabilidad  presi¬ 
dencial  sólo  cabe  protestar  á  cañonazos,  y  dema¬ 
siado  sabía  el  general  Weyler  que  si  eran  duras  las 
palabras  presidenciales,  al  fin  eran  palabras,  y 
hace  tiempo,  y  no  por  dichos,  sino  por  hechos,  que 
venimos  disimulando,  y  hemos  tenido  y  ha  tenido 
Su  Excelencia  que  reprimir  la  cólera,  atendiendo 
á  razones  principales  para  contenerla.  Pero  lo  he¬ 
cho  hecho  está:  si  el  Presidente  injurió,  el  Gene¬ 
ral  protestó  con  calor;  si  aquél  es  inviolable  y 
puede  decir  lo  que  guste,  también  las  decisiones 
de  nuestro  tribunal  del  Consejo  Supremo  de  Gue¬ 
rra  y  Marina  lo  son,  y  asunto  concluido. 

Y  si  el  documento  no  contiene  nada  penable, 
claro  es  que  las  denuncias  de  los  periódicos  que  le 
publicaron  no  pueden  prosperar.  Y  esto  no  es  su¬ 
poner  que  la  conducta  del  general  Weyler  nos  pa¬ 
rezca  completamente  clara  y  satisfactoria.  No  le 
hemos  molestado  nunca,  y  le  hemos  defendido  en 
lo  que  se  le  debía  de  justicia:  vemos  en  él  un 
nombre  y  una  significación  útil  para  ciertas  situa¬ 
ciones  y  eventualidades;  creemos  que  desnatura¬ 
lizan  su  carácter  y  le  colocan  en  inferior  catego¬ 
ría  los  que  pretenden  darle' la  apariencia  de  un 
agitador:  estos  tipos  sobran  en  España:  jefes  du¬ 
ros  y  enérgicos,  dispuestos  á  reprimir  revueltas, 
éstos  son  los  que  hacen  falta  para  las  grandes  oca¬ 
siones. 


Y  no  es  que  tema  complicaciones  belicosas  con 
los  Estados  Unidos:  podré  equivocarme,  pero  los 
considero  el  enano  de  la  venta,  á  quien  se  metería 
el  resuello  en  el  cuerpo  si  nos  lo  propusiéramos: 
por  de  prónto,  ya  hablan  de  construir  un  cañón 
gigantesco  para  defender  á  Nueva  York:  se  han 
asustado  de  sí  mismos.  Reconocemos  que  es  una 

nación  muy  ade  antada  industrialmente .  pero, 

dada  su  ambición  y  soberbia,  ya  hubieran  inter¬ 
venido  militarmente  en  nuestros  asuntos 

.  Si  tuviera  el  corazón 

Zaide  como  la  arrogancia, 

porque  rara  vez  resulta  que  el  prudente  carezca 
de  valor  y  el  insolente  de  astucias  para  rehuir  el 
peligro.  Lea  usted  estos  párrafos  curiosos  de  una 
carta  de  Nueva  York,  escrita  por  el  Sr.  D.  Lau¬ 
reano  Fernández  Auja,  que  conoce  bien  aquel 
país: 

«En  realidad,  es  una  nación  muy  débil  en  el 
caso  de  un  conflicto  con  otra  hasta  de  cuarto  or¬ 
den,  pues  su  sistema  militar  y  fuerza  es  muy  po¬ 
bre  comparado  con  el  de  Europa.  Es  además  su 
sistema  financiero  tan  malo  y  peligroso  en  caso 
de  conflicto  con  una  nación  marítima,  que  cuando 
se  ofrece  hacer  alguna  exportación  de  oro  para 
pagar  los  créditos  á  los  remitentes  de  Europa, 
siempre  amenaza  una  crisis  financiera  en  todo  el 
país,  porque  el  Gobierno  es  el  único  responsable 
de  redimir  el  papel  moneda  circulante.  La  suma 
de  esta  clase  de  moneda  es  colosal,  sin  medio  para 
redimirla:  existe  en  circulación  1.100  millones  de 
pesos,  sin  haber  más  que  100  millones  en  la  Teso¬ 
rería  para  responder  de  los  1.100  millones.  Más 
aún:  el  Gobierno  tiene  una  deuda  de  cerca  de  1.000 
millones  de  pesos  en  obligaciones  del  4  por  100 
de  interés,  á  plazos  de  diez  y  veinte  años,  y  sobre 
estas  inmensas  cargas  hay  en  Europa  más  de 
2.000  millones  en  obligaciones  é  hipotecas  de  las 
Compañías  de  caminos  de  hierro  de  este  país,  por 
los  que  tiene  que  pagar  dividendos  é  intereses,  y 
sólo  á  una  amenaza  de  guerra  con  una  nación  de 
Europa  caería  sobre  este  mercado  una  cuarta 
parte  de  esas  obligaciones  para  convertirse  en 
oro,  que  no  hay,  y  una  crisis  tremenda  que  impe¬ 
diría  al  Gobierno  levantar  fondos  para  la  guerra.» 
Concluye  creyendo  que,  en  caso  de  guerra,  la  vic¬ 
toria  sería  de  España;  y  si  se  limitase  á  hacerla 
marítima  y  no  cometiese  el  error  de  desembarcar 
un  solo  hombre,  impondría  condiciones  á  la  gran 
República.  El  Sr.  Fernández  Auja  no  desea,  sin 
embargo,  la  calamidad  de  la  guerra,  aunque  no  la 
teme.  Yo  tengo  mucho  gusto  en  publicar  estos  da¬ 
tos  y  esta  opinión  del  publicista  que  refutó  en  el 
Commercial  Advertiser  las  insolentes  diatribas  de 
Mr.  Taylor  contra  España,  é  insertó  otros  docu¬ 
mentos  importantes,  haciéndolos  distribuir  á  los 
diputados  y  senadores  norteamericanos. 


Pidal  en  Madrid,  Sil  vela  en  Badajoz ¿Se  unen 

al  fin?  Hoy  por  hoy,  parece  que  existen  cuatro 
partidos  conservadores:  el  que  preside  el  Sr.  Sil- 
vela;  el  delSr.  Pidal,  con  su  círculo;  los  que  espe¬ 
ran  con  el  Sr.  Elduayen . .  y  los  que  capitanea 

D.  Francisco  Romero  Robledo.  Les  está  sucedien¬ 
do  lo  que  á  lo*  republicanos;  son  los  jefes,  no  las 
huestes,  los  que  no  se  entienden  y  concuerdan. 
No  faltan,  sino  que  sobran  jefes;  es  el  defecto  de 
nuestra  raza.  Hay  además  un  part  do  conservador 
independiente,  el  de  El  Na  en  mol,  que  sólo  tiene 
de  conservador  el  recuerdo  de  Cánovas,  y  es  un 
revolucionario  antiliberal,  ó,  por  mejor  decir,  un 
contrarrevolucionario  demagógico.  lúiede  que  no 
me  explique  bien,  pero  no  sé  decirlo  de  otro  modo. 
Esta  es  la  síntesis,  amigo  mío,  de  los  asuntos  po¬ 
líticos  de  estos  últimos  días.  Por  supuesto,  que  al 
honrado  público  español  no  le  han  cortado  la  di¬ 
gestión  de  los  turrones,  como  tampoco  los  decre¬ 
tos  del  Gobierno.  Ha  comprendido  que  la  historia 
de  España  es  muy  pintoresca  y  entretenida,  y 
asiste  á  su  desarrollo,  como  dije  al  principio  de 
mi  carta,  desde  sus  asientos  de  galería.  Suyo  afec¬ 
tísimo, — J.  F.  B. 

o 

«  e 

Dos  dramas  españoles  están  en  juego  en  el  Ex¬ 
tranjero:  el  Don  Juan  Tenorio ,  de  Zorrilla,  tradu¬ 
cido  en  verso  alemán  por  nuestro  querido  amigo  el 
ilustre  D.  Juan  Fastenrath,  siguiendo  los  ritmos 
del  original,  según  nos  manifiesta  el  traductor: 
precede  á  su  trabajo  en  la  elegante  edición  del  li¬ 
bro  un  estudio  acerca  del  Don  Juan  en  la  literatu¬ 
ra  universal,  y  una  idea  circunstanciada  de  El  Bur¬ 
lador  de  Sevilla ,  en  que  se  traducen  también  en 
verso  trozos  de  aquella  comedia  famosa.  El  Sr.  Fas¬ 
tenrath  ha  adquirido  con  su  trabajo  otro  título  á  la 
consideración  de  los  españoles :  hace  algunos  años, 
los  escritores  que  nos  hallábamos  en  Madrid  ce¬ 
lebramos  su  venida  en  un  banquete.  Cerró  los 


brindis  Castro  y  Serrano  con  un  relato  tan  senci¬ 
llo  como  oportuno:  contó  que,  visitando  á  Colonia, 
entró  en  la  casa  de  Fastenrath,  y  en  ausencia  de 
éste  fue  recibido  por  su  madre;  pero  ésta  no  sabía 
el  español  ni  Castro  y  Serrano  el  alemán,  <ry  sin 
embargo,  decía  Castro,  me  hice  entender  de  aque¬ 
lla  señora:  como  que  le  hablaba  de  su  hijo».  Recor¬ 
dando  aquel  episodio,  recorrí  el  Tenorio  en  alemán 
y  casi  le  he  entendido:  como  que  es  el  drama  fa¬ 
miliar  en  que  hemos  aprendido  á  saborear  la  fres¬ 
cura  y  la  belleza:  por  cierto  que  no  ha  hecho  el 
traductor  la  supresión  del  final  del  acto  de  la 
quinta,  como  se  acostumbra  en  el  teatro,  ni  el 
principio  del  acto  segundo,  en  que  se  quita  un 
personaje;  hemos  reconocido  los  ovillejos,  las  dé¬ 
cimas  de  amor  y  las  del  panteón,  sólo  que  no  las 
podemos  pronunciar. 

Tierra  baja, ,  del  Sr.  Guimerá,  se  estrenó  en 
París,  en  un  teatro  destinado  á  dar  á  conocer  las 
obras  extranjeras,  y  produjeron  efecto  sus  escenas 
culminantes.  Sarcey  cree  que  con  algún  arreglo,  á 
pesar  de  su  violencia,  la  obra  podría  ser  represen¬ 
tada  en  otros  teatros  de  París.  Por  cierto  que  co¬ 
mete  un  error  el  crítico  más  sensato  (1)  de  los  que 
hoy  funcionan  en  París.  Para  un  público  español, 
viene  á  decir,  no  habr  i  que  explicar  esa  costum¬ 
bre  extraña  en  que  la  obra  se  funda,  de  disponer 

el  señor  de  la  honra  de  sus  vasallos . Debemos, 

en  honra  de  Cataluña  y  de  toda  España,  declarar 
que  esa  costumbre  necesita  explicarse  y  probarse, 
lo  mismo  al  público  español  que  al  público  francés. 
Si  ha  existido  algún  privilegio  tan  deshonroso  es¬ 
crito  cuando  pocos  sabían  leer,  no  creemos  que 
jamás  le  hayan  hecho  efectivo  los  españoles  ni 
sufrido  los  catalanes. 

9 

O  O 

Voy  á  hac3r  tragir  al  lector  unas  píldoras  de 
crítica. 

No  sabemos  si  alguna  estética  ha  clasificado  la 
literatura  amena  en  dos  grupos:  la  que  fatiga  y  la 
que  interesa.  Por  mi  parte,  distingo  mejor  esa  di¬ 
visión  que  la  de  la  literatura  regional  cuando  no 
tiene  dialecto  propio:  acaso  en  el  atomismo  á  que 
vamos  descendiendo,  y  que  hará  del  siglo  XX  el 
siglo  de  los  microbios  si  Dios  no  lo  remedia,  ten¬ 
dremos  novelas  de  familia,  dada  la  tendencia  á 
empequeñecer  y  estrechar  el  horizonte.  Prefiero 
los  que  vuelan  á  los  que  se  encogen;  pero  no  re¬ 
chazo  géneros  en  literatura,  y  mucho  menos  que 
cada  cual  se  inspire  en  lo  que  mejor  conoce.  El 
Lagar  de  la  Vt nucía,  que  su  autor  D.  Arturo  Re¬ 
yes  califica  de  novela  andaluza,  reúne  todas  las 
condiciones  para  serio:  autor,  lugar  de  la  acción  y 
diálogo  andaluces.  No  parece  que  debe  haber  duda 
en  la  veracidad  de  las  descripciones,  el  provincia¬ 
lismo  de  los  tipos  y  del  lenguaje  en  que  se  expre¬ 
san;  pero  estas  condiciones  indispensables  para  la 
calificación  del  regionalismo  necesitan  un  peri¬ 
taje  regional  en  cada  caso,  razón  por  la  cual  esa 
cualidad  que  hoy  tanto  se  estima  no  pertenece  al 
cuadro  de  las  dotes  esenciales  de  una  obra  litera¬ 
ria  juzgada  en  su  valor  total  y  positivo;  para  la  li¬ 
teratura  universal,  ó  simplemente  nacional,  el  re¬ 
gionalismo  no  es  apreciable  sino  en  cuanto  sea  un 
filón  de  donde  se  extraigan  y  lleven  bellezas  al 
arte  en  general;  no  tiene  elementos  para  distin¬ 
guir  y  apreciar  el  regionalismo;  tenemos  que  des¬ 
cartar  éste,  sin  negarle  su  valor  indígena  y  sus 
encantos  en  el  círculo  por  donde  se  extiende  su 
corta  acción;  pero  no  reconociéndole  como  ade¬ 
lanto,  sino  como  limitación  que  reduce  la  cate¬ 
goría  de  las  obras  que  no  pasan  de  ese  círculo, 
aunque  en  conjunto  pueden,  por  su  abundancia, 
dar  variedad  y  riqueza  de  tipos  á  la  literatura  na¬ 
cional.  El  Lagar  ds  la  Vihuela ,  siendo,  según  los 
peritos,  novela  muy  andaluza,  es  algo  más:  es  una 
novela  fresca,  sentida,  poética,  delicada  y  juve¬ 
nil;  si  el  desenlace,  que  es  lógico  ante  la  razón,  lo 
fuera  ante  el  sentimiento,  sería  una  obra  deliciosa 
por  completo;  pero  la  desolación  moral  con  que 
deja  á  los  personajes  después  de  una  acción  tran¬ 
quila  y  dulce,  y  la  indeterminación  con  que  con¬ 
cluye,  lo  que  se  deslizaba  claro  y  sereno  tiene 
algo  del  terremoto  en  un  paisaje  risueño:  á  mi 
juicio,  el  final  disloca  la  unidad  de  la  impresión, 
ese  sentimiento  general  que  es  el  espíritu  de 
una  novela  y  que  exige  á  unas  terminar  trágica¬ 
mente,  y  á  otras  de  un  modo  más  dulce.  A  mi  jui¬ 
cio,  D.  Arturo  Reyes  ha  sentido  la  novela  y  ha 
pensado  el  final.  Más  inspirada  que  reflexiva,  le 
iba  saliendo  por  sí  sola;  en  fin,  que  ha  estado  á 
pique  de  hacer  una  pequeña  obra  maestra  sin  que¬ 
rer,  y  se  ha  desgraciado  en  los  momentos  decisi¬ 
vos;  pero  que,  á  pesar  de  ello,  está  llena  de  poe¬ 
sía  y  sentimientos  delicados,  y  es  digna  del  juicio 
que  hizo  mi  amigo  C...  en  su  sección  de  Libros  pre - 


(1)  Digan  lo  que  quieran  sus  enemigos,  ¿  quienes  ofende  el 
gran  sentido  común  del  escritor,  sentido  que  ya  no  está  en  moda. 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Enbro  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  i  —  3 


sentados;  pero  no  he  podido  prescindir  de  la  oca¬ 
sión  que  el  libro  me  ofrecía  para  hacer  algunas 
reflexiones. 

•  • 

La  Epoca  está  celebrando  el  50.°  aniversario  de 
su  fundación:  no  hemos  visto  el  número  con  que 
celebra  esa  fiesta  periodística;  pero  el  que  esto 
firma  escribió  por  espacio  de  dos  años  sus  ar¬ 
tículos  de  fondo,  hace  veinte  años,  y  se  honra  y 
se  complace  en  recordarlo,  y  desea  al  decano  de  la 
prensa  madrileña  toda  la  prosperidad  que  se  me¬ 
rece,  así  como  un  recuerdo  cariñoso  á  la  memoria 
del  ilustre  periodista  D.  Ignacio  Escobar,  primer 
Marqués  de  Yaldeiglesias,  y  á  su  digno  sucesor  en 
el  título  y  en  la  dirección  y  propiedad  de  tan  im¬ 
portante  periódico. 

También  se  ha  recordado  en  estos  días  al  nove¬ 
lista  D.  Manuel  Fernández  y  González,  y  aun  se 
ha  pedido  que  su  nombre  dé  título  á  una  calle. 
«¿Cómo  á  una  calle? — diría  si  pudiese  hablaren  su 
lenguaje  hiperbólico. — Yo  debo  dar  nombre  á  una 
provincia.»  Y  tendría  razón  si  lo  dijese  compa¬ 
rándose  con  otros  que  figuran  en  los  azulejos  de 
Madrid,  y  producen  tal  confusión  que  nadie  sabe 
dónde  está  nada.  Por  cierto  que  se  ha  insistido 
en  la  leyenda  de  que  Fernández  y  González  sabía 
poca  historia:  no  es  exacto;  el  que  repase  sus  no¬ 
velas,  que  se  leen  siempre  con  gusto,  hallará  en 
ellas  algo  más  que  un  colorido  intuitivo  de  época; 
datos  precisos  de  la  antigua  localidad  de  Madrid, 
que  sólo  se  saben  con  los  planos  á  la  vista;  datos 
de  indumentaria  que  sólo  se  obtienen  en  los  mu¬ 
seos,  y  de  los  usos  y  costumbres  de  otros  tiempos 
conformes  con  los  pormenores  que  se  hallan  re¬ 
pasando  crónicas,  leyes  olvidadas,  constituciones, 
reglamentos  y  libros  poco  conocidos.  Si  se  equi¬ 
vocó  muchas  veces,  en  cambio  acertó  otras  mu¬ 
chas  en  cosas  que  no  se  adivinan,  sino  que  se  ave¬ 
riguan;  no  era  un  ignorante,  y  á  sus  novelas  por 
entregas  habrán  de  acudir  los  que  escriban  la  his¬ 
toria  de  la  novela  popular,  y  páginas  gallardas  de 
noble,  claro  y  transparente  estilo  castellano. 

<► 

•  « 

—  ¿No  le  parece  á  usted  consolador  el  reparto 
de  juguetes  que  se  ha  hecho  este  año  á  los  niños 
pobres  el  día  de  Reyes? 

— ¡Ya  lo  creo!  no  sabe  usted  con  qué  emoción  he 
sabido  que  hay  niños  todavía. 

—  ¿Qué  dice  usted? 

— Que  si  me  hubieran  preguntado  qué  regalo  con¬ 
vendría  colocar  en  sus  zapatitos,  hubiera  respon¬ 
dido:  «Ponga  usted  tabaco  ó  credenciales.» 


—  Papá — decía  un  niño,  —  ¿por  qué  los  Reyes 
Magos  no  ponen  juguetes  á  los  niños  pobres?  ¿Es 
que  todos  los  niños  pobres  son  malos? 

—  No . es  que  no  pueden  poner  zapatos  al  bal¬ 

cón.....  porque  no  tienen  zapatos. 


— ¿Habéis  echado  los  estrechos? 

—  Sí;  por  cierto  que  la  República  Norteameri¬ 
cana  cayó  con  el  Cañón  de  Julio  Verne. 

— Se  comprende:  para  bombardear  el  firmamen¬ 
to,  á  ver  si  cae  en  su  bandera  alguna  estrella  más. 

— Pues  yo  soñé  que  había  bailes  de  estrellas  y 
Mac-Kinley  tenía  que  pegar  con  goma  las  de  su 
bandera  para  que  no  se  encapasen  de  la  percalina. 

—  Sueños:  esas  son  estrellas  fijas. 

— Pues  menudo  movimiento  tenían  las  del  Sur 
hace  algunos  años:  no  parecían  fijas,  sino  errantes. 


Se  acababa  de  partir  el  pastel  de  Reyes:  el  haba 
en  dulce  para  la  reina  de  la  fiesta;  el  haba  seca 
para  el  galán  que  debía  regalar. 

— El  año  pasado — dijo  una  señora — no  pareció 
la  del  caballero;  alguien  debió  tragársela. 

— Se  ha  previsto  el  caso:  el  haba  que  hemos 
puesto  este  año  es  de  rejalgar. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


BELLAS  ARTES. 

¡Feliz  afio  nuevo! ,  del  nntural,  por  Barraud.  —  En  el  columpio,  dibujo 
de  Carlos  Vázquez.— La*  joga»,  cuadro  de  Czaeboivki. — La  gallina 
ciega,  cuadro  de  Ricci  —  Intimidarte*,  cuadro  de  Blaaa.  —  Sueños  de 
la  noche  de  Rene» ,  dibujo  de  Comba.  —  Coquetería ,  cuadro  de 
G.  Rounsin.—  En  el  « foyer» ,  dibujo  de  Muñoz  Lueena.  —  Un  curru¬ 
taco ,  dibujo  de  C.  Cuadra. 

Para  felicitar  cordialmente  á  sus  lectores  por  la 
nueva  entrada  del  año,  La  Ilustración  Espa¬ 
ñola  y  Americana  ha  escogido  como  enviada 
extraordinaria  á  la  linda  muchacha  que  en  nues¬ 


tra  primera  página  aparece  abriendo  los  blancos 
velos  que  envuelven  como  brumas  su  graciosa  ca¬ 
beza  y  saludando  á  todos  donosamente  en  nuestro 
nombre. 

Quiera  el  cielo  otorgarnos  á  todos  la  salud  que 
revela  el  animado  semblante  de  nuestra  mensa¬ 
jera,  y  tanta  satisfacción  por  las  prosperidades 
logradas,  como  alegría  demuestra  su  regocijada 
sonrisa. 


Un  elegante  dibujo  de  Carlos  Vázquez  publica¬ 
mos  en  la  página  8.  Dentro  de  la  sencillez  del 
asunto  tan  gallardamente  dibujado,  puede  encon¬ 
trar  el  observador  cierto  simbolismo  de  facilísima 
interpretación :  la  joven  que  se  complace  en  me¬ 
cerse  dulcemente  en  el  columpio,  ha  cogido  al  pa¬ 
sar  una  manzana  del  árbol  inmediato;  ¿y  qué 
Adán  puede  contemplar  tranquilo  esa  fruta  en  fe¬ 
meniles  manos? 


El  cuadro  de  Czachorski  que  reproducimos  en 
las  páginas  10  y  11  está  magistralmente  compues¬ 
to,  y  tanto  las  figuras  de  las  damas  que  contem¬ 
plan  embelesadas  las  ricas  joyas,  como  todos  los  de¬ 
talles  del  cuadro,  están  pintados  admirablemente. 


No  menos  agradable  es  la  composición  de  Ricci, 
que  se  ha  inspirado  en  las  costumbres  de  la  época 
de  Luis  XV  para  pintar  su  cuadro  de  La  gallina 
ciega ,  cuya  copia  damos  en  la  página  13.  En  lujoso 
salón,  los  atildados  cortesanos  de  la  época  se  di¬ 
vierten  en  juegos  infantiles .  no  siempre  ino¬ 

centes.  El  de  la  ga  lina  ciega,  que  los  franceses 
llaman  Colín- Maillard ,  tiene,  según  ellos,  un  ori¬ 
gen  heroico  nada  menos.  Oolin-Maillard  era  un 
bravo  guerrero  que  en  su  último  combate  perdió 
los  ojos,  y  á  ciegas  siguió  comlatiendo  y  ven¬ 
ciendo. 

El  origen  del  juego  español  no  está  tan  averi¬ 
guado;  pero  seguramente  debió  ser  distinto,  pues 
no  cuadra  el  recuerdo  del  valiente  ciego  con  lo 
de  gallina . 

El  cuadro  titulado  Intimidades,  que  ocupa  la  pᬠ
gina  14,  pintado  con  tanta  verdad  y  tanta  expre¬ 
sión  por  Blaas,  copia  fielmente  dos  hermosos  tipos 
de  mujeres  venecianas. 

La  carta,  que  hace  sonreir  á  la  lectora  y  pre¬ 
ocupa  á  la  oyente,  es  sin  duda  de  un  carácter  tan 
íntimo .  que  fuera  ind.screto  tratar  de  averi¬ 

guarlo. 


Cuando  contemplamos  á  los  pequeñuelos  colo¬ 
cando  cuidadosamente  sus  zapatitos,  para  que  sobre 
ellos  depositen  los  Reyes  Magos  su  regalo  anual; 
cuando  los  vemos  acostarse  el  5  de  Enero  llenos  de 
esperanzas  y  de  temores,  y  despertar  emocionadí- 
simos  al  acercarse  el  momento  de  conocer  la  sobe¬ 
rana  voluntad  de  sus  Majestades  orientales,  nos 
asombramos  de  su  fe  y  hasta  nos  reímos  á  veces 
de  su  ilusión.  Mas  si  hacemos  un  íntimo  examen 
de  conciencia,  los  grandes,  que  así  juzgamos  á  los 
pequeños,  ¿cuántas  noches  de  Reyes  no  encontra¬ 
mos  en  nuestros  incesantes  anhelos  de  todo  el  año? 

El  lápiz  de  Comba  ha  trazado  en  la  página  15 
una  humorística  composición,  no  diremos  de  alto, 
sino  de  humilde  simbolismo,  puesto  que  tiene  por 
base.....  la  de  nuestras  propias  bases,  ó  sea  el  cal¬ 
zado.  ¡Es  la  noche  de  Reyes! 

Los  niños  dejaron  botitas  y  zapatos  soñando  en 
los  anhelados  juguetes:  la  muchacha  recién  puesta 
de  largo  coloca  los  zapatos  de  raso  con  que  ha  ido  al 
primer  baile,  y  sueña  con  la  timbrada  carta  del 
Marquesito  de  X...,  que  está  si  cade  ú  non  cade ;  la 
estrella  coreográfica  pone  su  calzado  de  bailarina 
soñando  con  un  aderezo  muy  repreciosísimo  de  que 
la  ha  hablado  un  abonado  á  diario  muy  retesimpá - 
tico.  El  segundo  teniente  Mengánez  deja  sus  botas 
más  grandes,  soñando  con  tres  entorchados,  ¡que 
es  soñar!;  el  diputado  Fulánez  sitúa  su  lustrosa  bota 
de  charol  junto  al  Diario  de  las  Sesiones ,  en  que  fi¬ 
gura  su  último  discurso  sobre  la  suprimida  renta 
del  Excusado,  soñando  con  una  gran  cruz  española, 
si  puede  ser,  ó  extranjera,  bien  del  Elefante  blanco 
ó  de  otro  animal  de  cualquier  color;  la  Zelipa,  pan¬ 
talonera  ella ,  que  también  trabaja  en  blanco..... 
cuando  no  la  pagan,  pone  sus  zapatos,  y  sueña  que 
un  mantón  de  la  China...  na 

la  van  á  regalar. 

El  artista  deja  bien  visible  la  suela  del  zapato 
para  que  se  vea  adonde  no  le  llegan  sus  colegas,  y 
sueña  con  la  primera  medalla;  el  anciano  coloca 
sus  zapatillas  deseando  más  vista  para  sus  ojos, 
menos  tos  para  su  pecho  y  muchísimos  más  cupo¬ 
nes  y  billetes  para  su  gaveta;  la  Menegilda  pone 


su  calzado,  y  sueña  con  que  cada  rey  la  regale  un 
novio,  melitar  él,  por  supuesto,  y  uno  de  ellos  ar¬ 
tillero . .  si  pudiera  ser.  El  punto  coloca  los  res¬ 
tos  del  calzado  que  posee,  y  sueña .  ¡con  dos 

pesetas! 

Resumamos  nuestras  impresiones  en  una  consi¬ 
deración  melancólica,  mientras  encontramos  un 
poeta  pesimista  que  nos  la  versifique  dolo  rizán¬ 
dola: 

Latida  es  sueño:  sueño  de  noche  de  Reyes:  los  hombres 
presentamos  nuestros  zapatos  á  la  Fortuna,  y  la  versátil 
diosa  ¡ay!  nos  trata  d  zapatazo 


En  su  cuadro  Coquetería  ha  hecho  Roussin  un 
hermoso  estudio  de  mujer.  De  él  da  perfecta  idea 
nuestro  grabado  de  la  página  16,  y  en  él  pueden 
admirar  nuestros  lectores  la  artística  colocación  y 
el  correcto  dibujo  de  la  bella,  que  sabe  que  lo  es 
y  se  deleita  en  adornar  con  flores  su  arrogante 
busto. 


Tomás  Muñoz  y  Lueena  no  ha  buscado  en  las 
costumbres  de  pasados  tiempos  asunto  para  la  ar¬ 
tística  composición  que  en  la  página  17  publica¬ 
mos.  El  asunto  es  de  nuestros  días,  y  aun  más  pro¬ 
piamente  de  nuestras  iwches.  En  el  lujoso  foyer  de 
un  teatro  de  ópera,  los  tenorios  de  bastidores  ga¬ 
lantean  á  las  bailarinas  di  rango  frúncese  que  con 
ellos  platican  alegremente  mientras  no  suena  la 
palabra  mágica  a  A  escena »,  que  disuelve  los  gru¬ 
pos,  como  dispersa  una  pedrada  una  bandada  do 
pájaros. 


Muy  bien  estudiada  y  muy  bien  puesta  la  figura 
del  currutaco,  que  publicamos  en  la  página  20, 
diestramente  pintada  por  Cipriano  Cuadra. 

Es  gracioso  el  contraste  que  forma  el  elegante 
traje  del  currutaco  con  su  fisonomía  tan  poco  dis¬ 
tinguida,  y  nos  recuerda  al  señorito  de  pueblo,  ga¬ 
lán ,  teatralmente  hablando,  en  La  Mojigata ,  de 
Moratín. 

» 

«  * 

DON  FRANCISCO  COLL  Y  ZAMUY, 
médico  mayor  de  Sanidad  Militar. 

Nació  en  Aragón,  y  estudió  en  Barcelona  la  ca¬ 
rrera  este  distinguido  médico,  que  de  tan  justa  y 
excelente  reputación  goza  en  el  cuerpo  de  Sanidad 
Militar,  al  que  pertenece  desde  1872.  En  él  ingre¬ 
só  después  de  muy  brillantes  ejercicios  de  oposi¬ 
ción,  y  durante  la  guerra  carlista  prestó  excelen¬ 
tes  servicios  en  los  ejércitos  de  Cataluña  y  del 
Norte. 

Fue  después  médico  del  ministerio  de  la  Guerra; 
y  cuando  su  talento  y  sus  conocimientos  médicos 
lo  habían  proporcionado  en  Madrid  una  numerosa 
clientela,  le  correspondió  por  sorteo  pasar  á  Ul¬ 
tramar,  y  allá  lué,  posponiendo  al  cumplimiento 
de  su  deber  militar  todas  sus  personales  conve¬ 
niencias. 

Destinado  á  Holguín,  prestó  inmejorables  ser¬ 
vicios,  y  después  organizó  el  hospital  de  Hacen¬ 
dados  en  la  Habana,  el  dé  Guanabacoa  y  el  de 
Regla,  donde  se  encuentra  destinado  en  la  actua¬ 
lidad. 

Don  Francisco  Coll  se  ha  distinguido  notable¬ 
mente  en  la  presente  campaña  de  Cuba,  procu¬ 
rando  siempre  la  mejor  asistencia  para  el  solda¬ 
do,  logrando  en  este  terreno  verdaderos  prodigios 
su  tesón  aragonés,  puesto  al  servicio  de  tan  nobi¬ 
lísimos  propósitos. 

Cuéntase  que,  encontrándose  una  vez  con  que  en 
la  numerosa  enfermería  de  que  estaban  encarga¬ 
dos  facultativos  provisionales  del  país  ocurrían 
muchos  fallecimientos,  se  hizo  cargo  él  solo,  sin 
más  auxilio  que  el  de  los  sanitarios  á  sus  órdenes, 
de  la  asistencia  de  cientos  de  enfermos,  y  muy 
pronto  se  vieron  los  mejores  resultados  de  este 
generoso  y  eficaz  esfuerzo. 

El  Sr.  Coll  ha  obtenido  dos  cruces  de  segunda 
clase  pensionadas  del  Mérito  Militar,  y  se  halla 
propuesto  para  el  empleo  inmediato. 

Cuantas  personas  conocen  á  este  distinguido 
jefe,  cuyo  retrato  publicamos  en  la  página  4,  ce¬ 
lebran  la  franca  lealtad  de  su  carácter  y  lo  afable 
de  su  trato,  así  como  la  grandísima  modestia  que 
acrecienta  las  simpatías  que  se  ganan  sus  excelen¬ 
tes  condiciones. 

* 

*  * 

LA  GUERRA  KN  CUBA. 

Un-tren  milita*  conduciendo  tropa**.  -  * 

Continuando  nuestra  información  sobre  la  cam¬ 
paña  de  Cuba,  donde,  sin  perjuicio  de  la  generosa 
concesión  del  nuevo  régimen,  se  emprenden  acti- 


Digitized  by 


Google 


4  —  N.°  1 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Enero  1898 


vas  operaciones  militares  contra  los 
rebeldes,  publicamos  en  la  página  4  un 
grabado  representando  un  tren  militar 
para  el  transporte  de  tropas. 

*  4 

BARCOS  ALEMANES  EN  CHINA. 

En  la  página  5  damos  el  retrato  del 

Í>ríncipe  Enrique  de  Prusia,  que  manda 
a  segunda  división  naval  que  Alema¬ 
nia  ha  enviado  al  extremo  Oriente, 
compuesta  del  acorazado  Deutschland 
y  los  cruceros  Kaiserin  Augusta  y  Ge - 
fioriy  de  los  cuales  publicamos  también 
copias  fotográñcas  en  la  página  citada. 

Sabido  es  que,  con  objeto  de  exigir 
una  satisfacción  por  la  muerte  dada  á 
dos  misioneros  alemanes  asesinados  en 
Yen-Tu  el  l.°  de  Noviembre,  tomó  po¬ 
sesión  de  Kiao-Tcheou,  el  día  14,  el 
contraalmirante  Otto  Diederichs ,  que 
mandaba  el  Kaiser  y  los  dos  cruceros 
Prinz  Wilhelm  y  Arcond,  por  lo  cual 
no  ha  podido  menos  de  llamar  la  aten¬ 
ción  y  preocupar  seriamente  á  las  de¬ 
más  potencias  el  hecho  de  haberse  en¬ 
viado  una  segunda  división  á  las  órde¬ 
nes  del  Príncipe  de  Prusia,  al  mismo 
tiempo  que  se  ha  nombrado  vicealmi¬ 
rante,  comandante  en  jefe  de  las  fuer¬ 
zas  navales  alemanas  en  el  extremo 
Oriente,  al  contraalmirante  Diede¬ 
richs. 

El  acorazado  Deutschland  tiene 
85  metros  de  eslora  por  19  de  manga,  y 
una  máquina  de  8.000  caballos  que  de¬ 
be  producir  una  velocidad  de  catorce 
nudos  en  servicio.  Ya  tripulado  por 
668  hombres,  y  tiene  dos  cañones  de 
26  centímetros,  siete  de  15,  doce  de 
37  milímetros  y  ocho  ametralladoras. 

El  crucero  Kaiserin  Augusta  tiene 
118  metros  de  eslora  y  15  de  manga, 
y  su  potente  máquina,  de  12.800  caba¬ 
llos,  ha  logrado  en  los  ensayos  una 
velocidad  de  veintidós  nudos.  Está  ar¬ 
tillado  con  doce  cañones  de  15  centí¬ 
metros,  ocho  de  87  milímetros  y  ocho 
de  57,  y  lleva  427  hombres.  El  GeJiony 


D.  FRANCISCO  COLL  Y  ZAMUY, 

MÉDICO  MAYOR  DE  SANIDAD  MILITAR, 

ORGANIZADOR  DE  VARIOS  HOSPITALES  EN  LA  ISLA  DE  CUBA. 
(De  fotografía  de  los  Sres.  J.  A.  Suárez  y  C.“,  de  la  Habana.) 


construido  por  el  mismo  modelo,  tiene 
doce  cañones  de  15  y  dos  de  21,  de 
tiro  rápido,  diez  de  37  milímetros,  de 
tiro  rápido  también,  cuatro  ametralla¬ 
doras  y  tres  tubos  lanzatorpedos,  y 
lleva  312  hombres. 

La  fuerza  total  que  Alemania  ha  en¬ 
viado  al  extremo  Oriente  se  calcula  en 
4.600  hombres  hasta  ahora. 

4  4 

DON  JOSÉ  MARÍA  CALVEZ  Y  ALFONSO, 
presidente  del  Ministerio  cubano. 

Publicamos  en  la  página  6  el  retrato 
del  jefe  del  partido  autonomista  en 
Cuba,  D.  José  María  Gálvez,  presiden¬ 
te  del  primer  Ministerio  formado  en 
Cuba  al  implantarse  el  nuevo  régimen. 
Nació  en  Matanzas  en  Noviembre  de 
1835,  y  se  educó  en  los  colegios  de  la 
Empresa  y  del  Sal  radar,  siguiendo 
después  la  carrera  de  abogado,  en  cuyo 
ejercicio  ha  sabido  conquistarse  gran 
reputación.  Dedicóse  también  con  gran 
fe  al  periodismo,  y  tomó  muy  activa 
parte  en  la  política  con  temperamen¬ 
tos  tan  radicales,  que  en  la  primera 
guerra  de  Cuba  fué  confinado  durante 
algún  tiempo  en  la  provincia  de  Pinar 
del  Río,  por  considerársele  sospechoso. 

Cuando  se  organizó  en  dicha  isla  el 
partido  autonomista,  abandonó  el  se¬ 
ñor  Gálvez  completamente  los  proce¬ 
dimientos  revolucionarios,  demostran¬ 
do  desde  entonces  gran  fe  en  las  vías 
legales.  En  la  actual  insurrección,  no 
tan  sólo  no  tomó  parte,  sino  que  trató 
de  disuadir  de  su  temerario  empeño  á 
los  sublevados  de  Baire,  así  como  á 
Maceo,  Cabrera  Camps  y  otros  autono¬ 
mistas,  que  abandonaron  su  partido  y 
se  lanzaron  á  la  revolución. 

La  alta  representación  que  tiene  el 
Sr.  Gálvez  como  jefe  y  director  de  la 
fusión  de  dos  grandes  partidos,  ha  sido 
el  fundamento  de  su  elevación  al  im¬ 
portante  cargo  que  hoy  ejerce. 

Muy  sinceramente  deseamos  que  su 
talento  y  dotes  de  mando  se  empleen 


LA  GUERRA  EN  CUBA.  —  un  tren  militar  conduciendo  tropas. 

(De  fotografía.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


< 

Vi 

a 

« 

Cu, 

a 

Q 

a 

a 

a 

a 

5*5 

a 

a 

a 

o 

55 


C? 

a 

a 

a 


g 

3 


s 

9 


5 

w 

G 


o 

s 

b 

o 

«< 

c 

2 

1 

cc 

2 
K 
G 

s 

*-» 


S5 

H— < 

a 

o 

w 

< 

◄ 

2 

•a 

<1 

◄ 

a 

Q 

< 

U 

o 

GQ 

w 

< 

*1 


Digitized  by  ^.ooQie 


6  —  N.°  I 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Enero  1898 


con  éxito  satisfactorio  en  la  difícil  empresa  que  el 
nuevo  Gobierno  tiene  que  cumplir,  y  que  contribu¬ 
yan  eficazmente  á  la  pacificación  y  prosperidad  de 
la  isla  de  Cuba  bajo  el  glorioso  pabellón  de  la 
madre  patria. 


NUESTROS  SUPLEMENTOS. 


En  uno  de  nuestros  Suplementos  publicamos  el 
célebre  cuadro  de  Leonardo  de  Yinci,  retrato  de 
la  famosa  belleza  Mona  Lisa,  llamada  la  Gioconda . 
Al  contemplar  cómo  está  pintado  este  cuadro,  re¬ 
cordamos  la  autorizada  opinión  del  eminente  crí¬ 
tico  H.  Taine.  Para  él  fue  Leonardo  de  Vinci  el 
primer  maestro  completo  del  Renacimiento,  y  su 
genio  extraordinariamente  delicado,  buscador  de 
lo  refinado  y  exquisito  y  casi  fe¬ 
menino. 


la  tribu  no  se  cuidaba  de  la  suerte  de  sus  compa¬ 
ñeros.  El  sentimiento  de  la  miseria  propia  no 
deja  espacio  para  sentir  la  ajena,  y  además  el  vi¬ 
vir  errante  desapega  del  corazón  los  afectos  fami¬ 
liares  y  el  amor  de  la  existencia,  enseñando  con 
lección  diaria  cómo  el  paso  por  la  tierra  es  un 
viaje  más  penoso  cuanto  más  largo,  cuyo  término 
ni  debe  de  apresurarse  ni  temerse. 


En  una  tarde  del  invierno  de  1897  acaeció  en 
Madrid  un  hecho  que,  para  sus  testigos,  no  pasó 
de  ser  un  escándalo  sin  consecuencias  de  los  que 
ocurren  frecuentemente  en  los  espectáculos  pú¬ 
blicos. 


Del  asunto  tan  conocido  como 
la  plaza  Mayor  en  días  de  Navi¬ 
dad,  ha  logrado  el  talento  de 
Emilio  Sala  sacar  el  original  di¬ 
bujo  que  reproduce  nuestro  se¬ 
gundo  Suplemento .  Lo  verdade¬ 
ramente  artístico  de  la  composi¬ 
ción;  la  importancia  que  la  figura 
más  humilde  tiene,  por  la  mane¬ 
ra  de  estar  vista  y  dibujada;  la 
verdad  de  la  escena  de  la  señora 
que  no  quiere  comprar  tan  caro 
como  la  piden,  y  la  vendedora 
que  la  llama  para  que  ofrezca , 
todo  en  este  hermoso  dibujo  re¬ 
vela  al  artista  eminente  tan  jus¬ 
tamente  celebrado. 

C.  Luis  de  Cuenca. 


PRUEBAS  FOTOGRÁFICAS. 

Iban  quedando  ya  muy  pocos 
individuos  de  la  tribu  húngara 
que  por  el  año  de  1890  salió  de 
Waitzen,  no  lejos  de  Pesth. 

Unas  veces  vendiendo  sartenes 
y  calderos,  otras  haciendo  títe¬ 
res,  ya  tañendo  mal  instrumen¬ 
tos  desacordados  ó  bailando  dan¬ 
zas  sin  compás,  ya  enseñando 
monos  y  perros  amaestrados,  la 
tribu  había  recorrido  la  Europa 
central  desde  Yiena  hasta  las  bo¬ 
cas  del  Elba,  y  desde  Konisberg 
hasta  el  pie  de  los  muros  de 
Metz.  En  toda  esta  peregrinación 
había  ido  dejando  sus  cuerpos 
bronceados,  sus  huesos  molidos 
y  sus  melenas  ensortijadas  en 
los  cementerios  y  las  cárceles  de 
Alemania.  Pero  aquella  familia 
nómada  conservaba  memoria  del 
lugar  donde  había  muerto  cada 
padre,  donde  estaba  preso  cada  hijo  ó  se  había 
prostituido  cada  hija.  Solamente  una  pista  que¬ 
daba  perdida:  la  del  camino  que  tomaron  y  el  fin 
que  tuvieron  Wilhelm  ó  Isabelo,  separados  de  la 
ranchería  durante  el  invierno  del  año  9(>. 

Verdad  es  que  su  separación  no  fué  muy  senti¬ 
da,  porque  los  tales  eran  de  lo  peorcito  de  la  cara¬ 
vana.....  Wilhelm  se  fugó  con  todo  el  dinero  de  la 
tribu;  Isabelo  siguió  á  quien  se  llevaba  el  dinero, 
no  para  rescatarlo,  sino  para  gozarlo. 

Sabíase  únicamente,  por  referencias  de  otros 
húngaros,  que  los  dos  bribones  habían  atravesado 
el  reino  de  Baviera  y  entrado  en  Suiza  con  inten¬ 
ción  de  pasar  á  Italia.  Pero  nada  más  se  supo  de 
ellos.  Quién  los  suponía  sepultados  en  los  ventis¬ 
queros  alpinos;  quién  muertos  por  alguna  banda 
de  malhechores  sicilianos;  éste  confinados  en  al¬ 
guna  penitenciaría  francesa;  aquél  cantando  al 
aire  libre  en  competencia  con  los  tañedores  sabo- 
yanos,  ó  viviendo  al  sol  con  poca  ropa  y  mucha 
hambre  en  compañía  de  los  lazzaroni  del  golfo  de 
Nápoles. 

Fuera  de  estas  suposiciones,  responso  de  la 
ausencia  que  de  cuando  en  cuando  rezaban  el  pa¬ 
dre  ó  la  madre  de  los  seres  perdidos,  el  resto  de 


Excmo.  Sk.  D.  JOSÉ  M.  GÁLVEZ  Y  ALFONSO, 

PRESIDENTE  DEL  MINISTERIO  CUBANO. 

(De  fotografía.) 

Gentes  de  todas  clases  asistían  á  la  exposición 
del  milagro  último  de  la  inteligencia  humana,  el 
cinematógrafo,  pintura  del  movimiento,  que  con 
su  hermano  el  fonógrafo,  depósito  del  sonido, 
van  llegando  á  la  perpetuación  de  la  vida  y  á  la 
muerte  de  la  muerte.  De  hoy  en  adelante  se  ente¬ 
rrarán  los  huesos  y  la  carne  del  hombre;  pero  el 
alma  con  que  habló  y  se  movió,  sus  actos  y  pala¬ 
bras  quedarán  vivos  y  con  nosotros  sobre  la  haz 
de  la  tierra. 

Entre  los  espectadores  había  uno  que  llevaba  un 
buen  cuarto  de  hora  con  la  cara  pegada  al  lenta 
de  uno  de  los  cuadros,  como  si  el  curioso  se  hu¬ 
biera  dormido  sobre  él. 

Otro  espectador,  impaciente  ya  y  cansado  de 
esperar  su  turno,  le  tocó  suavemente  en  el  hom¬ 
bro,  invitándole  así  á  dejar  el  puesto  á  los  que 
aguardaban. 

El  espectador  dió  un  salto  nervioso,  volvió  atrás 
el  rostro  mudado  de  color,  miró  con  espanto  al 
que  le  llamaba,  y,  más  balbuciendo  que  hablando, 
le  dijo  en  lengua  castellana  y  acento  extranjero: 

—  ¡Eh!  ¿Por  que  me  agarra?  ¿Adónde  me  lleva? 
¿Me  ha  conocido  usted? 

—  Por  un  posma  de  marca  mayor. 


El  injuriado,  antes  que  ofenderse,  pareció  tran¬ 
quilizarse  con  la  injuria,  y  restregándose  con  las 
manos  los  ojos  como  para  desenturbiarlos,  los 
clavó  otra  vez  en  el  aparato. 

Esta  segunda  vista  duró  poco  tiempo,  unos  cuan¬ 
tos  segundos,  al  cabo  de  los  cuales  el  hombre  ex¬ 
tranjero  se  pncaró  con  su  interlocutor,  y  asiéndole 
violentamente  por  un  brazo  lo  empujó  hasta  el 
lente. 

—  Mire  usted  eso — le  dijo. 

Y  no  pasado  un  minuto,  le  asió  otra  vez  y  le 
preguntó : 

—  ¿Ha  mirado  usted  bien? 

—  No  tanto  como  usted,  pero  me  he  enterado. 

—  Bueno,  ¿y  qué  ha  visto?  ¿Qué  representa  eso? 

—  Un  crimen. 

— ¿Le  parece?..... 

— Un  homicidio. 

—  No;  asesinato. 

— Sí;  asesinato.  El  hombre  del 
gabán  gris  tiene  cogido  por  el 
cuello  al  hombre  del  gabán  ne¬ 
gro  y  le  da  de  puñaladas  por  la 
espalda. 

—  ¿Se  conoce,  eh ? 

— ; Ya  lo  creo!  Es  el  cuadro 
más  perfecto  de  la  Exposición. 

—  ¡Sí,  sí!;  pero  es  imposible, 
imposible! 

Y  cogiendo  á  otro  espectador 
lo  empujó  también  hacia  el  lente, 
diciéndole: 

—  Mírelo  usted,  mírelo  con 
calma;  porque  este  señor  está 
loco . y  yo  también  lo  estoy. 

— Efectivamente;  un  asesinato 
admirablemente  reproducido. 

—  Y  el matador  ¿se  parece 

á  mí? 

El  tercer  espectador  miró  de 
nuevo  al  cuadro ,  y  luego  á  su  in¬ 
terlocutor. 

.  — Es  lo  mismo.  ¿Ha  servido 

usted  de  modelo  para  componer 
la  escena? 

—  ¡Sí,  sí!  pero  ¿cómo?  ¿cómo? 
¡  Imposible! 

Y,  desencajado,  pálido,  fuera 
de  sí,  la  emprendió  á  puñadas 
con  el  objetivo,  que  cayó  al  suelo 
en  pedazos.  Quiso  después  rom¬ 
per  el  delgado  tabiquillo  de  ma¬ 
dera  que  ocultaba  los  cuadros,  y 
con  tal  fuerza  y  prisa  arremetió, 
que  lo  hubiera  conseguido  á  no 
sujetarlo  dos  dependientes  de  la 
Exposición. 

—  ¡Es  un  loco,  un  loco!— gri¬ 
taron  algunos  concurrentes,  po¬ 
niéndose  en  guardia  y  á  distan¬ 
cia  para  no  recibir  los  golpes  que 

á  diestro  y  siniestro  repartía  el  extranjero. 

Y,  como  realmente  pareciera  un  loco  furioso 
por  sus  ademanes,  semblante  y  palabras  incohe¬ 
rentes,  fué  entregado  á  los  guardias  de  seguridad, 
quienes,  después  de  amarrarlo,  le  condujeron  á  la 
prevención  en  compañía  del  dueño  del  cinemató¬ 
grafo,  que  iba  á  reclamar  indemnización  de  per¬ 
juicios. 

El  inspector  del  distrito  se  dispuso  á  interrogar 
á  aquel  hombre  que,  loco,  ebrio  ó  criminal,  había 
promovido  un  escándalo  é  inferido  un  daño  en 
propiedad  ajena,  y  algunas  lesiones  á  las  perso¬ 
nas  que  le  contuvieron. 

Los  agentes  se  le  acercaron  para  desamarrarlo 
con  tan  malos  modos,  que  la  acción  parecía  antes 
acometida  hostil  que  alivio  de  las  ligaduras.  Y  así 
debió  de  entenderlo  el  detenido,  porque,  hincán¬ 
dose  de  rodillas  y  con  voz  suplicante,  exclamó: 

—  No  me  hagan  mal,  por  Dios,  que  yo  confe¬ 
saré. 

— ¿Y  cómo  negarlo  si  lo  sabe  todo  el  mundo? 

—  Es  verdad.  Parece  imposible,  imposible.  El 
sitio  era  solitario  y  estaba  fuera  del  camino.  El 
frío  y  la  nieve  impedían  la  circulación  de  toda 
persona  humana.  El  ruido  de  la  inmensa  cascada 


Digitized  by 


8  Enbro  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.' 


—  7 


ahogaba  los  gritos  de  la  víctima.  Además,  éramos 
completamente  desconocidos  en  la  comarca;  la 
visitábamos  por  primera  y  única  vez.  De  manera 
que  no  quedaban  ni  eco  en  el  aire,  ni  huella  en 
la  nieve,  ni  ojo  en  el  espacio,  ni  prueba,  en  fin, 
de  ninguna  especie,  porque  el  ruido,  la  nevada  y 
la  soledad  las  destruían  todas.  ¡Parece  increíble! 

—  Evidentemente,  es  un  pobre  loco.  Incohe¬ 
rencia  de  ideas.  Ya  ve  usted  ¿qué  tiene  que  ver 
esto  con  el  escándalo  de  la  Exposición? — dijo  en 
voz  baja  el  inspector,  que  oía  con  la  impaciencia 
misericordiosa  de  quien  por  deberes  del  oficio 
oye  los  desvarios  de  un  demente. 

Por  el  contrario,  el  dueño  de  la  Exposición  es¬ 
cuchaba  con  vivísimo  interés,  y  con  los  ojos  fijos 
en  la  fisonomía  del  narrador,  el  cual  prosiguió  su 
relación  de  esta  manera ; 

—  Mi  compañero  Wilhelm,  húngaro  como  yo, 
caminaba  delante  de  mí  por  aquellos  senderos  es¬ 
trechísimos  de  las  montañas  suizas.  Yo  no  miraba 
al  su 3I0  que  pisábamos.  No  podía  apartar  la  vista 
de  las  espaldas  de  Wilhelm,  que  llevaba  en  ellas  su 
zurrón,  y  dentro  de  él  una  buena  cantidad  de 
plata  con  que  pensaba  comprar  un  oso  y  un  orga¬ 
nillo  para  ganarse  la  vida  vagabundeando  por  ca¬ 
minos  y  aldeas  según  costumbre  de  nuestra  raza. 
Llevábamos  dos  días  de  viaje,  yo  viendo  siem¬ 
pre  delante  de  mí  el  bulto  que  las  monedas  seña¬ 
laban  en  el  zurrón,  y  mi  compañero  contando  las 
dichas  que  le  prometían  su  organillo  y  su  oso.  No 
parecía  sino  que  el  desdichado  iba  tentando  mi  co¬ 
dicia.  Estimulábala  además  la  soledad  de  aquellos 
parajes.  No  pude  resistir  á  la  tentación;  al  llegar 
cerca  de  la  cascada,  que  ahogaría  con  sus  mugidos 
nuestras  voces,  entonces . No,  yo  no  quería  ma¬ 

tarlo;  pero  se  defendió,  y,  empezada  la  mala  obra, 
no  tuve  más  remedio  que  consumarla.  Enterré..... 

todo  aquello . menos  la  plata,  en  un  hoyo  que 

abrí  con  una  piedra  puntiaguda.  Lo  cubrí  con  ba¬ 
rro.  Después . siguió  nevando,  nevando  mucho, 


gún  vecino  de  los  pueblos  comarcanos,  ni  nadie 
reclamaba,  ni  advertía  la  pérdida  de  persona  de  su 
familia,  ni  conocía  por  aquellos  retratos  á  los  ac¬ 
tores  del  drama.  Ni  podían  ser  conocidos:  eran 
extranjeros  vagabundos  que  atravesaban  el  país. 
Ya  nos  lo  ha  dicho  este  hombre,  que  no  es  otro 
sino  el  asesino,  el  original  del  retratado  en  el  cua¬ 
dro.  Aunque  ha  cambiado  de  traje,  no  ha  cambiado 
de  cara:  le  conozco  bien,  como  que  estoy  exhibién¬ 
dole  diariamente. — 

¿Para  qué  explicar  esta  historia,  si  su  texto  que¬ 
da  claro  y  completo  juntando  las  partes  de  que  se 
compone?  El  asesino,  al  ver  reproducido  exacta¬ 
mente  en  Madrid  su  crimen  cometido  un  año  atrás 
en  Suiza,  fue  presa  de  una  alucinación  por  remor¬ 
dimiento  ó  por  miedo;  creyó  que  había  sido  des¬ 
cubierto  y  capturado.  Cuando  entendió  que  lo  to¬ 
maban  por  loco,  quiso  negar,  pero  ya  era  inútil  la 
negativa. 

Le  acusaba  el  milagro  moderno  que  resucita  á 
los  muertos:  le  delataba  la  ciencia  de  la  luz,  testigo 
mudo,  fiscal  sin  voz  que  reconstruye  lo  pasado  y 
prueba  con  pruebas  fotográficas.  La  fotografía  fué 
enviada  á  Suiza.  Se  desenterró  el  cadáver,  se  com¬ 
probó  el  delito  y  fué  castigado. 

Está  visto  que  el  oficio  de  los  criminales  va  po¬ 
niéndose  mal  con  el  telégrafo,  la  fotografía  y  los 
gabinetes  antropométricos.  El  progreso  es  ene¬ 
migo  del  delito;  parece  que  en  él,  más  que  en  la 
fuerza,  desciende  Dios  al  mundo  para  ejercer  su 
justicia  y  perseguir  el  pecado,  haciendo  de  la  cien¬ 
cia  el  luminar  de  sn  sabiduría  y  el  ojo  de  su  pro¬ 
videncia  que  todo  lo  ve,  está  en  todas  partes,  apro¬ 
xima  lo  remoto  y  penetra  lo  invisible. 

Eugenio  Selles. 


BALANCE  ANUAL. 


y  las  capas  de  nieve  borraron  nuestras  huellas  y 
cubrieron  la  sangre  y  la  sepultura  como  si  el  suda¬ 
rio  del  muerto  quedase  fuera  de  ella.  Nadie  pudo 
verlo,  ni  oirlo,  ni  saberlo.  ¡Digo  que  es  imposible, 
imposible! 

— Indudable  — dijo  el  inspector  siempre  en  voz 
baja. — Se  le  acusa  de  un  simple  daño  que  no  re¬ 
presenta  el  valor  de  veinte  pesetas,  y  sale  con  la 
relación  de  un  asesinato  horrible.  Extravíos  y  vi¬ 
siones  de  su  cabeza  trastornada.  No  tenemos  nada 
que  hacer  con  él.  Llevadle  á  la  sala  de  observación 
del  hospital. 

—  No,  no  es  loco — observó  el  dueño  de  la  Expo¬ 
sición. — Es  un  asesino;  cuenta  la  verdad.  Yo  com¬ 
pletaré  la  historia. 

Mi  socio  y  yo  viajábamos  el  invierno  pasado 
por  Suiza,  tomando  vistas  y  cuadros  para  nuestro 
cinematógrafo.  Quisimos  obtener  el  espectáculo 
de  una  hermosa  cascada  con  el  movimiento  de  sus 
aguas  y  espumas;  espectáculo  de  gran  belleza,  au¬ 
mentada  con  el  de  una  nevada  en  aquellos  paisa¬ 
jes  espléndidos.  Nos  acogimos  con  nuestros  apara¬ 
tos,  para  preservarnos  de  la  nieve,  en  una  especie 
de  choza  abandonada.  Tomada  la  vista  nos  retira¬ 
mos  con  las  placas  encerradas  en  la  cartera,  porque 
hacíamos  en  un  pueblo  cercano  las  operaciones 
para  revelar  las  fotografías.  Cuando  tres  días  des¬ 
pués  examinamos  la  primera  prueba,  quedamos 
sorprendidos  por  una  escena  que  no  esperábamos 
ni  habíamos  visto,  porque  sin  duda  sus  actores 
entraron  en  el  foco  después  de  enfilar  el  aparato 
y  cuando  nosotros  mirábamos  y  atendíamos  sólo 
á  nuestra  máquina.  A  la  parte  izquierda  de  la  cas¬ 
cada  aparecía  el  cuadro  vivo  de  un  asesinato.  Como 
la  fotografía  no  se  engaña,  ni  reproduce  más  que 
lo  verdadero,  ni  ve  visiones  como  un  loco,  ni  in¬ 
venta  escenas  como  un  pintor,  comprendimos  que 
se  había  escapado  á  nuestra  vista  un  crimen  cierto 
que  el  ojo  infalible  de  la  máquina  había  sorpren¬ 
dido  y  guardado  en  el  fondo  obscuro  de  su  retina 
artificial. 

Denunciamos  el  caso  á  la  autoridad.  Sus  pesqui¬ 
sas  no  dieron  resultado.  A  veces  se  ve  el  delito  y 
no  aparecen  los  delincuentes:  ahora  aparecían  los 
criminales  y  no  parecía  el  delito.  No  faltaba  nin- 


1897. 


a  pertenece  á  la  Historia  el  año  de 
fcyWS  1897,  habiendo  dejado  escritas  en  la 
misma  sangrientas  y  dolorosas  pági- 
nas>  tales  como  la  campaña  entre 
Grecia  y  Turquía,  las  guerras  colonia- 
les  de  España  y  la  insurrección  de  la 
India  británica;  ya  se  lia  ausentado  para 
siempre,  dejando  á  su  sucesor  el  germen  de 
V  nuevas  complicaciones,  como  la  importantí¬ 
sima  del  reparto  de  China  entre  las  grandes  po¬ 
tencias  de  Europa.  Eterno  batallar  de  la  humani¬ 
dad  para  la  incesante  reforma  del  mapa  político, 
borrando  límites,  destruyendo  influencias  y  cas¬ 
tigando  con  la  extinción  pueblos  y  razas. 

En  ocasiones,  al  estrago  de  las  iniciativas  hu¬ 
manas  se  unen  otras  plagas  de  más  alto  origen, 
como  la  peste  bubónica  y  el  hambre,  que  tan  ru¬ 
damente  han  castigado  á  la  India,  los  terremotos 
que  en  diversas  regiones  han  producido  incalcula¬ 
bles  daños,  las  inundaciones  lamentadas  en  nues¬ 
tra  patria,  y  las  destructoras  mareas  que  en  el 
Celeste  Imperio  arrasaron  pueblos  enteros,  repro¬ 
duciendo  en  nuestros  días  las  grandes  catástrofes 
que  suelen  periódicamente  señalarse  en  la  histo¬ 
ria  del  mundo.  Acaso  en  esta  índole  de  calamida¬ 
des  debiera  incluirse  también  la  horrible  tragedia 
del  Bazar  de  la  Caridad  de  París,  que  en  un  ins¬ 
tante  redujo  á  cenizas  y  calcinados  restos  de  difí¬ 
cil  identificación  hermosura,  grandeza  y  poderío. 

Las  pasiones  humanas  en  el  carácter  social  que 
hoy  suelen  revestir,  han  armado  el  brazo  de  algu¬ 
nos  criminales,  consiguiendo  el  asesinato  de  don 
Juan  Idiarte  Borda,  presidente  de  la  República 
del  Uruguay,  y  de  D.  Atonio  Cánovas  del  Castillo, 
jefe  del  Gobierno  español,  ó  fracasando  en  sus 
tentativas  contra  las  vidas  del  rey  Humberto  de 
Italia,  y  de  Mr.  Faure,  presidente  de  la  República 


francesa. 

De  otra  índole  más  grata  de  sucesos,  regístranse 
en  el  año  transcurrido  el  sexagésimo  aniversario 
de  la  coronación  de  la  reina  Victoria,  en  que  se 
puso  de  manifiesto  la  grandeza  del  Imperio  britᬠ
nico;  el  viaje  á  Rusia  del  Presidente  de  la  Repú¬ 
blica  francesa ,  durante  el  cual  se  lanzó  de  manera 
oficial  la  palabra  alianza;  la  celebración  del  cen¬ 
tenario  de  Guillermo  I  de  Prusia;  la  elevación  al 
poder  supremo  de  la  República  norteamericana 
del  Sr.  Mac-Kinley,  y  el  largo  y  divertido  viaje 
por  Europa  del  rey  siamés  Chulalongkorn ,  mien¬ 
tras  la  capital  de  su  reino  era  víctima  del  bando¬ 


lerismo,  la  miseria  se  enseñoreaba  del  país,  los 
desordenes  se  sucedían  á  cada  momento,  y  el  es¬ 
tado  social  permitía  suponer  un  retroceso  al  es¬ 
tado  semiprimitivo. 

La  historia  completa  del  mundo  en  el  año  1897 
exigiría  desarrollos  incompatibles  con  las  dimen¬ 
siones  de  un  artículo,  y  debo  renunciar  á  ella, 
mucho  más  cuando  reclama  especial  preferencia 
lo  que  se  refiere  á  la  patria  española,  y  ha  de  ser 
objeto  de  los  párrafos  que  siguen. 

» 

•  o 

Durante  el  año  transcurrido,  la  prensa  extran¬ 
jera  ha  publicado  casi  á  diario  columnas  enteras 
de  telegramas  de  España.  Los  grandes  problemas 
internacionales  no  han  motivado  casi  nunca  ex¬ 
pectación  tan  grande  como  la  situación  de  la  na¬ 
ción  española,  sosteniendo  simultáneamente  dos 
campañas  sangrientas  en  Cuba  y  Filipinas,  te¬ 
niendo  que  contener  en  el  interior  el  anarquismo, 
presa  de  enconadas  luchas  políticas,  y  sufriendo 
las  consecuencias  del  atentado  criminal  de  que 
fué  víctima  en  Santa  Agueda  el  insigne  estadista 
y  jefe  del  Gobierno  D.  Antonio  Cánovas  del  Cas¬ 
tillo:  nuestras  contiendas  coloniales  han  tenido, 
como  todas  las  guerras  civiles,  caracteres  de  obs¬ 
tinación  temeraria,  de  crueldad  inconcebible  en 
unos  casos,  de  heroísmo  épico  en  otros:  la  metró¬ 
poli  no  ha  cesado  de  enviar  en  los  trasatlánticos 
su  juventud  y  sus  tesoros,  y  de  recibir  por  el  mis¬ 
mo  conducto  heridos  incurables  y  enfermos  cró¬ 
nicos,  víctimas  de  las  traidoras  balas  y  del  mortí¬ 
fero  clima.  Los  campos  de  batalla,  los  hospitales 
y  sanatorios,  las  profundidades  del  mar,  los  ce¬ 
menterios  de  ciudades  y  aldeas,  numerosísimas 
familias  vistiendo  luto,  infinitos  huérfanos  faltos 
de  todo  apoyo,  testimonios  son,  y  testimonios  tris¬ 
tes  y  elocuentísimos,  de  lo  que  cuestan  á  España 
las  dos  campañas  de  sus  colonias.  La  liquidación 
económica  vendrá  más  tarde  á  aumentar  el  con¬ 
tingente  de  nuestras  desgracias. 

El  anarquismo,  arrebatando  traidoramente  la 
existencia  del  Sr.  Cánovas,  puede,  sin  embargo, 
haber  ejercido  decisivo  influjo,  no  sólo  en  la  mar¬ 
cha  política  interior,  sino  en  las  mismas  guerras 
coloniales.  Fué  el  Sr.  Cánovas  del  Castillo  figura 
de  altísimo  relieve  y  de  excepcional  importancia 
en  la  moderna  historia  española;  pero  de  tal  suerte 
había  llegado  á  reunir  en  su  persona  los  dogmas 
políticos  y  los  procedimientos  de  gobierno;  tenía 
sin  duda  en  tan  escasa  estimación  todos  los  pres¬ 
tigios  y  todas  las  iniciativas  de  los  demás,  que  su 
desgraciada  muerte  había  de  influir  poderosa  y 
fatalmente  en  la  suerte  del  partido  que  acaudilla¬ 
ba.  En  una  situación  como  la  conservadora,  donde 
los  ministros  no  resolvían  la  cosa  más  pequeña 
sin  consultarla  antes  con  el  Sr.  Cánovas;  en  un 
organismo  soc  al  donde  hasta  los  tribunales  de 
justicia  consultaban  con  aquél  sus  fallos  y  las  aca¬ 
demias  acudían  para  proveer  sus  vacantes  á  reci¬ 
bir  la  consigna  del  jefe  del  Gobierno;  donde  él  lo 
era  todo,  y  los  demás  nada,  su  muerte  debió  ser, 
y  fué  efectivamente,  el  desconcierto  de  las  hues¬ 
tes  que  le  seguían  y  en  las  que  nunca  quiso  aquél 
tolerar  que  se  dibujase  la  figura  de  ningún  posible 
heredero. 

El  partido  liberal  llegó,  por  lo  tanto,  al  poder 
en  virtud  de  la  impotencia  del  partido  conserva¬ 
dor  y  de  las  imposiciones  de  la  lógica;  pero  el 
partido  liberal,  durante  los  últimos  meses  de  su 
oposición,  había  contraído  solemne  compromiso 
de  reformar  la  política  antillana,  llevando  á  Cuba 
y  Puerto  Rico  el  régimen  autonómico,  y  á  Filipi¬ 
nas  profundas  reformas  administrativas,  y  sus 
primeros  actos  fueron,  con  efecto,  el  cumpli¬ 
miento  de  aquellas  promesas.  Los  inmediatos  .re¬ 
sultados  de  esta  política  se  han  visto  en  Filipinas, 
donde  la  rebelión  parece  dominada,  habiéndose 
pactado  la  paz  con  los  principales  cabecillas,  en 
condiciones  honrosas  para  el  prestigio  de  España 
y  que  no  excluyen  la  humanidad. 

El  establecimiento  de  la  autonomía  en  Cuba  no 
ha  ofrecido  hasta  la  presente  resultados  igual¬ 
mente  prácticos,  acaso  por  las  dificultades  que 
presenta  tan  hondo  cambio  en  las  instituciones 
del  país;  pero  el  recrudecimiento  de  la  lucha  por 
los  insurrectos,  los  rasgos  de  desesperada  violen¬ 
cia,  tales  como  el  asesinato  del  teniente  coronel 
Ruiz,  que  debió  serles  sagrado  por  su  carácter  de 
parlamentario;  el  aplauso  de  los  Estados  Unidos  á 
la  nueva  política  española;  los  trabajos  iniciados 
por  los  partidos  cubanos  para  llevar  sus  principios 
y  su  influencia  al  Gobierno  y  á  las  Cámaras  insu¬ 
lares,  síntomas  son  todos  de  que  la  reforma  auto¬ 
nomista  puede  marcar  nuevos  rumbos  á  la  vida 
de  las  Antillas,  sustituyéndose  á  la  lucha  armada 
de  la  manigua  la  de  los  comicios,  la  del  favoritis¬ 
mo,  la  de  las  ambiciones.  Quédese  á  los  políticos 
la  misión  de  examinar  las  ventajas  ó  inconvenien- 


Digitized  by  AjOOQle 


EN  EL  COLUMPIO, 
DIBUJO  DE  CARLOS  VÁZQUEZ. 


! 


Digitized  by  ^.ooQie 


BELLAS  ARTES 


COQUETERÍA, 

CUADRO  DE  G.  ROUSSIN. 


Digitized  by 


é 


Digitized  by  ^.ooQie 


DIBUJO  DE  MUÑOZ  LUCENA 


18  —  N.°  I 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Exeko  1898 


de  oro,  procedente  délos  criaderos;  hermoso  ejem¬ 
plar  aurífero  extraído  y  dispuesto  con  toda  habi¬ 
lidad  por  los  obreros  de  las  minas  de  Mr.  Parsons, 
presidente  del  Comité  ejecutivo  de  las  tiestas.  El 
presenta  es  digno  de  la  riqueza  de  los  que  lo  en¬ 
vían,  y  por  su  originalidad  responde  por  comple¬ 
to  al  carácter  y  gusto  de  los  habitantes  del  Far 
West y  la  comarca  más  or:ginal  del  mundo. 

La  leyenda  vulgar  entiende  que  las  minas  de 
oro  de  California  se  agotaron  hace  bastantes  años; 
pero  aunque  en  la  parte  merid  onal  de  aquella  re¬ 
gión  no  se  explote  el  oro  en  la  cantidad  en  que 
durante  los  diez  primeros  años  se  explotó,  benefi¬ 
ciase  como  nunca  en  la  alta  California  y  en  las 
inmensas  regiones  que  se  extienden  por  el  Colo¬ 
rado,  Arizona,  Utah,  Nevada,  Montana,  Idaho  y 
territorios  vecinos.  La  cuantía  de  la  producción  es 
extraordinaria.  El  Gran  Oeste  americano,  la  Cali¬ 
fornia  amplia,  continúa  siendo  el  primer  país  pro¬ 
ductor  del  mundo.  En  efecto,  de  los  1.125  millones 
de  pesetas  que  valió  el  oro  explotado  en  todos  los 
países  mineros  en  el  año  de  1896,  los  Estados  Uni¬ 
dos  contribuyeron  con  270;  la  Au^tral  a  con  225; 
el  Transvaal  con  215;  las  Indias  con  148,  y  Rusia 
y  otras  muchas  naciones,  en  conjunto,  con  267. 
No  figuran  en  esa  cifra  de  la  producción  norte¬ 
americana  los  50  millones  que  han  dado  los  yaci¬ 
mientos  de  la  región  de  Klonyke,  en  la  vertiente 
Norte  de  la  montaña  de  San  Elias,  en  Alaska.  Quie¬ 
re  decir,  pues,  que  hoy  la  explotación  del  oro  en 
el  Oeste  americano  llega  á  valer  820  millones  de 
pesetas  anuales.  Y  en  ese  colosal  rendimiento 
figura  California  á  la  cabeza  de  los  territorios  que 
más  producen.  Curioso  es  consignarlo:  California 
produjo  en  1896,  en  oro  fino,  737.080  onzas,  que 
valieron  15.215.900  dollars  ó  pesos.  Cada  onza  de 
oro  vale  20,87  dollars,  y  cada  kilogramo  004,00. 
El  Colorado  produjo  719.204,  con  un  valor  de 
14.807.971;  South  Dakota,  237.378  y  4.319.000,  res¬ 
pectivamente;  Montana,  209.207  v  4.324.700:  Neva¬ 
da,  116.020  y  2.410.538;  Idaho,  104.203  y  2.155.300; 
Arizona,  124.770  y  2.579.000;  y  otros  doce  estados 
ó  territorios  el  resto,  hasta  completar  la  cifra  de 
2.558.433  onzas  y  el  valor  de  52.880.209  dollars,  ó 
cerca  de  los  indicados  270  millones  de  pesetas.  Y 
por  si  esta  admirable  riqueza  natural  no  fuera  bas¬ 
tante,  añádase  que  las  minas  de  plata  dan  al  año 
en  los  Estados  Unidos  58  millones  de  onzas  de 
plata  fina,  que  valen  198  millones  de  pesetas.  Cada 
onza,  troijy  de  plata  (31,103  gramos)  valió  en  1890 
unos  07  centavos  de  dollar. 

Bien  pueden,  por  consiguiente,  los  Estados  de 
la  gran  República,  y  California  sobre  todo,  cele¬ 
brar  con  rumbo,  y  sin  temor  á  déficit,  compro¬ 
misos  ni  responsabilidades,  el  aniversario  50.°  del 
hallazgo  de  la  primera  pe/dtay  estrella  y  guía  de 
los  mineros,  no  eclipsada  aún,  sino  más  fulguran¬ 
te  y  potente  cada  día,  á  pesar  de  los  grandes  des¬ 
cubrimientos  de  las  demás  comarcas  auríferas  del 
globo. 

* 

tt  » 

No  todos  los  buscadores  y  explotadores  de  los 
yacimientos  de  oro  celebrarán  el  aniversario.  Mu¬ 
chos  de  ellos  están  hoy  moriéndose  de  hambre; 
otros  perecen  envueltos  en  las  avalanchas  de  nie¬ 
ve  y  hielo,  y  algunos  espera  i  los  convoyes  de  soco¬ 
rros  que  desde  las  comarcas  habitadas  y  habitables 
les  han  enviado.  La  fiebre  del  oro,  el  espíritu  aven¬ 
turero,  el  desprecio  de  la  vida  por  la  ilusión  de 
crearse  una  fortuna,  han  llevado  en  estos  últimos 
tiempos  á  muchas  gentes  á  buscar  el  rico  metal 
en  tierra  inhabitable  y  apartadísima.  El  ir,  como 
iban  antes  los  pionners  emigrantes  al  Oeste  ame¬ 
ricano,  á  lasRoquizas,  al  Colorado  y  á  Montana, 
es  ni  más  ni  menos  que  dar  un  paseo,  comparando 
esas  excursiones  con  el  interminable  viaje  á  Alas¬ 
ka.  Nuestra  California  española,  San  Francisoo 
inclusive,  estaba  abierta,  con  su  ruta  marítima 
desde  los  puertos  de  Méjico  y  de  Guatemala,  por 
lo  cual  tampoco  las  excursiones  californianas  de 
los  mineros  eran  para  ser  consideradas  como  una 
separación  del  mundo.  Pero  los  viajes  de  la  mí¬ 
sera  emigración  norteamericana  á  las  tierras  de 
oro  del  Klondike,  como  hoy  se  llama,  eso  sobre¬ 
pasa  los  límites  de  todo  lo  aventurado,  peligroso 
y  horrible.  Para  ir  á  apartar  y  cribar  y  lavar  las 
arenas  auríferas  del  Klondike  es  preciso  dejar 
atrás  todos  los  Estados  de  la  Unión  y  el  Canadá  y 
la  Colombia  británica,  y  llegar  á  la  vecindad  del 
paso  de  Behring,  á  lo  que  antes  se  llamó  la  América 
rusa,  y  trasponer  la  gigante  cordillera  donde  se 
alzan  las  cumbres  volcánicas  de  San  Elias,  y  avan¬ 
zar  por  los  desfiladeros  que  conducen  en  tierra  de 
Alaska  á  la  cuenca  del  Yukón  y  del  Klondike. 
Como  quien  no  dice  nada,  este  territorio  de  los 
placeres'.!  de  oro  está  á  65  grados  de  latitud  Norte, 
sin  comunicación  con  ninguna  vía,  lejos  del  mun¬ 
do,  y  á  más  de  300  kilómetros  de  las  costas  del 
mar  de  Behring.  Y  allí,  sin  embargo,  se  ha  hacina¬ 


do  una  masa  de  seres  procedentes  de  todas  partes, 
sin  otro  ideal  que  el  de  la  suerte  obscura,  sin  más 
equipaje  «que  lo  puesto»,  sin  más  capital  que  la 
audacia  y  los  pocos  años,  sin  más  ley  ni  amparo 
que  el  revólver,  sin  más  amigo  que  la  propia  per¬ 
sonalidad  y  sin  más  enemigo  que  el  prójimo. 
¿Cómo  han  llegado  hasta  allí  la  mayor  parte  de 
aquellos  buscadores  de  oro?  Nadie  lo  sabe  ni  á  na¬ 
die  le  importa,  y  á  ellos  menos  que  á  nadie.  ¿Cómo 
saldrán  de  allí?  Alguno  que  otro,  hecho  millona¬ 
rio;  los  demás,  hechos  pedazos. 

Las  últimas  noticias  recibidas  en  Nueva  York,  y 
difundidas  por  la  prensa,  cuentan  tristes  detalles. 
Un  peatón  indio,  conductor  del  correo  que  llegó 
hace  pocas  semanas  á  Victoria,  capital  de  la  Co¬ 
lombia  inglesa,  en  el  vapor  Toj¡ekay  después  de 
haber  hecho  el  viaje  por  tierra  desde  Klondike  á 
la  costa  Dyea  en  Alaska,  refirió  á  las  autoridades 
que  á  fines  de  Octubre  dejó  cerca  de  los  desfilade¬ 
ros  de  aquella  región  á  un  millar  de  mineros  que, 
impulsados  por  el  hambre,  habían  huido  de  la  ca¬ 
pital  ó  montón  de  los  criaderos  Dawson  City  para 
llegar  á  Dyea  ó  á  Skagway  y  poderse  salvar.  Más 
de  la  cuarta  parte  de  los  fugitivos,  extenuados  por 
el  hambre  y  el  frío,  Labían  muerto  en  la  caminata, 
y  el  resto  de  aquel  horrendo  tropel  va  dejando  nu¬ 
merosos  cadáveres  por  todo  el  trayecto  que  reco¬ 
rre.  Cuando  al  peatón  indio  hizo  saber  en  Dyea 
loque  había  visto,  bastantes  animosos  jóvenes  de 
la  localidad  pidieron  socorros  á  las  autoridades 
para  organizar  sin  pérdida  de  tiempo  una  expedi¬ 
ción  y  marchar  á  los  desfiladeros  á  prestar  auxilios 
á  aquellos  desgraciados.  La  ciudad  de  Dyea  además 
pidió  al  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  75.000 
dollars  para  llevar  en  cincuenta  días  500.000  li¬ 
bras  de  víveres  de  todas  clases  á  Dawson  City, 
donde  los  horrores  del  hambre  deben  estar  cau¬ 
sando  muchas  víctimas.  El  Congreco  de  la  Repú¬ 
blica  ha  votado  un  crédito  de  400.000  dollars 
(175.000  la  Cámara  de  Diputados  y  250.000  el  Se¬ 
nado)  para  socorrer  á  los  trabajadores  del  Klon¬ 
dike.  El  ministro  déla  Guerra,  Mr.  Alger ,  está 
preparando  la  expedición  de  socorros,  y  ha  en¬ 
viado  á  Dyea  á  dos  oficiales  para  que  vean  el  mé¬ 
todo  más  rápido  de  pasar  los  desfiladeros  cuando 
llegue  aquélla. 

El  último  envío  ó  montón  de  aventureros  que 
salió  de  Nueva  York  para  Alaska  fué  el  City  of 
Colu/nbia ,  que  dará  la  vuelta  al  cabo  de  Hornos 
para  remontar  el  Pacífico  de  punta  á  punta,  de¬ 
biendo  ser  en  Mayo  cuando  lleguen  á  la  emboca¬ 
dura  del  Yukón,  y  en  Junio  cuando  río  arriba  to¬ 
quen  en  Dawson.  Van  en  la  expedición  20  hombres 
y  35  mujeres,  en  su  mayor  parte  viudas,  dirigidas 
por  una  ídem  Mrs.  Hanuah  Gould,  que  es  la  que 
las  ha  sacado  de  sus  casas  y  «de  sus  casillas».  To¬ 
das  marchan  dispuestas  á  casarse  con  mineros.  El 
viaje  desde  Nueva  York  al  cabo  de  Hornos  y  desde 
allí  á  la  costa  de  Alaska,  en  cinco  meses,  con  tan¬ 
tas  viudas  alegres,  debe  ser  lo  más  original  y  en¬ 
tretenido  que  puede  darse.  No  faltará  á  bordo  al¬ 
gún  cronista  que  nos  envíe  su  relación,  si  es  que  el 
City  of  Col  tu ubia  no  corre  la  misma  suerte  que  ha 
corrido  el  vapor  de  emigrantes  buscadores  de  oro 
Cleveland y  que  salió  de  San  Francisco  con  provi¬ 
siones  y  socorros  para  enviarlos  á  Klondike,  y  que, 
según  noticias  recibidas  de  Vancuver,  naufragó  en 
el  estrecho  de  Barklay,  cabo  Beale,  ahogándose  su 
capitán ,  el  comisario  y  22  personas  más.  Los  co¬ 
merciantes  de  Skagway  han  telegrafiado  á  todos 
los  centros  mercantiles  importantes  de  la  costa  del 
Pacífico  que  les  envíen  á  toda  prisa  víveres  y  pro¬ 
visiones  sin  reparar  en  los  precios,  para  evitar  que 
en  pleno  invierno  perezca  en  masa  la  población 
minera  de  Alaska.  Carísimo  va  á  salir  el  oro  para 
muchos  infelices,  porque  el  número  de  los  que  que¬ 
den  exhaustos  bajo  la  nieve  y  entre  los  escombros 
de  sus  chozas  de  lavado  de  las  arenas  auríferas 
será  muchísimo  mayor  que  el  de  los  que  logren 
volver  á  su  país  con  un  puñado  de  dollars  en  el 
bolsillo. 

o 

«  « 

Mucho  han  adelantado  los  yankees  en  la  explota¬ 
ción  de  las  riquezas,  pero  mucho  más  se  han  re¬ 
trasado  en  el  respeto  á  la  libertad.  En  ningún 
país  pobre  se  podría  hacer  una  ostentación  de  la 
tiranía  como  la  que  vamos  á  referir.  Lyncharon 
hace  veinticinco  días  á  un  negro  los  habitantes 
de  Osceola  (Missouri),  y,  según  parece,  el  sheriff  ó 
juez  del  condado,  Mr.  Bowen,  no  sólo  no  se  opuso 
á  ello,  sino  que  presenció  impávido  el  acto  de 
crueldad  de  que  el  pueblo  se  tomara  la  justicia  por 
su  mano.  Protestó  contra  el  sheriff  y  contra  seme¬ 
jante  barbaridad  Mr.  Rousseau,  director  de  un  pe¬ 
riódico  que  allí  se  publica,  pintando  con  subidas 
tintas  los  horrores  de  la  ejecución,  censurando 
duramente  á  los  que  habían  tomado  parte  en  ella, 
y  poniendo  á  la  justicia  de  vuelta  y  media  por  su 
abandono,  por  sus  complacencias  y  por  la  inmu¬ 


nidad  en  que  había  dejado  á  los  furiosos  verdugos 
plebeyos. 

El  artículo  de  Mr.  Rousseau -fué..  muy- leído  y 
celebrado  entre  las  gentes  sensatas  de  Osceola, 
que  repitieron  sus  ardientes  censuras  contra  mís- 
ter  Bowen.  Avergonzado  éste  por  la  crítica,  exi¬ 
gió  como  juez  al  periodista  que  publicara  una  re¬ 
tractación  completa,  amenazándole  con  que,  de 
no  hacerlo  así,  lo  mataría  donde  quiera  que  le  en¬ 
contrara.  Ante  tan  feroz  intimación,  y  conociendo 
como  las  gasta  el  representante  de  la  justicia, 
creyó  Mr.  Rousseau  lo  más  prudente  tomar  el  pri¬ 
mer  tren  y  dirigirse  á  Little  Rock,  en  Arkansas, 
á  480  kilómetros  de  su  pueblo,  para  huir  del  al¬ 
cance  del  Poncio  missoureño  y  ponerse  al  amparo 
de  las  autoridades  de  otro  Estado.  Antes  de  mar¬ 
char  dejó  impreso  otro  artículo  en  su  periódico, 
en  el  que  manifestó  que  abrigaba  la  evidencia  de 
que  el  juez  le  mataría  si  no  rectificaba,  pero  que 
teniendo  plena  conciencia  de  haber  dicho  la  ver¬ 
dad  al  referir  y  censurar  el  escandaloso  lyncha- 
miento  del  negro  y  la  indigna  conducta  de  m's- 
ter  Bowen,  prefería  abandonar  aquel  pueblo  «á 
no  tragarse  sus  palabras»  (sic).  Parece  que  el  Go¬ 
bierno  del  Missouri  ha  ordenado  que  se  practique 
una  información  para  averiguar  lo  que  ha  ocu¬ 
rrido  y  proceder  contra  el  sheriff;  pero  éste,  que  es 
todo  un  potentado  y  un  político  influyente,  y  un 
tirano  y  un  hombre  de  muy  malas  pulgas,  todo  en 
una  pieza,  y  que  tiene  á  la  ciudad  metida  en  un 
puño,  está  muy  tranquilo  respecto  al  fallo  del 
Gobierno,  por  más  que  brama  y  bufa  como  una 
fiera  cuando  refiere  lo  que  el  periodista  ha  dicho 
en  su  segundo  artículo,  y  repite  sin  cesar  que  si 
algún  día  da  con  Mr.  Rousseau  lo  aplastará  como 
á  un  sapo,  sin  que  le  importe  un  bledo  de  la  jus¬ 
ticia,  del  Gobierno  y  del  pabellón  estrellado  de  la 
confederación  patria. 

• 

«  * 

Pase,  en  fin,  el  que  en  comarcas  semibárbaras 
ocurran  otras  cosas  estupendas,  como  la  que  cuenta 
el  periódico  inglés  indochino  la  Sin m  Free  Press. 
En  el  distrito  de  Galle  había  una  familia  de  un  co¬ 
merciante  rural,  compuesta  de  marido,  mujer  y 
un  niño  de  tres  á  cuatro  años.  Visitaba  la  casa, 
durante  la  ausencia  del  marido,  un  sacerdote  bu¬ 
dista,  que,  tentado  por  el  diablo,  se  enamoró  per¬ 
didamente  de  la  señora.  Un  día,  al  volver  el  ma¬ 
rido,  le  refirió  el  inocente  niño  todo  lo  que  había 
visto,  y  descubrió  la  pérfida  conducta  de  su  mujer, 
con  cuyo  motivo  se  trabó  espantosa  disputa  entre 
los  cónyuges.  Pasada  la  borrasca  salió  el  siamés  á 
proseguir  sus  ventas  en  la  ciudad,  y  al  volver  á 
cenar  por  la  noche,  halló  á  su  mujer  tan  incomo¬ 
dada  como  el  día  anterior,  la  cual  se  negó  á  sen¬ 
tarse  á  la  mesa  y  dijo  á  su  marido,  cuando  éste  le 
preguntó  por  el  niño,  que  lo  había  llevado  á  casa 
de  su  abuela.  Se  renovó  el  altercado  en  mayores 
proporciones;  no  quiso  cenar  tampoco  el  comer¬ 
ciante,  y  dejó  sobre  la  mesa  el  abundante  plato  de 
carne  asada,  que  ella  había  condimentado.  En  las 
primeras  horas  de  la  madrugada,  sin  haber  podido 
conciliar  el  sueño,  sintió  el  hombre  que  alguien 
se  aproximaba  á  su  cama,  y  levantándose  asusta¬ 
do,  se  halló  con  su  mujer,  que,  empuñando  un 
hulti  ó  puñal  enorme,  iba  á  asesinarle.  Luchó  con 
aquella  furia,  recibiendo  varias  heridas,  y  pudo 
ganar  la  puerta  y  salir  á  pedir  socorro.  Al  caer  la 
esposa  en  manos  de  la  justicia,  se  supo  que  por  la 
tarde  había  degollado  al  niño,  cuya  cabeza  y  parte 
del  cuerpo  se  encontraron  en  un  cesto,  y  cuyo  pe¬ 
cho  y  músculos  de  los  brazos  había  asado  su  ma¬ 
dre,  preparándolos  después  para  que  su  marido 
los  comiera  en  la  cena.  El  sacerdote  budista  y  la 
fiera,  cargados  de  cadenas,  aguardan  el  momento 
próximo  en  que  el  verdugo  dé  cuenta  de  ellos. 
Muchas  horribles  leyendas  trágicas  hay  en  las 
tradiciones  de  casi  todos  los  pueblos  semejantes  á 
ésta,  que  desgraciadamente  no  es  leyenda,  sino 
un  hecho  increíble,  cuya  narración  tiene  espanta¬ 
dos  á  los  incultos  y  fieros  habitantes  de  las  tribus 
que  pueblan  los  valles  de  Nakhon-Savan,  de  Ayu- 
thia,  de  Pre  y  de  Xieng-Mai,  por  los  cuales,  sin 
necesidad  de  telégrafo  ni  de  ninguna  clase  de  in¬ 
formes  á  la  moderna,  circuló  con  la  velocidad  del 
rayo  la  noticia  de  tan  espantoso  suceso. 

# 

•  • 

Al  fin  del  siglo,  cuando  la  libertad  parece  inva¬ 
dirlo  todo,  se  nota  que  para  que  no  se  desborde  se 
la  ponen  frenos,  tanto  más  apretados  cuanto  más 
libres  son  las  naciones  en  que  se  disfruta  de  ella. 
Estos  frenos  revisten  la  forma  autoritaria  de  le¬ 
yes,  reglamentos,  bandos  y  cortapisas  más  ó  me¬ 
nos  severas.  Pocas  naciones  disfrutan  de  mayores 
libertades  que  Suiza,  la  tierra  democrática  y  fede¬ 
ral  por  excelencia.  Pues  allí  el  Gobierno,  el  Con¬ 
sejo  federal,  acaba  de  decidir  cuáles  son  los  días  de 
fiesta  en  que  nadie  podrá  trabajar.  Como  allí  hay 


Digitized  by 


Google 


8  Enero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.é  I  —  19 


tantas  religiones  y  disidencias,  la  reglamentación 
de  los  días  de  descanso  ha  tenido  que  ajustarse  á 
las  creencias  y  tradiciones  de  la  mayoría  de  los 
habitantes  de  cada  cantón,  con  lo  ciial  resulta  que, 
mientras  en  unos  se  huelga  nueve  y  aun  once  días 
al  año ,  en  otros  no  hay  más  que  cuatro  festivida¬ 
des  en  las  cuales  las  fábricas,  talleres  y  comercios 
se  cierran.  El  calendario  suizo  de  las  fiestas  solem¬ 
nes  y  descansos  ha  quedado  establecido  guberna¬ 
tivamente  de  este  modo: 

En  los  cantones  de  Vatid,  Bále-Ville,  Berna  pro¬ 
testante,  Friburgo,  Argovie  y  Bále-Campagne, 
cuatro  días,  que  son:  Año  nuevo,  Viernes  Santo,  la 
Ascensión  y  Navidad.  En  Neuchátel  uno  más,  el 
1."  de  Marzo;  en  Ginebra  dos  más,  el  de  la  elección 
del  Consejo  de  Estado  y  el  día  de  San  Silvestre;  en 
Zurich,  además  de  aquellos  cuatro  días,  los  lunes 
de  las  Pascuas,  todas  (Resurrección,  Pentecostés  y 
Navidad);  en  Saint -Gall  lo  mismo,  menos  el  día  de 
Navidad;  en  Schaffhouse,  Thurgovie  y  Appenzell 
no  celebran  la  Pascua.de  Navidad  si  cae  en  sábado 
ó  en  martes,  para  que  no  haya  tres  días  de  fiesta 
seguidos.  En  el  país  de  los  grisones  no  se  cele¬ 
bra  la  Navidad,  ni  su  Pascua,  sino  las  de  Resurrec¬ 
ción  y  Pentecostés  y  el  día  de  San  Esteban. 

En  los  cantones  católicos  hay  ocho  fiestas  de 
precepto,  incluyendo  también  Navidad;  en  el  de 
Bále-Campagne  nueve,  en  Argovie  diez  yen  Gla- 
ris  once.  En  su  circular  sobre  las  festividades  y 
días  de  descanso  en  las  fábricas,  que  acaba  de  pu¬ 
blicar  el  Gobierno  suizo,  recuerda  á  los  habitantes 
de  la  federación  que  no  se  pueden  tolerar  más  que 
ocho  fiestas  según  la  ley,  y  exige  á  los  últimos  in¬ 
dicados  que  piensen  y  acuerden  cuáles  son  las  que 
deben  suprimir  para  quedar  dentro  de  ese  número. 
La  libertad  no  llega,  pues,  hasta  el  término  de  que 
cada  cantón  tenga  los  días  de  fiesta  y  de  gala  que 
crea  conveniente,  porque  el  Gobierno,  que  vela  por 
los  intereses  de  sus  súbditos,  entiende  que  más  de 
ocho  fiestas  son  muchas  fiestas.  Este  afecto  emi¬ 
nentemente  socialista  del  Estado  trae  allí  muy 
disgustados  á  los  individualistas,  que  no  saben  qué 
oponer  á  la  razón  que,  en  defensa  del  acuerdo  del 
Gobierno,  les  ha  dado  el  tío  Hilfiker  Wakker,  al¬ 
calde  de  Schatelgans:  <qNo  seáis  hipócritas!  la  fies¬ 
tas,  aniversarios  patrióticos,  vacaciones  y  visitas 
de  cumplido,  no  son  más  que  excusas  para  no  tra¬ 
bajar  y  para  beber  vino!» 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


El  pasado  domingo ,  por 
la  tarde,  fué  representado 
el  Fausto  y  en  el  que  cose¬ 
charon  muchos  aplausos  las  Srtas.  Fons,  Lavín  y 
Gasull,  y  los  Sres.  Franco,  García  Prieto  y  Verda- 
guer. 

La  noche  del  4,  para  debut  de  la  Sra.  Galvani, 
púsose  en  escena  Lucia  de  Lammermoor ,  que  tuvo 
una  brillante  interpretación.  La  Sra.  Galvani  es 
una  excelente  soprano  ligera,  cuya  voz,  si  no  de 
gran  volumen,  es  de  agradabilísimo  timbre  y  mu¬ 
cha  extensión.  Canta  con  extraordinario  buen  gus¬ 
to,  y  en  muchas  ocasiones  se  hizo  aplaudir  caluro¬ 
samente,  viéndose  obligada  á  repetir  el  rondó  del 
primer  acto  y  á  salir  varias  veces  á  escena  á  reci¬ 
bir  los  aplausos  del  público. 

El  tenor  Sr.  Beduschi  cantó  la  parte  de  Edgardo 
con  singular  perfección,  demostrando  que  posee 
excelentes  facultades  y  una  exquisita  escuela  de 
canto.  Tuvo  momentos  felicísimos  que  arrancaron 
al  público  unánimes  salvas  de  aplausos,  especial¬ 
mente  en  el  dúo  del  primer  acto,  el  concertante  y 
el  aria  final. 

Buti  cantó  asimismo  de  modo  notable,  y  Tanci 
y  Yerdaguer  cumplieron  con  su  discreción  acos¬ 
tumbrada.  La  orquesta,  admirablemente  dirigida 
por  el  maestro  Goula. 


REAL. 


Pará  mañana,  domingo,  está  anunciada  la  pri¬ 
mera  representación  de  Et  Buque  fantasma ;  para 
el  martes,  Romeo  y  Julieta ,  por  la  Sra.  Darclée; 
para  el  miércoles,  debut  de  la  Sra.  De-Machi,  con 
La  Gioconda ;  para  el  jueves,  debut  del  tenor  se¬ 
ñor  Giannini,  con  La  Traviata ;  probablemente  el 
día  15  debutará  el  Sr.  Mariacher,  y  para  fin  de  mes 
oiremos  á  la  Sra.  Theodorini  y  al  Sr.  Cardinalli. 

Pedir  más  á  la  Empresa  que  tantas  novedades 
prepara,  nos  parece  que  sería  pedir  gollerías. 


ESPAÑOL. 

Muy  en  breve  se  estrenará  Cleopatrck,  de  Sha¬ 
kespeare,  arreglada  á  nuestra  escena  por  D.  Euge¬ 
nio  Sellés.  Según  nuestras  noticias,  la  mise  en 
scéne  de  esta  obra  llamará  poderosamente  la  aten¬ 
ción  por  su  riqueza  y  propiedad. 

Han  comenzado  los  ensayos  de  La  Duda  y 
drama  de  D.  José  Echegaray,  que  se  estrenará 
inmediatamente  después  que  O leopatra. 


R08  ARIO  PINO 
del  tee  tro  Lara. 

PRINCESA. 

La  noche  del  7  tuvo  lugar  la  reprüe  de  La  Dama 
de  las  Camelias  y  desempeñada  admirablemente 
por  la  Sra.  Tubau,  que  alcanzó  muchos  y  entusiás¬ 
ticos  aplausos  en  el  papel  de  Margarita. 

Próximamente  se  estrenará  el  arreglo  hecho 
por  Ceferino  Palencia  de  la  obra  francesa  Múda¬ 
me  Sans-Géne. 


LUISA  CAMPOS, 
del  teatro  de  Apolo. 


PARISH. 

El  jueves,  por  la  tarde,  cantó  por  primera  vez 
La  Tempestad  el  joven  y  notable  tenor  Sr.  Figue- 
rola.  La  brillante  manera  con  que  cantó  su  difícil 
parte  le  valió  calurosos  aplausos  y  numerosas  lla¬ 
madas  á  escena,  especialmente  al  finalizar  el  her¬ 
moso  terceto  del  tercer  acto. 

Hoy  debutará  en  este  teatro,  con  El  Juramen¬ 
to  y  la  notable  tiple  Srta.  Amelia  Baile. 


ZARZUELA. 

El  30  del  pasado  estrenóse  en  este  teatro  La 
Guardia  amarilla  y  obteniendo  un  éxito  de  los  de 
marca  mayor,  aunque  poco  ó  nada  merecido,  á 
nuestro  juicio. 

El  libro  adolece  de  inverosimilitudes  marcadí¬ 
simas,  de  falta  de  espontaneidad  en  los  chistes, 
preparados  algunos  de  ellos  con  tres  meses  de  an¬ 
ticipación,  y  es  de  una  pesadez  abrumadora  en  su 
segunda  mitad. 

De  la  música,  muy  superior  al  libro,  merece  se¬ 
ñalarse  el  primer  número,  que  es  el  mejor  de  todos, 
la  marcha,  y  el  terceto  bufo  que  cantan  Sigler, 
Moncayo  y  Romea.  El  maestro  Jiménez,  que  diri¬ 
gía  Ja  orquesta,  fué  aplaudidísimo  al  final  de  cada 
uno  de  los  números  citados. 

Lo  más  saliente  de  la  obra  son  las  decoraciones, 
excelentemente  pintadas  por  el  Sr.  Muriel,  á  quien 
el  público  hizo  salir  varias  veces  á  escena. 

Merece  un  sincero  aplauso  la  Empresa  de  la 
Zarzuela  por  haber  presentado  esta  obra  sin  escati¬ 
mar  gasto  alguno. 

En  la  interpretación  distinguióse  Manuel  Ro¬ 
dríguez  y  Conchita  Segura,  que  hizo  un  alférez 
monísimo . 

El  Sr.  González  es  indudablemente  un  actor 
de  muchos  pies .  Baila  sus  papeles  con  verdadero 
primor. 

Los  autores  de  La  Guardia  amarilla ,  Sres.  Lu¬ 
cio,  Arniches  y  Jiménez,  fueron  muy  aplaudidos 
y  llamados  muchísimas  veces  al  palco  escénico. 

COMEDIA. 

El  Alcalde  de  ComejUy  estrenado  el  pasado  miér¬ 
coles,  no  fue  del  gusto  de  los  señores.  ¡Paz  á  los 
muertos ! 

» 

•  * 

En  breve  se  estrenarán  Terapéutica  moderna , 
original  de  dos  aplaudidos  autores,  y  El  Carna¬ 
val  de  Veneciay  de  los  Sres.  Merino,  Rubio  y  Es- 
tellés. 

A. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  mA«  perfumado  de  los  jabones  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello 
3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro.— Fuera  de  ooooorso 
4,  PLACE  DE  L’OFÉRA,  PARIS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


LOS -/..TOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 

PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 

Remedio  prodigioso  y  rápido.  30  años  de  éxito. 


CARNE  LÍQUIDA 

DEL  DOCTOR  VALDÉS  GARCÍA,  DE  MONTEVIDEO. 

Es  el  tónico  reparador  por  excelencia  y  el  reconstituyente 
más  eficaz  y  poderoso  para  los  enfermos,  convalecientes  y  per* 
socas  débiles.— Expéndese  en  todas  las  farmacias  de  España. 


AW1 1  T  VO  fio  (Antigua  oata  is  EilLE  PIIQAT),  30,  rué 
.  Tí  Uuuijü  &  U-  Loul»-le-Grand>VuñK- TRAJES  Y  ABRIOOS 
La  casa  que  viste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riqneza  y  buen  gusto 


EAU  d’HOUBIGANT 

Hooblgant,  perfumista,  Parts  y  19,  Faubourg  S*  Honoré. 


Perfumería  erótica  SENET,  35,  ruc  du  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véame  loe  anuncios.) 


Perfumería  Xinon ,  Ve  LECONTE  ET  Cíe,  31  ,ruedu  Quatre 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios.) 


YIOLETTE  IDÉALE  r:  írvVortT 

lfoublgjuit,  perfumista,  Paria ,  19,  Faubourg  S*  Honoré. 


Para  adquirir  en  condiciones  inmejorables  alhajas  en  imi¬ 
tación  de  diamantes  y  piedras  finas ,  dirigirse  á  la  maiaon  Geor - 
ge,  28,  boulevard  dea  ltalienat  en  París.  Las  alhsjas  fabricadas 
por  esta  casa  son  tan  perfectas  que  aventajan  con  mucho  á  las 
fabricadas  por  sus  competidoras.  Envío  de  catálogo  ilustrado, 
franco  de  porte,  á  vuelta  de  correo. 


La  moda  más  saliente  del  día  es  el  perfume  Violeta  Pre¬ 
ciosa  ,  reciente  creación  do  la  perfumería  EdL  Pinaud,  de  París, 
cuya  esencia  es  exquisita:  el  Agua  de  toilette ,  deliciosa;  el  Jabón 
dulcificante;  el  Extracto  vegetal  para  la  cabellera,  y  los  Polvos 
de  arroz  invisibles  y  aterciopelados,  han  hecho  la  conquista  de 
nuestros  grandes  salones. 

El  perfume  que  exhalan  estos  deliciosos  productos  es  exacta¬ 
mente  igual  al  de  las  flores  y,  por  su  persistencia  y  delicadeza 
son  los  preferidos  entre  todos  por  nuestras  lectoras. 


Digitized  by  AjOOQle 


20  —  N.0  1 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Enero  1898 


LIBROS  PRESENTADOS 

A  ESTA  REDACCIÓN  POR  AtTI  ORES  Ó  EDITORES 


El  Esqaña-Pobre».—  La  conocida  casa 
editorial  del  Sr.  Gili,  de  Barcelona,  ha  en¬ 
riquecido  su  Colección  Elzevir  Ilustrada 
con  el  nuevo  tomo  que  anunciamos,  pre¬ 
ciosa  novela  escrita  en  catalán  por  el  emi¬ 
nente  escritor  Narciso  Oller,  y  traducida  al 
castellano  por  D.  Rafael  Altamira. 

Los  nombres  del  autor  y  del  traductor  de 
la  novela  nos  relevan  de  hacer  elogios  de  la 
misma,  que  si  excelente  es  en  el  dialecto  en 
que  fué  escrita,  no  lo  es  menos  en  castella¬ 
no,  gracias  á  la  excelente  labor  del  Sr.  Al¬ 
tamira,  que  ha  sabido  conservar  en  la  tra¬ 
ducción  todas  las  bellezas  del  original. 

Se  vende,  como  los  demás  tomos  déla 
misma  colección ,  al  precio  de  2  pesetas,  en 
las  principales  librerías. 

Familia  y  Sociedad)  por  D.  L.  Sánchez 
de  Castro. — Con  este  título  ha  publicado 
unos  interesantísimos  estudios  de  fisiología 
é  higiene  doméstica  y  social  el  Sr.  Sánchez 
de  Castro,  reputado  médico  del  Hospital  de 
la  V.  O.  T.  de  esta  corte,  de  los  cuales  sola¬ 
mente  diremos  que  su  conocimiento  es  in¬ 
dispensable  para  todos  por  su  indiscutible 
conveniencia. 

Forman  un  elegante  volumen  de  más  de 
300  páginas,  que  se  ha’la  de  venta  en  todas 
las  librerías  al  precio  de  3  pesetas. 

Don  Juan  Tenorio. — El  popularísimo 
drama  de  Zorrilla  ha  sido  traducido  al  ale¬ 
mán  y  publicado  recientemente  por  el  dis¬ 
tinguido  literato  y  colaborador  nuestro  don 
Juan  Fastenrath,  que  desde  hace  no  poco 
tiempo  sostiene  en  Alemania  una  excelente 
campaña  digna  de  toda  clase  de  elogios  en 
pro  de  las  letras  españolas,  traduciendo  las 
principales  producciones  de  nuestra  litera- 
tura. 

Del  Don  Juan  Tenorio  ha  tenido  la  bon¬ 
dad  de  remitirnos  varios  ejemplares  edi¬ 
tados  con  gran  lujo,  que  son  verdaderas 
maravillas  tipográficas,  cuyo  envío  le  agra¬ 
decemos  de  todas  veras. 

Nuevo  método  para  aprender  el  In¬ 
erte*. —  La  casa  editorial  de  Friburgo 
(Alemania)  de  B.  Herder,  ha  publicado  hace 
algunos  días  y  nos  ha  remitido  ejemplares 
del  libro  cuyo  título  encabeza  el  presente 
suelto. 

Sin  que  pretendamos  juzgar  el  mayor  ó 
menor  mérito  del  nuevo  método  que  para 
el  conocimiento  de  la  lengua  inglesa  da  á 
conocer  el  citado  libro,  diremos  que,  en 
efecto,  se  recomienda  por  su  claridad,  y 
desde  luego  se  ve  que  ha  de  hacerse  tan  di¬ 
fícil  aprendizaje  con  mucha  mayor  facili¬ 
dad  y  prontitud  siguiendo  el  nuevo  método, 
que  cualquiera  de  los  ya  conocidos. 

El  tumo,  que  está  lujosamente  editado, 


UN  CURRUTACO, 

DIBUJO  DE  C.  CUADRA. 


se  vende,  al  precio  de  3,60  francos,  en  todas 
las  librerías  de  importancia. 

La  Exposición  Nacional  de  Bellas 

Artes  de  1897.—  El  Centro  Editorial  Ar¬ 
tístico,  de  Madrid,  ha  comenzado  la  publi¬ 
cación  de  esta  importante  obra,  la  mejor  y 
más  completa  de  cuantas  publicaciones  de 
esta  índole  han  visto  hasta  ahora  la  luz  en 
España. 

Encomendado  el  texto  á  un  crítico  de 
arte  de  la  justa  reputación  é  indiscutible 
autoridad  de  D.  Francisco  Alcántara,  no 
hay  para  qué  decir  que  los  juicios  que  emite 
de  todas  y  cada  una  de  las  obras  presenta¬ 
das  en  la  última  Exposición,  y  las  semblan¬ 
zas  artísticas  que  de  sus  autores  hace,  son 
otros  tantos  trabajos  que  han  de  llamar  po¬ 
derosamente  la  atención  en  el  mundo  artís¬ 
tico  ,  y  han  de  servir  de  segura  guía  á  los 
profanos  en  materias  de  arte,  ilustrando  á 
nuestro  público,  tarea  siempre  digna  de  ala¬ 
banza,  y  mucho  más  si  se  lleva  á  cabo  con 
la  perfección  que  lo  hace  el  Sr.  Alcántara. 

Al  texto  acompañan  reproducciones  au- 
totípicas  de  los  principales  cuadros  y  escul¬ 
turas,  que  dan  perfecta  y  exacta  idea  de 
lo  que  son  los  originales,  pues  son  verdade¬ 
ramente  notabilísimos. 

Merece  los  mayores  elogios  el  citado  Cen¬ 
tro  Editorial  Artístico  por  la  publicación 
de  la  obra  que  anunciamos,  que  está  edi¬ 
tada  á  todo  coste.  Van  publicados  en  la  ac¬ 
tualidad  siete  cuadernos ,  que  se  hallan  de 
venta  en  todas  las  librerías  al  precio  de  3 
reales  cada  uno. 

La  Nouvelle  Revue  Internationale.— 

Hemos  recibido  ejemplares  déla  importante 
publicación  parisiense  La  Nouvelle  Revue 
Internationale ,  que  desde  hace  algunos  años 
contribuye  á  popularizar  en  el  Extranjero 
los  nombres  de  los  autores  que  sintetizan  la 
gloria  literaria  de  la  España  moderna.  La 
Nouvelle  Revue  Internationale  publicará 
pronto  un  número  especial  de  más  de  dos¬ 
cientas  páginas,  de  gran  tamaño,  que  con¬ 
tendrá,  además  de  una  profunda  informa¬ 
ción  sobre  el  movimiento  literario  de  este 
tiempo,  estudios  y  críticas  sobre  todos  los 
autores  españoles  contemporáneos,  con  re¬ 
trato  y  páginas  escogidas  de  cada  autor, 
todo  esto  precedido  de  un  prólogo  de  la 
Princesa  Ratazzi. 

Nuestro  colega  parisiense  Mr.  Henri  Cha- 
rriaut,  cuyas  crónicas  sobre  España  han 
llamado  tanto  la  atención,  acaba  de  llegar 
á  Madrid ,  especialmente  encargado  de  pre¬ 
parar  este  importante  trabajo,  que  promete 
ser  el  más  completo  de  cuantos  se  han  pu¬ 
blicado  hasta  ahora  sobre  los  escritores  mo¬ 
dernos  de  nuestro  país.  La  tirada  será  de 
determinando  número  de  ejemplares,  vías 
suscripciones  se  reciben  en  el  domicilio  de 
Mr.  Charriaut,  calle  del  Prado,  10.  El  pre¬ 
cio  del  número  será  3  pesetas  para  los  sus- 
criptores,  en  lugar  de  3,60. 

C. 


¿QUIÉN  TIENE  MIEDO  DE  C0MER?_ 

¿Ha  visto  usted  comer  alguna  vez  á  un  niño  ó 
á  un  animal  que  tiene  hambre?  Por  supuesto 
que  lo  ha  visto  usted  muchas  veces.  ¡Con  qué 
gusto  lo  hacen!  La  satisfacción  del  hambre  es  uno 
de  nuestros  mayores  placeres.  La  Naturaleza  lo 
ha  dispuesto  así  porque  tenemos  que  comer  para 
vivir,  y  á  fin  de  que  no  nos  descuidemos  ha  he¬ 
cho  agradable  lo  necesario. 

Sin  embargo,  hé  aquí  una  mujer  que  dice: 
« casi  que  tenia  miedo  de  comer*.  Bien;  pues  el 
niño  saludable  ó  el  perro  hambriento  no  tienen 
miedo  de  comer.  ¿Por  qué  no?  Porque  la  opera¬ 
ción  nunca  ha  resultado  más  que  en  placer  y  be¬ 
neficio.  ¡Niño  feliz!  ¡Perro  feliz! 

Miles  y  miles  de  seres  en  este  país  piensan  en 
la  comida  con  disgusto  y  miedo.  Con  todo,  traba¬ 
jan  para  adquirirla,  y  aprenden  á  rezar  «el  pan 
nuestro  de  cada  día,  dánosle  hoy*.  No  comer  es 
morirse.  Lo  saben.  Comen,  sin  embargo,  bajo 
una  especie  de  compulsión,  como  un  hombre  con¬ 
denado  á  suicidarse  consentiría  en  tomar  una 
copa  de  veneno.  Rehúsan  un  beneficio,  compara¬ 
dos  con  el  cual  no  son  nada  los  demás  beneficios 
de  este  mundo.  ¿Sufren  en  consecuencia?  Por  su¬ 
puesto  que  si.  ¿Por  qué  se  matan  entonces?  Esto 
no  es  natural.  La  contestación  es:  no  lo  pueden 
remediar.  La  historia  sencilla  de  esta  buena  mu¬ 
jer  lo  demuestra.  No  tiene  nada  de  nuevo  ni  de 
taro,  lo  que  es  más  de  sentir. 

Dice:  «Siempre  he  sido  muy  saludable,  hasta 
Agosto  de  1887,  en  que  una  mañana  vomité  del 
estómago  una  cantidad  de  agua.  Después  sentía 
por  la  mañana  mal  gusto  de  boca,  falta  de  ape¬ 
tito,  y  después  de  comer  me  daban  dolores  en  el 
pecho  y  en  el  estómago.  Poco  á  poco  me  puse 
muy  débil,  hasta  que  algunas  veces  no  podía  te¬ 
nerme  en  pie.  El  estómago  se  me  llenaba  de  ga¬ 
ses,  y  los  dolores  eran  tan  fuertes  que  me  volvían 
loca.  A  mis  ojos  todo  era  negro  ó  confuso;  y  me 
encontraba  como  borracha,  costándome  general¬ 
mente  una  ó  dos  horas  el  reponerme.  Con  fre¬ 
cuencia  me  daban  estos  ataques,  y  trabajando  en 
Red  Bank  Mili,  Radcliff,  me  tuvieron  que  sacar 
al  aire  libre  casi  desmayada. 

•Después  de  estos  ataques  se  me  ponía  un  co¬ 
lor  horrible  y  apenas  podía  respirar,  mientras 
que  el  dolor  de  cabeza  era  insufrible,  viéndome 
precisada  á  ir  á  casa  y  á  acostarme  en  un  sofá. 
Si  alguna  vez  por  la  noche,  después  de  dejar  el 
trabajo,  me  parecía  que  me  iba  á  dar  un  ataque,  | 


no  me  atrevía  á  acostarme  hasta  que  no  se  pasaba 
el  dolor. 

>Cada  vez  me  ponía  más  débil,  porque  el  ali¬ 
mento  no  me  hacía  provecho.  Aunque  no  tomara 
más  que  pan  con  manteca  se  me  hacía  un  peso 
en  el  estómago,  y  casi  que  tenía  miedo  de  comer . 
Al  fin  me  puse  tan  mala  que  fui  á  Bury  á  buscar 
á  un  médico,  que  no  me  pudo  aliviar.  Luego  fui  á 
ver  á  otro  médico  de  Moses  Gate,  y  más  tarde  á 
otro  de  Little  Lever.  Todos  me  dijeron  lo  mismo, 
que  era  indigestión  crónica;  pero  sus  medicinas 
no  me  daban  resultado.  Por  más  de  un  año  tuve 
que  estar  dejando  el  trabajo,  y  no  puede  decirse 
lo  que  sufrí. 

»En  Pascua  de  1888  una  de  mis  compañeras  me 
persuadió  á  que  tomase  el  Jarabe  Curativo  de  la 
Madre  Seigel,  y  mandé  á  Famwort  por  una  bo¬ 
tella.  Después  de  la  primera  botella  me  sentí 
mejor,  y  para  cuando  hube  tomado  la  tercera  es¬ 
taba  curada  por  completo.  Nunca  he  tenido  que 
dejar  el  trabajo  desde  entonces.  He  recomendado 
á  muchos  el  Jarabe  de  Seigel.  Lo  he  dado  al  ca¬ 
pataz,  y  también  á  una  muchacha  que  trabajaba 
á  mi  lado  en  el  taller,  y  á  los  dos  les  hizo  prove¬ 
cho.  Vale  más  del  doble  de  lo  que  cuesta.  —  (Fir¬ 
mado):  Ellen  Hatchman,  mujer  de  Robert 
Hatchman,  Market  Street,  13,  Little  Lever,  cer¬ 
ca  de  Bolton,  Inglaterra.» 

Les  que  tienen  la  dicha  de  un  buen  apetito  y 
un  buen  estómago,  no  se  interesarán  mucho  en  la 
historia  de  esta  mujer;  pero  la  multitud  de  hom¬ 
bres  y  mujeres,  en  fábricas  y  otras  partes,  que  su¬ 
fren  lo  que  ella,  apreciarán  su  verdad  y  su  im¬ 
portancia.  Todo  lo  que  cure  la  indigestión  y  nos 
reconcilie  con  el  alimento  que  Dios  nos  da  para 
que  vivamos,  resultará  barato,  aunque  sea  pre¬ 
ciso  fundir  oro  para  prepararlo. 

El  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  está  de 
venta  en  todas  las  farmacias,  droguerías  y  ex- 

Eendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del 
*asco,  14  reales;  frasquito,  8  reales. 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

Si  desea  usted  para  su  toilette  una  Agua  de  Colonia  de  delicado  perfume,  aroma  riquísimo  y  per¬ 
manente,  envasada  en  frascos  muy  lujosos  y  de  precio  muy  barato,  pida  el  Agua  de  Colonia 
de  Orive.  Primer  premio  en  la  Exposición  farmacéutica  y  2  medallas  de  oro  en  París.  No  use 
otra  Agua  de  Colonia,  por  muy  ponderada  que  esté ,  sin  ensayar  la  de  Orive.  Verá  cosa  buena, 
lujosa  y  barata.  No  tiene  igual  para  los  dolores  de  cabeza  y  vista  cansada. M.  García,  Madrid,  por 
mayor.  Detalle,  farmacias  y  perfumerías.  Frascos  muy  Iqjosos  con  tapón  cuenta  gotas.  Si  la  gasta 
en  todos  los  usos  de  la  higiene  y  consume  en  cantidad,  pídala  al  autor,  en  Bilbao,  que  la  vende 
Insta  4  pesetas  litro,  de  la  misma  clase  que  la  de  frascos. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARABIGA i  «"..'¡S. 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disenteria,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños. — Depósito  General  í 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Dü  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


DENTADURA 

Para  conservar  ésta  sana  ó  sin  padecimiento 
ilguno,  elíjase  un  dentífrico  higiénico,  acreditado 
*n  la  práctica.  Deséchense,  por  perjudiciales,  los 
lulzainos.  Un  huen  dentífrico  ha  de  perfumar  y 
refrescar  la  boca  deliciosamente  con  el  aroma  de 
la  menta  y  la  rosa,  pero  dejando  un  recuerdo  ó 
justo  ligero  de  los  tónicos  ó  amargos,  como  su¬ 
cede  con  ol  Licor  del  Polo  de  Orive.  Por 
mayor,  M.  Garda.  Capellanes,  1,  Madrid. 


ARI-SANTA,  por  D.  ANTONIO  de  TRUEBA 

Es  una  de  las  mejores  obras  literarias  del  ilustre  Antón  el  de  los  Cantares , 
moral,  instructiva  y  amenísima. 

Forma  ün  elegante  volumen  en  8.°  mayor  francés,  y  se  vende  &  4  pesetas 
en  la  Administración  de  este  periódico,  Madrid,  calle  del  Arenal,  núm.  18. 


VARIAS  OBRAS  INÉDITAS 

DE 

CERVANTES 

SACADAS  DE  CÓDICES  DE  LA  BIBLIOTECA  COLOMBINA 
CON  NUEVAS  ILUSTRACIONES 
SOBRE  LA  VIDA  DEL  AUTOR  Y  EL  CQUUOTX» 

POB 

D.  ADOLFO  DE  CASTRO. 


Un  tomo,  8.°  mayor  francés,  8  pesetas. 

De  venta  en  la  Administración  de  La  Ilus¬ 
tración  Española  y  Americana,  Arenal,  18, 
Madrid. 


Impreso  con  tinta  de  la  fábrica  MBXXJUBUX  y  C.%  16,  roe  Bnger,  París. 


Reservados  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID. — Establecimiento  tipolitográfleo  «Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  la  Reai  Casa. 


Digitized  by 


Google 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 

< 

AÑO  X LII.  —  N ÚM.  II. 

r. 

PRECIOS  DE  SUSCRIPCION,  PAGADEROS  EN  ORO. 

aSo. 

SEMESTRE. 

TRIMESTRE. 

ADMINISTRACIÓN: 

ASO. 

SEMESTRE. 

Madrid . 

Provincias . 

Extranjero . 

3o  pesetas. 

40  id. 

60  francos. 

18  pesetas. 

21  id. 

26  francos. 

10  pesetas. 

11  id. 

14  francos. 

V 

ARENA  X,,  18. 

Madrid  15  de  Enero  do  1898. 

Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 

A  wia  . . . 

12  pesos  fuertes. 

60  francos. 

7  pesos  fuertes. 

35  francos. 

>* 

BELLAS  ARTES. 


DESPUÉS  DE  LA  FUNCIÓN, 

CUADRO  DE  DEGRAVE. 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  —  n.°  n 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Enero  1898 


SUMARIO. 


Texto. — Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón. — Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.— Alemania  en  China.  Es¬ 
tudio  de  historia  contemporánea,  por  D.  Emilio  Cautelar,  déla 
Real  Academia  Española.  —  Meter  ruido,  por  D.  E  de  Lustonó  — 
—  El  triunfo  del  arte,  poesía,  por  D.  Luis  de  Ansorena.—  La  mano 
blanca,  por  D.  Angel  Stor. — Don  Eduardo  Dolz,  ministro  de  O  oras 
Publicas  y  Comunicaciones  de  la  Isla  de  Cuba,  por  D.  Gabriel  R. 
España.— Por  ambos  mundos.  Narraciones  cosmopolitas,  por  don 
Ricardo  Becerro  de  Bengoa.  —  Los  teatros,  por  A.  —  Sueltos.  Li¬ 
bros  presentados  á  esta  Redacción  por  autores  ó  editores,  por  C. 
Anuncios.  ,  ,  _ 

Grabados.  —  Bellas  Artes:  Después  de  la  función ,  cuadro  de  Degra¬ 
ve.  —  ^Costumbres  andaluza s:  Una  merienda,  dibujo  de  José  Garúa 
Ramos. — J'aseo  sobre  el  hielo  en  el  sbjlo  XVIII ,  cuadro  üe  J.  Aureli. 
— Aficiones  precoces,  dibujo  de  Sauber.  —  Retrato  de  D.  Eduardo 
Dolz  y  Arango,  ministro  de  Obras  Publicas  y  Comunicaciones  de 
la  Isla  de  Cuba  — La  guerra  en  Cuba:  Reparto  de  raciones  en  la 
trocha  de  Júearo  á  Morón.  —  El  reparto  de  China:  Retrato  de  sir 
Claudio  M.  Maedonald,  ministro  de  Inglaterra  en  Pekín.—  China: 
El  fuerte  de  Palien- Wan,  en  la  bahía  del  mismo  nomore  —El  aco¬ 
razado  Centurión,  buque  insignia  de  la  escuadra  inglesa  en  China. 
—Retrato  del  almirante  sir  E.  H.  Seymour,  comandante  general 
de  la  escuadra  inglesa  en  China. — Vista  general  de  Puerto  Arturo, 
ocupado  por  fuerzas  rusas.  —  Retrato  de  D.  José  Ramón  Larrosa, 
decano  délos  obreros  y  maestros  de  la  fábrica  deTrubia. — Retrato 
de  D.  Víctor  Hernández  y  Fernández,  coronel,  teniente  coronel  de 
Ingenieros,  director  de  las  obras  de  reconstrucción  del  Alcázar  de 
Toledo.  — Toledo:  El  Alcázar,  nuevamente  reconstruido.  — Retrato 
de  Concepción  Cubas,  del  teatro  Eslava.  —  Retrato  de  D.  Porfirio 
Díaz  (.hijo),  capitán  de  Ingenieros  del  ejército  mejicano. 


CRÓNICA  GENERAL. 


~  n  qué  habíamos  quedado  en  la  otra  Cró- 
¡)  kq  nica? 

—En  que  el  Consejo  Supremo  ha- 

.  bía  absuelto  al  general  Weyier . 

— Pues  necesito  rectificar  y  decir 
que  no  entiendo  bien  lo  que  ha  ocurrido: 

fello  es  que  el  general  Weyier  está  en  Ma¬ 
drid  y  ha  tenido  que  prestar  nuevas  declara¬ 
ciones. 

— Pasemos  á  otro  asunto:  ¿qué  hay  de  nuevo? 
—  Como  no  sea  el  haber  parecido  el  Ministro  de 
Cuba  Sr.  Govín  y  poderse  cantar  la  antigua  segui¬ 
dilla,  reformándola: 


Un  Ministro  cubano 
se  me  ha  perdido; 
lo  he  puesto  en  El  Diario 
y  lia  parecido . 


En  Nueva  York:  supongo  que  ya  estará  en  la 
Habana.  Con  este  motivo  se  ha  recordado  la  des¬ 
aparición  del  jefe  del  Estado  republicano  Sr.  Fi- 
gueras  el  año  1873:  ello  es  que  una  mañana  supo 
España,  con  un  asombro  que  dura  todavía,  que  el 
Presidente  de  la  República  se  había  fugado  la  no¬ 
che  anterior.  Dícese  que  algunos  republicanos  de 
Huesca  se  encontraron  con  la  visita  inesperada  de 
su  jefe  y  en  el  compromiso  de  hacerle  pasar  la 
frontera,  que  reclamaba  con  urgencia.  ¿Qué  había 
ocurrido?  ¿Qué  peligro  esquivaba?  ¿Es  verdad  que 
se  le  había  amenazado  con  arrojarle  por  la  ven¬ 
tana  si  no  abandonaba  su  puesto?  Algo  de  eso  se 
dijo,  y  el  caso  debió  ser  muy  serio,  porque  el  se¬ 
ñor  Figueras  no  había  sido  hasta  entonces  hombre 
pusilánime,  si  bien  el  valor  parlamentario  es  dis¬ 
tinto  del  valor  militar,  y  éste  del  valor  cívico  y  de 
otras  formas  del  valor  en  que  acaso  se  pueda  in¬ 
cluir,  si  bien  sea  execrable,  la  falta  de  vergüenza. 
Ello  es  que  al  Sr.  Figueras  le  faltó  la  serenidad  en 
aquella  ocasión,  y  se  dió  el  caso  extraño  y  pinto¬ 
resco  de  la  fuga  del  jefe  del  Estado  ante  un  peli¬ 
gro  de  que  no  se  daba  cuenta  el  público.  Como  el 
Sr.  Govín  no  se  ha  fugado,  sino  que  se  ha  perdido 
de  vista  temporalmente,  no  hay  analogía  entre 
ambos  casos. 

— Tiene  usted  otro  asunto:  la  muerte  del  capi¬ 
tán  general  de  Puerto  Rico,  D.  Andrés  González 
Muñoz. 

— El  asunto  es  triste  y  anómalo.  No  es  el  primer 
capitán  general  que  muere  en  Puerto  Rico;  pero 
morir  repentinamente  a  las  veinticuatro  horas  de 
haber  desembarcado,  y  llevándose  al  otro  mundo 
las  instrucciones  del  Gobierno  para  dirigir  en 
aquella  isla  leal  el  cambio  de  administración  y  de 
política,  es,  aparte  de  la  cuestión  de  sentimiento 
por  las  cualidades  y  servicios  del  benemérito  mi¬ 
litar,  una  verdadera  contrariedad  para  el  Gobier¬ 
no.  La  muerte  no  ha  podido  ser  más  inoportuna. 

— Rara  vez  deja  de  serlo. 

—Tiene  usted  razón.  Dígalo  mi  amigo  particu¬ 
lar  el  doctor  D.  José  María  Esquerdo,  que  estando 
ausente  ha  perdido  una  hija  de  dieciocho  años  de 
edad,  que  sus  amigas  llamaban  Paquita  Esquerdo, 
en  la  flor  de  su  vida  y  de  sus  gracias,  sin  quo  el 
desgraciado  padre  pudiera  asistirla  con  su  ciencia 
y  su  cariño. 


— ¿No  oye  usted  pregonar  un  extraordinario? 

— ¿Quién  hace  caso?  Los  vendedores  han  abu¬ 
sado  tanto  de  ese  grito  para  vender  papeles  vie¬ 
jos,  que  no  compro  nunca  los  extraordinarios;  sin 
embargo,  recuerdo  que  me  resistí  á  adquirir  el 


que  nos  anunció  la  muerte  de  Cánovas;  y  como 
voy  á  cerrar  la  Crónica,  nada  se  pierde  con  leerle. 
¡Muchacho!  venga  ese  papel. 

— ¿Qué  dice? 

— Motín  en  Cuba. 

—  ¡Aprieta!  Como  si  no  tuviéramos  bastantes 

complicaciones . 

—  Parece  que  le  provocaron  las  demasías  de  al¬ 

gunos  periódicos  contra  ciertas  entidades  del  ejér¬ 
cito . .  que  fué  empastelada  alguna  imprenta . . 

que  la  empezaron  algunos  oficiales,  y  el  paisanaje 

la  secundó . .  que  se  ha  restablecido  el  orden...... 

y  hay  algunos  presos . ;  se  habla  de  energías . 

— ¡Válgame  Dios  y  qué  desagradable  es  todo  eso! 
¿Qué  piensa  usted  decir? 

— Ante  todo,  póngase  en  mi  caso.  La  Ilustra¬ 
ción  es,  más  que  un  periódico,  una  obra  por  entre¬ 
gas,  que  forma  tomo  y  va  consignando  con  el  gra¬ 
bado  y  con  la  pluma,  para  toda  clase  de  lectores, 
la  historia  contemporánea.  No  sabemos  qué  dis¬ 
posiciones  regirán  en  Cuba  cuando  allí  lleguen 
estos  números  y  en  qué  estado  se  hallará  el  espí¬ 
ritu  público.  Es  imposible  ó  muy  aventurado,  no 
para  mí,  sino  para  la  empresa  pacífica,  uno  de  esos 
que  se  llaman  artículos  valientes,  mas  fáciles  de 
hacer  que  los  mesurados  y  contenidos.  Tendría 
que  haber  leído  esos  periódicos  para  juzgar  de  la 
provocación ,  y  saber  por  conducto  desinteresado 
los  pormenores  del  suceso:  sin  estas  seguridades, 
todo  lo  que  haya  de  escribir  es  hipotético  y  muy 
expuesto  á  error. 

—  Pero  no  puede  usted  callarse. 

—  Eso  no.  IJn  conflicto  de  esa  especie  es  dema¬ 
siado  grave,  por  su  significación  y  el  disgusto  que 
revela,  para  ser  omitido.  Desde  luego  creo  en  con¬ 
ciencia  que  por  lo  mismo  que  el  ejercito,  sujeto  á 
la  dura  disciplina  militar,  tiene  grandes  deberes 
que  cumplir  y  sacrificios  que  hacer,  debe  estar  de¬ 
tendido  por  la  ley  contra  las  licencias  de  la  plu¬ 
ma,  que,  como  la  experiencia  ha  demostrado,  no 
siempre  sirve  á  buenas  causas.  Era  la  pluma  en 
otros  tiempos  la  voz  de  un  pensador,  ó  de  un  pa¬ 
triota,  ó  de  un  fanático  quizás;  hoy  es  también,  ó 
puede  ser,  la  bocina  de  un  negociante  que  se  enri¬ 
quece  por  el  escándalo;  es  también  un  poder  que, 
encastillado  en  sus  privilegios,  provoca  y  daña  en 
la  honra,  y  agota  el  sufrimiento.  En  estas  condi¬ 
ciones,  si  la  ley  no  evita  el  choque  de  esa  fuerza 
poderosa  y  absorbente,  cada  vez  más  invasora, 
tienen  que  producirse  conflictos  con  la  fuerza  ar¬ 
mada  si  ésta  se  ve  ofendida.  Esos  conflictos  si  se 
resuelven  por  la  fuerza,  contra  la  prensa  se  resuel¬ 
ven;  si  por  los  tribunales,  no  estando  el  ejército 
bien  defendido  por  la  ley,  perderá  el  pleito  el 
ejército.  Y  como  cada  cual  tiende  á  su  propia  con¬ 
servación  ,  no  es  extraño  que  usen  unos  y  otros  las 
armas  que  saben  manejar  cuando  se  produce  una 
de  estas  situaciones  anormales.  ÍSi  no  se  han  evi¬ 
tado  con  previsión,  hay  que  soportar  sus  conse¬ 
cuencias.  ¿Cómo  resolverlas?  ¿Con  la  violencia? 
Sería  agravarlas;  y  hoy  sería  inicuo  que  el  Go¬ 
bierno,  que  practica  la  política  de  atracción  y  de 
benevolencia,  no  la  siguiese  en  este  caso  en  que  la 
irritación  es  disculpable.  Y  no  he  de  decir  más  en 
esta  Crónica,  sino  un  consejo  patriótico  á  los  bue¬ 
nos  españoles.  Demasiado  saben  á  quién  conviene 
que  nos  dividamos:  se  les  solicitará  de  diversos 
modos  con  este  fin :  no  les  demos  gusto  y  les  ha¬ 
gamos  el  negocio.  Los  indios  parece  que  se  les  han 
rebelado :  ahora  veremos  cómo  les  hacen  la  guerra 
esos  filántropos. 


—  ¿Qué  opina  usted  de  la  absolución,  por  el  con¬ 
sejo  de  guerra  francés,  del  comandante  Esterhazy? 

—  Que  el  asunto  no  nos  interesa;  pero  se  ha  he¬ 
cho  tanto  ruido  al  pretender  la  rehabilitación  del 
condenado  Dreyfus,  que  se  ha  convertido  en  asunto 
universal.  Y  como  son  tantas  las  mentiras  echa¬ 
das  á  volar  en  los  periódicos  por  una  ú  otra  par¬ 
te,  ó  acaso  por  las  dos,  y  como  lo  más  sustancioso 
del  proceso  se  alegó  á  puerta  cerrada,  no  hay  ma¬ 
nera  de  formar  opinión  personal.  Pero  la  conde¬ 
nación  anterior  de  Dreyfus  y  la  absolución  de 
Esterhazy  por  dos  consejos  de  guerra,  en  que  el 
segundo  ha  sido  indirectamente  una  revisión  del 
primero,  parecen  garantizar  la  justificación  de  uno 
y  otro  fallo,  ó  no  hay  que  fiarse  para  nada  de  la 
justicia  militar.  La  verdad  es  que  las  acusaciones 
públicos  de  los  hermanos  Dreyfus  y  del  Vicepresi¬ 
dente  del  Senado  han  sido  poco  eficaces,  y  la  pri¬ 
sión  ,  como  único  resultado,  de  una  señora  acusada 
de  no  sabemos  qué  engaños,  y  el  aplauso  popular 
tributado  al  comandante  absuelto,  deberían  cerrar 
para  siempre  ese  proceso  escandaloso:  sin  embar¬ 
go,  quedan  en  Francia  periódicos  que  insisten,  y 
como  el  proceso  de  la  Vizcondesa  ha  de  remover 
aún  ciertos  incidentes,  no  se  puede  decir  que  es 
una  cuestión  enteramente  terminada,  aunque  le¬ 
galmente  lo  esté  respecto  de  lo  principal. 


— ¿Y  no  cree  usted  que  se  ha  ejercido  presión 
sobre  el  consejo  de  guerra? 

—  No  negaré  que  ha  podido  haberla,  pero  en 
uno  y  otro  sentido,  aunque  ha  sido  más  fuerte  la 
contraria  á  Dreyfus;  pero  la  unanimidad  de  los 
jueces  no  favorece  nada  al  condenado,  no  ya  en  el 
concepto  legal ,  sino  en  el  moral  de  las  probabili¬ 
dades  de  un  error  y  una  ofuscación.  ¿Qué  pruebas 
han  sido  esas  que  no  han  hecho  dudar  á  uno  solo 
de  los  jueces? 

— Quedan  por  oir  los  periódicos  favorables  á 
Dreyfus:  queda  el  libro  prometido  por  Zola:  sus 
escritos,  que  ya  han  empezado:  la  causa  del  tenien¬ 
te  coronel  Picquart,  que  ha  sido  el  promovedor  de 
todo..... 

— Allá  se  las  avengan.  Más  nos  interesa  la  cir¬ 
cular  del  Fiscal  del  Supremo  acerca  del  Jurado,  de 
que  podemos  formar  parte  ó  ante  el  cual  todos  es¬ 
tamos  expuestos  á  comparecer. 

—  No  creía  que  el  ministerio  fiscal  fuese  parti¬ 
dario  de  esa  institución. 

—  Ignoro  lo  que  pensarán  de  ella  sus  individuos 
en  particular;  pero  como  hay  una  ley  que  la  esta¬ 
blece,  y  existe  y  funciona,  está  en  el  interés  de  la 
justicia  que  se  cumpla  y  que  se  depure  el  Jurado 
en  lo  posible,  especialmente  en  la  formación  de 
las  listas:  por  lo  tanto,  la  circular  ha  sido  conve¬ 
niente.  Aun  cumplida,  ¿quién  podrá  impedir  jamás 
las  simpatías  ó  enemistades  de  los  jueces  de  hecho 
respecto  de  sus  convecinos,  que  podrán  formar 
mañana  tribunal  contra  los  que  temporalmente 
juzgan? 

— Eso  es  según:  si  yo  juzgase  á  un  enemigo  que 
podría  ser  mi  juez  otio  cuatrimestre . 

— ¿Le  absolvería  usted  para  estar  á  la  recíproca? 

—  Haría  lo  más  seguro:  le  ahorcaría. 


o  » 

—  ¿Ha  leído  usted  el  nuevo  reglamento  de  los 
porteros  de  Madrid? 

—  Yo  no  leo  reglamentos  como  no  tengan  de 
antigüedad  dos  ó  tres  siglos;  pero  recomiendo  el 
actual  á  los  curiosos  del  siglo  XXI. 

—  Pues  bien;  los  porteros  no  han  de  pasar  de  la 
edad  de  sesenta  años. 

— ¡Truenos  y  rayos  con  el  Sr.  Aguilera!  ¿Y  cuál 
ha  de  ser  la  jubilación  de  los  escritores  que  no  tie¬ 
nen  derechos  pasivos  si  nos  quitan  el  refugio  de 
las  porterías?  Nos  han  cortado  la  carrera. 

— Acusan  también  al  Sr.  Aguilera  de  inmiscuir¬ 
se  en  la  propiedad  ajena . 

—  En  eso  tienen  menos  razón:  la  propiedad 
tiene  muchas  limitaciones  ante  el  Estado:  cuando 
amenaza  las  vidas  un  edificio,  se  le  derriba;  si  con¬ 
viene  á  todos  sa  expropia  por  utilidad  pública,  in¬ 
demnizando  al  dueño;  está  sometida,  en  fin,  á  le¬ 
yes  de  buen  gobierno  ó  investigaciones  fiscales. 

—  Dicen  que  trata  de  convertir  al  portero  en 
agente  de  policía. 

—  Eso  ya  tiene  más  perendengues,  y  puede  vol¬ 
vérseles  en  contra  á  los  liberales  el  dia  de  mañana. 
Creo  que  la  intención  del  Sr.  Aguilera  es  buena, 
y  puramente  como  función  de  policía  criminal; 
pero  sus  inconvenientes  llegarán  á  ser  políticos 
en  España,  y  exceden  á  las  ventajas:  desde  luego 
las  porterías,  más  que  un  modo  de  vivir,  son  un 
retiro  para  los  viejos  y  una  ayuda  para  familias 
pobres,  en  las  que  los  reglamentos  van  á  producir 
una  perturbación  lastimosa.  Por  fortuna  es  toda¬ 
vía  un  propósito,  y  nada  más;  el  Sr.  Aguilera  está 
informándose,  y  le  damos  nuestra  opinión. 

—  Hablemos  de  otra  cosa . 

— Procure  usted  que  no  sea  muy  seria,  porque 
la  pérdida  de  ese  retiro  me  ha  dejado  triste. 

—  Del  supuesto  Mr.  Gandeaux,  ese  artillero  fran¬ 
cés  que  había  dado  la  vuelta  al  mundo  á  pie  y  sin 
dinero. 

—  Y  que  ha  resultado  un  farsante:  hay  la  ven¬ 
taja  de  que  su  retrato  queda  estampado  en  muchas 
partes,  para  que  no  engañe  á  nadie  en  adelante. 
La  prensa  de  provincias  le  recomendó  á  la  de  Ma¬ 
drid,  ésta  á  la  de  toda  España:  creo  conveniente 
que  se  reproduzca  de  nuevo  ese  retrato  con  las 
rectificaciones  necesarias.  Lo  malo  será  para  los 
huéspedes  sucesivos.  No  sé  en  qué  periódico  ó  li¬ 
bro  leí  una  anécdota  que  puede  aplicarse  á  este 
caso.  Llegó  á  la  tienda  de  un  árabe  un  viajero  fa¬ 
tigado:  aquél  le  acogió  con  nobleza,  le  cedió  su 
lecho  y  partió  con  él  su  cena.  «Véndeme  aquel  ca¬ 
ballo,  le  dijo  el  viajero. —  No  le  vendo,  porque  es 
el  más  corredor  que  salió  de  yegua. —  Te  pagaré 
cuanto  me  pidas. — No  se  hable  más  de  ello,  y  dur¬ 
mamos.»  Pero  el  viajero,  enamorado  del  caballo, 
durmió  apenas;  levantóse  antes  del  amanecer,  en¬ 
silló  y  montó  el  caballo,  y  se  alejó  á  todo  galope. 
Cuando  el  árabe  despertó  y  notó  el  robo,  pisoteó 
furioso  su  turbante.  «Salgamos  á  alcanzarle,  le 
decían  sus  criados. —  Sería  inútil;  no  hay  caballo 
que  pueda  adelantarle.»  En  aquel  momento  vieron 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Enero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


x.°  11  —  23 


volver  al  viajero  galopando  sobre  el  caballo  robado; 
llegó  á  la  tienda,  y  le  dijo  al  árabe:  «Toma  tu  cor¬ 
cel:  no  hay  otro  como  el  tuyo;  tuve  un  mal  pensa¬ 
miento,  y  vengo  á  remediar  el  daño;  porque  si  esto 
se  supiera  por  el  mundo,  ¿quién  daría  hospitalidad 
ai  viajero?»  Sólo  sé  que  esta  anécdota  tan  oportuna 
la  he  leído  en  alguna  obra  francesa. 

—  Pues  yo  he  leído  otra  muy  diversa  en  otro 
periódico  francés,  que  no  tiene  relación  con  ésta; 
pero  merece  contarse  por  lo  curiosa.  Un  periodista 
y  un  empresario  de  provincias  tuvieron  una  cues¬ 
tión,  y  éste  recibió  testigos  del  primero ;  en  su 
consecuencia,  buscó  el  empresario  un  tirador  que 
le  diera  alguna  lección  para  defenderse. 

— ¿Y  se  la  dió? 

—  Le  dió,  sin  querer,  una  estocada  en  el  brazo, 
que  le  ha  hecho  aplazar  el  duelo  basta  que  se  cure. 

—  Seguro  que  dirá  el  pobre  empresario:  «Si  esto 
es  el  ensayo,  ¿cómo  será  la  función?» 

•  # 

•  « 

— Créelo,  esa  vida  noctuírna  es  mala:  te  con¬ 
viene  tomar  el  sol ;  pero  le  aborreces . 

— No  lo  creas,  es  cuestión  de  horas:  nadie  me 
ganará  á  pasearme  por  el  sol  cuando  el  sol  salga 
de  noche. 


Llega  al  lugar  del  encuentro  el  abofeteado  y  sus 
padrinos:  aquél  se  quita  su  largo  gabán  de  pieles 
y  aparece  envuelto  en  una  sábana. 

— ¿Qué  traje  es  ése? — lé  dicen  asustados. 

— El  que  conviene  en  este  lance.  ¿No  nos  bati¬ 
mos  á  veinticinco  pasos  de  distancia  y  avanzando? 

— Así  es. 

— ¿No  es  un  buen  tirador  mi  contrario,  y  yo  lo 
soy  detestable?  Pues  traigo  el  vestido  que  me  co¬ 
rresponde:  vengo  de  mortaja.  . 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


BELLAS  ARTES. 

Después  de  la  fundan ,  cuadro  de  Desbrave.  —  Costumbres  andaluzas ; 
Unfl  merienda,  dibujo  de  José  Garó1  a  llamos  —  Pasea  sobre  el  hiela 
en  el  sin  lo  X  VIII ,  cuadro  de  J.  Aureli.— Aficiones  precoces ,  dibujo  de 
Sauber. 

El  cuadro  de  Degrave,  que  reproducimos  en  la 
primera  página,  debió  su  éxito  en  París,  tanto  á 
lo  artístico  de  la  ejecución,  como  á  la  gracia  de  la 
escena  infantil  que  representa.  Terminada  la  so¬ 
lemne  función  religiosa,  cuando  el  clero  y  los  fie¬ 
les  salieron  ya  del  santo  templo,  comienzan  los 
acólitos  su  misión  de  apagar  las  velas;  y  tan  celo¬ 
sos  se  muestran  de  su  cargo,  que,  olvidando  el  res¬ 
peto  debido  ai  sagrado  luuar  en  que  se  hallan,  se 
disputan  la  posesión  de  la  larga  insignia  de  su 
mando. 


Con  la  verdad  y  maestría  de  siempre  nos  repre¬ 
senta  el  pintor  sevillano  García  Ramos,  en  el  gra¬ 
bado  de  la  página  28,  paisaje,  tipos,  indumentaria 
y  costumbres  andaluzas.  Nuestros  lectoies  verán 
sin  duda  con  gusto  la  alegre  escena  de  la  merienda. 


Los  numerosos  géneros  de  sport  que  van  dispu¬ 
tándose  sucesivamente  la  predilección  de  la  moda, 
no  destrónan  la  antigua  afición  de  los  patinadores. 
Debe  ser  realmente  muy  agradable  eso  de  desli¬ 
zarse  sobre  el  terso  hielo  describiendo  curvas  y 
ziszás  caprichosos,  y  es  de  admirar  el  sereno  va¬ 
lor  con  que  los  aficionados  se  arriesgan  sin  temor 
al  craqnement  precursor.. ¿..  del  baño  de  impresión, 
cuya  sola  idea  pone  carne  de  gallina.  El  cuadro  de 
Aureli  de  la  página  29  reproduce  una  pintoresca 
escena  sobre  el  hielo. 


Desde  muy  temprana  edad  muestran  las  criatu¬ 
ras  sus  disposiciones,  que  en  sus  aficiones  prefe¬ 
rentes  suelen  revelarse  claramente.  La  heroína  de 
nuestro  grabado  de  la  página  33  tiene  tal  predi¬ 
lección  por  el  importantísimo  arte  encomiado  por 
Brillat-Savarin,  que  no  se  contenta  con  hacer  co- 
midita8 ,  sino  que  se  arriesga  á  cosas  mayores,  y 
con  anuencia  y  aplauso  de  la  familia  ejerce  de 

cocinera  chica en  grande . 

# 

•  • 

DON  EDUARDO  DOLZ  Y  ARANGO,  MINISTRO  DE 
OBRAS  PÚBLICAS  Y  COMUNICACIONES  DE  LA  ISLA 
DE  CUBA. — (Véase  la  pág.  24  y  el  artículo  del  se¬ 
ñor  España  en  la  31.) 

* 

•  # 


LA  GUERRA  EN  CUBA. 

Reparto  de  raciones  en  la  trocha  de  Júcaro  A  Morón. 

Refiérese  nuestro  grabado  de  la  página  24  á  una 
de  las  más  importantes  funciones  para  un  ejército 
en  campaña,  que  en  nuestra  guerra  de  Cuba  re¬ 
sulta  por  muchas  razones  de  muy  difícil  empeño: 
la  conducción  de  las  municiones  de  boca  á  los  si¬ 
tios  convenientes  y  en  los  momentos  oportunos. 
Nuestro  grabado  representa  una  escena  de  apro¬ 
visionamiento  de  la  trocha  de  Jácaro  á  Morón. 

• 

«  « 

EL  REPARTO  DE  CHINA. 

En  el  notable  artículo  de  D.  Emilio  Castelar, 
que  empieza  en  la  página  26,  hallarán  nuestros 
lectores  interesantísimos  datos  sobre  la  cuestión 
de  China,  que  preocupa  á  las  potencias  europeas. 

Completando  nuestra  información  gráfica,  da¬ 
mos  en  la  página  25  la  vista  general  de  Puerto 
Arturo,  importante  posición  naval  en  la  península 
de  la  Mandchuria,  ocupado  por  los  rusos;  el  buque 
insignia  de  la  escuadra  inglesa  Centurión ,  y  los 
retratos  del  almirante  Seymour,  comandante  en 
jefe  de  la  misma,  y  de  sir  M.  Macdonald,  minis¬ 
tro  inglés  en  Pekín. 

» 

«  # 

D.  JOSÉ  RAMÓN  LARROSA. 

El  l.°  de  Noviembre  último  falleció  en  Trubia 
el  decano  de  los  obreros  y  maestros  de  aquella  fᬠ
brica,  cuyo  retrato  publicamos  en  la  página  31. 

Desde  los  doci  años,  en  que  comenzó  á  servir, 
ha  venido  distinguiéndose  por  su  inteligencia,  la¬ 
boriosidad  y  excelentes  condiciones  personales, 
de  tal  manera  que  al  cumplir  la  edad  reglamen¬ 
taria  para  el  retiro  forzoso,  si  dejó  de  figurar  en 
el  escalafón  del  personal,  el  Cuerpo  de  Artillería 
le  retuvo  en  Trubia  en  concepto  de  maestro  even¬ 
tual,  por  considerar  una  gran  pérdida  para  la  fᬠ
brica  dejar  sin  empleo  las  grandes  energías  inte¬ 
lectuales  que  aun  conservaba  Larrosa,  unidas  á 
una  gran  robustez  física,  envidiable  á  sus  años. 

Por  lo  que  resume  los  principales  datos  de  su 
vida,  y  por  lo  que  tiene  de  honrosa  para  la  me¬ 
moria  del  inolvidable  maestro,  publicamos  á  con¬ 
tinuación  la  orden  general  de  la  fábrica  del  2  de 
Noviembre,  dada  por  su  coronel-director  don 
R.  Fonsdeviela.  Dice  así : 


«Al. rendir  estos  últimos  tributos  de  carino,  es¬ 
timación  y  aprecio  al  inolvidable  D.  José  Larrosa, 
dejamos  consignado  que  todo  esto  ha  sido  fruto  de 
una  inteligencia  superior,  laboriosidad  infatiga¬ 
ble,  conocimiento  profundo  de  la  maquinaria  y  de 
cuantos  detalles  de  fabricación  requiere  la  del 
material  de  guerra,  cuyas  excelentes  cualidades 
reunidas  en  un  solo  hombre  estuvieron  siempre 
complementadas  con  una  vida  ejemplar. 

»La  biografía  del  maestro  Larrosa  presenta  un 
modelo  de  enseñanza  para  todos  los  que,  con  ca¬ 
rácter  filiado  ó  eventual,  dedican  su  existencia  á 
trabajos  industriales.  A  los  doce  años  empezó  á 
servir.  No  tenía  aún  veintitrés  cuando  fué  por 
primera  vez  en  comisión  á  Bélgica.  Aquel  mismo 
año  fué  nombrado  maestro.  El  año  1858  recibió  el 
título  de  maestro  examinador  principal  de  ar¬ 
mas  de  fuego  portátiles,  desempeñando  en  el 
mismo  año  una  comisión  en  Inglaterra,  y  tres  años 
después  fué  nombrado  primer  maquinista,  conce¬ 
diéndosele  la  cruz  de  Isabel  la  Católica  en  aten¬ 
ción  á  sus  buenos  servicios. 

»Desempeñó  en  1867  comisiones  en  Francia, 
Inglaterra  y  Sevilla,  y  en  el  mismo  año  se  le  con¬ 
cedió  la  cruz  de  primera  clase  del  Mérito  Militar, 
y  se  le  nombró  maquinista  principal  de  las  fábri¬ 
cas  de  Oviedo  y  Trubia.  Comisionado  el  70  para 
las  armas  blancas  en  Toledo,  recibió  como  recom¬ 
pensa  de  sus  servicios  otra  cruz  del  Mérito  Mili¬ 
tar,  y  desempeñó  comisiones,  con  el  el  acierto  de 
siempre,  en  Ruelle  y  Nevers  el  mismo  año. 

»En  todas  partes  el  éxito  obtenido  por  su  inte¬ 
ligencia  y  celo  recibió  el  beneplácito  de  sus  jefes, 
y  le  hicieron  acreedor  á  su  estimación. 

»Con  el  fallecimiento  del  maestro  Larrosa  el 
Estado  ha  perdido  á  uno  de  sus  buenos  servidores, 
y  en  la  fábrica  de  Trubia  queda  un  vacío  que  so¬ 
lamente  en  el  porvenir  podrá  llenarlo  alguien  to¬ 
mando  como  tipo  y  norte  constante  al  que  acaba 
de  fallecer. 

»Apena  mi  ánimo  el  considerar  que  en  las  pos¬ 
trimerías  de  mi  mando  en  este  establecimiento, 
la  Providencia  dispuso  que  asista  al  acto  del  día 
de  hoy.  Acato  sus  inescrutables  designios,  y  cum¬ 
plo  mi  deber  prometiendo,  cual  de  fijo  promete¬ 
réis  conmigo  todos  los  que  servís  en  Trubia,  que 
jamás,  mientras  vivamos,  podremos  olvidar  á  La¬ 


rrosa,  y  haremos  siempre  justicia  á  su  mucho  mé¬ 
rito  y.  excelentes  condiciones.» 

•  « 

EL  ALCÁZAR  DE  TOLEDO. 

Publicamos  en  la  página  32  una  vista  fotogrᬠ
fica  del  Alcázar  de  Toledo,  para  dar  á  conocer  las 
nuevas  obras  que  en  su  recinto  van  realizándose 
con  el  fin  de  embellecerle,  haciendo  de  modo  que 
el  continente  responda  á  las  grandiosidades  del 
contenido. 

La  iniciativa  de  estas  obras  corresponde  al 
buen  gusto  artístico  de  ilustrado  general  D.  Ma¬ 
nuel  de  la  Cerda,  actual  subsecretario  del  Minis¬ 
terio  de  la  Guerra,  que  hallándose  de  director  de 
la  Academia  General  Militar  por  los  años  de  1890 
al  93,  y  deseoso  de  que  desapareciesen  las  depre¬ 
siones  y  escabrosidades  que  cercaban  el  palacio 
afeándolo,  así  como  de  que  se  contuviese  el  fre¬ 
cuente  hundimiento  de  las  tierras  que  formaba  la 
importante  explanada  ó  plaza  de  Armas  al  Oriente 
del  Alcázar,  indicó  la  construcción  del  magnífico 
muro  que  da  á  conocer  nuestro  grabado,  logrando 
los  fondos  necesarios  al  efecto,  y  encargándose 
del  proyecto  y  de  su  ejecución,  por  todo  extremo 
maravillosa,  el  inteligente  coronel,  teniente  coro¬ 
nel  de  Ingenieros  y  comandante  de  la  plaza,  don 
Víctor  Hernández  y  Fernández,  cuyo  retrato  va 
también  en  la  citada  página. 


D.  VÍCTOR  HERNÁNDEZ  Y  FERNÁNDEZ. 

Nació  el  Sr.  Hernández  en  Velés  (Cuenca)  el 
12  de  Abril  de  1844;  ingresó  en  el  Colegio  de  In¬ 
fantería  en  Enero  de  1880,  y  ya  subteniente,  en 
la  Academia  de  Ingenieros,  en  1883.  Siendo  capi¬ 
tán  del  Cuerpo  fué  destinado  á  la  Comandancia  de 
Toledo,  dedicándose  seguidamente  á  reconocer  y 
tasar  las  obras  ejecutadas  en  el  Alcázar  desde  1867, 
en  que  comenzó  la  reedificación,  hasta  Mayo  de 
aquel  año,  en  que  fueron  suspendidas,  presentando 
otro  proyecto  sobre  la  base  de  una  Academia  ge¬ 
neral,  y  dando  al  edificio  carácter  monumental  en 
armonía  con  su  primitiva  construcción.  Por  el  mé¬ 
rito  extraordinario  de  estos  trabajos  se  le  conce¬ 
dió  el  grado  de  coronel. 

Próximas  á  terminarse  con  éxito  brillante  tan 
admirables  obras,  estalló  formidable  incendio  en 
el  Alcázar  durante  la  noche  del  9  de  Enero  de 
1887,  y  en  pocas  horas  redujo  á  informes  escom¬ 
bros  la  que  había  vuelto  á  ser,  por  la  inteligencia 
y  perseverancia  del  Sr.  Hernández,  verdadera  joya 
artística  de  valor  inestimable.  Su  arrojo  durante 
el  siniestro  para  impedir  que  las  llamas  hicieran 
pasto  en  las  construcciones  interiores  del  edificio 
rayó  á  gran  altura,  tanto  como  su  dolor  al  con¬ 
vencerse  de  que  los  esfuerzos  resultaban  impoten¬ 
te  s  ante  la  violencia  de  aquel  incendio.  Generales 
alabanzas  se  prodigaron  á  nuestro  biografiado,  que 
recibió  también  las  gracias  de  S.  M.,  estimulándole 
para  que  no  desmayase  y  volviese  a  reconstruir  lo 
destruido.  Así  lo  hizo ,  recomenzando  las  obras  en 
Marzo  de  1889 :  de  ellas  forma  parte  el  referido 
colosal  muro,  que  une  á  la  resistencia  de  la  mole 
la  elegancia  y  exquisito  gusto  en  la  labor,  traba¬ 
jada  con  igual  esmero  que  si  se  tratase  de  un  ta¬ 
llado  en  madera. 

Nadie  <jue  haya  visitado  á  Toledo  deja  de  ob¬ 
servar  cuan  difícil  es  emprender  allí  una  obra  que 
encaje  entre  el  enorme  número  de  maravillas  ar¬ 
quitectónicas  de  que  ha  de  verse  rodeada;  desde  las 
ruinas  de  construcciones  romanas  que  aún  se  ven, 
no  hay  estilo,  no  hay  orden  de  arquitectura  que 
no  se  encuentre  representado.  La  catedral  puede 
decirse,  sin  incurrir  en  exageración,  que  encierra 
un  curso  completo  de  aquel  arte;  su  puerta  llana 
es  del  estilo  griego  moderno,  el  trascoro  perte¬ 
nece  ai  Renacimiento;  en  varias  capillas  predo¬ 
mina  la  arquitectura  árabe,  y  el  altar  llamado  El 
Transparente  (situado  detrás  de  la  capilla  mayor) 
es  un  rico  joyel  del  estilo  churrigueresco;  San 
Juan  de  los  Reyes,  la  maravilla  más  preciada  que 
encierra  Toledo  del  gusto  ojival;  El  Cristo  de  la 
Luz,  Santa  María  la  Blanca  y  el  Tránsito,  carac¬ 
terizando  y  definiendo  los  tres  períodos  de  la  ar¬ 
quitectura  árabe,  desde  el  rudimentario,  hasta  el 
rico  y  florido  andaluz ;  y  mil  más  restos  prodigio¬ 
sos,  ante  los  que  se  admira  todo  el  que  siente  algo 
del  arte  que  los  ha  inspirado.  Toledo  puede  consi¬ 
derarse,  y  lo  es,  un  museo  de  arquitectura. 

Pero  esta  circunstancia,  que  sin  duda  llena  de 
orgullo  á  todo  español,  determinó  para  Hernández 
grandes  dificultades.  Téngase  en  cuenta  que  se  le 
ordenó  reconstruir  el  Alcázar  dándole  el  carácter 
monumental  que  había  tenido,  y  no  estará  de  más 
observar  aquí  que  no  es  un  edificio  perteneciente 
á  gusto  y  época  determinados,  pues  basta  dirigir 
la  vista  á  sus  cuatro  fachadas  para  observar  que  la 
una  recuerda  á  Alfonso  X ,  otra  á  Isabel  la  Cató- 


Digitized  by  ^.ooQie 


24  —  n.°  n 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Enero  1898 


lica,  la  tercera  á  Covarmbias  y  la  úl¬ 
tima  á  Felipe  II:  el  interior  sí  pue¬ 
de  decirse  que  pertenece  al  Renaci¬ 
miento,  y  á  él  se  ha  atenido  el 
ingeniero  al  proyectar  y  dirigir  la 
restauración. 

En  virtud  de  lo  expuesto,  Her¬ 
nández  tuvo  que  disponerse  á  ser 
arquitecto  de  historia,  y  en  tal  gra¬ 
do  lo  ha  conseguido,  que  es  hoy,  sin 
duda  alguna,  uno  de  los  más  nota¬ 
bles  de  Europa,  como  lo  prueban  los 
elogios  que  dirigen  á  sus  obras  cuan¬ 
tos  extranjeros  ilustres  las  han  vi¬ 
sitado. 

La  más  completa  de  ellas  fué  la 
reedificación  primera  del  Alcázar: 
el  notabilísimo  salón  regio,  estilo 
del  Renacimiento,  en  que  armonizó 
la  decoración  suntuosa,  hecha  toda 
bajo  su  dirección  en  Toledo,  con  la 
inspiración  del  arte  que  realizó  el 
pincel  de  Sala  mediante  idea  de 
Hernández;  la  antecámara  árabe, 
en  la  cual  se  creía  el  visitante  en 
una  de  las  maravillosas  estancias  de 
la  Alhambra;  tal  era  la  perfección 
con  que  se  había  conseguido  imitar 
el  estilo,  así  en  arabescos  como  en 
azulejos,  construidos  unos  y  otros 
por  personal  de  la  Comandancia  de 
Toledo,  dirigidos  por  el  jefe  tantas 
veces  citado,  y  la  capilla,  en  que  se 
admiraba  la  talla  de  sus  puertas, 
también  realizada  sobre  sus  dibujos, 
fueron  pruebas  concluyentes  del 
modo  perfecto  con  que  este  modes¬ 
tísimo  jefe  supo  responder  á la  abso¬ 
luta  confianza  que  en  él  se  había 
depositado,  ratificando  este  aserto 
los  demás  notables  trabajos  que  ha 
realizado  en  los  edificios  de  Capu¬ 
chinos,  Santiago,  el  picadero  y  otros. 

Finalmente;  la  reconstrucción 
última  del  Alcázar,  si  bien  relega 
en  parte  al  arquitecto,  ensalza,  en 
cambio,  al  ingeniero:  cuanto  se  di¬ 
ga  es  poco  respecto  al  mérito  que 
tiene  la  colocación  de  los  suelos  y 
armadura  de  acero  en  las  condicio¬ 
nes  en  que  se  hizo:  porque  era  pre¬ 
ciso  apoyar  la  viguería  en  muros 
construidos  hasta  el  coronamiento, 
caso  que  se  presenta  pocas  veces; 
pues  lo  ordinario  es  sentar  los  sue¬ 
los  conforme  va  alcanzando  el  mu¬ 
ro  sus  distintas  alturas,  y  tratándose 


D.  EDUARDO  DOLZ  Y  ARANGO, 
MINISTRO  DE  OBRAS  PÚBLICAS  Y  COMUNICACIONES 
DE  LA  ISLA  DE  CUBA. 

(De  fotografía  de  Franzen.) 


de  vigas  de  10  y  12  metros  de  luz 
(verdaderas  vigas  de  puente) ,  se 
comprende  cuántas  dificultades  ne¬ 
cesitó  vencer  para  dar  cima  á  la 
obra,  como  felizmente  lo  consiguió, 
sin  perder  además  de  vista  la  posi¬ 
ble  economía  en  los  gastos ;  siendo 
premiado  con  varias  cruces,  único 
medio  que  el  vigente  sistema  de  re¬ 
compensas  permite  aun  para  los 
portentosos  inventos  del  genio. 

Jefes  como  el  Sr.  Hernández  hon¬ 
ran,  no  sólo  al  Cuerpo  cuyo  unifor¬ 
me  visten  y  al  ejército,  sino  á  la  na¬ 
ción  que  cuenta  con  tan  preclaros 
hijos. 

•  * 

D.  PORFIRIO  DÍAZ  (HUO), 
capitán  de  Ingenieros. 

En  la  página  36  damos  el  retrato 
del  distinguido  hijo  del  Sr.  Presi¬ 
dente  de  la  República  mejicana, 
general  D.  Porfirio  Díaz,  y  de  su 
primera  esposa  la  Sra.  D.a  Delfina 
Ortega  de  Díaz. 

El  joven  Porfirio  Díaz  ha  recibido 
una  esmerada  educación,  primero 
bajo  la  dirección  de  profesores  es¬ 
peciales,  y  más  tarde  en  el  Colegio 
Militar  de  Chapultepec,  donde  hizo 
sus  estudios  profesionales  con  nota¬ 
ble  aprovechamiento,  y  sujeto,  como 
todos  ios  alumnos,  á  la  rigurosa  dis¬ 
ciplina  militar. 

En  1895  terminó  sus  estudios, 
obteniendo  el  título  de  ingeniero 
militar  y  de  capitán  del  ejército 
mejicano.  Con  el  objeto  de  ampliar 
sus  conocimientos  hizo  en  seguida 
un  viaje  á  los  Estados  Unidos  y  á 
Europa,  y  fué  muy  bien  recibido  por 
la  sociedad  de  los  países  que  visitó. 

En  Octubre  del  pasado  año  re¬ 
gresó  á  su  patria,  y  el  15  de  No¬ 
viembre  se  unió  en  matrimonio  con 
la  Srta.  D.R  Luisa  Raigosa,  hija  de 
una  de  las  principales  familias  de 
la  sociedad  mejicana. 

*  El  ingeniero  Sr.  Díaz  tiene  ape¬ 
nas  veinticinco  años,  y  por  su  trato 
finísimo,  su  clara  inteligencia  y  su 
vasta  ilustración  es  una  legítima  es¬ 
peranza  de  Méjico. 

C.  Luis  de  Cuenca. 


LA  GUERRA  EN  CUBA.  —  reparto  de  raciones  en  la  trocha  de^júcaro  á  morón. 

(De  fotografía.) 


* 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Enero  1808 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


x.°  ii  —  25 


SIR  CLAUDIO  M.  MACDONALD, 

MINISTRO  I)E  INGLATERRA  EX  PEKÍN. 


9Mfl 


i  la  p  a  ■ 


llliliili ,  i 


CHINA.  —  EL  FUERTE  DE  TALIEN-WAN ,  EN  LA  BAHÍA  DEL  MISMO  NOMBRE. 


KL  ACORAZADO  «CENTURIÓN»,  BUgUK  INSIGNIA  DE  LA  ESCUADRA  INGLESA  EN  CHINA. 


ALMIRANTE  SIR  E.  II.  SEYMOUR, 

COMANDANTE  GENERAL  DE  LA  ESCUADRA  INGLESA  EN  CIIINA. 


VISTA  GENERAL  DE  PUERTO  ARTURO,  OCUPADO  POR  FUERZAS  RUSAS. 

EL  REPARTO  DE  CHINA. 


(De  fotografías.) 


Digitized  by  CaOOQie 


26  —  n.°  n 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Enero  1898 


ALEMANIA  EN  CHINA. 


ESTUDIO  DE  HISTORIA  CONTEMPORÁNEA. 


I. 

rSn^S^^.O  hay  en  la  tierra  bien  alguno  compa- 
rabie  con  la  paz.  El  sentido  vulgar  lo 
J c  dice  así.  Desda  que  ve  aquello  á  que 
vivj  podríamos  llamar  célula  social,  desde 
^  que  mira  el  hogar,  la  primera  aspi¬ 
ración  aparecida  en  el  hombre  de  i  tro 
a  -  de  la  familia,  es  la  paz  doméstica  per- 
f feccionando  la  paz  espiritual.  Nuestra  reli¬ 
gión  cristiana,  tan  sumamente  comprensiva 
por  arrancar  de  Dios  y  dirigirse  á  la  huma¬ 
nidad  y  á  todas  sus  facultades,  así  os  bendice  y 
s  iluda:  «La  paz  del  Señor  sea  con  vosotros.»  Y, 
con  efecto,  cuantos  pensadores  han  querido  con¬ 
vertir  en  fórmulas  científicas  los  afectos  cristia¬ 
nos,  se  han  percatado  bien  pronto  de  que  lleva  el 
cristianismo  en  sus  entrañas,  por  las  bienaventu¬ 
ranzas,  por  el  sermón  sublime  que  nos  manda 
querer  á  nuestros  calumniadores  y  enemigos,  por 
el  apostolado  pacífico  y  el  reino  de  la  palabra  ó 
dal  verbo,  sin  que  haya  podido  contrastarlo  teo¬ 
cracia  ninguna,  el  bendito  régimen  de  la  paz  uni¬ 
versal.  Por  eso  nuestra  liturgia,  tan  poética  en  el 
canon  secular  donde  se  prescriben  las  sabias  par¬ 
ticularidades  referentes  á  la  misa,  coloca  muy 
bien,  al  minuto  de  consumir  la  hostia  y  de  beber 
el  cáliz  los  oficiantes,  el  ósculo  y  el  abrazo  de  los 
sacerdotes,  representando  al  pie  del  altar  la  re¬ 
ce  iciliación  de  los  pueblos  en  el  seno  de  las  hu¬ 
manas  sociedades.  El  suelo  de  nuestra  Europa,  he¬ 
cho  por  el  espíritu  cristiano  y  el  espíritu  científico, 
empapado  en  ideas  progresivas  exhaladas  por  sus 
poros  como  rayos  de  luz,  está  con  todas  sus  fuer¬ 
zas  físicas  amoldándose,  amoldando  su  materia 
palpable  al  mandato  del  espíritu  invisible,  que  le 
impone  una  transformación  de  la  guerra  en  tra¬ 
bajo,  y  como  complemento  de  esta  grande  trans¬ 
formación,  la  paz  y  la  libertad  universal. 


II. 

Y,  sin  embargo,  armamento  popular,  reductos 
erizados  de  artillería  por  todas  partes;  enormes 
cruceros  en  las  oceánicas  aguas;  ejércitos  marean¬ 
tes  en  tropel;  explosivos  por  doquier;  en  un  pun¬ 
to  la  dinamita;  en  otro  punto  la  pólvora  sin  hu¬ 
mo;  allá,  más  lejos,  los  cañones  perfeccionados;  á 
las  espaldas  de  quienes  debían  llevar  el  azadón  los 
fusiles  exterminadores,  ó  sea  bajo  la  paz  univer¬ 
sal  en  el  ánimo  la  guerra  universal  en  el  espacio. 
Es ^as  contradicciones  suelen  surgir  con  frecuen¬ 
cia  en  los  pueblos  y  dejar  su  recuerdo  en  las  his¬ 
torias.  Así  como  se  adelanta  en  vuestros  ojos  el 
relámpago  al  trueno,  que  rebota  en  vuestros  oídos 
más  tarde,  habiendo  estallado  relámpago  y  trueno 
á  un  mismo  tiempo,  la  idea  se  adelanta  al  hecho,  y 
lo  que  ha  muerto  en  el  espíritu  vive  y  palpita  en 
el  espacio.  Mas  vive  y  palpita  por  poco  tiempo.  La 
paz  universal  está  decretada  por  el  genio  de  la  re¬ 
ligión  y  de  la  filosofía:  aquello  que  ordena  el  genio 
de  la  religión  y  de  la  filosofía  se  cumple  sin  reme¬ 
dio  en  el  espacio,  espejo  de  las  ideas,  tan  etéreas 
como  las  estrellas.  La  paz  universal  será,  pero 
hay  que  decirlo  con  tristeza:  en  esta  hora  corrien¬ 
te,  se  teme  por  muchos  la  guerra  universal.  Y  se 
teme  fundadamente.  Los  aprestos  pedidos  en  el 
Parlamento  americano;  la  conglomeración  de  bu¬ 
ques  ingleses  en  las  aguas  mal  tesas;  el  insolente 
mandato  por  la  escuadra  germánica  impuesto  al 
Gobierno  de  Haití;  la  facilidad  con  que  pueden 
chocar  aquellas  grandes  potencias  que  recorren, 
exploran  y  conquistan  las  orillas  del  Níger;  los 
estremecimientos  de  la  India  inglesa  y  del  Sudán 
egipcio;  la  gradual  aproximación  del  choque  tre¬ 
mendo  entre  Rusia  ó  Inglaterra  sobre  las  mese¬ 
tas  del  Asia  central ;  ese  desembarco  de  los  alema¬ 
nes,  so  color  de  proteger  sus  misioneros  sobre  las 
costas  de  China,  con  dobles  amenazas  al  Japón  y 
á  Rusia,  y  con  dobles  arrogancias  del  emperador 
Guillermo  y  del  almirante  su  hermano  Enrique, 
hácennos  temer  á  todos  los  pacíficos  una  confla¬ 
gración  oceánica. 


III. 

Mas  dejemos  aparte  las  reflexiones  sobre  todos 
estos  hechos,  é  historiemos  lo  que  con  ellos  ocu¬ 
rre  á  diario.  Si  los  pueblos  americanos  de  nuestra 
sangre  reflexionan  un  minuto  sobre  cuanto  ha 
pa sailo  en  Haití,  verán  cómo  las  amenazas  de  los 
ynnkees  al  mundo  europeo  se  truecan,  así  que  pue¬ 
den  correr  algún  peligro  los  intereses  materiales 


de  la  grande  República,  en  baladíes  y  jactancio¬ 
sas  frases.  Falsificando  á  diario  la  doctrina  de 
Monroe,  formulada  para  otros  tiempos  y  con 
otros  motivos,  engañan  á  nuestras  buenas  gentes 
iberas  en  el  Nuevo  Mundo,  y  les  hacen  creer  cosa 
tan  falsa  como  que  la  bandera  estrellada  opone  un 
muro  infranqueable  á  toda  irrupción,  y  sólo  nece¬ 
sita  flotar  en  cualquier  escollo  para  detener  á  los 
irruptores.  Y,  sin  embargo,  nunca  detuvieron  los 
yanlcecs  á  persona  ninguna,  ni  contrastaron  las 
maniobras  europeas  ó  monárquicas.  A  las  barbas 
de  los  Estados  Unidos,  un  hijo  de  Luis  Felipe 
bombardeó  Veracruz  porque  algunos  muchachos 
se  habían  comido,  sin  pagarlas,  varias  golosinas 
de  un  pastelero  francés;  sin  que  los  Estados  Uni¬ 
dos  pudieran  impedirlo  desembarcó  la  coalición 
europea  en  Méjico,  llevando  consigo  al  usurpador 
Maximiliano,  derrotado  y  despedido  con  las  tro¬ 
pas  imperiales,  no  por  los  yankees  del  Norte,  por 
los  españoles  cíe  la  Nueva  España,  representados 
en  el  inmortal  Juárez;  las  naves  de  D.H  Isabel  II 
pudieron  guerrear  en  el  Perú  y  en  Chile,  sin  que 
los  Estados  Unidos  hicieran  cosa  ninguna  contra 
ellas;  y  un  emperador  tan  débil  como  D.  Pedro  del 
Brasil,  destinado  al  destronamiento  y  á  la  pros¬ 
cripción,  pudo  matar  la  República  en  el  Paraguay 
sin  que  los  Estados  Unidos  se  alarmasen  gran 
cosa.  Lo  mismo  acaba  de  suceder  hoy.  Resistió 
Haití  las  demandas  de  Alemania  parapetado  tras 
la  esperanza  de  que  intervendría  la  grande  Amé¬ 
rica  sajona  en  su  favor,  y  cuando  Alemania  envía 
cuatro  buques  al  demandado,  recuerda  éste  las 
promesas  yankees ,  y  ve  con  dolor  que  tales  prome¬ 
sas  no  sirven  para  nada.  Magnífica  lección  que 
deben  aprovechar  todos  los  pueblos  españoles  en 
el  Nuevo  Mundo. 

IV. 

La  cuestión  asiática  tiene  ya  otro  aspecto.  Como 
en  el  conflicto  haitiano  debió  Alemania  cho¬ 
car  con  la  República  sajona,  en  el  conflicto  asiᬠ
tico  debió  chocar  Alemania  con  Rusia  y  el  Japón. 
Todo  el  mundo  sabe  cómo  la  última  de  estas  dos 
potencias,  en  lucha  recentísima  con  el  Imperio 
Celeste,  ocupó  costas  y  aguas  de  las  cuales  tuvo 
que  salir,  abandonando  cuantiosa  victoria,  por  im¬ 
posiciones  de  la  diplomacia  europea.  Y  cuando 
ahora,  tras  los  muchos  alardes  hechos  y  las  mu¬ 
chas  intimaciones  lanzadas  al  .Japón  para  (pie  no 
se  quedase  con  tierras  chinescas  y  no  mermara 
los  dominios  del  gran  Emperador  tártaro,  ven  los 
japoneses  á  Germán ia  en  su  lugar,  no  pueden  me¬ 
nos  que  alarmarse  y  proponerse  para  lo  sucesivo 
un  acaparamiento  de  sus  conquistas  futuras,  ya 
que  otros  han  acaparado  sus  conquistas  presentes. 
YT  este  reconcomio  del  fuerte  pueblo  con  la  pode¬ 
rosa  Germania,  trae  aparejados  para  lo  por  venir 
innumerables  conflictos.  Algo  de  lo  que  sucede 
con  el  Japón  respecto  de  Alemania,  sucede  con 
varias  otras  potencias  europeas.  Propietaria  Fran¬ 
cia  del  Tonkín,  protectora  de  diversos  estados  á 
las  orillas  del  río  Amarillo,  con  grandes  preten¬ 
siones  sobre  la  repartición  inevitable  de  China, 
ve  recelosa  el  pabellón  germano  cerca  de  sus  pro¬ 
pias  fronteras,  á  la  vista  casi  de  dominios  los  cua¬ 
les  hanle  costado  indecibles  sacrificios  de  dinero 
y  gran  desagüe  de  sangre,  posición  en  la  cual  se 
halla  también  Inglaterra,  primeramente  por  las 
susceptibilidades  que  ha  despertado  la  garrulidad 
oratoria  del  emperador  Guillermo  entre  los  in¬ 
gleses  contra  su  Imperio,  y  después  por  sus  ricas 
posesiones  de  Birmania,  muy  expuestas  á  un  ata¬ 
que  de  cualquier  escuadra  que  guarde  territorios 
en  China,  como  las  guarda  hoy  la  poderosa  Ger¬ 
mania. 

V. 

Pero  quien  más  alarmada  hoy  sentirse  debe  por 
el  atrevimiento  alemán  es  la  gigantesca  Rusia. 
Entre  todas  las  ideas  capitales  de  su  gente  mesiá- 
nicay  soñadora,  ninguna  tan  extensa  en  superfi¬ 
cie  y  tan  profunda  en  solidez  como  la  idea  de 
que  Asia  pertenece  por  completo  al  Zar,  empera¬ 
dor  y  pontífice  verdaderamente  asiático.  Llevada 
Rusia  de  esta  idea,  en  menos  de  siglo  y  medio 
toma  las  tierras  deí  Ponto  Euxino,  donde  llorara 
Ovidio  sus  Tristes  inmortales;  entra  por  la  indes¬ 
cifrable  Armenia,  y  deja  los  jalones  de  una  inva¬ 
sión  semejante  á  las  legendarias  invasiones  ati- 
lescas;  vence  á  los  turcos  en  las  montañas  del 
Cáucaso,  y  encadena  con  sus  bayonetas  las  orillas 
del  Caspio;  bordea  el  Norte  de  Bernia;  se  arras¬ 
tra  por  la  Bactriana  de  Semíramis;  toma  posesión 
de  los  sitios  llamados  el  techo  de  la  Tierra  en  las 
tradiciones  antiguas;  amenaza  tanto  á  la  China 
como  á  la  India  en  esfuerzos  perdurables,  y  con¬ 


cluye  por  descolgarse  con  sus  armas  en  Mand- 
ch uria,  frente  á  frente  del  espacio  en  que  hoy 
Alemania  gallardea,  suscitándole  una  rivalidad 
inesperada  é  increíble.  Y  todo  esto,  y  toda  esta 
inmensidad,  que  puede  recorrerse  fácilmente,  des¬ 
de  las  puertas  de  Petersbugo,  hasta  los  desiertos 
mongoles  y  los  golfos  chinos,  está  por  completo 
atravesada  como  de  una  espina  dorsal,  de  un  ferro¬ 
carril  titánico,  levantado  por  los  ejércitos  rusos 
en  obsequio  á  la  industria  en  apariencia,  pero  en 
obsequio  á  la  guerra  en  realidad.  Y  cuando  se 
tardan  tantos  años,  se  consumen  innumerables 
tesoros,  se  gastan  indecibles  fuerzas  vitales  para 
terminar  una  empresa  como  no  han  visto  ninguna 
otra  los  siglos,  al  fin  y  al  cabo  de  toda  ella  surge 
Alemania,  y  al  surgir,  con  Alemania  surge  tam¬ 
bién  el  amago  de  un  combate  colosal  entre  dos 
enormes  potencias. 

VI. 

Yo  sé  muy  bien  el  aspecto  interior  que  tiene 
para  Guillermo  II  la  ocupación  del  golfo  chino. 
Cabeza  de  un  ejército  continental  como  no  hay 
otro  en  Europa,  quiere  completar  esta  máquina 
enorme  con  otro  ejército  de  mar  igualmente  nu¬ 
meroso  y  fuerte.  Muy  despegado  de  Inglaterra  el 
Emperador,  nación  de  cuyas  libres  instituciones 
abomina,  tiene,  como  buen  hijo  de  inglesa,  amor 
infinito  al  mar,  cuyo  acceso  le  impide,  con  harto 
dolor  de  su  corazón,  el  carácter  puramente  conti¬ 
nental  de  su  Germania.  Y  con  el  Emperador  vivo 
su  hermano  Enrique,  bien  semejante  á  los  Enri¬ 
ques  y  los  Alfonsos  y  los  Fernandos  de  Aviz,  in¬ 
gleses  también  por  su  madre,  quienes  desde  Por¬ 
tugal  conquistaron  las  mejores  islas  africanas,  y 
abrieron  al  pequeño  reino  los  mares  tormentosos 
del  Cabo  y  las  riquezas  del  indiano  Imperio.  Uno 
y  otro,  Guillermo  y  Enrique,  se  han  dividido  la 
tierra  y  el  mar,  como  buenos  y  fogosos  jóvenes  á 
quienes  les  parece  cosa  fácil  conquistar,  si  quieren, 
las  estrellas.  Mas  Guillermo  tiene  un  ejército  te¬ 
rrestre,  y  Enrique  no  tiene  una  escuadra  maríti¬ 
ma,  ó  si  la  tiene,  jamás  estuvo  en  proporción 
debida  con  sus  ambiciones  y  con  sus  ensueños.  En 
esta  penuria  de  fuerzas  náuticas,  hanse  dirigido  al 
Parlamento  para  que  les  procure  y  vote  aquél  el 
factor  que  se  llama  nervio  de  la  guerra,  dinero 
para  escuadras,  y  el  Parlamento  lo  ha  negado, 
más  propenso  á  los  presupuestos  de  paz  que  á  los 
presupuestos  de  combate.  Y  á  fin  de  mostrar  lo 
que  harían  si  tuvieran  las  naves  y  el  dinero  nece¬ 
sarios,  han  zarpado  desde  las  costas  germánicas 
lus  pocos  buques  existentes,  y  han  aparecido  en 
los  dos  extremos  del  planeta:  en  China  para  de¬ 
fender  la  religión  cristiana  y  los  misioneros  ale¬ 
manes;  en  Haití  para  defender  el  comercio  ale¬ 
mán  y  los  comerciantes,  dirigiendo  estas  prácticas 
respuestas  á  las  resistencias  del  Congreso. 

VII. 

Pero  no  puede,  no,  desconocerse  que  la  cuestión 
interior  es  lo  menos  en  este  problema;  lo  más  es 
la  cuestión  exterior.  Así,  Guillermo  II  acaba  de 
pronunciar  trascendental  arenga,  en  cuyos  párra¬ 
fos  porfía  sobre  un  tema  interesantísimo:  la  con1 
tinuación  de  su  alianza  con  Austria  y  con  Italia. 
Después  de  renovar  las  visitas  imperiales  y  regias 
este  otoño;  de  dirigir  aparatosas  revistas  los  sobe¬ 
ranos  unidos;  de  aclamar  ejércitos  enteros  Jos 
nombres  de  las  naciones  con  quienes  se  creen  li¬ 
gados,  huelga  este  renuevo  de  afectos  y  de  protet- 
tas  en  los  labios  del  Emperador,  y  sólo  significan 
al  cabo  los  temores  sentidos  en  su  corazón  de  que 
la  presencia  del  destacamento  alemán  en  China 
hoy  haya  repercutido  con  desagradable  repercu¬ 
sión  en  Italia  y  en  Austria.  De  la  última  no  ha¬ 
blemos.  Rota  eñ  partidos  y  en  razas  irreconcilia¬ 
bles,  sin  fuerza  ninguna  centrípeta  para  atraerse 
tales  fragmentos  centrífugos,  bien  puede  asegu¬ 
rarse  que  acaba  el  Austria  como  un  cuerpo  celes¬ 
te  que  hubiera  en  los  espacios  infinitos  reventado. 
Mas  á  Italia  no  le  sucede  lo  mismo.  Mientras  los 
esclavones,  los  tcheques,  los  magiares,  los  croatas, 
los  poloneses,  los  servios,  los  rutenos,  los  dálma- 
tas,  los  ilirios,  los  turcos,  no  han  podido  formar 
en  Austria  una  grande  nacionalidad,  porque  care¬ 
cen  de  afinidades  mutuas  entre  sí  mismos,  en  Ita¬ 
lia  se  ha  formado  una  hermosa  nación,  desde 
los  mares  griegos  hasta  los  mares  lemosines,  por¬ 
que  hay  allí  las  afinidades  interiores  que  unen 
los  pueblos  y  fundan  las  naciones.  Y  esta  naciona¬ 
lidad  no  puede  comprometerse  con  Alemania  en 
aventura  de  ningún  género  que  trascienda  de  al¬ 
gún  modo  á  sus  íntimas  relaciones  con  Inglaterra, 
de  la  cual  necesita  para  su  completa  seguridad  me¬ 
diterránea.  Y  como  el  golpe  dado  en  China  amaga 


Digitized  by  t^-ooQie 


15  Eneko  1808 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


a.°  n  —  27 


lo  mismo  á  Petersburgo  que  á  Londres,  Italia  se 
ha  puesto  en  guardia  frente  al  Emperador,  y  se 
ha  resentido  con  profundo  resentimiento  la  siem¬ 
pre  frágil  y  precaria  triple  alianza,  contrastada 
hoy  por  los  moscovitas  y  los  franceses. 

VIII. 

Ante  causa  de  agitación  europea  tan  grande 
como  las  empresas  germánicas  en  Oriente  y  Occi¬ 
dente,  debe  decirse  una  reflexión  y  debe  recor¬ 
darse  una  enseñanza  de  toda  oportunidad.  Aquello 
que  no  se  renueva  en  el  universo,  muere.  Dos 
grandes  Imperios  enseñan  ahora  prácticamente  lo 
fundado  ó  incontestable  de  tal  aserto.  Mueren  el 
Imperio  chino  y  el  Imperio  turco,  los  cuales  han 
dominado  el  Asia  en  siglos  de  siglos,  y  mueren 
porque  no  han  sabido  renovarse,  obedeciendo  le¬ 
yes  eternas  del  universo  y  de  su  vida.  Los  dos  Im¬ 
perios,  unas  veces  representados  por  tales  razas, 
otras  veces  representados  por  razas  distintas  de 
las  indígenas  y  primates,  han  quedado  inmóviles 
en  la  soledad  de  sus  creencias,  de  sus  costumbres, 
de  sus  tradiciones,  de  sus  dogmas.  Y  cuenta  que 
ambas  tuvieron  sendos  legisladores,  dados  á  en¬ 
tregarles  libros  y  enseñanzas  en  verdadera  con¬ 
gruencia  con  sus  respectivas  naturalezas  ó  índo¬ 
les.  Pueblo  mecánico,  sin  metafísica,  y  por  ende 
sin  religión,  dado  á  reglamentaciones  oficinescas 
las  cuales  hácenlo  un  inmenso  cuartel  industrial, 
encontró  China  en  Buda  su  revelador,  quien  dió 
de  mano  á  lo  trascendental  y  reemplazó  las  reli¬ 
giones,  los  dogmas  espirituales  con  una  ley  moral, 
encaminada  tan  sólo  á  regular  por  medio  de  con¬ 
signas  y  de  reglamentos  la  vida  particular  de  los 
chinos  y  la  vida  general  de  aquella  sociedad  ente¬ 
ra.  Más  fuerte,  más  poderoso,  de  más  nervio  el  tár¬ 
taro  mahometano  que  el  tártaro  budista,  Turquía 
tuvo  también  su  correspondiente  revelador  nece¬ 
sario.  Y  este  revelador,  Mahoma,  bien  al  revés  de 
Buda,  creyó  en  los  dogmas,  y  proclamó,  como  apli¬ 
cación  y  resumen  de  estos  dogmas,  el  califato  co- 
ranesco  y  la  guerra  universal.  Aunque  no  se  había 
dirigido  el  Profeta  jamás  personalmente  á  los  mon¬ 
goles;  aunque  fueran  sus  predilectos  Jos  árabes, 
todos  pertenecientes  á  la  sangre  del  Profeta,  el 
mahometismo  se  pegó  á  Mongolia,  y  el  califato 
pudo  pasar  así  de  Bagdad,  de  Damasco,  de  Córdoba, 
de  los  puntos  ortodoxos  y  clásicos,  al  descendiente 
de  Atila,  es  decir,  al  sultán  de  Constan tinopla. 


IX. 

Lo  mismo  la  religión  de  Buda  que  la  religión 
de  Mahoma,  se  diferencian  de  la  religión  cristiana 
en  que  á  la  humanidad  entera  y  á  todos  los  tiem¬ 
pos  esta  religión  mira  y  atiende,  mientras  aquéllas 
miran  y  atienden  á  un  período  del  tiempo  y  á  un 
pueblo  de  la  humanidad.  Mientras  en  el  desarrollo 
humano  y  en  el  progreso  terrestre  las  dos  religio¬ 
nes  orientales  sirven  á  las  circunstancias  en  que  se 
hallan  sus  fieles  y  prosperan  sus  provechos,  per¬ 
duran.  Pero  en  cuanto  el  tiempo  corre  y  el  pueblo 
crece,  qué danse  ambas  religiones  atrás,  y  hielan  y 
matan  y  petrifican  á  los  pueblos  que  las  habían 
adorado.  No  cabe  dudarlo:  China  muere  por  su 
inmovilidad  en  Buda;  Turquía  muere  por  su  inmo¬ 
vilidad  en  Mahoma.  Y  como  alrededor  de  estos 
pueblos  inertes  hay  pueblos  progresivos,  el  movi¬ 
miento,  la  vida,  sustituyen  y  reemplazan  á  la  in- 
modificable  inercia.  Los  japoneses  en  China,  los 
griegos  en  Turquía,  muestran  esta  verdad  evi¬ 
dente,  apercibiéndose  unos  y  otros  á  heredar  los 
dos  viejos  Imperios  mongoles:  el  Imperio  mongol 
del  extremo  Óriente  de  Asia,  y  el  Imperio  mongol 
del  extremo  Oriente  de  Europa.  También  se  ha¬ 
llaban  los  japoneses  metidos  en  un  círculo  mágico, 
donde  consumían  su  vida  en  la  inmovilidad  y  en 
la  inercia;  pero  hace  cuarenta  ó  más  años  que  lo 
rompieron  por  una  revolución  y  se  lanzaron  á  las 
corrientes  del  progreso,  las  cuales,  vivificadoras  y 
luminosísimas,  los  han  llevado  á  la  libertad  y  á  la 
victoria.  Por  su  parte,  algo  de  lo  sucedido  con  los 
japoneses  en  el  Oriente  asiático  pasa  con  los  grie¬ 
gos  en  el  Oriente  nuestro.  Metidos  en  el  círculo 
de  un  patriarcado  inerte  que  les  imponía  un  viejo 
bizantinismo  incompatible  con  nuestra  naturaleza 
y  nuestra  edad,  han  roto  este  círculo,  abrazando 
las  libertades  modernas,  cuya  virtud  y  eficacia  les 
promete,  tarde  ó  temprano,  la  herencia  de  Turquía. 


X. 


Pero  no  se  trata  hoy  del  reparto  de  Turquía:  se 
trata  del  reparto  de  China.  El  emperador  Guiller¬ 
mo  lo  ha  suscitado,  con  la  triste  ligereza  y  el  ciego 
aturdimiento  connaturales  á  su  complexión  levan¬ 


tisca  ó  inquieta.  Y  el  reparto  de  China  suscita  mu¬ 
chas  dificultades  por  el  número  de  coherederos 
que  se  llaman  á  la  parte  y  pretenden  la  herencia. 
Desde  luego  amenazan  caer  sobre  sus  tierras  cen¬ 
trales  las  tres  grandes  potencias:  Francia  desde 
Tonkín;  desde  Birmania,  Inglaterra;  desde  Mancl- 
churia,  Rusia.  Y  no  son  solamente  las  grandes  po¬ 
tencias  quienes  se  hallan  interesadas  en  el  repar¬ 
to:  lo  están,  y  mucho,  las  potencias  que  llamamos 
segundas.  Ni  Holanda  puede  consentir  que  se  mo¬ 
difique  China  sin  saber  cuáles  seguridades  á  sus 
dominios  préstala  inmensa  modificación;  ni  Por¬ 
tugal  puede  consentir  que,  después  de  haber  descu¬ 
bierto  la  India  y  traído  á  nuestra  vida  europea  las 
levaduras  del  Oriente  con  sus  naves  milagrosas, 
corran  riesgo  los  últimos  restos  de  aquella  domi¬ 
nación  colosal  que  aun  guarda  en  sus  manos;  ni 
nosotros  podemos  consentir ,  dueños  del  gran  ar¬ 
chipiélago  asiático,  y  teniendo  á  nuestro  alcance 
las  islas  de  los  Pescadores,  recién  ganadas  por  los 
japoneses,  que  se  amenace  más  y  más  nuestra  com¬ 
batida  seguridad  allí;  por  lo  cual  todos  los  pueblos 
europeos  tienen  mayor  derecho  al  reparto  de  Chi¬ 
na  que  Alemania,  quien  ha  suscitado,  como  en 
tiempos  de  las  Carolinas,  un  problema  en  cuyo 
planteamiento  ha  tenido  parte,  pero  de  cuya  solu¬ 
ción  sacará  bien  escaso  provecho.  Mas,  sea  de  esto 
lo  que  quiera,  el  testamento  de  China  queda  hoy 
abierto  con  violencia  por  una  temeridad  imperial, 
y  nadie  puede  negar  que,  al  lanzarse  tantos  here¬ 
deros  unos  sobre  otros,  entre  sí  choquen,  susci¬ 
tando  la  guerra  universal.  ¡No  lo  quiera  Dios! 

Emilio  Castelar. 


METER  RUIDO. 


>^/7£^^erá,  si  ustedes  quieren,  una  ilusión 
mía,  pero  yo  creo  que  los  hombres  no 
buscan  las  lecciones  de  la  experiencia 
vf  sino  en  aquellos  actos  importantes 
que  juzgan  pueden  interesar  á  sa  for- 
tuna  ó  á  su  gloria:  para  ellos  nada  signi¬ 
fican  los  mil  ejemplos  que  constante¬ 
mente  surgen  á  su  alrededor,  producidos 
muchísimas  veces  por  los  acontecimientos 
más  sencillos. 

Empeñado  el  hombre  en  el  difícil  sendero  de 
la  vida,  no  se  esfuerza  en  conocer  ó  buscar  la 
buena  dirección  por  medio  de  los  pequeños  obs¬ 
táculos  que  estorban  su  marcha;  se  necesita  para 
llamarle  la  atención  montañas  escabrosas  ó  cor¬ 
pulentos  árboles.  Pero  los  árboles  y  las  montañas 
sólo  se  presentan  de  largo  en  largo  trecho,  mien¬ 
tras  los  obstáculos  menores  los  encuentra  uno  á 
cada  paso:  la  cuestión  está  en  verlos  y  en  apre¬ 
ciarlos  debidamente. 

Estas  reflexiones  ocurríanseme  hace  unos  días  al 
oir  el  tambor  de  un  niño  y  la  pandereta  de  otro. 

Quizás  crean  ustedes,  y  hasta  cierto  punto  con 
razón,  que  la  causa  no  estaba  á  la  altura  del  efec¬ 
to;  pero  voy  á  convencerles  de  lo  contrario. 

Los  dos  niños  son  hijos  de  un  apreciable  amigo 
mío,  y  tienen  todos  los  encantos  y  gracias  de  sus 
cinco  y  siete  años:  belleza  que  seduce,  travesura 
que  alegra*  ingenio  que  cautiva  y  enternece  al 
mismo  tiempo.  Los  he  tenido  en  mis  brazos  mu¬ 
chas  veces  desde  que  nacieron;  los  he  visto  cre¬ 
cer,  y  casi  aseguraría  que  los  quiero  como  cosa 
propia  si  no  tuviera  la  seguridad  de  ,que  son  cosa 


ajena. 

Hallóles  la  víspera  de  Nochebuena  parados 
frente  al  escaparate  de  un  bazar  de  juguetes;  fijos 
loe  ojos,  los  brazos  caídos  y  sofocados  por  el  de¬ 
seo.  Cogíles  de  la  mano,  íes  hice  entrar  en  la 
tienda  y  les  dije  que  eligieran  el  juguete  que  más 
les  agradara;  así  sucedió;  después  de  un  breve  rato 
de  incertidumbre,  el  de  más  edad  eligió  una  pan¬ 
dereta,  y  el  más  pequeño  un  tambor. 

No  me  lo  perdonaré  nunca. 

Desde  aquel  aciago  día  los  tengo  continuamente 
debajo  de  mis  balcones,  ensayando  sus  ruidosos 
instrumentos;  y  no  bastando  esto,  sin  duda,  para 
expiación  de  mi  delito,  han  logrado  instrumentar 
del  mismo  modo  á  todos  los  chicos  del  barrio. 

Antes  de  levantarme  tocan  una  diana  que  du¬ 
rará  por  término  medio  sus  dos  horas;  me  siento 
á  leer,  y  me  acompañan  con  una  llamada  infer¬ 
nal;  quiero  meditar  un  rato,  y  Ríe  aturden  con  sus 

gritos  y  redobles;  tengo  precisión  de  escribir . . 

y  nada,  no  me  dejan.  Desde  aquella  hora  fatal  no 
hay  para  mí  ni  un  solo  instante  de  reposo.  Toda 
la  vecindad  está  desesperada,  enfurecida,  y  yo, 
que  estoy  mil  veces  más  desesperado  que  todos, 
ni  aun  me  atrevo  á  unir  mi  voz  á  su  coro  de  que¬ 


jas;  porque  ¿con  qué  derecho  me  atreveré  á  ha¬ 
cerlo,  yo  que  soy  la  causa  primitiva  del  mal,  el 


que  dió  á  conocer  á  los  niños  de  mi  amigo  las  ex¬ 
celencias  del  tambor  y  de  la  pandereta? 

Y  ahora  bien:  ¿no  podríamos  contar  en  el  mun¬ 
do  diariamente  millares  de  hombres  que  hacen  lo 
mismo  que  yo,  y  se  preparan  y  arreglan  ellos  mis¬ 
mos  lo  que  han  de  maldecir  después? 

Los  que  suministran  constantemente  á  sus  ene¬ 
migos  medios  de  acusación,  que  hacen  resonar 
en  todas  partes  contra  su  nombre. 

Los  que  arrancan  á  los  tímidos  de  su  natural 
reposo  para  lanzarles  ai  tumulto  de  la  acción. 

Los  que,  siendo  escritores,  distribuyen  con  la 
misma  justicia  la  mentida  lisonja  ó  la  infundada 
censura. 

Los  que  se  burlan  del  que  creen  débil,  sin  otra 
razón  que  la  de  suponerse  más  fuerte  que  él. 

Los  que  explotan  la  miseria,  sin  reflexionar  que 
ellos  á  su  vez  son  los  miserables. 

¿No  hacen  todos  éstos  con  los  hombres  precisa¬ 
mente  lo  que  yo  hice  con  los  niños  de  mi  amigo? 
¿No  les  dan  tambores,  zambombas,  panderetas  y 
rabeles? 

Su  ruido  atronador  les  perseguirá  por  mucho 
tiempo  y  en  todas  partes.  ¡  Y  muy  felices  serán, 
de  seguro,  si  este  ruido  sólo  les  causa  una  molestia 
y  no  un  remordimiento! 


Oigo  á  mis  vecinitos  que  lloran:  hace  dos  días 
que  sus  padres  les  exigieron  algunas  horas  de  si¬ 
lencio;  pero  los  niños,  rebeldes  á  todas  las  sú¬ 
plicas  y  amonestaciones,  han  continuado  en  su 
perpetuo  ruido,  hasta  el  punto  de  que  su  padre, 
desesperado,  les  acaba  de  romper  el  tambor  y  la 
pandereta. 

¡Cuán  elocuente  debería  de  ser  para  nosotros 
esta  lección!  ¡Nosotros,  que  abusamos  constante¬ 
mente  del  prestigio  ó  de  la  fama  de  nuestro  nom¬ 
bre,  y  nos  dejamos  llevar  en  brazos  de  la  casuali¬ 
dad,  de  la  que  somos  tan  pocas  veces  dueños  y  tan 
repetidas  juguetes ! 

Cánsase,  como  es  natural,  la  constancia  del  des¬ 
tino,  lo  mismo  que  se  ha  cansado  el  padre  de  los 
niños;  y  cuando  el  rumor  de  nuestra  prosperidad 
ha  importunado  á  todo  el  mundo,  amigos  ó  indi¬ 
ferentes,  entonces  el  encanto  se  rompe,  apágase  el 
ruido,  y  ¿qué  es  lo  que  nos  queda?  Sólo  la  facultad 
de  llorar  el  tesoro  perdido  y  que  creíamos  eterm». 

¡Consolaos,  pobres  niños  de  mi  amigo  1  Lo  que 
echáis  de  menos,  lo  que  tanto  os  inquieta,  se  reem¬ 
plazará  en  breve;  pero  entonces  las  pruebas  serán 
más  graves,  y  aprenderéis  á  vuestra  costa  que 
todo  el  que  mete  demasiado  ruido,  lo  mismo  gran¬ 
de  que  pequeño,  podrá,  durante  un  plazo  más  ó 
menos  largo,  incomodar  á  la  humanidad,  pero  será 
hasta  que  le  hayan  roto  el  tambor,  la  zambomba 
ó  la  pandereta. 

E.  DE  LüSTONÓ. 


EL  TRIUNFO  DEL  ARTE. 


I. 

— ¿Aquel  amor? — me  respondió  el  artista 

Con  acento  impregnado  de  amargura; — 
¿Aquel  amor  que  presentó  á  mi  vista 

Mundos  de  inspiración  y  de  ventura? . 

¡Ya  ha  muerto!  ¡Inútilmente 
Busco  en  uii  triste  corazón  su  huella; 

En  vano  fuerzo  mi  cansada  mente 
Para  hacer  revivir  la  imagen  bella 
De  la  mujer  que  un  día  r 

Fué  hermoso  sol  de  la  esperanza  mía! 

¡Se  ha  derrumbado  el  ideal,  y  seco 
El  corazón  que  para  amar  vivía, 

Al  invocar  á  mi  pasado,  el  eco 
Devuelve  carcajada  de  ironía ! 

¿Cómo  pasión  tan  fuerte 

Pudo,  viviendo  el  alma,  hallar  la  muerte? . 

¿Cómo  de  mis  hermosas  ilusiones 
Quedan  sólo  los  míseros  jirones 
Que  arrastra  el  tiempo  en  su  correr  constante? 
¿Cómo  en  infierno  se  trocó  la  gloria 
De  aquel  amor,  al  parecer  triunfante? 

Muy  pronto  lo  sabrás.....  Oye  esta  historia. 


II. 


Como  viví  en  la  idea 
De  que  alma  que  la  dicha  regatea, 

Más  que  al  amor  al  egoísmo  atiende, 

Y  adelanta  á  conciencia  hacia  el  abismo 
Que  su  negrura  tenebrosa  extiende 
Bajo  los  yertos  pies  del  egoísmo, 

Me  entregué  por  entero 
A  la  mujer  que  con  su  amor  sincero 
Echó  un  rayo  de  sol  sobre  mi  vida, 

Y,  lleno  de  ilusión  y  de  esperanza, 

Creí  ya  para  siempre  conseguida 
Cuanta  felicidad  el  hombre  alcanza. 


Digitized  by  AjOOQle 


BELLAS  ARTES 


COSTUMBRES  ANDALÜZAS.-UNA  MERIENDA, 
DIBUJO  DE  JOSÉ  GARCÍA  RAMOS. 


Digitized  by  ^.ooQie 


BELLAS  ARTES 


PASEO  SOBRE  EL  HIELO,  EN  EL  SIGLO  XVIII, 

CUADRO  DE  J.  AURELI. 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  —  N.°  11 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Enero  1898 


Yo,  que  hasta  entonces  del  amor  humano 
Tenia  sólo  una  intuición  somera, 

Por  ser  siervo  del  arte  soberano 

Que  absorbe  ai  alma  y  como  dueño  impera, 

Con  la  sencilla  ingenuidad  del  niño 
Di  el  corazón  sin  sombra  de  recelo 
A  aquel  profundo  seductor  cariño; 

Dulce  regalo  que  me  hacía  el  cielo 
Precisamente  en  el  fatal  instante 
En  que,  á  mitad  ti  3  la  batalla  ruda, 

Mi  espíritu  alterado  y  vacilante 
Se  abismaba  en  las  sombras  de  la  duda. 

Porque,  después  de  la  feroz  tarea. 

Del  hombre  dedicado 
A  dar  vida  á  una  idea, 

Que  es,  por  venir  de  Dios,  germen  sagrado, 
Comenzaba  á  sentir  esa  zozobra 
Del  artista  infeliz  aniquilado 
Por  el  gigante  peso  de  su  obra. 

Sí  ....  Entonces,  créeme,  desfallecía... .. 

Mas,  como  tierra  que  el  invierno  ha  helado 
Sil  ardiente  savia  y  su  pod3r  recobra 
Con  el  beso  de  amor  que  el  sol  la  envía, 

Yo  recobré  los  ánimos  perdidos, 

De  nuevo  se  inflamó  mi  fantasia, 

Y,  venciendo  el  estúpido  marasmo 

Que  abrió  honda  brecha  en  mi  anterior  empeño, 

Con  más  fe,  más  valor,  más  entusiasmo, 

Tendí  otra  vez  á  realizar  mi  sueño  ! 


III. 

Pero  mi  amor  murió . ¡Dios  lo  dispuso! 

¿De  quién  la  culpa  fué? . Yo  á  nadie  acuso, 

Pues  tengo  la  certeza 

De  que  aquella  mujer  me  idolatraba, 

Y  hoy  repite  con  fúnebre  tristeza 

Las  palabras  de  amor  que  pronunciaba. 

Mas,  queriéndome  tanto, 

A  causarme  llegó  profundo  espanto 
Que  me  fuera  difícil  explicarte, 

Y  que  fin  puso  á  la  risueña  historia . 

¡Sintiendo  celos  por  mi  afán  de  gloria, 

Cobró  un  odio  de  fiera  por  el  arte! . 

Y  al  verme  preparado  á  la  faena, 

Clavaba  en  mi  con  ansiedad  y  pena 
Su  mirada  ardorosa; 

Y  cuando  yo,  sin  atender  el  ruego 
Claramente  pintado  en  su  angustiosa 
Faz,  me  ponía  á  trabajar  con  fuego, 

Ya  convertida  en  la  mujer  furiosa 
Que  ve  su  sufrimiento  despreciado, 

Con  expresión  aviesa 
Contemplaba  mi  cuadro  bosquejado, 

Como  tigre  rabioso  preparado 

Á  echar  la  garra  y  destrozar  su  presa! 


IV. 

¿Qué  más  puedo  contarte? 

En'esta  lucha  entre  el  amor  y  el  arte, 

Aunque  fuera  el  primero  muy  profundo, 

Pudo  el  segundo  más . ¡Venció  el  segundo! 

Pero  hoy,  falta  de  luz,  el  alma  raía, 

Que  siente  la  nostalgia  del  pasado , 

Vive  en  honda  y  tenaz  melancolía 
Que  ni  tiempo  ni  ausencia  han  disipado; 

Y  aunque  no  logra  sacudir  el  yugo 
Del  afán  por  el  arte,  que  ha  triunfado 
Cual  triunfa  de  la  víctima  el  verdugo, 

Se  alza  en  muda  protesta 

Contra  un  ansia  de  gloria  desmedida 

Que,  como  todo  anhelo  de  la  vida, 

No  vale  casi  nunca  lo  que  cuesta! 

Luis  de  A  x  so  re  na. 


LA  MANO  BLANCA. 


Por  la  senda  del  deleite, 
Como  caballo  sin  Treno, 

Me  arrojo  salvando  montes, 
Hasta  alcanzar  mi  deseo  d). 


— '^NTRE  las  suntuosas  residencias  erigi- 
.v*  das  fuera  del  recinto  de  la  Alcazaba 
ÍÁ  de  Córdoba,  existía  por  el  año  881  de 

_ IjvX  nuestra  era,  aguas  abajo  delGuadal- 

^5?^  quivir  y  en  la  ribera  izquierda  del 
Gran  río ,  una  magnífica  casa  llamada 
Jardín  de  la  noria ,  habitada  por  el  prín¬ 
cipe  Abdullah,  hijo  del  sultán  reinante  Mu- 
hamed. 

Ceñíala  casi  toda  dilatada  huerta,  poblada 
de  frutales  y  de  flores,  tendida  en  suave  plano  in¬ 
clinado  hasta  la  misma  orilla,  excepto  por  el  lado 
de  Levante,  situado  sobre  una  calle  estrecha  y  tor¬ 
tuosa  como  las  restantes  de  la  ciudad,  pero  bien 
empedrada  y  limpia,  fresca  en  verano,  abrigada 
en  invierno  y  abierta  por  uno  de  sus  extremos  á 
los  aires  puros  del  campo. 

La  construcción  no  ofrecía  exteriormente  nada 


(1)  Schack,  Poesía  y  arte  de  los  árabes  en  España  y  en  Sici¬ 
lia. — Trad.  de  D.  J.  Valora,  t.  n,  pág.  174. 


de  notable,  salvo  sus  extraordinarias  proporcio¬ 
nes  y  alguno  que  otro  estrecho  ajimez  que  alum- 
brnba  el  piso  bajo,  dentro  del  cual  penetraba  sin 
dificultad  la  vista  cuando  las  celosías  se  hallaban 
abiertas. 

Pero  si  el  exterior  era  vulgar,  realizaba  el  inte¬ 
rior  el  sueño  de  uno  de  esos  palacios  encantados 
de  Las  mil  y  una  noche*,  en  cuya  traza  se  com¬ 
place  tanto  la  rica  imaginación  de  los  orientales. 

Azoteas  enlosadas  de  mármoles  de  Almería; 
graciosos  pabellones  sembrados  por  la  huerta,  sos¬ 
tenidos  por  columnas  de  mármol  de  Paros,  con  ar- 
tesonados  de  labrado  cedro,  embutido  de  marfil, 
oro  y  bronce;  zócalos  revestidos  de  mosaicos,  semi- 
asiáticos,  semibizantinos;  baños  de  alabastro  co¬ 
ronados  de  elegantes  cúpulas  apoyadas  en  capri¬ 
chosas  columnas  de  cono  invertido;  abundantes 
albercas  que  por  ocultas  cañerías  distribuían  sus 
puras  aguas  en  mil  cadenciosas  fuentes,  junto  á 
las  cuales  el  señor  y  sus  favoritas  solían  pasar  las 
calurosas  siestas  estivales,  y  en  las  que  practica¬ 
ban  sus  abluciones  en  el  invierno  con  tibias  y  olo¬ 
rosas  aguas;  tapices  de  Persia;  aifamares  ó  tapetes 
de  Málaga;  tisúes  de  Túnez;  cojines  de  seda  bor¬ 
dados  de  pedrería,  traídos  de  la  India;  arquetas 
de  preciosas  maderas  incrustadas  de  oro  virgen, 
llamado  de  Tibar;  barcos,  hipopótamos  y  elefantes 
'  de  ámbar,  brindando  por  todas  partes  admiración 
á  los  ojos,  voluptuosidad  á  los  sentidos;  tal  era  en 
rudo  bosquejo  la  morada  de  Abdullah,  modelo  ele¬ 
gante,  no  obstante  su  edad  ya  madura,  de  la  juven¬ 
tud  dorada  de  su  tiempo. 

JCducado  Abdullah  en  la  elegante  escuela  de 
Zaryab,  famoso  poeta  persa  que  en  los  días  de 
Abderrahmán  II  había  traído  desde  Bagdad  á 
nuestra  España  multitud  de  curiosas  innovacio¬ 
nes,  habíalas  adoptado  todas.  Tañía  el  laúd:  com¬ 
ponía  versos  más  satíricos  que  sentimentales;  co¬ 
mía  espárragos,  desconocidos  antes  de  los  musul¬ 
manes  andaluces;  usaba  en  la  mesa  manteles  y 
bandejas  de  cuero  con  vajilla  de  cristal;  dormía 
en  camas  de  bien  adobadas  pieles;  vestía  aljubba* 
de  fina  seda  en  primavera;  alquiceles  de  delgadí¬ 
simo  lino  egipcio  en  verano,  lavado  con  agua  de 
rosas  y  sal;  caftanes  de  paño  de  color  en  invier¬ 
no,  forrados  de  diversas  pieles;  albornoces  raya¬ 
dos  de  Siria,  tejidos  de  lana  y  seda  en  otoño;  el 
pelo  cortado  á  tijera  en  vez  de  los  tufos  y  guede¬ 
jas  de  sus  ilustres  antecesores,  sin  otros  muchos 
perfiles  gastronómicos  é  indumentarios  de  que  dan 
prolija  cuenta  los  escritores  de  aquella  época. 

Digámoslo,  sin  embargo,  en  honor  del  ilustre 
epicúreo.  Nada  de  todo  lo  dicho,  excepto  su  am¬ 
bición  devoradora,  tenía  para  él  importancia  com¬ 
parado  con  su  hermosa  esclava  Jehana,  perla  de 
su  harén  y  delicia  de  su  corazón. 

Dueña  absoluta  la  favorita  de  su  señor,  no  abu¬ 
saba  tampoco  de  su  imperio.  Nacida  en  una  isla 
griega  cercana  á  Siria;  dotada  de  gran  belleza, 
sutil  ingenio,  voz  melodiosa  y  suma  modestia,  ha¬ 
bíase  dócilmente  some  ido  á  su  suerte,  muy  lleva¬ 
dera,  por  otra  parte,  pues  más  que  tiránico  dueño, 
era  para  ella  el  Príncipe  galán  rendido  y  obse¬ 
quioso. 

Decir  que  Jehana  carecía  de  defectos,  sería  fal¬ 
tar  á  la  verdad,  supuesto  que  era  mujer.  Hubiera 
creído  faltar  al  pudor  femenil  enseñando  el  ros¬ 
tro,  menos  que  eso,  dejando  verse  siquiera  las  bor¬ 
dadas  orillas  de  sus  ropas ,  ocultas  bajo  su  amplio 
izar ,  airosísimo  manto  blanco,  artísticamente  ple¬ 
gado  de  pies  á  cabeza,  que  la  cubría  todo  el  cuerpo, 
cuando  con  su  vacilante  paso  de  paloma  transitaba 
por  la  calle.  Poseedora,  sin  embargo,  de  unas  ma¬ 
nos  blancas  y  bien  modeladas,  provistas  de  delga¬ 
dos  dedos,  rematados  por  rosadas  uñas,  manos 
dignas  de  las  inmortales  diosas  de  su  raza,  mos¬ 
traba  cierta  disculpable  coquetería  en  lucirlas  y 
enseñarlas  cuando  la  ocasión  era  oportuna,  dentro 
y  fuera  de  la  casa. 

Pero  ¿quién  puede  titularse  feliz  sin  peligro? 
Sucedió,  pues,  un  día,  que,  hallándose  la  hermosa 
griega  entreteniendo  al  Príncipe  con  sus  cantos  y 
sirviéndole  de  beber  en  cierta  sala  baja  de  la  casa, 
acertó  á  pasar  por  allí  un  elegante  y  apuesto  jo¬ 
ven,  sorprendido  el  cual  de  la  dulzura  de  aquella 
voz,  detúvose  en  una  rinconada  de  la  estrecha 
calle  para  poder  escuchar  á  gusto  sin  llamar  la 
atención  de  los  transeúntes. 

Con  los  ojos  clavados  en  la  ventana,  perdido  en 
profundo  arrobamiento,  ardía  en  deseos  de  cono¬ 
cer  la  hermosa  cantora,  hasta  que,  después  de  es¬ 
perar  largo  rato,  logró  distinguir  su  mano  en  el 
momento  de  presentar  la  copa  al  Príncipe,  quien, 
acaso  molestado  por  la  viva  luz  de  la  calle,  mandó 
á  su  favorita  correr  la  tupida  cortina  del  ajimez, 
operación  en  que  la  esclava  tardó  algún  tiempo. 

No  vió  más  el  apuesto  transeúnte.  Pero  aquella 
mano  de  incomparable  elegancia,  aquella  voz  tan 
dulce  y  melodiosa,  conquistaron  su  corazón  de  poeta 
ó  inflamaron  con  devoradoras  llamas  su  cerebro. 


¿Había  visto  la  joven  al  gallardo  caballero?  No 
lo  sabemos,  si  bien  es  posible. 

Sea  lo  que  fuere,  entre  el  joven  y  la  esclava 
existía  una  barrera  infranqueable. 

Así,  fue  en  vano  que  tratara  de  engañarse  el 
mancebo  acerca  de  este  punto,  ni  que  se  esforzara 
por  ahogar  su  pasión  en  el  seno  de  más  fáciles  her¬ 
mosuras,  entre  ellas  una  bellísima  joven  por  la  que 
pagó  una  suma  enorme  y  á  la  que  puso  el  nombre 
de  su  ídolo,  porque  lo  escrito  está  escrito,  y  ni  la 
desenfrenada  orgía,  ni  las  caricias  de  su  esclava, 
pudieron  impedir  los  decretos  del  destino. 

Como  el  amor,  sin  embargo,  es  como  la  pobreza, 
todo  trazas,  discurrió  al  fin  el  galán,  sin  calcular 
las  consecuencias,  emplear  los  oficios  de  cierta 
vieja  judía,  familiar  de  las  mujeres  de  Abdullah, 
con  la  que  dirigió  á  Jehana  los  siguientes  versos: 

Desde  que  tu  yo/.  oí. 

T.a  paz  y  el  juicio  perdí, 

Y  tu  dulce  cantilena 
Me  dejó  tan  sólo  pena 

Y  ansiedad  en  pos  de  sí. 

Jamás  á  yerte  llegué, 

Y  en  tu  voz  pensando  viro, 

Y  mi  corazón  cautivo 
Por  tu  cantar  lo  dejé. 

Quien  por  ti,  Jehana,  llora, 

Tu  nombre  escrito  en  el  seno 
Pronuncia  y  piedad  implora, 

Como  un  monje  nazareno 
De  aquella  imagen  que  adora  (1). 

Quien  con  acentos  tan  místicos  y  ardorosos,  más 
propios  de  trovador  provenzal  ó  de  un  lírico  mo¬ 
derno  que  de  poeta  mahometano,  expresaba  la 
desesperación  de  una  pasión  imposible,  llamábase 
Said  Suleymán  Ibn-Judi,  uno  de  los  más  inspira¬ 
dos  poetas  é  ilustres  caballeros  de  su  tiempo. 

Hijo  de  nobilísima  familia  yemenita  estable¬ 
cida  en  España  desde  la  conquista,  enemigo  de  los 
Umeyas,  cuyo  yugo  nivelador  odiaba  de  muerte,  á 
semejanza  de  la  republicana  aristocracia  árabe, 
de  la  que  era  uno  de  los  principales  ornamentos, 
atribuíanle  los  contemporáneos  las  diez  cualidades 
del  perfecto  caballero:  generosidad,  valentía,  her¬ 
mosura,  talento  poético,  elocuencia,  gran  jinete, 
vigor  físico,  maestría  en  el  manejo  de  la  lanza,  la 
espada  y  el  arco. 

Mas  ¡ay!  el  más  valiente  de  los  caballeros  ára¬ 
bes  era  también  el  más  tierno  y  galante  de  los 
buenos  mozos.  Nadie  se  enamoraba  tan  pronto  de 
una  voz  argentina,  de  una  espléndida  cabellera,  de 
unos  ojos  negros,  ó  de  la  irresistible  seducción 
encerrada  en  una  blanca  y  bien  torneada  mano. 

Convencido  por  experiencia  del  poder  de  sus 
versos  sobre  el  corazón  de  las  mujeres,  aguardó 
confiado,  aunque  con  alguna  impaciencia,  la  res¬ 
puesta  de  Jehana.  Pero  pasó  cerca  de  una  luna  y 
la  respuesta  no  llegaba,  ni  supo  lo  que  había  sido 
de  la  vieja  encargada  de  la  carta. 

Perplejo  se  encontraba  acerca  de  la  resolución 
que  debería  tomar,  cuando  un  día  encontró  al  vol¬ 
ver  á  su  casa  una  cincelada  caja  de  plata  llevada 
para  él  por  un  nubio  mudo,  que  la  entregó  á  los 
criados  del  poeta. 

Un  triste  presentimiento,  que  en  vano  trató  de 
desechar,  asaltóle  al  verla.  Solo  por  fin  en  una  de 
las  habitaciones  más  retraídas  de  la  casa,  abrió  la 
caja  con  convulsa  mano;  mas  quedóse  al  contem¬ 
plar  el  contenido  rígi  io  y  frío  como  un  cadáver. 

Sus  presentimientos  no  le  engañaban.  Colocada 
sobre  delgados  y  blancos  algodones  de  la  India, 
rodeados  de  alcanfor,  v  ó  una  mano  blanca  como 
la  cera,  sangrienta  todavía,  amputada  desde  la 
muñeca  por  el  cuchillo,  sin  duda,  de  hábil  ciru¬ 
jano,  á  juzgar  por  la  limpieza  de  su  corte. 

Presa  de  terror  supersticioso  clavó  los  ojos  en 
la  caja,  y  distinguió  un  enrollado  pergamino,  es¬ 
crito  en  elegantísimos  versos,  que  decían,  sobre 
poco  más  ó  menos: 

«Sabedor  de  la  pasión  que  sientes  por  Jehana, 
y  deseoso  de  hacerte  dueño  de  alguna  prenda  de 
su  hermosura,  te  envío  como  recuerdo  su  mano 
derecha,  seguro  de  que  conservarás  recuerdo  del 
favor,  mientras  llega  el  día  que  puedas  pagarle 
con  la  cabeza  al  noble  descendiente  de  Moawia, 
—  Abdullah  ben  Muhamed 

Un  rayo  caído  á  sus  pies  no  hubiera  anonadado 
tanto  al  enamorado  poeta.  A  la  estupefacción  si¬ 
guió  el  horror,  al  horror  la  ira,  y  á  la  ira  una  te¬ 
rrible  imprecación  jurando  venganza. 

Sí;  conocía  el  rencoroso  carácter  de  Abdullah, 
y  no  podía  dudarlo.  La  mano,  aquella  mano  lívida 
teñida  de  sangre  por  algunos  puntos,  era  la  mano 
misma  un  momento  entrevista  por  el  gallardo  ca¬ 
ballero  en  el  palacio  del  Príncipe. 

Loco  de  dolor  rasgó  sus  vestidos,  pasó  largos 
días  en  silenciosa  reclusión,  y  poco  después  del 
famoso  huracán  que  destruyó  en  aquel  año  la  mi- 


(1)  Schack,  Poesía  y  arte  de  los  árabes  en  España  y  en  Sici¬ 
lia.—  Trad.  de  D.  J.  Valera,  t.  u,  págs.  115  y  lili. 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Enero  1808 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


x.°  11  —  31 


tad  de  Córdoba,  abandonó  dicha  capital  para  le¬ 
vantarse  en  armas  con  sus  compatriotas  de  Jaén, 
Elvira  y  Granada. 


No  seguiremos  á  nuestro  héroe  en  su  acciden¬ 
tada  carrera.  Más  constante  para  el  odio  que  para 
el  amor,  conservó  largos  años  el  rencor  contra 
Abdullah,  á  quien  la  envenenada  lanceta  de  un  ci¬ 
rujano,  por  el  mismo  sobornado,  abrió  el  camino 
del  trono  con  la  muerte  de  su  heroico  hermano 
Almondhir. 

En  cuanto  á  Jehana,  la  olvidó  en  medio  de  los 
combates  y  en  el  goce  de  nuevos  amores,  dignos 
de  Lord  Byron,  hasta  convertir  su  recuerdo  en  una 
especie  de  sueño,  entre  dulce  y  doloroso,  desvane¬ 
cido  en  el  pasado.  Convertido,  después  de  muchas 
dramáticas  peripecias,  en  jefe  de  los  árabes  inde¬ 
pendientes  de  Elvira,  hacia  el  año  8lJl,  gobernó 
Said  algún  tiempo  aquella  región  como  verdadero 
soberano,  entregado  más  á  la  poesía  y  al  amor  que 
á  la  política  y  la  guerra,  en  las  que  había  alcan¬ 
zado  tan  alta  reputación  entre  aquellas  en¬ 
cantadas  sierras : 

«Sierras  que  cubre  el  sempiterno  hielo 
Donde  el  Darro  y  Genil  beben  su  rida.  * 

Pero  él,  que  había  olvidado  las  amenazas 
de  Abdullah,  no  había  sido  por  éste  olvida¬ 
do,  ni  como  rival  de  sus  amores  de  príncipe, 
ni  como  enemigo  de  su  trono. 

Enamorado  de  la  mujer  del  Cadí  de  Elvi¬ 
ra,  magistrado  que  ya  se  hallaba  en  tratos 
con  Abdullah,  pidióla  una  cita,  que  ella  le 
concedió  en  uno  de  los  más  apartados  ba¬ 
rrios  de  la  ciudad. 

Said  asistió  disfrazado  con  un  misliali ,  ó 
manto  de  grosera  lana  usado  por  las  gentes 
pobres.  Pero  asaltado  al  salir  de  la  miste¬ 
riosa  casa  por  el  marido  agraviado,  cayó 
muerto  á  puñaladas  en  medio  de  la  calle,  don¬ 
de  permaneció  su  cadáver  hasta  el  otro  día. 

Abdullah  había  cumplido.su  palabra. 

Angel  Stor. 


DON  EDUARDO  DOLZ, 

MINISTRO  DK  OBRAS  PÚBLICAS  Y  COMUNICACIONES 
I)E  LA  ISLA  DE  CUBA. 

En  el  primer  Ministerio  colonial  formado 
en  la  grande  Antilla  á  raíz  de  la  implanta¬ 
ción  del  régimen  autonómico,  sobresale  por 
su  tradicional  españolismo,  elevación  de 
ideasy  sinceridad  política  el  notable  juris¬ 
consulto  cubano  D.  Eduardo  Dolz  y  Arango. 

Nació  en  Pinar  del  Río  el  año  de  1859. 

Hizo  sus  estudios  en  las  Universidades  de 
Zaragoza  y  Madrid,  y  cursando  el  último  año 
de  Derecho  regresó  inopidamente  a  la  Haba¬ 
na  para  recoger  el  postrer  suspiro  de  su  padre, 
un  célebre  abogado  cubano  que  gozaba  de 
grandes  simpatías  y  de  crédito  envidiable. 

Una  vez  terminados  sus  estudios,  después 
de  graduarse  en  la  Universidad  de  la  Habana,  en¬ 
tró  de  lleno  en  el  foro,  ejerciendo  la  profesión  de 
manera  brillantísima. 

Baste  decir  que  fue  llamado  por  el  Sr.  Amblard, 
que  tenía  el  primer  bufete  de  la  Isla,  para  hacer 
los  informes  en  estrados  ante  los  Tribunales  supe¬ 
riores.  En  aquel  foro  se  da  á  los  que  se  encomien¬ 
da  esta  difícil  misión  el  nombre  de  estradütas. 

Como  se  ve,  inauguró  sus  trabajos  jurídicos  en 
la  forma  en  que  otros  los  terminan.  El  mismo 
cargo  que  entonces  desempeñó  fue  ocupado  con 
anterioridad  por  dos  jurisconsultos  de  gran  re¬ 
nombre  y  justísima  fama:  D.  Francisco  de  la  Cerra 
y  D.  Antonio  Sánchez  de  Bustamante. 

Como  dato  curioso  de  la  actividad  que  desplegó 
Dolz,  se  recuerda  el  hecho  de  haber  pronunciado 
en  el  primer  año  de  ejercida  profesional,  ante  las 
Audiencias  de  la  Habana,  Pinar  del  Río  y  Matan¬ 
zas,  ciento  treinta  y  cinco  informes  orales,  enorme 
cifra  que  revela  una  incansable  laboriosidad  y 
admirables  condiciones  para  la  oratoria  forense. 

En  la  política  cubana  figuró  tarde,  por  haberse 
negado  resueltamente  á  afiliarse  en  partidos  que 
estuviesen  compuestos  sólo  de  cubanos  ó  de  penin¬ 
sulares.  Sus  ideas ,  consignadas  con  tanta  firmeza 
como  perseverancia  en  todos  sus  escritos,  fueron 
siempre  de  una  gran  concordia  entre  los  dos  ele¬ 
mentos  que  preponderan  en  la  Isla  de  Cuba,  y 
creyó  constantemente  que  en  la  conjunción  de 
esos  elementos  estaba  el  secreto  del  porvenir  y 
la  única  garantía  de  una  paz  firme  y  duradera. 

En  un  memorable  banquete  celebrado  en  la  Ha¬ 
bana,  y  durante  el  cual  fue  invitado  á  tomar 
puesto  en  los  partidos  militantes,  pronunció  estas 


frases,  que  son  una  verdadera  síntesis  de  su  pen¬ 
samiento  :  «Yo  no  me  colocaré  nunca  tras  esas  pa¬ 
ralelas  que  separan  como  elementos  irreductibles 
á  los  que  son  hermanos  por  la  sangre  y  por  la  his¬ 
toria;  y  aquí,  en  el  centro,  donde  permanece  en¬ 
tristecida  la  justicia,  esperaré  el  día  inevitable, 
como  todo  lo  qae  obedece  á  las  leyes  superiores 
del  orden  moral,  en  que  se  rompan  esas  dos  líneas 
inflexibles  y  se  produzca  el  hermoso  espectáculo 
de  la  fraternidad  de  este  pueblo.» 

Cuando  años  después  se  iniciaron  en  Cuba  co¬ 
rrientes  de  armonía,  primero  en  la  esfera  eco¬ 
nómica,  más  tarde  en  sentido  político,  el  Sr.  Dolz, 
de  acuerdo  con  sus  tradiciones,  tomó  puesto  prin¬ 
cipal  en  aquel  movimiento,  ingresando  en  él  por 
derecho  propio:  como  que  se  trataba  del  imperio 
de  sus  ideas. 

A  partir  de  esa  fecha,  su  nombre  está  ligado  á 
toda  la  historia  contemporánea  de  Cuba.  Fué  uno 
de  los  ocho  firmantes  del  famoso  manifiesto  de  30 
de  Octubre  de  1893,  de  donde  arranca  la  franca 
aceptación  por  los  cubanos  y  los  peninsulares,  con- 


D.  JOSÉ  RAMÓN  LARROSA, 

DECANO  DE  LOS  OBREROS  Y  MAESTROS  DE  LA  FÁBRICA  DE  TRUB1A. 
t  recientemente  en  Trubia. 

(De  fotografía.) 

fundidos  en  una  sola  y  común  tendencia,  de  las 
reformas  coloniales  que  acaban  de  ser  instauradas. 

Dolz  vino  á  la  Península  á  ocupar  un  puesto  en 
el  Ccmgrvíso  cuando  creyó  que  era  oportuno  con¬ 
tinuar  en  la  metrópoli  la  propaganda  que  tanto 
camino  había  adelantado  allí. 

Tras  cuatro  años  de  perseverancia  en  esta  corte, 
años  de  rudo  batallar,  y  en  los  que  ha  sabido  ha¬ 
cerse  muchos  amigos,  regresa  á  su  país  investido 
del  cargo  de  ministro  responsable  del  primer  Ga¬ 
binete  que  se  constituye. 

Su  presencia  en  el  Gobierno  cubano  es,  hasta 
cierto  punto,  una  garantía,  pues  ha  representado 
siempre  la  concordia  entre  los  elementos  metro- 
políticos  y  nativos  de  la  Isla,  ha  sabido  sentir  por 
igual  el  amor  á  la  región  y  á  la  patria  común ,  y 
ha  considerado  siempre  la  existencia  del  suelo 
que  le  vió  nacer  como  de  todo  punto  inseparable 
de  la  gloriosa  nacionalidad  española. 

Gabriel  R.  España. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


XARRACIOXKS  COSMOPOLITAS. 

Invasión  porcina  en  Francia :  loa  productores  y  el  consumo.  — Utili¬ 
zación  de  los  cerdos  en  la  Marina.  —  La  industria  europea  en  Chi¬ 
na.— Una  lady  cazadora  de  un  principe  indio. 

Es  original ,  aunque  no  se  pueda  decir  rigurosa¬ 
mente  ante  la  estética  que  es  también  curioso,  el 
singular  contraste  de  que,  mientras  la  diplomacia, 
la  prensa  y  la  sociedad  distinguida  de  Francia  se 


preocupan  por  las  amenazas  de  invasión,  que  Eu¬ 
ropa  va  con  virtiendo  en  hechos,  en  el  Imperio 
chino,  los  aldeanos,  los  abastecedores  rurales  de 
los  mercados,  le  paysan  franjáis ,  claman  albo¬ 
rotados  ante  los  desastrosos  resultados  que  en  sus 
intereses  de  productores  origina  otra  inesperada 
invasión:  la  de  loe  cerdos.  (Y,  como  suele  decirse, 
¡perdone  el  devoto  lector I) 

El  consumo  de  cerdos,  cochinillos,'  rostrizos  ó 
tostones  es  tan  grande  en  la  patria  de  Moliere, 
que,  según  Mr.  Jonnart,  diputado  del  Pas-de-Calaie, 
son  bastantes  los  millones  de  cabezas,  con  sus  co¬ 
rrespondientes  manos,  lomos,  jamones,  vientres, 
patas  y  rabos,  que  anualmente  entran  en  la  na¬ 
ción  para  ma  tener  el  equilibrio  físico  de  sus  hi¬ 
jos,  constantemente  alterado  por  las  exigencias 
estomacales.  Esa  invasión  aterradora,  según  los 
ganaderos  de  cerda,  debe  á  todo  trance  combatir¬ 
se  recargando  los  derechos  de  entrada  de  los  pro¬ 
ductos  extranjeros,  para  que  el  mercado  nacional 
y  la  clientela  toda  sean  del  exclusivo  beneficio  del 
ganadero  francés. 

El  asunto  de  la  invasión  porcina  se  ha  tra¬ 
tado  entre  proteccionistas  y  librecambistas 
en  las  Cámaras  agrícolas,  en  el  Cojisejo  de 
Ministros  y  en  las  publicaciones  técnicas, 
habiendo  dado  motivo  al  jefe  del  Gobierno, 
Mr.  Méline,  para  mostrarse  tan  hábil  como 
de  costumbre  al  verse  cogido  en  las  redes  de 
la  protección  y  escurrirse  por  las  amplias 
mallas  de  una  tolerancia  análoga  al  libre 
cambio.  Porque  la  verdad  es  que  lo  de  la  in¬ 
vasión  no  resulta  cierto.  Como  simbólica  pu¬ 
diera  pasar,  si  alguien  demostrara  que  los 
puercos  proceden  de  las  pocilgas  alemanas, 
suizas  ó  inglesas,  recordando  aquello  que  dejó 
escrito  Juan  Silveira  (libro  IV  in  Evang ., 
cap.  187,  núm.  42):  «Per  porcos  signijicantvr 
¡tomines  impnri ,  voluptatibus  dedi  ti,  valúe 
indóciles  in  doctrina  cueles  ti,  contemptore * 
dininorum,  terrenorum  amatores ,  qui  solum 
terrewi  meditantur .»  Pero  no  se  Wata  de 
s  mbolos  ni  de  alusiones,  sino  de  gente  de  la 
vista  baja,  con  muchos  kilogramos  propios  de 
tocino  y  tejido  adiposo.  La  invasión,  ni  lle¬ 
gó  á  millones  de  cabezas,  ni  hoy  es  tal  inva¬ 
sión,  sino  huida.  H ó  aquí  la  prueba: 

CERDOS  Y  COCHINILLOS  CERDOS  Y  COCHINILLOS 

ENTRADOS  EN  FRANCIA.  SALIDOS  DE  FRANCIA. 


En  1895 .  85  855  En  1895 .  14.450 

En  1898 .  74.098  En  1898 .  34  472 

En  1897 .  6  897  En  1897 .  85.112 

Resultado:  excedente  de 

LOS  IMPORTADOS.  LOS  EXPORTADOS. 


En  1895 .  51.405  En  1897 .  78.215 

En  1898 .  39.828 

Es  decir,  que  la  exportación  resulta  muy 
considerable,  síntoma  evidente  de  un  au¬ 
mento  positivo  en  la  producción  interior, 
que  es  ya  superior  al  consumo,  lo  que  origi¬ 
nará  la  baja  de  precios,  y  cuyo  temor  es  el 
que  impulsa  á  los  productores  franceses  á 
pedir  que  se  ponga  toda  clase  de  obstáculos  á  la 
importación  extranjera.  Esta  es  la  verdadera  ma¬ 
dre,  no  del  cordero,  sino  del  tostón,  que  traen  en¬ 
tre  manos  los  aldeanos,  aparente  y  ¡hondamentel 
alarmados  por  la  invasión  de  los  cerdos  extraños. 
Gracias  al  exceso  de  producción  interior  pueden 
exportar  grandes  cantidades  de  esa  ganadería,  y 
realizar  negoc  os  como  el  que  han  realizado,  por 
ejemplo,  de  Euero  á  Diciembre  de  1897,  en  que 
valieron  las  ventas  para  el  exterior  5.898.500  fran¬ 
cos,  mientras  que  sólo  les  ha  costado  la  importa¬ 
ción  de  igual  clase  191.KX). 

# 

•  * 

No  es  peligroso  que  en  Francia  y  fuera  de  Fran¬ 
cia  aumente  el  numero  de  cerdos,  fuertes  y  de 
buen  tamaño;  porque  así  como  hasta  ahora  se  ha 
dicho,  con  razón,  que  esos  animales  no  son  útiles 
en  vida,  sino  después  de  muertos,  desde  hoy  no 
se  podrá  sostener  razón  semejante.  El  cerdo  tiene 
importantísima  aplicación  en  la  Marina  para  el 
salvamento  de  náufragos.  Oído  á  la  caja:  A  fines 
de  Noviembre,  un  bu  pie,  el  Kameruka ,  que  iba 
de  Aden  á  Sydney,  encalló,  en  una  noche  obscura 
y  borrascosa,  en  un  arrecife,  distante  150  yardas 
de  la  costa.  Dado  el  estado  del  mar,  era  imposible 
pretender  el  que  la  tripulación  utilizara  las  lan¬ 
chas  para  ir  á  tierra;  ni  en  ésta,  donde  había  mul¬ 
titud  de  curiosos,  disponían  de  aparatos  á  propó¬ 
sito  para  lanzar  cables  hasta  el  barco  náufrago. 
En  medio  de  la  desesperación  de  los  tripulantes, 
uno  de  ellos,  recordando  que  los  cerdos  nadan  á 
maravilla,  indicó  á  sus  compañeros  la  idea  de  bu- 


Digitized  by  ^.ooQie 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


D.  VÍCTOR  HERNÁNDEZ  Y  FERNÁNDEZ, 

CORONEL,  TENIENTE  CORONEL  DE  INGENIEROS, 

DIRECTOR  DE  LAS  OBRAS  DE  RECONSTRUCCIÓN  DEL  ALCÁZAR  DE  TOLEDO. 


TOLEDO.  — EL  ALCÁZAR,  NUEVAMENTE  RECONSTRUIDO. 

(De  fotografías  de  Compañy.) 


15  Enero  1898 


Digitized  by 


Google 


rMhv; 


-> 


9  ■ 


ff 


'  -  r’  . 


l  ■ 


;*■ 


V  ^ 


í* 


SRS 


arjs»* 


.  i 


Ar* 


«  -  _  a 


B 


E 


■ 


9 

/  # 


<  a 


i 


15  Exkro  1808 


LA  ILUSTRACION  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


x."  ii  —  33 


AFICIONES  PRECOCES, 
DIBUJO  DE  SAUBER. 


Digitized  by  ^.ooQie 


34  —  n.#  ii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Enero  1898 


jetar  las  vueltas  de  una  cuerda  gruesa,  por  uno  de 
los  extremos,  al  cuerpo  de  diez  ó  doce  cerdos  que 
en  el  buque  había  y  lanzarlos  al  mar,  siempre 
con  el  cuidado  de  sostener  á  bordo  el  otro  cabo  ó 
extremo,  á  medida  que  los  animales  se  fueran  ale¬ 
jando  del  vapor. 

Aprobado  el  plan,  y  bien  amarrada  la  cuerda, 
como  un  tiro  de  diligencia,  por  los  cuerpos  de  la 
gruñente  legión,  se  les  colocó  con  gran  trabajo  y 
riesgo  en  el  agua,  y  entonces  los  animales,  movi¬ 
dos  por  el  instinto  de  huir  de  aquel  peligro  en  que 
se  veían ,  tomaron  veloces  la  dirección  de  la  playa, 
á  la  que  llegaron  todos,  llevando  como  verdadero 
portaamarras  la  soga,  que  de  hecho  dejó  estable¬ 
cida  la  comunicación  entre  la  tierra  y  el  buque. 

Con  ella  pudieron  tender  de  uno  á  otro  punto  un 
cable,  con  ayuda  del  cual  la  tripulación  consiguió 
sin  riesgo  pasar,  poco  á  poco,  á  la  costa.  El  hecho 
ha  sido  muy  celebrado  entre  la  marinería  de  Aus¬ 
tralia,  gran  parte  de  la  cual  lo  tomó  á  broma 
cuando  se  refirió;  pero  el  testimonio  escrito  y  fir¬ 
mado  por  varios  de  los  tripulantes  del  Kameruka , 
y  las  noticias  que  también  tuvieron  los  habitan¬ 
tes  de  las  playas  inmediatas  al  cabo  Pedro,  donde 
el  hecho  tuvo  lugar ,  han  disipado  las  dudas  y  han 
servido  para  que  se  reconozca  á  los  cerdos  ese  mé¬ 
rito  especialísimo  é  inesperado,  que  en  adelante 
les  dará  derecho  á  figurar  en  vivo  entre  los  ele¬ 
mentos  imprescindibles  para  la  seguridad  de  la 
vida  humana  en  la  navegación. 

• 

•  • 

En  una  de  las  Crónicas  anteriores  quedó  demos¬ 
trado  cómo  la  opinión  pública  en  Alemania  se  ha¬ 
bía  impuesto  al  Gobierno  en  el  asunto  concreto 
del  desarrollo  de  la  expansión  colonial,  obligán¬ 
dole  á  cumplir  el  deseo  consignado  en  los  acuer¬ 
dos  de  la  «Sociedad  de  colonización*,  que  pedía 
nada  menos  que  la  ocupación  de  un  puerto  ó  de 
una  isla,  por  los  alemanes,  en  la  costa  de  la  China. 
El  deseo  quedó  satisfecho;  la  aspiración  de  la 
iniciativa  privada  de  una  sociedad  particular  se 
cumplió,  y  hoy  los  súbditos  de  Guillermo  II  han 
arraigado  para  siempre  en  el  Celeste  Imperio.  Se¬ 
mejante  ejemplo,  exasperando  la  emulación  y  celos 
de  otras  naciones,  originará  la  repetición  de  actos 
idénticos  en  aquellos  mares  dentro  de  poco  tiem¬ 
po;  y  claro  es  que  esta  conducta  obedece,  más  que 
al  espíritu  de  conquista  y  de  dominio,  á  alguna 
honda  causa  del  momento  que  presenta  caracte¬ 
res  agudos  de  generalidad  en  las  grandes  naciones 
de  Europa.  Esta  causa  es  también  el  exceso  de 
producción,  que  origina  el  malestar  del  comercio 
y  de  las  clases  obreras.  Hay  necesidad  de  buscar 
países  de  gran  consumo  y  de  positiva  riqueza,  y 
estos  caracteres  no  se  presentan  tan  de  relieve  en 
ninguna  parte  como  en  China  y  en  el  Japón.  El 
Japón  va  dando  ya  á  las  industrias  inglesa  y  ale¬ 
mana  gran  parte  de  lo  que  puede  dar;  pero  la  Chi¬ 
na  no  está  realmente  explotada.  Viven  en  ella 
380  millones  de  habitantes,  y  su  comercio  total 
se  elevó  en  1896  á  333.670.000  taels,  algo  así  como 
1.350  millones  de  pesetas,  en  cuya  suma  entran 
202.589.000  taels  por  valor  de  las  exportaciones, 
y  131.081.000  por  el  de  la  importación.  Dentro  de 
esta  última  cifra  cabe  intentar  un  aumento  de 
otros  100  millones  de  taels  para  la  producción 
europea;  y  á  asegurar  ésta  en  beneficio  preponde¬ 
rante  de  cada  nación  tiende  la  conducta  de  las 
que,  cuando  nadie  lo  esperaba  y  con  todo  el  des¬ 
caro  posible,  se  han  apoderado,  ó  se  tratan  de 
apoderar,  de  los  puertos  chinos  que  sirvan  de  base 
á  la  penetración  mercantil.  No  basta  el  que  estén 
abiertos  hasta  veinticuatro  para  el  tráfico,  porque 
en  ellos  domina  la  tarifa  del  Imperio;  es  preciso 
tener  puertos  propios,  para  acumular  en  ellos 
grandes  existencias  sin  dificultad  alguna,  y  po¬ 
derlas  llevar  después  al  interior  mediante  hábiles 
estipulaciones. 

Esta  aspiración  se  despertó  desde  que,  suscrito 
en  1895  el  tratado  de  Shimonoseki ,  desaparecie¬ 
ron  los  obstáculos  que  antes  prohibían  la  entrada 
de  la  maquinaria  europea,  y  se  concedió  á  los  ex¬ 
tranjeros  el  derecho  de  establecer  fábricas,  depó¬ 
sitos  y  mucha  clase  de  industrias.  Con  decir  que 
en  los  dos  últimos  aiígs  se  han  instalado  doce  gran¬ 
des  centros  de  hilado  de  algodón  y  treinta  de  seda, 
con  maquinaria  y  personal  europeos,  se  compren¬ 
derá  el  vuelo  que  allí  está  tomando  la  invasión 
blanca ,  que,  al  revés  de  lo  que  la  tradición  espe¬ 
raba,  se  ha  impuesto  al  peligro  amarillo .  Este 
existirá  siempre  contra  los  residentes  europeos 
en  el  Imperio,  por  lo  cual,  para  evitarlo  y  conte¬ 
nerlo,  es  preciso  que  Europa  tenga  allí  territorios 
propios,  y  en  ellos  fortalezas  y  cuarteles,  y  en 
sus  puertos  acorazados  y  cañones.  Bé  aquí,  pues, 
cómo  se  enlazan  y  armonizan  la  acción  comercial 
y  la  guerrera.  Hé  aquí  por  qué  és  preciso  contar 
con  una  base  ofensiva  y  defensiva  en  aquel  país, 


para  que  el  comercio  y  la  industria  europeos  se 
sostengan  y  encuentren  salida,  para  que  el  exceso 
de  la  producción,  las  necesidades  de  los  pueblos 
occidentales  se  equilibren  y  se  satisfagan  con  los 
elementos  de  vida  de  los  pueblos  de  Oriente; 
100  ,  200  ,  300  millones  de  chinos  pueden  caer 
sobre  los  4.084  ingleses,  1.325  norteamericanos, 
875  franceses,  812  alemanes,  803  portugueses, 
665  japoneses,  461  españoles,  373  suecos  y  no¬ 
ruegos  que  hay  en  aquellos  puertos  viviendo  del 
tráfico,  y  aniquilarlos;  pero  esto  no  sucederá  ja¬ 
más  si  seis  ú  ocho  puertos  de  la  China  están  en 
poder  de  Europa  y  sirven  de  estación  á  los  respec¬ 
tivos  cruceros  y  marinería  armada.  La  necesidad 
carece  de  ley,  se  ha  dicho  siempre,  y  ahora  se  ve 
que  las  necesidades  del  continente  europeo  han 
barrenado  todas  las  leyes  de  la  Historia  y  de  la 
propiedad.  El  comunismo  aquí  no  ha  hecho  nada; 
pero  al  amparo  de  las  coronas  imperiales  se  va  á 
repartir  la  China.  ¡Exigencia  de  la  necesidad! 

• 

*  # 

Han  sido  siempre  los  ingleses  los  maestros  en 
esta  clase  de  apropiaciones,  y  no  se  han  quedado 
atrás  las  inglesas  en  el  arte  del  aprovechamiento 
y  beneficio  de  los  tesoros  asiáticos.  Hoy  hace  ocho 
días  que  fué  cazado  con  los  envidiables  lazos  del 
amor  y  de  la  Iglesia  el  príncipe  indio  Víctor  Al¬ 
berto  Jay  Duleep  Singh  por  la  hermosa  y  nobilí¬ 
sima  lady  Ana  Blanca  Alicia  Coventry.  Son  los 
Duleep  Singh  los  descendientes  de  los  poderosos 
rajahs  del  territorio  indio  de  Pendjab,  reducidos 
por  los  ingleses  á  la  categoría  de  grandes  persona¬ 
jes  de  la  corte  inglesa,  pero  súbditos  al  fin,  y  no 
soberanos  como  venían  siéndolo.  Con  el  señorío 
efectivo  de  sus  comarcas  perdieron  al  mismo  tiem¬ 
po  la  afamada  joya  que  el  mundo  conoce  con  el 
nombre  de  Diamante  Ko-hi-Noor  (montaña  de 
luz),  perteneciente  hoy  á  la  corona  de  Inglaterra; 
diamante  que,  habiendo  sido  tallado  dos  veces,  aun 
pesa  186  quilates  y  medio,  y  cuyo  valor  es  de  cerca 
de  10  millones  de  pesetas.  El  abuelo  del  Príncipe 
actual,  que  se  llamó  rajah  Rumjeet  Singh,  sufrió 
ese  despojo;  y  su  hijo  el  maharajah  Duleep,  domi¬ 
ciliado  en  Londres,  convertido  al  cristianismo  y 
naturalizado  inglés,  se  casó  con  una  ilustre  dama 
de  la  nobleza,  que  es  la  madre  de  Víctor  Alberto. 
El  maharajah  no  se  conformó  en  Londres  con  la 
renta  anual  de  un  millón  de  pesetas  que  le  abo¬ 
naba  el  Gobierno:  pidió  mayores  cantidades;  re¬ 
clamó  la  restitución  de  su  poderío  en  Pendjab; 
huyó  d^  Inglaterra;  no  pudo  permanecer  en  la  In¬ 
dia,  y  después  de  vivir  algún  tiempo  acogido  á  la 
protección  de  Rusia,  se  refugió  en  París,  donde 
terminó  lastimosamente  su  vida  aventurera  hace 
cuatro  años. 

Mientras  tanto  su  hijo,  educado  á  la  inglesa  por 
su  madre,  bajo  la  salvaguardia  de  la  reina  Victoria, 
que  había  sido  su  madrina  de  pila,  percibía,  muy 
mejorada,  la  susodicha  renta,  y  se  hizo  todo  un 
perfecto  gentleman ,  disputado  á  porfía  por  las  jó¬ 
venes  de  la  más  alta  aristocracia.  Entre  ellas,  la 
preferida  por  el  Príncipe  fué  Ana  Coventry,  des¬ 
cendiente  de  la  casa  condal  de  este  título ,  creado 
ara  el  lord  corregidor  de  Londres  L.  W.  Coventry 

mediados  del  siglo  xv.  Los  padres  de  la  aristo¬ 
crática  niña  su  opusieron  rabiosamente  á  las  rela¬ 
ciones  y  propósitos  de  casamiento  de  su  heredera 
con  el  indio,  y  el  Gobierno  ó  corte  del  Virrey  de 
la  India  mostró  su  disgusto  en  repetidas  ocasiones, 
y  por  medio  de  constantes  protestas,  al  saber  que 
trataba  de  unirse  el  sucesor  de  los  revoltosos  ma- 
harajahs  de  Pendjab,  cuyo  apellido  había  sido  allí 
una  verdadera  bandera  de  guerra,  con  la  hija  de 
una  de  las  familias  más  consideradas  en  la  aristo¬ 
cracia  y  en  la  corte  de  la  metrópoli.  Semejante 
oposición  influyó  mucho  para  que  también  en  Lon¬ 
dres  mirara  el  Gobierno  con  malos  ojos  dichas  re¬ 
laciones. 

Pero  ¡quién  puede  imponerse  al  amor!  El  Go¬ 
bierno  inglés  y  el  de  la  India  y  el  Conde  Coven¬ 
try  han  tenido  que  rendirse  ante  la  firme  decisión 
de  los  chicos.  Lady  Ana  ha  derrotado  á  esa  triple 
alianza  ofensiva  y  dificultativa.  Asegúrase  que  la 
augusta  madrina  del  maharajah  ha  dado  siempre 
mucho  ánimo  á  estos  enamorados,  y  que  por  su  me¬ 
diación  se  ha  aumentado  la  renta  que  Víctor  Al¬ 
berto  Duleep  Singh  percibe ,  para  que  pueda  vivir 
con  el  boato  digno  de  su  alcurnia  y  de  la  de  su 
compañera.  El  poema  indio  británico  terminó, 
como  queda  dicho,  hace  ocho  días  con  la  boda  de 
los  jóvenes  en  la  iglesia  de  San  Pedro  y  con  una 
espléndida  fiesta  en  el  palacio  de  Coventry.  Allí, 
como  testimonio  de  la  mediación  de  la  egregia  so¬ 
berana  del  Reino  Unido,  se  veía  entre  los  valiosos 
regalos  una  estatua  de  bronce  plateado  con  corona 
de  oro,  sobre  un  pedestal  de  marfil  que  representa 
á  la  reina  Victoria,  y  que  ostenta  esta  inscripción: 
«Al  príncipe  Víctor  Duleep  Singh,  para  su  matri¬ 


monio.  De  su  madrina  Victoria,  reina  y  empera¬ 
triz,  1898.*  Cuando  los  recién  casados  terminen  su 
excursión  á  París,  donde  hoy  se  encuentran,  irán 
á  residir  al  palacio  de  campo  de  Hockwold,  en  el 
valle  del  Wawency,  donde  se  unen  los  condados 
de  Norfolk  y  Suffolk.  El  príncipe  Duleep  asegura 
que  ha  vuelto  á  poseer  el  Ko-hi-Noor  al  unirse  á 
Ana  Coventry,  porque  ella  ilumina  su  existencia 
como  verdadera  montaña  de  luz. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


tación  de  Lucia ,  poniéndose  en  su  lugar,  por  pri¬ 
mera  vez  en  esta  temporada,  El  Buque  fantasma . 

La  interpretación  dada  á  esta  ópera,  si  no  fué 
sobresaliente  en  conjunto,  tampoco  fué  digna  de 
censuras.  El  puesto  de  honor  correspondió  al  señor 
Blanchart,  que  cantó  toda  su  parte  de  una  manera 
incomparable,  haciendo  alarde  de  su  poderosa 
voz,  su  excelente  fraseo  y  su  talento  dramático, 
por  lo  que  mereció  los  muchos  y  calurosos  aplau¬ 
sos  que  le  tributó  el  público,  especialmente  á  la 
terminación  del  gran  dúo  del  segundo  acto,  en  el 
que  rayó  á  inmensa  altura. 

La  Srta.  Fons  cantó  asimismo  con  notable  acier¬ 
to  y  tuvo  momentos  felicísimos,  que  la  concurren¬ 
cia  premió  con  cariñosos  aplausos.  Muy  bien  can¬ 
tó  su  parte  el  Sr.  Riera,  que  se  hizo  aplaudir  en 
muchas  ocasiones,  y  bien  el  Sr.  Franco,  que  salvó 
con  relativa  fortuna  los  escollos  de  su  difícil  papel. 

La  orquesta,  dirigida  por  Goula,  como  siempre: 
muy  bien. 

• 

«  * 

La  siguiente  noche,  para  presentación  de  la  se¬ 
ñorita  De-Macchi ,  fué  puesta  en  escena  la  ópera 
de  Ponchielli,  Gioconda. 

La  Srta.  De-Macchi  fue  entusiásticamente  cele¬ 
brada  por  su  excelente  voz,  de  agradable  timbre, 
gran  volumen  y  no  escasa  extensión,  que  maneja 
con  maestría  y  exquisito  gusto:  además  de  ser  una 
notabilísima  tiple  es  una  perfecta  actriz,  que  can¬ 
ta  con  gran  valentía  y  expresión  dramática.  Satis¬ 
fecha  puede  estar  la  Srta.  De-Macchi  por  la  aco¬ 
gida  que  le  fué  dispensada,  merecida  indudable¬ 
mente,  pero  cariñosa  y  entusiasta  en  extremo. 
Fué  muy  aplaudida  durante  toda  la  representación, 
y  particularmente  en  el  dúo  del  tercer  acto,  que 
tuvo  que  repetir. 

La  Sra.  Guerrini  en  el  papel  de  Laura  confirmó 
una  vez  más  lo  que  todos  sabemos:  que  es  una  no¬ 
table  cantante  y  una  perfecta  actriz.  Cantó  de 
modo  admirable,  con  especialidad  en  el  dúo  citado. 

El  insignificante  papel  de  la  ciega  adquirió  gran 
relieve,  gracias  al  innegable  talento  artístico  de 
la  Srta.  Gardeta,  que  lo  cantó  deliciosamente, 
siendo  muy  aplaudida  por  el  público. 

Muy  bien  los  señores  Beduschi,  Riera  y  Blan¬ 
chart.  Este  último,  indispuesto  repentinamente, 
se  vió  precisado  á  solicitar  la  indulgencia  del  pú¬ 
blico  después  del  segundo  acto,  y  á  suprimir  el  dúo 
y  el  terceto  del  cuarto.  Afortunadamente  parece 
que  la  mencionada  indisposición  no  le  impedirá 
tomar  parte  en  las  sucesivas  representaciones,  cosa 
que  de  todas  veras  celebramos. 

La  orquesta  merece  especialísima  mención,  pues 
en  esta  noche  se  excedió  á  sí  misma  bajo  la  pro¬ 
digiosa  batuta  del  maestro  Goula. 

• 

*  • 

Ayer  llegó  á  Madrid  el  notable  tenor  Sr.  Maria- 
cher,  que  debutará  uno  de  los  próximos  días.  En¬ 
tre  las  óperas  que  cantará  figuran  El  Profeta , 
Sansón  y  Dalila ,  Tannhauser  y  Guillermo  Tell. 

PRINCESA. 

En  tanto  que  llega  el  estreno  de  La  Corte  de 
Napoleón  (Madame  Sans-Géne),  María  Tubau  con¬ 
tinúa  dando  representaciones  de  La  Dama  de  las 
camelias ,  que  son  otros  tantos  triunfos  para  la 
comparable  artista.  Y  decimos  comparable  porque, 
no  obstante  haber  visto  representar  en  Madrid  la 
misma  obra  á  las  más  célebres  étoiles  dramáticas, 
no  recuerda  á  ninguna  de  ellas  el  primorosísimo 


Digitized  by 


Google 


15  Enero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.4  II  —  35 


trabajo  d©  María  Tubau,  que  en  La  Dama  de  las 
camelias  ha  hecho  una  de  sus  más  brillantes  crea¬ 
ciones. 

Con  María  Tubau  comparten  los  aplausos  García 
Ortega,  Valero  y  demás  artistas  de  la  compañía, 
que  con  su  discreción  contribuyen  al  buen  resul¬ 
tado  del  conjunto. 

PARISH. 

Y  va  de  debuts. 

El  primero  de  esta  semana  fué  el  de  la  señorita 
Amelia  Baile,  verificado  la  noche  del  13.  Como 
causa  de  la  decadencia  del  llamado  genero  grande , 
se  indicaba  la  falta  de  artistas  de  facultades  apro¬ 
piadas  para  este  género.  Que  no  era  esa  la  causa, 
queda  demostrado  desde  el  momento  que  la  em¬ 
presa  de  Parish  presenta  á  menudo  artistas  de  tan 
relevantes  condiciones  como  la  Srta.  Baile,  tiple 
de  notable  mérito,  que  posee  una  voz  excelente, 
extensa  y  bien  timbrada,  que  domina  por  com¬ 
pleto  gracias  á  su  perfecta  escuela  de  canto. 

El  público  apreció  en  lo  que  valen  las  excepcio¬ 
nales  condiciones  de  la  Srta.  Baile  y  la  aplaudió 
calurosamente  durante  toda  la  representación, 
haciéndola  salir  á  escena  muchas  veces  al  termi¬ 
nar  aquélla,  en  unión  de  los  artistas  que  la  acom¬ 
pañaron. 

•  • 

El  segundo  fué  el  de  la  Srta.  Avelina  Corona, 
artista  ventajosamente  conocida  por  ser  la  que 
estrenó  el  papel  de  protagonista  de  la  ópera  de 
Bretón  La  Dolores. 

Marina  fue  la  obra  que  cantó  la  noche  de  su 
debut ,  y  pudimos  apreciar  que  las  sobresalientes 
facultades  de  la  Srta.  Corona  nada  han  perdido 
desde  que  falta  de  Madrid.  Es  la  misma  tiple  que 
todos  hemos  oído,  y  la  misma  excelente  actriz 
cuyo  talento  todos  hemos  celebrado. 

• 

•  • 

En  breve  se  estrenará  Los  Hijos  del  batallón ,  de 
los  señores  Fernández  Shaw  y  Chapí,  obra  que 
promete  ser  uno  de  los  grandes  éxitos  de  la  tem¬ 
porada. 

LARA. 

Anunciase  para  esta  noche  el  estreno  del  ju¬ 
guete  cómico  en  un  acto,  titulado  El  Dinero  de 
San  Pedro. 

ZARZUELA. 

A  fines  del  presente  mes,  según  se  nos  asegura, 
se  estrenará  El  Señor  Joaquín ,  de  Julián  Romea, 
con  música  del  maestro  Caballero. 

Los  que  conocen  los  números  que  están  termi¬ 
nados,  aseguran  que  el  éxito  no  tendrá  nada  que 
envidiar  al  de  El  Padrino  de  El  Nene.  Así  sea. 

APOLO. 

El  Reloj  de  cuco ,  zarzuela  de  los  Sres.  Labra  y 
Ayuso,  música  del  maestro  Bretón,  será  el  primer 
estreno  que  se  verifique  en  este  teatro.  La  fecha 
aun  no  está  fijada,  pero  parece  que  no  ha  de  ser 
muy  lejana. 

COMEDIA. 

Cinematógrafo  artístico ,  ó  desfile  de  actores.  Des¬ 
pués  de  Riquelme,  se  marchó  Orejón  por  causas 
que  no  son  de  este  lugar.  Pero  la  empresa  de  este 
teatro  no  se  apura  por  nada,  y  contrató  inmedia¬ 
tamente  al  Sr.  Palmada,  que  fue  la  causa  inme¬ 
diata  de  que  s©  fuesen  los  Sres.  Ortas,  padre  é 
hijo. 

Se  separaron,  además,  de  esta  compañía  la  se¬ 
ñora  Cubas  y  el  Sr.  Las  Santas,  que  pasaron  á  Es¬ 
lava.  En  sustitución  de  la  primera  entra  Pilar 
García  de  Pinedo,  que  debutará  muy  pronto. 

• 

•  • 

Según  parece,  dentro  de  no  muchos  días  se 
presentará  un  primer  actor  muy  celebrado,  cuyo 
debut  en  este  teatro  ha  sido  causa  de  muchas  dis¬ 
cusiones. 

*  • 

Matilde  Pretel  renovó  sus  laureles  la  noche  del 
pasado  sábado  cantando  prodigiosamente  El  Cabo 
primero.  El  público,  que  llenó  el  teatro  al  solo 
anuncio  de  que  lo  cantaría  la  Pretel,  aplaudió  fre¬ 
néticamente  á  la  notable  artista  y  le  hizo  repetir, 


después  de  una  entusiasta  ovación,  la  romanza  co¬ 
reada  del  primer  cuadro. 

Orejón  y  Palmada,  que  han  hecho  el  cómico 
tipo  de  Parejo y  muy  bien  los  dos,  así  como  la  se¬ 
ñora  Mejía  y  los  Sres.  Martín,  Duval,  Hidalgo  y 
Barraycoa. 

*  • 

Hoy  sábado  se  verificará  en  este  teatro  el  estre¬ 
no  del  juguete  cómico  lírico  en  un  acto,  titulado 
El  Maestro  de  armas ,  letra  de  un  aplaudido  autor 
y  música  de  un  reputado  maestro. 

•  • 

Han  sido  entregadas  á  la  empresa  de  este  teatro 
El  Puente  del  diablo ,  de  los  Sres.  Vela  y  Servet, 
y  Ya  se  van  los  quintos ,  madre ,  del  Sr.  Alfaro. 
Las  dos  zarzuelas  llevarán  música  del  maestro 
Bretón. 


CONCEPCION  CUBAS 
del  teatro  Eslava. 


ESLAVA. 

La  noche  del  14  se  verificó  la  reapertura  de  este 
teatro ,  del  cual  se  ha  hecho  cargo  una  nueva  em¬ 
presa. 

La  compañía  presentada,  bajo  la  dirección  del 
Sr.  Banquells,  es  buena  en  conjunto  y  compuesta 
por  artistas  tan  conocidos  y  celebrados  por  nues¬ 
tro  público  como  Sofía  Romero,  Cecilia  Delgado, 
Concepción  Cubas,  Amalia  Fernández,  Consuelo 
Montañés,  Blanca  Urrutia,  y  Antonio  González, 
Casimiro  Ortas,  Miguel  y  Leopoldo  Las  Santas. 

Rogelio  Juárez  es  el  único  actor  de  la  compañía 
que  era  desconocido  del  público.  Bien  pronto,  á 
nuestro  juicio,  tíerá  popular  como  tantos  otros, 
pues  reúne  condiciones  excelentes  para  el  género 
a  que  se  dedica,  y  probó  que  es  muy  justa  y  me¬ 
recida  la  buena  reputación  de  que  ha  venido  pre¬ 
cedido,  reputación  ganada  en  buena  lid  en  los 
principales  teatros  de  América. 

Cuenta  la  empresa  de  este  teatro  con  multitud 
de  obras  originales  de  los  más  reputados  autores, 
y  se  propone  comenzar  la  serie  de  estrenos  muy 
en  breve. 

A  poco  que  las  citadas  obras  ayuden,  no  es 
aventurado  suponer,  en  vista  del  buen  éxito  al¬ 
canzado  la  noche  de  la  reapertura,  que  la  segunda 
temporada  del  teatro  Eslava  ha  de  ser  más  pro¬ 
ductiva  y  brillante  que  la  primera,  tan  desdicha¬ 
damente  terminada.  Así  lo  deseamos. 

ROMEA. 

Anúnciase  para  muy  en  breve  también  la  re¬ 
apertura  de  este  teatro  con  una  compañía  de  gé¬ 
nero  chico,  á  cuyo  frente  figurarán  una  aplaudida 
y  celebrada  tiple  que  ha  trabajado  en  este  teatro 
hace  algunos  años  y  un  conocido  primer  actor. 

A. 


"  En  la  noche  del  5  del  actual  se  inauguró  en  la  planta  baja  de 
la  casa  núm.  16  de  la  calle  de  Alcalá  la  instalación  de  proyec¬ 
ciones  luminosas,  hecha  por  el  conocido  fotógrafo  D.  Femando 
Debas. 

Sobre  los  a  trac  tiros  que  tienen  para  el  público  las  fotografías 
animadas,  ofrecen  las  que  presenta  el  Sr.  Debas  el  interés  de 
constituir  artísticos  cuadros  de  la  Vida  y  Pasión  de  Nuestro 
Señor  Jesucristo,  con  tal  carácter  y  tal  verdad,  que  impresiona 
vivamente  su  contemplación. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  mAs  perfumado  de  los  jabones  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro.— Fuera  de  oonoirso 
4,  PLACE  DE  L'OPÉBA,  PARIS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


LOS  tA"/..TOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 
PASTILLAS  DEL  DÓCTOR  ANDREU. 

Remedio  prodigioso  y  ráp'do.  30  años  de  óxiio. 


A  m unjo  pie  (Artiga.  Ui.  «•  CHILE  PIRQAT), SO,  rm 
.  TTALWjD  &  U  -  Loult-le-Grand,  Parts.— TR AJ ES  Y  ABRIGOS 
La  casa  que  viste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  gusto 


El  VINO  de  PEPTONA  OATiLLON,  el  mejor  reconstituyente 
tfe  /ti  fuerzas,  restribe*  el  apetito  y  Isa  digestiones .  Enfermedades 

«/ESTÓMAGO.  LANGUIDEZ,  ANEMIA, «to. 


Perfumería  Ni  non .  Ve  LECONTE  ET  Cie ,  31 ,  rué  du  Quatre 
Septembre.  (  Véante  los  anuncios ,) 


Perfumería  erótica  SENET,  35,  rué  du  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véanse  los  anuncios.) 


BOYAL  HOUBIGANT  Houblgaut,  per- 

fumista,  19,  F&ubourg  8*  Honoré,  París. 


tyioleftepucAÍe 

SAVOK-  E8SBMCB  -  EAU  DB  TOILETTE 
PODOSE  DB  MIZ 

L.T.  PIVER  a  PARIS 


La»  joya»  y  adorno»  en  imitaciones  de  diamantes  y  pie¬ 
dra  finas  de  la  casa  Qeorge,  28,  boulevard  des  Italiens,  de 
París,  son  tan  perfectas,  que  es  imposible  á  los  ojos  más  exper¬ 
tos  distinguirlas  de  las  verdaderas.  Envió  de  catálogo  franco  de 
porte  á  vuelta  de  correo. 


EL  LANZA-PERFUME 


PERFUMA  *S*  REFRESCA 

Automáticamente  sis  mojar  ni  manchar. 

KRPUSIS  KXQUISITOS 

En  todas  las  buenas  Perfumerías.  —  Depósitos  principales  t 
VlotorOuliy,  Union  ,6,BARCEL0NA;  Vilar  Ridaura  Hermanos, 
JarilU,  6,  VALENCIA;  Vi  oente  Rlneiro,  Fanquclro»,  LISBOA. 


LIBROS  PRESENTADOS 

A  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


L.a  Revue  Hebdomadaire. 

Ha  comenzado  el  séptimo  año  de  su  publicación  la  muy  in¬ 
teresante  y  muy  completa  revista  parisiense  que  edita  la  casa 
Plou-Nourrit  y  Compañía.  El  número  de  cada  semana  se 
compone  de  160  páginas,  destinadas  16  de  ellas  á  suplemento 
ilustrado,  que  reproduce  en  excelentes  fotograbados  los  suce¬ 
sos,  monumentos,  retratos,  etc.,  y  las  otras  144  de  texto  con¬ 
tienen  firmas  tan  importantes  como  las  de  Paul  Bourget, 
£  Fr&nqois  Coppée,  A.  Theurcet,  F.  Sarco  y,  Maurice  Talmeyr,  etc. 

Cada  año  publica  por  32  trancos  7.488  páginas  de  texto  y 
832  de  grabados. 

La  Administración  remite  un  número  de  muestra  á  quien 
lo  solicite,  enviando  sus  señas  á  la  rué  Oaranciere,  8 ,  París, 
bajo  sobre  franqueado;  y  si  se  desea,  á  título  de  ensayo,  reci¬ 
bir  los  cuatro  números  de  Diciembre,  que  comienzan  una 
nueva  serie,  debe  enviarse  además  un  franco  en  sellos  nuevos 
del  país  en  que  se  habite. 

Geuljud  frau  Hesperien,  por  el  Dr.  Goran  Bjorkman. 

El  Dr.  Gttran  Bjórkman,  académico  correspondiente  de  la 
Española  en  Stockholmo ,  nos  ha  remitido  un  elegante  tomo 
(rae  contiene  las  traducciones  en  verso  sueco  de  las  poesías 
de  autores  españoles,  entre  los  que  figuran  S.  A.  R.  la  infanta 
D.a  Paz  de  Borbón,  D.  Víctor  Balaguer,  D.  Ramón  Campo- 
amor,  D.  Antonio  Cánovas,  D.  Eugenio  Carré  Aldao,  D.m  Ro¬ 
salía  Castro  de  Murguia,  D.  Gaspar  Núñez  de  Arce,  D.  Ma¬ 
nuel  del  Palacio,  D.  Jacinto  Verdaguer  y  otros. 

El  nombre  del  traductor,  cuyos  méritos  literarios  fueron 
justamente  apreciados  en  las  academias  y  sociedades  de  Lon¬ 
dres,  Italia  y  Portugal,  es  garantía  de  lo  estimables  que  han 
de  ser  sus  traducciones;  pero  nosotros,  al  agradecerle  sn  cor¬ 
tés  envío,  hemos  de  manifestar  sinceramente  que  nos  com¬ 
place  ver  las  obras  de  nuestros  buenos  autores  traducidas  á 


Digitized  by 


36  n 


La  ilustración  española  y  Americana 


15  Enero  1898 


idiomas  extranjeros;  aunque,  lamentándolo  profun¬ 
damente,  nada  podemos  decir  de  .ciencia  propia 
sobre  unas  versiones  hechas  en  idioma  que  nos  es 
en  absoluto  desconocido. 

Higiene  del  alma  —  Lujosfsimamente  editado  ha 
puesto  á  la  venta  la  Casa  Editorial  del  Sr.  Gili  el 
libro  que  anunciamos,  cuyo  título  da  á  conocer 
su  laudable  y  meritorio  fin  y  la  conveniencia  de  su 
lectura.  Por  sus  especialísimas  condiciones,  la  Hi - 
giene  del  alma  es  un  libro  que  debe  figurar  en  to¬ 
das  las  bibliotecas  y  ser  leído  por  todos. 

La  Tracción  eléctrica —Con  este  título  acaba 
de  publicar  la  casa  Bailly-Bailliére  é  Hijos  un  ma¬ 
nual  para  poner  al  alcance  de  todos,  hasta  délos 
menos  versados  en  electricidad,  uno  de  los  proble¬ 
mas  que  más  preocupan  hoy,  tanto  por  la  novedad 
que  encierra,  como  por  la  trascendencia  del  mismo. 

Ahora  que  con  tanto  empeño  se  solicitan  conce¬ 
siones  para  establecer  la  tracción  eléctrica  en  nues¬ 
tras  primeras  capitales,  el  tal  librito  viene  á  llenar 
una  necesidad:  la  de  ilustrar  en  la  materia  y  acla¬ 
rar  las  dudas  que  suelen  asaltar  á  los  que,  cono¬ 
ciéndola  en  teoría,  desconocen  la  aplicación  prác¬ 
tica  de  la  misma. 

Su  traductor,  D.  Ricardo  Villalba  y  Riquelme, 
completa  el  texto  francés  con  las  disposiciones  le¬ 
gales  que  rigen  entre  nosotros  y  la  documentación 
necesaria  para  obtener  el  derecho  á  la  explotación 
de  la  nueva  industria  eléctrica. 

En  suma:  el  libro ,  que  está  ilustrado  con  magní¬ 
ficos  y  numerosos  fotograbados,  se  recomienda  por 
sí  mismo. 

¿Qué  debe  leerse4?  Ensayo  de  ordenación  del 
estudio,  por  J.  Daniel  Infante. 

Hemos  recibido  ejemplares  del  folleto  que,  con  el 
título  que  encabeza  estas  líneas ,  ha  publicado  en 
Rosario  de  Santa  Fe  (República  Argentina)  don 
J.  Daniel  Infante.  En  forma  de  cartas,  que  por  su 
extensión  y  estilo  hacen  más  fácil  y  amena  la  lec¬ 
tura,  desarrolla  el  autor  un  importantísimo  tema: 
el  de  la  ordenación  del  estudio.  El  institivo  deseo 
de  saber  del  hombre  encuentra  como  primera  difi¬ 
cultad  para  ejercitarse  la  elección  de  aquello  mis¬ 
mo  que  desea,  y,  vencida  ésta,  la  forma  de  estu¬ 
diarlo  y  aprenderlo.  Sobre  estas  dificilísimas  cues¬ 
tiones  discurre  en  su  obra  el  Sr.  Infante,  que  es  un 

{yensador  profundo ,  y  no  dudamos  en  contestar  á 
a  pregunta  del  folleto  afirmando  que  entre  lo  que 
debe  leerse  está  ciertamente  el  folleto  del  Sr.  In¬ 
fante. 

Contestación  al  programa  para  laa  oposi- 

ciones  del  Cuerpo  de  Abogados  del  Estado ,  por 
J.  G  y  R. 

Tenemos  á  la  vista  los  cuadernos  publicados  de 
esta  obra,  cuya  utilidad  para  los  que  se  preparan 
para  las  oposiciones  es  incuestionable. 

Concreta,  sencilla  y  claramente  redactadas  las 
contestaciones  á  todas  las  preguntas  del  programa 
oficial  para  las  oposiciones  al  Cuerpo  de  Abogados 
del  Estado,  constituye  esta  obra  un  auxiliar  po¬ 
deroso  para  recordar  lo  aprendido  y  en  brevísimo 
tiempo ,  así  como  para  conocer  lo  esencial  de  las 
materias  especiales,  no  siempre  fáciles  de  hallar 
sintetizadas  en  textos  que  estén  al  alcance  del  que 
los  necesite. 

La  obra  se  publica  por  cuadernos  semanales ,  al 
precio  de  2  pesetas.  Los  pedidos  deben  dirigirse  á 
D.  Victoriano  Suárez,  Preciados,  48. 


D*  PORFIRIO  DÍAZ  (HIJO), 

CAPITÁN  DE  INGENIEROS  DEL  EJÉRCITO  MEJICANO. 

(De  fotografía  remitida  por  nuestros  agentes  generales  en  Méjico, 
Bree.  Herrero  Hermanos.) 


£1  Saneamiento  de  San  Sebastián,  por  don 
César  Chicote. 

El  sabio  doctor,  á  quien  ya  en  otras  ocasiones 
hemos  celebrado  justamente  por  trabajos  análogos, 
ha  publicado  un  luminoso  informe  de  un  antepro¬ 
yecto  de  saneamiento  de  la  parte  antigua  de  San 
Sebastián.  El  autor  estudia  con  su  reconocida  com¬ 
petencia  las  causas  que  influyen  en  el  manteni¬ 
miento  de  la  salud  pública  y  los  medios  más  ade¬ 
cuados  para  realizar  esta  importantísima  misión 
de  la  higiene  pública,  y  da  áluz  muy  interesantes 
estadísticas  sobre  mortalidad  en  las  principales 
capitales  europeas  y  de  España ,  así  como  de  la 
cantidad  de  aguas  potables  de  que  disponen  las 
más  importantes. 

Del  mismo  autor  hemos  recibido  una  Nota  rela¬ 
tiva  d  la  desinfección  de  locales  con  el  formaldehi- 
do,  en  la  que  estudia  los  métodos  de  desinfección 
en  varios  países ,  considerando  como  el  de  más 
energía  de  penetración  el  aldehido  fórmico,  y  em¬ 
pleando  el  aparato  construido  por  Mr.  Adnet  para 
producir  por  presión  vapores  de  formaldehido. 

Véndese  esta  Nota  al  precio  do  una  peseta. 

Biografía  de  Fr.  Luis  de  Granada,  por  el 
Rdo.  P.  Fr.  Justo  Cuervo,  de  la  Orden  de  Predica¬ 
dores. 

El  sabio  rector  del  Colegio  de  San  Juan  de  Co¬ 
ria,  Fr.  Justo  Cuervo,  ha  publicado,  nuevamente 
corregida ,  su  Biografía  del  Venerable  Fr.  Luis 
de  Granada ,  el  incomparable  escritor  de  obras  as¬ 
céticas  y  maestro  del  habla  castellana.  Además  de 
su  excelente  Biografía ,  especie  de  boceto  de  la 
Vida  de  Fr.  Luis  de  Granada ,  obra  extensa  en  que 
hace  años  viene  ocupándose  el  P.  Cuervo,  publica 
en  el  mismo  tomo  unos  discretísimos  artículos  li¬ 
terarios,  en  los  que  demuestra  que  el  V.  Fr.  Luis, 
y  no  San  Pedro  de  Alcántara ,  es  el  verdadero  y 
único  autor  del  Libro  de  la  oración. 

Vieron  la  luz  estos  artículos  en  la  revista  reli¬ 
giosa  El  Kantis  mo  Rosario ,  sosteniendo  una  po¬ 
lémica  de  crítica  literaria  sobre  este  asunto  con 
El  Eco  Franciscano ,  y,  en  nuestra  humilde  opi¬ 
nión,  se  demuestra  en  ellos  per  modo  evidente  la 
Ja  autenticidad  del  Libro  de  la  oración  de  Fr.  Luis 
de  Granada. 

Véndese  esta  obra  interesante  al  precio  de  3  pe¬ 
setas. 

Novelería» ,  por  Manuel  de  Castro  y  Tiedra  (Ba¬ 
rón  de  Sttoff). 

El  joven  periodista  D.  Manuel  de  Castro,  que  es¬ 
cribe  las  Crónicas  de  salones  en  nuestro  colega 
El  Globo  con  el  seudónimo  de  Barón  de  Sttoff, 
ha  publicado,  reunidos  en  un  tomo,  diez  y  siete 
cuentos,  con  el  titulo  de  Novelerías. 

Gran  observación  de  las  costumbres  y  amenidad 
en  la  narración ,  hecha  en  forma  sencilla  y  fácil, 
demuestra  en  esta  primera  obra  el  joven  autor,  y 
estamos  seguros  de  que  el  éxito  que  sus  interesan¬ 
tes  cuentos  han  de  obtener  le  animarán  segura¬ 
mente  á  continuar  cultivando  con  gran  lucimiento 
un  género  para  el  que  tiene,  á  no  dudar,  muy  esti¬ 
mables  aptitudes. 

Sus  narraciones  «Las  dos  Marquesas*,  «¿Invero¬ 
símil  ?  *  y  «El  expósito  *  y  sus  « Cartas  confidencia¬ 
les»,  son  quizás  lo  mejor  del  libro ,  al  que  ha  dedi¬ 
cado  un  ingenioso  prólogo  nuestro  particular  amigo 
Francos  Rodríguez. 

Novelerías  véndese,  al  precio  de  3  pesetas,  en  las 
librerías  principales —  C. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARABIBA  ! 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  Es  también  el  mejor  alimento  para  cnar  á  los  niños. — Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


UNA  DOCENA  DE  CUENTOS 

POR 

;  D.  NARCISO  CAMPILLO 

CON  UN  PRÓLOGO  DS 

X>-  JTT-A.1T  VALERA 

Un  tomo,  8.°  mayor  francés,  4  pesetas. 

De  venta  en  la  Administración  de  este  pe¬ 
riódico,  Arenal,  18,  Madrid. 


|\/1|  AHPQ  Los  calma  en  el  acto  al 
UULUn  las  w  descuidado  que  los  sufre 


0E 


MUELAS 


por  no  usar  todos  los  dias 
el  Licor  del  .  Polo  de 
Orive.  Pero  el  no  tener 
dolores  de  muelas  depende  de  la  voluntad;  v 
esto  es  tan  exacto,  que  jamás  tuvo  dolencia  al¬ 
guna  en  la  boca  el  que  se  enjuagó  todos  los  días 
con -tan  excelente  dentífrico,  que  se  vende  en 
toda  farmacia  y  perfumería  acreditada. 


OBRAS  DE  B.  MIO  CiSTELÍR 


La  fiiedtón  de  Orlente*  —  Un  tomo  de 
326  páginas. — 4  pesetas. 

Recuerdo*  de  Italia  (primera  parte). — 
Un  tomo,  8.°  mayor  francés.  —  4  pesetas. 

Recuerdo*  de  .  llalla  (segunda  parte). — 
Un  tomo,  8.°  mayor  francés. — 4  pesetas. 

La  Rusia  contemporánea*  —  ün  tomo, 
8.°  mayor  francés. — 3  pesetas. 

Las  guerras  de  América  y  Egipto* — 
Un  tomo,  8.°  mayor  francés. — 4  pesetas. 

Enropa  en  el  último  trienio*—  Un  tomo, 
8.°  mayor  francés. — 4  pesetas. 

Historia  de  I$&3.  —  Un  tomo,  8.°  mayor 
francés. — 4  pesetas. 

Historia  de  ISS4.  — Un  tomo,  8.°  mayor 
francés. — 4  pesetas. 

Retratos  históricos*  —  Un  tomo,  8.°  ma¬ 
yor  francés. — 4  pesetas. 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración 

Española  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


MARI-SANTA 

POR 

DON  ANTONIO  DE  TRUEBA. 


Es  una  de  las  mejores  obras  literarias  del  ilus¬ 
tre  Antón  el  de  los  Cantares ,  moral,  instructiva 
y  amenísima. 

Forma  un  elegante  volumen  en  8.®  mayor  fran¬ 
cés,  y  se  vende,  á  4  pesetas,,  en  la  Administrar 
ción  de  este  periódico,  Madrid,  calle  del  Arenal, 
núm.  18. 


No  hay  uno  que  se  re¬ 
sista  á  la  eficacia  pode¬ 
rosa,  jamás  desmentida, 
del  Bálsamo  Anti¬ 
reumático  de  Orive. 
Se  detalla  la  composición  á  los  médicos  que  de¬ 
seen  conocerla. — En  todas  las  farmacias.  Por  ma¬ 
yor.  Bilbao,  Orive,  y  Madrid,  M.  García. 


OBRAS  IDE  VELARDT3. 

De  venta  en  las  oficinas  de  la  Administración  de 
este  periódico,  Arenal ,  18, Madrid. 


ALMANAQUES 

DE 

LD  mu*  ESPfliOLÍ  I  llUjll 

Correspondientes  á  ios  años  1878, 1879  y  1881  ñ  1898 

PRECIO  DE  CADA  ALMANAQUE:  2  PESETAS 

De  renta  en  las  principales  librerías,  y  en  la  Administración  de 

LA  ILUSTRACION  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 

¿renal,  18,  Madrid. 


Zmpreao  coa  tinta  de  la  fábrica  LOBIHEUI  y  G.%  18,  rae  Snger,  París. 


*  Reservados  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria.!  MADRID.  Establecimiento  tipolitográflco  «  Sucesores  de  Bivadeney ra » , 

impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  AjOoq  le 


AÑO. 


35  francos. 


ANO  XLII.-NÚM.  ] 

ADMINISTRACIÓN: 

ARENAL,  18. 

Madrid  22  de  Enero  de  1898 


Madr'd... . 
Provincias. 
Extranjero 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCION,  PAGADEROS  EN  ORO. 


Cuba.  Puerto  Rico  y  Filipinas.  12  pesos  fuertes. 
Demás  Estados  de  Amér.ca  y 
Am.i .  00  francos. 


7  pesos  fuertes. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


AÑO. 

SEMESTRE.  TRIMESTRE. 

35  pesetas. 

18  pesetas.  10  pesetas. 

40  id. 

21  id.  11  id. 

50  francos. 

20  francos.  14  francos. 

Excmo.  Sr.  D.  ANDRÉS  GONZÁLEZ  MUÑOZ, 

TENIENTE  GENERAL. 

Nació  en  Santiago  de  Cuba  el  23  de  Mayo  de  1840;  t  en  Puerto  Rico  el  11  del  corriente. 
(De  fotografía  de  Femando  Debas.) 


2G2897' 


Digitized  by  ^.ooQie 


38  —  >\°  m 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Enero  1898 


SUMARIO. 


Texto.— Crónica  genera1,  por  D.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.— Sobre  la  primera  repre¬ 
sentación  de  la  tragedia  Cleopatra ,  por  D.  Juan  Valora,  de  la  líeal 
Academia  Española. — Triounales  de  amor  en  Provenza,  por  el 
Conde  de  Torre- Véle/.— El  sistema  mas  cómodo,  fabulilla,  por  don 
José  Kodao.  —  Un  aniversario  solemne  en  la  Peal  Academia  de 
Ciencias  Exactas,  Físicas  y  Naturales,  por  X.— Por  ambos  mundos. 
Narraciones  cosmopolitas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa, — 
Los  teatros,  por  A.— Sueltos.— Libros  presentados  á  esta  Redacción 
por  autores  ó  editores,  por  C.— Anuncios. 

GK ABADOS. —  Retrato  del  Excmo.  Sr.  L>.  Andrés  González  Muñoz, 
teniente  general.  —  París:  El  proceso  Esterhazy.  Retratos  del  co¬ 
mandante  Esterhazy  y  del  capitán  Dreylus.  l/na  sesión  del  con¬ 
sejo  de  guerra,  —  Retratos  del  Excmo.  Sr.  Duque  de  la  Victoria  y 
del  Excmo.  Sr.  D.  Mariano  de  la  Paz  Graelis,  individuos  de  la 
Academia  de  Ciencias  desde  el  año  1H  i 7.  —  Alemania:  Pruebas  de 
aerostación  recientemente  verificadas  con  un  globo  de  aluminio. 
— Isla  de  Gran  Canuria:  Cenobio  de  los  y  nandú «.  con  quinientas 
tres  celdas.  —  Retrato  del  Excmo.  Sr.  D.  Manuel  Maclas  y  Casado, 
teniente  general,  nuevo  gobernador  general  de  Puerto  Rico.— 
Bellas  Artes:  Paisaje,  por  J.  Morera.  —  Las  cuatro  edades  de  la  vida% 
cuadro  de  Van  Dyck.— La  buenaventura  al  alcance  de  todos ,  dibujo  de 
F.  Mota.— Retrato  de  D.  Enrique  Frexas,  eminente  critico  musical, 
profesor  del  Conservatorio  de  Música  de  Buenos  Aires.  —  Mu  tan¬ 
zas  (isla de  Cuba):  Casa  Consistorial  de  la  villa  de  Colón. —  Retrato 
de  José  Moneayo,  del  teatro  de  la  Zarzuela.— Madrid:  Escudo  colo¬ 
cado  en  el  atico  del  nuevo  Ministerio  de  Fomento. 


CRONICA  GENERAL. 

nos  satisface  el  optimismo  con  que 
los  periódicos  ministeriales  juzgan  la 
IjL.  conducta  del  Gobierno  de  los  Estados 
*  Unidos:  si  es  para  tranquilizar  al  país, 
sea  en  hora  buena:  no  hemos  de  opo- 

É(U/  f  nern0B  á  los  procedimientos  de  gobernar 

que  cada  cual  emplea  si  en  el  fondo 
cuida  de  prepararse  á  las  eventualidades,  ya 
no  disimuladas,  ya  demasiado  evidentes  de 
f  nuestros  amigos  los  yankees .  Si  no  se  ha  vo¬ 
tado  la  beligerancia,  ello  es  que  ha  tenido  una 
buena  votación;  y  si  aquel  Gobierno  no  la  adopta, 
no  es  por  amistad  á  España,  sino  porque  el  dere¬ 
cho  de  visita  de  buques  que  nos  concedería  esa 
medida  podía  ser  perjudicial  á  los  rebeldes  y  pre - 
(  ¿pitaría  el  rompimiento.  La  cosa  no  puede  estar 
más  clara:  tienen  una  escuadra  dispuesta  á  caer 
sobre  nosotros;  pero  no  quieren  precipitarse:  ne¬ 
cesitan  prepararse  más:  podrán  ser  simples  ame¬ 
nazas,  baladronadas  tal  vez;  pero  una  vez  lanza¬ 
das  al  aire,  no  creemos  que  nuestro  Gobierno  las 
eche  en  saco  roto,  ni  tenga  indefenso  nuestro  te¬ 
rritorio,  ni  deje  de  estar  dispuesto  á  lo  que  ocurra, 
ni  de  arrostrar  tremenda  responsabilidad  si  no  lo 
preparara  todo  y  aumentara  en  lo  posible  nues¬ 
tra  fuerza,  estando  tan  advertido  del  peligro,  y  de 
que  los  Estados  Unidos,  aun  jactándose,  supone¬ 
mos  que  injustamente,  de  habérseles  concedido  lo 
que  se  ha  concedido  á  los  cubanos,  ni  siquiera  lo 
agradecen.  Es  verdad  que  nación  que  ha  sido  re¬ 
presentada  por  un  Taylor,  que  llora  en  los  brazos 
del  Sr.  Salvany  á  la  idea  de  terminar  la  guerra  de 
Cuba,  y  apenas  traspasa  el  mar  hace  lo  que  puede 
para  recrudecerla,  exige  que  nuestros  gobiernos 
y  representantes  no  tengan  la  menor  confianza 
en  sus  políticos,  y  se  guarden  bien  de  darles  nin¬ 
guna  noticia  que  no  sea  completamente  falsa  y 
embrollada,  que  es  lo  único  que  se  merecen.  , 


En  cambio,  confortan  el  espíritu  las  pruebas  de 
afecto  que  recibe  España  en  esa  América  que  los 
yankees  quieren  representar  y  absorber:  por  ejem¬ 
plo,  el  número  único  titulado  El  Río  de  la  Plata , 
que  se  ha  publicado  en  Córdoba  á  beneficio  de  la 
Asociación  Patriótica  Española,  para  contribuir  á 
allegar  recursos  con  que  regalar  á  España  un  cru¬ 
cero  que  ha  de  llevar  el  nombre  de  ese  número. 
Saludemos  con  cariño  al  organizador,  D.  Francisco 
Rodríguez  del  Busto,  y  á  la  Junta  patriótica  de  esa 
hermosa  ciudad  de  la  República  Argentina.  El 
número  resulta  bello,  y  la  mayor  parte  de  sus  pági¬ 
nas  ensancha  el  corazón  por  su  aliento  patriótico. 


Un  distinguido  escritor  mejicano,  D.  Victoriano 
Agüeros,  antiguo  é  importante  colaborador  nues¬ 
tro,  merece  la  gratitud  de  España:  con  motivo  de 
la  visita  hecha  á  Méjico  por  Mr.  Bryan,  el  famoso 
competidor  de  Mac-Kinley,  le  dirigió  en  su  perió¬ 
dico  El  Tiempo  un  artículo  que,  á  tener  espacio, 
insertaríamos  con  gusto;  pero  deben  conocerse  al¬ 
gunos  de  sus  conceptos  en  extracto: 

«Inglaterra  no  dejó  en  los  Estados  Unidos,  al 
declararse  independientes,  nada  que  acreditase  su 
interés  por  aquellas  colonias,  que  agobió  á  impues¬ 
tos,  y  su  obra  con  las  razas  indígenas  fué  de  des¬ 
trucción;  no  dejó  más  monumentos  que  una  vieja 
casucha:  la  casa  de  correos.  En  cambio  los  espa¬ 
ñoles  fundaron  en  Méjico  una  sociedad,  una  pa¬ 
tria;  expidieron  leyes  que  favorecían  á  la  raza 
vencida,  dotándola  de  colegios  y  una  universidad 
no  inferior  á  las  de  España;  levantaron  ciudades, 
caminos,  calzadas  y  monumentos  que  se  admiran 
todavía.  Aquí — añade  —  ha  encontrado  Mr.  Bryan 


una  crecida  población  indígena,  mientras  en  los 
Estados  Unidos  no  queda  ni  rastro  de  las  que  po¬ 
blaron  su  territorio.  Saque  consecuencias,  y  no 
dudamos  que  en  la  comparación  saldrá  triunfante 
ante  su  criterio  esa  España  tan  calumniada,  que 
sin  embargo,  pese  á  sus  enemigos,  sembró  de  mo¬ 
numentos  admirables  toda  la  América. » 

Ahora  conviene  saber  que  el  Sr.  Agüeros  no  es 
sólo  un  hombre  político,  director  de  un  diario  im¬ 
portante:  es  un  literato,  un  profesor  y  un  aboga¬ 
do:  con  sus  biografías  de  personajes  mejicanos  ha 
demostrado  ser  un  juicioso  y  veraz  historiador.  Al 
editar  una  Biblioteca  de  Autores  Mejicanos  (1) 
está  demostrando,  no  sólo  el  amor  que  siente  ha¬ 
cia  su  país  y  la  cultura,  sino  que  presta  un  servicio 
á  las  letras  castellanas,  como  lo  han  certificado  los 
Sres.  Menéndez  y  Relavo,  Yalera  y  Núñez  de 
Arce.  Y  que  es  un  escritor  de  conciencia  lo  acre¬ 
dita  el  tomo  VIII  de  dicha  colección,  que  es  el  pri¬ 
mero  de  sus  obras  personales:  la  historia,  la  ense¬ 
ñanza,  las  costumbres  y  la  crítica,  objeto  de  sus 
interesantes  artículos  y  estudios,  prueban  además 
su  vasta  erudición.  Es,  pues,  una  autoridad  la  que 
habla  así  de  España. 

* 

•  * 

Decíamos  en  el  último  número  que  no  era  posi¬ 
ble  formar  juicio  personal  fundado  respecto  de 
esa  incógnita  judicial  que  pretenden  resolver  á 
gritos  y  pedradas  ios  franceses.  La  famosa  carta 
en  que  Zola  acusa  á  cuantos  militares  y  calígrafos 
contribuyeron  á  condenar  á  Dreyfus  y  absolver  á 
Esterhazy  es  considerada,  por  unos  como  una  des¬ 
interesada,  quijotesca  y  viril  protesta  en  favor  de 
un  inocente  deshonrado  por  la  justicia,  y  por  otros 
como  infame  especulación  de  un  escritor  corrom¬ 
pido  que  medró,  adquirió  fama  y  se  enriqueció  con 
la  explotación  cínica,  sistemática  y  productiva  del 
escándalo.  Una  y  otra  opinión  han  acalorado  á  las 
gentes  exaltadas:  si  los  estudiantes  de  París  vito¬ 
rean  ai  ejército  y  apedrean  la  casa  de  Zola,  anar¬ 
quistas,  socialistas  y  radicales  se  juntan  y  vito¬ 
rean  á  Zola  y  á  Dreyfus:  dos  abogados,  uno  cris¬ 
tiano  y  otro  judío,  se  dan  de  puñetazos  en  el 
Palacio  de  Justicia:  y  en  casi  todas  las  capitales  de 
Francia  se  amotinan  los  estudiantes,  y  llueven  pie¬ 
dras  en  los  escaparates  de  ciertas  tiendas,  á  los 
gritos  de  «viva  el  ejército,  mueran  Zola,  los  trai¬ 
dores  y  los  judíos».  Se  interpela  al  Gobierno  en 
las  Cámaras,  y  no  calman  la  agitación  ni  los  días 
que  pasan  ni  los  golpes  de  la  policía.  Claro  es  que 
existen  otras  gentes,  quizás  la  mayoría,  que  no  se 
consideran  bastante  asesoradas  para  tener  una  no¬ 
ción  clara  de  la  verdad  en  esta  niebla,  y  periódicos 
neutrales;  otros  que,  como  Le  Tcinps ,  guardan  una 
neutralidad  pérfida,  ó  sea  aparente,  que  favorece 
de  un  modo  indirecto  á  Dreyfus,  sin  atreverse  á 
arrostrar  la  impopularidad  de  sus  simpatías;  y  opi¬ 
niones  intermedias,  como  la  de  creer  que  hay  mu¬ 
cho  censurable  en  Zola,  en  el  sindicato  israelita  y 
en  los  procedimientos  militares. 

Cúlpase  de  esta  confusión  á  las  deliberaciones 
del  consejo  de  guerra  á  puerta  cerrada,  como  si  á 
puerta  muy  abierta  no  se  cometieran  errores  judi¬ 
ciales;  y  se  pretende  imponer  la  revisión  de  los 
procesos  de  aquellos  que  por  apoyos  poderosus  lo¬ 
gran  hacerse  un  partido,  mientras  cierran  los  ojos 
y  dan  por  bien  condenados  á  todos  los  infelices 
sentenciados  por  esos  mismos  tribunales  á  quie¬ 
nes  se  recusa  en  favor  de  Dreyfus  y  se  da  por 
buenos  y  honrados  ó  inspiradores  de  confijmza 
en  los  demás  procesos.  Porque  no  se  trata  de  un 
error  judicial,  sino  que  se  les  acusa  de  injusticia 
cometida  á  sabiendas  y  de  sentencias  amanadas  é 
inicuas;  y  si  esto  fuera  cierto,  si  el  Estado  Mayor 
francés  fuera,  como  pretenden  los  acusadores, 
una  agrupación  de  malvados  ó  ineptos,  no  sólo 
procedería  la  revisión  de  los  procesos  de  Dreyfus 
y  Esterhazy,  sino  de  todo  lo  actuado  por  tan  in¬ 
moral  jurisdicción,  vaciando  los  presidios  milita¬ 
res  y  conduciendo  á  la  Guayana  una  cuerda  de 
generales,  jefes,  oficiales  y  peritos.  Y  como  no 
hace  falta  ser  francés  para  encontrar  increíble  y 
repugnante  esa  conclusión;  y  como  hasta  ahora, 
sólo  se  conocen  episodios  externos,  más  ó  menos 
relacionados  con  la  causa,  alegados  aquí,  desmen¬ 
tidos  allá,  y  apenas  pasa  día  en  que  no  se  invente 
algo,  y  se  desfigure  todo  por  las  pasiones  desenca¬ 
denadas,  parécenos  asistir  á  un  caso  de  locura  pú¬ 
blica,  en  que  los  franceses  están  para  venir  á  las 
manos,  con  los  mismos  fundamentos  que  aquellos 
caballeros  que  se  batieron  á  muerte  por  si  era  me¬ 
jor  poeta  el  Tasso  ó  Ariosto  y  que  no  habían 
leído  á  ninguno  de  los  dos. 


(1)  No  necesitamos  recomendar  á  las  bibliotecas  particulares 
tan  importante  colección,  que  ya  comprende  obras  de  García 
Icazbalceta,  Peón  Contreras,  Villaseñor  y  Villaseñor  y  Agüe¬ 
ros:  van  publicados  ocho  tornos.  Su  precio  es  de  un  peso  y  me¬ 
dio  cada  uno.  Administración  y  librería  de  El  Tiempo ,  cerca  de 
Santo  Domingo,  núm.  4,  Méjico. 


Hay  en  este  desbordamiento  discípulos  y  adep¬ 
tos  que  aprovechan  la  ocasión  para  divinizar  á 
Zola,  y  hasta  le  creen  solo;  y  si  se  les  muestra  los 
que  le  rodean  y  defienden,  todavía  le  juzgan  solo 
entre  sus  numerosos  defensores.  Hay  quienes,  no 
pudiendo  decapitarle  materialmente,  ofrecen  su 
cabeza  de  cartón  en  gran  tamaño  á  las  burlas  del 
Carnaval  y  le  ejecutan  en  efigie.  Y  entretanto  los 
militares  acusados,  sin  más  defensa  y  movimiento 
que  la  oficial,  siempre  fría  y  circunspecta,  se  pre¬ 
paran  á  presenciar  el  proceso  de  difamación  y  á 
recibir  las  dentelladas  del  vigoroso  publicista, 
maestro  en  el  arte  de  herir  con  la  palabra,  y  acos¬ 
tumbrado  á  vivir  en  pleno  ruido  y  manosear  los 
sentimientos,  y  temerán  ser  convertidos  en  per¬ 
sonajes  de  una  novela  experimental,  así  como  los 
comerciantes  israelitas  más  ajenos  ó  indiferentes 
ai  proceso  se  juzgarán  expuestos  á  pagar  los  vi¬ 
drios  rotos  por  haberse  convertido  en  semitas  y 
antisemitas  los  franceses. 

Por  nuestra  parte,  nos  hallamos  en  esta  duda: 
¿Debemos  creer  que  tanto  militar  honrado  y  de 
posición  en  el  ejército  francés  merece  las  acusa¬ 
ciones  que  les  dirige  el  novelista?  ¿Debemos  creer 
que  Zola,  al  presenciar  las  ruinas  del  naturalismo, 
quiere  atraer  al  público  que  -se  aleja  con  un  pro¬ 
ceso  de  resonancia  universal?  Por  ahora  no  vemos 
claro:  puede  suceder  que  tenga  pruebas;  puede  su¬ 
ceder  hasta  que  se  equivoque  de  buena  fe.  Por  de 
pronto,  si  es  cierto  que  haya  un  sindicato  que  tanto 
dinero  distribuye,  y  los  jueces  militares  son  tan 
sospechosos;  si  ha  habido  compras  y  ventas,  es  in¬ 
dudable  que  no  se  ha  vendido  ningún  juez. 

Pero,  á  decir  verdad,  tampoco  nos  consta  que 
exista  el  sindicato  y  que  estén  vendidos  otros. 
Como  de  que  haya  sido  honrado  el  acusador  no  se 
deduce  que  los  acusados,  que  siempre  lo  fueron, 
no  lo  sean;  y  la  verdad  es  que,  si  la  acusación  re¬ 
sulta  infundada  y  no  se  prueba,  es  inicuo  abusar 
de  la  celebridad  de  la  pluma  para  deshonrar  á 
modestos  y  beneméritos  militares,  obligados  á 
callarse,  y  someterles  á  un  terrible  entredicho 
moral.  Hoy  por  hoy,  la  ley  está  contra  Zola:  él  lo 
confiesa:  ha  acudido  á  medios  revolucionarios  para 
derribar  lo  que  le  estorba:  ¿qué  de  extraño  tiene 
que  en  las  calles  le  conteste  la  revolución  con  sus 
rugidos?  Dícese  que  es  noble  su  propósito  de  salvar 

á  un  inocente  condenado .  También  aspiraba  á 

arrancar  las  insignias  y  los  botones  de  otros  pe¬ 
chos  y  degradar  no  á  uno  sino  á  muchos . Es  un 

pleito  de  honras.  Hay  (pie  tener  calma  y  esperar 
las  pruebas;  que  no  es  justo  que  el  escritor  deba 
someter  al  documento  humano  su  imaginación  al 
inventar,  y  no  las  necesite  para  deshonrar  al 
prójimo.  Si  las  presenta,  entonces  habrá  llegado 
la  ocasión  de  felicitarle  por  su  audacia,  aun  con  el 
dolor  que  haya  de  producir  la  serie  de  ruinas  que 
proyecta.  Contra  ellas  se  revuelve  el  confiado  y 
generoso  corazón  de  la  juventud  francesa.  De  un 
lado  el  viejo  escritor,  tan  avezado  á  revolver  el 
fango  social;  de  otro,  la  juventud  llena  de  ilusio¬ 
nes.  ¿Quién  acortará?  Esperemos,  esperemos. 

*  * 

Doña  Dolores  Martínez  Campos,  que  falleció  en 
Madrid  el  15  del  corriente,  era  una  señora  de  al¬ 
tas  prendas  y  sólida  virtud.  Viuda  del  consejero 
de  Estado,  ingenioso  escritor  y  excelente  literato 
D.  Esteban  Garrido,  y  hermana  del  General  ilus¬ 
tre,  sus  consejos  habían  pesado  algunas  veces  en 
los  asuntos  públicos,  no  por  oficiosidad  femenil, 
incompatible  con  su  modestia,  sino  porque  se  es¬ 
timaban  las  claridades  de  su  recto  corazón  y  des¬ 
pejado  entendimiento:  aunque  nunca  traspasó  en 
su  vida  ejemplar  su  papel  de  buena  madre  de  fa¬ 
milia  y  el  ejercicio  activo  de  la  beneficencia,  á  su 
lado,  y  con  su  conocimiento,  se  desarrollaron  mu¬ 
chos  sucesos  íntimos  de  la  vida  política,  de  la  que 
sólo  le  correspondían  las  ansias  ó  inquietudes; 
porque  no  era  tranquilizador  en  el  principio  del 
período  revolucionario  ser  esposa  de  uno  de  los 
redactores  de  La  Gorda ,  y  ver  su  casa  convertida 
de  vez  en  cuando  en  redacción,  ó  á  su  marido  sa¬ 
lir  de  noche  para  escribir  en  sitios  diferentes 
aquella  sátira  que,  aunque  legal,  estaba  siempre 
amenazada  de  atropellos.  Angustias  y  zozobras  de¬ 
bió  pasar  más  adelante,  cuando  se  preparaba  el 
movimiento  militar  para  la  proclamación  de  Don 
Alfonso,  en  que  tan  expuesta  iniciativa  tuvo  su 
hermano  D.  Arsenio;  y  para  los  cortos  días  en  que 
el  General,  jefe  del  Gobierno,  tenía  expansiones 
familiares  en  su  casa  en  compañía  del  agudísimo 
Selgas,  dulce  y  delicado  con  las  flores,  satírico  im¬ 
placable  con  los  revolucionarios,  para  esos  cortos 
días  en  que  la  proximidad  del  poder  la  permitió 
desahogar  su  buen  corazón,  con  recomendaciones 
eficaces,  ¡cuántos  meses  de  incertidumbres  y  pe¬ 
nas  en  aquella  promiscuidad  con  la  política  y  la 
guerra,  que,  unidos  al  dolor  de  la  viudez,  hubie¬ 
ran  hecho  infeliz  su  vida  sin  los  goces  de  la  bene- 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Enero  1898 


:  n.°  m  —  89 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


ficencia,  á  que  se  entregaba  con  pasión!  Salude¬ 
mos  con  respeto  esa  tumba  recién  abierta,  en  que 
su  hija  D.a  Rosa  Garrido  y  Martínez  Campos  ha 
enterrado  una  madre,  no  sólo  irreemplazable  en 
cuanto  madre,  sino  como  modelo  de  virtud,  de 
bondad,  de  buen  juicio  y  de  modestia. 

•  * 

Valencia,  Murcia,  media  Cataluña,  ¿qué  sé  yo?, 
han  sufrido  muchas  pérdidas  con  las  inundacio¬ 
nes.  Son  ya  tan  periódicas,  tantas  veces  en  vein¬ 
tidós  años  de  Crónica  las  hemos  lamentado,  que 
no  sabemos  que  decir.  Como  por  muchos  esfuer¬ 
zos  que  haga  la  beneficencia  no  logrará  indemnizar 
lo  que  se  destruye,  y  como  el  mal  viene  de  atrás, 
y  suponemos  que  se  habrán  estudiado  sus  causas 
y  la  posibilidad  de  remediarlo  en  cada  región,  de¬ 
bemos  inclinar  la  cabeza  ante  lo  que  parece  irre¬ 
mediable  y  pasar  á  otros  asuntos  que  parecen 
muy  distantes  y  sin  embargo  tienen  conexión  con 
las  inundaciones:  v.  gr.,  la  tauromaquia  y  la  cᬠ
tedra. 

En  efecto:  por  un  encadenamiento  de  circuns¬ 
tancias,  el  rector  que  era  de  la  Universidad  de 
Valencia,  Sr.  Moliner,  ha  sido  destituido  por  efecto 
de  las  lluvias  que  inundaron  á  Valencia:  las  llu¬ 
vias  produjeron  inundaciones;  éstas  desastres  y 
miserias;  la  miseria  una  corrida  de  toros  benéfica, 
encomendada  al  citado  rector,  que  es  aficionado 
al  arte  del  toreo  y  aun  pasa  por  ser  autoridad ;  la 
corrida  discusiones  y  artículos  tauromáquicos;  és¬ 
tos  disgustos  y  la  separación  del  Sr.  Moliner,  y  la 
separación  una  protesta  estudiantil. 

Líbrenos  Dios  de  intervenir  en  asunto  que  no 
nos  compete  y  sólo  de  referencia  incompleta  co¬ 
nocemos.  Por  un  lado  está  la  justificación,  que 
nos  consta,  del  respetable  Sr.  Conde  de  Xiquena; 
de  otro  las  simpatías  de  la  juventud  valenciana  al 
ex  rector:  sin  duda  creemos  que  la  representación 
de  la  cátedra  impone  deberes  de  circunspección  y 
seriedad  al  que  la  ejerce;  pero  si  sólo  se  tratase 
de  intervenir  en  asuntos  tauromáquicos,  como  al¬ 
guien  ha  supuesto,  debemos  exponer  humilde¬ 
mente  que  hay  precedentes  clásicos  de  la  alianza 
entre  la  ciencia  y  el  toreo:  díganlo  hace  siglo  y 
medio  las  fiestas  celebradas  en  Salamanca  para 
festejar  la  canonización  de  San  Luis  Gonzaga:  los 
Padres  Jesuítas  pagaron  y  organizaron  la  corrida; 
los  estudiantes  navarros  torearon;  asistió  el  Claus¬ 
tro,  el  Padre  Isla  hizo  la  revista  y  el  público 
aplaudió. 

• 

•  * 

— ¡Tabernero,  acude  á  tu  casa,  que  se  ha  inun¬ 
dado  tu  bodega! 

— Déjalo,  hombre,  que  casi  no  tenía  más  que 
agua  en  los  pellejos. 


—  ¡Sr.  Alcalde,  el  pueblo  se  inunda! 

— Bueno,  los  cerdos  son  excelentes  nadadores; 
que  monten  todos  en  cerdos  salvavidas. 

— ¿Y  los  que  han  hecho  la  matanza? 

— El  cerdo  siempre  flota;  que  hagan  balsas  con 
hojas  de  tocino. 

—  I  Sr.  Alcaide,  yo  he  vendido  el  mío! 

— Pues,  hijo  mío,  sálvese  usted  en  dos  docenas 
de  chorizos. 


— ¿Cómo  no  extendió  usted  el  padrón? 

— Porque  en  la  noche  del  31  de  Diciembre  mi 
casa  era  submarina,  y  no  sé  el  nombre  de  los  pe¬ 
ces  que  pasaron  allí  la  noche. 

— Y  usted,  ¿dónde  la  pasó? 

—  Nadando,  y  no  sé  dónde  inscribirme. 


—  ¿Quién  es  usted? 

— Sr.  Gobernador,  soy  el  alcalde  del  pueblo 
inundado. 

—  ¿Y  le  abandonó  usted?  ¡La  dimisión! 

— Por  presentada;  pero  como  el  pueblo  está  bajo 
las  aguas,  nombre  V.  S.  el  atún  que  ha  de  susti¬ 
tuirme. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


PARÍS. 

El  proceso  Esterhazy.  Una  sesión  del  consejo  de  guerra. 

En  la  página  40  publicamos  el  grabado  que  re¬ 
presenta  el  acto  de  la  vista  ante  el  Tribunal  mili¬ 
tar  del  proceso  seguido  contra  el  comandante 
Esterhazy,  con  motivo  de  la  célebre  cuestión 
Dreyfus. 


Nuestros  lectores  conocen  seguramente,  por  los 
numerosos  telegramas  de  la  prensa  diaria,  el  des¬ 
arrollo  que  esta  cuestión  ha  venido  tomando;  y  en 
la  Crónica  general  del  presente  número  pueden 
ver  el  juicio  que  nuestro  querido  compañero  Fer¬ 
nández  Bremón  emite  sobre  este  obscuro  y  enma¬ 
rañado  asunto. 


El  comandante  Eüterliazy. 

El  consejo  de  guerra  lo  constituían:  el  general 
de  Luxer,  como  presidente,  y  en  concepto  de  vo¬ 
cales,  los  coroneles  de  Ramel  y  Bougon,  del  24  de 
Línea  y  1."  de  Coraceros,  respectivamente;  los  te¬ 
nientes  coroneles  Marcy,  del  I."  de  Ingenieros,  y 
Gaudelette,  de  la  Guardia  republicana,  y  los  co¬ 
mandantes  Rivalls,  del  12  de  Artillería,  y  Legnay, 
del  113  de  Infantería. 

El  coronel  de  Ramel  tiene  cincuenta  y  seis  años, 
y  fué  condiscípulo  del  Presidente  en  la  Escuela 
de  Saint-Cyr,  habiendo  obtenido  el  empleo  de  ca¬ 
pitán  en  28  de  Abril  de  1871,  y  el  de  coronel  el  7 
de  Abril  del  año  pasado. 

Bougon  nació  el  10  de  Febrero  de  1850  en  Na- 
yon  (Oise),  y  entró  en  Saint-Cyr  en  1808.  Nom¬ 
brado  subteniente  el  día  de  la  declaración  de  la 
guerra  de  1870,  ascendió  á  teniente  al  año.  Ganó 
la  cruz  de  caballero  de  la  Legión  de  Honor  du¬ 
rante  la  guerra,  fué  declarado  oficial  de  esta  Or¬ 
den  el  11  de  Julio  de  1801,  y  hace  dos  años  que  es 
coronel. 

El  teniente  coronel  Marcy  tiene  cincuenta  y  dos 
años;  entró  en  la  Escuela  Politécnica  en  1805,  fué 
capitán  en  1872  y  ascendió  á  su  actual  empleo  en 
14  de  Abril  de  1805.  Es  caballero  de  la  Legión  de 
Honor. 


El  capitán  Dreyfus. 


El  teniente  coronel  Gaudelette  nació  en  Amiens 
el  17  de  Junio  de  1844 ;  sentó  plaza  á  los  veintitrés 
años  en  Infantería;  llegó  á  oficial  en  la  guerra 
contra  Alemania,  y  en  1879  pasó  á  la  gendarmería 
como  capitán.  Fué  designado  en  1894  para  ejercer 
las  funciones  de  prevoste  del  Cuerpo  expedicio¬ 


nario  de  Madagascar,  y  obtuvo  la  cruz  de  oficial  de 
la  Legión  de  Honor  durante  esta  campaña.  A  su 
vuelta  fue  promovido  al  empleo  de  teniente  co¬ 
ronel. 

El  jefe  de  escuadrón  de  Artillería  Rivals  nació 
el  7  de  Febrero  de  1853;  ingresó  en  la  Escuela  Po¬ 
litécnica  en  1872;  fue  capitán  en  1880  y  coman¬ 
dante  en  9  de  Abril  de  1894.  También  es  caballero 
de  la  Legión  de  Honor. 

Lo  es  igualmente  desde  1884  el  comandante 
Legnay,  que  obtuvo  su  actual  empleo  en  11  de  Oc¬ 
tubre  de  1892,  y  forma  parte,  como  Gaudelette, 
del  primer  consejo  de  guerra  permanente,  cuyos 
miembros ,  con  igual  ó  superior  graduación  que  el 
comandante  Esterhazy,  eran  los  llamados  á  figurar 
en  el  tribunal  que  ha  juzgado  á  este  jefe. 


A  estas  líneas  acompañan  también  los  retratos 
de  Dreyfus  y  de  Esterhazy. 

•  • 

KXC.’MO.  SR.  I).  ANDRÉS  GONZALEZ  MUÑOZ, 
teniente  general. 

Al  dimitir  el  general  Marín  su  cargo  de  capitán 
general  de  Puerto  Rico,  el  Gobierno  propuso  á 
S.  M.  para  reemplazarle  al  teniente  general  don 
Andrés  González  Muñoz;  y  firmado  el  Real  de¬ 
creto  en  23  de  Diciembre  último,  juró  su  cargo  de 
gobernador  general  el  27,  y  aquella  misma  tarde 
partió  para  Cádiz ,  donde  embarcó  el  día  30  en  el 
vapor  correo  Bueno*  Aires . 

El  martes  11  del  actual  llegó  á  la  pequeña  Anti¬ 
lla  y  tomó  posesión  del  mando,  y  á  las  seis  de  la 
tarde  falleció  repentinamente  á  consecuencia  de 
una  angina  de  pecho. 

El  general  González  Muñoz,  cuyo  retrato  publi¬ 
camos  en  la  primera  página,  nació  en  Santiago  de 
Cuba  el  23  de  Mayo  de  1840,  siendo  su  padre 
oriundo  de  Venezuela  y  perteneciendo  su  madre 
á  una  distinguida  familia  de  aquella  ciudad. 

Durante  la  primera  guerra  de  Cuba  prestó  ser¬ 
vicios  en  aquel  ejército,  obteniendo  el  empleo  de 
comandante  y  los  grados  de  teniente  coronel  y  de 
coronel;  regresó  á  la  Península,  y  en  la  campaña 
carlista  fueron  recompensados  sus  méritos  con  los 
empleos  de  teniente  coronel  y  coronel,  y  de  nuevo 
pasó  á  la  gran  An tilia,  cuando  aún  no  había  ter¬ 
minado  la  guerra. 

Como  brigadier  operó  al  frente  de  una  columna 
durante  la  llamada  guerra  chiquita ,  contribuyendo 
á  pacificar  las  jurisdicciones  ‘de  Guantánamo  y 
Baracoa. 

Ascendió  á  general  de  división  en  1892,  y  des¬ 
empeñó,  entre  otros  cargos,  el  de  segundo  cabo  de 
Puerto  Rico. 

Con  el  general  Martínez  Campos  marchó  en  1895 
á  Cuba  el  general  González  Muñoz,  conquistando, 
en  el  ataque  de  las  lomas  de  Rubí  y  Manolita,  el 
empleo  de  teniente  general. 

Una  dolencia  crónica  al  hígado  obligó  al  gené- 
ral  González  Muñoz  á  venir  á  la  Península  para 
buscar  alivio,  y  cuando  se  encontraba  ya  en  Cuba 
el  general  Blanco  solicitó  se  destinase  á  aquel 
ejército  á  dicho  general. 

Mientras  disponía  su  viaje  dimitió  el  general 
Marín,  y  entonces  el  Gobierno  propuso  á  la  Reina 
para  reemplazarle  al  Sr.  González  Muñoz. 

•  « 

retratos  de  los  excmos.  sres.  duque  de  la 

VICTORIA  Y  D.  MARIANO  DE  LA  PAZ  GRAELLS,  IN¬ 
DIVIDUOS  DE  LA  ACADEMIA  DE  CIENCIAS.  — (Véase 
la  página  40,  y  el  artículo  correspondiente  en 
la  47.) 

O 

9  « 

ALEMANIA. 

Pruebas  de  aerostación  recientemente  verificadas 
con  un  globo  de  aluminio. 

Reproduce  nuestro  grabado  de  la  página  41  la 
prueba  del  globo  de  aluminio  efectuada  en  Berlín 
el  8  de  Noviembre.  No  es  nueva  la  idea  de  un 
globo  metálico,  pues  ya  en  1842  Mr.  Mares  Mon- 
ges  construyó  uno  cilindrico  de  33  pies  de  diáme¬ 
tro,  formado  con  delgadas  planchas  de  cobre  y 
lleno  de  gas  hidrógeno. 

Los  progresos  obtenidos  en  la  manufactura  del 
aluminio  y  su  coste  relativamente  pequeño,  hi¬ 
cieron  pensar  en  este  metal  como  materia  muy 
á  propósito  para  la  construcción  de  globos,  y  Herr 
Schwarz,  de  Agram,  ideó  y  construyó  el  globo  ci¬ 
lindrico  de  aluminio  de  colosales  dimensiones  que 
en  nuestro  grabado  aparece. 

El  aeróstato  tenía  134  pies  de  largo  y  40  de  alto. 

Desgraciadamente,  la  prueba  del  globo  no  dió 
los  resultados  apetecidos;  pues  aunque  llegó  á  ele¬ 
varse  á  800  pies  de  altura,  la  falta  de  regulariza- 


Digitized  by  ^.ooQie 


111 


LA  ILUSTRACION  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Enero  1898 


Excmo.  Sr.  DUQUE  DE  LA  VICTORIA,  Excmo.  Sr.  D.  MARIANO  DE  LA  PAZ  GRAELLS 

INDIVIDUOS  DE  LA  ACADEMIA  DE  CIENCIAS  DESDE  EL  AÑO  1817. 


PARÍS.  — EL  PROCESO  ESTERHAZY. —  UNA  SESIÓN  DEL  CONSEJO  DE  GUERRA. 


(De  fotografía.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Enero  1808 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  III  —  41 


ción  de  su  bajada  fue  sin 
duda  la  causa  de  su  fra¬ 
caso. 

No  falta  quien  asegu¬ 
ra  que  los  resultados  ob¬ 
tenidos  bajo  la  direc¬ 
ción  de  los  oficiales  del 
Real  departamento  pru¬ 
siano  de  navegación 
aérea  hubieran  sido  muy 
distintos  si  el  inventor 
delglobo,  HerrSchwarz, 
hubiera  dirigido  y  eje¬ 
cutado  la  ascensión; 
pero,  por  desgracia,  el 
inventor  había  muerto 
antes  de  hacerse  el  en¬ 
sayo. 

• 

•  • 

ISLA  DE  GRAN  CANARIA. 

Cenobio  de  los  guanches ,  con  qui¬ 
nientas  tres  celdas. 

El  segundo  grabado  de 
esta  misma  página  re¬ 
produce  el  original  ó  in¬ 
gresante  cenobio,  ó  mo¬ 
nasterio,  donde  vivían 
las  sacerdotisas  guan¬ 
ches  y  en  los  tiempos  en 
que  la  raza  primitiva 
poblaba  las  Islas  Cana¬ 
rias. 

Se  halla  situado,  como 
un  nido  de  águilas,  en 
las  enriscadas  sinuosi¬ 
dades  de  una  altísima  y 
abrupta  sierra,  en  la  ju¬ 
risdicción  de  Guía  (Isla  de  Gran  Canaria),  y  se  presenta  á  la  vista  como  una 
gigantesca  concha,  de  suelo  desigual  y  paredes  laterales,  perforada  en  todas 
direcciones  por  cuevas  de  mayor  ó  menor  extensión,  comunicándose  unas 
interiormente,  y  otras  aisladas  sin  orden  ni  concierto. 

Esta  excavación  se  hallaba  en  aquel  tiempo  cerrada  hacia  la  parte  que  mi¬ 
raba  al  precipicio  por  un  corte  vertical;  pero  hoy  se  hallan  abiertas  por  ha¬ 
berse  caído  la  parte  de  delante.  El  arco  que  forma  la  entrada  mide  unos 
30  metros  de  abertura  por  unos  26  de  alto,  y  va  decreciendo  según  se  pene¬ 
tra  en  el  fondo. 

La  luz  llega  sin  dificultad  á  todas  las  celdas  que  estaban  destinadas  á  dormi¬ 
torios.  Cuéntase  que  éstas  eran  habitadas  por  las  Jlarimag uadasy  mujeres  con¬ 


sagradas  á  la  Divinidad, 
que  vivían  en  recogi¬ 
miento,  guardaban  con¬ 
tinencia  y  hacían  vida 
pura  y  ejemplar,  las  cua¬ 
les  estaban  especial¬ 
mente  encargadas  de  las 
libaciones  diarias,  pre¬ 
sentando  las  ofrendas 
de  leche  y  manteca  á  su 
dios. 

Estas  vestales  cana¬ 
rias  gozaban  de  grandes 
privilegios.  Su  casa  era 
considerada  como  un 
asilo  sagrado,  donde  en¬ 
contraban  gracia  los 
malhechores  que  en  ella 
se  refugiaban.  Vivían  de 
las  limosnas  que  del  pue¬ 
blo  recibían.  En  tiempo 
de  sequía  para  los  sem¬ 
brados,  acudían  al  F ai- 
can  (sumo  sacerdote),  y 
éste,  según  la  costum¬ 
bre,  ordenaba  una  pro¬ 
cesión  general  para 
aplacar  la  cólera  divina. 

El  orden  de  esta  pro¬ 
cesión  era  el  siguiente: 
el  F(ticdny  acompañado 
del  rey,  de  la  nobleza  y 
del  pueblo,  con  palmas, 
ramos  y  varas  en  las 
manos,  se  acercaba  á  la 
residencia  de  las  flari - 
maguadas ,  que  le  salían 
al  encuentro  con  vasos 
de  leche.  Reunidos  to¬ 
dos,  se  dirigían  á  la  montaña  de  Tirma,  y,  subiendo  á  su  cima,  derramaban 
con  ciertas  ceremonias  la  leche  y  manteca,  bailando  algunas  danzas  y  ento¬ 
nando  tristes  canciones.  Concluido  esto,  bajaban  de  la  montaña  y  se  diri¬ 
gían  al  mar,  cuya  superficie  azotaban  con  las  mismas  ramas,  palmas  y  varas, 
dando  feroces  alaridos. 

9 

«  « 

EXCMO.  SR.  D.  MANUEL  MACÍAS  Y  CASADO, 
teniente  general /nuevo  gobernador  general  de  Puerto  Rico. 

El  general  Macías,  nombrado  para  sustituir  al  general  González  Muñoz 
en  el  mando  de  Puerto  Rico,  nació  en  Teruel  en  3  de  Noviembre  de  1845;  á 


ALEMANIA. — pruebas  de  aerostación  recientemente  verificadas 

CON  UN  GLOBO  DE  ALUMINIO. 


ISLA  DE  GRAN  CANARIA.  — CENOBIO  DE  LOS  «GUANCHES»,  con  quinientas  tres  celdas. 

(De  fotografía.) 


Digitized  by  AjOOQle 


42  —  N.#  ni 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Enero  1898 


EXCMO.  Sr.  D.  MANUEL  MACÍAS  Y  CASADO, 

TENIENTE  GENERAL, 

NUEVO  GOBERNADOR  GENERAL  DE  PUERTO  RICO. 

(De  fotografía.) 


loe  catorce  añoe  ingresó  en  el  Colegio  de  Infan¬ 
tería,  y  marchando  á  América  á  los  dieciocho, 
tomó  parte  en  la  penosa  campaña  de  Santo  Do¬ 
mingo.  Pasó  después  á  la  Isla  de  Cuba,  de  donde 
volvió  á  la  Península,  á  los  trece  años  de  haber  sa¬ 
lido  de  ella,  con  el  empleo  de  teniente  coronel  y 
grado  de  coronel. 

En  la  guerra  civil  obtuvo,  por  sus  excelentes 
servicios,  la  efectividad  de  este  empleo,  y  llamado 
á  Cuba  por  el  general  Martínez  Campos,  perma¬ 
neció  en  la  Isla  tres  años,  durante  los  cuales  lo¬ 
graron  sus  méritos  en  la  campaña  el  empleo  de 
brigadier  y  la  gran  cruz  del  Mérito  Militar. 

Apenas  regresó  á  la  Península  se  le  confirió  el 
gobierno  de  la  plaza  de  Melilla,  donde  dejó  los 
mejores  recuerdos  de  su  mando,  que  ejerció  du¬ 
rante  tres  años.  Mandó  también  la  plaza  de  San- 
toña,  y  al  ascender  á  general  de  división  fué  des¬ 
tinado  á  la  de  Cartagena,  cuya  plaza  desempeñaba 
cuando  se  estableció  la  nueva  organización  mili¬ 
tar,  quedando  entonces  de  segundo  jefe  del  tercer 
Cuerpo  de  ejército. 

Cuando  los  sucesos  de  Melilla  vinieron  á  au¬ 
mentar  la  importancia  militar  de  aquel  mando,  se 
le  encomendó  este  delicado  cargo. 

En  3  de  Noviembre  de  1893  ascendió  á  teniente 
general  y  fué  destinado  á  la  Capitanía  general  de 


Canarias.  Después  ha  mandado  en  jefe  el  5.°  Cuer¬ 
po  de  ejército. 

En  esta  misma  página  va  su  retrato. 

* 

*  • 

BELLAS  ARTES. 

Paisaje ,  dibujo  de  J.  Morera.  —  Las  cuatro  edades  de  la  vida ,  cuadro  de 
Van  Dyck.—  La  buenaventura  al  alcance  de  todos ,  dibujo  de  F.  Mota. 

El  arte  con  que  Morera  interpreta  la  Naturaleza 
es  tan  personal,  y  su  buen  gusto  tan  conocido,  que 
al  contemplar  el  paisaje  que  en  la  página  44  re¬ 
producimos  se  adivina  desde  luego  que  es  obra 
suya. 

El  frondoso  sitio,  tan  bien  escogido  y  tan  artís¬ 
ticamente  compuesto,  produce  una  impresión  su¬ 
mamente  agradable,  y  la  factura  del  dibujo  acre¬ 
dita  una  vez  más  la  maestría  y  la  elegancia  con 
que  Morera  gasta  el  lápiz . 


Representa  el  cuadro  de  Antonio  Van  Dyck, 
cuya  copia  publicamos  en  la  página  45,  Las  cua¬ 
tro  edades  de  la  vida .  La  infancia,  hermosa  y  tran¬ 
quila,  está  simbolizada  en  el  hermoso  niño  que 
duerme  descuidado;  la  juventud,  bella  y  graciosa, 
la  representa  la  hermosa  joven  que  ostenta  en  sus 


manos  las  flores  de  la  primavera  de  la  vida  y  el 
fruto  símbolo  del  estudio  y  del  trabajo;  la  edad 
viril  la  expresa  fuerte  y  altivo  el  guerrero  que 
ocupa  el  centro  del  cuadro,  vestido  de  férrea  ma¬ 
lla  en  señal  de  lucha  y  esfuerzo,  cuya  musculatura 
revela  el  ejercicio  activo,  que  robustece.  En  un 
ángulo  destaca  la  blanca  cabeza  del  anciano,  cuyo 
cuerpo  han  encorvado  los  años  y  los  sufrimientos. 
Vuelve  la  vista  hacia  el  fondo,  y  señala  con  el 
dedo  una  dirección  de  la  que  no,  puede  apartarse, 
y  convencido  y  resignado  emprende  el  último  via¬ 
je,  del  que  no  se  vuelve  jamás. 

La  ejecución  del  cuadro,  con  tal  profundidad 
pensado,  es  digna  del  célebre  discípulo  de  Rubens. 


No  es  preciso  penetrar  en  la  tenebrosa  guarida 
del  astrólogo,  ni  apelar  á  sus  secretos  prestigios 
para  conocer  el  horóscopo  revelador  de  nuestra 
buena  ó  mala  ventura;  en  pleno  día,  y  al  aire  li¬ 
bre,  nos  brinda  la  gitana  con  la  profecía  de  nues¬ 
tra  suerte,  con  la  acostumbrada  fórmula  de:  Te 
ladigoy  resalaos» 

En  el  dibujo  de  Mota  de  la  página  49  el  resalao 
es  un  quinto  recién  incorporado  á  filas,  quien  con¬ 
fía  su  mano  á  la  hechicera,  que  le  adivina  desde 
el  color  del  pelo  de  su  novia  hasta  los  empleos  que 
la  fortuna  prepara  al  futuro  héroe.  Otros  soldados 
ríen  de  la  candidez  del  pistólo ;  pero  para  que  en 
el  dibujo  no  falte  junto  á  la  nota  cómica  la  seria 
é  interesante,  ha  colocado  el  artista  al  lado  del 
soldado  á  sus  viejos  padres,  que  oyen  embelesados 
á  la  gitana  el  porvenir  que  aguarda  al  hijo  que  la 
guerra  ha  arrancado  de  su  hogar. 

•  • 

D.  ENRIQUE  FREXAS. 

Es  el  retrato  que  en  la  página  48  publicamos 
del  notable  crítico  musical  D.  Enrique  Frexas, 
que  por  modo  brillante  ejerce  en  Buenos  Aires  su 
difícil  profesión.  Hará  unos  cincuenta  años  que 
nació  en  Murcia  y  se  dedicó  á  la  carrera  de  Juris¬ 
prudencia,  que  terminó  en  1871  con  gran  brillan¬ 
tez.  No  le  impidieron  los  austeros  estudios  del 
Derecho  adquirir  muy  sólidos  conocimientos  de 
arte,  y  cuando  después  de  escribir  muy  importan¬ 
tes  trabajos  en  la  prensa  barcelonesa  se  trasladó  á 
Buenos  Aires,  conquistó  en  seguida  el  primer 
puesto  en  la  crítica  del  arte  musical  y  comenzó  á 
ejercerla  en  el  acreditado  periódico  La  Nación . 
De  gran  inteligencia  y  vastos  y  profundos  cono¬ 
cimientos  musicales,  tiene  además  por  tempera¬ 
mento  tal  integridad  y  tal  independencia,  que  sus 
juicios  revisten  una  autoridad  indiscutible. 

En  la  actualidad  es  profesor  de  Historia  y  Es¬ 
tética  de  la  Música  en  el  Conservatorio  de  Buenos 
Aires.  Hemos  tenido  el  gusto  de  leer  la  conferen¬ 
cia  inaugural  de  esta  clase,  dada  en  dicho  Conser¬ 
vatorio  por  el  Sr.  Frexas,  y  nos  ha  confirmado  su 
lectura  el  excelente  concepto  en  que  teníamos  sus 
aptitudes  y  su  ciencia. 

Sus  atinadas  consideraciones  sobre  el  estado  ac¬ 
tual  del  progreso  musical;  su  noble  propósito  de 
separar  lo  que  es  desarrollo  y  progreso  eficaz  y 
fecundo  de  lo  que  es  anárquica  confusión  y  capri¬ 
choso  radicalismo;  su  método  para  hallar  la  ver¬ 
dad  estudiando  en  la  historia  de  la  Música  lo  que 
el  divino  arte  ha  sido ,  y  en  la  Estética  lo  que  debe 
ser  y  revelan  claramente  lo  útilísimo  que  ha  de  ser 
para  los  que  en  el  Conservatorio  de  Buenos  Aires 
se  dedican  al  estudio  de  la  Música  la  cátedra  al 
Sr.  Frexas  encomendada. 

Nosotros  al  felicitarle  nos  felicitamos,  como  es¬ 
pañoles,  de  ver  un  compatriota  c^ue  de  tal  manera 
se  distingue  por  su  verdadero  mérito. 

• 

*  • 

MATANZAS  (ISLA  DE  CUBA). 

Casa  Consistorial  de  la  villa  de  Colón. 

El  segundo  grabado  de  la  página  48  reproduce 
una  vista  fotográfica  de  la  Casa-Ayuntamiento  de 
Colón,  pueblo  de  la  provincia  de  Matanzas,  fun¬ 
dado  en  1818,  al  que  se  hallan  agregados  el  de  Cai¬ 
mito  del  Sur,  y  los  caseríos  Amarillos,  Buenavista, 
Calimete,  Copuges,  Corralillos,  Francisco  López, 
Gallardo,  Guareyras,  Hanobona,  Jagüey  Grande, 
Mejías,  Montana  Suní  y  Sitios,  reuniendo  20.500 
habitantes.  Es  el  centro  azucarero  de  toda  la  Isla. 
• 

•  * 

MADRID. 

Escndo  colocado  en  el  ¿tico  del  nuevo  Ministerio  de  Fomento. 

En  la  página  52  damos  copia  del  magnífico  es¬ 
cudo  de  España  que  para  el  ático  del  nuevo  Minis¬ 
terio  de  Fomento  ha  esculpido  Ricardo  Bellver,  el 
laureado  autor  de  las  estatuas  de  Elcano  y  El  An¬ 
gel  Caído  y  y  de  las  importantísimas  obras  escultó- 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Enbro  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  iu  —  43 


ricas  d©  la  catedral  de  Sevilla.  Este  trabajo  herál¬ 
dico,  tan  artísticamente  ejecutado,  es  la  última 
obra  de  Bell  ver,  y  deseamos  que  en  otras  de  más 
empeño  y  más  amplio  campo  para  su  gran  talento 
nos  dé  ocasión  de  tributarle  mayores  elogios. 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


SOBRE  LA  PRIMERA  REPRESENTACIÓN 

DE  LA  TRAGEDIA  «CLEOPATRA». 


*4zz*¿*,  ON  motivo  de  la  representación  de 
Gleopatra ,  tragedia  tomada  por  Eu¬ 
genio  Sellés  de  la  que  Guillermo  Sha¬ 
kespeare  escribió,  siglos  há,  en  len¬ 
gua  inglesa,  acuden  á  mi  espíritu  no 
-sj  pocas  consideraciones,  al  parecer  contra- 
dictorias,  algunas  de  las  cuales  voy  á  ex- 
£*  presar  en  el  presente  escrito, 
j  Lo  primero  que  yo  afirmo  es  la  infalibili- 
'  dad  del  público  en  asuntos  literarios;  pero 
esta  infalibilidad  suele  quedarse  en  potencia ,  y  á 
veces  no  se  actúa ,  por  faltar  las  condiciones  qae 
para  ello  se  requieren. 

Pongamos  por  caso  la  oda  de  Quintana  al  le¬ 
vantamiento  de  España  en  1808.  Sin  duda  es  di¬ 
cha  oda  una  de  las  más  sublimes  poesías  líricas 
entre  cuantas  se  han  compuesto  en  toda  lengua 
humana,  desde  que  componen  versos  los  hombres. 
Cuanto  en  ella  se  dice  es  en  extremo  nacional  y 
popular;  se  halla  en  perfecta  armonía  con  el  sen¬ 
tir  y  el  pensar  del  pueblo  en  todos  los  momentos, 
y  singularmente  en  el  momento  en  que  se  com¬ 
puso  la  oda.  Y,  sin  embargo,  la  belleza  de  la  for¬ 
ma,  el  primor  ineludible  del  estilo  poético,  sin  el 
cual  no  sería  verso,  sino  mala  prosa  lo  que  escri¬ 
bió  Quintana,  y  su  rapto  lírico,  á  todo  lo  cual  no 
está  acostumbrado,  y  para  todo  lo  cual  no  está 
educado  el  vulgo,  inhabilitan  la  composición  para 
que  sea  del  vulgo  comprendida.  De  aquí  que  la 
mencionada  oda  de  Quintana,  que  debió  ser  popu- 
larísima  en  nuestro  país,  sea  solo  estimada  y  gus¬ 
tada  por  los  refinados  aristócratas  del  pensamien¬ 
to,  y  sea  para  el  vulgo  como  el  Libro  de  los  siete 
sellos ,  ó  por  lo  menos  como  algo  escrito  en  griego 
ó  en  hebraico. 

En  la  oda  de  Quintana  comprendo  yo  perfecta¬ 
mente  la  causa  de  la  contradicción,  y  dejo  á  salvo 
la  infalibilidad  del  vulgo  en  potencia .  Si  fuera  po¬ 
sible  ilustrarle  de  repente  para  que  penetrase  el 
misterio  de  la  forma,  donde  lo  bello  y  lo  sublime 
residen,  acaso  no  habría  composición  alguna  poé¬ 
tica  española  que  tanto  conmoviese  y  entusias¬ 
mase  á  la  muchedumbre. 

En  otros  casos  la  contradicción  es  más  difícil 
de  explicar,  pero  también  se  explica.  Sea  uno  de 
estos  otros  casos  el  de  la  tragedia  Gleopatra ,  es¬ 
crita  en  prosa,  cuyas  bellezas  y  sublimidades  en¬ 
tran  ó  deben  entrar  más  por  los  ojos  y  por  los 
oídos,  y  representada  muy  bien,  así  por  María 
Guerrero,  como  por  Antonio  Vico,  con  atinado 
lujo,  propiedad  y  elegancia  en  trajes  y  decoracio¬ 
nes.  La  tragedia,  no  obstante,  ¿para  qué  disimu¬ 


larlo?  ha  gustado  poco.  ¿En  qué  consiste  esto? 
¿Dónde  está,  pues,  la  infalibilidad  del  vulgo? 

La  contestación  se  cae  de  su  peso.  No  era  vulgo, 
ni  era  por  consiguiente  infalible,  el  público  que 
acogió  la  Gleopatra  fría  y  desdeñosamente  la  no¬ 
che  de  su  estreno.  Yo  tengo  por  seguro  que  la 
Gleopatra  hubiera  sido  estrepitosamente  aplaudida 
si  acude  á  oirla,  no  un  público  selecto,  sino  el  más 
humilde  y  verdadero  público  de  Madrid.  El  vulgo 
madrileño  del  siglo  XIX  se  hubiera  complacido  é 
interesado  tanto  en  la  representación  de  Gleopa- 
tra ,  como  el  vulgo  de  Londres  en  el  siglo  xvn. 

No  eran  menester  esfuerzos  de  atención,  ni  co¬ 
nocimientos  previos  para  percibir  la  hermosura 
y  hacerse  cargo  de  la  grandeza  de  la  obra  y  del 
alto  valer  que  tiene. 

Expongamos  aquí  algunas  de  las  razones  que 
hay  para  afirmar  este  valer;  valer  claro  y  paten¬ 
te,  para  cuya  demostración  no  se  requiere  alam¬ 
bicar  mucho,  aunque  no  seamos  entusiastas  de 
Shakespeare  como  Víctor  Hugo,  sino  severos  con 
él  como  Voltaire  y  Moratín,  de  quienes  no  estará 
de  más  sostener  aquí  que  nunca  negaron  que 
Shakespeare  fuese  un  maravilloso  dramaturgo,  un 
genio  extraordinario,  por  más  que  censurasen  el 
desenfreno  y  la  carencia  de  reglas  y  de  medida 
en  sus  producciones. 

El  argumento  de  la  tragedia  no  puede  pasar  de 
moda,  ni  puede  menos  de  interesar  en  todas  las 
edades.  La  situación  del  mundo  civilizado  pocos 
años  antes  de  la  venida  de  Cristo,  y  el  destino  de 
las  más  importantes  naciones  de  Europa,  Asia  y 
Africa,  todo  se  cifra  y  compendia  en  una  acción 


cuyo  poderoso  móvil  es  el  amor  ciego  y  entraña¬ 
ble  de  un  hombre  hacia  una  asombrosa  mujer, 
cuyos  hechizos  y  seducciones  parecerían  fabulo¬ 
sos  ó  inverosímiles  si  no  estuvieran  tan  irrefra¬ 
gablemente  probados  por  los  testimonios  históri¬ 
cos  más  fidedignos  y  concordes. 

Entre  estos  testimonios  hay  uno  admirable  por 
la  sencillez,  candor  y  naturalidad  del  estilo:  el  de 
Plutarco,  á  quien  la  docta  antigüedad  aclamó  el 
bueno  y  el  hermoso .  Shakespeare  ha  seguido  fiel¬ 
mente  á  Plutarco,  poniendo  en  diálogo  y  en  esce¬ 
na,  hasta  con  las  mismas  palabras  á  veces,  lo  que 
Plutarco  narra.  De  aquí  que,  al  desdeñar  la  trage¬ 
dia  de  Gleopatra ,  no  parece  sino  que  se  desdeña  el 
asunto  histórico  como  de  poca  cuenta,  y  que  se 
desdeña  también  al  bueno  y  hermoso  Plutarco 
como  impertinente,  fastidioso  y  desmañado. 

¿Será  acaso  que  Shakespeare  haya  estropeado  el 
asunto  y  destruido  el  encanto  de  la  narración  de 
Plutarco  al  convertir  la  narración  en  drama?  Aun¬ 
que  nos  sujetásemos  á  preceptos  literarios  seudo- 
clásicos,  más  estrechos  que  los  de  Voltaire  y  Mo¬ 
ratín,  y  aunque  fuésemos  más  severos  que  ellos, 
tendríamos  que  contestar  con  un  no  á  la  anterior 
pregunta.  Todas  las  infracciones  de  las  reglas,  las 
impropiedades  y  los  anacronismos ;  las  chocarre¬ 
rías  que  para  divertir  y  hacerse  simpático  á  la 
plebe  de  su  tiempo  pueda  haber  ingerido  el  poeta 
inglés  en  su  drama;  los  discreteos  y  tiquis  miquis, 
tan  impropios  del  siglo  de  Augusto,  que  sin  duda 
hay  también,  y  de  que  Shakespeare  gustaba,  ce¬ 
diendo  á  la  moda  del  eufutsmo ,  que  en  el  reinado 
de  Isabel  de  Inglaterra  corresponde  á  lo  que  fue 
el  estilo  culterano  entre  nosotros;  y  los  personajes 
inútiles  ó  inconducentes  á  lo  esencial  de  la  acción, 
no  bastan  á  desnaturalizarla,  ni  destruyen  ni  ofus¬ 
can  tampoco  los  rasgos  magistrales  con  que  están 
trazados  y  con  que  aparecen  á  nuestra  vista  los 
dos  principales  personajes  del  drama:  Gleopatra  y 
su  amante  el  triunviro  Antonio.  Lo  complicado  de 
ambos  caracteres  los  hace  más  humanos,  más  con¬ 
formes  con  la  realidad,  más  históricos  y  más  vi¬ 
vidos  ,  sin  menoscabar  su  elevación  heroica,  sino 
prestándoles  el  atractivo  de  lo  inexplicado  y  mis¬ 
terioso.  En  el  carácter  de  Cleopatra,  en  las  pasio¬ 
nes  que  agitan  su  espíritu,  hay  una  indetermina¬ 
ción  y  una  vaguedad  que  tienen  su  fundamento  en 
la  natural  condición  humana.  ¿Es  Cleopatra  ambi¬ 
ciosa  y  soberbia,  y  ama  á  Antonio,  y  tiene  celos 
de  Antonio  por  ambición,  por  amor  propio  y  por 
orgullo,  ó  le  ama  también  de  amor  vehemente, 
más  ó  menos  sensual  y  perverso,  pero  como  aman 
otras  mujeres  enamoradas?  Esto,  ni  lo  deslinda 
Plutarco,  ni  Shakespeare  lo  aclara,  ni  Cleopatra 
misma  lo  supo  durante  su  vida,  ni  tuvo  de  ello 
plena  conciencia.  Tal  vez  lo  sintió  todo  alternativa 
ó  simultáneamente,  de  donde  los  diversos  aspectos 
bajo  los  cuales  se  nos  muestra  la  figura  moral  de 
la  singular  Reina  de  Egipto,  último  vástago  de  los 
Lagidas;  despreciadora  de  los  dioses;  sin  más  ley 
moral  que  su  capricho  y  su  deleite;  heroicamente 
valerosa  cuando  le  daba  vigor  su  orgullo ;  con  co¬ 
bardes  desfallecimientos  de  mujer  en  otras  oca¬ 
siones;  prendada  acaso  real  y  efectivamente  de 
Antonio,  como  antes  lo  estuvo  de  César,  como  lo 
están  las  mariposas  de  la  brillante  llama  en  cuyo 
resplandor  van  á  quemarse;  y  tal  vez  prendada 
de  sus  ensueños  y  proyectos  de  ambición,  y  de  lle¬ 
gar  á  ser  reina  y  emperatriz  del  mundo,  impo¬ 
niéndole  como  leyes  sus  antojos  desde  el  Capitolio 
de  Roma,  adonde  hubiera  subido  con  Antonio  si 
Antonio  en  Accio  hubiera  vencido. 

El  admirable  ingenio  de  Shakespeare  está  por 
cima  de  todas  las  faltas  en  que  el  mal  gusto  de  su 
tiempo  pudo  hacerle  caer,  que  la  crítica  negativa 
señala,  y  que  aquí  no  se  disimulan  ni  se  atenúan 
siquiera. 

El  general  aplauso,  el  entusiasmo  secular,  la  casi 
adoración  con  que  Shakespeare  es  mirado  en  el 
mundo  todo,  y  especialmente  por  una  de  las  na¬ 
ciones  más  inteligentes,  ricas,  civilizadas  y  pode¬ 
rosas  que  ha  habido  en  la  tierra,  deben  infundir  ó 
infunden  tal  respeto,  que  parece  desacato  temera¬ 
rio  y  punto  menos  que  delirio  de  la  vanidad  igno¬ 
rante  y  presuntuosa  el  mirar  á  Shakespeare  con 
desdén,  poniendo  nuestro  propio  criterio  por 
cima  del  de  tantos  y  tan  egregios  entendimientos 
humanos,  durante  tres  siglos,  unánimes  en  ensal¬ 
zarle. 

En  España  somos  no  poco  inclinados  á  tales 
atrevimientos,  que  á  veces  tienen  algo  de  chisto¬ 
sos,  y  que  á  veces  también  nos  parecen  simpáticos, 
como  manifestación  de  cierta  independencia  de 
espíritu  que  no  se  deja  arrastrar  de  lo  que  otras 
personas  dicen  y  piensan.  Aquí,  si  Calderón  ó 
Lope  no  nos  agradan,  tendremos  el  miramiento 
de  no  silbarlos;  pero  lo  que  es  el  desagrado  no  le 
disimularemos  en  manera  alguna:  nuestro  disimu¬ 
lo,  en  todo  caso,  valdrá  para  poner  en  nuestra  re¬ 
probación  la  sal  y  pimienta  del  chiste.  Yo  recuer¬ 


do  que  personas  bastante  ilustradas ,  llamándome 
aparte  y  hablándome  cou  cierto  sigilo,  han  tratado 
de  hacerme  confesar  que  la.  Eneida  y  que  las  Geór¬ 
gicas  eran  obras  inaguantables;  que  la  litada  no 
vale  un  pito,  y  que  yo  elogiaba  los  tales  poemas 
para  no  chocar,  para  conformarme  con  el  parecer 
de  los  doctos  y  para  pasar  por  docto  también. 
Hasta  se  cuenta  de  un  atildado  é  ingenioso  poeta 
de  nuestros  días,  que,  poco  antes  de  morir,  llamó 
á  sus  hijos  como  si  tratase  de  hacerles  importan¬ 
tísima  revelación ,  y  lo  que  les  reveló  fue  que  el 
Dante  le  apestaba. 

La  verdad  es  que  lo  dicho  no  carece  d©  gracia, 
y  que  demuestra  que,  así  como  ya  no  hay  Inqui¬ 
sición  para  las  cosas  de  la  fe,  tampoco  debe  ha¬ 
berla  para  la  literatura,  y  que  cada  cual  debe  ser 
libre  de  examinar  y  de  juzgar  según  su  criterio 
y  como  mejor  le  parezca  á  los  autores  vivos  y 
muertos. 

Indudablemente  los  principios  en  que  se  funda 
el  criterio  literario  no  son  un  dogma  revelado; 
pero,  en  mi  sentir,  no  son  tampoco  meramente 
subjetivos.  Para  mí,  así  como  la  moral  tiene  un 
fundamento  absoluto,  superior  á  toda  mente  hu¬ 
mana,  así  también,  y  si  no  tan  claro,  no  menos 
firme  ni  menos  absoluto,  tiene  su  fundamento  la 
estética,  por  cuya  virtud  comprendemos  lo  bello  y 
juzgamos  las  obras  literarias  y  artísticas. 

Ahora  bien;  ¿no  es  lícito  sospechar,  como  conse¬ 
cuencia  de  lo  expuesto,  que  implica  por  lo  menos 
frivolidad,  intelectual  miopía,  ó  ineptitud  para 
fijar  la  atención  y  comprender  las  cosas,  el  desde¬ 
ñarlas  por  malas  ó  por  poco  divertidas  cuando 
han  sido  celebradas  como  buenas  y  excelentes  por 
inteligencias  superiores  de  varias  épocas  y  países? 

Shakespeare  tendrá  sus  defectos.  ¿Qué  sér  hu¬ 
mano  no  los  tiene?  Pero  mucho  ha  de  valer,  á  pe¬ 
sar  de  ellos,  cuando  nación  tan  grande  y  tan  do¬ 
minadora  en  el  mundo  como  la  nación  inglesa 
ha  hecho  de  él  su  ídolo;  cuando  Emerson  se  atreve 
á  decir  que  dicho  poeta  anuncia  la  posibilidad  de 
la  aparición  en  la  tierra  de  una  raza  superior  á  la 
humana,  y  cuando  Carlyle  afirma  que  Inglaterra, 
su  patria,  preferiría  perder  todo  el  Imperio  de  la 
India  á  perder  á  Shakespeare,  ya  que  éste,  per¬ 
dida  *la  India  y  desbaratado  y  roto  en  mil  pedazos 
el  Imperio  británico,  será  todavía  inmortal  y  glo¬ 
rioso  lazo  de  unión  de  cuantos  hombres  esparcidos 
sobre  el  haz  de  nuestro  planeta  sigan  hablando  en 
inglés  y  pongan  en  Albión  el  origen  de  su  casta. 
No  habrá  autonomía,  ni  completa  independencia, 
ni  sujeción  á  nuevo  dominio  que  destruya  ó  borre 
la  original  fraternidad  de  los  ingleses,  cuya  más 
clara  manifestación  será  el  libro  que  contiene  los 
dramas  del  gran  poeta.  Así,  Cervantes,  no  sólo 
para  la  Península  española,  sino  para  todas  sus 
antiguas  colonias,  hoy  Repúblicas  independien¬ 
tes,  será  rey  ó  benigno  tirano,  cuyo  yugo  no  sacu¬ 
dirán  nunca,  y  que  las  unirá  á  nosotros  mientras 
no  se  olvide  el  habla  castellana,  y  contribuyendo 
noble  y  eficazmente  á  que  no  se  olvide. 

Ya  hemos  visto  que  el  asunto  no  es  para  desde¬ 
ñado,  porque,  sobre  ser  de  muy  apasionados  amo¬ 
res,  envuelve  en  sí  la  suerte  del  mundo  en  un  so¬ 
lemne  momento  histórico;  y,  con  el  nacimiento 
del  imperio  de  Roma,  constituye  y  marca  una 
nueva  era.  Plutarco,  al  referirlo  todo,  me  parece 
que  no  lo  ha  echado  á  perder.  Shakespeare  no  lo 
ha  estropeado  tampoco,  á  pesar  de  sus  eufuísmos 
y  desarreglos.  ¿Lo  habrá  estropeado  acaso  Euge¬ 
nio  Sellés?  Pero  ¿cómo  ha  de  ser  esto  posible? 
Eugenio  Sellés,  procediendo  con  el  más  atinado 
buen  gusto  y  sujetándose  á  las  exigencias  del  tea¬ 
tro  en  el  día,  ha  suprimido  cuantos  personajes  no 
son  indispensables  para  que  la  acción  se  cumpla, 
se  realice  á  la  vista  de  los  espectadores  y  sea  com¬ 
prendida  por  ellos;  ha  procurado  observar  el  pre¬ 
cepto  de  las  tres  unidades,  y  casi  ha  logrado  la  de 
lugar,  evitando  las  frecuentes  mutaciones  de  es¬ 
cena,  la  subida  y  bajada  de  los  telones  y  la  tras¬ 
lación  algo  fatigosa  del  público,  aunque  sea  en 
espíritu,  de  Egipto  á  Italia,  de  Italia  á  Grecia,  y 
de  Grecia  á  Egipto  de  nuevo;  ha  traducido  fiel¬ 
mente,  en  elegante  y  castiza  prosa  castellana,  lo 
más  bello  de  Shakespeare,  y,  por  consiguiente,  lo 
más  bello  también  de  Plutarco;  y,  por  último,  si 
vale  decirlo  así  sin  faltar  al  respeto  que  á  Shake¬ 
speare  se  debe,  ha  hecho  algo  parecido  á  lo  que 
haría  hábil  y  entendido  agricultor  que  convirtiese 
un  magnífico,  frondoso  y  un  tanto  cuanto  enma¬ 
rañado  bosque,  donde  pudiéramos  extraviarnos, 
en  primoroso  huerto,  en  el  que  persisten  las  más 
ricas  y  lozanas  plantas  y  flores  que  en  el  bosque 
había,  y  donde  siempre  quedan  á  la  vista,  sin  per¬ 
derse  en  el  exuberante  laberinto  del  follaje,  las 
dos  personas,  sobre  las  cuales  importa  que  la  aten¬ 
ción  se  fije. 

Claro  está  que  para  leer  á  Shakespeare  en  casa, 
todo  este  arreglo  estaría  de  sobra  y  hasta  sería 
una  profanación;  mas  para  ver  la  obra  de  Shake- 


Digitized  by  ^.ooQie 


BELLAS  ARTES. 


PAISAJE, 
POR  J.  MORERA. 


m 

- 


Digitized  by  ^.ooQie 


BELLAS  ARTES 


T 


Digitized  by  ^.ooQie 


CUADRO  DE  VAN  DYCK 


46  —  N.°  iii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Enero  1898 


apeare  en  España  y  en  el  teatro,  era  indispensable 
el  arreglo,  y  Eugenio  Sellés  le  ha  llevado  á  cabo 
con  amor  y  con  entendimiento  del  eminente  poeta 
cuya  obra  arreglaba,  con  no  corta  habilidad  y  con 
el  conveniente  saber  y  experiencia  de  los  efectos 
y  juegos  de  la  escena. 

Hecha  así  la  apología  de  la  tragedia  Cleopatra, 
que  recientemente  se  ha  estrenado  en  el  teatro 
Español,  resulta  grave  acusación  contra  el  pú¬ 
blico,  á  causa  de  su  frialdad  y  de  sus  desdenes. 

Tal  vez  me  calificará  alguien  de  contemporiza¬ 
dor;  tal  vez  me  llamará,  y  perdóneseme  lo  bajo  y 
familiar  de  la  palabra,  sobrado  pastelero.  Yo,  sin 
embargo,  voy  á  ver  si  disculpo  al  público  ó  ate¬ 
núo  al  menos  su  pecado.  Líbreme  Dios  de  ser  poco 
galante,  de  echar  la  culpa  de  todo  á  las  mujeres, 
y  de  decir  como  decía  Iriarte,  hace  ya  cerca  de 
un  siglo: 

Las  miyeres,  que  ahora  no  despuntan 
Como  en  siglos  pasados  por  discretas, 

Si  en  el  teatro  público  se  juntan, 

Aplauden  cuando  más  al  tramoyista, 

Oyen  tal  cual  chulada  del  sainete, 

Y  sirve  lo  demás  de  sonsonete 

Mientras  que  están  haciendo  una  conquista. 

Nada  de  eso.  Las  mujeres  son  en  el  d^a  tan  dis¬ 
cretas  ó  más  discretas  que  en  cualquiera  otra  épo¬ 
ca.  Su  afición  á  hacer  conquistas  no  es  mayor  ni 
menor.  Y  en  lo  tocante  á  que  gusten  de  las  chola¬ 
das  ó  chuscadas  de  los  sainetes,  lo  que  es  yo  las 
absuelvo,  y  hasta  me  confieso  tan  pecador  como 
ellas,  porque  también  á  mí  me  divierte  y  me  hace 
reir  lo  chusco  ó  lo  chulo,  y  no  veo  por  dónde  ha 
de  oponerse  esto  á  que  agraden  é  interesen  tam¬ 
bién  las  tragedias.  Jamás  he  llegado  á  compren¬ 
der  ese  á  modo  de  antagonismo ,  de  que  ahora  se 
habla  tanto,  entre  el  género  grande  y  el  género 
chico .  A  mi  ver,  todo  lo  que  es  ingenioso,  inspi¬ 
rado  y  sentido,  ya  propenda  á  conmover,  ya  ten¬ 
ga  por  objeto  excitar  la  risa,  pertenece  al  género 
grande,  aunque  sea  un  sainete,  como  La  Casa  de 
tócame  Roque  ó  Las  Castañeras  picadas ,  ú  otros 
de  autores  vivos  que  no  nombro,  para  que  nadie 
diga  que  los  adtilo.  No  consiste,  pues,  ni  en  la  fri¬ 
volidad  de  las  damas,  ni  en  sus  pobres  y  malos 
instintos  literarios  el  que  la  Cleopatra  no  agrade. 

Otra  razón  se  aduce  para  esto,  pero  aun  me  pa¬ 
rece  más  falsa.  Se  dice  que  vivimos  en  tiempos 
harto  calamitosos  y  tristes,  por  lo  cual  no  quiere 
la  gente  que  se  añadan  calamidades  y  tristezas 
fantásticas  á  las  reales  y  positivas  que  ya  la  abru¬ 
man,  sino  que  quiere  ir  á  reir  y  no  á  llorar  al 
teatro. 

El  anterior  razonamiento,  con  todo,  no  tiene 
fuerza  alguna  cuando  se  considera  que,  por  cala¬ 
mitosos  que  sean  los  tiempos  presentes,  apenas 
hay  tiempo  pasado  que  pueda  calificarse  de  mejor, 
en  toda  la  prolongación  de  los  siglos,  por  donde 
siempre  debieron  de  agradar  los  sainetes  y  des¬ 
agradar  las  tragedias.  Y  por  otra  parte,  las  lágri¬ 
mas  que  puede  hacer  verter  una  tragedia  y  el  te¬ 
rror  y  la  compasión  que  la  tragedia  inspira,  son 
de  otra  índole  muy  diferente  de  las  lágrimas,  del 
terror  y  de  la  compasión  que  causan  los  aconteci¬ 
mientos  reales  y  no  imaginados  ó  reproducidos 
imaginariamente,  con  arreglo  á  lo  que  sucedió  si¬ 
glos  há.  De  aquí  lo  que  llamaba  Aristóteles  purifi¬ 
cación  de  las  pasiones  en  el  drama,  porque  nues¬ 
tro  llanto,  nuestra  compasión  ó  nuestro  terror, 
por  lo  que  en  nuestra  vida  real  sobreviene,  traen 
siempre  consigo  el  dolor,  la  amargura  y  la  pena, 
mientras  que  el  llanto,  el  terror  y  la  compasión 
que  nacen  por  virtud  estética  en  el  espíritu  hu¬ 
mano,  realzan  este  espíritu  en  vez  de  deprimirle, 
y  soberanamente  le  deleitan.  Y  en  el  caso  de 
Cleopatra  se  ve  esto  con  mayor  claridad  que  en 
cualquiera  otro  caso.  ¿Qué  espectador  habría  en  el 
teatro  la  noche  del  estreno  que  hubiera  perdido  ó 
que  temiera  perder  el  imperio  del  mundo,  que 
hubiera  dominado  despóticamente  multitud  de 
pueblos  distintos,  que  hubiera  tenido  príncipes  y 
reyes  en  su  séquito,  y  que  hubiera  caído  por  su 
estupendo  orgullo ,  por  la  ceguedad  de  sus  amores 
ó  por  sus  crímenes  casi  sobrehumanos  de  puro 
grandes,  en  tan  hondo  abismo  como  cayeron  Cleo¬ 
patra  y  Antonio  desde  elevación  tan  pasmosa? 
Confesemos  que  la  compasión  y  el  terror  que  pue¬ 
de  infundir  tal  caída,  por  lo  mismo  que  es  tan 
descomunal  y  extraordinaria,  no  molesta  ni  dis¬ 
gusta.  Cualquier  sainete,  por  gracioso  que  sea, 
puede  molestar  y  disgustar  más.  El  Sutil  trampo¬ 
so ,  por  ejemplo,  molestará  interiormente,  aunque 
exteriormente  haga  reir,  á  todos  los  tramposos 
más  ó  menos  sutiles  que  le  vean  ó  le  oigan.  Y  Los 
Tres  novios  imperfectos  afligirán  más  que  las  des¬ 
venturas  de  Cleopatra  y  de  Antonio  á  cuantos  no¬ 
vios  carezcan  de  perfecciones  y  de  requisitos,  acaso 
más  trascendentales  que  los  que  faltaban  á  los  tres 
del  sainete,  que  eran:  tuerto  uno,  sordo  otro,  y 
otro  tartamudo. 


En  suma;  por  nada  de  cuanto  va  dicho  ha  des¬ 
agradado  ó  ha  agradado  poco  la  tragedia  de  Cleo¬ 
patra.  La  causa  del  desagrado  estriba  en  lo  poco 
que  se  fija  la  atención;  en  que  entre  nosotros  acude 
la  gente  al  teatro,  más  para  ver  y  ser  vista,  que 
para  oir  los  dramas;  y  en  que  cierto  género  de 
composiciones  requiere  y  hasta  exige  cuidadoso 
recogimiento  para  comprenderlas  bien,  estimarlas 
y  juzgarlas.  El  mismo  público  que  hubo  en  el  tea¬ 
tro  Español  la  noche  del  estreno,  hubiera  aplau¬ 
dido  y  celebrado  la  Cleopatra  si  la  hubiera  mirado 
y  escuchado  más  atentamente.  Entretanto,  yo  creo 
que,  en  vez  de  motejarle  por  su  falta  de  atención, 
y  en  vez  de  censurar  su  ligereza,  debemos  celebrar 
y  aplaudir  que  sé  haya  aficionado  á  ir  al  teatro  Es¬ 
pañol  y  á  escuchar  las  obras  maestras,  aunque  pe¬ 
que  en  ocasiones  de  algo  distraído.  Esperemos  que 
se  corrija  de  esta  falta  y  que  así  contribuya  eficaz¬ 
mente  á  que  reverdezcan  los  laureles  y  á  que  re¬ 
viva  la  gloria  que  las  musas  de  España  alcanzaron 
en  su  teatro,  el  cual  compite  en  hermosura,  en 
elevación  y  en  gracia  con  los  de  las  demás  nacio¬ 
nes  del  mundo,  superándolos  en  riqueza. 

La  actual  compañía  del  teatro  Español  se  esmera 
con  tino  y  por  cuantos  medios  están  á  su  alcance 
para  que  se  realice  dicha  esperanza,  y  algo  hace 
también  el  público  para  ello  acudiendo  ahora  al 
teatro  Español  con  empeño  y  constancia  que  desde 
hace  años  no  se  mostraban.  Nadie,  pues,  debe  que¬ 
jarse  de  la  indiferencia  del  público.  De  su  distrac¬ 
ción  en  algunas  obras  serias  hay,  en  mi  sentir, 
hasta  ciertas  causas  materiales  que  serían  muy  fᬠ
ciles  de  remediar.  ¿Por  qué  ha  de  empezar  la  fun¬ 
ción  por  una  obra  importante,  que  exige  ser  oída 
desde  el  principio,  con  reposo  y  con  el  espíritu 
completamente  despejado?  Mi  observación  hará 
reir,  pero  no  importa:  he  de  atreverme  á  decirla. 
La  gente  come  muy  tarde  en  Madrid;  llega  al  tea¬ 
tro  á  la  mitad  del  primer  acto,  ó  cuando  ya  el  pri¬ 
mer  acto  ha  concluido:  se  sienta  de  mal  humor 
porque  ha  tomado  de  prisa  el  café  ó  porque  no  le 
ha  tomado,  y  porque  no  ha  fumado  si  fuma.  El  es¬ 
pectador,  sobre  todo  el  espectador  elegante,  se 
halla  así  muy  mal  dispuesto  para  escuchar  con 
atención  un  drama  que  la  merezca  y  que  sin  aten¬ 
ción  no  puede  comprenderse  ni  estimarse  en  lo 
justo.  Debiera,  pues,  toda  función  de  teatro  em¬ 
pezar  por  el  sainete,  que  en  vez  de  llamarse  fin  de 
fiesta ,  se  podría  llamar  algo  que  equivaliese  en 
nuestra  lengua  á  lo  que  llaman  le  ver  du  r  idean  en 
Francia.  Desde  el  fin  del  sainete  hasta  el  comienzo 
del  drama,  pudieran  mediar  dos  ó  tres  cuartos  de 
hora  para  que  charlasen  y  flirteasen  galanes  y  da¬ 
mas,  para  que  estuviesen  ya  reposados  y  bien  aco¬ 
modados  los  espectadores  que  hubiesen  venido  á 
pie,  y  para  que  todos  estuviesen  ya  en  el  teatro, 
sin  que  interrumpiesen  la  representación  los  que 
á  cada  momento,  durante  ella,  fuesen  llegando  de 
sus  casas.  Convendría  también  que,  durante  la  re¬ 
presentación,  se  atenuase  muchísimo  la  luz  de  la 
sala,  á  fin  de  que  los  espectadores  no  se  distrajesen 
mirándose  unos  á  otros  y  fijasen  la  mirada  y  la 
mente  en  el  escenario.  No  estaría  de  sobra,  por 
último,  que,  una  vez  empezada  la  representación 
de  un  drama,  fuesen  los  entreactos  lo  más  cortos 
que  se  pudiese.  Así  no  se  daría  tiempo  para  que  los 
espectadores  se  reinstalasen  cómoda  y  honda¬ 
mente  en  la  vida  contemporánea  y  real  de  Ma¬ 
drid,  y  no  tuviesen  que  hacer  un  grande  esfuerzo 
de  voluntad  para  echar  á  volar  la  imaginación  pe¬ 
rezosa  cada  vez  que  el  telón  se  levantase  de  nuevo, 
y  salvar  con  ella,  en  Cleopatra ,  por  ejemplo,  en 
el  tiempo  veinte  siglos,  y  en  el  espacio  toda  la  mul¬ 
titud  de  kilómetros  que  hay  desde  Madrid  á  Ale¬ 
jandría. 

De  todos  modos,  y  aun  Sin  apelar  á  estos  y  á 
otros  remedios,  tal  vez  la  Cleopatra  acabe  por 
agradar  cuando  la  gente  se  haga  cargo  de  que  debe 
ser  así,  y  verdaderamente  sienta  el  agrado,  porque 
lo  que  es  yo,  lo  digo  con  franqueza,  detesto  la  hi¬ 
pocresía,  y  prefiero  que  silben  á  Sófocles,  á  Sha¬ 
kespeare,  y  á  otro  mayor  dramaturgo  si  le  hu¬ 
biese,  aunque  fuera  yo  quien  le  tradujera  ó  le  arre¬ 
glara,  á  que  le  aplaudiesen  como  para  cumplir  un 
deber  de  conciencia,  aparentando  entusiasmo  y 
disimulando  bostezos. 

Juan  Y alera. 


TRIBUNALES  DE  AMOR  EN  PROYENZA. 


Los  siglos  medios  fueron  de  exaltación  guerrera 
y  éxtasis  poético.  El  combatiente  y  el  trovador  se 
aunaban.  Las  grandes  hazañas  brotaban  de  los 
grandes  caballeros,  y  en  el  altar  de  la  hermosura 
se  consagraban  cantadas  por  el  inspirado  bardo. 

La  Provenza,  ya  romana  y  pagana,  ó  cristiana, 


fue  siempre  una  encarnación  viva  del  regionalis¬ 
mo.  Del  m  al  Xin  siglo  tardó  empero  en  consti¬ 
tuir  su  lengua  y  nacionalidad  provenzal;  pero  en 
todos  ellos  acentuó  su  carácter  por  esencia  román¬ 
tico  y  poético,  artístico  y  monumental. 

Quieren  algunos  que  la  Provenza  sea  la  Italia  de 
Francia,  y  la  llaman  ya  desde  la  época  romana, 
tierra  amada  de  los  dioses  inmortales,  preferida  á 
Roma  por  senadores  y  cónsules,  y  donde  César 
buscaba  descanso  en  Apta  Julia ;  recuerdan  la  Ve¬ 
nus  de  formas  divinas,  obra  maestra  de  la  escul¬ 
tura  antigua  fundada  en  Arlés;  el  arco  de  triunfo 
de  Orange;  el  templo  de  Nimes,  más  grandioso 
que  el  de  Roma,  Yerona,  Tarragona  y  Arlés,  donde 
veinte  mil  romanos  veían  caer  á  los  gladiadores 
saludando  á  César;  y  á  pocos  pasos  de  esa  gigan¬ 
tesca  Maison  carré ,  el  templo  á  Diana,  cuyas  cas¬ 
tas  sacerdotisas  se  bañaban  allí  cerca,  al  abrigo  de 
las  discretas  y  espesas  arboledas;  y  después  la 
fuente  de  Vaucluse  evocando  las  cascadas  de  Tí- 
voli  y  Géménos,  y  la  Sainte-Baume  disputando  á 
los  Apeninos  sus  árboles  seculares,  y  Sainte-An- 
toine,  jardín  encantador,  aromatizado  con  el  eter¬ 
no  perfume  de  sus  flores. 

La  leyenda  refiere  cómo  sucedió  la  Pro  venza 
cristiana  á  la  Provenza  pagana.  Aquella  civiliza¬ 
ción  á  la  vez  potente  y  enervante,  con  sus  cir¬ 
cos,  sus  teatros  y  sus  fiestas  perpetuas  embriaga¬ 
doras  de  perfumes  y  alegría;  sus  sacerdotisas  y  sus 
pontífices,  sus  gladiadores  y  sus  esclavos,  y  sus  or¬ 
gías  amorosas,  se  vió  interrumpida  primero,  ano¬ 
nadada  después,  por  la  llegada  de  Lázaro,  el  resu¬ 
citado  Lázaro,  seguido  de  María  y  Magdalena,  las 
santas  mujeres  que  acompañaron  á  Jesús;  y  Mar¬ 
sella  primero,  y  luego  toda  la  Provenza,  abolió  los 
falsos  dioses,  adorando  al  verdadero,  y  dedicando 
al  antiguo  centurión  Víctor,  cristianizado  bajo  el 
imperio  de  Diocleciano,  y  á  Casiano,  hospitales, 
vías  públicas,  asilos  y  fundaciones  de  toda  especie 
á  su  advocación  evangelizados.  Y  con  tanto  fervor 
se  arraigó  el  culto,  que  más  adelante,  cuando  los 
piratas  africanos  remontan  el  Ródano,  la  Proven¬ 
za,  inspirándose  en  el  héroe  romancesco  de  la  poe¬ 
sía  meridional,  Górard  de  Roussillon,  se  defiende 
con  ejemplarísima  bravura,  repugnando  el  rito 
mahometano, y  las  piadosas  y  heroicas  marsellesas, 
para  salvar  su  honor  del  desenfreno  de  las  hordas 
sarracenas,  se  desfiguran  por  completo  los  bellos 
rostros,  amputándose  la  nariz. 

El  siglo  de  oro  de  la  poesía  provenzal  fué  aquel 
en  que  gobernaron  los  Condes  de  Barcelona,  y 
poético  fue  también  el  comienzo  de  esta  soberanía. 

Dulce,  así  llamada,  la  bella  hija  de  Gerberge,  en 
la  que  acababa  la  primera  dinastía  de  los  Condes 
de  Pro  venza  de  la  raza  germánica,  casó  con  Ra¬ 
món  Berenguer,  conde  de  Aragón  y  de  Barcelona. 
Apasionada  de  su  marido,  quiso  declinar  en  él  todo 
poder,  cediéndole  en  absoluto  sus  derechos  para 
que  fuera  el  dueño  y  señor  de  cuanto  poseía,  como 
lo  era  de  su  cuerpo  y  de  su  alma:  de  este  rasgo  de 
amor  ardiente  proviene  la  dinastía  de  los  Condes 
de  Provenza-Catal uña- Aragón. 

El  florecimiento  de  la  poesía  provenzal  ¿obede¬ 
ció  al  influjo  de  la  poesía  árabe,  esplendente  á  la 
sazón  en  los  reinos  de  Sevilla,  Granada  y  Córdoba, 
dominados  por  los  sarracenos? 

Están  divididas  las  opiniones,  y  los  contradicto¬ 
res  de  esa  influencia  la  creen  nula,  ó  cuando  me¬ 
nos  muy  exagerada,  citando  porción  de  trovadores 
considerados  como  maestros  en  gaya  ciencia,  y 
respecto  de  los  cuales  aparece  evidente  la  imposi¬ 
bilidad  de  ser  inspirados  por  los  poetas  árabes,  á 
quienes  cronológicamente  precedieron. 

Citan,  entre  otros,  al  renombrado  Bemard,  el 
bardo  enamorado  de  la  poderosa  dama  Agnés  de 
Montlu^on.  «Las  dulces  canción  es — decía  el  infeliz 
Bernard — nacen  todas  del  corazón:  ¿quién  sino  el 
amor  puede  inspirarlas?  Hasta  lo  que  sufro  por  él 
me  agrada;  no  conozco  de  mi  amor  más  que  las  in¬ 
quietudes  que  me  inspira;  si  sus  penas  tienen  para 
mí  tanto  encanto,  ¿qué  podría  decir  de  sus  placeres? 
Mi  dicha  es  inmensa  cuando,  traído  por  los  aires, 
me  parece  recoger  un  suspiro  de  mi  amada ;  todo 
lo  demás  para  mí  en  el  mundo  no  existe,  y  en  esos 
momentos,  aun  en  mitad  del  riguroso  invierno, 
parécenme  los  prados  cubiertos  de  verdor,  y  la 
nieve  es  para  mí  como  un  tapiz  de  flores.» 

Todo  esto  en  verso  y  con  vihuela  debía  tener 
una  gran  importancia  artística  y  excepcional  en 
aquella  época  donde  indispensablemente  cada  tro¬ 
vador  se  enamoraba  á  rabiar  de  la  chátelaine,  á 
cuyo  marido  ó  padre  prestaba  servicios  poéticos- 
filarmónicos ;  y  aun  cuando  las  crónicas  hablan 
de  muchas  castellanas  rendidas  por  la  dulce  con¬ 
vicción  de  la  gaya  ciencia,  también  enumera  casos 
como  el  de  Bernard,  y  otros  aún  peores,  condena¬ 
dos  siempre  á  contar  su  amor  á  las  estrellas  y  á 
salir  escapados  de  los  castillos  con  la  vihuela  á 
media  asta,  perseguidos  por  los  celos  y  los  largos 
espadones  del  airado  chátelain .  Así  le  ocurrió  á 


Digitized  by 


Google 


22  Enero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  ni  —  47 


nuestro  Bernard,  al  cual,  dicho  sea  entre  parénte¬ 
sis,  no  se  le  ocurrían  en  sus  versos  cosa  muy  fuera 
del  alcance  del  último  de  nuestros  amantes  ó  te¬ 
norios  callejeros  contemporáneos.  El  cliátelain  de 
Ventadour,  de  quien  era  esposa  la  sugestiva  Agnés, 
lo  plantó  en  mitad  de  la  corriente,  y  nuestro  bardo 
fue  por  el  pronto  á  buscar  abrigo  á  la  corte  de 
Eleonora  de  Guyena,  á  la  sazón  en  todos  los  es¬ 
plendores  de  la  galantería. 

Allí  Bernard,  ante  el  recuerdo  implacable  de  su 
dama,  sigue  cantando,  y  dice:  «¡Que  no  pudiera 
hender  el  aire  como  la  golondrina,  y  llevar  cada 
noche  mi  corazón  á  los  pies  de  aquella  á  quien  de¬ 
dico  mis  canciones !  Alejado  de  la  que  amo ,  su 
imagen  llena  mi  sér,  llevándola  grabada  en  mi  co¬ 
razón.  Cada  mañana  el  ruiseñor  me  despierta  can¬ 
tándome  sus  amores;  sus  dulces  gorjeos  son  prefe¬ 
ribles  á  mi  inquieto  y  ardoroso  ensueño.  El  viento 
que  viene  del  castillo  de  mi  dama  me  acaricia, 
trayéndome  los  perfumes  del  Paraíso;  mi  amor  es 
tan  exclusivo,  que  no  hay  reina  ni  duquesa  que 
pudiese  tentarme,  y  yo  rehusaría  lo  mismo  el  amor 
de  la  Condesa  de  Provenza  que  el  de  la  preciosa 
dama  de  Saluce ,  ó  el  de  su  hermana  Beatriz  de 
Yiennois,  porque  no  amo  más  que  á  ella.» 

¡  Lo  mismo  que  si  al  bueno  del  trovador  le  hu¬ 
biesen  hecho  el  amor  esas  esplendentes  hermo¬ 
suras! 

Así  cantaban  los  bardos  proven zales  en  la  época 
del  florecimiento  de  la  poesía  provenzal,  de  esa 
que  muchos  cronistas  de  la  gaya  ciencia  no  quieren 
ver  influida  por  los  poetas  árabes:  como  para  mues¬ 
tra  basta  un  botón,  no  extractaremos  ningún  tro¬ 
zo  de  Pons  de  Capdeuil,  otro  de  los  maestros  ena¬ 
morado  sucesivamente  (éste  es  reincidente)  de 
Azalais  d’Anduze  y  de  la  Vizcondesa  de  Marsella; 
ni  de  Geoffroy  Rudell ,  apasionado  de  la  hija  del 
Conde  de  Tolosa;  ni  de  Folquet,  loco  de  amor  por 
Azalais  de  Roquemartine;  ni  de  tantos  otros  tro¬ 
vadores  que  lanzaron  á  los  cuatro  vientos  sus  ayes 
amorosos  y  los  pasaron  á  la  posteridad,  sin  impor¬ 
tarles  un  ardite  de  cómo  recibiría  el  mundo  estos 
desahogos  líricos  y  públicos  respecto  de  damas 
sujetas  á  indisolubles  vínculos;  pero  no  resisti¬ 
mos  á  la  tentación  de  copiar  algo  de  Arnaud  de 
Marveil — de  quien  dijo  Petrarca,  el  rnen  f amono 
Amoldy — también  enamorado  de  otra  hija  del 
Conde  de  Tolosa,  á  quien  conoció  en  una  excur¬ 
sión  que  hizo  á  su  corte,  según  los  cronistas,  digna 
de  los  más  altos  soberanos. 

«  ¡Oh  Dios! — cantaba  Arnaud;  —  ¡quién  hubiera 
podido  prever  que,  en  llegando  á  este  país,  paga¬ 
ría  tan  cara  la  temeridad  de  ver  tanta  belleza  y 
tanta  gracia!  Forzoso  es  alejarme;  pero  mi  corazón 
es  como  un  espejo  que  me  representa  sus  encan¬ 
tos;  todo  me  la  recuerda:  la  frescura  del  aire,  las 
praderas  esmaltadas  y  el  color  de  púrpura  de  las 
flores.  ¡Oh!  yo  digo  que  es  la  más  bella  del  uni¬ 
verso.  ¡Tan  graciosa  y  tan  sublime !.....  Ninguna 
razón  puede  oponerse  á  mi  anhelo:  es  verdad  que 
precisa  dejar  a  los  reyes  el  honor  de  suspirar  por 
ella;  pero  el  amor  nos  hace  á  todos  iguales;  mi  co¬ 
razón  vale  tanto  como  el  de  los  reyes,  duques  ó 
condes.  César  venía  de  la  nada  y  fué  emperador; 
¡yo  podría  aún,  pues,  elevarme  hasta  ella!.....» 

Aparte  de  que  no  se  elevó,  porque  una  cosa  es 
nacer  trovador  y  otra  nacer  César,  la  bella  hija 
del  Conde  de  Tolosa  tenía,  por  lo  visto,  distintas 
opiniones  amorosas  y  sociales  que  Arnaud  de 
Marveil,  y  sin  conmoverse  ante  tanto  amor,  pre¬ 
firió  casarse  con  Alfonso  IV,  rey  de  Castilla,  ínte¬ 
rin,  cuando  menos,  llegaba  á  César  el  trovador 
gentil;  con  lo  cual  no  hay  para  qué  decir  las  tro¬ 
vas  que  el  desahuciado  amante  echó  al  mundo. 

Los  tribunales  de  amor — ya  llegamos  á  ellos — 
respondían  á  este  medio  ambiente  exaltado  y  ga¬ 
lante  de  delirio  amoroso  y  de  monomanías  de 
grandezas  poéticas,  artísticas  y  de  perenne  é  inci¬ 
tada  adoración  á  la  hermosura. 

Cuatro  tribunales  ó  cortes  de  amor  de  carácter 
principal  existieron  en  Provenza,  y  radicaban  en 
Pierrefeu,  Romanee,  Avignon  y  Signe;  este  último 
uño  de  los  más  nobles  y  más  célebres,  cuyas  sen¬ 
tencias  se  invocaban  por  su  gran  autoridad. 

Car  Tolrai  per  me  ai  jugement 

L'onorat  castel  de  Signe. 

Presidía  Beltrame,  dama  de  Signe,  y,  entre  otras 
bellas  y  excelentes  magistradas,  figuraban  la  Viz¬ 
condesa  de  Avignon;  iStefanía,  dama  de  Baulx; 
flermesinda,  dama  de  Porquiére;  Mabile,  dama 
d’Orgon;  Rostange,  dama  de  Pierrefeu,  todas  jó¬ 
venes,  expertas  en  cosas  de  galanterías,  y  con  el 
corazón  y  la  cabeza  volcanizados  de  amor  y  poesía. 

El  tribunal  de  Signe  tenía  una  especie  de  có¬ 
digo  previamente  discutido  y  votado,  al  que  se 
prestaba  ciega  devoción,  y  cuyas  reglas  se  aplica¬ 
ban  de  modo  inexorable  en  las  sentencias,  á  saber: 

I.  Quien  no  sabe  callar  y  no  sabe  amar . 

II.  Nadie  puede  tener  dos  amores  sinceros  á  la  vez . 


III.  Los  dones  y  expansiones  del  amor  deben  ser 
voluntarios . 

IV.  El  amor  no  ha  vivido  jamás  en  la  casa  de 
la  avaricia . 

V.  El  amor  no  puede  ser  estacionario;  debe  siem- 
pre  aumentar  ó  disminuir . 

VI.  La  facilidad  de  poseer  mata  él  amor;  las  di¬ 
ficultades  lo  aumentan . 

VII.  Guando  él  amor  disminuye ,  acaba  pronta 
y  necesariamente . 

La  corte  suprema  estaba  en  Romanee,  presidida 
por  la  gentil  Planéte  de  Gantelme ,  asistida  de  la 
Marquesa  de  Malespino  y  de  Saluce;  Clarete,  dama 
de  Beaux;  Laurette  de  Saint-Laurent;  Cécile  de 
Rascas;  Hugone  de  Sabran,  hija  del  Conde  de  For- 
calquier;Héléne,  damadeMonpasset;  Isabel,  dama 
de  Aix;  Ursine,  dama  de  Montpellier;  Alicia  de 
Mauleón;  Elisa  de  Meirargue  y  Laura  de  Sade, 
constituyendo  estos  nombres  un  areópago  de  her¬ 
mosura  y  nobleza,  cuyos  fallos  eran  incuestiona¬ 
blemente  acatados,  y  siempre  confirmaron  los  de 
la  corte  de  Signe,  aplicando  el  breve  código  antes 
transcrito. 

En  estos  tribunales  de  amor  los  sentimientos 
elevados  y  nobles  tenían  firme  apoyo,  y  toda  in¬ 
delicadeza  sufría  dura  condena.  Las  discusiones  y 
sentencias,  unas  veces  en  los  suntuosos  castillos  y 
otras  bajo  los  frondosos  árboles  y  entre  el  tejido 
de  perfumadas  flores,  menos  bellas  que  las  gracio¬ 
sas  y  poéticas  magistradas,  atraían  concurso  esco¬ 
gidísimo,  ávido  de  las  emociones  suscitadas  por 
el  debate  de  los  casos  particulares  ó  las  cuestiones 
de  carácter  general  sometidas  á  discusión  y  fallo. 

Haremos  mención  de  algunas  de  ellas. 

Cuestión  propuesta:  «La  dama  que  se  casa  ¿puede 
legítimamente  guardar  en  el  fondo  de  su  corazón 
un  primer  amor  sin  hacer  traición  á  su  marido?» 
La  cour ,  después  de  maduro  examen,  falla:  «Nada 
es  más  conforme  á  las  tiernas  leyes  del  amor:  la 
chátelaine  no  debe  olvidar  al  caballero  que  la  ha 
amado,  porque  la  fe  dada  es  inviolable.» 

Contra  este  fallo  parécenos  que  siempre  debió 
interponerse,  no  recurso  de  casación ,  sino  de  di¬ 
vorcio;  prueba,  sin  embargo,  el  exceso  de  poesía  y 
romanticismo  de  la  época. 

Cuestión  propuesta:  «Un  amante  dichoso  y  ama¬ 
do  ha  cortejado,  sin  embargo,  á  otra  dama;  después 
de  un  mes  de  ausencia  y  olvido,  vuelve  al  primer 
amor:  ¿la  dama  ofendida  debe  perdonar  ó  rehu¬ 
sar?»  Discusión  tumultuosa,  larga  y  tendida;  tem¬ 
peratura  elevada;  la  cour  falla:  «Tal  es  la  naturaleza 
del  amor;  siempre  que  dos  amantes  aparenten  de¬ 
sear  otras  relaciones  de  amor  para  probar  la  fide¬ 
lidad  y  la  constancia  de  la  persona  amada,  será 
ofender  los  derechos  del  amor  verdadero  rehusar 
las  ternuras  de  un  amante  que  vuelve,  á  menos 
de  existir  pruebas  de  evidente  y  completa  trai¬ 
ción.» 

Este  fallo  resulta  un  poco  obscuro  y  algo  incon¬ 
gruente.  Ignoramos  si  se  pidió  aclaración  de  sen¬ 
tencia  en  tiempo  y  forma. 

Cuestión  propuesta:  «Un  caballero  eternamente 
rechazado  por  la  dama  de  sus  amorosos  pensa¬ 
mientos,  la  regala  porción  de  objetos;  la  dama  los 
acepta,  pero  no  el  amor.»  La  cour  falla:  «Es  pre¬ 
ciso  devolver  esos  dones;  ninguna  dama,  á  menos 
de  ser  del  rango  des  courtisanes  á  ceinture  dorée , 
puede  aceptar  obsequios  de  un  amor  rechazado.» 

Cuestión  propuesta:  «Un  amante  divulgó  el  se¬ 
creto  del  amor  generoso.»  La  cour  falla:  «Que  ja¬ 
más  pueda  ser  objeto  de  amor  por  dama  alguna,  la 
cual,  si  contrariase  la  sentencia,  sería  inapelable¬ 
mente  excluida  de  la  sociedad  en  la  Provenza  en¬ 
tera.» 

Fallo  viril  y  justo,  si  raro  de  aplicar  en  aquellos 
afamados  y  venturosos  tiempos  de  exaltación  y 
fe  caballeresca,  de  hidalguía  y  de  apasionados  y 
sinceros  sentimientos,  no  así  en  otros. 

El  Conde  de  Torre-Vélez. 


EL  SISTEMA  MÁS  CÓMODO. 


F ABULILLA. 

Pegando  ¿  los  animales 
Con  los  que  estaba  enojado, 

Hizo  un  borrico  ilustrado 
Varias  críticas  formales; 

Y  aunque  el  perro  á  todas  horas 
Le  ladraba  y  le  ofendía 

Y  á  veces  le  dirigía 
Palabras  calumniadoras, 

El  borrico ,  con  cordura 

Y  demostrando  cachaza, 

No  dirigía  á  la  raza 
Canina  ni  una  censura. 


Siempre  que  un  insulto  oia 
De  la  boca  de  algún  can, 

Juzgando  necio  su  afán 
Callaba  y  se  sonreía; 

Y  si  alguien  le  aconsejaba 
Variar  de  procedimiento, 

Con  mucha  calma  el  jumento 
De  este  modo  contestaba : 

— ¿Variar?  No;  pues  sé,  á  pesar 
De  que  es  grande  mi  ignorancia, 

Que  sin  darles  importancia 
Hago  á  los  perros  rabiar. 

Pues,  sin  publicar  sus  yerros, 

Ya  pasan  muy  malos  ratos 
Siempre  que  elogio  á  los  gatos, 

Que  es  censurar  á  los  perros. 

José  Rodao. 


UN  ANIVERSARIO  SOLEMNE 

EN  LA  REAL  ACADEMIA  DE  CIENCIAS  EXACTAS, 
FÍSICAS  Y  NATURALES. 


0^50!^?  F^N  Ia  historia  del  año  próximo  pasado 
vJtVs  V)  consignará  en  sus  actas  la  Real  Aca- 
demia  de  Ciencias  el  recuerdo  de  la 
sesión  especial  que  dedicó  en  14  de 
MaY°  a  celebrar  el  quincuagésimo  ani- 
versar^°  del  ingreso  en  la  misma  de 
^ '  los  preclaros  y  sabios  varones  Sres.  Paz 
Graells  y  Duque  de  la  Victoria,  que  tanto 
han  enaltecido  al  profesorado  y  al  cuerpo 
de  Ingenieros  con  sus  trabajos,  y  que  tanto 
honran  á  aquella  respetable  Corporación.  A  la 
inapreciable  dicha  de  ser  debidamente  estimados 
por  su  saber,  y  de  gozar  de  universal  considera¬ 
ción  por  sus  relevantes  prendas  personales,  unen 
la  muy  envidiada  de  haber  alcanzado  larga  exis¬ 
tencia,  merced  á  cuyo  privilegio  han  podido  os¬ 
tentar  sobre  su  pecho,  durante  cincuenta  años,  la 
medalla  de  académicos.  Mayor  dicha  es  todavía  la 
de  conservar,  como  conservan,  la  inteligencia  y 
el  corazón  sanos  y  vigorosos  para  continuar  sien¬ 
do  útiles  á  la  enseñanza  y  al  progreso  de  los  inte¬ 
reses  de  la  patria.  No  es  esta  la  ocasión  de  hacer 
de  nuevo  su  biografía,  pero  sí  deseamos,  ai  publi¬ 
car  sus  retratos  en  la  página  40  y  tributarles  este 
justo  homenaje  de  consideración,  reproducir  el 
texto  del  acta  de  la  solemne  sesión  del  aniversa¬ 


rio,  debida  á  la  correctísima  pluma  del  reputado 
hombre  de  ciencia,  nuestro  querido  amigo  el  señor 
D.  Miguel  Merino,  secretario  perpetuo  de  la  Aca¬ 
demia,  que  dice  así: 

«Como  miembros  fundadores  de  esta  Real  Aca¬ 


demia,  designados,  uno  por  el  Gobierno  de  S.  M., 
juntamente  con  otros  diez  y  siete  insignes  varo¬ 
nes  de  bien  ganada  reputación  científica,  y  nom¬ 
brado  el  otro,  también  con  diez  y  siete  más,  por 
aquellos  diez  y  ocho,  primeros  ilustres  predece¬ 
sores  nuestros — de  conformidad  todo  con  lo  pre¬ 
ceptuado  en  el  art.  4  del  Decreto  de  su  creación, 
rubricado  por  S.  M.  la  Reina  D.R  Isabel  II  á  25  de 
Febrero  de  1847, —  pertenecen  á  esta  Corporación 
á  contar,  respectivamente,  del  4  de  Marzo  y  3  de 
Abril  del  mismo  año,  los  Sres.  D.  Mariano  de  la 
P.  Graells  y  D.  Cipriano  S.  Montesino.  De  los 
los  treinta  y  seis  Académicos  fundadores,  treinta  y 
cuatro  han  dejado  de  existir  durante  este  medio 
siglo  de  incesante  y  afanosa  Jucha  por  legar  á  la 
posteridad  grata  memoria  de  su  atropellado  paso 
por  el  mundo;  y  á  estas  horas,  como  lazo  de  unión 
entre  lo  pasado,  lo  presente  y  lo  venidero,  recuer¬ 
do  venerando  del  día  de  ayer,  y  ejemplo  vivo, 
digno  de  imitación,  que  debe  servirnos  de  guía  y 
aliento  para  el  de  mañana,  sólo  conservamos  en¬ 
tre  nosotros,  en  estado,  por  gran  fortuna,  de  en¬ 
vidiable  salud  corporal  y  de  perfecta  conserva¬ 
ción,  mucho  más  envidiable  todavía,  de  sus  rele¬ 
vantes  facultades  mentales,  entusiasmo  por  los 
progresos  de  las  ciencias  y  amor  ála  ilustración  y 
ventura  del  país,  á  los  dos  tan  respetables  señores 
mencionados. 


»Nada,  pues,  tiene  de  extraño  que  el  pensamiento 
de  rendirles  un  tributo  de  justificada  y  especial 
consideración,  y  señal  de  afectuoso  compañerismo 
al  mismo  tiempo,  con  motivo  del  quincuagésimo 
aniversario  de  su  ingreso  en  la  Academia,  naciese 
vigoroso  en  la  mente  de  algunos  señores  Acadé¬ 
micos:  no  sé  de  quiénes,  ni  considero  tampoco 
pertinente  tratar  de  averiguarlo.  Porque  el  pen¬ 
samiento,  tímidamente  aventurado  en  reunión 
amistosa,  celebrada  á  fines  del  mes  de  Febrero,  y 
presidida,  por  cierto,  con  discreción  y  tino  ejem¬ 
plares,  por  nuestro  siempre  muy  apreciado  com¬ 
pañero,  eminente  botánico  D.  Miguel  Colmeiro, 
fué  acogido  con  franco  y  caluroso  aplauso  por 


Digitized  by  ^.ooQie 


48  —  x.*  m 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Enero  1898 


cuantos  á  lá  reunión  asistieron; 
y  también  por  aquellos  otros  se¬ 
ñores,  en  muy  reducido  núme¬ 
ro,  á  quienes  el  mal  estado  de  su 
salud,  ó  la  necesidad  de  atender 
al  desempeño  de  obligaciones 
imprescindibles,  no  permitieron 
acudir  á  ella;  pero  que,  tan  pron¬ 
to  como  tuvieron  conocimiento 
preciso  de  su  objeto  y  resultado, 
se  adhirieron  ai  pensamiento  y 
resolución  de  sus  compañeros, 
movidos  por  el  mismo  generoso 
impulso  que  á  todos  animaba. 

»E1  acuerdo,  en  suma,  fue  unᬠ
nime;  y  en  el  modo  de  manifes¬ 
tará  los  Sres.Graells  y  Montesino 
los  sentimientos  de  respetuoso 
afecto  hacia  ellos,  y  de  justa  y 
elevada  estima  que  le  habían 
dictado,  después  de  meditado  el 
asunto,  procurando  huir  de  im¬ 
procedentes  alardes  de  vanidosa 
ó  juvenil  ostentación,  tampoco 
hubo  discrepancia  ninguna  de 
pareceres.  Por  unanimidad  tam¬ 
bién  se  convino  en  ofrecerles 
por  igual  una  plancha  de  plata, 
con  dedicatoria  adecuada  al  ca¬ 
so,  conmemorativa  del  quincua¬ 
gésimo  aniversario  de  su  ingreso 
en  la  Corporación,  en  los  días, 
respectivamente,  4  de  Marzo  y 
3  de  Abril  del  año  1847,  acompa¬ 
ñada  de  expresiva,  aunque  sen¬ 
cilla,  carta  de  felicitación,  sus¬ 
crita  por  los  donantes  de  una  y 
otra  planchas. 

» Preparadas  éstas,  citóse  á 
nueva  junta  para  el  14  de  Mayo, 
á  las  nueve  de  la  noche ,  en  la 
sala  de  sesiones  privadas  de  la 
nueva  casa  de  la  Academia,  que, 
con  tan  fausto  motivo,  se  inau¬ 
guró  en  la  misma  noche;  junta  á 
que,  voluntariamente,  bien  pue¬ 
de  asegurarse  que  no  faltó  nin- 


DON  ENRIQUE  FRENAS, 

EMINENTE  CRÍTICO  MUSICAL, 

PROFESOR  DEL  CONSERVATORIO  DE  MÚSICA  DE  BUENOS  AIRES. 


guno  de  los  miembros  numera¬ 
rios  de  la  Corporación,  en  pose¬ 
sión  y  ejercicio  de  su  honroso 
cargo. 

»Y  en  la  cual,  después  de  dar 
cuenta  el  que  suscribe,  para  co¬ 
nocimiento  especialmente  de  los 
Sres.  Graells  y  Montesino,  úni¬ 
cos  que  en  realidad  lo  ignoraban, 
por  haberse  evitado  cuidadosa¬ 
mente  que  fuera  de  sazón  lo  su¬ 
piesen,  del  objeto  que  la  motivaba 
y  de  los  antecedentes  ó  tramita¬ 
ción,  que  al  punto  en  que  nos 
encontrábamos  ahora  desde  un 
poco  lejos  nos  había  traído,  le¬ 
yéronse  las  dos  cartas  de  felici- 
.  tación,  sin  variantes  una  de  otra 
en  el  texto,  que  á  continuación 
se  copia,  autorizadas  y  realzadas 
con  las  firmas,  por  el  orden  de 
su  consignación ,  de  los  Sres.  La¬ 
guna,  Puerta,  Cortázar,  Colmei- 
ro,  Los  Arcos,  Jiménez  Hidal¬ 
go,  Arrillaga,  Torroja,  Calleja, 
Egozcue,  Carracido,  Rico,  Rojas, 
Echegaray,  Escosura,  Becerro  de 
Bengoa,  Salvador,  Moret,  Botella, 
Navarro  Reverter,  Saavedra,  Ba¬ 
rra  juer,  Bosch  y  Merino;  y  se 
les  hizo  entrega  de  las  planchas 
conmemorativas  á  que  en  ellas 
so  alude. 

i»  Profundamente  conmovidos 
por  la  muestra  de  consideración 
que  se  les  tributaba,  de  bien  es¬ 
caso  valor  intrínseco,  pero  de  al¬ 
tísima  y  muy  satisfactoria  signi¬ 
ficación  por  su  procedencia,  en 
sentidas  palabras,  que  llegaron 
también  al  alma  de  los  oyentes, 
los  Sres.  Montesino  y  Graells  die¬ 
ron,  sucesivamente,  por  ello  las 
gracias  á  sus  compañeros,  de¬ 
seándoles  además  a  todos  larga 
vida,  consagrada  al  culto  de  las 
ciencias,  en  bien  de  la  patria  y 


MATANZAS  (isla  de  cuba).  — casa  consistorial  de  la  villa  de  colón. 

(De  fotografías.) 


Digitized  by  AjOOQle 


22  Enero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n."  ni  —  49 


VI  MC  S 


TWta3£ 


LA  BUENAVENTURA  AL  ALCANCE  DE  TODOS, 

DIBUJO  DE  P.  MOTA. 


Digitized  by  ^.ooQie 


60  —  N.#  m 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Enero  1898 


para  esplendor  legítimamente  adquirido  de  esta 
Academia,  por  cuya  prosperidad  y  buen  noínbre 
tenemos  todos,  nos  recordaron,  el  deber  de  afa¬ 
narnos  más  y  más  cada  día. 

»Después  de  lo  cual,  por  indicación  muy  oportu¬ 
na  del  Sr.  Echegaray,  prescindiendo  de  palabras 
convencionales  y  dando  rienda  libre  á  los  impul¬ 
sos  generosos  del  corazón,  con  los  cuales  no  hay 
arrebato  de  elocuencia  que  ventajosamente  com¬ 
pita  en  situaciones  como  esta  que  en  vano  hemos 
procurado  describir,  levantáronse  los  concurren¬ 
tes  al  acto,  y  le  pusieron  digno  fin  cambiando  es¬ 
trecho  y  cariñoso  abrazo  con  los  Sres.  Graells  y 
Montesino,  quienes  se  despidieron  de  todos  sus 
compañeros  embargados  por  grata  y  honda  emo¬ 
ción,  que  inútilmente  procuraban  dominar.» 

He  aquí  el  texto  de  la  carta  entregada  á  dichos 
señores,  y  que  firmaron,  como  queda  dicho,  todos 
sus  compañeros: 

«Los  académicos  que  suscriben  tienen  la  honra 
de  ofrecer  á  V.  E.,  en  señal  de  merecido  respeto 
y  de  justa  y  elevada  consideración  á  sus  prolon¬ 
gados  y  eminentes  merecimientos  y  servicios 
científicos,  la  adjunta  plancha  de  plata,  conme¬ 
morativa  del  quincuagésimo  aniversario  de  su  in¬ 
greso,  como  miembro  fundador,  en  esta  Real  Aca¬ 
demia. 

» Verdaderamente  insignificante  es  por  su  valor 
material  la  ofrenda  que  le  presentan;  pero  V.  E.  la 
comunicará  superior  realce  y  precio  de  envidiable 
estima  si  atiende  á  lo  <^ue  significa  en  realidad  y 
la  recibe  como  expresión,  aunque  abreviada,  muy 
elocuente,  del  afecto  que  le  profesan  los  que  se 
honran  militando  en  cierto  modo  á  sus  órdanes, 
consideran  en  V.  E.  simbolizada  la  historia  glo¬ 
riosa  de  la  Corporación  y  se  dan  por  enaltecidos 
con  el  título  de  compañeros  suyos. 

»Y  V.  E.,  bondadoso  siempre,  de  seguro  la  acep¬ 
tará  gustoso  en  tal  sentido,  y  nos  dispensará  así 
nueva  ó  inolvidable  prueba  de  fraternal  cariño. 

»Madrid,  14  de  Mayo  de  1897. 

»Excmo.  Sr.  D.  Mariano  de  la  Paz  Graells. 

»Excmo.  Sr.  D.  Cipriano  Segundo  Montesino. » 

X. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NARRACION  1«  COSMOPOLITAS. 

Atavismos  morales:  el  odio  contra  los  judios. — La  jettatura  en  Italia. 
—  Los  amuletos:  cuernos  y  coral.  — El  general  Booth.  —  Un  estu¬ 
diante  de  setenta  y  seis  años.— Desaparición  de  los  libros. 


ada  tiene  de  particular  el  que  muchas 
gentes  sientan  ó  aparenten  sentir 
ciertos  estremecimientos  cuando  se 
habla  de  los  judíos,  ya  que  hay  otras, 
muy  numerosas,  que  profesan  como  ar¬ 
tículo  de  fe  la  creencia  de  que  entre  el 'as 
existen  personas  que  producen  el  «mal 
de  ojo»  y  que  difunden  las  desdichas  con 
sólo  mirar  al  prójimo  de  cierta  mapera.  Mu¬ 
cho  más  antigua  que  la  tradición  de  la  anti¬ 
patía  entre  judíos  y  cristianos  es  esta  de  la  in¬ 
fluencia  maléfica,  y,  sin  embargo,  persiste  y  se 
mantiene  en  una  sociedad  tan  despreocupada  y 
descreída  como  la  moderna.  Judío  ó  diablo,  para 
el  vulgo  viene  á  ser  lo  mismo;  y  como  éste  no 
admite  que  pueda  haber  diablo  sin  rabo,  lógico  es 
que  los  judíos  tengan  también,  cuidadosamente 
oculto,  ese  apéndice  caudal. 

En  toda  la  tierra  de  Campos,  cuando  alguna  per¬ 
sona  sale  de  una  habitación  y  no  deja  cerrada  la 
puerta,  le  dicen  las  que  quedan  dentro:  «¿Eres  de 
Frómista?» 

Para  el  que  no  ha  vivido  en  aquella  comarca, 
la  pregunta  no  tiene  sentido  claro;  pero  los  cam¬ 
pesinos,  al  escucharla,  saben  que  equivale  á  decir: 
«¿Eres  judío  y  temes  que,  la  puerta  te  coja  el  rabo 
al  cerrarla?»  s 

Porque  de  todas  las  juderías  ó  aljamas  que  ha¬ 
bía  en  aquella  tierra,  y  que  comprendían  4.714 
judíos  el  año  de  1800,  á  saber:  Palencia,  1.066;  Ca- 
rrión  Frómista,  2.733;  Sahagún,  988;  Paredes  de 
Nava,  1.758;  Tariego,  88,  y  Dueñas,  81,  la  de  Fró¬ 
mista,  si  no  la  más  rica,  era  la  más  sonada,  por  la 
importancia  que  en  ella  tuvieron  los  rabinos  y 
por  los  graves  sucesos  que  ocurrieron  en  sus  lu¬ 
chas  de  vecindario  con  los  rabones.  Aun  se  con¬ 
servan  allí  los  nombres  de  arroyo  Cedrón  y  otras 
reliquias  de  la  existencia  del  vecindario  judío.  Así 
es  que  en  lo  antiguo,  al  decirle  á  uno  que  era  de 
Frómista,  equivalía  á  llamarle  judío;  y  aun  hoy 
dura  la  alusión,  porque  es  muy  frecuente  oir  esa 
pregunta  satírica  en  aquellos  pueblos. 


Yo  no  sé  si  en  la  tierra  de  Campos  y  sus  alre¬ 
dedores  á  la  tradición  judaica  se  agrega  la  de  las 
brujas,  duendes,  maleficios  y  diablos  de  distintas 
castas  y  figuras;  lo  que  sí  puedo  asegurar  es  que 
fuera  de  esa  comarca  y  de  España  toda,  así  como 
los  judíos  traen  obsesionados  á  los  franceses,  y  és¬ 
tos  andan  tras  de  aquéllos  y  tras  de  Zola  á  gritos, 
empujones,  puñetazos  y  pedreas,  en  Italia  priva 
«el  mal  de  ojo»,  \s.  jettatura,  y  muy  pocos  radica¬ 
les  ni  gü elfos  hay,  sean  descreídos  y  casi  ateos 
los  unos  ó  devotos  y  creyentes  los  otros,  que  no 
crean  con  toda  verdad  que  hay  personas,  jettato- 
re ,  que  con  sólo  mirarles  ceñuda  y  fijamente  les 
meten  los  enemigos  en  el  cuerpo  y  les  dejan  el 
alma  hecha  un  abismo  de  calamidades. 

¿Por  qué  se  suceden  con  tanta  frecuencia  las 
crisis  en  el  Gobierno  italiano?  ¿Por  qué,  por  ejem¬ 
plo,  cayó  hace  poco  tiempo  del  poder  un  ministro 
y  general  tan  reputado  como  Pelioux?  Los  políti¬ 
cos  responderán  que  fue  porque  el  Parlamento 
quiso  introducir  algunas  economías  en  el  presu¬ 
puesto  de  la  colonia  militar  de  Eritrea;  porque  el 
ministro  de  Hacienda,  Luzzati,  había  tratado  tam¬ 
bién  de  contener  los  gastos  de  Guerra  y  Marina,  y 
porque  los  sobrantes  que  se  confía  que  habrá  en 
los  presupuestos  venideros  se  aplicarán,  no  á  au¬ 
mentar  el  contingente  del  ejército,  sino  á  reducir 
en  lo  posible  las  contribuciones;  pero  contra  estos 
razonamientos  de  los  políticos  están  los  de  la 
gente  que  lo  entiende,  que  conoce  el  secreto  y  que 
asegura  que  el  general  Pelioux  cayó  porque  el  di¬ 
putado  ponente  del  proyecto  de  ley  contra  el  au¬ 
mento  de  los  gastos  de  guerra  es  un  jettatore , 
S.  Maurigi,  que  en  cuanto  se  encaró  con  el  Mi¬ 
nistro  le  miró,  y  le  hizo  caer  de  la  poltrona  con 
sólo  mirarle. 

Cuando  algunos  días  después  el  presidente  Ru- 
dini  hizo  saber  á  la  Cámara  que  había  presentado 
su  dimisión  al  Rey,  dijo  el  diputado  republicano 
Antonio  de  Laurenzana,  á  propósito  de  un  abuso 
despótico  del  Gobernador  de  Caserta,  que  es  otro 
jettatore ,  compañero  de  Maurigi:  «Yo  creía  que 
estas  dos  influencias  malignas  se  hubieran  mutua¬ 
mente  anulado,  y  con  ello  se  hubiera  salvado  el 
Gobierno  (los  diputados,  al  oir  esto,  hacen  signos 
de  exorcización);  pero  no  ha  sido  así.  Las  influen¬ 
cias  se  han  coligado  contra  el  Ministerio.  ¡Buen 
viaje,  pues!  Si  habéis  de  volver  á  ocupar  el  po¬ 
der,  que  sea  para  bien  de  la  nación;  si  no,  ¡ojalá 
os  acompañen  con  su  mala  sombra  esas  dos  in¬ 
fluencias  malignas!»  Esta  maldición  produjo  in¬ 
descriptible  efecto.  Mientras  muchos  diputados  se 
reían  y  bromeaban  al  orador,  otros  echaron  á  co¬ 
rrer  espantados,  agitando  en  sus  manos  los  amu¬ 
letos  de  cuerno,  marfll  y  coral  que  llevan  pen¬ 
dientes  del  cuello,  debajo  del  chaleco,  para  librarse 
de  los  maleficios  de  la  jettatura .  Diputados  hay  en 
la  Cámara  italiana  al  lado  de  los  cuales  no  se 
sienta  nadie  por  no  sufrir  la  acción  del  «mal  de 
ojo».  El  mismo  Crispi  dicen  que  guarda  siempre 
cuidadoso  un  cuerno  de  coral  para  que  le  ampare 
contra  las  influencias  malignas;  y  muchos,  muchí¬ 
simos  diputados,  senadores  y  ex  ministros,  y  pu¬ 
blicistas  y  cortesanos  que  hacen  gala  de  libre¬ 
pensadores  y  de  no  creer  en  ningún  misterio  y 
que  no  practican  ningún  culto,  creen  á  pies  jun¬ 
tos  en  la  jettatura  y  tiemblan  cuando  se  les 
aproxima  ó  les  mira  alguno  que  tiene  fama  de 
jettatore ,  y  huyen  de  él,  repitiendo  los  gestos  hi¬ 
pócritas  y  enseñándole  el  pulgar  y  el  índice  cru¬ 
zados. 

9 

«  « 

Contra  la  influencia  de  semejantes  maleficios 
usan  muchos  italianos  los  amuletos  de  coral  ó  de 
asta  del  unicornio!!,  engarzados  en  plata  y  guar¬ 
dados  con  gran  estimación  en  un  bolsillo  interior 
ó  pendientes  del  cuello.  Que  los  judíos  tengan  rabo 
como  el  diablo,  no  pasa  de  ser  una  calumnia;  pero 
que  los  supersticiosos  latinos,  enemigos  de  ellos, 
gastan  cuerno  alquilado,  el  cuerno  del  fantástico 
unicornio,  ó  un  cuernecito  hecho  de  coral,  esto 
es  verdad.  Vieja  es  la  fama  que  tiene  el  cuerno  del 
unicornio  respecto  á  sus  extraordinarias  virtudes 
contra  diversas  clases  de  ponzoñas  naturales  y  ar¬ 
tificiales,  y  también  espirituales  y  morales.  Dijo 
Santiago  de  Valencia:  «  Un  icorn  is  si  ve  monoceros , 
ejus  virtutis  est,  ut  suo  coma  attacta,  agua ,  etiam 
aliquo  veneno  corrupta,  reddatur  salubris».  Se  le 
ha  considerado  á  dicho  cuerno  pro  potu  antido- 
tum ,  y  aseguraban  además,  cuando  había  unicor¬ 
nios  (que  hoy  ya  no  existen  más  que  pintados  en 
las  armas  de  la  Gran  Bretaña),  que  « sicut  enim 
animal  illud  ex  aquis  poturn ,  ita  atque  reciproco 
beneficio  ab  illo  virtutem  praeservatricem ,  et  contra 
venena  alexipharmacum  recipiunt ». 

También  se  alabó  mucho  al  coral,  que  detegit 
venena ;  esa  admirable  sustancia  que  Jtuctuat  in 
unáis,  et  durescit  Ínter  saxa,  ó  como  se  dijo  en  la 
tierra  de  Crispi  y  de  Maurigi:  «Ne  Vonde  ondeggia 


e  fra  le  pietra  e  pietra » ,  y  de  la  que  nuestro  don 
Diego  de  Saavedra  dejó  escrito  el  lema  Hobur ,  et 
decus ,  consignando  que  ahuyenta  las  calamidades, 
y  facilita  los  éxitos  en  la  palestra  del  trabajo.  Su¬ 
ponían  los  antiguos  que  era  una  hierba  que  se  pe¬ 
trificaba  al  salir  del  agua,  y  en  su  elogio  escribió 
Juan  Bautista  Bargiocco  estos  versos: 

Herba  fuit  mollis,  pelagi  nutrita  sub  undis, 

Qui  modo  purpureo  splendet  honore  lapis. 
uEquoreas  mundi  felix  qui  descrit  undas, 

Gemma  erit  illustris,  si  prius  herba  fuit. 

Todas  estas  creencias,  alabanzas,  fantasías  y  su¬ 
persticiones  estaban  muy  bien  en  los  siglos  XII  al 
XVI,  cuando  nuestros  tartarabuelos  vivían  tan 
atrasados;  pero  ¡qué  pensar  del  atraso  que  supone 
hoy  el  uso  de  los  cuernos  raros,  corales  y  piedras, 
á  guisa  de  amuletos  contra  «el  mal  de  ojo»,  contra 
la  jettatura,  en  países  civilizados!  Y  si  esto  es  ve¬ 
rifico,  como  dice  mi  barbero,  ¡qué  pensar  de  una 
nación  como  Francia,  que  cree  que  va  á  ser  devo¬ 
rada  en  crudo  y  aniquilada  por  los  judíos!  Entre 
los  hombres  maduros  hay  muchos  chicos,  y  cuan¬ 
do  se  examina  y  se  conoce  bien  á  los  que  parecen 
grandes,  resulta  que  suelen  ser  más  chicos  que 
los  anteriores.  La  chiquillada  callejera  pasará,  y 
los  israelitas  continuarán  impertérritos  en  sus 
trabajos  y  en  su  vida  patriarcal,  entonando  en  coro 
aquello  de: 

Ledavid  Barouh.  Adonay  tsouri 
líamela  med  ya  day  la  crab  est  bé  6  tay, 
la  mil  hamah  hasdi  oum  tzou  da  tí 
mis  ga  bí  oum  fati  li  yeba  ré  he  nou. 

Elohé  nouyé  baré  hé  nou 
Elohim  va  i  ré  ou  to  col  afsearets. 

¡El  diablo  que  lo  entienda!  exclamará  el  lector. 
El  diablo  no,  pero  cualquier  judío  se  lo  podrá  tra¬ 
ducir . y  cantar. 

• 

•  • 

El  fatídico  ¡anda!  ¡anda!  lo  cumple  mejor  que 
los  judíos  un  creyente  inglés,  ni  cristiano,  ni  ju¬ 
dío,  ni  hereje,  ni  moro,  que  lleva  treinta  y  dos 
años  corriendo  de  la  Ceca  á  la  Meca,  con  un  ejér¬ 
cito  fantástico  por  detrás  y  haciendo  él  de  fantás¬ 
tico  general  por  delante.  Me  refiero  á  Mr.  Booth, 
general  del  ejército  de  la  salud,  ó  de  la  salvación, 
de  cuyas  excursiones  y  trabajos  he  dado  cuenta 
varias  veces  en  estos  párrafos.  Ahora  se  ha  dejado 
caer  el  general  por  Ginebra,  donde  acaba  de  dar 
una  conferencia  pública,  en  un  oratorio  adecuado 
á  su  fe,  en  el  casino,  para  desvanecer  ciertos  pre¬ 
juicios,  para  prevenir  á  los  malintencionados  y 
para  que  aquella  populosa  ó  importantísima  capi¬ 
tal,  metrópoli  generosa  de  todas  las  propagandas, 
conozca  lo  que  es  y  lo  que  quiere  el  ejército  de  la 
salvación.  La  austera  figura  del  general,  un  viejo 
muy  tieso  con  aspecto  de  clergyman  británico,  se 
destacaba  en  medio  del  estrado  sobre  el  fondo  rojo 
del  paño  que  cubría  el  testero  de  la  plataforma. 
A  su  lado,  uno  de  sus  oficiales,  Mr.  Roussel,  de 
Ginebra,  desempeñó  el  papel  de  intérprete,  repi¬ 
tiendo  en  francés  las  frases  que  con  visible  ener¬ 
gía,  solemne  ademán  y  mística  unción  pronuncia¬ 
ba  en  inglés  el  orador. 

Manifestó  Mr.  Booth  á  los  oyentes  que  en  el 
desarrollo  de  su  campaña  universal  trabajaba  á  uñ 
tiempo  en  la  obra  social  y  la  obra  espiritual.  La 
tarea  de  su  ejército,  aunque  sólo  viene  realizán¬ 
dose  hace  veintidós  años,  es  la  más  trascenden¬ 
tal  é  importante  de  nuestro  siglo.  Funciona  en 
cuarenta  y  cinco  naciones,  cuenta  con  13.000  ofi¬ 
ciales  bajo  sus  banderas,  y  ayudan  á  su  propagan¬ 
da  numerosos  periódicos  y  revistas.  «Exito  tan 
grande  —  dijo  —  no  puede  comprenderse  sino  ad¬ 
mitiendo  que  el  ejército  responde  á  una  necesidad 
de  nuestros  tiempos,  que  es  lo  que  creen  firme¬ 
mente  cuantos  adeptos  oe  inscriben  todos  los  días 
para  secundar  la  obra.  Sus  esfuerzos  tienden  á  un 
fin  altísimo:  ayudar  al  hombre  entero,  en  cuerpo 
y  alma.» 

Desde  que  Booth  publicó  hace  siete  años  su 
libro:  En  las  tinieblas  de  Inglaterra ;  medios  para 
salir  de  ellas,  con  el  que  inició  la  gran  campaña 
de  socorrer  á  las  muchedumbres  desheredadas,  á 
los  pobres,  á  los  viciosos  y  á  los  delincuentes  em¬ 
pedernidos,  el  ejército  conquistó  las  simpatías  de 
todo  el  mundo.  Ante  esa  gran  mejora  social,  quin¬ 
ce  Gobiernos  le  aseguraron  su  subvención.  A  la 
exposición  de  los  principios  en  que  está  basada  la 
vida  de  la  sociedad  de  Booth,  añadió  el  orador  la 
de  los  medios  de  acción  que  emplea  para  cumplir¬ 
los.  En  todas  las  grandes  localidades  donde  es  po¬ 
sible  crea  talleres,  refugios  ó  asilos  y  cocinas  eco¬ 
nómicas  para  los  fieles  que  le  siguen  y  obedecen. 
Procura  combatir  sin  descanso  la  pereza  y  la  hol¬ 
gazanería,  causas  fundamentales  de  la  miseria 
entre  los  desheredados.  Ha  conseguido  salvar  ó 
mejorar  la  suerte  y  condición  délas  jóvenes  aban¬ 
donadas  y  reincidentes  en  los  vicios  en  una  pro¬ 
porción  de  75  por  100,  de  las  inscritas  para  ser 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Ensbo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.tf  iii  —  51 


socorridas,  y  de  60  por  100  entre  criminales  con¬ 
tumaces.  Trabajan  en  esta  obra  de  reclutamiento, 
mejora  y  enmienda  1.500  oficiales.  «Si  no  hacemos 
más,  exclamó  Mr.  Booth  al  terminar,  es  porque 
no  podemos.  Todo  aquello  que  dejemos  de  hacer, 
que  lo  tomen  á  su  cargo  otros  más  poderosos.» 
Después  de  rezar,  al  fin  de  la  sesión,  como  lo  ha¬ 
bían  hecho  al  comenzarla,  se  recogieron  algunos 
donativos  entre  los  circunstantes,  y  el  General  se 
retiró  á  su  hotel  á  esperar  los  resultados  de  su 
misión,  en  un  pueblo  como  aquel  donde  hay  tan¬ 
tas  religiones  y  templos  disidentes  y  encontrados, 
y  donde  es  muy  problemático  que  arraigue  la 
iglesia  nómada  del  Ejercito  de  la  salud  y  del  cuerpo 
y  del  alma. 

• 

•  • 

Errante  como  Mr.  Booth,  pero  no  bien  acompa¬ 
ñado,  y  con  cómodo  servicio  y  abultado  equipaje, 
sino  con  un  libro  debajo  del  brazo  y  otros  cuantos 
en  una  pobre  maleta,  ha  andado  de  pueblo  en  pue¬ 
blo,  lejos  de  su  tierra,  un  escolar  polaco,  W.  Bo- 
rysik,  que  acaba  de  terminar  su  carrera  de  Medi¬ 
cina,  recibiendo  la  borla  de  doctor  á  los  setenta  y 
seis  años  en  la  Universidad  de  Varsovia.  Segura¬ 
mente  este  pobre  hombre  es  el  decano  de  los  estu¬ 
diantes  del  mundo  entero.  Hallá  hacia  1847  estu¬ 
diaba  el  cuarto  año  de  la  Facultad  con  tan  escasos 
recursos,  tan  falto  de  amparo,  que  no  pudiendo 
matricularse  de  nuevo,  ni  comprar  libros,  ni  alter¬ 
nar  con  sus  condiscípulos,  por  lo  destrozado  y  raí¬ 
do  de  su  indumentaria,  se  resignó  á  abandonar  las 
aulas,  en  esperado  mejores  tiempos.  Logró,  después 
de  llamar  en  vano  á  muchas  puertas,  que  le  admi¬ 
tiera  una  familia  en  calidad  de  profesor  particular 
de  sus  hijos,  y  fue  poco  á  poco  realizando  su  cons¬ 
tante  ideal  de  comprar  libros  usados  de  Medicina 
con  los  escasos  ahorros  que  hacía.  En  estudiarlos 
y  apilarlos  después  en  un  baúl  apolillado,  donde 
nunca  pudo  meter  ropa  blanca,  ni  negra,  pasó 
diez  años,  flaco  como  un  sabio,  y  sabio  como  todo 
el  que  no  se  preocupa  más  que  de  la  alimentación 
de  la  mollera.  Pudo  volver  en  1857  á  la  Universi¬ 
dad  para  seguir  su  carrera,  y  siguiéndola  estaba 
cuando  hizo  explosión  la  política  polaca  con  el 
movimiento  revolucionario  de  su  independencia. 
W.  Borysik,  arrastrado  por  el  torrente  de  la  fiebre 
estudiantil  que  ardía  en  las  filas  de  la  juventud, 
salió  al  campo,  combatió  y  tuvo  que  huir  al  ex¬ 
tranjero,  donde  rehizo  su  maleta  de  libros.  Cua¬ 
renta  años  ha  andado  por  el  mundo,  en  su  tristísi¬ 
ma  epopeya,  sufriendo,  enseñando  y  aprendiendo. 
Al  fin  ha  vuelto  á  Rusia  y  á  su  casa;  es  decir,  á  la 
Universidad  de  Varsovih,  donde  los  maestros,  los 
hijos  de  sus  condiscípulos,  le  han  otorgado,  des¬ 
pués  del  correspondiente  examen,  el  título  de  doc¬ 
tor.  Con  su  borla  y  sus  libros  se  ha  trasladado  á 
Litbuania  para  practicar  la  profesión  en  los  pocos 
años  que  le  queden  de  vida. 

9 

•  9 

No  durarán  mucho  los  libros,  porque,  dada  la 
pésima  calidad  del  papel  en  que  se  imprimen  hoy 
la  mayor  parte  de  los  de  precio  humilde ,  se  redu¬ 
cirán  á  polvo  lentamente ,  sin  que  nada  pueda  evi¬ 
tarlo.  Así  lo  ha  demostrado  hace  ocho  días  en 
Londres  Mr.  J.  Mac  Alister,  en  una  conferencia 
que  ha  dado  ante  la  Asociación  de  Libreros.  Las 
pastas  de  que  se  sirve  la  industria  del  papel  ba¬ 
rato  se  descomponen  muy  pronto;  dentro  de  las  ta¬ 
pas  se  acumulan  apretadas  masas  del  polvo  resultan¬ 
te  de  la  destrucción,  y  cuando  se  abren  caen  como 
salvado  cernido,  según  los  oyentes  de  Mac  Alister 
pudieron  verlo.  Con  el  tiempo  no  harán  falta  bi¬ 
bliotecarios,  porque  no  tendrán  nada  que  guardar; 
y  ellos  y  los  lectores  y  la  sabiduría  consignada  en 
los  volúmenes  impresos  correrán  la  misma  suerte, 
aquella  que  sabemos  que  nos  espera  cuando  nos  di¬ 
cen.....  pulvis  eris .  ¡Felices  de  las  generaciones  que 
no  encuentren  libros  en  ninguna  parte! 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


y  renombrado  tenor  Sr.  Mariacher,  recientemente 
contratado  por  la  empresa  de  este  teatro. 

Corta,  relativamente,  ha  sido  la  ausencia  de 
Madrid  del  distinguido  artista;  pero  el  público 


apreció  los  notables  progresos  que  durante  la  mis¬ 
ma  ha  hecho,  puesto  que,  si  salió  comenzando  su 
brillante  carrera  y  alentado  por  el  aplauso  de  nues¬ 
tros  dilettanti ,  que  le  consideraban  como  una  es¬ 
peranza  para  el  arte  lírico,  vuelve  en  la  plenitud 
de  sus  facultades,  haciendo  alarde  de  las  mismas 
y  encontrando  motivos  de  lucimiento  en  las  in¬ 
mensas  dificultades  de  la  obra  de  Meyerbeer,  en 
que  tantos  artistas  de  no  escaso  nombre  han  fra¬ 
casado.  Su  notabilísimo  trabajo  obtuvo  el  premio 
que  merecía  con  los  calurosos  aplausos  que  el  pú¬ 
blico  le  otorgó,  aplausos  que  llegaron  á  conver¬ 
tirse  en  estruendosas  ovaciones  al  terminar  de 
cantar  el  Sr.  Mariacher  la  pastoral,  el  brindis,  el 
himno  y  el  dúo  de  la  prisión,  trozos  que  interpretó 
maravillosamente. 

La  Sra.  Guerrini  compitió  con  el  debutante,  can¬ 
tando  de  magistral  manera  el  difícil  papel  de  Ber¬ 
ta,  y  compartió  con  él  los  aplausos,  viéndose  pre¬ 
cisada  á  presentarse  en  escena  muchas  veces  al 
terminar  la  representación. 

Muy  bien  los  demás  artistas,  así  como  loa  coros 
y  la  orquesta. 

9 

•  9 

Una  de  las  próximas  noches  se  pondrá  en  esce¬ 
na,  por  primera  vez  en  esta  temporada,  la  ópera 
Sansón  y  Dalila ,  cantada  por  la  Sra.  Guerrini  y  el 
Sr.  Mariacher. 


JOSÉ  MOSCA YO, 
del  teatro  de  la  Zarzuela. 

(De  fotografía  de  Lokner.) 

PRINCESA. 

Anúnciase  para  esta  noche  la  reprise  de  la  no¬ 
table  obra  de  Sardou,  Andrea ,  en  laque  tan  legí¬ 
timos  triunfos  obtiene  la  Sra.  Tubau. 

•  • 

El  arreglo  de  la  comedia  de  Sardou,  Mme.  Sans - 
Géne>  que  se  estrenará  muy  pronto  en  este  favore¬ 
cido  teatro  con  el  título  de  La  Corte  de  Napoleón , 
promete  ser  un  verdadero  acontecimiento  teatral, 
y  para  conseguirlo  no  perdona  medio  alguno  el 
inteligente  Ceferino  Palencia.  El  Duque  de  Ta- 
mames  ha  ofrecido  cuantos  muebles  posee,  estilo 
Imperio,  para  que  la  obra  sea  representada  con 
toda  propiedad;  y  claro  está  que  con  tan  valiosí¬ 
simos  elementos  ha  de  distinguirse  La  Corte  de 
Napoleón  por  el  lujo  y  la  rigurosa  exactitud  del 
attrezzo  y  de  la  indumentaria  con  que  ha  de  ser 
puesta  en  escena. 

PARISH. 

Continúa  la  compañía  de  este  teatro  haciendo 
la  excelente  campaña  que  comenzó  ai  inaugurar  la 
presente  temporada.  Constantemente  se  renueva 
el  cartel  y  se  sacan  del  olvido  las  joyas  de  nuestra 
zarzuela  antigua,  en  cuya  interpretación  tanto  se 
distinguen  los  notables  artistas  que  componen  la 
citada  compañía. 

Según  parece ,  muy  en  breve  se  estrenarán  Los 
Hijos  del  batallón y  obra  que  espera  el  público  con 
gran  impaciencia  y  que  promete  ser  un  aconteci¬ 
miento  teatral. 

LARA. 

Gorda,  muy  gorda,  como  se  dice  en  el  argot  tea¬ 
tral,  es  la  gracia  de  El  Dinero  de  San  Pedro ,  ju¬ 
guete  en  un  acto  estrenado  la  noche  del  15 ;  pero, 
aunque  gruesa ,  tiene  mucha  sal,  y  el  público  per¬ 


donó  de  buen  grado  la  poca  novedad  del  asunto 
para  celebrar  con  grandes  carcajadas  las  situacio¬ 
nes  cómicas  en  que  abunda  la  obra  y  los  chistes, 
gordos  también ,  pero  en  su  mayoría  cultos  y  de 
buen  gusto,  que  matizan  el  diálogo.  Los  autores, 
Sres.  Mario  (hijo)  y  Santoval,  merecieron  los  ho¬ 
nores  del  proscenio  al  terminar  la  representación, 
en  la  cual  se  distinguieron  notablemente  las  se¬ 
ñoras  Val  verde  y  Mavillard,  y  los  Sres.  Larra,  Ruiz 
de  Arana,  Ramírez  y  Santiago. 

• 

.  •  • 

La  reprise  de  Zar  agüela  y  verificada  el  pasado 
lunes,  llevó  gran  concurrencia  al  citado  teatro.  La 
obra  de  Vital  y  Ramos  fué  acogida  con  el  mismo 
éxito  que  la  noche  de  su  estreno,  y  el  público  pre¬ 
mió  con  sus  aplausos  á  todos  los  artistas,  y  espe¬ 
cialmente  á  los  Sres.  Ruiz  de  Arana  y  Ramírez,  que 
desempeñaron  por  primera  vez,  y  muy  bien  por 
cierto,  los  papeles  de  D.  Indalecio  y  Carlitos,  res¬ 
pectivamente. 

COMEDIA. 

El  Maestro  de  armas ,  presentado  la  noche  del 
15,  fracasó,  no  obstante  los  laudables  esfuerzos 
hechos  para  salvarle  por  la  Srta.  Pretel  y  Sra.  Mo¬ 
jí  a,  y  los  Sres.  Palmada  y  Jerez. 

• 

9  9 

Con  La  Boda  de  Luis  Alonso  y  El  Tambor  de 
granaderos  se  presentó  al  público  el  nuevo  direc¬ 
tor  de  este  teatro,  Bonifacio  Pinedo,  que,  tras  cor¬ 
ta  temporada  en  el  teatro  de  Lara,  vuelve  á  culti¬ 
var  la  zarzuela  chica  y  género  en  el  que  tantos 
aplausos  ha  conquistado  y  seguirá  conquistando, 
á  juzgar  por  el  cariñoso  recibimiento  que  el  pú¬ 
blico  de  la  Comedia  le  hizo  la  noche  de  su  debut . 

A. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  perfumado  de  loe  jabones  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro. — Fuera  de  concurso 
4V  PLACE  DE  L’OPÉRA,  PARIS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


LO  S  TENGAN  I  O  S 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 

PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 

Remedio  prodigioso  y  rápido.  30  anos  de  óxno. 

A  W HIPO  Ple  (*•*'•■•  uu  **  E>ILE  PIN8AT),  SO,  nu 

.  flAIjUUO&U-  Lot'l»-b-Qrand,Y&ri* — TRAJES  Y  ABRIS08 

La  casa  que  viste  &  las  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  gusto 

EL  LANZA-PERFUME 


PERFUMA  IT  REFRESCA 

Automáticamente  sin  mojar  ni  manchar. 

PERFUMES  EXQUISITOS 

En  todas  las  buenas  Perfumerías.  —  Depósitos  principales  : 
Viotor  Guizy  .Union  ,0,  BARCELONA;  Vilar  Ridaura  Hermanos, 
Jurista,  5,  VALENCIA;  Vicente  Ribeiro,  Faoqueiros,  LiSBOA. 

EAU  dHOUBIGANT 

Hosbftyaat,  perfumista,  París  y  19,  F&ubouig  8*  Honoré. 

Perfumería  erótica  SENET,  35,  rué  du  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véanse  los  anuncios .) 

Perfumería  ]Sl7wn.  Ve  LECONTE  ET  Cle,  31 ,  rueda  Quatre 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios.) 

VI0LETTE  IDÉALE  de  la  violetas 

Heablgaot,  perfumista,  París  y  19,  Faubourg  S*  Honoré. 


Para  adquirir  en  condiciones  inmejorables  alhajas  en  imi¬ 
tación  de  diamantes  y  piedras  finas ,  dirigirse  á  la  maison  Qtor - 
ge,  28,  boulevard  des  líaliensy  en  París.  Las  alhajas  fabricadas 
por  esta  casa  son  tan  perfectas  que  aventajan  con  mucho  á  las 
fabricadas  por  sus  competidoras.  Enrió  de  catálogo  ilustrado, 
franco  de  porte,  á  vuelta  de  correo. 


Todos  los  di as  aparece  algún  nuevo  espe¬ 
cífico  para  el  cutis;  pero  estad  seguras  que 
casi  siempre  no  son  más  que  afeites.  Sólo 
la  Crema  Simón  da  á  la  tea  la  fres¬ 
cura  y  belleza  naturales.  Desde  hace  treinta  y 
cinco  años  se  vende  en  el  mundo  entero  á  pe¬ 
sar  de  las  muchas  falsificaciones.  Los  Polvo* 
de  Arros  y  el  Jabón  Simón  completan  los 
efectos  higiénicos  de  la  Crema  Simón. 


Digitized  by  AjOOQle 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Enero  1898 


52  — >  n.Mii 


'  LIBROS  PRESENTADOS 

i  ESTA  REDACCIÓN  TOR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


La  Soberanía  de  España  en  Filipinas,  por  el 
P.  Francisco  Foradada,  de  la  Compañía  de  Jesús. 

Opúsculo  de  actualidad,  destinado  á  popularizar  en 
el  país  las  salvadoras  ideas  relativas  á  esta  materia, 
llama  el  autor  á  su  libro,  y  verdaderamente  que  es  do 
actualidad  cuanto  tiende  á  reformar  la  soberanía  de 
España  en  sus  colonias,  lo  mismo  en  las  del  Archipié¬ 
lago  filipino,  donde  la  rebeldía  dobló  su  cabeza  y  se 
rindió  ante  nuestra  gloriosa  bandera,  que  en  Cuba, 
donde  aun  persiste  con  obcecada  saña  la  sangrienta 
rebelión  contra  la  madre  patria. 

En  cuatro  partes  divide  el  autor  su  libro:  trata  la 
primera  de  la  legitimidad,  de  la  Soberanía  de  España, 
y  examina  la  potestad  y  el  derecho  coactivo  que  la 
Iglesia  tiene  para  predicar  por  todo  el  mundo  la  ver¬ 
dadera  fe  y  el  auxilio  que  para  este  fin  están  obligados 
á  darle  los  principes  cristianos;  demuestra  en  la  se¬ 
gunda  la  utilidad  que  tiene  para  Filipinas  la  soberanía 
de  España;  defiende  en  la  tercera  la  sumisión  que  la 
debe,  y  trata  en  la  última  de  los  obstáculos  y  medios 
para  la  perpetua  sumisión  de  Filipinas  á  la  soberanía 
de  España. 

La  obra  del  ilustrado  sacerdote  de  la  misión  de  Fili¬ 
pinas  de  la  Compañía  de  Jesús  contribuirá  poderosa¬ 
mente  á  popularizar  la  noción  verdadera  del  derecho 
católico,  en  armonía  con  los  legítimos  títulos  de  nues¬ 
tra  dominación,  entre  los  indígenas  y  peninsulares, 
como  muy  acertadamente  opina  el  P.  Fiter,  censor  del 
citado  libro. 

Al  insigne  Cánovas  del  Castillo. 

Con  esta  dedicatoria  en  la  cubierta  se  ha  publicado 
un  libro  en  Santiago  de  Chile,  que  contiene  muy  sen¬ 
tidos  y  bien  escritos  Irabsjos  dedicados  por  distingui¬ 
dos  escritores  é  ilustres  personalidades  de  aquella  Re¬ 
pública  á  nuestro  gran  estadista  Cánovas  del  Castillo. 
Contiene  el  libro  además  relación  de  las  exequias  he¬ 
chas  por  el  alma  del  mismo  en  Santiago  de  Chile,  Val¬ 
paraíso,  Concepción,  1  ñique,  Tocopilla,  Talca,  Los 
Angeles  y  Antofagenta,  y  la  oración  fúnebre  pronun¬ 
ciada  por  el  presbítero  D.  Ramón  de  la  Jura. 

Los  trabajos  literarios  en  que  se  celebran  las  altas 
dotes  y  los  méritos  del  finado  están  dedicados  á  nues¬ 
tro  ministro  D.  Salvador  López  Guijarro  y  á  la  colo¬ 
nia  española.— C. 


MADRID.  —  ESCUDO  COLOCADO  EN  EL  ÁTICO  DEL  NUEVO  MINISTERIO  DE  FOMENTO. 

(Escultura  de  Ricardo  Bellver.) 


RODARON  POR  EL  SUELO. 

El  lunes  24  de  Noviembre  de  1890  los  periódi¬ 
cos  americanos  publicaron  la  siguiente  noticia. 

«Mrs.  Sarah  S.  Henster  East,  134  Street  N.  873/ 
Nueva  York,  se  suicidó  de  un  tiro  ayer  mañana 
Era  una  señora  excelente,  de  una  posición  social 
elevada,  y  pertenecía  á  la  Iglesia  presbiteriana 
del  Rdo.  Dr.  Ramsey.  Tenía  bienes,  y  se  intere¬ 
saba  mucho  en  varias  caridades  públicas  y  par¬ 
ticulares.  Desde  Julio  último  había  sufrido  mu¬ 
cho  de  indigestión,  que  produjo  melancolía,  y 
después  una  especie  de  locura,  bajo  cuya  influen¬ 
cia  se  quitó  la  vida.» 

Hé  aquí  otra  historia  menos  trágica,  aunque 
de  la  misma  índole.  El  que  la  relata  lo  hace  á  su 
modo.  «Generalmente,  dice,  tememos  á  la  muerte 
y,  sin  embargo,  una  vez  he  querido  morir,  y  hé 
aquí  el  motivo.  Hasta  la  Pascua  de  1888  había 
tenido  salud;  pero  esta  época  (para  tantos  de  ale¬ 
gría)  fué  para  mí  de  tristeza,  languidez  y  cansan¬ 
cio.  Perdí  el  apetito,  y  me  sentía  muy  mal  des¬ 
pués  de  comer  ios  alimentos  más  ligeros.  Los  ojos 
y  la  piel  tomaron  un  color  amarillo  obscuro,  y  la 
secreción  renal  parecía  sangre.  El  dolor  de  estó¬ 
mago  no  se  podía  sufrir,  y  con  frecuencia  duraba 
sin  interrupción  de  doce  á  catorce  horas.  Algunas 
veces  tenía  dolores  noche  y  día ,  y  me  ponía  tan 
malo,  que  mi  mujer  tenía  que  velarme  toda  la 
noche.  Siempre  estaba  malo,  me  daba  tos  y  arro-  ^ 
jaba  una  flema  verde. 

»A  pesar  de  la  ropa  de  abrigo  y  de  toda  clase 
de  comodidades,  siempre  tenía  frío,  tiritando 
como  si  la  sangre  se  me  hubiera  empobrecido. 
No  podía  tomar  alimento  sólido;  vivía  de  caldos, 
preparaciones  de  leche,  etc.,  y  después  de  cada 
comida  me  daban  dolores  de  estómago,  que  no  se 
quitaban  con  nada. 

»Poco  después,  se  me  desarrolló  una  picazón 

Í>or  todo  el  cuerpo,  como  si  tuviese  envenenada 
a  sangre.  El  médico  de  la  familia  me  estuvo  asis¬ 
tiendo  como  cosa  de  un  año.  Por  su  consejo  fui 
á  Harrogate  á  ver  á  otro  médico  y  á  beber  las 
aguas;  pero  hallándome  peor  me  volví  á  casa.  El 
bañero  de  Harrogate  y  otros  me  dijeron  que  te¬ 
nía  la  sangre  envenenada,  lo  que  nunca  habían 
dicho  los  médicos.  El  primero  había  dicho  que 
los  dolores  procedían  de  piedras  en  la  vejiga  de 
la  hiel. 

«Entonces  consulté  á  un  especialista  eminente 
de  Manchester,  que  confirmó  lo  que  había  dicho 
el  otro  médico,  mas  con  ninguno  me  aliviaba. 

»En  este  estado  lamentable  seguí  seis  meses 
más,  y  me  puse  tan  endeble  que  apenas  podía  an¬ 
dar,  y  tan  delgado  que  se  cayeron  los  aniflos  fíe¬ 
los  dedos  y  rodaron  por  el  suelo.  Eran  tales  los 
dolores  que  deseaba  morirme ,  y  uno  de  los  médicos 
dyo  á  un  amigo  mío  que  no  podía  restablecerme. 

•En  Agosto  del  año  pasado  de  1890,  cuando  me 
encontraba  peor,  me  enviaron  por  el  correo  un 
libro  de  una  medicina  llamada  Jarabe  Curativo 
de  la  Madre  Seigel.  Me  decidí  á  probarlo  y  mandé 

Eor  un  poco  á  Lymm,  á  la  botica  de  Mr.  Evans 
tespués  de  la  primera  botella  me  sentí  un  poco 
mejor,  y  siguiendo  con  este  remedio  me  volvió  el 
apetito,  y  poco  á  poco  me  fui  poniendo  fuerte.  El 
color  se  ha  vuelto  á  poner  natural,  y  me  siento 
tan  bien  como  he  podido  sentirme  en  toda  mi 
vida;  á  la  verdad,  tan  bien  como  cuando  era  niño. 


Como  sin  inconveniente  alguno  toda  clase  de  ali¬ 
mentos,  y  en  los  últimos  tres  meses  he  y  miado  en 
peso  treinta  libras.  Puedo  añadir  qué  antes  de 
tomar  esta  medicina  había  cambiado  tanto,  que 
mis  amigos,  y  aun  mis  condiscípulos,  apenas  me 
reconocían.  A  todo  el  mundo  digo  lo  que  debo  al 
íarabe  de  Seigel.» 

La  persona  que  hace  este  relato  es  un  caba¬ 
llero  de  posición,  conocido  de  todo  el  mundo  en 
Lymm.  No  quiere  que  se  publique  su  nombre,  pero 
el  Sr.  J.  H.  Evans,  el  farmacéutico  nombrado  an¬ 
teriormente,  atestigua  la  verdad  de  cuanto  aquí 
se  ha  dicho. 

Este  era  un  caso  grave  do  indigestión  con  sus 
consecuencias  naturales.  Toda  la  economía  es¬ 
taba  emponzoñada  y  desarreglada  por  los  ácidos 
iebidos  á  fermentaciones  en  el  estómago,  y  si  no 
hubiera  sido  por  el  Jarabe  de  Seigel,  un  resul¬ 
tado  desastroso  se  hubiera  seguido  en  muy  poco 
tiempo. 

El  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  está  de 
venia  en  todas  las  farmacias,  droguerías  y  ex¬ 
pendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del 
frasco,  14  reales;  frasquito,  8  reales. 


BOCA  Y  MUELAS 

Las  tiene  fuertes  y  sanas,  deliciosamente  per¬ 
fumadas  con  el  aroma  de  la  menta  y  de  la  rosa 
y  sin  dolor  alguno,  el  que  usa  á  diario  el  inmejo¬ 
rable  dentífrico  Licor  del  Polo  de  Orive. 
Frasco ,  6  rs.  en  toda  farmacia  y  perfumería. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

•in  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

Ll  REVALENTA  ARABIGA  IMS 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedias,  disenteria,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  1  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños. — Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


MEMORIAS  DE  UN  SETENTÓN 

ITATTTRAXi  Y  -VECIlSrO  IDE  ^dLAJDEIID 

POR 

D.  RAMÓN  DE  MESONERO  ROMANOS. 


Dos  tomos,  8.°  mayor  francés,  6  pesetas. 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid. 


EL  ANTIGUO  MADRID 

PASEOS  HISTÓRICO-ANECDÓTICOS  POR  LAS  CALLES  Y  CASAS 


EHQ1I  Al Ift JAQUECAS, ea/amfaMM*/ 
C II IIA itlIAO Mtómtfo, hiatarlamo,  todia laa 
•nfsrmtdsde*  narvioasa  99  célman nrOOnMICD 
oon  luptldoraaanUnaurilticaadelU  UnU  llICn 
3 fr&Doo».— París, F&rm*cU, 2J,  ruada la  Mon  j-.itf 


í 


DE  ESTA  VILLA 

POR 

D.  RAMÓN  DE  MESONERO  ROMANOS 


OBBAS 

.  DE 

D.  RAMÓN  DE  CAMPO  AMOR. 

Pesetas. 


«EL  CURIOSO  PARLANTEd 


Dos  tomos,  8.°  mayor  francés,  con  varios  grabados. — 4  pesetas  cada  uno. 
De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid. 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

extra,  de  inimitable  aroma  y  de  efectos  sorprendentes  y  deliciosos  para  curar  y  evitar  los  cata¬ 
rro?  A  los  propensos  á  resfriarse,  friccionándose  á  diario  suavamente  el  pecho.  En  frascos,  far¬ 
macias  y  perlumerías.  Por  mayor,  M.  García,  Madrid.  Por  medida  la  remite  su  autor  á  domicilio, 
franco  envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  5  pesetas  litro.  Desde  cuatro  litros,  á  4  pesetas. 


Las  tres  ro3as  (poema) .  2,50 

El  tren  expreso  (ídem) . 1,2o 

Los  amorio3  de  Juana  (ídem) .  1 

Dulces  cadenas  (ídem) .  1,25 

Don  Juan  (ídem) .  1,50 

Historia  de  muchas  cartas  (ídem). ...  1 
Nuevos  pequeños  poemas,  un  tomo.. .  4 

Duloras  y  cantares,  Ídem .  7 

Los  Bueno.s  y  los  Sabios,  ídem .  2 

El  Amor  y  el  Río  Piedra,  idem .  2 

La  utilidad  de  las  flores  (poema) .  1 


De  venta  en  la  Administración  de  este  pe¬ 
riódico,  Arenal,  18,  Madrid. 


Impreco  con  tinta  de  la  fábrica  LOBELLEUX  y  C.\  16,  ruó  Cuffcr,  Varis. 


Reservados  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID. — Establecimiento  tipolitográílco  <i  Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  1a  Real  Casa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


Madrid . 

Provincias.. 

Extranjero. 


AÑO. 

SEMESTRE. 

3o  pesetas. 

40  id. 

50  francos. 

18  pesetas. 

21  id. 

26  francos. 

10  pesetas. 

11  id. 

14  francos. 


AÑO  XLII.  —  NÚM.  IV. 

ADMINISTRACIÓN: 
AEENAX,,  18. 

Madrid  30  de  Enero  do  1898. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCION,  PAGADEROS  EN  ORO. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas.  12  pesos  fuertes.  7  pesos  fuertes. 
Demás  Estados  de  América  y 

Asía . .  60  francos.  3o  francos. 


64  —  s.°  iv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Enkbo  1898 


SUMARIO. 


Texto.— Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bromón. — Nuestros 
grabados ,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  Grande  en  chico,  por 
I).  A.  Sánchez  Pérez.  —  La  revolución  del  pan,  por  D.  José  Rodrí¬ 
guez  Mourelo. —  Un  reino  por  un  asno,  poesía,  porD.  Felipe  Pérez 
y  González.— Pepito  Pérez,  por  Zeda.—  Por  ambos  mundos. Narra¬ 
ciones  cosmopolitas,  por  D  Ricardo  Becerro  de  Bengoa.  — Los 
teatros,  por  A.— Sueltos. —  Libros  presentados  á  esta  Redacción 
por  autores  ó  editores,  por  C.  —  Anuncios. 

GRABADOS.— Retrato  del  Exorno.  Sr.  D.  Fernando  Primo  de  Rivera, 
capitán  general  de  ejército,  marqués  de  Estella,  general  en  jefedcl 
ejercito  de  Filipinas.  —  Isla  de  (Juba:  El  acorazado  norteamericano 
Maine,  fondeado  actualmente  en  la  bahía  de  la  Habana. —Madrid: 
Solemne  Tedeum  celebrado  el  ‘¿4  del  corriente  en  la  capilla  del  Real 
Palacio,  en  acción  de  gracias  por  la  pacilleacion  de  Filipinas.— Re¬ 
trato  de  D.  Miguel  Primo  de  Rivera  y  Orbaneja,  teniente  coronel 
de  Infantería,  comisionado  por  el  Capitán  general  del  Archipiélago 
íllipino  para  acompañar  á  Hong-Kong  á  los  principales  jefes  taga¬ 
los. — Bellas  Artes:  La  Farándula ,  cuadro  de  Garrido.  —  Retrato  de 
D.  Ramiro  Aranzabe  y  Estefanía,  coronel  de  Infantería,  jefe  de  la 
columna  que  dio  muerte  al  caliecilla  Aranguren.  —  Retrato  del  ge¬ 
neral  Saussier,  ex  generalísimo  del  ejército  francés.  —  París:  Mani¬ 
festación  en  honor  del  general  Saussier.  Destile  de  las  sociedades 
patrióticas  en  la  plaza  Vendóme — La  moda  femenina:  Las  tortugas- 
bijotid',  de  tamaño  natural.— Un  nuevo  sport:  Diversiones  populares 
en  Alemania.  —  Retrato  de  Isabel  Bru,  del  teatro  de  Apolo. —  Re¬ 
trato  del  general  Zurlinden,  sucesor  del  general  Saussier  en  el 
Gobierno  militar  de  París. 


CRÓNICA  GENERAL. 


L  Gobierno  de  Mr.  Mac-Kinley  nos  ha 
flSMfr  (J*  dado  la  grata  sorpresa  de  presentar 
en  la  bahía  de  la  Habana,  sin  previo 
¡SK/  aviso,  el  crucero  Mame ,  que,  según 
nota  posterior  á  su  llegada,  no  lleva- 
.  ÍV  ba  otro  encargo  que  el  de  hacemos  una 
vigita  de  cortesía.  El  Gobierno  español, 
agradeciendo  el  agasajo ,  no  ha  podido  me- 
nos  de  corresponder  á  la  deferencia  dispo- 
'  niendo  salga  otro  buque  de  guerra  á  devol¬ 
ver  el  cumplimiento.  Estábamos,  pues,  equivocados 
cuando  en  nuestra  Crónica  anterior,  escrita  mu¬ 
cho  antes  de  ese  acto  de  amistad,  manifestábamos 
recelos,  avisábamos  al  Gobierno  presintiendo  algo 
inesperado,  y  le  rogábamos  que  no  se  fiara  de  los 
representantes  de  aquella  nación  en  sus  expansio¬ 
nes  privadas.  Más  aún:  éramos  unos  ingratos  con 
quien  nos  trataba  de  sorprender,  como  los  buenos 
hijos  á  sus  padres,  ocultando  el  regalito  con  que 
les  van  á  obsequiar  el  día  de  su  santo.  En  hora 
buena  sea,  y  muchas  gracias. 


Sin  duda  estaban  equivocados  también  otros 
Gobiernos  al  enviar  sus  buques  de  guerra  á  la 
Habana,  como  Alemania,  Francia  ó  Inglaterra, 
en  la  previsión  de  algo  grave.  Sin  duda  participa¬ 
ban  del  error  nuestro  los  que  felicitaron  á  Mac- 
Kinley  por  su  firmeza  en  enviar  el  Mame;  y  hasta 
el  acaparador  de  trigos  que  quiso  especular  con  el 
hambre  pública  ante  la  sensación  que  produciría 
la  noticia  de  aquella  terrible  expedición.  Y  ¡qué 
diantre!  hasta  el  mismo  capitán  del  Maine ,  que 
haciendo  y  recibiendo  las  ceremonias  de  rúbrica, 
y  nada  más,  se  manifiesta  muy  agradecido  á  tales 
demostraciones.  Lo  que  el  pesimismo  temía,  fun¬ 
dado  en  las  palabras  depresivas  del  discurso  pre¬ 
sidencial,  en  las  más  recientes  de  uno  de  sus  alle¬ 
gados,  en  la  declaración  que  se  había  hecho  de 
nuestra  ferocidad,  y  en  otros  síntomas,  se  ha  con¬ 
vertido  on  salvas,  cumplimientos  y  algunos  dis¬ 
paros  de  luz  eléctrica  sobre  el  muelle  de  la  Haba¬ 
na.  Sea  en  hora  buena,  y  sea  en  hora  buena. 


Porque,  á  decir  verdad,  temíamos,  no  un  golpe 
de  mano,  posible,  pero  dudoso,  sino  un  acto  de 
esos  que  irritan  los  ánimos  y  producen  un  con¬ 
flicto,  que  se  arregla,  pero  que  entretanto  causa 
una  perturbación  en  todos  los  valores  y  permite 
realizar  grandes  jugadas,  pues  no  faltan  políticos 
capaces  de  intentar  este  negocio.  Y  al  fin  y  al 
cabo,  hay  circunstancias  y  descuidos  tan  propicios 
para  aprovecharlos,  que  se  le  hace  la  boca  agua  á 
cualquier  Gobierno  amigo  para  convertir  en  de¬ 
recho  un  hecho  consumado.  Y  como  hay  amigos 
que  no  respetan  la  mujer  del  amigo,  hay  Gobier¬ 
nos  que  pulieran  caer  en  análoga  tentación;  que 
somos  débiles.  Y  esa  vecindad  de  su  escuadra  me¬ 
rece  tomarse  en  cuenta,  dados  los  antecedentes  y 
amenazas  de  intervención  más  ó  menos  próxima, 
aunque  no  creemos  que  eso  se  prolongue,  ni  que 
el  Maine  haya  ido  á  la  bahía  de  la  Habana  á  esta¬ 
blecerse.  Y  si  de  nosotros  dependiera,  pediríamos, 
en  confirmación  de  la  amistad  que  se  nos  ponde¬ 
ra,  la  sustitución  del  cónsul  Mr.  Lee,  aunque  le 
reemplazara  otro  peor.  Y  podemos  aventurar  to¬ 
das  estas  reflexiones,  porque  á  los  periodistas  nos 
está  permitida  la  indiscreción  sin  consecuencias. 
No  cometeríamos,  en  cambio,  otras  si  escribiéra¬ 
mos  en  periódicos  noticieros,  pues  sabido  es  que 
se  exponen  á  incurrir  en  graves  penas  publicando 
noticias  reveladoras  de  lo  que  debe  estar  callado; 


y  sobre  todo,  porque  el  patriotismo  lo  aconseja, 
aunque  no  fuera  penable,  intrigar  actos  que  pudie¬ 
ran  ocasionar  un  rompimiento.  El  Gobierno  nor¬ 
teamericano  se  dice  nuestro  amigo:  aceptemos  la 
fineza  y  procedamos  á  lo  que  convenga  con  la  más 
pulcra  corrección;  reprobemos  ai  que  desafine  y 
comprometa  ó  perturbe  la  política  del  Gobierno, 
á  quien  incumbe  dirigir:  hay  una  necesidad  su¬ 
prema  y  un  deber:  cuidar  todos  de  que  no  se  de¬ 
bilite  la  unidad  de  la  defensa  nacional.  Más  tarde, 
tiempo  habrá  de  pedir  cuentas  de  la  honra  de  Es¬ 
paña  con  las  memorables  palabras  de  Méndez 
Núñez  á  quien  no  haya  sabido  guardarla.  Con 
honra  fueron  nuestros  mayores  á  tan  lejanas  tie¬ 
rras,  y  deben  sus  nietos  volver  de  ellas  con  honor. 


Bueno  es  que  haya  habido  testigos  en  la  Habana 
del  castigo  del  cabecilla  Aranguren,  el  pérfido 
amigo  del  teniente  coronel  Ruiz,  á  quien  fusiló, 
habiéndose  confiado  á  su  hidalguía.  ¡Qué  poco  re¬ 
probaron  los  politicastros  yankees  aquel  asesinato! 
Murió  al  querer  salvarse,  cuando  espoleaba  á  su 
caballo;  su  cadáver,  expuesto  en  la  Habana,  fué 
reconocido,  y  di  cese  que 'vestía  algunas  prendas 
del  despojo  de  su  víctima.  Ya  pagó  su  crimen.  Que 
Dios  le  perdone. 


•  • 

Rara  vez  consignamos  lo  que  sólo  interesa  á  los 
partidos:  cada  cual  cumple,  bien  ó  mal,  el  papel 
que  le  toca  desempeñar  en  el  sistema  político,  y 
no  nos  mezclamos  en  sus  asuntos,  sino  en  sus  ac¬ 
tos  cuando  éstos  favorecen  ó  perjudican  á  la  pa¬ 
tria  de  un  modo  notable,  ú  ofrecen  singularidades 
dignas  de  mención ;  pero  como  el  sistema  repre¬ 
sentativo  sin  partidos  no  puede  funcionar,  y  el 
conservador  estaba  semidi suelto  desde  la  muerte 
del  gran  Cánovas  del  Castillo,  creemos  que  el  ban¬ 
quete  de  unión  entre  los  que  seguían  al  Sr.  Sil- 
vela  y  eran  presididos  por  el  Sr.  Pidal  en  el  Círculo 
Conservador,  es  un  acto  que  merece  ser  registrado 
por  la  Crónica:  el  número  y  la  calidad  de  los  con¬ 
servadores  allí  unidos  forman  una  agrupación  im¬ 
portantísima  que  puede  funcionar  como  gobier¬ 
no:  titúlase  la  unión  conservadora:  con  esta  nueva 
formación  resulta  el  mismo  partido  conservador, 
sin  las  fuerzas  respetables  de  los  Sres.  Elduayen, 
Duque  de  Tetuán  y  las  de  Romero  Robledo,  en 
vísperas  de  unirse  entre  sí,  así  como  en  vida 
del  Sr.  Cánovas,  al  perder  la  fuerza  que  dirigía 
D.  Francisco  Silvela,  sufrió  un  desprendimiento 
de  importancia  aquel  partido;  pero  como  enton¬ 
ces  el  Sr.  Cánovas  simbolizaba  el  pensamiento  co¬ 
lectivo,  la  fracción  separada  sólo  representó  una 
importante  y  dolorosa  disidencia.  Sucede  ahora 
que  unos  y  otros,  con  las  mismas  razones,  quieren 
representar  las  ideas  conservadoras,  y  sólo  se  re¬ 
suelve  la  diferencia  por  la  significación  de  dos 
figuras,  que  por  su  carácter  militar  permanecen 
en  la  sombra:  los  generales  Martínez  Campos  y 
Weyler.  No  son  realmente  jefes,  sino  banderas  de 
ambas  fuerzas:  los  futuros  acontecimientos  han  de 
decidir  hacia  qué  lado  se  inclina  la  opinión:  hoy 
por  hoy,  el  centro  tiene  las  mayores  probabilida¬ 
des  de  vida  activa,  á  menos  que  sucesos  gravísi¬ 
mos  y  funestos  galvanizaran  una  tendencia  que 
en  poco  tiempo  ha  perdido  toda  apariencia  de  ac¬ 
tualidad;  pero  si  se  conforman  éstos  con  los  he¬ 
chos  consumados,  entonces  entre  el  partido  con¬ 
servador  y  el  liberal  habrá  un  centro,  y  esta 
posición  central  en  estos  tiempos  de  transición  es 
muy  ventajosa. 

• 

«  • 

Media  hora  duraron  los  golpes  y  las  injurias  en 
el  Congreso  francés,  según  leemos  en  la  prensa  de 
aquella  capital:  mucho  tiempo  nos  parece;  y  como 
un  hombre  sano  puede  dar  sesenta  puñetazos  por 
minuto,  y  una  boca  irritada  lanzar  ciento  ochenta 
insultos  y  más,  por  ser  breves  los  más  expresivos; 
y  como  fueron  muchos  los  que  pegaban  é  injuria¬ 
ban,  no  es  posible,  si  la  duración  del  pugilato  es 
exacta,  que  haya  quedado  un  hueso  sano  en  el  Con¬ 
greso.  Congratúlanse  algunos  de  ese  espectáculo, 
que  toman  como  muestra  de  virilidad  y  pasión,  y 
para  nosotros  le  quisieran :  por  fortuna  no  somos 
ni  parece  que  hemos  de  ser  diputados:  no  hace 
mucho  rodaron  en  Yiena  por  los  suelos  algunos 
señores  diputados,  y  después  de  la  cachetina  de 
París  ha  habido  culatazos  en  las  puertas  del  Con¬ 
greso  de  Bruselas,  que  trataba  de  forzar  el  dipu¬ 
tado  radical  Mr.  Demblon ,  rodeado  de  sus  amigos 
de  la  Cámara,  rebelándose  contra  el  castigo  de  ex¬ 
pulsión  temporal  en  que  incurriera.  Hay  epide¬ 
mias  de  violencia  como  de  cualquier  otra  enfer¬ 
medad  contagiosa;  que  también  enferma  el  hom¬ 
bre  moral. 


Dígalo  Argel:  no  es  allí  la  raza  israelita  tan 
mansa  y  sufrida  como  en  otras  poblaciones,  acaso 
por  formar  un  núcleo  más  fuerte ,  ó  por  el  influjo 
de  algunos  hombres  más  enérgicos:  allí  se  han  de¬ 
fendido  contra  el  tumulto  popular;  han  apaleado, 
siendo  alternativamente  agresores  y  agredidos;  ha 
corrido  la  sangre,  y  han  muerto  judíos  y  cristia¬ 
nos,  siendo  la  primera  víctima  un  albañil  español, 
que  en  todas  partes  hemos  de  pagar  los  vidrios  ro¬ 
tos:  los  saqueos  de  almacenes  y  el  incendio  de  las 
casas  debían  recordar  otras  edades:  los  tiempos  se 
reproducen.  Las  acusaciones  de  Zola  traen  un  ras¬ 
tro  sangriento. 


Y  éste,  en  tanto,  prepara  su  defensa  para  el  pro¬ 
ceso  de  difamación  á  que  se  halla  sometido.  Hay 
que  compadecer  á  los  jurados.  No  bastaría  una  le¬ 
gislatura  para  examinar  los  libros,  periódicos,  do¬ 
cumentos,  cartas,  facsímiles  que  presenta,  casi  to¬ 
dos  publicados:  el  desfile  de  testigos  que  propone 
sería  interminable:  más  que  de  aclarar,  parece  que 
se  trata  de  confundir  y  cegar  á  los  jurados  con  una 
nube  de  impresos  y  manuscritos,  que  por  la  difi¬ 
cultad  de  su  síntesis  necesitarían  cabezas  de  sabios 
para  extraer  de  ellos  lo  útil,  y  no  creemos  quepan 
en  los  cerebros  poco  preparados  de  los  jueces  de 
hecho.  En  cuanto  á  los  testigos,  la  mayor  parte 
parece  que  se  excusan,  y  desde  luego  no  se  pre¬ 
sentarán  los  militares,  que  serán  representados  en 
conjunto  por  el  Ministro  de  la  Guerra.  Todo  hace 
presentir  nuevos  escándalos  y  agitaciones,  y,  lo  que 
es  peor,  sangre  y  desgracias,  en  que  siempre  pagan 
algunos  desdichados  que  nada  tienen  que  ver  con 
el  asunto.  Habrá  comerciante  judío  que  no  se  ha¬ 
brá  enterado  de  estas  cosas  sino  por  las  pedradas 
que  rompieron  los  cristales  de  su  tienda. 


•  * 

También  ha  habido  piedras  en  Madrid  contra 
la  Redacción  de  El  Progreso .  Los  estudiantes  se 
ofendieron  por  un  suelto,  y  pidieron  rectificación: 
ésta  no  les  satisfizo,  y  rompieron  á  pedradas  los 
cristales  de  las  oficinas.  Presentóse  el  gobernador, 
Sr.  Aguilera,  práctico  en  aplacar  tumultos,  y  con¬ 
siguió  con  su  palabra  contener  á  la  irritada  ju¬ 
ventud. 

No  es  cuestión  terminada,  y  sólo  podemos  in¬ 
dicarla  en  estas  líneas.  Los  tribunales,  por  un  lado, 
entienden  en  ello:  los  estudiantes  preparan  nueva 
manifestación,  y  se  habrá  efectuado  cuando  este 
número  se  lea. 

• 

•  * 

La  muerte  del  espada  Piñero  Gavira  cuando  le 
conducían  del  Hospital  á  la  clínica  del  Dr.  Ru¬ 
bio  para  extraerle  una  bala,  y  luego  su  entierro, 
han  conmovido  á  los  aficionados.  Había  recibido 
el  balazo  apaleando  á  un  subinspector  de  vigilan¬ 
cia  que  quiso  prenderle  por  escándalo,  según  di¬ 
cen  los  periódicos.  Al  ejecutar  aquel  acto  punible 
parece  que  estaba  embriagado.  El  vino  y  la  fatali¬ 
dad  han  producido  esta  desgracia.  Era  guapo  mozo 
y  valiente,  y  se  ha  cumplido  el  refrán  de  los  va¬ 
lientes  y  el  buen  vino  duran  poco.  Hay  proceso,  y 
álo  que  resulte  de  él  nos  atenemos;  que  sólo  po¬ 
demos  repetir  lo  que  se  cuenta.  Pero  es  verdadera¬ 
mente  lastimoso  que  haya  terminado  una  diver¬ 
sión  de  gentes  alegres  de  un  modo  tan  trágico:  la 
autoridad  desconocida  y  golpeada,  un  hombre 
muerto,  una  viuda  y  una  madre  abandonada,  y  un 
subinspector  encausado  y  con  señales  de  violencia 
en  su  cuerpo. 

• 

•  • 

A  última  hora  recibimos  un  estado  de  los  fon¬ 
dos  recaudados  por  el  Comité  Patriótico  Central 
de  la  Isla  de  Cuba  para  el  aumento  de  la  marina: 

EN  EL  BANCO  ESPAÑOL  EN  EL  BANCO  DE  COMERCIO 


Oro . .  8  36.600,20 

Plata . y>  89.974,49 

Billetes . »  82.609,17 


Total  de  ambas  cuentas. 


Oro . $  28.572,49 

Plata . »  432,81 

Billetes . j>  3.634,05 


32.639,35 

241.913,21 


209.273,86 


» 

•  « 

Según  doctos  pareceres, 

Con  la  mitad  del  veneno 

Que  hay  en  el  hombre  más  bueno 

Se  matan  cinco  mujeres. 


La  más  chica,  la  más  alta, 
La  delgada  y  la  que  abulta, 
Todas  tienen  una  falta: 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Enero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  iv  —  55 


Cuando  á  la  vista  no  salta, 
Es  que  la  falta  está  oculta. 


Breve  extracto  taquigráfico 
De  la  Cámara  francesa, 
Transmitido  á  nuestra  empresa 
En  un  parte  telegráfico: 

« —  ¡Ladrón! — ¡  J  udío! — ¡Canalla! 
¡Te  he  de  dar  con  una  tralla! 

— ¡Ay!  ¡que  me  han  dejado  cojo! 

— ¡Ay!  ¡que  me  han  saltado  un  ojo! 
( Continua  la  batalla .)» 


— Padre  cura,  ¡confesión! 

— ¿Quién  la  pide? — Un  diputado 
Que  va  á  entrar  en  el  salón 
Y  quiere  estar  preparado 
Por  si  muere  en  la  sesión. 


Y  dice  el  Temps ,  y  yo  asiento: 
«París  en  calma  revela 
Que  son  en  este  momento 
La  plazuela  un  Parlamento 
Y  el  Congreso  una  plazuela.» 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


EXCMO.  SR.  D.  FERNANDO  PRIMO  DE  RIVERA, 
capitán  general  de  ejército. 

Muchas  veces,  cuando  teníamos  que  dar  cuenta 
de  los  tristes  sucesos  de  nuestras  guerras  colonia- 
_  les,  hicimos  votos  fervientes  por  que  el  cielo  nos 
otorgara  la  ansiada  paz,  y  hoy  que  Dios  ha  que¬ 
rido  que  en  el  Archipiélago  filipino  se  extinga  la 
tea  asoladora  de  la  guerra  y  brille  esplendorosa  la 
llama  de  la  paz  fecunda,  no  hemos  de  ocultar 
nuestra  inmensa  satisfacción,  ni  podemos  dejar 
de  felicitar  con  toda  el  alma  á  cuantos  contribu¬ 
yeron  á  este  beneficio  inmenso  para  la  patria. 
A  cuantos  lucharon  contra  la  ciega  y  nefasta  re¬ 
belión,  á  cuantos  vertieron  su  sangre  y  perdieron 
su  vida  por  la  causa  de  España,  á  todos,  en  fin, 
los  que  procuraron  y  han  logrado  levantar  el  au¬ 
gusto  lábaro  de  la  patria  muy  por  encima  de  las 
bastardas  pasiones  que  engendraron  la  lucha,  de¬ 
dicamos  nuestro  homenaje,  y  en  testimonio  de  él 
publicamos  en  la  primera  plana  el  retrato  del  Ge¬ 
neral  ilustre  que  en  el  Archipiélago  personifica  la 
soberanía  de  España,  y  que  ha  sabido  llevar  á  feliz 
término  la  pacificación  de  aquella  tierra,  comple¬ 
tando  con  éxito  tan  feliz  los  nobilísimos  esfuerzos 
de  todos. 

• 

•  • 

ISLA  DE  CUBA. 

El  acorazado  norteamericano  Maine ,  fondeado  actualmente  en  la 
bahia  de  la  Habana. 

En  la  página  56  damos  á  nuestros  lectores  un 
dibujo  del  acorazado  Maine ,  que  la  exquisita  cor¬ 
tesanía  de  nuestros  cariñosos  amigos  de  América 
nos  ha  enviado  á  las  aguas  de  la  Habana  en  cali¬ 
dad  de  tarjeta  de  visita,  y  en  prueba  de  la  franca 
y  sincera  cordialidad  de  relaciones  que  con  Es¬ 
paña  los  unen. 

Hay  espíritus  suspicaces  que  presumen  que  el 
envío  de  este  acorazado  se  acordó  cuando  los  su¬ 
cesos  de  la  Habana  hicieron  creer  en  una  oportu¬ 
nidad  aprovechable y  y  hasta  añaden  que  como,  á 
Dios  gracias,  la  tranquilidad  en  la  Habana  sucedió 
muy  pronto  á  aquella  efímera  revuelta,  la  que  se 
engendró  hostil  tuvo  que  nacer  amable,  y  el  barco 
que  partió  amenazador  arribó  afable,  cortés,  y 
como  se  trataba  del  Maine amainó . 

Ello  es  que,  hasta  la  presente,  nada  que  no  sea 
cumplimiento  y  finura  ha  ocurrido,  y  Dios  nos  li¬ 
bre  de  formar  temerarios  juicios  sobre  las  ulte¬ 
riores  intenciones  de  nuestros  cariñosos  y  carita¬ 
tivos  amigos. 

Es  el  Maine  un  buque  de  combate  de  segunda 
clase,  que  tiene  318  pies  de  eslora,  57  de  manga  y 
22  de  puntal;  desplaza  6.682  toneladas  y  tiene  una 
marcha  de  17  nudos  por  hora. 

Tiene  dos  torres  á  barbeta,  y  lleva  cuatro  caño¬ 
nes  de  10  pulgadas,  seis  de  6,  ocho  de  tiro  rápido, 
cuatro  OatlingSy  cuatro  lanzatorpedos  y  510  hom¬ 
bres  de  tripulación. 

Fué  botado  al  agua  en  1890. 

•  • 


MADRID. 

Solemne  Tedeum  celebrado  el  24  del  corriente  en  la  capilla 
del  Real  Palacio. 

Ei  día  23  del  actual  se  celebró,  á  las  once  de  la 
mañana,  en  la  capilla  del  Real  Palacio  el  solemne 
Tedeum  dispuesto  por  S.  M.  la  Reina  para  dar  gra¬ 
cias  al  Todopoderoso  por  la  terminación  de  la 
guerra  del  Archipiélago  filipino. 

A  la  hora  anunciada  salió  la  regia  comitiva,  con 
el  ceremonial  de  costumbre,  de  las  cámaras  para 
dirigirse  por  las  galerías  á  la  capilla. 

La  Reina  Regente  vestía  traje  color  de  violeta, 
sobre  el  que  destacaba  valioso  collar  de  perlas, 
llevando  como  tocado  la  airosa  mantilla  negra  de 
encaje  sujeta  con  joyas  de  brillantes. 

S.  A.  R.  la  infanta  Isabel  lucía  vestido  color  flor 
de  romero,  también  con  mantilla  negra  y  aderezo 
de  perlas  orladas  de  brillantes. 

S.  M.  había  hecho  invitación  especial  á  las  hijas 
del  general  Primo  de  Rivera,  que  ocuparon  du¬ 
rante  la  ceremonia  la  tribuna  reservada  del  señor 
Mayordomo  mayor  de  Palacio. 

La  Real  capilla  interpretó  con  gran  acierto  la 
gran  misa  en  do  del  maestro  Eslava,  y  en  el  ofer¬ 
torio  la  cuarta  sinfonía  de  Mozart. 

Terminada  la  misa,  y  dada  la  bendición  por  el 
Sr.  Nuncio  de  Su  Santidad,  el  Sr.  Obispo  de  Sión 
entonó  el  Tedeum  y  que  fué  cantado  bajo  la  direc¬ 
ción  del  maestro  Zubiaurre,  autor  de  la  música  con 
que  fué  interpretado  ei  himno  que  en  el  bautizo 
de  San  Agustín  improvisaron  este  santo  y  San 
Ambrosio. 

A  la  solemnidad,  además  del  Nuncio  de  Su  San¬ 
tidad  y  de  los  Obispos  de  Madrid-Alcalá  y  Auxiliar 
de  Toledo,  que  ocupaban  sitio  preferente  en  el 
presbiterio,  asistieron  las  Duquesas  de  Fernán- 
Núñez,  Castrejón,  Ahumada  y  la  Conquista;  las 
Marquesas  de  Aguilar  de  Campóo,  Molíns,  Mondé- 
jar  y  Sanfelices;  las  Condesas  de  Superunda,  To- 
reno,  Real  y  Yillagonzalo ;  los  Duques  de  Gor, 
Tamames,  Granada  de  Ega,  Sotomayor,  Bailén, 
Béjar  y  Vistahermosa;  Marqueses  de  la  Laguna, 
Velada,  Quintanar,  Guad-el-Jelú  y  Aguilar  de 
Campóo,  y  los  Condes  de  Humanes,  Pinohermo- 
so,  Maceda  y  Aguilar  de  Inestrillas. 

En  la  tribuna  asistieron  los  Duques  de  Cala¬ 
bria.  La  fiesta  religiosa  terminó  á  las  doce  y  media. 

(Véase  el  grabado  de  la  pág.  57.) 

• 

•  * 

D.  MIGUEL  rilIMO  DE  RIVERA  Y  ORBANEJA, 
teniente  coronel  de  Infantería. 

Tan  recientes  son  los  sucesos  de  la  pacificación 
de  Filipinas  y  tanta  su  importancia,  que  todos 
nuestros  lectores  recuerdan  seguramente  sus  me¬ 
nores  detalles,  que  la  prensa  diaria  ha  revelado,  y 
no  es  necesario,  por  tanto,  repetirlos. 

Sabido  es  que  los  principales  jefes  de  la  insu¬ 
rrección  pidieron,  al  someterse,  se  les  permitiera 
trasladarse  á  Hong-Kong,  y  que,  como  garantía  de 
que  esta  merced  les  era  lealmente  concedida,  so¬ 
licitaron  les  acompañase  el  joven  teniente  coro¬ 
nel  Primo  de  Rivera. 

La  intervención  que  este  jefe  tuvo  en  estos  su¬ 
cesos  fué  por  ello  muy  importante,  y  considera¬ 
mos  de  gran  oportunidad  para  nuestra  informa¬ 
ción  gráfica  la  publicación  de  su  retrato,  que 
incluimos  en  la  página  58. 

El  teniente  coronel  D.  Miguel  Primo  de  Rivera 
nació  en  el  año  1870,  y  tuvo  ingreso  en  el  ejército 
en  1884.  Conocidos  son  los  servicios  que  prestó  en 
Melilla,  Cuba  y  Filipinas,  y  no  hay  quien  ignore 
su  brillante  carrera,  pues  que  en  estas  campañas 
ha  ganado  tres  empleos  y  la  cruz  laureada  de  San 
Fernando. 

•  • 

BELLAS  ARTES. 

La  Farándula ,  cuadro  de  E.  Garrido. 

Ocupa  nuestras  páginas  60  y  61  la  reproducción 
de  1  cuadro  del  pintor  español  E.  Garrido ,  titulado 
La  Farándulay  que  figuró  en  ei  Salón  de  los  Cam¬ 
pos  Elíseos  de  París  del  año  último.  No  andan  muy 
conformes  los  eruditos  en  la  etimología  del  baile 
popular  francés  La  Farándula:  mientras  unos  en¬ 
tienden  que  recuerda  el  baile  con  que  Teseo  reco¬ 
rrió  el  célebre  laberinto  de  Creta  marcando  sus 
circuitos  con  el  hilo  de  Ariadna,  y  otros  creen  que 
se  trata  de  la  mímica  accidentada  que  Vulcano 
grabó  en  el  escudo  de  Aquiles  descrito  por  Ho¬ 
mero  en  el  canto  XVIII  de  La  Iliaday  juzgan  otros 
sabios  que  tiene  su  origen  en  el  provenzal/amn- 
doloy  y  en  nuestro  español  farándula ,  reunión  de 
cómicos  ambulantes. 

El  baile  es  popular  en  el  Mediodía  de  Francia, 
y  en  él  un  bailarín  primero  va  marcando  figuras 
y  giros  varios,  que  las  demás  parejas  repiten  exac¬ 


tamente,  formándose  de  esta  manera  ondulacio¬ 
nes,  ziszás  y  vueltas  muy  características. 

La  composición  del  cuadro  de  Garrido  está  muy 
bien  entendida,  y  las  figuras  colocadas  con  exce¬ 
lente  gusto. 

• 

•  * 

D.  RAMIRO  ARANZABE  Y  ESTEFANÍA, 
coronel  de  Infantería. 

En  la  página  63  publicamos  ei  retrato  de  este 
bizarro  coronel,  cuyo  nombre.es  hoy  repetido  por 
cuantos  comentan  con  satisfacción  justísima  la 
última  operación  por  él  dispuesta,  merced  á  la 
cual  ha  encontrado  su  merecida  expiación  ei  trai¬ 
dor  cabecilla  Aranguren,  que  dió  muerte  al  te¬ 
niente  coronel  Ruiz. 

El  coronel  Aranzabe,  que  tiene  cincuenta  y  un 
años,  ingresó  en  el  ejército  el  año  1866,  hizo  la 
guerra  anterior  de  Cuba,  y  en  la  actual  ascendió 
al  empleo  que  hoy  ejerce,  tuvo  noticia  de  que  el 
citado  cabecilla  acudía  frecuentemente  á  una  finca 
denominada  Pita,  situada  entre  los  poblados  de 
Campo  Florido  y  Tapeste. 

Vivía  allí  la  amante  de  Aranguren,  con  su  pa¬ 
dre,  que  era  el  dinamitero  de  la  partida  de  este 
titulado  general. 

Hó  aquí ,  según  los  datos  que  publica  la  prensa 
de  la  Habana,  telegrafiados  á  Madrid,  los  detalles 
del  hecho: 

El  Diario  de  la  Marina  dice  que  una  columna 
mandada  por  el  coronel  Aranzabe  venía  reco¬ 
rriendo,  desde  hace  días,  la  jurisdicción  de  Campo 
Florido. 

Formaban  esta  columna  los  batallones  de  la 
Reina  y  de  Canarias,  y  los  escuadrones  de  Pizarro. 

En  la  mañana  de  ayer  cogieron  prisionero  á 
un  negro  que  se  hallaba  en  el  campo  asando  pa¬ 
tatas. 

Cuando  fue  presentado  el  prisionero  al  coronel 
Aranzabe,  éste  le  interrogó  acerca  del  sitio  en 
que  pudiera  hallarse  alguna  partida  rebelde,  y  le 
dijo: 

—  Si  me  das  una  buena  confidencia  te  regalaré 
500  pesos. 

La  insistencia  del  coronel  Aranzabe  en  pre¬ 
guntar  y  la  oferta  de  tan  espléndido  regalo  hacen 
sospechar  que  el  bizarro  coronel  tenía  noticia  de 
que  andaba  por  las  inmediaciones  algún  impor¬ 
tante  cabecilla,  si  es  que  no  suponía  que  era  Aran¬ 
guren  el  que  estaba  allí  cerca. 

El  negro  prisionero  dijo  al  coronel  que  le  da¬ 
ría  una  noticia  importante ,  y  que  aceptaba  el  tra¬ 
to,  prometiendo  conducir  á  las  tropas  al  lugar  en 
que  se  encontraba  el  cabecilla  Néstor  Aranguren. 

La  columna  se  puso  en  movimiento  siguiendo 
las  indicaciones  del  prisionero. 

Cuando  llegaron  las  tropas  cerca  de  un  bohío, 
el  prisionero  indicó  la  conveniencia  de  que  se  si¬ 
tuaran  en  determinados  lugares  para  impedir  la 
fuga  de  Aranguren  y  de  los  insurrectos  que  le 
acompañaban. 

Hecho  esto,  y  evitada  toda  posibilidad  de  que  se 
escapasen  los  perseguidos,  dispuso  el  coronel  Aran¬ 
zabe  que  el  teniente  coronel  Benedicto,  con  un  es¬ 
cuadrón  de  Pizarro,  las  guerrillas  y  alguna  infan¬ 
tería,  marchase  sobre  el  bohío. 

Entonces  ya  estaba  cierto  Aranzabe  de  que  en 
el  bohío  se  hallaban  Aranguren,  su  querida  y  al¬ 
gunos  amigos  del  cabecilla. 

En  efecto,  la  fuerza  entró  rápidamente  en  el 
bohío  ó  hizo  varios  disparos  sobre  un  grupo  de 
gente  que  apareció  á  la  puerta  del  mismo. 

Todas  las  personas  que  formaban  este  grupo  ca¬ 
yeron  heridas. 

Aranguren,  pocos  momentos  antes  de  morir, 
dijo: 

— Soy  Aranguren. 

Con  él  estaba  un  tal  Hernández  y  la  querida  del 
cabecilla. 

Hernández  y  la  expresada  mujer,  que  habían 
recibido  heridas  de  consideración,  fueron  inme¬ 
diatamente  conducidos  á  Campo  Florido. 

» 

e  « 

TARÍS. 

Manifestación  en  honor  del  general  Saussier. 

Publicamos  en  el  primer  grabado  de  la  página  64 
el  retrato  del  general  Saussier,  que  cumplió  el  16 
del  actual  setenta  años,  límite  de  la  edad  regla¬ 
mentaria  en  el  ejército  francés.  Cuenta  el  general 
Saussier  cincuenta  años  de  servicios  militares,  y 
asumía  desde  hace  catorce  el  alto  cargo  de  gober¬ 
nador  militar  de  París,  y  desde  hace  diez  el  de  vi¬ 
cepresidente  del  Consejo  Superior  de  la  Guerra, 
siendo  por  tanto  generalísimo  de  los  ejércitos  de 
mar  y  tierra. 

La  carrera  militar  del  general  Saussier  ha  sido 
muy  brillante.  En  Africa  comenzó  á  distinguirse, 


Digitized  by 


Google 


E L  ACORAZADO  NORTEAMERICANO  «MAINEr,  FONDEADO  ACTUALMENTE  EN  LA  BAHÍA  DE  LA  HABANA. 


Digitized  by  ^.ooQie 


MADRID.  —  SOLEMNE  « TEDEUM »  CELEBRADO  EL  24  DEL  CORRIENTE  EN  LA  CAPILLA  DEL  REAL  PALACIO,  EN  ACCIÓN  DE  GRACIAS  POR  LA  PACIFICACIÓN  DE  FILIPINAS. 

(Dibujo  do  Comba.) 


58  —  n.#  iv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Enkro  1898 


y  después  en  la  guerra  de  Crimea,  en  la  que  fue 
herido,  ganó  su  empleo  de  capitán  y  la  cruz  de  la 
Legión  de  Honor  á  los  veintisiete  años  de  edad. 

Destinado  á  la  legión  extranjera,  combatió  en 
Argelia,  siendo  herido  gravemente  en  una  pierna 
en  el  año  1857,  y  después  de  algunos  de  perma¬ 
nencia  en  aquel  país,  fué  en  1863  á  Méjico.  De 
aquella  campaña  cuéntanse  hechos  muy  notables 
del  general  Saussier,  entre  los  cuales  merece  ci¬ 
tarse  el  siguiente: 

Ai  áño  de  ascender  á  comandante,  tenían  los 
franceses  puesto  sitio  á  Oajaca,  que  los  mejicanos 
defendían  enérgicamente,  y  hacia  el  fin  de  dicho 
sitio  celebrábase  un  consejo  de  guerra  para  deci¬ 
dir  si  debía  intentarse  el  asalto  de  un  bas- 


hotel  del  Gobernador  aparece  entre  sus  ayudantes 
el  general  Saussier,  de  gran  uniforme,  luciendo 
sobre  su  pecho  el  gran  cordón  de  la  Legión  de  Ho¬ 
nor.  Ante  él  desfilaron  los  manifestantes  á  los 
acordes  de  dos  músicas  colocadas  al  pie  de  la  co¬ 
lumna  Vendóme,  saludando  con  las  banderas  y 
con  estruendosos  vivas  á  Francia  y  al  ejército. 

Después  Mr.  Levecq,  presidente  del  Comité  di¬ 
rectivo  de  la  manifestación,  presentó  al  General 
el  Libro  de  oro  de  las  sociedades  patrióticas,  ador¬ 
nado  con  una  acuarela  de  Pablo  Merwart,  y  como 
recuerdo  y  homenaje  un  bronce  de  Susse,  reduc¬ 
ción  de  la  «Defensa  de  la  bandera»  de  Croisy, 
grupo  del  monumento  del  general  Chanzy. 


LAS  TORTUGAS  «BIJOUX». 

En  el  primer  grabado  de  la  página  65  ofrecemos 
á  la  curiosidad  de  nuestros  lectores  muestras  de 
tamaño  natural  de  las  diminutas  tortugas  que  las 
caprichosas  francesas  han  convertido  en  la  joya 
de  moda. 

Esta  creación  sensacional  corresponde  al  gran 
joyero  de  la  calle  Royal,  Mr.  Templier,  en  cuyo 
escaparate  figura,  entre  los  estuches,  una  bandeja 
de  terciopelo  blanco,  en  donde  se  exhiben  los  mi¬ 
núsculos  quelonios,  pertenecientes  á  la  especie  de 
los  emídeos.  Sujeta  por  cuatro  ganchitos  á  la  con¬ 
cha  va  la  montura  de  platino,  y  sobre  ésta  van  en¬ 
garzadas  las  piedras  preciosas  con  que  se 


tión,  llamado  el  del  farol  porque  en  su 
parte  superior  había  uno  que  servía  de 
señal  al  enemigo. 

Fué  el  parecer  del  consejo  que  aun  es¬ 
taba  aquella  posesión  demasiado  defen¬ 
dida  para  que  se  pudiera  intentar  un  asal¬ 
to;  pero  el  comandante  Saussier  opinaba 
lo  contrario,  y  sostenía  que  aquella  po¬ 
sición  estaba  abandonada,  y  que  el  farol 
no  era  más  que  una  estratagema,  por  lo 
cual  debían  apoderarse  de  ella  inmedia¬ 
tamente.  Su  proposición  fue  rechazada,  y 
furioso  entonces,  salió  de  la  sala  en  que 
el  consejo  se  celebraba,  se  fue  solo  hasta 
el  bastión,  cortó  la  cuerda  que  sujetaba  el 
farol  y  volvió  para  presentar  su  trofeo  á 
los  oficiales  que  aun  estaban  discutiendo. 
«Hé  aquí — dijo — la  prueba  de  que  el  bas¬ 
tión  está  abandonado.»  Por  este  acto  de 
valor  se  le  concedió  la  cruz  de  oficial  de 
la  Legión  de  Honor. 

Volvió  de  Méjico  de  teniente  coronel, 
y  ascendido  en  1869  á  coronel,  mandó  el 
41  de  línea  en  la  guerra  franco-prusiana. 
En  ella,  cuando  el  general  Bazaine  firmó 
el  28  de  Octubre  la  capitulación,  tomó 
Saussier  la  iniciativa  de  una  carta  que  fir¬ 
maron  42  oficiales  de  su  regimiento  antes 
de  dirigirla  al  mariscal  Lebceuf. 

* Queuleu ,  28  Octubre  1870. 

»Los  oficiales  que  suscriben,  del  41  re¬ 
gimiento  de  línea,  aunque  no  han  recibi¬ 
do  todavía  la  comunicación  oficial  de  una 
capitulación  sin  condiciones,  creen,  sin 
embargo,  deben  considerar  como  verda¬ 
dero  este  inmenso  desastre.  Juzgan  un 
deber  el  protestar  del  modo  más  solemne 
contra  la  rendición  completa  de  un  ejér¬ 
cito  que  aun  no  ha  sido  batido  por  el  ene¬ 
migo.  Todos  os  ruegan  tengáis  la  comple¬ 
ta  certeza  de  su  concurso;  y  si  queréis 
hacer  un  llamamiento  á  su  abnegación  por 
un  acto  enérgico,  se  declaran  desde  luego 
dispuestos  á  combatir.» 

La  carta  no  tuvo  resultado.  El  ejército 
fué  prisionero,  y  los  oficiales  del  41  fue¬ 
ron  enviados  á  Colonia,  y  allí  encarce¬ 
lados. 

No  quiso  el  coronel  Saussier  dar  pala¬ 
bra  de  honor  de  que  no  trataría  de  eva¬ 
dirse  y  le  enviaron  los  prusianos  á  la 
frontera  de  Rusia,  en  la  fortaleza  de 
Graudenz.  Al  fin  consiguió  su  propósito 
de  evasión,  y  en  unión  de  un  ordenanza. 


adornan,  y  en  una  anilla  va  sujeta  la  ca- 
denita  de  oro  que  las  esclaviza,  que  tiene 
unos  20  centímetros  de  longitud. 

El  precio  de  estas  joyas  vivas  es,  por 
término  medio,  de  unos  500  francos. 

No  creemos  que  entre  las  españolas  se 
aclimate  esta  moda,  ¡pues  las  juzgamos 
muy  poco  aficionadas  á  tener  encima  bi¬ 
chos,  aunque  estén  engarzados  en  brillan¬ 
tes.  Aun  en  el  mismo  París,  donde  toda 
novedad  tiene  su  encanto,  tenemos  enten¬ 
dido  que  sólo  ciertas . personas  usan  es¬ 

tas  joyas,  y  que  muy  pronto  la  versátil 
diosa  de  la  moda  redimirá  de  su  innece¬ 
saria  é  injustificada  esclavitud  á  los  pa- 
cientísimos  animalitos. 

El  ingenioso  caricaturista  parisiense 
Henriot  pone  en  boca  de  una  tortuga  esta 
ternísima  súplica: 

«¡Oh  caballero!  j Si  sois  siquiera  de  la 
Sociedad  Protectora  de  los  Animales, 
guardaos  mis  diamantes,  pero  devolved¬ 
me  mi  libertad!.....» 

• 

•  * 

UN  NUEVO  «SPORT». 

Diversiones  populares  en  Alemania. 

Una  diversión  popular  muy  frecuente 
en  Alemania  en  la  época  de  los  grandes 
hielos  es  el  nuevo  sport  de  que  da  idea  el 
dibujo  que  en  la  página  65  reproducimos. 

El  lugar  de  la  escena  es  uno  de  los  nu¬ 
merosos  lagos  del  Oberspree,  en  Berlín. 
Se  necesita  gran  habilidad  para  guardar 
el  equilibrio  sobre  los  pequeños  aparatos 
que  resbalan  sobre  el  hielo,  impelidos  con 
auxilio  de  dos  largos  bastones  con  rega¬ 
tón  de  acero.  La  velocidad  adquirida  es 
casi  increíble,  y  en  las  frecuentes  carre¬ 
ras  en  competencia,  como  puede  supo¬ 
nerse  ,  los  más  animosos  competidores 
suelen  tener  muy  buenas  caldas ,  sobre 
todo  al  final. 

# 

•  • 

EL  GENERAL  ZURLINDEN. 

En  la  página  68  incluimos  el  retrato  del 
general  Zurlinden,  que  ha  sustituido  á 
Saussier  en  el  Gobierno  militar  de  París. 
Nació  el  general  Zurlinden  en  Colmar 
en  1837,  y  estudió  en  la  Escuela  Politéc¬ 
nica,  de  la  que  llegó  á  ser  segundo  jefe 
de  1880  á  1885,  en  cuyo  año  ascendió  á 


como  él  disfrazado  de  obrero,  llegó  á  general  de  brigada.  Fue  ministro  de  la 

Francia,  atravesando  con  mil  dificultades  D.  MIGUEL  PRIMO  DE  RIVERA  Y  ORBAYE  JA  Guerra  en  1895,  y  últimamente  mandó 

y  peligros  Rusia,  Polonia,  Austria  é  Italia.  teniente  coronel  de  infantería  *  el  15*°  Cuerpo  en  Marsella.  El  edificio  de 

En  Marzo  de  1871  fué  como  general  de  coml8l0nado  por  el  capjtán  general  dei  Archipiélago  filipino  pam  acompañar  la  plaza  de  Vendóme,  donde  vivía  el  ge- 

brigada  a  Argelia  para  combatir  la  insn-  4  Hong-Kong  &  ios  principales  jetes  tagalos.  neral  Saussier,  y  donde  recibió  las  mam- 

rrección  arabe:  después  de  muchos  com-  f estaciones  de  respeto  y  cariño  de  que  he- 

bates  recibió  la  encomienda  de  la  Legión  mos  hablado,  solamente  lo  ocupará  el 


de  Honor. 

Al  volver  á  Francia  intervino  en  la  política,  y 
fué  miembro  de  la  Asamblea  nacional  en  1875, 
por  lo  que  el  Ministro  de  la  Guerra  le  puso  de 
oficio  «en  disponibilidad»,  y  cinco  años  después 
volvió  al  ejército  de  general  de  división,  man¬ 
dando  el  19.°  cuerpo  de  ejército  en  Argel,  y  luego 
el  6.°  en  Chálons-sur-Marne. 

Tal  respeto  y  tan  grande  afecto  inspiró  siempre 
á  sus  compatriotas  este  General,  que  el  domingo 
16  del  corriente  se  celebró  en  honor  suyo  una  in¬ 
teresante  manifestación. 


Contestando  á  las  felicitaciones  de  Mr.  Levecq, 
el  general  Saussier,  con  visible  emoción  que  todos 
los  presentes  compartieron,  dijo:  «No  esperéis  de 
mí  bellas  frases:  guardad  el  recuerdo  de  vuestro 
general  como  yo  guardaré  el  vuestro.» 

Las  sociedades  de  Alsacia-Lorena,  los  antiguos 
individuos  de  la  Guardia,  los  de  Crimea  y  otras 
importantes  agrupaciones,  presentáronle  también 
sus  más  cariñosos  homenajes,  y  en  estos  actos  sus¬ 
tituyó  á  la  estudiada  y  artificial  retórica  la  espon¬ 
tánea  sinceridad  y  la  cordialidad  del  afecto. 


general  Zurlinden  provisionalmente,  por- 
,  muy  en  breve,  la  residencia  del  Gobierno  Mi- 
r  de  París  se  trasladará  á  los  Inválidos. 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


GRANDE  EN  CHICO. 

(COSAS  DE  TEATROS.) 


Ciento  veinte  sociedades  patrióticas,  compuestas 
de  antiguos  combatientes  ó  futuros  soldados,  re¬ 
uniéronse  á  mediodía  en  el  Jardín  de  las  Tulle- 
rías  para  formar  el  cortejo,  que  se  trasladó  á  la 
plaza  Vendóme  entre  doble  fila  de  guardias  muni¬ 
cipales. 

Nuestro  segundo  grabado  de  la  citada  página 
representa  la  llegada  de  la  manifestación  a  dicha 
plaza.  En  la  ventana  de  encima  de  la  puerta  del 


Al  quedar  el  general  Saussier,  según  la  ley,  en 
disponibilidad  fuera  de  los  cuadros  desde  los  se¬ 
tenta  años,  continúa  sin  embargo  formando  parte 
del  Consejo  Superior  de  la  Guerra  en  concepto  de 
encargado  de  una  misión  especial,  pues  no  ha  que¬ 
rido  el  Gobierno  francés  privarse  por  completo  de 
sus  servicios  y  de  su  alta  experiencia. 

La  manifestación,  efectuada  en  los  días  en  que 
apasionadamente  se  discutían  otras  personalida¬ 
des  del  ejército,  causó  el  mejor  efecto. 

# 

•  a 


Grande  en  chico  no  es  equivocación;  aunque  lo 
parezca,  por  aquello  de  que  el  contenido  ha  de  ser 
menor  que  el  continente.  Chico  en  grande  se  en¬ 
tendería  mejor,  sin  duda;  pero  no  traduce  con 
exactitud,  ni  aun  de  un  modo  aproximado  siquie¬ 
ra,  lo  que  ahora  en  el  magín  está  escarabajeán¬ 
dome. 

Algo  hay  también  en  ello  de  chico  en  grande ;  6Í, 
señor,  que  lo  hay;  pero  lo  principal  es  lo  otro. 

Y  por  si  algunos  lectores,  excesivamente  bon¬ 
dadosos,  sintieran  picada  su  curiosidad,  de  lo  cual 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Enkbo  1898 


LA  ILUSTRACION  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


LA  MODA  FEMENINA.  — TORTUGAS  «BIJOUX»,  DE  TAMAÑO  natural 


(De  fotografía.) 


L. 


UN  NUEVO  «SPORT».  — DIVERSIONES  POPULARES  EN  ALEMANIA. 


Digitized  by 


Google 


66  —  n.°  ív  LA 


tes  de  esplendorosa  luz,  las  aficiones  artísticas  de 
la  gente  latina,  que  aquí  y  allí  tiene  por  maestros 
y  por  ídolos  á  Velázquez  y  á  Murillo,  á  Rafael  y  á 
Guido  Reni.  Con  exquisito  gusto  y  singular  acierto, 
á  juzgar  por  la  crítica,  fijan  sus  inspiraciones  en 
el  lienzo  aficionadas  tan  aplaudidas  como  Otilia 
Denis,  Matilde  Lavalle,  Sofía  Posadas  y  Amelia 
Magiione,  y  justamente  celebrados  han  sido  los 
cuadros  de  Nicolau  Cotanda,  de  Orlan  di,  de  Delle 
Yedove,  de  Francisco  Fortuny,  de  Oriandi,  de 
Besques,  de  Gómez  Plasent,  de  Bonifanti,  Palao 
y  Sartorelli. 

Los  españoles  habrán  podido  además  saborear 
el  especial  deleite,  que  el  amor  á  la  patria  lejana 
agranda  y  vivifica,  ai  encontrar  en  aquella  Expo¬ 
sición  obras  de  Muñoz  Lucena,  de  Gutiérrez  Ri¬ 
vera,  del  gran  Sorolla  y  del  inolvidable  maestro 
de  tantos  maestros,  por  tantos  artistas  enaltecido, 
Casado  del  Alisal.  Para  las  personas  de  gran  cul¬ 
tura  de  la  capital  de  la  Argentina,  para  la  socie¬ 
dad  de  exquisito  gusto  que  forma,  como  en  todas 
partes,  el  estado  mayor  de  la  inteligencia,  la  apa¬ 
rición  de  las  obras  del  glorioso  autor  de  La  Cam- 
pana  de  Huesca  ha  sido  una  revelación ,  un  ver¬ 
dadero  acontecimiento.  Verdad  es  que  para  los 
que  tantas  veces  las  hemos  admirado,  siempre 
produce  indescriptible  complacencia  el  volverlas 
á  contemplar,  porque  ejercen  en  el  ánimo  tan  po¬ 
derosa  atracción  que  lo  arrastran,  para  que  ante 
ellas  se  detenga  y  enamore. 

Accedió  gustoso  á  presentarlas  el  ilustre  y  bene¬ 
mérito  patricio  D.  Carlos  Casado  del  Alisal,  her¬ 
mano  del  gran  artista,  no  sólo  para  que  aquel  pue¬ 
blo  joven  y  animoso  gozara  conociéndolas,  sino 
acaso  también  para  honrar  una  vez  más  á  su  pa¬ 
tria,  y  para  rendir  un  nuevo  recuerdo  de  cariño  á 
su  autor,  á  quien  quiso  siempre  con  idolatría;  que 
no  otra  clase  de  afecto  podía  concederse  al  exi¬ 
mio  hijo  de  la  Tierra  de  Campos  que  á  tanta  al¬ 
tura  como  la  de  su  genio  brilló  siempre  por  sus 
grandes  dotes  personales  de  intachable  caballero. 
No  puedo  yo  tampoco  contener  mi  entusiasmo  al 
recordarle,  ya  que  como  amigo  verdadero  le  traté 
y  le  vi  trabajar  en  aquella  pobre  tierra  palentina 
donde  tuvo  su  cuna,  que  guarda  hoy  sus  restos, 
donde  viví  tantos  años  y  donde  nacieron  mi 
amante  compañera  y  mis  hijos;  en  aquella  comar¬ 
ca  que,  á  pesar  de  haber  recibido  de  la  Naturaleza 
tan  pocos  encantos  capaces  de  encender  la  inspi¬ 
ración  y  de  convidar  al  culto  del  arte,  fue  la  ma¬ 
dre  de  poetas,  escritores  y  artistas  como  D.  Gó¬ 
mez  Manrique,  D.  Santo  de  Carrión,  fray  Ge¬ 
rundio,  Berruguete,  Juan  de  Celaya,  Castrillo  y 
Villoldo. 

En  la  Exposición  de  Buenos  Aires  han  figurado 
veintisiete  obras  de  Casado,  y  entre  ellas:  Las  dos 
Olas ,  Coro  de  la  Catedral  de  P alenda,  Interior  de 
la  misma ,  Vista  de  Venecia,  Primavera ,  Retrato 
de  Doña  Casilda  Alisal  de  Casado ,  Retrato  de 
Don  Pedro  Casado ,  El  regalo  de  la  moña ,  Apo¬ 
teosis  de  Shakespeare ,  La  Poesía  (última  obra,  que 
dejó  sin  terminar),  numerosos  bocetos  de  algunos 
de  sus  principales  cuadros,  otros  varios  retratos 
al  óleo  y  al  carbón,  y  una  copia  de  las  Meninas . 
En  tan  hermosa  colección,  como  legados  de  otros 
grandes  pintores  á  Casado,  se  veían  un  retrato  de 
éste,  pintado  por  Bonnat,  y  un  boceto  de  Rosales. 
La  prensa  de  Buenos  Aires  ha  dedicado  especial 
recuerdo  al  autor  de  Los  Carvajales ,  de  la  Capí  Hi¬ 
larión  de  Bailón ,  del  magistral  Retrato  de  Isa¬ 
bel  II,  de  la  Batalla  de  Kintudia  y  del  Rey  Monje, 
publicando  su  biografía  y  enalteciendo  una  vez 
más  sus  grandes  méritos.  Esta  honra,  concedida 
al  pintor  por  lo  más  distinguido  de  la  sociedad 
argentina,  ha  sido  muy  estimada  y  agradecida  por 
cuantos  conocieron  á  Casado  del  Alisal,  y  por 
cuantos  profesan  la  admiración  que  se  merece  á  la 
pintura  española. 

• 

•  • 

En  los  mismos  días  en  que  Buenos  Aires  rendía 
justo  tributo  de  gratitud  á  D.  Carlos  Casado  por 
el  envío  de  estas  obras  á  la  Exposición  de  la  «Col¬ 
mena  Artística»,  un  genial  escritor  español,  de  viva 
y  chispeante  facundia,  sesudo  en  el  pensar,  humo¬ 
rístico  en  el  decir  y  correcto  en  el  manejo  de  la 
pluma,  el  médico  Severiano  Lorente,  publicaba  en 
aquella  capital  un  libro,  pequeño  en  volumen, 
pero  saturado  de  sustancia,  que  el  editor  de  El 
Comeo  Español,  de  Buenos  Aires,  había  dado  á  la 
estampa,  reuniendo,  en  artístico  y  fragante  rami¬ 
llete  de  recuerdos,  varios  artículos  que  aquél  había 
escrito  para  el  reputado  diario,  sostenedor  de 
nuestro  espíritu  en  aquella  República.  En  uno  de 
estos  artículos,  titulado  En  carruaje  por  las  nu¬ 
bes,  consagra  Lorente  el  recuerdo  de  la  primera 
ascensión  y  travesía  en  coche  por  las  cumbres  de 
los  Andes  que  ha  realizado  viajero  alguno,  cuya 
admirable  y  arriesgadísima  excursión  llevó  á  cabo 


ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Enkbo  1898 


D.  Carlos  Casado  en  compañía  de  su  familia  y  del 
escritor  y  módico  en  cuestión,  sólo  por  no  ir  á 
hacer  la  villegiatura  veraniega  á  un  puerto  de  mar 
del  Plata  ó  del  Atlántico ,  y  para  pasarla  cómoda¬ 
mente  y  con  plena  libertad  en  las  playas  de  Chile. 
Peregrino  es,  y  de  lo  más  notable  que  puede  con¬ 
tarse,  eso  de  ir  á  tomar  baños  desde  la  provincia 
de  Santa  Fe  hasta  las  costas  chilenas,  subiendo  y 
bajando  en  amplio  carruaje  las  interminables  ver¬ 
tientes  de  la  colosal  cordillera  de  los  Andes;  pero 
este  detalle  de  firmísima  voluntad  y  rara  energía, 
es  uno  de  tantos,  uno  de  los  más  insignificantes 
de  los  muchos  más  grandes  y  trascendentales  que 
ha  sabido  llevar  á  cabo  D.  Carlos,  otro  palentino 
insigne,  el  fundador  del  pueblo  de  Villa-Casilda, 
que  eternizará  el  nombre  de  su  madre ,  el  creador 
del  ferrocarril  Oeste  Santafecino,  el  primer  ex¬ 
portador  de  trigo  argentino  á  Europa,  el  generoso 
auxiliar  millonario  de  D.  Isaac  Peral,  el  pródigo 
auxiliar  también  de  cuantas  asociaciones  patrióti¬ 
cas  españolas  se  crean  en  aquella  República,  el 
dueño  de  gran  parte  del  territorio  del  Chaco,  y  el 
hombre  en  cuyas  manos  nunca  corrieron  riesgo  el 
crédito,  el  capital,  ni  la  honra  propia,  ni  la  de 
nadie. 

Severiano  Lorente  pinta,  como  suele  decirse, 
al  hombre  y  sus  obras  en  breves  párrafos,  de  sa¬ 
liente  relieve,  con  indiscutible  gracia  y  con  aque¬ 
lla  viveza  y  alegre  desenfado  propios  de  la  gente 
de  su  estirpe,  que  heredó  y  conserva  la  claridad 
de  ingenio,  la  penetración  y  espíritu  valiente  ca¬ 
racterísticos  del  docto  profesor  y  matemático,  su 
padre,  que  en  Vitoria  y  Valladolid  enseñó  á  la  ju¬ 
ventud,  y  de  quien  tuve  la  honra  de  ser  amigo  y 
discípulo.  Su  libro  Recuerdos  anecdóticos  refiérese 
á  España,  en  la  época  en  que  el  autor  terminó  su 
carrera  escolar,  y  tiene  todo  el  encanto  de  las  na¬ 
rraciones  autobiográficas,  cuando  se  relatan. con 
chispa  y  donaire  satíricos.  Todos  los  capítulos  de 
que  consta  el  libro  se  leen  con  creciente  curiosi¬ 
dad.  La  Educación  oratoria  de  Moret,  El  Memo¬ 
rión  de  Don  Emilio  y  Una  improvisación  de  Eche- 
garay  son  deliciosos  retratos  de  estos  hombres 
eminentes,  bosquejos  de  hermoso  colorido  que 
consagran  el  recuerdo  de  otros  tantos  alardes  de 
genio,  desconocidos  para  la  mayor  parte  de  los 
lectores  de  España.  En  el  titulado  Una  frase  de 
Rui z  Zorrilla,  detalla  gráficamente  la  energía  de 
carácter  de  aquel  indomable  político.  La  juventud 
que  estudiaba  en  Valladolid  hace  veinticinco  años 
leerá  con  regocijo  los  capítulos  Cadetes  y  estu¬ 
diantes,  Maldición  heroica  (una  maldición  de  Pepe 
Zahón  ero)  y  El  banquete  de  un  enfermo,  y  en  Vi¬ 
toria,  y  entre  muchos  amigos  de  Madrid,  se  sabo¬ 
rearán  con  deleite  los  que  llevan  por  título  Con¬ 
juración  alfonsina  y  Ocurrencias  de  Gayar  re . 

Lorente  ha  sentido  resucitar  en  su  espíritu  y  en 
su  corazón  estos  recuerdos  al  hallarse  muy  lejos 
de  España,  y  el  tiempo  y  la  distancia,  en  vez  de 
atenuarlos,  los  han  agrandado  y  embellecido,  dán¬ 
doles  en  su  imaginación  y  en  su  pluma  más  relie¬ 
ve,  mayor  fuego  y  más  vida.  «Desde  el  cafó  Suizo 
ó  el  Salón  de  Conferencias,  la  perspectiva  de 
nuestro  país — dice  en  una  carta-prólogo  —  puede 
presentar  accidentes  un  sí  es  no  es  antiestéticos, 
solamente  apreciables  para  quien  la  examina  so¬ 
bre  el  fondo  de  las  naciones  á  quienes  tenemos 
por  modelo  de  buen  orden  y  cultura;  pero  contem¬ 
plada  con  la  avidez  del  expatriado,  y  desde  la  le¬ 
jana  pampa  en  que  vegeto,  semejantes  lunares 
resultan  imperceptibles;  así  es  que,  en  el  marco 
de  esta  civilización  adolescente,  el  cuadro  de  las 
virtudes  españolas  y  los  españoles  méritos  ad¬ 
quieren  relieves  de  una  belleza  y  una  magnifi¬ 
cencia  que  no  pueden  menos  de  enorgullecemos. 
Y  como  el  espectáculo  de  las  cosas,  el  estudio 
de  la  Historia,  el  conocimiento  de  la  anatomía 
política  comparada,  y  los  dictados  de  mi  pobre 
juicio,  que  reputo  sano,  me  están  diciendo  á  gri¬ 
tos  que  la  España  grande  es  la  España  católica, 
monárquica,  conservadora  y  castellana ......  ¿por 

qué  no  he  de  proporcionarme  el  gustazo  de  decir- 
lo,  ya  que  no  á  gritos  de  la  garganta,  que  nadie 
me  oiría  en  estas  soledades,  á  gritos  del  pensa¬ 
miento,  que  habrán  de  repercutir  en  algunas  con¬ 
ciencias?»  El  brillante  escolar  de  Valladolid,  el 
periodista  de  Bilbao,  Madrid  y  Buenos  Aires,  el 
médico  estudioso  y  concienzudo  aparece  ahora 
ante  sus  amigos  como  un  literato  de  envidiable 
ingenio.  No  se  olvide  el  expatriado  que  hay  aquí 
muchos  que  le  recuerdan  con  satisfacción,  y 
envíenos  pronto  la  Segunda  serie  de  sus  Anecdó¬ 
ticos. 

• 

•  « 

Trabajo  de  mayor  trascendencia f  extensión  y 
empeño  es  el  que  otro  español  ha  realizado  en  la 
Argentina  al  dedicar  el  positivo  valer  de  su  cul¬ 
tura  literaria,  el  cúmulo  de  sus  observaciones  y 


no  poco  esfuerzo,  á  describir,  en  un  primoroso  li¬ 
bro  de  abundante  lectura,  los  dos  tipos  étnicos  de 
el  emigrante  castellano,  que  desde  lo  más  recón¬ 
dito  de  nuestro  suelo  llega  á  aquellas  playas  con 
una  carta  de  recomendación,  sin  más  equipaje  que 
lo  puesto  y  sin  un  céntimo  en  el  bolsillo,  y  que 
á  fuerza  de  trabajo  reúne  una  fortuna,  y  el  del 
hijo  casual  del  español,  sér  repugnante  en  mal 
hora  engendrado,  que  detesta  á  su  padre  y  reniega 
de  su  apellido,  amargando  con  mortal  pesadumbre 
por  su  infame  conducta  la  existencia  de  aquel 
hombre  de  bien  á  quien  debió  la  suya.  En  el  des¬ 
arrollo  de  este  cuadro  total  de  la  historia  de  bas¬ 
tantes  familias,  que  es  típica  en  las  «evoluciones 
de  la  sociedad  argentina»,  aunque  felizmente  no 
afecta  á  todas  las  de  los  emigrados,  ni  mucho  me¬ 
nos;  en  el  estudio  anatómico  moral  de  los  buenos 
y  honrados  españoles  que  allí  despliegan  grandes 
energías  para  hacerse  útiles  y  respetables  miem¬ 
bros  de  aquella  sociedad,  y  en  el  de  sus  renegados 
descendientes  infeccionados  desde  niños  por  el 
odio  á  sus  progenitores  y  á  la  madre  patria  de 
donde  proceden,  se  ha  revelado  el  autor  de  este 
libro  un  psicólogo  verdadero  y  un  escritor  de  al¬ 
tos  vuelos. 

Merecido  premio  es  este  para  quien  desde  hace 
algunos  años  trabaja  con  envidiable  constancia  en 
la  prensa  de  Buenos  Aires,  sosteniendo  entre 
nuestros  paisanos,  con  inquebrantable  decisión,  el 
amor  á  su  patria.  Tal  benemérito  campeón  de  la 
buena  causa  es  el  joven  publicista  D.  Francisco 
Grandmontagne  (Luis  Jaizquibel),  director  de  la 
hermosa  revista  ilustrada  éuskaro-americana  La 
Vasconia,  por  todos  los  vascos  del  Plata  querido 
y  considerado. 

La  obra  á  que  me  refiero  titúlase:  Teodoro  Fo¬ 
ronda,  y  en  su  animado  estilo,  fácil,  correcto,  mo¬ 
vido  y  humorístico  en  alto  grado,  se  descubre  el 
profundo  estudio  que  ha  hecho  de  las  obras  de 
nuestros  novelistas  contemporáneos  más  celebra¬ 
dos.  A  la  norma  elegante  del  lenguaje  que  en  ellos 
aprendiera,  únese  el  mérito  de  estar  su  propio  tra¬ 
bajo  dialogado  en  el  del  pueblo  callejero  y  de  la 
clase  media  de  la  Argentina,  con  sus  característi¬ 
cos  modismos  tan  estupendos  é  inadmisibles  para 
nosotros,  con  sus  frases  vulgares  gauchas,  con  su 
acentuación  tan  original,  con  las  nuevas  palabras 
que  aquellos  pueblos  han  inventado  en  uso  de  su 
autonomía,  emancipándose  de  la  severa  pauta  del 
Diccionario  castellano.  En  esta  labor  refleja  tan  á 
maravilla  Grandmontagne  la  charla  de  aquéllos 
elementos,  que  comprenden  desde  los  chinos,  gau¬ 
chos,  pulperos,  y  estancieros,  hasta  los  comercian¬ 
tes  y  señorío  de  los  pueblos,  que  es  delicioso  en 
sumo  grado  el  leerla  y  comenterla.  Con  igual  exac¬ 
titud  y  con  verdadera  maestría  y  abundancia  de 
detalles  están  descritos  los  personajes,  las  tien¬ 
das,  el  campo,  bis  viviendas  y  la  vida  social  de 
cuantos  se  agitan  en  los  poblados  de  la  comarca 
rural. 

Y  si  en  los  capítulos  de  obra  tan  entretenida 
y  ejemplar  se  ve  el  empeño  que  su  autor  ha  tenido 
en  demostrar  que  nada  escapa  á  su  observación, 
respecto  á  los  pormenores  descriptivos,  óchase  de 
ver  también  que  aun  ha  ahondado  y  trabajado  más 
en  la  apreciación  y  pintura  de  las  pasiones,  donde, 
á  la  verdad,  el  sentimiento  del  escritor  aparece, 
más  que  profundo  y  amplio,  un  poco  desbordado. 
No  daña  esto  mucho  á  la  contextura  artística  de 
la  obra;  pero  en  cambio  le  quita  bastante  de  la 
amenidad  y  fácil  desenvolvimiento  que  sus  inte¬ 
resantes  narraciones  debieran  tener,  el  cúmulo  de 
consideraciones  personales  que  en  ella  ha  interca¬ 
lado  el  autor,  la  mayor  parte  de  las  cuales  en  nada 
se  relacionan  con  los  sucesos,  y  podían  y  debían 
suprimirse  para  que  el  conjunto  resulte  más  li¬ 
gero  y  más  artístico  y  agradable  por  todos  con¬ 
ceptos. 

Si  en  el  texto  de  estas  breves  crónicas  cupiera, 
yo  reproduciría  algunos  párrafos  de  las  magistra¬ 
les  descripciones,  de  los  alegres  diálogos  conteni¬ 
dos  en  los  capítulos  de  Teodoro  Foronda,  para  que 
el  lector  se  convenciese  de  que  no  hay  nada  de 
exagerado  en  mis  juicios.  Al  exponerlos  hoy, 
conste  que  he  esperado  á  que  concienzudos  críti¬ 
cos  españoles  y  americanos  dieran  su  opinión 
acerca  del  libro  realista,  de  la  labor  fotográfico- 
social  de  Grandmontagne;  y  cuando  ellos  han 
aquilatado  sus  méritos,  opinando  del  mismo  modo 
que  yo  había  discurrido  para  mí,  al  leer  y  volver 
á  leer  tan  curiosas  páginas,  no  abrigo  ya  temor 
alguno  al  consignar  lo  que  dejo  escrito;  y  al  feli¬ 
citar  al  estudioso  é  inspirado  Luis  Jaizquibel ,  de¬ 
seo  que  mantenga  los  buenos  alientos  de  que  ha 
hecho  alarde,  para  que  en  España  y  en  América 
se  le  lea  á  menudo  en  ese  género  de  trabajos,  tan 
amenos  en  la  forma  y  de  tanta  enseñanza  ejem¬ 
plar  en  el  fondo.  . 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


Digitized  by 


Google 


30  Enbbo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  rv  —  67 


Saint-Saéns,  Sansón  y  Dalila ,  no  ha  podido  ser 
más  completa.  La  noche  del  25  púsose  en  escena 
por  primera  vez  durante  la  presente  temporada  la 
referida  ópera,  y  el  público  saboreó  con  verda¬ 
dero  deleite  las  innumerables  bellezas  de  la  obra, 
aplaudiendo  con  calurosísimo  entusiasmo  á  sus  in¬ 
térpretes,  que  verdaderamente  cantaron  de  un 
modo  excepcional. 

De  la  Sra.  Guerrini  repetidas  veces  hemos  dicho 
que  es  una  artista  de  extraordinario  mérito,  una 
de  las  eminencias  en  su  difícil  arte,  y  en  la  citada 
noche  lo  acreditó  una  vez  más  con  su  acabadísima 
labor,  admirable  por  todos  conceptos.  Temporada 
de  prueba  es  la  presente  para  la  ilustre  artista,  y 
nada  más  se  puede  exigir  a  quien,  como  ella,  rea¬ 
liza  una  labor  constante,  en  extremo  fatigosa,  y 
sabe  encontrar  motivos  de  aplauso  y  elogio  en 
cada  una  de  las  obras  que  interpreta. 

£1  público  premió  sus  méritos  tributándola  ca¬ 
riñosas  y  entusiásticas  ovaciones,  y  haciéndola 
salir  á  escena  muchas  veces  al  final  de  cada  uno 
de  los  actos. 

Para  el  Sr.  Mariacher,  Sansón  y  Dalila  ha  sido 
un  nuevo  y  ruidoso  triunfo.  No  decayó  ni  un  mo¬ 
mento  durante  toda  la  representación,  y  cantó 
con  vigorosa  energía  y  exquisito  gusto  la  difícil 
parte  de  Sansón,  siendo  interrumpido  en  no  po¬ 
cas  ocasiones  por  las  aclamaciones  del  público,  al 
que  supo  cautivar  con  su  maravilloso  arte. 

Digno  de  especialísima  mención  es  el  Sr.  Buti, 
que  puso  de  relieve  sus  grandes  condiciones,  y 
todos,  absolutamente  todos  los  artistas  que  toma¬ 
ron  parte  en  la  representación.  La  interpretación 
dada  á  Sansón  y  Dalila  ha  sido  quizás  la  mejor  y 
más  completa  de  cuantas  obras  se  han  cantado  esta 
temporada. 

De  la  orquesta  nada  hay  que  decir.  Fué  la  mis¬ 
ma  de  siempre,  y  bajo  la  magica  batuta  del  maes¬ 
tro  Goula  realizó  verdaderos  prodigios,  así  como 
los  coros,  que  merecen  no  pequeña  parte  del  rui¬ 
doso  éxito  alcanzado. 

Un  aplauso  á  Luis  París,  infatigable  y  exce¬ 
lentísimo  director  de  escena,  que  ha  puesto  la. 
obra  como  hace  mucho  tiempo  no  se  veía  en  el 
Real.  Y,  para  terminar,  nuestra  sincera  enhora¬ 
buena  á  la  empresa,  que  ha  encontrado  una  fuente 
de  pingües  ingresos  en  la  ópera  de  Saint-Saéns. 

ESPAÑOL. 

El  Sr.  Sellés  ha  retirado  á  la  empresa  de  este 
teatro  la  autorización  para  representar  su  trage¬ 
dia  Gleopatra ,  recientemente  estrenada.  La  obra, 
impresa,  se  publicará  muy  en  breve. 

• 

•  • 

Repuesto  por  completo  de  la  indisposición  que 
le  impedía  tomar  parte  en  las  representaciones, 
ha  vuelto  á  reanudar  sus  tareas  artísticas  el  señor 
Díaz  de  Mendoza. 

PRINCESA. 

Para  después  de  La  Corte  de  Napoleón,  cuyo  es¬ 
treno  se  verificará  uno  de  los  próximos  días,  la 
empresa  cuenta  con  las  siguientes  obras :  El  Ter¬ 
cer  partido,  de  El  Capitán  Adelante;  El  Pedestal , 
del  Sr.  Ruiz  Contreras;  Buen  Corazón  quebranta 
mala  fortuna ,  del  Sr.  Pérez  Seoane,  y  La  Comida 
de  las  fieras ,  del  Sr.  Benavente. 

PARISH. 

El  joven  y  aventajado  tenor  Sr.  Alcántara,  re¬ 
cientemente  contratado,  se  presentó  al  público  de 
este  teatro  la  noche  del  pasado  sábado  en  la  zar¬ 
zuela,  de  los  Sres.  Ramos  Carrión  y  Chapí,  La 
Bruja . 

Nada  ha  perdido  el  distinguido  artista  durante 
el  tiempo  que  no  ha  cantado  en  Madrid;  antes  al 
contrario,  sus  facultades  han  llegado  á  su  apogeo, 
y  hase  convertido  en  un  excelente  actor,  cuali¬ 
dad  de  que  caree  ja  por  completo  no  hace  mucho 
tiempo. 

El  público  premió  con  nutridos  y  calurosos 
aplausos  su  excelente  labor,  haciéndole  repetir  la 
jota,  que  cantó  de  una  manera  notable,  y  salir  á 


escena  muchas  veces  á  la  terminación  de  todos 
los  actos. 

Muy  bien  los  demás  artistas,  así  como  los  coros 
y  la  orquesta,  muy  hábilmente  dirigida  por  el 
maestro  López. 

LARA. 

Mimo,  comedia  en  dos  actos  y  en  verso,  por 
D.  Miguel  Echegaray,  ha  sido  estrenada  en  este 
elegante  teatro  la  noche  del  último  lunes. 

El  asunto  de  la  obra  es  poco  original,  pero  está 
desarrollado  con  exquisita  habilidad,  y  las  situa¬ 
ciones  cómicas  en  que  abunda  el  segundo  acto, 
muy  superior  al  primero,  fueron  muy  celebradas 
y  aplaudidas. 

Mimo  está  escrita  con  corrección  admirable, 
abunda  en  rasgos  de  verdadero  ingenio,  y  si  no  pe¬ 
sasen  un  tanto  algunas  escenas  del  primer  acto, 
en  las  que  el  autor  exagera  demasiado  el  mimo  y 
la  mala  educación  de  aquella  recién  casada,  pre¬ 
sentaría  la  nueva  obra  un  conjunto  perfecto. 

La  interpretación  que  dieron  los  artistas  de  Lara 
á  esta  comedia  ha  sido  excelente.  Rosario  Pino 
fué  la  heroína  de  la  noche,  desempeñando  primo¬ 
rosamente  el  papel  de  niña  mal  educada;  Larra, 
muy  bien,  y  acertados  las  Sras.  Yal verde,  Mavi- 
llard,  Las  Heras,  y  los  Sres.  Ruiz  de  Arana,  San¬ 
tiago  ,  Gonzálvez  y  Ramírez.  Este  último  estudió 
concienzudamente  su  papel  de  camarero,  y  justo 
es  reconocer  que  lo  desempeñó  á  la  perfección. 

Al  final  de  la  obra,  autor  y  actores  fueron  lla¬ 
mados  repetidas  veces  al  proscenio,  y  recogieron 
aplausos  muy  nutridos. 

• 

*  • 

La  noche  del  25  se  verificó  en  este  teatro  la  re - 
prise  del  juguete  en  un  acto  Chifladuras ,  que  di¬ 
virtió  grandemente  al  público  que  llenaba  la  sala. 
El  éxito  alcanzado  nacía  dejó  que  desear,  así  como 
la  interpretación  dada  al  juguete  por  la  señora 
Pino,  señorita  Las  Heras  y  los  Sres.  Ruiz  de  Arana 
y  Larra,  que  obtuvieron  unánimes  aplausos. 

* 

•  e 

El  pasado  sábado  debutó  con  Los  Corridos  el 
actor  Sr.  Soler,  conocido  ya  de  nuestro  público, 
que  le  ha  aplaudido  en  el  modesto  teatro  Martín.  El 
debutante  estuvo  discreto,  y  recibió  algunas  de¬ 
mostraciones  del  agrado  con  qae  fue  recibido. 
Muy  bien,  como  de  costumbre,  los  artistas  que  le 
acompañaron  en  el  desempeño  de  la  obra. 

• 

«  • 

El  martes  próximo  celebrará  su  beneficio  la  se¬ 
ñora  Val  verde  con  un  escogido  programa,  en  el 
que  figura  un  monólogo  titulado  El  Vestido  de  boda, 
primera  producción  dramática  de  la  Sra.  Pardo 
Bazán. 


ISABEL  BRU, 
del  teatro  de  Apolo. 

(De  fotografía  de  Lokner.) 


APOLO. 

En  Apolo  estrenóse  anoche  El  Reloj  de  cuco, 
zarzuela  cómica  en  un  acto,  letra  de  los  Sres.  La¬ 
bra  y  Ayuso,  música  del  maestro  Bretón,  y  for¬ 
zoso  es  confesar  que  los  autores  del  libro  andu¬ 
vieron  poco  afortunados,  así  en  la  elección  de 
asunto,  como  en  el  desarrollo  de  la  obra,  que  no 


logra  interesar  ni  divertir  en  ningún  momento  ai 
público.  Claro  está  que  poco  ó  nada  podía  hacer  el 
maestro  compositor  con  un  libro  que  carece  por 
completo  de  situaciones  aprovechares,  y  aun  así 
sacó  el  mayor  partido  posible.  Una  polca  y  el  bai¬ 
lable  final  fueron  muy  aplaudidos,  y  merecieron 
el  honor  de  la  repetición. 

El  clou  de  la  obra  es  el  citado  bailable,  admi¬ 
rablemente  presentado  y  dirigido  por  el  simpático 
actor  del  mismo  teatro  Sr.  Carrión. 

El  Reloj  de  cuco  ha  sido  puesto  en  escena  con  ex¬ 
traordinario  lujo  de  decoraciones  y  trajes,  y  por 
ello  merece  sinceros  plácemes  el  inteligente  em¬ 
presario  Enrique  Arregui. 

En  la  interpretación  distinguióse  especialmente 
la  Sra.  Perales,  que  hace  una  primera  bailari¬ 
na.....  de  primera,  y  los  Sres.  Carreras  y  Me- 
sejo,  que  pusieron  de  su  parte  cuanto  es  posible 
para  que  la  zarzuela  no  naufragase  en  los  momen¬ 
tos  en  que  el  temporal  arreciaba  y  amenazaba  se¬ 
riamente. 

•  • 

Han  comenzado  los  ensayos  de  la  nueva  zar¬ 
zuela  de  Arniches  y  Torregrosa,  titulada  El  Santo 
de  la  Isidra,  cuyo  estreno  será  probablemente  el 
primero  que  se  verifique. 

COMEDIA. 

Ha  sido  encargado  de  la  dirección  artística  de 
este  teatro  el  reputado  y  aplaudido  autor  dramᬠ
tico  D.  Eduardo  Navarro  Gonzalvo. 

•  • 

En  la  presente  semana  se  verificará  el  estreno 
de  El  Nuevo  siglo ,  sátira  original  de  los  señores 
Caesta  Armiño  y  Taboada  Steger,  para  la  cual  se 
están  pintando  siete  preciosas  decoraciones  y  cons¬ 
truyendo  un  lujoso  vestuario.  Después  de  la  obra 
citada  se  estrenará  la  zarzuela  del  Sr.  Alvarez 
Naya  y  el  maestro  Hermoso,  titulada  La  Dulce 
Alianza . 

A. 

JABÓN  DE  LOS  PRINCIPES  DEL  CONGO 

«I  mrt*  perfumado  de  los  jabones  de  toeador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro. — Fuera  de  oonoarte 
4,  PLACE  SE  Xi’OFÉ&A,  PARIS 

De  renta  en  toda»  laa  buenas  perfumerías  de  España,  América. 


LOS -¿-TOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 

PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 

Remedio  prodigioso  y  ráp-do.  30  años  de  éxilo. 

EL  LANZA-PERFUME 


PERFUMA  IT  REFRESCA 

Automáticamente  sin  mojar  ni  manchar. 

PERFUMES  EXQUISITOS 

En  toda*  laa  buenas  Perfumerías.  —  Depósitos  principales  i 
Víctor  Ga fsy .Union  fi, B  ARCELON  A.;  Vilar  R1  cisura  Hermanos, 
Jarata,  5,  VALENCIA;  Vicente  fUbeiro,  Faoquciroi,  LISBOA. 


WALLBS  &  C* 


le  (Aatlgaa  oaia  ii  EilLE  PINQAT),  SO,  rus 

-  XaM<»-te-(?rami,PariH.— TRAJES  Y  ABRIOOS 


ROYAL  H0UBI6ANT  Homblgnm^psP 

fumista,  19,  F&ubourg  8*  Honoré,  Parí i. 

Perfumería  erótica  SENET,  35,  ruedu  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véanse  los  anuncios .J 

Perfumería  Ninon .  V«  LE  CONTE  ET  Cie ,  31 ,  rué  du  Quatre 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios .) 


¡Ü&r  Violeftepucníe 

savo*  —  emites  —  mu  os  toilette 
pouofte  de  mz 

L.T.  PIVBR  a  PARIS 


Las  joyas  y  adornos  en  imitaciones  de  diamantea  y  pie¬ 
dra  finas  de  la  casa  Qeorge,  28,  boulevard  des  Ilaliens,  de 
París,  son  tan  perfectas,  que  es  imposible  á  los  ojos  mis  exper¬ 
tos  distinguirlas  de  las  verdaderas.  Envió  de  cat&logo  franco  de 
porte  á  vuelta  de  correo. 

El  VINO  de  PKPTONA  OATILLON,  si  roq/or  reconstituyente 
de  /ai  fuerzas ,  rsatsbhcs  o I  apetito  y  los  digestiones.  Enfermedad* 

dti BITÓMAQO,  LANGUIDEZ,  ANEMIA,**. 


Digitized  by  ^.ooQie 


68  —  n.°  ív 


LA  •  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  '  AMERICANA 


30  Enero  1808 


LIBROS  PRESENTADOS 

i  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  ó  EDITORES. 


Juegos  florales»  celebrados  en  Granada  el  25 

de  Junio  de  1897 • 

La  Real  Sociedad  Económica  de  Amigos  del  País, 
de  la  provincia  de  Granada,  nos  ha  remitido  cjempla- 
res  de  la  elegante  edición  que  ha  hecho  de  las  poesías 
premiadas  en  los  Juegos  florales  celebrados  el  25  de 
Junio  del  ano  anterior,  de  los  cuales  dimos  cuenta 
oportunamente. 

A  dichas  composiciones  acompañan  el  acta  de  la 
sesión,  el  discurso  del  Director  de  la  Sociedad  Econó¬ 
mica,  el  del  Presidente  del  Jurado  y  el  de  D.  Víctor 
Balaguer,  presidente  y  mantenedor  de  los  Juegos  flo¬ 
rales.  Ilustran  el  folleto  los  retratos  de  la  Reina  de  la 
fiesta,  el  del  Dr.  Villarreal,  director  de  la  Sociedad  Eco¬ 
nómica,  el  de  D.  Víctor  Balaguer  y  el  del  poeta  pre¬ 
miado  con  la  flor  natural,  D.  Miguel  Gutiérrez  Jiménez. 

Mucho  agradecemos  al  Sr.  Villarreal  su  atención. 

Reclutamiento  y  reemplazo  del  ejército.  — 

Ley ,  reglamentos  y  formularios ,  por  D.  José  Díe  y 
Mas  y  D.  Juan  L.  Lapoulide. 

Nada  más  indispensable  para  los  alcaldes,  secretarios 
y  concejales  de  los  Ayuntamientos,  para  los  individuos 
de  las  Comisiones  mixtas  de  reclutamiento,  jefes  de 
zona  y  de  Cajas  de  recluta,  y  para  los  mozos  y  sus 
familias,  que  conocer  con  exactitud  las  disposiciones 
de  la  Ley  de  reemplazos  rigente  y  los  Reglamentos  y 
Reales  órdenes  que  rigen  sobre  el  particular.  La  pren¬ 
sa  se  ha  ocupado  de  los  numerosos  errores  cometidos 
en  la  quinta  de  1897,  errores  que,  si  en  algunos  de  1  os 
casos  se  deben  á  la  malicia  ó  al  interés,  en  la  mayor 
parte  de  ellos  tienen  por  origen  la  ignorancia  de  la  ley 
y  sus  disposiciones  complementarias. 

Por  eso  resulta  de  gran  oportunidad  la  publicación 
de  la  Ley  de  reemplazos  comentada  y  Reglamentos 
para  su  ejecución. 

No  necesitamos  encarecer  el  mérito  de  esta  obra; 
nos  basta  con  dar  á  conocer  á  nuestros  lectores  el  su¬ 
mario  de  las  materias  que  en  ella  se  comprenden,  para 
que  juzguen  su  indiscutible  importancia  y  lo  conve¬ 
niente  que  es  adquirirla.  Contiene:  La  ley  de  1885  con 
las  reformas  introducidas  por  el  R.  D.  de  20  de  No¬ 
viembre  de  1888  y  la  ley  de  21  de  Agosto  de  1896;  la 
jurisprudencia  administrativa  sobre  legislación'  de 
*  quintas;  tratados  internacionales  en  lo  referente  á  este 
importante  servicio  del  Estado,  y  las  disposiciones  más 
notables  relativas  á  los  voluntarios  de  las  Provincias 
Vascongadas;  reglamento  para  la  ejecución  de  la  ley; 
reglamento  de  exenciones  por  causa1  de  inutilidad  físi¬ 


ca;  reglamento  orgánico  de  las  zonas  militaros;  ley  re¬ 
formada  sobre  el  ejercicio  de  la  jurisdicción  contencio- 
so- administrativa;  reglamento  para  su  ejecución;  re¬ 
glamento  de  procedimiento  administrativo  para  las 
dependencias  del  Ministerio  de  la  Gobernación;  regla¬ 
mento  de  procedimiento  administrativo  para  las  del 
Ministerio  ae  la  Guerra;  colección  la  más  completa  de 
formularios  para  todas  las  operaciones  é  incidencias 
del  reem plazo;  apéndice  legislativo;  un  extenso  reper¬ 
torio  alfabético  de  todas  las  materias  comprendidas  en 
las  leyes  y  reglamentos  citados. 

Véndese  al  precio  de  5  pesetas  en  Madrid,  y  5,50  en 
provincias. 

Album  de  la  trocha — Breve  reseña  de  una  excur¬ 
sión  feliz  desde  Gienfuegos  á  San  Fernando,  recorrien¬ 
do  la  línea  militar,  por  cuatro  periodistas. 

Hemos  recibido  ejemplares  de  este  Album ,  liosa¬ 
mente  impreso  é  ilustrado,  en  el  aue  los  distinguidos 
periodistas  Eva  Canel,  Nicolás  de  Gamboa,  Alejandro 
Menéndez  y  Antonio  Porrúa  refieren  la  excursión  que 
hicieron  desde  Cienfuegos  á  San  Femando  recorriendo 
la  trocha  de  Jácaro  á  Morón.  En  forma  amena  están 
contados  los  detalles  de  la  expedición,  y  muy  bien  he¬ 
chas  las  descripciones  de  los  lugares  recorridos  y  de 
las  obras  de  la  trocha.  Es  libro  muy  curioso  para  cuan¬ 
tos  gusten  de  conocer  detalles  de  la  guerra  ae  Cuba  no 
sabidos  de  todos.  Los  fotograbados  que  el  libro  con¬ 
tiene  aumentan  sobremanera  el  interés  del  texto. 

Mucho  agradecemos  á  los  periodistas  que  lo  escribie¬ 
ron  el  envío  de  ejemplares  que  se  han  servido  hacemos. 

Tratado  gráfico  de  teneduría  de  libros  por  el 

sistema  de  partida  doble ,  por  D.  José  M.  Cañizares. 

Ha  publicado  en  Málaga  el  catedrático  de  Teneduría 
y  Prácticas  de  Operaciones  de  Contabilidad  de  la  Es¬ 
cuela  Superior  de'  Comercio  un  Tratado  gráfico  de  te - 
neduria  de  libros  por  el  sistema  de  partida  doblet 
obra  eminentemente  práctica  que  dedica  al  comercio, 
la  banca  y  la  industria,  teniendo  muy  en  cuenta  que 
á  quien  carece  de  tiempo  para  el  estudio  y  de  medios 
para  procurarse  una  enseñanza,  debe  facilitársele  la 
ciencia  y  . el  arte  gráficamente,  para  que  la  vista  abar¬ 
que  fácilmente  y  la  inteligencia  comprenda  por  senci¬ 
llo  y  metódico  estudio  aquello  que,  siguiendo  otro  ca¬ 
mino,  exigiría  profunda  meditación .  y  esfuerzo  de  ra¬ 
ciocinio.  Por  eso  declara  el  autor  que  uno  de  sus  pro- 
ósitos ,  acaso  el  principal ,  es  el  de  hacer  comprensi- 
le  por  la  vista  los  principios  fundamentales  y  cientí¬ 
ficos  de  la  Partida  doble. 

A  este  fin  va  ilustrado  el  libro  con  láminas  en  las 
que  gráficamente,  y  por  modo  muy  original,  tiende  el 
autor  á  facilitar  la  rápida  posesión  de  estos  conoci¬ 
mientos  y  su  aplicación  inmediata.— C. 


EL  GENERAL  ZU  BLINDEN, 

SUCESOR  DEL  GENERAL  SAUSS1ER 
EN  EL  GOBIERNO  MILITAR  DE  P  A  R  í  S . 
(De  fotografía.) 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  .de  salud 

L*  REVALENTA  ARABIRA  j .“¿K, 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños.— Depósito  General  ; 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


VOCABULARIO 

DE 

TÉRMINOS  DE  ARTE 

ESCRITO  EN  FRANCÉS  POR  J.  ADELINE 

TRADUCIDO,  AUMENTADO  CON  MÁS  DE  600  VOCES  Y  ANOTADO 

POR 

D.  JOSÉ  RAMÓN  MÉLIDA, 


EL  SOL  DE  INVIERNO 

POR 

DOÑA  MARÍA  DEL  PILAR  SINUÉS. 

Preciosa  novela  original,  con  interesante  argumento,  cuadros  de  costumbres  familiares» 
episodios  muy  dramáticos,  y  brillando  en  todo  el  libio  la  más  profunda  moralidad. 

Un  volumen  en  8.°  mayor  francés,  que  se  vende,  á  4  pesetas,  en  la  Administración  de 
este  periódico,  Madrid,  Arenal,  18. 


ALMANAQUES 


del  cuerpo  de  Archiveros,  Bibliotecarios  y  Anticuarios. 


Esta  importantísima  obra  reviste  particular  interés,  pues,  como  indica  su  titulo,  tiene 
por  objeto  vulgarizar  los  conocimientos  artísticos,  definiendo  en  forma  concisa  y  clara  el 
tecnicismo  especial  de  las  Artes. 

El  Vocabulario  de  términos  de  Arte  es  un  elegante  volumen  en  4.°,  de  más 
de  500  páginas,  encuadernado  en  tela,  y  con  profusión  de  grabados  que  facilitan  extraor¬ 
dinariamente  la  comprensión  del  texto.  Su  precio  de  venta  es  8  pesetas  en  toda  España. 
Los  Sres.  Subscriptores  á  La  Ilustración  Española  y  Americana  podrán  adquirirlo  por  sólo 
4  pesetas  en  Madrid,  5  pesetas  en  provincias  y  6  pesetas  en  América  y  el  extranjero  (in¬ 
cluso  franqueo  y  certificado,  en  estos  últimos  casos). 

Diríjanse  á  la  Administración  de  La  Ilustración,  Arenal,  18,  Madrid. 


DE 


Correspondientes  á  los  años  1878,  1879  y  1881  i  1898 

PRECIO  DE  CADA  ALMANAQUE:  2  PESETAS 


EL  MATRIMONIO 


Su  ley  natural,  su  historia,  su  importancia  social, 

POR 

D.  JOAQUÍN  SÁNCHEZ  DE  TOCA 


precedido  de  un  prólogo  del  académico 
D.  AURELIANO  FEKNÁNDEZ-GUEERA 


De  venta  en  las  principales  librerías,  y  en  la  Ministraran  de 


Edición  reformada. — Dos  tomos,  8.°  mayor 
francés. — 8  pesetas. 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración 
Española  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


CUADROS  VIEJOS 

POR 

D.  JULIO  MONREAL 


Colección  do  pinceladas ,  toques  y  esbozos, 
representando  costumbres  españolas  del  si¬ 
glo  XVII. 

Un  tomo,  en  8.°  mayor  francés,  que  se 
'"•ende.,  á  4  pesetas,  en  la  Administración  de 
La  Ilustración  Española  y  Americana,  Are¬ 
nal,  18,  Madrid. 


ESPAÑOLA  \  AMERICANA 


Arenal,  18,  Madrid. 


ARI-SANTA,  por  D.  ANTONIO  de  TRUEBA 

Es  una  de  las  mejores  obras  literarias  del  ilustre  Antón  el  de  los  Cantares , 
moral,  instructiva  y  amenísima. 

Forma  tin  elegante  volumen  en  8.°  mayor  francés,  y  se  vende  á  4  pesetas 
en  la  Administración  de  este  periódico,  Madrid,  calle  del  Arenal,  núm.  18. 


Zmpxsso  con  tinta  As  la  fábrica  LO&IXJ5ET7X  y  C.\  16,  ras  Bnger,  París. 


Inervados  todos  Vos  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria.  MADBID.  -» Establecimiento  tipolitográfleo  «  Sucesores  de  Bivadeneyra  », 

impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by 


Googíe 


AÑO  XLII.  —  NÚM.  Y 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO 


ADMINISTRACIÓN: 

ARENAL,  18 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas.  12  pesos  fuertes.  7  pesos  fuertes. 
Demás  Estados  de  América  y 

Asia .  60  francos.  35  francos. 


3o  pesetas. 
40  id. 

50  francos. 


18  pesetas. 
21  id. 

26  francos. 


10  pesetas. 


Madnd  8  de  Febrero  de  1898 


Madrid.... 

Provincias. 

Extranjero 


70  —  x.°  v 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


Febrero  1898 


SUMARIO. 

TEXTO.— Crónica  genera',  por  D.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenco.— Tres  recientes  represen¬ 
taciones  teatrales,  por  D.  Juan  Valera,  de  la  Real  Academia  Espa¬ 
ñola.  —  Tres  generaciones  de  Sil  velas  y  dos  de  Pídales,  por  D.  Juan 
Pérez  de  Guzmán— Dante,  poesía,  por  D.  Manuel  Reina.— Por 
ambos  mundos.  Narraciones  cosmopolitas,  por  D.  Ricardo  Becerro 
de  Bengoa.— Los  teatros,  por  A.  —  Sueltos.  —  Libros  presentados  á 
esta  Redacción  por  autores  ó  editores,  por  C.— Anuncios. 

Grabados.— Retrato  del  Excmo.  Sr.  D.  Alejandro  Pidal  y  Mon,  ini¬ 
ciador  de  la  formación  del  nuevo  partido  Unión  Conservadora. — 
Retrato  del  cabecilla  Aranguren.— Madrid:  Banquete  de  la  Unión 
Conservadora,  celebrado  el  28  de  Enero  último  en  el  teatro  de  los 
Jardines  del  Buen  Retiro.— Madrid:  Solemne  Tedéum  celebrado  el 
28  de  Enero  último,  en  San  Francisco  el  Grande,  en  acción  de 
gracias  por  la  pacificación  de  Filipinas.  Banderas  y  estandartes  de 
los  cuerpos  de  la  guarnición.  Entrada  de  los  estandartes  y  bande¬ 
ras  en  el  templo.  Trofeos  militares  en  el  atrio  de  San  Francisco. 
Los  milicianos.  Trofeos  militares  en  el  interior  del  templo.— Filipi¬ 
nas:  Sumisión  de  los  principales  jefes  de  la  insurrección  filipina. 
Los  jefes  tagalos  en  el  tren  que  los  condujo  á  Dagupán.— Despedida 
de  los  jefes  tagalos  y  del  teniente  coronel  D.  Miguel  Primo  de  Ri¬ 
vera,  en  Sual,  al  abandonar  él  Archipiélago.— Retrato  del  excelen¬ 
tísimo  8r.  D.  José  Pértierra  y  Albuerne,  marqués  de  Cienfuegos  — 
Retrato  del  limo.  Sr.  D.  Francisco  Zayas,  ministro  de  Instrucción 
Pública  del  Gobierno  de  Cuba. — Marina  de  guerra  española:  El  cru¬ 
cero  acorazado  Vizcaya  en  viaje  para  Nueva  York.  — 8an  Juan  de 
Puerto  Rico:  Desembarco  del  general  Sr.  González  Muñoz,  el  día 
11  de  Enero  último.— Entierro  del  gobernador  general  Sr.  González 
Muñoz,  el  día  12  de  Enero  último.  —  Retrato  del  emperador  de 
Annam,  Thanh  Thai,  en  bicicleta. 


CRÓNICA  GENERAL. 

fwí ^  IENTRAS  el  crucero  Vizcaya  marcha  á 
ílW  devolver  la  visita  del  Mainey  aletean 
Jp/f  en  la  proximidad  de  Cuba,  á  manera 
de  cuervos,  otros  buques  de  guerra 
'mmr'  norteamericanos.  Nuestra  impresión 
personal  no  es  muy  pacífica,  y  por  sí  ó 
por  no,  suponemos  que  no  sóio  estarán 
evistas  toda  clase  de  eventualidades  en  lo 
'erente  á  nuestra  escuadra,  sino  á  la  defen¬ 
sa  de  nuestro  litoral,  sobre  todo  en  las  po¬ 
blaciones  de  importancia,  y  aun  que  la  marina 
mercante  haya  calculado  la  posibilidad  de  un  cho¬ 
que  imprevisto,  y  la  manera  de  transformarse  de 
instrumento  de  paz  en  arma  de  combate :  que  cuan¬ 
do  la  seguridad  de  la  navegación  cesa,  los  desar¬ 
mados  y  los  débiles  no  pueden  hacer  otro  papel 
que  el  de  víctimas,  y  muchos  pequeños  esfuerzos 
constituyen  una  fuerza  temible.  Porque  España, 
cargada  de  razón  hasta  los  topes,  y  cansada  de  su¬ 
frir  perfidias  y  una  hostilidad  hipócrita,  no  puede 
menos  de  estar  dispuesta  y  prevenida  á  lo  que  so¬ 
brevenga,  si  al  fin  se  desemboza  el  encubierto.  Es¬ 
paña  ha  demostrado  hasta  la  saciedad  que  no  quie¬ 
re  guerra,  que  no  puede  ser  responsable  ante  la 
civilización  de  las  catástrofes  que  ocurran;  pero  si 
se  la  provoca  y  se  la  obliga,  ¡qué  habría  de  hacer! 
Lo  que  en  todas  ocasiones. 

Acaso  nuestro  pesimismo  es  infundado;  tal  vez 
desconfiamos  con  exceso:  como,  de  todos  modos, 
más  vale  prevenir  que  descuidarse,  repitamos  lo 
de  siempre.  Confiemos  en  el  Gobierno  que  dirige, 
y  tengamos  disciplina  y  unión :  tiempo  queda  de 
combatirle  á  los  que  lo  deseen;  hoy  corresponde  á 
todos  patrióticamente  darle  fuerza.  Esto  es  lo  sen¬ 
sato  y  nacional.  Ni  le  neguemos  nuestra  coopera¬ 
ción,  ni  le  empujemos  á  extremidades:  la  guerra 
es  un  mal,  aun  saliendo  bien;  y  como  no  tenemos, 
fuera  de  la  defensa  legítima,  ningún  objetivo  útil 
que  alcanzar,  debemos  evitarla:  para  ello  lo  prin¬ 
cipal  es  estar  dispuestos  á  no  tolerar  lo  intolera¬ 
ble,  y,  sobre  todo,  como  no  nos  cansaremos  de  re¬ 
petir,  á  prestar  fuerza,  no  á  debilitar  la  acción  de 
los  que  nos  representan  y  dirigen.  Ellos  saben  lo 
que  ignoramos;  á  ellos  corresponde  la  vanguardia  y 
la  dirección,  y  á  nosotros  coadyuvar  á  sus  propósi¬ 
tos.  Si  tienen  motivos  para  confiar  en  el  Gobierno 
norteamericano,  alegrémonos  bajo  su  responsabi¬ 
lidad;  pero  temamos  los  tratado^  de  comercio  que 
se  estipulen  cuando  los  buques  de  guerra  puedan 
influir  en  ellos. 

* 

#  « 

Sr.  D.  Antonio  Cortón. 

Mi  estimado  amigo:  Estaría  conforme  en  todo 
con  su  interesante  prólogo  del  libro  América  (es¬ 
tudios  históricos  y  filológicos),  si  no  contuviera 
una  injusticia  enorme  respecto  del  Sr.  Menéndez 
y  Pelayo.  Hecha  esta  salvedad,  le  agradezco  la  re¬ 
misión  del  libro,  que  me  da  á  conocer  un  nuevo 
historiador,  que  lo  es  seguramente  D.  Luis  Lloréns 
Torres,  que  honra  ya  á  su  patria,  Puerto  Rico,  á  la 
edad  de  veintiún  años.  Prescindiendo  en  los  cita¬ 
dos  estudios,  por  no  ser  de  mi  incumbencia,  de 
todo  lo  geológico,  geográfico  y  filológico,  y  fiján¬ 
dome  en  lo  puramente  histórico,  le  declaro  mi 
grata  sorpresa  al  enterarme  de  la  serie  ingeniosa 
y  razonada  de  pruebas  con  que  esclarece  el  descu¬ 
brimiento  de  Puerto  Rico,  y  que  fué  llamado  Bo- 
rinquen  por  los  indios:  subrayo  la  palabra  por  las 
discusiones  que  ha  suscitado  su  probable  pronun¬ 
ciación. 


Empezaré  exponiendo  los  reparos  que  debo  hacer 
al  libro  del  Sr.  Lloréns:  no  me  parece  el  título  ade¬ 
cuado  al  asunto,  á  menos,  y  lo  celebraría  entonces, 
que  sean  estos  estudios  portorriqueños  el  prin¬ 
cipio  de  una  serie  que  haya  de  abarcar  el  estudio 
del  Nuevo  Continente.  Creo  que  va  demasiado  le¬ 
jos  en  sus  conjeturas  acerca  del  lenguaje  primi¬ 
tivo:  la  filología  termina  en  la  primera  gramática, 
y  allí  debe  enmudecer  si  quiere  ser  ciencia  y  no 
pura  fantasía:  para  ella  no  hay  mas  allá,  ni  para  el 
hombre  más  luz  que  la  tradición  recogida  por  la 
historia  y  la  revelación  para  el  creyente,  que  nada 
indican  ó  contradicen  de  un  modo  terminante  la 
suposición  de  que  hubo  hombres  sin  idioma.  Po¬ 
dra  la  imaginación  idear  un  pueblo  mudo  de  hom¬ 
bres  solos,  pero  no  mujeres;  y  con  el  mismo  dere¬ 
cho  que  los  filólogos  sostienen  que  la  mímica  y 
alguna  onomatopeya  (y  eso  de  las  onomatopeyas 
es  muy  convencional  y  elástico)  fueron  los  funda¬ 
mentos  de  los  idiomas,  puedo  sostener  que  la  mu¬ 
jer,  por  necesidad  imperiosa  de  su  naturaleza,  rom¬ 
pió  a  hablar  espontáneamente,  como  ladra  el  perro 
y  canta  el  pájaro,  y  fué  la  inventora  del  lenguaje. 

Pero  no  demos  importancia  á  una  divagación 
protohistórica  del  Sr.  Lloréns,  de  que  no  tiene  la 
culpa,  sino  las  teorías,  que  son  ai  fin  y  al  cabo 
hipótesis  más  ó  menos  verosímiles,  y  no  están  en 
armonía  con  la  seriedad  y  lógica  de  su  argumen¬ 
tación-ai  historiar  sobre  lo  conocido.  En  esta  parte 
confieso  que  he  leído  con  admiración  la  claridad 
que  ha  sabido  producir  en  un  punto  obscuro  de  la 
historia  del  descubrimiento  de  América,  y  no  por 
el  hallazgo  de  documentos  nuevos,  que  eso  la  ca¬ 
sualidad  puede  deparárselo  á  cualquiera,  sino  por 
perspicacia  natural,  examinando  los  mismos  ma¬ 
teriales  que  leyeron  sin  fruto  tantos  críticos.  Me 
refiero  á  la  lucidez  con  que  explica  el  motivo  de 
haberse  separado  de  Colón  su  heroico  compañero 
de  aventuras,  el  calumniado  Martín  Alonso  Pin¬ 
zón,  á  quien  califica  con  justicia  del  marino  más 
ilustre  de  España,  y  el  más  desgraciado,  porque 
murió  á  poco  de  regresar  de  su  expedición  sin 
tiempo  para  rehabilitarse  de  las  culpas  que  le  acha¬ 
caban,  ni  hacer  patente  la  importancia  decisiva 
de  su  cooperación  en  la  empresa  colombina,  ni 
dar  á  luz  sus  descubrimientos  personales. 

Ni  un  momento  pretende  el  Sr.  Lloréns  reba¬ 
jar  la  gran  figura  de  Colón.  Con  crítica  sana  exa¬ 
mina  la  situación  recíproca  de  ambos  marinos,  y 
da  lo  suyo  á  cada  cual:  busca  y  halla  el  motivo  del 
alejamiento  de  Pinzón  con  la  Pinta  en  la  única 
base  auténtica  de  conocimiento,  en  el  Diario  del 
Almirante,  y  la  halla  en  el  deseo  de  arribar  á  la 
isla  de  Raneque,  designada  por  los  indios  como 
abundante  en  oro,  y  citada  varias  veces  en  el  Dia¬ 
rio:  prueba,  por  la  situación  geográfica  y  noticias 
que  daban  de  dicha  isla,  que  debía  ser  la  de  Puerto 
Rico;  y  filológicamente,  por  la  alteración  y  co¬ 
rrespondencia  de  los  dialectos  isleños;  que  Bane- 
que  no  era  otra  cosa  que  Borinquen  lo  acredita 
con  la  distancia  de  dicha  isla  y  el  tiempo  que  duró 
la  ausencia  de  Pinzón,  y  lo  comprueba  y  ratifica 
con  el  testimonio  irrecusable  del  mismo  Colón  en 
su  Diario  y  hasta  con  un  rastro  material  de  que 
Pinzón  había  traficado  con  los  indios.  El  Sr.  Llo- 
réns,  con  una  lucidez  envidiable,  ha  demostrado 
que  Martín  Alonso  Pinzón  fué  el  descubridor  de 
Puerto  Rico  á  fines  de  1492,  y  que  fué  un  error, 
aunque  disculpable,  celebrar  el  centenario  de 
aquel  suceso  en  1893. 

El  buen  sentido,  la  agudeza  y  la  erudición  con 
que  el  Sr.  Lloréns  llega  paso  por  paso  á  estas  con¬ 
clusiones,  satisfarían  en  un  historiador  avezado; 
tratándose  de  un  joven  de  veintiún  años,  asom¬ 
bran.  Le  envidio  á  usted,  amigo  Cortón,  el  descu¬ 
brimiento  de  ese  investigador  temprano  que  da 
frutos  de  otoño  en  la  primavera.  Permítame  usted 
que  manifieste  mi  impresión  con  una  frase  fami¬ 
liar,  pero  expresiva:  ¡Caramba  con  el  niño! 

• 

•  * 

Los  estudiantes  de  Madrid  se  apaciguaron:  hay 
que  reconocer  el  tacto  del  gobernador  Sr.  Agui¬ 
lera,  á  quien  debemos  el  inofensivo  carácter  de  la 
manifestación:  al  colocarse  al  frente  de  los  estu¬ 
diantes  y  organizar  su  protesta  por  clases,  con  la 
inspección  de  los  bedeles,  la  quitó  su  índole  tumul¬ 
tuosa.  No  ha  sido  tan  pacífica  en  Granada  la  agita¬ 
ción  estudiantil,  acaso  por  no  haberse  empleado 
para  contenerla  medios  tan  suaves.  Los  motines 
escolares  son  gravísimos,  no  por  la  dificultad  de 
su  represión,  sino  por  lo  que  repugna  y  duele  em¬ 
plear  medios  violentos.  La  debilidad  enfrente  de 
la  fuerza  es  siempre  simpática,  y  la  irreflexión  de 
los  pocos  años  disculpa  los  excesos:  además,  todos 
nos  hemos  amotinado  cuando  jóvenes;  luego  viene 
la  edad,  y  acaso  remuerde  la  conciencia  el  recor¬ 
dar  que  apedreamos  á  un  rector  benemérito,  ó  que 
hicimos  jubilarse  á  nuestro  catedrático  de  latín. 


¡Y qué  orgullosos  estábamos  entonces  con  la  haza¬ 
ña  que  nos  permitía  jugar  al  marro  en  el  Campo 
del  Moro  á  las  horas  de  clase,  y  cóidq  echamos  de 
menos  con  el  tiempo  las  lecciones  que  perdimos! 
Felizmente,  la  Universidad  ha  recobrado  su  cal¬ 
ma,  y  los  estudiantes  de  Valencia  y  Madrid  la  dan 
término  con  un  almuerzo  en  el  Vivero.  Los  tiem¬ 
pos  han  variado  mucho :  los  escolares  de  hoy  pue¬ 
den  escotar  á  cuatro  pesetas  por  cabeza:  en  los 
tiempos  que  recordamos,  para  juntar  esa  cantidad 
se  necesitaba  lo  menos  una  clase. 

«  « 

La  Ciudad  Muerta ,  del  esteta  italiano  Gabriel 
d’Annunzio,  que  según  los  telegramas  había  tenido 
un  gran  éxito  en  París,  representada  por  Sarah 
Bernhardt,  á  pesar  de  los  gastos  considerables  que 
se  hicieron  para  el  decorado,  ha  sido  retirada  de 
los  carteles.  Sarcey  declara  que  es  una  obra  abu¬ 
rridísima,  y  refiere  que  los  actores  se  dormían  en 
los  ensayos:  la  cortesía  hacia  un  autor  que  escribía 
en  francés  y  estrenaba  en  París,  y  la  simpatía  per¬ 
sonal  que  se  captó  el  escritor  italiano,  explicarán, 
por  lo  visto,  los  aplausos  que  obtuvo  la  obra  al 
estrenarse.  Mérito  es,  sin  duda,  escribir  en  un  idio¬ 
ma  extranjero ;  pero  esta  condición  literaria  no  se 
puede  tener  en  cuenta  en  el  teatro.  Debemos,  sin 
embargo,  confesar  que  Sarcey  es  muy  francés  y 
no  es  aficionado  á  las  producciones  exóticas.  En 
cambio,  entre  nosotros,  los  autores  españoles  tie¬ 
nen  que  tirar  su  pluma  ó  hacer  sainetes,  género 
apreciable,  pero  que  al  fin  y  al  cabo  sólo  requiere 
la  presentación  de  tipos  en  un  simple  episodio, 
mientras  una  comedia  exige  esa  presentación,  el 
desarollo  de  los  caracteres,  y  una  acción  compleja 
y  de  interés  sostenido.  Y  volviendo  á  Mr.  Sarcey, 
sus  preocupaciones  no  le  impiden  reconocer  si  es 
ó  no  teatral  una  obra;  así  lo  reconoció  respecto  de 
Tierra  Baja ,  de  Guimerá,  reconociendo  y  ponde¬ 
rando  sus  bellezas. 

o 

*  « 

Mientras  los  sevillanos  comentan  el  hallazgo  de 
un  tesoro  numismático  en  las  inmediaciones  del 
terreno  que  ocupó  la  antigua  Itálica,  y  que  proce¬ 
de  de  la  época  romana  á  juzgar  por  las  mone¬ 
das,  los  periódicos  romanos  refieren  un  hallazgo 
que  si  fuera  auténtico,  como  aseguran,  sería  impor¬ 
tantísimo,  pero  que,  salvo  los  argumentos  con  que 
sostenga  su  autenticidad  el  profesor  Sr.  Horacio 
Marucchi  en  un  opúsculo  que  prepara,  hay  que  ex¬ 
poner  con  toda  clase  de  reservas.  Trátase  de  un 
dibujo  que  representa  el  momento  anterior  á  la 
crucifixión  de  Nuestro  Señor  Jesucristo,  hallado 
en  una  pared  de  las  ruinas  del  palacio  de  Tiberio: 
junto  á  la  cruz  están  varios  soldados,  y  debajo  es¬ 
crito  el  nombre  de  cada  uno  de  ellos,  así  como  la 
figura  y  el  nombre  de  Pilatos.  Quince  líneas  en  ca¬ 
racteres  pompeyanos  refieren  la  Pasión  y  Jas  doc¬ 
trinas  de  Jesús.  Supónese  que  esta  representación 
es  contemporánea,  y  aun  se  atribuye  á  alguno  de 
los  soldados  que  asistieron  al  Calvario.  Caben  tan¬ 
tas  interpretaciones  diversas  respecto  de  ese  ha¬ 
llazgo,  que  debemos  esperar  su  reproducción  para 
formar  juicio.  Además,  la  falsificación  de  anti¬ 
güedades  es  un  arte  muy  adelantado  en  Roma. 

Y  puesto  que  de  arqueología  se  trata,  ahora  re¬ 
sulta  que  el  relicario  en  forma  de  brazo  que  ma¬ 
dama  Spitzer  regaló  al  Museo  del  Louvre  en  1892,  y 
que  contuvo  el  de  San  Luis  de  Tolosa,  rica  mues¬ 
tra  de  platería  de  1347,  había  pertenecido  á  un 
convento  de  Medina  del  Campo;  es  decir,  que  su 
propiedad  corresponde  á  nuestra  nación. 

• 

*  * 

— ¿  Será  cierto  que  los  yankees  han  inventado 
una  máscara  para  dar  á  los  buques  de  guerra  la 
apariencia  de  pacíficos  vapores  ? 

— Eso  dicen:  falta  ahora  saber  si  sus  buques  mer¬ 
cantes  se  disfrazarán  de  cruceros  en  este  Carnaval. 

— De  modo . 

—  Que  continúa  el  misterio,  y  no  sabemos  si  se 
preparan  para  la  guerra  ó  para  una  batalla  de  flores. 


Entretanto  los  políticos  españoles  se  disponen  á 
la  batalla  electoral. 

— Y  usted  ¿será  diputado  ? 

—  Sí. 

— ¿Tiene  usted  distrito? 

—  No. 

—  ¿Se  lo  han  prometido? 

—Sí. 

— ¡Hombre,  sólo  contesta  usted  con  monosí¬ 
labos! 

— Me  ensayo  para  cumplir  mi  obligación  en  el 
Congreso. 


Digitized  by  AjOOQle 


8  Febrero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


x.°  v  —  71 


La  pequeñísima  República  de  San  Marino  está 
sufriendo  una  crisis:  se  ha  fugado  con  los  fondos 
el  cajero  de  su  Banco  Nacional. 

— ¿ Y  cuánto  importa  el  desfalco? 

—  No  lo  sé;  pero  lo  grave,  lo  gravísimo,  es  el 
descenso  de  población  qae  causa  la  fuga  del  ca¬ 
jero.  La  república  tiene  un  habitante  menos. 


— ¿Se  puede  ver  el  parque? — preguntó  un  via-t 
jero  á  un  ciudadano  de  aquel  Estado. 

— Dentro  de  unos  días:  el  revólver  público  le 
han  llevado  á  componer. 

José  Fernández  Brbmón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


KXCMO.  SR.  D.  ALEJANDRO  P1DAL  Y  MON. 

Damos  en  primera  página  el  último  retrato  del 
ilustre  orador  D.  Alejandro  Pidal  y  Mon,  á  cuya 
energía  se  debe  principalmente  la  unión  de  los 
elementos  del  partido  conservador,  de  tanta  im¬ 
portancia  para  la  política  española  de  nuestros 
días. 

No  necesitan  de  nuestro  imparcial  elogio  su  re¬ 
conocida  elocuencia  ni  sus  altas  dotes  de  estadista, 

Sues  la  notoriedad  de  sus  cualidades  es  evidente 
entro  y  fuera  de  España. 

o 

•  o 

MADRID. 

Banquete  de  la  Unión  Conservadora,  celebrado  el  28  de  Enero  último 
en  el  teatro  de  los  Jardines  del  Buen  Retiro. 

En  la  página  72  publicamos  un  dibujo  del  ban¬ 
quete  ofrécido  al  Sr.  Pidal  por  los  conservadores, 
en  el  cual  se  declaró  explícitamente  la  unión  con¬ 
servadora,  suceso  de  innegable  importancia  para  la 
política  española. 

El  28  de  Enero  próximo  pasado  la  espaciosa  sala 
de  espectáculos  de  los  Jardines  del  Buen  Retiro 
presentaba  un  aspecto  magnífico.  Toda  la  platea 
ocupada  á  lo  largo  por  diez  mesas  enormes,  y 
frente  al  escenario,  en  el  extremo  opuesto,  la 
mesa  presidencial.  También  hubo  que  colocar  me¬ 
sas  en  los  palcos,  porque  las  de  la  platea  no  basta¬ 
ban  para  los  numerosos  conservadores  suscritos  al 
banquete. 

De  la  galería  alta  pendían  colgaduras  imitando 
tapices,  cuyo  fondo  estaba  sembrado  de  llores  de 
lis.  En  las  esquinas  tenían  la  cifra  A.  XIII,  y  en 
el  centro  un  sol  con  las  letras  enlazadas  U.  C. 

Las  columnas  aparecían  revestidas  de  follaje,  y 
toda -la  embocadura  del  escenario  estaba  llena  de 
macetas  con  hermosas  plantas  tropicales.  En  el 
centro,  y  delante  de  esta  artística  decoración,  los 
retratos  de  SS.  MM.  el  Rey  y  la  Reina. 

Ocupó  la  presidencia  el  Sr.  Pidal,  quien  tenía  á 
su  derecha  á  los  Sres.  Silvela  (D.  Francisco),  Conde 
de  Tejada  de  Yaldosera,  Fabié,  Conde  de  Torre- 
anaz  y  Marqués  de  Aguilar  de  Campóo,  y  á  su  iz¬ 
quierda  á  los  Sres.  Cos-Gayón ,  Marqués  de  Pozo 
Rubio,  Concha  Castañeda,  Marqués  de  Pidal  y 
Lastres. 

El&r.  García  Alix,  que  tenía  su  puesto  en  esta 
mesa,  no  lo  ocupó,  sentándose  en  otra  con  varios 
individuos  de  la  comisión  organizadora. 

Después  del  banquete,  admirablemente  servido 
por  la  casa  Fornos,  y  amenizado  por  la  Sociedad 
de  Conciertos,  dirigida  por  el  maestro  Goula,  pro¬ 
nunció  el  primer  brindis  el  Sr.  Concha  Castañeda, 
explicando  cómo  nació  la  idea  del  banquete,  y  di¬ 
rigiendo  sentido  cariñoso  recuerdo  á  la  memoria 
del  Sr.  Cánovas  del  Castillo.  Refirió  el  propósito 
del  Sr.  Pidal  de  la  reunión  de  las  fuerzas  conser¬ 
vadoras,  y  el  objeto  de  aquel  acto,  que  no  era  otro 
sino  el  de  que  las  representaciones  del  partido  ve¬ 
nidas  de  provincias  pudieran  adherirse  á  la  con¬ 
ducta  iniciada  por  el  Sr.  Pidal.  Felicitando  á  éste 
por  su  energía,  terminó  con  calurosa  protesta  de 
firme  é  inquebrantable  amor  á  SS.  MM. 

El  Sr.  Silvela  habló  después  muy  elocuente¬ 
mente,  siendo  objeto  de  una  entusiástica  ovación. 

La  idea  de  la  unión  y  la  concordia  fué  el  tema 
de  su  discurso ,  que  puede  sintetizarse  en  el  pᬠ
rrafo  queá  continuación  copiamos,  y  que  fué  ca¬ 
lurosamente  aplaudido: 

«¿No  es  obra  meritoria  y  digna  de  aplauso  que 
los  hijos  en  el  hogar  se  reúnan,  acallen  y  olviden 
antiguas  discordias,  y  se  estrechen  la  mano  ante 
el  cadáver  del  padre?  Pues  nosotros,  encontrán¬ 
donos  en  análogas  circunstancias,  estamos  obliga¬ 
dos  á  proceder  de  idéntico  modo.» 

Tuvo  saludos  cariñosos  para  nuestro  valiente 
ejército,  y  por  él  brindó,  por  la  unión  conserva¬ 
dora,  por  el  Sr.  Pidal  y  por  la  Reina. 


Al  final  del  discurso,  como  queriendo  probar  sin 
duda  que  los  hechos  son  más  elocuentes  que  todas 
las  palabras,  los  Sres.  Pidal  y  Silvela  se  abraza¬ 
ron,  recibiendo  una  ovación  que  se  prolongó  al¬ 
gunos  minutos. 

El  Sr.  Pidal,  cuyas  brillantes  dotes  oratorias  son 
bien  conocidas,  pronunció  un  hermoso  discurso. 
Consideró  la  unión  como  obra  providencial;  que 
Dios — decía — «se  ríe  allá  desde  las  alturas  infini¬ 
tas,  desde  donde  rige  y  gobierna  el  mundo  con  los 
atributos  de  su  omnipotencia  divina.  El  se  ríe  y  se 
burla  de  todos  los  obstáculos  que  intentan  oponer 
á  su  obra  los  hombres. 

»Así,  por  causas  pequeñas,  El  produce  cosas 
grandes;  así,  á  veces  hasta  por  errores,  y  hasta  por 
crímenes,  prepara  grandes  síntesis,  que  forman  las 
grandes  glorias  de  la  historia.» 

En  párrafos  grandilocuentes  recordó  memora¬ 
bles  sucesos  prósperos  para  España  que  nacieron 
de  males  de  los  que  la  humana  previsión  no  podía 
esperar  sino  catástrofes  y  cataclismos.  Los  vivas  á 
la  patria,  á  la  unión  conservadora,  á  los  Reyes,  al 
Ejercito  y  la  Marina  terminaron  amplificados  en 
bellísimos  períodos  de  su  notable  oración. 

Según  datos  facilitados  por  D.  Manuel  Fornos, 
en  el  banquete  se  consumió  lo  siguiente: 

Huevos,  incluso  los  invertidos  en  pastelería, 
1.500;  700  panecillos,  130  langostas,  160  kilos  de 
solomillo,  trescientas  docenas  de  ostras,  10  latas 
de  trufas,  700  mauviettes ,  200  botellas  de  vino  de 
Grave,  400  de  Burdeos,  300  de  Champagne  y  30 
de  coñac. 

Para  el  servicio,  todo  con  la  marca  de  la  casa, 
se  destinaron  3.000  vasos  y  copas,  200  botellas 
para  agua,  3.000  tenedores,  3.000  cuchillos,  600  te¬ 
nedores  para  ostras,  3.000  cucharas,  y  800  entre 
manteles  y  servilletas. 

Aparte  el  gasto  de  decorado  y  de  la  orquesta,  el 
banquete  ha  importado  15.600  pesetas  por  los  520 
cubiertos  servidos,  á  razón  de  30  pesetas  cada  uno. 

•  • 

EL  CABECILLA  ARAXGUREX. 

A  estas  líneas  acompaña  el  retrato  del  triste¬ 
mente  célebre  cabecilla  Aranguren,  que  contaba 
entre  los  hechos  importantes  de  su  vida  aventu¬ 
rera  la  muerte  del  teniente  coronel  Ruiz,  que  fué 
su  jefe  y  su  amigo.  En  el  número  IV  dimos  deta¬ 


lles  del  fin  de  este  rebelde,  que  no  ha  tardado  en 
expiar  su  culpa,  y  por  esta  razón  no  creemos  ne¬ 
cesario  repetir  ahora  dicho  relato. 

• 

0  « 

MADRID. 

Solemne  Tedéum  celebrado  el  28  de  Enero  último,  en  San  Francisco 
el  Grande,  en  acción  de  gracias  por  la  pacificación  de  Filipinas. 

En  la  página  73  agrupamos  seis  viñetas  de  la 
solemne  fiesta  celebrada  en  San  Francisco  el 
Grande  por  el  Gobierno  de  S.  M.,  para  dar  gracias 
al  Todopoderoso  por  la  pacificación  del  Archipié¬ 
lago  filipino. 

El  suntuoso  templo  que  tan  valiosas  obras  de 
nuestros  más  notables  artistas  decoran,  fué  enga¬ 
lanado  con  militares  trofeos  para  dar  especial  ca¬ 
rácter  á  la  solemnidad.  El  atrio  y  el  interior  del 
templo  se  adornaron  con  dichos  trofeos,  artística¬ 
mente  combinados  bajo  la  dirección  del  coman¬ 
dante  de  Infantería  D.  Modesto  Eraso  y  Prados, 
profesor  de  dibujo  de  la  Escuela  Superior  de  Gue¬ 
rra,  y  en  la  entrada  se  colocó  una  gran  cruz  de 


San  Fernando  formada  por  armas  orladas  de  lau- 
reí  natural. 

A  las  diez  de  la  mañana  del  día  28  de  Enero 
llegaron  al  templo  todas  las  bandas  de  los  regi¬ 
mientos  y  batallones  de  guarnición  en  Madrid, 
acompañando  cada  cual  á  su  bandera  ó  estandarte 
respectivos,  escoltados  por  20  hombres  al  mando 
de  un  capitán. 

Ya  en  el  templo,  al  són  de  la  Marcha  Real,  to¬ 
cada  por  todas  las  músicas,  se  depositaron  las  ban¬ 
deras  en  los  trofeos  dispuestos  al  efecto  en  el  pres¬ 
biterio. 

Desde  la  puerta  de  entrada  al  presbiterio,  en 
cuatro  filas  de  divanes,  se  hallaban  las  comisiones 
del  Ejército,  figurando  en  ellas  los  generales  Vi¬ 
llar,  Lachambre,  La  Cerda,  Aznar,  Campos,  Hi¬ 
dalgo,  Ezpeleta,  Ortiz,  Teherán,  Canellas,  Torre- 
blanca,  Rodríguez  Ibáñez,  Vallarino,  Campomanes, 
Palacios  y  Rendos,  así  como  el  general  Martínez 
Campos,  contraalmirante  Butler  y  otros  muchos. 

Cerca  de  los  púl pitos  se  hallaban  las  tribunas 
de  los  Cuerpos  Colegisladores  y  la  de  los  indivi¬ 
duos  del  Cuerpo  diplomático. 

A  derecha  é  izquierda  de  los  asientos  ocupados 
por  las  Comisiones  militares  se  hallaban  las  sillas 
para  los  invitados. 

A  las  once  en  punto  entró  en  el  templo  S.  M.  la 
Reina  con  sus  augustos  hijos  bajo  palio. 

Esperábanles  en  el  vestíbulo  los  Ministros  de  la 
corona,  quienes  siguieron  á  SS.  MM.  hasta  la  tri¬ 
buna  desde  la  que  asistieron  al  acto  los  Reyes. 

Los  Ministros  ocuparon  sillones  colocados  en  el 
presbiterio  y  aí  lado  del  evangelio. 

Ofició  el  Obispo  de  Madrid-Alcalá,  y  pronunció 
una  notable  oración  alusiva  al  acto  el  Sr.  Obispo 
de  Sión. 

La  orquesta,  dirigida  por  el  maestro  Mateos,  in¬ 
terpretó  la  misa  y  el  Tedéum  de  Eslava,  el  Largo 
de  Haendel  y  el  Bmedictus  deí  mismo  maestro 
Mateos. 

A  la  una  salían  los  Reyes  del  templo,  y  á  las  dos 
todavía  no  había  sido  desalojado  por  completo  de 
la  gran  concurrencia  que  asistió  al  acto. 

• 

•  « 

FILIPINAS. 

Sumisión  de  los  principales  jefes  de  la  insurrección  filipina.  , 

En  las  páginas  76  y  77  publicamos  dos  grabados 
del  mayor  interés  para  nuestra  información  grᬠ
fica  de  la  paz  conseguida  en  el  Archipiélago  fili¬ 
pino.  Reproducen  fotografías  tomadas  del  natural 
de  dos  escenas  de  la  rendición  de  los  principales 
jefes  de  la  insurrección  tagala:  el  momento  de  la 
partida  del  tren  en  que  van  los  cabecillas  Vinie- 
gras,  Aguinaldo  y  Belarmino,  acompañados  del 
Sr.  Paterno,  y  el  de  tomar  las  lanchas  para  em¬ 
barcar  en  el  vapor  Uranus  que  los  condujo  á 
Hong-Kong. 

El  día  23  de  Diciembre  último  se  entregaron  y 
dejaron  su  campamento  de  Biac-na-bató  (Piedra 
Partida)  37  cabecillas,  que  eran:  Emilio  Aguinal¬ 
do,  Mariano  Llanera,  Vito  Belarmino,  Antonio 
Montenegro,  Pío  del  Pilar,  Manuel  y  Simón  Tec- 
son,  Tomás  Mascardo,  José  y  Escolástico  Viola, 
Anastasio  Francisco,  Valeriano  Díaz,  Lázaro  Ma- 
capagal,  Primitivo  Artacho,  Benito  Natividad, 
Luis  Novenario,  Doroteo  López,  Baldomero  Agui¬ 
naldo,  Gregorio  H.  del  Pilar,  Carlos  Ronquillo, 
José  Salvador,  Manuel  Tinio,  Salvador  Estrella, 
dos  hermanos  Alejandrino,  Tagontog,  Jocson,  Le- 
gaspi,  Vida,  de  la  Rosa,  Ritual,  Vicente  Lucbán, 
Cabigtin,  Gatmaitán,  Mariano  Frías,  López  y  Wen¬ 
ceslao  Viniegras. 

Emilio  Aguinaldo  salió  con  dos  criados,  y  Be¬ 
larmino,  que  iba  enfermo,  con  otro.  Acompañᬠ
bales  el  teniente  coronel  Primo  de  Rivera,  el  ár¬ 
bitro  Sr.  Paterno  (D.  Pedro)  y  el  hermano  de  éste 
D.  Maximino. 

Quedaron  en  Biac-na-bató,  con  los  cabecillas 
Artemio  Ricarte,  José  Natividad,  Malvar,  Rizal 
y  tres  más,  los  generales  Fernández  Tejeiro  y 
Monet. 

Emilio  Aguinaldo  y  su  gente  pasaron  la  Noche¬ 
buena  en  el  pueblo  de  San  Miguel  de  Mayumo, 
donde  se  festejó  la  paz  con  gran  entusiasmo;  llegó 
el  día  25  á  Baliuag,  y  el  siguiente  á  Calumpit, 
cruzando  el  río  en  la  lancha  Nueva  Ecija . 

En  el  momento  de  meterse  Aguinaldo  en  la 
lancha,  y  viendo  que  á  ambas  márgenes  del  río  la 
curiosidad  había  llevado  á  mucha  gente  de  los  ba¬ 
rrios,  prorrumpió  en  vivas  á  España,  á  SS.  MM.,  á 
la  paz,  al  general  Primo  de  Rivera,  y  uno  muy 
sentido  á  «Filipinas  siempre  española»,  que  fueron 
contestados  por  las  gentes  y  los  demás  cabecillas 
con  gran  entusiasmo. 

En  mitad  del  viaje  se  cruzó  con  la  lancha  Nueva 
Ecija  la  de  guerra  Ceres ,  que  vigila  aquellas  aguas, 
y  Aguinaldo,  ante  la  presencia  de  nuestros  mari¬ 
nos,  repitió  los  vivas. 


Digitized  by  ^.ooQie 


Digitized  by 


Google 


MADRID.  —  BANQUETE  DE  LA  «UNIÓN  CONSERVADORA»,  CELEBRADO  EL  28  DE  ENERO  ÚLTIMO  EN  EL  TEATRO  DE  LOS  JARDINES  DEL  BUEN  RETIRO. 

(Del  natural  por  Combo.) 


i  y  Banderas  y  estandartes  de  ios  cuerpos  de  la  guarnición. —  ó.  Entrada  de  los  estandartes  y  banderas  en  el  templo.  —  4.  Trofeos  militares  en  el  atrio  de  ¡San  Francisco.  —  6.  L  »s  milicianos.  —  6.  Trofeos  militares  en  el  interior  del  templo. 
MADRID.  —  SOLKMNB  cTEDÉUM»  CELEBRADO  BL  28  DB  BNHRO  ÚLTIMO,  EN  SAN  FRANCISCO  BL  GRANDE,  BN  ACCIÓN  DB  GRACIAS  POR  LA  PACIFICACIÓN  DB  FILIPINAS.' 

(Del  natural  por  Comba.) 


74  —  n.#  v  LA 


Al  llegar  á  Calumpit,  el  pueblo  se  desbordaba; 
y  allí,  desde  el  desembarque  hasta  que  los  cabeci¬ 
llas  entraron  en  el  paradero  Valero,  donde  almor¬ 
zarían,  los  vivas  á  la  patria,  á  los  Reyes,  al  Go¬ 
bierno  y  á  la  paz  fueron  continuos,  delirantes, 
repitiéndose  en  el  almuerzo  de  Calumpit,  en  que 
se  hicieron  votos  por  la  prosperidad  de  la  nación 
española. 

Los  periodistas  que  fueron  en  el  mismo  tren  es¬ 
pecial  que  Aguinaldo  presenciaron  las  grandes 
muestras  de  entusiasmo  con  que  los  pueblos  del 
tránsito  acogían  la  paz  conseguida,  y  oyeron  con¬ 
tinuos  vivas  á  España. 

A  las  siete  de  la  noche  llegaron  á  Dagupán,  tér¬ 
mino, del  viaje  por  ferrocarril,  donde  esperaban 
a  los  expedicionarios  para  disponer  su  alojamiento 
el  gobernador  de  la  provincia,  D.  Joaquín  Oliver, 
y  algunos  individuos  de  la  colonia  oficial  de  Lin- 
gayén,  cabecera  de  Pangasinán. 

Al  siguiente  día,  27,  por  la  mañana,  marcharon 
los  cabecillas  en  carromatas  ¿  Sual ,  á  tres  horas 
de  Dagupán  y  el  puerto  más  asequible  del  golfo 
de  Lingayón,  y  allí  ya  esperaba  el  vapor  Uranus, 
de  la  matrícula  mercante  de  Manila,  en  el  que  se 
hallaban  el* comisario  de  guerra  Pezzi  y  el  capitán 
de  Cabaíleña’ Espinosa,  que  iban  á  Hong-Kong 
con  el  teniente  coronel  Primo  de  Rivera  y  Pater¬ 
no  (D.  Pedro  y  D.  Maximino)  acompañando  á  los 
cabecillas. 

Llegado  que  hubieron  á  Sual,  la  despedida  de  los 
cabecillas  á  su  tierra  fue  sentidísima,  y  hubo  nue¬ 
vas  explosiones  de  entusiasmo  al  oirse  los  vivas  á 
España  y  á  Filipinas  perpetuamente  española,  da¬ 
dos  por  el  mismo  Emilio  Aguinaldo. 

A  las  dos  de  la  tarde  levaba  anclas  el  Uranus , 
y  momentos  antes  dirigieron  Aguinaldo  y  sus  com¬ 
pañeros  el  siguiente  telegrama  al  general  Primo 
de  Rivera: 

«Los  que  fueron  rebeldes  filipinos,  al  separarse 
del  país  natal  envían  su  adiós  de  viaje,  no  sin  pro¬ 
funda  emoción  y  lágrimas  en  los  ojos,  dejando  en 
las  manos  de  V.  E.  el  cuidado  de  sus  hogares  y  el 
amparo* del  suelo  donde  vieron  la  luz  primera, 
confiados  todos  en  que  España  dará  las  reformas 
sin  sangré  ni  combate  por  los  caminos  del  dere¬ 
cho  y  la  justicia,  que  mucha  sangre  ha  regado  ya 
el  suelo  luzóñico  de  tantos  héroes  y  mártires,  her¬ 
manos  en  la  paz.  A  la  política  paternal  de  V.  E.  en¬ 
comiendan  el  verdadero  concierto  entre  las  liber¬ 
tades  y  derechos  los  que  hoy  se  ofrecen  lealmente 
á  España. 

»Dios  bendiga  y  haga  duradera  esta  paz  por  el 
magnánimo  porvenir  del  hogar  querido,  Filipinas, 
y  por  la  prosperidad  y  grandeza  de  la  patria  es¬ 
pañola.» 

Todos  los  cabecillas  firmaron  este  telegrama. 

El  vapor  Uranus  llegaba  á  Hong-Kong  dos  días 
después,  y  trasladados  á  Biac-na-bató  los  telegra¬ 
mas  convenidos  de  Aguinaldo  para  los  suyos,  el 
mismo  día,  31  de  Diciembre,  deponían  los  rebel¬ 
des  las  armas  y  se  izaba  en  Biac-na-bató  la  ban¬ 
dera  española. 

* 

•  * 

KXCMO.  SR.  D.  JOSÉ  PERTIERRA  Y  ALMTERNE, 
marqués  de  Cienfuegos. 

Publicamos  en  la  página  79  el  retrato  del  malo¬ 
grado  Marqués  de  Cienfuegos,  español  ilustre  que 
ejerció  gran  influencia  en  la  política  de  la  isla  de 
Cuba. 

Nació  en  San  Martín  de  Luiña  (Oviedo),  y  muy 
niño  marchó  á  Cuba  llamado  por  su  pariente  don 
Pedro  Albueme,  rico  comerciante  de  Cienfuegos  y 
uno  de  los  españoles  más  patriotas  de  la  isla.  Muy 
pronto  regresó  Per  tierra  á  su  país  natal,  y  en 
Oviedo  cursó  la  segunda  enseñanza,  y  la  carrera 
de  Medicina  en  Madrid,  donde  se  doctoró. 

Volvió  á  Cienfuegos,  y  allí  fué  módico  munici¬ 
pal,  individuo  del  Ayuntamiento,  diputado  pro¬ 
vincial  y  presidente  de  la  Diputación  provincial 
de  Santa  Ciara.  El  distrito  de  Cienfuegos  le  eligió 
diputado  á  Cortes  varias  veces,  y  últimamente  era 
senador. 

Fué  coronel  de  Voluntarios,  y  con  ellos  tomó 
parte  en  las  operaciones  de  la  campaña,  obtenien¬ 
do  por  sus  merecimientos  la  cruz  roja  del  Mérito 
Militar,  la  gran  cruz  de  Isabel  la  Católica  y  título 
nobiliario  de  Marqués  de  Cienfuegos. 

La  Sociedad  de  Asturianos,  la  de  Beneficencia 
y  el  Casino  Español  le  tuvieron  muchos  años  de 
presidente. 

*  En  el  Comité  del  partido  constitucional  era  vi¬ 
cepresidente,  y  siempre  estuvo  identificado  con 
Apezteguía. 

Su  vasta  ilustración  y  sus  excelentes  dotes  de 
orador  se  avaloraban  con  la  sincera  modestia  que 
en  su  persona  se  revelaba,  y  su  desinterés  fue 
siempre  notorio,  como  lo  prueba  la  modesta  posi¬ 
ción  en  que  ha  dejado  á  sus  ocho  hijos. 


ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA  8  Febrbro  1898 


Sentidísima  fué  su  muerte,  porque  era  en  Cuba 
persona  muy  popular,  por  todos  respetada  y  querida. 
# 

•  • 

ILMO.  SR.  D.  FRANCISCO  ZATAS, 
ministro  de  Instrucción  Pública  del  Gobierno  de  Cuba. 

De  una  de  las  más  distinguidas  familias  de  la 
isla  es  D.  Francisco  Zayas,  un  médico  notable  que 
goza  de  envidiable  reputación.  Es  miembro  de  las 
corporaciones  científicas  del  país  y  socio  corres¬ 
pondiente  de.  varias  Academias  extranjeras,  y  á 
sus  vastos  conocimientos  en  las  ciencias  natura¬ 
les,  une  largos  y  profundos  estudios  en  las  cues¬ 
tiones  de  enseñanza. 

Pertenece  desde  su  fundación  á  la  Junta  direc¬ 
tiva  del  partido  autonomista,  y  se  cuenta  de  él  que 
desde  que  su  sobrino  Zayas  se  fué  á  la  insurrec¬ 
ción  no  tenía  ni  quería  relación  alguna  con  él.  Su 
sobrino  fue  el  cabecilla  que  antes  que  Maceo  inva¬ 
dió  las  provincias  occidentales,  y  fué  muerto  por 
nuestras  tropas  en  la  provincia  de  la  Habana. 

Ha  llegado  á  los  sesenta  años  con  una  historia 
muy  limpia,  y  goza  de  grandes  simpatías  y  de  ex¬ 
tensísimas  relaciones  en  la  isla  de  Cuba.  En  el  pri¬ 
mer  grabado  de  la  página  80  publicamos  su  retrato. 
• 

*  • 

MARINA  ESPAÑOLA  DE  GUERRA. 

El  crucero  acorazado  Vizcaya  en  viaje  para  Nueva  York. 

En  la  página  80  incluimos  un  dibujo  de  Caula 
representando  el  acorazado  de  segunda  clase  Viz¬ 
caya,  que  va  á  Nueva  York  á  devolver  la  cortés 
visita  del  Maine  á  la  Habana. 

El  Vizcaya  fue  construido  en  los  astilleros  de 
Bilbao  y  botado  al  agua  en  1890.  Desplaza  7.000 
toneladas,  tiene  una  fuerza  de  máquina  de  7.000 
caballos,  y  lleva  20  cañones  y  10  ametralladoras. 
En  condiciones  normales  puede  desarrollar  una 
marcha  de  18  millas  por  hora. 

La  dotación  del  Vizcaya  la  forman:  el  coman¬ 
dante,  Sr.  Eulate;  segundo,  Sr.  Roldán,  y  tercero, 
Conde  de  Villar  de  Fuentes ;  los  tenientes  de  na¬ 
vio  Sres.  Suances,  Ristori,  Magaz,  Pazos  y  Cugo; 
y  los  alféreces  de  navio  Sres.  Fajardo  Sobrino, 
Castro  González  y  Manjón. 

El  contador,  Sr.  ürdapilleta;  los  módicos  seño¬ 
res  Jurado  y  Gómez  Tornell;  el  capellán,  Sr.  Rie¬ 
ra;  el  capitán  de  infantería  de  Marina,  Sr.  Baleato; 
los  guardias  marinas  Sres.  Sánchez,  Jossi,  Vega, 
Saralegui,  Manjón  y  Cherigueri,  y  el  maquinista 
mayor  Sr.  Fontela,  formando  un  total  de  492  tri¬ 
pulantes. 

•  * 

SAN  JUAN  IJK  PUERTO  RICO. 

resembarco  del  general  Sr.  González  Muñoz  y  entieno  del  mismo. 

El  11  de  Enero  próximo  pasado,  á  las  diez  de  la 
mañana,  formaban  las  tropas  de  la  guarnición  de 
la  capital  de  Puerto  Rico  para  rendir  honores  á 
su  llegada  al  Excmo.  Sr.  D.  Andrés  González  Mu¬ 
ñoz,  capitán  general  y  gobernador  general  de  esta 
isla;  al  día  siguiente,  los  batallones  que  desfilaron 
por  delante  del  que  ostentaba  la  suprema  repre- 
sontación  de  España  en  aquel  país,  desfilaban  tam¬ 
bién  ante  el  sarcófago  que  guardaba  su  cadáver. 
Nuestros  grabados  de  la  página  81  reproducen  tan 
inmediatas  y  tan  distintas  solemnidades. 

Era  González  Muñoz  la  personificación  más  aca¬ 
bada  del  soldado  valeroso,  incansable  y  entusias¬ 
ta;  desde  que  vistió  el  uniforme  de  oficial  de  Ar¬ 
tillería  hasta  su  muerte,  tan  pronto  como  se 
encendía  la  guerra,  tan  pronto  como  las  tropas 
españolas  se  batían,  en  cualquier  parte  que  fuera, 
sentía  su  corazón  la  impaciencia  de  estar  entre 
aquellas  tropas;  siempre  con  la  misma  vehemencia, 
siempre  con  el  anhelo  del  oficial  recién  salido  del 
Colegio,  que  sueña  con  los  combates  y  la  gloria. 

Su  hoja  de  servicios  da  de  ello  buena  prueba: 
durante  su  hermosa  carrera,  en  laque  apenas  hay 
un  ascenso  que  no  haya  sido  ganado  en  campaña, 
no  ha  dejado  de  batirse  sino  cuando  no  ha  tenido 
donde  combatir  á  los  enemigos  de  España  ó  de 
las  instituciones. 

Era  segundo  cabo  de  la  Capitanía  general  de 
Puerto  Rico,  uno  de  los  mandos  más  codiciados 
por  los  generales  de  división,  y  en  él  se  encon¬ 
traba  sumamente  satisfecho  el  malogrado  general, 
cuando  estalló  la  insurrección,  que  todavía  dura, 
en  la  vecina  Antilla.  Desde  aquel  punto  ya  no 
hubo  para  el  general  González  Muñoz  instante  de 
sosiego;  ya  no  le  agradaba  el  puesto  tan  deseado 
con  anterioridad;  ya  no  podía  descansar  en  nin¬ 
guna  parte;  ya  no  hablaba  sino  de  la  guerra;  car¬ 
tas,  telegramas,  todo  se  apuró  para  conseguir  un 
lugar  entre  los  que  se  batían  por  España;  malhu¬ 
morado  veía  pasar  los  vapores  que  a  la  manigua 
llevaban  la  sangre  española,  hasta  que  al  fin,  en 


Agosto  de  1895,  consiguió  ser  destinado  á  Cuba,  y 
embarcó  gozoso,  alegre  como  un  muchacho  que 
logra  el  capricho  <^ue  por  largo  tiempo  le  negaron 
sus  padres.  Ocupo  á  su  llegada  la  comandancia 
general  de  Artillería,  y  no  descansó  hasta  que  lo¬ 
gró  pasar  á  campaña  activa  con  el  mando  de  la 
división  de  Manzanillo.  Trabajó  allí  como  siem¬ 
pre,  como  en  todas  partes,  derrochando  actividad, 
fuerzas  y  salud.  Cuando  se  pensó  en  operaciones 
de  importancia  en  Pinar  del  Río,  allá  fué,  y  su 
salud,  ya  quebrantada,  sufrió  un  rudo  golpe,  lle¬ 
gando  á  tai  estado  que  se  hizo  imprescindible  su 
regreso  á  la  Península.  Sin  acabar  de  tomar  las 
aguas  que  se  le  habían  recetado;  preocupado  con 
las  operaciones  que  iban  á  tener  lugar  en  Pinar; 
sin  hacer  caso  de  los  consejos  de  los  médicos;  des¬ 
preciando  los  dolores;  sacando  del  corazón  las 
fuerzas  que  á  su  abatido  cuerpo  faltaban,  regresó 
á  los  cuarenta  días  á  ponerse  al  frente  de  una  di¬ 
visión,  en  peor  estado  que  cuando  dejó  el  mando 
de  ella. 

Arrastrando  un  cuerpo  que  no  podía  moverse, 
sirviendo  su  entusiasmo  de  lenitivo  á  sus  dolores, 
minado  por  la  fiebre,  sumamente  enfermo,  tomó 
parte  en  todos  los  combates  importantes,  que  die¬ 
ron  por  resultado  el  quebrantamiento  de  la  insu¬ 
rrección  en  Occidente.  Allí  brilló ,  como  en  todas 
partes,  su  antigua  reputación  de  valeroso  é  incan¬ 
sable;  y  allí  hubiera  al  fin  sucumbido  aquel  cuerpo 
que  ya  no  podía  resistir  las  fatigas  ni  los  tormen¬ 
tos  que  el  alma  le  imponía,  si  el  General  en  jefe, 
horrorizado  de  su  estado,  no  le  hubiera  hecho  á 
viva  fuerza  retirarse  á  la  Habana,  donde  estuvo 
moribundo. 

Restablecióse  á  medias,  y  ya  teniente  general, 
fué  nombrado  jefe  de  Estado  Mayor  general  del 
ejército;  pero  á  poco  vióse  obligado  á  regresar  á 
la  Península  por  el  deplorable  estado  de  su  salud. 

En  Puerto  Rico  se  detuvo  al  hacer  este  viaje;  y 
los  que  año  y  medio  antes  le  habían  visto  partir, 
robusto,  sano  y  joven,  se  espantaron  al  ver  el  an¬ 
ciano  cadavérico  que  en  año  y  medio  de  campaña 
les  devolvía  la  maldita  guerra  encendida  por  trai¬ 
dores. 

Un  año  corto  ha  estado  González  Muñoz  en  Ma¬ 
drid;  y  sometido  á  una  vida  reposada  en  la  que  le 
rodeaban  los  cuidados  de  su  amante  familia,  me¬ 
joró;  pero  para  que  aquella  vida  se  prolongara 
era  preciso  que  se  hubiera  deslizado  siempre  en  las 
mismas  condiciones. 

Creyóse  que  sus  servicios  podrían  ser  útiles  en 
Cuba,  y  sin  contar  con  su  salud,  ni  con  las  men¬ 
guadas  fuerzas  de  su  cuerpo,  se  dispuso  á  mar¬ 
char.  Quedó  vacante  en  esto  la  Capitanía  general 
de  Puerto  Rico,  y  para  esta  isla  se  embarcó. 

El  cambio  de  vida,  la  falta  de  reposo,  las  moles¬ 
tias  de  una  navegación  penosa,  pusiéronle  á  las 
puertas  de  la  muerte,  en  tal  estado  que  se  temió 
no  llegara  vivo  al  término  del  viaje. 

A  la  llegada  del  correo  á  Puerto  Rico,  no  estaba 
el  General  en  estado  de  desembarcar  sino  en  una 
camilla  y  de  recogerse  inmediatamente  en  el  le¬ 
cho;  pero  las  tropas  estaban  formadas,  y  no  cua¬ 
draba  á  los  alientos  de  su  Capitán  general  tal  en¬ 
trada:  como  siempre,  despreció  el  sufrimiento,  y 
arrastrando  sus  hinchados  pies,  contraído  su  ros¬ 
tro  por  el  dolor,  y  sonriendo,  sin  embargo,  á  las 
caras  conocidas  que  encontraba,  bajó  la  escala,  sa¬ 
lió  del  bote,  entró  en  el  coche,  asistió  al  Tedeum , 
subió  al  palacio  de  Santa  Catalina,  y  permaneció 
en  pie  en  su  balcón  presenciando  el  largo  desfile. 

Terminado  éste,  fué  preciso  sentarle,  pues  el 
infeliz  no  podía  mover  sus  abotargados  pies. 

Recibió  después  á  Corporaciones,  autoridades  y 
oficialidad;  y  al  fin,  tal  alarde  de  sobrehumana 
energía,  semejante  heroico  esfuerzo,  dió  por  resul¬ 
tado  rendirlo  en  el  lecho. 

El  descanso  produjo  una  aparente  mejoría:  ani¬ 
móse  su  semblante,  sentóse  en  la  cama  depar¬ 
tiendo  con  su  familia,  hasta  llegó  á  estar  de  buen 
humor;  pero  de  pronto,  y  poco  antes  de  las  seis 
de  la  tarde,  sufrió  un  ataque  de  disnea  que  en 
breves  minutos  terminó  con  la  rotura  de  una  vena 
que  instantáneamente  puso  fin  á  su  existencia. 

El  entierro  del  general  González  Muñoz,  en  el 
que  se  le  tributaron  los  tan  conocidos  honores  de 
Ordenanza  debidos  á  su  alta  jerarquía,  se  distin¬ 
guió  sobre  todo  por  la  nota  de  sincero  dolor  que 
en  todas  las  clases  sociales  se  advertía,  porque  to¬ 
dos  en  Puerto  Rico  conocían  y  estimaban  en  lo 
mucho  que  valía  al  ilustre  General  español  á  quien 
llora  la  patria. 

De  aquella  tierra  que  descubrió  con  su  esfuerzo 
y  regó  con  su  sangre  generosa,  de  aquella  de 
donde  salieron  víboras  que  muerden  el  seno  de  la 
madre  Patria,  han  salido  también  hijos  amantes, 
á  los  que  puede  servir  de  ejemplo  el  cubano  leal 
que  consumió  su  vida  en  la  manigua;  ¡el  general 
González  Muñoz! 

* 

«  * 


Digitized  by 


Google 


8  Febrero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  v  —  75 


EL  EMPERADOR  DE  AXXAM,  THAXH  Til  AI. 

Con  motivo  deLreciente  viaje  á  Saigón  del  em¬ 
perador  de  Annam,  Thanh  Thai,  se  han  celebrado 
fiestas  muy  brillantes  en  la  capital  de  la  Indo¬ 
china  francesa  en  su  honor  y  en  el  del  rey  de 
Cambodge,  Norodom.  De  las  fotografías  remitidas 
con  tal  motivo,  escogemos  la  que  representa  al 
Monarca  annamita  montando  en  bicicleta  en  el 
jardín  de  palacio  (véase  la  pág.  84),  como  muestra 
curiosa  de  las  aficiones  sportivas  de  S.  M.  Thanh 
Thai. 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


TEES  REGIENTES  REPRESENTACIONES  TEATRALES. 


OS  españoles  deben  de  ser,  sin  duda,  el 
pueblo  más  aficionado  á  divertirse 
que  vive  sobre  la  faz  de  la  tierra.  Las 
calamidades  públicas  que  hoy  nos 
abruman,  la  prolongada  guerra  civil 
en  Cuba,  que  nos  cuesta  tanto  sacrificio 
^  de  hombres  y  dinero,  y  el  empeño  tenaz 
que  parece  tener  una  nación  amiga  en  hacer¬ 
nos  perder  la  paciencia,  nada  vale  para  que 
la  perdamos  ni  para  quitarnos  la  afición  á 
las  diversiones  públicas,  entre  las  cuales  es  la  pri¬ 
mera  la  del  teatro. 

La  gloriosa  fecundidad  de  nuestra  literatura 
dramática  aun  da  muestras  de  sí  como  en  siglos 
pasados.  No  entiendo  yo,  como  entienden  y  de¬ 
ploran  algunos,  que  en  este  punto  hayamos  decaí¬ 
do  mucho  en  la  época  presente.  Tal  vez  ha  habido 
en  los  últimos  tiempos  períodos  de  postración  y 
de  relativa  inferioridad;  pero  se  notan  síntomas 
de  que  el  gusto  renace,  de  que  la  ópera  italiana 
no  es  ya  el  único  espectáculo  que  atrae  á  las  cla¬ 
ses  elegantes  y  aristocráticas,  y  de  que  así  estas 
como  el  vulgo  en  general  acuden  á  las  represen¬ 
taciones  de  toda  suerte  de  dramas  en  castellano, 
ya  con  música,  ya  sin  música.  Las  quejas  que  an¬ 
tes  se  oían  contra  nuestros  actores  y  nuestras  ac¬ 
trices  han  cesado  por  fortuna.  Y  no  sin  razón  ce¬ 
san,  porque  los  hay  de  verdadero  mérito,  y  porque 
todos  se  esmeran  y  á  porfía  trabajan  para  ganarse 
el  favor  de  la  muchedumbre. 

Relativamente  á  su  población,  tai  vez  no  haya 
en  el  mundo  ciudad  alguna  que  tenga  tantos  tea¬ 
tros  como  Madrid,  abiertos,  en  actividad  y  muy 
concurridos. 

Tres  de  ellos,  donde  no  se  canta  y  sólo  se  reci¬ 
ta,  son  igualmente  celebrados  por  sus  actores  y 
por  las  obras  que  en  ellos  se  representan.  Y  es 
mayor  el  motivo  que  hay  para  elogiarlos  y  para 
dar  más  estimación  á  los  esfuerzos  que  hacen  las 
empresas,  si  se  considera  que  en  Madrid  no  hay 
una  población  flotante  y  rica  de  extranjeros  que, 
como  en  París,  van  á  divertirse,  y  que  tanto  con¬ 
tribuyen  á  sostener  los  teatros,  ni  soberano,  prín¬ 
cipe  ó  gobierno  que  profusamente  los  subvencio¬ 
ne.  De  aquí  que  los  autores  tengan  que  escribir 
más  y  que  ganen  menos,  porque  es  difícil  que  una 
obra  se  repita  muchas  veces  por  aplaudida  que 
sea,  y  de  aquí  que  los  actores  tengan  que  estudiar, 
ensayar  y  aprender  de  continuo  nuevos  papeles 
para  atraer  al  público,  que  no  se  renueva  ni  pue¬ 
de  renovarse  tanto  como  en  otras  partes. 

Los  estjrenos  tienen,  pues,  que  ser  muy  frecuen¬ 
tes,  la  ganancia  de  los  autores  más  corta,  y  cien 
veces  mayor  el  trabajo  de  los  actores. 

A  pesar  de  nuestro  rico  teatro  de  los  tiempos 
pasados  y  de  la  activa  producción  del  día,  nada 
basta  para  satisfacer  el  anhelo  de  novedades  que 
el  público  tiene;  de  suerte  que  hay  que  recurrir 
á menudo  á  traducciones,  imitaciones  ó  arreglos 
de  dramas  franceses,  cuando  no  se  refunden  ó 
modifican  y  adaptan  á  la  moda  de  ahora  y  á  las 
exigencias  de  la  escena  en  el  día  los  dramas  de 
Calderón,  Lope,  Tirso  y  otros  clásicos. 

A  mi  ver,  todos  los  géneros  son  buenos  con  tal 
de  que  la  obra,  original,  traducida,  refundida  ó 
arreglada,  sea  buena,  esto  es,  divierta  ó  interese. 

Aunque  parezca  perogrullada  lo  que  acabo  de 
decir,  lo  digo  para  que  conste  la  expansiva  impar¬ 
cialidad  de  mi  criterio.  En  mí  no  hay  predilec¬ 
ción  ni  por  el  género  chico  ni  por  el  género  gran¬ 
de,  ni  por  lo  moderno  ni  por  lo  antiguo,  ni  por  lo 
nacional  ni  por  lo  extranjero.  Claro  está  que  por 
patriotismo  preferiría  yo  que  fuese  nacional  y  no 
extranjero  lo  que  obtuviese  mayor  aplauso;  y  claro 
está  también  que,  por  amor  á  la  edad  en  que  vivo 
y  á  las  personas  que  conozco  y  trato,  preferiría  yo 
que  gustase  más-el  público  de  las  obras  españolas 
del  día  que  de  las  antiguas  obras  españolas.  Nada 
de  esto,  sin  embargo,  basta  á  torcer  mi  juicio.  Por 
falta  de  inteligencia  podrá  pecar  de  poco  atinado; 


pero  nunca  me  cegará  la  pasión  y  hará  que  pierda 
su  rectitud  mi  juicio. 

Voy  á  dar  cuenta  aquí  de  algunas  de  las  últimas 
representaciones.  Y  como  no  es  posible  tratar  de 
todas,  sólo  hablaré  de  las  tres  que  más  han  lla¬ 
mado  mi  atención  recientemente.  Cada  una  de 
ellas  se  ha  representado  en  distinto  teatro,  y  en 
cada  una  de  ellas  han  brillado  actrices  muy  cele¬ 
bradas  y  queridas  del  público,  si  bien  de  condicio¬ 
nes  y  carácter  tan  distintos,  que  ni  se  prestan  á 
odiosas  comparaciones,  ni  la  emulación  cabe  en¬ 
tre  ellas. 

En  Lara  se  ha  representado  una  comedia  origi¬ 
nal  y  en  verso  de  D.  Miguel  Echegaray,  sobre  la 
cual,  aunque  otro  escritor  ha  hablado  ya  en  este 
periódico,  no  podemos  resistir  á  la  tentación  de 
decir  algo  ahora.  En  dicha  comedia  se  han  lucido 
y  han  agradado  como  siempre  todos  los  actores  de 
aquella  excelente  compañía,  y  en  particular  las 
Sras.  Val  verde  y  Pino. 

Mimo  es  el  título  de  la  referida  comedia.  En  el 
primer  acto  se  advierte  cierta  intención  moral  y 
económica ,  que  tal  vez  perjudica  un  poco  al  desen¬ 
fado  y  á  la  gracia  de  la  obra.  Hay  allí  una  dura  y 
larga  diatriba  contra  el  lujo  de  las  damas,  contra 
su  afán  por  comprar  sombreros,  joyas  y  prendas 
de  vestir.  A  veces  tiene  chiste  lo  que  dicen  sobre 
esto  los  personajes  de  la  comedia;  pero  á  veces 
también  llega  á  lo  extremoso,  y  casi  toca  en  can¬ 
sado  y  prolijo.  Perdóneme  Dios  si  hay  en  lp  que 
siento  y  digo  alguna  injusticia.  La  culpa  es  de  las 
damas  con  quienes  estuve  y  hablé ,  las  cuales  no 
acertaban  á  disimular  su  enojo  de  que  tanto  se  de¬ 
clamase  contra  lo  caros  que  cuestan  los  sombreros 
y  contra  la  supuesta  necesidad  de  que  cada  señora, 
en  vez  de  tener  dos  ó  tres,  tenga  cinco  ó  seis.  Sin 
duda  sería  mejor  que  aun  se  llevasen  más  á  me¬ 
nudo  las  mantillas,  en  las  cuales  no  caben  muchas 
alteraciones  ni  cambios,  y  de  las  cuales  no  es  me¬ 
nester  comprar  unas  cuantas  cada  año;  pero,  en 
fin,  el  hombre  pone  y  Dios  dispone.  En  este  caso 
no  es  Dios,  sino  la  moda.  La  moda  obliga  á  usar 
sombrero,  y  los  sombreros  son  caros  cuando  no 
son  feos.  Un  marido,  por  consiguiente,  debe  lle¬ 
var  entendido  al  casarse  que  su  mujer  ha  de  nece¬ 
sitar  unos  cuantos  sombreros  anuales,  y  no  está 
bien  que  halle  en  esto  causa  bastante  de  divorcio, 
de  separación  ó  de  lanzarse  á  la  vida  alegre  y  rota, 
abandonando  á  su  legítima  consorte  y  yéndose  de 
bureo  á  cenar  con  malas  mujeres,  gastándose  el 
valor  de  tres  ó  cuatro  sombreros  en  cada  cena. 
Pero,  como  quiera  que  sea,  es  lo  cierto  que  no  bien 
el  autor  dramático  desecha  ú  olvida  su  moralidad 
económica,  la  comedia  Mimo  resulta  y  es  regoci¬ 
jadísima  y  amena.  Las  señoras  y  señoritas,  que 
fruncían  el  entrecejo  y  mostraban  enojo  y  fasti¬ 
dio  cuando  la  moralidad,  empezaron  á  alegrarse  y 
á  sonreír,  y  luego  se  rieron  á  carcajadas,  y  casi 
perdonaron  la  moralidad  del  principio,  y  aplau¬ 
dieron  por  último  estrepitosamente  al  autor,  cuya 
obra,  sobre  todo  en  el  segundo  acto,  está  llena  de 
chistes  y  de  lances  graciosos,  y  está  versificada 
con  primor  y  facilidad  envidiable. 

La  Sra.  Pino  apareció  tan  graciosa  y  simpática 
en  su  papel  de  joven  mimada  y  caprichosa,  pero 
buena  y  muy  enamorada  de  su  marido,  que,  á  mi 
ver,  no  hubo  espectador  que  al  aceptar  por  un  ins¬ 
tante  en  su  pensamiento  el  papel  del  marido ,  no 
le  hubiera  comprado  sin  refunfuñar,  y  ya  se  en¬ 
tiende  que  contando  con  recursos,  media  docena 
de  sombreros  y  trajes  y  joyas.  Muy  de  celebrar 
fueron  también  el  arte  y  la  gracia  maliciosa  y 
cómica  con  que  la  Valverde  y  el  Sr.  Larra  hicieron 
de  viejos  abuelitos  casados,  que  recuerdan  con 
amoroso  desasosiego  los  buenos  tiempos  de  la  mo¬ 
cedad,  que  sienten  el  prurito  de  celebrar  algo  á 
modo  de  bodas  de  oro,  y  que  se  van  de  tajadillas 
á  un  gabinete  reservado  de  cierta  fonda  a  echar 
unas  cuantas  canas  al  aire.  A  esta  fonda  acuden 
también  por  casualidad  casi  todos  los  demás  per¬ 
sonajes  de  la  comedia,  lo  cual  da  motivo  á  muy 
divertidas  situaciones,  terminando  luego  con  el 
más  feliz  desenlace. 

En  el  teatro  Español  sigue  María  Guerrero  al¬ 
canzando  brillantes  y  merecidos  triunfos.  Los 
viernes  y  los  lunes,  especialmente,  acude  á  verla, 
oirla  y  aplaudirla  cuanto  hay  de  más  distinguido 
en  la  sociedad  madrileña.  Restablecido  ya  de  la 
dolencia  que  le  ha  aquejado  durante  algún  tiempo, 
el  Sr.  Díaz  de  Mendoza  sale  de  nuevo  á  las  tablas 
y  comparte,  con  su  joven  compañera,  así  los  triun¬ 
fos  como  el  hábil  trabajo  que  es  menester  em¬ 
plear  para  obtenerlos. 

La  última  obra,  en  que  ambos  actores  han  mos¬ 
trado  lo  que  valen,  ha  sido  la  comedia  de  Lope  ti¬ 
tulada  La  Hermosa  fea . 

Dicha  comedia  está- refundida  por  el  Sr.  Luce- 
ño.  No  me  aventuraré  yo  á  juzgar  sobre  el  mayor 
ó  menor  acierto  de  la  refundición.  Para  senten¬ 
ciar  bien  acerca  de  este  punto  sería  indispensable 


examinar  con  detención  lo  original  y  lo  refundi¬ 
do,  y  yo  ni  he  tenido  tiempo  para  hacer  ni  he  he¬ 
cho  este  examen.  Diré,  sin  embargo,  y  hablando 
en  general,  que  ya  que  .sean  casi  inevitables  las 
refundiciones,  conviene  que  sean  muy  sobrias  y 
más  negativas  que  positivas;  esto  es,  que  se  limi¬ 
ten  á  evitar  las  muy  frecuentes  mutaciones  de  es¬ 
cena,  á  suprimir  largas  relaciones  que  no  tiene 
hoy  el  público  la  paciencia  de  oir,  y  á  suprimir 
también  algún  lance  ó  episodio  que  acaso  no  con¬ 
duzca  al  desarrollo  y  desenlace  de  la  fábula,  sino 
que  confunda  ó  estorbe.  El  refundidor,  para  ha- 
cerlodo  esto,  sólo  debe  poner  de  su  cosecha  los 
pocos  versos  ó  palabras  que  basten  á  enlazar  ó  á 
empalmar  lo  que  antes  se  ha  dividido.  De  lo  con¬ 
trario,  se  expone  á  ingerir  en  la  obra  antigua  fra* 
ses  y  pensamientos  que  á  la  legua  parecen  como 
del  día,  y  son  como  remiendos  de  otro  paño  sobre¬ 
puestos  con  poco  respeto  en  antiguo  tapiz  ó  en  de¬ 
chado  primoroso.  Y  el  remiendo,  aunque  sea  de 
tela  muy  fina,  casi  siempre  desarmoniza  y  des¬ 
entona  el  conjunto. 

La  Hermosa  feay  como  no  pocas  otras  comedias 
de  Lope,  que  las  escribió  á  millares,  pasma  y  he¬ 
chiza  por  la  genial  facilidad' con  que  la  escribió  el 
poeta,  por  las  galas  de  ingenio  que  brillan  en 
ella  y  por  los  primores  de  estilo  de  que  está  sal¬ 
picada.  Pero  como  la  comedia  se  conoce  que  está 
escrita  á  escape,  deja  mucho  que  desear,  dicho  sea 
con  el  debido  respeto.  Lope  era  riquísimo  y  tan 
pródigo  como  rico,  y  no  siempre  empleaba  bien 
sino  que  despilfarraba  á  menudo  los  inagotables  te¬ 
soros  de  su  inventiva.  Así  es  que  en  La  Hermosa 
fea  están  en  germen  El  desdén  con  el  desdén  y  otras 
preciosas  comedias  de  capa  y  espada  de  posterio¬ 
res  dramaturgos.  La  Hermosa  fea  está  menos  estu¬ 
diada  y  menos  meditada,  hay  menos  interés  y 
menos  gradación  en  el  desenvolvimiento  de  la  fᬠ
bula  que  en  las  otras  comedias  á  las  que  sirvió  de 
modelo;  pero  hay  más  riqueza  que  en  el  argumen¬ 
to  de  esas  otras  comedias  en  el  argumento  de  la 
de  Lope,  y  su  desdeñosa  heroína,  ofendida  de  que 
el  Príncipe  la  ha  calificado  de  fea,  y  deseosa  de 
vengarse  enamorándole  y  despreciándole,  es  más 
real,  humana,  simpática  y  graciosa  que  la  Diana 
de  Agustín  Moreto. 

Como  quiera  que  sea,  nos  complacemos  en  afir¬ 
mar  que  la  comedia  de  Lope  estuvo  bien  represen¬ 
tada  y  puesta  en  escena,  y  que  María  Guerrero 
fué  una  hermosa  fea  que  desmintió  del  modo  más 
evidente  el  aserto  calumnioso  del  presumido  ga¬ 
lán,  porque  estaba  lindísima  y  vestida  con  la  ma¬ 
yor  propiedad,  elegancia  y  lujo.  Al  creciente  aplau¬ 
so  que  siempre  se  le  tributa,  no  contribuye  sólo 
su  arte,  en  el  que  adelanta  más  cada  día,  ni  las 
prendas  visibles  que  realzan  su  persona,  sino  tam¬ 
bién  la  melodiosa  y  musical  dulzura  de  su  voz, 
que  tiene  extraordinario  encanto  y  á  la  que  sabe 
prestar  convenientes  y  variados  acentos,  desechan¬ 
do  la  melopeya  monótona  y  cansada  con  que  sue¬ 
len  recitar  los  versos  otros  actores. 

Aunque  peque  de  largo  este  artículo,  me  cum¬ 
ple  hablar  ahora,  y  tal  vez  con  mayor  extensión, 
del  último  estreno  que  ha  habido  en  el  teatro  de 
la  Princesa.  La  obra  representada  ha  sido  una  fa¬ 
mosa  comedia  de  Victoriano  Sardou  (en  colabora¬ 
ción  con  otro  dramaturgo  que  se  llama  Moreau), 
y  cuyo  título  en  la  traducción  castellana  es  La 
Corte  de  Napoleón .  Esta  comedia  ha  sido  vertida 
en  no  pocas  lenguas  de  Europa  y  puesta  en  escena 
con  general  aplauso  en  los  mejores  teatros  de  va¬ 
rias  capitales.  Sin  duda  el  autor  de  la  comedia 
quiso  al  componerla  dar  ocasión  para  que  desple¬ 
gase  y  luciese  todas  sus  facultades  una  actriz  de 
primer  orden.  La  joven  lavandera  y  planchadora 
del  tiempo  de  la  Revolución,  convertida  luego  en 
Mme.  Lefebvre,  duquesa  de  Dantzig  y  mujer  de 
un  ilustre  mariscal  de  Francia,  es  la  singular  y 
preeminente  heroína  de  esta  composición  dramᬠ
tica.  Al  elevarla  para  que  resplandezca  mejor,  el 
poeta  no  ha  vacilado  en  ponerle  como  séquito  ó 
comitiva,  ó  más  bien  como  pedestal,  un  conjunto 
de  personajes  históricos  del  primer  Imperio,  sin 
excluir  al  mismo  Emperador,  todos  los  cuales  la 
aúpan,  la  sostienen  y  se  quedan  muy  por  bajo.  No 
hay  virtud  ni  excelencia  de  que  carezca  la  marís¬ 
cala  Lefebvre.  Es  hermosa  mujer,  fiel  y  enamora¬ 
da  esposa,  patriota  ferviente,  amiga  leal  llena  de 
generosa  abnegación,  graciosísima  y  discreta,  y 
tan  atrevida  y  valiente  que  lo  mismo  arrostra  las 
balas  y  la  metralla  en  los  más  encarnizados  com¬ 
bates,  que  el  enojo  y  la  cólera  de  los  más  sober¬ 
bios  y  despóticos  tiranos. 

Yo  no  se  por  qué  se  dice,  pero  se  dice,  que  los 
teólogos  de  Albacete  negaron  el  posse .  No  quiero 
yo  contarme  en  el  número  de  estos  teólogos;  no 
quiero  poner  límites  á  lo  posible.  Diré  sí  que  lo 
posible  suele  en  la  realidad  aparecer  inverosímil. 
El  arte,  el  ingenio,  la  magia,  pues,  de  un  autor 
dramático  consiste  principalmente  en  hacernos 


Digitized  by  ^.ooQie 


FILIPINAS.  — SUMISIÓN  DE  LOS  PRINCIPALES  JEFES  DE  LA  INSURRECCIÓN  FILIPINA.  — LOS  JEFES  TAGALOS  ES  EL  TRES  QUE  LOS  CONDUJO  A  DAGUPÁN. 

(De  fotografía.) 


Digitized  by 


Google 


DESPEDIDA  DE  LOS  JEFES  TAGALOS  Y  DEL  TENIENTE  CORONEL  D.  MIGUEL  PRIMO  DE  RIVERA.  EN  SUAL,  AL  ABANDONAR  EL  ARCHIPIÉLAGO. 


78  —  n.°  v 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Febrebo  1898 


aceptar  lo  que  en  realidad  es  inverosímil,  como 
verosímil  y  natural  en  el  mundo  encantado  de  la 
fantasía.  Para  que  esto  se  logre,  el  autor  dramᬠ
tico  tiene  sin  duda  misteriosas  palabras  de  ensal¬ 
mo,  algo  á  modo  del  ábrete  ajonjolí ,  por  cuya  vir¬ 
tud  abre  á  los  espectadores  de  su  obra  las  puertas 
de  ese  encantado  mundo  y  consigue  que  se  delei¬ 
ten  admirando  sus  tesoros. 

En  vista  de  lo  expuesto,  todas  las  observacio¬ 
nes  que  hagamos  ó  que  podamos  hacer  sobre  las 
inverosimilitudes  de  La  Corte  de  Napoleón ,  no 
son  censura,  sino  son  elogio;  porque  á  pesar  de 
ellas,  y  saltando  por  encima  de  ellas,  la  tal  come¬ 
dia  nos  divierte,  nos  interesa  y  nos  conmueve. 
Por  eso  mismo  admiramos  más  el  arte  exquisito 
de  Sardou,  su  profundo  conocimiento  del  público 
y  de  los  efectos  escénicos  y  su  rara  destreza  para 
enlazar  y  entretejer  los  hilos  de  la  trama  con  que 
logra  tener  al  público  embelesado  y  suspenso. 
Francisco  José  Lefebvre  fué  capitán  poco  después 
de  casarse,  y  luego  coronel  y  general  y  mariscal 
y  duque,  por  último.  Siempre  hubo  de  ser  muy 
estimado  y  muy  íntimamente  tratado  por  Bona- 
parbe,  á  quien  prestó  auxilio,  del  modo  más  efi¬ 
caz,  en  día  tan  solemne  y  decisivo  como  el  18  de 
Brumario.  Apenas  se  compagina,  por  consiguien¬ 
te,  ni  parece  verosímil  que  Napoleón  no  hubiera 
conocido  á  la  maríscala  Lefebvre,  sino  de  oídas, 
hasta  el  año  de  1810,  cuando  la  llama  á  su  gabi¬ 
nete  para  conferenciar  con  ella  y  para  exigirle 
que  se  resigne  al  divorcio,  porque  sus  modales 
plebeyos  y  sus  insolentes  y  atrevidas  palabras 
sientan  muy  mal  en  una  maríscala  y  en  una  du¬ 
quesa,  y  ofenden  el  buen  tono  que  debe  haber  en 
la  corte.  La  Maríscala  acude  á  la  conferencia  á 
que  Napoleón  la  ha  llamado;  en  ella  desafía  la  ira 
del  enojado  Monarca,  la  transforma  en  admiración 
y  en  gustosa  sorpresa,  y  hasta  llega  á  infundir  en 
el  ánimo  del  príncipe  anhelos  amorosos,  ó,  por  lo 
menos,  muy  galantes  y  tiernos,  que  ella  virtuosa¬ 
mente  rechaza  con  discreta  y  gentil  cortesía  y  con 
entereza  muy  honrada.  A  la  verdad ,  toda  esta  es¬ 
cena  es  bellísima.  El  espectador  se  deleita  y  aplau¬ 
de  viéndola  y  oyéndola,  y  se  olvida,  y  hasta  pres¬ 
cinde,  de  lo  inverosímil.  Sólo  la  tardía  reflexión 
viene  después  á  ponerlo  de  realce.  ¿Cómo  la  Marís¬ 
cala,  que  llevaba  ya  cerca  de  veinte  años  de  ser 
séñora  principal,  no  había  acertado  á  desechar  su 
rudeza  primitiva?  ¿Por  qué  había  de  ser  tan  arrai¬ 
gada  y  tan  honda  esta  rudeza,  cuando  ya  en  el 
prólogo,  veinte  años  antes  de  la  acción  del  drama, 
Mme.  Lefebvre  no  es  una  lavandera  ordinaria, 
sino  maestra  en  París,  con  oficialas  que  dependen 
de  ella,  con  casa-tienda  y  con  cierto  desahogo?  Y 
es  lo  más  singular  que  Napoleón  la  conoció  en¬ 
tonces,  siendo  él  teniente  ó  capitán  de  artillería, 
y  la  trató  con  tal  intimidad  que  llegó  á  confiarle 
sus  apuros  y  miserias  y  los  de  su  casa  y  familia,  y 
hasta  le  dejó  á  deber  sesenta  francos  de  una 
cuenta  de  zurcido,  lavado  y  planchado  de  cami¬ 
sas.  ¿Dónde  se  hundió  ó  se  escabulló  Mme.  Lefeb¬ 
vre  para  que  Napoleón  la  olvidase  por  completo, 
después  de  haberla  conocido  soltera,  graciosa  y 
bonita;  después  de  haberle  confiado  su  situación 
menesterosa,  y  después  de  haberle  dejado  á  deber 
sesenta  francos?  Nada  de  esto  parece  verdad  aun¬ 
que  pueda  serlo.  Y  no  obstante,  agrada,  sorpren¬ 
de  y  gusta  que  Mme.  Lefebvre  acuda,  provista  de  la 
cuenta  de  los  sesenta  francos,  á  la  conferencia  que 
tiene  con  Napoleón  y  le  pida  con  suavidad  que  se 
los  pague. 

Para  que  brille  más  el  valer  de  Mme.  Lefebvre 
y  aparezca  como  un  Deus  ex  machina ,  ó  más  bien 
como  una  diosa  ó  genio  providencial  que  desenlaza 
dichosamente  toda  la  tramoya,  hay  en  la  comedia 
una  acción  secundaría,  ó  mejor  diremos  supedita¬ 
da,  que  se  combina  bastante  bien  con  la  acción 
principal,  ó  sea  con  la  vida  y  destinos  de  la  prota¬ 
gonista. 

El  Conde  de  Neipperg  aparece  ya  en  el  prólogo 
herido  y  perseguido  por  las  turbas,  después  de  un 
combate  en  las  calles  de  París.  Nuestra  heroína  le 
salva  escondiéndole  en  su  casa.  Lefebvre,  que  era 
ya  novio  de  ella,  le  busca  celoso,  le  descubre,  com¬ 
prende  el  noble  propósito  de  su  amada  y  contri¬ 
buye  á  que  se  logre. 

En  el  drama  el  Conde  de  Neipperg  no  ha  sido 
tan  olvidadizo  como  Napoleónitha  conservado  sus 
buenas  relaciones  con  Mme.  Lefehyre,  á  quien  en 
verdad  no  debía  sólo  sesenta  francoVsino  la  vida. 

Enamorado  devotísimo  y  platónicamente  el 
Conde  de  Neipperg  de  su  compatriota  la  Archidu¬ 
quesa  de  Austria,  emperatriz  María  Luisa,  infunde 
á  Napoleón  celosas  sospechas,  las  cuales  le  indu¬ 
cen  á  mandar  <jue  salga  el  Conde  de  París  y  de 
Francia  en  el  termino  de  pocas  horas.  El  Conde 
tiene  la  audacia  de  penetrar  de  noche  y  recatada¬ 
mente  en  palacio  para  despedirse  de  la  Empera¬ 
triz.  Napoleón  le  sorprende  precisamente  cuando 
estaba  conferenciando  con  Mme.  Lefebvre;  hace 


que  le  detengan  y  le  traigan  á  su  presencia.  Hay 
entonces  una  escena  terrible  y  violentísima  en  la 
que  pierde  el  Emperador  la  conveniente  sereni¬ 
dad  de  su  augusto  carácter,  é  insulta  al  Conde  de 
un  modo  ignominioso.  El  Conde  desenvaina  la  es¬ 
pada  contra  el  Emperador,  con  intento  de  vengar 
el  agravio,  pero  es  detenido  y  preso,  y  Napoleón, 
furioso,  decide  su  muerte.  La  serie  de  casos  y  de 
recursos  ingeniosos,  por  cuya  virtud  la  maríscala 
Lefebvre  salva  de  nuevo  la  vida  del  Conde,  con¬ 
tribuye  á  que  se  disipen  los  celos  del  Emperador 
y  á  que  la  emperatriz  María  Luisa  aparezca  ino¬ 
cente,  da  á  todas  las  escenas  que  se  siguen  el  más 
vivo  interés  melodramático. 

Al  buen  término  que  la  maríscala  Lefebvre 
acierta  á  poner  en  todo  este  lance,  que  amenazaba 
acabar  en  tragedia,  contribuye  el  famoso  Fouché, 
ministro  de  Policía,  cesante  á  la  sazón,  haciendo 
tan  agudos  prodigios  de  ingenio  que  recobra  la 
cartera  de  policía,  y  consigue  que  la  pierda  Savary 
y  que  además  se  acredite  de  torpe  ó  de  tonto.  Esta 
acusación  parece  gratuita  y  sin  el  menor  funda¬ 
mento  cuando  se  recuerdan  las  delicadas  y  difíci¬ 
les  comisiones  y  negocios  diplomáticos  que  Napo¬ 
león  confió  en  Rusia  y  en  España  ai  Duque  de 
Rovigo,  y  que  éste  desempeñó  tan  hábilmente. 
Pero  á  Sardou  le  convenía  que  resaltase  la  mara¬ 
villosa  aptitud  policíaca  de  Fouché,  y  no  vaciló  en 
sacrificarle  la  reputación  de  Savary  como  hombre 
discreto,  entendido  y  oportuno.  Fouché,  además, 
entra  y  sale,  se  cuela  á  deshoras  en  Palacio,  sin 
saber  cómo,  y  más  que  hombre  parece  diablo  be¬ 
néfico  ó  espíritu  familiar  de  la  Maríscala.  Todo 
esto  entretiene,  hechiza  y  complace  al  público  lo 
que  no  es  decible. 

Muy  de  alabar  es  también  en  La  Corte  de  Napo¬ 
león  el  audaz  talento  con  que  Sardou  saca  á  la  es¬ 
cena  á  tantos  personajes  históricos,  casi  contem¬ 
poráneos,  sin  que  se  ofendan  los  hijos  ó  los  nietos 
de  dichos  personajes,  que  sin  duda  han  asistido 
alguna  vez  á  la  representación  y  que  la  han  aplau¬ 
dido.  Yo  recuerdo  haber  visto  esta  comedia  en 
Yiena,  donde  hacía  el  papel  de  la  Maríscala  Le¬ 
febvre  la  hermosa  y  elegante  actriz  Odilón,  y 
donde  veía  la  representación  de  sucesos  reales  ó 
fingidos,  ocurridos  á  su  abuelo,  el  Duque  de  Mon- 
tenuovo,  nieto  del  Conde  de  Neipperg  y  de  la  em¬ 
peratriz  María  Luisa,  de  quien  él  fué  mayordomo 
cuando  ella  dejó  de  ser  Emperatriz,  y  con  quien 
se  casó  después  de  la  muerte  de  Napoleón  en  Santa 
Elena. 

En  suma,  La  Corte  de  Napoleón  es  divertidísima 
comedia,  escrita  con  gran  conocimiento  del  teatro. 
El  público  escogido  que  asistió  la  noche  de  su  es¬ 
treno  en  el  teatro  de  la  Princesa,  la  vió  y  la  oyó 
con  gusto  y  le  dió  extraordinarios  aplausos  y  ma¬ 
yores  alabanzas.  De  creer  es  que  dicha  comedia 
tenga  muchas  representaciones  y  dé  grandes  en¬ 
tradas.  La  empresa  la  ha  presentado  con  toda  pro¬ 
piedad,  buen  gusto  y  riqueza,  contribuyendo  á 
ello  la  generosidad  del  Sr.  Duque  de  Tamames,  que 
ha  prestado  al  teatro  los  preciosos  muebles  que 
posee  en  el  estilo  del  primer  Imperio ,  y  cuya  ele¬ 
gancia  admiramos  todos. 

|¿£/La  Sra.  Tubau  salió  muy  bien  y  muy  ricamente 
vestida,  haciendo  reconocer  y  confesar  hasta  á  los 
más  descontentadizos  que  posee  raras  prendas  y 
notables  facultades  de  artista.  En  todo  estuvo  bien; 
pero,  en  mi  sentir,  sobresalió  en  los  arranques  im¬ 
petuosos  de  enojo  y  de^ cólera,  y  en  recitar  los 
trozos  elocuentes  que  pone  el  autor  en  su  boca  en 
algunas  ocasiones,  como,  por  ejemplo,  cuando  con¬ 
testa  á  la  Reina  de  Nápoles  y  á  su  hermana,  que 
le  habían  echado  en  cara  su  origen  plebeyo  y  obs¬ 
curo.  En  la  conversación  con  Lefebvre  cuando  re¬ 
chaza  el  propuesto  divorcio,  y  en  toda  la  conferen¬ 
cia  con  Napoleón,  estuvo  asimismo  muy  atinada 
y  hasta  inspirada  la  Sra.  Tubau. 

Los  demas  actores  se  esmeraron  y  lograron  sa¬ 
lir  airosos  y  ser  aplaudidos,  señalándose  muy  sin¬ 
gularmente  el  actor  Valero,  que  hizo  el  dificilísi¬ 
mo  papel  de  Napoleón  y  que  mostró  ser  no  indig¬ 
no  sucesor  de  su  padre,  uno  de  los  actores  á  mi 
ver  de  más  mérito,  quizás  el  más  genial,  que  ha 
habido  en  España  en  este  siglo. 

Juan  Valera. 


TRES  GENERACIONES  DE  SIL  VELAS 

Y  DOS  DE  PIDALES. 


(APUNTES  k  VUELA  PLUMA.) 

En  la  parte  correspondiente  á  la  explicación  de 
los  grabados  se  dan  las  noticias  relativas  al  ban¬ 
quete  celebrado  el  viernes  28  de  Enero  último  en 
el  teatro  de  los  Jardines  del  Retiro:  un  gran  re¬ 
nacimiento  del  partido  conservador,  que  había 


quedado  huérfano  y  sin  tutela  desde  que  el  bár¬ 
baro  crimen  de  Santa  Agueda  privó  dolorosamen¬ 
te  á  España  del  estadista  insigne  á  quien  tantos 
servicios  debían  la  patria  y  el  Trono;  un  abrazo 
entre  dos  de  los  jefes  más  caracterizados  de  aquella 
parcialidad  política,  en  cuya  fuerza  social  y  polí¬ 
tica  durante  más  de  veinte  años  se  apoyó  el  señor 
Cánovas  del  Castillo  para  restablecer  el  Trono, 
dar  al  país  agitado  una  paz  estable,  fundar  la  hasta 
entonces  jamás  lograda  concordia  de  los  partidos 
en  lucha,  y  robustecer  las  instituciones  que  han 
brotado  del  espíritu  de  la  libertad,  en  el  seno  del 
orden  y  de  la  disciplina  social. 

No  compete  á  un  periódico  como  La  Ilustra¬ 
ción  Española  y  Americana  hacer  artículos  po¬ 
líticos,  ni  á  ello  aquí  nos  atreveremos;  pero  del 
mismo  modo  que  en  sus  páginas  ilustradas  el  gra¬ 
bado  y  la  fotografía  reproducen  las  imágenes  de 
los  personajes  de  primera  calidad  en  el  rango  de 
los  sucesos,  para  que  los  lectores  de  los  dos  mun¬ 
dos  conozcan  la  fisonomía  de  los  que  por  su  posi¬ 
ción  culminante  excitan  la  vena  de  la  pública  cu¬ 
riosidad,  sin  descender  tampoco  al  manoseado 
terreno  de  la  biografía,  conviene  acompañar  el 
culto  iconográfico  de  sus  personas  con  algunas 
líneas  que  sirvan  de  bosquejo  á  sus  antecedentes, 
á  su  fisonomía  moral,  á  aquello  que  perfecciona  el 
conocimiento  íntimo  que  también  la  curiosidad 
reclama. 

• 

•  « 

Así  el  Sr.  D.  Francisco  Silvela,  como  el  señor 
D.  Alejandro  Pidal  y  Mon,  unen  en  los  anteceden¬ 
tes  de  familia,  como  en  las  prendas  que  les  son 
propias,  á  la  superioridad  alcanzada  en  el  palen¬ 
que  político,  el  prestigio  conseguido  sobre  el  ci¬ 
miento  de  las  letras. 

En  el  Sr.  Silvela,  desde  poco  después  de  me¬ 
diado  el  siglo  xvm,  toda  la  genealogía  moral 
descansa  sobre  los  títulos  de  una  ilustraciónjnte- 
lectual  que  ha  ido  elevando  á  los  individuos  y  á 
las  generaciones  de  tan  distinguida  familia  hasta 
levantarlos  á  la  suprema  cúspide  en  que  desde  el 
último  viernes  de  Enero  ha  quedado  colocado  su 
actual  representante,  como  sucesor  del  Sr.  Cáno¬ 
vas  en  la  jefatura  del  partido  liberal  conservador. 

La  familia  de  los  Silvela  procede  de  Valladolid. 
Al  nacer  su  abuelo  D.  Manuel  Silvela  y  García  de 
Aragón,  sus  padres  eran  unos  honrados  comer¬ 
ciantes  de  aquella  histórica  ciudad.  De  edad  muy 
tierna  quedó  huérfano  de  padre,  y  atraído  á  Avila 
al  calor  de  su  tío  materno,  D.  Jacinto  García  de 
Aragón ,  en  esta  última  ciudad  hizo  sus  primeros 
estudios,  demostrando  desde  niño  la  agudeza  de 
su  ingenio  y  su  natural  aplicación.  Su  biógrafo, 
que  lo  fué  su  hijo  D.  Francisco  Agustín,  dice  que 
su  fisonomía  había  dejado  de  ser  hermosa  por  el 
estrago  que  en  ella  causaron  las  viruelas;  pero  su 
extraordinaria  vivacidad  y  la  pasmosa  facilidad 
en  expresarse,  le  hacían  por  todo  extremo  atrac¬ 
tivo.  En  los  estudios  de  Avila  tuvo  por  condiscí¬ 
pulo  y  amigo  al  joven  D.  Manuel  Joaquín  Taran- 
cón,  que  llegó  hasta  la  púrpura  del  Sacro  Colegio, 
y  murió,  después  de  mediado  este  siglo,  de  arzo¬ 
bispo  de  Sevilla. 

En  1798  perdió  á  su  tío,  y  tuvo  que  regresar  á 
Valladolid.  En  la  ciudad  natal  y  en  la  Universidad 
que  la  honra,  y  de  donde  han  salido  tantos  hom¬ 
bres  eminentes,  siguió  la  carrera  de  Derecho,  en 
que  se  licenció  en  Enero  de  1808.  Inmediatamente 
se  casó,  al  par  que  aceptó  el  desempeño  de  las  cᬠ
tedras  de  Volumen  y  de  Código,  en  sustitución,  y 
cargó  con  el  peso  del  estudio  del  abogado  de  aque¬ 
lla  Real  chancillería  D.  José  Morales  Arnedo,  que 
firmaba  sus  escritos.  También  tuvo  por  maestro 
de  prácticas  al  eminente  Díaz  de  Lavandero,  que 
con  Cambronero  y  Arnedo  eran  la  suma  del  pres¬ 
tigio  del  foro  valisoletano. 

¡1808!  El  mero  recuerdo  de  esta  fecha  evoca 
el  cuadro  de  toda  la  profunda  revolución  de  Es¬ 
paña  al  comienzo  de  este  siglo:  la  invasión  ex¬ 
tranjera;  el  motín  de  Aran  juez;  la  abdicación  de 
Carlos  IV;  el  cautiverio  de  Fernando  VII;  Bayona; 
el  Dos  de  Mayo;  la  renuncia  de  la  Familia  Real, 
cautiva  de  Napoleón ;  el  cambio  de  dinastía ;  Bai¬ 
lón,  Zaragoza,  Gerona;  la  división  del  país  en  dos 
bandos,  el  mundo  de  los  oprimidos ,  el  mundo  de 
los  regenerados;  el  nuevo  caos  de  donde  había  de 
brotar,  entre  océanos  de  sangre,  el  germen  del 
porvenir. 

«Somos  ya  posteridad  para  aquellos  aconteci¬ 
mientos]),  ha  escrito,  biografiando  á  su  padre,  don 
Francisco  Agustín  Silvela,  y  esta  frase  lo  dice 
todo.  El  Conde  del  Montijo,  provocador  del  motín 
de  Aranjuez,  quiso  ir  á  Bayona  á  matar  á  Napo¬ 
león  para  salvar  á  Fernando  VII;  su  sobrina,  Eu¬ 
genia  de  Guzmán,  ha  compartido  el  trono  de  Fran¬ 
cia  bajo  el  imperio  del  tercer  Bonaparte.Los  afran¬ 
cesados  de  1808  fueron  los  reaccionarios  de  1823; 
los  afrancesados  de  1808  fueron  las  primeras  co- 


Digitized  by 


Google 


8  Febrero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  v  —  79 


lumnas  del  trono  constitucional  de  Isabel  II,  al 
quedar  esta  magnánima  Reina  niña,  huérfana  y 
heredera.  Los  afrancesados  de  1808  han  sido  los 
patriarcas  del  partido  del  orden  en  la  restauración 
de  la  monarquía  histórica  y  legítima,  que  han  con¬ 
ciliado  la  monarquía  reformada  con  el  espirita  de 
la  revolución. 

De  los  recuerdos  de  D.  Manuel  Silvela,  después 
que  sirvió  á  los  veintisiete  años  de  su  edad  la  plaza 
de  alcalde  de  casa  y  corte  de  Madrid,  bajo  el  go¬ 
bierno  de  José  Napoleón,  sólo  queda  por  grata 
remembranza  la  memoria  de  los  servicios  huma¬ 
nitarios  que  prestó  á  los  que  por  su  patriotismo 
cayeron  bajo  el  filo  cruel  y  la  saña  del  despótico 
extranjero.  «Vivíamos  en  la  calle  del  Duque  de 
Alba,  escribe  su  hijo  D.  Francisco  Agustín.  Cuan¬ 
do  volvía  del  tribunal  pálido,  trémulo,  desencajado 
y  sin  fuerzas  para  apearse  del  coche  y  subir  la  es¬ 
calera  de  la  casa;  cuando,  sin  llamar  á  sus 
hijos  para  prodigarles  sus  caricias,  se  de¬ 
jaba  caer  exánime  en  el  lecho,  era  señal 
indudable  desque  sus  esfuerzos  no  habían 
alcanzado  á  salvar  alguna  víctima:  fue¬ 
ron,  sin  embargo,  infinitas  las  que  consi¬ 
guió  arrancar  del  patíbulo.»  El  3  de  Agos¬ 
to  de  1812,  la  corte  y  las  tropas  de  José 
Napoleón  evacuaron  á  Madrid.  Sin  nece¬ 
sidad  de  los  decretos  de  proscripción  que 
se  expidieron  contra  los  afrancesados  y 
sus  familias,  el  populacho,  ebrio  y  desen¬ 
frenado,  usurpo  los  derechos  de  la  justi¬ 
cia.  Y  cuando  Silvela  se  disponía  á  mar¬ 
char  de  Madrid,  su  casa  se  llenó  de  gentes 
agradecidas  que  con  lágrimas  le  rogaban 
que  no  se  fuera. 

• 

•  * 

¡Toda  su  vida  fué  ya  la  proscripción! 

¡Pero  qué  proscripción  tan  santa  y  tan 
honrosa!  Aquí  quedó  perdido  su  patrimo¬ 
nio:  con  su  anciana  madre,  con  su  esposa 
y  con  doe  hijos  menores  de  edad,  cruzó 
la  frontera  patria  para  siempre.  Su  ami¬ 
go  y  compañero  de  infortunio  D.  Pascual 
Pazuangos  le  dió  albergue  en  una  quinta 
que  poseía  cerca  de  Burdeos,  en  la  hacien¬ 
da  de  Saint-Bris,  y  de  allí  salía  todas  las 
mañanas  á  pie,  para  dar  en  la  ciudad  al¬ 
gunas  lecciones  de  lengua  castellana,  á' 
sesenta  reales  mensuales,  hasta  que  el  es¬ 
fuerzo  del  trabajo  le  permitiera  pagar  el 
alquiler  de  una  casa.  Las  mujeres  de  su 
cariño,  su  madre  y  su  mujer,  eran  la  nota 
dulce  de  su  alma  entristecida;  ellas  daban 
consuelo  á  su  corazón  y  brío  á  su  volun¬ 
tad;  ellas  fueron  las  corredentoras  gene¬ 
rosas  de  la  situación  común. 

Aquellas  lecciones  individuales  fueron 
después  aula  de  españoles  y  americanos: 
aquellas  estrecheces  se  convirtieron  en 
comodidad  y  abundancia;  aquellos  sufri¬ 
mientos  se  levantaron  al  rango  del  gene¬ 
ral  respeto;  su  morada  y  su  amistad  fué 
buscada  por  muchos  hombres  ilustres:  loa 
Azanza,  los  Urquijo,  los  Mazarredo ,  los 
Almenara,  los  Burgos,  los  Lista,  los  Mi- 
ñano,  los  Hermosilla,  los  Cambronero. 

Desde  aquel  destierro  se  comunicó  con 
los  ministros  de  Femando  VII,  que  le 
permitieron  darles  consejos  de  gobierno. 

Ni  quiso  participar  de  los  furores  patrió¬ 
ticos  de  1820,  ni  de  las  iras  reaccionarias 
de  1823.  Admitió  á  Moratín  en  su  casa  y 
en  el  seno  de  su  familia;  sostuvo  docta 
correspondencia  con  Meléndez  Valdés;  fijó  el  ho¬ 
nor  de  la  literatura  y  de  la  ciencia  patrias  del  lado 
allá  del  Bidasoa,  y  ya  en  colaboración  con  Men- 
dívil,  ya  con  lucubraciones  propias,  rodeó  su  nom¬ 
bre  de  las  aureolas  del  alto  talento. 

Antes  de  morir  trasladó  su  liceo,  su  gabinete  de 
estudio,  la  publicación  de  sus  obras  y  la  educación 
de  sus  hijos  á  París;  y  después  que  en  aquella  ca¬ 
pital  cerró  los  ojos  de  su  amigo  del  alma  Inarco 
Célenio  (21  de  Junio  de  1828),  y  le  levantó  un 
monumento  funeral  en  el  cementerio  del  Padre 
Lachaise,  entre  los  de  Moliere  y  La  Fontaine,  des¬ 
cansó  en  el  seno  del  Señor  (9  de  Mayo  de  1832), 
dejando  á  sus  sucesores  el  ejemplo  que  imitar  de 
sus  virtudes,  el  tesoro  de  su  prestigio  y  el  honor 
ascendente  de  su  memoria.  Su  hijo  D.  Francisco 
Agustín,  cuando  regresó  á  Madrid,  escribía:  «Don¬ 
de  quiera  que  llegaba,  con  saber  que  era  hijo  de 
Silvela,  me  servía  de  título  de  recomendación.» 
• 

*  * 

Lista,  en  sus  Estudios  históricos  y  literarios , 
censura  algunos  de  los  escritos  de  Silvela,  el  ár- 
cade  Logisto  Cario .  Sus  obras  más  importantes 
fueron  la  Biblioteca  selecta  de  literatura  española , 
ó  modelos  de  elocuencia  y  poesía ,  tomados  de  los  es¬ 


critores  más  célebres  desde  el  siglo  XIV  hasta  nues¬ 
tros  días ,  que  con  D.  Pedro  Mendívil  publicó  en 
Burdeos  en  cuatro  volúmenes  en  1819,  y  el  Com¬ 
pendio  de  historia  antigua  hasta  los  tiempos  de 
Augusto .  La  primera  de  estas  obras  lleva  un  dis¬ 
curso  preliminar  de  Silvela,  que  es  un  compendio 
crítico  de  la  literatura  castellana  en  paralelo  con 
la  literatura  clásica  latina,  y  copiosas  notas,  con  el 
resumen  biográfico  de  la  mayor  parte  de  nuestros 
más  grandes  prosistas  y  poetas.  Su  hijo  coleccionó 
en  1845  sus  Obras  postumas ,  en  las.  que  incluyó 
el  primero  de  estos  trabajos  y  la  biografía  de  Mo¬ 
ratín,  que  encabeza  la  edición  de  las  también  pós- 
tumas  de  Inarco  Celenio ,  que  hizo  publicar  de  orden 
y  á  expensas  del  Estado  el  Gobierno  de  S.  M.  la 
Reina  Isabel  II  de  1867.  Sus  principales  produc¬ 
ciones  políticas  fueron  las  Cartas  de  un  refugia¬ 
do ,  que  forman  parte  asimismo  de  esta  edición,  y 


Excmo.  Sr.  D.  JOSÉ  PERTIERRA  Y  ALBUERNE, 

MARQUÉS  DE  CIKNFUBGOS. 
t  recientemente  en  la  isla  de  Cuba. 

(De  fotografía.) 


su  Memoria  sobre  la  situación  de  España  en  1823 
con  relación  al  estado  de  Europa .  Otra  de  sus  obras 
más  importantes  es  también  la  Introducción  á  los 
estudios  de  las  ciencias  sociales ,  y  particularmente 
á  la  legislación .  La  tesis  que  desarrolla  es  la  si¬ 
guiente:'  «La  jurisprudencia  abraza  la  vasta  econo¬ 
mía  del  orden  civil,  sube  á  los  principios  de  la  so¬ 
ciedad  y  refiere  los  casos  particulares  que  discute.» 

Lista,  que  consagró  tres  artículos  al  examen  del 
Compendio  de  historia  antigua,  sintetizaba  su  jui¬ 
cio  acerca  de  ella  con  esta  frase,  notable  en  la  plu¬ 
ma  de  tan  docto  censurante:  «Es  la  en  que,  á 
nuestro  parecer,  se  desenvuelven  con  más  filoso¬ 
fía  las  diferentes  fases  de  la  República  domina¬ 
dora  del  mundo.»  Después  se  lamentaba  de  que 
por  estar  impresa  en  él  Extranjero  fuese  poco  co¬ 
nocida  en  España. 

¿Qué  había  de  proceder  de  tal  tronco?  Su  hijo 
D.  Francisco  Agustín,  en  París  y  Burdeos  alcanza 
todas  las  posiciones  de  la  ciencia.  La  Universidad 
de  la  antigua  Lutecia  le  da  sus  grados  en  Derecho, 
y  todas  las  Sociedades  sabias  dispútanse  el  honor 
de  su  nombre.  En  París  y  en  Burdeos  regentea 
cátedras  de  Humanidades,  de  Lengua  griega,  de 
Historia  antigua  y  moderna,  y,  restituido  á  Espa¬ 
ña,  después  de  la  muerte  de  su  padre,  ocupa  la  del 


Ateneo  Científico  y  Literario  de  Madrid;  da  im¬ 
pulso  á  la  Real  Sociedad  Económica  de  Amigos 
del  País  de  Avila,  que  preside ;  llama  la  atención 
en  el  foro  jurídico  y  en  el  político;  acepta  cargos 
gubernativos  en  provincias,  y  viene  á  ocupar  los 
escaños  del  Congreso  de  los  Diputados  desde  1837 
y  los  de  la  Cámara  vitalicia  desde  1845.  En  1838 
fué  ministro  de  Fomento  y  de  lo  Interior,  bajo  el 
Gabinete  que  presidió  el  Duque  de  Frías;  en  1840 
lo  fué  de  Gracia  y  Justicia  en  el  Ministerio  del 
general  D.  Valentín  Ferraz. 

• 

•  • 

Su  labor  científica  y  literaria  corresponde  á  la 
actividad  intelectual  que  heredó  de  su  padre  y  á 
la  dilatada  ilustración  que  adornaba  su  espíritu. 
Encontró  al  país  en  la  cuna  de  las  instituciones 
representativas,  y  que  las  leyes  sustantivas  no 
podían  hacerse  prácticas  por  falta  de  las 
leyes  orgánicas,  y  en  1839  publicó  aquella 
Colección  de  proyectos, ,  dictámenes  y  leyes 
orgánicas ,  ó  estudios  prácticos  de  admi¬ 
nistración  ,  que  concentraba  en  princi¬ 
pios  toda  la  labor  legislativa  que  quedaba 
por  hacer.  Su  tratado  ó  Consideraciones 
sobre  la  necesidad  de  conservar  en  los  códi¬ 
gos  y  de  aplicar  en  su  caso  la  pena  capital , 
ya  impresa  en  francés  en  París  en  1832 
con  el  título  de  Du  maintien  de  la  peine 
de  mort,  hizo  una  grande  impresión  en 
todo  el  mundo  sabio  de  la  ciencia  y  de  la 
filosofía  del  Derecho ,  y  á  él  fueron  debi¬ 
dos  el  Proyecto  de  ley  electoral  arreglado 
á  los  pHncipios  del  derecho  público  inte¬ 
rior  ó  derecho  constitucional,  publicado  en 
Lérida  en  1836,  y  la  Proposición  de  ley  de 
la  jurisdicción,  atribuciones ,  organización 
y  modo  de  proceder  del  Senado  como  tri¬ 
bunal  de  justicia,  presentada  á  las  Cortes 
el  20  de  Noviembre  de  1847. 

Lista  también  se  ocupó  de  la  Colección 
d»,  proyectos  de  D.  Francisco  Agustín,  de 
la  que  decía:  «Esta  obra  ha  satisfecho  una 
de  las  más  urgentes  necesidades  de  la 
época  presente ,  á  saber:  la  de  crear  el  Go¬ 
bierno,  que  puede  decirse  no  existe  en 
España.  Tenemos,  á  la  verdad,  una  Cons¬ 
titución  (1837)  que  ha  organizado  él poder , 
designado  su  centro,  sus  atribuciones,  sus 
•límites;' pero  ¿tiene  el  poder  los  medios  y 
Ja  fuerza  necesaria  para  moverse  dentro 
de  esos  límites  y  cumplir  esas  atribucio¬ 
nes?  No:  porque  no  existen  leyes  orgáni¬ 
cas  que  le  pongan  en  contacto  con  las  ma¬ 
sas,  y  hagan  su  acción  segura  é  indefecti¬ 
ble.  No  esperamos  felicidad  para  nuestra 
patria  mientras  las  discusiones  públicas 
no  sean  el  examen  de  las  verdades  rela¬ 
tivas  á  la  ciencia  de  la  administración.» 

La  vena  del  talento  no  se  agotó  $n  es¬ 
píritu  tan  despierto  y  tan  fecundo:  sus 
hijos  D.  Manuel  y  D.  Francisco  prosiguie¬ 
ron  toda  la  tradición  de  estirpe  en  per¬ 
petua  elevación  de  actos  y  de  facultades, 
a  semejanza  de  aquellas  casas  heráldicas 
de  viejo  solar  en  las  que  el  fundador,  que 
ennobleció  su  nombre  con  una  hazaña 
valerosa,  dejó  á  sus  hijos  perpetua  y  vin¬ 
culada  la  tradición  del  honor,  y  el  sim¬ 
ple  hidalgo  creó  la  cuna  del  héroe,  el 
héroe  la  del  caudillo,  el  caudillo  la  de  los 
altos  oficios  militares,  políticos  ó  palati¬ 
nos,  y  el  oficial  de  suprema  jerarquía  la 
del  título  nobiliario,  y  la  del  título  no¬ 
biliario  la  del  ricohome. 

‘  Quedó  V elisia,  el  amono  escritor  de  alegre  in¬ 
genio,  orador,  diplomático  y  ministro  en  el  últi¬ 
mo  peldaño,  que  su  hermano  D.  Francisco,  más 
alentado,  sube  también.  Pero  ¿con  qué  anteceden¬ 
tes?  Yo  le  recuerdo  cuando  con  Pinel,  Chico  de 
Guzmán ,  Carrillo  de  Albornoz  y  otros  condiscí¬ 
pulos  y  amigos  redactaban  el  periódico  El  Inde¬ 
pendiente,  de  Carrasco  de  Molina;  con  Bécquer, 
Silió  y  Fernández  Bremón,  le  vi  abordar  las  pa¬ 
cíficas  arenas  literarias  hasta  en  La  Voz  del  Siglo, 
de  Azcárate  y  Moret;  después  formó  en  la  mino¬ 
ría  alfonsista  de  las  Constituyentes  de  1869,  donde 
sus  discursos  se  guardaron  en  hojas  de  diamantes 
con  los  de  Cánovas  y  Bugallal.  De  sus  discursos 
políticos  pronunciados  en  las  Cortes  de  1879  tam¬ 
bién  se  han  hecho  ediciones  privilegiadas,  y  con 
los  que  ha  leído  en  actos  solemnes  de  las  Reales 
Academias  Española,  de  Ciencias  Morales  y  Polí¬ 
ticas,  de  Jurisprudencia,  y  en  el  Ateneo  dé  Ma¬ 
drid,  la  codicia  del  saber  ha  hecho  acopio  para 
conservarlos  con  perpetua  estima.  Abordó  la  his¬ 
toria  y  dió  á  las  Cartas  de  la  Venerable  Madre 
sor  María  de  Agreda  y  del  rey  Felipe  I V,  coleccio¬ 
nadas  por  la  labor  exquisita  de  una  ilustre  dama 
que  se  ha  velado  siempre  en  el  recato  de  su  mo- 


Digitized  by  ^.ooQie 


80  —  n.°  v 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8Febbkbo11808 


ILMO.  Sr.  D.  FRANCISCO  ZAYAS, 

MINISTRO  DE  INSTRUCCIÓN  PÚBLICA  DEL  GOBIERNO  DE  CUBA. 
(De  fotografía  de  los  Sres.  Otero  y  Colominas,  de  la  Habano.) 


MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA.  — EL  CRUCERO  ACORAZADO  «VIZCAYA»  EN  VIAJE  PARA  NUEVA  YORK. 

(Dibujo  de  Caula.) 


Digitized  by 


Googk 


LA  ILUSTRACION  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Febrero  1898 


SAN  JUAN  DE  PUERTO  RICO.— desembarco  del  gobernador  general  sr.  González  muñoz 

EL  DÍA  11  DE  ENERO  ÚLTIMO. 


SAN  JUAN  DE  PUERTO  RICO.— ENTIERRO  DEL  GOBERNADOR  GENERAL  SR.  GONZÁLEZ  MUÑOZ,  EL  DÍA  12  DE  ENERO  ÚLTIMO. 


(De  fotografiar  de  los  Sres.  D.  Ramón  García  y  D.  Feliciano  Alonso:) 


Digitized  by 


8  Febrero  1898 


—  n.°  v 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


destia,  un  prólogo  que  es  una  joya  de  la  crítica, 
retrato  fiel  y  trasunto  redivivo  de  una  época  en¬ 
tera  de  nuestra  vida  política. 

En  la  vida  doméstica  su  existencia  es  un  modelo 
de  orden  é  intimidad;  en  la  profesión  del  bufete 
sa  crédito  se  levanta  en  el  pavés  de  su  rectitud;  en 
la  vida  pública  su  palabra  y  sus  promesas  han  des¬ 
pertado  la  fe  en  la  opinión ;  hasta  disidente ,  no  ha 
concitado  contra  sí  las  molestias  de  la  contrarie¬ 
dad.  La  integridad  reflejada  en  todos  sus  ministe¬ 
rios  se  ha  impuesto  al  respeto  hasta  de  sus  adver¬ 
sarios.  ¿No  es  justo  esperar  que  todas  estas  pren¬ 
das  adquieran  aún  mayor  brillo,  si  cabe,  en  la  cima 
adonde  acaba  de  encumbrarse,  en  la  jefatura  del 
partido  conservador? 


•  « 

La  vida  de  los  Pídales  es  otra  cadena  semejante 
de  laureles  del  saber,  de  la  ilustración,  de  la  inte¬ 
gridad  y  del  patriotismo.  ¿Hay  que  recordar  al 
fundador  de  la  casa,  al  ilustre  D.  Pedro  José  Pidal 
con  su  Colección  de  algunas  poesías  castellanas  an¬ 
teriores  al  siglo  XV y  su  prólogo  al  Cancionero  de 
Baena,  sus  Adiciones  al  Fuero  Viejo  de  Castilla^ 
su  Historia  de  las  alteraciones  de  Aragón  en  el  rei¬ 
nado  de  Felipe  //,  que  Mr.  Magnabal  tradujo  al 
francés,  sus  Lecciones  sobre  la  historia  del  golnerno 
}/  legislación  de  España  desde  los  tiempos  primiti¬ 
vos  hasta  la  Reconquista  y  y  sus  multiplicados  dis¬ 
cursos  en  todas  las  Academias,  en  todas  las  Socie¬ 
dades  científicas,  y  sobre  todo  en  el  Parlamento? 

Su  hijo  D.  Alejandro  no  ha  sido  menos  fecundo 
en  su  labor;  pero  su  obra  Santo  Tomás  de  Aquino 
le  puso  en  el  pináculo  de  las  ciencias  históricas 
y  filosóficas  de  nuestro  siglo.  Trajo  á  la  restaura¬ 
ción  el  concurso  y  la  adhesión  de  todo  el  Episco¬ 
pado;  reconciliación  de  gran  precio,  que  ha  qui¬ 
tado  á  las  guerras  civiles  del  porvenir  uno  de  los 
.  elementos  más  poderosos  de  las  fuerzas  del  tradi¬ 
cionalismo.  ¿Su  elocuencia?  La  de  un  tribuno.  ¿Su 
amistad?  La  de  un  hermano.  ¿Su  patriotismo?  El 
de  un  héroe.  Su  palabra  arrebata;  su  simpatía  crea 
el  proselitismo;  las  fuerzas  que  le  siguen  son  de 
la  mayor  gravitación  en  la  vida  de  las  institucio¬ 
nes.  La  unión  de  estos  dos  grandes  nombres  cons- 
■  tituye  un  sublime  vaticinio  á  las  esperanzas  de 
la  nación  en  el  advenimiento  del  nuevo  reinado 
de  D.  Alfonso  XIII,  que  se  aproxima. 

Juan  Pérez  de  Güzmán. 


33  ANTE. 


(pensamiento  de  a.  barbier.) 

¡Oh  ardiente  gibelino!  ¡Oh  genio  augusto! 
Cuando  al  fulgor  sangriento  del  ocaso 
Contemplo  á  solas  tu  broncíneo  busto 

De  aguileña  nariz ,  de  rostro  raso 
Y  enjutOy  de  mirada  penetrante 
Como  una  espada  y  tan  temida  acaso  (1), 

No  puedo  refrenar,  sublime  Dante, 

Mi  angustia,  y  una  lágrima  encendida 
Resbala  por  mi  pálido  semblante : 

¡Tan  bien  grabó  tu  desolada  vida 
Su  honda  huella  con  hierro  incandescente 
En  tu  se  vera  faz  entristecida! 

¿Quién  arrugó  tu  soberana  frente 
Ceñida,  cual  de  fúnebre  mortaja, 

Por  negra  caperuza?  ¿Fué  el  torrente 

De  los  años,  que  todo  lo  desgaja, 

Ó  de  la  ingratitud  la  daga  fría 

Que,  marcando  la  frente,  el  pecho  raja? 

¿Fué  en  la  prisión  recóndita  y  sombría, 

O  en  el  destierro,  liberal  soldado, 

Premio  á  tu  patriotismo  y  bizarría, 

Donde  tu  labio,  en  hieles  empapado, 

Por  siempre  enmudeció,  contra  la  loca 
Vil  multitud,  de  maldecir  cansado? 

La  sonrisa  que  vaga  por  tu  boca, 

Como  siniestra  mariposa  obscura, 

¿El  altivo  desprecio  la  provoca? 

¿Signo  es  de  compasión  ó  de  ternura? 

¿Es  pálido  reflejo  de  tu  ira 
O  la  espuma  del  mar  de  tu  amargura? 

El  desprecio  es  tan  sólo  el  que  la  inspira: 
Desprecio  altivo  hacia  la  tierra  ingrata 
Que  hirió  tu  pecho  y  ultrajó  tu  lira. 

¡Cómo  tu  rostro  lúgubre  delata 
Que  al  cívico  valor  ahogado  viste, 

De  humana  sangre  en  roja  catarata! 


0)  Terceto  de  La  Selva  obscura. 


¡Cuánto,  excelso  varón,  cuánto  sufriste 
Al  contemplar  la  rutilante  aurora 
De  la  verdad,  cambiada  en  noche  triste! 

Creyendo  voy  que,  bajo  el  bronce,  llora 
Tu  corazón,  henchido  de  dolores, 

La  muerte  de  tu  amada  seductora; 

De  Beatriz  que ,  vestida  de  esplendores, 
Surgió  á  tus  ojos ,  en  feraz  pradera, 

¿  Cual  surtidor  de  plata  entre  las  flores. 

Tú  viste  arder  en  espantosa  hoguera 
Las  víctimas  del  negro  despotismo, 

Y  ondular  de  los  vicios  la  bandera. 

Sondaste  de  las  almas  el  abismo 
Y,  ante  ti,  la  voz  «¡patria!»  deshonrada 
Fué  por  el  labio  impuro  del  cinismo. 

Tú  viste  de  la  ley  rota  la  espada, 

Impune  el  crimen ,  la  maldad  triunfante; 

La  virgen  libertad,  mustia  y  violada. 

¡Oh  inmortal  florentino!  ¡Oh  viejo  Dante! 
Comprendo  las  arrugas  de  tu  frente 

Y  el  lívido  color  de  tu  semblante. 

¿Cómo  no ,  si  en  tu  pecho  y  en  tu  mente 
Llevabas,  como  á  un  mundo  de  precitos. 

La  miserable  humanidad  doliente! 

Comprendo  los  anhelos  infinitos 
De  tu  alma  egregia;  tu  mortal  quebranto 

Y  de  tu  ardiente  cólera  los  gritos. 


ros  7,50  pesetas  por  cada  100  kilogramos ;  lo  cual 
cuesta  á  los  consumidores  350  millones  por  año. 

Italia  produce  anualmente  de  40  á  42  millones 
de  quintales  de  trigo,  y  consume  50;  de  modo  que 
necesita  importar  unos  8  millones,  que  le  valen 
al  Tesoro  nacional  unos  G0  millones  de  pesetas. 
Como  el  trigo  nacional  se  vende  al  precio  del  ex¬ 
tranjero  con  las  7,50  pesetas  de  recargo,  los  pro¬ 
ductores  vienen  á  beneficiar  una  prima  total  de  315 
millones,  que,  añadidos  á  los  60  ya  dichos,  hacen 
los  350  indicados.  Los  60  son  para  el  Gobierno,  y 
los  315  sirven  para  asegurar  a  los  propietarios  el 
medio  de  sostener  artificialmente  la  concurrencia 
extranjera,  sin  que  hasta  ahora  hayan  servido  en 
cambio  para  mejorar  los  rutinarios  procedimien¬ 
tos  de  cultivo.  Ante  la  pública  conflagración  que 
esta  miseria  causa,  si  el  Gobierno  rebajara  los  de¬ 
rechos  de  importación  bajaría  proporcionalmente 
el  precio  del  pan,  y  discurriendo  así,  pero  á  me¬ 
dias,  trata  en  efecto  de  reducir  los  derechos  desde 
7,50  á  5  pesetas,  pero  sólo  hasta  el  30  de  Abril,  con 
lo  cual  los  acaparadores  comprarán  más  barato 
para  guardarlo  y  venderlo  al  precio  de  hoy  desde 
Mayo  en  adelante;  el  Gobierno  perderá  todo  lo 
que  rebaje  en  cuantas  remesas  lleguen  en  ese 
tiempo,  y  los  consumidores  puede  ser  que  tengan 
algo  de  pan  para  hoy,  pero  mucha  hambre  para 
mañana. 

*  • 


Comprendo  que  las  iras  y  el  espanto 
Agitaran  tu  lira  ronca  y  fiera, 

Nave  que  flota  en  piélago  de  llanto. 

Comprendo,  en  fin,  que  al  ver  tu  faz  severa, 
Terrible  imagen  del  pesar  eterno, 

Una  mujer  en  Rávena  dijera: 

«Es  Dante,  que  retorna  del  infierno.» 

Manuel  Reina. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 

El  hambre  en  Italia:  la  cuestión  en  el  campo  y  en  el  Parlamento  — 
Baja  de  las  importaciones  de  trigo  y  harina  en  España.  —  Conté  de 
una  huelga  en  Inglaterra.  —  La  esclavitud  de  los  negros  en  los  Es¬ 
tados  Unidos.— Lo  que  tienen  Ion  judíos  en  Francia. 


)  UN  DEN  el  hambre  y  la  miseria  en  Italia 
de  un  modo  aterrador.  No  bastan  para 
establecer  el  equilibrio  entre  los  re¬ 
cursos  y  los  consumidores  las  avalan- 
chas  de  emigrantes  que  el  malestar 
arroja  todos  los  días  al  Extranjero,  y  que 
1 'V  llegan  á  sumar  cifras  tan  espantosas  como 
la  de  793.689  personas  huidas  á  la  República 
Argentina  en  los  últimos  veinte  años  (37.699 
en  1894,  41.203  en  1895,  y  75.204  en  1896);  si 
se  agrega  á  cuya  cifra  la  de  los  expatriados  á  otras 
comarcas,  será  seguramente  más  de  1.200.000  ha¬ 
bitantes  laque  represente  la  pérdida  que  ha  tenido 
la  nación  en  ese  período.  Los  tristes  sucesos  ocu¬ 
rridos  en  Enero  en  Sicilia  y  en  las  Marcas;  los  sa¬ 
queos  realizados  por  las  muchedumbres  en  An- 
cona,  Falconara,  Sinigaglia  y  Macerata;  la  honda 
perturbación  que  hoy  se  siente  en  toda  la  penín¬ 
sula,  revelan  la  existencia  de  un  mal  gravísimo  y 
hacen  temer  para  el  porvenir  días  muy  infaustos. 
En  vano  se  trata  de  echar  la  culpa  á  las  sugestiones 
de  los  revolucionarios  propagandistas  de  doctrinas 
subversivas.  No  hay  agente  propagador  del  anar¬ 
quismo  como  el  hambre.  En  Inglaterra,  en  Ale¬ 
mania,  en  Bélgica  y  en  Francia  las  teorías  sociales 
más  avanzadas  han  llegado  á  un  grado  extremo  y 
se  han  extendido  mucho,  porque  los  partidos  cuen¬ 
tan  con  mucha  gente,  están  mejor  organizados,  y 
con  sus  propios  donativos  ó  contribuciones  volun¬ 
tarias  pueden  sostener  fácilmente  la  propaganda  y 
las  huelgas.  Pero  en  Italia  no;  los  labradores  y  los 
obreros  difícilmente  se  hacen  eco  de  los  propa¬ 
gandistas,  y,  sin  embargo,  impulsados  por  su  ar¬ 
diente  naturaleza  meridional,  se  ve  que,  sin  pre¬ 
paración  previa,  se  sublevan  las  masas  del  proleta¬ 
riado  y  asaltan  las  casas-ayuntamientos  y  devastan 
las  casas  de  los  ricos  y  saquean  los  graneros.  Por 
las  muchas  veces  que  se  van  repitiendo  estos  atro¬ 
pellos  se  puede  decir  son  típicos,  característicos 
de  aquel  país. 

Lo  cierto  es  que  la  miseria  se  ha  extendido  en 
proporciones  alarmantes.  Todo  está  allí  resentido, 
el  trabajo  y  el  comercio;  todas  las  clases  sufren, 
pero  ninguna  como  la  que  vive  del  trabajo  diario, 
y  á  la  cual  el  trabajo  falta.  «Los  aldeanos  y  los 
obreros— dice  un  corresponsal  desde  Roma — mue¬ 
ren  literalmente  de  hambre.»  Y  hoy,  cuando  se 
lamentan  las  poblaciones  de  no  tener  pan,  porque 
el  pan  se  ha  convertido  en  un  alimento  de  lujo, 
pagan  de  derechos  de  entrada  los  trigos  extranje¬ 


Tratando  de  estos  apuros  en  el  Parlamento  ita¬ 
liano,  ha  sostenido  el  senador  Di  Camporeale, 
hombre  muy  rico  y  que  se  trata  muy  bien,  que 
gran  parte  de  la  culpa  de  los  alborotos  que  se  la¬ 
mentan  la  tiene  el  presidente  Sr.  Rudini,  porque 
no  ha  aplicado  con  rigor  la  ley  del  domicilio  coattOy 
por  la  cual  se  puede  desterrar  de  sus  pueblos  á 
otros  lejanos  del  reino,  sin  formación  de  causa, 
no  sólo  á  los  que  hayan  sufrido  condena,  sino  á 
los  sospechosos.  De  esa  lenidad,  ha  dicho,  abusan 
los  instigadores,  que  aprovechándose  del  público 
malestar  provocan  revoluciones.  Cree  el  senador 
que  si  se  hubiera  desterrado  de  Ancona  al  impe¬ 
nitente  agitador  Mototista,  no  habrían  sus  paisa¬ 
nos  los  marchigioni  llegado  á  cometer  los  atenta¬ 
dos  que  han  cometido ;  como  si  Mototista  fuera  el 
causante  del  hambre  ó  el  pan  con  que  ésta  se  re¬ 
media.  En  Ancona  saquearon  y  quemaron  la  casa 
y  almacenes  del  villino  del  rico  comerciante  Ga- 
gliardi ;  en  Falconara-Marittima  destruyeron  una 
casa,  y  en  Sinigaglia  devastaron  los  almacenes  de 
trigo  del  Príncipe  Ruspoli,  alcalde  de  Roma,  que 
en  esta  capital  ha  instalado  panaderías  económi¬ 
cas  para  los  pobres,  y  que  en  su  pueblo  parece  que 
es  uno  de  los  primeros  acaparadores. 

• 

•  * 

Felizmente,  en  España,  aunque  el  pan  no  vale 
muy  barato,  y  aunque  los  derechos  de  importación 
del  trigo  son  bastante  altos,  no  hemos  llegado  á 
tener  que  pensar  en  las  amenazas  del  hambre, 
porque  se  han  combatido  con  discreta  oportunidad 
y  energía  ciertas  pretensiones  del  mercado,  sin 
que  se  diera  lugar  a  sucesos  como  los  de  Italia.  La 
importación  de  trigos  ha  sido  mucho  menor  que 
la  de  los  años  anteriores  (202.675  kilogramos  en 
1895,  187.759.640  en  1896,  y  141.729.255  en  1897), 
procedente  casi  toda  ella  de  Rusia,  siendo  nula  la 
de  los  Estados  Unidos,  que  venía  ya  muy  reducida 
(1.158.563  en  1895  y  3.870.209  en  1896).  Asimis¬ 
mo  se  ha  reducido  mucho  la  de  harina  de  trigo 
(1.902.465  en  1895,  326.494  en  1896,  y  sólo  171.462 
en  1897),  en  cuya  reducción  la  procedente  de 
Francia  ha  bajado  desde  1.733.20o  y  259.596  á 
40.228  respectivamente.  ¡Dios  nos  envíe  abundan¬ 
tes  lluvias  en  la  primavera,  aunque  no  como  las 
de  Valencia  y  Cataluña,  para  que  una  buena  cose¬ 
cha  impida  el  que  el  pan  suba  y  la  miseria  asome, 
ya  que  bastantes  plagas  hemos  sufrido  y  sufrimos 
fuera  de  la  patria,  que  tanta  sangre,  lágrimas  y 
dinero  están  costando  á  esta  magnánima  tierra, 
digna  de  mejor  fortuna  1 

• 

•  * 

Muy  elocuente  y  de  gran  enseñanza  para  los 
obreros  maquinistas  ingleses  ha  sido  el  desastroso 
resultado  que ,  como  natural  castigo  de  la  falta  de 
trabajo  y  de  jornal ,  les  ha  producido  la  huelga  de 
veintisiete  semanas,  sostenida  por  las  excitacio¬ 
nes  de  los  jefes  de  grupo,  que  han  estado  entrete¬ 
niendo  á  los  trabajadores  mecánicos zin  conseguir 
nada  al  fin.  Han  tomado  parte  en  la  huelga  diez 
grupos  de  las  Trade  Unionsy  que  componen  una 
suma  de  109.829  individuos,  más  31.000  de  la  so¬ 
ciedad  Unión  de  Mecánicos,  más  8.000  de  otras 
varias.  De  todos  ellos,  unos  45.000  no  han  traba¬ 
jado  durante  todo  ese  tiempo,  y  los  deiqás,  si  lo 
han  hecho,  ha  sido  para  ir  acumulando  fondos  por 
suscripción  á  fin  de  sostener  la  huelga.  Los  jefes 


Digitized  by  AjOOQle 


8  Febrero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


x  •  v  —  83 


de  ella,  no  queriendo  cargar  con  la  responsabili¬ 
dad  de  los  acuerdos  extremos  que  debieran  tomar¬ 
se,  acordaron  que  los  obreros  votaran  por  cuarta 
vez,  ¿  fines  de  Enero,  lo  que  deseaban,  pidiendo  el 
voto  ó  respuesta,  no  sólo  á  los  que  realmente  esta¬ 
ban  en  huelga  ó  sometidos  al  lock  out ,  sino  á  los 
que  trabajaban,  ya  ocho,  ó  ya  nueve  horas.  No  pa¬ 
recían  muy  inclinados  estos  últimos  á  que  la  huel¬ 
ga  continuara,  porque  tendrían  que  continuar  des¬ 
contando  parte  de  su  jornal  para  pagarla,  ni  había 
posibilidad  de  que  votaran  los  que  están  prestando 
servicio  en  los  buques  y  los  que  han  cambiado  de 
residencia  en  busca  de  trabajo.  Así  es  que  de  los 
110.000  votantes  de  Londres  y  su  provincia  se 
creyó  que  sólo  votarían  80.000,  repartiéndose  al 
efecto  otras  tantas  papeletas.  El  petardo  dado  á 
los  jefes  ha  sido  mayúsculo,  porque,  aun  ¿  costa 
de  grandes  esfuerzos,  sólo  han  conseguido  que  vo¬ 
ten  45.000;  huelguistas  efectivos  en  su  mayor  par¬ 
te,  que  desean  que  continúe  la  protesta  y  que  no 
se  trabaje. 

Veamos  los  efectos  desastrosos  de  ella:  la  caja 
de  la  sociedad  <r  Amalgamated »  contaba  con  una 
existencia  de  300.000  libras  esterlinas  al  empezar 
la  huelga,  y  la  suscripción  impuesta  á  los  maqui¬ 
nistas  que  han  continuado  trabajando  ha  dado 
otras  300,000,  y  las  suscripciones  públicas  140.000; 
en  suma,  740.000  libras,  ó  sean,  refiriéndolas  á 
nuestra  moneda  si  estuvieran  á  la  par,  18.500.000 
pesetas.  Pues  bien;  la  huelga  ha  costado  en  las 
veintisiete  semanas  720.000  libras,  y,  por  consi¬ 
guiente  ,  los  obreros  han  visto  reducidos  sus  fon¬ 
dos  hasta  quedarse  sólo  con  20.000  libras.  Los  43 
¿45.000  huelguistas  han  perdido,  al  no  trabajar 
durante  ese  tiempo,  dos  millones  de  libras;  y  las 
industrias  que  de  su  trabajo  dependen,  otro  mi¬ 
llón;  de  modo  que,  en  cifras  redondas,  las  pérdi¬ 
das  de  los  mecánicos  se  elevan  á  cien  millones  de 
pesetas.  No  hay  para  qué  decir  las  que  habrá  pro¬ 
ducido  esta  paralización  del  trabajo  á  los  dueños 
y  empresas  ó  compañías  de  las  construcciones  na¬ 
vales.  Estadistas  hay  en  Londres,  muy  versados 
en  estos  cálculos,  que  sostienen  que  la  huelga  ha 
ocasionado  una  pérdida  total  de  diez  millones  de 
libras  esterlinas.  Y,  en  resumen,  ¿qué?  Pues  que 
los  mecánicos  y  maquinistas  del  Reino  Unido  se 
encuentran  en  la  misma  condición  social  que  hace 
dos  años  y  medio,  aunque  con  muchas  menos  ilu¬ 
siones  y  menos  dinero.  No  hay  dinero,  ni  trabaio, 
ni  pan  para  todos;  unos  se  estorban  á  otros;  y  solo 
los  que  abandonan  el  país  y  se  van  á  las  lejanas 
comarcas  coloniales,  son  los  que,  si  tienen  juicio, 
viven  desahogadamente. 

* 

•  # 

Vivan  como  quieran  en  Inglaterra  esos  obreros, 
mecánicos  y  maquinistas,  son  verdaderamente  di- 
ohosos  si  se  comparan  con  Jos  trabajadores,  ne- 

Íros,  pardos  y  más  ó  menos  blancos,  de  los  Estados 
el  Sur  de  la  Unión  americana;  de  los  de  Ja  Flo¬ 
rida,  sobre  todo.  Acuello  es  sublime;  como  lo  se¬ 
ría  en  Cuba  si  un  día  impusieran  allí  su  libérrima 
civilización  los  estrellados. 

Las  autoridades  de  la  Florida,  á  fin  de  evitar 
Jos  gastos  de  sostenimientos  de  los  presos  en  las 
cárceles,  sacan  de  ellas  á  los  infelices  y  los  alqui¬ 
lan  en  pública  subasta  á  los  particulares,  para  que 
los  dediquen  á  trabajar.  «En  Albión — dicen  al 
Daily  Chromcle  desde  Nueva  York — se  han  vendi¬ 
do  hace  pocos  días  de  esa  manera  430  personas, 
hombres,  mujeres  y  niños,  por  20.000  dollars,  con 
destino  á  las  minas  de  fosfato.  El  acto  de  la  subasta 
y  compra  es  todo  lo  repugnante  que  cabe.  Cuenta 
un  testigo  ocular  que  los  compradores  ó  alquiladores 
de  sangre  humana  manosean  y  soban  como  á  bes¬ 
tias  á  los  infelices  sacados  ¿  subasta,  y  los  golpean 
para  probar  su  resistencia,  y  les  hacen  correr  y 
saltar  en  investigación  de  si  están  ágiles  y  sanos. 
Vístenlos,  después  de  comprados,  con  miserables 
trajes  de  rayadillo,  camisa  y  pantalón  nada  más, 
y  se  los  llevan  como  un  hato  de  ganado.»  Esto  es 
lo  que  se  ve,  lo  que  cae  por  fuera.  ¿Quién  es  capaz 
de  imaginar  la  vida  que  arrastran  en  el  interior 
de  las  minas  y  canteras?  «El  tratamiento  á  que  se 
les  somete — dice  el  corresponsal — deja  muy  atrás 
en  brutalidad  al  de  los  forzados  de  Siberia.»  La 
prensa  norteamericana  denuncia  estos  hechos,  los 
condena  y  pide  justicia  y  remedio;  pero  la  explo¬ 
tación  infame  continúa,  y  la  libertad  mal  enten¬ 
dida  ampara  á  los  explotadores  y  hace  de  verdugo 
para  los  desheredados.  ¡Admirable  enseñanza  para 
los  que  pretendan  emanciparse,  sin  pensar  en  que 
serán  aniquilados  por  estas  odiosas  tiranías! 

• 

•  « 

¿Es  posible  que  en  el  fondo  de  la  persecución  que 
sufren  los  judíos  en  Francia,  ahora,  por  ejemplo, 
éntre  por  mucha  parte  la  envidia?  Cabe  hacer  esta 
pregunta,  porque,  mirando  al  fondo  con  un  poco  de 
detenimiento,  se  descubre  que  allí  hay  fondos  su¬ 


ficientes  para  sublevar  la  codicia  de  todos  los  idó¬ 
latras  del  dinero.  Hé  aquí,  en  efecto,  lo  que  se  ve. 
Hay  en  Francia  71.200  judíos,  según  el  censo  más 
reciente,  distribuidos  de  este  modo:  en  París, 
42.000;  en  la  frontera  del  Este,  19.000;  en  Burdeos, 
3.000,  y  en  el  resto  del  territorio  7.2Ó0.  El  capital 
que  poseen  es  de  20.000  millones  de  francos,  en 
valores  mobiliarios  en  su  mayor  parte;  porque  los 
judíos,  ahora  y  siempre,  han  tenido  su  dinero  en 
forma  que  pueda  realizarse  y  recogerse  rápida¬ 
mente,  por  lo  que  pueda  ocurrir.  Para  que  se  vea 
lo  que  significa  esa  cantidad  en  una  nación ,  baste 
decir  que  la  fortuna  mobiliaria  total  de  Francia  es 
de  80.ÍXK)  millones  para  38  millones  de  habitantes, 
y  que  sólo  entre  71.200  de  éstos  reúnen  la  cuarta 
parte  de  ese  inmenso  capital,  20.000  millones. 
¡A  cuántas  tentaciones  y  horrendos  propósitos  no 
se  presta  el  saber  que  tan  pocos  dispongan  de  tan¬ 
to!  Considera,  pues,  devoto  lector,  si  entre  los 
vendavales  desencadenados  que  soplan  de  cuando 
en  cuando  en  diversas  naciones  de  Europa  contra 
los  descendientes  de  Moisés  y  de  Jeremías,  no  en¬ 
trarán  en  gran  parte  las  borrascas  que  en  el  cora¬ 
zón  de  las  gentes  origina  el  pesar  del  bien  ajeno. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


el  Sr.  Bonci.  Sin  bombo  ni  platillos  se  había  anun¬ 
ciado  su  presentación,  y  la  sorpresa  fue  agrada¬ 
bilísima  para  el  público  al  encontrar  en  el  nuevo 
tenor  un  artista  de  relevante  y  verdadero  mérito, 
con  más  y  mejores  facultades  que  muchos  divos 
de  los  que  causan  sensación  y  figuran  en  primera 
linea. 

Su  cuadratura  musical,  como  dicen  los  técni¬ 
cos,  es  completa;  tiene  una  voz  de  gran  exten¬ 
sión,  muy  igual  en  todos  los  registros,  y  si  no  es 
de  extraordinario  volumen,  es  de  timbre  agrada¬ 
bilísimo.  Además  canta  con  exquisito  gusto  y  per¬ 
fecta  expresión ,  tiene  completo  dominio  de  la  es¬ 
cena  y  sabe  agradar  al  público  en  todos  los  mo¬ 
mentos. 

La  Sonámbula  fué  la  ópera  que  cantó  la  noche 
de  su  presentación,  y  en  ella  puso  de  manifiesto 
todas  las  buenas  condiciones  de  su  escuela  de 
canto  que  acabamos  de  citar,  por  lo  que  mereció 
los  aplausos  unánimes  y  calurosos  del  público,  es¬ 
pecialmente  en  el  primer  acto  y  el  andante  del  se¬ 
gundo. 

La  Sra.  Galván,  artista  que  á  sus  indiscutibles 
méritos  une  el  de  la  más  exagerada  modestia,  hizo 
una  Amina  inmejorable,  siendo  objeto  de  una 
ovación  al  terminar  el  célebre  rondo ,  pieza  cul¬ 
minante  de  la  ópera.  Fué  calurosamente  aplaudida 
durante  el  resto  de  la  representación,  y  so  vió 
obligada  á  salir  á  escena  á  la  terminación  de  to¬ 
dos  los  actos. 

Digno  de  especialísima  mención  es  el  Sr.  Riera, 
que  cantó  excelentemente  su  parte  y  fué  muy  ce¬ 
lebrado  en  el  aria  del  primer  acto. 

Muy  bien  los  coros,  y  lo  mismo  la  orquesta,  di¬ 
rigida  por  el  maestro  Goula  con  la  pericia  que  to¬ 
dos  reconocen  en  el  veterano  profesor. 

PARISH. 

Una  tránsfuga  de  Ja  ópera,  la  notable  tiple  cor¬ 
dobesa  Srta.  Eloísa  López-Marán,  debutó  en  este 
favorecido  teatro  la  noche  del  pasado  lunes.  Su 
procedencia  acredita  que  la  joven  y  distinguida 
artista  posee  sobradas  facultades  para  el  género  á 
que  se  ha  dedicado,  circunstancia  que  demostró 
plenamente  la  noche  de  su  presentación,  cantando 
con  gran  desahogo  y  notable  maestría  su  parte  de 
la  zarzuela  Gampanone ,  que  fué  la  representada. 

El  público  premió  su  excelente  labor  artística 
con  unánimes  aplausos  y  numerosas  llamadas  á 
escena  al  final  de  todos  los  actos. 

Muy  celebrado  fué  también  el  Sr.  Alcántara, 
que  se  vió  obligado  á  repetir  las  cavaletas,  así  como 
todos  los  artistas  que  tomaron  parte  en  la  repre¬ 
sentación. 

• 

0  • 

La  confección  del  lujoso  vestuario  que  se  ha  en¬ 
cargado  y  la  pintura  de  trece  nuevas  decoraciones 
que  exige  la  nueva  obra  Los  Hijos  del  batallón , 


han  sido  las  causas  que  han  demorado  su  estreno. 
Próximos  á  terminarse  uno  y  otras,  parece  que  la 
citada  obra,  para  el  buen  éxito  de  la  cual  no  ha 
escatimado  la  empresa  medio  alguno,  será  estre¬ 
nada  á  mediados  del  presente  mes. 

LARA. 

La  noche  del  2  celebró  su  beneficio  la  Sra.  Val- 
verde  con  una  función  á  la  que  concurrió  distin¬ 
guidísimo  y  numeroso  público.  La  novedad  de  la 
noche  fué  el  estreno  de  El  Vestido  de  boda ,  mo¬ 
nólogo  de  la  Sra.  Pardo  Bazán,  que  si  bien  está 
correcta  y  castizamente  escrito  y  abunda  en  fra¬ 
ses  felices  é  ingeniosas,  adolece  en  nuestra  opi¬ 
nión  del  defecto  de  ser  poco  teatral ;  es  más  bien 
un  artículo  muy  bien  escrito,  que  una  producción 
dramática  bien  pensada.  La  notable  manera  de  in¬ 
terpretarlo  que  tuvo  la  beneficiada  contribuyó  mu¬ 
cho  á  su  buen  éxito. 

La  Sra.  Val  verde  recibió  muchos  aplausos  y  no 
pocos  y  valiosos  regalos. 

• 

•  • 

De  otras  novedades  dignas  de  mención  no  hay 
más  que  la  reprise  de  Entre  doctores ,  celebrada  la 
noche  del  4,  y  la  de  El  Marido  de  la  TeUez'y  la 
del  5.  Ambas  obras  alcanzaron  el  mismo  lisonjero 
éxito  que  la  temporada  anterior,  y  fueron  exce¬ 
lentemente  representadas  por  los  principales  ar¬ 
tistas  de  la  compañía. 

COMEDIA. 

Próximamente  dará  su  beneficio  la  aplaudida 
primera  tiple  de  este  teatro.  Para  esa  noche  se 
anuncia  la  representación  de  Miss  Helyett  y  El 
Monaguillo ,  cuyo  protagonista  interpretará  por 
primera  vez  en  Madrid  la  Srta.  Pretel. 

• 

•  « 

Los  Sres.  D.  Joaquín  Taboada  y  D.  Juan  Cuesta 
y  Armiño,  autores  de  la  sátira  El  Nuevo  siglo,  han 
retirado  esta  obra,  cuyo  estreno  estaba  anunciado 
para  muy  en  breve. 

A. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  má*  perfumado  de  los  jabone»  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello** 

3  grande*  premio*.  21  medalla*  de  oro.— Fnera  de  oonoarte 
4,  PLACE  DE  L’OFÉ&A,  PARIS 

De  Tente  en  toda*  1m  buena*  perfumería*  de  Ktpafta  y  América. 


LOS  ¿TOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 
PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 

Remedio  prodigioso  y  rápido.  30  altos  de  éxito. 

CARNE  LÍQUIDA 

DEL  DOCTOR  VALDÉS  GARCÍA,  DE  MONTEVIDEO. 

Es  el  tónico  reparador  por  excelencia  y  el  reconstituyente 
más  eficaz  y  poderoso  para  los  enfermos,  convalecientes  y  per¬ 
sonas  débiles. — Expéndese  en  todas  las  farmacias  de  España. 

1  WAT  f  170  se  Pie  (Aatl|sa  oasa  ie  EfilLE  PII8AT),  SO,  rus 

ñ.  ff  AuupU  I  ü-  LouU-le-Grand, ParU.-TRAJCt Y ABRIOOS 
La  casa  que  viste  á  las  sefioras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  gusto 

VINO  BI-DIGDMTIVO  DE  CHASSAING.SOafiosd* 
éxito  contra  las  enfermedades  del  aparato  digestivo  (dispep¬ 
sias,  inapetencia,  pérdida  de  ¿nenas).  Parts,  i,  Av.  Victoria. 

EAU  dHOUBIGANT 

liiUfist,  perfumista,  Parts, 19,  Fanbonrg  8*  Honoró. 

Perfumería  erótica  SENET,  36,  rueda  Qnatre  Septembre, 
París.  (  Véanse  los  anuncios.) 


Perfumería  Ninon.  V*  LECONTE  ET  Cle,  31 ,  rnedn  Quatrt 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios.) 

VI0LETTE  IDÉALE  írrr:.55í 

DesMfsst,  perfumista,  Parts ,  19,  Faubourg  S*  Honoré. 


El  ideal  para  las  sefioras  ss  tener  ana 
bella  encarnación  y  eea  tez  mate  y  aristo¬ 
crática,  signos  de  la  belleza.  Ni  arrugas , 
ni  granos^  ni  pecas ,  la  epidermis  sana  y 
Kmpia,  tales  son  los  resultados  obtenidos  oon 
el  empleo  oombinado  de  la  Creasa  Sioris* 
de  los  Polvos  y  del  JaUs  Simés.  Exigid 
bien  la  Creas  filnrin,  y  no  otros  productos 
similares. 


Digitized  by  ^.ooQie 


$4’ —  N.°  v 


LA' ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Febrero  1898 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


América  (estudio*  históricos  y  filológicos),  por  Luis  Lloran* 
Torres. 

£1  joven  escritor  de  Puerto  Rico  Luis  Lloréns  Torres  acaba  de  pu¬ 
blicar  un  notable  estudio  sobre  la  historia  del  descubrimiento  de 
aquella  antilla  y  sobre  filología  de  las  lenguas  americanas,  que  reve¬ 
lan  una  laboriosidad  y  una  precocidad  admirables  en  quien  apenas 
cuenta  veintiún  anos  de  edad  y  tiene  la  profundidad  de  conocimien¬ 
tos  que  el  libro  America  demuestra.  Entre  sus  interesantes  capítulos, 
son  de  la  mayor  importancia  los  que  dedica  al  descubrimiento  de 
Puerto  Rico ,  que  atribuye  á  Martin  Alonso  Pinzón. 

Nuestro  antiguo  y  particular  amigo  Antonio  Cortón,  que  ha  escrito 
una  hermosa  carta-prólogo  para  el  libro  de  Lloréns,  dice  muy  acerta¬ 
damente  á  este  propósito:  «Con  datos  é  indicios  rastreados  en  la  his¬ 
toria,  en  la  geografía,  en  la  filología,  ó  deducidos  del  análisis  del  co¬ 
razón  humano  y  de  la  moral  de  la  época,  construye  usted  una  hipóte¬ 
sis  muy  verosímil  y  lanza  á  los  vientos  una  conjetura  muy  aceptable. 
Y  esta  conjetura,  importa  decirlo  en  alta  voz,  tiene  base  más  firme  y 
pedestal  más  sólido  que  otras  muchas  de  críticos  justamente  célebres 
sobre  asuntos  de  menor  importancia.» 

Véndese  esta  obra  en  la  librería  de  Victoriano  Suárez  y  en  la  de 
Antonio  J.  Bastinos,  de  Barcelona,  al  precio  de  4  pesetas. 

Las  Artes  en  Roma. 

£1  éxito  alcanzado  por  su  Biblioteca  popular  de  arte,  hace,  sin 
duda,  que  La  £spaña  Editorial  persista  en  la  publicación  regular  de 
aquélla. 

£1  volumen  que  ahora  acaba  de  ponerse  á  la  venta,  y  que  es  el 
xxvili  de  la  colección,  titúlase  Las  Artes  en  Roma ,  y  no  cede  á  nin¬ 
guno  délos  anteriores  ni  en  interés  para  los  aficionados  á  estos  estu¬ 
dios  ni  en  utilidad  para  la  vulgarización  de  la  cultura  artística. 

En  él,  y  con  la  ayuda  de  26  preciosos  grabados,  se  estudian  todas 
las  manifestaciones  del  arte  en  el  pueblo  romano  en  todas  las  esfe¬ 
ras,  pública  y  privada,  religiosa  y  civil,  la  arquitectura,  la  escultura 
y  la  pintura,  las  artes  industriales  y  decorativas,  el  traje  y  el  adorno 
de  la  persona,  la  cosa  y  la  vida,  todo  cuanto  hizo  y  nos  dejó  aquella 
poderosa  civilización ,  heredera  de  la  griega  y  madre  de  la  nuestra. 

De  venta  en  todas  las  librerías  y  en  las  oficinas  de  La  £spaña  Edi¬ 
torial,  Cruzada,  4,  á  1  peseta  en  rústica  y  1,60  en  tela. 

Cuadro  sinóptico  de  Ortografía  castellana,  por  D.  Augusto 
Atienza. 

Don  Augusto  Atienza  acaba  de  publicar  un  interesante  Cuadro  de 
Ortografía  castellana ,  el  cual  miae  un  metro  por  60  centímetros,  en 
el  que  se  hallan  comprendidas  en  forma  sencilla  las  principales  re¬ 
glas  para  el  empleo  de  las  letras,  acentos  y  signos  de  puntuación. 
Contiene  además  un  extenso  catálogo  de  voces  de  dudosa  ortografía; 
una  relación  de  las  abreviaturas  usadas  en  nuestra  lengua,  y  una 
breve  explicación  de  las  diez  partes  de  la  oración. 

La  forma  de  este  trabajo  facilita  singularmente  el  estudio  ó  con¬ 
sulta  de  su  contenido,  siendo  de  suma  utilidad  en  las  oficinas  públicas 
y  particulares,  colegios  y  escuelas,  y  en  general  para  cuantos  deseen 
no  cometer  ninguna  falta  de  ortografía,  cuyas  reglas  no  siempre  se 
'  recuerdan  con  exactitud.  —  C. 


BL  EMPERADOR  DE  ANNAM,  THAN  H  TH AI,  EN  BICICLETA. 

(De  fotografía.) 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARABIGA  I ZS, 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  Es  también  el  mejor  alimento  para  cnar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Da  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


HACE  RECORDAR  LA  TURBONADA. 

En  América,  la  gran  turbonada  del  mes  de 
Marzo  de  1888  por  poco  destruye  la  ciudad  de 
Nueva  York.  Nunca  se  había  visto  cosa  por  el 
estilo.  La  nieve  paralizó  por  completo  el  movi¬ 
miento  local.  Ni  caballo  ni  vehículo  podía  transi¬ 
tar.  Todos  los  alambres  eléctricos  estaban  inuti¬ 
lizados,  y  durante  dos  ó  tres  días  la  gente  de 
Boston  mandaba  sus  telegramas  á  Nueva  York 
por  Londres,  utilizando  los  cables  transatlánti¬ 
cos;  así  que,  debiendo  recorrer  cien  leguas,  reco¬ 
rrieron  dos  mil  y  cruzaron  dos  veces  el  Océano. 

Un  acontecimiento  que  ha  hecho  recordar  esto 
al  que  escribe,  ocurrió  hace  poco  aquí,  en  Ingla¬ 
terra.  Dejemos  al  interesado  que  cuente  su  histo¬ 
ria.  Dice:  «He  padecido  toda  mi  vida  de  indigestio 
nes.  Tenía  mal  gusto  de  boca,  dolor  después  de  la 
comida,  poco  apetito  y  acidez  en  el  estómago;  la 
lengua  con  sarro  y  la  boca  constantemente  llena 
de  un  fluido  acuoso.  Todo  lo  que  comía,  por  li¬ 
gero  que  fuera,  me  hacía  daño  y  me  daba  dolores. 
Sentía  el  pecho  oprimido ,  dolores  de  costado  y 
mucha  desanimación.  De  cuando  en  cuando  iba  á 
ver  al  médico,  quien  me  daba  medicinas  que  me 
servían  de  poco.  El  médico  decía  que  se  había 
desarreglado  la  cubierta  del  estómago  y  se  había 
inflamado  la  membrana  mucosa.  En  1887  me 
mandaron  de  Nueva  York  un  folleto  que  trataba 
<le  una  medicina  que  se  llama  Jarabe  Curativo  de 
la  Madre  Seigel  y  de  las  curas  extraordinarias 
que  había  efectuado;  así  que  procuré  un  poco ,  y 
en  seguida  me  sentí  mejor.  Con  cuatro  botellas 
estaba  completamente  curado,  y  desde  entonces 
no  he  vuelto  á  sentir  la  indigestión.  Habiendo 
practicado  como  herbolario  muchos  anos,  estaba 
acostumbrado  á  curar  la  erisipela  y  otras  enfer¬ 
medades,  y  con  frecuencia  venía  á  consultarme 
la  gente  de  la  comarca.  Después  de  mi  cura,  tanto 
me  impresionó  el  mérito  del  Jarabe  de  Seigel  que 
procuré  una  buena  cantidad  y  lo  recomendaba  á 
todos  los  enfermos,  viniendo  por  él  de  todas  par¬ 
tes.  Puedo  decir  que  los  domingos  se  me  llenaba 
la  casa  de  mineros  de  Coal  Pjt  Heath  y  de  otras 
pwtes.  No  he  oído  de  él  más  que  alabanzas  y  re¬ 
latos  de  las  curas  efectuadas ,  y  la  fama  de  esta 
medicina  se  ha  extendido  por  toda  la  parte  occi¬ 
dental  de  Inglaterra,  sin  más  anuncio  que  decirse 
unos  á  otros  los  beneficios  que  les  ha  reportado. 
-Deseo  que  todo  el  mundo  sepa  esto,  y  celebraré 
que,  al  darle  publicidad,  otros  que  sufran  como  yo 
puedan  beneficiarse.» 

La  carta,  de  que  hemos  extractado  lo  que  an¬ 
tecede,  está  firmada  Moses  Godwin,  Oíd  Sodbu- 
ry(Sodbury),  Glos.,  Inglaterra,  y  fechada  9  de 
Abril  de  1891.  El  que  la  escribe  es  labrador. 

El  lector  notará  que  si  bien  el  depósito  princi¬ 
pal  para  la  venta  del  Jarabe  de  la  Madre  Seigel, 
como  todo  el  mundo  sabe,  está  en  Londres,  por 
una  extraña  coincidencia  los  primeros  informes 
que  de  él  tuvo  Mr.  Godwin  llegaron  de  América  á 
mil  leguas  de  distancia,  lo  que  hace  recordar  la 
turbonada  arriba  mencionada,  y  también  que  la 


fama  y  utilidad  de  este  medicamento  se  extien 
den  á  todos  los  países  civilizados. 

Mr.  Benjamín  Edgerton,  comerciante  de  co¬ 
mestibles,  Platt  Lañe,  Whixall,  Whitchurch, 
Salop,  dice:  «Viviendo  con  Mr.  Roberts,  Fens 
WoodFarm,  empecé  á  sentir  una  pesadez  en  el 
costado,  y  noté  mal  gusto  de  boca,  con  el  estóma¬ 
go  desarreglado  é  incomodidad  después  de  las  co¬ 
midas.  No  tenía  apetito,  y  cuando  me  sentaba  á 
la  mesa  no  podía  tocar  la  comida.  En  la  cabeza 
sentía  dolores  y  ruidos  que  no  me  dejaban  dor¬ 
mir.  No  podía  hacer  trabajos  fuertes,  y  sólo  me 
ocupaba  en  los  más  ligeros  de  la  hacienda  Des¬ 
pués  de  arreglar  un  vallado  me  parecía  que  me 
iba  á  desmayar,  y  tenía  que  sentarme,  sintiéndo¬ 
me  tan  abatido  que  me  daban  ganas  de  llorar. 
Habiendo  sido  siempre  fuerte,  no  me  acomodaba 
á  verme  reducido  á  tal  extremo  de  debilidad. 
Tomé  medicinas  y  vi  á  un  médico;  pero  aunque 
me  alivió  algo,  luego  mq  sentí  peor  que  antes. 
Así  pasé  más  de  un  año,  cuando  una  criada  que 
vino  á  vivir  á  casa  de  Mr.  Roberts  me  habló  de 
una  medicina  llamada  Jarabe  de  la  Madre  Sei¬ 
gel.  Había  oído  hablar  de  ella  en  el  tren  á  un  ca¬ 
ballero  que  la  alababa  mucho,  y  decidí  tomarlo. 
Después  de  tomar  dos  botellas  el  alimento  me 
hacía  provecho  y  cobré  fuerzas,  y  siguiendo  con 
el  Jarabe  me  puse  bueno  del  todo  y  no  he  vuelto 
á  estar  malo  desde  entonces. » 

El  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  está  de 
venta  en  todas  las  farmacias,  droguerías  y  ex¬ 
pendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del 
frasco,  14  reales;  frasquito,  8  reales. 


MALAS  COSTUMBRES 

APUNTES  DE  MI  TIEMPO 
POR 

D.  EUSEBIO  BLASCO 

Un  tomo,  0.°  mayor  francés,  3  pecctas.  Se 
halla  de  venta  on  la  Administración  do  este 
periódico,  calle  del  Arenal,  Ib,  Madrid. 


OBRAS  DE  D.  MANUEL  DEL  PALACIO. 


De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración 
EsrASoLA  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


DENTADURA 

Para  conservar  ésta  sana  ó  sin  padecimiento 
alguno,  elíjase  un  dentífrico  higiénico,  acreditado 
en  la  práctica.  Deséchense,  por  perjudiciales,  los 
dulzainos.  Un  buen  dentífrico  ha  de  perfumar  y 
refrescar  la  boca  deliciosamente  con  el  aroma  de 
la  menta  y  la  rosa,  Dero  dejando  un  recuerdo  ó 
?usto  ligero  de  los  tónicos  ó  amargos,  como  su¬ 
cede  con  el  Licor  del  l*olo  de  Oí  ive.  Por 
mayor,  M.  García.  Capellanes,  1,  Madrid. 


LA  FOSFATIN  A  FALIFR  ES  es  el  ali¬ 
mento  más  agradable  y  más  recomendado  para  los 
niños  de  6  á  7  meses  de  edad,  principalmente  en  la 
época  del  destete  y  en  el  período  del  crecimiento. 
- 'adlita  ¡a  dentición  y  asegura  la  buena  formación  de  los 
huesos.  Impide  la  diarrea  tan  frecuente  en  los  niños. 

París,  Avcnue  Victoria,  6,  farmacias. 


CUARENTA  SIGLOS 

POR 

D.  ANSELMO  FUENTES 


Historia  útil  á  la  generación  presente.  Este  libro  ha  sido  revisado  por  la 
Autoridad  eclesiástica. 

Un  tomo  8.°  mayor  francés,  que  se  vende,  á  3  pesetas,  en  la  Administra¬ 
ción  de  este  periódico,  Arenal,  18,  Madrid. 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

extra,  de  aroma  riquísimo,  permanente  y  muy  delicado.  Inimitable  para  curar  la  blandura  de  los 
párpado?;  excitar  suave  y  deliciosamente  la  piel,  evitando  los  catarros  á  los  propensos  á  resfriarse; 
aclarar  Ja  vista  cansada  y  para  el  tocador,  pañuelo  y  baño.  Preterida  á  las  más  acreditadas  del 
Extranjero.  Frascos  corrientes,  de  3  á  12  reales.  Muy  lujosos  con  cuentagotas,  de  5  á  26  reales. 
Por  medida,  franco  envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  un  litro,  ó  pesetas.  Desde  cuatro  litros, 
á  4  pesetas.  En  frascos,  farmacias  y  perfumerías.  Por  medida,  su  autor,  Ascao,  7. 


Impreso  con  Unta  de  la  fátorloa  &OBXLLSVX  y  C.\  16,  rué  Suger,  París. 


Reservados  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.  — Establecimiento  tipolitográflco  «Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCION,  PAGADEROS  EN  ORO. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 
Asia . 


AÑO. 


12  pesos  fuertes. 
60  francos. 


7  pesos  fuertes. 
35  francos. 


Digitized  by 


MARÍA  ÁLYAREZ  TUBAU  DE  FALENCIA, 

EMINENTE  ACTRIZ  ESPAÑOLA, 

EN  «  LA  CORTE  DE  NAPOLEÓN  )),  RECIENTEMENTE  ESTRENADA  EN  EL  TEATRO  DE  LA  PRINCESA. 

(Do  fotografía  de  M.  Huerta.) 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


SEMESTRE. 


Madrid... . 
Provincias. 
Extranjero 


3o  pesetas. 
40  id. 

50  francos. 


18  pesetas. 
21  id. 

26  francos. 


AÑO  XLII.-NÚM.  VI. 

ADMINISTRACIÓN: 

AKENAX,,  18. 

Madrid  15  de  Febrero  de  1898. 


86  —  X.e  VI 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


'15  Fkbkbbo  1898 


SUMARIO. 

TEXTO. — Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón. — Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  La  Duda ,  drama  de  don 
José  de  Echegaray,  estrenado  en  el  teatro  Español  la  noche  del  11 
de  Febrero,  por  ü.  Juan  Valera,  de  la  Real  Academia  Española.— 
Literatura  novísima,  por  D.  Benito  Mariano  Andrade.  —  ¡Hay  que 
verlos!  Al  laureado  pintor  D.  Silvador  Viniegra,  poesía,  por  don 
José  Jackson  Veyán.— Malagueñas,  por  D.  Narciso  biaz  de  Encovar. 
—Injusticia  y  lealtad,  por  D.  Angel  Stor.—  Las  mujeres  de  Gabriel 
d’ Annunzio ,  por  D.  José  Verdes  Montenegro.— Por  ambos  mundos. 
Narraciones  cosmopolitas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa.— Los 
teatros,  por  A.— Sueltos.— Libros  presentados  á  esta  Redacción  por 
autores  ó  editores,  por  C. — Anuncios. 

Grabados. —Retrato  de  Mana  .ilvarez  Tubau  de  Falencia,  eminente 
actriz  española,  en  La  Corte  de  Napoleón ,  recientemente  estrenada 
en  el  teatro  de  la  Princesa.— Retratos  de  Richebourg  y  del  doc¬ 
tor  Pean.— Retrato  del  Excmo.  Sr.  general  D.  José  María  Reina  Ba¬ 
rrios,  presidente  ae  la  República  de  Guatemala,  asesinado  el  8  del 
actual.  —  Barcelona:  Embarco  de  pontoneros  y  de  reclutas  destina¬ 
dos  á  Cuba,  veriticado  el  ó  del  corriente. —  Marina  de  guerra  espa- 
ñola: -Destructores  y  torpederos  destinados  á  U  isla  de  Cuba. —  Re¬ 
trato  de  Joaquín  Malats,  distinguido  pianista  español.  —  Bellas 
Altes:  Recolección  de  la  sal  y  La  vendimia  en  Jenz,  cuadros  de  Sal¬ 
vador  Viniegra.  —  Bkien  ^Noruega):  Casa  «onde  nació  el  célebre 
autor  dramático  Ibsen.— Marruecos:  Ingleses  del  sindicato  The 
Globe  Ventare  capturados  por  tropas  del  Sultán  á  bordo  del  buque 
de  guerra  marroquí  AL  /faenan  i.—  Retrato  de  Gabriel  d’ Annunzio, 
autor  de  La  Ciudad  muerta .  recientemente  estrenada  en  Pans. — 
Gocong  iCochinchina  :  Visita  del  emperador  de  Annam,  Thanh 
Thai,  á  las  tumbas  de  sus  antepasados.— Retrato  del  Excmo.  señor 
D.  José  Toral  y  Velázquez,  general  de  división,  gobernador  militar 
de  la  provincia  y  plaza  üe  Santiago  de  Cuba. 


CRÓNICA  GENERAL. 


UÁNTOS  artículos  ha  publicado  la  pren- 
(5  sa  universal  acerca  de  la  inviolabili- 
v^ol  )  dad  de  *a  correspondencia!  Y  siquiera 
*0B  Gobiernos  que  la  interceptaban  ó 
registraban  tenían  el  pudor  de  ocul- 
tarlo  y  de  negarlo.  Hacer  gala  del  robo 
■ígr  s  de  una  carta  privada  y  publicarla  además 
&T  en  perjuicio  del  despojado,  como  ha  hecho 
|  un  periódico  yankee  con  la  del  Sr.  Dupuy  de 
*  Lome  dirigida  á  D.  José  de  Canalejas,  es  el 
colmo  de  la  desvergüenza.  Presentimos  para  la 
prensa,  si  insiste  en  abusar  de  todo  y  ejercer  es- 
polios  de  esa  índole,  un  castigo  tremendo:  el  del 
menosprecio  público.  Porque  en  nombre  de  la  li¬ 
bertad  del  pensamiento  se  le  concedieron  los  fue¬ 
ros  que  disfruta,  y  si  no  entendemos  por  libertad 
de  escribir  más  que  la  nuestra,  y  nos  creemos  due¬ 
ños  de  violentar  el  pensamiento  ajeno  obligándole 
á  decir  á  voces  lo  que  depositaba  en  la  intimidad, 
ó  le  forzamos  á  confesarse  en  público,  y  vivimos 
de  pregonar  secretos,  no  seamos  hipócritas  ai  me¬ 
nos;  tengamos  el  valor  de  nuestra  profesión,  y  con¬ 
vengamos  en  que,  bajo  el  título  de  libertad  de  la 
prensa,  lo  que  ha  nacido  en  realidad  es  una  inso¬ 
portable  tiranía  y  la  mas  inicua  de  las  inquisicio¬ 
nes:  la  que  escudriña  el  pensamiento  para  comer¬ 
ciar  con  el  escándalo. 

Publicada  la  carta  del  Sr.  Dupuy  de  Lome  en 
que  hacía  apreciaciones  poco  favorables  respecto 
del  Presidente  de  la  República  de  los  Estados  Uni¬ 
dos,  nuestro  representante  cumplió  su  deber  de 
caballero:  hizo  dimisión  irrevocable  de  su  car¬ 
go.  No  podía  en  rigor  proceder  de  otra  manera 
para  no  complicar  con  un  asunto  meramente  per¬ 
sonal  nuestras  vidriosas  relaciones  internaciona¬ 
les.  Claro  es  que  no  podía  considerársele  persona 
grata  desde  aquel  momento ;  que  nuestro  Gobierno 
no  podía  aceptar  la  responsabilidad  de  sus  pala¬ 
bras,  y  diplomáticamente  al  reconocer  por  suya  la 
carta  se  había  incapacitado  para  continuar  en  su 
cargo.  Más  diremos:  había  cometido  una  ligereza 
al  depositar  en  el  correo  aquella  confianza,  á  me¬ 
nos  que  se  explique  de  otro  modo  la  historia  in¬ 
noble  de  esa  sustracción,  que  merece  averiguarse. 
Libre  ya  el  Sr.  Dupuy  de  Lome  de  los  deberes  que 
su  representación  le  imponía;  responsable  ante  el 
mundo  de  las  ideas  que  contra  su  voluntad  ha  de¬ 
latado  la  prensa  norteamericana,  será  curiosa  la 
justificación  con  que  nuestro  antiguo  y  querido 
amigo  y  colaborador  las  complete  y  desarrolle: 
que  si  los  diplomáticos  yankees  pueden  sin  incon¬ 
veniente,  como  Mr.  Taylor,  recobrar  su  libertad 
de  criterio  cuando  dejan  su  puesto  oficial,  con 
harto  mejor  pluma  y  mayor  comedimiento  sabrá 
hacerlo  el  autor  De  Madrid  á  Madrid  pasando  por 
la  China ,  verdadero  y  probado  publicista. 

¡Con  quó  placer  respirará  fuera  de  la  atmósfera 
sofocante  en  que  ha  vivido  los  tres  larguísimos 
años  de  su  lucha  contra  las  intrigas  más  rastreras, 
desmintindo  falsedades,  contemporizando  con  la 
perfidia  y  disimulando  groserías!  Debemos  felici¬ 
tarle  y  declararle  benemérito  de  la  patria  por  ese 
martirio  de  su  espíritu.  Resumiendo:  se  ha  robado 
una  carta  particular  al  Sr.  Dupuy  de  Lome;  los 
que  cometieron  y  aprovecharon  el  robo  quedan 
contentos  y  estimados:  la  víctima  tiene  que  aban¬ 
donar  la  gran  República  antes  de  que  cometan 
con  él  otro  atropello. 

p 

#  * 


Pocas  noticias  tenemos  del  asesinato  del  presi¬ 
dente  de  la  República  de  Guatemala,  general  Ba¬ 
rrios.  Sabemos  únicamente  que  el  matador  era 
extranjero,  alemán  según  unos,  y  súbdito  inglés 
según  noticias  posteriores,  el  cual  pagó  su  crimen 
quedando  muerto  de  un  tiro  en  el  instante.  Con 
tan  escasos  detalles  sólo  nos  corresponde  consig¬ 
nar  este  hecho  bárbaro  y  enviar  nuestro  pésame  á 
la  representación  de  aquel  país  hermano,  privado 
violentamente  de  su  jefe. 

• 

•  • 

El  general  Macías  ha  dado  parte  al  Gobierno 
central  de  haber  prestado  juramento  y  quedar 
constituido  el  primer  Gobierno  autonómico  de 
Puerto  Rico.  Este  hecho  histórico  realizado  en 
aquel  territorio  pacífico,  sin  convulsiones,  es  una 
evolución  de  los  tiempos,  que  desearemos  redunde 
en  beneficio  de  aquella  hermosa  isla  y  de  sus  lea¬ 
les  habitantes,  y  que,  en  vez  de  desunirnos,  es¬ 
treche  si  es  posible  nuestros  lazos. 

• 

*  *  V 

El  proceso  de  Zola  ha  de  volver  locos  á  muchos 
de  los  que  no  adopten  el  sistema  general  de  adhe¬ 
rirse  á  uno  de  los  partidos  y  no  tolerar  nada  que 
contradiga  sus  sentimientos.  Son  raros  los  hom¬ 
bres  que  pueden  ó  quieren  abarcar  los  hechos  en 
su  conjunto,  y  éstos  son  como  las  estatuas,  que  no 
se  conocen  bien  si  no  se  da  la  vuelta  alrededor. 
Escribimos  cuando  toda  la  información  esti  pen¬ 
diente  de  las  pruebas  no  aducidas  hasta  ahora:  un 
largo  desfile  ae  testigos  que  se  resisten  á  hablar, 
escudándose  en  el  secreto  profesional,  no  sin  ra¬ 
zón;  otros  testigos  que  nada  atestiguan,  sino  que 
pronuncian  verdaderos  alegatos  forenses  en  de¬ 
fensa  de  Zola;  público  que  acoge  con  rumores  ó 
aplausos  lo  que  halaga  sus  inclinaciones;  choques 
personales  y  tumultos  callejeros  cada  vez  que  en¬ 
tra  ó  sale  el  acusado,  y  alguna  que  otra  pedrada  en 
el  inofensivo  escaparate  de  un  judío.  Tal  es  el  es¬ 
pectáculo  externo.  En  lo  legal,  no  vemos  todavía 
que  haya  aportado  Zola  ninguna  prueba  de  las 
acusaciones  que  dirigió  á  los  jefes  y  tribunales 
militares;  pero  como  la  vista  continua,  no  es  po¬ 
sible  decidirse;  en  realidad,  sucede  en  este  caso 
que  lo  real  es  aparente,  porque  la  cuestión  some¬ 
tida  á  los  jurados  se  reduce  á  lo  siguiente:  ¿Fue 
Zola  un  difamador  ai  acusar  á  los  generales  y  je¬ 
fes  que  entendieron  en  Jos  procesos  de  Dreyfus  y 
Esterhazy,  ó  no?  Y  como  la  difamación  existe 
mientras  no  demuestre  que  tenía  razón  al  acusar¬ 
les  y  pruebas  positivas  para  arrojarles  aquel  pa¬ 
drón  de  ignominia,  nos  parece  que  el  novelista 
ha  acometido  una  empresa  temeraria,  no  tan  épica 
como  se  supone,  pues  es  frecuente  en  la  prensa 
que  escritores  ligeros  hagan  acusaciones  semejan¬ 
tes  que  no  pueden  probar  y  sean  condenados  por 
los  tribunales.  ¿Esperaba  citando  á  esos  jefes  y 
oficiales  conseguir  declaraciones  que  les  perjudi¬ 
caran?  Algo  problemático  parece:  el  secreto  pro¬ 
fesional  los  garantía,  y  lissta  su  propia  defensa; 
que  no  habían  de  dar  armas  á  un  enemigo. 

Pero  como  tras  todo  esto  liay  una  cuestión  de 
fondo,  que  es  distinta  y  es  la  fundamental,  la  re¬ 
visión  de  los  procesos,  de  aquí  la  lucha  que  sos¬ 
tiene  el  Presidente  del  Tribunal  para  evitar  que  el 
de  Zola  sea  una  verdadera  é  ilegal  revisión  de 
aquellos  otros;  anomalía  jurídica  que  aprovechan 
los  abogados,  hábiles  por  cierto,  del  novelista 
para  protestar  de  indefensión,  y  que  proyecta 
cierta  sombra  que  favorece  á  su  cliente. 

Y  para  que  la  complicación  saa  mayor,  los  sen¬ 
timientos  heridos  establecen  otra  pugna,  la  más 
apasionada  y  ruidosa,  en  torno  del  proceso:  los 
que  creen  en  la  conveniencia  de  los  procedimien¬ 
tos  especiales  de  la  justicia  militar,  sobre  todo  en 
lo  relativo  al  espionaje,  que  es  por  su  naturaleza 
reservado,  y  los  que,  inspirándose  en  ideas  gene¬ 
rosas,  quieren  que  la  justicia  sea  una  y  diáfana  en 
todas  sus  manifestaciones.  De  aquí  las  adhesiones 
ó  protestas  que  recibe  el  novelista. 

Por  último,  la  lucha  entre  sus  admiradores  ó 
enemigos:  los  que  se  recrean  con  sus  libros  ó  sien¬ 
ten  repugnancia;  los  que  crean  que  Dreyfus  es 
inocente,  y  los  que  se  indignan  de  que  se  revuelva 
el  mundo  en  favor  de  un  miserable ;  los  que  ven 
en  el  fondo  una  gran  especulación  ó  un  acto  gene¬ 
roso.  No  es  extraño  que  las  gentes  enloquezcan,  y 
se  golpeen  y  griten,  en  medio  de  tantos  elementos 
de  confusión  y  de  peleas,  y  que  den  vivas  á  Zola 
los  anarquistas  agradecidos,  que  gozan  con  toda 
agitación,  ó  los  letrados,  que  nacieron  para  la 
controversia  y  la  disputa. 

» 

•  • 

El  Círculo  de  Bellas  Artes  abre  un  concurso  pu¬ 
ramente  honorífico,  por  ser,  no  sólo  gratuito,  sino 
costoso  para  todos  los  que  presenten  sus  trabajos. 
Como  se  trata  de  remediar  una  de  las  grandes  omi¬ 


siones  de  esta  época  erigiendo  en  Madrid  una  es¬ 
tatua  enfrente  del  Museo  á  D.  Diego  Velázquez,  la 
convocatoria  del  Círculo  honra  á  sus  iniciadores 
y  á  cuantos  acudan  á  ese  certamen  desinteresado, 
se  acepten  ó  no  sus  proyectos.  Tiempo  es  ya  de 
que  la  gran  figura  del  autor  de  las  Meninas,  las 
Lanzas ,  las  Hilanderas  y  los  magníficos  retratos 
con  que  enriqueció  nuestro  Museo  y  puso  á  la  es¬ 
cuela  española  en  lugar  tan  alto,  se  funda  en  bron¬ 
ce  para  atestiguar  á  los  siglos  la  estimación  que 
nos  merece. 

o 

6  4» 

La  lacha  del  toro  y  el  elefante  en  la  Plaza  de 
Toros  de  Madrid  no  satisfizo  al  ilustrado  público. 
El  elefante,  que  era  un  parvulillo,  sufrió  algunas 
cornadas  y  no  quiso  reñir.  Los  que  creyeron  que 
era  su  trompa  guerrera,  se  engañaron.  No  corrió 
la  sangre,  y  por  consiguiente  faltó  la  diversión. 

•  • 

Estamos  en  plena  diversión.  La  Sociedad  de  Es¬ 
critores  y  Artistas  dió  su  baile  de  máscaras,  y  el 
Círculo  de  Bellas  Artes  prepara  el  suyo.  El  alcalde 
de  Madrid,  Conde  de  Romanones,  dispone  su  ba¬ 
talla  de  flores  en  el  Prado,  y  por  todas  partes  hay 
preparativos  para  el  combate.  Dícennos  que  se  está 
preparando  una  revolución  en  la  música  de  los  bai¬ 
les,  la  cual  no  puede  realizarse  todavía  por  falta 
de  los  hombres.  Hace  tiempo  que  acuden  las  se¬ 
ñoritas  más  elegantes  á  ciertas  academias,  donde 
aprenden  toda  clase  de  bailes  nacionales,  cansa¬ 
das  de  los  eternos  bailes  extranjeros,  únicos  que 
se  usan  en  las  reuniones  españolas,  con  desprecio 
de  las  gallardas  sevillanas,  la  alegre  jota,  las  ma¬ 
lagueñas,  seguidillas,  muñeira  y  tantas  otras  dan¬ 
zas  animadas  y  graciosas  que  la  moda  y  el  extran¬ 
jerismo  desterraron  de  los  salones,  como  innobles 
y  plebeyas  sólo  por  ser  de  casa.  Ya  hay  muchas 
y  muy  buenas  bailadoras,  pero  hay  escasez  de  bai¬ 
larines.  ¿Romperán  á  bailar  solas?  ¿Dónde  se 
dará  el  golpe  de  Estado  y  cuándo?  A  los  revisteros 
de  salones  corresponde  averiguarlo.  Por  nuestra 
parte,  somos  capaces,  no  de  tomar  las  castañue¬ 
las,  sino  de  aplaudir  esta  resurrección  de  un  ejer¬ 
cicio  gracioso  y  animado. 

• 

•  • 

— ¿Cómo  quiere  usted  que  le  saque  la  muela, 
con  dolor  ó  sin  dolor? 

— ¿En  qué  está  la  diferencia? 

—  En  el  precio. 

— Pues  si  ha  de  doler  de  todos  modos,  que  sea 
al  extraerla  y  no  al  pagar. 


— Ven  á  paseo,  Juan. 

— No;  todos  los  días  me  entretienes. 

— Si  lo  hago  por  tu  bien:  mientras  te  distraes 
conmigo  no  haces  dramas. 


— ¿Es  cierto  que  se  adjudicará  un  premio  á  la 
máscara  que  mejor  se  disfrace  de  animal? 

—  Está  acordado  ese  estímulo. 

—  ¿Y  qué  premio  se  concede  al  vencedor?  ¿Una 
cátedra? 

—  Hombre,  no:  si  acaso,  un  buen  alojamiento  en 
la  casa  de  las  fieras. 


—  Habrá  mucha  aglomeración  de  gente  el  día 
del  concurso. 

—  ¡  Pues  dígole  á  usted  si  se  escapara  un  toro! 

— ¡Ya,  ya!  Los  guardias  le  abrirían  paso,  creyén¬ 
dole  una  máscara  que  iba  á  optar  al  premio. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


MARÍA  ÁLVAREZ  TUBAU  DE  PALENCJA , 
eminente  actriz  españolo. 

En  la  primera  página  publicamos  hoy  el  retrato 
de  la  eminente  actriz  española  María  Alvarez  Tu¬ 
bau  de  Palencia,  con  uno  de  los  trajes  que  luce  en 
la  aplaudida  comedia  de  Sardou  Madame  Sons - 
Gene ,  recientemente  estrenada  en  el  teatro  de  la 
Princesa  con  el  título  de  La  Corte  de  Napoleón. 
El  nuevo  triunfo  que  en  la  interpretación  de  tan 
difícil  personaje  ha  obtenido  María  Tubau,  con¬ 
firma  una  vez  más  la  justa  fama  que  en  los  teatros 
de  España  y  América  ha  conquistado  su  talento, 
y  los  aplausos  del  público  y  los  elogios  de  la  crí¬ 
tica  así  lo  atestiguan  por  modo  evidente. 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Febrero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  vi  —  87 


EXCMO.  SR.  GENERAL  D.  JOSÉ  MARÍA  REINA  BARRIOS, 
presidente  de  la  República  de  Guatemala. 

Un  nuevo  atentado  tenemos  que  añadir  á  la  lar¬ 
ga  lista  de  crímenes  que  la  ceguedad  de  la  pasión 
política  engendra  con  demasiada  frecuencia  en 
nuestros  días. 

El  asesinato  se  cometió  el  martes,  8  del  actual, 
á  las  siete  de  la  tarde,  en  las  inmediaciones  de  la 
residencia  presidencial. 

El  Sr.  Barrios  recibió  un  disparo  de  revólver 
que  le  dejó  seco. 

El  criminal  es  un  alemán  llamado  Oscar  Solin- 
ger.  Una  de  las  personas  que  acompañaban  ai  Pre¬ 
sidente  dió  muerte  ai  asesino  en  cuanto  éste  co¬ 
metió  el  horrendo  delito. 

Ha  sido  proclamado  jefe  del  Poder  ejecutivo  el 
vicepresidente  Sr.  Estrada  Cabrera,  que  tomó  po¬ 
sesión  de  su  elevado  cargo  inmediatamente. 

Nació  el  general  Barrios  en  San  Marcos,  en  Di¬ 
ciembre  de  1854,  y  desde  los  trece  años  comenzó 
á  tomar  parte  en  las  luchas  políticas,  luchando  en 
el  alzamiento  contra  el  Gobierno  de  Cero  a  de  1866 
y  en  los  de  los  dos  años  siguientes.  En  el  ejército 
revolucionario  llegó  á  subteniente,  ó  ingresó  en  la 
Escuela  politécnica  al  crearse  ésta.  Distinguióse 
por  su  valor  en  la  guerra  de  1876  contra  los  salva¬ 
doreños,  y  en  la  de  1885  llegó  á  general. 

Fué  subsecretario  del  despacho  de  la  Guerra,  y 
primer  vicepresidente  del  Congreso  nacional,  y 
había  sido  elegido  por  gran  mayoría  Presidente  do 
la  República. 

Damos  su  retrato  en  el  primer  grabado  de  la 
página  88. 

«  • 

BARCELONA. 

Embarco  de  tropas  y  de  reclutas  destinados  á  Cuba. 

El  día  5  del  actual  se  efectuó  en  el  puerto  de 
Barcelona  el  embarco,  en  el  Montevideo,  de  127  in¬ 
dividuos  de  la  segunda  unidad  de  pontoneros,  y  de 
1.100  reclutas  procedentes  de  las  regiones  3.a,  5.a, 
6.a,  7.a  y  8.a  y  de  las  Baleares. 

A  las  nueve  y  media  de  la  mañana  salieron  del 
cuartel  de  Atarazanas  los  primeros,  á  quienes  el 
cuarto  regimiento  de  zapadores-minadores  había 
obsequiado  con  un  buen  desayuno. 

El  comandante  general  de  Ingenieros  D.  Fer¬ 
nando  Alameda  y  los  jefes  y  oficiales  francos  de 
servicio  del  regimiento  acompañaron  hasta  el  em¬ 
barcadero  de  la  Paz  á  los  pontoneros,  que  fueron 
conducidos  en  uno  de  los  vaporcitos  golondrinas 
al  Montevideo . 

En  el  muelle  de  la  Barceloneta  se  verificó  tam¬ 
bién  á  la  hora  citada  el  embarco  de  los  reclutas. 

En  dicho  sitio  estuvieron  presentes,  mientras 
duró  la  operación,  el  general  de  brigada  don 
Eduardo  Soler,  en  representación  del  Capitán  ge¬ 
neral,  el  comandante  de  la  Guardia  civil  D.  Trini¬ 
tario  Salazar,  el  teniente  Sr.  Gutiérrez  y  varios 
jefes  y  oficiales  francos  de  servicio. 

Un  piquete  del  batallón  cazadores  de  Figueras, 
con  bandera  y  música,  estuvo  situado  en  el  andén 
alto  del  mencionado  muelle,  y  las  bandas  milita¬ 
res  ejecutaron  aires  nacionales. 

El  embarco  de  los  1.100  reclutas  duró  dos  horas 
y  media,  practicándose  con  el  mayor  orden,  pre¬ 
senciándolo  el  capitán  de  Infantería  alemán  señor 
Weise,  agregado  á  la  embajada  de  su  nación  en 
Madrid.  Luego,  en  la  falúa  de  la  Capitanía  ge¬ 
neral,  se  trasladó  á  bordo  del  Montevideo ,  reco¬ 
rriendo  sus  dependencias  y  presenciando  el  aloja¬ 
miento  de  los  soldados. 

El  Montevideo,  que  zarpó  con,  rumbo  á  Cuba  des¬ 
pués  del  mediodía,  conduce  además  del  material 
de  pontoneros  sistema  Birogo.  destinado  al  río 
Cauto,  cuatro  bultos  de  material  de  artillería  para 
la  Maestranza  de  la  Habana. 

En  la  página  88  publicamos  un  grabado  que  re¬ 
produce  el  embarco  de  estos  soldados  que  van  á 
reunirse  á‘los  que  allí  mantienen  con  su  esfuerzo 
la  causa  santa  del  honor  de  España. 

•  • 

EMILIO  RICHEBOURG. 

Acaba  de  morir  en  París  el  fecundo  novelista 
Emilio  Richebourg,  cuyo  retrato  acompaña  á  es¬ 
tas  líneas.  Nació  el  año  33  en  Meuvy  (Haute- 
Marne),  donde  ejercía  su  padre  modesta  posición, 
y  sin  otros  estudios  que  los  que  la  instrucción  pri¬ 
maria  proporciona,  se  lanzó  á  París  impulsado  por 
irresistible  vocación  literaria.  Maestro  primero, 
empleado  en  una  casa  de  comercio  después,  agre¬ 
gado  á  la  Administración  del  periódico  Le  Fígaro 
más  tarde,  encontró  por  fin  su  verdadero  camino, 
y  llegó  á  ser  autor  acreditadísimo  de  novelas  para 
los  folletines  de  los  periódicos  populares. 

No  fué  la  novela  de  observación  ni  la  de  primo¬ 


res  de  estilo  la  que  cultivó  Richebourg,  sino  aque¬ 
lla  que  por  sus  peripecias  y  situaciones  dramáti¬ 
cas  excita  y  mantiene  el  interés  de  los  lectores. 

Moral  y  sentimental,  su  género  tuvo  gran  acep¬ 
tación,  y  su  labor  perseverante,  que  produjo  unos 
cuarenta  volúmenes,  le  proporcionó  gran  popula¬ 
ridad  y  cuantiosas  utilidades. 


Como  persona,  disfrutaba  Richebourg  de  gran¬ 
des  simpatías  por  la  sencilla  houradez  de  sus  cos¬ 
tumbres  y  su  pródiga  caridad. 

•  * 

EL  DOCTOR  I*EAX. 

Acompaña  á  estas  líneas  el  retrato  del  célebre 
cirujano  francés  Dr.  Pean,  muerto  recientemente. 
Nació  Pean  en  Cliáteaudun,  de  una  modesta  fami¬ 
lia  de  cultivadores,  el  año  1830,  y  estudió  en  Pa¬ 
rís  la  medicina,  siendo  discípulo  del  célebre  Né- 
laton.  Ingresó  por  concurso  de  alumno  interno 
en  1852,  y  en  los  hospitales  ha  adquirido  la  fama 
de  operador  habilísimo,  que  le  proporcionó  gran 
fortuna.  Estuvo  en  el  de  Niños,  en  el  de  Lourdes, 
San  Antonio  y  San  Luis,  y  fundó  el  Internacional. 


de  la  calle  de  la  Santé,  cuya  dirección  ha  desem¬ 
peñado  hasta  su  muerte.  Era  académico  desde  1887 
y  comendador  de  la  Legión  de  Honor. 

• 

•  * 

MARINA  ESPADOLA  DE  GUERRA. 

Destructores  y  torpederos  destinados  á  la  isla  de  Cuba. 

Los  torpederos  y  destructores  de  torpederos 
que  van  á  ser  enviados  á  Cuba  compondrán  dos 
divisiones. 

La  primera  saldrá  de  Cádiz  para  Canarias  y  la 
Habana,  del  25  al  28  del  actual,  y  formarán  parte 
de  ella  los  destructores  Pintón ,  Terror  y  Furor , 
que  ya  están  en  Cádiz,  y  los  torpederos  Rayo, 
Halcón  y  Azor ,  que  han  salido  de  Cartagena  para 
aquel  puerto. 

Esta  primera  división  irá  mandada  por  el  señor 
D.  Fernando  Villaamil. 

La  seguoda  división  se  compondrá  de  los  destruc¬ 
tores  Osado,  Audaz  y  Proserpina  (éstos  aun  se  ha¬ 
llan  en  Glasgow),  y  los  torpederos  Ariete ,  Habana 
y  Barceló . 

Como  tipos  de  estos  barcos  publicamos  en  el 
grabado  de  la  página  89  el  Terror ,  que  tiene  4  ca¬ 
ñones  y  2  ametralladoras,  máquina  de  80  caballos 
y  380  toneladas  de  desplazamiento;  el  Destructor, 
con  5  cañones  y  2  ametralladoras,  fuerza  de  mᬠ
quina  de  3.800  caballos  y  368  toneladas;  el  Furor, 
con  4  cañones,  2  ametralladoras  y  380  toneladas; 
el  Halcón,  con  4  cañones,  fuerza  de  máquina  de 
1.600  caballos  y  127  toneladas;  el  Rayo,  con  igual 
número  de  cañones,  1.620  caballos  y  120  tonela¬ 


das;  el  Audaz,  el  Osado,  el  Ariete  y  el  Azor ,  así 
como  el  transatlántico  que  conduce  provisiones, 
pertrechos,  etc. 

• 

•  • 

JOAQUÍN  MALÁTS , 
distinguido  pianista  españoL 

En  la  página  90  publicamos  el  retrato  del  nota¬ 
ble  pianista  español  Joaquín  Maláts,  que  hoy  ob¬ 
tiene  el  aplauso  entusiástico  de  sus  compatriotas, 
después  de  haber  logrado  los  del  público  y  la  crí¬ 
tica  parisienses. 

Cuéntase  que  Malats,  cuando  era  niño,  sentía 
tal  tedio  para  el  estudio,  que  optó  por  aprender  el 
piano  sólo  por  el  afán  de  perder  de  vista  los  li¬ 
bros;  y  cuando  el  estudio  del  piano  se  formalizó, 
perdió  también  su  afición  á  éste,  y  solamente  la 
severidad  de  su  padre  y  la  perseverancia  de  su 
profesor,  el  Sr.  Governa,  pudieron  lograr  que  es¬ 
tudiara  dos  años,  al  cabo  de  los  cuales  dió  un  con¬ 
cierto  en  el  Fomento  del  Trabajo  Nacional  de 
Barcelona,  en  el  que  obtuvo  gran  éxito  el  pianista 
de  doce  años. 

No  le  animaron,  sin  embargo,  los  aplausos  ni 
los  anuncios  de  un  porvenir  brillante;  antes  al 
contrario,  se  acentuó  tanto  su  aversión  al  trabajo 
que  su  padre  adoptó  la  severa  medida  de  ponerlo 
de  aprendiz  en  una  carpintería.  La  dura  corrección 
produjo  en  Maláts  saludable  efecto,  y  al  mes  de 
estar  en  tan  humilde  oficio  pidió  perdón,  é  hizo 
serio  y  eficaz  propósito  de  la  enmienda. 

En  1888  ingreso  en  la  Escuela  municipal  de  Mú¬ 
sica  de  Barcelona;  ganó  el  primer  premio  y  ob¬ 
tuvo  una  modesta  pensión  del  Ayuntamiento  para 
continuar  sus  estudios  en  París. 

Suele  tener  aquel  clima  la  útilísima  propiedad 
de  curar  á  los  españoles  del  pecado  original  de  la 
pereza,  y  Joaquín  Maláts  curó  por  completo  y  se 
hizo  trabajador  infatigable. 

En  1890  ingresó  en  el  Consc  rvatorio  de  París  en 
la  clase  de  Beriot. 

Dos  años  después,  en  los  concursos  obtuvo  el 
segundo  premio,  siendo  tan  brillantes  sus  ejerci¬ 
cios  que  los  críticos  de  los  periódicos  más  impor¬ 
tantes  protestaron  contra  el  fallo  del  Jurado  y 
opinaron  que  merecía  el  primer  premio. 

Esta  recompensa  suprema  la  obtuvo  al  año  si¬ 
guiente  por  unanimidad. 

Su  maestro  Beriot  le  tiene  en  tan  alta  estima, 
que  cuando  Maláts  dió  su  primer  concierto  en  la 
sala  Erard  de  París ,  le  acompañó  la  primera  au¬ 
dición  de  su  tercer  concierto  para  dos  pianos,  y  al 
publicar  su  obra  la  dedicó  al  joven  pianista  es¬ 
pañol. 

En  la  Asociación  de  la  Prensa,  en  el  Conserva¬ 
torio,  en  el  Ateneo,  en  cuantos  sitios  ha  tocado  el 
piano  Maláts,  ha  sido  unánimemente  celebrado 
como  artista  notable,  que  domina  el  mecanismo  y 
une  á  la  agilidad  más  pasmosa  un  gran  sentimiento 
en  la  expresión,  lo  mismo  en  los  pasajes  que  inter¬ 
preta  con  la  más  elegante  delicadeza,  que  en  aque¬ 
llos  que  requieren  la  más  vigorosa  energía.  Maláts 
es  además  compositor  muy  inspirado,  como  lo 
prueba  la  colección  titulada  Impresiones  de  Es¬ 
paña. 

# 

*  * 

BELLAS  ARTES. 

Recolección  de  h  nal  y  La  vendimia  en  Jerez ,  cuadros 
de  Salvador  Viniegra. 

Ocupan  nuestras  páginas  92  y  93  dos  reproduc¬ 
ciones  de  los  cuadros  de  Salvador  Viniegra,  que 
han  constituido  la  novedad  artística  de  estos  días. 

Expuestos  han  estado  en  el  estudio  de  Mariano 
Benlliure,  y  á  verlos  y  admirarlos  han  acudido 
S.  M.  la  Reina  y  S.  A.  la  infanta  D.a  Isabel  y 
muchísimos  artistas  y  apasionados  de  las  Bellas 
Artes. 

Representa  el  primero  la  recolección  de  la  sal 
en  la  isla  de  San  Fernando,  y  el  segundo  la  faena 
agrícola  de  la  vendimia  en  los  frondosos  y  ricos 
viñedos  de  Jerez. 

De  la  composición  pueden  juzgar  por  sí  mismos 
nuestros  lectores  y  del  mérito  de'  los  cuadros,  aña¬ 
diendo  á  su  imaginación  el  encanto  que  un  color 
lleno  de  luz  y  brillantez,  presta  á’ tan  pintorescos 
lugares  y  características  escenas. 

Los  cuadros  de  V  iniegra  figurarán  en  la  Expo¬ 
sición  de  Berlín  y  en  el  Salón  de  los  Campos  Elí¬ 
seos  de  París. 

• 

«  « 

SK1EN  (NORUEGA). 

C&fta  donde  nadó  el  célebre  autor  dramático  Itaen. 

En  el  melancólico  paisaje  noruego  que  repro¬ 
duce  nuestro  primer  grabado  de  la  página  96  figu¬ 
ra  la  casa  en  que  nació  el  célebre  poeta  dramático 


Digitized  by  ^.ooQie 


88 


tttf€S4l«Gus 


15  Pedrero  1898 


A  Y  AMERICANA 


BARCELONA.  — EMBARCO  DE  PONTONEROS  Y  DE  RECLUTAS  DESTINADOS  Á  CUBA,  VERIFICADO  EL  5  DEL  CORRIENTE, 


(De  fotografía  de  Furnells.) 


Digitized  by 


Digitized  by  ^.ooQie 


MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA.  —  DESTRUCTORES  Y  TORPEDEROS  DESTINADOS  i  LA  ISLA  DE  CUBA. 


90  —  N.a  VI 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


16  Febrero  1898 


GABRIEL  D’ANNüNZIO. 


Con  motivo  de  la  representación  en 
París  del  drama  de  Gabriel  d’Annun- 
zio  La  Ciudad  muerta ,  está  siendo  la 
personalidad  del  escritor  italiano  la 
actualidad  literaria  de  estos  días. 

Gabriel  d’Annunzio,  cuyo  retrato 
publicamos  en  el  primer  grabado  de  la 
página  97,  es  un  poeta  con  ideales  pro- 
piosj  de  un  mérito  positivo,  y  sus  obras 
se  leen  y  se  admiran  hoy,  tanto  como 
en  su  patria,  en  Francia  y  en  todos  los 
centros  de  cultura  de  Europa  y  de 
América.  Cuenta  treinta  y  ocho  años, 
y  á  los  veintidós  se  reveló  con  su  Canto 
nuoro  y  Terra  promessa,  colección  de 
poesías  el  primero,  y  novela  el  segun¬ 
do,  que  dieron  á  conocer  sus  poderosos 
alientos  y  sus  vivos  anhelos  de  belleza 
y  redención.  Publicáronse  después  Is- 
wteo,  la  Chimera ,  el  Poema paradisiaco^ 
las  Odasnavalesy  las  Elegía#  romanas ,  y  sus  novelas 
El  Inocente  y  El  Placer  y  El  Triunfo  de  la  Muerte . 

De  sus  obras  dice  un  crítico  italiano :  « El  espí¬ 
ritu  del  Renacimiento  serpea  en  las  novelas  como 
en  las  poesías  de  Gabriel  d’Annunzio :  la  misma 
decoración  lujosa,  el  mismo  afán  de  alto  decoro, 
de  la  majestad,  de  la  dominación;  y  después  el 
teatro,  todo  un  teatro  nuevo  que  el  poeta  ha  co¬ 
menzado  á  escribir,  y  que  escribirá  y  represen¬ 
tará .  El  fantástico  Sueño  de  una  mañana  de 

j trimavera  recorre  los  teatros,  con  la  incompara¬ 
ble  interpretación  de  Eleonora  Duse;  Sarah  Ber- 
nhardt  representa  en  París  La  Ville  mor  te;  todo 
un  teatro  griego  de  los  clásicos  tiempos  revivirá, 
merced  á  un  poeta  que  promete  y . cumple.» 

Claro  es  que,  como  nadie  es  perfecto  en  el  mun¬ 
do  y  la  crítica  considera  las  producciones  artís¬ 
ticas  desde  muy  diferentes  puntos  de  vista,  d’An¬ 
nunzio  es  hoy  más  discutido  á  medida  que  crece 
su  fama.  En  La  Cittá  marta  hay,  sin  embargo, 
rasgos  geniales  de  un  poeta  de  altísimo  vuelo,  que 
son  eminentemente  celebrados.  Uno  de  los  méri¬ 
tos  de  la  obra  es  el  estar  escrita  por  un  italiano  en 
francés  literario;  y  se  cuenta  que,  al  recibir  Sarah 
Bernhardt  el  manuscrito,  en  cuanto  lo  leyó  dirigió 
al  autor  el  siguiente  telegrama:  <t Splendide  y  splen - 
dide  y  splendide!y> 


JOAQUÍN  MALÁTS 
DISTINGUIDO  PIANISTA  ESPAÑOL. 
(De  fotografía  de  la  Sociedad  Artlstico-Fotográflca.) 


KXCMO.  SR.  D.  JOSÉ  TORAL  Y  VELÁZQÜEZ  , 

general  de  división,  gobernador  militar  de  la  provincia  y  plaza 
de  Santiago  de  Cuba. 

En  la  página  100  publicamos  el  retrato  del  ge¬ 
neral  de  di  visión, D.  José  Toral  y  Yelázquez,  ac¬ 
tual  gobernador  militar  de  Santiago  de  Cuba.  Na¬ 
ció  en  Mazarrón  (Murcia)  el  13  de  Agosto  de  1832, 
y  huérfano  en  temprana  edad,  debe  á  su  propio 
esfuerzo  y  á  su  perseverante  entusiasmo  por  la  ca¬ 
rrera  de  las  armas  la  posición  brillante  que  ha  sa¬ 
bido  alcanzar. 

Explicando  como  profesor  en  las  academias  mi¬ 
litares,  y  sirviendo  á  la  patria  en  Africa  y  en 
Cuba,  se  ha  distinguido  siempre  por  su  reconocido 
mérito.  En  la  actual  campaña,  á  la  cual  fué  volun¬ 
tariamente  sacrificando  su  bienestar  en  aras  del 
patriotismo,  ha  obtenido,  á  propuesta  del  General 
en  jefe,  el  ascenso  á  general  de  división  á  los  ocho 
años  de  ser  general  de  brigada,  y  ha  sido  confiado 
á  su  mando  el  importante  Gobierno  militar  de 
Santiago  de  Cuba.  La  mayor  parte  de  sus  empleos 
y  las  muchas  condecoraciones  que  adornan  su  pe¬ 
cho  los  ha  ganado  por  mérito  de  guerra  este  bravo 
General,  que  comparte  con  las  fatigas  de  las  armas 
las  tareas  del  estudio,  consiguiendo  una  grandí¬ 
sima  cultura. 


Carlos  Luis  de  Cuenca. 


DRAMA  DE  D.  JOSÉ  DE  ECHEGARAY, 

ESTRENADO  EN  EL  TEATRO  ESPAÑOL  LA  NOCHE  DEL 
11  DE  FEBRERO. 


_A  noche  del  viernes  último  se  repre¬ 
sentó  por  primera  vez  en  el  teatro 
Español  el  drama  de  Echegaray  titu¬ 
lado  La  Duda .  El  aplauso  q^ue  obtuvo 
en  este  drama  la  actriz  Mana  Guerre¬ 
ro  fue  unánime,  estruendoso  y  mere¬ 
cido.  Fácil  es,  por  consiguiente,  que  el 
crítico,  en  perfecto  acuerdo  con  los  es¬ 
pectadores,  dicte  sobre  todo  lo  tocante  á  la 
representación  una  sentencia  justa,  cuya  va¬ 
lidez  nadie  trate  de  impugnar  y  de  la  que  nadie 
apele. 

En  cambio,  acerca  de  la  obra  misma  represen¬ 
tada  hay  y  se  manifiestan  muy  diver¬ 
gentes  opiniones;  y  como  la  estética, 
singularmente  en  su  aplicación  á  casos 
particulares,  dista  mucho  de  ser  una 
ciencia  exacta  como  las  matemáticas, 
no  debe  extrañarse  que  el  crítico  vaci¬ 
le  un  poco  ó  un  mucho,  dude  también, 
ya  que  se  trata  de  La  Duday  y  se  sien¬ 
ta  inclinado,  como  el  que  ha  escrito  en 
El  Imparcialy  á  tomar  para  sí  el  papel 
de  un  gracioso  personaje  que  hay  en  el 
mismo  drama,  que  nunca  dice  sí  ni  nó, 
que  siempre  dice  según  y  y  que  apenas 
sabe  á  qué  atenerse. 

Triste  recurso  es,  con  todo,  aceptar 
en  esta  ocasión  el  papel  de  D.  Braulio, 
que  así  se  llama  el  mencionado  perso¬ 
naje  cómico,  y  buscar  en  él  un  asilo 
para  salir  del  paso  y  no  tropezar  con 
peligrosos  inconvenientes  al  emitir  un 
juicio,  no  vago  é  inseguro,  sino  termi¬ 
nante  y  resuelto. 

Lo  que  desde  el  principio  está  fuera 
ó,  mejor  diremos,  por  cima  de  toda 
discusión,  es  el  prodigioso  y  fecundo 
ingenio  de  Echegaray,  celebrado  y 
admirado  en  toda  España  y  reconoci¬ 
do  ya  en  los  países  extranjeros  y  entre 
las  más  cultas  naciones  de  Europa, 
donde  se  ponen  en  escena  sus  produc¬ 
ciones  y  donde  él  es  considerado  como 
una  de  nuestras  mayores  glorias  con¬ 
temporáneas. 

Todo  lo  que  escribe  un  autor  de  gran 
mérito  no  por  eso  es  menester  que  sea 
una  perfección  y  una  obra  maestra.  En 
cada  una  de  sus  obras  estampará  él,  á 
no  dudarlo,  el  hermoso  é  indeleble 
sello  de  su  alta  personalidad;  pero 
bien  puede  ocurrir  que  ya  esté  más 
inspirado,  ya  menos,  y  que  componga 
cosas  que  no  alcancen  del  público  la 
alabanza  y  la  admiración  que  vienen  á 
sancionar  y  á  acrecentar  su  bien  gana¬ 
da  fama. 

Acudir,  como  acuden  algunos,  para 
explicar  que  no  obtenga  el  poeta  en 
ocasiones  el  laurel  de  la  victoria,  á  que 
escribió  de  priesa,  con  determinado 
fin  y  sujetándose  á condiciones  previas 
que  refrenan  el  vuelo  de  la  inspiración 
ó  que  le  extravían  ó  le  tuercen,  puede  explicar  en 
parte  un  mal  éxito,  pero  no  le  disculpa. 

No  vale  tampoco  atribuir  el  malo  ó  el  poco 
éxito,  si  le  hubo,  á  ligereza,  ignorancia  ó  falta  de 
atención  del  público,  sobre  todo  cuando  se  trata 
del  público  de  los  viernes  en  el  teatro  Español, 
que  es  el  más  culto,  inteligente  y  escogido  que  en 
Madrid  hay.  No  tratemos,  pues,  de  disculpar  al 
poeta  ni  porque  escribió  su  drama  á  escape,  ni 
porque  le  escribió  para  que  todo  el  peso  ó  impor¬ 
tancia  de  la  acción  recayesen  sobre  María  Gue¬ 
rrero,  y  para  que  el  drama  fuese  á  modo  de  un 
monólogo  coreado.  Y  no  culpemos  tampoco  al  pú¬ 
blico  porque  no  gustase  extraordinariamente  del 
drama.  A  mi  ver,  aunque  en  esto  me  parezca  yo 
al  cómico  personaje  D.  Braulio,  lo  que  no  se  sabe 
aún  con  certeza  es  si  el  público  gustó  ó  no  gustó 
de  la  obra.  Y  lo  que  ya  se  sabe  con  certeza  es  que 
el  público  quedó  sorprendido,  maravillado  y  sus¬ 
penso  al  verla  y  al  oirla,  lo  cual  jamás  acontece 
con  las  obras  medianas,  sino  sólo  con  las  obras 
producidas  por  autores  de  talento  original  y  es¬ 
pontáneo,  que  no  se  resignan  á  seguir  los  fre¬ 
cuentados  y  trillados  caminos,  sino  que  se  lanzan 
con  ímpetu  valeroso  por  los  no  abiertos  ni  tal  vez 
hollados  aún,  para  descubrir  y  conquistar  inex¬ 
ploradas  y  desconocidas  regiones  en  el  mundo  del 
arte  y  de  la  poesía. 

No  puede  negarse  que  en  dicho  mundo  hay  mo- 


y  satírico  Enrique  Ibsen,  hace  muy  cerca  de  se¬ 
tenta  años:  el  28  de  Marzo  de  1828. 

Pensionado  por  el  Stor  Hing  desde  1866,  reside 
Ibsen  casi  siempre  en  Alemania,  en  Dresde  ó  en 
Munich,  y  ha  abandonado  por  completo  la  No¬ 
ruega  y  la  pequeña  ciudad  de  Skien,  donde  nació 
de  una  familia  de  marinos  escoceses  y  alemanes 
que  tuvieron  que  emigrar  á  las  duras  regiones  es¬ 
candinavas. 

• 

*  * 

MARRUECOS. 

Ingleses  del  sindicato  The  Globe  Tentare  capturados  por  tropas  del 
Sultán  á  bordo  del  buque  de  guerra  marroquí  Al-Hasmni 

Una  expedición  de  ingleses  organizada  por  el 
sindicato  The  Globe  V enture ,  recientemente  for¬ 
mado  en  Londres  para  operar  en  las  costas  de 
Sus,  frente  á  nuestras  islas  Canarias,  ha  tenido 
un  conflicto  con  las  tropas  del  Sultán  de  Marrue¬ 
cos.  Parece  que  la  expedición  inglesa, 
ayudada  por  los  naturales  desconten¬ 
tos,  tomo  posesión  del  puerto  de  Ark- 
sis;  pero  fueron  interrumpidos,  al  des¬ 
embarcar  víveres  y  municiones,  por 
el  vapor  jerifiano  Al-Hassani ,  que 
operaba  en  combinación  con  fuerzas 
de  tierra.  Rehusaron  los  ingleses  re¬ 
conocer  el  derecho  de  las  autoridades 
marroquíes  para  intervenir,  é  hicieron 
fuego  sobre  el  vapor  moro  desde  su 
barco  el  Tourmaline  para  impedir  la 
captura  de  uno  de  sus  botes.  Murieron 
algunos  moros;  pero  el  bote  fué  cap¬ 
turado  antes  de  que  pudiera  llegar  al 
Tourmáliney  y  cuatro  ingleses  y  un 
intérprete  fueron  hechos  prisioneros 
(segundo  grabado  de  la  pág.  96). 

Los  jefes  del  Sindicato  sostienen 
que  los  miembros  de  la  expedición  es¬ 
tuvieron  en  su  derecho  al  desembar¬ 
car  municiones  y  armas  en  Arksis, 
puesto  que  obraban  en  combinación 
con  las  tribus  de  Sus,  quienes  reclaman 
su  completa  independencia  del  Sultán, 
y  únicamente  reconocen  la  soberanía 
de  Sidi-Ben-Hassán,  rey  de  Sus. 


GOCONG  (COCHINCHINA). 

Visita  del  emperador  de  Annarn,  Thanh  Thai,  á  las  tumbas 
de  sus  antepasados. 

En  nuestro  número  anterior  publicamos  un  re¬ 
trato  del  emperador  de  Annarn,  Thanh  Thai,  como 
aficionado  al  ciclismo:  hoy,  en  el  segundo  grabado 
de  la  página  97,  presentamos  al  joven  Soberano 
en  más  serias  y  piadosas  ocupaciones.  Representa 
la  visita  del  Emperador  annamita  á  la  tumba  de 
sus  antepasados  en  Gocong  (Cochinchina).  El  13 
de  Diciembre  último  S.  M.  Thanh  Thai,  acompa¬ 
ñado  de  Mr.  Briére,  residente  superior;  de  Mr.  Ni- 
colai,  teniente  gobernador  interino,  y  de  uno  de 
sus  hermanos,  hizo  esta  piadosa  peregrinación.  En 
la  misma  ciudad  de  Gocong  viven  todavía  muchos 
miembros  de  la  familia  Imperial  de  Annarn. 

«  « 


Digitized  by 


Google 


15  Fkbrebo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  VI  —  91 


das  que  cambian  con  frecuencia,  y  que  los  autores 
adocenados  exageran  las  tales  modas,  remedando 
á  los  que  las  imponenr  en  y  desde  los  países,  del 
Norte  de  Europa,  porque  la  decadencia  política  de 
las  naciones  del  Mediodía  influye  en  esto  más  de 
loque  parece.  En  Echegaray,  sin  embargo,  no  se 
advierte  ni  el  menor  rastro  de  imitación.  Acaso 
no  logre  él  imponer  la  moda,  petío  tampoco  la  si¬ 
gue.  No  podrán  jactarse  rusos,  suecos,  alemanes, 
ingleses  y  franceses  de  que  él  los  imita.  Toda 
obra  de  Echegaray  tiene  la  marca  inequívoca  de 
la  originalidad;  da  testimonio  irrefragable  de  que 
fué  concebida  en  su  cerebro,  sin  más  concurso  ex¬ 
traño  que  el  de  las  impresiones  que  hace  en  él  la 
naturaleza,  crean dd  así  determinados  conceptos 
de  la  vida  humana  y  de  sus  pasiones,  actos  y  des¬ 
tino.  Pero  si  Echegaray  no  imita,  coincide. 

Se  dan  corrientes,  así  en  el  pensamiento  hu¬ 
mano  en  general,  como  singularmente  en  litera¬ 
tura,  que  lo  mismo  que  arrastran  á  Ibsen,  pueden 
arrastrar  y  arrastran  á  Echegaray. 

Existe  en  el  día  decidida  inclinación  á  hacer  en 
las  obras  literarias  estudios  y  análisis  del  alma 
humana,  profundizando  mucho,  sin  miedo  á  que 
se  aflija  el  lector  ó  el  oyente  y  pase  un  mal  rato 
en  vez  de  deleitarse.  El  referido  análisis  ó  estudio, 
desapiadado  y  hondo,  se  funda  en  una  psicología 
fisiológica  donde  lo  espiritual  y  lo  material  apa¬ 
recen  combinados  y  tal  vez  indistintos,  y  donde 
la  pasión  nace  casi  siempre  de  un  determinismo 
preestablecido,  cuyos  gérmenes  y  raíces  son  el 
temperamento  y  otras  condiciones  orgánicas  que 
se  adquieren  por  herencia,  ó  que  son  innatas,  aun¬ 
que  no  se  hereden,  y  que  el  medio  ambiente  y 
otras  exteriores  circunstancias  desarrollan  luego 
en  cada  individuo.  Hay,  pues,  en  todo ,  algo  de  fa¬ 
tal  ó  ineluctable,  como  la  caída  de  los  cuerpos  gra¬ 
ves  hacia  el  centro,  como  el  curso  de  los  ríos  hacia 
la  mar  y  como  el  eterno  giro  de  los  planetas  en 
el  cielo.  Unida  á  este  poco  lisonjero  y  desenga¬ 
ñado  concepto  de  nuestro  sér,  ha  brotado  ó  em¬ 
pieza  á  brotar  cierta  melancólica,  negra  y  aflictiva 
mitología,  resultando  de  ella  el  simbolismo.  La 
literatura  naturalista  novísima  propende,  pues, 
á  ser  simbólica,  y  de  todo  esto,  ó  sea  de  la  psicolo¬ 
gía  fisiológica  y  de  la  flamante  simbólica  mitolo¬ 
gía,  tiene  mucho  La  Duda  del  Sr.  D.  José  de  Eche¬ 
garay. 

Claro  está  que  La  Duda  no  es  un  dios,  ni  una 
diosa,  ni  un  genio,  ni  un  demonio  que  haga  dudar 
y  que  atormente  así  á  los  individuos  de  quienes  se 
apodera.  No  es  ya  Venus,  ni  Júpiter,  ni  Saturno, 
ni  otra  deidad  irritada,  ni  el  propio  Lucifer,  ni 
ningún  espíritu  maligno  de  quien  y  por  quien  el 
protagonista  de  un  drama  ó  de  una  novela  se 
siente  poseído  ú  obseso.  Es,  sí,  la  propia  pasión,  ó 
mejor  dicho,  la  propia  energía  patológica  que  la 
infunde,  y  que  se  encarna  y  aparece  en  un  ser  hu¬ 
mano  de  carne  y  hueso,  el  cual  es  á  la  vez  una 
criatura  como  las  otras,  con  su  nombre  de  pila, 
con  su  apellido  y  hasta  con  su  cédula  personal,  y 
es  ai  mismo  tiempo  el  genio  malévolo  contra 
quien  combate  la  persona,  acosada  por  él  y  blanco 
de  sus  iras. 

En  el  caso  del  drama  de  Echegaray,  el  genio 
inspirador  de  la  duda  se  llama  D.ft  Leocadia.  Algo 
tiene  D.*  Leocadia  de  humano,  pero  es  también 
una  abstracción  personificada.  Este  doble  carácter 
presta  á  dicho  personaje  un  no  sé  qué  de  miste¬ 
rioso  que,  sin  rayar  en  lo  sobrenatural,  se  pierde 
en  las  esferas  sombrías  de  la  Naturaleza  ó  en  el 
laberinto  tenebroso  donde  no  acierta  á  llevar  su 
luz  el  pensamiento  del  hombre. 

Prescindiendo  ahora  del  papel  simbólico  que 
doña  Leocadia  representa ,  considerémosla  como 
personaje  real.  Es  una  mujer  tétrica,  envidiosa, 
poco  feliz  en  todo  y  muy  contrariada  porque  su 
liija  Lolita,  enamorada  y  no  correspondida  de  Ri¬ 
cardo,  ha  entrado  en  un  convento  y  es  monja. 

Ricardo,  rico,  gallardo  y  discreto,  adora,  en  cam¬ 
bio,  á  la  señorita  Amparo,  hija  del  comerciante 
D.  Baltasar  y  de  la  Sra.  D.a  Angeles,  modelo  de 
madres  y  de  esposas. 

Don  Baltasar  ha  pasado  en  Chile  cuatro  ó  cinco 
años  lejos  de  su  mujer  por  inevitables  motivos. 
Durante  el  drama ,  D.  Baltasar  sigue  ausente,  aun¬ 
que  no  tan  lejos. 

Ricardo  y  D.a  Angeles  se  han  criado  juntos,  y 
se  profesan  desde  la  infancia  la  amistad  más  en¬ 
trañable  y  más  pura.  Doña  Angeles,  pues,  está 
contentísima  de  que  su  hija  se  case,  y  se  case  tier¬ 
namente  enamorada  con  el  hombre  á  quien  ella 
estima  más  en  el  mundo  como  amigo. 

Amparito  es  una  niña  mimada,  apasionadísima, 
enérgicamente  nerviosa,  agitada  por  los  más  no¬ 
bles  y  puros  sentimientos,  y  buscando  y  esperando 
en  el  amor  de  Ricardo,  su  futuro  consorte,  todas 
las  inmaculadas  perfecciones  que  caben  en  esta 
vida  terrenal  y  transitoria  en  la  unión  de  dos  es¬ 
posos. 


Doña  Leocadia,  valiéndose  arteramente  de  la 
calumnia,  marchita  las  esperanzas  de  Amparo  y 
trueca  su  felicidad  en  desventura  espantosa.  Con 
maña  y  sutileza  va  insinuándose  por  grados  en  el 
espíritu  de  Amparito,  y  hace  germinar  en  él  la 
vaga  sospecha  de  que  su  madre  y  Ricardo  pueden 
haberse  amado  con  menos  inocente  y  limpio  afecto 
que  el  de  la  amistad.  Al  mismo  tiempo,  por  medio 
de  anónimos  y  de  otras  sugestiones,  D.R  Leocadia 
infunde  dudas  y  recelos  análogos  en  el  alma  de 
D.  Baltasar,  el  marido  ausente. 

La  intimidad  cariñosa  con  que  Ricardo  y  doña 
Angeles  se  tratan  presta  visos  y  apariencias  de 
verdad  á  la  calumnia. 

Amparo,  que  ama,  estima  y  venera  á  su  madre, 
se  resiste  á  creerla  culpada.  Empieza,  no  obstan¬ 
te,  á  dudar,  y  la  atosiga  la  duda. 

Don  Baltasar,  entretanto,  más  dominado  que 
su  hija  por  las  sospechas,  llega  á  creer  culpada  á 
su  esposa,  halla  indecoroso  y  moralmente  feo  el 
casamiento  de  la  hija  con  el  supuesto  amante  de 
la  madre,  y  se  opone  á  él  por  medio  de  una  carta, 
sin  expresar  las  razones  en  que  su  oposición  se 
apoya. 

Cavila  entonces  Amparo  acerca  de  las  causas  de 
la  imprevista  oposición,  ó  interroga  sobre  ellas  á 
la  perversa  D.a  Leocadia,  la  cual  nada  pone  en 
claro  por  lo  pronto,  pero  sigue  envenenando  con 
reticencias  el  alma  de  su  víctima.  Amparo,  con¬ 
trariada  en  su  amor,  enferma  de  peligro,  y  su  pa¬ 
dre  entonces,  á  fin  de  salvarle  la  vida,  ahoga  re¬ 
celos  y  rencores,  y  da  su  consentimiento  para  la 
boda. 

No  por  eso  se  reposa  la  agitada  mente  de  Am¬ 
paro.  Antes  persiste  en  ella  el  anhelo  de  averi¬ 
guar,  aunque  ya  su  padre  consiente  en  la  boda, 
porqué  se  opuso  á  ella  en  un  principio.  Movida  de 
esta  curiosidad  insana,  impulsada  por  la  sed  de 
librarse  de  la;  duda  convirtiéndola  en  certidum¬ 
bre,  aunque  sea  menester  para  ello  apurar  hasta 
las  heces  el  cáliz  de  la  propia  desdicha,  Amparo 
interroga  de  nuevo  á  D.11  Leocadia  y  la  apremia  de 
tal  suerte,  que  D.a  Leocadia,  como  á  pesar  suyo  y 
como  si  cediese  á  la  violencia,  le  entrega  y  le  deja 
leer  una  carta  de  su  padre  en  que  éste  declara  con 
íntima  confianza  las  razones  que  había  tenido  para 
no  consentir  en  la  boda.  Amparo  lee  la  carta, 
donde,  con  crudas  palabras  y  descompuesto  enojo, 
D.  Baltasar  injuria  á  su  mujer,  calificándola  de 
liviana,  viciosa  y  adúltera. 

Amparo  lee  la  horrible  carta  en  el  momento 
en  que  va  á  dar  el  sí  á  Ricardo  al  pie  del  altar,  en 
la  capilla  misma  de  la  casa,  donde  ya  está  todo 
preparado  y  se  hallan  las  personas  que  deben  asis¬ 
tir  al  consorcio. 

En  aquel  momento  la  razón  de  Amparo  se  tras¬ 
torna.  La  locura  se  apodera  de  su  ser,  y  empieza  á 
manifestarse  con  una  carcajada  sardónica  y  con 
otros  síntomas  violentos  que  María  Guerrero  figu¬ 
ra  con  tan  estupenda  habilidad  que  los  espectado¬ 
res  todos  se  conmueven  y  casi  se  aterran.  Se  diría 
que  la  grande  actriz,  porque  bien  podemos,  sin 
ponderación  ni  lisonja,  llamarla  grande,  ha  estu¬ 
diado  concienzudamente  en  un  manicomio  y  ha 
atinado  á  copiar  con  fiel  exactitud  los  gestos,  los 
movimientos,  los  gritos  y  la  risa  de  los  locos  fu¬ 
riosos. 

En  todo  el  tercer  acto  se  desenvuelve  el  tre¬ 
mendo  proceso  de  la  locura,  creciendo  siempre  el 
interés,  más  doloroso  que  puramente  estético,  de 
aquella  representación  realista. 

Realista  es  por  cierto  la  representación.  Y  á  más 
de  realista,  se  da  en  una  esfera  casi  vulgar  y  ordi¬ 
naria,  donde  los  personajes  que  se  mueven  y  ac¬ 
cionan  tienen  en  la  escala  social  una  posición 
bastante  común :  son  gente  de  la  clase  media;  bur¬ 
gueses  acomodados,  como  hay  muchos.  Pero  el 
simbolismo  que  pone  el  poeta  en  su  obra,  y  el  es¬ 
píritu  fatídico  con  que  la  informa  y  la  anima,  van 
gradualmente  penetrándola  toda  y  trascendiendo 
desde  ella  al  ánimo  del  espectador  ó  del  oyente. 
Los  personajes  se  agigantan  en  nuestra  imagina¬ 
ción,  calzan  coturnos  de  la  mayor  altura,  y  los 
sucesos  adquieren  el  carácter  de  la  leyenda  ó  del 
mito .  Así  es  como  aceptamos,  no  sólo  por  verosí¬ 
mil,  sino  por  muy  natural  y  sencillo,  que  la  ca¬ 
lumnia  de  D.a  Leocadia,  grosera  y  sin  el  menor 
fundamento,  no  sea  rechazada  con  la  debida  ener¬ 
gía  por  Ricardo  y  por  D.a  Angeles,  sea  tan  fácil¬ 
mente  creída  por  D.  Baltasar,  y  acabe  por  mover 
en  el  ánimo  de  Amparo  tempestad  tan  horrible. 
No  es  D.a  Leocadia,  no  es  una  vieja  chismosa  y 
perversa  quien  tan  eficazmente  calumnia;  es,  sí, 
un  poder  misterioso,  el  espíritu  calumniador  per¬ 
sonificado,  ó, como  si  dijéramos,  el  propio  diablo , 
que  es  la  esencia  y  la  significación  de  la  calumnia. 

Adquiriendo  todo  de  esta  suerte  colosales  pro¬ 
porciones  merced  al  arte  mágica  del  dramaturgo, 
que  exalta  la  imaginación  del  auditorio,  todavía 
seguimos  viendo  y  oyendo  con  los  sentidos  mate¬ 


riales  una  habitación  mediana  de  Madrid  y  á  la 
gente  que  vive  en  ella  ó  que  la  visita.  Pero  con  la 
mente  exaltada,  los  personajes,  ó  al  menos  la 
figura  capital  que  descuella  en  el  drama,  esto  es, 
Amparito,  se  convierte  en  heroína  semejante  á 
los  antiguos  héroes  de  la  tragedia  griega:  de  casta, 
condición  y  estatura  superiores  á  las  de  los  otros 
mortales,  y  atormentados  por  un  numen  maléfico, 
contra  el  cual  combaten  briosa  y  desesperadamen¬ 
te,  triunfando  al  fin  ó  sucumbiendo  en  la  lucha. 
Amparo  no  es  ya  una  señorita  mimada,  hija  de 
un  comerciante,  sino  hermana  ó  parienta  muy 
próxima  de  Fedra,  de  Mirra,  de  Prometeo,  de 
Edipo  ó  de  Or estes. 

Las  Furias  vengadoras  entran  en  su  alma,  obs¬ 
curecen  y  ciegan  su  razón,  y  hacen  de  ella  instru¬ 
mento  fatal  de  la  cólera,  de  la  justicia  y  de  la  ven¬ 
ganza  del  cielo. 

Amparo,  sin  saberlo,  sin  tener  conciencia  de  lo 
que  hace,  cumple  los  decretos  del  destino.  Así 
como  Orestes,  creyendo  sólo  y  anhelando  sólo 
castigar  á  Egisto  y  vengar  á  su  padre,  da  también 
de  puñaladas  á  su  madre  Clitemnestra,  y  es  in¬ 
consciente  parricida,  así  Amparo,  impulsada  por 
el  frenesí  que  la  domina,  acierta  á  encerrarse  á 
solas  con  la  duda,  con  D.a  Leocadia,  y  cae  furiosa 
sobre  ella  y  le  aprieta  la  garganta  entre  los  dedos 
con  la  fuerza  nerviosa  que  les  presta  la  locura,  y 
acaba  por  ahogarla.  Amparo  cree  que  ha  ahogado 
la  duda;  pero  ha  ahogado  también  á  una  mujer, 
ha  cometido  un  homicidio,  del  que  es  irresponsa¬ 
ble:  ha  sido  la  ciega  ó  inevitable  ejecutora  de  la  ley 
de  los  hados. 

Tal  es  la  escena  final  con  que  el  drama  termina. 
Su  atrevimiento  es  grande.  Bien  es  menester  todo 
el  pasmoso  talento  de  que  entonces  dió  muestras 
María  Guerrero,  para  que  á  los  ojos  del  público 
tenga  dignidad  trágica  esta  escena  y  no  degenere 
en  ridicula  ó  en  repugnante. 

No  contaba  Horacio  con  artistas  de  tanto  valer 
como  María  Guerrero  cuando  dictó  como  precepto 
de  su  Arte  poética: 

Neo  Jilins  coram populo  Medea  trucidet. 

Cumplida  la  misión,  providencial  ó  fatal,  que  la 
locura  tenía,  Amparo  recobra  el  entendimiento  y 
termina  el  drama. 

Los  sucesos  ulteriores  que  de  la  muerte  de  doña 
Leocadia  resulten,  cada  cual  queda  en  libertad  de 
fingirlos  ó  de  arreglarlos  como  mejor  le  parezca. 
Sería  propio  de  un  espíritu  vulgar  y  fácilmente 
chistoso  el  ponerse  á  discurrir  en  broma  sobre  el 
procedimiento  judicial  que  de  seguro  había  de  se¬ 
guir  al  homicidio.  Amparo  le  ha  cometido  estando 
loca,  y  no  puede  menos  de  ser  absuelta.  Cualquier 
tribunal  ó  cualquier  jurado  no  puede  ser  más  se¬ 
vero  con  la  hija  de  D.a  Angeles  que  lo  fue  con 
Orestes  el  Areópago,  absolviéndole  de  la  muerte 
de  su  madre  y  libertándole  de  las  Furias  que  le 
atormentaban. 

El  público,  imitando  al  Areópago  que  absuelve  á 
Orestes  y  al  supuesto  tribunal  ó  jurado  que  sin 
duda  absolvería  á  Amparito,  absolvió  también  al 
Sr.  Echegaray  de  su  singular  atrevimiento;  y  parte 
del  público,  si  no  todo,  no  se  limitó  á  absolver, 
sino  que  aplaudió  el  atrevimiento  y  le  tuvo  por 
dichoso.  Es  verdad  qjue  muchos,  al  terminar  el  úl¬ 
timo  acto  y  al  salir  a  la  escena  María  Guerrero  y 
el  Sr.  Echegaray,  gritaban:  ¡sola!  ¡sola! ,  dando  á 
entender  que  únicamente  aplaudían  á  la  actriz,  y 
que  no  querían  hacer  participante  del  aplauso  al 
poeta.  Pero  otra  parte  del  público,  acaso  la  más 
numerosa  y  la  más  razonable,  gritaba:  ¡el  autor! 
¡el  autor!  Esto,  á  mi  ver,  era  lo  justo.  Innegable  es 
que  sin  el  raro  talento,  sin  el  arte  y  sin  las  nada 
comunes  facultades  de  María  Guerrero,  el  drama 
hubiera  hecho  fiasco .  ¿Pero  qué  drama  mal  repre¬ 
sentado  no  le  hace  y  no  está  expuesto  á  conver¬ 
tirse  en  parodia,  mientras  más  aspiraciones  tiene 
el  autor  á  que  sea  sublime?  El  mérito  de  la  actriz 
fue  innegable;  ¿pero  cómo  negar  ó  escatimar  la 
alabanza  al  poeta  que  inventó  el  asunto  y  trazó  el 
cuadro  donde  pudo  figurar  la  actriz  y  dar  pruebas 
de  su  mérito?  En  la  vida  real  llana  y  burguesa  de 
todos  los  días,  parece  inverosímil,  ó  por  lo  menos 
peregrino  y  raro,  mucho  de  lo  que  sucede  en  el 
drama  de  Echegaray;  pero  tampoco  en  la  vida  llana 
y  burguesa  hay  simbolismos,  ni  mitologías  flaman¬ 
tes,  ni  encarnaciones  de  tenebrosos  y  abominables 
poderes.  En  suma:  lo  real  y  lo  ideal  no  forman 
una  ecuación  perfecta;  las  figuras  en  el  teatro  tie¬ 
nen  que  tomar  ingentes  proporciones  para  que  no 
aparezcan  insignificantes  y  mezquinas,  y  el  arte 
no  es  ni  fué  nunca  una  meticulosa  reproducción  ó 
una  exacta  imitación  de  la  Naturaleza,  á  no  ser  que 
por  Naturaleza  se  entienda,  como  entendía  Aris¬ 
tóteles  en  su  Poética  y  todo  lo  visible  y  lo  invisible, 
todo  lo  creado  y  lo  increado,  y  cuanto  hay  ó  puede 
haber  en  el  espíritu  del  hombre,  en  la  tierra  y  en 
el  cielo.  Con  este  elevado  concepto  del  arte,  bien 


Digitized  by 


Google 


Digitized  by  ^.ooQie 


CUADRO  DE  SALVADOR  VINIEGRA. 


BELLAS  ARTES 


Digitized  by 


Google 


CUADRO  DE  SALVADOR  VINIEGRA, 


94  —  n.°  v 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Febrero  1898 


se  puede  rechazar  la  acusación  de  inverosimilitud 
con  que  tildan  algunos  el  drama  del  Sr.  Echegaray. 

Aceptado  lo  simbólico,  convertida  D.H  Leocadia 
en  la  prosopopeya  de  la  calumnia,  y  dotada  de  so¬ 
brehumanos  ó  irresistibles  poderes,  claro  esti  que 
todo  se  explica;  pero  si  volvemos  á  traer  y  á  re¬ 
ducir  el  argumento  del  drama  á  la  trivial  llaneza 
de  la  vida  ordinaria,  todavía  sobreviene  una  difi¬ 
cultad,  ó  mejor  diremos  una  deficiencia.  Don  Balta¬ 
sar  había  de  tener  mucha  calma  ó  plena  confianza 
en  la  virtud  de  su  mujer  cuando,  fuese  por  lo  que 
fuese,  estuvo  separado  de  ella,  durante  cinco  años, 
por  el  Atlántico  y  por  un  ancho  continente. 

¿De  qué  endemoniados  recursos  se  vale  D.R  Leo¬ 
cadia,  qué  falsas  pruebas  aduce  y  con  qué  maña  y 
prestigio  inculca  en  el  ánimo  de  D.  Baltasar,  no 
ya  la  duda,  sino  el  error  afirmativo,  la  convicción 
de  que  su  mujer  le  es  infiel  y  le  ha  deshonrado? 
Todo  esto  queda  obscuro  en  el  drama.  Demos,  no 
obstante,  como  demostrado  y  sabido  que  hubo 
suficiente  causa  para  la  horrible  convicción  de 
D.  Baltasar.  Otro  escrúpulo  nos  asalta  entonces: 
¿Por  qué  un  hombre  de  juicio,  decoroso,  circuns¬ 
pecto  y  amantísimo  de  su  hija,  se  arroja,  por  enor¬ 
me  que  sea  su  cólera,  á  escribir  á  la  mala  pécora 
de  D.a  Leocadia  infamando  con  los  términos  más 
atroces  á  la  madre  de  esa  hija  de  el  á  quien  él 
tanto  quiere?  Resulta  de  ello  que,  si  bien  don 
Baltasar  no  es  malvado  como  D.n  Leocadia,  tal  vez 
es  más  funesto.  Doña  Leocadia  es  la  causa  primera 
y  mediata  del  mal;  D.  Baltasar  es  la  causa  inme¬ 
diata  y  determinante.  En  el  punto  en  que  sube  á 
su  mayor  altura  el  interés  del  drama,  la  carta  de 
D.  Baltasar  es  lo  que  inclina  ó,  más  bien,  precipita 
la  acción  hacia  la  catástrofe.  Amparo  se  vuelve 
loca  al  ver  el  falso  testimonio  consignado  feroz¬ 
mente  por  su  padre  en  un  documento  escrito.  Du¬ 
rante  la  representación  nada  de  esto,  por  dicha, 
nos  perturba  la  mente,  dominada  por  el  arte  del 
dramaturgo  y  por  el  hechizo  que  la  inspirada 
actriz  ejerce  en  nosotros;  pero  después,  si  recapa¬ 
citamos  y  cavilamos  sobre  el  caso,  y  si  llega  á  mo¬ 
ver  nuestro  pensamiento  una  severidad  moral  y 
crítica  tal  vez  exagerada,  no  hemos  de  negar  que 
se  nos  ocurre  un  extraño  aditamento  para  que  el 
drama  se  complete  y  concluya  mejor,  sin  que  que¬ 
de  ningún  cabo  suelto.  Deseamos  que  de  repente 
y  como  por  milagro  aparezca  D.  Baltasar  sobre  las  y 
tablas  cuando  Amparito  aun  está  en  vena  de  aho^ 
gar,yque  arremeta  con  él  y  que  también  le  ahogue. 

Volviendo  de  nuevo,  aunque  pequemos  de  can¬ 
sados,  á  hablar  de  la  actriz,  bien  podemos  afirmar 
que  La  Duda,  independientemente  de  todo  otro 
valer,  ha  tenido  por  fortuna  el  de  ser  ocasión  y 
causa  del  mayor  triunfo  que  María  Guerrero  ha 
obtenido  hasta  ahora,  y  de  que  se  revele  en  ella 
con  luminosa  evidencia  la  actriz  eminente.  Si  va, 
pues,  á  representar,  como  se  anuncia,  en  los  tea¬ 
tros  de  París  y  de  Londres,  le  auguramos  el  mejor 
éxito  y  alta  nombradla,  no  sólo  en  España,  sino 
en  toda  Europa. 

Juan  Valer  a. 


LITERATURA  NOVÍSIMA. 


)on  la  reciente  publicación  del  libro  de 
Enrique  Ferri,  titulado  Los  Crimina¬ 
les  en  el  Arte  y  en  la  Literatura , 
^  apórtase  una  piedra  más,  y  muy  po- 
derosa,  á  la  construcción  del  nuevo 
J  edificio  literario  -  artístico ,  todavía  sin 
nombre  propio  y  adecuado,  que  ya  co¬ 
menzaron  á  edificar  Lombroso  con  sus  traba¬ 
jos  sobre  La  Antropología  criminal  y  la  no¬ 
vela  moderna  y  El  Tipo  criminal  en  el  Arte , 
y  Eduardo  Lefort  con  una  monografía  que  trata 
Del  tipo  criminal  según  los  sabios  y  los  artistas . 

Trátase  no  sólo  de  afirmar  sólidamente  cierta 
tendencia  artístico-literaria  muy  en  boga  en  es¬ 
tos  últimos  años,  sino  también  de  señalarla  nue¬ 
vos  derroteros  en  su  desarrollo,  ensanchando  de 
tal  manera  su  campo  que  bien  puede  decirse  que 
llegará  algún  día,  pues  elementos  suficientes  tiene 
para  ello,  á  formar  género  y  escuela. 

Lombroso,  Ferri  y  Lefort  pretenden  en  los  tra¬ 
bajos  citados  sumar  un  argumento  más  á  los  mu¬ 
chos  que  ellos  presentan  en  defensa  de  sus  teorías 
antropológico-criminales,  deducido  de  la  litera¬ 
tura  y  del  arte  pictórico  y  escultórico;  pero  lo 
único  que  consiguen,  acaso  sin  darse  cuenta  de 
ello,  es  formar  los  moldes  en  que  ha  de  vaciarse 
la  nueva  manifestación  de  dicha  tendencia  en  el 
terreno  del  arte. 

Ellos  afirman  que  la  creación  de  los  notables 
personajes  criminales  que  tanto  nombre  dieron  á 
Balzac,  Zola,  Dostoyusky,  Daudet,  Paul  Bourget, 


D’Annunzio,  etc.,  etc.,  son  títulos  legítimos  de 
gloria  para  la  escuela  antropológica  que  ellos  pre¬ 
dican. 

Zola,  antes  de  escribir  La  Bestia  humana ,  con¬ 
sulta  El  Hombre  delincuente  de  Lombroso,  así 
como  para  la  redacción  de  La  Fortuna  de  los  Rou- 
gón  y  Germinal  procura  ponerse  al  corriente  de 
los  estudios  hechos  hasta  entonces  de  la  muche¬ 
dumbre  criminal,  que  tanta  fama  dieron  al  mismo 
Lombroso,  á  Sighele  y  á  otros  autores. 

Dostoyusky  vive  la  realidad  misma  que  viven 
los  presidiarios  de  Siberia,  en  sus  obras  La  Casa 
de  los  muertos  y  La  Novela  del  presidio . 

Daudet  pinta  magistralmente  en  Jack  toda  una 
tribu  de  alocados  criminales;  y  así  Bourget,  D’An¬ 
nunzio  y  otros  notables  escritores  fíjanse  siempre 
con  especial  cuidado  en  los  datos  antropológicos 
necesarios  para  describir  la  realidad  criminal  de 
manera  completa  y  precisa. 

Y  esto  que  se  hace  notar  en  los  novelistas,  pue¬ 
de  afirmarse  también  de  algunos  célebres  pinto¬ 
res:  en  El  Juicio  final ,  de  Miguel  Angel,  varios 
condenados  tienen  tipo  mongólico  ó  negro,  las 
orejas  puntiagudas  y  en  forma  de  cucurucho,  des¬ 
tacándose  en  el  cuadro  una  cabeza  de  demonio  con 
la  frente  deprimida,  la  nariz  puntiaguda  y  las  ore¬ 
jas  muy  grandes. 

El  Tiziano  en  su  Marti  ño  de  San  Lorenzo  y  en 
el  Cristo  coronado  de  espinas ;  Rafael  en  la  Subida 
al  Calvario  y  en  la  Degollación  de  los  mócenles; 
Veronés  en  La  Crucifixión  y  Jesús  con  la  cruz  á 
cuestas,  y  Ribera  en  el  Marti  ño  de  San  Bartolo¬ 
mé  y  el  Suplicio  de  San  Lorenzo ,  pintan  á  los  de¬ 
monios,  bandidos  y  verdugos  con  los  rasgos  fiso- 
nómicos  característicos  del  tipo  criminal. 

Ciertamente  que  hay  notorios  errores  y  faltas 
de  exactitud  á  veces  muy  lamentables  en  estas  ob¬ 
servaciones,  pues  cosa  clara  es  que  no  todos  los 
literatos  citados  por  Lombroso  y  Ferri  emplean 
los  mismos  procedimientos  en  sus  obras,  dándose 
el  caso  de  que  en  alguno  de  ellos  domine  con  fre¬ 
cuencia  la  nota  idealista,  y  sólo  con  su  gran  tempe¬ 
ramento  de  creador,  sin  necesidad  de  consultar 
obra  científica  alguna,  forme  un  tipo  criminal 
acabado,  con  ese  sentimiento  vivo  y  palpitante 
de  la  realidad  que  tanto  caracteriza  á  la  verdadera 
inspiración;  así  como  es  sabido  que  los  pintores 
citados  por  Lefort  no  pudieron  en  su  tiempo  de¬ 
dicarse  al  estudio  de  lucubraciones  recientes,  y 
únicamente  guiados  por  innato  instinto  de  lo  bello, 
que  exige  como  cualidad  esencial  de  su  manifes¬ 
tación  la  proporcionalidad  de  formas,  pintaron  á 
los  ángeles  y  santos  de  facciones  proporcionadas, 
y  á  los  demonios,  bandidos  y  verdugos  con  los  ojos 
hundidos,  los  pómulos  salientes,  las  orejas  gran¬ 
des,  los  arcos  cigomáticos  desiguales,  y  gran  asi¬ 
metría  facial;  en  suma,  con  los  caracteres  físicos 
en  que  más  se  nota  y  se  muestra  la  desproporción 
y  por  ende  la  fealdad. 

Como  Shakespeare  creó  locos  y  criminales  para 
el  teatro  de  manera  maravillosa,  con  la  potencia 
inconmensurable  de  su  genio,  Miguel  Angel,  Ti¬ 
ziano,  Veronés,  Rafael  y  Ribera  pintan  en  el  lienzo 
demonios,  bandidos  y  verdugos  de  notable  exacti¬ 
tud  con  la  fuerza  de  sus  inspiraciones,  que  como  de 
artistas  saben  arrancar  de  la  realidad  los  tonos  y 
matices  necesarios  para  el  logro  del  fin  estético. 

Pero,  sea  de  esto  lo  que  quiera,  es  lo  cierto  que 
Lombroso,  Ferri  y  Lefort  afirman  que  existe  en 
la  literatura  y  en  la  pintura  el  tipo  criminal  por 
ellos  descrito,  y  que,  como  consecuencia  de  la  crí¬ 
tica  que  han  hecho  de  algunas  obras  maestras  de 
los  principales  literatos  y  pintores,  nace  una  nueva 
tendencia  literario-artística  que  consiste  en  el  anᬠ
lisis  detenido  del  delincuente  en  algunas  manifes¬ 
taciones  de  las  bellas  artes. 

Curiosos  en  extremo  serán  los  estudios  que  en 
adelante  hayan  de  emprenderse  en  esta  materia, 
y  no  renunciamos  á  leer  algún  día  una  lucubra¬ 
ción  sobre  la  megalomanía  de  Don  Quijote,  un  es¬ 
tudio  sobre  el  delincuente  en  el  teatro  de  Lope  ó 
Calderón,  ó  la  descripción  del  tipo  criminal  en  las 
obras  principales  de  D.  José  Echegaray  ó  de  don 
Benito  Pérez  Galdós. 


La  novela  experimental,  en  virtud  de  esta  nueva 
fase  de  la  crítica  literaria,  puede  ensanchar  su 
campo  considerablemente. 

Estimulada  por  el  aliciente  del  interés  que  por 
ella  muestran  hombres  dedicados  á  estudios  cien¬ 
tíficos,  apurará  aún  más  sus  extremos,  y  preten¬ 
derá  llegar  á  algo  de  lo  que  sueña  Zola,  aunque  no 
sea  exactamente  á  la  concreción  de  su  pensa- 
— miento. 

Entonces  el  documento  humano  se  convertirá 
en  documento  científico;  el  novelista  no  buscará 
en  la  frenopatía  el  tipo  de  un  loco  criminal  para 
presentarlo,  tai  y  como  la  ciencia  le  enseña,  en 
tramas  inventadas  y  en  episodios  forjados  por  la 


fantasía,  sino  que  describirá  á  tal  loco  ó  á  tal  eii- 
minal,  en  la  historia  verdadera  de  su  vesania  ó 
de  su  crimen ;  no  creará  á  Roubaud  en  La  Bestia 
humana  calcándole  en  el  farmaceútico  Fenay- 
rón,  ni  á  Severina  en  Qabñela ,  sino  que  presen¬ 
tará  en  su  trabajo  literario  al  mismo  Fenayrón,  á 
la  misma  Gabriela,  como  coautores  de  la  muerte 
violenta  de  Aubert. 

No  pueden  por  ahora  precisarse  los  moldes  de 
esta  nueva  novela,  que  no  podrá  confundirse  con 
la  novela  histórica,  ni  equipararse  con  la  narra¬ 
ción  de  una  causa  criminal;  será  un  todo  complejo 
de  análisis  de  pasiones,  de  disección  de  senti¬ 
mientos,  de  muestra  de  vesanias,  de  estudio  de 
instintos  perversos,  para  cuya  expresión  atinada 
necesitará  hallarse  poseído  el  novelista  cientí¬ 
fico  de  los  trabajos  psicológicos  de  Wundt,  de 
los  antropológicos  de  Lombroso,  de  los  freno- 

Í)áticos  de  Maudsley  y  Kraff-Ebing,  y  hasta  de 
os  sociológicos  y  jurídicos  de  Spencer  y  Azcárate. 

Benito  Mariano  Andrade. 


;HAY  QUE  VERLOS!  ai 


AL  LAUREADO  PINTOR  D.  SALVADOR  VINIEGRA. 

Queridísimo  paisano: 

Quiero  estrechar  esa  mano 
Por  el  Arte  respetada. 

También  nací  gaditano, 

Aunque  yo  no  pinto  nada. 

;No  lo  pudo  sospechar? 

Pues  conste,  por  egoísmo, 

Y  si  lo  llega  á  dudar, 

Le  puedo  á  usted  enseñar 
La  partida  de  bautismo. 

Sin  ella  á  nadie  convenzo, 

Pero  así  lo  quiso  Dios, 

Y  á  fe  que  no  me  avergüenzo. 
Parroquia  de  San  Lorenzo; 

El  año  cincuenta  y  dos . 

Nací  después  de  San  Juan. 

En  los  libros  constarán, 

De  fijo,  el  día  y  el  mes: 

Hijo  de  Jackson  Cortés 

Y  de  Dolores  Veyán . 

No  abrigue  usted  duda  alguna; 

Nací  en  Cádiz,  por  fortuna, 

Y  lo  declaro  muy  fuerte. 

Soy  gaditano.  ¡  Qué  suerte ! 

Tenemos  la  misma  cuna. 

Dormí  en  ella  sólo  un  día; 

Mas  nunca  su  imagen  grata 
Se  borra  del  afina  mía. 

¡Cádiz! . ¡Tacita  de  plata 

De  la  bella  Andalucía! 

¡Cádiz! . Paloma  indolente 

Que  al  posarse  sonriente, 

Al  mar  se  asoma  indiscreta: 

¡Preciosa  perla  sujeta 
Por  un  hilo  al  continente! 

¡  Patria  del  arte  adorado! 

Cuna  del  más  celebrado 

Y  más  ilustre  pintor. 

De  un  pintor  que  ni  pintado 
Pudiera  hallarse  mejor. 

De  su  gloria  soy  testigo: 

Es  justicia,  no  merced, 

Y  yo  su  nombre  bendigo. 

(¡Déme  las  gracias,  amigo, 

Que  estoy  hablando  de  usted !) 

Si  peco  de  franco  y  justo, 

No  me  ponga  el  ceño  adusto. 

¡Qué  par  de  cuadros,  señor! 

Aun  no  me  ha  salido  el  susto, 

Querido  don  Salvador. 

ha  faena  salinera 
¡Qué  ingrata  y  qué  verdadera! 
¡Aquello  es  el  natural! 

¡Y  qué  montones  de  sal , 

Que  para  mi  los  quisiera! 

¡Qué  fina  y  qué  transparente! 

¡Para  sentar  nombre  y  fama 
De  autor  cómico  eminente 
Con  la  sal  que  usted  derrama 
Tendría  muy  suficiente! 

¿Pues,  y  la  viña?.....  No  vi 
Más  jugo  que  lie  visto  allí. 

¡Qué  verdura!.....  ¡Qué  campiña!..... 

¡No  tiene  usted  mala  viña 
Con  una  viñita  asi! 


(1;  Sus  dos  últimos  cuadros,  Recolección  de  la  sal  y  La  Vendimia. 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Febrero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


vi  —  95 


¡Qué  alegría  palpitando!  ...  _ 

¡Qué  cuadro  tan  español! 

¡Y  qué  tíos  rebuscando 
Los  granos  de  oro,  y  sudando, 
Abrasados  por  el  sol! 

La  viña  vale  un  portento : 

Yo,  que  de  andaluz  me  estimo, 
«¡Jerez!»  exclamó  al  momento. 

¡  Lo  conocí  en  el  acento 
De  aquel  gachó  del  racimo ! 

Queriéndome  cerciorar, 

Me  acerqué  á  estrechar  su  mano, 

Y  está  hablando ...  ¡No  ha  de  hablar! 
¡No  puede  disimular 

El  ceceo  jerezano! 

El  cielo  de  Andalucía 
Le  dio  toda  su  alegría 

Y  ha  triunfado  de  una  vez. 

¡  Vaya  una  sal  y  un  Jerez , 

Paisano  del  alma  mía! 

No  se  quiera  usted  llevar 
Sus  cuadros  ¿  tierra  extraña. 

¡Esos  se  deben  quedar 
En  donde  saben  pintar 
U cas  y  sal!  ¡  En  España! 

Ilustre  Don  Salvador: 

Mientras  ocasión  mejor 
De  premiarle  se  presenta, 

Tómese  usted  por  mi  cuenta 
Una  medidla  de  honor! 

José  Jacksox  Vkyín. 


MALAGUEÑAS. 


I. 

¡Vaya  un  campanero  torpe 
El  campanero  del  pueblo, 

Que  siempre  que  nos  ve  juntos 
Empieza  á  tocar  á  fuego! 


II. 

Cuando  más  busco  tus  ojos, 
Menos  tus  ojos  me  ven; 
¡Cuántas  caricias  les  guardo 
Que  no  quieren  recoger! 

III. 

¡Vaya  unas  penas  que  paso 
Al  ver  ese  cuerpecillo, 
Sabiendo  que  tiene  dueño 
Y  que  nunca  será  mío! 


IV 

Los  cantares  do  mi  pecho 
Son  como  gotas  de  sangre, 

Que  cuando  so  abre  una  herida 
Se  derraman  á  millares. 


V. 

Eres  como  el  molinero 
Que  dejó  podrir  su  trigo, 

Sólo  porque  no  molieran 
Su  grano  en  otro  molino. 

VI 

Jardinero  confiado, 

No  te  llegues  á  dormir, 

Pues  hay  ladrones  que  acechan 
Las  rosas  de  tu  jardín. 


VII. 


i 


Málaga. 


Trajo  plumas  y  pajillas 
Para  formar  aquel  nido, 

Y  al  final  voló  su  hembra 

Y  quedó  el  nido  vacío. 

Narciso  Díaz  dk  Es»  ovar. 


INJUSTICIA  Y  LEALTAD. 


El  alboroto  de  Tordesillas  del  año  1420,  triunfo 
del  partido  acaudillado  por  el  infante  D.  Enrique 
de  Aragón  contra  la  oligarquía  palatina  que  impe¬ 
traba  en  la  corte  de  D.  Juan  II,  recién  salido  de  su 
*  minoría,  tuvo,  como  suelen  tener  los  pronuncia¬ 


mientos  de  esta  clase,  funestas  consecuencias  para 
sus  autores,  especialmente  para  el  ilustre  condesta¬ 
ble  D.  Ruy  López  Dávalos,  uno  de  los  hombres 
más  bien  intencionados  y  leales  de  aquella  tor¬ 
mentosa  época. 

Acusado  de  traidor  á  los  dos  años  del  mencio¬ 
nado  suceso,  presentaron  sus  enemigos  ante  el 
Rey  catorce  cartas,  remitidas,  según  cuentan,  por 
el  obispo  de  Zamora  D.  Diego  de  Fuensalida,  fir¬ 
madas  por  el  Condestable  y  selladas  con  su  sello, 
en  que  ofrecía  al  Rey  de  Granada,  por  sí  y  por  el 
infante  D.  Enrique,  darle  favor  si  les  ayudaba  en 
sus  intentos. 

Figuraba  entre  las  más  graves  una  por  la  que 
parecía  mandar  á  su  hijo  Pedro  López  Dáva¬ 
los,  adelantado  mayor  del  reino  de  Murcia,  diera 
entrada  y  ayuda  á  los  moros  cuando  éstos  se  la 
pidieran,  y  otra  en  que.se  hacía  mención  de 
Diego  Fernández  de  Molina,  contador  del  Condes¬ 
table,  y  de  Alvar  Núñez  de  Herrera,  su  mayor¬ 
domo,  como  agentes  y  mediadores  en  tan  feos 
tratos. 

La  probanza  era  difícil  y  no  hicieron  en  ella 
mucho  hincapié  los  calumniadores.  Entablado  el 
proceso,  limitóse  la  acusación  judicial  á  cargar  la 
mano  sobre  el  desacato  de  Tordesillas,  en  que  Dᬠ
valos  había  tenido  muchos  cómplices;  á  recordar 
la  ayuda  prestada  á  D.  Enrique  en  la  toma  de  po¬ 
sesión,  á  mano  armada,  del  marquesado  de  Ville- 
na;  y  en  el  hecho  de  haber  favorecido  la  fuga  de 
la  infanta  D.a  Catalina,  hermana  del  Rey,  contra 
la  voluntad  expresa  de  éste. 

Sabedor  con  anticipación  de  lo  que  se  tramaba, 
pudo  el  Condestable  poner  en  salvo  su  persona; 
pero  como  lo  que  deseaban  sus  enemigos  eran  sus 
bienes,  de  tal  suerte  copiosos  que  podía  trasla¬ 
darse  de  Sevilla  á  Galicia  posando  siempre  en 
tierras  suyas,  ó  sujetas  á  su  jurisdicción,  no  para¬ 
ron  mucha  cuenta  en  su  huida;  antes  les  sirvió  de 
pretexto  para  despojarle  y  aumentar  con  los  del 
fugitivo  sus  estados. 

En  consecuencia  fuéronle  secuestrados  todos, 
sin  dejarle  villa,  lugar,  fortaleza,  ni  siquiera  mue¬ 
ble,  que  no  pasara  á  manos  de  aquellos  ilustres 
bandidos.  Es  más;  con  noticia  de  que  en  el  castillo 
de  Jodar  tenía  acumulado  un  gran  tesoro,  enco¬ 
mendóse  el  embargo  á  Pedro  de  la  Cerda,  caba¬ 
llero  de  la  casa  de  D.  Alvaro  de  Lana.  El  repre¬ 
sentante  de  la  oligarquía  encontró  únicamente 
nuevecientos  marcos  de  plata  labrada  en  vajilla  y 
otras  cosas  de  no  mucho  precio,  que  llevó  al  Rey, 
el  cual,  por  consejo  de  su  favorito,  dividió  el  todo 
en  diez  partes,  repartidas  de  este  modo;  dos  al  re¬ 
voltoso  y  avariento  infante  D.  Juan  de  Aragón,  y 
una  respectivamente  de  las  ocho  restantes  á  don 
Sancho  de  Rojas,  arzobispo  de  Toledo;  al  almirante 
D.  Alonso  Enríquez;  Pedro  de  Zúñiga,  justicia  ma¬ 
yor  de  Castilla;  Diego  Gómez  de  Sandoval,  ade¬ 
lantado  de  dicho  reino;  D.  Rodrigo  Alonso  Pimen- 
tel,  conde  de  Benavente;  D.  Alvaro  de  Luna,  conde 
de  Santisteban;  Pedro  de  la  Cerda,  y  Fernán  Alon¬ 
so  de  Robres,  antiguo  privado  de  D.a  Catalina  de 
Lancáster,  viuda  de  Enrique  III. 

Conseguido  el  doble  objeto  de  arrojar  de  Cas¬ 
tilla  ai  Condestable  y  de  repartirse  sus  bienes, 
¿qué  importaba  á  los  aprovechados  políticos  de 
aquel  tiempo  lo  demás?  ¿Qué  les  importaba  tam¬ 
poco  el  honor  de  un  hombre  honrado,  ni  que  las 
cartas  fueran  falsas,  como  mejor  que  nadie  ellos 
sabían? 

En  la  política  de  dicho  tiempo,  la  moral  en¬ 
traba  por  nada;  el  éxito  lo  era  todo.  Así,  lo  prin¬ 
cipal  se  consideró  secundario,  lo  secundario  prin¬ 
cipal,  á  usanza  de  los  procesos  de  esta  índole. 

La  acusación  de  traidor  contra  Dávalos  por  las 
mencionadas  cartas  no  figuró,  por  tanto,  ni  tenía 
para  qué,  en  el  inicuo  proceso  forjado  por  la  ca¬ 
lumnia,  acaso  temerosos  los  acusadores  de  ser  des¬ 
cubiertos. 

Pero  si  pudieron  despojar  al  Condestable  de  sus 
bienes,  no  pudieron,  sin  embargo,  ocultar  la  pro¬ 
pia  malicia  ni  la  inocencia  del  ilustre  desterrado, 
que,  gracias  á  circunstancias  providenciales,  no 
perdió  ante  los  contemporáneos  el  honor  con  la 
mancha  de  traición  que  sus  enemigos  le  impu¬ 
taban. 

Un  leal  vale  mucho,  y  entre  los  criados  del  Con¬ 
destable  había  un  hombre  de  hidalguía  y  constan¬ 
cia  á  toda  prueba;  su  mayordomo  Alvar  Núñez  de 
Herrera,  preso  de  orden  del  Rey  en  Ocaña  con  el 
contador  Molina,  quien  huyó,  ó  á  quien  acaso  se 
dejó  escapar  bajo  condición  de  no  hablar  más  en 
el  asunto. 

Fue  Alvar  Núñez  natural  de  Córdoba,  hermano 
de  Fernán  Gómez  de  Herrera,  veinticuatro  de 
dicha  ciudad,  fundador  del  hospital  de  Santa  Ma¬ 
ría  en  el  Alcázar  viejo  y  dotador  de  la  capilla  de 
aquel  nombre  en  la  iglesia  Mayor,  donde  dejó  una 
imagen  de  plata  de  Nuestra  Señora,  que  allí  se 
veneraba  todavía  en  el  siglo  XV n,  con  renta  bas¬ 


tante  para  que  ardiese  perpetuamente  en  su  honor 
un  blandón  de  cera. 

Entrado  joven  y  pobre  al  servicio  de  Ruy  Dᬠ
valos,  llegó  á  tanto  su  fidelidad  con  el  Condesta¬ 
ble,  que  de  éste  recibió  grandes  mercedes,  aumen¬ 
tadas  igualmente  por  el  infante  D.  Fernando,  más 
tarde  rey  de  Aragón,  en  premio  de  sus  buenos 
servicios  prestados  en  las  campañas  de  Setenil  y 
Antequera,  donde  mandó  treinta  lanzas  muy  es¬ 
cogidas. 

Preso,  como  hemos  dicho,  en  Ocaña  á  la  caída 
del  Condestable,  fue  preciso  á  su  propia  instancia 
abrirle  proceso  para  depurar  los  hechos,  aun  con¬ 
tra  la  manifiesta  voluntad  de  los  émulos  del  Con¬ 
destable;  proceso  en  que  no  sólo  defendió  con  brío 
su  causa,  sino  también  la  de  su  señor,  ofrecién¬ 
dose  gallardamente  al  peligro  si  se  le  probaba  la 
culpa. 

La  conducta  de  Alvar  Núñez  en  tan  críticos  mo¬ 
mentos  merece  el  aplauso  de  todos  los  hombres 
honrados.  En  vano  se  le  brindó  con  la  libertad  á 
trueque  del  silencio;  en  vano  se  le  prometieron 
grandes  mercedes;  en  vano  se  le  conminó,  si  ha¬ 
blaba,  con  graves  castigos.  Fiel  y  duro  como  el  ace¬ 
ro,  nada  pudieron  contra  su  acrisolada  lealtad  ame¬ 
nazas  ni  promesas.  Todo  lo  menospreció  Alvar 
Núñez.  «No  plegue  á  Dio's — respondió  él — que 
por  nada  del  mundo  deje  yo  de  proseguir  este  ne¬ 
gocio  sin  probar  quién  es  el  que  ha  hecho  tan  gran 
falsedad.  Y  de  tal  modo  lo  haré  patente,  que  la 
fama  del  Condestable,  mi  señor,  quede  sin  la  man¬ 
cilla  de  maldad  tan  conocida.  Primero  morir  que 
dejar  el  hecho  en  duda.  Un  hijo  vendiera  por  plei¬ 
tear  en  favor  de  tan  justa  causa.» 

Así  lo  dijo,  así  lo  cumplió. 

Absuelto  después  de  algún  tiempo,  procuró  con 
gran  diligencia  fuera  preso  un  Juan  García  de 
Guadalajara,  secretario  que  había  sido  del  Condes¬ 
table,  tarea  en  que  muy  eficazmente  le  ayudó  su 
hijo  Alvaro  Rodríguez  de  Herrera,  comendador 
de  la  Orden  de  Caiatrava,  dotado  de  igual  tesón 
que  su  padre. 

Encerrado  en  la  cárcel  de  Valladolid  por  man¬ 
dato  del  Rey,  confesó  Juan  García,  á  la  primera 
vuelta  del  tormento,  la  falsedad  de  las  catorce  car¬ 
tas,  hechas  todas  de  su  mano,  el  nombre  del  pla¬ 
tero  que  había  abierto  en  Toledo  los  sellos  puestos 
en  las  mismas,  quién  le  había  inducido  á  hacerlo 
y  el  precio  que  le  dieran  por  que  lo  hiciese. 

Esta  confesión,  dice  Fernán  Pérez  de  Guzmán, 
fué  guardada  con  gran  secreto ;  de  manera  que  lo 
cierto  de  ella  no  lo  pudo  saber  nadie,  aunque  sí 
presumir  quiénes  fueron  los  que  esto  mandaron, 
«según  las  cosas  que  después  subcedieron,  y  aun 
el  fin  que  hubieron  los  tales». 

Convicto  de  su  delito,  fue  degollado  el  culpa¬ 
ble  en  la  plaza  de  Valladolid,  no  sin  ser  antes  des¬ 
pojado  de  una  ropa  negra  y  de  una  banda  pardilla, 
especie  de  condecoración  con  que  á  hidalgos  y 
escuderos  de  su  casa  solía  honrar  el  Monarca, 
por  cuya  orden  mandóse  además  proclamar  en 
las  calles  el  siguiente  pregón:  «Esta  es  la  justi¬ 
cia  que  manda  hacer  el  Rey  Nuestro  Señor  á 
este  mal  hombre,  alevoso,  falsario,  que  falsó 
ciertos  nombres  del  condestable  D.  Ruy  López 
Dávalos.  En  pena  de  su  maleficio  mándanle  dego¬ 
llar  por  ello.» 

Probada  de  tan  clara  manera  la  inocencia  del 
Condestable,  parecía  natural,  ya  que  no  rehabili¬ 
tarle  en  su  elevada  dignidad,  de  que  á  la  sazón  dis¬ 
frutaba  Alvaro  de  Luna,  devolverle  sus  estados  y 
sus  bienes. 

Así  lo  dictaba  la  razón,  así  era  justo  se  hiciese; 
pero  así  no  lo  permitió  la  envidia,  que  con  todas 
sus  fuerzas  se  opuso  á  los  méritos  del  insigne 
caballero;  prueba  cierta  de  que  más  por  codicia 
de  sus  riquezas  que  por  celo  de  justicia  se  pro¬ 
cedió  contra  él  y  sus  amigos;  «gracias,  dice  un 
enérgico  escritor  contemporáneo,  á  la  avaricia  que 
en  Castilla  es  entrada  y  la  posee,  lanzando  della 
vergüenza  y  consciencia:  ca  hoy  no  tiene  ene¬ 
migos  el  que  es  malo,  sino  el  que  es  muy  rico. 
Aquí  podemos  decir:  ¿Quien  te  mató ,  Señor ?  Dixo: 
lo  mío.» 

Pobre,  viejo  y  achacoso  vegetaba  entretanto  el 
Condestable  en  Valencia,  abandonado  de  los  prín¬ 
cipes  por  quienes  se  había  sacrificado,  vueltos 
á  la  libertad  y  á  la  posesión  de  sus  honores  y  bie¬ 
nes,  con  muchos  de  sus  secuaces,  por  el  perdón  de 
1425,  del  que  únicamente  quedó  exceptuado  Juan 
García  de  Guadalajara. 

Dícese  que  algunos  años  después  le  envió  su  su¬ 
cesor  una  carta  de  cumplimiento,  y  que  el  desgra¬ 
ciado  anciano  contestó  al  mensajero  con  estas  pa¬ 
labras  proféticas:  «Decid  al  señor  D.  Alvaro  que 
cual  él  fuimos,  y  cual  somos  será.» 

Pero  si  todos  los  grandes  olvidaron  en  su  des¬ 
ventura  al  honrado  Condestable,  no  le  abandonó 
Alvar  Núñez. 

Salvado  por  el  fiel  criado  el  honor  de  su  señor, 


Digitized  by  AjOOQle 


M  _  X  •  vt 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Febrero  1898 


í 


SKI  EN  (NORUEGA).  — CASA  DONDE  NACIÓ  EL  CÉLEBRE  AUTOR  DRAMÁTICO  IBSEN. 


coronó  la  piadosa  obra  aliviando  con  sus  bienes 
las  miserias  de  su  existencia. 

Reconocido  a  los  beneficios  durante  tantos  años 
recibidos,  vendió  el  honrado  cordobés  la  mayor 
parte  de  sn  hacienda  en  ocho  mil  florines,  canti¬ 
dad  que  en  tres  veces  envió  á  Valencia  por  medio 
de  un  hijo  suyo,  que,  ¿  pie  y  disfrazado,  conducía 
un  asno  cargado  con  un  telar  de  tejer  paños,  cu¬ 
yos  maderos  iban  huecos,  llevando  en  éstos  la  ma¬ 


yor  parte  del  oro,  y  el  resto  bajo  el  albarda  del 
humilde  animal,  para  evitar  reconocimientos  y 
sospechas. 

Más  hizo  todavía.  Deseoso  de  asistir  al  viejo 
Condestable  en  su  soledad  y  sus  achaques,  aban¬ 
donó  su  casa  y  su  familia;  dejó  confiados  al  Obispo 
de  Jaén  algunos  de  sus  hijos;  depositó  á  su  mujer 
en  un  convento,  y  partió  para  Valencia,  donde 
tuvo  el  consuelo  de  asistir  en  su  última  enferme¬ 


dad  ai  ilustre  proscrito,  que  murió  en  sus  brazos 
el  6  de  Enero  de  1428,  á  los  setenta  y  un  años  de 
edad. 

«Ejemplo  de  lealtad  y  gratitud — dice  un  gran 
escritor  de  nuestro  siglo  — raro  en  todos  tiempos, 
y  mucho  más  en  aquel  en  que  por  tan  grandes 
señores  se  daban  tantos  de  inconsecuencia,  de  ol¬ 
vido  y  de  codicia.» 

Angel  Stor. 


MARRUECO  S.  — INGLESES  DEL  SINDICATO  «THE  GLOBE  VENTURE»  CAPTURADOS  POR  TROPA8  DEL  SULTÁN 

Á  BORDO  DEL  BUQUE  DE  GUERRA  MARROQUÍ  « AL-HASSANI ». 

(De  fotografías.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Febrero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


x  ®  vi  —  97 


LAS  MUJERES  DE  GABRIEL  D’ANHUHZKL 


La  rapidez  inverosímil  con  que  el 
nombre  del  ilustre  novelista  italiano, 
conocido  hasta  ahora  de  algunos  lite¬ 
ratos,  se  ha  hecho  popular  en  España, 
demuestra  que  hay  en  nuestro  medio 
intelectual  condiciones  favorables  para 
que  el  modo  como  siente  D’Annunzio 
la  vida,  la  Naturaleza  y  el  arte,  aquí 
repercuta  y  se  propague.  A  partir  del 
modesto  artículo  que  hube  de  publicar 
en  El  Impar cial ,  se  ha  improvisado 
una  verdadera  literatura  que  tiene  á 
Gabriel  d’Annunzio  por  asunto.  Tan 
importante  ha  sido  este  movimiento, 
que,  al  cabo  de  un  mes  de  producido, 
para  ofrecer  á  los  lectores  de  La  Ilus¬ 
tración  alguna  novedad  no  se  me 
ocurre  otra  cosa  que  intentar  un  lige¬ 
ro  boceto  de  los  tipos  de  mujeres  crea¬ 
dos  por  el  poeta. 

Es  muy  frecuente  en  la  literatura 
contemporánea  que  se  considere  la 
mujer  como  una  especie  de  encarna¬ 
ción  del  espíritu  del  mal,  como  una 
fuerza  de  la  Naturaleza,  enemiga  nues¬ 
tra,  que  nos  avasalla  é  imposibilita  la 
realización  de  los  más  elevados  ideales 
de  nuestra  vida.  Así  aparecen  las  pro¬ 
tagonistas  de  El  Padre  y  El  Simoun , 
de  Strindberg;  la  de  El  niño  Ej/olf ,  de 
Ibsen;  la  de  Lo  pasado ,  de  Sudermann. 
La  protagonista  de  la  ópera  de  Bizet, 
la  Carmen  de  Merimée,  universalmen¬ 
te  conocida,  puede  ser  considerada 
como  tipo  de  esta  concepción  de  la  mu¬ 
jer:  aquella  Carmen  que  pesa  sobre  la 
existencia  de  D.  José  como  una  mal¬ 
dición,  le  hace  desertar,  le  convierte 
en  contrabandista,  en  asesino;  mata 
en  él  toda  aspiración  levantada,  y  le 
abandona  al  fin,  dejándose  enamorar 
por  Escamillo. 

En  una  gran  parte  de  la  obra  litera¬ 
ria  D’Annunzio  domina  esta  misma 
concepción,  bien  que  soberanamente 


GABRIEL  D’ANNUNZIO, 

AUTOR  DE  «LA  CIUDAD  MUERTA D,  RECIENTEMENTE  ESTRENADA  EN  PARÍS. 

(De  fotografía.) 


embellecida  por  esa  maravillosa  facul¬ 
tad  poética  del  inimitable  estilista  que 
derrama  sobre  todas  las  cosas  de  que 
habla  raudales  de  idealidad.  Dibujada 
por  artista  tan  refinado  y  exquisito,  la 
mujer  no  pone  en  esa  obra  de  destruí 
ción  la  repulsiva  ferocidad  de  Lady 
Macbeth  ó  de  Biskra.  Es  adorable  siem¬ 
pre;  concurre  á  la  obra  artística  del 
amor  con  lo  más  delicado  de  su  alma. 
Hace  el  mal  á  pesar  suyo,  inconscien¬ 
temente,  hasta  cuando  deja  gozar  al 
hombre  los  más  exquisitos  deleites  de 
su  intimidad  espiritual.  Hace  el  mal, 
no  porque  tenga  perversos  instintos, 
sino  porque  es  su  destino,  porque  la 
Naturaleza  ha  hecho  de  ella  un  ánfora 
esbelta  en  que  apuramos  el  amor,  y 
éste  es  un  veneno.  La  mujer  envenena 
con  su  amor  como  ciertas  flores  con  su 
perfume :  irremediablemente ,  embria¬ 
gando  siempre,  y  sin  darse  cuenta  del 
mal  que  realizan. 

El  más  temible  «efecto  fisiológico» 
de  este  singular  veneno,  aparte  su  ac¬ 
ción  enervad ora,  parece  ser  el  de  pro¬ 
ducir  una  sed  inextinguible  que  ni  él 
mismo  puede  satisfacer  por  elevada 
que  sea  la  dosis  á  que  se  tome.  La  mu¬ 
jer  se  parecería  en  esto  á  la  música, 
que,  según  Tolstoi,  es  funesta  porque 
produce  una  excitación  que  no  es  ca¬ 
paz  ella  misma  de  calmar.  Después  de 
haber  gustado  un  momento  el  amor  de 
Helena,  Andrés  Sperelli,  protagonista 
de  El  Placer ,  en  vano  intenta  reco¬ 
brarse,  serenarse,  conseguir  que  se  le 
pase  el  mareo  de  la  embriaguez  y  cal¬ 
mar  la  sed  de  Helena  que  le  atormenta. 
Dueño  de  la  hermosura  de  Hipólita, 
Jorge  Aurispa,  protagonista  de  El 
Triunfo  de  la  muerte ,  también  desfa¬ 
llece  de  sed;  quisiera  absorber  el  sér 
de  Hipólita  por  entero,  penetrar  hasta 
lo  más  íntimo  de  su  alma,  y  fundirse 
y  compenetrarse  con  ella.  Helena  que 
se  rehúsa,  Hipólita  que  se  abandona, 
ambas  matan  de  sed,  ambas  producen 


GOCONG  (COCHINCHINA).  —  VISITA  DEL  EMPERADOR  DE  ANNAM,  THANH  THAI¿  Á  LAS  TUMBAS  DE  SUS  ANTEPASADOS. 

(De  fotografía.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


98  —  n.°  vi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Febrero  1898 


el  mal  y  envenenan  la  vida.  En  lo  hondo  de  una 
y  otra  novela  late  aquella  frase  de  Musset:  «Cada 
mujer  á  quien  te  acercas  roba  una  chispa  de  tu 
vida,  sin  devolverte  otra  de  la  suya.» 

El  Triunfo  de  muerte  es  la  historia,  en  cierto 
modo  vulgar,  de  un  hombre  que  va  dejando  en 
brazos  de  la  mujer  amada  todas  las  energías  de  su 
cuerpo  y  de  su  alma;  Sansón  que,  á  los  pies  de 
Daiila,  sintiera  que  ésta  le  tomaba,  no  de  golpe, 
sino  pelo  á  pelo,  la  abundante  cabellera.  Hipólita 
á  su  lado,  siempre  joven,  siempre  fresca,  hace 
pensar  que  el  desgraciado  Aurispa,  poniendo  toda 
su  alma  en  aquella  mujer,  ha  arrojado  su  vida  á 
un  pozo  sin  fondo,  que  ha  dado  todo  por  ella  y  al 
fin  se  quedará  sin  ella  también.  Esta  nefasta  in¬ 
fluencia  de  la  mujer  y  su  absoluta  impotencia  para 
hacer  la  felicidad  del  hombre  pudiera  simbolizarla 
la  Isabel  del  Sueño  de  una  mañana  de  primavera, 
sobre  quien  cae  toda  la  sangre  de  su  amado,  ase¬ 
sinado  en  sus  brazos.  Cayera  en  una  roca  la  pre¬ 
ciosa  sangre,  y  habría  nacido  de  ella  una  florecida 
azul:  en  Isabel  engendra  un  sueño,  pero  un  sueño 

estéril,  un  triste  desvarío  de  loca . ,y  en  torno, 

embriagados  por  el  hálito  de  la  primavera,  pictó¬ 
ricos  de  vida,  estallan  los  capullos  de  las  flores. 

Tal  es  la  mujer  en  las  primeras  poesías  D’An- 
nunzio,  en  El  Placer ,  en  El  Sueño ,  en  El  Triunfo , 
pudiera  decirse  que  en  El  Inocente  también:  la 
misma  Blanche  Marie  de  La  Gittá  marta  perte¬ 
nece  á  este  tipo  y  responde  á  esta  concepción.  Sin 
embargo,  antes  de  escribir  esta  tragedia,  D’Annun- 
zio  había  publicado  Las  Vírgenes  de  las  rocas — 
quizá  su  mejor  novela— y  creado  en  ella  tres  tipos 
de  hermosura  insuperable,  y  señalado  una  evolu¬ 
ción  importante  en  su  obra  literaria.  Estos  tipos 
son:  Violante,  la  hermosura  perfecta;  Maximila,  la 
sensibilidad  exquisita;  Anatolia,  la  voluntad.  El 
ilustre  novelista  se  eleva  por  fin  de  la  voluptuo¬ 
sidad  á  la  belleza  plástica,  y  de  ésta  á  la  belleza 
moral. 

Estas  mujeres,  última  y  más  delicada  florescen¬ 
cia  de  una  raza  que  se  extingue,  viven  en  el  cam¬ 
po,  sufriendo  de  su  soledad.  Violante,  en  extática 
adoración  de  sí  misma,  siente  que  se  pierde  la 
inútil  belleza  del  barro  divino  de  su  cuerpo  con 
esa  nostalgia  del  hombre  que  sentiría  una  cate¬ 
dral  gótica,  si  tuviese  alma  y  no  viese  á  su  alre¬ 
dedor  constantemente  quien  se  extasiara  contem¬ 
plando  los  encajes  maravillosos  de  sus  ojivas. 
Maximila  es  la  María  de  El  Placer ,  refinada  y 
quintaesenciada:  alma  toda  ternura,  siente  la  ne¬ 
cesidad  de  entregarse  como  esclava  al  hombre 
que  la  enamore,  y  ofrecerle  su  existencia  para 
servir  de  pábulo  á  la  suya.  Anatolia,  la  voluntad, 
la  fuerza,  sugiere  la  idea  de  que  es  la  mujer  capaz 
de  eternizar  por  el  amor  al  elegido  de  su  corazón 
en  una  generación  vigorosa,  trasmitiendo  á  esa 
generación  cuantas  exquisiteces  espirituales  ha 
logrado  conquistar  la  raza  en  su  evolución  secular. 

Claudio,  enamorándose  sucesivamente  de  las 
tres  hermanas,  y  aspirando  la  más  delicada  esen¬ 
cia  del  sér  de  cada  una,  reconoce  en  Anatolia  la 
mujer  de  cuyo  seno  puede  nacer  el  superhomo 
que  realice  su  aspiración:  la  aspiración  de  produ¬ 
cir  la  armonía  del  hombre  libre  y  poderoso  con  la 
naturaleza  completamente  revelada,  comprendida 
y  dominada. 


José  Verdes  Montenegro. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NARRACIONES  COSMuroLITAS. 

Sesenta  años  de  diputado.  —  Un  matemático  novelista.  —  Informali¬ 
dad  yankee:  las  Antillas  danesas  y  los  Estados  Unidos.  —  Coste  de 
la  guerra  de  Egipto. 

'^^ASO  ejemplar,  incomparable,  en  el  tra¬ 
siego  y  agitación  de  los  hombres  más 
ó  menos  públicos  que  trae  consigo 

^ _  la  política,  como  protesta  viva  y  elo- 

cuente  contra  "el  cambio  de  perso- 
najes  que  representan  á  las  provincias, 
distritos,  circunscripciones  ó  condados, 
es  el  de  Mr.  Carlos,*  Pelham  Villiers,  cuyos 
funerales  se  acabañado  celebrar  en  Inglate¬ 
rra.  Este  insigne  ciudadano  ha  venido  repre¬ 
sentando  en  el  Parlamento  á  su  distrito  y  pueblo 
natal,  la  ciudad  de  Wolverhampton,  durante  se¬ 
senta  años .  Hombre' de  firmes  convicciones,  de 
profundos  estudios,  sencillo  en  sus  costumbres, 
simpático  á  todo  el  mundo,  logró  en  vida,  hace 
veinte  años,  que  sus  electores  agradecidoa  le  ele¬ 
varan  una  estatua,  y  ahora,  al  morir,  le  han  hon¬ 
rado,  no  sus  electores  sólo,  sino  el  partido  liberal 
inglés  en  masa,  con  una  manifestación  de  duelo, 
que  ha  ostentado  todas  las*  pompas  de  una  verda-  - 
dera  solemnidad  nacional.  En  la  corona  que  le 


dedicó  el  Cobden  Club  se  leía  esta  inscripción: 
<íHe  gave  the  people  bread!»  «Dió  pan  al  pueblo.» 

Semejante  testimonio  consagraba  el  recuerdo 
de  la  campaña  de  la  abolición  de  los  derechos  so¬ 
bre  la  importación  del  trigo,  que  Villiers  realizó 
asociado  á  Cobden  y  Bright.  Era,  hace  ya  mucho 
tiempo,  el  decano  de  la  Cámara  popular,  y  su 
fama  y  el  cariño  que  su  pueblo  le  rendía  databan 
desde  el  año  de  1833,  en  que  pronunció  en  un 
meeting  su  primer  discurso.  No  era  su  féretro,  en 
el  carruaje  fúnebre,  lo  que  el  público  está  acos¬ 
tumbrado  á  ver,  sino  un  verdadero  montón  de 
flores  que  lo  ocupaba  todo,  y  que  iba  desparramán¬ 
dose  por  la  vía  al  aumentarse  con  las  que  sin  ce¬ 
sar  caían  sobre  él.  Bien  puede  decirse  que  nadie 
acudió  á  presenciar  el  desfile  de  la  comitiva  del 
entierro  sin  lanzar,  sobre  los  restos  del  ciudadano 
insigne,  el  florido  ramillete.  En  las  naves  de  San 
Pablo  de  Londres,  donde  se  celebró  el  oficio  fúne¬ 
bre,  no  cabía  la  gente.  Allí  estaban  el  pueblo,  el 
partido  liberal,  y  muchos  personajes  unionistas 
con  Mr.  Chamberlain  á  la  cabeza.  Mientras  las 
campanas  de  la  catedral  británica  tocaron  á  due¬ 
lo,  respondieron  á  sus  ecos  las  de  la  vetusta  igle¬ 
sia  de  Saint-Peter’s  Coliege  en  Wolverhampton, 
como  habían  sonado  el  día  en  que  desde  su  hu¬ 
milde  casa  le  llevaron  á  recibir  el  agua  del  bautis¬ 
mo.  Después  sus  paisanos  desfilaron  en  manifes¬ 
tación  de  duelo  por  Snow-hill,  ante  su  estatua, 
velada  por  negros  crespones,  y  cuyo  pedestal  que¬ 
dó  cubierto  de  flores  y  coronas. 

Sesenta  años  representando  á  un  pueblo  que 
supo  de  esta  manera  honrar  los  merecimientos  de 
un  hombre  de  bien,  de  un  trabajador  modelo,  de 
un  político  serio,  elocuente,  desinteresado  y  sos¬ 
tenedor  constante  de  la  concordia  y  de  la  prospe¬ 
ridad  de  sus  representados,  constituyen  un  dato 
inolvidable  en  la  historia  política,  que  demuestra 
con  qué  empeño,  tenacidad  y  acierto  persevera  un 
núcleo  electoral  en  otorgar  su  confianza  á  quien 
tanto  valió  y  tan  bien  le  ha  servido,  optando  siem¬ 
pre  por  continuar  disfrutando  del  bien  conocido, 
mejor  que  por  buscar  en  los  volubles  cambios  de 
la  representación  una  mejora  tan  hipotética  como 
insegura. 

o 

*  c 

Otro  hombre  ejemplar,  como  gran  trabajador, 
como  insigne  catedrático  de  Matemáticas  y  nove¬ 
lista  popular,  y  como  entidad  muy  respetada  en 
todo  el  Imperio  británico,  el  Rdo.  Carlos  L.  Dodg- 
son,  ha  muerto  también  hace  pocos  días.  Explicaba 
Algebra  en  la  Universidad  de  Oxford,  dando  gran 
crédito  á  su  verdadero  nombre,  y  escribía  libros 
de  amena  literatura  en  sus  ratos  de  ocio ,  firmán¬ 
dolos  con  el  seudónimo  de  Lewis  Carrol .  Fué  siem¬ 
pre  solterón  impenitente,  é  instado  hace  ya  treinta 
y  seis  años  por  su  amigo  y  compañero  el  decano 
Liddell  á  que  escribiera  un  libro  de  enseñanza 
literaria  moral  para  las  niñas,  publicó  una  verda¬ 
dera  obra  maestra,  The  Adve  atures  of  Atice  in 
Wonderland ,  dedicada  á  las  hijas  de  Liddell,  que 
produjo  verdadera  sensación  en  las  familias  ingle¬ 
sas,  que  se  popularizó  inmediatamente,  y  contiene 
frases  que  se  han  hecho  proverbiales  donde  quiera 
que  se  habla  el  inglés,  y  que  está  escrita  con  tal  in¬ 
genio  y  encanto  que,  más  que  á  los  niños,  deleita 
y  seduce  á  las  personas  mayores. 

Y — ¡fecundidad  admirable! — mientras  el  cate¬ 
drático  Dodgson  publicaba,  entre  otros  trabajos 
matemáticos,  los  que  llevan  por  título:  S gil  abus  of 
plañe  algebraical  geometry ,  y  Curiosa  mathermi ti¬ 
ca  y  For  multe  of  plañe  trígono  nietry ,  el  novelista 
Carrol  hacía  las  delicias  del  pueblo  dando  á  la  pren¬ 
sa,  además  de  la  obra  ya  citada,  otras  como  Through 
the  lookingglas  and  what  Alice Found  there ,  Atices 
Adventures  Vnderground  y  A  tangled  tale ,  etc. 

¡Hermosa  armonía  de  un  talento  bien  cultivado 
y  nutrido,  que  por  igual  siente,  ama  y  produce  en 
el  campo  de  las  ciencias  que  en  el  de  las  letras! 
¡Representación  verdadera  de  lo  que  debe  ser  la 
cultura  completa  del  hombre  moderno,  no  atas¬ 
cado  é  inerte  en  el  terreno  árido  del  positivismo 
científico ,  ni  evaporado  y  errante  en  los  espacios 
del  idealismo  literario,  sino  bien  puesto  en  equi¬ 
librio,  dentro  de  su  espíritu,  por  ambas  potencias, 
que  á  maravilla  se  compensan  y  sostienen  cuando 
la  instrucción  y  la  educación  están  dirigidas  con 
acierto  desde  los  primeros  años! 

Cuando  Dodgson  publicó  su  Alicia  cautivó  tanto 
el  ánimo  de  la  reina  Victoria,  que  encargó  que  di¬ 
jeran  al  autor  que  no  dejara  de  enviarle  la  primera 
obra  que  publicase.  Obedeció  Dodgson,  y,  muy 
complaciente  y  respetuoso,  remitió  poco  después 
á  la  augusta  Soberana  un  tomo  que  se  titulaba: 
Tratado  elemental  de  las  Determinantes .  La  sor¬ 
presa  de  la  Reina  fué  grande ,  y  siempre  ha  cele¬ 
brado  con  verdadera  alegría  semejante  recuerdo. 


•  • 


A  pesar  de  que  en  los  Estados  Unidos  se  ha  sos¬ 
tenido  siempre  la  doctrina  de  no  adquirir  posesio¬ 
nes  fuera  de  su  territorio,  el  ejemplo  de  la  febril 
expansión  colonial  que  agita  á  las  grandes  poten¬ 
cias  de  Europa  les  ha  hecho  caer  en  la  tentación 
de  sujetar  á  su  dominio  cuantas  islas  grandes  ó 
pequeñas  les  puedan  convenir,  desplegando  para 
ello  ó  la  más  transparente  habilidad  diplomática 
ó  la  audacia.  Audazmente  dieron  al  traste  con  la 
dinastía  soberana  de  Hawai,  estableciendo  en 
aquel  archipiélago  un  Gobierno  sucursal  del  suyo, 
( jue  se  anexionará  á  la  ¡madre  patria!  en  cuanto 
este  lo  desee;  diplomáticamente,  y  por  todos  los 
medios  más  censurables,  tratan  de  que  perdamos 
á  Cuba  para  establecer  allí  inmediatamente  su 
protectorado  explotador,  y  por  la  vía  mercantil 
intentarán  y  se  dice  que  intentan  aún  adquirir  las 
Antillas  danesas  de  barlovento,  que  son:  San  Tho- 
mas,  San  Juan  y  Santa  Cruz,  inmediatas  á  Puerto 
Rico,  en  el  grupo  de  las  islas  Vírgenes. 

Esta  última  tentativa  es  ya  vieja,  y  estuvo  á 
punto  de  convertirse  en  realidad  hace  algunos 
años.  En  efecto,  al  comenzar  la  guerra  separatista 
del  Sur  contra  el  Norte,  los  Estados  Unidos  trata¬ 
ron  con  el  Gobierno  de  Copenhague  de  comprar 
esas  colonias  para  establecer  allí  depósitos  de  ar¬ 
mas  y  de  carbón.  Los  daneses  se  negaron  á  ello  al 
principio;  pero  cuando  se  encendió  la  guerra  en¬ 
tre  Prusia  y  Austria,  y  se  convencieron  de  que  los 
prusianos  iban  á  apoderarse  de  su  península  de 
Jutlandia,  como  lo  hicieron  á  medias,  dirigidos 
por  el  ilustre  guerrero  danés  Moltke,  gran  militar 
pero  poco  patriota,  viéndose  necesitados  de  di¬ 
nero  convinieron  en  venderla  por  la  cantidad  de 
tres  millones  de  libras  esterlinas,  entendiéndose 
que  abonarían  1.500.000  si  los  prusianos  adquirían 
sólo  las  de  San  Thomas  y  San  Juan. 

Se  estipuló  además  que,  antes  de  firmar  el  con¬ 
trato,  se  consultaría  la  voluntad  de  los  habitantes; 
detalle  que  echó  en  olvido  el  Gobierno  americano 
en  su  prisa  por  adquirirlas.  Cumpliéronlo,  sin  em¬ 
bargo,  los  daneses,  y  se  hizo  la  consulta,  resultando 
del  escrutinio,  verificado  en  9  de  Enero  de  1868, 
que  los  de  la  isla  de  San  Juan  estaban  todos  con¬ 
formes  con  la  venta,  y  que  en  la  de  San  Thomas 
sólo  se  opusieron  á  ella  veintidós.  El  contrato  se 
firmó,  y,  sin  embargo,  como  mientras  tanto  ter¬ 
minaba  la  guerra  de  secesión  de  los  Estados  Uni¬ 
dos,  éstos,  viendo  que  ya  no  necesitaban  para 
nada  aquellas  islas,  se  hicieron  los  suecos,  y  el  mi¬ 
llón  quinientas  mil  libras  no  parecieron  por  nin¬ 
guna  parte.  Las  cosas  quedaron  como  si  nadie  se 
hubiera  ocupado  jamás  de  semejante  asunto.  Di¬ 
namarca  consideró  que  no  era  digno  de  ella  el 
protestar  de  tai  conducta,  y  se  decidió  á  negarse 
siempre  en  absoluto  á  tratar  de  tal  negocio  con  los 
Estados  Unidos.  Por  eso  ahora,  sin  que  á  nadie  le 
extrañe,  ha  hecho  desmentir  las  noticias  que  han 
circulado  de  que  existieran  negociaciones  con 
aquel  objeto,  al  saberse  que  los  norteamericanos 
deseaban  entablarlas  de  nuevo,  en  su  afán  de  con¬ 
vertirse  en  una  gran  potencia  marítima  y  desem¬ 
peñar  el  papel  de  árbitros  en  las  Antillas.  Al  fiasco 
de  ocupación  de  la  gran  bahía  de  Samaná  ha  su¬ 
cedido  éste ,  y  si  nosotros  tenemos  precaución  y 
energía,  les  seguirá  el  de  que  jamás  dominen  ni 
en  un  puñado  de  arena  de  Cuba  ni  de  Puerto  Rico. 

9 

e  e 

Mientras  las  operaciones  y  el  desarrollo  total 
de  la  campaña  sostenida  por  nuestras  tropas  en  la 
isla  de  Cuba  dan  motivo  á  más  ó  menos  razona¬ 
bles  críticas,  en  las  que  con  tan  negros  colores  se 
pintan  nuestras  pérdidas  en  hombres  y  dinero, 
realízase  otra  campaña  guerrera  que  mete  poco 
ruido,  que  no  tiene  objeto  inmediato  alguno,  que 
lleva  ya  catorce  años  de  duración  y  que  demuestra 
que  en  todas  las  jefaturas  de  los  ejércitos  hay  tanto 
que  censurar  y  corregir  como  en  la  de  los  nuestros. 
Al  insistir  en  el  sostenimiento  de  su  política  in¬ 
ternacional  egoísta,  obliga  Inglaterra  á  Egipto  á 
perpetuar  la  guerra  en  el  Sudán,  cueste  lo  que 
cueste  y  salga  lo  que  salga.  Creyó  un  día  la  fantas¬ 
magoría  británica  que  eHr  desde  el  Cairo  á.Jar- 
tum,  dominando  al  paso  todo  el  valle  del  gran  río, 
sería  empresa  fácil  que  no  costaría  una  sola  gota 
de  sangre.  Iba  á  ser  la  expedición  como  á  modo  de 
una  regata  por  el  Nilo  (With  the  casuel  corps  up 
the  Nile).  Sucedió  todo  lo  contrario:  los  dos  cuer¬ 
pos  de  ejército  enviados  al  Sur  fueron  deshechos 
ante  Metemmeh  y  ante  Suakin. 

En  1884  sólo  tomaron  parte  en  la  expedición 
8  ó  10.000  ingleses;  en  1885  ya  hubo  necesidad  de 
aumentar  el  contingente  hasta  25.000,  contando 
los  batallones  indios.  Tampoco  bastaron,  y  se  au¬ 
mentó  el  ejército  con  nuevos  cuerpos  coloniales 
que  llegaron  de  Australia,  del  Africa  Occidental  y 
del  Canadá.  Y  todo  ¿para  qué?  para  no  avanzar  un 
paso;  para  tener  que  someterse  á  una  retirada.  A 


Digitized  by  UjOOQie 


15  Febrero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


-V.-  vi  —  99 


este  gasto  inútil  de  hombres  hay  que  añadir  el 
gasto  de  dinero.  En  1884  votó  el  Parlamento  inglés 
un  crédito  de  800.000  libras.  Al  liquidar  las  cuen¬ 
tas  de  aquella  campaña  se  vió  que  se  habían  con¬ 
sumido  11  millones  de  libras,  ó  sea  275  millones 
de  pesetas.  Conquista  realizada,  ninguna;  victorias 
obtenidas,  ninguna;  resultado  práctico  de  las  ex¬ 
pediciones,  cero. 

¿Quién  consumió  todos  esos  hombres  y  todo  ese 
dinero?  El  clima,  las  enfermedades,  la  fatiga  y  la 
sed.  Se  gastó  mucho  más  en  camellos  que  en  mu¬ 
niciones  ;  mucho  más  en  medicamentos  que  en  ar¬ 
mas.  El  ejército  británico  no  comía  arroz  y  galle¬ 
tas  tan  sólo,  como  mucha  parte  de  nuestro  ejército 
de  Cuba,  sino  que  se  trataba  «á  cuerpo  de  rey». 
Construyéronse  800  embarcaciones  para  doce  hom¬ 
bres  cada  una,  á  fin  de  remontar  el  Nilo,  y  en 
cada  embarcación  se  llevaba  un  verdadero  alma¬ 
cén  de  ultramarinos,  mejor  que  ^ara  alimento, 
para  regalo  del  soldado  inglés.  (Asi  consta  en  la 
relación  The  Sóldier's  Pocket ,  Book  Oor  Field  Ser¬ 
vice  hy  general  viscount  Wóíséley ,  1888.)  «Llevᬠ
ronse  grandes  cantidades  de  carnes  en  conserva, 
saladas  ó  curadas,  mantecas,  carnero  ya  condi¬ 
mentado,  harinas  escogidas,  galletas  finas,  queso, 
pastelería,  escabeches,  adobos,  legumbres  en  con¬ 
serva,  cacao,  leche,  erhswurst  (embutidos),  pi¬ 
mienta,  té,  azúcar,  sal,  vinagre,  licores,  lime-juice 
(jugo  de  limón),  tabaco,  cerillas  y  bien  repleto 
botiquín.» 

A  pesar  de  ir  tan  bien  provistos,  la  inclemencia 
del  Desierto  diezmó  los  batallones.  El  clima  tro¬ 
pical,  las  fiebres  y  los  miasmas  hicieron  allí  lo  que 
en  todos  los  países  análogos;  y,  en  resumen,  ni 
como  militares  ni  como  higienistas  han  apareci¬ 
do  los  ingleses  en  Africa  á  mayor  altura  que  nos¬ 
otros  en  Cuba.  Y  eso  tratándose  de  expediciones 
de  20  á  25.000  hombres.  ¿Qué  tal  hubieran  resul¬ 
tado  la  estrategia  y  la  ciencia  británicas  si  hubie¬ 
ran  tenido  que  poner  en  campaña,  como  nosotros, 
200.000  soldados  para  pelear,  no  contra  árabes  é 
indígenas  bárbaros,  sino  contra  un  enemigo  bien 
preparado  y  poderosamente  sostenido  por  otra  na¬ 
ción  positivamente  enemiga  nuestra,  como  la 
norteamericana?  ¿A  qué  cifra  hubieran  subido  los 
275  millones  de  pesetas,  tratándose  de  un  ejército 
ocho  ó  diez  veces  mayor?  Conste  pues,  que  en 
todas  partes  cuecen  habas;  y  qae  si  no  lo  hacemos 
muy  bien  en  nuestra  campaña  de  Cuba,  otros  lo 
hacen  muchísimo  peor  en  guerras  más  fáciles,  y 
eso  que  tienen  más  recursos  y  más  entendimien¬ 
to  (?)  que  nosotros,  y  regalan  á  sus  soldados,  no 
con  rancho  insustancial,  sino  con pickles,  marma- 
lade,  erhswurst ,  lime-juice  y  otras  golosinas.  Bien 
nutridos  y  bien  cuidados,  y  lejos  de  la  deletérea 
influencia  de  los  yankees ,  que  han  prodigado  á 
manos  llenas  la  dinamita,  las  armas  y  las  muni¬ 
ciones,  y  los  obstáculos  morales  contra  la  acción 
de  España,  nuestros  soldados  no  hubieran  sufrido 
ni  la  mitad  de  los  rigores,  penalidades  y  bajas  que 
tenemos  que  lamentar,  resultando  maravilloso  el 
que,  con  tales  y  tantas  deficiencias,  la  insurrección 
haya  quedado  reducida  á  sostenerse  en  su  último 
refugio,  la  madre  patria  no  haya  amenguado  en 
sus  ánimos;  y  su  honor  y  su  nombre,  aun  á  costa 
de  tantos  sacrificios,  se  hayan  levantado  á  tanta 
altura  como  en  los  mejores  tiempos;  que  no  otra 
cosa  significan  el  esfuerzo  realizado  para  vencer 
en  América  y  en  Oceanía,  y  la  generosa,  nobilísi¬ 
ma  conducta  seguida  con  nuestros  enemigos  de 
uno  y  otro  mundo. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


REAL. 

Una  artista  muy  querida 
del  público  de  nuestro  re¬ 
gio  coliseo,  Regina  Pacini, 
debutó  la  noche  del  pasado  domingo  con  Los  Puri¬ 
tanos . 

La  acógdda  que  obtuvo  no  pudo  ser  más  entu¬ 
siasta  ni  más  cariñosa.  A  su  aparición  en  escena 
fué  saludada  con  una  estruendosa  salva  de  aplau¬ 
sos,  y  durante  toda  la  noche  no  dejó  de  celebrar 
y  aplaudir  ruidosamente  el  público  los  primores 
de  ejecución  de  que  hizo  gala  su  artista  favorita. 
El  aria  del  segundo  acto  y  el  dúo  del  tercero,  muy 
especialmente,  fueron  interpretados  por  la  seño¬ 
rita  Pacini  de  manera  incomparable,  haciendo 
verdadero  alarde  de  sus  prodigiosas  facultades,  su 


exquisito  gusto  y  su  incomparable  maestría.  Las 
ovaciones  de  que  fué  objeto  al  terminar  cada  uno 
de  los  mencionados  trozos  fueron  indescriptibles 
por  lo  calurosas  y  prolongadas. 

Muy  bien  acompañó  á  la  notable  diva  el  señor 
Bonci,  tenor  de  envidiables  condiciones,  que  pa¬ 
tentizó  la  extraordinaria  extensión  de  su  voz 
agradable  y  su  escuela  de  canto  perfecta.  Compar¬ 
tió  con  la  Srta.  Pacini  los  honores  del  gran  triun¬ 
fo  alcanzado;  fué  muy  aplaudido,  tanto  en  los  tro¬ 
zos  que  cantó  solo,  como  en  las  piezas  de  conjunto, 
y  tuvo  que  salir  á  la  terminación  de  todos  los  ac¬ 
tos  á  recibir  los  plácemes  del  público. 

Blanchart,  el  excelente  barítono,  cantó  su  parte 
con  la  corrección  y  gusto  que  sobradamente  tiene 
acreditados,  mereciendo  uuánimes  aplausos  en  el 
aria  del  primer  acto  y  en  el  conocido  dúo  del  ter¬ 
cero  ,  que  fué  notablemente  interpretado  también 
por  Riera. 

La  representación  en  conjunto  y  separadamen¬ 
te  fué  inmejorable,  lo  que  no  es  de  extrañar  ha¬ 
llándose  encomendada  á  artistas  de  tan  recono¬ 
cido  mérito  como  los  citados,  y  al  maestro  Goula, 
inmejorable  y  peritísimo  director  de  orquesta. 

• 

•  * 

Para  hoy,  martes,  se  anuncia  la  despedida  del 
tenor  Sr.  Mariacher,  que  cantará  Sansón  y  Dalila , 
acompañado  por  la  Srta.  Guerrini  y  el  Sr.  Buti. 

PRINCESA. 

El  éxito  que  La  Corte  de  Napoleón  alcanzó  la 
noche  de  su  estreno  ha  sido  confirmado  en  las 
posteriores  representaciones  de  dicha  obra.  El 
público  acude  en  gran  número  á  saborear  la  belle¬ 
za  del  drama  de  Sardou  y  á  aplaudir  á  María  Tu- 
bau ,  que  ha  hecho  de  su  papel  una  creación  ad¬ 
mirable. 

PARISH. 

Definitivamente  se  anuncia  para  el  jueves  17  el 
estreno  de  la  zarzuela  de  Fernández  Shaw  y  Cha- 
pí  titulada  Los  Hijos  delhatallón.  Ya  están  acaba¬ 
das  las  nueve  decoraciones  pintadas  por  los  señores 
Busato  y  Amalio,  y  las  cuatro  quo  ha  hecho  el 
Sr.  Herreras,  todas  preciosas.  Asimismo  está  ter¬ 
minado  el  lujoso  vestuario  confeccionado  por  el 
Sr.  Gambardella,  y,  á  juzgar  por  las  noticias  que 
de  la  obra  propalan  cuantos  han  presenciado  los 
ensayos,  el  éxito  parece  que  ha  de  ser  ruidoso  y 
excelente. 

Bien  lo  merecen,  no  sólo  los  autores,  que  han 
puesto  cuanto  saben  y  pueden,  que  es  mucho,  sino 
también  la  empresa,  que  no  ha  omitido  gasto  ni 
sacrificio  alguno  para  conseguir  un  inmejorable 
resultado. 

LARA. 

La  noche  del  sábado  último  se  verificó  la  reprise 
de  Las  Tres  Rosas ,  comedia  de  D.  Carlos  Fron- 
taura  hace  mucho  tiempo  no  representada.  El 
éxito  fué  grande,  correspondiendo  no  pequeña 
parte  de  él  á  las  Sras.  Val  verde  y  Pino,  Srta.  Gar¬ 
cía  Senra,  y  Sres.  Ruiz  de  Arana ,  Larra  y  Alemán, 
que  estuvieron  acertadísimos  en  la  interpretación 
de  sus  respectivos  papeles. 

• 

•  * 

Hoy  martes,  beneficio  de  la  Sra.  Pino,  en  el 
que  estrenará  el  monólogo  Tute  de  novios ,  y  el 
diálogo  Somnambulismo  y  escritos  ambos  expresa¬ 
mente  para  la  distinguida  actriz.  Además  se  re¬ 
presentarán  las  aplaudidas  obras  Mimo ,  La s  Hor¬ 
migas  y  Nicolás. 


COMEDIA. 

Dícese  que  el  día  19  se  abrirá  de  nuevo  este  tea¬ 
tro  con  la  compañía  de  opereta  cuya  lista  damos  á 
continuación: 

Maestro  concertador  y  director,  D.  Francisco 
de  Pérez  Cabrero., 

Actrices:  Sras.  Alvarez,  García  de  Pinedo,  Mon¬ 
tañés,  Palacios,  Pérez  Cabrero  (L.  y  M.),  Pérez, 
Pretel  y  Vizcaíno. 

Actores:  Sres.  Aineto,  Arjona,  Banquélls,  Ba- 
rraicoa,  Borroel,  Jerez,  Munín,  Otero,  Pinedo  y 
Rodríguez. 

Apuntadores:  Señores  Fernández  (D.  Juan)  y 
Picazo. 

Cuarenta  coristas  y  veinte  profesores  de  or¬ 
questa. 

Repertorio:  Miss  Helyett ,  Mascota ,  Mosqueteros 
grises,  Artagnan ,  Niniche,  Figuro,  Rip-Rip ,  Di  a 
y  noche ,  Monaguillo ,  etc.,  etc. 

El  debut  de  la  compañía  se  verificará  con  la  ope¬ 
reta  Miss  Helyett. 

La  próxima  semana  promete,  pues,  ser  fecunda 
en  acontecimientos  teatrales. 

Esperemos. 

A. 


El  eminente  traductor  del  español  al  alemán  D.  Carlos  Ne- 
behay,  que  yíyíó  muchos  años  en  Andalucía,  se  ha  retirado  á 
Viena,  dedicándose  á  hacer  conocer  á  sus  compatriotas  las  belle¬ 
zas  de  la  literatura  española  moderna. 

Entusiasta  de  nuestra  hermosa  tierra,  el  Sr.  Nebehay  ha  es¬ 
crito  un  libro  titulado  En  el  país  de  Carmen,  tratando  sobre 
costumbres  y  la  Yida  en  Andalucía,  cuyo  libro  ha  sido  graciosa¬ 
mente  aceptado  por  S.  M.  la  Reina  Regente,  á  cuya  augusta 
dama  dedicó  su  obra  el  Sr.  Nebehay. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

al  m*«  perfumado  de  loe  jabonen  de  toeadnr 

LOCIÓN  VAISSIER  del  «.bello  * 

3  grande*  premios.  21  medallas  de  oro.— Fuera  de  ooaoarto 
4,  PLACE  DE  L’OFÉRA,  PARIS 

De  Tentó  en  todaa  laa  buenas  perfumerías  de  España,  América. 


LOSiTOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  laa 
PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 

Remedio  prodigioso  y  rápido.  30  años  de  éxito. 


I  W1TT1K?  Pl«  (Astl|sa  oasa  Je  EXILE  PIN8AT),  80,  rus 
A.  TVAuUijij  &  U-  LouU-le-Grand,-PtLri*.- TRAJES  Y  ABRIOOS 
La  oasa  que  viste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  gusto 


L.A  FOSFATINA  FA  LIÉ  RES  es  el  mejoT  alimento  para 
niños  desde  la  edad  de  6  á  7  meses,  principalmente  en  el  destete 
y  en  el  periodo  del  crecimiento.  Tiene  un  gusto  muy  agradable 
y  es  de  radiísima  digestión.  París,  6,  Avenas  Victoria. 


XI  VINO  de  PXPTONA  OATILLON.  0/  /nq/or  reconstituyente 
de  lis  fuerzas ¿  rsatableo*  0/  apetito  y  la*  digestiones.  Enfermedad** 

MIS STÓMAGO.  LANGUIDEZ.  ANEMIA, «lo. 


EL  LANZA-PERFUME 


PERFUMA  T  REFRESCA 

Automáticamente  sin  mojar  ni  manchar. 

PERFUMES  EXQUISITOS 

Em  toda*  la*  buena*  Perfumerías.  —  Depósitos  principales  t 
Viotor  Oufzy  .Union  fi,  B  ARCELON  A;  Vilar  Ridaura  Berma  nos, 
JuritU,  5,  VALENCIA;  Vicente  Ribelro,  Finqoeiros,  L.ttBOA. 


Perfumería  Ni  non.  M&íson  LECONTE,  31,  rué  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios .) 


Perfumería  erótica  SENET,  35,  rué  du  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véanse  ¿os  anuncios.) 


•  • 

Para  mañana,  miércoles,  está  anunciado  el  de¬ 
but  de  la  Srta.  Moreno,  excelente  artista  que  ha 
elegido  para  su  presentación  el  juguete  cómico 
Las  Cuatro  esquinas. 

ZARZUELA. 

El  Señor  Joaquín ,  de  Julián  Romea  y  el  maes¬ 
tro  Caballero,  se  estrenará,  si  no  ocurre  ningún 
contratiempo,  el  próximo  viernes.  El  éxito  pro¬ 
mete  ser  sensacional. 

APOLO, 


BOYAL  H0UBIGANT 

fumista,  19,  Faubourg  8*  Honoré,  París. 


UVa S  -  ESSEMCE -  EAU  DE  TOILETTE 
PODOSE  DE  MIZ 


La  Ta  PIVER  A  PARIS 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


También  en  la  presente  semana  se  estrenará  en 
este  teatro  una  obrita.  El  Santo  de  la  Isidra ,  de 
Arniches  y  Torregrosa,  será  sometido  al  fallo  del 
público  el  próximo  sábado* 


II  bailo,  por  P.  GaYÍna.^-La  popular  biblioteca  del  editor  mi- 
lanés  Ulrioo  Hoepli  ha  aumentado  su  numerosa  colección  de 
manuales  con  uno  consagrado  al  baile.  La  historia  de  la  danza 
en  los  hebreos,  los  egipcios,  los  griegos,  los  romanos  y  los  cris¬ 
tianos  en  la  Edad  Media  y  en  los  modernos  tiempos  forma  la 


Digitized  by  ^.ooQie 


•  i 00  —  N.»  VI 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


*  15  Pechero'  1898 


primera  parte  de!  libro,  que  dedica  des¬ 
pués  sus  capítulos  á  la  técnica  de  los 
diferentes  bailes  pasados  y  presentes. 
Es  realmente  curioso  é  interesante  el 
Manual  del  baile  para  el  que  desee  co¬ 
nocer  detalles  de  este  alegre  ejercicio 
en  todos  los  tiempos  y  lugares;  pero  su 
utilidad  sube  de  punto  para  los  jóvenes 
que  necesiten  aprender  teórica  y  prác¬ 
ticamente  el  arte  de  Terpsícore. 

Ilustran  el  texto  90  figuras,  en  las  cua¬ 
les  los  pies  de  las  damas  y  galanes  es¬ 
tán  representados  respectivamente  por 
huellas  negras  y  blancas,  y  los  pasos  y 
piruetas  por  líneas,  y  termina  con  una 
higiene  del  baile  este  Manual,  que  se 
vende  en  Italia  á  2,60  liras. 

La  Caja  de  música,  poesías,  por  Ri¬ 
cardo  Gil. 

En  elegante  edición  acaba  de  publi¬ 
car  La  España  Editorial  un  nuevo  tomo 
de  poesías  de  Ricardo  Gil ,  que  tan  ven¬ 
tajosamente  se  dió  á  conocer  como 
poeta  de  grandes  alientos  eu  su  anterior 
libro  De  los  quince  tí  los  treinta.  En 
la  nueva  colección  de  sus  versos ,  que 
acaba  de  ver  la  luz  pública,  se  acredita 
positivamente  de  poeta  verdadero.  No 
constituyen  el  principal  encanto  de  sus 
composiciones  la  musical  armonía  de  la 
rima,  ni  el  primoroso  cincelado  del  es¬ 
tilo  poético,  en  nuestro  humilde  con¬ 
cepto;  antes  al  contrario ,  encontramos 
el  fondo  superior  á  la  forma.  La  pro¬ 
fundidad  con  que  el  asunto  está  pensa¬ 
do,  el  modo  íntimo  y  sincero  por  que 
está  sentido,  y  la  originalidad  personal 
con  que  lo  expresa,  nos  conmueven  y 
deleitan  más  en  las  bellas  poesías  de 
Ricardo  Gil  que  la  forma,  en  que  ape¬ 
nas  cabe  lo  mucho  que  piensa,  siente  y 
canta. 

Aplaudimos  muy  sinceramente  al 

Í>oeta  cantor ,  pero  conste  que  aun  pre- 
erimos  la  letra  á  la  música. 

El  libro  se  vende  en  La  España  Edito¬ 
rial  ,  Cruzada,  4,  Madrid,  y  en  las  prin¬ 
cipales  librerías,  al  precio  de  3  pesetas 
en  rústica  y  4  en  tela. 

Poetas  del  amor,  por  José.  J.  He¬ 
rrero. 

El  inspirado  autor  del  poema  Mar 
adentro ,  que  tan  justos  y  unánimes 
elogios  mereció  de  Ja  crítica,  acaba  de 
publicar  una  versión  castellana  de  las 
poesías  del  famoso  vate  indio  Kalidas- 
sa,  que  floreció  en  el  siglo  vi  de  nues¬ 
tra  era,  y  de  las  joyas  literarias  de 
Heine  que  componen  el  Intermezzo. 
Tienen  de  interesantes  las  primeras  el 
revelar  un  gran  poeta  totalmente  des¬ 
conocido  para  nosotros,  cuyo  numen 
le  inspiró  cantos  amatorios  en  los  cua¬ 
les  la  belleza  de  la  poética  vestidura 
vela  algún  Unto  las  desnudeces  del 
asunto. 

Los  lieder  de  H.  Heine  son  conocidos 


Excmo.  Sr.  D.  JOSÉ  TORAL  Y  VELÁZQUEZ, 

GENERAL  DE  DIVISIÓN, 

GOBERNADOR  MILITAR  DE  LA  PROVINCIA  Y  TLAZA  DE  SANTIAGO  DE  CUBA. 


(De  fotografía) 


y  por  todos  admirados,  y  la  versión  en 
verso  castellano  hecha  por  el  Sr.  He¬ 
rrero  califícala  Menéndez  y  Pelayo  de 
la  más  fiel  y  poética  de  las  que  en  nues¬ 
tra  lengua  se  han  escrito. 

Nada  más  grato  para  los  que  estima¬ 
mos  al  Sr.  Herrero  que  suscribir  las 
fra-es  que  el  eminente  crítico  citado  le 
dedica:  «Aunque  sus  propios  versos  ori¬ 
ginales  no  le  acreditaran,  bastaría  esta 
versión  para  dar  al  Sr.  Herrero  crédito 
y  nombre  de  poeta.  Su  educación  lite¬ 
raria  sana  y  severa ,  basada  principal¬ 
mente  en  el  estudio  de  los  modelos  de 
las  literaturas  inglesa  y  alemana,  nos 
hacen  esperar  de  él  que  ha  de  trasladar 
con  feliz  éxito  á  nuestra  literatura,  bien 
necesitada  hoy  de  savia  vigorosa,  ele¬ 
mentos  nuevos  y  dignos  de  vivir  y  flo¬ 
recer  bajo  todos  los  climas.» 

Cria  del  conejo,  por  R.  E.  y  L. — Con 
este  título  se  acaba  de  publicar  una 
obra  en  extremo  curiosa  y  que  puede 
producir  grandes  ganancias.  Se  ocupa 
de  las  razas  de  conejos  de  campo,  do¬ 
méstico,  plateado,  de  China,  Angora  y 
otras;  del  lepórido;  de  la  crianza,  mul¬ 
tiplicación,  castración  y  alimentación; 
engorde;  gastos,  productos,  enfermeda¬ 
des  y  sus  remedios;  preparaciones  culi¬ 
narias;  aprovechamiento  de  las  pie¬ 
les,  etc. 

Este  libro,  elegantemente  impreso  é 
ilustrado  con  17  grabados,  se  vende  á 
2,60  pesetas  en  Madrid,  librería  de  Hi¬ 
jos  de  Cuesta,  Carretas,  9.  Se  remite 
certificado  á  provincias  enviando  una 
libranza  de  3  pesetas. 

El  Teatro  Real  por  dentro  (Me* 

morías  de  un  empresario),  por  D.  Ma¬ 
nuel  González  Araco. 

Hemos  recibido  ejemplares  del  libro 
que,  con  el  título  que  encabeza  estas 
líneas,  acaba  de  publicar  nuestro  par¬ 
ticular  amigo  D.  Manuel  González  Ara- 
co,  empresario  que  ha  sido  del  Regio 
coliseo. 

Refiérense  en  el  libro  sucesos  ocurri¬ 
dos  en  nuestro  primer  teatro  lírico  des¬ 
de  que  fué  empresario  del  mismo  el 
Sr.  Rovira  hasta  la  fecha,  con  detalles 
muy  curiosos ;  y  como  el  Sr.  Araco  los 
ha  visto  muy  de  cerca,  según  él  mismo 
declara  y  no  se  muerde  la  lengua,  como 
vulgarmente  se  dice,  para  relatarlos, 
resulta  la  obra  sumamente  curiosa  para 
cuantos  gusten  de  conocer  interiorida¬ 
des  de  empresas  para  la  mayor  parte 
de  los  lectores  desconocidas.  Claro  es 
que  la  índole  de  este  libro  no  se  presta 
á  la  unánime  alabanza,  sino  que  forzo¬ 
samente  ha  de  suscitar  la  controversia 
entre  tirios  y  troyanos,  en  cuya  lid 
nuestra  neutralidad  nos  obliga  al  mo¬ 
desto  papel  de  espectadores. 

Véndese  la  obra  al  precio  de  5  pese¬ 
tas.—  C. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  ealnd 


DU  BARRI 
DE  LONDRES 


LA  REVALENTA  ARÁBIGA  a _ 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétii,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre.— 50  anos  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  ’  Es  también  el  mejor  alimento  para  cnar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Bárcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Babby  t  CU.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


CUADROS  VIEJOS 

POR 

D.  JULIO  MONREAL 


Colección  do  pinceladas,  toques  y  esbozos, 
representando  costumbres  españolas  del  si¬ 
glo  XVII. 

Un  tomo,  en  8.°  mayor  francés,  que  se 
vende,  á  4  pesetas,  en  la  Administración  do 
La  Ilustración  Española  y  Americana,  Are¬ 
nal,  18,  Madrid. 


REUMA! 


No  hay  uno  que  se  re¬ 
sista  á  la  eficacia  pode- 
rosa,  jamás  desmentida, 
del  Bálsamo  Antl- 
I  reumático  de  Orive. 
Se  detalla  la  compoexión  á  los  médicos  que  de 
seen  conocerla. — En  todas  las  farmacias.  Por  ma¬ 
yor:  Bilbao,  Orive,  y  Madrid,  M.  García. 


LA  CRUZ  DEL  VALLE 

POIXA 

POR  DOÑA  ISABEL  OHEIX 


Véndese  en  las  principales  librerías.— Precio,  una 
peseta. — Los  pedidos  á  la  autora,  Clavel,  31,  Sevilla. 


ALMANAQUES 


DE 


Ljl  mm  ESPW I  Wu 

Correspondientes  á  los  años  1878,  1879  y  1881  á  1898 

PRECIO  DE  CADA  ALMANAQUE:  2  PESETAS 


De  venta  ea  las  principales  librerías,  y  en  la  AtaMstraciún  de 


ESPAÑOLA  Y 

Arenal,  18,  Madrid. 

•  - - - - 

Impreso  oon  Unta  de  la  fábrica  X4>BXXJJ3UX  y  C.*,  16,  rué  Suger,  París. 


|>A|  ADFC  Los  calma  en  el  acto  al 
U  U  L 1J  ti-  EL  descuidado  que  loe  sufre 
__  -  - — -  m  por  n°  usar  todos  loadlas 
Bill  i  Ikl  A  Cí  el  Licor  del  Polo  de 
lll  U  Orive.  Pero  el  no  tener 

dolores  de  muelas  depende  de  la  voluntad;  y 
esto  es  tan  exacto,  que  jamás  tuvo  dolencia  al¬ 
guna  en  la  boca  el  que  se  enjuagó  todos  los  dias 
con  tan  excelente  dentífrico,  que  se  vende  en 
toda  farmacia  y  perfumería  acreditada. 

MALAS  COSTUMBRES 

APUNTES  DE  MI  TIEMPO 

POR 

D.  EUSEBIO  BLASCO 

Un  tomo,  8.°  mayor  francés,  3  pesetas.  Se 
halla  de  venta  en  la  Administración  de  este 
periódico,  Arenal,  18,  Madrid. 

DE 

D.  RAMÓN  DE  CAMPOAMOR. 

Pesetas. 

Las  tres  rosas  (poema) .  2,50 

El  tren  expreso  (ídem) .  1>26 

Los  amoríos  de  Juana  (ídem) .  1 

Dulces  cadenas  (ídem) .  L25 

Don  Juan  (ídem) .  ^ 

Historia  de  muchas  cartas  (ídem) ....  1 
Nuevos  pequeños  poemas,  un  tomo.,  •  4 

Doloras  y  cantares,  ídem. . .  •  •  •  7 

Los  Buenos  y  los  Sabios,  ídem . .  •  2 

El  Amor  y  el  Río  Piedra,  ídem  ...•••  2 

La  utilidad  de  las  flores  (poema) .  1 

De  venta  en  la  Administración  de  este  pe¬ 
riódico,  Arenal,  18,  Madrid. 


Recorvados  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.  — Establecimiento  tipolitográfleo  «Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN, 


ADMINISTRACIÓN: 

ARENAL,  18 


Madrid. _ 

Provincias. 

Extranjero 


Madrid  22  de  Fobroro  de  1898. 


!  n  *  K  w  Ü 1  ís 

Mi  ||  ll 

rlMílli 

MAl  IJ 

W  í  M 

i'íilJVl 

i  ir* svivr 

r§\l]l  |IJI 

AÑO. 

SEMESTRE. 

TRIMESTRE. 

35  pesetas. 

18  pesetas. 

10  pesetas. 

40  id. 

21  id. 

11  id. 

60  francos. 

26  francos. 

14  francos. 

PRECIOS  DE  SUSCRIPCION,  PAGADEROS  EN  ORO. 

AÑO. 

SEMESTRE. 

Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 
Asia . 

í* 

12  pesos  fuertes. 

60  francos. 

7  pesos  fuertes. 

35  francos. 

BELLAS  ARTES. 


COQUETERÍA, 

CUADRO  DE  PALHAROIil. 


Digitized  by  ^.ooQie 


102  —  x.»  vil 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Febbebo  1898 


SUMARIO. 


TEXTO. — Crónica  general,  por  D  José  Fernández  Bremón. — Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  Sanes  y  Compañía,  por 
el  Doctor  Thebussem.— Ofensas  inofensivas,  por  L>.  Felipe  Pérez  y 
González.  —  La  revolución  del  pan,  conclusión,  por  D.  José  Rodrí¬ 
guez  Mourelo.  -El  primero  y  el  Ultimo,  por  D.  Eduardo  de  Palacio. 
—¿Más  periodiquitosV,  poesía,  por  D.  Juan  Pérez  Zuñiga.  —  La  ga- 
villera,  pcesia,  por  D.  O.  Sánchez- Arévalo.— Los  estrenos,  por  don 
Jos¿  Jackson  Veyán.— Por  ambos  mundos.  Narraciones  cosmopoli¬ 
tas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Benpoa.—  Los  teatros,  por  A.— Suel¬ 
tos. —  Libros  presentados  á  esta  Redacción  por  autores  ó  editores, 
por  C— Anuncios. 

Grabados  —  Bellas  Artes:  Coquetería ,  cuadro  de  Palmaroli.  —  En  el 
baile,  dibujo  de  Pía.  —  «Confetti»  //  #crprntlm#,  dibujo  de  Jiménez 
Martin. —  Madrid:  El  pelele  en  lo#  lavadero #,  dibujo  de  Emilio  Sala. 
— Regreso  de  la  pesca,  cuadro  de  Hacquette.— Retrato  de  Julián  Ro¬ 
mea,  autor  de  El  Señor  Joaquín ,  estrenado  en  el  teatro  de  la  Zar¬ 
zuela.— Retrato  del  Excmo.  Sr.  D.  Luis  Polo  de  Bernabé,  nuevo  en¬ 
viado  extraordinario  y  ministro  plenipotenciario  de  España  en 
Washington.  —  Uniformes  de  los  oficiales  de  la  marina  de  los 
EE.  UU.  de  Norte-América.  —  Jerez  de  la  Frontera:  La  «fiesta  del 
árbol»,  celebrada  el  10  del  corriente  en  el  campo  de  instrucción.— 
Retrato  de  Miss  Clara  Barton ,  representante  en  Cuba  de  la  Cruz 
Roja  norteamericana  y  encargada  por  sus  compatriotas  de  repar¬ 
tir  socorros  ó  los  reconcentrados. 


CRÓNICA  general. 


1  ABÍAMOS  salido  de  aquello  de  la  carta 
sustraída  á  D.  José  Canalejas  y  que 
resultó  malamente  en  poder  del  Mi¬ 
nistro  de  Estado  ycinkee ,  cuando  la 
voladura  del  crucero  Maine  en  la  ba- 
hfo  de  Ia  Habana  ha  suscitado  otra  cues- 
tión.  Entre  nueve  y  media  y  diez  de  la 
tj(.'  noche  del  15,  un  ruido  espantoso  y  una  gran 
¿  llamarada  y  lluvia  de  proyectiles,  que  partían 
•  de  aquel  buque  de  guerra,  anunciaron  la  ca¬ 
tástrofe:  á  pesar  del  peligro  inminente  que  ofrecía 
la  aproximación  á  aquel  foco  incendiado,  lleno  de 
materias  explosivas,  los  botes  de  nuestro  crucero 
Alfonso  XII  y  de  diversos  buques  mercantes  acu¬ 
dieron  con  abnegación  á  prestar  auxilio,  y  gracias 
á  ellos  y  á  las  órdenes  de  las  autoridades  pudieron 
salvar  la  vida  cerca  de  un  centenar  de  oficiales  y 
marineros  y  soldados,  únicos  supervivientes  de 
aquella  formidable  voladura.  Recogidos  y  curados 
los  heridos,  ss  hizo  á  los  muertos  un  entierro  sun¬ 
tuoso,  y  desde  el  Gobernador  general,  el  Gobier¬ 
no  provisional  de  Cuba,  á  los  altos  poderes  cen¬ 
trales,  manifestaron  en  expresivos  telegramas  su 
pésame  al  Gobierno  y  representantes  de  los  Esta¬ 
dos  Unidos  por  aquel  accidente  sensible  que  costó 
la  vida  á  unas  25U  personas.  La  prensa  española, 
suspendiendo  con  este  motivo  las  razones  de  queja 
que  teníamos  con  el  Gobierno  norteamericano,  se 
asoció  noblemente  á  los  tributos  oficiales.  Estos 
son  los  hechos.  Y  desde  el  primer  instante,  la  im¬ 
presión  unánime,  ese  conocimiento  general  ins¬ 
tintivo  producido  por  las  primeras  averiguaciones, 
y  que  rara  vez  se  equivoca,  achacó  la  catástrofe  á 
un  accidenta  de  la  dinamo,  que  obró  sobre  un  de¬ 
pósito  de  algodón-pólvora  ú  otra  materia  fulmi¬ 
nante. 


Como  la  generosidad  española  no  ha  sido  apre¬ 
ciada;  como  se  han  supuesto  villanías  para  justifi¬ 
car  el  descuido  ó  la  desgracia  de  los  encargados 
del  gobierno  del  Maine ;  como  hay  tantos  intere¬ 
ses  y  odios  que  acechan  pretextos  para  producir 
nuevos  conflictos,  y  no  es  el  Gobierno  yankee  el 
que  nos  parece  menos  sospechoso,  nos  abstenemos 
de  toda  demostración  de  sentimiento.  Estúpida 
malicia  se  necesitaría  para  achacar  al  Gobierno 
español  una  voladura  que  milagrosamente  no  ha 
destruido  uno  de  nuestros  mejores  buques  y  bom¬ 
bardeado  la  población,  ocasionando  un  conflicto 
moral  y  material.  Descuido  imperdonable  y  falta 
de  vigilancia  el  suponer  que  pudo  atracar  al  buque 
otra  embarcación  para  aplicar  un  torpedo  á  su  cos¬ 
tado  sin  que  los  centinelas  lo  notasen,  y  que  se 
acometise  esa  temeridad  en  una  bahía  plagada  de 
tiburones.  Pocos  días  antes,  el  Maine  se  había  re¬ 
puesto  de  víveres  y  carbón  con  un  buque  de  su 
país  enviado  por  su  Gobierno.  En  cambio,  hay 
motivos  para  creer  que  el  Comandante  y  parte  de 
la  oficialidad,  que  sólo  han  tenido  dos  bajas,  esta¬ 
ban  fuera  del  buque  cuando  ocurrió  el  fracaso. 
Ya  al  proveerse  de  carbón  se  había  ahogado  un 
oficial  en  la  bahía;  todo  hace  patente  que  á  la  im¬ 
pericia  de  esa  marina  improvisada  y  al  excesivo 
material  de  guerra  que  llevaba  el  Mame  en  su  vi¬ 
sita  amistosa,  hay  que  atribuir  la  pérdida  del  bu¬ 
que.  Dos  responsables  hay  en  primer  término:  el 
cónsul  Lee  al  pedir  un  buque  de  guerra  para  su 
tranquilidad,  y  el  Comandante,  sometido  hoy  á  un 
consejo  de  guerra,  según  la  ley  marítima.  Todo  lo 
demás  es  una  leyenda  innoble  y  malintencionada, 
de  que  nos  exculpa  el  mundo  culto,  ante  el  cual 
apelamos  de  la  \  inj  urias  groseras  con  que  se  nos 
ha  pagado  un  beneficio. 


9 


•  • 


En  mala  ocasión  ha  llegado  nuestro  crucero 
Vizcaya  á  Nueva  York:  durante  su  travesía  ha¬ 
bían  ocurrido  el  cambio  de  nuestro  representante 
y  la  pérdida  del  Maine .  Un  periódico  yankee  había 
ofrecido  50.000  duros  al  que  probase  que  su  pérdida 
fué  intencional.  Gran  prima  para  que  los  tunantes 
hiciesen  un  embrollo;  y  en  el  Capitolio  de  Was* 
hington,  un  deslenguado,  cuyo  nombre  no  escri¬ 
bimos  por  no  ensuciar  la  Crónica,  nos  había  lla¬ 
mado  granujas.  La  policía  ha  rodeado  nuestro 
buque  de  guerra  para  impedir  alguna  traición.  Su¬ 
ponemos  que  el  Comandante  sabrá  evitarlo  vigi¬ 
lando  su  buque  y  ála  misma  policía.  Las  Cámaras 
han  votado  recursos  para  artillar  sus  costas,  y  en 
tanto,  una  comisión  ha  pasado  á  la  Habana  para 
juzgar  al  Comandante  del  Maine  ó  inspeccionar  los 
restos  de  su  buque,  y  el  Sr.  Polo  de  Bernabé,  nues¬ 
tro  nu3vo  ministro  en  Washington,  se  cruzará  en 
Liverpool  con  el  Sr.  Dupuy  de  Lome. 

• 

•  • 

Procuremos  reducir  á  pocas  líneas  la  impresión 
que  nos  han  producido  las  últimas  sesiones  del 
proceso  de  Zola.  La  grafología  deja  mucho  que  de¬ 
sear  como  arte  que  produzca  convicción.  La  idea 
de  la  inocencia  de  Dreyfus  ha  perdido  terreno.  El 
abogado  Mr.  Labori  se  ha  descompuesto  ante  las 
declaraciones  del  general  Pellieux,  y  todo  hace 
temer  que  se  agríen  las  cosas  más  de  lo  que  es¬ 
taban. 

• 

•  * 

Dos  partes  tiene  la  carta  con  que  nos  favorece 
nuestro  querido  amigo  el  ilustre  escritor  porto¬ 
rriqueño  Sr.  Cortón.  Contra  sus  deseos  prescindi¬ 
remos  de  la  primera,  que  sólo  á  nosotros  atañe; 
pero  insertamos  con  gusto  su  defensa  de  un  con¬ 
cepto  que  le  atribuimos,  porque  se  hace  justicia  á 
una  eminencia  de  las  letras.  Dice  así: 


«Mas  vamos  á  lo  importante  para  mí,  que  es  el 
sambenito  que  usted,  involuntariamente,  me  cuel¬ 
ga  al  expresar  que  he  cometido ,  con  respecto  á 
Menéndez  y  Pelayo,  ¡una  enorme  injusticia:  Dicha 
asi  la  cosa,  sin  ampliarla,  sin  decir  en  qué  consis¬ 
tió  la  injusticia,  puede  por  alguien  entenderse  que 
yo  tengo  el  mal  gusto  de  pertenecer  al  montón  de 
los  detractores  de  Menéndez  y  Pelayo,  que,  pro¬ 
cedentes  en  su  mayor  parte  de  las  escuelas  demo¬ 
crática  y  racionalista,  y,  por  supuesto,  sin  haber 
leído  una  página  suya,  le  aborrecen  porque  es  ca¬ 
tólico  y  porque  le  creen  reaccionario,  y  hasta  se 
permiten  negarle  el  talento,  dignándose  conce¬ 
derle,  á  lo  sumo,  un  memorión  excepcional.  Y 
eso,  francamente,  me  dolería;  porque  precisa¬ 
mente  se  trata  de  mi  autor  favorito,  de  mi  crítico 
predilecto,  del  publicista  á  quien  juzgo  la  primera 
figura  de  la  literatura  contemporánea.  Menéndez 

y  Pelayo  es  un  genio ,  y  con  eso  está  dicho  todo . 

Ser  injusto  con  él,  y  ser  injusto  enormemente , 
como  usted  dice,  más  que  demostración  de  igno¬ 
rancia  fuera  pecado  de  mal  gusto . Por  eso  quiero 

rectificar.  Por  eso  quiero  hacer  constar  que  la  in¬ 
justicia  enorme  á  que  usted  se  refiere,  se  reduce 
sencillamente  á  haber  dicho  yo,  en  el  prólogo  del 
libro  de  Lloréns,  que  los  indicios  en  que  se  apoya 
Menéndez  y  Pelayo  para  adjudicar  a  Alfonso  Lanir 
berto  la  paternidad  del  falso  Quijote  son  indicios 
ligeros.....  Será  ésta,  tal  vez,  una  apreciación  equi¬ 
vocada,  y  lo  es,  sin  tal  vez,  como  mía,  modestí¬ 
sima;  mas  no  es,  ni  con  mucho,  una  injusticia 
enorme,  como  otras  muchas  de  que  suele  ser  víc¬ 
tima,  de  vez  en  cuando,  el  insigne  autor  de  Las 
ideas  estéticas . 


»Su  antiguo  amigo, — Antonio  Cortón .» 

Explicadas  con  tan  elocuente  claridad  las  pala¬ 
bras  que  nos  parecieron  injustas  por  creer  que 
tenían  más  latitud,  dejan  de  parecérnoslo.  En 
efecto,  no  está  probado  aún  quién  fué  el  autor  del 
falso  Quijote ,  y  el  Sr.  Menéndez  y  Pelayo  no  lo  dió 
por  resuelto,  sino  el  periódico  que  anunció  las  hi¬ 
pótesis  como  descubrimiento. 

• 

•  * 

Hay  en  Sevilla  dos  hermanos;  Duque  el  uno, 
Marqués  el  otro,  famosos  bibliófilos  y  coleccionis¬ 
tas,  el  primero  de  obras  históricas  españolas,  pero 
en  especial  las  de  ciudades  y  lugares,  y  el  segundo 
de  obras  en  verso,  los  cuales  han  reunido  dos 
magníficas  bibliotecas,  centro  de  consulta  y  re¬ 
unión  de  los  aficionados  y  los  sabios.  Entre  los 
dos  hermanos  hay  competencia  para  la  adquisición 
de  obras  relacionadas  con  sus  respectivas  aficio¬ 
nes;  y  es  el  caso  que  al  volver  de  uno  de  sus  via¬ 


jes,  ambos  satisfechos  con  sus  compras,  vanaglo¬ 
riáronse  en  su  tertulia  de  haber  aumentado  su 
colección  con  un  libro  precioso,  que,  siendo  de  los 
suyos,  pertenecía  también  á  los  que  coleccionaba 
el  otro  hermano,  no  estando  dispuestos  á  cederle. 
Se  constituyó  un  Jurado  para  decidir  cuál  había 
hecho  mejor  compra,  y  el  Duque  sacó  un  libro 
que  decía  en  su  portada:  « Crisol  de  la  verdad ,  luz 
especulativa,  espejo  reluciente ,  descripción  sumaria 
del  convento  de  San  Agustín  de  Xerez  de  los  Ca¬ 
balleros,  que  en  versos  torpes  hace  Fr.  Enrique 
de  Poianco,  etc.....  Córdoba.  Imprenta  de  P.  Del- 
monte,  calle  Almonas.])  No  sólo  les  pareció  el  libro 
interesante  para  ambas  colecciones,  sino  que  hu¬ 
milló  á  uno  de  los  asistentes,  que  había  escrito  una 
obra  sobre  bibliografía  cordobesa,  no  conocer  el 
libro  ni  la  imprenta.  Notificóse  al  Marqués  que 
exhibiese  su  compra,  y  sacó  otro  ejemplar  del 
mismo  libro.  Hubo  un  momento  de  duda;  pero 
preguntados  los  precios  de  la  adquisición,  el  Duque 
manifestó  haberle  costado  dos  duros,  y  se  declaró 
vencedor  al  Marqués,  que  le  había  comprado  en 
seis  pesetas.  Examinado  el  libro,  se  encontraron 
noticias  desconocidas :  se  agitaron  los  bibliófilos  y 
eruditos.....  Pero  quien  desee  saber  todos  esos  de¬ 
talles  y  cómo  se  descubrió  ser  apócrifa  la  obra,  y 
cuáles  son  ahora  los  siete  únicos  ejemplares  y 
quién  fué  el  verdadero  fraile  autor  del  libro,  lea  la 
sabrosa  descripción  que  se  contiene  de  aquella 
broma  culta  en  la  « Relación  de  caso  famoso  acae¬ 
cido  en  esta  ciudad  de  Sevilla  á  un  Duque  y  á  un 
Marqués ,  escrita  por  D.  Lorenzo  Miranda,  hijo 
del  caballero  del  verde  gabán». 

• 

•  • 

Podrán  en  algunas  regiones  de  Castilla,  como  en 
Italia,  pedir  los  necesitados  pan  y  trabajo;  pero 
gaditanos  y  madrileños  nos  divertimos  en  este 
Carnaval. 

No  somos  de  esos  que  critican  estos  desahogos 
públicos:  cuanto  mayores  son  los  males,  más  nece¬ 
sidad  hay  de  distraerlos:  en  la  vida  moderna  los 
pudientes  salen  á  diversión  por  día;  justo  es  que 
las  tenga  el  pueblo  en  algunas  ocasiones.  De  los 
espectáculos  del  Carnaval,  lo  más  llamativo  es  el 
desfile  de  las  carrozas  encomendadas  á  artistas 
excelentes. 

El  día  primero,  único  que  alcanza  esta  Crónica, 
fué  soberbio.  Los  coches  y  máscaras  tuvieron  oca¬ 
sión  de  lucirse  y  bromear.  Jamás  hemos  visto  un 
Carnaval  más  animado,  ni  coches  y  carrozas  más 
artísticos  y  elegantes.  La  gran  longitud  de  la  ca¬ 
rrera  distribuyó  el  gentío;  de  otro  modo,  hubiera 
habido  desgracias:  calles  y  paseos  quedaron  rega¬ 
dos  de  flores,  serpentinas  y  papelusa,  que  así  lla¬ 
maron  nuestros  abuelos  del  siglo  XVII,  aunque  el 
Diccionario  no  incluya  la  voz,  á  los  papelillos  que 
hoy  nombran  con  Jet  ti,  es  decir,  en  italiano,  y  que 
algunos  vendedores,  más  castizos,  voceaban:  ¡lluvia 
de  colores! 

Nosotros  vimos  símbolos  de  nuestro  estado  en 
las  elegantes  carrozas  que  marchaban  en  forma¬ 
ción  ó  á  la  deshilada.  En  la  paleta  de  colores  de 
Blanco  y  Negro ,  todos  los  matices  de  nuestra  pa¬ 
leta  política;  en  la  perla,  entre  las  ondas  de  los  va¬ 
lencianos,  un  adorno  que  desean  los  Estados  Uni¬ 
dos  para  su  pechera;  en  la  cocina  de  la  Peña,  con 
su  colosal  perol,  el  mejor  sistema  de  gobierno;  en 
la  niña  que  simbolizaba  la  Industria,  la  pequeñez 
de  la  nuestra;  en  la  casa  sin  cubrir  de  los  estudian¬ 
tes  de  arquitectura,  la  España  de  nuestro  tiempo; 
en  el  ara  de  Vesta,  que  todavía  hay  fuego  sagrado, 
aunque  vayan  las  vestales  por  el  arroyo  y  en  coche 
algunas  que  no  lo  son;  y  en  el  tigre  premiado,  las 
deferencias  con  que  recompensamos  los  zarpazos 
que  nos  tiran.  Y  en  aquella  exuberancia  de  flores 
y  canastillos  elegantísimos,  que  es  preciso  pensar 
en  otra  cosa  y  dejarse  de  floreos. 


¿Qué  faltó  para  el  mejor  efecto  de  la  comitiva 
oficial?  Trecho  entre  carroza  y  carroza  para  apre¬ 
ciarlas  en  detalle,  y  música  para  amenizarlas.  ¿Que 
era  costoso?  No  lo  creemos.  Podían  haberse  citado 
é  intercalado  todas  las  estudiantinas  con  sus  tra¬ 
jes  pintorescos.  Así  se  hubiera  fundido  y  comple¬ 
tado  el  nuevo  Carnaval  con  el  antiguo,  y  en  este 
lo  más  característico  es.....  digámoslo  en  un  ro¬ 
mance  : 

LA  ESTUDIANTINA. 

— Así,  señor  estudiante, 

Se  zurra  la  pandereta: 

Con  las  manos  y  los  codos, 

El  tacón  y  la  cabeza; 

Así  se  salta,  pasándola 
Por  debajo  de  la  pierna, 

Y  así  se  disloca  el  cuerpo, 

Se  repica  y  se  golpea. 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Frataso  1898 


N.°  vil  —  103 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


Eso  es  tocar  el  pandero 
Con  todas  las  herramientas 
De  pulgares  y  nudillos, 

Talones  y  rodilleras; 

Y  es  afinar,  cuando  el  índice 
Con  suavidad  le  voltea, 

Y  las  inquietas  sonajas 
Como  durmiéndose  suenan, 

Y  bota  el  pandero  al  aire, 
Recógele  dando  vueltas, 

Y  toma  el  repiqueteo 

Y  el  sólido  piso  tiembla. 

Callan  las  voces  por  verlo, 

Deja  de  tocar  la  orquesta 
De  flautas  y  de  violines, 

De  bandurrias  y  vihuelas; 

Y  cesan  I09  postulantes 

De  requebrar  á  las  hembras 

Y  recoger  calderilla 

En  sus  pañuelos  de  seda. 

La  pandereta  enmudece, 

Y  la  comparsa  se  aleja 
Cantando  una  alegre  copla 
Al  són  de  una  jota  nueva..... 

Me  voy  tras  la  estudiantina, 

Que  quiero  otra  vez  y  treinta 
Decirle  al  panderetero: 

— ¡Así  se  panderetea I 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


BELLAS  ARTES. 

Coquetería,  cuadro  de  Palmaroli.—  En  el  baile,  dibujo  de  Pío.  —  «Ow- 
fetU »  v  serpentina s,  dibujo  de  Jiménez  Mnrtin.  —  Manrid:  El  jxlelc 
en  loe  lavaderos,  dibujo  de  Emilio  Sala. —  Regreso  de  la  pesca ,  cuadro 
de  Hacquette. 

En  estos  días  de  bailes  de  trajes  parece  de  ma¬ 
yor  oportunidad  el  precioso  cuadro  del  ilustre 
Palmaroli,  que  reproducimos  en  la  primera  pᬠ
gina.  La  elegante  maja  que  viste  el  pintoresco 
traje  de  la  época  á  que  dió  nombre  Goya,  y  luce 
la  bien  prendida  mantilla  española,  mírase  como 
á  hurtadillas  en  el  espejo,  contemplando  su  cara, 
que  sonríe  con  gracia  ai  encontrarse  hermosa.  El 
cuadro  Coquetería  es  uno  de  los  más  celebrados 
del  insigne  autor  de  La  Capilla  Sixtina . 


Cecilio  Pía  ha  arrancado  del  natural  la  graciosa 
escena  carnavalesca  que  representa  nuestro  gra¬ 
bado  de  la  página  104.  El  baile  del  Real  está  en 
toda  su  animación ;  se  cruzan  acá  y  allá  las  espi¬ 
rales  de  colores;  todo  lo  llena  un  diluvio  de  con¬ 
fetti;  el  alegre  bullicio  domina  los  acordes  de  la 
orquesta,  y  al  dulce  arrullo  de  aquel  estruendo 
duerme  tranquila  en  la  butaca,  con  gran  trabajo 
lograda,  la  madre  complaciente  que  se  ha  resig¬ 
nado  á  sus  años  á  pasar  la  noche  en  el  baile  por 
dar  gusto  á  la  niña.  Esta,  en  cambio,  no  duerme, 
y,  escucha  embelesada  la  amante  querella  de  un 
elegante  adorador,  que  probablemente  al  termi¬ 
nar  la  fiesta  no  volverá  á  acordarse  del  santo  de 
sq  nombre. 


Ocapa  la  página  105  un  dibujo  de  Jiménez  Mar¬ 
tín,  d©  palpitante  actualidad.  Las  serpentinas  y  los 
confetti ,  que  hace  pocos  años  comenzaron  á  usarse 
en  los  Carnavales  madrileños,  han  llegado  en  el 
actual  á  su  mayor  apogeo;  y  tal  consumo  ha  habido 
de  estos  artículos  de  fantasía ,  que  han  llegado  á 
agotarse  las  existencias  en  los  comercios  al  por 
mayor.  La  escena  que  nuestro  grabado  representa 
tiene  macha  verdad:  la  expresión  de  las  jóvenes 
á  quienes  inundan  de  confetti  los  muchachos,  re¬ 
vela  la  satisfacción  con  que  notan  que  lo  que  pa¬ 
rece  agresión  es  homenaje;  la  mamá,  en  cambio, 
se  resigna  ante  la  fuerza  de  ley  de  la  costumbre, 
pero  no  sin  fruncir  el  ceño  y  decir  entre  dientes: 
«I  No  se  por  qué  esos  residuos  de  papel  de  los  vasa¬ 
res  han  de  tener  el  privilegio  de  ensuciar  nuestros 
sombreros  y  nuestros  trajes!» 


Las  páginas  108  y  109  llena  el  hermoso  dibujo 
de  Emilio  Sala,  que  ha  buscado  asunto  pintoresco 
en  las  costumbres  populares  de  Carnestolendas 
que  aun  subsisten  en  los  lavaderos  del  Manzana¬ 
res  y  en  algunos  barrios  del  Madrid  viejo.  Diver¬ 
sión  exclusivamente  femenina,  el  manteamiento 
del  pelele  deja  muy  atrás  al  celebérrimo  de  San¬ 
cho  Panza,  pues  no  suele  terminar  sino  con  el 
destrozo  del  protagonista.  El  pelele  ó  Judas,  como 
en  otras  partes  se  le  llama,  es  un  grotesco  mu¬ 
ñeco  relleno  de  paja  y  vestido  con  una  indumen¬ 


taria  todo  lo  ridicula  posible,  y  su  manteamiento 
se  acompaña  con  característica  salmodia. 

El  pelele  eslá  malo, 

¿Qué  le  daremos? . 

cantan  las  regocijadas  manteadoras,  y  escogen 
como  específico  el  agua  de  caracoles ,  que  dicen  po¬ 
see  virtudes  prodigiosas  para  el  ganado  bravio. 

La  vida  y  la  gracia  que  tiene  la  escena  dibujada 
por  Emilio  Sala  como  él  dibuja,  no  necesitan  en¬ 
carecimientos  por  nuestra  parte. 


El  grabado  de  nuestra  página  113  reproduce  el 
celebrado  cuadro  de  Hacquette,  Regreso  de  la  pes¬ 
ca .  El  cielo  de  Bretaña  y  el  agitado  mar  junto  á  su 
costa  están  admirablemente  pintados,  y  el  grupo 
de  la  familia  del  pescador,  que  vuelve  ai  hogar  tras 
ruda  y  peligrosa  tarea,  está  lleno  de  sencilla  y 
tierna  poesía. 

• 

•  • 

JULIÁN  ROMEA, 

autor  de  El  Señor  Joaquín ,  estrenado  en  el  teatro  de  la  Zarzuela. 

Publicamos  en  la  página  106  el  retrato  del  po¬ 
pular  actor  Julián  Romea,  hoy  que  á  los  aplausos 
que  como  tal  consiguiera  en  su  carrera  artística, 
se  unen  los  que  el  público  y  la  crítica  le  otorgan 
como  autor  dramático.  No  son  nuevas  las  aptitu¬ 
des  y  aficiones  á  la  literatura  dramática  en  Julián 
Romea,  que  varias  veces  ha  obtenido  éxitos  favo¬ 
rables  como  literato  y  como  compositor  musical; 
pero  su  última  producción,  El  Señor  Joaquín ,  es¬ 
trenada  recientemente  en  el  teatro  de  la  Zarzuela, 
ha  revelado  en  él  nobles  tendencias  para  dignifi¬ 
car  un  género  decadente;  y  aun  cuando  su  acierto 
no  hubiera  igualado  á  su  propósito,  plácemes  siem¬ 
pre  merecería  su  generosa  iniciativa.  Cordialmento 
le  felicitamos  por  su  excelente  éxito,  y  cariñosa¬ 
mente  le  animamos  á  perseverar  en  su  laudable 
idea. 

• 

«  • 

EXCMO.  SR.  D.  LUIS  POLO  DK  BERNABÉ, 

nuevo  enviado  extraordinario  y  ministro  plenipotenciario  de 
España  en  Washington. 

En  la  página  112  publicamos  el  retrato  de  don 
Luis  Polo  de  Bernabé,  que  muy  en  breve  saldrá 
para  los  Estados  Unidos  de  Norte-América  para 
reemplazar  en  la  representación  de  España  á  don 
Enrique  Dupuy  de  Lome.  El  Sr.  Polo  de  Bernabé 
comenzó  su  carrera  de  diplomático  en  1872,  y  ai 
año  siguiente  obtuvo  el  destino  de  agregado  en  la 
Legación  de  Washington.  Sirvió  allí  á  las  órdenes 
de  su  señor  padre,  vicealmirante  de  nuestra  Ar¬ 
mada,  que  intervino  en  la  célebre  cuestión  inter¬ 
nacional  del  apresamiento  del  Virginias ,  y  dejó 
justa  fama  de  su  talento  y  discreción  en  Washing¬ 
ton,  donde  su  hijo  D.  Luis  fue  secretario  hasta  el 
año  1881.  Sirvió  como  encargado  de  negocios  en 
París  y  Lisboa,  y  al  ascender  en  1891  á  ministro 
residente,  lo  fue  en  el  Brasil  y  en  el  Cairo. 

Hace  más  de  tres  años  que  desempeñaba  en  el 
Ministerio  de  Estado  el  cargo  de  jefe  de  la  sec¬ 
ción  de  Comercio  y  Consulados,  y  su  nombra¬ 
miento  en  las  presentes  circunstancias  prueba 
plenamente  el  aprecio  que  al  Gobierno  de  Su  Ma¬ 
jestad  merecen  las  especiales  aptitudes  de  este  di¬ 
plomático. 

•  • 

UNIFORMES  DE  LOS  OFICIALES  DE  LA  MARINA 
de  los  EE.  UU.  de  Norte-América. 

Damos  en  el  segundo  grabado  de  la  página  112 
muastra  de  los  uniformes  de  los  oficiales  de  la  ma¬ 
rina  de  los  Estados  Unidos.  Nada  menos  que  diez 
son  los  trajes  que  usan  para  distintos  actos  y  ser¬ 
vicios:  uniforme  de  lluvia,  de  media  gala,  de 
invierno,  de  gala,  de  verano,  de  gran  gala,  de 
etiqueta,  de  servicio,  de  diario  y  de  la  brigada 
naval  (tropa  de  desembarco).  La  gran  gala  úsase 
en  todas  las  ocasiones  más  solemnes,  así  como  en 
la  revista  general  que  se  celebra  el  primer  do¬ 
mingo  de  cada  mes.  La  media  gala,  en  las  ordina¬ 
rias  ceremonias  de  alguna  importancia,  como  para 
hacer  la  primer  visita  á  los  oficiales  del  puerto 
y  para  concurrir  á  aquellos  actos  de  la  vida  social 
á  que  son  invitados  con  carácter  oficial  los  mari¬ 
nos.  El  uniforme  de  etiqueta  (evening  dress ),  para 
los  mismos  actos,  sin  carácter  oficial,  como  un 
baile  ó  un  banquete;  el  de  levita  y  pantalón  de 
diario,  para  los  actos  ordinarios  del  servicio,  pre¬ 
sentación  á  los  jefes  y  revistas  semanales  de  ins¬ 
pección;  el  de  diario,  para  visitar  á  oficiales  de 
otros  barcos  y  á  la  entrada  ó  salida  de  puerto  en 
que  todos  los  oficiales  están  sobre  cubierta.  El  de 
la  brigada  naval  con  sus  polainas  y  su  bota,  úsase 


en  el  servicio  de  tierra.  El  uniforme  de  lluvia  y 
el  de  invierno  tienen  en  su  propio  nombre  seña¬ 
lado  cuándo  han  de  vestirse. 

En  un  ilustrado  periódico  de  Nueva  York  he¬ 
mos  leído,  á  propósito  de  estos  uniformes,  que 
aunque  algunos  pueden  combinarse,  es  muy  difí¬ 
cil  la  combinación,  por  tener  que  estar  siempre 
dispuestos  muchos  de  ellos;  y  el  mismo  periódico 
asegura  que  es  tanto  el  gasto  que  ex;gen  del  oficial 
estos  uniformes  y  tan  modesto  el  sueldo  que  el 
Estado  les  abona,  que  al  oficial  de  Marínale  cuesta 
vestirse  la  mitad  de  la  paga  de  un  año. 

«> 

*  « 

JEREZ  DK  LA  FRONTERA. 

La  fiesta  del  Arbol,  celebrada  el  10  del  corriente. 

Reproduce  nuestro  primer  grabado  de  la  pági¬ 
na  113  una  de  las  escenas  de  la  simpática  fiesta  del 
árbol ,  celebrada  en  Jerez  con  verdadera  solemni¬ 
dad  el  jueves  10  del  corriente.  Formáronse  en  la 
plaza  de  Alfonso  XII,  á  las  doce  de  la  mañana, 
1.000  niños  de  las  escuelas  públicas  y  colegios  par¬ 
ticulares,  en  catorce  grupos,  correspondientes  á 
los  respectivos  centros  de  enseñanza,  que  ostenta¬ 
ban  sendos  y  muy  lujosos  estandartes,  y  á  los  ecos 
de  una  banda  de  música  marcharon  de  cuatro  en 
fondo  al  campo  de  instrucción,  lindante  con  el 
paseo  de  Capuchinos,  sitio  designado  para  la  plan¬ 
tación,  por  infantiles  manos,  de  £00  árboles. 

El  Sr.  Abad,  arcipreste,  asistido  por  dos  capella¬ 
nes,  bendijo  á  los  hombres  y  á  los  árboles,  ambos 
en  miniatura,  desde  una  tienda  de  campaña  situa¬ 
da  en  el  centro  de  aquel  terreno,  y  cada  dos  niños 
plantaron  un  arbolito,  cantando  todos  después  el 
himno  alusivo  al  acto,  que  compusieron  el  poeta 
Fernández  Shaw  y  el  maestro  Chapí  para  la  fiesta 
análoga  que  en  Madrid  se  celebrara. 

La  población  de  Jerez,  dando  hermosa  prueba 
de  cultura,  dió  al  acto, al  parecer  sencillo,  toda  la 
importancia  que  merece,  y  acudió  en  masa  á  la 
fiesta  del  árbol,  cerrándose  las  tiendas  y  escrito¬ 
rios  de  comercio. 

Las  comisiones  oficiales  dieron  solemne  repre¬ 
sentación  al  acto,  cuya  acertada  organización  ob¬ 
tuvo  muy  merecidos  elogios;  y  los  niños,  que 
conservarán  del  suceso  medallas  y  banderas  con¬ 
memorativas  que  mantengan  su  recuerdo,  fueron 
agasajados  con  espléndida  merienda  por  el  ilustre 
patricio  D.  Luis  de  Isasi,  siempre  propicio  á  la  ge¬ 
nerosa  protección  de  la  infancia. 

Mucho  celebraríamos  ver  convertida  en  costum¬ 
bre  esta  sencilla  ceremonia,  que  en  España  daría 
muy  buen  resultado,  logrando  disipar  esa  inex¬ 
plicable  antipatía  con  que  los  ignorantes  miran 
al  arbolado,  con  daño  evidente  de  todos. 

*  « 

MISS  CLARA  BARTON, 

representante  en  Cuba  de  la  Cruz  Roja  norteamericana 

¡ 

Recordarán  seguramente  nuestros  lectores,  por¬ 
que  no  ha  mucho  que  los  periódicos  diarios  publi¬ 
caron  la  noticia,  que  miss  Clara  Barton  salió  para 
Cuba  á  llevar  socorros  á  los  pobres  campesinos  re¬ 
concentrados.  A  título,  pues,  de  curiosidad,  inclui¬ 
mos  en  la  página  116  el  retrato  de  miss  Clara,  pre¬ 
sidenta  de  la  Asociación  americana  de  la  Cruz 
Roja,  la  cual  miss  no  nos  extraña  que  haya  em¬ 
prendido  un  viaje  á  la  isla  de  Cuba,  tan  cercana  á 
su  país,  recordando  que  ya  fué  á  Turquía  á  ejercer 
sus  caritativos  deseos. 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


SANES  Y  COMPAÑÍA. 


A  D.  Antonio  Sánchez  Pérez . 


palabras  que  la  forman. 

Si  decimos — por  ejemplo — compra  unas 
alguáquidiSytrheme  el  acotillo  ó  tira  esa 
jerapellina  y  es  probable  que  muchas  perso- 
r  ñas  no  se  hagan  cargo  de  nuestro  deseo  — 
ó  de  nuestro  mandato. — De  seguro  saben  lo 
que  es  comprar ,  traer  y  tirar ,  pero  no  es  fácil 
que  acierten  á  traducir,  que  digamos,  las  alguái- 
quidasy  el  acotillo  ó  \&  jerapellina. 

Y,  sin  embargo,  hay  varias  locuciones  harto 
claras  para  la  generalidad  de  las  gentes,  aun  cuan¬ 
do  no  acierten  á  definir  alguno  de  los  vocablos 
que  las  constituyen. 


Digitized  by  ^.ooQie 


BELLAS  ARTES 


EN  EL  BAILE, 
DIBUJO  DE  PLA. 


Digitized  by 


Google 


BELL  AS-  ARTES. 


Digitized  by  ^.ooQie 


DIBUJO  DE  JIMÉNEZ  MARTÍN. 


106  —  n.-  vil 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Febrero  1806 


¡¡¡Por  vida  de  sanes!!! — exclama  colérico  un 
individuo  mientras  palpa  los  bolsillos  echando  de 
menos  su  reloj  ó  su  cartera. 

¿Quién  es  sanes? 

Pues  sanes  debe  ser  el  nombre  de  algún  sujeto, 
6  de  persona  indeterminada,  como  Fulano ;  ó  el 
demonio .....  ó  un  ente  imaginario.....  ó  cosa  por  el 
estilo.  Resulta  que  no  es  nada  de  esto. — El  apó¬ 
cope  de  santo  es  san ;  y  así  como  el  plural  de  can 
es  canes  y  y  el  de  pan  panes  y  el  de  san  es  SANES. 
De  modo  que — /  Voto  á  sanes!  ó  ¡por  vida  de  sa¬ 
nes!  quiere  decir  voto  á  (los)  santos  ó  por  vida  de 
(los)  santos . 

Agreguemos  unos  cuantos  ejemplos  de  las  fra¬ 
ses  por  el  estilo  que  acuden  á  nuestra  memoria: 

Estar  bajo  la  férula  de  Fulano. 

(Estar  bajo  su  dominio.)  Férula  es  la  palmeta 
que  sirve  para  castigar  a  los  muchachos,  dándo¬ 
les  con  ella  en  las  palmas  de  las 
manos. 


linfa  y  de  algunos  productos  de  la  digestión,  en¬ 
tre  los  cuales  predominan  las  grasas. 


Echar  chiribitas . 

(Dar  muestras  de  enojo  y  furor,  prorrumpir  en 
amenazas.)  Chiribitas  son  las  partículas  que, 
vagando  en  el  interior  de  los  ojos,  ofuscan  la 
vista. 


Perder  la  chabela . 

(VolverseToco.)  Ch abeta  equivale  á  la  hoja  de 
hierro  que,)  introducida  por  el  agujero  de  otro 
hierro’ o  madero,  sirve  para  asegurar  entre  sí 
los  hierros  ó  maderos  que  con  ella  se  unen  y 
aprietan. 

No  faltan  personas  que  suponen  ser  la  chabela 
el  cuchillo  ancho  y  corvo  que  usan  los  zapateros 
para  desvirar  los  zapatos.  El  nombre  de  dicho 
instrumento  es  tranchete . 


Tomar  el  tole . 

(Partir  aceleradamente.)  Tole  equivale  á  con¬ 
fusión  y  gritería  popular. 


Soltar  la  taravilla . 

(Hablar  mucho  y  de  prisa.)  Taravilla  es  la  ci¬ 
tóla  del  molino. 


Parecer  un  escuerzo . 

(Se  dice  de  la  persona  flaca  y  ruin.)  ESCUERZO 
es  una  especie  de  rana  terrestre. 


Creo 

sobran 


Mirar  las  musarañas . 

(Estar  distraído;  mirar  á  otra  parte 
que  á  la  que  se  debe.)  MUSARAÑA  ó 
MUSGAÑO  es  un  cuadrúpedo  de  diez 
pulgadas  de  largo,  con  los  pies  muy 
cortos,  que  se  alimenta  de  vegetales 
y  despide  un  olor  desagradable.  Na¬ 
da  tiene  que  ver  con  las  telarañas, 
como  muchos  creen,  aun  cuando  Vm- 
rar  las  telarañas  sea  frase  equiva¬ 
lente  á  la  de  mirar  las  musarañas . 


Tener  tres  bemoles . 

(Ponderar  lo  que  se  tiene  por  muy 
grave  y  dificultoso.)  Bemol  se  dice 
á  la  nota  musical  cuya  entonación 
es  un  semitono  más  baja  que  la  de 
su  sonido  natural. 


Picar  de  soleta » 

(Andar  á  prisa  ó  correr,  huir.)  SO¬ 
LETA  es  el  lienzo  con  que  se  remien¬ 
da  la  planta  del  pie  de  la  calceta 
cuando  se  rompe. 


San  Mateo,  la  vendimia  arreo . 

(Que  el  día  de  San  Mateo  se  hallan 
maduras  las  uvas.)  Muchos  ignoran 
que  el  adverbio  ARREO  equivale  á 

sucesivamente  ó  sin  interrupción . 


Estar  en  un  brete . 

(Hallarse  en  aprieto,  sin  efugio  ó 
evasiva.)  Brete  es  la  prisión  de  hie¬ 
rro  que  se  pone  á  los  reos  en  los  pies 
para  que  no  puedan  huir. 


que  las  indicaciones  apuntadas  bastan  y 
para  demostrar  lo  que  arriba  dijimos,  ó  sea 
la  existencia  de  frases  muy  claras,  en 
cuya  composición  entran  algunas  pa¬ 
labras  muy  obscuras  para  el  mayor  nú¬ 
mero  de  los  oyentes. 

Y  por  si  á  Ym.  le  parece  que  vale  la 
pena  prolongar  esta  letanía,  le  da  tras¬ 
lado  de  ella  su  amigo  y  servidor  de 
Ym.,  q.  1.  b.  1*  m., 

El  Doctor  Thbbussem. 

Medina  Sidonia,  Febrero  de  1808. 


OFENSAS  INOFENSIVAS. 


Coger  ó  caer  en  el  garlito . 
(Sorprender  á  uno  en  la  acción  que 
quería  hacer  ocultamente.)  Garlito 
es  una  especie  de  nasa  ó  red  dispues¬ 
ta  de  tal  modo,  que  entrando  el  pez 
por  la  malla  no  puede  salir. 


JULIAN/  ROMEA, 

AUTOB  DE  «EL  SEÑOR  JOAQUÍN 3» ,  ESTRENADO  EN  EL  TEATRO  DE  LA  ZARZUELA. 
(De  fotografía  de  Lokner.) 


Cortar  el  revesino . 

(Impedir  á  uno  el  designio  que  llevaba  ó  inte¬ 
rrumpirle  el  discurso.)  Revesino  es  un  juego  de 
naipes,  en  el  cual  cortar  el  revesino  equivale  á 
quitar  una  baza  al  que  intentaba  hacerlas  todas. 


En  un  tris . 

(En  peligro  inminente.)  Tris  es  el  leve  sonido 
que  hace  una  cosa  delicada  al  quebrarse. 


Vista  de  lince . 

(Vista  perspicaz.)  El  LINCE  es  un  cuadrúpedo  de 
una  vara  de  alto  y  color  bermejo  obscuro,  que 
trepa  con  facilidad  sobre  los  árboles.  Y  lo  más 
curioso  es  que  lo  que  de  su  vista  se  dice  no  me¬ 
rece  el  menor  crédito. 


Salida  de  pavana . 

(Dicho  destemplado  ó  fuera  de  propósito.)  PA¬ 
VANA  significa  una  danza  española,  grave,  seria 
y  de  movimientos  pausados. 


Importar  un  bledo. 

(Ser  una  cosa  insignificante.)  Bledo  es  una 
planta  de  flores  pequeñas  en  forma  de  racimos. 


Cobrar  el  barato . 

(Predominar  una  persona  por  el  miedo  que  im¬ 
pone  á  otra.)  Barato  es  la  porción  de  dinero 
que  da  voluntariamente  el  que  gana  en  el  juego, 
a  las  personas  que  quiere,  y  también  la  que  exige 
por  fuerza  el  baratero. 


No  valer  un  ardite . 

(Denota  el  poco  aprecio  de  una  cosa.)  Ardite 
era  una  moneda  antigua  de  escaso  valor. 


Es  una  bicoca. 

(Cosa  de  poca  estima  y  aprecio.)  Bicoca  es  una 
fortificación  de  corta  defensa. 


Sudar  el  quilo. 

(Trabajar  con  fatiga  y  desvelo.)  QUILO  es  el  lí¬ 
quido  opaco,  semejante  á  la  leche,  compuesto  de 


Tomar  el  portante . 

(Irse,  marcharse.)  PORTANTE  es  el  paso  artificial 
de  las  caballerías. 


Así  como  hay  honores  que  no  hon¬ 
ran  y  valores  que  no  valen,  hay  ofen- 
•  sas  que  no  ofenden. 

Dos  sujetos,  vetbi  gratia ,  discuten 
acaloradamente  en  la  mesa  del  café 
acerca  de  cualquier  asunto  que,  á  buen 
.  seguro,  no  les  importa  mucho  ni  poco, 
'  ó  acerca  de  cualquier  materia  que  posi- 
'  tivamente  no  conocen  poco  ni  mucho. 
El  tema  de  la  discusión  puede  ser  la 
consecuencia  de  un  político,  la  táctica 
de  un  general,  la  destreza  de  un  tore¬ 
ro,  el  descubrimiento  de  un  sabio,  el 
parte  de  un  combate,  el  resultado  de 
un  estreno,  la  «marcha»  de  un  proceso 
ó  la  solución  de  una  charada—..,  cual¬ 
quier  cosa. 

En  las  mesas  de  los  cafés  se  habla 
de  todo,  y  todo  se  discute  con  calor, 
con  pasión,  con  intransigencia. 

Pronto  la  discusión  se  convierte  en 
disputa,  y  la  disputa  no  tarda  en  con¬ 
vertirse  en  «cuestión  personal». 

A  falta  de  argumentos  se  dan  voces, 
á  falta  de  razones  se  apela  á  las  «pala¬ 
bras  gruesas». 

Y  aquellos  dos  sujetos,  á  los  que  lla¬ 
maremos  X...  y  Z— ,  que  son  dos  buenos 
amigos  y  dos  excelentes  personas,  se 
levantan  airados,  se  miran  hostiles  y 
se  amenazan  fieros,  como  gallos  ingle¬ 
ses  dispuestos  á  la  riña,  echando  fuego 
por  los  ojos  y  espuma  por  la  boca,  con 
los  entrecejos  fruncidos  y  los  puños 
terriblemente  apretados. 

— Es  usted  un  imbécil — dice  X... 

— Y  usted  un  mamarracho — contesta  Z... 

—  Me  dará  usted  una  satisfacción,  so  indecen¬ 
te — replica  el  primero. 

— Le  daré  á  usted  un  disgusto,  so  canalla — du¬ 
plica  el  segundo. 

Los  contertulios  intervienen  entonces  para  evi¬ 
tar  que  vengan  á  las  manos,  y  procuran  inútil¬ 
mente  apaciguarlos  y  que  se  las  den. 

Las  ofensas  han  sido  gravísimas:  el  lance  es 
inevitable. 

X...  y  Z...  designan  sus  respectivos  «represen¬ 
tantes»,  quienes  con  la  ceremoniosa  gravedad  del 
caso,  se  reúnen  varias  veces  para  buscar  una  solu¬ 
ción  honrosa. 

Y  la  honrosa  solución  es  un  acta  que  firman  los 
padrinos,  y  en  la  que  consta  que  el  Sr.  X...  llamó 
al  Sr.  Z...  imbécil  ó  indecente ,  sin  propósito  alguno 
de  ofenderle,  y  que  el  Sr.  Z...  dijo  al  Sr.  X...  ma¬ 
marracho  y  canallay  sin  intención  alguna  de  infe¬ 
rirle  el  más  pequeño  agravio. 

Un  paso  más,  y  resulta  que  los  Sres.  X...  y  Z—  se 
llamaron  imbécil  y  mamarracho  y  indecente  y  cana¬ 
lla  con  el  deliberado  intento  de  «adularse  mu¬ 
tuamente». 

Y  si  en  ese  caso,  y  en  otros  casos  semejantes, 
repetidos  con  lamentable  frecuencia,  especial¬ 
mente  en  los  debates  políticos,  la  ofensa  sólo  «se 


Digitized  by 


Google 


22  Fkbrk&o  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n  .•  vu  —  107 


considera»  inofensiva  ociando  la  reflexión  sucede 
al  arrebato  y  ia  prudencia  reemplaza  al  injustifi¬ 
cado  encono,  casos  hay,  y  no  pocos,  en  que  los  in¬ 
sultos  más  brutales,  las  injurias  más  soeces  y  las 
ofensas  más  intolerables  son  desde  luego  proferi¬ 
dos  con  ánimo  de  lisonjear,  y  como  si  se  tratara 
de  los  más  dulces,  delicados  y  halagüeños  piropos. 

Después  de  un  «estreno  brillante»,  amigos  y  co¬ 
nocidos  invaden  en  tropel  el  escenario,  unos  para 
felicitar  al  autor  más  ó  menos  sinceramente,  y 
otros  para  «vengarse  del  éxito»,  estrujándolo  sin 
piedad  y  dándole  golpes  en  la  espalda  como  si  pre¬ 
tendieran  acabar  con  él. 

Pues  entre  unos  y  otros  nunca  falta  alguno  que 
diga  á  voces  con  el  mayor  entusiasmo: 

—  Pero  ¿han  visto  ustedes  qué  talentazo  tiene 
este  bruto? 

Y  el  bruto  tiene  que  sonreir  y  hasta  que  dar  las 
gracias  por  «la  lisonja». 

Algunas  personas,  particularmente  algunos  an¬ 
daluces,  no  encuentran  modo  mejor  de  expresar 
su  afecto  ó  de  manifestar  su  entusiasmo  que  po¬ 
niendo  á  su  «víctima»  como  hoja  de  perejil,  como 
chupa  de  dómine,  como  ropa  de  pascuas  y  como 
no  digan  dueñas,  y  hay  quien  no  se  da  por  satis¬ 
fecho  si  no  apura  «contra  el  objeto  de  su  admira¬ 
ción  ó  de  su  cariño»  el  vocabulario  de  los  denues¬ 
tos,  de  las  injurias  y  de  las  palabrotas  más  ofensi¬ 
vas,  tabernarias  y  degradantes. 

Dice  uno  un  chiste  ingenioso  ó  tiene  una  «ocu¬ 
rrencia»  oportuna,  que  hace  destornillar  de  risa  á 
cuantos  le  escuchan. 

Pues  á  veces,  el  más  entusiasmado  de  los  oyen¬ 
tes,  el  que  se  ríe  «con  más  ganas»,  encorvado  el 
cuerpo,  enrojecido  el  rostro,  con  las  lágrimas  en 
los  ojos  y  los  puños  en  el  estómago,  exclama  á 
gritos: 

—¡Ay,  qué  tío  ladrón  éste,  y  qué  gracia  tiene! 

Lo  de  tío  ladrón  es  el  elogio  más  «modesto»: 
otras  alabanzas  ya  más.....  «expresivas»  no  se  pue¬ 
den  reproducir. 

Hace  pocos  días  iba  yo  por  la  Carrera  de  San 
Jerónimo,  y  oí  que  una  voz  de  hombre  gritaba 
detrás  y  no  lejos  de  mí: 

— Bribón,  charrán,  sinvergüenza,  gracias  á 
Dios  que  te  echo  la  vista  encima, 

A  lo  que  otra  voz  varonil  respondía,  gritando 
también  desaforadamente: 

— Yen  acá  pillo,  granuja . 

Yolyí  apresuradamente  ia  cabeza  creyendo  pre¬ 
senciar  una  riña  terrible  y  ver  á  dos  carreteros  ó 
á  dos  golfos  mayores  de  edad  luchando  á  navajazos 
ó  á  brazo  partido,  y  con  sorpresa  vi  á  dos  caba¬ 
lleros  apuestos  y  elegantes  que  se  abrazaban  es¬ 
trecha  y  cordialísimamente. 

Pero  ¿qué  tiene  eso  de  extraño?  No  hay  insulto 
más  ofensivo  para  una  mujer  que  decirle  «¡fea!»: 
hay  pocos  animales  más  feos,  repugnantes  y  anti¬ 
páticos  que  una  mona,  y,  sin  embargo,  el  amante 
más  apasionado  llama  ¡mona!  mil  veces  á  su  no¬ 
via,  y  el  caballero  más  galante  dice  á  la  señorita 
más  susceptible  que  está  monísima ,  no  ya  sin  agra¬ 
vio,  hasta  con  satisfacción,  complacencia  y  en¬ 
greimiento  de  ías  «interesadas». 

Pues,  por  lo  contrario,  dígale  usted  rapaz,  por 
ejemplo,  á  algún  concejal  sobreseído  ó  absuelto, 
y  de  seguro,  por  lo  menos,  lo  demanda  á  usted 
por  injuria  y  calumnia,  si  no  le  manda  sus  padri¬ 
nos,  no  los  padrinos  que  le  valen  para  medrar  en 
su  carrera  política,  sino  los  padrinos  para  con¬ 
certar  un  lance,  deseoso  de  hacer  á  usted  jigote, 
si  puede,  en  el  campo  del  honor. 

Y,  sin  embargo,  rapaz  y  rapaza,  según  el  Dic¬ 
cionario,  son  el  muchacho  y  la  muchacha  de  poca 
edad,  precisamente  de  esa  edad  feliz  y  risueña  en 
que  se  simbolizan  la  pureza,  el  candor  y  la  ino¬ 
cencia. 

Dígale  usted,  en  cambio,  á  un  juez,  á  un  fiscal, 
á  un  magistrado,  á  un  ministro,  á  un  general,  que 
tienen  gran  prestigio ,  y  seguramente  le  darán  á 
usted  las  gracias  y  se  quedarán  tan  satisfechos. 

Y,  sin  embargo,  «prestigio»,  según  el  Dicciona¬ 
rio,  es  el  engaño  con  que  los  prestigiadores  embo¬ 
ban  y  embaucan  ai  pueblo,  y  «prestigiador»  el 
que  hace  juegos  de  manos  y  otras  cosas  con  que 
engaña  á  la  gente  sencilla. 

Sabidísimos  son  los  casos  de  aquellas  amigas 
que ,  al  encontrarse  en  la  calle  después  de  no  ha¬ 
berse  visto  en  algún  tiempo,  se  saludaron  cariño¬ 
samente,  diciéndose:  «¡Yaya!  ¡Ya  parecieron  las 
perdidas!»  «¡Nada  de  eso!  ¡  Las  perdidas  son  uste¬ 
des! . »  y  el  de  aquella  otra  ciudadana  cjue  «citó  á 

juicio»  á  una  vecina,  porque  ésta  le  había  llamado 
buena  mujer . 

No  hace  mucho  tiempo  que  celebró  junta  gene¬ 
ral  ha  Pirueta -Sensible,  sociedad  -de  baile  aga¬ 
rrado y  y  el  presidente  al  pronunciar  el  discurso 
de  <r cajón»,  empezó  con  estas  palabras:  «Señores: 
desde  hace  algunos  meses  no  concurren  á  esta  so¬ 
ciedad  más  que  gorrones  y  petardistas,  dicho  sea 


sin  agraviar  á  ninguno  y  mejorando  lo  presente.» 

Pero  el  verdadero  colmo  de  la  ofensa  inofensiva 
lo  oí  hace  pocos  días  en  labios  de  un  amigo ,  exas¬ 
perado  por  la  infidelidad  de  una  mujer  á  quien 
amaba  ciegamente. 

—  Yo  de  la  madre  de  ella — decía — no  tengo 
queja  alguna.  Todo  lo  contrario.  La  madre  es  una 

mujer  excelente,  virtuosa,  razonable . amiga  leal, 

esposa  fiel  y  madre  buenísima ,  en  fin,  una  señora 
en  toda  la  extensión  de  la  palabra.  Pero  ella ..... 
ella  es  una  hija  de . mala  madre . 

Felipe  Pérez  y  González, 


LA  REVOLUCIÓN  DEL  PAN  ‘1). 


Conclusión. 


II. 


LOS  HECHOS. 


5*:  O  se  modifica  una  industria  de  buenas 
(¿¿  á  primeras  en  cuanto  los  descubri¬ 
mientos  científicos  ó  el  mejor  cono¬ 
cimiento  de  las  materias  originarias 
dan  base  para  ello,  ni  con  los  inme¬ 
diatos  resultados  de  ciertos  experimentos, 
siquiera  sean  muy  concluyentes,  se  des- 
tierran  antiguas  prácticas  y  se  desarraigan 
métodos  que,  por  la  sanción  del  tiempo, 
han  adquirido  tradicional  carácter.  Y  si  la 
industria  es  la  del  pan,  de  antiquísimo  origen,  lle¬ 
gada  hasta  nuestros  días  sin  alteraciones  ni  pro¬ 
gresos  de  monta,  compréndese  que  la  dificultad 
sube  de  punto;  que  es  larga  tarea  convencer  á  las 
gentes,  acostumbradas  á  comerlo,  de  que  el  pan 
blanco,  muy  metido  en  harina,  es  alimento  in¬ 
completo  y  no  fácilmente  digerible,  inclinando 
sus  gustos  hacia  el  substancioso  pan  moreno,  pro¬ 
cedente  directamente  del  trigo,  que  no  ha  me¬ 
nester  ser  molido  ni  triturado;  pues  tampoco  la 
Naturaleza  redúcelo  á  polvo  cuando  germina,  des¬ 
envolviendo  el  nuevo  ser  en  aquella  semilla  con¬ 
tenido.  En  general,  los  adelantos  industriales  re¬ 
conocen  como  principio  un  estudio  meramente 
científico  llevado  á  cabo  respecto  de  las  primeras 
materias  ó  de  los  medios  de  transformarlas,  y  así, 
considerando  las  deficiencias  del  conocimiento 
químico  de  los  hidratos  de  carbono — aún  muy 
distante  de  ser  completo  á  pesar  de  los  meritísi- 
mos  trabajos  realizados  estos  últimos  años — y  la 
casi  absoluta  ignorancia  en  la  cual  estábamos  res¬ 
pecto  de  los  diversos  fermentos  contenidos  en  el 
grano,  y,  por  consiguiente,  de  sus  distintas  accio¬ 
nes,  compréndese  pronto  el  atraso  de  la  fabrica¬ 
ción  del  pan,  relacionada  con  otras  industrias, 
explicándose  al  propio  tiempo ,  por  el  desconoci¬ 
miento  químico  de  la  primera  materia  y  sus  me¬ 
tamorfosis,  que  los  adelantos  realizados  hayan  sido 
encaminados  al  perfeccionamiento  de  los  medios 
mecánicos,  esto  es,  á  alejar  el  pan  todo  lo  posible 
de  la  categoría  de  alimento  completo.  Permane¬ 
cía  invariable  el  principio  de  la  panificación,  bajo 
pretexto  de  la  no  digestibilidad  de  la  celulosa,  sin 
parar  mientes  en  que  pudiera  haber  fermentos 
cuyo  objeto  fuese  hacerla  soluble ;  se  muele  el 
grano  y  de  él  sepárase  el  salvado,  aprovechando 
sólo  una  parte  de  aquello  destinado  á  producir  ín¬ 
tegramente,  y  sin  intermedios,  el  pan  completo. 

Quizá  por  más  apegados  á  las  prácticas  tradicio¬ 
nales,  cuyo  origen  se  remonta  a  tiempos  muy  le¬ 
janos  del  nuestro,  aproxímanse  á  él,  mejor  que  los 
refinados  pueblos  europeos,  cuantos  en  Marruecos 
y  otras  naciones  poco  civilizadas  trituran  ó  que¬ 
brantan  el  grano,  reduciéndolo  á  harina  nada  fina, 
y  directamente  con  ello  hacen  su  pan.  Tampoco  se 
alejan  mucho  de  los  nuevos  adelantos  los  campe¬ 
sinos  poco  amigos  de  repasar  el  salvado,  los  que 
mezclan  harinas  gruesas,  y  aun  cuantos  añaden 
trigo  al  maíz  ó  al  centeno,  para  hacer  de  seme¬ 
jantes  mixturas  la  base  de  su  cotidiana  alimenta¬ 
ción:  por  costumbre,  unos  y  otros  cambian,  en 
cierto  modo,  cuanto  el  uso  ha  consagrado,  y  sin 
quererlo  realizan  algo  dentro  de  los  principios 
modernísimos  por  los  cuales  ha  de  guiarse  en 
breve  la  industria  del  pan,  cuando  vaya  conven¬ 
ciéndose  la  gente  que  el  blanco  constituye  un  ver¬ 
dadero  lujo  y  dista  bastante  de  ser  un  alimento  en 
el  cual  las  materias  hidrocarbonadas,  las  substan¬ 
cias  nitrogenadas  y  las  sales  minerales  se  hallen 
en  las  debidas  proporciones  para  su  digestión  y 
utilidad  enlas-funciones-de-la-vida. 

Reconoce  como  fundamentos  la  revolución  del 
pan  los  estudios  é  investigaciones  en  cuya  virtud 


(1)  Véase  la  página  59  del  númera  IV* 


distínguense  en  el  grano  de  trigo  variados  elemen¬ 
tos,  distintos  en  cuanto  á  su  estructura  y  al  modo 
de  actuar,  en  contacto  del  agua,  á  determinada 
temperatura,  siendo  su  función  doble:  química  y 
mecánica.  También  se  apoya  en  el  conocimiento 
más  perfecto  de  los  fermentos,  asimismo  conteni¬ 
dos  en  el  grano  de  trigo,  los  cuales,  en  su  concepto 
de  substancias  activas,  reaccionan  precisamente 
con  la  celulosa,  alterándola  hasta  volverla  soluble, 
fnneión  cumplida,  casi  en  totalidad,  por  el  fer¬ 
mento  nombrado  citasa,  quizá  el  primer  cuerpo 
destruido  en  los  molinos  harineros,  cuando  el 
grano  se  rompe  entre  las  dos  piedras  destinadas  á 
reducirlo  á  finísimo  polvo,  é  importa  consignar,  á 
guisa  de  otro  fundamento  para  la  transformación 
de  la  industria  del  pan,  que  la  nueva  es  sólo  con¬ 
secuencia  de  haber  observado,  lo  más  minuciosa¬ 
mente  posible,  la  maravillosa  obra  de  la  Natura¬ 
leza,  cuando,  dispuestas  sus  energías  creadoras  y 
adecuado  .el  medio,  la  semilla  comienza  á  germi¬ 
nar,  rómpense  las  celdillas,  desen vuélvense  los 
diversos  elementos,  cumpliendo  cada  uno  su  pa¬ 
pel,  la  fermentación  precursora  de  la  vida  da  prin¬ 
cipio,  y  en  ella  tiénelo  el  nuevo  sér :  tal  es  el  inme¬ 
diato  origen  de  esta  pacífica  revolución  del  pan, 
de  tan  buena  manera  comenzada  hace  pocos  años. 

Comienzan  los  primeros  intentos  de  llevar  á  la 
práctica,  respecto  de  la  fabricación  del  pan,  con¬ 
sejos  y  prescripciones  del  insigne  Liebig  el  año 
1871,  y  desde  entonces  el  estudio  del  problema  ha 
adquirido  grandes  desarrollos:  hiciéronse  multi¬ 
tud  de  ensayos,  propusiéronse  numerosas  solucio¬ 
nes,  y  los  buenos  resultados  conseguidos  alentaron 
esperanzas  de  obtenerlos  todavía  más  completos 
en  lo  sucesivo.  Hay  ya  muchas  máquinas  y  siste¬ 
mas  para  hacer  pan  directamente  del  trigo  sin 
preparar  antes  la  harina,  evitando  el  cernido  que 
la  priva  de  elementos  nutritivos  de  la  mayor  im¬ 
portancia,  y  la  revolución  comienza  luchando  con¬ 
tra  la  gran  industria  harinera  y  la  grande  y  tra¬ 
dicional  rutina  del  pan  blanco,  verdadero  lujo 
sólo  permitido  á  quienes  pueden  suplir  con  otros 
substanciosos  alimentos  sus  deficiencias  nutritivas: 
para  éstos  el  pan  representa  un  accidente,  no  es 
esencial,  é  individualmente  no  prestan  atención 
á  las  grandes  modificaciones  de  su  industria;  en 
cambio  su  importancia  sube  de  punto  respecto  del 
obrero  ó  del  campesino,  los  cuales  buscan  casi 
exclusivamente  en  el  pan — en  muchos  casos  su 
único  alimento — los  elementos  reparadores  de  su 
organismo,  desgastado  en  el  continuado  trabajo 
cotidiano,  en  su  perenne  labor  por  la  misma  con¬ 
quista  de  ese  pan  cuya  fabricación  trata  de  trans¬ 
formar  la  ciencia. 

Asunto  tan  simpático  y  atractivo  tuvo  en  Espa¬ 
ña  un  notable  propagandista,  el  único  que  le  ha 
tratado  con  su  notoria  competencia.  Hace  poco 
más  de  un  año  (en  los  meses  de  Abril  y  Julio  de 
1896)  publicó  mi  buen  amigo  el  Sr.  D.  Fernando 
Aramburu,  en  el  Boletín  de  Administración  Mili¬ 
tar,  dos  artículos  cuyo  objeto  fué  dar  á  conocer  lo 
más  fundamental  relativo  á  la  fabricación  directa 
del  pan:  allí  consignó  los  principales  datos  histó¬ 
ricos  referentes  al  problema,  dando  á  conocer 
asimismo  las  máquinas  á  la  sazón  tenidas  por  más 
perfectas;  hoy  los  sistemas  han  aumentado  de 
modo  considerable,  y  aunque  parten  del  mismo 
principio,  los  procedimientos  varían  á  cada  pun¬ 
to,  obteniéndose  productos  siempre  de  excelente 
calidad,  sabroso  pan  moreno,  alimento  completo 
formado  á  expensas  de  todas  las  materias  del  gra¬ 
no,  no  separando  de  él  ni  la  más  leve  y  exterior 
película  de  la  corteza,  antes  aprovechando  toda 
su  materia,  siguiendo  procederes  semejantes  á 
aquellos  puestos  en  práctica  durante  la  germina¬ 
ción. 

Existen,  naturalmente,  en  el  grano  de  trigo 
dos  especies  de  substancias,  destinadas  á  cumplir 
fines  diversos:  unas — los  fermentos — provocan 
las  metamorfosis  inherentes  á  la  panificación;  y 
las  otras — de  ordinario  compuestas  de  carbouo, 
hidrógeno  y  oxígeno — son  las  que  se  modifican, 
dando  de  sus  propios  elementos  lo  necesario  para 
el  desarrollo  de  las  primeras:  esto  sin  contar  los 
compuestos  minerales,  ácidos  silícico  y  fosfórico, 
hierro  y  otros  metales,  cuya  importancia  para 
hacer  del  pan  un  alimento  completo  queda  ya  bas¬ 
tante  encarecida:  así  no  se  insiste  sobre  su  utili¬ 
dad,  de  todos  admitida,  ni  se  menciona  la  conve¬ 
niencia  de  no  separarlas  en  un  inútil  y  perjudicial 
cernido.  No  sólo  las  materias  amiláceas  y  las  gra¬ 
sas  son  modificables  por  los  fermentos,  pues  su 
acción  extiéndese  á  algunas  nitrogenadas,  las  cua¬ 
les,  mediante  influencia  de  aquéllos,  experimen¬ 
tan  hondas  metamorfosis.  En  la  complicada  or¬ 
ganización  del  grano  de  trigo  no  se  agrupan  el 
carbono,  el  oxígeno  y  el  hidrógeno  de  una  sola  y 
única  manera,  sino  reconócense  tres  formas  prin¬ 
cipales  de  su  combinación,  á  saber:  la  celulosa,  el 
almidón  y  las  grasas;  las  tres  son  susceptibles  de 


Digitized  by  ^.ooQie 


w¡. 


! 

n 

BÉLLAs'í 


MADRID. -EL  PELEL 


DIBUJO  DE 


Digitized  by  ^.ooQie 


t  * 

l’ 

\ 

artes. 


:n  los  lavaderos, 

LIO  SALA. 


Digitized  by  ^.ooQie 


lio  —  N.°  vil 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Febrero  1898 


modificarse,  mas  no  lo  hacen  del  mismo  modo, 
ni  se  alteran  de  igual  manera  por  influencia  de 
un  reactivo  único,  aunque  respecto  de  alguno  de 
los  grupos  sea  siempre  el  mismo  el  resultado  final 
de  la  metamorfosis  química.  De  modo  que  cada 
especie  de  compuestos  ternarios  no  nitrogenados 
requiere  un  fermento  particular,  cuyo  desarrollo 
89  efectúa  á  sus  expensas,  y  de  ahí  que  en  el  grano 
de  trigo  existan  varios,  cada  uno  destinado  á  su 
fin  especial,  dotado  de  acciones  individuales  so¬ 
bre  una  de  las  materias  indicadas,  é  inerte  res¬ 
pecto  de  las  otras,  á  lo  menos  dentro  de  ciertos 
límites:  claro  está  que  los  dichos  fermentos  se 
desenvuelven  y  actúan  sólo  en  presencia  del  agua 
y  á  determinada  temperatura,  nunca  muy  eleva¬ 
da;  obran  meoánica  y  químicamente,  siendo  am¬ 
bas  acciones  concomitantes:  cuando  éstas  prolón- 
ganse  bastante  tiempo  resultan  de  ellas  sólo  agua 
y  anhídrido  cartySnico,  pasando  por  toda  una  se¬ 
rie  de  funciones  en  las  cuales  están  representados 
alcoholes  y  ácidos  orgánicos,  sobre  todo  con  el 
obligado  antecedente  de  los  productos  interme¬ 
diarios,  y  se  destruyen  ó  alteran  no  sólo  por  ex¬ 
cesivo  calor,  sino  también  cuando  el  grano  es 
sometido  á  las  presiones  indispensables  para  tri¬ 
turarlo  ó  convertirlo  en  finísima  harina. 

Otro  elemento  ya  nitrogenado,  el  gluten,  es  asi¬ 
mismo  transformable,  y  conócese  su  fermento  espe¬ 
cial  característico.  Tenemos,  por  lo  tanto,  en  el 
grano  de  trigo  substancias  alterables  y  fermentos 
destinados  á  metamorf  osear  las:  aquéllas  pueden 
ser  ternarias  no  nitrogenadas  y  ricas  de  nitrógeno, 
y  los  fermentos  pueden,  á  su  vez,  formar  dos  gra¬ 
os,  según  actúen  sobre  las  primeras  ó  se  limiten 
reaccionar  con  las  segundas.  Así ,  para  atacar  y 
disolver  la  celulosa  está  la  citasa;  es  papel  de  la 
diastasa  y  de  la  oerealina  convertir  el  almidón  en 
dextrina  y  maltosa?  la  emulsina  ejerce  sus  accio¬ 
nes  sobre  las  grasas,  y  es  modificado  el  gluten  para 
constituir  peptonas,  por  medio  de  la  tripsina  ve¬ 
getal.  Entendido  el  mecanismo  de  la  función  de 
cada  fermento  y  los  resultados  de  ella  sabidos,  no 
por  mera  oonjetura,  sino  mediante  delicados  ex¬ 
perimentos,  cuya  repetición  no  es  ahora  difícil, 
compréndese  el  modo  de  germinar  la  semilla,  y 
algo  se  vislumbra  de  la  química  de  tan  complejo 
acto  desde  el  momento  inicial  de  colocar  el  grano 
en  las  adecuadas  condiciones  de  humedad  y  tem¬ 
peratura:  previsto  todo  en  la  Naturaleza,  lo  pri¬ 
mero  es  formar  un  medio  ácido,  apropiado  á  des¬ 
pertar  los  fermentos  á  la  vida ;  actúa  entonces  la 
oitasa,  precisamente  el  destinado  á  vencer  las  ma¬ 
yores  resistencias  de  la  dura  celulosa  externa, 
hasta  hacerla  soluble  y  asimilable;  semejante  fer¬ 
mento  obra  además  rompiendo  celdillas  y  obli¬ 
gando  á  mezclarse  los  demás  elementos  del  grano 
para  su  mejor  transformación.  «Prescindiendo  de 
los  demás  fermentos,  escribe  el  Sr.  Aramburu,  si 
se  consigue  suspender  el  proceso  de  la  germina¬ 
ción  una  vez  disuelta  la  celulosa  de  las  paredes  de 
las  células,  tendremos  toda  la  parte  alimenticia  del 
grano  en  condiciones  asimilables  por  nuestro  or¬ 
ganismo,  el  cual  carece  de  fermento  adecuado  para 
aquel  fin,  y  de  esta  suerte  vencida  la  dificultad  que 
se  opone  á  la  panificación  directa  del  trigo.» 

Estriba,  pues,  todo  el  problema  en  hacer  solu¬ 
ble  la  celulosa,  á  fin  de  que,  no  teniendo  que  ser 
separada  por  el  cernido,  contribuya  á  dar  al  pan 
mas  elementos  nutritivos,  porque  los  tiene  abun- 
dantas  el  salvado,  y  contiene,  de  otra  parte,  mu¬ 
chos  elementos  minerales,  cuyo  principal  asiento 
hállase  en  la  más  exterior  y  córnea  membrana  del 
grano,  oon forme  en  muchos  análisis  aparece  de¬ 
mostrado.  Yese  de  qué  suerte  el  mecanismo  quí¬ 
mico  de  la  germinación  trae  aparejadas  hondas 
transformaciones  en  una  de  las  mayores  indus¬ 
trias.  Bastó  averiguar  las  funciones  de  la  citasa 
ara  provocar  la  revolución  del  pan,  según  f ué  sú¬ 
dente  descorrer  el  velo  que  ocultaba  el  modo  de 
formarse  el  índigo  para  producirse  todo  aquel  gran 
movimiento  cuyo  resultado  es  la  industria  nueva 
de  la  indigotina  sintética.  Pudo  invocarse  la  no 
digestibilidad  de  la  celulosa  como  una  necesidad 
de  la  molienda  y  el  cernido;  ahora  que  sabemos 
cómo  el  agua  y  el  calor  activando  un  fermento  há- 
cenla  soluble,  el  problema  del  pan  completo  se  re¬ 
suelve  partiendo  de  principios  de  la  ciencia  pura, 
y  el  producto  resulta  en  excelentes  condiciones 
derivado  del  trigo  directamente,  sin  intermedios 
de  ningún  género,  utilizándolo  todo  con  sus  ele¬ 
mentos  orgánicos  y  minerales.} 

Fácil  es  la  práctica  del  nuevo  sistema  de  hacer 
pan  reducido  á  las  siguientes  operaciones,  casi  to¬ 
das  automáticas,  y  cuyo  principio  es  igual  en  to¬ 
dos  los  métodos.  Procédese  primero  á  la  limpieza 
mecánica  del  grano;  luego  es  lavado  en  agua  y 
puesto  en  gran  cantidad  de  este  líquido,  con  ob¬ 
jeto  de  separar  las  malas  semillas  y  las  averiadas, 
las  cuales,  siendo  más  ligeras,  sobrenadan,  que» 
dando  sólo  en  el  fondo  el  buen  grano:  hay  aquí  no 


pequeña  ventaja,  porque  en  los  molinos  harineros 
esta'  separación  absoluta  es  imposible  de  todo  pun¬ 
to.  Ya  limpio  el  trigo,  privado  de  toda  semilla  ex¬ 
traña,  se  somete  á  un  tratamiento  hidratante  que 
recuerda  los  comienzos  de  la  germinación;  en  de¬ 
pósitos  convenientes  es  tratado  por  agua,  cuya 
temperatura  ha  de  ser  de  50  á  54  grados  centesi¬ 
males:  en  tales  condiciones,  el  grano  la  absorbe, 
hinchándose  bastante  y  perdiendo  su  dureza  poco 
á  poco:  en  este  tratamiento  es  cuando  funciona  el 
fermento  denominado  citasa;  rómpense  los  tabi¬ 
ques  de  celulosa,  la  misma  cutícula  externa  pierde 
su  aspecto  y  se  ablanda,  llegando  un  momento  en 
que  el  grano,  conservando  su  ordinaria  apariencia, 
puede  ser  íntegramente  deshecho  entre  los  dedos, 
indicando  entonces  que  la  absorción  del  agua  ha 
llegado  al  máximo;  volvióse  soluble  la  celulosa,  y 
ya  no  deben  seguir  más  adelante  los  efectos  de  la 
citasa.  En  cuanto  al  tiempo  invertido  para  esta 
primera  operación,  no  es  largo;  bastan  unas  horas, 
y  depende  de  la  naturaleza  y  calidad  del  grano, 
cuyas  circunstancias  bien  pueden  considerarse  re¬ 
guladoras  de  la  hidratación,  aunque  el  fenómeno 
en  esencia  sea  el  mismo  en  todos  los  casos. 

Llegado  el  término  dicho,  se  está  en  el  caso  de 
detener  la  acción  de  los  fermentos  suspendiendo 
los  fenómenos  de  la  germinación;  así,  eliminado 
el  exceso  de  agua  y  escurrido  el  trigo,  redúcese  á 
pasta,  comprimiéndolo  en  máquinas  á  propósito, 
de  las  que,  aun  siendo  la  industria  tan  nueva,  hay 
gran  variedad,  movidas  á  mano  ó  por  vapor;  lᬠ
manse  molinos  de  masa,  están  estañados,  y  en  ge¬ 
neral  dan  buenos  resultados,  produciendo  una 
pasta  homogénea,  morena,  y  en  la  cual,  si  la  hi¬ 
dratación  del  grano  está  bien  hecha,  no  se  distin¬ 
guen  partículas  de  la  corteza.  Aparte  de  esto,  hace 
notar  Gelinck,  uno  de  los  fabricantes  y  propaga¬ 
dores  del  pan  completo  obtenido  directamente  del 
trigo ,  cómo  las  manos  no  tocan  al  grano  hidra¬ 
tado  ni  á  la  pasta :  aquél  pónese  en  la  máquina  que 
ha  de  estrujarlo  por  medio  de  palas  de  madera; 
ésta  cae  en  los  mismos  carretones  destinados  á 
llevarla  á  las  artesas  donde  ha  de  fermentar,  para 
más  tarde  ser  mecánicamente  amasada;  pues  una 
vez  conseguida  la  pasta  con  todo  el  grano,  las  sub¬ 
siguientes  operaciones  son  las  mismas  que  se  prac¬ 
tican  tratándose  del  pan  ordinario;  la  diferencia 
consiste  en  haber  suprimido  la  molienda  y  el  cer¬ 
nido,  ó  sea  aquellas  operaciones  que  privan  en  la 
actualidad  al  pan  de  muchos  principios  alimenti¬ 
cios  contenidos  en  el  trigo,  todo  por  obra  y  gracia 
de  haber  descubierto  el  medio  del  cual  sírvese  la 
Naturaleza  para  hacer  soluble  la  celulosa,  cuando 
el  grano  germina  originando  una  nueva  planta. 

Tal  es,  en  principio,  el  conjunto  de  las  opera¬ 
ciones  de  la  nueva  industria  del  pan.  En  cuanto  á 
sus  productos,  el  artículo  del  Sr.  Aramburu  sumi- 
ijistra  datos  suficientes  para  formar  juicio  en  un 
cuadro  comparativo,  del  cual  resulta  que  en  el  pan 
nuevo,  moreno,  sabroso  y  que  resiste  muchos  días 
sin  endurecerse,  hay  las  cantidades  siguientes  de 
los  componentes  esenciales,  tratándose  del  pan  de 
trigo:  agua,  50,96;  substancias  nitrogenadas,  9,89; 
grasa,  0,36;  hidratos  de  carbono,  35,99;  celulosa, 
1,21;  minerales,  1,55;  en  tanto  que  el  destinado  á 
la  tropa  en  Madrid  contiene :  agua,  44,48;  substan¬ 
cias  nitrogenadas,  7,40;  grasa,  0,56;  hidratos  de 
carbono,  42,75;  celulosa,  1,21;  minerales,  1,30.  Para 
apreciar  el  valor  de  estos  datos  numéricos,  resul¬ 
tado  de  minuciosos  análisis,  es  menester  fijarse 
en  las  relaciones  que  deben  existir  entre  la  pro¬ 
porción  de  los  hidratos  de  carbono  y  las  cantida¬ 
des  de  elementos  nitrogenados  contenidos  en  el 
pan  digestible  y  asimilable;  en  tal  respecto  admí¬ 
tese  que  para  cada  parte  de  éstos  ha  de  haber  cua¬ 
tro  de  hidratos  de  carbono.  Ahora  bien:  en  el  pan 
completo  de  Gelinck  dicha  relación  es  de  1  á  3,64, 
mientras  que  en  el  pan  de  la  tropa  de  Madrid  es 
de  1  á  5,78,  demostrándose  así  la  superioridad  del 
primero:  si  á  esto  añádese  el  aprovechamiento 
íntegro  del  trigo,  la  supresión  de  molienda  y  cer¬ 
nido  y  la  baratura,  pronto  se  entiende  cómo  nos 
hallamos  cerca  de  una  gran  revolución  en  la  in¬ 
dustria  del  pan,  que  lo  ha  de  cambiar  radicalmente 
y  mejorar  de  modo  tal,  que  contribuya,  dando  un 
producto  muy  nutritivo,  á  la  regeneración  de  los 
individuos  de  la  raza  toda. 

En  el  problema  de  las  subsistencias,  á  cada  punto 
más  complicado,  la  ciencia  presta  valiosos  servi¬ 
cios,  y  de  sus  principios  é  investigaciones  ha  de 
venir  la  revolución:  ya  Berthelot  lo  ha  dicho  en 
el  discurso  al  principio  ciliado:  «El  problema  de 
los  alimentos  es  un  problema  químico»,  y  la  nueva 
industria  del  pan  está  demostrándolo:  bastó  seguir 
de  cerca  el  fenómeno  de  la  germinación  del  grano 
de  trigo,  saber  que  había  un  fermento  capaz  de 
disolver  ó  hacer  soluble  la  celulosa,  obrando  de 
modo  químico  y  mecánico,  para  cambiar  lo  que  es 
desde  remotos  tiempos  tradicional  en  sus  princi¬ 
pios  y  casi  en  sus  procedimientos.  Día  vendrá — y 


no  lejano  ciertamente  —  en  que  este  adelanto, 
ahora  todavía  en  sus  albores,  sea  substituido  por 
algo  más  perfecto  y  más  cercano  del  desiderátum 
de  la  síntesis  orgánica.  Sea  cualquiera  la  nueva 
reforma  destinada  á  substituir  al  novísimo  y  toda¬ 
vía  no  generalizado  sistema  de  fabricar  pan,  bien 
puede  asegurarse  que  saldrá  de  un  laboratorio 
como  fruto  de  investigaciones  finísimas,  y  se 
acercará  á  los  procedimientos  empleados  por  la 
Naturaleza,  siempre  sencillos,  aunque  de  ellos  ha¬ 
yan  de  resultar  las  más  complicadas  substancias. 
Al  servicio  de  la  humanidad  está  la  ciencia  pro¬ 
curando  su  mayor  perfeccionamiento  y  adelanto; 
á  resolver  todos  los  problemas  contribuye,  y  si  el 
hombre  afánase  de  continuo  en  las  investigacio¬ 
nes,  conquistando  verdades  con  el  sudor  de  su 
frente,  éstas  permítenle  inventar  medios  de  ase¬ 
gurar  su  sustento  y  poder  dar  á  todos,  bueno  y 
abundante,  el  pan  nuestro  de  cada  día. 

José  Rodríguez  Mourelo. 


PRIMERO  Y  EL  ÚLTIMO. 


ER  el  primero!  aspiración  nobilísima 
del  hombre  en  algunas  ocasiones. 

Deseo  eterno  de  las  mujeres  res¬ 
pecto  de  los  hombres  y  respecto  de 
Jas  otras  mujeres. 

¡Conseguir  el  número  uno  en  exáme- 
nes,  en  su  promoción,  estudiando  una 
fjfX  carrera,  es  honrosa  y  halagüeña  satisfacción 
del  amor  propio! 

¡Ser  el  que  dirige,  el  que  manda,  el  pri- 
mero  en  las  consideraciones  sociales! 

El  primer  sabio  ó  sabio  l.“,  como  anuncian  en 
el  reparto  de  las  comedias:  «Sabio  l.°,  Sr.  Pérez 
López.» 

El  primer  poeta  ó  Poeta  1 

El  primer  capitalista. 

En  cambio,  ¡qué  desdichada  suerte  la  de  los  úl¬ 
timos,  por  lo  menos  en  esta  vida,  puesto  que  en  la 
eterna  «los  últimos  serán  los  primeros»! 

El  último  de  nuestros  políticos. 

El  último  de  «nuestros  últimos  autores». 

El  último  abencerraje. 

El  último  mono. 

Hay  excepciones: 

« El  último  y  el  de  la  suerte  » ,  que  venden  las 
jóvenes  «mestizas»  que  se  dedican  á  la  noble  re¬ 
venta  de  décimos  de  la  lotería. 

El  último  en  sorteos  para  campaña,  y  el  último 
en  reir,  como  habrán  leído  ustedes: 

Qui  vira  le  dernier? 

También  hay  excepciones  en  lo  de  ser  el  pri¬ 
mero. 

Ejemplos:  el  primero  á  quien  fusilan;  el  prime¬ 
ro  que  asalta  una  fortificación ;  el  primero  que  es¬ 
trena  en  el  teatro  en  cada  temporada. 

La  primera  obra  muere  silbada,  ordinaria¬ 
mente. 

Pero  entre  ios  primeros  notables,  el  que  más 
méritos  reúne  es  el  primer  mascarón  que  se  lan¬ 
za  á  la  publicidad  en  Carnaval;  y  el  último  entre 
los  últimos,  también  merece  consideración  y  aun, 
tal  vez,  «Abanico  temporal». 

La  primera  ó  el  primer  máscara  es  el  heraldo 
de  Carnaval. 

Aparece  como  el  primer  caso  de  una  epidemia, 
mejorando. 

Generalmente  es  un  zángano  disfrazado  de  niño 
llorón  ó  envuelto  en  una  sábana  de  sus  mayores, 
con  ó  sin  ilustraciones,  careta  de  «cartón  virgen», 
modelo  1800,  y  calzado  simbólico,  puesto  que,  sin 
mentir,  no  puede  asegurar  quien  le  lleva  que  no 
va  descalzo. 

Y  en  las  manazas,  negras  como  si  fueran  here¬ 
dadas  de  Quintín  Banderas,  un  látigo  para  obse¬ 
quiar  á  los  muchachos  que  se  interpongan  en  la 
carrera  del  máscara. 

De  ocho  á  nueve  de  la  mañana  del  domingo  de 
Carnaval,  se  echa  á  la  calle  el  mascarón  prema¬ 
turo. 

¿Adónde  va?  ¡Quién  lo  sabe!  —  como  decía  un 
orador  fogoso  en  un  banquete  político. 

—¿Quiénes  somos?  Nadie  lo  dirá.  ¿De  dónde 
venimos?  Todos  lo  ignoramos.  ¿Adónde  iremos? 
¡Quién  lo  sabe! 

Los  comensales  «se  hicieron  pedazos»  aplau» 
diendo  al  elocuente  orador  y  filósofo  de  postre. 

¿Quién  sabe  de  dónde  viene  el  mascarón  pri¬ 
mero  que  se  presenta  en  las  calles  de  Madrid, 
supongamos? 

Se  supone  que  no  vendrá  del  cielo,  como  Hinco* 
nete  decía  á  su  nuevo  amigo  Cortadillo ,  ni  del 
palacio  de  su  familia,  ni  del  taller,  ni  de  la  fᬠ
brica. 


EL 


Digitized  by  v^ooQie 


22  Febrero  im 


N.°  Vil  —  111 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


Es  de  creer  que  sea  un  ciudadano  libre  y  aun 
doncello  de  enseñanza. 

¿Quién  es? 

Por  las  «bromas  que  da»  á  las  señoritas,  sus 
amigas,  y  á  los  (caballeros»  con  quienes  tropieza 
en  la  calle,  se  deduce  que  es  persona  principal. 

— Adiós,  Filo;  no  me  conoces  (vis)  y  yo  á  ti  si. 
¿  Adónde  vas  ahora  por  el  carbón  ? 

La  muchacha  cae  en  seguida. 

Cae  en  que  el  máscara  es  el  dependiente  del  car* 
bonario  de  su  calle. 

¿Adónde  va  el  (endividuo»  disfrazado? 

A  cumplir  altos  ñnes:  embromar  á  su  novia,  que 
es  cocinera  convicta  y  confesa,  en  una  casa  de  la 
calle  Mayor,  y  después  á  (dar  jaqueca»  á  un  primo 
recién  venido  (de  allá»,  y  funcionario  público  en 
un  establecimiento  de  coloniales,  aunque  en  la 
última  escala;  es  decir,  como  joven  de  ultramari¬ 
nos  y  aun  de  lenguas;  que  también  las  hay  del 
Norte,  á  la  venta,  algunas  veces,  en  la  acreditada 
casa  donde  él  sirve  al  país. 

Agotada  la  lista  de  sus  relaciones,  vuelve  á  em¬ 
pezar  jpor  la  cocinera,  si  logra  que  baje  á  la  calle, 
después  de  esperarla  durante  dos  ó  tres  horas.....  y 
en  seguida  á  ver  á  su  primo  el  ultramarino,  hasta 
que  le  indica  el  (principal»,  con  sumacortesia  del 
ramo,  que  salga  del  establecimiento  porque  mo¬ 
lesta. 

Después  se  lanza  el  máscara  á  recorrer  calles. 

A  nadie  conoce. 

Parece  que  ha  venido  de  otro  planeta  á  pasar 
unos  días  de  incógnito  en  la  tierra. 

¡Ah!  ¡cuántos  meses  ha  pasado  meditando  y 
esperando  impaciente  el  domingo  de  Carnesto¬ 
lendas! 

Verdad  es  que  se  divierte  como  pocos* 

¡  Qué  bromas ! 

La  cocinera,  el  primo...*,  epoi  moriré . 

¿Y  el  último  máscara? 

No  se  sabe  á  quién  admirar  más:  si  al  primero 
ó  al  último. 

El  último  es  el  entusiasta  que,  no  harto  de  dis* 
frutar,  tanto  como  el  primero,  de  cuantos  placeres 
pueden  brindar  la  careta  de  cartón  y  las  manos 
sucias,  después  de  los  tres  días  de  divertimiento, 
del  miércoles  de  ceniza,  (viendo»  las  meriendas 
de  las  gentes  alegres,  en  la  pradera  del  Canal,  por 
mal  nombre,  conserva  el  disfraz,  el  buen  humor, 
y,  á  veces,  la  borrachera,  hasta  la  mañana  del 
jueves. 

Y  aun,  en  otros  casos,  suele  conservar  el  vesti¬ 
do  de  mamarracho  por  más  tiempo;  bien  en  la 
delegación,  en  el  juzgado  y  en  la  cárcel,  ó  bien 
en  la  casa  de  socorro  y  en  el  hospital. 

Después  de  largas,  anchas  y  profundas  medita¬ 
ciones,  he  conseguido  aclarar  un  punto  de  interés 
para  la  Historia  del  Carnaval. 

El  último  máscara  y  el  primero  son  uno  solo. 

O,  cuando  menos,  son  hermanos  de  capirote. 

Eduardo  de  Palacio. 


¿MÁS  PERIO  DI  QUITOS? 


Y  El  Clamor  del  fabricante 

Dt  barquillos  y  de  obleas;  —  - 

Y  tienes  otra  revista 
De  muchísimo  interés, 

Que  es  El  Eco  del  callista , 

Redactado  con  los  pies; 

Y  si  no  recuerdo  mal, 

Tienes  El  Cuerno  dañino , 

Periódico  sin  rival 

En  el  género  taurino, 

Que  con  datos  importantes 

Y  viñetas  escogidas, 

Ve  la  luz  dos  horas  antes 
De  acabarse  las  corridas; 

Y  tienes ,  en  conclusión, 

El  Madrid  piramidal , 

Lila  y  Verde ,  El  Biberón 

Y  El  Chorizo  provincial . 

No  obstante,  y  esto  no  es  guasa, 
Quizá  te  puedas  valer 
De  la  gente  de  tu  casa 
Para  hacerlo.  Vas  á  ver. 

Los  articulazos  serios 
De  fondo ,  tú  los  harás. 

Para  ir  á  los  ministerios 
Coges  á  tu  primo  Blas. 

Cosas  de  yankees  y  moros, 

Tu  chico  las  puede  hacer. 

Las  reseñas  de  los  toros 
Que  las  haga  tu  mujer. 

Que  te  haga  la  cocinera 
Los  artículos  de  crítica, 

Y  encárgale  á  la  portera 
De  la  información  política. 

Tu  tío  el  padre  Lasheras, 

Que  es  listo,  puede  hacer  notas 
Ciclistas,  cultos,  carreras 
De  caballos  y  pelotas. 

Encárgale,  si  te  atreves, 

A  J  uan  la  crónica  negra. 

Los  crímenes  se  los  debes 
Encomendar  á  tu  suegra. 

Me  dices  muy  satisfecho 
Que  eres  de  la  Aáociación 
De  (a  Prensa.  ¡Muy  bien  hecho! 

No  es  mala  resolución. 

Mas  deja  la  prensa  á  un  lado, 

Pues  tú  lo  ves  muy  sencillo, 

Y  el  que  va  á  quedar  prensado 
Aquí  va  á  sor  tu  bolsillo. 

Cosa  por  ti  dirigida 
Estará,  pese  á  tu  audacia, 

Sin  dar  señales  de  vida, 

Ni  dar  señales  de  gracia. 

Te  hablo  así  porque  te  quiero. 
¿Periódicos?  ¡No,  por  Dios! 

¡Ah!  Si  te  sobra  dinero, 

Haremos  uno  los  dos. 

Juan  Pérez  ZóSiga. 


(carta  particular  que  no  tiene  nada  de  particular.) 

Amigo  Ruiz:  A  pesar 
De  que  eres  tonto ,  te  escribo. 

¿Conque  vas  á  publicar 
Un  periódico  festivo? 

¡  Hombre,  tú  has  perdido  el  seso 
Y  vas  á  hacer  un  ciempiés ! 

No  te  metas,  Ruiz,  en  eso, 

Que  te  va  á  pesar  después. 

¿Te  parece,  desdichado, 

Que  hay  pocos  periodicuchos? 

¿0  es  que  tú  te  has  figurado 
Que  no  es  malo  que  haya  muchos? 

Tú  eres  persona  simpática; 

Pero  no  sabes  siquiera 
La  mitad  de  la  gramática 
Que  sabe  mi  lavandera; 

Y  es  una  majadería 
Que  hagas  lo  que  han  hecho  varios 
Amigos ,  en  su  manía 
De  publicar  semanarios. 

¿Quién  te  mete  en  esos  trotes 
Que  no  entiendes?  ¿Tú  no  ves 
Cómo  están  de  papelotes 
Las  puertas  de  los  cafés? 

Ten  en  cuenta  que  además 
De  los  de  circulación 

S|ue  tú  ya  conocerás) 
ay  lo  menos  un  millón 

De  ellos  más,  como  El  Pedante  . 

Literario ,  Las  Ideas , 


LA  GAVILLERA  <». 


En  los  feraces  campos  de  mi  tierra, 
Donde  se  dora  la  preñada  espiga 
Que  el  rubio  trigo  encierra; 

Donde  en  ruda  fatiga 
El  pobre  segador  dobla  la  frente 
Al  calor  inclemente; 

Donde  la  mies  como  doradas  olas 
Con  gallardo  vaivén  se  balancea, 

Y  besa  y  acaricia  y  juguetea 

Con  miles  de  encamadas  amapolas; 
Donde  en  el  surco  anidan  los  trigueros, 
Que  libres  y  felices, 

Unense  vocingleros 

Al  canto  de  las  pardas  codornices, 

Allí  la  conocí,  junto  á  la  era, 

Y  juro  por  Dios  vivo 

Que  no  he  visto  en  mi  vida,  gavillen 
De  porte  más  altivo, 

De  lineas  más  correctas,  hecha  á  tomo, 
Aún  más  hermosa  que  la  misma  Ceres, 

Y  á  la  cual  proclamaban  las  mujeres 
La  moza  más  esquiva  del  contorno. 

o 

o  o 

Á  la  sombra ,  muy  cerca  de  la  parva, 
Donde  el  gorrión  escarba, 

La  que  f  ué  siempre  gavillero  esquiva, 


ll)  Fragmento  del  poema  inédito  de  este  nombre. 


Sumida  en  reflexiones, 

Muéstrase  pensativa 
En  alas  de  risueñas  ilusiones. 

Y  mientras  tanto  que  su  mente  vuela 
Sin  saber  lo  que  hace, 

Parece  que  en  su  angustia  se  consuela 
Deshojando  una  blanca  correhuela 
Que  de  la  era  entre  las  piedras  nace. 

o 

o  o 

Sestean  los  gañanes  á  la  sombra 
En  la  tupida  alfombra 
Que  tapiza  la  próxima  arboleda, 

Donde  plácidamente  se  desata 
Como  cinta  de  plata 
Un  arroyuelo  de  corriente  leda» 

Y  en  desigual  concierto, 

Gavillaras  y  rudos  segadores, 

Tras  de  la  tapia  del  vecino  huerto 
Se  guarecen  del  sol  y  sus  rigores, 

En  tanto  que  á  bu  antojo 

Bajan  al  arroyuelo  las  perdices, 

Y  corren  por  los  surcos  del  rastrojo. 

Todo  duerme  en  silencio  en  ese  instante; 
Solamente  la  pobre  gavillera, 

Sumida  en  su  pesar,  en  su  hondo  anhelo 
Inútilmente  espera 

Hallar  para  sus  penas  un  consuelo. 

Y  en  vano  es  qUe  impaciente,  la  mirada 
Inmóvil  y  clavada 

En  el  sendero  que  hasta  el  pueblo  llega* 
Espere  enamorada 

Y  en  su  impaciencia  en  el  dolor  se  anega* 
Mientras  que,  cruelmente, 

Continúa  inconsciente 
Deshojando  con  dedos  inhumanos 
La  flor  que  allí  crecía, 

Que  en  pago  de  su  bárbara  agonía 
Deja  su  aroma  en  las  crueles  manos. 

C*  Sánchez-Arévalo. 


>  i 

‘LOS  ESTRENOS. 


^  STRENAR  hoy  una  obra  del  género  chi¬ 
co  es  tan  incómodo  como  estrenar  un 
par  de  botas. 

Hay  una  notable  diferencia  entre 
ambos  estrenos. 

Al  que  estrena  calzado  le  duelen 
sus  propios  pies,  y  al  que  estrena  obras 
chicas  le  molestan  los  pies  ajenos . 

Mucho  antes  de  que  al  autor  se  le  escurra 
un  pie,  ya  están  los  reventadores  metiendo 
la  pata . 

Los  morenos  se  van  poniendo  imposibles,  y  al 
juzgar  á  los  autores  hacen  lo  contrario  de  lo  que 
debían  hacer. 

Tienen  indulgencia  con  los  grandes  y  revientan 
á  los  chicos * 

Los  autores  en  tres  actos  imponen  cierto  respe* 
to,  y  son  escuchados  casi  siempre  hasta  el  final 
del  drama  ó  de  la  comedia. 

Hay  sainetes  líricos  en  los  que  el  pateo  se  inicia 
con  los  primeros  compases  del  preludio» 

Como  haya  un  tiempo  de  mazar ka  juguetona* 
ya  están  los  impacientes  marcando  el  compás  con 
la  punta  y  con  el  tacón. 

Y  después  de  una  sinfonía  bailada  por  el  públi¬ 
co,  ya  puede  venir  co£  exposiciones  el  desventan 
rado  libretista. 

En  la  obra  grande,  la  tesis  ó  el  problema  se  im-¿ 
ponen,  y  el  desenlace  es  esperado  con  prudencia# 

AHÍ  caben  los  parlamentos  en  quintillas  y  los 
diálogos  en  arte  mayor;  y  si  con  el  galán  se  resis¬ 
ten  al  aplauso,  con  la  dama  se  entregan  los  máq 
descontentadizos. 

Al  autor  chico  no  le  consienten  filosofías  ni  le 
permiten  parlamentos .  Los  filibusteros  del  estre-* 
no  fusilan  al  primero  que  les  hace  proposiciones 
de  paz. 

Presentando  tipos  nuevos,  se  defiende  un  sai¬ 
nete;  pero  cualquiera  encuentra  esos  tipos,  ni  se 
los  presenta  á  unos  señores  que  conocen  ya  á  todo 
el  mundo,  y  que  han  pagado  tres  ó  cuatro  pesetas 
por  una  sección. 

Después  de  una  batalla  con  los  revendedores,  no 
hay  publico  que  se  ría  aunque  le  hagan  cosquillas 
en  la  planta  de  los  pies. 

Un  temo  catalán  parece  bueno  por  seis  duros, 
pero  resulta  malísimo  por  cien  pesetas. 

En  los  estrenos  debut  prohibirse  la  reventa,  y 
no  abusar  del  respetable  jurado  que  ha  de  juzgar 
al  presunto  autor  del  supuesto  delito . 

Emitido  el  faUo  la  noche  de  la  vista ,  la  pro¬ 
testa  del  público  en  las  siguientes  representacio¬ 
nes  no  perjudicaría  al  reo  absuelto  que  tenía  en 
el  bolsillo  el  auto  de  libertad ;  pero  abusar  de  los 
jueces  antes  de  la  sentencia  es  expuesto  á  torcer 
la  recta  vara  de  la  justicia. 


Digitized  by  AjOOQle 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


-iiar—'»/  vii 


22  Febrero  1808 


«¿Por  qué  grita  usted  de  ese  modo?j>, 
he  preguntado  á  más  de  un  furioso  en 
noches  de  estreno;  y  casi  todos  me 
han  contestado  lo  mismo,  volviendo  á 
poner  el  grito  en  el  cielo:  «¡¡ Porque 
me  ha  costado  un  duro  la  butaca!!» 

Esta  ha  sido  siempre  la  causa  prin¬ 
cipal  de  la  protesta. 

Suprímase  hasta  la  Contaduría  en 
la  primera  representación  de  una  obra, 
y  salgan  todas  las  localidades  al  despa¬ 
cho,  con  un  pequeño  aumento  de  pre¬ 
cio  por  la  novedad  del  espectáculo . 

Madruguen  de  ese  modo  los  aficiona¬ 
dos  á  emociones  fuertes,  y  el  perezoso 
que  no  acuda  á  tiempo,  que  no  compre 
por  tres  ó  cuatro  pesetas  de  prima  el 
derecho  de  convertir  el  teatro  en  una 
plaza  de  Toros. 

Conozco  á  los  empresarios,  y  sé  que 
no  seguirán  el  consejo. 

Los  revendedores  son  el  alma  del 
negocio  y  el  cuerpo  de  la  nomina;  los 
morenos  entran  en  el  teatro  con  un 
humor  del  diablo,  y  los  autores  estre¬ 
nan,  vendidos  al  demonio  en  cuerpo 
y  alma. 

Aunque  parezca. raro,  el  abuso  en  la 
obra  grande  es  mucho  menor.  La  loca¬ 
lidad  ós  más  cara,  y  podría  pagarse  el 
doble  de  su  precio;  pero  pagar  un  duro 
por  lo  que  vale  una  peseta,  es  dar  un 
momio  de  un  quinientos  por  ciento. 

Perdonen  los  revendedores  este  pe¬ 
queño  desahogo  de  un  autor  chico,  ami¬ 
go  mío,  y  sigamos  con  la  debatida 
cuestión  de  los  estrenos. 

Después  de  un  éxito  desgraciado,  á 
todos  los  profanos  les  extraña  el  que 
la  obra  se  haya  puesto  en  escena. 

«¿Pero  no  hay  dirección  artística? 
¿No  se  leen  las  obras  en  este  teatro?» 

Dirección  artística  no  la  suele  haber 
casi  nunca,  desgraciadamente;  pero 
¿leer  las  obras?  ¡vaya  si  las  leen! 

Lo  malo  es  que  no  basta  saber  escri¬ 
bir  ni  saber  leer.  Hay  que  tener  doble 
vista  para  poder  juzgar  del  éxito. 


Excmo.  Sr.  D.  LUIS  POLO  DE  BERNABÉ, 
NUEVO  ENVIADO  EXTRAORDINARIO 
Y  MINISTRO  PLENIPOTENCIARIO  DE  ESPAÑA  EN  WASHINGTON. 

(De  fotografía  de  Camacho.) 


Cada  obra  es  un  misterio  impenetra¬ 
ble.  Un  expediente  administrativo ,  ó 
una  urna  electoral ,  pongo  por  caso. 

¡Cualquiera  adivina  lo  que  va  á  salir 
de  allí! 

Cuando  los  actores  se  ríen  en  los  en¬ 
sayos,  suele  aburrirse  el  pfúblico  en  la 
representación ,  y  viceversa. 

Los  escenarios  están  muy  obscu¬ 
ros»  y  por  eso  no  se  ve  nada  de  telón 
adentro. 

Hay  un  indiscreto  en  El  Liberal,  que 
dice  que  se  asoma  por  los  agujeros  de 
la  cortina,  y  tampoco  ve  una. palabra. 
|  Y  cuidado  que  es  un  chico  con  quinqué 
propio !  Pero  en  el  teatro  no  sirven 
las  luces  naturales.  Hay  que  verlo  todo 
con  luz  artificial,  y  entonces  sí  que 
juzga  con  razón  el  menos  discreto. 

¡La  eterna  duda  del  éxito  es  el  eter¬ 
no  martirio  de  los  pobres  autores, 
grandes  y  chicos! 

El  valor  personal  de  los  mismos  va¬ 
ría  según  el  temperamento  de  cada 
uno. 

Como  yo  me  trato  con  los  chicos  más 
que  con  los  grandes,  citaré  algunos 
nombres  de  los  .primeros,  suplicando 
á  los  lectores  que  no  abusen  de  esta 
confianza  y  la  indiscreción  no  salga  de 
entre  nosotros. 

Entre  los  autores  los  Iny  cobardes 
y  valientes,  abundando  los  primeros 
como  regla  general.  , 

Sinesio  Delgado,  el  ilustre  director 
del  Madrid  Cómico ,  que  fue,  se  coloca 
en  la  primera  caja  de  bastidores,  y  allí 
oye  impasible  el  pateo  ó  el  aplauso,  con 
sonrisa  mefistofélica  ó  angelical,  se¬ 
gún  el  vino  de  los  morenos. 

¡Declaro  á  mi  amigo  Sinesio  el  héroe 
de  los  autores  chicos,  y  lo  propongo 
para  una  cruz  laureada! 

Sánchez  Pastor,  dignísimo  subsecre¬ 
tario,  que  también  fué,  siente  el  frío  de 
la  calentura  cuarenta  y  ocho  horas  an¬ 
tes  del  estreno ,  y  espera  en  una  esqui¬ 
na,  próxima  al  teatro,  la  noticia  de  la 


De  lluvia.  De  media  gala.  De  invierno.  De  gala.  De  verano.  De  gran  gala.  De  etiqueta.  *  De  Bervicio.  De  diario.  De  desembarco. 


UNIFORMES  DE  LOS  OFICIALES  DE  LA  MARINA  DE  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA. 

(De  fotografía.) 


Digitized  by 


Google 


Digitized  by 


Google 


22  Fxbbibo  1898 


ILUSTRACION  ESPAÑOLA 


AMERICANA 


mi  —  113 


REGRESO  DE  LA  PESCA, 

CUADRO  DE  HACQUETTE. 


JEREZ  DE  LA  FRONTERA.  — LA  a  FIESTA  DEL  ÁRBOL»,  CELEBRADA  EL  10  DEL  CORRIENTE  EN  EL  CAMPO  DE  INSTRUCCIÓN. 

(De  fotografía  de  Miguel  Rubiales.) 


114  —  n.®  vir 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


22  Febbbbo  1898 


victoria  ó  del  desastre.  Más  que  autor,  que  lo  es  de 
cuerpo  entero,  es  un  muerbo  de  cuerpo  presente %  al 
que  no  gritarían  nunca  si  el  público  le  estuviese 
viendo  la  cara. 

(Hay  otro  autor  más  chico  y  más  cobarde  que  el 
anterior  en  noches  de  estreno;  pero  no  estampo 
aquí  el  nombre,  porque  sería  el  colmo  de  la  indis¬ 
creción.) 

José  Jackson  Veyán. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 

NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 


Mr.  Braaetiére,  predicador:  el  Arte  y  la  Moral. 

El  filósofo  Nietzsche.— Caza  humana,  felina  y  canina  en  Bohemia. 

este  período  del  año  en  que  lucen  su 
fe,  su  ingenio  y  su  palabra  los  predi¬ 
cadores,  nada  hay  más  curioso  que 
los  sermones  de  un  predicador  laico 
tan  reputado  en  el  mundo  de  la  crí¬ 
tica  y  de  la  literatura  como  el  insigne 
publicista  francés  Mr.  Brunetiére.  El 
principal  destello  del  talento,  en  todas  las 
obras  humanas,  es  la  originalidad.  Cuantos 
imitan,  parodian  ó  copian,  son  ingenios  de 
segunda  fila.  Nada  conmueve  y  levanta  tanto  á  la 
opinión  como  lo  inesperado.  Y  nada  la  seduce  y 
arrastra  como  el  arte.  Pencar  algo  nuevo  y  expo¬ 
nerlo  bien,  son  prendas  seguras  de  la  victoria  al 
hablar  al  público. 

No  hace  muchos  días,  invitado  Mr.  Brunetiére 
á  dar  una  conferencia  sobre  asuntos  de  actualidad 
en  el  estudio  de  la  cultura  moderna,  escogió  este 
tema:  «El  Arte  y  la  Moral»,  conceptos  mil  veces 
tratados  y  manoseados  en  el  libro  y  en  la  tribuna. 
Pero  la  misma  sencillez  y  vulgaridad  del  asunto 
hicieron  sospechar  á  los  hombres  entendidos  que 
acuden  á  las  conferencias  de  la  rué.  des  Mathu - 
rins  que  el  orador  iba  á  decirles  algo  que  no  se 
asemejara  á  lo  oído  hasta  aquí;  que  al  tratar  de 
cuestión  tan  discutida  pe  revelaría  como  se  re¬ 
vela  siempre,  pensador  atrevido,  original  y  disi¬ 
dente  respecto  al  común  sentir,  y,  en  fin,  que  su 
labor  dejaría  honda  base,  motivo  bastante  para 
detenerse  ante  ella  y  analizarla  y  trabar  detenida 
y  fracbífera  controversia,  como  en  efecto  ha  su¬ 
cedido,  porque  aun  discuten  los  pensadores  acerca 
de  lo  que  el  orador  dejó  dicho  con  acento  de  con¬ 
vicción  y  solemne  tono. 

«En  el  fondo  de  toda  forma  del  arte — dijo  — 
existe  un  germen  de  inmoralidad.»  Ante  seme¬ 
jante  afirmación  originalísima,  los  oyentes  que¬ 
daron  estupefactos;  y  ante  el  propósito  decidido 
de  predicar  la  moral  en  pleno  París,  hoy,  que  se 
vislumbró  desde  los  primeros  párrafos  del  confe¬ 
renciante,  la  estupefacción  se  mezcló  con  la  iro¬ 
nía.  Expuesto  ese  principio,  lo  desarrolló  Mr.  Bru¬ 
netiére  con  enérgicos  razonamientos,  muy  origina¬ 
les  también.  Según  él,  la  inmoralidad,  inseparable 
de  toda  manifestación  artística,  no  se  nota  sólo  en 
las  obras  ó  creaciones  vulgares  y  de  discutible  mé¬ 
rito  y  valor,  sino  en  las  obras  maestras,  en  las 
producciones  que  sellan  la  inmortalidad  de  los  ar¬ 
tistas.  «No  es  cierto— añadió — que  el  arte  idealice, 
purifique  y  ennoblezca  todo  cuanto  toca.  La  su¬ 
puesta  y  ensalzada  castidad  de  la  escultura  griega 
no  es  más  que  un  ridículo  convencionalismo,  una 
hipocresía.  Obras  profundamente  inmorales  en  que 
se  hace  ostentación  de  la  impudicicia  y  del  crimen 
son  las  creaciones  Bayaceto,  de  Racine;  Rodo- 
guna,  de  Corneille,  y  la  Antíope,  del  Correggio.  Se 
dirá  que  son  paganas;  pero  ¿qué  es  el  paganismo 
más  que  el  culto  desenfrenado  de  las  energías  de 
la  Naturaleza?» 

Para  demostrar  su  tesis  explanó  los  siguientes 
argumentos:  «El  arte,  cualquiera  que  sea,  no  obra 
sobre  nuestro  espíritu  más  que  por  el  intermedio 
del  placer,  y  de  la  voluptuosidad  de  los  sentidos. 
Pe  aquí  la  tendencia  del  arte  á  no  producir  más 
qae  ese  placer  y>esa  voluptuosidad,  a  convertirse 
pn  un  alcahuete»  (sic).  Así  lo  dijo  en  crudo  el  ora¬ 
dor.  «No  otra  cosa  fue  durante  el  siglo  XVIII  en  las 
obras  de  gran  parte  de  nuestrps  escritores,  incluso 
en  las  elegías  de  A.  Chénier,  que  constituyen  una 
excitación  violenta  hacia  la  corrupción,  tanto  más 
peligrosa,  cuanto  más  sentidas  y  elegantes  son 
las  estrofas.  En  la  escultura  antigua,  prescindien¬ 
do  de  la  lascivia  ostensible,  resulta  mucho  más* 
insidiosa  aún  la  seducción  de  la  forma  cuando  su 
preponderancia  eclipsa  al  arte.  El  dilettantismo  hi¬ 
pócrita,  que  busca  excusas  y  explicaciones  para 
todo,  destruye  el  sentido  moral,  y  al  hacer  xlel_ 
placer  estético  el  ideal  y  fin  de  la  vida,  liega  á 
arruinar  á  un  tiempo  el  arte,  la  moral  y  la  socie¬ 
dad  misma.  No  por  otra  causa  el  estetismo  exclu¬ 


sivo  de  la  Italia  del  Renacimiento  produjo  la  de¬ 
cadencia  del  arte  nacional,  y  poco  á  poco,  durante 
tres  siglos,  la  de  la  nación  misma. 

»Se  dice  que  el  fundamento  del  arte  es  la  imita¬ 
ción  de  la  Naturaleza;  pero  como  la  Naturaleza  no 
siempre  es  bella,  sino  muy  fea  á  veces;  como  no 
es  buena,  como  no  es  moral,  porque  toda  moral 
es  una  reacción  contra  la  Naturaleza;  como  no  es 
regular  y  verdadera,  porque  está  llena  de  excep¬ 
ciones  y  monstruosidades,  resulta  que  la  imita¬ 
ción  conduce  á  la  inmoralidad. 

»Los  artistas,  al  verse  necesariamente  obligados 
á  cultivar  esta  originalidad  de  impresiones,  se  en¬ 
golfan  en  el  individualismo,  y  desprecian  á  los 
demás  hombres,  sin  respetar  sus  preocupaciones  y 
sus  sentimientos.  Ese  egoísmo  ó  egolatrismo  artís¬ 
tico  creó,  por  ejemplo,  la  doctrina  antisocial  de 
Flaubert  y  de  los  Goncourt.» 

Deduce  de  estos  argumentos  el  orador  que,  aun¬ 
que  es  indudable  que  los  artistas  no  se  deben  me¬ 
ter  á  predicadores  de  la  moralidad,  como  el  arte 
no  tiene  objeto  final  en  sí  mismo,  debe  subordi¬ 
narse  siempre  á  un  fin  más  elevado.  «El  arte,  aña¬ 
dió,  tiene  una  función  social,  y  su  moralidad  es 
la  conciencia  con  que  realiza  esta  función.  ¿Qué 
función?  Dada  la  insuficiencia  y  relatividad  de 
nuestros  conocimientos,  como  no  podemos  definir 
una  cosa  sino  con  relación  á  otra,  la  función  so¬ 
cial  del  arte  se  define  con  relación  á  otras  funcio¬ 
nes  sociales:  á  la  de  la  religión,  á  la  de  la  tradi¬ 
ción  y  á  la  de  la  ciencia. 

»E1  predominio  de  una  sola  de  estas  fuerzas  es 
peligroso.  El  de  la  religión  origina  la  teocracia,  y 
los  ejemplos  de  la  China,  de  la  Italia  del  Renaci¬ 
miento  y  la  época  presente,  demuestran  respecti¬ 
vamente  los  pelierros  de  la  preponderancia  de  la 
tradición,  del  arte  y  de  la  ciencia. 

»Hay  que  procurar  siempre  que  ninguna  de  es¬ 
tas  funciones  se  imponga  y  eclipse  á  las  otras, 
sino  que,  por  el  contrario,  exista  el  mayor  equili¬ 
brio  y  armonía  entre  todas  y  cada  una  de  ellas. 
Como  el  mantener  ese  equilibrio  permanente  de¬ 
pende  de  la  voluntad  de  los  hombres,  ya  saben  los 
artistas  y  los  filósofos  y  los  científicos  cuál  es  su 
deber.  Esta  es  la  norma  segura  para  que  el  trabajo 
produzca  resultados  dignos  del  genio,  de  la  sabi¬ 
duría  y  de  la  conciencia  humana.» 

Tal  es  la  síntesis  de  lo  que  dijo  Mr.  Brunetiére; 
manifestación  muy  original  y  elevada  en  su  prin¬ 
cipio,  un  tanto  vulgar  en  su  desarrollo  y  demos¬ 
tración,  y  muy  sabida  y  convencional  en  sus  con¬ 
secuencias  y  conclusiones.  Pero  en  la  forma,  en 
la  expresión,  apareció  el  orador  que  domina  como 
quiere  al  auditorio;  el  artista  correcto,  brillante, 
hecho  un  maestro,  cual  aparece  siempre  que  ha¬ 
bla  ó  escribe,  y  que  tan  poderoso  encanto  produce 
en  sus  admiradores. 


•  • 

Cuando  noches  pasadas  dió  una  hermosa  confe¬ 
rencia  en  el  Ateneo  de  Madrid  el  docto  pensador, 
publicista  y  académico  Sr.  Sanz  Escartín,  acerca 
del  desventurado  filósofo  alemán  Nietzsche,  de 
quien  varias  veces  me  he  ocupado  en  estas  Cróni¬ 
cas,  recordaba  yo  las  afirmaciones  de  Mr.  Brune¬ 
tiére,  que  asegura,  como  se  ha  visto,  que  el  exceso 
de  individualismo  que  como  enfermedad  carac¬ 
terística  predomina  en  el  temperamento  moral 
de  ios  grandes  artistas,  á  consecuencia  de  buscar 
siempre  la  originalidad  de  las  impresiones  para 
fundar  su  inspiración,  les  hace  caer  en  una  egola¬ 
tría  insufrible,  que  se  revela  por  el  más  profundo 
desprecio  á  los  demás,  sin  que  quepa  en  ellos  res¬ 
peto  á  nada  ni  á  nadie.  No  se  puede  negar  que 
Nietzsche,  el  afamado  autor  de  Zarathusta  y  de 
la  Gaga  ciencia  y  fue,  como  pensador  y  escritor, 
un  artista  admirable.  Alumno  brillantísimo  en  la 
Universidad,  niño  genio  precoz  como  pocos,  se 
sintió  herido  en  su  vanidad  desde  muy  joven,  al 
ver  que,  después  de  ser  tan  ensalzado  como  escolar 
y  como  profesor  de  Filología,  nadie  concedía  á  sus 
ideas  la  importancia  que  él  creía  que  tenían,  y 
aferrado  á  las  cuales  se  obstinó  en  sostenerlas  con¬ 
tra  todo  el  mundo,  convirtiéndose  en  un  propa¬ 
gandista  impenitente  de  las  teorías  más  monstruo¬ 
sas,  él  que  era  el  más  tímido  y  afectuoso  de  los 
hombres  en  la  vida  privada,  y  el  más  inocente, 
sincero  y  falto  de  picardía  en  todos  sus  actos.  Esta 
misma  sencillez  é  ingénita  credulidad  le  hizo  pen¬ 
sar  que  era  cierto  todo  cuanto  ideaba,  y  ante  tal 
fe,  la  indiferencia  del  mundo  abrió  ancho  campo 
en  su  alma  á  la  exagerada  estimación  de  su  propio 
valer  y  al  odio  ó  desprecio  á  los  demás. 

No  tiene  nada  de  extraño  que,  por  esto,  un  pen¬ 
sador  tan  originalísimo  y  atrevido  como  él,  un  ar¬ 
tista  envanecido  de  su  mérito ,  desviado  una  vez  - 
del  camino  del  sentido  común,  dijera  de  sí  mismo 
lo  siguiente:  «He  prpcurado  durante  toda  mi  vida 
buscar  un  hombre  que  fuera  superior  á  mí.  ¡Jamás 


lo  he  encontrado!»  «No  quiero,  por  supuesto,  com¬ 
pararme  á  Wagner;  pero,  aun  prescindiendo  de  la 
cuestión  de  talento,  yo  soy  de  un  rango  infinita¬ 
mente  superior  al  suyo!»  «¡He  sabido  comprender 
mucho  mejor  que  Wagner  la  tragedia  con  música, 
y  conste  que  entiendo  más  profundamente  que 
Schopenhauer  la  música  de  la  tragedia  de  la  exis¬ 
tencia!.....»  «El  retrato  que  he  pintado  ó  descrito  de 
Wagner  vale  mucho  más  que  el  original;  es  la  re¬ 
presentación  de  un  monstruo  ideáis  de  tal  mérito, 
que  servirá,  seguramente,  para  producir  grandes 
artistas.  El  verdadero  Wagner,  el  de  Beyruth,  no 
es  más  que  una  pobre  reproducción  en  grabado, 
mal  copiada  de  mi  cuadro......  «De  todos  los  bien¬ 
hechores  y  protectores  de  Wagner,  á  ninguno  le 
debe  más  que  á  mí.» 

En  fin,  para  que  se  vea  hasta  qué  grado  llegaron 
el  amor  propio  y  la  frescura  de  aquel  pobre  cora¬ 
zón  y  de  aquella  cabeza  consumida  por  la  fiebre, 
hó  aquí  lo  que  Nietzsche  escribía  en  1882:  «Nin¬ 
guno  de  «cuantos  europeos  viven  y  han  vivido, 
tiene  un  alma  tan  vasta  como  la  mía;  ni  Platón, 
ni  Voltaire,  ni  Goethe  me  igualan  en  la  extensión 
del  espíritu.  Yo  hubiera  podido  ser  el  Buda  de 
Europa;  un  Buda  completamente  opuesto  al  otro, 
se  entiende......  «¡Yo  ocupo  hoy  la  cima  de  toda 

la  reflexión  y  de  todo  el  trabajo  intelectual  de 
Europa!»  ¿Para  qué  añadir  más? 

9 

«  « 

> 

En  Alemania  y  en  todos  sus  países  circunvecinos 
del  centro  de  nuestro  contipente  se  llega  al  colmo 
de  muchas  extravagancias,  no  sólo  entre  los  sabios 
engolfados  y  abstraídos  en  las  exageraciones  del 
espíritu  destornillado,  sino  entre  la  gente  vulgar 
que  vive  del  rudo  trabajo  mecánico  y  que  se  cuida 
poco  de  las  fantasías  filosóficas,  ni  de  lo  que  dicen 
los  libros.  Centro  de  gran  actividad  mecánica  y 
agrícola  es  Bohemia,  que  en  plena  zona  germánica 
tiene  asentada  su  típica  raza  tcheca  y  que  alimenta 
un  mundo  de  mineros,  herreros,  maquinistas,  obre¬ 
ros  de  las  fábricas  de  vidrio,  de  las  vías  férreas, 
de  la  explotación  forestal  y  de  otros  múltiples  ofi¬ 
cios,  amén  de  otro  cúmulo  mucho  más  grande  de 
agricultores,  ganaderos  y  pastores.  Pues  bien;  gran 
número  de  obreros  mecánicos  y  rurales  entretie¬ 
nen  los  días  de  descanso  dedicándose  á  disfrutar 
de  los  variados  atractivos  de  la  caza  en  las  llanu¬ 
ras  ó  intrincados  valles  por  donde  corren  el  Elba, 
el  Mies  y  el  Saxawa,  y  en  las  vertientes  y  re¬ 
vueltas  de  los  montes  Erzebirge,  Bridy  Wald  y 
Adler. 

Cualquiera  creerá  que  allí,  como  en  todas  partes, 
la  caza  está  limitada  á  matar  perdices,  liebres,  co¬ 
nejos,  patos,  cervatillos  y  gamos,  ó  alguno  que  otro 
zorro  ó  lobo,  águila  ó  buitre  que  salgan  á  tiro.  Pues 
así  es,  en  efecto,  en  parte ;  pero  el  verdadero  caza¬ 
dor  apasionado,  el  artista  cinegético  tcheco,  una* 
vez  en  el  campo,  entre  los  barrios,  tierras  de  labor 
y  prados  de  las  aldeas,  se  cree  único  dueño  y  se¬ 
ñor  de  cuanto  en  derredor  suyo  se  mueve,  surge 
en  su  ánimo  la  demencia  del  individualismo  supe¬ 
rior,  y,  loco  ó  degenerado,  imita  á  Nietzsche  ó  á  Max 
Nordau,  disparando  á  diestro  y  siniestro  contra 
todo  bicho  viviente.  Así  se  explica  el  que,  según 
la  estadística  formada  por  la  policía  rural  en  1895, 
los  cazadores  dieran  muerte  durante  el  año  á 
15.000  perros,  9.000  gatos,  2  caballos,  15  vacas, 
182  bueyes  y  terneros,  270  cabras  y  118  carneros. 
¿Pueden  darse  cacerías  más  entretenidas,  fáciles, 
lucrativas  y  sustanciosas?  ¿Es  posible  que  haya 
cazadores  de  más  humor?  Pero  aun  hay  más.  En 
el  libérrimo  tiroteo  que  por  allá  se  estila,  van  tam¬ 
bién  muchos  proyectiles  á  dar  en  el  cuerpo  del 
prójimo,  y  la  susodicha  estadística  añade  que  re¬ 
sultaron,  si  no  cazadas,  heridas  2.140  perdonas,  y 
muertas  51!  No  hay  para  qué  decir  la  tarea  que 
semejante  carnicería  da  á  la  justicia.  En  dicho  año 
los  tribunales  impusieron  por  delitos  cinegéticos 
2.500.000  pesetas  de  multas  y  74.888  días  de  cár¬ 
cel,  penas  bien  reducidas  si  se  examina  el  número 
de  culpables  que  debió  haber,  la  naturaleza  de  los 
crímenes  cometidos  y  los  destrozos  originados. 
Como  la  práctica  de  ese  género  de  caza  universal 
es  ya  vieja,  cabe  preguntar:  ¿Quedan  todavía  perros 
y  gatos  en  Bohemia?  ¿De  qué  pasta  son  aquellos 
aldeanos  tchecos,  que  deian  fusilar  así  á  sus  gana¬ 
dos?  ¿A  qué  número  se  eleva  el  de  los  tuertos,  ro¬ 
tos,  cojos  y  mancos  que  deben  sus  lisiaduras  á  tan 
encantadora  é  higiénica  diversión?  No  es  lo  lógico 
que  ésta  se  use  de  modo  tan  original  é  inocente 
sólo  en  Bohemia,  sino  oue  de  seguro  tendrá  sus 
partidarios  igualmente  liberales  y  despreocupados 
en  Moravia,  Silesia,  Sajonia  y  Baviera,  que  sou 
sus  vecinas;  y  en  este  caso,  ¿á  qué  cifra  alcanza¬ 
rán  los  horrores  de  la  carnicería  do  pasatiempo 
en  medio  de  la  culta  Europa? 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


22;FtBfttB0  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.d  VII  —  116 


nada  tiene  de  particular  que  este  distinguido  ar¬ 
tista  sufriera  algún  que  otro  tropiezo. 

Muy  merecedora  de  todos  cuantos  elogios  quie¬ 
ran  tributársele  es  la  empresa,  que  ha  puesto  la 
obra  en  escena  sin  reparar  en  gastos,  y  dignos  de 
mención  los  Sres.  Bussato  y  Amalio,  que  han  pin¬ 
tado  nueve  ó  diez  decoraciones,  todas  hermosí¬ 
simas. 

Resumen:  Los  Hijos  del  batallón  será  indudable¬ 
mente  una  mina  para  la  afortunada  é  inteligente 
empresa  del  teatro  de  Parish.  Mucho  lo  celebra¬ 
remos. 

mente  digna  de  mencionarse  hay  la  representa-  LAR  A. 

ción  de  Hamlet ,  cantado  por  la  Srta.  Pacini,  que 

ha  sido  un  señalado  triunfo  para  la  eminente  di va.  En  la  brillante  hoja  de  servicios  del  ingenioso 
No  obstante  ser  una  de  las  óperas  que  más  re-  autor  de  La  Rebotica  hay  que  consignar  una  nueva 

presentaciones  lleva  en  la  presente  temporada,  el  victoria,  obtenida  en  buena  lid  con  su  comedia 
público  acudió  en  mayor  número  que  de  costum-  La  Marquesita ,  estrenada  la  noche  del  1(J  del  co¬ 
bre  á  admirar  y  aplaudir  una  vez  más  á  la  genial  rriente. 

artista  que  ha  sabido  conquistar  por  completo  sus  Verdad  es  que  esta  obra  peca  de  ciertas  in vero- 
simpatías.  La  Srta.  Pacini  fué  muy  celebrada,  y  similitudes  inexplicables  en  autor  tan  experto  y 
con  gran  justicia  aplaudida,  por  la  magistral  ma-  concienzudo;  pero  perdónalas  de  buen  grado  el 
ñera  con  que  canto  su  particella,  especialmente  espectador  ante  la  brillantez  del  diálogo  y  la  fuer¬ 
en  el  tercer  acto,  donde  hizo  verdaderos  prodigios  za  cómica  de  ciertas  situaciones,  con  las  cuales  se 
que  provocaron  estruendosas  salvas  de  aplausos,  entretiene  y  divierte,  sin  echar  de  ver  los  ligeros 
Muy  bien  el  Sr.  Blanchart,  que  es  un  barítono  defectillos  de  que  adolece  La  Marquesita ,  infini- 
de  excepcionales  facultades,  como  tiene  demos-  tamen te  menores  que  las  muchísimas  bellezas  que 
trado;  y  muy  afortunados  también  cuantos  artistas  la  adornan. 

tomaron  parte  en  la  representación,  que  se  vieron  Maestro  Vital ,  ¿por  qué  no  suprime  usted  la  pre¬ 
obligados  á  presentarse  en  escena  á  la  termina-  gunta  que  D.a  Carlota  dirige  á  Ramón,  sobre  si 
ción  de  todos  los  actos.  sabe  servir—.,  por  una  ü  otra  banda ? 

La  orquesta  como  siempre,  maravillosamente,  Conste  que  exageramos  la  nota  escrupulosa  por 
y  muy  bien  el  cuerpo  de  baile.  tratarse  de  Vital  Aza,  el  cual  ostenta  muy  justa¬ 

mente  hace  tiempo  los  tres  entorchados  en  la 
PARISH.  milicia  literaria.  ' 

La  ejecución  ha  sido  digna  del  mérito  de  la  co- 
En  toda  la  línea  triunfaron  la  noche  del  pasado  media.  La  Sra.  Pino  y  Srta.  Moreno  han  caracte- 
jueves  los  Sres.  Fernández  Shaw  y  Chapí,  autores  rizado  y  matizado  con  felicísimos  rasgos  sus  inte- 
de  Los  Hijos  del  batallón ,  melodrama  lírico  en  resantes  papeles,  vistiéndose  además  con  lujo  y 
tres  actos,  estrenado  en  este  teatro.  exquisita  elegancia.  La  Sra.  Valverde  y  los  seño- 

•  El  libro,  cuya  acción  está  basada  en  uno  de  los  res  Larra  y  Arana  se  han  mostrado  á  la  altura  de 
más  interesantes  episodios  de  El  Noventa  y  tres ,  su  bien  ganada  reputación.  Soler  ha  interpretado 
de  Víctor  Hugo,  tiene,  relativamente,  escasa  im-  con  gran  verdad  el  carácter  de  Ramón,  y  los  seño- 
portancia.  Es  nada  más  un  pretexto  para  que  el  res  Ramírez  y  Gonsálvez  han  estado  muy  aforta- 
músico  derroche  los  tesoros  de  su  inspiración,  y  nados, 
desde  este  punto  de  vista  nada  más  se  puede  pedir 

al  Sr.  Fernández  Shaw,  que  ha  compuesto  un  li-  ZARZUELA, 

breto  abundantísimo  en  situaciones  dramáticas 

eminentemente  musicales.  Está  tratado  el  asunto  Como  autor  y  como  actor  obtuvo  señaladísimo 
con  gran  habilidad,  y  nada  más  que  elogios  me-  triunfo  Julián  Romea  la  noche  del  último  vier- 
rece  por  su  excelente  labor  el  distinguido  autor  de  nes.  Su  Señor  Joaquín  es  un  verdadero  modelo 
El  Cortejo  de  la  Irene ,  y  tantas  otras  obras  muy  de  comedia  fina,  culta  y  primorosamente  dialo- 
celebradas.  gada.  La  acción  desarróllase  con  arte  exquisito, 

La  parte  musical  fué,  pues,  la  que  proporcionó  y  llévala  el  autor  con  tal  conocimiento  de  los  re- 
el' éxito  indiscutible,  ruidoso,  inmenso,  alcanzado  sortes  escénicos,  que  el  público  entra  desde  el  pri- 
por  Los  Hijos  del  batallón .  La  ópera,  porque  de  mer  momento  en  la  obra,  y  aplaude  estrepitosa- 
una  ópera  se  trata,  y  de  las  de  mayor  empuje,  es  mente  las  innumerables  bellezas  que  encierra 
un  continuo  alarde  de  la  inagotable  inspiración  aquel  Señor  Joaquín ,  al  cual  literariamente  bien 
del  autor  y  del  dominio  que  de  los  secretos  de  la  podemos  titular  S.  M.  Don  Joaquín . 
instrumentación  posee  el  eminente  compositor  A  los  que  á  diario  declaman  contra  el  rebaja- 
Sr.  Chapí.  Como  vulgarmente  se  dice,  la  partitura  miento  del  gusto  literario  del  público  y  contra  sus 
no  tiene  desperdicio,  y  nosotros,  profanos  por  pervertidas  aficiones,  oponemos  el  grandioso  éxito 
completo  en  eüi  arte  musical,  no  intentaremos  ana-  obtenido  por  Romea,  lo  cual  revela  bien  patente- 
lizar  detenidamente  sus  muchísimas  bellezas ;  ta-  mente  que,  si  bien  en  los  calamitosos  tiempos  que 
rea  que,  además,  no  nos  permitirían  los  estrechos  corremos  impera  la  anarquía  moral  é  intelectual, 
límites  de  esta  sección.  Bastará  con  citar  los  nú-  existe  una  masa  de  público  sano  y  culto  que  dis¬ 
meros  que  más  aplausos  valieron  á  su  ilustre  autor,  tingue  el  oropel  del  oro  de  ley,  y  aprecia  éste  en 
lo  que  equivale  á  citar  uno  por  uno  todos  los  que  su  verdadero  valor. 

componen  la  ópera.  El  público  madrileño  ha  demostrado  en  esta 

Comienza  ésta  con  un  hermosísimo  preludio,  que  ocasión  su  fino  paladar  aplaudiendo  con  entusias- 
fué  la  causa  de  la  primerá  ovación  tributada  al  mo  desusado  las  galanuras  de  frase  y  las  situacio- 
maestro  Chapí.  A  partir  de  aquél,  la  representación  nes  delicadísimas  á  que  dan  lugar  el  cariño  filial 
fué  nna  continuada  serie  de  ovaciones  repetidas  de  la  simpática  Trinidad,  cuyo  personaje  encuen- 
al  terminar  el  scherzo  del  primer  acto,  el  terceto  tra  intérprete  inimitable  en  Conchita  Segura,  y 
de.  bajos  y  barítono  del  mismo,  la  escena  de  la  ti-  el  profundo  amor  que  el  honradote  Sr.  Joaquín 
pie  con  el  coro  de  mujeres,  y  el  final  del  segundo,  comparte  entre  su  hija  y  su  mujer, 
y  el  coro  de  niños,  concertante  y  monólogo  del  En  toda  la  obra  no  hay  una  sola  frase  de  mal 
tenor,  del  tercero  y  último  acto.  Indescriptible  es  gusto,  ni  un  chiste  retorcido  ni  que  saque  la  ver- 
el  entusiasmo  que  dominó  al  público  á  la  termi-  giienza  al  rostro,  y  tales  condiciones  avaloran  ex¬ 
nación  de  cada  uno  de  los  citados  trozos,  é  innu-  traordinariamente  libro  tan  meditado  y  plan  con 
merables  fueron  las  veces  que  se  vieron  obligados  tanta  fortuna  desarrollado  como  los  que  constitu¬ 
ios  autores  á  salir  á  escena  á  la  terminación  de  yen  la  nueva  producción  de  Julián  Romea, 
todos  los  actos,  á  recibir  las  entusiastas  aclama-  La  música  es  del  maestro  Caballero,  y  con  esto 
ciones  y  aplausos  de  la  concurrencia.  queda  dicho  que  nada  dejó  que  desear.  Sobre  todo 

En  suma:  un  triunfo  más,  quizá  el  mayor  que  el  último  número  es  de  gran  inspiración,  y  con- 
en  su  brillantísima  carrera  artística  ha  obtenido  tribuye  poderosamente  al  original  y  grandioso 
el  maestro  Chapí,  y  un  éxito  indiscutible  para  el  efecto  final  de  la  preciosa  comedia. 

Sr.  Fernández  Shaw.  Pocas  veces  habráse  visto  una  obra  mejor  en- 

En  la  relación  de  los  intérpretes  dignos  de  aplau-  sayada,  ni  interpretada  con  mayor  amore  é  inte¬ 
so  merecen  mención  muy  especial  la  Srta.  Coro-  ligencia  que  la  que  presentaron  los  distinguidos 
na.  y  la  Sra.  Fabra  ,  que  cantaron  con  notable  artistas  que  tomaron  parte  en  El  Señor  Joaquín. 
acierto  y  gran  sentimiento  dramático  sus  difíciles  Julianito  Romea,  como  protagonista  de  la  obra, 
partes,  poniendo  á  contribución  sus  hermosas  fa-  ha  realizado  uno  de  los  trabajos  más  concienzu- 
cultades  para  el  mejor  desempeño  de  sus  papeles;  dos  y  acabados  de  su  notable  carrera  artística,  y 
y  los  Sres.  González,  Gamero  y  Soler,  que  se  man-  á  igual  altura  es  justo  colocar  á  Conchita  Segura, 
tuvieron  á  la  altura  de  sus  bien  conquistadas  repu-  á  quien  encaja  como  anillo  al  dedo  la  conocida 
taciones.  El  Sr.  C asañas  no  estuvo  muy  afortuna-  frase,  esta  vez  exacta  de  toda  exactitud,  de  que 
do  la  noche  del  estreno.  Lo  hallamos  vacilante,  empieza  por  donde  otras  acaban,  y  ya  quisieran 
temeroso, -y- claro  es  que,  en  tal  estado  de  ánimo,  muchas  acabar  por  donde  ella  empieza. 


Muy  bien  los  Sres.  González  y  Rodríguez,  y 
acertados  los  Sres.  Moncayo,  Sigler,  Galerón  y 
Balsalobre. 

Paca  Segura  fué  muy  aplaudida,  y  con  justicia. 

Las  decoraciones  del  segundo  y  tercer  cuadro, 
debidas  al  talento  del  Sr.  Muriel,  son  muy  bellas 
y  agradaron  extraordinariamente  al  público. 

APOLO. 

Chasqueado  quedó  el  público  que  acudió  al  es¬ 
treno  de  El  Santo  de  la  Isidra,  zarzuela  estrenada 
la  noche  del  último  sábado,  suponiendo,  al  saber  el 
nombre  de  su  autor,  que  sería  una  de  tantas  obras 
en  que  el  retruécano  impera  como  soberano  abso¬ 
luto  en  el  diálogo.  No  quiere  esto  decir  que  en  al¬ 
gunas  ocasiones  no  se  vea  la  manera  de  hacer  del 
autor  de  La  Marcha  de  Cádiz  y  Los  Camarones , 
pongo  por  chistes;  pero  en  El  Santo  de  la  lsidra 
no  se  sacrifica  todo  al  retorcimiento  de  la  frase, 
y  aligerada  la  obra  de  algunos  chistes  un  tanto 
subidos  de  color,  resulta  una  zarzuela  en  que  abun¬ 
dan  las  situaciones  cómicas,  si  no  muy  originales, 
bien  preparadas;  hay  tipos  muy  bien  observados, 
y  se  mantiene  el  dialogo  vivo,  animado  y  chis¬ 
peante,  sin  abusar,  como  ya  hemos  indicado,  del 
juego  de  palabras,  ya  un  poco  desacreditado. 

Nuestra  sincera  enhorabuena  al  Sr.  Arniches, 
autor  del  libro,  qne  ha  obtenido  un  éxito  franco  y 
grande  sin  necesidad  de  apelar  á  recursos  de  los 
que  van  cansando  al  público. 

De  la  música,  toda  muy  animada  y  en  conso¬ 
nancia  con  el  corte  del  libro,  merecieron  los  ho¬ 
nores  de  la  repetición  un  dúo  muy  bien  cantado 
por  la  Sra.  Perales  y  Emilio  Mesejo,  y  un  coro 
muy  bien  instrumentado,  en  que  se  reproducen 
con  pasmosa  fidelidad  los  ruidos  é  incidentes  de 
la  popular  romería  de  San  Isidro.  El  maestro  To- 
rregrosa,  autor  de  la  partitura,  fué  llamado  á  es¬ 
cena  justamente  al  terminar  la  representación. 

De  los  artistas,  además  de  la  Sra.  Perales  y  el 
Sr.  Mesejo,  ya  citados,  merecen  mención  honorí¬ 
fica  la  Sra.  Vidal  y  los  Sres.  Mesejo  (J.),  Carreras, 
Sanjuán  y  Onti veros. 

Y  para  que  todo  resultase  bien,  nada  más  que 
aplausos  merecieron  las  decoraciones  del  Sr.  Mu- 
riel,  todas  muy  bonitas,  y  especialmente  la  del 
cuadro  final. 

A. 

JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

«I  m*N  perfumado  de  loe  jabonee  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  C°deT  cabello** 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro.— Fuera  de  ooaonrso 
4V  PLACE  DE  Xi’OFÉ&A,  PARIS 

De  Tenia  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


Remedio  prodigioso  y  rápido.  30  años  de  éxito. 


VINO  BI-DIOKSTIVO  l>K  CIIASSAI  NO.  80  años  di 
éxito  contra  las  enfermedades  del  aparato  digestivo  (dispep 
das,  inapetencia,  pérdida  de  fuerzas,).  Parit,  6,  Av.  victoria. 

EAU  oHOUBIGANT  ¡XTSSfffwí: 

Honblgant,  perfumista,  Parit ,  19,  Faubourg  8*  Honoré. 


Perfumería  e-r  ótica  SENET,  35,  rué  du  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véante  lot  anuncios \) 


Perfumería  Ninon ,  Maison  LECONTE,  31,  rué  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véante  lot  anunciot. ) 


VIOLETTE  IDÉALE 

Honblgant,  perfumista,  Parit ,  19,  Faubourg  S*  Honoré. 


HELADORA  ira  CHÁTEAUX  DECAMPO 

J.  SCHALLER  ,2,  rué  8t  Honoré  83,  París.  (Véante  ¡os  onundot.) 

A  W1M  DO  pie  (Aatloaa  mss  is  CHILE  PtNQAT),  80  ,ue 
.  Tf  fluLfio  &  U-  ioMi«-íe-(?rond,Pari«.— TRAJEO  Y  ASRIG08 
La  casa  que  viste  Alas  señoras  con  mAs  elegancia»  riqueza  y  buen  gusto 


La  mujer  española  tiene  el  cutis  natu¬ 
ralmente  bonito,  aunque  muy  sensible  al 
aire  demasiado  vivo  y  al  sol  demasiado 
ardiente.  Para  impedir  el  bochorno,  grie¬ 
to,  barra  j  hasta  las  mcmchat  do  pocas,  an¬ 
tees  para  la  toilette  la  Crenui  ffhmtm  á 
glioerma,  loe  Polven  de  Arree  y  el 
mém  Sláiám.  No  oonfundiroo  oon  otras 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Febrero  189$ 


LA,  ILUSTBACION  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


cuando  en  1808  la  invadieron  los  ejércitos  de  Na- 

§  oleón,  y  á  los  dos  años  se  inauguró  en  la  isla  ga- 
itana  el  régimen  constitucional. 

Termina  el  cuadro  histórico  trazado  en  este  li¬ 
bro  al  concluir  el  reinado  de  Fernando  VII;  es  de¬ 
cir,  donde  comienza  el  otro  libro  del  mismo  autor 
intitulado  Dos  Regencias ;  asi  como  esta  última 
obra,  que  llega  hasta  la  caída  del  regente  D.  Bal¬ 
domcro  Espartero  en  1843,  enlaza  con  la  que  lleva 
por  título  Recuerdo  de  cinco  lustros ,  que  com¬ 
prende  desde  la  declaración  de  mayor  edad  de 
D.a  Isabel  II  en  dicho  año,  hasta  la  revolución 
de  1868.  En  estos  tres  libros  ha  consignado  el  se¬ 
ñor  Villalva  Hervás,  con  su  criterio  acentuada¬ 
mente  liberal,  los  datos  más  salientes  del  des¬ 
arrollo  de  nuestras  instituciones  durante  un  labo¬ 
rioso  período  de  más  de  sesenta  años. 

Como  apéndice  de  la  obra  publica  fragmentos 
del  discurso  de  Ruiz  de  Padrón  sobre  el  voto  de 
Santiago ,  y  su  dictamen  y  discurso  contra  la  In¬ 
quisición. 

Véndese  la  obra  á  2,50  pesetas  en  la  librería  de 
Victoriano  Suárez,  Preciados,  42. 

Orígenes  del  Justicia  de  Aragón,  por  Julián 
Ribera. 

La  Colección  de  Estudios  Arabes  ha  publicado 
el  segundo  volumen,  que  contiene  notabilísimos 
estudios  del  sabio  catedrático  de  lengua  árabe  en 
la  Universidad  de  Zaragoza,  D.  Julián  Ribera, 
acerca  de  los  orígenes  del  Justicia  de  Aragón,  para 
probar  la  siguiente  interesante  tesis  histórica:  «El 
Justicia  de  Aragón,  como  toda  la  jerarquía  judi¬ 
cial  de  este  pueblo,  procede,  por  imitación  ó  copia, 
de  la  organización  jurídica  ae  los  musulmanes  es¬ 
pañoles.» 

No  cabe  en  la  sucinta  noticia  bibliográfica  que 
en  este  sitio  consignamos  el  detenido  examen  que 
merecen  la  originalidad,  profundidad  y  acierto 
crítico  que  el  autor  revela  en  el  citado  libro,  que 
contiene  las  conferencias  dadas  por  él  sobre  este 
asunto  en  la  Universidad  de  Zaragoza  y  en  el  Ate¬ 
neo  de  Madrid.  El  estudio  que  en  apoyo  de  su  tesis 
hace  el  Sr.  Ribera,  sobre  el  hecho  de  la  imitación 
casi  constante  y  general  en  la  vida  de  los  pueblos  y 
de  los  individuos,  es  realmente  notable. 

Véndese  la  obra  al  precio  de  6  pesetas. 


LIBROS  PRESENTADOS 

L  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  ó  EDITORES, 


l^enneignement  nupérieur  en  Eupagne* 
par  Paul  Melou.— Con  sumo  gusto  hemos  leído  el 
nuevo  libro  que  el  erudito  autor  de  L’enseignement 
supérieur  et  V enseignement  technique  en  Franco 
ha  publicado  sobre  la  enseñanza  superior  en  nues¬ 
tra  patria,  porque  no  podemos  mirar  sin  gran  sim¬ 
patía  toda  obra  extranjera  que  con  seriedad  se 
ocupe  en  los  asuntos  españoles,  y  entre  ellos  nos 
es  aún  más  grata  la  de  Mr.  Paul  Melou  por  la  exac¬ 
titud  de  sus  datos,  que  revelan  formal  y  detenido 
estudio  de  nuestros  centros  docentes. 

El  propósito  del  autor  lo  revelan  las  siguientes 
líneas  que  de  su  libro  copiamos:  «He  querido  sen¬ 
cillamente  consignar  algunos  rasgos  generales  que 
marcan  las  etapas  del  camino  seguido,  y  demos¬ 
trar  cuán  injustos  son  los  desdenes  que  se  afectan 
al  hablar  de  cosas  que  frecuentemente  se  ignoran. 
Por  no  estar  en  la  gran  vía  del  movimiento  eu¬ 
ropeo,  los  españoles  son  verdaderamente  víctimas 
de  su  aislamiento  geográfico.  Hay  aquí  una  injus¬ 
ticia,  y  no  es  malo  de  vez  en  cuando  reclamar  en 
su  favor  un  poco  de  esa  atención  que  atraen  desde 
otras  partes  el  reclamo  y  el  ruido.» 

La  historia  de  nuestros  centros  de  enseñanza 
desde  la  escuela  de  Huesca  creada  por  Sertorio 
hasta  los  estudios  superiores  del  Ateneo,  la  expone 
concisa  pero  muy  completamente  el  autor,  enco¬ 
miando  el  carácter  de  la  enseñanza  en  las  escuelas 
árabes,  los  estudios  de  Sevilla  y  Toledo,  las  uni¬ 
versidades  y  colegios  españoles  de  enseñanza  libre, 
el  Museo  Pedagógico,  etc.,  etc.,  y  dedica  muy  ca¬ 
riñosos  elogios  á  nuestros  más  notables  catedrᬠ
ticos. 

Ruiz  de  Padrón  y  su  tiempo.  —  Introducción 
á  un  estudio  sobre  Historia  contemporánea  de  Es¬ 
paña,  por  Miguel  Villalva  Hervás. 

La  biografía  del  sacerdote  D.  Antonio  José  Ruiz 
de  Padrón,  nacido  en  Canarias  en  1757,  religioso 
franciscano,  notable  orador  sagrado  que  predicó 
el  catolicismo  en  Filadelfia  y  elocuente  diputado 
en  las  Cortes  de  Cádiz,  ha  servido  al  Sr.  Villalva 
Hervás  para  bosquejar  la  situación  de  España 


representante  en  Cuba  de  la  Cruz  Roja  norteamericana  y  encargada 
por  sus  compatriotas  de  repartir  socorros  á  I09  reconcentrados. 


de  la  digestión  se  hacen  bien  y  naturalmente.  La 
razón  es  que  la  acción  extraña  del  corazón  era 
ocasionada  por  la  presión  del  estómago  cuando 
éste  se  llenaba  del  gas  que  producía  el  alimento 
fermentado. 

El  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  está  de 
venta  en  todas  las  farmacias,  droguerías  y  ex¬ 
pendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del 
franco,  14  reales;  frasquito,  8  reales. 


extra,  de  inimitable  aroma  y  de  efectos  sorprendentes  y  deliciosos  para  curar  y  evitar  lo»  caia- 
rros  á  los  propensos  á  resfriarse,  friccionándose  á  diario  suavemente  el  pecho.  En  frasco-1,  far¬ 
macias  y  perfumerías.  Por  mayor,  M.  García,  Madrid  Por  medida  la  remite  su  autor  á  domicilio, 
franco  envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  5  pesetas  litro.  Desde  cuatro  litros,  á  4  pesetas. 


IEIIDAI  IÍIAC  JAQUECAS,  cí/ímfirM  en  si 

kUflHLUlHO estómago, histerismo,  todas  1a* 
¡enfermedades  nervioaaa  te  M/mmnrPDn  M  I CD 
con  las  pildoras  antlneurálgicaa  de/U  u  n  U  ll  I T  H 
3 francos.—  París, Farmacia,?,?,  ruédela  Mon  l'iO 


tiempo!  Citamos  un  caso  — uno  entre  miles. 

>La  señora  Mar  y  Cuddy,  de  Catherine  Street, 
28,  Richmond  Road,  Lceds,  hace  poco  que  contó 
á  una  amiga  la  historia  de  su  vida,  y,  entre  otras 
cosas,  dijo:  «He  sufrido  enfermedades  desde  que 
era  niña.  Siempre  he  tenido  dolores  antes  y  des¬ 
pués  de  comer,  y  no  parecía  que  podía  nunca 
adquirir  y  conservar  las  fuerzas,  sintiendo  algo 

3ue  me  aniquilaba.  Tenía  una  sensación  rara  y 
esagradable  en  el  estómago.  Algunas  veces  pa¬ 
recía  que  se  aliviaba  con  el  alimento,  y  otras  que 
se  empeoraba.  Por  lo  regular,  cuando  me  ofre¬ 
cían  alimento  no  podía  tocarlo,  y  frecuentemente 
me  desmayaba  nada  más  que  ae  verlo.  Al  cabo 
de  tiempo  me  puse  tan  débil  que  no  podía  estar 
de  pie  ni  andar.  Creí  que  poco  á  poco  me  iba  po¬ 
niendo  tísica,  y  tomé  toda  clase  de  medicinas 
para  aliviarme,  sin  tocar  resultado. 

»A  la  debilidad  y  falla  de  apetito  acompañaban 
síntomas  y  sensaciones  malas,  que  me  alarma¬ 
ban  mucho,  entre  otras  las  siguientes:  la  piel  y 
los  ojos  de  color  amarillento;  algunas  veces  su¬ 
dor  frío  y  pegajoso;  dolores  en  los  costados,  en  el 
pecho  y  en  la  espalda;  dolores  de  cabeza;  una  es¬ 
pecie  de  gas  que  me  venía  á  la  boca,  tan  agrio  y 
nauseabundo  que  no  se  podía  sufrir;  de  cuando 
en  cuando  unas  palpitaciones  ó  agitación  extra¬ 
ña,  que  me  hacían  creer  se  había  afectado  el  co¬ 
razón;  siempre  dormía  mal,  y  con  frecuencia  te¬ 
nía  sueños  horribles,  y  estaba  tan  melancólica  y 
falta  de  ánimo  que  apenas  gozaba  de  placer  al¬ 
guno.  Tenía  tan  pocas  tuerzas,  que  todo  lo  que 
podía  hacer  era  conservar  el  valor  necesario  para 
el  trabajo,  de  que,  al  menos  en  parte,  dependía 
el  sustento  de  mi  familia.  Soy  costurera,  y  puede 
usted  suponer  la  vida  de  trabajos  que  he  pasado, 


De  venta  en  l&s  oficinas  de  La  Ilustración 
Española  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


fwwwifa 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 


LA  REVALENTA  ARABIGA 

Jura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  di 


iisentería,  pituitas, 


^  gooilllio,  OtUllttB,  UIBCII UCI  I»,  JUIUJUIB, 

náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños. — Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


LA  FOSFATUVA  FALIER  ES  es  el  ali¬ 
mento  más  agradable  y  más  recomendado  para  los 
niños  de  6  á  7  meses  de  edad,  principalmente  en  la 
época  del  destete  y  en  el  periodo  del  crecimiento. 
Facilita  la  dentición  y  asegura  la  buena  jormación  de  los 
huesos.  Impide  la  diarrea  tan  frecuente  en  los  niño*. 

París,  Avenue  Victoria.  6,  farmacias. 


OBRAS  POETICAS 


VOCABULARIO 


DE  VENTA  EX  LA  ADMINISTRACIÓN  DE  El  TE  TEirÓDICO 

ARENAL,  18,  MADRID. 


TERMINOS  DE  ARTE 


Pesetas. 


ESCRITO  EN  FRANCÉS  POR  J.  ADELINE 

'R ADUCIDO,  AUMENTADO  CON  MÁS  DE  600  VOCES  Y  ANOTADO 


Alegría  (poema) . 

El  Holgad  ero.  (Segunda  parte  de  Ale¬ 
gría.  )  (Idem) . . . 

Fernando  de  Laredo  (ídem) . 

La  nina  de  Gómez- Arias  (ídem) . 

El  año  campestre  (ídem) . 

Toodorniro,  ó  la  Cueva  del  Cristo 
(idein) . «a . 


del  cuerpo  de  Archiveros,  Bibliotecarios  y  Anticuarios. 


Esta  importantísima  obra  reviste  particular  interés,  pues,  como  indica  su  título,  tiene 
oor  objeto  vulgarizar  los  conocimientos  artísticos,  definiendo  en  forma  concisa  y  clara  el 
ecn icismo  especial  de  las  Artes. 

El  Vocabulario  de  términos  de  Arte  es  un  elegante  volumen  en  4.°,  do  más 
le  500  páginas,  encuadernado  en  tela,  y  con  profusión  de  grabados  que  facilitan  extraor- 
linariamente  la  comprensión  del  texto.  Su  precio  de  venta  es  8  pesetas  en  toda  España. 
Los  Sres.  Subscriptores  á  La  Ilustración  Española  y  Americana  podran  adquirirlo  por  sólo 
1  pesetas  en  Madrid,  5  pesólas  en  provincias  y  6  pesetas  en  América  y  el  extranjero  (in- 
duso  franqueo  y  certificado,  en  estos  últimos  casos). 

.. Diríjanse  á  la  Administración  de  La  Ilustración,  Arenal,  18,  Madrid 


BOCA  Y  MUELAS 


Las  tiene  fuertes  y 


Las  tiene  fuertes  y  sanas ,  deliciosamente  per¬ 
fumadas  con  el  aroma  de  la  menta  y  de  la  rosa 
y  sin  dolor  alguno,  el  que  usa  á  diario  el  inmejo¬ 
rable  dentífrico  Licor  del  Polo  de  Orive. 
Frasco,  6  rs.  en  toda  farmacia  y  perfumería. 


CUENTOS,  POR  D.  JOSÉ  FERNÁNDEZ  BREION. 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración 
Española  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


Rcsorvadoc  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.— Establecimiento  tipolitográfloo  «  Sucesores  de  Rivadeneyrs» 
impresores  de  la  Real  Cobo. 


Digitized  by 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN, 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 


AÑO. 


ADMINISTRACIÓN: 

AREN  A  E,  18 


Madrid _ 

Provincias. 

Extranjero, 


12  pesos  fuertes. 


35  pesetas. 
40  id. 

50  francos. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 
Asia . 


10  pesetas. 

11  id. 

14  francos. 


Madrid  28  de  Febrero  de  1898, 


20  francos. 


Excmo.  Sr.  D.  SEGISMUNDO,  BERMEJO, 

MINISTRO  DE  MARINA. 

(De  fotografía  de  Franzen.)  «. 


Digitized  by  ^.ooQie 


11$  —  N  ®  VJ1I 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


28  Febrebo  1898 


SUMARIO. 


Texto.— Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bramón  -Nuestros 
grabados,  por  i».  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  El  xjübhco-...  mno  (O, 
por  D.  A?  Sánchez  Pórez.-La  nieve,  soneto,  por D.  ManueldeSan- 
doval.  —  Marina  norteamericana,  por  D.  A.  de  Caula.  — Por  ambos 
mundos.  Narraciones  cosmopolitas,  por  D.  Ricardo  Becerro^ de 
Bengoa—  Los  teatros,  por  A.— Sueltos.  —  Libros  presentados  á  esta 
Redacción  por  autores  ó  editores,  por  C.— Anuncios. 

G rabados.— Retrato  del  Exorno.  Sr.  D.  Segismundo  Bermejo,  mi¬ 
nistro  de  Marina.  —  El  Carnaval  en  Madrid :  Cesto  de  flores,  de  los 
Srea  Moreno  Carbonero  y  Muñoz  Legrara  La  tribuna  del  Juraao 
en  el  Obelisco  de  la  Castellana.  Carrozas  de  Baco  y  \  esta.  Bahra- 
qutn  romano.  Fiesta  ciclista. -  El  Carnaval  en  Barcelona:  Carro 
¿legórico  anunciando  el  Carnaval.  La  estudiantina  yalenciana  Paso 
de  la  cabalgata  artistico-industrial  por  la  Rambla  de  Cataluña. 
Fiesta  cioliSa.  en  el  Parque.  Fragmento  de  la  Rúa  en  la  Rambla, 
pi-imer  premio  concedido  á  la  sociedad  Antichs  Guerrers.  Palanquín 
chino  que  obtuvo  el  segundo  premio  en  la  gran  retreta  china  veri- 
Jlcada  el  martes  de  Carnaval. -Marina  de  guerra  española.  — Ma¬ 
rina  de  guerra  norteamericana.  —  Retrato  del  Excmo.  Sr.  D.  Lau¬ 
reano  Rodríguez,  ministro  de  Agricultura,  Industria  y  Comercra 
de  la  Isla  de  Cuba.— El  Carnaval  en  Cádiz:  Carroza  de  los  astros. 
Carroza  de  los  montañeses.  —  Retrato  del  almirante  Humano,  jefe 
de  la  escuadra  francesa  del  Mediterráneo  —Marina  de  guerra  fran¬ 
cesa*  El  acorazado  Brennus ,  buque  almirante  de  la  escuadra  del 
Mediterráneo.— Retrato  de  D.  Rafael  Torres  Campos,  comisario  de 
guerra,  nuevo  académico  de  la  Real  de  la  Historia. 


CRÓNICA  GENERAL. 


Real  decreto  que  da  por  terminadas 
á£wrPi  las  anteriores  Cortes,  y  convoca  otras 
lío  nuevas  para  el  25  de  Abril;  la  salida 
'\u.  del  acorazado  Vizcaya  de  las  aguas  de 
W(Í7í&S&  Nueva  York,  después  de  cumplidos 
sus  deberes  de  cortesía;  las  palabras  pa- 
WrcVyi  cíficas  del  discurso  de  Mac  Kinley  en  el 
ijlv  aniversario  de  Washington,  y  de  Mr.  Wood- 
ford  en  su  banquete  á  nuestro  nuevo  mims- 
«'  tro  en  los  Estados  Unidos,  Sr.  Polo  de  Berna¬ 
bé,  por  un  lado;  y  por  otro  la  baja  de  nuestros 
fondos  y  de  los  valores  norteamericanos,  y  los 
partes  alarmantes  y  belicosos  con  que  nos  han 
dado  la  mañana,  más  de  una  vez,  algunos  periódi¬ 
cos,  nos  han  llevado  alternativamente  de  la  espe¬ 
ranza  en  la  paz  á  la  inquietud  natural  que  se  sufre 
en  vísperas  de  un  grave  rompimiento. 

Nunca  ha  exportado  tantas  mentiras  la  prensa 
patriotera  de  los  Estados  Unidos,  ni  si  ha  burlado 
mejor  de  sus  lectores:  á  la  invención  de  los  torpe- 
dos,  que  no  se  podía  sosbaner,  para  explicar  el 
incendio  del  Matne ,  sucedió  la  de  un  plano  sub¬ 
marino  de  la  bahía  de  la  Habana,  que  habían  s  is- 
traído  del  archivo  de  nuestro  Congreso,  d  sparate 
tan  enorme  que  ha  hecho  reir  á  media,  España, 
luego  se  inventó  el  informe  de  la  comisión  técni¬ 
ca,  que  no  había  dictaminado;  y  de  todo  ello  sólo 
queda  la  certidumbre  de  que  existe  en  los  Estados 
Unidos  un  verdadero  partido  que  se  vale  de  todos 
los  medios  para  provocar  un  conflicto,  ya  real,  ya 
aparentí,  para  especular  con  una  baja.  Continua, 
pues,  el  peligro,  aunque  con  esperanzas  de  que 
prevalezca  la  razón. 


El  gran  acontecimiento  europeo  de  estos  días  ha 
sido  la  condenación  de  Zola  por  el  Jurado  á  un  año 
de  prisión  y  á  tres  mil  francos  de  multa.  «¡Cani- 
balesl  »  dijo  el  novelista  á  los  que  constituían  el 
tribunal  ó  aplaudían  su  veredicto.  Y  contestó  en 
coro  el  público  de  la  sala:  « ¡Viva  el  ejército!  ¡Viva 
Francia!  ¡Muera  el  difamador !»  El  pueblo  de  Pa¬ 
rís  no  se  limitó  á  repetir  con  entusiasmo  esos  mis¬ 
mos  gritos;  quiso  colgarle  de  un  farol.  Hubo  inter¬ 
pelación  en  el  Congreso,  y  el  Gobierno  tuvo  una 
imponente  mayoría,  acordándose  que  se  imPn" 
miese  y  fijase  en  los  sitios  públicos  el  discurso  del 
Presidente  del  Consejo,  honor  inusitado. 

La  verdad  es  que  no  esperábamos,  tras  la  arro¬ 
gante  acusación  de  Zola  y  la  seguridad  que  mani¬ 
festaba  en  el  buen  éxito  de  su  empresa,  la  pobreza 
de  pruebas  en  que  apoyaba  su  temeridad.  Si  ha  po¬ 
dido  defenderse  con  cierta  gallardía,  todo  se  lo 
debe  á  su  excelente  abogado  Mr.  Labori,  que  con 
su  habilidad  y  elocuencia  ha  sacado,  no  de  los 
testimonios  y  documentos  favorables,  sino  inte¬ 
rrogando  y  envolviendo  á  los  testigos  de  cargo, 
materia,  no  de  defensa,  sino  de  duda,  revolviendo 
y  escudriñando  todo  con  infatigable  astucia  foren¬ 
se.  Si  consideramos  además  que  Zola,  aparte  de  su 
pena,  ha  agravado  la  de  Dreyfus,  colocando  en  su 
prisión  dos  nuevos  cerrojos,  el  del  Jurado  y  el  del 
Congreso,  no  comprendemos  cómo  se  ha  metido 
y  ha  encerrado  á  su  protegido  en  ese  laberinto  sin 
salida,  por  lo  mismo  que  tiene  Zola  reputación  de 
estudiar  bien  sus  asuntos.  Acaso  pensemos  mal; 
pero  se  nos  figura  que  ha  confiado  con  exceso  en 
su  autoridad  como  escritor,  que  en  Francia  esos 
prestigios  se  habían  respetado  hasta  hace  algún 
tiempo,  y  en  la  fuerza  de  su  prosa.  Pero  fue  uno 
de  los  primeros  iconoclastas  como  crítico,  y  el 
mundo  de  las  letras,  tan  dividido  ó  más  que  el  de 
la  política,  no  reconoce  ya  inviolables:  ademas. 


saliéndose,  por  decirlo  así,  de  su  esfera,  la  literaria, 
había  tomado  partido  en  una  división  pública,  al¬ 
zando  la  peor  de  las  banderas  que  puede  enarbo¬ 
lar  un  hombre  en  días  de  agitación :  una  bandera 
impopular.  Otra  falta  ha  cometido ,  á  nuestro  en¬ 
tender:  la  de  la  violencia;  ha  querido  romper  con 
la  cabeza  una  muralla.  Y  no  ha  tenido  el  tacto  de 
escoger  la  oportunidad  más  adecuada  para  su  pro¬ 
pósito,  pues  todavía  estaba  abierta  la  herida  cau¬ 
sada  en  el  amor  propio  militar  de  los  franceses 
con  La  Débicle,  para  que  resultase  tenacidad  ofen¬ 
siva  al  sentimiento  nacional  su  nuevo  ataque  á 
uno  de  los  organismos  del  ejército. 

Por  otra  parte,  aunque  acusado  y  defensor  de 
Dreyfus,  toda  la  simpatía  que  hubiera  inspirado 
en  ese  concepto  á  las  almas  pías,  quedaba  obscure¬ 
cida  por  su  papel  de  acusador.  «\o  acuso»,  había 
dicho;  y  como  ante  un  tribunal,  compuesto  por  La¬ 
bori,  Zola  y  Clemenceau,  han  desfilado,  sufriendo 
c  irgos,  aguantando  sospechas  é  ironías,  generales, 
coroneles,  peritos.  ¿Y  en  qué  proceso?  en  el  que 
todas  esas  sospechas  y  dudas  se  recogían  por  taquí¬ 
grafos  y  se  difundían  por  la  prensa  y  el  telégrafo 
á  la  cinco  partes  del  mundo.  De  ios  cargos  con  que 
abrumaban  á  sus  víctimas  los  acusadores  en  tiempo 
de  Tiberio  y  de  Nerón,  sólo  han  quedado  algunas 
palabras  de  Tácito  ú  otros  historiadores.  De  ios 
insultos  que  se  han  dirigido  á  Esterhazv  y  las  som¬ 
bras  que  se  han  acumulado  contra  la  probidad  ó  la 
pericia  de  los  que  intervinieron  en  el  proceso  de 
Dreyfus  y  Esterhazy,  quedarán  en  millones  de 
ejemplares  hasta  el  murmullo  de  las  risas.  ¿Que 
extraño  tiene  qua  París  y  la  mayor  parte  de  Fran¬ 
cia  haya  respirado  y  enloquecido  al  ver  que  ter¬ 
minaba  aquella  innoble  y  prolongada  pesadilla? 

Y  nótese  que  en  nada  hemos  mezclado  á  ios  ju¬ 
díos.  Si  uno  de  ellos,  Mateo  Dreyfus,  fue  acusador, 
al  fin  y  al  cabo  defendía  á  su  hermano  y  la  honra 
de  su  casa;  y  si  existe  un  sindicato  que  paga  y 
promueve  esta  agitación,  no  nos  consta;  y  si  hay 
quien  compra  conciencias,  creemos  más  despre¬ 
ciable  al  que  se  vende,  y  nada  tendrían  que  ver 
lo  i  más  en  las  intr  igas  de  unos  pocos. 

Apartándonos  de  lo  que  se  murmura  y  no  se 
prueba,  se  nos  ocurre  preguntar:  ¿Había  previsto 
Zola  este  desenlace?  Su  apóstrofo  á  los  jurados 
nos  hace  creer  que  no.  ¿Se  resignará  con  su  ven¬ 
cimiento?  Su  carácter  y  su  altanería  inclinan  á 
suponer  lo  contrario:  el  que  se  ha  alabado  de  au¬ 
mentar  la  gloria  de  Francia  con  sus  cuarenta  to¬ 
mos  de  novela,  tratará  de  tomar  represalias.  Si 
tiene  enemigos  que  le  odian  y  llaman  el  nuevo 
Aretino,  y  sienten  náuseas  al  leer  ciertas  páginas 
de  sus  obras,  también  tiene  fanáticos  que  le  idola¬ 
tran  y  se  recrean  en  lo  más  bajo  de  sus  recursos, 
y  le  imitan  y  exageran,  y  son  capaces  de  contar 
la  nueva  era  desde  su  entrada  en  la  prisión.  No  es 
asunto  concluido,  aparte  de  la  apelación  que  ha 
entablado  y  no  es  probable  que  prospere. 

•  • 

— ¿De  qué  más  se  habla  en  estos  días? 

—  Pues  del  regicidio  frustrado  en  Grecia. 

—  Si  el  Rey  de  Grecia  se  ha  salvado,  ya  nada 
hay  que  hablar. 

— Déla  Pastoral  del  fcardenal  arzobispo  de  Va- 
lladolid,  Sr.  Cascajares.  Dicen  que  Su  Eminencia, 
acordándose  de  haber  sido  artillero ,  ha  hecho  un 
disparo  de  cañón  contra  todos  los  partidos. 

— Calledes  el  mormurante 
en  mal  hora,  que  no  en  buena; 
que  por  cualquier  niñería 
facéis  campaña  á  la  Iglesia. 

— Peor  es  hablar  del  motín  de  Salamanca  y  de 
la  carestía  del  trigo,  de  sacos  destripados,  gritería, 
cárceles  y  procesos. 

—  Mala  consejera  es  el  hambre. 

—  Cuando  es  verdadera,  la  tengo  por  fuerza  ma¬ 
yor  irresistible  y  eximente:  es  el  naufragio  del 
hombre  en  tierra.  También  se  habla  dé  las  acusa¬ 
ciones  que  dirige  El  Nacional  al  Sr.  Govín,  uno  de 
los  individuos  del  Gobierno  autonómico  de  Cuba. 

—  Sí;  ha  publicado  el  facsímile  del  final  de  una 
carta,  en  que  no  se  guarda  gran  respeto  al  Sr.  Sa- 
gasta;  pero  el  Sr.  Govín  lo.  atribuye  á  enemis¬ 
tades..... 

—  Hay  más;  se  le  acusa  de  ciertas  instrucciones 
dadas  á  un  negociador  con  los  rebeldes. 

_ No  siga  usted;  en  estas  acusaciones  hay  que 

oir  á  las  dos  partes.  De  otro  modo,  los  pleitos  ter¬ 
minarían  en  la  acusación. 

_ Pues  á  otra  cosa:  ha  causado  gran  sentimien¬ 
to  la  muerte  de  D.  Ensebio  Zuloaga. 

_ Con  razón:  fué  un  gran  cincelador,  y  creó  en 

Éibar  una  industria  artística  que  honra  á  nuestro 
país:  padre  de  una  familia  de  artistas,  maestro  de 
dos  generaciones,  premiado  en  las  principales  Ex¬ 
posiciones  extranjeras,  ha  muerto  á  los  noventa 
años  de  edad,  dejando  un  nombre  ilustre. 


— También  ha  muerto  el  pobre  Eduardo  Saco. 

—Tuvo  desgracia.  Chispeante  gacetillero  de  La 
Iberia  en  su  época  primera,  ingenioso  y  decidor, 
parecía  destinado,  con  el  triunfo  de  los  suyos,  á 
uua  carrera  brillante,  que  empezó  de  director  de 
la  Oaceta .  La  suerte  se  le  torció,  y  ha  muerto  obs^ 
curecido  y  olvidado.  Cuando  se  ha  visto  subir  a 
muchos  que  parecían  valer  poco,  y  estancarse  á 
otros  que  nacían  con  alas,  no  se  puedo  confiar  en 
la  fortuna. 

•  • 

Entre  las  fiestas  particulares  de  este  Carnaval, 
ha  sido  celebrado  con  justicia  el  baile  dado  por  el 
Embajador  de  Italia,  tanto  por  la  selecta  concu¬ 
rrencia,  como  por  la  originalidad  de  los  trajes  y 
riqueza  de  los  tocados.  Entre  las  muchas  ideas  fe¬ 
lices  qua  tuvieron  las  señoras,  fué  notable  la  de  la 
Srta.  Nadine  Radowitz,  hija  del  Embajador  de 
Alemania,  que  lucía  sobre  la  falda  un  caprichoso 
traje  de  sargento  de  la  Guardia  civil  que  realzaba 
su  hermosura.  Los  jefes  y  oficiales  de  aquel  cuer¬ 
po,  honrados  con  la  preferencia,  enviaron  á  la 
linda  y  aristocrática  alemana  una  cesta  de  flores 
con  una  dedicatoria,  en  que  se  envanecían  de  su 
alistamiento,  «aunque  no  había  cumplido  el  deber 
de  presentarse  á  sus  jefes,  de  que  la  eximen  en 
atención  á  su  gentileza».  No  nos  extraña:  á  los 
que  no  pertenecemos  á  la  Guardia  nos  consta  que 
si  ejerciese  realmente  la  Srta.  Radowitz  sus  fun¬ 
ciones  de  sargento,  todos  cometerían  delitos  para 
poder  ser  capturados. 

• 

•  • 

— Todos  te  felicitan  por  el  premio  obtenido. 
¿Te  le  han  dado  por  tus  estudios?  Siempre  fuiste 
aplicadísimo. 

— No  ha  sido  por  eso. 

— ¡Ya!  tú  recibiste  una  herida  en  la  guerra*.... 

—  No  adivina  usted. 

—  Comprendo:  la  obra  que  estabas  escribiendo 
lia  gustado. 

—  Me  han  premiado  en  estas  máscaras  por  ha¬ 
berme  disfrazado  de  animal. 


— Estos  italianos  son  tan  finos.....  es  tan  delica¬ 
da  su  ironía . 

— ¿Por  qué  lo  dice  usted? 

—Por  el  baile  del  Embajador  de  Italia.  En  sus 
invitaciones  á  la  sociedad  española  ha  rogado  á 
los  convidados  que  cada  cual  se  hiciera  una  cabe¬ 
za;  es  decir,  que  ninguno  se  presentase  con  la 
suya. 

— Maestro,  ¿  me  puede  usted  hacer  con  la  mía 
otra  cabeza? 

— Hay  tan  poco  material 

—  Aunque  sea  de  chorlito . 

— Cabeza,  no;  pero  le  puedo  hacer  un  puño  de 
bastón. 


—¿Qué  traje  es  ése?  Sombrero  gris,  pantalón  y 
gabán  grises. 

— Es  mi  color  favorito. 

—  Sólo  te  falta  una  cosa:  que  te  pongan  la  ce¬ 
niza  en  la  frente. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


EXCMO.  SR.  D.  SEGISMUNDO  BERMEJO, 
ministro  de  Marina. 

En  primera  página  publicamos  el  retrato  del 
Excmo.  Sr.  D.  Segismundo  Bermejo,  ministro  de 
Marina. 

Nació  en  San  Fernando  y  se  educó  en  el  célebre 
Colegio  de  San  Felipe,  de  Cádiz,  que  dirigían  don 
Alberto  Lista  y  Alcalá  Galiano,  y  á  los  catorce 
años  ingresó  en  el  Colegio  Naval,  embarcando  muy 
pronto  en  la  corbeta  Mazarredo ,  y  tal  aplicación 
mostró  que  ascendió  á  oficial  con  seis  meses  de 

^Sirvió  en  Cuba  y  Filipinas;  fué  después  profe¬ 
sor  en  el  Colegio  Naval,  y  mandando  sucesiva- 
mente  los  barcos  Santa  Filomena ,  Alerta ,  Fxz^ 
rrOy  Carmen  y  el  buque-escuela  Villa  de  Bilbaoy 
se  distinguió  siempre  como  jefe  de  gran  inteli¬ 
gencia,  profundos  conocimientos  y  excelentes 
dotes  de  mando.  En  el  Extranjero  estudió  y  trajo 
á  España  el  primer  material  de  torpedos  fijos  que 
tuvimos  y  el  de  los  automóviles,  en  cuyo  impor¬ 
tante  ramo  de  la  guerra  naval  moderna  tiene  una 
reconocida  competencia  entre  Jos  inteligentes* 


Digitized  by  ^.ooQie 


28  Febrero  1898 


n.°  vui  —  119 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


Mandando  de  capitán  de  navio  la  Escuela  de 
Torpedos,  oreó  y  dirigió  la  primera  división  de 
torpederos,  y  como  oficial  general  desempeñó  la 
Dirección  del  personal  en  el  Ministerio,  la  jefa¬ 
tura  de  E.  M.  de  la  Armada  y  la  jefatura  de  la  Es¬ 
cuadra  de  Instrucción. 

Posee  varios  idiomas  y  una  ilustración  general 
vastísima,  de  la  que  son  buena  prueba,  aparte  de 
sus  innumerables  trabajos  profesionales,  su  estu¬ 
dio  sobre  el  ataque  y  defensa  del  puerto  de  Carta¬ 
gena;  su  novela  El  Doctor  Juan  Pérez ,  por  el  es¬ 
tilo  de  las  de  Julio  Verne;  La  Tierra ,  boceto  cien¬ 
tífico,  y  su  obra  Fai,  impresiones  de  viaje,  escrita 
en  alemán  y  publicada  en  la  Deustche  Revue . 

• 

•  • 

EL  CARNAVAL  EN  MADRID. 

Las  fiestas  que  por  iniciativa  del  Sr.  Conde  de 
Romanones  han  dado  este  año  animación  al  Car¬ 
naval  madrileño  (pág.  120) ,  que  venía  muriendo 
por  consunción ,  han  logrado  seguramente  su  ob¬ 
jeto,  con  evidente  beneficio  del  comercio  y  gran 
complacencia  de  todos.  La  concurrencia  en  el  Pra¬ 
do,  la  Castellana  y  Recoletos  ha  sido  inmensa,  y  el 
espectáculo  de  la  cabalgata  y  la  batalla  de  flores 
resultó  brillantísimo. 

El  orden  en  que  se  formó  la  cabalgata  el  do¬ 
mingo  de  Carnaval  era  el  siguiente: 

Una  sección  del  Cuerpo  de  seguridad. 

Una  sección  de  la  Guardia  civil  de  á  caballo. 

Carroza  de  La  Primavera . —  Gran  cesto  de  flo¬ 
res  arrastrado  por  dos  bueyes  y  conduciendo  25 
mujeres,  cada  una  de  las  cuales  representaba  una 
flor  distinta. 

Obra  de  los  Sres.  Muñoz  Degrain  y  Moreno  Car¬ 
bonero,  resultaba  de  muy  buen  efecto  y  obtuvo 
general  aplauso. 

Dos  cuadrigas  romanas ,  construidas  por  los  her¬ 
manos  Gamelo,  arrastradas  cada  una  de  ellas  por 
cuatro  caballos,  dos  blancos  y  dos  negros. 

En  cada  una  iban  una  mujer,  representando  una 
matrona  ropaana,  y  un  guerrero.  Las  matronas  lle¬ 
vaban  en  la  mano  una  estatua  pequeña. 

Carroza  titulada  Culto  á  Bacoy  construida  por 
D.  Mariano  Benlliure.  —  Representaba  una  gran 
tinaja  etrusca,  sobre  la  cual  iba  el  dios  Baco.  En 
las  cuatro  esquinas  se  veían :  en  las  de  delante  dos 
jarrones  romanos,  y  detrás  dos  fuentes  también 
romanas. 

Iba  la  carroza  tirada  por  cuatro  bueyes,  en  lan¬ 
za,  y  conducía  12  mujeres  representando  á  las  ba¬ 
cantes. 

Carroza  titulada  Culto  á  V esta ,  construida  por 
Simonet  y  Marip  as.— Sobre  un  pedestal  se  alzaba 
una  estatua  de  la  diosa  Vesta;  delante  un  pedestal 
Tn¿R  bajo,  donde  ardía  el  fuego  sagrado.  En  las  es- 

S ninas,  cuatro  artísticos  pebeteros  pompeyanos. 

Rematando  las  cuatro  esquinas  de  la  base,  cuatro 
mascarones  representando  la  boca  ver  i f  as ,  donde 
los  romanos  depositaban  las  peticiones  dirigidas  á 
los  dioses. 

La  carroza  iba  conducida  por  cuatro  bueyes,  y 
llevaba  seis  mujeres  representando  á  las  vestales. 

Artístico  palanquín  conduciendo  á  Cleopatra 
lujosamente  ataviada. 

Escoltaban  á  la  Reina  de  Egipto  varios  soldados 
romanos. 

Cerraba  la  cabalgata  la  gran  carroza  del  Círculo 
Industrial. 

Sobre  la  plataforma,  adornada  con  atributos  de 
la  Industria,  se  elevaba  una  esbelta  chimenea  de 
fábrica. 

En  el  frente,  y  bajo  dosel  verde  y  oro,  iba  sen¬ 
tada  una  niña  representando  la  Industria. 

Delante  del  dosel,  ocupando  la  parte  anterior 
de  la  carroza,  una  máquina  de  imprimir,  Minerva, , 
que  tiraba  cromos  durante  el  trayecto,  y  detrás 
una  fragua  y  un  yunque  de  forjar,  en  el  que  tra¬ 
baban  cuatro  obreros. 

La  aglomeración  de  los  coches  impidió  que  lle¬ 
garan  á  colocarse  en  su  debido  lugar  otras  carro¬ 
zas,  entre  las  que  llamaron  justamente  la  atención 
las  siguientes : 

Sociedad  del  Veloz  Club. — Construida  por  el 
comandante  de  Artillería  Sr.  Souza;  representaba 
una  elegante  maceta  de  claveles,  encerrada  en  ar¬ 
tístico  cache-pot  de  porcelana. 

En  el  centro  un  hermoso  clavel  artificial ,  y  al¬ 
rededor  los  socios  del  Veloz,  con  disfraces  verdes 
y  grandes  claveles  en  la  cabeza,  iban  arrojando 
flores,  dulces  y  confetti. 

Sociedad  la  Oran  Peña. —  Los  pintores  escenó¬ 
grafos  Sres.  Bussato  y  Amalio  levantaron  con 
sumo  gusto,  sobre  la  plataforma  de  un  camión,  el 
fogón  de  una  cocina,  apareciendo  junto  al  pes¬ 
cante  un  gran  perol  que  contenía  flores. 

Los  socios  que  la  ocupaban,  disfrazados  de  mar¬ 
mitones  y  blandiendo  instrmpentos  de  cocina, 
iban  arrojando  flores  al  paso  de  la  carroza. 


De  ella  tiraban  ocho  caballos,  cubiertos  de  tela 
blanca,  con  gorros  de  marmitón  en  la  cabeza. 

Los  cuatro  jinetes  que  la  guiaban  vestían  del 
mismo  modo. 

Carroza  titulada  La  Perla  del  Turia. —  Dirigida 
por  un  periodista  de  aquella  región. 

Figuraba  una  enorme  perla  en  un  mar  formado 
de  gasas. 

Para  adornarla  se  han  traído  cerca  de  12.000  ca¬ 
melias  de  Valencia,  Murcia  y  Cartagena. 

En  la  parte  de  delante,  un  grupo  de  delfines; 
detrás,  una  parejita  de  niños  ricamente  vestidos 
de  valencianos. 

La  carroza  iba  tirada  por  seis  muías  enjaezadas; 
detrás  seguían  tres  parejas  valencianas  en  muías, 
representando  las  grupas  típicas  de  aquel  país. 

Blanco  y  Negro ,  el  popular  periódico  ilustrado, 
acudió  á  la  fiesta  con  una  gran  carroza. 

En  la  parte  anterior,  varios  redactores  y  cola¬ 
boradores,  vestidos  con  capuchones  florentinos  de 
los  colores  heráldicos  del  periódico,  arrojaban  flo¬ 
res  y  confetti. 

Aparecían  estar  en  la  redacción,  no  faltando  en 
el  adorno  de  la  balaustrada  tinteros  y  plumas  de 
gran  tamaño. 

Ocupaba  la  parte  posterior  una  inmensa  paleta, 
inclinada  de  suerte  que  pudieran  apreciarse  bien 
los  colores,  representados  por  lindas  niñas  con 
trajes  de  tul. 

Un  mazo  de  colosales  pinceles  completaban  el 
artístico  grupo. 

Detrás  tapaba  la  carroza  una  reproducción,  en 
gran  tamaño,  de  la  primitiva  portada  de  Blanco  y 
Negro. 

Una  casa  en  construcción.  —  Reproducía  una 
casa  de  cuatro  fachadas,  y  en  la  parle  superior  va¬ 
rios  alumnos  de  las  Escuelas  de  Ingenieros,  de 
Minas  y  de  Arquitectura,  vestidos  de  albañiles, 
simulaban  estar  trabajando  en  la  obra. 

La  Cuna. — Carroza  ideada  por  Mariano  Ben¬ 
lliure;  figuraba  una  cuna  colosal.  Dentro  de  ella 
iban  cuatro  máscaras  vestidos  de  niños  de  seis 
meses  con  el  biberón,  el  sonajero,  el  faldón  y  los 
zapatitos,  que  les  caracterizaban  á  maravilla.  Las 
caretas  eran  rostros  de  criaturas.  Al  través  de  és¬ 
tas  creía  la  gente  adivinar  las  fisonomías  de  Ma¬ 
riano  Benlliure,  de  Mariano  Luque,  del  Conde  de 
Garay..... 

Guiaba  la  carroza  un  ama  de  cría  con  lujoso  traje 
de  pasiega. 

Los  caballos  figuraban  perros  de  lanas. 

Merece  consignarse  igualmente  la  carretela  de 
doble  suspensión  con  tiro  á  la  Daumont  y  jinetes 
vestidos  á  la  postillona,  del  Sr.  Marqués  de  Tovar, 
cubierta  totalmente  de  preciosas  flores. 

Otro  pitter  figuraba  una  gran  cesta,  cuyas  flores 
eran  violetas  femeninas  muy  bien  ataviadas. 

Un  mail-coachy  adornado  con  hojas  y  flores,  del 
Dr.  Bussaca. 

Una  carroza  representando  á  Dante  en  el  in¬ 
fierno;  y  muchos  más  coches  adornados,  cuya  lista 
sería  interminable. 

Como  formaban  parte  del  Jurado  artistas  que 
han  sido  autores  de  carrozas,  no  obtuvieron  pre¬ 
mio  las  suyas,  y  fueron  adjudicados  en  la  siguiente 
forma: 

1. °  Estandarte  de  terciopelo  morado  con  galo¬ 
nes  de  oro  á  la  carroza  titulada  La  Cunay  del  se¬ 
ñor  Conde  de  Garay. 

2. °  Estandarte  en  forma  de  lira,  de  terciopelo 
azul  verdoso  con  galones  de  plata,  á  la  Daumont, 
guarnecida  de  flores,  del  Marqués  de  Tovar. 

3. °  Estandarte  amarillo  y  plata  al  carro  de  Los 
Cocineros  y  de  la  Gran  Peña. 

4. °  Estandarte  azul  claro  y  oro  al  carro  titulado 
Tiesto  de  claveles ,  del  Nuevo  Club. 

5. °  Estandarte  rosa  obscuro  y  oro  á  la  carroza 
de  Blanco  y  Negro. 

6. °  Estandarte  morado  y  oro  á  la  carroza  del 
Círculo  Industrial. 

7. °  Estandarte  granate  obscuro  y  oro  á  la  carro¬ 
za  La  Perla  del  Turia. 

8. u  Estandarte  morado  y  plata  al  coche  ador¬ 
nado  del  Dr.  Bussaca. 

9. °  Estandarte  de  raso  verde  y  oro  al  coche  de 
las  violetas. 

10. °  Estandarte  de  raso  granate  y  oro  á  la  ca¬ 
rroza  Dante  en  el  infierno. 

El  lunes  se  celebró  la  mascarada  ciclista,  á  pe¬ 
sar  de  lo  desapacible  de  la  tarde. 

Precedidas  por  cinco  Guardias  civiles  de  caba¬ 
llería,  partieron  del  Hipódromo  unas  40  máqui¬ 
nas  y  en  general  adornadas  con  gusto  y  novedad. 

Llamaba  en  primer  termino  la  atención  una 
gran  comparsa  del  Club  Velocipédico  Madrileño, 
que  representaba  Una  boda  fin  de  siglo. 

En  un  tándem  marchaban  los  novios.  Ella,  de 
blanco,  con  adornos  de  flor  de  azahar,  cubierta  por 
blanco  velo.  El,  de  smoking ,  sombrero  de  copa  y 
calzón  corto. 


Cubría  la  máquina,  que  iba  adornada  de  flores, 
un  artístico  dosel  de  margaritas  y  rosas  blancas. 

Detrás,  montados  en  bicicletas  y  vestidos  con 
mucha  propiedad,  seguían  los  padrinos,  elegante¬ 
mente  ataviados  de  negro,  y  á  continuación  el 
notario,  con  su  pupitre,  en  el  que  iba  extendien¬ 
do  el  acta  matrimonial;  tres  parejas  de  convida¬ 
dos,  un  cochero  con  su  fusta  y  un  lacayo. 

Bebé  et  nourrice  fin  de  siecle. — Equipo  de  tán¬ 
dem,  que  figuraba  una  cuna,  y  en  ella  un  niño,  al 
parecer  acostado,  por  la  ingeniosa  disposición  de 
los  adornos;  el  bebé  daba  al  pedal,  lo  mismo  que 
su  nodriza,  que  ocupaba  la  trasera  del  tándem. 

Pareja  de  escocesas. — Tándem  montado  por  dos 
señoritas  admirablemente  vestidas  á  la  escocesa. 

Equipo  de  clowns. — Tándem  montado  por  dos 
niños  de  cinco  años,  dos  diminutos  ciclistas  que 
saben  manejar  el  pedal  y  los  guías  con  extraordi¬ 
naria  habilidad.  La  máquina  iba  adornada  con 
flores. 

El  tren. — Formaba  este  grupo  una  máquina, 
tres  vagones  de  primera,  segunda  y  tercera  y  un 
furgón. 

Perro  de  aguas.  —  Bicicleta  adornada  y  mon¬ 
tada  por  un  joven  ciclista  disfrazado  de  perro  de 
aguas. 

Tándem  de  flores. — Equipo  engalanado  con  pro¬ 
fusión  de  flores  artísticamente  combinadas. 

Los  premios  se  otorgaron  por  unanimidad  de 
este  modo: 

Extraordinario,  consistente  en  100  pesetas:  Club 
Velocipédico  Madrileño,  por  su  comitiva  nupcial. 

Primer  premio. — Sres.  Capdevielle  y  Mose,  por 
su  tándem  de  la  cuna. 

Segundo. — Señoritas  escocesas. 

Tercero. — Tándem  de  niños. 

Cuarto. — «Veloz  Sport  Express». 

Quinto. — Perro  de  aguas. 

Sexto. — Tándem  de  flores. 

Los  premios  consistían  en  estandartes  de  raso 
de  diferentes  colores,  en  cuyo  centro  aparecían 
pintados  el  escudo  del  Ayuntamiento  de  esta  cor¬ 
te,  y  la  inscripción:  «Carnaval  de  1898. — Madrid. 
— Premio.» 

•  * 

EL  CARNAVAL  EN  BARCELONA. 

La  justa  fama  que  siempre  ha  tenido  el  Carna¬ 
val  en  la  capital  del  Principado,  se  ha  confirmado 
una  vez  más  en  las  artísticas  y  lujosas  fiestas  cele¬ 
bradas  este  año. 

Nuestro  grabado  de  la  página  121,  que  contiene 
varias  vistas  de  la  cabalgata  y  de  la  Rúa  que  en 
los  epígrafes  se  especifican,  da  clara  idea  de  la 
animación  y  vistoso  aspecto  de  la  fiesta. 

A  las  dos  de  la  tarde  del  domingo  se  puso  en 
marcha,  en  el  Teatro  del  Nuevo  Retiro,  la  cabal¬ 
gata  por  el  orden  siguiente: 

Tres  municipales  de  caballería;  pendones  anun¬ 
ciadores,  llevados  por  heraldos  montados  que  ves¬ 
tían  vistosas  dalmáticas;  un  coche  anunciador  del 
Corte  Parisiense;  la  giganta;  otro  coche  anuncia¬ 
dor  de  la  Academia  Martí ;  grupo  de  máscaras  y 
heraldos  á  pie  y  á  caballo,  con  trofeos  carnavales¬ 
cos;  la  banda  de  la  Casa  de  Caridad;  mascarada 
representando  el  modernismo,  en  la  que  había  ca¬ 
prichosos  y  originales  trajes;  caricatura  graciosa 
de  la  escuela  modernista;  y  terminaba  con  los 
quatre  gatsy  coche  anunciador  de  la  fotografía 
Clausolles,  representada  por  una  gran  máquina 
fotográfica;  carro  anunciador  de  la  casa  Mas-Bagá, 
fabricantes  de  puertas  de  acero  ondulado;  carro 
anunciador  de  una  colchonería  de  la  calle  de  Po¬ 
niente;  carro  de  la  farmacia  Kneipp;  carro  con¬ 
vertido  en  casa  rústica;  carro  de  Don  Quijote,  que 
obtuvo  el  primer  premio;  banda  municipal  del 
Niu  Guerrer;  carro  de  mudanzas  adornado;  el 
carro  del  Polichinela,  sentado  sobre  un  gran  cas¬ 
cabel  dorado  y  en  actitud  de  tocar  la  trompeta, 
muy  vistoso  y  artísticamente  ejecutado;  otra  ban¬ 
da  de  música;  el  coche  que  conducía  á  los  organi¬ 
zadores  de  la  fiesta,  y  los  guardias  municipales  que 
cerraban  la  marcha. 

La  cabalgata  dió  la  vuelta  completa  á  las  Ram¬ 
blas,  regresando  al  punto  de  partida,  y  al  pasar  la 
primera  vez  por  delante  del  Eldorado,  hizo  alto, 
para  que  el  Jurado,  situado  en  el  balcón  de  dicho 
teatro,  pudiera  juzgar  del  mérito  de  los  disfraces 
y  carros  adornados. 

El  martes  se  efectuó  la  retreta.  Poco  antes  de 
las  nueve  salió  del  Palacio  de  Bellas  Artes  por  el 
orden  siguiente:  Municipales  de  caballería;  heral¬ 
dos  con  pendones;  comparsa  de  moros  con  faroles 
japoneses;  banda  de  niños  tambores  de  la  Casa  de 
Caridad;  gran  farola  representando  el  globo  terrᬠ
queo;  faroles  de  capricho;  otra  farola  representando 
el  globo  terráqueo;  grupo  de  ciclistas;  automóvil 
del  Sr.  Bosch  convertida  en  góndola  é  iluminada 
con  luces  de  bencina  y  farolitos  de  colores;  carro 


Digitized  by  ^.ooQie 


1.  Cesto  de  flores,  de  los  Sres.  Moreno  Carbonero  y  Muñoz  Degrain.  -  2.  La  tribuna  del  Jurado  en  el  Obelisco  de  la  Castellana, 
3.  Carrozas  de  Baco  y  Vesta.  —  4.  Palanquín  romano.  —  5.  Fiesta  ciclista. 


(De  fotografías.) 


Digitized  by 


Google 


EL  CARNAVAL  EN  BARCELONA. 


i.  Carro  alegórico  anunciando  el  Carnaval. — 2.  La  estudiantina  valenciana. — á.  Paso  de  ia  cabalgata  artistico-industrial  por  la  Kambia  de  Cataluña. 

4.  Fiesta  ciclista  en  el  Parque. — 5.  Fragmento  de  la  Rúa  en  la  Rambla. 


(De  fotografías  de  D.  Juan  Furnells.) 


Digitized  by 


Google 


122’ —  n.#  vin 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


-  28  Febrero  1898 


con  la  máquina  fotográfica  de  la  casa  Clausolles; 
coche  de  la  Cruz  Roja;  banda  de  música;  carro 
anunciador  de  la  fotografía  Puig;  municipales  á 
caballo  del  Niu  Guerrer,  llevando  faroles  en  el  re¬ 
mate  del  casco;  la  banda  humorística  de  la  propia 
sociedad  parodiando  la  banda  municipal;  gran  fa¬ 
rola  del  Niu ;  comparsa  de  los  Antichs  Guerrera 
compuesta  de  unos  cincuenta  ó  sesenta  individuos 
montados  y  á  pie,  los  cuales  vestían  ricos  trajes  de 
gusto  chino;  gran  farola  china;  riquísimo  palan¬ 
quín,  en  el  que  iba  una  niña;  templete  de  Buda; 
la  banda  de  la  Casa  de  Caridad;  el  carro  de  Poli¬ 
chinela,  y  el  coche  de  la  comisión  organizadora. 

La  comparsa  de  la  sociedad  humorística  Les  An¬ 
tichs  Guerrers  obtuvo  dos  premios  del  Jurado,  y 
los  aplausos  del  público,  por  el  buen  gusto  y  acierto 
que  tuvieron  en  la  elección  de  los  trajes  y  por  el 
excelente  dibujo  del  palanquín,  del  templete  y  de 
las  farolas  que  exhibieron. 


en  1851  ingresó  en  el  Seminario  de  Túy,  donde 
hizo  varios  estudios  con  notable  aprovechamiento. 

No  sintiendo  la  vocación  verdadera  que  exige 
el  estado  sacerdotal,  dejó  el  Seminario,  vino  á 
Madrid  y  se  trasladó  después  á  la  Isla  de  Cuba, 
donde  se  dedicó  al  comercio;  fue  á  Méjico,  ingresó 
en  un  regimiento  de  tiradores  del  ejército  regu¬ 
lar,  tomó  parte  en  varias  acciones  de  guerra,  hasta 
la  entrega  de  la  ciudad  de  Méjico,  en  que  aban¬ 
donó  aquel  país ,  regresando  á  Cuba. 

Avecindado  en  la  Habana,  colaboró  en  varios 
periódicos,  desempeñó  varios  cargos  administra¬ 
tivos,  fundó  el  Centro  de  Comercio,  perteneció  á 
la  Junta  de  obras  del  puerto,  fué  vocal  de  la  Cᬠ
mara  del  Comercio  y  de  la  Junta  de  Aranceles,  y 
en  1890  contribuyó  poderosamente  á  la  constitu¬ 
ción  de  la  Liga  de  Comerciantes,  de  la  que  ha  sido 
presidente,  y  cuya  representación  ostentó  en  la 
información  del  régimen  mercantil  á  que  aspiraba 


mantas  granate  y  azul,  galoneadas  de  oro:  los  con¬ 
ductores  vestían  el  traje  de  los  dependientes  de 
tiendas  de*  vino. 

Representaban  á  Cádiz  y  á  Santander  dos  lin¬ 
das  jóvenes,  con  gran  propiedad  vestidas,  y  cuyos 
tipos  respectivos  eran  muy  á  propósito  para  re¬ 
presentar  ambas  comarcas.  Vestía  la  primera  traje 
rosa  y  lujoso  mantón  de  Manila,  celeste  y  crema, 
llevando  adornada  su  graciosa  cabeza  con  la  pei¬ 
neta  y  las  flores.  La  segunda  la  adornaba  con  pa¬ 
ñuelo  de  seda  azul  y  rojo  colocado  á  la  montañesa, 
y  lucía  un  lujoso  cerpiño  de  terciopelo  negro,  con 
cabos  rojos  sobre  el  camisolín  profusamente  bor¬ 
dado,  y  falda  obscura  festoneada  con  terciopelo 
negro. 

La  otra  carroza  es  la  llamada  de  Los  Asiros ,  de 
gran  originalidad  y  precioso  efecto. 

De  estilo  asirio,  representaba  un  bloque  de  gja- 
nito,  de  los  que  se  tallaban  para  las  construcciones 


PRIMER  PREMIO  CONCEDIDO  Á  LA  SOCIEDAD  CC ANTICHS  GUERREES  D. 


PALANQUÍN  CHINO  QUE  OBTUVO  EL  SEGUNDO  PREMIO. 


EL  CARNAVAL  EN  BARCELONA. — gran  retreta  china  verificada  el  martes  de  carnaval. 


(De  fotografías  de  D.  Juan  Furnells.) 


Los  grabados  de  esta  página  representan  dichos 
palanquín  y  templete. 

•  • 

MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA. 

En  nuestro  grabado  de  la  doble  página  124  y  125 
presentamos  agrupados  los  buques  protegidos  de 
nuestra  marina,  que  ya  conocen  los  lectores  de 
La  Ilustración  por  haberlos  descrito  separada¬ 
mente  en  otras  ocasiones. 

• 

•  • 

MARINA  DE  GUERRA  NORTEAMERICANA.— (Véan¬ 
se  las  págs.  124  y  125,  y  el  articulo  del  Sr.  Caula 
en  las  126  y  130.) 

•  • 

EXCMO.  SR.  D.  LAUREANO  RODRÍGUEZ, 
ministro  de  Agricultura,  Industria  y  Comercio  de  la  Isla  de  Cuba. 

El  ministro  de  Agricultura,  Industria  y  Comer¬ 
cio  en  Cuba,  D.  Laureano  Rodríguez,  cuyo  retrato 
publicamos  en  la  página  127,  nació  en  La  Guardia, 
provincia  de  Pontevedra.  Perteneciendo  á  una  fa¬ 
milia  de  posición  modesta,  sus  padres  quisieron 
que  siguiera  la  carrera  eclesiástica,  y,  en  efecto, 


Cuba,  realizada  ante  el  ministro  de  Ultramar  en 
aquella  época,  Sr.  Fabié. 

En  1891  fué  elegido  diputado  á  Cortes  por  la 
Habana,  y  en  1894  tomó  parte  por  primera  vez  en 
la  política,  decidiéndose  en  favor  de  las  reformas 
de  Maura  y  formando  parte  de  la  Junta  central 
del  partido  reformista. 

Ha  luchado  con  empeño  por  la  concesión  de  re¬ 
formas  económicas  á  Cuba,  y  por  sus  méritos,  por 
su  actividad  y  sus  servicios  al  país  ostenta  títulos 
honoríficos  que,  como  premio  á  su  patriotismo, 
le  han  otorgado  los  Gobiernos  de  la  metrópoli. 

• 

•  • 

EL  CARNAVAL  EN  CÁDIZ. 

Con  gran  animación  y  brillante  efecto  se  ha  ce¬ 
lebrado  el  Carnaval  en  la  bella  ciudad  llamada  con 
justicia  la  perla  del  Océano.  Ha  sido  muy  elogiada 
la  lucida  cabalgata  que  recorrió  el  domingo  las  ca¬ 
lles  principales,  y  en  la  cual  dominaba  la  nota  có¬ 
mica,  tan  adecuada  para  la  fiesta  de  Carnestolen¬ 
das  y  tan  propia  del  alegre  carácter  andaluz.  Entre 
las  carrozas  que  más  se  distinguieron  en  el  cortejo 
hemos  escogido  dos  de  las  principales,  que  en  la 
página  128  publicamos.  Es  la  primera  la  de  Los 
Montañeses ,  que  iba  tirada  por  seis  muías,  con 


de  la  época,  llevando  esculpidos  en  bajo  relieve  el 
toro  alado  de  Persépolis  a  ambos  lados,  y  otros 
emblemas  de  la  mitología  asiria. 

Sobre  el  carro  aparecen  el  Sol  y  la  Luna,  am¬ 
bos  enlazados  amorosamente  bajo  un  enorme  pa¬ 
raguas. 

A  sus  pies,  cuatro  estrellas,  prodigios  de  gusto 
y  elegancia  y  de  gran  riqueza. 

Las  cabezas  del  Sol  y  la  Luna,  cubiertas  por  ca¬ 
retas  de  latón  representando  esos  astros  de  oro  y 
plata,  producían  excelente  efecto. 

Los  caballos  que  arrastraban  el  carro  iban  en¬ 
jaezados  con  gualdrapas  y  arreos  de  época. 

• 

•  • 

EL  ALMIRANTE  BUMANN, 
jefe  de  la  escuadra  francesa  del  Mediterránea 

Con  sumo  gusto  publicamos  en  el  primer  gra¬ 
bado  de  la  página  129  el  retrato  del  almirante 
francés  de  la  escuadra  del  Mediterráneo,  Mr.  Hu- 
mann ,  con  ocasión  del  banquete  celebrado  á  bordo 
del  Brennusj  buque  insignia  de  aquella  tscuadra, 
en  honor  de  nuestros  marinos  los  comandantes 
del  Pelayo  D.  José  Ferrándiz;  de  la  Numancia 
D.  Julián  G.  de  la  Vega,  y  de  la  Victoria  D.  Sal¬ 
vador  Rapallo. 


Digitized  by  ^.ooQie 


28  Febrero  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n  •  viii  —  123 


Si  en  las  circunstancias  difíciles  y  críticas  es 
cuando  los  pueblos  aprecian  mejor  todo  lo  que 
significan  y  valen  las  pruebas  de  simpatía,  no  hay 
duda  que  en  los  actuales  momentos  causará  el  me¬ 
jor  efecto  en  los  corazones  españoles  este  cariñoso 
testimonio. 

Las  frases  con  que  el  almirante  Humann  ter¬ 
minó  susbrindi8,  al  que  siguió  la  Marcha  Real  es¬ 
pañola,  merecen  ser  reproducidas  textualmente. 

«Puede  afirmarse  sin  énfasis  que  las  manos  se 
tienden  por  encima  de  los  Pirineos,  y  los  corazo¬ 
nes  se  reúnen.  De  nna  y  otra  parte  descansan  con¬ 
fiadamente  en  el  cuidado  con  que  sostienen  el 
equilibrio  legal  de  los  intereses  el  gran  patriota, 
sabio  y  prudente,  investido  por  largos  años  con  la 
primera  magistratura  de  nuestra  República,  y  la 
egregia  señora  universaimente  respetada  y  que¬ 
rida  ,  princesa  por  el  corazón  como  por  la  sangre, 
que  pone  al  servicio  de  su  patria  adoptiva  el  pres¬ 
tigio  de  una  gracia  soberana  y  la  sagacidad  de  un 
espíritu  político  tan  viril  como  previsor.  A  ella, 
pues,  señores,  ¿  S.  M.  la  Reina  Regente  María 
Cristina,  deben  muy  respetuosamente  dirigirse 
los  votos  que  hacemos  por  la  prosperidad  de  Es¬ 
paña  y  la  perpetuidad  de  las  relaciones  fraternales 
que  unen  nuestras  dos  naciones.:» 

A  este  discurso  contestó  con  frases  no  menos 
elocuentes  y  cariñosas  el  comandante  del  Pelayo 
Sr.  Ferrándiz. 

Reciba  nuestro  cordial  saludo  lleno  de  grati¬ 
tud  el  Almirante  francés ,  y  sepa  que  colmaría 
nuestro  más  vivo  deseo  si  visitara  nuestros  puer¬ 
tos  del  Mediterráneo  la  escuadra  que  manda,  por¬ 
que  de  este  modo  podría  convencerse  aún  más 
del  aprecio  que  á  los  españoles  merece  la  nobilí¬ 
sima  conducta  de  la  marina  francesa. 

En  el  segundo  grabado  de  la  misma  página  pu¬ 
blicamos  el  hermoso  buque  almirante  de  la  es¬ 
cuadra  francesa  del  Mediterráneo,  el  Brennus ,  á 
bordo  del  cual  se  celebró  el  banquete. 

» 

•  * 

D.  RAFAEL  TORRES  CAMPOS, 

comida  rio  de  guerra,  nuevo  académico  de  la  Real  de  la  Historia. 

Nació  en  24  de  Abril  de  1853,  en  Almería.  Abo¬ 
gado  y  profesor  auxiliar  de  la  Universidad  de  Ma¬ 
drid,  entró  en  el  ejército  al  establecer  el  servicio 
militar  obligatorio  el  Gobierno  republicano  presi¬ 
dido  por  Castelar. 

Ayudante  de  profesor  en  la  Academia  de  Ad¬ 
ministración  Militar  al  terminar  la  carrera  y  ser 
promovido  á  oficial,  se  le  encargó  de  la  clase  de 
Geografía,  y,  siguiendo  la  dirección  que  representa 
el  libro  Geografía  histórico-militar  de  España ,  del 
sabio  general  Gómez  de  Arteche,  se  consagró  con 
predilección  á  este  estudio. 

Fué  profesor  de  la  Institución  libre  de  enseñan¬ 
za,  y  formó  parte  de  la  Asociación  para  la  ense¬ 
ñanza  de  la  mujer,  que  fundó  Castro  y  preside 
Ruiz  de  Quevedo. 

Al  reorganizar  los  ministros  Albareda  y  Riaño 
la  Escuela  Normal  Central  de  maestros,  obtuvo 
por  oposición  una  plaza  de  profesor  de  letras,  con¬ 
sagrándose  por  completo  á  la  enseñanza  femenina. 
Tomó  parte  en  el  Congreso  Pedagógico  de  1892 
como  vicepresidente  de  la  sección  de  enseñanza 
de  la  mujer  y  como  ponente. 

Secretario  de  la  Sociedad  Geográfica  desde  1879, 
y  en  relación  en  ella  con  Coello,  Saavedra,  el  ge¬ 
neral  Arroquia,  Fernández  Duro,  Botella,  Ferreiro 
y  otros,  pudo  recibir  el  influjo  de  estos  hombres 
ilustres,  trabajando  con  ellos  por  el  adelanto  y 
propagación  de  la  Geografía. 

Con  Coello  y  Costa  formó  parte  de  la  Sociedad 
de  Geografía  Comercial,  de  la  que  fué  secretario 
general,  y  les  ayudó  en  la  campaña  que  tuvo  por 
objeto  extender  los  dominios  de  España  en  Africa 
y  asegurar  el  enlace  con  nuestras  posesiones  de 
Malasia.  Al  morir  el  ilustre  Ferreiro,  fué  elegido 
secretario  general  perpetuo  de  la  Sociedad  Geo¬ 
gráfica  de  Madrid.  En  dicha  Sociedad,  en  el  Ate¬ 
neo,  en  el  Centro  del  Ejército  y  en  el  Fomento  de 
las  Artes,  ha  hecho  en  forma  de  conferencias  la 
mayor  parte  de  sus  trabajos  geográficos.  El  carác¬ 
ter  de  éstos  se  halla  definido  en  el  prólogo  del 
libro  Estudios  Geográficos  que  hizo  Coello.  Repre¬ 
sentando  al  Gobierno  y  á  las  Sociedades  de  Geo¬ 
grafía,  ha  tomado  parte  en  los  últimos  Congresos 
de  Ciencias  Geográficas  de  París,  de  Berna,  de 
Londres  y  de  Lorient,  recibiendo  con  este  motivo 
las  palmas  de  oficial  de  Academia  y  de  oficial  de 
Instrucción  pública  de  Francia,  y  concediéndose 
uno  de  los  tres  primeros  premios  que  tuvo  España 
en  la  Exposición  Internacional  de  Ciencias  Geo¬ 
gráficas  de  Berna  en  consideración  á  sus  trabajos 
y  á  los  del  profesor  Cossío.  Ha  sido  nombrado 

Írofesor  de  Geografía  moderna  en  la  Escuela  de 
¡studios  Superiores  del  Ateneo. 

Discípulo  de  Riaño  y  de  Ginés  de  los  Ríos  en 


Arqueología,  publicó  una  monografía  sobre  la  igle¬ 
sia  de  Santa  María  en  Lebeña  que  sirvió  para  dar 
á  conocer  uno  de  los  más  interesantes  monumen¬ 
tos  latino-bizantinos  que  hay  en  España,  siendo 
nombrado  académico  correspondiente  de  la  His¬ 
toria.  Estudió  con  el  profesor  Quiroga  la  gruta 
de  Altamira  al  ser  descubierta,  y  negó  el  carácter 
prehistórico  que  se  atribuía  á  sus  pinturas.  Ha  pu¬ 
blicado  trabajos  arqueológicos  sobre  el  Alto  Ara¬ 
gón  y  la  provincia  de  Santander.  En  la  serie  de  1 
conferencias  organizadas  por  el  Ateneo  para  so¬ 
lemnizar  el  Centenario  de  Colón,  figura  España 
en  California  y  en  el  Noroeste  de  América ,  consa-  , 
grada  á  comparar  históricamente  la  colonización 
española  y  la  anglo-sajona,  y  á  poner  en  relieve  las 
glorias  de  aquélla  y  la  inestimable  y  humanitaria 
obra  de  nuestros  misioneros  de  California. 

En  consideración  á  sus  trabajos  en  Geografía  y 
Arqueología,  la  Real  Academia  de  la  Historia  le 
ha  elegido  su  individuo  de  número  en  la  vacante 
de  D.  Luis  Vidart. 

Entre  las  corporaciones  extranjeras  que  le  cuen¬ 
tan  en  su  seno  como  correspondiente,  figuran  el 
Instituto  de  Coimbra,  la  Comisión  permanente 
Internacional  de  Protección  á  los  Emigrantes,  la 
Sociedad  de  Geografía  Comercial  de  París  y  la 
Sociedad  de  Geografía  de  Lille. 

La  mayor  parte  de  sus  servicios  militares  los  ha 
prestado  en  la  Academia  del  Cuerpo,  en  la  Junta 
Consultiva  de  Guerra  y  en  la  Junta  Facultativa  de 
Administración  Militar.  Fué  comisionado,  en  unión 
de  Amorós,  para  formar  el  mapa  económico  del 
territorio  nacional,  que  se  propuso  llevar  á  cabo, 
como  director  de  Administración  militar,  el  ge¬ 
neral  Salamanca;  asistió  á  las  maniobras  militares 
del  ejército  suizo,  en  1891,  para  estudiar  los  servi¬ 
cios  administrativo-militares,  y  representó  al  Mi¬ 
nisterio  de  la  Guerra,  en  unión  del  comisario  Que¬ 
vedo,  en  la  Exposición  Internacional  de  Subsis¬ 
tencias  Militares  de  Viena,  obteniendo  en  ella  una 
medalla  de  mérito.  El  resultado  de  sus  estudios 
hechos  >en  estos  viajes  ha  podido  utilizarse  para 
la  reglamentación  y  adopción  de  nuevos  modelos 
para  el  servicio  administrativo  de  campaña. 

Está  condecorado  con  tres  cruces  del  Mérito  Mi¬ 
litar  de  primera  clase,  dos  de  ellas  por  trabajos 
científicos,  y  con  otras  de  segunda  clase  pensio¬ 
nadas,  en  premio  también  de  publicaciones.  Da¬ 
mos  su  retrato  en  la  página  132. 

Carlos  Luis  db  Cuenca. 


EL  PÚBLICO .  NIÑO  (?) 


w£\/?^Vn  escritor  discretísimo  y  además  bien 
intencionado,  circunstancias  muy  re- 
f&S  /  comen  dables  ambas  á  dos  y  que — ¡ay! 

— rara  vez  van  juntas,  el  Sr.  D.  Da- 
niel  Collado,  ha  discurrido  un  medio 
^ ¡  para  procarar,  y  aun  conseguir,  la  des- 
aparición  del  género  malo  en  literatura. 

Si  el  procedimiento  que  propone  el  inge- 
§  niosísiaio  inventor  prospera  y  obtiene  buen 
éxito,  y  si  luego  puede  ser  aplicado  con  algunas 
modificaciones  á  todo  lo  demás  (porque  en  el  mun¬ 
do  no  hay  solamente  literatura,  aunque  bastantes 
literatos  se  lo  figuren),  convengan  ustedes  con¬ 
migo  en  que  el  descubrimiento  será  el  más  prodi¬ 
gioso  de  cuantos  hallaron  hasta  hoy  los  muchos 
inventores  que  en  el  mundo  han  sido. 

No  me  parece  mal,  antes,  por  el  contrario,  me 
parece  perfectísimamente  lo  propuesto  per  el  se¬ 
ñor  Collado,  por  lo  menos  en  su  plausible  propó¬ 
sito;  pero  abrigo  serios  temores  sobre  la  eficacia 
de  la  panacea,  aunque  se  prescinda,  y  no  es  poco 
prescindir,  de  las  dificultades  que  á  su  aplicación 
se  opusiesen. 

Pero  como  puede  suceder  que  esté  yo  equivo¬ 
cado — y  bien  sabe  Dios  que  celebraría  estarlo, — 
expondré  lisa  y  llanamente  la  teoría  de  mi  bon¬ 
dadoso  amigo  y  distinguido  compañero  Sr.  Colla¬ 
do,  para  que  mis  lectores  puedan  por  sí  mismos 
analizarla  y  discutirla. 

El  Sr.  Collado,  en  un  artículo  muy  ingenioso  y 
muy  bien  escrito,  como  todos  los  suyos,  se  pre¬ 
gunta  á  sí  mismo: 

«¿Debe  procurarse  por  todos  los  medios  lícitos 
la  desaparición  del  género  malo?* 

,  Y  se  responde  á  sí  mismo  también:  «Sí.» 

Y  acerca  de  esto  sí  que  habrá  uniformidad  de 
pareceres.  Que  debe  procurarse  la  desaparición  del 
mal  nadie  lo  niega,  y  justamente  á  eso  aspiramos 
todos  y  en  todo. 

Pero  el  articulista  continúa  preguntándose: 

«¿Puede  conseguirse  esa  desaparición?» 

Y  también  se  responde:  «Sí.» 


Y  esto  es  lo  que  ya  no  me  parece  tan  evidente, 
y  lo  que,  de  seguro,  hallarán  dudoso,  por  lo  me¬ 
nos,  la  mayor  parte  de  los  lectores. 

Escritor  tan  inteligente  y  tan  razonable  como 
el  Sr.  Collado  no  podía  incurrir  en  el  error  (que 
error  habría  sido,  y  muy  craso)  de  aventurar  tan 
categórica  y  tan  rotunda  afirmación  sin  aducir 
pruebas  y  razonamientos  que  la  justificasen,  y  aquí 
entra  lo  discutible  y,  á  mi  parecer,  lo  dificultoso 
del  procedimiento. 

«La  Prensa — dice  el  señor  Collado — es  el  guía 
que  marca  á  la  opinión,  á  la  gran  masa,  los  derro¬ 
teros  que  debe  seguir,  y,  por  regla  general,  esa 
masa,  esa  opinión  sigue  el  camino  que  la  Prensa 
le  indica.» 

Volveré  sobre  esta  premisa;  pero,  por  de  pron¬ 
to,  la  admito  para  no  entorpecer  el  razonamiento 
del  preopinante. 

El  cual  preopinante  prosigue  su  ingeniosa  argu¬ 
mentación  en  esta  forma: 

«Pues  bien;  con  que  los  directores  de  cuatro 
ó  seis  periódicos  de  Madrid  quisieran  ponerse  de 
acuerdo,  en  bien  del  arte  y  en  bien  del  público, 
el  mal  género  teatral  sufriría  un  golpe  rudo  en 
plazo  breve.» 

Por  las  antedichas  razones  acepto  también  sin 
analizarla,  por  ahora,  esta  segunda  premisa,  acerca 
de  la  cual  pienso  decir  algo  más  adelante. 

El  articulista,  después  de  evocar  el  recuerdo  de 
una  cuestión  dilucidada  y  resuelta  entre  algunos 
revisteros  de  toros  y  unos  toreros,  agrega: 

«Unanse,  y  hasta  juraméntense  si  lo  creen  ne¬ 
cesario,  y  tomen  el  acuerdo  do  no  dar  cuenta  del 
estreno  de  ciertas  obras,  y  ya  verán  cómo  los  au¬ 
tores  que  tengan  condiciones  se  enmiendan,  y  los 
que  de  ellas  carezcan  dejan  de  escribir.» 

El  señor  Collado,  al  llegar  aquí,  tiene  la  bon¬ 
dad — que  nunca  le  agradeceré  lo  que  ella  merece — 
de  sacar  á  plaza  mi  nombre;  y  presumiendo  que 
el  procedimiento  por  él  imaginado  va  á  parecer- 
me  (y  en  efecto  me  lo  parece)  excesivamente  au¬ 
toritario,  casi  dictatorial,  me  dice: 

«Pero  voy  á  contestarle,  curándome  en  salud, 
que  también  hay  niños  que  piden  ciertas  golosi¬ 
nas,  y  sin  embargo  no  se  las  dan,  para  evitarles 
una  indigestión. 

»Figurémonos,  pues,  que  el  público  es  un  niño, 
y  hagamos  lo  posible  para  que  no  se  le  sirvan 
ciertos  manjares  teatrales  que  son  indigestos,  muy 
indigestos;  pongamos  todos  de  nuestra  parte  lo 
que  podamos  para  hacer  algo  práctico  en  esta 
cuestión,  y  si  no  nos  decidimos,  dejemos  vivir  en 
paz  á  ciertos  autores,  y  ruede  la  bola.» 

Creo  que,  en  definitiva,  vendremos  á  parar  en 
eso;  que,  después  de  todo  y  bien  examinado  el 
asunto,  es  lo  mas  natural,  y  por  consecuencia  lo 
más  sepcillo. 

Porque  es  necesario  fijarse  en  que  el  remedio 
imaginado  por  el  escritor  aludido  para  la  desapa¬ 
rición  del  género  malo  lleva  envueltos,  no  obs¬ 
tante  su  aparente  sencillez,  varios  trascendenta¬ 
les  problemas. 

Y  ahora,  reproducidos  sin  comentarios  ni  obser¬ 
vaciones  los  párrafos  del  trabajo  suficientes  á  dar 
idea  de  lo  que  hay  en  él  de  sustancioso,  me  pa¬ 
rece  que  ha  llegado  la  oportunidad  de  volver  so¬ 
bre  las  premisas,  provisionalmente  y  sub  condi - 
tione9  aceptadas. 

Establécese  en  la  primera  que  «la  Prensa  marca 
á  la  gran  masa  los  derroteros  que  ha  de  seguir»,  y 
hay  quien  opina  (y  no  sin  fundamento)  que  su¬ 
cede  precisamente  lo  contrario;  es,  á  saber,  que  la 
opinión,  la  gran  masa,  marca  y  determina  los  de¬ 
rroteros  que  ha  de  seguir  la  Prensa.  Ecos  de  la 
opinión  se  llaman  los  periódicos,  no  sus  guías;  ser¬ 
vidores  del  público  aspiran  á  ser,  no  sus  maestros; 
á  dar  gusto  a  las  masas  tienden,  no  á  dirigirlas;  y 
justamente  el  secreto  de  la  mayor  ó  menor  circu¬ 
lación  de  un  diario  radica  en  la  mayor  ó  menor 
habilidad  de  quien  lo  dirige  y  de  quienes  le  redac¬ 
tan  para  halagar  á  la  mayor  parte  de  los  lectores. 

Esta,  pues,  si  no  en  absoluto  negada  la  primera 
premisa,  puesta  en  tela  de  juicio  cuando  menos. 

Y  paso  á  examinar  la  segunda,  en  la  cual  se 
contiene  otra  cuestión  no  menos  importante,  ni 
menos  discutible. 

Si  cinco  ó  seis  periódicos  de  Madrid  se  jura¬ 
mentan  para  no  dar  cuenta  del  estreno  de  ciertas 
obras,  ¿dejará  el  público  de  ir  á  verlas? 

No,  no,  mil  veces  no.  Si  la  obra  le  gusta,  si  le 
ofrece  atractivos  (no  importa  de  qué  clase),  si  le 
hace  sentir  mucho  ó  le  divierte,  el  público  irá  á 
verla  á  pesar  del  silencio  de  los  diarios. 

Admito,  no  obstante,  para  ser  condescendiente 
por  completo,  que  la  conjuración  del  silencio  tra¬ 
mada  contra  ciertas  obras  tuviera  eficacia:  ¿sería 
posible  que  los  periodistas  convenidos  y  jura¬ 
mentados  estuviesen  siempre  de  acuerdo  en  la  de¬ 
signación  de  esas  ciertas  obras? 

Porque,  señores  juramentados  (en  hipótesis),  la 


Digitized  by  ^.ooQie 


Colón. 


) 

t 

I 


Vitoria.  Vdano.  Oquendo. 

MARINA  DE  GUER: 


Kearsarge. 


Columbio. 


Brooklyn. 


Xrirark. 


Baltimore. 


Atalanta. 


/ 


MARINA  DE  GUERRA 


DIBUJOS  DE 


Digitized  by 


Google 


É 


María  Teresa.  Alfonso  XII,  Carlos  V,  IsladeLuzón.  Marqués  de  la  Ensenada.  Cardenal  Cisnfros.  Isla  de  Cuba.  Xu  manda. 


Vizcaya.  Audaz.  Osado.  Terror .  Furor » . 

RA  ESPAÑOLA. 


Benningtun  Bancroft. 


Olympia.  X ’eicark. 


Castine.  Minneapoli 


Texas .  Cushlng.  Indiano. 

ORTEAMÉRÍCANA. 

JAULA 


Digitized  by 


126  —  n.»  vm 


LA 'ILUSTRACION  ’  ESPAÑOLA  Y  ÁMÉ^tlCA^A  " 


28  Febrero  1898 


cosa  tiene  más  importancia  y  más  dificultad  de  lo 
que  parece. 

¿Qué  ciertas  obras  habían  de  ser  las  condenadas 
á  esa  especie  de  ostracismo  periodístico? 

A  esta  pregunta  no  puede  contestarse  satisfac¬ 
toriamente,  diciendo:  « Las  del  género  malo»,  por¬ 
que  no  hay  género  que  sea  malo  per  se;  hay  obras 
buenas,  y  obras  malas,  y  obras  medianas  (estas 
son  las  que  más  abundan);  pero  género  bueno  y 
género  malo  no  los  conozco,  ni  creo  que  los  co¬ 
nozca  nadie. 

Por  ventura,  ¿había  de  imponerse  esa  pena  de 
desdén  sistemático  á  determinados  autores? 

No  oreo  que  ese  absurdo  haya  pasado  siquiera 
por  la  mente  á  escritor  tan  discreto  y  tan  amante 
de  la  justicia  como  el  Srj  Collado. 

¿Quiénes  serían  y  qué  idea  darían  de  sus  facul¬ 
tades  anímicas  los  periodistas  que,  previamente  y 
sin  apelación,  dijesen:  «Todas  las  obras  de  los 
autores  Fulano,  Mengano  y  Zutano,  sean  como 
fueren,  las  diputamos  desde  ahora  por  malas,  y 
por  ende ,  nada  diremos  ni  escribiremos  acerca  de 
las  que  en  lo  sucesivo  lleven  al  teatro?» 

Si  el  anatema  no  podía  lanzarse  sobre  el  género, 
ni  sobre  los  autores,  claro  está  que  había  de  ser 
casuístico,  y  no  a  prior  i;  solamente  después  de 
cada  estreno  podría  decidirse  si  la  obra  estrenada 
merecía  ó  no  merecía  la  honra  de  la  crítica.  Sería 
necesario,  por  consiguiente,  que  una  vez  termi¬ 
nada  la  representación,  celebrasen  consejo  los 
periodistas  juramentados  para  absolver  ó  conde¬ 
nar  la  nueva  obra. 

'  ¿Estarían  siempre  conformes  los  críticos?  Lo 
probable,  lo  casi  seguro,  es  que  no  lo  estuviesen 
nunca.  No  hay  probabilidad,  ni  aun  remota,  de 
que  el  criterio  de  uno  fuese  idéntico  al  de  otro. 
El  'de  éste  sería  amplio,  estrecho  el  de  aquél. 
Desde  el  que  se  asustase  de  La  Vida  es  Sueño  y 
de  Don  Alvaro ,  por  ejemplo,  porque  en  esos  dra¬ 
mas  aparecen  actrices  con  trajes  de  hombre  y  en¬ 
señando  las  piernas,  hasta  el  que  hallara  inocente 
y  aceptable,  como  trabajo  artístico,  la  m&s  porno¬ 
gráfica  de  las  apoteosis¡.de  una  zarzuelita  al  uso, 
habría  tantos  matices  de  opinión  como  individuos 
formasen  aquella  especie  de  Tribunal  Supremo 
literario. 

Y  todo  ¿para  qué?  Para  que  el  público  siguiera 
favoreciendo  con  su  asistencia  los  teatros  en  que 
hallaba  diversión  ¡y  esparcimiento ,  más  ó  menos 
honestos  y  menos  ó  mas  cultor  ^  •'  ** 

No  puedo  figurarme  que  el  público  sea  niño; 
me  parece,  por  el  contrario,  que  es  ya  mayorcito 
de  edad.  Pero  si,  en  efecto,  fuese  niño,  como  ase¬ 
gura  mi  estimado  compañero  el  Sr.  Collado,  ¿quién 
tiene  derecho  á  erigirse,  auctoritate  jtrojrria ,  en 
su  tutor  ó  curador  ó  maestro? 

Yo,  individuo  ayer  de  esa  colectividad  que  se 
llama  público;  yo,  parte  casi  insignificante  de  ese 
niño  que  pide  golosinas  y  busca  manjares  indiges¬ 
tos,  soy  admitido  de  la  noche  á  la  mañana,  por 
obra  y  gracia  de  eficaz  recomendación  de  un  ami¬ 
go  ó  por  benevolencia  de  un  compañero,  en  la  re¬ 
dacción  de  un  periódico,  y  por  este  solo  hecho 
quedo  oonvertido  en  maestro ;  ya  puedo  marcar  á 
la  opinión  los  derroteros  que  ha  de  seguir;  ya  ten¬ 
go  aptitudes  para  hacer  de  un  Pedro  Recio  de  Tir - 
teafuera ,  y  decirle  al  público,  entre  el  cual  estuve 
hasta  ayer:  «Come  esto;  no  comas  eso;  no  gustes 
de  lo  demás  allá.» 

¡Niño  el  público! 

¡Buena  niñez  te  dé  Dios,  por  cierto!  Pues,  hom« 
bre,  si  el  público,  si  la  muchedumbre  suele  saber 
rufa  y  ver  más  claro  y  sentir  más  hondo  que  todos 
los  artistas  y, todos  los  sabios  del  mundo! 

¿Que  las  multitudes  yerran  á  veces?  ¿Quién  lo 
duda,  ni  quién  lo  niega?  Se  equivocan  en  muchas 
ocasiones; «pero  ¿acaso  no  se  equivocan  también 
los  individuos?  No  parece  sino  que  esos  maestros 
que  quiere  nombrar  mi  buen  amigo  el  Sr.  Collado 
serían  infalibles.  No;  se  equivocarían  muchísimas 
veces.  Ahora,  si  se  me  dice  que  las  equivocaciones 
de  las  masas  tienen  ó  pueden  tener  más  terribles 
consecuencias,  reconoceré  y  declararé  que  es  exac¬ 
to;  pero  haciendo  observar  cómo  es  también  exacto 
que  los  aoiertos  de  las  muchedumbres  tienen  gran~ 
diosos  resultados.  Está  compensado  todo. 

Y  esto  que  pienso  y  digo  refiriéndome  á  toda 
clase  de  muchedumbres,  tiene  más  fuerza  cuando 
se  trata  de  las  multitudes  que  asisten  al  teatro,  en 
las  cuales  hay  que  reconocer  afición  y  tendencias 
reveladoras  de  cierta  cultura  intelectual  y  de  al¬ 
guna  delicadeza  de  sentimientos. 

Y  no  hablemos  de  los  sabios,  de  los  doctos,  de 
los  entendidos  en  otras  ramas  del  saber,  ya  que 
no  precisamente  en  literatura,  que  habrá  (y  hay 
siempre)  entre  los  espectiadores.^odas  esas  inteli¬ 
gencias  cultivadas  forman  un^nivel  intelectual,  un 
promedio  de  aptitud  muy  superior  (de  ordinario) 
a  la  inteligencia  y  á  la  aptitud  del  'más  erudito  de 
los  maestros. — Por  eso,  a  mi  juicio,  y  salvo  mejor 


parecer,  el  procedimiento  ideado  por  el  articulista 
de  La  Ilustración  Nacional ,  sobre  ser  impractica¬ 
ble,  no  habría  de  dar  el  resultado  apetecido.  Al  fin 
y  á  la  postre,  si  de  lo  que  se  trataba  era  de  impo¬ 
ner  un  veto  á  las  obras  malas  ó  peligrosas ,  más 
sencillo  era  y  más  breve  y,  sobre  todo,  más  hace¬ 
dero,  restablecer  la  censura  de  teatros. 

A.  SÁNCHEZ  PÉREZ. 


Xj-A.  nieve. 


SONETO. 

Bajando  en  copos  desde  el  alto  cielo, 

La  nieve,  silenciosa  y  persistente, 

Despliega  sus  cendales  lentamente 
Sobre  los  campos  que  endurece  el  hielo. 

Ciñe  su  blanco  y  esponjoso  velo, 

Como  un  manto  de  armiño,  la  vertiente, 

Y  se  mancha  en  el  fango  pestilente, 

Al  arrastrar  sus  orlas  por  el  suelo. 

Y  en  la  anchurosa  y  solitaria  plaza 
Sus  congelados  copos  apelmaza 
Sobre  la  estatua  colosal  y  erguida, 

Y  su  esbelto  contorno  desfigura, 

Cuál  si  otra  vez  la  clásica  escultura 
Volviera  al  bloqueado  que  fué  extraída. 

Manuel  dé.Sanpoval. 


MARINA  NORTEAMERICANA. 


¿r  ACE  diez  años,  los  Estados  Unidos  no 
r-  teníaR  marina:  se  contentaban  con  re- 
juvenecer  los  viejos  monitores,  cons- 
tra^08  cuando  la  guerra  de  secesión. 

*  IfcipyTVy  Todos  fueron  provistos  de  máquinas 
v  fiáJjÍK  nuevas^ -incluso  el  > Miantonomoh  y  el 
Monadnock,  que  son  de  hierro  y  ma- 

Más  tarde,  adoptaron  los  planos  de  los  cru- 
▼  ceros  ingleses:  los  del  Baltimoi'e  y  el  Phi - 
ladelphia  se  los  procuró  el  gran  constructor  White. 

En  1889  emprendieron  la  construcción  de  aco¬ 
razados,  copiándolos  'del  Citadel-Bhip;  construido 
nueve  años  antes.'Desde  entonces,  los  americanos 
empezaron  á  preocuparse  en  aumentar  su  poder 
naval. 

Reorganizaron  los  arsenales  del  Estado,  que 
son:  en  el  Atlántico,  el  de  Brooklyn  ó  New  York, 
y  el  de  Norfolk  en  Portsmouth;  en  la  costa  del 
Pacífico  el  de  Mare-Island,  y  recientemente  se 
creó  el  de  Port-Orchand  en  Brambridge.  Los  de 
Philadelphia  y  Boston  están  dedicados,  el  uno 
exclusivamente  á  carenas,  y  á  suministrar  cade¬ 
nas  y  anclas  el  otro. 

Instalaron  en  toda  la  costa  de  la  República  infi¬ 
nidad  de  talleres  para  reparar  averías  de  poca  im¬ 
portancia;  y  almacenes  de  efectos  navales  y  de¬ 
pósitos  de  carbón,  víveres  y  municiones,  en  los 
puertos  de  New  London,  Port-Royal,  New  Oskant, 
Hampton,  Roads  y  Key-West. 

Los  astilleros  particulares,  como  sucede  ahora 
entre  nosotros,  tienden  á  monopolizar  los  encar¬ 
gos  oficiales;  y  los  de  Philadelphia,  Boston,  San 
Francisco,  Bristol,  New  York,  Chester,  Balth  y 
Baltimore  se  aprestan  para  hacer  competencia  á 
los  establecimientos  del  Gobierno. 

Se  fundó  en  Massachusetts,  bajo  la  dirección 
de  Mr.  Bethlehem,  una  importante  fábrica  de  blin¬ 
daje  de  acero  niquelado  del  sistema  Harvey,  que 
puede  competir  con  la  que  en  Alemania  tiene 
Krupp. 

Toda  la  artillería  de  grande  y  pequeño  calibre 
se  construye  en  manufacturas  del  país. 

Investigaron  y  estudiaron  en  todas  partes,  es¬ 
pecialmente  en  Europa,  y  una  vez  bien  informa¬ 
dos  de  lo  que  les  convenía,  procedieron  á  construir 
tipos  de  acorazados  como  el  Indiana ,  y  de  cruce¬ 
ros  protegidos  como  el  Olympia  y  el  Columbia , 
que  no  pueden  negar  su  origen  americano. 

Construidos  con  una  rapidez  asombrosa,  muy 
en  consonancia  con  la  actividad  de  aquel  pueblo, 
no  hay  para  qué  decir  que  las  construcciones  su¬ 
frieron  las  consecuencias  naturales  de  esta  preci- 
;  pitación:  casi  todas  las  pruebas  de  corazas  y  de- 
:  más  dieron  mal  resultado;  los  ajustes  estaban  apa¬ 
rentemente  bien;  pero  en  el  interior  resultaban 
‘  defectuosos;  las  carenas  exteriores,  sin  embargo, 
parecían  finas  y  de  una  perfección  admirable;  en 
suma,  en  todos  los  barcos  había  falta  de  solidez, 
pero  buen  aspecto. 

../•  ». Todo  marchaba  muy  bien  en  apariencia,  y  ya 
se  veía  en  perspectiva  una  nueva  nación  maríti¬ 
ma,  cuando  los  créditos  destinados  á  este  objeto 


se  agotaron.  A  la  actividad  febril  sucedió  un  pe¬ 
ríodo  de  tres  años  de  calma,  en  el  cual  no  se  hizo 
absolutamente  nada. 

La  consideración  de  que  los  otros  países  les  cau¬ 
san  poco  temor,  asegurada  como  está  su  defensa  con 
su  propia  situación  geográfica  y  contando  con  que 
los  buques  europeos  al  arribar  á  sus  costas  habrían 
consumido  todo  su  combustible  y  víveres,  y  otra 
porción  de  ideas  por  el  estilo,  contribuyeron,  á  no 
dudar,  al  abandono  momentáneo  y  paralización  de 
tan  grandiosos  proyectos. 

Llegó  la  guerra  de  Cuba,  y  con  ella  el  temor  de 
complicaciones,  y  aun  de  uh  rompimiento  con  Es¬ 
paña,  motivado  por  su  incalificable  conducta  fa¬ 
voreciendo  inicuamente  la  insurrección;  y  dando 
largas  á  sus  codiciosas  pretensiones,  proceden  si¬ 
gilosamente  á  construir  acorazados  y  más  acoraza¬ 
dos,  llegando  en  poco  tiempo  á  disponer  de  una 
escuadra,  en  apariencia,  respetable. 

Como  es  país  que  no  tiene  tradición  alguna  en 
su  historia  naval,  nada  tendrá  de  particular  que 
dentro  de  poco  veamos  todos  esos  buques  ir  al 
montón  de  material  viejo. 

Felizmente  para  nosotros,  las  grandes  chime¬ 
neas  y  los  muchos  humos  de  los  yankees  no  deben 
amedrentarnos,  y  más  cuando  por  ellos  mismos  sa¬ 
bemos  que  todos  los  jefes  y  oficiales  de  la  Arma¬ 
da,  muy  viejos  en  su  mayor  parte,  tienen  que  ha¬ 
bérselas  con  gentes  asalariadas,  que  se  baten  cal¬ 
culando  por  céntimos  de  peso  el  valor  que  deben 
despiezar  en  el  combate. 

Mr.  Herbert,  distinguido  político  americano  y 
ex  ministro  de  Marina,  dijo,  y  es  verdad,  que  no 
haypals  en  el  mundo  que,  poseyendo  tanto  material 
de  guerra ,  se  halle  menos  preparado  para  hacer  uso 
de  él. 

La  flota  yankee  hemos  dicho  que  es  aparente¬ 
mente  poderosa;  y,  con  efecto,  por  el  estado  que 
damos  en  la  página  130  así  lo  parece,  y  lo  sería 
en  realidad  si  todos  sus  barcos  fueran  buenos. 

Examinemos  los  acorazados  de  primera,  7n- 
diana ,  Oregon  y  Massachusetts.  Estos  buques, 
con  las  carboneras  llenas,  sumergen  su  coraza 
por  completo  debajo  del  agua;  de  modo  que  sólo 
en  tiempo  de  paz  se  pueden  permitir  el  lujo  de 
cargar  las  400  toneladas  de  carbón  que  necesitan  * 
para  recorrer  todo  su  radio  de  acción. 

Recargados  de  artillería,  no  sirven  más  que  para 
guardacostas,  á  pesar  del  pomposo  nombre  de  aco- 
'  razados  de  combate. 

El  lo  wa  es  por  el  mismo  estilo  que  los  ante¬ 
riores,  aunque  mejorado  en  su  artillería,  que  es 
más  moderna  y  de  menor  peso. 

Las  torres  del  Kearsarge  y  el  Kentucky  ofrecen 
algunas  ventajas,  como  simplificación  en  las  ma¬ 
niobras  de  carga  y  aligeramiento  de  peso;  pero  el 
eje  de  las  mismas  está  tan  mal  dispuesto,  que  la 
artillería  que  montan  quedará  fuera  de  combate 
en  seguida  que  empiece  á  funcionar.  Así  es  que  en 
los  buques  en  construcción  Alabama ,  California 
y  Pennsylvania  se  ha  desistido  de  ponerlas.  La 
artillería  secundaria  es  la  única  que  tiene  bien  de¬ 
fendida. 

El  Texas  tiene  un  blindaje  muy  deficiente:  15 
centímetros  en  la  batería  y  19  milímetros  en  al¬ 
gunas  partes.  Sus  máquinas  resultaron  muy  malas; 
se  le  reformaron  y  quedaron  peor;  no  puede  lle¬ 
var  á  bordo  los  torpedos  que  le  estaban  destina¬ 
dos.  Sus  planos  son  muy  viejos,  tomados  del  bra¬ 
sileño  Riachuelo ,  aunque  más  reducidos. 

El  Maine ,  borrado  de  la  lista,  por  la  horrible 
catástrofe  del  15  del  actual  en  la  Habana,  por  su 
escasa  defensa  no  podía  considerarse  como  aco¬ 
razado,  y  por  su  poco  puntal  y  amura  no  servía 
para  crucero,  puesto  que  con  tiro  forzado,  con  el 
que  dicen  que  alcanzaba  16  millas,  embarcaba  el 
agua  por  la  proa.  Había  sido  reformado  varias  ve¬ 
ces  durante  su  construcción,,  y  siempre  quedó  de- 
t  ficiente. 

El  servicio  de  la  batería  principal  del  New 
York  es  sumamente  difícil  y  peligroso;  no  tiene 
más  que  un  elevador  de  cargas  eléctrico  en  cada 
extremo,  y  el  transporte  horizontal  tiene  que  ha¬ 
cerse  á  brazo. 

El  Brooklyn  es,  á  no  dudar,  uno  de  los  mejores 
buques  de  la  marina  moderna;  su  velocidad  de  21 
millas  por  hora  le  permite,  según  su  convenien¬ 
cia,  aceptar  ó  rehusar  el  combate;  se  le  denomina 
destructor  de  cruceros ,  pero  no  puede  habérselas 
con  los  destroyers  que  andan  30  y  32  millas. 

El  Katahdin.  Este  originalísimo  buque  está  des¬ 
tinado  á  efectuar  sorpresas:  su  tripulación  no  pue¬ 
de  dormir  á  bordo  más  que  cuando  es  absoluta¬ 
mente  necesario,  por  falta  de  capacidad.  No  puede 
ir  á  combatir  en  alta  mar;  está  muy  bien  defen¬ 
dido  contra  la  artillería  y  los  nuevos  agentes  ex¬ 
plosivos. 

La  idea  del  almirante  Ammen,  de  combatir  por 
el  choque,  era  muy  buena  en, el  tiempo.de  la  gue-, 
rra  de  secesión;  pero  _  entendemos  que  es  poco 


Digitized  by  v^.ooQie 


38  Febbibo  189$ 


LA  ILUSTRACI6N-  ESPAÑOLA-  '■?  '  ÁMÉfeT(5ÁNAÍ 


X*  viir  —  1 2T4 


práctica  en  estos  tiempos.  Esta  nave  hay  que  con¬ 
siderarla  como  un  ensayo  que  puede  ocasionar 
una  evolución  en  la  arquitectura  naval  del  porve¬ 
nir,  siendo  un  término  medio  entre  el  submarino 
y  el  buque  dé  castillos  altos  como  el  Brooklyn  y 
el  Kearsarge . 

El  Miantonomoh ,  el  Monadnock  y  el  Terror  es¬ 
tuvieron  más  de  veinte  años  sin  terminar  después 
de  botados  al  agua;  se  trató  de  modernizará  s,  no 
pudiendo  conseguirlo;  están  provistos  de  una  cᬠ
mara  central,  especie  de  buque  fácil  de  separar 
del  cuerpo  del  monitor  si  éste  llegase  á  ser  des- 
destruído;  idea  estrafalaria  y  falta  de  sentido, 
pues  al  destruirse  lo  uno,  con  doble  motivo  se 
destruí  ría  lo  otro,  que  es  de  menos  resistencia. 

El  Montereyy  aunque  más  moderno,  es  por  el 
mismo  estilo  de  los  anteriores;  tiene  dos  clases  de 
calderas:  dos  ordinarias  y  antiguas,  y  cuatro  mul- 
titubulares  del  sistema  Ward,  que  sólo  emplea 
cuando  necesita  navegar  á  gran  velocidad. 

El  Baltimore  y  el  Philadelphia  han  navegado 
muy  bien;  pero  con  la  artillería  de  grueso  calibre 
que  les  han  puesto  su  estabilidad  es  peligrosa. 

La  cubierta  protectora  del  Cincinnati ,  el  Mar- 
bleheady  el  Montgomery  y  el  Detroit  es  más  bien 
un  peligro  que  una  defensa;  por  falta  de  estabili¬ 
dad  han  tenido  que  aligerarlos  de  peso,  llegando  al 
extremo  de  cortarles  15  centímetros  de  alto  á 
todoe  los  manteletes  de  defensa  de  la  artillería; 
sus  máquinas  están  mal  empotradas,  y  á  pesar  de 
los  muchos  ventiladores  no  se  puede  estar  en  sus 
cámaras. 

El  Columbia ,  al  volver  de  Kiel,  atravesó  el 
Atlántico,  probando  su  velocidad  y  resistencia,  y 
navegando  por  término  medio  18  millas:  el  último 
día  ya  no  pudo  navegar  á  tiro  forzado.  Este  y  el 
Minneapolis  son  los  dos  cruceros  más  grandes  que 
tienen.  No  sirven  para  acompañar  escuadras  por 
lo  caros  que  resultan,  ni  son-bastante  fuertes  para 
atacar  obras  de  fortificación  en  tierra.  Su  principal 
objeto  es,  pues,  el  de  perseguir  y  destruir  los  bu¬ 
ques  mercantes. 

Todos  los  demás  buques,  por  su  escasa  impor¬ 
tancia,  no  valen  la  pena  de  ocuparte  en  ellos. 

Merece, sin  embargo,  mencionarse  que,  por  auto  - 
rización  del  Congreso,  han  sido  claidticados  como 
cruceros  auxiliares  en  tiempo  de  guerra  los  trans¬ 
atlánticos  siguientes: 

En  el  Atlántico:  «International  Navigation 
Company»:  San  Luisy  San  Paul,  París  y  New 
York. 

«Pacifique  Mail  Company»:  NeU'porty  Colum - 
biay  City  of  Para  y  Lampazas .  \ 

«Red  D.  Company»:  Caracas ,  PhüadelpJiia' y 
Venezuela. 

«Panama  Railroad  Company»:  A  d  van  ce  y 
Alliange. 

«New  York  and  Cuba  Mail  Company»:  Oriza - 
bay  Yumuriy  City  of  Washington  y Saratoga.y  Sé¬ 
neca  y  Y u  catan  y  Seguranza ,  Vi  gitanea  y  Cincho. 

En  el  Pacífico  tiene  además  la  Compañía  «Mail 
Pacifique»  los  vapores  City  of  Si dneyy  City  of  Pc- 
kiny  City  of  Rio  Janeiroy  Perúy  Colóny  San  Jóse , 
San  Blasy  San  Juan  y  Acapulco. 

El  armamento  de  estos  buques  sería  de  46  ca¬ 
ñones  de  152  milímetros  de  tiro  rápido;  27  de  127 
milímetros;  104  de  101  milímetros;  54  de  57  milí¬ 
metros;  8  de  47  milímetros,  y  112  ametralladoras 
Maxim. 

Mucho  queda  por  decir- sobre  las  condiciones 
marineras  y  de  guerra  de  todos  los  buques  de  la 
escuadra  norteamericana;  pero  no  es  posible  ha¬ 
cerlo  dentro  de  los  reducidos  límites  de  un  ar¬ 
tículo. 

A.  db  Caula.. 


PQR  AMBOS  MUNDOS. 


N  AllUACI  ON  KS  CüSMi  )POMTAS. 

Tiempo  engañador:  la  sequía:  tristes  esperanzas-  —  Contrastes:  gue¬ 
rra  á  los  abrigos  forradas  de  foca,  en  los  Estados  Unidos.— Al  Polo 
poco  á  poco.— La  vuelta  del  ballenero  Navarch. 

t'^Wi^sír®  eB*e  invierno  tan  agradable,  de  es- 
plend oroso  cielo,  templado  ambiente 
primaveral  y  encalmada  atmósfera, 
bueno  para  el  recreo,  propicio  y  abo- 
nado  para  la  grippe  traidora,  seco  has- 
ta  lo  inverosímil,  y,  por  consiguiente, 
vjrLO»  pésimo  para  el  campo;  en  este  período  de 
7Jr  radiante  sol  en  Castilla  y  en  Andalucía  y 
Levante,  cuando  Avila,  Burgos  y  Soria,  vi- 
1  gías  y  centinelas  del  tiempo  crudo,  no  acu¬ 
san  mínimas  temperaturas  inferiores  á  ocho  ó 
nueve  grados  bajo  cero,  se  pree.uno  en  Niza  ó  en 
Orotava  ó  en  Terceira,  al  leer  que  el  termómetro 
marca— 25°en  San  Petersburgo,— 36  en  Haparanda, 


,  Excmo.  Sr.  D.  LAUREANO  RODRÍGUEZ, 

MINISTRO  DE  AGRICULTURA,  INDUSTRIA  Y  COMERCIO  DE  LA  ISLA  DE  CUBA* 


(DeJotográfia  de  loe 


— 38  en  Arkángel  ,—31  en  Moscou.  Tiempo  tan  her¬ 
moso  no  viene  á  tiempo,;  y.  por' esto»  anda' trastor¬ 
nado  todo» lo  que  depende  de  la  marcha^ natural  de 
’  los  fenómenos  que  a  la  vida  importan.^  Adónde 
han  ido,  ó  adonde  van,  aquellas. beneficiosas  llu¬ 
vias,  aquellos  temporales  regulares,  que  equilibran 
los  rigores  de  las  estaciones,  difundiendo  con  la 
humedad  y  la  evaporación  la  .frescura  en' los  me-- 
ses  caniculares,  y  trayendo  calor  y  jugo  para  los 
organismos  en  el  período  frío?  En  el  verano  últi¬ 
mo  no  cayó  una  sola  gota  de  agua  en  un’  período 
de  sesenta  y  siete  días,  durante  los  meses  de  Julio 
y  Agosto  hasta  el  12  de  Septiembre;. y  en  el  de 
ciento  sesenta  y  seis  días,  desde  10  de  Junio  á  13 
de  Octubre,  sólo  se  registraron  56  milímetros  de 
lluvia  por  oentímetro  cuadrado  de  superficie.  En 
los  treinta  últimos  años  no  se  había  dado  el  caso 
que  en  1897,  de  que  no  lloviera  nada  en  los  meses 
de  Julio  y  Agosto.  Y  el  carácter  pertinaz  de  la  se¬ 
quía  continúa  en  el  período  opuesto  del  año:  en 
Diciembre,  Enero  y  Febrero  apenas  ha  llovido. 
Esta  ausencia  del  agua,  que  puede  traducirse  en  el 
presente  por  la  frase:  «No  hay  salud»,  se  conver¬ 
tirá  mañana,  si  la  sequía  sigue,  en  esta  otra:  « ¡No 
hay  pan ! » 

Vease,  pues,  cómo  el  invierno,  disfrazado  de 
tiempo  hermoso,  esconde  bajo  tal  disfraz  un  cala¬ 
mitoso  porvenir,  y  cómo  las  apariencias  agrada¬ 
bles  del  momento  son  prenda  segura  de  una  si¬ 
tuación  adversa  para  mañana,  contraria  á  todo  lo 
que  sentimos  y  podemos  imaginar  hoy.  ¡Ojalá  fue¬ 
ra  tan  radical  el  contraste  y  el  cambio  en  otro 


8p68.  Otero  y  Colominas.) 

I 

i 

orden  de  hechos!  Obscuro,  triste  y  preñado  de 
alarmas  y  de  terrores  aparece  el  horizonte  en  que 
vivimos,  y  no  hay  pena  que  no  tenga  su  arraigp  en 
lo  más  hondo  del  pecho  de  la  generación  actuaL 
Si  ese  cielo  amenazador  y  ese  porvenir  cerrado 
son  advertencia  bastante  para  que  vivamos  aten¬ 
tos  á  lo  que  nos  conviene  y  pensemos  seriamente 
en  lograrlo,  si  el  malestar  que  nos  rodea  nos  hace 
ponernos  en  guardia  para  evitar  mayores  males  y 
remediar  los  presentes,  radical,  en  efecto,  será  el 
contraste  que  ofrezca  un  mañana  pacífico,  ventu¬ 
roso,  restaurador  de  nuestras  energías  y  de  nues¬ 
tras  riquezas,  con  la  inmensa  pesadumbre  que  hoy 
sentimos  y  que  parece  condenada  á  no  tener  fin. 

Del  tiempo  bonancible  y  espléndido  en  la  apa¬ 
riencia,  pero  seco  y  aniquilador  en  su  desarrollo, 
vendrá,  por  la  falta  del  agua  bienhechora,  la' mi¬ 
seria;  del  período  borrascoso,  sangriento^  abruma¬ 
dor,  pero  imponente,  ejemplar,  lleno  de  enseñanza, 
exigente  en  materia  del  cumplimiento  de  los  de¬ 
beres  patrios,  vendrá,  por  la  sobra  de  lágrimas 
con  que  aquí  se  han  llorado  nuestros  desaciertos  y 
se  lavan  nuestras  culpas  de  hombres  locos,  fantás¬ 
ticos  sin  amor  y  sin  ideal ,  vendrá  la  paz  tan  sus¬ 
pirada,  y  con  ella  el  remedio  y  la  ventura.  Y  lo 
mismo  en  el  mundo  físico  que  en  el  social,  los 
trastornos  de  las  leyes  de  la  Naturaleza  resultará 
que  son  lo  que  siempre  han  sido,  pasajeros;  y  so¬ 
bre  ellos  prevalecerán ,  en  el  tiempo  y  en  los  pue¬ 
blos,  la  regularidad,  el  equilibrio  y  la  armonía. 

• 

•  • 


Digitized  by  ^.ooQie 


CARROZA  DE  LOS  MONTAÑESES. 

EL  CARNAVAL  EN  CÁDIZ. 

(De  fotografías  de  Rafael  Rocafull.) 


Digitized  by 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA! 


28  Febrero  1888 


28  Fsbbkbo  1898 j 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


h.#  yin  —  129 


Al  .amparo  de  este  tiempo  benigno 
de  que  disfrutamos,  nada  tiene  de  par¬ 
ticular  que  ande  la  gente  «á  cuerpo», 
con  ligeros  abrigos,  con  esclavinas  que 
no  tienen  de  capas  más  que  el  nombre 
y  lo  enorme  y  peludo  de  los  cuellos,  y 
que  las  verdaderas  capas  españolas  y 
los  rusos  madrileños  y  las  pieles  de 
boas  y  gatos  estén  destinados  al  con¬ 
tingente  de  la  reserva.  En  cambio, 
desde  el  paralelo  45°  para  arriba,  con 
sol  y  todo,  el  frío  arrecia,  y  todo  el 
mundo  se  abriga  por  dentro  y  por  fue¬ 
ra.  En  los  Estados  Unidos,  por  no  de¬ 
jar  en  paz  á  nadie,  han  declarado  la 
guerra  á  los  abrigos  forrados  de  piel 
de  foca,  en  virtud  de  una  ley  que  sir¬ 
vió  para  romper  las  hostilidades  desde 
l.°  de  Enero  de  este  año.  Los  que  no 
han  querido,  ni  sabido  proteger  nunca 
á  los  indios  ni  á  los  negros  dentro  de 
la  República;  los  que  nos  prptegen.  á 
nosotros  con  la  dinamita  que  envian  á 
Cuba,  han  dado  ahora  en  proteger  á 
las  focas,  de  determinadas  zonas  marí¬ 
timas,  para  que  no  se  meta  nadie  con 
ellas.  Uno  de  los  remedios  ideados  . 
para  ello  es  impedir  la  importación  en 
los  Estados  Unidos  de  todo  abrigo  que 
esté  forrado  cpn  piel  de  ese  animal. 

Calcúlese  la  serie  de  altercados,  es¬ 
cándalos,  jaleos  y  reclamaciones  á  que 
estará  dando  lugar  en  las  aduanas  se¬ 
mejante  disposición.  Puesta  la  ley  en 
vigor  en  29  de  Diciembre  último,  ¿de¬ 
bía  tener  efecto  retroactivo  y  caer  so¬ 
bre  los  forros  vitulinos  cosidos  al  paño 
de  las  capas  y  rusos  con  anterioridad 
á  dicha  fecha?  Así  lo  entendieron  los 
empleados,  á  pesar  de  las  protestas  de 
los  viajeros,  á  quienes  dejaban  sin  oa- 
potes  en  cuanto  aparecía  la  piel  de 
foca,  procediese  ésta  de  donde  proce¬ 
diera.  Contra  semejante  tiranía  hubo 
de  acordarse  una  salvedad,  consistente 
en  que,  cuando  el  viajero,  forrado  de 
foca,  pudiera  demostrar  con  la  factura 
del  comerciante  y  por  la  manifestación 
de  dos  testigos  que  la  prenda  de  abrigo 
era  de  uso  anterior  á  1897,  no  se  mo- 


EL  ALMIRANTE  HUMANN,  , 

JEFE  DE  LA  ESCUADRA  FRANCESA  DEL  MEDITERRÁNEO. 
,  (De  fotografía.) 


lestara  ni  exigiera  ningún  derecho. 
Pero  ¿quién  iba  á  pedir  á  un  sastre  ó 
peletero  las  facturas  de  un  abrigo  usa¬ 
do?  Y  aun  presentada  la  factura,  ¿quién 
ha  dicho  que  el  fabricante  no  entrega¬ 
ba  á  sus  amigos  y  parroquianos  todas 
las  que  quisieran,  con  la  fecha  que  les 
pareciera  bien?  En  cuanto  á  los  testi¬ 
gos,  es  ridículo  pensar  que,  no  siendo 
parientes  del  portador,  ó  personas  de 
su  habitual  trato,  dé  la  casualidad  de 
que  viajen  con  él  y  ofrezcan  garantías 
de  crédito.  Uno  de  los  choques  más  so¬ 
nados,  en  estas  peripecias  de  la  Aduar 
na  ha  sido  el  ocurrido  recientemente 
en  Niágara  Falls  con  la  aristocrática 
señora  inglesa  miss  Parkiston.  Llegó  á 
la  frontera  por  una  de  las  vías  férreas 
del  Canadá,  y  cuando  más  arropada  y 
temblorosa  (en  un'  día  de  niebla  á  16 
bajo  cero)  estaba  en  su  compartimien¬ 
to,  sufrió  la  investigación  fiscal  de  los 
aduaneros  yankeesy  que  quisieron  des- 
pojárla  de  su:  rico  abrigo  (sea •cal/ 
shel^er)  de  1.000  pesos  de  valor.  La 
miss  furiosa  cerró  los  puños,  acercán¬ 
dolos  en  actitud  hostil  á  las  narices  de 
la  policía  fronteriza ;  lanzó  toda  clase 
de  pestes  contra  la  Unión  estrellada  y 
sus  egoístas  libertades;  demostró  que 
había  comprado  en  Londres  en  1894 
aquella  magnífica  capa;  y  cuando  los 
a  laaneros  creyeron  terminado  el  inci¬ 
dente,  al  dejarla  en  paz,  cundió  entre 
ellos  el  espanto  al  ver  que  la  señorita 
suspendió  su  viaje,  llamó  á  un  notario, 
hizo  levantar  acta  £e  las  declaraciones 
de  cuantos  habían  presenciado  el  regis¬ 
tro  y  desacato,  formuló  6u  reclamación 
en  los  libros  de  la  Compañía  del  ferro¬ 
carril,  y  por  medio  de  abogado  presen-? 
tó  un  escrito  al  juez  de  la  comarca  para 
procesar  nada  menos  que  al  Gobierno 
de  la  República  y  en  demanda  de  repa-  • 
ración  de  daños  y  perjuicios. 

Muchos  y  mayores  líos  eran  los  que 
esta  ley  originaba  que  los  que  podían 
[amontonarse  conducidos  por  los  tre¬ 
nes,  y  para  remediarlos  en  parte,  la 
Dirección  de  Aduanas  ha  acordado  que 


I  ' 


MARINA  DE  GUERRA  FRANCESA.— el  acorazado  «brennus»,  buque  insignia  de  la  escuadra  del  mediterráneo. 

(De  fotografía.) 


Digitized  by 


Google 


180  —  H.*vm  LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  *  Y  AMERICANA'  28  Fdmoo  1898 

RELACIÓN  DE  LOS  BUQUES  QUE  CONSTITUYEN  LA  MARINA  DE  GUERRA  NORTEAMERICANA. 


CASCO. 


MAQUINA. 


¡PIES  INGLESES  I  tt 


NOMBRES. 


ACORAZADOS  DE  1.a  | 

Indiana . i 

Oregon . >  A. 

Massaohusetts. . ' 

Iowa . |  A. 

Kearsarge .  . 

Kentucky .  A* 

ACORAZADOS  DE  2.a 

Texas .  A. 


360  72 

368  72 


CRUCEROS 

ACORAZADOS. 

New  York .  A. 

Brooklyn... .  A. 

GUARDACOSTAS 

ACORAZADOS. 

Katahdtn .  A . 

Miantonomoh .  H . 

Ampbitrite . 

Monadnoek .  H. 

Terror . 

Montercy . I  A. 

Puritan . I  H. 


CRUCEROS 
PROTEGIDOS  DE  1.a 

Chicago .  A . 

Charleston .  A. 

Atalanta . I  . 

Boston . )  A* 

Baltimore . j  A 

Philadelphia . i  A> 

Newark . . 

San  Francisco . *  A  • 

CRUCEROS 
PROTEGIDOS  DE  2.a 

Cincinnati .  . 

Raleigh .  A* 

Marblehead . i 

Montgomery . [  A. 

Detroit . ' 

Olympia . I  A. 

Columbia .  A 

Minneapolis . * 

CAJONEROS 

PROTEGIDOS. 

Bennington . 

Concord..» .  A. 

York  Town . ) 

Machias. . | 

Costina .  A. 

Nashvillt*.. . . . ) 

Helena . I  . 

Wilmington . i  A* 

Petrel . . . . . . j  . 

Bancroft . i  A  * 

Vicksburg . ) 

Newport . }  A. 

Annapolis.. . . ' 


380  64 

400  61 


4.500  315  48  10  2 

4.040  300  46  19  2 

3.189  270  42  18  1 

4.600  315  48  20  2 

4.083  310  49  18  2 


3.183  291 

2.000  257 

5.800  340 

7.475  412 


f  1.220  ¡ 

1.370 

1.392 

890 

838 


CRUCERO 

DINAMITERO. 

Yesuvius .  A. 

TORPEDEROS. 

Cushing .  H. 

Stiletto .  M. 

Ericsson . .  H. 

Y  8  más. 

MONITORES 
CON  UNA  TORRE. 


LUGAR 
de  su 

construcción. 


I  BLINDAJE 
[en  pulgadas 


ígaaa 8.  _  a  2.  a 

- -  ARTILLERIA.  8  | 

H  tS  a*  3*  ^ 

3  H,  revólver  Hotchkiss;  RC.  rayados,  cargándose  por  la  |  o®  o. 

I  p  3.  recámara;  AM,  sin  rayar;  AL,  ánima  lisa;  B ,  Bouche;  5-  S  8  ® 

:  ;  g  TR,  tiro  rápido;  G,  Gatlings.  $  g  B  §* 

:  ®  El  calibre  está  en  pulgadas  inglesas  (14  milímetros).  8*  :  ®  jj[ 


11.000  15 

10.500  16 


Philadelphia . 

604.000 

San  Francisco. ... 

1893 

636.000 

18 

Philadelphia . 

604.000 

Idem . | 

|  1896  | 

|  900.000 

14 

Newport  News. . .  j 

i  1896  { 

800.000 

15 

15  3,2  * 

6,17  3,5 


4.000  ¡Norfolk. 


8.000  ¡Philadelphia .  1891 

7.000  ¡Idem .  1595 


495.000  12 


700.000  3,7* 


7,10  6.3 
8.5  6,3 


>  ¡Bath.Me . 

1.800  ¡Chester . 

¡Wilmington . . 
San  Francisco 
Philadelphia. 
»  I  San  Francisco 
3.500  |Chester . 


1893  18  6.000 

1876  272.000  | 

1581  * 

1883  272.000 

1H83  206.800 

lh.ll  >  I 


9.000  16  5.000  Chester .  1885  177.800 

7. U)0  17  6.000  San  Francisco _  1858  > 

3.511  15  4.000  Chester .  1884  123.600 

10.750  19  7.000  Philadelphia .  1888  ¡^LOOO 

8  869  18  ü  lina  Idem .  1 890  254 h 000  / 

8.869  18  9.000  San  Francisco ... .  1889  270.000) 


10  000  1  8  o  sno  Bro°klyn .  lsp9  220.000 

íu.uoo  18  2.500  Norfolk . |  1892  228.600 

Boston . 

5.400  18  2.800  Baltimore . ¡  1892  122.500 

Idem . ( 

17.363  20  13.000  San  Francisco. ...  1892  477. 600 

21.500  21  11.000  Philadelphia . ¡  JJJJ  Jjí.WO  ! 


Chester .  1890 

3.533  16  3.700  Idem .  1*90 

Philadelphia .  1888  ( 

Bath.Me .  1*92 

1.600  13  >  Idem .  1892  ( 

Newport  News...  1895  ^ 

1.600  12  >  Idem . |  i 


1.600  12 

1.513  12 

1.213  13  j 


31  14  1  2.300  14 


t  Baltimore . .  18*8 

)  Elizabeth .  1892 

iBath.  Me . ! 

(Idem . I  » 

/  Elizabeth . ( 


....  1884  01.000 


930  |  246  26  10  I  2  4.459  19  »  ¡Philadelphia .  1888  70.000  |  j> 


105  100  14  5  2  1.720  20 

31  88  11  3  1  359  16 

120  149  15  4  2  1.800  20  \ 


Canon  ic  us.. 
Mahopac. .. 
Manhattan. 
Wiandotte.. 
Catskill .... 

Jason . 

Lehigh.  .. .. 

Nahant . 

Nantuóket. 
Passaic . 


2.100  I  206  45  13  |  1 


1.875  |  200  45  11  1 


CAJONEROS  DE  3.a 


i  Boston .  1864  ! 

(Jersey .  1865  I 

i  Idem .  1865  \ 

[Cincinnati .  1864  ) 

/New  York .  1863  ( 

l  Idem .  1861  ] 

'Chester .  1861  ( 

‘.Brooklyn .  1863  > 

/Boston .  1863  \ 

’  Brooklyn .  1861  J 


H*  176  32  12  1 


Monocacy . I  H. 

Alarm . I  H, 


850  |  255  25  9  1  1 
800  |  158  28  10  |  1 


4-13/'  RC;  8-8"  RC;  4-6"  RC;  20-6"  TR;  6-1"  TR;  4  G. .. 

4-12"  RC;  8-8"  RC;  6-4"  TR;  20-6"  TR;  6-1" TR;  4  G.. 
4-13"  RC;  4-8"  RC;  14-5"  TR;  20-6"  TR;  6-1"  TR;  4  G. 


2-12"  RC;  6-6"  RC;  12-6"  TR;  6-1"  TR;  4  G .  4 


6-8"  RC;  12-4"  TR;  8-6"  TR;  4-1"  TR:  4  G .  $  JE0 

8-8 *  RC ;  12-5"  TR ;  12-6"  TR ;  4-1"  TR ;  4  G .  8  909 


625  486 

410  520 


6  18  6,3 

7  11  *  2 

9,7*  11  *  2 

13  10,14  3,2 

12  11  *  2 


4-6"  TR . . .  » 

4-10"  RC;  2-6/'  TR;  2-3"  TR;  2-1"  TR .  * 

4-10"  RC;  2-4"  TR;  2-6"  TR;  2-3"  TR;  2  G .  * 

2-1?"  RC;  2-10"  RC;  6-6"  TR:  4-1"  TR:  2  G .  * 

4-12"  RC ;  6-4"  TR ;  4-3"  TR;  4-1"  H ;  4  G .  » 


250  155 

250  170 


4  1  *  4 RC:  8-6//  RC;  2-5//  RC;  10-0//  TR:  4-1"  TR;  2  G.  »  831  325 

2  lU  2-8"RC;0-0"RC;4-8//TR:2-3"TR;2-l"TR;0G .  4  328  300 

>  1*  2-8"RC;0-0"RC;2-6"TR;2-3"TR;3-l"TR;0G....  >  490  270 

4  i  4,2*  4-8"RC;6-6"RC;4-0/'TR;2-3"TR;2-l"TB;6G....  5  400  375 

4*  3,2  12-6/'  RC;  4-6"  TR;  4-3"  TR;  2-1"  TR;  7  G .  6  350  323 


1-6//  TR ;  10-5 "  TR ;  8-6"  TR ;  4-1"  TR ;  2  G. . 


3  9-5"  TR ;  6-6"  TR ;  2-1"  TR ;  2  G . 

4  i  2  4-8/'  RC;  10-5//  TR;  14-6//  TR;  6-1"  TR;  4  G . 

4,2  *  1-8//  RC ;  2-6"  TR ;  8-4"  TR ;  12-0"  TR ;  4-1"  TR ;  4  Q  • . . 


6  250  295 

6  200  187 

6  400  412 

6  760  477 


>  >  I  6-6"  RC;  2-6//  TR;  2-3"  TR;  1-1"  TR;  4  G .  2  200  197 


3  2  * 


8-4"  TR;  4-6//  TR;  2-1"  TR;  2  G .  1  i&o  169 

8-4"  RC;  6-6//  TR;  2-1"  TR;  2  G .  ,  100  132 


1  1  4-4"  TR;  2-6//  TR;  2—3//  TR;  1-1"  TR;  2  G .  2  200  132 

>  >  6-4"  RC;  4-6//  TR;  2-1"  TR;  2-3"  TR .  „  100  144 

>  >  2-4"  RC;2-6"  TR;  4G .  „  310  120 


3  cañones  de  dinamita  de  15  pulgadas;  3-3//  TR.  (Dejó! 
de  ser  dinamitero  para  convertirse  en  aviso-torpe-V  >  160 

dero,  y  se  quedó  peor  de  lo  que  estaba.) . \ 


2-9//  AL;  1-8//  B;  1-6"  RC;  1-3"  RC;  2-3"  H;  1  G . 

4-8//  AL;  2-6//  RC;  1-3//  RC;  1-1"  AL; 4-3//;  2-4"  H;  1  G. 


>160  » 


>  >  > 

>  >  > 


y  10  más  de  madera  del  mismo  tipo,  que  no  alcanzan  más  que  200  toneladas  y  8  millas  de  velocidad,  los  mayores,  entre  los  cuales  los  hay  del  año  1858 
como  et  Hartford  (hoy  armado)  y  el  Iroquois .  —  . .  -3 

A  esta  lista  hay  que  añadir  varios  buques  muy  antiguos  sin  valor  militar,  como  Michigan,  Finta ,  Richemond ,  Omaha ,  Enterprise ,  Ajjax  y  Comanche , 
asi  como  el  Lancaster ,  Saratogo ,  Santa  Muría  j^Pén&acole,  que  sirven  hoy,  unos,  de  escuelas  de  clases,  y  otros  de  pontones.  -  - 

Nota. — Están  terminándose  el  Illinois  y  el  Alábama ,  de  11.525  toneladas. 


Digitized  by  ^.ooQie 


2&Febr*bo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA- 


W.#  VIII  —  181 


los  abrigos  reconocidos  se  sellen  y  marquen,  y  que 
se  dé  á  sus  dueños  un  certificado  de  tal  garantía. 
El  remedio  es  peor  que  la  enfermedad:  nadie  quiere 
que  le  sellen  la  capa  ó  el  ruso,  y  entre  los  pocos  á 
quienes  ha  parecido  bien  semejante  medida,  ha¬ 
blan  los  diarios  de  Nueva  York  de  una  señora  ne¬ 
gra,  que  después  que  le  sellaron  el  forro  de  foca 
de  su  redingote,  iba  repitiendo  con  acento  de  sa¬ 
tisfacción:  €¡Oh,  qué  gusto!  ¡Ya  estoy  tranquila! 
¡Ya  tengo  sellada  mi  piel  I » 


En  otros  tiempos,  de  los  escarmentados  nace¬ 
rían  los  avisados,  según  dice  el  proverbio;  pero 
hoy  no.  Duro  escarmiento  ha  dado  la  región  de 
los  fríos  eternos,  el  camino  del  Polo,  ¿  muchos 
aventureros,  y,  sin  embargo,  cada  día  hay  mayor 
número  de  atrevidos  emprendedores  que  intentan 
repetir,  no  la  suerte ,  sino  la  desgracia.  No  tarda¬ 
rán  en  llegar  noticias  de  la  expedición  belga  ¿  las 
tierras  antárticas,  y  mientras  se  pierden  en  las 
ignoradas  latitudes  del  extremo  Sur,  prepárase 
el  teniente  de  la  marina  norteamericana  Mr.  Pea- 
ry  á  llegar  al  Polo  Norte,  caminando  may  despa¬ 
cio  y  siguiendo  un  procedimiento  que  no  ha  se¬ 
guido  nadie  hasta  ahora.  No  es  nn  novicio  ni  un 
aficionado  en  materia  de  excursiones  por  la  zona 
glacial,  sino  un  práctico  bien  experto  y  mejor 
curtido  por  la  soledad  y¡  los  hielos.  La  última  ex¬ 
pedición  que  ha  realizado  para  hacerse  á  las  ar¬ 
mas,  ha  sido  al  golfo  de  Inglefield,  situado  en  los 
77°, 44  de  latitud,  donde  realizó  las  observaciones 
necesarias  para  preparar  su  futuro  viaje.  Propó- 
nese  salir  en  el  próximo  verano,  avanzando  á  lo 
largo  de  la  costa  de  Groenlandia,  hasta  llegar  al 
límite  septentrional  esta  isla,  á  los  82°,  punto 
por  él  ya  visitado  en  Julio  de  1893,  siguiendo  des¬ 
pués  la  cadena  de  islas  que  dice  que  existen  ex¬ 
tendidas  hasta  unas  200  millas  del  Polo.  El  es¬ 
pacio  restante  se  podrá  recorrer,  según  él,  en  unos 
treinta  días,  poco  más  ó  menos. 

Su  sistema  de  avance  será  este:, sólo  le  acompa¬ 
ñará  otro  norteamericano;  pero  en  cambio  irán 
con  él  bastantes  familias  de  esquimales,  que  for¬ 
marán  campimentos  ó  estaciones  de  reserva,  ayu¬ 
da,  comunicación  y  aprovisionamiento.  La  parte 
más  numerosa  del  acompañamiento  constituirá  la 
estación  principal  en  Fjord  Osbome  Sherard ,  des¬ 
de  donde  Mr.  Peary  y  su  compañero  saldrán  para 
el  Norte  con  seis  familias.  En  reposado  avance  y 
dejando  perfectamente  marcada  la  ruta  ó  línea  del 
itinerario,  irá  instalando  de  50  en  50  millas  una 
familia  con  todos  los  recursos  y  elementos  nece¬ 
sarios  para  que  haya  siempre  entre  ellas  comuni¬ 
cación  regular  y  constante.  De  este  modo  puede 
decirse  que  «poblará»  un  trayecto  de  300  millas. 
El  plan  no  está  en  proyecto,  sino  en  vías  de  inme¬ 
diata  realización,  porque  el  afamado  viajero  ha 
conseguido  que  sus  paisanos  secunden  el  gran 
pensamiento  reuniendo  una  suma  de  150.000  pe¬ 
sos,  que  han  puesto  á  su  disposición,  y  porque  ade¬ 
más  del  gran  acopio  de  materiales  necesarios,  tie¬ 
ne  ya  escriturados  á  los  esquimales  que  marcharán 
con  él.  La  base  de  su  campaña  consiste  en  reali¬ 
zarla  muy  despacio  y  sin  dejar  de  estar  ni  un  sólo 
día  en  comunicación  telefónica  con  los  que  vayan 
quedando  atrás.  Así  no  hay  temor  de  que  se  pierda, 
y  utilizará  el  consejo  que  le  dió  hace  veinte  años 
en  Umanak  un  esquimal  muy  viejo,  al  recordarle 
este  refrán  secular,  que  por  allí  se  repite: 
thwentf  danp  Phelfs-Irhansth  NecJgydelf  tchys f 
Asdthey »  lo  que,  en  castellano,  quiere  decir: 

«Para  llegar  al  Polo 
Procura  no  quedarte  nunca  solo.» 

m 

•  • 

Bien  acompañado,  con  su  mujer  y  más  de  cin¬ 
cuenta.  aventureros,  salió  hace  más  de  dos  años, 
con  rumbo  á  aquel  misterioso  y  desconocido  pun¬ 
to,  desde  uno  de  los  puertos  de  la  alta  California, 
el  capitán  Mr.  Typendell  en  su  buque  ballenero 
Naparch .  Pasaron  meses  y  meses,  nada  se  supo  de 
los  expedicionarios,  y  se  les  dió  por  perdidos  y 
casi  olvidados. 

Hace  dos  semanas,  con  gran  sorpresa  y  satis¬ 
facción,  súpose  en  San  Francisco  de  California 
que  acababan  de  llegar  al  puerto,  á  bordo  de  un  bu¬ 
que  procedente  de  Victoria  (Colombia  británica), 
el  capitán,  su  compañera  y  dieciséis  ó  veinte  expe¬ 
dicionarios  más.  Los  recién  venidos,  positivamente 
resucitados  para  sus  paisanos,  cuentan  que  no  aca¬ 
ban  en  materia  de  dramáticas  aventuras.  El  bu¬ 
que  Navarch  navegó  bien  hasta  unas  120  millas 
al  Norte  de  Point-Barrow,  Ooglaamia  (Inu-it), 
á  75°  en  el  Océano  glacial;  pero  bien  pronto  se 
vió  rodeado vé  incrustado  entre  los  hielos,  cuya 
fuerza  de  compresión  lo  hizo  pedazos.  Refugiᬠ
ronse -los  tripulantes,  utilizando  algunos  restos, 


en  un  gran  témpano  flotante  que  hallaron  á  corta 
distancia;  y  aprovechando  algunas  horas  de  sere¬ 
nidad  de  la  atmósfera,  pudieron  el  capitán  y  otros 
seis  náufragos  volver  atrás  y  arrastrar  desde  la 
cubierta  del  buque,  sobre  los  hielos,  un  lanchón, 
en  el  que  se  embarcaron  con  la  señora,  dejándose 
llevar  por  el  viento  al  través  del  espacio  no  con¬ 
gelado,  que  aun  quedaba  en  algunos  trayectos. 
Otros  treinta  tripulantes  intentaron  en  vano  arre¬ 
glar  la  segunda  lancha  despedazada  que  había  en 
el  buque,  y  volvieron  á  encaramarse  en  un  tém¬ 
pano  para  salir  de  aquel  desierto  antes  de  que 
toda  la  superficie  del  mar  quedase  helada. 

No  saben  cuántas  horas  duró  el  arrastre  por  el 
Océano,  en  mediQ  de  aquel  laberinto  de  amena¬ 
zadoras  masas  heladas,  que  marchaban  con  espan¬ 
tosa  velocidad,  chocando  y  partiéndose  en  millo¬ 
nes  de  fragmentos.  Calculan  que  estuvieron  sobre 
el  témpano  doce  días,  sufriendo  los  horrores  del 
hambre  y  del  frío.  Cuando  habían  perdido  toda 
esperanza,  los  divisó  un  ballenero,  el  Threhsery 
que  los  condujo  á  un  puerto  de  Alaska.  Durante  el 
viaje  sobre  el  hielo  sólo  quedaron  dieciséis  vivos. 

En  tanto,  Mr.  Typendell  y  sus  compañeros  pu¬ 
dieron  llegar,  después  de  espantosos  sufrimientos, 
á  Copper  Island,  desde  donde  salieron,  en  un  bu¬ 
que  norteamericano,  para  Victoria  y  Han  Francis¬ 
co.  De  los  supervivientes  del  témpano,  once  han 
tenido  que  pasar  algunos  meses  en  un  hospital  de 
Alaska,  porque  era  tal  su  grado  de  extenuación 
que  no  podían  ni  tenerse  en  pie,  ni  comer,  ni  ha¬ 
blar.  ¿Tendrán  mejor  fortuna  el  teniente  Peary, 
su  compañero  y  sus  familias  de  esquimales?  ¿Abri¬ 
rán  seguro  paso  hasta  el  Polo  al  Duque  de  los  Abra¬ 
zos  cuando  llegue  á  aquellas  latitudes?  Allá  se  las 
compongan,  porque  bólo  el  pensar  que  en  el  Fjord 
Osborne  marca  á  estas  horas  el  termómetro  47 
grados  bajo  cero,  y  eso  que  tal  estación  se  encuen¬ 
tra  en  lo  más  meridional  de  la  caminata  polar  que 
ha  de  seguir  Peary,  nos  hiela  la  sangre,  el  humor 
y  la  atición  á  contemplar  los  mapas. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


El  Barbero  de  Sevilla ,  cantado  magistralmente 

por  la  Srta.  Regina  Pacini,  y  los  Sres.  Bonci,  Buti, 
Baldelli  y  Riera. 


El  difícil  papel  de  Ros  i  na  no  encontrará  segura¬ 
mente  intérprete  más  fiel  y  adecuado  que  la  se¬ 
ñorita  Pacini,  que  canta  y  expresa  de  modo  inimi¬ 
table.  En  la  escena  de  la  lección  de  música  inter¬ 
caló  las  Variaciones  de  Proch  y  un  vals  de  Arditi. 
El  numeroso  público  que  llenaba  la  sala  aplaudió 
frenéticamente  á  la  inspirada  artista,  y  la  hizo 
salir  repetidas  veces  al  palco  escénico. 

El  popular  Baldelli  hizo  un  Don  Bartolo  con  la 
maestría  y  gracia  de  siempre,  y  la  orquesta,  diri¬ 
gida  por  el  maestro  Goula,  estuvo  muy  bien. 

• 

•  • 

El  16  del  mes  actual  ha  caducado  el  plazo  de  dos 
años  de  prórroga  que  las  Cámaras  italianas  conce¬ 
dieron  en  Febrero  de  1896  á  los  editores  de  la 
ópera  de  Rossini  II  Barbiere  di  Siviglia9  para  que 
pudieran  percibir  derechos  de  representación.  Por 
lo  tanto,  El  Barbero  de  Sevilla  es  ya  del  dominio 
público,  y  puede  ponerse  en  escena  sin  satisfacer 
derechos  de  autor. 

• 

•  • 

El  martes  se  efectuará  el  beneficio  de  la  emi¬ 
nente  diva  Regina  Pacini  con  la  ópera  de  Bellini 
Los  Puritanos  y  en  la  cual  tantos  aplausos  ha  obte¬ 
nido  en  unión  del  tenor  Sr.  Bonci. 

PRINCESA. 

Anúnciase  para  la  primera  función  de  moda  de 
la  segunda  serie,  que  se  celebrará  el  jueves  3  del 
próximo  Marzo,  la  única  representación  de  la  pre¬ 
ciosa  comedia  de  Ceferino  Palencia  La  Charra , 
siguiendo  el  viernes  poniéndose  en  escena  la 
aplaudida  obra  La  Corte  de  Napoleón . 

PARISH. 

Continúa  llevando  numeroso  público  á  este  afor¬ 
tunado  teatro*  el  melodrama  de  Fernández  Shaw 
y  el  maestro  Chapí,  Los  Hy  os  del  Batallón . 


LARA. 

Esta  noche  se  volverá  á  representar  en  este  tea¬ 
tro  la  antigua  comedia  de  D.  Enrique  Gaspar  La 
Chismosa  9  refundida  en  dos  actos  por  su  aútor. 
Balbina  Valverde,  que  estrenó  la  obra  hace  mu¬ 
chos  años  é  hizo  una  verdadera  creación  del  di¬ 
fícil  papel  de  la  protagonista,  logrará  seguramente 
un  éxito  brillante  en  la  nueva  serie  de  represen¬ 
taciones  que  es  fácil  asegurar  á  La  Chismosa . 

ZARZUELA. 

Probablemente  se  estrenará  el  viernes  próximo 
La  Buena  sombra  y  sainete  lírico  de  costumbres 
andaluzas,  de  los  Sres.  Alvarez  Quintero  y  del 
maestro  Brull,  y  muy  en  breve  la  zarzuela  cómica 
El  Seminarista  y  de  conocidos  autores. 

El  inteligente  artista  Sr.  Muriel  es  el  encargado 
de  pintar  las  decoraciones  para  ambas  obras. 

CÓMICO. 

El  26  se  inauguró  este  elegante  teatro  con  las 
aplaudidas  zarzuelas  ¡Viva  mi  niña!  y  La  Zarina  y 
La  Banda  de  trompetas  y  El  Bajo  de  arriba . 

Todos  los  artistas,  que  en  su  mayoría  son  cono¬ 
cidos  del  público  madrileño,  fueron  muy  aplaudi¬ 
dos,  especialmente  Felisa  Lázaro. 

Para  el  viernes  próximo  anúnciase  el  estreno 
del  juguete  en  un  acto  Los  Remiendos . 

A. 

JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  ni*«  perfumado  de  los  jabones  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabrito 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro.— Fuera  de  eoaeerso 
4,  PLACE  DE  L’OPÉ&A,  PARIS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 

#■  A  pt  100,  1.000  ó  más  sellos 
CLIN  VIHllCL  de  correos  diferentes,  de 
Austria-Hungría,  á  quien  me  mande  otros  tantos 
do  cartas  ó  tarjetas  postales  de  su  país. 

CHARLES  LETON  IKT,  Apothioaire, 

á  Witkowitz  —  Meravie 
en 

AUSTRIA. 


LOSATOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 
PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 

Remedio  prodigioso  y  rápido.  30  años  de  éxito. 

Si  vino  de  pkptona  oatillon,  •/  m¡or  reconstituyente 
de  /as  fuerzes,  ruUbiao*  •/  apetito  /  tu  digestiones .  enfsrmsdsd es 

UN  ESTOMAGO,  LANGUIDEZ,  ANEMIA, 'fo. 


EL.  LANZA-PERFUME 


PBBFVMA  T  REFRESCA 

Automáticamente  sin  mojar  ni  manchar. 

PKR7UMKS  EXQUISITOS 

En  todas  las  bubnab  Psufumbmas.  —  Depósitos  principales  : 
Viotor  Ouíiy, Union, BARCELONA;  VilarRidaura  Hermanos, 
/orilla,  5,  VALENCIA;  Vicente  Ribelro,  Finqueiros,'  LISBOA. 


1  Wk  I  í  DO  pie  (Aatliaa  otea  de  EUILE  PIIQAT),  80,  rus 
A.  iflbuDu  &  U  lowb-b-Grand, París.— TRAJES  Y  ABRIOOS 
La  casa  que  viste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riquesa  y  buen  gusto 


BOYAL  HOUBIGANT  tSSUSSÍ 


fumista,  19,  Faubourg  8»  Honoré,  París, 


Perfumería  exótica  SENET,  35,  rueda  Qaatre  Septembre. 
París.  (  Véanse  los  anuncios. ) 


Perfumería  Kinon ,  Maison  LE  CON  TE,  31,  rué  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios,) 


LA  FOSFATE  NA  FA  LIÉ  RES  es  el  mejor  alimento  para 
niños  desde  la  edad  de  6  á  7  mese?,  principalmente  en  el  desteta 
y  en  el  periodo  del  crecimiento.  Tiene  nn  gusto  muy  agradable 
y  es  de  radiísima  digestión.  París ,  6,  Arenme  Victoria, 


É&r  tyioíeftepucAÍe 

WñJSf  tiros- essieee -  mu  de  toiletts 

POUORE  DE  MIZ 

L.T.  PIVER  a  PARIS 


Digitized  by  ^.ooQie 


132  —  n.°  viii 

LIBROS  PRESENTADOS 

A  ISTA  BSD  ACCIÓN  POB  A  UIO  BES  Ó  ED1TOEES. 

Verbos  españoles— Diccionario  de  la  con¬ 
jugación  castellana,  por  Rafael  Diez  de  la 

Cortina.  _  ... 

El  autor  de  métodos  para  aprender  idiomas, 
premiado  con  medalla  de  primera  clase  en  la 
Exposición  de  Chicago  en  lb93,  ha  publicado  en 
Nueva  York  la  quinta  edición  de  su  libro  de 
enseñanza  Verbos  es-pañoles,  que  dedica  á  los 
norteamericanos  que  estudian  castellano. 

La  utilidad  reconocida  de  las  anteriores  es 
mayor  en  esta  última  edición,  por  el  aumento 
de  vocablos,  reglas  y  notas  prácticas,  y  los 
ejemplos  relativos  á  las  preposiciones  que  los 
verbos  rigen.  Contiene  la  obra  del  Sr.  Cortina 
un  estudio  preliminar  sobre  el  verbo  castellano, 
la  conjugación  de  los  auxiliares,  regulares,  irre¬ 
gulares,  reflexivos,  recíprocos,  impersonales  y 
defectivos,  y  lista  completísima  de  los  verbos 
regulares,  con  su  régimen  y  sus  equivalentes 
ingleses.  ,  .  ,  ,  .  , 

El  Sr.  Diez  de  la  Cortina  es  el  introductor  de 
la  aplicación  del  fonógrafo  á  la  enseñanza  de 
los  idiomas,  y  no  hay  duda  que  ha  de  ser  este 
invento  útilísimo  para  educar  el  oído,  elemento 
muy  importante  para  ei  estudio  de  las  lenguas, 

{>ue8  el  discípulo  puede  oir  siempre  que  quiera 
as  lecciones  del  maestro  en  el  aparato  que  las 
reproduce  con  toda  su  fuerza,  cadencia,  infle¬ 
xión,  énfasis,  acentuación  y  pausas. 

La  obra  Verbos  esjyañoles  véndese  en  Nuera 
York  al  precio  de  un  peso,  encartonada,  y 
75  centavos  en  rústica. 

Historia  de  I**  trnslsclonea  miUfrrn- 

sas  de  la  Santa  Casa  de  Nazareth  en  Loreto . 
Los  portentos  de  Monte- Alvemo  y  mi  viaje  d 
Tierra  Santa,  por  el  Revdo.  Fr.  Francisco  Lo¬ 
renzo  María  de  Rojas  de  Mollina. 

Se  ha  publicado ,  corregida  y  aumentada,  la 
tercera  edición  de  la  obra  que  el  Revdo.  Padre 
Superior  de  la  Misión  apostólica  de  las  Siete 
Palabras  ha  escrito  sobre  las  milagrosas  trasla¬ 
ciones  déla  Gasa  de  la  Santísima  Virgen  María 
de  Na zarel h  á  Tersa! z  (Dalmacia)  en  1291,  y 
después  &  Loreto  en  1294,  donde  exisle  hace 
teis  siglos.  La  historia  de  la  Santa  Casa  Laure- 
tana  es  poco  conocida  en  España,  y  segura¬ 
mente  causará  profunda  y  gratísima  impresión 
en  los  lectores  católicos  el  libro  del  P.  Rojas 
de  Mollina,  por  el  que  conocerán  detallada¬ 
mente  tan  interesantes  hechos. 

A  ¡a  historia  de  la  morada  santa  sigue  en  la 
la  obra  citada  el  relato  de  los  portentos  de 
Monte* Alverno ,  donde  hizo  penitencia  San 
Franisco  de  Asís,  y  termina  el  libro  con  las  im¬ 
presiones  que  el  autor  sintió  al  visitar  los  San¬ 
tos  Lugares  donde  se  realizaron  los  máB  subli¬ 
mes  misterios  de  la  religión  de  Cristo. 

El  volumen ,  de  450  páginas,  lujosamente  en¬ 
cuadernado,  véndese  en  España  al  precio  de 
2,50  pesetas. 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


D.  RAFAEL  TORRES  CAMPOS, 

COMISARIO  DE  GUERRA, 

NUEVO  ACADÉMICO  DE  LA  REAL  DE  LA  HISTORIA* 
(De  fot o¿ rafia  de  M.  Huerta.) 


i 8  Febrero  1898 


A  Rosalía  de  Castro.— Hemos  recibido  ejem¬ 
plares  del  elegante  folleto  en  que  se  describe  el 
cariñoso  homenaje  que  á  la  memoria  de  la  ilus¬ 
tre  poetisa  Rosalía  ae  Castro  han  tributado,  los 
'  gallegos  residentes  en  la  República  Argentina- 
Una  prueba  más  del  amor  inquebrantable' 
que  éstos  conservan  á  la  hermosa  tierra  en; 
que  nacieron ,  han  sabido  dar  en  esta  solemne 
y  brillantísima  velada  literario-musical  dedi¬ 
cada  á  la  inspirada  autora  de  Follas  Novas • 
Contiene  el  folleto  un  bello  resumen  del  acto, 
escrito  por  el  director  de  El  Eco  de  Galicia , 
Sr.  Castro  López;  los  discursos  de  los  señores • 
Dr.  Anido-Bares,  Puig  Gómez,  Suárez  Salgado 
y  Castro  López;  una  sentida  poesía  del  señor 
Conde  Salgado ;  los  grabados  aue  lo  ilustran  y 
representan  retratos  de  Rosalía  de  Castro;  el 
acto  de  la  velada;  los  diplomas  dedicados  á  los 
que  en  la  solemnidad  tomaron  parte,  y  la  co¬ 
rona  de  bronce  destinada  al  mausoleo  que  guar¬ 
da  las  cenizas  de  la  inspirada  cantora  de  Gali¬ 
cia  ,  la  cual  corona  fue  enviada  con  dicho  ob- 
jeto  á  la  Sociedad  Ecoríómica  de  Amigos  del 
País,  de  Santiago. 

Benefactores  y  hombres  notable*  de 

Puerto  Rico,  por  Eduardo*  Neuman  Gandía. 

El  laureado  escritor  D.  Eduardo  Neuman, 
cuyo  retrato  publicamos  no  há  mucho  tiempo, 
acaba  de  punlicar  el  primer  volumen  de  la 
obra  que,  con  el  título  que  encabeza  estas  lí¬ 
neas,  contiene  bocetos  biográfico- críticos  de 
las  ilustres  personalidades  peninsulares  é  insu¬ 
lares  que  han  contribuido  al  progreso  moral  y 
material  de  Puerto  Rico  desde  el  descubri¬ 
miento  de  América  hasta  nuestros  días. 

Ardua  labor  de  investigación,  tanto  más  di¬ 
fícil  cuanto  mayor  es  la  escasez  de  archivos 
1  seculares,  ha  realizado  el  Sr.  Neuman,  y  es 
muy  digna  de  elogio  la  imparcialidad  del  autor, 
lo  completo  de  las  biografías  y  el  orden  y  mé¬ 
todo  con  que  se  enlazan  cronológicamente. 

Ilustran  esle  primer  tomo  muchos  fotogra¬ 
bados,  hechos  en  la  afamada  casa  de  Boston 
«Peters  and  Son» ,  que  representan  monumen¬ 
tos,  antigüedades,  vistas  y  retratos  lomados 
de  los  datos  más  auténticos  que  ha  obtenido 
una  laboriosa  y  perseverante  investigación. 

El  Monitor  de  1**  Kxposlcíoné*. 

Hemos  recibido  el  segundo  numero  de 
Monitor  de  las  Exposiciones ,  órgano  de  ^  Ex¬ 
posición  de  París  cíe  1900,  interesante  publica¬ 
ción  editada  por  la  Agencia  Hispano- Francesa . 

Este  segundo  número,  en  cuya  forma  mate¬ 
rial  se  han  introducido  importantes  mejoras, 
Contiene  artículos  de  C.  Laisant,  ex  diputado 
y  profesor  do  la  Escuela  Politécnica;  del  ilus¬ 
trado  presbítero  V.  Charbonnel,  iniciador  del 
Congreso  religioso  universal  en  1900;  un  curio¬ 
so  trabajo  estadístico  de  Henry  Deseormeaux, 
sobre  las  relaciones  comerciales  de  Francia  y 
España;  un  interesante  estudio  sobre  la  Ha¬ 
cienda  española,  de  Georges  Polack,  etc  ,  etc. 

Se  publica  dos  reces  al  mes,  1 ,  rué  Saint - 
Georges ,  París. — C, 


LICOR  DEL  POLO  DE  ORIVE 

Nada  hay  tan  desagradable  como  una  dentadura  sucia,  una  boca  de  olor  fétido,  unas  encías  pᬠ
lidas  y  blandas.  Las  señoritas  que  poseen  el  arte  de  la  belleza  y  que  saben  lo  que  más  encanta  al 
hombre,  sostienen  sus  dientes  con  hermoso  y  nacarado  marfif  1  '  J  J  1 

4nnrofn  y  la  boca  deliciosamente  perfumada  por  la  menta  y  la  rosa,  con  el  uso  diario  del  más  ba¬ 
rato  y  mejor  de  lot  dentífricos  del  mundo  Licor  del  Polo  de  Orive.  Por  mayor,  Melchor 
García,  Capellanes,  i,  Madrid.— Al  detalle,  en  todas  las  farmacias  y  perfumerías. 


VINO  di  CHASSAING 


Prescrito  desde  25  año* 
Contra  las  AFFECCIONES  de  las  Vias  Digestivas 
PA  RIS,  6,  A  venus  Victoria,  8,  PA  RIS 

T  IV  TODAS  LAS  P&1H01  PALAS  FARMACIAS 


EL  LIBRO  AZUL 

NOVELITAS  Y  BOCETOS  DE  COSTUMBRES 


CUBITOS,  POR  0.  JOSÉ  FERNÁNDEZ  BR8IÍ, 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración 
Española  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

•in  modicina,  por  la  delicióla  harina  da  aalud 

LA  REVALENTA  ARABIGA ¡  DE10NI1P 

Cura  las  digestiones  laborioaaa,  (dispepsias),  gaatrilia,  a^laa,  P^nita^ 

náuseas,  fiebres,  estreñimiento»,  diarrea,  cólico»,  tos,  diabétu,  debilidad,  todos  lea 

desórdenes  del  pecho,  bropquioa,  vejiga,  hígado,  nfionea  ▼  sangra-^  tóoa  da 

buen  éxito,  renovando  Isa  constituciones  más  agotadas  por  la  v^ex^trabajoóloa 
excesos.  '  Es  también  el  mejor  alimento  para  cnar  4  los  n*a<^:D‘p¿61T01®*"*V^ 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  caaa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
dé  lt  Península  y  de  Ultimar.  Do  Bxbbt  t  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


SACADAS  DE  CÓDICES  DE  LA  BIBLIOTECA  COLOMBINA 

CON  NU1YAS  ILUSTRACIONES  SOBRE  LA  VIDA  DEL  AUTOR  Y  EL  “QUIJOTE” 


¡  D.  EDUARDO  BUSTILLO 

Un  tomo,  8.°  mayor  francés,  3  pesetas. 
Hállase  de  venta  en  la  Administración  de 
La  ilustración  Española  y  Americana,  Are¬ 
nal,  18,  Madrid. 


D. ADOLFO  DE  CASTRO. 


UN  TOMO,  8.°  MAYOR  FRANCÉS.  — 8  PESETAS 

i  _ j 

De  venta  en  la  Administración. de  La  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERI- 
OANA,  calle  del  Arenal,  18,  Madridl 


SUEÑOS  Y  REALIDADES 

!  POR 

DON  RAMÓN  DE  NAVARRETE 

La  mejor  recomendación  de  este  ameno  libro  ee  manifestar  que  está  escrito  por  el  dis¬ 
tinguido  cronista  de  salones  y  teatros  El  Morqué»  de  Valle- Alegre.  .  .  . , 


MALAS  COSTUMBRES 

'  APUNTES  DE  MI  TIEMPO  -  > 

POR 

D.  EUSEBIO  BLASCO 

Un  tomo,  8.°  mayor  francés,  3  pesetas.  So 


llegante  volumen  en  8.°  mayor  francés,  que  se  vende,  á  4  pesetas  en  la  Administración  halla  de  venta  en  la  Administración  de  este 

_  _  1  _  a  140  -ir.  1  •  1  A  «Anal  1  ft  Marlrirl 


de  La  Ilustración  Española  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


periódico,  Arenal,  18,  Madrid. 


OBRAS  POÉTICAS 

DE 

D.  JOSÉ  VELARDE 

DE  VENTA  KS  LA  ADMINISTRACIÓN  DK  ESTE  PERIÓDICO 

AREIAL,  1S,  MADRID. 


Alegría  (poema) .  1 

El  Holgadero.  (Segunda  parte  de  Ale¬ 
gría,)  (Idem) . . . 1 

Fernando  de  Laredo  (ídem) . .  1 

La  niña  de  Gómez- Arias  (ídem) .  1 

El  año  campestre  (ídem) . .  1 

Teodomiro,  ó  la  Cueva  dól  Cristo 
(ídem) . 2 

REUMATISMO 

Se  alivia  á  1*  primera  untura  del  prodigioso 
Bálsamo  Aiitiieiiiuático  de  Orive,  reco¬ 
nocido  como  irreemplazable*  en  todo  el  mundo 
para  calmar  en  el  acto  los  más  indomables  ata¬ 
ques  de  reuma.  En  los  casos  más  desesperados  es 
el  constelo  de  los  enfermos  y  el  crédito  de  los  mé¬ 
dicos  que  lo  recetan.— En  todas  las  farmacias. 
Por  mayor:  Bilbao,  Orive,  yen  Madrid,  M.  Garda. 


Impreso  con  tinta  de  la  fábrica  L0BELLE17X  y  C.%  16,  rué  Buger,  Parí*. 


Recorvados  todos  Vos  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.  —  Establecimiento’ tipolitográfleó  «Súcesóres  de  BivádfeíeyÁ», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  AjOOQLe 


8  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


x.°  ix  —  135 


¡  Cómo  ríen !  Escuchémoslas. 

¿De  qué  han  de  hablar?  De  sus  novios. 

— ¿Está  en  la  calle,  Manuela? . 

— ¿Quién? — El  de  marras:  el  prójimo. 
— ¿Le  has  citado? — ¡Dios  me  libre! 

— ¿Le  presientes? — Lo  supongo. 

— Voy  á  verlo. — Estoy  segura. 

— ¿Quién  te  lo  dice? — El  barómetro: 
Habiendo  nieve  en  la  calle 
No  puede  faltar  el  oso. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


BELLAS  ARTES. 

Cupido  fin  dé  siglo,  fotografía  artística  de  Taima.  —  Primavera, 
cuadro  de  Linden  —Secretos  del  tocador ,  cuadro  de  Lambert. 

No  es  el  Amor  que  nuestro  grabado  de  la  pri¬ 
mera  plana  representa  aquel  desnudo  y  desver¬ 
gonzado  rapazuelo  que  con  los  ojos  vendados  se 
entretenía  en  disparar  sus  envenenadas  flechas; 
los  tiempos  han  cambiado,  y  en  los  que  corremos 
es  preciso  andar  con  pies  de  plomo.  Cupido  se  pre¬ 
senta  cubriendo  decorosamente  su  antigua  desnu¬ 
dez;  y  libres  de  venda  sus  despiertos  ojos,  todo  lo 
miran  y  todo  lo  observan,  meditándolo  todo  se¬ 
riamente  el  muchacho  antes  de  flechar  á  nadie. 

Así  nos  lo  representa  la  artística  fotografía  de 
Taima,  siempre  bello  y  siempre  niño,  pero  niño 
precoz,  en  cuya  fisonomía  se  revela  una  tranquili¬ 
dad  poco  tranquilizadora  para  aquellos  á  quienes 
dirija  sus  tiros  con  premeditación  y  quizás  con 
alevosía. 


El  cuadro  del  artista  belga  Gastón  Linden,  que 
reproduce  nuestro  grabado  de  la  página  140,  ha 
figurado  en  el  Salón  del  Campo  de  Marte  de  Pa¬ 
rís.  Primavera  le  titula  su  autor,  y  es  realmente 
una  impresión  de  juventud,  de  frescura  y  de  gra¬ 
cia  lo  que  el  artista  ha  pintado  en  esa  interesante 
y  poética  figura  de  mujer. 


El  cuadro  de  Lambert,  Secretos  del  tocador ,  que 
publicamos  en  la  página  141,  faé  muy  celebrado 
en  la  última  Exposición  de  pastelistas  de  París. 
Es  inagotable  el  número  de  asuntos  que  en  las 
graciosas  travesuras  de  los  gatos  encuentran  los 
artistas  de  ingenio.  Zapaquilda  la  bella ,  no  la 
gata  doncella  de  la  fábula,  sino  la  respetable  ma¬ 
dre  de  familia,  lleva  á  su  prole  á  recrearse  sobre 
la  mesa  de  un  elegante  boudoir .  Una  delicada  esen¬ 
cia,  nunca  olida  hasta  entonces,  atrae  la  curiosi¬ 
dad  de  los  mininos  hacia  la  destapada  caja  de  ve¬ 
lutina*  secreto  de  tocador  para  ellos  totalmente 
desconocido.  El  final  gracioso  de  la  escena  se  adi¬ 
vina  fácilmente:  el  más  atrevido  meterá  su  hoci- 
quillo  en  la  caja,  y  al  aspirar  el  impalpable  y  per¬ 
fumado  polvo,  sentirá  tan  horrible  cosquilleo  que 

huirá  haciendo  fu .  naturalmente.  La  familia, 

alarmada,  seguirá  su  ejemplo,  y  en  su  tumultuosa 
fuga,  abanico,  borlas,  caja  y  polvos  saldrán  ro¬ 
dando,  divulgándose  los  secretos  del  tocador  por 
el  santo  suelo ! 

#  « 

EXCMO.  SR.  D.  BASILIO  AUGUSTIN  Y  DÁVILA, 
nuevo  Gobernador  general  de  Filipinas. 

El  teniente  general  D.  Basilio  Augustin  y  Dá- 
vila,  nombrado  Gobernador  general  de  Filipinas, 
para  donde  embarcará  en  breve,  nació  el  12  de 
Febrero  de  1840,  y  entusiasta  por  la  carrera  mili¬ 
tar,  ingresó  en  el  cuerpo  de  Estado  Mayor  del  ejér¬ 
cito,  en  el  que  siempre  tuvo  una  brillante  repu¬ 
tación.  Sus  excelentes  servicios  militares,  y  muy 
especialmente  los  que  prestó  en  la  última  guerra 
carlista,  le  hicieron  llegar  muy  joven  á  oficial  ge¬ 
neral  ,  habiéndose  confiado  á  su  pericia  importan¬ 
tes  mandos.  Hace  poco  más  de  tres  años  ascendió 
á  teniente  general,  siendo  nombrado  comandante 
en  jefe  del  octavo  cuerpo  de  ejército,  y  después 
pasó  á  mandar  el  sexto  cuerpo,  con  residencia  en 
Burgos,  donde  se  hallaba  al  ser  designado  por  el 
Gobierno  de  S.  M.  para  el  cargo  importantísimo 
de  Gobernador  general  de  Filipinas. 

El  general  Augustin  no  ha  tenido  asiento  en  las 
Cámaras,  ni  ha  pertenecido  hasta  ahora  á  ninguna 
agrupación  política. 

Tiene  las  grandes  cruces  de  San  Hermenegildo 
y  del  Mérito  Militar.  En  la  página  136  publicamos 
el  retrato  de  este  distinguido  general,  á  quien  de¬ 
seamos  todo  género  de  prosperidades  en  su  nuevo 
y  difícil  mando. 

•  # 


LA  GUERRA  EN  CUBA. 

Nuestra  información  gráfica  sobre  la  guerra  de 
Cuba  ofrece  hoy  á  la  pública  curiosidad  el  segun¬ 
do  grabado  de  la  página  136,  y  los  tres  que  figuran 
en  la  137,  los  cuales  tienen  el  interés  de  represen¬ 
tar  asuntos  del  campo  insurrecto  tomados  fotogrᬠ
ficamente  del  natural  por  Mr.  Pagliuchi. 

En  el  último  de  dichos  grabados  pueden  nues¬ 
tros  lectores  contemplar  la  vera  effigies  de  los  in¬ 
dividuos  que  constituyen  el  Poder  Ejecutivo  de  la 
campestre  República  cubana.  Su  presidente,  Bar¬ 
tolomé  Masó,  nació  en  Manzanillo  en  1832,  y 
tomó  parte  en  la  insurrección  de  1868.  Desde  el 
24  de  Febrero  de  1895  se  halla  en  el  campo  rebel¬ 
de,  siendo  elegido  en  18  de  Septiembre  del  mismo 
año  vicepresidente,  y  en  29  de  Octubre  del  año 
próximo  pasado  presidente  de  la  dicha  República 
ambulante.  Entre  los  mambises  tiene  el  empleo  de 
general  de  división. 

El  vicepresidente  es  el  abogado  Domingo  Mén¬ 
dez  Capote,  de  quien  hablamos  ya  en  nuestro  nú¬ 
mero  XXXVI  del  citado  año.  Nació  en  Cárdenas 
(Matanzas);  fué  protegido  del  Marqués  de  Balboa, 
y  por  él  fué  nombrado  abogado  del  ferrocarril  del 
Oeste,  cargo  que  desempeñaba  cuando  se  marchó 
con  los  insurrectos,  á  poco  de  ocurrir  un  desfalco 
en  la  citada  Compañía  y  de  suicidarse  un  compa¬ 
ñero  suyo. 

Decían  algunos  periódicos  de  estos  días  que  se 
había  presentado.  Nosotros  lo  dudamos.  Méndez 
Capote  es  brigadier  inclusive  en  la  manigua. 

Son  miembros  del  gabinete . á  la  intemperie: 

el  secretario  de  la  Guerra,  José  B.  Alemán,  briga¬ 
dier  él ,  natural  de  Santa  Clara  y  de  treinta  y  cua¬ 
tro  años  de  edad,  editor  del  periódico  La  Defensa 
y  regidor  en  el  Ayuntamiento  de  Santa  Clara; 
el  secretario  de  Hacienda,  coronel  Ernesto  Fons 
Sterling,  nacido  en  la  Habana  hace  veintiocho 
años;  el  de  Estado,  coronel  también,  Andrés  Mo¬ 
reno  de  la  Torre,  hace  treinta  y  ocho  que  nació  en 
Cárdenas  (Matanzas);  el  de  Gobernación,  que  no 
ha  pasado  de  teniente  coronel,  es  Ramón  Silva, 
natural  de  Puerto  Príncipe,  de  treinta  años  y  doc¬ 
tor  en  Medicina. 

De  la  residencia  oficial  de  este  gobierno  da  idea 
la  vista  que  en  la  página  136  publicamos,  y  en  los 
primeros  grabados  de  la  137  aparecen  los  regi¬ 
mientos  que  custodian  al  Poder  ejecutivo.  Es  el 
primero  el  de  Panchito  Gómez ,  y  el  segundo  el  de 
Agramonte;  y  agrupados  como  están  en  estudiada 
actitud  fotografiadle ,  nos  recuerdan  esas  instantᬠ
neas  que  suelen  publicar  los  periódicos  de  los  es¬ 
trenos ,  porque  parecen  un  final  de  cuadro  de  una 
zarzuela  del  género  chico. 

• 

•  * 

EMMO.  SR.  D.  ANTONIO  MARÍA  CASCAJARES  Y  AZARA, 
cardenal-arzobispo  de  Volladolid. 

Recientemente  se  ha  ocupado  la  prensa  diaria 
en  comentar  la  Pastoral  que  el  Emmo.  señor  car¬ 
denal  Cascajares,  arzobispo  de  Valladolid,  ha  diri¬ 
gido  á  los  fieles,  con  ocasión  de  las  bulliciosas  fies¬ 
tas  del  Carnaval,  llamando  la  atención  á  más  altas 
y  trascendentales  cuestiones,  que  en  los  azarosos 
tiempos  presentes  se  compadecen  mal  con  aque¬ 
llas  alegrías. 

Neutrales  en  absoluto  en  las  contiendas  de  la 
política,  menos  que  nunca  hemos  de  permitirnos 
juzgar  dicha  Pastoral  en  lo  que  á  los  asuntos  pú¬ 
blicos  se  refiera,  y  nos  limitamos  á  la  publicación 
del  retrato  del  ilustre  Arzobispo  de  Valladolid, 
que  dejó  la  brillante  carrera  de  oficial  de  Artille¬ 
ría  para  abrazar  el  estado  eclesiástico ,  en  el  cual 
sus  reconocidos  méritos  le  han  elevado  á  los  más 
altos  cargos,  hasta  obtener  de  Su  Santidad  la  púr¬ 
pura  cardenalicia.  (Véase  el  grabado  de  la  pági¬ 
na  138.) 

•  * 

D.  JOAQUÍN  OSÉS  Y  RODRÍGUEZ  DE  ARELLANO, 

ascendido  ¿  general  de  brigada  por  servicios  prestados  en  la 
campaña  de  Cubo. 

El  general  D.  Joaquín  Osés,  cuyo  retrato  damos 
en  la  página  143,  nació  en  Mendigorría  (Navarra) 
en  30  de  Octubre  de  1841,  ingresando  como  ca¬ 
dete  en  el  regimiento  de  Borbón  en  el  año  1857, 
siendo  oficial  á  los  dos  años. 

Capitán  en  1868,  pasó  en  Mayo  del  71  volunta¬ 
riamente  al  ejército  expedicionario  de  la  Isla  de 
Cuba,  donde  prestó  excelentes  servicios  comba¬ 
tiendo  aquella  insurrección,  y  ganando  por  he¬ 
chos  de  armas  tres  cruces  rojas  y  el  empleo  de 
comandante  y  grado  de  teniente  coronel.  Perma¬ 
neció  en  Cuba  hasta  1881,  siendo  después  en  la 
Península  secretario  del  Gobierno  militar  de  Oren¬ 
se  ,  hasta  su  ascenso  á  teniente  coronel  en  1888, 


quedando  entonces  de  ayudante  del  General  go¬ 
bernador. 

Coronel  en  1890,  mandó  las  zonas  militares  de 
Cieza,  Lora,  Vergara  y  Lugo  hasta  Octubre  de 
1895,  en  que  fué  otra  vez  voluntariamente  á  Cuba. 
Distinguióse  al  frente  del  enemigo  con  la  media 
brigada  de  su  mando  en  muchas  ocasiones.  Estuvo 
cinco  meses  de  gobernador  en  Santa  Clara,  y  á 
petición  propia  fué  destinado  en  fin  de  Junio  del 
propio  año  á  mandar  una  media  brigada  en  la  ju¬ 
risdicción  de  Remedios,  en  donde  en  fin  de  No¬ 
viembre  quedó  encargado  del  mando  interino  de 
la  brigada  de  Jatibonico  del  Norte,  asistiendo  á 
diferentes  acciones  y  distinguiéndose  en  la  de  las 
Lomas  del  Tigre  en  14  de  Febrero  de  1897,  donde 
batió  durante  cinco  horas  al  enemigo,  perfecta¬ 
mente  atrincherado,  desalojándolo  de  sus  posicio¬ 
nes  y  causándole  más  de  cien  bajas.  Por  este  he¬ 
cho  de  armas  le  fue  concedida  la  cruz  de  tercera 
clase  del  Mérito  Militar  roja. 

Siguiendo  las  operaciones,  batió  en  4  de  Julio 
á  la  partida  del  cabecilla  Barroto,  matando  al 
hermano  de  éste,  titulado  prefecto,  y  haciendo 
prisionera  á  la  familia  del  cabecilla  y  recogiendo 
documentos  de  la  prefectura,  municiones  y  boti¬ 
quín,  y  huyendo  el  enemigo  con  muchas  bajas. 

Por  esta  acción,  y  otras  varias  operaciones  hasta 
fin  de  Agosto  del  propio  año,  se  le  otorgó  la  cruz  del 
Mérito  Militar  roja,  pensionada,  de  tercera  clase. 

Por  propuesta  del  general  Weyler,  reiterada 
por  el  general  Blanco,  ha  sido  promovido  á  gene¬ 
ral  de  brigada  por  Real  decreto  fecha  9  de  Febre¬ 
ro  próximo  pasado,  continuando  en  el  mando  de 
la  brigada  que  interinamente  desempeñaba. 


BARCELONA. 

Embarco  de  tropas  con  destino  &  la  Isla  de  Cuba. 

El  día  25  de  Febrero  último,  á  las  ocho  y  media 
de  la  mañana,  salieron  de  Barcelona  para  Ultra¬ 
mar,  acompañados  por  la  escuadra  de  gastadores, 
bandas  de  cornetas  y  tambores,  la  música  y  una 
compañía  del  regimiento  de  Almansa,  con  su  ban¬ 
dera,  los  reclutas  del  anterior  reemplazo  perte¬ 
necientes  á  las  zonas  de  la  región  de  Cataluña  y 
de  las  Baleares,  á  quienes  correspondió  marchar 
á  Cuba,  y  que,  después  de  haber  recibido  la  ins¬ 
trucción  militar  correspondiente,  fueron  licencia¬ 
dos  para  sus  casas,  habiéndoseles  llamado  recien¬ 
temente  á  concentración. 

A  las  nueve  en  punto  empezó  el  embarco,  efec¬ 
tuado  con  el  mayor  orden. 

Media  hora  después  salieron  del  cuartel  de 
Jaime  I,  precedidos  por  la  música  del  batallón 
cazadores  de  Figueras,  los  reclutas  del  5.°  cuerpo, 
los  cuales  tan  pronto  como  llegaron  al  muelle 
empezaron  á  embarcar. 

Todos  los  soldados  vestían  traje  de  rayadillo, 
llevando  liada  una  manta. 

Mientras  esperaban  que  les  tocase  el  turno  para 
el  embarco,  algunos  soldados  se  entregaron  á  los 
placeres  de  la  danza,  lamentando  muchos  de  ellos 
que  no  se  les  haya  dejado  disfrutar  durante  el  re¬ 
ciente  Carnaval  de  las  fiestas  de  sus  respectivos 
pueblos. 

Sin  embargo,  se  hallaban  alegres  y  ansiosos  de 
pisar  la  cubierta  del  Montserrat ,  vitoreando  á  Es¬ 
paña  al  alejarse  del  muelle  las  golondrinas  que  les 
condujeron  al  vapor. 

Como  algunos  observaran  que  había  algunas 
mujeres  llorando,  objetaron: 

— No  llorar,  no  llorar  aquí.  Guardad  las  lágri¬ 
mas  para  cuando  estéis  en  vuestra  casa. 

El  embarco  terminó  á  las  once,  habiéndose  di¬ 
rigido  á  bordo,  en  la  falúa  de  la  Capitanía  gene¬ 
ral,  el  general  de  brigada  D.  Mariano  de  Pedro  y 
algunos  jefes  y  oficiales. 

De  jefe  de  la  expedición,  compuesta  de  1.080 
hombres,  va  el  teniente  coronel  de  Caballería 
D.  Ricardo  Callol. 

Nuestro  primer  grabado  de  la  página  144  repre¬ 
senta  la  escena  del  embarco. 

•  • 

BARCELGNA. 

Desembarco  de  tropas  procedentes  de  Filipinas. 

El  27  de  Febrero  próximo  pasado,  á  mediodía, 
ancló  en  el  puerto  de  Barcelona  el  vapor-correo 
extraordinario  Isla  de  Panay. 

Conducía  907  pasajeros,  de  éstos  siete  jefes  y 
oficiales,  22  sargentos  y  792  soldados,  en  su  mayo¬ 
ría  enfermos  y  heridos. 

El  buque  y  los  tripulantes  quedaron  sujetos  á 
tres  días  de  observación,  debiendo  zarpar  después 
para  Marsella  con  objeto  de  limpiar  fondos.  Veri¬ 
ficada  esta  operación,  regresará  á  Barcelona,  de 
donde  emprenderá  viaje  á  Manila  el  día  5  ó  6  de 
Mayo. 


Digitized  by  ^.ooQie 


136  -  n.°  ix 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Mabzo  1898 


El  desembarco  de  los  soldados 
comenzó  á  las  dos  de  la  tarde  en 
las  escaleras  de  la  Paz,  desde 
donde  eran  conducidos  los  re¬ 
cién  llegados  hacia  el  cuartel  de 
Atarazanas ,  en  cuyo  patio  se  les 
sirvió  por  señoritas  de  la  Cruz 
Roja  tazas  de  caldo,  vino  gene¬ 
roso  y  pastas. 

De  los  soldados  que  regresan 
enfermos,  46  fueron  trasladados 
al  hospital  Militar  en  grave  esta¬ 
do,  debido  á  la  anemia,  paludis¬ 
mo  y  tuberculosis,  52  al  Sanato¬ 
rio  oficial,  é  igual  número  al  de 
la  Cruz  Roja. 

Es  muy  digno  de  alabanza,  y 
sin  duda  merecedor  de  recom¬ 
pensa,  el  comportamiento  del 
dueño  de  los  vapores  llamados 
golondrinas ,  D.  Francisco  An- 
glada,  quien  gratuitamente,  y 
por  caridad  y  patriotismo,  viene 
desembarcando  miles  de  solda¬ 
dos  que  llegan  á  Barcelona  pro¬ 
cedentes  de  Cuba  y  Filipinas,  in¬ 
cluso  los  enfermos  y  heridos, 
procurando  que  estos  últimos  va¬ 
yan  desde  á  bordo  á  tierra  con 
los  mayores  cuidados  y  comodi¬ 
dades  posibles. 

Esta  interesante  y  triste  esce¬ 
na  del  desembarco  es  el  asunto 
de  nuestro  segundo  grabado  de 
la  pigina  144. 

*  • 

MONTORO  (CÓRDOBA). 

Vista  general  de  la  ciudad. 

Montoro,  cuya  vista  publica¬ 
mos  en  la  página  145,  es  la  anti¬ 
gua  Epora,  situada  sobre  las  ro¬ 
cas  de  la  margen  izquierda  del 
Guadalquivir,  formando  una  pe¬ 
queña  península;  fué  uno  de  los 
ocho  Municipios  romanos  que  se 
hallaban  en  la  Bética,  y  uno  de 
los  tres  federados  de  Roma  en 
Andalucía.  Son  muchas  las  ins¬ 
cripciones,  lápidas  y  sepulcros 
que  se  suelen  encontrar  y  que 
demuestran  su  antigua  grandeza 
y  poderío ,  como  las  monedas 
que  en  uso  de  su  soberanía  se 
batieron  en  esta  población  con 
el  título  de  República  Eporense. 

La  cristiandad  debió  introdu¬ 
cirse  pronto  en  Epora,  y  la  luz 


Excmo.  Sr.  D.  BASILIO  AUGUSTIN  Y  DÁVILA, 

NUEVO  GOBERNADOR  GENERAL  DE  FILIPINAS. 


del  Evangelio  se  extendió  por 
estos  territorios,  puesto  que  Res- 
tituto ,  presbítero  de  Epora  en 
el  siglo  m,  asistió  al  Concilio 
lliberitano  (primero  celebrado 
en  España)  y  firmó  después  de 
los  obispos,  como  procedente  de 
ciudad  de  más  consideración. 

El  emperador  Alonso  VII  ga¬ 
nó  Epora  á  los  moros  y  le  puso 
por  nombre  Montoro  en  1155, 
aludiendo  á  la  fortaleza  del  sitio; 
después,  en  tiempo  del  rey  don 
Sancho  III,  volvió  á  caer  este 
pueblo  en  poder  de  los  moros, 
hasta  que  D.  Alfonso  VIII  lo  re¬ 
conquistó  en  1190;  pasado  el  año 
1209  se  apoderaron  otra  vez  los 
árabes  de  Montoro,  y  D.  Fernan¬ 
do  III  en  1236,  después  de  ren¬ 
dida  Córdoba,  le  puso  sitio,  rin¬ 
diéndose  los  moros  tras  obstina¬ 
da  resistencia  el  24  de  Agosto  del 
mismo  año,  día  de  San  Bartolo¬ 
mé,  por  lo  cual  es  el  patrón  de 
dicha  ciudad. 

Es  Montoro  patria  de  varones 
insignes,  y  entre  las  obras  nota¬ 
bles  que  tiene  sobresalen  el  hos¬ 
pital  de  Jesús,  que  es  uno  de  los 
mejores  de  Andalucía,  y  el  mag¬ 
nífico  puente  de  piedra,  cons¬ 
truido  á  expensas  del  pueblo  allá 
por  los  años  de  1500,  cuyo  coste 
pasó  de  200.000  ducados,  por  cuya 
notable  obra  los  Reyes  Católicos, 
desde  Granada,  concedieron  á 
Montoro  varias  gracias  y  privile¬ 
gios,  confirmándolos  después  el 
emperador  Carlos  V,  Felipe  II, 
III  y  IV  y  otros  monarcas  espa¬ 
ñoles. 

Este  pueblo  fué  villa  hasta  el  8 
de  Agosto  de  1808,  en  cuyo  día 
la  Junta  central,  á  nombre  de 
S.  M.  D.  Fernando  VII,  le  con¬ 
cedió  el  título  de  noble,  leal  y 
patriótica  ciudad  por  sus  brillan¬ 
tes  hechos  de  armas  contra  las 
tropas  francesas  mandadas  por 
el  general  Dupont,  coadyuvando 
á  la  victoria  de  Bailón. 

También  en  la  primera  guerra 
carlista  se  distinguió,  y  en  los 
días  anteriores  á  la  batalla  de 
Alcolea  fue  el  cuartel  general  de 
Noval  iches. 

Su  término  es  muy  rico  en 
olivares  que  producen  excelen¬ 
tes  aceites. 


LA  ESPERANZA  (CUBA).  —  RESIDENCIA  DEL  TITULADO  GOBIERNO  DE  LA  «REPÚBLICA  DE  CUBA»,  EN  LA  PROVINCIA  DE  PUERTO  PRÍNCIPE. 

(De  fotografías.) 


Digitized  by 


i 

i , 

•  " 

•i 

8  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ‘ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  ix  —  137 


LA  GUERRA  EN  CUBA. 


'»• 


« REGIMIENTO  DK  PANCHITO  GÓMEZ», 


«REGIMIENTO  DE  AGRAMONTE», 


DESTINADOS  A  LA  CUSTODIA  DEL  TITULADO  GOBIERNO  DE  LA  «REPÚBLICA  DE  CUBA». 


Ernesto  Fons.  secretario  de  Hacienda.  Andrés  Moreno  de  la  Torre,  secretario  de  Estado.  José  B.  Alemán,  secretario  do  la  Querrá. 


Domingo  Mendez  Capote,  vicepresidente. 


Bartolomé  Maoo,  titulado  preeidenie  de  la  República. 


Manuel  llamón -Silva,  (secretario  de  la  Gobernación. 


INDIVIDUOS  QUE  FORMAN 


EL  TITULADO  GOBIERNO  DE  LA  «REPÚBLICA  DE  CUBA». 

(De  fotografías.) 

Digitized  by 


Google 


138  —  n.°  ix 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Marzo  1898 


En  la  actualidad  se  están  verificando  importan¬ 
tes  obras  en  el  puente  de  Montoro,  cuyo  uso  ha 
cedido  el  Ayuntamiento  al  Estado  para  dar  paso  á 
la  nueva  carretera  de  Montoro  á  Cardeña.  Pronto 
se  terminará  por  una  compañía  representada  por 
el  ilustrado  socio  D.  Sebastián  García  Vázquez, 
dirigiendo  las  obras  del  puente  el  entendido  inge¬ 
niero  D.  Modesto  España  y  ayudante  D.  Julio 
García  Pretel,  y  llevadas  á  la  práctica  por  el  hábil 
aparejador  D.  Rafael  Carpió. 


MADRID. 

Prueba  oficial  de  una  sustancia  química  para  la  extinción  de  fuegos. 

El  grabado  de  la  página  148  reproduce  las  prue¬ 
bas  que  hace  poco  se  hicieron ,  en  el  antiguo  em¬ 
barcadero  del  Canal,  de  un  procedimien¬ 
to  químico  para  extinguir  con  extraordi¬ 
naria  rapidez  los  incendios. 

La  invención ,  que  corresponde  á  doña 
Isidra  Gómez  y  Sánchez,  consiste  en  una 
sustancia  que,  disuelta  en  el  agua,  impide 
la  evaporación  de  ésta  al  ser  arrojada  so¬ 
bre  el  fuego,  y  hace  por  lo  tanto  que  el 
líquido  extinga  la  combustión. 

Merced  á  las  incesantes  gestiones  del 
apoderado  de  la  inventora,  D.  Enrique 
Bellón  de  Rojas,  pudieron  verificarse  las 
pruebas  ante  una  docta  comisión  del 
Ayuntamiento,  compuesta  de  los  señores 
Párraga,  Marqués  de  Santa  Ana  y  Conde 
de  Torres- Arias,  un  arquitecto  munici¬ 
pal,  una  brigada  de  bomberos  al  mando 
del  veterano  Trillo,  y  varios  represen¬ 
tantes  de  la  prensa. 

Se  realizó  el  experimento  llenando  de 
leña  una  caseta  construida  ad  hocy  á  la 
que  se  prendió  fuego,  rociándola  previa¬ 
mente  de  petróleo. 

Cuando  mayores  proporciones  tomaba 
el  voraz  elemento,  bastó  una  cantidad 
relativamente  pequeña  del  líquido  com¬ 
puesto  para  sofocarlo  en  el  acto.  Nuestro 
grabado  representa  el  instante  en  que,  al 
llegar  el  líquido  á  la  caseta,  cesan  las  lla¬ 
mas,  quedando  sólo  la  columna  de  humo 
que  se  eleva. 

Por  tres  veces  se  repitieron  las  prue¬ 
bas,  con  idéntico  satisfactorio  resultado. 

Este  eficaz  invento  ha  de  ser  de  gran 
utilidad  en  las  fábricas,  almacenes  y  de¬ 
más  establecimientos,  donde,  con  apara¬ 
tos  apropiados,  podrá  extinguirse  en  sus 
comienzos  cualquier  incendio  que  pueda 
ocurrir. 

Carlos  L.  de  Cuenca. 


un  hombre  tan  hombre  como  Antonio,  de  fuerza 
y  de  vigor  increíbles,  en  quien  la  naturaleza  ma¬ 
terial  predominaba  con  aquel  predominio  sobera¬ 
no,  debía  satisfacer  los  instintos  groseros  de  la 
hembra,  mal  satisfechos  por  la  hermosura  de  Cé¬ 
sar,  muy  olímpica  ciertamente,  pero  afeminada 
y  recordando  siempre  más  la  gracia  de  su  inmor¬ 
tal  abuela  Venus,  que  la  fuerza  física  de  Marte, 
intensamente  representada  por  Antonio.  No  hay 
en  la  historia  tipo  de  mujer  caída  y  viciosa  tan 
femenil  como  el  tipo  de  Cleopatra.  Ella  no  libra 
ningún  género  de  proyecto  al  poder  propio  de  los 
dueños  del  mundo,  ni  á  las  intrigas  de  las  cortes, 
ni  á  la  fuerza  de  las  armas;  ella  lo  libra  todo  á  sus 
fascinaciones  y  á  sus  encantos.  Cuando  César  está 
en  Alejandría,  no  espera  cosa  de  su  entendimiento 
político,  el  cual  debía  moverle  á  conjurar  la  usur¬ 


LA  MUERTE  DE  CLEOPATRA. 


ESTUDIO  HISTÓRICO  LITERARIO. 

I. 


La  gran  Reina  egipcia  que  venció  á  Ju¬ 
lio  César  y  á  Marco  Antonio,  vencida  fué 
por  Octavio  Augusto.  Los  cargos  capita¬ 
les  dirigidos  por  éste  á  Cleopatra  se  resu¬ 
mían  en  dos:  primero,  la  ingratitud  con 
César,  á  quien  debiera  el  trono,  deuda 
más  tarde  acrecida  por  obsequios  y  favores  innu¬ 
merables  y  pagada  con  la  deserción  de  su  bandera 
y  el  auxilio  á  sus  asesinos;  segundo,  el  amor  inte¬ 
resado  hacia  Marco  Antonio,  en  el  cual  rio  entraban 
tanto  los  afectos  naturales  á  un  corazón  de  mujer, 
como  las  ambiciones  propias  de  una  reina.  Real¬ 
mente,  la  escena  representada  en  estos  minutos  por 
la  tentadora  serpiente  demostraba  que  la  gloria  de 
su  nombre  ilustre,  los  verdes  laureles  de  su  dinas¬ 
tía  inmortal,  el  acrecentamiento  de  un  imperio 
tan  vasto,  la  dominación  de  razas  tan  diversas,  el 
deseo  de  reproducir  las  grandezas  de  Alejandro 
frente  á  las  grandezas  de  César,  aquella  nativa 
emulación  del  Oriente  con  el  Occidente  que  llena 
toda  la  historia  humana,  superaban  con  mucho  al 
amor  de  Cleopatra  por  Antonio.  La  egipcia  repre¬ 
senta  y  personifica  la  exaltación  al  trono  de  una 
mujer  sensual  y  voluptuosa,  de  pocos  escrúpulos 
femeniles  y  de  ninguna  conciencia  moral,  tentada 
siempre  por  los  reclamos  del  amor,  y  tentadora, 
que  avasalló  primero  al  divino  César  exaltando 
su  genio  al  contacto  de  su  alma,  y  avasalló  luego 
al  pretoriano  Antonio  exaltando  el  sensualismo 
suyo  al  contacto  de  su  cuerpo;  seducciones  guia¬ 
das  por  su  ambición  de  reina  y  sometidas  al  inte¬ 
rés  de  su  dinastía  y  de  su  imperio.  Naturalmente, 


Emmo.  Se.  D.  ANTONIO  MARÍA  CASCAJARES  Y  AZARA, 

CARDENAL-ARZOBISPO  DE  VALLADOLID. 

(De  fotografía.) 


pación  del  hermano  que  la  destronara;  esperó  to¬ 
dos  sus  apetecidos  logros  del  encantamiento  lle¬ 
vado  en  su  cuerpo,  y  entrando  metida  dentro  de 
un  fardo  en  el  palacio  cesáreo ,  avasalla  para  siem¬ 
pre  al  César.  Luego,  cuando,  muerto  César,  pro¬ 
pende  al  partido  estoico  de  los  republicanos  últi¬ 
mos,  y  rotos  éstos,  Antonio  recoge  como  encargo 
capital  castigarla,  no  apercibe  naves,  ni  requiere 
armas,  ni  junta  pertrechos,  ni  congrega  ejércitos; 
velámenes  de  purpura,  cordajes  de  seda,  tapices 
de  Persia,  pebeteros  de  ámbar,  cojines  de  tisú, 
guirnaldas  de  flores,  flautas  de  oro,  danzas  de  ba¬ 
cantes,  y  sus  propias  gracias,  aquellas  gracias  ava¬ 
salladoras,  le  sirven  para  esclavizar  al  general 
romano  y  sobreponer  al  Occidente  prosaico  y  po¬ 
sitivo,  el  hechicero  y  panteísta  Oriente.  En  Accio 
los  nervios  suyos  no  le  permiten  presenciar  el 
horror  de  una  batalla,  y  después  de  haber  puesto 
en  línea  escuadras  tortísimas  como  soberana  om¬ 
nipotente,  huye  avergonzada  y  confusa  como  his¬ 
térica  mujer.  Y  aunque  ya  raya  en  los  cuarenta, 
y  el  exceso  ha  fatigado  su  cuerpo,  siquiera  no  haya 
de  ningún  modo  enflaquecido  ni  hastiado  su  alma, 
todavía  libra  mucho  en  el  poder  perdurable  de  su 
sexo  propio  sobre  el  sexo  opuesto,  y  de  sus  gra¬ 
cias  personales  sobre  todo  varón.  Así,  permite  que 


su  ejército  de  tierra  se  rinda  en  Pelusa  y  abra  las 
puertas  del  Egipto  al  vencedor;  permite  que  los 
restos  de  su  escuadra  se  rindan,  á  pesar  de  su  nú¬ 
mero  y  de  su  fortaleza,  en  la  rada  misma  de  Ale¬ 
jandría;  para  extraer  su  trono  entero  de  aquel 
deshecho  naufragio,  y  colocar  á  sus  hijos  trans¬ 
mitiéndoles  con  fortuna  la  herencia  de  cien  abue¬ 
los,  basta  con  repetir  los  medios  empleados  en 
César  y  Antonio.  Como  sugirió  al  primero  cam¬ 
biar  la  sede  capital  del  mundo,  llevándosela  en 
sus  bagajes  desde  la  orilla  del  Tíber  á  las  orillas 
del  Nilo;  y  como  sugirió  al  segundo  el  impulso 
merced  al  cual  desenvainó  su  espada  contra  Ro¬ 
ma,  creía  ejercer  el  mismo  influjo  y  determinar 
el  movimiento  mismo  en  Octavio,  el  tercero  y 
último  -de  los  dueños  del  mundo.  Pero  en  Octavio 
se  halló  solamente  la  política  de  perfidia,  el  cálculo 
de  un  frío  matemático,  la  doblez  de  un 
ambicioso  débil,  la  razón  de  Estado  pro¬ 
saica,  la  burocracia  tradicional  comple¬ 
tamente  falta  de  nervios  y  de  sangre,  so¬ 
bre  cuyas  facultades  no  ejerce  poder  al¬ 
guno  aquella  seducción  femenil  que  usara 
y  ejerciera  Cleopatra  en  César  y  Anto¬ 
nio,  quienes,  por  lo  mismo  que  tenían 
pasión  y  fuerzas,  estaban  sujetos  á  debi¬ 
lidades  y  caídas. 


II. 


No  cabía  poner  de  ningún  modo  ni  la 
disculpa  ni  la  justificación.  Intentólo 
Cleopatra  después  de  ver  la  poca  eficacia 
de  sus  fascinaciones  sobre  aquel  cuerpo 
casi  yerto,  y  nada  consiguió.  Elocuente, 
muy  elocuente,  no  acertó  á  explicar  en 
su  elocuencia  ni  sus  alianzas  con  los  tri¬ 
bunos  ,  ni  sus  sugestiones  á  los  pretoria- 
nos.  Apenas  decía  una  frase,  Octavio  le 
cerraba  el  camino,  bien  con  una  observa¬ 
ción  profundísima  en  que  la  exactitud 
rompía  ó  derrotaba  la  elocuencia,  bien 
con  un  recuerdo  en  que  la  evocación  opor¬ 
tuna  recrudecía  las  acusaciones  fiscales. 
Parecióle  así  á  Cleopatra  inútil  toda  jus¬ 
tificación,  y  sa  redujo  á  pedirle  muy  en¬ 
carecidamente  que  la  dejara  vivir  en  paz, 
y  pusiera  en  el  trono,  ya  que  á  ella  no, 
á  sus  hijos.  Hizo,  pues,  todo  lo  posible 
por  vivir.  Los  buques  reunidos  en  sus  cos¬ 
tas  egipcias,  tras  los  desastres  de  Accio, 
como  avecillas  vueltas  á  su  nido  y  recon¬ 
centradas  bajo  sus  alas,  fueron  por  man¬ 
dato  suyo  conducidas  al  istmo  de  Suez, 
para  ver  si  podían,  pasando  en  hombros 
de  siervos,  caer  en  el  mar  Rojo,  y  requi¬ 
riendo  desde  allí  el  Oriente,  levantar  bajo 
los  cielos  de  Caldea,  sobre  las  arenas  del 
Desierto,  con  los  escombros  de  Babilonia 
y  de  Ni  ni  ve,  por  la  desembocadura  del 
Eufrates  y  del  Tigris,  tan  semejante  al 
Nilo,  un  imperio  nuevo  de  Alejandro,  que 
reprodujera  la  fuerza  y  el  poder  de  Semí- 
ramis,  la  voluptuosidad  y  el  ardor  de  Sar- 
danápalo.  Pero,  frustrada  esta  empresa, 
ya  no  le  quedó  ningún  recurso  para  sal¬ 
varse  más  que  la  seducción  natural  de  sus 
gracias  y  el  soberbio  poder  de  sus  instin¬ 
tos.  Frustrado  este  medio  á  su  vez  en  la 
frialdad  congénita  con  Octavio,  ya  sólo 
pensó  comprarle.  Todo  cuanto  se  le  había 
ocurrido  para  moverle  aquel  día  con  móvil 
espiritual  é  íntimo  cualquiera,  fué  colo¬ 
car  las  efigies  y  simulacros  de  César  en  el  recinto 
donde  recibió  al  heredero  y  sobrino  suyo  para 
que  le  recordasen  todo  su  poder  de  hembra  y  toda 
su  autoridad  de  reina  sobre  la  persona  de  aquel  á 
quien  debía  Octavio  la  posesión  de  su  imperio. 
Mas  agotados  todos  los  recursos,  recurrió  á  las  ri¬ 
quezas,  única  cosa  que  aguijoneaba  la  curiosidad 
y  exacerbaba  el  deseo  de  un  dictador  tan  prosaico. 
La  escena  de  amor,  el  diálogo  de  política,  el  in¬ 
tento  de  seducción  mezclado  con  proyecto  de  glo¬ 
rias  y  dominaciones,  concluyó  por  manera  bien 
vulgar:  concluyó  entregando  Cleopatra  el  inven¬ 
tario  de  sus  tesoros  y  riquezas.  Octavio,  en  quien 
la  codicia  ejercía  tanto  imperio  como  la  volup¬ 
tuosidad  en  César  y  Antonio,  miró  aquellas  tablas 
cubiertas  de  números  como  el  avaro  contempla 
su  oro,  con  la  misma  increíble  pasión.  Pero  en 
aquella  tierra  de  traiciones,  y  en  aquel  imperio  des¬ 
compuesto,  quedábanle  á  Cleopatra  nuevas  amar¬ 
guras  que  gustar  y  nuevos  contratiempos  que  su¬ 
frir  en  el  contagio  de  inmoralidad  que  pudría 
hasta  el  aire  vital.  Seleuco,  su  tesorero,  deseando 
congraciarse  con  el  tirano,  le  reveló  en  aquel 
mismo  momento  que  había  Cleopatra  burlado  una 
porción  de  joyas  y  dinero  á  su  codicia.  Cuando  la 
Reina  oyó  esto,  levantóse  del  amplio  cojín  donde 


Digitized  by 


Google 


8  Mabzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  ix  —  139 


yacia  tendida,  y  persiguiéndolo  por  el  salón,  cla¬ 
vóle  sus  uñas  como  una  gata  en  la  garganta,  con 
tal  furor,  que  lo  estrangulara  seguramente  á  no 
arrancárselo  de  las  manos.  Octavio  se  desterni¬ 
llaba  de  risa  viendo  tal  cólera  y  mirando  la  me¬ 
tamorfosis  en  tigre  de  aquella  serpiente.  Cleopa- 
tra  le  observó  cuán  horrible  cosa  era  que,  mien¬ 
tras  él,  su  enemigo  y  vencedor,  le  rendía  tantos 
homenajes  y  le  daba  tantas  alabanzas,  aquel  perro 
se  atreviese  á  morderle  y  le  arguyese  y  acusare 
de  distraer  para  sí  riquezas  separadas,  no  con 
ánimo  de  ornarse  á  sí  misma,  con  ánimo  de  rega¬ 
larlas  á  Livia,  mujer  de  Octavio,  y  á  la  hermana 
misma  de  éste,  viuda  legítima  del  pretoriano  An¬ 
tonio.  Viendo  el  dictador  los  recursos  empleados 
por  Cleopatra  para  granjearse  la  protección  suya, 
creyóla  incapaz  de  todo  acto  resuelto,  y  decidida, 
muy  decidida,  por  vivir  y  perdurar  en  este  mun¬ 
do.  Así  es  que,  haciéndole  reverencias  parecidas 
á  muecas,  y  mofándose  allá  en  su  interior  del 
afán  que  mostraba  por  vivir,  se  despidió  de  Cleo¬ 
patra  Octavio. 

III. 

¿Cuál  fue  la  causa  ocasional  de  la  muerte  que, 
burlando  todos  sus  instintos  y  venciendo  todas 
sus  propensiones,  Cleopatra  se  diera  con  valor 
heroico  á  sí  misma?  Dejemos  aparte  las  ideas  ge¬ 
nerales  al  mundo  antiguo.  Desconocedor  en  abso¬ 
luto  de  la  resignación  y  conformidad  cristianas, 
el  infortunio  no  se  atribuía  entonces  tan  sólo  á 
imposiciones  fatales  de  la  Naturaleza  ó  malque¬ 
rencias  acerbas  de  los  hombres:  atribuíase  tam¬ 
bién  á  un  abandono  de  los  dioses.  El  desgraciado 
veía  una  orfandad  irremediable  tanto  en  la  tierra 
como  en  el  cielo.  Extinta  su  patria,  rota  su  causa, 
un  hombre  antiguo  no  sabía  para  qué  y  á  qué  vi¬ 
vir.  Cleopatra  fuera  del  trono,  era  tanto  como 
Cleopatra  fuera  del  mundo.  Por  motivos  análogos 
á  los  que  determinaron  el  proceder  de  Catón  y  de 
Bruto,  se  determinó  su  propio  proceder.  La  histo¬ 
ria  clásica  nos  muestra  en  el  sitio  de  Jerusalén,  y 
en  el  sitio  de  Sagunto,  y  en  el  sitio  de  Numancia, 

Sue,  no  ya  los  individuos  se  suicidaban  en  aque- 
os  tiempos,  se  suicidaban  también  las  colectivi¬ 
dades.  Cleopatra  supo  que  Octavio  la  deseaba  viva 
para  presentarla  con  su  corona  de  soberbia  empe¬ 
ratriz  en  las  sienes,  pero  con  su  cadena  de  triste 
cautiva  en  las  manos,  al  pueblo  rey.  Sabido  esto, 
su  oficio  de  reina  valió  y  pudo  más  que  todo  en 
ella,  y  decidió  morir  como  un  héroe  en  holocaus¬ 
to  y  sacrificio,  antes  que  dejar  tal  afrenta  grabada 
en  los  recuerdos  y  en  los  huesos  de  sus  padres. 
Notó  que  la  seguían,  y  cuidaban,  y  celaban  mu¬ 
chísimo,  porque  los  vencedores,  en  su  orgullo, 
destinábanla  para  trofeo  de  su  victoria  como  un 
morrión  ó  un  escudo  recogido  en  el  campo.  No 

Sodía  ir  como  esclava,  no,  á  la  capital  de  Occi- 
ente  quien  fuera  soberana  y  reina  y  diosa  del 
Oriente.  La  vergüenza  le  subiría  con  tanta  inten¬ 
sidad  al  rostro,  que  veríase  allende  la  tumba  su 
indeleble  rubor  y  sonrojo.  Hija  del  Oriente  y  Gre¬ 
cia,  entroncada  con  los  dioses,  inscrita  en  la  más 
ilustre  raza  del  mundo  y  del  tiempo,  descendiente 
de  aquel  Alejandro  en  cuya  presencia  se  pierden 
y  en  cuya  lumbre  se  obscurecen  todos  los  genios 
habidos;  con  los  Ptolemeos,  los  padres  de  cien 
reyes,  los  intérpretes  del  cielo  y  los  sacerdotes 
del  pensamiento  por  progenitores;  con  las  estre¬ 
llas  de  mil  nombres  helenos,  á  cual  más  glorioso, 
en  la  corona;  ella,  que  había  tenido  altares  en 
Roma  y  visto  la  efigie  suya  levantarse  consagrada 
y  bendecida  en  templos  donde  se  atropellaban  los 
sacerdotes  romanos  para  idolatrarla;  ella,  que 
reinara  sobre  aquel  Egipto  á  cuyo  seno  fueran  los 
sabios  y  los  sacerdotes  á  nutrirse  de  sus  misterios; 
ella,  señora  de  Libia  y  sus  desiertos,  cuyos  lími¬ 
tes  no  ha  conocido  ni  señalado  todavía  la  humana 
ciencia;  señora  de  Cyrene,  fundada  por  la  her¬ 
mosa  ninfa  que  huyó  á  los  besos  de  Apolo,  y  rica 
en  flora  de  ideas;  señora  de  Chipre,  donde  Venus 
tuvo  su  cuna  y  el  amor  su  Oriente;  señora  de 
Creta,  que  vió  la  transformación  de  los  dioses 
asiáticos,  informes  como  fetos,  en  dioses  griegos, 
trayendo  los  resplandores  del  humano  espíritu 
sobre  sus  sienes;  señora  de  Siria,  el  suelo  de  las 
magias  y  de  las  hechicerías,  el  patrimonio  de  los 
Seleucidas;  señora  de  Fenicia,  que  mostró  á  los 
hombres  cómo  se  fijan  las  letras  del  alfabeto  y 
cómo  se  cambian  los  productos  del  trabajo  en  las 
relaciones  del  comercio;  la  que  había  visto  pasar 
por  su  mente  todas  las  ideas  paganas,  caer  de  hi¬ 
nojos  á  sus  pies  todos  los  reyes  asiáticos,  ir  en 
tropel,  llamados  por  sus  evocaciones,  á  sus  altares 
todos  los  dioses  conocidos;  la  que  compartiera  el 
trono  de  Julio  César  y  el  tálamo  de  Marco  Anto¬ 
nio;  la  que  se  alzara  junto  á  la  Victoria  romana  en 
el  Capitolio  y  tuviera  en  Alejandría  santuarios; 


aquella  mujer  que  hablara  con  diez  embajadores 
á  un  tiempo  en  diez  lenguas  diversas,  que  cono¬ 
ciera  desde  los  pensamientos  hasta  los  astros, 
desde  las  matemáticas  hasta  la  metafísica,  y  desde 
la  historia  de  los  seres  criados  hasta  la  historia  de 
los  sistemas  filosóficos;  emperatriz  en  los  palacios, 
musa  en  las  artes,  amazona  en  la  guerra,  sibila  en 
el  templo,  maga  en  el  sacrificio,  no  podía  ir  como 
sierva  y  cautiva  entre  despojos  y  trofeos  á  la  vía 
Sacra  para  divertir  un  momento  á  los  soeces  ro¬ 
manos  cuya  corona  estuvo  á  punto  de  fundirse  al 
rayo  abrasador  de  su  genio.  No,  jamás.  Cleopatra 
debía  morir  cien  veces  antes  que  pasar  por  tal 
sonrojo.  Si  no  la  dejaban  envenenarse  con  ningún 
tóxico,  enven enaríase  con  su  propia  hiel;  si  no  la 
dejaban  rasgarse  las  entrañas  con  ningún  puñal, 
rasgaríaselas  con  sus  dientes  y  con  sus  uñas,  mu¬ 
riendo  al  dolor,  á  la  desesperación,  á  la  ira,  mas 
no  á  la  vergüenza  de  tantas  humillaciones  como 
le  aparejaba  el  vencedor  y  el  tirano.  ¡  Presentarse 
ahora  en  su  triunfo,  quizás  atada  con  cuerdas  á  su 
carro,  objeto  de  compasión,  ella,  objeto  eterno  de 
natural  envidia !  Octavio  celebraba  con  pompa  la 
victoria  de  una  guerra  civil  que  debía  celebrar 
con  lágrimas.  Y  para  el  triunfo  de  una  guerra 
civil  imponía  tributos  no  pagados  jamás  desde 
las  espléndidas  victorias  de  Paulo  Emilio.  El  no 
necesitaba  pedir  los  honores  del  triunfo  ni  á  esa 
turba  de  míseros  eunucos  á  que  había  quedado 
reducido  el  Senado  de  Roma,  ni  á  esa  otra  tur¬ 
ba  de  siervos  viles  á  que  había  quedado  redu¬ 
cido  el  pueblo  rey.  No  habría  de  estar  años  ente¬ 
ros,  como  Luculo,  sin  poder  ir  al  viejo  recinto 
de  la  Ciudad  Eterna.  Octavio  era  ya  cónsul,  tri¬ 
buno,  pretor,  pontífice,  Roma  entera,  y  por  con¬ 
siguiente  la  tierra  entera  también.  Los  astros,  los 
cielos,  el  aire  y  las  aguas  con  sus  innumerables 
seres;  las  sustancias  de  los  campos  y  las  esencias 
de  los  espíritus;  el  fuego  del  sol  y  el  fuego  del 
hogar;  las  ideas  que  discurren  por  los  entendi¬ 
mientos,  y  los  dioses  que  truenan  en  los  templos; 
el  universo  visible  y  el  universo  invisible,  con¬ 
densábanse  como  por  milagro  en  el  frágil  cuerpo 
de  aquel  hombre,  quien  pedía  de  los  mortales  no 
solamente  obediencia  servil,  adoración  idolátri¬ 
ca.  Cleopatra  creía  ver  su  entrada  triunfal  en 
Roma;  los  árboles  doblándose  al  peso  de  los  cu¬ 
riosos;  las  orillas  de  la  vía  Flaminia  llenas  por 
los  pueblos  rurales;  los  arcos  de  ramajes  inte¬ 
rrumpiendo  á  cada  minuto  el  paso;  los  innumera¬ 
bles  aduladores  con  guirnaldas  de  rosas  en  las  sie¬ 
nes  y  braserillos  de  incienso  en  las  manos;  delante 
carrozas  sobrecargadas  de  estatuas,  de  aras,  de  si¬ 
mulacros,  de  dioses,  como  Cleopatra  vencidos  y 
como  Cleopatra  avergonzados;  luego,  montones 
de  armas,  penachos,  escudos,  cascos,  todos  esco¬ 
gidos  en  el  campo  de  las  derrotas  egipcias,  cho¬ 
cando  unos  con  otros  en  el  movimiento  de  la  in¬ 
mensa  procesión,  y  produciendo  estridentes  soni¬ 
dos  que  le  desgarrarían  sus  entrañas  de  reina; 
luego  los  magistrados  de  sus  tribunales  sacratísi¬ 
mos,  los  generales  de  sus  numerosos  ejércitos,  los 
ministros  de  su  palacio,  los  sacerdotes  de  su  culto, 
reducidos  á  esclavos  y  llevando  en  sus  manos  án¬ 
foras  llenas  con  los  tesoros  de  los  Lagidas;  luego 
los  tálamos  de  marfil  y  oro,  las  aras  de  pedrería, 
el  trono  altísimo  suyo,  sus  alhajas  y  sus  coronas, 
y  á  los  pies  del  vencedor  mismo,  á  los  pies  de  Oc¬ 
tavio,  ufanado  y  ensoberbecido  con  la  corona  de 
laurel  en  las  sienes  y  alzado  sobre  la  cuadriga  de 
briosos  caballos,  ella  maniatada  con  cadenas,  roja 
de  vergüenza,  caída  desde  los  santuarios  de  los 
dioses  en  las  ergástulas  de  los  esclavos,  con  cha¬ 
cota  y  rechifla  señalada  por  aquellas  gentes,  quie¬ 
nes  después  de  haber  temblado  á  su  nombre  y 
sombra  se  holgarían  de  apestarla  con  el  hedor  de 
su  aliento  y  escupirle  ponzoñosas  salivas  á  la  cara. 

IV. 

Cleopatra,  pues,  resolvió  morir  en  la  mansión 
de  sus  padres.  Ateneo  nos  ha  dejado  la  descripción 
exacta  de  un  salón  lagida  en  Alejandría.  Imagi¬ 
naos  columnas  de  cincuenta  codos  talladas  en  ma¬ 
deras  olorosas  y  ricas;  arquitrabes  cuadrados  de 
áureos  bronces,  dispuestos  para  sostener  airosas 
galerías,  muy  parecidas  á  las  usadas  en  nuestros 
patios  árabes;  toldos  de  púrpura  cruzados  por  ban¬ 
das  blancas;  paredes  pintadas  con  frescos  multico¬ 
lores  donde  resaltaban  figuras  egipcias;  los  peristi¬ 
los  formados  por  pilastras  en  forma  de  palmeras 
y  de  tirsos;  los  suelos  alfombrados  por  pieles  de 
tigre;  el  aire  balsámico  al  aroma  de  las  rosas  ale¬ 
jandrinas  y  al  perfume  de  los  pebeteros  asiáticos; 
efigies  de  animales  verdaderos  y  simbólicos  escul¬ 
pidos  en  mármoles  preciosos;  cuadros  de  Cicione 
junto  á  tapices  de  Persia,  alternativamente;  mara¬ 
villosos  escudos  de  oro  y  plata;  hornacinas  con  si¬ 
mulacros  griegos  y  délficas  trípodes;  lechos  alza¬ 


dos  en  pies  de  misteriosas  esfinges  y  cubiertos  con 
tiznes  de  oro ;  todo  ello  rociado  por  una  lluvia  de 
varia  pedrería.  ¿Puede  presentarse  un  teatro  más 
ajeno  á  la  muerte?  Pues  antes  de  dirigirse  á  la 
eternidad,  Cleopatra  se  sumergió  en  su  baño  de 
leche.  Después  se  miró  en  su  espejo  romano  de 
plata.  Untóse  luego  el  cuerpo  con  la  olorosa  coco- 
drilea  y  con  la  pasta  ródica.  Disimuló  el  surco  de 
las  lágrimas  en  su  rostro  con  pomada  de  habas ,  y 
disolvió  pastillas  de  lentisco  en  su  saliva  para  per¬ 
fumar  el  aliento.  Caíale  blanca  estola  desde  su 
cuello  á  los  pies  como  en  las  ceremonias  de  Isis, 
y  se  envolvía  como  la  noche  serena  en  el  manto 
de  gasa  negro  todo  sembrado  con  estrellas  de  oro. 
Perlas  riquísimas  de  India  entrelazábanse  á  sus 
trenzas;  collares  de  varias  esmeraldas  adornaban 
su  pecho;  tumbagas  de  todas  las  piedras  conocidas 
sus  dedos;  serpientes  de  oro  sus  desnudos  brazos; 
eslabones  de  oro  sus  tobillos;  sandalias  también 
de  perlas  sus  pies,  y  sus  orejas  dos  gruesos  zafiros, 
semejante  al  primer  lucero  de  la  tarde  el  uno  y  el 
otro  al  postrer  lucero  de  la  mañana.  Luego  ciñó  á 
su  frente  su  corona  de  reina  unida  con  su  diadema 
de  diosa.  Su  figura  hermosísima  se  dibujaba  cual 
nunca  bajo  esta  blanca  túnica  nupcial  de  la  muerte. 
El  melancólico  tinte  de  sus  agonías  aumentaba  sus 
gracias.  En  ninguna  de  sus  bodas  apareció  tan  des¬ 
lumbrante  como  en  esta  boda  final.  Aquellos  ojos 
relumbraban  más  que  las  piedras  preciosas  del 
mundo  y  las  estrellas  resplandecientes  del  cielo. 
Todo  lo  preparó  y  apercibió  con  femenil  coquete¬ 
ría.  El  tálamo  de  marfil  y  oro  estaba  en  su  puesto. 
Había  hecho  mullir  la  cabecera  de  púrpura  como 
para  un  sueño  tranquilo.  Ardían  los  pebeteros  de 
ámbar  á  los  cuatro  costados  del  lecho  despidiendo 
misteriosas  esencias.  Las  enseñas  de  su  familia 
flameaban  en  las  bóvedas.  Los  cetros  de  los  reinos 
que  había  regido  se  amontonaban  en  haces  á  sus 
plantas.  Pendían  los  exvotos  de  mil  generaciones 
en  las  paredes.  Erguíanse  los  dioses  domésticos 
sobre  las  aras  como  para  una  festividad.  Relum¬ 
braban  las  lucernas  encendidas.  Y  ya  sólo  podía 
restar  el  tenderse  allí  Cleopatra  y  morir,  como  si 
en  vez  de  acabarse  una  reina  se  durmiera  una 
diosa  en  su  lecho  de  nubes  ó  se  apagara  una  idea 
en  la  humana  conciencia. 

V. 

Tras  los  muchos  estudios  emprendidos  y  las 
experiencias  atesoradas  á  fin  de  procurarse  una 
muerte  serena,  Cleopatra  escogió,  como  lo  menos 
dañoso  y  lo  más  suave,  la  picadura  del  áspid.  Ele¬ 
gido  este  animal  ponzoñoso,  necesitábase  introdu¬ 
cirlo  en  la  regia  estancia.  Los  centinelas  romanos 
dábanse  hábiles  trazas  impidiendo  la  muerte  de 
Cleopatra  y  conservándola  como  tributo  á  la  so¬ 
berbia  de  Octavio.  Mas  gracias  á  su  industria  de 
mujer,  un  labriego  lo  llevó  en  humilde  canastillo 
de  mimbres,  cubierto  de  pámpanos  y  ocupado  por 
una  docena  de  higos.  Bajo  los  pámpanos  escon¬ 
díase  la  víbora.  Cleopatra,  como  buena  griega,  de¬ 
bió  saludar  aquellos  melifluos  frutos  tan  gustados 
en  Atenas,  que  á  ellos,  á  los  muchos  allí  consumi¬ 
dos  en  todas  las  estaciones  propicias,  debieron  los 
atenienses  el  mote  célebre  de  sicofantas.  Todo 
resplandecía  en  el  universo  á  la  hora  de  morir 
Cleopatra.  Reverberaba  el  mar  los  rayos  del  sol  en 
su  azul  superficie,  y  el  campo  aparecía  tranquilo 
como  una  égloga.  No  sabían  todos  aquellos  espa¬ 
cios  cuánto  iba  en  aquel  minuto  á  morir.  No  sabía 
el  Oriente  que  su  alma  se  disipaba.  No  sabían  las 
pirámides  que  los  jeroglíficos  de  su  teología  iban 
á  caerse  como  del  árbol  á  los  cierzos  las  hojas  he¬ 
ladas.  No  sabían  los  dioses  egipcios  que  agoniza¬ 
ban.  No  sabía  el  sacerdocio  cómo  estaban  cayén¬ 
dose  á  impulsos  de  un  terremoto  los  templos  con¬ 
sagrados  al  culto.  El  espíritu  de  Asia,  evaporán¬ 
dose,  llevábase  consigo  todo  el  espíritu  oriental. 
Los  sacerdotes  dejaban  el  mundo  entregado  á  los 
jurisconsultos  de  Roma,  sin  misterios,  es  verdad, 
pero  también  sin  poesía  y  sin  grandeza,  eternos 
escribas,  comentadores  eternos,  prosaicos  testa¬ 
mentarios  del  alma  oriental.  Acabábanse  los  cán¬ 
ticos  alegres  para  oirse  las  tristes  lamentaciones 
tan  sólo.  Despoblábase  de  dioses  la  tierra  y  corría 
el  espíritu  universal  como  viento  fortísimo  sobre 
mar  encrespado.  Moríase  la  vieja  teogonia,  y  el 
mundo  estaba  en  la  imprescindible  necesidad  ya 
de  pedir  arrodillado  sobre  las  cenizas,  comido  por 
la  voraz  lepra,  en  perdurable  maceración  y  peni¬ 
tencia,  una  gota  de  rocío  á  los  cielos  y  un  rayo  de 
ideas  nuevas  á  la  conciencia  universal.  Sobre  aquel 
mortuorio  lecho  de  Cleopatra  se  derruía  un  mun¬ 
do.  Los  bueyes  egipcios  no  mugirían  de  nuevo;  no 
ladrarían  los  perros  vigilantes  á  las  puertas  de  los 
templos;  no  velarían  las  serpientes  astutas;  y  po¬ 
blándose  de  ascetas  el  desierto  aquel  por  donde 
corrieran  los  Cambises  y  los  Sesostris,  disiparían 


Digitized  by  ^.ooQie 


BELLAS  ARTES 


PRIMAVERA, 
CUADRO  DE  LINDEN. 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.#  IX  —  143 


dres  escrupulosas  á  pensar  en  la  necesidad  del 
teatro  blanco  para  la  familia,  como  en  algunos  tea¬ 
tros  de  París  ocurre  con  frecuencia.  Y  es  que  al 
escritor  francés  se  le  escapa  la  intención  del  do¬ 
ble  sentido  de  esos  retruécanos  y  juegos  de  pala¬ 
bra  que  tantas  veces  sublevan  al  público  sano,  aun 
entre  las  risas  de  los  despreocupados  que  toman 
por  chiste  la  desvergüenza. 

Traduce  Lyonnet  con  facilidad,  exactitud  y  gra¬ 
cia  los  poco  complicados  argumentos  de  las  zar- 
zuelillas  que  más  le  han  divertido;  y  si  bien  en¬ 
cuentra  las  razones  que  influyen  para  que  el  es¬ 
pectáculo  dividido  en  secciones  halle  el  favor  del 
público,  no  deja  de  ver  claro  lo  dañosa  que  su 
dominación  puede  ser  para  el  arte  de  gran  aliento, 
abandonado  por  algunos  poetas  y  artistas  que  fe¬ 
lizmente  podían  cultivarle,  renovando  sus  anti¬ 
guas  glorias. 

Sin  conocer  personalmente  al  autor  de  El  Teatro 
en  España ,  de  su  trabajo  deduzco  que,  si  no  do¬ 
mina  del  todo  nuestro  idioma,  le  posee  lo  bastante 
para  no  incurrir  en  errores  de  bul¬ 
to.  Comprensible  es  que,  al  barajar 


Pero  aqui,  amigo  Lyonnet,  no  hay  comercio 
como  en  París,  donde  el  reclamo  en  la  prensa 
cuesta  tan  caro  á  los  artistas.  Aquí  se  imita  al 
francés,  pero  la  imitación  es  gratis ,  y  por  eso  el 
reclamo  es  más  frecuente.  Aquí  no  hay  poeta  ni 
artista  que  no  cuente  con  su  crítico,  ó  con  su  re- 
portery  más  activo  y  humano,  y  á  veces  desintere¬ 
sado  hasta  la  más  piadosa  abnegación  y  el  olvido 
absoluto  de  su  opinión  propia. 

De  ahí  la  abundancia  de  insignes,i lustres^ emi¬ 
nentes.  Y  agradeciendo  y  estimando  yo  la  alusión 
lisonjerísima  con  que  Lyonnet  me  favorece  por 
mis  últimos  trabajos  de  crítica  teatral,  pobre  pero 
sincera,  en  estas  mismas  columnas,  no  puedo  me¬ 
nos  de  confesar  con  él  que,  efectivamente,  en  ese 
punto,  que  llama  capital ,  de  la  crítica,  el  abando¬ 
no  y  el  desdén  distinguen  en  general  á  nuestra 
prensa,  y  tarea  de  tal  importancia  está  hoy  «al 
nivel  de  la  sección  de  las  noticias  del  día,  de  los 
reclamos  y  de  los  anuncios».  Y  aun  pudo  añadir 
que  el  interés  de  la  industria  se  sobrepone  en 


En  las  calles  apartadas  del  centro,  de  tenebro¬ 
sas  viviendas  amontonadas,  respiraderos  pestilen¬ 
tes  de  sus  moradores  miserables,  cantaba  el  juglar, 
rodeado  de  pobre  gente,  ignorante,  haraposa,  ham¬ 
brienta;  cantaba  con  ira  santa  de  profeta  unas 
veces;  otras  abatido,  desconsolado;  Cristo  humano 
sin  divinidad  de  Redentor;  otras  veces  estrofas 
sin  sentido,  pero  resplandecientes  de  armonía, 
letanías  de  amor  que  penetraban  el  alma  como 
un  aroma  de  todos  los  amores  y  en  cuantos  le  es¬ 
cuchaban,  rodeándole  apretados,  devoradores  de 
las  palabras;  los  rostros  cerrados  con  dura  expre¬ 
sión  de  triste  ignorancia,  se  esclarecían,  como 
iluminados  de  súbito  por  interior  aurora  y  para 
siempre,  ungidas  por  la  divina  poesía,  quedaban 
grabadas  en  su  frente  las  santas  palabras.....  jus¬ 
ticia,  piedad,  esperanza..... 

Jamás  cantó  de  otros  amores  el  poeta  cantor  de 
la  Miseria,  como  le  llamaban  todos. 

Dama  Miseria  era  su  dama,  y  nunca  tuvo  más 
fiel  amador. 

•  # 


los  nombres  de  nuestras  numerosas 
actrices  de  todo  género,  llame  al¬ 
guna  vez  señora  á  la  que  es  señorita, 
y  viceversa.  Pero  no  he  podido  ex¬ 
plicarme  cómo  el  traductor  fiel  de 
algunas  frases  poco  usadas  ha  po¬ 
dido  escribir  equivocadamente  en 
castellano,  y  nada  menos  que  tres 
veces  en  dos  páginas,  el  titulo  de 
una  de  las  comedias  más  populares 
de  Bretón,  Muérete  y  verás .  «Mué¬ 
rete,  si  verás»,  escribe,  para  tradu¬ 
cir  luego,  del  verdadero  título,  «ET 
tu  verras*. 

En  cambio  de  ese  error  inexpli¬ 
cable,  revélase  bien,  en  el  examen 
de  obras  tomadas  del  francés  ó  el 
alemán,  que  no  se  le  ha  escapado 
ninguna  de  las  hazañas  de  nuestros 
aprovechados  merodeadores  en  el 
campo  de  la  escena  extranjera. 

Y  allí  saca  á  relucir  traducciones 
y  arreglitos  y  reducciones  de  esas 
con  que  los  truchimanes  de  que  ha¬ 
blaba  Fígaro  dejan  en  la  sombra  á 
los  originales ,  cobran  el  barato  y  no 
pagan  los  vidrios  rotos  al  descuida¬ 
do  vecino. 

• 

•  « 

Conocedor  aparece  también 
Lyonnet  de  las  especiales  cualida¬ 
des  que  caracterizan  á  nuestras  pri¬ 
meras  actrices,  y  no  deja  de  ser 
buen  observador  de  éstas  al  clasifi¬ 
carlas  con  relación  á  las  más  nota¬ 
bles  artistas  de  la  escena  francesa, 
á  las  que  la  Tubau  y  la  Guerrero 
han  estudiado  atentamente.  Recuer¬ 
da  á  la  Tessandier  para  aconsejar 
con  su  ejemplo  á  la  primera,  y  en 
la  escuela  de  Sarah  Bernhardt  co¬ 
loca  á  la  segunda. 

En  María  Guerrero  encuentra, 
como  yo,  exceso  de  movilidad,  en 
la  mirada  y  el  gesto  sobre  todo,  y 


ASCENDIDO  L  GENERAL  DE  BRIGADA  POR  SERVICIOS  PRESTADOS  EN  LA  CAMPAÑA  DE  CUBA. 

(De  fotografía.) 


La  hija  del  Rey  era  muy  aficiona¬ 
da  de  la  poesía,  y  aunque  cien  poe¬ 
tas  cortesanos  halagaban  de  conti¬ 
nuo  su  vanidad  de  hermosa  y  de 
princesa,  deseaba  escuchar  al  poeta 
callejero  de  libre  espíritu,  al  que 
satirizaba  las  costumbres  cortesa¬ 
nas,  al  que  amenazaba  con  ruinas  y 
muerte  á  los  poderosos,  al  que  no  se 
humillaba  á  la  hermosura,  ni  al  po¬ 
der,  ni  á  la  riqueza,  al  enamorado 
cantor  de  la  Miseria. 

Le  oyó  por  fin,  y  lloró  al  oirle;  y 
estaba  tan  hermosa  llorando  triste¬ 
mente  tristezas  que  nunca  había 
sentido,  que  el  poeta  cantor  de  la 
Miseria,  por  vez  primera,  cantó  la 
hermosura  de  una  mujer.  Afirmaba 
la  Princesa  que  poeta  alguno  le  ha¬ 
bía  emocionado  tan  dulcemente,  y 
afirmaba  el  poeta  que  nadie  como  la 
hermosa  Princesa  había  compren¬ 
dido  sus  canciones. 

— Mal  hice  en  escuchar  á  tanto 
poeta  cortesano.  ¿Qué  podían  decir¬ 
me  sino  mentiras  lisonjeras?..... 
Desde  hoy  tú  serás  mi  poeta  prefe¬ 
rido. 

— Mal  hice  en  cantar  mis  cancio¬ 
nes  á  los  miserables.  ¿No  es  mejor 
conmover  piadosamente  á  los  pode¬ 
rosos,  que  despertar  amenazadores 
á  los  humildes?  Desde  hoy  sólo  can¬ 
taré  para  vos. 

Y  de  este  modo  quedó  el  poeta  al 
servicio  de  la  hija  del  Rey.  Con  sus 
colores  y  bordadas  las  armas  reales 
al  pecho,  sobre  el  corazón,  le  veían 
cabalgar  al  estribo  de  la  carroza  re¬ 
gia  ;  los  miserables  habían  perdido 
á  su  poeta  para  siempre,  y  desde 
entonces,  si  algún  nuevo  juglar  ve¬ 
nía  á  decirles:  «Oidme,  yo  soy  otro 
cantor  de  la  Miseria»,  pasaban  de 
largo,  desconfiados,  tristes,  incré- 


en  la  extremada  excitación  nervio- 


dulos. 


sa  el  agente  principal  de  la  manera  escénica  de 
actriz  tan  inteligente,  que  se  hubiera  perdido  para 
nuestro  teatro  si  el  famoso  Coquelin  hubiera  abier¬ 
to  un  poco  la  mano,  dándola  carta  de  naturaleza 
en  el  teatro  de  Francia. 

No  es  de  extrañar  que  Lyonnet,  galante  con  las 
damas  de  la  escena  española,  haya  respetado  los 
extremos  de  la  leyenda  glorificadora  con  que  las  ha 
obsequiado  la  crónica  ligera  de  nuestro  tiempo,  y 
que  no  haya  querido  señalar  los  límites  en  que  na- 


sueltos  de  contaduría  al  interés  puro  del  arte  que 
á  todo  trance  debe  defender  la  crítica. 

Concluyo  felicitando  á  Henry  Lyonnet  por  su 
imparcial  y  sincerísimo  estudio  de  nuestro  actual 
teatro,  y  así  quisiéramos  en  España  que  lucieran 
la  discreción  y  la  buena  fe  en  cuantos  escritores 
extranjeros  tratan  de  las  distintas  manifestacio¬ 
nes  de  nuestra  vida  nacional. 

Eduardo  Büstillo. 


— ¡BahI  cantor  de  la  Miséria  hasta  que  las  prin¬ 
cesas  quieran  oirte..... 

Jacinto  Bena  vente. 

POR  AMBOS  MUNDOS. 

NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 


turalmente  las  encierran  sus  especiales  condicio¬ 
nes  para  el  arte.  Porque,  al  fin,  las  cualidades  f ísi-  —  ■■  — 

cas  y  esa  misma  dominación  absoluta  de  los  ner¬ 
vios  en  el  trabajo  escénico,  á  que  con  razón  alude  EL  CANTOR  DE  LA  MISERIA. 

Lyonnet,  impiden  que  la  actriz  sea  del  todo  capaz 
de  componer  el  gesto,  la  acción  y  las  actitudes  y 
movimientos  de  la  figura  en  las  grandes  y  decisi- 

vas  situaciones  dramáticas.  No  es  cosa  tan  fácil  la  traza,  uno  de  tantos  juglares  ca- 

hacer  eminentemente  trágica  á  una  artista  contra  llejeros,  truhanes  desvergonzados;  era 

la  irresistible  fuerza  de  la  naturaleza.  P00^  avasallador  de  la  multitud, 

Conforme  estoy  con  muchas  de  las  conclusiones  de  la  multitud  miserable,  sufridora  de 

que  el  escritor  francés  formula  en  el  final  de  su  todos  los  dolores,  sin  sentido  del  pro¬ 
estimable  trabajo,  y  no  es  la  menos  exacta  y  justa  P*°  sufrimiento. 

la  que  se  refiere  á  la  facilidad  con  que  en  la  prensa  Desde  el  amanecer  errante  por  la  cia¬ 

se  prodiga  el  elogio  á  poetas  y  artistas.  Lyonnet  ye  dad,  atravesábalas  calles  principales,  donde 
se  maravilla  con  mucha  gracia  ante  la  abusiva  Ty  la  nobleza,  el  poderío ,  el  tráfico  mostrábanse 
frecuencia  de  los  calificativos  de  distinguido ,  muy  .  insolentes,  sin  pararse  á  cantar  una  vez  sola; 
aplaudido ,  genial ,  eminente ,  etc.,  etc.,  y  recuerda  pero  al  pasar  lento,  contemplador  melancólico 
las  etiquetas  que  lucen  ciertos  géneros  del  comer-  del  expansivo  bullicio,  recogía  en  el  alma  indig- 
cio:  fino,  muy  fino ,  superfino ,  extrafino .  nación  y  tristeza. 


Fin  de  las  guerras:  un  libro  de  M.  de  Molinari. — Los  ideales  ▼  Is 
realidad.—  Lucha  contra  las  miserias  rurales:  las  asociaciones  bel¬ 
gas.— Lucha  contra  las  miserias  urbanas:  los  ColUge  aettlemenU,— 
El  gran  J.  von  Miquel ,  ministro  de  Hacienda  de  Alemania. 


^  ewnomxstesy  acaba  de  publicar  un 
TxS0L^á|¡j£  libro  muy  importante  con  el  título  de 
Apogeo  y  decadencia  de  la  guerra ,  en 
Q116  86  ocupa  de  la  debatida  cuestión 
VVv/ Y i  de  si  las  guerras  son  ó  no  necesarias,  y 
yr  si  debe  pensarse  seriamente  en  que  termi- 
nen  de  una  vez  para  siempre.  El  insigne 
'  apóstol  del  libre  cambio  es  acérrimo  partí* 
daño  de  que  no  vuelva  á  encenderse  la  guerra  en 


ninguna  parte.  Mientras  en  el  mundo,  en  los  tiem¬ 
pos  bárbaros,  no  hubo  seguridad  alguna  para  loe 
hombres,  para  las  familias  y  para  los  pueblos,  la 
guerra  fue  una  institución  necesaria;  la  guerra 


Digitized  by  ^.ooQie 


144  —  ix 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Marzo  1898 


BARCELONA. —  EMBARCO  DE  TROPAS  CON  DESTINO  Á  LA  ISLA  DE  CUBA,  EFECTUADO  EL  25  DE  FEBRERO  ÚLTIMO. 


BARCELONA.  —  DESEMBARCO  DE  TROPAS  PROCEDENTES  DE  FILIPINAS,  VERIFICADO  EL  DÍA  27  DE  FEBRERO  ÚLTIMO. 


(De  fotografías  de  Juan  Furnells.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


Digitized  by  LjOOQie 


MONTORO  (CÓRDOBA).  — VISTA  GENERAL  de  la  ciudad 

(De  fotografía.) 


146  —  n.°  ix 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Marzo  1898 


creó  la  seguridad,  y  en  el  cumplimiento  de  esta 
gran  misión  estuvo  su  grandeza  y  llegó  á  su  apo¬ 
geo.  Pero  una  vez  arraigada  detinitivamente  la 
seguridad  en  el  mundo  civilizado,  concluida  esa 
misión,  no  responde  á  ninguna  exigencia,  no  tie¬ 
ne  razón  de  ser,  y  al  prepararla  y  sostenerla  re¬ 
sulta  un  gravísimo  perjuicio.  La  guerra,  que  sirvió 
de  amparo  y  base  á  la  seguridad,  es  hoy,  aun  sólo 
en  el  hecho  de  estar  preparado  para  ella  bajo  la 
engañosa  excusa  del  si  vis  pacenté  para  bellum%  la 
causa  fundamental  de  la  inseguridad  y  del  peligro 
y  de  la  alarma  consiguientes. 

Tal  es  el  principio  que  sienta  M.  de  Molinari 
en  su  obra;  dedicando  el  razonado  conjunto  de 
ella  á  investigar  qué  progreso  social  tendrá  sufi¬ 
ciente  virtualidad  para  hacer  que  la  guerra,  que 
ha  entrado  en  su  período  de  decadencia,  concluya 
para  siempre.  Semejante  aspiración  es  vieja.  Cuan¬ 
do  Kant  enseñaba  que  la  moral  es  la  base  de  la 
política,  y  hablaba  de  respeto  recíproco  de  las  vo¬ 
luntades  de  dos  ó  más  pueblos,  y  deseaba  que  se 
formara  un  Estado  de  naciones  (civitas  gentium) 
que  aumentara  hasta  comprender  á  todas  las  de 
la  Tierra,  ya  decía  que  el  ideal  de  la  paz  no  era 
una  fantasía  quimérica,  sino  una  obligación  que 
tendría  al  fin  que  cumplirse.  Protestando  contra 
la  guerra,  declaraba  Condorcet  que  todo  pueblo 
sabe  que  no  puede  ser  conquistador  sin  perder  su 
libertad;  que  las  confederaciones  permanentes  son 
el  único  medio  que  las  naciones  tienen  para  ase¬ 
gurar  su  independencia,  y  que  éstas  deben  buscar 
siempre  la  seguridad  y  no  el  poderío.  Pues  bien; 
lo  mismo  en  tiempo  de  Kant,  que  de  Condorcet, 
que  hoy,  leyendo  á  Lavelaye,  á  Michel  Revon, 
á  Blunschli,  á  Corimer,  á  Tolstoi,  á  Herbet  Spen- 
cer,  á  Wirchow,  á  Maglhaes  Lima,  á  Bebel,  á 
F.  Passy,  á  la  Baronesa  de  Suttner,  á  G.  Moch,  á 
Moneta,  y  demás  entusiastas  propagandistas  de  la 
paz,  se  ve  que  la  argumentación,  plan  y  propósi¬ 
tos  de  Molinari  se  han  repetido  mucho  en  estas 
humanitarias  y  civilizadoras  campañas. 

Y  se  ye,  y  se  demuestra  de  nuevo  también,  al 
contemplar  á  esos  hombres  enamorados  de  esos 
ideales,  que  dentro  de  todo  gran  pensador  hay, 
más  que  un  creyente,  un  crédulo;  más  que  un  cré¬ 
dulo,  un  niño  que  se  apasiona  de  una  idea,  y  que 
á  fuerza  de  acariciarla  cree  que  toma  cuerpo,  vida 
y  realidad,  y  que  existe  y  puede  multiplicarse  en 
sus  manifestaciones;  y  no  sólo  esos  grandes  obre¬ 
ros  de  la  inteligencia  Jo  creen,  sino  que  con  la 
misma  ingenuidad  infantil  lo  cuentan  á  todo  el 
mundo.  Molinari  creyendo  en  la  posible  termi¬ 
nación  ¡definitiva  de  las  guerras,  como  Molinari 
librecambista  sin  límite  alguno,  son  el  mismo 
ideólogo,  de  espíritu  generoso  y  juvenil,  que  en 
medio  (Je  sus  ilusiones,  y  á  pesar  de  sus  razona¬ 
mientos,  choca  á  cada  instante  con  la  triste  reali¬ 
dad,  qué  le  enseña  que  el  mundo  cuanto  más  se 
civiliza  -más  se  arma,  apercibiéndose  al  combate; 
y  que  el  libre  cambio  inglés,  el  único  y  más  cele¬ 
brado  del  mundo,  sólo  cambia  libremente  con 
quienes ;le  tiene  cuenta,  y  ni  cambia,  ni  trata,  ni 
se  entiende  con  aquellos  á  quienes,  en  reciproci¬ 
dad,  no|puede  explotar. 

Se  repetirán  los  Congresos  de  la  Paz,  como  el 
último  celebrado  en  Hamburgo;  predicarán  la 
buena  nueva  allá  para  el  siglo  (?)  Passy,  el  gene¬ 
ral  Turif,  la  Baronesa  Suttner,  Lund,  Moscheles, 
Bajer,  Moch  y  La  Fontaine;  se  brindará  en  entu¬ 
siastas  banquetes  por  la  Federación  universal  de  la 
Paz;  será  de  nuevo  mil  veces  condenado  el  indi¬ 
vidualismo  radical  que  ha  escrito  al  frente  de  la 
sociedad  contemporánea  este  cdioso  lema:  Cada 
uno  para  sí  y  guerra  de  todos  contra  todos;  se  di¬ 
fundirá  idesde  Berna  á  todos  los  ámbitos  de  la  Tie¬ 
rra  el  teixto  del  Appel  aux  nations  para  la  unión 
de  todos  los  esfuerzos  en  favor  de  la  concordia,  de 
la  justicia  y  de  la  paz,  para  que  entremos  en  el 
reinado  del  derecho;  se  aspirará  á  cerrar  las  fábri¬ 
cas  de  armas,  los  parques  y  arsenales,  y,  sin  em¬ 
bargo,  mientras  en  las  escuelas  de  Alemania  ento¬ 
nen  los  chicos  desde  que  saben  hablar  el  himno 
de  Ruckert  en  honor  del  veterano  Barbarroja,  el 
emperador  Federico;  mientras  aprendan  de  me¬ 
moria  el  Calendario  patriótico ,  y  la  historia  na¬ 
cional  con  las  hazañas  de  la  época  de  la  Befreiung- 
krieg ;  mientras  en  Francia  y  en  Rusia  y  en  In¬ 
glaterra  hagan  lo  mismo,  se  olvidarán  todos  los 
generosos  ideales  de  la  paz,  y  atolondradas  las 
gentes  por  los  vibrantes  toques  de  los  clarines 
guerreros,  irán  con  el  entusiasmo  de  siempre  á 
cobijarse  bajos  los  pliegues  de  la  bandera  patria, 
repitiendo  en  coro  al  contemplarla  lo  que  decía  el 
caballero  Marino  en  su  oda  á  la  guerra: 

E  da  punto  di  lancie ,  e  di  quadrella, 

Quanto  lacera  piü,  tanto  pii  bella . 


Más  positivas  y  humanas  son  las  asociaciones 


para  concluir  con  la  guerra  que  nos  hacen  las  ca¬ 
lamidades  públicas,  ó  la  miseria  y  el  abandono 
sociales.  Bélgica,  el  país  que  adoptó  como  lema  de 
su  escudo  esta  útilísima  verdad:  «La  unión  es  la 
fuerza»,  acaba  de  hacer  públicos  los  resultados 
admirables  que  el  espíritu  de  cooperación  produce 
entre  los  labradores,  propietarios  y  braceros,  en 
cuantas  necesidades  siente  tan  poderoso  elemento 
nacional.  Según  los  datos  que  tengo  á  la  vista, 
figuran  en  las  asociaciones  rurales  para  el  pro¬ 
greso  del  cultivo  150  comités  agrícolas,  con  23.735 
individuos;  136  sociedades  de  hortelanos,  con 
18.461,  y  1.881  sociedades  agrícolas,  con  7.108.  Los 
sindicatos  de  labradores,  cuyo  objeto  es  adquirir 
semillas,  abonos,  alimentos  para  el  ganado  y  mᬠ
quinas,  compraron  artículos  por  valor  de  5.127.747 
pesetas  en  1895,  y  de  7.443.679  pesetas  en  1896. 
La  explotación  de  la  leche,  quesos  y  mantecas 
tiene  allí  una  importancia  extraordinaria:  sus  sin¬ 
dicatos  crearon  40  lecherías  nuevas  en  1896,  y 
102  en  1897,  aumentando  el  número  de  industria¬ 
les  inscritos  en  ellos  desde  3.501  á  9.890.  Este  des¬ 
arrollo  ha  de  ser  muchísimo  mayor  aún,  porque  la 
población  belga,  á  pesar  de  lo  que  su  ganadería 
produce,  necesita  importar  anualmente  13  á  15 
millones  de  kilogramos  de  leche,  mantequillas  y 
quesos,  que  cuestan  de  22  á  26  millones  de  pesetas. 

El  crédito  agrícola  está  bien  sostenido  y  des¬ 
arrollado  por  medio  de  numerosas  sociedades 
cooperativas  locales,  de  las  llamadas  Cajas  Raif- 
feisen ,  que  prestan  gran  auxilio  á  los  labradores 
modestos.  Existen  también  sociedades  de  seguros 
contraías  pérdidas  de  cosechas,  que,  por  ejem¬ 
plo,  en  1895  aseguraron  existencias  por  valor  de 
5.599.653  pesetas,  y  abonaron  85.480  de  indemni¬ 
zaciones.  En  Brabante,  Flandes  oriental,  Lieja, 
Limburgo  y  Hainaut  funcionan  sociedades  de  se¬ 
guros  mutuos  para  la  ganadería  vacuna,  que,  en 
general,  abonan  á  los  asociados  dos  tercios  del  va¬ 
lor  del  animal  en  casos  de  siniestros. 

Dicho  se  está  que,  gracias  á  este  apoyo  mutuo 
tan  bien  entendido,  tan  económico  y  tan  opor¬ 
tuno  y  eficaz  siempre,  no  se  ven  entre  las  familias 
rurales  belgas  esos  cuadros  de  desolación  ni  esas 
escenas  de  miseria  que  son  tan  comunes  en  la  ma¬ 
yor  parte  de  los  demás  pueblos,  y  que,  como  para 
pertenecer  á  las  sociedades  cooperativas  es  nece¬ 
sario  tener  la  costumbre  del  ahorro  en  las  fami¬ 
lias,  claro  es  que  el  que  más  y  el  que  menos  pro¬ 
cura  no  adquirir  trampas  por  sostener  vicios; 
cuidado  que  fomenta  la  propia  estimación  por  el 
empeño  de  no  vivir  en  desprestigio,  y  mantiene  á 
los  labradores  en  un  estado  de  mutuo  respeto  y 
moralidad  que  envidian  cuantos  viajeros  enten¬ 
didos  y  curiosos  recorren  aquellas  provincias,  al 
acordarse  de  lo  que  en  otras  partes  se  ve. 

Esto  en  cuanto  á  combatir  la  miseria  rural ;  res¬ 
pecto  á  la  urbana,  hay  más  medios  ó  elementos 
para  aminorarla;  pero  pocos  conozco  tan  nobles, 
tan  conmovedores  ni  tan  fecundos  en  buenos  re¬ 
sultados  como  los  que  con  el  nombre  de  Colleye 
settlements  funcionan  en  Inglaterra,  en  el  Canadá 
y  en  la  Unión,  y  que  hoy  se  intenta  aclimatar 
también  en  Francia.  Suponga  el  lector  que  se  reco¬ 
gen  medio  ó  un  centenar  de  chiquillos  vagabun¬ 
dos  en  una  capital,  y  se  les  instala  en  un  edificio 
arreglado  para  ello,  y  que  los  que  los  han  recogi¬ 
do,  varios  aristócratas  ó  gentes  ricas,  hacen  el 
enorme  sacrificio  de  irse  á  vivir  con  ellos  la  ma¬ 
yor  parte  de  las  horas  del  día,  y  que  les  instruyen, 
les  alimentan,  les  visten,  les  enseñan  á  asearse  y 
los  entretienen  agradablemente  en  los  ratos  de  re¬ 
creo.  Al  amor  de  los  hijos  recogidos  en  mitad  de 
la  calle  acuden  por  natural  instinto,  aunque  casi 
olvidado  y  pervertido,  algunas  madres  de  ellos,  y 
con  ellas  á  veces,  y  á  veces  después,  algunos  pa¬ 
dres,  muchos  de  los  cuales,  al  ver  bien  tratados  y 
redimidos  á  sus  hijos,  se  rinden  y  renuncian  á  su 
vida  errante  y  desastrada,  y  se  redimen  también. 
«Todo  lo  vence  el  cariño»,  puede  decirse,  con  en¬ 
tera  verdad,  en  esos  caritativos  centros.  El  bien, 
la  caridad  y  la  enseñanza,  cuando  se  hacen  ó  se 
dan  con  severidad,  con  formulismos,  con  aspereza 
y  con  tacañería,  producen  honda  repugnancia;  pero 
suministrados  con  el  atractivo  de  la  simpatía  rea¬ 
lizan  milagros. 

Milagro  es,  además,  el  que  gentes  del  gran 
mundo  desciendan  á  practicar  obra  tan  caritativa, 
olvidando  las  comodidades  de  su  vida  y  sumer¬ 
giéndose  en  pleno  ambiente  de  sufrimientos  y  pri¬ 
vaciones.  Un  acaudalado  aristócrata  inglés,  Mr.  De- 
nisson,  fué  el  fundador  de  esta  legión  benéfica. 
Dejó  el  boato  y  comodidades  de  su  casa  y  de  la 
alta  sociedad,  y  vivió  cinco  años  en  medio  de  los 
pobres,  con  toda  humildad  y  abnegación,  instru¬ 
yéndolos  y  apartándolos  de  la  vida  del  vicio.  Imi¬ 
táronle  en  seguida,  inspirados  por  su  nobilísimo 
ejemplo,  algunos  estudiantes  de  Oxford  y  Cam¬ 
bridge,  varios  profesores  y  propietarios,  coronan¬ 
do  la  obra  un  rico  gentleman  que  dejó  bastantes 


fondos  para  desarrollarla.  Esto  era  en  1855,  año 
en  que  se  crearon  dos  instituciones  con  ese  carác¬ 
ter:  hoy  existen  veintisiete  en  Londres,  y  hay  va¬ 
rias  establecidas  en  Edimburgo,  Glasgow,  Man- 
chester,  Nueva  York,  Chicago,  Boston  y  Filadelfia. 
En  todas  ellas  se  empieza  por  acoger  á  los  niños, 
y  atraídos  por  éstos  acuden  los  mayores.  Una  se¬ 
ñora  de  la  alta  nobleza  de  Francia,  Mme.  Coste  de 
Beauregard,  instituyó  en  su  país  la  primera  casa 
de  este  género,  la  de  las  obreras  de  Popincourt,  á 
la  que  concurren,  para  instruir,  educar,  acompañar 
y  entretener  á  las  niñas  recogidas,  numerosas  da¬ 
mas,  todo  lo  más  distinguido  de  París.  Veinticinco 
ó  treinta  de  ellas  reciben  á  las  pobres,  las  obse¬ 
quian  con  juguetes,  dan  á  sus  pobres  madres  des¬ 
validas  pastas  y  vino,  las  tratan  con  todo  afecto, 
y  así  se  explica  que  entre  las  duquesas,  condesas  y 
millonarias  pululen  600  criaturas  redimidas  de  la 
miseria.  Las  aristócratas  educan  con  su  ejemplo  á 
las  madres  desarrapadas,  ó  insensiblemente  se  ve 
cómo  se  transforman  familias  deshechas,  viciosas 
y  condenadas  al  vicio  y  al  crimen,  en  familias 
amantes,  cuidadosas  de  su  ajuar,  trabajadoras  y 
con  fe  en  el  porvenir.  En  el  asilo  de  Popincourt 
la  aristocracia  protege  á  más  de  cuatrocientas  fa¬ 
milias,  en  las  que  los  hijos  ayudan  á  sus  padres,  y 
en  las  que  los  padres  han  entrado  en  un  período 
de  noble  regeneración. 

Tan  admirable  ejemplo  ha  convencido  á  muchas 
gentes  indiferentes  ó  incrédulas;  el  settlement  pri¬ 
mitivo  tendrá  pronto  otros  centros  sucursales  que 
adquirirán  acaso  más  importancia  que  éste,  y  la 
instalación  inicial  hecha  en  los  desiertos  y  pobres 
locales  de  unos  almacenes  arreglados  con  reparos 
y  remiendos  ha  estrenado  hace  tres  semanas  una 
casa  nueva,  donde  la  caridad  está  dignamente  do¬ 
miciliada.  No  hay  nada  de  fantástico  ni  de  ideal 
en  estas  campañas  contra  la  guerra  de  la  miseria 
y  en  pro  de  la  paz  social,  porque  este  es  uno  de 
los  caminos  prácticos  más  seguros  para  cumplir  la 
gran  misión  de  «amar  al  prójimo».  Aquí  no  hay 
inseguridad  alguna  para  las  naciones,  como  la  que 
producen  los  preparativos  de  las  guerras;  aquí  se 
opera  poco  á  poco  la  redención  social,  y  con  ella 
se  asegura  la  paz  con  mayores  arraigos  cada  día. 

O 

•  4» 

En  el  país  que  hizo  rico  la  guerra,  Alemania, 
se  ha  celebrado  hace  pocos  días  la  fiesta  de  haber 
llegado  á  los  setenta  años  de  edad  el  gran  admi¬ 
nistrador  de  su  riqueza,  H.  Juan  von  Miquel,  an¬ 
tiguo  admirador  de  Carlos  Marx,  antiguo  socialista 
exaltado,  hoy  hombre  de  orden,  de  peso  y  de  uni¬ 
versal  fama.  Pocos  ministros  de  Hacienda  se  han 
visto  en  el  caso  en  que  él  se  ve,  y  ninguno  ha  po¬ 
dido  decir  lo  que  él  dice:  «¡Me  sobra  dinero  por 
todas  partes!»  Y  es  verdad:  no  sabe  lo  que  hacer 
con  él,  y  está  madurando  el  plan  de  constituir  un 
gran  fondo  de  reserva,  guardando  anualmente  un 
montón  de  millones  en  una  caja  especial,  que  será 
apéndice  ó  suplemento  de  la  del  Tesoro  nacional. 

Era  Von  Miquel  alcalde  de  Francfort  hace  algu¬ 
nos  años,  en  ocasión  en  que  el  Emperador  llegó  á 
aquella  ciudad.  En  las  fiestas  con  que  obsequiaron 
al  Soberano  hubo  el  banquete  de  rúbrica,  en  el 
cual  el  Alcalde  se  sentó  al  lado  del  Emperador.  Ha¬ 
blaron  de  Hacienda,  y  supo  Von  Miquel  exponerle 
de  un  modo  tan  sencillo,  tan  claro,  tan  convin¬ 
cente  su  sistema  de  contribuciones  é  impuestos, 
que  el  Monarca,  que  estuvo  oyéndole  atento  desde 
la  sopa  á  los  postres,  le  dijo  al  levantarse:  «¡Usted 
es  mi  hombre,  Sr.  Miquel!»  Y  lo  fué,  en  efecto. 

Su  plan  era  este:  «Que  los  ricos  paguen  mucho 
y  los  pobres  poco.»  Al  realizarlo  se  armó  la  gran 
cruzada  contra  él,  porque  todos  los  que  pagaban 
más  que  antes,  gritaron  en  coro:  «¡Este  hombre 
está  loco;  va  á  arruinar  á  la  nación!»  El  dinero 
afluía  que  era  un  portento;  pero  combatido  por  los 
poderosos,  no  pudo  aplicar  por  completo  su  siste¬ 
ma;  cedió,  y  los  ricos  se  calmaron:  los  contribu¬ 
yentes  modestos,  en  cambio,  estuvieron  y  están 
contentos. 

Un  detalle  curiosísimo  del  gran  hacendista  prác¬ 
tico  es  el  siguiente:  Ideó  un  físico  una  lámpara 
que  se  alimenta  con  alcohol,  y  que  alumbra  bas¬ 
tante  bien  y  con  poco  riesgo.  H.  Miquel  lo  supo  y 
exclamó:  «¡Nos  hemos  emancipado  de  los  Estados 
Unidos  y  de  Rusia:  se  acabó  el  petróleo;  se  salvó 
la  industria  nacional  de  la  producción  de  alcohol, 
de  remolacha  y  patatas!»  Presentó  la  lámpara  al 
Emperador  y  le  dijo:  «Si  conseguimos  que  alguno 
de  nuestros  ingenieros  perfeccione  este  aparato  y 
se  pueda  usar,  dando  toda  la  luz  posible  y  sin  pe¬ 
ligro  alguno,  habremos  vencido  á  todos  los  países 
productores  de  petróleo,  y  consumiremos  con  gran 
economía  y  ganancias  nuestros  alcoholes.»  La  lám¬ 
para  no  se  ha  perfeccionado  aún;  pero  el  Ministro 
espera  con  fe,  y  no  usa  en  su  despacho  otro  siste¬ 
ma  de  iluminación.  Se  non  é  vero ,  al  menos  esta 


Digitized  by 


Google 


8  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.#  ix  —  147 


referencia  demuestra  que  Yon  Miquel,  además  del 
plan  ya  indicado,  tiene  otro  no  menos  plausible: 
el  de  fomentar  las  riquezas  naturales  de  su  pais 
para  no  necesitar  de  las  ajenas. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


de  la  Srta.  Pacini,  celebrado  la  noche  del  último 
martes. 


Una  enorme  cantidad  de  flores,  valiosísimos  y 
numerosos  regalos,  y  una  continuada  ovación,  re¬ 
cibió  y  escuchó  la  incomparable  artista  durante 
la  representación  de  Los  Puritanos ,  que  fue  la 
ópera  cantada  la  mencionada  noche,  y  cantada  de 
magistral  manera  por  la  beneficiada,  que  lució  su 
extraordinaria  agilidad  y  su  exquisito  arte,  muy 
especialmente  en  la  polaca,  el  aria  del  segundo 
acto  y  el  dúo  final.  La  terminación  de  cada  una  de 
estas  piezas  fué  seguida  de  otras  tantas  ovaciones 
entusiastas  y  prolongadas. 

Bonci,  Blanchart  y  Riera,  que  acompañaron  ¿ 
la  notable  diva  en  la  interpretación  de  la  ópera, 

.  merecieron  los  muchos  aplausos  que  el  público  les 
otorgó,  y  fueron  llamados  á  escena  á  la  termina¬ 
ción  de  todos  los  actos. 

* 

#  # 

Pagliacciy  ópera  cantada  la  noche  del  pasado 
miércoles  por  primera  vez,  fue  un  señalado  y  rui¬ 
doso  triunfo  para  la  Sra.  De  Macchi,  que  inter¬ 
pretó  notabilísimamente  la  parte  de  Nedda,  dán¬ 
dole  toda  la  gracia  y  colorido  dramático  que  tan 
difícil  papel  exige.  Cantó  con  exquisito  gusto,  y 
fué  muy  celebrada  durante  toda  la  representación, 
viéndose  obligada  á  presentarse  en  escena  al  fina¬ 
lizar  aquélla. 

El  Sr.  Buti  cantó  perfectamente  su  parte  y  sa¬ 
tisfizo  por  completo  al  público,  que  le  aplaudió 
mucho,  así  como  á  los  Sres.  Bertrán,  García 
Prieto  y  Tanci,  que  cumplieron  como  buenos. 

* 

•  « 

La  noche  siguiente,  es  decir,  la  del  jueves  pa¬ 
sado,  fue  una  de  las  mejores  que  ha  habido  esta 
temporada  para  los  aficionados  á  la  buena  música. 

Cantóse  Rigoletto ,  y  formaron  el  cuarteto  en¬ 
cargado  de  su  interpretación  las  Srtas.  Pacini  y 
Gardeta,  y  los  Sres.  Bonci  y  Blanchart.  Con  decir 
esto,  está  dicho  que  el  público  quedó  satisfechísi¬ 
mo,  hasta  el  punto  de  pedir  con  insistencia  la  re¬ 
petición  de  varios  trozos  de  la  ópera. 

Regina  Pacini,  que  con  razón  disfruta  déla  pre¬ 
dilección  de  nuestro  público,  se  excedió  á  sí  mis¬ 
ma  y  cantó  maravillosamente  toda  la  ópera,  espe¬ 
cialmente  el  dúo  del  segundo  acto,  el  caro  nome9 
el  dúo  del  tercero  y  el  cuarteto,  donde  la  ovación 
fué  interminable  y  delirante. 

Bonci  es  sencillamente  el  tenor  que  mejor  ha 
cantado  Rigoletto  desde  hace  muchos  años.  Cierto 
que  la  ópera  encaja  perfectamente  en  sus  notables 
facultades;  pero  no  por  eso  son  menos  justos  los 
aplausos  que  escuchó  al  terminar  la  balada,  el  dúo 
con  Gilda,  la  popular  canción  y  el  cuarteto  del 
último  acto,  piezas  que  cantó  admirablemente  y 
en  las  que  derrochó  arte  y  facultades. 

La  Srta.  Gardeta  puso  de  manifiesto  sus  incom¬ 
parables  condiciones  y  su  inmenso  entusiasmo  ar¬ 
tístico;  cantó  de  manera  notable,  y  fué  con  justi¬ 
cia  muy  aplaudida  y  celebrada. 

Y,  por  último,  Blanchart,  nuestro  eminente  com¬ 
patriota,  quedó  á  la  altura  de  su  bien  ganada  repu¬ 
tación.  Pocos  artistas  podrán  hacer  la  campaña 
que  esta  haciendo  el  eminente  barítono,  que  canta 
todo,  y  todo  muy  bien,  tan  bien  como  Rigoletto , 
en  el  que  es  insustituible. 

La  orquesta,  bajo  la  dirección  del  veterano  maes¬ 
tro  Goula,  hizo  prodigios,  y  los  coros  estuvieron 
muy  bien.  En  suma:  una  representación  inmejora¬ 
ble  en  conjunto  y  separadamente. 


Durante  la  presente  semana  debutará  el  tenor 
Sr.  Cardinali,  que  viene  precedido  de  gran  repu¬ 
tación. 


ESPAÑOL. 

Ha  comenzado  á  ensayarse  y  muy  en  breve  se 
verificará  el  estreno  de  Las  Bodas  de  Fígaro ,  co¬ 
media  en  cinco  actos  de  Beaumarchais,  arreglada 
á  nuestra  escena  por  D.  Luis  Valdés. 

PRINCESA. 

La  Corte  de  Napoleón  continúa  proporcionando 
grandes  entradas  á  la  afortunada  empresa  de  este 
teatro  y  calurosos  aplausos  á  los  artistas  que  to¬ 
man  parte  en  su  representación.  Sin  embargo,  la 
dirección  artística  no  se  duerme  sobre  los  laure¬ 
les,  y  prepara,  para  un  plazo  relativamente  corto, 
novedades  que  han  de  completar  la  campaña  tan 
fructuosa  y  digna  de  aplauso  que  viene  sostenien¬ 
do  toda  la  temporada. 

LARA. 

Ninguna  novedad  ha  ocurrido  en  este  teatro 
aparte  de  la  reprise  de  La  Chismosa ,  verificada  el 
último  lunes,  y  el  beneficio  de  la  Sra.  Mavillard, 
celebrado  la  noche  del  pasado  sábado. 

La  Chismosa ,  comedia  de  Enrique  Gaspar,  in¬ 
justamente  olvidada,  obtuvo  un  éxito  grande  y 
franco.  El  público  escuchó  con  gran  interés  toda 
la  obra,  celebrando  las  cómicas  situaciones  en  que 
abunda  y  la  fácil  y  primorosa  versificación  del 
diálogo. 

Muy  bien  estuvieron  en  la  interpretación  Rosa¬ 
rio  Pino,  Balbina  Val  verde  y  Emilia  Mavillard, 
que  representaron  sus  papeles  inmejorablemente, 
y  no  menos  bien  los  Sres.  Larra  y  Ramírez;  este 
último  adelanta  notablemente,  y  llegará  muy  pron¬ 
to  á  formar  en  primera  línea  entre  nuestros  acto¬ 
res  cómicos. 

• 

4»  4» 

La  Marquesita ,  La  Chismosa  y  La  Función  de 
mi  qiuéblo  fueron  las  obras  representadas  la  noche 
del  beneficio  de  la  Sra.  Mavillard,  quien  alcanzó 
muchos  aplausos  y  recibió  innumerables  y  valio¬ 
sos  regalos. 

• 

•  • 

Para  hoy  se  anuncia  el  estreno  de  La  victoria 
del  General ,  en  cuya  representación  toman  parte 
las  Srtas.  Moreno  y  Feros,  Sras.  Pino  y  Yalverde, 
y  los  Sres.  Larra,  Santiago  y  Gonsálvez. 

CÓMICO. 

Estrenar  Los  Remiendos ,  de  Navarro  Gonzalvo 
y  el  maestro  Calleja.....  e  poi  moriré. 

Esto  es  lo  que  ha  hecho  el  infortunado  teatro 
de  ex  Capellanes.  Y  no  queremos  decir  que  Los 
Remiendos  hayan  sido  la  causa  del  cierre.  Al  con¬ 
trario,  es  una  zarzuela  entretenida  y  amena,  con 
música  inspirada  y  alegre,  que  valió  los  honores 
del  proscenio  á  sus  autores. 

Los  cuales  no  han  cobrado  ni  las  tres  noches  de 
derechos  dobles.  Lo  lamentamos  de  todo  corazón. 

ZARZUELA. 

La  Buena  sombra ,  además  de  ser  una  zarzuela 
muy  bonita,  es,  por  lo  que  se  ve,  patrimonio  exclu¬ 
sivo  del  coliseo  de  la  calle  de  Jovellanos,  que  se 
llena  por  completo  todas  las  noches  gracias  á  su 
buena  sombra  y  á  la  de  los  hermanos  Alvarez 
Quintero. 

La  Buena  sombra  de  éstos  es  indiscutible.  Han 
acertado  (y  no  por  casualidad,  que  conste)  á  tra¬ 
zar  un  cuadro  de  costumbres  andaluzas  con  toda 
la  luz,  colorido,  gracia  y  viveza  propias  de  Sevi¬ 
lla,  que  es  el  lugar  donde  se  desarrolla  la  acción. 
Esta  es  sencilla  y  natural ;  el  diálogo  es  chispean¬ 
te,  vivo  ó  hiperbólico,  como  requieren  los  tipos 
copiados  en  el  sainete ,  todos  tomados  del  natural 
y  delineados  con  rasgos  felicísimos  y  seguros. 

En  resumen :  La  Buena  sombra  es  un  sainete 
con  todas  las  de  la  ley,  que  dará  muchas  y  buenas 
entradas  al  teatro  de  la  Zarzuela  y  mucha  honra  y 
provecho  á  sus  jóvenes  autores,  que  son  de  los  que 
vienen  empujando ,  como  se  dice  en  el  argot  de  la 
gente  de  pluma. 

El  maestro  Brull  se  encontró  con  un  libro  en  el 
que  había  que  encajar  números  musicales  á  fuerza 
de  mazo,  y  demasiado  ha  hecho  con  meter  varios, 
frescos,  alegres,  sobre  motivos  andaluces,  que 
se  escuchan  con  agrado.  El  primero,  sobre  todo, 
aunque  demasiado  largo,  es  el  más  notable  de  la 
partitura. 

De  los  intérpretes  citemos  especialísimamente 
á  Lucrecia  Arana,  que  hizo  una  andaluza  que  no 
hay  más  que  pedir;  Antoñita  Espinosa,  artista  es¬ 
tudiosísima  y  muy  discreta;  la  Cárcamo;  Julián 
Romea,  actor  que  hace  todos  los  papeles  que  le  den, 


y  todos  de  manera  sobresaliente;  Pepe  Moncayo, 
que  borda  el  papel  de  Triquitraque;  Orejón,  que 
va  abandonando  el  odioso  camino  de  las  imita¬ 
ciones,  y  resulta  un  actor  original  y  con  cosas 
propias;  Rodríguez  y  Gonzalito  que  estuvieron 
muy  retebién. 

Pablo  Arana  durmió  y  se  despertó  con  excesiva 
naturalidad. 


MARTÍN. 

Con  Julián  Fuentes  á  la  cabeza,  ha  comenzado 
á  actuar  en  este  teatro  una  compañía  de  zarzuela, 
modesta  pero  muy  aceptable,  en  la  que  figuran 
como  tiples  las  Srtas.  Urrutia  y  Fernández. 

El  éxito  obtenido  ha  sido  excelente  en  cuantas 
obras  han  representado,  especialmente  en  la  r¿?- 
prise  do  De  la  noche  á  la  mañana ,  que  fué  muy 
bien  interpretada. 

Para  hoy  se  anuncia  el  estreno  de  un  apropó¬ 
sito  escrito  para  la  Srta.  F ernández  por  dos  aplau¬ 
didos  autores. 

A. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  nián  perfumado  de  los  jabonea  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  ^del  cabello 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro. — Fuera  de  oonourso 
4,  PLACE  DE  L’OPÉ&A,  PARIS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


LOSATOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 
PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 
Remedio  prodigioso  y  rápido.  30  años  de  éxito. 


CARNE  LIQUIDA 

DEL  DOCTOR  VALDÉS  GARCÍA,  DE  MONTEVIDEO. 

Es  el  tónico  reparador  per  excelencia  y  el  reconstituyente 
más  eficaz  y  poderoso  para  los  enfermos,  convalecientes  y  per¬ 
sonas  débiles. — Expéndese  en  todas  las  farmacias  de  España. 


dMtrnyo  las 

ralees  el  vello  del 
roetro  de  Isedamst. 
Rousseau,  1,  París. 


PITE  ÉPILATOIRE  DOSSER 

Para  loo  brazo*  empleesael  PILIVORB.—  1.  Rué  J.-J. 


I.  WAI.I.ES  íC* 


(Antigua  osos  tfa  EUILE  PIN9AT),  .... 

_  __  _  LoMíA-ír-Orand.Parin.— TRAJES  Y  ABRIOOS 

La  casa  que  viste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  gu*-»'» 


VINO  UI-ÜltiKSTlVO  II t:  CU A88 A I NU.  30 aftoo de 
éxito  contra  las  enfermedades  del  aparato  digestivo  ídispejp- 
áis,  inapetencia,  pérdida  de  fuerzasj.  París,  6,  Av.  Vietorta. 


EAU  dHOUBIGANT 

Un blgnrtj  perfumista,  París ,  19,  Faubouig  S*  Honoró. 


Perfumería  erótica  SENET,  35,  rué  du  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véanse  los  anuncios .) 


Perfumería  Ninon,  Maison  LECONTE,  31,  rué  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios.) 


VIOLETTE  IDÉALE  ¡r¡r:.:SS 

Uesbifasl,  perfumista,  París,  19,  Faubourg  S*  Honoré. 


Todos  loe  di  as  aparece  algún  nuevo  espe¬ 
cifico  para  el  cutis;  pero  estad  seguras  que 
casi  siempre  no  aon  más  que  afeites.  Sólo 
la  Crema  Simón  da  á  la  tez  la  fres¬ 
cura  y  belleza  naturales.  Desde  hace  treinta  y 
cinco  años  se  vende  en  el  mundo  entero  á  pe¬ 
sar  de  las  muchas  falsificaciones.  Los  Polvos 
do  Arros  y  el  Jabón  Simón  completan  los 
efectos  higiénicos  de  la  Crema  Simón. 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


Memoria  leida  en  la  junta  general  de  accionistas  del  Banco 
de  España  celebrada  el  l.°  del  corriente,  que  comprende  las 
operaciones  efectuadas  por  dicho  establecimiento  de  crédito 
en  el  año  1897.  Hemos  recibido  ejemplares  de  dicha  Memoria» 
y  damos  las  gracias  al  Secretario  general  del  Banco  de  Es¬ 
paña  por  su  atención. 

También  agradecemos  al  Secretario  general  de  la  Unión  Ibero- 
Americana  el  envío  de  la  Memoria  de  los  trabajos  realizados 
durante  el  año  próximo  pasado  por  dicha  institución,  Me¬ 
moria  leída  y  aprobada  en  junta  general  ordinaria  de  30  de 
Enero  último. 

Batallón  de  Voluntarios  de  Madrid. — Con  este  título 
hemos  recibido  un  folleto  elegantemente  impreso,  que  contiene 
la  relación  de  los  donativos  y  nombres  de  los  donantes  para 
la  formación  de  dicho  batallón  de  voluntarios,  la  lista  del 
personal  según  la  revista  del  mes  de  Octubre  de  1896  y  la 


Digitized  by  ^.ooQie 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Marzo  1898 


148  —  n.o  íx 


cuenta  de  gastos.  Al  frente  de  la  portada 
figura  un  fotograbado  con  el  retrato  en  gru¬ 
po  de  los  jefes  y  oficiales  que  componen  la 
plana  mayor  del  batallón. 

La  electricidad  simplificada.  —  La 

aritmética  de  la  electricidad ,  por  Sloane. 
Traducciones  de  D.  José  Pía. 

Parecía  imposible  que  después  de  la  Pe¬ 
queña  Enciclopedia  Electromecánica  de 
Graffigny  se  pudiesen  escribir  libros  distin¬ 
tos  á  éstos  sobre  electricidad;  y  no  sólo  se 
han  escrito,  sino  que  la  librería  editorial  de 
Bailly-Bailliére  é  Hijos  no  ha  tenido  repa¬ 
ro  en  publicarlos,  pues  en  lugar  de  perjudi¬ 
car  la  renta  de  los  de  Gralfigny,  son  los 
nuevos  libros  un  complemento  de  aquéllos. 

Los  dos  tomos  primeros  que  hemos  teni¬ 
do  el  gusto  de  recibir  y  examinar  se  titulan 
como  indica  el  epígrafe. 

El  primero  es  el  más  sencillo  que  hasta 
ahora  se  ha  publicado;  en  cuanto  al  segun¬ 
do,  es  un  tratado  práctico  de  cálculos  eléc¬ 
tricos  de  todas  clases,  reducidos  á  reglas 
sencillas,  para  las  que  no  se  necesita  más 
conocimiento  que  el  de  la  aritmética  ele¬ 
mental.  Cada  regla  va  ilustrada  por  uno  ó 
más  problemas  prácticos,  con  las  soluciones 
detalladas  de  cada  uno.  El  libro  termina  con 
una  extensa  serie  de  tablas,  y  su  precio  es 
1,60  pesetas  en  rústica  y  2  en  tela. 

Noticiero-Guía  de  Madrid —  Con  este 
título  acaba  de  publicarse  en  Madrid  un  cu¬ 
rioso  é  interesante  libro,  arreglado  por  un 
compañero  nuestro  en  la  prensa  que  oculta 
bajo  la  firma  Un  repórter  su  verdadero  nom  - 
bre.  El  Noticiero- Guia  tiene  una  primera 
parte  descriptiva,  ilustrada  con  magnífi¬ 
cos  fotograbados,  que  da  á  conocer  al  lec¬ 
tor,  sin  fatigarle,  todo  lo  que  Madrid  en¬ 
cierra  digno  de  mención.  Publica  además 
varias  tarifas  y  noticias  útiles  para  el  co¬ 
mercio  y  para  los  particulares,  y  las  señas 
muy  completas  del  personal  de  los  centros 
oficiales. 

La  parte  material  nada  deja  que  desear. 
El  libro  se  vende  á  una  peseta,  con  permi¬ 
sos  gratuitos  para  visitar  varios  museos 
establecimientos  públicos. 

Los  pedidos  deben  dirigirse  al  Adminis¬ 
trador  del  Noticiero-  Guíaf  calle  de  San  Pe¬ 
dro,  8  duplicado,  tercero. 


MADRID.  — PRUEBA  OFICIAL  DE  UNA  SUSTANCIA  QUÍMICA  PARA  LA  EXTINCIÓN  DE  FUEGOS, 
CELEBRADA  RECIENTEMENTE  EN  EL  EMBARCADERO  DEL  CANAL. 

(De  fotografía.) 


SU  COMPAÑERO  DE  VIAJE.  „ 

El  hombre  sabio  nunca  pierde  la  oportunidad 
de  hablar  á  las  demás  personas.  Por  muy  grande 
que  sea  nuestro  saber,  siempre  hallamos  que  otros 
poseen  informes  que  nos  serían  muy  útiles  é  in¬ 
teresantes.  A  veces  obtenemos  estos  informes  en 
un  momento;  al  paso  que  en  otras  ocasiones  se 
originan  de  una  conversación  que  al  principio  no 
llevaba  camino  señalado,  ni  tenía  otro  objeto  que 
meramente  hablar.  El  que  suscribe  tuvo  en  cierta 
ocasión  que  efectuar  un  viaje  de  mil  millas  por 
ferrocarril,  con  el  objeto  de  averiguar  la  verdad  ó 
la  falsedad  de  ciertos  hechos  alegados.  Antes  de 
haber  viajado  la  mitad  de  la  distancia  me  en¬ 
contré  con  un  hombre  en  el  tren,  el  cual  en  el 
curso  de  nuestra  conversación  me  dió  pruebas 
palpables  de  la  verdad  de  los  hechos  antedichos, 
naciéndome  esta  comunicación  sin  la  menor  idea 
de  que  la  casa  de  negocios  que  yo  representaba 
tuviese  un  interés  enorme  en  la  materia.  Habien¬ 
do,  pues,  inesperadamente  logrado  el  objeto  de 
mi  viaje,  salí  ael  tren  y  me  volví  A  mi  casa.  Los 
hechos  subsiguientes  mostraron  la  verdad  de  lo 

3ue  mi  compañero  de  viaje  me  había  manifesta- 
o.  Cosas  parecidas  á  ésta  ocurren  constante¬ 
mente,  las  cuales  tienen  mucho  influjo  en  los 
negocios  de  la  vida  diaria. 

El  Sr.  Emilio  Gómez  Navarro,  de  Almuñécar, 
había  estado  sufriendo  por  mucho  tiempo  de  una 
enfermedad  que  los  médicos  no  podían  curar.  En 
▼ano  había  perdido  el  tiempo  y  el  dinero  en  busca 
de  la  salud.  Estaba  ya  casi  desesperado,  y  no  ha¬ 
llaba  el  menor  placer  en  la  vida.  No  hay  duda 
de  que,  si  le  hubieran  asegurado  que  existía  algún 
medicamento  para  recobrar  su  salud,  hubiera 
cruzado  la  tierra  y  Ja  mar  para  obtenerlo.  Pero 
este  medicamento  estaba  mucho  más  cerca  de  lo 

3ue  él  imaginaba,  el  cual  llegó  á  su  conocimiento 
e  una  manera  que  nadie  hubiera  podido  adivi¬ 
nar.  Permitámosle  que  recite  él  mismo  su  his¬ 
toria: 

«En  contestación  á  la  muy  estimada  carta  de 
usted  fechada  el  11  del  próximo  pasado — escribe, 
— paso  á  informarle  á  usted  que,  no  solamente  no 
tengo  el  menor  inconveniente  en  que  se  publique 
mi  nombre,  sino  que  deseo  que  todo  el  mundo 
sepa  los  buenos  resultados  que  he  obtenido  des¬ 
pués  de  tomar  el  remedio  de  usted. 

•Por  lo  tanto ,  certifico  y  declaro  el  hecho  de 
que  he  estado  sufriendo  por  espacio  de  cinco  años 
de  un  dolor  muy  severo  en  el  estómago,  causado 
por  la  mala  digestión.  Tenía  mal  sabor  en  la  boca, 
y  un  aliento  ofensivo  y  desagradable,  y  después 
que  había  comido,  los  dolores  en  el  estómago 
eran  casi  insoportables.  Tomé  todas  Jas  medici¬ 
nas  que  los  médicos  me  ordenaron,  algunas  de  las 
cuales  me  aliviaron  un  poco.  He  probado  varias 
clases  de  aguas,  especialmente  la  famosa  de  Lan- 
jarón,  siendo  esta  última  la  única  que  me  alivió 
por  algún  tiempo,  por  cuya  razón  fui  allí  con 
mucha  frecuencia;  mas  después  de  haber  dejado 
de  tomarlas  por  algún  tiempo,  empecé  á  empeo¬ 
rarme  de  nuevo. 

•Naturalmente,  mi  dolencia  me  causaba  mu¬ 
cho  disgusto  y  ansiedad.  En  uno  de  mis  viajes  á 
Granada  hallé  un  caballero  que  viajaba  en  el 


mismo  carruaje  que  yo;  y  habiendo  entrado  en 
conversación  con  él  y  referídole  mis  padeci 
mientos,  me  recomendó  que  probase  el  Jarabe 
Curativo  de  la  Madre  Seigel,  diciéndome  que  él 
se  había  curado  por  su  mediación  en  iguales  cir 
cunstancias,  y  que  lo  probase  de  todos  modos, 
pues  si  no  me  aliviaba  podía  entonces  supri¬ 
mirlo. 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

extra,  de  aroma  riquísimo  y  permanente,  cuatro  veces  más  barata  y  muy  superior  á  muchas  de 
las  más  acreditadas  del  Extranjero.  Su  inmenso  crédito  en  esto  se  fundó.  En  frascos,  farmacias 
y  perfumerías.  Por  mayoi,  M.  García,  Madrid.  Por  medida  remesa  su  autor  á  domicilio,  franco 
envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  6  pesetas  litro.  Desde  cuatro  litros,  á  4  pesetas. 


•Las  palabras  de  este  señor  me  causaron  tan¬ 
tísima  impresión  por  su  aparente  confianza  en 
esta  medicina,  que  tan  pronto  como  llegué  á  Gra¬ 
nada  compré  una  botella  de  este  medicamento 
á  D.  Cándido  Peña.  Sintiéndome  muchísimo  me- 

Í'or,  continué  con  este  remedio  hasta  que  ha¬ 
da  tomado  ocho  bolellitas,  comprándolas  ádon 
José  Marín,  de  esta  ciudad;  dando  por  resultado 
que  me  hallo  ahora  completamente  curado,  res¬ 
tándome  tan  sólo  el  dar  las  gracias  á  mi  compa¬ 
ñero  de  viaje  y  á  usted.  (Firmado): — Emilio  Gó 
mez  Navarro,  Almuñécar  (Granada),  15  de  No¬ 
viembre  de  1897.  • 

Una  narración  tan  llana  y  tan  bien  dicha  no 
requiere  mucho  comentario.  Nos  alegra  mucho 
que  nuestro  amigo  encontrase  el  verdadero  re¬ 
medio  para  su  dolencia,  y  que  lo  encontrase  de 
la  manera  que  nos  lo  ha  referido,  sirviendo  esto 
para  ilustrar  la  doctrina  de  la  Providencia  y  el 
hecho  de  cómo  un  hombre  puede  ayudar  á  otro 
aunque  no  le  haya  visto  jamás.  La  dolencia  cu¬ 
rada  tan  feliz  y  tan  radicalmente  por  medio  del 
Jarabe  de  la  Madre  Seigel,  según  nuestro  corres¬ 
ponsal  nos  informa,  era  del  estómago,  ó  sea  in¬ 
digestión  crónica;  enfermedad  muy  común  y  la 
más  triste  de  todas  las  enfermedades  si  no  se  cura 
á  tiempo.  Y  si  el  nombre  de  la  medicina  que  cura 
esta  enfermedad  no  llega  á  conocerse  pronto  en 
toda  España,  no  será  ni  la  culpa  del  Sr.  Emilio 
Gómez  Navarro,  ni  la  del  caballero  que  viajó  con 
él  en  el  tren. 

El  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  está  de 
venta  en  todas  Jas  farmacias,  droguerías  y  ex- 

Íiendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del 
rasco,  14  reales;  frasquito,  8  reales. 


LA  FOSF ATINA  FALIER  ES  es  el  ali¬ 
mento  más  agradable  y  más  recomendado  para  lot 
niftos  de  6  á  7  meaes  de  edad,  principalmente  en  la 
época  del  deatete  y  en  el  periodo  dfl  crecimiento 
Facilita  la  dentición  y  asegura  la  buena  jormación  de  Un 
hueco*.  Impide  la  diarrea  tan  frecuente  en  lo*  niño* 
París,  ▲  venus  Victoria.  6,  ftunnadaa. 


LA  CRUZ  DEL  VALLE 

POIMA 

POR  DOÑA  ISABEL  CHEIX 


Véndese  en  las  principales  librerías.  —  Precio,  una 
peseta.— Los  pedidos  á  la  autora,  Clavel,  31,  Sevilla. 


LA  8ALUD  PARA  TODOS 
•in  medicina,  por  la  delioioea  harina  da  salad 

U  REVALENTA  ARABIBII I  .*¿¡£ 

Gura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias V  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  oóíicos.  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado*  nilones  y  sangre. — 50  años  do 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
exoesos.  '  Es  también  el  mejor  alimento  para  cnar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  ls  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Hegent  Street,  Londres. 4  is 


CUENTOS,  POR  D.  JOSÉ  FERNÁNDEZ  BREMÓN. 

De  venta  en  las  oficinas  de  este  periódico,  calle  del  Arenal,  18,  Madrid. 


OBUS  DE  D,  CESÁREO  fOTiMIEZ  DUDO 


Ventaras  y  desventaras,  coleoción  de  no¬ 
velas. — Un  tomo,  8.°  mayor  francés. — 4  pe¬ 
setas. 

Dlsqulslelooes  náuticas.— Seis  tomos,  8." 

mayor  francés.  — 6  pesetas  cada  uno. 
Memorias  históricas  de  la  eludad  de 
Zamora,  su  provínola  y  obispado.— 

Cuatro  tomos  de  600  páginas,  en  4.*— 7,50 
pesetas  cada  uno. 

I¿a  Armada  Invencible* — Dos  tomos,  8.a 
mayor. — 7  pesetas  cada  uno. 

El  Oran  Duque  de  Osuna  y  sn  ma¬ 
rina. — Un  tomo,  8.°  mayor. — 7  pesetas. 
La  Conquista  de  las  Asores. — Un  tomo, 
8.°  mayor.— 7  pesetas. 

Tradiciones  Infundadas*  (El  pendón  de 
Castilla  y  Jais  joyas  de  Isabel  la  Católica, 
Las  naves  de  Cortés ,  La  Virgen  de  Lepante.) 
— Un  tomo,  8.°  mayor. — 10  pesetas. 

Colón  y  la  Distarla  postuma.— Un  tomo, 
8.°  mayor.— 3  pesetas. 

IVelulosa  de  Colón,— Un  tomo,  8.°  ma¬ 
yor. — 3  pesetas. 

Pinzón  en  el  descubrimiento  do  las 
Indias. — Un  tomo,  8.°  menor.— 3  pesetas. 
¡Viajes  re  alas  por  mar.— Un  tomo,  8.° 
mayor. — 7,50  pesetas. 

Armada  espadóla  desde  la  unión  de 
los  reino*  de  Castilla  y  de  Aragón. 

—  Van  publicados  dos  tomos,  en  4.°  con 
láminas, — 15  pesetas  cada  uno. 

Hállanse  de  venta  en  la  Administración  do 
La  Ilustración  Española  y  Americana,  Are¬ 
nal,  18,  Madrid. 


DENTADURA 

Para  conservar  ésta  sana  ó  sin  padedúlísnte 
alguno,  elíjase  un  dentífrico  higiénico,  acreditado 
en  la  práctica.  Deséchense,  por  perjudiciales,  los 
dulzamos.  Un  buen  dentífrico  ha  de  perfumar  y 
refrescar  la  boca  deliciosamente  con  el  aroma  de 
la  menta  y  la  rosa,  pero  dejando  un  recuerdo  ó 
gusto  ligero  de  los  tónicos  ó  amargos,  como  su¬ 
cede  con  el  Licor  del  Polo  de  Orive.  Por 
mayor,  M.  García.  Capellanes,  1,  Madrid. 


Impreso  oon  tinta  Ae  la  fábrica  LORILIBUI  y  C.%  16,  m  Bugtr,  París. 


Reservados  todos  loe  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.— Establecimiento  ti  poli  tográfico  «  Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


AÑO  XLII. — NÚM.  X 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


PRECIOS  DB  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 


ADMINISTRACIÓN : 
AKENAr,,  ie 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinos. 
Demás  Estados  de  América  y 


Madrid . 

Provincias. 

Extranjero. 


Madrid,  15  de  Márzo  de  1898. 


AÑO. 

SEMESTRE. 

35  pesetas. 

40  id. 

60  francos. 

18  pesetas. 

21  id. 

26  francos. 

i . 

Htq  j 

i  i  i  A 

M  «■ 

wíia 

BELLAS  ARTES 


LA  EMPERATRIZ  DOÑA  ISABEL  DE  PORTUGAL, 

MUJER  DE  CARLOS  I  DE  ESPAÑA. 

CUADRO  -  DEL  T1ZIAN0,  EX18TBNTB  EÍI  EL  MUSEO  DEL  PRADO,  DE -MADRID. 


Digitized  by  ^.ooQie 


150  —  *.•  x 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Marzo  1898 


SUMARIO. 


Texto.— Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Brcmón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  El  Beñor  Andana,  por 
D.  A.  Sánchez  Pérez.— Poetas  desequilibrados,  por  D.  M.  Ossorio  y 
Bernard.— El  traje  de  luto,  por  D.  Nicolás  de  Ley  va.  — Por  ambos 
mundos.  Narraciones  cosmopolita»  ,  por  D.  Ricardo  Becerro  de 
Bengoa.  — Los  Pepes  muertos,  poesía,  por  D.  José  Jackson  Veyán. 
Lob  teatros,  por  A.— Juegos  Florales  y  Certamen  en  Sevilla,  por  X. 
—Sueltos.— Libros  presentados  á  esta  Redacción  por  autores  ó  edi¬ 
tores,  por  C.  — Anuncios. 

G  RABADOS. — Bollas  Artes:  La  emperatriz  doña  Isabel  de  Portugal ,  mu¬ 
jer  de  Carlos  I  de  España,  cuadro  del  Tiziano,  existente  en  el  Mu¬ 
seo  del  Prado,  de  Madrid.  —  ¡Mañana,  gran  día!,  cuadro  de  Vollon. 
—  Música  di  camera ,  cuadro  de  Vicente  Palmaroli.  —  La  Habana: 
La  catástrofe  del  Maine.  Estado  actual  del  acorazado  sumergido.— 
Retrato  del  capitán  William  T.  Sampson,  presidente  de  la  Comisión 
norteamericana  investigadora  de  las  causas  del  siniestro.— Aspecto 
del  buque  después  de  la  explosión.— Retrato  de  Mr.  Charles  Dwign 
Sigsbee,  comandante  del  Maine ,  en  su  cámara.  —  Manifestación  de 
duelo  con  motivo  del  entierro  de  las  victimas  del  Maine.  —  Sección 
longitudinal  del  acorazado  Maine.  —  Retrato  del  general  Fitzhugh 
Lee,  cónsul  general  de  los  EE.  UU.  de  Norte- America  en  la  Isla  de 
Cuba.  —  Retrato  de  Mr.  John  D.  Long,  ministro  de  Marina  de  los 
EE.  UU.  de  Norte- América.  — Interior  de  la  fabrica  de  cañones  de 
Washington  (EE.  UU.  de  Norte-América)  —  Isla  de  Cuba:  El  cru¬ 
cero  protegido  de  segunda  clase  norteamericano,  Montgomery ,  fon¬ 
deado  actualmente  en  la  bahía  de  la  Habana.  — La  guerra  en 
Cuba:  El  titulado  «Presidente  de  la  República  cubana»,  Bartolomé 
Masó,  y  su  acompañamiento.  —Retrato  de  Salvador  Sánchez  (Fras¬ 
cuelo),  popular  matador  de  toros. 


CRÓNICA  GENERAL. 


a  votación  entusiasta  de  cincuenta  mi- 
llones  de  pesos,  en  el  Congreso  de 
Washington,  para  gastos  militares,  y 
el  aplauso  significativo  con  que  se 
acogió  el  nombre  de  Lee  por  aquellos 
políticos,  podrán  tener  el  pretexto  de 
ser  un  escudo  para  la  conservación  de  la 
paz;  pero,  dados  los  antecedentes,  no  puede 
T20*  entenderse  como  una  demostración  pacífica, 
á  menos  que  la  conciencia  de  las  muchas 
provocaciones  que  nos  han  dirigido  hubiese  pro¬ 
ducido  en  aquellos  ánimos  la  intranquilidad  á  que 
se  condena  el  ofensor  que  siente  la  injusticia  de 
sus  ataques  y  teme  la  responsabilidad  en  que  ha 
incurrido.  La  situación  es  tan  clara  que  á  nadie 
puede  engañar:  toda  Europa  y  toda  América  sa¬ 
ben  á  qué  atenerse.  En  los  Estados  Unidos  reside 
la  Junta  revolucionaria  que  atiza  la  guerra  en 
Cuba:  en  el  Capitolio  de  Washington  se  nos  han 
dirjgido  denuestos  sin  cesar:  de  los  puertos  de  la 
República  han  salido,  salen  y  saldrán  las  armas, 
la  dinamita  y  las  balas  explosivas  con  que  se  atiza 
y  alimenta  la  insurrección:  á  cada  ventaja  nues¬ 
tra  sucede  invariablemente  una  exigencia  inicua 
ó  una  demostración  favorable  á  los  rebeldes:  como 
si  no  fuera  bastante,  fondean  y  reconcentran  su 
escuadra  cerca  de  la  Isla,  y  envían  otra  á  Hong- 
Kong,  próxima  á  Filipinas:  un  día,  de  repente,  se 
presenta  el  crucero  Maine  en  la  Habana,  cargado 
de  proyectiles  y  fulminantes,  en  actitud  de  com¬ 
bate,  después  que  el  Mensaje  presidencial  había 
lanzado  frases  groseras  é  injustas  al  General  que 
acababa  de  representar  al  Gobierno  español  en 
Cuba  y  á  nuestro  valeroso  ejército. 

En  cambio,  la  conducta  de  España  se  ha  pasado 
de  prudente:  ha  atendido  á  todas  las  reclamacio¬ 
nes  exageradas  de  los  Estados  Unidos:  ha  sepa¬ 
rado  jefes  y  representantes  de  quienes  se  quejaron: 
no  sólo  respetó  las  ventajas  que  gozan  los  súbdi¬ 
tos  norteamericanos  en  Cuba,  aun  sobre  nosotros, 
sino  que  indultó  á  todos  los  condenados  por  la  ley: 
concedió  á  Cuba  una  autonomía  completa:  y  cuan¬ 
do,  por  descuidos  y  tal  vez  por  excesiva  aglome¬ 
ración  en  el  Maine  de  materias  explosivas,  teme¬ 
raria  en  un  clima  tan  cálido  como  la  Habana,  voló 
aquel  buque,  los  marinos  de  la  Trasatlántica  y 
del  Alfonso  XII  salvaron  la  vida,  con  riesgo  de 
la  suya,  á  un  centenar  de  tripulantes;  la  población 
los  atendió  generosamente,  honró  los  restos  de 
los  que  perecieron,  se  dolió  del  desastre  y  dió 
pruebas  de  amistad,  correspondidas  con  dudas  gro¬ 
seras  y  absurdas  acerca  de  la  causa  del  desastre. 

Si  á  esto  añadimos  que  á  España  no  le  conviene 
la  guerra,  ni  tiene  ni  puede  tener  otra  aspiración 
que  la  legítima  de  defenderse  si  la  atacan ,  lo  cual 
ante  los  movimientos  más  que  sospechosos  de  los 
buques  norteamericanos  es  presumible,  ó,  por  lo 
menos,  digno  de  precaverse,  ¿qué  disculpa,  que 
objeto  tienen  esos  armamentos,  y  esa  exhibición 
de  recursos  y  aprestos  belicosos  con  tira  una  nación 
de  que  sólo  han  recibido  excesivas,  hartas  y  hasta 
humillantes  deferencias,  cuando  para  no  prodi¬ 
garlas  tenía  de  su  parte  el  derecho  y  la  razón? 
¿Es  que  han  enloquecido  con  una  monomanía  de 
grandezas?  ¿Es  que  el  negocio  ha  encontrado  en 
los  gastos  de  esos  aprestos  una  especulación?  ¿Es 
que,  como  en  Texas,  como  en  todas  sus  adquisi¬ 
ciones,  lo  que  sucede  en  Cuba  ha  sido  promovido 
y  sostenido  por  esa  nación  que  hoy  se  dispone  al 
fin  á  dar  la  cara?  ¡Y  cuándo!  Cuando  se  ha  descu¬ 
bierto  que  sus  alardes  de  humanidad  á  los  recon¬ 
centrados  encubrían  un  contrabando  lucrativo. 


Suceda  lo  que  quiera,  España  tendrá  de  su  parte 
la  justicia;  y  si  los  norteamericanos  se  unen  para 
cometer  una  iniquidad,  ¿hemos  de  estar  separados 
para  impedirla?  No  sólo  interesa  esto  á  Espstña, 
sino  á  Europa,  y  más  aún  á  toda  la  América  que 
está  al  Sur  del  río  Bravo.  Los  cambios  podrán  ob- 
cilar,  pero  no  los  sentimientos  nacionales.  No  es 
ocasión  de  decir  quien  tiene  la  culpa  de  lo  que  su¬ 
cede:  todos  acaso  la  tenemos:  es  ocasión  de  agru¬ 
parse  y  brindar  con  el  Sr.  Moret  en  el  banquete 
dado  á  los  Sres.  Aguilera  y  Conde  de  Roma- 
nones: 

¡Por  la  integridad  de  la  patria ! 


Como  es  natural,  se  ha  escrito  mucho  y  se  ha 
mentido  no  poco  acerca  de  la  actitud  de  las  poten¬ 
cias:  el  Gobierno  guarda  reserva,  y  hace  bien;  lo 
que  fuere  está  oculto,  y  así  debe  permanecer;  y 
como  muchas  de  las  noticias  se  esparcen  para  cal¬ 
cular  el  efecto  y  para  averiguar  lo  reservado,  de¬ 
bemos  aconsejar  á  nuestros  compañeros  en  la 
presa  mucho  pulso.  Dejemos  al  Gobierno  que  di¬ 
rija,  y  ayudémosle,  no  sólo  con  nuestra  pluma, 
sino  con  lo  que  será  más  útil,  con  nuestra  dis¬ 
creción. 

* 

*  * 

El  hombre  del  día  es  un  cabo  que,  al  frente  de 
nueve  hombres — que  esos,  por  lo  visto,  defendían 
la  importante  estación  del  cable  en  Bolinao, — vién¬ 
dose  rodeado  de  indígenas  insurrectos  que  corta¬ 
ron  su  comunicación  con  Manila,  telegrafió  al 
Ministro  de  la  Guerra  qué  debía  hacer.  «  Resistir», 
se  le  contestó.  Y  el  cabo,  como  si  dispusiera  de  un 
ejército,  respondió:  «Resistiré».  Otro  acaso  hu¬ 
biera  respondido:  «Moriré».  Pero  es  más  épica  la 
confianza  de  poder  resistir  con  nueve  hombres 
á  mil. 

Ahora  bien;  todos  se  preguntan:  ¿cómo  se  llama 
ese  cabo?  No  se  sabe,  ó  no  lo  sabemos  en  el  mo¬ 
mento  de  escribir.  Pero  tiene  interinamente  un 
apellido  glorioso  que  se  ha  ganado  y  podía  susti¬ 
tuir  ai  suyo: 

El  cabo  Resistiré. 

« 

e  • 

Poco  espacio  nos  dejan  otros  asuntos  para  co¬ 
rresponder  á  los  autores  que  nos  han  favorecido 
con  sus  libros.  Condensaremos  nuestras  impre¬ 
siones.  Uno  de  ellos  titula  su  libro  Intimidades 
(poesías),  y  es  nuevo  en  la  plaza,  según  dice  en  el 
prólogo  el  Sr.  Fernández  Yahamonde:  llámase 
D.  Francisco  Villaespesa,  y  canta  sus  desengaños 
amorosos  con  esa  melancolía  que  todos  hemos  sen¬ 
tido  sobre  el  papel  en  la  edad  de  la  alegría:  pro¬ 
fiero  á  todas  sus  poesías  «La  lucha»,  por  su  acento 
vigoroso:  se  lee  con  gusto  el  libro  hasta  que  llega 
la  blasfemia  de  la  página  108;  entonces  se  cie¬ 
rra,  y  calculando  la  edad  del  poeta,  y  la  fuerza  que 
tiene  la  tentación  cuando  se  ocurre  en  verso  al¬ 
guna  idea  atrevida,  se  le  disculpa  diciendo :  ¿Quién 
no  ha  blasfemado  en  verso  alguna  vez  siendo  jo¬ 
ven?  Con  ó  sin  estas  extralimitaciones,  el  autor 
de  las  Intimidades  es  poeta. 

Don  Mariano  Aramburo  y  Machado  ha  formado 
un  libro,  y  ha  hecho  muy  bien  titulándole  La  Ave¬ 
llaneda,  con  sus  brillantes  conferencias  del  Ate¬ 
neo  acerca  de  la  insigne  poetisa  camagüeyana.  Es 
un  panegírico ,  pero  merecido.  Sólo  con  su  Balta¬ 
sar  le  hubiera  ganado;  pero  tiene  un  hermoso 
teatro,  gran  caudal  de  poesías,  novelas,  y  cultivó 
con  gloria  casi  todos  los  géneros  literarios.  Una 
objeción  nos  permitimos  hacer  al  Sr.  Aramburo, 
que  extraña  cómo  D.H  Gertrudis  Gómez  de  Avella¬ 
neda  no  cantó  las  libertades  regionales:  sencilla¬ 
mente  porque  no  las  sentía;  era  una  española  na¬ 
cida  en  Puerto  Príncipe;  quería  á  su  tierra  y  á  su 
patria,  y  dejaba  á  otros  la  forma  de  esas  relacio¬ 
nes  que  corresponde  á  los  políticos,  y  ella  era 
poetisa:  si  no  lo  hizo  es  porque  no  lo  sentía:  tenía 
demasiada  pluma  para  no  deslizar  esos  ideales,  si 
los  tuviera,  como  hicieron  otros  de  menos  ingenio. 
Muy  de  acuerdo  con  el  Sr.  Aramburo  en  lo  de  su 
doble  naturaleza  varonil  y  femenina,  y  con  sus 
juicios  atinados:  se  leen  con  gusto  sus  noticias  de 
la  autora,  y  hasta  la  última  nota  de  su  libro. 

En  cuanto  al  tercer  tomo  de  la  colección  de  las 
obras  de  D.  Angel  Saavedra,  Duque  de  Rivas,  co¬ 
leccionadas  por  su  hijo  D.  Enrique,  sucesor  en  el 
título  y  el  talento ,  y  que  enriquece  la  selecta  Bi¬ 
blioteca  de  Escritores  Castellanos,  bastan  el  nom¬ 
bre  del  autor,  y  decir  que  contiene  su  poema  El 
Moro  expósito ,’  para  que  sea  innecesario  añadir 
más.  Es  una  de  esas  obras  populares  en  su  tiempo, 
y  cuyo  mérito  la  posteridad  ha  sancionado  y  lee 
con  placer  y  con  respeto. 

*  * 


P  Siento  tener  que  rectificar  á  Ensebio  Blasco,  que 
me  atribuye  el  acto  de  negarme  á  firmar  la  orden 
de  destierro  del  Sr.  Ruiz  Zorrilla  cuando  estuve 
en  su  sección  en  1875,  año  primero  y  último  de 
mi  carrera  administrativa.  Era  yo  jefe  de  nego¬ 
ciado  de  primer^  clase,  y  Blasco  jefe  de  la  sección 
de  Orden  público:  no  llegué  á  estar  en  ella  quince 
días;  en  mi  negociado  sólo  se  despachaban  licen¬ 
cias  de  armas,  alquiler  de  cuarteles  de  la  Guardia 
civil,  vestuario  de  los  de  Orden  público  y  otros 
asuntos  análogos ,  todos  de  índole  administrativa, 
y  que  se  resolvían  con  una  fórmula  invariable. 
Pedí  y  obtuve  un  negociado  más  ameno  en  otra 
Dirección,  que  desempeñé  hasta  mi  ascenso  á  oficial 
de  secretaría  en  la  Presidencia.  No  intervine,  pues, 
en  ningún  asunto  de  confidencias,  destierros,  ni 
nada  reservado  durante  aquellas  dos  semanas  es¬ 
casas,  por  no  ser  de  mi  incumbencia,  y  sin  duda 
Blasco  me  confunde  con  algún  otro,  lo  cual  no  es 
extraño  en  veintitrés  años  de  fecha.  Y  como  sus 
conferencias  van  á  formar  un  libro,  se  lo  adverti¬ 
mos,  porque  mejorará  suprimiéndome  un  mérito 
que  no  me  corresponde  y  por  el  cual  me  felicitan 
sin  razón. 

« 

•  • 

Dos  entierros  populares,  uno  en  Roma,  otro  en 
Madrid,  asocian  por  el  vínculo  igualitario  de  la 
muerte  á  dos  figuras  tan  diversas,  como  el  orador 
y  revolucionario  italiano  Cavalloti  y  el  matador 
Frascuelo .  Cavalloti  era  para  nosotros  un  cono¬ 
cido  antiguo,  presidente  de  aquella  comisión  de 
periodistas  italianos  que  nos  visitó  hace  algún 
tiempo:  aun  nos  parece  oir  su  fogosa  peroración 
en  el  banquete  de  los  Jardines  del  Retiro,  y  los 
aplausos  con  que  saludábamos  sus  palabras  afec¬ 
tuosas  para  España.  Era  su  tipo  físico  el  de  un 
paisano  nuestro.  Soldado,  escritor,  tribuno,  agita¬ 
dor,  duelista,  patriota  catoniano,  ha  muerto  como 
ha  vivido,  luchando;  buscando  el  pecho  del  adver¬ 
sario  en  su  trigésimosegundo  desafío;  el  sable  de 
aquél  le  atravesó  la  boca  y  le  hizo  enmudecer  para 
siempre.  Había  ido  al  duelo  alegre  y  lleno  de  con¬ 
fianza.  Un  jefe  de  partido  que  muere  tan  inespe¬ 
rada  y  trágicamente,  en  el  vigor  de  sus  facultades, 
cuando  estaba  próxima  á  expirar  la  tregua  patrió¬ 
tica  que  había  concedido  á  los  partidos  monárqui¬ 
cos,  sucumbe  en  el  momento  más  favorable  para 
su  popularidad  y  apoteosis:  la  gratitud  de  los  unos 
y  el  sentimiento  y  esperanzas  defraudadas  de  los 
otros,  uniéndose  á  las  simpatías  personales,  deter¬ 
minan  una  conmoción  casi  universal.  De  aquí  que 
los  estudiantes  pasearan  con  banderas  enlutadas, 
que  se  depositaran  450  coronas  en  la  casa  mortuo¬ 
ria,  y  que  alternaran  en  el  cortejo  fúnebre  los  re¬ 
presentantes  del  país  más  conservadores  con  los 
anarquistas  que  rodeaban  su  estandarte  negro,  los 
socialistas  el  suyo  negro  y  rojo,  y  los  católicos  que 
protestaban  contra  el  duelo.  En  éste,  el  vencido  ha 
resultado  triunfador. 


Al  entierro  de  Frascuelo ,  que  con  este  nombre 
y  no  por  el  de  Salvador  Sánchez  Povedano  bri¬ 
llará  en  la  historia  del  toreo,  asistió  el  todo  Ma¬ 
drid  verdadero,  el  que  figura  en  las  revistas  de 
salones  y  de  toros,  la  clase  media  y  la  gente  po¬ 
pular:  había  coches  que  conducían  las  coronas; 
la  caja,  llevada  á  hombros  por  toreros;  el  coche 
fúnebre,  de  todo  lujo,  iba  de  respeto;  y  en  medio 
de  aquella  ostentación,  lo  que  caracterizaba  el 
acto  era  la  muchedumbre  que  se  agolpaba  en  to¬ 
das  las  calles  del  tránsito,  a  pesar  del  mal  día,  y 
llenaba  ventanas  y  balcones.  Frascuelo  había  sido 
popular  por  su  destreza  y  valentía  en  la  plaza,  y 
popular  por  su  tipo  y  su  elegancia  en  el  vestir  de 
corto,  por  sus  rasgos  de  caridad  y  algunos  actos 
de  arrojo  como  ciudadano.  Había  pasado  su  tiem¬ 
po,  pero  no  su  fama  y  el  cariño  de  las  gentes.  Si 
otros  hombres  de  mayor  mérito  no  obtienen  esas 
ovaciones  póstumas,  es  porque  no  hay  tanta  gente 
capaz  de  comprenderlo;  pero  el  valor  y  la  des¬ 
treza  en  el  toreo  la  sienten,  distinguen  y  admiran 
con  pleno  conocimiento  altos  y  bajos,  grandes  y 
plebeyos;  es  una  superioridad  que  llega  á  todas 
las  inteligencias. 

Cuando  pasaba  el  entierro  de  Zorrilla,  oímos 
preguntar  á  una  mujer: 

— ¿Quién  es  el  muerto? 

— Un  gran  poeta. 

— ¿Y  qué  es  poeta? 

— Uno  que  hizo  coplas. 

Nadie  preguntará  en  España:  ¿Qué  es  torero? 

• 

•  • 

Por  lo  demás,  la  plaza  de  Frascuelo  y  Lagar¬ 
tijo ,  aquellos  capitanes  generales  del  último  pe¬ 
ríodo,  ha  sido  ya  provista:  cuando  el  pueblo  llora 
y  en  tierra  á  un  matador,  piensa  en  sus  sucesores 
y  en  la  próxima  corrida,  diciendo: 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Marzo  1898  LA 

¡Á  LA  PLAZA! 

— A  la  Plaza  de  Toros 
Voy,  vida  mía; 

Como  ya  no  hay  calesas 
Voy  en  tranvía: 

Luego  iré  á  verte, 

Y  sabrás  lo  que  han  hecho 

Guerra  y  Reverte . 

Me  han  dicho  que  los  toros 
Son  superiores, 

Y  pondrán  banderillas 

Los  matadores: 

Esos  chavales 
Las  pondrán,  si  se  pican, 
Monumentales. 

Yoy  á  pasar  la  tarde 
Muy  divertido 
En  la  contrabarrera 
De  mi  tendido 
Y  entre  mi  gente, 

Soltando  desvergüenzas 
Al  presidente. 

Nadie  á  gritar  me  gana 
Si  se  alborota; 

Llevo  para  animarme 
Llena  la  bota: 

Si  alguien  se  enfada, 

Ya  tiene  el  hombre  encima 
La  puñalada. 

¡Ay,  como  los  espadas 
No  hagan  primores! 

¡Ay,  como  no  me  gusten 
Los  picadores! 

Al  que  ande  flojo, 

Le  insulto,  le  apedreo, 

Le  salto  un  ojo. — 

Y  sale  echando  chispas 
El  matasiete, 

Tentando  en  su  bolsillo 
La  de  Albacete. 

Yo  soy  testigo 
De  lo  que  hace  en  la  plaza. 

Porque  le  sigo. 

Se  acurruca  en  su  asiento, 

Nunca  vocea, 

Ni  silba,  ni  se  enfada, 

Ni  se  menea. 

Bebe  su  vino, 

Y  se  pasa  la  tarde 

Como  un  doctrino. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


BELLAS  ARTES. 

La  emperatriz  dolía  Isabel  de  Portugal ,  mujer  de  Garlos  I  de  España, 
cuadro  del  Tiziano,  existen  te  en  el  Museo  del  Prado,  de  Madrid.— 
¡Mañana,  gran  día!,  cuadro  de  Vollon.  —  Música  di  camera,  cuadro 
de  Vicente  P&lmaroli. 

En  la  primera  página  publicamos  el  hermoso 
cuadro  del  insigne  pintor  veneciano  Tiziano  Ve- 
celli,  en  el  que  su  habilísimo  pincel  hizo  el  retrato 
de  la  emperatriz  Isabel  de  Portugal,  mujer  del 
gran  Carlos  I  de  España. 

Nació  el  célebre  artista  en  1477,  y  bien  pronto 
superó  á  sus  maestros  Zuccato,  Éellini  y  Giorgio- 
ne,  y  recibió  del  Senado  de  Yenecia  el  título  de 
primer  pintor  de  la  República.  Alfonso  de  Este  le 
encomendó  la  decoración  de  su  palacio  de  Caste- 
11o;  recorrió  Tiziano  varias  ciudades  de  Italia,  sien¬ 
do  en  todas  ellas  muy  justamente  admirado;  y  ni 
León  X  logró  hacerle  quedarse  en  Roma,  ni  con¬ 
siguió  Francisco  I  atraerle  á  Francia:  el  artista 
consagró  sus  talentos  al  Rey  de  España,  y  desde 
1545  á  1556  ejecutó  para  Carlos  I  notabilísimas 
obras.  Contaba  el  pintor  ochenta  años  de  edad 
cuando  Felipe  II  sucedió  en  el  trono  al  solitario 
de  Yuste,  y  aun  siguió  pintando  para  el  nuevo 
Monarca.  Murió  en  Yenecia  á  los  noventa  y  nueve 
años. 

El  retrato  de  la  emperatriz  Isabel  reúne  á  su 
mérito  artístico  el  poético  é  interesante  recuerdo 
de  la  conversión  del  Duque  de  Gandía,  á  quien 
llamamos  hoy  San  Francisco  de  Borja. 

Sabido  es  que,  al  fallecer  D.a  Isabel,  fué  encar¬ 
gado  el  Duque  de  Gandía  de  la  conducción  á  Gra¬ 
nada  del  regio  cadáver,  y  que  al  llegar  el  mo¬ 
mento  de  su  solemne  entrega  y  descubrirse  el 


ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


féretro  que  encerraba  los  mortales  despojos,  tan 
horrible  y  repugnante  encontró  aquel  antes  her¬ 
mosísimo  rostro  de  la  que  fué  su  soberana,  que 
sintió  irresistible  tedio  de  toda  hermosura  y  gran¬ 
deza  perecederas,  é  hizo  voto  irrevocable  de  no 
servir  á  señor  que  pudiera  morir;  consagrando 
desde  entonces  su  alma  y  su  vida  al  eterno  Señor 
de  cielos  y  tierra. 


— ¡Mañana,  gran  día! — exclama  la  cocinera,  y 
lo  dice  con  un  hermosísimo  pavo  en  la  mano,  y  se 
lo  cuenta  á  un  gato  tan  adelantado  en  sus  apetitos 
que  antes  de  empezar  á  pelar  el  ave  ya  pide  su 
ración. 

Todo,  pues,  indica  en  el  cuadro  de  Yollon  que 
á  los  amos,  los  convidados,  los  criados  y  los  gatos 
les  espera  un  gran  festín.  ¡Buen  provecho!  (Véase 
la  pág.  156.) 


El  precioso  cuadro  de  Vicente  Palmaroli,  que  es 
sin  disputa  de  los  más  notables  de  color  que  pintó 
el  inolvidable  artista,  reproducimos  en  nuestro 
grabado  de  la  página  157.  Representa  un  elegante 
gabinete  de  principios  de  siglo,  en  el  que  una  linda 
joven  toca  en  la  mandolina  una  primorosa  sonata 
que  deleita  á  sus  amigos,  que  en  religioso  silencio 
la  escuchan.  No  puede  escogerse  más  apropiado 
lugar,  ni  más  característicos  oyentes  de  la  música 
di  camera. 

« 

«  • 

LA  CATÁSTROFE  DEL  (C  MAINR». 

La  honda  impresión  que  producen  siempre  los 
siniestros  marítimos  por  lo  espantoso  de  sus  con¬ 
secuencias,  ha  sido  esta  vez  todavía  más  grande 
por  las  especiales  circunstancias  que  en  el  deplo¬ 
rable  accidente  concurrieron.  Tratábase  precisa¬ 
mente  del  barco  de  guerra  cuya  llegada  al  puerto, 
de  la  Habana  dió  motivo  á  muy  distintas  inter¬ 
pretaciones,  y  ha  querido  la  fatalidad  que  en  los 
momentos  en  que  más  extrañaba  su  presencia  en¬ 
frente  de  la  capital  de  nuestra  gran  Antilla,  en 
medio  de  la  bahía  y  en  la  obscuridad  de  la  noche 
una  formidable  explosión  destrozó  aquella  pode¬ 
rosa  máquina  de  guerra,  que  se  hundió  en  las  on¬ 
das  y  arrebató  la  vida  á  numerosas  víctimas. 

Los  despachos  que  el  cable  trasmitió  en  seguida 
y  las  correspondencias  después,  han  sido  minu¬ 
ciosamente  reproducidos  por  la  prensa  diaria,  y 
están  tan  presentes  en  la  memoria  de  todos  que 
sería  aquí  ocioso  repetir  detalladamente  el  relato 
de  tan  espantosa  catástrofe. 

Pero  hoy,  cuando  la  distancia  que  de  aquellas 
latitudes  nos  separa  ha  permitido  que  lleguen  á 
nuestro  poder  los  datos  gráficos  auténticos  que  con 
toda  solicitud  pedimos;  hoy  que,  sin  recurrir  á  con¬ 
jeturas  ni  fantasías  más  ó  menos  artísticas,  pero 
nunca  exactas,  podemos  ofrecer  una  información 
verdadera  á  nuestros  lectores,  publicamos  en  las 
páginas  de  La  Ilustración  los  grabados  de  pal¬ 
pitante  actualidad  que  creemos  habrán  de  satisfa¬ 
cer  cumplidamente  su  natural  curiosidad. 

En  la  página  152  reproducimos  con  fotográfica 
exactitud  el  estado  actual  del  Maine . 

El  buque  se  halla  completamente  sumergido, 
quedando  á  flor  de  agua,  desde  el  departamento  de 
máquinas  á  la  popa,  la  cubierta  de  ésta.  En  esa 
parte  el  buque  no  sufrió,  viéndose  las  ruedas  del 
timón,  el  cabrestante  y  las  lumbreras  de  la  cáma¬ 
ra;  en  la  extremidad  del  castillo  de  popa  se  en¬ 
cuentra  fuera  del  agua  el  reflector  eléctrico  y  un 
cañón  Hotkins. 

El  departamento  de  máquinas  y  toda  la  proa 
han  quedado  completamente  destrozadas;  sólo  pre¬ 
sentan  al  nivel  del  mar  las  calderas  en  estado  de¬ 
plorable,  y  una  masa  informe  de  hierro  y  de  ma¬ 
terial  de  artillería. 

De  los  dos  palos  sólo  existe  el  mayor. 

Esos  tristes  restos  quedan  no  más  del.  hermoso 
acorazado  que  ya  describimos  en  nuestro  núm.  IV, 
construido  en  1890,  y  cuyo  coste  fue  de  2.500.000 
pesos! 

¿Cuál  fué  la  causa  de  tal  desgracia? 

¿Un  descuido?  ¿Una  imprudencia?  ¿La  combustión 
espontánea  de  las  materias  sumamente  inflama¬ 
bles  que  existían  á  bordo?  ¿Un  accidente  en  los 
dinamos  ó  en  los  circuitos  de  su  alumbrado  eléc¬ 
trico?  Una  comisión  norteamericana,  compuesta 
del  capitán  Sampson,  capitán  Chadwic,  y  tenien¬ 
tes  Schroeder  y  Marix,  ha  sido  encargada  de  in¬ 
vestigar  cuál  de  aquellas  causas  ha  sido  la  verda¬ 
dera.  á  las  cuales  la  opinión  de  los  que  desconocen 
en  absoluto  el  carácter  del  pueblo  español  añaden, 
en  el  arbitrario  terreno  de  la  sospecha,  la  de  un 
atentado  por  medio  de  un  torpedo  ó  una  mina. 

Nosotros,  como  todos  los  nacidos  en  tierra  es¬ 
pañola,  protestamos  contra  tan  descabellada  hipó¬ 


tesis.  Los  que  más  heridos  consideren  el  corazón 
de  la  madre  patria  por  el  proceder  de  los  yankees 
en  la  insurrección  cubana;  los  que  más  deseo  sien¬ 
ten  de  rechazar  amenazas  ó  vengar  afrentas,  po¬ 
drán  desear  la  lucha,  la  franca  y  noble  lucha  cara 
á  cara,  sin  parar  mientes  en  el  éxito,  ni  conside¬ 
rar  si  son'más  menos  poderosos  los  enemigos; 
pero  ni  ellos  ni  ninguno  son  capaces  de  pensar  en 
resolver  con  cobardes  y  viles  atentados  cuestiones 
que  al  honor  afectan  y  sólo  honradamente  pue¬ 
den  resolverse. 

En  uno  de  los  grabados  de  la  citada  página  152 
publicamos  el  retrato  del  presidente  de  la  citada 
comisión,  Mr.  William  T.  Sampson. 

También  incluimos  en  la  página  154  una  sec¬ 
ción  vertical  del  acorazado  Maine ,  con  todos  sus 
interiores  compartimientos,  y  por  ella  pueden 
nuestros  lectores  formar  idea  del  sitio  que  ocupa¬ 
ban  las  carboneras,  las  dinamos  y  los  pañoles  de 
municiones  á  proa,  donde,  á  juzgar  por  los  destro¬ 
zos,  la  explosión  debió  ocurrir. 

Oponiendo  hechos  nobles  y  generosos  á  insidio¬ 
sas  sospechas,  recordaremos  la  conducta  observada 
por  nuestros  bravos  marinos ,  por  las  autoridades 
y  por  el  pueblo  de  la  Habana  en  el  auxilio  de  las 
víctimas,  y  las  elocuentes  muestras  de  sentimiento 
sincero  ante  tal  desgracia  que  las  clases  todas  de 
la  población  dieron  en  el  entierro  de  los  que  en 
la  catástrofe  perecieron. 

Dedicaron  coronas  á  las  víctimas  del  Maine: 

El  pueblo  de  la  Habana,  la  escuadra  y  aposta¬ 
dero  de  las  Antillas,  el  Comandante  y  oficiales  de 
la  Capitanía  del  puerto,  el  Capitán  del  puerto,  la 
Corporación  de  prácticos  del  puerto  de  la  Habana, 
el  Habana  Yacht  Club ,  La  Discusión ,  el  Diario 
del  Ejército  y  otras  muchas  particulares. 

Abrían  la  marcha  de  la  fúnebre  comitiva  cinco 
batidores  de  la  Guardia  municipal  montada,  en 
traje  de  gala. 

Seguían  á  continuación  secciones  de  bomberos 
camisetas  rojas  y  del  comercio,  con  su  banda  de 
música  y  escuadra  dé  gastadores  los  primeros,  y 
bandas  de  cornetas  y  redoblantes  los  segundos. 

Los  veinticinco  sarcófagos,  que  fueron  coloca¬ 
dos:  seis  en  el  carro  de  auxilio  de  los  bomberos 
municipales;  cinco  en  el  de  los  del  comercio,  y  los 
catorce  restantes  en  otros  tantos  coches  fúnebres, 
pertenecientes  á  las  diversas  agencias  funerarias 
de  la  Habana. 

Detrás  marchaban  dos  compañías  de  desembar¬ 
co,  formadas  por  fuerzas  de  infantería  de  Marina 
y  de  marinería  de  nuestra  escuadra,  destinadas  á 
hacer  los  honores  correspondientes  á  las  víctimas, 
y  después  la  música  del  regimiento  de  Isabel  la 
Católica. 

La  Corporación  municipal  en  pleno,  con  sus 
maceros  y  presidida  por  el  gobernador  regional 
D.  José  Bruzón  y  por  el  alcalde  municipal  señor 
Marqués  de  Esteban,  iban  á  continuación. 

Cerraba  la  comitiva  el  acompañamiento,  á  cuya 
cabeza,  en  primer  término,  figuraba  el  cónsul 
Lee,  el  vicecónsul  Mr.  Springer,  varios  oficiales 
de  la  Marina  americana  y  el  personal  del  consu¬ 
lado;  y  en  segundo  término  el  general  Sr.  Gonzᬠ
lez  Parrado  representando  al  general  Blanco,  el 
Sr.  Obispo  diocesano,  el  Comandante  general  del 
Apostadero,  el  Presidente  y  Secretarios  del  Go¬ 
bierno  Colonial,  Secretario  del  Gobierno  general, 
Subsecretarios,  la  Audiencia  territorial,  Cuerpo 
consular,  Claustro  universitario,  el  Gobernador 
del  Banco,  Comisión  de  la  Diputación  Provincial, 
Consejo  de  Administración,  Sociedad  Económica, 
Clero,  Diario  de  la  Mari  na ,  empleados  de  las  di¬ 
versas  Secretarías  de  despacho.  Cámara  de  Co¬ 
mercio,  Unión  de  Fabricantes  de  Tabaco,  carac¬ 
terizadas  personas  del  partido  autonomista,  Junta 
de  Obras  del  puerto  con  todo  su  personal  y  una 
sección  de  marineros,  Alcaldes  de  barrio,  Lonja 
de  víveres,  Sociedades  de  beneficencia  y  recreo, 
y  numerosas  comisiones  del  ejército  y  volunta¬ 
rios,  con  los  generales  que  se  encuentran  en  la 
plaza. 

El  capitán  del  puerto,  Sr.  Pastor  y  Landero, 
asistió  al  entierro  con  toda  la  oficialidad  de  nues¬ 
tra  Marina  franca  de  servicio. 

La  fuerza  de  Marina,  que  acompañaba  el  entie¬ 
rro,  hizo  la  descarga  de  ordenanza. 

Ya  en  el  cementerio,  el  limo.  Sr.  Obispo  cantó 
un  solemne  responso,  y  acto  continuo  se  procedió 
á  dar  sepultura  á  los  cadáveres  en  varias  fosas, 
que  fueron  cedidas»  sin  percibir  derechos  de  nin¬ 
guna  clase. 

Del  aspecto  de  las  calles  de  la  Habana  al  paso 
del  fúnebre  cortejo,  pueden  formar  idea  nuestros 
lectores  por  el  segundo  grabado  de  la  página  153. 

En  la  misma  publicamos  un  retrato  del  coman¬ 
dante  del  Maine ,  Mr.  Charles  Dwign  Sigsbee,  re¬ 
producción  de  una  fotografía  hecha  á  bordo. 

'  * 

•  * 


Digitized  by 


Google 


PRESIDENTE  DE  LA  COMISION  NORTEAMERICANA 


ESTADO  ACTUAL  DEL  ACORAZADO  SUMERGIDO. 


INVESTIGADORA  DE  LAS  CAUSAS  DEL  SINIESTRO. 


(De  fotogTafias.) 


ASPECTO  DEL  BUQUE  DESPUÉS  DE  LA  EXPLOSIÓN. 

(Dibujo  de  Caula,  de  un  croquis  remitido  por  nuestro  corresponsal  Sr.  Otero.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


V 


15.  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACION  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


Mr.  CHARLES  DWIGN  SIGSBEE, 

COMANDANTE  DEL  «MA1NE»,  EN  SU  CÁMARA. 


t-.i 


' :  ■  -  - 


mím 


¿m  -'-f  i :  =  fiMmÁ  m  é 

MrfiLíS.  '  I  á  \íV  ^ ; 

™aft  MMW^ 


JL 

'lÉT 


I  * 


©>  l  r 


LA  HABANA. — MANIFESTACION  DE  DUELO  CON  MOTIVO  DEL.  ENTIERRO  DE  LAS  VÍCTIMAS  DEL  «MAINEj 

(Do  fotografías.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


164  —  n.°  x 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Marzo  1898 


EL  GENERAL  FITZHÜGH  LEE, 

cónsul  general  de  los  EE.  UU.  de  Norte- América  en  la  Isla  de  Cuba. 

Publicamos  en  la  página  159  un  exactísimo  re¬ 
trato  del  general  americano  Fitzhugh  Lee,  que 
como  cónsul  general  representa  en  la  Isla  de  Cuba 
á  los  Estados  Unidos. 

La  historia  del  sobrino  de  aquel  general  Lee, 
famoso  caudillo  de  la  gente  del  Sur  en  la  guerra 
de  Secesión,  tiene  dos  partes:  la  anterior  á  su 
ida  á  Cuba  como  cónsul,  que  no  nos  interesa,  y  la 
posterior....*  que  conocemos  demasiado. 

•  • 

MR.  JOHN  D.  LONG, 

ministro  de  Marina  de  los  EE.  UU.  de  Norte-América. 

En  estos  días  en  que  tantas  noticias  se  publican 
y  tantos  comentarios  se  hacen  de  los  aprestos  na¬ 
vales  que  los  EE.  UU.  de  Norte-América  procuran 
realizar  con  gran  premura,  es  de  mucha  actuali¬ 
dad  la  figura  del  secretario  del  Departamento  de 
Marina,  Mr.  Long,  que,  á  juzgar  por  lo  que  se  dice, 
trabaja  sin  descanso  á  fin  de  poner  en  condicio¬ 
nes  de  combate  las  fuerzas  navales  de  aquella  Re- 


su  bahía,  el  crucero  norteamericano  Montgomery, 
del  cual  publicamos  una  fotografía  en  nuestro  gra¬ 
bado  de  la  página  161. 

Por  la  relación  de  los  buques  de  la  marina  de 
guerra  norteamericana  que  insertamos  en  nuestro 
número  VIII,  tienen  conocimiento  nuestros  lecto¬ 
res  de  este  crucero  protegido  de  segunda  clase, 
que  mide  257  pies  ingleses  de  eslora,  37  de  man¬ 
ga,  14  de  puntal,  y  desplaza  2.000  toneladas.  Su 
fuerza  de  máquina  es  de  5.400  caballos,  y  alcanza 
la  velocidad  de  18  millas.  Fué  construido  en  Bal¬ 
timore  en  1892,  y  tiene  tres  baterías  de  barbeta, 
9  cañones  de  cinco  pulgadas,  6  de  seis  y  2  de  una, 
de  tiro  rápido;  dos  Gatlings  y  seis  tubos  lanza¬ 
torpedos.  Su  dotación  es  de  187  hombres. 

•  * 

LA  GUERRA  EN  CUBA. 

El  titulado  presidente  de  la  República  Cubana ,  Bartolomé  Masó, 
y  su  acompañamiento. 

Completando  nuestra  información,  publicamos 
en  la  página  161  una  reproducción  de  la  fotogra¬ 
fía  hecha  en  el  campo  insurrecto  por  el  escritor 
norteamericano  Pagliuchi.  El  Presidente  in  par- 
tibus  atraviesa  los  campos  seguido  de  su  acompa- 


Poco  después  apareció  de  banderillero  en  las 
dos  novilladas  que  se  verificaron  en  los  días  8  y 
13  de  Diciembre  de  1863,  figurando  á  las  órdenes 
de  Villaverde. 

Así  siguió  toreando  por  varias  provincias,  pro¬ 
tegido  por  Juan  Mota,  banderillero  de  Cuchares, 
actuando,  ya  de  banderillero,  ya  de  matador,  hasta 
que  en  la  corrida  celebrada  en  Madrid  el  día  27 
de  Octubre  de  1867,  á  beneficio  del  Real  Hospital 
de  Nuestra  Señora  de  Atocha,  tomó  la  alternativa 
de  manos  del  célebre  espada  Francisco  Arjona 
Guillén  (  Cuchares ). 

Las  muchas  cogidas  que  sufrió,  algunas  de  ellas 
tan  graves  que  pusieron  su  vida  en  peligro,  no 
amenguaron  jamás  su  valentía,  y  cada  vez  que  vol¬ 
vía  á  torear  después  de  curarse,  parecía  más  arro¬ 
jado  que  antes. 

Los  toros  que  le  hirieron  murieron  á  sus  manos 
antes  de  salir  el  herido  de  la  Plaza,  y  esta  cir¬ 
cunstancia  justificaba  la  frase  que  frecuentemente 
solía  repetir  Frascuelo:  c  A  todo  el  que  me  ha  co¬ 
gido  le  he  matado.*  Una  pulmonía  ha  puesto  fin  á 
su  existencia  tantas  veces  salvada  de  peligros  que 
parecían  mayores.  Descanse  en  paz. 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


1.  Cañón  de  8  pulgadas.  10.  Máquinas.  19.  Bombas  hidráulicas.  28.  Ventiladores. 

2.  Pañoles.  11.  Camareta  de  guardias  marinas.  20.  Pañol  de  municiones  de  10  pulgadas.  29.  Puente. 

3.  Espacio  de  la  caña  del  timón.  12.  Pañol  de  municiones  de  10  pulgadas.  21.  Pañol  de  municiones  para  cañón  de  6  pulgadas.  30.  Reflector  eléctrico. 

4.  Cámara  del  comandante.  13.  Calderas.  22.  Pañol  de  galletas.  31.  Aljibe  ó  deposito  de  aceite. 

5.  Cámara  baja.  14.  Pañol  del  cabo  de  luces.  23.  Santabárbara.  32.  Aljibes. 

6.  Espacio  de  aparatos  de  gobernar.  15.  Calderas.  24.  Pañol  de  municiones  de  6  pulgadas.  33.  Pañol  ael  maestre  de  víveres. 

7.  Pañol  de  municiones  de  6  pulgadas.  10.  Torres.  25.  Torpedos.  34.  Cadenas. 

8.  Pañol  de  armas  portátiles.  17.  Dormitorio  de  marinería.  26.  Carbonera.  35.  Pañol  de  armas. 

9.  Cámara  de  máquinas.  18.  Dinamos.  27.  Torre  del  comandante.  36.  Pescante  del  ancla. 

SECCIÓN  LONGITUDINAL  DEL  ACORAZADO  «MAINE*. 


pública,  tan  pacífica  antes  como  ahora  belicosa, 
al  parecer. 

En  el  primer  grabado  de  la  página  160  publica¬ 
mos  el  retrato  de  dicho  Ministro. 

• 

•  # 

INTERIOR  DE  LA  FÁBRICA  DE  CAGONES  DE  WASHINGTON 
(EE.  UU.  de  Norte-América). 

En  la  citada  página  160  incluimos  una  repro¬ 
ducción  fotográfica  del  departamento  del  arsenal 
de  Washington  destinado  á  la  fabricación  de  ca¬ 
ñones. 

Los  calibres  de  los  cañones  hasta  ahora  fabri¬ 
cados  en  el  arsenal  son  de  4, 5,  6, 8, 10, 12  y  13  pul¬ 
gadas. 

Las  dimensiones  del  cañón  mayor  construido 
para  la  marina  son:  calibre,  13  pulgadas;  longitud 
del  cañón,  39  pies  9  ¿  de  pulgada;  peso  del  cañón, 
136.000  libras;  de  la  carga  de  pólvora,  de  520  á  560 
libras;  del  proyectil,  1.100  libras;  velocidad  inicial, 
2.100  pies  por  segundo;  ídem  á  2.500  yardas,  1.805 
pies  por  segundo;  espesor  de  la  placa  de  acero  que 
puede  perforar  á  1.000  yardas  de  distancia,  25,54 
pulgadas. 

Estos  datos  son  también  norteamericanos. 

•  * 

ISLA  DE  CUBA. 

El  crucero  protegido  de  segunda  clase  norteamericano  Montgomery , 
fondeado  actualmente  en  la  bahía  de  la  Habana. 

En  sustitución  del  acorazado  Maine ,  sin  duda, 
ha  llegado  al  puerto  de  la  Habana,  y  fondeado  en 


ñamiento.  Hubo  un  rey  de  los  campos  en  Cuba; 

ahora  no  es  más  que  presidente .  de  los  campos 

también . 

*  • 

SALVADOR  SÁNCHEZ  («FRASCUELO*), 
popular  matador  de  toros. 

En  la  página  164  publicamos  el  retrato  del  po¬ 
pular  matador  de  toros  Salvador  Sánchez  (. Fras¬ 
cuelo) ,  muerto  el  8  del  actual. 

Justifica  su  publicación  la  celebridad  conquis¬ 
tada  en  el  circo  taurino  durante  muchos  años  de 
temerario  arrojo  en  su  peligrosa  profesión,  y  por 
eso  á  todos  sus  retratos  hemos  preferido  el  que  le 
representa  en  la  plenitud  de  su  fama  de  matador 
de  toros,  cuando  vistió  por  última  vez  el  traje  de 
luces . 

Salvador  Sánchez  (Frascuelo)  nació  en  Churria¬ 
na,  pueblo  de  la  provincia  de  Granada,  el  21  de 
Diciembre  de  1844. 

Hijo  de  José  y  Sebastiana,  honrados  vecinos 
del  referido  pueblo,  Salvador  se  trasladó  á  Madrid 
cuando  tenía  muy  pocos  años  de  edad. 

Aprendió  el  oficio  de  papelista,  con  el  que  sos¬ 
tenía  á  su  anciana  madre,  que  á  poco  de  llegar  á 
la  corte  se  quedó  viuda. 

Impulsado  por  su  hermano  Francisco,  fué  á  uno 
de  los  pueblos  inmediatos  á  Madrid,  á  Pozuelo  de 
Alarcón,  donde  toreó  algunos  moruchos. 

Aquel  primer  ensayo  despertó  en  Frascuelo  la 
afición  á  los  toros,  y  desde  entonces  tomó  parte 
en  muchas  capeas  ó  corridas  de  novillos. 

En  1862  toreó  los  embolados  en  la  Plaza  de  esta 
corte. 


EL  SEÑOR  ANDANA. 


Al  Dr .  Thebustém. 


7^^UAND0  pasan  rábanos,  comprarlos, 
4 dice  la  frase  proverbial:  «con  que  se 
OS  )N  aconseja  (según  explica  el  Dicciona- 
rio  de  Academia  Española)  apro- 
vechar  la  ocasión  de  adquirir  ó  lograr 

:  QAnol  1  mm  aa  víanú  ó  la  TV* On Alt  "V  nA 


vechar  la  ocasión  de  adquirir  ó  lograr 
^52^]  aquello  que  se  viene  á  la  mano*.  Y  no 
me  perdonaría  yo  nunca  haber  desaten- 
^  dido  tan  prudente  consejo  cuando  se  me  pre- 
j  sentaba  oportunidad  para  departir,  en  amor 
y  compaña,  con  persona  por  tantos  concep¬ 
tos  ilustre  y  estimable  como  el  Dr .  Thebussem . 
El  cual  doctor,  cuyo  elogio  no  hago  porque  su 


solo  nombre  es  suma  y  compendio  de  sus  alaban¬ 
zas,  afirma  en  un  artículo  primoroso  (lo  mismo 
que  todos  los  suyos),  publicado  no  há  mucho  tiem¬ 
po  en  las  columnas  de  esta  misma  Ilustración, 
que  «hay  varias  locuciones  harto  claras  para  la 
generalidad  de  las  gentes,  aun  cuando  no  acierten 
á  definir  algunos  de  los  vocablos  que  las  consti¬ 


tuyen*. 

Menciona  el  famoso  doctor  algunas  de  esas  lo¬ 
cuciones,  cuya  significación  y  cuyo  alcance  ana^ 
liza  y  expone — como  maestro  que  es — con  lucidez 
suma,  entre  ellas:  Voto  á  sanes ,  Mirar  las  musa¬ 
rañas ,  Cortar  el  revesino ,  Estar  en  un  tris ,  etc.; 
y  poniendo,  demasiado  pronto  á  mi  parecer,  tér¬ 
mino  á  su  interesante  y  curioso  trabajo,  me  dice: 

«Creo  que  las  indicaciones  apuntadas  bastan  y 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  x  —  155 


sobran  para  demostrar  lo  que  arriba  di j  irnos ,  ó 
sea  la  existencia  de  frases  muy  claras,  en  cuya 
composición  entran  algunas  palabras  muy  obscu¬ 
ras  para  el  mayor  número  de  los  oyentes. 

»Y  por  si  á  Vm.  le  parece  que  vale  la  pena  de 
prolongar  esta  letanía,  le  da  traslado  de  ella  su 
amigo,  etc.» 

Sí,  me  parece;  vaya  si  me  parece  que  vale  la 
pena  de  prolongar  esa  letanía,  siempre  que  sea  el 
mismo  Dr.  Thebussem  quien  se  encargue  de  pro¬ 
longarla;  ó,  en  su  defecto ,  persona  que  para  labor 
tan  delicada  tenga,  como  tiene  el  doctor,  autori¬ 
dad  y  competencia.  Que  esa  persona  no  he  de  ser 
yo,  por  sabido  se  calla;  pero  ya  que  el  iniciador 
del  pensamiento  ha  tenido  la  ocurrencia,  para  mí 
(á  un  tiempo  mismo)  grata  y  honrosa,  aunque  inex¬ 
plicable,  de  dirigirse  á  mí,  voy,  no  á  prolongar  la  co¬ 
menzada  letanía — que  á  tanto  no  alcanzan  ni  mi 
atrevimiento  ni  mis  fuerzas, — sino  á  llevar,  á  modo 
de  ripio  y  cascote,  al  pie  de  la  obra,  materiales  de 
acarreo.  Y  quien  haya  de  realizar  el  trabajo  verá 
si  son  utilizables;  lo  cual  me  parece  dudoso.  Ad¬ 
vierto,  sin  embargo,  al  condescendiente  doctor 
que  en  el  revoltillo  de  frases  que,  al  azar  y  sin  or¬ 
den  ni  concierto  alguno,  meto  en  mi  carretón,  que 
he  de  verter  cerca  de  la  obra  para  que  sirva  de  re¬ 
lleno,  si  para  eso  sirve,  he  incluido  bastantes  que 
son  muy  claras,  en  cuya  composición  entran  pa¬ 
labras,  no  obscuras,  sino  por  el  contrario  clarísi¬ 
mas  también,  pero  que  significan,  en  aquella  frase 

f precisamente,  algo  muy  distinto  de  lo  que  en  el 
enguaje  ordinario  significan. 

Todos  entendemos,  por  ejemplo,  lo  que  pre¬ 
tende  decir  quien  dice  que  Fulano  se  llamó  an¬ 
dana;  pero  yo  no  he  sabido  nunca,  y  eso  que  al¬ 
gunas  veces  lo  he  procurado,  quién  es  Andana ,  si 
ese  es  el  nombre  de  un  sujeto;  ó  qué  andana  es  esa, 
si  es  una  cosa. 

Tan  desconocido  como  Andana  es  para  mí 
Jorge,  de  quien  es  sabido  que,  según  la  locución 
corriente,  admitida  y  vulgar,  le  tiran  de  la  oreja 
los  que  juegan. 

€Tirar  de  la  oreja  á  Jorge »  es  frase  que  enten¬ 
demos  todos:  los  vocablos  tirar ,  Jorge ,  oreja ,  y  la 
y  de  son  perfectísimamente  claros  é  inteligibles 
para  cualquiera;  lo  que  ya  no  está  claro,  sino  obs¬ 
curo,  es  el  enlace  entre  la  idea  expresada  por  esas 
palabras  y  el  pensamiento  que  expresa  la  frase. 

Y  si  puño  es  la  mano  cerrada,  como  dicen  que 
decía  Perogrullo,  ¿puede  explicarse  lo  que  signi¬ 
fica  puño  cerrado?  Pues  esa  es  una  locución  que 
oímos  todos  y  todos  empleamos  y  todos  enten¬ 
demos. 

Siendo  lo  más  curioso  del  vocablo  puño  el  he¬ 
cho  de  que  para  el  vulgo — en  las  frases  más  popu¬ 
larizadas — significa:  en  unas  ocasiones,  cosa  gran¬ 
de;  y  en  otras,  cosa  pequeña. 

«  Verdades  como  puños*  se  dice  de  verdades  muy 
grandes;  « Una  celda  como  un  puño »  significa  clara¬ 
mente  que  se  trata  de  celda  muy  pequeña. 

Prescindiendo  de  esta  digresión  que  lo  original 
del  caso  ha  impuesto,  y  tornando  á  la  voz  oreja, 
¿para  quién  es  obscura  la  locución:  «  Tirarse  de  una 
oreja  y  no  alcanzarse  á  la  otra?* 

Pues  las  palabras  qoe  componen  esa  frase  tam¬ 
poco  pueden  ser  más  claras. 

Y,  sin  embargo,  no  hay  modo  de  vislumbrar  si¬ 
quiera  la  razón  de  que  esa  frase  exprese  lo  que  ex¬ 
presa. 

Frases  hay  en  cuyo  significado  andan  desacor¬ 
des  la  Academia  y  el  uso. 

Usual,  ' generalmente  admitida  y  aceptada  por 
todos  es  la  locución  «a  boca  de  jarro* ,  para  expre¬ 
sar  que  un  tiro  ha  sido  disparado  á  quema  ropa;  la 
Academia,  sin  embargo,  enseña  que  <aá  boca  de 
jarro*  es  la  acción  de  beber  sin  medida,  y  que  el 
disparo  á  quema  ropa  debe  decirse  á  «  boca  de  ca¬ 
ñón*  ,  que  seguramente  no  ha  oído  nadie,  ni  nadie 
ha  empleado  desde  hace  mucho  tiempo.  Lo  cual  no 
quiere  decir  que  antes  sí  se  empleara ,  pues  yo  sos¬ 
pecho  que  no  se  ha  empleado  nunca. 

Todo  el  mundo  sabe  lo  que  es  cantar;  todo  el 
mundo  sabe  lo  que  es  mano ,  y  todos  en  España 
sabemos  lo  que  se  expresa  cuando  se  dice  de  uno 
que  canta  en  la  mano . 

Pero  ¿por  qué  se  dice  eso?  ¿Por  qué  lo  entende¬ 
mos?  ¿Cuándo  y  dónde  se  ha  convenido  en  que  esa 
frase  tan  usada  signifique  para  nosotros  lo  que  en 
efecto  significa? 

Y  no  quiero  hablar,  pues  se  ha  dicho  ya  mu¬ 
cho  de  ellas,  de  las  frases  á  pie  juntillas  y  á  ojos 
vistas ,  en  que  se  falta  á  las  más  rudimentarias  re¬ 
glas  de  la  sintaxis,  y  que,  no  obstante,  admitimos 
sin  protesta  y  entendemos  sin  dudas. 

Que  el  embriagarse  sea  pillar  una  mona  (1),  y 
que  el  hallarse  próximo  á  la  borrachera  sea  estar 


(1)  El  roigo  ha  introducido  en  distintas  épocas  otros  rarios 
nombres;  pero  ninguno  ha  prosperado  definitivamente,  ni  ha 
conseguido  desbancar  á  ese  cuadrumano. 


á  medios  pelos ,  lo  sabemos  todos.  Lo  que  ignora¬ 
mos  es  qué  relación  hay  entre  la  embriaguez  y  la 
mona,  y  cuál  existe  entre  esos  medios  pelos  y  la 
semiborrachera. 

Casi  tan  vulgar  como  el  «voto  á  sanes*,  de  que 
hablaba  el  Dr.  Thebussem,  es  el  juramento  «;>or 
vida  del  otro  dios*,  en  que  sin  duda  se  alude  á 
cualquiera  de  los  dioses  del  paganismo;  pero  no 
sabemos  cuál  sea. 

Común  es  y  corriente,  y  desde  luego  inteligible, 
la  oración:  «Se  puso  de  tiros  largos .»  Pero  ¿qué 
tiros  largos  son  esos? 

Y  no  (ligamos  nada  de  acoger  el  cielo  con  las  ma¬ 
nos*,  que  es  ya  cuanto  puede  cogerse,  aunque  se 
trate  del  cielo  raso  de  una  habitación  baja  de 
techo. 

Lo  que  de  seguro  no  habrá  oído  el  Dr.  Thebus¬ 
sem,  y  eso  que  ha  oído  y  ha  anotado  muchas  cosas 
curiosas,  es  lo  que  oí ,  en  un  pueblecillo  de  la  pro¬ 
vincia  de  Toledo,  á  una  señora  alcaldesa  que  reñía 
con  su  esposo  ó  con  su  criada:  «Yoy  á  cantarte, 
decía  ella,  la  pangelina,  muy  bien  cantada.» 

¡La pangelina!  No  podrá  figurarse  nadie  lo  que 
la  tal  palabra  roe  hizo  discurrir. 

— ¡Qué  vendrá  á  ser  eso  de  la  pangelina!  me 
decía  yo  á  mí  mismo;  y  dándole  vueltas  al  voca¬ 
blo,  vine  á  caer  en  la  cuenta  de  que  pangelina  era 
adulteración  del  Pange,  lingua,  que  la  alcaldesa 
toledana  había  convertido  en  una  palabra  sola, 
como  la  señora  (de  quien  nos  hablaba  el  nunca 
bastantemente  llorado  El  Estudiante)  rezando  en 
latín  macarrónico  la  oración  dominical,  había 
inventado  un  San  Tificeto  (por  sanctificetur) ,  y 
una  Doña  Bisodia  (por  da  nobis  hodie),  análo¬ 
gas  á  la  pangelina  de  mi  cuento,  que  no  es  cuento, 
sino  historia. 

En  ese  mismo  pueblo  se  decía ,  hace  ya  algunos 
años,  y  aun  creo  que  se  dirá  hoy,  « meterse  en  ca- 
giiela*  por  meterse  en  cama.  Esa  locución  ya  me 
explicaron  los  mismos  del  pueblo  que  significaba 
« meterse  en  casa  de  abuela*.  Sabido  es  que  en  los 
pueblos  suele  decirse  cá  por  casa,  y  agüelo  por 
abuelo. 

He  registrado  esas  dos  frases  de  localidad,  que 
no  son  siquiera  provincialismos,  porque  me  han 
parecido  curiosas,  y  porque  ya  dije  al  comenzar 
que  me  proponía  llevar  para  el  futuro  trabajo  del 
Doctor  los  escombros  y  el  cascote  que  hallase  á 
mano.  En  concepto  de  tales  me  ocurre  echar  al  ca¬ 
rretoncillo  las  frases  siguientes: 

Ciertos  son  los  toros;  Hacer  las  cosas  á  trompa  y 
talega;  No  saber  de  la  misa  la  inedia;  Quedarse  á 
media  miel;  Caerse  de  un  nido;  Meter  la  pata,  que 
casi  viene  á  ser  como  enseñar  la  oreja;  Dar  al 
demonio  el  hato  y  el  garabato ;  Entre  col  y  col,  le¬ 
chuga;  Dar  al  traste;  Guarda,  Pablo;  Pensar  en  las 
batuecas;  Estar  en  Babia;  Dejarse  caer  (sin  caer¬ 
se);  Dejarse  decir  (siendo  uno  mismo  el  que  dice): 
Ir  de  capa  caída;  Ojo  al  Cristo;  ¿A  qué  carga  de 
agua?;  No  decir  tus  ni  mus,  ó  Sin  decir  oxte  ni 
moxte;  Caerse  las  alas  del  sombrajo  (que  no  tiene 
alas );  Echar  pelillos  á  la  mar;  todo  lo  cual ,  si  bien 
se  mira,  parece  tortas  y  pan  pintado  (lo  de  pan 
no  entiendo,  como  no  entiendo  lo  de  que 
de  pan  sean  buenas  las  tortas),  si  con  lo 
que  falta  por  decir  se  compara. 

Y  con  esto  y  con  suplicar  al  Dr.  Thebussem  que 
perdone  el  atrevimiento  mío,  en  que  alguna  res¬ 
ponsabilidad  le  alcanza,  l.  b.  1.  m.  y  se  ofrece  á 
sus  órdenes,  como  siempre,  su  leal  amigo  y  admi¬ 
rador  sincero, 

A.,  SÁNCHEZ  PÉREZ. 


pintado 
á  falta 


POETAS  DESEQUILIBRADOS. 


I. 

Te  NTRB  1°8  g¿neros  de  locura  contagiosa 
O  •>*)  <llie  ¿  Ia  doliente  y  flaca  hu- 

manidad,  pocos  habrá  tan  generales  y 
que  tantos  estragos  hayan  producido 
como  la  manía  poética.  Personas  res- 
^  potabilísimas  y  que  honran  sus  respec¬ 
tivas  profesiones  y  artes,  jóvenes  entu¬ 
siastas  y  laboriosos,  hombres  de  maduro  y 
sereno  juicio,  hasta  venerables  ancianos,  se 
sienten  á  lo  mejor  acometidos  de  la  citada 
manía  poética,  y  dan  al  traste  en  un  momento  con 
reputaciones  y  prestigios,  para  convertirse  acaso 
en  objeto  de  mofa  y  ludibrio  de  desocupados  y  ma¬ 
liciosos. 

De  esta  índole  de  desequilibrados  pudiera  for¬ 
marse  muy  extenso  catálogo,  y  aun  me  acuso  de 
haber  reunido  no  pocos  datos  con  dicho  objeto; 

Sero  más  tarde  renuncié  al  pensamiento,  ó  le  re- 
uje,  mejor  dicho,  á  límites  mucho  más  modes¬ 
tos:  como  que  trato  sólo  de  hacer  una  ligera  y  sin¬ 


tética  reseña  de  tres  de  las  figuras  más  salientes 
en  este  género,  tres  desequilibrados  que  simboli¬ 
zan  en  sus  nombres  los  géneros  dramático,  épico 
y  puramente  lírico,  ó  sean  D.  José  Pascual  y  To¬ 
rres,  profesor  veterinario  de  Málaga;  D.  José  Alon¬ 
so  y  Buján,  notario  de  Avilés,  y  D.  José  González 
Estrada,  pasamanero  madrileño. 

No  es  necesario  examinar  la  producción  entera 
de  Pascual  y  Torres  si  quiere  conocerse  el  carác¬ 
ter  de  la  misma,  tarea  por  otra  parte  ímproba  y 
para  la  cual  me  conceptúo  sin  alientos;  pero  como 
quiera  que  una  de  sus  obras  ha  logrado  el  privi¬ 
legio  de  motivar  la  locución,  hoy  generalizadísi- 
ma,  de  ¡la  mar!,  reducción  de  ¡A  la  mar!,  que  es  el 
título  de  aquélla,  y  como  tengo  la  dicha  de  poseer 
uno  de  sus  ejemplares,  me  fijaré  brevemente  en  la 
producción  citada,  seguro  de  que  por  el  hilo  de 
esta  comedia  podrá  el  lector  juicioso  sacar  el  ovillo 
de  todo  el  teatro  de  Pascual  y  Torres. 

Conviene  hacer  constar,  sin  embargo,  que  Pas¬ 
cual  y  Torres  no  fue,  ó  no  es — pues  ignoro  si  vive 
aún — uno  de  los  muchos  españoles  que  «cometen» 
un  drama  ó  una  comedia  y  desaparecen  en  seguida 
de  escena.  Nuestro  autor,  sin  perjuicio  de  las  ta¬ 
reas  de  su  profesión  de  veterinario,  ha  cultivado 
las  letras  casi  sin  interrupción,  y  desde  1868,  en 
que  se  dió  á  conocer  con  ¡A  la  mar!,  hasta  1888 
en  que  hizo  representar  El  Cartujo,  su  teatro  com¬ 
prende  los  siguientes  titules:  Deuda  de  gratitud; 
Luis  el  arrogante,  ó  la  soberbia  castigada;  El 
Triunfo  de  la  libertad ,  ó  la  batalla  del  puente  de 
Alcolea ;  La  Fornarina;  La  Trianera ;  Hernán 
Cortés;  La  Corona  de  laurel,  y  El  Consuelo  en  la 
montaña.  Y  después  de  esta  indicación  bibliogrᬠ
fica,  acaso  incompleta,  pero  interesante  para  los 
que  en  lo  futuro  tracen  la  historia  literaria  espa¬ 
ñola  del  siglo  XIX,  vuelvo  á  la  obra  con  que  Pas¬ 
cual  y  Torres  inauguró  su  carrera  teatral. 

En  Diciembre  de  1867  había  sido  presentada  á 
la  Censura  de  teatros  del  reino,  á  la  sazón  desem¬ 
peñada  por  el  insigne  y  malogrado  Narciso  Serra, 
una  comedia  procedente  de  Málaga  y  titulada 
¡A  la  mar! 

$1  autor  de  El  Amor  y  la  Oaceta  cumplió  con 
abnegación  heroica  el  deber  de  leerla,  devolvién¬ 
dola  en  20  de  aquel  mes  con  la  siguiente  nota: 
«Examinada  esta  comedia,  no  hallo  inconveniente 
en  que  su  representación  se  autorice  (si  hay  algún 
teatro  que  la  ponga  en  escena),  con  las  supresio¬ 
nes  hechas.» 

No  debió  ser  muy  fácil  vencer  la  condicional 
invocada  por  el  censor  de  teatros,  pues  la  obra  no 
fué  llevada  á  la  escena  hasta  el  21  de  Mayo  de 
1868,  después  de  este  nuevo  exequátur  de  la  auto¬ 
ridad  local  malagueña: 

«No  debe  haber  inconveniente  en  la  represen¬ 
tación  de  esta  comedia,  en  los  mismos  términos  y 
requisitos  impuestos  por  el  señor  Censor  de  tea¬ 
tros. — Málaga,  18  de  Abril  de  1868. — Joaquín  Ruiz 
de  la  Herrán.  * 

La  obra  se  representó,  pues,  en  el  teatro  del 
Príncipe  Alfonso,  «con  fervoroso  entusiasmo  y 
aplaudido  éxito»,  según  consigna  el  ejemplar,  to¬ 
mando  parte  en  su  desempeño  D.a  Virginia  Pérez 
y  D.a  María  Imperial,  y  los  Sres.  Parreño,  Martí¬ 
nez,  Rico,  García  y  Barberá.  El  «fervoroso  entu¬ 
siasmo»  se  tradujo,  según  particulares  informes, 
recortes  de  periódicos  y  memorias  de  gente  vieja, 
en  llamadas  incesantes,  aplausos  atronadores,  llu¬ 
via  de  flores  y  laureles,  coronas  de  frutos,  guir¬ 
naldas  de  tomates,  y  hasta  el  lanzamiento  á  la  es¬ 
cena,  en  representación  del  reino  animal,  de  un 
borriquillo  recién  nacido,  ejemplar  único,  según 
mis  informes,  en  éxito  teatral,  sin  contar  una 
(fiadema  de  herraduras,  como  símbolo  de  la  pro¬ 
fesión  ejercida  por  el  autor  cuando  no  trabajaba 
de  poeta. 

Y  al  terminarse  la  representación,  las  músicas 
de  la  localidad  acompañaron,  entre  hachones  de 
viento,  al  autor  aplaudido,  cuya  fama  había  de  ir 
desde  entonces  en  progresivo  aumento. 

¿Merecía  tales  honores  la  obra  representada? 

Juzguen  mis  lectores  por  sí  mismos. 

Su  argumento  no  puede  ser  más  interesante. 
Julia,  hija  del  capitán  de  navio  D.  Alfonso,  habita 
en  Jerez  de  la  Frontera,  en  1808,  y  al  aparecer  en 
escena,  junto  á  un  balcón,  bordando  una  chinela, 
pone  al  público  en  autos  de  que  es  día  festivo  con 
las  siguientes  frases: 

¡Qué  tarde 
tan  hermosa  hace! 
el  céfiro  stiaYe 
azulado  celaje. 

Del  balcón  distingo 
la  paseante  reunión. 

Es  domingo, 

hay  mucha  animación. 

Y  á  pesar  de  ser  domingo  sigue  bordando,  por¬ 
que  Julia  es  muy  trabajadora  y  muy  buena,  según 
dice  en  la  escena  segunda  Beatriz,  su  doncella,  en 
la  siguiente  admirable  síntesis: 


Digitized  by  AjOOQle 


BELLAS  ARTES. 


¡MAÑANA,  GRAN  DÍA! 
CUADRO  DE  VOLLON. 


Digitized  by 


CUADRO  DE  VICENTE  PALMAROLI 


158  —  n.°  x 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Marzo  1898 


Á  la  labor,  á  la  labor, 

&  la  calle,  ¿  misa, 
de  higiene  lo  mejor, 
cuidando  el  ruiseñor, 
los  canarios, 
un  rato  al  piano, 
luego  al  bastidor. 

A  pesar  de  tales  condiciones  de  la  heroína,  su 
corazón  no  es  insensible  al  amor,  y  ella  misma  se 
vende  cuando  exclama,  mirando  por  el  balcón: 

Mas  i  qué  distingo ! 

1  el  Vizconde  del  Arco . 

¡qué  brioso  corcel! 

Aquí  existe,  á  mi  modo  de  ver,  cierta  anfibolo¬ 
gía,  de  que  no  resulta  muy  bien  parado  el  Viz¬ 
conde;  peto  Beatriz  se  encarga  de  explicarla,  di¬ 
ciendo  que 

á  la  niña  le  causa  . 
el  jinete  emoción; 

precaución  muy  útil  después  de  su  referencia  al 
caballo ,  y  añadiendo  que  el  tal  Vizconde  se  ha  acer¬ 
cado  á  ella — la  dueña — varias  veces;  pero  las  con¬ 
fidencias  no  pasan  de  ahí,  porque  llaman  á  la 
puerta: 

estremece  la  campanilla 
cuando  chilla. 

Y  entra  en  escena  D.  Alfonso ,  ante  cuya  pre¬ 
sencia  se  levanta  Julia  para  decirle: 

Mirad . es  una  chinela, 

ya  tengo  concluida  la  compañera. 

El  público  se  entera,  no  sin  trabajo,  deque 
aquella  labor  se  halla  destinada  á  un  hermano  de 
la  joven,  que  está  ausente,  y  que,  aunque 

espadachín,  parrandero 

y  trovador . 

será  lumbrera  del  foro, 
lo  elegirán  diputado 
y  llegará  á  ser  ministro. 

Pero  D.  Alfonso  tiene  que  marchar  inmediata¬ 
mente  al  Departamento  de  Cádiz,  y  como  lleva 
para  el  viaje 

lo  más  sucinto, 

bu  hija  le  encarga — ¡fuerza  del  asonante !  —que 
le  traiga  de  Cádiz 

una  rama  de  mirto. 

El  amante  Vizconde  aprovecha  la  ausencia  del 
padre  para  penetrar  en  la  casa  y  hablar  con  la 
dueña,  vestido  una  vez  de  casaca,  y  un  poco  des¬ 
pués  con  traje  á  la  jerezana;  pero  á  la  escena  oc¬ 
tava,  el  padre  ha  regresado  de  su  viaje  —  prueba 
de  la  rapidez  de  las  comunicaciones  en  1808;  —  su 
hija  y  la  dueña  se  turban  hasta  el  punto  de  que  la 
primera  se  encuentra  mal. 

La  otra  quiere  explicarlo  y  dice: 

Es  un  mal  que  hace  poco 
se  desarrolló  en  su  corazón. 

Y  el  padre  exclama: 

Me  asusta . una  aneurisma 

tal  vez . 

Chica,  ¿llamo  al  Doctor? 

Julia.— •  No,  señor. 

Y  eso  ¿  qué  es  ? 

D.  Alfonso. — Un  tumorcito  que  se  forma  sin  color  ni  dolor 
en  las  membranas,  por  la  dilatación  de  las  ar¬ 
terias. 

Como  se  ve,  el  autor,  hombre  de  ciencia  ante 
todo,  renuncia  á  las  gallardías  de  la  rima  para  de¬ 
finir  la  enfermedad. 

Siguen  unas  cuantas  escenas  en  que  Julia  vuelve 
á  su  chinela,  D.  Alfonso  se  sienta  junto  á  una  es¬ 
fera  y  refiere  al  público  lo  que  fue  el  combate  de 
Trafalgar,  y  los  dos  criados  se  disputan  el  amor 
de  la  anciana  Beatriz  á  navajazos  y  tiros;  todo  lo 
cual,  si  distrae  un  poco  del  asunto  principal  la 
atención,  contribuye  á  poner  de  manifiesto  que 
para  Pascual  y  Torres  no  tienen  secretos  los  más 
difíciles  géneros  de  la  poesía,  y  que  lo  mismo 
toca  lo  dramático  que  lo  festivo.  Pero,  después 
de  estas  escenas  episódicas,  la  obra  adquiere  de 
nuevo  caracteres  dramáticos.  Él  padre  ha  amena¬ 
zado  á  Julia  con  encerrarla  en  un  convento  y  á 
Beatriz  con  entregarla  á  la  Inquisición ;  es  de  no¬ 
che  y  entran  por  el  balcón  el  Vizconde  y  otro  in¬ 
dividuo,  con  sombreros  chambergos  de  plumas, 
cosa  muy  propia  de  las  modas  de  1808;  el  padre 
penetra  en  la  escena  con  una  espada  ~desnúda  y  se 
bate  con  los  dos  invasores;  llegan  los  criados  con 
luces,  y  entonces  se  ve  que  el  compañero  del  Viz¬ 
conde  no  es  otro  que  el  hermano  de  Julia,  el 
cual  cae  desmayado;  acuden  las  mujeres,  y  ya 
desde  este  punto  la  obra  marcha  á  su  desenlace 


con  plausible  rapidez,  que  no  todos  los  autores 
dramáticos  dominan.  Véase  la  clase: 

Alfonso.  — ¡Hijo  mío! 

Miguel.  —  ¡Amado  padre! 

Alfonso.— Ahí  tienes 

al  que  ha  querido  manchar 

nuestra  honra . 

véngame . 

Miguel. — En  un  lance  muy  apurado 
me  salvó  la  vida; 
pero  mañana 
al  despuntar  la  aurora — 

1  Julia  mía,  siempre  tan  hermosa! 

Julia. — ¡Hermano  mío! 

Vizc.  k  Julia. — Tomad  mi  solitario 

como  ofrenda  nupcial. 

Julia. — Aceptado. 

Vizc.  Á  D.  Alf. — Sólo  falta  vuestra  bendición. 

Alfonso. — Concedida. 

Vizconde.  —  Venid,  hermano  mío.  (Se  abrazan.) 

Beatriz.  —  Niños,  seguid 

la  moda,  la  luna 
de  miel  á  viajar. 

Juan  (criado).  — ¡Y  vos,  señor  capitán! 

Alfonso.  —  A  la  mar. 

Todos  repiten  Á  LA  MAR. 

El  autor  dice  en  una  nota  que  esto  está  tomado 
«del  dicho  ó  apotegma  del  almirante  D.  Casto 
Méndez-Núñez  delante  de  Valparaíso  y  después 
del  bombardeo,  cuando  los  jefes  de  las  escuadras 
extranjeras  le  preguntaron  dónde  iba». 

Tal  es,  á  grandes  rasgos,  la  obra  que  mayor 
éxito  ha  logrado  en  el  teatro  moderno,  y  en  cuya 
impresión  puso  el  autor,  deseoso  de  no  ser  robado, 
un  sello  en  seco,  firma  entera  y  un  signo  tipogrᬠ
fico,  cuidando  á  la  vez  de  advertir  en  una  nota 
que  perseguiría  á  cuantos  la  reimprimiesen  ó  re¬ 
presentasen  sin  su  permiso,  y  que  se  reservaba  el 
derecho  de  traducción  á  lenguas  extranjeras,  pre¬ 
visiones  todas  muy  dignas  de  tenerse  en  cuenta 
aquí  donde  el  mérito  es  objeto  de  todo  género 
de  explotaciones. 

Desde  dicho  estreno,  hasta  el  de  El  Cartujo 
(1883),  la  fama  de  Pascual  y  Torres  no  decayó 
un  momento,  y  con  justicia  completa,  pues  en 
esta  última  óbra  el  poeta  se  presenta  con  la  mis¬ 
ma  frescura  que  en  su  primera  juventud.  Hé  aquí, 
como  prueba  de  ello,  algunos  versos  de  su  escena 
de  introducción: 

D.  Juan.  —  ¿  Adónde  tan  presto  vais, 
oh  mi  querido  amigo? 

Cartujo.  — Al  teatro  Principal, 
esta  noche  hay  baile 

de  máscaras,  y  voy  forzosamente  á  bailar. 

A  ver  á  mi  querido  amigo 
don  Enrique  Pino,  que  muy 
gordísimo  está, 
que  es  un  caballero 
muy  sensible  y  barbián. 

D.  Juan.  —  ¿Es  posible  cuando  vuestras  pantorrillas 
flacas  están? 

Cartujo.  —  Vos  lo  creéis  así, 

pero  cuando  me  caliento, 
doy  muchas  más  contradanzas 
que  el  furioso  vertiginoso  vendaval. 


Pascual  y  Torres  ha  cultivado  también  la  poesía 
lírica.  A  la  vista  tengo,  pero  por  la  brevedad 
omito,  un  acróstico  que  dedicó  en  1870  á  las  her¬ 
manas  Marchisio,  ilustres  cantantes,  y  otros  ver¬ 
sos  dedicados  á  Rafael  Calvo  y  á  D.  José  Echega- 
ray  (1877),  con  motivo  de  haber  representado  el 
primero  el  drama  En  el  puño  de  la  espada;  palpa¬ 
ble  demostración  de  que  entre  genios  no  existen 
envidias  ni  rivalidades.  También  introdujo  Pas¬ 
cual  la  novedad  de  hablar  en  verso  al  cuerpo  elec¬ 
toral  una  vez  que  solicitó  sus  sufragios  para  repre¬ 
sentarle  en  Cortes^y  en  cuyo  documento  se  dice, 
entre  otras  cosas: 

Tiempo  es  ya  que  la  azada 
reemplace  en  los  campos  al  fusil; 
tranquilidad,  ventura,  paz  deseada, 
el  martillo,  el  escoplo,  el  mandil, 
se  cambien  por  el  horrísono  cañón, 
las  fábricas,  los  talleres  y  el  estudiantil 
brillen  y  florezcan  en  esta  desventurada  nación, 
y  concluya  para  siempre  la  guerra  civil. 

Los  electores  tuvieron  el  buen  acuerdo  de  no 
darle  sus  votos,  pues  Pascual  y  Torres  hubiera 
sido,  después  de  diputado,  uno  de  tantos  directo- 
"  res  generales,  consejeros  de  Estado  ó  ministros; 
pero  habría  acabado  probablemente  para  la  poe¬ 
sía,  y  hombres  como  él  se  deben,  no  á  la  admi¬ 
nistración  ni  á  la  política,  sino  al  Parnaso  exclu¬ 
sivamente. 

Quise  ser  muy  breve  en  este  estudio,  y  llevo  ya 
una  porción  de  cuartillas  sin  haber  tratado  más 
~  que*  derpóéta~dramático~  Pascual*  y  "Torres.  Quede 
para  un  segundo  y  último  artículo  algo  de  lo  que 
tengo  que  decir  del  épico  Alonso  Buján  y  del  lí- 
)  rico  González  Estrada. 

M.  Ossorio  Y  Bernard. 


EL  TRAJE  DE  LUTO. 


mediados  de  Agosto  obtuvo  Luis  un 
mes  de  licencia  en  el  Ministerio  con 
objeto  de  ir  á  Peñascales,  donde  es¬ 
taba  veraneando  su  madre,  á  la  que 
jj.  había  de  acompañar  en  el  viaje  de 
ic  regreso  á  la  corte,  después  de  que  él  dis- 
)x  frutase  también  de  una  corta  temporada 
de  holganza  á  orillas  del  mar. 

Una  de  las  ideas  que  más  le  seducían  al 
emprender  el  viaje  era  la  de  ver  á  su  primo 
Ricardo  y  reanudar  con  él  la  recíproca  comunica¬ 
ción  de  sus  pensamientos,  en  íntimos  coloquios 
de  ciencia,  artes,  literatura  y  otras  diferentes 
materias,  pues  la  extremada  simpatía  de  sus  espí¬ 
ritus,  más  que  los  vínculos  del  parentesco,  quitᬠ
bales  el  temor  de  manifestar  ignorancia  en  las 
cuestiones  en  que  se  reconocían  legos,  hasta  el 
punto  de  conversar  sin  reserva  de  ideas;  es  decir, 
como  si  pensaran  en  voz  alta,  sin  que  les  arre¬ 
drase  lo  más  intrincado  y  metafísico. 

Muchas  veces,  durante  el  invierno,  recordaba 
Luis  la  espaciosa  y  retirada  habitación  que  servía 
á  su  primo  de  despacho,  laboratorio  y  gabinete  de 
consulta  policlínica,  pensando,  con  singular  cari¬ 
ño,  en  ios  diferentes  objetos  que  contribuían  á 
darle  carácter:  la  estantería,  repleta  de  libros  que 
él  casi  pudiera  catalogar  de  memoria;  el  retorcido 
alambique  en  un  rincón,  y  en  el  de  enfrente, 
firme  como  un  centinela,  aquel  espantable  esque¬ 
leto  en  cuya  monda  calavera  solía  Luis  dejar  el 
sombrero;  la  mesa-escritorio,  donde  todo  andaba 
revuelto,  y  en  ella  una  hermosa  cabeza  anatómica 
de  porcelana;  entre  los  dos  balcones,  el  armario 
de  los  instrumentos  quirúrgicos,  de  los  reactivos 
y  de  otros  diversos  objetos  y  sustancias,  y  en  el 
centro ,  sobre  el  mármol  del  velador  grande, 
cápsulas,  tubos  de  ensayo,  probetas,  lamparillas 
de  alcohol,  y  demás  enseres  de  la  alquimia  mo¬ 
derna. 

Luis  tenía  el  convencimiento  de  que  su  primo 
era  un  sabio  desconocido;  á  su  juicio,  hubiérale 
bastado  publicar  los  estudios  que  tenía  escritos 
acerca  del  embrión  y  el  feto  para  promover  una 
revolución  en  la  obstetricia,  y  aun  en  la  psicolo¬ 
gía  biológica;  pero  su  carácter  huraño  y  poco  co¬ 
municativo,  ai  par  aue  modesto,  oponíase  á  la 
brillante  manifestación  de  su  genio,  que  se  esteri¬ 
lizaba,  por  falta  de  ambiente,  en  la  clínica  de  un 
vecindario  rural.  El  de  Peñascales  creía  semi- 
brujo  al  joven  doctor,  por  haber  ensayado  con 
fortuna  el  hipnotismo  en  la  curación  de  algunas 
enfermedades  nerviosas,  rebeldes  á  la  terapeútica 
ordinaria. 

El  concepto  que  Ricardo  tenía  de  Luis  era  tam¬ 
bién  lisonjero  en  extremo,  y  no  hubiese  dudado 
en  diputarle  por  crítico  y  artista  originalísimo, 
aunque  inédito.  En  suma,  entre  sus  almas  existía 
una  atracción  recíproca,  cual  si  reconociesen  su 
común  origen  en  una  generación  anterior.  Física¬ 
mente  en  nada  se  parecían,  pues  la  ley  de  heren¬ 
cia  habíase  complacido  tan  sólo  en  la  semejanza 
psicológica,  sin  que  esto  implique  que  dejasen  de 
existir  muchas  diferencias  accidentales. 

El  padre  de  Ricardo  y  la  madre  de  Luis  eran 
hermanos,  y  aunque  el  casamiento  de  aquélla  la 
obligó  á  residir  en  Madrid,  no  dejaron  de  reunirse 
anualmente  los  disgregados  miembros  de  la  fami¬ 
lia,  por  ser  Peñascales  uno  de  los  más  deliciosos 
balnearios  del  Mediterráneo.  Además,  Ricardo 
había  cursado  la  Medicina  en  la  Universidad  Cen¬ 
tral,  y  esta  circunstancia  hizo  que  el  y  su  primo 
viviesen  bajo  el  mismo  techo  la  mayor  parte  de 
su  juventud. 

Pocas  horas  antes  de  salir  de  Madrid,  Luis  re¬ 
cibió  carta  de  su  madre,  una  carta  de  tonos  ale¬ 
gres  en  la  que  abundaban  los  proyectos  de  días 
de  campo  y  excursiones  marítimas.  Bajo  tan  gra¬ 
tísimos  auspicios,  libre  del  menor  presentimiento 
funesto,  llegó  Luis  á  la  penúltima  estación  de  su 
viaje,  y  en  ella  encontró  á  su  primo  Ricardo,  que 
supuso  haber  salido  aquella  misma  mañana  de  Pe¬ 
ñascales  para  asistir  á  una  consulta. 

Era  una  piadosa  mentira  para  ganar  tiempo, 
evitando  una  explicación  instantánea.  La  madre 
de  Luis  había  muerto  repentinamente,  la  noche 
anterior,  á  consecuencia  de  un  derrame  seroso. 


•  * 

El  día  siguiente  al  del  entierro  los  dos  primos, 
reanudando  antigua  costumbre,  tomaban  café  en 
el  despacho  de  Ricardo.  Este  apenas  había  logrado 
hasta  entonces  arrancar  algún  monosílabo  al  afli¬ 
gido  huérfano,  cuyo  pensamiento  no  cesaba  de 
bucear  en  las  amargas  profundidades  del  dolor 
que  inundaba  su  espíritu.  Con  el  pico  de  la  cucha¬ 
rilla  machacaba  Luis  el  poso  de  azúcar  que  había 


Digitized  by  ^.ooQie 


15'(Mabzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.#x;— .159 


quedado  en  su  taza,  y  en  este  nimio  entreteni¬ 
miento  parecía  tener  concentrada  la  atención  con 
una  insistencia  estúpida.  De  improviso  alzó  la  ca¬ 
beza,  y  clavando  la  mirada  en  su  primo  le  pre¬ 
guntó: 

— ¿Tú  crees  en  los  presentimientos? 

Sorprendido  por  pregunta  tan  inesperada,  el 
joven  doctor  contestó  con  otra. 

— ¿Has  tenido  alguno  acaso? 

— No,  ahora  no  ha  sido  eso ;  pero..... — Luis  cam¬ 
bió  de  rumbo,  aunque  no  de  tema. — Los  he  tenido 
otras  veces.  ¿Te  acuerdas  de  cuando  se  cayó  mi 
pobre  madre  en  el  patio  de  tu  casa? 

— Sí;  la  tuve  que  curar  un  esguince  en  el  pie. 

—  Pues  aquella  tarde  paseaba  yo  por  el  Retiro 
sin  pensar  en  ella.  Do  repente  hirió  mi  pensa¬ 
miento  la  visión  rápida  de  la  caída  de  mi  madre, 
y  su  voz  angustiosa,  diciendo:  «i Ay, 
hijo  mío!»  Aquella  impresión  se 
me  borró  instantáneamente ,  y  no 
la  recordé  hasta  que  recibí  carta 
dándome  noticia  del  percance. 

— ¡Ah,  caramba!.....  —  exclamó 
Ricardo. — Es  un  caso  curiosísimo 
de  telepatía,  que  me  recuerda  lo  que 
se  cuenta  de  un  francés,  llamado 
Michel,  que  vió  desde  París  caer 
herido  al  general  Damremont  en  la 
toma  de  Constantina. 

—  Según  eso,  ¿crees  tú  en  la 
trasmisión  del  pensamiento  á  dis¬ 
tancia? 

— ¡Qué  sé  yo!.....  La  telepatía, 
como  la  adivinación  del  pensamien¬ 
to,  el  somnambulismo  hipnótico, 
ciertos  presagios,  y  otras  cosas 
inexplicables,  deben  de  formar  par¬ 
te  de  una  gran  ciencia  que  comienza 
á  aplicarse  empíricamente,  donde 
quizás  esté  la  clave  de  esa  verdad 
que  los  filósofos  han  perseguido  y 
perseguirán  siempre  en  vano.  Yo 
mismo,  como  sabes  muy  bien,  ten¬ 
go  hechos  algunos  estudios  curio¬ 
sos;  pero  más  que  mis  propios  ex¬ 
perimentos,  las  observaciones  ca¬ 
suales  afirman,  cada  día  más,  mi 
creencia  en  .que  existen  fuerzas 
desconocidas  que  ejercen  su  acción 
en  el  hombre,  sin  que  nuestros  im¬ 
perfectos  sentidos  puedan  perci¬ 
birlas. 

—  Pues  el  presentimiento,  cora¬ 
zonada,  ó  como  le  quieras  llamar — 
dijo  Luis,  —  es  un  hecho  corriente. 

¿Existirían  los  vocablos  que  expre¬ 
san  su  idea  si  ésta  no  encarnase  en 
la  realidad?  Una  percepción  fugaz, 
extraña  á  las  impresiones  inmedia¬ 
tas;  una  predisposición  del  ánimo, 
contraria  á  las  circunstancias  que 
nos  rodean,  se  relac  ona  luego  con 
un  hecho  acaecido  lejos  de  nos¬ 
otros,  ó  que  sucede  más  tarde:  ya 
tenemos  el  presagio.  He  observado 
que  es  más  frecuente  de  lo  que  se 
cree  pensar  con  insistencia  en  una 
persona  que  se  tenía  olvidada,  ó  ha¬ 
blar  de  ella,  y  á  los  pocos  días  tener 
noticia  de  su  fallecimiento.  Esto 
suele  ocurrir  cuando  la  persona  nos 
es  indiferente;  pero  cuando  muere 
una  persona  querida,  en  la  que  pen¬ 
samos  y  de  la  que  hablamos  con 
frecuencia,  si  hay  anuncio,  necesariamente  ha  de 
ser  más  preciso. 

— Y,  sin  embargo,  Luis,  sería  imposible  re¬ 
batir  con  razonamientos  al  que  sostuviera  la  in¬ 
tervención  exclusiva  de  la  casualidad,  máxime 
cuando  muchos  de  esos  pensamientos  y  estados  de 
ánimo  pasan  sin  que  venga  hecho  alguno  á  darles 
categoría  de  presentimiento.  Pero  yo  creo  que  en 
todo  eso  hay  una  causa  cuya  presencia  sólo  puede 
admitirse  intuitivamente;  quizás  la  sensibilidad 
humana  tiene  un  radio  de  acción  más  extenso  de 
lo  que  imaginamos,  y  del  que  han  conseguido  ex¬ 
teriorizar  visiblemente,  en  algunos  sujetos  hipno¬ 
tizados,  Lecomte,  Rochas,  los  profesores  de  Nancy 
y  otros  hombres  de  ciencia.  Si  mi  presunción  fuese 
cierta,  tendrían  fundamento  científico  muchos  fe¬ 
nómenos  inexplicables,  y  hasta  sería  lógica  la  apa¬ 
rición  del  ruin  de  Roma ,  ese  amigo  que  asoma  al 
punto  en  que  de  él  se  habla. 

Luis,  poco  satisfecho  por  aquella  hipótesis,  fijó 
una  mirada  en  el  humo  de  su  cigarro,  que  se  des¬ 
vanecía  en  el  aire,  y  dijo: 

—  He  leído  que,  hallándose  Apolonio  de  Tiana 
en  Efeso,  arengando  al  pueblo,  suspendió  su  dis¬ 
curso,  como  si  fijase  la  atención  en  otro  lugar,  y 
exclamó:  «¡Hiere!».  Después,  volviéndose  á  sus 


No  dijo  más  Ricardo,  y  Luis  también  perma¬ 
neció  silencioso  durante  algunos  minutos.  El 
pensamiento  que  le  había  hecho  iniciar  la  con¬ 
versación  pugnaba,  otra  vez,  por  manifestarse  en 
palabras. 

— Ricardo,  lo  que  vas  á  oir,  si  no  es  efecto  de 
una  casualidad  muy  grande,  rechaza  toda  clase  de 
hipótesis  que  tiendan  á  darle  una  explicación  ra¬ 
cional.  Te  he  dicho  que  ningún  presentimiento 
me  anunció  la  muerte  de  mi  madre,  y  es  verdad; 
pero  me  ha  ocurrido  otra  cosa  más  rara,  que  no 
me  atrevía  á  decirte,  no  sé  por  qué.  Se  refiere  á 
un  acto  mío,  inconsciente  é  involuntario,  reali¬ 
zado  algunas  horas  antes  de  ocurrir  la  desgracia, 
cuando  ni  aun  vosotros  mismos  podíais  preverla. 
Hacía  yo  alegremente  el  equipaje,  colocando  las 
prendas  que  me  parecían  de  uso  más  conveniente 
para  el  veraneo:  hubiera  jurado  que 
puse  en  la  maleta  un  temo  de  lani¬ 
lla  de  color  ceniciento;  pero,  al 
abrirla  aquí,  me  encontré  en  su  lu¬ 
gar  mi  traje  negro,  el  que  llevo..... 
No  dudo  que  lo  guardé  yo;  pero  sin 
saberlo,  como  impulsado  por  alguien 
que  trastornase  mi  vista  y  guiara 
mi  mano . 

Ricardo  permaneció  silencioso, 
buscando,  tal  vez,  una  hipótesis  que 
explicase  la  distracción  de  su  pri¬ 
mo.  Este  callaba  también,  y  en  la 
calma  soporífera  de  la  siesta,  que 
dormía  entonces  Peñascales,  oíase 
el  continuo  batir  de  las  olas  sobre 
la  playa.  Un  rayo  de  sol,  filtrándose 
por  dos  varillas  de  la  persiana ,  hi¬ 
rió  de  soslayo  al  esqueleto,  entre  las 
mal  encajadas  mandíbulas,  y  aque¬ 
lla  mancha  de  luz  le  pareció  ¿  Luis 
una  horripilante  sonrisa  de  burla. 

Nicolás  db  Leyva. 


POR  AMBOS  MUNDOS* 


NARRACION  ES  COSMOPOLITAS. 

Un  monarca  posadero. — £1  juramento  judicial 
inglés,  los  microbios  y  la  desinfección  de  las 
Biblias  — Robinsón  Gussman  en  Clipperton. — 
El  Paraíso  en  la  tierra  de  Baffin. — Loa  tres  fu¬ 
turas  escuadras  de  la  marina  alemana. 

La  picara  Naturaleza  exige  que  el 
rey,  para  que  viva  y  se  conserve 
como  tal,  ha  de  ser  y  conservarse 
como  un  hombre,  sujeto  á  todas  las 
contingencias,  penalidades  y  gustos 
del  organismo  físico,  y  el  mundo 
moderno  exige  con  las  impurezas 
de  la  realidad  que  el  rey  sea  un  in¬ 
dustrial.  Preciso  es  trabajar  dentro 
de  tan  alta  categoría,  si  no  para  vi¬ 
vir,  para  ahorrar,  para  prevenirse 
contra  las  adversidades  del  mañana 
obscuro  é  incierto;  y  el  trabajo,  ya 
que  no  sea  servil  por  ser  mecánico, 
ha  de  ser  económico,  y  como  tal, 
necesariamente  servil  también.  Un 
soberano  podrá  ser  hombre  de  ne¬ 
gocios,  jugador  de  bolsa,  empresa¬ 
rio  de  vías  férreas  ó  de  fábricas,  y 
menos  aún,  dueño  de  una  fonda,  ca¬ 
sero  de  gente  transeúnte.  Este  es  el 
caso  en  que  se  encuentra,  en  su  ca¬ 
lidad  de  monarca  é  industrial,  el 
Rey  de  Wurtemberg,  que  explota  la  propiedad  y 
ganancias  de  dos  grandes  hoteles  en  su  misma 
corte,  en  Stuttgard.  Mucha  importancia  tienen  para 
él  el  libro  de  la  Deuda  pública  nacional  y  los  capí¬ 
tulos  del  presupuesto  del  Estado;  pero  no  la  tienen 
menor  el  libro  de  caja  de  los  beneficios  de  sus 
fondas,  y  el  que  registra  las  cuentas  de  las  coci¬ 
nas,  comedores  y  cuartos.  Como  hostelero  añade 
á  la  lista  civil  una  ganancia  de  320.000  pesetas 
anuales,  que  es  un  pico  muy  respetable  allí  donde 
escasean  los  millones  que,  como  honorarios,  se 
conceden  al  jefe  de  la  nación.  Tan  lucrativa  pro¬ 
fesión  parece  que  es  vieja  en  la  dinastía  rei¬ 
nante.  Cuando  el  zar  Pedro  el  Grande  residió  al¬ 
gún  tiempo  en  Stuttgard,  el  príncipe  que  enton¬ 
ces  reinaba  supo  que  el  soberano  ruso  iba  á  vivir 
en  el  hotel-posada  real  como  un  simple  viajero;  y 
no  queriendo  que  apareciera  incompatible  su  cali¬ 
dad  de  dueño  del  parador  con  su  categoría  regia, 
decoró  la  fachada  del  palacio  con  arreglo  á  la 
pompa  de  tan  distinguido  huésped,  ordenó  que  se 
le  cobrara  por  el  hospedaje  lo  mismo  que  á  los  de¬ 
más  viajeros,  y  el  día  en  que  llegó  el  Zar,  se  vis¬ 
tió  de  posadero,  le  esperó  al  pie  de  la  escalera  y 
le  tributó  el  homenaje  debido  como  pariente  en 
la  soberana  estirpe  y  como  atento  y  cumplido  fon- 


oyentes:  «¡Ya  no  existe  el  tirano!»  En  aquel  ins¬ 
tante,  acababan  de  asesinar  en  Roma  al  empera¬ 
dor  Domiciano. 

—  No  negaré  que  sea  cierto  el  hecho:  he  com¬ 
probado  otro  de  la  misma  índole;  verás.  Una  no¬ 
che  tuve  que  asistir  á  la  criada  de  D.R  Jo  vita,  que 
fué  atacada  en  el  lecho  de  un  fuerte  acceso  de  li- 
pomanía  histérica.  Pasó  el  ataque,  y  la  muchacha 
nos  dijo  que  había  visto  morir,  en  sueños,  á  su 
amo.  El  marido  de  D.“  Jovita  habíase  marchado  á 
Prayvera  dos  días  antes.  ¡Cuál  sería,  pues,  mi  sor¬ 
presa  cuando,  ai  siguiente,  vino  un  propio  con  la 
noticia  de  que  D.  Pedro  había  fallecido  repentina¬ 
mente,  á  la  una  de  la  madrugada,  la  misma  hora 
del  ataque! 

— Estas  cosas  dan  mucho  que  pensar..... 

— Mucho,  Luis.  El  sueño  es  otro  misterio  impe- 


EL  GENERAL  FITZHUGH  LEE, 

CÓNSUL  GENERAL  DE  LOS  SE.  ÜU#  DE  NORTE  AMÉRICA  EN  LA  ISLA  DE  CUBA, 
(De  fotografía  de  Otero  y  Colombios.) 


netrable;  durante  él  se  columbran  mil  aconteci¬ 
mientos  distantes  en  el  tiempo  ó  en  el  lugar:  ¿es, 
acaso,  que  durmiendo  se  ve  más  claro  por  estar 
el  espíritu  más  desligado  de  la  materia  y  en  mayor 
contacto  con  la  verdad?  Yo  he  tenido  precisión  de 
despertar  á  media  noche  para  un  viaje,  y  la  su¬ 
gestión  de  la  hora  ha  desvanecido  mi  sueño  con 
una  exactitud  cronométrica,  sin  dejarme  un  mi¬ 
nuto  de  sobra:  de  día  y  con  el  reloj  á  la  vista,  ó  me 
apresuro  demasiado  ó  liego  tarde.  Yo  he  recorrido 
un  pueblo,  por  primera  vez,  adivinando  que  iba  á 
desembocar  en  una  plazoleta  donde  había  un  es¬ 
tanco:  luego,  he  creído  que  aquel  paraje  lo  tenía 
ya  visto  en  sueños . 

— ¿Y  no  crees,  Ricardo,  que  en  todo  eso  existe 
algo  sobrenatural? 

—  Si  entendemos  por  sobrenatural  lo  que  escapa 
al  dominio  de  nuestra  razón,  que  es  limitada,  pero 
suponiéndolo  ajustado  á  desconocidas  leyes  de  la 
Naturaleza,  no  tengo  inconveniente  en  admitirlo. 
Yo  no  soy  espiritista,  ni  teósofo;  soy  un  módico, 
educado  en  el  experimental ismo,  que  trabaja  so¬ 
bre  las  modificaciones,  más  ó  menos  sutiles,  de  la 
materia,  y  no  sobre  los  problemas  ontológicos. 


Digitized  by  ^.ooQie 


160  —  x.°  x 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Marzo  1898 


dista.  Es  seguro  que  hoy,  en  caso  seme¬ 
jante,  no  se  decidiría  el  Príncipe  á  pre¬ 
sentarse  con  ese  atavío  burgués;  pero  lo 
que  no  puede  asegurarse  es  que  dejara  de 
presentar  la  cuenta  al  monarca  extranjero 
al  terminar  la  residencia  en  el  hotel,  por¬ 
que  hoy  como  nunca  «  una  cosa  es  la  rea¬ 
leza,  y  el  negocio  es  otra  cosa». 

• 

•  • 

Entre  las  impurezas  de  la  realidad, 
lo  más  impuro  son  los  microbios.  Todo 
cuanto  el  hombre  manosea  queda  cuajado 
de  ellos,  y  si  al  manoseo  se  añade  el  be¬ 
suqueo,  deja  la  mucosa  de  los  labios  mi¬ 
llares  de  colonias  de  bacilos  y  bacterias 
en  lo  que  se  ha  besado.  De  aquí  el  que 
los  pensadores  pulcros  y  escrupulosos  no 
quieran  dar  el  ósculo  á  lo  que  sin  apren¬ 
sión  ninguna  viene  siendo  por  la  multitud 
osculizado.  Para  prestar  juramento  ante 
los  tribunales  ingleses  se  besa  una  pᬠ
gina  de  la  Biblia .  Como  se  jura  tan  á  me¬ 
nudo,  no  hay  para  qué  decir  cómo  estará 
la  hoja  de  los  besos.  No  hace  mucho 
tiempo  que  un  módico,  se  vió  obligado  á 
cumplir  con  esa  formalidad;  y  conven¬ 
cido  el  hombre  de  que  aquel  rincón  del 
papel  donde  habían  dejado  su  humedad 
tantas  bocas  era  un  peligroso  foco  de  in¬ 
fección,  al  oir  que  iba  á  ser  multado  si  no 
besaba,  solicito  en  regla  que  se  desinfec¬ 
tase  la  Biblia .  El  tribunal,  después  de  de¬ 
tenida  deliberación,  accedió,  y  entonces 
el  médico  hizo  unos  cuantos  asperges  con 
ácido  fónico  sobre  la  página  sagrada,  la 
dejó  secar,  la  purificó  por  calefacción  y 
besó  en  ella  muy  complacido.  Al  saberse 

Sor  la  prensa  este  suceso,  dada  la  man  i  a 
e  las  ligas  en  Inglaterra  para  conseguir 
las  aspiraciones  más  ó  menos  populares, 
se  constituyó  una  Liga  antiséptica  del  ju¬ 
ramento,  y  esta  es  la  hora  en  que  trabaja 
para  que,  antes  y  después  del  beso,  se 
desinfecten  las  Biblias  r de  los^tribunales. 


Mr.  JOHN  D.  LONG, 

MINISTRO  DE  MARINA  DE  LOS  EE.  Uü.  DE  NORTE- AMÉRICA. 


Lógico  es,  como  consecuencia  de  ello,  que 
dentro  de  poco  se  desinfecte  también  de 
Real  orden  todo  lo  que  se  haya  de  besar  ó 
se  haya  besado,  con  lo  que  seguramente 
no  va  á  ver  bastante  ácido  fénico  en  el 
Reino  Unido  para  la  desinfección  general. 
Por  si  se  necesitaba  un  argumento  demos¬ 
trativo  concluyente,  los  ligue  ros  cuentan 
con  un  hecho  horripilante  que  ocurrió  á 
fines  de  Febrero.  Un policeman  compare¬ 
ció  á  prestar  declaración  ante  el  tribunal 
de  Wareham.  Juró,  besó,  y  tres  horas  des¬ 
pués  empezó  á  sufrir  terribles  dolores  en 
la  garganta,  que  se  le  inflamó  por  completo 
y  con  tal  gravedad  que,  á  pesar  de  todos 
los  remedios  empleados,  murió  asfixiado, 
como  si  le  hubiera  atacado  fulminante  ga- 
rrotillo.  Hicieron  los  médicos  la  autopsia 
del  cadáver,  y  encontraron  en  las  mucosas 
de  la  laringe  y  tráquea  una  profunda  in¬ 
flamación  purulenta.  Alguno  de  ellos  re¬ 
cordó  que  había  besado  en  la  manoseada 
Biblia  del  tribunal,  y  ál  reconocer  ésta, 
vieron  que  estaba  completamente  sucia  y 
húmeda  y  grasicnta  en  el  lugar  donde  los 
juradores  ponen  sus  labios.  Sobrevino  el 
escándalo  consiguiente;  la  prensa  y  el  pú¬ 
blico  protestaron  en  coro,  y  se  convino  en 
celebrar  sucesivos  meetings  en  los  princi¬ 
pales  pueblos  para  que  concluya  de  una 
vez  semejante  sistema  de  prestar  jura¬ 
mento  ante  la  justicia.  Con  ello  ni  la  re¬ 
ligión  ni  la  justicia  perderán  nada,  y  en 
cambio  se  salvarán  muchos  j mlicemen  in¬ 
flamables. 


« 

«  « 

El  procedimiento  más  seguro  para  evi¬ 
tar  los  males  contagiosos  de  la  infección 
es  el  vivir  solo,  sin  que  otros  prójimos 
nos  comuniquen  sus  emanaciones,  eflu¬ 
vios  y  organismos  vivos  adherentes.  Así 
vive,  según  la  prensa  americana,  un  ca¬ 
ballero  particular,  Mr.  Gussman,  en  el  is¬ 
lote  de  Clipperton,  no  señalado  en  los 


INTERIOR  DE  LA  FÁBRICA  DE  CAÑONES  DE  WASHINGTON  (EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA). 

(De  fotografías.) 


Digitized  by  AjOOQle 


15  Marzo  1898 


N.°  X  —  161. 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


ISLA  DE  CUBA.  — EL  CRUCERO  PROTEGIDO  DE  SEGUNDA  CLASE  NORTEAMERICANO,  « MONTGOMBRY » , 

\ 

FONDEADO  ACTUALMENTE  EN  LA  BAHlA  DE  LA  HABANA. 


LA  GUERRA  EN  CUBA.— EL  TITULADO  «PRESIDENTE  DE  LA  REPÚBLICA  CUBANA»,  BARTOLOMÉ  MASÓ,  T  SU  ACOMPAÑAMIENTO. 

(De  fotografía  de  F.  D.  Pagliuchi,) 


Digitized  by  ^.ooQie 


162  —  x.°  x 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Marzo  1898 


mapas,  apenas  nombrado  jamás,  y  cuyas  cimas 
coralíferas  y  playas  diluviales  asoman  en  pleno 
Océano  Pacífico  entre  las  costas  del  Norte  de  Mé¬ 
jico  y  la  ruta  del  archipiélago  de  Hawai.  Aquel 
punto  perdido  en  la  inmensidad  de  los  mares  con¬ 
tiene,  como  otras  muchas  islas,  grandes  yacimien¬ 
tos  de  guano,  que  se  propuso  explotar  una  Compa¬ 
ñía  norteamericana  de  fabricación  de  fosfatos. 
Al  frente  de  un  grupo  de  obreros  llegó  á  ella 
Mr.  Cussman,  representante  de  la  empresa,  y  co¬ 
menzó  la  explotación.  Como  realmente  aquella 
isla  no  es  de  nadie,  créense  con  derecho  á  poseerla 
los  mejicanos  y  yankees ,  por  hallarse  más  próxi¬ 
mos  á  ella  que  otras  naciones;  los  ingleses  cuando 
pasan  por  sus  aguas,  y  hasta  los  franceses,  que  en 
sus  mapas  de  Oceanía  la  señalan  con  una  pince¬ 
lada  del  color  que  indica  que  es  una  posesión  suya. 

Al  saberse  en  Méjico  que  los  del  Norte  la  ex¬ 
plotaban  sin  título  ni  obstáculo  alguno,  enviaron 
allá  un  buque  de  guerra,  que  desembarcó  un  pelo¬ 
tón  de  soldados.  Enarbolaron  éstos  su  bandera  na¬ 
cional,  echaron  el  guante  á  los  explotadores  del 
guano,  incluso  al  jefe  Mr.  Gussman,  y  los  pusieron 
á  buen  recaudo  á  bordo.  En  el  momento  de  sepa¬ 
rarse  de  la  costa  para  conducirlos  á  un  puerto  me¬ 
jicano,  saltó  Mr.  Gussman  desde  la  cubierta  al  mar 
y  se  volvió  nadando  «á  su  isla»,  llevándose  oculto 
entre  las  suelas  de  una  bota  el  título  de  propiedad 
de  los  criaderos  de  guano,  que  le  había  entregado 
la  Compañía  de  los  fosfatos,  y  su  nombramiento 
de  representante.  Los  mejicanos,  creyendo  que 
aquel  hombre  perecería  al  encontrarse  solo  en  la 
isla,  le  dejaron  huir.  Esta  escapatoria  tuvo  lugar  á 
fines  de  Agosto,  y  ahora  se  ha  sabido  que  Mr.  Gus¬ 
sman  continúa  sin  novedad  en  su  importante  sa¬ 
lud  en  Clipperton,  hecho  todo  un  Robinsón,  aguar¬ 
dando  á  que  la  Compañía  le  envíe  otros  compañe¬ 
ros.  Ni  el  guano,  ni  los  huracanes,  ni  la  humedad, 
ni  el  sol,  ni  el  pescado,  ni  la  fruta  silvestre  de  al¬ 
gunas  reducidas  cuencas  de  vegetación  que  hay 
entre  los  repliegues  del  macizo  interior  de  la  isla, 
han  hecho  mella  en  su  naturaleza,  perfectamente 
garantida  en  la  soledad  contra  las  epidemias  é  in¬ 
fecciones.  Acostumbrado  á  vivir  solo,  y  «á  sus  an¬ 
chas»,  exclamará  en  cuanto  vea  que  desembarca 
algún  prójimo: — ¡Un  hombre!  ¡Hó  ahí  el  enemigo! 

» 

«  O 

Algo  semejante  dicen  los  felices  usufructuarios 
del  Paraíso  terrenal,  que,  según  parece,  se  ha  des¬ 
cubierto  en  la  tierra  de  Baffin,  costera  del  estre¬ 
cho  de  Cumberland  y  bahía  de  Hudson.  Cuando 
los  dichosos  mortales  que  lo  pueblan  ven  llegar 
algún  buque  ballenero  ó  algún  vapor  mercante, 
dicen  con  espanto:  «¡La  civilización!  ¡Hé  ahí  el 
enemigo!» 

Residen  en  aquella  estación  glacial  hace  treinta 
años  cuatro  ó  cinco  europeos,  casados  con  muje¬ 
res  esquimales,  y  un  grupo  de  indígenas  que  no 
echan  de  menos  ninguna  de  las  ventajas  y  atrac¬ 
tivos  de  la  llamada  vida  moderna. 

Sus  chozas,  bien  pertrechadas  contra  el  frío, 
son  amplias  y  cómodas  estancias;  sus  trajes,  de 
piel  de  foca,  no  se  sujetan  á  patrón  ni  figurín  al¬ 
guno;  su  mesa,  siempre  bien  provista,  exige  poca 
ciencia  culinaria;  sus  leyes  sociales  se  reducen  á 
una  sola,  al  respeto  á  la  familia  del  vecino,  y  sus 
aspiraciones  están  reducidas  á  ir  viviendo.  No  ha¬ 
cen  nada,  no  se  preocupan  por  nada;  viven  en 
paz  y  holganza,  y  con  quererse  mucho  marido, 
mujer,  hijos  y  padre,  cada  uno  en  su  hogar  y  Dios 
en  el  de  todos,  «van  tirando»,  sin  dárseles  una 
higa  de  cuanto  en  el  resto  del  mundo  pasa.  Uno 
de  los  europeos,  un  inglés,  Mr.  Bhurtons,  recibió 
en  Diciembre  un  exhorto  del  juez  de  su  pueblo 
para  que,  cuando  gustara,  se  presentase  á  recibir 
cuantiosa  herencia  que  le  había  correspondido  de 
una  Empresa  minera  del  Sur  de  Africa;  y  luego 
que  se  enteró  de  la  misiva  se  la  leyó  á  su  esqui- 
mala  y  á  sus  esquimalillos  de  casa,  los  cuales, 
abrazándose  á  su  esposo  y  padre,  exclamaron: 
«¡Tú  nos  dejas  por  ir  á  buscar  ese  montón  de 
ochavos!  ¿Podrás  comprar  con  ellos  la  felicidad 
que  nosotros  te  damos  de  balde?»  La  opinión  de 
Mr.  Bhurtons  era  la  misma  que  la  de  su  gente,  y 
para  dejar  á  ésta  satisfecha  rompió  el  llamamiento 
del  juez,  diciendo:  «¡Váyanse  al  diablo  las  90.000 
libras  que  me  ofrecen!  No  faltarán  parientes,  abo¬ 
gados  y  procuradores  que  supongan  que  me  he 
muerto,  y  que  se  las  coman.» 

• 

•  • 

¡Contraste  singular!  Mientras  en  una  noticia  se 
ve  que  hay  hombres  y  familias  que  huyen  de  la 
civilización  y  que  desprecian  el  dinero,  cuenta 
otra  que  las  exigencias  de  lo  más  refinado  del  pro¬ 
greso,  que  son  los  progresos  del  arte  de  la  guerra, 
se  imponen ,  y  que  á  todo  trance  se  busca  dinero 


para  realizarlos.  Espanta  el  proyecto  de  reconsti¬ 
tución  de  la  marina  alemana,  que  se  está  discu¬ 
tiendo  en  el  Parlamento  del  Imperio.  Trátase  de 
que  éste  cuente  para  el  año  de  1904  á  1905  con  tres 
poderosas  escuadras,  compuestas  las  dos  primeras 
de  17  acorazados,  8  guardacostas  acorazados,  9  cru¬ 
ceros  de  primera  clase  y  26  de  segunda;  y  la  ter¬ 
cera,  ó  sea  la  de  reserva,  de  2  acorazados  y  7  cru¬ 
ceros.  Dada  la  marina  hoy  existente,  tienen  que 
construir  para  completar  ese  cuadro  7  acorazados 
y  3  cruceros,  que  costarán  1.250  millones  de  pese¬ 
tas.  Para  acumular  esa  suma  se  consignarán  au¬ 
mentos  progresivos  en  las  cantidades  anuales, 
desde  117  millones  y  medio  de  marcos  en  el  pre¬ 
supuesto  corriente  de  1897  á  1898  hasta  150  millo¬ 
nes  en  cada  uno  de  los  cuatro  últimos  años. 

El  Gobierno  y  el  Emperador  seguramente  ven 
con  entusiasmo  la  realización  de  ese  plan.  Dado 
el  enorme  desarrollo  de  la  marina  mercante,  di¬ 
cen  los  alemanes,  es  indispensable  el  crear  para 
los  períodos  de  guerra  una  escuadra  poderosa  de 
guerra  que  la  proteja  y  defienda.  La  inmigración 
alemana  al  Extranjero  exige  asimismo  el  que  ésta 
se  encuentre  eficazmente  protegida  en  todo  el 
globo.  La  rivalidad,  bien  conocida,  de  Inglaterra 
contra  Alemania  necesita  ser  refrenada  con  ese 
titánico  alarde  de  poderío  naval.  Aun  no  teniendo 
hoy  completa  la  escuadra,  ya  se  ve  cómo  la  han 
distribuido  por  todas  partes,  enviando  dos  cruce¬ 
ros  de  primera  al  extremo  Oriente  y  diez  de  se¬ 
gunda  á  América,  tres  al  Asia  Oriental,  dos  al  Este 
africano,  dos  al  Occidente  de  Africa  y  uno  á  Cons- 
tantinopla. 

Contra  el  proyecto  sostiénese  en  la  Cámara 
ruda  oposición,  mantenida  por  Bebel  y  los  socia¬ 
listas,  y  por  los  liberales;  pero  cuenta  con  la  ad¬ 
hesión  decidida  del  partido  católico,  que  es  hoy  el 
árbitro  del  Parlamento.  El  Centro  católico,  en 
efecto,  que  vaciló  durante  algún  tiempo,  está  en 
la  cuestión  de  la  escuadra  al  lado  del  Gobierno, 
pudiendo  asegurarse  por  eso  que  el  proyecto,  leído 
ya  en  el  Reichstag,  será  pronto  ley.  ¿Qué  espera 
dicho  partido  á  cambio  de  su  apoyo?  Créese  en  el 
Imperio  que  el  Emperador  consentirá  que  se 
apruebe  el  pensamiento  de  la  admisión  de  los  je¬ 
suítas  en  el  país;  pero  la  experiencia  ha  demos¬ 
trado  que,  á  pesar  de  las  votaciones  favorables  que 
esa  admisión  ha  logrado  en  el  Parlamento,  siem¬ 
pre  ha  rehusado  el  Soberano  el  otorgarle  su  san¬ 
ción. 

Si  estaño  es  la  recompensa,  nadie  acierta  cuál 
podrá  ser;  pero  como  para  el  partido  católico  esa 
admisión  es  un  ideal,  sostenido  siempre  con  entu¬ 
siasmo,  no  hay  duda  de  que,  á  pesar  de  todas  las 
negativas,  si  la  nación  aplaude  un  día  la  obra  mag¬ 
na  de  completar  la  triple  escuadra,  y,  por  consi¬ 
guiente,  la  de  admitir  los  considerables  créditos 
necesarios,  no  podrá  negar  al  Centro  la  realización 
de  su  deseo  y  se  abrirán  de  nuevo  las  puertas  de  la 
patria  á  los  jesuítas  alemanes. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


LOS  PEPES  MUERTOS. 


(súplica  AL  PATRIARCA  SAN  JOSÉ.) 

¡Tocayo  de  mi  alma 
¡  Santo  bendito ! 

De  los  Pepes  que  viven 
No  hago  memoria. 

Me  acuerdo  de  los  muertos, 

Y  felicito 

A  los  Pepes  ilustres 
Que  estén  en  gloria. 


Muchos  Pepes  de  abajo 
No  se  merecen 
El  que  los  felicite 
Con  noble  intento. 

¡  Los  Pepes  de  allá  arriba 
Me  lo  agradecen, 

Aun  con  ser  tan  humilde 
Mi  pensamiento! 


Hoy,  al  felicitarte, 
Busco  tu  auxilio 
Y  de  mi  Patriarca 
Perdón  espero. 

Reparte  esas  tarjetas 
A  domicilio , 

Y,  aunque  no  cobres  nada, 
Haz  de  cartero. 


Como  á  tu  lado  tienen 
El  dulce  nido, 

De  encontrarlos  muy  pronto 
Ten  la  esperanza, 


Y  al  ver  á  cada  ano 
Dile  al  oido 
Lo  que  voy  á  decirte 
En  confianza. 


Dile  al  gran  Espronceda 
Que  de  su  gloria 
Aun  brilla  el  ardoroso 
Rayo  fecundo, 

Y  que  el  mundo  grabadas 
En  la  memoria 
Conserva  las  estrofas 
Del  Diablo  Mundo . 


Dile  al  pobre  Zorrilla , 
Muerto  de  pena, 

Y  que  en  la  tierra  tuvo 
Su  purgatorio, 

Que  joven  y  gallardo 
Sobre  la  escena 
Aun  sigue  enamorando 
Don  Juan  Tenorio . 


Dile  á  Pepe  Velarde 
Que  aun  tiene  ¿  gala 
El  recordar  sus  versos, 
Siempre  que  llora, 

La  tórtola  i  que  esconde 
Bajo  del  ala 
La  cabeza ,  esperando 
La  nueva  aurora . 


Dile  á  Castro  y  Serrano 
Que  aun  atesoro 
De  su  prosa  castiza 
Ricos  caudales, 

Y  la  patria  conserva 
Con  letras  de  oro 
La  copia  de  sus  Cartas 
Trascendentales . 


Dile  á  Pepe  Valero , 

El  noble  anciano, 

Que  de  su  triste  ausencia 
No  me  convenzo; 

Que  en  la  escena  me  falta 
El  veterano: 

¡El  mudo  de  La  Aldea 
De  San  Lorenzo! 


Del  cuartel  á  la  puerta 
No  hay  quien  acierte 
Como  ella,  en  la  chulapa 
Del  regimiento. 

¡Dile  á  la  Hijosa ,  dile 
Que,  por  mi  suerte, 

No  he  visto  Niña  boba 
Con  más  talento! 


Al  ilustre  Casado 
Hazle  que  entienda 
Que  su  nombre  es  de  gloria 
Rico  trofeo, 

Y  es  asombro  del  mundo 
Esa  Leyenda 

Del  Rey  Monje ,  que  adorna 
Nuestro  Museo. 


Dile  á  Pepe  Estremera 
Que  aun  nos  fascina 
Con  el  dulce  recuerdo 
Su  breve  historia, 

Y  que  aun  se  aplaude  el  libro 
De  esa  Zarina 
Que  le  ofreció  á  un  maestro 
Su  mayor  gloria. 


Dile  al  Marqués  insigne 
De  Salamanca 
Que  pobló  los  terrenos 
Más  apartados, 

Que  con  él  murió  el  rico 
Rey  de  la  banca, 

Y  ya  no  hay  más  que  pobres 
Acaudalados. 


¡Felicita  á  esos  muertos 
Que  el  mundo  llora; 

Abraza  á  esos  ilustres 
Pepes  queridos, 

Y  otorga  el  anhelado 
Perdón  que  implora 
Al  más  humilde  Pepe 
De  los  nacidos! 

José  Jackson  Vetán. 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.*  x  —  163 


REAL. 


Nada  ha  ocurrido  digno 
de  mención  durante  la  pa¬ 
sada  semana  en  el  regio 

coliseo*  La  carta  del  tenor  Cardinal],  dando  cuenta 
á  la  empresa  de  la  imposibilidad  en  que  se  halla 
de  cantar  en  Madrid  esta  temporada,  ha  sido  el 
único  suceso  que  ha  ocupado  la  atención  de  los 
aficionados  al  bel  canto .  Reconocido  el  artista  por 
los  médicos  de  la  empresa,  certificaron  éstos  la 
imposibilidad  de  que  cantase,  y  en  su  consecuen¬ 
cia,  la  empresa  telegrafió  á  Italia  con  objeto  de 
contratar  otro  tenor  que  sustituya  al  Sr.  Cardi¬ 
nal!. 

Mientras  esto  no  se  efectúe,  no  habrá,  proba¬ 
blemente,  ninguna  novedad  que  registrar.  Espe¬ 
remos. 


ESPAÑOL. 

Conformes  están  cuantos  han  visto  Las  Bodas 
de  Fígaro ,  estrenadas  en  este  teatro  la  noche  del 
último  viernes,  en  que,  pasada  la  época  en  que 
Beaumarchais  escribió  el  original  de  la  obra  tra¬ 
ducida,  ésta  carece  en  absoluto  de  interés,  y  pa¬ 
rece  inocente  y  sosa  la  comedia  que  en  1784  debió 
su  éxito  no  á  su  mérito  literario  principalmente, 
sino  á  la  sátira  despiadada  que  encerraba,  y  que 
dió  origen  á  acaloradas  polémicas,  discusiones  y 
controversias. 

En  una  palabra,  el  éxito  de  la  comedia  de  Beau¬ 
marchais  fué  debido  únicamente  á  las  circunstan- 


dablemente  la  magnitud  de  dos  acontecimientos 
teatrales. 


LABA. 

Obra  de  enredo  y  de  acción  exclusivamente,  sin 
chistes  de  dicción,  retruécanos,  dislocaciones  ni 
fracturas  del  lenguaje,  es  La  Victoria  del  General , 
juguete  cómico  estrenado  con  excelente  éxito  la 
noche  del  pasado  martes  en  el  teatro  de  Lara.  So¬ 
lamente  por  las  nombradas  cualidades  sería  digna 
de  toda  clase  de  elogios  la  nueva  obra  del  señor 
Santa  Ana;  pero  si  agregamos  á  lo  dicho  que  las 
situaciones  cómicas  están  buscadas  y  preparadas 
con  habilidad,  que  la  acción  está  fácil  y  natural¬ 
mente  conducida  á  su  desenlace,  y  que  los  tipos 
están  primorosamente  trazados  y  muy  bien  esco¬ 
gidos,  se  comprenderá  sin  esfuerzo  que  fué  justo 
y  merecidísimo  el  éxito  alcanzado. 

El  público  se  divirtió  grandemente  con  los  in¬ 
cidentes  y  peripecias  de  la  obra,  celebrando  con 
grandes  carcajadas  los  desplantes  y  pujos  orato¬ 
rios  del  Sr.  Santiago,  que  representó  admirable¬ 
mente  el  tipo  del  hablador  pedante  é  insoportable 
que  tanto  abunda  en  la  vida  real. 

Al  terminar  la  representación  tuvo  que  salir, 
muchas  veces  á  escena  á  recibir  los  aplausos  del 
publico  el  Sr.  Santa  Ana,  acompañado  de  los  in¬ 
térpretes  de  su  nueva  producción. 

De  éstos  merecen  especialísima  mención,  ade¬ 
más  del  Sr.  Santiago  ya  citado,  las  Sras.  Val  verde 
y  Pino,  Srtas.  Moreno  y  Feros,  y  los  Sres.  Larra  y 
Gonzálvez. 


•  • 

El  jueves  próximo  celebrará  su  beneficio  el  se¬ 
ñor  Ruiz  de  Arana.  Se  representarán  las  aplau¬ 
didas  obras  La  Victoria  del  General ,  Zaragüeta  y 
Deuda  de  sangre . 


cias  que  concurrieron  á  formarlo  en  la  época  de 
su  estreno;  y,  por  lo  tanto,  una  vez  desaparecidas 
dichas  circunstancias,  no  puede  interesar  ni  en¬ 
tretener  á  nadie. 

Esto  ocurrió  la  noche  que  se  estrenó  la  traduc¬ 
ción  del  Sr.  Valdés.  El  público  escuchó  con  res¬ 
peto  y  atención,  aunque  sin  entusiasmo,  y  sola¬ 
mente  dió  muestras  de  su  agrado  al  ver  las  esce¬ 
nas  caricaturescas  á  que  da  lugar  la  vista  del  pleito 
del  matrimonio  y  los  quid  pro  quos  en  que  abunda 
el  cuarto  acto.  Apreció  en  la  reciente  producción 
una  regular  comedia  de  enredo,  como  muchas  que 
se  ven,  ni  buenas  ni  malas;  y  consignamos  con 
gusto  que,  por  esta  vez,  el  fallo  ha  sido  justísimo, 
en  nuestra  humilde  opinión. 

Muchos  han  sido  los  intentos  de  connaturalizar 
en  la  escena  española  Le  mariage  de  Figaro;  pero 
todos,  incluso  el  del  Sr.  Valdés,  han  resultado  fa* 
llidos,  y  suponemos  que  no  ha  de  conseguirse  tal 
resultado  traduciendo  fielmente  la  comedia  de 
Beaumarchais,  intente  quien  la  intente  tan  difí¬ 
cil  empresa. 

Aparte  de  las  pocas  condiciones  de  viabilidad 
de  Las  Bodas  de  Fígaro ,  preciso  es  reconocer  que 
:1a  traducción  está  correctamente  hecha,  quizás  si¬ 
guiendo  demasiado  fielmente  el  texto  del  origi¬ 
nal,  y  que  la  labor  del  Sr.  Valdés,  bajo  este  con¬ 
cepto,  es  muy  digna  de  estima  y  acreedora  á  toda 
elase  de  elogios. 

María  Guerrero  fué  la  actriz  de  siempre,  repre- 
.  sentando  el  papel  de  Susana  con  gran  talento  y 
cantando  la  canción  del  segundo  acto  con  exqui¬ 
sita  gracia.  Excelente  interpretación  dió  á  su  pa¬ 
pel  de  Querubín  la  Srta.  Ruiz,  así  como  á  los  suyos 
respectivos  los  Sres.  Díaz  de  Mendoza,  Díaz,  Re¬ 
villa,  Qarsi,  Cirera  y  Robles. 

• 

•  • 

Para  el  próximo  viernes  se  anuncia  como  pro¬ 
bable  el  estreno  de  la  obra  de  Cavalloti,  La  Hija 
de  Jeftéy  traducida  por  el  Sr.  Jurado  de  la  Parra* 

• 

•  * 

Posteriormente  á  ésta  se  estrenará  el  drama  en 
tres  actos,  original  del  Sr.  Guimerá,  titulado  El 
Padre  Juanico . 

PABISH. 

Dos  reprises  interesantes  se  anuncian  para  muy 
en  breve.  La  primera  es  la  de  Los  Mosteases  y  zar¬ 
zuela  de  los  ores.  Amiches,  Lucio  y  Cantó,  con 
música  del  maestro  Chapí,  no  representada  en 
Madrid  desde  la  época  de  su  estreno.  La  segunda 
es  la  de  La  Dolores ,  de  Bretón,  de  cuya  protago¬ 
nista  hizo  una  verdadera  creación  la  notable  ti¬ 
ple  Srta.  Corona.  Ambas  reprises  alcanzarán  indu- 


APOLO. 

Se  preparan  para  dentro  de  pocos  días  en  este 
teatro  los  estrenos  de  las  siguientes  obras:  El  Man¬ 
tón  de  Manila y  de  los  Sres.  Iráyzoz  y  Chueca;  Los 
Hombres  públicosy  de  Burgos  y  Jiménez,  y  Los  Cla¬ 
veles  rojos  y  de  Iráyzoz  y  Jiménez. 

A. 


JUEGOS  FLORALES  Y  CERTAMEN  EN  SEVILLA. 


Con  la  protección  del  Excmo.  Ayuntamiento  de  Sevilla,  se 
celebrarán  Juegos  Florales  y  Certamen  científico,  literario  y  ar¬ 
tístico,  con  arreglo  al  siguiente  programa: 

Sección  de  Literatura .—  Tema  l.°  Poesía  lírica  con  libertad 
de  asunto,  metro  y  número  de  tersos.  Premio  de  honor:  Una 
flor  natural. — Tema  2.°  Oda  á  la  patria.  Premio:  Un  objeto  de 
arte,  regalo  de  S.  M.  la  reina  D.a  Isabel  II.— Tema  3.°  Tradi¬ 
ción  popular  sevillana,  en  terso.  Premio:  Un  objeto  de  arte,  re¬ 
galo  del  Excmo.  Sr.  Gobernador  citil  de  la  provincia.— Tema  4.° 
Poesía  humorística  con  libertad  de  asunto.  Premio:  Dos  jarro¬ 
nes,  regalo  del  Ateneo.  —  Tema  5.°  Artículo  de  costumbres  an¬ 
daluzas,  «La  vendimia*.  Premio:  Un  pensamiento  de  oro,  re¬ 
galo  del  Ateneo. 

Sección  de  Ciencias  históricas  y  sociales . — Tema  6.°  Noticia 
crítica  del  movimiento  filosófico  en  Sevilla  desde  la  época  de 
la  Enciclopedia  hasta  el  presente.  Premio:  Un  objeto  de  arte, 
regalo  del  Excmo.  Sr.  D.  José  de  Hoyos  y  Hurtado,  conde  dé 
Val  deinfantas,  senador  del  Reino.— Tema  7.°  Sumario  estudio 
estadístico  del  estado  actual  de  la  industria  sevillana,  clasifica¬ 
ción  de  las  industrias,  producción  y  circulación,  capital  y  tra¬ 
bajo.  Premio:  Quinientas  pesetas,  ofrecidas  por  el  Excmo.  señor 
D.  Augusto  Plasencia,  conde  de  Santa  Bárbara. 

Sección  de  Ciencias  naturales,  físicas  y  matemáticas.— 
Tema  8.°  Enfermedades  del  naranjo  en  Andalucía,  diagnóstico, 
profilaxis  y  tratamiento.  Premio:  Doscientas  cincuenta  pese¬ 
tas,  ofrecidas  por  la  Excma.  Diputación  Provincial. 

Sección  de  Jurisprudencia.— Tema  9.°  Condición  de  la  mqjer 
en  el  derecho  civil  y  en  el  derecho  político.  Premio:  Un  objeto 
de  arte,  regalo  del  Excmo.  Sr.  D.  Francisco  González  Alvarez, 
senador  del  Reino. 

Sección  de  Medicina. —  Tema  10.  Dadas  las  condiciones  topo¬ 
gráficas  del  suelo  de  Sevilla,  ¿cuál  es  el  mejor  sistema  de  al¬ 
cantarillado  aplicable  á  la  misma?  Premio:  Un  objeto  de  arte, 
regalo  del  Círculo  Mercantil  de  Sevilla. 

Sección  de  excursiones.— Tema  11.  Génesis,  desarrollo,  flore¬ 
cimiento  y  decadencia  de  la  Escuela  de  pintura  sevillana.  Pre¬ 
mio:  Un  objeto  de  arte,  regalo  de  la  Real  Maestranza  de  Caba¬ 
llería  de  Sevilla. — Tema  12.  Plan  de  reformas  urbanas,  por  or¬ 
den  de  urgencia,  que  conviene  realizar  en  Sevilla.  Premio:  Un 
objeto  de  arte,  regalo  de  D.  Tomás  de  Ibarra  y  González,  dipu¬ 
tado  á  Cortes.— Tema  13.  Situación  actual  de  los  braceros  en 
Andalucía  y  medios  de  mejorarla.  Premio:  Un  objeto  de  arte, 
regalo  de  D.  Carlos  de  Lastra  y  Romero.  —  Tema  14.  Un  pro- 

Íecto  de  restauración  de  la  fachada  de  una  casa  grande  y  nóta¬ 
le  de  Sevilla,  construida  en  los  siglos  xv  ó  x vi.— Premio:  Un 
objete  de  arte,  regalo  del  Excmo.  Sr.  D.  Francisco  Ruiz  Martí¬ 
nez,  senador  del  Reino. 

Sección  de  Bellas  Artes.  —  Tema  15.  Seis  dibqjos  originales 
en  colores,  á  la  aguada,  tamaño  natural,  para  seis  jarrones  ó 
ó  vasijas  de  barro  esmaltado,  estilo  mudejáríco  ó  renacimiento 
italo-español.  Premio:  Un  objeto  de  arte,  regalo  de  los  señores 
Pickman  y  Com  pañí  a. 

CONCURSO  PARA  OBRAS  PICTÓRICAS. 

Siete  premios  del  Centro  de  Bellas  Artes:  l.°  Quinientas  pe¬ 
setas  y  diploma  de  honor.  2.°  Dos  de  trescientas  pesetas  y  di¬ 
ploma  de  honor.  3.°  Dos  diplomas  de  honor.  4.°  Exclusivo  para 


los  señores  socios:  Dos  premios  de  trescientas  pesetas  cada  uno. 

El  plazo  para  la  admisión  de  las  obras  en  la  Secretaria  del 
Ateneo  y  Sociedad  de  Excursiones  termina  á  las  doce  de  la  no¬ 
che  del  31  del  corriente. — X. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

«I  luii»  perfumado  do  loa  jabonea  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  °°dercabeíío,a 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  ero. — Fuera  de  ooaourso 
4,  ?UOE  DE  ¿’OPÉ&A,  PARIS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


Remedio  prodigioso  y  rápido.  30  años  de  éxito. 


AWk\\m  o  P!e  fAütlQss  usa  de  EBILE  PIM8AT),  BO  nte 
.  VTAIlllljIj  &  U-  Louis-U-Orand,  Paria.— T  RAJ  ES  Y  ABRIOOS 
La  casa  que  viste  á  las  señoras  con  mA  s  elegancia,  riqueza  y  buen  guato 


CREMA  DE  LA  MECA 

Importante  receto  para  JBiaaquaar  el  Cutís»  sana  y  Unifica.  —  Basta  nos 
pcqnefifslina  cantidad  para  aclarar  el  cutis  más  obecaro  y  darle  la  blanom  ssave  v 
atonda  dd  maiflUAreo/osn  />sr/c(Bl.)DU88KR,l,BseJ.-J.Ro«ussn^ari¿ 


LA  FOOFATINA  F*A  LUGRES  es  el  mejor  alimento  paro 
niños  desde  la  edad  de  6  á  7  meses,  principalmente  en  el  desteto 
y  en  el  periodo  del  crecimiento,  llene  un  gusto  muy  nsiedablo 
y  es  de  facilísima  digestión.  París ,  6,  Avenas  Victoria. 


®  ie  psttona  OATiLLONt  st  mijar  reconstituyente 
de /as  fUTzaS,  rsstsblsos  a/  apetito  y  I**  dlgestlonss.  EnfermsdMdBi 

MUTÓMAOO.  LAMO III DIZ,  AKKIIA,«. 


Perfumería  Ninon,  Maison  LECONTK.  31. 
oeptembre.  (  Véanse  los  anuncios.) 


rué  du  Quatre- 


ROYAL  HOUBIGANT  NmUiu^ 

tnmiata,  19,  Faubourg  6»  Honoré,  Parü. 


fyiofeftepucflíe 

“-“SírSf'"" 


L.T.  PIVER  A  PARIS 


EL  LANZA-PERFUME 


PERFUMA  -sr  REFRESCA 

Automáticamente  sin  mojar  ni  manchar. 

PERFUMES  EXQUISITOS 

En  todas  las  buenas  Perfumerías.  Depósitos  principales  • 
Viotor  Guizy.Uoion, 6, BARCELONA;  Vitar  Ridaura  Hermanos. 
Jumu,  5,  VALENCIA;  Vioenta  Ribeiro,  Fanqueiros,  L18BOa. 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


Poesías  de  Evaristo  Sitio.  —  Se  acaban  de  publicar,  en  ele¬ 
gante  tomo,  las  poesías  del  escritor  Evaristo  Sillo, poetar 
periodista,  que  nació  en  Santa  Cruz  de  Iguña  (Santander) 
en  1841  y  murió  en  1874.  Mucho  trabajó  en  Madrid  el  malo¬ 
grado  Silio,  que  colaboró  en  El  Eco  del  País ,  La  Constitu¬ 
ción,  La  Voz  del  Siglo  y  otros  periódicos;  publicó  muchas 
composiciones  poéticas,  y  se  ocupó  de  la  critica  literaria. 
Contiene  el  tomo  recientemente  publicado:  Desde  el  valle , 
colección  de  sus  poesías  líricas  aue  apareció  en  1868;  Santa 
Teresa  de  Jesús ,  poema;  La  Magdalena ,  fragmento,  y  El 
esclavo.  Avalora  el  mérito  de  este  libro  un  prólogo  de  Menén- 
dez  y  Pelayo,  que  resume  el  mérito  de  Silio  en  los  siguientes 
términos:  «Evaristo  Silio  y  Gutiérrez  era  lírico  de  egregias 
disposiciones,  de  profundo  sentir  y  noble  pensamiento;  ele¬ 
gante  y  atildado ,  al  par  que  sencillo  en  la  forma ,  en  el  len¬ 
guaje  castizo  con  raras  excepciones,  correcto  y  fluido  en  la 
versificación.  A  veces  le  falte  nervio  y  robustez  en  el  decir; 
suele  adolecer  de  monotonía  en  las  ideas,  y  aun  en  las  frases; 
su  caudal  poético  no  era  muy  rico.  Pero  así  y  todo,  ha  de¬ 
jado  bastantes  composiciones  verdaderamente  inspiradas  que 
le  alzan  no  poco  sobre  el  nivel  de  los  líricos  de  segundo 
oiden.» 

Véndese  al  precio  de  3  pesetas. 

Album  de  cantares,  por  D.  Santiago  Díaz  Gil. 

Hemos  recibido  ejemplares  del  folleto  en  que  ha  adicionado 
sus  cantares  el  poete  D.  Santiago  Díaz  Gil.  La  misma  fecun¬ 
didad  que  para  los  bellos  cantos  populares  tiene  nuestra  tierra, 
y  el  número  de  inspirados  poetas  que  han  acertado  con  la 
forma  espontánea,  sencilla  y  hondamente  sentida  de  este  poe¬ 
sía popular,  hacen  cada  vez  más  difícil  sobresalir  en  este  géne¬ 
ro  de  composiciones  sin  caer  en  imitaciones  de  lo  mucho  bueno 
que  en  él  tenemos.  El  señor  Díaz  Gil  tiene  personalidad ,  y  su 
especial  modo  de  ver  y  sentir  el  natural  hacen  para  él  fácil 
tarea  la  de  encerrar  en  la  concisa  forma  de  los  canteres 


Digitized  by  ^.ooQie 


164  —  n.6  x 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Marzo,  1898 


pensamientos  suyos,  en  forma  general¬ 
mente  fácil.  Muchos  de  lós  cantares  de 
la  colección  pueden  citarse  entré  los 
mejores  que  la  musa  popular  ha  pro¬ 
ducido. 

Velázquez,  par  A.  de -Beruete.  —  Muy 
en  breve  se  pondrá  á  la  renta  la  artís¬ 
tica  obra  que,  sobre  nuestro  inmortal 
Velázquez,  publicará  el  editor  pari¬ 
siense  H.  Laurens;  .y  el  asunto  del  li¬ 
bro,  las  aptitudes  del  escritor  y  la  pre¬ 
sentación  artística  del- volumen,  segu¬ 
ramente  obtendrán  el  favor  del  público 
inteligente. 

El  célebre  pintor  francés  León  Bon- 
nat  ha  escrito  el  prólogo ,  que  leyó  re¬ 
cientemente  en  una  sección  de  la  Aca¬ 
demia  de  Bellas  Artes  de  París ,  y  en  el 
cual  habla  de  nuestro  compatriota 
Au rebano  de  Beruete  en  los  siguientes 
términos:  ...  , 

«Nadie  mejor  ni  con  más  aptitud  que 
el  Sr.  Beruete  puede  contarnos  la  vida 
y  describirnos  la  obra  de  Velázquez.  Su 
doble  calidad  de  pintor  y  literato;  su 
apasionado  amor  por  su  inmortal  com¬ 
patriota;  sus  lecturas;  sus  pacientísi- 
mas  investigaciones  en  los  archivos  y 
en  los  museos;  sus  viajes  por  Europa; 
su  conciencia  tan  escrupulosa;  su  cu¬ 
riosidad,  siempre  despierta,  y,  en  fin  y 
sobre  todo,  su  valor  para  decir  la  ver¬ 
dad,  le  han  ayudado  á  escribir  este  li¬ 
bro  importante,  que  es  y  será  el  libro 
definitivo  sobre  el  gran  pintor  español.» 

Hemos  visto  las  ilustraciones  de  la 

*  obra,  encomendadas  á  los  Sres.  Braun, 
Clément  y  Compañía,  y  las  reproduc¬ 
ciones  heliográtícas  de  los  cuadros  de 
Velázquez  están  maravillosamente  he¬ 
chas.  Las  ilustraciones  son  :  16  helio¬ 
grabados  tirados  aparte,  68  blocs  tipo¬ 
gráficos  en  el  texto  y  un  retrato  de  Ve¬ 
lázquez  grabado  al  agua  fuerte  por  León 
Bonnat,  tomado  del  que  hizo  Veláz¬ 
quez  de  sí  mismo  en  el  célebre  cuadro 
Las  Meninas. 

El  precio  de  la  obra,  que  se  compon¬ 
drá  de  800  ejemplares  numerados,  es, 
por  suscripción',  el  de  40  francos. 

La  situación  del  pais,  por  D.  Juan 
Cano  y  Mora. 

*  Desde  que  en  mal  hora  estajló  en  Fi¬ 
lipinas  la  insurrección  tagala  son  mu¬ 
chas  las  obras  que  se  han  publicado, 
consagradas  al  estudio  de  sus  verdade¬ 
ras  causas,  y  encaminadas  á  buscar  la 
más  segura  eficacia  de  los  remedios  que 
hayan  de  aplicarse  á  tan  lamentables 
males.  De  muchas  de  estas  obras  inspi¬ 
radas  por  el  patriotismo  hemos  hecho 
ya  mención  en  nuestras  modestas  no¬ 
tas  bibliográficas,  elogiando,  como  era 
justo,  el  noble  propósito  de  sus  au¬ 
tores.  Hoy  ha  llegado  á  nosotros  un 
nueyo  libro  de  esta  clase.  Contiene  la 
colección  de  artículos  publicados  en  el 
periódico  de  Manila  La  Voz  Española , 
por  su  redactor-jefe  D.  Juan  Cano  y 
Mora,  acerca  de  la  insurrección  tagala, 
sus  causas  y  principales  cuestiones  que 
afectan  á  Filipinas. 


ras 


y-  V 


SALVADOR  ,  SANCHEZ  («FRASCUELO»), 

i  POPULAR  MATADOR  DE  TOROS. 

Nació  en  Churriana  (Granada)  el  21  de  Diciembre  de  1844 ;  t  en  Madrid  el  8  del  corriente. 
(De  fotografía  de  Fernando  Debas.) 


El  autor,  que  ha  consagrado- mucho 
tiempo  al  estudio  de  esi  as  cuestiones, 
y  es  periodista  muy  distinguido  por  su 
ilustración,  trata  de  ellas  con  un  crite¬ 
rio  sereno,  en  el  que  palpita  vivísimo 
amor  á  España  y  á  cuanto  signifique 
defensa  y  seguridad  de  su  soberanía. 

Asuntos  de  sus  concienzudos,  artícu¬ 
los  son,  entre  otros:  Los  funcionarios 
públicos;  El  régimen  municipal;  La  ad¬ 
ministración  de  justicia;  Las  corpora¬ 
ciones  religiosas;  La  instrucción  públi¬ 
ca  ;  La  propiedad  territorial ;  La  indus¬ 
tria  y  el  comercio;  El  clero  secular;  La 
difusión  del  castellano;  La  prensa  fili¬ 
pina,  y  el  Régimen  y  administración  de 
las  islas. 

Véndese  el  libro  al  precio  de  un  peso. 

Vislumbres,  porTorcuato  Tasso  Berra 

Con  el  título  que  encabeza  estas  lí¬ 
neas  ha  publicado  el  escritor  catalán 
D.  Torcuato  Tasso  Serra  una  numero¬ 
sa  colección  de  pensamientos  en  pro¬ 
sa  y  verso.  Gran  profundidad  en  mu¬ 
chos  de  ellos  y  agudísimo  ingenio  en 
otros,  hemos  encontrado  en  la  muy 
agradable  lectura  del  libro  del  señor 
Tasso,  á  quien  felicitamos  sinceramente 
por  su  obra;  pero  nuestra  leal  franqueza 
nos  obliga  á  decirle  que  encontramos 
muy  superiores  los  que  ha  escrito  en 
prosa,  que  afortunadamente  son  los  que 
más  abundan  en  la  colección. 

Fugaces.— Poesías,  por  Sofía  Casanova. 

.  La  Biblioteca  Gallega  ha  enriquecido 
su  colección  con  el  libro  Fugaces,  co¬ 
lección  de  las  poesías  de  la  inspirada 
escritora  Sofía  Casanova.  Muy  niña 
aún,  sintió  en  su  alma  la  poética  ins¬ 
piración,  y  comenzó  á  escuchar  los  sin¬ 
ceros  y  justos  aplausos  con  que  eran 
acogidas  sus  primeras  canciones.  Mu¬ 
chas  de  éstas  nos  place  encontrar  en  el 
libro  que  hoy  tenemos  ante  Ja  vista, 
que  nos  trae  á  la  memoria  épocas  muy 
felices  de  la  vida  al  volver  á  leer  las  be¬ 
llas  estrofas  que  á  su  autora  oímos  re¬ 
citar:  otras,  escritas  después  de  dejar  á 
España  y  constituir  un  hogar  en.  remo¬ 
tos  climas  y  sufrir  inconsolables  dolo¬ 
res  ,  nos  revelan  que  la  inspiración  de 
Sofía  Casanova  no  la  ha  abandonado, 
ni  ella  ha  olvidado  á  la  poesía,  sino  que 
escribe  aún  mejor  que  escribía  cuando 
las  tertulias  literarias  de  Madrid  cele¬ 
braban  su  talento.  Consignamos  una 
impresión;  no  intentamos  hacer  un  joi- 
cio  en  el  que  nuestra  leal  amistad  sería 
quizás  tacha  de  parcialidad  muy  justi¬ 
ficada. 

Alburas  d©  caricatura*.—  Lance» 

de  honor . 

La  casa  editorial  de  Luis  Tasso ,  de 
Barcelona,  ha  comenzado  la  publica¬ 
ción  de  sus  álbums  de  caricaturas  ,  que, 
á  juzgar  por  el  primer  cuaderno,  titula¬ 
do  Lances  de  honor,  tendrán  segura¬ 
mente  un  éxito  muy  favorable.  El  di¬ 
bujante  Xandaró  ha  dibujado  para  el 
mismo  ilustraciones  artísticamente  gra- 
ciosas.««-C. 


En  toda  cías©  d.©  vómitos  y  diarreas,  y  en 
toda  olas©  d©  Indisposiciones  del  tuto  di¬ 
gestivo,  emplead  los 

Salicilatos  de  VIVAS  PÉREZ 

adoptados  de  X3eal  Orden 

POR  EL  MINISTERIO  DE  MARINA  Y  POR  EL  DE  QUERRA 

Los  recomiendan  indiscutibles  autoridades  médicas. — Celebran  con  entu¬ 
siasmo  sus  efectos  cuantos  los  usaron. 

Se  Imitan  y  falsifican  sin  resultado. 


efe  p  9  |  99  a  No  hay  uno  que  se  re- 

1 1 1  I  I  ■■  I  sista  á  la  eficacia  podé¬ 
is  fa  I  I  III  II  rosa,  jamás  desmentida, 

II  n  1  lll  U  del  Bálsamo  Anti- 

|  |>|b  lll  reumático  de  Orive. 
Se  detalla  la  compos'ción  á  los  médicos  que  de¬ 
seen  conocerla. — En  todas  las  farmacias.  Por  ma¬ 
yor.  Bilbao,  Orive,  y  Madrid,  M.  García. 


OBRAS  POÉTICAS 

.DE 

D.  JOSÉ  VELAR  DE 

DB  VENTA  EN  LA  ADMINISTRACIÓN  DE  BfcTB  PERIÓDICO 

ARENAL,  18,  MADRID. 


la;  salud  para  todos 

■in  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  .alud  I 

Ll  REVALENTA  ARÁBIfiA  !£££?> 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),,  gastritis,  acedías,*  disenteria,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  ,  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre.— 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos. r.  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  *  Du'Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres.  v* 


EL  LIBRO  AZUL 

NOVELITAS  Y  BOCETOS  DE  COSTUMBRES 

POR 

D.  EDUARDO  BUSTILLO 

CIn  tomo,  8.°  mayor  francés,  3  pesetas. — De  venta  en  la  Administración  do  La  Ilus¬ 
tración  Española  t  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


VINO  DM  CHASSAING 

H-DIQMTTVO 

Prescrito  desde  25  años 
fentn  las  AFFESCIONES  tfa  las  Vías  Mgasüvas 
PA RI8 ,  6,  Atenúe  Viotoris,  8,  PA RI8 
V  BE  MEAS  LAS  railOirALBB  VAEMAOUe 


Alegria  (poema) .  1 

v  LA. CRUZ  DEL  VALLE 

Fernando  de  Laredo  (ídem) .  1  POEMA 

La  niña  dé  Gómez-Arias  (ideiñ) .  1  POR  DONA  ISABEL  CHEIX 

El  año  campestre  (ídem) .  1  :  ,  _  . 

Teodomiro,  ó  la  Cueva  del  Cristo  Véndew  en  ha  principales  hbreriaa.  Pr«i 

.  1  0  ana  peseta. — Loe  pedidos  á  la  antora,  Gn 

(,dem)- .  2  vin.lítl .  Ra villa. 


LA  CRUZ  DEL  VALLE  DOLORES  f&S 

por  no  usar  todos  losdlM 

POEMA  ncNlliri  ACdUeordelPol.de 

POR  DOÑA  ISABEL  CHEIX  j  7  Orive  Pero  el  no  tener 

-  dolores  de  muelas  depende  de  la  voluntad;  v 

,  ,  ,  .  .  ,  t, _ .  esto  es  tan  exacto,  que  jamás  tuvo  dolencia  al- 

V ándese  en  las  principales  librerías,  r recio,  gQna  en  la  boca  el  que  se  enjuagó  todos  los  días 
una  peseta. — Loe  pedidos  á  la  antora,  Gra-  con  tan  excelente  dentífrico,  que  se  vende  en 
vina,  31 ,  Sevilla.  toda  farmacia  y  perfumería  acreditada. 


Impreso  con  tinta  de  la  fábrica  LOSILLEVZ  y  O.*,  16,  rae  Buger,  París. 


Reservados  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID. — Establecimiento  tipolitográflco  c  Sucesores  de  Bivadeneyra  i , 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 

AÑO  XLII. — NÚM.  XI. 

PRECIOS  DE  SUSCRIPCION,  PAGADER08  EN  ORO. 

Madrid . 

Provincias . 

Extranjero . 

AÑO. 

SEMESTRE. 

TRIMESTRE. 

ADMINISTRACIÓN: 

AREN  AL,  18. 

Madrid,  22  de  Marzo  de  1898. 

Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 
Asia . 

AÑO. 

SEMESTRE. 

35  pesetas. 

40  id. 

50  francos. 

18  pesetas. 

21  id. 

20  francos. 

10  pesetas. 

11  id. 

14  francos. 

12  pesos  fuertes. 

60  francos. 

7  pesos  fuertes. 

35  francos. 

BELLAS  ARTES. 


LA  ANUNCIACIÓN, 

CUADRO  DE  MURILLO. 

EXISTENTE  EN  EL  MUSEO  DEL  TRADO,  DE  MADRID. 


Digitized  by  ^.ooQie 


166  —  n.°  xi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Mabzo  1898 


SUMARIO. 


Texto.— Crónica  general,  porD.  José  Fernández  Bremón. — Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.— Poetas  desequilibrados, 
por  D.  Manuel  Ossorio  y  Bemard.— Sobre  la  primera  representa¬ 
ción  de  El  Padre  Juanita,  drama  en  tres  actos  de  D.  Angel  Guime- 
rá,  por  D.  Juan  Valora,  de  la  lleal  Academia  Española.— Voltaire, 
perfumista,  por  D.  Alejandro  Lirrubiera.— El  verdadero  poeta, 
poesía,  por  D.  Luis  de  Ansorena.  —  Por  ambos  mundos.  Narracio¬ 
nes  cosmopolita  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa  — Los  teatros, 
por  A.— Sueltos. — Libros  presentados  á  esta  Redaceión  por  autores 
ó  editores,  por  C.— Anuncios. 

GRABADOS.— Bellas  Artes:  La  Anunciación ,  cuadro  de  Murillo.— Pro¬ 
pósito  de  la  enmienda,  dibujo  de  Alcázar.  —  Entre  do* fuegos,  cuadro 
de  Percy  Moran.— Retrato  del  diputado  conde  Ferruccio  Macóla. 
—Barcelona:  Desembarco  de  soldados  heridos  y  enfermos  proce¬ 
dentes  de  Filipinas,  verificado  el  17  del  corriente.  —  Inauguración 
de  la  tómbola  org  inizada  á  favor  de  los  damnificados  en  las  últi¬ 
mas  inundaciones.  —  Torpederos  en  viaje  para  la  Isla  de  Cuba.— 
Jefe  y  comandantes  de  la  escuadrilla  de  cazatorpederos  y  torpede¬ 
ros  destinada  á  la  Isla  de  Cuba.— Cazatorpedero  dispuesto  para 
atacar.— Escuadrilla  de  Icazatorpederos  y  torpederos  destinada  á 
la  Isla  de  Cuba:  Orden  de  marcha  de  la  escuadrilla,  con  el  transat¬ 
lántico  Ciudad  de  Cádiz.— Retrato  de  la  Srta.  Mana  Luisa  Guerra, 
eminente  concertista.  —  Retrato  de  D.  Celedonio  Prado  y  Villar, 
maestro  de  instrucción  primaria.— Retrato  de  D.  Felice  Cavallotti, 
orador  y  literato  italiano.  —  Zaragoza:  Vista  parcial  del  principal 
Balón  del  café  de  «Ambos  Mundos».  —  Puerto  Rico :  Recalzo  del 
cuartel  de  Ballajá ,  proyectado  por  el  teniente  coronel  de  Inge¬ 
nieros  D.  Rafael  Aguirre,  y  ejecutado  bajo  la  dirección  del  coman¬ 
dante  del  mismo  cuerpo ,  D.  Rafael  Rávena.  Patio  interior  del 
cuartel.  Apeo  del  piso  de  la  galería  principaL  Grietas  de  los  muros 
resentidos. 


CRÓNICA  GENERAL. 


?N  qué  quedamos? 

— Pues  en  que  todo  sigue  lo  mismo, 
ñ  J  en  que  los  norteamericanos  conti- 
y  mían  fortificando  sub  puertos  y  com- 
prando  buques  de  guerra  con  las  in¬ 
tenciones  más  pacíficas. 

— ¿Y  el  informe  acerca  de  la  voladura 
del  Maine? 

—  Siguen  reservándosele. 

— ¿Sabe  usted  que  ya  sospecho  si  tienen 
dos  6  tres  informes  diferentes  para  aprovecharlos 
según  sus  conveniencias? 

—  No  lo  aseguraré;  pero,  dada  su  política,  todo 
está  en  lo  posible. 

— ¿Cree  usted  que  nos  declararán  la  guerra? 

— Unos  días  sí  y  otros  no.  Desde  luego  está  vis¬ 
to  que  tratan  de  animar  á  los  de  la  manigua  para 
que  no  les  falte  el  pretexto  consabido  de  la  dura¬ 
ción  de  la  guerra  y  los  perjuicios  que  irroga  á  los 
ñor  teamericanos. 

—  Pero  ¿se  explica  usted  que  toda  una  nación 
sea  cómplice  de  tan  descarada  farsa? 

—  No  lo  comprendo:  ó  es  allí  la  verdad  artículo 
de  contrabando,  ó  están  expuestos  los  farsantes  á 
una  convulsión  social  que  concluya  con  ellos:  se 
concibe  un  pueblo  dominado  por  una  tribu  de  mal¬ 
vados,  pero  no  la  unanimidad  de  la  desvergüenza. 

— También  los  pueblos  tienen  ambiciones  na¬ 
cionales  que  acallan  los  escrúpulos. 

—  No  lo  niego;  pero  entonces  se  declaran  fran¬ 
camente  ,  porque  el  disimulo  no  es  propio  de  la 
muchedumbre.  Y  á  propósito  de  ésta:  di  cese  que  ha 
c  mtado  himnos  patrióticos:  ¿cuáles?  ¿El  del  Norte 
ó  el  del  Sur?  Porque  sería  curioso  que  esas  dos  es¬ 
cuadras  que  organizan  concluyesen  por  ser  ene¬ 
migas.  Las  armas  tienen  ese  inconveniente:  se 
sabe  lo  que  cuestan,  no  contra  quiénes  se  emplea¬ 
rán;  puede  darse  el  caso  de  que  alguno  de  los  que 
han  votado  esos  créditos  contribuya  á  la  compra 
de  la  bala  que  ha  de  llevarle  la  cabeza. 

— Como  el  Brasil,  que  les  ha  vendido  sus  buques, 
puede  haberles  proporcionado  elementos  para  el 
futuro  bloqueo  de  sus  puertos.  La  marejada  del 
Norte  no  se  detiene  en  Cuba:  avanza,  avanza,  y 
¡ay  de  las  naciones  de  América  que  no  se  preparen 
para  contenerla,  y  no  les  pongan  obstáculos  á 
tiempo,  y  no  se  libren  primero  de  su  influencia 
mercantil,  primer  paso  de  su  intervención  polí¬ 
tica!  La  falsa  América,  alimentada  de  sangre  eu¬ 
ropea,  todo  lo  invadirá.  Ya  lo  han  dicho,  aplau¬ 
diendo  en  un  teatro  la  unión  de  las  banderas 
inglesa  y  norteamericana:  «El  mundo  para  las 
dos.»  Claro  es  que  sólo  se  trata  de  una  idealidad, 
que  es  impetrar  de  Inglaterra  apoyo,  ó  una  neu¬ 
tralidad  simpática:  besar  la  mano  del  leopardo  en 
vez  de  pisarle  la  cola;  pero  fíjense  en  que  ya  no 
invocan  lo  de  Monroe,  sino  su  raza. 

— Invocan  alternativamente  lo  que  les  conviene. 
Ayer  insultaban  á  Inglaterra,  hoy  le  besan  la 
mano;  mañana  se  la  morderán:  los  ingleses  saben 
á  qué  atenerse.  En  cuanto  á  España,  paga  culpas 
pasadas;  la  ayuda  que  dió  á  esa  nación  para  fun¬ 
darse.  ¿Pero  quién  sabe?  Cuba  podría  ser  su  casti¬ 
go.  A  veces  lo  que  parece  una  mina  se  convierte 
en  un  cementerio  como  lo  de  Bélmez. 

— Debió  ser  terrible  la  explosión  de  gases  que 
mató  tantos  mineros.  ¿Sabe  usted  que,  á  pesar  de 
las  precauciones  que  se  deben  guardar,  ya  pica  en 
historia  la  repetición  de  esas  catástrofes? 

— En  España,  por  fortuna,  no  son  tan  frecuentes. 

—Pero  esta  ha  sido  espantosa. 


—  La  empresa  paga  los  entierros. 

— ¡Pues  no  faltaba  más  que  no  lo  hiciera! 

—  Socorrerá  á  las  familias  de  las  víctimas. 

— Y  cumplirá  con  un  deber  rudimentario.  Hay 
que  legislar  en  esto  de  las  industrias  peligrosas. 
No  es  justo  que  el  accionista,  que  expone  sólo  su 
dinero,  no  tenga  en  estas  catástrofes  sino  pérdidas 
insignificantes,  y  la  familia  del  obrero  que  pierde 
su  vida,  y  no  tiene  parte  en  las  ganancias,  exponga 
todo  su  capital. 

— ¿Es  usted  socialista? 

— Soy  cristiano.  El  jornal  es  el  simple  pago  del 
trabajo;  pero  me  parece  inmoral  que  en  un  estrago 
producido  por  las  condiciones  de  la  industria,  pa¬ 
gue  el  obrero  ese  accidente  y  no  padezca  nada  el 
capital. 

— ¿Pues  qué  consideraría  usted  justo? 

— Pagar  á  las  viudas  y  los  huérfanos  el  jornal 
del  obrero  muerto  por  los  años  que,  según  las  ta¬ 
blas  de  mortalidad,  se  supone  que  hubiera  podido 
vivir. 

— Eso  sería  la  ruina  de  una  empresa. 

—  ¿Y  por  qué  hemos  de  preferir  la  ruina  de  los 
infelices?  Además,  sólo  exigiría  á  las  compañías 
que  asegurasen  la  vida  para  indemnizar  á  las  víc¬ 
timas  en  casos  de  esa  índole. 

— De  eso  á  la  revolución  social  hay  un  paso. 

—  Creo  lo  contrario:  las  revoluciones  se  conju¬ 
ran  por  medio  de  la  equidad.  No  hay  manera  de  sal¬ 
var  el  combatido  capital  sino  moralizándole.  Por 
lo  mismo  que  constituye  un  poder,  hay  que  tem¬ 
plarle;  por  lo  mismo  que  es  útil,  conviene  evitar 
que  se  haga  odioso.  Pero  esto  no  se  puede  explanar 
en  una  crónica.  El  socialismo  me  parece  absurdo; 
pero  como  el  individualismo  lo  es  también,  para 
robustecer  esta  sociedad  vacilante  hay  que  aumen¬ 
tar  con  leyes  justas  el  número  de  los  interesados 
en  sostenerla,  y  disminuir  el  de  los  desesperados. 
Cuando  los  vínculos  morales  se  aflojan,  hay  que 
fortalecer  los  materiales. 

Yo.  —  Me  limito  á  transcribir  lo  que  he  escucha¬ 
do.  El  lector  elegirá .  probablemente  quedarse 

con  sus  ideas  anteriores. 

• 

•  * 

El  Ayuntamiento  de  Barcelona  prepara  para 
el  1."  de  Mayo  ferias  y  concursos  agrícolas  en  que 
se  exhiban  los  productos  de  ganadería,  de  volate¬ 
ría,  aves  de  corral  y  de  lujo,  palomas  y  toda  clase 
de  perros,  gatos,  y  cuanto  concierne  á  la  apicul¬ 
tura,  sericicultura  y  las  industrias  campestres  en  su 
mayor  extensión.  Para  ello  organiza  una  Exposi¬ 
ción  en  que  se  instalen  las  muestras,  ferias  en  que 
se  vendan  ganados  y  productos,  y  concursos  y  pre¬ 
mios  para  las  diversas  labores  agrícolas;  todo  lo 
cual  se  detalla  en  los  programas.  Trátase  de  que 
los  labradores  puedan  dar  á  conocer  sus  respecti¬ 
vas  industrias,  tanto  para  ensanchar  su  mercado, 
como  para  mejorar  aquéllas  con  la  comparación 
de  otros  sistemas  de  cultivo,  explotación  rural  y 
cría  de  animales,  de  labor  ó  destinados  al  consumo, 
con  ejemplos  prácticos  y  conferencias.  Como  cree¬ 
mos  útil  para  toda  la  España  agrícola  ese  gran 
concurso  y  ese  gran  contacto  de  labradores,  nos 
complace  cooperar  con  nuestro  anuncio  á  la  publi¬ 
cidad  de  esta  feria  colosal  y  exposición  de  nuevo 
género.  Los  que  gusten  saber  más  pormenores  se 
dirigirán  al  secretario  general  D.  Martín  Lorenzo 
Coria,  Palacio-Parque,  en  Barcelona,  y  director  de 
la  Revista  titulada  Feria- Concurso  Agrícola . 

• 

•  • 

La  Tercera  ración  de  artículos  del  Dr.  Thebus- 
sem  no  desmerece  de  las  anteriores,  y  con  eso 
queda  hecho  su  elogio.  Aunque  corresponde  el  tí¬ 
tulo  del  libro  á  los  otros,  todos  son  independien¬ 
tes,  como  los  artículos  ó  estudios  no  tienen  entre 
sí  más  relación  que  los  ideales  y  el  ingenio  del 
autor,  su  castiza  prosa,  y  su  crítica,  razonada  y 
siempre  culta:  no  es  el  Dr.  Thebussem  un  satírico, 
sino  un  carácter  festivo  que  se  burla  de  toda  ridi¬ 
culez,  razonando  sus  ataques  y  probando  lo  que 
sostiene.  A  pesar  de  ser  su  nombre  anagrama  de 
embuste,  rinde  siempre  culto  á  la  verdad,  como 
caballero  que  es,  y  en  sus  reparos  y  disentimien¬ 
tos  advierte  y  enseña,  sin  ofender  ni  molestar, 
como  quien,  guiado  por  recta  intención,  sólo  atien¬ 
de  á  mejorar,  no  á  miserables  pasioncillas  de  es¬ 
píritu  ruin  y  atrabiliario;  que  tipos  de  este  género 
no  faltan  en  las  letras,  porque  también  las  letras 
crían  chinches.  No  es  posible  sintetizar  lo  que 
contiene  el  volumen:  ya  discurre  acerca  de  los 
apellidos  castellanos;  ya  nos  da  amenas  noticias 
gastronómicas,  heráldicas,  bibliográficas  y  filatéli¬ 
cas;  ya  resuelve  consultas  de  todo  género,  porque 
al  Dr.  Thebussem  acuden  en  sus  dudas,  como  á 
una  agencia  de  curiosidades,  cuantos  necesitan 
informes  de  antiguallas  no  tratadas  en  los  libros 


y  relativas  á  nuestros  usos  populares,  cuestiones 
gramaticales,  precios  de  las  cosas  en  tiempos  re¬ 
motos,  y  otras  mil  diabluras,  que  resuelve  con 
textos  de  su  archivo  singular.  Ello  es  que,  saltando 
de  asunto  en  asunto  y  llevados  por  la  claridad  de 
su  estilo,  sus  cuentecillos  oportunos,  y  la  variedad 
y  amenidad  de  aquella  recopilación  de  artículos 
sustanciosos,  casi  siempre  humorísticos,  se  con¬ 
cluye  de  leer  el  abultado  tomo  sin  un  momento  de 
cansancio.  Como  que  nos  conduce  un  maestro  des¬ 
de  la  primera  á  la  última  página  del  libro. 


Que  D.  Ricardo  Gil  era  un  poeta  original  y  de 
hondos  sentimientos,  ya  todos  lo  sabíamos.  Pero 
¿habría  acertado  en  su  nuevo  tomo  de  poesías  La 
caja  de  música?  La  unanimidad  de  los  elogios  nos 
lo  hizo  dudar  hasta  que  leimos  el  libro,  j  Son  tan 
sospechosas  esas  explosiones  de  alabanzas  que, 
como  obedeciendo  á  una  consigna,  parecen  obede¬ 
cer  á  una  batuta  directora!.....  Pero  esta  vez,  á 
nuestro  juicio,  han  sido  justas:  diremos  más.  La 
caja  de  música  es  uno  de  esos  libros  que  sólo  se 
dan  á  luz  de  tarde  en  tarde:  es  un  hermoso  ramo 
de  flores  olorosas  que  recrean  la  vista  y  embalsa¬ 
man  el  alma:  siendo  todas  sus  páginas  delicadas  y 
poéticas,  no  hay  monotonía,  sino  riqueza  y  varie¬ 
dad:  por  cualquiera  parte  que  se  abra  el  libro.,  se 
encuentra  algo  bello;  y  tiene  otra  cualidad:  sus 
versos  conmueven  al  hombre  más  duro,  y  pueden 
ser  leídos  por  las  niñas. 


* 

•  • 

—  ¡Cuánto  pajarraco  jingo  ha  caído  sobre  la  Ha¬ 
bana!  Senadores,  corresponsales..— 

—  ¡Qué  pocos  habrían  de  quedar  si  se  disparase 
un  cañón! 


—  Sólo  con  el  fogonazo 
Vuela  toda  la  bandada. 

—  No  hace  falta  un  cañonazo: 
Basta  una  perdigonada. 


—  ¿Cree  usted  que  nos  declararán  la  guerra  esos 

yankees? 

— Tienen  cincuenta  millones  de  duros  dispo¬ 
nibles. 

— Tenían..... 

— ¿Cómo?  ¿Ya  los  habrán  gastado? 

— Con  unos  cuantos  cañones 
Las  cuentas  se  saldarán: 

En  buenas  manos  están 
Esos  cincuenta  millones. 


— ¿Conque  un  industrial  yankee  puso  una  perca- 
lina  que  imitaba  á  la  bandera  española  para  que 
el  público  la  pisara? 

Si  ese  caso  no  es  patraña, 

Pondría  el  hombre  un  pañuelo: 

Que  la  bandera  de  España 
Nunca  ha  estado  por  el  suelo. 


— Dicen  los  yankees  que  los  indios  han  pedido 
pelear  contra  nosotros. 

— ¡Qué  prisa  tienen  de  acudir  á  la  función!  No 
esperan  á  que  se  abra  el  despacho.  Esas  son  casta¬ 
ñas  de  Indias. 

— ¿Y  serán  de  los  que  arrancan  la  cabellera  al 
enemigo? 


—¡Qué  miedo !  Esto  va  de  veras: 
Ya  veo  en  la  Casa  Blanca 
Todas  nuestras  cabelleras. 

— A  mí  nadie  me  la  arranca 
Mientras  yo  tenga  tijeras. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


BELLAS  ARTES. 

La  Anunciación,  cuadro  de  Murillo.  —  Propósito  de  la  enmienda,  dibujo 
de  Alcázar. — Entre  dos  fuegos,  cuadro  de  Percy  Moran. 

En  nuestra  primera  página  reproducimos  el 
hermoso  cuadro  de  Murillo  que  se  conserva  en 
nuestro  Museo  del  Prado,  y  que  representa  el  su¬ 
blime  momento  en  que  el  arcángel  Gabriel  saluda 
en  su  morada  á  la  purísima  doncella  de  Nazareth, 
y  la  anuncia  en  nombre  del  Señor  el  cumpli¬ 
miento  del  divino  misterio  de  la  Encamación  del 
Hijo  de  Dios. 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Mabzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xi  —  167 


Aparece  la  poética  figura  de  la  Virgen  María 
arrodillada  ante  un  reclinatorio,  en  el  cual  se  ve 
nn  libro  abierto.  El  Arcángel,  con  la  rodilla  en 
tierra,  expone  á  la  elegida  su  embajada  señalando 
al  Espíritu  Santo,  que  está  en  lo  alto  en  forma  de 
paloma,  rodeado  de  ángeles  y  serafines. 

El  cuadro,  que  pertenece  al  segundo  estilo  del 
inmortal  Murillo,  en  el  cual  su  manera  de  pintar 
aparece  más  franca,  con  más  vivo  sentimiento  del 
natural,  más  calor  en  sus  tintas  y  más  transpa¬ 
rencia  en  las  sombras,  revela  al  pintor  idealista 
cristiano  que  con  tanto  acierto  interpretó  siempre 
la  poética  imagen  de  la  Madre  de  Dios. 

La  figura  de  la  Virgen,  llena  de  sencillez,  un¬ 
ción  y  humildad,  expresa  perfectamente  la  im¬ 
presión  de  su  alma  al  pronunciar  aquellas  subli¬ 
mes  frases:  HÉ  aquí  la  esclava  del  Señor. 
Hágase  en  mí  según  tu  palabra. 


El  dibujo  de  Alcázar  que  en  la  página  172  re¬ 
producimos  representa  una  de  las  artísticas  igle¬ 
sias  de  la  monumental  Salamanca,  y  las  dos  figu¬ 
ras  tan  delicadamente  dibujadas  expresan  muy 
bien  el  pensamiento  de  la  composición.  Acompa¬ 
sada  de  su  madre,  la  gentil  salmantina  se  acerca 
al  confesonario,  santiguándose  humildemente.  Si 
el  rostro  es  el  espejo  del  alma,  no  han  de  ser  gra¬ 
ves  las  culpas  de  que  la  muchacha  tiene  que  acu¬ 
sarse;  pero  á  su  edad  y  con  su  cara,  no  habrán  de 
faltarle  pegadillos  que  justifiquen  su  sincero  pro¬ 
pósito  de  la  enmienda. 


El  asunto  del  grabado  de  la  página  173  no  es 
tranquilo  como  el  anterior,  sino  muy  al  contrario. 
El  cuadro  de  Percy  Moran  nos  presenta  uno  de  los 
momentos  más  críticos  para  una  hermosa,  ase¬ 
diada  á  la  vez  por  dos  adoradores.  Entre  dos  fue¬ 
gos  se  encuentra  la  protagonista,  y  quizás  sufre 
en  tan  difícil  momento  V embarras  du  clioix .....  á 
menos  que  no  prefiera  á  los  dos,  ó  se  quede  sin 
ninguno.....  ¡que  se  dan  casos! 

•  • 

BARCELONA. 

Desembarco  de  soldados  heridos  y  en  Termos  procedentes  de  Filipi¬ 
nas.—  Inaucruración  de  la  tómbola  organizada  ¿  favor  de  los  damni¬ 
ficados  por  las  últimas  inundaciones. 

A  las  seis  y  media  de  la  mañana  del  día  17  del 
corriente  fondeó  en  el  puerto  de  Barcelona,  pro¬ 
cedente  de  Manila,  el  transatlántico  P.  de  Satrüs- 
teguiy  que,  una  vez  amarrado  en  el  muelle  de  la 
Capitanía,  recibió  la  visita  de  la  Sanidad  maríti¬ 
ma,  comenzando  luego  el  desembarco  del  pasaje, 
en  el  cual  figuraban  ochenta  y  tantos  soldados  en¬ 
fermos,  que  con  las  debidas  precauciones  fueron 
trasladados  en  vaporcitos-golondrinas  al  muelle 
de  la  Paz. 

En  Atarazanas  se  sirvieron  á  los  infelices  pas¬ 
tas,  caldo  y  vino. 

De  ellos  25  fueron  conducidos  al  Hospital  mili¬ 
tar,  23  al  Sanatorio  oficial  y  22  al  de  la  Cruz  Roja. 

Los  demás  fueron  conducidos  al  Depósito  de  U  l- 
tramar,  desde  donde  se  han  dirigido  á  sus  casas. 

La  mayoría  de  los  jefes  y  oficiales  que  regresa¬ 
ron  de  Filipinas  en  el  P.  de  Satrústegui  visitaron 
al  Sr.  Conde  de  Caspe,  quien  recibió  además  la 
visita  del  general  Castilla,  que  regresa  del  archi¬ 
piélago  algo  delicado  dp  salud. 

Además  de  los  muchos  jefes  y  oficiales,  funcio¬ 
narios  civiles  y  particulares  que  llegaron  en  el  P.  de 
Satrústeguiy  desembarcaron  54  sargentos  y  477  ca¬ 
bos  y  soldados. 

Véase  el  primer  grabado  de  la  página  108. 


El  domingo  13  del  corriente  se  efectuó  en  Bar¬ 
celona  la  inauguración  de  la  tómbola  organizada 
¡V  beneficio  de  los  perjudicados  por  las  últimas 
inundaciones. 

Nuestro  segundo  grabado  de  la  página  168  re¬ 
presenta  el  gran  salón  central  del  Palacio  de  Be¬ 
llas  Artes,  en  donde  se  hallaban  instalados,  for¬ 
mando  artística  pirámide,  los  3.500  objetos  de  la 
tómbola  y  casi  todos  de  verdadero  valor  ó  mérito 
artístico. 

Muy  desapacible  era  la  tarde;  pero,  á  pesar  de 
esto,  acudió  al  Palacio  de  Bellas  Artes  numerosa  y 
distinguida  concurrencia;  que  nada  pueden  las  in¬ 
clemencias  del  tiempo  contra  la  animosa  virtud  de 
la  caridad,  á  cuyos  estímulos  respondieron  las  au¬ 
toridades  eclesiásticas,  civiles  y  militares,  y  las 
bellas  y  elegantes  damas  que  en  la  ciudad  condal 
dan  brillantez  y  animación  á  toda  solemnidad,  y 
no  podían  faltar  al  más  grato  de  los  deberes  que 
tienen  las  almas  nobles:  el  de  socorrer  al  desva¬ 
lido. 

# 


FELICE  CAVALLOTTI, 
orador  y  literato  italiano. 

Publicamos  en  el  primer  grabado  de  la  pági¬ 
na  176  el  retrato  del  poeta,  periodista  y  orador 
italiano  Felice  Cavallotti,  muerto  el  6  del  actual 
en  Roma  en  un  duelo.  Nació  en  Milán  el  6  de  No¬ 
viembre  de  1842,  y  desde  su  infancia  reveláronse 
sus  ideales  y  sus  energías,  pues  á  los  doce  años  es¬ 
cribía  poesías  contra  los  austríacos,  y  á  los  dieci¬ 
siete  publicaba  su  libro  Germania  é  ltaliay  y  partía 
á  Sicilia  á  combatir  en  la  guerra.  Dedicado  después 
al  periodismo,  los  procesos  y  los  duelos  empeza¬ 
ron  para  él,  hasta  tal  punto  que  un  biógrafo  de  Ca¬ 
vallotti  dice  con  exactitud:  a  Su  vida  en  estos  años 
puede  epilogarse  así :  poesías,  prosa,  procesos  y 
duelos.» 

En  su  vida  política  figuró  como  radical  exaltado, 
y  su  primera  entrada  en  el  Parlamento  italiano 
fue  una  tempestad  con  motivo  del  juramento.  En 
la  Cámara  y  en  la  prensa  apenas  ha  cesado  desde 
entonces  de  hacer  una  enérgica  oposición. 

Obtuvo  triunfos  como  autor  dramático,  y  gozaba 
de  gran  reputación  como  poeta.  Hará  diez  años 
que  le  conocimos  en  Madrid,  cuando  una  expedi¬ 
ción  de  periodistas  italianos  vino  á  visitarnos,  y 
entonces  pudimos  apreciar  sus  altas  dotes  de  ora¬ 
dor  y  su  carácter  expansivo  y  entusiasta. 

Cuando  la  terrible  epidemia  colérica  de  1884, 
partió  á  Nápoies  con  la  expedición  de  voluntarios 
por  él  organizada,  y  aun  se  recuerdan  y  se  enalte¬ 
cen  las  pruebas  de  nobilísima  abnegación  y  cari¬ 
dad  que  dió  Cavallotti. 

De  una  discusión  en  la  prensa,  sostenida  con  el 
diputado  Conde  Macóla,  vino  á  originarse  su  33.° 
duelo,  que  le  fue  tan  funesto.  Desde  el  primer  asalto 
atacaba  Cavallotti  briosamente  y  Macóla  estaba  á 
la  defensiva,  suspendiéndose  el  combate  por  creer¬ 
se  que  el  primero  estaba  herido;  pero  no  resultó 
así,  y  continuó  el  duelo.  En  el  segundo  asalto  una 
estocada  tocó  la  camisa  de  Cavallotti  sin  llegar  á 
la  piel,  y  en  el  tercero,  tras  brevísimos  golpes,  se 
ordenó  un  nuevo  alto . 

— ¿Qué  pasa?  —  preguntó  entonces,  sin  darse 
cuenta  de  que  estaba  herido;  pero  en  el  acto  un 
chorro  de  sangre  salió  de  su  boca,  y  no  pudo  ar¬ 
ticular  más  palabras. 

La  punta  de  la  espada  de  Macóla  le  había  en¬ 
trado  por  la  boca  y  roto  la  carótida.  A  los  diez  mi¬ 
nutos  escasos  Cavallotti  había  muerto. 

Acompaña  á  estas  líneas  el  retrato  del  diputado 
conde  Ferruccio  Macóla,  que  nació  en  Campo  San 
Piero  (Padua)  el  17  de  Mayo  de  1861.  Estudió  la 
carrera  de  Marina;  pero  bien  pronto  se  dedicó  al 
periodismo,  y  fue  director  de  II  Secolo  XIX ,  de 
Genova.  Estuvo  en  el  Brasil  y  en  los  Estados  Uni¬ 
dos  estudiando  la  emigración,  y  su  libro  Europa 


Conde  Ferruccio  Macóla. 


olla  conquista  delV  America  latina  fue  muy  cele¬ 
brado. 

Estuvo  en  áfrica  como  corresponsal. 

Se  ha  batido  quince  veces  en  duelo,  y  en  el  pe¬ 
núltimo  fue  herido  en  la  cara  de  alguna  gravedad. 

Con  motivo  de  la  muerte  de  Felice  Cavallotti,  se 
agita  la  opinión  contra  el  duelo.  ¡No  hay  mal  que 
por  bien  no  venga!  ¿Cuándo  seguirán  las  naciones 
civilizadas  el  ejemplo  de  Inglaterra,  donde  un 


duelo  se  juzga  por  todo  el  mundo  un  anacronismo 
tan  bárbaro  como  el  llamado  juicio  de  Dios  de  la 
Edad  Media? 

O  * 

ESCUADRILLA  DE  CAZATORPEDEROS  Y  TORPEDEROS 
destinada  &  la  Isla  de  Cubo. 

En  la  página  169  publicamos  tres  grabados  re¬ 
ferentes  al  viaje  á  la  Isla  de  Cuba  de  la  escuadri¬ 
lla  de  cazatorpederos  y  torpederos.  Representa  el 
primero  uno  de  estos  barcos  dispuesto  para  la 
marcha,  y  el  último  un  cazatorpedero  en  disposi¬ 
ción  de  ataque.  El  centro  de  dicha  página  lo  ocupa 
un  grupo  del  jefe  y  comandantes  de  la  escuadri¬ 
lla.  La  manda  el  ilustre  marino  D.  Fernando  Vi- 
llaamil,  á  quien  otras  veces  hemos  dedicado  muy 
justos  elogios  y  á  quien  se  debió  la  adquisición 
del  Destructor y  uno  de  los  tipos  más  notables  de 
barcos  de  la  armada  española,  y  la  fragata  Nauti - 
lus%  escuela  de  guardias  marinas,  que  hizo  el  no¬ 
table  viaje  de  40.000  millas  alrededor  del  mundo. 
El  teniente  de  navio  de  primera  clase  D.  Fran¬ 
cisco  de  la  Rocba  manda  el  cazatorpedero  Terror , 
de  406  toneladas,  con  su  equipo  de  guerra  y  72 
tripulantes  para  el  mar;  los  de  igual  empleo,  don 
Pedro  Vázquez  y  D.  Diego  Carlier,  mandan,  res¬ 
pectivamente,  los  cazatorpederos  Plutóny  de.  450 
toneladas,  y  Furor ,  de  406,  con  el  mismo  equipo 
y  tripulación  que  el  anterior. 

Los  torpederos  los  mandan  los  tenientes  de  na¬ 
vio  siguientes:  D.  Claudio  Alvargonzález  el  Ázor% 
D.  Manuel  Somoza  el  Arietey  D.  Antonio  Rizo  el 
Rayo  y  todos  ellos  de  120  toneladas,  su  equipo  de 
guerra  y  26  tripulantes  para  el  mar. 

En  la  página  170  representa  nuestro  primer 
grabado  el  orden  de  marcha  en  que  van  los  cita¬ 
dos  barcos.  Este  orden  es  el  de  cuña:  va  delante 
el  transatlántico  Ciudad  de  Cádiz ;  siguen  el  Arie- 
tey  el  Azor  y  el  Terror  (parte  superior  del  dibujo), 
y  el  Rayo  y  el  Pintón  y  el  Furor  (parte  inferior). 

• 

•  « 

SRTA.  MARÍA  LUISA  GUERRA, 
eminente  concertista. 

Figura  el  retrato  de  la  notabilísima  pianista 
Luisa  Guerra  en  el  segundo  grabado  de  la  pᬠ
gina  170,  muy  pocos  días  después  de  su  brillan¬ 
tísimo  concierto  en  el  Ateneo  de  Madrid.  En  aque¬ 
lla  casa  donde  tantos  y  tan  notables  artistas  se 
han  hecho  aplaudir  justamente,  produce  Luisa 
Guerra  verdadero  fanatismo.  Apenas  puede  con¬ 
tener  la  gente  el  amplio  salón,  y  agólpanse  á  sus 
puertas  las  muchísimas  personas  que  acuden  á  es¬ 
cuchar  á  esa  pianista  incomparable.  Porque  no  es 
solamente  su  dominio  del  mecanismo,  ni  la  ex¬ 
presión,  ni  la  elegancia  de  su  ejecución  lo  que  en¬ 
tusiasma,  sino  aquella  su  manera  personalísima 
de  sentir  la  música  y  de  interpretarla,  por  tal 
modo  sugestiva,  que  produce  en  los  que  la  ven  y 
la  escuchan  verdadera  fascinación.  Su  presenta¬ 
ción  en  el  Ateneo  de  Madrid  es  para  todos  un 
acontecimiento,  y,  según  el  insustituible  Teodoro , 
va  siempre  precedido  de  una  revolución . 

• 

•  • 

D.  CELEDONIO  PRADO  Y  VILLAR, 
maestro  de  instrucción  primaria. 

El  retrato  que  en  la  página  175  publicamos  no 
es  de  victorioso  caudillo,  político  ilustre,  célebre 
artista  ni  prócer  opulento,  sino  de  un  modestísimo 
maestro  de  escuela. 

Don  Celedonio  Prado  y  Villar  nació  en  Estollo 
(provincia  de  Logroño)  en  30  de  Agosto  de  1828, 
y  habiendo  venido  á  Madrid  muy  joven  y  sin  re¬ 
cursos  para  emprender  una  costosa  carrera,  eligió 
la  modesta  de  maestro,  que  siguió  con  lucimiento, 
obteniendo  el  título  de  Normal  superior  y  elemen¬ 
tal.  Fundó  un  colegio  en  una  humilde  casa  de  la 
plaza  de  San  Ildefonso,  y  en  él  se  ha  consagrado  á 
la  penosa  tarea  de  la  enseñanza  durante  cuarenta 
y  tantos  años.  Allí  donde  comenzó  allí  sigue,  lo 
que  era  entonces  es  ahora ,  viendo  tranquilo  y  sa¬ 
tisfecho  á  los  niños  que  enseñó  á  leer  ocupar  en 
España  altas  posiciones  en  las  distintas  profesio¬ 
nes  á  que  se  dedicaron. 

Sus  discípulos  tuvieron  hace  poco  una  feliz  idea, 
que  realizaron  brillantemente  el  3  del  actual:  ofre¬ 
cer  un  banquete  á  su  antiguo  maestro,  al  que  con¬ 
currieron  los  que  en  tantos  años  recibieron  en  sus 
aulas  la  base  de  su  instrucción. 

Tuvimos  el  gusto  de  ser  invitados  á  tan  simpᬠ
tica  fiesta,  á  la  que  asistieron  catedráticos,  mili¬ 
tares,  periodistas,  diputados,  médicos,  actores, 
comerciantes,  literatos,  industriales.....  todos  dis¬ 
cípulos  del  Sr.  Prado. 

Terminado  el  banquete,  en  el  que  no  faltaron 
cariñosas  adhesiones  de  los  ausentes  y  entusiásti- 


Digitized  by 


Google 


168  —  n.°  xi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Mamo  1898 


míí&Sñi 


BARCELONA.  — DESEMBARCO  DESOLDADOS  HERIDOS  Y  ENFERMOS.  PROCEDENTES  DE  FILIPINAS,  VERIFICADO  EL  17  DEL  CORRIENTE. 

(De  fotografía  de  Juan  Furnells.) 


BARCELONA.  — PALACIO  DE  BELLAS  ARTES.  —  INAUGURACIÓN  DE  LA  «TOMBOLA»  ORGANIZADA  Á  FAVOR  DE  L03  DAMNIFICADOS 

POR  LAS  ÚLTIMAS  INUNDACIONES. 

(Dfl*uo  de  Fas»».)  Digitized  by  Google 


69 


TORPEDEROS  EN  VIAJE  PARA  LA  ISLA  DE  CUBA. 

(Dibujo  de  Caula.) 


D.  Francisco  Arderius, 

D.  Claudio  Alvargonzález,  D.  Manuel  Somoza,  ayudante  secretario  D.  Antonio  Rizo, 

comandante  del  torpedero  Azor.  comandante  del  torpedero  Arlete.  del  Jefe  de  la  escuadrilla.  comandante  del  torpedero  Rayo. 


D.  Francisco  de  la  Rocha,  D.  Fernando  Villaamil, 
comandante  del  cazatorpedero  Terror,  jefe  de  la  escuadrilla. 


D.  Pedro  Vázquez, 

comandante  del  cazatorpedero  Plulón, 


D.  Diego  Carlier, 

comandante  del  cazatorpedero  Furor. 


JEFE  Y  COMANDANTES  DE  LA  ESCUADRILLA  DE  CAZATORPEDEROS  Y  TORPEDEROS  DESTINADA  Á  LA  ISLA  DE  CUBA, 


(De  fotografía  d9  Reymundo  y  C.*) 


CAZATORPEDERO  DISPUESTO  PARA  ATACAR 
(Dibujo  do  Caula.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


170  —  n.°  xi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Marzo  1898 


eos  brindis  de  los  comensales,  se  trasladaron  dis¬ 
cípulos  y  maestro  á  la- escuela  donde  s sintieron 
chicos,  y  dieron  á  la  fiesta  digno  remate  con  la 
alegre  expansión  de  la  más  cariñosa  intimidad. 

Mientras  el  viejo  maestro  lloraba  como  un  niño 
ante  las  demostraciones  de  afecto  de  que  era  ob¬ 
jeto,  examinamos  aquella  escuela,  que,  según  los 


longitudinal,  en  cuatro  espaciosas  naves,  en  las 
que  hay  colocadas  250  mesas  y  veladores  para  el 
servicio  del  público. 

Dan  luz  y  ventilación  al  gran  salón  rasgados 
ventanales,  que  corresponden,  en  cada  una  de  sus 
líneas  longitudinales,  á  la  galería  de  pórticos  y  al 
jardín  del  mismo  café,  alumbrándose  por  la  no¬ 


ciones  de  habitabilidad,  cuanto  por  su  posición, 
pues  está  situado  en  el  punto  más  alto  de  la  capi¬ 
tal.  Tiene  capacidad  para  un  batallón  de  nove¬ 
cientas  plazas  con  toda  la  oficialidad ,  que  disfruta 
de  cómodos  pabellones. 

Las  fachadas  interiores  correspondientes  al 
patio  central  son  un  modelo  de  arquitectura  mili- 


ESCUADRILLA  DE  CAZATORPEDEROS  Y  TORPEDEROS  DESTINADA  Á  LA  ISLA  DE  CUBA. 
ORDEN  DE  MARCHA  DE  LA  ESCUADRILLA  CON  EL  TRANSATLÁNTICO  ((CIUDAD  DE  CÁDIZ». 

(Dibujo  de  Caula.) 


testigos  presenciales,  está  como  estaba  hace  cua¬ 
renta  años,  y  en  cuyos  muros  figuran,  entre  los 
cuadros  de  enseñanza ,  dos  grabados  del  Dos  de 
Mayo  de  1808  y  un  retrato  de  S.  M.  la  reina  doña 
Isabel  II,  que  revelan  la  constancia  de  Prado  lo 
mismo  en  la  enseñanza  que  en  sus  entusiasmos  y 
en  sus  respetos. 

Bueno  es  que  esta  constancia  del  maestro,  que 
no  ha  tenido  en  su  vida  otro  cargo  oficial  que 
el  de  vocal  de  unas  oposiciones,  se  conozca 
en  España  y  América,  y  bueno  también  que 
el  noble  Ministro  de  Fomento,  apasionado 
defensor  de  toda  honrada  causa,  no  lo  ig¬ 
nore. 


ZARAGOZA. 


Vista  parcial  del  principal  salón  del  cafó  de 
«Ambos  Mundos)». 


En  la  calle  de  la  Independencia,  de  Za¬ 
ragoza,  que  es  un  bellísimo  salón-paseo  que 
agrada  en  extremo  á  cuantos  visitan  la  ca¬ 
pital  aragonesa,  y  entre  los  modernos  y 
suntuosos  edificios  que  la  embellecen,  se  en¬ 
cuentra  el  que  se  conoce  con  el  nombre  de 
« Ambos  Mundos»,  propiedad  del  Banco  de 
Crédito  de  Zaragoza.  Este  edificio  se  com¬ 
pone  de  dos  grandes  casas,  pabellones  y  jar¬ 
dín,  que  forman  una  sola  manzana,  con  una 
prolongada  y  espaciosa  galería  pública,  de 
dieciocho  pórticos  de  fachada  al  salón-pa¬ 
seo,  además  de  las  dos  laterales  que  le  dan 
acceso. 

Cuando  se  levantó  este  edificio,  se  cons¬ 
truyó  de  planta  el  renombrado  cafó  que 
también  lleva  el  título  de  «Ambos  Mundos», 
cuyo  salón  principal  es  objeto  de  admiración 
general  por  su  extraordinaria  capacidad,  y 
muy  perfecta  y  bien  proporcionada  disposi¬ 
ción. 

Luego  que  el  Banco  local  adquirió  tan  im¬ 
portante  predio,  trató  de  dejar  asegurada, 
en  bien  de  Zaragoza,  la  próspera  subsisten¬ 
cia  de  un  establecimiento  que  le  hace  honor; 
y  no  pudiendo  el  Banco  atender  debidamen¬ 
te  á  su  administración,  por  estar  constante¬ 
mente  requerida  su  atención  por  asuntos  de 
índole  muy  diferente,  creó  y  fundó  bajo  sus 
auspicios,  y  con  importante  participación  en 
la  empresa,  una  Sociedad  por  acciones  que 
tuviese  por  exclusivo  objeto  la  explotación 
del  café,  fin  que  la  Sociedad  ha  desenvuelto  de 
modo  tan  satisfactorio,  que  mucho  antes  de  ter¬ 
minar  el  primer  período  social  ha  podido  devolver 
á  sus  accionistas  la  mitad  del  capital  desembol¬ 
sado,  quedándole  elementos  y  recursos  bastantes 
para  verificar  con  desahogo  los  fines  para  que  fué 
constituida. 

El  salón  principal  del  café  tiene  una  área  su¬ 
perficial  de  756  metros  cuadrados,  formando  un 
paralelogramo  regular  de  36  metros  de  longitud 
por  21  de  latitud,  y  una  elevación  uniforme  de  7 
metros;  27  columnas  dividen  el  salón,  en  sentido 


che  con  152  mecheros  que  prestan  mayor  luci¬ 
miento  á  la  riqueza  de  su  decorado. 

Además  del  reseñado  salón  principal,  reprodu¬ 
cido  en  nuestro  segundo  grabado  de  la  página  176, 
cuenta  este  cafó  con  tres  gabinetes  adyacentes,  un 
salón  de  actos,  ceremonias  y  fiestas,  y  otro  de  bi¬ 
llares,  con  las  correspondientes  y  adecuadas  de¬ 
pendencias  para  el  servicio  interior  del  estableci¬ 


Srta.  MARÍA  LUISA  GUERRA, 

EMINENTE  CONCERTISTA. 

(De  fotografía.) 


miento,  entre  las  que  merece  notarse  las  bodegas, 
que  por  las  extraordinarias  condiciones  de  ampli¬ 
tud,  buenas  luces  y  ventilación  llaman  la  atención 
de  cuantos  tienen  ocasión  de  visitarlas. 

# 

*  • 

PUERTO  RICO. 

Recalzo  del  cuartel  de  Baila já. 

El  cuartel  de  Ballajá,  construido  en  1855,  es  uno 
de  los  mejores  alojamientos  de  tropa  con  que 
cuenta  la  isla  de  Puerto  Rico,  tanto  por  sus  condi- 


POETAS  DESEQUILIBRADOS  <*>. 


II. 

Habiendo  entrado  en  mi  propósito  dar  ca¬ 
bida  en  este  ligero  estudio  á  un  poeta  épico, 
la  elección  del  mismo  no  me  fué  nada  fácil,  tanto 
porque  el  género  que  cultivan  semejantes  desequi¬ 
librados  requiere  estudios  que  no  todos  han  conse¬ 
guido  hacer,  como  porque  involuntariamente  se 
encaminaba  mi  pensamiento  á  dos  entidades,  res¬ 
petabilísima  la  una  por  sus  años,  su  dignidad  y 
hasta  por  los  cargos  que  desempeña  en  la  repúbli¬ 
ca  de  las  letras;  merecedora  la  otra  de  análogos 
respetos  por  la  ejemplar  laboriosidad  de  que  ha 
dado  muestras,  trasladando  á  verso  castellano  no 


(1)  Véase  el  número  anterior. 


tar,  por  lo  bien  combinadas  que  se  encuentran  la 
resistencia  con  la  ligereza.  De  estas  fachadas,  está 
representada  la  del  Este  en  el  primer  grabado  de 
la  página  177,  tomado,  como  los  siguientes,  de 
fotografías  del  distinguido  aficionado  D.  Ramón 
García. 

Los  temblores  de  tierra  del  año  1867,  que  tantos 
estragos  causaron  en  la  isla,  resintieron  los  ci¬ 
mientos  de  toda  la  parte  Oeste,  y,  como  con¬ 
secuencia,  los  muros  que  sobre  ellos  descan¬ 
saban,  abriéndose  grandes  grietas,  cuyo  mo¬ 
vimiento  ha  seguido  desde  aquella  época 
hasta  la  fecha,  en  que,  vista  la  imposibilidad 
de  detenerlo,  decidióse  atacar  el  mal  de  raíz 
construyendo  nuevos  cimientos  sin  destruir 
los  muros  existentes,  yendo  á  buscar  el  te¬ 
rreno  firme,  constituido  por  un  banco  de  pie¬ 
dra,  antigua  cantera  explotada. 

Fue  estudiado  y  redactado  el  proyecto  de 
recalzo  de  los  muros  por  el  ilustrado  teniente 
coronel  de  Ingenieros  D.  Rafael  Aguirre,  so¬ 
bre  la  base  de  sostener  aquéllos  en  arcos  de 
ladrillo  y  pilas  de  hormigón  hidráulico  asen¬ 
tadas  en  el  banco  de  piedra.  Se  encomendó 
la  ejecución  de  los  trabajos  al  comandante 
del  mismo  Cuerpo  D.  Rafael  Rávena,  y  ac¬ 
tualmente  se  hallan  cimentados  en  firme 
dos  de  los  tres  muros  que  hay  que  recalzar. 

El  segundo  grabado  de  la  página  citada  se 
refiere  al  apeo  del  piso  de  la  galería  princi¬ 
pal,  y  en  el  tercero  de  la  misma  página,  así 
como  en  el  de  la  180,  se  ven  las  muchas  grie¬ 
tas  existentes  en  la  parte  resentida. 

Otra  obra  análoga  fué  ejecutada  en  el  edi¬ 
ficio  de  los  Consejos  de  esta  corte  por  el  mis¬ 
mo  Cuerpo  de  Ingenieros,  con  éxito  tan  feliz 
como  el  que  hasta  ahora  se  ha  obtenido  en 
la  del  cuartel  de  Ballajá,  y  ambas  obras  con¬ 
firman  el  reconocido  mérito  del  Cuerpo  de 
Ingenieros  militares,  y,  en  particular,  de  los 
encargados  especialmente  de  su  estudio  y 
realización. 


Carlos  Luis  de  Cuenca. 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Mabzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N  .•  XI  —  171 


sólo  los  poemas  extranjeros  más  notables,  sino 
poniendo  mano  en  el  Pentateuco  y  haciendo  de  él, 
no  yp  una,  sino  dos  traducciones  poéticas  diferen¬ 
tes.  Con  semejantes  eliminaciones,  fáciles  de  com- 

{irender ,  reclama  desde  luego,  por  derecho  propio, 
a  preferencia  en  estos  párrafos  el  antiguo  notario 
de  Avilés  D.  José  Alonso  Buján,  fallecido  en  22  de 
Febrero  de  1888,  de  sólida  y  bien  ganada  reputa¬ 
ción  profesional,  y  que  contribuyó  al  brillo  de  las 
letras  patrias  con  el  poema  Píramo  y  Tisbe,  y  el 
Altercado  entre  Ayax  y  Ulises  sobre  las  armas  de 
Aquiles ,  traducido  y  puesto  en  verso  del  latín,  del 
libro  de  las  Metamorfosis  de  Ovidio,  en  ciento 
veintiuna  octavas,  de  las  cuales  copiaré  como 
muestra  las  tres  salteadas  que  siguen: 

T  los  jefes  que  de  jueces  hacían, 
de  sus  asientos  se  posesionaron, 
cuando  ya  los  soldados  circuían 
el  rallado  de  estaca  que  formaron; 
y,  cuando  apenas  sentádose  habían 
ya  en  la  ralla  al  fuerte  Ayax  observaron 
mirar  la  playa  sigueya  y  armada 
con  faz  adusta,  de  ira  impacientada. 


Soy  á  la  madre  de  Efigenia  enriado 
también,  que  no  pudo  ser  persuadida 
á  la  exhortación ,  por  lo  que  apelado 
hé  á  la  astucia  que  salió  fallida; 
puesto  que  conseguí  haberla  engañado: 
comisión  que  si  de  Ayax  emprendida 
fuerA,  del  viento  á  la  escuadra  propicio 
de  cierto  al  presente  no  habría  indicio. 


Antes  de  la  sangre  del  desdichado 
niño  lacedemón,  de  Apolo  herido 
mortalmente  de  un  modo  inopinado, 
letras  comunes  al  niño  querido 
de  Apolo,  y  á  este  varón  enojado 
escritas  en  medio  sus  hojas  sido 
han:  la  una  de  este  niño  el  nombre  indica, 
la  otra  del  varón  la  queja  predica. 

Conocido,  por  la  leve  muestra  que  antecede,  el 
carácter  de  la  producción  literaria  de  Alonso  Bu¬ 
ján,  no  es  de  extrañar  que  la  prensa  se  apoderase 
del  Altercado  para  hacer  resaltar  sus  gallardías  y 
bellezas,  y  que  se  proyectasen  para  el  autor  toda 
clase  de  ovaciones,  y  se  le  consagraran  juicios 
como  el  de  un  autor  anónimo  de  la  capital  astu¬ 
riana,  que  decía: 

«.—.No  tenemos  inconveniente  en  asegurar  que 
P tramo  y  el  Altercado  son  las  mismas  obras  lite¬ 
rarias  que  tienen  la  originalidad  de  parecerse  á 
un  inmenso  depósito  de  medidas:  en  el  Altercado 
hay  versos  de  á  cuarta,  no  escaseando  los  de  á 
metro,  y  abundan  los  de  vara  de  Burgos :  algunos 
hay  (los  menos)  que  tienen  justamente  el  kilóme¬ 
tro.  Un  chico  muy  aprovechado  de  este  seminario, 
y  conocedor  de  toda  clase  de  medidas,  ha  hecho 
un  cálculo  muy  curioso  al  leer  los  primeros  versos 
del  Altercado:  midió  la  distancia  que  separa  á  esa 
bonita  villa  de  Leganés,  y  demostró  que  con  los 
tres  primeros  versos  de  la  segunda  octava  se  anda 
el  camino  y  aun  sobran  treinta  y  dos  sílabas.  Pero 
estos  cálculos,  hechos  por  mera  curiosidad,  en 
nada  aminoran  el  mérito  de  la  última  producción 
del  Sr.  Buján.....:» 

Alonso  Buján  salió  á  la  defensa  de  su  trabajo, 
originándose  con  tal  motivo  numerosas  polémicas, 
de  las  que  un  admirador  le  recomendaba  se  apar¬ 
tase,  en  una  oda  que  tengo  á  la  vista,  y  de  la  cual 
copiaré  los  siguientes  versos,  en  los  que  hábil¬ 
mente  se  imitaba  al  notario-poeta: 

Sigue  el  camino  que  las  musas 
trazádote  en  tu  destino  te  han, 
y  desprecia  las  confusas 
querellosas  voces  que  te  dan 
los  que  traducir  no  pueden, 
y  que  jamás  podrán, 
al  sublime  Ovidio  latino 
Nason,  que  yace  en  la  mansión  de  los  que  han 
sido..  Vive  tranquilo  en  tu  conciencia, 
que  la  ingrata  posteridad 
reconocerá  tu  original  estilo 
y  que  la  modesta  cristiandad 
no  podrá  echar  en  el  olvido 
•  la  ciencia  naciente  de  espiritualidad 
que  tú  profesas,  y  que  te  indujo 
á  tener  espiritual  conformidad 
en  los  momentos  en  que  el  influjo 
de  críticos  sarcásticos  criticado  te  han 
sólo  por  la  asquerosa  envidia 
que  tienen  á  J.  Alonso  Bqján. 

Y  básta  de  poetas  épicos,  ya  que  respetables 
consideraciones  me  han  obligado  á  guardar  silen¬ 
cio  respecto  á  otros  que  pudieran  con  buen  dere¬ 
cho  disputar  al  notario  asturiano  la  primacía  en 
este  trabajo  conmemorativo. 

III. 

No  sin  ciertas  vacilaciones  previas,  me  he  deci¬ 
dido  por  el  lírico  González  Estrada  en  este  estu¬ 
dio.  Tanto  es  el  número  de  los  desequilibrados 
por  el  amor  á  la  poesía,  entre  los  cuales,  acaso, 
acaso,  reclamaría  número  muy  preferente,  amén 


de  algunos  centenares  que  omito,  El  Indiano  de 
Bendejo  (1). 

Sin  embargo,  la  personalidad  de  González  Es¬ 
trada  es  mucho  más  saliente,  porque  el  cordonero 
madrileño  fué  un  verdadero  revolucionario  y  un 
jefe  de  escuela  cuya  doctrina  fundamental,  infini¬ 
tas  veces  repetida  por  él,  consistía  en  que:  «todo 
lo  que  no  sea  escribir  en  acróstico,  es  verso  común 
que  sólo  se  escribe  para  personas  vulgares» ,  y  en 
asegurar  que.....  «los  presuntos  poetas  del  día  han 
degollado  la  poesía». 

González  Estrada  hacía  imprimir  sus  versos  en 
hojas  sueltas,  aprovechando  á  la  vez  las  cenefas, 
marmosetes  y  servicio  de  fundición  que  existían 
en  las  imprentas;  no  formaba  pliegos,  y  mucho 
menos  volúmenes,  y  acaso  no  existiría  hoy  una 
colección  de  aquellas  admirables  muestras  de  no 
haber  sido  reunidas,  ignoro  por  quién,  bajo  una 
portada  manuscrita  que  dice  :  POESÍAS  de  D.  José 
González  Estrada  con  motivo  de  la  guerra  de  Ma- 
rruecos .  Madrid ,  1860.  (Biblioteca  Nacional.) 

Yo  no  discutiré  si  lo  de  Poesías  está  bien  apli¬ 
cado  ó  no;  pero  habré  de  decir,  rindiendo  culto  á 
la  verdad,  que  lo  de  la  guerra  de  Marruecos  no  es 
completamente  exacto,  pues  nada  tienen  que  ver 
con  ella  la  mayoría  de  las  composiciones  que  en- 
*  cierra  el  volumen,  dedicadas  á  un  elefante,  á  es¬ 
cenas  de  la  vida  ordinaria,  á  recuerdos  patrióticos 
y  progresistas,  tauromáquicos  y  musicales,  y  aun 
asuntos  de  carácter  pornográfico  y  naturalista, 
aunque  éstos  son  pocos.  También  son  muchas  las 
polémicas  literarias  —  de  algún  modo  han  de  lla¬ 
marse, — para  muestra  de  las  cuales  copio  el  final 
de  la  dedicada  «á  los  presuntos  literatos  del  día 
capsulistas  del  arca  inagotable  de  nuestros  respe¬ 
tables  autores» : 

oopleros  y  los  más  romancistas 
obras  para  reumáticos  dolores 
galiciosos  y  de  mal  género 
O  duros  mulos  incongruentes 
píricos  simulados  pestilentes 
>n8Í0808  de  glorias  y  dinero 
cabéis  lo  que  digo  papelones 
2o  escribís  ningún  acróstico 
Olvidáis  el  mérito  lógico 
n&8i  todos  sois  ramplones 
Eabilones;  lo  más  elegante 
Ws  el  escribir  con  gran  novedad 
coaber  imitar  la  grandiosidad 
Mérito  y  lira  de  Cervantes 
>pologistas  de  vosotros  mismos 
ruz  oscura  de  confabulados 
>plaudidos  de  comisionados 
satanás  os  llevo  á  los  abismos. 

Véase  también  el  siguiente  fragmento  de  la 
«contestación  á  un  vate  muy  preciado,  escritor 
rutinario,  autor  dramático,  ramplón  como  son  casi 
todos  los  del  día,  y  retocador  de  brocha  gorda»: 


>migo  pinta  tus  orejas  de  burro 
Sira  deja  en  paz  á  tus  parientes 
O  es  tal  vez  objeto  futuro 
Retratista  de  brochas  pestilentes 
W  de  verte  con  el  tiempo  te  juro 
Cftalir  á  Zaragoza  con  los  dementes. 

De  las  composiciones  consagradas  al  ejército, 
baste  reproducir  la  que  sigue: 

El  ejército  de  España 
usares  y  coraceros 
cazadores  y  artilleros 
repartid  bien  la  metralla. 

Unión  valientes  españoles 
entusiastas  aguerridos 
mueran  los  caires  enemigos 
y  triunfen  nuestros  pendones. 

González  Estrada  fué  entusiasta  de  la  Real  fa¬ 
milia  española;  tan  entusiasta,  que  en  una  de  sus 
prodigiosas  combinaciones  llega  á  decir  que  Aris¬ 
tóteles,  Job,  Escalígero,  Cervantes,  los  Argenso- 
las  y  otras  eminencias  de  todos  los  tiempos  y  to¬ 
das  las  naciones  «elogiaron  á  Carlos  IV,  rey  de 
España  y  emperador  de  las  Indias». 

A  la  reina  Isabel  consagró  numerosas  poesías, 
leyéndose  en  una  de  ellas: 

Ilustre  sobera. . .  \ 

superior  fi...  f 

útil  y  heroí. . .  »na 

ilustrada  con  fortu...i 
joven  bailan. . .  ) 

La  composición  que  sigue  imita  en  su  forma  á 
la  viscera  que  su  título  indica: 


(1)  Don  Manuel  Pérez  de  la  Vega,  conocido  por  El  Indiano 
de  Bendejo,  había  colocado  en  su  casa  la  siguiente  inscripción: 

Don  Manuel  Pérez  de  la  Vega 
de  las  cuatro  partes  del  mundo  llega 
diciendo  á  todos  desde  Bendejo  su  lugar 
que  las  anduvo  por  tierra  y  por  mar. 

Jesús,  José  y  María,  . 

dirá  al  leer  esto  alguna  tía.  1 

Esto  sí  que  es  buena  poesía, 
tan  buena  como  la  luz  del  dial 


EL  CORAZÓN. 

De  la  más  alta  nobleza 
es  Isabel  nuestra  soberana 
real  título  de  grandeza; 
de  la  ilustre  España 
es  primera  cabeza 
nadie  lo  extraña 
con  gran  lindeza 
es  buena  maña 
reina  de 
fine 
za 

Al  Príncipe  de  Asturias  en  1859,  después  Al¬ 
fonso  XII,  le  consagró  la  siguiente  composición: 

>ngelical  Príncipe  de  Asturias 
faurel  majestuoso  de  grandeza 
floreciente  bástago  de  fineza 
Obsequio  prodigioso  de  hermosura, 

2ació  para  monarca  de  las  Españas 
Soberano  providencial  luminoso 
Objeto  y  lustre  y  muy  gracioso 
Oibertido  feliz  con  buenas  mañas 
Obediencia  todos  debemos  prestar 
Oomo  ángel  de  ventura  obstentar 
fste  será  el  rey  de  las  azañas. 

Y  creándose  dificultades  sobre  dificultades,  le 
dedicó  un  soneto,  que  él  tituló  pentacrústico  impe¬ 
rial,  y  de  cuya  factura,  ya  que  omito  la  letra  por 
su  escaso  interés,  da  claro  testimonio  el  cuadro 
que  sigue: 


Pero  á  González  Estrada  no  bastaban  los  éxitos 
logrados  por  sus  poesías,  á  causa  del  número  siem¬ 
pre  corto  de  los  lectores.  Aspiró  á  mucho  más: 
quiso  que  la  poesía  laberíntico-pentacróstica  tu¬ 
viese  representación  propia  en  la  prensa,  y  á  este 
fin  creó  en  1864  El  Pistón ,  periódico  que  llegó  á 
tener  fabulosas  tiradas,  pero  que  hoy  no  se  en¬ 
cuentra  en  ninguna  de  nuestras  bibliotecas  pú¬ 
blicas.  Es  seguro  que  muchos  buenos  aficionados 
conservarán  como  oro  en  paño  la  edición;  pero 
indudable  también  que  antes  de  dejársela  arrancar 
preferirán  que  les  arranquen  la  vida.  En  dicho 
periódico,  que  se  publicaba  sin  día  fijo  y  sin  fecha 
en  algunos  de  sus  números,  veíase  la  siguiente 
cabeza: 

EX.  pistón. 

PERIÓDICO  DE  CHISTES  Y  RISAS, 

LITERATURA  DE  CHARADAS,  CUENTOS,  BURLAS, 
EMBUSTES  DE  BUEN  GÉNERO,  OVILLEJOS,  ENIGMAS, 
EPIGRAMAS  Y  SÁTIRAS. 

Y  junto  al  título  pistonudo  los  siguientes  la¬ 
dillos: 


Lira  y  aprieto 
de  sonsonete, 
con  clarinete, 
en  desconcierto. 


La  poesía 
de  El  Pistón 
y  acordeón 
con  armonía. 


En  el  texto  abundaban,  respondiendo  á  la  indi¬ 
cación  del  título,  ovillejos  al  natural  é  invertidos, 
cruces,  copas,  pentacrósticos  cruzados,  diagona¬ 
les,  triples,  de  caracolillo,  ojivales  y  parabólicos. 
Se  combatía  siempre  á  Ferrer  del  Río,  y  algunas 
veces  á  Hartzenbusch;  se  echaba  por  los  suelos  á 
los  catedráticos  de  retórica  vigentes;  se  saludaba  al 
autor  del  Quijote ,  llamándole  ilustre  poeta  conso¬ 
nante . 

Su  influjo  fué  tan  portentoso,  que  no  hubo  afi¬ 
nado  que  no  se  contagiase  con  el  género.  En  ter¬ 
tulias  y  cafés,  en  academias  y  teatros,  las  perso¬ 
nas  de  buen  humor  trataban  de  emular  las  glorias 
de  Estrada ,  y  se  contaron  por  arrobas  las  compo¬ 
siciones  que  se  le  remitieron.  El  animaba  á  unos, 
desengañaba  á  otros,  repetía  una  v  cien  veces  que 
no  tenía  espacio  para  complacer  a  todos,  y  que  la 
tipografía  no  se  prestaba  á  reproducir  composi¬ 
ciones  en  forma  de  jarrones  pompeyanos  ó  de 
bailarinas  andaluzas.  ¡Quién  sabe  si  muchas  ver¬ 
daderas  celebridades  de  hoy  no  tendrán  que  acu¬ 
sarse  de  haber  fomentado  en  1864  la  pacífica  é 


Digitized  by  ^.ooQie 


BELLAS  ARTES. 


PROPÓSITO  DE  LA  ENMIENDA, 

DIBUJO  DE  ALCÁZAR. 


Digitized  by  LjOOQie 


BELLAS  ARTES. 


Digitized  by  ^.ooQie 


ENTRE  DOS  FUEGOS 


174  —  n.*  xi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Marzo  1898 


inofensiva  monomanía  del  cordonero!  El  perió¬ 
dico  murió  á  los  veinticuatro  números,  si  mis  in¬ 
formes  no  mienten,  y  Estrada,  pocos  años  después, 
consecuente  en  sus  literarias  aficiones,  llevaba  á 
todas  las  empresas  teatrales  una  comedia  titulada 
El  Charivari ,  que  no  llegó  á  representarse,  y  en 
la  cual,  al  describir  la  escena,  decía:  Una  mesa  en 
'primer  término  con  tapete  verde ,  y  alrededor  varias 
personas  decentes .  Acaso ,  de  no  haber  sido  las  em¬ 
presas  refractarias  al  género,  hubiéramos  tenido 
en  Madrid  un  éxito  no  menos  ruidoso  que  el  al¬ 
canzado  por  Pascual  y  Torres  en  Málaga  con  su 
obra  ¡A  la  mar! 

De  todas  maneras,  la  celebridad  de  José  Gon¬ 
zález  Estrada  excedió  á  la  de  sus  congéneres  y  á 
la  que  disfrutó  en  los  comienzos  del  siglo  el  som¬ 
brerero  Abrial,  y  se  explica  perfectamente:  Abrial 
fué  el  poeta  del  absolutismo,  y  Estrada,  á  pesar  de 
su  fervor  dinástico,  lo  fué  de  la  libertad.  Al  morir 
en  Febrero  de  1883,  decía  el  autor  de  estos  párra¬ 
fos  en  un  artículo  necrológico: 

«Pero,  si  Estrada  ha  muerto,  discípulos  deja  en 
el  mundo  de  las  letras  que  prosigan  y  perpetúen 
la  escuela.  Cierto  que  no  harán  pentacrósticos  de 
cruz  de  Malta,  ni  parábolas  métricas,  ni  combina¬ 
ciones  extravagantes  en  la  forma;  pero,  en  cambio, 
las  harán  en  los  pensamientos,  y  sabido  es  que  en 
tan  peligrosa  gimnasia  intelectual  sólo  consiguen 
hacerse  bien  unas  cuantas  planchas.  En  aquél  se 
creía  advertir  una  perturbación  mental;  en  éstos, 
que  se  reputan  cuerdos,  la  locura  toma  caracteres 
más  alarmantes  para  el  buen  gusto,  que  paga  en 
último  término  los  atropellos  de  la  poesía  penta- 
cróstica  y  de  la  prosa  retorcida  y  pretenciosa  de 
algunos  escritores  modernos.» 

M.  Ossorio  Y  Bernard. 


SOBRE  LA  PRIMERA  REPRESENTACION 

DB 

«EL  PADRE  JUANICO, 

DRAMA  EN  TRES  ACTOS  DE  D.  ÁNGEL  GUIMERÁ. 


1 110  *rascen^ese  nunca  á  la  vida  polí- 
tica  de  la  nación  española,  y  si  nunca 
produjese  el 
unión  entre  1< 


española,  y  i 
menor  conato  de  des- 

.  .  _ _ los  hombres  que  la  cons- 

tituyen,  para  mí  sería  considerado 
„  ^  como  un  bien  y  no  como  un  mal,  y  como 
)  muestra  de  exuberancia  y  rica  variedad 
de  nuestro  ingenio,  el  que  poseyéramos  dos 
ó  tres  lenguas  literarias,  con  sus  literaturas 
respectivas,  y  no  una  sola  lengua  y  una  lite¬ 
ratura  sola.  Para  mí,  pues,  desechando  el  temor 
que  indico  y  que  á  veces  me  asalta,  no  es  de  la¬ 
mentar,  sino  es  muy  de  celebrar,  que  la  lengua 
catalana  haya  vuelto  á  florecer  espléndidamente 
en  nuestro  siglo,  y  haya  dado  frutos  tan  abundan¬ 
tes  y  sazonados  en  la  poesía  lírica  y  épica,  y  en 
las  novelas  y  dramas  de  Mosén  Jacinto  Yerdaguer, 
de  Víctor  Balaguer,  de  Narciso  Oller,  de  Angel 
Guimerá  y  de  muchos  otros  autores. 

Toda  obra  de  mérito  escrita  recientemente  en 
lengua  catalana  ha  sido  ó  puede  ser  traducida  en 
castellano.  Así  la  conoceremos  bien  todos  los  es¬ 
pañoles  y  gustaremos  de  ella;  pero  ya  siga  la  obra 
sólo  en  catalán,  ya  se  traduzca  en  el  lenguaje  de 
Castilla,  siempre  formará  parte  de  la  literatura 
española,  y  podrá  contarse  como  gloria  nacional 
de  España  mientras  no  se  rompa  el  lazo  que  nos 
une  y  la  nación  persista  sin  desbaratarse  y  morir, 
lo  que  no  permita  jamás  el  cielo.  Unidos  catala¬ 
nes,  aragoneses  y  castellanos  hemos  incurrido  en 
no  pocas  faltas,  hemos  padecido  multitud  de  infor¬ 
tunios,  y  tal  vez  á  causa  del  rápido  aumento  en 
cultura,  fuerza  productiva ,  inventos  y  recursos  de 
otros  pueblos,  hemos  quedado  á  la  zaga  de  algunos 
de  ellos,  resultando  del  atraso  cierta  relativa  y 
y  lastimosa  decadencia.  Pero  también  nuestro 
predominio  en  el  mundo,  nuestra  hegemonía  en 
Europa  y  las  cosas  más  altas  que  España  ha  he¬ 
cho,  las  ha  hecho  cuando  ya  todos  los  españo¬ 
les  estábamos  unidos.  De  aquí  infiero  yo  que  si 
hubiera  alguna  causa  para  que  una  porción  de 
los  españoles  culpase  á  la  otra  de  los  males  que 
hoy  padecemos,  la  misma  causa  podría  haber  para 
que  una  porción  se  atribuyese  todas  las  glorias, 
todas  las  hazañas ,  todas  las  conquistas  y  todo  el 
mérito.  Lo  razonable,  por  consiguiente,  es  tener 
por  seguro  que ,  así  en  la  habilidad  como  en  la  tor¬ 
peza,  en  los  aciertos  como  en  los  errores,  en  el 
desfallecimiento  como  en  los  bríos,  somos  por 
igual  responsables,  y  debemos  repartirnos  tam¬ 
bién  por  igual  el  vituperio  y  la  alabanza. 

Prescindiendo  de  las  anteriores  consideraciones, 


yo  he  de  confesar,  aunque  castellano,  que  el  es¬ 
mero  con  que  hoy  se  cultiva  el  idioma  de  Cata¬ 
luña  tiene  cierta  ventaja  <^ue  tal  vez  logre  yo  ex¬ 
plicar  valiéndome  de  un  símil.  Un  campo,  por  fér¬ 
til  que  sea  y  por  muy  cuidado  y  cultivado  que  esté, 
puede  esterilizarse  si  á  menudo  se  siembra  ó  se 
planta  y  se  sacan  de  él  muchas  cosechas,  mientras 
que,  si  se  le  deja  reposar  y  en  barbecho  durante 
largo  período,  su  fertilidad  renace,  y  cuando  se 
cultiva  de  nuevo,  aquello  que  produce  tiene  más 
jugo  y  sustancia,  y  tiene  además  un  no  sé  qué  de 
primitiva  originalidad  y  pureza  de  que  carece  el 
producto  de  lo  que  continuamente  y  sin  descan¬ 
sar  un  momento  ha  estado  beneficiándose.  Du¬ 
rante  más  de  tres  siglos  apenas  han  escrito  en 
catalán  los  más  fervorosos  catalanes.  En  cambio 
catalanes  y  castellanos  han  escrito  en  la  lengua 
de  Castilla,  y  usando  esta  lengua  han  incurrido  en 
maneras  viciosas,  en  prosaísmos,  culteranismos, 
lirismos  falsos,  sentimentalismos  tontos  y  extran¬ 
jerismos  de  toda  laya,  de  que  la  lengua  catalana 
ha  acertado  á  libertarse  porque  estaba  como  dor¬ 
mida.  Ha  sido  esta  lengua  como  la  encantada  prin¬ 
cesa  de  los  cuentos  fantásticos,  que,  al  despertar 
de  un  sueño  de  tres  ó  cuatro  siglos,  se  halla  tan 
joven,  tan  lozana  y  tan  pura  y  limpia  de  toda  con¬ 
tagiosa  y  fea  convivencia  como  en  el  día  en  que 
empezó  su  sueño  secular  en  apartado  retiro. 

No  afirmo  yo  que  así  sea,  sino  que  así  debe  ser. 
El  escritor  catalán,  al  hacer  que  resucite  su  lengua 
escrita  ó  literaria,  la  aprende  y  la  toma  de  dos 
fuentes:  de  los  antiguos  prosistas  y  poetas  de  los 
siglos  XIII,  XIV  y  XV,  y  de  los  candorosos  labios 
del  vulgo.  De  ambas  fuentes  deben  manar  las  pa¬ 
labras  y  las  frases  como  onda  cristalina  sin  mezcla 
de  elementos  extraños  que  la  enturbien;  con  el  de¬ 
licado  y  embriagador  aroma  de  un  vino  añejo  y 
generoso  conservado  por  largo  tiempo  en  vaso  se¬ 
llado,  á  par  que  con  el  sabor  campesino  y  con  la 
sencilla  candidez  que  persisten  ó  que  se  supone 
que  persisten  entre  los  habitadores  de  las  peque¬ 
ñas  aldeas,  de  las  montañas  y  de  otros  lugares  es¬ 
quivos.  Es  evidente,  sin  embargo,  que  el  poeta  que 
escribe  de  esta  suerte  en  lengua  catalana  se  ha 
criado  y  se  ha  educado  en  nuestro  siglo,  leyendo 
no  poco  en  castellano,  en  francés,  en  inglés  y  en 
otros  idiomas,  ó  impregnando  y  nutriendo  su  es¬ 
píritu  con  los  refinamientos,  sutilezas,  dudas  y 
enmarañados  conceptos  de  nuestros  días,  de  todo 
lo  cual  no  es  fácil  que  se  despoje.  Por  esto  recelo 
yo  mucho  que  el  escritor  catalán  de  ahora  ha  de 
introducir  en  lo  quer  escribe,  consciente  ó  incons¬ 
cientemente,  enorme  multitud,  si  no  de  palabras, 
de  frases  y  de  giros  que  ni  emplean  ni  entienden 
sus  compatriotas  rústicos  de  nuestra  edad,  y  que 
no  emplearían  ni  entenderían  tampoco  los  anti¬ 
guos  escritores  clásicos  catalanes  si  resucitaran. 
En  suma,  yo  sospecho,  no  experimentalmente, 
sino  por  deducción,  que  en  la  actual  literatura  ca¬ 
talana  ha  de  haber  no  poco  de  sobrepuesto,  que 
sería  ininteligible  para  los  antiguos  escritores,  y 
que  si  el  vulgo  catalán  de  ahora  va  entendiendo 
ya,  es  porque  insensiblemente  modifica  y  trastor¬ 
na  su  lengua  creando  un  catalán  nuevo. 

En  el  drama  del  Sr.  Guimerá,  que  nos  sugiere 
las  anteriores  reflexiones,  se  incurre  menos  en 
esta  que  apenas  me  atrevo  á  calificar  de  falta:  en 
este  inofensivo  y  piadoso  embuste. 

Me  refiero  al  drama  titulado  El  Padre  Juanico , 
representado  por  primera  vez  en  el  teatro  Espa¬ 
ñol  de  Madrid  en  la  noche  del  18  de  Marzo.  Se¬ 
gún  mi  leal  saber  y  corto  entender,  sin  el  prurito 
presuntuoso  de  impugnar  las  opiniones  de  otros 
críticos  y  de  hacer  que  prevalezca  la  mía,  voy  á 
dar  aquí  cuenta  de  dicho  drama  y  á  exponer  el 
juicio  que  de  él  he  formado,  juicio  muy  en  conso¬ 
nancia,  por  fortuna,  con  el  del  público,  que  reci¬ 
bió  el  drama  dándole  extraordinarias  muestras 
de  aprobación  y  repetidos  y  estrepitosos  aplausos, 
llamando  al  autor  á  la  escena  y  concediéndole  to¬ 
dos  los  honores  de  un  verdadero  triunfo.  Los  per¬ 
sonajes  de  dicho  drama  son  rústicos  aldeanos, 
más  inocentes  acaso  en  su  mayoría  de  lo  que,  á  no 
dudarlo,  serán  en  realidad  los  aldeanos  de  ahora 
en  el  país  de  nuestro  poeta.  Como  no  filosofan,  ni 
politiquean,  ni  discurren  sobre  quintas  esencias  y 
tiquis  miquis,  conservan  el  candor,  la  sencillez  y 
la  pureza  castiza  de  la  lengua,  á  lo  cual  contribuye 
no  poco  el  estar  en  prosa  el  drama,  salvándose  así 
el  escollo  de  la  amanerada  dicción  poética  que 
hace  á  menudo  que  los  personajes  de  un  drama  se 
expresen  como  jamás  se  expresó  ningún  sér  hu¬ 
mano  en  ninguna  de  las  lenguas  naturales  cono¬ 
cidas  hasta  el  día  presente. 

Aunque  conocemos  el  drama  traducido  ya  al 
castellano,  la  traducción  ha  de  ser,  sin  duda,  muy 
fiel  y  ceñida  á  la  letra,  por  donde  la  cándida  sen¬ 
cillez  del  original  se  conserva  en  la  traducción  en 
gran  parte.  Y  este  ha  sido,  á  mi  ver,  uno  de  los 
principales  hechizos  por  cuya  virtud  el  drama 


agradó  á  los  espectadores  y  fue  por  ellos  tan  cele¬ 
brado.  Sus  interlocutores  todos  se  expresan  con 
naturalidad,  si  no  inusitada,  muy  rara  en  el  tea¬ 
tro,  sobre  todo  cuando  no  tropieza  el  autor,  por 
buscar  la  naturalidad,  en  lo  sobrado  trivial,  pro¬ 
saico  y  rastrero,  ó  no  cae  en  lo  ruin  y  en  lo  cha¬ 
bacano. 

Hemos  oído  tildar  los  caracteres  y  la  acción  del 
drama  de  muy  comunes  y  manoseados.  No  negaré 
yo  que  el  asunto  carece  por  completo  de  novedad. 
Es  asunto  que,  desde  las  primeras  edades  en  que 
se  escribieron  cosas  poéticas  hasta  el  día  de  hoy, 
ha  atraído  por  manera  irresistible  la  atención  de 
los  poetas  y  los  ha  impulsado  á  tratarle.  Su  bel¬ 
dad  no  puede  ser  más  antigua,  pero  también  es 
siempre  nueva  y  siempre  renaciente  cuando  la 
busca  en  dicho  asunto  un  poeta  de  corazón  y  de 
ingenio.  Las  circunstancias,  pormenores  y  acci¬ 
dentes  suelen  variar,  pero  lo  esencial  es  idéntico. 

Un  simple  jovenzuelo  ó  inexperto  pastorcillo  y 
una  muchacha  inocente,  ya  sea  princesa,  dama  ó 
zagala,  se  enamoran  sin  saberlo;  é  ignorando  hasta 
el  sér  y  el  nombre  del  amor,  el  amor  brota,  apa¬ 
rece  y  se  revela  de  súbito  en  sus  almas  puras. 
Nada  más  bello  ni  más  simpático  para  el  público, 
en  todas  las  épocas  y  pueblos,  que  esta  aparición 
y  revelación  del  amor  en  las  almas  que  ni  le  co¬ 
nocen  ni  le  evocan,  pero  que  por  lo  mismo  son 
más  dignas  de  recibirle.  Para  penetrar  en  ellas, 
creando  mil  benéficos  y  divinos  prodigios,  el  amor 
baja  del  cielo  en  la  antigua  fábula  de  Esopo.  La 
hija  del  rey  Lomapad  y  el  mancebo  criado  en  el 
yermo  y  que  no  había  visto  nunca  mujeres,  cuenta 
el  poema  indio  que  se  enamoran  y  se  besan;  y 
al  punto  pierde  su  poder  la  maldición  brahmáni- 
ca;  los  dioses  todos  del  cielo  de  Indra  se  vuelven 
propicios;  cae  abundante  lluvia  sobre  los  sedien¬ 
tos  campos  de  Angra,  desolados  por  la  sequía,  y 
todo  aquel  reino  se  transforma  en  floreciente  pa¬ 
raíso.  Los  amores  idílicos  de  este  género  reapa¬ 
recen  en  todas  las  literaturas,  y  el  tema  no  se 
agota,  y  produce  á  menudo  lindísimas  composicio¬ 
nes,  desde  el  Oaristis  de  Teócrito  hasta  la  Sed  de 
agua  de  Somoza;  desde  Dafnis  y  Cloe  hasta  Ju¬ 
lieta  y  Romeo  y  Pablo  y  Virginia.  Apenas  tenía 
Mozart  doce  años  cuando,  animado  por  el  Empe¬ 
rador  de  Austria,  y  tomando  por  asunto  uno  de 
estos  inocentes  amores,  compuso  su  primera  ope¬ 
reta,  donde  con  vernal  y  pasmosa  germinación 
aparecieron  ya  las  más  tempranas  flores  de  sus 
suaves  ó  inspiradas  melodías.  La  historia  de  doña 
Clara  y  del  adolescente  D.  Luis,  que  la  siguió, 
prendadísimo  de  ella,  disfrazándose  de  mozo  de 
muías,  apenas  ocupa  una  página  del  Quijote ,  y  sin 
embargo  D.  Luis  y  D.a  Clara  viven  vida  inmortal 
y  simpática  en  el  espíritu  de  cuantos  saben  leer, 
sentir  y  comprender  el  precioso  libro  de  Miguel 
de  Cervantes. 

Valga  lo  expuesto  para  prueba  de  que  en  tal 
asunto  la  falta  de  novedad  no  es  falta,  sobre  todo 
cuando  Guimerá  no  imita  sino  coincide  con  los 
los  muchos  poetas  que  anteriormente  le  han  to¬ 
cado.  El  idilio  amoroso  de  la  puhilla  Rosó  y  del 
boyero  Toni  es  obra  de  la  inspiración  del  poeta,  y 
está  tomado  directamente  de  la  realidad,  aunque 
purificada  y  abrillantada  por  dicha  inspiración 
con  ideales  destellos.  Rosó  y  Toni  no  proceden  ni 
son  copia  de  Dafnis  y  Cloe  ó  de  Pablo  y  Virginia; 
pero  se  les  parecen  como  buenos  y  dignos  herma¬ 
nos,  diferenciándose  de  ellos  por  la  diversidad  de 
las  circunstancias  y  del  medio  ambiente.  El  inte¬ 
rés  que  sus  amores  nos  inspiran  es  ya  grandísimo 
al  terminar  la  magistral  exposición  del  primer 
acto ;  pero  el  interés  no  llega  á  su  colmo  y  va  cre¬ 
ciendo  en  el  acto  segundo,  y  con  virtiendo  sin 
violencia  el  idilio  en  tragedia.  A  mi  ver,  esta 
conversión  requiere,  para  que  no  sea  brusca  y 
disonante,  una  lentitud  amena,  un  desenvolvi¬ 
miento  pausado,  que  no  ha  de  confundirse  con  la 
languidez  que  halló  alguien  en  el  segundo  acto  del 
drama.  En  el  tercero  la  acción  se  precipita,  y  no 
puede  menos  de  precipitarse,  porque  el  interés 
ha  llegado  á  su  colmo.  Rosó  y  Toni  se  aman  ya 
cuanto  es  posible  amar,  y  saben  que  se  aman. 
Jorge  está  decidido  á  abusar  de  su  autoridad  y  le 
la  pasiva  obediencia  de  Rosó  para  obligarla  á  qie 
acepte  á  Lloren só  por  marido.  Al  boyero  Toni  se 
le  van  á  llevar  como  prófugo  para  que  sea  soldac  o. 
Menester  es  un  poder  superior  y  benéfico  que  des¬ 
haga  las  intrigas  y  maquinaciones  de  Llorensd  y 
de  Jorge,  salve  á  los  amantes  y  haga  que  triunfe 

el  amor  de  ellos . La  nobilísima  figura  del  Padre 

Juanico  es  el  Deus  ex  machina  del  poema.  A  coeta 
de  su  vida  salva  él  á  los  dos  enamorados,  y  herido 
de  muerte,  los  casa  y  santifica  sus  amores. 

Hay  quien  hila  muy  delgado,  y  censura  que  el 
Padre  Juanico  muera  por  casualidad.  Llorensó  d  e¬ 
para  una  pistola  para  matar  á  Toni,  y  la  bala  hiere 
y  mata  al  Padre  Juanico,  que  aparece  en  aqcel 
momento. 


Digitized  by  v^.ooQie 


22  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.#  xi  —  175 


Se  nos  presenta  aquí  una  cuestión  que  no  me 
atrevo  yo  a  dilucidar  y  resolver  de  un  modo  defi¬ 
nitivo  y  terminante,  defendiendo  ai  Sr.  Guimerá 
y  condenando  á  los  que  le  censuran.  Diré,  no  obs¬ 
tante,  lo  que  en  defensa  del  Sr.  Guimerá  acude  á 
mi  pensamiento;  pero  lo  diré  con  mucha  modes¬ 
tia,  y  valga  por  lo  que  valga. 

Es  lo  cierto  que  lo  casual,  lo  contingente  ó  lo 
fortuito  se  da  solo  para  la  mente  humana,  y  sólo 
se  aplica  á  cosas  que  no  prevemos  ni  pronostica¬ 
mos,  aunque  nada  tengan  de  casuales.  Lo  probable 
es  que  todo  cuanto  sucede  esté  ya  determinado  y 
prescrito  fatal  ó  providencialmente;  que  el  sino, 
el  destino,  las  leyes  de  la  Naturaleza  ó  Dios  mis¬ 
mo  lo  tengan  de  antemano  irresistiblemente  dis¬ 
puesto.  En  este  sentido,  casi  no  hay  drama  ni 
cuento  donde  lo  mal  llamado  casual  no  éntre  por 
mucho,  ya  porque  en  el  suceso  real  que  el  poeta 
imita  ha  entrado  por  mucho,  ya  porque 
el  poeta,  que  hace  el  papel  de  Providen¬ 
cia  en  el  mundo  artístico  que  ha  creado, 
dispone  las  cosas  como  mejor  conviene  á 
sus  fines.  Nada  más  casual  que  la  muerte 
del  Marqués  de  Calatrava.  La  pistola  de 
D.  Alvaro  le  mata  sin  que  D.  Alvaro  ten¬ 
ga  semejante  propósito.  Y  de  esta  casua¬ 
lidad,  con  todo,  resulta  el  drama:  dos 
homicidios  en  duelo,  un  fratricidio  y  un 
suicidio.  Casual  es  también ,  en  el  Orestes 
de  Alfieri,  que,  al  interponerse  Clitem- 
nestra  entre  Egisto  y  su  hijo,  Orestes  ma¬ 
te  á  su  madre;  pero  la  ley  de  los  hados 
debía  cumplirse  así,  y  de  aquella  tremen¬ 
da  casualidad  proviene  la  persecución  de 
las  Furias  que  atormentan  y  acosan  al  pa¬ 
rricida,  y  su  ulterior  purificación  y  abso¬ 
lución  en  el  templo  de  Minerva.  Otelo  no 
hubiera  ahogado  á  Desdémona  si  la  evi¬ 
dente  prueba  que  le  dieron  de  que  era 
fiel  se  la  hubieran  dado  pocos  minutos 
antes.  Nada  más  casual  ni  más  imprevisto 
tampoco  que  el  accidente  que  impidió  á 
fray  Juan  entregar  á  Romeo  la  carta  en 
que  fray  Lorenzo  le  decía  que  Julieta  ha¬ 
bía  tomado  un  narcótico  y  que  no  estaba 
muerta,  sino  dormida.  Romeo,  sin  estar 
prevenido,  acude  al  cementerio,  se  mata 
con  veneno  por  creer  muerta  á  su  ama¬ 
da,  y  cuando  Julieta  vuelve  en  sí  se  mata 
ella  también;  de  suerte  que,  á  no  ser  por 
una  desdichada  casualidad,  Romeo  y  Ju¬ 
lieta  se  hubieran  ido  vivos  y  contentos 
desde  Yerona  á  Mantua  y  hubieran  sido 
muy  dichosos. 

Deduzco  yo  de  los  ejemplos  citados, 
ejemplos  que  pudiera  multiplicar  si  no  te¬ 
miese  aburrir  á  los  lectores,  que  lo  ca¬ 
sual,  lo  imprevisto  ó  como  quiera  llamar¬ 
se,  entra  como  factor  en  los  casos  de  la 
vida  real,  y  no  puede  menos  de  entrar 
también  como  factor  en  el  mundo  y  la 
vida  de  las  ficciones  poéticas,  que  de  la 
vida  real  deben  ser  adecuado  trasunto. 

El  poeta  no  lo  deja  ver  á  las  claras.  Ehto 
queda  semivelado  en  misterio  y  envuelto 
en  indecisa  penumbra.  Y  vagamente  nace 
en  el  ánimo  del  lector  ó  del  espectador  el 


que  se  le  presentaban  y  lie vando  á  cabo  su  empresa. 

Si  Llorensó  fué  ó  no  después  castigado  por  su 
crimen,  esto,  aunque  importe,  no  es  fácil  que 
quepa  y  se  decida  dadas  las  condiciones  del  dra¬ 
ma.  Baste  con  que  el  Padre  Juanico  evangélica¬ 
mente  le  perdone.  En  una  novela  tal  vez  podría 
atarse  este  cabo  suelto  probando  que  Llorensó,  en 
riña  con  Toni,  disparó  la  pistola  y  mató  al  cura 
por  acaso.  En  virtud  de  estos  hechos  verdaderos  y 
bien  probados,  cada  cual  puede  calcular  ó  dictar 
él  mismo  la  sentencia. 

La  que  nosotros  dictamos  acerca  del  drama  es 
casi  tan  favorable  como  la  dictada  por  el  público 
en  la  noche  del  estreno.  Mucho  contribuyeron  á 
que  así  fuera,  acrecentando  el  valer  de  la  obra  del 
Sr.  Guimerá,  el  esmero  con  que  fué  puesta  en  es¬ 
cena  y  el  talento  con  que  desempeñaron  sus  pape¬ 
les}  todos  los  actores,  y  principalmente  Donato 


D.  CELEDONIO  PRADO  Y  VILLAR, 

MAESTRO  DE  INSTRUCCIÓN  PRIMARIA* 


dulcificado  la  voz,  hasta  el  punto  de  que,  cuan¬ 
do  hablaba,  parecía  como  si  en  un  rincón  de  la 
tienda  sonara  un  violín  tocado  pianísimo.  Amén 
de  esta  particularidad,  era  el  perfumista  un  tanto 
giboso,  achaque  natural  en  quien  se  pasa  el  día 
haciendo  reverencias:  una  perpetua  sonrisa  ilumi¬ 
naba  el  rostro  membrilloso  del  tendero. 

Nadie  que  le  viera  detrás  del  mostrador  ponde¬ 
rando  á  su  clientela  el  último  elixir,  el  aceite  más 
de  moda  ó  el  agua  milagrosa  para  teñir  el  pelo, 
tendría  á  D.  Remigio  por  hombre  escéptico  y  bur¬ 
lón;  antes  al  contrario,  creeríale  el  más  inofen¬ 
sivo,  dulce  y  pazguato  de  los  horteras.  Y,  no  obs¬ 
tante,  D.  Remigio  Cabezales  era  un  gran  escéptico 
—  así  como  suena, — un  filósofo  que  seguía  mal,  y 
sin  entender  de  ello  gran  cosa,  la  escuela  volte¬ 
riana. 

Y  tenía  al  Gran  Francisco — así  denominaba 
cariñosamente  á  Yol  taire — como  autori¬ 
dad  indiscutible ,  y ,  viniese  ó  no  á  cuen¬ 
to,  sacábale  á  relucir  en  todos  los  casos. 
«A  propósito  de  esto,  dijo  el  autor  del 

Edipo . »  Y  soltaba  alguna  frase,  dicha 

en  un  francés  macarrónico. 

La  culpa  de  esta  idolatría  la  tuvo  un 
corredor  de  esencias,  parisiense,  que, 
pillándole  en  el  flaco  á  D.  Remigio  acerca 
de  su  afán  en  creerse  invulnerable  á 
todo  género  de  sentimentalismos,  le  ha¬ 
bló  de  Voltaire  con  tales  exageraciones 
ditirámbicas,  que  el  comerciante  cayó 
como  tórtola  en  el  lazo  y  leyó  con  avidez 
las  obras  del  ídolo;  y  aunque  para  leerlas 
tuvo  que  acudir  muchas  veces  á  un  dic¬ 
cionario  francés- español,  porque  no  en¬ 
tendía  gran  parte  de  las  frases,  quedóse 
al  fin  sin  comprenderlas,  por  ser  su  cere¬ 
bro  sólo  nomenclador  de  productos  quí¬ 
micos  aplicados  al  arte  del  embelleci¬ 
miento  personal. 

Con  la  lectura  de  aquellas  obras  descu¬ 
brió  el  buen  señor  nuevos  horizontes;  cre¬ 
yóse  completamente  transformado  en  lo 
esencial  de  su  espíritu ;  se  tuvo  por  varón 
fuerte,  y  dió  en  la  flor  de  reirse  de  todo: 
interiormente,  por  supuesto;  que  una  cosa 
es  ser  filósofo,  y  otra  el  estar  detrás  de 
un  mostrador  á  ojos  vistas  del  público. 

Si  alguna  cliente  joven  daba  á  enten¬ 
der  á  D.  Remigio  que  iba  á  contraer  ma¬ 
trimonio,  aunque  con  los  labios  felicitara 
con  entusiasmo  á  la  interesada,  allá  den¬ 
tro  de  su  espíritu  se  reía  mefistofélica- 
mente,  y  murmuraba:  «Un  par  de  infeli¬ 
ces  más,  atados  para  siempre  en  un  mismo 
banco  en  la  cárcel  del  destino.» 

Y  quedábase  tan  fresco. 

Leía  en  los  periódicos  que  un  cualquiera 

había  realizado  un  acto  heroico,  y  glosaba 
la  noticia  para  el  nudo  de  su  corbata:  «El 
egoísmo  de  conquistar  algo  ha  sido  el  mó¬ 
vil  heroico  de  ese  Micromegas.» 

Si  la  noticia  lo  era  de  suicidio,  murmu¬ 
raba:  «Dichoso  él  que  precipita  el  viaje  al 
mundo  de  la  luz.» 

Y  si  de  duelo:  «Hé  ahí  dos  tontos  que 
van  á  dar  la  razón  á  un  pedazo  de  acero.» 


sentimiento  de  que  lo  imprevisto  ha  sido 
providencial  y  de  que  ha  sido  así  porque 
no  podía  ser  de  otra  manera. 

Por  más  vueltas  que  demos  al  argu¬ 
mento  del  drama  del  Sr.  Guimerá,  no  hallaremos 
para  él  mejor  desenlace  que  el  desenlace  que  el 
Sr.  Quimera  le  ha  dado. 

La  aparición  de  la  Virgen  del  Rosario,  traída 
en  procesión  devota  por  las  muchachas  del  pueblo, 
impide,  como  por  milagro,  que  el  bondadoso  Toni, 
ciego  ya  de  ira,  aunque  casi  en  justa  defensa,  co¬ 
meta  un  homicidio.  Llorensó,  que  es  el  personaje 
más  odioso  del  drama,  es  quien  estéticamente 
debe  cometerle  y  quien  le  comete.  El  rencor, 
la  mala  vergüenza  de  verse  vencido  y  postra¬ 
do»  y  también  los  celos,  son  móviles  sobrado  po¬ 
derosos  para  impulsarle  al  crimen  y  hacerle 
disparar  la  pistola  contra  su  venturoso  rival.  Cla¬ 
ro  está  que  la  bala  bien  dirigida  hubiera  debido 
herir  á  Toni  y  no  al  Padre  Juanico;  pero  al 
herir  al  Padre  Juanico  no  es  realmente  la  casua¬ 
lidad  quien  dirige  la  bala,  sino  el  certero  tino 
dramático,  que  se  sustituye  aquí  á  la  Providencia 
y  dispone  los  sucesos  para  que  tengan,  hasta  cier¬ 
to  punto,  un  término  patético  á  par  que  dichoso. 
El  sacerdote  salva  y  redime  con  su  inocente  san¬ 
gre  á  los  inocentes  enamorados;  da  la  vida  por  in¬ 
maculado  amor  y  por  caridad  desinteresada  hacia 
la  hija  de  la  que  amó  en  su  juventud  con  amor 
terrenal,  aunque  honrado  y  legítimo,  y  expira  glo¬ 
riosamente  como  héroe  vencedor  y  como  mártir, 
casando  á  Toni  y  á  Rosó,  saliendo  airoso  del  em¬ 
peño  en  que  se  puso,  allanando  las  dificultades 


(De  fotografía  de  M.  Huerta.) 


Jiménez,  Fernando  Díaz  de  Mendoza  y  María 
Guerrero,  la  cual  cada  día  da  mayores  pruebas  de 
aptitud  y  de  amor  á  su  arte.  María  Guerrero  ca¬ 
racterizó  muy  hábilmente  la  condición,  tono  y 
modales  de  la  sencilla  y  joven  aldeana  cándida¬ 
mente  enamorada;  y  hasta  en  el  traje,  que  realzaba 
su  graciosa  y  linda  figura,  acertó  á  lucir  el  cuidado, 
el  buen  gusto  y  el  estudio  que  á  todo  consagra. 

Juan  Valera. 


VOLTAIRE,  PERFUMISTA. 

I. 

Don  Remigio  Cabezales,  dueño  de  una  de  las  más 
acreditadas  perfumerías  de  la  corte,  era  alto  como 
un  espárrago  de  procesión,  huesudo,  de  rostro  gra¬ 
nujiento,  y  tan  estirado  que  ni  recién  salido  de  una 
prensa;  los  bigotes,  entrecanos,  eran  como  dos  in¬ 
terrogaciones  caídas  sobre  el  labio  superior.  Cual¬ 
quiera  al  verlos  y  admirar  la  reluciente  calva  de  su 
dueño,  haríase  esta  ó  parecida  pregunta:  «¿Qué 
confianza  le  inspira  á  este  hombre  su  famosísimo 
Tónico  capilar  Cabezales ,  que  así  se  ofrece  tan 

huérfano  de  cabello . ?»  A  D.  Remigio,  el  trato 

con  gente  principal  durante  treinta  años  habíale 


Y  así  por  el  estilo  hacía  frases  que  te¬ 
nía  por  derivadas  de  aquellas  otras  del 
Gran  Francisco ,  y  dábase  por  el  hombre 
de  más  meollo  y  el  más  feliz  de  la  tierra. 

Decía  que  la  fortuna  está  muchas  veces  en  la 
cáña  de  una  escoba.  Y  no  mentía,  que  él  de  mo¬ 
zalbete  agarróse  á  tal  arma  en  la  lucha  por  la 
existencia,  comenzada  en  las  lobregueces  de  an 
angostísimo  herbolario  de  la  calle  del  Ave  María. 
Y  allí  estuvo,  hasta  que  á  fuerza  de  ahorros  y  pri¬ 
vaciones  pudo  tomar  en  traspaso  una  herboriste¬ 
ría  de  mala  muerte.  Despachando  cuartos  (en 
aquel  entonces  eran  desconocidos  los  céntimos) 
de  flor  de  malva,  crémor,  ipecacuana,  liquen,  sal 
de  higuera,  trajinando  en  toda  clase  de  hierbas 
medicinales,  y  ahogándose  con  el  polvo  odorífero 
que  se  escapaba  de  los  botes  al  destaparlos,  «hizo 
unos  ochavos»,  y  metióse  á  perfumista,  descubrien¬ 
do  un  nuevo  tónico  capilar,  que,  gracias  á  los 
anuncios  de  cuarta  plana,  mejor  que  á  la  bondad 
del  invento,  completó  su  fortuna. 

Don  Remigio  vivió  siempre  solo:  su  tempera¬ 
mento,  sus  gustos  y  hábitos  hacíanle  ver  la  bella 
mitad  del  género  humano  como  cosa  secundaria 
que  no  merecía  la  pena  de  tomarse  el  trabajo  de 
estudiarla,  ni  menos  aún  conquistarla. 

Con  el  trasiego  de  jabones,  pinturas,  polvos, 
aceites,  vinagrillos,  pomadas,  aguas  milagrosas, 
perfumes,  esencias  y  tutti  quanti  (y  es  mucho) 
inventado  para  disimular,  corregir  ó  acrecentar 
los  dones  naturales,  creyóse  D.  Remigio  en  el 
punto  estratégico  para  sostenerse  victorioso,  á  la 
vista  de  las  «debilidades  femeniles»,  contra  las 


Digitized  by  AjOOQle 


176  —  N.°  xi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Mabzo  1893 


escaramuzas  que  el  hijo  de  Venus 
pudiera  darle. 

De  todo  el  fárrago  mitológico, 
Mercurio  era  el  único  dios  que  Ca¬ 
bezales  conocía. 


II. 

Voltaire,  perfumista,  sintió  á  los 
cincuenta  años  que  se  apoderaba  de 
él  una  enfermedad  que  no  le  pro¬ 
ducía  daño  físico,  pero  que,  sin  mo¬ 
tivo  alguno,  poníale  tristón. 

Epto  le  alarmó  sobremanera. 

¡Él,  el  hombre  que  se  reía  de 
todo,  que  tenía  al  planeta  como  una 
bolita  de  billar  cubierta  su  superfi¬ 
cie  de  bichos  parlantes,  que  algún 
día  había  de  hacer  la  gran  caram¬ 
bola  al  chocar  con  algún  planeta 
errabundo  en  el  incomparable  ta¬ 
pete  del  espacio,  sumirse  en  me¬ 
lancolías  como  damisela  enamora¬ 
diza  ó  galancete  aburrido!  No  sería 
esto  verdad.....  Buscó  en  los  libros 
de  su  maestro — por  tai  le  tenía — 
algo  que  pintara  el  caso  suyo;  y  des¬ 
pués  de  leer  hojas  y  más  hojas,  le 
entró  cansancio  y  dejóse  arrastrar 
por  el  espíritu  aquel  que  le  hacía 
pasarse  las  horas  muertas  contem¬ 
plando  los  vividos  destellos  que  la 
luz  arrancaba  á  los  frascos  y  botes 
de  la  perfumería,  en  suspenso  la 
imaginación,  hasta  que  la  presencia 
de  un  parroquiano  obligábale  á  ha¬ 
cer  alto  en  tamaña  « tontería  espi¬ 
ritual». 

Al  despachar  el  pedido,  hablaba 
como  por  máquina,  mucho  y  de 
prisa:  buscaba  un  remedio  en  la 
conversación. 

Por  las  noches  entrábale  extraño 
desasosiego,  que  le  obligaba  á  pasár¬ 
selas  en  vela,  revolviéndose  en  el 
lecho  como  si  estuviera  acostado 
entre  sal.  Con  ojos  lánguidos  con¬ 
templaba  el  tembloreo  del  encen¬ 
dido  pábilo.  Su  luz  batía  ácompasa- 


FELICE  CAVALLOTTI, 

ORADOR  Y  LITERATO  ITALIANO. 

Nació'en  Milán  (Italia)  el  0  de  Noviembre  de  1842;  t  en  Roma  el  6  del  corriente. 
(De  fotografía. 


da  allá  en  la  pared.  A  largos  inter¬ 
valos  oía  dar  las  horas  en  un  reloj 
de  torre  cercano,  y  contaba  las  cam¬ 
panadas.  Una . dos.....  tres.....  cua¬ 
tro . Apagaba  la  luz,  y  cerraba  los 

ojos;  pero  todo  inútil.  Permanecía 
despierto,  escuchando  atento  los 
menores  ruidos,  el  crujir  de  una 
madera  reseca,  los  aldabonazos  en 
la  calle,  el  maullar  de  un  gato,  el 
continuo  rumor  que  poblaba  el  dor¬ 
mitorio,  rumor  semejante  al  que  se 
nota  aplicando  al  oído  un  caracol 
de  mar. 

En  tan  interminables  ocios,  en¬ 
treteníase  en  repasar  in  mente  las 
páginas  de  su  historia:  no  había  en 
ella  nada  interesante,  nada  conmo¬ 
vedor;  era  una  serie  continuada  de 
operaciones  aritméticas,  de  cálcu¬ 
los  positivos;  un  montón  de  nom¬ 
bres  de  productos  y  proveedores; 
una  agenda  de  herboristería  y  per¬ 
fumería.  Ni  un  rayo  de  luz,  ni  una 
nota  alegre,  ni  un  recuerdo  de 
amor,  ni  unos  ojos  de  mujer,  ni 
una  palabra  pasional;  su  vida  era 
la  de  un  calendario  cuyas  efemé¬ 
rides  no  fueran  otras  que  las  de: 
«Gano  tanto»,  «pierdo  tanto». 

Consultó  el  caso  aquel  de  sus  in¬ 
somnios  y  melancolías  á  un  médico, 
y  el  Hipócrates,  en  són  de  zumba, 
le  dijo: 

—  Señor  Cabezales,  es  ya  hora 
de  que  busque  usted  su  media  na¬ 
ranja. 

Don  Remigio  tuvo  aún  una  son¬ 
risa  volteriana  que  oponer  á  la  re¬ 
ceta  ;  pero  en  lo  más  recóndito  pen¬ 
só  que  no  iba  tan  descaminado  el 
Esculapio. 

Y  sin  saber  por  qué,  comenzó  á 
pensar  seriamente  en  la  medicina 
propuesta. 

Pero  aquello  era  casi  un  sacri- 
egio. 

Era  indigno  de  un  hombre  como 
él  doblegarse  á  las  exigencias  de 
buscar  la  media  naranja. 


3 

% 


ZARAGOZA.  —  VISTA  PARCIAL  DEL  PRINCIPAL  SALÓN  DEL  CAPÉ  DE  «AMBOS  MUNDOS». 


(De  fotografía  de  Constantino  J.  Gracia.) 


Digitized  by 


Google 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Marzo  1898 


TATIO  INTERIOR  DEL  CUARTEL. 


Kl  s . 


i  Si  |  ®  í  ® ; 

.  ■  gflwa  -  JSL 


APEO  I>BL  riso  DB  I.A  GALERÍA  PRINCIPAL. 


GRIETAS  DE  LOS  MOROS  RESENTIDOS. 


PUERTO  RICO.  —  RECALZO  DEL  CUARTEL  DE  BALLAJÁ,  PROYECTADO  POR  EL  TENIENTE  CORONEL  DE  INGENIEROS  D.  RAFAEL  AGÜIRRE, 
Y  EJECUTADO  BAJO  LA  DIRECCIÓN  DEL  COMANDANTE  DEL  MISMO  CUERPO,  D.  RAFAEL  RÁVENA. 

(De  fotografías  del  distinguido  aficionado  D.  Ramón  García.) 


Digitized  by 


Google 


178  —  n.°  xi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Marzo  1898 


III. 

Voltaire,  perfumista,  se  casó  después  de  soste¬ 
ner  una  lucha  horrorosa  entre  sus  principios  filo¬ 
sóficos  y  su  enfermedad  espiritual;  se  casó  pronto 
y  mal:  pronto,  porque  cuando  se  piensa  á  los  cin¬ 
cuenta  años  en  el  matrimonio,  se  hace  éste  á  la 
carrera;  mal,  porque  su  mujer,  aunque  joven  y 
guapa,  padecía  de  una  dolencia  que  no  cura  nin¬ 
gún  esposo  cincuentón:  la  de  la  coquetería. 

Días  antes  y  días  después  de  su  boda,  D.  Remi¬ 
gio  ponderaba  las  excelencias  del  matrimonio,  y 
veía  éste  desde  el  prisma  de  un  entusiasta  opti¬ 
mismo. 

«El  yugo  más  dulce  que  han  inventado  los  hom¬ 
bres  es  el  del  matrimonio.  Sin  él  seríamos  todos 
unos  desgraciados.» 

Así  decía  en  su  afán  de  hacer  frases. 

Llegó  á  tanto  su  entusiasmo,  que  en  cierta  oca¬ 
sión,  apilando  en  la  cocina  cuantas  obras  de  Yol- 
taire  halló  á  mano,  le  dijo  á  su  mujer,  que  sor¬ 
prendida  miraba  aquella  operación: 

—  Ya  tienes  material  para  encender  la  lumbre 
unos  cuantos  días. 

— Pero,  hombre,  ¿á  qué  viene  ese  auto  de  fe  con 
unos  libros  tan  bonitos? 

— ¡Son  los  libros  de  un  hereje! — replicó  con 
enfado  Cabezales. 


Si  la  mujer  tiene  sólo  veinte  años  y  el  marido 
pasa  de  los  cincuenta,  el  matrimonio  es  un  peli¬ 
gro  para  ambos  cónyuges. 

Esto  lo  reconoce  ahora  por  su  mal  D.  Remigio. 

— Es  vivir  constantemente  en  duelo  y  en  ri¬ 
dículo  consigo  mismo.....  Los  celos  se  encargan  de 
vengar  la  tontería  de  uno,  cometida  durante  mu¬ 
chos  años  per  no  casarse  á  tiempo. 

Es  una  frase  del  ex  volteriano  perfumista. 

Alejandro  Larrubiera. 


EL  VERDADERO  POETA. 


I. 

— Es  inútil  mi  anhelo — repetía 
Juan  con  honda  y  tenaz  melancolía; — 

Por  desgracia,  he  nacido 
En  un  instante  tan  fatal,  que  en  vano 
Quiero  hallar  el  acento  soberano 
Que  despierte  á  este  mundo  adormecido. 

El  prodigioso  genio  del  Poeta 

En  tiempo  no  lejano 

Logró  del  corazón  del  sér  humano 

h%  victoria  más  grata  y  más  completa; 

Pues,  como  voz  suprema  del  destino, 

Ya  altiva,  ya  solemne,  ya  indignada, 

Si  vió  á  la  humanidad  extraviada, 

Con  firme  mano  la  indicó  el  camino. 

Y  humilde  esclava  del  profundo  encanto 
De  aquel  poder  al  que  admiraba  tanto, 

La  multitud,  con  ansia  desmedida 

De  hallar  el  bien  y  ennoblecer  su  vida, 
Obediente  á  la  magia  del  conjuro 

Y  aspirando  á  sublimes  perfecciones, 

Por  hacer  hueco  en  que  poner  lo  puro 
Arrojaba  de  sí  ruines  pasiones. 

¿Pero  por  qué  razón  la  Poesía 

Tal  triunfo  entonces  conseguir  podía 
Sobre  el  alma  feliz  de  los  mortales? 

Porque  aún  en  ésta  sin  cesar  latía 
El  germen  de  los  grandes  ideales. 

Porque  en  las  horas  de  mayor  tristeza 
Levantaba  á  los  cielos  la  cabeza 
Con  el  valor  sublime 

Del  hombre  bueno,  en  su  esperanza  fuerte, 

Y  que  va  resignado  hacia  la  muerte, 

Y  á  Dios  alaba  con  la  voz  que  gime. 
Porque  con  firme  y  con  seguro  paso 
Por  el  camino  de  la  fe  marchaba 
Sin  vacilar  un  punto  ni  hacer  caso 
De  las  espinas  que  al  andar  tocaba. 

Por  no  mirar  á  la  virtud  cual  fútil 
Aspiración,  sino  cual  noble  anhelo, 

Y  por  no  suponer  esfuerzo  inútil 

El  que  aparta  del  mundo  y  lleva  al  cielo! 

II. 


»Mas,  hoy,  la  voz  que  con  pujanza  vibra’ 

Y  arroja  el  rayo  que  en  su  seno  esconde, 

No  es  de  esperar  que  en  la  conciencia  ahonde, 
Ni  arranque  llanto,  ni  conmueva  fibra. 

Se  pierde  siempre  sin  saber  en  dónde . 

¡Triste  batalla  la  que  á  veces  libra! 

¡Ni  un  eco  solo  á  su  poder  responde! 

Y,  perdiendo  el  vigor  en  el  vacío, 

Es  débil  soplo  lo  que  ayer  fué  trueno, 

Y  es  canción  funeral  que  causa  frío 
Lo  que  era  canto  de  entusiasmo  lleno! 


III. 

»¿Dónde  encontrar  la  inspiración  potente 
A  la  que  el  mal  sin  resistir  se  entrega, 

Que  excite  ¿  multitud  indiferente 

Y  á  toda  luz  del  sentimiento  ciega? 

No  hay  voz  que  nos  responda  en  el  desierto, 

Y  el  afán  más  profundo  nunca  llega 

A  devolver  la  vida  á  lo  que  ha  muerto. 

Por  eso  ante  el  estúpido  marasmo 
En  que  esta  edad  petrificada  yace, 

Ve  el  Poeta  infeliz  que  su  entusiasmo 

Como  á  golpe  de  maza  se  deshace . 

La  indiferencia  ¿  ru  deseo  espanta . 

La  negra  duda  en  su  cerebro  nace . 

El  quisiera  cantar . ¿Pero  qué  canta? . 

¡  Yo  ni  mi  pluma  ni  mi  frente  humillo !» 
Terminó  con  desprecio  soberano. 

«¡Y  enmudezco!  ¡Es  más  noble  y  más  sencillo!» 


Y,  contestando  al  vate,  un  pajarillo 
Cantó  sobre  un  pantano . 

Luis  de  Ansorena. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NAUR ACIONES  COSMOPOLITAS. 

Proclamación  de  la  Reina  de  Holanda.  — Jubileo  del  emperador 
Francisco  José. —  Un  trono  que  se  alquila:  el  rey  Aurtliun  de 
Arauco. 

¿repáranse  en  Holanda  y  en  Austria- 
Hungría  á  celebrar  grandes  fiestas  en 
honor  de  sus  soberanos.  La  reina  Gui¬ 
llermina  de  Orange  llegará  á  la  ma¬ 
yor  edad  que  la  Constitución  holan¬ 
desa  exige  para  reinar  al  cumplir  en 
Agosto  próximo  dieciocho  años,  y  será 
solemnemente  coronada  en  La  Haya.  Con 
tal  motivo  han  empezado  ya  á  animarse  las 
poblaciones,  ideando  toda  clase  de  festejos, 
que  demuestran  el  gran  cariño  que  el  país  profesa 
a  su  Reina.  No  hay  establecimiento  público,  ni 
casa  de  comercio,  ni  sala  de  familia  donde  no  se 
vea  el  retrato  fotográfico  de  S.  M.  Guillermina  en 
traje  holandés.  Es  la  futura  soberana  una  joven 
de  típico  corte  flamenco,  de  rostro  y  cuerpo  muy 
redondeados,  robusta,  con  hermosos  ojos  llenos 
de  inteligencia  y  dulzura,  y  de  gracioso  aspecto  y 
enérgica  expresión.  Muéstrase  orgullosa  por  ser  la 
última  descendiente  legítima  de  la  gloriosa  casa 
de  Orange,  en  cuya  historia  y  tradiciones  apren¬ 
dió  desde  niña  á  fundar  sus  afectos  ó  sus  antipa¬ 
tías  á  las  demás  naciones  de  Europa.  Aborreció  la 
memoria  de  Felipe  II  y  del  gran  Duque  de  Alba, 
y  hablándose  en  cierta  ocasión  de  estos  recuerdos 
delante  de  ella,  exclamó  con  la  candidez  de  una 
niña:  «Mucho  me  atormentan  esas  historias,  y 
conste  que  el  Rey  de  España  no  debe  esperar  que 
yo  le  invite  jamás  á  venir  á  mi  corte.»  ¡Cosas  de 
muchachos! 

La  característica  franqueza  de  la  Reina  ha  sido 
muy  celebrada  siempre.  Encargó  su  madre  al  pin¬ 
tor  Josselin  de  Joung  que  hiciera  su  retrato,  y 
después  de  dos  sesiones  de  estar  parada  y  fija  ante 
el  artista,  dijo  en  francés:  «¡Me  aburro  horrible¬ 
mente  con  este  pintor  tan  pesado!»  Su  madre  la 
miró  severamente,  como  reprochando  tal  queja; 
el  pintor  continuó  silencioso  dando  pinceladas,  y 
la  Princesa,  en  vez  de  arrepentirse,  dijo,  levan¬ 
tándose:  «¡Basta  por  hoy;  yo  no  puedo  resistir 
más!»  No  hay  para  qué  ponderar  la  extrañeza  del 
pintor  y  las  excusas  que  le  dio  la  Reina  madre 
para  disimular  tan  brusca  salida. 

«¿Qué  os  parece  de  Inglaterra?  le  preguntó  un 
día  el  Príncipe  de  Gales,  cuando  Guillermina  re¬ 
gresó  de  uñ  viaje  á  la  Gran  Bretaña;  ¿qué  es  lo 
que  más  os  ha  llamado  allí  la  atención?— Pues  os 
lo  diré,  contestó;  lo  que  más  me  ha  complacido  es 
el  ver  cuán  amables  son  allí  las  personas,  cuando 
yo  creí  que  eran  tan  ásperas  y  ordinarias,  á  juzgar 
por  los  ingleses  que  había  conocido  en  Holanda.» 
Semejante  ingenuidad  juvenil  agrada  mucho  á  la 
Soberana  de  la  Gran  Bretaña,  que  siempre  ha  ce¬ 
lebrado  las  ocurrencias  de  Guillermina  y  cuya 
compañía  le  complace  en  extremo. 

Un  embajador  de  Holanda  contaba  á  la  futura 
Reina  sus  impresiones  acerca  de  las  Soberanas  ex¬ 
tranjeras,  y  de  la  juventud  aristocrática  de  otras 
cortes.  «¿Tiene  usted  hijas?  le  preguntó  Guiller¬ 
mina.— Sí,  Majestad,  contestó  el  embajador.— 
Pues  preséntemelas  usted  en  palacio,  porque  á 
mí  me  agrada  mucho  el  hablar  en  holandés  con 
las  jóvenes. — Señora,  exclamó  el  embajador,  mis 
hijas  no  han  nacido  en  Holanda,  han  vivido  siem¬ 
pre  en  el  Extranjero,  y  no  hablan  más  que..... — 
¡Ah!  pues  entonces,  le  interrumpió  la  Reina,  de¬ 
jémoslas  en  paz;  porque  no  me  complacería  el 


conversar  con  jóvenes  holandesas  en  un  lenguaje 
que  no  es  el  de  su  tierra.» 

Fuera  de  estas  corazonadas  de  los  pocos  años, 
la  Reina  es  lo  más  afectuosa,  sencilla  y  natural 
que  puede  darse.  Al  pensar  en  ella  se  preguntan 
los  holandeses:  «¿Con  quién  se  casará  la  Reina?» 
Muchas  veces  se  ha  anunciado  que  las  convenien¬ 
cias  internacionales  y  diplomáticas  le  habían  im¬ 
puesto  un  novio;  pero,  dado  el  carácter  de  la  So¬ 
berana,  se  cree  en  Holanda  que  nunca  accederá  á 
casarse  por  razones  de  Estado,  sino  que  sabrá  es¬ 
coger,  con  su  voluntad  enérgica  é  independiente, 
el  marido  que  más  le  agrade,  porque  á  todo  se 
prestaría  menos  á  someterse  con  docilidad  á  la 
opinión  de  sus  ministros. 

• 

•  • 

El  venerable  emperador  Francisco  José  se  verá 
también  muy  pronto  obsequiado  por  su  pueblo,  con 
motivo  de  la  celebración  de  su  jubileo  quincuage- 
simal.  El  atractivo  más  notable  y  espiritual  de  las 
fiestas  será  el  certamen  de  pintores  y  escultores, 
al  que  han  sido  invitados  los  mejores  de  Europa 
y  de  América  por  los  artistas  más  celebrados  de 
Viena.  Como  no  se  trata  de  una  exposición  cual¬ 
quiera,  sino  de  un  verdadero  alarde  del  genio,  de 
una  solemne  manifestación  nacional,  claro  es  que 
cuantos  artistas  tomen  parte  en  ella  procurarán 
enviar  verdaderas  obras  maestras  que,  á  porfía, 
honren  á  sus  autores  y  á  las  naciones  de  donde 
proceden.  Los  franceses  han  contestado  con  la  ad¬ 
hesión  de  maestros  laureados  tan  conocidos  como 
Beraud,  Carolus-Duran,  Ohaplain,  Puvis  de  Cha- 
vannes,  Roybet,  Fremiet,  Moutenard,  Rodin,  Hen- 
ner,  Cazin,  Billote,  Mme.  Lunaire,  Moroty  Boutet 
de  Mouvel,  cuya  lista  se  amplía  diariamente.  Tra¬ 
tándose  de  maestros  tan  aplaudidos,  claro  es  que 
no  hay  Jurado  de  admisión  de  obras,  porque  nin¬ 
guna  de  ellas  desmerecerá  del  crédito  de  los  artis¬ 
tas  que  las  envían.  El  certamen  promete  ser,  pues, 
una  maravilla,  y  ya  la  fototipia  y  la  cromolitogra^ 
fía  preparan  sus  aparatos  con  objeto  de  dar  á  co¬ 
nocer  en  todo  el  mundo  las  joyas  de  arte,  que 
prestarán  incomparable  atractivo  y  esplendor  al 
jubileo. 

También  la  industria  se  propone  realizar  un 
gran  alarde  de  su  valía  en  el  Imperio,  y  no  hay 
para  qué  decir  que  poetas  y  literatos  trabajan  para 
que  resulte  inolvidable  la  apoteosis  que  consagre 
el  recuerdo  del  patriarca  imperial,  tan  querido  en 
Austria,  como  en  Hungría,  como  en  todas  las  co¬ 
marcas  de  la  nación  poliglota.  A  las  pompas  mun¬ 
danas  se  unirán  las  de  la  legión  religiosa  católica 
que  constituye  el  nervio  de  aquella  raza,  y  que  re¬ 
pite,  á  una  con  su  Emperador,  aquella  conmove¬ 
dora  invocación  y  profesión  de  fe  y  de  esperanza 
así  concebida: 

Lieber  Golf ,  mach ’  mich  fromm 

JJoss  ich  in  den  Ilimmel  Komm. 

«¡Oh  Dios  amado,  hazme  piadoso  para  que  pueda  entrar  en 
el  cielo!* 


o 

*  * 

Hoy,  en  que  casi  todo  se  vende  y  se  compra,  po¬ 
drá  cualquiera  persona  de  buen  humor  y  de  posi¬ 
bles  darse  pisto  de  soberano,  y  si  la  suerte  le  ayu¬ 
da,  celebrar  también  su  jubileo,  si  no  con  cuadros 
al  óleo,  con  cuadros  vivos,  y  si  no  con  esculturas  de 
mármol,  con  personajes  de  carne  y  hueso.  De¬ 
duzco  esto  del  anuncio  que  ha  publicado  la  Pall 
Malí  Gazette,  y  que,  á  la  letra,  dice:  «El  que  desee 
un  trono  puede  dirigirse  á  Mr.  Le  Baulx. — Pata- 
gonia.»  En  efecto,  allí  hay  un  trono  vacante,  con 
amplio  territorio,  súbditos,  mucha  autonomía  y 
pocos  vecinos  incómodos.  Un  francés,  Mr.  X...,  en¬ 
contró  en  sus  exploraciones  por  las  tierras  de 
Araucania  extensa  comarca  olvidada,  de  la  cual 
no  se  cuidaba  nadie,  y  en  la  que  vivían  sin  rela¬ 
ciones  con  el  mundo  multitud  de  indígenas  no  ya 
tan  fieros  como  los  que  describió  Ercilla,  y*  tam¬ 
bién  bastantes  mestizos  emancipados  de  toda  ley, 
constitución  y  formalidad.  El  explorador  se  hizo 
cargo  de  tan  feliz  hallazgo,  predicó  sus  planes  po¬ 
líticos  á  estilo  de  sacamuelas,  sin  que  nadie' le  hi¬ 
ciera  caso,  y  se  proclamó  rey  de  aquella  tierra, 
como  se  pudo  proclamar  inspector  de  orden  pú¬ 
blico,  donde  nadie  sabía  lo  que  era  público,  ni  or¬ 
den.  Ninguno  de  sus  espontáneos  súbditos  tomó 
en  serio  tal  proclamación;  pero  él  en  cambio  la 
consideró  como  uno  do  los  hechos  más  gloriosos 
de  la  época  moderna.  Como  el  llamarse  Pipelet  ó 
Pompincourt  no  pega  para  nombre  de  rey,  se  de¬ 
nominó  Antonias  Aurelias,  y  con  tan  rimbom¬ 
bante  etiqueta  imperial  romana  empezó  á  diri¬ 
girse  á  los  principales  hombres  políticos  europeos, 
los  cuales  se  devanaron  los  sesos  para  averiguar 
quién  podría  ser  semejante  aerolito  patagónico 
regio.  Poco  después  de  fundar  su  reino  y  su  dinas¬ 
tía,  á  los  cincuenta  años  de  edad,  vivió  algún  tiem- 


Digitized  by 


Google 


22  Marzo*  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


tf.d  xi  —  1Í9 


po  en  grande ,  é  hizo  un  viaje  por  Europa  repar¬ 
tiendo  títulos  y  cruces  para  constituir  su  corte. 
A  su  regreso  á  Arauco  le  esperaban  los  chilenos, 
que  le  echaron  con  cajas  destempladas  del  impro¬ 
visado  reino.  Convertido  por  fuerza  «en  soberano 
desterrado»,  cambió  de  nombre,  y  bautizándose 
en  alemán  con  el  de  Herr  von  Toncius,  se  refugió 
en  Marsella,  donde  ha  muerto  en  la  mayor  mise¬ 
ria.  Pero  no  desaparecieron  ni  su  reino  ni  las  cos¬ 
tumbres  cortesanas  que  enseñó  á  sus  súbditos,  los 
cuales  conservan  algo  así  como  las  tradiciones  de 
la  corte  y  practican  con  cómica  formalidad  la  imi¬ 
tación  del  ceremonial  europeo.  Tal  es  la  novedad 
que  ha  descubierto  en  aquellos  lejanos  países  el 
explorador  Mr.  L.  Baulx,  que  ha  publicado  una 
curiosa  Memoria  acerca  de  los  caballeros  titulados 
y  grandes  cruces  que  por  allí  andan  envueltos  en 
pobres  harapos,  y  acerca  de  aquella  corte  pour 
vire ,  y  de  los  progresos  agrícolas,  que  no  han  pa¬ 
sado  de  los^ue  conoció  Capoulicán.  Pero,  en  fin, 
el  trono  esta  vacante,  y  el  nuevo  explorador  lo 
anuncia  en  alquiler,  por  si  alguno  cae  en  la  tenta¬ 
ción ,  de '  pagarlo  bien  y  de  ocuparlo  durante  el 
breve-tiempo  que  le  dejen  en  paz  las  carabinas  de 
ios  tiradores  chilenos. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


no  es,  ciertamente,  de  indolentes  ó  poco  activas. 
Su  afán  de  presentar  novedades  y  de  procurar 
complacer  al  público  es  bien  notorio,  y  efecto  de 
ól  fué  el  estreno  de  la  ópera  II  Gladiatores  origi¬ 
nal  del  joven  compositor  Giacomo  Orefice,  verifi¬ 
cado  la  noche  del  pasado  domingo. 

No  fué,  ni  mucho  menos,  un  acontecimiento 
artístico  el  referido  estreno.  II  Gladiatore  no  es 
ópera  que  haya  de  proporcionar  á  su  autor  gran 
fama  ni  mucho  provecho.  Es  una  partitura  sin  re¬ 
lieve,  incolora  en  absoluto,  y  no  acusa  en  el  señor 
Orefice  cualidad  alguna  sobresaliente,  pues  en  ella 
no  son  de  notar  más  que  algunas  marcadas  remi¬ 
niscencias  de  otros  compositores  italianos  moder¬ 
nísimos. 

Pero  si  la  música  del  joven  maestro  adolece  de 
falta  de  inspiración,  no  puede  acusársele  de  inco¬ 
rrecta.  En  la  factura  de  toda  la  ópera,  especialmen¬ 
te  en  el  intermedio  del  primero  al  segundo  cuadro 
y  en  las  primeras  escenas,  se  echa  de  ver  el  gran 
conocimiento  del  arte  que  su  autor  posee.  A  juzgar 
por  su  última  producción,  este  compositor  es  un 
buen  mecánico  musical,  valga  la  frase,  más  que 
un  artista  de  inspiración.  Si  ésta  le  favorece  más, 
en  adelante  no  dudamos  que  habrá  de  hacer  obras 
de  mayor  aceptación  y  más  resonancia  que  II  Gla¬ 
diatores 

El  público,  galante  con  el  autor,  que  dirigió  su 
obra,  aplaudió  varios  trozos  de  la  misma  ó  hizo  re¬ 
petir  el  intermedio  antes  citado.  Muchos  y  mere¬ 
cidos  aplausos  escuchó  también  la  Srta.  De-Mac- 
chi,  que  cantó  la  obra  con  pasión,  poniendo  todas 
sus  excelentes  facultades  y  su  alma  de  artista  al 
servicio  de  su  ingrato  y  difícil  papel.  Salir  airosí¬ 
sima,  como  supo  salir  la  Srta.  De-Macchi,  de  tan 
comprometido  empeño,  no  es  empresa  fácil,  ni 
que  esté  al  alcance  de  artistas  adocenadas.  Justí¬ 
simos  fueron,  pues,  los  muchos  y  calurosos  aplau¬ 
sos  que  el  público  la  tributó. 

Del  Sr.  Blanchart  no  hay  que  decir  más  que 
cantó  como  siempre :  inmejorablemente. 

Es  un  artista  de  mucha  conciencia,  excepciona¬ 
les  facultades  y  gran  talento,  y  no  es  de  extrañar 
que  para  él  cada  representación  sea  un  nuevo 
triunfo.  Escuchó  muchos  aplausos,  así  como  la  or¬ 
questa,  que  no  desmereció  en  nada  de  su  grande  y 
justa  fama. 

PRÍNCIPE  ALFONSO. 

El  día  10  del  próximo  mes  de  Abril  comenzará 
á  actuar  en  este  teatro  una  compañía  de  ópera,  de 
la  cual  forman  parte  las  sopranos  Sras.  Gabbi,  Mi- 
cucci,  Russo,  Benimelli,  Bendazzi,  Stehele,  Rubio 
y  Trottolini;  mezzo-sop ranos,  Srtas.  Mas  y  Zawner; 
tenores,  Sres.  Duc,  Garbín,  Garulli,  Sigaldi,  Mo- 
ratilla  y  Blanquer;  barítonos,  Sres.  Hernández, 
Modesti,  Viale  y  Sales,  y  los  bajos  Sres.  Rossato, 
Verdaguer,  Vidal  y  Cabello.  Como  director  figura 
el  conocido  y  eminente  maestro  Arturo  Vigna. 

Entre  las  óperas  que  han  de  representarse  figu- 

4 


ran:  Aida ,  con  la  que  se  verificará  la  inauguración 
de  la  temporada;  Otelo,  La  Forza  del  destino, 
L' Africana,  Gli  Ugonotti ,  Lohengrin,  Tannhaü - 
ser,  Guglielmo  Tell  y  otras  varias  del  repertorio, 
estrenándose  además  la  nueva  del  maestro  Puc- 
cini,  titulada  La  Bokeme. 

Buenos  elementos  ha  agrupado  la  inteligente 
Empresa  que  ha  de  explotar  este  negocio,  y  no 
sera  nada  extraño  que  haga  una  excelente  tempo¬ 
rada  de  primavera,  tanto  más,  cuanto  que  los  pre¬ 
cios  señalados  á  las  localidades  son  harto  econó¬ 
micos  para  el  conjunto  de  compañía  que  se  ofrece. 
El  abono  es  por  cuarenta  funciones,  y  termina  el 
plazo  el  día  primero  de  Abril  próximo. 

PRINCESA. 

Para  el  próximo  jueves  se  anuncia  el  estreno 
de  la  comedia  en  tres  actos  titulada  Buen  cora¬ 
zón  quebranta  mala  ventura,  original  de  un  dis¬ 
tinguido  autor.  Con  este  motivo  se  terminan  las 
representaciones  de  La  Corte  de  Napoleón,  y  sen¬ 
sible  es  que,  por  tener  la  compañía  que  dar  fin  á 
sus  tareas  artístioas  el  día  28  del  próximo  mes, 
haya  de  dejar  de  poner  en  escena  obra  que  con 
tanto  éxito  viene  representándose.  Además  de  la 
comedia  que  ha  de  estrenarse  pasado  mañana,  la 
dirección  artística  de  este  teatro  se  propone  dar 
á  conooer  otras  dos  obras  nuevas  antes  de  termi¬ 
nar  la  temporada.  Deseamos  que  ésta  termine  tan 
feliz  y  fructuosamente  como  viene  siéndolo  desde 
sus  comienzos,  pues  digna  de  tal  premio  es  la  Em¬ 
presa  por  sus  constantes  esfuerzos. 

PARISH. 

Proporciones  de  estreno  gordo  revistió  la  re- 
prise  de  La  Dolores ,  verificada  la  noche  del  18  en 
el  teatro  de  Parish.  Seguramente  no  escuchó  el 
maestro  Bretón  tantos  ni  tan  calurosos  aplausos 
la  noche  del  estreno  de  su  ópera,  como  la  del  pa¬ 
sado  sábado.  Llenóse  por  completo  el  espacioso 
teatro  al  anuncio  de  la  reprise ,  y  desde  el  prelu¬ 
dio  hasta  que  terminó  la  representación  no  cesó 
el  público  de  aplaudir,  demostrando  el  placer  con 
que  saboreaba  las  muchas  bellezas  con  que  el  emi¬ 
nente  compositor  supo  adornar  todos  los  números 
de  su  obra. 

Esta  fue  en  conjunto  muy  bien  representada. 
La  Srta.  Corona,  encargada  del  papel  de  protago¬ 
nista,  supo  renovar  los  laureles  que  conquistara 
estrenando  tan  difícil  parte,  y  cantó  con  gran 
maestría  y  notable  sentimiento  dramático  toda  la 
obra,  y  muy  especialmente  el  acto  tercero,  en  el 
que  se  mostró  á  la  altura  de  su  envidiable  reputa¬ 
ción  artística. 

Valentín  González  interpretó  con  grandísimo 
acierto  el  papel  de  sargento,  mereciendo  los  mu¬ 
chos  y  entusiastas  aplausos  que  le  tributó  el  pú¬ 
blico,  pues  hizo  una  verdadera  creación.  Con 
justicia  disfruta  la  fama  de  ser  uno  de  los  mejores 
cantantes  que  tenemos.  Muy  bien  cantó  el  Sr.  Ca- 
sañas  la  parte  de  Lázaro,  así  como  la  Srta.  Baile  y 
el  Sr.  Querol  y  el  estudioso  y  simpático  Gamero 
sus  papeles  respectivos. 

Merecen  especialísima  mención  el  Sr.  Figuerola, 
que  cantó  magistralmente  la  popular  é  inspirada 
jota  del  segundo  acto,  que  tuvo  que  repetir  á  ins¬ 
tancias  del  público,  y  la  orquesta,  que  hábilmente 
dirigida  por  el  maestro  Bretón  contribuyó  pode¬ 
rosamente  al  buen  conjunto  de  la  representación. 
Al  terminar  ésta  tuvieron  que  presentarse  en  es¬ 
cena  muchas  veces  autor  y  actores  para  recibir  los 
aplausos  del  público.  Bien  lo  merecieron  todos, 
puesto  que  La  Dolores  es  una  de  las  obras  que  me¬ 
jor  interpretadas  han  resultado  de  cuantas  se  han 
puesto  en  escena. 

LARA. 

La  noche  del  pasado  martes  se  puso  en  escena 
por  primera  vez  en  este  teatro  la  comedia  de  Mi¬ 
guel  Echegaray,  El  octavo  no  mentir . 

Se  distinguieron  en  su  interpretación  la  señora 
Val  verde  y  Srta.  Moreno  y  los  Sres.  Larra  y  San¬ 
tiago. 

La  Srta.  García  Senray  los  Sres.  Soler  y  Valle 
desempeñaron  sus  papeles  discretamente. 

Al  final  de  cada  uno  de  los  actos  los  actores  se 
presentaron  en  escena  muchas  veces  á  recibir  los 
aplausos  del  público.. 

• 

•  « 

Para  hoy,  en  la  segunda  sección,  está  anunciado 
el  estreno  de  un  juguete  cómico  en  prosa,  original 
de  dos  distinguidos  autores,  y  titulado  La  Jaula 
del  loro . 

«  « 

Para  el  miércoles  próximo,  debut  de  la  divettc 
portuguesa  Mercedes  Blasco,  que  dará  á  conocer 
canciones  y  fados  de  su  país  y  couplets  franceses 
de  los  más  en  boga. 


MODERNO. 

Como  base  de  la  compañía  que  durante  las  pró¬ 
ximas  Pasoaas  comenzará  á  actuar  en  este  teatro, 
figuran  las  notables  tiples  Sras.  Delgado,  Lázaro  y 
Méndez. 

La  nueva  Empresa  abrirá  unos  abonos  especia¬ 
les  por  un  mes,  al  precio  de  cinco  pesetas,  nove¬ 
dad  hasta  ahora  desconocida  en  Madrid.  La  lista 
completa  de  la  compañía  se  publicará  en  breve. 

A. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  uAm  perfumado  de  los  jabones  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello 

3  grande*  premio*.  21  medalla*  de  oro.— Fuera  de  oeaonrea 
4,  PLACE  DE  Xi’OFÉRA,  PARIS 

De  renta  en  todaa  la*  buena*  perfumería*  de  España  j  América. 


LOSaTOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 
PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 
Remedio  prodigioso  y  rápido.  90  años  de  óxito. 


PATE  EPILATOIRE  DOSSEESS,? 

Par»  los  brssos  smplwts  si  PILI  VORI.—  1*  Ros  J.-J.  Roisssm.  1,  Varis. 


VINO  DI-DIGKSTIVO  i»K  CUASSAINtí. 30  años  de 
éxito  contra  las  enfermedades  del  aparato  digestivo  (dispep¬ 
sias,  inapetencia,  pérdida  de  fuerzas París,  6,  Av.  Victoria. 


EAU  oHOUBIGANT 

HoaMfsal,  perfumista,  París ,  19,  F&ubourg  8*  Honoré. 


Perfumería  exótica  8ENET,  36,  ruedu  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véanse  los  anuncios.) 

Perfumería  Xinim,  M&ison  LECONTE,  31,  rué  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios.) 


violette  idéale 

Hsablgant,  perfumista,  París ,  19,  Faubourg  S*  Honoré. 

HELADORA  para  CHÁTEAUX  DECAMPO 

J.  SCUALLEH  ,2,  rué  St  Honoré  33,  París.  (Véanse  loe  anuncios.) 

A  llllff  Pie  (Afttlgss  oasa  tfa  CHILE  PINSAT),  30.  rué 
.  ff  ñulujlj  &  u-  Louu-U-Grand ,  Paria-T  RAJES  Y  ABRIGOS 
La  oaaa  que  viste  &  las  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  gu*-to 


uvuui eo  gg  raun  uuu 

bella  encarnación  y  esa  tez  mate  y  aristo¬ 
crática,  signos  de  la  belleza.  Ni  arrugas, 
ni  granos],  ni  pecas ,  la  epidermis  sana  y 
limpia,  tales  son  los  resultados  obtenidos  con 
el  empleo  combinado  de  la  Crema  Simé»* 
de  los  Polvos  y  del  Jabón  Simón.  Exigid 
bien  la  Crema  Slmón9  y  no  otros  productos 
similares. 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


Feria-Concurso  Agrícola.— Hemos  recibido  ejemplares  de 
la  revista  que  se  publica  en  Barcelona  con  el  precedente  títu¬ 
lo  ,  y  que  es  órgano  oficial  del  Comité  ejecutivo  de  la  Expo¬ 
sición. 

Esta  publicación  es  útilísima  para  cuantos  deseen  tomar 
parte  en  tan  importante  Concurso,  convocado  por  el  Ayunta¬ 
miento  de  Barcelona,  y  que  se  realizará  mediante  exhibicio¬ 
nes  permanentes  (instalaciones  fijas),  periódicas  (mercados 
semanales)  y  únicas  (concursos  especiales). 

Exhibiciones  permanentes  serán  las  de  semillas,  granos, 
harinas,  vinos,  aceites,  cervezas,  maquinaria,  jardinería  orna¬ 
mental,  industrias  rurales,  vaquerías,  leches,  quesos,  mante¬ 
cas,  etc.,  etc.;  las  de  plantas  medicinales,  forrajeras  y  textiles; 
conservas  de  carnes,  pescados,  frutas  y  legumbres;  productos 
forestales  (maderas,  resinas,  etc.);  libros  que  traten  ae  agrono¬ 
mía  y  sus  especialidades  y  de  cuanto  la  Feria-Concurso  abar¬ 
ca;  planos  de  construcciones  rurales,  canales  de  riego,  vías  de 
comunicación,  memorias,  monografías,  etc.,  etc. 

Las  exhibiciones  periódicas,  ó  mercados  semanales,  admi¬ 
tirán  para  su  venta  directa  ganados  y  aves  de  todas  clases. 

Las  exhibiciones  únicas,  ó  concursos  especiales,  servirán 
para  conocer,  apreciar  y  estimular  los  ejemplares  tipos  de  la 
ganadería  y  avicultura  dedicados  á  la  reproducción,  por  gra¬ 
dación  de  especies,  géneros,  razas  y  clases. 

En  estas  exhibiciones  únicas  figurarán  los  trabajos  de  expe¬ 
rimentación  en  los  terrenos  asignados  para  campos  de  culti¬ 
vo;  el  funcionamiento  de  laa  máquinas  y  artefactos  ntilizables 
en  cada  una  de  las  operaciones  del  laboreo  de  las  tierras.  Ha¬ 
brá  concursos  de  injertadores  y  podadores.  Prácticas  de  viti¬ 
cultura  y  vinificación;  de  olivicultura  y  refinación  de  aceites. 
Prácticas  de  envases  para  el  consumo  directo  y  la  exportación. 

Además  del  Concurso  hfpico  (primero  que  se  celebrará  en 
España)  y  de  loa  ya  indicados,  llamarán  la  atención,  por  su 
novedad  y  utilidad,  los  de  avicultura,  apicultura,  sericicultura, 
horticultura  y  floricultura;  el  concurso  canino;  los  de  produc¬ 
tos  de  la  ganadería  (pieles,  cueros  y  lanas),  y,  en  suma,  todos 
los  que  se  detallan  en  loa  programas  generales. 


Digitized  by  {jOoq  le 


22  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACION  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


Química  biológica  aplicada  A  la  higiene 

y  d  la  patología  humanas,  por  el  Dr.  H.  Ar- 
dieta. 

Se  han  publicado  los  primeros  cuadernos 
de  la  importante  obra  científica  cuyo  título  en¬ 
cabeza  estas  lineas,  escrita  por  el  Dr.  Ardieta, 
ex  catedrático  de  Química  y  antiguo  alumno  de 
la  Facultad  de  Ciencias  de  París,  ventajosa- 
mente  conocido  por  sus  trabajos  en  la  cátedra, 
libros  y  revistas  científicas. 

La  importante  materia  de  la  Química  bioló¬ 
gica  en  sus  aplicaciones  á  la  Patología  y  á  la 
Higiene  tenía  pie  ser  estudiada  hasta  ahora  en 
obras  y  revistas  extranjeras,  y  es  realmente 
Utilísima  la  publicación  emprendida  por  la  casa 
Soler,  de  Barcelona,  que  la  pone  al  alcance  de 
todos. 

Seguramente  este  libro  ha  de  ser  útilísimo 
no  sólo  á  los  médicos,  para  quienes  es  indis¬ 
pensable,  sino  al  naturalista,  al  abogado  y  á 
los  que  entienden  en  las  difíciles  cuestiones  de 
la  Administración  pública.  Porque  la  esfera 
amplísima  en  la  cual  desarrolla  sus  teorías  y 
vulgariza  sus  hechos  la  Química  biológica ,  tan¬ 
to  afecta  á  los  fenómenos  de  la  Yida  en  los  ór¬ 
ganos  de  los  seres  Yivientes,  como  á  las  tras¬ 
cendentales  inYestigaciones  de  la  Medicina 
legal,  del  Derecho  y  de  la  Antropología,  y  á  los 
importantísimos  datos  según  los  cuales  han 
de  resolYerse  las  condiciones  de  salud,  des¬ 
arrollo  y  crecimiento  de  las  colectividades.  La 
obra  se  publica  por  cuadernos  de 24  páginas,  al 
precio  ae  una  peseta.  Las  láminas  sueltas  que 
ilustran  la  obra,  además  de  los  numerosos 
grabados  intercalados  en  el  texto,  se  compu¬ 
tan  por  8  páginas. 

Un  Concurso  de  caridad.— Entre  los  con¬ 
signados  en  el  Almanaque  Bailly-  Bailliére 
figura  uno  que  consiste  en  hacer  un  babero  para 
niño. 

Además  de  5G  premios,  cada  señora  que 
tome  parte  en  este  Concurso  recibirá  un  diplo¬ 
ma,  en  el  cual  constará  que  ha  remitido  un 
babero  para  el  Concurso  de  caridad  y  el  pre¬ 
mio  que  haya  obtenido,  en  caso  de  que  el  Ju¬ 
rado  le  haya  adjudicado  alguno. 

Una  vez  repartidos  los  regalos,  todos  los  ba¬ 
beros  serán  entregados  á  la  Inclusa  de  Madrid 
para  los  pobres  niños  que  allí  entran. 

El  plazo  de  admisión  termina  el  31  del  co¬ 
rriente.— C. 


RECALZO  DEL  CUARTEL  DE  BALLAJÁ 


(De  fotografía  de  D.  llamón  García.) 


¿SE  HA  ENCENDIDO  PARA  USTED  ESTE  FARO? 

«Creo  que  el  Gobierno  debía  erigir  inmediata¬ 
mente  un  nuevo  faro  en  el  punto  de  la  costa  de 
Florida  que  he  marcado.  Es  lugar  peligroso,  en 
que  los  buques  pueden  aconcharse  contra  la  cos¬ 
ta  y  perderse.» 

Así  escribe  un  capitán  al  Gobierno  de  los  Esta¬ 
dos  Unidos.  Se  refiere  á  un  punto  de  la  costa  de 


tor  preguntará:  —  ¿Cómo  es  que  una  persona  que 
más  de  una  vez  ha  tenido  la  apariencia  y  se  ha 
sentido  en  estado  de  muerte,  ha  podido  recobrar 
tan  pronto  la  salud  con  una  sola  medicina,  des¬ 
pués  de  no  haber  dado  resultado  el  tratamiento 
de  un  médico  hábil?  A  esta  pregunta  estamos  obli¬ 
gados  á  dar  una  contestación  razonable  y  satis¬ 
factoria.  No  estamos  en  Ja  época  de  la  magia  ni 
|  de  los  milagros.  El  Creador  obra  por  medio  de  sus 
¡  leyes,  y  deja  á  los  hombres  que  averigüen  lo  que 
son  por  medio  de  la  experiencia  y  la  observación. 
La  enfermedad  real  de  esta  señora  era  indiges- 
I  tión,  producida  sin  duda  por  un  trabajo  excesivo 
:  y  posiblemente  por  falta  de  precaución  con  res- 
|  pectó  á  la  comida  y  al  sueño.  En  esta  enferme¬ 
dad  común  y  peligrosa,  el  estómago  está  constan¬ 
temente  más  ó  menos  inflamado  por  un  gas,  que 
se  produce  por  el  alimento  en  descomposición  y 
fermentación.  Esto  hace  que  el  estómago  oprima 
al  corazón,  que  está  por  encima,  produciéndose 
así  la  palpitación  irregular,  la  paralización  y  el 
desmayo. 

El  remedio  empleado,  Jarabe  Curativo  de  la 
Madre  Seigel,  atacó  este  estado  alarmante  de  co¬ 
sas,  curando  la  verdadera  enfermedad  que  lo  oca¬ 
sionaba,  indigestión  y  estreñimiento.  Este  caso 
debe  servir  de  aviso  contra  la  tendencia  á  equi¬ 
vocar  los  síntomas  por  la  causa.  Esta  señora  ha 
tenido  la  fortuna  de  emplear  el  único  remedio 
existente,  antes  de  que  la  situación  se  hiciera  más 
critica  de  lo  que  ya  era. 

El  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  está  de  ' 
venta  en  todas  las  farmacias,  droguerías  y  ex-  J 
pendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del  I 
frasco,  1¿  reales;  frasquito,  8  reales. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 


LA  REVALENTA  ARABIGA ! 

Jura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  ai 


lisenteria,  pituitas, 

náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  higado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños. — Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Do  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


América,  y  no  hay  duda  de  que  tiene  razón.  No 
puede  haber  demasiados  avisos  contra  los  peli¬ 
gros.  La  siguiente  carta,  que  se  imprime  con  las 
mismas  palabras  del  que  la  escribió ,  puede  ser 
una  especie  de  faro  para  muchos  de  nuestros  lec¬ 
tores.  La  escribe  la  Sra.  Plowright 


w  ,  mujer  de 
Willi&m  Plowright  ,  de  Lincolnshire  Bakery,  Che- 
etham  Street,  23,  North  Street,  Cheeth&m,  Man- 
chesler. 

La  señora  dice:  «En  la  primavera  de  1889  pa¬ 
decía  de  enfermedad  del  corazón  y  debilidad  ge¬ 
neral,  llevando  así  desde  Abril  á  Septiembre.  Al 
principio  la  enfermedad  se  apoderó  de  mí  sin  que 
casi  me  diese  cuenta.  Me  sentía  languidecer,  me 
cansaba  á  poco  que  hiciera,  me  faltaba  la  respi¬ 
ración  y  me  desmayaba.  No  podía  comer  ni  dor¬ 
mir  bien.  Siempre  había  tenido  un  genio  alegre, 
pero  se  efectuó  un  cambio,  y  pronto  me  vi  cansada 
y  desanimada.  Sentía  mucho  dolor  en  el  pecho  y 
y  no  podía  comer  nada  sin 


SUEÑOS  Y  REALIDADES 


DON  RAMON  DE  NAVARRETE 


La  mejor  recomendación  de  este  ameno  libro  es  manifestar  que  está  escrito  por  el  dis¬ 
tinguido  cronista  de  salones  y  teatros  El  Marqués  de  Valle- Alegre. 

Elegante  volumen  en  8.°  mayor  francés,  que  se  vende,  á  4  peseta*  en  la  Administración 

de  este  periódico,  Arenal,  1H,  Madrid. 


región  del  corazón, 
disgusto.  Hasta  para  tragar  un  poco  de  agua  sen¬ 
tía  dolor. 

» Así  pasaron  algunas  semanas,  alendiendo  al 
trabajo  de  la  tienda  y  de  la  casa,  pero  -intiéndome 
muy  abatida.  Probé  medicinas  simples,  pues  soy 
muy  contraria  á  medicinarme,  mas  creí  que  de¬ 
bía  hacer  algo  por  aliviarme.  No  poniéndome 
mejor  consulté  al  médico  de  la  casa,  persona 
que  tiene  mucha  clientela  y  está  muy  bien  consi¬ 
derada.  Después  de  un  examen  cuidadoso,  me 
dijo  que  tenía  congestión  del  hígado,  enfermedad 
del  corazón  y  debilidad.  Me  estuvo  asistiendo  al¬ 
gunos  meses.  Me  daba  medicinas  que  por  el  mo¬ 
mento  me  hacían  provecho,  y  luego  caía  en  mi 
estado  anterior.  De  cuando  en  cuando,  el  corazón 
dejaba  de  latir  y  tenía  toda  la  apariencia  de  es¬ 
tarme  muriendo.  Esto  me  llenaba  de  alarma; 
pero  á  poco  revivía  y  me  sentía  mejor. 

/Esto  me  dijeron  que  era  lo  que  se  llama  an¬ 
gina  pectoris ,  y  se  dice  enfermedad  incurable. 
Así  seguí  hasta  fines  de  Agosto,  cuando  mi  ma¬ 
rido  y  otros  amigos  me  persuadieron  á  que  pro¬ 
bara  el  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel.  Mi 
marido  había  tomado  ya  un  poco  de  una  botella 
de  esta  medicina,  y  yo  había  leído  algo  sobre  ella 
en  un  libro  que  habían  dejado  en  la  tienda.  Sin 
embargo,  no  creía  que  me  haría  mucho  provecho. 
Empecé  tomando  quince  gotas,  y  como  no  daban 
buen  resultado,  tomé  treinta  gotas  siguiendo  lo 
que  se  aconseja.  Esta  dosis  parecía  conveniente, 
pues  después  de  una  botella  empecé  á  sentirme 
más  fuerte.  Los  dolores  en  el  pecho  y  en  los  cos¬ 
tados  desaparecieron  gradualmente,  y  al  cabo  de 
las  dos  botellas  se  había  restablecido  mi  salud. 
Ahora  estoy  muy  buena,  y  no  me  ha  vuelto  á  dar 
trabajo  el  corazón.» 

Esta  es  la  relación  que  hace  la  Sra.  Plowright 
en  calma  y  desapasionadamente.  No  le  hemos 
añadido  nada,  ni  nada  le  hemos  quitado.  El  lec- 


CIIDAI  151 A  C  J^QVECKS,  calambres  en  el 
kUVlHL(IIM9MfómA¿o,/)/«f0r/«mo,  toda*  1*» 
|  enfermedad»!  nerviosas  te  calman  n  r p  D  O  M I C  D 
con  lea plldoraa antlneurilgicaa delU  OnUII  Itn 
S  franco*.  — París, Pmriu*cia,2J,  ruede  la  Mon  ího 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 


extra.  Primer  premio  Exposición  Farmacéutica  Nacional.  París,  dos  medallas  oro.  Inmejorable 
para  curar  y  evitar  la  blandura  de  los  párpados  y  aclarar  la  visfa  cansada.  Superior  al  árnica  para 
contusiones  y  heridas.  Indispensable  á  los  ciclistas  para  secar  ( 1  sudor,  evilar  los  enfriamientos, 
estimular  la  piel  y  producir  la  sedación  de  los  músculos.  En  f  ascos,  farmacias  y  perfumerías.  Por 
mayor,  M.  García,  Madrid;  Barcelona,  V.  Ferrer  y  C.a  Por  medida  rcmrsa  su  autor  á  domicilio, 
franco  envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  5  pesetas  litro  Desde  cuatro  litros,  á  4  peseta*. 


EL  MATRIMONIO 

SU  LEY  NATURAL,  SU  HISTORIA,  SU  IMPORTANCIA  SOCIAL 


LA  FOSFATIIVA  FALII.RFS  w  el  ali- 

mentó  má«  agradable  y  más  recomendado  para  loe 
niños  de  6  á  7  meses  de  edad ,  principalmente  en  la 
época  ael  destete  y  en  el  periodo  del  crecimiento. 
facilita  la  dentición  y  asegura  la  buena  formación  de  los 
wiesos.  Impide  la  diarrea  tan  frecuente  en  los  niños. 
París,  Avenue  Victoria,  6,  farmacias. 


D.  JOAQUIN  SANCHEZ  DE  TOCA 

precedido  de  un  prólogo  del  académico 

AURELIANO  FERNÁN DEZ-GUERRA 


Los  primeros  se  conservan 
I  Lw  blancos  y  sin  sarro,  fuer- 
rAini  A  O  tes  y  sin  desangre;  y  las 
Y  r  segundas  duras  y  rosadas 

'  1  riw  como  el  carmín,  usando  á 

diario  el  más  higiénico,  más  barato  y  de  más  ex¬ 
quisito  perfume  de  los  dentífricos,  Licor  del 
Polo  de  Orive.  Frasco,  6  rs.  en  toda  farmacia 
y  perfumería.  M.  García,  Capellanes,  1,  Madrid. 


Edición  reformada. — Dos  tomos,  8.°  mayor  francés. — S  pesetas. 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración  Española  y  Americana, 

Arenal,  18,  Madrid. 


Impreso  ooa  tinto  de  la  fábrica  LOBZUSUZ  7  C.»,  16,  rae  Buffer,  París. 


MADRID. — Establecimiento  t  i  poli  tográfleo  «Sucesores  de  Rivadeneyra  » 
impresores  de  la  Real  Caso. 


Reservados  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literario. 


Digitized  by 


r 


MADRID  .  —  PALACIO  DE  LA  PRESIDENCIA  DEL  CONSEJO  DE  MINISTROS. 
SALÓN  DONDE  SE  CELEBRAN  LOS  CONSEJOS. 

(De  fotografía  de  Franzen.) 


Digitized  by  LjOOQie 


182  —  n.°  xii 


LA -ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  X -AMERICANA 


30  JJabzo  1898 


SUMARIO. 


TEXTO  —Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón. -Nuestros 
grabados,  por  D.  Oarlos  Luis  de  Cuenca.— ¡Sin  luz!,  por  D.  Eusebio 
Blasco.— La  muerte  de  la  Princesa  de  Joinville.  Recuerdos  de  la 
•orte  de  Luis  Felipe,  por  Rombal.— Ciudad-Rodrigo.  Tradiciones, 
recuerdos  y  monumentos,  por  D.  Enrique  Serrano  Fatigati.— A  es¬ 
pada  española,  por  D.  Eduardo  de  Palacio.  —  Las  ciencias  en  Es¬ 
paña.  La  Odontología  moderna,  por  D.  Juan  Cervera  Bachiller.— 
Por  la  guerra  paz,  por  D.  Juan  Lapoulide. —  Tercera  ración  de 
artículos,  por  D.  Anselmo  Fuentes.  —  A  un  impaciente,  soneto,  por 
D.  Manuel  de  Sandoval.— Los  teatros,  por  A.— Sueltos.— Anuncios. 

GRABADOS.— Madrid:  Palacio  de  la  Presidencia  del  Consejo  de  Mi¬ 
nistros.  Salón  donde  se  celebran  los  Consejos.  —  La  catástrofe  de 
Bélmez  (Córdoba):  Pozo  niím.  22,  de  180  metros  de  profundidad, 
por  donde  se  extrajeron  los  muertos  y  heridos  — La  mina  Santa 
Imbel,  donde  ocurrió  la  explosión  el  17  del  actual.— Solemnes  fu¬ 
nerales  tributados  á  las  victimas,  en  la  plaza  del  Santo,  el  19  del 
corriente.  -  Vista  general  de  la  villa  y  de  la  mina  Santa  lsol>el, 
donde  ocurrió  la  explosión.  — La  Ilabana:  Casa  que  ocupa  el  Con¬ 
sulado  norteamericano.  —  Vapor  norteamericano  liight  Arm ,  de  la 
empresa  contratista  de  la  extracción  del  casco  del  Maine.—  Bellas 
Artes:  El  Beso  (le  un  ángel,  dibujo  de  M.  Alcázar.  —  Capuchinos  en  el 
coro  cantando  vísperas,  cuadro  de  Navarrete  —  Madrid:  Gabinete  de 
Odontología  del  Dr.  Gallardo.  Sala  de  consultas  —  Roma:  Peregri¬ 
nación  mejicana.  Retrato  del  comendador  Enrique  Angelini,  cón¬ 
sul  de  Méjico  en  Roma.— Grupo  de  los  peregrinos  que  van  á  Tierra 
Santa.  —  Peregrinos  visitando  un  columbario  en  la  via  Appia. 
Subiendo  la  «Scala  Santa».  Audiencia  concedida  por  Su  Santidad 
León  ~VTTT  á  los  peregrinos  mejicanos.  Misa  pontifical  celebrada  el 
12  del  corriente  en  la  capilla  del  Colegio  Pió  Latino-Americano.— 
Cayo  Hueso  (EE  UU.  de  Norte -Amé rica):  Edificio  donde  ha  cele¬ 
brado  sus  sesiones  la  Comisión  americana  encargada  de  la  investi¬ 
gación  de  las  causas  que  originaron  la  catástrofe  del  Maine. 


CRÓNICA  GENERAL. 


^  AS  elecciones  de  diputados  y  nuestras 
diferencias  con  los  Estados  Unidos 
han  reconcentrado  en  estos  días  la 
atención  del  público  español.  Algo  se 
ha  hablado  de  un  suceso  desagradable 
en  Manila ,  y  no  ha  faltado  quien  pre¬ 
tendiera  aprovecharle  para  aconsejar 
reformas  que  á  otros  les  parecen  fuente  de 
complicaciones  y  trastornos.  Dejando  esto 
aparte,  no  por  trivial,  sino  por  acudir  á  lo 
apremiante,  debemos  hacer  constar  que  la  actitud 
de  los  Estados  Unidos  ha  sido  y  continúa  siendo 
nuestra  mayor  preocupación:  como  que,  á  pesar 
de  algún  optimismo  de  última  hora,  más  instin¬ 
tivo  que  razonado,  el  pueblo  español,  que  no  desea 
aumentar  los  males  de  la  guerra  que  sufre  con 
otra  más  dudosa,  pero  aún  más  injustificada,  se 
ha  resignado,  se  ha  acostumbrado  á  esta  sangrienta 
eventualidad,  con  la  tristeza  pero  con  la  sereni¬ 
dad  y  brío  del  hombre  de  honor  que  tiene  la  con¬ 
ciencia  tranquila,  ante  la  agresión  brutal,  cuando 
llega  á  los  límites  de  lo  insoportable.  Más  dire¬ 
mos:  no  á  pocos,  sino  á  muchos  que  no  la  desean 
hemos  oído  dudar  de  si  la  guerra  con  que  nos 
amenazan,  que  preparan  sin  ocultarlo,  con  que  más 
ó  menos  claramente  nos  conminan,  puede  ser  un 
bien;  porque  padece  más  el  organismo  con  una 
debilitación  muy  prolongada,  que  con  una  vio¬ 
lenta  pulmonía. 

Como  en  el  período  agudo  á  que  las  cosas  han 
llegado  pueden  mediar  entre  el  momento  de  es¬ 
cribir  y  de  leerse  estas  reflexiones  hechos  inespe¬ 
rados,  nos  debemos  limitar  á  decir  lo  más  indis¬ 
pensable.  La  negativa  del  Gobierno  norteameri¬ 
cano  á  que  reconociese  el  Maine  una  comisión 
mixta  de  marinos  españoles  y  yankees ,  ya  fue  sos¬ 
pechosa;  pero  podía  tener  una  disculpa  más  huma¬ 
nitaria  que  justa:  la  da  atenuar  la  responsabilidad 
de  sus  marinos  cuando  tanto  necesita  de  ellos  y 
los  primeros  informes  parecían  culparlos  de  aban¬ 
dono  y  negligencia.  La  pretensión  del  capitán  del 
buque  de  que  se  volara  ó  destruyera  el  casco  en 
que  están  las  pruebas  de  lo  que  ocurrió,  fue  más 
que  sospechosa,  y  la  negativa  del  general  Blanco 
previsora  y  necesaria.  Falta  saber  cómo  explican 
ellos  el  hecho  de  haberse  salvado  treinta  oficiales, 
todos  menos  dos,  y  haber  perecido  tres  cuartas 
partes  de  la  tripulación.  Cuando  se  usan  contra 
nuestra  honra  artificios  de  toda  clase;  cuando  la 
voladura  del  Maine  resulta  provechosa  á  la  polí¬ 
tica  invasora  de  aquel  Gobierno,  tenemos  el  dere¬ 
cho  de  dudar  si  convenía  á  esa  política  el  sacrificio 
de  un  buque  y  algunos  centenares  de  infelices,  y 
acaso  la  posible  destrucción  del  crucero  español 
anclado  junto  al  Maine:  lo  único  positivo  es  que 
á  España  no  le  convenía.  Pero  ¿  á  qué  insistir  en 
cosas  tan  dilucidadas?  Los  informes  americano  y 
español,  de  que  se  sabe  ya  lo  fundamental,  llegan 
cuando  la  opinión  está  formada.  Aquél,  destinado 
á  soliviantar  los  ánimos  del  vulgo  en  los  Estados 
Unidos  y  á  excitar  á  los  energúmenos  del  Capito¬ 
lio,  ya  ha  producido  sus  efectos:  agresiones,  insul¬ 
tos,  mascaradas  teatrales;  sólo  falta  que  se  traduzca 
en  actos  oficiales  de  hostilidad.  El  informe  espa¬ 
ñol  se  halla  conforme  con  lo  que  la  razón,  la  cien¬ 
cia  y  el  recuerdo  de  lo  sucedido  ha  hecho  que  sea 
la  opinión  pública  de  todo  el  mundo  culto.  No  po¬ 
drán  basar  en  aquel  hecho  un  pretexto  de  guerra. 

Dícese  que  buscan  un  pretexto  humanitario:  el 
socorro  á  los  reconcentrados,  é  introducir  joyas 


entre  los  comestibles.  No  engañarán  á  nadie  con 
esa  supuesta  humanidad.  Es  úna  guerra  de  ambi¬ 
ción,  de  negocio;  ó  un  negocio-tan  indigno  que 
revuelve  ej  mundo  para  producir  una  gran  jugada 
de  baja  y  un  ínangoneo  inmundo  de  caudales.  La 
especulación  es  insaciable;  comercia  con  todo; 
hoy  comercia  cóh  sangre.  ¡Ah,  filántropos! 

Contrastando  con  sus  gritos  y  embustes  y  deli¬ 
rios  de  su  prensa,  que  parece  histérica  según  los 
cablegramas,  España  ha  permanecido  digna  y  se¬ 
ria;  ha  contestado  á  ios  denuestos  volviendo  la 
espalda  con  desdén:  no  hará  la  guerra;  no  insul¬ 
tará  á  nadie;  pero  se  defenderá  si  se  la  acomete. 
Ai  fin  y  al  cabo,  todas  las  madres  españolas  que 
visten  luto  saben  perfectamente  que  más  que  ai 
clima  de  Cuba,  más  que  á  las  balas  explosivas  de 
los  insurrectos,  deben  culpar  de  su  desgracia  á 
esa  nación  que  ya  parece  resuelta  á  dar  la  cara. 
Si  hay  guerra,  el  mal  será  para  todos.  Para  ellos 
solos  la  responsabilidad  y  el  remordimiento,  si 
tienen  sombra  de  conciencia. 


¿Mediarán  estas  ó  aquellas  potencias?  Obras  son 
amores,  y  no  buenas  razones.  Europa  está  pre¬ 
ocupada  en  sus  asuntos.  Alemania  y  Austria  reti¬ 
ran  de  Creta  sus  fuerzas,  y  tienen  sus  miradas 
fijas  en  la  China.  Alemania  se  ha  decidido  á  ser 
gran  potencia  colonial.  Inglaterra  tiene  en  Niza 
convaleciente  á  su  primer  ministro.  Lo  que  fuere 
pronto  ha  de  sonar. 


•  « 

Tenemos  ya  Congreso.  Las  elecciones  del  do¬ 
mingo  han  resultado  según  los  cálculos  sabidos. 
Si  ha  habido  desanimación  en  las  grandes  capita¬ 
les,  no  lo  traducimos  por  indiferencia,  sino  por 
falta  de  verdadera  oposición.  Se  ha  dejado  vencer 
al  Gobierno  porque  el  instinto  general  compren¬ 
día  la  necesidad  de  que  venciera.  En  los  distritos, 
sólo  los  intereses  privados  han  reñido  como  siem¬ 
pre.  Pronto  tendremos  Senado.  Luego,  las  Cortes 
resolverán  los  casos  arduos  que  se  han  de  ofrecer 
en  la  legislatura  que  pronto  ha  de  empezar.  Espe¬ 
remos  también,  para  juzgar  de  su  previsión  y  pa¬ 
triotismo. 

* 

«  * 

Camila  Sánchez  es  una  novela  americana,  es¬ 
crita  en  Barranquilla  y  muy  bien  impresa  é  ilus¬ 
trada  en  Barcelona.  Su  autor,  el  poeta  D.  Abraham 
Z.  López-Penha,  desea  conocer  nuestra  opinión 
acerca  de  esta  obra,  sin  duda  por  constituir  un 
cambio  en  la  dirección  de  su  talento.  Como  una 
opinión  no  es  una  crítica  que  implica  estudio  y 
necesita  desarrollo,  no  tenemos  inconveniente  en 
complacerle,  y  desde  luego  le  diremos  con  fran¬ 
queza  que  lo  mejor  que  tiene  su  novela  está  en  el 
fondo,  y  sus  mayores  defectos  son  de  forma.  En¬ 
tendámonos  respecto  de  esto  último:  nos  referi¬ 
mos  únicamente  á  imperfecciones  de  lenguaje,  no 
al  orden  y  estructura  de  la  composición,  que  es 
bueno,  lógico  y  bien  graduado  su  interés.  Pero  no 
hay  lector  español  que  no  salte  de  su  asiento  al 
leer  estos  y  otros  provincialismos  ó  lo  que  fueren: 
«Cuando  te  robabas  (1)  los  dulces  á  tu  abuelo»; 
« Levantada  (2)  en  esta  escuela»,  por  educada; 
«mas  al  acto  se  reprimió»;  «pasara par  sobre  la  ne¬ 
gra  cenefa»;  «está  usted  encantadora  por  demás»; 
«respondió  entre  ruborizada  y  sonreída »;  etc.,  etc.: 
defectos  intolerables  para  nuestro  oído,  que  no  se 
compensan  al  ver  con  gusto  que  usan  todavía  esas 
regiones  algunos  giros  y  vocablos  antiguos  deste¬ 
rrados  de  nuestro  lenguaje,  donde  todos  baten  el 
record ,  y  anuncian  los  portfolios  y  el  coin  y  otras 
novedades,  y  comen  en  restaurant  y  viven  en  ho¬ 
tel.  Y  conste  que  no  advertiríamos  estos  defectos  si 
no  constituyeran  vicios  muy  frecuentes  en  el  au¬ 
tor,  con  lesión  grave  del  idioma,  que  faltas  aisladas 
se  encuentran  en  las  obras  de  los  que  hoy  tienen 
mayor  crédito;  y  si  no  demostraran  la  convenien¬ 
cia  de  que  el  Sr.  López-Penha  residiera  algún  tiem¬ 
po  en  España  para  corregirse,  si  se  dedica  á  la 
novela,  porque  nada  hay  tan  expuesto  como  el  diᬠ
logo  familiar  á  incurrir  en  esos  yerros  que  nota 
en  España  el  más  indocto.  Y  ya  que  hemos  indi¬ 
cado  aquéllos  con  lealtad,  debemos  consignar  en 
qué  consiste  su  mayor  acierto:  en  la  poesía  que 
sin  pesadas  descripciones  emana  de  la  obra;  en  la 
delicadeza  y  ternura  de  los  afectos,  y  en  que  está 
el  libro  tan  bien  sentido  como  si  sus  páginas  fue¬ 
ran  episodios  de  la  vida  del  autor.  Tiene  para  nos¬ 
otros,  además,  otro  encanto:  aquellas  escenas  ín¬ 
timas  de  la  familia  americana,  aquellos  nombres 
y  apellidos  españoles,  y  aquellas  jiras  campestres, 
nos  parecen  suceder  no  en  un  país  extranjero  sino 
en  una  de  nuestras  provincias,  entre  personas  co¬ 


tí)  Creimos  que  era  errata,  pero  la  falta  se  repite. 

(2)  ¿Vendrá  del  Yerbo  francés  élever  mal  comprendido? 


nocidas,  y  nos  recuerdan  la  sociedad  española  de 
otros  tiempos.  No  perdimos  sólo  con  la  América 
inmensos  territorios:  quedóse  allí  extraviada  la 
mitad  de  nuestra  familia,  y  la  mitad  de  nuestra 
sangre  y  nuestra  fuerza. 

• 

•  • 

Todos  los  periódicos  franceses  han  dedicado  un 
afectuoso  recuerdo  á  la  memoria  del  Sr.  D.  Alfonso 
Aldama,  hermano  de  la  Sra.  Duquesa  de  Rivas,  y 
apreciado  en  París  por  sus  dotes  de  caballero  como 
por  su  destreza  en  el  arte  de  la  esgrima,  tan  ejer¬ 
citado  por  todos  los  españoles  en  otros  tiempos 
como  abandonado  en  los  últimos,  y  que  hoy  vuel¬ 
ve  á  renacer,  aunque  ya  no  sea  el  arte  popular  que 
aprendían  hasta  los  muchachos  de  la  calle  cuando 
1  ts  lecciones  se  daban  al  aire  libre  y  los  diestros 
se  disputaban  á  botonazos  el  dinero  en  las  pales- 
trillas  de  la  Tela:  el  Sr.  Aldama,  según  la  prensa 
francesa,  siendo  por  su  larga  residencia  en  Fran¬ 
cia  un  parisiense,  representaba  el  tipo  legendario 
de  nuestra  raza.  Debemos  agradecer  la  estimación 
que  de  ésta  y  del  finado  hacen  los  periodistas  fran¬ 
ceses,  y  enviamos  á  la  Sra.  Duquesa  de  Rivas  la 
expresión  de  nuestro  sentimiento. 

La  magistratura  ha  perdido  en  estos  días  uno  de 
sus  dignos  individuos  en  D.  Agustín  Puebla,  ma¬ 
gistrado  de  la  Audiencia  de  Madrid,  que  deja  un 
nombre  respetado  por  su  probidad  é  inteligencia. 
Era  hermano  del  ilustre  artista  D.  Dióscoro  Teó¬ 
filo  Puebla,  profesor  de  la  Escuela  Superior  de 
Pintura,  á  quien  acompañamos  en  su  justísimo 
dolor,  así  como  á  toda  su  atribuladísima  familia. 

• 

•  • 

El  toreo  ha  tenido  dos  bajas.  Una  en  la  plaza: 
el  pobre  espada  Ripoll,  enganchado  por  una  ingle 
al  dar  un  pase  de  muleta,  con  tal  desgracia  que 
sólo  le  dió  tiempo  para  recibir  los  Sacramentos. 
Y  el  viejo  y  famoso  Regatero ,  poco  afortunado 
como  matador  y  banderillero  excelente;  el  último 
que  usó  en  Madrid  el  calañés,  el  amigo  de  los 
aristócratas  y  uno  de  los  tipos  más  familiares  de 
la  villa. 

• 

•  • 

Ante  un  escaparate. 

— ¿Qué  prefieres? 

—  No  sé  si  me  comería  mejor  aquel  salmón  ó 
aquella  lengua  de  ternera.  ¿Y  tú,  Juanillo? 

—Yo  estoy  promiscuando  con  la  vista. 


Histórico. 

—  Maruja,  ¿quieres  venir  conmigo  al  teatro?  Me 
han  regalado  dos  entradas. 

—  Estoy  sin  aviar. 

—  ¿Y  qué  importa?  Nos  vamos  á  un  rincón. 

—  Chica,  la  verdad:  si  no  me  pongo  polvos,  no 
me  divierto  en  el  teatro. 


— ¿Es  este  el  colegio  electoral? 

—  Sí,  señor.  ¿Viene  usted  á  votar? 
— No,  señor.  Vengo  de  oyente. 


—  ¿Sales  diputado? 

—  Cuento  con  el  acta. 

— ¿Limpia? 

—  ¡Ya  lo  creo  I  Me  han  ofrecido  el  acta  en  blanco. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


MADRID. 

Palacio  de  la  Presidencia  del  Consejo  de  Ministros. 

Salón  donde  se  celebran  los  Consejos. 

El  grabado  de  la  primera  página  es  una  exacta 
reproducción  del  salón  de  la  Presidencia  donde  se 
celebran  los  Consejos  de  Ministros.  La  rica  y  sen¬ 
cilla  decoración  es  de  severa  elegancia,  y  en  su 
testero  figura  un  retrato  de  S.  M.  D.  Alfonso  XIII. 

Sería  necesario  un  libro  para  consignar  los  re¬ 
cuerdos  que  este  salón  de  Consejos  encierra,  por¬ 
que  sería  preciso  referir  los  miles  de  sucesos  que 
en  nuestra  agitada  historia  política  han  sido  allí 
resueltos  por  nuestros  gobernantes.  Hoy  se  venti¬ 
lan  en  él  cuestiones  trascendentalísimas  para  nues¬ 
tro  honor  nacional,  cuyas  difíciles  soluciones  á  to¬ 
dos  nos  preocupan.  Quiera  Dios  inspirar  á  los  Mi¬ 
nistros  que  en  este  salón  se  reúnen,  y  otórgueles 
la  gloria  de  acertar  en  sus  consejos. 

• 

•  • 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Marzo  1898 


LA  -  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  'Y  áETERICANA 


N.#  xii  —  183 


LA  HABANA.  - 

Casa  del  Consolado  norteamericana  —  Vapor  norteamericano  Right 
Arm,  de  la  empresa  contratista  de  la  extracción  del  casco  del  Maine. 
—  Cayo  Hueso:  Edificio  donde  ha  celebrado  sus  sesiones  la  Comi¬ 
sión  americana  investigadora  de  las  causas  que  originaron  la  catás¬ 
trofe  del  Maine. 

Como  la  catástrofe  del  Maine ,  que  en  mal  hora 
nos  enviara  la  inverosímil  cortesía  norteameri¬ 
cana  ,  lejos  de  perder  su  actualidad,  cada  vez  la 
tiene  mayor  y  más  importante,  completamos  hoy 
nuestra  información  gráfica  con  nuevos  grabados, 
cuya  exactitud  fotográfica  les  presta  verdadero 
interés. 

Representa  el  primero  de  la  página  184  la  casa 
del  Consulado  de  los  Estados  Unidos  en  la  Haba¬ 
na,  con  sus  guardias  de  Orden  público;  y 
el  segundo  el  barco  americano  Right 
Arm ,  anclado  junto  al  Maine .  Este  wrec- 
king-tug  ha  estado  extrayendo  del  buque 
sumergido  objetos  y  documentos. 

El  grabado  de  la  página  196  representa 
la  casa  que  en  Cayo  Hueso  ha  ocupado  la 
Comisión  investigadora  americana  para 
celebrar  sus  sesiones,  y  de  la  que  ha  sali¬ 
do  el  luminoso  é  imparcial  dictamen  en 
que  se  ha  ocupado  toda  la  prensa. 

La  Comisión  la  han  formado  el  capitán 
Sampson,  del  Iowa9  antiguo  jefe  del  Ne¬ 
gociado  de  ordenanzas;  el  capitán  Chad- 
wick,  del  New  York ,  y  los  tenientes  Pot- 
ter,  del  mismo,  y  Mari,  del  Vermont . 

• 

•  • 

BELLAS  ARTES. 

El  beso  de  un  ángel .  dibujo  de  M.  Alcázar.  —  Capuchinos 
en  el  coro  cantando  vísperas t  cuadro  de  Navarrete. 

Más  que  por  el  arte  con  que  Alcázar  ha 
dibujado  el  asunto  del  grabado  de  la  pᬠ
gina  188,  agrada  su  composición  por  el 
delicado  y  poético  pensamiento  que  la 
inspira.  La  familia  cristiana  á  los  pies 
del  Redentor  crucificado,  le  ofrece  el  sér 
más  querido;  y  buscando  para  el  homenaje 
de  su  adoración  la  expresión  más  pura  y 
sentida,  hace  que  el  inmaculado  labio  de 
una  tierna  criatura  deposite  sobre  el  en¬ 
sangrentado  pie  del  Mártir  del  Gólgota  el 
beso  de  amor. 


Reproduce  el  grabado  de  la  página  189 
el  hermoso  cuadro  de  Ricardo  Navarrete, 
que  representa  los  padres  capuchinos  del 
convento  de  la  plaza  Barberini  de  Roma 
cantando  vísperas  en  el  coro.  Este  cua¬ 
dro,  que  valió  al  notable  pintor  valencia¬ 
no  dos  medallas,  fué  adquirido  por  el  Go¬ 
bierno  de  España  para  el  Museo  Nacio¬ 
nal,  donde  hoy  se  conserva. 


ción  en  nada  grada.  Esta  escalera  es  la  que  subió 
Nuestro  Señor  Jesucristo  en  el  palacio  de  Pilatos, 
desde  cuyo  edificio  fué  trasladada  á  Roma  por  or¬ 
den  de  Santa  Elena  en  el  año  326,  y  pueden  ima¬ 
ginar  nuestros  lectores  la  devoción  con  que  los 
creyentes  practicarán  la  citada  ceremonia. 

Representa  el  tercer  grabado  la  audiencia  con¬ 
cedida  por  Su  Santidad  León  XIII  á  la  peregrina¬ 
ción  mejicana.  Este  solemne  acto  se  verificó  en  la 
sala  Clementina.  Acompañaban  á  Su  Santidad  los 
Obispos  mejicanos  de  Chilapa,  limo.  Sr.  D.  Ramón 
Ibarra  y  González;  de  Puebla,  limo.  Sr.  D.  Per¬ 
fecto  Amezquita;  de  Tamaulipas,  limo.  Sr.  D.  Fi- 
lemón  Fierro ;  Mons.  Antonio  Sabatucci ,  arzobis¬ 
po  titular  de  Antinoe;  el  Secretario  de  la  Sagrada 
Congregación  de  Indulgencias  y  Sagra¬ 
das  Reliquias,  y  los  funcionarios  de  ser¬ 
vicio  en  la  noble  antecámara  pontificia, 
Guardias  nobles  y  Guardia  suiza. 

El  comendador  Angelini ,  cónsul  gene¬ 
ral  de  Méjico  en  Roma,  cuyo  retrato,  en 
traje  del  país  que  representa,  publicamos 
en  el  primer  grabado  de  la  página  192,  ha 
trabajado  con  excelente  éxito  por  esta  pe¬ 
regrinación,  y  ofreció  á  Su  Santidad  el 
óbolo  enviado  por  los  Obispos  de  Colima 
y  Cuernavaca.  Los  Prelados  mejicanos 
ofrecieron  los  de  sus  diócesis  respectivas, 
y  en  representación  de  las  de  Guadalajara, 
Querétaro  y  Michoacán,  los  sacerdotes 
Sres.  Gordillo,  Rozas,  Nieto  y  Barbosa. 

Cuando  Su  Santidad  acabó  de  dar  la 
vuelta  á  la  sala,  conversando  con  todos 
los  peregrinos,  que  le  besaron  la  mano, 
leyó  un  discurso  en  latín  el  Obispo  de 
Chilapa,  al  que  contestó  el  Santo  Padre 
en  el  mismo  idioma. 

Dióles  Su  Santidad  su  apostólica  ben¬ 
dición  ,  y  se  retiró  á  sus  habitaciones  acla¬ 
mado  con  entusiasmo. 

En  acción  de  gracias  por  el  buen  resul¬ 
tado  de  la  peregrinación,  se  celebró  una 
misa  de  pontifical  en  la  capilla  del  Cole¬ 
gio  Pío  Latino-Americano  el  12  del  co¬ 
rriente,  oficiando  el  obispo  de  Puebla, 
Ilmo.Sr.  Perfecto  Amezquita,  predicando 
el  obispo  de  Chilapa,  limo.  Sr.  D.  Ramón 
Ibarra  y  González,  y  dando  la  bendición 
el  obispo  de  Tamaulipas,  limo.  Sr.  File- 
món  Fierro.  Asistieron  todos  los  peregri¬ 
nos,  los  alumnos  del  Colegio  y  la  colonia 
mejicana  de  Roma. 

Esta  religiosa  solemnidad  representa 
el  último  grabado  de  la  página  citada. 

Los  peregrinos  se  trasladaron  después 
al  estudio  fotográfico  De  Federicis,  para 
retratarse  en  el  grupo  que  reproduce  nues¬ 
tro  grabado  de  la  página  192. 

Cáelos  L.  de  Cuenca. 


vista  de- la -mina  Santa  Isabel ,  propiedad  de  la** 
Compañía  de  ferrocarriles  de  Madrid,  Zaragoza  y . 
Alicante. 

El  día  19  se  celebraron  solemnes  exequias  por 
el  eterno  descanso  de  las  almas  de  aquellos  des¬ 
dichados  obreros;  y  siendo  insuficiente  la  capaci¬ 
dad  del  templo  para  contener  la  concurrencia, 
hubo  de  escogerse  para  la  religiosa  solemnidad  la 
plaza  llamada  del  Santo. 

De  este  piadoso  y  conmovedor  funeral  da  idea 
el  grabado  que  en  la  misma  página  185  insertamos. 

Con  objeto  de  ofrecer,  algún  consuelo  á  las  fa¬ 
milias  de  las  víctimas,  á  quienes  la  muerte  de  éstos 
ha  dejado  sin  recursos,  se  ha  apelado  á  la  caridad; 
y,  como  siempre  que  en  esta  noble  y  desgraciada 


LA  CATÁSTROFE  DE  BÉLMEZ. — pozo  núm.  22,  de  180  metros 

DE  PROFUNDIDAD,  POR  DONDE  SE  EXTRAJERON  LOS  MUERTOS  Y  HERIDOS. 


LA  CATÁSTROFE  DE  BÉLMEZ  (CÓRDOBA). 

En  la  página  186  publicamos  la  vista  general  de 
la  villa  de  Bélmez,  situada  en  ameno  y  extenso 
valle  á  orillas  del  Guadiato,  tan  conocida  por  la  ri¬ 
queza  de  su  cuenca  carbonífera,  y  donde  el  17  del 
corriente  ocurrió  la  terrible  catástrofe  que  pro¬ 
dujo  considerable  número  de  víctimas. 

Según  noticias  de  testigos  presenciales,  serían 
las  cinco  de  la  tarde  cuando  las  personas  que  esta¬ 
ban  próximas  al  pozo  maestro  número  22  de  la 
mina  Santa  Isabel ,  cuyo  grabado  acompaña  á  es¬ 
tas  líneas,  notaron  señales  de  haber  ocurrido  des¬ 
gracias  en  el  interior  de  la  mina. 

Avisado  de  lo  que  ocurría  el  director  facultati¬ 
vo,  Mr.  Maurice,  bajó  acompañado  de  personal 
suficiente,  y  desde  el  primer  instante  se  persuadió 
de  la  gravedad  del  suceso,  pues  encontró  muchos 
cadáveres  y  muchos  heridos. 

Parece  que  se  habían  negado  á  los  destajistas 
los  explosivos  para  barrenos,  y  hasta  se  les  había 
prohibido  terminantemente  emplear  este  procedi¬ 
miento;  pero  en  ocasión  en  que  los  capataces  ha¬ 
bían  salido  por  ser  la  hora  del  relevo ,  algún  des¬ 
tajista  cometió  la  temeridad  de  echar  un  barreno 
cargado  con  pólvora  y  carbón,  que  produjo  la  ex- 
losión  que  tantas  víctimas  ha  causado.  El  sitio 
onde  ocurrió  fué  el  traba jadero  número  210,  si¬ 
tuado  á  400  metros  del  pozo  maestro  número"  22 
citado,  y  á  180  metros  de  profundidad.  Por  dicho 
pozo  fueron  sacados  los  cadáveres  y  los  heridos  en 
las  vagonetas  que  se  emplean  para  la  extracción 
del  carbón. 

La  espantosa  catástrofe  produjo  general  cons¬ 
ternación,  y  dió  lugar  á  desgarradoras  escenas 
cuando  las  familias  de  las  víctimas  acudieron  anhe¬ 
lantes  á  conocer  la  triste  suerte  que  á  los  seres 
queridos  eupiera  en  tan  tremenda  desgracia. 

Nuestro  grabado  de  la  página  185  reproduce  una 


tierra  se  la  invoca,  han  acudido  las  almas  genero¬ 
sas  al  amparo  de  los  dolores  é  infortunios. 

S.  M.  la  Reina  Regente,  el  Prelado  de  la  dióce¬ 
sis,  la  prensa  y  la  sociedad  la  Unión  Minera  de 
España,  han  acudido  con  su  eficacísimo  concurso 
á  tan  generosa  empresa,  á  la  que  deseamos  un  éxito 
considerable  en  bien  de  aquellos  pobres  seres  afli¬ 
gidos  por  desgracia  tan  horrible. 

•  • 

MADRID:  GABINETE  DE  ODONTOLOGÍA  DEL  DOC¬ 
TOR  gallardo. — (Véanse  los  grabados  de  la  pᬠ
gina  191  y  el  artículo  del  Sr.  Cervera  Bachiller  en 
la  190.) 

• 

•  • 

LA  PEREGRINACIÓN  MEJICANA  EN  ROMA. 

Los  grabados  de  la  página  193  son  recuerdos  de 
la  estancia  en  Roma  de  la  peregrinación  mejicana 
que  va  á  los  Santos  Lugares.  Representa  el  pri¬ 
mero  la  visita  de  un  grupo  de  peregrinos  á  los  cé¬ 
lebres  columbarios,  cementerios  pequeños  com¬ 
puestos  de  una  serie  de  nichos  semejantes  á  los 
nidos  de  un  palomar,  de  donde  toman  su  nombre, 
y  en  los  cuales  depositaban  los  antiguos  romanos 
las  cenizas  de  los  difuntos,  encerradas  en  urnas  de 
barro  ó  de  mármol.  Hablando  de  ellos,  decía  Pe¬ 
dro  A.  Alarcón:  «Descubiertos  en  1831  por  un 
pueblo  acostumbrado  ya  á  respetar  los  monumen¬ 
tos  de  pasadas  civilizaciones,  los  columbarios  per¬ 
manecen  intactos,  tales  como  se  hallaban  hace 
miles  de  años,  cuando  su  piadoso  guardador  los 
cubrió  de  tierra  para  ocultarlos  á  la  profanación 
de  sacrilegos  invasores,  y  tales  como  el  arado  de 
un  pobre  labriego  los  hizo  aparecer  ante  la  absorta 
vista  de  nuestra  generación.» 

El  segundo  grabado  representa  á  los  peregrinos 
mejicanos  efectuando  la  piadosa  costumbre  de  su¬ 
bir  de  rodillas  la  Scala  Santa ,  recitando  una  ora¬ 


ISI1T  LUZ! 


qué  disimularlo  ni  negarlo?  La  orga- 
nización  de  nuestras  cárceles  y  presi¬ 
dios  es  defectuosísima..... 

Somos  verdaderamente  crueles  con 
los  criminales.  En  el  Extranjero,  el 
criminal,  desde  el  momento  en  que  deja 

f-—  -  de  pertenecer  á  la  sociedad  y  entra  en 
poder  de  la  justicia,  es  tratado  con  tan  pia¬ 
dosa  bondad,  que  puede  llevar  con  resigna¬ 
ción  su  destino  y  su  pena. 

En  España  parece  que  nos  complacemos  en  ha¬ 
cer  más  dura  de  lo  que  es  la  suerte  del  que  tiene 
la  desventura  de  ser  ciudadano  penable. 

Odia  el  delito  y  compadece  al  delincuente;  esto 
se  repite,  pero  no  se  practica. 

Dijérase  que  compadecemos  el  delito  y  que  al 
delincuente  le  odiamos. 


Llenos  tengo  los  cajones  del  escritorio,  yo,  que 
vivo  dedicado  á  estudiar  y  consolar  hasta  donde 
puedo  las  desdichas  de  mis  prójimos,  de  cartas  de 
presos. 

De  ellas  resulta  que  en  todas  las  cárceles  y  pre¬ 
sidios  de  España  los  cautivos  de  la  ley  viven  de 
horrible  modo.  Los  calabozos  suelen  ser  húmedos; 
el  preso  se  ve  obligado — ¡qué  horror  y  qué  asco! — 
á  depositar  en  un  rincón  de  su  celda  lo  que  no 
puede  nombrarse.  La  alimentación  es  mala;  el 
aire  está  envenenado;  apenas  salen  á  tomar  un 
poco  de  fresco  y  de  aire  ni  en  veranó  ni  en  invier¬ 
no.  Todos  los  vicios  se  desarrollan  y  fomentan  en 
los  antros  con  nombre  de  correccionales  de  nuestro 
país......  - 

Pero  hay  algo  más  triste  todavía. 

Algo  que  no  sucede  más  que  en  España.  He  vi- 


Digitized  by  ^.ooQie 


184  —  n.®  xn 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


80  Mamo  1898 


sitado  las  cárceles  de  Francia, 
Italia,  Alemania,  Inglaterra, 
Bélgica,  Holanda,  Rusia  y  Norte- 
Amórica ;  en  ninguna  parte  he 
visto  lo  que  pasa  aqui,  y  es  ¡que 
el  preso,  de  noche,  no  tiene  luz! 

En  todos  aquellos  países,  las 
celdas  tienen  una  abertura  en  las 
puertas  que  sirve  de  medianil  de 
la  luz  nocturna.  Es  decir,  que  ia 
mitad  del  mechero  de  gas,  petró¬ 
leo  ó  luz  eléctrica  alumbra  al 
preso,  y  la  otra  mitad  alumbra  el 
pasillo  donde  ejerce  su  vigilancia 
el  guardián  de  noche. 

De  esta  manera,  el  preso  no 
está  jamás  solo  consigo  mismo, 
que  es  el  peor  de  los  castigos. 

Imaginad  lo  que  representan 
de  insomnios,  de  estado  nervio¬ 
so,  de  recuerdos,  de  remordi¬ 
mientos,  de  desesperación  sorda 
y  aislada  las  horas  que  median 
entre  el  crepúsculo  y  el  alba..... 

Un  día,  en  una  de  mis  visitas 
á  la  cárcel  de  San  Sebastián,  que 
es  una  de  las  mejores  de  España 
por  su  construcción,  su  limpieza 
y  el  buen  gobierno  de  las  herma¬ 
nas  de  la  Caridad  que  la  dirigen, 
me  sorprendió  la  noche.  Esperé 
á  ver  el  sistema  de  alumbrado 
del  establecimiento.  El  Director 
me  enteró  de  que  no  había  luz 
más  que  para  los  corredores,  y 
observé  entonces  que  las  celdas 
no  tenían  más  luz  que  la  que  en¬ 
tra  en  ellas  durante  el  día  por  el 
ventanillo  interior  del  que  da  á 
la  calle. 

Era  en  Diciembre,  en  uno  de 
esos  días  en  que  anochece  á  las 
cuatro  y  media  de  la  tarde  y  ama¬ 
nece  cerca  de  las  ocho  de  la  ma¬ 
ñana. 

Es  decir,  ¡que  los  presos  viven 
en  completa,  obscuridad  cerca  de 
dieciséis  horas! 

Creía  yo  que  esto  sólo  ocurría 
en  alguna  cárcel  de  provincias; 


LA  HABANA.  — casa  que  ocupa  el  consulado  norteamericano. 

(De  fotografía.) 


.  pero  parece  ser  que  la  cruel  me¬ 
dida  es  general;  que  en  Madrid 
mismo,  en  la  llamada  Oárcel  mo¬ 
delo,  sucede  lo  mismo. 

¡Sin  luz! 

E*  preferible  la  muerte.  Al 
triste,  al  afligido,  al  que  vive  pri¬ 
sionero  y  forzosamente  ha  de  re¬ 
cordar  tantas  cosas,  diez  ó  doce 
horas  de  obscuridad  deben  pare- 
cerle  horrible  tormento.  Y  en 
este  país  nuestro,  donde  el  sol 
brilla  con  más  fuerza  que  en 
ninguna  parte,  privar  hasta  de 
la  luz  artificial  a  un  detenido  ó 
á  uu  penado  es  el  colmo  de  la 
dureza. 

Además,  el  buen  gobierno  de 
esas  casas  exige  la  luz  nocturna. 
No  se  puede  vigilar  á  obscura?. 
No  pueden  ni  carceleros  ni  ins¬ 
pectores  saber  lo  que  pasa  den¬ 
tro  de  cada  celda  sin  que  la  luz 
penetre  antes  en  ellas.  El  menor 
peligro,  el  menor  incidente,  se 
sabe  ó  se  averigua  tarde  con  este 
sistema  de  tinieblas  celulares.—. 

Yo  me  figuro  la  tortura  del  ase¬ 
sino  á  quien  le  quede  un  resto  de 
conciencia,  solo  y  en  la  sombra 
frente  al  fantasma  de  su  vícti¬ 
ma.....  Las  personas  nerviosas  ó 
anémicas,  al  cerrar  los  ojos  en 
la  obscuridad,  y  aun  sin  cerrar¬ 
los,  suelen  ver  pasar  por  delante 
de  sus  ojos  nubes  blancas,  algo 
así  como  efluvios  de  una  masa 
azulada  que  toma  formas  inco¬ 
herentes.....  Estas  visiones  du¬ 
rante  toda  una  noche  de  invier¬ 
no  deben  ser  espantosas.  A  lo 
menos,  el  que  tiene  en  su  cuarto 
una  lamparilla,  una  media  luz 
cualquiera,  distrae  su  vista  con 
los  objetos  que  le  rodean;  si  des¬ 
pierta  sobresaltado,  ve  algo  que 
le  tranquiliza  y  le  hace  olvidar  el 
ensueño  de  que  despertó  con  an¬ 
gustia.  Pues  al  preso  en  España 
le  hemos  condenado  á  la  sombra 


LA  HABANA.  — VAPOR  NORTEAMERICANO  «RIGHT  ARMd,  de  la  empresa  contratista 
DE  LA  EXTRACCIÓN  DEL  CASCO  DEL  «MAINEd. 

(Da  fotografía.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Mabzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


n.®  xa  —  185 


LA  MINA  «SANTA  ISABEL»,  DONDE  OCURRIÓ  LA  EXPLOSIÓN  EL  17  DEL  ACTUAL. 


SOLEMNES  FUNERALES  TRIBUTADOS  Á  LAS  VÍCTIMAS,  EN  LA  PLAZA  DEL  SANTO,  EL  19  DEL  CORRIENTE. 
LA  CATÁSTROFE  DE  BÉLMEZ.  (CÓRDOBA). 

(De  fotógrafos  del  Sr.  D.  E.  Lupiáfiez.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


186  —  n.®  xii 


30Mabzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


eterna,  sombra  de  día,  sombra  de  noche.....  som¬ 
bra  siempre. 

No,  no  puede  ser.  En  una  nación  cristiana  y  ca¬ 
tólica  Jas  leyes  y  reglamentos  deben  ser  cristianos 
también,  porque  si  aun  en  los  países  más  despóti¬ 
cos,  como  Rusia,  por  ejemplo,  reglamentos  y  leyes 
procuran  que  el  preso  viva  de  un  modo  relativa¬ 
mente  humano,  no  tenemos  derecho  nosotros  á 
tratarle  con  crueldad  indigna  de  nuestros  senti¬ 
mientos  religiosos. 

Pidamos  á  los  Gobiernos,  y  á  la  Administración 
que  ellos  dirigen,  organizaciones  en  consonancia 


zas,  á  que  pertenecía  su  padre,  y  la  de  los  Borbo- 
nes  de  las  Dos  Sicilias,  que  era  la  familia  de  su 
madre,  y  era  hermana  de  D.a  María  de  la  Gloria, 
la  reina  hermosa  cuyo  nombre  va  unido  á  las  li¬ 
bertades  de  Portugal,  y  del  emperador  D.  Pedro, 
que  proporcionó  al  Brasil  los  días  de  más  prospe¬ 
ridad  de  que  ha  gozado,  y  que  murió  r»o  hace  mu¬ 
cho  en  el  destierro,  conservando  en  cambio  de  la 
imperial  diadema  que  le  arrebató  la  Revolución,  la 
del  saber,  la  nobleza  y  el  respeto,  ante  la  que  se 
inclinaba  toda  Europa. 

Su  otra  hermana,  que  vive  todavía,  es  la  Prin- 


ni  Berryer  pensaba  en  el  advenimiento  imposible 
de  su  Enrique  Y,  ni  Ledru-Rollin  en  la  República, 
que  parecía  un  sueño.  Se  disputaban  los  políticos 
las  carteras  de  ministros,  pero  no  llegaban  jamás 
los  ataques  hasta  el  Trono,  y  reinaba  el  más  com¬ 
pleto  optimismo ,  apenas  turbado  por  las  profecías 
de  Enrique  Heine  y  por  algunas  inspiraciones  de 
Lamartine  consideradas  como  delirios  poéticos. 

Mr.  Odilon  Barrot,  el  candidato  de  la  oposición 
á  la  presidencia  de  la  Cámara  de  los  Diputados, 
sólo  obtuvo  78  votos,  mientras  Mr.  Sauret,  el  can¬ 
didato  del  Gobierno,  había  sido  elevado  al  sillón 


LA  CATÁSTROFE  DE  BÉLMEZ  (córdoba).— vista  general  de  la  villa  y  de  la  mina  «santa  Isabel®,  donde  ocurrió  la  explosión. 

(De  fotografía  del  Sr.  D.  E.  Lupiáñez.) 


con  los  adelantos  de  la  vida  moderna,  y  que  no 
sean  nuestras  cárceles  hoy,  como  tres  siglos  haoe, 
pudrideros  infectos  y  calabozos  del  Santo  Oficio. 

Eusebio  Blasco. 


LA  MUERTE  DE  LA  PRINCESA  DE  JOINYILLE. 


RECUERDOS  DE  LA  CORTE  DE  LUIS  FELIPE. 


^OS  años,  á  pesar  de  su  incesante  tarea 
destructora,  habían  respetado  á  algu¬ 
nas  de  aquellas  interesantes  prince¬ 
sas  que  en  el  apogeo  de  su  juventud 
y  de  su  belleza  brillaron  en  la  corte 
inolvidable  del  rey  Luis  Felipe  y  de 
la  reina  María  Amelia,  y  las  habían  de¬ 
jado  llegar  hasta  nuestros  días,  aunque 
cubriendo  su  cabeza  venerable  de  canas,  y  su 
frente,  que  fué  hermosa,  de  arrugas. 

Una  de  estas  princesas  es  la  madre  del  príncipe 
Fernando  de  Bulgaria,  Clementina  de  Orleans, 
que  á  los  ochenta  y  cuatros  años  de  edad  acaba  de 
vencer  cruel  dolencia  y  ha  recobrado  la  salud;  la 
otra,  menos  afortunada,  aunque  de  diez  años  me¬ 
nos  de  edad,  era  la  Princesa  de  Joinville,  que  ha 
exhalado  el  último  suspiro  en  brazos  de  su  esposo 
y  rodeada  de  sus  hijos  y  de  sus  nietos. 

La  Princesa  de  Joinville,  con  sus  cuñadas  la  Du¬ 
quesa  viuda  de  Orleans,  la  Duquesa  de  Nemours,  la 
de  Montpensier  y  la  de  Aumale,  y  la  princesa 
Clementina,  brilló  en  la  corte  de  las  Tullerías  en 
los  tiempos  felices  de  la  Monarquía  de  Julio,  y 
descuella  entre  las  mujeres  de  la  familia  de  Or- 
leans,  que  forman  una  de  las  galerías  femeninas 
más  interesantes  de  la  Europa  del  presente  siglo. 

Belleza,  gracia,  talento,  virtud,  todo  lo  reunían 
aquellas  princesas,  modelos  de  esposas  y  de  ma¬ 
dres,  que  formaron  en  torno  de  María  Amelia  una 
corte  brillantísima  en  los  días  felices  del  mando 
y  del  poder,  y  que  la  rodearon  de  cariños  y  respe¬ 
tos  que  aminoraron  la  desgracia  de  la  caída  y  la 
consolaron  de  las  tristezas  del  destierro. 

La  Prinoesa  de  Joinville  era  americana,  brasi¬ 
leña,  hija  del  emperador  D.  Pedro  I,  que  murió  el 
año  1834,  y  de  la  archiduquesa  Leopoldina,  que  fa¬ 
lleció  en  1826. 

En  sus  venas  se  unía  la  sangre  de  los  Bragan- 


cesa  Januaria,  condesa  de  Aquila  por  su  enlace 
con  uno  de  los  Borbones  de  la  familia  Real  de  las 
Dos  Sicilias. 

Diecinueve  años  tenía  la  infanta  D.a  Francisca 
cuando  el  Príncipe  de  Joinville,  el  bravo  marino, 
que  era  el  tercero  de  los  hijos  de  Luis  Felipe  y 
de  María  Amelia,  fué  á  buscarla  á  Río  Janeiro 
para  darla  su  corazón  y  su  mano  y  llevarla  á  la 
corte  de  Francia,  instalada  en  el  palacio  de  las 
Tullerías,  que  abría  sus  salones  al  genio,  al  poder 
y  á  la  belleza. 

Pocas  cortes  ha  habido  más  notables  que  la  de 
las  Tullerías  bajo  el  reinado  de  Luis  Felipe,  y  sea 
el  que  quiera  el  fallo  que  acerca  de  este  Monarca 
pronuncie  la  Historia,  no  podrá  negar  que  Francia 
le  debió  los  años  prósperos  y  felices  que  mediaron 
desde  la  caída  del  último  de  los  Borbones  de  la 
rama  mayor  hasta  la  catástrofe  de  1848. 

La  corte  de  las  Tullerías  no  se  parecía  en  nada 
á  la  de  Palais-Royal ,  y  cuando  Luis  Felipe  se 
presentaba  en  los  salones  vestido  de  etiqueta,  con 
el  calzón  corto,  que  era  para  todos  de  rigor,  y  con 
las  insignias  de  la  orden  de  la  Jarretiera,  que  lu¬ 
cía  siempre,  nadie  hubiera  conocido  en  él  al  Mo¬ 
narca  popular  de  las  barricadas. 

En  cuanto  á  la  reina  María  Amelia,  no  perdió 
nunca  su  aire  de  gran  dama,  y  nieta  de  Empera¬ 
trices  de  Austria,  se  complació  mucho  en  dar  á  la 
corte  de  su  esposo  el  aspecto  de  buen  tono  que 
tomó  cuando  la  Monarquía  de  Julio,  reconocida 
por  las  cortes  de  Europa,  íntima  amiga  de  la  de 
Inglaterra,  con  la  que  acababa  de  cambiar  cordia¬ 
les  visitas,  y  unida  por  lazos  de  parentesco  con  la 
de  España,  perdió  su  aspecto  de  advenediza. 

El  Duque  de  Nemours,  el  Príncipe  de  Joinville, 
el  Duque  de  Aumale  y  el  Duque  de  Montpensier, 
hijos  del  Rey,  contribuyeron,  con  sus  esposas,  al 
esplendor  de  aquella  corte,  y  en  ella  brilló  con  su 
interesante  belleza  y  con  su  exquisita  elegancia  la 
Princesa  de  Joinville,  que  acaba  de  fallecer  á  los 
setenta  y  cuatro  años  de  edad ,  y  lució  entonces 
los  diamantes  más  espléndidos  que  han  brillado 
en  Europa,  y  que  habían  formado  parte  del  regio 
dote  que  le  había  dado  su  hermano  el  Emperador 
del  Brasil. 

Mr.  Guizot  y  Mr.  Thiers  descollaban  entre  los 
hombres  políticos  más  notables  de  aquel  reinado, 
sobre  todo  el  primero,  que  después  del  triunfo  ob¬ 
tenido  en  la  negociación  diplomática  de  los  famo¬ 
sos  matrimonios  españoles ,  llegó  al  apogeo  de  su 
poder.  La  oposición  en  las  Cámaras  era  dinástica; 


presidencial  por  223.  La  monarquía  constitucional 
parecía  asegurada  definitivamente  en  Francia,  que 
se  ufanaba  con  las  conquistas  de  Argel,  en  las  que 
los  hijos  del  Rey  habían  tomado  tanta  parte. 

La  Princesa  de  Joinville  gozó  en  aquel  tiempo 
de  la  mayor  ventura  de  que  puede  disfrutar  una 
mujer.  Su  marido  era,  después  de  la  muerte  del 
Duque  de  Orleans,  el  más  popular  de  los  hijos  de 
Luis  Felipe,  y  le  vitoreaban  siempre  que  se  pre¬ 
sentaba  en  público,  recordando  sus  victorias  nava¬ 
les  y  el  acto  de  patriotismo  que  realizó  cuando 
llevó  á  Francia,  desde  la  isla  de  Santa  Elena,  los 
restos  mortales  de  Napoleón  I. 

Pero  aquella  dicha  de  la  Princesa  de  J oinville, 
como  la  de  todos  los  Orleans,  duró  poco.  La  Revo¬ 
lución  derribó  á  la  Monarquía  de  Julio,  como  había 
derribado  á  la  de  los  Borbones,  y  la  rama  menor 
tuvo  que  tomar,  como  la  mayor,  el  camino  del  des¬ 
tierro,  donde  se  abrió  la  tumba  del  rey  Luis  Fe¬ 
lipe  y  de  la  reina  María  Amelia. 

Desde  la  caída  de  los  suyos,  la  Princesa  de  Join¬ 
ville  puede  decirse  que  ha  vivido  retirada  del 
mundo.  Sus  últimas  alegrías  públicas,  digámoslo 
así,  fueron  las  de  la  boda  de  su  hija,  la  hermosa 
princesa  Francisca,  con  su  primo  el  Duque  de 
Chartres,  el  hermano  menor  del  Conde  de  París. 

Este  matrimonio  se  celebró  en  Kingston-sur- 
Tamesis,  el  11  de  Junio  de  1863,  y  á  él  siguió  po¬ 
cos  meses  después  el  del  Conde  de  París  con  la 
infanta  de  España  D.a  Isabel,  hija  de  los  Duques 
de  Montpensier. 

Los  Duques  de  Aumale  dieron  con  motivo  de 
estas  bodas  algunos  bailes  en  su  residencia  de 
Twickenam,  y  la  reina  Amelia  recibió  con  algún 
aparato  en  el  castillo  de  Claremont. 

En  estas  fiestas  lució  por  última  vez  sus  esplén¬ 
didos  brillantes  la  Princesa  de  Joinville,  que  no 
ha  vuelto  á  presentarse  en  sociedad  después  de  la 
muerte  de  su  suegra  la  reina  María  Amelia,  acae¬ 
cida  el  24  de  Marzo  de  1866. 

Es  verdad  que  desde  aquella  época  ha  sufrido 
crueles  reveses:  los  desastres  de  Francia  en  la  gue¬ 
rra  con  Prusia;  la  caída  del  trono  de  su  abuelo  en 
el  Brasil;  la  muerte  de  su  hermano  en  el  destie¬ 
rro,  y  otros,  de  los  que  sólo  han  podido  consolarla 
las  tiernas  afecciones  de  familia  y  las  oraciones 
que  su  alma  de  católica  ferviente  dirigía  con  fre¬ 
cuencia  al  cielo. 

Dios  le  ha  concedido  una  muerte  cristiana  y 
tranquila  en  brazos  de  su  esposo,  que  fué  el  afecto 
más  grande  de  su  vida,  y  rodeada  de  sus  hijos  y 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xii  — •  187 


de  sus  nietos.  La  recompensa  de  sus  virtudes  la 
encontrará  en  el  cielo,  donde  son  más  duraderas 
las  venturas  que  en  este  triste  valle  de  lágrimas, 
donde  nada  prevalece. 


Kasabal. 


OIUDAD-RODRIGO. 

TRADICIONES,  RECUERDOS  Y  MONUMENTOS. 


obre  una  eminencia  cercana  á  Portu- 
gal  se  levanta  Ciudad-Rodrigo  envuel-* 
ta  por  amplia  cintura  de  murallas  que 
sirven  ^oy  sólo  de  paseo  á  sus  habi¬ 
tantes,  y  ennoblecida  con  su  catedral 
de  Fernando  II  á  un  extremo,  y  el  cas- 
^  tillo  de  Enrique  de  Trastamara  al  otro, 
como  recuerdo  de  dos  épocas  muy  diferentes 
py.  para  ella  y  de  caracteres  bien  marcados  am¬ 
bas  en  el  cuadro  de  la  civilización  española. 

Mirada  desde  el  NE.,  se  la  ve  destacarse  sobre 
los  cerros  que  ocultan  á  las  Hurdes ,  territorio  se- 
misalvaje  que  conserva  su  fisonomía  primitiva  en 
medio  de  las  corrientes  de  progreso  que  enlazan 
á  dos  pueblos  hermanos.  Hay  en  las  crestas  de 
aquella  sierra  un  poderoso  estímulo  para  la  fanta¬ 
sía,  y  en  sus  vertientes  meridionales  más  de  un 
problema  humano  y  nacional  digno  de  preocupar 
a  los  sociólogos.  Ha  sido  más  fuerte  la  naturaleza 
agreste  del  suelo  y  algunas  dificultades  en  las  co¬ 
municaciones  para  conservar  á  una  masa  de  hom¬ 
bres  alejados  de  la  cultura  general  del  país,  que  el 
espíritu  de  caridad  para  atraerlos  al  comercio  de 
ideas  con  el  resto  de  sus  conciudadanos. 

Abundan  en  Ciudad-Rodrigo  las  tradiciones  cu¬ 
riosas  y  los  recuerdos  históricos  notables.  Cuadros 
de  mediano  mérito,  epitafios  de  autenticidad  du¬ 
dosa  y  bultos  de  piedra  evocan  en  la  memoria  del 
viajero  las  fantásticas  leyendas;  en  tanto  que  los 
acontecimientos  reales  han  quedado  asociados, 
unos  á  edificios  artísticos  de  primer  orden,  y  otros 
á! monumentos  ramplones,  que  no  enaltecen  mu¬ 
cho  el  patrio  espíritu  moderno. 

:  Representa  un  lienzo  la  escena  del  obispo  que 
fué  resucitado  por  especial  favor  divino  é  interce¬ 
sión  de  San  Francisco.  El  bueno  de  Pedro  Díaz 
había  nacido,  por  lo  visto, -con  un  corazón  más 
sénsible  á  la  belleza  de  las  damas  que  fuerte  para 
inclinarle  al  cumplimiento  de  sus  deberes  ecle¬ 
siásticos  ;  lo  cual  demuestra  que  en  el  siglo  XIV, 
lo  mismo  que  en  la  época  clásica  y  en  nuestros 
días,  era  la  carne  uno  de  los  más  temibles  enemi¬ 
gos  del  alma  para  las  gentes  de  todos  los  estados 
7  jerarquías. 

!  Forjaríale  quizás  su  fantasía  mil  imágenes  y  pro¬ 
yectos  extraños,  cuando  le  sorprendió  una  muerte 
repentina  sin  espacio  para  el  arrepentimiento.  Los 
parientes  más  cercanos  ocultaron  durante  tres  días 
la  desgracia,  ganosos  de  repartirse  los  bienes  sin 
asociados  inoportunos,  cual  si  fueran  caciques. po¬ 
líticos  de  los  tiempos  modernos;  y  cuando  termi¬ 
nados  á  su  gusto  los  gitanescos  trabajos,  expusie¬ 
ron  el  cadáver  en  la  iglesia,  vieron  con  terror 
incorporarse  el  cuerpo  en  el  ataúd,  abrirse  espan¬ 
tados  los  ojos  y  moverse  los  fríos  labios,  comuni¬ 
cando  al  auditorio  noticias  del  otro  mundo  poco 
gratas  á  los  oídos  de  las  gentes  soberbias  y  codi^- 
ciosas. 

El  en  anteriores  tiempos  alegre  prelado  obtuvo 
veinte  días  para  consagrarlos  al  arrepentimiento, 
hizo  grandes  penitencias ,  y  se  cree  piadosamente 
que  alcanzó  su  perdón  de  la  misericordia  divina. 
De  los  parientes  nada  añade  la  leyenda;  quizás  se 
asustarían  al  pronto  con  la  pavorosa  aparición,  y 
volverían  más  tarde  á  sus  costumbres  naturales, 
como  hacen  hoy  otros  muchos  que  son  sus  legíti¬ 
mos  descendientes. 

La  segunda  leyenda  es  de  carácter  muy  distinto: 
juegan  en  ella  hombres  violentos,  caballeros  ase¬ 
sinados,  viudas  vengativas,  paladines  vengadores 
y  doncellas  concedidas  en  premio  al  vencedor, 
sonando  al  mismo  tiempo  apellidos  de  una  familia 
para  mí  muy  querida  por  los  lazas  de  parentesco 
y  amistad  que  á  ella  me  unen,  pojMnás  que  de  ella 
me  separen  las  tendencias  políticas. 

El  noble  castellano  Sancho  Pérez  fue  asesinado 
alevosamente  ó  con  abuso  de  superioridad  de  fuer¬ 
za  por  cinco  hidalgos  de  la  estirpe  de  los  Garci- 
López,  y  la  viuda  proclamó  en  seguida,  su  deseo  de 
ser  vengada,  macerando  su  cintura  con  cinco  apre¬ 
tadas  vueltas  de  nudosa  cuerda  de  esparto,  y  pro¬ 
metiendo  la  mano  de  su  hija  al  que  satisfaciera  la 
triste  deuda  de  sangre  inocente  con  la  sangre  de 
los  culpables. 

Estimulado  á  la  vez  por  el  premio  anunciado  y 
por  lo  caballeresco  de  la  empresa,  cruzó  la  raya  de 


Portugal  Esteban  Yáñez  Pacheco,  en  demanda  de 
los  asesinos  de  Sancho  Pérez.  Acudieron  sólo  dos 
al  reto  contra  ellos  lanzado,  y  los  dos  fuerbn 
muertos  por  el  valiente  lusitano.  Desciñóse  la  viu¬ 
da  otras  tantas  vueltas  de  su  tosco  cinturón,  y 
halló  marido  para  su  hija  en  el  vengador  de  su  es¬ 
poso.  Yáñez  Pacheco  obtuvo?  así  por  su  arrojo  el 
señorío  de  Cerralbo,begún  esta  tradición,  y  fué  el 
fundador  de  una  dinastía  en  que  sonaron,  andando 
el  tiempo,  nombres  de  arzobispos  y  virreyes,  y 
figuran  hoy  jefes  de  partido,  que  son  en  nues¬ 
tros  días  lo  que  los  señores  feudales  en  otros  si¬ 
glos. 

Con  las  dos  anteriores  contrasta  la  sencilla  y  á 
la  vez  dramática  leyenda  de  María  Alfonso  la  Co¬ 
ronada .  Era  ésta  humilde  por  su  nacimiento,  pero 
de  altiva  y  brava  condición.  Su  belleza  atrajo  las 
codiciosas  miradas  de  su  señor ,  y  puesta  en  la  al¬ 
ternativa  de  matarse  ó  de  matar  al  apasionado  vi¬ 
cioso  para  salvar  su  virtud,  optó  por  el  segundo 
extremo,  realizando  una  defensa  de  su  honra  más 
valiente  y  sobre  todo  más  eficaz  que  la  hecha  por 
la  tantas  veces  cantada  matrona  romana. 

Los  hechos  históricos  asociados  al  nombre  de 
Ciudad-Rodrigo  están  mucho  más  grabados  en  la 
memoria  de  los  españoles.  En  los  siglos  antiguos, 
ataques  á  la  población,  resistencias  tenaces,  des¬ 
trucción  en  unos  cuantos  días  de  los  edificios  le¬ 
vantados  con  el  inteligente  trabajo  de  muchos 
años,  muertes  de  hombres,  luto  de  familias  y  ca¬ 
lurosas  felicitaciones  al  terminar  los  combates  de 
los  que  no  habían  sufrido  dentro  del  recinto.  En 
los  primeros  años  de  nuestra  centuria,  asaltos  y 
sangre  derramada  para  que  ondease  sobre  los  mu¬ 
ros  la  bandera  francesa;  nuevos  ataques  poco  des¬ 
pués  con  el  éxito  de  sustituirla  por  la  española, 
acompañados  de  grandes  daños  en  ambas  ocasio¬ 
nes  para  los  pobres  moradores.  N  o  hay  que  extra¬ 
ñar  que  la  ciudad  no  haya  crecido :  lo  admirable 
es  que  subsista. 

La  memoria  de  una  de  estas  heroicas  defensas 
realizada  por  los  habitantes,  la  de  1810,  es  la  que 
se  ha  asociado  al  monumento  que  se  encuentra 
frente  á  una  puerta  de  la  catedral,  mandado  erigir, 
á  lo  que  parece,  por  las  Cortes  españolas  en  1812, 
y  no  sabemos  por  quién  realizado.  Para  que  el  via¬ 
jero  experimente  allí  algo,  es  necesario  que  lleve 
en  su  alma  muy  impresa  la  imagen  de  la  ciudad, 
abrasada  por  el  fuego  de  la  artillería,  y  de  sus  no¬ 
bles  hijos  muriendo  por  ella,  y  no  compare  la 
grandeza  épica  de  las  figuras  con  la  ramplonería  de 
la  fábrica  en  que  se  ha  escrito  la  fecha  del  glorioso 
acontecimiento. 

Añadiremos  á  los  anteriores  los  recuerdos  de  un 
hecho  histórico  del  siglo  xiv,  y  de  un  fenómeno 
físico  del  siglo  XV,  consignados  ambos  en  todos 
los  libros  en  que  se  trata  algo  de  la  historia  de 
Ciudad-Rodrigo.  Acababa  Alfonso  XI  de  celebrar 
sus  bodas  con  D.ft  María,  cuando  al  llegar  á  esta 
población  tuvo  que  dejar  allí  su  esposa  atacada  de 
repentina  dolencia,  empezando  por  una  enferme¬ 
dad  la  innumerable  serie  de  desdichas  que  había 
de  padecer  con  el  tiempo  la  infeliz  Princesa.  En 
el  mes  de  Enero  de  1433,  descansando  en  ella 
Juan  II,  estalló  sobre  la  ciudad  un  bólido  como  el 
que  hace  pocos  años  estalló  sobre  Madrid,  produ¬ 
ciendo  la  natural  alarma  de  las  gentes  que  no  pre¬ 
guntaron  sólo  entonces  de  qué  naturaleza  era,  sino 
los  acontecimientos  humanos  que  predecía. 

Los  monumentos  de  Ciudad-Rodrigo  pueden  re¬ 
ducirse  á  la  catedral,  comenzada  en  el  siglo  xn,  y 
la  capilla  de  Cerralbo,  erigida  en  la  segunda  mitad 
del  siglo  XVI;  pero  es  la  primera  una  construcción 
tan  interesante,  y  está  tan  llena  de  objetos  dig¬ 
nos  de  estudio,  que  no  podrán  presumir  de  cono¬ 
cedores  del  arte  monumental  español  los  que  no 
la  hayan  visitado. 

En  la  iglesia  se  amalgaman  los  elementos  romᬠ
nicos  con  los  ojivales  primarios,  siendo  el  interior 
del  templo  pobre  de  enterramientos  y  estatuas 
yacentes.  En  las  portadas  y  el  claustro  abundan  en 
cambio  las  representaciones.  La  puerta  principal 
las  ostenta  de  muertos  que  se  levantan  de  sus  tum¬ 
bas  llamados  á  juicio,  y  demoniosíque  arrojan  á 
los  condenados  dentro  de  una  enorme  caldera, 
uniéndose  á  éstas  varias  escenas  de  la  vida  de  la 
Virgen.  El  claustro  contiene  muchas  de  las  que 
son  comunes  en  otros  edificio^  románicos,  asocia¬ 
das  á  originales  capiteles  donde  se  ven  una  enor¬ 
me  araña,  una  tortuga,  un  monstruo  semejante  al 
pulpo,  un  lagarto  y  un  sapo,  con  líneas  parecidas 
á  las  de  las  ilustraciones  de  varios  códices. 

Pero  la  obra  que  han  citado  sólo  al  paso  los  es¬ 
critores  más  leídos  y  contiene  tallas  más  raras  es 
la  sillería,  trabajada  por  Rodrigo  Alemán,  com¬ 
parable  á  la  que  hizo  este  mismo  artista  para  la 
iglesia  de  Piasen  cia,  y  en  algunos  detalles  á  la  de 
Zamora.  Ceán  Bermúdez  dice  en  su  excelente 
Diccionario  que  llenó  á  la  de  Plasencia  de  capri¬ 
chos,  y  dió  un  tono  más  serio  á  la  de  Ciudad- 


Rodrigo,  probando  así  que,  caso  de  verla,  la  debió 
ver  muy  de  prisa. 

Tanto  las  paciencias  de  las  sillas  bajas  y  altas, 
como  los  respaldos  de  estas  últimas  y  pasamanos, 
contienen  muchas  escenas  poco  describibles,  al 
lado  de  otras  reveladoras  de  una  fresca  fantasía. 
Un  hombre  en  situación  apurada  ha  manchado  sus 
ropas,  y  se  avergüenza  del  resultado.  Otro  presen¬ 
ta  en  cómica  actitud  la  rodela  para  defender  á  su 
olfato  de  los  ataques  con  que  le  amenaza  la  sucie¬ 
dad  de  un  compañero.  Estas  tallas,  las  de  Plasen¬ 
cia  y  las  de  Zamora,  muestran  que  aquellos  imagi¬ 
neros  de  final  del  siglo  XV  y  principios  del  XVI 
sentían  á  menudo  inspiraciones  tan  poco  pulcras 
como  las  que  ha  traducido  con  colores  en  muchas 
de  sus  tablas  el  pintor  Jerónimo  Bosco. 

Hay  otras  escenas  que  descubren  un  espíritu 
atrevido,  crítico  y  burlón  contra  instituciones  res¬ 
petables  y  personas.  Están  bien  dibujados  cerdos 
hilando,  leyendo,  escribiendo  en  unas  hojas,  oran¬ 
do  y  disputándose  un  libro.  Tres  pellejos  de  vino 
con  cabezas  humanas  cantan  ante  un  libro  de  coro. 
Una  figura  con  cabeza  de  fraile  despliega  alas  do 
murciélago.  Dos  monjes  aparecen  abatidos  en  los 
pasamanos  del  asiento  episcopal.  Hace  visajes  un 
mono  con* mitra,  y  un  diabolín  se  presenta  con  el 
mismo  sagrado  signo  y  un  báculo. 

Dos  fábulas  muy  conocidas  se  ven  representa¬ 
das  en  las  curiosas  tallas  de  Rodrigo  Alemán.  El 
oso  y  el  osezno,  que  lamen  un  panal  y  reciben  cas¬ 
tigo  de  las  abejas,  se  destacan  esculpidos  en  un  pa¬ 
samanos .  La  cigüeña  que  convida  á  la  zorra,  y  la 
presenta  la  redoma  de  estrechísimo  cuello  en  que 
sólo  cabe  su  agudo  pico,  están  bien  dibujadas  de 
medio  relieve  en  una  paciencia. 

Unidos  á  los  anteriores  aparecen  figurados  mil 
hechos  de  la  vida  real,  que  dan  calor  y  animación 
ai  cuadro  de  aquellas  composiciones.  Un  niño  ca¬ 
balga  sobre  un  palo  con  cabeza  de  caballo;  un  car¬ 
nicero  descuartiza  una  res;  otro  niño  come  fruta; 
un  chotillo  mama;  un  cordero  se  rasca;  dos  hom¬ 
bres  se  disputan  un  jamón,  asociándose  también  á 
estas  imágenes,  luchas  de  animales,  cacerías,  com¬ 
bates  humanos,  plantas  con  frutas  y  alguna  más  de 
gusto  muy  clásico,  como  los  cráneos  de  toros  con 
cuernos  y  guirnaldas,  que  abundan  en  los  relieves 
romanos. 

Tal  es,  descrita  muy  á  la  ligera,  la  sillería  de 
Ciudad-Rodrigo,  que  nos  proponemos  estudiar  en 
una  Memoria  más  extensa. 

Una  mañana  del  último  Agosto  dejé  la  ciu¬ 
dad,  después  de  visitar  sus  monumentos,  para  di¬ 
rigirme  á  Portugal.  Llevaba  el  grato  recuerdo  de 
la  acogida  que  me  habían  dispensado  el  bondadoso 
Obispo;  el  deán,  tan  discreto  é  inteligente;  mi 
erudito  consocio  de  la  Española  de  excursiones, 
D.  Clemente  Velasco,  y  Salgado,  el  dueño  déá .ho¬ 
tel,  que  trata  á  sus  huéspedes  como  cariñosos  ami¬ 
gos.  Pensaba  al  mismo  tiempo  en  los  muchos  que 
no  pudieron  hallar  entre  aquellos  hospitalarios 
muros  ni  caridad  ni  atenciones  por  las  duras  leyes 
de  la  guerra,  y  al  pasar  en  el  tren  sobre  las  tierras 
mezcladas  con  abundante  polvo  de  huesos  huma¬ 
nos,  sentía  hondo  pesar  por  las  muchas  madreé 
que  han  pagado  en  todo  tiempo  con  la  sangré  de 
sus  hijos  las  torpezas  y  las  iniquidades  de  los  qué 
se  enriquecen  á  menudo  con  las  desgracias  dé  la 
patria. 

Enrique  Serrano  Fatigati. 


A  ESPADA  ESPAÑOLA. 


hasta 

acom- 


I  Verse  metido  á  valiente  contra  su 
voluntad! 

Pero  las  leyes  del  honor  le  llevaban  al 
terreno,  y  tuvo  que  transigir  con  las  leyes, 
aunque  protestando  con  toda  la  energía  de 
que  era  capaz. 

Donde  menos  se  piensa  se  presenta  ocasión 
para  tropezar  y  aun  para  «matarse  con  cualquiera». 

Esto  no  se  lo  explicaba  Ramón;  pero  se  lo  ex¬ 
plicamos  los  amigos  que  mediamos  en  el  asunto. 

Asunto  delicadísimo. 

Ramón  era  mozo  joven  y  propenso  á  las  diver¬ 
siones  propias  de  la  edad,  como  se  dice  vulgar¬ 
mente. 


Vi  ó  anunciado  un  baile  de  máscaras  y  concurso 
de  mantones  y  pendones  de  Manila,  y  se  dijo : 

— Allá  voy  yo  esta  noche. 

No  en  clase  de  mantón  ni  para  optar  al  premio; 
pero  sí  en  clase  de  pendón  involuntario. 

Y  se  vistió  decentemente,  con  frac  y  sombrero 


Digitized  by  ^.ooQie 


BELLAS  ARTES 


Digitized  by  ^.ooQie 


CAl'iU.C'HINOS  EN  EL  CORO  CANTANDO  VÍSPERAS 

:  .  :  fe  ~  • .  ’■  5  •  ;  .  k 

CÚAIJeO  DE  NÁVÁRRETE.  -  • 


190  —  n.®  xii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Marzo  1898 


de  copa,  según  exigía  la  empresa  en  los  carteles, 
por  previsión. 

Como  que,  de  no  advertirlo  así,  solían  presen¬ 
tare  3  sujetos  ó  caballeros  con  cazadora  y  sombrero 
ancho,  y  aun  más  modestos  en  indumentaria. 

Ramón  entró  en  el  salón  del  baile  con  la  ale¬ 
gría  propia  de  la  edad  (y  van  dos). 

Paseó  en  medio  de  aquella  muchedumbre  «aris¬ 
tocrática»,  y  aun  se  disponía  á  buscar  pareja,  no 
de  seguridad,  sino  de  confianza. 

Pero  no  necesitó  molestarse  mucho. 

Porque  una  buena  moza,  al  parecer ,  se  le  colgó 
de  un  brazo,  y  con  la  voz  fingida  y  atiplada  que 
usan  todas  las  máscaras,  le  dijo: 

— Aquí  me  tienes. 

—  ¿Eh? — preguntó  «sorprendido». 

—  Caballéro  —  añadió  la  mascarita  en  tono  na- 
tural, —confío  en  usted:  estoy  perdida. 

—  {Perdida!  ¡Caracoles! — exclamó  Ramón. 

Y  continuó  pensando: 

—  ¡Perdida,  y  en  un  baile  de  máscaras  con  man¬ 
tones  y  pendones ! 

Pero,  repuesto  del  susto,  dijo  á  la  hermosa  dama, 
porque  así  la  creía  y  porque  lo  era,  efectivamente, 
la  enmascarada: 

—Cuente  usted  conmigo  para  todo. 

—Gracias,  caballero;  huyamos  del  salón. 

Y  así  lo  hicieron. 

Ramón,  impulsado  y  aun  arrastrado  por  su  pa¬ 
reja,  salió  del  salón  de  baile  con  ella. 

Un  hombre  los  seguía. 

Pero  un  hombre  colosal,  grande,  inmenso,  con 
más  barbas  que  un  gastador  antiguo,  fuerte,  al  pa¬ 
recer  joven,  como  de  veintiocho  á  treinta  años,  y 
de  aspecto  rudo  y  temible. 

Ramón  era  un  niño  grande :  había  cumplido  los 
veinticuatro  años  y  representaba  quince. 

Pequeño,  delgadito,  rubito,  sin  barba  y  casi  sin 
bigote. 

Un  soplo  del  barbudo  acabaría,  seguramente, 
con  una  docena  de  Ramoncillos,  como  si  fueran 
muñecos  recortados  de  papel. 

Xa  pareja  salió  perseguida  en  dirección  al  guar- 
.  darropa. 

—¡Me  he  divertido !— pensaba  Ramón.— ¡Dejar 
el  .baile  cuando  apenas  me  había  enterado  del 
personal! 

!  El  hombre  grande  vaciló  un  momento:  en  se¬ 
guida  asió  de  un  brazo  á  la  másgara,  la  despren¬ 
dió  de  su  acompañante,  y  sacudió  á  éste  un  pun- 
í  tapié  que  obligó  al  infeliz  á  estrechar  entre  sus 
,  brazos  y  á  besar  á  un  guardia  de  seguridad,  para 
■  no  dar  con  su  cuerpo  en  el  suelo. 

Sobrevino  el  escándalo,  y  el  hombre  de  las  bar¬ 
imbas  y  la  enmascarada  salieron  juntos. 

Ramón  intentó  detenerlos. 

Pero  se  interpusieron  otros  dos  gigantes,  según 
le  parecían  á  Ramón,  que  le  dijeron: 

Tranquilícese  usted:  ese  caballero,  nuestro 
amigo,  nos  ha  encomendado  la  misión  de  enten¬ 
dernos  con  usted. 

Ea,  ¡lance  personal! 

Ramón  acudió  á  nosotros. 

—¿Qué  debo  hacer? — nos  preguntó. 

—Lo  primero  guardarte  el  puntapié — le  respon¬ 
dimos, — y  acudir  al  terreno. 

Esto  no  le  convenía. 

En  lo  de  guardarse  el  puntapié  ya  estaba  él  re¬ 
suelto. 

Pero  no  pudo  evitar  el  duelo. 

Hubo  conferencias  y  ajustes  y  regateos  entre 
testigos. 

Y  aquello  de: 

— El  ofendido  es  el  nuestro,  y  le  corresponde 
la  elección  de  armas. 

Y  lo  de: 

— La  pistola. 

— La  espada  francesa. 

—La  italiana. 

— La  rusa  (no  ensalada). 

Conque  se  acordó  que  fuese  la  española. 

— La  española  y  á  veinte  pasos — rugió  Ramón 
en  un  arranque  de  bravura. — Y  con  muleta. 

—  ¿Qué  muleta  ni  qué  niño  muerto? 

Llegó  el  momento. 

Cuando  se  encontraron  el  grande  y  el  chico,  el 
primero  explicó  la  cosa:  había  tomado  á  Ramón 
por  un  amante  de  su  mujer. 

La  cual  había  ido  al  baile  con  unas  amigas,  sin 
segunda  intención  y  aprovechando  la  ausencia  de 
su  esposo. 

Pero  no  hubo  arreglo. 

El  de  las  barbas  retiraba  el  puntapié. 

— Nada. 

¿Quién  había  de  esperar  aquello? 

Hasta  llegó  el  coloso  á  proponer  que  su  enemigo 
le  devolviese  el  golpe:  un  puntapié  á  fondo. 

No  hay  que  decir  cuánto  se  crecería  Ramón. 
Quería  batirse  á  muerte,  sin  vuelta,  vamos,  sin 
opción  á  curarse  de  las  heridas* 


A  espada,  á  sable,  á  escopeta..... 

Por  fin,  un  acta  humillante  para  el  hombre  gi¬ 
gantesco  terminó  el  asunto. 

—  Fíense  ustedes  en  las  apariencias — repetía 
Ramón. — En  lo  sucesivo  llevaré  al  terreno  á  cual¬ 
quiera. 

—  No,  mira— le  advertimos; — no  te  comprome¬ 
tas  por  si  acaso. 

Eduardo  de  Palacio. 


LAS  CIENCIAS  EN  ESPAÑA. 

LA  ODONTOLOGÍA  MODERNA. 

I. 

uria  vez  en  este  m*smo  iu8ar*  y 

^ajo  e*  m*smo  epígrafe  que  encabeza 
wl  estas  líneas,  lo  hemos  dicho:  la  sin- 
guiar  idiosincrasia  de  los  españoles 
<Tj nos  lleva  á  ponderar  todos  los  gran-, 
des  adelantos,  inventos  y  progresos  que 
en  el  Extranjero  se  realizan  ó  del  Ex- 
tranjero  provienen,  y  á  deprimir  todo  lo 
y  nuestro.  Y,  sin  embargo,  en  España  tenemos 
no  poco  propio  que  admirar,  á  pesar  de  la 
indiferencia  con  que  Gobiernos  y  opinión  pública 
acogen  cuanto  tiende  al  desenvolvimiento  de  ideas 
y  mejoras  positivas 'relacionadas  con  los  diversos 
ramos  de  las  ciencias,  tanto  especulativas  como 
de  aplicación.  La  iniciativa  individual  se  sobre- 

{>one,  con  valor  rayano  en  el  heroísmo,  á  todos 
os  obstáculos,  y  concluye  por  triunfar. 

Eso  sucede,  por  ejemplo,  con  la  Odontología, 
una  de  las  ramas  más  importantes  hoy  de  las  cien¬ 
cias  módicas. 

No  se  necesita  de  grande  argumentación  para 
probar  la  importancia  de  esta  especialidad:  los 
hechos  la  demuestran  cada  día. 

Los  dientes  son  órganos  esencialísimos  para  las 
funciones  de  la  digestión  por  el  trabajo  mecánico 
que  ejecutan,  facilitando  así  la  acción  química 
ulterior  en  todo  el  aparato  gastrointestinal.  Por 
eso  sus  enfermedades  son  con  frecuencia  causa 
eficiente  de  trastornos  locales,  que  repercuten  so¬ 
bre  el  estado  general  del  ser  humano,  ocasionando 
desórdenes  en  la  nutrición,  accidentes  nerviosos 
y  accidentes  funcionales.  Por  el  contrario,  cuando 
se  hallan  en  perfecto  estado  de  conservación  ó 
higiene,  facilitan  los  admirables  fenómenos  de 
la  digestión  y  nutrición,  contribuyendo  por  modo 
tal,  en  parte  no  escasa,  á  la  prolongación  de  la 
vida,  á  la  longevidad. 

No  puede  negarse  tampoco  que  influyen  pode¬ 
rosamente  en  la  modulación  de  la  voz:  nadie  con¬ 
cibe  á  un  orador  ó  un  cantante  sin  dientes:  la 
vocalización  perfecta  es  imposible  con  un  instru¬ 
mento — y  valga  la  figura — lleno  de  brechas:  esto 
es  primordial. 

Son,  por  último,  un  elemento  esencial  de  ex¬ 
presión  para  el  rostro.  Una  boca  sin  dientes  ex¬ 
cita  la  hilaridad,  destruye  la  pureza  de  las  líneas 
y  da  al  traste  con  la  fisonomía  más  hermosa  y  ex¬ 
presiva.  Todos  los  tratadistas  de  la  belleza  humana 
lo  han  reconocido  siempre. 

De  ahí  la  indiscutible  importancia  de  la  ciencia 
odontológica  en  todos  tiempos,  pero  mucho  más 
en  los  nuestros.  Hoy,'  en  las  ciudades  y  grandes 
centros  de  población  se  hallan  en  minúscula  mi¬ 
noría  las  personas  que  conservan  la  dentadura 
perfecta  y  sana.  No  se  sabe  si  debe  atribuirse  á  las 
condiciones  especial í simas  de  la  vida  moderna,  á 
circunstancias  climatológicas  ó  al  abandono  gene¬ 
ral  en  que  se  tiene  la  salubridad  pública,  á  despe¬ 
cho  de  todos  los  progresos;  pero,  sea  de  ello  lo  que 
fuere,  el  fenómeno  existe,  y  todas  las  estadísticas 
médicas  lo  confirman. 

II. 

La  Odontología  apenas  tiene  todavía  historia: 
es  casi  de  ayer.  Es  lógico  suponer  que  en  todos 
tiempos,  aun  los  más  remotos,  la  caries  de  los 
dientes  preocupó  á  los  médicos  de  aquel  entonces. 
Recientemente  se  ha  observado  que  los  dientes  de 
ciertas  momias  egipcias  llevaban  un  anillo  de  oro, 
quizás  destinado  á  cubrir  alguna  obturación:  no  se 
explica  de,  otra  manera  ese  curioso  detalle;  pero 
toda  conjetura  se  pierde  en  las  nebulosidades  que 
durante  muchos  siglos  han  envuelto  la  Medicina, 
más  empírica  que  racional  y  científica  hasta  una 
época  muy  reciente. 

No  hay  que  buscar  la  Estomatología,  de  cuya 
ciencia  es  una  derivación  la  Odontología,  en  los 
pasados  siglos.  Los  barberos  y  practicantes  de  ci¬ 


rugía  menor,  que  más  de  una  vez,  por  extraer  al¬ 
gún  raigón  poco  «católico»,  dejaban  sin  quijada  al 
primer  cristiano  que  en  sus  manos  caía,  y  los 
«sacamuelas»  de  feria,  eran  los  únicos  sacerdotes 
de  la  dentistería.  El  charlatanismo  era  la  nota  ca¬ 
racterística  de  la  profesión.  La  frase  «hablar  más 
que  un  sacamuelas»  se  ha  hecho  proverbial  y  es¬ 
culpe,  por  decirlo  así,  el  bajo  nivel  del  arte  en 
mantillas. 

Hasta  el  siglo  XVin,  muy  promediado  ya,  no 
empieza  á  tomar  matices  científicos  la  dentistería. 
Los  sabios  médicos  Fauchard,  Jourdain  y  algún 
otro,  fueron  los  primeros  apóstoles  de  la  nueva 
ciencia  y  realizaron  los  primeros  trabajos  y  estu¬ 
dios  fisiológicos  profundos  acerca  de  esta  materia; 
pero  más  bien  considerándola  como  una  deriva¬ 
ción  de  la  Medicina  que  bajo  el  aspecto  de  arte 
dental  propiamente  dicho,  esto  es,  la  conjunción 
de  la  ciencia  y  de  la  industria  para  realizar  una 
finalidad  esencialmente  fisiológica  y  práctica. 

A  nuestro  siglo,  por  tantos  conceptos  maravi¬ 
lloso,  corresponde  la  gloria  de  haber  realizado  esa 
evolución,  tan  útil  á  la  humanidad  doliente.  Los 
Estados  Unidos  de  América  iniciaron  la  reacción 
y  la  monopolizaron  durante  algún  tiempo. 

Sus  adelantos  sirvieron  de  poderoso  acicate  al 
profesorado  del  viejo  Continente,  y  á  aquel  movi¬ 
miento  respondió  Europa  con  potente  impulso. 
Inglaterra,  Francia,  Alemania,  Italia  y  Suecia 
tomaron^  la  iniciativa  y  aportaron  pronto  á  *  la 
nueva  qbra  científica  su  contingente  de  hombres 
notables  y  de  ideas  y  descubrimientos. 

Magitot,  sabio  médico  que  hónrala  Estomatolo¬ 
gía  francesa,  Dubois,  Tomes,  Cunningham,  He- 
wits,  Miller,  notable  bacteriólogo  alemán,  y  o.tros, 
han  levantado  á  gran  altura,  en  nuestros  días,  la 
Odontología  en  Europa.  Las  escuelas  francesa  é 
inglesa,  si  menos  ricas  que  las  americanas,  no  les 
son  inferiores  por  la  enseñanza  que  en  ellas  se  da 
ni  por  el  brillante  éxito  que  sus  discípulos  han  lle¬ 
gado  á  alcanzar.  La  Escuela  odontológica  de  Pa¬ 
rís  goza  ya  envidiable  fama  y  recluta  sus  más  dis¬ 
tinguidos  alumnos  en  toda  Europa,  sin  excluir  á 
nuestra  España.  El  elemento  industrial  predomina 
en  los  progresos  de  las  escuelas  americanas;  el  es¬ 
peculativo  en  las  europeas.  En  la  conjunción  de 
uno  y  otro  estriba  el  porvenir  de  la  Odontología. 

III. 

La  mecánica  y  la  industria,  con  sus  portentosos 
adelantos,  han  dado  en  nuestra  época  gigantesco 
impulso  al  perfeccionamiento  del  arte  dental,  ora 
facilitándole  instrumentos  de  admirable  preci¬ 
sión,  ora  perfeccionando  un  día  y  otro  día  las 
sustancias  que  constituyen  la  base  de  los  nuevos 
tratamientos  de  la  especialidad,  como  el  oro,  las 
amalgamas,  cementos,  dientes  artificiales,  etc. 

La  electricidad,  verdadera  palanca  de  Arquíme- 
des  de  nuestros  tiempos,  dón  divino  que  tantas 
maravillas  y  tan  grandiosa  revolución  está  ope¬ 
rando  en  todas  las  esferas  de  la  actividad  humana, 
presta  valiosísimo  concurso  á  la  Odontología,  unas 
veces  como  elemento  mecánico,  y  de  ello  dan 
testimonio  los  tornos  operatorios,  los  ventilado¬ 
res,  el  martillo  eléctrico,  etc.,  etc.;  otras  como 
factor  esencial  en  las  curaciones,  según  se  ve  por 
la  galvanocáustica  y  la  endoscopia. 

La  última  y  más  sorprendente  aplicación  de  la 
electricidad  á  la  Odontología  es  la  cataforesis , 
cuyos  ensayos,  no  definitivos  aún,  permiten  espe¬ 
rar  asombrosos  éxitos  en  punto  á  la  supresión  del 
dolor,  tan  difícil  de  evitaren  algunas  operaciones 
dentales.  ¡La  magia  realizada  por  la  ciencia  mo¬ 
derna! 

Innovaciones  y  progresos  tales  han  contribuido 
en  gran  manera  en  nuestros  días  á  elevar  el  nivel 
profesional  de  la  clase  y  á  dignificarla,  atrayén¬ 
dola  el  respeto  de  la  opinión  y  la  estimación  del 
profesorado  médico.  Los  Congresos  de  dentistas, 
ya  regionales,  ya  internacionales,  que  se  celebran 
con  frecuencia;  la  multiplicación  de  las  Socieda¬ 
des  odontológicas,  y  la  tendencia  marcadamente 
científica  de  la  dentistería  actual,  son  síntomas 
por  extremo  simpáticos  para  los  hombres  pensa¬ 
dores. 

En  otras  naciones  abundan  ya  los  médicos  esto- 
matólogos:  en  España  son  pocos  todavía  los  que 
se  dedican  á  tan  importante  y  útil  especialidad, 
pero  los  hay  muy  notables,  dicho  sea  en  honor  de 
nuestro  país.  Nuestros  médicos  jóvenes,  que  tan 
ardua  batalla  se  ven  precisados  á  sostener  cuando 
salen  de  las  aulas,  por  la  competencia,  antes  de 
abrirse  camino;  esa  brillante  y  estudiosa  juventnd 
á  la  que  la  lucha  por  la  existencia  obliga  á  veces  á 
condenarse  al  ostracismo  de  la  aldea  ó  á  mendigar 
un  mísero  destino  en  cualquier  ramo  de  la  Ad¬ 
ministración  pública,  tiene  al  presente,  con  los 
progresos  de  la  Odontología,  abiertos  amplios  ho- 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Marzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.*  XII  —  191 


rizontes  donde  conquistarse  nombre  y  fortuna,  con¬ 
tribuyendo  además  á  elevar  los  prestigios  de  una 
clase  profesional  que  va  ya,  por  su  evolución  cien¬ 
tífica,  desprendiéndose  de  la  impedimenta  del 
charlatanismo  que  sobre  ella  pesó  un  tiempo  como 
mortificante  estigma. 

En  Madrid  y  en  Barcelona  existen  hoy  Socie¬ 
dades  odontológicas  muy  estimables,  que  han  lo¬ 
grado  evidentes  progresos  en  la  materia.  En  Abril 
próximo,  con  motivo  del  IX  Congreso  internacio¬ 
nal  de  Higiene  y  Demografía  que  en  Madrid  va  á 
celebrarse ,  se  reunirá  también  una  Asamblea  in¬ 
ternacional  de  dentistas,  en  la  cual  se  espera  con 
justicia  que  ha  de  mostrarse  digna  de  nuestra  cul¬ 
tura  la  Odontología  española. 


IY. 


Cuenta  Madrid  con  muy  notables  gabinetes  den¬ 
tales,  como  los  de  los  Sres.  Portuondo  (D.  R.),  Agui- 
lar,  Gutiérrez,  y  el  que  acaba  de  instalar  el  doctor 
Gallardo,  ilustrado  módico  estomatólogo ,  que  ba 
hecho  largos  estudios  en  el  Extranjero  sobre  la 
especialidad  á  que  ha  dedicado  su  talento  y  sus 
iniciativas.  Ese  gabinete,  del  cual  dan  idea  los  gra¬ 
bados  de  esta  misma  página,  reúne  los  elementos 
de  instalación  é  instrumental  más  perfectos  que  so 
conocen,  y  puede  admitir,  estamos  de  ello  seguros, 
la  comparación,  sin  desventaja,  con  sus  similares 
más  notables  del  Extranjero. 

La  electricidad  forma  su  base  en  sus  diversas 
aplicaciones,  tanto  técnicas  como  higiénicas,  de 
que  antes  hemos  hablado:  empléase  el  gas  para  la 
calefacción  y  ventilación,  lo  mismo  en  el  gabinete 
de  operaciones  que  en  el  laboratorio  ó  taller;  para 
la  purificación  del  agua  se  usa  la  filtración  más 
perfecta  por  medio  de  bujías  de  porcelana  de 
amianto;  la  esterilización  de  los  instrumentos,  que 
se  considera  como  punto  esencial  en  la  cirugía 
moderna,  se  hace  por  estufas  de  ebullición  ó  por 
el  trioximetileno;  en  una  palabra,  nada  falta,  no 
sólo  bajo  el  concepto  de  la  técnica  dental,  sino 
también  de  cuanto  la  ciencia  exige  hoy  en  orden 
á  la  asepsia  y  antisepsia. 

El  departamento  de  prótesis  es  tan  completo 
como  el  gabinete  operatorio,  pudiendo  ejecutarse 
en  él  fácilmente  los  más  delicados  y  minuciosos 
trabajos  de  mecánica  dental. 

Son  estos  gabinetes  dignos  de  ser  visitados  por 
los  hombres  de  ciencia,  y  seguramente  han  de 
serlo  por  los  miembros  de  la  próxima  Asamblea 
odontológica. 


V. 


Un  recuerdo  histórico  para  concluir. 

El  descubrimiento  de  la  anestesia,  una  de  las 
más  trascendentales  conquistas  de  la  ciencia 
contemporánea,  es  un  timbre  de  gloria  para  la 
Odontología,  puesto  que  se  debe  á  un  dentista,  á 
Horacio  Wells.  Ejercía  éste  la  profesión  en  Hart- 


MADRID.  —  GABINETE  DE  ODONTOLOGÍA  DEL  DOCTOR  GALLARDO. 

(De  fotografía.) 


ford  (Estados  Unidos).  Según  refiere  el  docto  pro¬ 
fesor  de  Fisiología  de  la  Sorbona  de  París,  mon- 
sieur  A.  Dastre,  en  su  interesante  obra  Les  Anes - 
thésiquesy  asistía  Wells  el  10  de  Diciembre  de  1841 
á  una  conferencia  de  química  instructiva  y  re¬ 
creativa  dada  por  Mr.  Colton.  Hizo  éste  al  final 
algunos  experimentos  de  inhalación  del  protóxido 
de  ázoe,  y  Horacio  Wells,  hombre  de  viva  inteli¬ 
gencia  y  profundo  observador,  notó  con  sorpresa 
que  uno  de  los  concurrentes,  sometido  á  la  inha¬ 
lación,  era  presa  de  la  más  extraña  agitación, 
hasta  el  punto  de  darse  fuertes  golpes  contra  los 
bancos  y  las  sillas,  causándose  heridas  que  mana¬ 
ban  bastante  sangre.  Vuelto  en  sí ,  afirmó  que  ni 
había  sentido  ni  sentía  dolor  alguno.  Aquello  fué 
una  revelación  para  Wells,  que  bien  pronto  aplicó 
tan  singular  descubrimiento  á  los  que  en  su  gabi¬ 
nete  habían  de  sufrir  alguna  operación  dentaria, 
empezando  por  aplicarse  á  sí  mismo  el  gas  insen¬ 
sibilizador  antes  de  hacerse  extraer  un  diente, 
resultando  de  la  prueba  que  sólo  experimentó 
como  un  ligero  alfilerazo. 

Sin  embargo,  los' experimentos  en  gran  escala 
no  fueron  tan  concluyentes;  y  mientras,  alecciona¬ 
dos  por  aquella  tentativa,  otro  dentista,  Morton, 


y  el  químico  Jakson,  asociados,  después  de  asiduos 
trabajos,  daban  á  conocer  otro  anestésico,  el  le - 
théon ,  compuesto  secreto  que  no  sólo  hacia  á  los 
hombres  y  á  los  animales  insensibles  al  dolor, 
sino  que  además  los  aletargaba  durante  la  práctica 
de  operaciones  quirúrgicas.  Este,  nuevo  descubri¬ 
miento,  que  no  era  otra  cosa  que  el  éter  desnatu¬ 
ralizado  por  la  esencia  de  neroli,  causó  gran  sen¬ 
sación  en  el  mundo  científico,  y  en  menos  de  dos 
años  llegó  á  ser  el  anestésico  por  excelencia,  que 
tan  inútilmente  venían  buscando  la  cirugía  y  la 
Odontología.  Al  presente,  el  protóxido  de  ázoe,  el 
éter  y  el  cloroformo  reinan  sin  rival. 

Hagamos  votos  por  que  los  odontólogos  españo¬ 
les  logren  pronto  emular  y  aun  eclipsar  las  glorias 
de  sus  colegas  extranjeros,  con  nuevas  brillantes 
conquistas  en  el  campo  de  la  ciencia. 

Juan  Cervera  Bachiller. 


POR  LA  GUERRA  PAZ. 


I. 


MADRID. — GABINETE  DE  ODONTOLOGÍA  DEL  DOCTOR  GALLARDO.  — SALA  DE  CONSULTAS. 

(De  fotografía.) 


jCAN  Parrondo  y  Robusti&no  Gil  eran 
quintos  del  93  jpor  el  cupo  de  Villalo- 
bón;  pero  habíanles  ocurrido  no  po¬ 
cas  peripecias  antes  de  entrar  uno  y 
otro  en  el  servicio. 

Como  que  Juan  Parrondo  estuvo  á 
punto  de  librarse,  y  á  Robustiano  Gil  no 
le  faltó  casi  nada  para  ir  con  recargo  á  Ul¬ 
tramar.  Todo  por  virtud  de  la  voluntad  que 
usaba  á  diario  un  tío  del  primero,  cacique 
del  lugar,  y  de  las  artes  de  que  sabía  valerse  el 
secretario  del  Ayuntamiento. 

Al  llegar  la  época  de  las  quintas,  y  toda  vez  que 
por  estar  en  auge  entonces  los  Parrondos  y  ven¬ 
cidos  los  Giles  de  Villalobón,  á  aquéllos  les  tocaba 
no  dar  soldados  ni  satisfacer  contribuciones,  pero 
sí  servirse  de  los  bienes  de  propios,  etc.,  etc.,  y 
á  los  segundos  correspondíales  no  oler  siquiera 
éstos,  pero  sí  pagar  por  los  otros  hasta  la  contri¬ 
bución  de  sangre,  cosa  fué  sabida,  y  aun  aceptada 
por  todo  el  pueblo,  que  Juan  se  quedaría  en  su 
casa  seguramente,  mientras  Robustiano  cargaba 
con  el  fusil. 

Y  eso  que  este  último  era  hijo  de  padre  sexage¬ 
nario  y  más  que  pobre,  y  no  tenía  otros  herma¬ 
nos,  reuniendo  así  cuantas  condiciones  exige  el 
artículo  no  sé  cuántos  de  la  ley,  mientras  que  el 
otro  carecía  de  ellas;  y  si  bien  su  padre  figuraba 
entre  los  más  ricos  del  lugar,  hubiera  parecido 
que  renunciaba  á  las  preeminencias  y  goces  del 
mero  y  mixto  imperio  parrondil  si  se  avenía  á  dar 
seis  mil  reales  por  redimir  al  muchacho  del  ser¬ 
vicio. 

La  trampa  que  armó  el  secretario  consistía  en 
hacer  que  apareciese  Gil  como  prófugo,  omitiendo 


Digitized  by  AjOOQle 


192  —  n.°  xii 


LA.  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Marzo  1898 


pasarle  las  citaciones  que  manda  la  ley 
para  concurrir  á  la  clasificación  y  de¬ 
claración  de  soldados,  y  negándose 
luego  a  escuchar  sus  quejas.  Así,  aun¬ 
que  no  lo  fuese  en  realidad,  constaba 
en  el  expediente  como  tal  prófugo. 
Entonces  existía  un  precepto  legal  que 
otorgaba  derecho  á  librarse  del  servi¬ 
cio  á  todo  aquel  que  denunciara  á  un 
prófugo,  precepto  que  sólo  sirvió  para 
que  se  cometiesen  mil  irregularidades 
y  algunas  infamias,  y  que  venía  perfec¬ 
tamente  á  los  Parrondos  y  al  secretario 
para  realizar  lo  que  habían  discurrido. 

Denunciado  fué,  por  consiguiente, 
como  prófugo  el  pobre  Gil,  y  la  Comi¬ 
sión  provincial,  donde  los  fautores  de 
la  cosa  tenían  mucha  mano,  aprobó  la 
denuncia.  Por  lo  tanto,  concedióse  á 
Juan  el  derecho  á  no  servir  en  activo, 
y  se  castigó  á  Robustiano  destinándole 
á  hacerlo  en  Ultramar  con  el  recargo 
correspondiente. 

Hubo,  no  obstante,  un  alma  caritati¬ 
va  que  aconsejó  al  supuesto  prófugo  la 
forma  en  que  debía  reclamar  ante  el 
Ministro  de  la  Gobernación.  El  expe¬ 
diente  fué  así  al  Consejo  de  Estado;  y 
como  por  mucho  que  valiese  la  influen¬ 
cia  de  los  caciques  de  Yillalobón  no 
podía  llegar  á  tan  altos  centros,  y  ade¬ 
más  aparecía  el  fraude  muy  mal  hecho, 
vino  á  resultar  que  se  deshizo  la  tram¬ 
pa,  quedando  libre  Robustiano  de  la 
pena  que  por  prófugo  le  habían  im¬ 
puesto,  obligándosele  tan  sólo  á  servir 
en  filas  si  le  tocaba  en  suerte.  Y  en 
cuanto  á  la  denuncia  hecha  por  Juan, 
tampoco  prevaleció,  y  tuvo  éste  que 
resignarse  á  prestar  servicio.  La  ava¬ 
ricia  de  su  padre  impidió  además  que 
se  redimiese,  pues  el  hombre  se  metió 
en  tratos  con  una  agencia  de  redencio¬ 
nes,  lal  cual  le  estafó,  como  á  otros  mu- 
.  chos,  haciéndole  perder  unos  cuantos 
.  centenares  de  pesetas,  todo  por  querer 
ahorrar.  Y  lo  que  es  peor,  el  mozo,  á 
.  causa  de  haber  expirado  ya  el  término 
legal  para  redimirse,  hubo  de  ingresar 
en  el  ejército. 


II. 

Como  eran  del  mismo  cupo,  al  mis¬ 
mo  batallón  también  fueron  los  dos 
reclutas,  y  aun  á  la  misma  compañía. 
El  atolondramiento  que  al  principio 
produce  la  vida  de  cuartel  evitó  que 
chocasen  entre  sí;  pero  á  medida  que 
pasaba  el  tiempo  iba  saliendo  á  la  su¬ 
perficie  el  rencor  que  se  tenían:  Pa- 
rrondo  á  Gil,  por  creer  que  éste  gozaba 
con  verle  humillado,  y  Gil  á  Parrondo, 
por  la  treta  que  se  le  había  querido 
jugar. 

La  influencia  de  los  Parrondos,  su¬ 
biendo  del  cacique  al  diputado,  y  del 
diputado  á  las  autoridades  militares, 
llegó  al  cüartel ,  sirviendo  para  que  á 
Juan  lo  nombrasen  ordenanza  ae  la 
oficina  coronela,  y  después  para  que  lo 
ascendiesen  á  cabo. 

El  primer  destino  separábalo  de  Gil, 
lo  que  fué  un  bien  para  éste;  pero  el 
segundo,  que  le  hizo  volver  con  los  ga¬ 
lones  á  prestar  servicio  en  la  compa¬ 
ñía,  proporcionóle  ocasión  de  ejercer 
autoridad  sobre  su  enemigo;  y  hasta 
tal  punto  se  atrevió  á  abusar  de  ella, 
que  los  sargentos  enteraron  á  los  ofi¬ 
ciales  y  éstos  al  capitán,  quien  se  lo 
comunicó  al  primer  jefe,  explicándole 
la  causa  de  aquel  odio.  El  coronel,  para 
prevenir  cualquier  disgusto,  ordenó 
que  el  soldado  Robustiano  Gil  pasase 
á  otra  compañía,  quedándose  el  cabo 
Juan  Parrondo  en  la  suya. 

Así  las  cosas,  con  la  guerra  de  Cuba 
llegó  el  destino  del  batallón  á  la  Isla. 
Parrondo  estuvo  á  punto  de  permane¬ 
cer  aquí;  pero  la  tacañería  de  su  padre 
lo  impidió,  pues  á  punto  de  concertar¬ 
se  la  permuta  con  otro  cabo,  se  deshizo 
todo  por  cuestión  de  unos  cuantos  du¬ 
ros  que  no  quiso  aquél  pagar. 

En  el  vapor  tuvo  ocasión  el  cabo,  y 
v  más  de  una,  de  hacer  sentir  de  un  mo- 
COMENDADOR  ENRIQUE  ANGELINI,  do  contundente  á  Robustiano  cómo  le 

cónsul  de  méjico  en  roma.  hubiera  tenido  más  cuenta  conformar¬ 

se  desde  un  principio  con  su  suerte, 
(De  fotografía  de  Schembroche  y  Baldi.)  qne  no  haberse  id0  con  reclamaciones 


ROM  A.  — PEREGRINACION  MEJICANA.— GRUPO  DE  LOS  PEREGRINOS  QUE  VAN  A  TIERRA  SANTA. 

(De  fotografía.) 


Digitized  by  AjOOQle 


80  Mabzo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.*  xii  —  193 


Peregrinos  visitando  un  columbario  en  la  vía  Appia. — Subiendo  la  «Scala  Santa». — Audiencia  concedida  por  Su  Santidad  León  XUI  á  los  peregrinos  mejicanos. 

Misa  pontifical  celebrada  el  12  del  corriente  en  la  capilla  del  Colegio  Pío  Latino* Americano. 

ROMA.  — LA  PEREGRINACIÓN  MEJICANA. 

(Dibujo  de  H.  Estovan.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


194  —  n.®  xii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


SO  Marzo  1898 


al  Ministerio.  Así  habría  servido  solo,  y  sin  tener 
cerca  de  sí  quien  convirtiese  los  rojos  galones  de 
estambre  en  instrumento  de  venganza  y  de  los 
odios  de  aldea. 

Por  fin  llegaron  á  Cuba,  y  poco  después  opera¬ 
ban  en  no  recuerdo  qué  provincia.  Parrondo  y  Gil 
dejaron  de  tropezarse,  cada  cual  en  su  compañía, 
y  durante  bastante  tiempo  nada  les  ocurrió  de 
particular. 

Mas  al  cabo  de  algunos  meses  se  volvieron  á  en¬ 
contrar.  Gil  había  salido  del  hospital  adonde  fué  & 
curarse  unas  calenturas,  y  estaba  en  espera  de  que 
viniese  el  batallón,  que  operaba  por  aquella  zona, 
para  incorporarse  á  su  compañía;  Parrondo  era 
cabo  de  ordenanzas  de  las  oficinas,  y  por  lo  tanto 
hallábase  libre  de  salir  á  operaciones. 

Cierto  día  recibió  el  comandante  militar  aviso 
de  que  los  insurrectos  estaban  atacando  á  un  for¬ 
tín  destacado  de  la  población,  y  para  ir  á  su  soco¬ 
rro  organizó  una  columnita  con  la  gente  disponi¬ 
ble,  entre  la  guarnición  y  los  escribientes,  orde¬ 
nanzas,  convalecientes  de  varios  cuerpos  y  demás 
partidas  sueltas,  y  la  envió  para  que  acudiera  rápi¬ 
damente  al  punto  atacado.  En  ella  fueron  Parrondo 

y  Gil* 

Y  el  capitán  que  la  mandaba,  al  llegar  al  fortín, 
y  encontrándolo  ya  libre,  mandó  practicar  un  re¬ 
conocimiento,  para  lo  que  dividió  su  fuerza  en 
grupos.  El  cabo  Parrondo  con  ocho  soldados  man¬ 
daba  uno  de  ellos,  en  el  que  iba  su  aborrecido  Gil. 

III. 

Abriéndose  paso  por  entre  la  espesa  manigua 
avanzaban  los  nueve ,  cuando  al  llegar  á  una  clara 
del  terreno  recibieron  algunos  disparos.  Cubrié¬ 
ronse  como  les  fué  posible ,  y  comenzó  un  tiroteo 
bastante  vivo.  De  pronto  unos  veinte  insurrectos 
arrojáronse  sobre  el  pelotón,  y  lo  hubieran  ma¬ 
cheteado  á  no  defenderse  Parrondo  y  los  suyos 
vigorosamente. 

El  enemigo  huyó,  y  los  nuestros  aprovecharon 
el  respiro  que  esto  les  daba  para  retirarse,  no  muy 
de  prisa,  pues  tenían  que  trasportar  á  tres  solda¬ 
dos  heridos.  Otro  quedó  muerto,  y  allí  lo  dejaron. 

De  los  heridos,  uno  iba  por  su  pie;  los  demás,  sos¬ 
tenidos  cada  uno  por  dos  compañeros.  Sólo  mar¬ 
chaban  libres  Parrondo  y  Gil,  que  con  el  Mauser 
preparado,  y  volviendo  la  cabeza  á  cada  momento 
para  ver  si  reaparecían  los  mambises ,  cubrían  la 
retirada  de  aquella  pequeñísima  pero  valiente  co¬ 
lumna. 

En  esto  oyóse  un  tiro,  y  al  suelo  cayó  el  cabo 
Parrondo,  mientras  Robustiano,  echándose  el  fu¬ 
sil  á  la  cara,  disparábalo  en  dirección  á  la  espesura 
de  donde  se  les  había  hecho  fuego,  sin  ver  á  nadie, 

Eero  comprendiendo  que  allí  estaba  el  enemigo. 

os  otros  soldados  útiles  y  los  heridos  descargaron 
también  sus  fusiles.  Luego  siguieron  la  marcha, 
menos  Gil,  que  permaneció  junto  al  cabo,  el  cual 
yacía  en  tierra  sin  sentido. 

Por  un  instante  lo  contempló  con  ira;  después 
bajóse  á  recogerle  el  fusil  para  que  no  cayera  en 
poder  del  enemigo.  Entonces  pudo  observar  que 
abría  los  ojos  y  le  miraba  con  expresión  de  angus¬ 
tia.  No  había  muerto.  Sonaron  dos  ó  tres  tiros  más 
que  hicieron  al  pobre  Gil  volver  la  cabeza  en  di¬ 
rección  al  sitio  de  donde  venían  y  llenar  de  cartu¬ 
chos  otra  vez  el  depósito  de  su  Mauser.  Hizo  in¬ 
tención  de  continuar,  y  de  prisa,  á  reunirse  con  el 
grupo;  pero  rápidamente,  y.  como  á  impulsos  de 
un  movimiento  instintivo,  cogió  á  Parrondo  por  la 
cintura,  y  echándoselo  sobre  un  hombro,  fué  á 
esconderse  con  él  en  un  espeso  manigual  próximo. 
Allí  esperó  un  rato,  hasta  que  dejóse  de  oir  el  fue¬ 
go;  y  volvió  entonces  á  salir,  no  sin  haber  procura¬ 
do  antes  contener  la  hemorragia  del  herido,  apli¬ 
cándole  un  pañuelo  empapado  en  aguardiente  de 
caña,  del  que  llevaba  en  la  cantimplora.  Le  hizo  be¬ 
ber  también  un  buen  trago,  que  reanimó  al  infeliz, 
y  así  Parrondo  por  su  pie,  pero  sosteniéndolo  Gil, 
siguieron  poco  á  poco  a  ver  si  lograban  alcanzar  á 
la  columna.  No  tuvieron  esa  suerte,  y  tras  de  una 
marcha  penosísima  que  duró  algunas  horas,  á  pe¬ 
sar  de  que  sólo  tenían  que  recorrer  poco  más  de  dos 
kilómetros,  llegaron  al  fortín  avanzado,  de  donde 
ya,  por  no  ser  necesaria,  había  salido  la  fuerza  de 
socorro  con  dirección  al  pueblo. 

El  comandante  del  destacamento  avisó  por  te¬ 
léfono  al  de  la  plaza,  y  aquella  noche  el  cabo  Pa¬ 
rrondo  y  el  soldado  Gil  dormían  en  el  Hospital 
militar,  pues  el  último,  aunque  no  herido  de  gra¬ 
vedad,  volvió  con  las  ropas  y  las  carnes  destroza¬ 
das  y  rendido  de  fatiga. 

IY. 

Habían  pasado  algunos  meses:  por  la  carretera 
que  va  de  Villalobón  á  Cértoles,  estación  de  vía 
férrea  la  más  próxima,  iban,  unos  en  carro,  caba¬ 


lleros  en  muía  ó  pollino  otros,  y  á  pie  los  demás, 
buen  número  de  vecinos  del  primero  de  ambos  lu¬ 
gares.  Pero  no  caminaban  reunidos,  sino  en  dos 
grupos,  separados  entre  sí  más  de  cien  metros.  Así 
llegaron  á  la  estación  y  así  permanecieron  en  ella, 
á  la  una  parte  los  Parrondos  y  á  la  otra  los  Giles; 
que  estas  familias  y  sus  deudos,  amigos  y  partida¬ 
rios,  eran  los  que  aquellos  grupos  formaban. 

La  de  Juan  y  la  de  Robustiano  habían  tenido 
carta  de  Santander,  en  que  éstos  les  decían  que 
acababan  de  desembarcar  y  que  llegarían  á  Cér¬ 
toles  á  tal  hora.  A  esperarlos,  pues,  acudían  sus 
parientes  y  no  pocos  que  no  lo  eran;  casi  todo  el 
vecindario  de  Villalobón. 

La  mañana  estaba  fresca,  y  ambos  grupos  man¬ 
teníanse  en  el  andén  muy  separados.  Más  de  una 
mirada  hostil  cruzábase  entre  los  de  uno  y  otro. 
Los  padres  de  Gil,  aunque  alegres  por  la  esperan¬ 
za  de  ver  á  su  hijo  pronto,  no  perdonaban  á  los 
que  con  sus  trapacerías  se  lo  arrebataran  dorante 
más  de  dos  años;  y  los  de  Parrondo,  entre  los 
c  a  ales  estaba  el  Alcalde,  no  podían  contener  su 
despecho  al  ver  que  aquellos  mendigos  de  Giles 
habían  conseguido  romper  las  ligaduras  del  poder 
absoluto  ejercido  por  el  bando  á  la  sazón  dominan¬ 
te  sobre  todos  los  seres  del  lugar  y  sus  inmedia¬ 
ciones. 

El  silbido  de  la  locomotora  los  sacó  de  tales  pen¬ 
samientos,  y  poco  después  el  tren  paraba  frente  al 
andén.  En  las  ventanillas  de  los  coches  de  tercera 
aparecían  muchos  soldados  con  traje  de  rayadillo, 
demacrados  y  amarillentos,  y  que,  así  y  todo,  te¬ 
nían  humor  de  saludar  á  gritos  y  con  bromas  á  las 
gentes  que  llenaban  la  estación.  En  una  de  esas 
ventanillas  venían  dos  gritando  más  que  los  otros, 
un  sargento  y  un  soldado,  allí  muy  juntitos,  abra¬ 
zados  casi. 

Paró  el  tren,  y  la  portezuela  de  aquel  coche  se 
abrió,  bajando  el  soldado,  quien  desde  el  estribo 
tuvo  que  ayudar  el  descenso  del  otro,  más  débil  y 
enfermo:  eran  Robustiano  y  Juan;  éste  ya  con  los 
galones  de  sargento,  y  los  dos  con  varias  cruces 
rojas  sobre  la  descolorida  guayabera. 

Los  vecinos  de  Villalobón  arrojáronse  sobre 
ellos,  teniendo  que  mezclarse  ambos  grupos;  y 
allí  fue  la  de  abrazos  y  gritos  y  lágrimas  de  ma¬ 
dres,  hermanas  y  primas,  y  de  mozas  y  mujerucas 
no  parientas,  tanto  que  á  poco  los  destrozan.  Por 
lo  pronto  los  separaron,  y  cada  pelotón  salió  con 
el  suye  del  andén,  dirigiéndose  hacia  la  carretera. 

En  ella  estaban  los  carros  y  las  caballerías.  A  Pa¬ 
rrondo  le  tenían  preparada  una  galera,  casi  tartana, 
de  su  tío  el  cacique ,  y  á  ella  le  subieron,  y  ya  iban 
á  emprender  la  marcha,  cuando  se  observó  que 
buscaba  á  alguien. 

— ¿Qué  buscas? — le  preguntaron. 

—  ¿Y  Robustiano? 

—  ¿Para  qué  quieres  á  ese ? 

—  ;Toma!  para  que  venga  aquí  conmigo. 

—  I Contigo  1  ¿Aquí  entre  nosotros? . 

— Conmigo  y  abrazaos  los  dos,  como  me  sacó  de 
la  manigua  cuando  me  hirieron.  Qué,  ¿no  lo  sa¬ 
bíais?  A  él  le  debo  la  vida. 

Los  Parrondos  se  miraron  con  estupefacción 
unos  á  otros.  No  sabían  que  hacer  ni  qué  decir. 
En  esto  apareció  el  grupo  de  los  Giles,  y  Juan 
asomándose  á  la  trasera  del  vehículo,  gritó: 

—  ¡Eh,  tú,  Robustiano,  súbete  aquí! 

El  soldado,  separándose  de  entre  los  suyos, 
subió. 

—  Ahora — volvió  á  decir  Juan — nosotrosyim- 
tos  y  vosotros  yunto  detrás,  y  todos  al  pueblo,  y 
se  acabaron  las  cuestiones.  ¡Andando! 

Y  el  grupo,  sólo  un  grupo ,  siguió  tras  de  la  ga¬ 
lera-tartana,  donde  con  Juan  y  Robustiano  habían 
subido  el  padre  de  éste  y  el  Alcalde. 

Los  vecinos  de  Villalobón  caminaban  muy  con¬ 
tentos,  y  en  más  de  unos  ojos  de  mujer  y  en  algu¬ 
nos  de  hombre  asomaban  lágrimas  que  ninguno 
de  ellos  podía  explicar. 

El  caso  es  que  en  el  pueblo  se  acabó  la  rivali¬ 
dad  de  Giles  y  de  Parrondos,  contribuyendo  á  la 
unión  la  boda  del  sargento  Juan,  inútil  para  el 
servicio,  pero  no  para  el  matrimonio,  con  una 
hermana  de  Robustiano. 

¿Y  no  tiene  moraleja  este  cuento?  Pueden  bus¬ 
carla  y  dar  con  ella  los  lectores,  si  gustan. 

Juan  Lapoulide. 


TERCERA  RACIÓN  DE  ARTÍCULOS. 


Así  llama  el  Dr.  Thebussem  su  último  trabajo, 
originalísimo  como  todos  los  suyos,  de  fina  crítica 
y  de  sana  enseñanza,  al  mismo  tiempo  que  recrea 
tivo. 

Con  algún  ejemplo  vamos  á  demostrarlo. 


«Cristóbal  Colón  $  se  titula  un  capítulo,  ocupán¬ 
dose  de  una  obra  publicada  en  Barcelona  haciendo 
historia  del  glorioso  navegante. 

El  Doctor  menciona  el  pasaje  de  la  historia  de 
Colón  en  el  que  se  dan  noticias  que  marcan  cos¬ 
tumbres  y  creencias  de  la  época  del  descubri¬ 
miento.  Señala  la  Real  Cédula  de  23  de  Febrero 
de  1505,  por  la  que  se  concede  al  almirante  Don 
Cristóbal  Colón,  que  no  podía  andar  á  caballo 
por  causa  de  sus  enfermedades,  licencia  para  via¬ 
jar  en  muía  ensillada  y  enfrenada,  por  cualquier 
parte  de  los  reinos  y  señoríos  de  España;  y  señala 
también  el  testimonio  dado  en  la  carabela  Niña 
por  el  escribano  Luna,  el  día  12  de  Junio  de  1494, 
declarando  el  Almirante,  con  los  pilotos,  maes¬ 
tros  y  marineros,  que  Cuba  era  tierra  firme  y  no 
isla.....  é  imponiendo  pena  de  10.000  maravedises, 
cien  azotes  y  cortar  la  lengua  á  quien  lo  contrario 
dijese. 

Trascendental  ha  sido  para  España  que  Cuba 
no  fuese  tierra  firme  y  sí  isla,  no  habiéndose  apli¬ 
cado  en  ella  los  consejos  del  gran  legislador  Don 
Quijote,  revelados  á  su  inmortal  escudero  para  el 
gobierno  de  su  ínsula,  cuando  dice  aquél  á  éste 
que  ha  de  temer  á  Dios,  porque  en  el  temerle  está 
la  sabiduría,  y  siendo  sabio  no  podrá  errar  en 
nada. 

Diferencia  esencialísima  ha  sido  que  Cuba  no 
fuese  tierra  firme  y  sí  isla  tan  codiciada,  no  apli¬ 
cándose  en  su  gobierno  aquellos  consejos  de  Don 
Quijote  ai  flamante  gobernador,  cuando  le  dice: 
«Nunca  te  guíes  por  la  ley  del  encaje,  que  suele 
tener  mucha  cabida  con  los  ignorantes  que  pre¬ 
sumen  de  agudos.  Hallen  en  ti  más  compasión 
las  lágrimas  del  pobre;  pero  no  más  justicia  que 
las  informaciones  del  rico.  Cuando  pudiere  y  de¬ 
biere  tener  lugar  la  equidad  no  cargues  todo  el  rigor 
de  la  ley  al  delincuente,  que  no  es  mejor  la  fama 
del  juez  rigoroso  que  la  del  compasivo  »,  etc.,  etc. 

La  diferencia  esencialísima  á  que  antes  aludi¬ 
mos  se  refiere  á  cómo  en  la  historia  se  han  des¬ 
arrollado  los  sucesos  por  lo  que  respecta  á  la  gran 
Antilla;  que  otra  hubiese  sido  la  suerte  de  todos, 
isleños  y  peninsulares,  habiendo  formado  parte 
del  continente  americano  el  territorio  cubano. 

Por  más  que ,  para  los  grandes  hombres  como 
Colón  y  Cervantes,  tierra  firme,  ó  sin  serlo  Cuba, 
en  ellos  de  sus  actos  hubiese  resplandecido  siem¬ 
pre  la  acción  de  una  buena  voluntad. 

Esta  ha  querido  demostrar  Thebussem  en  su  ca¬ 
pítulo  ó  carta  Seudonimia ,  reproduciendo  párra¬ 
fos  de  una  carta  de  Don  Quijote  á  Sancho,  ya  go¬ 
bernador  de  la  ínsula  Barataría. 

«No  hagas  muchas  pragmáticas,  y  si  las  hicieres 
procura  que  sean  buenas,  y  sobre  todo  que  se  grfar- 
den  y  cumplan;  que  las  pragmáticas  que  no  se 
guardan,  lo  mismo  es  que  si  no  fuesen;  antes  dan 
á  entender  que  el  príncipe  que  tuvo  discreción  y 
autoridad  para  hacerlas,  no  tuvo  valor  para  hacer 
que  se  guardasen.» 

Hoy  diríamos  el  Poder  ejecutivo..... 

A  nadie  queremos  culpar,  ni  tampoco  al  Poder 
legislativo;  pero  sirvan  de  lección  los  recuerdos 
que  tiene  para  España  aquella  sesión  de  las  Cortes 
generales  ordinarias  de  10  de  Octubre  de  1813, 
que  recibieron  con  agrado  las  felicitaciones  de 
ayuntamientos  del  Perú  participando  que  la  Cons¬ 
titución  española  había  sido  publicada  y  jurada 
allí  con  regocijo  y  solemnidad. 

Los  regocijos  públicos  en  los  recientes  estudios 
sociológicos,  se  ve  que  tienen  más  de  peligrosos 
que  de  satisfactorios  andando  el  tiempo. 

Concretándonos  á  España,  para  abreviar,  no 
podemos  menos  de  reproducir  íntegro  del  libro 
de  Thebussem  este  párrafo  de  un  artículo  escrito 
el  año  1889 ,  que  dice  así :  t 

«Si  el  hallarse  en  las  listas  de  masones  viene ’á 
ser  como  encontrarse,  v.  gr.,  en  la  de  mozos  para 
reemplazo  del  ejército,  en  las  de  policía  para  ser 
perseguido,  en  las  del  Jurado  para  administrar 
justicia,  etc.,  es  decir,  en  esas  agrupaciones  para 
las  cuales  no  se  cuenta  con  el  beneplácito  del  in¬ 
dividuo,  bien  podré  ser  masón  contra  mi  voluii- 
tad,  sin  comerlo  ni  beberlo.» 

El  autor  demuestra  gallardamente  su  indepen¬ 
dencia  de  carácter,  y  el  aspecto  de  mesa  revuelta 
que  tiene  la  cosa  pública. 

A  criticarla  agudamente  encamina  la  reseña  que 
hace  de  que  España  disfruta  el  privilegio  de  mar¬ 
char  á  la  cabeza  de  los  países  más  prolíficos  en 
emisiones  y  variedades  de  sellos.  Ninguno  le  aven¬ 
taja  en  el  número,  y  casi  todos  le  exceden  en  la 
calidad  del  producto.  Empresa  difícil  era  la  de 
clasificar  metódica  y  acertadamente  los  cuatro¬ 
cientos  y  pico  de  sellos  de  la  Península  y  de  Ul¬ 
tramar. 

Pero  cuando  la  crítica  resplandece  con  todo  su 
esplendor,  es  cuando  el  ilustre  Doctor  describe 
Una  alcaldada ,  de  la  que  fué  víctima  en  Enero 
de  1874. 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Marzo  1890 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.#  xii  —  195 


De  ella  da  cuenta  en  forma  epistolar,  y  al  prin¬ 
cipio  de  su  carta  estampa  estos  renglones: 

cYo  no  pertenezco  á  ningún  bando  politico,  ni 
me  he  mezclado  en  asantos  electorales,  ni  he  pre¬ 
senciado  sesiones  del  Parlamento,  ni  he  servido 
cargos  ni  destinos  públicos,  ni  fui  miliciano,  ni 
soy  jurado,  ni  siquiera  elector,  qae  mi  dinero  me 
cuesta  el  no  serlo.  Y  por  esta  causa,  por  esta  anti¬ 
patía  que  me  produce  cuanto  se  relaciona  con  la 
res  publica ,  me  admira  y  espanta  que  haya  hom¬ 
bres  dispuestos  á  gastar  su  tiempo,  su  salud,  sus 
doblones  y  su  paciencia  en  llegar  á  diputados  vul¬ 
gares  y  del  montón,  de  esos  cuyo  paso  por  el  Con¬ 
greso  sólo  contribuye  al  destrozo  de  alfombras.» 

Anselmo  Fuentes. 


Á  UN  IMPACIENTE. 


SONETO. 

Lo  que  no  logres  hoy ,  quizá  mañana 
Lo  lograrás;  no  es  tiempo  todavía; 

Nunca  en  el  breve  término  de  un  día 
Madura  el  fruto,  ni  la  espiga  grana. 

No  son  jamás  en  la  labor  humana 
Vano  el  afán  ni  inútil  la  porfia; 

El  que  con  fe  y  valor  lucha  y  confia, 

Los  mayores  obstáculos  allana. 

Trabaja  y  persevera,  que  en  el  mundo 
Nada  existe  rebelde  ni  infecundo 
Para  el  poder  de  Dios  ó  el  de  la  idea; 

¡Hasta  la  estéril  y  deforme  roca 
Es  manantial  cuando  Moisés  la  toca, 

Y  estatua  cuando  Fidias  la  golpea! 

Manuel  de  Sandoval. 


teatro  lírico.  A  la  de  Regina  Pacini,  que  se  des¬ 
pidió  cantando  como  ella  solamente  sabe  hacerlo 


El  Barbero  de  Sevilla ,  con  el  aditamento  de  las 
Variaciones  de  Proch,  que  le  valieron  una  de  las 
mayores  ovaciones  que  habrá  escuchado  durante 
su  vida  artística,  han  sucedido  la  de  la  Sra.  De- 
Macchi,  que  se  despidió  el  pasado  martes  cantan¬ 
do  magistralmente  I  Pagliacci,  un  acto  de  Norma 
y  la  nueva  ópera  II  Gladiator e9  en  las  que  demos¬ 
tró  cus  excepcionales  dotes  artísticas,  recogiendo 
abundante  cosecha  de  aplausos,  y  la  de  los  seño¬ 
res  Bonci  y  Blanchart,  verificadas  la  noche  de 
ayer,  cantando  Rigoletto  de  la  incomparable  ma¬ 
nera  con  que  ambos  excelentes  artistas  interpre¬ 
tan  todas  las  obras  en  que  toman  parte. 

Finalizando  ya  la  temporada  oficial  de  abono, 
nada  habrá  que  sea  digno  de  mención  en  los  días 
sucesivos,  y  el  Real  cerrará  sus  puertas  hasta  el 

{>róximo  año.  Dignos  de  toda  clase  de  elogios  son 
os  esfuerzos  hechos  constantemente  durante  la 
presente  temporada  por  el  inteligente  empresario 
Sr.  Conde  Salazar  y  el  insustituible  director  de 
escena  D.  Luis  París,  que  han  conseguido ,  gracias 
á  no  escasos  sacrificios  pecuniarios  y  á  una  activi¬ 
dad  y  énergía  incomparables,  hacer  una  campaña 
como  no  recordamos  otra  desde  hace  bastantes 
años.  Los  aplausos  y  plácemes  del  público  recom¬ 
pensarán  tantos  esfuerzos  en  la  venidera  tempo¬ 
rada,  que  deseamos  sea  tan  próspera  y  excelente 
como  ha  sido  la  presente. 

• 

•  • 

Para  mañana  está  anunciada  la  función  patrió¬ 
tica  cuyos  productos  íntegros  se  destinarán  á  au¬ 
mentar  la  suscripción  nacional  abierta  para  adqui¬ 
rir  nuevos  buques  de  combate,  función  debida  á  la 
única  y  generosa  iniciativa  del  Sr.  Conde  Salazar, 
que  ha  cedido  gratuitamente  el  teatro  con  todos 
sus  servicios.  Los  artistas  que  en  ella  toman  parte 
han  renunciado  asimismo  á  toda  clase  de  remu¬ 
neración.  El  programa,  por  cierto  muy  notable,  és 
el  siguiente: 

Primer  acto  de  La  Favorita ,  por  las  Srtas.  Sal¬ 
vador  y  Gasull,  y  los  Sres.  Bonci  y  Calvo;  Regreso 
di  la  patria,  por  el  orfeón  Eco  de  Madrid;  dúo  del 


segundo  acto  de  Los  Puritanos ,  por  los  Sres.  Blan¬ 
chart  y  Riera;  Concierto ,  en  el  que  tomarán  parte 
las  Srtas.  Galvany,  De-Macchi  y  Pacini,  y  los  se¬ 
ñores  Bertrán,  Battistini,  Baldelli  y  Calañas;  La¬ 
mentación ,  de  Gounod,  ;Galia /,  por  las  Srtas.  De- 
Macchi  y  Salvador,  y  más  de  cien  artistas  que  han 
ofrecido  su  cooperación ;  tercer  acto  de  Ernani , 
por  la  Srta.  De-Macchi,  y  los  Sres.  Bertrán,  Blan¬ 
chart,  Riera  y  Tanci;  cuadro  final  de  Cádiz ,  de  los 
maestros  Chueca  y  Val  verde. 

Se  han  ofrecido  para  tomar  parte  en  este  cua¬ 
dro:  Clotilde  Lombía,  Pilar  Acebes,  Antonio  Vico, 
Juan  Mela,  Carlos  Sánchez,  Enrique  Lacasa,  Ri¬ 
cardo  Asensio,  Lardhy,  Benlliure,  los  alumnos  de 
la  Escuela  de  Bellas  Artes,  y  gran  número  de  pin¬ 
tores,  escritores  y  artistas,  cuya  enumeración  va 
hecha  en  la  prensa  diaria. 

Dirigirá  la  orqaesta  el  maestro  Goula. 

•  • 

El  día  2  del  próximo  Mayo,  probablemente, 
dará  la  primera  de  las  cuatro  funciones  por  que  se 
ha  abierto  el  abono  la  eminente  actriz  Eleonora 
Dase.  Dichas  funciones  se  verificarán  desde  dicho 
día  2  hasta  el  12,  y  las  obras  representadas  serán, 
según  parece,  La  Dama  de  las  camelia s>  Magda , 
La  Mujer  de  Claudio  y  otra  de  un  autor  inglés, 
no  conocida  en  Madrid,  que  se  titula  La  Segunda 
mujer . 

PRÍNCIPE  ALFONSO. 

El  reparto  de  las  primeras  obras  que  se  pon¬ 
drán  en  escena  es  el  siguiente: 

Primera.  Aida,  por  las  Sras.  Micucci  y  Mas,  y 
los  Sres.  Duc  y  Modesti. 

Segunda.  Boheme  (estreno),  por  las  Srtas.  Ste- 
hele  y  García  Rubio,  y  los  Sres.  Garbín,  Hernán¬ 
dez,  Viale  y  Rossato. 

Tercera.  Gli  Ugonotti ,  por  las  Sras.  Gabbi,  Rot- 
tolini  y  Zawner,  y  los  Sres.  Sigaldi,  Hernández, 
Vidal  y  Verdaguer;  y 

Cuarta.  Guillermo  Tcll ,  por  las  Srtas.  García  Ru¬ 
bio  y  Gasull,  y  los  Sres.  Duc  y  Hernández. 

El  4  del  próximo  Abril  llegará  el  célebre  maes¬ 
tro  Vigna,  director  de  orquesta,  y  el  5  empezarán 
los  ensayos  de  la  ópera  Boheme . 

ESPAÑOL. 

El  aplaudido  autor  y  celebrado  dibujante  don 
Pablo  rarellada  dió  á  conocer  en  este  teatro  la 
noche  del  pasado  viernes  su  última  producción, 
que  es  un  bonito  sainete  en  un  acto,  titulado  El 
Figón .  Como  su  autor  no  se  propuso  al  escribir 
El  Figón  más  que  hacer  pasar  un  rato  agradable 
al  público,  censurando  al  propio  tiempo  el  mal 
gusto  que  en  materia  de  literatura  dramática  rei¬ 
na  actualmente,  nada  más  que  elogios  merece  su 
labor,  hecha  con  gran  discreción  y  mucho  gra¬ 
cejo,  por  lo  que  alcanzó  unánimes  aplausos  de  la 
concurrencia,  que  al  terminar  la  representación 
obligóle  á  presentarse  en  escena  numerosas  veces, 
en  unión  de  los  actores  que  interpretaron,  exce¬ 
lentemente  por  cierto,  la  nueva  obra. 

PRINCESA. 

Mañana  se  pondrá  en  escena,  por  primera  vez 
en  esta  temporada,  la  comedia  no  representada 
hace  muchos  años,  cuyo  título  es  Por  derecho  de 
conquista ,  y  en  la  cual  se  distingue  notablemente 
la  Sra.  Tubau. 

• 

•  • 

Ha  entrado  á  formar  parte  de  la  compañía  que 
actúa  en  este  afortunado  teatro  la  aplaudidísima  y 
hermosa  actriz  Julia  Martínez,  alejada  de  la  es¬ 
cena  desde  hace  algunos  años.  Es  una  buena  ad¬ 
quisición,  y  por  ella  felicitamos  á  la  empresa. 

PARISH. 

Semana  de  beneficios.  Dos,  y  ambos  de  exce¬ 
lentes  resultados,  han  sido  los  que  se  han  verifi¬ 
cado:  el  primero,  el  de  la  Srta.  Landy,  se  celebró 
el  pasado  sábado,  y  en  él  obtuvo  la  distinguida 
artista  no  escasos  aplausos  y  muchos  y  valiosos 
regalos  de  sus  admiradores  y  amigos.  El  segun¬ 
do  ,  de  la  Srta.  Corona,  se  verificó  la  noche  del 
pasado  martes,  y  la  notabilísima  tipie  cantó  ma¬ 
gistralmente  los  actos  primero  y  tercero  de  La 
Dolores ,  el  aria  y  dúo  de  Cavalleria  rusticana  y 
el  segundo  acto  de  Los  Hijos  del  batallón .  Innu¬ 
merables  fueron  también  los  regalos  con  que  sus 
admiradores  Ja  demostraron  las  muchas  simpatías 
que  cuenta  entre  nuestro  público,  é  innumera¬ 
bles  las  veces  que  tuvo  que  presentarse  en  es¬ 
cena  á  la  terminación  de  todos  los  actos,  para  es¬ 
cuchar  las  cariñosas  ovaciones  con  que  el  público 
premió  su  excelente  trabajo. 


Para  el  próximo  viernes  se  anuncia  el  bene¬ 
ficio  del  Sr.  Casañas,  con  el  siguiente  programa: 
primer  acto  de  La  Tempestad ,  tercero  de  Marina 
y  tercero  de  La  Dolores . 

LARA. 

No  es  obra  de  gran  empuje  ni  de  importancia 
La  Jaula  del  loro ,  estrenada  el  pasado  miércoles 
en  el  teatro  de  Lara.  Es  sencillamente  un  juguete 
de  enredo,  mejor  que  muchos  otros  que  se  han 
celebrado  con  bombo  y  platillos,  que  abunda  en 
situaciones  cómicas  muy  bien  preparadas,  dialo¬ 
gado  con  mucha  gracia  fina ,  y  en  el  que  no  se  en¬ 
cuentra,  ni  por  casualidad,  un  chiste  de  tinte  ver¬ 
doso,  ni  una  dislocación  de  lenguaje.  Sus  autores, 
los  Sres.  López  Monis  y  Sánchez  Gerona,  han 
huido  cuidadosamente  de  los  juegos  malabares  de 
palabra  en  el  diálogo  y  de  la  chabacanería  en  el 
asunto,  y  justo  es  reconocer  que  han  escrito  un 
juguete  bastante  regocijado,  que  no  tendrían  in¬ 
conveniente  en  firmar  muchos  autores  de  nota. 

La  interpretación  f  ué  como  siempre  en  este  tea¬ 
tro,  distinguiéndose  la  Sra.  Val  verde  y  los  seño¬ 
res  Larra,  Ruiz  de  Arana,  Ramírez  y  Santiago. 

• 

•  • 

Mañana  celebrará  su  beneficio  el  Sr.  Larra,  que 
pondrá  en  escena  las  siguientes  obras:  La  Victo - 
ria  del  General ,  Mimo ,  el  diálogo  nuevo  titulado 
También  la  gente  del  pueblo .....  y  La  Cuerda  Jloja . 

ZARZUELA. 

El  Seminarista .  R.  I.  P.  Se  estrenó  la  noche  del 
martes  último,  y  no  fue  del  agrado  de  los  morenos . 

Digna  de  mejor  suerte  es  la  música  del  maestro 
Nieto,  que  compuso  para  la  fallecida  obra.  Entre 
varios  números  muy  agradables  merecen  mencio¬ 
narse  una  introducción  que  fué  aplaudida,  y  un 
cuarteto  que  no  se  repitió  por  ir  la  obra  cuesta 
abajo . 

De  los  artistas  que  ejecutaron  la  obra  citaremos 
únicamente  al  Sr.  Romea,  que  conservó  la  sereni¬ 
dad  de  ánimo  hasta  el  último  momento,  é  hizo 
cuanto  pudo  para  evitar  el  naufragio. 

Un  aplauso  parala  empresa,  que  puso  la  obra 
con  gran  esmero. 

A. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  mAs  perfumado  de  los  jabones  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello 

3  grande*  premio*.  21  medalla*  de  ore. — Fiera  de  oenonree 
4,  PLACE  DE  L'OPÉBA,  PASES 

De  venta  en  toda*  la*  buena*  perfumería*  de  España,  América. 


LOS  «nu.e..TOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea.  tomen  las 
PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 
Remedio  prodigioso  y  rápido.  SO  años  de  éxito. 


CREMA  de  ea  MECA 

laportini**  rereta  pan  .Blanquear  el  Cutía,  una  y  béoéflca.  —  Basta  in 
peque fiMm.1  cantidad  para  aclarar  el  cutis  más  obscuro  y  darle  la  blancura  suave  y 
nacarada  «Id  nurfll.(Preo/o«n  Pa/7t,5‘.)DUS8ER,1,RueJ.oJ.Reasseaii,Parie. 


1  W1TTV0  Pie  (Antigua  onaa  de  EIILE  PINSAT),  80,  rué 
A.  U  ALlJjlj  &  U-  Louis-le-Qrand,  Paria.— TRAJ  ES  Y  ABRI008 
m  osas  que  viste  i  las  señoras  con  mée  elegancia,  riqueza  y  buen  gusto 


ROYAL  H0UBI6ANT  ÍKJVS5Í 

fumista,  19,  Faubourg  8*  Honoré,  París. 


Perfumería  exótica  SENET,  35,  ruedu  Quatre  Septembra, 
París.  (  Véanse  los  anuncios. ) 


Perfumería  Ninon ,  M&iaon  LE  CONTE,  31,  rué  du  Quatre- 
Septembre.  (Véanse  los  anuncios. J 


LA  FOSF  ATINA  FA  LIÉ  RES  es  el  mejor  alimento  para 
niños  desde  la  edad  de  6  á  7  meses,  principalmente  en  el  desteta 
y  en  el  periodo  del  crecimiento.  Tiene  un  gusto  muy  agradable 
y  es  de  radiísima  digestión.  París ,  6,  Avenas  Victoria. 


tyioíettePucnfe 

14  VOS  -  ESSESCE -  EAU  de  toilette 
PODOSE  DE  SIZ 


L.  T.  PIVERaPARIS 


Bl  VINO  de  PINTONA  OATILLON,  el  mejor  CSOOnstltuyente 
fe  /as  fuerzas,  rutsbhoe  si  apetito  y  IMS  digestiones.  EnftrmedadM 

»/ ESTÓMAGO.  LANGUIDEZ,  ANEMIA.**. 


Digitized  by  ^.ooQie 


196  —  n.®  jii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Marzo  1893 


CAYO  HUESO  (EB.  UU.  DE  NORTE -AMÉRICA).— EDIFICIO  DONDE  HA  CELEBRADO  SUS  SESIONES  LA  COMISIÓN  AMERICANA 

ENCARGADA  DE  LA  INVESTIGACIÓN  DE  LAS  CAUSAS  QUE  ORIGINARON  LA  CATÁSTROFE  DEL  « MAINE ». 

.  .  / 

(De  fotografía.) 


NO  HAY  MAS  QUE  APLANAR  UN  EXTREMO. 

La  antigua  historia  del  huero  de  Colón  se  ha 
contado  miles  de  reces  y  no  ha  quedado  antigua. 
No  es  difícil  rer  á  trarés  de  una  piedra  de  moli¬ 
no  si  alguien  ha  abierto  antes  un  agujero.  ¿Poner 
un  huero  de  pie?  Por  supuesto  No  hay  más  que 
aplanar  un  extremo.  La  cuestión  es  ser  el  pri¬ 
mero  que  ha  pensado  en  ello. 

En  la  actualidad  hay  una  idea  que  se  demues¬ 
tra  mejor  por  medio  de  una  pequeña  historia. 
«Toda  mi  rida — dice  una  señora — he  sido  pro¬ 
pensa  á  dolores  de  cabeza  y  á  ataques  de  bilis.  Casi 
todas  las  semanas  me  daba  uno  con  fuertes  dolo¬ 
res  en  las  sienes  y  un  peso  en  los  ojos  que  no  me 
dejaba  abrirlos.  Me  daban  mareos  y  tenía  que 
estar  constantemente  acostada  en  un  sofá,  y  hu¬ 
biera  tenido  que  guardar  cama  si  no  hubiera  sido 
por  la  necesidad  de  cuidar  de  mi  familia.  Por  la 
mañana  tenía  mal  gusto  de  boca,  que  tenia  que 
enjuagar  frecuentemente  por  llenáiseme  de  una 
flema  espesa.  Tenía  tan  poco  apetito  que  apenas 
comía,  y  después  de  los  alimentos  más  sencillos 
me  daban  fatigas  y  los  romitaba. 

•Algunas  reces  también  arrojaba  un  fluido 
▼erde,  y  me  daba  un  dolor  fuerte  y  desconsolado 
en  el  costado  derecho.  Después  de  cada  ataque 
me  sentía  muy  débil,  lánguida,  cansada  y  lo  pa¬ 
saba  muy  mal;  unas  reces  mejor,  otras  peor.  Así 
esture  algunos  años,  y  en  este  tiempo  tomé  me¬ 
dicinas  de  todas  clases  que  llegaban  á  mi  conoci¬ 
miento,  y  esture  dos  años  riendo  á  un  médico, 
poniéndome  peor  á  pesar  de  todo  lo  que  se  hacía. 

»Un  día  de  Abril  de  1800  me  trajeron  á  casa  un 
libro  de  una  medicina  Humada  Jarabe  Curatiro 
de  la  Madre  Seigel,  y  en  él  encontré  un  caso 
como  el  mío.  Me  procuré  una  botella  en  Monkga- 
te,  en  la  botica  del  Sr.  John  Beckett,  y  después 
de  tomarlo  un  poco  de  tiempo,  con  sorpresa  y 
alegría  me  abandonaron  los  dolores  de  cabeza  > 
las  fatigas,  y  nunca  me  había  sentido  mejor.  Si 
hubiera  conocido  e-*ta  medicina  y  la  hubiera  usado 
hace  años,  me  hubiera  ahorrado  muchos  sufri¬ 
mientos.  —  (Firmado):  Elisa  Ware,  Newbro 
Street,  65,  York,  Abril  23  de  1891.» 

No  podemos  saber  hasta  que  no  aprendemos 
De  la  carta  se  desprende  que  esta  señora  sufría 
de  indigestión  crónica  y  enfermedad  del  hígado. 
Esto  explica  la  presencia  del  fluido  verde  de  que 
habla,  que  es  bilis.  El  objeto  de  la  bilis  es  que 
pasa  del  hígado  á  los  intestinos  para  lubricarlos 
y  ayudar  á  la  expulsión  de  las  materias  fecales. 
En  este,  como  en  todos  los  casos  de  indigestión, 
la  bilis  estaba  fuera  de  su  lugar.  Permaneciendo 
en  la  sangre,  en  donde  es  un  veneno,  ocasionaba 
los  dolores  de  cabeza,  mareos  y  otros  síntomas 

Eeligrosos  y  desagradables.  Esto  sucedía  porque 
acía  trabajar  al  hígado  demasiado,  hasta  que  al 


fin  dejó  de  trabajar,  como  suelen  hacerlos  tra¬ 
bajadores  cuando  se  abusa  de  ellos.  El  hígado 
llegó  á  este  estado  por  causa  del  estómago,  que, 
á  consecuencia  de  la  indigestión ,  trataba  de  que 
el  hígado  hiciera  el  trabajo  de  los  dos. 

Vemos  de  este  modo  que  esta  dificultad  era  la 
verdadera,  y  todas  las  demás,  consecuencias  y 
síntomas.  Al  curar  el  desarreglo  gástrico,  el  Ja¬ 
rabe  Curativo  de  la  Madre  .Seigel  libró  necesaria¬ 
mente  al  paciente  do  todos  sus  resultados. 

El  Sr.  John  McDonald,  Oreen  Park,  Canter- 
bury,  Nueva  Zelandia,  escribe:  «Con  mucho  gusto 
testifico  la  eficacia  del  Jarabe  Curativo  de  la  Ma¬ 
dre  Seigel.  Hace  unos  siete  años  que  perdí  la  sa¬ 
lud  por  completo.  Vi  á  cuatro  médicos,  mes  y 
medio  á  cada  uno,  sin  lograr  aliviarme.  Alguien 
me  dijo  que  probase  el  Jarabe.  Lo  hice,  y  en 
veinte  días  estaba  curado.  Desde  entonces,  hace 
ahora  unos  siete  años,  he  gozado  de  perfecta  sa¬ 
lud  y  he  aumentado  en  peso  28  libras.  Tengo  mas 
de  cincuenta  años,  y  parezco  mejor  que  cuando 
tenia  veinticinco,  (¡¡radas  d  Dios  y  á  la  Madre 
Seigel .* 

De  este  modo  aprendemos  á  poner  un  huevo 
de  pie,  y  también  que  el  mejor  medio  de  tener 
salud  es  curar  la  indigestión. 

El  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  está  de 
venta  en  todas  las  farmacias,  droguerías  y  ex¬ 
pendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del 
frasco,  14  reales;  frasquito,  8  reales. 


CUENTOS,  POR  D.  JOSÉ  FERNÁNDEZ  BREMON. 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración 
Española  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


LICOR  DEL  POLO  DE  ORIVE 

Nada  hay  tan  desagradable  como  una  dentadura  sucia,  una  boca  de  olor  fétido,  unas  encías  pᬠ
lidas  y  blandas.  Las  señoritas  que  poseen  el  arte  de  la  belleza  y  que  saben  lo  que  más  encanta  al 
hombre,  sostienen  sus  dientes  con  hermoso  y  nacarado  marfil,  las  encías  duras  y  rosadas  como  el 
carmín  y  la  boca  deliciosamente  perfumada  por  la  menta  y  la  rosa,  con  el  uso  diario  del  más  ba¬ 
rato  y  mejor  de  lo*  dentífricos  del  mundo  Licor  del  I>oio  «le  Orive.  Por  mayor,  Melchor 
García,  Capellanes,  1,  Madrid.  — Al  detalle,  en  todas  las  farmacias  y  perfumerías. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARABIBA  í  ¿US. 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias},  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Dü  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres.  ,v 


LA  CRUZ  DEL  VALLE 


Poema,  por  D  •  Isabel  Cheix.  Véndese  en  las  prin¬ 
cipales  librerías.  Precio,  una  peseta.— Los  pedidos  é 
la  autora,  Gravina,  31  ,  Sevilla. 


En  tod.a  clase  d.e  vómitcs  37-  diarreas,  y  en 
tod-a  clase  d.e  indisposiciones  d.el  t-u/bc  d.i- 
gesti-vo,  emplead  les 

Salicilatos  de  VIVAS  PÉREZ 

adoptados  d.e  I^eal  Orden 

POR  EL  MINISTERIO  DE  MARINA  Y  POR  EL  DE  GUERRA 

Loa  recomiendan  indiscutibles  autoridades  médicas. — Celebran  con  entu¬ 
siasmo  sus  efectos  cuantos  los  usaron. 

Se  imitan  y  falsifican  sin  resultado. 


VINO  de  CHASSAING 

BI-  DIGESTI  VO 

Prescrito  desde  25  años 
Contra  las  AFFECCIONES  de  las  Vías  Digestivas 
PARIS,  6,  A  tenue  Victoria,  6,  PA  RIS 

T  ur  TODAS  LAS  PR1KC1PALBS  VA  a  MACLAS 


REUMATISMO 

Se  alivia  á  la  primera  untura  del  prodigioso 
Bálsamo  Antireiimátieo  «le  Orive,  reco¬ 
nocido  como  irreemplazable  en  todo  el  mundo 
para  calmar  en  el  acto  los  más  indomables  ata¬ 
ques  de  reuma.  En  los  casos  más  desesperados  es 
el  cons  ielo  de  los  enfermos  y  el  crédito  de  los  mé¬ 
dicos  que  lo  recetan.  —  En  todas  las  farmacias. 
Por  mayor:  Bilbao,  Orive,  y  en  Madrid,  M.  Garda. 


Impreso  00a  tinta  de  la  ftfbrloa  LOMLIEPX  y  C.\  16,  rus  Suger,  París. 


fieaervodos  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.— Establecimiento  tipolitográfico  «Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  ^rOOQie 


■I 

BilWtliUA 

MvBli'V 


Madrid... . 
Provincias. 
Extranjero. 


AÑO. 


SEMESTRE. 


85  pesetas. 
40  id. 

50  francos. 


18  pesetas. 
21  id. 

26  francos. 


12  pesos  fuertes. 
60  francos. 


7  pesos  fuertes. 
35  francos. 


10  pesetas. 

11  id. 

14  francos. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 


AÑO  XLII. — NÚM.  XIII 


administración: 

A.  E  E  N  A  X»,  18» 


Madrid,  8  de  Abril  de  1898. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 
Asia . 


NUESTRO  SEÑOR  LLEVANDO  LA  CRUZ, 

CUADRO  DE  SEBASTIÁN  DEL.PIOMBO. 


Digitized  by  ^.ooQie 


198  —  n.°  xin 


LA  ILÜSTRa6iÓN  ESPAÑOLA'  Y  AMERICANA 


8  Abril  1898 


SUMARIO. 


TEXTO. — Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  — San  Juan  de  la  Peña, 
por  D.  Pedro  Gascón  de  Gotor,  presbítero,  correspondiente  de  la 
Real  Academia  de  la  Historia.  -Sorpresa  de  Arnicas,  por  D.  G.  Re- 
paraz.  —  La  procesión  del  Viernes  Santo  en  Murcia  y  el  escultor 
Salzillo,  por  D.  José  Pío  Tejera  —  Soliloquio  de  un  alma  á  Dios, 
poesía,  por  D.  Lope  de  Vega  — El  cacao,  el  chocolata  y  el  ayuno, 
por  D.  Angel  Stor.  —  Extrañas.  Las  campanadas  de  la  Pascua,  por 
D.  Alfonso  Pérez  Nieva.  —  Por  ambos  mundos.  Narraciones  cos¬ 
mopolitas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa.— Los  teatros,  por  A. 
—Sueltos.— Libros  presentados  á  esta  Redacción  por  autores  ó  edi¬ 
tores,  por  C  — Anuncios. 

GRABADOS.— Bellas  Artes:  Nuestro  Señor  llevando  la  cruz,  cuadro  de 
Sebastián  del  Piombo.  —  La  Semana  Santa  en  Madrid:  Visita  de  Sa¬ 
grarios,  dibujo  de  Pía.— La  Semana  Santa  en  Roma:  El  Capitulo  de 
San  Juan  de  Letrán  dando  gracias  ante  el  altar  de  la  Confesión 
después  del  bautismo  de  los  judíos.  —  Ilustración  del  articulo  San 
Juan  déla  Peña.  —  Madrid:  Cuadro  Anal  de  la  función  patriótica 
celebrada  en  el  teatro  Real  la  noche  del  31  de  -Marzo -ultimo  Ova¬ 
ción  tributada  á  S.  M.  la  Reina  Regente.  —  La  Semana  Santa  en 
Murcia:  La  Verónica.  El  prendimiento.  Mater  Dolorosa?  Cristo-en 
\i  columna.  San  Juan.  La  caída.  — Jesús  Nazareno: imagen  que  se 
venera  en  la  iglesia  de  San  Juan  de  Letrán,  en  Montoro  Córdoba». 
— Roma:  Bendición  de  Su  Santidad  León  XIII  en  la  plaza  de  San 
Pedro.— Retrato  de  D.  Ramón  de  Carranza  y  Reguera,  teniente  de 
navio,  agregado  naval  de  España  en  los  EE.  UU.áe  Norte- America. 


CRÓNICA  GENERAL. 


es  condensar  las  impresiones 
JpW  de  estos  días.  Esto  es  lo  que  oíamos 
^  principio: 

— ¿Qué  me  dice  usted  del  mensaje 
/  ¿  las  Cámaras  con  que  acompaña 
Mac-Kinley  el  informe  de  la  comi- 
^  sión  norteamericana  acerca  de  la  vola¬ 
os  dura  del  Maine? 

X#  — Que  me  repugna  tanta  hipocresía.  Sólo 
con  empezar  diciendo  que  la  ida  del  crucero  á  la 
Habana  significaba  una  visita  de  cortesía,  y  que 
así  fue  aceptada  y  devuelta  por  el  Gobierno  espa¬ 
ñol,  se  patentiza  la  falta  de  sinceridad  del  docu¬ 
mento,  cuando  es  sabido  hasta  de  los  chiquillos  lo 
que  ocurrió,  y  que  aquel  buque  iba  á  intimidar  ó 
provocar.  Pues  ¿qué  me  dice  usted  de  la  indirecta 
al  pueblo  de  los  Estados  Unidos,  diciendo  que  á 
su  sensatez  se  debía  que  no  hubiera  tomado  la  ven¬ 
ganza?  Si  eso  no  es  excitar  los  ánimos  con  apa¬ 
riencia  de  moderación,  no  entiendo  el  lenguaje 
político. 

— ¿Lo  juzga  usted  así? 

— ¡Ya  lo  creo!  lo  tengo  por  evidente;  y  sólo 
siento  una  cosa. 


— ¿Cuál? 

—  Que  hemos  sido  burlados  apelando  á  nuestra 
hidalguía:  se  hizo  creer  que  convenía  salvar  la 
responsabilidad  del  jefe  del  buque  y  oficialidad 
salvada,  y  no  hemos  debido  consentirlo  en  asunto 
tan  grave.  ¿Los  hubieran  recibido  con*  palmas  en 
su  patria  á  saber  su  verdadera  conducta?  Indigna 
y  hace  arder  la  sangre  que,  siendo  los  españoles 
los  que  salvaron  á  los  supervivientes,  se  nos  inju¬ 
rie  y  haga  cargos,  y  sean  recibidos  en  palmas  los 
que  evitaron  el  peligro. 

— Tal  vez  no  pase  de  eso. 

—  Sería  lo  de  menos;  pero,  créalo  usted,  ese  do¬ 
cumento  del  Presidente  traerá  cola. 


Al  día  siguiente: 

— ¿Qué  hay  de  nuevo? 

—  Nada  bueno:  los  oradores  del  Capitolio  pare¬ 
cen  energúmenos.  Los  periódicos  jingos  no  pueden 
expresarse  más  soez  ó  indignamente:  todo  se  vuel¬ 
ve  llamamientos  á  la  guerra,  y  se  dice  que  el  Pre¬ 
sidente  tiene  miedo. 

— La  cosa  se  complica;  y  nosotros  ¿qué  hacemos? 

— Correr  el  temporal.  Como  los  asuntos  diplo¬ 
máticos  son  tan  reservados,  no  se  sabe  lo  que  ocu¬ 
rre;  pero  se  habla  de  un  Consejo  de  Ministros  muy 
importante,  y  el  pueblo  empieza  á  acostumbrarse 
á  la  idea  de  otra  guerra:  por  de  pronto,  se  organiza 
á  toda  prisa  una  función  en  el  Real  para  empezar 
á  reunir  fondos  destinados  á  adquirir  un  buque  de 
combate. 

— Ya  lo  sé;  pero  me  parece  que  falta  tiempo 
para  que  esa  función  improvisada  de  productos. 

—  No  lo  sé:  dicen  que  nos  han  hecho  imposicio¬ 
nes  inadmisibles,  y  esto  no  es  sino  el  principio  de 
la  contestación  que  da  el  público.  Los  fondos  ba¬ 
jan  que  es  un  primor.  La  Reina  está  muy  animo¬ 
sa,  y  es  claro,  ¿  qué  han  de  hacer  los  hombres? 


— ¿Cuánto  se  recaudó  en  el  Real? 

— Ciento  cincuenta  mil  duros. 

— ¡Hermoso  beneficio! 

— Como  que  sólo  el  Marqués  de  Villamejor  dió 
cincuenta  mil  duros  por  un  palco. 

— Aplaudirían  su  generosidad..— 

— Tuvo  una  merecidísima  ovación.  En  fin,  hubo 
butaca  que  se  pagó  á  mil  pesetas,  y  entrada  gene¬ 
ral  á  tres  mil;  un  obrero  dió  cien  duros  por  la  suya. 


~¡Esto  es  hermoso!  ' 

—  Pues  más  hermoso  todavía^Tesultó  que,  siendo 
el  entusiasmo,  delirante,  no  se.oy.ó  ni  un  insalto 
contra  nuestros  provocadores,  y  sí  sólo  vivas  y 
aplausos.  Conmovida  estaba  la:* Reina  al  verse  tan 
vitoreada.  Magnífica  sensación  la  dé  aquel  público 
tan  unido,  digno  y  entusiasta;  pero  cuando  sonó 
la  marchía  de  Cádiz  y  todos  á  una  voz  respondie¬ 
ron  al  grito  musical  de  ¡Viva  España!,  aquello  fué 
imponente. 


Más  adelante: 

— ¿Sabéis  lo  que  se  dice?  Que  la  guerra  es  in¬ 
evitable:  pronta.  Es  decir,  que  en  vez  de  una  ten¬ 
dremos  dos  guerras.  Los  Estados  Unidos  nos  la 
declaran. 

— ¿  Por  lo  del  Maine? 

—  Están  en  duda  por  qué.  La’cuestión  es  decla¬ 
rarla.  -  t  \ 

—Es  que  lo  del  Maine  no  puede  ser  causa  sino 
de  un  arbitraje;*  porque  el  informe  de  nuestros 
mári nos-vale  tanto  como  el  suyo  y  es  contrario, 
y  porque  la  opinión  de  todos  los  técnicos  nos  es 
favorable. 

— Pues  será  por  lo  de  los  reconcentrados. 

—  Si  ya  no  los  hay. 

—  Pues  será  porque  les  da  la  gana:  se  creen 
fuertes,  nos  juzgan  débiles  y  extenuados . 

—  ¿Y  que  te  parece  de  esto? 

— Al  principio  me  dió  temor,  lo  confieso:  una 
desgracia  más  para  el  país:  las  consecuencias  para 
todos:  ¡más  sangre! 

— Eso  mismo  siento. 

— Pero  es  el  caso  que,  como  no  encuentro  otro 
medio,  me  parece  que  me  voy  acostumbrando. 
Terrible  es  empezar  otra  lucha;  pero  ¿qué  le  he¬ 
mos  de  hacer? 

—  Pienso  como  tú.  Somos  los  acometidos,  y  la 
indignación  me  quita  los  escrúpulos. 

— ¿Qué  dicen  las  gentes? 

—  Estoy  admirado.  Ha  habido  una  manifesta¬ 
ción  esta  tarde,  para  no  sé  qué  cosa,  de  malos  tra¬ 
tos  á  los  de  Montjuich,  mezclado  con  la  cuestión 
de  trigos,  cuestiones  que  rabian  de  verse  juntas. 
Todo  Madrid  estaba  enterado,  si  no  del  hecho  en  sí, 
porque  la  verdad  es  que  sólo  sabemos  claramente 
que  es  inevitable  la  guerra,  sin  pormenores  ni 
datos  precisos:  pues  bien,  ni  en  la  manifestación, 
ni  en  las  calles,  ni  en  las  plazas,  ha  habido  gritos, 
ni  nadie  se  ha  descompuesto. 

— En  cambio  en  los  Estados  Unidos  ya  han 
ahorcado  las  estatuas  de  Sagasta,  Dupuy,  Mac- 
Kinley,  ¿qué  sé  yo?  ¿Será  falta  de  calor? 

— Todo  lo  contrario:  nunca  he  visto  á  la  gente 
más  unánime  y  decidida;  pero  en  serio,  sin  jac¬ 
tancias,  con  la  sangre  fría  del  que  no  busca  rui¬ 
dos  y  se  revuelve  sonriendo  contra  el  agresor  y  le 
dice:  —  ¡Ea!  Acométenos;  hemos  descontado  todo 
lo  peor;  no  te  saldrá  de  balde. 

— ¿Tan  dispuestos  están? 

— Ese  es  el  espíritu  general. 

— De  modo  que  la  guerra..... 

— La  esperan  con  tranquilidad. 

— ¿Qué  dicen  los  soldados? 

—  Que  saltan  las  cápsulas  queriendo  meterse  en 
los  cañones. 

—  ¿Y  los  jóvenes? 

— Desean  ser  soldados. 

— ¿Y  los  viejos? 

—  Se  armarán  aquí  para  sustituir  á  los  que  va¬ 
yan  hacia  allá. 

— ¿Y  las  madres? 

—  Ya  no  tienen  lágrimas:  han  derramado  tan¬ 
tas  que  tienen  seca  el  alma,  y  sólo  sienten  ira. 
La  ola  sube;  la  paciencia  está  agotada;  se  va  cris¬ 
talizando  algo  grande  en  la  conciencia  pública. 
¿Que  va  á  suceder?  ¿Estará  el  Gobierno  al  unísono 
con  ese  sentimiento? 


— ¿Qué  ocurre? 

—  Que  ya  no  hay  guerra. 

—  ¡Hombre!  Pues  que  sea  enhorabuena  para 
todos. 

—  Media  Su  Santidad.  Lo  dicen  ya  con  seguri¬ 
dad  los  periódicos. 

— ¿Se  saben  las  bases? 

— Cada  cual  dice  su  cosa.  Un  armisticio . 

— ¿Y  eso  tiene  trazas  de  formal? 

—  Mediando  Su  Santidad  León  XIII . 

— Quiero  decir,  ¿está  admitida  la  mediación  poí 
ambas  partes?  Porque  no  bástanlos  buenos  deseos 
del  Pontífice. 

—  Con  decir  que  España  está  conforme  y  que  la 

propuso  Mac-Kinley . 

— Permítame  usted:  la  inició  España. 

—  Alto  ahí:  es  cosa  de  Alemania. 


— Enten  (íá 


monos. 


Pero  ftté\mposible  que  se  entendieran. 


Nueva  fase. 

— Todo  ha  concluido,  ya  no  hay  mediación:  va¬ 
mos  á  la  guerra. 

—  Pues  lo  siento;  pero.....  ¿qué  se  le  ha  de  hacer? 

— Sin  embargo,  hay  un  átomo  de  esperanza. 

—  ¿Cuál? 

—  ¡Dios  sobre  todo! 

Hemos  procurado  reflejar  fielmente  las  alterna¬ 
tivas  por  que  han  pasado  el  pensamiento  y  las 
ideas  en  Madrid,  y  al  decir  Madrid,  creemos  que 
en  toda  España.  Escribimos  en  plena  duda,  que 
acaso  se  habrá  aclarado  en  parte  ó  del  todo  cuan¬ 
do  se  lea  nuestra  Crónica;  en  momentos  que  pare¬ 
cen  muy  críticos,  pero  que  tienen  acaso  la  ventaja 
de  empujar  las  cosas  á  una  solución  definitiva.  En 
medio  de  todo,  y  suceda  lo  que  quiera,  consuela  el 
ánimo  el  considerar  la  calma  conque  todos  se  dis¬ 
ponen  á  arrostrar  con  gratitud  ó  digna  resigna¬ 
ción  lo  que  Dios  sea  servido  concedernos  ó  ne¬ 
garnos.  La  Semana  Santa  transcurre  con  preocu¬ 
paciones  graves  para  todos;  que  a  todos  alcanza 
este  trastorno  político-social.  En  todos  los  templos 
se  disponen  rogativas  por  la  paz,  y  hay  verdadera 
gratitud  hacia  el  beatísimo  León  XIII,  sea  cual¬ 
quiera  el  éxito  de  su  bondadosa  intención,  por  sus 
caritativos  sentimientos. 


Nuestra  última  impresión  ai  cerrar  esta  Cró¬ 
nica,  es  la  ruptura  de  relaciones.  Los  Estados  Uni¬ 
dos  no  ceden  en  sus  exigencias,  y  España,  que  ha 
cedido  siempre ,  no  puede  dar  más.  Así  lo  ha  ma¬ 
nifestado  el  Gobierno.  No  hemos  buscado  la  gue¬ 
rra,  no  la  queremos,  la  consideramos  una  calami¬ 
dad  pública;  pero  España  no  tendrá  en  lo  que 
suceda  ni  responsabilidad  ni  remordimientos  de 
conciencia.  Si  se  llega  á  verter  la  sangre  en  nom¬ 
bre  de  la  humanidad,  resultará  muy  sangrienta  la 
ironía  de  esas  gentes  compasivas.  Y  como  no  hay 
más  razón  que  la  justifique  que  un  negocio,  será  uno 
de  tantos  crímenes  pagados  que  registra  la  Histo¬ 
ria,  pero  entre  todos  el  más  inmoral  y  escandaloso. 
Dios  proteja  á  España,  y  que  todos  cumplan  sus 
deberes:  unión,  energía  y  desprendimiento  de  las 
haciendas  y  las  vidas.  Se  trata  de  la  honra  nacio¬ 
nal,  y  cuando  la  conciencia  está  tranquila  debe 
estar  animoso  el  corazón.  Duélenos  el  nuestro 
porque  servimos  para  poco;  pero  sufriremos  y  go¬ 
zaremos  con  los  pesares  y  ventajas  de  nuestro 
ejército  y  marina,  si  no  hay  otro  temperamento 
que  las  armas  ni  más  arreglo  que  la  destrucción. 
¡Dios  no  lo  quiera I 

• 

•  * 

Zola  está  de  enhorabuena.  El  Tribunal  de  Casa¬ 
ción  ha  anulado  todo  el  procedimiento  por  el  cual 
fue  condenado  á  un  año  de  prisión  y  multa:  no  le 
ha  absuelto,  como  dicen  algunos  de  sus  partidarios; 
ha  declarado  que  el  Ministro  de  la  Guerra  que  le 
acusó  no  tenía  representación  para  ello,  y  sí  el 
Consejo  de  Guerra  agraviado  por  el  autor  do  Nana . 
No  tiene,  pues,  la  responsabilidad  legal  en  que  ha¬ 
bía  incurrido,  pero  le  queda  la  moral.  El  lallo  del 
alto  Tribunal  francés  se  ha  limitado  á  ui  a  cues¬ 
tión  de  forma,  dejando  al  Gobierno  en  situación 
crítica,  de  que  se  ha  disculpado  con  otr<  prece¬ 
dente  en  que  se  había  sentado  jurisprudencia  de 
la  representación  legítima  del  Ministro  de  la  Gue¬ 
rra.  Falta  saber  ahora  si  el  Consejo  de  Gu  írra  in¬ 
tentará  de  nuevo  el  proceso  y  si  se  renovar  i  la  agi¬ 
tación:  en  ese  caso,  el  escritor  naturalista  ^  olvería 
á  ser  acusado,  y  no  sabemos  si  empezaría  ]  a  agita¬ 
ción  ó  encontraría  hastiado  al  público  frai  cés. 

• 

•  * 

El  cigarro  que  fuma  D.  Lesmes  da  un  chi  squido* 

— ¿Qué  tendría  dentro?  Esto  es  una  ex  dosión. 

— Felizmente  no  eres  súbdito  american*  :  si  no, 
pedirías  á  España  una  indemnización,  y  *  endría- 
mos  que  pagarte  la  nariz,  las  gafas  y  un  so  obrero. 


— Un  orador  yankee ,  enseñándonos  loi  colmi¬ 
llos,  ha  tachado  á  España  de  cobarde. 

—  Estaría  terrible,  porque  un  yankee  rritado 
debe  parecer  un  jabalí. 

—  ¿Conque  un  disparo  de  esos  cañonei  cuesta 
tanto? 

— Un  dineral. 

— Pues  no  nos  indispongamos  con  Rot  schild, 
no  sea  que  bombardee  el  universo. 

José  Fernández  Bren  >n. 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Abril  1898  LA. 


-  -NUESTROS -GRABADOS.- 


BBLLAS  ARTES. 

Nuestro  Señor  llevando  la  cruz ,  cuadro  de  Sebastián  del  Piombo. 

La  Semana  Santa  en  Madrid:  Visita  de  Sagrarios ,  dibujo  de  Pía. 

Después  de  ser  cruelmente  flagelado,  coronado 
de  espinas  y  brutalmente  escarnecido  por  el  pue¬ 
blo  judío,  salió  Jesús  con  su  cruz  al  lugar  llamado 
de  la  Calavera,  y  en  hebreo  Gólgota.  En  estos  mo¬ 
mentos  representa  al  Salvador  el  cuadro  de  Se¬ 
bastián  del  Piombo,  que  en  la  primera  página  re¬ 
producimos.  El  Redentor,  en  cuya  fisonomía  se 
refleja  la  divina  armonía  del  más  acerbo  sufri¬ 
miento  con  la  más  humilde  conformidad,  camina 
agobiado  bajo  el  peso  de  la  cruz,  ayudado  por  Si¬ 
món  el  de  Cirene. 

El  verdadero  apellido  del  autor  de  este  hermoso 
cuadro  es  Luccani,  y  el  sobrenombre  del  Piom - 
boy  con  que  es  generalmente  conocido,  procede  de 
haberle  encomendado  el  pontífice  Clemente  VII 
el  oficio  del  piombo  en  la  Cancelaría,  donde,  como  es 
sabido,  se  despachan  las  bulas  con  el  sello  de  plomo . 

Nació  Sebastián  del  Piombo  en  Venecia  en 
1485,  y  fué  discípulo  de  Georgione,  con  el  que 
aprendió  á  ser  excelente  colorista,  y  del  gran  Mi¬ 
guel  Angel,  que  le  enseñó  su  portentosa  manera 
de  dibujar  y  le  ayudó  hasta  el  punto  de  colaborar 
en  algunos  de  los  cuadros  de  Sebastián.  Este  bri¬ 
lló  en  Roma,  y  en  los  últimos  tiempos  de  su  vida 
di  cese  que  apenas  se  ocupaba  en  la  pintura,  mo¬ 
destamente  satisfecho  con  su  empleo  de  la  Cance¬ 
laría.  Murió  en  1547. 


Con  la  elegancia  que  tantas  veces  hemos  reco¬ 
nocido  en  sus  artísticos  dibujos,  representa  Cecilio 
Pía,  en  el  que  nuestro  grabado  de  la  página  200  re¬ 
produce,  la  piadosa  y  tradicional  costumbre  de  vi¬ 
sitar  los  Sagrarios  en  la  tarde  del  Jueves  Santo. 
Las  damas  españolas,  invencibles  mantenedoras 
de  nuestras  clásicas  costumbres,  persei^ran  en 
asociar  en  este  día  á  la  piedad  de  su  cristiana  de¬ 
voción  las  galas  más  lujosas  en  honor  de  tan  so¬ 
lemne  fiesta,  y  difícilmente  se  hallarán  en  otra 
parte  galas  más  adecuadas  que  el  traje  negro  y  el 
incomparable  tocado  de  la  mantilla  española. 

• 

•  * 

LA  SEMANA  SANTA  KN  ROMA. 

Entre  las  solemnes  ceremonias  religiosas  que 
en  Roma  se  celebran  durante  la  Semana  Santa, 
llaman  muy  justamente  la  atención  de  los  extran¬ 
jeros  que  se  encuentran  en  la  Ciudad  Eterna  las 
que  el  Sábado  de  Gloria  se  practican  en  la  basílica 
de  San  Juan  de  Letrán.  Comienzan  éstas  antes  de 
las  siete  de  la  mañana,  y  no  terminan  antes  de 
la  una. 

El  Cardenal  Vicario,  acompañado  de  todo  el 
Capítulo  y  clero  de  la  Patriarcal  y  de  todos  los 
ordenandos,  pasa  procesionalmente  al  vecino  Bap¬ 
tisterio  de  Constantino,  donde,  después  de  la  ben¬ 
dición  de  la  pila,  se  celebra  el  bautismo  de  los 
judíos. 

El  dibujo  de  H.  Estevan,  que  en  la  página  201 
publicamos,  representa  el  momento  en  que  el  Ca¬ 
pítulo,  clero  y  ordenandos,  al  regresar  á  la  basíli¬ 
ca,  se  arrodillan  al  pasar  por  delante  del  altar  de 
la  Confesión  y  dan  gracias  al  Todopoderoso  por 
el  acto  realizado. 

Después  se  trasladan  al  ábside  y  se  celebra  la 
misa  solemne,  durante  la  cual  se  verifica  la  orde¬ 
nación  de  los  diáconos. 

• 

«  • 

SAN  JUAN  DE  LA  PEÑA.  —  (Véase  la  pág.  202.) 

•  • 

MADRID. 

La  función  patriótica  en  el  teatro  Real. 

En  la  doble  página  204  y  205  reproduce  nuestro 
grabado  el  magnífico  y  brillante  aspecto  que  la 
sala  de  nuestro  primer  teatro  lírico  presentaba  en 
la  función  patriótica  celebrada  en  la  noche  del 
jueves  31  del  próximo  pasado  Marzo. 

El  patriotismo  de  todas  las  clases  sociales  con¬ 
tribuyó  con  noble  emulación  á  aumentar  los  ren¬ 
dimientos  de  esta  fiesta,  abonando  por  las  locali¬ 
dades  sobreprecios  considerables,  y  enviando  do¬ 
nativos,  entre  los  cuales  no  puede  dejar  de  citarse 
©1  del  Sr.  Marqués  de  Villamejor,  que  dió  por  su 
palco  un  millón  de  reales;  pero  como  además  de 
esta  importantísima  cooperación  material  había 
que  llevar  á  la  fiesta  la  del  espíritu,  al  teatro  Real 
acudieron  S.  M.  la  Reina  y  SS.  AA.  la  Princesa  de 
Asturias  y  la  infanta  D.a  Isabel,  y  el  todo  Madrid 
distinguido  y  elegante,  á  declarar  con  su  presen¬ 


I ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  XIII  —  199 


cia  y  proclamar  con  su  entusiasmo  que  todas  las 
clases  se  identifican  en  un  solo  pensamiento  y  un 
solo  amor  cuando  del  honor  de  la  patria  se  trata. 

Todos  los  artistas  que  en  la  brillante  fiesta*^  to¬ 
maron  parte  fueron  muy  aplaudidos,  porque?  el 
público  premiaba  con  calurosas  ovaciones,  además 
de  sus  artísticos  méritos  ya  reconocidos,  el  gene¬ 
roso  concurso  que  á  tan  simpática  solemnidad  pres¬ 
taban. 

Pero  el  momento  capital  de  la  función  fué  el 
cuadro  final ,  obra  de  los  eminentes  artistas  her¬ 
manos  Benlliure,  Lhardy  y  otros,  ayudados  por 
los  alumnos  de  la  Escuela  de  Bellas  Artes  y  por  "el 
director  de  escena  del  teatro ,  D.  Luis  París. 

En  el  centro,  y  en  último  término  del  escena¬ 
rio,  alzábase  sobre  un  gran  pedestal  un  león  do¬ 
rado  de  gran  tamaño  en  actitud  gallarda  y  arro¬ 
gante,  sosteniendo  con  una  de  sus  garras  el  escudo 
de  España,  que  á  su  vez  descansaba  sobre  un  pa¬ 
bellón  de  banderas  nacionales. 

Detrás  del  león,  cuyos  ojos  eran  dos  focos  eléc¬ 
tricos  de  gran  potencia,  aparecía  otro  cuerpo  ar¬ 
quitectónico  mas  reducido,  en  el  que  se  veían  las 
tres  carabelas  Pinta,  Niña ;  y  Santa  María ,  repro¬ 
ducción  fiel  de  las  que  surcaron  el  Océano  al  des¬ 
cubrir  Colón  un  Nuevo  Mundo  para  España.  En 
el  centro  de  este  pedestal,  las  inscripciones  <r Al¬ 
fonso  XII»  y  «Alfonso  XIII». 

A  los  lados  de  este  monumento,  en  cuya  parte 
superior  se  destacaba  una  matrona  representando 
á  España,  daban  guardia  marineros. 

Al  pie  del  artístico  trofeo  se  agrupaban  los  hé¬ 
roes  de  nuestra  historia,  las  artistas  con  lazos  de 
los  colores  nacionales,  y  numerosa  representación 
de  las  regiones  españolas  con  sus  característicos 
trajes. 

Cuando  el  público  saludaba  con  sus  aplausos  la 
aparición  de  tan  hermoso  cuadro,  la  orquesta  y  las 
músicas  militares  entonaron  la  popular  marcha  de 
Cádiz ;  y  entonces  apareció  en  el  escenario,  en 
proyección  luminosa  la  frase  ¡Viva  España!, 
como  si  del  fuego  de  todos  los  corazones  y  de  la 
luz  de  todas  las  miradas  hubieran  irradiado  aque¬ 
llas  palabras  y  se  reflejasen  por  un  sublime  espe¬ 
jismo  en  el  cielo  de  aquel  imponente  cuadro. 

El  público  en  masa  se  levanta  de  sus  asientos  y 
estalla  atronador  el  enérgico  ¡viva!:  la  Reina,  pro¬ 
fundamente  emocionada,  se  levanta  también,  y 
entonces  suenan  los  acordes  de  la  Marcha  Real,  y 
brotan  de  todos  los  labios  los  vivas  á  España  y 
á  los  Reyes,  y  la  marcha  y  los  vivas  se  confunden 
en  un  solo  himno,  porque  todos  los  corazones 
sienten  entonces  que  la  Patria  y  la  Corona  forman 
una  sola  ó  inseparable  majestad. 

Este  momento  sublime  de  la  función  patriótica 
es  el  escogido  por  nuestro  compañero  Comba  para 
su  dibujo  de  las  páginas  204  y  205. 

• 

•  * 

LA  SEMANA  SANTA  EN  MURCIA.  —  (Véanse  las 
páginas  207  y  208,  donde  publicamos  las  famosas 
esculturas  de  Salzillo,  cuyas  fotografías  nos  ha 
remitido  el  Sr.  Conde  de  Roche,  y  el  artículo  del 
Sr.  Tejera  en  la  pág.  203.) 

* 

«  # 

JESÚS  NAZARENO, 

que  «e  venera  en  la  iglesia  de  San  Juan  de  Letrán, 
en  Montoro  (Córdoba). 

La  piedad  de  los  vecinos  de  Montoro,  en  la  pro¬ 
vincia  de  Córdoba,  tributa  fervoroso  culto  á  una 
hermosa  imagen  de  Jesús  Nazareno,  que  se  venera 
en  la  iglesia  de  San  Juan  de  Letrán  de  aquella  po¬ 
blación. 

Una  lucida  cofradía  saca  procesionalmente  to¬ 
dos  los  años  á  tan  grandiosa  imageD,  haciendo  es¬ 
tación  el  Viernes  Santo  de  madrugada,  y  es  real¬ 
mente  conmovedor  el  cuadro  que  en  la  triste 
ceremonia  conmemora  el  camino  del  Calvario  y 
la  pasión  del  Redentor. 

La  hermosa  imagen  que  presentamos  en  el  gra¬ 
bado  de  la  página  209  es  de  origen  bastante  anti¬ 
guo,  que,  si  hemos  de  creer  en  la  tradición,  es  obra 
del  gran  Montañés,  y  retocada  hace  años  por  el 
aventajado  cordobés  Sr.  Monroy. 

La  actitud  noble  de  la  imagen,  la  manifesta¬ 
ción  verdadera  en  su  semblante  de  la  huella  del 
dolor  y  del  desfallecimiento,  sus  ricas  vestiduras 
de  terciopelo  y  oro,  como  la  rica  cruz  de  plata, 
hacen  que  todo  sea  de  gran  mérito  artístico,  y  así 
lo  reconocen  las  personas  inteligentes;  habiéndo¬ 
se  dado  el  caso  que,  encontrándose  accidental¬ 
mente  en  Montoro  un  Sr.  Obispo  de  Teruel,  fué 
tanto  lo  que  le  admiró  esta  imagen,  que  despren¬ 
diéndose  el  Sr.  Obispo  de  su  valioso  pectoral  lo 
puso  al  cuello  del  Señor. 

Son  muchos  los  donativos,  promesas  y  cultos 
que  se  le  dedican  á  esta  imagen,  á  la  que  consa¬ 


gran  mayor  fervor  los  hijos  de  Montoro,  ponién¬ 
dose  bajo  su  amparo  y  protección  en  todas  sus 
tribulaciones  y  desgracias. 

• 

•  • 

ROMA. 

Bendición  de  Su  Santidad  León  XIII  en  la  plaza  de  San  Pedro. 

Nuestro  segundo  grabado  de  la  página  209  re¬ 
presenta  una  de  las  más  grandes  maravillas  de 
Roma,  la  plaza  de  San  Pedro  en  la  más  alta  solem¬ 
nidad  de  las  grandes  ceremonias  pontificales  que 
con  mayor  majestad  y  ostentación  se  celebran:  la 
bendición  de  Su  Santidad  á  la  ciudad  y  al  mundo 
entero:  urbi  et  orbu 

La  plaza  de  San  Pedro  en  Roma,  que  nuestro 
grabado  representa,  tiene  una  grandiosidad  que 
maravilla.  Es  una  elipse  cuyo  mayor  eje  tiene 
738  pies  de  longitud,  formada  por  dos  galerías 
compuestas  de  284  columnas  jónicas.  Sobre  las  ga¬ 
lerías,  que  tienen  61  pies  de  altura,  se  elevan  96 
colosales  estatuas  de  santos.  Abierta  la  elipse  en 
su  fondo,  se  une  por  dos  galerías  rectas,  coronadas 
también  de  enormes  esculturas,  á  la  magnífica  es¬ 
calinata  sobre  la  cual  se  levanta  el  más  gigantesco 
y  venerable  templo  del  mundo  católico. 

La  fachada  de  la  basílica  mide  370  pies  de  lati¬ 
tud  por  485  hasta  la  cruz  de  su  ingente  cúpula; 
ocupa  el  centro  de  la  plaza  un  obelisco  egipcio  que 
remata  la  cruz  cristiana  á  una  altura  de  140  pies, 
y  desde  el  principio  de  la  plaza  hasta  la  puerta  de 
San  Pedro  media  una  distancia  de  400  varas. 

En  el  balcón  central  de  la  basílica,  que  deja  en 
sombra  el  amplio  baldaquino  que  la  cubre,  aparece 
la  blanca  figura  del  Vicario  de  Cristo,  levantando 
$u  soberana  diestra  para  derramar  la  santa  bendi¬ 
ción  por  los  ámbitos  del  mundo  sobre  las  frentes 
de  los  fieles,  en  nombre  y  para  gloria  de  Aquel  que 
nació  dignificando  la  personalidad  humana,  vivió 
redimiendo  al  mundo  por  la  divina  eficacia  de  su 
palabra  y  abrió  las  puertas  de  la  eterna  vida  con 
su  muerte. 

•  * 

D.  RAMÓN  DE  CARRANZA  Y  REGUERA, 

teniente  de  navio,  agregado  naval  de  España  en  los  EE.  UU.  de 
Norte-América. 

El  teniente  de  navio  D.  Ramón  Carranza  y  Re¬ 
guera,  cuyo  retrato  publicamos  en  la  página  212, 
nació  el  16  de  Abril  del  63,  de  familia  de  marinos; 
su  padre  fué  el  vicealmirante  D.  José  de  Carran¬ 
za  (q.  e.  p.  d.),  y  sus  tres  hermanos  son  oficiales 
de  la  Armada  y  sirven  actualmente  en  Cuba. 

A  los  trece  años  ingresó  en  la  Escuela  Naval, 
siendo  el  primero  de  su  promoción;  de  guardia 
marina  y  alférez  de  navio  siempre  estuvo  em¬ 
barcado. 

De  teniente  de  navio  navegó  en  la  Blanca, 
Nautilus ,  Numancia ,  Navarra  y  Gerona  y  Pelayo 
y  Venadito .  Cuando  ocurrieron  los  sucesos  de  Me- 
lilla,  embarcó  voluntario  en  aquella  escuadra  de 
operaciones. 

Mandando  el  cañonero  Tajo  naufragó  cerca  de 
Pasajes,  y  después  de  salvar  la  dotación  y  cauda¬ 
les  no  quiso  abandonar  su  buque,  sumergiéndose 
con  él  y  siendo  recogido  por  un  bote  pescador.  El 
consejo  de  guerra  le  absolvió  libremente. 

Pidió  en  seguida  destino  en  Cuba,  donde  estuvo 
de  oficial  de  derrota  en  el  Alfonso  XII  y  mandó 
el  cañonero  Contramaestre ,  con  el  cual  rescató  la 
goleta  Deliay  que,  cargada  de  víveres,  habían  apre¬ 
sado  los  insurrectos,  privándoles  de  tan  impor¬ 
tante  recurso. 

Se  apoderó  del  alijo  de  una  expedición  que  hizo 
el  DauntlesSy  á  viva  fuerza  y  tierra  adentro,  esca¬ 
pándosele  el  buque  enemigo  por  su  mucho  andar 
únicamente;  el  alijo  constaba  de  900  fusiles,  me¬ 
dicinas,  botiquines,  banderas,  víveres,  ropas,  co¬ 
rrespondencia  y  otros  efectos.  En  esta  operación 
de  guerra  le  ayudó  la  lancha  Ardilla . 

Tomó  parte  en  varios  hechos  de  armas,  con 
fuerzas  del  ejército  y  desembarcos  que  hacía  con  la 
gente  de  su  cañonero,  habiendo  obtenido  por  los 
hechos  anteriores  de  la  campaña  y  por  las  acciones 
de  Lomas  de  Yagují,  Colmenar  de  Vista,  Río  San 
Juan,  Playa  de  la  Gallina,  Santa  Teresa  y  otras, 
las  siguientes  recompensas:  dos  cruces  de  María 
Cristina,  dos  cruces  rojas  del  Mérito  Militar,  pen¬ 
sionada  una  de  ellas;  otra  roja  y  pensionada  del 
Mérito  Naval;  teniendo  aún  pendiente  de  resolu¬ 
ción  un  juicio  contradictorio  para  la  cruz  laureada 
de  San  Fernando,  la  más  alta  recompensa  á  que 
pueden  aspirar  los  militares  españoles. 

Este  distinguido  marino  ha  sido  el  encargado 
de  llevar  á  Washington  el  informe  de  la  comisión 
española,  referente  á  las  causas  que  originaron  la 
catástrofe  del  Maine . 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


Digitized  by 


Google 


Digitized  by  VjOOQ 


LA  SEMANA  SANTA  EN  ROM  A.  —  EL  CAPÍTULO  DE  SAN  JUAN  de  letrán  dando  gracias  ante  el  altar  de  la  confesión  después  del  bautismo'de  los  judíos, 


202  —  N.*  lili 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Abril  1898 


SAN  JUAN  DE  LA  PEÑA. 


tres  horas  de  la  ciudad  de  Jaca  (Ara¬ 
gón),  y  situado  entre  Poniente  y  Me¬ 
diodía,  aparece,  ala  vista  del  viajero, 
elevado  monte,  conocido  en  la  anti¬ 
güedad  con  el  nombre  de  Paño ,  y 
más  tarde  de  Plano ,  quizás  por  la  in¬ 
mensa  llanura  que  forma  en  su  vértice. 
Su  ascenso  está  lleno  de  asperezas  y  no 
exento  de  peligros,  tanto  más,  cuanto  que  el 
camino  se  halla  dividido  por  el  carrascal , 
especie  de  barranco  ó  despeñadero  en  el  que  cre¬ 
cen  hermosos  tilos. 

Sobre  el  monte  existe  una  cueva  de  proporcio¬ 
nes  gigantescas,  en  cuya  cima,  según  la  tradición, 

el  caballo  de  Juan  de  Atarée  hundió  su  planta 
cuando,  desbocado,  iba  á  lanzarse  por  aquella  pro¬ 
minencia,  que  no  había  visto  en  la  velocidad  de 
su  carrera. 

Atares,  en  recuerdo  de  tan  señalado  favor  del 
cielo,  construyó  á  sus  expensas  un  monasterio 
dentro  de  la  monumental  cueva  natural  que  oculta 
la  montaña,  cuyo  ingreso  está  apuntado  en  la  ilus¬ 
tración  de  este  escrito,  dedicándolo  á  San  Juan 
Bautista;  y  consagrándose  al  Señor,  fué  el  primer 
prior  de  aquel  monumento  que  había  de  ser  pan¬ 
teón  de  la  realeza  aragonesa. 

La  cueva,  según  Briz  Martínez,  tiene  de  planta 
300  pasos  de  longitud  por  más  de  60  de  latitud,  y 
para  dar  idea  aproximada  de  su  elevación,  diré  que 
bajo  ella  se  edificaron  dos  templos,  uno  encima 
del  otro,  en  épocas  distintas,  y  aun  queda  una  bó¬ 
veda  natural  de  más  de  6  metros  de  elevación  para 
llegar  á  las  escoriaciones  estalac  tí  ticas  del  terreno. 
La  cripta,  ó  iglesia  baja,  es  del  tiempo  de  Garci 
Ximénez,  montañés  de  nacimiento,  proclamado 
primer  rey  de  Sebrarbe  en  tan  histórica  cueva,  se¬ 
gún  tradición  constante,  como  D.  Pelayo  lo  fue  en 
Covadonga. 

Consta  de  dos  naves,  bajas  y  angostas,  sosteni¬ 
das  y  adornadas  con  columnas  y  arcos  romᬠ
nicos. 

Én  mal  estado  de  conservación  á  pesar  de  su 
historia  y  de  su  arte,  existe  un  claustrillo  con 
capiteles  historiados,  casi  fuera  algunos  de  sus 


sustentáculos,  que  se  elevan  entre  la  hierbecilla 
que  crece  al  azar  bajo  la  peña  que  les  sirve  de 
bóveda. 

Uno  de  estos  capiteles  es  el  que  en  primer  lu¬ 
gar  se  destaca  de  la  composición.  Figura  la  en¬ 
trada  de  Cristo  en  Jerusalén. 

Como  en  los  sarcófagos  antiguos,  bajos  relieves 
y  mosaicos  de  que  nos  hablan  Aringhi,  Bottari  y 
Mabillón  en  sus  obras,  Nuestro  Señor  aparece  im¬ 
berbe,  por  aludir  los  artistas  á  su  naturaleza  divi¬ 
na,  exenta  de  las  vicisitudes  del  tiempo;  va  mon¬ 
tado  en  la  borrica  (á  la  que  sigue  un  asnillo),  que 
significa,  según  unos,  dada  la  dulzura  y  pobreza 
de  este  animal,  el  reino  pacífico  y  humilde  del 
Mesías,  que  no  tenía  otro  objeto  que  la  conquista 
de  los  corazones;  y,  según  otros,  la  Sinagoga,  en 
la  cual  mandaba  conforme  al  texto  de  San  Mateo. 
Con  la  mano  izquierda  lleva  las  riendas,  y  la  dere¬ 
cha  la  tiene  levantada  para  dar  la  bendición  lati¬ 
na:  sus  cabellos  sor  largos,  divididos  en  la  frente 
y  rizados;  su  cabeza  está  cubierta  con  un  birrete  ' 
muy  plano,  y  sobre  él  el  nimbo  que  desde  antes 
de  Constantino  principió  á  ponerse  en  la  figura 
del  Redentor,  y  se  generalizó  más  tarde,  en  el  si¬ 
glo  vi,  para  distinguir  al  Salvador  de  los  ángeles 
y  santos. 

Las  demás  figuras  del  capitel  son  israelitas:  de 


pie  unos,  con  telas  y  palmas  en  las  manos  para 
cubrir  el  camino,  y  otros  encaramados  en  los  ár¬ 
boles  para  cortar  ramas  y  arrojarlas  ¿  su  paso. 

En  este  pasajero  triunfo  del  Redentor  creían 
ver  los  primeros  cristianos  una  figura  de  su  resu¬ 
rrección  y  de  su  entrada  definitiva  en  el  cielo 
(Aringhi,  I,  VI,  cap.  XII).  También  se  complacían 
en  observar  allí  la  predicción  figurada  de  la  con¬ 
quista  que  Jesucristo  debía  hacer,  por  medio  de 
su  santa  Ley,  de  las  naciones  idólatras  represen¬ 
tadas  por  el  asno. 

Las  paredes  del  claustro  tienen  sepulcros  de  di¬ 
ferentes  épocas:  en  los  que  aparecen  al  pie  de  la 
composición,  se  hallan  esculpidos  el  monograma 
de  Cristo,  la  cruz  inmissa  decorada  con  flores,  y 
uuo  con  figuritas  que  sostienen  un  medallón  con 
efigie.  Generalmente  el  monograma  de  Cristo  se 
halla  formado  por  la  combinación  de  la  X  y  la  P, 
que  son  las  dos  primeras  letras  de  su  nombre  en 
griego,  si  bien  en  algunos  sepulcros  la  cruz  es  de 
ocho  brazos,  como  se  ve  en  el  que  está  en  la  parte 
inferior  del  dibujo. 

Posteriormente,  el  monasterio  de  San  Juan  de 
la  Peña  se  dedicó  á  la  Virgen  del  Pilar,  cuya  ima¬ 
gen,  según  tradición,  fué  llevada  por  Voto  y  Fé¬ 
lix  cuando  se  consagraron  á  Dios  en  tan  apartada  y 
enriscada  mansión,  en  la  que  recibieron  cristiana 
sepultura:  Garci- Ximénez,  primer  rey  de  Sobrar- 
be;  D.a  Enenga,  su  mujer;  Garci-Iñiguez  I,  rey  II 
de  Sobrarbe;  D.a  Toda  ó  Thenda,  su  esposa;  don 
Fortunio  Garcós  I,  rey  III  de  Sobrarbe;  D.  Sancho 
Garcés  I,  rey  VI;  D.a  Galinda,  su  esposa;  D.  Garci- 
Ximénez,  II  de  este  nombre,  hermano  del  rey  don 
Iñigo  Arista;  D.  García  Iñiguez  II,  VI  de  Sobral - 
be;  D.a  Urraca  ó  Blanca,  su  mujer;  D.  Sancho  Gar¬ 
cés  Abarca  (el  Cesan )>  primer  rey  de  Aragón  y  VIII 
de  Sobrarbe;  D.a  Toda  Urraca,  su  mujer;  D.  García 
Sánchez  Abarca  I,  rey  IX  de  Sobrarbe  y  II  de 
Aragón;  D.a  Teresa  Galíndez,  su  esposa;  D.  Sancho 
Garcés  Abarca  II,  rey  X  de  Sobrarbe  y  III  de 
Aragón;  D.a  Urraca  Fernández,  su  mujer;  D.  Gar¬ 
cía  Sánchez  Abarca  II  ( el  Trémulo )9  rey  XI  de  So¬ 
brarbe  y  IV  de  Aragón;  D.a  Urraca  Fernández,  su 
mujer;  D.  Gonzalo  Sánchez,  hermano  de  D.  Gar¬ 
cía  II;  D.a  Caya,  esposa  primera  del  rey  D.  San¬ 
cho  III  (el  Mayor );  D.a  Munia  ó  D.a  Mayor,  segunda 
esposa;  D.  Ramiro  I,  rey  de  Aragón;  D.a  Gilberga 
ó  Ermisenda,  su  esposa;  D.  Sancho  Ramírez  IV, 
monarca  de  Aragón;  D.a  Felicia,  su  esposa;  don 
Pedro  I  de  Aragón;  D.a  Berta  ó  Inés,  su  esposa; 
D.  Pedro,  príncipe  de  Aragón,  hijo  del  Rey  del 
mismo  nombre;  D.a  Isabel  Sancho,  infanta  de  Ara¬ 
gón  y  hermana  del  anterior;  D.  Fortunio  Enecón, 
príncipe,  hijo  de  D.  Sancho  III;  D.  Fernando 
Sánchez,  hijo  de  D.  Sancho  Ramírez;  D.  Aznar, 
primer  conde  de  Aragón  (1). 

El  recuerdo  de  tan  ilustres  cenizas  no  ha  sido 
bastante  para  perpetuar  de  un  modo  decoroso  el 
lugar  que  los  cobijó.  Abandonado  y  á  la  intempe¬ 
rie  permanece  la  morada  predilecta  de  tan  escla¬ 
recidos  monarcas,  príncipes  y  magnates  do  la  Co¬ 
rona  de  Aragón ,  que  se  halla  rodeada  de  pintores¬ 
cos  paisajes,  en  los  que,  quizá  por  falta  de  noticias, 
nuestros  artistas  no  han  ido  á  inspirarse  para  sus 
cuadros. 

¡Lástima  da  que  el  Gobierno  de  S.  M.  no  haya 
fijado  su  vista  en  este  grandioso  monumento  na¬ 
cional,  en  el  cual  se  hallan  enlazados  el  arte  y  la 
historia  de  España  en  sus  .tiempos  de  mayor  pros¬ 
peridad! 

Quizás  venga  el  remedio  para  su  conservación, 
que  le  corresponde  de  derecho,  cuando  el  tiempo 
haya  derruido  tan  artístico  é  histórico  monas¬ 
terio,  en  el  que,  cual  frío  sepulcro,  nace  la 
hierbecilla  que  salpica  sus  labores  y  acelera  su 
ruina...- 


Pedro  Gascón  de  Gotor,  pbro. 

C.  de  la  Real  Academia  de  la  Historia. 


(1)  Acaecido  el  último  incendio  en  1675,  en  el  mismo  año  se 
principió  la  construcción  del  nuero  monasterio  con  el  producto 
de  las  rentas  del  abad,  cuyo  cargo  estuvo  vacante  cuarenta  y 
dos  años. 

A  expensas  de  Carlos  III,  en  1770,  se  construyó  el  panteón 
real,  adonde  se  trasladaron  los  restos  mortales  de  los  reyes  y 
príncipes,  poniéndolos  en  veintisiete  urnas  cinerarias,  coloca¬ 
das  unas  sobre  otras,  nueve  en  cada  grupo,  las  que  fueron  cu¬ 
biertas  con  planchas  metálicas,  en  las  que  se  esgrafiaron  sus 
nombres  respectivos. 

En  los  muros  que  están  frente  á  las  sepulturas  labraron ,  en 
el  centro,  un  retablo  Carlos  Salas,  con  las  imágenes  del  Cruci¬ 
fijo,  de  María  y  de  San  Juan,  en  mármol  de  Carrara;  para  el  de 
la  derecha,  Estrada,  platero  real  de  Huesca,  hizo  el  busto  de 
bronce  de  Carlos  III,  y  en  el  de  la  izquierda,  Ipas  puso  cuatro 
relieves  histórico-aragoneses;  la  batalla  de  Ainsa,  ganada  por 
Garci-Ximénez ,  en  la  que  se  apareció  la  cruz ;  la  batalla  de  Ara- 
huest,  que  ganó  Iñigo  Arista,  con  la  aparición  también  de  la 
cruz;  Sancho  Ramírez  en  el  sitio  de  Huesca,  y  la  jura  de  los 
reyes  de  Aragón. 

Estas  obras  son  muy  notables,  especialmente  las  qne  labró  el 
catalán  Salas,  y  el  busto  del  platero  Estrada. 

El  techo  del  panteón  es  un  artesonado  estofado  con  sumo 
gusto  y  esplendidez. 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Abril  1898 


n.#  xm  —  203 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


SORPRESA  DE  AMIENS. 


>  B  las  facciones  más  dignas  de  memo¬ 
ria  que  han  hecho  los  españoles,  y 
también  de  las  más  olvidadas,  es  la 
sorpresa  y  toma  de  Amiens  por  Her¬ 
nán  Tello  Portocarrero.  Por  ahora 
se  cumplen  tres  siglos  de  aquella  em¬ 
presa  gloriosísima;  y  aunque  el  centena¬ 
rio  merece  mejor  conmemoración  que  un 
solo  y  humilde  artículo,  me  determino  á  es¬ 
cribir  éste,  persuadido  de  que  si  no  le  escribo  que¬ 
dará  sin  ninguno. 

Mandaba  en  el  ejército  de  Flandes  el  archidu¬ 
que  Alberto,  el  cual,  por  orden  del  rey  Felipe  II, 
tenía  empeñada  la  mayor  y  mejor  parte  de  él  en 
la  guerra  con  Enrique  IV,  dejando  á  los  herejes 
de  Holanda  que  se  recobrasen  del  mucho  daño 
que  el  Duque  de  Parma,  Alejandro  Faroesio,  les 
había  hecho,  y  que  no  fué  mayor  por  habérselo 
estorbado  la  guerra  de  Francia,  indiscretamente 
movida  y  sostenida  por  aquel  Rey.  Viéndose  el 
Duque  con  pocas  tropas,  determinó  solicitar  nue¬ 
vas  levas  de  Alemania,  procurando  al  mismo  tiem¬ 
po  hacerse  con  algún  dinero,  lo  que  le  era  aún 
más  necesario,  pero  muy  difícil  porque  las  arcas 
reales  estaban  vacías  y  la  Hacienda  de  S.  M.  sin 
crédito.  Mientras  el  Archiduque  buscaba  medios 
de  vencer  estas  y  otras  dificultades,  llegó  á  noticia 
de  Hernán  Tello  Portocarrero,  gobernador  de  la 
plaza  de  Doullens,  ganada  poco  antes  al  enemigo, 
que  la  vecina  ciudad  de  Amiens  estaba,  por  fuerte 
y  bien  guarnecida,  más  confiada  de  lo  que  á  su 
seguridad  podía  convenir,  y  que  sería  fácil  sorpren¬ 
derla  aprovechando  la  ocasión,  que  con  frecuen¬ 
cia  se  ofrecía,  de  hallarse  casi  toda  la  gente  del 
presidio  reconociendo  el  campo,  pues  solían  dejar 
dentro  corto  número  de  soldados.  Mandó  Hernán 
Tello  á  Amiens  (no  queriendo  fiarse  del  confidente 
que  le  llevó  estas  noticias)  á  un  soldado  práctico 
en  la  lengua  francesa ,  valeroso  y  entendido ,  lla¬ 
mado  Francisco  del  Arco,  el  cual  pronto  volvió 
diciendo  ser  todo  verdad.  Mandado  por  segunda  y 
tercera  vez,  esta  última  en  compañía  del  capitán 
La  Croix,  borgoñón,  trajo  tan  buenas  nuevas,  que 
Hernán  Tello  acordó  intentar  la  sorpresa,  gallar¬ 
da  resolución  que  aprobó  el  Duque  luego  que  le 
fué  comunicada. 

Las  tropas  señaladas  para  ella  fueron:  cinco 
compañías  del  tercio  de  D.  Alonso  de  Mendoza, 
tres  del  tercio  de  D.  Agustín  Mesía,  y  dos  del  de 
D.  Antonio  de  Zúñiga,  las  que  hacían  un  total  de 
550  españoles;  de  Calais  fueron  600  hombres,  en¬ 
tre  valones  y  alemanes;  del  regimiento  de  irlan¬ 
deses  de  Stanley  400  hombres,  y  Mr.  de  Heeme 
llevó  además  seis  compañías  que  acababa  de  le¬ 
vantar  en  Flandes.  Con  esta  infantería  y  la  que 
se  pudo  sacar  sin  dar  sospecha  de  la  guarnición 
de  Doullens,  reunió  Hernán  Tello  hasta  2.200  hom¬ 
bres.  La  caballería  que  pudo  juntar  no  pasaba  de 
500  caballos. 

A  las  nueve  de  la  noche  salió  Hernán  Tello  de 
la  plaza  secretamente,  hallándose  reunido  con  toda 
su  gente  poco  después  junto  al  riachuelo  Authie. 
Caminó  hasta  media  noche  con  sumo  silencio  y 
sigilo,  y  cuando  le  pareció  que  era  llegado  el  mo¬ 
mento  de  comunicar  á  los  capitanes  el  propósito 
que  tenía,  declaróles  cuál  era  éste  y  cuál  la  traza 
que  había  imaginado  para  llevarlo  á  buen  térmi¬ 
no.  Hubo  varios  pareceres,  los  más  de  ellos  con¬ 
trarios,  por  creer  todos  imposible  que  con  fuerzas 
tan  menguadas  se  pudiese  ganar  la  plaza,  y  más 
imposible  todavía  el  sustentarla  después  de  gana¬ 
da.  Los  guías  dijeron  también  que  no  llegarían 
antes  de  amanecer  á  los  puestos  señalados,  y  que, 
por  tanto,  serían  vistos  por  los  de  Amiens  antes 
de  haber  hecho  ninguna  emboscada;  oído  lo  cual 
por  Hernán  Tello  mandó  volver  caras  y  que  co¬ 
menzase  la  retirada;  pero  los  soldados,  si  bien  no 
sabían  adónde  iban  ni  á  qué,  comenzaron  á  decir 
que  los  llevasen  adonde  quisieran,  que  ellos  da¬ 
rían  buena  cuenta  de  su  cometido,  por  mucho  que 
tuviesen  que  hacer  y  caminar.  Animado  por  tan 
buenas  disposiciones  y  por  la  opinión  de  otros  ca¬ 
pitanes,  particularmente  por  la  de  Francisco  de 
Deza,  y  sabiendo  cuánto  importa  en  la  guerra, 
para  llegar  á  la  victoria,  la  buena  disposición  de 
animo  de  los  soldados,  mandó  que  se  continuara 
la  jornada;  y  tanta  prisa  se  dió  la  pequeña  hueste, 
que  al  sonar  las  cuatro  de  la  mañana  en  el  reloj  de 
la  abadía  de  San  José,  cerca  de  Amiens,  estaba  ya 
á  medio  tiro  de  cañón  de  ella,  ocupándola  y  ase¬ 
gurándola  con  silencio  tal,  que  D.  Carlos  Coloma 
le  califica  de  milagroso. 

Retiróse  un  tanto  la  caballería  y  emboscóse  cui¬ 
dadosamente.  De  la  infantería  sacáronse  300  sol¬ 
dados,  de  ellos  200  españoles,  que  se  adelantaron 
hasta  la  ermita  de  la  Magdalena,  hasta  unos  500 


pasos  de  la  huerta  de  Montrecourt,  es  decir,  la  que 
mira  al  camino  de  Doullens.  Al  romper  el  día  oyóse 
el  ruido  de  la  diana  que  tocaban  los  tambores  de 
la  guarnición ,  y  á  las  siete  abrióse  la  puerta  y  sa¬ 
lieron  algunos  arcabuceros  á  descubrir,  haciéndolo 
tan  mal  que  se  volvieron  luego,  dando  por  seguro 
que  los  españoles  se  hallaban  á  cien  leguas  de  allí. 
Yiendo  los  capitanes  de  la  gente  escondida  en  la 
Magdalena  el  descuido  de  los  de  Amiens,  pasaron 
luego  á  ejecutar  las  órdenes  que  tenían  de  Hernán 
Tello.  El  teniente  Bautista  Doñano,  milanos,  de  la 
compañía  del  capitán  Daniel,  el  sargento  Francis¬ 
co  del  Arco  y  un  soldado,  disfrazados  de  aldeanos, 
y  cargados  con  sacos  de  nueces,  manzanas  y  le¬ 
gumbres,  encamináronse  hacia  la  ciudad  á  la  des¬ 
hilada,  juntándose  con  los  campesinos  que  á  aque¬ 
lla  hora  comenzaban  á  entrar  por  la  puerta  de 
Montrecourt.  Detrás  iba  un  carro  lleno  de  hazas 
de  trigo,  guiado  por  dos  soldados  borgoñones,  á 
los  que  seguían  otros  seis  soldados  valones,  todos 
disfrazados,  de  probado  valor  y  gran  seguridad, 
mandados  por  el  capitán  La  Croix  y  un  sargento. 
Doñano,  Francisco  del  Arco  y  el  soldado  que  iba 
con  ellos  llevaban  escondidas  unas  pistolas.  Los 
demás  no  tenían  armas,  <r  pareciéndoles  que  iban 
más  disimulados  de  aquella  manera,  y  que,  entra¬ 
dos  una  vez  dentro,  no  les  podían  faltar  las  que  los 
enemigos  tenían  arrimadas  en  el  cuerpo  de  guar¬ 
dia».  (Coloma,  Las  guerras  de  los  Estados  Bajos , 
pág.  151.)  La  señal  de  arremeter  había  de  darla 
Francisco  del  Arco  disparando  la  pistola  en  vien¬ 
do  que  el  carro  estaba  en  medio  de  los  dos  rastri¬ 
llos,  para  que  al  bajar  éstos  no  pudieran  llegar  al 
suelo  y  quedase  libre  la  entrada. 

Llegaron  los  primeros  soldados,  y  acercáronse 
al  cuerpo  de  guardia  á  calentarse ,  ponderando  el 
frío  que  hacía  (que  en  verdad  era  mucho) ;  y  como 
hacía  largos  años  que  vivían  en  aquellas  tierras 
de  Picardía,  imitaban  tan  bien  el  acento  y  ade¬ 
manes  de  los  campesinos,  que  los  de  la  guardia 
nada  sospecharon  de  ellos.  Estando  en  lo  más  ani¬ 
mado  de  la  plática  vino  una  vieja  á  avisar  que  hi¬ 
ciesen  buena  guardia,  porque  aquella  noche  habían 
pasado  el  Authie  tropas  españolas,  de  lo  que  mucho 
rieron  los  franceses;  y  á  uno  que  pensó  llevar  re¬ 
cado  al  señor  de  Saint-Paul,  le  mandó  el  caporal 
que  no  se  moviese.  Francisco  del  Arco ,  que  con 
gran  disimulo  estaba  atento  á  la  entrada  del  carro, 
viéndole  ya  entrar  por  la  puerta  de  la  ciudad ,  y 
que  el  borgoñón,  apeándose  de  él,  había  cortado 
los  tirantes,  disponíase  á  hacer  la  señal,  cuando, 
llegándose  á  él  el  sargento  de  guardia,  le  preguntó 
con  voz  alterada  de  dónde  era,  á  lo  que,  sacando 
la  pistola  y  disparándosela  en  los  pechos,  contes¬ 
tó:  «De  aquí  soy».  Quitóle  luego  la  partesana  y 
arremetió  con  los  demás,  á  tiempo  que  ya  acudían 
los  disfrazados,  dándose  tan  buena  maña  que  en 
breves  instantes  mataron  á  los  veintidós  soldados 
que  guardaban  el  rebellín. 

A  todo  correr  llegaron  los  300  hombres  que  es¬ 
taban  emboscados  en  la  Magdalena.  Tuvieron,  sin 
embargo,  tiempo  los  franceses  de  dejar  caer  el 
rastrillo,  el  cual  era  tan  pesado  y  de  tan  agudas 
puntas  que  pasó  el  carro,  á  pesar  de  las  tablas  que 
bajo  el  trigo  llevaba,  y  casi  cerró  la  entrada  á  los 
nuestros.  Mas,  levantado  nuevamente,  pudo  pe¬ 
netrar  Hernán  Tello  con  el  grueso  de  la  tropa,  y 
en  poco  tiempo  quedó  Amiens  por  España,  con 
muerte  de  bastantes  franceses  y  huida  de  los  prin¬ 
cipales,  entre  ellos  el  Conde  de  Saint-Paul.  El  sa¬ 
co  duró  todo  el  día,  y  por  ser  la  ciudad  grande  y 
pocos  los  soldados  que  la  ganaron,  dicese  que  toca¬ 
ron  á  tres  casas  por  cada  soldado. 

La  toma  de  Amiens  fué  uno  de  los  mayores  des¬ 
calabros  que  tuvo  Enrique  IY  de  Francia,  y  la  de¬ 
fensa  que  de  la  plaza  hizó  después  Hernán  Tello 
merece  contarse  entre  los  sucesos  más  honrosos 
de  nuestra  historia  militar.  Los  lectores  me  per¬ 
donarán  si,  cortando  aquí  el  hilo  de  la  narración, 
dejo  para  otro  día  el  relato  de  aquel  asedio,  del 
que  los  españoles  amantes  de  las  glorias  patrias 
debieran  tener  siempre  en  la  memoria  los  más  in¬ 
significantes  pormenores. 


G.  Reparaz. 


LA  PROCESIÓN  DEL  VIERES  SANTO  EN  MURCIA 

Y  EL  ESCULTOR  SALZILLO. 


La  ilustre  Cofradía  de  N.  P.  Jesús  Nazareno  de 
la  ciudad  de  Murcia,  que  desde  antiguo  viene  com¬ 
poniéndose  de  un  número  indeterminado  de  ma¬ 
yordomos  de  lo  más  escogido  y  señalado  de  la  ca¬ 
pital,  se  fundó  en  el  año  de  1600,  siendo  obispo 
de  Cartagena  D.  Juan  de  Zúñiga,  y  vicario  don 
Alonso  de  Puelles,  por  quien  está  firmado  el  auto 


de  aprobación  de  las  primeras  y  curiosísimas  cons¬ 
tituciones  de  aquella  Hermandad,  la  cual  desde 
un  principio,  pero  muy  especialmente  desde  hace 
siglo  y  medio,  fué  la  destinada  por  la  suerte  á  dar 
más  días  de  gloria  y  lustre  imperecedero  al  arte 
murciano. 

Su  principal  objeto,  después  de  otros  de  devoción 
y  culto  hacia  el  Santísimo  Cristo  Nazareno,  su  ti¬ 
tular,  fué,  y  lo  sigue  siendo  todavía,  el  de  organi¬ 
zar  una  procesión  en  la  mañana  del  Viernes  Santo, 
para  cuyo  fin  hubo  de  adquirir  algunos  pasos  re¬ 
presentativos  de  la  sagrada  Pasión  del  Redentor: 
pasos  que  fueron  renovados  distintas  veces  y  en 
diversas  épocas,  ya  por  completa  destrucción,  ya 
por  grave  deterioro  de  los  mismos,  hasta  que  con 
el  feliz  motivo  de  la  venida  á  Murcia,  á  principios 
del  siglo  xvm,  del  artista  italiano  D.  Nicolás 
Salzillo  para  los  efectos  de  la  obra  de  la  portada 
de  la  catedral ,  y  habiendo  éste  contraído  aquí  ma¬ 
trimonio  con  la  murciana  D.a  Isabel  Alcaraz,  tuvo 
esta  ciudad  la  suerte  de  que  en  ella  naciese  (12  de 
Mayo  de  1707),  se  criase  y  floreciese  su  insigne  y 
nunca  bien  como  se  debe  elogiado  escultor  D.  Fran¬ 
cisco  Salzillo  y  Alcaraz,  á  quien  la  Cofradía,  pene¬ 
trada  de  sus  relevantes  talentos  y  felicísimas  dispo¬ 
siciones,  le  fué  encomendando  las  esculturas  que 
en  la  actualidad  posee  con  justo  orgullo,  como 
consta  de  las  cuentas  y  recibos  de  esta  religiosa 
Corporación;  y  exceptuando  únicamente  la  ya  ci¬ 
tada  imagen  del  Cristo,  su  patrono ,  hecha  en  1600 
por  Juan  de  Rigustera,  á  la  que  nunca  por  otra  se 
ha  pensado,  ni  el  mismo  Salzillo  quiso  dar  sustitu¬ 
ción,  no  sólo  por  respetos  á  su  indisputable  méri¬ 
to  artístico  y  carácter  de  época  bastante  acentua¬ 
do,  si  que  también  y  muy  principalmente  por 
razón  del  fervor  inmenso  y  devoción  acendra¬ 
dísima  que  siempre  ha  inspirado  y  sigue  inspi¬ 
rando  á  todos  los  murcianos. 

Entre  todas  las  esculturas  descuella  y  merece, 
en  primer  término,  particular  mención  el  paso  de 
La  Oración  del  Huerto ,  por  su  admirable  ar¬ 
cángel,  tipo  de  inenarrable  belleza,  y  también 
por  la  imagen  de  su  Cristo  atribulado,  en  cuyo 
semblante  y  actitud  se  hallan  pintados  de  un  modo 
magistral,  á  la  vez  que  la  aflicción  más  honda,  la 
resignación  más  sublime.  Así  es  también,  si  no  de 
mayor  precio  y  de  más  levantada  inspiración,  la 
del  Señor  de  La  Caída;  y  según  atinada  observa¬ 
ción  hecha  por  inteligentes,  comparado  este  paso 
con  el  anterior,  ofrece  un  prodigio  de  habilidad 
artística:  el  sayón  que  amenaza  golpear  sobre  la 
hermosísima  cabeza  del  Salvador,  y  el  San  Gabriel 
que  en  La  Oración  del  Huerto  lo  conforta,  están 
tomados  de  un  mismo  modelo;  y,  sin  embargo,  el 
diestro  cincel  del  artista  supo  imprimir  en  el  uno 
las  líneas  de  la  ferocidad  más  repugnante,  y  en  el 
otro  las  de  la  idealidad  más  pura  y  casi  divina. 

El  paso  del  Prendimiento ,  llamado  aquí  también 
del  Beso ,  por  el  que  el  impuro  labio  del  malvado 
apóstol  está  imprimiendo  en  el  apacible  y  sereno 
rostro  de  su  divino  Maestro,  es  igualmente  una 
obra  de  superior  calidad,  y,  como  grupo  escultural 
y  estudio  de  anatomía,  acaso  la  mejor  que  salió  de 
las  manos  de  este  aventajado  artista.  Ambas  imᬠ
genes,  de  tamaño  natural,  como  lo  son  todas  las 
que  vamos  describiendo,  están  entalladas  en  un 
solo  tronco:  la  expresión  del  Cristo  es  inimitable, 
y  es  notable  sobre  todo  la  soberbia  estatua  de  San 
Pedro,  que,  irritado  el  semblante,  espada  en  mano 
y  alzado  el  nervudo  brazo,  amenaza  con  potente 
fuerza  descargar  su  cólera  sobre  el  osado  Maleo, 
bajo  sus  pies  tendido  en  tierra. 

El  paso  de  La  Cena  ó  Mesa  de  los  Apóstoles, 
inspirada,  como  la  de  Leonardo  de  Yinci,  en  el 
momento  en  que  el  Salvador  anuncia  á  sus  discí¬ 
pulos  que  uno  de  ellos  había  de  venderle  traido¬ 
ramente,  no  deja  tampoco  nada  que  desear  como 
trabajo  de  escultura  animado,  majestuoso  y  sor¬ 
prendente,  en  que  su  autor  supo  hacer  gala  de  las 
habilidades  que  poseía  en  labores  de  cabezas  y  en¬ 
carnaciones  de  variada  y  diversa  índole. 

En  cuanto  al  paso  del  Cristo  en  la  columna  ó  de 
Los  Azotes ,  aunque  algo  inferior  en  mérito  á  los 
anteriores,  no  deja  por  eso  de  revelar  en  algunos 
de  sus  detalles  el  cincel  del  maestro,  principal¬ 
mente  por  lo  que  se  refiere  á  actitudes  y  estudio 
del  natural. 

Además  de  estos  pasos,  que  constituyen  otros 
tantos  cuadros  plásticos,  ejecutados  con  el  primor 
á  propósito  para  producir  la  admiración  de  cuan¬ 
tos  los  contemplan,  esculpió  también  Salzillo  para 
la  misma  Cofradía  otras  imágenes  sueltas,  como 
son  la  de  la  mujer  Verónica ,  dulce  y  simpática;  la 
del  San  Juan ,  apuesto  y  bizarro,  y  la  de  la  Dolo- 
rosa,  creación  artística  incomparable,  y  feliz  ha¬ 
llazgo  del  genio,  obtenido  en  sus  excursiones  por 
las  profundidades  misteriosas  del  bello  ideal  y  en 
los  momentos  de  la  exaltación  imaginativa  más 
noble,  fecunda  y  religiosa,  siendo  por  ello  esta 
imagen  considerada  por  algunos,  no  sólo  como 


Digitized  by 


Google 


iJji'-té’MKY*'  Vi 


«SSfe?  *  v  ,•  j  *i\*m  »  % 

fi^SS^^  vv  ' 

Sry^JL'JU  >  3  -  ^Jr*  u  íafr 

^4i  í»  <“  ■  /™  ^  V  -  %  ^  *i^i<i  ^  Kn 


rví.  ,  «tv*  v 

iLái  \iMfll 


?  «fvv  ¿*tó 


C*^  -í 

lite* ' 


< 

l 


.  NOCHE  DEL  31  DE  MARZO  ÚLTIMO.  —  OVACIÓN  TRIBUTADA  A  S.  M.  LA  REINA  REGENTE. 


*  COMBA,) 


Digitized  by  ^.ooQie 


206  —  n.°  xiii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Abril  1898 


digna  de  poder  competir  con  el  mismo  Arcángel 
de  La  Oración ,  sino  hasta  superior  á  tan  extraor¬ 
dinaria  y  bellísima  escultura. 

Tales  son,  pues,  con  la  de  Juan  de  Rigustera, 
las  que  desde  hace  siglo  y  medio  vienen  saliendo 
en  la  procesión  del  Viernes  Santo,  conducidas  á 
hombros  de  nazarenos  vestidos  de  túnicas  mora¬ 
das,  y  las  que  desde  entonces  se  custodian  cuida¬ 
dosamente  en  la  iglesia  rotonda  de  Jesús,  propia 
también  de  la  misma  Cofradía,  en  camarines  y 
capillas  adecuadas,  algunas  de  las  cuales,  por  cier¬ 
to,  han  sido  modernamente  ensanchadas,  con  el 
fin  de  que  todos  los  apasionados  del  arte,  así  pro¬ 
pios  como  extraños,  que  tienen  el  gusto  de  visi¬ 
tarlas,  puedan  á  su  placer  admirar  tan  bellas  obras 
cómoda  y  convenientemente  (1). 

El  orden  que  llevan  en  la  procesión ,  que  sale  á 
las  seis  en  punto  de  la  mañana  para  retirarse  á  las 
once  próximamente  por  causa  de  su  dilatada  ca¬ 
rrera,  es  el  siguiente:  Paso  de  La  Cena;  ídem  de 
La  Oración  del  Huerto;  ídem  del  Prendimiento; 
ídem  de  Jesús  en  la  Columna;  ídem  de  La  Mu¬ 
jer  Verónica;  ídem  de  La  Calda;  ídem  de  Jesús 
Nazareno;  ídem  de  San  Juan ,  é  ídem  de  La  Do - 
lorosá. 

Entre  uno  y  otro  paso  van  en  parejas  acompa¬ 
ñando  un  gran  número  de  penitentes  nazarenos, 
ya  con  cruces,  ya  con  cirios,  cubierto  el  rostro  y 
con  piadosa  y  grave  compostura,  coya  ardiente 
devoción  hacia  estas  imágenes  de  la  pasión  del 
Salvador  les  impulsa  en  este  día  á  tomar  cada 
cual  su  cruz  y  seguirle;  contribuyendo  de  este 
modo  á  dar  mayor  esplendor  y  animación  á  esta 
fiesta  religiosa,  que  es,  sin  disputa,  la  más  seria 
y  solemne  de  cuantas  de  esta  clase  se  celebran  en 
Murcia. 

Es  verdadera  lástima  que  no  la  conozcan  ma¬ 
yor  número  de  forasteros  de  los  que  hasta  ahora 
han  tenido  la  dicha  de  admirarla;  pero  es  in¬ 
dudable  que  el  lucimiento  de  estas  preciosidades 
esculturales  aumenta  infinitamente  más  al  ser 
contempladas  en  la  calle  con  el  adorno,  la  sun¬ 
tuosidad  y  el  lujo  que  llevan  en  esta  procesión 
magnífica. 

José  Pío  Tejera. 


SOLILOQUIO  DE  UN  ALMA  Á  DIOS. 


Dulcísima  vida  mía 
En  quien  la  inmortal  está, 

Por  quien  vivo  y  por  quien  ya 
Morir  mil  veces  querría. 

Cuando  en  esa  cruz  os  miro, 
Puesto  que  tantas  se  os  ven, 

No  tenéis  llaga,  mi  bien, 

Que  no  me  cueste  un  suspiro. 

Queda  el  sentimiento  en  calma 
Del  consuelo  que  procuro, 
Porque  pienso  que  las  curo 
Con  el  aliento  del  alma. 

Entristézcome  de  suerte 
Que  á  veces,  Señor,  quisiera 


(1)  Para  estas  y  otras  mejoras  de  considerable  importancia, 
relativas  á  la  conservación  esmerada  de  estas  estatuas,  recibió 
hace  unos  pocos  años  la  Cofradía,  de  su  antiguo  mayordomo  de¬ 
cano  D.  José  Elgueta,  un  respetable  legado,  ya  en  gran  parte 
invertido.  Las  capillas  hasta  ahora  ensanchadas  y  renovadas 
son  la  de  la  Oración  del  Huerto,  construida  de  nuevo,  y  las  de 
La  Cena  y  Prendimiento,  en  las  cuales,  entre  otros  buenos  de¬ 
talles,  ha  tenido  la  Cofradía  el  pensamiento  de  colocar  los  cua- 
d ritos  que  á  continuación  copiamos,  por  enterar,  como  enteran, 
al  forastero  y  al  investigador  de  ciertos  curiosos  pormenores 
dignos  de  saberse: 

El  del  paso  de  La  Cena  dice:  «Se  concluyó  este  paco  por  el 
insigne  D.  Francisco  Salzillo  en  el  año  de  1763,  y  fué  pagado 
por  la  Ilustre  Cofradía  de  N.  P.  Jesús  Nazareno,  en  24  de  Abril, 
en  la  cantidad  de  27.749  reales;  incluyendo  en  dicho  precio  los 
taburetes,  silla  de  Jesús,  tornillos,  potencias  de  plata  y  porte 
de  las  tres  varas  de  haya,  desde  Cartagena,  de  donde  las  remi¬ 
tieron  de  regalo.  =  Sustituyó  este  paso  al  de  La  Mesa  de  los 
Apóstoles ,  obra  de  D.  Nicolás  Salzillo.  =  Lo  conducen  en  la  pro¬ 
cesión  26  nazarenos,  que  llevan  de  peso  1.312  kilogramos,  equi¬ 
valente  114  arrobas  y  una  libra,  según  se  comprobó  el  día  4  de 
Marzo  de  1896.» 

El  del  Prendimiento:  «Concluyóse  este  paso,  ejecutado  por  el 
insigne  D.  Francisco  Salzillo,  en  el  año  de  1763,  y  fué  pagado 
por  la  Ilustre  Cofradía  de  Nuestro  P.  Jesús  Nazareno,  en  24  de 
Abril,  en  la  cantidad  de  8.602  reales.  =  Lo  conducen  en  la  pro¬ 
cesión  24  nazarenos,  que  llevan  de  peso  695  kilogramos,  equiva¬ 
lente  á  60  arrobas  y  10  libras,  según  se  comprobó  el  día  4  de 
Marzo  de  1896.» 

Y  el  de  La  Oración :  «En  las  cuentas  de  la  Ilustre  Cofradía  de 
Jesús,  correspondientes  al  año  de  1754,  consta  que  se  concluyó 
este  paso  en  dicho  año  por  el  escultor  D.  Francisco  Salzillo  y 
en  la  cantidad  de  siete  mil  quinientos  reales,  en  esta  forma :  = 
Por  la  cabeza,  manos  y  pies  de  Jesús,  600.  =  Por  cada  uno  de 
los  tres  Apóstoles,  1.500.=Por  el  Angel,  2.000.=Por  Jas  andas, 
varas  y  nube  plateada,  400.  =  Lo  llevan  en  la  procesión  28  na¬ 
zarenos.» 

Suponemos  que  el  digno  Presidente  de  esta  Ilustre  Cofradía 
continuará  poniendo  en  las  demás  capillas  que  se  vayan  arre¬ 
glando  estos  curiosos  datos ,  desconocidos  hasta  hace  poco  del 
público  y  muy  apreciados  de  los  eruditos  y  artistas. 


Que  un  ángel  por  Vos  muriera 
Por  no  sentir  vuestra  muerte. 

Mas  luego  vuelvo,  mi  Dios, 

Á  pensar  que  me  obligara 
Tanto ,  que  me  enamorara 
Como  yo  lo  estoy  de  Vos. 

Mejor  es  que  á  Vos  os  deba, 
Dulce  Jesús,  tanto  amor, 

Aunque  ver  vuestro  dolor 
A  tanto  dolor  me  mueva. 

Cuando  niño,  os  contemplaba 
Niño  en  brazos  de  María, 

Y  en  su  divina  alegría 
Tiernamente  me  alegraba. 

Cuando  vuestra  Madre  sale 
Con  tal  agnus  por  joyel, 

No  hay  rosa,  lirio  y  clavel 
Que  vuestra  hermosura  iguale; 

Mas  cuando  Cristo  amoroso 
De  la  cruz  pendiente  os  ven, 

Como  me  hacéis  mayor  bien, 

Me  parecéis  más  hermoso. 

Porque  con  esas  corrientes 

Y  llagas  dulces  y  hermosas, 

Todo  sois  lirios  y  rosas, 

Todo  jardines  y  fuentes. 

Que  esas  espinas  divinas 
Son  para  enseñar,  mi  Dios, 

Que  aunque  sois  jardín,  en  Vos 
Se  ha  de  entrar  por  las  espinas. 

Pues  dejadme  entrar,  Señor, 

A  coger  rosas  tan  bellas; 

¡Descanse  el  alma  con  ellas, 

Que  se  desmaya  de  amor! 

Causáis  amor  tan  profundo 
Muerto  de  amores,  mi  Dios, 

Que  envidio  los  que  por  Vos 
Parecen  locos  al  mundo. 

No  hay  amor,  no  hay  voluntad, 
En  cuantos  el  mundo  admira, 
Porque  todos  son  mentira 

Y  sólo  amaros  verdad! 

Rebelde  estuve  primero, 

Y  en  ofenderos  constante; 

Mas  ya  labró  mi  diamante 
La  sangre  de  ese  Cordero. 

No  le  tengáis  en  prisión; 

Dad  lugar,  oh  cruz  siiave, 

A  que  los  brazos  desclave 
Para  que  me  dé  el  perdón. 

Que  pienso,  aunque  le  ofendí 
Con  tanta  inmortal  ilaqueza, 

Que  ha  bajado  la  cabeza 
Para  decirme  que  sí. 

Pero  dejadme  llorar, 

Que,  aunque  habéis  por  mí  pagado, 
Ya  para  el  menor  pecado 
Me  parece  corto  el  mar. 

Lope  de  Vega. 


EL  CACAO,  EL  CHOCOLATE  Y  EL  AYUNO. 


caca^üa^  ó  cacaguate,  árbol  del  ea- 
cao,  constituía,  según  las  tradiciones 
religiosas  de  algunas  provincias  de  la 
m.  Nueva  España,  uno  de  los  más  bellos 
ornamentos  del  paraíso  terrestre,  si- 
tuado  en  los  alrededores  de  Tula,  ciudad 
*ry»  antiquísima,  cuyas  ruinas  subsisten  cerca 
de  la  actual  aldea  de  Ocasingo,  en  el  Estado 
de  Chiapas,  y  lugar  del  que,  según  muchas 
leyendas,  partieron  las  predicaciones  del  fa¬ 
moso  profeta  Quetzalcoatl,  símbolo  maravilloso 
de  la  civilización  americana  desde  el  Amazonas 


al  Mississippí. 

Fuente  el  prodigioso  árbol  de  inagotable  riqueza 
para  las  regiones  del  Nuevo  Mundo  comprendidas 
entre  el  Yucatán,  Venezuela  y  Guayaquil,  no  es 
maravilla  que  los  adeptos  del  profeta,  hombre 
blanco  y  barbudo,  por  cierto,  rindieran  fervoroso 
culto  á  su  divino  bienhechor  bajo  el  nombre  de 
Votán,  nombre  que  nada  tiene  que  ver  con  el 
Wodam  de  la  mitología  germánica. 

Con  razón  llama,  pues,  Fernández  de  Oviedo  al 
árbol  del  cacao  «el  árbol  de  todos  el  más  presciado 
entre  los  indios  y  su  tesoro»;  y  el  P.  Bernabé 
Cobo,  «una  de  las  plantas  de  que  mayor  estimación 
hacían  los  indios  de  la  Nueva  España  antigua¬ 
mente,  y  al  presente  los  españoles  que  moran  en 
estas  Indias,  y  aun  los  habitadores  de  la  mayor 
parte  de  Europa,  y  de  cuyo  fruto  se  ha  venido  á 
hacer  la  granjeria  más  copiosa  y  rica  de  cuantas 
se  practican  en  estas  Indias». 

Dos  aplicaciones  principales,  sin  contar  algu¬ 


nas  otras  menos  importantes,  tenían  las  almen¬ 
dras  de  cacao  entre  los  indígenas  americanos,  an¬ 
teriormente  á  la  conquista  española:  una,  como 
moneda  y  especie  tributaria;  otra,  como  bebida 
denominada  chocolate. 

Los  calmhunis ,  ó  gentes  ricas  de  Guatemala  y 
Nicaragua,  miraban  el  cacao  con  la  misma  estima¬ 
ción  que  los  españoles  y  otros  pueblos  el  oro  y  la 
plata,  porque  con  él  compraban  todas  las  cosas  que 
necesitaban:  un  conejo  valía  diez  almendras ;  ocho 
nísperos  de  la  tierra  ó  munon- zapotes,  cuatro; 
ciento  un  esclavo. 

Convertido  el  cacao  por  los  soberanos  aztecas 
en  una  especie  de  regalía  de  la  Corona,  pagábase 
en  dicha  especie  el  tributo  por  los  productores  del 
fruto  con  arreglo  á  la  calidad  del  mismo,  variable 
en  cada  región,  siendo  más  fino  el  de  Soconusco, 
como  también  sucede  ahora. 

Desechado  para  las  grandes  transacciones  des¬ 
pués  de  la  introducción  de  la  moneda,  subsistió 
largo  tiempo  todavía  para  las  pequeñas  por  el  po¬ 
der  de  la  costumbre,  prefiriéndole  indígenas  y  es¬ 
pañoles  al  vellón,  mirado  en  Nueva  España  con 
universal  desprecio  cuando  en  dicho  virreinato 
quiso  introducirse. 

El  valor  del  cacao,  al  igual  de  todos  los  valores, 
fiuctuante,  se  regulaba  por  cargas,  cada  una  de  las 
cuales  constaba  de  veinticuatro  mil  almendras,  ó 
sea  unas  ochenta  y  una  libras,  cuyo  precio  fué  al 
principio  de  cuatro  á  cinco  pesos  de  oro  común  en 
los  mercados  productores,  diez  á  doce  en  Méjico 
durante  la  segunda  mitad  del  siglo  de  la  Conquis¬ 
ta,  cincuenta  al  comenzar  el  siglo  xvn,  y  hasta 
diez  ó  doce  pesos  el  millar  de  almendras  años  más 
tarde,  no  obstante  haberse  en  gran  manera  exten¬ 
dido  las  plantaciones  en  Guayaquil  y  los  Yuncas, 
región  esta  última,  según  afirma  el  P.  Bernabé 
Cobo,  en  que  no  necesitaba  el  árbol  tantos  cuida¬ 
dos  como  en  Guatemala  y  Venezuela. 

Generalizado  en  la  Nueva  España  para  las  ven¬ 
tas  menudas,  no  faltó  tampoco  en  la  metrópoli,  y 
lo  consignamos  como  hecho  curioso,  quien,  con 
motivo  de  las  frecuentes  crisis  monetarias  por 
que  pasaba  nuestro  mal  traído  y  peor  llevado  ve¬ 
llón,  propusiera,  en  los  comienzos  del  reinado  de 
Felipe  IV,  su  introducción  en  la  Península.  De¬ 
fendió,  entre  otros,  semejante  arbitrio  el  eru¬ 
dito  Fray  Pedro  de  León,  lector  de  Teología  y  re¬ 
gente  de  los  estudios  en  San  Basilio,  de  Salamanca, 
en  atención,  conforme  dice,  á  la  sequedad  y  dura¬ 
ción  de  las  almendras  de  cacao,  á  la  dificultad  de 
poder  extraerse  de  la  Península  ni  circular  sin 
grave  perjuicio  por  los  países  extranjeros,  á  ser  su 
cultivo  exclusivo  en  Indias,  y  á  otros  razonamien¬ 
tos  ingeniosos,  si  bien  desprovistos  de  sentido 
económico,  entre  los  que  merece  especial  men¬ 
ción  la  pretendida  imposibilidad  de  falsificarse, 
puesto  que  aun  antes  de  la  conquista  solían  ha¬ 
cerlo  los  mismos  indios,  rellenando  de  tierra  los 
hollejos  de  la  almendra  después  de  sacada  ésta,  y 
volviéndolos  á  pegar  con  gran  arte  y  no  menos 
sutileza. 

Pero  entre  todas  las  aplicaciones  del  cacao,  nin¬ 
guna  hay,  sin  embargo,  más  conocida  que  el  cho¬ 
colate,  regalo  de  golosos,  aliménto  de  sanos,  me¬ 
dicina  de  enfermos,  y  bebida,  como  le  llamó  Linr 
neo,  digna  de  los  dioses.  Sobre  él  se  han  escrito 
libros,  apologías,  diatribas,  canciones,  sátiras  y 
sonetos  capaces  de  formar  una  bibliografía  bas¬ 
tante  curiosa  y  nutrida  para  satisfacer  la  pasión 
de  los  glotones  literarios. 

Pongamos,  pues,  á  contribución  algunos  de  los 
aludidos  libros:  « Destas  almendras — leemos  en 
uno  de  los  más  antiguos — los  señores  e  principa¬ 
les  hacen  cierto  bevraje  (sic),  como  aquí  se  dirá, 
que  ellos  tienen  en  mucho:  e  no  lo  usan  sino  los 
poderosos  e  los  que  lo  pueden  hacer,  porque  la 
gente  común  no  usa  ni  puede  usar  con  su  gula  o 
paladar  tal  bevraje ,  porque  no  es  más  que  empo¬ 
brecer  adrede,  o  tragarse  la  moneda  o  echalla 
donde  se  pierde...... 

Hemos  señalado  con  bastardilla  la  afirmación 
dS  no  usar  la  tal  bebida  la  gente  común,  por  no 
ser  del  todo  exacta,  pues  es  cosa  averiguada  que 
la  usaban  todos  en  las  provincias  productoras,  si 
bien  de  clases  muy  distintas:  finas  y  superiores 
los  ricos,  que  mezclaban  con  la  almendra  vaini¬ 
llas,  ajiy  otros  productos;  inferiores  y  ordinarias 
el  vulgo,  que  la  componía  con  canela  de  la  tierra 
y  achiote ,  á  fin  de  dar  gusto  y  color  á  la  pasta. 

Veamos  ahora  cómo  elaboraba  este  rudimentario 
chocolate  la  gente  plebeya,  elaboración  de  que  nos 
da  prolijos  y  curiosos  pormenores  el  buen  Gonzalo 
de  Oviedo. 

«Tuestan — dice — aquellas  almendras  como  ave* 
llanas  muy  tostadas,  e  después  muélenlo;  e  como 
aquella  gente  es  amiga  de  beber  sangre  humana, 
para  que  este  bevraje  parezca  sangre,  échanle  un 
poco  de  bixa,  de  forma  que  después  se  torne  colo¬ 
rado  :  e  molido  el  cacao  sin  la  bixa  paresce  de  co- 


Digitized  by  AjOOQle 


8  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xiii  —  207 


lor  pardo.  E  después  que  está  muy  bien  molido  en 
una  piedra  de  moler,  passado  e  remolido  quatro  o 
cinco  veces,  echándole  un  poco  de  agua  al  moler, 
hácese  una  pasta  espesa,  e  aquella  massa  guárdas- 
se  fecha  un  bollo;  e  quando  lo  quieren  beber  ha 
de  haber  passado,  después  que  se  molió,  quatro  o 
cinco  horas  á  lo  menos  para  estar  bueno,  e  mejor 
desde  la  mañana  á  la  noche,  e  mejor  está  para 
otro  día  (como  lo  recomendaba  Brillat-Savarin),  e 
assi  se  tiene  cinco  o  seis  días  más . 

»E  aquella  pasta  tiéndansela  por  los  carrillos  e 
barba  e  sobre  las  narices,  que  paresce  que  van 
embarrados  de  lodo  ó  barro  leonado,  e  alguno  muy 
roxo,  porque  mezclan  bixa  con  ello;  e  después  que 
lo  han  assi  tendido  ellos  e  las  mujeres,  aquel  pien¬ 
san  que  va  más  galán  que  más  embarrado  va;  e 
assi  se  van  al  mercado  o  hacer  lo  que  les  convie¬ 
ne;  e  de  rato  en  rato  chúpanse  aquel  su  aceyte, 
tomándole  poco  a  poco  con  el  dedo.  Ello  a  la  vista 
de  los  Chrisptianos  paresce  y  es  mucha  suciedad; 
mas  a  aquellas  gentes  ni  les  parece  asqueroso,  ni 
mal  fecho,  ni  cosa  inútil;  porque  con  aquello  se 
sostienen  mucho  e  les  quita  la  sed  e  la  hambre,  e 
los  guarda  del  sol  e  del  ayre  la  tez  de  la  cara.» 

La  receta  de  este  chocolaie  de  pobres  no  puede 
ser  más  sencilla:  por  cada  treinta  almendras  echa¬ 
ban  un  cuartillo  de  agua,  hacían  hervir  la  mezcla 
y  la  vertían  para  tomarla  en  otro  cacharro  desde 
cierta  altura  á  ñn  de  que  levantara  mucha  espuma. 

El  de  los  ricos  era  otra  cosa,  sin  llegar  á  los  re¬ 
finamientos  de  Brillat-Savarin  y  de  algunos  fabri¬ 
cantes  modernos.  Junto  con  el  cacao  tostado  y 
molido  mezclaban  los  elegantes  de  Nueva  España 
muchas  otras  cosas  exquisitas,  en  conformidad  de 
sus  gustos  y  aficiones,  por  ejemplo,  achiote ,  ó  bixa 
Orellana,  vainillas,  orejuelas,  miel,  canela,  algu¬ 
nas  especies  de  flores  secas,  chile  ó  aji  (pimienta), 
y,  en  fin,  lo  que  cada  cual  quería. 

Gomara  refiere  que  en  las  comidas  de  Moctezu¬ 
ma  se  servía  el  cacao  con  verdadera  profusión  en 
magníficas  jarras  de  oro  y  plata;  y  otro  historia¬ 
dor,  que  al  entrar  el  Emperador  en  el  harén  toma¬ 
ba  siempre  para  confortarse  una  gran  taza  de  cho¬ 
colate,  servido  en  espléndido  caparazón  de  tortuga 
incrustado  de  pedrería,  que  arrojaba  con  su  mano, 
después  de  beber,  al  lago  que  rodeaba  su  palacio, 
como  el  Rey  de  Tulé. 

Todo  debe  decirse,  sin  embargo.  El  chocolate 
repugnaba  al  principio  á  los  españoles,  por  su  co¬ 
lor  algo  pardo,  su  espuma  poco  agradable  y  su  sa¬ 
bor  bastante  amargo;  pero  introducida  en  Amé¬ 
rica  la  caña  de  azúcar,  fuéronse  aficionando  á  la 
gustosa  poción,  hasta  el  punto  de  hacerse  la 
bebida  más  habitual  y  apreciada  entre  indios  y 
españoles  de  la  Nueva  España:  con  ella  obsequia¬ 
ban  los  primeros  á  los  señores  que  pasaban  por- 
su  tierra;  con  ella  se  regalaban  a  todas  horas  los 
últimos,  sobre  todo  las  españolas  naturalizadas  en 
aquellos  países,  que  se  morían  por  el  negro  choco¬ 
late ,  como  le  llama  el  P.  Josef  de  Acosta,  quien 
dice  abusaban  tanto  de  esta  bebida  que  se  la  ha¬ 
cían  servir  por  sus  esclavas  en  la  misma  iglesia, 
dando  motivo  en  ocasiones  á  severas  reprensiones 
episcopales  y  á  deserciones  de  ciertos  templos 
donde  no  se  toleró  el  exceso,  para  asistir  á  otros, 
generalmente  de  monjas,  en  que  no  encontraban 
las  damas  impedimentos  á  su  gula. 

Hemos  dicho  más  arriba  que  existe  una  biblio¬ 


grafía  entera  y  curiosa  en  España  acerca  del 
chocolate,  y  así  es  la  verdad.  El  Dr.  Juan  de 
Cárdenas,  en  el  libro  titulado  De  los  proble¬ 
mas  y  secretos  maravillosos  de  las  Indias ,  im¬ 
preso  en  Méjico  en  el  año  1591,  trata  extensa¬ 
mente,  en  el  libro  II,  capítulo  VIII,  acerca  del 
chocolate  y  de  la  manera  de  fabricarle.  En  con¬ 
cepto  de  nuestro  doctor,  el  cacao  para  hacerle 
bueno  debe  ser  añejo  por  ser  más  mantecoso 
que  el  nuevo,  mientras  han  de  elegirse  los  otros 
materiales  entre  los  mejores  y  más  frescos  que 
se  encuentren. 

La  dosis  ordinaria  era  esta :  cien  almendras 
de  cacao;  media  onza  de  especias,  tanto  de  Cas¬ 
tilla,  canela,  anís,  ajonjolí,  como  de  Indias,  tos¬ 
tadas  todas  ellas,  si  bien  aparte  del  primero, 
hasta  que  éste  tome  el  color  negro,  y  las  especias 
el  color  rojo  obscuro.  Es  de  condenar,  añade  el 
autor,  el  uso  de  los  confiteros,  que  dejan  el  ca¬ 
cao  casi  crudo  para  que  éste  pese  más.  Bien  ba¬ 
tido  el  chocolate,  no  debe,  con  todo,  beberse  la 
espuma,  por  ser  indigesta,  propensa  á  ciertas 
molestias  de  estómago  é  inspirar  en  muchas 
personas  terribles  tristezas. 

Las  damas  guatemaltecas  alcanzaron  grande 
fama  en  la  elaboración  del  exquisito  producto, 
y  á  ellas  se  debe  la  invención  de  hacerlo  en  ta¬ 
bletas,  que  deshacían  en  agua  caliente,  choco¬ 
late  de  señores  sumamente  apreciado,  a  al  que 
daban  mucha  gracia  con  su  puntica  de  dulce». 

Ei  más  común  era  una  especie  de  polcada 
hecha  con  maíz,  llamada  atule ,  usado  por  to¬ 
das  las  plazas  y  calles  mejicanas,  y  el  mezcla¬ 
do  con  harina  tostada  de  cebada,  que  resultaba 
muy  fresco. 

Otro  médico  notable,  el  Dr.  Juan  de  Barrios, 
en  la  obra  que  tituló:  Libro  en  el  qual  se  trata 
del  chocolate  y  qué  jrrovechos  HAGA.....  y  qué  rece¬ 
tas  conviene  para  cada  persona  y  etc.,  impreso 
igualmente  en  Méjico  en  1609,  da  saludables 
consejos  y  suministra  algunas  recetas  para  ha¬ 
cer  chocolate,  no  sólo  conforme  al  temperamento 
de  cada  persona,  sino  también  conforme  al  sexo 
de  las  mismas.  Recomienda  á  los  sanguíneos  el 
chocolate  con  agua  y  sin  estimulantes  de  ningún 
género,  poco  anís,  chile  y  azúcar,  y  nada  de  ámbar 
ni  almizcle  para  las  mujeres. 

Los  flemáticos  deben  tomarle ,  al  contrario,  con 
todos  los  excitantes  á  los  anteriores  prohibidos,  y 
beber  la  poción  cuanto  más  caliente  puedan.  Los 
biliosos,  sin  chile  ó  pimiento  de  Chiapa,  con  cosas 
de  buen  olor,  como  el  almizcle,  y  beberle  con  atule 
tibio.  Como  sé  ve,  los  españoles  del  siglo  XVI  co¬ 
nocían  ya  los  chocolates  de  salud . 

Dejando  á  un  lado,  pues  la  materia  es  prolija, 
algunas  otras  preparaciones  del  cacao  en  confitu¬ 
ra,  grajeas,  el pinoli  ó  cacao  frío,  hecho  con  maíz 
tostado,  pimiento  y  azúcar,  digamos  algunas  pala¬ 
bras,  para  concluir,  acerca  de  la  famosa  cuestión 
tan  debatida  en  América  y  en  España  desde  hace 
más  de  trescientos  años,  sobre  si  el  chocolate  que¬ 
branta  ó  no  quebranta  el  ayuno. 

Divididas  las  opiniones  de  canonistas,  teólogos 
y  médicos  en  lo  relativo  á  este  punto,  pasa  como 
doctrina  corriente,  á  mediar  del  siglo  XVII,  que 
el  chocolate  es  un  líquido,  y  que  liquidum  non 
frangitjejuniumy  como  sostuvo  el  P.  Brancaccio, 
en  su  libro  De  potu  et  uso  chocolatae  diatriba  y  que 

le  valió,  según  dicen, 
el  capelo  cardenali¬ 
cio;  polémica  en  que 
intervinieron  la  cé¬ 
lebre  Maintenon  y  la 
Princesa  de  los  Ursi¬ 
nos,  que  defienden  el 
parecer  de  los  más 
razonables  teólogos. 

Con  gusto  diría¬ 
mos  algo  sobre  las 
falsificaciones  del 
chocolate  en  el  si¬ 
glo  xvn,  falsificacio¬ 
nes  de  que  á  cada 
paso  se  quejan  los  es¬ 
critores  de  aquellos 
tiempos;  mas  como 
quiera  que  en  este 
punto  los  fabrican¬ 
tes  modernos  han 
continuado  y  aun 
perfeccionado  la 
tradición,  termina¬ 
remos  diciendo  que, 
hasta  acerca  de  estas 
adulteraciones,  es 
verdad  ei  conocido 
adagio:  Nihil  novum 
sub  solé . 

Angel  Stor. 


LA  SEMANA  SANTA  EN  MURCIA. -^jcl  prendimiento. 
Escultura  de  F.  Salzillo. 


LA  SEMANA  SANTA  EN  MURCIA.  — la  verónica. 
Escultura  de  F.  Salzillo. 


E  3C T IS  aS*  .A.  S . 


LAS  CAMPANADAS  DE  LA  PASCUA. 


qüel  súbito  repiquetear  de  las  campa* 
naB  qUe  lanzó  al  espacio  la  cabeza  de 
yy  la  torre,  coronó  la  catedral  con  un 
L  himno  de  alegría.  Al  Gloria  ferviente 
brotado  entre  la  niebla  del  incienso 
en  el  presbiterio,  bajo  la  vieja  nave  gó- 
tica,  respondía  el  alto  mechinal  ente¬ 
jé  nando  el  canto  de  la  resurrección  con 
sus  lenguas  de  bronce.  Fué  un  estallido  de 
*  notas.  Diríase  que  los  esquilones,  mudos  du¬ 
rante  dos  días,  desentumecíanse  y  arrojaban  al 
aire  las  vibrantes  voces,  abiertas  las  alas. 

Buen  rato  duró  el  concierto  sacro  en  la  cúspide 
de  la  torre,  sin  cesar  de  contestarse  las  campanas 
unas  á  otras.  Sobre  el  coro  de  voces  finas  de  las 


pequeñas,  atropellándose  en  un  volteo  loco,  resal¬ 
taba  de  cuando  en  cuando  el  acento  de  la  mayor, 
pausado  y  grave,  como  si  pretendiera  ponerlas  en 
orden.  Tenían  aquellas  campanadas  ecos  de  triun¬ 
fo.  Por  su  lengua  argentina  hablaba  la  divina  pa¬ 
labra,  promulgando  su  inmortalidad;  y  mientras 
la  serena  mañana  envolvía  con  su  luz  la  catedral, 
y  el  sol  encendía  sus  agujas  ojivales  y  sus  vidrie¬ 
ras  de  colores,  allá  iban  volando,  volando  á  los 
cuatro  vientos,  las  celestes  armonías,  como  un 
manantial  de  inagotables  burbujas. 

Al  cabo  cesó  el  volteo,  y  entonces  las  aves,  los 
únicos  seres  que  podían  distinguirlo,  vieron  en  el 
aire  una  cosa  singular.  Algunas,  después  de  volar 
á  lo  largo  de  los  campos,  otras  en  seguida  de  ten¬ 
der  el  vuelo  desde  la  torre,  todas  en  las  alturas  del 
espacio,  iban  tomando  forma  corporal  las  campa¬ 
nadas  conforme  subían;  contornos  suavísimos  de 
mujeres  delgadas,  apenas  envueltas  en  jirones  de 
nubes,  suelta  la  flotante  cabellera,  remontándose 
con  actitudes  de  pájaroí  pero  sin  ayuda  de  alas, 
como  si  pesaran  menos  que  el  aire  y  ascendieran 
por  propia  virtualidad.  Y  enían  de  los  cuatro  con¬ 
fines  de  la  tierra  en  bandadas  y  sueltas;  ya  un 
compacto  pelotón,  ya  una  sola.  Y  al  encontrarse 
sonreíanse  con  una  sonrisa  llena  de  claridades  de 
amanecer,  y  se  miraban  con  sus  ojos  henchidos 
de  parpadeos  de  estrellas. 

Pero  lo  extraño  de  tales  mujeres  no  era  su  as¬ 
pecto  de  sombras  con  vida,  su  falta  de  pesantez 
que  dejaba  sospechar  la  absoluta  carencia  de  carne 
en  sus  cuerpos,  sino  su  voz.  Al  reunirse  se  habla¬ 
ban,  y  su  acento  no  resultaba  humano;  tenían  vi¬ 
braciones  sonoras,  dejos  metálicos,  timbres  de 
bronce  de  tonos  distintos  y  afinados  que  repercu¬ 
tían  en  el  aire  ondulando;  tenían  por  palabra  una 
campanada,  pero  una  campanada  jubilosa,  radian¬ 
te,  espléndida,  de  gran  alegría,  que  hacía  brillar 


Digitized  by  ^.ooQie 


>x^\\v\v\\\mi  m  'imr  rrir/w//Af////  />?; 


FRANCISCO 

oALCILLO 

.MURCIA 

MDCCXXXVitl--; 


208  —  N.#  xui 


ilustración  española  y  americana 


8  Abril  1893 


vSv* 


vn 


m 


LA  SEMANA  SANTA  EN  MURCIA.— mater  dolorosa.—  cristo  en  la  columna.— san  juan.— la  caída. 

(Composición  de  José  Arija.) 


Digitized  by 


Google 


n.°  xin  —  209 


Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


los  átomos  en  la  misma  luz  matinal 
á  pesar  de  los  rayos  del  sol,  Y  ve¬ 
nían*  todas  cantando  por  el  espacio, 
entonando  himnos  de  fiesta  en  los 
que  brotaban  alabanzas  y  saluta¬ 
ciones. 

—  Somos  las  campanadas  de  la  ca¬ 
tedral  de  las  catedrales  —  cantaba 
un  grupo  de  aéreas  mujeres  de  ojos 
azules  y  cabellos  de  trigo,  con  unas 
vpcecitas  finísimas,  «ojivales», — la 
de  Colonia,  la  de  encaje,  la  cons¬ 
truida  sobre  los  bloques  de  la  leyen¬ 
da,  la  que  por  primera  vez  hizo  to¬ 
car  la  campanilla  al  alzar  para  que 
lá  muchedumbre  se  arrodillase. 
Nuestro  vuelo  de  Pascua  bebe  su 
frescura  en  el  viejo  Rhin,  el  sagra¬ 
do  río  germánico,  y  al  oirnos  galo¬ 
par  sobre  sus  tejados  agudo*,  toda 
la  ciudad  se  estremece  con  el  inque¬ 
brantable  orgullo  de  su  Edad  Media. 

Otras  deidades  blancas  también, 
de  cabellera  más  obscura,  do  igual 
acento  argentino  y  tenue,  con  in¬ 
flexiones  que  recordaban  lo  aéreo 
del  gótico,  venían  cantando: 

— Aquí  estamos  las  campanadas 
de  la  catedral  «latina»,  de  Nuestra 
•Señora  de  París,  la  que  triunfó  de 
los  albigenses.  Desde  el  siglo  xili 
glorificamos  1  a  Resurrección  con 
nuestros  acentos,  y  á  pesar  del  olvi¬ 
do  de  su  pasado,  todavía  la  gran  ca¬ 
pital  se  arrodilla  al  oirnos,  y  reza  y 
nos  ama. 

*  —Nosotras  somos  las  campana¬ 
das  del  monasterio  del  Escorial  — 
cantaba  un  pelotón  de  ronco  y  gra¬ 
ve  tono,  lleno  de  austeridad, —  y  to¬ 
das  las  Pascuas  volamos  desde  sus 
maniposterías  greco-romanas,  cae¬ 
mos  de  la  montaña  para  recordar  á 
los  españoles  que  la  fe  católica  lué 
la  piedra  miliar  de  su  grandeza.  El 
espíritu  dé  Felipe  II  vive  en  nues¬ 
tros  badajos. 

— Aquí  llegan  las  campanadas  de 
la  Giralda — y  las  beldades  que  así 
gritaban  eran  de  tez  morena  y  ne¬ 
gro  peló,  y  sas  ojos  resplandecían 
como  los  de  ningunas  otras  viaje- 


JESÚS  NAZARENO, 

IMAGEN  QUE  SE  VENERA  EN  LA  IGLESIA  DE  SAN  JUAN  DE  LETRÁN,  EN  MONTORO  (CÓRDOBA). 

(De  fot: grafía.) 


ras,  pareciendo  más  mujeres  que 
ángeles.  Nosotras  somos  las  de  la 
Semana  Santa  de  fama  universal,  y 
nuestros  benditos  ecos,  al  azotar  el 
aire,  le  dejan  impregnado  dó  olor  á 
jazmín.  Nosotras  cumplimos  con  la 
Iglesia,  y  después  de  entonar  el 
himno  de  la  Pascua,  volteamos  el 
de  la  feria.  ¡Viva  la  cristiana:  Sevilla! 

Las  campanadas  germánicas,  las 
francesas,  hasta  las  bravias  escuria- 
lenses,  acentuaron  la  luz  de  su  son¬ 
risa  al  oir  á  las  andaluzas.  Y  se  en¬ 
tremezclaron  cogiéndose  de  las  ma¬ 
nos  y  besándose  con  besos  que  eran 
otras  tantas  tocatas  de  carrillón. 
Las  deidades  históricas  seguían  acu¬ 
diendo.  Tan  pronto  sonaba  el  bor¬ 
dón  del  Kremlin  de  Moscou,  como 
el  campanile  de  San  Marcos  de 
Venecia. 

Apartada  de  las  demás,  la  cabeza 
baja,  el  desaliento  en  el  semblante, 
manifestando  una  honda  tristeza, 
volaba  una  campanada  solitaria.  Se 
la  hubiera  tomado  por  la  imagen  del 
dolor.  Rehuía  el  acercarse  á  sus  com¬ 
pañeras,  y  caminaba  muda.  Había 
sido  advertida  sin  embargo. 

— ¿Quién  es  ésa? — preguntó  con 
tintineo  de  plata  una  campanada  de 
la  catedral  de  Toledo. 

— No  lo  sabemos — la  replicó  la 
mesurada  esquila  de  la  cartuja  de 
Pavía. 

— ¿Qué  la  pasará? 

— Va  llorando. 

—Es  la  única  triste  de  la  Pascua. 

El  desfile  de  aéreas  beldades  pro¬ 
seguía.  Detrás  de  las  campanadas 
históricas  remontábanse  las  campa¬ 
nadas  humildes,  las  escapadas  de 
las  torres  vulgares,  de  las  iglesias 
no  monumentales,  de  las  fábricas 
donde  ne  hay  nada  grande  sino  la 
oración.  Y  también  cantaban  todas 
su  himno. 

— Nosotras  somos  la  alegría  del 
campo,  y  cuando  la  Pascua  nos  des¬ 
pide  de  la  torre,  la  Naturaleza  en¬ 
tera  sonríe  al  sentirnos  caer  sobre 
ella  como  un  rocío  dé  amor.  La  pri- 


ROM  A.  —  BENDICIÓN  DE  Sü  SANTIDAD  LEÓN  XIII  EN  LA  PLAZA  DE  SAN  PEDRO. 

(De  fotografía.) 


Digitized  by  v^.ooQie 


210  —  n.°  xni 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


8  Abril  1898 


mavera  es  la  más  hermosa  de  las  cuatro  estacio¬ 
nes,  porque  la  beudiceu  nuestras  campanadas. 

— Nosotras  venimos  del  mar,  y  cuantos  buques 
encontramos  á  lo  largo  de  la  costa  nos  saludan  con 
sus  salvas,  sus  sirenas  ó  sus  velas.  Es  una  voz  que 
no  desoye  nunca  el  navegante,  porque  bajo  las 
amenazas  del  Océano  se  nos  ama  como  desde  nin¬ 
gún  otro  sitio. 

—  Nosotras  procedemos  de  la  selva,  y  allí  nos 
hacen  el  coro  saludando  á  la  Resurrección  los  pi¬ 
nos  con  sus  liras  y  la  brisa  con  su  flauta.  Y  cuando 
nos  desparramamos  por  el  arbolado,  todas  las  co¬ 
pas  «prorrumpen»  en  un  sollozo. 

— Las  soledades  de  la  cordillera  nos  idolatran, 
y  cuando  turbamos  el  imponente  silencio  de  las 
alturas,  las  rocas  repiten  nuestra  voz  y  las  cañadas 
se  quedan  murmurando  con  respetuosa  entonación 
nuestros  acentos. 

—  Nosotras  apena*  volamos  un  kilómetro  á  la 
redonda  —  decían  con  su  vocecilla  apagada,  de 
timbre  débil,  varias  campanadas  de  ermita; — pero 
no  nos  faltan  dos  altozanos  que  abren  todas  sus 
amapolas  cuando  escuchan  nuestra  música. 

— Nosotras  también — agregaban  otras  campa¬ 
nadas  de  cascado  tono  procedentes  de  la  espadaña 
de  una  vieja  abadía — alcanzamos  escaso  terreno 
con  nuestra  destemplada  esquila;  pero  nos  basta 
con  que  nos  quiera  la  huerta  de  nuestro  con¬ 
vento. 

La  campanada  triste  quedábase  atrás  gimiendo, 
sin  poder  seguir  á  las  demás  en  su  ascensión.  Por 
su  rostro  pálido  de  aparición  sobrenatural  resbala¬ 
ban  unas  lágrimas,  que  se  convertían  al  caer  en 
luceros  brillantes. 

Al  cabo  otras  campanadas  humildes  se  compa¬ 
decieron  de  ella  y  la  hablaron. 

— ¿Te  cansas,  hermana? 

— ¿Quieres  que  te  ayudemos? 

— ¿Por  qué  lloras  así? 

— ¿Qué  te  sucede? 

— ¿De  qué  torre  eres? 

La  campanada  solitaria  las  consideró  con  su  mi¬ 
rada  de  infinita  dulzura,  mirada  de  Dolorosa,  y  ex¬ 
clamó  con  una  voz  que  tenía  ecos  de  fúnebre 
doble : 

— Vosotras  subís  al  cielo  llenas  de  alegría,  por¬ 
que  habéis  promulgado  en  el  mundo  entero  la 
Pascua  de  Resurrección,  haciendo  estremecerse  á 
toda  la  Naturaleza  de  ternura  al  recibir  vuestro 
beso.  ¿Ha  habido  alguien  que  os  rechace? 

—  Nadie. 

—  ¡Pues  yo  he  tenido  esa  desgracia;  yo  he  tro¬ 
pezado  con  un  sér  á  quien  mi  acento  augusto  no 
ha  hecho  ni  sentir,  ni  doblar  la  rodilla,  ni  palpi¬ 
tar  el  corazón ! 

—  ¡Sería una  roca! — balbucieron  llenas  de  asom¬ 
bro  las  campanadas. 

— Por  dentro  sí;  pero  por  fuera  tenía  las  apa¬ 
riencias  de  un  hombre.  Yo  entré  la  primera  en  el 
cuarto  en  que  trabajaba,  y  le  di  inocentemente  el 
beso  de  paz.  Mis  hermanas  no  pudieron  seguirme. 
Cerró  la  ventana  en  seguida  jurando  contra  nos¬ 
otras,  y  gracias  á  que  pude  huir  de  la  maldita  ha¬ 
bitación  por  una  rendija  de  la  vidriera. 

—  Pero  ¿quién  era  esa  estatua? 

Y  la  campanada  triste,  aceptando  el  sostén  de 
sus  hermanas  para  continuar  su  vuelo,  concluyó 
con  suprema  amargura: 

— Sólo  tuve  tiempo  de  ver  que  firmaba  al  pie  de 
Una  cuartilla  en  la  que  escribía:  El  Incrédulo. 

Alfonso  Pérez  Nieva. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 

NARRACION' KS  COSMOPOLITAS. 

Las  grandes  catástrofes  marítimas.  —  El  pesar  y  el  sport.— El  gran 
Diccionario  egipcio-alemán.  — La  ChrisUh  socialer  Verein,— Guerra 
de  los  yankees  á  los  sombreros  femeninos. 

■A  voladura  deí  Maine ,  que  viene  sir¬ 
viéndole  último  pretexto  á  nuestros 
enemigos  para  plantear  el  conflicto  de 
la  guerra,  ha  sido  en  las  modernas 
catástrofes  marítimas  tal  vez  la  única 
lya  causa  no  se  explicará  nunca  clara- 
ente,  dado  el  empeño  que  la  opinión 
&  de  los  Estados  Unidos  muestra  de 
er  el  prejuicio  de  que  semejante  hecho 
fué  intencionado,  obscureciendo  con  sus  mañosos 
ó  interesados  razonamientos  ó  teorías  la  explica¬ 
ción  probable  de  lo  ocurido  y  difandiendo  para 
siempre  la  duda,  arma  poderosa  y  asiento  de  toda 
clase  de  errores,  que  en  el  espíritu  de  los  que  nos 
quieren  mal,  y  aun  en  el  de  los  que  son  indiferen¬ 
tes,  servirá  de  eterno  argumento  contra  el  dicta¬ 
men  leal,  concienzudo  y  desinteresado  que  nues¬ 


tros  peritos  emitan.  La  violencia  del  mar  embra¬ 
vecido  sepultó  en  los  abismos  á  nuestro  crucero 
Reina  Regente ,  y  respecto  á  las  demás  tremendas 
desgracias,  sabidos  de  sobra  son  los  motivos  que 
las  originaron.  Fácil  es  recordar  esos  siniestros 
espantosos:  la  fragata-escuela  de  guardias  marinas 
Eurydice  se  fué  á  pique  frente  á  la  isla  de  Wight 
con  300  hombres,  en  1878;  tires  meses  después,  á 
consecuencia  de  una  falsa  maniobra,  el  navio  ale¬ 
mán  Kfjenig  Wilhelm  hizo  desaparecer  en  el  canal 
de  la  Mancha  al  Grcesser  Kurfurst ,  con  216  tripu¬ 
lantes;  en  aquel  mismo  año,  un  obús  ruso  de  la 
plaza  de  Ibsail,  que  bombardeaban  los  turcos,  hizo 
saltar  al  monitor  de  la  marina  de  éstos  Lnfti 
Dejdily  con  sus  300  hombres;  y  asimismo  los  ru¬ 
sos  volaron  con  un  torpedo,  en  el  Danubio,  el  aco¬ 
razado  turco  Hifsi  Rahma ,  pereciendo  62  mari¬ 
neros;  en  1879,  en  la  guerra  chileno-peruana,  el 
Huáscar  echó  á  pique  con  su  espolón  al  Esme¬ 
ralda  ,  pereciendo  110  hombres;  el  Captain ,  per¬ 
dido  entre  las  nieblas  del  cabo  de  Finisterre, 
desapareció  con  472;  en  1891,  el  acorazado  chi¬ 
leno  Blanco  Encalada  saltó  por  la  explosión  de 
un  torpedo  que  le  lanzó  el  Almirante  Lynch ,  ma¬ 
tando  243  tripulantes;  en  1882  el  cañonero  Datral 
se  perdió  en  el  estrecho  de  Magallanes  con  154 
marineros,  á  consecuencia  de  una  explosión  inte¬ 
rior  del  gas;  en  1893  el  Campordown ,  buque  almi¬ 
rante  de  la  escuadra  inglesa,  se  hundió  con  336 
hombres,  incluso  el  jefe  de  ella  Mr.  Tryon,  frente 
á  Trípoli  (Siria),  por  un  error  de  mando  de  este 
marino;  y,  en  fin,  en  la  guerra  chino-japonesa  re¬ 
cuérdase  cómo  quedó  destruida  la  escuadra  del 
Celeste  Imperio  en  un  solo  combate  naval.  Lo  que 
no  ha  ocurrido  jamás  en  la  historia  de  los  sinies¬ 
tros  es  que  una  nación  noble  y  caballerosa  haga 
volar  un  buque  de  otra  nación,  á  mansalva,  dentro 
de  sus  aguas,  valiéndose  de  arteros  medios,  y  esto 
no  ha  sucedido  tampoco  hoy  en  el  puerto  de  la 
Habana,  donde  el  Maine  quedó  destruido.  Nosotros 
pelearemos  con  gloria  contra  los  enemigos  como 
en  Trafalgar  ó  en  el  Callao,  ó  sucumbiremos  azo¬ 
tados  por  la  desgracia,  como  en  el  caso  del  Reina 
Regente  en  el  Estrecho;  pero  no  hemos  minado 
ni  minaremos  nunca  traidoramente  ni  el  poder 
ni  la  reputación  y  buen  nombre  de  nadie,  digan 
lo  que  quieran  los  informes  técnicos  redactados 
sin  formalidad  y  con  prejuicios  malintenciona¬ 
dos.  Nuestra  limpia  historia  no  está  á  merced  de 
semejantes  informaciones.  * 

• 

•  * 

He  escrito  la  palabra  informalidad,  y,  en  efecto, 
resulta  que  no  hay  nada  menos  formal  que  la  apa¬ 
rente  tiesura  materia!  y  moral  de  la  raza  anglo¬ 
sajona  y  de  sus  hijos,  donde  quiera  que  se  han  esta¬ 
blecido.  En  ninguna  parte  habrá  pasado  nada  más 
informal  que  lo  que,  según  un  diario  australiano, 
acaba  de  ocurrir  en  Melburne.  Ha  muerto  un  rico 
personaje  en  aquella  capital,  en  cuyo  suntuoso  en¬ 
tierro  iba  á  pie  considerable  número  de  amigos, 
formando  el  fúnebre  cortejo,  que  recorrió  las  ca¬ 
lles  más  céntricas.  Al  llegar  frente  á  un  elegante 
edificio,  donde  ostenta  sus  «anuncios  del  momen¬ 
to»  una  reputada  empresa  de  información  telegrᬠ
fica,  los  parientes  del  difunto  que  iban  presidiendo 
el  duelo,  se  separaron  de  las  filas  y  fueron  en  grupo 
al  portal  de  dicho  edificio,  seguidos  por  otros  mu¬ 
chos  que  les  acompañaban.  Amontonáronse  allí 
y  leyeron  con  avidez  uno  de  los  partes  recién  pues¬ 
tos,  entablando  luego  animada  discusión,  mientras 
que  el  resto  del  cortejo,  con  el  carruaje  fúnebre, 
estaba  parado  en  medio  de  la  calle.  Ante  seme¬ 
jante  espectáculo  se  habían  detenido  muchísimos 
transeúntes,  que  afluían  desde  las  calles  inmedia¬ 
tas  y  desde  diversas  partes  de  la  calle  misma,  y 
que,  sorprendidos,  contemplaban  la  parada  inex¬ 
plicable  de  tal  comitiva.  La  presidencia  y  sus  acom¬ 
pañantes  inmediatos  volvieron  á  proseguir  su  ca¬ 
mino,  luego  que  comentaron  lo  que  en  el  cartel  de 
los  telegramas  se  leía. 

¿Qué  decía  aquel  papelote?  Pues  sencillamente 
daba  cuenta  de  las  peripecias  de  la  gran  partida 
de  cricket  que  se  estaba  jugando  entre  los  socios  de 
un  club  australiano  y  de  otro  inglés.  Los  desconso¬ 
lados  padres,  hermanos,  hermanos  políticos,  tíos, 
primos  y  demás  parientes  del  difunto,  sportistas 
acérrimos ,  no  habían  podido  presenciar  el  match 
á  causa  del  entierro,  pero  tampoco  podían  resistir 
á  la  tentación  de  enterarse  de  cómo  iban  hacién¬ 
dose  las  jugadas;  por  lo  cual  dieron  orden  á  los 
conductores  del  entierro  de  pasar  por  la  calle 
donde  está  el  club  de  anuncio  del  sport  y  aunque 
fuese  necesario  pasar  para  ello  por  tres  ó  cuatro 
calles  que  no  figuraban  en  la  ruta  de  la  casa  mor¬ 
tuoria  al  cementerio. 

Ha  sido  muy  celebrada  en  Australia  semejante 
ridicula  ocurrencia,  porque  allí  han  repetido  los 
sportmen  entusiastas  que  tal  suceso  demuestra 


cómo  pueden  concillarse  el  respeto  á  los  muertos 
con  el  cumplimiento  de  los  deberes  que  exige  la 
afición  aristocrática  á  los  ejercicios  atléticos. 

» 

•  • 

Por  si  se  quieren  hacer  ejercicios  de  sport  inte¬ 
lectual,  recomiendo  á  los  aficionados  una  obra  que 
va  á  publicar  la  archiseria  nación  alemana.  El  em¬ 
perador  Guillermo  ordenó  el  día  19  del  actual  que 
se  destinen  cuantos  fondos  sean  necesarios  á  la 
publicación  de  un  gran  Diccionario  egipcio-ale¬ 
mán.  Están  encargados  de  los  trabajos  de  redac¬ 
ción  los  catedráticos  Ebers,  de  la  Academia  de 
Ciencias  de  Berlín;  Ezman,  de  la  de  Gottinga; 
Pictschmann,  de  la  de  Leipzig ,  y  Stendorf ,  de  la 
de  Munich.  Comprenderá  la  obra  cuantas  palabras 
figuran  en  las  lenguas  jeroglífica  y  hi  orática,  y  las 
de  los  textos  demóticos  y  coptos.  Según  el  ¿Egip- 
tischer  Kurier ,  la  preparación  de  este  trabajo  mo¬ 
numental  exigirá  diez  años;  pero  una  vez  termi¬ 
nado  con  arreglo  al  admirable  plan  concebido  por 
esos  sabios,  constituirá  la  más  poderosa  ayuda  de 
que  podrán  disponer  los  orientalistas  para  el  co¬ 
nocimiento  de  las  antigüedades  egipcias. 

• 

•  • 

En  el  sport  moral  también  se  crean  cada  día 
nuevos  centros  de  actividad.  La  ciudad  de  Berna, 
donde  hay  sociedades  de  todo  y  para  todo,  tendrá 
desde  primeros  de  Abril  una  nueva  iglesia,  asocia¬ 
ción  ó  secta  para  el  estudio  y  reforma  de  las  cues¬ 
tiones  sociales:  la  Christch  socialer  Verein.  Propó- 
nense  sus  miembros  ocuparse  sin  descanso  en  la 
tarea  de  mejorar  las  condiciones  morales  y  mate¬ 
riales  de  los  obreros,  rigiéndose  y  actuando  con  ab¬ 
soluta  independencia  de  toda  aspiración  política, 
eclesiástica  y  confesional.  La  primera  determina¬ 
ción  que  han  tomado  es  la  de  instalar  asociaciones 
análogas  en  las  principales  ciudades  de  Suiza,  y 
ponerse  en  relación  con  el  gran  centro  que,  con 
idénticas  tendencias,  existe  en  Europa,  que  es  el 
de  Basilea.  Uno  de  los  iniciadores  de  la  idea  tuvo 
una  f rase  feliz  en  el  día  de  la  inauguración  de  las 
sesiones  preparatorias,  al  manifestar  que  esta 
nueva  Verein  debiera  llevar  por  símbolo  tres  ces 
(C.  C.  CL),  no  porque  fueran  trescientos  los  socios, 
ni  cosa  parecida,  ni  porque  aspirasen  á  vivir  tres¬ 
cientos  años,  sino  porque  lo  más  necesario  para 
llevar  ,adelante  su  empresa  era  contar  con  Cari¬ 
dad y  Constancia  y  Capital. 

• 

•  • 

Los  Estados  Unidos  han  declarado  la  guerra 

á . los  sombreros  de  las  señoras  en  los  teatros,  y 

es  seguro  que  sufrirán  una  vergonzosa  derrota.  La 
finura  y  consideración  propias  de  la  áspera  corte¬ 
sía  yanlcee  se  dejaron  arrastrar  por  la  opinión  jin¬ 
goísta  antifemenina  (allí  h&yjingoes  para  todo),  y, 
sin  andarse  en  rodeos  ni  escrúpulos,  el  Municipio 
de  Boston  decretó  la  prohibición  de  que  ninguna 
señora  se  presentara  en  el  teatro  con  sombrero. 
Inmediatamente  sobrevino  la  insurrección.  A  la 
cabeza  de  las  ofendidas  y  sublevadas  se  puso  mie- 
tress  Coleman,  y  aun  no  hace  quince  días  que, 
formadas  en  bullicioso  regimiento,  asaltaron  el 
Palacio  Municipal.  Dicha  dama,  oradora  famosa, 
demostró  que  la  orden  del  Alcalde  era  contraria  á 
la  higiene,  á  la  estética  y  al  comercio. 

A  la  higiene,  porque  se  ha  demostrado  que  sop. 
muchas  las  señoras  y  señoritas  que  padecen  cata^- 
rros,  trancazo,  cefalalgias,  otitis,  renitis,  dolores 
de  muelas  y  reumas  desde  que  se  las  ha  obligado 
á  quitarse  el  sombrero  al  entrar  en  las  salas  de  los 
teatros.  A  la  estética,  porque  no  hay  espectáculo 
más  animado  y  hermoso  que  el  que  forma  el  con¬ 
curso  de  mujeres  ataviadas  con  caprichosos  y  ele¬ 
gantes  sombreros  en  un  teatro,  ni  cuadro  más 
prosaico  que  el  verlas  en  el  mismo  local  con  la 
cabeza  al  aire,  aunque  vayan  artísticamente  pei¬ 
nadas.  Al  comercio,  en  fin,  porque  la  venta  de  los 
sombreros,  que  sostiene  tantas  industrias,  perde¬ 
ría  mucho  si  no  pudieran  lucirse  en  los  centros 
más  concurridos  y  apropiados,  que  son  los  teatros, 
conciertos  y  circos,  «nuestro  principal  campo  de 
batalla»,  como  dijo  mistress  Coleman. 

La  mayor  parte  de  los  concejales  de  Boston,  al 
contemplar  la  nube  que  se  les  viene  encima,  y 
ante  el  temor  de  que  la  explosión  femenina  traiga 
terribles  consecuencias,  han  nombrado  una  comi¬ 
sión  especial  que  se  encargue  de  estudiar  y  conju¬ 
rar  el  conflicto.  Por  su  parte,  las  señoras  conside¬ 
ran  seguro  el  triunfo,  asegurando  que  ahora,  como 
siempre,  los  que  tendrán  que  quitarse  el  sombrero 
y  hasta  ponerse  de  rodillas,  siempre  que  la  mujer 
Ío  ordene,  serán  los  hombres. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.#  xm  —  211 


En  el  lugar  correspon¬ 
diente  damos  cuenta  de  la 
función  patriótica  verifica¬ 
da  en  este  teatro  la  noche  del  último  jueves  del 
pasado  mes,  y  que  ha  sido  la  novedad  teatral  única 
que  ha  absorbido  por  completo  la  atención  del  pú¬ 
blico  durante  la  pasada  semana.  Dicho  queda  el 
gran  entusiasmo  que  reinó  durante  toda  la  fun¬ 
ción,  y  especialmente  en  el  cuadro  final,  y  nues¬ 
tros  lectores  pueden  darse  exacta  cuenta  de  él 
viendo  el  grabado  de  las  páginas  304  y  305  y  el 
Suelto  correspondiente.  Pero  nada  decimos  en  él 
acerca  de  los  artistas  que  tan  generosamente  pres¬ 
taron  su  valiosísima  ayuda,  y  entre  los  que  nada 
han  escaseado  los  rasgos  de  entusiasmo,  tan  dig¬ 
nos  de  elogio  como  los  verificados  por  el  público, 
que  entregó  una  respetable  suma  para  pago  de  sus 
localidades.  La  Srta.  Pacini,  demorando  su  viaje  á 
Varsovia,  donde  debía  cantar  el  día  l.°  de  Abril; 
la  Srta.  De-Macchi  telegrafiando  á  la  empresa  de 
Monte  Cario,  por  la  cual  estaba  contratada,  que 
rescindiría  el  contrato  si  la  negaba  el  permiso 
para  cantar  en  la  extraordinaria  función;  el  se¬ 
ñor  Battistini,  que,  hallándose  accidentalmente 
en  Madrid ,  apresuróse  á  ofrecerse  incondicional¬ 
mente  á  la  empresa  del  teatro  Real ;  las  señoritas 
Gardeta  y  Fons,  que  hallándose  enfermas  solici¬ 
taron  un  puesto,  aun  cuando  fuese  entre  los  coros; 
y,  en  suma,  los  muchos  y  prestigiosísimos  artistas 
que  generosamente  brindaron  su  cooperación,  son 
tanto  ó  más  dignos  de  alabanza  que  los  magnates 
que  pagaron  á  peso  de  oro  su  localidad,  con  ser 
estos  dignos  de  los  mayores  encomios  por  su  in¬ 
negable  y  ferviente  patriotismo. 

Con  tales  entusiasmos  no  es  de  extrañar  que  el 
programa,  cuya  enumeración  detallada  anticipa¬ 
mos  en  nuestro  pasado  número,  fuese  admira¬ 
blemente  ejecutado  en  todas  sus  partes.  Cantóse 
en  primer  lugar  el  primer  acto  de  La  Favorita , 
en  el  que  tomaron  parte  las  Srtas.  Salvador  y  Ga- 
sull,  y  los  Sres.  Bonci  y  Calvo,  que  interpretaron 
notabilísimamente  sus  respectivos  papeles,  escu¬ 
chando  ruidosos  y  entusiásticos  aplausos.  A  conti¬ 
nuación  el  orfeón  Eco  de  Madrid,  dirigido  por  el 
maestro  Alvira,  cantó  el  Regreso  á  la  patria,  que 
produjo  gran  entusiasmo  en  el  público  por  la  bri¬ 
llante  manera  con  que  fue  cantado;  siguió  á  éste 
el  dúo  del  segundo  acto  de  Los  Puritanos,  que  va¬ 
lió  una  calurosísima  ovación  y  numerosas  llama¬ 
das  á  escena  á  sus  intérpretes  los  Sres.  Blanchart 
y  Riera:  las  enérgicas  y  valientes  notas  de  esta 
hermosa  página  musical  de  Meyerbeer  impresio¬ 
naron  fuertemente  al  público,  que  prorrumpió  en 
atronadores  aplausos,  bien  merecidos  por  cierto, 
phes  los  Sres.  Blanchart  y  Riera  cantaron  este  nú¬ 
mero  con  gran  vigor  y  valentía,  poniendo  todas 
sus  poderosas  facultades  y  toda  su  alma  de  artis¬ 
tas  en  su  interpretación. 

Constituía  el  cuarto  número  del  programa  el 
Concierto,  en  que  tomaron  parte  la  orquesta,  que 
tocó  de  maravilloso  modo,  dirigida  por  la  incompa¬ 
rable  batuta  del  maestro  Goula,  la  Sinfonía  sobre 
motivos  españoles,  de  Gevaert;  la  Srta.  Galvany, 
que  cantó  magistralmente  el  vals  de  la  Sombra  de 
IXnorah;  el  Sr.  Bertrán,  que  se  distinguió  y  ob¬ 
tuvo  muchos  aplausos  cantando  la  romanza  de  La 
Africana ;  el  Sr.  Casañas,  que  interpretó  como  él 
sabe  hacerlo  la  romanza  de  Marta,  y  el  incom¬ 
parable  Baldelli,  que  cantó  deliciosamente  el  aire 
popular  napolitano  II  Zampognaro,  y  alcanzó  una 
ovación  ruidosísima,  teniendo  que  cantar  algunas 
otras  piezas  de  su  repertorio  pedidas  con  insis¬ 
tencia  por  el  público. 

Intencionadamente  hemos  omitido  los  nombres 
de  la  Srta.  Pacini  y  el  Sr.  Battistini,  porque,  con 
ser  todos  los  artistas  que  tomaron  parte  en  el  con¬ 
cierto  de  indiscutibles  méritos,  ninguno  alcanzó 
el  éxito  grandísimo,  entusiasta,  inmenso  que  Bat- 
tistinf  al  cantar  incomparablemente  la  romanza 
de  Ma/ria  di  Rudens,  á  la  terminación  de  la  cual 
le  hizo  objeto  de  una  ovación  calurosa  y  prolonga¬ 
dísima  el  público,  que  no  se  cansaba  de  aplaudir; 
y  Regina  Pacini,  que  tuvo  que  repetir  las  popula¬ 
res  carceleras  de  Las  Hijas  del  Zébedeo,  después 
de  estar  interrumpida  largo  tiempo  la  función  por 
los  aplausos  y  aclamaciones  que  la  concurrencia 
tributo  á  su  artista  favorita. 

/Calía!,  la  hermosa  lamentación  de  Gounod, 
fue  ejecutada  por  toda  la  compañía,  coros,  orques¬ 
ta  y  más  de  cien  artistas  que  ofrecieron  su  coope¬ 


ración.  Entre  los  coros  cantaron  las  primeras  par¬ 
tes  de  la  compañía,  y  los  solos  estuvieron  á  cargo 
de  las  Srtas.  De-Macchi  y  Salvador,  que  fueron  en¬ 
tusiásticamente  aplaudidas  y  celebradas.  El  penúl¬ 
timo  número  lo  componía  el  tercer  acto  de  tíerna- 
ni,  que  cantaron  primorosamente  la  Srta.  De-Mac- 
chi  y  los  Sres.  Bertrán,  Blanchart,  Riera  y  Tanci, 
y  como  final  figuraba  la  popular  marcha  de  Cádiz, 
momento  en  el  que  el  entusiasmo  del  público  fué 
delirante  y  del  que  da  cuenta  nuestro  compañero 
Cuenca  en  el  lugar  apropiado. 

La  fiesta,  pues,  resultó  mucho  más  brillante  de 
lo  que  pudiera  esperarse,  aun  siendo  tan  eminen¬ 
tes  como  son  los  artistas  que  en  ella  tomaron  par¬ 
te.  Nada  en  absoluto  dejó  lo  más  mínimo  que 
desear,  é  injusto  fuera,  por  lu  tanto,  no  destinar 
un  lugar  preferente,  en  la  relación  de  los  más  me¬ 
recedores  de  caluroso  elogio,  á  Luis  París,  alma  de 
la  función,  que  con  prodigiosa  actividad,  grandí¬ 
sima  inteligencia  y  no  escasos  esfuerzos  supo  or¬ 
ganizar,  en  brevísimo  tiempo,  una  solemnidad 
artística  para  la  cual,  si  bien  ha  tenido  muchas 
facilidades,  también  se  ha  visto  obligado  á  allauar 
numerosísimos  obstáculos  y  á  armonizar  elemen¬ 
tos  incompatibles  y  heterogéneos,  consiguiendo 
un  resultado  que  muy  pocos,  casi  podemos  asegu¬ 
rar  que  nadie  más  que  él,  obtendrían. 

Los  resultados  de  la  función  son  del  dominio 
público,  por  haberlos  publicado  con  toda  clase  de 
detalles  la  prensa  diaria.  Con  decir  la  respetable 
suma  recaudada  está  hecho  el  mejor  elogio  de  to¬ 
dos  cuantos  han  contribuido  con  su  esfuerzo  á  tal 
objeto,  pues  gracias  á  su  generosidad  y  desinterés 
ni  un  solo  céntimo  se  ha  restado  de  la  suma  adqui¬ 
rida  para  el  noble  y  levantado  fin  con  que  se  or¬ 
ganizó  fiesta  de  tanta  resonancia. 

PRÍNCIPE  ALFONSO. 

Han  comenzado  los  ensayos  de  la  Boheme,  ópera 
que  ha  de  ser  el  clou  de  la  excelente  temporada  de 
primavera  que  comenzará  en  este  teatro  el  día  10 
del  corriente  mes. 

PRINCESA. 

Por  derecho  de  conquista,  el  arreglo  de  la  primo¬ 
rosa  comedia  de  Legouvé,  fué  puesto  en  escena  por 
primera  vez,  desde  hace  muchos  años,  en  este  tea¬ 
tro,  la  noche  del  31  de  Marzo. 

Decir  que  la  reprise  fué  un  ruidoso  triunfo  para 
María  Tubau,  no  ha  de  extrañar  á  nadie,  pues  sa¬ 
bido  es  que  el  papel  de  anciana  aragonesa,  que  en 
esta  obra  representa,  es  una  de  sus  más  geniales 
creaciones,  Su  labor  artística  fué  una  verdadera 
filigrana,  y  la  distinguida  concurrencia  que  lle¬ 
naba  la  sala  del  teatro  no  cesó  durante  la  repre¬ 
sentación  de  celebrar  y  aplaudir  á  la  Sra.  Tubau, 
llamándola  numerosas  veces  á  la  escena  á  la  ter¬ 
minación  de  todos  los  actos. 

Muy  bien  representaron  sus  papeles  respectivos 
la  Srta.  Palma,  Sra.  Alverá  y  el  Sr.  Morano,  á  quie¬ 
nes  ayudaron  eficazmente  para  el  buen  conjunto 
de  la  obra  los  Sres.  Mendiguchía,  Sánchez  Bort  y 
Porredán. 

«  • 

Como  primera  obra  de  un  escritor,  nada  puede 
pedirse  a  El  Tercer  partido ,  juguete  cómico  en 
tres  actos,  estrenado  el  pasado  sábado.  Está  des¬ 
arrollado  con  gracia  y  naturalidad  el  asanto,  en  el 
que  abundan  las  situaciones  cómicas,  algunas  de 
gran  fuerza;  bien  hecho  y  chispeante  el  diálogo,  y 
se  escuchan  con  agrado  los  tres  actos,  en  los  que 
el  autor  no  ha  roto  moldes ,  pero  tampoco  ha  hecho 
padecer  á  los  oídos  de  los  espectadores  con  chistes 
chabacanos  ni  otras  lindezas  muy  en  uso,  por  des¬ 
gracia.  Cierto  es  que  en  la  obra  se  notan  algunas 
deficiencias,  hijas  de  la  poca  experiencia  del  autor: 
pero  dispensadles  son  en  gracia  á  las  excelentes 
disposiciones  que  revelan  las  bellezas  que  matizan 
la  nueva  producción  de  nuestro  compañero  don 
Pedro  Hernández,  distinguido  periodista  y  desde 
hoy  discreto  autor  dramático. 

Al  buen  éxito  alcanzado  por  El  Tercer  partido 
contribuyeron  poderosísimamente  la  Sra.  Tubau, 
que  desempeñó  de  modo  admirable  un  papel  de  es¬ 
casa  importancia;  jas  Srtas.  Palma,  Arnau  y  Ruiz, 
y  los  Sres.  García  Ortega,  Mendiguchía,  Yilanova, 
Sánchez  Bort,  Almada,  Valle  y  Morales.  Todos,  en 
unión  del  autor,  fueron  llamados  á  escena  nume¬ 
rosas  veces  al  finalizar  la  representación. 

• 

•  • 

Para  muy  en  breve  se  anuncia  el  estreno  de  la 
obra  en  tres  actos  El  Pedestal,  original  del  señor 
Ruiz  Contreras. 


PAEISH. 

Con  el  primer  acto  de  La  Tempestad ,  el  tercero 
de  Marina  y  el  tercero  de  La  Dolores  celebró  su 
beneficio,  la  noche  del  pasado  viernes,  el  notable 


tenor  Sr.  Casañas,  que  tan  brillante  campaña  artís¬ 
tica  ha  hecho  durante  la  presente  temporada.  El 
beneficiado  cantó  tan  bien  como  de  costumbre  la 
preciosa  romanza  de  La  Tempestad,  el  terceto  de 
Marina  y  el  dúo  de  La  Dolores,  las  tres  piezas  más 
salientes  de  la  función  anunciada,  y  recibió  al  ter¬ 
minar  cada  una  de  ellas  valiosísimos  y  numerosos 
regalos  de  sus  muchos  admiradores,  amén  de  los 
calurosos  aplausos  que  le  prodigó  el  público. 

Muy  bien  cantaron,  acompañando  al  beneficia¬ 
do,  la  Sra.  Fabra,  Srta.  Corona,  y  los  Sres.  Querol, 
Navarro,  González  y  Gamero,  que  compartieron 
con  él  los  justos  plácemes  de  la  concurrencia. 

• 

•  • 

Tan  brillante  como  el  de  Casañas  fué  el  benefi¬ 
cio  del  notable  bajo  Valentín  González,  que  se  ve¬ 
rificó  la  noche  del  2  del  corriente  mes.  Las  obras 
puestas  en  escena  fueron  el  tercer  acto  de  Cam- 
panone ,  el  segundo  de  Las  Campanas  de  Carrión 
y  El  Düo  de  la  Africana .  En  todas  ellas  cantó  con 
su  acostumbrada  maestría  el  distinguido  artista, 
haciendo  gala  de  sus  poderosas  facultades  y  su  en¬ 
tusiasmo  artístico,  y  recibió  cariñosas  y  prolon¬ 
gadas  ovaciones  en  premio  á  su  excelente  labor. 

LARA. 

Para  mañana,  día  en  que  se  reanudarán  las  re¬ 
presentaciones  interrumpidas  durante  la  Semana 
Santa,  está  anunciado  el  estreno  de  la  comedia  en 
dos  actos  titulada  La  lluvia  de  mil  colores . 

APOLO. 

Uno  de  los  próximos  días  se  estrenará  El  Buen 
mozo,  zarzuela  de  Perrín  y  Palacios,  con  música 
del  maestro  Chapí,  de  la  que  tenemos  las  mejores 
noticias.  Celebraremos  que  no  sean  desmentidas. 

ZARZUELA. 

El  primer  estreno  que  se  verificará  en  este  tea¬ 
tro  es  el  de  la  zarzuela  El  Puente  del  diablo,  de 
los  Sres.  Vela  y  Servet,  con  música  del  maestro 
Bretón. 

A. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  más  perfumado  de  loe  jabonee  de  toeador 

LOCIÓN  VAISSIER  °°del  cabello 

3  graadM  premios.  21  medalla*  de  oro.— Fiera  de  ooaoerae 
4,  FULGE  DE  L’OFÉ&A,  PARIS 

De  Tente  en  toda*  laa  buenas  perfumerías  de  EspaSay  América. 


LOSiTOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 
PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 
Remedio  prodigioso  y  rápido.  80  años  de  éxitOe 


CARNE  LIQUIDA 

DEL  DOCTOR  VALDÉS  GARCÍA,  DE  MONTEVIDEO. 

Es  el  tónico  reparador  per  excelencia  y  el  reconstituyente 
mb  eficaz  y  poderoso  para  los  enfermos,  convalecientes  y  per¬ 
sonas  débiles. — Expéndese  en  todas  las  farmacias  de  España. 


PflB  BPttATOIRE  DDSSBR  £&ES 

Par»  les  bessos  tapiaos»  el  PIUVORI*- 1.  Bne  J.-J.  Boa— —o.  1.  Futo. 


AW1IIV0  fl*  f Antigua  «asa  #•  ESILE  PIMSAT),  !M>.  rus 
•  TV  AMlüO  &  U-  Louis-lé-Grand.P&ríH.-TñÁ3e$  Y  ABRIG08 
La  casa  que  viste  á  laa  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  gn*to 


VINO  BMUGESTIVO  DE  CHASSA1NG.  30  años  de 

éxito  contra  las  enfermedades  del  apaialo  digestivo  (dispepsias, 
inapetencia,  pérdida  de  fuerzas).  París,  6,  Avenue  Victoria. 


EAU  D'HOUBIGANT 

Hoablgaal,  perfumista,  Taris,  19,  Faubourg  SV  Honoré. 


Perfumería  exótica  SENBT,  35,  rué  du  Quatre  Septembie, 
París.  (  Véanse  los  anuncios.) 


Perfumería  Aitum,  Maiaon  LE  CON  TE.  31.  rué  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véan*  lot  a***not.)  ’ 


VI0LETTE  IDÉALE 

HesUfssl,  perfumista,  París,  19,  Faubourg  S*  Honoré. 


vopmuuim  wivUO  OI  UUL1H  DA[Q- 

ralmente  bonito,  aunque  muy  sensible  al 
aire  demasiado  vivo  y  al  sol  demasiado 
ardiente.  Para  impedir  el  bochorno ,  prie¬ 
to*,  barros  y  hasta  las  manchas  de  pecas ,  em¬ 
pléese  para  la  toilette  la  Crema  Simón  á 
i*  glicerina,  los  Polvos  de  Arros  y  el 
Jabón  Simón.  No  confundirse  con  otras 
órenme» 


Digitized  by  ^.ooQie 


212  —  n.°  xiii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Abril  1898 


LIBROS  PRESENTADOS 

k  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES 


£1  canto  litúrgico  y  el  órgano,  por 
D.  J.  Jimeno  de  Lerma.— Nadie  con  más  tí¬ 
tulos  para  escribir  y  hablar  en  nuestro  país 
acerca  de  la  música  religiosa  que  el  Sr.  Ji¬ 
meno  de  Lerma,  director  del  Conservato¬ 
rio  Nacional  de  Música,  catedrático  de  ór¬ 
gano  en  este  alto  centro  y  una  de  las  au¬ 
toridades  europeas  más  indiscutibles  en 
aquella  hermosa  y  principalísima  rama  del 
arte  de  los  sonidos. 

Con  estos  antecedentes  se  comprenderá 
con  facilidad  la  gran  importancia  del  libro 
del  Sr.  Jimeno,  que  acaba  de  poner  á  la 
venta  La  España  Editorial,  dedicado  ^  es¬ 
tudiar  el  canto  religioso  por  excelencia,  el 
canto  litúrgico t  y  el  rey  de  los  instrumen¬ 
tos,  el  organo;  libro  admirable  por  sus 
tendencias  y  por  su  método ,  por  la  copiosa 
erudición  con  que  trata  los  aspectos  histó¬ 
ricos  y  por  la  vasta  ciencia  que  resplandece 
en  los  técnicos,  por  su  forma  y  por  su 
fondo. 

Por  hoy  nos  limitaremos  á  dar  cuenta 
de  la  aparición  de  esta  obra  de  carácter  tan 
nuevo  en  nuestra  literatura  artística,  y  que 
tanto  ha  de  influir  en  la  enseñanza  y  en  la 
depuración  del  gusto. 

El  canto  litúrgico  y  el  órgano  forma  un 
hermoso  volumen  de  xvi-h438  páginas  en 
4.°,  al  precio  de  5  pesetas  en  rústica  y  6  en 
tela  en  las  principales  librerías  y  en  La 
España  Editorial,  Cruzada,  4,  Madrid. 

Pasionaria  murciana,  por  D.  Pedro  Díaz 
Cassou.  —  Hemos  recibido  ejemplares  del 
libro  cuyo  til  tilo  encabeza  estas  lineas,  que 
trata  de  la  Cuaresma  y.  Semana  Santa  en 
Murcia,  sus  costumbres,  romancero,  pro¬ 
cesiones,  esculturas  y  escultores  y  cantos 
populares. 

Muy  erudito  su  autor  en  antigüedades 
de  aquella  hermosa  tierra,  ha  sabido  re¬ 
unir  en  su  obra  tan  numerosos  é  intere¬ 
santes  datos  que  no  puede  leerse  sin  espe¬ 
cial  complacencia,  ála  que  ayuda  en  no 
escasa  parte  el  amenísimo  estilo  en  que  la 
obra  está  escrita. 

Ilustran  el  texto  fototipias  de  Hauser  y 
Menot  de  las  artísticas  efigies  labradas  por 
Salzillo  y  Bussi,  y,  como  apéndice,  va  la 
música  do  los  antiguos  cantos. 

Método  práctico  de  fabricar  «bonos 

químicos  y  de  emplearlos ,  por  D.  Pablo 
Kons. —  La  importancia  que  para  la  agri¬ 
cultura  tienen  los  abonos  químicos,  tan 
poderosos  pnra  aumentar  considerablemen¬ 
te  la  producción  del  suelo,  es  poco  conocida 
en  nuestra  pal ria,  y  aun  los  pocos  que  en 
ella  se  usan  eslán  muy  mal  fabricados  para 
acreditar  aquella  importancia  por  los  re¬ 
sultados  obtenidos.  Estas  razones  han  de- 


D.  RAMÓN  DE  CARRANZA  Y  REGUERA, 

TENIENTE  DE  NAVÍO,  AGREGADO  NAVAL  DE  ESPAÑA  EN  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRJCA. 
(De  fotografía  de  lo»  Sres.  Reymundo  y  C.*,  de  Cádiz. 


cidido  al  Sr.  Fons  á  la  publicación  de  un 
opúsculo,  en  el  que,  breve  y  muy  sencilla¬ 
mente,  trata  de  esta  matena.  El  análisis 
del  suelo,  la  clasificación  de  los  terrenos 
para  aplicar  á  cada  cual  el  abono  químico 
que  le  convenga,  la  fabricación  de  estos 
abonos  y  otras  muchas  noticias  y  fórmulas 
sobre  cultivo ,  forman  el  conjunto  de  este 
manual  práctico,  que  juzgamos  muy  útil 
para  los  agricultores  que  deseen  buscar  en 
los  adelantos  de  la  ciencia  auxiliares  más 
poderosos  que  los  que  la  rutina  les  ha  en¬ 
señado. 

El  método  se  vende  á  50  céntimos  de  pe¬ 
seta. 

La  pintura  inglesa.— Con  el  tomo  xxix, 
que  pone  ahora  á  la  venta,  comienza  la 
preciosa  Biblioteca  Popular  de  Arte,  que 
publica  La  España  Editorial,  una  serie  de 
volúmenes  destinados  al  examen  y  estudio 
de  la  pintura  contemporánea  en  Europa . 

Dicho  tomo  está  dedicado  á  la  pintura 
inglesa  en  la  segunda  mitad  del  siglo  ac¬ 
tual  ,  y  al  estudio  de  los  nombres  y  de  las 
obras  más  notables  de  un  movimiento  ar¬ 
tístico  tan  poco  conocido  en  nuestro  país  y 
tan  digno  ae  serlo  por  su  significación  cu¬ 
riosa  y  singular,  y  por  el  mérito  indiscuti¬ 
ble  de  aquellos  artistas. 

Otra  circunstancia  da  más  valor  á  este 
volumen,  y  es  el  examen  y  estudio  de  la 
escuela  prerrafaelista,  de  que  ha  sido  após¬ 
tol  el  ilustre  Ruskin,  que  tan  considerable 
influencia  ha  ejercido  con  sus  libros  admi¬ 
rables  en  el  desenvolvimiento  de  las  ideas 
estéticas  en  Inglaterra  y  en  el  continente. 

Ilustran  el  tomo  33  grabados,  reproduc¬ 
ción  de  las  obras  más  notables  de  los  pin¬ 
tores  estudiados  en  él.  De  venta  en  La  Es¬ 
paña  Editorial,  Cruzada,  4,  Madrid,  y  en 
las  principales  librerías,  á  una  peseta  en 
rústica,  y  1,50  en  tela. 

Luz  eléctrica.— Manual  práctico  para  uso 
de  los  abonados,  por  D.  Marcelino  Ortega. 

El  jefe  de  telégrafos  D.  Marcelino  Ortega 
ha  publicado  un  librito  que  contiene  reglas 
y  consejos  muy  útiles  para  los  que  hacen 
en  sus  casas  instalaciones  de  alumbrado 
eléctrico. 

En  forma  sencilla  y  clara  te  exponen 
todas  las  averias  que  ordinariamente  pue¬ 
den  presentarse,  el  procedimiento  para  ha¬ 
llar  el  sitio  en  que  han  ocurrido,  sus  cau¬ 
sas  y  la  manera  de  remediarlas.  Detállame 
también  las  precauciones  quo  es  indispen¬ 
sable  adoptar  en  las  instalaciones  eléctricas 
de  todas  clases,  tanto  para  su  mejor  con¬ 
servación  como  para  la  seguridad  de  las 
personas,  indicando  los  sitios  donde  existe 
peligro. 

El  trabajo  del  Sr.  Ortega  va  seguido  do 
las  conclusiones  generales  establecidas  por 
las  Compañías  para  el  suministro  de  la 
energía  eléctrica,  cuyo  conocimiento  es  úti¬ 
lísimo  para  los  abonados. 

Véndese  á  una  peseta  el  ejemplar.— C. 


DIGNO  DE  CONFIANZA. 

«  La  confianza— dy o  un  famoso  hombre  de  Es¬ 
tado — es  una  planta  que  crece  con  lentitud.»  Es 
necesario  que  conozcamos  bien  á  un  hombre 
antes  de  que  tengamos  confianza  en  él,  de  lo  cual 
no  puede  quejarse.  Si  queremos  obtener  un  prés¬ 
tamo,  es  necesario  que  demos  una  seguridad  que 
satisfaga  al  prestamista.  El  engaño  es  siempre 
posible,  pero  no  dura  por  mucho  tiempo;  pues  la 
verdad,  en  cuanto  á  los  hombres  y  á  los  hechos, 
sale  tarde  ó  temprano  á  luz.  Y  aunque  un  hom¬ 
bre  sea  un  embustero  de  nacimiento,  no  puedi 
hacer  negocio  por  mucho  tiempo  bajo  una  base 
falsa,  viéndose  compelido  á  ser  honrado  ó  á  de 
sistir  de  su  empleo.  Sí;  aunque  todos  Iob  hombre» 
fueran  embusteros,  como  el  rey  David  declaró  e ? 
su  excitación,  se  verían,  no  obstante,  obligado» 
á  ser  verdaderos  y  honrados  en  asuntos  de  dinero 
y  devpropiedad.  De  otro  modo,- el  mundo  seria 
Simplemente  un  barbarismo.  No  podrían  existir 
relaciones  permanentes  entre  las  personas  y  las 
naciones ,  y  el  comercio  de  toda  clase  sería  abso¬ 
lutamente  imposible. 

Podemos,  pues,  resumir  desde  lurgo  que  un  ar¬ 
tículo  que  ha  Bido  conocido  en  todas  partes  por 
muchísimos  años,  y  siempre  empleado  y  reco¬ 
mendado  ,  es  en  verdad  lo  que  se  dice  que  es.  Ha¬ 
biendo  sido  éste  abiertamente  probado  por  el 
tiempo. y  la  publicidad,  su  carácter  no  admite  el 
menor  género  de  duda.  Por  esta  causa,  el  señor 
Pedro  Gil  Pérez  está  justificado  en  decir  lo  si¬ 
guiente:  « No  es  necesario  alabar  el  Jarabe  Cura¬ 
tivo  de  la  Madre  Seigel,  pues  el  bien  que  ha  hecho 

Lestá  constantemente  haciendo  es  conocido  en 
Jas  las  partes  del  mundo.» 

«Tengo  el  placer  de  añadir— continúa  diciendo 
—mi  nombre  á  la  larga  lista  de  los  que  han  sufrido 
y  han  recobrado  su  salud  por  su  mediación.  Yo 
había  estado  padeciendo  de  una  dolencia  del  es¬ 
tómago  tan  terrible  y  continua,  que  con  frecuen¬ 
cia  me  veía  obligado  á  vomitar  el  alimento  que 
había'estado  tomando,  para  de  este  modo  obtener 
alivio  del  dolor  que  sentía  por  causa  de  no  haber 
digerido  el  alimento.  Tuve  consultas  con  varios 
médicos,  y  tomé  todas  las  clases  de  medicinas 
que  me  ordenaban  para  estas  dolencias,  sin  obte¬ 
ner,  después  de  todo,  el  menor  alivio. 

•Por;  ultimo ,  fui  á  la  tienda  de  drogas  quími¬ 
cas  de  D.a  Dolores  Martínez,  la  cual  es  la  única 
señora  que  ha  obtenido  un  grado  de  Medicina 
en  España,  y  habiendo  tenido  una  consulta  con 


ella  me  aconsejó  tomara  el  Jarabe  Curativo  de  la 
Madre  Seigel,  por  cuya  mediación  me  hallé  com¬ 
pletamente  curado  después  de  haber  tomado  dos 
botellas  solamente.  Tiene  usted  completa  liber¬ 
tad  para  publicar  esta  carta  si  así  lo  creyese  con¬ 
veniente. — (Firmado):  Pedro  Gil  Perez,  Algolfa 
(Alicante),  l.°  de  Noviembre  de  1897.» 

Otro  corresponsal  nos  dice  lo  siguiente:  «Obra 
en  mi  poder  la  muy  estimada  de  usted,  en  con¬ 
testación  á  la  cual  paso  ahora  á  informarle  que 
no  tengo  el  menor  reparo  en  decir  cuál  ha  sido 
mi  experiencia  del  célebre  remedio  de  usted.  Yo 
había  estado  sufriendo  durante  unos  ocho  años 
de  mala  digestión,  con  dolores  indescriptibles  en 
todas  Jas  partes  de  mi  cuerpo,  severísimos  á  ve¬ 
ces.  Tomé  muchas  medicinas,  Bin  obtener  el  me¬ 
nor  alivio.  Finalmente,  habiendo  oído  los  resul¬ 
tados  obtenidas  en  casos  semejantes  con  el  em¬ 
pleo  del  Jarabe  Curativo  déla  Madre  Seigel, com¬ 
pré  al  instante  una  botella  de  este  remedio.  Ha¬ 
biendo  hallado  antes  de  concluirla  que  me  sentía 
aliviado  en  gran  manera,  compré  varias  botelli- 
tas  más,  unas  después  de  otras,  sintiéndome  cada 
día  más  y  más  aliviado.  En  la  actualidad  me 
hallo  completamente  restablecido,  no  teniendo 
necesidad  de  tomar  más  medicinas.  Le  doy  á  us¬ 
ted  el  más  completo  permiso  para  publicar  esta 
relación  para  el  beneficio  de  los  demás. — (Firma¬ 
do):  Francisco  Romero,  Marbella  (Málaga),  18 
de  Octubre  de  1897.  > 

Todos  los  que  hayan  tenido  una  experiencia 
personal  de  este  medicamento  saben  muy  bien 
que  su  grande  reputación  se  ha  originado  entera¬ 
mente  de  sus  méritos,  y  que  actualmente  alivia 
y  cura  las  enfermedades  para  las  cuales  los  pro 
pietarios  lo  recomiendan  sin  el  menor  género  de 
duda.  Testigos  en  todas  las  clases  sociales  y  de 
todas  las  condiciones  de  la  vida,  voluntaria  y 
agradecidamente  testifican  su  eficacia  para  todas 
las  dolencias  que  generalmente  afligen  al  hom 
bre.  Y  como'la  mayor  parte  de  estas  dolencias  es 
causada  por  los  desórdenes  de  los  órganos  diges¬ 
tivos,  la  importancia  de  tener  siempre  á  mano 
el  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  y  de  to¬ 
marlo  al  momento  cuando  se  presente  la  menor 
señal  de  indigestión,  queda  desde  luego  justifi¬ 
cada.  Siendo  la  opinión  de  las  autoridades  en 
Medicina  de  que  á  lo  menos  la  mitad  de  las  per¬ 
sonas  están  sufriendo  más  ó  menos  de  esta  clase 
de  dolencias  tan  difíciles  de  curar  como  fáciles  de 
contraer,  no  hallamos  dificultad  en  comprender 


que  el  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  tenga 
tanta  demanda,  siendo,  como  lo  es,  un  específico 
para  curarlas. 

El  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  está  de 
venta  en  todas  las  farmacias,  droguerías  y  ex¬ 
pendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del 
frasco,  14  reales;  frasquito,  8  reales. 


DENTADURA 

Para  conservar  ésta  sana  ó  sin  padecidliento 
alguno,  elíjase  un  dentífrico  higiénico,  acreditado 
en  la  práctica.  Deséchense,  por  perjudiciales,  los 
dulzamos.  Un  buen  dentífrico  ha  de  perfumar  y 
refrescar  la  boca  deliciosamente  con  el  aroma  de 
la  menta  y  la  rosa,  pero  dejando  un  recuerdo  ó 
gusto  ligero  de  los  tónicos  ó  amargos,  como  su¬ 
cede  con  el  Licor  del  Polo  de  Olive.  Por 
¡mayor,  M.  García.  Capellanes,  1,  Madrid. 


LA  FOSF ATINA  F ALTERES  es  él  aU- 
mento-más  agradable  y  más  recomendado  para  loo 
aiftoe  de  6  á  7  meses  de  edad,  principalmente  en  la 
época  del  destete  y  en  él  periodo  del  creoimientou 
Facilita  la  dentición  y  asegura  la  buena  formación  de  ¡os 
huesos.  Impide  la  diarrea  tan  tremente  en  los  ntítoe, 
París,  Avenue  Vlotorla,  é, : 


LA  SALUD  PARA  TODOS 
aln  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  ealnd 

LA  REVALENTA  ARÁBIGA  {£££, 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disenteria,  pituitas,  .| 
náuseas,  fieores,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos.  tos;  diabétis,  debilidad,  todos  loo 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  ríñones  y  sangre.— 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  ¿  los  niños. — Depósito  General  : 


excesos.' 


Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  *en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  Y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. , . 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

extra,  de  aroma  riquísimo,  permanente  y  muy  delicado.  Inimitable  para  curar  la  blandura  de  los 
párpados;  excitar  suave  y  deliciosamente  la  piel,  evitando  los  catarros  á  los  propensos  á  resfriarse; 
aclarar  la  vista  cansada  y  para  el  tocador,  pañuelo  y  baño.  Preterida  á  Jas  más  acreditadas  del 
Extranjero.  Frascos  corrientes,  de  3  á  12  reales.  Muy  lujosos  con  cuentagotas,  de  6  á  26  reales. 
Por  medida,  franco  envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  un  litro,  o  pesetas.  Desde  cuatro  litros, 
á  4  pesetas.  En  frascos,  farmacias  y  perfumerías.  Por  medida,  su  autor,  Ascao,  7. 


Impreso  con  tinta  de  la  fábrica  LOBILLEVZ  y  C.\  16,  rae  Sngsr,  Parla. 


Reservados  todos  Vos  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.— Establecimiento  tipolitográfico  «Sucesores  de  Bivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


AÑO  XLII. — NÜM.  XIV 


ADMINISTRACIÓN: 
AXtECT  A  X.,  18 


Madrid.... 

Provincias. 

Extranjero. 


7  pesos  fuertes. 


35  pesetas. 
40  id. 

50  francos. 


18  pesetas. 
21  id. 

26  f  roncos. 


Madrid,  15  de  Abril  de  1898. 


EL  Dr.  PAUL  BROUAptDEL, 

DECANO  DE  LA  FACULTAD  DE  MEDICINA  DE  PARÍS  Y  PRESIDENTE  DE  LA  COMISIÓN  PERMANENTE 
INTERNACIONAL  DE  LOS  CONGRESOS  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFÍA. 


(De  fotografía  de  Fernando  Debae.) 


Digitized  by 


ANO. 

Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 

12  pesos  fuertes. 

Demás  Estados  de  América  y 

Asia . . . 

60  francos. 

jü  m 

uMI 

II  m 

214  —  N.#  XIV 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


15  Abbil  1898 


SUMARIO. 


TKXTO.—Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados ,  por  i).  Garlos  Luis  de  Cuenca.  —  Imposibilidad  de  las 
alianzas  europeas,  por  D.  Emilio  Castelar,  de  la  Real  Academia 
Española.  — Juan  de  Juanes  y  el  libro  del  Barón  de  Alcahali,  por 
D.  L.  de  Ontal  villa.  —  Por  ambos  mundos.  Narraciones  cosmopoli¬ 
tas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa.  —  Del  «ciego  de  Buenavis- 
ta»,  poesía,  por  D.  Eduardo  Bustillo.  —  Los  teatros,  por  A.  —  Suel¬ 
tos.  —  Libros  presentados  á  esta  Redacción  por  autores  ó  editores, 
por  C.— Anuncios. 

Grabados.— Retrato  del  Dr.  Paul  Brouardel,  decano  de  la  Facultad 
de  Medicina  do  París  y  presidente  de  la  Comisión  permanente  in¬ 
ternacional  de  los  Congresos  de  Higiene  y  Demografía.  —  Barce¬ 
lona:  Embarco  en  el  muelle  de  la  Barceloneta  de  los  batallones  de 
Luchana  y  Mallorca  expedicionarios  á  Canarias,  verificado  el  5  del 
corriente.— Marina  de  guerru  española:  El  acorazado  de  primera 
clase  Pelayo,  dispuesto  para  salir  del  dique  de  Tolón,  después  de 
terminadas  sus  reformas.  —  El  yate  inglés  Giralda,  adquirido  para 
aviso  por  el  Gobierno  español ,  aprestándose  actualmente  en  el 
puerto  de  Barcelona.  —  La  Habana:  Los  autores  del  infame  y  ca¬ 
lumnioso  informe  yankce  sobre  las  causas  de  la  voladura  del  Maine , 
&  bordo  del  Manyroue.— EE.  UU.  de  Norte-América:  Preparativos 
de  guerra.  Un  centro  de  reclutamiento  en  Nueva  York.— Instruc¬ 
ción  de  reclutas  de  artillería  en  el  fuerte  Slucum  (Long  Island 
Sound).—  Madrid:  Congreso  de  Higiene  y  Demografía.  El  Palacio 
de  Bibliotecas  y  Museos  donde  celebra  sus  sesiones  el  IX  Congreso 
Internacional  de  Higiene  y  Demografía.  —  Sala  7.*  de  la  Exposi¬ 
ción.— Instalaciones  de  la  Sociedad  Protectora  de  los  Niños,  del  Sa¬ 
natorio  Marítimo  de  Chipiona  y  de  las  publicaciones  del  doctor 
Tolosa  Latour.  —  Máquinas  de  desinfección,  por  la  presión  de  va¬ 
por,  del  Laboratorio  Municipal.  Carruajes,  para  la  conducción  de 
heridos,  de  Sanidad  Militar.  —  Bellas  Artes:  Las  fiestas  de  Flora , 
cuadro  de  Cavallaro.  —  Madrid:  Experiencias  del  suero  antidifté¬ 
rico  de  Roux  en  el  Instituto  Microbiológico.—  Retratos  de  los  doc¬ 
tores  D.  Julián  Calleja  y  D.  Amalio  Jimeno  y  Cabañas,  presidente 
técnico  y  secretario  general,  respectivamente,  del  IX  Congreso  de 
Higiene  y  Demografía.— Su  Eminencia  el  Cardenal  Herrera  acom¬ 
pañado  del  Embajador  de  España  y  su  séquito  recibiendo  las  vi¬ 
sitas  llamadas  de  calore 


CRÓNICA  GENERAL. 


y  la  clave  de  ella  en  el  Mensaje  presidencial  tan 
ponderado.  Desde  luego,  nuestra  posición  moral 
era  muy  fuerte.  Sólo  se  ofrecía  una  objeción:  siem¬ 
pre  que  hemos  hecho  concesiones  morales,  ha  dis¬ 
minuido  nuestra  fuerza  material;  y  cuanta  más 
razón  teníamos,  menos  medios  quedaban  de  am¬ 
pararla. 


En  esta  corta  tregua,  ¿qué  ocurría?  La  retirada 
rápida  de  los  Cónsules  norteamericanos  de  Cuba 
y  de  Manila.  El  síntoma  no  era  favorable  á  la  paz, 
pero  podía  ser  también  un  acto  encaminado  á  jus¬ 
tificar  el  aplazamiento  del  Mensaje.  Y  si  hemos 
de  ser  imparciales,  ya  que  ellos  no  lo  sean,  así 
como  España  pretende  rehuir  imposiciones,  debe¬ 
mos  reconocerles  el  derecho  de  aparentar  que  no 
las  sufren.  La  retirada  de  esos  Cónsules  formaba 
gran  contraste  con  la  tranquilidad  y  seguridad  de 
Mr.  Woodford  entre  nosotros,  paseando  á  pie  la 
tarde  del  Jueves  Santo  en  los  sitios  más  concurri¬ 
dos  de  Madrid,  sin  ser  por  nadie  molestado.  Míster 
Woodford,  aparte  de  sus  fueros,  no  es  para  nos¬ 
otros  sino  un  funcionario  de  un  país  en  pleito  con 
el  nuestro  y  que  cumple  aquí  con  su  deber. 

A  todo  esto,  ¿qué  uecíau  los  representantes  de 
los  insurrectos?  Decían  que  no  estaban  dispuestos 
á  transigir  con  menos  que  con  la  independencia, 
y  que  si  no  empezaban  los  Estados  Uniüos  por  re¬ 
conocer  aquélla,  serían  con  ellos  en  singular  ba¬ 
talla.  Eso  de  la  independencia  parece  que  disonaba 
mucho  en  Washington. 


•^^^erramos  nuestra  Crónica  anterior  con 
la  impresión  de  una  ruptura  de  rela- 
^  ciones  con  los  Estados  L  nidos:  la  gue- 
rra  parecía  en  aquel  momento  inevi- 
table  ó  inmediata:  el  Ministro  norte- 
americano  había  dirigido  al  Gobierno 
una  especie  de  ultimátum  pidiendo  una 
^  contestación  en  brevísimo  plazo:  el  Gobierno 
Y  le  había  contestado  confirmando  sus  decisio- 
*  nes  anteriores,  y  se  consideraba  imposible 
todo  arreglo:  la  diplomacia  nada  tenía  que  tratar, 
y  la  guerra  podía  surgir  de  un  momento  á  otro 
con  todos  sus  horrores.  Y  como  ante  ese  azar  te¬ 
rrible  que  nos  hallaba  maltratados  en  la  hacienda 
y  disminuidos,  tras  una  larga  lucha,  por  el  vómito 
y  las  balas,  aunque  animosos  y  tenaces,  más  que 
por  conveniencia  inmediata  y  apreciable,  en  de¬ 
fensa  del  decoro  y  de  la  política  del  porvenir;  ante 
la  inminencia,  repetimos,  del  no  buscado  y  siem¬ 
pre  rehuido  conflicto,  alzábamos  los  brazos  hacia 
Dios  y  hacia  la  bandera  nacional,  fijando  la  vista 
en  las  alturas. 

El  conflicto  no  ha  estallado  aún.  ¿Qué  ha  suce¬ 
dido  en  estos  días?  Visiblemente,  sin  creer  ni  ne¬ 
gar  que  haya,  porque  debe  haberla,  una  parte  re¬ 
servada  á  los  profanos,  la  mediación  de  las  seis 
grandes  potencias  europeas  en  apoyo  de  las  ges¬ 
tiones  del  Pontificado  ha  venido  á  robustecer 
aquella  influencia  moral  que  trata  de  impedir 
nuevo  derramamiento  de  sangre.  ¿Ha  producido 
efectos  materiales?  Desde  luego,  la  negativa  del 
Gobierno  español  á  la  imposición  del  Gobierno 
norteamericano  fijó  el  límite  de  su  aguante  ante 
la  insolencia  de  su  adversario:  éste,  que  interpre¬ 
taba  la  prudencia  como  debilidad,  quedó  descon¬ 
certado:  contaba  con  vencer  fácilmente  por  me¬ 
dio  de  amenazas,  y  vió  con  sorpresa  que  estaba 
equivocado.  Todos  sus  preparativos  de  guerra,  que 
acaso  destinaba  in  péctore  á  imponer  la  ley  á  los 
cubanos,  insurrectos  ó  no,  y  á  realizar  una  ane¬ 
xión  brutal,  aunque  necesitase  despoblar  la  Isla, 
abandonada  por  España,  se  convertían  en  una  gue¬ 
rra  marítima  formal  y  dudosa  antes  de  entrar  en 
la  segunda  parte  del  problema.  ¿Reflexionó  aquel 
Gobierno? 

Alemania,  Austria,  Francia,  Inglaterra,  Italia 
y  Rusia  intervinieron  con  un  consejo  humanita¬ 
rio:  el  mensaje  que  esperaban  las  Cámaras  impa¬ 
cientes,  se  aplazó  con  disgusto  de  los  amarillos: 
dióseles  por  razón  ó  pretexto  la  necesidad  de  de¬ 
jar  tiempo  á  sus  compatriotas  y  cónsules  para 
abandonar  la  Isla:  el  Ministro  norteamericano  en 
Madrid  retiró  y  se  tuvo  por  no  escrita  su  carta  de 
apremio;  y  en  esta  situación,  los  representantes 
de  las  seis  potencias  acreditados  en  esta  corte  se 
presentaron  á  nuestro  Ministro  de  Estado,  acon¬ 
sejando  que  se  concediera  un  armisticio  á  los  re¬ 
beldes:  hízoseles  presente  las  razones  de  decoro  y 
de  conveniencia  que  lo  impedían :  á  las  primeras 
satisficieron ,  desde  el  momento  que  las  seis  gran¬ 
des  potencias  salvan  aquél  con  su  consejo  y  opi¬ 
nión  :  las  segundas  quedan  en  pie  y  en  el  haber  de 
España.  Se  concedió  el  armisticio  á  Su  Santidad  y 
á  las  potencias.  ¿Qué  había  que  hacer  ya?  Esperar, 
sin  interrumpir  los  preparativos  para  rechazar 
una  agresión,  la  conducta  de  los  Estados  Unidos, 


Todo  esto  y  algo  que  no  podemos  añadir  había 
sucedido  en  los  días  que  mediaron  entre  nuestra 
Crónica  anterior  y  la  lectura  del  anunciado  Men¬ 
saje.  Dejemos  á  un  lado  su  parte  expositiva,  que 
es  la  monótona  repetición  de  las  acusaciones  á  Es¬ 
paña  tantas  veces  refutada,  y  las  supuestas  trope¬ 
lías  de  las  armas  españolas,  sin  que  se  nos  reco¬ 
nozca  ni  una  sola  virtud,  ni  una  sola  de  las  muchas 
concesiones  hechas  á  su  soberbia  susceptibilidad 
en  aras  de  la  paz.  Todo  ha  sido  inútil:  margaritas 
echadas.....  al  montón.  Mientras  el  mundo  entero 
reconoce  nuestra  moderación  y  prudencia,  Mac- 
Kinley  nos  presenta  como  una  nación  no  civili¬ 
zada:  jamás  se  ha  faltado  á  la  verdad  con  tanta 
frescura  é  insistencia,  ni  se  han  omitido  tan  sin 
escrúpulo  las  razones  y  descargos  del  adversario. 
¿Y  qué  diremos  del  derecho  de  intervención  fun¬ 
dado  en  que  Cuba  está  á  sus  puertas,  y  en  que,  á 
nuestro  amparo,  han  creado  allí  intereses  comer¬ 
ciales?  ¿No  está  más  á  las  puertas  de  Méjico,  que 
nada  nos  reclama?  ¿No  contiene  una  doctrina  ame¬ 
nazadora  para  Méjico,  Honduras,  Guatemala,  Santo 
Domingo,  y  cuantas  naciones  se  hallen  en  igual 
proximidad?  ¿La  acepta  Inglaterra  para  el  Canadá? 
¿Se  la  reconocen  los  Estados  Unidos  á  Inglaterra 
en  caso  de  que  una  guerra  civil  en  su  propia  casa 
moleste  ó  perjudique  á  los  canadienses?  ¿No  com¬ 
prende  Mac-Kinley  adónde  le  arrastran  esas  afir¬ 
maciones?  ¿Qué  estado  americano  no  las  leerá  con 
preocupación  y  dejará  de  ponerse  muy  en  guardia 
para  sus  relaciones  mercantiles  con  los  norteame¬ 
ricanos,  sobre  todo  cuando  se  arma  y  deja  de  ser 
una  pacífica  república?  ¿Qué  estado  americano  no 
mirará  con  espanto  el  avance  marítimo  de  esos 
vecinos  peligrosos,  de  esos  nuevos  cartagineses 
que  envían  primero  sus  tocinos  y  sus  máquinas 
para  preparar  el  camino  á  sus  escuadras,  alterando 
y  dividiendo  primero  el  país  que  desean  invadir? 
Pues  preferirán  tratar  mercantilmente  con  Europa 
y  el  Japón;  comprenderán  la  necesidad  de  tener 
buques  y  garantizarse  mutuamente  de  los  riesgos 
de  esa  política  invasora  con  urgencia  vital.  El 
egoísmo  con  que  al  establecer  esas  reglas  se  pres¬ 
cinde  de  los  intereses  de  todo  el  Nuevo  Mundo,  lo 
demuestra.  No  hay  más  América,  según  ellos,  que 
los  Estados  Unidos.  Ellos  son  los  únicos,  los  ver¬ 
daderos  americanos.  Expulsemos  á  la  hermana 
mayor,  dicen,  que  ya  se  someterán  las  más  peque¬ 
ñas.  Mac-Kinley  ha  sembrado  las  semillas  de  una 
guerra  futura  y  muy  larga  en  su  Mensaje. 


Pero  prescindiendo  de  la  prosa  del  tal  docu¬ 
mento,  y  considerando  concretamente,  y  con  re¬ 
lación  al  estado  crítico  de  las  cosas,  su  significa¬ 
ción  y  alcance  de  actualidad,  no  podemos  conside¬ 
rarle  ni  tranquilizador  ni  encaminado  bacia  la 
paz,  aunque  aparente  ó  dé  en  realidad  un  paso 
atrás  en  el  camino  de  la  guerra.  Suponen  algunos 
que  debió  antes  ser  horrible  para  los  españoles,  y 
que  se  ha  suavizado;  creemos  lo  contrario:  si  hu¬ 
biéramos  mantenido  la  primera  actitud,  no  se  hu¬ 
biera  expresado  con  menos  comedimiento.  Ello 
es  que  se  arroga  el  derecho  de  intervención ;  que 
nos  echa  en  cara  la  guerra  civil  que  sus  Cónsules 
atizaban  y  sus  buques  mantenían,  y  al  pedir  per¬ 


miso  á  las  Cámaras  para  movilizar  sus  fuerzas 
nos  amenaza  con  la  guerra  para  cuando  lo  juzgue 
más  oportuno.  Y  no  es  ese  lenguaje  la  ruda  fran¬ 
queza  de  un  politicastro  mal  educado,  sino  la  arti¬ 
ficiosa  alegación  del  usurero  que  cae  sobre  la  presa 
para  enredarla  y  aturdiría  con  astucia.  Es,  como 
decía  un  periódico  hace  días,  el  zorro  que  se  las 
echa  de  león.  Nunca  ha  sometido  nación  alguna, 
en  estos  tiempos  de  publicidad,  á  tan  desagrada¬ 
ble  trabamiento.  ¿Cómo  desconocer  nuestra  sobe¬ 
ranía  en  Cuba  esos  extranjeros  que  llegaron  á 
América  dos  siglos  después  que  los  españoles  la 
habían  descubierto  y  civilizado,  y  darnos  por  ra¬ 
zón  que  estamos  á  sus  puertas  y  les  molestamos? 
Si  hablase  así  un  piel  roja,  callaríamos.  Pero  ¿á  qué 
discurrir  ni  refutar  la  letra  de  ese  documento, 
cuando  todo  se  condensa  en  esta  frase: — Os  juzga¬ 
mos  débiles  y  empobrecidos;  somos  más  en  nú¬ 
mero,  y  poseemos  más  riquezas:  dadnos  vuestra 
última  joya,  ó  vive  Dios  que  izaremos  en  nues¬ 
tros  buques  el  pabellón  negro  del  pirata? 

Por  otra  parte,  hay  que  tener  en  cuenta  que 
Mac-Kinley  escribe  para  un  pueblo  fanfarrón ,  y 
no  debe  tener  idea  de  lo  que  disuenan  en  nuestro 
oído  ciertas  asperezas;  y  si  la  tiene,  á  las  arrogan¬ 
cias  debemos  oponer  nuestra  dignidad,  diciendo  á 
Europa: — Os  hemos  hecho  una  concesión  que  juz¬ 
ga  Le  Temps  enorme.  ¿Nos  habéis  atado  á  la  co¬ 
lumna  para  recibir  esos  azotes? 


El  instinto  popular  recibió  con  desconfianza  lo 
del  armisticio:  las  personas  reflexivas  y  las  gentes 
de  negocios,  como  el  principio  de  la  paz;  la  juven¬ 
tud  caliente,  como  una  mala  abdicación.  De  aquí 
que  se  aprovecharan  algunos  para  promover  los 
alborotos  que  hemos  presenciado  en  estos  días,  y 
que  han  producido  algunas  prisiones  y  el  destierro 
á  San  toña  del  general  Borbón  y  Castellví.  No  está 
el  horno  para  rosquillas,  como  vulgarmente  se  dice, 
para  que  aumentemos  las  preocupaciones  de  los 
que  dirigen  la  política.  Desde  luego  estamos  de 
enhorabuena  por  la  retirada  de  Mr.  Lee,  que  era, 
según  fama,  uno  de  nuestros  peores  enemigos. 
Dejémosles  deshonrar  sus  bocas  con  vilezas  con¬ 
tra  España.  Se  creen  los  más  fuertes,  y  gritan  é 
insultan:  es  axiomático  que  todo  insolente  es  co¬ 
barde  cuando  llega  la  ocasión.  No  excitaremos  al 
combate  los  que  no  hemos  de  participar  de  sus  pe¬ 
ligros,  ni  traficar  con  las  industrias  de  la  guerra, 
que  son  muchas,  desde  el  acorazado  á  la  noticia.  Y 
ante  el  mundo  civilizado  tenemos  en  ciertas  de¬ 
claraciones  del  Mensaje  nuevos  argumentos  á 
nuestro  favor.  ¿Que  esto  parece  poco?  ¡Quién  sabe! 
De  todos  modos,  siempre  es  bueno  cuando  hay 
peligro  conservar  la  sangre  fría.  Dejemos  que  gri¬ 
ten  esos  jingos  como  soeces  que  son  y  mal  criados; 
que  aplaudan  á  Mr.  Lee,  de  quien  asegura  un  pe¬ 
riódico  cubano  que  fue  el  verdadero  instigador  de 
la  voladura  del  Maine ,  cuyos  restos,  para  evitar 
comprobaciones,  pretendía  destruir;  á  quien  se 
acusó  de  recibir  contrabando  entre  los  socorros  á 
los  reconcentrados,  y  de  quien  se  dice  que,  al  huir 
de  la  Habana,  ha  escrito  á  los  rebeldes  que  pro¬ 
longuen  la  resistencia:  no  está  clara  su  interven¬ 
ción  en  lo  del  asesinato  de  Ruiz.  Dejémosles  acla¬ 
mar  á  ese  agente  tenebroso,  digno  caudillo  de  la 
gentuza  que  le  aplaude. 


Nuestro  Gobierno  hizo  publicar  en  una  nota  ofi¬ 
ciosa  las  siguientes  declaraciones  hechas  en  Con¬ 
sejo  de  ministros,  y  que  produjeron  el  mejor 
efecto  por  su  mesura  y  decisión: 

«Aun  cuando  faltan  en  la  transmisión  los  trozos 
de  referencia  á  mensajes  anteriores  cuya  lectura 
sería  indispensable  para  completar  su  sentido,  el 
Consejo  estimó  que  lo  que  le  era  conocido  bastaba 
para  afirmar,  frente  á  las  doctrinas  en  el  Mensaje 
expuestas,  las  de  la  soberanía  y  derechos  de  la 
nación  española,  incompatibles  con  extrañas  inge¬ 
rencias  para  la  resolución  de  ?us  asuntos  interiores. 

»No  estima  el  Gobierno  que,  aparte  de  la  so¬ 
lemne  afirmación  de  los  derechos  de  la  nación,  le 
corresponda  hacer  en  estos  momentos  declaración 
alguna  mientras  resoluciones  del  Congreso  norte¬ 
americano  ó  iniciativas  del  Presidente  no  deter¬ 
minen  en  hechos  concretos  las  doctrinas  expues¬ 
tas  en  el  referido  documento. 

3>  La  inquebrantable  conciencia  de  su  derecho, 
unida  á  la  resolución  de  mantenerlo  íntegro,  ins¬ 
pirarán  á  la  nación,  como  le  inspiran  al  Gobierno, 
la  serenidad  necesaria  en  estos  difíciles  momentos 
para  dirigir  con  acierto  y  defender  con  energía  los 
sagrados  intereses  que  son  patrimonio  de  la  raza 
española.» 


Entretanto  procuraba  el  Gobierno  recibir  con 
cortesía  á  los  huéspedes  que  han  venido  á  celebrar 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xiv  —  215 


el  Congreso  de  Higiene  y  Demografía,  inaugu¬ 
rando  sus  sesiones,  facilitándoles  las  visitas  de 
hospitales,  asilos  y  establecimientos  públicos,  ob¬ 
sequiándoles  con  un  banquete  en  el  Real,  y  S.  M.  con 
una  recepción  en  Palacio;  demostrando  que  nues¬ 
tras  preocupaciones  no  nos  privan  de  la  tranqui¬ 
lidad  necesaria  para  agasajar  al  extranjero,  ni  han 
de  perturbar  sus  útiles  y  pacíficas  tareas:  entre 
las  muchas  notas  agradables  para  nosotros,  con¬ 
signan  los  periódicos  el  buen  efecto  producido  por 
la  elocuencia  del  Sr.  Arellano,  delegado  por  Mé¬ 
jico,  que  entre  aplausos  ruidosos  llamó  á  España 
la  madre  de  su  madre. 


El  Gobierno  ha  decidido  abrir  una  suscripción 
nacional,  y  ya  sólo  falta  estar  muy  prevenidos  y 
esperar  sin  temor  los  acontecimientos.  Termina¬ 
mos  nuestra  Crónica  anterior  con  la  impresión  de 
una  ruptura:  no  la  vemos  hoy  conjurada  ni  tan 
próxima,  pero  siempre  inminente  y  de  difícil  des¬ 
viación.  Está  visto  que  buscan  sólo  que  demos  un 
pretexto  que  justifique  su  agresión,  y  no  sería  ex¬ 
traño  en  su  perfidia  que  cometiesen  un  crimen 
para  achacárnosle  como  el  caso  obscuro  del  Maine , 
que  ha  llegado  el  momento  de  aclarar.  Que  no  tra¬ 
tamos  con  gente  de  buena  fe,  cosa  es  sabida.  Lo 
malo  es  que  la  guerra  es  un  negocio  para  algunos. 

Eq  resumen:  hemos  vuelto  á  caer  en  las  ti¬ 
nieblas. 

• 

•  • 

— I  Hombre!  ¿qué  entiende  usted  de  marina  para 
trazar  planes  de  guerra? 

— Mas  que  usted. 

— Yo  siquiera  he  nacido  en  puerto  de  mar. 

— Yo  vivo  en  la  calle  del  Barco. 


— ¿No  le  asusta  á  usted  la  guerra? 

— Es  mi  elemento.  - 

— ¿Será  usted  militar? 

— No,  señora;  soy  yerno. 


•¿Qué  opina  usted  de  la  paz  ó  la  guerra? 
— No  sé  si  vengo  ó  si  voy, 

E  ignoro  el  cómo  y  el  cuándo; 
Tampoco  sé  dónde  estoy, 

Ni  si  despierto  ó  soñando. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 

MR.  PAUL  BROUARDEL, 

decuoo  de  1a  Facultad  de  Medicina  de  París,  presidente  de  la  Comi¬ 
sión  permanente  internacional  de  los  Congresos  de  Higiene  y  De¬ 
mografía. 

Publicamos  en  la  primera  página  el  retrato  del 
Dr.  Brouardel ,  presidente  de  la  Comisión  perma¬ 
nente  de  los  Congresos  de  Higiene  y  Demografía, 
hoy  entre  nosotros  con  motivo  de  la  celebración 
en  Madrid  del  IX  de  dichos  Congresos  bajo  el  pa¬ 
tronato  de  SS.  MM. 

Nació  Brouardel  en  Saint-Quentin  (Aisne)  el 
17  de  Octubre  de  1837,  y  obtuvo  el  doctorado  en 
Medicina  en  1865.  Fué  nombrado  módico  del  hospi¬ 
tal  de  San  Antonio  en  1873,  y  en  1879  profesor  de 
Medicina  legal.  Desde  1878  dirigía  los  Anales  de 
Higiene  pública  y  de  Medicina  legal ,  y  ha  llegado 
sucesivamente  á  ser  académico  y  presidente  de  la 
Sociedad  del  mismo  nombre,  director  del  Labora¬ 
torio  de  la  Morgue,  y  decano  de  la  Facultad  de 
Medicina  de  París  en  1887.  El  Dr.  Brouardel  fué 
con  el  Dr.  Roux  encargado  de  estudiar  la  vacuna 
anticolérica  del  Dr.  Ferrán,  dictaminando  contra 
su  sistema. 

El  Dr.  Brouardel  es  autor  de  muchos  folletos  y 
memorias  sobre  asuntos  de  medicina. 

*  • 

BARCELONA. 

Embarco  en  el  muelle  de  la  Barceloneta  de  los  batallones  de  Lu- 
chana  y  Mallorca  expedicionarios  á  Canarias ,  verificado  el  5  del 
corriente. 

El  día  5  del  corriente  llegaron  á  Barcelona,  pro¬ 
cedentes  de  Tarragona  y  Valencia,  respectivamen¬ 
te,  los  batallones  de  cazadores  de  Luchana  y  Ma¬ 
llorca.  A  las  nueve  de  la  mañana  llegó  al  muelle 
de  la  Barceloneta  el  batallón  de  Luchana  con  su 
escuadra  de  gastadores,  banda  de  cornetas,  música 
y  bandera,  embarcando  poco  después  en  los  vapo¬ 
res  golondrinas. 

En  el  citado  muelle  se  hallaban  desde,  mucho, 
antes  de  la  llegada  de  las*  tropas  tol  generáí  de  día* 


D.  Alberto  de  Borbón  y  varios  jefes  y  oficiales. 

A  las  diez,  y  cuando  había  terminado  ya  el  em¬ 
barco  del  batallón  de  Luchana,  llegó  al  embarca¬ 
dero  el  de  Mallorca,  que  en  poco  más  de  media 
hora  fué  transportado  al  vapor-correo  Antonio 
López . 

Durante  la  operación,  así  como  en  el  trayecto 
que  recorrieron  dichas  tropas  desde  la  estación  al 
muelle,  sos  músicas  tocaron  marciales  marchas. 

El  embarco  se  ha  efectuado  ordenadamente:  las 
tropas  vestían  el  traje  de  diario,  con  mochila  y 
manta,  y  llevaban  sus  correspondientes  fusiles 
Mauser.  (Véase  el  primer  grabado  de  la  pág.  216.) 

El  batallón  de  Luchana  se  compone  de  600  in¬ 
dividuos  de  tropa,  al  mando  de  su  teniente  coro¬ 
nel  D.  Adalberto  Eguía;  y  el  de  Mallorca  de  596 
plazas.  Va  mandado  por  su  coronel  D.  Juan  Pe- 
reyra. 

El  vapor-correo  Antonio  López  zarpó  á  las  cua¬ 
tro  y  cuarto  de  la  tarde  con  rumbo  á  Las  Palmas 
de  la  Gran  Canaria. 

* 

«  « 

MARINA  DE  GUERRA  ESPADOLA. 

El  acorazado  de  primera  clase  Pelayo  y  el  yate  inglés  Giralda. 

Damos  en  el  segundo  grabado  de  la  página  216 
una  reproducción,  del  acorazado  español  de  pri¬ 
mera  clase  Pelayo  en  el  dique  de  Tolón,  donde  ha 
sido  reformado. 

En  Diciembre  de  1896  se  contrataron  las  refor¬ 
mas  siguientes:  reemplazar  las  antiguas  calderas 
por  otras  nuevas  del  sistema  Nielan sse  ó  Belleville, 
compuestas  de  diez  y  seis  cuerpos,  fabricadas  en 
los  talleres  de  la  sociedad  Forges  et  Chantiers  de  la 
Mediterranée ,  é  instalar  una  batería  de  ocho  ca¬ 
ñones  de  14  cent;metros,  de  tiro  rápido,  sistema 
Canet,  en  reemplazo  de  los  de  12  centímetros. 

Practicadas  que  fueron  las  reformas  convenien¬ 
tes,  partió  el  buque  de  Tolón. 


Representa  nuestro  grabado  de  la  página  218  el  # 
nuevo  aviso  Giralda  adquirido  por  el  Gobierno  es¬ 
pañol.  Era  el  Giralda  uü  magnífico  yate  de-exce¬ 
lentes  condiciones  marineras,  propiedad  del  opu¬ 
lento  lord  Cayon.  Desplaza  1.750  toneladas,  tiene 
dos  cañones  Hogkins  y  dos  ametralladoras  y  un 
andar  de  19  milhuu- 

E1  Giralda  lleva  dos  proyectores  de  luz  eléc¬ 
trica  de  3.200  bujías,  y  fué  construido  hace  dos 
años. 

En  la  actualidad  se  encuentra  aprestándose  en 
el  puerto  de  Barcelona. 

•  * 

LA  HABANA. 

Los  autores  del  infame  y  calumnioso  informe  yankee  sobre  las  causas 
de  la  voladura  del  Maine ,  A  bordo  del  Manjrove. 

El  informe  de  la  Comisión  yankee  sobre  las 
causas  de  la  voladura  del  Maine  era  preciso  que 
resultara  yankee  también ;  y  como  por  el  camino 
de  la  imparcialidad  no  podía  llegarse  más  que  al 
término  de  la  justicia,  fué  necesario  echar  por 
otro  camino,  y  se  escogió  el  de  la  perfidia. 

A  falta  de  pruebas  buenas  son  las  hipótesis,  y 
éstas,  cuanto  más  venenosas  y  ofensivas,  tanto 
más  á  propósito  para  producir  el  doble  efecto  ape¬ 
tecido:  adular  la  pasión  del  feroz  jingoísmo  y  pro¬ 
vocar  insidiosamente  la  indignación  de  los  espa¬ 
ñoles  para  llegar  al  anhelado  rompimiento  con  que 
sueñan  hace  tiempo  los  que  apetecen  lo  que  es 
nuestro  y  piensan  que  su  fuerza  es  superior  á  todo 
derecho. 

En  el  primer  grabado  de  la  página  217  publica¬ 
mos  los  retratos  de  los  miembros  de  la  Comisión 
que  nos  atribuye  un  atentado  en  que  nadie  cree, 
sino  los  energúmenos  que  por  aquellas  tierras 
fermentan  de  las  heces  de  lo  peor  de  todos  los 
países  que  allí  encontraron  refugio  y  fortuna. 

Mucho  antes  de  que  existiera  el  Mainey  ni  na¬ 
cieran  los  jingos,  ni  se  nombraran  comisiones  de 
marinos  yankees ,  existía  en  nuestra  tierra  un  pro¬ 
verbio  que  dice :  El  que  las  hace  las  imagina . 

* 

e  « 

EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉR1CA. 

Preparativos  de  guerra. 

Los  dos  últimos  grabados  de  la  página  217  dan 
idea  del  movimiento  belicoso  de  los  yankees  en  es¬ 
tos  días:  representa  el  de  la  derecha  la  instrucción 
de  los  reclutas  de  los  nuevos  regimientos  de  arti¬ 
llería  en  «Fort’Slocum»,  isla  de  Davids,  Long  Is- 
land  Sound.  No  es  la  marcialidad  la  nota  que  dis¬ 
tingue  á  estos  reclutas  de  sombrero  hongo  y  de 
chaquet,  ni  es  fácil  calcular  los  belicosos  bríos  que 
se  esconderán  bajo  esa  indumentaria  de  paisano 
cursi;  pero  lo  que  sí  se  advierte  es  que,  dada  la  in¬ 


minencia  del  casus  belli ,  los  están  instruyendo  con 
toda  precipitación ,  como  á  aquellos  guerreros  en 
camisa  de  Los  Sobrinos  del  capitán  Grant.¿Y  cómo 
dudar  de  que  se  trata  de  los  sobrinos  en  el  país 
de  Samy  el  indiscutible  tío? 

El  otro  grabado  reproduce  una  escena  del  re¬ 
clutamiento  por  el  sistema  de  anuncios,  tan  pe¬ 
culiar  en  el  país  del  reclamo.  Su  convocatoria  se 
hace  por  car  telón  es  ilustrados  con  viñetas.  Los 
lectores  revelan  claramente  la  minuciosidad  con 
que  se  enteran  de  las  condiciones  y  el  cálculo  que 
hacen  de  la  utilidad  del  negocio.  Indudablemente 
habrá  tarifas  de  distintas  clases:  un  soldado  va¬ 
liente,  sobrio,  sufrido  y  disciplinado......  tantos  do- 

llars;  id.,  sin  sobriedad^...,  tantos.....;  id.,  sin  disci¬ 
plina,  cuantos.....;  id.,  sin  valor...-  (como  las  mues¬ 
tras),  etc.,  etc. 

• 

•  • 

MADRID. — CONGRESO  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFÍA. 

El  Palacio  de  Bibliotecas  y  Museos  donde  se  celebran  las  sesiones.— 
Sula  7.*  de  la  Exposición.— Instalaciones  déla  Sociedad  Protectora 
de  los  Niños,  del  Sanatorio  marítimo  de  Chipiona  y  de  las  publi¬ 
caciones  del  Dr.  Tilosa  Latour.  —  Máquinas  de  desinfección  y  ca¬ 
rruajes  para  la  conducción  de  heridos. 

Reproduce  el  grabado  de  la  página  220  la  facha¬ 
da  principal  del  Palacio  de  Bibliotecas  y  Museos 
Nacionales,  donde  ahora  se  celebra  el  IX  Con¬ 
greso  Internacional  de  Higiene  y  Demografía. 

Fue  colocada  la  primera  piedra  de  este  hermo¬ 
so  edificio  por  S.  M.  la  reina  D.a  Isabel  II,  comen¬ 
zando  las  obras  en  1866.  El  primer  proyecto  fué 
del  arquitecto  D.  Francisco  Jareño,  y  después  hizo 
los  planos  últimos  el  Sr.  Ruiz  Salces. 

En  la  planta  baja  tiene  el  edificio  22  salones, 
46  en  el  entresuelo  y  93  en  el  piso  principal.  El 
frontón  es  obra  de  Agustín  Querol,  y  los  grupos  de 
figuras  de  alto  relieve  representan  las  Ciencias  y 
las  Artes  que  florecen  al  benéfico  influjo  de  la  Paz. 
Sobre  el  vértice  se  levanta  la  estatua  de  España, 
que  lleva  en  la  mano  una  corona  de  laurel,  y  en 
los  ángulos  se  hallan  las  estatuas  del  Genio  y  del 
•  Estudio.  <  j  . 

En  la  escalinata  están  las  estatuas  de  San  Isidoro 
y  D.  Alfonso  el  Sabio ,  del  escultor  Alcoverro.  En 
las  puertas  las  de  Luis  Vives,  Lope  de  Vega,  Ne- 
brija  y  Cervantes. 

En  este  edificio  se  hallan  instalados,  además  de 
la  Biblioteca  Nacional,  Ios-Museos  Arqueológico, 
de  Historia  Natural,  el  Archivo  Histórico  Nacio¬ 
nal  y  el  de  Pintura  y  Escultura  contemporáneas. 


En  la  página  224  publicamos  una  vista  de  la 
sala  7.a  de  la  Exposición  del  Congreso  de^Higiene 
y  Demografía  que  se  celebra  en  el  Palacio  de  Bi¬ 
bliotecas  y  Museos.  En  dicha  sala  figuran,  entre 
otras  instalaciones  interesantes, -las  del' Instituto 
de  Higiene  Urbana,  de  Barcelona;  del  Biológico 
de  Organoterapia  de  baños  y  estufas,  de  Labat;  de 
desinfectantes  Laurenol;  de  Orive,  de  Bilbao;  de 
la  Empresa  Española  de  Filtros;  de  sifones  higiéni¬ 
cos  del  Sr.  Pables;  de  la  casa  francesa  Mallié,  que 
expone  filtros  de  porcelana  de  amianto;  del  Ins¬ 
tituto  Rubio;  del  proyecto  del  Sr.  Belmas;  del 
Hospicio  de  Madrid;  del  Instituto  de  Higiene  de 
Sevilla  del  Dr.  Murga  con  preparaciones,  instru¬ 
mentos  y  suero;  de  Adnet  con  instrumentos,  quí¬ 
mica  y  bacteriología  y  de  los  aparatos  para  evitar 
accidentes  y  enfermedades  de  los  obreros  (Ams- 
terdam).  En  el  fondo  del  grabado  se  halla  la  en¬ 
trada  á  la  Sala  del  Laboratorio  Central  de  Medica¬ 
mentos  de  Sanidad  Militar  de  España. 

En  el  grabado  primero  de  la  página  225  apare¬ 
ce  en  primer  término  la  instalación  de  la  Socie¬ 
dad  Protectora  de  los  Niños.  Creada  estasofciedad 
en  1878,  fué  objeto  y  es  motivo  de  su  obra  civi¬ 
lizadora  y  humanitaria  procurar  por  todos  los 
medios  posibles  la  conservación  de  la  vida  de  los 
niños  desde  su  nacimiento,  libertándolos  de  los 
riesgos  y  peligros  á  que  los  expone  su  debilidad; 
protegerlos,  cualesquiera  que  sea  su  clase  y  condi¬ 
ción,  contra  el  abandono,  la  miseria,  los  malos 
tratamientos  y  los  ejemplos  de  inmoralidad,  y 
popularizar  en  las  familias  los  preceptos  más  úti¬ 
les  de  la  higiene  y  de  la  moral  de  los  niños,  en 
armonía  con  los  preceptos  religiosos. 

En  tan  benéfica  labor ,  socorre  la  pobreza  extre¬ 
ma  de  aquellas  familias  donde  hay  niños  que  ca¬ 
rezcan  de  alimentos  ó  vestidos  ó  sufran  cualquier 
otra  apremiante  necesidad.  Tiene  establecido  un 
Refugio  para  albergar  en  él  y  ser  madre  amorosa 
de  todo  pequeñuelo  que  quede  en  el  mundo  desam¬ 
parado,  dándoles  luego  colocación  permanente. 
Ha  fundado  y  sostiene  un  Sanatorio  para  niños  en 
el  hermoso  paraje  de  las  montañas  de  la  Alcarria, 
donde  se  encuentrap  establecidos  los  baños  de 
Trillo.  Cuenta  con  un  acreditado  Cuerpo  médico 


Digitized  by  AjOOQle 


—  N.°  XIV 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Abril  1898 


BARCELONA.  — EMBARCO  EN  EL  MUELLE  DE  LA  BARCELONETA  DE  LOS  BATALLONES  DE  LUCHANA  Y  MALLORCA 
EXPEDICIONARIOS  A  CANARIAS,  VERIFICADO  EL  5  DEL  CORRIENTE. 

/' 


MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA. — el  acorazado  de  primera  clase  «pelayo»,  dispuesto  para  salir  del  dique  de  Tolón, 

DESPUÉS  DE  TERMINADAS  SUS  REFORMAS. 


'  '*'•  #■> 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xiv  —  217 


Teniente  Potter.  Capitán  Chadwick. 


Capitán  Sampson. 


Teniente  Marix. 


LA  HABANA.— LOS  AUTORES  del  infame  y  calumnioso  informe  «yankee»  sobre  las  causas  de  la  voladura  del  «maixe», 

Á  BORDO  DEL  aMANGROVE*, 


EE.  UU.  DE  NORT E- AMÉ RIC A.  —  preparativos  de  guerra. 

UN  CENTRO  DE  RECLUTAMIENTO  EN  NUEVA  YORK. 


EE.  UU.  DE  NORTE- AMÉRICA. —instrucción  de  reclutas 

DE  ARTILLERÍA  EN  EL  FUERTE  SLOCUM  (LONQ  ISLAND  SOüND). 


Digitized  by  AjOOQLe 


.a  XIV 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA'  Y  AMERICANA 


Abril  1898 


abogados,  y  con  consultas  públicas  y 
le  ambas  facultades,  que  cuidan  de  la 
infantil  y  velan  por  los  derechos  todos 
os,  insistiendo  particularmente  por  que 
cumplan  las  leyes  protectoras  de  la  in- 
iiene,  por  último,  una  publicación  men- 
5,  al  reflejar  y  dar  cuenta  de  toda  esta 
labor,  publica  artículos  consagrados  á 
;an  interesante  como  meritoria, 
llegan  los  casos  de  protección  por  ella 
y  en  su  Refugio  actual,  amplio,  her- 
fiénico  local,  que  cuenta  con  dos  espa- 
uy  bien  dotadas  escuelas,  y  que  está  si- 
la  calle  de  Bravo  Murillo,  niim.  42,  se 
il  presente  100  niños  de  ambos  sexos; 
i  ene  en  su  Sanatorio  de  Trillo  40  enfer- 
bien  instalados. 


f  MADRID. 

Experiencias  del  suero  antidi ftér ico  de  Roux 
en  el  Instituto  Microbiológico. 

Con  motivo  del  IX  Congreso  internacional  de 
Higiene  y  Demografía  publicamos  el  grabado  de 
la  página  223,  que  representa  el  acto  de  practicar 
una  sanaría  al  caballo  árabe  Sultán ,  del  Dr.  Ro- 
bert,  por  éste  y  los  doctores  Zubiaurre  y  Llórente, 
fundadores  del  Instituto  Microbiológico  de  Ma¬ 
drid,  en  el  mes  de  Octubre  de  1894. 

Sabido  es  de  todos  que  fue  en  el  VIII  Congreso 
internacional  de  Higiene  y  Demografía,  celebrado 
en  Budapest  en  Septiembre  del  año  1894,  donde 
se  dieron  á  conocer  los  notables  estudios  de  Ber- 
hing  y  de  Roux  sobre  la  curación  de  la  difteria 
por  el  empleo  del  suero  de  caballo  inmunizado.  Y 


Real  orden  del  22  de  Mayo  de  1895  autorizando  la 
elaboración  y  venta  del  suero  antidiftérico  á  los 
-  Sres.  Llórente,  Robert  y  Hernández. 

Al  frente  del  Instituto  se  halla  hoy  sólo"  el  doc¬ 
tor  Llórente,  pues  por  causas  (pe  desconocemos 
se  han  separado  de  su  compañía  los  Dres.  Her¬ 
nández,  Zubiaurre  y  Robert;  y  si  bien  es  sensible 
esta  desunión  en  los  que  todo  fué  entusiasmo,  no 
deja  de  ser  un  hecho  evidente  el  que  en  Madrid 
el  suero  antidiftérico  ha  salvado  centenares  de 
enferinitos  (1);  porque  si  antes  del  suero  morían, 
según  afirma  el  Dr.  Monmenex  (2),  más  del  80 
por  100  de  los  atacados,  con  el  uso  de  este  ma¬ 
ravilloso  medicamento  la  mortalidad  ha  sido  re¬ 
bajada  al  13,01  por  100.  (Boletín  de  la  Revista 
de  Medicina  y  Cirugía  prácticas,  15  de  Agosto 
de  1897)  (3).  *' 


MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA,  —  el  yate  inglés  «giralda»,  adquirido  para  aviso  por  el  gobierno  español, 

APRESTÁNDOSE  ACTUALMENTE  EN  EL  PUERTO  DE  BARCELONA. 


igulo  del  fondo  figura  la  instalación  del 
Marítimo  de  Santa  Clara  en  Chipiona, 
'atamos  detenidamente  no  h¿  mucho 
la  de  las  publicaciones  del  Dr.  Tolosa 


do  grabado  de  la  misma  página  contiene 
Las  de  desinfección  del  Laboratorio  Mu- 
Madrid,  por  el  sistema  Genesse  Hers- 
,  de  presión  por  medio  del  vapor.  Bajo 
;o  de  la  derecha  se  hallan  los  carruajes 
1  Militar  para  el  transporte  de  heridos. 
• 

•  • 

BELLAS  ARTES. 

au  Fiesta*  de  Flora ,  cuadro  de  Cavallaro. 

o  de  Cavallaro  que  reproducimos  en  la 
representa  una  de  las  nocturnas  y  bu- 
astas  del  paganismo.  A  fines  del  mes  de 
alebraban  los  famosos  juegos  en  honor 
liosa  de  la  primavera,  esposa  de  Céfiro, 
el  imperio  de  las  flores  y  la  primera 
Los  griegos  la  llamaban  Cloris,  y  lleva- 
o  á  Italia,  siendo  introducido  en  Roma 
Según  algunos  autores,  las  fiestas  flora- 
araban  en  honor  de  la  cortesana  Flora, 
*blo  romano  colocó  en  la  categoría  de 
laberle  dejado  por  heredero  de  sus  cuan- 
es. 

egos,  que  por  celebrarse  en  un  templo  y 
le  una  divinidad  tan  poética  y  apacible 
osa  de  las  flores  parece  que  debían  bri- 
candorosa  sencillez,  eran  precisamente 
itrario  y  dejaron  fama  por  sus  escanda- 
edenes. 


•  • 


si  bien  la  comunicación  del  Dr.  Roux,  dando 
cuenta  de  la  aplicación  del  suero  en  el  Hospital 
des  Enfants  Malades,  de  París,  conmovió  no  tan 
sólo  á  los  módicos,  sino  también  al  mundo  entero, 
sobre  todo  á  las  madres  de  familia,  por  las  fechas 
anteriores  vemos  que  en  Madrid  no  se  perdió  el 
tiempo  para  obtener  el  precioso  específico  de  Ber- 
hing-Roux  y  poder  curar  el  garro  tillo . 

El  29  de  Enero  de  1895,  presentados  por  los 
Excmos.  Sres.  Marques  de  San  Felices  y  Conde  de 
Caudilla,  los  Sres.  Llórente  y  Robert  fueron  re¬ 
cibidos  en  audiencia  por  S.  M.  la  Reina  Regente, 
que,  como  soberana  y  madre ,  les  alentó  en  su  em¬ 
presa  humanitaria,  suscribiendo  además  dos  mil 
quinientas  pesetas  para  el  sostenimiento  y  des¬ 
arrollo  del  naciente  Instituto,  y  regalando  des¬ 
pués  hermosos  caballos  para  el  mismo  fin  benéfico. 

S.  A.  la  Infanta  D.H  Isabel  dispensó  también  el 
mismo  favor,  recibiendo  á  los  doctores  y  contri¬ 
buyendo  con  mil  pesetas  de  su  bolsillo  particular. 
A  ejemplo  de  las  excelsas  personas,  y  en  épocas 
diferentes,  los  Marqueses  de  Cubas,  Urquijo,  Con¬ 
des  de  Caudilla,  Sres.  D.  Manuel  María  Alvarez, 
Baüer,  Dentisch,  generala  Jovellar,  el  Círculo  de 
la  Unión  Francesa,  Dres.  Mariani,  Argumosa, 
Yaldós,  González,  etc.,  etc.,  hicieron  también  im¬ 
portantes  donativos  con  el  mismo  fin. 

Un  aficionado ,  el  Sr.  D.  Leandro  A.  de  Torrijos, 
en  agradecimiento  á  la  curación  de  su  hijo  Fer¬ 
nando,  inyectado  por  el  Dr.  Robert,  hizo  la  foto¬ 
grafía  que  reproducimos,  y  entregó  además  la  can¬ 
tidad  de  mil  pesetas  al  Instituto. 

Durante  seis  meses,  el  caballo  Sultán  propor¬ 
cionó  suero  suficiente  para  tratar  multitud  de 
niños  diftéricos  en  Madrid  y  provincias,  y  como 
consecuencia  del  análisis  que  de  este  suero  prac¬ 
ticó  oficialmente  el  Dr.  Mendoza,  jefe  del  labora¬ 
torio  del  hospital  de  San  Juan  de  Dios,  se  dictó  la 


BRES.  D.  JULIÁN  CALLEJA  Y  D.  AMA  LIO  J1MENO  Y  CABAÑAS, 

presidente  técnico  y  secretario  fren  eral,  respectivamente, 
del  IX  Congrego  de  Higiene  y  Demografía. 

Publicamos  en  la  página  224  el  retrato  del  no¬ 
table  médico  español  D.  Julián  Calleja,  que  des¬ 
empeña  la  presidencia  técnica  del  IX  Congreso  de 
Higiene  y  Demografía  que  actualmente  se  cele¬ 
bra  en  la  corte.  Nació  en  Madrid  el  Dr.  Calleja 
en  1837,  y  cursó  con  gran  brillantez  la  carrera, 
ganando  muchos  premios  y  luchando  contra  la  di¬ 
fícil  situación  en  que  vivía,  debiendo  así  todo  su 
porvenir  al  propio  esfuerzo.  Obtuvo  una  plaza  de 
ayudante  de  director  del  Colegio  de  San  Carlos,  y 
al  mismo  tiempo  que  la  desempeñaba  tenía  una 
clase  de  repaso  de  Anatomía.  Ganó  por  oposición, 
en  1863,  la  cátedra  de  la  misma  asignatura  en  la 
facultad  de  Medicina  de  Valladolid,  y  durante  su 
viaje  á  dicha  capital  prestó  sus  auxilios  profesio¬ 
nales  á  las  víctimas  de  una  desgracia,  y  obtuvo 
por  ello  la  cruz  de  Beneficencia. 

Al  morir  el  Dr.  Fourquet,  obtuvo  en  brillante 
oposición  la  cátedra  que  éste  dejó  vacante.  En  1873 
fue  nombrado  decano  de  la  Facultad,  y  en  los 
cinco  años  que  ejerció  el  cargo  mejoró  y  amplió 
los  Museos  Anatómico,  Instrumental  é  Iconogrᬠ
fico,  así  como  los  departamentos  de  micrografía, 
farmacología  y  toxicología,  y  terminó  la  organi¬ 
zación  independiente  y  adecuada  del  hospital  clí¬ 
nico. 

En  1878  dimitió  el  decanato,  siguiendo  en  el 


(1)  Hace  quince  días,  el  niño  de  nuestro  particular  amigo  se¬ 
ñor  D.  Eugenio  de  Carlos  fué  curado  rápidamente  por  una  in¬ 
yección  de  suero  de  Roux  practicada  por  el  Dr.  Robert 

(2)  Enfermedades  infecciosas  en  Madrid.  Biblioteca  Científica 
Moderna,  1894. 

(3)  Madrid,  La  diphterie  et  le  sérum  antidiphterique.  XII* 
Congrés  International  de  Moscou.  (19-26  aoüt  1897.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Abril  -  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xiv  —  219 


profesorado.  Ha  sido  en  varias  ocasiones  conse¬ 
jero  de  Instrucción  Pública,  senador  del  Reino  y 
director  general  de  Instrucción  Pública.  Es  aca¬ 
démico  de  la  de  Medicina  y  de  la  de  Ciencias.  El 
Dr.  Calleja  es  además  autor  de  muchas  y  muy  im¬ 
portantes  obras  científicas. 


En  la  misma  página  publicamos  el  retrato  del  dis¬ 
tinguido  Dr.  D.  Amal  i  o  Jimeno,  que,  como  secre¬ 
tario  general  del  Congreso  de  Higiene  y  Demo¬ 
grafía,  ha  sido  el  alma  de  los  dificilísimos  trabajos 
de  organización  del  mismo,  y,  con  una  actividad 
inquebrantable  por  todos  reconocida,  contribuye 
en  primer  término  al  más  brillante  éxito  de  la 
asamblea. 

Nació  el  Dr.  Jimeno  en  Cartagena  en  el  año  50, 
y  cursó  en  las  Universidades  de  Valencia  y  Madrid 
la  carrera  de  Medicina  con  gran  aprovechamiento, 
ganando  el  título  de  doctor  como  premio  extraor¬ 
dinario. 

Fué  médico  titular  de  Pujol  (Valencia),  y  allí 

3 aró  su  primer  estudio  científico  acerca  de  la 
tria.  De  1872  á  1874  colaboró  asiduamente  en 
El  Oenio  Médico  Quirúrgico ,  publicando  sus  no¬ 
tables  trabajos  La  estética  en  las  ciencias  médicas 
y  Un  habitante  de  la  sangre ,  en  los  que  se  reveló 
como  literato  y  estadista  excelente. 

Por  oposición  ganó  en  1874  una  plaza  de  médico 
de  baños,  y  el  75  la  cátedra  de  Patología  general 
de  Santiago.  Pasó  después  á  Valladolid  y  á  Valen¬ 
cia,  donde  explicó  Terapéutica  y  Materia  médica. 
En  1888  desempeñó  la  cátedra  de  Higiene  privada 
y  pública  en  la  Universidad  Central,  y  después  la 
de  Patología  quirúrgica,  reemplazando  en  ella  al 
Dr.  Creus. 

El  año  1885  acompañó  al  Dr.  Ferrán  en  su  odi¬ 
sea  por  España,  siendo,  como  dice  uno  de  sus  bió¬ 
grafos,  el  evangelista  del  descubrimiento  del  mé¬ 
dico  tortosino;  y  en  1891  fué  á  Berlín  con  la 
Comisión  científica  para  estudiar  el  descubri¬ 
miento  del  Dr.  Koch  contra  la  tuberculosis,  sobre 
el  que  escribió  muy  importantes  Memorias. 

Director  de  varios  periódicos  científicos,  lite¬ 
rato  distinguido  y  orador  elocuente  muy  celebra¬ 
do  en  ateneos  y  academias,  ha  sido  diputado  á 
Cortes  por  Alcira  y  es  senador  del  reino. 

Entre  sus  publicaciones  científicas  figuran  el 
Tratado  elemental  de  Terapéutica  y  Materia  'mé¬ 
dica  y  las  Lecciones  de  Patología  general . 

Goza  el  Dr.  Jimeno  de  excelente  reputación 
como  módico,  y  numerosa  clientela  acude  con  es¬ 
pecialidad  á  su  gabinete  electroterápico. 

«  • 

EL  CARDENAL  HERRERA. 

Nuestro  grabado  de  la  página  228  representa  al 
nuevo  Cardenal  Herrera,  arzobispo  de  Santiago, 
acompañado  del  embajador  de  España  en  el  Vati¬ 
cano,  Sr.  Merry  del  Val;  de  Monseñor  Marzolini, 
camarero  secreto  de  Su  Santidad,  caballero  de 
capa  y  espada,  y  de  los  Secretarios  de  la  Embajada 
de  España,  en  el  momento  de  empezar  las  visitas 
llamadas  de  calore .  Son  éstas,  como  es  sabido,  las 
recepciones  que  tiene  cada  Cardenal  antes  del  con¬ 
sistorio  de  cuantos  acuden  á  ofrecerle  sus  respetos.  . 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


IMPOSIBILIDAD  DE  LAS  ALIANZAS  EOEOPEAS. 


i. 


O  hay  que  forjarse  ilusiones  sobre 
alianzas,  pues  la  ilusión  produce  mo- 
n  mentánea  ceguera,  y  necesitamos  los 
;1k5  españoles  tener  muy  clara  la  vista  y 
muy  abiertos  los  ojos  en  las  terribles 
'{circunstancias  por  cuyos  enormes  bajíos 
'¿atraviesa  nuestra  patria.  En  vano  se  le¬ 
vantará  el  venerable  León  XIII  ofreciendo 
generosísimo  su  paternal  y  santa  mediación 
entre  nosotros  y  los  maldecidos  yankees;  en 
vano  se  vestirán  los  embajadores  de  las  grandes 
potencias  sus  más  bordados  uniformes,  presen¬ 
tándose  muy  solemnes  casa  del  Ministro  de  nues¬ 
tras  relaciones  exteriores  con  aires  de  árbitros  y 
aparatos  de  arbitraje;  todo  eso  aparece  á  nues¬ 
tro  pensamiento  reflexivo  y  á  nuestra  machucha 
experiencia  un  alardeo  vistoso,  mas  inútil,  sin 
resultados  favorables  posibles,  pues  nuestra  Es¬ 
paña  no  puede  aspirar  á  género  alguno  de  alianzas 
efectivas  y  eficaces  con  ningún  pueblo  y  con  nin¬ 
gún  Gobierno  europeo.  Siempre  pintaron  mal  á 
nuestras  gentes  y  á  nuestras  tierras  las  alianzas 
con  los  extraños.  Las  dos  obras  capitales  de  nues¬ 


tra  historia  se  emprendieron  y  remataron  sin 
aliado  alguno;  la  reconquista  del  suelo  patrio  y  la 
invención  del  mundo  americano.  Desde  principios 
del  siglo  XVI  á  fines  del  siglo  xvri  nos  hallamos 
unidos  con  Austria,  y  esta  unión  horrible  nos 
condujo  á  la  rota  de  Rocroi  primero,  después  á 
la  humillación  de  Westfalia,  desangrándonos  por 
extraños  dioses  y  por  ajenos  lares  en  todos  los 
campos  de  batalla:  desde  fines  del  siglo  XVII  hasta 
comienzos  del  corriente  siglo  estuvimos  aliados 
con  Francia,  y  este  gravísimo  error  nos  traio  el 
conflicto  perdurable  con  Inglaterra;  el  infame 
pacto  de  familia,  tan  perjudicial  á  nuestros  nacio¬ 
nales  intereses,  pospuestos  siempre  por  la  dinas¬ 
tía  Borbón  á  los  intereses  de  su  genuína  patria;  la 
separación  de  Nápoles  y  Sicilia],  con  gravísimo  de¬ 
trimento  del  poder  español,  sacrificado  á  los  afec¬ 
tos  domésticos  de  Isabel  Farnesio  y  á  las  locuras 
del  extraviado  Alberoni;  la  guerra  por  los  anglo¬ 
sajones  del  Nuevo  Mnndo,  que  nos  trajo  á  la  pos¬ 
tre  y  término  el  terrible  caso  de  la  pérdida  del  in¬ 
menso  imperio  colonial  antiguo;  la  batalla  de  Tra- 
falgar,  donde  se  hundió  con  gloria  nuestra  incom¬ 
parable  marina;  y  la  irrupción  napoleónica,  que 
tiró  á  matar  nuestra  independencia  y  á  convertir 
nuestra  soberbia  patria  en  la  Polonia  del  Medio¬ 
día.  No  son  populares  aquí  las  alianzas  extranje¬ 
ras;  pero  aunque  lo  fuesen,  imposible  intentarlas, 
y  menos  conseguirlas.  Para  convencerse  de  tal 
verdad,  no  hay  como  estudiar  el  estado  interior  y 
exterior  de  cada  pueblo  con  atención  verdadera. 
Empecemos  en  esta  enumeración  por  Francia  y 
los  franceses. 


II. 

El  estado  interior  de  Francia  no  se  presta  mu¬ 
cho  á  una  política  firme  y  resuelta.  Esa  facilidad 
con  que  la  enajena  un  caso  particular  ó  individual 
de  traición,  más  ó  menos  cierto,  dice  cómo  su  es¬ 
tado  nervioso  deja  mucho  que  desear,  y  cómo  cual¬ 
quier  desarreglo,  parecido  al  causado  por  las  cati- 
linadas  de  Boulanger,  puede  atentar  con  debilidad 
incurable  ó  con  muerte  segura  sus  maravillosas 
instituciones  parlamentarias,  que  son  su  honra,  y 
en  cuya  perduración  libramos  los  pueblos  libres 
fundadísimas  esperanzas.  Todo  lo  hubiera  podido 
temer  de  Francia  menos  que  en  sus  entrañas, 
donde  se  encarnaron  los  más  bellos  ideales  mo¬ 
dernos,  estallara  una  explosión  de  pasiones  anti¬ 
semíticas,  precursora  de  guerras  nuevas  religiosas 
ó  incomprensibles  para  mí  en  suelo  donde  se  ha 
levantado  la  inmortal  Constituyente  y  en  espíritu 
que  ha  difundido  por  toda  la  tierra  y  por  toda  la 
humanidad  los  derechos  del  hombre.  Zola,  enfure¬ 
ciéndose  por  un  caso  particular  y  aislado,  después 
de  haber  á  cien  casos  de  trascendencia  universal 
permanecido  indiferente;  Rochefort,  colocándose 
por  sus  luchas  con  algunos  republicanos  á  la  ca¬ 
beza  de  una  reacción  religiosa  como  la  reacción 
antisemítica  y  defendiendo  el  ejército  que  deshizo 
la  Comunidad  revolucionaria  y  estuvo  á  pique  de 
fusilarle  allá  en  los  campos  de  Satory;  Bruñe tiére, 
el  eximio  director  de  la  Revista  de  Ambos  Mun¬ 
do s,  publicación  fomentadora  del  espíritu  moder¬ 
no,  pidiendo,  como  los  jesuítas  de  Versalles  en 
casa  de  Mme.  Maintenon,  cosa  muy  análoga  con 
el  cese  de  un  edicto  tan  saludable  como  el  edicto 
de  Nantes  y  los  misterios  que  han  rodeado  las  cau¬ 
sas  conocidas  por  aquellos  tribunales  de  guerra; 
el  empeño  temerario  de  los  magistrados  en  iden¬ 
tificar  administración  con  justicia  y  en  ahogar  el 
juicio  público  y  en  impedir  hasta  el  derecho  sacra¬ 
tísimo  de  defensa;  las  agitaciones  populares  de 
París,  Argel,  Marsella,  movidas  por  pasiones  tan 
arqueológicas  como  el  odio  á  los  judíos;  esa  intran¬ 
sigencia  de  los  radicales  con  los  católicos  llevados 
por  mano  de  León  XIII  al  seno  de  la  República, 
prueban  que  su  política  interior  no  es  muy  firme, 
ni  están  muy  asentadas  las  instituciones  democrᬠ
ticas  en  sus  amplias  bases. 

III. 

La  política  exterior  no  me  parece  más  concreta 
que  la  política  interior  para  pedirle  se  arriesgue  á 
una  grande  alianza.  Primeramente  ignoramos  cuál 
provecho  saca  Francia  de  su  amistad  con  Rusia,  y 
sólo  sabemos  cuál  provecho  saca  Rusia  de  su  amis¬ 
tad  con  Francia.  Esta  vió  cómo  su  amiga  y  aliada 
se  había  comprometido,  en  protocolo  aparte  con 
Bismarck,  á  respetar  la  estabilidad  en  Alsacia  y 
Lorena,  compromiso  que  frustraba  todos  sus  pla¬ 
nes,  y  sin  embargo  ayudó  á  su  aliada  en  las  em¬ 
presas  asiáticas,  en  el  acaparamiento  de  la  Mand- 
churia,  en  el  reto  al  Japón,  en  las  maniobras  sobre 
Corea,  en  el  asedio  á  China  y  en  las  amenazas  al 
Ganges.  Hoy  existe,  ya  establecida,  una  inteligen¬ 
cia  indirecta  entre  Alemania,  Rusia  y  Francia  en 
el  extremo  Oriente  de  Asia,  y  se  rompe  la  inteli¬ 


gencia  directa  sobre  los  problemas  cretenses  y 
griegos  en  el  extremo  Oriente  de  Europa.  Esta  si¬ 
tuación;  su  nueva  conquista  de  Madagascar,  tan 
difícil  á  las  saludables  apropiaciones  coloniales; 
sus  acaparamientos  en  el  río  Amarillo,  donde  cada 
día  dilata  más  sus  posesiones  del  Tonkín  ó  influye 
más  en  los  asuntos  del  Annam  y  del  Siam;  los  pla¬ 
nes  concebidos  y  practicados  para  ir  aprovechando 
en  bien  suyo  la  proximidad  entre  sus  fronteras 
argelinas  y  las  fronteras  marroquíes ;  el  continuo 
pleito  que  trae  hace  años  urdido  con  el  temerario 
Rey  de  Bélgica  por  las  veleidades  conquistadoras 
de  este  cuitado  en  las  orillas  del  Congo;  esa  porfía 
por  el  Níger,  donde  ha  estado  en  riesgo  de  suscitar 
un  conflicto  guerrero  con  la  Gran  Bretaña  si  el 
sesudo  pensamiento  de  Salisbury  no  se  opone  á 
las  bruscas  salidas  de  Chamberlain,  patentizan  á 
una  cuántos  problemas  abrumadores  lleva  Francia 
sobre  sus  espaldas,  y  cómo  no  puede  arriesgarse 
á  nuevas  alianzas,  generadoras  fatales  de  nuevas 
complicaciones. 


IY. 

Igual  sucede,  ó  cosa  parecida,  con  Inglaterra. 
En  política,  circunstancias  á  veces  casuales  deci¬ 
den  de  todo.  Si  la  coalición  monárquica  europea 
hubiera  podido  aprovechar  los  primeros  momen¬ 
tos  de  la  Revolución  francesa  para  intervenir  con¬ 
tra  ella  y  ahogarla  bajo  sus  ejércitos,  aplasta  de 
seguro  á  Francia,  y  mata  en  germen,  para  siempre 
no,  pero  sí  por  mucho  tiempo,  aquel  semillero  de 
ideas  antimonárquicas.  Mas  la  gran  promovedora 
del  conflicto,  su  directriz  y  su  alma,  Catalina  de 
Rusia,  estuvo  los  primeros  años  de  la  Revolución 
empeñada  en  la  guerra  con  Turquía,  en  el  reparto 
de  Polonia,  en  el  acaparamiento  de  Crimea;  y 
estos  altos  negocios,  de  una  importancia  tan  gran¬ 
de  para  sus  conquistas  en  el  Norte  y  en  el  Oriente, 
le  impidieron  aceptar  los  planes  ideados  por  Gus¬ 
tavo  de  Suecia  y  dirigidos  á  invadir  Francia  extin¬ 
guiendo  la  revolución  en  París.  Años  más  tarde, 
cerca  ya  del  93,  impelió  el  ejército  prusiano  á  las 
Argonas,  y  á  Lila  el  ejército  austriaco,  Francia  se 
había  constituido  en  República,  cuyos  voluntarios 
déla  libertad,  un  pueblo  en  armas,  triunfaron, 
así  en  Yalmy  como  en  Jemmapes,  y  al  són  de  la 
Marsellesa  hicieron  correr  á  los  déspotas,  despo¬ 
jándolos  de  las  coronas  del  derecho  divino  troca¬ 
das  en  coronas  constitucionales  por  el  creador 
aliento  de  la  revolución  universal.  Pues  bien;  si  al 
comienzo  de  la  guerra  nosotros  nos  dirigimos  á 
la  Gran  Bretaña,  la  encontráramos  de  seguro  en 
su  provechoso  y  soberbio  aislamiento,  de  ningún 
modo  dispuesta,  ni  aun  entonces,  á  intervenir  en 
empresas  poco  aceptas  á  su  carácter;  pero  sí  pro¬ 
picia,  muy  propicia  de  suyo,  á  una  mediación 
práctica  por  una  larga  serie  de  intentos  diplomᬠ
ticos,  encaminados  á  mantener  en  el  mar  de  las 
Antillas  una  larga  estabilidad. 

V. 

Y  hubiera  sucedido  cuanto  anuncié  yo  en  aque¬ 
lla  sazón,  porque  Inglaterra,  la  metrópoli  madre 
de  los  sajones,  se  hallaba  muy  mal  con  estos  sus 
hijos.  Inquietísimos,  aunque  poco  resueltos,  los 
yankees  promovían  dificultades  á’su  antigua  metró¬ 
poli  por  las  pesquerías  de  Terranova,por  las  fron¬ 
teras  del  Canadá  y  los  tratados  mercantiles  con 
este  dominio  británico,  por  la  desembocadura  del 
Orinoco  tan  litigiosa  en  aquellos  días,  por  la  isla 
Trinidad,  y  otros  asuntos  no  menos  enojosos.  El 
pueblo  americano  había  escupido,  como  suele  y 
está  en  su  temperamento,  por  el  colmillo  y  ar- 
mádole  á  Inglaterra  esas  molestias  diplomáticas, 
semejantes  á  picaduras  de  mosquito,  las  cuales  no 
emponzoñan  y  matan,  como  las  picaduras  de  ví¬ 
bora,  pero  molestan  hasta  producir  con  vigilias  é 
insomnios  una  desesperación  verdadera.  Mas  hoy 
todo  ha  cambiado.  Alemania,  insolente  con  Amé¬ 
rica  en  la  cuestión  de  Haití,  se  apodera  del  primer 
puerto  chino  que  le  place,  y  facilitando  con  tal 
conquista  los  planes  ambiciosos  de  Rusia,  hiere  á 
cuantos  pueblos  han  puesto  las  miras  de  sus  espe¬ 
ranzas  en  acaparamientos  futuros  de  China  ó  en 
tratados  mercantiles  con  China.  Y  entre  tales 
pueblos  descuellan  Inglaterra,  interesadísima  en 
aquellas  regiones;  Japón,  victorioso  de  China  en 
los  últimos  años  y  maltrecho  porque  le  han  sacu¬ 
dido  su  Corea  de  los  puños  y  le  han  dejado  por 
todo  premio  del  triunfo  la  isla  de  Pescadores;  los 
Estados  Unidos,  eternamente  dados  á  pensar  que 
por  una  compensación,  frecuentísima  en  las  hu¬ 
manas  sociedades,  el  Occidente  de  nuestro  globo, 
America,  debe  civilizar,  poseer,  dirigir  el  Oriente, 
Asia.  Existe,  pues,  una  liga  de  intereses  entre  Ja¬ 
pón,  Inglaterra  y  los  Estados  Unidos,  y  no  inten¬ 
temos  romperla. 


Digitized  by  AjOOQle 


MADRID.  — EL  PALACIO  DE  BIBLIOTECAS  Y  MUSEOS  DONDE  CELEBRA  SUS  SESIONES  EL  IX  CONGRESO  INTERNACIONAL  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFÍA. 

(De  fotografía  de  Fraazen.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


CUADRO  DE  CAVALLABOt 


222  —  n.®  xiv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Abril  1898 


VI.  por  fuerza  que  dejarles  el  espacio  marítimo,  mien- 

tias  Alemania  combatía  y  se  agrandaba  por  la 

¡Buena  está  Inglaterra  para  soltar  aliados  viejos  tierra  firme.  Tan  poco  aptos  aparecían- los  alema-  ' 
en  busca  de  novísimos  aliadosl  Allí  se  hace  la  opo-  nes  para  el  mar,  que  Yenecia  conservó  su  carác- 
sición,  más  que  sobre  los  asuntos  interiores,  sobre  ter  entre  asiático,  griego,  italiano,  levantándose 
los  asuntos  externos.  Y  el  partido  liberal  no  deja  atrevida  sobre  las  lagunas  de  San  Marcos,  donde 
vivir  ai  partido  tory,  ahora  gobernante,  porque  le  no  pudiese  llegar  la  terrestre  Alemania, 
imputa  la  disminución  del  influjo  inglés,  así  en 

Bizancio  como  en  Pekín.  Cuando  las  líneas  férreas  IX. 


de  Rusia  se  dilatan  desde  los  centros  del  Imperio 
á  los  umbrales  de  India  y  China;  cuando  el  codi¬ 
ciado  Puerto  Arturo  cae  sin  remedio  en  manos  de 
los  moscovitas;  cuando  la  inteligencia  entre  pode¬ 
res  tan  enormes  como  los  tres  que  se  han  reunido 
en  las  aguas  amarillas  ponen  espanto  y  terror  con 
amenazas  de  realización  inminente,  no  se  pue¬ 
de,  no,  pedir  á  Inglaterra,  tan  menesterosa  hoy  de 
alianzas,  la  renuncia  y  abdicación  de  las  amista¬ 
des  americanas,  con  que  jamás  conseguirá  muchos 
provechos,  pero  sí  meterá  mucho  ruido.  El  Go¬ 
bierno  inglés,  según  opinión  de  sus  enemigos, 
hoy  se  contenta  con  que  los  acaparadores  de  Chi¬ 
na  proclamen  la  completa  libertad  del  comercio 
humano  en  todos  aquellos  puertos,  y  no  quiere 
creer  que  los  recientes  acaparadores  proclaman 
esto  por  evitar  conflictos,  y  proclamarán  mañana 
lo  contrario  en  cuanto  posean  ya  con  propiedad 
no  interrumpida  los  territorios  arrancados  tími¬ 
damente  hoy  al  Imperio  chino.  Y  esta  cuestión 
aparece  como  una  cuestión  de  alianzas  naturales 
entre  Japón,  América  é  Inglaterra,  porque  los  in¬ 
tereses  comunes  aúnan  muchas  voluntades,  y  las 
voluntades  aunadas  por  estos  intereses  tienen  que 
contrastar  el  inmenso  poderío  de  Francia,  Rusia 
y  Alemania  en  China.  Pésima  hora,  pues,  la  co¬ 
rriente  para  urdir  inteligencias  entre  Inglaterra 
y  España. 

YII. 

Heme  detenido  ante  las  dos  grandes  naciones 
centrales,  porque  son  al  par  naciones  marítimas, 
pues  tratándose  de  América  y  de  una  guerra  con 
los. americanos,  inútiles  de  toda  inutilidad  las  na¬ 
ciones  continentales  y  terrestres.  Hé  ahí  la  infe¬ 
rioridad  manifiesta  de  Rusia  respecto  de  Inglate¬ 
rra.  Mientras  de  dilatarse  por  los  continentes  se 
trate ,  Rusia  podrá  bordear  las  fronteras  de  Per- 
sia,  poseer  la  Mongolia  vecina  del  Celeste  Impe¬ 
rio  y  del  pueblo  indio,  avanzar  á  su  grado  por  de- 
•  siertos  y  cordilleras  inaccesibles  á  toda  fuerza 
marítima;  pero  en  cuanto  dispute  á  Inglaterra  la 
menor  mota  de  un  territorio  abordable  por  las  es¬ 
cuadras  británicas,  tendrá  Rusia  que  ceder  sin  re¬ 
medio  y  que  resignarse  á  una  completa  derrota. 
Ya  lo  dijo  en  sus  formas  gráficas  el  Canciller  de 
hierro,  al  asegurar  lo  tranquilo  que  se  hallaba  por 
conflictos  muy  anunciados  y  temibles  entre  Rusia 
é  Inglaterra,  cuando  la  una  se  parece  á  la  ballena 
y  la  otra  se  parece  al  elefante,  animales  muy  ba¬ 
talladores,  y  á  pesar  de  batalladores  imposibilita¬ 
dos  para  una  guerra  entre  sí,  porque  no  tendrían 
espacios  apropiados  al  combate  gigantesco  los  dos, 
y  no  podría  el  uno  combatir  en  tierra  firme,  y  no 
podría  el  otro  combatir  en  las  aguas.  Así,  tratán¬ 
dose  de  las  grandes  potencias,  descarto  yo  de  una 
grande  alianza  con  España  la  enorme  potencia 
moscovita.  Pero  no  hay  esta  razón  únicamente; 
hay  otra  razón  potísima.  Si  Rusia  tiene  y  conserva 
un  secular  afecto  y  una  grande  alianza  tradicio¬ 
nal  con  algún  pueblo,  es  su  afecto  á  los  america¬ 
nos  y  su  alianza  con  América.  ¿Cómo  había  de 
interrumpirlos  por  nosotros? 

VHI. 

Algo  parecido  á  lo  que  sucede  con  Rusia  sucede 
con  Alemania  también.  No  puede  contársela  entre 
las  potencias  marítimas.  El  germano  siempre  gustó 
de  las  irrupciones  continentales,  y  nunca  pasó 
las  aguas  oceánicas;  pasó  tan  sólo  aguas  como  las 
del  Rhin  ó  las  del  Danubio.  Sus  vándalos  empren¬ 
dieron  algunas  excursiones  marítimas  por  la  parte 
Norte  de  Africa,  pero  sin  verdadera  importancia 
intrínseca  y  sin  verdadera  trascendencia  militar. 
La  única  familia  de  Alemania  con  vocaciones  y 
aptitudes  náuticas  me  parece  la  familia  sajona; 
vocaciones  y  aptitudes  adquiridas  por  su  estada  en 
el  archipiélago  británico  y  por  su  mezcla  con  los 
marinos  audaces  normandos.  Y  se  comprende  fácil¬ 
mente  la  reclusión  de  Alemania  dentro  del  espacio 
continental  y  de  la  tierra  firme.  Sin  puertos  en  el 
mar  donde  comenzó  la  navegación  sus  primeros 
ensayos ;  sin  puertos  en  el  Mediterráneo ;  con  po¬ 
cos  puertos  en  el  Báltico,  y  esos  repartidos  entre 
daneses,  moscovitas  y  escandinavos;  teniendo  al 
Oriente  tres  pueblos  tan  marinos  como  Dinamar¬ 
ca,  Suecia  y  Noruega,  y  ai  Occidente  tres  pueblos 
tan  marinos  como  Flandes,  Holanda  y  Norman- 
día,  érale  imposible  competir  con  ellos,  y  tenía 


Y,  sin  embargo,  Alemania  se  ha  empeñado  en 
ser  un  pueblo  marítimo,  avaro  de  grandes  adqui¬ 
siciones  coloniales.  Cuando  la  fiebre  por  el  aquis- 
tamiento  de  apartados  territorios  dominara  sobre 
Europa,  Bismarck  congregó  en  Berlín  un  diplo¬ 
mático  congreso  para  que  tratase  de  la  legisla¬ 
ción  colonial,  cosa  tan  extraña  como  si  en  Valen¬ 
cia  se  reuniera  un  congreso  que  tratara  de  pieles, 
y  en  Moscou  un  congreso  que  tratara  de  naran¬ 
jas.  Hanme  parecido  siempre  ridiculas  todas  las 
exploraciones  germánicas,  tal  y  como  las  conta¬ 
ban  los  mismos  periódicos  germanos.  Aquellos 
exploradores  graduados  en  las  Universidades,  ca¬ 
balleros  sobre  asnos,  con  un  paraguas  so  el  brazo 
derecho  y  un  libro  so  el  izquierdo;  puestos  de  an¬ 
teojos  y  acostumbrados  á  la  tranquila  existencia 
de  sus  ciudades  literarias ;  por  cargas  de  jamones 
westfalienses  y  toneles  de  cerveza  bávara  segui¬ 
dos,  parecen  unos  seres  ridículos,  prestándose,  no 
á  las  conquistas,  á  las  burlas  de  los  salvajes.  Así 
adquirieron  el  dominio  de  Zanzíbar;  tronaron  y 
relampaguearon  allí  algún  corto  espacio  de  tiempo, 
hasta  concluir,  penetrados  de  su  impotencia  colo¬ 
nial,  por  hacer  un  triste  combalache,  trocando  su 
posición  africana  por  una  madrépora,  por  un  arre¬ 
cife,  por  un  escollo,  por  el  islote  Heligoland  que 
le  cedió  Inglaterra,  quedándose  con  la  codiciada 
Zanzíbar.  Mas  á  pesar  de  tales  desengaños,  no  hay 
que  aguardar  enmienda  de  Alemania;  su  impeni¬ 
tencia  y  su  tenacidad  se  muestran  en  aquella  cala¬ 
verada  sobre  las  Carolinas,  que  tan  cara  pudo  cos- 
tarle,  y  aun  se  muestra  más  hoy,  perturbando  el 
planeta  con  las  adquisiciones  asiáticas  y  propo¬ 
niéndose  construir  una  poderosa  escuadra. 

X. 

Este  punto  de  la  escuadra  me  parece  obra  de 
una  grande,  nerviosa  sobrexcitación  en  el  Empe¬ 
rador  y  fruto  de  una  irremediable  imperial  neu¬ 
rosis.  Queriendo  repetir  los  grandes  hechos,  Gui¬ 
llermo  se  propuso,  en  sus  ensueños  ambiciosos, 
organizar  un  ejército  nauta,  muy  análogo  con  el 
ejército  terrestre  organizado  por  su  grande  y  glo¬ 
rioso  predecesor  el  primer  Guillermo.  Mas  no  com¬ 
prende  una  cosa  el  joven  exaltado  Príncipe,  hoy 
sobre  Alemania  imperante;  no  comprende  que  la 
formación  de  un  ejercito  continental  tuvo  su  ob¬ 
jeto  claro,  y  que  la  formación  de  un  ejército  tras¬ 
atlántico  no  tiene  que  sepamos  objeto  ninguno. 
Así  lo  han  comprendido  las  varias  clases  alemanas 
reunidas  en  aquel  Parlamento  nacional,  comba¬ 
tiendo  todo  aumento  de  gastos  en  el  presupuesto 
de  la  marina  germana.  Mas  el  Emperador  y  su  her¬ 
mano  Enrique  han  puesto  empeño  tal  en  recabar 
ese  voto,  que  acaban  de  conseguir  su  plan  y  de  me¬ 
ter  á  su  Imperio  en  gastos  enormísimos.  Una  vez 
y  otra  vez  fueron  á  la  carga,  requiriendo  del  Con¬ 
greso  nacional  ese  aumento  de  gastos;  una  vez  y 
otra  vez,  el  Congreso  nacional  se  resistió  á  ello  en 
votaciones  enormes.  Inútilmente  Guillermo  daba 
lecciones  de  geografía  náutica;  inútilmente  ame¬ 
nazaba  en  discursos  exaltadísimos  á  los  diputados; 
inútilmente  reunía  su  familia  y  sus  cortesanos  en 
las  tribunas  del  Congreso  para  que  pesaran  sobre 
los  legisladores  con  vociferaciones  de  irreveren¬ 
cia  y  gestos  de  verdadero  desacato;  los  diputados 
no  prestaban  oído  al  paralelo  imperial  entre  las 
resistencias  del  antiguo  Congreso  prusiano  al  ejér¬ 
cito  terrestre,  y  las  resistencias  del  nuevo  Con¬ 
greso  germánico  al  ejército  nauta:  las  obsesiones 
imperiales  únicamente  obtenían  implacables  ne¬ 
gativas. 

XI. 

Mas  Guillermo  fué  á  Roma  por  todo.  Un  día  se 
encajó  en  Occidente,  amenazando  la  república  de 
Haití;  otro  día  se  encajó  en  Oriente,  cogiendo  una 
piltrafa  del  territorio  chino,  con  el  fin  concreto  de 
mostrar  cómo  si  falto  de  gran  escuadra  corre  por 
todos  los  mares,  qué  no  haría  si  tuviese  la  escua¬ 
dra  formidable  pedida  por  él  y  negada  por  sus 
inexpertos  diputados.  Según  el  Emperador,  Ale¬ 
mania  no  puede  vivir  sin  su  industria,  la  cual  com¬ 
pite  con  la  industria  británica,  y  habiendo  menes¬ 
ter  muchos  mercados,  tiene  que  abrirlos  con  sus 
cañones  y  que  celarlos  con  sus  escuadras.  Así,  pide 
grande  armada  y  fondos  para  la  construcción  y 
mantenimiento  de  esta  grande  armada,  indispen¬ 


sable  á  sus  proyectos  intercontinentales.  Y  le  ha 
salido  muy  bien  la  cuenta  de  sus  recentísimas  ex¬ 
pediciones;  pues  en  tanto  que  no  se  movía,  le  des¬ 
deñaba  el  Parlamento,  y  así  que  se  ha  movido, 
entrando  en  China,  el  Parlamento  le  ha  dado  el 
voto  requerido  tantas  veces  y  tantas  veces  trocado 
por  él  en  veto.  Liberales  históricos,  liberales  uni¬ 
tarios,  señores  patricios,  cosecheros  de  centeno  y 
trigo,  todos  cuantos  ayer  se  negaron  á  decretar  una 
grande  marina,  hoy  la  decretan  y  caen  al  pie  del 
Emperador,  deslumbrados  por  el  hecho  quizá  ca- 
laveresco  de  las  recientes  conquistas.  Dos  factores 
tan  sólo  han  permanecido  en  su  antigua  intransi¬ 
gencia:  la  diputación  bávara  y  la  escuela  socialista. 
Bien  han  hecho,  pues  no  me  parece  congruente 
con  grandes  proyectos  mercantiles  esos  grandes 
proyectos  belicosos,  y  á  la  riqueza  de  Cartago  no 
se  llega  nunca  por  los  procedimiento®  de  Roma. 
Cuando  la  ciudad  fenicia  intentó  ser  conquistado¬ 
ra,  dejó  de  ser  mercantil. 

XII. 

No  hay  que  aguardar  auxilio  alguno  ¿  España 
de  un  Emperador  metido  en  tales  intrincadas  y 
laberínticas  confusiones.  Guillermo  tiene  mucho 
por  qué  curarse  de  sí  mismo  para  curarse  de  los 
demás.  Cierto  de  la  enemistad  francesa;  más  cierto 
aún  de  la  enemistad  británica;  desasido  del  con¬ 
cierto  europeo  en  Oriente  por  su  amor  á  la  infame 
Turquía;  nada  seguro  de  Rusia,  y  á  diario  desligán¬ 
dose  de  Italia  y  Austria,  su  posición  es  por  todo 
extremo  embarazosa  para  procurarse  y  traerse 
nuevos  embarazos.  Así  permanecerá  en  inerte 
neutralidad.  E  igual  digo  de  Italia  y  Austria.  La 
primera  guarda  sobrados  escarmientos  dolorosos 
en  sus  propias  posesiones  coloniales  para  irse  ¿ 
batallar  por  las  posesiones  coloniales  ajenas;  y  la 
segunda  está  en  tal  período  de  disolución ,  que  no 
puede  valerse  á  sí  misma  y  menos  podrá  valer  á 
los  demás.  El  craso  error  cometido  por  el  Imperio 
austríaco  al  consentir  la  fantástica  erección  del 
trono  hecho  artificialmente  para  Maximiliano, 
encuéntrala  muy  retraída  de  toda  empresa  que 
tenga  por  objeto  capital  América.  Y  aunque  no 
guardara  tal  enseñanza,  paralizaríala  en  todo  sano 
propósito  su  disolución  interior.  Aquellos  Parla¬ 
mentos  que  nunca  llegan  á  un  acuerdo ;  aquellas 
sesiones  parecidas  á  las  sesiones  de  los  más  rojos  * 
clubs  revolucionarios;  el  odio  á  lo  Caín  que  sien¬ 
ten  todas  aquellas  regiones  entre  sus  connaturales 
si  llevan  sangre  distinta  por  las  venas;  el  escan¬ 
daloso  empuje  antisemita;  las  revoluciones  comu¬ 
nistas  de  Transilvania;  los  obstáculos  opuestos  ¿ 
la  reanudación  del  pacto  con  Hungría;  la  evoca¬ 
ción  del  período  revolucionario  del  48,  perpe¬ 
trada  á  presencia  del  mismo  emperador  José, 
dicen  que  Austria  no  puede  cuidarse  de  los  demás, 
que  Austria  necesita  cuidarse  de  sí  misma  en  su 
disolución  y  acabamiento. 

XIII. 

Es  cosa  muy  delicada  para  nosotros  esto  de  las. 
alianzas  europeas  frente  á  las  naciones  america¬ 
nas.  Ó  no  tenemos  ningún  ministerio  que  cumplir 
en  la  futura  historia,  ó  estamos  en  el  caso  de 
creernos,  por  haber  creado  América,  un  pueblo 
siempre  americano  y  de  prometernos  para  lo  por 
venir  la  representación  de  un  elemento  allí  tan 
poderoso  como  el  elemento  ibero  en  los  consejos 
del  anfictionado  sublime  que  dirigirá  tarde  ó  tem¬ 
prano  al  planeta  entero,  libre  y  redimido.  Nos* 
otros  no  podemos ,  encontrándonos  con  nuestros 
hijos  en  todas  las  tierras  del  Nuevo  Mundo,  echar¬ 
les  sobre  las  espaldas  la  pesadumbre  del  mundo 
antiguo ,  y  menos  hacerles  temer  veleidades  insa¬ 
nas  ó  imposibles  de  una  reconquista  y  de  una  reac¬ 
ción  verdaderamente  criminales.  Hé  ahí  la  mayor 
infamia  de  los  yankees :  el  propósito  que  nos  atri¬ 
buyen  de  reunir  todos  los  Reyes  europeos  contra 
las  Repúblicas  americanas,  y  de  convertir  un  con¬ 
flicto  interior  entre  nuestros  rebeldes  y  nosotros, 
conflicto  por  los  yankees  fomentado  y  sostenido, 
en  una  guerra  entre  dos  mundos.  No  se  alarmen 
los  pueblos  americanos  por  esta  infamia  que  nos 
atribuyen  sus  enemigos  natos  los  sajones,  cuando 
nosotros  formamos  parte  legítima  de  la  grande 
América  española  y  ellos  quieren  destruir  la  gran¬ 
de  América  española,  sustituyéndola  con  una  te¬ 
rrible  América  inglesa.  Por  muy  formidables  que 
los  Estados  Unidos  sean  y  por  muy  pequeños  que 
á  nosotros  nos  juzguen,  aparecen  por  fuerza  lógica 
tan  enormes  las  ventajas  de  nuestra  posición,  y, 
sobre  todo,  tan  enormes  las  ventajas  de  nuestro 
derecho,  que  á  nadie  necesitamos,  y  solos  podre¬ 
mos,  como  en  cien  ocasiones  inolvidables,  salvar 
nuestra  integridad  geográfica  y  nuestra  indepen¬ 
dencia  nacional. 

Emilio  Castelab. 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Aran  1895  LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA  »*  «v  -  223 


JUAN  DE  JUANES 

Y  EL  LIBRO  DEL  BABÓN  DE  ALCAHALÍ. 


Sr.  D.  José  E.  Serrano  Morales,  académico  de 
la  de  Bellas  Artes  de  Valencia. 

Mi  distinguido  amigo:  Otra  papeleta 
habrá  de  archivar  usted  en  sus  nutridos 
legajos  bibliográficos.  Me  refiero  al  Dic¬ 
cionario  biográfico  de  artista*  valencia - 
nos  y  por  el  Barón  de  Alcahalí.  Obra  pre¬ 
miada  en  los  Juegos  florales  de  Lo  Rut 
pennat  el  año  1894. 

Arques  Jover  y  Orellana,  el  canónigo 
Mayáns  y  Boix,  entre  otros,  cuidaron  con 
cariño  de  perpetuar  la  memoria  de  los 
principales  artistas  de  nuestra  tierra;  pero 
su  labor,  deficiente  en  demasía  ante  las 
exigencias  de  la  crítica  y  ante  los  moder¬ 
nos  adelantos  de  la  investigación  biogrᬠ
fica,  demandaba  los  esfuerzos  de  un  eru¬ 
dito  de  las  condiciones  del  Sr.  Barón  de 
Alcahalí. 

La  manera  como  ha  cumplido  el  autor, 
pocos  como  usted  pudieran  juzgarla  dig¬ 
namente,  pues  conoce  muy  bien  la  in¬ 
mensa  labor  que  supone  la  redacción  de 
un  Diccionario  biográfico,  por  haber  de¬ 
dicado  sus  esfuerzos  de  muchos  años  á 
trabajos  de  esta  índole.  Plácemes  sin 
cuento  merece  el  escritor  que  por  ma¬ 
nera  tan  gallarda  se  nos  revela;  pero  mi 
entusiasmo  valencianista  me  obliga  á  co¬ 
municar  á  usted  algunas  reflexiones  acer¬ 
ca  del  libro  mencionado. 

Trata  el  autor  de  los  pintores,  graba¬ 
dores,  escultores  y  arquitectos  valencia¬ 
nos,  aportando  muchísimas  noticias  y  do¬ 
cumentos  inéditos,  y  realzando  el  interés 
de  la  obra  con  la  atinada  crítica  que  res¬ 
plandece  en  toda  ella,  incluso  en  el  juicio 
que  emite  acerca  de  los  contemporáneos.  El  señor 
Barón  demuestra  vastísimos  conocimientos  en  el 
proceso  histórico  de  nuestras  Bellas  Artes;  sólo 
resta  que  algún  erudito,  siguiendo  sus  huellas, 
haga  lo  propio  respecto  á  los  músicos  del  antiguo 
reino,  para  tener  una  historia  completa  de  las  Be¬ 
llas  Artes  en  Valencia. 

Llega  á  mi  noticia  que,  siguiendo  en  su  propó¬ 
sito  de  acopiar  materiales  para  facilitar  la  re  ons- 
titución  de  nuestro  pasado  artístico,  piensa  el 
autor  ampliar  su  trabajo  publicando  un  apéndice 
al  Diccionario,  apenas  reúna  los  datos  que  pres¬ 
tarle  puedan  ulteriores  investigaciones. 

Precisamente  al  deseo  de  fomentar  tan  laudable 
proyecto  obedece  estacaría,  porque  con  algo  pue¬ 
do  contribuir  á  la  ampliación  de  los  artículos  re¬ 
ferentes  á  los  Juanes  y  aumentando  el  cúmulo  in¬ 
teresante  de  noticias  que  nos  da  el  Sr.  Barón  de 
aquella  dilatada  familia  de  notables  pintores  hasta 
hoy  desconocidos,  cuya  gloria  resumía  y  personi¬ 
ficaba  el  corifeo  de  la  Escuela  valenciana,  el  pri¬ 
mer  artista  que  hizo  desaparecer  el  amaneramien¬ 
to  entre  los  pintores  españoles,  Juan  de  Juanes, 
en  una  palabra. 

Terminado  el  retablo  del  altar  mayor  de  la  pa¬ 
rroquial  iglesia  de  Bocairente  por  el  honorable 
Joseph  Esteve  imaginayrey  acordaron  los  jurados 
de  esta  villa  encargar  las  obras  de  pintar  y  dau- 
rar  lo  retaule  á  Vicent  Joanes .  El  hijo  del  célebre 
pintor  fué  el  procurador  de  su  padre  en  la  escri¬ 
tura  de  concordia,  que  publica  el  Sr.  Barón  en  la 
página  164  de  su  obra,  y  habrá  usted  notado  en  el 
eapítulo  v  de  dicha  escritura  que  Joanes  se  obli¬ 
gará  á  venir  ab  sa  casa  en  la  dita  vila  de  Bo - 
cayrenty  per  tot  lo  mes  de  agost  primer  vinent  ó  del 
any  correnty  estará  y  habitará  en  aquélla  y  tindrá 
son  cap  mayor  durant  la  pintura  del  dit  retaule. 

Yo  no  afirmaré,  sin  tener  datos  suficientes,  que 
Juan  de  Juanes  y  su  familia  se  hubiesen  estable¬ 
cido  en  Bocairente  en  1578,  fecha  de  la  escritura, 
y  se  albergasen  en  casa  de  Magín  Armengol.  Lo 
indudable  es  que  en  20  de  Diciembre  de  1579 
otorga  Juanes  su  testamento,  y  al  día  siguiente 
entrega  su  alma  á  Dios.  Se  ha  dicho  que  el  famoso 
retablo,  compuesto  de  15  tablas,  son  obra  del  cé¬ 
lebre  pintor,  cosa  que  me  permito  dudar  fundado 
en  las  siguientes  razones: 

Tres  anys  es  el  plazo  convenido  para  la  pintura 
del  retaule;  y  en  la  suposición  de  que  Juanes,  ayu¬ 
dado  de  sus  hijos,  hubiese  comenzado  su  trabajo 
en  Agosto  de  1578,  vea  usted  el  tiempo  apto  que 
tuvo  hasta  la  muerte,  teniendo  en  cuenta  la  nue¬ 
va  suposición  de  que  la  enfermedad  ó  imposibili¬ 
dad  para  el  trabajo  hubiese  sido  corta. 

A  esta  razón  de  congruencia  he  de  añadir  otras 
de  mayor  peso.  Creo  que  Juanes,  ayudado  de  sus 
hijos,  comenzó  el  célebre  retablo,  y  no  lo  acabó, 
teniendo  que  regresar,  tal  vez,  su  familia  á  Valen¬ 


cia.  Mientras  tanto,  las  obras  de  pintura  del  reta¬ 
blo  estaban  paralizadas,  y  en  el  fondo  de  fábrica 
de  la  parroquia  de  Bocairente  entraban  algunos 
legados,  tal  como  el  siguiente  que  entresaco  del 
Libro  de  Visita  de  dicha  parroquia  en  el  año  1586: 
«El  discreto  pere  mayques  notario  con  (sic)  su  úl¬ 
timo  testamento  dexó  para  el  retablo  de  la  Iglesia 
de  la  villa  de  bocayrente  4  libras,  las  quales  se  de¬ 
positaron  en  poder  del  magco.  Joseft  Calatayud, 
vezino  de  la  dicha  villa  para  quando  se  haga. — Y 
en  este  mismo  año  el  Visitador  diocesano  D.  Fran¬ 
cisco  de  Mesa  dispuso  que  se  emprendiesen  de 
nuevo  aquellas  obras,  y  así  consta  en  uno  de  sus 
Mandatos  de  visita.» 

Sin  duda  esta  orden  no  tardó  en  tener  debido 
cumplimiento,  siendo  llamado  á  terminar  las  pin¬ 
turas  del  retablo  empezado  el  mismo  hijo  del  có¬ 
bre  Juan  de  Juanes,  pues  en  el  « Llibre  de  Clavaria 
jpeytadela  vila  en  lo  any  MDLXXXVII,  finit 
en  lo  any  MDLXXXVIII  essent  clavarijoan  belda 
de  miquehy  leo  en  la  sección  de  Dates ,  folio  2.°: 
«Item  paga  á  Vicent  Juanes  pintor  quatorce  llin- 

ses .  de  la  paga  de  agost  del  any  MDLVI  per 

raho  de  consemblant  pensio  que  en  dita  vila  casum 
any  es  fó  en  dit  termini  consta  ob  apoca  rebuda  per 
lo  dit  avenar  not.  á  III  de  nohembre  MDLXXXVII 
que  ab  lo  salasi  de  dita  apoca  que  son  XI  diners 
suma  tot  XIIII  Ib.» 

En  el  citado  libro  de  visita,  sección  denominada 
«Quenta  de  la  sisa  que  se  a  echado  par  (sic)  el  reta¬ 
blo»,  existen  algunos  datos  de  los  que  se  deduce  que 
los  jurados  de  la  villa  habían  impuesto  sobre  cada 
libra  de  carne  una  sisa  de  dos  dineros  para  efecto 
de  / datar  el  retablo;  y  «la  noticia  de  haber  pagado 
á  Joanes,  pintor,  ciento  treinta  libras  diez  y  nueve 
sueldos  y  ocho  dineros  en  parte  del  quitamiento 
de  cinco  mil  sueldos  que  la  villa  se  cargó  para  el 
retablo,  ay  apoca  rescibida  por  Joseph  avinar  not.  á 
tres  de  noviembre  de  mil  quinientos  ochenta  y 
tres». 

Si  esta  última  fecha  no  está  equivocada,  po¬ 
dría  tener  relación  con  la  de  «21  de  agost  any 
MDLXXXII»,  citada  en  la  escritura  que  el  Sr.  Ba¬ 
rón  copia  en  la  página  176  de  su  obra.  La  duda  de 
si  Juanes,  el  hijo  que  hasta  ahora  se  había  conside¬ 
rado  como  artista  muy  mediocre,  fué  el  continua¬ 
dor  de  las  pinturas  del  retablo  después  del  falle¬ 
cimiento  de  su  padre,  queda  desvanecida  con  la 
lectura  de  los  siguientes  asientos  del  tantas  veces 
citado  Libro  de  Visita: 

Item  dió  en  descargo  que  pago  al 

dicho  Joanes  por  hun  [a]  histo¬ 
ria  de  la  horación  del  huerto 

que  á  echo  para  el  retablo,  se¬ 


tenta  libras .  70  Ib. 

Item  por  otra  historia  de  los  Reies 
que  pintó  el  dicho  Joanes .  46  Ib.  13  s.  4  d. 


Item  al  mismo  Juanes  por  princi¬ 
pio  de  otra  historia .  23  Ib.  6  s.  8  d. 

Entiendo  que  con  estas  noticias  podrá  fijarse 
con  alguna  mayor  exactitud  la  paternidad  de  las 
pinturas  del  célebre  retablo.  Resta  ahora  averi¬ 
guar  qué  se  han  hecho  esas  quince  tablas,  y  tam¬ 
bién  respecto  á  ese  particular  puedo  comunicarle 
alguna  noticia,  sin  que  me  atreva  á  sacar  conse¬ 
cuencias,  pues  el  Sr.  Barón  es  el  llamado  á  hacer¬ 
lo,  y  lo  hará  seguramente,  prestando  otro  valioso 
servicio  á  la  historia  de  nuestras  Bellas  Artes. 

En  la  Visita  parroquial  de  1819,  doe  ex  arch  pa. - 
roq  Bocaiy  leo  lo  siguiente: 

mNota.  Sabedor  á  más  su  señoría  el  señor  Visi¬ 
tador  de  que  S.  M.  católica  (Q.  E.  P.  D,),  el  Señor 
D.  Carlos  quarto  había  tenido  á  bien  tomar  las 
hermosas  pinturas  que  adornaban  el  Altar  mayor 
de  esta  Iglesia,  recompensando  su  importe  con  la 
quantiosa  suma  de  quince  mil  libras,  de  las  que  no 
se  hacía  mención  en  las  presentes  cuentas  de  fá¿> 
brica,  ni  constaban  tampoco  en  las  visitas  anterior 
res,  pasó  el  oficio  siguiente  al  muy  Ilustra  Ayun¬ 
tamiento  de  esta  villa,  el  que  con  su  contestación 
es  como  sigue:  «Noticioso  de  que  la  bondad  de 
»S.  M.  católica  nuestro  soberano  Carlos  Quarto  que 
»en  paz  descanza  (sic)  recompenso  con  la  quantiosa 
»suma  de  quince  mil  pesos  las  pinturas  que  tuvo  á 
»bien  extraer  de  esta  Iglesia  Parroquial :  Savedor 
»además  de  las  vicisitudes  que  ha  sufrido  esta  suma, 
»y  cierto  de  que  su  resultado  ha  sido  hasta  el  pre- 
»sente  no  entrar  en  el  fondo  de  Fábrica  cantidad 
»alguna  como  nos  consta  por  el  reconocimiento  que 
»hemos  hecho  en  la  actual  visita  de  las  cuentas  de 
»la  misma;  Esperamos  del  zelo  de  V.  S.,  que  como 
»tan  interesado  en  el  recobro  y  de  vida  inversión 
»de  la  expresada  cantidad,  practicara  las  más  vivas 
»diligencia8  para  el  efecto,  valiéndose  de  los  pode- 
»rosos  medios  que  le  suministra  su  autoridad^... 
»Confiando  nos  comunicará  de  todo  la  noticia  co- 
»rrespondiente  para  que  inserta  (sic)  en  la  Visita 
»Eclesiástica  de  esta  Parroquial,  conste  siempre  de 
»porcion  tan  considerable  del  enunciado  Fondo  Pío 
»y  se  tomen  á  su  tiempo  las  debidas  cuentas.  Dado 
»en  el  acto  de  la  Visita  á  primero  de  Junio  de  1819. 
»=D.  Pedro  Cano,  Visitador  General.  =  Por  man- 
»dado  de  su  Señoría  muy  Ilustre.  =Dr.  Domingo 
»Caldés,  Presbítero  Secretario.  =  Señor  Alcalde 
»del  Ayuntamiento  de  la  villa  de  Bocairente.» — 
A  lo  cual  contestó  la  corporación  municipal:  «Que¬ 
dar  enterada  y  dispuesta  á  practicar  las  oportunas 
diligencias.» 

Si  de  algo  pueden  servir  las  anteriores  noticias 
al  Sr.  Barón  de  Alcahalí ,  ruégole  se  las  transmita 
con  mi  humilde  y  desautorizada,  pero  sincera,  y 
entusiasta  enhorabuena. 

Mande  siempre  como  guste  á  su  afmo.  s.  s. 

L.  de  Ontalvilla.. 


Digitized  by  ^.ooQie 


1ADRID.—  CONGRESO  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFIA. — SALA  7."  DE  LA  EXPOSICIÓN  INSTALADA  EN  EL  PALACIO  de  museos  y  BIBLIOTECAS.' 

(De  fotografía  de  Franzen.) 


Dr.  d.  amalio  jimeno  y  cabanas, 


SECRETARIO  GENERAL  DEL  IX  CONGRESO  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFIA 


(De  fotografía  de  A.  García.) 


Dr.  D.  JULIAN  CALLEJA, 

PRESIDENTE  TÉCNICO  DEL  IX  CONGRESO  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFÍA. 
(De  fotografía  de  Valentín .) 


Y 


k.-Yv'» 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.®  xiv  —  225 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 

Luchas  interiores  en  los  Estados  Unidos:  el 
negocio  antes  que  la  humanidad.— La  com¬ 
petencia  ferroviaria.  — El  acaparamiento 
del  trigo. —El  déflcit  de  la  Hacienda.— 
Ilusiones  yankees.  —  Explotadores  de  la 
guerra.— El  ejercito  activo.— Las  milicias. 
—Combatientes  y  combatientes.— El  ne¬ 
gocio. 

Mientras  la  opinión  ciega  y 
desenfrenada  del  pueblo  norte¬ 
americano  nos  empuja  á  la  gue¬ 
rra,  piensan  seriamente  en  aquel 
país  muchos  hombres  sensatos 
que,  á  pesar  de  las  estupendas 
ponderaciones  que  se  oyen  en  el 
mundo  acerca  de  los  grandes  re¬ 
cursos  y  elementos  con  que  cuen¬ 
ta,  lo  cierto  es  que  en  su  seno  ar¬ 
den,  hoy  por  hoy,  tres  guerras 
civiles  que  demuestran  que  sobre 
la  nación  y  sobre  la  humanidad 
está  el  negocio,  única  razón  que 
les  asiste  para  haber  sostenido, 
en  colaboración  con  el  vómito, 
la  guerra  de  Cuba,  y  para  inva¬ 
dirla  y  explotarla  mañana  si 
pueden. 

üna  de  esas  guerras  es  la  de 
las  Compañías  de  ferrocariles, 
engolfadas  en  sostener  encarni¬ 
zada  competencia.  La  empresa 
denominada  Pacific  Canadien 
ha  rebajado  sus  tarifas  de  trans¬ 
porte  de  viajeros,  hasta  el  punto 
de  que  sólo  cobra  40  pesos  por 
asiento  desde  Nueva  York  á  San 
Francisco,  es  decir,  por  un  tra¬ 
yecto  de  1.200  kilómetros,  igual 
á  tres  veces  la  distancia  de  Ma¬ 
drid  á  Francfort.  Semejante  re¬ 
baja,  aplicada  á  las  mercancías, 
ha  hecho  que  esa  red  del  Norte 
transporte  en  poco  tiempo  cinco 
millones  de  toneladas  de  carga 
en  440.000  vagones,  con  cuyo 
movimiento  se  hubiera  podido 


MADRID. — CONGRESO  DE  HIGIENE’  Y  DEMOGRAFÍA. 

INSTALACIONES  DE  LA  SOCIEDAD  PROTECTORA  DE  LOS  NIÑOS,  DEL  SANATORIO  MARÍTIMO 
DE  CHiriONA  Y  DE  LAS  PUBLICACIONES  DEL  DR.  TOLOSA  LATOUR. 


sostener  sin  pérdidas  el  tráfico 
de  las  tres  ó  cuatro  líneas  que 
surcan  el  centro  del  territorio 
de  la  Unión.  Pero  ¿qué  le  im¬ 
porta  al  yarikee  ferrocarrilero  de 
Chicago  que  las  demás  Compa¬ 
ñías  truenen ,  que  sus  empresas 
quiebren,  que  algunos  cientos  de 
millares  de  obreros  queden  sin 
trabajo,  y  que  innumerables  pue¬ 
blos  vean  sus  fábricas,  sus  co¬ 
mercios  y  sus  fondas  cerradas? 
La.  lucha,  no  por  la  existencia, 
sino  por  el  egoísmo  acaparador, 
reviste  allí  caracteres  repugnan¬ 
tes,  y  no  hay  compatriotas  ni 
prójimos,  sino  seres  que  se  dis¬ 
putan  la  supremacía  de  la  vida 
regalona,  conquistada  á  expen¬ 
sas  del  martirio  de  algunos  mi¬ 
llones  de  hambrientos. 

La  segunda  lucha  interior  ac¬ 
tual  es  la  de  los  acaparadores  de 
trigo.  Debía  ir  á  menudo  Mr.Mac- 
Kinley  á  la  Bolsa  de  contrata¬ 
ción  de  .cereales  en  el  Board  oj 
Trade  para  enterarse  de  cómo 
se  entiende  el  humanitarismo 
por  aquellas  gentes  á  quienes 
suelta  sus  Mensajes  humanita¬ 
rios.  Entre  los  acaparadores  al¬ 
cistas  de  Chicago  figura  á  la  ca¬ 
beza  José  Leiter,  que  teniendo 
hoy  en  su  poder  20  millones  de 
busheh  de  trigo,  sigue  compran¬ 
do  todo  lo  que  se  presenta  con 
objeto  de  hacer  subir  los  precios 
desde  4,50  pesatas  busliel  á  5,25  y 
llegar  á  G,25,  que  es  su  ideal. 
Nada  le  importan  los  esfaerzos 
del  campeón  de  los  bajistas,  Fe¬ 
lipe  Armour,  el  primer  contra¬ 
tista  de  cerdos  del  mundo,  por¬ 
que  la  legión  de  acaparadores 
que  tiene  á  sus  órdenes  recogen 
hasta  el  último  grano,  le  fían  la 
dirección  de  sus  millones,  se  sa¬ 
cian  en  la  ganancia  y  no  oyen  los 


MADRID.— CONGRESO  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFÍA.— MÁQUINAS  DE  DESINFECCIÓN,  POR  LA  PRESIÓN  DE  VAPOR, 
DEL  LABORATORIO  MUNICIPAL.  — CARRUAJES,  PARA  LA  CONDUCCIÓN  DE  HERIDOS,  DE  SANIDAD  MILITAR. 

(De  fotografías  de  Franzen.) 


MSfiffl El 
MMK 

Wm m 


Digitized  by  ^.ooQie 


228  —  n.»  xiv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Abril  1898 


clamores  de  sus  compatriotas  y  de  los  europeos 
que  se  quejan  de  que  el  pan  está  caro.  ¿Qué  le  im¬ 
porta  al  que  trafica  en  grande  con  el  oro,  que  el 
resto  de  la  humanidad  perezca  de  hambre?  Hay 
una  esperanza,  allá  para  el  mes  de  Agosto:  la  de 
que  Rusia,  la  India  y  la  Argentina  obtengan  bue¬ 
nas  cosechas;  pero  ¿y  si  son  medianas  ó  malas?  El 
alza  continuará,  Leiter  venderá  sus  trigos  al  precio 
que  le  parezca  bien ,  y  yankees  y  europeos  conti¬ 
nuarán  sometidos  á  la  más  vergonzosa  de  las  tira¬ 
nías:  á  la  del  agio. 

La  otra  lucha  es  la  del  temor  que  allí  siente  el 
capital  ante  los  anuncios  de  la  guerra,  porque, 
aunque  muchos  hacendistas  patrioteros  sostienen 
á  todas  horas  que  los  gastos  que  la  campaña  inter¬ 
nacional  ocasione  darán  nueva  vida  á  las  fábricas 
y  contribuirán  á  la  prosperidad  industrial,  lo  cierto 
es  que  de  los  Bancos  de  Nueva  York  se  retiraron 
en  la  última  semana  de  Marzo  115  millones  de  pe¬ 
setas  de  depósitos;  el  interés  del  dinero  sube  mu¬ 
cho  para  sostener  ficticiamente  el  crédito:  ante 
semejante  alza  afluye  el  dinero  reservado  hasta 
ahora  en  Europa,  producto  de  la  venta  de  grandes 
exportaciones  de  cereales  y  que  devengaba  mó¬ 
dico  interés,  en  términos  que  en  tres  semanas  se 
han  enviado  á  aquel  país  unos  120  millones  de  pe¬ 
setas  en  oro;  y,  en  fin,  el  Tesoro  público,  que  apa¬ 
recerá  al  fin  de  este  e  jercicio  con  300  millones  de 
déficit,  llegará  á  duplicar  tal  cifra  á  consecuencia 
de  los  gastos  de  la  guerra,  y  no  habrá  más  reme¬ 
dio  que  recurrir  á  nuevos  empréstitos  y  á  decretar 
nuevos  impuestos.  Como  los  de  Aduanas,  sujetos 
á  la  tarifa  Dingley,  no  podrán  aumentarse ,  recar¬ 
gados  todo  lo  posible  el  café  y  el  té,  la  imposición 
recaerá  sobre  el  tráfico  y  consumo  interior,  y  en¬ 
tonces  ante  la  elevación  de  las  contribuciones, 
ante  la  carestía  de  los  artículos ,  se  verá  lo  que  es 
el  pueblo  yankee,  que,  dado  su  típico  egoísmo,  no 
querrá  aumentar  sus  glorias  ni  aun  á  costa  de  un 
solo  centavo. 

Tal  vez  la  ceguera  que  en  su  entendimiento  pro¬ 
duzca  la  esperanza  de  una  enorme  indemnización 
pagada  por  España,  ó  la  de  la  seguridad  de  poseer 
y  explotar  las  riquezas  de  Cuba,  le  hagan  ir  ade¬ 
lante  en  su  osadía,  sin  preocuparse  del  mal  estado 
actual  de  su  Hacienda,  ni  de  la  ruinosa  lucha  so¬ 
cial  que  corroe  sas  entrañas  con  el  predominio  de 
las  grandes  empresas,  ni  del  alza  de  los  tributos  y 
de  las  subsistencias  que  necesariamente  sufrirán; 
pero  ni  la  victoria  está  en  sus  manos,  ni  la  indem¬ 
nización  deja  de  ser,  hoy  por  hoy,  otra  cosa  que 
una  fantasía,  ni  el  dominio  de  la  isla  de  Cuba  será 
para  ellos  jamás  un  hecho,  desde  el  momento  en 
que  todo  el  que  se  sienta  hijo  de  la  raza  española 
comprenda  la  inmensa  desgracia  que  sería  para 
toda  la  América  que  habla  castellano  el  predomi¬ 
nio  de  la  raza  sajona  en  el  mar  de  las  Antillas. 

* 

•  # 

Por  sí  ó  por  no,  la  fantasía  norteamericana 
forjó  hace  mucho  tiempo  su  plan  de  campaña  para 
la  invasión  de  Cuba.  Imposible  es  que  pueda  darse 
idea  más  torcida  que  la  que  la  populachería  yan - 
kee  tiene  formada  de  su  superioridad  y  de  nuestra 
insignificancia.  Para  ella  era  cuestión  de  coser  y 
cantar  el  que  el  Maine  apagara  en  una  hora  los 
fuegos  de  las  fortalezas  de  la  Habana,  desembar¬ 
cara  sus  abigarrados  tripulantes  y  se  apoderaran 
de  la  ciudad.  Hoy  repiten  que  es  la  cosa  más  senci¬ 
lla  el  reconcentrar  100.000  hombres,  ;  en  cuarenta 
y  ocho  horas!,  en  Atlanta,  transportarlos  á  un 
puerto  de  la  costa,  embarcarlos  en  seguida,  poner¬ 
los  en  Matanzas,  atravesar  las  cincuenta  millas 
que  hay  hasta  la  Habana  y  dar  todo  por  con¬ 
cluido. 

Y  los  que  sueñan  en  los  Estados  Unidos  con  se¬ 
mejantes  maravillas  saben  positivamente  que  se 
engañan,  porque  aquella  nación,  que  se  ha  empe¬ 
ñado  siempre  en  ser  una  República  «antimilitar» 
y  en  no  sostener  más  ejército  permanente  que  el 
necesario  para  contener  alguna  sublevación  de 
los  indios,  no  cuenta  en  efectivo  más  que  con 
25.000  soldados  que  merezcan  tal  nombre,  y  de 
ellos  sólo  20.000  que  puedan  pelear  inmediatamen¬ 
te.  Este  contingente  armado  se  halla  bien  ins¬ 
truido,  dispone  de  cuantos  elementos  modernos  de 
combate  necesitan  utilizarse  hoy,  cuenta  con  bue¬ 
nos  oficiales,  y  existen  además  excelentes  cuadros 
para  constituir  nuevas  fuerzas;  pero  como  éstas  no 
se  pueden  improvisar,  lo  cierto,  lo  innegable  es 
que  allí  no  hay  más  que  de  20.000  á  25.000  hombres 
en  disposición  de  combatir  con  tropas  regulares. 
Desde  esa  cifra  á  la  de  100.000  hombres,  media  el 
abismo  de  la  fantasía  acariciada  por  el  tío  Sam. 
Las  cifras  que  consigno  aquí  como  efectivas  son 
las  que  constan  en  los  Annuáls  Reports  de  los  ge¬ 
nerales  Miles  y  Wingate.  Según  ellos,  el  efectivo 
de  la  artillería  no  llega  á  4.000  hombres,  y  en  cam¬ 
bio,  sólo  los  fuertes  de  defensa  de  Nueva  York 


necesitan  13.000  para  su  servicio  y  hasta  29.000  los 
de  Portland,  Portsmout,  Boston,  Newport,  Grand 
Gull,  Fuerte  Mifflin,  íSierte  Me.  Henry,  Fuerte 
Monroe,  Charleston,  Savannah,  Key  West,  Pensa- 
cola,  Mobile  y  Nueva  Orleans.  Ante  semejante  de¬ 
ficiencia,  ha  pedido  el  general  en  jefe  Miles  que  se 
creen  cinco  regimientos  de  Infantería  y  dos  de 
Artillería;  pero,  creados  y  todo,  aun  faltan  muchí¬ 
simos  para  llegar  á  los  29.000  que  exige  la  defensa 
de  esos  puntos.  Se  llamará  á  los  voluntarios,  y 
como  si  no;  el  voluntario  yankee  es  un  ganapán 
semiseñorito  que  no  sirve  para  pelear  en  Cuba, 
según  lo  han  demostrado,  en  los  tres  años  de  la 
campaña,  los  muchos  aficionados  filibusteros  que 
desde  Tampa  y  Cayo  Hueso  llegaron  á  la  isla,  para 
huir  de  ella  más  que  á  paso  en  cuanto  se  sintieron 
enfermos  ó  castigados  por  el  calor,  por  la  falta  de 
alimentación  ó  por  el  cansancio.  Se  apelará  á  las 
«milicias»,  á  las  reservas,  á  los  cuerpos  improvi¬ 
sados,  sin  espíritu  militar  alguno;  y  estas  masas 
armadas,  que  á  lo  sumo  sirven  para  sostener  el 
orden  en  los  pueblos,  serán  en  una  campaña  regu¬ 
lar,  ante  un  ejército  acostumbrado  á  la  guerra,  lo 
que  siempre  han  sido:  patulea.  Esta  acumulación 
de  hombres,  in  extremis%  podrán  resultar  útiles  en 
las  contiendas  interiores  de  un  país,  en  las  guerras 
civiles  como  la  de  Secesión  de  1861  á  1865,  pero 
no  frente  á  ejércitos  organizados  y  aguerridos. 
Así  opina  con  sano  criterio  el  entendido  publi¬ 
cista  militar  Charles  Malo,  cuando,  ocupándose  de 
las  ilusiones  de  los  yankees  respecto  á  la  guerra  de 
Cuba,  dice  describiendo  á  nuestros  soldados: 

«Todo  el  mundo  sabe  que  el  ejército  español 
posee  virtudes  militares  que  no  se  improvisan  de 
la  noche  á  la  mañana,  ni  se  adquieren  con  dinero; 
menos  vistoso  y  ostentoso  que  otros  muy  afama¬ 
dos,  es  posible  que  tenga  más  fondo  y  base  que  los 
demás;  cuenta  en  su  composición  con  el  verdadero 
soldado:  sobrio,  robusto,  resistente,  bravo,  entu¬ 
siasta,  y  por  lo  mismo  tenaz,  lleno  de  patriótico 
orgullo  y  exaltado  por  el  sentimiento  de  su  propia 
superioridad.  Si  durante  mucho  tiempo  ha  pelea¬ 
do  sin  fortuna  contra  un  enemigo  menos  nume¬ 
roso,  es  porque  éste,  amparado  por  el  país  y  por 
el  clima,  ha  podido  emplear  contra  él  la  práctica 
que  el  mismo  enseñó  hace  mucho  tiempo  en  la  lu¬ 
cha  contra  los  ejércitos  de  Napoleón.  Que  en  lu¬ 
gar  de  un  enemigo  que  no  da  frente  y  que  se 
esconde  sin  cesar,  cuya  habilidad  consiste  en  dis¬ 
parar  á  mansalva  sobre  las  tropas  españolas,  y  en 
dejar  que  la  fiebre  amarilla  las  diezme,  encuentre 
otro  ejército  que  se  bata,  como  lo  hará  el  norte¬ 
americano  si  va  á  batirse,  y  entonces  la  decisión 
española,  bien  impulsada,  en  vez  de  tener  que 
permanecer  casi  inactiva,  resultará  ser  una  cosa 
muy  distinta  de  lo  que  en  Nueva  York  y  en  otras 
partes  se  piensa  que  es.» 

* 

*  « 

En  medio  del  entusiasmo  patriótico  (?)  que 
hierve  en  los  Estados  Unidos,  asoma  sin  cesar  la 
fiebre  avara  del  negocio.  Las  Cámaras  votaron  el 
crédito  de  250  millones  que  Mr.  Mac-Kinley  les 
pidió,  y  hay  muchos,  muchísimos,  que  procuran 
apropiarse  la  parte  que  creen  que  podra  corres¬ 
ponderles  en  esta  suma.  Los  puertos,  la  marina, 
el  ejército,  los  contratistas  serios  ó  improvisados, 
todos  quieren  ser  partícipes  de  ella.  Diez  días  des¬ 
pués  de  votado  el  crédito  ya  se  habían  consumido 
125  millones,  es  decir,  la  mitad  de  él.  Para  más 
de  63  buques  mercantes,  viejos  y  nuevos,  grandes 
ó  medianos,  se  solicita  en  estos  momentos  el  que 
sean  adquiridos  por  el  Gobierno  por  el  máximum 
de  su  precio  de  construcción.  Se  fortifican  con  ver¬ 
dadero  delirio  y  sin  plan  alguno  las  islas  del  Sur, 
próximas  á  Cuba;  se  trabaja  sin  descanso  en  las 
obras  de  defensa  de  las  ciudades  del  Norte,  so¬ 
ñando  sin  cesar  que  avanza  el  enemigo;  y  aunque, 
según  dicen,  el  puerto  de  Nueva  York  está  con¬ 
vertido  en  un  Gibraltar,  nadie  deja  de  pedir  no¬ 
ticias  diarias  de  la  marcha  que  la  escuadrilla  es¬ 
pañola  de  destroyers  sigue  por  el  Atlántico,  con 
rumbo  á  aquellas  costas. 

El  comercio  calcula  con  temor  la  suerte  que  po¬ 
drá  tener  su  exportación  si  se  arman  en  corso  los 
barcos  mercantes  españoles,  tripulados  por  viz¬ 
caínos,  gallegos,  andaluces  y  catalanes.  La  cosa, 
en  efecto,  merece  pensarse,  porque  sólo  el  algo¬ 
dón  y  sus  tejidos  que  envían  á  la  Argentina,  al 
Brasil,  á  Méjico,  al  Africa  austral  y  á  otros  pue¬ 
blos  ribereños  del  Atlántico,  valen  al  año  17  mi¬ 
llones  de  pesos,  y  26  los  productos  de  la  industria 
minera  y  metalúrgica  que  mandan  á  dichos  países, 
y  5  la  maquinaria  agrícola  para  el  Sur  de  América. 

Y  no  hay  que  decir  que  los  yankees  vivían 
desprevenidos  ó  que  daban  poca  importancia  á  los 
aprestos  militares,  porque  mientras  que  en  la  ma¬ 
rina  militar  gastaban  15.032.046  pesos  en  1882, 
emplearon  34.561.546  en  1897,  y  porque,  aun  dada 


la  tendencia  antibelicosa  de  la  nación,  consumie¬ 
ron  el  ejército,  las  fortificaciones  y  las  academias 
y  servicios  43.570.494  en  aquel  año,  y  48.950.267 
en  este. 

No  hay  en  las  aspiraciones  de  los  yankees  nada 
que  tenga  que  ver  ni  con  la  libertad,  ni  con  la  hu¬ 
manidad,  ni  con  la  religión,  ni  con  la  patria.  No 
hay  más  que  el  delirio  de  la  explotación  de  las  ri¬ 
quezas  antillanas.  En  1888  los  Estados  Unidos  im¬ 
portaban  productos  cubanos  por  valor  de  50.208.464 
pesos,  y  exportaron  á  la  Isla  géneros  suyos  que 
valieron  11.388.151.  Pues  bien;  en  1892  la  im- 
ortación  ascendió  á  78.228.542,  y  la  exportación 
22.244.878.  ¿Por  qué  el  tráfico  de  esa  creciente 
riqueza  no  ha  de  ser,  con  todos  sus  provechos 
y  con  todo  su  valor,  del  dominio  exclusivo  de 
los  Estados  Unidos?  ¿Por  qué  consentir  que  tan 
valioso  tesoro  esté  en  manos  de  los  españoles  ó  de 
los  cubanos?  ¿Qué  ciudadano  de  la  Unión  hay  que 
admita  ni  la  soberanía  de  España,  ni  la  indepen¬ 
dencia  de  la  Isla?  Con  la  guerra  han  perdido  mu¬ 
cho  los  yankees :  en  1 895  la  importación  de  pro¬ 
ductos  cubanos  descendió  á  51.718.888  pesos,  y  en 
1896  á  24.708.849,  y  en  1897  á  16.233.456;  y  respec¬ 
tivamente  las  exportaciones  bajaron  á  9.498.054, 
á  7.296.613  y  á  9.308.515.  En  1893  había  valido 
21  millones,  y  17  en  1895.  Esto,  y  nada  más  que 
esto,  que  no  la  humanidad,  es  lo  que  le  duele  á  la 
gran  República.  Estos  son  para  ella  los  verdaderos 
horrores  de  la  guerra.  ¡Cómo  consentir  que  la 
guerra  civil  continúe!  Y  si  ellos  han  perdido  esto, 
¿cuánto  y  cuánto  más  no  hemos  perdido  nosotros? 
Pero  ¿qué  les  importa  que  España  se  hunda,  con 
tal  de  asegurar  el  negocio  y  rendir  culto  al  doUar 
omnipotente?  Sin  embargo,  torres  más  altas  han 
caído  al  luchar  con  España,  y  posible  es  que  ahora 
seamos  nosotros  la  causa  de  que  queden  disgrega¬ 
dos  para  siempre  los  que  hasta  aquí  se  denomina¬ 
ron  Estados  Unidos. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


DEL  «CIEGO  DE  BUENA  VISTA». 


ROMANO E  PATRIÓTICO. 

Sin  salir  de  mi  distrito, 

Desde  aquí  lo  veo  todo, 

Y  no  es  la  luz  con  que  veo 
La  luz  que  entra  por  los  ojos. 

El  sol  que  á  mí  me  ilumina 
Brilla  del  alma  en  el  fondo; 

No  tiene  oriente  ni  ocaso, 

Ni  sufre  eclipses  tampoco. 

Yo  en  su  calor  hallo  vida 
Y,  á  sus  fulgores  hermosos, 

No  hay  alegría  ni  hay  pena 
Que  no  sienta  en  lo  más  hondo. 

En  los  de  mi  honrada  patria 
Hallo  mis  afectos  propios; 

Si  alcanza  glorias,  las  canto; 

Si  sufre  penas,  las  lloro. 

Hijo  soy  de  la  Matrona 
Que  en  dos  mundos  alzó  el  solio, 

Y  la  cruz  llevó  á  las  Indias 

Y  con  la  cruz  rindió  al  moro. 

Sangre  tengo  de  los  héroes 
Que,  con  noble  y  santo  arrojo, 

De  Covadonga  á  Granada, 

Del  mundo  fueron  asombro. 

Viejo  y  ciego  está  el  que  un  día 
Cantó  combates  gloriosos, 

Y  aán  alienta  el  viejo  y  canta 
Para  animar  á  los  mozos. 

Hijos  son  éstos  de  aquellos 
Que  pusieron,  victorioso, 

Sobre  el  imperio  africano 
El  pabellón  gualdo  y  rojo. 

Nuestra  bandera,  teñida 
De  oro  y  sangre,  cruza  el  golfo, 
Mostrando  que  es  más  en  ella 
La  noble  sangre  que  el  oro. 

Causa  de  honra  es  la  de  España, 
La  del  enemigo  de  odio; 

Mueven  guerra  ingratos  hijos 
Que  á  la  Madre  dan  sonrojos. 

Raza  de  avaros  sin  patria 
Hoy  nos  provoca  en  su  apoyo, 
Vendiéndoles  un  servicio 
De  que  está  acechando  el  cobro. 

La  libertad  les  ofrece, 

Simula  intentos  piadosos; 

El  canto  de  la  sirena 
Oculta  el  rugir  del  monstruo. 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  t  AMERICANA 


N.4  xiv  —  22? 


Mas  son  los  ingratos  hijos, 

Frente  á  loe  leales,  pocos; 

Por  los  leales  la  Madre 
Levanta  altiva  su  rostro. 

No  verá  si  es  en  la  lacha 
Su  rival  más  poderoso; 

Ve  ya  qae  es  más  su  justicia 
Que  del  contrario  el  encono. 

Así  f ué  siempre  al  combate, 
Serena,  apoyada  sólo 
En  la  fuerza  del  derecho 
Y  en  su  escudo  nunca  roto. 

Si  á  la  lucha  corres,  Madre, 

Tu  hiio  ciego  ve  con  gozo 
Que  el  claro  sol  de  tu  gloria 
Es  ya  la  luz  de  sus  ojos. 

Eduardo  Bustillo. 


teatro  Español.  El  Oran  galeoto  fué  la  obra  ele¬ 
gida  por  el  eminente  actor,  y  nada  hemos  de  decir 
ácerca  de  la  magistral  manera  con  que  representó 
el  hermoso  drama  de  Echegaray,  porque  sabido  es 
que  hace  en  él  una  de  las  creaciones  que  más  han 
contribuido  á  su  fama  y  con  la  que  patentizó  ayer 
una  vez  más  que  es  el  genial  é  insustituible  actor 
de  siempre,  que  sabe  suplir  los  inevitables  daños 
que  el  tiempo  y  el  trabajo  producen  en  sus  por¬ 
tentosas  facultades  con  ios  arranques  de  su  in¬ 
menso  talento  artístico.  La  noche  de  ayer  fué  una 
de  las  mejores  para  el  insustituible  primer  actor 
de  nuestro  teatro  contemporáneo,  y  el  público 
premió  su  inmejorable  labor  artística  con  espon¬ 
táneas  y  cariñosas  ovaciones,  que  le  obligaron  á 

f tresentarse  en  escena  á  la  terminación  de  todos 
os  actos. 

A  última  hora  estrenóse  un  diálogo  en  verso 
titulado  Los  Dos  sueños,  original  de  Ensebio  Blas¬ 
co.  ^ada  tiene  que  envidiar  en  punto  á  frescura, 
gracia  y  delicadeza  la  última  producción  del  ce¬ 
lebrado  autor  de  Pobre  p orfiado .....  á  las  que  más 
renombre  le  han  dado.  El  diálogo,  hecho  con  sin¬ 
gular  maestría  y  profundo  conocimiento  del  tea¬ 
tro,  es  una  verdadera  filigrana  literaria,  valga  la 
frase,  ó  hizo  pasar  un  delicioso  rato  á  los  espec¬ 
tadores,  quienes  &1  terminar  la  representación 
pidieron  el  nombre  del  autor  y  su  presencia  en 
las  tablas.  El  Sr.  Blasco  no  salió  por  no  hallarse 
en  el  teatro. 

Be  la  interpretación  bastará  decir  que  estuvo  á 
cargo  del  beneficiado  y  de  la  Srta.  Ruiz,  para  con¬ 
signar  que  fué  inmejorable.  Apibos  artistas  fue¬ 
ron  aplaudidos  y  aclamados  calurosamente,  y  el 
Sr.  Vico  recibió,  con  numerosos  y  valiosos  regalos, 
evidentes  pruebas  de  que  son  muchos  los  admira¬ 
dores  con  que  cuenta. 

* 

•  • 

Para  esta  noche  se  anuncia  el  estreno  del  dra¬ 
ma  en  tres  actos  titulado  Liliput ,  original  del  dis¬ 
tinguido  literato  D.  Luis  de  Ansorena,  obra  por  la 
que  hay  verdadera  curiosidad  por  las  noticias  que 
de  ella  ha  dado  la  prensa  diaria. 

PRÍNCIPE  ALFONSO. 

A  juzgar  por  sus  inmejorables  comienzos,  la 
temporada  de  primavera  inaugurada  en  este  tea¬ 
tro  la  noche  del  último,  domingo,  ha  de  ser  tan 
brillante  como  productiva  para  la  inteligente  y 
afortunada  empresa.  El  público  de  las  grandes  so¬ 
lemnidades  llenaba  por  completo  la  amplia  sala  la 
noche  de  la  inauguración,  á  lo  que  contribuyó  in¬ 
dudablemente  el  anuncio  de  Aída  como  la  prime¬ 
ra  ópera  que  habla  de  cantarse,  pues  la  hermosa 
obra  de  Verdi,  hace  bastante  tiempo  no  represen¬ 
tada,  es  de  las  que  mayor  número  de  admiradores 
cuenta  entre  los  aficionados  á  la  música. 

Los  artistas  encargados  de  su  interpretación, 
algunos  de  ellos  ya  conocidos  y  aplaudidos  por 
nuestro  público,  satisficieron  con  creces  los  deseos 
de  los  espectadores. 

La  Srta.  Miccuci  es  una  tiple  dramática  de  pri- 
missimo  carteüo .  Su  voz  es  extensa,  voluminosa  y 
de  agradable  timbre,  y  la  maneja  con  exquisito 
buen  gusto  y  notable  expresión  dramática  gracias 


á  su  excelente  escuela  de  canto.  Nuestra  compa¬ 
triota  la  Srta.  Concepción  Mas  es  asimismo  una 
cantante  sobresaliente  y  una  actriz  de  grandes  en¬ 
tusiasmos  y  nada  escasas  facultades.  Ambas  oye¬ 
ron  durante  toda  la  representación  frecuentes  de¬ 
mostraciones  del  agrado  con  que  el  público  acogió 
su  excelente  trabajo,  y  merecieron  los  honores 
del  proscenio. 

El  tenor  Duc  es  antiguo  conocido  de  nuestro 
público,  que  en  la  anterior  temporada  ha  aprecia¬ 
do  y  celebrado  sus  innegables  méritos  como  can¬ 
tante.  Se  mostró  á  la  altura  de  su  bien  conquis¬ 
tada  reputación  artística,  é  hizo  gala  de  sus  pode¬ 
rosas  facultades  y  de  su  correcta  escuela,  siendo 
aplaudido  con  entusiasmo.  El  Sr.  Modesti  cumplió 
notablemente  su  cometido;  es  un  barítono  de  ex¬ 
tensa  y  agradable  voz,  y  un  consumado  artista 
digno  do  figurar  en  nuestro  primer  teatro  lírico. 

Muy  bien  cantaron  los  Sres.  Verdaguer  y  Cabe¬ 
llo,  artistas  de  gran  discreción  y  no  escaso  mérito, 
que  contribuyeron  poderosamente  al  buen  con¬ 
junto  de  la  ópera.  Los  coros  y  la  orquesta,  hábil¬ 
mente  dirigida  por  el  maestro  Vigna,  que  demos¬ 
tró  ser  justísima  la  gran  reputación  de  que  venía 
precedido  y  supo  hallar  nuevos  efectos  en  la  cono¬ 
cida  partitura  de  Verdi,  cumplieron  su  cometido 
á  la  perfección  y  merecieron  buena  parte  de  los 
aplausos  que  el  público  prodigó  á  todos. 

* 

*  # 

El  próximo  sábado  se  estrenará  La  Boheme ,  de 
Puccini,  ópera  que  con  inmenso  éxito  se  ha  repre¬ 
sentado  en  los  principales  teatros  líricos  del  Ex¬ 
tranjero,  y  cuyo  estreno,  suspendido  la  noche  de 
ayer  por  una  repentina  indisposición  del  tenor 
Sr.  Garbín,  promete  ser  un  verdadero  aconteci¬ 
miento  musical  en  Madrid. 

Bicho  eminente  artista  y  la  Srta.  Sthele,  cantante 
que  viene  precedida  de  gran  reputación,  verifi¬ 
carán  su  debut  con  la  nueva  partitura  de  Puccini. 

PRINCESA. 

El  Sr.  Ruiz  Contreras,  ventajosamente  conocido 
como  autor  dramático  por  anteriores  y  aprecia¬ 
bles  producciones,  dió  á  conocer  en  este  teatro  la 
noche  del  pasado  sábado  la  comedia  en  tres  actos 
titulada  El  Pedestal ,  que  mereció  una  benévola 
acogida  del  público. 

No  sobresale  la  última  obra  del  Sr.  Ruiz  Con¬ 
treras  por  la  novedad  del  asunto,  ya  tratado  por 
otros  autores;  pero  está  la  acción  bien  conducida, 
aunque  en  algunos  momentos  languidece,  lo  que 
hace  que  pesen  un  tanto  algunas  escenas;  el  diálo¬ 
go  bien  entendido  y  escrito  en  ameno  y  correcto 
lenguaje,  y  las  situaciones  bien  preparadas,  cuali¬ 
dades  que  hacen  á  El  Pedestal  acreedor  á  los  aplau¬ 
sos  con  que  fue  recibido  por  el  público.  El  Sr.  Ruiz 
Contreras  fué  llamado  á  escena,  y  tuvo  que  presen¬ 
tarse  varias  veces  al  final  de  los  actos  segundo  y 
tercero. 

La  interpretación  excelente  por  parte  de  todos 
los  artistas  que  en  ellá  tomaron  parte,  distinguién¬ 
dose  especialmente  la  Sra.  Alverá  y  la  Srta.  Palma. 

*  * 

Para  hoy  se  anuncia  el  beneficio  del  Sr.  García 
Ortega  con  la  reprise  de  la  comedia  de  Bumas 
Demi-monde . 

PARISH. 

Hoy  debutará  en  este  teatro  con  la  zarzuela 
Campanone  la  eminente  cantante  Srta.  Milagros 
Gorgé ,  que  ha  regresado  á  España  después  de  ha¬ 
cer  una  brillantísima  campaña  artística  en  varios 
teatros  extranjeros. 

LARA. 

La  lluvia  de  mil  colores ,  estrenada  la  nobhe  del 
sábado,  no  fué  del  agrado  de  los  morenos.  ¡  Paz  á 
los  muertos! 

• 

•  • 

El  martes  por  la  noche  se  verificó  la  repilse  de 
la  comedia  en  dos  actos  Los  Corazones  de  oro ,  que 
fué  muy  del  agrado  del  público  y  en  la  que  escu¬ 
charon  justos  aplausos  por  su  notable  trabajo  la 
Sra.  Pino,  Srta.  Moreno,  y  los  Sres.  Larra,  Ramí¬ 
rez,  Ruiz  de  Arana,  Santiago,  Valle  y  Gonzálvez. 

* 

•  • 

Anoche  se  estrenó  El  Marido  pintado ,  juguete 
cómico  que  no  tiene  absolutamente  nada  más  ni 
menos  que  los  mil  juguetes  que  en  el  mundo  han 
sido .....  aplaudidos  justamente. 


Vaciado  en  los  moldes  de  tantas  otras  obras  del 
mismo  género,  no  tiene  más  objeto  que  distraer 
agradablemente  sin  resolver  problemas  ni  plantear 
tesis,  y  hay  que  reconocer  que  llena  su  misión 
perfectamente,  gracias  al  dialogo,  chispeante  y 
limpio  de  chistes  de  mal  gusto,  y  á  las  abundantes 
situaciones  cómicas  que  el  autor  ha  sabido  prepa¬ 
rar  con  habilidad. 

El  autor,  que.  resultó  ser  B.  Gabriel  Briones, 
fué  aplaudido  y  llamado  á  escena  al  finalizar  la 
representación,  en  unión  de  los  artistas  que  inter¬ 
pretaron  la  obra  de  un  modo  excelente,  como  es 
costumbre  en  este  teatro. 

APOLO. 

Los  Altos  hornos ,  zarzuela  estrenada  la  noche 
del  martes  último,  en  que  se  verificó  el  brillante 
beneficio  de  la  Srta.  Pino,  no  pasó ,  á  pesar  de  su 
fácil  versificación  y  de  los  buenos  deseos  de  los 
actores  encargados  de  interpretarla.  El  público  no 
quiso  apreciar  las  bellezas  de  la  obra,  que  las  tiene 
sin  duda  alguna,  y  la  desaprobó  ruidosamente 
desde  las  primeras  escenas.  Los  autores,  dando  un 
ejemplo  digno  de  imitación,  la  retiraron  la  misma 
noche  del  cartel.  Reciban  nuestro  pésame  por  el 
fracaso  y  nuestra  enhorabuena  por  su  digna  con¬ 
ducta. 

ZARZUELA. 

Para  hoy  se  anuncia  el  beneficio  de  la  notable 
tiple  Srta.  Arana,  que  ha  dispuesto  un  programa 
variado  y  selecto. 

* 

*  * 

En  breve  se  estrenará  El  Puente  del  diablo ,  de 
los  Sres.  Vela  y  Servet,  con  música  del  maestro 
Bretón,  obra  para  la  cual  está  pintando  varias  de¬ 
coraciones  el  notable  pintor  escenógrafo  señor 
Muriel. 

* 

•  • 

Uno  de  los  primeros  días  de  la  semana  próxima 
verificará  su  debut  en  este  teatro  la  aplaudida  pri¬ 
mera  tiple  Srta.  Felisa  Lázaro. 

A. 

JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  má«*  perfumado  de  loa  jabonea  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello  * 

3  grandes  premios.  21  medallas  da  oro.— Faera  de  ooeoaree 
4,  PLACE  DE  L’OPÉRA,  PARIS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España,  América. 


LOSiTOS 

por  fuerte  y  crónica  que  sea,  tomen  las 
PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 
Remedio  prodigioso  y  rápido.  90  años  de  éxito.  ' 


I  WATTUQ  .  P1*  (Aatl|.a  osea  Se  EBILE  PtMAT),  M.  nu 
A,  I?  AuLijkj  &  Ü*  LovU-lt-Grand, Paría.— TRAKi  Y  ABRIAOS 
La  casa  que  Tiste  &  las  señoras  con  mA  s  elegancia,  riqueza  y  buen  gnpto 


CREMA  DE  LA  MECA 

lmpertant*  rereta  para  Blmnquemr  el  Cutis,  sana  y  bénéfica.  —  Basto  ana  j 
peqarflMma  cantidad  para  aclarar  el  enUi  más  obscuro  y  darle  la  Mancara  sea  ve  y  : 
nacarada  del  marfil .(Preo/oen  Ptr/t,6(.)DUSSCR,1.RueJ,»J.Rouseeaii,Parte. 

_  i 

Perfumería  Ninon,  M&ison  LECONTE,  31,  rué  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  los  amtnoios .) 

Perfumería  exótica  SENET,  36,  ruedu  Quatre  Septembre, 
París.  (Véanse  los  anuncios.) 

BOYAL  HOUBIGANT  Ímu^hp» 

fumista,  19,  Faubourg  8*  Honoré,  París . 


’ÉÉhr  Vioküepucníe 

SSS  «4  VOS  -  ESSEItCE  —  EAU  DE  TOILETTE 
POUOfiE  DE  DIZ 

L.T.  PIVER  a  PARIS 


FOSF  ATINA  FALIÉRES  es  el  mejor  alimento  para 
niños  desde  la  edad  de  6  á  7  meses,  principalmente  en  el  destete 
y  en  el  período  del  crecimiento.  Tiene  un  gusto  muy  agradable 
y  es  de  radiísima  digestión.  París,  6,  A  venus  Victoria. 

SI  VINO  de  PINTONA  OATILLON,  si  mejor  reC0Hitttttf9llt9 
de  /ai  fU9TZ99,  restablece  el  apetito  /  las  digestiones.  Enfermedades 

<x/ ESTÓMAGO,  LANGUIDEZ,  ANEMIA. «S. 


Digitized  by  ^.ooQie 


128  —  n.°  xiv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Abril  1808 


LIBROS  PRESENTADOS 

i^TA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES 


sncia  y  Filosofía—  Estudios  biológicos 
or  el  P.*  Zacarías  Martínez  Núñez. 

El  sabio  profesor  del  Colegio  de  Agustinos 
e  El  Escorial,  P.  Zacarías  Martínez,  ha 
ado  á  la  estampa  un  notable  libro  ,  pri- 
lero  de  los  que  dedica  á  los  problemas 
iológicos  que  más  preocupan  en  I la  actua- 
ídad  á  los  hombres  de  ciencia.  Propónese 
1  P.  Martínez  demostrar  con  argumentos 
ae  las  mismas  ciencias  naturales  sumi- 
listran,  que  los  que  reniegan  de  los  dogmas 
stán  sometidos  al  capricho  y  á  la  ilusión, 
r  en  vez  de  ser  independientes  v  libres, 
trrastran  la  cadena  de  lá  esclavitud,  que  un 
redo  absurdo  y  ridículo  les  impone.  En  la 
kctualidad,  según  explícitamente  manifles- 
a  el  sabio  agustino,  no  es  posible  conten  - 
lerse  en  empresas  de  esta  clase  con  gene- 
ales  consideraciones  filosóficas  aplicando 
os  principios  de  la  antigua  y  tradicional 
Escolástica;  «este  método,  dice,  en  otras 
idades  legítimo,  no  lleva  hoy  á  ningún  re- 
lultado  práctico.  Peor  es  condenar  las  nue¬ 
ras  hipótesis  científicas  en  nombre  del  dog- 
na  ó  del  credo  católico;  quien  así  proceda 
lucha  con  armas  desiguales  y  expone  la  re¬ 
ligión  á  perder  algo  de  su  grandeza  y  digni¬ 
dad.  A  la  hora  presente  debe  el  apologista 
descender  al  detalle,  estudiar  la  Naturale¬ 
za;  recorrer  museos  y  laboratorios,  formar 
colecciones,  medir  cráneos , . usar  del  mi¬ 
croscopio,  comprobar  y  aquilatar  las  ob¬ 
servaciones  propias  y  las  ajenas,  emplean¬ 
do  al  exponerlas  los  términos  técnicos  co¬ 
rrientes  si  quiere  librarse  do  las  críticas 
materialistas». 

Estas  líneas  que  copiamos  de  la  intro¬ 
ducción,  demuestran  y  retratan,  mejor  que 
cuanto  pudiéramos  nosotros  decir,  el  espí¬ 
ritu,  las  tendencias  y  la  fortaleza  con  que 
el  P.  Zacarías  Martínez  desciende  al  terreno 
donde  acampan  los  enemigos  de  la  verdad, 
para  reñir  con  ellos  las  batallas  de  la  cien¬ 
cia  en  noble  lid  y  tremolar  victorioso  el  lᬠ
baro  de  la  Religión. 

Véndese  el  libro  al  precio  de  6  pesetas. 

Dispendio  de  Aritmética,  por  Manuel 
Antonio  Rueda. 

Hemos  recibido  ejemplares  del  libro  de 
educación  para  las  escuelas  hispano-ameri- 
canas,  escrito  por  el  ingeniero  civil  y  pro¬ 
fesor  de  Matemáticas,  D.  Manuel  Antonio 
Rueda,  y  editado  por  la  casa  Appleton  y 
Compañía.  . 

La  aritmética  elemental  está  admirable¬ 
mente  dispuesta  por  el  autor  para  hacer  fᬠ
cil  á  los  niños  su  estudio,  enseñándoles 


SU  EMINENCIA  EL  NUEVO  CARDENAL  HERRERA  ACOMPAÑADO  DEL  EMBAJADOR  DE  ESPAÑA 
Y  SU  SÉQUITO  RECIBIENDO  LAS  VISITAS  LLAMADAS  «DE  CALORE*. 


desde  el  principio  á  razonar.  En  forma 
muy  clara  y  concreta  está  expuesta  la  teo¬ 
ría  de  las  principales  operaciones  de  la 
aritmética,  y  no  dudamos  en  su  gran  utili¬ 
dad  para  la  enseñanza. 

Camila  Sánchez ,  novela  de  costumbres, 
por  Abralsanz  Z.  López  Penha. 

Hemos  recibido  ejemplares  del  libro  cuyo 
título  encabeza  estas  líneas,  esmeradamen¬ 
te  impreso  en  Barcelona  en  la  tipolitogra- 
fía  de  Espaca,  y  muy  artísticamente  ilus¬ 
trado  por  Cabrineti. 

En  la  novela  de  costumbres  del  Sr.  López 
Penha  abundan  las  brillantes  y  pintorescas 
descripciones ,  se  admira  un  acabado  estu¬ 
dio  de  los  caracteres,  y  se  sigue  con  interés 
una  sencilla  acción  narrada  en  un  estilo 
primorosamente  trabajado. 

La  Ley,  discurso  leído  por  D.  Luis  Redo- 
net  y  López  Dóriga  al  recibir  la  investidura 
de  doctor  en  Derecho. 

Damos  las  gracias  al  Sr.  Redonet  por  la 
atención  que  ha  tenido  de  remitimos  ejem¬ 
plares  de  su  discurso  sobre  la  Ley.  Su  estu¬ 
dio  sobre  la  Ley  eterna,  la  natural  y  la  po¬ 
lítica  demuestra  sus  sólidos  conocimientos 
en  la  ciencia  del  Derecho,  al  mismo  tiempo 
que  sus  apreciables  aptitudes  de  escritor 
erudito. 


Páque»  fleuries.  Número  especial  de  la 

Nouvelle  lievue  Internationale . 

Hemos  recibido  este  interesante  número 
de  128  páginas,  que  contiene  cuentos,  cró¬ 
nicas,  estudios,  cartas,  autógrafos,  leyen¬ 
das  ,  páginas  de  historia ,  ciencias ,  poesías, 
cuestiones  políticas ,  interviews,  impresio¬ 
nes  ,  máximas ,  retratos,  etc.,  etc.,  firmados 
jjor  ilustres  escritores  franceses  y  espa¬ 
ñoles. 

De  éstos  contiene  trabajos  de  Castelar, 
Cánovas  del  Castillo,  Echegaray  (D.  J.),  ge¬ 
neral  López  Domínguez ,  Pardo  Bazán 
(D.a  E.)  y  Palacio  Valdés.  Entre  los  autó¬ 
grafos  los  hay  de  S.  M.  la  reina  D.a  Isabel, 
del  rey  D.  Alfonso  XII,  de  Víctor  Manuel, 
de  Cánovas ,  de  Víctor  Hugo ,  de  A.  Dumas, 
de  Eugenio  Sue,  de  Saint-Beuve,  de  Jorge 
Sand,  de  Labiche,  de  Paúl  Bourget,  de  Cop- 
pée,  de  Julio  Simón,  de  Sully  Prudhomme, 
de  Mistral,  de  Méline,  del  general  Canro- 


Legouvé  y  otros. 

El  número  va  ilustrado  con  los  retratos 
de  Castelar,  Mme.  Raltazzi  de  Rute,  Paúl 
Bourget,  F.  Coppée,  Paúl  Henreir,  Mistral, 
Sully  Prudhomme,  Lemonnier,  Cánovas, 
Méline,  Claretie,  Paúl  Cambon  y  Henry 


Maret. 

El  precio  de  este  interesante  número  es 
de  3,50  francos. 


Rendimiento  máximo  con  gasto  reducido  de  combustible.  Construcción  muy  sólida, 
i  poco  peso  y  fácil  transporte,  aun  sobre  terrenos  muy  quebrados.  Locomóviles  pues- 
b  en  presión  en  doce  minutos  mediante  un  nuevo  aparato  patentizado. 

417  pares  Tendidos  sólo  del  pequeño  modelo. 

Notas  de  precios  y  explicaciones  gratis  y  franco. 

16  Medalla,  de  OSO— 15  Medallas  de  PLATA, 
numerosos  diplomas ,  Medallas  de  bronce ,  Menciones»  etc.»  etc. 
Concurso  internacional  en  Pesaro ,  Medalla  de  Oro  para  la  mejor  trilladora , 
y  Medalla  del  Ministerio  de  Agricultura  y  Comercio. 

Expotición  y  concurso  de  la  ciudad  de  Castello;  primer  premio  y  Medalla  de  Oro 
del  Ministerio  de  Agricultura  y  Comercio. 

TÜBBINA8  Y  M0T0RB8  HIDRÁULICOS  CON  RENDIMIENTO  DE  80  Á  85  POR  100, 
REGULADORES  PARA  MOTORES,  COMPENSADORES  CON  FRENO,  MÁQUINAS  Y  CALDERAS  DE 
VAPOR,  ESPECIALIDAD  PARA  MOLINOS  DE  PAPEL,  ELEVACIÓN  DE  AGUAS, 
INSTALACIONES  ELÉCTRICAS,  MOTORES  DE  GAS. 

NUMEROSOS  CERTIFICADOS  Y  REFERENCIAS 

OCIETA  ITALO-SVIZZERA  DI  COSTRUZIONI  HECCANICHE 

Successore  Officina  e  Fonderia  ED.  BE-MORSIER 

FUNDADA  EN  1850  E5  BOLOGNA  (ITALIA). 

Premiada  con  las  más  altas  menciones  honoríficas  en  37  exposiciones  y  concursos. 


Ea  m  m  g§  a  No  hay  uno  que  se  re- 
I  1 11  A  sista  á  la  eficacia  pode- 
I  I  ■  H  rosa,  jamás  desmentida, 
I  I  ■■■  11  del  Bálsamo  Antl* 
^  III  O  reumático  de  Orive, 
letalla  la  composición  á  los  médicos  que  de- 
i  conocerla.— En  todas  las  farmacias.  Por  ma- 
Bilbac  Orive,  y  Madrid,  M.  García. 


En  toda  cías©  cLe  vómitos  y  diarreas,  y  en 
toda  clase  de  indisposiciones  del  tu/bo  di- 
g-ostlvo,  emplead  los 

Salicilatos  de  VIVAS  PÉREZ 

adoptados  de  XSeal  Orden 
POR  EL  MINISTERIO  DE  MARINA  Y  POR  EL  DE  QUERRA 

Los  recomiendan  indiscutibles  autoridades  médicas.— Celebran  con  entu¬ 
siasmo  sus  efectos  cuantos  los  usaron. 

Se  imitan  y  falsifican  sin  resultado. 


^  |  Af|P^  Los  calma  en  el  acto  al 
iUULUIiIL  wk  descuidado  que  los  sufre 
■  ■  ■■  por  no  usar  todos  los  dias 
ficMI  irt  AQ  el  Licor  del  Bolo  de 
*  |9|  U  Llinv  Orive.  Tero  el  no  teneT 
dolores  de  muelas  depende  de  la  voluntad;  v 
esto  ee  tan  exacto,  que  jamás  tuvo  dolencia  al¬ 
guna  en  la  boca  el  que  se  enjuagó  todos  los  días 
con  tan  excelente  dentífrico,  que  se  vende  en 
toda  farmacia  y  perfumería  acreditada. 


VINO  o«  CHASSAINQ 

Sl-Dioianvo 

Prescrito  desde  25  efios 
Contra  las  AFf  EGCIONES  di  Us  Vías  Dtiasthai 
PA  Rl$,  6,  A  venus  YictorU,  6,  PA  RTt 

Y  wm  TODAS  LAS  PDISOIFALM  VAIS  LUIAS 


OBRAS  DE  D.  MANUEL  DEL  PALACIO. 

Do  venta  en  la  Administración  de  este  periódico,  calle  del  Arenal,  núm.  18,  Madrid. 


MARI-SANTA 

POR 

DON  ANTONIO  DE  TRUEBA 

De  venta  en  la  Administración  de  este  pe- 
Iriódico,  Arenal,  18,  Madrid. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

M  REVALENTA  ARABIGA  [oEJ.OMPR|« 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disenteria,  pitmtas, 
náuseas,  fiebres,  estrefiimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todo»  Jos 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre.— 60  años  as 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  o  loo- 
excesos.'  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños.— D*róem>U*N ERAL : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  da  todos  loo  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Babbt  t  Cía.,  77,  Begent  Street,  Londres.  ,f 


Impreso  con  Unta  de  la  fábrica  LOBUiBVX  y  O.*,  16,  rué  Suyer,  **rls. 


Eteservodos  todos  Vos  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.— Establecimiento  tipolitográfleo  «Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Cosa. 


Digitized  by  LjOOQLe 


Mi! 


SEMESTRE. 


Madrid . 

Provincias. 

Extranjero. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 
Asia . . 


AÑO. 


SEMESTRE. 


AÑO. 


35  pesetas. 
40  id. 

60  francos. 


18  pesetas. 
21  id. 

20  francos. 


12  pesos  fuertes. 
60  francos. 


7  pesos  fuertes. 
35  francos. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 


14  francos. 


AÑO  XLII. — NÚM.  XV 


ADMINISTRACIÓN: 

ARENAL,  18. 


Madrid,  22  de  Abril  de  1898. 


Excmo.  Sr.  d.  pascual  cervera  y  topete, 

CONTRAALMIRANTE  DE  LA  ARMADA  ESPAÑOLA, 


COMANDANTE  GENERAL  DE  LA  ESCUADRA  EN  OTER  ACION  ES 


(De  fotografía  de  Edgardo  Debas.) 


Digitized  by 


230  —  N.®  xv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Abril  1898 


SUMARIO. 


Texto.— Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.— IX  Congreso  Internacio¬ 
nal  de  Higiene  y  Demografía.  Madrid,  1898,  por  D.  M.  de  Tolosa 
Latour.— Tapiz  de  La  rendición  de  Granada ,  de  la  Sra.  D.m  Catalina 
Narvaez  de  Kuiz,  por  D.  Pedro  de  Madrazo,  de  las  Reales  Acade¬ 
mias  Española,  de  la  Historia  y  de  Bellas  Artes.— El  diluvio,  sone¬ 
to,  por  D.  M.  Blanco  Belmonte. — Por  ambos  mundos.  Narraciones 
cosmopolitas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa.  —  Los  teatros, 
por  A.— Sueltos.— Libros  presentados  á  esta  Redacción  por  autores 
ó  editores,  por  C.— Anuncios. 

G «abados.  —  Retrato  del  Exorno.  Sr.  D.  Pascual  Cervera  y  Topete, 
contraalmirante  de  la  Armada  española,  comandante  general  de  la 
escuadra  en  operaciones.  —  Marina  de  guerra  española:  El  acora¬ 
zado  Infanta  María  Teresa,  buque  insignia  de  la  escuadra  en  ope¬ 
raciones.— La  torre  blindada  de  proa  del  acorazado  Vizcai/a. — 
EE.  UU.  de  Norte-América:  El  transatlántico  Saint-Louis ,  adqui¬ 
rido  por  el  Gobierno  i/ankee  para  crucero,  al  mando  del  ex  coman¬ 
dante  del  Maine.  —  Preparativos  de  guerra.  El  mayor  general  Nel- 
son  A.  Miles  examinando  las  defensas  de  Nueva  York.  —  Recluta¬ 
miento  de  voluntarios  pufa  improvisar  las  dotaciones  de  la  escua¬ 
dra  vankee.  —  Canarias  (Santa  Cruz  de  Tenerife;:  Desembarco  de 
fuerzas  expedicionarias. — Llegada  de  los  refuerzos  del  cuerpo  de 
Ingenieros  militares.— Bellas  Artes:  Canciones  de  actualidad ,  dibujo 
de  F  Aiberti.— Ilustraciones  del  articulo  de  D.  Pedro  de  Madrazo. 
— Madrid:  IX  Congreso  Internacional  de  Higiene  y  Demografía. 
Los  delegados  mejicanos.— Congresistas  extranjeros  y  españoles  de 
la  sección  de  Higiene  militar  y  naval.  — Conferencia  del  Dr.  Cajal 
en  la  Academia  de  Medicina.— Recepción  en  el  Palacio  Real.— Vi¬ 
sita  al  Hospital  Militar.  —  Banquete  en  el  teatro  Real.  —  Recepción 
en  el  Ayuntamiento.— Retrato  de  Eleonora  Duse,  eminente  actriz 
italiana. 


CRONICA  GENERAL. 


^  *  MPEZÓ  el  Congreso  de  Washington 
acordando  la  intervención  y  autori¬ 
zando  el  uso  de  la  fuerza  contra  nos¬ 
otros;  continuó  el  Senado  proclaman¬ 
do  la  independencia  de  Cuba  con  gran 
dolor  de  Mac-Kinley,  el  promovedor  de 
*  todo;  no  se  entendieron  en  eso  de  la  in¬ 
dependencia.....  Allá  se  las  hayan.  Cualquiera 
de  esas  votaciones  es  motivo  suficiente  de 
ruptura  con  España,  porque  legislan  como  si 
Cuba  fuera  territorio  suyo.  ¿Qué  pretexto  dan?  ¿La 
voladura  del  Maine ?  La  comisión  española  en  su 
informe  niega  la  existencia  de  esa  supuesta  mina, 
pues  no  se  hubiera  ocultado  á  nadie  su  colocación 
en  puerto  tan  concurrido  como  la  Habana:  la  fa¬ 
cilidad  con  que  accedieron  las  autoridades  de  ma¬ 
rina  al  reconocimiento  oficial  norteamericano;  el 
cuidado  con  que  éste  prescindió  de  los  españoles; 
su  pretensión  de  destruir  el  casco  apenas  evacua¬ 
ron  su  dictamen,  en  vez  de  querer  conservar  la 
prueba  de  sus  afirmaciones;  la  rapidez  con  que 
hizo  su  visita  amistosa  el  Maine ,  visita  cuyo  ca¬ 
rácter  puso  en  movimiento  los  buques  de  guerra 
europeos  y  alarmó  al  mundo,  y  rapidez  que  excluye 
toda  probabilidad  de  preparar  ninguna  máquina 
en  aquella  bahía  tan  extensa  y  frecuentada;  esto 
en  cuanto  á  la  preparación,  que  en  lo  relativo  á 
ataque  á  traición  en  buque  que  debía  ejercer  en  su 
posición  delicada  exquisita  vigilancia,  bastaría 
para  alejar  toda  idea  de  accidente  externo:  la  mis¬ 
ma  actitud  del  Gobierno  español,  siempre  cedien¬ 
do,  evitando  siempre  todo  roce  y  disgusto  con  los 
norteamericanos;  la  conducta  de  los  marinos  espa¬ 
ñoles  con  las  víctimas;  todo,  en  fin,  de  tal  manera 
convence  de  que  lo  del  Maine  es  un  odioso  y  vil 
pretexto  evocado  en  nuestro  daño,  que  caracteriza 
de  villana  y  torpe  su  agresión.  Con  decir  que  ca¬ 
lifican  de  heroica  la  conducta  del  comandante  del 
barco  cuando  nadie  ignora  lo  que  hizo,  basta  para 
juzgar  la  política  de  esas  gentes  que  padecen  el 
delirio  de  la  codicia  y  de  la  guerra. 


Be  nos  resistía  creer  en  la  existencia  de  todo  un 
pueblo  engañado  por  los  alborotadores:  sin  duda 
los  cerebros  yankees  tienen  aisladores  por  donde 
no  penetran  la  razón,  la  verdad  y  la  justicia,  y 
sólo  reciben  el  fluido  de  la  calumnia.  Sólo  así  se 
conciben  las  injurias  á  España  de  sus  oradores; 
los  insultos  groseros  á  nuestros  uniformes  y  ban¬ 
deras;  los  ataques  á  nuestra  principal  representa¬ 
ción,  que  sólo  en  una  población  de  España  han 
sido  imitados,  pero  reprimidos  y  remediados  en 
el  acto;  el  asesinato  alevoso  en  Chicago  de  un  po¬ 
bre  comparsa  que  salía  disfrazado  de  soldado  es¬ 
pañol,  y  las  innumerables  tropelías  de  las  turbas. 
Hasta  el  nombramiento  del  ex  cónsul  Lee ,  que 
hipócritamente  alentaba  la  insurrección,  mientras 
recogía  los  planos  de  nuestros  fuertes  y  estudiaba 
sus  futuras  combinaciones  estratégicas,  negocian¬ 
do,  según  dicen,  con  los  socorros  de  los  reconcen¬ 
trados,  y  exclamando:  «¡Por  finí»,  cuando  puso  el 
pie  sobre  la  cubierta  del  Maine .  Todo  es  tan  inno¬ 
ble  y  tan  burdo,  que  se  siente  una  especie  de  as¬ 
fixia  moral  sólo  al  considerarlo,  y  para  escribirlo 
debería  mojarse  la  pluma  no  en  tinta  sino  en 
lodo.  Sólo  falta  que  invoquen  la  humanidad  los 
que  provocan  á  la  guerra:  sólo  falta  que  se  las 
echen  de  libres  los  que  insultan  á  sus  propios  sol¬ 
dados  de  color  por  su  raza,  algo  más  noble  y  pura 
que  la  de  algunos  políticos  de  quienes  renegaría 
Washington,  y  acaso  descendientes  de  los  huidos 


de  las  cárceles  de  Europa,  mestizos  del  crimen,  que 
es  el  impuriticador  verdadero  de  la  sangre.  Pues 
bien;  en  España  no  hay  blancos  ni  gentes  de  co¬ 
lor,  todos  somos  prójimos;  y  ellos  insultan  á  los 
que  resolvieron  la  guerra  de  secesión  cuando  fla¬ 
cos  y  sin  fuerzas  los  blancos  se  habían  cansado 
de  pelear  y  abandonaban  ios  cañones  para  volver 
á  los  negocios.  No  hemos  excitado  jamás  á  la  gue¬ 
rra;  pero  saltan  sin  querer  á  la  boca  los  magnífi¬ 
cos  versos  de  García  Gutiérrez  en  Venganza  Ca¬ 
talana  : 

No  es  oprobio  ceder  cuando  se  agota 
De  la  mezquina  humanidad  el  brío; 

Mas  sucumbir  vencido  sin  derrota 
Y  el  látigo  besar  que  nos  azota, 

¡Nunc&l  eso  excede  al  sufrimiento  mío. 


El  cónsul  Lee  al  fraternizar  con  Evangelina 
Cisneros,  ¿qué  demuestra?  La  razón  con  que  hace 
mucho  tiempo  pedíamos  el  relevo  de  ese  conspi¬ 
rador,  que  se  garantía  de  sus  intrigas  con  la  in¬ 
munidad  de  su  representación,  y  sin  duda  quiso 
estrechar  la  mano  del  general  Blanco  al  despe¬ 
dirse,  mano  que  no  podía  menos  de  rehusarle.  No 
calumniaremos  al  engañado  pueblo  norteameri¬ 
cano  creyendo  que  allí  no  hay  gente  buena ;  pero 
los  posos  se  han  subido  á  la  cabeza;  que  al  fin  y  al 
cabo  lee ,  traducido  al  castellano,  significa  hez,  y 
cuando  se  agita  un  pueblo,  como  cuando  se  agita 
una  cuba,las  heces  tiotan  é  impurifican  todo  el  vino. 
La  conducta  hidalga  del  pueblo  español,  ¿qué  sig¬ 
nifica?  Que  cuando  una  nación  ha  peleado  durante 
once  siglos  por  sus  ideales,  no  hay  un  español,  por 
más  que  las  vicisitudes  de  los  tiempos  le  hayan 
llevado  á  trabajar  en  lo  más  obscuro  de  un  pozo, 
que  no  sienta  en  sus  venas  la  hidalguía  de  su  raza 
de  soldados.  No  somos  patrioteros:  tenemos  cos¬ 
tumbre  de  criticarnos  á  nosotros  propios;  pero  po¬ 
demos  hacer  esa  afirmación  con  verdad  y  sin  jac¬ 
tancia.  Los  Estados  Unidos  desconocen  esa  altivez 
legítima.  Pues  tienen  que  contar  con  ella,  y  tiene 
que  contar  con  ella  Europa;  y  no  se  fíen  en  que 
para  hacer  la  guerra  hace  falta  dinero,  dinero  y 
dinero:  también  se  hace  la  guerra  cuando  no  le 
hay,  para  adquirirle.  Destrozados  y  miserables 
empezaron  los  españoles  su  reconquista,  y  no  pa¬ 
raron  hasta  pasearse  por  todo  el  mundo.  Véanse 
en  los  cuadros  de  Snavers  qué  cubiertos  de  andra¬ 
jos  iban  los  que  tomaron  á  Breda;  sin  zapatos  en¬ 
traron  en  Italia  los  soldados  de  Napoleón,  y  en 
medio  del  año  del  hambre  se  batieron  contra  este 
gran  capitán  nuestros  mayores. 

Y  no  confíen  en  la  prudencia  de  los  Gobiernos; 
que  éstos  deben  serlo,  pero  los  pueblos  no  lo  son. 
Y  tal  puede  ser  el  estallido  que  produzcan  la 
afrenta  inmerecida  y  la  injusticia  enorme,  que  el 
grito  de  exasperación  conmueva  y  alborote  el 
mundo,  y  todo  lo  agite  y  envuelva  en  un  remolino 
de  catástrofes.  Que  en  el  fondo  se  ventila  un  pro¬ 
blema  universal:  si  merece  el  nombre  de  civiliza¬ 
ción  y  debe  subsistir  y  triunfar,  sobre  la  que  se 
funda  en  lo  justo  y  razonable,  la  ley  del  más  rico, 
la  del  que  más  máquinas  de  guerra  paga  ó  cons¬ 
truye  para  destruir  sobre  seguro  y  desde  lejos;  la 
alta  piratería  de  los  acorazados  invulnerables.  Y 
no  es  esto  sólo;  sino  exigir  declaraciones  de  que 
la  guerra  sólo  se  haga  en  la  forma  regular  en  que 
dominan  y  son  dueños:  es  como  si  los  bandidos 
que  acometen  pidieran  que  sólo  pudiera  rechazár¬ 
seles  con  navajas  y  trabucos.  Cuando  el  derecho 
internacional  consiga  que  la  guerra  no  se  haga 
sino  con  fuerzas  iguales,  podrá  ser  equiparada  al 
duelo;  pero  mientras  haya  enormes  desigualdades, 
cada  cual  debe  defenderse  como  pueda. 


Las  Cámaras  de  Washington  se  entendieron  en¬ 
tre  sí  y  se  aprobó  la  resolución  más  insolente  que 
se  ha  dirigido  á  nación  civilizada:  declarando  li¬ 
bre  al  pueblo  cubano,  exigiendo  al  Gobierno  espa¬ 
ñol  que  renuncie  inmediatamente  á  su  autoridad  y 
retire  sus  fuerzas  navales  y  terrestres  de  Cuba  y 
sus  mares,  autorizando  al  Presidente  para  dispo¬ 
ner  de  las  fuerzas  de  la  República,  y  desmintiendo 
tener  intención  de  ejercer  allí  soberanía  sino  para 
la  pacificación  de  Cuba. 

Aparte  de  esta  violación  de  todo  lo  sagrado  con 
relación  á  España,  se  trata  con  evidencia  de  enga¬ 
ñar  traidoramente  á  los  cubanos:  es  verdad  que 
se  desecha  también  una  declaración  de  guerra  á 
España,  y  en  seguida  se  acuerda  lo  que  arriba  con¬ 
signamos  y  que  no  es  sino  una  declaración  de  gue¬ 
rra  en  términos  aún  más  denigrantes.  ¿Qué  falta 
ya?  Ni  aun  la  firma  del  autor.  Falta  la  guerra. 

Flota  sobre  esta  conducta  anómala  como  una 
pretensión  pérfida  y  ridicula  de  que  recaiga  sobre 
España  la  responsabilidad  de  la  declaración  de 
guerra.  Hay  que  confesar  que  Mr.  Morgan  propo¬ 
nía,  al  declararla,  una  conducta  más  decente. 


La  primera  respuesta  del  elemento  oficial  espa¬ 
ñol  la  dió  el  Sr.  Sagasta  con  su  sobrio,  viril  y  pa¬ 
triótico  discurso  en  la  reunión  preparatoria  de  las 
mayorías  de  las  Cortes  que  han  inaugurado  sus  ta¬ 
reas  en  tan  críticos  momentos.  El  discurso  de  la 
Corona,  sencillo,  mesurado  y  decidido  en  la  defen¬ 
sa  del  honor  y  los  derechos  de  España,  forma  gran 
contraste  con  la  grosería  del  Mensaje  de  Mac- 
Kinley.  Los  vivas  y  la  agitación  de  pañuelos  y 
sombreros  en  el  Senado  fueron  entusiastas:  un 
fluido  patriótico  bienhechor  hacía  palpitar  los  co¬ 
razones. 


Como  jamás  hemos  deseado  la  guerra  ni  la  ha 
deseado  España,  podemos  decir  muy  alto  que  ya 
no  vemos  manera  de  evitarla.  Es  decir;  hay  una 
que  propone  Le  Tempe  con  la  mayor  tranquilidad: 
toda  vez  que  en  Washington  no  son  escuchadas 
las  potencias,  podrían  éstas  influir  sobre  el  Go¬ 
bierno  de  Madrid  para  que  se  resignase  á  la  ampu¬ 
tación  que  pretenden  hacernos  los  Estados  Uni¬ 
dos.  Sólo  hay  un  inconveniente:  que  aun  tenemos 
vergüenza,  y  que  se  contestaría  á  las  potencias: 
— ¿Ustedes  harían  lo  que  aconsejan?— Y  si  res¬ 
pondiesen  que  sí,  se  añadiría  sencillamente: — 
Pues  España  no  lo  hace.  Ella  descubrió,  pobló  y 
civilizó  a  América  hace  cuatro  siglos,  y  los  hijos 
de  los  soldados  de  Cortés  y  Pizarro  no  pueden  sa¬ 
lir  de  América  despedidos  como  lacayos  aunque 
lo  mande  todo  el  universo.  Los  pueblos  no  sólo 
viven  de  pan,  de  adelantos  y  de  comodidades,  sino 
de  sentimientos  y  de  honra:  podemos  haber  sufrido 
con  paciencia  las  calumnias,  las  traiciones,  las 
alevosías  é  injurias  de  esos  hombres  sin  concien¬ 
cia,  con  el  desprecio  de  la  persona  decente  que 
escucha  sin  pestañear  groserías  de  plazuela;  pero 
¿á  quién  no  enciende  el  rostro  la  villana  despedida 
de  esos  malnacidos,  que  nos  echan  de  casa  en  tér¬ 
minos  tan  despreciativos?  ¡Ellos,  que  si  tienen  tie¬ 
rra  que  pisar,  á  España  se  la  deben !  Somos  de  los 
pacíficos,  y  cólera  reprimida  ruge  en  nuestros  pe¬ 
chos.  ¿Cómo  latirá  el  corazón  de  la  juventud  y  de 
los  que  visten  el  uniforme  del  ejército  y  de  la 
marina  ante  la  bofetada  innoble  que  ha  recibido 
el  rostro  de  la  patria? 


Y,  sin  embargo,  hay  especuladores  que  convier¬ 
ten  en  provecho  y  quieren  agravar  nuestras  des¬ 
venturas:  hay  políticos  sin  conciencia  que  preten¬ 
den  revolvernos  en  odio  al  Gobierno  establecido 
para  satisfacer  odios  personales.  ¡Qué  importa! 
Cada  cual  cumple  en  el  mundo  su  destino :  unos 
nacen  leones,  y  otros  víboras.  Esperemos  que  se 
imponga  el  sentimiento  nacional  coñ  enérgica 
unidad  á  los  que  se  arrastran  por  el  suelo,  y  en¬ 
salce  á  los  que  se  eleven  y  se  sacrifiquen.  Criticar 
es  fácil;  hacer  frente  á  las  situaciones  angustiosas 
desde  el  Gobierno,  muy  complicado  y  laborioso. 
Que  no  se  repita  una  vez  más  el  símbolo  aquel  de 
la  cucaña,  en  que  los  franceses  ayudaban  al  que 
subía,  los  ingleses  le  contemplaban  cruzados  de 
brazos,  y  los  españoles  le  tiraban  de  los  pies  para 
hacerle  resbalar. 


Europa,  y  en  especial  Inglaterra,  se  prepara  á 
presenciar,  como  si  fueran  maniobras,  las  opera¬ 
ciones  ó  combates  marítimos,  como  quien  presen¬ 
cia  un  simulacro,  para  estudiar  la  nueva  táctica 
naval.  Para  los  que  gritan  desde  seguro,  empu¬ 
jando  las  gentes  á  la  guerra,  será  un  espectáculo; 
para  nosotros  una  calamidad  que  es  preciso  arros¬ 
trar  con  ánimo  sereno.  No  parecíamos  destinados 
por  nuestra  modesta  potencia  naval  á  ser  de  los 
primeros,  después  de  Chile  y  el  Japón*  que  hubié¬ 
ramos  de  ensayar  la  táctica  moderna:  esa  modes¬ 
tia,  que  acaso  se  haya  exagerado — somos  incompe¬ 
tentes  para  resolverlo,  y  la  experiencia  parece 
próxima, — ha  dado  ocasión  á  la  insolencia  yankee ; 
y,  sin  embargo,  ellos,  tan  prósperos;  ellos,  que  son 
setenta  millones  contra  dieciséis,  y  tienen  Cuba  ¿ 
sulado;  ellos,  que  insultaban  á  Inglaterra  poco  hace, 
la  miman,  la  llaman  madre,  como  pidiéndola  ayu¬ 
da  en  el  trance  en  que  se  han  puesto  por  su  ambi¬ 
ción  y  por  su  gusto.  ¿Quieren  ayuda  para  su  atro¬ 
pello?  ¿No  nos  llamaban  cobardes?  ¿Y  es  esta  su 
valentía?  ¿Quieren  que  la  marina  más  poderosa 
del  mundo  caiga  también  sobre  nosotros  y  les 
guarde  las  espaldas? 

Consignemos  su  última  iniquidad.  Parece  que 
Mac-Kinley,  al  dar  su  sanción  á  tan  descarada 
tropelía,  ha  tenido  la  audacia  de  asegurar  que 
ha  hecho  todo  lo  posible  por  la  paz.  Si  esto  es 
cierto;  si  lo  cree,  teníamos  razón  al  escribir  en 
otra  obra: 

«La  conciencia  es  una  prójima  que  vive  en  paz 
con  muchísimos  bribones.» 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Abril  1898  LA 

Posible  es  qae  cuando  este  número  circule  ha¬ 
yan  resonado  los  primeros  cañonazos  de  la  gue¬ 
rra.  A  los  que  aseguran  que  carecemos  de  objeti¬ 
vo,  se  les  contesta  fácilmente: — ¿No  es  un  objetivo 
claro  y  poderoso  volver  por  el  decoro  de  la  na¬ 
ción  y  su  prestigio?  ¿Da  lugar  á  ninguna  clase  de 
avenencia  la  brutal  conminación  que  se  nos  hace? 
¿Hay  sangre  que  la  sufra?  ¿No  seria  nuestra  fla¬ 
queza  señal  y  aviso  para  que  acudiesen  á  devorar¬ 
nos  los  cuervos  que  husmean  los  cadáveres  de  los 
pueblos? — Pudo  evitarse  la  insurrección  de  Cuba 
con  transacciones,  en  su  principio.  No  volvamos 
sobre  el  pasado;  pero  esta  es  una  guerra  vital,  ó 
se  nos  negará  el  agua  y  el  fuego.  Sólo  nos  obliga¬ 
ría  á  inclinar  la  cabeza  con  desaliento  que  el  Go¬ 
bierno,  conocedor  de  nuestra  fuerza  y  medios  de 
acción,  nos  lo  advirtiera.  Entonces  callaríamos 
llenos  de  dolor.  Pero  el  Gobierno,  cansado  de  tem¬ 
planzas,  excita  á  España  á  defenderse,  y  no  cabe 
dudar.  Triste  es  la  guerra;  pero  los  buques  se  cons¬ 
truyen  y  se  arman  para  estas  ocasiones,  y  para 
ellas  se  alistan  y  conservan  los  ejércitos.  No  les 
pediremos  lo  imposible,  sino  el  cumplimiento  del 
deber.  Si  aun  con  todo  esto  el  pueblo  español,  de¬ 
caído  y  sin  ánimo,  no  protestara  de  la  afrenta  in¬ 
merecida  ni  sintiera  la  guerra,  callaríamos  tam¬ 
bién.  Pero  sucede  todo  lo  contrario.  La  piden  el 
instinto  público  y  la  ira,  que  ya  no  puede  conte¬ 
nerse  y  estalla  por  los  ojos  y  las  lenguas.  En  los 
cuerpos  de  guardia,  los  sables  saltan  de  las  vainas; 
hasta  las  mujeres  se  han  avergonzado  del  insulto, 
y  las  criaturas  chupan  veneno  en  los  pechos  de 
sus  madres. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


KXCMO.  SR.  D.  PASCUAL  CERVERA  Y  TOPETE , 

contraalmirante  de  la  Armada  española.  -  - 

En  la  primera  página  publicamos  el  retrato  del 
contraalmirante  de  la  Armada  española  D.  Pas¬ 
cual  Cervera  y  Topete,  comandante  general  de 
nuestra  escuadra  en  operaciones. 

El  contraalmirante  Cervera,  que  nació  en  18  de 
Febrero  de  1839,  lleva  más  de  cuarenta  y  cinco 
años  de  servicios  efectivos,  y  ha  demostrado  su 
valor  y  su  inteligencia  en  las  campañas  de  Africa, 
de  Joló  y  de  Cuba,  distinguiéndose  igualmente  en 
la  guerra  civil  y  en  la  defensa  del  arsenal  de  la 
Carraca. 

Adornan  su  pecho,  como  recompensa  de  servi¬ 
cios  brillantes,  dos  cruces  del  Mérito  militar  con 
distintivo  rojo,  1^  del  Mérito  naval,  y  la  placa  de 
San  Hermenegildo,  además  de  otras  varias  nacio¬ 
nales  y  extranjeras.  Ha  sido  ministro  de  Marina, 
y  en  la  actualidad  ejerce,  á  bordo  del  Infanta  Ma¬ 
ría  Teresa, ,  el  mando  de  la  escuadra  en  opera¬ 
ciones. 

• 

•  * 

MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA. 

El  acorazado  Infanta  María  Teresa.  —  La  torre  blindada  de  proa  del 
acorazado  Vizcaya. 

Representa  el  primer  grabado  de  la  página  232 
el  acorazado  Infanta  María  Teresa ,  buque  insig¬ 
nia  de  nuestra  escuadra  de  operaciones.  Hace  pre¬ 
cisamente  un  año  que ,  invitado  el  Gobierno  espa¬ 
ñol  por  el  de  los  Estados  Unidos  á  las  fiestas  que 
se  celebraron  con  motivo  de  la  inauguración  del 
monumento  erigido  al  general  Grant,  fué  este 
mismo  barco  á  Nueva  York,  y  entonces  los  perió¬ 
dicos  independientes,  como  el  Post  y  el  Herald , 
celebraron  su  brillante  entrada  y  reconocieron 
sus  excelentes  condiciones  de  combate.  A  aquel 
viaje  para  pacífica  solemnidad  ha  sucedido  el  de 
ahora,  para  responder  con  la  energía  de  nuestra 
raza  á  la  provocación  de  aquel  país,  cuya  perfidia 
trama  hace  tiempo  traidoras  asechanzas  á  nuestro 
derecho.  Con  toda  el  alma  celebraremos  que  muy 
en  breve  se  confirmen  las  opiniones  de  aquellos 
periódicos,  y  que  las  excelentes  condiciones  de 
combate  de  nuestro  acorazado  se  demuestren  prác¬ 
ticamente  contra  los  barateros  de  nuestras  co¬ 
lonias. 

En  el  número  XIY  del  año  próximo  pasado  des¬ 
cribimos  este  hermoso  barco. 


Sabido  es  que  cuando  el  funesto  Maine  fué  en 
mal  hora  á  Cuba  á  demostrar  la  cortesía  de  los 
yankees,  cuya  sinceridad  podemos  apreciar  ahora, 
fué  á  Nueva  York  á  pagar  la  visita  nuestro  acora¬ 
zado  Vizcaya ,  que  hoy  forma  parte  de  la  escuadra 
de  operaciones.  De  este  hermoso  barco  de  comba¬ 
te,  que  desplaza  7.000  toneladas  y  tiene  20  caño¬ 


ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xv  —  231 


nes  y  10  ametralladoras,  publicamos  como  detalle 
interesante  la  torre  blindada  de  proa.  Mirando 
ese  cañón  que  por  ella  asoma,  siéntese  en  estas 
circunstancias  el  deseo  de  oir  el  trueno  de  su  es¬ 
tampido  y  de  ver  el  destrozo  de  su  certera  punte¬ 
ría  en  los  barcos  con  que  esa  República  de  piratas 
intenta  apoderarse  de  lo  ajeno  contra  la  voluntad 
de  su  legítimo  dueño,  con  manifiesto  ultraje  de 
todo  derecho.  (Véase  nuestro  segundo  grabado  de 
la  pág.  232.) 

• 

•  • 

EE.  Uü.  DE  NORTE-AMÉRICA. 

El  transatlántico  Saint-Louis.—  El  mayor  general  Nelson  A.  Miles 
examinando  las  defensas]  de  Nueva  York.— Reclutamiento  de  vo¬ 
luntarios. 

En  el  primer  grabado  de  la  página  233  reprodu¬ 
cimos  uno  de  los  barcos  yankees  de  la  marina  mer¬ 
cante  destinados  á  auxiliares  de  la  de  guerra.  Fué 
el  Saint-Louis  el  primero  de  los  construidos  para 
la  línea  de  América  en  los  astilleros  de  William 
Cramp  et  Sons,  de  Filadelfía,  y  le  da  hoy  cele¬ 
bridad  el  que  va  á  mandarle,  según  noticias,  el 
heroico  comandante  del  Maine ,  Mr.  Sigsbee,  sal¬ 
vado  de  la  catástrofe  por  hallarse  comiendo  y  be¬ 
biendo  alegremente . en  otro  barco.  ¿Tendrá  la 

misma  suerte  en  su  nuevo  mando? 


Representa  nuestro  segundo  grabado  de  la  pᬠ
gina  233  al  mayor  general  norteamericano  Nel- 
son  A.  Miles  recorriendo  las  obras  de  defensa  del 
puerto  de  Nueva  York. 

Desde  1891  se  halla  en  vías  de  ejecución  un  plan 
colosal  de  defensa  de  las  costas  de  los  Estados 
Unidos,  que  exigía  para  su  completo  desarrollo 
un  período  de  veinte  años  de  labor  constante.  No 
se  adelantó  gran  cosa  en  estos  trabajos  hasta  1895, 
en  que  el  general  Nelson  A.  Miles  llamó  la  aten¬ 
ción  de  su  país  sobre  la  necesidad  de  activarlos,  y 
entonces  tomaron  gran  incremento  las  obras,  jiara 
las  que  se  votaron  por  el  Congreso  cuantiosas  can¬ 
tidades.  Estas  aumentaron  en  1896  ante  la  posibi¬ 
lidad  de  un  conflicto  con  España,  y  se  destinaron 
á  Nueva  York  913.600  pesos  para  la  entrada  del 
Este,  y  1.299.600  para  la  entrada  del  Sur. 

Lo  que  se  llama  comúnmente  bahía  interior  de 
Nueva  York  tiene  dos  entradas  desde  el  mar:  una 
por  la  bahía  baja  ó  exterior,  á  través  del  estrecho 
que  existe  entre  los  fuertes  Hamilton  y' Wasd- 
worth,  siendo  necesario  para  llegar  á  esta  bahía 
salvar  antes  la  línea  de  bajos  y  canalizos  que  se 
extienden  entre  Sandy-Hook  y  Rocaway;  la  otra 
entrada  es  por  el  río  del  Este,  y  á  ella  da  acceso  el 
canal  de  Long  Island. 

La  defensa  exterior  del  puerto  de  Nueva  York 
la  constituyen  las  baterías  de  Sandy-Hook,  cuyos 
cañones  de  mayor  alcance  son  de  12  pulgadas. 
Sandy-Hook  es  una  lengua  de  arena,  de  costas 
muy  bajas,  envueltas  de  ordinario  en  las  densas 
brumas  tan  frecuentes  en  aquellas  latitudes. 

Afirman  personas  peritas  que  su  escasa  altura 
otórgale  condiciones  muy  desventajosas  para  tirar 
contra  los  barcos,  y  aun  entorpecerían  más  el  tiro 
las  frecuentes  horas  de  niebla;  de  modo  que  la  en¬ 
trada  á  la  bahía  exterior  exigiría  el  auxilio  de  al¬ 
gunos  buques  de  combate,  porque  de  lo  contrario 
se  encontraría  á  merced  de  una  escuadra  enemiga, 
ya  que  en  las  cercanías  no  existen  obras  que  la 
flanqueen,  ni  que  puedan  tampoco  ser  establecidas. 

El  fondo  permite  á  las  barcos  aproximarse  á 
Rokaway,  y  aun  llevar  á  cabo  operaciones  atrevi¬ 
das  de  desembarco  en  Coney  Island  y  Long  Island, 
y  aun  sobre  Brooklyn  á  Fort  Hamilton. 


El  reclutamiento  de  los  marinos  figura  en  la 
página  siguiente. 

Ante  los  oficiales  del  Vermonty  en  el  astillero 
de  Brooklyn,  comparece  un  voluntario  que  se 
siente  belicoso  sin  duda,  y  pretende  entrar  en  la 
Armada.....  y  en  la  que  se  va  armar .  Los  oficiales, 
al  verle,  dudan  entre  darle  un  feo  ó  tomarle  ellos. 

La  viñeta  del  centro  representa  los  aspirantes 
aguardando  su  turno  ante  el  Richmondy  en  el  asti¬ 
llero  de  Long  Island. 

El  interior  del  mismo  barco  representa  la  parte 
inferior  del  grabado,  y  á  su  bordo  figuran  los  fu¬ 
turos  nautas  llamados  á  dominar  los  mares  apenas 
se  enteren  bre  vi  si  mámente  de  lo  que  hay  que  ha¬ 
cer  para  ser  hombre  de  mar,  que  no  es  precisa¬ 
mente  lo  mismo  que  hombre  al  agua . 

Si  no  tuviéramos  seguridad  completa  de  la  au¬ 
tenticidad  del  dato,  dibujado  en  seido  por  un  nor¬ 
teamericano,  diríamos  que  el  grabado  era  apócrifo, 
y  que  esos  no  eran marinos  y ankees  ni  de  ninguna  ' 
parte,  sino  una  leva  de  golfos  conducidos  á  alguna 
colonia  penitenciaria. 

•  • 


CANARIAS  (SANTA  CRUZ  DE  TENERIFE). 

De  semideo  expedicionarias.— Llegada  de  los  refuerzos 

del  cuerpo  de  Ingenieros  militares. 

El  primer  grabado  de  la  página  236  representa 
el  puerto  de  Santa  Cruz  de  Tenerife  (Canarias)  á 
la  llegada  de  parte  de  las  fuerzas  expedicionarias 
de  la  Península.  La  fotografía  instantánea  que  el 
grabado  reproduce  da  clara  idea  de  la  animación 
que  reinaba  en  dicho  puerto  al  desembarcar  las 
tropas. 

Millares  de  cohetes  anunciaron  la  llegada  de 
los  vapores,  y  la  población  entera  acudió  á  los 
muelles  á  recibir  á  las  tropas  con  grandísimo  en¬ 
tusiasmo. 

Cinco  bandas  de  música  en  remolcadores,  y  las 
autoridades  y  comisiones  de  las  sopiedades  y  de 
la  prensa  salieron  á  recibirlas,  no  cesando  un  mo¬ 
mento  los  calurosos  vivas  á  España,  al  ejército  y 
á  los  Reyes. 


El  segundo  grabado  representa  el  batallón  del 
segundo  regimiento  de  Ingenieros,  que  llegó  el  6 
del  corriente,  formado  delante  de  la  Comandan¬ 
cia  de  Marina  de  Santa  Cruz  de  Tenerife. 

# 

•  * 

BELLAS  ARTES. 

Canciones  de  actualidad ,  dibujo  de  F.  Alberti. 

El  precioso  dibujo  que  en  la  página  237  repro¬ 
ducimos,  une  á  su  mérito  artístico  una  gran  opor¬ 
tunidad.  En  estos  días  en  que  el  sentimiento  na¬ 
cional,  herido  por  las  provocaciones  de  la  República 
yankee ,  estalla  en  patrióticas  expansiones,  los 
cantores  populares  dan  al  olvido  sus  relatos  de 
espantosos  sucesos  y  sus  coplas  picarescas,  para 
entonar  canciones  de  actualidad ,  ora  ensalzando 
patrióticas  glorias,  ora  fustigando  con  sátira  im¬ 
placable  á  nuestros  despreciables  enemigos. 

Apenas  preludian  sus  intencionadas  coplas  vanse 
acercando  los  transeúntes  poco  á  poco,  y  acaban 
por  formar  apiñado  corro  en  torno  de  los  músicos 
ambulantes,  celebrando  su  literatura  especial,  más 
por  el  fondo  que  por  la  forma. 

«  o 

MADRID.  —  IX  CONGRESO  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFÍA. 

Los  delegados  mejicanos.  —  Congresistas  extranjeros  y  españoles  de 
-  la.  sección  de  Higiene  militar  y  naval.  — Festejos  en  honor  de  los 
congresistas. 

El  grupo  fotográfico  de  Fernando  Debas,  repro¬ 
ducido  en  el  primer  grabado  de  la  página  240,  lo 
constituyen  los  delegados  mejicanos  del  Congreso 
de  Higiene  y  Demografía.  Méjico  ha  enviado  al 
Congreso  de  Madrid  una  brillantísima  representa¬ 
ción,  pues  en  ella  han  figurado:  el  Dr.  Altamirano, 
director  del  Instituto  Médico  Nacional,  profesor 
de  Terapéutica  de  la  Escuela  Nacional  y  miembro 
de  la  Academia;  el  Dr.  Ramírez  de  Arellano,  ins¬ 
pector  de  Sanidad;  el  Dr.  Garay,  profesor  de  Bac¬ 
teriología  de  la  Escuela  Normal  de  Profesores;  el 
Dr.  Gaviño,  que  lo  es  de  la  Nacional  de  Medicina 
y  miembro  de  la  Academia;  el  Dr.  López,  primer 
jefe  de  Sanidad  Militar,  y  el  Dr.  Monjarás,  direc¬ 
tor  del  Hospital  de  San  Luis,  inspector  general  de 
Salubridad,  miembro  de  la  Sociedad  de  Medicina 
Pública  y  de  Higiene  profesional  de  París,  todos 
ellos  delegados  del  Gobierno  mejicano. 


No  puede  desconocerse  el  grandísimo  interés 
que  en  las  actuales  circunstancias  despierta  la  Hi¬ 
giene  militar  y  naval,  que  tan  eficazmente  procura 
el  bienestar  físico  de  los  ejércitos  de  mar  y  tierra, 
y  estamos  seguros  de  que  nuestros  lectores  verán 
con  gusto  el  grupo  de  los  congresistas  (segundo 
grabado  de  la  pág.  240)  que  en  el  recientemente 
celebrado  en  Madrid  constituían  esta  sección. 

El  primero  de  la  izquierda  es  el  Sr.  Vives,  di¬ 
rector  del  Laboratorio  central  de  medicamentos 
de  España,  y  siguen  sucesivamente  los  Sres.  Guts- 
chow,  general  médico  de  la  marina  alemana;  Ga¬ 
llego,  jefe  de  la  sección  de  Sanidad  en  el  Minis¬ 
terio  de  la  Guerra  de  España:  Sthar,  que  tieen  el 
mismo  cargo  en  Alemania;  Cuneo,  inspector  ge¬ 
neral  de  Sanidad  de  la  marina  de  Francia;  Zuylen, 
coronel  de  ingenieros  de  Holanda;  Richard,  mó¬ 
dico  principal  del  ejército  francés,  delegado  del 
Ministerio  de  la  Guerra;  Mahmoud-Bajá,  director 
de  la  Escuela  de  Medicina  de  Constantinopla;  San¬ 
tos,  médico  mayor  español.  En  la  segunda  fila,  por 
el  mismo  orden,  figuran  los  Sres.  Olea,  farmacéu¬ 
tico  primero,  español;  Gómez  Florio,  subinspector 
médico  de  segunda  clase;  Furia ,  teniente  coronel, 
~ médico  italiano;  Stechow,  médico  mayor  alemán; 
Faye,  médico  mayor  noruego;  Yabe,  médico  de  ma¬ 
rina  japonés;  Arendt,  id.  alemán;  Hirai,  médico  del 
Ministerio  de  la  Guerra  del  Japón;  Murset,  teniente 


Digitized  by  v^.ooQie 


MARINA  DE  GUERRA  E  S  P  A  Ñ  O  L  A,  —  el  acorazado  «infanta  mabía  Teresa», 

RUQUE  INSIGNIA  DE  LA  ESCUADRA  EN  OPERACIONES. 


- 


'  T^V  Hfi''  '  1  * 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Abbil  1898 


* 

'  i  '  '  ‘  '  •  *  ?  ’ 

«L 


MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA.  — la  torre  blindada  de  proa  del  acorazado  «Vizcaya». 

(De  fotografía  de  los  Sres.  Otero  y  Colominaa»  de  la  Habana.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


7ZZ?. 


22  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA. — el  transatlántico  «saint-louis»,  adquirido  por  el  gobierno  «yankee»  para  crucero 

AL  MANDO  DEL  EX  COMANDANTE  DEL  «MAINE». 


EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA.— PREPARATIVOS  DE  GUERRA.— EL  MAYOR  GENERAL  NBLSON  A.  MILES 

EXAMINANDO  LAS  DEFENSAS  DE  NUEVA  YORK. 


Digitized  by  ^.ooQie 


tí.°  XV 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Abril  1898 


2.  UU.  DE  NORTE-AMÉRIC A. —  RECLUTAMIENTO  DE  VOLUNTARIOS  PARA  IMPROVISAR  LAS  DOTACIONES  DE  LA  ARMADA  «YANKEE». 


,  médico  suizo;  Dziewouski,  médico  mayor 
Macpherson,  consejero  mayor  inglés;  Des- 
gs,  de  la  Escuela  de  Val-de-Gráce  (Fran- 
nail  Bey,  profesor  de  la  Escuela  de  Medi- 
Constantinopla.  En  la  tercera  fila,  siempre 
erda  á  derecha:  Sres.  Martín  Salazar,  mé- 
mero  español;  Larroca,  médico  mayor  ar- 
;  Bruinier,  médico  segundo  holandés;  Pó- 
z,  médico  mayor  español;  Alabern,  id.,  id.; 
nn,  médico  principal  de  Baviera;  Torres, 
;ctor  médico  de  primera  clase  español;  algo 
jo  Girava,  médico  mayor  norteamericano; 
nás  albo,  Cano,  teniente  coronel  de  inge- 
>spañol;  Larra  y  Cerezo,  médico  prime- 
secretario  de  la  Sección;  Sloker,  id.,  id. 
aa  fila:  Llanas,  farmacéutico  segundo  es¬ 
carola,  médico  mayor  id.;  Espino,  id.,  id.; 
n,  subinspector  de  primera,  id.;  Fernández 
,,  id.;  Rodríguez  Cardoso,  subinspector  f ar¬ 
co,  id.;  Babé,  coronel  de  ingenieros  id.; 
,  subinspector  farmacéutico,  id.;  Ubeda, 
utico  primero,  id. 


amos  el  grabado  de  la  página  241  (com- 
l  y  dibujo  de  nuestro  compañero  Comba) 
>rdo  de  las  más  importantes  recepciones 


que  en  honor  de  los  congresistas  se  han  celebrado 
en  Madrid. 

En  la  tarde  del  11  del  actual  el  Claustro  de  la 
Facultad  de  Medicina  abrió  las  puertas  del  anti¬ 
guo  Colegio  de  San  Carlos  á  los  congresistas,  y  con 
excelente  acuerdo  dispuso  que  el  Dr.  Cajal,  cele¬ 
bridad  científica  europea  por  derecho  propio,  die¬ 
ra  una  conferencia.  Aventurada  era  la  empresa, 
pues  muchos  congresistas  no  conocen  bien  el  cas¬ 
tellano;  pero  fué  tal  el  vivo  interés  y  respetuosísima 
atención  con  que  todos  los  extranjeros  escucharon 
al  sabio  maestro ,  que  expuso  con  noble  sencillez 
y  modestia  sus  descubrimientos,  valiéndose  de  di¬ 
bujos  propios;  fué  tan  unánime  y  prolongada  la 
ovación,  que  bien  puede  considerarse  como  seña¬ 
lado  triunfo  científico  este  solemne  acto. 

Rivalizaron  en  cortesía  y  cordialidad  los  seño¬ 
res  Brouardel  y  Calleja.  El  primero,  al  abrir  la 
sesión,  dedicó  un  saludo  á  la  juventud  científica 
española,  y  con  oportunidad  suma  y  galana  frase 
le  contestó  el  decano  español,  diciendo  que  no  le 
había  presentado  á  los  escolares,  que  en  buen  nú¬ 
mero  ocupaban  los  escaños  del  anfiteatro,  por  ser 
sobradamente  conocido  en  el  mundo  científico  su 
colega  el  decano  francés. 

Visitóse  detenidamente  la  Facultad  y  el  Hospi¬ 
tal  clínico  por  los  congresistas  divididos  en  grupos 


y  acompañados  por  todos  los  catedráticos  de  la 
Escuela,  que  les  obsequiaron  con  verdadera  esplen¬ 
didez. 

Las  difíciles  circunstancias  de  la  política,  no 
impidieron  al  Gobierno  español  atender  á  sus  de¬ 
beres  de  cortesía  con  los  congresistas  extranjeros, 
y  en  la  noche  del  12  se  celebró  en  la  elegante  sala 
del  regio  coliseo  un  banquete  oficial  en  honor  de 
dichos  señores,  al  que  les  invitó  el  presidente  ho¬ 
norario  del  Congreso,  Sr.  Ministro  de  la  Gober¬ 
nación. 

El  acto  resultó  brillante. 


De  la  visita  al  nuevo  Hospital  Militar  quedaron 
encantados  los  congresistas,  y  no  cesaron  de  elo¬ 
giar  aquel  edificio ,  modelo  en  su  clase,  el  cual  por 
reunir  todos  los  modernos  adelantos  que  ha  lo¬ 
grado  la  ciencia,  puede  considerarse  como  el  pri¬ 
mero  de  Europa. 

Muchos  y  merecidos  plácemes  recibió  con  pao- 
tivo  de  esta  visita  el  teniente  coronel  de  Ingenie¬ 
ros  Sr.  Cano,  autor  del  proyecto  de  una  obra* que 
honra  á  España. 

Muy  brillante  estuvo  la  recepción  que  en  la  pri¬ 
mera  Casa  Consistorial  ofreció  el  Ayuntamiento 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  xv  —  236 


de  Madrid  á  los  individuos  del  IX  Congreso  de 
Higiene  y  Demografía.  La  concurrencia  numerosa 
y  distinguida,  en  la  que  descollaban  bellas  y  ele¬ 
gantes  damas,  fué  obsequiada  espléndidamante 
después  del  magnífico  concierto  dirigido  por  el 
maestro  Jerónimo  Jiménez. 

Pero  de  todas  las  recepciones  ninguna  más  im¬ 
portante  que  la  que  se  celebró  en  el  Real  Palacio 
en  la  tarde  del  13  del  actual. 

Desde  el  salón  del  Trono  al  magnífico  llamado 
de  las  Columnas,  donde  estaba  dispuesto  un  es¬ 
pléndido  buffet y  estaban  abiertas  todas  las  hermo¬ 
sas  salas  del  Regio  Alcázar,  adornadas  con  gran¬ 
des  corbeilles  de  flores. 

Pocos  minutos  después  de  las  tres  salió  de  la 
cámara  S.  M.  la  Reina,  acompañada  de  S.  A.  la 
infanta  D.a  Isabel,  los  Duques  de  Calabria  y  las 
damas. 

Allí  se  hallaban  también  todos  los  Ministros  de 
gran  uniforme,  excepto  el  Presidente  y  los  seño¬ 
res  Correa,  Bermejo  y  Moret,  el  Capitán  general, 
Alcalde  y  Gobernador. 

S.  M.  la  Reina  conversó  afablemente  con  los  de¬ 
legados  de  Francia,  Alemania,  Inglaterra  y  demás 
países ,  que  estaban  en  distintos  grupos  al  frente 
de  los  respectivos  congresistas. 

Por  delegación  del  Sr.  Ministro  de  la  Goberna¬ 
ción,  hizo  las  presentaciones  el  secretario  general 
del  Congreso,  Dr.  Jimeno.  Terminado  este  acto 
preliminar,  la  Reina  volvió  á  presentarse  con  su 
Majestad  el  Rey,  que  vestía  el  uniforme  militar, 
ostentando  en  el  pecho  la  insignia  de  congre¬ 
sista.  Le  acompañaban  sus  augustas  hermanas  la 
Princesa  de  Asturias  y  la  infanta  D.a  María  Te¬ 
resa. 

La  corte,  precedida  del  mayordomo  mayor  de 
Palacio,  Sr.  Duque  de  Sotomayor,  atravesó  la  sa¬ 
leta,  salón  del  Trono,  sala  de  Gasparini,  salón  de 
los  tapices,  el  de  las  porcelanas,  cruzando  las  ha¬ 
bitaciones  de  Carlos  III,  hasta  el  gran  salón  de 
Columnas,  ocupado  en  toda  su  longitud  por  el  buf¬ 
fet  y  y  retirándose  á  las  cuatro  á  sus  habitaciones 
con  el  séquito. 

Los  congresistas,  con  el  mayor  orden,  á  pesar  de 
ser  muy  cerca  de  dos  mil  en  número,  hicieron 
honor  al  espléndido  agasajo. 

El  Cuerpo  diplomático,  las  instituciones  oficia¬ 
les,  academias,  clase  médica  y  centros  de  enseñanza 
estaban  dignamente  representados. 

• 

•  • 

ELEONORA  DUSE, 
eminente  actriz  italiana. 

Pronto  llegará  á  esta  corte,  para  presentarse  á 
nuestro  público  en  el  teatro  Real,  la  eminente  ac¬ 
triz  italiana  Eleonora  Duse,  cuyo  retrato  publi¬ 
camos  en  la  página  244. 

La  justa  fama  de  que  goza  esta  artista  fue  ple¬ 
namente  confirmada  el  año  pasado  en  París,  don¬ 
de  el  fanatismo  que  Sarah  Bernhardt  inspira  no 
bastó  á  contener  el  entusiasmo  qon  que  aclamaron 
á  la  Duse  en  las  mismas  obras  del  repertorio  de 
su  actriz  favorita. 

En  Portugal,  donde  actualmente  actúa  Eleonora 
Duse,  son  unánimes  los  elogios  que  la  prensa  la 
tributa  por  su  portentosa  manera  de  interpretar 
La  Mujer  de  Claudio ,  Magda,  La  Locandiera  y  La 
Dama  de  las  camelias . 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


IX  CONGRESO  INTERNACIONAL  DE  HIGIENE 

TT  DEMOGRAFÍA. 

MADRID,  1898. 


Naciones  tan  cultas  como  Bélgica  convocan  con 
frecuencia  estas  certámenes  internacionales,  an¬ 
siando  conocer  las  opiniones  de  los  pensadores 
del  mundo  entero  acerca  de  puntos  concretos  de 
la  Ciencia,  del  Derecho,  de  la  Beneficencia,  etc.,  á 
fin  de  aplicarlas  á  su  especial  legislación.  Y  esta 
oportuna  iniciativa  ha  sido  secundada  por  los 
demás  países,  que,  aprovechando  momentos  de 
alegre  bienestar,  como  los  que  acompañan  á  la 
celebración  de  Centenarios,  Exposiciones  univer¬ 
sales,  etc.,  reúnen  en  capitales  importantes  los 
Congresos  para  festejar  mejor  á  sus  ilustres  hués¬ 
pedes. 

Bruselas  inauguró  la  serie  de  Congresos  Inter¬ 
nacionales  de  Higiene,  que  han  venido  celebrán¬ 
dose  sucesivamente  en  París,  Turín,  Ginebra,  El 
Haya,  Viena,  Londres  y  Budapest.  Estas  ciudades 
prósperas  y  felices  alcanzaron  el  ansiado  honor 
de  acoger  en  su  seno  á  los  cultivadores  de  la  rama 
más  importante  de  la  ciencia,  entre  los  cuales  se 
hallan  módicos,  ingenieros,  demógrafos,  arquitec¬ 
tos,  maestros,  filántropos,  ocupando  un  lugar  pre¬ 
ferente  la  mujer,  que  coopera  de  un  modo  de¬ 
cidido  con  su  actividad  y  talento  al  bienestar  físico 
y  moral  de  la  humanidad,  acudiendo  con  gran 
entusiasmo  á  estas  reuniones.  Todos  los  jefes  de 
Estado  protegieron  dichos  Congresos  otorgándo¬ 
les  la  honra  de  su  presidencia  honoraria,  y  al  ser 
elegida  la  capital  de  España  como  centro  de  re¬ 
unión  del  IX  Congreso  Internacional,  no  faltaron 
espíritus  excesivamente  apocados  que  auguraban 
un  espantable  fracaso,  por  ser  rasgo  característico 
en  nuestro  pueblo  una  ingénita  modestia  sumisa 
y  vergonzante,  de  que  sólo  se  despoja  en  los  mo¬ 
mentos  críticos  de  su  vida  para  realizar  actos  de 
heroica  grandeza. 

El  Congreso  Internacional  de  Higiene  ha  ser¬ 
vido  de  piedra  de  toque  para  probar  que  nuestro 
corazón  no  desfallece,  ni  nuestra  inteligencia  se 
enturbia  por  las  tribulaciones  más  hondas. 

La  Comisión  organizadora,  compuesta  del  doc¬ 
tor  Gimeno,  delegado  español  en  Budapest,  el 
Dr.  Calleja,  Marqués  del  Busto,  Martínez  Pache¬ 
co,  Fabié,  Cajal,  Mariño,  Calvo,  Fernández-Caro, 
O  vilo.  Veranes,  Barber,  Mariscal,  Salcedo,  Reven¬ 
ga,  Calatraveño,  Ruiz  de  Velasoo,- Jiménez,  Se- 
net,  Gómez  Pamo,  Francos,  Larra  y  Cerezo,  Mon- 
taldo.  Valle  y  Aleixandre ,  comenzó  sus  tareas 
secundada  briosamente  por  algunas,  muy  pocas, 
personalidades  amantes  de  la  ciencia  y  del  pro¬ 
greso,  y,  justo  es  decirlo,  por  el  ministro  de  la 
Gobernación  Sr.  Ruiz  Capdepón,  en  nombre  del 
Gobierno  de  S.  M.  El  día  30  de  Marzo  telegrafió 
éste  á  los  Embajadores  y  Ministros  plenipotencia¬ 
rios  para  que  pusieran  en  conocimiento  de  los  co¬ 
mités  de  todos  los  países  que,  á  pesar  de  las  cir¬ 
cunstancias  críticas  por  que  atraviesa  España,  se 
celebrarían  la  Exposición  y  Congreso  en  la  fecha 
indicada,  y  el  10  de  Abril  se  inauguraban  solem¬ 
nemente  las  sesiones  en  el  hermoso  Palacio  de  Bi¬ 
bliotecas  y  Museos. 

Pronunciaron  discursos  los  Dres.  Calleja,  Brouar- 
del  y  Vallin,  en  nombre  de  Francia;  Versmann, 
de  Hamburgo;  Max  Gruber,  de  Austria;  Putzeys, 
de  Bélgica;  Girard,  de  los  Estados  Unidos;  Con- 
rad,  de  Holanda;  Macalister,  de  Inglaterra;  Pa- 
gliani.  de  Italia;  Silva  Amado,  de  Portugal;  Hé- 
guy,  del  Uruguay;  Rodríguez  de  Arellano,  de 
Méjico;  Faye,  de  Noruega;  Guillaume,  de  Suiza, 
Mahmoud-Bajá,  de  Turquía;  Yabe,  del  Japón,  y 
los  Sres.  Aguilera,  gobernador  de  Madrid;  Conde 
de  Romanones,  alcalde;  Gimeno,  secretario  gene¬ 
ral,  y  el  Ministro  de  la  Gobernación.  Desde  en¬ 
tonces  el  éxito  fue  en  aumento. 

Se  evidenció  el  respeto  que  merece  la  ciencia 
española  en  la  conferencia  dada  por  el  ilustre  Ca¬ 
jal  en  la  Facultad  de  Medicina;  empezaron  las  vi¬ 
sitas  á  distintos  centros  de  beneficencia  y  ense- 


blemas  que  simbolizan.  Personalidades  ilustres,  y 
algunas  ya  de  edad  avanzada,  como  el  Sr.  Mar¬ 
qués  de  Guadalerzas  y  el  Sr.  Duque  de  la  Victoria, 
acudieron  diariamente  á  discutir  en  las  respecti¬ 
vas  secciones,  demostrando  su  ferviente  amor  á  la 
ciencia.  Celebridades  europeas,  como  Lceffler, 
Behring,  Sanarelli,  Proust,  Bertillon,  etc.,  etc., 
intervinieron  con  gran  entusiasmo  en  los  deba¬ 
tes.  Autoridades  como  el  presidente  de  la  Dipu¬ 
tación  Provincial,  Sr.  España,  cooperaban  al  me¬ 
jor  éxito  presidiendo  sesiones,  ostentando  con  or¬ 
gullo  sus  títulos  profesionales;  el  cuerpo  médico 
hallaba  medio  de  conciliar  sus  trabajos  profesio¬ 
nales  con  las  tareas  del  Congreso,  y,  por  último, 
la  juventud  estudiosa  acudió  en  masa  también, 
constituyéndose  en  ciceroni  de  los  extranjeros  los 
muchos  escolares  que  poseen  idiomas. 

Al  propio  tiempo  se  organizó  la  Exposición  de 
Higiene,  que  tiene  cien  expositores  más  que  la  úl¬ 
tima  de  Budapest  y  es  digna  de  estudio  detenido. 

Los  cuerpos  de  Sanidad  Militar  y  de  la  Armada 
rivalizaron  en  celo  y  entusiasmo,  probando  con 
hechos  prácticos  lo  mucho  que  España  ha  reali¬ 
zado  en  la  Isla  de  Cuba  durante  la  guerra.  Las  es¬ 
tadísticas,  cuadros,  mapas  y  memorias  fueron  ce- 
lebradísimas  y  causaron  honda  sensación.  Vióse 
también  patentes  la  importancia  de  las  institucio¬ 
nes  sanitarias  españolas  y  centros  de  cultura  en 
la  Guia  Militar  de  Madrid  y  en  la  Guia  Oficial, 
lujosamente  impresas. 

La  falta  absoluta  de  espacio  nos  impide  hacer 
reseña  más  completa  y  cabal  de  lo  mucho  bueno 
que  se  oyó  en  las  secciones.  Estas  eran  trece,  como 
se  ha  dicho:  diez  referentes  á  Higiene  y  tres  á  De¬ 
mografía .  Las  primeras  trataron  de  Microbiología 
aplicada  á  la  Higiene ;  Profilaxis  de  las  enferme¬ 
dades  transmisibles;  Climatología  y  Topografía 
médicas;  Higiene  urbana;  Higiene  de  la  alimenta¬ 
ción;  Higiene  infantil  y  escolar;  Higiene  del  ejer¬ 
cicio  y  del  trabajo;  Higiene  militar  y  naval;  Hi¬ 
giene  veteHnaria  civil  y  militar ;  Arquitectura  é 
Ingeniería  sanitaria .  Las  segundas  se  ocuparon 
de  la  Técnica  de  la  estadística  demográfica;  Resul¬ 
tado*  estadísticos ,  y  Demografía  dinámica . 

Hé  aquí  las  conclusiones  votadas  por  el  Con- 
-  greso  en- la  sesión  de  clausura: 

Sección  l.H,  clase  1.a:  Microbiología  aplicada . 
— Después  de  discutir  la  proposición  del  Dr.  Ja- 
nowski,  jefe  del  servicio  módico  del  Hospital  del 
Niño  Jesús,  de  Varsovia,  acerca  de  «la  necesidad 
de  una  definición  única  de  la  toxina  diftérica  en 
~  todos  los  puntos  donde  se  fabrica  el  suero  antidif¬ 
térico»,  la  sección  propone,  á  petición  de  los  se¬ 
ñores  Chantemesse,  Nocard  y  Calmette:  «el  nom¬ 
bramiento  de  una  Comisión  internacional  com¬ 
puesta:  por  Alemania,  Berhing,  Ehrlich,  Fraenkel, 
Lceffler,  Pfeiffer,  Wassermann;  por  Inglaterra, 
Woodhead  y  Mac  Fadyan;  Austria,  Grüber  y 
Klebs;  América,  Sanarelli;  Bélgica,  Van  Ermen- 
genn;  Bulgaria,  Babés;  España,  Llórente  y  Men¬ 
doza;  Francia,  Calmette,  Chantemesse,  Duclaux, 
Marmoreck,  Nocard,  Roux;  Holanda,  Spronck; 
Hungría,  Pertik  y  Fodor;  Italia,  Di  Vestea,  Sclavo; 
Japón,  Kitasato;  Rusia,  Gabritschewski,  Vladi- 
miroff,  la  cual  estudiará  para  el  próximo  Con¬ 
greso  un  método  único  de  determinación  del  poder 
antitóxico  de  los  sueros  manifestando  la  inocui¬ 
dad  del  suero  antidiftérico,  y  la  conveniencia  de 
practicar  pronto  las  inyecciones  de  dicho  suero 
aun  en  los  casos  de  angina  ó  de  laringitis  sospe¬ 
chosas.  Esta  Comisión  debe  informar  acerca  de  los 
peligros  qüe  presenta  el  tratamiento  local  antisép¬ 
tico  de  la  difteria,  pues  la  sección  opina  por  una¬ 
nimidad  qué  ese  tratamiento  local  antiséptico  fa¬ 
vorece  siempre  las  inyecciones  secundarias  y  priva 
al  organismo  de  sus  principales  medios  de  defensa 
contra  la  enfermedad.  j>  . 

Sección  2.a:  Profilaxis  de  las  enfermedades  infecí 


A  ^acüídad  con  <lue  86  transmiten  las 
noticias  de  todo  género  y  el  carácter 
tó  cada  día  más  enciclopédico  de  la  pren- 
UzBrf¡d:^  sa  han  quitado  algún  interés  á  los 
Congresos  internacionales,  adonde 
acuden  los  hombres  de  ciencia  deseosos 
de  hacer  demostraciones  prácticas  de  sus 
descubrimientos. 

V*  En  este  sentido,  no  son  estas  asambleas, 
ni  pueden  serlo,  como  en  otras  épocas'  tri¬ 
buna  solemne  desde  la  cual  se  lancen  novedades, 
ni  tampoco,  por  su  especial  carácter,  Parlamentos 
científicos  encargados  de  dictar  leyes  á  la  huma¬ 
nidad.  Conviene  hacer  constar  todo  esto,  pues 
muchas  personas  al  acudir  á  los  Congresos  inter¬ 
nacionales  creen,  con  ingenua  candidez,  que  van  á 
oir  de  labios  de  los  investigadores  secretos  hasta 
entonces  cuidadosamente  guardados,  y  al  mismo 
tiempo  discuten  las  conclusiones  propuestas  cual 
si  fuesen  á  dotar  de  un  código^  severo  á  los  pueblos. 


ñanza;  y  los  hospitales  Militar,  de  Niños,  de  San 
Juan  de  Dios,  Casas  de  socorro,  Asilos  de  Santa 
Cristina,  Instituto  Rubio,  Colegios  de  Chamartín 
de  la  Rosa  y  San  Ildefonso  merecieron  grandes 
elogios  de  los  extranjeros. 

S.  M.  la  Reina  dió  una  solemne  recepción  en 
Palacio;  el  Ministro  de  la  Gobernación  un  ban¬ 
quete  en  el  teatro  Real;  el  Ayuntamiento  una 
fiesta  en  la  primera  Casa  Consistorial;  la  Dipu¬ 
tación  Provincial  una  corrida  de  toros;  todos 
los  teatros  funciones  de  gala.  Las  Embajadas  ce¬ 
lebraron  banquetes  y  recepciones,  y  bien  puede 
decirse  que  el  pueblo,  con  su  cortesía  y  cultura, 
contribuyó  á  la  brillantez  de  estos  actos,  que  de¬ 
jarán  imborrables  recuerdos  en  la  mente  de  los 
que  asistieron  á  ellos. 

Entretanto  las  trece  secciones  se  reunían  todos 
los  días  por  la  mañana;  algunas  por  la  tarde  para 
discutir  los  trabajos  presentados,  siendo  las  más 
concurridas  las  de  Microbiología  aplicada  é  Hi¬ 
giene  infantil  y  escolar,  significándose  de  esta 
suerte  el  gran  interés  que  inspiran  los  vitales  pro- 


ciosas. — Conclusiones  presentadas  por  el  Dr.  Ovilo, 
aprobadas  por  unanimidad: 

«1.a  Las  ropas  usadas  son  muchas  veces  ve¬ 
hículo  seguro  de  enfermedades  tan  gravés  cómo  la 
tuberculosis,  lá  difteria;  la  .viruela,  la  escarlatina 
y  otras,  sin  previa  desinfección.  Su  venta  debe  ser 
prohibida. 

»2.a  Los  utensilios  de  uso  común  de  las  peluque¬ 
rías  son  portadores  muchas  veces  de  enfermeda¬ 
des  de  la  piel  y  de  ojbras  tah  graves,  como  el  lupus 
y  la  sífilis.  En  loj>odiblé,  cada  individuo  debe  usar 
los  de  su  propiedad  particular,  y  las  autoridades 
deben  procurar,  por  todos  los  medios  á  su  alcance, 
que  se  introduzca  en  las  peluquerías  una  desinfec¬ 
ción  racional.  En  ningún  caso  los  dueño#  podrán 
obligar  á  los  dependientes  á  prestar  servicio  á  pa¬ 
rroquianos  que  muestren  señales  evidentes  de  en¬ 
fermedades  que  son  conocidas  hasta  por  el  vulgo.» 

Lá  4.a  sección  de  Higiene  urbana  propone: 

«l.°  Que  procede  la  filtración  de  todas  las  aguas 
superficiales  que  alimenten  las  ciudades,  mediante 
'  un'sistéma  de  filtración  central. 


Digitized  by  v^.ooQie 


-  N.*  XV 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Abril  1898 


CANARIAS  (santa  cruz  de  Tenerife).  — llegada  de  los  refuerzos  del  cuerpo  de  ingenieros  militares. 

(De  fotografías  remitidas  per  la  Sociedad  la  X.) 


Digitized  by 


Google 


22  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


x.°  xv  —  237 


CANCIONES  DE  ACTUALIDAD, 
DIBUJO  DE  F.  ALBERTI. 


Digitized  by  ^.ooQie 


238  —  n.#  xv  LA 


i>2.°  Que  parece  útil  continuar  los  estudios  em¬ 
prendidos  con  motivo  del  VIII  Congreso  sobre 
higiene  de  la  vía  pública,  y  en  virtud  de  ello  sería 
ventajoso  que  se  pidiese  á  la  Comisión  internacio¬ 
nal  un  trabajo  en  este  sentido  para  el  próximo 
Congreso. 

»3.°  El  empleo  de  madera  como  pavimento  de¬ 
berá  proscribirse  en  los  hospitales  que  se  constru¬ 
yan  en  lo  por  venir.  Solamente  se  podrán  conser¬ 
var  los  suelos  de  madera  en  los  hospitales  actuales 
si  se  impermeabilizan. 

»4.°  Es  de  desear  que  las  autoridades  encargadas 
de  velar  por  la  salud  pública  prohiban  el  riego  di¬ 
recto  de  legumbres  frescas  y  verduras  con  aguas 
fecales.» 

Además  la  sección ,  en  unión  de  la  10.a  ( Arqui¬ 
tectura  é  ingeniería  sanitarias )y  ha  examinado 
las  conclusiones  presentadas  al  Congreso  de  Buda¬ 
pest,  que  fueron  objeto  de  estudio  por  una  Comi¬ 
sión  internacional.  Ambas  secciones  han  sancio¬ 
nado  el  texto  presentado  por  dicha  Comisión,  te¬ 
niendo  en  cuenta  los  informes  de  las  Sociedades 
de  Higiene  más  autorizadas  de  Francia  é  Ingla¬ 
terra,  y  sólo  han  hecho  algunas  adiciones  en  la 
disposición  final,  dedicada  á  recomendar  expresa¬ 
mente  su  aplicación  á  la  práctica. 

Quedan,  pues,  formuladas  del  siguiente  modo: 

«1.a  La  salud  pública  se  mejora,  previniéndose  la 
explosión  de  las  epidemias  en  las  ciudades  y  habi¬ 
taciones,  mediante  la  eliminación  de  las  sustan¬ 
cias  fermentescibles  y  una  abundánte  distribución 
de  agua  pura. 

»2.ft  El  revestimiento  de  las  calles  debe  ser  liso 
y  tan  impermeable  como  sea  posible,  para  facilitar 
la  limpieza  é  impedir  la  infección  del  subsuelo. 

#3.a  Deben  adoptarse  medidas  especiales  en  la 
construcción  de  las  casas,  á  fin  de  que  ios  muros 
y  locales  estén  exentos  de  humedad  y  de  las  ema¬ 
naciones  del  suelo. 

»4.a  Las  canalizaciones  interiores  deben  estar 
dispuestas  de  modo  que  se  evite  todo  estancamien¬ 
to,  realizando  el  desagüe  rápido  á  la  alcantarilla  de 
la  calle  de  las  aguas  sucias  y  materias  excremen¬ 
ticias;  deben  ser  impermeables  á  los  líquidos  y 
gases,  perfecta  y  constantemente  aireadas,  y  pro¬ 
vistas  de  sifones  que  protejan  el  interior  de  las 
habitaciones  contra  toda  emanación. 

»5.a  Las  alcantarillas  públicas  deben  asegurar 
el  desagüe  rápido  y  sin  detenciones  de  las  aguas 
y  las  materias  que  conducen  hasta  la  desemboca¬ 
dura  final,  estando  perfectamente  aireadas. 

»6.a  El  ancho  de  las  calles  deberá  ser  el  mayor 
posible,  habida  cuenta  la  altura  de  las  casas.  Esta 
relación  se  establecerá  en  cada  localidad  tenien¬ 
do  en  cuenta  las  circunstancias  locales  y  climato¬ 
lógicas.  Toda  construcción  habitada  debe  estar 
iluminada  hasta  el  fondo,  y  recibirá  aire  por  dos 
lados  por  lo  menos. 

»7.a  Deben  hacerse  reglamentos  especiales  en 
cada  localidad  por  las  autoridades  públicas,  á  fin 
de  hacer  obligatoria  la  aplicación  práctica  de  los 
principios  arriba  expuestos.  Los  Gobiernos  y  Mu¬ 
nicipios  deben  perseguir  resuelta  y  enérgicamente 
la  realización  de  las  prescripciones  precedentes, 
sobre  todo  la  que  se  refiere  al  saneamiento  de  las 
casas.» 

La  6.a  sección,  de  Higiene  infantil  y  escolar ,  pre¬ 
sentó  á  propuesta  del  Dr.  Tolosa  Latour  las  si¬ 
guientes  conclusiones,  unánimemente  aprobadas: 

«1.a  El  Comité  internacional  permanente  acon¬ 
seja  la  vulgarización,  por  medio  de  cartillas  ó 
publicaciones  populares,  de  los  preceptos  de  la 
más  rigurosa  asepsia  durante  el  parto  y  ulterior¬ 
mente  de  la  puérpera  y  del  niño  al  nacer,  para 
evitar  la  oftalmía  purulenta  de  los  recién  nacidos. 

»2.a  La  constitución  de  una  Comisión  interna¬ 
cional  que  estudie  para  el  próximo  Congreso  la 
conveniencia  de  que  los  Poderes  públicos  promul¬ 
guen  leyes  protectoras  que,  como  la  de  Roussel  en 
Francia,  contribuyan  á  disminuir  la  mortalidad 
infantil  en  los  primeros  meses  de  la  vida. 

»3.a  Abogar  por  la  difusión  de  los  preceptos  hi¬ 
giénicos  entre  las  clases  populares  y  por  la  ense¬ 
ñanza  de  la  higiene  infantil  en  las  escuelas  públi¬ 
cas  y  colegios,  sobre  todo  de  niñas. 

»4.a  Recomendar  la  creación  de  inspecciones 
médicas  en  asilos ,  escuelas  y  talleres. 

»5.a  Preconizar  las  ventajas  obtenidas  por  las 
colonias  escolares  y  el  ejercicio  del  niño  al  aire 
libre. 

»Y  6.a  Aconsejar  el  fomento  de  los  Sanatorios 
marítimos  y  de  montaña  para  la  profilaxis  de  las 
enfermedades  de  los  niños.» 

De  intento  no  se  ha  hablado  de  la  gran  parte 
que  la  mujer  ha  tomado  en  este  Congreso,  para 
consignar  aquí  que  la  ilustrada  cooperación  de  las 
señoras  y  señoritas  Aleixandre,  Carbón ell,  la  Ri- 
gada,  Telia,  Monreal  y  otras, 'amén  de  las  muchas 
que  han  asistido}  á  lasTsesiones,  prestaron  gran 
realce  á  los  debates,  y  servirán  seguramente  para 


ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Abril  1898 


propagar  los  preceptos  de  que  se  ha  hecho  mérito 
en  todas  partes,  muy  especialmente  en  lo  que  se 
relaciona  con  la  higiene  infantil. 

La  sección  7.a  ( Higiene  del  trabajo  y  del  ejerci¬ 
cio)  presentó,  á  propuesta  del  Dr.  Decref,  las  si¬ 
guientes  conclusiones: 

«1.a  El  ejercicio  libre  al  aire  libre  debe  ser  con¬ 
siderado  oomo  el  más  higiénico,  especialmente  en 
la  primera  y  segunda  infancia. 

»2.a  Todo  ejercicio,  sea  cual  fuere,  que  tienda 
al  desarrollo  especial  de  un  sistema,  aparato  ú  ór¬ 
gano,  y  por  lo  tanto  á  su  función,  debe  ser  consi¬ 
derado  como  un  medio  terapéutico  y  no  como  un 
medio  higiénico,  quedando  el  médico  solamente 
autorizado  para  dirigir  su  aplicación.» 

La  sección  de  Demografía ,  á  propuesta  de  los 
Sres.  Sedlaczerk,  Bertillon  y  Candido,  propone 
una  modificación  en  la  organización  uniforme  de 
la  estadística  de  la  mortalidad  infantil  bajo  las 
siguientes  bases: 

«1.a  Un  niño  recién  nacido  después  del  sexto 
mes  de  gestación  y  que  ha  respirado,  no  debe  ser 
considerado  como  nacido  muerto. 

»2.a  En  lo  que  concierne  á  la  proposición  hecha 
por  el  Sr.  Director  Bockh,  de  Berlín,  en  unión  del 
Sr.  Sillvergleit,  de  Magdeburgo,  según  la  cual  la 
hora  del  nacimiento  y  la  de  la  muerte  deberían 
declararse  para  fijar  mejor  la  edad  de  los  falleci¬ 
dos,  el  Comité  opina  que  tal  declaración,  por  inte¬ 
resante  que  sea,  no  es  aceptable  en  las  actuales 
circunstancias  por  pecar  de  demasiado  detallista. 

»3.a  En  lo  referente  á  los  niños  que  mueren  du¬ 
rante  el  primer  año  de  la  vida,  el  comité  entiende 
que  la  edad  debe  ser  anotada  de  la  siguiente  ma¬ 
nera:  durante  el  primer  mes  de  su  vida  por  díay  y 
durante  los  siguientes  por  mes. 

»Si  estas  reseñas  pueden  considerarse  como  de¬ 
masiado  detalladas,  podrían  suministrarse  al  me¬ 
nos  según  los  siguientes  períodos  de  edad  (que  es¬ 
tán  adoptados  en  Francia): 

de  0  á  4  días. 

—  5  á  9  — 

—  10  á  19  — 

—  20  á  30  — 

—  1  á  2  meses 

—  3  á  5  — 

—  6  á  12  — 

»4.a  En  cuanto  á  las  causas  de  las  defunciones,  el 
comité  opina  que  por  lo  menos  deben  especificarse 
las  causas  siguientes: 

»Viruela,  roséola,  coqueluche,  difteria  y  crup, 
meningitis,  neumonía  y  bronquitis,  diarrea,  con¬ 
vulsiones,  debilidad  congénita,  muerte  violenta, 
otras  causas,  causas  desconocidas. 

»Por  regla  general,  la  enfermedad  principal 
debe  ser  anotada.  En  caso  de  coexistir  dos  enfer¬ 
medades,  que  una  no  sea  derivación  de  la  otra, 
debe  anotarse  la  más  peligrosa  de  las  dos.» 

Por  último,  se  acordó  que  el  Congreso  de  Ma¬ 
drid  una  su  voto  al  deseo  formulado  por  el  Insti¬ 
tuto  Internacional  de  Estadística  en  sus  sesiones 
de  Berna  y  San  Petersburgo,  «para  que  se  pro¬ 
ceda  en  1900  en  todos  los  países  civilizados  a  un 
censo  general  de  población,  á  ser  posible  en  el 
mismo  mes.  Esta  clasificación  debiera  comenzar 
con  el  próximo  siglo  y  renovarse  todos  los  años 
cuya  milésima  termine  en  cero». 

Hé  aquí  á  vuela  pluma  un  bosquejo  de  lo  más 
esencial  acaecido  en  el  Congreso  de  España,  único 
sin  duda  en  el  mundo  por  los  penosos  momentos 
en  que  se  ha  celebrado.  Otros  países  en  circuns¬ 
tancias  menos  críticas  aplazaron  asamblea^  anᬠ
logas. 

¡Ojalá  que,  al  reunirse  en  1900  el  próximo  en 
París,  con  motivo  de  la  Exposición  universal, 
pueda  España  concurrir  con  nuevos  bríos,  demos¬ 
trando  una  vez  más  su  amor  al  progreso  y  á  la 
ciencia,  bien  probado  con  varonil  entereza  duran¬ 
te  las  sesiones  del  IX  Congreso  de  Higiene  y  De¬ 
mografía  de  Madrid! 

M.  db  Tolosa  Latour. 


TAPIZ  DE  “LA  RENDICION  DE  GRjANADA”, 

POR  LA  SEÑORA  I  DOÑA  CATALINA  NARVÁEZ  DE  RUIZ. 

Renacimiento  de  la  tapicería  bordada  de  la  Edad  Antigua.  —  Consi¬ 
deraciones  históricas  sobre  la  tapicería  bordada  y  la  tapicería  te¬ 
jida.  —  Su  estado  actual:  su  porvenir. 

Si  yo  no  hubiera  visto,  contemplado  y  admirado 
la  primorosa  obra  de  arte  á  que  voy  á  consagrar 
estas  líneas,  á  cualquiera  que  me  hubiese  invitado 
á_yerla  anunciándomela  lisa  y  llanamente  como 
un  tapiz  bordado  por  una  señora,  reproduciendo 
el  cuadro  de  D.  Francisco  Pradilla  La  Rendición 
d#  Granada,  le  habría  contestado: — Lo  doy- por 


visto:  disfrútelo  su  dueño  muchos  años,  con  un 
marco  de  felpilla  y  abalorios.  Tan  lejos  estaba 
de  figurarme  lo  que  realmente  era  el  precioso 
trabajo  de  que  voy  á  hablar.  Tan  acostumbrados 
estamos,  en  vista  de  las  labores  de  mujer  con  que 
tropezamos  de  continuo,  á  mirar  el  bordado  como 
la  parodia,  la  caricatura  y  el  verdugo  del  arte;  á 
tal  punto,  hoy  que  el  bordado  á  mano  está  en  des¬ 
uso  para  obras  de  cierta  importancia,  y  no  entra 
ya,  como  antiguamente,  en  el  número  de  los  pro¬ 
cedimientos  que  informan  el  verdadero  arte  pic¬ 
tórico,  que  el  mero  anuncio  de  bordado  de  señora 
trae  á  la  imaginación  las  insustanciales  combina¬ 
ciones  de  letras,  cruces  y  flores  bordadas  en  ca¬ 
ñamazo,  que  en  los  colegios  de  niñas  llaman  de¬ 
chados  ,  haciendo  que  no  nos  acordemos  para  nada 
de  tantas  matronas  ilustres  que,  según  la  fábula  y 
las  antiguas  historias,  llevaron  el  arte  del  bordado 
á  la  mayor  perfección.  En  efecto,  tenemos  ya  casi 
olvidado  que  Filomena  bordó  en  lana  las  tristes 
aventuras  de  Progne;  que  Penélope  bordó  en  su 
famosa  tela  los  sucesos  que  habían  puesto  en  peli¬ 
gro  la  vida  de  Ulises;  que,  según  la  narración  de 
Homero  en  su  Ilíada,  Elena  bordó  los  combates 
entre  griegos  y  troyanos;  que  Andrómeda  estaba 
bordando  no  sé  qué  cuando  fueron  á  anunciarle 
la  muerte  de  Héctor.  Y  vamos  olvidando  tambiéñ, 
como  cosa  despreciable  del  tiempo  viejo,  la  mu¬ 
cha  estimación  en  que  se  tenían  tales  labores  en 
épocas  de  gran  florecimiento  artístico,  de  lo  que 
nos  dan  testimonio,  entre  otros  escritores  verídi¬ 
cos,  Aristóteles  y  Plinio,  aquél  refiriéndonos  el 
hecho  del  sibarita  que  mandó  bordar  una  tapice¬ 
ría  con  las  imágenes  de  los  seis  dioses  mayores, 
en  cuyo  borde  superior  lucían  soberbios  arabescos 
de  Suza,  ostentando  el  inferior  arabescos  persas; 
y  Plinio  contándonos  que  Catón  de  Utica  poseyó 
una  tapicería  de  cama  bordada,  obra  babilónica, 
que  costó  800.000  sestercios,  y  que  Nerón  pagó  por 
otra  semejante  cuatro  millones  de  la  misma  mo¬ 
neda. 

Todas  estas  soberbias  piezas  de  tapicería,  ya  de 
dibujo  sólo  á  simple  contorno  al  estilo  griego,  ya 
con  las  figuras  de  relieve  al  uso  frigio,  ya  con  to¬ 
dos  los  colores  propios  de  la»  pintura,  según  se 
practicaba  en  Babilonia,  fueron  ejecutadas  á  mano, 
en  bastidor  ó  sin  él,  con  agujas;  en  cambio,  hoy 
reservamos  este  bordado  para  la  falda  cursi  de 
raso  con  ramajos  de  hilo  de  oro,  que  se  ha  de  rega¬ 
lar  al  niño  recién  nacido  al  llevarle  á  cristianar, 
ó  para  la  bolsa  de  labor  con  el  perrito  de  aguas  de 
relieve,  ó  para  las  floreadas  chinelas  que  se  ofre*- 
cen  al  abuelito  en  el  día  de  su  santo.  Lo  repito* 
hoy,  al  anunciarnos  un  bordado  de  señora,  sóló 
pensamos  en  el  cañamazo,  las  felpillas  y  los  abal¬ 
lónos;  y  aquellos  soberbios  cobertores,  aquelloé 
magníficos  tapetes  y  paramentos  de  camas  y  mei- 
sas  y  paredes  de  los, potentados  egipcios,  babilo¬ 
nios,  griegos  y  romanos,  y  aun  los  tapices  reca± 
mados  de  los  próceros  y  ricos  hombres  de  la  Edad 
Media;  y  aquellos  bordados  celebérrimos  que  al 
inaugurarse  la  Edad  Moderna  se  ejecutaban  eñ 
Yenecia,  Milán  y  Génova;  todo  aquello.....  ¡como 
si  nunca  hubiera  existido! 

Pues  bien,  una  señora  de  nuestros  días,  una  in¬ 
teligente  gaditana  en  quien  corren  parejas  el  in-í 
genio,  la  discreción  y  la  hermosura,  se  ha  prcn 
puesto  rehabilitar  en  la  estimación  de  las  perso*^ 
ñas  de  buen  gusto  ese  olvidado  arte  antiguo  que 
tanta  y  tan  merecida  fama  dió  á  las  Penélopes  y 
Andrómacas;  es  decir,  el  bordado  clásico  de  los 
mejores  tiempos  del  arte  helénico.  Porque,  según 
ella — y  soy  de  la  misma  opinión — nunca  la  tapi¬ 
cería  de  telar  ó  mecánica  podrá  sustituir  á  la  ta¬ 
picería  bordada  á  mano  para  la  fiel  reproducción 
de  un  cuadro  de  las  dimensiones  que  ordinaria¬ 
mente  consienten  nuestras  modernas  viviendas. 
Doña  Catalina  Narváez  de  Ruiz,  que  es  la  señora 
á  quien  aludo,  demuestra  esta  verdad  con  el  ejem¬ 
plo  de  la  bellísima  página  pictórica  de  Pradilla  La 
Rendición  de  Granada ,  reducida  por  medio  del  bor¬ 
dado  en  bastidor  á  poco  más  de  2  metros  de  lon¬ 
gitud  por  1,50  de  altura;  es  decir,  á  la  medida 
ordinaria  de  un  cuadro  coa  figuras  de  tamaño 
pusinesco.  El  cuadro  del  esclarecido  pintor,  que 
hubiera  podido  muy  bien,  atendidas  sus  grandes 
dimensiones,  ser  traducido  en  un  gran  tapiz  de 
alto  lizo  con  todos  sus  pormenores  y  accesorios,  al 
quedar  reducido  á  2  metros  largos  de  amplitud  so¬ 
lamente  en  otro  tapiz  tejido,  hubiera  tenido  que 
perder  todo  lo  que  son  menudencias,  porque  la 
gruesa  red  que  forman  los  lizos  con  la  trama  había 
necesariamente  de  dejar  burlada  toda  la  maestría, 
toda  la  habilidad  y  diligencia  del  más  experto  ar¬ 
tífice;  mientras  que  traducido  á  un  bordado  de  bas¬ 
tidor  de  2  metros  de  largo  en  un  paño  de  raso 
fuerte  sin  trama  visible  uha  dado  por  resultado  una 
primorosa  obra  parecida  á  la  pintura  de  un  consu¬ 
mado  acuarelista — un  Mr.  West  ó  un  Arbós,  por 
'  ejemplo, — un  acuarelista  valiente  y  brioso  en  cier- 


Digitized  by 


Google 


22  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.®  xv  —  239 


tas  partes,  como  en  las  sombras  del  primer  término 
y  en  el  modo  de  atacar  los  tonos  calientes  de  los 
ropajes;  en  otras  partes  minucioso  miniaturista, 
como  en  las  oaras  y  manos  de  las  personas,  en  el 
empaste  y  medias  tintas  de  las  carnes  y  en  la 
suave  gradación  de  luces  y  sombras,  en  el  modo 
de  acusar  todos  los  accidentes  de  la  tez,  fresca  y 
tersa  en  las  damas  y  pajes,  curtida  y  rugosa  en  los 
hombres  de  armas,  pero  siempre  claro,  definido  y 
sin  la  menor  confusión. 

El  procedimiento  que  ¿  la  inspirada  autora  ha 
sugerido  su  privilegiado  ingenio  es  de  todo  punto 
original;  ella,  como  ha  dicho  muy  atinadamente 
mi  perspicaz  amigo  Kasabal,  maneja  la  aguja  como 
el  pintor  maneja  el  pincel.  Sobre  una  superficie  de 
raso,  tersa  como  una  cartulina  de  Brístol,  pone  las 
hebras  de  seda  y  da  las  puntadas  de  una  manera  que  ' 
no  se  explica  con  palabras,  pero  cuyo  resultado  es 
maravilloso,  porque,  sin  más  elementos  que  sus  agu¬ 
jas  y  sus  hebras  de  centenares  de  matices,  reprodu¬ 
ce  el  cielo  con  sus  luminosos  y  nacarados  vapores, 
la  tierra  con  sus  surcos,  sus  arboledas  y  sus  veladas 
lontananzas,  los  grupos  de  moros  y  cristianos  con 
sus  característicos  trajes;  los  hombres,  los  caballos, 
los  arneses,  las  guarniciones,  las  armas,  las  bande¬ 
ras,  y  hasta  los  adornos  y  joyeles  que  resaltan  sobre 
las  ropas;  y  acusa  el  aspecto  externo  de  cada  obje¬ 
to,  animado  ó  inanimado,  según  su  naturaleza,  con 
la  fidelidad  del  espejo,  de  tal  suerte  que  no  es  po¬ 
sible  dejar  de  distinguir  con  toda  claridad  lo  que  es 
agua,  lo  que  es  cielo,  lo  que  es  fronda,  lo  que  es 
tierra,  y  el  hierro,  y  el  oro  y  la  plata,  el  paño,  la 
felpa,  el  cuero,  el  pelo  (1).  Asusta  el  considerar  el 
incontable  número  de  puntadas  que  se  habrán  te¬ 
nido  que  dar  para  cubrir  una  superficie  de  más  de 
2  metros  de  longitud,  y  la  paciencia  y  el  tiempo 
que  habrá  sido  preciso  consumir  para  llevar  á  cabo 
semejante  labor;  y  sin  embargo,  no  es  esto  lo  que 
debe  causar  admiración,  que  si  á  esto  redujera 
D.a  Catalina  Narváez  el  mérito  de  su  obra,  des¬ 
graciadamente  para  ella  podría  ponérsela  en  pa¬ 
rangón  con  aquel  mal  aconsejado  escultor  de  cjuien 
nos  refiere  Yincencio  Carduchi,  en  sus  Diálogos 
de  la  pintura-,  que  encajó  en  el  ojo  de  una  aguja 
un  Cristo  crucifi jado,  con  la  Virgen  y  San  Juan 
al  pie,  siendo  así  que  tales  prodigios  de  pacien¬ 
cia  no  requieren  más  que  disposición  de  instru- 
mentos  y  un  lago  ó  balsa  de  fiema  para  hacerlos.  ^ 
Si  el  mérito  del  tapiz  que  nos  ocupa  consistiese 
en  hacer  á  fuerza  de  puntadas  un  cuadro  de  histo¬ 
ria,  bueno  ó  malo,  semejable  á  la  obra  de  un  pin¬ 
tor,  todavía  compararía  yo  á  D.a  Catalina  Narváez 
con  aquel  artífice  á  quien  se  le  ocurrió  labrar  uña” 
cota  de  malla  de  madera,  haciendo  que  cada  sorti- 
juela  fuese  de  una  sola  pieza  y  se  moviese  por  sí 
como  las  de  acero,  y  que  todas  ellas  trabadas  for¬ 
masen  la  cota.  Cuéntase  que,  conseguido  su  intento 
á  fuerza  de  trabajo  y  de  tiempo,  le  pareció  que  su 
obra  sería  digna  de  un  monarca,  de  quien  de  se¬ 
guro  recibiría  el  merecido  premio,  y  así  se  pre¬ 
sentó  con  ella  al  Emperador,  el  cual,  después  de 
haberla  visto,  y  considerado  más  el  ‘mal  empleo 


(1)  Véanse  las  dos  respectivas  fotografías,  que  reproducen  Ja 
una  el  grupo *  que  forman  los  Reyes  Católicos  y  su  acompaña¬ 
miento,  y  la  otra  el  precedido  por  el  rey  moro. 


del  tiempo  y  del  trabajo  que  la  obra,  le  dijo:  «Her¬ 
mano,  vos  tenéis  un  muy  buen  ingenio,  mas  ha- 
béislo  empleado  muy  mal;  llevaos  vuestro  gusto, 
que  yo  no  le  he  de  tener  en  cosa  que  no  sepa  para 
qué  pueda  ser  buena.» 

En  el  caso  presente  sucede  todo  lo  contrario :  el 
inacabable  trabajo,  la  paciencia  infinita  empleada 
por  la  autora  del  tapiz,  desaparecen  ante  el  mé¬ 
rito  artístico  que  ha  convertido  una  labor  de  agu¬ 
jas  en  un  verdadero  cuadro  lleno  de  bellezas  en 
la  alta  esfera  del  verdadero  arte  pictórico. 

Es  evidente  que  quien  llega  á  tal  grado  de  per¬ 
fección  en  el  manejo  de  la  aguja  de  bordar,  tiene 
que  ser  por  precisión  una  excelente  pintora.....  Y 
lo  es,  en  efecto,  D.a  Catalina  Narváez,  á  tal  punto 
que  su  bordado  resulta,  como  se  ha  visto,  un  cua¬ 
dro  de  grande  efecto,  y  con  la  ventaja  de  que  se 
le  puede  mirar  á  todas  luces,  porque  no  reluce  en 
parte  alguna  como,  por  desgracia,  sucede  con  casi 
todas  las  obras  de  pintura  al  óleo.  Es  de  un  mate 
simpático,  que  le  hace  parecer  una  grande  acua¬ 
rela  con  toda  la  entonación  que  se  sabe  dar  hoy 
á  este  género  de  pintura. 


Resulta  de  lo  dicho  que  D.a  Catalina  Narváez 
de  Ruiz  ha  demostrado,  en  efecto,  que  los  cuadros 
de  grandes  dimensiones,  que  hoy  sólo  tienen  colo¬ 
cación,  por  lo  general,  en  espaciosos  edificios, 
como  iglesias,  museos,  palacios,  universidades, 
seminarios,  institutos  de  caridad,  etc.,  para  ser 
reproducidos  en  tapicería  acomodada  á  las  dimen¬ 
siones  comunes  de  nuestras  viviendas,  deben  ser 
bordados  á  mano,  y  no  en  telar  de  altos  ó  bajos 
lizos.  Resulta  igualmente  que  la  tapicería  bordada 
ó  de  bastidor,  ejecutada  como  sabe  hacerlo  la  ex¬ 
presada  señora,  se  presta  á  reproducir,  no  en 
grandes  dimensiones  sino  en  las  ordinarias  de 
dos  ó  dos  y  medio  metros  de  longitud,  cualquier 
género  de  pintura,  desde  el  tamaño  que  llamamos 
pusinesco ,  hasta  la  miniatura;  que  la  tapicería  bor¬ 
dada,  ya  al  uso  griego  y  frigio  ó  de  figuras  á  con¬ 
torno  con  relieve  y  sin  colores,  ya  con  colores  al 
estilo  asirio,  y  no  la  tejida  en  telar  mecánico, 
era  la  que  ejercitaban  con  sus  aristocráticas  manos 
aquellas  princesas  y  matronas  de  los  tiempos  clᬠ
sicos,  las  Penélopes,  Andró  macas  y  Elenas,  de 
quienes  nos  hablan  lo»  poetas  é  historiadores  grie¬ 
gos;  y  que  para  hacer,  rejnacer  este  clásico  borda¬ 
do,  por  tanto  tiempo  dado  al  olvido,  lo  que  prin¬ 
cipalmente  falta  son  personas  de  gusto  y  acauda¬ 
ladas  que  sepan  apreciar  y  pagar  lo^  que  tales_ 
productos  valen,  atendidos  su  mérito  artístico  y 
el  gran  consumo  de  tiempo  y  de  paciencia  que 
exigen. 

Pero  ocurre  preguntar:  ¿Habrá  quien  imite  la 
abnegación  de  D.a  Catalina  Narváez,  i n virtiendo 
en  una  labor  de  capricho,  y  pór  puro  amor  al  arte, 
tan  considerable  repuesto  de  habilidad  y  de  inte¬ 
ligencia?  ¿Y  habrá  quien  invierta  considerables 
sumas  en  la  adquisición  de  tales  bordados?  Todo 
depende  de  la  perfección  de  la  obra,  del  aprecio 
que  hagan  de  ella  los  hombres  constituidos  en  au¬ 
toridad,  ya  eclesiástica,  ya  civil  ó  militar,  y  de  la  ne¬ 
cesidad,  positiva  ó  imaginaria,  que  esté  llamada  á 
satisfacer;  porque  si  el  público,  que  se  educa  y 
forma  sus  gustos  y  aficiones 
por  el  ejemplo  de  los  que 
le  dirigen,  se  acostumbrara 
á  preferir  este  género  de 
trabajos  tan  perfectos  á  los 
de  los  bordadores  vulgares 
y  rutinarios,  en  los  objetos 
que  los  requieren,  como 
son  los  tapetes,  los  coberto¬ 
res  de  invierno,  las  ropas 
de  altar,  las  vestiduras  sa¬ 
cerdotales  y  episcopales, 
las  capas  de  coro  y  sus  ca¬ 
pillos,  las  mitras,  palios  y 
estandartes,  banderas,  etc., 
la  escuela  de  bordadores- 
tapiceros  que  se  formase 
bajo  la  dirección  de  D.a  Ca¬ 
talina  Narváez  no  estaría 
nunca  ociosa,  y  nunca  la 
faltarían  particulares  acau¬ 
dalados  y  de  buen  gusto  que 
la  encargaran  obras  de  bor¬ 
dado  clásico  historiado,  de 
la  importancia  del  tapiz  de 
La  Rendición  de  Granada , 
prefiriéndolas  á  las  copias 
al  óleo  de  los  más  famosos 
cuadros  del  Museo  del  Pra¬ 
do.  Todo  lo  antiguo  de  buen 
origen  tiene  su  atractivo,  y 
así  se  explica  que  haya  bi¬ 
bliómanos  que  prefieran  un 
carcomido  manuscrito  pro¬ 


cedente  de  cualquier  scriptomum  benedictino  del 
siglo  xiv,  ó  un  incunable  del  xv,  ó  un  ejemplar 
de  la  Biblia  de  Maguncia  impresa  en  1453  con  tipos 
de  Schoef fer,  á  las  más  hermosas  ediciones  de  San¬ 
cha  ó  de  Didot. 

La  buena  tapicería  bordada,  de  asuntos  ya  his¬ 
tóricos,  ya  alegóricos,  ya  mitológicos,  que  tendrá 
siempre  partidarios  entre  las  personas  de  depu¬ 
rado  gusto,  no  podrá  rivalizar  en  el  mercado  pú¬ 
blico  con  la  fabricada  en  telar  mecánico,  por¬ 
que  hay  entre  una  y  otra  la  misma  disparidad  que 
existe  entre  un  manuscrito  original  y  un  impresó. 
El  bordado  á  aguja  es  obra  de  un  artista,  el  cual 
ha  de  ejecutar. por  sí  mismo  la  copia  del  cuadro 
que  tiene  delante;  el  tapiz  tejido  es  obra  de  un 
industrial,  que  se  guía  servilmente  por  el  cartón 
en  que  se  le  marcan  los  contornos  y  los  colores. 
Aquél  es  ejemplar  único;  éste  es  uno  entre  mu¬ 
chos  ejemplares.  Pero  por  lo  mismo  que  el  tapiz 
historiado  .bordado  á.  aguja  es _  de  mayor  prez  que 
el  tejido,  y  es  obra  mucho  más  lenta  que  la  fabri¬ 
cación  de  éste,  y  sale  infinitamente  más  caro, 
fuerza  era  que  cayese  en  desuso,  si  no  en  completo 
abandono,  el  día  en  que,  por  una  serie  de  extraor¬ 
dinarios  acontecimientos,  la  tapicería  tejida,  mé- 
nos  perfecta  pero  de  fabricación  rápida  y  relati¬ 
vamente  barata,  apareciese  como  el  instrumento 
más  á  propósito  para  solemnizar  el  advenimiento 
de  todo  un  nuevo  orden  de  cosas  y  de  una  nueva 
era  en  las  naciones  europea^.  Y,  en  efecto,  esos 
acontecimientos  se'  presentaron  uno  tras  otro  en 
el  siglo  xv,  época  la  más  gloriosa  para  la  Monar¬ 
quía  española,  porque  en  él  se  consumó,  bajo  el 
prudente  cetro  de  los  Reyes  Católicos,  el  triunfo 
conmemorado  en  el  lienzo  del  inspirado  Pradilla, 
que  arrojó  al  islamismo  de  Granada,  es  decir,  de 
su  último  baluarte  en  Europa.  Un  gran  impulso 
providencial  hacía  al  mundo  redoblar  sus  ener¬ 
gías:  Cristóbal  Colón  y  Américo  Vespucio  com¬ 
pletaban  con  el  descubrimiento  de  América  la  re¬ 
dondez  del  orbe  terrestre;  Gutenberg  y  Schoeffór 
extendían  hasta  lo  infinito  el  alcance  de  la  pala¬ 
bra  humana,  antes  reducida  á  estrechos  límites; 
robustecíase  la  obra  de  la  formación  de  las  gran¬ 
des  Monarquías  con  la  centralización  á  que  tan¬ 
to  deben  las  naciones  modernas,  y  aumentaba  el 
prestigio  del  poder  real,  preciosa  salvaguardia  de 
la  paz  pública  contra  los  conatos  de  rebelión  de 
los  grandes  y  los  instintos  anárquicos  de  la  ple¬ 
be.  El  elemento  letrado,  los  juristas  formados 
en  la  Escuela  del  Derecho  justinianeo,  pudieron, 
á  la  sombra  de  un  trono  firmemente  cimentado 
con  los  actos  de  energía  y  de  verdadera  virtud  cris¬ 
tiana  de  los  Reyes  Católicos,  propagar  más  eficaz¬ 
mente  la  doctrina  de  que  la  potestad  Real  debía 
ser  una  y  absoluta,  como  lo  había  sido  la  impe¬ 
rial  ,  su  norma  y  matriz. 

Desde  el  momento  en  que  las  naciones  se  aco¬ 
modaron,  con  más  ó  menos  docilidad  y  con  más  ó 
menos  enérgicas  protestas  de  parte  de  las  clases 
privilegiadas,  á  este  régimen  político,  lo  que  más 
urgía  era  presentar  ante  sus  ojos  esa  potestad  Real 
omnímoda  como  una  emanación  de  la  Divini¬ 
dad,  y  rodearla  de  todo  el  prestigio  y  de  todo  el 
aparato  posible  de  esplendor  y  magnificencia.  De 
aquí  el  lujo  deslumbrador  de  tapicerías  de  asuntos 
de  todo  género  que  durante  los  siglos  xv  y  xvi 
se  desplegó  en  las  cortes  de  Europa,  algunas  de 


Digitized  by  ^.ooQie 


240  —  n.°  xv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Abril  1898 


las  cuales  sobrepujaron  en 
esta  clase  de  ostensible 
grandeza  á  los  mismos 
egipcios  y  babilonios.  La 
tapicería  colgada,  de  la 
cual  conservan  todavía  be¬ 
llísimos  ejemplares  mu¬ 
chas  poblaciones  de  Fran¬ 
cia,  Bélgica,  Inglaterra, 
Italia  y  España,  era  de  ne¬ 
cesidad  absoluta  en  aque¬ 
llos  tiempos.  Debo  citar 
entre  las  más  notables  las 
que  forman  las  colecciones 
de  Nancy,  Yalenciennes, 
Reims,  Bayard,  la  Chaise- 
Dieu,  el  Louvre,  Berna, 
Aix,  Aulhac  y  Beauvais, 
todas  historiadas,  repre¬ 
sentando,  ya  pasajes  de  la 
Historia  Sagrada,  ya  lan¬ 
ces  de*  la  guerra  de  Troya 
y  otros  hechos  heroicos, 
ya  fiestas  palacianas,  ó  tor¬ 
neos  ó  escenas  de  monte¬ 
ría.  1  Porque  no  solamente 
se  cubría  con  colgaduras 
de  tapices  la  desnudez  de 
las  paredes,  sino  que  se 
usaban  además  en  todas  las 
ocasiones  solemnes,  civiles 
y  religiosas,  como  procesio¬ 
nes,  en  los  claustros  de  las 
catedrales,  entradas  de 
príncipes  y  enlaces  dé  f á- 
milias  Reales,  para  dar  un 
aspecto  risueño  á  las  ca¬ 
lles,  y  plazas  públicas.  Fi¬ 
guraban  además  cómo  col¬ 
gaduras  en  las  salas  de  los 
festines,  en  los  torneos,  re¬ 
vistiendo  las  barreras  y  las 
galerías  que  ocupaban  los 
espectadores,  y  en  estos  ca¬ 
sos  eran  sus  asuntos  haza¬ 
ñas  de  héroes.  Estos  asun¬ 
to  s  alternaban ,  según  la 
oportunidad  y  circunstan¬ 
cias,  con  otros  de  la  histo¬ 
ria  antigua,  ó  con  hechos 


Dr.  Adrián  de  Garay.  Dr.  J.  J.  Ramírez  de  Arell&no. 


Dr.  Guillermo  Gaviño.  Dr.  Femando  Altamirano.  Dr.  Jesús  E.  Monjarás. 

LOS  DELEGADOS  MEJICANOS, 

(De  fotografía  de  Femando  Deba*.) 


fabulosos  de  los  tiempos 
heroicos,  ó  cacerías  de  ani¬ 
males  feroces,  ó  boscajes, 
ó  escenas  de  la  vida  común 
y  campestre.  En  lujo  de  ta¬ 
picerías  no  le  iba  en  zaga 
Europa  al  Oriente,  cuando 
Luis  IX  de  Francia  pudo 
regalar  al  Khan  de  los 
mongoles  una  tienda  de 
campaña  de  tapicería  en 
que  se  representaba  L a 
Anunciación,  y  cuando 
Juan  de  Nevers  pudo  pagar 
una  parte  de  su  rescate  á 
Bay aceto  I,  después,  dé  la 
derrota  de  Nicópolis,  en 
tapices  de  Arras  que  r  re¬ 
presentaban  la  Historia  de 
Alejandro . 


No  por  haber  cesado  las 
causas  que  motivaron  el 
gran  desarrollo  de  la  ta¬ 
picería  tejida  en  los  si¬ 
glos  xv  y  xvi,  cesaron 
oportunas  aplicaciones  de 
esta  útilísima  industria  ar¬ 
tística  en  los  siglos  siguien¬ 
tes  hasta  nuestros  días;  de 
modo  que  puede  decirse 
que  al  echar  mano  de  este 
precioso  instrumento  co¬ 
mo  auxiliar  del  culto  ex¬ 
terno  de  la  potestad  regia, 
se  vino  á  consagrar  para  lo 
futuro  su  empleo  en  todas 
las  ocasiones  en  que  con¬ 
viniese  ostentar  autoridad, 
fastuosidad  y  grandeza.  ' 
Mas  no  por  esto  la  fabrica¬ 
ción  de  la  tapicería  histo¬ 
riada  de  alto  lizo  ha  podido 
sostenerse  como  industria 
lucrativa,  y  bajo  este  as¬ 
pecto,  este  arte  y  el  de  la 
tapicería  bordada  á  mano 
han  corrido  igual  suerte. 


CONGRESISTAS  EXTRANJEROS  Y  ESPAÑOLES  DE  LA  SECCIÓN  DE  HIGIENE  MILITAR  Y  NAVAL. 


MADRID. -IX  CONGRESO  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFÍA 


Digitized  by  AjOOQle 


22  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.#  xv  —  241 


MADRID. -IX  CONGRESO  DE  HIGIENE  Y  DEMOGRAFÍA. 

CONFERENCIA  DEL  DR.  CAJAL  EN  LA  ACADEMIA  DE  MEDICINA.  — RECEPCIÓN  EN  EL  PALACIO  REAL.— VISITA  AL  HOSPITAL  MILITAR. 

BANQUETE  EN  EL  TEATRO  REAL.— RECEPCIÓN  EN  EL  AYUNTAMIENTO. 

(Dibujo  de  Comba.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


242  —  n.°  xv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Abril  1898 


Ahora  bien;  ¿renacerá  la  gran  tapicería  tejida, 
como  se  procara  que  renazca  la  primorosa  tapice¬ 
ría  bordada?  Creo  que  no,  porque  falta  la  necesi¬ 
dad  que  ha  de  satisfacer,  al  menos  mientras  se  con 
serven,  con  buenas  ó  malas  restauraciones  y  re¬ 
miendos,  los  ejemplares  de  tapicería  antigua  de  las 
fábricas  de  Arras,  Bruselas,  etc.,  con  las  cuales  se 
acude  á  las  no  muy  frecuentes  urgencias  ac¬ 
tuales. 

Pero  si  esta  tapicería  ha  de  renacer,  cuando  sé 
hagan  cartones  para  representar  con  ella  alegorías 
ó  asuntos  de  Historia  sagrada  ó  de  hagiología,  en 
vez  de  imitar  el  realismo  de  los  flamencos,  pro¬ 
cure  el  pintor  inspirarse  en  el  grandioso  estilo  de 
los  maestros  italianos  del  tiempo  de  Rafael,  que 
son  admirable  escuela  de  sencillez,  elegancia  y 
decoro.  El  dibujo  para  la  tapicería  debe  ser,  como 
para  la  pintura  mural,  sobrio,  reposado,  sin  ex¬ 
presión  demasiado  individual  y  concreta. 

En  cuanto  al  renacimiento  del  bordado  clásico 
antiguo,  histórico  ó  legendario,  no  monumental 
sino  primoroso,  inaugurado  ya  con  gran  acierto  en 
la  reproducción  del  cuadro  de  La  Rendición  de 
Granada  por  D.a  Catalina  Narváez  de  Ruiz,  en¬ 
tiendo  que  este  género  de  labor  puede  muy  bien 
tener  aplicación  al  sinnúmero  de  objetos  que  he 
señalado  en  el  cuerpo  de  este  artículo,  y  que  ya  la 
expresada  señora,  al  elegir  para  muestra  de  su  no¬ 
ble  propósito  y  de  sus  generosos  alientos  ese  cua¬ 
dro,  nos  ha  dado  á  entender  que  sabe  discernir  lo 
que  hay  de  verdadero  ó  de  supuesto  en  las  tradicio¬ 
nes  recogidas  por  los  antiguos  escritores  griegos 
y  latinos,  y  con  muy  buen  acuerdo,  huyendo  de  la 
excesiva  austeridad  del  bordado  griego  y  frigio, 
en  que  se  supone  que  las  figuras  eran  del  mismo 
color  que  el  fondo  (cosa  singular  en  una  raza  de 
tan  exquisito  gusto  como  la  helénica),  ha  adoptado 
el  bordado  de  colores  de  los  asirios,  con  lo  cual  da 
mayor  amenidad  y  atractivo  á  su  trabajo. 

Sólo  falta,  para  que  esta  inauguración  se  haya 
verificado  bajo  felices  auspicios,  que  se  realice 
cierto  rumor  acreditado  entre  el  público  que  estos 
días  atrás  acudió  á  la  exposición  de  tan  peregrina 
obra  en  la  Real  Academia  de  San  Fernando,  se¬ 
gún  el  cual  habría  resuelto  S.  M.  la  Reina  que  el 
tapiz  de  D.a  Catalina  Narváez  de  Ruiz  pasase  á  ser 
ornato  del  regio  Alcázar.  El  bello  marco  de  ro¬ 
ble  con  relieves  del  renacimiento  español  del  si¬ 
glo  XVI ,  que  desde  luego  revelan  el  primoroso 
hierro  del  tallista  y  dorador  P.  José  Suárez,  está 
por  su  parte  reclamando  no  menos  augusta  dedi¬ 
cación. 


Pedro  de  Madrazo. 


EL  3DILT7TTIO. 


,  Como  nube  fatídica  y  sombría 
Descarga  la  impiedad  sobre  la  tierra; 
Rompen  sus  diques,  pregonando  guerra, 

La  torpe  envidia  y  la  soberbia  impía. 

Ruge  desenfrenada  la  anarquía 

Y  su  rugido  al  Universo  aterra, 

Salta  el  vicio  del  cauce  que  lo  encierra 

Y  la  maldad  levántase  bravia. 

El  hombre  mata  al  hombre  en  lid  sañuda; 
La  humana  estirpe  á  la  verdad  imnola 
Tras  batalla  feroz,  tremenda  y  ruda; 

Avasallante  crece  negra  ola, 

Y  en  el  mar  tenebroso  de  la  duda 

¡El  Arca  de  la  Fe  navega  sola! . 

M.  Blanco  Belmonte. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 


La  fruerra  yankee  y  las  ideas:  cristiandad  y  humanitarismo  de  aquel 
pueblo. —  Misticismo  hipócrita. —  Procedimiento  de  usurpación 
que  siguen.  — Anexión  de  Tejas  y  Hawai. —  Lo  que  será  Cuba  en¬ 
tregada  á  si  misma.— Canonización  de  Cristóbal  Colón. 


braham  Garfield,  aquel  presidente 
~  1  de  los  Estados  Unidos  que  por  su  sa¬ 

ber,  por  su  bondad  y  por  las  univer¬ 
sales  simpatías  que  supo  despe rtai 
era  el  reverso  del  callejero  Mac-Kin- 
ley,  dejó  escritos  notables  pensamientos 
en  sus  mensajes,  y  uno  de  ellos  fue  éste 
«Las  ideas  son  los  grandes  guerreros  de) 
mundo;  una  guerra  sin  ideas  es  una  brutali¬ 
dad.  »  Hace  dieciocho  años  que  aquel  varÓB 
íntegro  consignó  estas  frases,  y  hoy  pueden  apli¬ 
carse  con  toda  justicia  y  verdad  á  la  campaña  que 


contra  nosotros  ha  emprendido  el  abigarrado  y 
orgulloso  pueblo  yankee.  Ninguna  idea  le  mueve 
para  arrastrarnos  á  la  guerra,  porque  no  son  ideas 
los  ruines  propósitos  de  usurpación  y  de  despojo 
que  le  animan.  Las  ideas  reciben  este  nombre 
cuando  encierran  algo  noble  y  levantado,  y  en  la 
contienda  presente,  preparada  ó  hipócritamente 
desarrollada  desde  que  la  infame  insurrección  cu¬ 
bana  empezó,  nada  hay  de  levantado  ni  de  no¬ 
ble;  no  hay  ideal  alguno  de  esos  que  impulsan  á 
las  naciones  á  cumplir  con  sus  deberes  ó  á  reali¬ 
zar  grandes  empresas;  no  hay  más  que  el  crimi¬ 
nal  atrevimiento  del  que  se  cree  grande  y  pode¬ 
roso  de  pisotear  y  esclavizar  al  que  consideran  que 
es  pobre  y  pequeño.  Eternos  mercaderes  que  tra¬ 
tan  de  legitimar  sus  rapiñas  ocultando  la  mano 
con  que  roban  detrás  de  la  Biblia,  á  su  gusto  in¬ 
terpretada,  hablan  hoy,  al  lanzarnos  el  reto  gue¬ 
rrero,  de  los  deberes  cristianos  y  de  la  humani¬ 
dad;  ellos,  los  verdugos  de  la  guarnición  rendida 
de  Fort-Pillow;  los  autores  de  las  matanzas  de  los 
prisioneros  de  Andersonville  y  de  Salisbury;  los 
héroes  de  la  carnicería  del  valle  de  Shenandoah; 
los  incendiarios,  saqueadores  y  fieras  que  brilla¬ 
ron  en  la  destrucción  de  Columbia,  de  Atlanta  y 
de  Richmond ;  los  colaboradores  del  general  But- 
ler,  que  consideró  á  las  señoras  de  Nueva  Orleans 
como  mujeres  públicas;  los  arrasadores  de  Tejas, 
que  superaron  con  su  barbarie  á  la  Inquisición 
más  desenfrenada;  los  que  impávidos  vieron  pe¬ 
recer  á  trece  mil  prisioneros  en  el  Tennessee,  de 
treinta  mil  amontonados  en  reducido  espacio;  los 
que  adornaron  sus  campos  con  dos  mil  quinientos 
ahorcados,  sin  formación  de  causa;  ellos,  los  ex- 
terminadores  y  usurpadores  de  los  dominios  me¬ 
jicanos;  los  entusiastas  de  la  ley  de  Lynch;  los  que 
barrieron  entre  oleadas  de  sangre  á  los  indígenas 
sioux,  vintas,  navajdes,  white  mountains  y  che- 
y ennos,  acorralándolos  lejos  de  todo  contacto  con 
el  mundo  después  de  haberlos  diezmado;  los  que 
tratan,  no  como  á  hombres,  sino  como  á  perros 
hediondos,  á  la  raza  negra  que  puebla  los  Instados 
del  Sur;  los  que  vieron  imperar  el  Ku-Klux-Klan 
con  todos  sus  horrores;  ellos,  los  que,  teniendo 
una  historia  nacional  tan  pequeña  en  el  tiempo, 
no  pueden  limpiarla  de  estas  abominaciones  tan 
grandes  en  los  hechos;  ellos,  con  la  Biblia  tradu¬ 
cida  al  caló  yankee y  al  argot  and  Slangy  ¿nos  pue¬ 
den  dar  lecciones  de  cristianismo,  ni  de  humani¬ 
dad,  tratándose  de  un  pueblo  como  el  español, 
cuyo  único  carácter  tal  vez  consiste  en  que  es  de¬ 
masiado  creyente,  demasiado  cristiano  y  dema- 
si  ado  caballero? 

No  hay  para  qué,  pues,  pretender  que  exista  la 
idea  de  un  cristianismo  y  de  una  filantropía  so¬ 
ñada  entre  los  alcohólicos  arrebatos  del  whiskey 
saloony  en  los  impulsos  que  han  llevado  á  la  gue¬ 
rra  á  los  norteamericanos.  Denominar  cristiana  á 
su  conducta  es  blasfemar  cínicamente  y  usar  del 
nombre  de  Dios  para  robarnos  la  Isla  de  Cuba, 
después  de  dejarla  convertida  en  un  charco  de 
sangre  y  de  cenizas;  es  hacer  ridículo  alarde  de 
una  hipocresía  repugnante. 

¡Ojalá  que  aquel  pueblo,  tan  dado  á  hacer  fra¬ 
ses  místicas  en  sus  patrioteras  plataformas,  tu¬ 
viera  una  idea  más  cabal  y  digna  de  lo  que  Dios 
ordena! 

«Cuando  doscientos  cincuenta  mil  valientes — 
dejó  escrito  Mr.  Garfield— pasaron  desde  el  campo 
del  honor,  á  través  del  diáfano  velo,  á  la  presencia 
de  Dios,  y  cuando  después  el  presidente  mártir 
(Lincoln)  se  reunió  con  los  difuntos  héroes  de  la 
República,  la  nación  estuvo  tan  cerca  del  velo,  que 
los  hijos  de  los  hombres  oyeron  las  palabras  de 
Dios.» 

Ahora  también,  la  triste  condición  humana  pone 
en  el  caso  á  españoles  y  norteamericanos  de  tras¬ 
pasar  el  velo  diáfano;  pero  á  tiempo,  muy  á  tiem¬ 
po,  los  hijos  del  Norte-América  han  podido  oir  las 
palabras  de  Dios,  pronunciadas  desde  el  Vaticano, 
y  no  han  hecho  caso  de  ellas.  Seguramente  volve¬ 
rán  á  resonar,  lanzadas  desde  más  alto,  entre  el 
estampido  de  los  cañones,  repitiendo  en  los  oídos 
de  nuestros  miserables  enemigos:  maledicteds! 
maledicteds!  «¡malditos!  ¡malditos  seáis!»  y  todo 
su  poder  se  estrellará  contra  nuestra  justicia  y 
contra  nuestro  valor.  God  ivilling! 


El  procedimiento  que  siguen  los  yankees  para 
apoderarse  de  Cuba  es  análogo  al  que  siguieron 
para  anexionarse  á  Tejas  y  al  que  han  empleado 
en  la  anexión  de  las  islas  Hawai.  Empiezan  siem¬ 
pre  por  promover  las  tendencias  separatistas  bajo 
el  lisonjero  y  engañoso  ideal  de  que  el  territo¬ 
rio  se  haga  independiente  y  por  sí  mismo  se  go¬ 
bierne;  coadyuvan  á  la  rebelión,  y  logran,  en  efec¬ 
to,  que  se  establezca  esa  independencia  pasajera; 


el  Gobierno  del  territorio,  incapacitado  para  con¬ 
tener  la  mala  administración  y  desórdenes,  cam¬ 
bia  sin  cesar;  los  Estados  Unidos  se  sienten  moles¬ 
tados  y  al  parecer  intranquilos  con  semejante 
anarquía,  y  una  vez  seguros  de  que  nadie  se  opon¬ 
drá  á  su  voracidad,  proclaman  descaradamente  sus 
propósitos  anexionistas,  invaden  el  suelo  deseado, 
se  apoderan  de  él,  y  la  Unión  cuenta,  al  cabo  de 
poco  tiempo,  con  un  Estado  más. 

Así  ocurrió  en  Tejas,  considerable  territorio  de 
la  República  mejicana,  siempre  solicitado  por  la 
avaricia  yankee  para  redondear  sus  dominios  so¬ 
bre  el  goifo.  Ella  incitó  constantemente  á  sus  ve¬ 
cinos  á  separarse  de  la  nación,  consiguiendo  su 
objeto  en  1838,  en  que  Tejas  se  declaró  indepen¬ 
diente,  y  desde  cuya  fecha  la  nueva  é  incauta  na¬ 
ción  vivió  en  constantes  disturbios.  El  presidente 
de  los  Estados  Unidos  J.  Polk  anunció  en  su  primer 
Mensaje,  en  1845,  que  era  necesario  apoderarse  de 
Tejas  y  del  Oregón;  las  tropas  federales  mandadas 
por  Z.  Taylor  avanzaron  hasta  Río  Grande,  y  mien¬ 
tras  se  preparaba  esta  usurpación,  decía  el  Presi¬ 
dente  en  su  Mensaje:  «El  mundo  no  tiene  nada 
que  temer  de  la  ambición  militar  de  nuestra  Re¬ 
pública,  y  los  Gobiernos  extranjeros  deben  consi¬ 
derar  por  lo  tanto  la  anexión  de  Tejas  como  la  pa¬ 
cífica  adquisición  de  un  país  que  desea  incorpo¬ 
rarse  á  nosotros.»  ¡Puro  cinismo  yankee!  Tanto 
deseaba  el  país  incorporarse  á  ellos,  y  tan  pacífica 
fué  la  incorporación,  que,  una  vez  rotas  las  hostili¬ 
dades  contra  Tejas  y  Méjico  unidos,  duró  más  de 
dos  años  la  guerra;  se  combatió  desesperadamente 
en  Palo  Alto,  Resaco,  Molino  del  Rey,  Chapulte- 
pec,  Monterrey  y  Buen  avista,  y  de  los  99.000  hom¬ 
bres  que  invadieron  á  Tejas  y  á  Méjico,  fueron  dar¬ 
dos  de  baja  40.000,  desertaron  6.000  y  perecieron 
25.000,  costándoles  la  campaña  150  millones  de 
pesos.  Pero  los  Estados  Unidos  triunfaron,  y  á 
consecuencia  de  esta  campaña  Méjico  convino  en 
entregar  también  la  Alta  California  y  el  territo¬ 
rio  denominado  Nuevo  Méjico  por  20  millones 
de  pesos.  La  guerra  fué  severamente  juzgada  por 
el  insigne  historiador  Spencer,  y  en  el  Senado  de 
Washington  tuvo  que  oir  Polk,  de  labios  de  los 
representantes,  que  semejante  campaña  era  un 
baldón  para  el  Gobierno. 

A  pesar  de  ello,  la  República,  usurpadora  de  la 
Florida,  de  Tejas,  de  California  y  del  Oregón,  se 
hizo  grande  á  expensas  de  tales  despojos,  y  se  vió 
coronada  por  el  éxito  con  que  la  fortuna  ayuda  á 
los  audaces.  En  aquellas  comarcas,  adquiridas  por 
20  millones  de  pesos,  se  descubrieron  en  1848 
grandes  yacimientos  de  oro,  que  para  1850  produ¬ 
jeron  48  millones  de  pesos,  y  sólo  en  1852  unos 
56  millones.  De  España  eran  las  Floridas  Oriental 
y  Occidental  que  limitaban  el  Atlántico  y  el  Mis- 
sissippí,  y  de  España  eran  Tejas,  Méjico  y  las  Ca¬ 
lifornias;  más  territorios  propios  tuvo  España  en 
lo  que  se  llama  América  del  Norte  que  la  Repú¬ 
blica  de  la  Unión;  pero  en  cuanto  sonó  la  hora  de 
la  independencia,  en  cuanto  aquellos  pueblos  se 
emanciparon,  llegó  el  momento  de  la  esclavi¬ 
tud  blanca  y  del  yugo  sajón,  y  las  Floridas  y 
Tejas  y  Nuevo  Méjico  y  la  Alta  California  queda¬ 
ron  sujetas  al  carro  de  explotadores  y  egoístas 
yankees . 

En  medio  del  Pacífico,  en  los  islotes  de  Hawai, 
han  realizado  los  Estados  Unidos  idéntica  hazaña. 
Movieron  violentamente  los  ánimos  del  país,  cons¬ 
pirando  contra  la  dinastía  indígena  que  ocupaba  el 
trono.  Derribado  éste,  establecieron  un  gobierno 
semiautonómico  de  cuatro  mercachifles  norteame¬ 
ricanos,  y  al  fin,  con  todo  el  cinismo  de  costum¬ 
bre,  enarbolaron  la  bandera  de  la  Unión  en  el 
palacio  de  Honolulú,  y  el  archipiélago  indepen¬ 
diente  quedó  esclavo,  es  decir,  anexionado. 


•  * 

Si,  lo  que  no  esperamos,  la  suerte  de  las  armas 
nos  fuera  adversa,  y  el  suelo  y  el  clima  cubano  y 
nuestros  soldados  no  lograran  aniquilar  ¿  los  in¬ 
vasores  yankees ,  y  Cuba  pasara  ¡por  la  fase  inter¬ 
media  ya  dicha  de  la  fugaz  independencia,  entre¬ 
gada  la  Isla  á  las  pasiones,  odios  y  barbarie  de  la 
gente  de  color  y  á  la  fatua  incapacidad  de  los  se¬ 
ñoritos  vagos  de  las  ciudades,  habladores  y  soña¬ 
dores  sempiternos,  ¿cuál  sería  la  suerte  del  terri¬ 
torio  antes  de  llegar  á  la  definitiva  fase  de  la 
esclavitud  ó  anexión  á  los  Estados  Unidos,  irre¬ 
mediable  término  de  tan  'sangriento  drama? 

Conteste  por  nosotros  el  general  haitiano  Ma- 
rius,  que  acaba 'de  dirigir  desde  París  una  carta  ¿ 
Mac-Kinley,  y  cuyo  texto  ha  publicado  el  New 
York  Eerald .....  «Cuba,  dice,  se  convertirá  en 
otro  Haití,  que  ha  tenido  diecisiete  presidentes 
desde  que  logró  su  independencia;  de  los  cuales, 
uno  sólo,  Nissage,  bajó  sano  y  salvo  del  poder.  De 
los  demás,  fueron  asesinados  Dessalines,  Henry 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


k.°  xv  —  248 


y  Guerrier;  fu  A  fusilado  por  los  rebeldes  Salnave; 
consiguió  huir  mal  herido  Domingo;  otros  diez 
fueron  desterrados,  después  de  haberse  librado 
huyendo  de  ser  f asilados;  y,  en  fin,  Hipólito  mu¬ 
rió  victima  de  la  pesadumbre  y  de  la  locura  por 
haber  exterminado  á  muchos  infelices  en  1891. 
La  población  de  Haití,  que  cuando  era  española 
sostenía  un  tráfico  mercantil  de  408  millones, 
apenas  alcanza  hoy  á  120.»  Tal  es  el  porvenir  que 
le  espera  á  ¡Cuba libre !,  si  llega  á  serlo,  para  verse 
después  devorada  por  la  insaciable  rapacidad  de 
la  Unión  americana. 


Cuando  todas  las  furias  del  infierno  parece  que 
se  desatan  contra  la  nación  que  descubrió  la  Amé¬ 
rica;  cuando  Europa,  incluso  los  gloriosos,  magnᬠ
nimos,  poderosísimos  y  tremendos  portugueses, 
nós  perdonan  la  vida,  haciendo  alarde  de  su  mise¬ 
ricordiosa  neutralidad  ante  las  fanfarronerías  é 
infamias  del  pueblo  del  oro,  para  que  éste  no  se 
disguste  ni  se  irrite,  y  para  evitar  que  aquí  las 
potencias  se  hagan  pedazos  en  una  hecatombe  in¬ 
ternacional;  cuando  desde  América  se  cierne  so¬ 
bre  nosotros  la  última  de  las  miserias,  se  asegura 
que  va  á  ser  un  hecho  en  Roma  la  beatificación  de 
Cristóbal  Colón,  del  providencial  genio  «que  trajo 
las  gallinas».  El  periódico  italiano  La  Stampa  pu¬ 
blica  un  informe  autorizado  en  el  que  se  mani¬ 
fiesta  que  la  Congregación  de  Ritos  había  suspen¬ 
dido  los  trámites  del  expediente  de  beatificación 
porque  no  era  posible  demostrar  con  suficientes 
testimonios  que  Colón  tuviera  á  su  Jiijo  Diego  en 
legítimo  matrimonio.  Ahora,  según  parece,  ha  lo¬ 
grado  el  investigador  fiscal  de  la  caqsa,  después  de 
largos  y  minuciosos  trabajos  de  registro,  compul¬ 
sa  y  análisis  de  documentos  en  multitud  de  archi¬ 
vos,  encontrar  la  partida  original  de  casamiento 
de  Cristóbal  Colón,  y  en  su  consecuencia,  abierto 
de  nuevo  el  expediente,  trabájase  en  él  con  tanta 
actividad  como  cuidado,  y  circula  la  noticia  de  que 
el  éxito  será  completo  y  de  que  no  habrá  dificul¬ 
tad  alguna  para  que  el  gran  hombre  que  figura  en 
lugar  incomparable  en  los  monumentos  públicos 
figure  en  los  altares. 

Si  así  sucede,  podrá  repetirse  ahora  con  más  ra¬ 
zón  que  nunca,  respecto  al  nuevo  San  Cristóbal: 
«que  atravesó  los  mares  llevando  sobre  sus  hom¬ 
bros,  con  la  doctrina  redentora  de  Cristo,  al  Cristo 
mismo»,  lo  que  dejó  admirablemente  escrito  el 
poeta  Giambatista  Marino: 

Portó  di  la  dal  rio 
II  devoto  Gigante, 

Qaa  si  supposto  al  Cid  celeste  Atlante, 

Sorra  le  spalle  il  gran  figlioul  di  Dio; 

Ma  ceda  á'  me’  poich’io 
Sal  legno  ardito  mió 
Christo  portai ,  Christoforo  secondo 
Di  lá  dal  mare,  anzi  di  lá  dal  mondo. 

\ 

Allí  llevó  Colón  al  Cristo  y  allí  dejó  establecido 
el  eterno  Calvario  de  España,  donde  tanta  sangre 
ha  derramado  y  derramará.  Liquidadas  las  cuen¬ 
tas,  resulta  que  el  descubrimiento  de  las  Indias 
Occidentales  fué  un  desastre  interminable  para 
nuestra  patria.  Ganó  con  ello  mucha  gloria  y  al¬ 
gún  dinero,  que  fugazmente  pasó  por  la  nación 
para  desaparecer  en  los  abismos  del  resto  de  Eu¬ 
ropa,  y  perdió  en  cambio  la  mitad  de  su  población, 
y  con  ella  los  brazos  y  las  energías  para  sostener 
el  glorioso  puesto  que  había  logrado  ocupar  en  el 
mundo  durante  el  siglo  xvi.  Cien  años  después 
no  teníamos  ni  gente,  ni  poder,  ni  autoridad,  ni 
recursos,  aunque  poseíamos  muchas  Indias.  Difí¬ 
cilmente  pudimos  salir  después  de  tan  triste  si¬ 
tuación.  Ahora,  cuando  empezábamos  á  resucitar, 
nos  ha  empobrecido  y  continúa  desangrándonos 
la  poca  América  que  nos  quedaba.  Pero  la  mala 
suerte  no  se  vincula  en  los  pueblos;  y  como  aun 
quedan  aquí  mucha  resistencia  de  raza,  mucha  se¬ 
renidad,  mucha  hiel  en  las  entrañas  y  mucha 
fuerza  en  los  puños,  el  mal  concluirá,  y  sabemos 
mirar  cara  á  cara  al  resto  del  mundo  con  más  en¬ 
tereza,  más  honor  y  más  bríos  que  nunca.  Nada 
tendremos  que  agradecer  á  las  demás  naciones,  ni 
aun  aquellas  que,  teniendo  sangre  española  en  las 
venas,  se  vean  gravemente  amenazadas  por  la  he¬ 
gemonía,  por  el  poder  tiránico  del  montón  de  mi¬ 
llones  de  yankeesy  que,  dueños  acaso  de  las  gran¬ 
des  Antillas,  les  impongan  desde  ellas  su  despó¬ 
tica  voluntad.  De  este  peligro  seguro  sólo  podrá 
verse  libre  la  América  latina  si  conseguimos  que 
Cuba  y  Puerto  Rico  continúen,  gracias  á  nuestro 
esfuerzo,  emancipadas  del  vergonzoso  yugo  anglo¬ 
sajón.  Inielligenti  pauca,  ' 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


Apremios  del  espacio,  y 
la  indiferencia  de  la  aten¬ 
ción  pública,  fija  en  asun¬ 
tos  de  mayor  interés  é  im¬ 
portancia  que  lo  que  á  los 
espectáculos  se  refiere,  nos  impiden  hablar  tan 
detalladamente  como  quisiéramos  de  los  aconteci¬ 
mientos  teatrales  ocurridos  durante  la  pasada  se¬ 
mana.  Nos  limitaremos,  pues,  á  dar  breves  noti¬ 
cias  de  ellos,  dejando  para  otro  lugar  y  mejor 
ocasión  comentarlos  como  se  merecen. 


PRÍNCIPE  ALFONSO. 

La  noche  del  pasado  viernes  se  representó  La 
( Jioconda ,  ópera  con  que  debutaron  la  soprano 
dramática  Sra.  Gabbi  y  el  tenor  Sr.  Sigaldi.  La 
primera  demostró  ser  una  artista  dotada  de  exce¬ 
lentes  facultades;  canta  con  notable  expresión, 
delicadeza  y  exquisito  gusto,  y  sabe  decir  con 
gran  sentimiento  dramático,  por  lo  que  mereció 
muchos  y  ruidosos  aplausos.  El  Sr.  Sigaldi,  cono¬ 
cido  ya  de  nuestro  publico,  dijo  muy  bien  la  parte 
de  Enzo,  y  alcanzó  también  muchos  aplausos,  es¬ 
pecialmente  en  la  romanza  del  segundo  acto,  que 
cantó  de  modo  inmejorable. 

Muy  bien  secundaron  á  los  citados  artistas  las 
señoras  Mas  y  Zawner,  y  los  Sres.  Modesti  y  Ros- 
sato,  así  como  los  coros  y  la  orquesta. 

• 

•  • 

La  noche  del  16  se  verificó  el  estreno  de  La  fío - 
heme .  El  éxito  fué  inmejorable,  y  en  la  imposibi¬ 
lidad  de  detallar  las  muchas  bellezas  que  contiene 
la  obra,  nos  limitaremos  á  enumerar  los  trozos  más 
sobresalientes,  que  el  público  escuchó  con  gran  in¬ 
terés  y  celebró  con  verdadero  entusiasmo.  En  el 
primer  acto  descuella  principalmente  el  dúo  final, 
que  constituye  una  página  brillantísima,  y  que  fue 
muy  bien  cantado  por  la  Sra.  Stehle  y  el  Sr.  Garbín, 
quienes  tuvieron  que  presentarse  en  escena  varias 
veces  al  terminar  tan  inspirado  trozo.  El  segundo 
acto  es  de  conjunto  casi  en  su  totalidad,  y  única¬ 
mente  se  destaca  de  dicho  conjunto,  que  está  per¬ 
fectamente  estudiado  y  entendido,  un  vals  de  her¬ 
mosa  factura,  deliciosamente  cantado  por  la  seño¬ 
rita  García  Rubio,  y  aplaudido  con  justicia.  El  ter¬ 
cero  es,  indudablemente,  el  mejor  de  la  ópera;  el 
terceto  de  tiple,  barítono  y  tenor  es  hermoso  so¬ 
bre  toda  ponderación,  y  muy  especialmente  la 
parte  de  tenor,  delicadísima  é  inspirada,  que  va¬ 
lió  al  señor  Garbín  una  de  las  más  calurosas  ova¬ 
ciones  por  la  brillante  manera  con  que  supo  inter¬ 
pretarla.  El  cuarteto  con  que  termina  este  acto  es 
simplemente  un  prodigio,  y  el  público,  subyugado 
por  su  belleza,  pidió  insistentemente  la  repetición, 
haciendo  al  final  de  ésta  una  ovación  calurosísima 
á  las  Srtas.  Stehle  y  García  Rubio,  y  los  Sres.  Gar¬ 
bín,  Modesti  y  Vigna,  que  llevó  la  orquesta  magis¬ 
tralmente.  Al  terminar  el  acto  tercero,  el  éxito 
grandioso  de  La  fíohéme  pudo  darse  por  indiscu¬ 
tible,  viniendo  á  confirmarlo  y  aumentarlo  el 
cuarto  y  último,  que  es  todo  él  una  maravilla  de 
gracia  y  de  inspiración.  En  él  sobresalen  las  esce¬ 
nas  del  baile  y  del  desafío,  que  fueron  con  justicia 
muy  celebradas;  la  muerte  de  Mimi,  momento  al¬ 
tamente  dramático  y  conmovedor,  que  aplaudió 
extraordinariamente  qI  público,  y  una  preciosa 
canción  interpretada  por  el  Sr.  Rossato  de  un 
modo  notable. 

Por  lo  dicho  compréndese  que  la  interpretación 
de  la  nueva  ópera  nada  dejó  que  desear.  La  seño¬ 
rita  Stehle,  que  debutó  con  ella,  es  una  cantante 
de  primer  orden  y  una  consumada  actriz  dramᬠ
tica,  que  puede  compararse  ventajosamente  con 
cuantas  se  han  presentado  ante  nuestro  público. 
De  los  demás  artistas  nada  añadiremos  á  lo  ya 
dicho:  todos  cumplieron  su  cometido  á  la  perfec¬ 
ción,  contribuyendo  á  aumentar  el  grandioso  éxito 
de  La  fíohéme ,  éxito  verdadero  y  grande  como 
pocos. 

ESPAÑOL. 


Liliput ,  drama  en  tres  actos  estrenado  la  no¬ 
che  del  pasado  viernes,  no  fué  del  agrado  del  pú¬ 
blico,  que  en  diferentes  ocasiones  dió  muestras 
demasiado  claras  y  ruidosas  de  la  poca  complacen¬ 
cia  con  que  oyó  la  nueva  producción. 

De  los  artistas  que  tomaron  parte  en  la  repre¬ 
sentación  del  drama  merecen  mención  especial 
las  Sras.  Guerrero,  Ruiz,  Guillén  y  Cancio,  y  los 


Sres.  Díaz  de  Mendoza,  Jiménez,  Carsi,  Cirera  y 
Allen-Perkins. 

•  • 

Para  hoy  está  anunciado  el  estreno  de  El  Hom¬ 
bre  negro ,  original  de  D.  José  Echegaray. 

PARISH. 

La  noche  del  viernes  debutó  la  eminente  tiple 
Srta.  Milagros  Gorgé,  que  fué  acogida  por  el  pú¬ 
blico  con  gran  entusiasmo.  Nada  han  amenguado 
las  portentosas  facultades  de  la  distinguida  artista, 
que  hizo  prodigios  de  agilidad,  alcanzado  justa¬ 
mente  ruidosos  aplausos  durante  toda  la  represen¬ 
tación. 


LARA. 

La  Jota y  juguete  cómico  en  verso,  estrenado  la 
noche  del  beneficio  de  la  Srta.  Moreno,  no  gustó 
á  la  concurrencia.  La  beneficiada,  que  fué  muy 
aplaudida  en  las  demás  obras  en  que  tomó  parte, 
recibió  numerosos  regalos  de  gran  valor  y  gusto 
artístico. 

A. 


Recibe  consulta  y  practica  todas  las  operaciones  para  carar 
la  sordera,  flqjo  de  oídos,  enfermedades  de  garganta  y  nariz  y 
ozena  (fetidez  de  aliento),  el  especialista  D.  Alfredo  Galle¬ 
go,  Fuen  carral,  f9yXI.  Su  tratamiento  contra  el  lupas 
produce  siempre  resultados  positivos  en  la  curación. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  más  perfumado  de  loa  jabonea  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro.— Fuera  de  oonourse 
4,  PLACE  DE  L’OFÉRA,  PARIS 

De  renta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


Remedio  prodigioso  y  rápido.  80  años  de  éxito. 


PATE  EPIL  ATOIRE  DUSSBR : 


.  dwtrays  baria  las 
veleta  al  raUo  dal 
í  roatro  dala*  damas. 

Para  loa  brasoa  amplaeaa  al  PILI  VORI*  —  1.  Roa  J.-J.  Rouaaaau,  1,  r 


HELADORA  gara  CHATEAUX  DECAMPO 

J.  SCHALLER  ,2,  rué  St  Honoré  SS,  París.  (Véanse  los  anímelo*.) 


1  W1TTVQ  „  Pl«  (Aatlgaa  oasa  da  ERILE  PIMOAT),  80.  rué 
JL  "ñLlifiO  &  II-  Paria.— TRAJES  Y  ABRIOOS 

la  casa  que  viste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  guato 


VINO  B1-01G ESTIVO  HE  CUASSAING.SOaffosd* 
éxito  contra  las  enfermedades  del  aparato  digestivo  (dispep¬ 
sias,  inapetencia,  pérdida  de  fuerzas).  Parts,  6,  Av.  Victoria, 


EAU  dHOUBIGANT 

HsaMgaal,  perfumista,  Parts ,  19,  Faubouig  8*  Honoré. 


Perfumería  exótica  SENET,  36,  rueda  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véanse  los  anuncios. J 


Perfn  mena  Ninon,  M&ison  LECONTE,  31,  me  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios, ) 


VIOLETTE  IDÉALE  do  1*  viole! 

lloablgaot,  perfumista,  Parts ,  19,  Faubourg  St  Honoré. 


Todos  los  dias  aparece  algún  nuevo  espe¬ 
cifico  para  el  cutis;  pero  estad  seguras  qus 
casi  siempre  no  son  más  que  afeites.  Sólo 
la  Croma  Simón  da  á  la  tea  la  fres¬ 
cura  y  belleza  naturales.  Desde  haoe  treinta  y 
cinco  años  se  vende  en  el  mundo  entero  á  pe¬ 
sar  de  las  muchas  falsificaciones.  Los  Pelvoe 
da  Arroz  y  el  Jabón  Simón  completan  los 
efectos  higiénicos  de  la  —  Ha“i“ 


LA  FOSFATINA  FALIERES  es  el  ali¬ 
mento  más  agradable  y  más  recomendado  para  los 
niños  de  6  á  7  meses  de  edad,  principalmente  en  la 
época  del  destete  y  en  el  periodo  del  crecimiento. 
Facilita  la  dentición  y  asegura  la  buena  formación  de  loe 
huesos.  Impide  la  diarrea  tan  frecuente  en  los  niños. 

París,  Avenue  Victoria,  6,  farmacias. 


Digitized  by  t^-ooQie 


244  —  n.®  xv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  *  Abril  1898 


LIBROS  PRESENTADOS 

i  ESTÁ  REDACCIÓN  POR  AUTORB8  Ó  EDITORES. 


V^es  Hópitsux  Milltaire*  de  I* He  de 

Cuba  pendant  La  guerre  actuelle ,  por  el  doc¬ 
tor  Larra  y  Cerezo.  ,  ,  ,  .  . 

Hemos  recibido  ejemplares  de  la  interesante 
comunicación  dirigida  al  Congreso  Internacio¬ 
nal  de  Higiene  y  Demografía  por  el  Dr.  Larra 
y  Cerezo,  lujosamente  editada  por  el  Depósito 
de  la  Guerra.  ..  . 

De  un  modo  gráfico  y  en  artísticas  láminas 
preséntase  el  mapa  sanitario  de  la  Isla  de 
Cuba,  planos  de  la  Habana  con  sus  estableci¬ 
mientos  sanitarios ,  la  estadística  sanitaria  de 
la  Isla,  con  distribuciones  parciales  geográficas 
de  la  fiebre  amarilla,  heridos,  paludismo,  disen¬ 
tería,  fiebre  tifoidea  y  tuberculosis.  En  otros 
cuadros  se  estudia  la  distribución  topográfica 
de  las  heridas  sufridas,  la  mortalidad  y  morbi¬ 
lidad  por  cuerpos  del  ejército,  gráficas  compa- 
ratiTas,  y,  por  último,  acompañan  planos  des* 
criptÍY08  del  Hospital  de  Alfonso  Allí  y  del 
barco- hospital  San  Ignacio  de  Logóla .  Este 
trabajo  constituye  casi  un  libro,  que  ha  sido 
muy  solicitado  por  los  congresistas. 

La  ciencia  española  responde  elocuentemente 
con  él  á  las  calumnias  de  nuestros  enemigos. 
La  nación  que  ha  realizado  la  gran  obra  hu¬ 
manitaria  que  las  estadísticas  presentadas  por 
el  Dr.  Larra  demuestra;  el  pueblo  que  después 
„  de  cuantiosos  sacrificios  cuenta  con  un  cuerpo 
de  Sanidad  Militar  tan  abnegado  como  labo¬ 
rioso,  bien  merece,  ya  que  no  cumplida  justicia, 
pues  tales  cosas  no  son  de  uso  diario  en  esta 
época,  por  lo  menos  el  respeto  y  la  admiración 
de  todas  las  naciones  cultas. 


Desde  lejanas  tierras.  —  Galería  de  narra¬ 
ciones  ilustradas  para  la  juventud,  colecciona¬ 
das  por  un  Padre  de  la  Compañía  de  Jesús. 

La  casa  editorial  Herder,  de  Friburgo  de 
Brugivia  (Alemania),  ha  emprendido  la  publi¬ 
cación  de  libros  para  premios  y  regalos,  á  fin 
de  oponer  la  sana  doctrina  católica  á  las  anti¬ 
rreligiosas  de  otras  obras  que  circulan  con  la¬ 
mentable  profusión.  _  -  , 

Las  narraciones  que  contiene  esta  Galena,  se 
desenvuelven  en  país  extranjero,  y  su  objeto 
principal  es  describir  los  episodios  de  la  vida 
militante  de  los  misioneros  católicos,  ó  las  vi¬ 
cisitudes  á  que  se  han  visto  expuestos  los  indí¬ 
genas  recién  convertidos.  Se  consagra  en  ellas 
atención  preferente  á  la  pintura  fiel  del  te¬ 
rritorio  ,  y  de  las  tradiciones  y  costumbres  de 


ELEONORA  DUSE, 

EMINENTE  ACTRIZ  ITALIANA. 


los  pueblos  en  cuyo  seno  se  desarrollan  los  su¬ 
cesos,  siendo  por  lo  tanto  muy  .á  propósito  para 
comunicar  á  los  jóvenes  lectores  no  pocos  co¬ 
nocimientos  de  geografía  é  historia.  Otra  utili¬ 
dad  mayor  pueden  producir  todavía:  la  de  ofre¬ 
cer  intuitivamente  una  lección  determinada 
por  medio  de  ejemplos,  que  promueven  el  es¬ 
píritu  de  imitación.  Finalmente,  la  circunstan¬ 
cia  de  ser  los  héroes  de  esas  narraciones  contem¬ 
poráneos  de  aquellos  para  quienes  en  primer 
término  se  han  escrito,  las  ha  de  hacer  sin  duda 
doblemente  simpáticas  á  nuestra  juventud. 

Van  estas  sencillas  narraciones  Desde  leja¬ 
nas  tierras  ilustradas  con  primorosas  láminas. 

De  esta  galería  hemos  recibido  El  cautivo 
del  Corsario,  por  F.  S.;  La  Expedición  d  Nica¬ 
ragua,  por  el  P.  Spillmann,  y  Los  Hermanos 
coreanos  del  mismo  autor,  bonitos  libros  en  12.°, 
ilustrados  con  cuatro  grabados  cada  uno. 

Láminas  sueltas.— Hemos  recibido  el  segundo 
número  de  esta  notable  publicación,  editada 
con  lujo  é  ilustrada  con  fotografías  de  Lokner, 
que  lleva  el  subtítulo  en  La  Corte  de  Napoleón 
( Mme .  Sans-Oéne),  y  resulta  interesantísimo. 

Contiene:  La  Corte  de  Napoleón  ó  la  corte 
de  Ceferino ,  por  F.  Serrano  de  la  Pedrosa,  y  los 
grabados:  Napoleón;  Catalina  y  Neipperg;  Ma¬ 
dama  Sans-Gene  y  el  modisto;  Mme.  Sans-Géne 
y  el  zapatero;  Catalina  y  Lefévre;  Despedida 
de  Neipperg;  La  recepción;  Lefévre;  Mme.  Sane- 
Gene;  La  Maríscala  y  Napoleón;  ¿Traidor?»...; 
escena  final  de  la  obra.  Retratos  de  varios  per¬ 
sonajes. 

Se  halla  de  venta  en  la  librería  del  Salón  del 
Heraldo  de  Madrid  al  precio  de  0,75  pesetas. 

Feria-Concurso  A  (fricóla. 

Hemos  recibido  el  número  6.°  de  la  revista 
Feria- Concurso  Agrícola;  y  así  por  las  impor¬ 
tantes  materias  que  trata,  como  por  el  gran  in¬ 
terés  que  reviste  para  los  productores  que  se 
presentan  en  el  gran  Certamen  próximo  á  ser 
inaugurado  en  Barcelona,  juzgamos  dicho  nú¬ 
mero  uno  de  los  mejores  de  publicación  tan 
excelente. 

Hé  aquí  el  sumario: 

Nuestra  Feria- Concurso  Agrícola:  La  sec¬ 
ción  IV,  por  D.  José  Balcells.— Programa  del 
concurso  canino.  —  Dietario  y  orden  de  los 
Concursos  especiales  de  Ganadería. — Progra¬ 
ma  de  premios  y  recompensas  en  las  exhibi¬ 
ciones  permanentes:  Reglamento  del  Jurado. — 
La  apicultura  en  la  Feria-Concurso  Agrícola. 
— Lo  que  dice  la  prensa. — En  pro  de  la  Feria- 
Concurso:  Junta  de  propaganda.— Valladolid. 
—  Noticias  y  avisos. — Anuncio. — C. 


UN  DÍA  de  acontecimientos  notadles. 

«Yo  no  puedo  acordarme — deda  un  caballero 
anciano— si  esto  tuvo  efecto  antes  ó  después  de 
haber  yo  ido  á  Londres;  mas  ahora  recuerdo  que 
fué  después,  porque  el  día  mismo  en  que  mata¬ 
ron  á  ese  pobre  infeliz  le  había  yo  «atado  refi¬ 
riendo  mi  visita  á  la  iglesia  de  San  Pablo,  á  la 
abadía  de  Westminster,  etc.,  etc.* 

El  lector  podrá  ver  lo  poco  que  este  hombre 
había  viajado.  Nacido  en  el  extremo  Norte  de 
Inriaterra,  casi  nunca  había  salido  de  su  pueblo 
nativo,  y  cuando  en  su  vejez  fué  á  la  gran  ciu¬ 
dad  para  pasar  allí  algunas  semanas,  llegó  á 
ser  este  viaje  un  acontecimiento  notable  y  el 
único  de  su  existencia,  de  tal  manera,  que  siem¬ 
pre  calculaba  la  época  en  que  alguna  cosa  había 
sucedido,  con  referencia  á  este  viaje,  diciendo 
que  la  tal  cosa  había  sucedido  antes  ó  después 
de  su  visita  á  Londres. 

Asimismo,  aun  la  historia  del  mundo  contiene 
pocos  detalles,  siendo  en  su  mayor  parte  una 
historia  de  las  naciones,  reyes,  guerras  y  catás¬ 
trofes;  una’  cadena  de  montes,: de  los  cuales  sólo 
vemos  las  cúspides  más  altas.  Lo  mismo  sucede 
también  durante  la  vida  de  las  personas ,  cuyos 
principales  acontecimientos  dan  colorido  á  todo 
lo  demás:  El  día  en  que  experimentamos  un  gran 
bien  ó  un  gran  mal  es  un  día  separado  do  todos 
los  demás,  como  un  general  á  la  cabeza  de  su 
ejército,  haciendo  una  grandísima  impresión  en 
nuestros  corazones ,  como  una  letra  grabada  en 
mármol. 

A  una  ocasión  de  esta  clase  es  á  la  que  se  re¬ 
fiere  el  Sr.  Teófilo  Vindel  cuando  dice  lo  siguien¬ 
te:  «  Fué  un  día  notable  mi  vida. »  No  había  he¬ 
redado  una  fortuna  de  algún  pariente  distante,  ni 
había  encontrado  un  diamante  de  inestimable 
precio  en  la  calle;  pero  había  hallado  una  cosa 
machísimo  mejor,  es  decir,  su  salud  perdida,  la 
cual  acababa  de  recobrar  después  de  seguir  el 
consejo  que  le  habían  dado. 


« No  hallo  palabras  suficientes  para  darle  á 
usted  gracias— escribe— por  el  grandísimo  favor 
que  acaba  de  conferirme.  Después  de  haber  es¬ 
tado  sufriendo  por  espacio  de  ocho  años  me  he 
restablecido  por  completo  tomando  solamente 
dos  botellitas  de  su  remedio,  y  cada  vez  que  me 
acuerdo  de  esta  medicina  me  parece  como  si  la 
hubiera  recibido  de  las  manos  de  algún  santo. 
En  verdad,  fué  un  día  muy  notable  de  mi  vida 
cuando  mi  amigo  el  Sr.  Bartolomé  Gómez ,  de 
esta  ciudad,  me  aconsejó  que  tomase  el  Jarabe 
Curativo  de  la  Madre  Seigel.  Solamente  las  per¬ 
sonas  que  hayan  sufrido  de  indigestión  inflama¬ 
toria  crónica  pueden  realizar  en  su  justo  valor 
mis  continuos  y  terribles  padecimientos,  que  casi 
me  tenían  baldado,  sin  poder  descansar  ni 
dormir. 

»E1  sabor  de  mi  boca  era  en  extremo  desagra 
dable,  habia  perdido  el  apetito  y  no  podía  dige¬ 
rir  lo  poco  que  comía.  Cada  vez  me  iba  poniendo 
más  delgado,  sin  el  ;menor  deseo  de  trabajar, 
triste  y  abatido;  de  modo  que  la  vida  había  per 
dido  para  mí  sus  encantos.  Pero  durante  los  úl 
timos  cuatro  meses  mi  apetito  ha  sido  excelente 
y  me  voy  poniendo  más  grueso.  En  una  palabra, 


estoy  ahora  lleno  de  vigor,  en  perfecta  salud  y 
contento.  Le  envío  á  usted,  pues,  estas  pocas 
líneas,  no  solamente  para  mostrarle  á  usted  mi 
gratitud,  sino  también  para  que  las  publique  si 
así  lo  creyese  conveniente.— (Firmado):  Teófilo 
Vindel,  Kascafría,  25  de  Octubre  de  1897.* 

«Me  valgo  de  esta  oportunidad — dice  otra  per¬ 
sona — para  informarle  á  usted  que  por  espacio 
de  cinco  años  he  estado  sufriendo  de  indigestión 
inflamatoria,  sin  hallar  el  menor  alivio  no  obs¬ 
tante  las  muchas  medicinas  que  tomaba,  pues 
aun  los  mejores  medicamentos  no  me  servían  de 
iotra  cosa  sino  para  aliviarme  por  un  poco  de 
tiempo.  Hace  algunos  meses  llegó  á  mis  manos 
uno  de  los  libritos  de  usted  describiendo  el  reme¬ 
dio  para  esta  clase  de  enfermedades;  y  aunque 
imaginé  que  seriatan  inútil  como  todos  los  de¬ 
más  que  yo  había  antes  tomado ,  no  quise  por  eso 
dejar  de  probarlo.  Y  habiendo  empezado  á  hacer¬ 
lo,  me  sentí  mejor  después  de  haber  tomado  la 
primera  botella,  lo  cual  me  indujo  á  seguir,  con 
el  resultado* de  que  ahora  me  hallo  en  perfecta 
salud,  debiendo  mi  cura  al  Jarabe  Curativo  de  la 
Madre  Seigel,  cuyo  hecho  no  titubeo  de  afirmar 
en  Jo  más  mínimo.  Este  es  un  remedio  que  reco¬ 
miendo  á  todo  el  mundo.  — (Firmado):  Joaquín 
Uribe,  Huércal-Overa  (provincia  Almería),  2  de 
Septiembre  de  1897.» 

Es  un  hedió  que  nunca  apreciamos  lo  que  te¬ 
nemos  hasta  el  día  en  que  llegamos  á  perderlo 
por  completo.  De  este  modo  nunca  apreciamos  el 
|  valor  infinito  de  nuestra  salud  hasta  que  la  he- 
1  mos  perdido.  Y  cuando  la  recobramos ,  si  es  que 
llegamos  á  recobrarla,  nuestro  contento  y  satis¬ 
facción  no  tienen  límites.  Nuestra  alegría  es  en¬ 
tonces  grandísima,  y  estamos  agradecidos  á  un 
resultado  tan  feliz,  cuyos  sentimientos  son  natu¬ 
rales  al  paso  que  agradables.  Pero  nuestros  co- 
I rresponsales  van  aún  más  adelante,  pues  desean 
que  todo  el  mundo  conozca  la  medicina  á  la  cual 
deben  su  nueva  vida  y  vigor.  Y  esperamos  asi¬ 
mismo  que  el  día  en  que  este  artículo  sea  leído 
por  otras  personas  que  estén  sufriendo,  sea  para 
ellas  un  día  notable  de  su  existencia,  en  el  sen¬ 
tido  que  el  Sr.  Teófilo  Vindel  emplea  estas  pala 
bras. 

El  Jarabe  Curativo  de  la  Madre  Seigel  está  de 
venta  en  todas  las  farmacias,  droguerías  y  ex- 

Íiendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del 
rasco,  14  reales;  frasquito,  8  reales. 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

extra,  de  inimitable  aroma  y  de  efectos  sorprendentes  y  deliciosos  para  curar  y  evitar  los  cata¬ 
rros  á  los  propensos  á  resfriarse,  friccionándose  á  diario  suavemente  el  pecho.  En  frascos,  far¬ 
macias  y  perfumerías.  Por  mayor,  M.  García,  Madrid.  Por  medida  la  remite  su  autor  á  domicilio, 
franco  envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  5  pesetas  litro.  Desde  cuatro  litros,  á  4  pesetas. 


LOCOMOVILES  T  TRILLADORAS 


Rendimiento  máximo  con  gasto  reducido  de  combustible.  Construcción  muy  sólida, 
de  poco  peso  y  fácil  transporte,  aun  sobre  terrenos  muy  quebrados.  Locomóviles  pues¬ 
tas  en  presión  en  doce  minutos  mediante  un  nuevo  aparato  patentizado. 

417  pares  vendidos  sólo  del  pequeño  modelo. 

Notas  de  precios  y  explicaciones  gratis  y  franco. 

16  Medallas  de  ORO— 15  Medallas  de  PLATA. 
Numerosos  diplomas»  Medallas  de  bronoe ,  Menciones ,  etc.,  oto. 
Concurso  internacional  en  Pesar  o ,  Medalla  de  Oro  para  la  mejor  trilladora^ 
y  Medalla  del  Ministerio  de  Agricultura  y  Comercio. 

Exposición  y  concurso  de  la  ciudad  de  Castello ;  primer  premio  y  Medalla  de  Oro 
del  Ministerio  de  Agricultura  y  Comercio. 

TURBINAS  Y  M0T0RB8  HIDRÁULICOS  CON  RENDIMIENTO  DE  80  A  85  POR  100, 
REGULADORES  PARA.  MOTORES,  COMPENSADORES  CON  FRENO,  MÁQUINAS  Y  CALDERAS  DS 
VAPOR,  ESPECIALIDAD  PARA  MOLINOS  DE  PAPEL,  ELEVACIÓN  DE  AGUA8, 
INSTALACIONES  ELÉCTRICAS,  MOTORES  DE  GAS. 

%  NUMEROSOS  CERTIFICADOS  Y  REFERENCIAS 

SOCIETA  1TAL0-SVIZZERA  -  DI  COSTRUMl  MECÍAME 

Successore  Officina  e  Fonderia  ED.  DE-MORSIER 

FUNDADA  EN  1850  EN  BOLOGNA  (ITALIA). 

Premiada  con  las  más  altas  menciones  honoríficas  en  37  exposiciones  y  concursos. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

«w  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

U  REVALENTA  ARÁBIBA 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  ooíioos.  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangra — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.'  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Bibas,  Barcelona,  y  en  oasa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barrí  t  Cía.,  77,  Begent  Street,  Londres,  ¿v 


SAI  EQRAL8I  AS  I 

JHmílnMtfaai  norriooos  ss  M/m«#>nrPDnNIFR  m 
■MM son  tu  pildora»  antlnaurilgloaa  dolU  uliU  II I til  ■ 
M I fruoot.- Parta/umoU, U,  nodo  lo  Slon.vuo.  W 

OBRAS  IDE)  VELABDB. 

De  venta  en  la  Administración  de  este  periódico 


BOCA  Y  MUELAS 

Las  tiene  fuertes  y  sanas,  deliciosamente  per¬ 
fumadas  con  el  aroma  de  la  menta  y  de  la  rosa 
y  sin  dolor  alguno,  el  que  usa  á  diario  el  inmejo¬ 
rable  dentífrico  Licor  dol  Polo  de  Orive. 
Frasco,  6  rs.  en  toda  farmacia  y  perfumería. 


Reservados  todos  los  derechos  do  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.— Establecimiento  tipolitográflco  «Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa.  * 


Digitized  by  LjOOQLe 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


3o  pesetas. 
40  id. 

60  francos. 


26  francos. 


Madrid.... 

Provincias. 

Extranjero 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCION,  PAGADEROS  EN  ORO. 


7  pesos  fuertes. 
36  francos. 


12  pesos  fuertes. 
60  francos. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 


10  pesetas. 


14  francos. 


AÑO  XLII. — NÚM.  XVI 


ADMINISTRACIÓN: 
ABEK  A  L,  18. 


Madrid,  30  de  Abril  de  1898. 


D.  MANUEL  DESCHAMPS, 

CAPITÁN  DEL  TRANSATLÁNTICO  «MONTSERRAT»,  QUE  BURLÓ  EL  BLOQUEO  DE  LAS  COSTAS  DE  CUBA. 

(De  fotografía  de  Franzen.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


24(5  —  n.#  xvi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Abril  1898 


SUMARIO. 


Texto. — Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón. — Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  Episodios  de  guerra 
marítima.  Combate  de  Puerto  Cabello,  por  D.  Cesáreo  Fernández 
Duro.  —  A  la  república  yankee,  poesía,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuen¬ 
ca.— El  capitán  del  Montserrat,  por  D.  Gabriel  R.  España.— Por  qué 
el  sol  no  se  apaga,  por  D.  Luis  Calvo  Re  villa.— Por  ambos  mundos. 
Narraciones  cosmopolitas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa.— 
Sueltos.  — Libros  preentados  á  esta  Redacción  por  autores  ó  edito¬ 
res,  por  C.— Anuncios.  ,  ,  .  , 

GRABADOS.— Retrato  de  D.  Manuel  Deschampa,  capitán  del  transat¬ 
lántico  Montserrat ,  que  burló  el  bloqueo  de  las  costas  de  Cuba.— La 
oficialidad  del  transatlántico  Monteen at  á  bordo  del  mismo.— La 
Habana:  Una  manifestación  patriótica  ante  la  Capitanía  general, 
con  motivo  de  los  groseros  y  procaces  insultos  á  España  en  las 
Cámaras  yankee*  —  Retrato  de  D.  Manuel  de  la  Cerda  y  Gómez  Pe- 
droso,  general  de  división,  subsecretario  del  Ministerio  de  la  Gue¬ 
rra.  —Madrid:  Salida  del  batallón  de  León,  el  23  del  corriente,  des¬ 
tinado  á  reforzar  la  guarnición  de  las  Baleares.— Marina  de  guerra 
española :  El  nuevo  crucero  auxiliar  Rápido ,  recientemente  adqui¬ 
rido  en  Alemania.— Madrid:  La  apertura  de  Cortes  en  el  Senado.  El 
pórtico  del  Palacio  del  Senado  momentos  antes  de  llegar  SS.  MM. 
—  Llegada  de  SS.  MM.  al  Senado.  —  Ovación  tributada  á  S.  M.  la 
Reina  Regente  durante  la  lectura  del  discurso  de  la  Corona.  —  Sa¬ 
lida  del  Senado  de  la  Mesa  presidencial  y  parte  de  la  comitiva.— 
El  Senado  en  pleno  dirigiéndose  al  Real  Palacio.— Salida  de  Palacio 
de  la  Comisión  del  Senado  después  de  entregar  á  S.  M.  la  contesta¬ 
ción  al  discurso  de  la  Corona.— Croquis  de  las  costas  de  la  Florida 
y  parte  de  la  del  Norte  de  la  Isla  de  Cuba.— La  guerra  entre  Espa¬ 
ña  y  los  EE.  UU.  de  Norte-América:  La  escuadra  volante  americana 
en  flampton  Road. 


CRÓNICA  GENERAL. 


estamos  en  guerra  con  los  Es¬ 
tados  Unidos:  y  como  la  guerra  es 
siempre  una  calamidad  para  los  pue¬ 
blos  (jue  la  sufren,  claro  es  que  la  si- 
tuacion  anterior  resultaba  intolera- 
ÍSKSP'  ble,  cuando  ai  romperse  las  hostilidades 
parece  que  mejoramos  de  postura.  Y  es 
que  á  la  guerra  sorda,  pero  cierta,  que  nos 
hacían  los  Gobiernos  de  la  Unión,  ó  de  la 
Yanquilandia,  como  quiere  el  ingenioso  Ca¬ 
via  que  se  la  titule;  á  la  perjudicial  y  antipática 
molestia  de  la  ingerencia  de  sus  diplomáticos  en 
nuestros  asuntos,  ha  sucedido  una  solución  difícil, 
pero  clara,  y  hemos  sacudido  una  tutela  odiosa  y 
denigrante,  y  podemos,  como  el  Gobernador  de 
Madrid  cuando  vió  alejarse  el  tren  que  conducía  á 
Mr.  Woodford  camino  de  Francia,  decir,  respi¬ 
rando  libremente:  «Ya  estamos  solos:  ya  podemos 
gritar  hasta  cansarnos  ¡Viva  España!» 

Un  periódico  inglés  tuvo  la  desvergüenza  de 
afirmar  que,  mientras  nuestra  representación  en 
los  Estados  Unidos  había  gozado  una  seguridad 
sin  límites,  en  España  sucedía  todo  lo  contrario. 
Le  Tempe,  saliendo  á  su  encuentro,  dijo  con  ra¬ 
zón  que  era  una  calumnia.  En  efecto,  el  periódico 
de  Londres,  con  un  descaro  inconcebible,  no  des¬ 
figuró  la  verdad,  sino  que  la  volvió  del  revés  com¬ 
pletamente.  Aunque  todo  eso  pertenece  al  pasado, 
nos  conviene  hacer  constar  que  nuestro  derecho 
está  fortalecido  por  la  corrección  de  nuestros  ac¬ 
tos.  Reprimidas  las  manifestaciones  populares 
cuando  podía  la  excitación  producir  agresiones 
contra  los  símbolos  de  la  enemistad;  toleradas 
cuando  ya  no  existía  ese  riesgo,  se  han  contenido 
las  aclamaciones  á  la  patria,  el  ondear  de  sus  co¬ 
lores  y  la  afirmación  üe  sus  derechos  en  los  lími¬ 
tes  justos  del  entusiasmo  y  la  hidalguía.  Si  hay 
tímidos  é  irresolutos,  nos  lo  ocultan;  si  hay  egoís¬ 
tas,  fingen  patriotismo;  si  hay  canalla,  no  osa  pre¬ 
sentarse;  y  desde  un  extremo  al  otro  de  la  Penín¬ 
sula,  en  la  amenazada  Manila,  en  la  bloqueada 
Habana,  en  Puerto  Rico,  en  Canarias  y  las  Balea¬ 
res,  en  los  presidios  de  Africa,  en  las  colonias  es¬ 
pañolas  del  Extranjero,  se  alza  un  clamoreo  pa¬ 
triótico  que  eleva  el  espíritu  y  alienta  el  corazón. 


Como  la  mentira  es  una  de  las  palancas  que  em¬ 
plea  el  enemigo  contra  nosotros,  aseguran  que  el 
castillo  del  Morro  ha  disparado  los  primeros  ca¬ 
ñonazos.  Aquel  fuerte  lo  que  hizo  fue  avisar  con 
el  cañón  la  aparición  de  la  escuadra  enemiga  blo- 
queadora;  es  decir,  dar  la  señal  de  alarma  para 
prevenir  á  los  nuestros  que  la  escuadra  yankee  ha¬ 
bía  empezado  las  hostilidades  cerrando  nuestro 
puerto.  Aquel  acto  de  fuerza  fué  la  ruptura  naval 
y  material  de  las  hostilidades;  y  el  apresamiento, 
sin  previo  aviso,  de  algunas  naves  mercantes  es¬ 
pañolas  que  navegaban  sin  conocimiento  del  es¬ 
tado  de  guerra,  no  sólo  acto  de  fuerza,  sino  pirᬠ
tico  y  traidor  y  contra  todo  derecho.  Si  es  cierto 
que  así  lo  reconoce  el  enemigo,  y  mantiene  se¬ 
cuestrados  esos  buques  á  conciencia  de  que  no  de¬ 
ben  estarlo,  nos  parece  más  inicuo  el  secuestro 
que  la  presa.  En  cuanto  á  considerar  las  señales 
del  Morro  como  el  rompimiento  de  las  hostilida¬ 
des,  es  tan  risible  y  pérfido  como  cargar  en  nues¬ 
tra  cuenta  el  descuido  de  los  oficiales  del  Maine . 
La  provocación  y  el  rompimiento  positivo  de  la 
guerra  antes  de  declararla,  partió  de  los  Estados 
Unidos.  No  cabe  duda.  La  declaración  tardía,  des¬ 
pués  de  haberla  empezado,  no  es  sino  un  nuevo 


artificio,  grosero  como  toda  su  conducta,  con  que 
pretenden,  como  miserables  picapleitos,  embro¬ 
llar  un  asunto  claro  y  hacemos  responder  de  sus 
maldades.  El  bloquear  una  plaza  fuerte  es  un  acto 
de  hostilidad:  lo  es  el  apresar  buques:  tengan  si¬ 
quiera  el  valor  de  aceptar  la  responsabilidad  de 
sus  acciones. 

En  cambio,  el  honor  y  el  placer  de  haber  recha¬ 
zado  y  cañoneado  primero  á  un  buque  de  guerra 
enemigo  en  el  puerto  de  Cárdenas,  corresponde  á 
uno  de  los  más  pequeños  de  nuestra  armada,  la 
goleta  Ligera ,  que  hizo  retroceder  con  averías  á 
un  buque  de  guerra  yanquilandio.  ¡Con  qué  gusto 
apuntarían  el  cañón  los  artilleros!  Envidiémosles 
el  desahogo  de  aquellos  cañonazos.  La  ventaja  de 
la  primera  presa  la  ha  obtenido  el  cañonero  Elcano 
cerca  de  Manila,  apoderándose  de  una  fragata  con 
1.600  toneladas  de  carbón,  cargamento  en  aquellos 
mares  de  importancia.  El  mérito  de  haber  burlado 
el  bloqueo  de  algunos  puertos  de  Cuba  lo  han  al¬ 
canzado  varios  buques,  y  por  haberlo  hecho  con 
pertrechos  y  soldados,  se  ha  celebrado  mucho  al 
capitán  del  transatlántico  Montserrat ,  que  fondeó 
sin  novedad  en  el  puerto  de  Cienfuegos.  Esto  y  la 
actitud  firme  y  valerosa  del  general  Blanco  y  del 
ejército,  voluntarios  y  paisanos  en  la  Habana, 
donde  ante  la  amenaza  del  bombardeo  no  se  han 
cerrado  los  teatros;  y  la  salida  del  general  D.  Pa¬ 
tricio  Montojo  para  esperar  á  la  escuadra  yankee 
que  se  dirige  hacia  Manila,  tienen  nuestros  ner¬ 
vios  en  tensión  al  escribir  esta  revista.  ¡Singular 
coincidencia!  El  lema  acuérdate  del  Maine ,  que 
han  adoptado  en  sus  banderas  los  yankees  para  ex¬ 
citar  á  sus  marinos,  puede  servir  para  mantener 
la  indignación  militar  entre  los  nuestros. — Acor¬ 
daos  de  la  infamia  del  Maine ,  les  repetiremos 
mientras  dure  la  guerra;  ved  cómo  pagan  las  vidas 
que  salvasteis  en  la  bahía  de  la  Habana  y  los  peli¬ 
gros  que  arrostrasteis,  mientras  los  jefes  y  oficia¬ 
les  del  Maine y  ahitos  de  champagne  en  otro  buque, 
dejaban  perecer  á  sus  pobres  marineros.  No  olvi¬ 
déis  nunca  la  felonía  del  Maine  y  marinos  españo¬ 
les.  Si  en  los  azares  de  la  guerra  piden  auxilio  en 
sus  buques  incendiados,  ¡acordaos  del  Maine! 

Lo  que  no  podemos  es  irritarnos  con  lo  que  lla¬ 
man  el  bombardeo  de  Matanzas.  Esta  hermosa 
ciudad  sigue  como  estaba  y  las  baterías  españolas 
en  su  puesto.  Gastar  tantos  proyectiles  para  asesi¬ 
nar  á  un  pobre  mulo..... 

«  Si  es  broma  puede  pasar  » , 
pero  no  demuestra  la  potencia  naval  de  la  Repú¬ 
blica. 


No  estamos  en  los  secretos  de  los  cambios  para 
explicarnos  bien  la  enorme  subida  de  los  francos; 
pero  el  instinto  público  se  ha  opuesto  á  la  depre¬ 
ciación  del  billete  y  á  la  crisis  monetaria  que  se 
quería  producir.  Podrán  tenerse  quejas  del  Banco 
de  España:  nos  hicimos  eco  de  ellas  hace  poco; 
pero  los  disgustos  leves  de  familia  ceden  y  se  aca¬ 
llan  ante  consideraciones  de  más  peso.  Los  estu¬ 
diantes  de  Zaragoza  cortaron  la  cola  de  la  sucursal: 
un  banquero  patriota  les  ayudó,  ofreciendo  una 
prima  á  los  billetes:  lo  mismo  hicieron  otros  en 
Valencia:  el  Banco  abrió  sus  arcas  y  ofreció  pagar 
en  plata  á  quien  quisiera,  y  en  Málaga  se  consignó 
esta  máxima  salvadora:  «El  billete  de  Banco  re¬ 
presenta  la  honra  nacional. » 

Y  si  estos  hechos  son  ciertos,  ¿qué  corresponde 
al  Gobierno?  Cuidar  que  la  depreciación  de  esa 
moneda  fiduciaria  no  se  justifique  forzando  la 
máquina  de  tirada  sin  fortalecer  sus  garantías. 
Ese  billete  es  hoy  un  instrumento  necesario:  no 
debe  mellársele.  Be  anuncia  el  adelanto  de  un  año 
en  las  contribuciones,  reintegrable  en  diez  años: 
tenga  el  Gobierno  en  cuenta  que  ese  contribuyente 
es  la  primera  materia  de  todos  los  recursos,  y  tam¬ 
poco  conviene  oprimirle  en  la  situación  por  que 
atraviesa:  preferiríamos  que  ese  anticipo,  fácil 
para  muchos,  imposible  para  otros,  fuera  volunta¬ 
rio,  estimulando  el  patriotismo  en  todas  las  pro¬ 
vincias,  para  que  acudan  á  la  patria  en  esa  forma 
los  que  puedan.  Nos  parecen  indispensables  los 
tributos  de  guerra.  Y  creemos  insensato  y  antipa¬ 
triótico,  cuando  necesitamos  y  necesitaremos  del 
crédito,  atacar  los  intereses  de  la  deuda  en  forma 
sensible.  Hay  que  pagar  con  honradez  lo  que  se 
debe,  para  pedir  lo  que  haga  falta;  y  pedir  en  Es¬ 
paña  y  fuera  de  ella,  donde  tengamos  simpatías; 
y  en  cuanto  al  pago  de  los  intereses  de  las  deudas 
exteriores,  establecer  el  affidavity  que  consiste  en 
una  relación  jurada,  y  con  seria  responsabilidad, 
para  que  no  se  falsifique,  consignando  el  domicilio 
de  los  propietarios  de  los  títulos,  á  fin  de  que  co¬ 
bren  en  pesetas  los  residentes  en  España,  en  fran¬ 
cos  los  de  Francia,  en  libras  los  ingleses  y  en 
marcos  los  alemanes.  Con  impuestos  de  guerra, 
adelanto  voluntario  de  contribución,  el  sacrificio 
de  las  bolsas  predicado  á  todos  en  nombre  del  de¬ 
coro  público,  y  los  empréstitos  dentro  y  fuera  que 


sean  necesarios,  podremos  hacer  frente  al  con¬ 
flicto  si  las  clases  mercantiles,  pensando  hasta 
con  egoísmo,  comprenden  que  con  un  corto  es¬ 
fuerzo  de  todos  se  salvan  los  mayores  peligros,  y  si 
el  Gobierno  sacrifica  en  algo  su  amor  propio  en 
aras  de  la  hermandad  y  de  la  concordia.  Justo  es 
que  expongamos  algo  todos  en  la  guerra;  que  no  se 
ha  de  hacer  con  los  cuerpos  de  nuestros  soldados  y 
marinos.  El  ejemplo  dado  en  la  Habana  por  el 
Marqués  de  Argüelles  prueba  lo  que  se  podría  ha¬ 
cer  en  nuestra  patria.  Es  mucho  exigir  que  se  sa¬ 
crifique  como  donativo  una  fortuna;  pero  présta¬ 
mos  patrióticos  y  moderados,  ¿no  habrá  quien  los 
haga?  La  Patria  pide  sangre,  y  los  pobres  se  la 
dan  sin  quejarse.  ¿Negarán  los  ricos  el  auxilio  de 
sus  capitales? 


Entretanto  la  suscripción  patriótica  crece  en  la 
Gaceta .  Algunos  impacientes  quisieran  que  los  do¬ 
nativos  se  hicieran  en  el  acto:  se  parecen  á  los  que 
piden  un  combate  naval  rápido  y  sin  preparación, 
para  soltar  un  artículo  ó  poesía  ya  dispuestos.  Y 
hay  quien  desea  convertir  en  contribución  for¬ 
zosa  el  regalo  voluntario ,  disponiendo  del  dinero 
ajeno  con  esplendidez.  Nada  más  contraprodu¬ 
cente  que  esa  presión,  y  protestamos  contra  ella 
para  que  no  se  cierren  ante  la  conminación  los 
bolsillos  que  se  abrirán  seguramente  ante  la  súpli¬ 
ca.  España  pide  á  sus  hijos  no  apuntándoles  con 
el  Mauser,  sino  extendiendo,  para  recoger  las 
ofrendas,  la  bandera  nacional.  Haya  un  cepillo  en 
cada  centro,  donde  depositemos  en  silencio  nues¬ 
tro  óbolo  los  que  no  podamos  dar  cantidades  que 
hagan  bulto  en  la  Gaceta:  impongámonos  el  grato 
y  frecuente  deber  de  ese  tributo  anónimo  para  el 
culto  de  la  patria;  que  de  las  gotas  de  lluvia  se  for¬ 
man  los  arroyos  y  los  ríos  caudalosos.  Imítese  el 
ejemplo  de  Alicante,  que  ha  emitido  sellos  de  sus¬ 
cripción  voluntaria  con  el  lema  de  ¡Viva  España! 
para  añadir  al  franqueo  de  las  cartas,  é  invéntense 
arbitrios  de  fácil  ejecución  y  que  no  admitan  fil¬ 
traciones  ni  molesten,  y  dense  facilidades  al  Go¬ 
bierno  para  hacer  frente  al  conflicto,  en  la  seguri¬ 
dad  de  que  ha  de  ser  el  beneficio  para  todos.  Y  en 
fin,  seamos  agradecidos  y  cumplamos  un  deber. 
Nadie  ha  olvidado  la  persecución  que  sufrió  la 
Duquesa  de  Castro-Enriquez  en  la  prensa;  la  fisca¬ 
lización  que  se  hizo  de  sus  actos  privados  y  la 
modestia  de  su  vida  interior:  se  la  culpó  de  avara, 
y  nadie,  que  sepamos,  ha  rectificado  este  concepto 
ante  el  donativo,  verdaderamente  regio,  de  cien 
mil  duros  que  ha  hecho  á  la  nación:  desprenderse 
de  lo  que  constituiría  en  estos  momentos  una  renta 
de  nueve  ó  diez  mil  duros,  merecería  un  desagra¬ 
vio.  Así  se  contesta  á  la  calumnia.  Por  nuestra 
parte ,  besamos  la  mano  á  esa  buena  española  en 
nombre  de  la  patria. 


Mientras  los  Estados  Unidos,  declarando,  no  sa¬ 
bemos  si  de  un  modo  eficaz,  que  se  adhieren  al 
convenio  de  1856,  han  practicado  el  corso  apre¬ 
sando  un  buque  mercante  por  otro  que  no  perte¬ 
nece  á  la  marina  de  guerra,  España  conserva  su 
derecho,  porque  no  puede  ni  debe  renunciarle; 
pero  en  cambio  ha  reconocido  de  un  modo  posi¬ 
tivo,  y  con  tacto  envidiable,  los  principios  del  de¬ 
recho  de  gentes  moderno  respecto  de  beligeran¬ 
tes  y  neutrales.  Los  que  dudaban  que  el  corso 
pudiera  armarse  en  nuestra  época,  se  habrán  con¬ 
vencido  de  que  si  es  un  arbitrio  duro,  y  reservado 
para  momentos  críticos,  si  éstos  llegasen,  sería 
una  resolución  indispensable  que,  en  vez  de  es¬ 
candalizar  al  mundo,  le  hallaría  justificado  y  na¬ 
tural.  Las  naciones  mismas  que  le  renunciaron  le 
practican,  agregando  á  la  marina  de  guerra,  en 
concepto  de  auxiliares,  los  buques  y  tripulaciones 
mercantes  que  convienen  al  Estado.  Nada  más 
hipócrita  que  esa  renuncia  que  se  elude  con  un 
nombramiento  de  auxiliares:  el  corso  existe  y 
existirá  mientras  las  naciones,  en  caso  de  guerra 
marítima,  usen  del  derecho  natural  de  la  defensa 
con  las  fuerzas  de  que  puedan  disponer:  todo  con¬ 
siste  en  la  forma  de  expedir  los  nombramientos  y 
regularizar  esos  servicios.  Claro  es  que  la  libertad 
de  los  antiguos  corsarios  no  encaja  en  nuestro 
tiempo;  pero  la  sustancia  como  poder  ofensivo 
será  siempre  la  misma.  ¡Pues  bueno  fuera  que  no 
nos  reserváramos  el  derecho  de  amenazar  al  ene¬ 
migo  allí  donde  convenga!  La  marina  de  guerra 
es  elástica  mientras  haya  buques  españoles  y  pa¬ 
pel  en  que  extender  los  nombramientos  tempora¬ 
les  y  honores  que  hagan  falta. 

La  actitud  del  Senado  español  no  puede  ser  más 
correcta  y  patriótica.  Lejos  de  convertirse  en 
rueda  inútil ,  parece  dispuesto  á  ser  un  centro  gu¬ 
bernamental  y  patriótico.  El  Congreso  se  ha  en¬ 
golfado  en  la  discusión  lenta,  solemne  é  inútil 
del  Mensaje.  La  preocupación  pública  se  fija  en  la 
guerra  y  los  recursos  para  sostenerla.  El  ánimo  de 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


K.°  xvi  —  247 


las  gentes  no  decae,  y  al  cerrar  esta  Crónica  pa¬ 
rece  inminente  el  ataque  de  Manila.  Las  noticias 
falsas  para  influir  en  los  juegos  de  Bolsa  circulan 
que  es  un  gusto,  aunque  duran  muy  poco  el  error 
y  sus  efectos.  Cada  tarde  se  despacha  un  extraor¬ 
dinario  con  noticias  teatrales,  que  se  desmienten 
á  la  noche.  Y  sobreponiéndose  al  espíritu  egoísta 
de  la  especulación  y  los  políticos  de  oficio,  se  le¬ 
vanta  decidido  el  partido  única  y  exclusivamente 
nacional,  que  comprendiendo  que  los  males  de  la 
guerra  no  han  de  recaer  solamente  sobre  los  que 
se  baten  lejos  de  la  patria,  sino  que  á  todos  obliga 
según  su  estado  el  sacrificio,  acabará  por  impo¬ 
nerse  á  los  egoísmos  que  debilitan  y  perturban, 
barriéndolos  á  escobazos  y  dictando  á  los  díscolos 
la  ley  suprema  de  la  unión  para  la  defensa  del 
país. 

El  Sr.  Arzobispo-Obispo  y  el  Gobernador  de  Ma¬ 
drid  han  reunido  á  la  prensa  y  á  los  presidentes 
de  círculos  para  que  ayuden  á  la  suscripción  na¬ 
cional,  excitando  á  todos  á  contribuir  y  procurar 
que  en  los  centros  industriales,  en  todas  las  re¬ 
uniones,  en  el  seno  de  las  familias,  se  pidan  y  re¬ 
únan  las  grandes  ó  cortas  cantidades,  para  que  esa 
suscripción  sea  digna  de  España.  Es  un  deber  que 
á  todos  corresponde.  Hacemos  el  llamamiento  con 
toda  la  efusión  de  nuestra  alma  á  todos  los  com¬ 
patriotas,  tanto  de  América  como  de  la  Península, 
y  á  los  que  sin  serlo  ya  llevan  nuestro  nombre  y 
saben  que  su  causa  es  nuestra  causa;  á  cuantos 
crean  que  tenemos  el  derecho  y  la  justicia.  Sangre 
y  corazón  sobran :  asistamos  á  la  Patria  con  el  di¬ 
nero  que  la  falta:  la  honra  y  la  vergüenza  consis¬ 
ten  esta  vez  en  no  guardar  con  avaricia  lo  que 
puede  salvar  á  la  Nación :  haya  una  competencia 
de  sacrificios.  La  mujer  puede  con  su  aliento  pode¬ 
roso  comprometer  y  obligar  á  los  que  tienen ,  ha¬ 
ciéndoles  llevar  su  ofrenda  al  Banco:  no  haya 
pueblo  ni  aldea  que  no  dé  su  tributo  para  la  de¬ 
fensa  nacional:  den  para  comprar  una  cápsula  los 
que  no  puedan  dar  para  un  cañón:  salgan  de  sus 
escondrijos  las  onzas  empolvadas;  empeñe  su  cha¬ 
queta  ó  su  levita  el  que  no  tenga  dinero,  para  que 
no  carezcan  nuestros  buques  de  carbón,  ni  de  ali¬ 
mento  y  vestidos  nuestras  tropas.  Hagamos  en  esta 
forma  un  alzamiento  nacional,  y  que  sea  la  España 
moderna,  por  su  desinterés  y  generosidad,  digna 
de  sus  glorias  de  otros  tiempos. 

•  • 

Acabamos  de  leer  el  interesante  libro  de  nues¬ 
tro  antiguo  amigo  D.  Ildefonso  Jimeno  de  Lerma, 
director  de  la  Escuela  Nacional  de  Música  y  De¬ 
clamación  y  catedrático  de  órgano  de  la  misma. 
Se  titula  Estudios  sobre  música  religiosa ,  y  com¬ 
prende  dos  monografías:  el  Canto  litúrgico  y  el 
Organo.  En  aquél  se  estudian  los  orígenes  de  nues¬ 
tra  música  religiosa,  compuesta,  según  los  sabios, 
de  dos  elementos,  el  hebreo  y  el  griego;  la  influen¬ 
cia  que  ejercieron  en  su  primera  reforma  San 
Ambrosio,  y  dos  siglos  después  San  Gregorio  el 
Magno,  y  la  mayor  ó  menor  autenticidad  de  los 
textos  más  antiguos  que  se  conservan  del  canto 
gregoriano.  Entra  con  ardor  en  la  polémica  que 
sostienen  hace  tiempo  los  maestros  acerca  de  la 
traducción  exacta  de  la  escritura  musical  antigua 
para  restaurar  su  verdadero  carácter,  y  declara 
irresoluble  el  jeroglífico,  contra  la  opinión  de 
nuestro  amigo  el  P.  Uriarte,  que  prosigue  la  difici¬ 
lísima  tarea.  El  Sr.  Jimeno  de  Lerma  sostiene  que 
la  Iglesia  conserva  por  tradición  lo  esencial  de 
aquel  canto,  y  expone  las  decisiones  pontificias 
que  se  oponen  á  la  reforma.  Declaramos  nuestra 
incompetencia  en  un  asunto  tan  Controvertido  por 
los  musicólogos.  El  libro  relativo  al  órgano  nos 
ha  enseñado,  tanto  en  su  parte  histórica  como  en 
el  análisis  técnico  de  ese  magnífico  instrumento, 
una  multitud  de  hechos  que  ignorábamos,  y  de 
que  nos  hemos  enterado  con  placer.  Hijo  del  in¬ 
signe  organista  D.  Román  Jimeno,  se  puede  decir 
que  el  Sr.  Jimeno  de  Lerma  tuvo  por  cuna  la  caja 
del  órgano,  jugueteó  con  los  teclados  desde  niño 
y  curioseó  los  secretos  de  sus  registros  compli¬ 
cados,  y  supo  por  qué  conductos  llegaba  el  aire 
comprimido  á  aquellos  enormes  tubos  que  admi¬ 
rábamos  los  otros  muchachos  desde  lejos  como 
cosa  extramortal  y  tan  fuera  de  nuestro  alcance 
como  las  nubes  y  luceros.  A  los  catorce  años  era 
ya  organista,  y  á  los  diecinueve  maestro  de  ca¬ 
pilla  de  la  catedral  de  Santiago  de  Cuba,  por  opo¬ 
sición,  ganando  después  de  una  vida  de  labor 
artística,  £or  oposición  también,  la  cátedra  que 
regentea  en  la  Escuela  Nacional,  de  que  es  hoy 
director,  sucediendo  al  insigne  Monasterio.  He¬ 
mos  leído,  por  lo  tanto,  como  de  quien  procedía, 
su  erudito  trabajo,  penetrando  con  tan  buen  guía 
en  las  concavidades  de  aquella  divina  y  compli¬ 


cada  maquinaria,  recorriendo  sus  orígenes  y  trans¬ 
formaciones,  recordando  los  compositores  sacros, 
organistas  y  organeros  más  famosos,  y  cuanto  tiene 
relación  con  ese  arte  sublime  en  que  el  Sr.  Jimeno 
de  Lerma  es  un  maestro. 


El  tomo  in  de  las  obras  de  D.  Enrique  R.  de 
Saavedra,  duque  de  Rivas,  que  con  el  título  de 
Cuadros  de  la  fantasía  y  de  la  vida  real  se  pu¬ 
blica  en  Barcelona,  contiene  tres  obras  poéticas. 
La  hija  de  Alimenón  es  la  hermosa  leyenda  de 
Santa  Casilda,  en  romances  octosílabos,  de  sabor 
entre  cristiano  y  morisco,  según  conviene  al 
asunto,  y  con  animadas  y  justas  descripciones.  La 
Noche  de  Navidad  es  un  diálogo  dramático,  escrito 
para  ser  representado  en  Palacio  por  el  Rey  cuan¬ 
do  tenía  nueve  años  y  medio,  y  por  la  Infanta  su 
hermana,  y  en  el  que  intervino  la  Princesa  de 
Asturias  recitando  uno  de  sus  pasajes  más  salien¬ 
tes:  fué  una  sorpresa  preparada  para  S.  M.  la  Reina 
por  la  infanta  I).*  Isabel,  de  carácter  reservado  y 
familiar:  el  diálogo  responde  por  su  discreción  y 
delicadeza,  aunque  improvisado,  al  objeto,  condi¬ 
ción  y  edad  de  los  actores.  Juramentos  de  amor 
es  un  pequeño  poema  dedicado  al  ilustre  Cam- 
poamor,  y  el  mejor,  á  nuestro  juicio,  del  lindo 
tomo  que  se  ha  puesto  á  la  venta.  Escrito  en  silva 
con  elegante  facilidad ,  corresponde  á  la  envidiable 
reputación  literaria  de  su  autor. 


Chulaperías ,  de  López  Silva,  con  prólogo  de 
Cavia,  pertenece  á  otra  literatura,  la  de  rompe  y 
rasga.  De  color  verde  subido,  se  diferencia  de  la 
del  Duque  de  Rivas  como  un  salmis  de  perdiz,  de 
una  ración  de  callos  bien  picante.  Los  platos  es¬ 
tán  en  los  escaparates;  elija  cada  cual  los  manja¬ 
res  de  su  gusto. 

• 

•  • 

Histórico. 

— ¿Qué  opina  usted  de  los  yankees? 

— Ño  me  hable  usted  de  ellos:  ;no  haber  acep¬ 
tado  la  medianería  del  Papa  esos  herejes! 

— ¿Y  qué  es  eso  del  bloqueo  de  Cuba? 

— Los  yankees  han  hecho  una  línea  en  el  agua, 
y  dicen:  «Por  aquí  no  pasa  nadie.»  Y  como  la  raya 
se  ba  borrado,  pasan  nuestros  buques  cuando 
quieren. 

Los  marinos  yankees  son  divinos. 

Revienta  el  Maine  por  dentro,  y  dicen  sus  fa¬ 
cultativos:  «Ha  sido  un  accidente  externo.» 

Atiza  la  Ligera  un  proyectil  en  el  costado  del 
Cushing ,  y  los  técnicos  exclaman:  «Fué  un  acci¬ 
dente  interno.» 

Y  esta  vez  el  caso  es  discutible:  ha  sido  una  la¬ 
vativa  de  plomo  para  uso  interno,  administrada 
desde  afuera. 


— ¿De  dónde  es  el  aya  de  tus  niños? 

—  De  Nueva  York. 

— ¿Joven? 

— En  aquel  país  todas  son  jamonas. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


D.  MANUEL  DESCHAMPE, 

capitán  del  transatlántico  Montarral,  que  bnrló  la  vigilancia 
del  bloqueo  de  las  costas  de  Cuba. 

Eq  primera  página  publicamos  el  retrato  del 
bravo  y  experto  marino  D.  Manuel  Deschampe, 
que  mandaba  el  vapor  transatlántico  Montserrat 
y  supo  burlar  el  bloqueo  de  la  escuadra  yankee  y 
ía  persecución  de  que  fué  objeto  dicho  barco,  arri¬ 
bando  felizmente  á  Cienfuegos.— (Véase  el  ar¬ 
tículo  del  Sr.  España  en  la  pág.  254.) 

# 

•  • 

LA  HABANA. 

Manifestación  patriótica  ante  el  palacio  del  Gobernador  general. 

Al  conocerse  en  la  Habana  las  amenazas  y  los 
propósitos  de  los  yankees,  creció  ante  el  peligro 
la  gallardía  de  nuestra  raza,  y  el  levantado  espí¬ 
ritu  estalló  en  patrióticas  demostraciones. 

El  segundo  grabado  de  la  página  248  representa 
una  de  estas  manifestaciones  de  entusiasmo  ante 
el  palacio  donde  reside  el  Gobernador  general; 
entre  ellas  merece  especialísimst  mención  la  que  se 


efectuó  al  conocerse  la  conducta  del  Gobierno  de 
la  metrópoli  ante  el  ultimátum  de  Mac-Kinley. 

En  la  proclama  convocando  al  pueblo ,  decíase 
entre  otras  patrióticas  frases: 

«Dirijámonos  todos  al  palacio  donde  reside  el 
representante  de  nuestra  nación.  Este  palacio  se 
hundirá  antes  de  consentir  que  ondee  en  él  otra 
bandera  que  no  sea  la  española.» 

A  las  ocho  de  la  noche  se  puso  en  marcha  la 
manifestación,  en  la  que  se  veían  muchas  ban¬ 
deras. 

Los  Casinos  y  edificios  públicos  lucían  esplén¬ 
didas  iluminaciones. 

En  todos  los  comercios  se  habían  colocado  ban¬ 
deras  y  colgaduras  con  los  colores  nacionales. 

Cuando  la  manifestación  llegó  al  palacio  de  la 
Capitanía  general,  se  vió  que  éste  estaba  ocupado 
por  las  personalidades  más  importantes  de  la  isla. 

Los  manifestantes  daban  frecuentes  vivas  á  Es¬ 
paña,  que  eran  contestados  con  verdadero  frenesí. 

Iban  en  la  manifestación  seis  bandas  de  música. 

De  pronto  una  corneta  dió  el  toque  de  silencio. 

El  general  Blanco  desde  el  balcón  pronunció  un 
sentido  discurso  de  tonos  enérgicos  y  levantados. 

«Todos  estamos  dispuestos  á  morir  —  dijo — 
antes  de  dejarnos  arrebatar  este  pedazo  de  tierra 
española.» 

Estas  frases  produjeron  frenético  entusiasmo. 

Después  añadió: 

«Juro  no  salir  vivo  de  Cuba  si  no  salgo  vic¬ 
torioso. 

»Ahí  tenéis  detrás  del  castillo  del  Morro  á  la  es¬ 
cuadra  americana ;  pero  la  bandera  española  está 
clavada  allí,  y  no  será  arriada  jamás.» 

El  discurso  del  Capitán  general  fué  acogido  con 
entusiasmo  indescriptible. 

Las  músicas  tocaron  la  marcha  de  Cádiz ,  y  el 
público  prorrumpió  en  vivas  ardientes  y  entu¬ 
siásticos. 

Recorrió  la  manifestación  las  principales  calles 
de  la  población  sin  que  ocurriera  el  menor  inci¬ 
dente  desagradable,  ni  cesara  un  solo  momento  el 
entusiasmo,  á  pesar  de  haberse  recibido  la  noticia 
de  que  la  escuadra  americana  se  dirigía  allí  con  el 
propósito  de  bloquear  la  Habana. 

.  .  * 

•  • 

D.  MANUEL  DE  LA  CERDA  Y  GÓMEZ  PEDROSO, 
general  de  división. 

El  general  de  división  D.  Manuel  de  la  Cerda  y 
Gómez  Pedroso,  actual  subsecretario  del  Ministe¬ 
rio  de  la  Guerra,  cuyo  retrato  publicamos  en  la 
página  249,  tiene  una  hoja  de  servicios  reveladora 
de  los  merecimientos  que  le  han  elevado  á  dicho 
importante  cargo. 

Cadete  de  artillería  en  1853;  teniente  en  1857; 
capitán  en  1865;  comandante  de  infantería  por  el 
acierto  y  serenidad  con  que,  á  cuerpo  descubierto, 
dirigió  los  fuegos  de  su  batería  contra  los  subleva¬ 
dos  de  1866  en  Madrid;  con  ella  asistió,  bajo  el 
mando  del  Marqués  de  Novaliches,  á  la  batalla  de 
Alcolea,  ascendiendo  por  su  bizarro  comporta¬ 
miento  á  teniente  coronel  de  la  antedicha  arma, 
y  pasando  á  desempeñar  en  la  misma  su  nuevo 
empleo.  En  1871  fue  destinado  á  Filipinas  de  ayu¬ 
dante  de  campo  del  Capitán  general  de  aquel  Ar¬ 
chipiélago,  donde,  además,  desempeñó  el  cargo  de 
presidente  del  Consejo  de  Guerra  permanente  de 
Manila;  y  habiéndosele  designado  para  una  comi¬ 
sión  extraordinaria  sobre  Joló,  asistió  al  bombar¬ 
deo  y  toma  de  esta  plaza,  distinguiéndose  notable¬ 
mente  allí  como  en  cuantas  operaciones  de  guerra 
ha  tomado  parte. 

Regresado  á  España  en  1873,  y  siguiendo  el  ejem¬ 
plo  de  sus  antiguos  compañeros  del  cuerpo  de  Ar¬ 
tillería,  pidió  y  obtuvo  el  retiro.  En  21  de  Sep¬ 
tiembre  del  propio  año  volvió  al  servicio,  que  dejó 
nuevamente  en  1875,  permaneciendo  en  esta  si¬ 
tuación  hasta  1880,  en  el  que  por  comprenderle  el 
Real  decreto  de  28  do  Noviembre,  y  hecha  la  cla¬ 
sificación  de  los  empleos  y  grados  que  le  hubieron 
correspondido,  se  le  concedió  el  empleo  de  co¬ 
ronel. 

En  este  cargo,  y  al  frente  del  regimiento  de 
Alava  desde  1884  al  88,  pudo  ya  desarrollar  sus 
talentos  militares  en  mayor  extensión,  los  que  le 
hicieron  merecedor  del  ascenso  á  brigadier,  cuyo 
mando  ejerció  en  los  distritos  de  Andalucía,  Ca¬ 
taluña  y  Castilla  la  Nueva,  desempeñando  luego 
la  secretaría  del  Consejo  Supremo  de  Guerra  y 
Marina,  y  siendo  promovido  á  general  de  división 
el  30  de  Diciembre  de  1895,  cuando  contaba  más 
de  cuarenta  y  dos  años  de  efectivos  servicios. 

Posee  las  condecoraciones  siguientes:  cruz  de 
San  Juan  de  Jerusalén,  dos  de  San  Fernando  de 
primera  clase,  las  de  segunda  y  tercera  del  Mérito 
Militar,  cruz  y  encomienda  de  Carlos  III,  enco¬ 
mienda  de  Isabel  la  Católica,  medalla  de  Africa, 
encomienda  de  la  Orden  de  Cambodge  y  grandes 


Digitized  by  ^.ooQie 


SO  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


LA  OFICIALIDAD  DEL  TRANSATLÁNTICO  «MONTSERRAT»  Á  BORDO  DEL  MISMO. 


(Do  fotografía  de  Franzen.) 


im 

m 

1  ? 

•  *  V 

A  ^\| 

fv.  "já 

*  m 

-  -  M; 

i  -  1  | 

i  1  I 

4*  K  J 

M 

LA  HABANA.  — UNA  MANIFESTACIÓN  patriótica  ante  la  capitanía  general,  con  motivo  de  los  groseros  y  procaces  INSULTOS  A  ESPAÑA 

EN  LAS  CÁMARAS  «  YANKEES». 


(De  fotografía.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  xvi  249 


cruces  de  San  Hermenegildo,  Mérito 
Militar  y  Naval  y  la  de  San  Benito  de 
Avis, 

Por  esta  sucinta  reseña  de  servicios, 
méritos  y  condecoraciones  queda  ava¬ 
lorada  la  figura  militar  del  general  La 
Cerda;  pero  con  ser  tan  importantes 
unos  y  otros,  les  supera  su  brillante 
etapa  al  frente  de  la  Academia  Gene¬ 
ral,  cuya  supresión  nunca  será  bastan¬ 
te  sentida,  y  sus  notables  dictámenes 
orales  y  escritos  como  fiscal  militar 
del  Consejo  Supremo  de  Guerra  y  Ma¬ 
rina,  y  muy  especialmente  su  notable 
acusación  con  motivo  de  la  célebre 
causa  de  los  anarquistas  de  Barcelona, 
en  la  que  los  togados  le  felicitaron  ca¬ 
lurosamente  por  su  elocuencia  y  por  el 
vigor  de  los  razonamientos  sin  acri¬ 
monia  alguna  deducidos  de  los  hechos 
y  de  la  estricta  aplicación  de  la  ley. 

Respecto  de  su  nombramiento  para 
el  cargo  que  en  la  actualidad  desempe¬ 
ña,  debemos  felicitar  al  Ministro  del 
ramo. 

Sus  subordinados  elogian  calurosa¬ 
mente  sus  altas  dotes  de  mando  y  su 
afabilidad  y  discreción  exquisitas,  y 
con  ser  tantas  y  tales  las  cualidades 
brillantes  de  su  personalidad  oficial , 
no  aventajan  á  las  muy  excelentes  del 
caballero  en  la  vida  privada. 

• 

•  • 

MADRID. 

Salida  del  batallón  de  León,  destinado  á  Baleares. 

En  los  días  23  y  24  del  actual,  res¬ 
pectivamente,  salieron  de  la  estación 
del  Mediodía  los  regimientos  de  León 
y  de  Vad-Ras,  á  quienes  hizo  el  pue¬ 
blo  de  Madrid  la  más  afectuosa  despe¬ 
dida.  El  segundo  grabado  de  esta  pági¬ 
na  copia  el  conmovedor  aspecto  de  la 
estación  invadida  por  una  muchedum¬ 
bre  que  no  cesó  de  tributar  á  nuestros 
soldados  las  cariñosas  demostraciones 
de  su  entusiasmo  patriótico. 

Próximamente  á  las  cinco  de  la  tar- 


D.  MANUEL  DE  LA  CERDA  Y  GÓMEZ  PEDROSO, 

GENERAL  DE  DIVISIÓN, 

SUBSECRETARIO  DEL  MINISTERIO  DE  LA  QUERRA. 

(De  fotografía  de  í.  Marti.) 


de  entraban  en  el  andén ,  á  los  acordes 
de  la  marcha  de  Cádiz;  los  soldados,  y 
á  su  llegada  estalló  una  ovación  inmen¬ 
sa,  que  no  se  interrumpió  ya  hasta  que 
el  tren  militar  desapareció  en  la  curva 
que  va  á  ocultarse  tras  el  depósito  de 
máquinas.  Fué  una  ovación  de  cerca 
de  una  hora.  Los  vivas  á  España,  al 
Rey,  á  la  Reina,  al  ejército  y  a  la  ma¬ 
rina  se  sucedían  sin  interrupción. 

Entre  inmenso  clamoreo,  la  multi¬ 
tud,  abrazada  á  los  soldados,  les  llevó 
hasta  los  coches  del  tren  militar. 

Casi  al  mismo  tiempo  invadieron  la 
estación  las  cigarreras,  llevando  dos 
banderas,  una  de  seda  con  cordones  de 
oro  y  el  siguiente  letrero  en  letras  de 
plata:  «Las  cigarreras  de  Madrid  al  va¬ 
liente  ejército  y  á  la  marina  española.» 

Las  mujeres  dél  pueblo,  las  señori¬ 
tas  aristocráticas,  confundidas  con  los 
soldados,  los  colmaban  de  obsequios, 
entre  los  que  merece  citarse  el  de  dos 
señoritas  extranjeras,  que  no  quisieron 
revelar  su  nombre,  que  repartían  entre 
los  soldados  medallas  de  la  Virgen  del 
Pilar  sujetas  por  lazos  con  los  colores 
nacionales. 

A  lo  largo  de  los  andenes  se  veían 
quince  ó  veinte  banderas,  entre  ellas 
la  de  los  estudiantes,  también  de  seda 
como  la  de  las  cigarreras. 

Entre  el  público  se  hallaban  casi  to¬ 
dos  los  oficiales  y  jefes  de  la  guarni¬ 
ción  francos  de  servicio,  gran  número 
de  generales,  diputados,  el  Goberna¬ 
dor  civil,  el  Alcalde  y  el  Presidente 
de  la  Diputación,  que  suspendió  la  se¬ 
sión  y  por  acuerdo  unánime  acudió  con 
los  diputados  de  la  provincia  á  despe¬ 
dir  al  batallón  expedicionario. 

Los  trenes  que  tuvieron  que  salir  de 
la  estación  antes  que  el  militar  se  vie¬ 
ron  obligados  á  hacerlo  con  gran  len¬ 
titud. 

Todos  los  coches  habían  sido  ocu¬ 
pados  por  el  público ,  que  formaba 
apretados  grupos  sobre  el  techo  de  los 
vagones. 


MADRID.— SALIDA  DEL  BATALLÓN  DE  LEÓN,  EL  23  DEL  CORRIENTE,  DESTINADO  A  REFORZAR  LA  GUARNICIÓN  DE  LAS  BALEARES. 


(De  fotografía.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


250  —  n.°  xvr 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Abril  1898 


A  las  seis  menos  cuarto  se  oyeron  dos  toques  de 
atención.  Por  un  momento  cesó  todo  el  griterío. 

El  Obispo  de  Sión  bendijo  entonces  á  los  expe¬ 
dicionarios. 

Poco  después  se  oyó  la  señal  de  partida,  y  el 
tren,  compuesto  de  cuatro  vagones  en  los  que  iba 
el  armamento,  y  de  diecisiete  coches  ocupados  por 
jefes,  oficiales  y  soldados,  se  puso  en  marcha  pau¬ 
sadamente;  volvió  á  sonar  el  himno  de  Cádiz ,  y 
las  veinte  mil  almas  que  ocupaban  los  andenes  y 
se  extendían  por  la  estación  hasta  la  entrada  en 
agujas,  y  las  doce  mil  que  se  agolpaban  en  los  pa¬ 
tios  y  que  se  hallaban  en  el  parapeto  de  la  calle 
del  Pacífico,  volvieron  á  gritar,  descubriéndose: 
«¡Viva  España!  ¡Viva  el  Ejército!  ¡Viva  la  Marina! 
¡Vivan  los  Reyes!» 

Cuando  el  tren  tomó  la  pendiente  que  comienza 
más  allá  del  semáforo  y  desapareció  de  la  vista 
del  público,  comenzó  éste  á  desfilar  tranquila¬ 
mente  y  en  el  mayor  silencio. 


sante  aspecto  que  presentaba  el  salón  de  sesiones 
en  los  momentos  en  que  S.  M.  la  Reina  leía  el 
Mensaje  de  la  Corona  entre  los  vítores  y  aclama¬ 
ciones  que  acogían  los  párrafos  más  enérgicos. 

Para  el  acto  de  la  apertura  había  desaparecido 
del  estrado  la  mesa  presidencial;  á  la  izquierda  del 
dosel,  que  cobijaba  los  dos  sillones  destinados  á 
los  Reyes,  veíase  la  tribuna  para  S.  A.  la  infanta 
D.a  Isabel,  y  al  lado  opuesto  un  repostero  cubierto 
por  tapete  de  terciopelo  rojo  bordado  de  oro,  que 
contenía  los  atributos  de  la  Monarquía,  y  una  mesa 
destinada  á  la  presidencia. 

Ocupó  el  sillón  presidencial,  colocado  detrás  de 
dicha  mesa,  el  presidente  de  la  alta  Cámara,  señor 
Montero  Ríos,  vestido  de  frac,  y  ostentando  en  el 
cuello  la  insignia  del  Toisón  de  Oro. 

Junto  al  Sr.  Montero  Ríos  tomaron  asiento  los 
dos  secretarios  de  edad  deL Congreso,  Sres.  Ur- 
quijo  y  Ortueta. 

A  las  dos  y  veinte  entró  en  el  salón  S.  A.  la  in¬ 


tes,  cuya  decisión  suprema  sancionará  sin  duda  la 
inquebrantable  resolución  que  anima  á  mi  Go¬ 
bierno  de  defender  nuestros  derechos,  cualquiera 
que  sea  el  sacrificio  que  para  lograrlo  se  nos  exija. 
Al  identificarme  así  con  la  nación,  no  sólo  cumplo 
los  deberes  que  juré  al  aceptar  la  Regencia;  busco 
también  fortalecer  mi  corazón  de  madre,  confiando 
en  que  el  pueblo  español,  agrupándose  en  derre¬ 
dor  del  trono  de  mi  hijo,  le  sostendrá  con  su  fuerza 
incontrastable,  mientras  llega  el  momento  en  que 
á  él  le  sea  dado  defender  personalmente  el  honor 
de  su  nación  y  la  integridad  del  territorio  que  nos 
legaron  nuestros  gloriosos  antepasados.» 

Al  abandonar  SS.  MM.  el  Palacio  del  Senado, 
repitiéronse  las  aclamaciones  con  entusiasmo,  y 
en  el  tránsito,  hasta  el  regio  alcázar,  de  la  brillante 
comitiva  no  cesaron  los  vivas  á  España,  á  los  Re¬ 
yes  y  al  ejército. 

Cuando  se  nombró  la  comisión  que  había  de  po¬ 
ner  en  [manos  de  S.  M.  la  Reina  la  contestación 


MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑ OLA. — el  nuevo  crucero  auxiliar  crápido»,  recientemente  adquirido  en  Alemania. 


(De  fotografío.) 


MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA. 

El  nuevo  crucero  auxiliar  Rápido ,  recientemente  adquirido 
en  Alemania. 

Publicamos  en  esta  página  el  hermoso  vapor 
mercante  de  la  Compañía  Transatlántica  Ham- 
burgo- Americana  Normannia,  recientemente  ad¬ 
quirido  por  el  Gobierno  español  para  crucero  au¬ 
xiliar  de  nuestra  marina  de  guerra.  El  vapor,  cuyo 
nombre  actual  es  el  de  Rájñdoj  es  magnífico,  de 
modernísima  construcción,  y  tiene  520  pies  de 
eslora,  17.000  toneladas  de  desplazamiento  y  un 
andar  de  20  millas.  Sus  máquinas  son  de  16.000  ca¬ 
ballos  de  fuerza. 

* 

•  • 

MADRID:  LA  APERTURA  DE  CORTES  EN  EL  SENADO. 

El  pórtico  del  Palacio  del  Senado  momentos  antes  de  llegar  SS.  MM. 
—Llegada  de  SS.  MM.  al  Senado.  —  Ovación  tributada  á  S.  M.  la 
Beina  Regente  durante  la  lectura  del  discurso  de  la  Corona.— Sa¬ 
lida  del  Senado  de  la  Mesa  presidencial  y  parte  de  la  comitiva.— El 
Senado  en  pleno  dirigiéndose  al  Real  palacio.  —  Salida  de  Palacio 
de  la  Comisión  del  Senado  después  de  entregar  á  8.  M.  la  contes¬ 
tación  al  discurso  de  la  Corona. 

Consagramos  los  grabados  de  las  páginas  252  y 
253  á  la  solemne  apertura  de  las  Cortes  españolas, 

3ue  en  las  actuales  circunstancias  ha  tenido  gran- 
ísima  importancia. 

Representa  el  primero  la  entrada  del  Palacio 
del  Senado  momentos  antes  de  la  llegada  de  Sus 
Majestades,  y  el  segundo  la  magnífica  carroza  lla¬ 
mada  de  la  Corona  en  el  momento  de  llegar  los 
Reyes  á  dicho  Palacio. 

El  tercero,  dibujado  fielmente  por  nuestro  com¬ 
pañero  Comba,  reproduce  el  animado  é  intere- 


f anta  D.a  Isabel ,  que  vestía  una  magnífica  toilette 
de  corte,  consistente  en  cuerpo  y  manto  morado  y 
falda  de  brochado  color  caña;  en  la  cabeza  y  cuello 
corona  y  collar  de  brillantes,  y  cruzando  su  pecho 
la  banda  de  todas  las  órdenes  que  posee  S.  A. 

Pocos  instantes  después  penetraron  SS.  MM. 

La  Reina  Regente  lucía  elegantísima  toilette  co¬ 
lor  violeta,  con  manto  del  mismo  color,  orlado  de 
encajes.  Sobre  el  pecho,  lazos  de  brillantes,  y  de 
estas  piedras  la  corona,  que  se  destacaba  en  su  ca¬ 
beza  sobre  un  grupo  de  plumas:  llevaba  la  cola  del 
manto  el  Sr.  Marqués  de  Montalvo. 

S.  M.  el  Rey  vestía  el  uniforme  militar  con  las 
insignias  del  Toisón. 

La  entrada  de  los  Reyes  fué  saludada  con  in¬ 
menso  clamoreo  de  vivas  al  Rey,  á  la  Reina,  á  Es¬ 
paña,  al  ejército,  á  la  marina,  á  Cuba  española  y  á 
la  patria  con  honra. 

Los  Reyes,  al  llegar  al  estrado,  se  colocaron  en 
los  dos  sillones  situados  bajo  el  dosel. 

Detrás  veíase  á  la  alta  servidumbre  de  las  Rea¬ 
les  personas. 

Los  individuos  del  Gobierno  se  colocaron  á  la 
derecha  del  trono. 

El  Presidente  del  Consejo  de  Ministros  entregó 
á  S.  M.  el  Mensaje,  que  la  augusta  señora  leyó  con 
voz  débil  al  principio,  pero  que  se  fué  animando, 
y  tomaba  entonación  ante  los  vivas  y  aclamacio¬ 
nes  de  la  Cámara.  Estas  fueron  entusiastas  sobre¬ 
manera  cuando  S.  M.  dijo: 

<rY  por  si  llega  ese  supremo  momento  en  que  la 
razón  y  la  justicia  tengan  por  único  amparo  el  va¬ 
lor  de  los  españoles  y  la  tradicional  energía  de 
nuestro  pueblo,  he  acelerado  la  reunión  de  las  Cor¬ 


del  Senado  al  Mensaje  de  la  Corona,  se  acordó  por 
aclamación  que  todos  los  senadores  se  unieran  á 
la  misma,  y  así  se  efectuó  el  miércoles  27  del  ac¬ 
tual  á  las  dos  de  la  tarde. 

Precedían  á  la  representación  de  la  alta  Cámara 
cuatro  maceros,  é  iban  á  su  servicio  veinte  ujieres 
en  traje  de  gala. 

Formaban  la  comitiva  unos  sesenta  senadores, 
y  al  frente  de  ellos  el  presidente,  Sr.  Montero 
Ríos,  y  los  secretarios. 

Casi  todos  vestían  de  etiqueta  parlamentaria, 
frac  y  corbata  negra;  de  uniforme  con  grandes 
cruces  los  Sres.  Martínez  Campos,  Azcárraga,  But- 
ler,  Fernández  Caro,  Cortejarena,  Marqués  de  Vis- 
tabella,  Valcárcel,  Conde  de  Vilana,  Fuentefiel  y 
Sánchez  Gómez. 

Con  la  comisión  iban  los  cardenales  Cascajares 
y  Sancha,  y  los  Obispos  de  Madrid  y  Tarragona. 

Al  llegar  á  la  plaza  de  Armas,  la  guardia  exte¬ 
rior  de  Palacio  formó,  y  la  banda  batió  marcha  de 
Infantes. 

Poco  después  de  cerrarse  la  puerta  principal  de 
Palacio  detrás  de  la  comitiva,  descendió  de  su  co¬ 
che,  apoyado  en  dos  ayudantes,  y  penetró  en  la 
regia  mansión  el  veterano  Conde  de  Cheste. 

En  Palacio  esperaban  á  la  comitiva  varios  sena¬ 
dores,  siendo  muy  pocos  los  que  no  han  podido 
asistir. 

La  Reina  recibió  al  Senado  en  el  salón  del  Tro¬ 
no,  vistiendo  precioso  traje  gris  obscuro,  y  acom¬ 
pañada  de  S.  M.  el  Rey,  que  vestía  uniforme  de 
alumno  de  la  Academia  de  Infantería. 

A  la  derecha  del  trono  estaba  el  Gobierno,  y 
detrás  y  á  la  izquierda  los  jefes  de  Palacio. 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xvi  —  251 


El  Presidente  de  la  alta  Cámara  leyó  la  contes¬ 
tación  del  Senado  al  Mensaje  de  la  Corona. 

Con  arreglo  á  las  prácticas  de  estos  actos,  Su 
Majestad  se  limitó  á  escuchar  la  respuesta  del  Se¬ 
nado. 

Luego  conversó  la  Reina  con  el  Sr.  Montero  Ríos 
y  otros  senadores  que  se  hallaban  más  próximos 
al  trono. 

Al  retirarse  los  senadores,  dieron  vivas  al  Rey  y 
á  la  Reina. 

Los  Ministros  hablaron  después  brevemente  con 
la  Reina,  y  se  retiraron  de  Palacio  para  asistir  á 
las  sesiones  de  las  Cámaras. 

La  mayoría  de  los  senadores  marcharon  en  co¬ 
ches  particulares. 

La  comisión  regresó  al  Senado  en  los  coches  de 
respeto. 

En  recuerdo  de  este  solemnísimo  acto  de  im¬ 
portancia  excepcional,  publicamos  los  grabados  de 
las  páginas  257  y  260. 

•  • 

CROQUIS  DE  LAS  COSTAS  DE  LA  FLORIDA  Y  PARTE 
DE  LA  DEL  NORTE  DE  LA  ISLA  DE  CUBA.  — (Véase 
la  pág.  255.) 

•  • 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE- AMERICA* 
La  escuadra  volante  americana  en  Hampton  Road. 

Ocupa  la  página  256  el  grabado  que  representa 
la  escuadra  volante  americana  tal  cual  estaba  or¬ 
ganizada  al  romperse  las  hostilidades  entre  Espa¬ 
ña  y  los  EE.  UU.  de  Norte-América. 

Componíase  del  Texas ,  acorazado  de  6.300  tone¬ 
ladas  de  desplazamiento,  velocidad  de  17  millas, 
33  cañones  y  6  tubos  lanzatorpedos;  el  Brooklyn , 
crucero  acorazado  de  9.250  toneladas,  velocidad 
de  21  millas,  40  cañones  y  6  tubos  lanzatorpedos; 
el  MinneapoliSy  crucero  con  cubierta  protegida, 
de  7.475  toneladas,  velocidad  de  23  millas,  31  ca¬ 
ñones  y  6  tubos  lanzatorpedos;  el  Columbia ,  cru¬ 
cero  de  la  misma  clase  que  el  anterior,  y  el  Massa- 
chusettsy  acorazado  de  10.288  toneladas,  16  millas 
de  velocidad,  46  cañones  y  6  lanzatorpedos. 

El  Texas ,  según  los  últimos  telegramas,  es  el 
que  se  halla  en  Cayo  Hueso  dispuesto  para  salir 
conduciendo  14.000  toneladas  de  víveres  á  Matan¬ 
zas.  ¿Han  oído  alguna  vez  nuestros  lectores  contar 

algo  más  raro  que  esto  de  bloquear  una  isla  y . 

enviarla  víveres  los  enemigos  precisamente  al 
puerto  que  bombardearon  hace  poquísimos  días? 

Carlos  Luis  de  Cuenca* 


EPISODIOS  DE  GUERRA  MARÍTIMA. 


COMBATE  DE  PUERTO  CABELLO. 

RA  ruptura  de  relaciones  diplomáticas 
entre  España  y  los  Estados  Unidos  de 
América;  los  preliminares  que  á  ella 
han  conducido;  la  tensión  de  los  áni¬ 
mos  en  la  República  provocadora;  las 
evenciones  belicosas,  compras,*  aco- 
os,  alistamientos,  todo  hace  presentir 
íinente  choque  de  bajeles  de  guerra 
•bolando  las  insignias  distintivas  de  las 
aos  naciones,  se  avisten  en  la  mar.  Quizá  al 
salir  á  luz  estas  líneas  han  sonado  los  cañones  y 
ha  perdido  el  agua  la  transparencia  natural  por 
instantes  en  el  lugar  del  encuentro. 

Será  la  vez  primera  que,  de  modo  abierto  y 
franco,  midan  las  armas  con  los  que  llevaron  las 
luces  del  cristianismo  y  de  la  civilización  al  con¬ 
tinente  occidental,  los  que  allá,  á  la  postre,  han 
dado  al  olvido  las  doctrinas  de  Penn  y  las  aplica¬ 
ciones  de  Washington,  sus  magistrados,  arrojando 
el  guante  en  la  seguridad  de  ser  más  poderosos. 
Solapadamente,  bajo  el  doble  disfraz  del  pabellón 
y  de  la  causa,  han  reñido,  sí,  batalla  en  diversas 
ocasiones,  teniendo  en  no  pocas  motivo  para  arre¬ 
pentirse.  Propóngome  referir  sucintamente  al¬ 
gunas. 

Eran  tiempos  en  que  el  vehículo  del  hombre 
sobre  las  olas,  la  nave,  se  formaba  con  los  mate¬ 
riales  flotantes  que  venían  sirviendo  para  cons¬ 
truirlo  desde  la  época  remota  de  su  iniciación.  El 
viento  lo  impulsaba;  las  velas,  orientadas  con  in¬ 
teligencia,  determinaban  su  camino ,  y  aunque  los 
medios  defensivos  y  ofensivos  con  que  se  armaba 
hubieran  cambiado  mucho  desde  el  invento  de  la 
pólvora,  se  hallaba,  en  los  efectos,  á  distancia 
bastante  mayor  de  ios  que  al  presente  encierra  el 
buque  militar,  conjunto  acerado  de  máquinas  com¬ 
plicadísimas,  igníferas,  neumáticas,  eléctricas  y 
funiculares;  almacén  de  proyectiles  explosivos, 


que  suma  á  las  ciegas  probabilidades  del  azar  lo 
que  resta  al  valor  y  á  la  serena  especulativa;  labo¬ 
ratorio  de  gases  de  posible  expansión  impensada, 
y  de  mayor  peligro  en  las  manos  descuidadas  ó 
torpes  para  los  que  los  manejan,  que  para  aquellos 
á  quienes  la  aviesa  intención  los  destina;  en  últi¬ 
mo  término,  formidable  agente  destructor,  impo¬ 
nente  fortaleza,  á  la  que  inmoviliza  y  anula,  sin 
embargo,  la  carencia  de  combustible. 

Lo  que  de  entonces  acá  se  mantiene  sin  altera¬ 
ción  es  el  espíritu  que  en  la  República  angloame¬ 
ricana  ha  dirigido  a  los  buques,  de  madera  ó  de 
hierro,  de  vela  ó  de  vapor,  hacia  los  fines  de  do¬ 
minación,  hipócritamente  disimulados. 

En  esos  tiempos  de  que  hago  memoria,  habién¬ 
dose  extendido  de  Norte  á  Sur  por  todo  el  Mundo 
Nuevo  la  revuelta  con  que  los  hijos  de  españoles 
laboraban  para  emanciparse  de  la  tutela  metropo¬ 
litana,  el  Gobierno  de  Washington  los  alentaba, 
los  proveía  de  barcos,  armas,  hombres  y  dinero, 
con  su  cuenta  y  razón,  bien  entendido,  sin  esca¬ 
sear  por  ello  las  protestas  de  amistad  y  simpatía 
ofrecidas  al  Gabinete  de  Madrid.  Ayudando  ade¬ 
más  á  la  constitución  de  escuadrillas  para  cada  uno 
de  los  núcleos  insurgentes,  y  demandándoles  di¬ 
plomas  ostensibles,  pobló  el  mar  de  corsarios  apa¬ 
rejados  en  sus  puertos  para  destruir  nuestro  co¬ 
mercio,  persiguiéndolo  con  el  afán  de  la  rapiña, 
no  tan  sólo  en  las  aguas  de  las  Indias,  en  nuestras 
propias  costas  peninsulares,  y  aun  dentro  del  Es¬ 
trecho  de  Gibraltar. 

La  guarda  de  la  Costa-Firme  en  las  provincias 
de  Venezuela  estaba  á  la  sazón  encomendada  al 
capitán  de  navio  D.  Angel  Laborde  y  Navarro  con 
harto  escasos  elementos  para  hacerla  efectiva:  una 
fragata,  un  bergantín  y  una  goleta  componían  la 
fuerza  puesta  á  su  disposición,  ¡y  en  qué  estado! 
La  fragata,  que  era  de  las  de  procedencia  rusa,  se 
deshacía  por  sí  sola,  podridas  las  maderas,  y  per¬ 
día  alguna  de  las  condiciones  esenciales  cada  vez 
que  la  brisa  soplaba  con  alguna  violencia.  De  gente 
andaban  los  tres  buques  tan  escasos  por  la  prolon¬ 
gación  de  la  campaña  y  los  efectos  mortíferos  del 
clima,  que  llegó  á  reducirse  la  tripulación  de  la 
goleta  á  dos  marineros  y  cuatro  grumetes,  bajando 
en  proporción  la  de  la  capitana  á  167  hombres, 
desnudos,  sin  pagas,  sin  ración  á  veces,  alimen¬ 
tándoles  el  amor  de  la  bandera  que  les  estaba  con¬ 
fiada.  ¡La  patria  tenía  tantas  atenciones  que  cubrir! 

Mientras  la  vetusta  fragata  en  continua  movili¬ 
dad  cruzó  á  la  vista  de  la  tierra,  ninguna  embarca¬ 
ción  enemiga  osó  ponerse  á  tiro;  pero  llegó  el  mo¬ 
mento  que  debía  esperarse,  en  que  dejó  de  ser 
posible  mantener  á  flote  aquel  cascajo.  El  25  de 
Noviembre  de  1822  acusó  la  sonda  del  calafate  la 
entrada  en  bodega  de  210  pulgadas  de  agua  en  al¬ 
tura,  por  hora. 

Por  acuerdo  unánime  de  los  oficiales,  en  junta 
con  su  comandante,  se  decidió  arribar  sobre  la 
costa  meridional  de  la  isla  de  Santo  Domingo,  que 
distando  cien  leguas  largas,  era  el  punto  más  pró¬ 
ximo  no  ocupado  por  los  enemigos  colombianos. 
Sería  prolijo  enumerar  las  faenas  que  se  pusieron 
por  obra  en  la  travesía,  trabajando  todos,  sin  ex¬ 
cepción,  en  el  penoso  ejercicio  de  las  bombas;  mas 
no  es  de  omitir  un  rasgo  de  la  tripulación  agobia¬ 
da,  que,  á  vista  del  puerto  de  salvamento,  prefirió 
la  prolongación  de  su  miseria  á  la  humillación  de 
la  dignidad.  Sea  Laborde,  el  jefe  admirable,  espejo 
de  la  marinería,  quien  lo  cuente: 

«Nunca  se  borrará  de  mi  memoria  la  noche  del 
7  al  8  de  este  mes  (Diciembre),  en  que  sólo  pudo 
achicarse  el  agua  á  beneficio  de  las  bombas  juga¬ 
das  por  la  más  bizarra  y  animosa  tripulación  que 
sea  dable  encontrar  en  el  mundo  entero,  estimu¬ 
lada  á  más  con  el  noble  ejemplo  de  los  oficiales . 

»Desde  el  instante  que  la  urgencia  fué  conoci¬ 
da,  hastíalos  enfermos  desertaron  la  enfermería  y 
voluntariamente  se  presentaron  al  trabajo  ocho 
de  los  diez  que  había,  lamentándose  los  dos  res¬ 
tantes  de  que  su  estado  de  postración  no  les  per¬ 
mitiese  hacer  otro  tanto . 

d  Al  amanecer  del  8  creí  que  la  proa  de  la  fragata 
se  desmoronaba,  así  como  lo  restante  de  la  obra 
muerta,  que  trató  de  atortorar  y  alivió  trayendo 
hacia  el  centro  los  cañones. 

dA  la  una  y  media  de  la  noche  recalé  sobre  la 
costa,  algo  á  sotavento  de  la  isla  Vaca,  y  perma¬ 
necí  sobre  bordos  cortos  hasta  aclarar  el  día  9. 
Experimentamos  una  mar  llana  y  ventolina  muy 
suave,  pero  ninguna  disminución  en  el  agua,  lo 
que  confirmaba  la  opinión  de  introducirse  por  los 
fondos. 

^Conseguido  ya  tener  un  puerto  inmediato  y  á 
sotavento;  hallándose  las  bombas  en  malísimo  es¬ 
tado,  á  punto  que  tuvimos  que  suplir  industrial¬ 
mente  la  falta  de  las  guarniciones  superiores  con 
rodajas  de  madera;  considerando  el  ímprobo  tra¬ 
bajo  de  la  gente,  aunque  deseaba  hallar  ánimo  en 
ella  para  seguir  hasta  Santiago  de  Cuba,  no  me 


atreví  á  resolverlo  sin  consultar  el  ánimo  de  mi 
tripulación,  pues  aunque  repugnaba  ponerme  bajo 
la  dominación  de  los  negros  de  Santo  Domingo, 
cosa  que,  por  lo  que  me  es  personal,  me  era  más 
odiosa  que  la  muerte  que  inmediatamente  nos 
amenazaba,  creí  sin  embargo  que,  en  conciencia, 
no  podía  disponer  de  la  vida  de  los  demás  con 
igual  desprendimiento.  Consideraba  á  más  que  en 
balde  tomaría  por  mi  parte  la  más  generosa  reso¬ 
lución,  si  por  la  do  unos  infelices  que  veía  ago¬ 
biados  con  el  continuo  y  más  apresurado  trabajo 
de  las  bombas  no  hallaba  igual  constancia  y  ro¬ 
bustez.  Creí  que  antes  de  abandonar  las  playas  de 
la  isla  de  Santo  Domingo  debía  explorar  el  ánimo 
de  mis  súbditos,  para  medir  en  consecuencia  mis 
determinaciones,  tanto  más,  cuanto  que  la  expe¬ 
riencia  de  dos  años  me  aseguraba  podría  contar 
en  el  mayor  extremo  con  la  más  ciega  subordina¬ 
ción  á  mis  órdenes,  y  esto  era  para  mí  una  nueva 
razón  para  no  intentar  nada  sin  consultarme  con 
los  beneméritos  que  tengo  la  honra  de  mandar. 

^Consecuente  á  lo  dicho,  congregué  á  mis  oficia¬ 
les,  á  quienes,  como  á  mí,  no  asistía  más  duda 
para  proseguir  hasta  Cuba  sino  que  á  la  gente  fal¬ 
tasen  las  fuerzas  físicas.  Quedaba  á  más  que  rece¬ 
lar  del  mal  estado  de  las  bombas,  de  las  cuales  ya 
una  se  hallaba  inútil  y  las  demás  con  viento,  en 
fuerza  de  ocho  meses  de  constante  uso  y  del  for¬ 
zado  que  acababan  de  experimentar.  En  seguida 
hice  concurrir  sobre  el  alcázar  á  toda  la  dotación, 
y  expuse  la  situación  en  que  nos  hallábamos,  el 
recurso  que  nos  quedaba  de  tomar  á  Port-Louis  y 
asegurar  de  este  modo  las  vidas  de  los  riesgos  de 
mar,  sin  poder  precaverlos  de  tierra,  poniéndose 
bajo  la  dependencia  de  los  habitantes  y  gobierno 
de  Haití;  los  esfuerzos  que  se  requerían  para  pro¬ 
seguir  hasta  Cuba,  particularmente  si  nos  sobre¬ 
venía  alguna  calma  ó  sotaventeásemos  de  dicho 
puerto,  ó  si  se  nos  llegaban  á  inutilizar  de  repente 
las  bombas.  Nada  fué  capaz  de  intimidar  ni  con¬ 
mover  sus  ánimos,  y  todos  prorrumpieron  á  una 
voz,  asegurándome  morirían  antes  al  pie  de  las 
bombas  que  consentir  que  una  sola  hilacha  cayese 
bajo  la  dominación  de  los  negros;  y  acordes  nues¬ 
tras  resoluciones,  prorrumpieron  con  la  mayor 
alegría  en  festivas  aclamaciones  de  ¡Viva  la  na¬ 
ción!  ¡Viva  el  Rey!» 

Dios  les  dió  su  amparo:  llegaron  á  Cuba  tan  á 
tiempo,  que  sentada  la  quilla  en  el  fondo  de  la 
ensenada  de  los  Cocos,  la  fragata  Ligera  tumbó 
sobre  un  costado,  como  el  noble  caballo  moribundo 
que  resiste  hasta  que  el  dueño  se  echa  en  tierra, 
para  dejarse  caer. 

Laborde  se  trasladó  á  la  Habana  á  pedir  urgen¬ 
temente  otra  fragata  con  que  volver  á  la  costa  de 
su  guarda,  y  con  la  nombrada  Sabina  y  la  corbeta 
Ceres ,  puestas  con  dificultad  á  sus  órdenes,  se  hizo 
á  la  vela  en  Abril. 

Durante  la  ausencia,  reunidos  los  buques  ene¬ 
migos  bajo  la  dirección  del  comodoro  Danells, 
habían  establecido  el  bloqueo  de  Puerto  Cabello, 
estrechando  á  las  tropas  españolas.  Sorprendidos 
con  la  aparición  de  las  dos  naves  de  la  Habana, 
trataron  de  largarse  apresuradamente;  pero  ya 
tarde  para  el  convencimiento  de  que  lograrían 
evadirse,  por  recurso  formaron  línea  de  combate 
en  esta  forma:  corbeta  María  Francisca ,  de  22 
cañones;  corbeta  Car  abobo  de  28,  con  las  insig¬ 
nias  del  mencionado  comodoro;  goleta  Leona  de  4, 
y  bergantín  Independiente  de  16.  Fuera  de  la  lí¬ 
nea,  á  sotavento ,  situaron  á  otras  tres  goletas  de 
guerra,  Manuel ,  Rayo ,  Flor  de  la  Mar¡  y  dos  sin 
armamento.  Eran,  en  suma,  nueve  barcos. 

Laborde  se  dirigió  á  toda  vela  sobre  la  línea, 
desde  barlovento ,  atacándola  á  las  cuatro  y  media 
de  la  tarde,  á  distancia  de  tiro  de  pistola,  con  vivo 
fuego  resistido  dos  horas.  Las  corbetas  insurgen¬ 
tes,  que  en  este  tiempo  habían  procurado  desarbo¬ 
lar  á  las  contrarias,  arriaron  bandera,  dispersán¬ 
dose  en  el  acto  los  otros  buques;  el  bergantín 
maltrecho. 

No  poco  lo  fué  el  aparejo  de  la  Sabina ,  partidas 
las  vergas  y  masteleros  de  gavia,  así  como  el  bota¬ 
lón  de  foque,  atravesado  en  dos  sitios  el  palo  ma¬ 
yor  y  muy  lastimadas  las  velas  y  jarcias;  mas  por 
lo  mismo  que  en  el  casco  recibió  poco  daño  no 
hubo  en  los  dos  buques  más  baja  personal  que  diez 
y  siete  heridos,  mientras  que  de  los  insurgentes  se 
registraron  cuarenta  muertos,  veinte  heridos  y 
trescientos  prisioneros. 

Acabada  la  función,  como  por  ella  quedó  levan¬ 
tado  el  bloqueo  en  aquella  fecha  ¿  l.°  de  Mayo  de 
1823,  entró  el  comandante  español  en  Puerto  Ca¬ 
bello  con  las  presas,  procediendo  á  su  reconoci¬ 
miento.  No  había  en  tales  bajeles  colombiano  más 
que  el  color  de  las  banderas:  jefes,  oficiales  y  ma¬ 
rineros  respondieron  en  lengua  inglesa  al  interro¬ 
gatorio. 

Cesáreo  Fernández  Duro. 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Abbil  1898 


252  —  n.°  xvi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


MADRID.— LA  APERTURA  DE  CORTES.  — el  pórtico  del  palacio  del  senado  momentos  antes  de  llegar  ss.  mm. 


MADRID.  — LA  APERTURA  DE  CORTES.— llegada  de  ss.  mm.  al  senado. 

(De  fotografías.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


MADRID.  LA  APERTURA  DE  CORTES  EN  EL  SENADO.  —  ovación  tributada  á  s.  m.  la  reina  regente,  durante  la  lectura  del  discurso  de  la  corona. 

(Dibujo  de  Comba.) 


254  —  n.#  xvi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Abbil  1898 


A  LA  REPÚBLICA  «YANKEE». 


“EL  CAPITÁN  DEL  «MONTSERRAT». 


Soñaste  en  cano,  con  artera  traza, , 
d  mansalva  lograr  tu  felonía; 
que  al  peso  abrumador  de  tu  amenaza 
no  inclina  la  eeroiz  la  patria  mía. 

¿‘Qué  nos  importa  el  insolente  alardes 
de  tu  poder ,  que  tu  soberbia  aumenta ? 

Calcula  el  riesgo .  el  mercader  cobardes , 

no  el  caballero  al  oindicar  su  afrenta. 

Quien  por  las  leyes  del  honor  se  riges , 
al  reto  acude  sin  pasión  bastarda; 

¡siempre  por  el  decoro  que  lo  exiges , 
nunca  por  el  provecho  que  le  aguarda! 

No  hay  honor  en  la  fuerza  codiciosa 
que  empuja  contra  el  débil  al  malvado. 

Sólo  el  vigor  del  alma  generosa 
siente  la  gloria  del  morir  honrado. 

Tú,  que  del  lucro  y  en  el  agio  vive#, 
por  la  codicia  hidrópica  que  sienten, 
ya  sé  que  no  esperabas  ni  conciben 
que  asi  luchen  y  mueran  los  valiente sí. 

Mas  los  verás  en  la  terrible  brega 
cómo  alcanzan  la  gloria  soberana. 

¡Si  el  triunfo  es  dón  de  la  fortuna  ciega, 
la  gloria  es  justa  prez  de  quien  la  gana! 

T  con  gloria  ha  de  ser  si  sucumbimos, 
y  con  honra  ha  de  ser  como  triunfemos; 
que  en  Numancia  y  JLrepanto  lo  aprendimos, 
y  contra  tu  poder  lo  probaremos. 

%laza  formada  con  la  vil  escoria, 
ni  el  oro  ni  el  poder  te  regenera; 
no  se  roban  los  timbres  de  la  historia, 
ni  se  compra  el  honor  de  la  bandera. 

•Glorias  hay  en  el  triunfo  y  en  la  muerte 
para  el  que  en  jDios  y  en  su  derecho  fia: 
¡nunca  en  el  despotismo  del  más  fuerte 
jamás  en  la  cobarde  alevosía / 

¡No!  No  has  de  ver  tu  orgullo  satisfecho, 
ni  lograr  del  honor  la  ejecutoria: 
luchando  sin  razón  y  sin  derecho, 
caerás  con  mengua  ó  vencerás  sin  gloria. 

Si,  ¡ vive  fDios!  Que  en  el  combate  rudo 
la  sangre  teñirá  de  los  valientes 
como  timbre  de  gloria  nuestro  escudo; 
para  estigma  de  oprobio  vuestras  frentes. 

CARLOS  LUIS  DE  CUENCA. 


«Llevo  dos  malas  chocolateras 
pero  llevo  mucho  peso  en  el  fon¬ 
do  del  buque  y  además  muchí¬ 
simo  corazón,  y  lo  que  no  pueda 
hacer  con  balas  lo  haré  con  una 
embestida.» 


Sí,  con  toda  esa  gallardía,  se  expresaba 
'  el  bravo  marino  antes  de  partir.  Sus 

palabras  fueron  publicadas  por  la 
prensa,  y  la  gente  comentaba  muy  á 
gusto  frases  reveladoras  de  carácter 
tan  varonil  y  enérgico. 

Después  de  todo,  habituados  estamos 
ios  españoles  á  las  más  ardientes  explosio- 

<V  nes  del  sentimiento  patrio,  y  ya  no  nos  debe 

7  sorprender  la  entereza  de  nuestros  marinos, 
ni  la  intrepidez  de  nuestros  soldados. 

La  valentía  y  el  arrojo  son  dones  profusamente 
repartidos  por  la  Naturaleza  entre  los  hijos  de  esta 
tierra  querida;  y  aquí,  es  preciso  decirlo  bien  alto^ 
ni  se  conoce  el  miedo,  ni  se  calcula  el  peligro,  ni 
se  pierde  la  serenidad  en  los  más  críticos  mo¬ 
mentos. 

La  bizarría  demostrada  por  el  capitán  del  Mont¬ 
serrat  es  peculiar  á  todos  los  marinos  que  tripu¬ 
lan  barcos,  ya  sean  de  guerra  ó  mercantes,  en 
donde  ondee  la  bandera  gualda  y  roja. 

Un  telegrama  de  la  Agencia  Mencheta  daba 
cuenta  hace  poco  de  la  siguiente  contestación 
dada  por  el  capitán  del  Satrustegui  á  los  que  le 
despedían  deseándole  un  viaje  sin  accidentes: 

—  Mi  vapor — decía — no  será  nunca  remolcado 
por  ningún  buque  yankee ,  pues  antes  echaré  el 
barco  á  pique. 

Ese  es  el  genio  de  la  raza.  En  cambio  nuestros 
*•  enemigos,  que  tienen  muy  desarrollado  el  instinto 
de  conservación ,  huyen  veloces  al  primer  ataque 
de  una  mala  cañonera,  la  más  insignificante  de 
nuestras  unidades  de  combate. 

Al  zarpar  el  día  10  del  puerto  de  Cádiz  el  vapor 
Montserrat y  fijóse  mucho  la  atención  en  lo  peli¬ 
groso  y  arriesgado  de  aquel  viaje,  emprendido  en 
vísperas  de  guerra,  cuando  era  esperada  de  un 
instante  á  otro  la  ruptura  de  hostilidades. 

Llevaba  á  bordo  .500  soldados,  bastantes  jefes  y 
oficiales  y  gran  cantidad  de  víveres,  carbón  y  mu¬ 


niciones. 

Llegó  sin  novedad  á  Canarias,  y  no  pudo  el 
aguerrido  capitán  del  buque  conocer  todavía  nada 
concreto  sobre  la  actitud  de  los  Estados  Unidos. 
Sin  la  menor  preocupación  por  los  sucesos  verda¬ 
deramente  graves  que  se  echaban  encima  con  bru¬ 
tal  rapidez,  partió  de  las  Palmas  el  día  14. 

Su  misión  era  delicadísima,  las  responsabilida¬ 
des  inmensas.  La  captura  de  la  embarcación  á  sus 
órdenes  por  la  escuadra  norteamericana,  no  hu¬ 
biera  constituido  un  vulgar  apresamiento  ó  un 
acto  más  de  piratería  que  añadir  á  los  ya  realiza^ 
dos  por  aquellos  mercaderes  sin  escrúpulo,  sino 
que  hubiera  significado  una  pérdida  grande  para 
la  nación,  que  había  puesto  á  bordo  del  vapor  á 
muchos  de  sus  hijos  y  que  le  confiaba  el  trasporte 
de  numerosos  pertrechos  de  guerra. 

El  viaje  inspiraba,  sin  embargo,  mucha  con¬ 
fianza  á  todos’  los  que  seguíamos  con  la  imagina¬ 
ción  la  ruta' del  transatlántico.  Sabíamos  que  iba 
al  mando  de  óLD.  Manuel  Deschampe,  un  valiente 
hijo  de  la  Coruña  que  une  á  su  carácter  íntegro  y 
resuelto  los  conocimientos  de  náutica  más  exten¬ 
sos  y  una  pericia  singular  demostrada  en  sinnú¬ 
mero  de  ocasiones. 

No  bien  empezó  la  racha  de  los  apresamientos, 
corrió  en  Nueva  York  como  válida  la  noticia  de 
haber  caído  en  poder  de  la  escuadra  yankee  el  va¬ 
por  Montserrat .  Lo  mismo  se  dijo  por  muchos  pe¬ 
riódicos  de  Europa  que  surten  sus  informaciones 
con  telegramas  de  Washington  y  Key  West. 

En  cambio,  entre  nosotros  reinaba  la  tranquili¬ 
dad  más  absoluta,  conservándose  intacta  la  fe  en 
el  éxito  del  esclarecido  marino  Deschamps. 

Lo  prueba  la  prensa  de  aquellos  días ,  que  se  ex¬ 
presaba  en  estos  términos: 

«Antes  de  zarpar  estaban  descontadas  las  con¬ 
tingencias  del  viaje,  y  es  algo  difícil  la  presa.» 

No  tardó  en  recibirse  un  telegrama  de  un  co¬ 
rresponsal  que  desde  la  Habana  decía: 

«A  mediodía  vimos  que  llegaba  un  vapor  de  gran 
porte.  Créese  que  es  el  Montserrat .  Cuando  lle¬ 
gaba  cerca  de  la  escuadra  cambió  de  rumbo,  ale¬ 
jándose  perseguido  por  uno  de  los  cruceros  norte¬ 
americanos.» 

Y  tampoco  se  hizo  esperar  la  oficial  confirma¬ 
ción  de  esta  noticia,  más  halagadoramente  expre¬ 
sada  por  el  general  Blanco  en  la  siguiente  forma: 

«El  vapor  Montserrat  se  presentó  á  la  vista  del 
—  Morro.  La  escuadra  destacó  un-buque  para  impe¬ 
dir  su  entrada,  y  el  Montserrat  se  vió  obligado  á 


/ 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Abril  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


n.®  xvi  —  265 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA.  —  la  escuadra  VOLANTE  americana  en  hampton  ROAD, 


mm. 


m.  -  - 

Át  4  HWjPB 

K^SiJÍ  R^r. 

íf 

■■ft  •  -  - 1  _■  *  jtt. — .—A, 

p  wA 

■k  m  '  >1 

*  ÍXSn  ‘  vt  PZiiLtS 

wm  a  v  i\wíi\  i  /JtSXdi 

Texas.  Brooklyn.  MinneapolU.  Columbio.  Massachuscíts. 


258  —  n.°  xvi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Abkil  1898 


hacerse  á  alta  mar.  Créese  que  ha  podido  burlar 
la  persecución.)) 

Todos  los  corazones  rebosaban  de  contento,  y 
ya  nadie  ponía  en  duda  el  feliz  término  de  la  di¬ 
fícil  travesía. 

No  fueron  vanas  las  esperanzas  de  los  buenos 
españoles.  El  capitán  Deschamps,  procediendo  he¬ 
roicamente,  salvó  todos  los  obstáculos,  y  llevando 
por  divisa  el  lema  del  antiguo  crestón:  «O  encuen¬ 
tro  camino  ó  me  al)ro  uno» ,  atravesó  la  línea  de 
fuegos  de  los  acorazados  yankees ,  recorrió  la  costa 
occidental  de  la  Isla  de  Cuba,  pasando  por  frente 
de  Mariel  y  Bahía  Honda,  continuó  por  el  Norte 
de  la  provincia  de  Pinar  del  Río  hasta  dar  la 
vuelta  al  cabo  de  San  Antonio,  y  siguiendo  in¬ 
verso  camino  por  la  parte  Sur  de  la  gran  Antilla, 
fondeó  con  toda  felicidad  en  la  bahía  de  Jagua¡ 
de  la  ciudad  de  Cienfuegos. 

Tal  es  al  menos  el  itinerario  que  se  supone  pro¬ 
bable,  con  los  datos  que  hoy  conocemos.  Y  sea 
cual  fuere  la  dirección  seguida  por  el  magnífico 
vapor  de  la  Compañía  Transatlántica  que  ha  bur¬ 
lado  el  fantástico  bloqueo,  lo  cierto  es  que  este 
hecho  ha  puesto  una  vez  más  de  relieve  la  poca 
efectividad  de  las  fuerzas  navales  de  los  Estados 
Unidos. 

Antes  ya  habían  logrado  entrar  en  el  puerto  de 
la  Habana  el  crucero  italiano  Oiovanni  Bauzan 
y  un  buque  de  la  Compañía  Herrera . 

Ahora,  con  la  arribada  del  Montserrat  se  acabó 
de  ver  que  no  es  exacto  el  bloqueo  hasta  Cien- 
fuegos  notificado  por  Mac-Kinley  á  las  potencias. 
Antes  de  1856  cabía  lo  que  se  llamaba  bloqueo  en 
el  papel ,  que  consistía  en  la  declaración  escrita, 
sin  estar  apoyada  por  el  número  de  barcos  sufi¬ 
ciente. 

Hoy,  para  que  el  bloqueo  sea  efectivo,  se  pre¬ 
cisa  que  las  fuerzas  marítimas  resulten  bastantes 
para  impedir  en  absoluto  todo  género  de  comuni¬ 
caciones  entre  el  punto  bloqueado  y  el  exterior. 
Es  el  único  y  eficaz,  y  su  observancia  es  obligato¬ 
ria  para  los  neutrales,  con  arreglo  á  la  Declara¬ 
ción  internacional  de  París. 

El  capitán  Deschamps  no  encontró  á  su  paso  los 
serios  obstáculos  de  un  completo  bloqueo,  reali¬ 
zado  con  sujeción  á  las  prácticas  del  derecho  de 
gentes.  Con  la  sola  defensa  de  dos  medianos  ca¬ 
ñones,  que  era  todo  el  armamento  que  llevaba, 
burló  la  vigilancia  de  los  buques  yankees ,  que  al¬ 
canzan  velocidades  de  17  á  21  millas. 

Es  verdad  que  se  trataba  de  un  marino  español, 
y  como  tal  pundonoroso  y  atrevido  hasta  el  sacri¬ 
ficio.  Lleva  más  de  veinte  años  al  servicio  de  la 
Trasatlántica,  y  sólo  hace  cinco  que  manda  va¬ 
pores,  aunque  sin  carácter  definitivo  en  los  esca¬ 
lafones  de  la  Empresa. 

Todo  el  mundo  confía  en  su  inmediato  ascenso, 
y  aplaude  la  resolución  del  Gobierno  proponién¬ 
dole  para  la  más  alta  recompensa  en  la  Marina. 

Una  nota  final,  que  prueba  el  entusiasmo  des¬ 
pertado  por  el  temerario  comportamiento  del  ca¬ 
pitán  Deschamps.  El  Casino  de  Madrid  ha  acordado 
regalarle  las  insignias  de  la  Cruz  Roja  del  Mérito 
Naval. 

Gabriel  R.  España. 


POR  QUÉ  EL  SOL  NO  SE  APAGA. 


conBUme>  sabe  Dios  desde  hace 
cuántos  siglos,  cantidades  innumera- 
bles  de  calor,  y  la  humanidad  no  se 
X explica  que,  si  se  gasta,  no  se  empobrezca 
cuando  no  se  recupera  lo  gastado. 

1J7  Nadie  comprende  que  un.  fuego  no  se  apa- 
gue  si  con  nuevos  combustibles  no  se  le  ali¬ 
menta,  así  como  paletadas  de  carbón,  y  esto 
se  busca  para  el  astro  del  día,  ni  más  ni  menos  que 
si  se  tratara  de  un  choubesky.  Meyer  y  Thomson 
creyeron  encontrar  esa  carbonera  inacabable  en 
la  gran  cantidad  de  siderolitos  que,  según  aque¬ 
llos,  deben  caer  á  diario  sobre  el  Sol;  Siemen  halló 
también  un  buen  depósito  de  combustible  en  el 
oxígeno,  hidrógeno,  ázoe  y  carbono  que  aquel  sa¬ 
bio  supone  mezclados  en  las  esferas  siderales  con 
los  tenues  átomos  del  éter.  Pero  la  gente  no  en¬ 
tiende  de  suposiciones:  quiere  ver  al  fogonero  ati¬ 
zando  los  hornos,  y  como  no  le  vea,  se  burlará  muy 
á  su  gusto  de  esos  depósitos  ideales. 

En  un  trabajo,  modesto  como  mío,  publicado  no 
hace  mucho  en  este  mismo  periódico,  extrañaba 
yo  que  la  ciencia  se  esté  dando  de  calabazadas  por 
encontrar  científicamente  la  causa  de  las  causas,  ó, 
si  se  me  permite,  el  primer  principio ,  cuando  esta 
primera  causa  científica  no  existe  ni  puede  existir; 
y  de  igual  modo  es  posible  que  se  extrañe  la  gente 


de  que  la  sabiduría  ande  por  esos  espacios  infini¬ 
tos  en  busca  de  ese  depósito  de  carbón,  que  no  más 
que  con  fijarse  en  los  últimos  descubrimientos  cien¬ 
tíficos,  se  ve,  yo  creo,  que  maldita  la  falta  que  nos 
hace. 

Tiempos  atrás,  en  aquellos  en  que  se  tenía  como 
cierta  la  célebre  teoría  de  Newton  relativa  á  la 
luz  y  al  calor,  podrían  comprenderse  estos  temo¬ 
res  de  que  el  Sol  se  apagara,  y  era  justificada  la 
manía  de  agregarle  algo  desde  fuera  para  que  no 
disminuyese.  Suponía  Newton  que  la  luz  del  astro 
central  y  su  calor,  mejor  aún,  el  medio  para  que 
á  nosotros  llegasen,  era  como  especie  de  lluvia  ó 
copioso  desprendimiento  de  materia  solar,  tan  te¬ 
nue  como  el  éter  mismo;  pero  como  de  ser  esto  así 
poco  tiempo  hubiéramos  podido  disfrutar  de  aquel 
calor  y  de  aquella  luz,  dadas  las  dimensiones  del 
Sol  y  el  espacio  que  con  su  luz  y  su  calor  abarca,  la 
teoría  de  Newton  ha  sido  desechada  por  imposi¬ 
ble.  Aquella  otra  famosa,  que  suponía  en  nuestros 
ojos,  y  no  sé  si  en  todo  nuestro  organismo  invisi¬ 
bles,  tentáculos  que,  alargados  hasta  palpar  con  sus 
extremidades  los  objetos,  nos  transportaban  las 
imágenes,  y  acaso  también  el  calor  y  otras  mil 
sensaciones;  la  suposición  del  fluido  lumínico,  del 
fluido  calórico  y  de  tantos  otros  fluidos  con  que 
se  aclaraban  en  tiempos  estas  y  otras  obscuridades, 
y  muchas  extrañas  ideas  tan  en  boga  durante  lar¬ 
gos  años,  ahora  son  en  justicia  consideradas  como 
absurdos. 

Ya  sólo  existe  una  teoría  para  esta  clase  de  fe¬ 
nómenos.  Se  afirma  hoy  que  la  luz,  el  color  y  el 
calor;  mejor  dicho,  la  causa  de  que  á  nosotros  lle¬ 
guen,  no  es  sino  la  vibración  de  una  tenue  sus¬ 
tancia  que  se  extiende  por  los  espacios  infinitos. 
Es  cierto  que  la  existencia  del  éter  no  está  toda¬ 
vía  comprobada,  y  posible  que  esta  nueva  teoría 
aumente  con  el  tiempo  el  interminable  caudal  de 
los  absurdos;  pero  si  hoy  la  ciencia  sin  ningún 
escrúpulo  la  admite;  si  afirma  que  por  el  éter  no 
se  nos  comunican  sustancias,  sino  sólo  la  imagen 
y  las  propiedades  de  los  objetos,  resulta  verdade¬ 
ramente  extraño  que  esa  misma  ciencia  trate  de 
inquirir  los  motivos  de  por  qué  el  Sol  no  se  con¬ 
sume.  ¿  Por  que  y  cómo  se  han  de  gastar  un  calor 
y  una  luz  que  no  se  vierten,  que  no  se  esparcen, 
de  los  que  la  imagen  sólo  nos  llega?  ¿Se  gastan 
acaso  los  objetos  porque  la  fotografía  los  repro¬ 
duzca? 

Aventuradilla  es  la  idea,  y  es  preciso  aclararla. 

Todos  saben  cómo  los  cuerpos  se  componen  de 
pequeñas  partículas,  que  han  hecho  pensar  en  la 
existencia  de  los  átomos  como  principio  de  la 
materia  ó  parte  material  indivisible.  La  teoría 
atómica  ha  sido  siempre  rechazada  por  muchos  con 
razones  incontestables:  es  muy  cierto  que,  por  pe¬ 
queña  que  sea  una  parte  de  la  materia,  teórica¬ 
mente  siempre  será  posible  su  división.  Pero  si 
los  átomos  ideales  desde  luego  no  existen,  los  áto¬ 
mos  reales  forzosamente  tienen  que  existir.  La 
fuerza  humana  puede  pulverizar  un  cuerpo,  redu¬ 
cir  aquel  polvo  á  otro  más  sutil  todavía;  pero  la 
fuerza  humana  tiene  su  límite,  y  hasta  él  sólo  lle¬ 
gará  no  más  su  facultad  de  destrucción.  Las  fuer¬ 
zas  de  la  Naturaleza  son,  claro  está,  mucho  más 
poderosas;  pero  indudablemente  han  de  ser  tam¬ 
bién  limitadas:  á  este  límite  alcanzará  no  más  en 
ellas  su  poderío  destructor;  y  cuando  los  cuerpos 
se  descompongan  en  tan  ínfimas  partes  que  ya 
sean  invulnerables  á  la  acción  de  la  Naturaleza, 
cada  una  de  esas  partes  será  realmente  indivisi¬ 
ble,  y  por  tanto  un  átomo  real. 

Supongamos  ahora  que  la  combustión  es  el  lí¬ 
mite  para  la  fuerza  natural  en  nuestro  globo :  el 
resultado  que  ella  obtenga  sobre  los  cuerpos  no 
será  otro  que  la  completa  disgregación  de  sus  áto¬ 
mos.  Pero  ya  se  ha  dicho  que  los  átomos  son  inal¬ 
terables,  y,  por  tanto,  conservarán  su  cualidad  y 
su  sustancia;  á  tal  punto,  que  si  fuera  posible  reco¬ 
ger  de  la  atmósfera  los  en  ella  esparcidos;  del 
suelo  los  que  en  este  quedasen,  y  los  combináse¬ 
mos  otra  vez,  se  obtendría  sin  duda  de  nuevo  el 
cuerpo  combustible.  Y  como  de  la  Tierra  nada  sale, 
y  los  átomos  no  se  destruyen,  existirán  siempre 
en  aquélla  iguales  elementos  para  la  combustión, 
en  posibilidad  de  combinarse  de  nuevo  y  repro¬ 
ducir  el  fenómeno.  La  cuestión  es  que  aquellos 
elementos  se  combinen,  y  en  la  Tierra  para  la 
reunión  de  los  átomos  que  antes  se  desunieron 
hace  falta  un  ratito. 

¿Ocurre  esto  en  el  Sol? 

La  constitución  del  astro  central  es  distinta  á  la 
de  nuestro  globo:  no  existe  en  él  esta  atmósfera 
tenue  en  la  que  los  vapores  se  disipan.  La  atmós¬ 
fera  solar  es  tan  densa  casi  como  el  Sol  mismo,  y 
esto  sin  explicación  se  comprende.  Hay  muchos 
que  suponen  que  es  ella  sola  la  que  arde.  Nada  la 
envuelve  sino  el  éter,  y  al  éter  no  se  va  parte 
alguna  de  la  materia,  ó  no  son  ciertas  las  leyes  de 
atracción,  y  si  no  fuesen  ciertas,  entonces  sí  que 


el  Sol  disminuiría  y  hasta  acabaría  por  extinguir¬ 
se,  no  estando  por  nuestra  parte  libres  de  ese  pe¬ 
ligro. 

La  atracción  que  se  supone  en  el  centro  sobre 
la  materia,  ó  bien  la  acción  molecular,  producen 
allí  la  combustión  en  igual  forma  que  ocurre  en 
el  interior  de  nuestro  globo.  Allí,  como  aquí,  las 
fuerzas  de  la  Naturaleza  no  pueden  ser  ilimitadas; 
el  efecto  superior  que  ellas  produzcan  en  la  des¬ 
trucción  de  los  cuerpos  no  será  otro  que  la  disgre¬ 
gación  de  sus  átomos  en  una  atmósfera  que  arde 
y  es  casi  tan  densa  como  el  Sol  mismo.  Y  puesto 
que  las  sustancias  no  se  pierden,  ni  las  partículas 
ínfimas  sufren  tampoco  alteración  en  sus  condi¬ 
ciones,  y  al  agitarse  aquéllas  no  lo  hacen  en  toda 
libertad  á  causa  del  espesor  de  la  hoguera,  pueden 
de  nuevo  combinarse  mucho  más  fácilmente  que 
en  nuestro  globo,  y  sostener  la  combustión  sin 
tregua  alguna  y  con  la  misma  intensidad. 

El  Sol,  pues,  creo  yo,  no  se  apagará  nunca  por 
falta  de  materiales  que  animen  el  incendio,  sin 
que  haya  necesidad  de  arrojarle  paletadas  de  si¬ 
derolitos,  que  pudieran  espasear  algún  día  ó  no 
hallarse  en  la  vecindad.  El  vive  por  sí  mismo, 
como  todo  en  el  universo,  como  la  humanidad,  que 
por  sí  propia  se  reproduce,  y  los  vegetales  que  con 
sus  semillas  se  renuevan,  y  hasta  el  mineral,  que 
se  desorganiza  para  combinarse  otra  vez  con  las 
mismas  sustancias. 

Estén  tranquilos  los  mortales:  no  nos  quedare¬ 
mos  á  obscuras. 

Luis  Calvo  Revilla. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


.  NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 

Crispí  pintado  por  si  mismo.  — Los  católicos  de  Malte»  en  Suiza  — 
Retreta  municipal  contra  los  maridos. —El  diablo  en  la  iglesia 
yankee. —  Un  verdugo  de  las  colonias  inglesas.  — Una  victima  de  la 
policia  alemana.  —  La  Raffesia  Amoldi  de  Mindanao;  la  flor  más 
hermosa  del  mundo. 


KA  fama  del  ilustre  hombre  de  Estado 
Crispi  ha  sido  tan  cruelmente  com¬ 
batida  por  sus  innumerables  adversa¬ 
rios,  que  no  sólo  en  Italia,  sino  en  el 
Extranjero, 'resulta  muy  reducida  la 
Ra  de  su  crédito.  Pero  no  es  el  político 
aliano  hombre  que  se  amedrente,  ni 
que  se  sienta  debilitado  en  lo  más  mínimo 
V  por  los  ataques  de  sus  enemigos,  sino  que, 
por  el  contrario,  haciendo  gala  de  su  carác¬ 
ter  enérgico,  animoso  é  indomable,  mantiene  er¬ 
guidos  su  cabeza  y  su  genio,  y  mira  con  soberano 
desprecio  á  cuantos  tratan  de  molestarle.  Para  no 
quedar  expuesto  mañana  ú  otro  día  á  la  acción 
demoledora  que  la  crítica  sañuda  y  parcial,  dis¬ 
frazada  de  historia,  suele  producir  en  la  determi¬ 
nación  del  mérito  de  los  hombres  eminentes,  y 
que  á  él  de  seguro  podría  alcanzar,  se  ha  preve¬ 
nido  Crispi,  elaborando  con  toda  paciencia  y  cui¬ 
dado  una  larga  serie  de  Memorias  que  constitu¬ 
yen  una  autobiografía  y  una  crónica  analítica  de 
la  historia  contemporánea  de  Italia. 

La  obra  manuscrita,  que  formará  nueve  tomos, 
para  cada  uno  de  los  cuales  ha  redactado  cuatro¬ 
cientas  cuartillas,  ha  sido  adquirida,  según  dice  el 
Corriere  delta  Sera ,  por  un  editor  inglés,  que  em¬ 
pezará  á  publicarla  en  el  próximo  mes  de  Julio. 
La  distribución  del  trabajo  es  esta:  Tomo  I.  Polé¬ 
micas  entre  Mazzini  y  Cavour,  escritas  por  Crispi 
en  la  época  en  que  tuvieron  lugar  y  á  la  sazón  en 
que  desempeñaba  el  cargo  de  corresponsal  de  va¬ 
rios  periódicos  franceses. — II.  La  unidad  italiana 
y  la  autonomía  de  Sicilia.— III.  Historia  documen¬ 
tada  de  los  preparativos  y  marcha  de  la  expedi¬ 
ción  de  los  Mil.— iy.  Desembarco  en  Maréala  y 
gobierno  provisional  de  Sicilia. — Del  Y  al  IX,  la 
obra  versa  sobre  los  sucesos  ocurridos  desde  1860 
hasta  el  último  Ministerio,  resumiéndose  en  uno 
de  los  últimos  la  participación  importante  que 
Crispi  tuvo  en  la  formación  de  la  triple  alianza. 

Se  hará  una  edición  en  italiano  y  otra  en  inglés, 
y  seguramente  se  publicarán  ¿  continuación  las 
traducciones  en  francés  y  en  alemán.  El  que  fué 
brillante  periodista  en  su  juventud  y  gran  orador 
siempre,  habrá  realizado  esta  tarea,  que  tanto  le 
interesa,  con  todo  el  arte  que  un  ingenio  tan  ce¬ 
lebrado  ha  tenido  constantemente  á  su  disposi¬ 
ción,  de  ese  modo  que  el  libro,  aunque  sea  políti¬ 
co,  y  por  consiguiente  un  tanto  repulsivo  á  los 
espíritus  tranquilos  y  amigos  de  la  amenidad,  re¬ 
sultará  ameno,  interesante  é  instructivo,  porque 
la  política  aparecerá  en  él  perfectamente  suavi¬ 
zada  por  los  atractivos  del  estilo  y  de  la  correc¬ 
ción  literaria. 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Abbil  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.a  xvi  —  259 


„  Macho  se  ha"  hablado  siempre,  al  describirlos 
rasgos  característicos  de  las  naciones,  de  la  tole¬ 
rancia,  calma  y  bonhomie  propias  del  patriarcal 
pueblo  suizo;  pero  entre  todas  las  demostraciones 
aducidas  para  evidenciarlo  yo  no  recuerdo  nin¬ 
guna  que  mejor  fotografíe  esas  envidiables  cuali¬ 
dades  morales  como  la  que  cuenta  el  periódico  de 
Lucerna  titulado  La  Gruyere . 

Viven  en  el  pueblo  de  Malters  un  gran  número 
de  vecinos  procedentes  del  cantón  de  Berna,  que 
son  protestantes.  EL  pueblo  es  católico,  y  jamás 
se  ha  inmiscuido  para  nada  en  las  prácticas  reli¬ 
giosas  ni  en  las  manifestaciones  de  dichos  beme- 
ses.  Estos  no  tienen  allí  pastor,  ni  sacerdote,  y, 
por  no  tener,  ni  siquiera  tienen  templo,  ni  cosa 
semejante.  Cuando  alguna  que  otra  vez  acudía 
desde  Lucerna  el  pastor  Z.  Locher  para  predicar 
á  sus  correligionarios ,  solían  reunirse  en  la  sala 
de  la  planta  baja  de  una  casa,  y  ocupaban  además 
los  pasillos  y  las  afueras,  procurando  los  que  no 
podían  entrar  tomar  parte  en  las  ceremonias  aso¬ 
mándose  por  las  ventanas. 

El  cura  católico  del  pueblo,  Mr.  Estermann,  con¬ 
siderando  lo  apurada  que  se  veía  aquella  gente 
para  cumplir  con  sus  deberes  religiosos,  visitó  á 
Locher  cuando  últimamente  acudió  á  Malters  y  le 
invitó  á  que  celebrara  en  adelante  los  actos  del 
culto  dentro  de  su  iglesia.  Aplaudió  el  vecindario 
este  rasgo  de  consideración  y  de  tolerancia  de  su 
párroco,  y  no  sólo  les  pareció  bien  lo  acordado,  sino 
que  convinieron  en  abrir  una  suscripción  para  ad¬ 
quirir  un  armonio,  que  se  entregara  á  la  colonia 
bernesa  para  que  pueda  utilizarlo  en  el  acompa¬ 
ñamiento  de  los  cánticos  del  rito  protestante.  «En 
las  listas  de  suscripción,  dice  La  Gruyere ,  figuran 
al  lado  de  los  nombres  de  los  berneses  los  de  los 
católicos,  siendo  el  número  de  éstos  tres  veces 
mayor  que  el  de  aquéllos.:» 

— Posible  es — dijo  al  pastor  Locher,  en  Lucer¬ 
na,  un  personaje  á  quien  refirió  este  caso; — posi¬ 
ble  es  que  Mr.  Estermann  convierta  á  todos  sus 
feligreses  de  usted  y  los  anexione  á  su  parroquia. 

— ¡Todo  pudiera  ser! — contestó  el  pastor, — 
porque  el  medio  más  eficaz  de  conversión  es  el 
que  Mr.  Estermann  emplea,  aunque  con  su  tole¬ 
rancia  y  su  afecto  no  se  haya  propuesto  realizar 
semejante  fin. 

• 

•  • 

Las  aldeanas  de  algunos  pueblos  próximos  á  Lu¬ 
cerna,  ya  que  no  puedan  convertir  á  sus  maridos 
en  materia  de  que  no  estén  trasnochando  en  la 
taberna,  tratan  de  atarles  corto.  El  periódico  de 
dicha  capital  L'Entlebucher  manifiesta  que  mul¬ 
titud  de  madres  de  familia  han  dirigido  una  carta- 
exposición  al  prefecto  de  la  comarca  pidiéndole 
que  designe  una  hora  determinada  de  la  noche, 
las  ocho  en  el  invierno,  y  las  nueve  y  media  en  el 
verano,  para  que  al  toque  de  campana  se  cierren 
todos  los  establecimientos  de  bebidas  y  juegos  de 
cartas,  y  obligue  la  policía  á  que  «cada  mochuelo 
vaya  á  su  olivo».  Dicen  las  señoras  al  Goberna¬ 
dor:  «Si  V.  S.  ordena  que  se  den  los  toques  de 
campana;  si  se  advierte  que  ha  llegado  el  momen¬ 
to  de  la  retreta  municipal,  poniendo  en  práctica 
cuantas  medidas  sean  necesarias  para  desde  di¬ 
cho  momento  no  se  vierta  una  sola  gota  más  en 
los  vasos,  ni  parezca  una  baraja  sobre  las  mesas, 
tejeremos  una  corona  en  honor  suyo  ( sic )  y  será 
eterno  nuestro  reconocimiento,  ya  que  es  absolu¬ 
tamente  preciso  que  nuestros  maridos  se  retiren 
temprano  y  descansen  lo  necesario,  para  que  á  la 
mañana  siguiente  no  se  encuentren  incapacitados 
para  madrugar  y  trabajar.» 

Dadas  la  tolerancia  masculina,  la  calma  y  la 
bonhomie  que  quedan  dichas,  no  hay  duda  de  que 
las  suizas  se  impondrán  á  los  suizos,  y  de  que  la 
campana  municipal  será  de  aquí  en  adelante,  al 
vibrar  en  la  hora  de  la  retreta,  el  disolvente  de 
todos  los  núcleos  de  consumidores  de  cerveza  y  de 
aguardientes,  y  de  los  clubs  de  habladores  y  des¬ 
ocupados,  y  de  los  que,  á  pesar  de  contar  con  me¬ 
dios  para  estirar  mucho  los  brazos,  alcanzan  á 
tirar  de  la  oreja  á  Jorge,  disputándose  un  puñado 
de  céntimos  en  cada  sesión. 

• 

•  • 

La  formalidad  de  los  Estados  Unidos  hace  reir 
á  todo  el  mundo.  A  la  cifra  de  20.000  hombres  que 
iban  á  desembarcar  en  Cuba,  le  han  quitado  un 
cero;  al  bloqueo,  quitándole  otro  cero,  es  decir,  la 
o  final,  resulta  que  la  escuadra  yankee  es  un  blo¬ 
que,  ó  adoquín  ó  tarugo  que  no  tapa  ningún  agu¬ 
jero  por  donde  los  barcos  españoles  puedan  llegar 
á  la  isla;  á  los  habitantes  de  las  costas,  desde  las 
de  la  Florida  hasta  Boston,  puede  representárseles 
también  por  un  cero ,  que  añadido  al  té  que  toman 
para  fortalecerse,  da  como  suma  la  palabra  que 
expresa  el  verdadero  estado  de  su  ánimo,  cerote !; 
las  milicias,  por  lo  mal  que  se  organizan,  demues¬ 


tran  que  son  verdaderas  malicias ;  y,  á  cambio  de 
los  barcos  que  nos  roban,  cargados  de  los  pacíficos 
utensilios  que  tanta  falta  les  hacen,  como  azúcar, 
leña  y  cuernos,  nosotros  les  apresamos  otros  car¬ 
gados  de  carbón,  ó  les  agujereamos,  de  parte  á 
parte,  cañoneros  como  el  Cmhing . 

La  literatura  se  inspira  toda  en  la  trampa  de 
Tampa,  y  el  patriotismo  se  da  de  cabezadas  en  el 
revolutum  blanco  y  negro  que  ha  formado  el  Mi¬ 
nistro  de  la  Guerra  en  el  campamento  encharcado 
de  lodo,  de  ginebra  y  de  whiskey  que  hay  en  Chic- 
kamanga.  Aquella  nación  tan  culta  y  tan  adelan¬ 
tada,  ofrece  sin  cesar  relevantes  pruebas  del  refina¬ 
miento  de  su  estado  social  en  la  vida  y  costumbres 
de  los  pueblos.  Hé  aquí  un  detalle  curioso  que  lo 
demuestra  á  maravilla:  el  domingo  10  del  co¬ 
rriente  predicaba  en  su  iglesia  de  Betlsel,  en  Bor- 
bón  (Indiana),  el  reverendo  pastor  Alkin,  desarro¬ 
llando  el  tema:  «Su  Majestad  Satanás».  Cuando 
estaba  en  lo  más  interesante  de  su  sermón  y  des¬ 
cribía  con  horripilantes  pormenores  al  espíritu 
del  mal,  pintándolo  con  sombríos  colores  en  me¬ 
dio  de  las  llamas  y  rebullicio  de  los  infiernos,  se 
vió  aparecer  en  la  iglesia,  y  correr  por  medio  de 
ella  hasta  el  altar,  á  un  individuo  vestido  de  dia¬ 
blo,  con  traje  y  larga  cola  de  color  escarlata,  tiz¬ 
nado  el  rostro  y  ostentando  en  la  cabeza  un  par 
de  descomunales  cuernos.  El  siniestro  aparecido 
recorrió  la  iglesia  dando  saltos  por  entre  los  gru¬ 
pos  de  personas,  echando  llamas  y  humo  por  boca 
y  narices,  y  diciendo:  «¡Yo  soy  el  demonio!  ¡Ve¬ 
nid,  venid  todos  conmigo!» 

Asustados  los  fieles,  revueltos  en  confuso  tropel 
hombres,  mujeres  y  niños,  caídos  y  pisoteados 
muchos  de  ellos,  en  medio  de  la  gritería  más  es¬ 
pantosa,  se  amontonaron  hacia  las  puertas  para 
escapar  de  las  garras  de  Satanás.  Al  correr  ato¬ 
londrados  derribaron  la  estufa  encendida  que  ser¬ 
vía  para  la  calefacción  del  templo,  la  cual  prendió 
fuego  á  las  sillas;  y  como  nadie  pensó  en  acudir  á 
apagarlo,  bien  pronto  ardieron  todas,  comunicán¬ 
dose  el  incendio  á  la  armadura  del  altar,  del  coro, 
del  púlpito  y  del  techo.  Cuando  á  los  doce  minutos 
de  la  entrada  del  diablo  habían  desaparecido  por  las 
ventanas  de  la  sacristía  éste  y  el  reverendo  pas¬ 
tor,  y  se  sacaron  los  últimos  pisoteados  y  caldos 
que  había  cerca  de  las  puertas,  la  iglesia  ardía  en 
masa,  y  media  hora  después  no  quedaban  más  que 
montones  de  humeantes  escombros  sobre  los  ci¬ 
mientos. 

Esto  ha  ocurrido  en  uno  de  los  Estados  centra¬ 
les  de  la  Unión  norteamericana,  á  dos  pasos  de 
Indianópolis  y  de  La  Fayette,  entre  las  múltiples 
vías  férreas  que  unen  á  Chicago  con  Cincinnati  y 
Luisville,  es  decir,  en  plena  tierra  de  la  civiliza¬ 
ción  yankee ,  no  en  el  Colorado,  ni  en  el  Oeste,  ni 
en  ninguno  de  los  territorios  que  tienen  fama  de 
ser  el  escenario  obligado  de  todas  las  extra vagan¬ 
cias  y  barbaridades  propias  de  los  pueblos  hetero¬ 
géneos  sin  ideal  y  sin  respeto  á  la  ley  ni  al  pró¬ 
jimo.  Semejante  cuadro  es  digno  de  figurar,  como 
elocuente  documento  de  prueba,  en  la  galería  esco¬ 
gida  de  las  informalidades  que  reflejan  la  deca¬ 
dencia  moral  de  la  patria  de  Taylor,  de  Lee  y  de 
Mac-Kinley. 

•  • 

Hay  un  sistema  colonial  que  consiste  en  dejar 
á  los  indígenas  en  completa  libertad  de  continuar 
practicando  todas  las  bárbaras  tradiciones  y  cos¬ 
tumbres  de  sus  antepasados,  con  tal  de  que  reco¬ 
nozcan  sumisos  la  soberanía  europea  que  les  do¬ 
mina  y  paguen  los  grandes  tributos  que  se  les  exi¬ 
gen.  Así  lo  tienen  planteado  algunos  europeos  en 
las  Indias.  Hoy  admiran  los  habitantes  de  Ham- 
burgo  á  un  personaje  que  ha  desempeñado  princi¬ 
pal  papel  en  esas  costumbres  bárbaras:  al  verdugo 
de  cuatro  patas.  De  la  India  ha  llegado  á  aquella 
metrópoli  del  comercio  central  de  Europa  el  afa¬ 
mado  tratante  de  fieras  Cari  Hagenbech,  que  entre 
otros  ejemplares  ha  traído  un  elefante  de  ochenta 
años,  jubilado  de  su  profesión  de  verdugo  después 
de  haber  cumplido  treinta  de  buenos  servicios. 

Es  el  caso  que  como  la  religión  de  los  indios 
les  prohíbe  matar  á  ningún  prójimo  aunque  sea 
criminal,  destinan  al  cruento  oficio  de  ejecutar  á 
los  malhechores  á  los  elefantes  de  mayor  talla  que 
se  encuentran  en  la  comarca.  El  que  ha  llegado  á 
Hamburgo  procede  del  país  de  Dacca.  La  ejecu¬ 
ción  se  realiza  obligando  al  condenado  á  poner  su 
cabeza  sobre  una  piedra.  El  elefante  levanta  una 
de  las  patas  delanteras,  calzada  á  propósito,  y  la 
coloca  sobre  la  cabeza  del  reo,  que  queda  deshe¬ 
cha  con  una  simple  presión. 

Repugna,  á  la  verdad,  el  leer  estos  detalles;  pero 
¿cuánto  más  repugnante  no  es  el  presenciarlos  y 
consentirlos?  ¿Hay  algo  análogo  ni  parecido  en 
los  detalles  seculares  de  nuestras  posesiones  ultra¬ 
marinas? 

•  • 


Aliquando  también  en  plena  civilización  ocu¬ 
rren  espantosos  sucesos,  en  los  cuales  el  verdugo 
es  el  abandono  de  los  desgraciados.  No  puede 
leerse  sin  profunda  pena  lo  sucedido  en  Ratisbona, 
en  la  culta  comarca  de  Baviera.  La  policía  detuvo 
en  las  calles  á  un  niño  de  doce  años,  que  por  no 
tener  medios  con  qué  sustentarse  vivía  pidiendo 
limosna.  Acusado  de  vagabundo  fué  encerrado  en 
un  calabozo  á  pesar  de  sus  protestas  de  inocencia, 
de  sus  lamentos  y  de  las  súplicas  que  hacía  para 
que  le  permitieran  regresar  á  su  casa.  Nadie  dió 
importancia  á  sus  lágrimas.  Metido  en  el  calabozo 
continuó  llorando,  y  durante  nueve  días  ninguno 
se  ocupó  de  él,  ni  para  oirle,  ni  para  atenderle,  ni 
para  darle  un  poco  de  pan  ni  de  agua.  Al  fin  el 
juez,  revisando  la  cárcel,  mandó  abrir  el  calabozo, 
y  se  extrañó  al  encontrar  en  él  á  un  muchacho 
preso,  del  cual  nadie  le  había  hablado.  El  pobre 
detenido  no  podía  tenerse  en  pie;  cuando  el  juez 
le  interrogó,  se  quedó  como  mudo  y  absorto,  re¬ 
costado  en  la  pared  y  temblando . ¡Estaba  loco! 

• 

•  • 

En  esa  dilatada  y  admirable  isla  de  Mindanao 
que  poseemos  hace  cuatro  siglos,  y  que  no  hemos 
sabido  conocer  y  dominar  todavía  más  que  en  las 
costas,  se  ha  descubierto  y  estudiado  por  un  explo¬ 
rador  botánico  alemán  «la  flor  más  grande  de  la 
creación»,  á  la  que  los  indígenas  dan  el  nombre 
de  bolo .  Brota  esta  maravilla  gigantesca  de  la  ve¬ 
getación  en  las  cumbres  de  las  cordilleras  de  la 
isla,  á  1.000  y  1.200  metros  de  altura,  y  ostenta 
cinco  pétalos  que  en  su  circunferencia  ocupan  uñ 
espacio  de  3,50  metros.  Los  botones  de  dondo  pro¬ 
ceden  las  flores  son,  antes  de  abrirse,  del  tamaño 
de  la  cabeza  de  un  niño,  y  el  tallo  que  los  sostiene 
es  de  un  grueso  de  cinco  á  seis  centímetros.  En 
las  cimas  donde  aparecen  estas  flores,  forman  jun¬ 
tas  verdaderos  ramilletes  colosales,  que  cubren  una 
extensión  superficial  hasta  de  140  pies  cuadrados. 
El  peso  de  cada  flor  excede  de  10  kilogramos.  Al 
dar  cuenta  de  este  singular  hallazgo,  dice  el  via¬ 
jero  naturalista  que  la  planta  bolo  pertenece  á  la 
misma  especie  que  el  Raffesia  Amoláis  que  se  en¬ 
cuentra  en  los  bosques  de  la  isla  de  Sumatra. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  mA»  perfumado  de  loe  jabonea  de  tocad#»** 

LOCIÓN  VAISSIER  del  caballo 

3  grandes  premios.  21  modadas  de  oro. — Fuera  de  oouour«s 
4,  PLACE  DE  Xi’OFÉRA,  PARIS 

De  Tenia  en  toda»  la»  buenas  perfumerías  de  España  y  Améric-a 


Recibe  cons  ulta  y  practica  todas  las  operaciones  para  corar 
la  sordera,  flujo  de  oídos,  enfermedades  de  garganta  y  nariz  y 
ozena  (fetidez  de  aliento),  el  especialista  I».  Alfredo  tialle- 
go,  Fuencarral,  tflysci.  Su  tratamiento  contra  el  lapas 
produce  siempre  resultados  positiTos  en  la  curación. 


LOS -¿.TOS 

por  füerte  y  crónica  que  sea.  tomen  las 
PASTILLAS  DEL  DOCTOR  ANDREU. 

Remedio  prodigioso  y  rápido.  80  años  de  éxito. 


CREMA  DE  la  MECA 

Importante  receta  para  Blanquear  d  Cntí*,sanayb¿Dáfca.—  BtsU  asa 
peqoefiidma  cantidad  para  aclarar  el  calis  mis  obsraro  y  darle  la  Mancara  surey 
nacarada  del  muEUPnQhvi  Pir/t.S*.)PUSSglU,BBoJ.«J.nmiiae,Pertl. 


1  Wlinjn  PIS  (Antigua  osea  de  ESILE  PIS8AT),  bo  ule 

A.  TI  AuLlJÜ  i  u-  Paria— TRAJES  Y  ABRISOS 

La  oasa  que  viste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  frusto 


BOYAL  HOUBIGANT  Mero^wfoin^ 

¿amista,  19,  Faaboorg  8»  Honoré,  Pari». 


Perfumería  exótica  SENET,  35,  rueda  Qaatre  Septembre, 
París.  (Véanse  lo*  anuncio*.) 


Perfumería  Ninon,  M&ison  LECONTE,  31,  rae  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios, J 


JLA  FOSFATINA  PALIÉ  RES  es  el  mejor  alimento  pan 
niños  desde  la  edad  de  6  á  7  meses,  principalmente  en  el  destete 
y  en  el  período  del  crecimiento.  Tiene  nn  gusto  muy  agradable 
y  es  de  facilísima  digestión.  París,  6,  Avems  Victoria . 


tyiofeflepucflfe 

SAV0H  -  ES8ERCE-  EAU  DE  TOILETTE 
POiWñS  DE  RIZ 

L.T.  PIVER  a  PARIS 


SI  VINO  da  PINTONA  OATILLON,  ti  mejor  rtoonttituytlrtt 
te  lu  tuwzu,  rtt ttbleo*  ti  MpBtltO  y  tu  dlytttlonn.  Enhrmtitd** 

WIITOIAOO.  LANGUIDEZ,  ANUIA,#» 


Digitized  by  ^.ooQie 


260  —  n.°  xvl 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Abril  1898 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 

Anuario  del  Comercio  Bailly-BalIIiére.  —  Hemos  recibido 
el  interesantísimo  y  útil  Anuario  del  Comercio  para  1898  que 
acaban  de  publicarlos  Sres.  Bailly-Bailliére  é  Hijos,  de  Madrid. 

Por  hacer  veinte  años  que  sin  interrupción  viene  publicándose, 
la  obra  es  bien  conocida.  La  multitud  de  datos  sobre  el  comercio, 
la  industria,  magistratura,  administración,  etc.,  que  contiene,  tan  lo 
de  España  y  sus  colonias  como  de  los  demás  países  donde  se  ha¬ 
blan  los  idiomas  castellano  y  portugués,  hace  que  se  la  estime  y 
se  la  considere  como  indispensable  á  todo  el  que  ejerza  una  indus¬ 
tria,  por  pequeña  aue  sea,  ó  sus  negocios  estén  relacionados  con 
las  clases  mercantiles. 

Los  comerciantes  é  industriales  encontrarán  en  el  Anuario  del 
Comercio  Bailly-Bailliére  nuevas  salidas  ó  medios  de  exporta¬ 
ción  para  sus  productos  y  nuevos  mercados  de  donde  importar  las 
materias  indispensables  á  toda  fabricación. 

Esta  edición  ha  sido  cuidadosamente  ilustrada  con  22  mapas  de 
provincias  de  España,  indicando  todos  los  Ayuntamientos,  ferro¬ 
carriles  de  via  normal  y  estrecha  en  explotación  ó  en  construc¬ 
ción,  carreteras  del  Estado  y  provinciales,  canales,  ríos,  altura  de 
montañas,  etc.,  y  las  Repúblicas  hispano-americanas  con  los  re¬ 
tratos  de  los  presidentes  y  bandera  nacional. 

Escorial  á  la  vista,  por  D.  Juan  Noguera.— En  muy  reducido 
volumen,  que  hace  muy  cómodo  su  manejo,  y  muy  elegantemente 
impresa,  acaba  de  pimlicarse  una  guía  sumamente  práctica  y 
completa  del  viajero  en  el  Real  Sitio  de  San  Lorenzo.  Él  trayecto 
desde  Madrid  al  Escorial  está  minuciosamente  descrito,  y  el  Mo¬ 
nasterio  y  Palacio  de  San  Lorenzo  perfectamente  estudiados,  con 
excelente  método  y  gran  riqueza  de  pormenores  útilísimos  á  quien 
visite  aquellas  maravillas.  Ciertamente  merece  elogio  el  Sr.  No¬ 
guera  por  su  libro,  que  sin  tener  las  pretensiones  de  una  extensa 
obra  ae  estudio,  compendia  admirablemente  cuantas  noticias 
pueden  apetecerse  al  recorrer  la  grandiosa  y  severa  fundación  de 
Felipe  II. 

Le  Théátre  Büpagnol. — San  Gil  de  Portugal ,  de  Moreto,  Ma¬ 
tos  Fragaso  y  Cáncer,  por  Mr.  Alired  Gassier,  París.  Paul  Ollen* 
dorff,  editeur.  Es  un  estudio  entusiasta  de  nuestro  teatro  desde  cu 
fundación  á  nuestros  dias,  honroso  para  su  autor  y  para  España. 
A  la  conclusión  se  inserta  el  arregló  de  la  comedia  Caer  para  le¬ 
vantarte ,  como  se  representó ,* con  muy  buen  éxito,  en  el  teatro 
del  Odeon,  de  París,  el  15  de  Abril  de  1897,  con  el  título  de  San 
Gil  de  Portugal . — Véndese  en  la  librería  de  Fe. —  C. 


MADRID.  —  SALIDA  DK  PALACIO  DE  LA  COMISIÓN  DEL  SENADO 
DESPUÉS  DE  ENTREGAR  Á  S.  M.  LA  CONTESTACIÓN  AL  DISCURSO  DE  LA  CORONA. 
(De  fotografía  de  Medina.) 


LICOR  DEL  POLO  DE  ORIVE 

Nada  hay  tan  desagradable  como  una  dentadura  sucia,  una  boca  de  olor  fétido,  unas  encías  pᬠ
lidas  y  blandas.  Las  señoritas  que  poseen  el  arte  de  la  belleza  y  que  saben  lo  que  más  encanta  al 
hombre,  sostienen  sus  dientes  con  hermoso  y  nacarado  marfil,  los  encías  duras  y  rosadas  como  el 
carmín  y  la  boca  deliciosamente  perfumada  por  la  menta  y  la  rosa,  con  el  uso  diario  del  más  ba¬ 
rato  y  mejor  de  los  dentífrícos  del  mundo  Licor  del  Polo  de  Orive.  Por  mayor,  Melchor 
Garda,  Capellanes,  1,  Madrid.— Al  detalle,  en  todas  las  farmacias  y  perfumerías. 

LOCOMOVILES  I  TRILLADORAS-! 

sobre  2  y  4  ruedas  para  terrenos  montañosos  ó  pequeñas  propiedades  de  campo  I 


Rendimiento  máximo  con  gasto  reducido  de  combustible.  Construcción  muy  sólida, 
de  poco  peso  y  fácil  transporte,  aun  sobre  terrenos  muy  quebrados.  Locomóviles  pues¬ 
tas  en  presión  en  doce  minutos  mediante  un  nuevo  aparato  patentizado. 

417  pares  vendidos  sólo  del  pequeño  modelo. 

Notas  de  precios  y  explicaciones  gratis  y  franco. 

16  Medallas  de  ORO— 15  Medallas  de  PLATA, 
numerosos  diplomas.  Medallas  de  bronce.  Menciones,  etc.,  etc. 
Concurso  internacional  en  Pesar  o,  Medalla  de  Oro  para  la  mejor  trilladora , 
y  Medalla  del  Ministerio  de  Agricultura  y  Comercio. 

Exposición  y  concurso  de  la  ciudad  de  Castello;  primer  premio  y  Medalla  de  Oro 
del  Ministerio  de  Agricultura  y  Comercio . 

TURBINAS  Y  MOTOR E8  HIDRÁULICOS  CON  RENDIMIENTO  DE  80  Á  85  POR  100, 
REGULADORES  PARA  MOTORES,  COMPENSADORES  CON  FRENO,  MÁQUINAS  Y  CALDERAS  DE 
VAPOR,  ESPECIALIDAD  PARA  MOLINOS  DE  PAPEL,  ELEVACIÓN  DE  AGUAS, 
INSTALACIONES  ELÉCTRICAS,  MOTORES  DE  GAS. 

„  NUMEROSOS  CERTIFICADOS  Y  REFERENCIAS 

SOCIETA  ITALO  SVIZZERA  DI  CQSTRUZIONI  MliCCANICIIE 

Successora  Officina  e  Fonderia  ED.  DE-M0RSIER 

FUMO  ABA  EN  1850  EK  BOLOONA  (ITALIA). 

Premiada  con  las  más  altas  menciones  honoríficas  en  37  exposiciones  y  concursos. 


CUARENTA  SIGLOS 


D.  ANSELMO  FUENTES 

Historia  útil  á  la  generación  presente.  Este  libro  ha  sido  revisado  por  la 
Autoridad  eclesiástica. 

•Un  tomo  8.°  mayor  francés,  que  se  vende,  á  3  pesetas,  en  la  Administra¬ 
ción  de  este  periódico,  Arenal,  18,  Madrid. 


Zn  toda  clase  de  Tróxxiltce  y  diarreas,  y  ea 
toda  clase  de  indisposiciones  del  tn“bo  di¬ 
gestivo,  emplead  los 

Salicilatos  de  VIVAS  PÉREZ 

adoptados  de  IReal  Orden 

POR  EL  MINISTERIO  DE  MARINA  Y  POR  EL  DE  QUERRA 

Los  recomiendan  indiscutibles  autoridades  médicas. — Celebran  con  entu¬ 
siasmo  sus  efectos  cuantos  los  usaron. 

Depósito  en  todas  las  farmacias  acreditadas  del  mundo.  —  Son  falsificadas 
las  cajas  que  no  lleven  prospecto  con  inscripción  trasparente. 


EL  MATRIMONIO 

SO  LEY  NATURAL,  SU  HISTORIA,  SU  IMPORTANCIA  SOCIAL, 

ron 

D.  JOAQUÍN  SÁNCHEZ  DE  TOCA 

precedido  de  un  prólogo  del  académico 
D.  AUHELIANO  FERNÁN DEZ-GUERRA 

Edición  reformada. — Dos  tomos,  8.°  mayor  francés. — 8  pesetas. 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA* 
Arenal,  18,  Madrid. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARABIO  A!  íiKK. 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias!  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  tes 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  ríñones  y  sangre. — 60  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  loe 
excesos.*.  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  tes  niños. — Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres,  a. 


VINO  de  CHASSAING 

BI- DIGESTIVO 

Prescrito  desde  25  años 
Contra  las  AFFECCIONES  de  las  Vías  Digestivas 
PA  RIS,  8,  A  verme  Victoria,  8,  PA  RIS 

T  ur  TODAS  LAS  P&JKOIPALBS  FARM  AOJAS 


REUMATISIO 

Se  alivia  á  la  primera  untura  del  prodigioso 
Bálsamo  Antireumático  de  Orive,  reco¬ 
nocido  como  irreemplazable  en  todo  el  mundo 
para  calmar  en  el  acto  los  más  indomables  ata¬ 
ques  de  reuma.  En  los  casos  más  desesperados  es 
el  consuelo  de  los  enfermos  y  el  crédito  ae  los  mé¬ 
dicos  que  lo  recetan. — En  todas  las  farmacias. 
Por  mayor:  Bilbao,  Orive,  y  en  Madrid,  M.  García. 


Impreso  oon  tinta  de  la  ftfbrloa  LOEILLEPX  y  G.%  16,  rae  Buger,  París. 


Reservados  todos  Vos  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.  — Establecimiento  tipolitográfleo  «  Sucesores  deRivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  LjOOQLe 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 


NUM.  X YII 


ADMINISTRACIÓN: 

AREN  AL,  18 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 
Asia . 


Madrid,  8  de  Mayo  de  1898, 


AÑO. 

Madrid . 

35  pesetas. 

Provincias . 

40  id. 

Extranjero . 

60  francos. 

jíjI 

262  —  x.°  xvn 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Mayo  1898 


SUMARIO. 


Texto. — Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón. — Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  Cuba  nuestra,  por  don 
Emilio  Castelar,  de  la  Real  Academia  Española.  —  Efectos  del  cor¬ 
so.  por  D.  Cesáreo  Fernández  Duro.  — Teoría  y  práctica,  por  Zeda. 
—España,  poesía,  por  i).  José  Jover.  — Por  ambos  mundos.  Narra- 
ciones  cosmopolitas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa.— Sueltos. 
— Libros  presentados  á  esta  Redacción  por  autores  ó  editores, 
por  C— Anuncios. 

Grabados. — Bellas  Artes:  En  campaña ,  dibujo  de  Moreno  Carbone¬ 
ro.—  Trafagar,  dibujo  de  J.  Vallejo  — La  guerra  entre  España  y  los 
EÉ.  UU.  de  Norte- América:  Croquis  de  la  entrada  y  bahía  de  Ma¬ 
nila.— Retrato  de  D.  Luis  Cadarso  y  Rey,  comandante  del  crucero 
Reina  Cristina ,  muerto  heroicamente  en  el  combate  de  Cavite.— 
Crucero  no  protegido  Reina  Cristina ,  buque  insignia  de  la  escuadra 
española  en  el  combate  de  Cavite.  —  Principales  buques  que  com¬ 
ponían  la  escuadra  española  en  Filipinas:  Crucero  no  protegido  de 
segunda  clase  Don  Juan  de  Austria.  Crucero  no  protegido  de  segun¬ 
da  clase  Don  Antonio  de  Ulloa.  Crucero  no  protegido  de  primera 
clase  Castilla.  Crucero  no  protegido  de  segunda  clase  Velasco.  Cru¬ 
cero  protegido  de  segunda  clase  Isla  de  Cnha.  Crucero  de  se_gunda 
clase  Isla  de  Lnzón. —  Croquis  del  archipiélago  filipino.  —  Cañonero 
Ligera ,  que  rechazó  con  graves  avenas  al  torpedero  americano 
Cmhing  en  aguas  de  Cárdenas  (Cuba).  —  Torpedero  Cushing ,  recha¬ 
zado  por  el  cañonero  español  Ligera. — Principales  buques  de  la  es¬ 
cuadra  americana  actualmente  en  la  bahía  de  Manila:  Crucero 
protegido  Boston.  Cañonero  protegido  Petrel.  Crucero  protegido 
Olympia ,  buque  insignia.  Crucero  protegido  Ralcigh.  Cañonero  pro¬ 
tegido  Concord.  —  Retrato  de  D.  José  Mana  de  Gorordo  ó  Igartúa, 
capitán  del  transatlántico  Alfonso  XIII,  que  arribó  felizmente  á 
Puerto  Rico  burlando  la  vigilancia  de  los  cruceros  norteamerica¬ 
nos. — El  vapor  correo  Alfonso  XIII ,  de  la  Compañía  Transatlántica, 
recientemente  llegado  á  Puerto  Rico. 


CRÓNICA  GENERAL. 


C KISTE  día  fué  para  nosotros  la  víspera 
X  del  2  de  Mayol  El  general  Augustin 
o  nos  anunciaba  la  entrada  nocturna  en 
2  la  bahía  de  Manila  de  la  escuadra  nor¬ 


teamericana,  y  la  pérdida  en  un  com¬ 
bate  desgraciado,  pero  heroico  y  épica¬ 
mente  desigual,  de  nuestros  principales 
buques,  que  sólo  podían  oponer  á  las  fortalezas 
blindadas  de  la  escuadra  enemiga  y  á  sus  pode¬ 
rosos  cañones,  á  sus  bombas  incendiarias,  prohibi¬ 
das  por  el  derecho  y  los  tratados,  sus  cubiertas  de 
madera  y  su  vieja  artillería.  A  la  guerra  bufa  de 
reconocimientos  convertidos  en  triunfos  en  las  cos¬ 
tas  de  Cuba,  había  sucedido  en  Filipinas  la  acome¬ 
tida  sobre  seguro  y  con  superioridad  abrumadora  de 
una  tierra  lejana,  no  preparada  á  la  defensa  exte¬ 
rior,  confiados  como  habíamos  vivido  en  la  paz 
con  todas  las  naciones,  y  acaso  con  exceso  en  el 
valor  personal  de  nuestras  tropas  y  marina,  valor 
inútil  cuando  la  muerte  no  se  logra  cuerpo  á  cuer¬ 
po,  sino  que  viene  de  lejos,  adonde  no  puede  el 
hombre  llegar.  No  es  ocasión  de  reflexiones  que 
saltan  de  la  pluma  y  contenemos  con  trabajo.  Ca¬ 
llemos  hoy  y  mientras  dure  la  guerra.  El  patrio¬ 
tismo  impone  la  unión  y  el  silencio,  sobre  todo 
cuando  nada  se  dice  que  sea  de  provecho.  Ante  el 
espectáculo  lastimoso  de  nuestros  buques  hundi¬ 
dos  uno  tras  otro  haciendo  fuego,  sin  probabilidad 
siquiera  de  vencer,  y  aceptando  el  patriótico  sa¬ 
crificio  con  abnegación,  solo  nos  corresponde  sa¬ 
ludar  con  respeto  la  heroica  y  ya  legendaria  figura 
de  D.  Luis  Cadarso,  comandante  del  María  Cris¬ 
tina,  que  se  nos  representa  en  los  últimos  despa¬ 
chos  cubierto  de  sangre  y  dirigiendo  contra  el 
enemigo  sus  cañones  poco  antes  de  morir  defen¬ 
diendo  su  bandera,  rezar  por  los  muertos  en  aque¬ 
lla  gloriosa  tragedia  en  que  España  perdió  sus  bu¬ 
ques  y  conservó  su  honra,  y  envanecernos  de  la 
desdicha  doliéndonos  del  mal. 

La  impresión  fué  dolorosa  en  toda  España:  más 
de  ira  reconcentrada  que  de  temor:  lágrimas  de 
rabia  impotente  eran  las  que  asomaban  á  los  ojos: 
la  máquina  burlándose  del  hombre :  el  acero  des¬ 
trozando  la  madera:  la  bomba  aplastando  el  te¬ 
cho  de  ñipa,  y  la  riqueza  insolente  á  la  pobreza 
honrada:  el  cerdo  sano  y  mantecoso  hollando  al 
moribundo  león.  Mala  noche  y  malos  sueños  tuvi¬ 
mos  el  1."  de  Mayo  los  que  amamos  á  España.  Lue¬ 
go,  el  cable  cortado:  la  obscuridad,  y  larguísimos 
días  sin  noticias..—  Sólo  venían  de  Nueva  York  las 
insolentes  risotadas,  las  jactancias,  insultos  y  ba¬ 
ladronadas  de  los  yankees .  Pero  ¿qué  es  la  guerra? 
Mezcla  de  regocijos  y  de  penas.  Estas  nos  hallan 
muy  curtidos :  ¡adelante! 


pechosas  las  que  menos  de  ineptitud  ó  de  codi¬ 
cia;  perturbar  y  distraer  á  los  que  dirigen  con 
tardíos  é  inútiles  consejos;  perder  el  tiempo  en 
lastimosas  discusiones;  hacer  discursos  pomposos 
y  huecos,  que  excitan  los  ánimos,  dividen  á  las 
gentes  y  no  nos  traen  remedios  ni  esperanzas:  esto 
se  ha  hecho  en  el  Congreso;  lo  consignamos  con 
tristeza.  Allí  ha  habido  críticas  que,  aun  siendo 
justas,  eran  inoportunas  y  nocivas;  y  no  ha  habido 
maldiciones  ni  protestas  para  el  enemigo ,  resul¬ 
tando  de  estas  censuras  mutuas  como  si  á  aquél  le 
asistiera  la  razón.  Hay  que  desinfectar  nuestra  po¬ 
lítica  y  orear  el  pudridero. 


La  repetición  de  los  alborotos  en  las  calles,  y  la 
inutilidad  de  las  reflexiones  del  gobernador,  señor 
Aguilera,  le  obligaron  á  resignar  el  mando  en  la 
autoridad  militar.  También  consignamos  el  hecho 
con  dolor.  ¡Cómo!  ¡Cuando  nuestros  soldados  y 
marinos  están  comprometidos  en  locha  desigual, 
hay  quien  distraiga  parte  de  las  fuerzas  con  sus 
gritos  y  manifestaciones,  para  que  no  puedan  acu¬ 
dir  á  la  defensa  de  la  patria !  Hace  pocos  días  se 
detenía  en  las  cercanías  de  Gijón  á  un  extranjero 
sospechoso,  y  estalla  en  Gijón  un  motín  de  sub¬ 
sistencias  y  se  saquean  almacenes.  Hace  algún 
tiempo  se  alzó  una  partida  en  Valencia  para  justi¬ 
ficar  la  inversión  de  fondos  insurrectos,  y  ahora 
se  repite  ese  rápido  fenómeno.  Hay  alborotos  en 
Talavera  y  en  La  Unión.....  ¿se  puede  sospechar 
con  más  verosimilitud  que  los  agentes  que  suble¬ 
varon  á  Cuba  trabajan  en  la  Península,  explo¬ 
tando  todas  los  disgustos  y  miserias?  Confiemos 
en  que,  si  es  imposible  evitar  ciertas  agitaciones, 
el  sentimiento  del  deber  y  de  la  salvación  evitará 
el  triste  naufragio  que  algunos  desearían  produ¬ 
cir.  No  nos  suicidaremos:  todas  las  energías  pri¬ 
vadas  rechazarán  cuanto  al  desorden  las  provoque, 
sabiendo  con  seguridad  que  Mr.  Woodford  y  sus 
cónsules  no  se  irían  sin  dejar  el  espionaje  y  los 
servicios  de  agitación  bien  organizados.  Es  decir, 
que  los  yankees  están  en  la  Península.  ' 


-  La  prohibición  de  exportar  granos  era  indis¬ 
pensable,  dado  el  precio  enorme  de  los  cambios. 
El  trigo  es  oro  en  todas  partes  cuando  no  abunda 
en  Europa,  y  el  oro  en  España  tiene  una  ganancia 
increíble.  La  especulación  no  repara  en  hambres 
ni  en  calamidades,  y  era  preciso  impedirla,  como 
será  necesario  perseguir  con  rigor  ese  contraban¬ 
do.  Esa  elevación  de  cambios  favorece  á  una  parte 
de  nuestra  industria  que  ya  no  tiene  concurren¬ 
cia:  no  es  la  guerra  para  todos  una  desdicha. 
Desde  luego  muchos  comerciantes  han  subido  los 
géneros  y  comestibles  que  adquirieron  á  precios 
regulares,  y  dado  un  valor  que  no  tienen  á  las 
imitaciones  de  lo  extranjero.  Otros,  en  cambio, 
sufren  mucho. 

Francia  ha  suprimido  temporalmente  el  derecho 
de  7  francos  de  aduana  que  pagaba  el  trigo  á  su 
entrada  y  que  se  había  resistido  hasta  ahora  á  re¬ 
bajar  Mr.  Méline.  La  guerra  entre  España  y  los 
Estados  Unidos,  sin  ser  el  motivo  único,  ha  sido 
una  de  las  causas:  excusado  es  decir  que  la  supre¬ 
sión  de  ese  derecho  y  los  cambios  hubieran  llevado 
á  Francia  una  gran  parte  de  nuestras  provisiones 
de  aquel  grano.  Y  si  allí  preocupa  el  precio  del  pan, 
es  natural  que  aquí  se  hayan  tomado  rápidas  y  enér¬ 
gicas  medidas. 

Véase,  pues,  cómo  no  sólo  al  patriotismo,  al 
egoísmo  de  los  que  tienen  algo,  á  todo  el  comer¬ 
cio,  á  todas  las  industrias,  interesa,  no  ya  hacer 
sacrificios  con  sus  donativos,  sino  procurar  que  no 
se  agrave  la  cuestión  de  subsistencias.  Rara  vez  las 
ganancias  que  se  logran  en  perjuicio  de  todos  no 
se  revuelven  contra  el  especulador  que  las  obtiene. 
Ya  lo  dijo  Campoamor  en  una  fábula: 

Es  el  mundo,  á  mi  ?er,  una  cadena 
Do  rodando  la  bola, 

El  mal  que  hacemos  en  cabeza  ajena 
Refluye  en  nuestro  mal  por  carambola. 


Las  malas  noticias  producen  un  efecto  doble: 
afirman  la  lealtad  de  las  naturalezas  generosas; 
pero  desalientan  á  los  débiles  y  alientan  á  los 
ruines  en  su  eterna  tarea  de  hacer  daño  para  sacar 
algún  provecho.  No  tenemos  el  más  mínimo  inte¬ 
rés  personal  en  la  existencia  del  actual  ó  de  otro 
cualquier  Gobierno;  pero  el  interés  público  acon¬ 
seja  no  debilitar  sino  fortalecer  con  todas  nues¬ 
tras  fuerzas  y  recursos  al  que  tiene  la  grave  ne¬ 
cesidad  de  defender  al  país  en  guerra  con  el 
Extranjero:  combatirle  por  una  desgracia  en  vez 
de  ayudarle  nos  parece  una  mala  acción,  por  mucho 
que  se  decoren  los  pretextos.  Revolver  el  pasado, 
cuando  apremia  y  agobia  el  presente;  exhibir  mí¬ 
seras  personalidades,  desacreditadas  las  más,  sos¬ 


En  diferentes  ocasiones  hemos  sostenido  que  el 
juego  debe  tributar:  en  la  presente  tenemos  el 
apoyo  de  un  hermoso  artículo  que  leemos  en  La 
Correspondencia:  sólo  una  sociedad  privada  puede 
vigilar  el  juego  arrendándola  el  arbitrio ,  que 
puede  ser  considerable,  y  sometiéndole  á  reglas, 
sacado  á  subasta  por  provincias.  El  hecho  es  evi¬ 
dente:  se  juega,  jamás  se  ha  dejado  de  jugar;  fal¬ 
tan  recursos;  entréguese  la  explotación,  ya  en  todo 
el  territorio,  ya  por  provincias,  con  permiso  de 
subarrendarse  por  distritos.  El  producto  sería  de 
importancia  y  moralidad  evidente,  fijándose  en 
esta  consideración:  paga  todo  el  que  trabaja;  justo 
es  que  contribuya  el  vicio.  Objetaráse  que  es  in¬ 
moral  la  licencia  de  jugar;  puede  replicarse  que  es 


más  inmoral  el  hecho  inevitable  y  constante  de  que 
se  juega  sin  licencia  y  sin  contribuir  á  la  nación. 


¿Alude  Lord  Salisbury  á  nosotros  en  su  profecía 
siniestra  contra  los  pueblos  débiles  y  moribundos? 
A  los  españoles  nos  corresponde  dar  fe  de  que 
existimos  afirmando  nuestra  nacionalidad  unidos, 
generosos,  olvidando  el  pasado,  rehuyendo  lo  que 
debilita  y  deprime  el  ánimo.  Hagamos  otra  profe¬ 
cía  á  Inglaterra:  hoy  es  fuerte,  rica,  próspera,  aca¬ 
so  invencible  en  el  mar;  pero  todo  ese  poder  es  ar¬ 
tificial  y  falso,  porque  una  pequeña  isla ,  que  tiene 
á  su  lado  el  hueso  de  Irlanda ,  no  puede  dominar 
desde  tan  lejos,  y  con  su  población  y  su  fuerza  efec¬ 
tiva,  las  regiones  de  la  India,  la  Australia,  el 
Egipto,  el  Cabo,  el  Canadá,  Chipre  y  sus  infinitas 
posesiones.  Es  un  banco  de  crédito  político  y  na¬ 
val  sin  verdadera  garantía,  destinado  á  derrum¬ 
barse  de  golpe  á  un  esfuerzo  mucho  menor  del  que 
sus  eminencias  se  imaginan.  El  canal  de  Suez  ha 
de  ser  su  muerte  más  tarde  ó  más  temprano  si  no 
robustece  sus  máquinas  de  guerra  con  la  fuerza 
moral,  que  al  fin  y  al  cabo  triunfará  á  la  larga  de 
las  máquinas.  Un  explosivo,  un  agente  químico, 
cualquier  invento,  restablecerá  el  equilibrio,  y 
cuanto  mayor  hubiera  sido  el  abuso ,  será  más  hon¬ 
da  y  estrepitosa  la  caída.  Vivamos  hoy  por  hoy  y 
gocemos  del  presente,  responderán  sus  políticos; 
pero  estamos  seguros  de  que  se  cumplirá  nuestra 
profecía  y  alcanzarán  á  ver  la  realidad  muchas 
gentes  que  están  vivas. 


Los  españoles  residentes  en  la  República  Ar¬ 
gentina  merecen  un  aplauso  por  sus  importantes 
donativos,  así  como  los  de  Méjico.  Y  merecen  ser 
leídas  en  toda  la  América  española  las  opiniones 
del  general  argentino  Mansilla,  que  inserta  Le 
Temps  del  2  de  Mayo.  Dicho  general,  ya  sexage¬ 
nario,  pide  permiso,  renunciando  su  grado,  para 
pelear  en  Cuba  á  favor  de  España  si  se  le. permite 
conservar  su  nacionalidad.  «Mientras  los  cubanos 
procuraban  su  independencia,  dice,  con  ellos  es¬ 
taban  los  que  habían  hecho  lo  mismo;  pero  lo  que 
no  podemos  admitir  es  que  para  lograrla  hayan 
buscado  contra  la  madre  patria,  madre  al  fin  á 
pesar  de  sus  agravios,  el  auxilio  de  una  nación 
extranjera,  peligroso  para  ellos  y  para  nosotros. 
Los  Estados  Unidos  codician  á  Cuba,  y  no  les  hará 
desistir  de  su  propósito  ninguna  protesta  de  hu¬ 
manidad  ó  desinterés.  Y  la  desean  no  sólo  por  ser 
una  fábrica  de  azúcar  sin  rival,  sino  la  llave  del 
golfo  de  Méjico  y  del  futuro  canal  interoceánico, 
y  porque  su  dominio  equivale  al  de  los  dos  mares 
y  á  la  hegemonía  sobre  todo  el  continente. 

»La  guerra  creará  una  fuerte  marina  norteame¬ 
ricana,  y  una  vez  convertida  en  gran  potencia 
naval,  nada  podremos  hacer  en  nuestra  casa  sin 
permiso  de  los  norteamericanos.  Nuestros  agentes 
de  policía  no  podrán  detener  á  un  marinero  yan - 
kee  sin  que  caiga  toda  su  escuadra  sobre  nuestros 
puertos. 


»No  sólo  tenemos  que  sufrir  nosotros  ese  pro¬ 
tectorado;  Europa,  que  asiste  inmóvil  ó  impotente 
á  esa  intervención  tan  contraria  al  derecho  de 
gentes,  también  sufrirá  las  consecuencias. 

x»No  habréis  olvidado  el  plan  que  nos  propusie¬ 
ron  los  Estados  Unidos  en  el  Congreso  panameri¬ 
cano  de  Washington  en  1889.  Nuestro  delegado 
Sáenz  Peña  contestó  á  su  egoísta  y  equivocada 
doctrina,  «la  América  para  los  americanos j>,  con 
otro  principio  amplio  y  generoso:  «América  para 
la  humanidad». 

Estamos  conformes.  Vencida  ó  no  España,  de¬ 
fiende  la  razón  y  el  derecho  y  la  causa  universal. 
Y,  por  nuestra  parte,  nos  sentimos  grandes  en 
nuestra  pequeñez. 


Hagamos  justicia  á  nuestro  Congreso.  Si  se  han 
oído  en  él  discursos,  acusaciones  y  pronósticos 
deprimentes;  si  de  él  han  partido  voces  agitado¬ 
ras,  y,  en  general,  no  han  correspondido  sus  se¬ 
siones  al  sentimiento  nacional,  y  ha  sobrado  crí¬ 
tica  y  faltado  calor,  y  no  ha  olvidado  los  vicios  de 
nuestra  política  menuda,  y  ha  carecido  de  conse¬ 
jos  útiles,  de  arranque  y  grandeza,  y,  en  fin,  está 
lejos  de  responder  al  aplomo  ó  á  la  exaltación  y 
brío  que  requiere  el  estado  del  país,  también  se 
han  dado  algunos  ejemplos  dignos  de  considera¬ 
ción  y  de  respeto,  como  el  apoyo  de  las  minorías 
conservadoras  y  de  su  jefe  el  Sr.  Sil  vela,  el  após¬ 
trofo  del  Sr.  Salmerón  contra  la  tiranía  de  la 
prensa  que  tira  muchos  ejemplares,  y  quiere  con¬ 
vertir  una  sociedad  por  acciones,  explotadora  de 
anuncios  y  noticias,  en  poder  ejecutivo;  la  demos¬ 
tración  hecha  po*  el  Sr.  Moret,  no  de  la  irrespon¬ 
sabilidad  constitucional,  que  no  lo  necesitaba,  de 


Digitized  by  ^.ooQie 


6  Mato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xvii  —  263 


la  Corona,  sino  la  efectiva  en  todos  nuestros  ma¬ 
les  de  los  hombres  políticos  de  todas  procedencias, 
ensayadas  con  daño,  y  verdaderos  culpables,  tanto 
en  la  oposición  como  en  el  gobierno,  por  sus  dis¬ 
cordias,  levantamientos,  rivalidades,  ambiciones  y 
egoísmos,  de  las  acciones  y  omisiones  que  nos  han 
traído  á  esta  situación.  Peor  para  ellos  si  nos  equi¬ 
vocamos  al  creer  que  se  notan  síntomas  de  recon¬ 
centración  patriótica  para  arbitrar  recursos,  ro¬ 
bustecer  la  fuerza  directiva  y  sustituir  la  burla  y 
la  negación  con  afirmaciones  y  energías  guberna¬ 
mentales.  Desde  luego,  ya  era  tiempo,  se  han  oído 

Íirotestas  en  el  Congreso  contra  la  brutalidad  de 
os  yankees;  y  si  hay  sensibles  excepciones  en  el 
apoyo  franco  al  Gobierno,  son  muy  pocas.  Lo  pri¬ 
mero  es  lo  primero,  y  más  tarde  se  ajustarán  las 
cuentas  que  hayan  quedado  por  saldar.  Hoy  sería 
una  ignominia. 


Cerramos  nuestra  Crónica  con  impresiones  me¬ 
nos  pesimistas.  Manila  no  ha  sido  bombardeada. 
¿Recibiremos  noticias  que  levanten  el  espíritu? 
Las  Cámaras  insulares  se  han  abierto.  Los  rebel¬ 
des  de  Visayas  han  sufrido  un  rudo  golpe.  ¿Quién 
sabe  lo  que  ha  de  suceder?  ¡Adelante!  ¡Adelante! 
El  patriotismo  de  los  que  luchan  por  España  bien 
merece  que  les  ayudemos  con  todos  nuestros  re¬ 
cursos,  y  sobre  todo  ahogando  nuestras  pasiones  y 
volviendo  por  el  honor  y  por  la  vida  de  esta  patria 
desdichada.  Olvidemos  de  que  hay  carlistas,  repu¬ 
blicanos,  conservadores  é  íntegros;  sean  cuerpos 
diversos  de  un  ejército  nacional  oompuesto  de  es¬ 
pañoles. 

Mentiríamos  si  dijésemos  que  los  azares  de  la 
guerra,  y  los  motines  de  provincias,  y  la  cuestión 
económica,  no  asustan  y  acobardan  á  los  tímidos 
y  prudentes:  siempre  ha  sucedido  lo  mismo  en 
épocas  difíciles;  pero  á  los  temperamentos  gene¬ 
rosos  las  mismas  dificultades  les  excitan,  y  no  á 
gritar  y  perturbar,  sino  á  levantar  el  espíritu  y 
arrostrar  con  valor  cuanto  suceda.  A  los  egoístas 
hay  que  decirles:  «No  ya  por  obligación  patriótica, 
por  vuestro  propio  interés,  por  codicia,  debéis 
contribuir  con  donativos  ó  préstamos  á  la  defensa 
del  país»;  á  los  generosos,  acudir  á  su  nobleza; 
á  los  que  se  amotinan,  hacerles  ver  que  son  sin 
querer  instrumentos  del  enemigo  y  nos  privan  de 
fuerza  mientras  nos  acometen;  á  todos,  que  no  es 
justo  hacer  la  guerra  con  sangre  de  nuestros  sol¬ 
dados  y  marinos;  al  Gobierno,  que  no  es  ocasión 
de  ser  prudentes,  sino  de  lanzar  á  la  lucha  todas 
las  energías  nacionales;  y  á  los  defensores  de  la 
patria  an  los  mares  y  en  la  tierra  enviarles  nues¬ 
tros  aplausos  cuando  luchen,  llorarles  cuando  cai¬ 
gan,  y  no  dejarles  abandonados,  vergonzosa  y 
traidoramente,  por  miedo  ó  avaricia,  después  de 
comprometerlos  en  una  empresa  casi  temeraria. 
Cuando  las  mujeres  que  se  amotinan  comprendan 
que  privan  á  nuestros  soldados  de  socorro  y  pro¬ 
tección,  se  arrepentirán  de  sus  acciones.  La  vida 
es  corta;  la  Historia,  inexorable:  mueren  los  pue¬ 
blos  cuando  carecen  de  aspiraciones  y  grandeza, 
y  es  menester  que  España  viva.  Nos  asiste  la  ra¬ 
zón  y  hay  que  defenderla,  y  es  preferible  que  en 
tan  legítima  porfía  Europa  asustada  nos  ate  como 
locos  á  que  nos  desprecie  por  infames. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


BELLAS  ARTES. 

En  campaña,  dibujo  de  Moreno  Carbonero.  —  Trafalqar,  dibujo 
de  J.  Vallejo. 

Damos  en  primera  página  un  dibujo  de  Moreno 
Carbonero,  magistralmente  hecho,  como  todos  los 
suyos,  que  representa  un  corneta  de  órdenes  en 
campaña.  El  tipo  de  nuestros  soldados  está  admi¬ 
rablemente  visto,  y  la  actitud  en  que  está  espe¬ 
rando  la  orden  del  jefe,  que  con  su  corneta  ha  de 
comunicar  á  todos,  muy  bien  sentida.  Su  proximi¬ 
dad  al  jefe  de  la  fuerza  y  su  colaboración  en  el 
mando,  prestan  á  la  personalidad  del  corneta  una 
resolución  y  una  energía  que  el  dibujo  de  Moreno 
Carbonero  interpreta  perfectamente. 


En  la  (Joble  página  268  y  269  publicamos  un  her¬ 
moso  cuadro  del  desgraciado  y  gloriosísimo  com¬ 
bate  de  Trafalgar,  si  presente  siempre  en  nuestro 
recuerdo,  hoy  todavía  más  con  motivo  de  recien¬ 
tes  desgracias  heroicas  como  aquélla. 

Las  escuadras  aliadas  española  y  francesa  fue¬ 
ron  destruidas  por  la  inglesa,  que  mandaba  el  gran 
Nelson;  pero  pelearon  con  tal  arrojo  y  denuedo, 
y  dieron  tan  alto  ejemplo  de  heroico  sacrificio, 


que  el  funesto  combate  en  que  España  perdió  sus 
mejores  navios  y  sus  marinos  más  ilustres,  gra¬ 
bado  está  con  letras  de  oro  en  los  fastos  de  nues¬ 
tras  glorias  nacionales. 

¡1.022  muertos  y  1.383  heridos  tuvo  en  aquel 
combate  la  escuadra  española!  Mas  los  nombres 
de  Gravina,  Churruca,  Alava,  Escaño,  Cuneros, 
Mac  Donel,  Vargas,  Uriarte,  Galiano,  Valdés, 
Cagigal,  Argumosa,  Gardoqui,  Alcedo,  Flores,  Pa¬ 
reja,  Quevedo  y  Cheza  y  Garbón,  quedaron  consa¬ 
grados  con  el  laurel  de  los  héroes. 

Los  que  admiramos  la  gloria  de  los  españoles 
vencidos,  no  renunciamos  á  la  esperanza  de  admi¬ 
rar  con  mayor  entusiasmo  la  de  los  españoles  ven¬ 
cedores. 

• 

•  • 

EL  COMBATE  EN  LA  BAHÍA  DE  MANILA. 

El  capitán  de  navio  D.  Luis  Cadarso  y  Rev.  —  El  crucero  Reina  Crin- 

tina  —  Los  buques  principales  de  nuestra  escuadra:  Isla  de  Cuba , 

Castilla ,  Don  Juan  de  Austria.  Velonco.  Don  Antonio  de  ülloa  é  Isla  de 

Zwztíw.— Loe  principales  de  la  escuadra  norteamericana:  Boston , 

Petrel ,  Olympia ,  Raleigh  y  Concord. 

La  adversidad  ha  querido  que  en  la  guerra  á  que 
nos  ha  arrastrado  la  perfidia  norteamericana  haya 
sufrido  España  el  primer  quebranto  ante  la  noto¬ 
ria  superioridad  de  los  elementos  de  combate  con 
que  han  sido  abrumadas  nuestras  débiles  defensas. 
La  interrupción  de  las  comunicaciones  por  la  ro¬ 
tura  del  cable  nos  ha  privado  hasta  ahora  de  deta¬ 
lles  exactos  de  la  lucha,  y  no  es  posible  por  ello 
describirla.  Conocemos  acertadamente  nuestras 
pérdidas,  y  ellas  prueban  por  sí  solas  el  heroico 
esfuerzo  con  que  nuestros  marinos  han  peleado. 
Nuestros  enemigos  mismos  lo  reconocen  y  lo  pro¬ 
claman,  y  los  que  lamentamos  con  amargura  in¬ 
consolable  los  rigores  de  la  adversa  fortuna,  nos 
enorgullecemos  al  mismo  tiempo  de  pertenecer  á 
la  raza  que  así  sabe  luchar  y  así  sabe  morir  por  el 
honor  de  su  bandera.  Esta  nación,  modelo  de  viril 
entereza  para  resistir,  no  se  humilla  ni  se  entrega 
ante  las  tremendas  catástrofes;  no  desmaya  ni  se 
resigna  siquiera,  sino  que  se  crece,  y  sintiendo 
más  vivos  los  estímulos  poderosos  del  patriotismo, 
se  apercibe  á  vengar  á  sus  mártires  con  más  deno¬ 
dado. brío. 

En  la  página  264  publicamos  el  retrato  del  bi¬ 
zarro  capitán  de  navio  D.  Luis  Cadarso  y  Rey, 
que  mandaba  el  crucero  Reina  Cristina ,  muerto 
gloriosamente  combatiendo  por  la  patria. 

Pertenecía  á  una  familia  de  marinos  cuyo  ape¬ 
llido  ha  hecho  más  ilustre  su  heroica  conducta. 

Nació  en  Noya  fCoruña)  en  1844,  y  hacía  un  año 
que  se  hallaba  en  Filipinas,  donde  ya  había  desem¬ 
peñado  en  otras  ocasiones  destinos  importantes. 
Dícese  que  por  el  último  correo  había  escrito  á  su 
familia  diciendo  que,  á  pesar  del  mal  estado  de  su 
salud,  pues  acababa  de  sufrir  una  operación  en  la 
espalda  para  extraerle  un  tumor,  estaba  dispuesto 
á  combatir  aunque  le  costase  la  vida. 

El  oficial  de  derrota  del  Reina  Cristina ,  D.  De¬ 
metrio  Cadarso,  es  hijo  del  malogrado  comandante. 

Otro  hijo  es  guardia  marina,  y  se  halla  embar¬ 
cado  en  la  Nautilus. 

Dos  niñas  están  en  el  colegio  de  Nuestra  Seño¬ 
ra  de  Loreto,  en  Madrid,  y  otras  dos  en  Tafalla. 

Cuando  ocurrió  la  su¬ 
blevación  del  Ferrol  era 
alférez  de  navio  y  per¬ 
tenecía  á  la  dotación  de 
la  fragata  Blanca ,  obte¬ 
niendo  entonces  una  re¬ 
compensa  por  su  bri¬ 
llante  comportamiento. 

Después  del  conflicto 
de  las  Carolinas  fué 
nombrado  gobernador 
político  y  militar,  y  al 
volver  á  España  se  le 
ofreció  el  destino  de  ca¬ 
pitán  del  puerto  de  Car¬ 
tagena,  que  no  quiso 
aceptar. 

Ultimamente  desem¬ 
peñó  el  puesto  de  te¬ 
niente  fiscal  del  Conse- 
jo  Supremo  de  Guerra  y 
Marina. 

Se  ha  dicho  en  algu¬ 
nos  círculos  que  D.  Luis 
Cadarso  había  escrito 
hacía  pocas  días  á  Ma¬ 
drid  una  carta  rogando 
que  se  concediera  á  su 
hijo  una  plaza  de  gracia 

6 ira  el  ingreso  en  la 
scuela  Naval. 

Su  familia  practicó 
las  gestiones  necesarias, 
sin  conseguir  el  deseo 


del  bravo  marino,  y  tuvo  que  contestarle  que  no  le 
era  posible  al  Ministro  del  ramo  acceder  á  su  ruego, 
porque  aquellas  plazas  sólo  se  concedían  á  los  hijoó 
de  marinos..—  «¡muertos  en  campaña!» 

Era  D.  Luis  Cadarso  capitán  de  navio  desde  el 
11  de  Julio  de  1895,  estando  condecorado  con  las 
siguientes  cruces:  cruz  y  placa  de  segunda  clase  del 
Mérito  Naval,  blanca;  cruz  roja  de  primera  del 
Mérito  Naval;  cruz  roja  de  primera  del  Mérito 
Militar;  cruz  blanca  de  tercera  del  Mérito  Naval; 
medalla  de  la  campaña  de  Joló,  y  encomienda  de 
Isabel  la  Católica,  ganadas  por  reconocidos  y  ex¬ 
celentes  servicios  como  marino  que  siempre  se 
distinguió  en  su  brillante  carrera  y  siempre  se 
mantuvo  en  la  más  sincera  modestia. 

Una  familia  por  él  adorada  llora  hoy  la  pérdida 
del  sér  querido.  Sírvala  de  lenitivo  en  su  justo 
dolor  la  evidencia  de  que  España  entera  lamenta 
amargamente  su  muerte  y  le  adjudica  con  cariño 
y  respeto  el  laurel  que  sólo  á  los  héroes  se  destina. 

En  la  misma  página  publicamos  el  barco  que 
Cadarso  mandaba.  Era  el  Reina  Cristina  un  cru¬ 
cero  de  3.500  toneladas,  con  6  cañones  de  16  cen¬ 
tímetros  y  14  de  tiro  rápido,  y  fué  botado  al  agua 
en  1886.  En  el  combate  del  l.°  de  Mayo  se  incen¬ 
dió  á  las  siete  y  media  de  la  mañana  por  la  parte 
de  proa,  y  poco  después  ardió  la  popa,  perdiéndose 
por  total  incendio  a  la  media  hora. 

Para  que  nuestros  lectores  puedan  formar  juicio 
exacto  de  la  superioridad  de  la  escuadra  enemiga 
sobre  nuestros  barcos  de  Filipinas,  publicámos  en 
la  página  265  los  nuestros  y  en  la  272  los  nórte- 
americanos  más  principales,  detallando  en  los  res¬ 
pectivos  epígrafes  su  tonelaje  y  artillado,  para  que 
pueda  ser  más  precisa  su  comparación. 

• 

•  • 

CROQUIS  DEL  ARCHIPIÉLAGO  FILIPINO. — (Véase 
la  p¿g.  266.) 

•  * 

LA  «LIGERA»  Y  EL  «CUSHING». 

En  la  página  271  incluimos  dos  grabados  repre¬ 
sentando  el  primero  la  lancha  cañonera  Ligera , 
que  rechazó  con  grandes  averías  en  agua»  de  Cár¬ 
denas  al  torpedero  americano  Cushing. 

Hallábase  nuestro  diminuto  barco  en  la  boca  del 
‘puerto  cuándo  el  Cushing,  reproducido  en  el  se¬ 
gundo  grabado,  la  hizo  once  disparos  dé  cañón,  á 
los  que  contestó  valientemente  y  con  tal  acierto, 
que  sus  proyectiles  perforaron  el  casco  del  torpe¬ 
dero  y  le  causaron  averías  de  mucha  considera¬ 
ción,  destrozándole  una  de  sus  máquinas  gamelas 
y  obligándole  á  huir. 

La  Ligera  sólo  experimentó  la  rotura  de  un  can- 
delero,  esto  es,  de  uno  de  los  hierros  salientes  de 
la  obra  muerta  que  sirven  para  asegurar  cuerdas. 

La  cañonera  española  es  uno  de  los  barcos  más 
pequeños  de  nuestra  marina.  Fué  botada  al  agua 
el  año  95;  desplaza  43  toneladas,  y  tiene  20  metros 
de  eslora,  3,75  de  manga  y  2,10  de  puntal ;  lleva 
dos  cañones  y  andar  de  11  millas.  Su  dotación  es 
de  22  hombres.  I 

El  Cushing  desplaza  105  toneladas,  tiene  42  me- 


CROQUIS  DE  LA  ENTRADA  Y  BAHÍA  DE  MANILA. 


Digitized  by  v^.ooQie 


264  —  n.°  xvu 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Mayo  1808 


tros  de  eslora,  4,50  de  manga,  anda 
22,5  millas  y  llevaba  tres  cañones 
de  una  libra  y  tres  tubos  lanza¬ 
torpedos. 

*  • 

P.  JOSÉ  MARÍA  DK  GOBORDO  K  1GARTÚA, 
capitán  del  transatlántico  Alfonso  XIII. 

Al  saberse  en  los  Estados  Unidos 
que  el  hermoso  vapor  transatlánti¬ 
co  Alfonso  XIII y  que  conducía  tro¬ 
pa  y  abundantes  municiones  y  ma¬ 
terial  de  guerra,  había  entrado  de 
arribada  en  las  islas  Barbadas  para 
tomar  agua,  el  almirante  Sampson 
destacó  dos  barcos  de  su  escuadra 
para  que  lo  apresaran. 

Grande  era  la  ansiedad  que  en 
España  se  sentía  por  saber  el  para¬ 
dero  del  Alfonso  XIII ,  y  mayor  la 
alegría  que  á  todos  nos  produjo  el 
telegrama  que  recibió  el  Ministro 
de  la  Guerra  en  la  mañana  del  5  del  * 
actual,  del  Capitán  general  de  Puer¬ 
to  Rico,  dándole  cuenta  de  haber 
entrado  en  aquel  puerto  el  referido 
buque  español. 

¿¿Según  referencias  autorizadas,  el 
Alfonso  XIII  ha  conseguido  burlar 
á  dos  cruceros  americanos  que  le 
perseguían  y  trataron  de  capturarle. 

En  el  primer  grabado  de  la  pági¬ 
na  273  publicamos  el  retrato  del  ca¬ 
pitán  de  dicho  barco,  D.  José  María 
de  Gorordo  ó  Igartúa. 

Nació  este  bravo  y  experimenta¬ 
do  marino  en  Plencia  (Vizcaya)  en 
Febrero  de  1848,  y  es  hijo  de  don 
Blas  Mari*1110  de  Gorordo,  acredi¬ 
tado  capitán  de  la  marina  mercante; 
estudió  en  el  Colegio  de  Náutica  de 
aquella  población,  y  álos  diecisiete 
años  empezó  á  navegar  en  clase  de 
agregado,  examinándose  de  tercer 
piloto  en  el  Departamento  del  Fe¬ 
rrol,  y  con  este  cargo  hizo  un  viaje 


D.  LUIS  CADARSO  Y  REY, 

COMANDANTE  DEL  CRUCERO  «REINA  CRISTINA», 
MUERTO  HEROICAMENTE  EN  EL  COMBATE  DE  CAYITB. 

.  (De  fotografía  de  Fernando  Debas.) 


á  las  Antillas;  previo  examen  en  el 
mismo  Departamento,  obtuvo  el  tí¬ 
tulo  de  capitán  ¿  la  edad  de  veinte 
años,  y  con  el  cargo  de  segundo  pi¬ 
loto,  y  á  las  órdenes  de  su  hermano 
el  capitán  D.  Blas  de  Gorordo,  rea¬ 
lizó  otros  viajes  á  las  Antillas  y  Pa¬ 
cífico  en  la  fragata  Pomboy  de  la  ma¬ 
trícula  de  Santander,  y  propiedad 
del  Sr.  Marqués  de  Casa-Pombo; 
como  premio  á  sus  servicios  se  le 
confió  el  mando  de  dicha  fragata 
antes  de  cumplir  la  edad  de  veinti¬ 
trés  años,  y  le  ejerció  por  espacio 
de  cuatro,  hasta  que,  conceptuando 
á  dicho  buque  en  mal  estado  para  la 
navegación,  dejó  de  prestar  en  él 
sus  servicios;  poco  tiempo  después 
mandó  la  barca  Antela  y  de  la  misma 
matrícula  y  de  la  propiedad  de  los 
Sres.  Gordon  y  Valle,  y  desempeñó 
el  cargo  durante  tres  años. 

En  Mayo  de  1880  ingresó  de  ter¬ 
cer  oficial  en  la  empresa  de  vapores 
A .  López  y  C:\  hoy  Compañía 
Transatlántica ,  obteniendo  el 
mando  del  vapor  el  Tana  en  Junio 
de  1884,  y  sucesivamente  ha  man¬ 
dado  los  buques  de  la  misma  Com¬ 
pañía  San  Agustín ,  Habana ,  Isla 
át  Luzón ,  Ciudad  de  Santander  y 
Reina  María  Cristina  ¡  navegando 
en  ellos  á  Filipinas,  Buonos  Aires 
ó  Isla  do  Cuba. 

Con  el  San  Agustín  remolcó  de 
las  islas  Azores  á  Cádiz  al  vapor 
Veracruzy  de  la  misma  empresa,  el 
cual  había  arribado  á  aquellas  islas 
por  rotura  del  eje,  é  igual  servicio 
prestó  al  cañonero  ElcanOy  desde 
Cádiz  á  Barcelona,  cuando  este  bu¬ 
que  de  guerra  fué  á  instalar  su  mᬠ
quina  en  dicho  puerto. 

Está  condecorado  con  cruz  del 
Mérito  Naval  de  primera  clase,  dis¬ 
tintivo  blanco,  y  con  encomienda 
de  Isabel  la  Católica. 


' '  ■  ‘i i'Ht  -  W i 

p;  «  ^B¡BI8 

_ j  i 1  "  ^sys 

SP53 

L  1 

J"  j¡liS| J  ;  1,D  J  X  £ 

V:-vl 

1  ' v.  _ 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRIC A. —  crucero  no  protegido  «reina  CRISTINA», 

BUQUE  INSIGNIA  DE  LA  ESCUADRA  ESPAÑOLA  EN  EL  COMBATE  DE  CAVITE. 

3.520  toneladas;  0  cañones  Hontoria  de  16  centímetros,  de  3  millas  de  alcance;  14  cañones  de  tiro  rápido;  7  tubos  lanzatorpedos. 

(De  fotografía.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Mato  1888 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  xvii  —  265 


CRUCERO  NO  PROTEGIDO  DE  SEGUNDA  CLASE  ((DON  ANTONIO  DE  ULLOA», 


CRUCERO  NO  PROTEGIDO  DE  SEGUNDA  CLASE  ((DON  JUAN  DE  AUSTRIA». 


1.150  toneladas;  12  cañones;  una  ametralladora. 


1.159  toneladas;  12  cañones;  una  ametralladora. 


CRUCERO  PROTEGIDO  DE  SEGUNDA  CLASE  ((ISLA  DE  CURA».  CRUCERO  DE  SEGUNDA  CLASE  «ISLA  DE  LUZÓN  ». 

1.043  toneladas;  9  cañones;  una  ametralladora.  1.048  toneladas;  9  cañones;  una  ametralladora. 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA.  —  PRINCIPALES  BUQUES  QUE  COMPONÍAN 

LA  ESCUADRA  ESPAÑOLA  EN  FILIPINAS. 

(Dibujos  de  Oaula.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


266  —  n.®  xvii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


■8  Mato  1898 


(Dibujado  expresamente  para  La  Ilustración  EspaSola  t  americana.) 


Digitized'by  v^.ooQLe 


8  Mayo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xvii  —  267 


Damos  en  el  segundo  grabado  de  la  misma  pᬠ
gina  una  reproducción  del  vapor  Alfonso  XIII. 
Fué  construido  este  hermoso  transatlántico  por  la 
casa  Villiam  Denny,  Hermanos,  de  Dumbarton 
(Inglaterra),  en  1888;  y  mide  124,41  metros  de  es¬ 
lora,  14,36  de  manga  y  9,83  de  puntal,  y  tiene  un 
tonelaje  total  de  5.124,80  y  neto  de  3.585,18. 

El  casco  es  de  acero,  de  doble  fondo  celular. 

En  su  parte  central  está  situada  la  cindadela, 
donde  se  halla  el  comedor  especial,  y  encima  el 
salón  de  música. 

A  popa  está  el  alojamiento  del  personal  y  de¬ 
pendencias  del  servicio  interior  del  buque,  y  am¬ 
plias  literas  y  camarotes,  176  de  primera,  56  de 
segunda,  compartimientos  por  separado  en  tercera 
especial  para  30  hombres  y  12  mujeres,  y  además 
en  la  cubierta  inferior  ó  sollado  se  pueden  alojar 
más  de  900  transportes,  debiendo  notarse  que  28 
camarotes  están  armados  como  cuartos  especiales 
de  familia,  y  que  los  de  preferencia  aparecen  lu¬ 
josamente  decorados. 

Sus  máquinas  son  del  tipo  de  tres  cigüeñales,  de 
triple  expansión,  con  tres  cilindros  que  se  surten 
de  vapor  (á  una  presión  de  170  libras)  de  tres  cal¬ 
deras  tubulares  de  doble  acción;  tienen  aparatos 
de  tiro  forzado,  y  dos  bombas  centrífugas,  siste¬ 
ma  Guynne,  impulsan  el  agua  hacia  el  condensa¬ 
dor,  mientras  para  achicar  el  alimento  de  las  cal¬ 
deras  se  usa  de  potentes  bombas  sistema  Wein,  y 
las  máquinas  hidráulicas  de  achique  son  del  sis¬ 
tema  Brawn. 

Todo  el  buque  está  iluminado  por  luz  eléctrica 
(en  junto  430  luces  de  incandescencia  y  de  arco), 
y  los  dinamos  y  sus  máquinas  tienen  además  fuerza 
suficiente  para  mover  seis  abanicos  ventiladores, 
sistema  Brawn,  que  extraen  el  aire  impuro  (200.000 
pies  cúbicos  por  hora)  de  todos  los  departamen¬ 
tos,  aun  del  sollado  y  de  las  bodegas;  está  dotado 
de  ocho  botes  salvavidas,  una  lancha  de  vapor, 
cuatro  botes  ordinarios,  y  seis  salvavidas  insu¬ 
mergibles,  sistema  Chambers,  de  los  llamados 
se mip legantes;  para  los  casos  en  que  el  Gobierno 
español  le  pueda  utilizar  como  crucero  de  guerra, 
tiene  el  emplazamiento  necesario  para  montar 
ocho  cañones  Hontoria  de  14  centímetros,  y  dos 
más  de  9  centímetros,  con  las  plataformas  y  las 
necesarias  obras  de  refuerzo. 

En  el  decorado  del  interior  de  los  grandes  salo¬ 
nes  compiten  la  riqueza  y  la  elegancia. 

Está  aparejado  con  cuatro  palos,  y  presenta  la 
forma  de  yate,  la  cual  opinan  los  inteligentes  que 
es  la  preferible  para  los  principales  buques  mer¬ 
cantes. 


Carlos  Luis  de  Cuenca. 


OXJBA.  NTXJBSTÍtiA. 


i. 

en  £raude  litigio  se  aducen  por  un 
(5  propietario  legítimo,  á  quien  le  dispu- 
tan  su  propiedad  la  falsía  y  la  codicia, 
todos  los  títulos  demostrativos  de  su 

ir 


derecho,  nosotros,  al  vernos  amena¬ 
zados  de  robo  por  esos  piratas  que  se  11a- 
v  man  yankees ,  registramos  el  gran  archi¬ 
vé  vo  en  que  se  conservan  los  comprobantes  de 
j  nuestra  posesión  jamás  interrumpida  del  mar 
de  las  Antillas,  posesión  indisputable  á  todas 
luces,  y  cuya  pérdida  demostraría  que  aquí  en  el 
mundo  han  cesado  para  siempre  la  justicia  y  el  de¬ 
recho,  dominando  sobre  la  humanidad  y  sobre  los 
hombres  la  violencia  y  la  fuerza.  No  hay  pueblo 
alguno  propietario  y  poseedor  de  territorios  colo¬ 
niales  en  América  ó  en  Africa  ó  en  Oceanía  ó  en 
Asia,  que  pueda  presentar  los  títulos  presentados 
por  nosotros,  justificativos  de  nuestro  dominio, 
sin  solución  de  continuidad  desde  sus  sendos  des¬ 
cubrimientos,  sobre  nuestras  dos  Antillas.  Así, 
creo  yo  servir  al  trabajo  colectivo  de  defenderlas 
contra  la  rapacidad  sajona,  y  salvarlas  de  sus  uñas, 
el  ofrecer  al  público  la  serie  de  recuerdos  en  que  se 
sostienen  los  timbres  y  las  genealogías  y  las  escri¬ 
turas  comprobantes  de  nuestros  incontrastables 
derechos.  Permítanme,  pues,  mis  lectores  que, 
d  ida  la  copia  de  razones  históricas  condecentes  á 
demostrar  nuestros  títulos  de  propietarios  eternos 
sobre  Cuba  y  Puerto  Rico,  evoque  unos  episodios 
del  segundo  viaje  de  Colón,  los  cuales  nadie  puede 
recusar,  enseñando  como  enseñan  que  allí,  por  un 
decreto  de  la  Providencia,  después  de  descubiertas 
tantas  regiones  americanas,  se  dijo  la  primera 
misa  en  prueba  providencial  de  que  todo  el  Nuevo 
Mundo  se  cristianizaba  ó  bautizaba  por  medio  de 
Cuba,  merced  á  la  próvida  mano  de  nuestra  glo¬ 
riosísima  y  creadora  España. 


II. 

Empezó  el  explorador  Colón  exploraciones  nue¬ 
vas  en  su  viaje  segundo  con  ánimo  de  cumplir  el 
ministerio  recibido  de  los  Reyes,  y  extender  los 
descubrimientos  y  tomar  de  éstos  plena  posesión. 
En  las  múltiples  calidades,  componentes  de  suma 
tal,  como  su  genio  profético  y  su  espíritu  lumino¬ 
so,  había  el  piloto  ejercitado  la  observación  en 
términos  de  que  atendía  con  cuidado  á  muchos  ob¬ 
jetos  de  estudio  y  los  notaba  con  esmero.  Contaba 
y  no  acababa,  por  ejemplo,  en  la  Española,  de 
aquellos  indios  salvajes  cuyos  cuerpos,  en  su  des¬ 
nudez,  parecían,  por  lo  durísimos,  pétreas  escultu¬ 
ras,  y  por  lo  pintarrajados,  esculturas  polícromas; 
de  los  cenus  grandes  ó  ídolos  movidos  á  formular 
oráculos  por  medio  de  cerbatanas,  que  iban  á  los 
labios,  ó  del  sacerdote,  ó  del  creyente  mismo,  y  de 
los  cenus  pequeños,  que  pendían  como  amuletos  y 
medallas,  ensartados  en  guitas,  de  las  sienes;  del 
ocio  impuesto  por  aquella  naturaleza  exuberante, 
donde  se  bebía  y  se  respiraba  la  vida  y  su  alimen¬ 
to,  como  el  agua  y  como  el  aire,  sin  esfuerzo  y  sin 
fatiga;  del  baile  semejante  á  un  ejercicio  litúrgico, 
y  del  tabaco  apurado  hasta  la  embriaguez  y  el  en¬ 
venenamiento;  de  las  bebidas  fermentadas  hechas 
con  maíz  mascado;  de  las  brujerías  y  sortilegios 
empleados  en  las  enfermedades,  atendidas  y  cura¬ 
das  en  juntas  de  brujos  ó  hechiceros;  del  estran- 
gulamiento  inferido  al  desahuciado  para  precipitar 
su  muerte  y  atajarle  las  ansias  ó  agonías  postre¬ 
ras;  del  culto  á  los  muertos,  cuyas  cabezas  reve- 
renciadísimas  se  colocaban  junto  á  los  prestigiosos 
idolillos;  en  fin,  de  aquel  estado  edénico,  á  una 
sociedad  primitiva  connatural,  con  todos  los  en¬ 
cantillos  y  con  todos  los  inconvenientes  también 
de  la  primera  infancia. 

III. 

Nada  más  congruente  con  el  ministerio  desem¬ 
peñado  y  el  oficio  ejercido  por  Colón,  que  ir  ex¬ 
tendiendo  con  los  nuevos  dominios  las  observa¬ 
ciones,  unas  veces  apuntadas  por  él  en  persona, 
otras  por  compañeros  suyos  tan  diligentes  como 
el  médico  Chanca.  El  24  de  Abril,  en  la  primavera 
del  año  1494,  comenzó  la  exploración  capital  de 
este  segundo  viaje.  Dirigióla  Colón  desde  la  Es¬ 
pañola,  con  tres  buques  á  Cuba,  muy  al  revés  de 
los  años  anteriores,  que  fue  de  Cuba  á  la  Espa¬ 
ñola.  En  los  primeros  encuentros  repitiéronse  las 
escenas  de  siempre.  Huyeron  los  indios  á  la  pri¬ 
mera  vista  de  los  recién  llegados,  y  se  mostraron 
dándose  á  partido,  aunque  recelosos  y  vigilantes, 
así  que  los  creyeron  buenos  é  inofensivos.  En  esta 
situación  de  ánimo  á  favor  del  huésped,  colmaban 
los  naturales  de  dones  con  cariño  á  los  que  mira¬ 
ran  poco  antes  con  terror.  Así  acaeció  en  la  her¬ 
mosísima  bahía  de  Santiago,  desde  donde,  al  bogar 
en  busca  del  oro  esperado  y  requerido,  con  sólo 
navegar  unas  cuantas  leguas  marinas,  descubrie¬ 
ron  la  Jamaica,  realzada  por  montañas  aeriformes, 
que  parecían  transparentes  en  la  diafanidad  del 
aire  y  ceñidas  de  multicolores  nubarrones.  Valle 
de  bienaventurados  la  llamaba  en  sus  transpor¬ 
tes  de  intenso  entusiasmo  Colón,  y  el  nombre 
le  puso  de  nuestro  nacional  patrono  Santiago,  que 
supo  convertir  á  Compostela  en  una  Jerusalén  de 
Occidente,  visitada  por  innumerables  peregrinos 
y  henchida  de  piadosas  plegarias.  En  prados  de 
verdura,  bajo  cielos  etéreos  y  junto  á  mar  diáfano, 
veíanse  innumerables  bohíos,  compuestos  de  ra¬ 
mas  y  troncos,  que  guardaban  población  muy  nu¬ 
merosa,  la  cual  expidió  varios  naturales  en  canoas 
larguísimas  á  impedir  la  profanación  del  suelo  y 
á  contrastar  la  entrada  del  recién  venido,  blan¬ 
diendo  lanzas  manejadas  con  suma  destreza,  y 
lanzando  gritos  despedidos  con  fragoroso  espanto; 
pero  á  estos  impulsos  del  terror  sucedían  emocio¬ 
nes  más  dulces,  unas  veces  despertadas  por  el 
miedo,  y  otras  provenidas  de  la  reflexión,  las  cua¬ 
les  permitieron  al  piloto  anclar  en  dos  bahías  y 
reconocer  algunas  costas. 

IV. 

Mas  como  quiera  que  lo  principalmente  allí 
buscado,  el  oro,  no  se  hallase,  tomó  de  nuevo  el 
rumbo  á  Cuba,  explorada  con  grande  prolijidad, 
y  merecedora  de  aquella  devoción  por  el  espec¬ 
táculo  maravilloso  que  ofrecían  las  aguas  transpa¬ 
rentes  llenas  de  peces,  cuyas  escamas,  parecidas  á 
preciosas  lacas,  dejaban  líneas  de  colores  y  círcu¬ 
los  en  el  celeste  líquido;  por  las  costas,  en  que  gi¬ 
gantes  tortugas  andaban  perezosamente  al  lado  de 
conchas  y  caracoles  tendidos  entre  las  guijas, 
como  perlas  y  ópalos  en  infusión  próximos  á  cua¬ 


jarse;  por  los  bosques  de  resonantes  palmeras  car¬ 
gadas  con  frutos,  los  cuales  mitigaban  hambre  y 
sed  con  sus  zumos  y  con  sus  azúcares;  por  las  banda¬ 
das  de  pájaros,  parecidos,  según  las  pintadas  plu¬ 
mas,  á  ramilletes  volando  sobre  la  flora  tan  varia  y 
entre  tan  intensos  aromas;  por  las  canoas  llenas 
de  ofrendas  y  tripuladas  con  indios  coronados  de 
vistosos  plumajes;  por  los  ritmos  de  las  danzas  po¬ 
pulares  movidas  al  dulce  deseo  de  vivir;  por  el 
coro  de  los  arpados  sinsontes;  por  todo  aquello  que 
percibían  gusto,  y  olfato,  y  vista,  y  oído,  en  el 
esplendor  de  la  Naturaleza  y  en  el  exceso  de  la 
vida.  Cuba  no  solamente  sobre  los  sentidos  de 
Colón  ejercía  este  mágico  influjo;  ejercíalo  tam¬ 
bién  sobre  su  alta  inteligencia.  Engañábalo  como 
una  especie  de  maga,  diciéndole  no  ser  isla  como 
decían  muchos  en  sus  consejas,  sino  aquel  conti¬ 
nente  asiático  flotante  con  su  preste  Juan  de  las 
Indias  y  su  grande  Kan  de  Tartaria  en  los  fanta¬ 
seos  producidos  por  las  tradiciones  medioevales. 
A  cualquier  indicio  le  sacaba  la  punta  de  su  enga¬ 
ñosísima  superstición  en  el  estado  hipnótico  á 
que  lo  alzaba  la  seguridad  completa  de  haber  ha¬ 
llado  el  extremo  Oriente  por  el  extremo  Occi¬ 
dente. 

V. 

Nadie  ignora  cómo  se  llama,  desde  los  griegos 
acá,  el  mundo  de  los  largos  ropajes  blancos  á  los 
imperios  asiáticos.  Las  flotantes  túnicas  de  lino, 
usadas  por  emperadores  y  sacerdotes,  justifican 
esta  calificación.  Colón  porfiaba  en  buscar  los  pue¬ 
blos  de  los  blancos  ropajes,  y  algunos  de  sus  in¬ 
térpretes  le  aseguraban  haber  oído  á  indios  la 
existencia  de  gentes  así  vestidas  en  aquellos  paí¬ 
ses.  Con  efecto,  un  día  que  cierto  grupo  de  tripu¬ 
lantes  desembarcó  en  Cuba,  emboscóse  con  faci¬ 
lidad  en  una  de  aquellas  selvas,  donde  los  ramajes 
entrelazados  como  en  bóveda,  y  las  lianas  tendi¬ 
das  como  tapices,  y  las  hierbas  altas  á  modo  de 
laberintos,  extienden  la  noche  material,  magüer 
el  pleno  día,  ó  por  lo  menos  producen  una  especie 
de  tibio  crepúsculo,  semejante  al  compuesto  por 
los  cruces  del  centelleo  de  los  astros  sobre  nues¬ 
tra  retina  en  el  anochecer  ó  en  el  amanecer  tro¬ 
picales.  Rezagóse  uno  de  los  exploradores  en  aque¬ 
lla  dulce  obscuridad,  y  de  súbito  se  le  apareció 
extraño  personaje  cubierto  de  blanca  túnica  y 
parecido  por  su  estatura  y  por  su  porte  á  una  es¬ 
tatua  que  por  allí  ambulara.  Tomólo  al  pronto  el 
animoso  español  por  el  fraile  de  la  Merced  que 
acompañaba  la  expedición,  quizás  descendido  á 
tierra.  Pero  ¿eral  no  sería  su  asombro,  y  cómo 
se  pondría  de  nervioso  y  espeluznado,  viendo  que 
al  primero  sucedían  otros  muchos,  puestos  en  dos 
hileras,  iluminados  por  los  inciertos  resplandores 
y  perdidos  en  los  lejos  del  follaje,  que  se  movían 
como  al  acaso,  y  moviéndose,  le  saludaban  á  una 
con  caprichosas  reverencias  de  todo  el  cuerpo, 
especialmente  de  las  altas  y  angostísimas  cabezas? 

VI. 

No  sabiendo  qué  hacer  el  sorprendido,  retro¬ 
gradó  espantado  con  riesgo  de  caerse  de  espaldas, 
mientras  la  visión  se  desvanecía  y  se  disipaba  en 
lo  lejos  de  aquellas  cambiantes  perspectivas.  Mu¬ 
chas  apariciones  de  tal  género  referían  los  cuen¬ 
tos  cambiados  por  los  exploradores  en  las  corre¬ 
rías  de  mar  ó  tierra  y  en  las  vigilias  á  ellas  con¬ 
siguientes.  Las  Casas  nos  refiere  cómo  por  las 
noches,  en  el  recinto  donde  se  construía  la  Isa¬ 
bela,  cubierto  por  los  despojos  de  tantos  cadáve¬ 
res  como  tendieran  en  tierra  los  efluvios  de  la 
peste,  veíanse  figuras  de  caballeros  con  sus  es¬ 
padas  al  cinto,  sus  collares  al  cuello,  sus  mantos  á 
la  espalda,  sus  corazas  al  pecho,  sus  guanteletes  al 
brazo,  sus  espuelas  al  pie,  sus  ropillas  al  cuerpo, 
quitándose  las  cabezas  ceñidas  con  blasonadas  go¬ 
rras  de  plumas,  en  saludos  sobrenaturales  á  los 
viandantes  y  esparciendo  por  el  aire  largos  y  las¬ 
timosísimos  sollozos.  En  tal  situación  de  las  cosas 
y  en  tal  estado  de  los  ánimos,  nada  tan  propio  del 
buen  sentido  como  atribuir  á  hipnosis  ó  alucina¬ 
ciones  de  la  vista  los  rapaj es  aquellos,  ó  al  paso  por 
allí  de  grandes  aves  conocidas,  muy  semejantes, 
por  su  porte  y  por  sus  aptitudes,  á  verdaderas 
personas.  Pero  Colón  vió  en  aquello  un  indicio 
más  de  la  existencia  del  pueblo  de  los  ropajes  y 
otra  fianza  más  del  carácter  continental  de  Cuba. 
No  le  cupieron  desde  tal  expedición  dudas  á  ese 
respecto,  cual  demuestra  la  increíble  ceremonia 
de  su  bajada  con  un  escribano  y  varios  testigos  á 
tierra,  levantando  acta  notarial  que  hacía  de  la 
región  aquella  un  verdadero  continente,  y  conmi¬ 
naba  con  pena  tan  terrible  como  la  horadación 
por  un  hierro  encendido  á  toda  lengua  capaz  de 


Digitized  by  ^.ooQie 


TRAl'A 

DIBUJO  DE  J 


Digitized  by 


Google 


í'ALGA.R, 

)  DE  J*  VALLEJO. 


Digitized  by  ooQie 


é 


270  —  n.°  xvii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Mayo  1898 


llamarla  isla.  No  lo  creeríamos,  en  verdad,  si  un 
documento  auténtico  y  solemne,  con  todos  los  ca¬ 
racteres  de  la  evidencia  irrefragable,  no  lo  confir¬ 
mase. 

VIL 

El  6  de  Julio  entró  en  el  golfo  de  Santa  Cruz,  y 
sobre  uno  de  sus  cabos  ordenó  que  se  levantase 
improvisado  altar  y  se  dijese  misa  bajo  el  dosel 
de  las  palmas.  Al  oir  el  murmullo  de  los  rezos  y 
notar  la  devoción  ferviente  con  que  veían  la  hos¬ 
tia  consagrada  los  cristianos  de  hinojos  y  se  da¬ 
ban  entre  abrazos  el  beso  de  paz,  un  anciano 
indio  se  conmovió  al  punto  de  manifestar  la  reve¬ 
rencia  con  que  á  semejantes  ceremonias  hermo¬ 
sísimas  asistiera,  y  la  esperanza  por  ellas  desper¬ 
tada  de  inmortalidad,  explicable  dentro  de  sus 
ritos  merced  á  transmigraciones  donde  las  almas 
se  purifican  por  obra  de  los  castigos  y  de  los  pre¬ 
mios  etemales.  Tales  palabras,  y  algún  que  otro 
acto,  indicaban  ciertas  inclinaciones  en  los  indios 
hacia  los  españoles,  despertadas  dentro  de  los  in¬ 
genuos  ánimos  salvajes  por  la  natural  y  evidentí¬ 
sima  superioridad  de  los  civilizados.  Unas  veces 
aparecía  inteligente  y  apuesto  joven  que,  sobre- 

Íionióndose  á  su  familia  llorosa,  requería  plaza  de 
os  tripulantes  en  cualquier  nave  al  deseo  de  ver 
las  regiones  desde  donde  hombres  tan  sobrenatu¬ 
rales  bajaban;  otras  veces  maldecía  un  viejo  su  es¬ 
trella,  que  le  deparaba  tan  tarde  la  vista  de  aque¬ 
llos  huespedes  revestidos  del  carácter  de  dioses,  y 
con  los  cuales  quería  vivir  y  morir;  otras  veces 
los  primates  de  tribus  enteras  prestaban  homena¬ 
je,  y  pedían  entrar  en  aquella  corporación  de 
cristianos,  alardeando  con  sus  arcos  de  buenos 
auxiliares  para  toda  empresa,  y  ofreciendo  á  los 
ojos  maravillados,  sobre  canoas  esculpidas  rica¬ 
mente,  sus  preseas  más  hermosas,  los  cinturones 
de  bordado  algodón,  los  mantos  de  multicolores 
plumajes  devestidos  de  las  más  pintadas  especies, 
las  banderas  semejantes  á  las  colas  de  las  aves 
llamadas,  por  los  iris  en  ellas  extendidos,  pájaros 
del  Paraíso,  las  ajorcas  pendientes  como  nuestros 
zarcillos  de  las  orejas,  los  cintillos  de  pedrería  en 
las  sienes,  y  colgadas  al  cuello  de  una  cadena  las 
láminas  de  oro  sobre  sus  pechos.  Así  Colón  se  hol¬ 
gaba  en  ver  cómo  surgían  las  islas  á  su  paso,  y 
cómo  se  acercaban ,  después  de  haber  huido  al  pri¬ 
mer  encuentro,  los  naturales  reconciliados  con  los 
españoles  por  el  siguiente  reflexivo  impulso  en 
las  canoas  cargadas  de  ricas  ofrendas.  Gozábase 
mucho  con  los  nombres  á  dar  y  con  los  datos  á  re¬ 
coger  en  aquellas  exploraciones.  A  un  grupo  de 
numerosas  isletas  le  llamaba  Jardín  de  la  Reina, 
en  homenaje  á  Isabel  I;  y  á  una  mayor,  como  la 
de  Pinos,  Evangelista,  en  recuerdo  y  conmemo¬ 
ración  del  cuarto  Evangelio,  donde  resuena  el 
Yerbo  creador.  Mucho  más  anduviera,  y  á  poco  de 
haber  andado  en  fines  de  Septiembre,  persuadié- 
rase  á  tomar  Cuba  por  isla  en  una  reveladora  ex¬ 
periencia  que  ya  iba  pronto  á  ofrecerle  su  derro¬ 
tero,  cuando  los  vientos  le  contrariaron  de  tal 
suerte,  y  las  vigilias  y  los  cuidados  le  pusieron  en 
términos  tales  que,  á  fuerza  de  luchar  con  los  ele¬ 
mentos  contrarios  y  con  los  obstáculos  espiritua¬ 
les  á  su  providencial  ministerio  y  destino  opuesto 
por  todas  partes,  cayó  enfermo  en  términos  de 
haber  quedado  como  muerto,  sin  conocimiento  ni 
sentido,  mostrándose  tan  sólo  la  vida  que  le  res¬ 
taba  en  los  horrores  y  exacerbaciones  de  una  fie¬ 
bre  altísima. 


y  de  italianos  en  Africa;  la  fundación  de  Roma  y 
Tiro,  tan  costosas;  el  conflicto  de  Asia  con  Grecia, 
representado  por  Darío  y  Ciro,  amen  del  conflicto 
de  Grecia  con  Asia,  representado  por  Alejandro; 
aquellas  revelaciones  de  Sión  en  materias  religio¬ 
sas,  y  de  Alejandría  en  materias  científicas;  la  con¬ 
quista  romana  y  las  calamidades  traídas  por  los 
bárbaros,  á  quienes  comandaban  Atila  y  Genseri- 
co;  el  esfuerzo  que  suponen  las  guerras  por  las  in¬ 
vestiduras  y  por  las  herejías,  y  por  las  cruzadas  y 
por  el  rescate  de  la  España  cristiana,  y  por  el  con¬ 
flicto  entre  la  monarquía  y  el  feudalismo;  pensad 
todo  esto,  reconoced  todo  esto,  medid  todo  esto, 
la  cantidad  incalculable  de  humano  esfuerzo  y  de 
tiempo  creador  en  todo  ello  latente,  y  decidme 
después  de  cuántos  dolores  no  provenían  y  dima¬ 
naban  aquellos  frutos  de  cultura  conducidos  por 
los  descubridores  al  Nuevo  Mundo  y  por  una  ley 
natural  en  la  humana  contingencia  fecundados  con 
tanta  sangre.  En  política  llevábamos  los  Estados 
modernos  recién  salidos  del  caos  feudal;  en  admi¬ 
nistración,  los  tribunales  permanentes  y  las  chan- 
cillerías,  que  generaba  un  profundo  y  mayor  co¬ 
nocimiento  del  Derecho  romano;  en  milicia,  los 
ejércitos  orgánicos,  muy  contrapuestos  á  las  anti¬ 
guas  mesnadas;  en  ciencias,  una  filosofía  que  co¬ 
menzaba  su  emancipación  de  Aristóteles,  y  una 
astronomía  que  comenzaba  su  emancipación  de 
Tolemeo;  en  artes,  la  arquitectura  y  la  escultura 
del  Renacimiento;  en  letras,  una  inspiración  ju¬ 
venil  expresada  por  medio  de  lenguas  tan  sonoras 
como  la  lengua  nacional  nuestra,  fija  ya  por  escri¬ 
tores  tan  eximios  como  Garcilaso;  en  religión,  el 
cristianismo;  en  industria,  la  pólvora  y  la  impren¬ 
ta;  en  medios  de  locomoción,  el  barco  y  el  caballo 
y  el  buey;  en  alimentos,  el  pan  y  el  vino,  amén 
de  todos  los  ideales  del  humano  derecho  y  de  to¬ 
das  las  esperanzas  congénitas  al  espléndido  albo¬ 
reo  del  espíritu  moderno.  En  los  puertos,  donde 
apenas  bogaba  la  canoa,  el  barco  de  vapor,  movido 
por  sos  propias  fuerzas  y  emancipado  de  los  vien¬ 
tos,  conduciendo  poblaciones  enteras  de  pasaje  y 
almacenando  en  sus  bodegas  productos  más  copio¬ 
sos  que  los  reunidos  antes  por  todos  los  mercados 
históricos;  en  el  suelo  los  pararrayos  contrastando 
las  nubes  y  sus  devastadoras  centellas,  como  el 
vapor  contrasta  las  olas  y  las  corrientes;  en  el 
aire  los  telégrafos,  que  comunican  á  una  con  su  red 
eléctrica,  semejante  á  la  red  nerviosa,  todos  los 
continentes  entre  sí  de  la  tierra,  y  el  telescopio, 
que  comunica  la  tierra  con  el  cielo;  no  lejos  de  los 
altares  antiguos,  la  Iglesia  cristiana,  henchida 
con  la  idea  del  Dios  único  y  aromada  con  el  in¬ 
cienso  de  un  puro  idealismo;  aquí  las  colosales 
máquinas  que  metamorf osean  la  materia,  y  allí 
las  escuelas  que  pulen  y  Abrillantan  el  alma;  en 
política,  las  instituciones  más  altas  y  las  formas 
de  gobierno  más  perfectas;  el  Jurado  popular,  el 
comicio  universal,  el  sentimiento  religioso  entre¬ 
gado  á  la  espontaneidad,  la  prensa  periódica  es¬ 
cribiendo  á  cada  minuto  un  libro  para  el  pueblo, 
la  democracia  plena,  el  trabajo  libre,  la  Repú¬ 
blica.  España  hizo  América  como  Dios  hizo  el 
mundo.  Antes  borraréis  el  sol  de  sus  cielos  que  el 
verbo  hispano  de  su  espíritu.  América  será  espa¬ 
ñola  eternamente. 

Emilio  Castelar. 

Madrid,  6  de  Mayo  de  189P. 


EFECTOS  DEL  CORSO. 


YIII. 

Interrumpamos  esta  narración,  la  cual  muestra 
nuestros  títulos  á  la  posesión  de  Cuba,  como  no 
pueden  tenerlos  otros  pueblos  á  la  posesión  de  sus 
respectivos  territorios,  y  reflexionemos  primero 
sobre  lo  poco  que  costó  al  Nuevo  Mundo  la  vieja 
civilización,  llevada  en  breves  años  allí  por  nues¬ 
tra  patria,  y  después  sobre  la  diferencia  entre  los 
mares  de  las  Antillas  tal  como  nosotros  los  inve¬ 
nimos,  y  los  mares  de  las  Antillas  hoy  día.  Exa¬ 
minando  el  movimiento  de  los  siglos  y  las  distan¬ 
cias  enormes  entre  los  varios  términos  de  la 
evolución  universal,  maravíllase  uno  á  la  vista 
del  poco  tiempo  empleado  por  las  sociedades  ame¬ 
ricanas  en  el  paso  desde  civilizaciones  muy  ante¬ 
riores  al  cristianismo  hasta  las  maduras  y  plenas 
civilizaciones  cristianas.  En  dos  años  Cortés  apor¬ 
tó  á  Méjico  la  cultura  elaborada  por  el  humano 
espíritu  desde  Abraham  hasta  Colón.  Pensad  los 
penosos  tránsitos  de  los  estados  nómadas  á  los  es¬ 
tables;  las  enormes  luchas  de  los  pueblos  aspiran¬ 
tes  á  su  independencia  con  los  Faraones  de  todos 
tiempos  y  países;  los  sitios  luctuosos  de  Troya  y 
de  Cartago;  las  irrupciones  de  africanos  en  Italia 


I. 


Que 


Jj$ L  empleo  en  la  mar  de  esta  arma  de 
guerra  terrible,  constituye  en  los  mo- 
mentos  actuales  una  de  las  cuestiones 

_  más  graves  y  dificultosas  que  han  sur- 

gido  del  rompimiento  de  nuestras  re- 
r  laciones  con  los  Estados  Unidos  de  Amó- 
9  rica  por  la  provocación  de  su  Gobierno. 
Que  nos  asista  perfecto  derecho  para  hacer 
uso  de  ese  como  de  cualquier  otro  medio 
lícito  de  ataque  y  defensa,  es  indiscutible, 
nuestros  adversarios  de  hoy  se  reservaron 
como  nosotros  mismos,  la  facultad  de  practicarlo, 
declarando  solemnemente,  al  trabar  de  abolirlo  en 
París  las  grandes  Potencias  el  año  1856,  <rque  no  se 
adherirían  jamás  á  modificación  del  derecho  inter¬ 
nacional  que  pudiera  imponerles  la  necesidad  de 
mantener  una  marina  poderosa»,  es  notorio,  como 
también  el  hecho  de  haber  ejercitado  ellos  el  corso 
en  época  posterior  al  compromiso  europeo.  Que 
habrán  de  descartarse  los  escrúpulos  al  examinar 
y  decidir  si  nos  importa  su  planteamiento,  resulta, 
pues,  á  todas  luces  obvio.  Pero,  ajenas  á  la  concien¬ 
cia  y  á  la  legalidad,  ofrece  al  discurso  diversas  con¬ 


sideraciones,  y  no  es  indiferente  la  de  los  efectos 
que  haya  producido  en  contiendas  marítimas  an¬ 
teriores. 

Al  régimen  de  España,  dicho  sea  en  verdad,  fué 
repulsivo  el  corso  desde  que,  sellando  las  memo¬ 
rias  de  la  Edad  Media,  firmó  el  rey  D.  Fernando 
el  Católico  en  Valladolid,  á  12  de  Enero  de  1489, 
la  pragmática  sanción,  perpetualmente  duradera, , 
prohibiendo  la  expedición  de  guiajes  ó  patentes  á 
navios.  Ni  los  estragos  que  berberiscos  y  turcos  ha¬ 
cían  en  nuestro  litoral,  ni  los  que  en  las  Indias 
causaron  los  negreros  y  semipiratas  ingleses,  ni 
las  guerras  de  Europa,  modificaron  la  doctrina 
sustentada  en  consultas  del  Consejo  de  Estado,  de 
rigurosa  aplicación  contra  el  gran  Duque  de  Osuna, 
virrey  de  Nápoles.  Aquel  alto  cuerpo  juzgaba  ser 
el  corso  recurso  de  naciones  débiles:  España  no  lo 
había  menester. 

Pero  empezaron  á  cambiar  las  circunstancias 
en  el  reinado  de  Felipe  IY :  consumido  un  cente¬ 
nar  de  galeones  en  los  desastres  de  Guetaria  y  las 
Dunas,  en  las  jornadas  del  Brasil  y  en  tantas  otras 
que  se  sucedían,  dejó  de  ser  temible  la  armada 
poderosa  de  otros  tiempos,  echándose  de  ver  con 
la  demanda  arrogante  de  una  escuadra  del  Parla¬ 
mento  de  Inglaterra,  ó  sea  de  Oliverio  Cromwell, 
erigido  en  protector  por  el  asilo  dado  á  bajeles  con 
bandera  de  los  Stuardos. 

Arreglada  la  cuestión,  significando  después  el 
dictador  de  los  bri taños  las  mejores  disposiciones 
amistosas,  brindó  con  los  servicios  de  la  escuadra 
que  destinaba  en  el  Mediterráneo  á  la  persecución 
de  la  piratería,  si  se  consideraban  de  utilidad  con¬ 
tra  las  algaradas  del  Duque  de  Guisa  en  el  reino  de 
Nápoles,  ofrecimiento  declinado,  más  por  el  cual 
se  dispensó  á  la  dicha  escuadra  acogida  más  que 
amistosa  en  los  puertos,  proveyéndola  sobrada¬ 
mente.  Otra  escuadra  inglesa  navegaba  en  tanto 
en  dirección  de  las  Antillas  con  instrucción  que 
había  de  hacerse  pública  bien  pronto,  jy  de  qué 
modo! 

En  el  mes  de  Septiembre  de  1656  recaló  sobre 
el  Cabo  de  San  Vicente  la  flota  de  Tierra  Firme, 
reducida  por  varios  accidentes  á  ocho  velas ,  dos 
de  guerra;  mercantes  las  otras  seis.  Llegando  con 
la  confianza  que  inspira  el  estado  de  paz  á  las  cer¬ 
canías  de  Cádiz,  fueron  acometidas  todas  por  la 
misma  escuadra  agasajada;  y  aunque  los  galeones 
de  guerra  hicieran  valerosa  defensa  por  más  de 
seis  horas,  el  resultado  no  podía  ser  dudoso:  uno 
se  incendió,  el  otro  fue  sumergido,  y  dos  de  las 
naves  cayeron  en  manos  de  los  asaltantes,  propor¬ 
cionándoles  botín  considerable,  aun  así,  pues  ex¬ 
cedió,  según  sus  declaraciones,  de  dos  millones 
de  pesos. 

Ninguno  de  los  actos  de  Cromwell  le  procuró  en¬ 
tre  el  pueblo  inglés  la  popularidad  que  este,  pre¬ 
parado  á  ciencia  y  paciencia  antes  de  hacer  -de¬ 
claración  de  guerra.  Celebrada  en  Londres  con 
aparato  de  música  y  banderas,  á  manera  de  triun¬ 
fo,  la  entrada  de  los  carros  conductores  de  la  pla¬ 
ta,  el  Parlamento  votó  una  fiesta  á  la  Divinidad 
en  acción  de  gracias  por  tan  gran  beneficio;  escri¬ 
bieron  elogios  en  verso  y  prosa  los  literatos,  rela¬ 
tando  el  suceso  en  forma  que  acallara  la  concien¬ 
cia  de  los  timoratos;  brindaron  al  dictador  con  la 
corona,  y  no  fue  de  los  menores  el  obsequio  de  la 
parte  de  presa  que  le  adjudicaron  ó  se  tomó. 

Aquí  se  tienen  acciones  tales  por  villanas  é  ini¬ 
cuas;  allá  las  venía  preconizando  el  escritor  ma¬ 
rino  William  Monson,  razonando  en  buen  inglés 
«que  el  que  da  primero,  da  dos  veces»;  razones 
sin  duda  convincentes,  pues  que  tantas  veces  han 
incitado  á  la  repetición. 

Concretando  la  mención  á  esta,  en  que  con  los 
militares  de  la  armada  perecieron  mujeres  y  niños 
de  los  pasajeros;  oído  el  grito  de  reprobación  unᬠ
nime,  estimó  el  Gobierno  de  necesidad  lo  que  sólo 
por  rareza  ó  excepción  había  en  ocasiones  autori¬ 
zado:  el  corso.  Abrió  la  mano  expidiendo  patentes 
á  los  que  las  querían  é  invitando  á  tomarlas  á  per¬ 
sonas  de  viso ,  tales  como  el  capitán  Fructuoso  de 
Yeroiz,  que  armó  ocho  fragatas  de  á  30  cañones; 
el  Marqués  de  Villarrubia,  que  en  competencia 
alistó  otras  tantas,  y  las  muchas  que  echaron  á  la 
mar  una  ó  dos.  Se  autorizó  al  mismo  tiempo  al 
maestre  de  campo  D.  Juan  Patricio  para  tripular 
veinte  con  gente  irlandesa  partidaria  de  los  Stuar¬ 
dos;  y  como  en  los  puertos  de  Flandes  era  permi¬ 
tido  al  Almirantazgo  alistar  holandeses  católicos, 
no  pocos  se  hicieron  corsistas ,  según  la  voz  em¬ 
pleada  en  los  documentos  oficiales. 

Por  acuerdo  y  dirección  entre  todos ,  situaron 
bajeles  en  los  estrechos  y  cabos  de  recalada;  para 
el  Mediterráneo,  en  Algeciras  y  Ceuta  por  primera 
línea;  en  los  extremos  de  Córcega  y  Cerdeña  la  se¬ 
gunda,  que  tomaron  á  su  cuidado  los  mallorquines; 
en  el  Atlántico  los  cabos  de  San  Vicente,  Berlin¬ 
gas  y  Finisterre,  así  como  las  islas  Canarias  y  Azo¬ 
res  eran  las  estaciones  preferentes,  exceptuado 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Mayo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


x.®  xvn  —  271 


sol  á  las  puertas  de  sus  cuchitriles  y  dar  á  besar  las 
manos  a  los  chiquillos...-  Después  nadie  había 
vuelto  á  verle. 

Es  decir,  nadie,  no. 

Existía  una  persona  en  la  ciudad  que  estaba  en¬ 
terada  del  misterio  que  envolvía  la  desaparición 
del  pobre  clérigo. 

Esta  persona  era  D.  Justo  Morales,  catedrático 
de  Psicología  en  el  Instituto  de  X... 


•  • 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE- AMÉRICA.— cañonero  de  3.a,  «ligera», 
DE  43  toneladas,  que  rechazó  con  graves  averías  al  torpedero  americano  «cushing» 

EN  AGUAS  DE  CÁRDENAS  (CUBA). 

(De  fotografía.) 


el  canal  de  la  Mancha,  en  el  que  por  el  Norte  cru¬ 
zaban  los  flamencos  y  por  el  Sur  los  cántabros.  Las 
escuadras  inglesas  tuvieron  que  dividirse  y  dis¬ 
traerse  en  escoltar  convoyes  de  mercantes,  y  aun 
así  sufrieron  golpes  de  consideración  bastante  para 
producir  la  quiebra  de  casas  de  banca  y  para  le¬ 
vantar  en  la  Gran  Bretaña  clamoreo  contra  los 
perjuicios  de  la  guerra. 

La  represalia  de  los  españoles,  ha  escrito  el  re¬ 
putado  historiador  francés  Mr.  Martín,  nada  ami¬ 
go  nuestro,  fué  más  dura  de  lo  que  pensara  el 
protector;  causó  aprensión  de  naves  muy  superior 
á  la  que  los  ingleses  habían  hecho  en  la  guerra  con 
Holanda;  apreciación  conforme  con  la  del  autor 
nacional  David  Hume,  según  la  cual  quedó  des¬ 
truido  el  próspero  comercio  de  Inglaterra,  per¬ 
diendo  en  poco  tiempo  más  de  mil  quinientos  ba¬ 
jeles. 

Cesáreo  Fernández  Duro. 


TEORÍA  Y  PRÁCTICA. 


de  sus  discípulos  el  complicado  funcionar  de  las 
facultades  anímicas!  ¡Con cuánta  precisión  y  exac¬ 
titud  clasificaba  los  juicios,  señalaba  la  trabazón 
de  los  raciocinios  y  fijaba  las  leyes  de  la  dia¬ 
léctica! 

Pero  cuando  el  hombre  echaba  el  resto  era  al 
meterse  por  los  campos  de  la  Etica/j Válgame  Dios, 
y  cómo  tronaba  contra  las  flaquezas  y  debilidades 
de  los  hombres!  ¡Cómo  ensalzaba  los  deberes, 
cómo  anatematizaba  el  duelo,  y  sobre  todo  el  sui¬ 
cidio! 

«El  atentado  del  hombre  contra  sí  mismo — de¬ 
cía —  es  el  crimen  más  grande  que  puede  come¬ 
terse.  Todos  los  delitos  tienen  remedio:  solamente 
el  suicidio  no  lo  tiene.  El  suicida,  al  privarse  de 
la  vida,  se  priva  al  propio  tiempo  de  toda  posibi¬ 
lidad  de  redención.  Con  ser  monstruosa  la  traición 
de  Judas  Iscariote,  todavía  fué  mayor  su  crimen 
al  atentar  contra  su  vida.» 


*  * 


}  E  seguro  que  no  le  ha  olvidado  nin¬ 
guno  de  sus  discípulos.  Tenía  más  de 
cuarenta  años,  pero  tan  bien  lleva¬ 
dos,  que  sin  dificultad  podían  pasar 
por  treinta  y  cinco.  Era  la  imagen 
viva  de  la  pulcritud:  el  cabello  partido 
«por  gala»  en  dos  partes  por  la  raya,  que 
parecía  sacada  con  auxilio  de  una  regla;  la 
barba  obscura  y  brillante,  sin  una  sola  cana; 
los  ojos  gra¡ves;  la  frente  alta  y  combada;  el  as¬ 
pecto  severo  y  digno.  Armonizábanse  perfecta¬ 
mente  el  dueño  y  su  vestido.  Valiéndome  de  una 
frase  filosófica  que  el  catedrático  acostumbraba  á 
emplear,  diré  que  en  su  persona  había  «absoluta 
adecuación  entre  el  fondo  y  la  forma  externa». 
Los  pantalones,  tirando  á  negros,  no  tenían  ni 
una  arruga;  el  sombrero,  siempre  de  copa  alta,  lo 
que  en  provincias  constituye  una  singularidad, 
brillaba  como  si  acabase  de  salir  de  las  manos  del 
sombrerero;  relucían  sus  botas  lo  mismo  que  es¬ 
pejos,  y  su  levita,  siempre  abrochada,  era  un  mo¬ 
delo  de  austera  corrección.  Puños  y  cuellos,  blancos 
como  la  nieve;  en  todo  tiempo  guantes  ajustados, 
de  cabritilla. 

Era  catedrático  de  Psicología,  Lógica  y  Etica  en 
el  Instituto  de  X...  Cuando  serio  y  en  cierto  modo 
majestuoso  cruzaba  el  patio  del  establecimiento 
de  segunda  enseñanza,  cinco  minutos  antes  de  la 
hora  de  clase,  suspendíanse  como  por  encanto 
todos  los  ruidosos  juegos  de  la  turba  escolar,  las 
manos  acudían  á  las  gorras  y  todos  los  semblantes 
mostrábanse  serios  y  respetuosos.  Era  la  Filosofía 
que  pasaba:  Minerva  disfrazada  de  catedrático. 

Nada  tan  solemne  como  aquella  cátedra  po¬ 
blada  de  viejos  bancos,  alumbrada  por  altas  ven¬ 
tanas  de  vidrios  polvorientos,  y  en  cuyo  testero 
se  erguía,  á  guisa  de  pulpito,  la  tribuna  del  profe¬ 
sor.  Este,  envuelto  en  su  negra  toga,  tocado  con 
su  birrete  de  borla  azul,  comenzaba  con  tono  grave 
y  pausado  su  explicación,  con  el  mismo  tono  con 
que  la  terminaba.  ¡Qué  facilidad  de  lenguaje  la 
suya!  ¡Con  qué  claridad  demostraba  el  buen  señor 
la  existencia  del  alma!  ¡Cómo  ponía  ante  la  vista 


Lo  que  se  conocía  de  la  conducta  del  catedrático 
estaba  en  perfecto  acuerdo  con  sus  teorías.  Tenía- 
sele  en  X...  por  modelo  de  ciudadanos,  ejemplo  de 
esposos  y  prototipo  de  padres. 

Y  sin  embargo . 

Ocurrió,  por  los  días  á  que  se  refieren  estos  ren¬ 
glones,  un  suceso  en  X...  que  traía  preocupada  y 
alborotada  á  toda  la  población.  El  virtuoso  cura  de 
la  parroquia  de  San  Lucas  había  desaparecido.  Los 
vecinos  de  la  casa  en  que  vivía  el  anciano  párroco 
le  vieron  salir  como  de  costumbre  una  tarde  de 
invierno,  saludar  á  las  comadres  que  tomaban  el 


D.  Justo,  á  pesar  de  su  fama,  tenía  en  su  vida 
algo  que  no  estaba  muy  conforme  con  las  leyes  de 
la  Etica.  Cuidadosamente  rebozado  y  sin  que  la  tie¬ 
rra  le  sintiese,  solía  el  filósofo  penetrar  en  una  som¬ 
bría  callejuela;  alguien  que  sin  duda  le  esperaba 
en  una  casa  de  la  susodicha  calle  abría  sigilosa¬ 
mente  una  puerta,  y  por  ella  colábase  el  Sr.  Mo¬ 
rales  de  rondón,  no  sin  observar  antes  si  alguna 
persona  le  había  visto. 

Tanto  el  galán  como  la  dama  (porque  habrá 
comprendido  el  discreto  lector  que  era  una  mujer 
quien  esperaba  á  D.  Justo)  guardaban  con  tal  dis¬ 
creción  el  secreto  de  sus  clandestinos  amores,  que 
nadie  en  X...  sospechaba  que  éstos  existiesen. 

Un  día,  cuando  el  Sr.  de  Morales  estaba  en  la 
casa  de  la  callejuela,  sobrevino»  el  marido.  Hubo  el 
susto  consiguiente;  la  necesidad  para  D.  Justo  de 
ocultarse;  una  verdadera  caminata  á  lo  largo  de 
estrechos  pasillos  y  la  subida  por  tenebrosas  esca¬ 
leras  á  un  desván  lleno  de  trastos  viejos,  sin  más 
luz  que  la  que  penetraba  por  un  agujero  imper¬ 
ceptible  desde  fuera,  que  debió  de  abrirse  en  otro 
tiempo  para  dejar  paso  al  cañón  de  una  chimenea. 

Cuando  el  Sr.  de  Morales  se  sintió  algo  repuesto 
del  natural  sobresalto,  creyéndose  seguro  en  su 
escondite,  se  aventuró  á  mirar  por  el  boquete.  Lo 
que  se  presentó  ante  su  vista  hizo  que  se  le  eri¬ 
zase  el  cabello.  Vió  un  jardín  de  altas  tapias,  un 
sacerdote  anciano  que  se  inclinaba  como  para  con¬ 
templar  una  planta,  y  un  hombre  que  alzaba  por 
detrás  del  cura  una  piqueta  y  hería  de  muerte  al 
anciano,  rematándolo  después  á  martillazos. 

El  escondido  pudo  á  duras  penas  contener  un 
grito  de  espanto;  pero,  atraído  por  el  horrible  es¬ 
pectáculo,  siguió  mirando  el  cuadro  que  la  casuali¬ 
dad  desplegaba  ante  su  vista.  El  asesino,  luego  que 
acabó  con  su  víctima,  la  arrastró  hacia  una  fosa 
abierta  de  antemano  en  un  rincón  del  jardín, 
miró  á  todos  lados  para  convencerse  de  que  nadie 
le  veía,  y  después  de  registrar  las  ropas  del  muerto 
y  de  saóar  de  uno  de  los  bolsillos  un  llavero  con 
varias  llaves,  arrojó  el  ^  dáver  en  el  hoyo,  cu¬ 
briéndolo  de  tierra,  apisonándola  después  y  co¬ 
locando  encima ,  con  gran  cuidado ,  hierbas  y 
plantas. 


¿Cuánto  tiempo  había  durado  la  espantosa  es¬ 
cena?  ¿Horas?  ¿Minutos?  De  séguro  que  D.  Justo 
no  hubiera  acertado  á  precisarlo.  Acababa  de  ser 
el  único  testigo  de  un  crimen  espantoso.  Pasados 
los  primeros  momentos  de  estupor,  vió  surgir  ante 
su  conciencia  una  tremenda  interrogación.  ¿Qué 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE- AMÉRICA.— torpedero  americano  «cushing», 

DE  ACERO,  DE  105  TONELADAS,  RECHAZADO  CON  GRAVES  AVERÍAS  POR  EL  CAÑONERO  ESPAÑOL  «LIGERA». 

(De  fotografía) 


Digitized  by 


Google 


-CAÑONERO  PROTEGIDO  «PETREL». 

81*0  toneladas;  9  cañones  de  tiro  rápido  de  152  milímetros,  de  3  millas  de  alcance 
2  ametralladoras;  2  tubos  lanzatorpedos. 


CRUCERO  PROTEGIDO  «BOSTON». 

3.189  toneladas;  2  cañones  de  203  milímetros,  de  8  millas  de  alcance;  0  de  152  milímetros, 
de  3  millas  de  alcance;  6  de  tiro  rápido;  6  ametralladoras. 


1  *  lji  { 

¡fe’ 

I  « 

*  i 

M 

*  CRUCERO  PROTEGIDO  «RALE1GH».  CAÑONERO  PROTEGIDO  «CONCORD». 

3.183  toneladas;  un  cañón  de  152  milímetros,  de  3  millas  de  alcance;  22  cañones  de  tiro  rápido;  1.750  toneladas;  0  cañones  de  152  milímetros,  de  3  millas  de  alcance;  5  cañones  de  tiro  rápido; 

2  ametralladoras;  6  tubos  lanzatorpedos.  4  ametralladoras;  2  tubos  lanzatorpedos. 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE- AMÉRICA.  —  PRINCIPALES  BUQUES  DE  LA  ESCUADRA  AMERICANA 

ACTUALMENTE  EN  LA  BAHÍA  DE  MANILA. 

(De  fotografías.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Mato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xvii  —  273 


hacer?  ¿Denunciar  inmediatamente 
el  delito?  Tal  decisión  llevaba  im- 
plícita  la  necesidad  de  explicar 
cómo  y  por  qué  él,  el  catedrático  in¬ 
tachable,  había  presenciado  el  cri¬ 
men;  equivalía,  por  consiguiente,  á 
entregar  al  mundo  la  reputación  de 
una  mujer,  la  honra  de  un  hogar,  y 
destruir  su  propio  crédito  tan  á  lar¬ 
ga  costa  adquirido.  Porque  era  evi¬ 
dente  que  la  justicia  no  se  contenta¬ 
ría  con  procesar  al  delincuente; 
querría  averiguar  todas  las  circuns¬ 
tancias  del  asesinato;  le  baria  com¬ 
parecer  á  él,  testigo  casual  de  la 
sangrienta  escena,  y  le  exigiría  que 
explicase  su  presencia  en  aquella 

casa.  ¡Qué  escándalo  entonces! . 

¡Qué  ignominia!.....  Toda  una  vida 
de  respetabilidad  arrastrada  y  piso¬ 
teada  entre  el  barro  de  las  calles. 

Y  si  callaba,  si  guardaba  en  lo 
hondo  de  sn  alma  el  terrible  secre¬ 
to,  ¡qué  tormento!  ¡qué  losa  de  plo¬ 
mo  sobre  el  corazón! . ¡Adiós  sue¬ 

ños  tranquilos,  reposado  estudio, 

estimación  ,  dignidad ,  decoro  ! . 

Cuando  desapareció  el  peligro  y 
pudo  el  Sr.  Morales  salir  de  la  casa 
adúltera,  llevaba  en  el  cerebro  todo 
un  infierno  de  angustiosas  ideas..... 

Pasaron  varios  días;  los  discípulos 
de  D.  Justo  observaron  en  su  profe¬ 
sor  un  cambio  completo.  Demacrá- 
basele  el  rostro,  y  en  sus  ojos  hun¬ 
didos  advertíase  la  intranquila  va¬ 
guedad  del  espanto.  Ya  no  era  el 

hombre  atildado  de  otro  tiempo . 

hasta  su  vestido  había  perdido  su 
acostumbrada  corrección.  Parábase 
á  veces  repentinamente  en  medio 
de  sus  explicaciones  y  permanecía 
absorto  y  distraído  durante  varios 
minutos;  en  otras  ocasiones,  él,  tan 
pacífico,  tan  acompasado,  tan  so¬ 
lemne,  exaltábase  como  un  loco. 

—  Debe  de  estar  muy  enfermo . 


D.  JOSÉ  MARÍA  DE  GORORDO  É  IGARTÚA, 

CAPITÁN  DEL  TRANSATLÁNTICO  «ALFONSO  XIII», 
QUájARRIB  )  FELIZMENTE  Á  PUERTO  RICO  BURLANDO  LA  VIGILANCIA 
DE  LOS  CRUCEROS  NORTEAMERICANOS. 

(De  fotografía.) 


—pensaban  los  discípulos— ¡Estu¬ 
dia  tanto ! 

•  • 

A  todo  esto  la  población  de  X... 
no  hablaba  de  otra  cosa  que  de  la 
desaparición  inexplicable  del  párro¬ 
co  de  San  Lucas.  Hacíanse  acerca 
de  ella  las  más  absurdas  suposicio¬ 
nes  ;  ni  aun  faltaba  quien  diese  por 
cierto  que  el  anciano  sacerdote  se 
había  ido  á  la  facción  á  defender, 
fusil  en  mano,  la  causa  del  Preten¬ 
diente.  (Es  de  advertir  que  los  he¬ 
chos  de  esta  verídica  historia  ocu¬ 
rrieron  en  el  año  de  1873.) 

La  policía,  por  su  parte,  estaba, 
como  suele,  despistada.  Había  regis¬ 
trado  la  casa  del  clérigo  sin  encon¬ 
trar  ni  en  armarios  ni  baúles  señal 
jil'jruna  de  violencia.  Dinero  no  se 
halló,  y  como  de  público  se  decía 
que  el  cura  era  hombre  que  tenía 
ahorros,  so  dedujo  que  se  trataba  de 
un  robo;  pero  el  ladrón ,  si  lo  hubo, 
debía  de  haberse  valido  de  las  llaves 
que,  según  se  aseguraba,  llevaba 
siempre  encima  el  sacerdote. 

Transcurrió  cerca  de  un  mes,  y 
ya  casi  estaba  olvidado  en  X...  el 
triste  suceso,  cuando  la  policía  atra¬ 
pó  á  un  pobre  diablo,  vago  de  ofi¬ 
cio  y  borracho  de  profesión,  á  quien 
las  comadres  del  barrio  afirmaban 
haber  visto  en  el  portal  de  la  casa 
del  cura  el  mismo  día  que  se  vió  á 
éste  salir  por  última  vez  de  ella. 

El  hombre  se  disculpaba  diciendo 
que  había  ido,  como  de  costumbre,  á 
recoger  las  sobras  que  el  clérigo  so¬ 
lía  darle;  pero  el  comisario  no  se 
dejaba  convencer  con  esta  explica¬ 
ción,  y  aseguraba,  loco  de  contento, 
que  haría  cantar  al  detenido. 

» 

«  * 

Por  aquellos  días  el  aspecto  del 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.^UU.  DE  NORTE- AMÉRICA. — el  vapor  correo  «alponso  xtii»,  de  la  compañía  transatlántica, 

RECIENTEMENTE  LLEGADO  Á  PUERTO  RICO. 

.(De  fotografía.) 


Digitized  by  AjOOQle 


274  —  n.°  xvii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Mayo  189& 


Sr.  de  Morales  daba  miedo;  en  unas  cuantas  sema¬ 
nas  había  pasado  de  la  edad  viril  á  la  vejez.  Su 
mujer  y  sus  hijos  estaban  desolados.  D.  Justo  ape¬ 
nas  comía,  y  se  pasaba  las  noches  de  claro  en  claro. 

Cuando  la  detención  del  supuesto  criminal  llegó 
á  oídos  de  Morales,  el  pobre  señor  se  quedó  como 
de  piedra.  Después  brilló  en  sus  ojos  una  resolu¬ 
ción  desesperada,  corrió  á  su  casa  y  se  encerró  en 
su  despacho.  Allí  pasó  horas  y  horas,  emborro¬ 
nando  papeles,  rompiéndolos  luego  de  escritos  y 
escribiendo  de  nuevo.  Uno  de, ellos  debió  de  satis¬ 
facerle,  porque  después  de  leído  y  releído,  lo  me¬ 
tió  en  un  sobre,  que  guardó  en  el  pecho.  Sacó  un 
revólver  del  cajón  de  la  mesa,  lo  examinó  con 
atención  y  lo  guardó  también  en  el  bolsillo.  He¬ 
chas  estas  cosas,  salió  de  su  casa  sigilosamente  y 
sin  despedirse  de  su  familia. 

Alguien  le  vió  llegar  á  la  puerta  de  la  casa  del 
juez,  detenerse  breves  momentos  en  el  umbral, 
alejarse  algunos  pasos,  volver  de  nuevo,  y  partir, 
por  último,  con  paso  rápido  como  cediendo  resuel¬ 
tamente  á  un  pensamiento  decisivo. 

• 

•  • 

En  los  anales  escolares  de  X...  quedó  como  fecha 
inolvidable  la  de  aquel  día  del  mes  de  Enero.  Se¬ 
gún  costumbre,  los  alumnos  de  Psicología  espera¬ 
ban  libro  en  mano  la  llegada  del  profesor.  Dieron 
las  diez,  las  diez  y  media,  y,  caso  inaudito,  el 
Sr.  de  Morales  no  parecía.  ¿Qué  cataclismo  había 
podido  ocurrir  para  que  D.  Justo  faltase  á  clase? 

Un  alumno  llegó  corriendo,  y  todo  alborotado 
exclamó: 

— ¿No  sabéis? . ¡Se  ha  matado! 

— ¡  Cómo! 

— ¿Quién? 

—  Habla. 

—  ¡D.  Justo  se  ha  matado! .  No  se  habla  de 

otra  cosa.....  Allá  junto  á  las  peñas  del  río!..... 

La  turba  de  muchachos  salió  escapada  camino 
de  las  peñas. 

Era  verdad;  en  un  peñasco  musgoso,  á  cuyo  pie 
corre  mansamente  el  río,  yacía  el  cadáver  de  don 
Justo  Morales  con  la  cabeza  ensangrentada:  el 
muerto  conservaba  en  la  mano  derecha  un  revól¬ 
ver. 

Aquella  misma  tarde  fué  detenido  el  asesino  y 
encontrado  el  cádaver  de  la  víctima,  merced  á  los 
precisos  pormenores  consignados  en  el  largo  es¬ 
crito  que  encontró  el  juez  en  el  bolsillo  del  des¬ 
venturado  profesor. 

Zeda. 


ESPAÑA. 


Á  MI  AMIGO  FEDERICO  BALART. 

Con  respeto  y  amor,  vate  sublime, 

Escucho  los  acordes  de  tu  lira 
Llenos  de  indignación  y  de  amargura, 

Y  la  patria  que  gime 

Y  tu  canto  que  inspira 

Me  dan  valor  para  escalar  la  altura; 

Que  aunque  mi  torpe  mano 
Nunca  supo  arrancar  un  grato  acento, 

Español  de  abolengo  y  buen  cristiano, 

Quiero  juntar  al  tuyo  mi  lamento. 

Los  que  en  tiempo  de  paz  y  de  alegría 
Cantamos  el  amor  y  los  placeres, 

Hoy  que  vemos  la  patria  en  negro  día, 

No  cual  réprobos  seres 
Le  volvamos  el  rostro  atribulado. 

El  vate  y  el  soldado 

Lancen  aí  aire  el  grito  más  sonoro 

Maldiciendo  la  turba  abominable, 

Ayudando  ¿  formar  épico  coro 
O  trocando  la  pluma  por  el  sable. 

¡Mírala  con  el  manto  desgarrado, 

El  seno  palpitante, 

Pero  altivo  y  enérgico  el  semblante 
Aunque  esté  por  la  angustia  destrozado! 

¡  Mírala  por  el  valle  y  por  la  sierra 
Demandando  venganza, 

Y  llena  de  esperanza 

Cómo  llama  sus  hijos  á  la  guerra! 

El  León,  la  melena  sacudiendo, 

Que  es  de  la  fiera  el  bélico  atavio, 

Va  tras  ella  con  garra  prepotente; 

Él  mostrará  su  brío, 

Porque  la  gran  Matrona 

Aun  tiene  quien  sustente  su  corona 

Aunque  la  deje  el  mundo  en  el  vacio. 

Tiempos  de  maldición,  letal  momento, 
Cuadro  desgarrador,  aislada,  sola, 

La  gran  Patria  española, 

Huérfana,  desangrada,  empobrecida, 

Sin  un  amigo  que  le  preste  aliento ; 

Pero  aun  conserva  vida 

Y  vengará  la  afrenta; 

Que  en  tratando  de  honor  sus  campeones 
Del  poder  del  contrario  no  hacen  cuenta, 

Y  lo  mismo  son  cinco  que  cincuenta 

Y  lo  mismo  cuadrillas  que  legiones. 


Ya  no  bastan  las  liras  más  sonoras 
A  atajar  tanto  mal;  abandonadas 
Enmudezcan  agora,  y  las  Armadas 
Vomiten  fuego  de  sus  altas  proras. 

Coge  el  bruto  ligero 

Que  en  el  desierto  muestra  su  pujanza, 

Ocupa  el  torpedero, 

No  des  paz  á  la  lanza, 

No  descanse  el  acero; 

Que  en  los  tiempos  que  el  cielo  nos  destina, 
Pide  el  honor  morir  como  valiente, 
Anhelando  ceñir  la  altiva  frente 
Con  verdes  ramos  de  robusta  encina. 

¡Animo  y  á  la  lid!  que  tanta  gloria 
No  puede  perecer,  Dios  no  lo  quiere. 

La  Nación  que  cansancio  fué  á  la  historia, 

La  que  dió  Recaredos  y  Fernandos 

Y  produjo  Isabelas, 

Llevó  sus  carabelas 

Y  sus  apuestos  bandos 

Y  sus  nobles  guerreros 

Y  sus  sabios  y  ardientes  misioneros 
Adonde  quiera  que  la  fe  cristiana 
Se  vió  desconocida, 

No  puede  sucumbir  porque  inhumana 
Falange  parricida 

La  escupa  con  su  baba  corrompida. 

¡Confianza  y  valor!  ¿No  has  visto  nunca 
El  huracán  furioso,  la  tormenta 
El  monte  descuajar,  barrer  el  llano, 

Y  á  fértil  vega  que  abundancia  ostenta 
Convertir  en  pantano? 

¿No  viste  luego  el  rayo  desprendido 
Derribar  del  palacio  el  fuerte  muro? 

¿No  escuchaste  el  gemido 
Del  pobre  gladiador  del  Océano 
Que  se  juzgó  perdido? 

¿Y  no  viste  por  fin  al  Dios  clemente 
Mostrarnos  en  el  iris  su  sonrisa, 

El  nublado  volverse  transparente, 

Trocarse  el  huracán  en  débil  brisa, 

Y  del  náufrago  el  triste  desconsuelo 
En  gritos  de  placer  mirando  al  cielo? 

Pues  ya  suena  la  horrísona  tormenta; 

Ya  el  rayo  destructor  muestra  su  saña; 

Ya  el  Océano  en  convulsión  violenta 
Del  huracán  soberbio  se  acompaña; 

Ya  retumba  el  cañón;  ya  en  la  campaña 
Donde  el  pendón  hispano  gallardea 
Tienes  quien  por  ti  muera,  madre  España; 

Ya  sangrienta  pelea 

Traban  los  fuertes  hijos  de  Pelayo, 

Y  la  sangre  que  humea, 

Y  la  bélica  pompa, 

Y  el  fragor  del  combate  furibundo, 

Y  el  ronco  són  de  la  guerrera  trompa, 
Pregonan  por  el  mundo 

Que  aun  existen  aqui  las  razas  bravas 
Que  mostraron  su  esfuerzo  sin  segundo 
En  Gerona,  en  Lepan to  y  en  las  Navas. 

¡Gloria  al  pueblo  gallardo  y  animoso 
Que  se  lanza  á  la  lid;  aplauso  y  gloria 
Al  que  llenó  de  hazañas  nuestra  historia 

Y  supo  resistir  al  gran  Coloso! 

El  solo  con  esfuerzo  sobrehumano 
Hoy  eleva  su  frente, 

Y  de  Oriente  á  Occidente 

Él  so  lo  lidia  con  pendón  cristiano; 

El  con  robusta  mano 

Combata  por  su  honor,  por  su  derecho; 

El  expone  su  pecho 
En  la  dura  batalla, 

Sin  que  atajarle  puedan  su  camino 
Ni  la  muerte  que  siembra  la  metralla, 

Ni  la  asechanza  vil  del  neoyorkino. 

Sí ;  vosotros,  cuadrilla  de  bribones, 

Que  acaparáis  el  oro  por  montones, 

Nunca  habréis  de  olvidar,  venza  quien  venza, 
Que  con  miles  millares  de  millones 
Ni  se  templan  á  fuego  corazones 
Ni  se  compra  el  decoro  y  la  vergüenza. 


Basta  ya,  caro  amigo . .  y  pues  lograste 

Inflamar  con  tu  voz  el  pecho  ¿lío 

Y  con  sublime  y  arrogante  brío 
El  espíritu  patrio  levantaste, 

Dame  la  mano  amiga, 

Que  estrechará  leal  la  de  un  hermano; 

Y  con  la  fe  que  nuestro  pecho  abriga, 
Hagamos  votos  por  que  Dios  bendiga 
Los  esfuerzos  del  pueblo  castellano. 

José  Jover. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 

El  gran  caudillo  español  Anda.  —  Bombardeo  y  toma  de  Manila  por 
los  ingleses  en  1762. —  La  defensa  — Insurrección  de  los  indígenas. 
—La  guerra  contra  ingleses,  indios  y  Jchinos. — La  paz.  — Cons¬ 
trucción  de  una  escuadra  en  Filipinas.  — Un  gobernador  y  capitán 
general  modelo. 

A  corta  distancia  d©  la  vía  férrea  del  Norte,  en¬ 
frente  al  pueblo  y  estación  de  Nanclares  de  la  Oca, 
y  al  pie  de  las  alturas  que  limitan  aquella  parte 
de  la  provincia  de  Alava  con  el  condado  de  Trevi- 
ño,  yace  olvidada  la  aldea  de  Subijana,  con  sus  quin¬ 
ce  casas,  un  palacio  y  una  iglesia  dedicada  á  San 


Esteban.  En  aquel  palacio,  que  tiene  en  su  escudo 
de  la  fachada  las  trece  estrellas  de  Salazar,  na¬ 
ció  en  23  de  Octubre  de  1709  el  esforzado  é  inmor¬ 
tal  defensor  y  reconquistador  de  Manila  y  del  ar¬ 
chipiélago  de  Filipinas,  doctor  D.  Simón  de  Anda 
y  Salazar  López  de  Armentia  y  Ruiz  de  Uriondo, 
cuyos  padres  procedían  de  Morillas,  sobre  el  Por¬ 
tillo  de  Techa,  y  sus  abuelos  de  Anda,  en  el  valle 
de  Cuartango,  lugares  todos  de  la  tierra  alavesa. 

Hijo  de  labradores  bien  acomodados,  siguió  la 
carrera  de  Filosofía  y  de  Derecho,  empezando  por 
estudiar  las  primeras  letras  en  Morillas,  al  lado 
de  sus  abuelos;  Latín  en  Salinas  de  Añana,  y  Hu¬ 
manidades  en  las  aulas  del  convento  de  Santo  Do¬ 
mingo  de  Vitoria,  afamado  centro  de  cultura,  de 
donde  habían  salido  genios  como  Fr.  Francisco  de 
Vitoria,  Garibay  y  otros.  Cursó  después  en  Alcalá 
de  Henares,  recibiendo  los  grados  de  bachiller  y 
maestro  en  Artes  y  de  licenciado  y  doctor  en  De¬ 
recho.  El  que  fué  escolar  modelo  brilló  bien  pronto 
en  la  corte  como  reputado  jurisconsulto,  logrando 
al  cabo  de  veinte  años  de  ejercicio  tan  justo  cré¬ 
dito,  que  fué  nombrado  magistrado  de  la  Audien¬ 
cia  de  Manila  para  gran  honra  y  provecho  de 
España  (1755),  de  cuyo  destino  tomó  posesión 
en  1761. 

•  • 

Catorce  meses  después,  declarada  la  guerra  en¬ 
tre  España  é  Inglaterra,  y  siendo  gobernador  de 
Filipinas  el  mejicano  arzobispo  Rojo  del  Río,  se 
presentó  dentro  de  la  bahia  de  Manila,  sin  que 
nadie  se  lo  impidiera,  la  escuadra  anglo-sajona, 
que  mandaban  el  comodoro  Cornisch  y  el  briga¬ 
dier  Draper,  compuesta  de  13  navios  de  guerra 
con  6.830  hombres  á  bordo,  exigiendo  la  rendición 
de  la  capital,  para  cuya  defensa  sólo  había  500 
soldados  españoles  y  80  artilleros  del  país,  á  cuya 
escasa  fuerza  se  añadieron  unos  240  voluntarios 
vecinos  de  Manila  (23  de  Septiembre).  El  día  24 
desembarcaron  las  tropas  de  Draper  y  empezó  el 
bombardeo,  durante  el  cual  estuvo  encargado  de 
recoger  vituallas  y  recursos  para  la  plaza  otro  ala¬ 
vés  ilustre,  D.  Francisco  Leandro  de  Viana,  na¬ 
tural  de  Lagrán,  fiscal  de  aquella  Audiencia  y  fu¬ 
turo  Conde  de  Tepa.  Después  de  cinco  días  de 
bombardeo,  al  temerse  que  los  sitiadores  de  Ma¬ 
nila  la  tomasen,  fué  nombrado  subgobernador  del 
Archipiélago  y  capitán  general  de  las  fuerzas  el 
magistrado  Anda,  por  ser  la  persona  de  más  ta¬ 
lento  y  energía  con  que  contaba  la  Junta  de  guerra. 

Los  indios  que  habían  acudido  desde  Bulacán 
y  Pampanga  á  ayudar  á  los  españoles ,  apenas  sir¬ 
vieron  para  nada  ante  los  efectos  de  las  armas  y 
táctica  de  los  europeos;  el  bombardeo  continuaba 
desde  los  buques  y  desde  las  baterías  levantadas 
alrededor  de  la  ciudad;  se  habían  arrojado  sobre 
ella  6.000  bombas  y  más  de  25.000  balas  en  diez 
días,  y  sólo  se  atrevieron  los  ingleses  á  dar  el 
asalto  cuando  contaron  con  la  traición  del  coman¬ 
dante  francés  Fallet,  que  mandaba  una  de  las  co¬ 
lumnas  de  defensa.  Llegó  el  jefe  inglés  Draper 
con  sus  tropas  hasta  el  palacio  del  gobierno,  y  el 
arzobispo  Rojo  entregó  la  ciudad,  que  sufrió  cua¬ 
renta  horas  de  saqueo,  no  sólo  de  parte  de  los  ingle¬ 
ses,  sino  también  de  los  indios  refugiados  y  de  los 
sirvientes  de  las  familias  españolas  (5  de  Octubre). 

• 

•  « 

En  medio  del  terror  que  se  había  apoderado  de 
los  ánimos,  cuando  era  inminente  la  rendición  de 
Manila,  un  hombre  de  indomable  corazón,  un  gran 
patriota,  D.  Simón  de  Anda,  se  propuso  y  consi¬ 
guió  rechazar  la  dominación  inglesa  en  Filipinas 
y  asentar  de  nuevo  en  ellas  la  dominación  de  Es¬ 
paña.  Salió  con  sigilo  de  la  capital  en  la  noche 
víspera  de  la  rendición,  con  sus  títulos  autorizados 
de  capitán  general  y  subgobernador,  y  con  algunos 
pliegos  de  papel  sellado  y  escaso  dinero,  en  com¬ 
pañía  de  un  criado.  Llegó  á  Bacolor,  en  Pampan¬ 
ga,  empezó  á  organizar  los  voluntarios,  estableció 
la  fundición  de  cañones  y  fabricación  de  pólvora 
bajo  la  dirección  facultativa  de  los  padres  agusti¬ 
nos  Acosta,  Garrido  y  Castro,  y  declaró  la  guerra 
á  los  invasores,  ordenando  que  no  se  cumpliera 
ninguna  disposición  del  arzobispo  Rojo,  gobema-  • 
dor  del  Archipiélago,  el  cual  continuaba  en  Ma¬ 
nila  sirviendo  á  los  ingleses  y  ayudando  á  Draper 
á  someter  á  los  habitantes,  y  contra  cuyas  gestio¬ 
nes  se  resistía  tenazmente  en  Manila  el  magistra¬ 
do  fiscal  Viana,  que  se  opuso  y  consiguió  que  no 
se  entregaran  al  general  inglés  el  millón  de  pesos 
que  les  impuso  de  contribución,  si  bien  no  pudo 
eximirse  de  firmar  con  los  demás  magistrados  la 
cesión  de  las  islas  al  Rey  de  Inglaterra  al  verse 
amenazado  de  muerte. 

* 

•  * 

Continuó  Anda  peleando  con  los  ingleses  en  los 
alrededores  de  Manila  y  en  Bulacán  y  la  Pampan- 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Mayo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xyii  —  275 


ga,  ayudado  por  la  bravura  é  inteligencia  de  su 
segundo  jefe  el  asturiano  D.  Pedro  José  del  Busto, 
minero  de  profesión.  Mientras  los  españoles  lea¬ 
les  peleaban  contra  los  invasores,  éstos  consiguie¬ 
ron  insurreccionar  varias  comarcas:  en  Pangasi- 
nán  se  sublevaron  10.000  indígenas  (3  de  Noviem¬ 
bre),  manteniendo  la  rebelión  largo  tiempo,  hasta 
que  el  alcalde  de  Cagayán,  D.  Manuel  Ignacio  de 
Arza  y  Urrutia,  alavés  como  Anda,  los  derrotó  y 
castigó  duramente;  en  la  Pampanga,  unidos  chinos 
é  ingleses,  se  propusieron  asesinar  á  Anda,  pero 
éste  los  sorprendió  y  exterminó  bien  pronto  (23  de 
Diciembre);  en  Yigan  (llocos)  se  alzó  el  famoso 
Diego  Silán.(14  de  Diciembre),  reconociendo  al 
Rey  de  Inglaterra  como  soberano,  cuya  rebelión 
apagó  también  Arza  después  de  la  muerte  de  Si- 
lán;  Pangasinán  se  sublevó  al  mismo  tiempo;  la 
insurrección  de  Cagayán  f ué  sofocada  por  el  mis¬ 
mo  Arza  (1763);  en  Batangas  pacificó  á  los  insu¬ 
rrectos,  por  mandado  de  Anda,  el  esforzado  viz¬ 
caíno  D.  Pedro  Gaztambide,  y,  en  fin,  en  otras 
muchas  provincias  se  encendió  el  fuego  de  la  fu¬ 
ria  indígena  contra  los  españoles  por  las  prome¬ 
sas  y  engaños  de  los  ingleses  y  de  los  chinos, 
temiéndose  en  varias  ocasiones  que  estando  Ma¬ 
nila  y  Cavite  en  poder  de  los  enemigos,  y  subleva¬ 
dos  tantos  indígenas,  iba  á  perderse  de  seguro  la 
soberanía  de  España;  pero  gracias  al  común  es¬ 
fuerzo  de  los  valientes  hijos  de  ésta  y  á  la  pericia 
y  decisión  del  improvisado  general  magistrado 
Anda  y  Salazar,  y  de  sus  capitanes,  la  victoria  y 
la  justicia  triunfaron. 

•  • 

Cansado  Draper  de  la  campaña,  regresó  á  Ingla¬ 
terra,  dejando  á  los  comandantes  Fielt  y  Drak  y 
Becus  al  frente  del  ejército  inglés  de  ocupación. 
Estos  jefes,  no  pudiendo  derrotar  á  Anda,  ofrecie¬ 
ron  5.000  pesos  al  que  lo  apresara  y  entregase 
(1763).  Anda  bloqueó  por  tierra  á  Manila  y  ofre¬ 
ció  á  su  vez  10  000  pesos  al  que  llevara  la  cabeza 
de  cualquiera  de  los  jefes  ingleses  que  firmaron  la 
oferta  de  pagar  la  suya.  Acorralados  los  enemigos, 
pidieron  y  obtuvieron  de  los  chinos  el  envío  de 
1.500  hombres.  Cuando  más  gente  había  reunido 
el  jefe  español  y  mayores  seguridades  tenía  en  el 
éxito  de  su  empresa,  se  firmó  la  paz  entre  España 
ó  Inglaterra,  aquella  paz  que  nos  costó  la  pérdida 
de  la  Florida  en  América.  Aunque  Anda  recibió 
noticias  de  la  paz  por  conducto  de  los  ingleses,  no 
quiso  entenderse  con  ellos,  ni  detuvo  las  hostili¬ 
dades  hasta  que  Carlos  III  le  remitió  sus  despa¬ 
chos.  Tenía  entonces  un  ejército  de  500  españoles, 
200  franceses  y  3.000  indios.  El  arzobispo  Rojo 
había  muerto  poco  antes  de  la  paz,  y  desde  España 
llegó  á  hacerse  cargo  del  gobierno  de  las  islas  el 
nuevo  teniente  gobernador,  coronel  D.  Francisco 
de  la  Torre,  á  quien  Anda  entregó  el  mando  y  el 
Archipiélago  reconquistado.  Los  ingleses  lo  eva¬ 
cuaron  bien  escarmentados,  después  de  convenido 
el  arreglo  consecuencia  de  la  paz  (Marzo  de  1764). 

Terminada  la  guerra,  presentó  Anda  la  cuenta 
de  ella  al  nuevo  Gobernador  general,  resultando 
que  aquel  integérrimo  y  gran  patricio,  que  había 
recibido  tres  millones  de  pesos  para  ella,  gastó  so¬ 
lamente  610.225  pesos,  y  devolvió  el  resto  al  Te¬ 
soro  filipino,  sin  que  faltara  un  solo  maravedí. 
En  1767  regresó  Anda  á  España;  fue  nombrado 
por  el  Rey  consejero  de  Castilla,  y  á  sus  instancias 
aceptó,  después  de  repetidas  ofertas,  el  Gobierno 
general  de  Filipinas.  Para  entonces  su  ilustre  pai¬ 
sano,  el  fiscal  Sr.  Viana,  había  escrito  un  concien¬ 
zudo  estudio  acerca  de  aquel  país,  con  el  título  de 
Demostración  del  misero  deplorable  estado  de  las 
islas  Filipinas ;  en  él  analizaba  la  cuestión  de 
abandonarlas  ó  mantenerlas  con  fuerzas  respeta¬ 
bles;  de  los  inconvenientes  de  lo  primero  y  venta¬ 
jas  de  lo  segundo;  de  lo  que  pueden  producir  á  la 
Real  Hacienda;  de  la  navegación,  extensión  y  uti¬ 
lidades  de  su  comercio,  y  de  la  conveniencia  de 
formar  una  compañía  de  comercio  bajo  la  Real 
prptección  para  hacer  fácil  y  gloriosa  la  Monar¬ 
quía  española  y  privar  á  sus  enemigos  de  las  ga¬ 
nancias  con  que  la  destruyen  en  paz  y  en  guerra; 
notabilísimo  trabajo  práctico  que,  aunque  escrito 
en  aquellos  tiempos,  contiene  gran  enseñanza  y 
aplicación  para  los  presentes. 

• 

•  * 

Llegó  Anda  á  Manila  á  mediados  de  1770,  lle¬ 
vando  consigo  al  valiente  guerrero  Bustos,  á  quien 
dió  el  mando  del  regimiento  de  Vitoria,  y  siendo 
recibido  en  triunfo  por  la  población  en  masa.  Poco 
después,  con  una  previsión  digna  de  un  gran  go¬ 
bernante,  y  preparándose  contra  cualquiera  tenta¬ 
tiva  de  invasión  de  los  ingleses,  fortificó  por  com¬ 
pleto  á  Manila,  reconstituyó  el  arsenal  y  mandó 
crear  una  escuadra  que  el  maestro  guipuzcoano 
D.  Gabriel  de  Aristizábal  construyó  en  ocho  me- 
ses,  y  que  comprendió  estos  barcos: 


Olase  y  nombre. 


Número  y  calibre 
de  los  cañones. 


Falconetes. 


Fragata  San  Jone . 

Idem  San  Cario* . 

Bergantín  Santo  Niño . 

Idem  San  Cario* . 

Idem  Santa  Ho*a . 

Idem  San  Jo*é . 

Pailebote  Ro*ario . 

Idem  Ntra.  Sra.  de  Guadalupe. . 

Idem  san  Telmo . , . 

Idem  San  Ju*é . 

Lorcha  Soledad . 

Pontin  Satito  Niño . 


32  cañones  de  á  8,  6  y  4  » 


18 

— 

de  á  6 

í 

10 

— 

de  á  0,  4  y  3 

14 

8 

— 

de  &  4 

20 

6 

— 

de  á  0  y  3 

20 

4 

— 

de  á  0  y  3 

32 

12 

— 

de  á  4  y  2 

10 

12 

— 

de  á  4  y  2 

10 

10 

— 

de  á  4,  3  y  2 

20 

10 

_ 

de  á  2 

10 

12 

_ 

de  á  4 

10 

> 

— 

> 

12 

En  suma,  doce  buques  con  134  cañones  y  173 
falconetes;  todo,  como  quien  dice,  improvisado, 
con  materiales  del  país,  ¡en  ocho  meses!  Aquel  va¬ 
rón  íntegro  y  fuerte,  duro  en  su  carácter,  modelo 
de  servidores  del  Rey  y  de  la  patria,  dejó  escritas 
admirables  manifestaciones  y  advertencias  acerca 
de  cuantos  elementos  sociales  tomaban  parte  en 
la  vida  de  Filipinas  para  combatir  sin  tregua  ni 
debilidad  los  desórdenes  que  observaba:  logró  au¬ 
mentar  las  rentas  del  Tesoro  en  millón  y  medio 
de  pesos  cada  año;  creó  el  Consulado  y  Junta  de 
Comercio,  ajustándolo  á  las  ordenanzas  del  de  Bil¬ 
bao;  creó  una  armada  especial  para  castigar  las  pi¬ 
raterías  de  los  moros  de  Joló  y  de  los  datos  de 
Mindanao;  mandó  fortificar  de  nuevo  la  isla  del 
Corregidor,  y  envió  contra  los  ingleses,  que  se  ha¬ 
bían  apoderado  de  la  isla  de  Balambangán,  próxi¬ 
ma  á  Joló,  una  expedición  mandada  por  el  coro¬ 
nel  italiano  Cencelly,  que  hizo  traición  á  España 
y  malogró  todo  lo  dispuesto  para  recobrarla. 

El  extraordinario  y  sostenido  esfuerzo  que  du¬ 
rante  muchos  años  tuvo  que  hacer  Anda  para 
cumplir  severamente  los  deberes  de  su  cargo  en 
Filipinas  minó  su  naturaleza,  y  acabó  de  rendirla 
la  dolencia  que  allí  ha  causado  tantas  víctimas:  la 
alteración  de  las  funciones  digestivas.  Contribuyó 
mucho  asimismo  á  abatir  sus  fuerzas  la  pesadum¬ 
bre  que  sintió  su  carácter  indomable  al  ver  que 
las  intrigas  de  sus  émulos  y  de  sus  enemigos  lo¬ 
graron  triunfar  en  la  corte  de  España  y  desauto¬ 
rizar  algunos  de  sus  acuerdos.  Luchó  con  el  mal 
durante  tres  años,  y  ni  el  descanso  que  buscó  en 
la  casa  conventual  de  los  religiosos  de  Imus,  ni  los 
cuidados  de  su  hijo  D.  Tomás  de  Anda  y  Salazar, 
pudieron  detener  la  ruina  de  aquel  cuerpo  tan 
quebrantado.  Al  sentir  que  su  vida  terminaba,  mo¬ 
desto  y  lleno  de  entereza,  se  hizo  llevar  al  hospi¬ 
tal  de  Cavite,  donde  murió  en  1776  auxiliado  por 
los  frailes  recoletos.  En  un  mísero  lecho,  en  la 
sala  de  los  pobres,  exhaló  el  último  aliento  el  Go¬ 
bernador  y  Capitán  general  de  aquel  imperio  ma¬ 
rítimo,  que  restituyó  á  su  patria,  donde  había  ma¬ 
nejado  tantos  millones  y  donde  dió  tan  grandes 
ejemplos  y  enseñanzas  de  cómo  debe  ser  el  hombre 
á  quien  su  patria  confía  el  gobierno  de  las  colonias. 

•  • 

Curiosísimo  recuerdo  es  éste  en  las  actuales  cir¬ 
cunstancias,  cuando  Manila  y  el  archipiélago  todo 
están  sirviendo  de  cebo  á  la  voracidad  de  idéntica 
gente  que  la  del  siglo  pasado,  porque  de  inglés  á 
norteamericano  no  va  más  diferencia  que  la  pro¬ 
ducida  por  la  degeneración  de  aquél  -en  éste.  To¬ 
mada  la  bahía  y  bombardeada  la  capital,  resistié¬ 
ronse  500  españoles  contra  6.800  invasores,  y  sólo 
cuando  el  Arzobispo  cedió  ante  los  horrores  del 
asalto  se  apoderaron  de  Manila  los  enemigos.  Pero 
el  espíritu  indomable  de  los  pocos  españoles  que 
había  en  las  provincias,  enardecido  por  la  patrió¬ 
tica  conducta  de  un  hombre  civil,  de  Anda,  bastó 
para  que  los  invasores  no  pudieran  dominar  nunca 
más  que  la  capital,  á  pesar  de  haber  conseguido  in¬ 
surreccionar  tres  ó  cuatro  provincias.  Nada  valió 
tan  criminal  empeño  contra  la  soberanía  españo¬ 
la,  que  tenía  materialmente  cercados  á  los  ingle¬ 
ses  en  Manila  cuando  llegó  de  Europa  la  noticia 
de  la  paz,  después  de  dos  años  de  guerra. 

Hoy  la  audacia  y  el  conocimiento  del  estado  de 
la  bahía  de' Manila  han  servido  á  los  yankees  para 
destrozar  nuestra  escuadrilla  ante  Cavite  y  para 
bombardear  la  capital;  pero  dentro  de  ésta,  un  Ge¬ 
neral  bravísimo  é  inteligente  y  20.000  soldados 
españoles  se  encargan  de  anular  los  efectos  de  la 
mala  jornada  marítima  y  de  impedir  que  pisen 
las  playas  de  Manila.  Podrán  desembarcar  en  otro 
panto  y  llevar  la  guerra  al  interior  con  ayuda  de 
los  tagalos;  pero  para  ello  necesitan  más  fuerzas 
que  las  que  tienen,  y  contra  ello  está  la  experien¬ 
cia  de  esta  clase  de  guerra  aprendida  por  nuestro 
ejército  en  la  reciente  campaña,  y  que  ignoran 
por  completo  ios  voluntarios  del  Oeste  que  po¬ 
drán  amontonarse  en  California  para  ir  á  Luzón. 
Mientras  tanto  también  nosotros  podremos  enviar 
mayor  número  de  combatientes  adiestrados  en 
este  género  de  combates. 

Lo  que  hizo  D.  Simón  de  Anda  lo  harán  D.  Basi¬ 
lio  Augustin  y  los  valientes  Sres.  Jáudenes  y  Soto, 
todos  avecindados  desde  hace  tantos  años  en  la 


tierra  donde  Anda  nació,  en  la  provincia  de  Alava. 

Sueñen,  pues,  los  yankees  en  la  repartición  de 
Filipinas,  y  esperen  sentados.  Firme  ha  de  seguir 
nuestra  soberanía ,  como  firme  sobre  su  pedestal 
glorioso  se  mantendrá  en  el  muelle  de  Manila  y 
en  la  plaza  de  Bacolor,  de  Pampanga,  la  estatua  de 
Anda;  de  aquel  hombre  tan  ensalzado  por  los  in¬ 
gleses  mismos,  por  Le  Gentil,  por  Jagor,  por  el 
Duque  de  Almodóvar,  por  el  P.  Zúñiga,  por  los 
Sres.  Mas,  Barrantes  y  Montero  y  Vidal,  y  por 
cuantos  otros  escritores  distinguidos  concienzudos 
á  imparciales  se  han  ocupado  en  la  admirable  cam¬ 
paña  de  1762  á  1764. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


Al  publico  en  general  interesa  rer  el  nuevo  local  que  ocúpala 
importante  Droguería  y  Farmacia  de  los  hjjos  de  Carlos 
Ulzurrún  en  la  calle  de  Esparteros ,  núm.  9. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

«1  niáN  perfumado  do  loa  jabonea  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello1* 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro. — Fuera  de  oononree 
4,  PLACE  DE  rOPÍSA,  PARTS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  America. 


LA  BOCA  SANA 

fuerte,  limpia  y  el  aliento  perñimado  tendrá  siempre 

•1  que  use  la  MENTH0UNA  del  Dr.  Andreu. 
Cura  el  dolor  de  muelas.  Libritos  gratis.  En  las  botica*. 


CARNE  LÍQUIDA 

DEL  DOCTOR  VALOÉS  GARCÍA,  0E  MONTEVIDEO. 

Es  el  tónico  reparador  per  excelencia  y  el  reconstituyente 
más  eficaz  y  poderoso  para  los  enfermos,  convalecientes  y  per¬ 
donas  débiles. — Expéndese  en  todas  las  farmacias  de  España. 


PAHEPMTOIBEDOSSEBr»--»» 


Vu.  lo.  bnm  «mplMual  PIUVORK—  1,  ImM. 


rostro  delM  damas. 


i  VAHES  a  C" 

La  oasa  que  viste  á  las  seño 


CA«tIg®*  0.M  <*  HILE  PIISAT),  SO.  me 

_ _ J*  Xoui»-Jí-Gra»i<itPtol«.— TMJC«  Y  ABRIMS 

iqua  viste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  gusto 

VINO  BI- DIGESTI  VO  DE  CHASSAING.  30  años  de 
éxito  contra  las  enfermedades  del  aparato  digestivo  (dispepsias, 
inapetencia,  pérdida  de  fuerzas).  París,  6,  Avenus  Victoria. 

éáu  dhoubigant  sr^r^ 

Hesblgant,  perfumista,  París ,  19,  Faubourg  8*  Honoré. 

* "» *■ 

jjg10”*  ”•  - 1-  o-»» 

violette  idéale  írzrr.:nr 

Hesblgant,  perfumista,  París ,  19,  Faubourg  8*  Honoré. 


bella  encamación  y  esa  tes  mate  y  aristo¬ 
crática,  signos  de  la  belleza.  Ni  arrugas , 
m  granos],  ni  pecas ,  la  epidermis  sana  y 
limpia  tales  son  los  resoltados  obtenidos  oon 
el  empleo  combinado  de  la  Crema  glmés. 
de  los  Polvos  y  del  Jabám  SI— ém,  ExLrid 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


Maravillas  históricas,  por  D.  Ricardo  Ruiz  y  Benftez  de 
Lugo.— Hemos  recibido  ejemplares  del  libro  que  con  el  título 

3 ue  encabeza  estas  líneas  acaba  de  publicar  el  primer  teniente 
e  Caballería  y  licenciado  en  Derecho  D.  Ricardo  Ruiz  y  Be- 
nítez  de  Lugo.  El  asunto  de  la  obra  tiene  gran  novedad,  y  es  de 
una  rareza  que  despierta  la  curiosidad  del  lector  por  el  solo 
enunciado  de  los  capítulos,  como  puede  verse  por  el  sumario 
de  los  mismos  que  consignamos  A  continuación:  El  hechicero 
Thorel.— Las  apariciones.— La  visión  de  Carlos  XI.— Biloca - 
ción.— Gritos  telepáticos  de  una  muerta.— Mva villas  de  lamas 

y  fakires. —  Ascensión  de  cuerpos.— Casas  encantadas. Los 

presentimientos.— El  mal  de  ojo.— El  cuerpo  astral.— Visión  á 
distancia. — Fantasmas  que  anuncian  muerte. —  Sueños  que  se 
realizan.— Proyectiles  misteriosos.— La  vidente  de  París.— Las 
brujas.— Profecía  realizada.— ¿Adivino  ó  farsante?— Las  po¬ 
sesiones. — La  adivinación. 

Seguramente  la  materia  extraña  de  que  trata  en  forma  ame¬ 
na  el  Sr.  Ruiz  merecerá  muy  distintos  juicios,  según  el  ponto 
de  vista  desde  el  qne  la  considere  cada  cual ;  pero  cualquiera 
que  sea  el  criterio  del  que  la  leyere,  apreciará  Jo  interesante 
que  resulta.  Lleva  la  obra  un  prólogo  de  nuestro  compañero 
en  la  prensa  D.  Salvador  Canals,  y  se  vende  en  las  principales 
librerías  al  precio  de  2,60  pesetas. 

Fausto  Fsíquio.  Novela  de  D.  Francisco  Antiché  Izaguirre.— 
Hemos  recibido  ejemplares  de  esta  obra,  discretamente  escrita 
por  el  Sr.  Antich,  ya  conocido  por  muchos  trabajos  científicos 
y  literarios  <rae  han  acreditado  su  ilustración  y  su  laboriosidad. 
Véndese  al  precio  de  1,50  pesetas.— C. 


Digitized  by  ^.ooQie 


276  —  n.°  xvii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Mayo  1898 


NO  NOS  PREOCUPEMOS  DE  LOS  HABITANTES 

DE  LA  LUNA. 

No  calentaos  el  cerebro  con  respecto  á  los  ha 
bitantcs  de  la  luna,  sino  estudiad  al  habitante 
de  la  tierra,  ó  sea  el  hombre  que  cubre  vuestra 
propia  ropa. 

Si  cada  persona  tuviese  cuidado  de  sí  misma 
del  mejor  modo  posible,  los  institutos  de  caridad 
no  tendrían  razón  de  ser.  Hay  mucha  significan¬ 
cia  en  el  dicho  de  que  la  caridad  empieza  por  uno 
mismo.  Cuando  un  hombre  tiene  las  dos  alterna 
tivas  de  nadar  ó  ahogarse,  por  lo  menos  hará  un 
laudable  esfuerzo  para  nadar.  Quizás  sea  porque 
nos  socorremos  mucho  unos  á  los  otros. 

Como  en  el  ejército,  así  pasa  en  la  sociedad, 
dependemos  individualmente  sobre  el  general  y 
sobre  la  multitud.  Es  mala  cosa  esta,  porque  in¬ 
duce  al  hombre  á  confiar  en  su  suerte  y  en  el  nú¬ 
mero,  y  no  en  su  propio  valor  é  ingenio.  Por  con 


LA  FOSF ATINA  FALIERES  es  el  ali¬ 
mento  más  agradable  y  más  recomendado  para  los 
niños  de  6  á  7  meses  de  edad .  princiDalmente  en  la 

HICIU,  Y  JIU  UII  BU  UIUUIU  YU1UI  C  1II£CIIIVS.  *.  Uí  vuil  . _  -  .  J _ .  .  ,  0  ÜU  ^ 

siguiente,  cuando  la  calamidad  nos  risita  no  nos 

ononnnlr*  nsanorm-os  onosanHn  onmn  nnlooi*  v  1  ...  J  "«»«*«w.  uro  ws 


l 


encuentra  preparados,  ignorando  cómo  pelear  y 
combatirla. 

Por  ejemplo,  lié  aquí  á  nuestro  buen  amigo  el 
Sr.  John  Wilkinson,  de  Norbury,  Whitchurch, 
Salop,  quien  no  hace  mucho  dijo  á  un  conoc  do 
suyo:  «Amigo,  estoy  perdido.*  ¿Por  qué  se  ex¬ 
presó  así?  Porque  los  médicos  le  habían  de¬ 
sahuciado  creyéndole  víctima  de  la  tisis;  lo  bas¬ 
tante  para  amedrentarle  si  en  realidad  era  tisis 
su  entermedad.  Pero  ¿es  este  el  caso?  Hé  aquí  la 
cuestión. 

Dicho  señor  so  explica  del  modo  siguiente: 

«Pertenezco — dice— á  una  familia  fuerte  y  sa¬ 
ludable,  y  hasta  la  primavera  de  1885  me  hallé 
siempre  bien.  Podía  competir  con  cualquiera  en 
levantar  peso,  correr,  saltar,  y  fácilmente  cubría 
treinta  millas  en  un  día.  Hacia  Abril  de  ese  ano 
sentí  algo  apoderarse  de  mí,  que  gradualmente 
fué  arraigándose.  De  principio  me  sentí  triste, 
pesado  y  cansado,  con  sensación  de  abatimiento 
y  pesadez  en  la  boca  del  estómago,  y  dolor  en  el 
costado  y  entre  los  omoplatos.  Mi  piel  se  puso 
descolorida,  y  el  blanco  de  los  ojos  se  tiñó  de  un 
color  amarillento.  Mi  paladar  era  malo,  especial 
mente  por  la  mañana.  Cubría  mi  boca  y  mis  dien 
tes  una  substancia  espesa,  y  un  fluido  claro 
acuoso  me  subía  á  la  boca  procedente  del  est 
mago. 

•Me  faltó  el  apetito,  y  el  poco  alimento  que 
podía  tomar  me  causaba  mucho  dolor.  Una  sen¬ 
sación  de  tirantez  me  oprimía  el  pecho  y  ambos 
costados,  como  si  me  encontrase  cogido  en  una 
prensa,  é  iba  poniéndomo  cada  vez  más  endeble 
y  muy  acongojado.  No  parecía  sino  que  la  vida  ó 
el  alma  me  había  abandonado. 

•Luego  empezó  á  atormentarme  una  tos  seca 
que  me  hacía  perder  mucho  sueño.  En  efecto,  me 
era  imposible  descansar  de  noche  á  causa  de  la 
misma,  sino  que  solía  estar  despierto  toda  la 
noche,  tosiendo  y  esputando.  Trascurriendo  el 
tiempo,  me  encontré  tan  extenuado  que  apenas 
podía  andar,  y  cuando  me  aventuraba  á  salir  á 
la  calle  me  veía  obligado  á  pararme  á  cada  mo¬ 
mento  para  descansar,  mientras  me  paseaba  á  lo 
largo  de  las  callejuelas  temiendo  caerme. 

•  Probé  toda  clase  de  medicinas,  y  estuve  en 
manos  del  médico,  pero  sin  conseguir  alivio.  En 
este  lamentable  estado  seguí  arrastrándbme  du 
rante  seis  meses.  Mis  parientes  y  vecinos  creían 
que  mi  fin  no  estaba  muy  lejano  y  que  pronto  de¬ 
jaría  de  pertenecer  á  este  mundo. 

•Un  día,  un  amigo  mío,  el  Sr.  Thomas  tate¬ 
man,  guarda  de  coto  en  Marbury,  viéndome  tan 
enfermo,  me  preguntó  cómo  me  había  sobreve 
nido  mi  enfermedad.  Mi  contestación  fué:  «Estoy 
perdido;  jamás  me  restableceré,  amigo  mío.»  A  lo 
que  él,  á  su  vez,  contestó:  «No  digas  eso  haslí. 

3ue  hayas  probado  el  Jarabe  Curativo  de  la  Ma 
re  Seigel».  Y  continuó  contándome  cómo  le  ha 
bía  curado  éste,  después  de  haberse  hallado  á  la.‘ 
puertas  de  la  muerte  y  haber  sido  desahu 
de  los  médicos  como  víctima  de  la  tisis.  En  vista 
de  esto,  por  no  dejar  nada  por  hacer  hacia  m 
restablecimiento  ,  mandé  á  Whitchurch  por  e 
remedio.  Después  de  haber  consumido  tres  bote 
lias,  todo  dolor  y  malestar  me  abandonó,  comít 
de  todo,  y  la  tos  y  la  expectoración,  como  tam 
bién  el  dolor  en  el  pecho,  desaparecieron,  y  d< 
nuevo  recuperé  mi  salud. 

•  Digoá  todos  como  el  Jarabe  Curativo  de  la 
Madre  Seigel  me  salvó  la  vida,  y  está  usted  en 
completa  libertad  de  publicar  mi  relación,  á  fin 
de  que  otros  enfermos  sepan  lo  que  hacer  — (Fír- 
mado):  John  Wilkinson,  zapatero,  Norbury 
Whitchurch,  Salop.» 

Uo?  casos  es*°s.  d°s  hombres,  Bateman  y 
VVilkinson  ,  eran  casi  idénticos  en  síntomas  y  ca¬ 
rácter.  Ambos  padecían  de  indigestión  y  dispep¬ 
sia,  ambos  recelaban  la  tisis,  y  ambos  fueron 
oportunamente  curados  por  la  misma  medicina. 
¿Cuántos  hay  en  este  país  en  las  mismas  condi¬ 
ciones?  ¡Centenares  de  miles!  ¡Ah!  ¡los  días  tris¬ 
tes  y  terribles  que  han  de  pasar  en  dirección  á  la 
sepultura,  pues  de  faltarles  el  remedio,  morirán 
seguramente  de  una  muerte  prematura! 

¿Eres  tú  acaso,  lector,  uno  de  esta  multitud 
doliente,  ó  sabes  de  alguno  que  pertenezca  á  la 
misma?  Permítenos  te  hagamos  una  observación, 
y  es  que  no  debes  esperar  ponerte  bueno  aguar¬ 
dando  y  esperando  indecisamente. 

Estudia  al  hombre  que  cubren  tus  propias  ro¬ 
pas,  ó  de  diferente  modo,  pon  en  juego  tu  propio 
criterio  y  obra  según  él  y  según  la  reputación  de 
que  goza  un  remedio  que  posee  tal  evidencia  para 
probar  su  virtud. 

El  Jarabe  Curativo  do  la  Madre  Seigel  está  de 


huesos.  Impide  la  diarrea  tan  frecuente  en  los  niño* í 

París,  Avenue  Vlotoria.  6,  farmacias. 


MAPA  DE  LAJSLA  DE  CUBA. 

En  la  Administración  do  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid,  hállase  de  venta  el  Mapa  de  la  Isla  de  Cuba  más  com¬ 
pleto  de  todos  los  publicados  hasta  el  día. 

Este  mapa,  esmeradamente  impreso  á  cinco  tintas,  está  dividido  en  dos 
hojas,  comprendiendo  una  la  parte  oriental ,  y  la  otra  la  occidental  de 
la  Isla.  Es  indispensable  á  todos  cuantos  quieran  seguir,  en  todos  sus  de¬ 
talles,  las  operaciones  militares  en  la  Isla  de  Cuba. 

El  precio  de  venta  en  toda  España  es  de  2  pesetas  cada  hoja,  ó  sean 
4  pesetas  el  mapa  completo. 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

extra,  de  aroma  riquísimo  y  permanente,  cuatro  veces  más  barata  y  muy  superior  á  muchas  do 
Jas  más  acreditadas  del  Extranjero.  Su  inmenso  crédito  en  esto  se  fundó.  En  frascos,  farmacias 
y  perlumerías.  Por  mayor,  M.  García,  Madrid.  Por  medida  remesa  su  autor  á  domicilio  franco 
envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  6  pesetas  litro.  Desde  cuatro  litros,  á  4  pesetas. 


LOCOMOVILES  V  TRILLADORAS 

sobre  2  y  4  ruedas  para  terrenos  montañosos  ó  pequeñas  propiedades  de  campo 


Rendimiento  máximo  con  gasto  reducido  de  combustible.  Construcción  muy  sólida, 
de  poco  peso  y  fácil  transporte,  aun  sobre  terrenos  muy  quebrados.  Locomóviles  pues¬ 
tas  en  presión  en  doce  minutos  mediante  un  nuevo  aparato  patentizado. 

417  pares  vendidos  sólo  del  pequeño  modelo. 

Notas  de  precios  y  explicaciones  gratis  y  franco. 

16  Medallas  de  ORO— 15  Medallas  de  PLATA. 
Numerosos  diplomas,  Medallas  de  bronce,  Menciones,  etc.,  etc. 
Concurso  internacional  en  Pesaro ,  Medalla  de  Oro  para  la  mejor  trilladora , 
y  Medalla  del  Ministerio  de  Agricultura  y  Comercio . 

Exposición  y  concurso  de  la  ciudad  de  Castello ;  primer  premio  y  Medalla  de  Oro 
del  Ministerio  de  Agricultura  y  Comercio. 

TURBINAS  Y  MOTORKS  HIDRÁULICOS  CON  RENDIMIENTO  DE  80  Á  85  POR  100, 
REGULADORES  PARA  MOTORES,  COMPENSADORES  CON  FRENO,  MÁQUINAS  Y  CALDERAS  DE 
VAPOR,  ESPECIALIDAD  PARA  MOLINOS  DE  PAPEL,  ELEVACIÓN  DE  AGUAS, 
INSTALACIONES  ELÉCTRICAS,  MOTORES  DE  GAS. 

,  NUMEROSOS  CERTIFICADOS  Y  REFERENCIAS 

SOCIETA  ITALO-SVIZZERA  01  COSTRÜZiONI  HKCCANICIIE 

Successore  Officina  e  Fonderia  ED.  DE -MORSIER 

FUNDADA  EN  1850  EN  BOEOGNA  (ITALIA). 

Premiada  con  las  más  altas  menciones  honoríficas  en  37  exposiciones  y  concursos. 


OT3IR-A.3 

DE 

D.  RAMÓN  DE  CAMPOAMOR. 

resetas. 

Las  tres  rosas  (pooma) . 

.  2,50 

El  tren  expreso  (ídem) . 

1,25 

Los  amoríos  do  Juana  (ídem) . 

1 

Dulces  cadenas  (ídem) . 

1,25 

Don  Juan  (ídem) . 

1,50 

Historia  de  muchas  cartas  (ídem). . . 

1 

Nuevos  pequeños  poemas,  un  tomo.. 

4 

Doloras  y  cantares ,  ídem . 

7 

Los  Buenos  y  los  Sabios,  ídem . 

2 

El  Amor  y  el  Rio  Piedra,  idein . 

2 

La  utilidad  de  las  flores  (poema). . . . 

1 

De  venta  en  la  Administración  de  este  pe¬ 
riódico,  Arenal,  18,  Madrid. 

DENTADURA 

Para  conservar  ésta  sana  ó  sin  padeciflliento 
alguno,  elíjase  un  dentífrico  higiénico,  acreditado 


MALAS  COSTUMBRES 

APUNTES  DE  MI  TIEMPO 


POR 


D.  EUSEBIO  BLASCO 

Un  tomo,  0.°  mayor  francés,  3  pesetas.  8e 
halla  de  venta  on  la  Administración  do  este 
periódico,  calle  del  Arenal,  18,  Madrid. 


TRATAMIENTO 

POR  EL  CUAL  SE  CURAN  SEGURAMENTE 

Los  ROMADIZOS,  en  12  horas. 

Los  CATARROS  LARINGEOS,  en  12  horas. 
Los  CATARROS  CRONICOS,  en  5  meses. 

El  ASMA,  en  todos  los  casos. 

La  BRONQUITIS,  en  todos  los  casos. 

Las  RONQUERAS,  en  12  horas. 

Las  AFONÍAS,  por  completo. 

La  INFLUENZA,  en  24  horas. 

Las  ANGINAS,  en  12  horas. 

El  RONQUIDO,  aspirándolo  al  acostarse. 
Los  MAREOS,  se  garantiza  la  cura. 

El  CRUP,  en  12  horas. 

La  TOS  FERINA,  aliviada  en  5  minutos. 

Las  NEURALGIAS,  en  10  minutos. 

Los  DOLORES  DE  CABEZA,  en  10  minutos. 

El  INHALADOR  DE  ÁCIDO  CAR¬ 
BÓLICO  puede  ser  usado  durante  varios 
meses  por  una  familia,  constituyendo,  por 
tanto ,  el  remedio  más  barato  del  mundo.— -Su 
precio,  pesetas,  12,50. 

El  INHALADOR  DE  ÁCIDO  CAR¬ 
BÓLICO,  una  vez  vacío ,  se  vuelvo  á  llenar 
por  la  módica  suma  de  4  pesetas. 

De  este  inhalador  liállanse  ejemplares  de 
muestra  en  la  Administración  de 

La  Ilnstración  Española  y  Americana, 

Arenal,  18,  Madrid. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 


í 


DU  BARRY 
DE  LONDRES 


LA  REVALENTA  ARABIGA 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias!,  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre.— 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  inás  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


venta  en  todas  las  farmacias,  droguerías  v  ex-  Sn,la  Práctica*  Deséchense,  por  perjudiciales,  los 
pendedurías  de  medicinas  del  mundo.  Precio  del  buen  dentífrico  ha  de  perfumar^ 


frasco,  14  reales;  frasquito,  8  reales. 

OBRAS  DE  D.  MANUEL  DEL  PALACIO. 

De  venta  en  la  Administración  de  este  periódico 


Refrescar  la  boca  deliciosamente  con  el  aroma  de 
ia  menta  y  la  rosa,  pero  dejando  un  recuerdo  ó 
gusto  ligero  de  los  tónicos  ó  amargos,  como  su-, 
cede  con  el  Licor  del  Polo  de  Orive.  Por 
mayor,  M.  García.  Capellanes,  1,  Madrid. 


M 


ARI-SANTA,  por  D.  ANTONIO  de  TRUEBA 

Es  una  de  las  mejores  obras  literarias  del  ilustre  Antón  el  de  los  Cantares 
moral,  instructiva  y  amenísima. 

Forma  un  elegante  volumen  en  8.°  mayor  francés,  y  se  vende  á  4  pesetas 
en  la  Administración  de  este  periódico,  Madrid,  calle  del  Arenal,  núm.  18. 


Impreso  oon  tinte  de  1»  fátorloa  XtOBXLLETrx  y  0.a,  10,  rne  Suyer,  Varis. 


Reservados  todos  loe  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.  — Establecimiento  tipolitográflco  c  Sucesores  de  Rtvadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


Digitized  by 


Excmo.  SR.  D.  MANUEL  DE  LA  CÁMARA  Y  LIVERMOORE, 

CONTRAALMIRANTE  DE  LA  ARMADA, 

COMANDANTE  GENERAL  DE  LA  ESCUADRA  DE  RESERVA, 

(De  fotografía  de  Fernando  Debas.) 


PRECIO 8  DE  SUSCRIPCIÓN. 


aNo. 

SEMESTRE. 

Madrid . 

35  pesetas. 

18  pesetas. 

Provincias . 

40  id. 

21  id. 

Extranjero . 

50  francos. 

26  francos. 

TRIMESTRE. 

10  pesetas. 

11  id. 

14  francos. 


AÑO  XLII. — NÚM.  XVIII. 

ADMINISTRACIÓN : 
ARENAL,  18. 

Madrid,  15  de  Mayo  de  1898. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas.  12  pesos  fuertes.  7  pesos  fuertes. 
Demás  Estados  de  América  y 

Asia .  60  francos.  35  francos. 


' 


278  —  x.°  xvjji 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Mayo  1898 


SUMARIO. 


Texto. — Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos*  Luis  de  Cuenca.— Episodios  nacionales. 
Zumalacarregui,  por  U.  B.  Pérez  Galdós. — Vasco  ae  Gama.  IV  cen¬ 
tenario  del  descubrimiento  del  derrotero  de  las  Indias,  por  don 
Angel  La* so  de  la  Vega.— La  guerra,  poesía,  por  D.  Manuel  Soria- 
no. — Por  ambos  munuos.  Narraciones  cosmopolitas,  por  U.  Ricardo 
Becerro  de  Bengoa. — Sueltos.— Libros  presentados  á  esta  Redacción 
por  autores  ó  editores,  por  C.— Anuncios. 

Grabados.— Retrato  del  Excmo.  Sr.  D.  Manuel  de  la  Cámara  y  Li- 
vermoore,  contraalmirante  de  la  Armada,  comandante  general  oe 
la  escuadra  de  reserva. —Croquis  de  la  bahía  de  San  Juan  de 
Puerto  Rico.  —  Barcelona :  Llegada  del  vapor-correo  León  XIII , 
conduciendo  al  capitán  general  Lxcmo.  Sr.  U.  Fernando  Primo  de 
Rivera. — La  guerra  entre  España  y  los  EE.  UU.  de  Norte -América: 
Vista  parcial  de  Matanzas.  —La  escuadra  norteamericana  á  la  vista 
del  puerto  de  la  Habana.  Campamento  de  infantería  en  Tampa.  El 
regimiento  de  Infantería  de  linea  num.  13,  recientemente  llegado  á 
lampa.  Vista  parcial  do  Cayo  Hueso.  Regimiento  de  Infantería,  de 
color,  núm.  25,  en  Chiekaoiauga*—  Croquis  de  la  isla  de  Puerto  Rico. 
—  Playa  Sur  y  playa  Norte  del  var&uero,  en  Cárdenas  (Cuba).— 
Bellas  Artes:  De  la  comda  patriótica ,  dibujo  de  Pía.  — Barcelona: 
Exposición  de  Bellas  Artes  é  Industrias  Artísticas.  Vista  paicial 
del  gran  salón  de  escultura  extranjera.  Sección  española.  Salón 
Reina  Regente ,  donde  se  celebró  el  solemne  acto  de  la  inaugura¬ 
ción.  Sección  holandesa.  El  vestíbulo. —  Retrato  de  D.  Luis  non- 
cada  y  Soler,  coronel  de  Estado  Mayor  del  ejército,  jefe  de  las 
fuerzas  que  rechazaron  el  desembarco  de  tropas  norteamericanas 
en  Cárdenas.  —  Retrato  de  I).  Emilio  Hédiger  y  Olivar,  capitán  de 
navio,  jefe  de  Estado  Mayor  general  de  la  escuadra  de  reserva.— 
Barcelona:  Embarco  de  tropas  para  reforzar  las  guarniciones  de 
las  islas  Baleares.  —  Maltón  (Baleares):  Llegada  de  tropas  á  bordo 
del  vapor  Ciudad  de  Maltón.—  Madrid:  Fachada  de  la  casa  editorial 
de  las  obras  del  eminente  literato  D.  Benito  Pérez  Galdós.  —  Gran 
carroza  gótica,  propiedad  de  la  empresa  de  servicios  fúnebres  La 
Soledad. 


CRÓNICA  GENERAL. 


ODO  el  interés  de  estos  días  se  ha  re- 
concentrado  en  una  sola  pregunta: 

^  — ¿En  dónde  está  la  escuadra  de 

Cabo  Verde? 

Porque  si  entre  los  políticos  la 
cuestión  preferente  era  averiguar  si  ha- 
—  bía  crisis,  pues  toda  su  ciencia  de  go- 
V4  bernar  se  reduce  á  procurar  y  resistir  esos 
fQ  cambios  de  Ministerio,  todo  el  resto  del  país 
se  preocupaba  por  la  suerte  de  nuestras  naves  de 
guerra.  Se  ha  mentido  en  todas  las  formas  posi¬ 
bles:  por  el  cable,  por  telégrafo,  en  letras  de  mol¬ 
de,  en  cartas  y  de  palabra  en  todos  los  corrillos. 
Ante  todo,  en  medio  del  dolor  producido  por  el 
desastre  de  Cavite  nos  enorgullece  leer  en  los  pe¬ 
riódicos  norteamericanos  ensalzado  el  valor  he¬ 
roico  de  los  marinos  españoles,  que  sin  huir  ni 
arriar  bandera,  antes  clavándola  para  demostrar 
su  decisión  de  morir  sin  entregar  sus  buques,  se 
hundían  en  el  agua  sacrificándose  gloriosamente, 
y  mereciendo  especial  mención  del  enemigo  el 
nombre  del  Castilla ,  que  resucitará  algún  día  en 
forma  de  acorazado  para  perpetuar  aquella  haza¬ 
ña.  La  gloria  de  vencer  la  da  muchas  veces  la  for¬ 
tuna:  se  obtiene  con  la  superioridad  numérica 
sin  peligro;  pero  el  saber  morir  antes  que  ceder 
cuando  se  carece  de  fuerza,  eso  siempre  pertenece 
á  la  epopeya.  ¡  Ensalcemos  á  aquellos  mártires  ge¬ 
nerosos  que  merecen  una  corona  fúnebre  de  la 
poesía  castellana! 


La  hipocresía  de  Mac-Kinley  ha  quedado  en  evi¬ 
dencia  :  cuando  aseguraba  que  intervenía  en  Cuba 
como  un  noble  y  desinteresado  pacificador,  ace¬ 
chaban  sus  buques  las  Filipinas  para  verter  sangre 
y  revolver  aquellas  islas,  dando  á  todas  las  pose¬ 
siones  europeas  del  Oriente  el  mal  ejemplo  de  la 
insurrección;  hoy  acechan  sus  codiciosas  escua¬ 
dras  la  isla  de  Puerto  Rico,  tranquila  y  próspera, 
para  llevar  también  allí  la  guerra.  ¡Valiente  paci¬ 
ficador,  que  de  una  rebeldía  reducida  á  límites  es¬ 
trechos  hace  una  guerra  marítima  en  Oriente  y 
Occidente,  perturba  el  archipiélago  filipino  y  to¬ 
das  las  Antillas,  entorpece  el  comercio  universal, 
ensangrienta  Italia  con  el  hambre,  produce  moti¬ 
nes  en  toda  España,  alarma  á  toda  la  América  del 
Sur,  conmueve  á  Europa;  y,  en  nombre  de  la  hu¬ 
manidad,  prepara  un  derramamiento  atroz  de 
sangre;  en  el  de  la  independencia,  cae  sobre  una 
tierra  lejana  para  sujetarla  á  otro  dominio,  y  en 
el  de  la  protección  de  sus  intereses  mercantiles 
en  Cuba,  destruye,  como  si  no  fueran  intereses 
respetables  también,  no  sólo  los  de  España,  sino 
los  de  todos  los  pueblos  de  Europa  y  Asia  á  quienes 
afecta  el  cataclismo!  ¡Inicua  hipocresía! 


Sin  embargo,  llegan  de  Washington  palabras  de 
paz.  Todo  podría  arreglarse,  según  ellos,  entre¬ 
gando  España  á  Cuba,  pagando  una  indemniza¬ 
ción  de  doscientos  millones  de  pesos,  y  conser¬ 
vando  ellos  en  prenda  Puerto  Rico  y  Cavite  mien¬ 
tras  se  paga  la  indemnización.  ¡Hermoso  arreglo, 
que  constituiría  un  estado  de  derecho  público 
digno  de  enseñarse  en  las  encrucijadas  por  cate¬ 
dráticos  armados  de  trabucos!  El  que  tiene  más 
buques  y  riquezas  podrá  intimar  al  que  no  posee 
tantas  la  orden  inapelable  de  entregar  una  región 


que  al  fuerte  le  conviene;  si  éste  no  la  entrega,  se 
le  hará  la  guerra;  y  una  vez  declarada,  al  primer 
revés,  no  sólo  quedará  declarado  el  fuerte  dueño 
de  aquello  que  exigía,  sino  arruinado  el  adversa¬ 
rio  con  la  indemnización  que  le  quieran  exigir. 
Esto  sería  risible  si  no  fuera  odioso,  bárbaro  y 
sangriento. 

Podrán  ser  reconocimientos,  aunque  parecen 
algo  más,  los  intentos  de  desembarco  en  Cárdenas 
y  Cienfuegos;  pero,  hasta  el  momento  en  que  es¬ 
cribimos,  la  fuerza  norteamericana  con  toda  su  es¬ 
cuadra,  con  la  proximidad  de  su  base  de  operacio¬ 
nes,  no  ha  conseguido  sino  recibir  algunos  balazos 
en  los  cascos  de  sus  buques  y  en  los  cuerpos  de 
sus  gentes.  Todo  el  influjo  de  la  gran  República, 
todas  sus  amenazas  no  han  logrado  intimidar  á  los 
defensores  de  Cuba  y  Puerto  Rico,  y  la  partida 
empeñada  está  tan  al  principio  que,  sin  la  ventaja 
de  Cavite,  acaso  el  poder  de  Mac-Kinley  hubiera 
sufrido  en  su  patria  un  serio  contratiempo.  ¡Y 
quién  sabe  si  lo  de  Cavite  ha  de  serle  á  la  larga  de 
más  daño  que  provecho !  En  las  cosas  de  la  guerra 
hay  que  ser  cautos:  lo  próspero  y  lo  adverso  sue¬ 
len  enlazarse,  y  no  nos  debemos  abatir  con  los 
tropiezos  ni  ensoberbecer  con  un  buen  éxito  si  se 
obtuviera.  Baste  conservar  entero  el  ánimo,  que 
se  prueba  mejor  en  los  reveses. 


Aunque  la  prensa  de  gran  tirada  nos  ha  pare¬ 
cido  en  estos  días  más  entregada  á  las  pequeñeces 
de  la  crisis  y  á  su  vicio  de  quererlo  dirigir  todo, 
cuando  lo  único  que  consigue  es  aumentar  la  con¬ 
fusión,  todavía  debemos  esperar  de  su  patriotismo 
calor  é  iniciativa  en  aquello  para  que  sirve:  para 
promover  el  entusiasmo  y  las  acciones  generosas  y 
la  emulación  de  todas  las  clases  á  fin  de  activar  la 
suscripción.  No  desconfiamos  todavía  en  que  ha 
de  cooperar  á  ese  resultado  con  todo  el  civismo  de 
que  suele  blasonar,  pues  de  lo  contrario  constaría 
en  la  historia  su  indiferencia  y  su  pereza.  Desde 
luego  echamos  de  menos  en  estas  circunstancias 
medios  de  recaudar  en  pequeñas  cantidades  anó¬ 
nimas  lo  que  cada  cual  quiera  entregar  sin  mo¬ 
lestia;  por  ejemplo:  ¿no  podría  la  Dirección  de 
Correos  emitir  una  serie  de  sellos  patrióticos,  ven¬ 
didos  sin  descuento  en  los  estancos  y  estableci¬ 
mientos  que  se  presten  á  ello,  para  que  contribuya 
en  silencio  todo  el  que  quiera  darse  ese  placer  en 
su  conciencia?  Esos  sellos,  puramente  voluntarios, 
no  tendrían  valor  de  franqueo,  pero  le  tendrían 
para  las  colecciones  filatélicas  si  se  diera  la  orden 
de  matasellarlos  en  los  sobres;  no  sólo  se  vende¬ 
rían  en  España,  sino  en  todo  el  Universo,  dada  la 
afición  filatélica.  Recordemos  que  los  sellos  del  ju¬ 
bileo  de  la  reina  Victoria  sirvieron  para  fundar 
un  hospital. 

La  corrida  patriótica  ha  producido  un  buen  re¬ 
sultado;  la  venta  de  flores  por  las  señoras  y  seño¬ 
ritas  de  la  aristocracia  dió  un  valor  enorme  á  los 
claveles.  Un  rasgo  delicadísimo  merece  consig¬ 
narse:  una  pobre  criada  que  llevaba  la  cesta  al 
brazo  dió  una  peseta,  que  sería  para  ella  una  gran 
cantidad,  porque  la  dejasen  oler  un  clavel.  ¡Ben¬ 
dita  sea!  La  Duquesa  de  Castro-Enríquez,  que  re¬ 
gala  una  fortuna  de  100.000  duros;  la  madre  anó¬ 
nima  que  al  ir  á  pagar  la  redención  de  su  hijo,  se 
entera  de  que  hay  guerra  extranjera,  y  no  le  li¬ 
bra;  y  la  pobre  criada  que  hace  esa  poesía  en  la 
calle  de  Alcalá,  ensanchan  el  corazón  y  le  compen¬ 
san  de  muchos  desfallecimientos. 


De  los  que  exhiben  su  gastada  é  inútil  persona¬ 
lidad  con  críticas  acerbas,  y  se  burlan  de  las  sus¬ 
cripciones  como  si  no  se  hubieran  hecho  en  las 
grandes  ocasiones  de  nuestra  historia;  de  los  que 
convierten  el  Congreso  en  casa  de  vecindad,  y 
para  los  que  la  política  se  reduce  á  chismes  de  co¬ 
madre;  de  los  agiotistas  que  aprovechan  el  conflic¬ 
to,  los  avaros  que  hacen  cola  en  la  Lonja  del  Almi¬ 
dón  para  vender  el  oro  que  ocultaban  bajo  tierra; 
los  que  escatiman  su  ayuda;  los  que  difunden  el 
desaliento  con  noticias  funestas,  y  nos  dividen  y 
quebrantan;  los  que  excitan  á  las  turbas  infelices 
para  que,  sin  saber  lo  que  hacen,  distraigan  nues¬ 
tras  tropas  de  acudir  contra  el  enemigo  de  la  pa¬ 
tria;  los  egoístas  marrulleros;  los  cínicos  mercade¬ 
res  que  sacian  su  codicia  con  el  hambre  general; 
los  yanquizantes  de  todo  género,  envidiosos,  ca¬ 
lumniadores,  pobres  de  espíritu,  profetas  de  catás¬ 
trofes,  críticos  ineptos,  y  toda  la  polilla  moral 
que  conspira  para  enfriar  el  entusiasmo  y  desviar 
á  las  gentes  de  lo  que  exalta,  refresca  el  alma  y 
vigoriza,  mientras  nuestros  marinos  y  soldados 
pelean  lejos  de  nosotros  y  sacrifican  sus  vidas, 
esperan  nuestra  ayuda,  nos  llaman  y  piden  auxilio 
desde  lejos.....  ¡qué  importa!  No  son  los  usureros, 
ni  los  egoístas,  ni  los  ambiciosos  los  que  salvan  á 


los  pueblos,  sino  los  que  se  sacrifican  y  alzan  la 
vista  á  las  alturas.  Aguántense  aquéllos;  tengan  un 
poco  de  paciencia:  para  ellos  es  siempre  el  fruto 
de  los  que  luchan  y  padecen:  es  ley  humana  que 
los  ruines  obtengan  los  provechos.  Pero  dejen  á 
los  buenos  cumplir  su  obligación. 


Convencidos  de  que  la  guerra  tiene  sus  alzas  y 
sus  bajas,  no  cantaremos  victorias  como  definiti¬ 
vas  y  durables  cuando  se  consigan  ventajas.  Si  la 
situación  de  Filipinas  es  grave,  tampoco  la  cree¬ 
mos  desesperada  ni  mucho  menos;  pero  en  Cuba 
y  Puerto  Rico,  en  el  momento  de  cerrar  esta  Cró¬ 
nica,  los  norteamericanos  han  sufrido  tres  desca¬ 
labros;  Cárdenas,  Cienfuegos  y  San  Juan,  bom¬ 
bardeados  brutalmente,  han  rechazado  con  he¬ 
roísmo  al  enemigo;  otra  vez  la  pequeñísima  Ligera, 
que  manda  el  intrépido  Rendón,  ha  hecho  probar 
sus  balas  á  los  cañoneros  enemigos;  y  el  remolca¬ 
dor  Antonio  López ,  mandado  por  el  cubano  Mon¬ 
tes,  se  ha  cubierto  de  gloria:  de  cuatro  torpederos 
enemigos  han  ido  á  curarse  ti  es  á  Cayo  Hueso,  y 
del  otro  no  se  sabe.  Lo  mismo  que  en  Cienfuegos 
las  tropas  y  voluntarios  han  rechazado  el  desem¬ 
barco,  San  Juan  de  Puerto  Rico,  combatido  por 
una  poderosa  escuadra,  también  la  ha  rechazado 
con  gloria,  haciéndola  retirarse  con  averías.  Y 
bajo  esta  agradable  impresión  cerramos  esta  Cró¬ 
nica.  Veinticuatro  horas  de  término  daban  los  pe¬ 
riódicos  yaukees  á  su  escuadra  para  conquistar 
toda  la  isla. 

¿Dónde  está  nuestra  escuadra  de  Cabo  Verde? 
nos  habíamos  estado  preguntando  durante  algunos 
días.  Pues  apareció  en  la  Martinica,  ó  al  menos  un 
destróyer  que  comunicó  con  el  Ministro  de  Mari¬ 
na.  ¿En  dónde  volverá  á  reaparecer?  No  necesita¬ 
mos  saberlo.  Saldrá  donde  convenga. 

¡Bien  por  los  defensores  de  Cárdenas,  Cienfue¬ 
gos  y  Puerto  Rico!  ¡Guíe  Dios  con  bien  nuestra 
escuadra  por  aquellos  mares  peligrosos! 

• 

•  • 

Aunque  la  guerra  nos  preocupe,  no  por  eso  deja¬ 
mos  de  prestar  atención  á  los  sucesos  importantes 
que  ocurren  por  el  mundo.  Desde  luego  las  eleccio¬ 
nes  de  Francia,  aunque  están  pendientes  muchas 
votaciones  por  los  empates,  parece  que  no  modi¬ 
ficarán  apenas  la  constitución  del  anterior  Con¬ 
greso,  sino  en  verse  privadas  las  oposiciones  de 
algunos  oradores  de  primera  talla,  como  Mr.  Jaurés, 
que  ha  decidido  retirarse  temporalmente  de  la  po¬ 
lítica.  La  cuestión  de  subsistencias  en  Italia  pare¬ 
ce  haber  dado  pretexto  en  Milán  á  los  anarquistas 
para  una  batalla  cruel  en  que  su  mortandad  ha  sido 
enorme.  Dicen  las  correspondencias  que  los  veci¬ 
nos  aplaudían  y  vitoreaban  á  las  tropas  cuando 
iban  á  cargar,  diciéndolas  desde  los  balcones: 
«¡Apuntad  bien  y  dad  firme!));  lo  que  prueba  que 
no  iban  á  combatir  con  infelices  hambrientos,  sino 
contra  sectarios  feroces.  Sin  negar  que  la  miseria 
haya  echado  en  España  á  la  calle  á  muchas  gentes, 
creemos  que  se  ha  aprovechado  el  malestar  para 
agitar  nuestras  provincias:  no  se  concibe  que  el 
hambre  haga  quemar  y  destruir  las  subsistencias 
en  vez  de  aprovecharlas.  ¡Qué  infeliz  es  el  pueblo! 
Le  convierten  en  instrumento  de  su  propio  daño 
sus  mayores  enemigos. 

» 

•  • 

Procuremos  alegrarnos.  Entre  los  recursos  que 
se  han  propuesto  para  aumentar  la  suscripción  pa¬ 
triótica  merece  especial  mención  la  carta  que  nos 
remiten: 

«Sr.  Cronista. 

» Soy  pobre  y  muy  honrado:  creo  que  si  entre¬ 
gara  mi  alma  al  diablo  me  daría  una  buena  canti¬ 
dad:  no  me  determino  á  venderla,  pero  sí  puedo 
empeñarla,  y  destinar  á  la  suscripción  todo  el  pro¬ 
ducto,  si  la  patria,  en  acabando  la  guerra,  me  res¬ 
cata.  ¿Quiere  usted  proponer  esta  operación  de  cré¬ 
dito  ai  Gobierno.» 

No  nos  parece  buen  negocio;  siendo  demonio  el 
prestamista  y  estando  la  patria  apurada,  ni  en  el 
día  del  juicio  habría  soltado  la  prenda  ni  arregla¬ 
ríamos  la  trampa. 


Mejor  es  el  proyecto  de  la  señorita  yankee  ó 
yanka ,  que  este  debe  ser  el  femenino,  de  formar 
un  escuadrón  de  amazonas  para  combatirnos. 

¿Qué  sucedería  en  un  encuentro  tan  agradable? 
Desde  luego  nuestros  soldados  cargarían  el  Mau- 
ser  con  bombones.  Y  resultaría  equivocado  el  ge¬ 
neral  Weyler  al  decir  que  la  guerra  no  se  puede 
hacer  con  caramelos. 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Mayo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xvin  —  279 


Más  terrible  es  el  propósito  del  periódico 
yankee  que  quiere  reclutar  contra  nosotros 
un  regimiento  de  gigantes. 

¡Yaya  un  blanco  que  presentarán  esos  sol¬ 
dados  !  i  Menudos  biftecs  que  necesitarán 
para  raciones! 

Bien  dijo  quien  dijo: 

Un  gigante  al  morir  tendió  las  zancas; 

Lleváronle  á  enterrar  hormigas  blancas. 


¿Y  qué  bandera  llevaría  el  regimiento  de 
gigantes?  ¿Adivinan  ustedes? 

— ¿Los  titanes  escalando  el  cielo? 

—¿Un  San  Cristóbal? 

— Ño;  el  anuncio  del  periódico. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 

EXCMO.  SR.  D.  MANUEL  DE  LA  CÁMARA  Y  LIVBRMOORE, 

contraalmirante  de  la  Armada, 
comandante  general  de  la  escuadra  de  reserva. 

En  la  primera  página  publicamos  el  re¬ 
trato  del  contraalmirante  D.  Manuel  de  la 
Cámara,  comandante  general  de  la  escuadra 
que  se  halla  en  Cádiz.  Nació  en  Málaga  el 
7  de  Mayo  de  183í>,  y  comenzó  su  carrera  en 
la  campaña  de  Méjico,  donde  estuvo  agre¬ 
gado  al  Estado  Mayor  del  almirante  francés 
Jurien  de  la  Graviére. 

Como  teniente  de  navio  en  la  Vencedora  y 
como  oficial  de  derrota  en  la  Villa  de  Ma¬ 
drid,  hizo  la  campaña  del  Pacífico. 

En  la  primera  guerra  de  Cuba  mandó  va¬ 
rios  barcos,  y  después  la  corbeta  Africa  y 
el  vapor  Tornado . 

De  capitán  de  navio  condujo  á  Filipinas 
una  división  naval  compuesta  de  los  buques  Ulloa , 
Castilla  y  D.  Juan  de  Austria . 

Ha  sido  comandante  de  Marina  de  Málaga,  jefe 
de  la  Comisión  naval  en  Jos  EE.  UU.  y  en  Lon¬ 
dres,  jefe  de  Estado  Mayor  del  apostadero  de  la 
Habana,  y  ha  desempeñado  dos  veces  la  dirección 
del  material  del  Ministerio  de  Marina. 

Las  excelentes  condiciones  pesonales  del  con¬ 
traalmirante  Cámara,  su  vasta  ilustración  y  larga 
práctica  á  bordo,  hacen  concebir  fundadas  espe¬ 
ranzas  de  su  acierto  en  el  importantísimo  mando 
que  le  está  confiado. 

• 

©  « 

BARCELONA. 

Llegada  del  vapor-correo  León  XIII. 

El  primer  grabado  de  la  página  280  representa  la 
llegada  á  Barcelona  el  10  del  actual  del  vapor-co¬ 
rreo  León  XIII ,  procedente  de  Manila.  A  bordo 
del  mismo  regresaron  del  Archipiélago  el  ex  go¬ 
bernador  general  Primo  de  Rivera;  los  generales 
de  brigada  Sres.  Viana  y  Contreras;  D.  Francisco 
Yaldés,  obispo  electo  de  Puerto  Rico;  veinte  jefes 
y  oficiales,  y  cuatrocientos  soldados. 

Durante  la  travesía  falleció  el  gobernador  de 
Pangasinán,  D.  Joaquín  Oliver,  distinguido  pe¬ 
riodista. 

*  * 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA. 

Vista  parcial  de  Matanzas.  —  Playa  Sur  y  playa  Norte  del  varadero, 
en  Cárdena». — La  escuadra  norteamericana  á  la  vista  del  puerto 
de  la  Habana.  — Campamento  de  infantería  en  Tampa.  —  El  regi¬ 
miento  de  infantería  de  linea  núm.  1$.  —  Vista  parcial  de  Cayo 
Hueso.—  Reconcentración  de  tropas  norteamericanas. 


explosión  que  mató  á  un  alférez ,  á  tres  fogoneros 
y  al  cocinero. 

Muchos  tripulantes  resultaron  heridos. 

El  torpedero  Winslow  entró  en  la  bahía  de  Cár¬ 
denas  para  cerciorarse  de  los  medios  de  defensa 
que  tenían  los  españoles. 

Nuestros  cañoneros  empezaron  en  seguida  sus 
disparos  con  tan  buena  puntería,  que  al  segundo 
cañonazo  destrozaron  la  caldera  al  Winsloic.  Este, 
sin  gobierno,  empezó  á  derivar  hacia  la  playa. 

Otro  torpedero  yankee ,  el  Hudson ,  acudió  en  au¬ 
xilio  del  Winslow ,  y  recibió  multitud  de  proyecti¬ 
les,  siendo  milagro  que  no  fuera  á  pique. 

Sus  cañones  no  alcanzaban  á  las  baterías  espa¬ 
ñolas. 

El  cañonero  protegido  Wilmington  trató  de  de¬ 
fender  á  los  otros  barcos  yankees,  y  disparó  sus 
cañones  con  mucha  rapidez. 

Un  proyectil  de  los  cañoneros  españoles  cortó 
el  cabo  que  el  Hudson  había  largado  al  Winslow 
para  llevárse  e. 

Después  de  veinte  minutos  de  faena  logró  echar 
otro  cabo  al  Winslow  y  remolcarle,  retirándose 
de  la  bahía. 

El  Hudson  llevaba  también  averías  conside¬ 
rables. 

Además  de  los  yankees  citados,  murieron  el  co¬ 
mandante  Bernadow  y  varios  marinos  que,  ha¬ 
biendo  sido  heridos  al  comenzar  la  acción ,  no  pu¬ 
dieron  ser  curados. 

Ha  llegado  á  Cayo  Hueso  el  Hudson ,  conducien¬ 
do  los  cadáveres  horriblemente  mutilados  de  los 
oficiales  y  marineros  que  han  pagado  con  su  vida 
el  ataque  á  Cárdenas. 


BELLAS  ARTES. 

Be  la  corrida  patriótica ,  dibujo  de  Pía. 

Una  elegante  y  artística  nota  de  actualidad  nos 
ofrece  Cecilio  Pía  en  su  bellísimo  dibujo  que  pu¬ 
blicamos  en  la  página  284.  La  clásica  indumenta¬ 
ria  de  las  hermosas  mujeres  por  él  dibujadas  y 
los  trofeos  de  la  lidia  que  llevan,  nos  declaran,  sin 
necesidad  de  explicaciones  prolijas,  que  vuelven 
de  la  corrida  de  toros.  Esta  fiesta  española  podrá 
ser  discutida  todo  lo  que  se  quiera,  pero  no  puede 
negarse  que  está  tan  encarnada  en  nuestras  cos¬ 
tumbres,  que  forma  parte  integrante  de  la  vida 
nacional.  En  nuestras  alegrías  y  triunfos  es  nú¬ 
mero  indiscutible  del  programa  de  nuestros  fes¬ 
tejos;  en  nuestras  desventuras  es  siempre  recurso 
eficaz  para  allegar  socorros.  La  última  á  que  el  di¬ 
bujo  de  Pía  se  refiere  ha  puesto  á  contribución  la 
riqueza  de  los  ganaderos,  el  valor  de  los  lidiado¬ 
res  y  la  afición  del  público  para  aumentar  consi¬ 
derablemente  la  suscripción  nacional. 

• 

•  • 

BARCELONA. 

Exposición  de  Bellas  Artes  é  Industrias  artísticas. 

Aun  cuando  las  circunstancias  por  que  España 
atraviesa  no  son  las  más  propicias  para  ello,  el 
deseo  de  corresponder  á  la  cortesía  de  los  artistas 
extranjeros  que  han  respondido  á  su  invitación, 
ha  obligado  ai  Ayuntamiento  de  Barcelona  á  inau¬ 
gurar  la  Exposición  de  Bellas  Artes  é  Industrias 
artísticas. 

El  sábado  23  de  Abril  se  efectuó  solemnemente 
este  acto  en  el  palacio  de  Bellas  Artes. 

Al  entrar  en  el  palacio  el  Excmo.  Sr.  D.  Eduar- 


Contra  lo  que  la  soberbia  de  los  yankees  imagi¬ 
naba,  y  las  opiniones  de  Máximo  Gómez  y  la  Jun¬ 
ta  revolucionaria  de  Nueva  York  aseguraban,  los 
desembarcos  en  Cuba  no  han  resultado  para  los 
norteamericanos  empresa  de  fácil  é  inmediata  rea¬ 
lización. 

Hasta  ahora  hanse  visto  frustrados  por  la  resis¬ 
tencia  de  los  españoles  en  Matanzas  y  en  cuantos 
puntos  los  han  intentado,  y  en  Cárdenas  con  gran 
quebranto  de  los  agresores . 

Conocidas  son  por  las  noticias  de  la  prensa  dia- 


De  los  aprestos  y  preparativos  militares  y  na¬ 
vales  de  los  Estados  Unidos,  ofrecemos  á  nuestros 
lectores  cinco  asuntos  en  los  grabados  de  la  pᬠ
gina  281. 

Representa  el  primero  la  escuadra  norteameri¬ 
cana  á  la  vista  del  puerto  de  la  Habana,  y  el  se¬ 
gundo  un  campamento  de  infantería  en  Tampa. 

En  el  cuarto  publicamos  vistas  del  lazareto  y  de 
las  nuevas  fortificaciones  de  Cayo  Hueso,  punto 
que,  por  su  posición  respecto  de  Cuba,  tiene  para 
los  yankees  gran  importancia.  Los  grabados  ter¬ 
cero  y  quinto  reproducen  escenas  de  la  moviliza¬ 


do  Monner,  baile  del  Real  Patrimonio,  delegado 
de  S.  A.  R.  la  serenísima  infanta  D.a  Isabel,  y  los 
Excmos.  Sres.  D.  Ensebio  Güell  y  D.a  Isabel  López 
de  Güell,  represen  tantée  de  SS.  AA.  los  Principes 
de  Baviera  D.  Fernando  y  D.a  María  de  la  Paz,  la 
banda  municipal  tocó  la  marcha  de  Infantes;  y  al 
llegar  el  Excmo.  Sr.  Conde  de  Caspe,  represen¬ 
tante  de  S.  M.  la  Reina  Regente,  le  recibieron  las 
autoridades  y  corporaciones  á  la  entrada,  mien¬ 
tras  las  tropas  le  tributaban  los  honores  de  orde¬ 
nanza  y  las  músicas  municipal  y  militar  tocaban 
la  marcha  Real. 


ria  la  esterilidad  de  sus  reiteradas  acometidas  y  la 
serena  pericia  con  que  nuestras  tropas  los  recha¬ 
zaron;  y  respecto  de  los  daños  sufridos  por  los  nor¬ 
teamericanos,  telegrafían  de  Washington  que  los 
torpederos  Winslow  y  Tecumseh  sufrieron  grandes 
averías. 


ción  del  ejército  norteamericano.  Los  tres  centros 
de  movilización  son:  Nueva  Orleans,  Mobile  y 
Chickamauga.  Dichos  grabados  representan  la  lle¬ 
gada  á  Chickamauga  Park  del  25.°  regimiento  de 
Infantería,  compuesto  de  gente  de  color. 


Abierta  por  el  Sr.  Conde  de  Caspe  la  puerta  del 
salón  central  del  palacio  con  magnífica  llave  de 
plata,  se  trasladó  al  salón  de  la  Reina  Regente,  en 
donde  debía  celebrarse  el  acto.  Ocupó  la  presiden¬ 
cia  el  mencionado  General,  sentándose  a  su  dere¬ 
cha  la  señora  de  Güell,  el  Excmo.  é  limo.  Sr.  Obis- 


Una  granada  de  las  baterías  españolas  ha  hecho 
volar  el  polvorín  del  Tecumseh . 

Otro  proyectil  disparado  por  los  españoles  pene¬ 
tró  en  el  polvorín  del  Winslow ,  produciendo  una 


©  * 

MAPA  DE  LA  ISLA  DE  PUERTO  RICO.  —  ( YÓase  la 
página  282.) 

-*■  i 

'  *  © 


po  de  la  diócesis  y  el  Excmo.  Sr.  Gobernador  civil, 
y  á  su  izquierda  el  baile  del  .Real  Patrimonio,  el 
Sr.  Güell  y  el  alcalde  accidental  Sr.  Griera. 

En  el  estrado  tomaron  asiento  los  tenientes  de 


Digitized  by  ^.ooQie 


280  —  n.°  xviii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Mayo  1898 


BARCELONA.—  llegada  del  vapor-correo  «león  xiii»,  conduciendo  al  capitán  ge*neral  excmo.  sr.  d.  Fernando  primo  de  rivera, 

EX  GOBERNADOR  GENERAL  DE  FILIPINAS. 


(De  fotografía  de  J.  Furnells.) 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.'UU.  DE  NORTE-AMÉRICA.— vista  parcial  DE  MATANZAS  (CUBA). 


(De  fotografía) 


i 


Digitized  by  ^.oooie 


15  Mayo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xviu  —  281 


EL  REGIMIENTO  DE  INFANTERÍA  DE  LÍNEA  NÚM.  13,  RECIENTEMENTE  LLEGADO  A  TAMPA. 


Lazareto.  Formicaciones  en  construcción. 

VISTA  PARCIAL  DE  CAYO  HUESO. 


RECONCENTRACIÓN  DE  TROPAS  NORTEAMERICANAS.  —  REGIMIENTO  DE  INFANTERÍA,  DE  COLOR,  NÚM.  25,  EN  CHICKAMAUGA. 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA. 


Digitized  by 


Google 


(Dibujado  p»  D.  J.  E.  para  La  Ilustración  Española  y  Americana.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Mayo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.#  xvui  —  283 


alcalde,  concejales  y  nutridas  representaciones 
de  la  Diputación  provincial,  cabildo  catedral, 
cuerpo  consular,  ejercito  y  armada,  y  de  distin¬ 
tas  corporaciones  y  entidades  importantes  de  la 
capital. 

En  la  página  285  publicamos  varias  vistas  de  la 
Exposición:  del  salón  de  escultura  extranjera;  la 
sección  española;  el  salón  Reina  Regente;  la  sec¬ 
ción  holandesa,  y  el  vestíbulo. 

•  • 

D.  LUIS  MOXCADA  Y  SOLER, 

coronel  de  Estado  Mayor  del  Ejército,  jefe  de  las  fuerzas  que 
rechazaron  el  desembarco  de  tropas  norteamericanas  en  Cárdenas. 


de  la  citada  empresa,  ha  importado  muy  cerca  de 
18.000  duros. 

¿  Quién  estrenará  tan  rica  carroza?,  se  pregun¬ 
taban  los  que  admiraban  su  extraordinario  lujo; 
y  el  director  de  la  empresa,  Sr.  Nueda,  resol¬ 
vió  el  problema  con  una  idea  oportunísima.  La 
carroza  de  oro  y  plata  la  ha  estrenado  un  pobre 
fallecido  en  el  hospital  del  Niño  Jesús,  designado 
por  la  suerte,  y  al  que  se  le  costeó  además  todo  el 
entierro. 

Sobre  el  valor  del  oro  y  de  la  plata,  y  sobre  el 
mérito  de  su  esmerada  labor,  no  podía  colocarse 
mejor  trofeo  que  el  de  la  caridad  cristiana. 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


cosa  semejante,  se  discurrió  suministrarles  me¬ 
dios  de  salvamento.  Toda  la  madrugada  duró  el 
trajín  para  reunir  sogas,  y  hacer  con  ellas  y  pali¬ 
troques  escalas  de  bastante  resistencia  para  el  ob¬ 
jeto,  y  no  hay  que  decir  que  esta  operación  fué 
como  un  paréntesis  de  esparcimiento  y  jovialidad 
en  la  cruelísima  lucha.  Fago  ayudaba  en  aquella 
faena  con  gran  celo  y  actividad,  y  sus  manos  en¬ 
callecieron  de  tanto  hacer  nudos  con  ásperos  cᬠ
ñamos.  El  fué  el  primero  que,  encaramado  en  los 
hombros  de  un  gastador,  y  valiéndose  de  una 
larga  percha,  alargó  el  rollo  de  cuerda,  para  que 
lo  cogiese  la  mano  flaca,  perteneciente  á  un  en¬ 
juto  y  tiznado  brazo,  que  se  estiraba  en  la  ventana 
ojival.  Dueños  ya  de  una  soga,  los  sitiadores  su¬ 
bieron  con  ella  las  escalas  y  todo  el  aparejo  nece¬ 
sario  para  el  salvamento. 

Habríale  gustado  á  Fago  encontrarse  arriba  para 
prestar  su  concurso  en  el  dificilísimo  y  peligroso 
descendimiento;  se  le  ocurrían  advertencias  de 
aparejador  mañoso,  y  haciendo  bocina  con  sus 
manos,  gritaba:  «¿Tenéis  un  madero  fuerte ?...- 
¿No?.....  Pues  asegurad  la  cuerda  en  el  pivote  de  las 
campanas,  no  en  la  barandilla,  que  parece  ende¬ 
ble . Sujetad  á  las  mujeres  con  cuerdas  por  bajo 

de  los  sobacos,  y  retenedlas  á  medida  que  vayan 
bajando......  Prolongóse  la  tregua  basta  la  mañana 

para  que  tuvieran  tiempo  los  sitiados  de  disponer 
lo  conveniente,  y  los  facciosos,  luego  que  retira¬ 
ron  sus  heridos  y  muertos,  descansaban,  confia¬ 
dos  en  que  tras  de  las  mujeres  se  descolgarían  los 
hombres,  rindiéndose  á  discreción.  Era  gran  lo¬ 
cura  ó  necedad  obstinarse  en  la  resistencia,  rodea¬ 
dos  de  llamas  y  humo,  sin  esperanza  de  que  vinie¬ 
ran  tropas  de  Pamplona  á  socorrerles.  En  esta 
confianza,  ni  se  curaban  de  atizar  el  fuego,  que  pa¬ 
recía  encalmado  después  de  media  noche  por  la 
quietud  del  aire.  A  lo  largo  del  caballete  corrían 
llamitas  fantásticas,  graciosas,  en  algunos  puntos 
humorísticas,  que  hacían  mil  figuras  ó  signos,  de 
un  lenguaje  luminoso,  semejante  al  dulce  platicar 
de  los  tizones  de  una  chimenea.  A  ratos,  avivada 
la  lumbre  por  una  racha  de  viento,  alumbraba  con 
siniestro  resplandor  la  plaza  y  calles  circundan¬ 
tes,  enrojeciendo  las  fachadas  de  las  viviendas  y 
las  caras  de  los  soldados.  El  pueblo  no  dormía;  to¬ 
dos  los  vecinos  estaban  en  la  calle,  mirando  á  la 
torre,  aún  entera,  erguida,  arrogante  en  medio  de 
tanta  desolación,  despertando  el  interés  de  los  se¬ 
res  vivos,  que  tienen  alma.  Callaban  sus  campa¬ 
nas;  pero  todo  en  ella  era  rostro  y  muda  expre¬ 
sión,  que  decía:  yo  vivo,  yo  pienso,  yo  padezco. 

Al  despuntar  el  día,  se  intimó  desde  abajo  que 
despacharan  pronto,  y  comenzaron  á  reunirse  gen¬ 
tes  diversas  en  los  sitios  más  próximos  á  la  torre. 
Zaratiegui  mandó  que  no  se  permitiera  acercarse 
á  las  mujeres;  pero  éstas,  en  fuerte  pelotón,  gra¬ 
vitaron  sobre  la  línea  de  soldados,  y  convencidos 
éstos  de  que  no  He  podía  con  ellas ,  dejáronlas  lle¬ 
gar  adonde  quisieron.  Conviniendo  mucho  á  la 
facción  contemporizar  con  el  vecindario  de  los 
pueblos  adictos  y  aun  halagar  sus  pasiones,  se  to¬ 
leraba  á  las  mujeres  de  la  causa  todos  los  alboro¬ 
tos,  chillidos  y  escandaleras  que  no  perjudicasen 
á  la  moral  del  soldado;  moral  militar  se  entiende, 
que  de  la  otra  no  tenía  por  qué  cuidarse  la  Orde¬ 
nanza.  No  bien  empezó  la  operación  de  descolgar 
las  hembras  y  criaturas,  la  muchedumbre  no  pudo 
contener  su  inquietud.  Las  mujeres  de  los  urbanos 
no  eran  bien  miradas  en  el  pueblo:  rivalidades  de 
familia,  que  la  feroz  política  exacerbaba,  produje¬ 
ron  escisiones,  continuas  querellas,  habladurías. 

La  Fulana ,  por  ser  cívica,  había  llegado  á  tener 
mal  concepto  entre  sus  convecinas.  La  Zuiana , 
carlista  furibunda,  era  motejada  entre  el  bello 
sexo  urbano  del  modo  más  cruel.  Así  es  la  polí¬ 
tica,  en  las  aldeas  como  en  las  ciudades  populo¬ 
sas.  El  día  anterior,  las  hembras,  encerradas  con 
sus  maridos  en  la  torre,  mientras  éstos  hacían 
fuego,  insultaban  á  las  mujeres  facciosas.  «Ya  *a- 
bes  dónde  te  has  puesto,  bribona — les  contesta¬ 
ban,  chillando  desaforadamente. — Abajo  eras  ca¬ 
rraca,  y  arriba  campana.  No  voltees  mucho,  que 

puedes  caerte . »  Y  como  las  bravatas  de  las  vr- 

banas  terminaron  pidiendo  misericordia,  y  se  les 
permitió  el  descenso,  que  era  como  concederles 
la  vida,  al  comenzar  el  acto  de  salvarlas,  las  seño¬ 
ras  de  la  causa  no  pudieron  contener  su  inquina, 
y  allí  fué  el  cantarles  el  Trágala  y  el  ponerlas  de 
oro  y  azul.  Bajaron  primero  tres  niños,  que  los  de 
arriba  ponían  cuidadosamente  en  los  últimos  pel¬ 
daños  de  la  escala,  y  eran  recogidos  por  soldados, 
que  trepaban  cuidadosamente  para  esta  operación. 
El  descenso  se  hacía  paso  á  paso,  presenciado  con 
ansiedad  por  unos  y  otros.  Llegaron  á  tierra  feliz¬ 
mente  los  chiquillos,  y  fueron  auxiliados  al  punto 
de  ropa  y  comida,  pues  se  hallaban  ateridos  y 
muertecitos  de  hambre.  Al  descender  la  primera 
urbana ,  la  muchedumbre  la  saludó  con  aullidos 
de  burla  por  ser  la  que  el  día  anterior  con  más 


En  la  página  286  publicamos  el  retrato  del  co¬ 
ronel  D.  Luis  Moneada,  distinguido  jefe  de  E.  M., 
cuyos  excelentes  servicios  en  Cuba  desde  el  prin¬ 
cipio  de  la  guerra  actual  se  han  aumentado  con  el 
brillante  hecho  de  armas  realizado  en  Cárdenas 
por  las  fuerzas  de  su  mando  al  rechazar  las  tropas 
norteamericanas  que  intentaron  un  desembarco. 


D.  EMILIO  HÉDIGER  Y  OLIVAS, 

capitán  de  navio,  jefe  de  Estado  Mayor  general 
de  la  escuadra  de  reserva. 

Publicamos  en  la  página  288  el  retrato  del  ca¬ 
pitán  de  navio  D.  Emilio  Hédiger,  hoy  mayor  ge¬ 
neral  de  la  escuadra  de  reserva  que  se  halla  en 
Cádiz.  Nació  en  Palma  de  Mallorca  el  4  de  Agosto 
de  1847,  y  siendo  guardia  marina  hizo  la  campaña 
del  Pacífico  á  las  órdenes  del  inolvidable  Méndez- 
Núñez,  que  le  confió  pliegos  muy  importantes  para 
los  comandantes  de  la  Blanca  y  la  Berenguela . 

En  el  bloqueo  de  Joló  mandó  el  cañonero  Fili¬ 
pino ,  y  en  la  Península,  más  tarde,  el  Somorros - 
tro  y  el  torpedero  núm.  1. 

Ha  sido  profesor  de  la  Escuela  de  torpedos 
cuando  se  fundó,  y  en  dos  ocasiones  mandó  la  di¬ 
visión  de  torpedos  de  Baleares. 

Fué  segundo  de  la  Tornado ,  tercero  de  la  Victo¬ 
ria ,  segundo  de  la  Numanda  y  de  la  Navarra , 
y  comandante  del  Pilar . 

Recientemente  ha  sido  jefe  de  la  Comisión  de 
Marina  en  Francia. 

Está  muy  bien  reputado  en  la  Armada  por  sus 
dotes  de  inteligencia,  y  su  nombramiento  actual 
de  jefe  de  Estado  Mayor  general  ha  sido  muy  bien  * 
recibido. 


BARCELONA. 

Embarco  de  tropos  á  bordo  del  vapor  Ciudad  de  Maltón  para  reforzar 
las  guarniciones  de  las  islas  Baleares. 

El  26  del  pasado  embarcaron  en  Barcelona,  á 
bordo  del  vapor  Ciudad  de  Maltón ,  el  primer  ba¬ 
tallón  de  Infantería  del  Rey  y  fuerzas  del  de  León, 
siendo  despedidos  con  gran  afecto.  El  27  llegó  el 
barco  á  Mahón,  donde  se  tributó  á  las  tropas  un 
entusiástico  recibimiento.  Nuestro  segundo  gra¬ 
bado  de  la  página  288  reproduce  el  primero  de 
dichos  actos,  y  el  primero  de  la  289  la  llegada  á 
Mahón,  en  el  momento  en  que  el  Sr.  Obispo  de 
Menorca  se  adelanta  entre  los  generales  y  grita 
¡viva  España! 

• 

•  « 

MADRID. 

Fachada  de  la  casa  editorial  de  las  obras  de  D.  Benito  Pérez  Galdós. 

En  el  segundo  grabado  de  la  página  289  publi¬ 
camos  la  fachada  de  la  casa  donde  el  insigne  nove¬ 
lista  D.  Benito  Pérez  Galdós  escribe  y  edita  sus 
notables  obras.  En  esa  casa  de  la  calle  de  Horta- 
leza  se  edita  en  la  actualidad  la  nueva  serie  de 
Episodios  nacionales ,  que  muy  en  breve  verá  la 
luz  pública,  y  cuyo  primer  tomo,  Zamalacarregui , 
es  esperado  como  acontecimiento  literario. 

De  este  libro  ha  querido  consagrar  las  primicias 
á  los  lectores  de  La  Ilustración  Española  y 
Americana,  que  en  el  presente  número  publica 
un  interesante  capítulo  inédito. 

» 

•  « 

CARROZA  GÓTICA, 

propiedad  de  la  empresa  de  servicios  fúnebres  La  Soledad. 

Muy  notable  muestra  del  progreso  de  nuestras 
industrias  artísticas  es  la  carroza  monumental 
construida  recientemente  para  la  empresa  madri¬ 
leña  La  Soledad y  cuyo  diseño  publicamos  en  la 
nna  292. 

Poda  su  ornamentación  es  de  plata  y  oro,  del 
estilo  ojival  llamado  gótico  florido  del  siglo  XIII; 
mide  5  metros  de  altura,  coronando  su  cúpula  una 
figura  de  oro  que  representa  la  Ciencia  alumbran¬ 
do  al  mundo. 

Construida  por  artistas  españoles  en  los  talleres 


EPISODIOS  NACIONALES. 

ZUMALACARREGUI.  0) 


^OS  urbanos  ó  cívicos  (que  de  entram¬ 
bos  modos  se  les  llamaba)  defensores 
de  Villafranca,  no  eran  menos  tem¬ 
plados  que  los  del  otro  pueblo;  y  como 
allá,  se  encastillaron  en  la  iglesia,  el 
único  edificio  sólido  y  fuerte  de  la  villa, 
la  cual  parecía  de  barro  y  yesca,  como  la 
tierra  circundante.  Los  carlistas  situaron  á 
la  puerta  del  templo  los  dos  únicos  cañonci- 
tos  que  llevaban,  y  batiéronla  y  se  hicieron 
dueños  de  ella.  Los  urbanos  se  replegaron  en  la 
torre,  de  robusta  construcción,  y  con  ellos  se  en¬ 
cerraron  sus  hijos  y  mujeres.  Debe  advertirse  que 
si  en  el  vecindario  dominaba  la  opinión  facciosa, 
no  eran  pocos  los  cristinos  furibundos;  y  encona¬ 
das  las  pasiones,  el  sexo  femenino,  con  bu  locuaz 
vehemencia,  exaltaba  el  ánimo  de  los  hombres  y 
los  hacía  sanguinarios  y  feroces.  Al  encastillarse 
con  sus  maridos  en  la  torre,  las  mujeres  de  los  ur¬ 
banos,  antes  qu9  por  un  móvil  heroico,  hacíanlo 
por  miedo  á  las  uñas  y  á  las  lenguas  de  las  mu¬ 
jeres  del  otro  bando. 

Ganada  la  iglesia  por  los  facciosos,  resolvieron 
pegarle  fuego.  Los  lugares  sagrados,  mediante  una 
breve  salvedad  de  conciencia,  caen  también  den¬ 
tro  del  fuero  de  guerra,  y  los  militares  atan  y 
desatan  al  demonio  según  les  conviene.  Hacinaron 
bancos,  túmulos  y  confesonarios;  metieron  mu¬ 
cha  paja,  y  poco  después  las  imágenes  se  veían 
envueltas  en  humo  que  no  era  de  incienso.  Antes 
se  había  cuidado  de  poner  á  salvo  las  Sagradas 
Formas,  que  llevaron  á  la  ermita  de  Santa  Ana, 
sin  que  en  ello  prestara  ayuda  el  bueno  de  Fago, 
el  cual,  atónito,  presenciaba  cosas  tan  extrañas  y 
nunca  vistas.  Impávidos  en  la  elevada  torre,  los 
cívicos  hacían  fuego  certero  desde  el  campanario; 
tenían  municiones  abundantes  y  los  víveres  pre¬ 
cisos  para  resistir.  Apuntaban  bien,  y  mataban 
todo  lo  que  podían;  vino  la  noche,  y  como  el  fuego 
de  la  iglesia  no  cundiese  con  rapidez,  metieron 
los  sitiadores  más  paja,  atizaron  de  firme,  y  el  al¬ 
tar  mayor,  que  era  un  armatoste  grandísimo  y 
muy  apropiado  á  la  propagación  del  incendio,  llevó 
las  llamas  á  la  techumbre.  Por  fuera,  guedejas  de 
humo  negro  y  espesísimo  coronaban  el  caballete, 
enroscándose,  por  causa  del  viento,  en  dirección 
opuesta  á  la  torre,  lo  que  daba  algún  respiro  á  los 
urbanos.  Y  el  tiroteo  no  cesaba.  La  claridad  del 
incendio  permitió  á  los  sitiadores  hacer  puntería, 
y  con  las  balas  salían  del  campanario  apóstrofos 
injuriosos  y  cuchufletas  impropias  de  la  gravedad 
de  la  contienda.  Las  mujeres  chillaban  más  que 
los  hombres. 

Durante  la  noche  ardió  parte  del  tejado  y  la 
parte  superior  de  la  escalera  del  campanario,  la 
cual  era  exenta  y  se  apoyaba  en  el  caballete,  que¬ 
dando  así  incomunicados  los  cívicos  y  sus  mujeres 
y  chiquillos;  mas  no  por  eso  menos  decididos  á 
defenderse  á  todo  trance.  Lo  peor  fue  que  el  hu¬ 
mo,  penetrando  en  la  torre  por  diferentes  huecos, 
les  molestaba  más  de  lo  que  quisieran,  y  á  media 
noche  parlamentaron  con  los  sitiadores  por  un 
ventanucho  ojival,  distante  como  doce  varas  del 
suelo,  y  reiterando  el  propósito  de  no  rendirse, 
pidieron  al  General  consintiese  la  salida  de  las 
mujeres  y  niños,  que  no  merecían  correr  la  triste 
suerte  de  los  hombres.  Oyó  esta  propuesta  Zara¬ 
tiegui,  que  al  pie  déla  torre  vino  con  tal  objeto, 
y  al  punto  fué  á  ver  al  jefe,  alojado  en  la  rectoral 
y  que,  según  se  dijo,  estaba  pasando  una  noche  de 
perros,  molestado  por  el  mal  de  orina  que  aque¬ 
jarle  solía.  Con  la  respuesta  consoladora  de  que  se 
salvase  á  las  mujeres,  volvió  Zaratiegui  al  poco 
rato;  pero  como  el  fuego  había  devorado  la  esca¬ 
lera  superior,  y  los  sitiados  no  tenían  escalas  ni 


(1)  Capítulos  de  "Un  libro  próximo  ¿-publicarse. 


Digitized  by  ^.ooQie 


DE  LA  CORRIDA  PATRIÓTICA, 
DIBUJO  DE  PLA. 


Digitized  by  ^.ooQie 


BARCELONA.  — EXPOSICIÓN  DE  BELLAS  ARTES  É  INDUSTRIAS  ARTÍSTICAS. 

1.  Vista  parcial  del  gran  salón  de  escultura  extranjera. — 2.  Sección  española. — 3.  Salón  Reina  Regente,  donde  se  celebró  el  solemne  acto  de  la  inauguración. 

4.  Sección  holandesa. — 5.  El  vestíbulo 

«De  fotografías  de  J.  Furnells.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


286  —  n.°  xvin 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Mato  1898 


desvergüenza  injuriaba  á  los  facciosos.  «Anda, 
gran  púa,  saltamontes..—  ya  ves  cómo  te  perdona¬ 
mos— M  Merecías  colgar  ahorcada,  y  te  descolga¬ 
mos  con  vida..—*  La  segunda,  que  era  de  libras, 
fué  asegurada  con  una  cuerda  por  debajo  de  los 
sobacos,  y  así  la  iban  aguantando  en  el  penoso 
descenso  por  si  acaso  faltaba  la  escala.  «Anda, 
anda,  y  no  te  tapes,  bribona.  ¡Tapujos  ahora,  si 
cuando  debías  taparte  no  lo  hiciste!.....  ¡Miren  que 
salir  ahora  con  vergüenzas!.....  ¿Vergüenza  tú?* 

£n  esto  ocurrió  un  incidente  que  excitó  más  los 
ánimos,  y  en  un  tris  estuvo  que  se  malograse  la 
difícil  operación  de  salvamento.  Un  soldado  lla¬ 
mado  Díaz,  natural  de  Lerín,  mozo  de  mucha  vi¬ 
veza  y  travesura,  que  ayudaba  en  el 
trajín  de  las  escalas,  se  pasó  de  un 
brinco  á  la  parte  de  tejado  que  aun  se 
conservaba  libre  del  fuego,  y  se  apro¬ 
ximó  al  boquete  de  la  destruida  esca¬ 
lera  de  la  torre,  el  cual  los  sitiados  ha¬ 
bían  tapado  malamente  con  maderas  y 
cascote.  Creyeron,  sin  duda,  los  urba¬ 
nos  que  se  trataba  de  atizar  candela 
por  el  interior  de  la  torre,  y  sin  enco¬ 
mendarse  á  Dios  ni  al  diablo,  ínterin 
descendían  trabajosamente  las  hem¬ 
bras,  hicieron  fuego  sobre  Díaz  y  le 
hirieron  en  la  paletilla.  No  hay  para 
qué  decir  que  se  armó  gran  tumulto,  y 
que  la  falta  ó  ligereza  de  los  sitiados 
por  poco  la  pagan  con  su  vida  las  tres 
infelices  mujeres  que  en  aquel  momen¬ 
to  descendían,  hallándose  unaá  pocos 
pasos  del  suelo,  otra  á  mitad  del  espa¬ 
cio,  y  la  tercera  arriba,  tratando  de 
afianzar  sus  pies  para  descender.  Si  no 
contienen  á  las  mujeres  de  la  causa , 
que  al  pie  de  la  torre  chillaban,  fácil 
hubiera  sido  que  éstas  rompieran  la 
cuerda  y  que  se  estrellaran  dos  por  lo 
menos  de  las  tres  infelices  que  estaban 
en  el  aire.  La  agitación  era  grande;  el 
de  Lerín  bajó  rápidamente,  con  el 
hombro  ensangrentado;  las  cívicas  de 
la  torre  lloraban  afligidas;  las  otras  las 
insaitaban:  gritaban  todos.  Algunos 
querían  matarlas  para  castigar  en  ellas 
la  increíble  torpeza  de  los  urbanos, 
que  así  rompían  la  tregua  y  respondían 
tan  indignamente  á  la  generosidad  con 
que  se  les  había  concedido  la  vida  de 
sus  esposas.  Se  avisó  al  General  en 
jefe,  y  pronto  cundió  entre  la  muche¬ 
dumbre  la  voz:  «¡Ya  viene,  ya  vie¬ 
ne! . *  Los  soldados,  á  culatazo  lim¬ 

pio,  quisieron  despejar,  y  se  arremo¬ 
linó  el  mujerío  procaz;  pero  al  fin, 
donde  menos  parecía  que  pudiera 
abrirse  un  hueco,  el  hueco  so  abrió,  y 
este  hueco  en  la  masa  humana  lo  fué 
aumentando  la  tropa  por  el  procedi¬ 
miento  sencillísimo  de  arrear  golpes  á 
diestro  y  siniestro,  sin  reparar  en  pe¬ 
chos,  espaldas  ni  barrigas,  hasta  for¬ 
mar  como  una  plazoleta  vacía  de  gente. 

Esto  no  bastaba,  y  continuaron  rom¬ 
piendo  calle  por  entre  el  apretado  gen¬ 
tío  hasta  comunicar  con  la  casa  del 
cura,  donde  se  alojaba  el  General  de 
los  ejércitos  de  Carlos  V.  Consta  que  el 
héroe,  hallándose  frente  á  la  ventana 
de  su  habitación  ocupado  en  cosa  tan 
vulgar  como  afeitarse,  veía  descender  las  hem¬ 
bras  por  la  escala,  y  al  oir  el  tiro  y  la  algazara 
que  se  produjo,  apresuró  la  operación  barberil, 
en  la  que  comúnmente  perdía  muy  poco  de  su 
precioso  tiempo,  y  todavía  con  algo  de  jabón  pe¬ 
gado  á  las  orejas,  poniéndose  la  zamarra  y  abro¬ 
chándose  los  cordones,  salió  á  la  salita  próxima 
donde  le  aguardaban  su  ayudante  Plaza,  dos  ó 
tres  notables  del  pueblo  y  el  cura  D.  Fabricio,  que, 
aunque  furibundo  sectario  de  la  legitimidad,  no 
se  consolaba  del  incendio  y  destrucción  de  su  que¬ 
rida  iglesia.  Al  entrar  D.  Tomás,  el  reverendo, 
dando  un  puñetazo  en  la  mesa  y  apretando  los 
dientes,  decía:  <t¡Guaidiós ,  que  esas  hi-de-porra , 
malas  chandras  y  tienen  la  culpa  de  todo.  Yo  que 
usted,  mi  General,  yo,  Fabricio  Gallipienzo,  en 
vez  de  colgar  esa  carne  podrida  fuera,  la  habría 
colgado  dentro  de  la  santísima  iglesia,  cuando  ar¬ 
día  los  santísimos  altares,  para  que  se  les  ahuma¬ 
ran  bien  los  tocinos.* 


«Gracias  á  Dios — se  dijo  Fago — que  voy  á  ver 
á  ese  portento,  el  caudillo  de  los  soldados  de  la  fe, 
el  Macabeo  redivivo.*  Y  poniéndose  en  el  sitio 
que  creía  mejor,  no  quitaba  los  ojos  del  camino 
que  debía  traer  el  héroe,  viniendo  de  la  Rectoral. 
Rodeado,  ihás  bien  seguido^  de  diversa  gente  mi¬ 


á  mi  generosidad.  ¿Qué  demonios  hacíais  vosotras 
en  Ja  torre,  ni  qué  teníaiB  qué  pintar  arriba,  con¬ 
denadas?  Y  si  yo  mandase  fusilar  ahora  mismo  á 
la  que  no  acreditara  ser  esposa,  hija  ó  hermana  ae 
algún  urbano ,  ¿qué  diríais?  A  ver,  ¿qué  diríais?* 
No  decían  nada  las  pobrecitas:  tal  era  su  te¬ 
rror.  Y  por  contera  del  discurso,  ¡zas!  otro  par 
de  latigazos  á  cada  una,  agraciando  también  á 
la  que  en  aquel  momento  ponía  el  pie  en  tierra. 
Con  aclamaciones  y  vítores  acogía  la  multitud 
las  palabras  y  el  hecho  del  General,  que  por 
tales  medios  halagar  quería  las  pasiones  popu¬ 
lares,  movido  de  un  fin  político.  En  aquella  te¬ 
rrible  guerra,  más  que  ganar  batallas,  urgía  sos¬ 
tener  el  tesón  de  la  causa,  y  esto  no 
se  lograba  sino  aboliendo  en  absoluto 
toda  compasión  de  lante  de  los  secta¬ 
rios;  tratando  con  crueldad  al  enemigo 
fuerte,  con  menosprecio  al  débil,  para 
que  cundiese  y  se  afianzase  la  idea  de 
que  el  cristino  era  forzosamente,  por 
naturaleza,  un  sér  inferior,  abyecto, 
indigno  hasta  de  las  consideraciones 
más  elementales.  Sólo  así  se  formaba 
un  partido  viril,  duro,  resistente  á  toda 
adversidad.  Para  poder  lanzar  confia¬ 
damente  las  masas  de  hombres  á  com¬ 
bates  desesperados,  era  forzoso  encen¬ 
der  en  ellos  sentimientos  de  implaca¬ 
ble  furor  ,  los  .cuales  debían  tomar 
cebo  y  sustancia  de  los  odios  mujeri¬ 
les.  El  genio  de  Zumalacarregui  veía 
este  resorte,  por  muchos  inapreciable, 
del  mecanismo  de  la  guerra,  y  quería 
producir  la  ferocidad  del  varón  con  las 
pasioncillas  villanas  de  la  hembra. 
Azotó  á  las  mujeres  de  los  urbanos,  no 
por  gusto  de  maltratar  inhumanamen¬ 
te  á  seres  indefensos,  sino  por  con¬ 
tentar  á  las  otras,  furias  chillonas  de 
la  causa,  que  sostenían  con  su  procaci¬ 
dad  la  exaltación  populachera,  fer¬ 
mento  necesario  en  las  guerras  civiles. 

No  comprendiendo  esta  trastienda 
política,  el  aturdido  Fago,  al  ver  el 
¡bárbaro  tratamiento  qne  el  General 
daba  á  las  pobres  mujeres,  la  indigna¬ 
ción  hizo  vibrar  todos  sus  nervios,  y 
apretó  los  dientes,  y  se  clavó  los  dedos 
de  una  mano  en  otra,  movido  de  su 
natural  corajudo,  que  se  sobreponía 
en  ocasiones  como  aquélla,  sin  poder 
remediarlo,  á  la  mansedumbre  propia 
del  estado  eclesiástico.  Olvidado  de  la 
orden  que  profesaba,  de  buena  gana 
habría  salido  del  ruedo,  y  acometien¬ 
do  al  orgulloso  caudillo,  le  habría  dado 
un  par  de  morradas  buenas,  pero  bue¬ 
nas,  de  las  que  él  sabía  y  solía  dar  en 
sus  tiempos  de  seglar  levantisco  y  pen¬ 
denciero.  Pero  ello  no  fué  más  que  un 
fugaz  estímulo,  que  logró  dctminar  al 
punto,  y  para  mejor  apartar  de  sí  ideas 
tan  peligrosas  en  aquellos  momentos, 
trató  de  alejarse  y  dar  una  vuelta  solo 
por  las  inmediaciones  del  desgraciado 
pueblo.  No  lo  hizo,  porque  cuando  rom¬ 
pía  trabajosamente  por  entre  la  mul¬ 
titud,  oyó  estas  voces,  que  le  dejaron 
helado:  «Allá  bajan  la  última  que  que¬ 
daba .  Saloma.....  la  hermosa  Sa¬ 

loma.....* 

Creyó  que  aquellas  voces  y  aquel  nombre  ha¬ 
bíanlos  pronunciado  todos  los  demonios  del  in¬ 
fierno,  difundidos  invisibles  por  los  aires,  y  volvió 
adonde  estaba,  y  oyó  nueva  algazara  de  mujeres 

chillonas . .  y  mirando  para  arriba,  vió  un  bulto, 

una  mujer  con  la  cara  tapada.—.  Dudoso  estuvo 
entre  huir  campos  afuera,  ó  quedarse  para  ver  la 
hembra  descolgada,  á  quien  el  pueblo,  bullicioso, 
nombraba  y  denostaba  al  propio  tiempo,  juntando 
el  nombre  y  los  insultos.  ¡Dios  poderoso!  lo  que 
sufrió  el  hombre  en  breves  momentos  no  es  para 
referido.  Bajaron  á  la  moza,  y  si  cuando  se  apro¬ 
ximaba  al  suelo,  descubierto  ya  su  rostro,  pudo 
creer  por  un  instante  que  era  la  hija  del  infortu¬ 
nado  Ulibarri,  al  verla  de  cerca  la  reconoció  como 
absolutamente  distinta;  pues,  aunque  hermosa 
como  aquélla,  no  se  le  parecía  ni  en  las  facciones 
ni  en  el  color  del  rostro.  Vamos,  que  era  otra  Sa¬ 
loma.  El  hombre  dió  gracias  á  Dios  con  toda  su 
alma,  pues  verdaderamente,  si  hubiera  resultado 
la  Saloma  de  su  historia,  dificilillo  le  habría  sido 
contenerse  viéndola  de  tal  modo  escarnecida  é  in¬ 
sultada. 

El  General  se  había  vuelto  á  su  alojamiento;  el 
que  mandaba  la  tropa  al  pie  de  la  torre  ordenó 
que  no  se  hiciese  daño  á  las  pobres  urbanas ,  y  las 
familiaR.de  éstas,  con.  la  timidez  natural  de  quien 
be  siente  minoría  en  el  pueblo  y  se  halla  bajo  la 


litar,  paisana  y  eclesiástica,  apareció  Zumalacarre¬ 
gui,  andando  con  viveza,  la  boina  azul  de  las  co¬ 
munes  muy  calada  sobre  el  entrecejo,  ceñidos  los 
cordones  de  la  zamarra,  botas  altas,  en  la  mano  un 
látigo.  Le  precedían  dos  perros  de  caza,  blancos, 
con  lunares  canelos,  que  olfateaban  á  los  soldados 
y  agradecían  sus  caricias.  Era  el  General  de  aven¬ 
tajada  estatura  y  regulares  carnes,  con  un  hombro 
más  alto  que  otro.  Por  esto,  y  por  su  ligera  incli¬ 
nación  hacia  adelante,  efecto  sin  duda  de  un  pa¬ 
decimiento  renal,  no  era  su  cuerpo  tan  garboso 
como  debiera.  En  el  clavó  sus  ojos  Fago,  exami¬ 
nándole  bien  la  cara,  y  al  pronto  se  desilusionó 
enteramente,  pues  se  lo  figuraba  de  facciones  du¬ 


D.  LUIS  MONCADA  Y  [SOLER 

CORONEL  DB  ESTADO  MAYOR  DEL  EJÉRCITO. 

Jefe  de  las  fuerzas  que  rechazaron  el  desembarco  de  tropas  norteamericanas  en  Cárdenas. 

(Do  fotografía.) 


ras,  abultadas  y  terroríficas,  con  hermosura  seme¬ 
jante  á  la  de  algunas  imágenes  de  la  clase  de  tro¬ 
pa,  como  los  guerreros  bíblicos  Aarón,  Sansón  y 
Josué.  Como  en  aquel  tiempo  no  circulaban  retra¬ 
tos  de  celebridades,  bien  se  explica  que  Fago  no 
tuviese  conocimiento  de  la  estampa  real  del  cau¬ 
dillo,  el  cual  era  un  tipo  melancólico,  adusto,  cara 
de  sufrimiento  y  meditación.  La  firmeza  de  su  vo¬ 
luntad  se  revelaba  más. en  el  trato  que  á  la  simple 
contemplación  del  rostro,  y  había  que  oirle  expre¬ 
sar  sus  deseos,  siempre  en  el  tono  de  mandatos 
indiscutibles,  para  comprender  su  temple  extraor¬ 
dinario  de  gobernador  de  hombres ,  de  amasador 
de  voluntades  dentro  del  férreo  puño  de  la  suya. 

Con  tan  intensa  atención  le  miraba  el  bueno  de 
Fago,  que  si  en  aquel  punto  dejase  de  verle,  nunca 
más  olvidaría  el  rostro  enjuto  y  tostado,  la  nariz 
fina,  bien  cortada  y  picuda,  el  entrecejo  melancó¬ 
lico;  el  bigote  negro,  que  enlazaba  con  las  patillas 
recortadas  desde  la  oreja,  el  maxilar  duro  y  bien 
marcado  bajo  la  piel.  Su  voz  era  un  tanto  velada; 
el  mirar  grave,  sin  fiereza  en  aquel  momento. 
Después  de  cambiar  algunas  palabras  con  Zaratie- 
gui  y  otros  que  allí  mandaban,  llegóse  á  las  urba¬ 
nas  y  que  acababan  de  poner  el  pie  en  tierra,  y 
arreó  a* cada  una  un  par  de  latigazos,  diciéndoles 
iracundo:  «Bribonas,  por  culpa  vuestra  perecerán 
esos  desgraciados.—.  Y  ya  veifl  cómo  corresponden 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Mato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


xnii  —  287 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA. —  plata  8üb 

DEL  VARADERO,  EN  CÁRDENAS  (CUBA). 


presión  moral  de  masas  irritadas  y  vencedoras, 
las  auxiliaban  con  ropas  y  alimentos. 

Mandaron  despejar,  y  las  urbanas  y  sus  hijos 
retiráronse  en  compañía  de  algunos  vecinos  nota¬ 
dos  de  cristinismo ;  las  unas,  absolutamente  decaí¬ 
das  de  espíritu,  lloraban  sin  consuelo;  las  otras, 
bravas  é  iracundas,  enronquecían  de  tanto  gritar 
contra  la  facción  y  su  insolente  General,  y  todas 
creían  perdidos  á  los  pobres  defensores  de  la  torre 
si  no  se  entregaban  pronto  y  sin  condiciones. 
Compadecido  de  aquellas  infelices,  Fago  las  siguió 
al  través  de  las  tortuosas  calles,  hasta  que  acam¬ 
paron  en  los  últimos  corrales  del  pueblo,  ó  en  me¬ 
dio  de  las  eras,  temerosas  siempre  de  ser  atrope¬ 
lladas.  Pero  no  querían  ausentarse  de  Villaf ranea 
sin  conocer  la  suerte  de  sus  infelices  maridos,  her¬ 
manos  ó  lo  que  fuesen,  que  sobre  esto  había  dudas. 
Tratando  Fago  de  inquirir  con  buenos  modos  el 
verdadero  parentesco  de  las  azotadas  heroínas  con 
los  héroes  de  la  torre,  entabló  coloquio  con  la  lla¬ 
mada  Saloma,  cuyas  facciones  no  se  hartaba  de 
examinar  para  cerciorarse  de  su  desemejanza  con 
las  de  la  extraviada  hija  de  Ulibarri,  y  ella,  que 
desde  los  primeros  momentos  dió  á  conocer  su 
desahogada  condición,  no  tardó  en  franquearse 
con  él  en  esta  forma:  «  Yo,  señor,  no  soy  mujer  de 
naide,  aunque  no  es  por  culpa  mia,  que  bien  quise 
y  bien  quisieron  mis  padres  darme  marido  por  la 
Iglesia  santísima.  Huérfana  quedé  á  los  veinte 
años,  y  me  engañó,  ya  digo,  un  tal  Seladiz  que  én 
la  faición  está,  malos  truenos  le  confundan,  y  era 
alpargatero  en  mi  pueblo,  que  llaman  Borja,  para 
servir  á  usted. 

— Lo  conozco — dijo  Fago, — y  sé  que  sus  habi¬ 
tantes  no  son  los  menos  brutos  ni  los  menos  no¬ 
bles  de  Aragón. 

— Dispénseme,  señor:  usted  es  de  iglesia. 

— Efectivamente:  soy  sacerdote. 

— Se  le  conoce  en  lo  ajiegidico . Los  hay  de 

dos  clases:  los  ajiegidicos,  que  son  los  buenos,  y  los 
de  pelo  en  pecho,  que  mataban  franceses  en  la 
otra  guerra,  y  ahora  salen  contra  los  pobres  cus¬ 
cos.....  Pues,  señor,  si  quiere  que  le  diga  lo  que  hay 
tocante  á  mí,  lo  primero,  ya  digo,  es  que  después 
que  me  plantó  Seladiz  en  metad  de  la  calle,  deján¬ 
dome  con  lo  puesto,  me  amparó  uno  que  le  llama¬ 
ban  Cotnecome,  de  junto  á  la  Huecha;  mas  como 
era  casado,  le  dejé,  ya  digo,  porque  á  honradez  po¬ 
drán  ganarme,  pero  á  conciencia  no.....  y  me  fui  á 
Zaragoza,  donde  hablé  con  un  chicarrón  de  infan¬ 
tería  de  la  Guardia  Real,  ya  sabe,  los  primeros  que 
vinieron  hace  dos  años  á  sofocar  la  faición,  lo  cual 
que  no  la  sofocaron.  Era  el  tal  de  junto  á  Tarazo- 
na,  bueno  como  el  pan;  pero  muy  cuita dico,  en  fin 
de  los  que  no  encuentran  agua  en  el  Ebro.  Con  su 
casaca  abrochadica,  el  correaje  en  cruz  y  la  gorra 
de  pelo  con  la  chapa,  estaba  como  un  sol.  A  los  de 
la  Guardia  se  les  llamó  entonces  guiris  porqúe  lle¬ 
vaban  tres  letras,  G.  R.  I.,  en  la  gorra  y  en  la  car¬ 
tuchera,  y  guiris  se  les  llama  todavía.  Pues,  ya 
digo,  aquél  y  yo  contábamos  casarnos  cuando  aca¬ 
bara  el  servicio.....  era  un  pedazo  de  animal  como 
los  ángeles.....  Pasó  el  cuerpo  á  Logroño,  y  yo  de¬ 
trás  del  cuerpo.....  Mandaba  el  general  Lorenzo-... 


Siguió  el  cuerpo  á  Navarra  al  mando  del  general 
Rodil.....  yo  no  podía  menos  de  ir  detrás  del  cuer¬ 
po,  donde  tenía  mi  alma .  ¡Ay!  ya  digo,  se  me 

parte  el  corazón  cuando  lo  cuento.  En  la  acción  de 

Artaza  me  le  mataron .  ¡pobre  maño ,  rico  mío! 

Le  vi  cadáver,  arrimado  á  una  peña,  que  parecía 
dormidico . Estuve  mala  de  la  desazón,  y  me  aco¬ 

gieron  unos  vecinos  de  Abarzuza.  No  le  puedo 
contar,  porque  es  cosa  larga,  cómo  vine  á  parar  á 
Funes,  orilla  de  este  pueblo,  donde  hice  conoci¬ 
miento  con  Celestino  Muruve,  por  mote  Mediago- 
rra ,  que  es  uno  de  los  urbanos  de  más  calzones 
que  tiene  usted  en  la  torre,  y  allí  se  batirá  hasta 
dar  las  boqueadas,  porque,  ya  digo,  es  muy  entero, 
y  él  sabe  que  por  ser  tan  bravo  hablo  con  él,  que 
si  no,  no  hablaba.» 

A  este  punto  llegaba  la  moza  de  su  relación, 
cuando  oyeron  gran  tiroteo  y  vieron  aumentada 
la  humareda  que  envolvía  la  iglesia. 

«Padrico  del  alma — dijo  una  de  las  más  afligi¬ 
das,  llamada  Claudia,  que  era  mujer  legítima  de 
un  urbano, — lléguese  á  ver  qué  pasa . 

— Por  lo  visto  —  replicó  Fago — se  han  roto  las 
hostilidades,  y  creo  que  los  señores  cívicos  lo  pa¬ 
sarán  mal. 

—  Son  tercos,  y  morirán  antes  de  rendirse — 
observó  otra  llorando,  pero  sin  perder  la  entereza. 


— Mosén,  vea  lo  que  hay,  y  venga  después  á 
contárnoslo — indicó  una  tercera. — Si  les  dan  cuar¬ 
tel  deberían  rendirse,  que  harto  han  hecho  ya 
por  la  bandera  urbana  y  por  la  Reina  chiquitita. 
¡Ay,  Dios  mío,  qué  será  de  ellos! 

— Que  Dios  les  dé  fortaleza;  que  no  se  entre¬ 
guen. 

— Que  vivan,  aunque  tengan  que  entregarse. 

—  No,  no . rendirse  no.  Cada  uno  mira  por  la 

honrilla.....  ¡  Que  viva  el  Cuerpo! 

— Eso,  eso . lo  primerico  el  Cuerpo. 

— Que  es  el  alma,  como  quien  dice,  el  amor  pro¬ 
pio  de  uno.....  de  una  también,  porque  lo  que  aquí 
sobra  es  patriotismo.» 

Pronto  se  enteró  Fago  de  lo  que  ocurría,  que 
era  lo  más  sencillo,  lo  más  conforme  á  la  marcha 
natural  de  los  acontecimientos.  Salvadas  las  mu¬ 
jeres,  se  rompieron  de  nuevo  las  hostilidades  con 
recrudecimiento  de  fiereza  por  una  parte  y  otra. 
Hacia  el  mediodía  preguntaron  los  urbanos  si  da¬ 
ban  cuartel,  y  como  les  respondieran  que  no,  si¬ 
guieron  apurando  su  defensa  con  la  débil  espe¬ 
ranza  de  que  por  cansancio  levantasen  los  facciosos 
el  sitio  y  se  largaran  á  expugnar  otro  pueblo.  Pero 
lo  que  hicieron  fué  atizar  más  el  fuego  de  la  igle¬ 
sia,  y  abrir  una  comunicación  directa  de  ésta  con 
la  torre,  para  que  el  humo  envolviera  completa¬ 
mente  á  los  sitiados.  La  tarde  fué  para  éstos  an¬ 
gustiosa:  el  humo  les  ahogaba,  y  recalentada  toda 
la  fábrica,  sentían  que  se  les  quemaban  las  plan¬ 
tas  de  los  pies.  Al  anochecer,  lograron  los  faccio¬ 
sos  arrojar  materia  combustible  en  la  parte  baja 
de  la  torre.  La  mitad  de  los  urbanos  ó  habían 
muerto  ó  estaban  fuera  de  combate;  los  restantes 
aun  hacían  fuego  desesperado  al  amparo  de  las 
campanas,  y  de  tiempo  en  tiempo  gritaban:  «Cuar¬ 
tel,  cuartel»;  pero  de  abajo  respondían:  «Discre¬ 
ción,  y  pronto,  pronto». 

Con  estas  noticias,  que  Fago  llevaba  á  la  tribu 
de  urbanas  acampadas  en  las  eras  y  corralizas  del 
pueblo,  las  pobres  mujeres  no  hacían  más  que  llo¬ 
rar  y  lamentar  su  suerte.  Esposas  eran  algunas, 
hermanas  otras,  arrimadas  las  menos:  todas  ama¬ 
ban  en  diferentes  estilos.  Tan  pronto  rezaban  in¬ 
vocando  á  la  Virgen  y  á  los  santos  con  fervor  sin¬ 
cero,  como  arrojaban  de  sus  bocas  horrendas  mal¬ 
diciones  contra  la  facción,  contra  su  General,  su 
Rey  y  el  demonio  que  los  trajo  al  mundo.  La  ga¬ 
llarda  Saloma  decía:  «¡Que  no  se  rindan,  contro!..... 
Tú  no  te  rindes,  Mediagorra;  ¿verdad  que  no  te 
rindes,  maño  mío?» 

A  media  noche  los  urbanos  que  aún  vivían,  no 
pudiendo  resistir  más  el  calor  que  les  abrasaba, 
medio  locos  de  furia,  de  hambre  y  de  sed,  deja¬ 
ron  de  hacer  fuego.  Lentamente  descendieron  por 
las  escalas,  tiznados,  los  ojos  enrojecidos,  manos 
y  pies  como  carbón.  Al  llegar  al  suelo  apenas  po¬ 
dían  tenerse  en  pie.  «Vamos,  hombres  —  les  dije¬ 
ron — por  zoquetes  os  pasa  esto.  Ved  aquí  lo  que 
habéis  adelantado  con  vuestra  terquedad. 

—  Que.....  ¡re-contra!  ¿Nos  van  á  fusilar? — pre¬ 
guntó  el  más  significado  de  ellos. 


Digitized  by  ^.ooQie 


288  —  ní°  xvi] i 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Mayo  1898 


-—Naturalmente  —  replicó  el  capitán, 
con  toda  la  naturalidad  del  mundo  en  la 
entonación  de  la  palabra.  —  Pues,  ¿qué 
queríais?.....  Vaya,  que  os  traigan  un  trago 
de  vino. 

—  Chiquio — dijo  uno,  que  era  de  Borja, 
— nos  mandan  al  pocico. 

—  Qué.....  ¿te  pena? 

— Miá  que  yo.. ..» 

Aterrado  se  alejó  Fago ,  y  no  sabía 
cómo  dar  la  tremenda  noticia  á  las  muje¬ 
res.  No  se  atrevió  á  decirles  más  que  esta 

frase :  «Se  han  rendido .  Ahora  los  de 

abajo  les  convidan  á  vino.»  Prorrumpie¬ 
ron  en  chillidos  las  mujeres,  gritando: 
«Les  dan  la  bebía :  es  la  señal  de  afu - 
sitara 

La  más  brava  era  siempre  Saloma,  que 
dijo:  zMediagorra  no  tiembla.....  ¿Qué  ha 
de  temblar  si  es  de  bronce?» 

Desde  media  noche  empezaron  las  tro¬ 
pas  á  evacuar  el  pueblo.  Salieron  primero 
el  7.°  y  5.°  de  Navarra;  luego  los  grana¬ 
deros,  el  Cuartel  general.  Zaratiegui  par¬ 
tió  á  las  dos,  y  Eraso  quedó  el  último.  El 
vecindario  no  pudo  entregarse  al  descan¬ 
so,  pues  como  se  levantara  viento,  te¬ 
mieron  que  el  fuego  cundiera  de  la  igle¬ 
sia  á  las  casas  próximas  y  se  quemase  todo 
Villafranca.  Ocupáronse  con  los  soldados 
del  3.°  y  parte  de  los  guías  en  cortar  el 
incendio,  y  los  del  l.°  de  Guipúzcoa  eje¬ 
cutaban  la  orden  de  vaciar  las  cubas  de 
vino  en  las  casas  y  bodegas  de  cristinos , 
resorte  de  guerra  que  se  empleaba  siem¬ 
pre  en  la  Ribera,  á  fin  de  empobrecer  al 
enemigo  y  de  aterrar  á  los  labradores  des¬ 
afectos.  Corría  el  líquido  por  las  calles, 
mezclándose  en  algunos  sitios  con  el  rojo 
de  la  sangre,  tan  fácilmente  derramada 
como  si  los  cuerpos  humanos  fuesen  odres 
que  se  vacían  para  volverlos  á  llenar. 

Las  urbanas  quisieron  reunirse  á  sus 
hombres. 

Aun  ignoraban  algunas  de  ellas  si  el 
suyo  ó  los  suyos  habían  perecido  en  el 
fuego,  medio  extinguido  ya,  ó  estaban 
entre  Jos  vivos  condenados  á  muerte 
Corrieron  hacia  la  plaza;  pero'  el  movi¬ 
miento  de  la  tropa  que  evacuaba  el  pueblo 
les  cortaba  el  paso  á  cada  instante,  y  en 
la  obscuridad  de  la  noche  se  separaron 


D.  EMILIO  HEDIGER  Y  OLIVAR, 

CAPITÁN  DE  NAVÍO, 

JEFE  DE  ESTADO  MAYOR  GENERAL  DE  LA  ESCUADRA  DE  RESERVA. 
(De  fotografía  de  Valentín.) 


no  se  respiraba  aire,  sino  ambiente  de 
maldiciones  mezcladas  á  un  aliento  in¬ 
sano  como  transpiración  de  enfermo  co¬ 
rrupto.  Sin  llegar  adonde  querían  ir,  por¬ 
que  los  cordones  de  tropa  se  lo  impedían, 
cada  una  de  las  urbanas  iba  por  su  lado, 
como  en  los  viajes  de  pesadilla,  revolvién¬ 
dose  por  las  calles,  siempre  á  obscuras, 
entre  el  vértigo  de  los  soldados  y  paisa¬ 
nos  que  corrían  de  un  lado  para  otro.  Con 
Saloma  y  Claudia  iba  Fago,  decidido  á 
consolarlas  en  su  tribulación,  y  encontra¬ 
ron  á  otras  dos,  y  los  cinco  se  dirigieron 
por  una  callejuela  que  conducía  á  la  ermi¬ 
ta  de  San  Bartolomé.  Habían  oído  decir: 
«Por  ahí  los  llevan»,  y  corrieron  tras  el 
tumulto.  No  bien  llegaban  á  unos  treinta 
pasos  de  la  ermita,  un  pelotón  de  solda¬ 
dos  les  cortó  el  paso.  Detuviéronse  ellas  y 
él  aterrados,  sin  resuello,  con  la  corazo¬ 
nada  de  un  inmenso  duelo.  Oyeron  una 
exclamación  salvaje,  horrendo  coro  de 
seis,  ocho  ó  veinte  voces  (no  se  podía 
apreciar  el  número)  que  con  desconcerta¬ 
dos  y  roncos  acentos  gritaba:  «¡Muera 

Carlos  V! . »  Siguió  una  descarga  cerrada, 

varios  disparos  sueltos.....  después  un  si¬ 
lencio  lúgubre. 

¡Pobres  urbanos!  ¡Así  pagaban  su  tenaz 
constancia  celtibérica!  Así  se  derrochaba 
el  tesoro  inmenso  de  la  energía  española. 
¡Es  verdadero  milagro  que  después  de  tan 
imprudente  despilfarro  del  caudal  por 
uno  y  otro  bando,  todavía  quedara  mu¬ 
cho,  y  quedará  siempre,  y  quede  todavía! 

B.  PÉREZ  GaldóS. 


VASCO  DE  GAMA. 


IV  CENTENARIO  DEL  DESCUBRIMIENTO 

DEL  DERROTERO  DE  LAS  INDIAS. 

Honda  tristeza  y  penoso  sentimiento 
nos  causa  hoy ,  al  volver  la  vista  al  pasa¬ 
do,  el  recuerdo  de. aquella [ época  feliz  de 
intrépidos  navegantes  y  afortunados  des¬ 
cubridores  que  .  dieron  al  mundo  .nuevas 


comarcas,  llevando  á  ellas  la  civilización 
en  diferentes  grupos,  se  perdían,  volvían  á  encontrarse  para  separarse  de  ,  y  colmando  á  su  patria  de  gloria,  riqueza  y  poderío.  Amargas  han  de  ser  las 
nuevo.*  Llamaban  á*  los  suyos:  nadie  las  escuchaba.  No  faltaron  gentes  piado-  reflexiones  que  tal  recuerdo  sugiera  en  estos  instantes  en  que  los  vientos  de 
sas#:déP otro  bando  que  .las  auxiliaban  y.  querían  consolarlas.  El’incendio  la  sinrazón  y  la  injusticia,  desencadenados  por  gentes  á  quienes  faltan  las 
alumbraba  muy  poco,  la  noche  era  lóbrega;  no  soplaba  viento ;  el  humo  pesaba  tradiciones  históricas  que  mantienen  la  hidalgía  heredada, y  desconocen  la 
sobre* las’ angostas  calles ;  eí  olor  de  madera  quemada  infestaba  toda  la  Villa;  frase  nobleza  obliga ,  tan  tenida  en  cuenta  por  los  que  estiman  su  honra,  des- 


BARCELON  A.  — EMBARCO  DE  TROPAS  PARA  REFORZAR  LAS  GUARNICIONES  DE  LAS  ISLAS  BALEARES. 

(De  fotografía  de  J.  Fournells.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


L 


«MAS  DP  APATICAS 


MADRID.  — FACHADA  DE  LA  CASA  EDITORIAL  DE  LAS  OBRAS  DEL  EMINENTE  LITERATO  D.  BENITO  PÉREZ  GALDÓS, 


(De  fotografió.) 


Digitized  by 


rj  i  1 1  i 

II 

4  tillé 

-O 

290  —  X.#  XY11I 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


16  Mato  1898 


pués  de  haber  impelido  á  la  rebeldía,  á  la  ingrati¬ 
tud,  á  la  deslealtad  y  á  sangrientos  excesos,  preten¬ 
den  llevar  sus  estragos  allí  donde  £spaña  pudo 
decir  al  mundo  conocido:  «Hé  aquí  otro  mundo  que 
ignorabas  existía,  y  me  pertenece  por  sagrado  é 
indiscutible  derecho.» 

Confiando  en  la  Providencia,  que  ha  de  proteger 
la  buena  causa,  y  dominando  impresión  tan  dolo- 
rosa,  ocasión  es  de  conmemorar,  con  el  vecino  reino 
lusitano,  el  gran  suceso  del  descubrimiento  del 
camino  de  las  Indias  por  Vasco  de  Gama,  cuando 
se  cumplen  cuatrocientos  años  que  el  insigne  na¬ 
vegante  llegó  á  éstas  por  el  cabo  de  Buena  Espe¬ 
ranza,  á  los  seis  de  haberse  descubierto  el  Nuevo 
Mundo.  El  20  de  Mayo  del  año  actual  es  la  fecha 
en  que  debe  celebrarse  tan  memorable  aconteci¬ 
miento.  Grandes  festejos  se  preparan  con  tal  fin 
en  la  nación  portuguesa.  Merecidas  son  las  honras 
aue  se  tributen  á  quien  une  su  nombre  á  los  de 
Colón,  Magallanes  y  Elcano,  con  los  que  forma 
glorioso  grupo  en  el  alcázar  de  la  fama.  En  honra 
y  prez  de  la  península  ibérica,  á  estos  navegantes 
ilustres  se  debe  haber  completado  con  sus  descu¬ 
brimientos  y  exploración  de  los  mares  la  redon¬ 
dez  de  nuestra  esfera. 

Vasco  de  Gama  o  forte  capitao 
Que  á  tamm&nhas  empresas  se  offreciere; 

De  soberbio  y  altivo  coraza  o, 

A  quen  fortuna  sempre  favorece. 

Así  lo  presenta  el  insigne  cantor  de  Os  Lusiadas , 
inspirado  narrador  en  el  lenguaje  de  las  musas  del 
descubrimiento  de  la  senda  que  por  los  mares  con¬ 
ducía  á  las  Indias.  Dignos  son  en  verdad  de  épicos 
cantos  sucesos  tan  extraordinarios  y  trascenden¬ 
tales,  y  el  animoso  aliento,  la  ciencia,  la  pericia  y 
el  desprecio  á  los  peligros  de  aquellos  descubrido¬ 
res  que  se  lanzaban  á  lo  desconocido  desde  las 
costas  de  Portugal  y  España.  Camoens,  soldado  y 
poeta,  unió  su  celebridad  á  la  del  héroe  de  las  In¬ 
dias  Occidentales,  honrando  al  ilustre  marino  y  á 
las  letras  lusitanas  con  su  inmortal  poema. 

No  pretendemos  relatar  los  hechos  que  enno¬ 
blecen  la  vida  del  célebre  descubridor,  tratados 
ya  ampliamente;  sólo  en  esta  ocasión,  como  tri¬ 
buto  á  su  memoria,  recordaremos,  lo  más  breve¬ 
mente  posible,  la  gloria  alcanzada  por  el  mismo 
en  su  afortunada  expedición. 

Vasco  de  Gama  era  un  marino  experimentado; 
pasó  su  juventud  en  la  vida  del  mar,  y  al  venta¬ 
joso  ooncepto  adquirido  debió  sin  duda  ser  desig¬ 
nado  por  el  rey  D.  Mauuel  para  realizar  el  deseo  de 
los  antecesores  de  éste,  D.  Enrique  el  Navegante 
y  D.  Juan  II,  de  encontrar  el  camino  del  Océano 
índico.  La  escuadrilla  mandada  por  aquél  como 
capitán  mayor,  en  la  que  iba  á  bordo  del  San  Mi¬ 
guel  su  hermano  Pablo,  fondeó  en  20  de  Mayo 
de  1498  en  el  puerto  de  Calicut.  El  éxito  más  com¬ 
pleto  coronó  su  empresa:  las  naves  lusitanas  ha¬ 
bían  llegado  á  las  costas  occidentales  de  la  India; 
el  camino  de  éstas  estaba  descubierto,  é  iniciado  á 
la  vez  el  de  la  Oceanía.  Al  regresar  á  su  patria  el 
héroe  de  tan  feliz  expedición  en  el  año  1499 ,  re¬ 
cibió  los  aplausos,  honras  y  distinciones  á  que  tan 
justamente  era  acreedor,  llegando  á  obtener  el  tí¬ 
tulo  de  Almirante  y  el  de  Conde  de  Videgueira. 

Dícese  que  después  de  este  acontecimiento  que 
tanta  gloria  dió  á  la  nación  lusitana,  no  fué  aten¬ 
dido  como  merecía  el  cumplidor  de  la  misma,  á 
semejanza  de  lo  que  pretendan  algunos  se  hizo  con 
el  insigne  nauta  que  descubrió  el  continente  ame¬ 
ricano,  y  que  hasta  se  vió  olvidado,  sufriendo  los 
sinsabores  que  ocasiona  la  ingratitud.  Si  algo  hubo 
de  esto,  debieron  ser  los  que  suelen  suscitar  á  los 
que  sobresalen  por  su  grandeza  los  desdeñosos 
desahogos  y  malquerencias  de  la  envidia. 

Don  Juan  III  nombró  á  Vasco  de  Gama  virrey 
de  las  Indias  en  1524.  En  el  mismo  año,  á  poco  de 
tomar  posesión  de  este  alto  puesto ,  halló  término 
su  vida.  Las  vicisitudes  de  ésta,  sus  navegaciones 
é  importantes  servicios  no  caben  en  una  ligera 
reseña.  Recordaremos  sólo  un  rasgo  de  carácter  del 
hábil  y  valeroso  marino.  Refiérelo  así  el  Vizconde 
de  Santarem:  «Todo  el  mundo  conoce  las  pala¬ 
bras  que  se  le  atribuyen  casi  al  terminar  existen¬ 
cia  tan  memorable:  hay  en  su  poética  exageración 
algo  que  se  aviene  á  esos  conquistadores  de  rei¬ 
nos.  Al  hallarse  próximo  á  las  costas  de  la  India, 
dicen  la  mayor  parte  de  los  cronistas  contemporᬠ
neos,  desconocida  agitación  se  manifestó  en  el 
seno  de  las  aguas;  agitáronse  los  olas  sin  que  nada 
indicase  las  señales  que  suelen  acompañar  á  una 
tempestad;  el  bajel  sufrió  violentos  choques,  y  un 
grito  de  horror  sucedió  á  tan  inexplicable  fenó¬ 
meno.  Nadie  había  conocido  hasta  entonces  este 
temblor  de  tierra  submarino.  Vasco  de  Gama  con¬ 
servó  su  serenidad  ante  tales  siniestros  presagios, 
y  entonces  exclamó: — ¿Qué  temor  os  asalta?  Lo  que 
veis  es  que  el  mar  tiembla  á  nuestra  presencian 
Pretenciosa  frase,  que  deja  de  serlo  pronunciada 


por  quien  sabía  contrarrestar  el  poder  de  las  olas 
ensoberbecidas. 

El  glorioso  descubrimiento  del  derrotero  de  las 
Indias,  debido  al  célebre  Almirante  de  sus  mares, 
tendrá  en  su  próximo  centenario  el  carácter  so¬ 
lemne  y  propio  de  tan  fausto  suceso.  Portugal  va 
á  honrar  la  memoria  de  uno  de  sus  hijos  más  ilus¬ 
tres,  y  lo  hará  dignamente,  como  España  lo  veri¬ 
ficó  en  el  año  1892  al  conmemorar  la  llegada  de 
las  carabelas  españolas  al  mundo  desconocido.  En¬ 
tre  los  festejos  preparados  en  tal  ocasión,  figuran 
la  revista  naval  de  una  escuadra  mandada  por  un 
Almirante ;  un  cortejo  cívico  al  que,  por  iniciativa 
del  comercio  de  Lisboa,  concurrirá  un  carro  triun¬ 
fal  alusivo  al  acontecimiento  que  se  recuerda;  la 
acuñación  de  una  medalla  con  el  busto  del  descu¬ 
bridor,  y  otros  actos  solemnes  de  corporaciones 
oficiales  y  particulares.  Sin  duda  que  todos  tendrán 
el  esplendor  debido,  y  serán  dignas  del  insigne 
navegante  lusitano  las  honras  que  se  le  tributen. 

Angel  Lasso  de  la  Vega. 


LA  GUERRA. 

Como  era  el  Reino  aquel  un  Paraiso 
Donde  marchaba  á  maravilla  todo, 

Y  vivían  las  gentes 

Sin  apuros ,  sin  ansias  y  sin  odios, 

Todo  el  mundo  envidiaba 

La  suerte  de  aquel  pueblo  venturoso, 

Con  el  que  Dios  había 
Sido  en  dones  tan  pródigo, 

Que  no  existía  reino  que  pudiera 
A  ven  tai arle  en  lo  feliz  y  próspero. 

Allí  todo  era  paz,  todo  ventura; 

Allí  no  había  guerras  ni  alborotos, 

Pues  los  hombres,  lo  mismo  que  los  ángeles, 
Se  adoraban  los  unos  á  los  otros, 

Y,  como  consecuencia, 

No  había  ni  envidiados  ni  envidiosos. 


Cansados  de  placeres  y  venturas, 

Porque  suele  lo  bueno  cansar  pronto, 

Todos  los  habitantes  de  aquel  Reino, 

Con  el  respeto  propio 

De  tales  circunstancias,  elevaron 

Hasta  el  divino  Trono 

El  ruego  de  que  al  punto 

Hubiese  un  cambio  radical  en  todo. 

«Señor  (clamaba  un  médico),  aquí  nadie 
Padece  ni  un  mal  tifus,  ni  un  mal  cólico, 

Y  cada  vez  que  veo  á  mis  clientes 

Los  encuentro  más  sanos  y  más  gordos.» 
«¿Qué  hago  yo  aquí ,  Señor?  (un  boticario 
Gritaba  fiero  hasta  ponerse  ronco). 

¿Qué  hago  de  mis  jarabes,  de  mis  píldoras, 
De  la  ciencia  infinita  que  atesoro, 

Si  se  pasan  los  meses  y  los  años 
Sin  que,  ni  por  asomo, 

Venga  á  mí  una  receta 
Pidiéndome  aunque  sea  agua  del  pozo?» 
«Ese  médico  imbécil  (exclamaba 
Un  pobre  enterrador  lleno  de  enojo), 

¿Qué  es  lo  que  hace?  ¿en  qué  piensa, 

Que  ni  un  solo  cliente  manda  al  hoyo?» 
«¡Mis  armas  se  enmohecen 
(Gritaba  un  militar  de  ceño  torvo), 

Y  mis  hombres  de  guerra 

Su  energía  consumen  en  el  ocio!» 

«Con  tu  inmenso  poder,  oh  Dios  clemente, 
Tú,  que  el  mundo  gobiernas  á  tu  antojo, 
Modifica,  Señor,  nuestra  existencia, 

Ven  en  nuestro  socorro, 

Porque  resulta  ahora 

Que  es  una  gran  desgracia  el  ser  dichosos.» 

Y  el  Dios  de  las  alturas, 

Que  á  los  ruegos  jamás  se  muestra  sordo, 
«¡Desdichados!  (les  dijo  desde  el  cielo), 
Veréis  logrado  vuestro  empeño  loco 
Los  que,  hartos  de  venturas  infinitas, 
Buscáis  en  la  existencia  un  purgatorio. 
Desde  hoy  podrá  el  guerrero 
Probar  su  temple,  su  valor,  su  arrojó, 

Y  al  ronco  detonar  de  sus  cañones 
El  mundo  temblará  de  polo  á  polo; 

Veréis  vuestras  viviendas  arrasadas 
Por  el  fuego  y  el  plomo, 

Vuestra  sangre  vertida. 

Vuestros  sagrados  templos  hechos  polvo, 
Vuestros  hijos  del  alma  hechos  pedazos, 

Vuestras  grandes  ciudades  en  escombros . 

Desde  hoy  podrá  el  Galeno 
Utilizar  su  ciencia  entre  vosotros, 

Y  el  boticario  les  dará  salida 

A  las  pócimas  mil  de  que  hizo  acopio; 

Y  hasta  el  sepulturero, 

Que  hoy  se  lamenta  porque  se  halla  ocioso, 
A  fuerza  de  cerrar  y  cavar  fosas 
Verá  inundado  de  sudor  su  rostro. 


Y  Dios  entonces  les  mandó  la  guerra, 

Y  asi  quedaron  complacidos  todos. 

Manubl  Soriano. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NAKRAOIONHS  COSMOPOLITAS. 

El  anarquismo  de  la  civilización  armada.— Inventos  mortifero-bufo» 
de  Edison.—  La  moralidad  yankec:  los  divorcios.  —La  formalidad 
anjrlo- sajona:  un  empate  electoral.  —  Del  sacerdocio  al  teatro. — Ba¬ 
ladronadas  y  fanfarronerías  de  los  yankeex. 


frjfflScK. A  propiedad,  la  justicia  y  el  derecho 
son  vanas  palabras  para  las  muche- 
W  dumbres  salvajes,  que  oponen  á  ellas 
UjJárVd:  el  robo,  la  violencia  y  el  egoísmo. 

Nuestro  siglo  se  ha  estremecido  mu- 
fg®  chas  veces  ante  las  horribles  amenazas 
de  los  socialistas  y  de  los  anarquistas, 
pero  no  ha  tenido  -que  presenciar  la  ruina  de 
las  naciones  porque  estos  sectarios  no  cuen¬ 
tan  con  fuerzas  suficientes.  Además,  contra  los 
excesos  de  la  anarquía  que  practicase  el  despojo  y 
la  destrucción,  uniríanse,  por  instinto  de  mutua 
conservación,  todos  los  pueblos  civilizados.  Esto 
parece  lo  lógico,  lo  digno,  lo  que  el  mundo  culto 
tiene  derecho  á  esperar;  y,  sin  embargo,  esto  es 
una  ilusión,  una  mentira,  una  completa  farsa. 

Hay  una  muchedumbre  infame,  cuyo  único  ideal 
es  el  egoísmo,  que  olvidando  lo  que  son  la  propie¬ 
dad,  la  justicia  y  el  derecho,  y  valiéndose  de  su 
fuerza  material,  se  ha  lanzado  á  fines  del  siglo  XIX 
á  practicar  el  robo,  la  carnicería,  el  incendio  y  la 
destrucción.  Ante  los  horrores  de  ese  anarquismo 
culto,  los  demás  pueblos  civilizados  se  han  cru¬ 
zado  de  brazos.  Los  Estados  ó  Los  Ladrones  Uni¬ 


dos  quieren  apoderarse,  porque  sí,  de  todas  nues¬ 
tras  colonias;  y  arrastrándonos  á  una  guerra  im¬ 
posible,  ellos,  que  han  vivido  en  paz  casi  durante 
todo  el  siglo,  contra  nosotros,  que  no  hemos  te¬ 
nido  un  momento  de  tranquilidad,  emplean  cuan¬ 
tos  recursos  de  destrucción  ha  ideado  el  satánico 


genio  de  las  armas  para  reducir  á  escombros  y  á 
montones  de  cadáveres  la  vida  de  nuestras  pose¬ 
siones  ultramarinas.  Ese  anarquismo  es  peor  que 
el  sectario  y  callejero;  ese  anarquismo  es  mil  ve¬ 
ces  más  criminal,  y  los  que  lo  consienten  no  ten¬ 
drán  razón  jamás  para  impedir  que  el  anarquismo 
popular  interno  quiera  apoderarse  de  la  propiedad 
y  destruya  cuanto  se  le  oponga  para  conseguirlo. 

Hoy  se  trata  de  despojar  á  España;  mañana 
entre  tres  ó  cuatro  naciones  poderosas  despoja¬ 
rán  á  Inglaterra;  Holanda  perderá  su  Insalinda 
en  cuanto  á  Alemania  y  á  Rusia  se  les  antoje; 
como  cayó  Tejas  en  poder  de  la  avaricia  yankee , 
caerán  Méjico  y  el  Centro- Amé  rica,  y  nadie  de¬ 
berá,  ni  podrá  sorprenderse,  ni  llamarse  á  enga¬ 
ño,  porque  la  conducta  de  los  Estados  Unidos  con 
nosotros  hoy,  sienta  de  hecho  la  nueva  jurispru¬ 
dencia  internacional  de  la  legitimación  del  robo, 
sancionada  por  el  consentimiento  y  acatamiento 
de  las  potencias;  y  al  empezar  el  siglo  XX,  des¬ 
pués  de  tantos  progresos  en  las  manifestaciones 
y  prácticas  del  derecho,  resultará  que  la  humani¬ 
dad  ha  retrocedido  á  los  tiempos  de  Atila,  y  que  lo 
que  realmente  comienza  es  la  era  de  la  barbarie. 

E  impelidos  por  esa  barbarie,  concentraremos 
toda  nuestra  energía,  toda  nuestra  vida,  todo 
nuestro  pensamiento,  el  ideal  supremo  de  España, 
en  armarnos  más  y  más  cada  día;  en  condensar 
ira  y  odio  en  nuestros  pechos  y  en  tomar  la  re¬ 
vancha;  que  si  Francia  no  sueña  en  otra  cosa  por 
haberse  visto  despojada  de  dos  provincias,  que  no 
eran  suyas  hace  dos  siglos,  nosotros  ni  ahora  ni 
nunca  debemos  perdonar  á  los  ladrones  que  acaso 
consigan  usurparnos  lo  que  siempre  ha  sido  nues¬ 
tro,  desde  que  la  humanidad  histórica  descubrió  y 
civilizó  los  lejanos  países  donde  yacía  la  humani¬ 
dad  ignorada. 


•  • 

¡Pobres  de  nosotros!  Edison  ha  hablado,  y  an¬ 
tes  de  un  mes  ya  no  quedará  un  español  vivo  fuera 
de  España,  ¡y  quién  sabe  si  tampoco  dentro!  An¬ 
tes  se  dedicó,  con  fortuna  admirable,  á  hacer 
lámparas;  ahora  hace  faroles.  Oiga  el  lector  á  Edi¬ 
son  el  farolero: 

«He  inventado — ha  dicho  á  un  periódico  ame¬ 
ricano — un  sistema  de  cables  que  pueden  tender¬ 
se  alrededor  de  un  pueblo  sitiado  y  que  produci¬ 
rán  la  muerte  de  cuantos  intenten  pasar  sobre 
ellos.  También  he  logrado  construir  unos  ovillos 
ó  manojos  de  cadenas  eléctricas,  que  pueden  lan¬ 
zarse  al  espacio  á  fin  de  que,  divididas  y  esparci¬ 
das,  caigan  sobre  el  ejército  enemigo.  Un  extremo 
de  la  cadena  va  unido  al  proyectil  con  que  se  carga 
un  cañón,  y  el  otro  está  unido  á  una  poderosa  di¬ 
namo  hasta  el  momento  en  que  se  efectúa  el  dis¬ 
paro.  Entonces  la  cadena,  en  la  que  circula  una 
poderosísima  corriente,  marcha  por  el  aire  arras¬ 
trada  por  el  proyectil,  y  se  divide  en  miles  de  tro¬ 
zos,  los  cuales,  al  caer  sobre  los  regimientos,  es¬ 
cuadrones  y  baterías,  destruyen  todo  cuanto  to¬ 
can.  En  fin,  he  podido  idear  una  máquina  que 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Mayo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  rvm  —  291 


arrojá  á  gran  distancia  chorros  de  agua  cargados 
de  electricidad  á  razón  de  5.000  volts,  cuyo  riego 
barrerá  una  masa  de  gente  enemiga,  como  el  hu¬ 
racán  barre  y  disipa  el  polvo.  No  sé  aún  á  punto 
ñjo  hasta  qué  longitud  alcanzarán  las  columnas  de 
agua  eléctrica,  pero  la  experiencia  de  la  guerra 
nos  lo  enseñará.» 

¡Y  pensar  que  contra  todas  estas  redes  y  cade¬ 
nas  eléctricas  y  contra  estas  «mangas  de  agua», 
es  decir,  contra  las  que  preparen  y  disparen,  bas¬ 
tan  los  Mausers  de  un  batallón  de  muchachos  de 
veinte  años!  Esa  mortandad  voltaica  se  hará  en 
los  campos  de  batalla,  en  tierra,  y  ya  se  ha  visto 
que,  hasta  ahora,  en  Cuba  y  en  Puerto  Rico  los 
Mausers  han  impedido  que  las  tropas  regulares  é 
irregulares,  alquiladas  ó  improvisadas  en  los  al¬ 
macenes  y  campamentos  de  Chickamauga  y  de 
Tampa,  se  apoderen  de  aquellos  territorios  como 
lo  soñaron  y  anunciaron  los  almirantes,  genera¬ 
les,  políticos  y  periodistas,  hombres  de  Estado  y 
muchedumbres  de  Washington  y  de  toda  la,  Unión 
americana. 

« 

•  « 

Al  leer  los  detalles  que  publican  á  diario  casi 
todos  los  periódicos  yankees  respecto  á  las  menú - 
deudas  del  estado  social  de  su  país,  se  comprende 
que  es  imposible  que  haya  para  tales  gentes  amor, 
ni  consideración  de  la  dignidad  humana,  ni  nin¬ 
guna  otra  clase  de  atenciones  de  las  que  la  mora¬ 
lidad  enseña,  tratándose  del  prójimo,  y  hoy  de 
los  pueblos  extranjeros,  cuando  ellos  mismos  no 
se  guardan  miramiento  alguno.  El  lazo  del  matri¬ 
monio,  base  de  la  familia  y  de  la  sociedad,  allí 
apenas  tiene  importancia  alguna.  Al  abrirse  los 
tribunales  en  Boston  el  año  último,  se  concedie¬ 
ron  durante  los  siete  primeros  días  75  divorcios. 
La  proporción  de  divorcios  en  Chicago  es  de  1  por 
cada  8  matrimonios;  en  Connecticut,  1  por  cada  10; 
en  Vermout,  1  por  cada  14;  en  Rhode-lsland,  1  por 
cada  13,  y  en  Massachusetts,  1  por  cada  21. 

Si  esto  es  una  vergüenza  nacional,  resulta  es¬ 
candaloso  sobre  todo  el  conocer  cómo  se  arreglan 
legáímente  estos  desarreglos.  Cada  Estado  tiene  su 
sistema  especial  para  hacer  fácil  la  ruptura  com¬ 
pleta  del  matrimonio  á  gusto  de  los  disgustados 
cónyuges.  En  el  Oregón,  por  ejemplo,  basta  con 
que  marido  y  mujer  se  larguen  cada  uno  por  su 
lado,  sin  dar  cuenta  á  nadie,  para  que  de  hecho,  y 
con  arreglo  al  derecho  ( yankee ) ,  quede  realizado 
el  divorcio.  En  el  Maine  se  justifica  el  divorcio  tan 
sólo  con  que  sencillamente  entiendan  los  jueces 
que  les  parece  bien.  Es  muy  frecuente  el  que  una 
demanda  de  divorcio  se  resuelva  en  el  acto  mismo 
en  que  se  presenta. 

*  « 

Los  maestros  é  inspiradores  del  pueblo  norte¬ 
americano,  los  ingleses,  que  en  punto  á  moralidad 
social  dan  también  estupendos  motivos  de  asom¬ 
bro,  continúan  en  su  humorismo  ofreciendo  á  me¬ 
nudo  patentes  pruebas  de  su  informalidad.  En  la 
última  elección  municipal  en  North  Wolsham 
(Norfolk)  tratábase,  para  completarla,  de  elegir 
presidente  del  Ayuntamiento.  El  pueblo  está  di¬ 
vidido  en  dos  bandos  rivales  muy  encarnizados, 
uno  de  los  cuales  sostiene  como  candidato  al  pre¬ 
sidente  anterior,  mientras  que  el  otro  es  partida¬ 
rio  del  reverendo  Dr.  Orvén.  Al  elegirse  el  con¬ 
cejo  resultaron  igual  número  de  individuos  en 
uno  que  en  otro  partido,  y,  por  consiguiente,  em¬ 
pate  en  las  votaciones.  El  día  de  la  elección  de 
presidente  invadió  la  sala  un  gentío  tan  numeroso 
como  apasionado  y  bullanguero.  Desde  el  estrado 
sostenía  animados  diálogos  los  concejales  con 
seis  amigos  del  público,  satirizándose  un  bando  al 
otro,  en  medio  de  las  carcajadas  y  bravos  y  repi¬ 
que  de  bastones  y  patadas  en  el  pavimento.  Cuando 
sonó  la  campanilla  del  presidente  interino  cesó  el 
tumulto  y  fue  realizándose  con  orden  la  votación. 
A  nadie  sorprendió  el  resultado  del  escrutinio: 
seis  concejales  votaron  por  el  Alcalde  anterior,  y 
otros  seis  por  el  reverendo  Dr.  Orvén.  Ante  seme¬ 
jante  dificultad,  y  ordenando  la  ley  que  la  vota¬ 
ción  se  repita  mientras  haya  empate,  resolvieron 
los  concejales  esperar  hasta  ver  si  alguno  de  eJlos 
se  retiraba  aburrido  y  cansado,  y  resolvió  el  pú¬ 
blico  quedarse  en  la  sala  hasta  ver  en  qué  paraba 
«aquello».  Desde  las  siete  hasta  las  diez  de  la  no¬ 
che  no  hubo  novedad;  cada  cual  siguió  en  su 
puesto.  Un  tanto  rendidos  y  hambrientos,  á  las 
diez  acordaron  que  dos  concejales,  uno  por  cada 
bando,  salieran  a  encargar  bebidas,  refrescos  y  ci¬ 
garros.  A  las  once  sirvieron,  de  un  cafó  cercano, 
pasteles,  embutidos,  naipes  y  tableros  de  ajedrez. 
1£1  salón  de  la  villa  se  convirtió  en  un  restaurant 
alegre;  y  para  darle  mayor  carácter,  se  consintió 
que  los  espectadores,  que  iban  bebiendo  lo  que 
podían,  entonasen  en  coro  humorísticas  canciones. 

A  las  dos  de  la  mañana  se  enviaron  á  sus  respec¬ 


tivos  domicilios  á  los  dos  concejales  adversarios 
que  aparecían  más  cansados,  habiéndoles  exigido 
palabra  de  honor  de  que  no  volverían.  A  las  tres 
todo  el  Ayuntamiento  roncaba,  y  la  mayor  parte 
del  público  también.  A  las  seis,  cuando  desperta¬ 
ron,  el  empate  continuaba,  porque  seguían  dis¬ 
puestos  á  votar  cinco  por  Orvén  y  cinco  por  el 
último  presidente.  Con  la  seguridad  de  que,  siendo 
tan  tercos,  tenaces  é  indomables,  pasarían  muchos 
días  en  la  misma  actitud,  rendidos  ante  la  impo¬ 
sibilidad  de  vencer,  acordaron  largarse  á  su  casa 
y  dejar  la  elección  para  el  domingo  siguiente.  Han 
pasado  tres  domingos  desde  entonces,  y  aún  conti¬ 
núa  el  empate.  Son  muchas  las  apuestas  que  se  han 
hecho  en  los  pueblos  vecinos  á  North  Wolsham 
en  pro  ó  en  contra  del  triunfo  de  Orvén,  y  el  cual, 
como  se  ve,  depende  de  que  uno  de  los  doce  con¬ 
cejales  falte  á  la  sesión  ó  á  su  compromiso,  resul¬ 
tado  que  persiguen  con  más  empeño  los  directores 
del  agio  de  las  apuestas  que  los  partidarios  de 
uno  ú  otro  presidente. 

» 

*  • 

El  sacerdote  ó  pastor  protestante  L.  Leigh,  vi¬ 
cario  de  la  parroquia  inglesa  de  Hatfled,  que  du¬ 
rante  catorce  años  ha  bautizado,  casado  y  ente¬ 
rrado  á  centenares  de  personas,  y  ha  aconsejado 
con  sus  sermones  á  bastantes  millares  de  fieles, 
ha  tenido  que  renunciar  al  alzacuello  y  á  los  levi¬ 
tones  de  largo  faldón  para  hacerse  cómico.  Fué  un 
gran  pastor,  piadoso,  respetado  y  de  buen  crédito; 
pero  es  casado  y  tiene  muchos  hijos,  á  cuyo  sos¬ 
tenimiento  y  decorosa  educación  no  puede  aten¬ 
der  con  el  modesto  peculio  que  recoge  de  la  renta 
de  la  parroquia  y  del  culto.  Cada  año  ó  cada  dos 
años  se  aumenta  su  familia  con  un  nuevo  chiqui¬ 
tín,  y  el  pobre  hombre,  viéndose  en  crecientes 
apuros,  dejó  el  hisopo,  cerró  la  Biblia,  apagó  las 
velas  y  se  plantó  en  el  escenario.  Había  sido  de 
joven  bastante  aficionado  al  teatro,  y  siempre 
conservó  especiales  aptitudes  para  la  oratoria  y 
para  la  declamación.  Un  día  en  que  acertó  á  pasar 
por  su  pueblo  una  compañía  de  actores  de  un  tea¬ 
tro  ambulante,  se  alistó  en  ella  con  su  mujer  y 
sus  hijos  mayores,  y  poco  tiempo  después,  tan  de 
veras  tomó  la  nueva  profesión,  que  se  hizo  empre¬ 
sario  y  figuró  como  uno  de  los  primeros  artistas 
de  los  escenarios  populares.  No  hace  mucho  tiem¬ 
po  que  la  prensa  elogiaba  la  maestría  con  que  ha¬ 
bía  sabido  crear  el  principal  personaje  del  nuevo 
melodrama  Las  mujeres  temibles ,  que  su  compañía 
ha  puesto  en  escena  en  Londres. 

Cuando  los  periodistas  acudieron  á  él  á  pedirle 
datos  acerca  de  su  evolución  religioso-artística, 
les  replicó  que  él  había  desempeñado  muy  á  gusto 
y  con  entera  fe  su  profesión  de  pastor  evangélico, 
y  que  no  la  hubiera  abandonado  jamás  si  la  mise¬ 
ria  no  le  obligara  á  ello.  «  Si  algo  se  puede  apren¬ 
der  en  lo  que  á  mí  me  ha  ocurrido — les  dijo, — es 
que,  no  teniendo  medios  de  fortuna,  hay  que  pen¬ 
sarlo  mucho  y  bien  antes  de  decidirse  á  servir  á 
la  Iglesia  en  Inglaterra.  La  fe  nos  impulsa,  ani¬ 
mándonos  á  vencerlo  todo  y  presentando  el  por¬ 
venir  de  color  de  rosa;  pero  cuando  la  fe  tiene  que 
vivir  en  compañía  del  hambre,  la  fe  se  va  disi¬ 
pando  y  el  hambre  queda.  Lo  menos  malo  á  que 
puede  apelar  un  hambriento  es  á  hacerse  cómico, 
siempre  que  tenga  verdaderas  dotes  de  actor.» 

• 

*  • 

A  la  informalidad  humorística  anglo-sajona  aña¬ 
den  los  yankees  la  cursi  fanfarronería.  Para  ellos 
la  conquista  de  Filipinas,  de  Cuba  y  de  Puerto 
Rico  era  obra  de  coser  y  cantar.  Habían  arreglado 
en  Washington  á  su  gusto  el  reparto  de  nuestras 
colonias  de  uno  y  otro  mundo.  Manila  se  tomaría 
en  tres  días,  el  Archipiélago  en  veinte;  goberna¬ 
dores  y  comodoros,  generales  y  administradores 
estaban  listos  en  San  Francisco  de  California  para 
presentarse  en  las  orillas  del  Pasig  y  borrar  hasta 
la  última  huella  de  nuestro  dominio.  Treinta  ex¬ 
pediciones  de  cubanos  y  de  yankees  averiados,  am¬ 
parados  por  trescientos  cañones,  desembarcarían 
y  tomarían  en  ocho  días  á  la  Habana,  á  Matanzas, 
á  Cienfuegos  y  á  Santiago,  con  la  ayuda  de  Máxi¬ 
mo  y  de  Calixto.  Ya  á  cumplirse  un  mes  desde 
que  se  declaró  la  ^erra,  y  ni  los  desembarcos 
parecen  por  ninguna  parte,  ni  Máximo,  ni  Calixto 
tampoco.  El  programa  se  ha  mojado;  hay  que  po¬ 
nerlo  á  secar,  y  mientras  sople  en  las  playas  de 
Cuba  y  Puerto  Rico  el  tiempo  duro  de  los  caño¬ 
nes  y  fusiles  de  la  costa,  dejar  su  realización  para 
otros  tiempos,  y  mandar  recoger  para  ocasión 
más  propicia  á  los  comités  de  Tampa  y  de  Nueva 
York,  para  ver  si  de  aquí  á  cien  años  vale  algo 
más  que  ahora  para  pelear  frente  á  frente  con 
nuestras  tropas  la  morralla  separatista.  Hay  que 
repetir  lo  que  ha  dicho  la  musa  satírica  de  Floren¬ 
cia  con  ocasión  del  fiasco  de  las  fiestas  del  Cente¬ 
nario  : 


Visto  ohe  il  tempo  é  doro, 

I  fuochi  giá  nunziati 

S aramio  rimandati  * 

Al  secolo  futuro; 

E  lo  straordinarío 
Programma  ó  rinviato 
Con  tutto  il  Comitato 
Ad  altro  Centenario. 

Mantengámonos,  mientras  tanto,  con  serenidad 
ante  las  peripecias  favorables  ó  adversas  que  acerca 
de  la  guerra  nos  comunique  á  diario  el  telégrafo. 
Vario  como  tiempo  revuelto  de  la  primavera,' al 
frío  semiglacial  de  unas  horas  sucederán  los  ar¬ 
dores  del  entusiasmo  en  otras,  para  volver  á  la¬ 
mentar  la  destemplanza  de  las  que  vengan  des¬ 
pués  con  cielo  obscuro  y  tormentoso.  Así  es  la 
guerra,  como  la  lucha  de  los  elementos  de  la  Na¬ 
turaleza,  hasta  que  irremisiblemente  se  cumplan 
las  leyes  de  ésta,  y  se  despeje  el  horizonte  y  luz¬ 
can  con  sus  galas  y  sus  dones  los  hermosos  días 
del  estío,  como  se  impondrá  en  los  espléndidos 
espacios  de  la  justicia  y  de  la  razón  la  luz  de  la 
victoria  de  los  más  valientes  y  cautos.  El  diario 
portugués  O  Popular ,  de  los  Sres.  Carvalho  y  ti¬ 
men  tel,  publicaba  hace  muy  pocos  días  esta  sen¬ 
tida  Folhinha  em  verso:  : 

Houye  frío  inda  ha  tres  dias 
Hontem  rebenta  o  calor! 

Se  amanha  choyer,  e  a  gente 
Ti?er  de  bater  o  dente 
Qae  nao  se  espante  o  leitor. 

E’  que  tambem  anda  a  guerra 
No  grande  mundo  dos  soes 
E  os  anjoB  americanos 
Porfiam  odios  insanos 
Com  os  anjos  hespanhoes. 

Muy  repetidas  muestras  de  fraternal  afecto  en¬ 
contramos  en  la  prensa  de  Portugal,  con  motivo 
de  la  inicua  guerra  á  que  nos  han  arrastrado  los 
genios  de  la  Charrilandia.  Pocos  días  después  del 
infausto  suceso  de  Cavite,  decía,  entre  otras  cosas, 
el  Diario  de  Noticias  (de  Brito  Aranha):  «Nao 
amesquinharemos  á  sua  dor  vertendo  lagrimas 
sobre  o  sen  infortunio,  porque  a  Hespanha  á  si- 
milhan^a  das  matronas  romanas,  nao  lamenta  a 
perda  de  seus  filhos  quando  elles  cumprivan  o  seu 
dever.  Respeitemos  por  tanto  á  sua  magoa  e  cur- 
vamo-nos  silenciosos  deante  (Telia,  como  se  visee¬ 
mos  passar,  coberta  de  lucto  mas  cheia  de  resig¬ 
nado,  a  imagen  da  Patria »—.......  «Se  até  agora  o 

povo  espanhol  tem  dado  tantas  provas  de  cordura 
e  de  harmonía  patriótica,  pelo  que  tem  merecido 
a  sympathia  e  a  admirado  do  mundo,  esperamos 
aínda  que  elle  saberá  conservar  a  mes  mal  inha, 
mantendo  até  ao  fim  o  mesmo  pundonar  e  a  mes- 
ma  serenidad©.  Este  será  o  seu  maior  elogio  e  o 
seu  maior  triumpho.» 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


Al  público  en  general  interesa  yer  el  nneyo  local  qae  ocupa  la 
importante  Droguería  y  Farmacia  de  los  hJ)o8  de  Cario* 
Ulzarrún  en  la  calle  de  Espartero*,  núm.  9 • 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  más  perfumado  de  loa  Jsüboaea  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  °°del  cabello 

3  grande*  premio*.  21  medalla*  de  ere. — Peerá  de  ooaeera* 
4»  PLACE  DE  Xi’OPÉRA,  PASES 

De  Tent*  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


Anniipn  pie  (*««(..  easa  S.  HILE  PiaOAT),  SO.  mi 
.  TTAuÜUU  &  U-  iouH-k-Graná, Parta. -TRAJE*  Y  ABRIBOS 
La  cala  que  Tiste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riquesa  y  buen  gusto 


CREMA  DE  LA.  MECA 

faniiortante  receta  pan  Hlaoqfuaar  d  Cutía, casa  jbénéflea.—  Basta  asa 
peqaefiüima  caotldad  para  adarar  el  coüs  más  obecoro  y  darte  la  Mancara  marry 
nacarada  del  muÜU  Precio  sn  /’áWt.6,.)DU8SER,1.RatJ.-J.RMtaeaM,Paria. 


Perfumería  Ninon ,  Maison  LE  CONTE,  31,  ruó  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios, J 


Perfumería  exótica  SENET,  35,  ruedu  Quatre  Septembre. 
París.  (  Véanse  los  anuncios. )  ,  *- 


BOYAL  HOUBIGANT 

fumista,  19,  Faubourg  8»  Honoié,  París. 


tyioleliePucAÍe 

SAYOS  -  £ S8ESCE  —  EAU  DE  T0ILETTÍ 
PODOSE  OE  MIZ 

L.T.  PIVER  a  PARIS 


LA  FOSF ATINA  FALIÉRES  Os  el  mejor  alimento  para 
nifios  desde  la  edad  de  6  á  7  meses,  principalmente  en  el  desteto 
y  en  el  periodo  del  crecimiento.  Tiene  un  gusto  muy  agradable 
y  es  de  lacilísima  digestión.  París.  6,  Avenuc  Victoria. 


B1  VINO  da  PRPTONA  OATILLON,  a/  mjor  rúOOñStttttfMf 
de  /as  füerzu,  rutsbhoe  el  MpetltOyles  digestiones.  Eefsrmededn 

*/ ESTOMAGO,  LANQUIDBZ,  ANBMMM* 


Digitized  by 


Google 


292  —  n.°  xvin 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Mato  1898 


LIBROS  PRESENTADOS 

i  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES 

La  Gallega,  nave  capitana  de  Colón,  por 
D.  Celso  García  de  la  Riega. 

Hemos  recibido  ejemplares  del  libro  cayo 
título  encabeza  estas  líneas,  en  el  cual  el 
distinguido  escritor  D.  Celso  García  de  la 
Riega  publica  sus  muy  eruditas  investiga¬ 
ciones  acerca  de  lañare  capitana  de  Colón 
en  su  primer  viaje  de  descubrimientos.  En 
opinión  de  dicho  señor,  la  carabela  Santa 
María  ó  la  Gallega  no  procedía,  como  se 
ha  supuesto,  de  las  villas  cantábricas  situa¬ 
das  en  Asturias,  Santander  y  Provincias 
Vascongadas,  sino  de  los  astilleros  de  Ga¬ 
licia,  y  seguramente  del  puerto  de  Ponteve¬ 
dra,  población  de  importancia  marítima  y 
comercial  donde  se  construían  en  el  siglo  xv 
embarcaciones  de  toda  clase,  merced  al  des¬ 
arrollo  de  la  industria  existente  en  dicha 
villa  desde  el  siglo  xii,  creada  en  ella,  como 
en  Padrón  y  Noya,  por  el  célebre  Arzobispo 
Gelmírez. 

El  notable  estudio  histórico  del  Sr.  García 
de  la  Riega  llamará  seguramente  la  aten¬ 
ción  de  los  eruditos,  y  dará  ocasión  á  que  se 
rectifiquen  j  uicios  hasta  ahora  no  discutidos. 

Véndese  la  obra  al  precio  de  2  pesetas. 

Entrelos  rebeldes. —  La  verdad  de  la 
enterra .  Revelaciones  de  un  periodista  yan - 
Ase.— El  periodista  norteamericano  G.  Bron- 
son  Rea,  que  ha  permanecido  más  de  un  año 
entre  los  rebeldes  cubanos,  no  ha  querido 
seguir  á  sus  colegas  en  la  campaña  de  fal¬ 
sedades  con  que  defraudaban  al  público  que 
bascara  la  verdad  en  el  relato  de  los  que  se 
decían  testigos  presenciales  de  los  fantásti¬ 
cos  sucesos  que  referían,  y  ha  escrito  la  ver¬ 
dad  de  lo  que  en  el  campo  de  la  insurrec¬ 
ción  ha  visto. 

Rectifica  muchas  versiones  falsas  que  han 
circulado;  analízalas  miserias,  indignida¬ 
des,  farsas  y, horrores  del  campo  mambís; 
traza  siluetas  de  cabecillas  y  describe  bata¬ 
llas,  incendios  y  fechorías  de  todo  género 
llevados  á  cabo  por  nuestro*  enemigos. 

Traducido  del  inglés  muy  concienzuda¬ 
mente,  contiene  este  libro  materia  tan  in¬ 
teresante  y  de  tan  indiscutible  oportunidad, 
que  nos  creemos  en  el  deber  de  recomendar 
eficazmente  su  lectura,  que  resulta  tanto 
más  agradable  cuanto  que  nos  presenta  la 
verdad  proclamada  por  un  adversario  con¬ 
vencido  y  admirado  de  la  energía  española. 

La  obra,  ilustrada  con  láminas  y  elegan¬ 
temente  editada  por  la  casa  Horres,  vén¬ 
dese  al  precio  de  2,60  pesetas.— C. 


lfi  f 

j  r  unja  BPgrTú  w 

nllr  IHnSfcsB 

¥1  vi 

1  Vi  É'iljfrisBS 

Mí  II 11 

1  n 

í  MUI 

¡a®  Ü 

i'i  1 1 1 

k  I  1 

lllfy¡*a 

GRAN  CARROZA  GOTICA,  PROPIEDAD  DE  LA  EMPRESA  DE  SERVICIOS  FUNEBRES  «LA  SOLEDAD*. 

(De  fotografía.) 


En  tod.au  clase  d.e  ■vómitos  37-  diarreas,  y  en 
toda  clase  de  indisposiciones  del  tia/bo  di¬ 
gestivo,  emplead  los 

Salicilatos  de  VIVAS  PÉREZ 

ad.optad.os  d.e  JEZo al  Orden 

POR  EL  MINISTERIO  DE  MARINA  Y  POR  EL  DE  GUERRA 

Los  recomiendan  indiscutibles  autoridades  médicas. — Celebran  con  entu¬ 
siasmo  sus  efectos  cuantos  los  usaron. 

Depósito  en  todas  las  farmacias  acreditadas  del  mundo.  — Son  falsificadas 
las  cajas  que  no  lleven  prospecto  con  inscripción  trasparente. 


■%  *■  I  |  ■  ■  A  No  hay  uno  que  se  re- 

U  I  I  I  BJI  I  sista  á  la  eficacia  pode- 

IHfc  A»  I  I  |U|  fl  rosa,  jamás  desmentida, 

$  I\:  í  i  lll  U  del  Bálsamo  Anti- 

|  |  Wm  U  lll  rl  reumático  de  Orive. 

Se  detalla  la  compos  ción  á  los  médicos  que  de¬ 
seen  conocerla.— En  todas  las  farmacias.  Por  ma¬ 
yor:  Bilbao,  Orive,  y  Madrid,  M.  García. 

OBRAS  DE  D.  EMILIO  CASTELAR. 


MAPA  DE  LA  ISLA  DE  CUBA. 


En  la  Administración  de  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid,  hállase  de  venta  el  Mapa  de  la  Isla  de  Cuba  más  com¬ 
pleto  de  todos  los  publicados  hasta  el  día. 

Este  mapa,  esmeradamente  impreso  á  cinco  tintas,  está  dividido  en  dos 
hojas,  comprendiendo  una  la  parte  oriental ,  y  la  otra  la  occidental  de 
la  Isla.  Es  indispensable  á  todos  cuantos  quieran  seguir,  en  todos  sus  de¬ 
talles  ,  las  operaciones  militares  en  la  Isla  de  Cuba. 

El  precio  de  venta  en  toda  España  es  de  2  pesetas  cada  hoja,  ó  sean 
4  pesetas  el  mapa  completo. 


La  cuestión  de  Oriente.  —  Un  tomo  de 
326  páginas. — 4  pesetas. 

Recuerden  de  llalla  (primera  parte). — 
Un  tomó,  8.°  mayor  francés.— 4  pesetas. 

leetterd—  de  Italia  (segunda  parte). — 
Un  tomo,  8.°  mayor  francés. — 4  pesetas. 

La  Roela  contemporánea. — Un  tomo, 
8.°  mayor  francés. — 3  pesetas. 

Las  guerras  de  Amértea  y  Egipto.— 
Un  tomo,  8.°  mayor  francés. — 4  pesetas. 

Europa  en  el  último  trienio.— Un  tomo, 
8.°  mayor  francés.— 4  pesetas. 

Historia  de  1883. — Un  tomo,  8.°  mayor 
francés. — 4  pesetas. 

Historia  de  1884» — Un  tomo,  8.°  mayor 
francés.— 4  pesetas. 

Retratos  históricos.  — Un  tomo,  8.°  ma¬ 
yar  francés. — 4  pesetas. 

De  renta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración 

BbfaÍola  t  Ambrigana,  Arenal,  18j  Madrid. 


VINO  DE  CHASSAING 

BI*  DIGESTIVO 

Presorito  desde  25  años 
Contra  las  AFFEGCIONES  de  las  Vías  Digestivas 
PA  RIS,  6,  A  venue  Victoria,  6,  PA  RIS 

Y  na  TODAS  LAS  PRINCIPALES  FARMACIAS 


EL  SOL  DE  INVIERNO 

POR 

DOÑA  MARÍA  DEL  PILAR  SINUÉS. 

Preciosa  novela  original,  con  interesante  argumento,  cuadros  de  costumbres  familiares’ 
episodios  muy  dramáticos,  y  brillando  en  todo  el  libro  la  más  profunda  moralidad. 

Un  volumen  en  8.°  mayor  francés,  que  se  vende,  á  4  pesetas,  en  la  Administración  de 
este  periódico,  Madrid,  Arenal,  18. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 


LA  REVALENTA  ARABIGA  í  £ 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disenteria,  pituiras, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  .  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Dü  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres.  ^ 


CUENTOS,  POR  D.  JOSÉ  FERNÁNDEZ  BREMÓN. 

De  venta  en  las  oficinas  de  este  periódico,  calle  del  Arenal,  18,  Madrid. 


CUADROS  VIEJOS 

POR 

D.  JULIO  MONREAL 


Colección  de  pinceladas,  toques  y  esbozos,  re¬ 
presentando  costumbres  españolas  del  siglo  xvii. 

Véndese  en  las  oficinas  de  este  periódico,  calle 
del  Arenal,  18,  Madrid. 


ftfll  AnrC  Loe  calma  en  el  acto  al 
UULUnL.U  descuidado  que  loe  sufre 
1  por  no  usar  todos  los  días 
DEM  H  A C  el  Licor  del  Poto  de» 
lll  U  LLHw  Orive.  Pero  el  no  tener 
dolores  de  muelas  depende  de  la  voluntad;  v 
esto  es  tan  exacto,  que  jamás  tuvo  dolencia  al- 


IVI W  LskiF^W  Orive.  Pero  el  no  tener 
dolores  de  muelas  depende  de  la  voluntad;  v 
esto  es  tan  exacto,  que  jamás  tuvo  dolencia  al¬ 
guna  en  la  boca  el  que  se  enjuagó  todos  los  días 
con  tan  excelente  dentífrico,  que  se  vende  en 
toda  farmacia  y  perfumería  acreditada. 


Xmpreao  con  Unto  de  la  fábrloa  L0BXWE17X  y  C.\  10,  me  Sngor,  Parla. 

.  •  1  MADRID. —Est 

Reservado*  todos  loe  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID. — Establecimiento  tipolitográfleo  «Sucesores  de  Rlvadeneym», 
-  impresores  de  la  Real  Gasa. 


Digitized  by 


Google 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 


NUM.  XIX 


administración: 
ARENAL,  18 


Madrid.... 

Provincias. 

Extranjero 


35  pesetas. 
40  id. 

50  francos. 


18  pesetas. 
21  id. 

26  francos. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 


Madrid,  22  de  Mayo  do  1898. 


Excmo.  Sr.  d.  ramón  auñón  y  villalón 


CAPITAN  DE  NAVIO  DE  TRIMERA  CLASE, 


(De  fotografía  de  G  amoneda.) 


# 


Digitized  by  ^.ooQie 


294  —  n.°  xix 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Mato  1898 


SUMARIO. 


Texto. — Crónica  general,  porD.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  Efectos  del  corso,  por 
D.  Cesáreo  Fernández  Duro.  — Din  dan  don,  por  D.  Felipe  Pérez  y 
González.— Portugal  en  Oriento.  Llegada  á  la  India,  por  D.  G.  Re- 
paraz. — Crónica  parisiense.  En  la  Galería  de  Máquinas  del  Campo 
de  Marte,  por  D.  A  Mar.— Góngora,  poesía,  por  D.  Manuel  Reina. 
—Por  ambos  mundos.  Narraciones  cosmopolitas,  por  D.  Ricardo 
Becerro  de  Bengoa.— Sueltos.  —  Libros  presentados  á  esta  Redac¬ 
ción  por  autores  ó  editores,  por  C. — Anuncios. 

Grabados.—  Retrato  del  Excmo.  Sr.  D.  Ramón  Auñón  y  Villalón, 
capitán  de  navio  de  primera  clase,  nuevo  ministro  de  Marina  - 
Medalla  conmemorativa  del  IV  centenario  del  descubrimiento  del 
camino  de  las  Indias.  —  Vistas  parciales  de  San  Juan  de  Puerto 
Rico:  La  entrada  del  puerto.  Parte  Oeste  de  la  ciudad.  El  barrio 
de  la  Marina  y  la  bahía.— La  guerra  entre  España  y  los  EE.  UU. 
de  Norte- América:  Guerrillas  españolas  rechazando  el  desembarco 
de  las  tropas  norteamericanas  en  la  costa  de  Cienfuegos  (Cuba).— 
Escuadra  de  reserva  fondeada  en  Cádiz.— El  crucero  no  protegido 
Conde  del  Venadito  y  el  cañonero  Nueva  España ,  que  hicieron  retirar 
cinco  barcos  norteamericanos  delante  del  puerto  de  la  Habana.— 
Entrada  del  puerto  de  la  Habana.— Retrato  de  Mr.  William  Evart 
Gladstone.  ilustre  estadista  inglés.  —  Retrato  de  Mr.  Chamberlain, 
ministro  de  las  Colonias  de  Inglaterra.  —  Bellas  Artes:  ¡Adiós! ,  di¬ 
bujo  de  Pieolo. 


CRÓNICA  GENERAL. 


'  LLÁ  se  las  hayan  los  políticos  que  han 
promovido  una  crisis  estando  España 
en  guerra:  allá  se  las  hayan  los  que, 
una  vez  reformado  el  Gobierno,  han 
de  dificultar  sus  trabajos,  escatimar 
4C  los  recursos  y  soliviantar  los  ánimos, 
X  para  pescar  á  río  revuelto  y  perpetuar 
la  exhibición  de  sus  personas.  No  esta¬ 
fo;  mos  para  detenernos  en  tales  pequeñeces, 
'  y  bien  venidos  sean  los  nuevos  ministros, 
Sres.  Gamazo,  de  Fomento;  León  y  Castillo,  de 
Estado,  este  aun  no  seguro;  Romero  Girón,  de  Ul¬ 
tramar,  y  Auñón,  de  Marina,  que  sustituyen  á  los 
Sres.  Conde  de  Xiquena,  Gullón*,  Moret  y  Ber¬ 
mejo.  Para  nosotros,  todos  representan  el  Gobier¬ 
no  Nacional;  no  son  D.  Fulano  y  D.  Zutano,  de  tal 
ó  cual  procedencia,  sino  los  ministros  españoles 
encargados  de  la  defensa  pública,  y  de  cuya  uni¬ 
dad  y  fuerza  dependía  la  del  país.  Bienvenidos 
sean  los  nuevos  ministros,  repetimos;  no  vienen  á 
disfrutar  sino  á  sufrir  contrariedades,  y  al  aceptar 
el  poder  dan  un  ejemplo  de  civismo.  Nos  avergon¬ 
zaríamos  de  poner  obstáculos  á  un  Gobiemq  espa¬ 
ñol  en  guerra  con  el  Extranjero,  ni  de  pedir  di¬ 
misiones,  desautorizar  á  los  jefes  que  mandan 
nuestras  fuerzas,  ni  hacer  granjeria  de  los  males 
del  país.  Nos  parecen  mezquinas  hoy  las  habilida¬ 
des  para  buscar  contradicciones  y  divergencias. 
Bueno  fuera  eso  cuando,  si  se  registra  un  poco 
la  historia,  no  hay  político  que  no  haya  dicho  mil 
veces  como  la  niña  de  Amar  por  señas ,  al  tomar 
una  determinación: 


Después,  como  no  soy  río, 
Me  puedo  volver  atrás. 


Tan  rápido  y  casual  fué  el  paso  por  España  del 
rey  Leopoldo  de  Bélgica,  que  nos  recordó  el  ro¬ 
mance  del  Príncipe  de  Esquiladle: 


paña,  habían  conseguido  la  ventaja  de  Cavite,  y 
ofrecían  sus  periódicos  á  Inglaterra  las  Filipinas, 
como  si  ya  fueran  suyas.  España  fue  ó  no  fué  alu¬ 
dida  por  lord  Salisbury  entre  las  naciones  cristia¬ 
nas  muertas:  parece  que  lo  niega.  Entonces,  ¿cuáles 
son  y  dónde  están  esas  naciones?  No  se  trata  de 
Grecia;  para  nada  juegan  Portugal  ni  Bélgica,  ni 
los  demás  Estados  menores  de  Europa  en  estas 
cosas.  Si  no  se  alude  á  España,  claro  es  que  las 
compensaciones  del  espléndido  ofrecimiento  he¬ 
cho  á  Inglaterra  están  en  la  América  española:  la 
alianza  de  los  Estados  Unidos  é  Inglaterra  tendría 
el  objeto,  por  parte  de  ésta,  ayudar  á  su  aliada  á 
dominar  toda  la  América,  empezando  por  la  ad¬ 
quisición  de  Cuba  y  Puerto  Rico;  por  parte  de  los 
Estados  Unidos,  coadyuvar  con  su  exceso  de  po¬ 
blación  y  recursos  á  los  planes  del  Imperio  britᬠ
nico.  Este  proyecto,  más  vasto  que  sólido,  tiene, 
con  su  aparente  grandeza,  todas  las  condiciones 
para  seducir  y  entusiasmar  á  los  yankees ,  no  para 
alucinar  á  los  ingleses.  Estos  saben  que  no  pueden 
contar  con  aquéllos  para  una  alianza  larga,  porque 
no  hay  pueblo  más  mudable  ó  inseguro  ni  más 
antitético  por  sus  tradiciones  y  carácter.  Ingla¬ 
terra  todo  lo  prepara;  los  Estados  Unidos  todo  lo 
improvisan:  sólo  coinciden  en  la  violencia  de  sus 
propósitos,  una  vez  decididos  á  la  acción.  Los  yan- 
tcees  todo  se  lo  hablan;  los  Gobiernos  ingleses  ca¬ 
llan  y  ejecutan.  La  campanada  que  ha  dado  lord 
Chamberlain  para  que  resuene  en  todo  el  mundo, 
¿puede  achacarse  á  indiscreción?  No  parece  pro¬ 
bable;  sería  tan  enorme,  que  hubiera  cuarteado  el 
Ministerio.  ¿Qué  ocurre,  pues?  ¿Qué  hay  en  el 
fondo?  ¿Una  amenaza  para  tantear  el  espíritu  de 
todas  las  cancillerías?  Los  ingleses  no  avisan 
cuando  caen  sobre  una  presa,  y  han  avisado  esta 
vez.  No  lo  comprendemos.  En  cambio,  el  Empe¬ 
rador  de  Alemania,  de  quien  se  esperaban  declara¬ 
ciones  sorprendentes,  se  ha  reservado  su  opinión. 
Hay  que  esperar  para  ver  claro.  Desde  luego,  no 
parece  creíble  que  los  ingleses  hayan  tomado  por 
un  pueblo  de  soldados,  dispuesto  á  sostener  ias 
necesidades  imperiales,  á  la  República  norte¬ 
americana.  ¿Es  que  han  creído  que  Europa,  divi¬ 
dida,  no  puede  entenderse  y  es  llegada  la  ocasión 
de  atreverse  á  algún  nuevo  despojo?  Sabemos  que 
Inglaterra  es  fuerte  por  sus  escuadras;  pero  esas 
escuadras  suponen  un  gasto  enorme,  que  se  su¬ 
fraga  con  la  paz.  ¿Podría  mantenerlas  en  una  gue¬ 
rra  complicada,  que  produjese  una  bancarrota  y 
lanzase  al  campo  á  los  que  quieren  sacudir  su  do¬ 
minación?  No  nos  explicamos  que  desee  perturbar 
el  equilibrio  mercantil  y  político  en  que  vive  con 
tanto  desahogo;  pero  tampoco  imaginamos  que 
sean  las  palabras  de  su  Ministro  una  ligereza  que 
no  merezca  meditarse  por  los  que  tienen  el  cui¬ 
dado  de  velar  por  las  naciones.  La  muerte  del  gran 
político  Gladstone  se  considera  como  el  fin  de  una 
época  en  que  el  derecho  internacional  era  respe¬ 
tado,  siquiera  en  apariencia.  Su  voz  poderosa  ya 
no  defenderá  la  moral  y  la  justicia  entre  los  pue¬ 
blos.  Pues  fortifique  cada  cual  sus  costas  como  pue¬ 
da,  y  tienen  la  palabra  los  cañones.  Pero  conside¬ 
ren  los  que  se  juzgan  invencibles  por  sus  acoraza¬ 
dos  que  también  se  bombardea  con  ideas. 


Tan  dormido  pasa  el  Tajo 
Entre  anos  álamos  verdes, 

Que  ni  las  hojas  le  Ten 
Ni  las  arenas  le  sienten. 

Cuando  nos  enteramos  de  que  había  visitado  á 
la  Reina,  y  nuestros  museos  y  la  pradera  de  San 
Isidro,  en  plena  romería,  ya  había  traspasado  la 
frontera.  S.  M.  belga  pudo  ver  que  España  no  ha 
perdido  el  buen  humor  en  estas  circunstancias. 
¿Por  que  no  solazarse  en  la  pradera,  si  en  la  Ha¬ 
bana,  cuando  la  amenazaba  el  bombardeo,  no  se 
suspendieron  los  teatros,  y  en  Puerto  Rico,  antes 
y  después  de  haber  hecho  retirarse  maltrecha  á  la 
poderosa  escuadra  yankee ,  no  se  perdió  la  alegría? 


Pero  el  escándalo  de  estos  días  le  ha  dado  el 
ministro  inglés  Mr.  Chamberlain  con  un  discurso 
en  que  ataca  al  Emperador  de  Rusia  y  declara  que 
serían  bien  aprovechados  los  gastos  de  una  guerra 
si  consolidaran  una  alianza  de  Inglaterra  con  los 
Estados  Unidos.  Recordando  el  de  lord  Salisbury 
acerca  de  las  naciones  muertas,  cabe  sospechar 
que,  en  vez  de  contradecirse,  se  completan.  Y  si 
a  esto  se  añade  la  actitud  de  una  parte  de  la  pren¬ 
sa  norteamericana,  que  pretende  esa  alianza ;  el 
aplauso  teatral  con  que  saludan  la  unión  de  las 
dos  banderas,  y  el  fanfarrón  desafío  al  Universo 
de  los  yankees  contando  con  esa  unión,  se  presta 
todo  ello  á  muchas  reflexiones,  que  no  tenemos 
espacio  para  exponer.  ¿En  qué  oportunidad  han 
pronunciado  ambos  Ministros  sus  discursos?  Cuan¬ 
do  los  Estados  Unidos,  estando  en  guerra  con  Es¬ 


Aparte  de  varios  reconocimientos  ó  intentos  de 
desembarco,  todos  rechazados  en  Cuba,  y  de  los 
trabajos  del  general  Augustin  para  organizar  la 
resistencia  en  Manila,  todas  las  noticias  de  la  gue¬ 
rra,  en  el  momento  de  escribir  estas  líneas,  con¬ 
densan  su  mayor  interés  en  dos  hechos  principa¬ 
les.  La  llegada  á  Santiago  de  Cuba,  y  creemos  que 
su  salida  de  dicho  puerto,  de  la  escuadra  del  ge¬ 
neral  Cervera,  que  tan  hábilmente  supo  despistar 
á  la  marina  yankee  con  sus  acertados  movimien¬ 
tos,  en  opinión  de  las  personas  competentes:  el 
testimonio  de  los  extranjeros  es  que  el  jefe  espa¬ 
ñol  ha  demostrado  hasta  ahora  mayor  pericia  náu¬ 
tica,  así  como  todos  los  que  secundan  sus  órdenes 
con  gran  acierto  y  disciplina,  y  que  ha  empezado 
la  parte  más  peligrosa  y  principal  de  sus  opera¬ 
ciones.  El  otro  hecho  importante  es  el  destino  y 
demás  circunstancias  de  la  escuadra  de  reserva, 
encomendada  al  general  Cámara  y  Livermoore, 
que  ha  conferenciado  en  Madrid  con  el  nuevo  mi¬ 
nistro  de  Marina  Sr.  Auñón  y  el  Jefe  del  Gobier¬ 
no:  el  general  Cámara  ha  navegado  mucho,  y  en 
todos  los  mares  por  donde  han  cruzado  buques  de 
guerra  españoles,  desde  la  expedición  á  Méjico  y 
la  guerra  del  Pacífico,  y  conoce  lo  mismo  los  ma¬ 
res  filipinos  que  los  de  las  Antillas  y  las  costas 
norteamericanas.  ¡  Quién  hubiera  podido  escuchar 
su  conferencia  con  el  nuevo  ministro  Sr.  Auñón, 
uno  de  los  jóvenes  en  quienes  nuestra  Armada 
tiene  mayores  esperanzas!  Claro  es  que  nos  hu¬ 
biéramos  guardado  de  contarla,  á  haber  tenido  esa 
fortuna,  aun  á  nuestra  almohada.  Como  se  ve,  las 
piezas  del  tablero  están  en  movimiento,  unas  ata¬ 


cando  ó  amenazando  muy  de  cerca,  otras  tomando 
posiciones  parada  partida  en  que  hemos  sido  em¬ 
peñados.  España  no  la  deseaba  ni  la  provocó:  la 
lectura  del  Libro  Rojo ,  que  acaba  de  publicar 
nuestro  Gobierno,  demuestra  hasta  dónde  llegó 
nuestra  condescendencia:  lo  que  entonces  pudo 
considerarse  humillación  y  mortificar  nuestro 
amor  propio,  hoy  viene  á  servirnos  de  justifica¬ 
ción  ante  las  calamidades  de  una  guerra  que  se 
nos  impuso.  Hacen  mal  en  discutir  hoy  esos  docu¬ 
mentos  los  españoles :  nos  duele  verlos  estampa¬ 
dos;  pero  hagamos  la  justicia  á  sus  autores  de  que 
más  les  dolería  redactarlos,  y  que  es  muy  fácil  la 
crítica  cuando  no  se  arrostran  los  inconvenientes 
de  los  actos:  lo  que  entonces  nos  afligía  hoy  nos 
exculpa,  puesto  que  demuestra  no  recaer  sobre 
nosotros  las  calamidades  de  la  guerra.  España  la 
evitó  con  un  pueblo  superior  en  recursos  y  des¬ 
cansado.  Hizo  su  deber.  Vino  la  guerra:  las  nacio¬ 
nes  se  conmovieron  ante  el  hecho;  y  España,  obli¬ 
gada  á  luchar,  hizo  lo  de  siempre:  no  rehuir  el 
compromiso  y  no  asustarse. 

* 

e  e 

Un  amigo  querido  hemos  de  despedir  en  esta 
Crónica:  á  D.  Federico  Sánchez  Bedoya,  goberna¬ 
dor  que  fué  de  Madrid  y  vicepresidente  del  Con¬ 
greso,  y  actualmente  diputado  y  uno  de  los  jefes 
del  partido  conservador  de  Sevilla.  Había  servido 
en  el  cuerpo  de  Artillería  hasta  la  Revolución  de 
Septiembre.  Su  carrera  política  fué  rápida  y  bri¬ 
llante:  como  hecho  curioso  de  su  vida  recordamos 
la  célebre  competencia  que  mantuvo  con  la  auto¬ 
ridad  judicial,  prendiendo  al  juez  de  guardia,  que 
á  su  vez  quiso  prender  al  gobernador.  Era  de  trato 
cordial  y  agradabilísimo:  su  generosidad  le  colmó 
de  amigos  que  le  cercaban  para  explotarla,  y  su 
talento,  su  finura  y  sus  altas  condiciones  de  ca¬ 
rácter  le  hicieron  estimado  en  vida  y  sentido  hoy 
en  su  muerte. 


Mr.  Alfredo  Gassier,  autor  del  interesante  libro 
Le  Théátre  Espagnol ,  merece  nuestra  gratitud:  es¬ 
critor  distinguido,  había  hecho  aplaudir  en  París, 
con  el  título  de  San  Gil  de  Portugal ,  la  comedia 
que  Matos,  Cáncer  y  Moreto  titularon  Caer  para 
levantar y  inspirándose  en  El  Esclavo  del  demo¬ 
nio ,  del  Dr.  Mira  de  Mescua.  El  compendio  histó¬ 
rico  de  nuestro  teatro,  del  Sr.  Gassier,  prueba  un 
estudio  bastante  extenso  de  nuestras  antiguas  co¬ 
medias  y  de  los  críticos  que  mejor  clasificaron  á 
los  autores  de  primera  y  segunda  línea,  porque 
reunían  á  su  erudición  un  gusto  depurado  y  seguro: 
podrán  rectificarse  algunos  conceptos,  como  el  de 
que  se  perdieran  las  farsas  de  Lucas  Fernández, 
halladas  y  publicadas  algunas  por  el  Sr.  Cañete; 
el  de  que  haya  descendencia  de  Santa  Teresa  de 
Jesús,  en  lo  que  quiso  significar  que  existe  su  fa¬ 
milia:  y  que  escribiese  en  prosa  sus  sainetes  don 
Ramón  de  la  Cruz,  sin  duda  por  no  considerar  el 
Sr.  Gassier  la  asonancia  del  romance  sino  como 
especie  de  prosa;  pero  si  ha  incurrido  en  otras 
faltas,  será  ante  los  eruditos  que  ahondan  en  eso 
de  títulos,  fechas  y  noticias,  y  han  hecho  investi¬ 
gaciones  posteriores,  como  las  muy  importantes 
del  Sr.  Menéndez  y  Pelayo  en  su  estudio  de  Lope 
de  Vega;  por  regla  general,  Le  Théátre  Espagnolj 
no  sólo  demuestra,  cosa  rara  en  libro  extranjero, 
que  el  autor  conoce  bien  nuestro  idioma,  por  la 
exactitud  con  que  trascribe  nombres  y  traduce  tí¬ 
tulos,  sino  que  tiene  la  cualidad  por  excelencia  de 
una  obra  destinada  á  vulgarizar  nuestro  teatro  en 
tierra  extraña,  y  es,  que  da  una  idea  exactísima  de 
él  en  su  conjunto,  sobre  todo  hasta  llegar  al  tea¬ 
tro  contemporáneo.  Y  si  se  funda  el  Sr.  Gassier  en 
los  críticos  más  seguros,  no  lo  hace  sin  corregir  y 
discutir  sus  juicios  cuando  son  preocupados,  y  de¬ 
mostrar  con  citas,  razones  y  noticias  propias  que 
conoce  el  antiguo  teatro  por  haber  estudiado  á  sus 
autores:  es  notable  el  tacto  con  que,  sin  faltar  un 
instante  al  patriotismo,  expone  la  influencia  del 
teatro  español  en  el  clásico  francés,  disipando 
errores,  añadiendo  datos  y  dando  á  cada  cual  lo 
suyo  con  serena  imparcialidad;  y  es  notabilísimo 
que,  sin  dejar  de  ser  un  buen  francés,  haya  escri¬ 
to  una  obra  tan  española  que  debería  servir  de 
ejemplo  á  muchos  escritores  nacidos  en  España, 
donde  necesitamos  acudir  al  Barón  de  Schack  para 
conocer  y  apreciar  nuestro  teatro,  y  sólo  tenemos 
monografías  de  épocas  ó  autores.  No  culparemos 
al  Sr.  Gassier  si  no  estamos  conformes  en  una 
buena  parte  de  su  juicio  acerca  del  teatro  contem¬ 
poráneo:  baste  para  su  disculpa  que  esa  es  la  opi¬ 
nión  general  de  los  españoles  difundida  por  la 
prensa:  el  Sr.  Gassier  no  ha  podido  por  sí  solo 
apreciar  y  leer  y  clasificar  ¿  los  autores:  ha  de¬ 
bido,  y  ha  hecho  bien,  fiarse  del  juicio  más  admi¬ 
tido  y  exponerle  con  rectitud:  los  lectores  es- 


Digitized  by  AjOOQLe 


22  Mato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xix  —  295 


pañoles  contemporáneos  le  hallarán  juicioso  y 
exacto;  pero  vendrán  las  rectificaciones  del  por¬ 
venir,  y  se  demostrará  con  textos  la  falsificación 
enorme  que  se  ha  hecho  de  méritos,  y  la  confusión 
y  falta  de  sinceridad  de  los  juicios  de  la  prensa.  Y 
conste  que  este  fenómeno  en  nada  perjudica  á  la 
probidad  y  bondad  de  la  obra,  que  destinada  á  dar 
idea  exacta  en  Francia  de  la  historia  y  valor  de 
nuestro  teatro,  no  sólo  cumple  su  fin,  sino  que  es 
digna  de  ser  leída  y  estimada  por  los  españoles  y 
consultada  por  los  literatos. 

«  4 

El  doctor  D.  Carlos  Caries,  director  general  de 
correos  y  telégrafos  de  la  República  Argentina, 
ha  publicado  el  segundo  tomo  de  muestras  de  to¬ 
dos  los  valores  postales  que  allí  rigen.  Es  un  ver¬ 
dadero  álbum  que  mejora  y  completa  el  primero, 
conteniendo  muestras  de  todos  los  timbres,  fajas, 
cartas  y  tarjetas  postales,  dignos  por  su  variedad, 
delicadeza  de  su  estampación  y  abundancia  de  ti¬ 
pos  de  servir  de  modelos.  Acompañan  al  libro  al¬ 
gunas  disposiciones  oficiales  que  ilustran  la  mate¬ 
ria,  y  merece  especial  mención  el  proyecto  de  ley 
contra  las  falsificaciones,  no  sólo  de  los  valores 
vigentes,  sino  de  los  extinguidos,  que  son,  al  fin, 
valores  en  el  mercado:  todo  prueba,  no  menos  que 
el  magnífico  álbum,  la  competencia  y  el  buen 
gusto  del  ilustrado  Dr.  Caries. 

• 

o  4 

— ¿Qué  piensa  usted  del  matrimonio  de  los  Es¬ 
tados  Unidos  é  Inglaterra? 

— Sólo  se  me  ocurre  pensar  en  el  divorcio:  si  es 
que  pasa  del  cambio  de  regalos. 


Conocidísimo  es  el  cuento  del  estudiante  que 
fue  á  alquilar  un  caballo,  y  preguntándole  el  alqui¬ 
lador  cómo  le  deseaba,  respondió  que  le  quería  lar- 
guito  para  que  pudiesen  montar  siete.  Los  yankees 
han  ido  más  lejos;  tienen  un  regimiento  de  Caba¬ 
llería  con  un  solo  caballo,  y  otro  de  Infantería  con 
un  solo  fusil. 

— Es  la  simplificación  de  la  impedimenta. 

—  Puede  haber  más:  que  el  fusil  sólo  tenga  un 
cartucho  y  el  caballo  una  herradura. 

— ¿Y  en  qué  montan  los  jefes? 

— Cuando  tienen  que  salir  á  paseo,  hacen  que  les 
ensillen  un  soldado. 


En  Nueva  York  fué  detenido  un  ratero  que  ha- 
^>ía  hurtado  un  lechoncillo. 

— ¿Y  qué  hicieron  con  el  ladrón? 

— Le  metieron  en  la  cárcel. 

— ¿Y  el  lechoncillo? 

— Le  llevaron  á  la  Inclusa. 


Un  fenómeno  extraordinario  ha  puesto  en  con¬ 
moción  á  los  Estados  Unidos.  Una  señora  ha  dado 
á  luz  una  criatura  tan  diferente  á  todo  lo  que  allí 
nace,  que  los  padres  se  enriquecen  exhibiéndola. 

— ¿Y  de  qué  género  es  el  monstruo? 

— Del  que  menos  podía  esperarse  en  esa  tierra: 
es  una  criatura  racional. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


KXCMO.  SR.  D.  RAMÓN  AUÑÓN  Y  V1LLALÓX , 
nuevo  ministro  de  Marina  (pág.  1.a). 

Tiene  en  las  circunstancias  actuales  importan¬ 
cia  tan  trascendental  la  dirección  suprema  de  los 
asuntos  de  la  Armada,  que  en  la  reciente  crisis 
ministerial  preocupaba  hondamente  al  país  la  pro¬ 
visión  de  la  cartera  de  Marina.  Cuantos  deseába¬ 
mos  para  ella  una  personalidad  que  á  las  condicio¬ 
nes  de  inteligente  aptitud  uniese  la  viril  energía 
y  actividad  vigorosa  que  las  circunstancias  exigen, 
fundamos  las  más  halagüeñas  esperanzas  en  el 
señor  Auñón,  por  entender  que  en  él  coinciden 
aquellas  apetecidas  cualidades. 

No  hemos  de  hacer  ahora  su  biografía,  ni  hemos 
de  extractar  prolijamente  su  hoja  de  servicios; 
sólo  recordaremos  que  desde  1859,  en  que  á  los  ca¬ 
torce  años  de  edad  ingresó  en  la  Armada  como 
guardia  marina,  no  ha  dejado  de  “prestar  servicios 
excelentes.  En  la  guerra  de  Africa,  en  la  de  Santo 
Domingo  y  en  la  de  Cuba  combatió  con  los  ene¬ 
migos  de  España;  en  los  buques-escuelas  Bilbao , 


Fet'rolana  y  Asturias  demostró  sos  aptitudes  téc¬ 
nicas;  sus  condiciones  de  inteligencia  lucieron 
en  muchas  comisiones  científicas  que  á  su  talento 
se  encomendaron;  y  durante  su  mando  del  cru¬ 
cero  Infanta  Isabel  y  de  la  estación  naval  de  Es¬ 
paña  en  la  América  del  Sur,  fue  objeto  de  muy 
señaladas  distinciones  de  la  colonia  española  y  del 
Gobierno  del  Uruguay  y  de  la  Argentina.  Enton¬ 
ces  fué  cuando,  al  estallar  la  revolución  en  Bue¬ 
nos  Aires,  como  se  declararan  impotentes  los  mi¬ 
nistros  extranjeros  para  impedir  el  bombardeo, 
el  Sr.  Auñón  fué  aclamado  jefe  de  la  escuadra  in¬ 
ternacional,  no  obstante  ser  las  fuerzas  españolas 
inferiores  en  número  á  las  de  otras  naciones.  El 
éxito  que  en  aquellas  difíciles  circunstancias  lo¬ 
gró  le  conquistó  tan  justas  y  generales  simpatías, 
que  al  retirarse  con  su  buque  del  Plata,  cumplien¬ 
do  órdenes  superiores,  le  acompañaron  en  un  tra¬ 
yecto  de  treinta  millas  todos  los  vapores  del  trᬠ
fico  y  toda  la  colonia  española,  á  cuyo  frente  iba 
el  Ministro  plenipotenciario,  y  la  marinería  le 
despidió  con  entusiastas  hurras  desde  las  vergas 
de  los  buques  extranjeros. 

En  las  importantísimas  comisiones  de  redac¬ 
ción  de  las  ordenanzas  de  la  Armada,  de  la  ley  de 
ascensos  y  compilación  legislativa  de  Marina  des¬ 
de  el  siglo  pasado,  y  en  el  cargo  de  oficial  del  Mi¬ 
nisterio,  dió  evidentes  pruebas  de  sus  aptitudes  y 
conocimientos  especiales;  y  sus  conferencias  en  el 
Ateneo  de  Madrid  y  en  el  de  Cádiz,  como  sus  es¬ 
critos  en  la  prensa  profesional,  acreditaron  su 
vasta  y  sólida  cultura. 

Muy  recientes  y  muy  conocidas  son  sus  campa¬ 
ñas  en  el  Parlamento,  para  el  que  fue  elegido  rei¬ 
teradamente  por  la  circunscripción  de  Cádiz.  En¬ 
tonces,  como  siempre,  demostró  el  entusiasmo  que 
siente  por  la  marina  española,  y  los  constantes 
desvelos  que  á  su  mejoramiento  ha  consagrado. 

Hoy,  que  todos  los  españoles  lamentan  unáni¬ 
mes  que  nuestra  escuadra  no  sea  más  poderosa,  y 
no  faltan  las  quejas  por  la  apatía  ó  la  imprevisión 
de  los  que  no  cooperaron  á  tiempo  á  su  engrande¬ 
cimiento,  no  nos  parece  ocioso  recordar  que  hace 
veinte  años,  cuando  muy  altas  personalidades  po¬ 
líticas  consideraban  la  escuadra  como  artículo  de 
lujo ,  impropio  de  una  nación  modesta  como  Es¬ 
paña,  y  confiaban  en  que  era  garantía  suficiente 
contra  improbables  contingencias  la  firmeza  de 
los  españoles  pechos,  el  Sr.  Auñón,  en  La  Voz  del 
Litoral ,  escribía  hermosos  artículos  combatiendo 
tan  erróneo  criterio,  y  revelaba  con  tal  previsión 
los  peligros  futuros,  que  al  leer  hoy  sus  trabajos 
parecen  escritos  para  estos  tiempos. 

La  suerte  ha  querido  que  en  las  circunstancias 
dificilísimas  que  previó  hace  veinte  años  le  toque 
á  él  gobernar  como  ministro  de  Marina.  Al  serlo 
demuestra  que  no  se  limita  á  la  estéril  misión  de 
lamentar  las  consecuencias  de  ajenos  yerros  con 
la  triste  satisfacción  de  haberlos  señalado  de  an¬ 
temano,  sino  á  la  de  emplear  la  acción  eficaz  que 
tienda  á  su  posible  enmienda  ,  aceptando  un 
puesto  tanto  más  honroso ,  cuanto  más  difícil  se 
presenta. 

Su  amor  á  la  patria,  su  entusiasmo  por  las  glorias 
de  la  Armada  y  el  apremiante  estímulo  de  la  con¬ 
ciencia  del  deber,  bastan  seguramente  para  inspi¬ 
rar  al  nuevo  Ministro  en  su  ardua  empresa;  pero 
á  su  clara  inteligencia  no  puede  ocultarse  que  para 
alentarle  en  su  penosa  tarea  le  rodea  y  le  acom¬ 
pañará  en  sus  nobles  iniciativas  la  simpatía  y  la 
esperanza  de  toda  España,  deseosa  como  nunca  de 
enaltecer  y  premiar  legítimos  éxitos. 

• 

«  « 

MEDALLA  (UN MEMORATIVA 

del  IV  centenario  del  descubrimiento  del  camino  de  las  Indias. 

A  estas  líneas  acompaña  el  dibujo  de  la  medalla 
oficial  aprobada  por  la  Gran  Comisión  Ejecutiva 


del  centenario  del  descubrimiento  del  camino  de 
las  Indias  por  Vasco  de  Gama. 

El  dibujo  de  la  medalla  es  de  D.  JManuel  Pedro 
de  Feria  Luna,  oficial  del  ejército  portugués,  y 
ha  sido  modelada  por  el  escultor  italiano  Giovani 
Crutofanetti.  El  busto  de  Vasco  de  Gama  es  copia 
fiel  de  un  retrato  antiguo  que  existe  en  la  Socie¬ 


dad  de  Geografía  de  Lisboa.  Por  su  objeto  y  lo  ar¬ 
tístico  de  su  ejecución,  se  considera  esta  medalla 
como  muy  notable. 

4  4 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  ESTADOS  UNIDOS. 

Vistas  parciales  de  San  Juan  de  Puerto  Rico  (pág.  296;. 

El  comodoro  Sampson,  que  no  parece  que  tiene 
en  estrategia  naval  aquella  portentosa  habilidad 
que  demostró  para  zurcir  informes  como  el  del 
Mame ,  viene  siendo  objeto  de  censuras  de  sus 
propios  paisanos,  y  bajo  el  apremio  de  la  opinión 
se  decidió  el  12  del  actual  á  conquistar  de  una  vez 
á  Puerto  Rico.  Once  barcos  se  presentaron  en  la 
madrugada  de  dicho  día  frente  a  la  bahía  de  San 
Juan  de  Puerto  Rico,  rompiendo  el  fuego  sin  pre¬ 
vio  aviso,  según  el  nuevo  derecho  internacional 
de  los  sensibles  filántropos  yankees . 

Hicieron  fuego  el  lowa ,  el  Indiana ,  el  New 
York ,  el  Detroit ,  el  Cincinnati ,  el  Macblehead ,  el 
Montgomery ,  el  yate  Mayjlower,  y  los  monitores 
P tiritan  y  Terror . 

Contestaron  enérgicamente  las  baterías  de  la 
plaza,  y  algo  después  de  las  nueve  de  la  mañana 
retiráronse  los  terribles  conquistadores  sin  con¬ 
quistar  nada,  y  llevando  á  remolque  uno  de  sus 
grandes  barcos  con  averías  de  importancia. 

Los  daños  que  en  la  plaza  causó  el  bombardeo 
no  tuvieron  gravedad,  y  las  bajas  consistí eroín  en 
varios  paisanos  heridos;  dos  muertos  y  tres  heri¬ 
dos  de  la  guarnición  y  voluntarios. 

El  Gobernador  general  de  Puerto  Rico,  al  comu¬ 
nicar  este  hecho,  elogió  calurosamente  la  sereni¬ 
dad  y  entusiasmo  que  demostró  la  población  civil, 
y  lo  satisfecho  que  quedó  del  brillante  comporta¬ 
miento  de  todos. 

Damos  en  la  citada  página  tres  vistas  de  San 
Juan  de  Puerto  Rico,  situado,  como  es  sabido,  en 
la  costa  Norte,  y  defendido  principalmente  por 
los  castillos  del  Morro  y  San  Cristóbal.  El  prime¬ 
ro  domina  la  entrada  del  puerto;  el  segundo  ocupa 
una  altura  en  el  ángulo  Nordeste  del  recinto  for¬ 
tificado. 

Vista  desde  la  bahía  la  ciudad  de  San  Juan, 
ofrece  cierto  parecido  con  Cádiz.  El  peñón  en  que 
se  asienta  forma  un  plano  inclinado  que  baja  sua¬ 
vemente  hacia  el  puerto.  La  isleta  está  unida  al 
resto  de  la  isla  por  el  puente  de  San  Antonio,  cerca 
del  cual  se  halla  la  punta  del  Escambrón  y  el  fuerte 
de  San  Jerónimo,  que  dominan  por  aquel  lado 
el  mar. 

* 

4  4 

LA  DEFENSA  DE  CIENFUEGOS. 

Dibujo  de  M.  Alcázar  <pág.  297). 

El  dibujo  de  M.  Alcázar  reproduce  una  escena 
del  ataque  á  Cien  fuegos,  vigorosamente  rechazado 
por  nuestras  tropas. 

Cuatro  barcos  de  guerra  norteamericanos  situa¬ 
dos  á  barlovento  de  la  Boca  de  Cienfuegos,  hicie¬ 
ron  innumerables  disparos  de  cañón  de  varios  ca¬ 
libres. 

Al  mismo  tiempo,  varias  lanchas  de  vapor  se 
destacaron  de  entre  los  barcos  de  guerra  enemi¬ 
gos  remolcando  ocho  grandes  barcazas,  que,  á  lo 
que  parece,  venían  llenas  de  armas  y  municiones 
para  los  rebeldes. 

Aproximáronse  las  lanchas  con  las  barcazas 
hasta  muy  cerca  de  tierra. 

En  la  costa  había  varios  batallones  de  Infante? 
ría  dispuestos  convenientemente,  que  comenzaron 
á  hacer  fuego  sobre  las  naves  enemigas. 

Estas  se  detuvieron  en  su  avance  y  aguantaron 
un  breve  rato  el  fuego. 

Después  se  retiraron  rápidamente. 

Al  mismo  tiempo,  una  batería  que  hay  en  el  faro 
de  Cienfuegos  y  una  pieza  de  artillería  de  cam¬ 
paña  colocada  en  la  costa,  dispararon  sobre  los 
yankees y  haciéndoles  alejarse  mucho  más. 

Nuestras  tropas  tuvieron  cuatro  soldados  he¬ 
ridos. 

La  caseta  de  amarre  del  cable  que  va  de  Cien- 
fuegos  á  Batabanó  y  de  Cienfuegos  á  Tunas,  fué 
destruida  por  un  disparo  de  cañón  de  los  barcos 
de  guerra  norteamericanos. 

Estos  se  situaron  entonces  á  sotavento  de  la 
Boca  de  Cienfuegos  y  repitieron  un  fuerte  ca¬ 
ñoneo. 

Entretanto,  las  lanchas  de  vapor  y  las  barcazas 
por  ellas  conducidas  fueron  á  colocarse  frente  ai 
embarcadero  del  río  Arimao,  entre  éste  y  la  Punta 
del  Gavilán. 

También  había  allí  tropas. 

El  general  Aguirre,  conocedor  del  intento  de 
los  yankees  y  había  dispuesto  en  el  lugar  citado  dos 
batallones. 

Por  dos  veces  intentaron  las  barcazas  el  desem¬ 
barco,  y  otras  tantas  hubieron  de  retirarse. 


Digitized  by 


Google 


Digitized  by  ^.ooQie 


VISTAS  PARCIALES  DE  SAN  JUAN  DE  PUERTO  RICO 


L  •  '  guerrillas  españolas  rechazando  el  desembarco  de  las  tropas  norteamericanas 

EN  LA  COSTA  DE  CIENFUEG03  (CUBA). 

(Dibujo  do  M.  Alcázar.) 


$93  —  n.*  xix 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Mato  1898 


Mr.  WlLLIAM  EVART  GLADSTONE 

ILUSTRE  ESTADISTA  INGLÉS. 

Nadó  en  Liverpool  el  año  1800;  f  en  Hawarden  el  10  del  corriente. 
(De  fotografía.) 


12,350  de  puntal,  7,85  de  calado,  9.235  toneladas 
de  desplazamiento,  y  velocidad  máxima  de  20  mi¬ 
llas;  el  PélayOy  de  igual  clase,  102  metros  de  es¬ 
lora,  20,2  de  manga,  14,45  de  puntal,  7,35  de  cala¬ 
do,  9.917  toneladas,  y  velocidad  de  16  millas;  el 
crucero  Vitoria ,  de  90,17  metros  de  eslora,  17,34 
de  manga,  8,87  de  puntal,  8,60  de  calado,  7.250 
toneladas,  y  11  millas  de  andar;  el  Alfonso  XIII , 
crucero  de  primera  clase,  de  96,57  metros  de  es¬ 
lora,  15,45  de  manga,  9,91  de  puntal,  6,10  de  cala¬ 
do,  4.826  toneladas,  y  velocidad  de  20  millas. 

Figuran  también  en  el  grabado  el  aviso  Giralda , 
que  hemos  descrito  recientemente,  y  los  destruc¬ 
tores  de  torpederos  Audaz ,  Osado  y  Proserpina, 
del  tipo  de  65,056  metros  de  eslora,  6,705  de  man¬ 
ga,  3,962  de  puntal,  380  tone¬ 
ladas,  y  30  millas  de  velocidad 
por  hora. 

Según  las  últimas  noticias, 
irán  á  Filipinas  los  acoraza¬ 
dos  Pelayo  y  Carlos  V;  los 
cruceros  Patriota  y  Rápido ; 
los  auxiliares  Alfonso  XII  y 
Antonio  López,  dos  ó  tres  des¬ 
tructores  y  el  aviso  Giralda . 

Después  se  procurará  orga¬ 
nizar  lo  más  rápidamente  po¬ 
sible  otra  escuadra  con  la 
Vitoria,  la  Numancia ,  el  Al¬ 
fonso  XIII ,  el  Audaz  y  otros 
barcos  auxiliares  que  se  están 
armando. 


MR.  CHAMBKRLAIN, 


ministro  de  las  Colonias  de  Inglaterra 
(pág.  303). 


BELLAS  ARTES. 


¡Adiós!,  dibujo  de  M.  Picolo  (pAg.  304). 


La  escena  conmovedora  que  el  dibujo  de  Picolo 
interpreta,  es  de  palpitante  actualidad.  La  partida 
del  vapor  que  lleva  á  su  bordo  el  sér  querido,  ha 
sido  siempre  motivo  de  tristeza  para  la  pobre  fa¬ 
milia  que  ve  perderse  en  el  horizonte  el  penacho 
de  humo  que  parece  su  postrera  despedida;  pero 
es  aún  más  triste  cuando  á  los  riesgos  del  mar  se 


Cuando  por  segunda  vez  trataban  de  aproxi¬ 
marse  á  tierra,  les  alcanzaron  muchos  disparos  de 
Mauser  de  nuestros  soldados,  que  les  causaron 
bastantes  bajas  ,  según  se  pudo  apreciar  por  la 
agitación  de  los  tripulantes  de  las  barcazas  y  de 
las  lanchas  de  vapor. 


MR.  WlLLIAM  EVART  GLADSTONE  (PAG.  298). 


El  lunes  19  del  corriente,  á  las  cinco  de  la  ma¬ 
ñana,  expiró  en  su  castillo  de  Hawarden  el  ilus¬ 
tre  estadista  que  durante  sesenta  y  seis  años  ha 
tomado  parte  importantísima  en  la  política  de  la 
Oran  Bretaña.  Imposible  encerrar  en  los  reduci¬ 
dos  límites  de  esta  sección  una 
biografía  de  Gladstone,  pues 
sería  necesario  referir  la  his¬ 
toria  de  Inglaterra  de  más  de 
medio  siglo.  Nació  en  Liver¬ 
pool  en  Diciembre  de  1809,  de 
rica  familia,  y  apenas  terminó 
sus  estudios  en  el  Colegio  de 
Eton  y  en  la  Universidad  de 
Oxford,  fué  elegido  diputado 
por  la  protección  del  Duque 
de  Newcastle.  Muy  pronto  se 
revelaron  en  el  Parlamento 
sus  dotes  oratorias,  y  sir  Ro¬ 
berto  Peel  le  nombró  en  1834 
lord  de  la  Tesorería.  En  los 
comienzos  de  su  vida  política 
se  señaló  como  conservador. 

Poco  después,  como  adver¬ 
sario  del  gabinete  Melbourne, 
tomó  parte  en  las  apasiona¬ 
das  polémicas  de  carácter  re¬ 
ligioso,  y  proclamó  la  necesi¬ 
dad  de  una  religión  del  Estado 
en  un  libro  que  causó  impre¬ 
sión  profunda. 

Vuelto  al  poder  Peel  en 
1841,  nombró  á  Gladstone 
miembro  del  Consejo  priva¬ 
do,  y  le  encargó  de  estudiar 
la  revisión  general  de  las  ta¬ 
rifas,  estudio  que  convirtió  al 
futuro  jefe  del  partido  libe¬ 
ral  en  librecambista  decidido 
y  apasionado. 

En  1845  fue  nombrado  mi¬ 
nistro  de  las  Colonias;  y  ha¬ 
biendo  tenido  que  renunciar 
el  cargo  de  diputado  por 
Newarck,  no  fué  reelegido  por 
haber  modificado  sus  opinio¬ 
nes  y  haber  iniciado  la  evo¬ 
lución  que  le  alejó,  andando 
el  tiempo,  de  las  filas  de  los 
conservadores. 

Ya  en  1847  fué  considerado 
en  la  Cámara  como  uno  de  los 
jefes  del  partido  conservador. 

En  1866,  la  situación  de  Ir¬ 
landa  era  grave,  en  términos 
de  que  Gladstone  se  creyó  obli¬ 
gado  á  pedir  al  Parlamento 
medidas  de  represión,  incluso 
la  supresión  del  Habeos  cor - 
pus.  Pasado  poco  tiempo,  pidió 
desde  los  bancos  de  la  oposi¬ 
ción  la  separación  de  la  Iglesia 
y  del  Estado  en  Irlanda,  y  que  los  recursos  pecu¬ 
niarios  que  esta  reforma  dejara  en  manos  del  Go¬ 
bierno  se  emplearan  en  mejoras  beneficiosas  para 
el  pueblo  irlandés.  Obtuvo  mayoría  en  la  Cámara 
de  los  Comunes,  pero  fué  derrotado  en  la  de  los 
Señores,  comenzando  entonces  (1868)  su  primera 
campaña  para  mover  la  opinión  en  favor  de  Ir¬ 
landa.  En  1870  presentó  á  la  Cámara  el  Irhis  land 
bilí ,  inspirado  en  sus  ideas  de  reforma  agraria  en 
Irlanda,  y  cuatro  años  después,  ai  pedir  la  refor¬ 
ma  de  la  Instrucción  Superior  en  esta  isla,  fué 
derribado  por  los  conservadores. 

En  1880  volvió  á  gobernar,  teniendo  por  artículo 
principal  de  su  programa  la  supresión  de  las  se¬ 
veras  medidas  de  represión  adoptadas  en  Irlanda 
por  el  Gobierno  anterior.  Presentó  un  proyecto 
de  ley  que  favorecía  mucho  á  los  infelices  colonos 
irlandeses,  pero  rechazáronle  los  Señores,  con  lo 
que  la  agitación  fué  aumentando  en  Irlanda  en 
términos  de  que  Gladstone  tuvo  que  mostrarse 
muy  enérgico  con  los  levantiscos,  lo  que  le  hizo 
perder  el  apoyo  de  Parnell.  Sin  desanimarse  por 
ello,  llevó  al  Parlamento  su  bilí  de  la  reforma 
agraria,  pero  también  fué  vencido. 

En  Irlanda  iban  tomando  las  cosas  muy  mal  as¬ 
pecto,  siendo  asesinados  en  Mayo  de  1882  el  lord 
gobernador  Cavendish  y  su  secretario.  Volvió 
Gladstone  á  presentar  en  1884  otra  ley  favorable 


á  la  isla,  la  de  reforma  electoral,  y  si  bien  cayó 
del  poder,  fué  para  ocuparle  de  nuevo  al  poco  tiem¬ 
po.  Entonces  presentó  al  Parlamento  su  famoso 
bilí  de  la  autonomía  de  Irlanda  (8  y  16  de  Abril), 
en  el  que  pedía  para  ella  Parlamento  y  Ministerio 
propios  (menos  los  de  Guerra,  Hacienda  y  Estado), 
y  completa  independencia  en  los  negocios  inte¬ 
riores.  A  esto  se  añadía  un  proyecto  de  compra  de 
las  tierras  de  los  grandes  propietarios,  para  repar¬ 
tirlas  entre  la  población  rural  más  necesitada. 
Derrotado  el  proyecto  por  341  votos  contra  311 
(8  de  Junio  de  1886),  apeló  ante  la  opinión  públi¬ 
ca,  disolviendo  la  Cámara  y  convocando  á  elec¬ 
ciones  generales,  en  las  que  fue  vencido. 

En  la  oposición  comenzó  esa  admirable  cam¬ 


paña  de  Irlanda,  en  la  que  ha  probado  el  vigor  de 
su  palabra,  la  claridad  de  su  talento  y  la  robustez 
física  de  su  organismo,  que  á  los  ochenta  y  cuatro 
años  le  permitía  pronunciar  discursos  de  dos  y 
tres  horas  con  el  fuego  y  la  voz  de  un  joven  de 
veinticinco. 

La  personalidad  de  Gladstone  continuó  influ¬ 
yendo  poderosamente  en  la  política  inglesa  aun 
después  de  retirarse  á  la  vida  privada,  deseoso  del 
apacible  descanso  después  de  tantos  años  de  ac¬ 
tiva  labor. 

Rodeado  de  su  familia  ha  muerto  el  greaf  oíd 
man ,  á  los  ochenta  y  ocho  años,  produciendo  su 
muerte  gran  sentimiento,  no  solamente  en  Ingla¬ 
terra,  sino  en  todas  las  naciones  que  reconocían 
los  indiscutibles  méritos  del  gran  estadista,  escri¬ 
tor  eminente  y  hombre  modelo  de  virtudes  públi¬ 
cas  y  privadas. 

* 

«  o 

ESCUADRA  DE  RESERVA  FONDEADA  EN  TAPIZ  (TÁGS,  300  Y  301). 

Con  el  nombre  de  escuadra  de  reserva  se  ha 
designado  hasta  ahora  la  que  se  halla  en  las  aguas 
de  Cádiz  al  mando  del  contraalmirante  Cámara. 

Nuestro  grabado  en  doble  página  representa  el 
acorazado  de  primera  clase  Carlos  V ,  buque  de 
acero  de  115,82  metros  de  eslora,  20,42  de  manga, 


Pocas  personalidades  des¬ 
piertan  hoy  la  pública  curio¬ 
sidad  en  tan  alto  grado  como 
el  ministro  inglés  Mr.  Cham- 
berlain ,  con  ocasión  de  su 
discurso  pronunciado  en  Bir- 
mingham  el  12  del  corriente. 

El  antiguo  radical,  hoy  in¬ 
fluyente  conservador;  el  con¬ 
tramaestre  de  antaño,  hoy 
tan  refinado  dandy  que  reci¬ 
be  cada  quince  días  de  Vene¬ 
zuela  las  más  extrañas  orquí¬ 
deas  para  el  ojal  de  su  levita, 
ha  hablado  de  la  alianza  de 
Inglaterra  con  los  Estados 
Unidos  en  los  siguientes  tér¬ 
minos: 

«Jamás  han  sido  más  fuer¬ 
tes  que  ahora  los  lazos  que 
unen  á  la  metrópoli  con  sus 
posesiones. 

»8i  se  ha  atendido  á  esa 
primordial  obligación,  ¿qué 
es  lo  que  ahora  nos  resta?  Es¬ 
tablecer  y  conservar  los  vín¬ 
culos  de  una  amistad  duradera 
con  nuestros  parientes  de 
allende  el  Atlántico. 

»Constituyen  hoy  una  na¬ 
ción  generosa  y  potente.  Su 
idioma  es  nuestro  idioma,  su 
raza  nuestra  raza;  sus  leyes, 
su  literatura,  su  criterio  so¬ 
bre  determinadas  cuestiones  son  exactamente  los 
del  pueblo  inglés;  sus  sentimientos  é  interés  por 
la  causa  de  la  humanidad  y  el  pacífico  desarrollo 
del  mundo,  preséntanse  idénticos  á  nuestros  sen¬ 
timientos  y  tendencias. 

»No  sé  lo  que  nos  tiene  reservado  el  porvenir; 
ignoro  qué  alianzas  nos  serán  posibles;  mas  ésta, 
hecha  con  el  consentimiento  de  ambos  pueblos, 
creo  superaría  á  cualquiera  otra  por  muchos  con¬ 
ceptos.  Convendría  igualmente  á  Inglaterra,  á  los 
Estados  Unidos  y  al  mundo.  Mucho  decir  es;  peio, 
en  mi  opinión,  y  no  obstante  lo  terrible  de  la  gue¬ 
rra,  resultará  ésta  un  factor  barato  si  en  pro  de 
una  causa  noble  y  grande  llegaran  á  ondear  juntas 
las  banderas  de  ambas  naciones,  unidas  por  la 
alianza  anglo-sajona.» 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Mayo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xix  —  299 


unen  los  peligros  de  la  guerra.  Sagrado  es  el  de¬ 
ber  de  combatir  por  la  patria;  pero  ¡cuántas  amar¬ 
guras  causa  en  los  humildes  hogares  la  guerra  que, 
sin  razón  ni  derecho,  ha  encendido  la  codicia  de 
nuestros  enemigos! 

•  • 

EL  CRUCERO  «CONDE  DEL  VENADITO»  (PAG.  305). 

El  Conde  del  Venadito  es  un  crucero  no  prote¬ 
gido  de  segunda  clase,  de  casco  de  hierro;  mide 
63,85  metros  de  eslora,  9,73  de  manga  y  5,34  de 
puntal,  desplazando  1.189  toneladas.  La  fuerza  de 
t>u  máquina  es  de  1.500  caballos  indicados,  tiene 
una  hélice,  anda  13  millas  por  hora,  y  su  radio  de 
acción  es  de  2.600  millas. 

Consiste  su  armamento  en  cuatro  cañones  Hon- 
toria  de  12  centímetros,  dos  de  7,  dos  de  5  y  cuatro 
de  4,  y  dos  tubos  lanzatorpedos. 

Su  dotación  es  de  180  hombres,  siendo  coman¬ 
dante  del  barco  D.  Esteban  Arriaga,  capitán  de 
fragata. 

•  • 

ENTRADA  DEL  PUERTO  DE  LA  HABANA  (PÁG.  305). 

Publicamos  la  vista  de  la  entrada  del  puerto  de 
la  Habana,  con  ocasión  del  hecho  brillante  reali¬ 
zado  por  los  cruceros  españoles  Conde  del  Vena - 
dito  y  Nueva  España ,  contra  los  bloqueadores  nor¬ 
teamericanos,  el  14  del  corriente. 

Según  noticias  telegráficas,  á  las  cuatro  de  la 
tarde  salieron  de  la  Habana  nuestros  barcos,  dis¬ 
puestos  á  combatir  con  los  buques  norteamerica¬ 
nos  que  bloquean  aquellos  sitios. 

La  noticia  circuló  con  rapidez,  produciendo  la 
natural  impresión. 

Pronto  se  vió  todo  el  litoral  lleno  de  gente  que 
despedía  á  nuestros  dos  pequeños  buques  con  gran 
entasiasmo. 

Estos  hicieron  rumbo  hacia  el  sitio  en  que  se 
hallaban  los  enemigos. 

Por  momentos  aumentaba  la  emoción  de  los  cu¬ 
riosos  que  presenciaban  desde  tierra  los  movi¬ 
mientos  de  los  buques. 

Componían  la  flota  enemiga  que  se  iba  á  com¬ 
batir  cinco  buques  mercantes  armados  y  dos  cru¬ 
ceros  de  tipo  medio. 

Hallábanse  á  respetable  distancia  del  puerto,  y 
al  ver  á  nuestros  buques  notóse  que  se  disponían 
á  maniobrar. 

Los  nuestros  avanzaron  en  su  busca  unos  14  ki¬ 
lómetros. 

Todos  los  buques  yankees  se  pusieron  en  movi¬ 
miento  precipitadamente,  y  comenzaron  á  descri¬ 
bir  zlszas,  como  si  quisieran  rehuir  el  combate  á 
que  se  les  provocaba. 

Entonces  el  Venadito  y  el  España ,  colocándose 
en  línea,  rompieron  el  fuego,  siendo  contestados 
débilmente  por  el  enemigo. 

Nuestros  buques  dispararon  veinte  cañonazos 
cada  uno. 

Los  yankees  sólo  hicieron  fuego  ocho  veces,  em¬ 
prendiendo  la  retirada  á  toda  velocidad  hasta  per¬ 
derse  de  vista  muy  pronto. 

Uno  llevaba  averías,  á  juzgar  por  las  dificultades 
con  que  maniobraba. 

Nuestros  buques  no  experimentaron  la  menor 
novedad,  regresando  al  puerto  á  las  ocho  de  la 
noche. 

El  pueblo  entusiasmado  les  tributó  una  caluro¬ 
sísima  ovación. 

Cuéntase,  como  detalle  curioso  y  altamente  sim¬ 
pático,  que  siguiendo  á  nuestros  buques  de  guerra 
salieron  del  puerto  tres  remolcadores  llenos  de 
gente,  y  que  durante  el  cañoneo  estuvieron  muy 
cerca  presenciando  el  combate  y  saludando  con 
vivas  á  nuestros  bravos  marinos. 

•  • 

EL  CAÑONERO  TORPEDERO  «NUEVA  ESPAÑA»  (PAG.  308). 

El  Nueva  España .  Es  este  barco  un  crucero  tor¬ 
pedero  con  casco  de  acero.  Mide  58  metros  de  es¬ 
lora,  7  de  manga  y  4,22  de  puntal,  desplazando 
630  toneladas. 

La  fuerza  de  su  máquina  es  de  2.400  caballos, 
tiene  dos  hélices,  y  anda  19  millas  por  hora,  siendo 
su  radio  de  acción  de  2.700  millas. 

Su  armamento  consiste  en  dos  cañones  Honto- 
ria  de  12  centímetros,  cuatro  Nordenfelt  de  37  mi¬ 
límetros,  una  ametralladora  Nordenfelt  de  11  mi¬ 
límetros  y  dos  tubos  lanzatorpedos. 

Su  dotación  se  compone  de  81  hombres,  estando 
el  barco  mandado  por  el  teniente  de  navio  don 
Eduardo  Capelástegui. 

' ;  Cabidos  Luis  d^j  Cueno/C 


EFECTOS  DEL  CORSO. 


II. 


'^m  L  resultado  conseguido  con  el  armamen¬ 

to  de  naves  de  particulares;  el  enorme 
daño  causado  al  comercio  de  los  ene¬ 
migos,  con  el  que  vino  el  nuestro  á 
beneficiarse,  y  por  el  que  se  aceleró 
5  el  fin  de  la  guerra  con  la  Gran  Bretaña, 
'  no  acabaron  con  los  escrúpulos  del  Go- 
bierno  de  Felipe  IV,  ni  menos  desarraigaron 
s  la  antigua  prevención  contra  los  abusos  que 
difícilmente  pueden  evitarse  otorgada  licen¬ 
cia  de  aplicar  el  derecho  elástico  de  los  beligeran¬ 
tes  en  espacio  ilimitado,  fuera  de  la  vista  y  del 
alcance  de  los  llamados  á  poner  inmediato  correc¬ 
tivo.  Por  ello  se  restringió  la  concesión  de  paten¬ 
tes  de  corso  á  los  mares  de  Europa,  prohibiendo 
ejercitarlo  en  los  de  las  Indias. 

Bien  mirado,  algo  más  que  la  consideración  y 
el  respeto  á  la  propiedad  de  los  neutrales  influyó 
en  la  determinación.  Temíase  que  los  armadores, 
aislados  ó  en  compañía,  aprovecharan  la  libertad 
dé  acción  para  llevar  y  traer  mercancías;  para  ir, 
en  una  palabra,  contra  el  monopolio  comercial  es¬ 
tablecido  en  las  colonias  y  con  suspicaz  política 
guardado. 

Para  prescindir  de  estas  reservas,  para  dar  oídos 
á  la  insistente  petición  de  los  gobernadores,  de 
los  pueblos  y  aun  de  los  mercaderes  privilegiados, 
fué  menester  que,  empeorando  sin  términos  de 
comparación  el  estado  de  los  asuntos  nacionales 
en  el  reinado  siguiente  de  Carlos  II,  llegara  el 
caso  de  no  poder  dormir  en  mar  ni  en  tierra,  los 
que  por  aquellas  regiones  habitaban,  sin  temor  de 
despertar  cautivos. 

Muchedumbre  de  foragidos,  escoria  del  mundo, 
apoyada  por  las  naciones  más  cultas  y  fuertes  con 
tal  de  destruir  ó  debilitar  á  la  nuestra,  se  había 
instalado  en  las  Antillas  menores,  transformán¬ 
dolas  en  nidos  de  piratas  donde  se  incubaba  la 
desolación.  Horroriza  el  relato  de  atrocidades  in¬ 
creíbles  que  cada  día  cometían  impunemente, 
anulado  el  poder  naval  con  que  sólo  se  hubiera 
podido  tenerlos  á  raya.  Ni  las  ciudades  muradas 
estaban  seguras  contra  el  ataque  de  piratas  en  le¬ 
gión  de  miles,  cuanto  más  los  pueblos  abiertos,  las 
haciendas  ó  las  estancias  del  campo. 

Oídos  al  fin  en  la  corte  de  España  los  lamentos 
de  tantos  lastimados,  acabó  la  vacilación,  suscri¬ 
biendo  el  Gobierno  el  recurso  que  como  eficaz  con¬ 
tra  los  males  se  le  proponía:  el  corso;  el  medio 
que,  sin  reñir  con  los  de  economía,  iba  á  propor¬ 
cionar  á  las  Indias  naves  de  combate  sin  sostener¬ 
las  el  Estado;  la  resolución  que,  prescindiendo  del 
sistema  defensivo  casi  siempre  adoptado  en  nues¬ 
tras  guerras,  y  siempre  desastroso  y  fatal  en  ellas, 
azotara  á  los  malhechores. 

No  se  trataba  de  perseguir  buques  cargados  de 
mercaderías,  ni  de  herir  en  los  intereses  á  un  ene¬ 
migo  franco:  se  había  de  hacer  uso  de  la  medica¬ 
ción  por  el  sistema  futuro  de  Hahnemann;  el  corso 
contra  el  corso,  lo  cual  requería  fórmulas  especia¬ 
les  discurridas  en  la  ordenanza  dada  á  22  de  Fe¬ 
brero  de  1674  con  19  artículos,  cuya  esencia  era: 

Las  presas  se  repartirían  conforme  al  tercio  viz¬ 
caíno  en  la  antigua  marina  de  Castilla.  Los  piratas 
aprehendidos  habían  de  ser  castigados  como  tales. 
Hacíase  merced  por  la  Corona  del  quinto  de  su 
derecho,  así  como  del  casco,  artillería,  armas  y 
efectos  de  cualquier  especie.  Serían  entregados  los 
prisioneros  para  hacer  justicia.  Ninguna  autoridad 
percibiría  parte  ni  joya  de  las  presas.  Estas  se 
podrían  vender  en  cualquier  puerto  sin  pago  de 
alcabalas  ni  de  ningún  otro  tributo.  Se  reputarían 
los  servicios  en  los  navios  corsarios  como  hechos 
en  la  armada  Real.  Gozaría  la  gente  de  las  preemi- 
nencias  de  la  milicia. 

Los  resultados  de  esta  ley,  la  más  liberal  de  las 
que  en  el  particular  han  regido,  han  de  verse  en 
el  libro  de  Oexmelín,  actor  y  cronista  de  los  fili¬ 
busteros,  refiriendo  el  daño  que  causó  á  sus  com¬ 
pañeros,  por  aquellos  españoles  que  se  lanzaban  á 
la  mar  decididos  á  despojar  al  ladrón,  con  la  segu¬ 
ridad  de  repartirse  en  el  acto  lo  ganado,  sin  pro¬ 
cesos,  diligencias,  liquidadores  oficiales,  dilaciones 
ni  filtraciones;  y  por  cierto  dice  que  no  les  dieron 
tanto  que  sentir  los  cruceros  de  30  y  40  cañones, 
como  ciertas  embarcaciones  construidas  expresa¬ 
mente  para  buscarlos  en  sus  guaridas;  embarca¬ 
ciones  velocísimas,  que  á  lo  sumo  llevaban  120 
hombres. 

‘TTsto*  ocurrió  en  el  mar  de  las  Antillas,  seno 
mejicano  y  Costa- Firme;  en  el  mar  Pacífico,  donde 
los  filibusteros  aparecieron  más  tarde,  se  les  aplicó 


(1)  Véase  el  núm.  XVII.  página  270 


el  mismo  remedio  después  de  ensayar  los  co¬ 
munes. 

Corriendo  el  año  1684  habían  formado  los  faci¬ 
nerosos  dos  escuadrillas  ó  cuerpos  independientes: 
uno  de  diez  naves  con  1.100  hombres  bien  arma¬ 
dos,  otro  de  lanchas  y  piraguas  con  500  tripulan¬ 
tes.  Corrían  las  aguas  desde  California  hasta  Chi¬ 
le;  hacían  estación  en  las  islas  desiertas;  sorpren¬ 
dían  de  noche  á  los  pueblos  y  ponían  á  saco  toda 
la  costa.  Los  interesados  en  el  tráfico  determina¬ 
ron  defenderlo  armando  bajeles,  con  los  que  tu¬ 
vieron  no  pocos  encuentros;  mas,  como  antes  va 
dicho,  mientras  sólo  á  la  defensa  estuvieron,  nada 
se  adelantó  de  provecho.  Ocurrió  entonces  la  idea 
de  la  asociación  con  objeto  de  formar  escuadrilla 
que  no  tuviera  otro  objeto  que  la  persecución  de 
los  piratas,  y  ya  fué  distinto. 

Ocho  representantes  de  la  Compañía,  tres  caba¬ 
lleros  de  hábito,  tres  capitanes  y  dos  sin  título 
oficial,  pidieron  al  Virrey  la  autorización  para 
constituirse  con  estas  condiciones  principales: 

Armar  escuadra  con  nombre  de  Nuestra  Señora 
de  la  Guía. — Que  por  cuenta  de  S.  M.  se  les  faci¬ 
litara  artillería,  municiones  y  armas  portátiles, 
obligándose  á  la  devolución  y  á  satisfacer  el  valor 
de  lo  que  faltara. — Que  el  Virrey  expediría  títulos 
de  capitanes  y  oficiales  á  los  propuestos  por  la 
Compañía. — Que  las  presas  se  adjudicarían  á  la 
misma. — Que  los  buques  no  pudieran  ser  deteni¬ 
dos  ni  empleados  por  las  autoridades.  —  Que  la 
Compañía  tendría  absoluta  independencia  en  gas¬ 
tos  y  cuentas.  Sin  embargo  de  la  última  cláusula, 
haciendo  el  Virrey  el  debido  elogio  de  la  Asocia¬ 
ción,  escribió  en  su  Memoria  oficial: 

« Aunque  la  fineza  con  que  obraron  estos  vasa¬ 
llos  haciendo  una  compañía  en  que  pusieron  vo¬ 
luntariamente  sus  caudales  puso  en  ninguna  obli¬ 
gación  de  dar  cuenta,  quisieron  que  yo  la  viese  de 
todo,  y  la  pusieron  en  mis  manos  tan  bien  ajus¬ 
tada  que  admiró  la  puntualidad  y  el  costo,  pues 
para  mantener  esta  escuadra  en  dos  años  tiene  des¬ 
embolsados  la  compañía  5.060.000  pesos  hasta  el 
día  que  me  trajeron  la  cuenta  y  se  han  continuado 
los  gastos,  porque  aun  la  están  manteniendo.» 

Dinero  bien  empleado:  los  piratas,  viendo  el 
negocio  en  baja,  duramente  escarmentados  con 
persecución  incesante,  perdidos  los  buques  mayo¬ 
res,  teñiendo  que  andar  escondidos  y  malparados, 
desaparecieron  del  Pacífico. 

Apreciando  sin  duda  enseñanzas  parecidas  por 
las  que  puede  estimarse  el  verdadero  valor  del  ele¬ 
mento  complementario  de  las  marinas  de  guerra, 
es  como  ha  escrito  el  marino  ó  ilustre  historiador 
italiano  Augusto  V.  Vecchi:  Felice  la  contrada 
che  produce  corsari! 

Cesáreo  Fernández  Duro. 


DIN  3D-A.iT  3D03ST. 


I. 

cííSSEví 

^  ;  STOS  tres  «sonoros»  monosílabos,  que 
parecen  un  toque  de  campanas,  son 
caprichosa  expresión  de  un  antiguo  y 
conocido  proverbio  español:  «Dineros 
dan  calidad»,  confirmado  por  aquel 
otro  refrán  no  menos  sabido  ni  menos 
añejo  que  dice,  volviendo  la  oración  por 
pasiva:  «Mal  suena  el  don  sin  el  din.» 

Jy'  La  risible  vanidad  humana,  no  satisfecha 
con  dividir  á  los  hombres  en  razas,  en  cas¬ 
tas,  en  clases  y  en  jerarquías,  como  si  todos  no 
tuvieran  el  mismo  abolengo,  ha  estado  siempre 
inventando  trajes,  insignias,  motes  y  distinciones 
para  subdividirlos,  pretendiendo  poner  á  sus  fa¬ 
vorecidos  «señales  visibles»  á  fin  de  que  no  se  con¬ 
fundan  con  los  demás. 

Pero  á  la  vanidad  de  las  palabras,  de  los  títulos, 
de  los  pergaminos,  de  los  oropeles  y  de  los  cinta- 
jos,  que  siempre  tuvo  mucho  de  ideal  y  de  fantás¬ 
tica,  salió  una  terrible  competidora  más  pode¬ 
rosa  y  sobre  todo  más  « positiva » :  la  vanidad  de 
las  riquezas,  que  no  sólo  tuvo  fuerzas  bastantes 
para  sostener  la  competencia  con  aquélla,  sufrien¬ 
do  sus  burlas  y  desprecios,  sino  que  alcanzó  ím¬ 
petu  suficiente  para  invadir  sus  dominios  y  para 
apoderarse  de  sus  dictados  y  de  sus  prerrogativas, 
unas  veces  por  derecho  de  conquista,  otras  por 
tratados  de  «alianza»,  y  no  pocas  por  «vulgares» 
escrituras  de  compra-venta. 

El  más  empingorotado  título  de  la  nobleza  más 
rancia  por  sólo  su  título,  no  logra  hacer  ni  encon¬ 
trar  una  peseta  para  un  remedio:  un  ricachón 
cualquiera  de  la  más  baja  estofa  «se  hace»  sin 
grandes  dificultades  con  el  título  más  pomposo  y 
rimbombante  y  con  todos  los  dictados,  tratamien- 


Digitized  by 


Google 


I 


Aviso  Giralda. 


Osado. 


Vitoria. 


Pelayo . 

ESCUADRA  DE  RESERVA 

(DIBUJO  de  a, 


Digitized  by 


Google 


i 

ii 


t 

\ 

\ 


Audaz-  Alfonso  XIII. 

FONDEADA  EN  CÁDIZ. 

^  p£  Ai  DE  CAULA.) 


Carlos  V. 

Proserpina. 


4 


Digitized  by  ^.ooQie 


302  —  n.°  xix 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Mato  1898 


tos,  honores  y  condecoraciones  que  se  le  antojen, 
si  se  decide  á  deshinchar  la  bolsa  para  hinchar 
por  ese  medio  la  vanidad. 

Y  como  por  todas  partes  se  va  á  Roma,  por  mu¬ 
chos  caminos  puede  llegarse  á  la  «nivelación  so¬ 
cial»  y  puede  volverse  á  la  natural  igualdad  de  to¬ 
dos  los  hombres,  que  tanto  da,  para  igualarlos  en 
ese  punto,  suprimir  todos  los  títulos  como  dar  un 
título  á  cada  uno.  Si  todos  los  habitantes  de  un 
país  se  llamaran  «reyes»,  ¿habría  menos  igualdad 
que  si  todos  se  llamaran  «ciudadanos»? 

Buena  prueba  de  ello  es  lo  ocurrido  con  el  Don , 
que  si  en  otros  tiempos  sonaba  mal  sin  el  din,  hoy 
suena  bien  hasta  «con  el  Turuleque»,  contradi¬ 
ciendo  otra  vieja  y  sabidísima  frasecilía  popular. 

¿Quién  no  tiene  hoy  Don? 

¿Quién  no  «disfruta»  en  nuestros  tiempos  de 
ese  «título  honorífico  y  de  dignidad  que  se  daba 
antiguamente  á  muy  pocos,  aun  de  la  primera  no¬ 
bleza,  que  se  hizo  después  distintivo  de  todos  los 
nobles,  y  que  ya  no  se  niega  á  ninguna  persona 
decente»,  según  rezan  algunos  diccionarios,  aun¬ 
que  en  «eso  de  decente»  pueda  haber  sus  más  y 
sus  menos? 

Lo  cierto  es  que  hoy  el  Don  á  nadie  se  le  niega, 
aunque  no  tenga  din,  ó,  según  dijo  el  otro,  aunque 
no  tenga  algo ,  como  antaño  hacía  falta  tenerlo,  á 
juzgar  por  lo  que  afirma  este  repetidísimo  epi¬ 
grama: 

Vuestro  Don,  señor  hidalgo, 

Es  el  don  del  algo-dón , 

El  cual  para  tener  don 
Necesita  tener  algo. 

Hoy  todos  tenemos  Don ,  y  el  Don  del  nombre 
es  ya  más  general  y  corriente  que  el  don  de  errar , 
con  serlo  este  tanto  que  «hasta  en  latín»  se  ha  di¬ 
cho,  y  solemos  repetirlo  de  estas  dos  maneras: 
Errare  humanum  est ,  y  Hominis  est  errare,  insi - 
pientis  vero  perseverare . 

Hoy,  al  que  no  se  concede  el  Don  de  palabra  se 
le  da  por  escrito,  cuando  menos  en  los  sobres  de 
las  cartas,  en  las  fajas  de  los  periódicos,  en  las 
circulares  anunciadoras  de  los  comerciantes  y  en 
las  circulares  de  los  candidatos  en  épocas  electo¬ 
rales,  y  al  último  pelagatos  se  le  encaja  su  Don 
correspondiente  impreso  ó  manuscrito,  si  no  se  re¬ 
macha,  que  sí  es  costumbre  remacharlo,  con  el 
usual  «pleonasmo  bilingüe»  de  Señor  Don . 

Porque  Don  ó  Dom,  como  se  escribía  antigua¬ 
mente,  no  es  otra  cosa  que  abreviatura  de  la  pala¬ 
bra  latina  Dominus,  que  equivale  á  el  Señor ,  nom¬ 
bre  que,  por  antonomasia,  en  un  principio  sólo  se 
daba  á  Dios;  después,  por  extensión,  se  dió  á  los 
Romanos  Pontífices,  representantes  de  Dios  en  la 
tierra;  más  tarde  lo  usaron  los  reyes,  por  no  ser 
menos;  dióse  luego,  en  lo  eclesiástico,  á  obispos, 
abades  y  altas  dignidades  de  la  Iglesia,  y  en  lo 
secular  á  los  nobles,  á  los  grandes  y  á  los  guerre¬ 
ros  que  realizaban  heroicas  hazañas,  hasta  que  al 
fin  el  nombre  dado  en  un  principio  exclusiva¬ 
mente  á  Dios,  ha  llegado  á  ser  «patrimonio»  de 
todos  los  hombres,  acaso  pérque  todos  los  hom¬ 
bres  hemos  llegado  á  figurarnos  que  somos  dioses. 

Lo  más  curioso  es  que,  aun  á  aquellos  á  quienes 
por  su  condición  ó  por  su  calidad  no  se  les  quiere 
llamar  señor  en  latín,  se  les  llama  don  ó  dominus 
en  castellano,  y  antes  y  ahora  no  ha  llamado  la 
atención  el  decir  á  un  sirviente,  sobre  todo  si  era 
entrado  en  años,  <tel  señor  Fulano  ó  la  señora 
Mengana»,  y  parecería  estupendo  y  ridículo  lla¬ 
marles  « doña  Mengana  ó  don  Fulano». 

La  historia  de  la  «decadencia  del  Dona,  que  es, 
por  singular  contraste,  la  de  su  mayor  extensión 
por  el  mundo,  ofrece  algunos  pormenores  muy 
curiosos. 

En  el  siglo  XI JI  «todavía»,  el  maestro  Gonzalo 
de  Berceo,  en  la  Introducción  á  la  Vida  del  glo¬ 
rioso  confesor  Santo  Domingo  de  Silos,  da  ese  tí¬ 
tulo  al  hijo  de  Dios  en  aquellos  versos  con  que  co¬ 
mienza  su  obra: 

En  el  nomine  del  Padre  que  fizo  toda  cosa 
Et  de  don  Ihesucristo,  fijo  de  la  gloriosa . 

como  también  lo  hace  en  el  «Duelo  que  fizo  la 
Virgen  María  el  día  de  la  pasión  de  su  fijo»,  donde 
dice: 

Los  ángeles  del  qielo  lis  facien  compannía; 

Dt> líense  de  don  Xpo  ( CrUto),  doliense  de  María..... 

Ya  en  el  siguiente  siglo,  Juan  Ruiz,  el  famoso 
arcipreste  de  Hita,  lo  aplica  á  dom  Júpiter,  que, 
aunque  mitológico,  al  fin  y  al  cabo  también  había 
sido  llamado  «dios»;  pero  en  el  siglo  xvn  D.  Fran¬ 
cisco  de  Quevedo  da  al  dinero  ese  tratamiento  en 
su  popularísima  letrilla  que  comienza: 

Poderoso  caballero 
Es  don  dinero. 

No  hay\  que  creer  por  ello  que  el  dinero  había 
sido  antes  menos  querido  y  reverenciado.  Ya  el 


mencionado  Arcipreste,  como  otros  escritores,  ha¬ 
bía  ponderado  el  poder  del  dinero,  y  había  escrito 
lo  siguiente,  amén  de  otras  chistosas  y  atrevidas 
frases  en  su  «Ensiemplo  de  la  propiedat  que  el  di¬ 
nero  há» : 

Sea  un  orne  nes<?io  e  rudo  labrador, 

Los  dineros  le  fasen  fidalgo  y  sabidor, 

Quanto  mas  algo  tiene  tanto  es  mas  de  falor, 

El  que  non  ha  dineros  non  es  de  si  sennor . 

El  fase  caballeros  de  nespios  aldeanos, 

Condes  e  ricos  ornes  de  algunos  Tíllanos, 

Con  el  dinero  andan  todos  los  ornes  lozanos 
Cuantos  son  en  el  mundo  le  besan  hoy  las  manos . 

Claro  está  que  si  el  dinero  lograba  todo  eso  y 
mucho  más  para  los  que  lo  poseían,  nada  tiene  de 
extraño  que  consiguiera  para  sí  el  don  que  podía 
dar  á  los  demás. 

Por  eso  no  debe  sorprender  que  en  sus  versos 
le  aplicara  el  Don  nada  menos  que  Don  Francisco 
de  Quevedo,  quien  al  mismo  tiempo  en  su  Visita 
de  los  chistes  zahería  la  «profusión»  con  que  el  Don 
se  concedía  y  la  facilidad  con  que  cualquiera  lo 
tomaba  para  sí. 

«Es  de  advertir,  dice  Quevedo  en  aquella  obra, 
que  en  todos  los  oficios ,  artes  y  estados  se  ha  in¬ 
troducido  el  Don  en  hidalgos  y  en  villanos.  Yo  he 
visto  sastres  y  albañiles  con  Don,  y  ladrones  y 
galeotes  en  galeras;  pues  si  se  mira  en  las  ciencias, 
en  todas  hay  millares;  sólo  de  los  médicos  nin¬ 
guno  ha  habido  con  Don,  pudiéndolo  tener  mu¬ 
chos;  mas  todos  tienen  don  de  matar,  y  quieren 
más  don  al  despedirse  que  D*n  al  llamarlos.» 

Lo  que  no  se  explica  fácilmente  es  cómo  podía 
ser  tan  ambicionado  y  tan  pretendido  ese  Don  de 
que  muchos  se  apoderaban,  exponiéndose  á  burlas 
y  á  castigos,  cuando  era  título  tan  vano,  inútil  y 
mal  aplicado,  que  lo  desdeñaban  muchos  hombres 
de  ciencia  y  se  lo  encajaban  ladrones  y  galeotes. 
Por  si  alguno  piensa  que  el  dicho  de  Quevedo  es 
exageración  satírica  del  escritor  mordaz,  sirva 
para  confirmarlo  el  testimonio  de  Fr.  Juan  Be¬ 
nito  Guardiola,  monje  benedictino,  escritor  del 
siglo  XVI  y  autor  del  Tratado  de  los  títulos  que 
hoy  tienen  los  harones  grandes  y  claros  de  España, 
el  cual  afirma  que  los  judíos  eran  los  que  más 
afectaban  dicho  tratamiento,  y  que  en  su  tiempo 
lo  usaban  hasta  las  rameras,  especialmente  en 
Andalucía. 

¿Quién  puede  creer  que  ese  Don  tan  prodigado 
y  tan  mal  tenido  y  usado  por  gentes  tales  en  los 
siglos  XVI  y  xvn,  era  en  el  siglo  xv  merced  tan 
alta  que  D.  Diego  Fernández  de  Córdoba,  conde 
de  Cabra,  cuando  los  Reyes  Católicos  se  lo  conce¬ 
dieron  con  otras  muchas  gracias  y  honores,  «la 
estimó  sobre  todas,  por  ser  una  de  las  mayores 
honras  que  podían  recibirse  de  la  Corona»? 

¿Quién  puede  creer  que  en  los  tiempos  de  aque¬ 
llos  Reyes,  muchos  encumbrados  personajes  y  va¬ 
lerosos  guerreros  no  podían  anteponer  á  sus  es¬ 
clarecidos  nombres  el  ambicionado  Don,  sin  título 
especial  otorgado  con  las  fórmulas  y  solemnidad 
de  que  da  idea  el  expedido  á  favor  de  aquel  pró- 
cer,  como  premio  por  la  prisión  de  Boabdil? 

Para  que  los  lectores  juzguen  por  sí  mismos, 
antes  de  tomar  conveniente  descanso  á  fin  de  que 
no  les  resulte  este  modesto  trabajo  más  largo  ni 
enojoso,  reproduciremos  la  copia  de  aquel  título 
tal  como  la  inserta  el  Sr.  Diana  en  sus  Capitanes 
ilustres: 

«Don  Fernando  y  Doña  Isabel,  etc.  Por  hacer 
bien  y  merced  á  vos  Diego  Fernández  de  Córdoba, 
alcayde  de  los  Donceles,  del  nuestro  Consejo,  aca¬ 
tando  los  muchos  e  leales  e  buenos  servicios  que 
nos  habéis  fecho  y  facéis  cada  día,  especialmente 
en  la  prisión  del  rey  de  Granada  que  vos,  el  conde 
de  Cabra  fescistes,  y  por  vos  más  honrar  y  subli¬ 
mar  ó  porque  de  vos  e  vuestros  servicios  quede  me¬ 
moria  e  permanezca  en  vos  y  en  vuestro  linaje 
para  siempre  jamás;  tenemos  por  bien  ó  es  nuestra 
merced  que  agora  ó  de  aquí  adelante  vos  y  vues¬ 
tros  fijos  y  descendientes,  é  los  que  de  vos  ó  de 
ellos  vinieren  para  siempre  jamás,  tengades  título 
de  Don  y  vos  podades  llamar  y  intitular  y  llama- 
des  y  intitulades  y  llamen  y  intitulen  Don,  é  por 
esta  nuestra  carta  mandamos . etc.» 

Felipe  Pérez  y  González. 


PORTUGAL  EN  ORIENTE. 


LLEGADA  Á  LA  INDIA. 

El  25  de  Octubre  de  1495  murió  de  hidropesía 
-  D.  Juan  II,  dejando  á  Portugal  á  las  puertas  de  la 
India.  Conocíase  ya  el  término  de  la  jornada,  sa¬ 
bíase  el  rumbo,  había  noticias  ciertas  de  las  rique¬ 
zas  orientales ,  y  empujaban  además  al  viajero  las 
tradiciones  marítimas  y  la  propia  política  de  don 


Juan,  que  siguió  viva  después  de  muerto  él,  como 
el  alma  sobrevive  al  cuerpo. 

A  poco  de  volver  Bartolomé  Días,  mandó  el  Rey 
que  se  hiciesen  los  aprestos  de  la  expedición  que 
había  de  llegar  á  las  costas  con  tanto  afán  busca¬ 
das.  La  junta  de  cosmógrafos  que  oyera  á  Colón, 
compuso  un  derrotero  que  los  navegantes  debían 
seguir  para  llegar  seguramente  ¿  su  destino.  Em¬ 
pezáronse  á  hacer  los  barcos;  escribiéronse  las  ins¬ 
trucciones;  quizás  quedó  nombrado  jefe  Vasco  de 
Gama,  hidalgo  de  Sines,  buen  marino  y  militar, 
joven  animoso  y  áspero.  Don  Manuel  el  Afortu¬ 
nado  lo  encontró  todo  hecho;  pero  en  vez  de  des¬ 
cuidar  la  obra  por  ajena,  puso  en  acabarla  el  mis¬ 
mo  empeño  que  si  fuese  propia,  según  claramente 
se  vió  en  las  Cortes  celebradas  en  Montemor  ó 
Novo  á  los  pocos  meses  de  fallecido  D.  Juan. 

Los  barcos  fueron  cuatro:  las  naos  San  Gabriel 
y  San  Rafael,  construidas  bajo  la  dirección  de 
Bartolomé  Días;  una  carabela  de  ochenta  tonela¬ 
das  llamada  San  Miguel,  comprada  á  un  piloto  de 
Lagos  que  se  nombraba  Berrio ,  y  otra  embarca¬ 
ción  de  doscientas  toneladas  para  transporte. 
Duarte  Pacheco  nos  dará  cabal  noticia  de  la  ex¬ 
pedición. 

«No  convenía — dice  —  que  los  barcos  de  este 
descubrimiento  y  viaje  fuesen  muchos  y  grandes, 
y  por  eso  mandó  el  Rey  nuestro  señor  que  se  hi¬ 
ciesen  cuatro  buques  pequeños,  de  los  cuales  no 
había  de  tener  el  mayor  más  de  cien  toneladas, 
porque  para  tierra  no  sabida  y  tan  incógnita  como 
aquella  lo  era  entonces,  no  debían  ser  mayores; 
é  hízose  esto  así  para  que  mejor  pudiesen  entrar  y 
salir  en  todos  los  parajes,  lo  que  siendo  grandes 
no  podrían  hacer.  Construyéronlos  muy  singula¬ 
res  maestros  y  oficiales,  con  muy  fuertes  maderas 
reciamente  enclavadas,  con  triple  provisión  de 
velamen  cada  nao,  y  lo  mismo  las  amarras  y  otros 
aparejos,  y  tres  ó  cuatro  veces  más  cordelería  de 
la  que  era  costumbre  llevar.  Los  toneles  y  barriles, 
así  de  vino  como  de  agua,  vinagre  y  aceite,  fueron 
todos  reforzados  para  mayor  seguridad  con  mu¬ 
chos  aros  de  hierro,  y  la  provisión  de  pan,  vino, 
harinas,  carnes  y  cosas  de  botica,  así  como  tam¬ 
bién  de  armas  y  pólvora,  fue  dada  con  la  libera¬ 
lidad  que  la  necesidad  del  caso  pedía  y  aun  mucho 
más;  y  también  fueron  en  este  viaje  los  principa¬ 
les  pilotos  y  mareantes,  y  los  más  sabedores  del 
arte  de  la  marinería  que  en  nuestra  patria  se  ha¬ 
llaron,  á  los  que  se  señalaron  grandes  sueldos  y 
otras  mercedes,  siendo  tan  bien  pagados  que  sus 
salarios  aventajaron  á  los  de  todos  los  que  la  gente 
de  mar  de  las  otras  provincias  acostumbran  á  te¬ 
ner;  y  tantos  y  tan  grandes  gastos  se  hicieron  con 
tan  pocos  barcos,  que  por  difíciles  de  oir  y  creer 
los  dejo  de  decir  por  menudo,  de  todos  los  cuales 
no  tuvo  por  entonces  nuestro  Príncipe  otra  utili¬ 
dad  que  la  de  ser  descubierta  y  nuevamente  sa¬ 
bida  alguna  parte  de  aquella  Etiopia,  bajo  Egipto 
y  principio  de  la  India  inferior  (1).» 

No  iba  la  expedición  a  la  aventura  como  cinco 
años  antes  fuera  la  de  Colón,  sino  que  en  el  de¬ 
rrotero  compuesto  en  Lisboa  tenía  un  itinerario 
minucioso,  en  el  que  todo  iba  señalado  desde  el 
puerto  de  partida  hasta  el  de  llegada.  « Llevaba 
Vasco  de  Gama  cuantas  instrucciones  y  auxilios 
podían  darle  la  observación ,  la  política  y  la  cien¬ 
cia  de  aquel  tiempo.....  Señalósele  de  antemano, 
como  puerto  de  arribada,  el  de  Calicut,  para  cuyo 
rey  llevaba  una  carta  de  D.  Manuel.  Reunida  la  ar¬ 
mada  en  Cabo  Verde,  engolfóse  desde  allí  en  el 
Océano  Austral,  siguiendo  un  rumbo  que  no  se 
apartaba  mucho  del  Sur,  aprovechando  el  conoci¬ 
miento  que  se  tenía  de  los  vientos  generales  de  la 
costa  occidental  de  Africa,  contrarios  á  su  derrota, 
y  de  la  dirección  que  la  costa  occidental,  ya  descu¬ 
bierta  hasta  cierta  distancia  por  Bartolomé  Días, 
seguía  de  Sur  á  Norte.  Llegado  á  la  latitud  meridio¬ 
nal  aproximada  del  cabo  de  Buena  Esperanza,  na¬ 
vegó  al  Oeste,  circunstancia  que,  sin  disminuir  el 
concepto  de  audaz  que  su  empresa  merece,  prueba 
que  estaba  concebida  científicamente.  De  que  no 
fué  obra  de  la  casualidad  la  determinación  de  tomar 
aquel  rumbo,  dan  testimonio  los  conocimientos 
que  en  esta  materia  había  entonces,  el  Derrotero 
d¿  Vasco  de  Gama  y  las  siguientes  navegaciones  á 
la  India;  y  si  Cabral  descubrió  el  Brasil  fué  por 
seguir  el  ejemplo  de  Vasco  de  Gama,  y  navegar 
como  éh  hacia  el  Sur,  pero  derivando  demasiado 
al  Oeste.  En  el  mar  de  las  Indias,  que  le  era  des¬ 
conocido,  hallamos  al  Almirante  corriendo  á  lo 
largo  de  la  costa  africana  hasta  encontrar  el  piloto 
que  le  condujo  á  su  destino,  y  gracias  al  cual  le 
vemos  aprovecharse  de  las  monzones,  tanto  en  la 


(1)  Esmeraldo  de  sita  orbis ,  libro  iv,  cap.  ii.  Publicó  este  pa¬ 
saje  por  primera  vez  el  Sr.  J.  H.  da  Cuntía  Rifara,  en  el  artículo 
que  con  el  título  Duarte  Pacheco  fió  la  luz  en  el  tomo  v  de  la 
primera  serle  de  la  excelente  re?ista  O  Panorama .  El  libro  en¬ 
tero  fué  impreso  en  1392  bajo  la  dirección  del  Sr.  Rafael  Eduardo 
d’Aze?edo  Basto.  t  i 


Digitized  by 


Google 


22  Mato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  „Y  AMERICANA 


K.®  xix  —  303 


ida  á  Calicut  como  en  la  vuelta,  si  bien  en  su 
primer  viaje  fué  más  afortunado  que  en  .el  se¬ 
gundo  (1).» 


*  * 


La  noche  del  7  al  8  de  Julio  de  1497  pasáronla 
Vasco  de  Gama,  su  hermano  Pablo  y  Nicolás  Coe- 
Uo,  capitán  de  la  tercera  carabela,  rezando  en  la 
capilla  de  Nuestra  Señora  de  Belén,  construida 
por  orden  del  infante  D.  Enrique.  Allí  oraban  los 
atrevidos  navegantes  antes  de  lanzarse  á  los  peli¬ 
gros  de  la  navegación  en  los  desconocidos  y  pro¬ 
celosos  mares,  y  allí  pidieron  á  Dios  amparo  para 
su  empresa  los  descubridores  de  la  India.  En  aque¬ 
llos  tiempos  de  grandes  hombres  y  de  grandes  he¬ 
chos,  las  almas  estaban  llenas  de  fe,  y  como  te¬ 
nían  altos  pensamientos  hallábanse  más  cerca  del 
Creador. 

Al  día  siguiente,  sábado,  salieron  de  la  capilla 
Vasco  de  Gama  y  los  suyos,  y  dirigiéronse  al  Tajo 
en  procesión,  llevando  cada  uno  un  cirio  en  la 
mano.  Inmensa  muchedumbre  entusiasmada  con¬ 
templaba  la  ceremonia.  El  Rey  se  llegó  hasta  los 
buques  en  un  bote.  Al  partir  la  armada,  las  voces 
de  los  que  en  tierra  estaban  atronaron  el  espacio, 
á  las  que  respondían  los  navegantes 
con  alegres  gritos  de  despedida. 

Impelida  por  suave  brisa  salió  del 
Tajo  la  armada,  acompañada  de  la  ca¬ 
rabela  en  que  Bartolomé  Días  iba  á  la 
costa  de  Mina.  El  15  llegaron  á  las  Ca¬ 
narias,  el  26  á  la  isla  de  la  Sal  (Cabo 
Verde),  y  á  primeros  de  Noviembre 
fondearon  en  la  bahía  de  Santa  Elena, 
á  pocas  leguas  del  cabo  de  Buena  Es¬ 
peranza,  al  que  dieron  vista  el  19  de 
dicho  mes.  El  poder  de  encontrados 
vientos  y  alborotados  mares  les  impi¬ 
dió  doblarlo  hasta  el  22;  pero  hallando 
mejor  tiempo  del  otro  lado,  navegaron  V 

sin  detenerse  hasta  la  ensenada  de 
San  Blas,  en  la  que  se  detuvieron  tre¬ 
ce  días,  tiempo  que  Vasco  de  Gama 
empleó  en  quemar  el  transporte,  se¬ 
gún  se  le  mandaba  en  las  instruccio¬ 
nes  que  llevaba,  y  repartir  la  carga 
entre  los  otros  barcos.  La  tierra  era 
buena,  y  los  naturales  de  muy  apacible 
condición.  Hasta  el  15  no  traspuso  la 
armada  el  último  paraje  descubierto 
por  Bartolomé  Días. 

De  allí  en  adelante  navegaron  por 
mares  desconocidos,  empujados  por 
contrarios  vientos  y  corrientes,  mal¬ 
tratados  por  furiosas  tempestades,  y 
tan  á  punto  de  perecer  que  hubo  inten¬ 
tos  de  asonada,  dominados  luego  por 
Vasco  de  Gama  con  grandísima  ener¬ 
gía.  El  10  de  Enero  de  1498  volvieron 
á  ver  tierra.  Hallábanse  en  la  costa 
oriental  del  continente,  junto  al  río 
Inhambane,  al  que  llamaron  del  Co¬ 
bre  por  el  mucho  que  tenían  los  na¬ 
turales,  que  eran  unos  negros  de  buen  cuerpo  y 
ánimo,  bien  armados.  El  22  llegaron  á  Quilima- 
ne,  donde  salieron  muchos  hombres  en  almadías 
á  ver  las  naos,  y  entre  ellos  había  dos  señores 
bien  vestidos,  con  tocas  y  gorros  de  seda,  lo  que, 
pareciendo  á  Vasco  de  Gama  señal  de  alguna  ri¬ 
queza  y  policía,  fué  causa  de  que  bautizara  con  el 
nombre  de  Río  dos  Bons  Signaos  al  que  en  aquel 
paraje  desemboca.  H izóse  á  la  mar  la  expedición 
el  24  de  Febrero,  y  fondeó  en  Mozambique  el  2  de 
Marzo,  donde  las  buenas  señales  del  río  de  Quili- 
mane  hallaron  plena  confirmación.  El  jeque  vino 
á  bordo  con  gran  pompa,  siendo  recibido  por 
Vasco  de  Gama  con  la  mayor  que  pudo.  Pidió  el 
Almirante  prácticos  para  seguir  su  viaje,  y  aunque 
le  dieron  dos  escapósele  uno ,  siguiendo  á  la  fuga 
muestras  evidentes  de  la  hostilidad  del  jeque.  Al 
que  guardaron  á  bordo  mandó  azotar  Vasco  de 
Gama  por  sospecha  que  de  su  fidelidad  tuvo,  y 
que  pronto  se  confirmaron  en  Mombaza,  donde 
hubiera  acabado  desastrosamente  el  viaje  ,  sin  la 
perspicacia  y  serenidad  de  Vasco  de  Gama  y  del 
piloto  mayor  Pero  d’Alemquer. 

Quedaron  los  portugueses  sin  práctico;  pero  al 
día  siguiente  apresaron  un  barco  de  moros,  donde 
iba  un  comerciante  viejo,  hombre  rico,  el  cual  les 
sirvió  de  mucho  en  Melinde,  adonde  llegaron  á 
los  dos  días  de  haber  salido  de  Mombaza.  Vasco  de 
Gama,  siempre  receloso,  no  entró  en  el  puerto 


hasta  el  17,  á  pesar  del  buen  recibimiento  que  el 
Rey  hizo  á  la  armada.  El  24  6alió  ésta  de  Melinde 
con  rumbo  á  Calicut,  guiada  por  un  moro  que 
Vasco  de  Gama  cautivó  por  sorpresa,  y  el  20  de 
Mayo  de  1498  fondeó  en  Capocate,  fuertecillo  in¬ 
mediato  al  que  buscaba. 


Vasco  de  Gama  mandó  á  Calicut,  distante  sólo 
dos  leguas,  uno  de  los  galeotes  que  llevaba  á  bordo, 
para  correr  las  tierras,  tomar  lenguas  y  otras  pa¬ 
recidas  comisiones.  Tropezó  el  portugués  con  unos 
moros  tunecinos  que  hablaban  italiano  y  español, 
uno  de  los  cuales,  luego  que  le  oyó,  di  jóle  asom¬ 
brado  de  verle: 

—  ¡Llévete  el  diablo!  ¿Quién  te  trajo  por  aquí? 

¿Cómo  había  de  recibir  el  comerciante  al  nuevo 

rival  que,  por  nuevos  y  para  él  todavía  desconoci¬ 
dos  caminos,  venía  á  disputarle  las  ganancias? 

Explicáronse  el  recién  llegado  y  los  moros,  y 
uno  de  éstos  consintió  en  ir  á  bordo,  el  cual,  al 
entrar  en  el  barco  de  Vasco  de  Gama,  exclamó  en 
portugués : 

—  ¡Buena  ventura!  ¡Buena  ventura!  ¡Muchos  ru- 


Mk.  CHAMBERLAIN, 

MINISTRO  DE  LAS  COLONIAS  DE  INGLATERRA, 
PRONUNCIANDO  SU  CÉLEBRE  DISCURSO  EN  BIRMING  HAM. 
(De  un  apunte  remitido  por  Mr.  J.  H.) 


bies,  muchas  esmeraldas!  Mil  gracias  debéis  dar  á 
Dios  por  haberos  traído  á  tierra  donde  hay  tanta 
riqueza. 

Estaba  acabado  el  viaje  á  la  India  y  abierto  el 
mercado  de  las  riquezas  orientales. 

G.  Rbparaz. 


(1)  Roteiro  da  viagem  de  Vasco  da  Gama  em  MCCCCXCVII. 
Segunda  edi$ao,  correcta  e  aumentada  d'algumas  observares 
principalmente  philologíca?,  por  A.  Herculano  e  o  Bario  do 
Casteilo  de  Paira.  Los  editores  hacen  estas  y  otras  observacio¬ 
nes  no  menos  interesantes. 

Este  derrotero  no  es  otra  cosa  que  el  diario  de  viaje  escrito 
por  uno  de  los  compañeros  de  Vasco  de  Gama,  llamado  Alvaro 
Velho. 


CRONICA  PARISIENSE. 

EN  LA  GALERÍA  DE  MÁQUINAS  DEL  CAMPO  DE  MARTE. 


*  UZ  y  colores,  animación  y  alegría,  be¬ 
lleza  y  elegancia,  arte,  talento,  ins¬ 
piración,  genialidad,  esprit parisién; 
hé  aquí  los  elementos  de  esta  fiesta 
con  que  París  recibe  la  llegada  de  la 
primavera. 

La  Sociedad  de  Artistas  Franceses ,  que 

celebraba  su  exposición  anual  en  el  Palacio 
de  la  Industria,  'de  los  Campos  Elíseos,  y  la 
Nacional  de  Bellas  Artes ,  que  instalaba  todos 
los  años  su  certamen  en  las  salas  de  fiestas  de  la 
última  Exposición  Universal,  se  han  refugiado  en 
la  inmensa  Galería  de  Máquinas,  huyendo  de  la 
piqueta  demoladora  que  abre  cauce  en  estos  mo¬ 
mentos  á  las  nuevas  obras  del  gran  espectáculo 
que  París  se  dispone  á  ofrecer  al  mundo,  á  la  lle¬ 
gada  del  siglo  ya  en  albores. 

Las  dos  agrupaciones  de  artistas,  estas  dos  so¬ 
ciedades  de  una  rivalidad  por  momentos  efectiva, 
por  momentos  aparente,  se  han  reunido  bajo  el 
mismo  techo  para  exponer  su  producción;  y  á 
guisa  de  mojón  fronterizo  hase  instalado  un  res - 


taurant  en  donde  todos  quisiéramos  ver  cómo  un 
día  ambas  familias  convierten  el  mojón  en  mesa 
redonda,  y  cómo  al  fuego  del  espumoso  champa¬ 
gne  se  funden  en  una  las  dos  agrupaciones. 

Pero.....  vamos  á  la  Galería  de  Máquinas. 

Las  avenidas  Bosquete  de  la  Bourdonnais ,  de 
Tourvilley  de  la  Motte-Picquet  y  Duquesne  no  eran 
bastante  anchas  para  dar  paso  franco  al  número 
considerable  de  coches  que  conducían  á  los  Salo¬ 
nes  el  mundo  de  las  primeras ,  de  estas  primeras 
parisienses  á  las  que  no  puede  faltar  el  elemento 
chic ,  que  aquí  es  mucho,  y  que  hace  una  religión 
de  la  elegancia  y  de  la  moda  tradicionales. 

Los  torniquetes  marcadores  de  la  entrada  gira¬ 
ban  y  giraban  sin  cesar  cual  aspas  de  molino  mo¬ 
vidas  sin  descanso  por  aquel  vendaval  humano  que 
se  arremolinaba  ante  el  obstáculo  momentáneo 
que,  al  girar  con  cric-crac  acompasado,  dejaría  li¬ 
bre  cauce  á  la  impaciencia  y  amplio  espacio  en 
donde  exhibirse  á  la  elegancia. 

Por  entre  los  mármoles  y  los  bronces,  los  ma¬ 
cizos  de  flores  y  los  pedestales,  se  esparce  la  con¬ 
currencia. 

Allá,  junto  al  busto  de  un  patilludo  magistrado, 
vese  un  grupo  de  damas  que  dejan  saltar  con  liber¬ 
tad  una  cascada  de  risas  y  de  frases; 
más  lejos,  al  lado  de  la  Chute  (Picare , 
un  mozalbete  gesticula  frases  expli¬ 
cando  con  vehemencia  no  sé  qué  his¬ 
torias  á  una  señora  que  luce  una  toi¬ 
lette  llena  de  encajes  y  rica  de  refina¬ 
mientos;  á  la  izquierda,  un  sacerdote 
contempla  con  místico  recogimiento 
un  Crucificado ,  obra  magistral  de  Loi- 
seau-Rousseau;  hacia  el  centro,  un  se¬ 
ñor  respetable,  de  perfil  volteriano, 
examina  al  detalle  una  Manon ,  de  Bas- 
tet,  statuette  en  mármol,  sentada  so¬ 
bre  cojines,  que  se  despereza  con  ex¬ 
quisita  gracia;  agrúpanse  unos  ante  La 
Perle ,  de  Lavasseur;  otros  ante  La 
Saone  emportant  ses  affluents ,  de  Bar- 
tholdi;  (^uién  ante  Le  décliny  de  Stei- 

ner;  quien  ante  Le  baiser  de  la  Mort . 

¿Mas  quién  piensa  en  el  beso  de  la 
muerte,  allí,  en  aquel  conjunto  de  be¬ 
llezas  artísticas,  de  hermosuras  ani¬ 
madas,  de  ambientes  perfumados,  ;de 
bullicios  que  respiran  la  vida  á  to¬ 
rrentes? 

¿Pues  qué,  es  posible  que  la  muerte 
alcance,  con  esa  garra  asquerosa  qué  el 
artista  nos  presenta ,  á  todo  ese  mundo 
que  ríe  y  que  goza,  que  se  apiña  impa¬ 
ciente  por  exhibir  su  elegancia,  que 
corre  tras  el  capricho,  que  se  agita  por 
una  idea? 

¡No!.....  Entre  esa  masa  todos  se  con¬ 
sideran  inmortales. 

Allí  el  artista  que  ya  tiene  un  nom¬ 
bre,  que  ya  se  sabe  aplaudido,  que  os¬ 
tenta  en  el  ojal  de  su  levita  á  la  moda 
una  condecoración,  que  mira  como 
desde  un  pedestal  á  todos  los  demás  seres,  pasa 
con  desdén  al  lado  del  beso  de  la  muerte ;  el  que 
por  vez  primera  ha  conseguido  ver  su  cuadro  en 
el  Salón  ó  su  mármol  entre  aquellos  que  contem¬ 
pla  la  multitud,  pavonéase  altanero,  luciendo 
¡  claro  está !  no  la  levita  á  la  moda  del  artista  que 
llegó y  sino  la  bota  puntiaguda,  el  pantalón  ceñido 
al  tobillo  y  anchísimo  luego,  la  chaquetilla  ajus¬ 
tada,  el  chaleco  bien  cerrado,  un  lazo  enorme  por 
corbata  y  el  flexible  sombrero  y  la  larga  melena, 
mira  también  con  desprecio  el  beso  de  la  muerte ; 
la  hermosa  de  profesión  que  sirvió  de  modelo  á 
aquella  estatua,  ó  para  aquella  fígqra  que  contem¬ 
plan  extasiados  los  amantes  de  lo  bello,  hace  un 
mohín  de  compasión  al  pasear  sus  gracias  por  de¬ 
lante  del  beso  de  la  muerte ;  y  la  dama  elegante,  y 
la  joven  hechicera,  y  la  beldad  perfumada,  y  el 
gentleman  atildado,  y  todos,  todos,  en  fin,  los  que 
vienen  á  exponerse  á  la  Exposición,  no  creen  ni 
un  solo  instante  que  el  beso  de  la  muerte  pueda 
estallar  jamás  en  sus  mejillas . 

Las  claras  toilettes  de  primavera  hacen  irrup¬ 
ción.  El  vaporoso  tul  de  la  viuda;  el  ligero  vestido, 
ya  rosa,  ya  blanco,  ya  azul,  ya  perla,  de  la  mujer 
en  flor;  el  artístico  corsage  que  aprisiona  el  busto, 
y  el  gracioso  sombrero,  ya  cuajado  de  flores,  ya 
de  hojas,  ya  de  frutas,  ya  de  alas,  recrean  las  mi¬ 
radas;  que,  en  suma,  el  vemissage  no  se  ha  dis¬ 
puesto  para  ir  á  ver  obras  artísticas,  sino  para  ce¬ 
lebrar  un  concurso  de  elegancia,  dispuesto  y  sus¬ 
tentado  por  la  moda. 

Pero  dejemos  un  momento  toilettes  claras  y 
cabelleras  rubias;  dejemos  que  la  hermosura  y  que 
la  gracia  se  exhiban  á  sus  anchas  y  se  contoneen 
ufanas  ante  los  ojos  atónitos  de  los  admiradores 
de  profesión  y  de  los  galanteadores  de  oficio,  y 
vamos  á  echar  una  ojeada — ojeada  de  conjunto, 


Digitized  by 


Google 


BELLAS  ARTES 


¡ADIÓS! 

DIBUJO  DE  PICOLO. 


Digitized  by  ^.ooQie 


ENTRADA  DEL  PUERTO  DE  LA  HABANA 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA. 


(De  zotograílM.) 


Digitized  by 


306  —  n.®  xix 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Mayo  1898 


puesto  que  de  detalle  no  es  posible  —  por  los  salo¬ 
nes  de  «Artistas  franceses»  y  de  «Bellas  Artes». 

Ante  todo  se  observa  que  si  «el  Salón  de  los 
Campos  Elíseos»  no  produce,  «el  Salón  del  Campo 
de  Marte»  crea;  es  decir,  que  si  en  aquél  hay 
5.024  números,  y  en  éste  537,  éste  ofrece,  por  mo¬ 
mentos,  más  originalidad,  más  novedad. 

Y  no  digo  esto — ¡líbreme  Dios! — porque  el 
«Salón  del  Campo  de  Marte»  haya  puesto  á  su  en¬ 
trada,  como  clou  de  la  escultura,  la  estatua  de 
Balzac,  por  Rodin. 

Esta  obra,  de  la  que  hay  quien  dice  que  es  una 
maravilla,  es,  pura  y  simplemente,  una  monstruo¬ 
sidad,  una  foca,  de  pie,  una  plaisanterie  del  autor. 

Yo  entiendo  que  el  arte  debe,  ante  todo,  buscar 
la  belleza.  Si  ésta,  á  veces,  está  en  la  verdad,  y  la 
verdad  es  monstruosa,  tanto  peor  para  el  buen 
gusto;  pero  nadie  podrá  creer  que  Balzac  no  tuvo 
otro  gesto  más  bello,  y  que  para  darnos  idea  de  lo 
que  fué,  en  persona,  el  eximio  escritor  de  La  Con - 
sine  Bette ,  sea  preciso  hacer  un  sapo  en  actitud  de 
lanzar  su  esputo. 

De  igual  manera,  y  puesto  ya  en  el  disparadero 
de  la  censura,  he  de  dar  mi  opinión  contraria  al 
desnudo  desbordante  de  ambos  Salones . 

Yo  creo  que  el  senador  Mr.  Béranger — le  Pere 
la  Pudeur  como  se  le  llama  por  aquí — tiene  razón 
cuando  aboga  por  las  hojas  de  parra. 

El  arte,  para  elevarse  en  alas  del  genio  hasta 
tocar  al  cielo  con  los  destellos  de  la  inspiración, 
no  necesita  de  la  impudencia.  El  arte,  hermano 
inseparable  del  buen  gusto,  ha  de  buscar  en  la 
verdad  la  belleza,  y  ha  de  ofrecer  con  sus  creacio¬ 
nes  efluvios  delicados  á  la  inteligencia  y  no  mias¬ 
mas  de  vicio  á  lo  material;  que  la  misión  del  arte 
es  sanar  y  no  podrir;  es  idealizar,  enseñar  á  sen¬ 
tir  con  el  alma,  y  no  cebar  la  materia  con  latidos 
mundanales. 

El  desnudo  puede  dar  al  artista  magníficas  oca¬ 
siones  para  lucir  sus  talentos;  el  desnudo  ha  de 
existir,  debe  existir  en  el  arte,  pero  como  poesía 
de  la  Naturaleza,  como  soplo  materializado  del 
Creador,  como  canto  tangible  del  Poder  Supremo, 
no  como  brote  del  vicio,  no  como  pedazo  de  car¬ 
ne,  no  como  conjunto  de  torpes  incentivos. 

¿Por  qué  no  representar  la  perla  en  forma  de 
ninfa  llena  de  correcciones;  por  qué  no  á  Eva  en 
los  verjeles  del  Paraíso;  por  qué  no  á  Neptuno 
conduciendo  sus  caballos,  ó  á  Diana  cazando  en  el 
bosque,  ó  á  Hércules,  ó  á  las  ninfas,  en  absoluta 
desnudez? 

Todo  eso  está  admitido,  todo  eso  es  necesario  al 
arte;  pero  éste  ha  de  huir,  en  vez  de  buscar,  el 
detalle  ó  la  actitud  que  salga  de  la  belleza  artísti¬ 
ca,  para  entrar  en  la  materialidad  impúdica;  ha 
de  prescindir  del  desnudo  cuando  el  asunto  que 
trata  con  el  color  ó  el  cincel  no  necesita  para  nada 
de  la  verdad  positiva ;  que  si  en  la  robusta  pierna 
de  una  Diana  cazadora,  ó  si  en  el  redondo  seno 
de  una  Venus  admiramos  la  linea  artística,  la  her¬ 
mosura  de  la  belleza,  sin  que  la  mente  sienta  el 
aguijón  de  la  liviandad,  éste  la  espolea  cuando  la 
pierna  ó  el  seno  son  de  una  cortesana  que  se  des¬ 
nuda  en  el  fondo  de  una  alcoba. 

El  desnudo,  pues,  está  admitido,  y  hasta  consti¬ 
tuye  una  de  las  más  robustas  ramas  del  arte;  pero 
¡por  Dios,  que,  al  paso  que  vamos,  será  la  sola 
rama!..... 

Si  al  ocuparme  aquí  en  la  impresión  general  de 
los  Salones  de  este  año  señalo  esto  del  desnudo 
como  tendencia  que  debe  censurarse,  justo  es  que 
apunte — para  justificación  de  los'artistas — el  ori¬ 
gen  principal  de  esta  tendencia  lamentable. 

El  artista,  aun  siendo,  como  es  generalmente, 
hombre  que  ve  la  vida  bajo  un  prisma  ideal,  tiene, 
en  suma,  que  preocuparse  de  vender  sus  cuadros, 
cuyo  producto  representa  el  sustento,  á  veces,  de 
toda  una  familia;  y  si  un  cuadro  de  costumbres, 
de  historia  ó  de  otro  cualquier  género  que  no  sea 
sino  la  materialización  de  una  idea  artística  le 
ofrece  algunas  probabilidades  de  venta,  un  desnu¬ 
do  intencional  le  ofrece  muchas,  y,  ¡qué  diablo! . 

la  vida  antes  que  el  arte,  se  dicen  muchos. 

París  en  esta  época  está  plagado  de  extranjeros 
que  vienen  á  admirar  las  bellezas  de  la  Villa-Luz , 
á  disfrutar  de  los  encantos  de  la  primavera  en  flo¬ 
res  y  á  permitirse  aquí  ciertas  licencias  que  allá, 
en  la  patria  respectiva,  son  los  primeros  en  cen¬ 
surar. 

La  seriedad  inglesa  y  el  austerismo  alemán  tra- 
dúcense  aquí,  aquélla  en  sed  por  el  placer,  ésta  en 
hambre  por  disfrutar  y  por  reir;  y  el  ostentoso 
rastaquoere  y  el  opulento  yankee ,  formando  coro 
con  aquéllos,  se  disputan  la  statuette  sin  rebozo  y 
el  cuadro.....  (Tapres  nature ,  en  tanto  que  el  cua¬ 
dro  y  la  estatua  que  no  pasan  los  límites  del  arte 
quedan  con  frecuencia  sin  postor. 

Disparados  mis  proyectiles  contra  las  imáge¬ 
nes.....  del  vicio,  en  general,  y  contra  el  Balzac  de 
Rodín,  en  particular,  quédame  sólo  una  poca  pól¬ 


vora,  que  voy  á  quemar  en  fuegos  de  artificio;  pero 
antes,  y  ya  que  he  señalado  el  clou  del  Salón  de 
Marte,  señalaré  el  del  Salón  de  los  Elíseos. 

El  clou  aquí  es  un  retrato,  Mr.  Hanotaux,  aca¬ 
démico  de  la  Francesa,  ministro  de  Negocios  Ex¬ 
tranjeros,  historiador,  poeta.....  ¡qué  sé  yo!.....,  he¬ 
cho  por  Benjamín  Constant. 

Realmente,  la  obra  es  notable  como  ejecución, 
como  parecido,  como  color,  y  ¡ah!.....  como  estudio 
de  detalles.  Los  lentes  de  Mr.  Hanotaux  son  una 
maravilla;  es  decir,  los  lentes  que  hay  pintados 
sobre  el  lienzo  por  Benjamín  Constant;  lo  cual 
prueba  que  el  artista  puede  hacer  gala  de  su  talen¬ 
to,  no  solamente  reproduciendo  la  belleza  plástica, 
sino  pintando  unos  pedazos  de  acero  retorcidos, 
unos  cristales  y  unos  ojos  de  hombre — ¡ni  aun  si¬ 
quiera  son  de  mujer! — que  miran  por  ellos. 

En  resumen,  los  Salones  de  este  año  merecen 
verse.  Hay  cosas  medianas,  vulgares,  de  poco  mé¬ 
rito  y  hasta  de  mal  gusto;  pero  las  hay  muy  bue¬ 
nas,  las  hay  muy  artísticas,  las  hay  inspiradas,  y, 
sin  duda  alguna,  que  el  decorado  que  el  arte  ha 
puesto  á  la  entrada  que  abre  á  la  Primavera  es  de 
una  riqueza  digna  de  la  encantadora  visitante. 

Entre  las  oleadas  de  perfume  que  despedían  las 
preciosas  toilettes ,  entre  la  agrupación  de  las  her¬ 
mosas  damas  que  vinieron  á  rendir  culto  á  las  ma¬ 
nifestaciones  del  arte,  entre  los  delicados  efluvios 
de  las  flores  que  se  erguían  en  los  verdes  macizos 
de  irreprochable  improvisación,  entre  el  animado 
vaivén  de  aquella  muchedumbre  juguetona  como 
niño  en  fiesta,  brillante  como  manifestación  de 
la  elegancia,  sonriente  como  primer  destello  esti¬ 
val,  respirábase  algo  así  como  una  esencia  de  de¬ 
licadeza  incomparable,  de  finura  exquisita,  de  pe¬ 
netración  embriagadora,  más  que  para  los  sentidos 
para  el  alma;  y  cuando  la  vista  se  elevaba  por  en¬ 
cima  de  aquellas  figuras  creadas  al  soplo  del  ge¬ 
nio,  veíase  una  neblina  diáfana  que  subía,  que  su¬ 
bía,  y  que  pasando  por  entre  los  cristales  de  la 
inmensa  caparazón,  como  pasa  el  rayo  de  sol  por 
el  cristal,  sin  romperlo  ni  mancharlo,  remontᬠ
base  á  las  celestes  bóvedas ,  hasta  perderse  entre 
las  madejas  blanquísimas  que  se  mecían  en  los  es¬ 
pacios. 

Aquella  diáfana  neblina  que  de  allí  manaba,  y 
que  subía  y  subía  sin  detenerse  ante  ningún  obs¬ 
táculo,  era  la  inspiración;  la  inspiración  hermosa, 
que,  desbordándose  de  aquellas  obras  de  arte,  se 
alejaba  con  majestad  sorprendente  hacia  los  con¬ 
fines  del  infinito,  hacia  los  cauces  de  su  origen. 

Fiesta  espléndida,  preludio  sorprendente  del 
gran  certamen  que  la  Naturaleza  se  dispone  á  ofre¬ 
cemos  con  sus  brisas  perfumadas,  con  sus  verdu¬ 
ras  encantadoras,  con  sus  flores,  con  sus  susurros, 
con  sus  mañanas  de  rosicler  brillante,  con  sus 
tardes  de  poética  calma,  con  sus  noches  de  pla¬ 
teada  melancolía;  fiesta  (jue  en  París  deja  su  his¬ 
toria,  cuyas  páginas  están  escritas  por  el  genio 
sobre  hojas  de  rosa  refrescadas  por  el  rocío  de  la 
inspiración. 

•  * 

Yo  no  debo  hablar  aquí  de  política,  y  claro  que 
no  he  de  traspasar  los  límites  que  el  deber  me 
marca;  pero  séame  permitido  al  finalizar  esta  cró¬ 
nica,  escrita  en  los  momentos  en  que  mi  Patria 
solloza  amargamente,  dejar  entrever  las  lágrimas 
á  través  de  las  cuales  trazo  estas  líneas. 

¡Pobre  Patria  mía! .  Este  hijo  que  tan  lejos 

está  de  tu  regazo  guarda  siempre  sobre  su  corazón 
tu  sagrado  recuerdo;  y  al  saber  los  males  que  te 
aquejan,  las  desventuras  que  sobre  ti  amontona 
el  dolo  y  la  ambición,  apenas  si  ha  podido  soste¬ 
ner  entre  sus  manos  nerviosas  los  útiles  del  tra¬ 
bajo  y  dar  forma  aceptable  á  un  artículo  escrito 
sin  poder  ver  claros  los  renglones  en  muchos  de 
sus  párrafos!..... 

¡Qué  Dios  salve  á  mi  Patria!  ¡Qué  Dios  proteja  á 
mis  hermanos!..... 

A.  Mar. 

París,  Mayo  98. 


o-óira-ois-^.. 


En  las  noches  invernales, 
Cuando  brama  el  aquilón 
Y  triste  la  lluvia  suena 
Como  funeral  tambor, 

Góngora,  el  insigne  vate 
De  los  campos  y  del  sol, 
Viejo,  pobre  y  enclavado 
Sobre  la  cruz  del  dolor, 

Para  calmar  sus  pesares 
Lanza  su  imaginación, 


De  la  aurora  de  su  vida 
Por  el  délo  brillador. 

Y  vese  joven,  al  viento 
Dando  su  argentina  voz 
Bajo  las  verdes  palmeras 

Y  los  naranjos  en  flor. 

Para  gozar  los  encantos 
De  su  plácida  canrión, 

Dejan  las  aves  el  nido 
Que  fabricara  el  amor; 

Las  ninfas  del  claro  Betis 
Su  cristalina  mansión, 

Y  las  cándidas  pastoras 
Su  ganado  balador. 

Su  endecha  á  las  alboradas 
Los  esplendores  robó, 

Y  a  las  palomas  torcaces 
El  arrullo  gemidor. 

Con  veste  de  azul  y  plata 
Guadalquivir  la  vistió, 

Y  claveles  y  azahares 
Dióronle  aroma  y  color. 

Su  endecha,  lira  que  luce 
Por  cuerdas  rayos  de  sol, 

Ya  es  idílica  zainpoña; 

Ora  dardo  punzador; 

Ya  morisca  pandereta 
De  ronco  y  gárrulo  són; 

Ora  azucena  fragante 
Donde  anida  un  ruiseñor. 

Como  abeja  melodiosa 
Va  á  posarse  su  canción 
En  los  labios  de  las  bellas, 

Y  liba  mieles  de  amor. 

Y  musas,  ninfas,  pastoras, 
Embriagadas  de  pasión, 

Coronan  con  frescos  lauros 
La  frente  de  su  cantor. 

Y  él  duérmese,  acariciado 
Por  el  cedro  veloz, 

Bajo  las  verdes  palmeras 

Y  los  naranjos  en  flor. 

Luego,  hundiéndose  el  palacio 
Que  elevara  su  ilusión, 

Su  éxtasis ,  blanca  paloma, 

En  cuervo  se  convirtió. 

Y  al  verse  olvidado  y  viejo, 
Sobre  la  cruz  del  dolor, 

Un  raudal  de  llanto  y  sangre 
Arroja  su  corazón. 


Manuel  Reina. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 

La  primavera  y  la  propaganda  religiosa  en  Inglaterra.  —  Los  valien¬ 
tes  de  Grosseto.  —  Un  bandido  menos.— Contra  las  golondrinas. 

la  vuelta  de  los  hermosos  díjas  de 
(3  la  primavera,  con  la  aparición  de  las 
■  hojas  y  de  las  flores,  se  abren  nuevos 
_  y  amplios  horizontes  á  la  imaginación 

y  *  las  ilusiones.  Aun  en  los  países 
tristes,  nebulosos  y  fríos  siéntese  el 
hervor  de  la  sangre  febril,  regenerada, 
^  cuando  la  Naturaleza  vuelve  á  ostentar  sos 
j  galas  y  luce  sus  admirables  encantos.  Así 
ocurre  á  la  hora  presente  en  Inglaterra.  Aquel 
pueblo  calculador  y  pasivo  no  se  ha  entusiasmado 
mucho  con  las  siniestras  manifestaciones  de  los 
lores  Salisbury  y  Chamberlain  (ó  Charlembalde, 
como  se  dice  en  vascuence);  pero  no  ha  podido 
ni  puede  resistir  el  hormiguillo  que  en  sus  venas 
produce  el  renacimiento  de  la  vida  en  este  período 
del  año.  Esa  agitación  febril  comunica  sus  vibra¬ 
ciones  al  cerebro,  y  éste  se  siente  inspirado,  crea¬ 
dor,  soñador,  místico  ó  revolucionario,  según  la 
especial  manera  de  ser,  física  y  espiritual,  del  in¬ 
dividuo.  No  se  libra  de  semejante  influencia  pri¬ 
maveral  el  pasivo  y  calculador  pueblo  británico. 

En  estos  días  abundan  los  meetings  al  aire  libre, 
en  pleno  campo,  en  las  plazas  y  parques,  cuyos  ár¬ 
boles  se  han  vestido  de  pomposo  follaje.  Miles  de 
«devotos»  oyen  las  peroraciones  y  lecturas  de  los 
entusiastas  comentadores  y  comentadoras  de  la 
Biblia,  de  cuyos  versículos  sacan  cuantas  ense¬ 
ñanzas  y  consecuencias  les  parecen  bien  para  sos¬ 
tener  sus  particulares  doctrinas,  usando  y  abu¬ 
sando  de  la  elasticidad  con  que  el  arte  protestante 
sabe  interpretar  los  textos  sagrados. 

Entre  sermones,  conferencias  y  cánticos  des¬ 
ahogan  sus  fantasías  filosófico-religiosas  los  pro¬ 
pagandistas  ingleses  y  sus  fieles.  Existen  allí  muí- 


Digitized  by  ^.ooQie 


32  Mato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.d  me  —  307 


titud  de  Ligas  de  abstinencia  y  de  difusión  evan¬ 
gélica,  que  cuentan  con  el  apoyo  pecuniario  de 
los  capitalistas  y  grandes  señores.  Asombra  el  oir 
que  solo  en  lo  que  va  del  mes  de  Mayo  han  reci¬ 
bido  las  asociaciones  de  propaganda  más  de  200.000 
libras  esterlinas  en  donativos.  Nada  tiene  de  ex¬ 
traño  que  con  semejante  base  se  hayan  celebrado 
en  Londres  y  pueblos  de  los  condados  inmediatos 
200  meetings  concurridísimos.  Entre  párrafo  y  pᬠ
rrafo  de  cada  perorata,  ó  entre  endecha  y  endecha 
de  cada  cántico,  toman  los  concurrentes  amplias 
raciones  de  sandwich  y  sendas  tazas  de  té;  de 
modo  que  estas  solemnidades  populares  poético- 
religiosas  se  amenizan  y  remojan  con  diversidad 
de  golosinas  é  infusiones,  en  las  que  no  faltan  al¬ 
gunas  gotas  de  wisky  que  tonifiquen,  corroboren 
y  aprieten,  y  den  salud  al  cuerpo  y  al  alma  si  le 
conviene.  No  se  puede  negar  que  son  prácticas 
piadosas  muy  aceptables. 

El  tema  de  las  peroraciones  es  siempre  de  «alta 
novedad»,  como  dicen  los  sastres  en  sus  anuncios. 
En  el  año  actual  predican  los  deglutidores  de  sand¬ 
wich  bíblico  el  teotolismo,  y  sirven  de  blanco  á 
sus  disparos  el  demagogo  Mr.  Bradlaugh,  apóstol 
del  neomalthusianismo,  y  su  colaboradora  la  fu- 
¡riosa  señora  Bessant,  que  sostiene  que  también 
Inglaterra  padece,  como  Francia,  la  plaga  de  la 
despoblación.  Los  discursos  se  toman  taquigráfica¬ 
mente,  y  se  imprimen,  venden  y  reparten  á  ínfi- 
¡mos  precios.  Un  taquígrafo  ha  tenido  la  paciencia 
[de  contar  el  número  de  palabras  que  los  oradores 
¡han  pronunciado  por  término  medio  cada  día  en 
los  trece  primeros  de  Mayo,  resultando  que  son 
,1.620.000.  Pollos,  gallos,  pastores,  gañanes,  mis- 
(tress  y  misses,  lujo,  juventud,  alegría,  devoción, 
misticismo,  hojas,  flores,  aromas,  pasteles,  23.460 
tazas  de  té  consumidas  en  una  sola  semana  por 
una  sola  de  las  Ligas,  sermones,  discusiones,  filo¬ 
sofías,  extravagancias:  todo  este  revoltijo  tiene 
poco  de  común  con  la  severidad  de  la  religión, 
pero  resulta  muy  entretenido,  interesante  y  ape¬ 
tecible.  Por  eso  halla  tantos  partidarios.  La  excusa 
es  la  fe;  el  impulso  lo  da  el  tiempo  encantador,  que 
convida  á  pasar  alegres  horas  en  el  campo ;  la  ins¬ 
piración  se  sostiene  a  fuerza  de  te,  cerveza,  empa¬ 
redados,  pastas  y  tabaco;  y  el  objetivo  que  se  per¬ 
sigue,  que  es  «ir  viviendo»  del  modo  más  divertido 
que  sea  posible,  se  logra  á  maravilla  con  este  pisto 
ó  pudding  anglicano,  discutido,  cantado,  tragado  y 
bebido.  El  procedimiento,  importa  poco;  el  asunto 
es  que  el  pudding  salga  apetitoso.  Así  lo  dijo  Ma- 
quiavelo,  y  así  lo  repite  hoy  la  sabiduría  inglesa: 
The  proof  ofthe  pudding  isin  the  eating! 

• 

•  « 

Aquel  burlesco  relato  del  batallón  de  rústicos 
armados,  que  dieron  como  razón  para  haberse  de¬ 
jado  robar  por  una  docena  de  salteadores  la  excusa 
«de  que  iban  solos»,  es  hoy  una  verdad. 

En  efecto,  el  caso  se  ha  realizado  en  Italia,  muy 
cerca  de  la  ciudad  de  Grosseto,  y  demuestra  que 
la  audacia  de  los  bandidos  de  profesión  conoce 
perfectamente  hasta  dónde  llega  la  prudencia  de 
los  hombres  bien  hallados,  que  prefieren  quedar¬ 
se  sin  un  céntimo  á  riesgo  de  que  no  les  agu¬ 
jereen  el  pellejo.  Y  por  cierto  que  el  riesgo  no 
hubiera  aparecido  en  este  suceso  reciente  por 
ninguna  parte,  si  á  la  audacia  criminal  se  hubiera 
opuesto  un  poco  de  la  audacia  que  debe  caracte¬ 
rizar  al  ánimo  sereno  de  quien  se  ve  débilmente 
atacado. 

.Avanzaba  hace  pocos  días  por  el  desfiladero  de 
Sticcianesi,  en  la  comarca  de  Grosseto,  un  grupo 
de  jinetes  y  peatones,  compuesto  de  los  ingenie¬ 
ros  Romanin-Jacur,  Tognetti  y  Cuppari,  de  Pisa, 
Oliveri,  Silvestri,  Jacobi,  y  el  rico  hacendado 
Londei,  y  de  un  maestro  plomero  y  cinco  opera¬ 
rios,  todos  los  cuales  iban  á  un  pueblecillo  in¬ 
mediato  á  descansar  de  la  correría  que  acababan 
de  hacer  para  estudiar  el  estado  de  las  cañerías 
de  conducción  de  agua  de  Monte  Arniata  á  Gros¬ 
seto,  trabajo  que  les  encomendó  la  comisión  de 
arbitraje  del  pleito  que  sostienen  el  Municipio  de 
la  ciudad  y  la  sociedad  constructora  del  acueducto. 

-  Iba  el  primero  Londei ,  guiando  á  sus  compañe¬ 
ros,  y,  cuando  menos  lo  esperaban,  vieron  que 
éste  se  detenía  ante  la  aparición  de  un  hombre 
que,  apuntándole  con  su  carabina,  estaba  plantado 
en  medio  del  camino,  gritando:  «¡Alto,  la  bolsa 
6  la  vida!» 

'  Como  movidos  por  un  resorte,  los  ocho  inge¬ 
nieros  echaron  mano  á  sus  respectivos  bolsillos,  y 
sacaron,  no  sus  respectivos  revolverá,  sino  sus 
portamonedas,  que  alargaron  al  ladrón  sin  chistar 
una  sola  palabra.  Este,  animado  por  la  sumisa 
actitud  de  aquella  gente,  y  sin  dejar  de  apuntar¬ 
les,  gritó:  «Los  señoritos,  que  suelten  todo  lo  que 
lleven;  vosotros,  los  obreros,  guardad  lo  que  ten¬ 
gáis,  si  tenéis  algo,  y  adelante  todo  el  mundo,  sin 


que  ninguno  se  vuelva  á  mirar  atrás,  porque  lo 
abraso.»  Y,  dicho  y  hecho;  el  señor  ladrón  se  se¬ 
paró  á  un  lado,  dejándoles  paso,  y  los  señoritos, 
después  de  poner  en  el  suelo  cuanto  llevaban,  des¬ 
filaron  por  delante  de  él  más  que  á  prisa,  sin  de¬ 
cir  «tus»  ni  «mus». 

En  cuanto  pasaron,  el  signor  Mariani,  que  así 
parece  que  se  llama  este  bravo,  escapado  del  pre¬ 
sidio  de  la  Ambrogiana  de  Montelapo,  recogió 
tranquilamente  las  1.750  liras,  que  fue,  poco  más 
ó  menos,  lo  que  produjo  la  colecta;  se  echó  la  ca¬ 
rabina  al  hombro  y  desapareció  entre  los  árboles 
del  monte.  El  Gobernador  de  la  provincia,  al  en¬ 
terarse  de  caso  tan  peregrino,  puso  en  movimiento 
á  la  policía,  y  á  estas  horas  buscan  á  Mariani  por 
todos  los  rincones.  El  periódico  de  Liorna  El  Te¬ 
légrafo,  al  referir  el  suceso  pone  en  solfa  á  ios 
trece  sorprendidos,  robados  y  perdonados,  y  ase¬ 
gura  que  los  señoritos  no  quisieron  oponerse  al 
saqueo  porque  «el  pelear  ocho  contra  uno  hubiera 
sido  una  prueba  de  cobardía!»  ¿Y  los  cinco  obre¬ 
ros  que  llevaban  zapapicos,  barras,  y  alguno  que 
otro  cuchillo  en  el  cinto?  El  caso  ha  dado  mucho 
que  reir,  y  la  opinión  está  conforme  en  que  es¬ 
tuvo  muy  bien  pensado  el  evitar  toda  efusión  de 
sangre,  tratándose  de  un  puñado  de  liras.  Más  se 
reirá  en  su  guarida  el  animoso  Mariani ,  digno 
discípulo  y  heredero  del  afamado  bandido  Tiburzi. 


•  * 

El  émulo  de  Tiburzi  en  Bulgaria,  el  cruel  y  te¬ 
mido  ladrón  Athanasio,  que  se  atrevió  á  detener 
y  robar  un  tren  de  la  línea  del  Oriente  Express, 
ha  caído  en  manos  de  la  policía  después  de  haber 
ejercido  durante  muchos  años  el  papel  de  autó¬ 
crata  desbalijador  de  todos  los  ricos  de  la  comarca 
rural  y  de  cuantos  turistas  acaudalados  circularon 
por  ella.  Como  de  la  mayor  parte  de  los  jefes  de 
bandoleros,  contábase  de  Athanasio  que  era  para 
los  pobres  una  verdadera  providencia,  porque  ja¬ 
más  hubo  miseria  en  las  casas  de  los  campesinos 
donde  se  albergaba.  A  esto  debió  gran  parte  de  la 
impunidad  de  que  gozara,  porque  no  había  casa 
pobre  en  el  campo  y  en  la  sierra  donde  no  le  die¬ 
ran  seguro  alojamiento  y  defensa.  En  vano  le  per¬ 
seguía  la  fuerza  armada,  porque  aun  estando  ésta 
en  la  misma  casa  donde  se  había  escondido,  tenía 
la  confianza  absoluta  de  no  ser  denunciado  ni 
descubierto.  Pero  estos  favores  cambian  con  el 
tiempo.  Ahora,  viejo,  ya  no  podía  atender  con 
la  generosidad  de  otros  tiempos  á  cerrar  la  boca 
y  los  apetitos  de  algunas  gentes  insaciables,  des¬ 
de  el  retiro  de  una  aldea  de  la  montaña,  donde 
se  había  propuesto  pasar  en  paz  sus  últimos  años, 
y  esa  falta  de  recursos  fué  bastante  para  que  algún 
descontento  diera  al  Gobierno  «el  soplo»  de  su 
existencia  en  el  lejano  escondite. 

La  policía  lo  cercó,  y  hoy  yace  en  un  calabozo 
de  la  cárcel  de  Sofía  aguardando  las  cien  senten¬ 
cias  que  caerán  sobre  él,  y  que  no  serán  flojas. 

o 

•  A 

Aunque  Europa  vive  en  paz  interior,  conste  que 
viene  sosteniéndose  una  gran  matanza  y  carnice¬ 
ría  en  las  playas  italianas  del  Adriático;  y  aunque 
estamos  en  tiempo  de  veda,  sépase  que  cazan 
abora  como  nunca  en  dicha  comarca  los  cacciaroli 
de  Ancona  y  demás  puertos.  Las  víctimas,  ¡quién 
lo  creyera!,  á  despecho  de  los  congresos  y  asocia¬ 
ciones  de  los  ornitólogos,  son  «las  pintadas  golon¬ 
drinas»,  que  ahora  regresan  desde  Oriente  y  desde 
el  Mediodía  hacia  el  interior  de  Europa.  Millares 
y  millares  de  golondrinas  mueren  en  estos  días,  y 
como  son  tantas,  sobran,  de  las  que  se  destinan  á 
aprovechar  sus  plumas  para  el  adorno  de  los  som¬ 
breros,  muchísimos  centenares,  que  van  á  parar  á 
los  mercados  para  surtir  las  cocinas  de  las  fondas, 
hoteles  y  casas  particulares.  No  se  considera  entre 
nosotros  como  bocado  apetitoso  y  sano  la  golon¬ 
drina;  pero  en  Italia,  país  abonado  á  el  hambre 
hace  tantos  años,  parece  que  no  sólo  no  les  sabe 
mal,  sino  que  se  guisa  de  modo  tan  macarrónico 
que  se  chupan  los  gourmets  los  dedos  de  gusto. 

Allí  se  cumple  á  la  letra  la  ley  que  dice:  «¡Ave 
que  vuela,  ála  cazuela !»;  y  allí,  al  verlas  muertas 
á  montones  en  las  playas  para  ser  embanastadas 
y  apiladas  en  los  carros  y  en  los  vagones  de  las 
vías  férreas,  se  puede  decir  con  entera  seguridad: 

I  Éstas  no  volverán ! 

La  matanza  se  practica  tendiendo  entre  dos  per¬ 
chas,  á  la  altura  de  uno  ó  dos  metros  del  suelo,  re¬ 
des  muy  finas  y  resistentes,  dispuestas  en  tres  ó  cua¬ 
tro  filas  que  distan  entre  sí  unos  100  metros.  Todas 
las  mañanas,  poco  después  de  salir  el  sol,  avanzan 
desde  los  lejanos  horizontes  del  mar  innumera¬ 
bles  bandas  de  las  pobres  avecillas,  que  cansadas 


del  largo  viaje  que  traen,  llegan  volando  casi,  casi 
á  poco  más  de  un  metro  del  nivel  de  la  playa.  Al 
tropezar  con  la  red  y  quedar  presas  se  esfuerzan 
en  vano  para  vencer  semejante  obstáculo,  y  arman 
espantosa  algarabía  y  confusión,  que  los  cazadores 
esparcidos  en  semicírculo  aprovechan  para  reco¬ 
ger  la  red,  cerrando  sus  extremos  y  dejando  caer 
á  tierra  el  inmenso  hormiguero  de  golondrinas. 
Retirada  la  red,  para  matar  toda  la  presase  tiende 
otra  nueva,  en  cuyas  operaciones  despliegan  los 
cacciaroli  extraordinaria  habilidad  y  sanguinaria 
energía.  Muchas  de  las  golondrinas  que  pasan  un 
poco  más  altas  caen  en  la  segunda  ó  la  tercera 
red,  asustadas  por  el  espantoso  bullicio  y  movi¬ 
miento  de  la  primera  acometida.  En  cada  recogida 
se  matan  de  500  á  800  aves.  Las  que  tienen  la 
suerte  de  desviarse  de  ese  rumbo  é  ir  á  cruzar  las 
playas  por  puntos  deshabitados,  continúan  su  viaje 
al  interior;  pero  la  afición  á  este  género  de  des¬ 
trozo  ó  caza  aniquiladora  se  va  generalizando  tan¬ 
to,  que  es  seguro  que  en  los  pueblos  de  mucha 
parte  del  litoral  del  Adriático  no  se  volverá  á  ver 
ningún  nido  de  golondrinas  antes  de  pocos  años. 

Las  pobres  y  bienhechoras  avecillas  que  apare¬ 
cen  con  las  flores  en  el  hermoso  mes  de  Mayo,  en¬ 
cuentran  cuando  vienen,  á  los  pueblos  civilizados 
de  Europa  hechos  unos  verdugos  bárbaros,  y  á  los 
pueblos  semibárbaros  de  |  Oriente  y  de  Africa  tan 
hospitalarios  y  amantes  como  siempre  cuando  la 
inclemencia  del  tiempo  les  obliga  á  regresar  y  á 
vivir  entre  ellos.  ¡  Tanto  pueden  la  miseria  y  la 
avaricia  contra  las  seculares  tradiciones  de  la  Na¬ 
turaleza! 


Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  máfl  perfumado  de  los  jabones  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello  * 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  oro.— Fnera  de  ooaonrss 
4,  PLACE  BE  L’OFÉRA,  PARIS 

De  Tenia  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


AI  público  en  general  interesa  ver  el  nnevo  local  que  ocupa  la 
importante  Droguería  y  Firmarla  de  los  hijos  de  Carlos 
Ulzurrún  en  la  calle  de  Espartero*,  núm.  9 . 


LA  BOCA  SANA 

Ararte,  limpia  y  el  aliento  perfumado  tendrá  siempre 

el  qoe  ose  la  MENTH0LINA  del  Dr.  Andrbd. 

Cora  el  dolor  de  muelas.  Libritos  gratis.  En  las  boticas. 


PÍTE  ÜPILATOIRE  WJSSER 

Pira  lo®  brazo®  «coplee®®  ®l  PILIVORK —  1.  Has  J.-J. 


deatruy®  harta  las 
raloo®  el  vello  d®l 
rostro  d®  la®  damas. 
Ron— o.  l.Psrt®. 


VINO  BI-DIGKST1 VO  IIH  < IHASSAING.  SOañoede 
éxito  contra  las  enfermedades  del  aparato  digestivo  fdispep» 
sisa,  inapetencia,  pérdida  de  fuerzas).  Paria ,  o,  Av.  victoria. 


EAU  D’HOUBIGANT 

HtaUfSBl,  perfumista,  Paria ,  19,  Faubourg  8*  Honoró. 


Perfumería  exótica  SENET,  35,  rae  du  Quatre  Septembre, 
París.  (  Véanse  loa  anuncios .) 


Perfumería  Ni  non,  Maison  LE  CONTE,  31,  rae  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  los  anuncios.) 


VI0LETTE  IDÉALE  ittiZZÍ 

Haublgmut,  perfumista,  París,  19,  Faubourg  S*  Honoré. 


HELADORA  para  CHÁTEAUX  DECAMPO 

J.  SCHALLER  ,2,  rué  St  Honoré  33,  París.  (Véanse  los  anuncios.) 


AUHnnn  pie  (Antigua  oasa  Se  ERRE  PIRQAT),  so.  rut 
.  Vvñull&U  &  u-  París.— TRAJES  Y  ABRIOOS 

La  casa  que  viste  á  las  señoras  con  más  elegancia,  riqueza  y  buen  gusto 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


Filipinas,  por  D.  Enrique  Abella  y  Casariego. 

El  conocido  escritor,  autor  de  muy  notables  trabajos  sobre 
la  geología  de  Filipinas,  D.  Enrique  Abella,  que  ha  permane¬ 
cido  veinte  años  en  aquel  país  desempeñando  cargos  tan  im¬ 
portantes  como  el  de  Inspector  general  de  Minas  y  secretario 
del  Gobierno  general,  ha  publicado  un  folleto  en  que  examina 
las  causas  y  período  preparatorio  de  la  insurrección,  y  el 
curso  de  la  misma  durante  el  mando  del  general  Blanco,  del 
general  Polavieja  y  del  general  Primo  de  Rivera.  Precede  k 
este  interesante  folleto  un  prólogo  de  nuestro  antiguo  y  que* 
rido  oom pañero  D.  Gonzalo  Reparaz. 

Véndese  al  precio  de  una  peseta. 


Digitized  by  ^.ooQie 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Mayo  1898 


308  — "k.°  iix 


Biblioteca  completa  de  Electricidad,  por  Slo&ne,  traducida  del 
inglés  porD.  José  Pía.— Hemos  recibido  y  examinado  los  tomos  ter¬ 
cero  y  cuarto  de  esta  biblioteca,  publicados  por  la  conocida  casa  edi¬ 
torial  de  los  Sres.  Bailly*  Bailliére  é  Hy os. 

£1  título  de  estos  tomos  es:  Cómo  se  forma  un  buen  electricista ,  y 
La  electricidad  para  todos. 

Llegar  &  ser  ingenieros  electricistas  es  la  ambición  de  millares  de 
jóvenes  y  hombres  de  edad;  pero  no  todos  pueden  hacer  los  cuan¬ 
tiosos  gastos  ni  disponer  de  los  tres  ó  cuatro  años  necesarios  para 
esta  carrera;  sin  embargo,  esta  obra  está  destinada  á  enseñar  cómo  se 
forma  un  buen  electricista  sin  los  sacrificios  que  ordinariamente  hay 

Quehacer  para  conseguirlo.  La  electricidad  para  todos  está  dedicada 
los  aficionados  y  á  la  juventud:  en  ella  encontrarán  capítulos  muy 
provechosos  que  tratan  de  las  pilas,  imanes  permanentes,  electro¬ 
imanes,  electromotores,  timbres  eléctricos,  juguetes  diversos,  bobi¬ 
nas  de  chispas  y  de  inducción ,  dinamos  movidas  á  mano,  y  numero¬ 
sas  fórmulas ,  con  cuya  aplicación  podrán  construir  por  sí  gran  número 
de  piezas  de  aparatos  eléctricos,  consiguiendo  á  la  vez  instrucción  y 
recreo. 

Véndese  á  1,60  pesetas  en  rústica  y  2  en  tela  cada  tomo. 

La  Fuerza  irreatatlble  — Memoria  leída  en  la  Academia  de  Juris¬ 
prudencia  y  Legislación  por  D.  Benito  Mariano  Andrade. 

Hemos  recibido  ejemplares  de  la  Memoria  presentada  á  la  Real 
Academia  de  Jurisprudencia  por  el  joven  jurisconsulto  D.  Benito  M. 
Andrade ,  en  la  cual  estudia  una  importantísima  cuestión  de  derecho 
penal:  la  de  la  fuerza  irresistiblet  como  circunstancia  eximente  de 
la  responsabilidad  criminal. 

Estudia  el  Sr.  Andrade  la  fuerza  irresistible  en  el  terreno  psicoló¬ 
gico,  frenopático  y  propiamente  jurídico.  Muéstrase  el  Sr.  Andrade 
convencido  partidario  de  la  responsabilidad  individual  basada  en  el 
libre  albedrío;  y  negando  que  la  influencia  pasional  sea  la  circunstan¬ 
cia  eximente  conocida  con  el  nombre  de  fuerza  irresistible,  la  concede 
el  valor  de  atenuante  muy  calificada. 

Sentimiento  de  In  naturaleza  en  Iom  relieves  medioevales 

españoles ,  por  D.  Enrique  Serrano  Fatigati. 

El  docto  catedrático  y  reputado  escritor  D.  Enrique  Serrano  Fati¬ 
gati  ha  publicado  un  interesantísimo  folleto  en  que  estudia  con  gran 
competencia  el  sentimiento  de  la  naturaleza  que  en  los  relieves  me¬ 
dioevales  españoles  se  revela.  Comienza  con  una  breve  noticia  de  los 
monumentos  españoles  del  mismo  período,  y  trata  después  separada¬ 
mente  de  las  plantas  esculpidas,  de  los  animales  y  monstruos  de 
piedra,  y  las  diversas  luchas,  ya  reales,  ya  simbólicas  y  legendarias, 
y  termina  con  el  examen  de  las  preocupaciones  populares,  los  apó¬ 
logos  y  las  et cenas  del  trabajo  humano. 

El  libro  abunda  en  curiosísimas  observaciones  del  autor,  que  reve¬ 
lan  un  minucioso  y  concienzudo  estudio  de  los  monumentos  arqui¬ 
tectónicos  de  que  tan  rica  es  nuestra  patria,  y  va  ilustrado  con  gra¬ 
bados,  como  gráfica  demostración  de  las  afirmaciones  que  el  trabajo 
contiene. 


C. 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE- AMÉ  RICA. 

CAÑONERO  TORPEDERO  «NUEVA  ESPAÑA»,  QUE,  EN  UNIÓN  DEL  «CONDE  DEL  VENADITO»,  HIZO  RETIRAR 
CINCO  BARCOS  NORTEAMERICANOS  DELANTE  DEL  PUERTO  DE  LA  HABANA. 

(De  fotografía.)  . 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

extra.  Primer  premio  Exposición  Farmacéutica  Nacional.  París,  dos  medallas  oro.  Inmejorable 
para  curar  y  evitar  la  blandura  de  los  párpados  y  aclarar  la  vista  cansada.  Superior  al  árnica  para 
contusiones  y  heridas.  Indispensable  á  los  ciclistas  para  secar  el  sudor,  evitar  los  enfriamientos, 
estimular  la  piel  y  producir  la  sedación  de  los  músculos.  En  frascos,  farmacias  y  perfumerías.  Por 
mayor,  M.  García,  Madrid;  Barcelona,  V.  Ferrer  y  C.a.  Por  medida  renv  sa  su  autor  á  domicilio, 
franco  envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  5  pesetas  litro.  Desde  cuatro  litros ,  á  4  pesetas. 


LA  FOSFATINA  FAL.TER  GSee  el  au¬ 
mento  más  agradable  y  más  recomendado  para  los 
niños  de  6  &  7  meses  de  edad,  principalmente  en  la 
época  del  destete  y  en  el  periodo  drl  crecimiento 
JneUtta  la  dentición  y  asegura  la  buena  formación  de  lo» 
kuesos.  Impide  la  diarrea  tan  frecuente  en  los  niños. 

Parto,  Avenne  Victoria,  6,  formada* 


flUil  Alá#  JAQfJBQ  ¿ya,  ostsmbns  se  ct/ 
EUHALVIAOMMmaiO'JUfft/'tono,  todaalaa 
¡sanrmsdsdss  nerviosas  ss  oslmsn nrP D n  N I C D 
esa  Iss pildoras sntlnssril¿less dslU  bnullltn 
>  frsaota.— ParUjrarmaaU.fi,  rusdsls  Mon.vuo. 


\ 


OBRAS  BE  D.  DEJO  CASTELAR. 


La  roeitlóo  de  Orlente* — Un  tomo  de 
326  páginas. — 4  pesetas. 

B «cuerdo*  «le  IIaIIa  (primera  parte). — 
Un  tomo,  8.°  mayor  francés. — 4  pesetas. 
Beenerdo*  de  finita  (segunda  parte).» 

Un  tomo,  8.°  mayor  francés. — 4  pesetas. 
La  Rosta  contemporánea. —  Un  tomo, 
8.°  mayor  francés. — 3  pesetas. 

Las  guerras  de  América  y  Egipto.» 

Un  tomo,  8.°  mayor  francés. — 4  pesetas. 
Europa  en  el  último  trienio.»  Un  tomo, 
8.®  mayor  francés. — 4  pesetas. 

Historia  de  l8&3.»Un  tomo,  8.°  mayor 
francés. — 4  pesetas. 

Historia  de  1394.  — Un  tomo,  8.°  mayor 
francés. — 4  pesetas. 

Retratos  historíeos. — Un  tomo,  8.°  ma¬ 
yor  francés. — 4  pesetas. 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración 
Española  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


MAPA  DE  LA  ISLA  DE  CUBA. 

En  la  Administración  de  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid,  hállase  de  venta  el  Mapa  de  la  Isla  de  Cuba  más  com¬ 
pleto  de  todos  los  publicados  hasta  el  día. 

Este  mapa,  esmeradamente  impreso  á  cinco  tintas,  está  dividido  en  dos 
hojas,  comprendiendo  una  la  parte  oriental ,  y  la  otra  la  occidental  de 
la  Isla.  Es  indispensable  á  todos  cuantos  quieran  seguir,  en  todos  sus  de¬ 
talles,  las  operaciones  militares  en  la  Isla  de  Cuba. 

El  precio  de  venta  en  toda  España  es  de  2  pesetas  cada  hoja,  ó  sean 
4  pesetas  el  mapa  completo. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ANANA! .”¿5, 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedíaB,  disenteria,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre.— 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  loe 
excesos.  .  Es  también  el  mejor  alimento  para  cnar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres.  ^ 


LA  CRUZ  DEL  VALLE 

POEMA 

POR  DOÑA  ISABEL  CHEIX 

Véndese  en  las  principales  librerías.  Precio, 
ana  peseta. — Loe  pedidos  á  la  autora,  Gra- 
vina,  31,  Sevilla. 


DIENTES 
!  ENCIAS 


Los  primeros  se  conservan 
blancos  y  sin  sarro,  fuer¬ 
tes  y  sin  desangre;  y  las 
segundas  duras  y  rosadas 
como  el  carmín,  usando  á 
diario  el  más  higiénico,  más  barato  y  de  más  ex¬ 
quisito  perfume  de  los  dentífricos,  Licor  del 
Polo  efe  Orive.  Frasco,  6  rs.  en  toda  farmacia 
y  perfumería.  M.  Garda,  Capellanes,  1,  Madrid. 


VOCABULARIO 

DB 

TÉRMINOS  DE  ARTE 

ESCRITO  EN  FRANCÉS  POR  J.  ADEUNE 

TRADUCIDO,  AUMENTADO  CON  MAa  DB  600  VOCES  T  ANOTADO 

POB 

D.  JOSÉ  RAMÓN  MÉLIDA, 

del  cuerpo  de  Archiveros,  Bibliotecarios  y  Anticuarios. 


Esta  importantísima  obra  reviste  particular  interés,  ppes,  como  indica  su  título,  tiene 
por  objeto  vulgarizar  los  conocimientos  artísticos,  definiendo  en  forma  concisa  y  clara  el 
tecnicismo  especial  de  las  Artes. 

El  Vocabulario  de  términos  de  Arte  es  un  elegante  volumen  en  4.a,  de  más 
de  500  páginas,  encuadernado  en  tela,  y  con  profusión  de  grabados  que  facilitan  extraor¬ 
dinariamente  la  comprensión  del  texto.  Su  precio  de  venta  es  8  pesetas  en  toda  España. 
Los  Sres.  Subscriptores  á  La  llastraolón  Española  y  Americana  podrán  adquirirlo  por  sólo 
4  pesetas  en  Madrid,  5  pesetas  en  provincias  y  6  pesetas  en  América  y  el  extranjero  (in¬ 
cluso  franqueo  y  Certificado,  en  estos  últimos  casos). 

Diríjanse  á  la  Administración  de  La  llnatraolén,  Arenal,  18,  Madrid. 


Impreso  con  tinta  de  la  fábrioa  LOÉILLETJ1  y  C.\  16,  roe  Snger,  París. 


Reservados  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria.  MADRID.  -  Establecimiento  tipolitográflco  t  Sucesores  de  Rivadeneyra», 

impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  LjOOQle 


AÑO  XLII. — NÚM.  XX 


PRBCI08  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 


ADMINISTRACIÓN: 
ARENA  Z,9  18 


Madrid . 

Provincias. 

Extranjero. 


12  pesos  fuertes. 


7  pesos  fuertes. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 
Demás  Estados  de  América  y 


Madrid,  30  de  Mayo  de  1898. 


AÑO. 

SEMESTRE. 

35  pesetas. 

40  id. 

60  francos. 

18  pesetas. 

21  id. 

26  francos. 

í 

:  wpj 

wiw 

¡y  m  Wk  ■  ■  % 

lili  a  V  m  II  i  tkm  í  1 

Ai  Al  vi  i  ■  A 

i  ¿ ! 

i/nlR 

vti  ?;UIÍIKI 

ÍJ  jlAI 

i '  ÜJ  l 

9m  : ' 
Fr  n 

MARIANO  BENLLIU  RE, 

LAUREADO  ESCULTOR, 

ACADÉMICO  DE  LA  DE  DBLLAS  ARTES  DE  SAN  FERNANDO. 
(De  fotografía  de  Franzen.) 


Digitized  by  {jOoq  Le 


310  —  n.°  xx 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Mato  1898 


SUMARIO. 


TEXTO. — Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón. — Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  Episodios  de  guerra 
marítima,  por  D.  Cesáreo  Fernández  Duro.  —  La  vida  privada  de 
un  grande  hombre.  Recuerdos  de  Gladstone,  por  Rombal.— Revista 
musical,  por.D.  J.  M.  Esperanza  y  Sola.— Din  dan  don,  por  D.  Felipe 
Perez  y  González. — La  niña  y  la  mariposa,  poesia,  por  D.  Manuel 
de  Sandoval.  — Por  ambos  mundos.  Narraciones  cosmopolitas,  por 
D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa. — Sueltos,— Anuncios. 

Grabados.— Retrato  de  Mariano  Benlliure,  laureado  escultor.  — La 
guerra  entre  España  y  los  EE.  UU.  de  Norte -Amé rica:  Entrada  y 
bahía  de  Santiago  de  Cuba.  —  Capturé  de  dos  redactores  corres¬ 
ponsales  del  periódico  yankee  World,  en  la  playa  del  Salado  (Cuba). 
—Retrato  de  D.  Heliodoro  Moneada  y  Soler ,  coronel  de  Infante¬ 
ría. —  Retrato  de  D.  Ramón  Argiiel les,  coronel  de  voluntarios  de 
la  isla  de  Cuba.  — Madrid:  VI  Exposición  bienal  del  Circulo  de 
Bellas  Artes.  Monumento  á  Gayarre,  por  Mariano  Benlliure.— Bar¬ 
celona:  Exposición  de  Bellas  Artes  ó  Industrias  Artísticas.  Salas 
españolas  Sala  extranjera.  Gran  salón  central.— Marina  de  guerra 
norteamericana:  El  acorazado  Ma usachMseU. i.  —  Primer  Gobierno 
autonómico  de  Puerto  Rico:  Retratos  del  presidente,  secretarios 
del  despacho  y  subsecretarios.  —  Santiago  de  Cuba:  Pescadores  de 
Cayo  Smith,  próximo  á  la  capit&L 


CRÓNICA  GENERAL. 


Ningún  hecho  importante,  después  de  la 
llegada  a  Santiago  de  Cuba  de  la  es¬ 
cuadra  del  vicealmirante  Cervera,  te- 
l(f£  nemos  que  registrar  respecto  de  la 
guerra:  como  es  consiguiente,  han  su¬ 
plido  este  paréntesis  los  periódicos  con 
noticias  contradictorias  de  combates, 
presas,  ruido  de  cañonazos,  buques  en  pe¬ 
ligro  y  movimientos  navales,  que  se  desmen¬ 
tían  con  la  misma  facilidad  que  se  inven¬ 
taban.  La  entrada  en  Guantánamo  de  dos  buques 
yankees  que  enarbolaban  nuestro  pabellón,  para 
salir  pitando  después  de  descubierta  la  superche¬ 
ría,  ha  dado  ocasión  á  protestas  animadas,  no  fal¬ 
tando  quien  sostuviera  como  lícito  el  ardid,  que 
si  es  disculpable  alguna  vez  en  el  débil  y  fugitivo, 
es  abuso  y  deslealtad  en  los  que  con  mayor  fuerza 
naval  bloquean  y  acometen;  pero  nos  parece  muy 
propio  de  la  nación  que  aprovechó  la  voladura 
casual  del  Maine  para  declararnos  la  guerra.  La 
hacen  como  quienes  Sun :  se  apoderan  de  los  va¬ 
lores  que  contiene  la  correspondencia  con  España; 
usan  proyectiles  explosivos;  bombardean  sin  avi¬ 
sar;  desvalijan  como  ladrones  á  los  prisioneros; 
fusilan  á  españoles  que  les  parecen  sospechosos; 
adulan  ¿  los  ingleses  para  que  les  ayuden  á  ven¬ 
cernos;  retroceden  heroicamente  de  las  baterías 
que  alcanzan  á  sus  buques;  respetan  á  Rusia;  aguan¬ 
tan  lo  que  les  hacen  los  alemanes;  se  crecen  con 
Portugal,  y  echan  roncas  al  Pont í  tice  romano. 


En  España  se  dió  al  fin  la  cartera  de  Estado  al 
Duque  de  Almodóvar  del  Río,  y  resuelta  al  fin  la 
crisis,  no  han  dejado  los  políticos  de  aspirar  á 
otra;  que  esa  es  y  ha  sido  siempre  la  única  cien¬ 
cia  de  gobernar  que  practicamos.  Nadie  creeria, 
al  asistir  á  las  sesiones  de  las  Cortes,  que  tenemos 
tres  ejércitos  y  dos  escuadras  dispuestos  á  vencer 
ó  morir  por  nuestra  honra;  que  el  tiempo  urge,  y 
está  la  nación  amenazada,  no  sólo  por  los  enemi¬ 
gos  descubiertos,  sino  por  los  que  se  presienten, 
y  que  hay  necesidad  de  patriotismo  y  virilidad.  Se 
discute  como  en  los  tiempos  bonancibles  y  sere¬ 
nos:  los  mismos  discursos  huecos  y  solemnes  que 
se  podrían  condensar  en  pocas  líneas;  las  mismas 
habilidades  y  menudencias;  las  mismas  cábalas, 
compadrazgos,  discusiones  y  críticas  y  disgustos 
de  familia.  En  vez  de  tronar  allí  la  pasión  que  cal¬ 
dea  los  espíritus,  salen  ráfagas  heladas  de  escepti¬ 
cismo  y  de  cansancio:  ni  una  voz  que  aliente,  ni  un 
rasgo  patriótico,  ni  una  explosión  de  entusiasmo; 
todo  es  pequeño,  vulgar  y  desabrido.  Sí,  se  ve  cla¬ 
ramente  que  no  es  de  allí  de  donde  la  patria  espe¬ 
ra  su  defensa:  el  calor  vendrá  de  otras  esferas;  no 
de  los  indiferentes  y  calculistas,  que  por  desgra¬ 
cia  no  son  calculadores;  ni  de  los  que  atisban  con 
ansiedad  las  cotizaciones,  husmean  las  evoluciones 
de  los  cambios,  acechan  toda  ocasión  de  especula¬ 
ciones  posibles  con  la  escasez  de  unas  materias  y 
la  falsificación  de  otras;  ni  de  los  intelectuales 
enervados,  ni  de  los  prudentísimos;  sino  de  los 
sanos  de  corazón  y  entendimiento,  que  poniéndo¬ 
se  en  la  realidad,  y  ésta  no  es  otra  que  haber  caído 
contra  nuestra  voluntad  y  conveniencia  en  una 
guerra  dura  y  difícil,  no  hay  otro  recurso,  ni  sal¬ 
vación,  ni  solución  posible,  que  revolverse  contra 
la  suerte  y  multiplicar  las  fuerzas  con  la  voluntad 
y  la  fiereza:  que  siempre  desde  que  hay  historia, 
y  hasta  la  consumación  de  los  siglos,  la  voluntad 
y  la  energía  centuplican  las  fuerzas  de  los  deci¬ 
didos  y  tenaces,  y  no  se  cuentan  las  naciones  por 
sus  millones  de  habitantes,  sino  por  el  número  de 
los  que  entre  ellos  tienen  espíritu  y  vergüenza 
militar.  No  hay  sino  tumbarse  y  callar  cuando 
graznan  los  cuervos  que  piden  carne  muerta.  Nos 


quieren  devorar,  y  no  hay  más  solución  que  sacu¬ 
dir  los  bolsillos  y  los  puños:  se  trata  de  nuestra 
independencia,  de  nuestro  interés  material,  del 
porvenir  de  España,  de  ser  ó  no  ser  hombres. 


Como  es  natural,  si  hay  quien  se  forja  ilusiones 
respecto  del  alcance  efectivo  de  las  simpatías  que 
inspira  España  á  otras  naciones,  hay  quien  nada 
absolutamente  espera  de  ellas.  Bueno  y  justo  que 
confiemos  sólo  en  nuestra  fuerza  y  decisión,  pero 
tampoco  se  debe  exagerar  la  mansedumbre  de 
Europa  ante  las  imposiciones  anglo-sajonas.  In¬ 
glaterra  se  ha  de  mirar  mucho  antes  de  provocar 
una  guerra  general,  en  que  expone  bastante  más 
de  lo  que  podría  conseguir:  hoy  es  dueña  de  los 
mares,  y  goza  en  paz  todas  las  ventajas  de  su  in¬ 
menso  comercio:  por  bien  calculada  que  esté  la 
combinación  de  sus  escuadras,  hay  en  la  guerra 
moderna  factores  desconocidos  que  temblará  antes 
de  ponerlos  en  ensayo.  Cuando  los  cables  estén 
rotos,  el  Egipto  sublevado  y  sus  depósitos  de  car¬ 
bón  y  provisiones  interrumpidos  en  algún  punto 
estratégico,  ¿podrá  acudir  á  todo  desde  su  lejana 
metrópoli,  perturbada  en  su  vida  mercantil?  ¿Po¬ 
drá  alimentarse  el  monstruo  colosal  de  su  indus¬ 
tria,  base  de  su  potencia  marítima,  y  creerse  libre 
de  las  huelgas  con  que  la  crisis  de  la  guerra  podría 
atar  sus  brazos,  y  de  la  explosión  política  interior 
que  produjese  su  temeridad?  ¿Tiene  la  seguridad 
de  que  estarán  mandadas  y  dirigidas  sus  escuadras 
con  la  superioridad  evidente  que  necesita  para 
que  el  descalabro  de  una  de  ellas  no  descomponga 
la  máquina  con  que  cree  tener  los  mares  asegura¬ 
dos?  Y,  sobre  todo,  siendo  en  paz  su  dominio  tan 
evidente,  ¿le  expondrá  á  las  contingencias  de  la 
guerra  con  elementos  no  probados?  Se  nos  hace 
difícil  creerlo,  aunque  comprendemos  que  no 
basta  esa  sospecha  para  que  no  se  realice  lo  im¬ 
probable. 

Por  otra  parte,  las  dificultades  y  peligros  de  una 
guerra  con  el  Imperio  británico  tienen  que  dete¬ 
ner  mucho  á  otras  naciones,  aun  cuando  una  alian¬ 
za  las  haga  poderosas.  Por  lo  que  á  nosotros  inte¬ 
resa,  si  sólo  el  servicio  de  mediar  directamente  se 
considera  como  deuda  de  carácter  remuneratorio, 
no  debemos  esperar  gran  provecho  de  esas  amis¬ 
tades,  á  menos  que  una  coincidencia  de  intereses 
determinase  naturalmente  alguna  conjunción. 

El  viaje  del  Ministro  británico  á  Gibraltar  no 
debe  extrañarnos:  nada  más  inútil  que  el  viaje  de 
un  ministro  para  esos  accidentes  de  la  defensa:  &e 
ha  dado  una  explicación  á  propósito  para  que  no 
se  crea  en  ella:  ¿se  trata  de  alarmar  y  de  prestar 
servicios  indirectos,  como  de  entretener  un  ejér¬ 
cito  de  observación  en  Gibraltar?  No  lo  sabemos. 
Inglaterra  no  puede  extrañar  que  España  se  pro¬ 
vea  de  la  defensa  natural  en  ese  punto;  no  descon¬ 
fiamos  de  esa  buena  amiga;  pero  su  actitud  en 
Hong-Kong,  las  palabras  de  Mr.  Chamberlain  y  su 
cooperación  misteriosa  al  rompimiento  de  España 
y  los  Estados  Unidos  nos  obligan  á  estar  recelo¬ 
sos.  Respecto  de  Alemania . estos  puntos  suspen¬ 

sivos  indican  que  debemos  suspender  nuestra 
opinión. 


La  pobreza  de  España  es  otro  de  los  argumentos 
que  nos  presentan  los  que  quisieran  vernos  enco¬ 
gidos;  pero  como  esa  pobreza  es  accidental,  y  con¬ 
siste  en  que  no  hemos  sido  nünca  gobernados,  y 
está  por  explotar  gran  parte  de  la  riqueza,  tene¬ 
mos  para  reponernos  en  el  porvenir  lo  que  no  tie¬ 
nen  otros  pueblos  donde  se  ha  llegado  al  máxi¬ 
mum  de  los  adelantos.  Con  decir  que  el  Archipié¬ 
lago  filipino  nos  ha  costado  dinero  en  vez  de  ser 
fuente  de  prosperidad,  queda  comprendido  cómo 
habremos  sido  administrados.  ¡Quién  sabe  si  esta 
lección  y  este  sacudimiento  nos  desperezará  de 
una  vez!  Desde  luego  es  una  ventaja  que  ya  se  vea 
claramente  que  los  elementos  políticos  que  bullen 
en  los  Parlamentos  están  muy  por  debajo  de  las 
necesidades  y  los  alientos  del  país.  Ya  va  pasando 
el  tiempo  de  que  se  entregue  el  poder  legislativo 
á  personas  que  no  ofrecen  garantías  de  acierto. 
El  período  de  los  charlatanes  no  puede  ser  eterno. 
Hoy  ni  siquiera  comprenden  una  verdad  tan  sen¬ 
cilla  como  que  hay  precisión  de  dar  fuerzas  y  re¬ 
cursos  al  Gobierno  que  preside  la  defensa  nacio¬ 
nal.  Y  si  lo  comprenden  y  no  lo  hacen,  ¿merecen 
la  confianza  del  país?  ¿No  podrían  callarse  y  con¬ 
tenerse  mientras  duren  los  peligros? 


Por  ahora,  los  que  pretenden  ahogar  el  senti¬ 
miento  público  que  nos  lleva  á  resistir  las  impo¬ 
siciones  injustas  y  groseras,  y  defender  lo  nuestro 
y  procurar  por  el  patrimonio  y  por  la  honra,  su¬ 
ceda  lo  que  quiera,  que  no  ha  de  ser  peor  que  lo 
ya  decidido  en  contra  nuestra,  esos  están  equivo¬ 


cados.  España  no  se  abate,  y  pedirá  cuentas  estre¬ 
chas  en  su  día  á  los  que  no  estén  á  la  altura  de  su 
posición  y  sus  deberes. 


* 

«  « 

La  Sociedad  Filatélica  Balear  acordó  hacer  una 
emisión  de  sellos  voluntarios  de  á  cinco  céntimos 
y  entregarla  íntegra  al  presidente  de  la  suscrip¬ 
ción  nacional:  aceptado  el  obsequio,  los  estanque¬ 
ros  de  la  isla  han  puesto  á  la  venta  los  sellos  sin 
descuento.  Agradecemos  la  noticia  al  digno  teso¬ 
rero  de  la  expresada  Sociedad,  D.  Juan  Gaspar  Ru- 
bert  y  Sureda,  y  aplaudimos  el  acto  generoso  de 
los  filatelistas  baleares.  También  se  ha  emitido  un 
sello  análogo  en  Jerez  de  la  Frontera. 

• 

•  • 

Dos  amigos  queridos  han  sufrido  pérdidas  irre¬ 
parables  en  su  familia.  El  mismo  día  en  que  ce¬ 
rramos  la  Crónica  anterior  cumplimos  el  triste 
deber  de  acompañar  al  cementerio  de  San  Justo  á 
la  Sra.  D.a  Josefa  Cobeña,  viuda  de  Díaz  Pérez  y 
madre  del  eminente  letrado  y  orador  forense  don 
Luis  Díaz  Cobeña:  aunque  falleció  á  la  edad  de 
ochenta  y  dos  años,  parecía  por  su  aspecto  desti¬ 
nada  á  mucha  mayor  longevidad  y  muy  lejana  6U 
pérdida:  fue  su  tranquilo  fin  el  de  una  buena  ma¬ 
dre  de  familia:  se  extinguió  dulcemente  entre  los 
besos  y  las  lágrimas  de  sus  hijos  y  sus  nietos. 

Dos  días  después  sucumbía  en  lo  mejor  de  su 
edad,  aquejado  de  dolorosa  y  cruel  dolencia,  don 
Fernando  Sevilla,  escritor  estimable  y  autor  de  va¬ 
rios  libros  útiles,  hijo  político  de  nuestro  antiguo 
compañero  Ossorio  y  Bernard,  uno  de  los  vetera¬ 
nos  de  la  prensa.  Por  último,  vemos  anunciado  en 
el  Heraldo  el  fallecimiento  de  D.  Leandro  Urre- 
cha,  padre  del  reputado  escritor  D.  Federico. 

Consideramos  como  propios  los  duelos  de  tan 
queridísimos  amigos. 

» 

*  * 

Hemos  recibido  un  ejemplar  del  lindo  tomo  de 
poesías  del  escritor  sevillano  D.  Luis  Montoro, 
que  titula  N ochen  de  luna .  Son  desahogos  del  cora¬ 
zón  en  forma  poética,  en  rasgos  delicados  y  bre¬ 
ves  y  no  destinados  al  público,  pues  la  elegante 
edición,  costeada  por  el  Marqués  de  Xerez  de  los 
Caballeros,  sólo  consta  de  cien  ejemplares.  Si  el 
libro  no  tuviese  el  mérito  de  sus  poesías  y  de  su 
firma,  aún  sería  curioso  como  rareza  bibliográfica: 
en  todos  conceptos  agradecemos  el  valioso  regalo. 

t> 

«  • 

—  ¡Ah,  señores!  (añade  el  orador  después  de  to¬ 
mar  un  sorbo  de  agua).  El  progreso  todo  lo  modi¬ 
fica  y  engrandece:  nada  se  libra  de  su  influencia. 

—  ¿Ni  lo  demostrado? — le  interrumpen. 

—  Ni  lo  demostrado. 

—  ¿Dos  y  dos  no  serán  cuatro  siempre? 

— Tengo  tal  fe  en  que  el  progreso  todo  lo  agran¬ 
de,  que  creo,  y  hasta  aseguro,  que  dos  y  dos  con 
el  tiempo  serán  cinco. 


Mirando  en  una  tienda  de  muebles: 

—  ¿Te  gustan  esos  sillones? 

—  ¡  Ya  lo  creo!  deben  ser  muy  incómodos.  Si  me 
los  alquilasen,  los  completaría  poniéndoles  clavos 
Con  la  puñta  hacia  arriba  en  el  asiento. 

—  No  te  visitaría  nadie. 

—  Sólo  me  visitan  ya  mis  acreedores . 


— Si  usted  me  permitiera . 

—¿Qué? 

—  Si  no  se  incomodara  usted . 

— ¿Qué,  hombre,  qué? 

— Nada,  amigo  mío,  que  si  usted  me  prometiera 
no  devolvérmelas,  le  daría  á  usted  dos  bofetadas. 


Los  protestantes  de  los  Estados  Unidos  quieren 
que  los  suyos  guarden  los  domingos  no  presen¬ 
tando  batalla  en  ese  día. 

¡  Qué  religiosos  son  los  yankees!  Saben  que  esta 
guerra  es  una  especulación,  y  quieren  interesar  á 
Dios  para  que  tome  parte  en  el  negocio. 


— ¿Es  cierto  que  Mac-Kinley  pretende  imponer 
al  Papa  una  absoluta  neutralidad? 

— Si  el  Pontífice  no  tiene  estados,  ¿qué  ha  de 
hacer  de  Su  Santidad? 

—  Quieren  los  yankees  que  declare  el  Tedeum 
contrabando  de  guerra. 

José  Fernández  Bremón* 


Digitized  by  ^.ooQie 


N.®  XX  —  311 


30  Mato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


NUESTROS  GRABADOS. 


MARIANO  BENLLIURE, 
laureado  escultor  (pág.  1.*). 

El  genial  escultor  Mariano  Benlliure  nació  en 
el  Grao  de  Valencia,  el  8  de  Septiembre  de  1862. 
Desde  muy  niño  tuvo  necesidad  de  luchar  por  la 
vida,  y  comenzó  por  propia  iniciativa  á  modelar 
en  cera  figuritas.  Vino  en  1871  á  Madrid,  donde 
su  hermano  José  había  abierto  estudio,  y  á  -su 
lado  fué  perfeccionando  sus  aptitudes  naturales, 
presentando  en  la  Exposición  de  1876  un  grupo 
en  cera  representando  La  cogida  de  un  picador, 
que  llamó  mucho  la  atención  por  la  verdad  con 
que  estaba  vista  y  la  manera  franca  de  su  ejecu¬ 
ción.  Acompañando  siempre  á  su  hermano  mar¬ 
chó  á  Roma,  y  allí  encontró  el  ambiente  artís¬ 
tico  en  que  su  genio  se  reveló  con  poderosos  alien¬ 
tos.  Bien  pronto  se  dió  á  conocer  como  escultor 
notable  en  los  bajos  relieves  de  mármol  que  escul¬ 
pió  para  el  opule  ato  norteamericano  Macquay,  y 
en  la  Exposición  Nacional  de  1884  se  confirmó 
plenamente  en  España  su  extraordinario  mérito 
artístico  con  su  gracioso  bronce  Un  accidente ,  que 
representa  un  monaguillo  que  se  ha  quemado  los 
dedos  al  encender  el  incensario.  Desde  entonces 
cuenta  sus  triunfos  por  el  número  de  sus  obras, 
que  su  fecunda  labor  ofrece  á  menudo  á  la  pública 
admiración. 

Las  estatuas  de  El  Españólelo,  de  Z>.  Diego  López 
de  Haro ,  del  Teniente  Ruiz ,  del  Marqués  de  Santa 
G0ruz  y  de  la  Reina  gobernadora ,  entre  otras;  el 
Anfora  báquica ,  y  los  preciosos  trabajos  de  géne¬ 
ro  Al  agua ,  ¡Picaros! ,  Buzo  en  la  playa,  con  mu¬ 
chos  bustos  y  retratos  de  personajes  ilustres,  for¬ 
man  la  obra  del  genial  Benlliure,  á  quien  el  Jurado 
de  la  Exposición  de  Bellas  Artes  de  1895  otorgó  la 
medalla  de  honor  por  su  estatua  del  escritor  An¬ 
tonio  Trueba. 

Por  separado  tratamos  de  su  última  obra,  el  mo¬ 
numento  á  Gayarre  (véase  la  doble  página). 

«  • 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  ESTADOS  UNIDOS. 

Entrada  y  bahía  de  Santiago  de  Cuba.  —  Pescadores  de  Cayo  Smith 
(págs.  312  y  324). 

El  puerto  de  Santiago  de  Cuba,  capital  del  an¬ 
tiguo  Departamento  Oriental,  es  el  segundo  de  la 
isla  por  su  movimiento  comercial,  muy  impor¬ 
tante  en  épocas  normales.  Aunque  bien  abrigado 
de  todos  los  vientos,  es  puerto  de  entrada  larga  y 
difícil  de  tomar  á  causa  de  lo  tortuoso  y  angosto 
de  su  cañón,  internándose  cinco  kilómetros  y  me¬ 
dio  de  SO.  á  NE,  con  unos  siete  cables  de  ancho 
medio,  llegando  su  extremo  NE.  á  Santiago.  La 
costa  E.  del  cañón,  en  cuya  parte  exterior  está  el 
castillo  del  Morro,  despide  un  placer  de  piedra  y 
hace  una  escuadra,  en  cuya  extremidad  N.  se  ve 
el  castillo  de  la  Estrella.  Dicho  placer,  con  otro 
que  avanza  un  cable  al  S.  desde  la  costa  de  sota¬ 
vento,  forma  el  canal  de  entrada,  que  primero 
tiene  un  cable  de  anchura  y  se  va  estrechando 
hasta  no  medir  más  que  7/10  enfrente  de  la  ci¬ 
tada  ensenada,  desde  la  cual  continúa  sin  variar 
hasta  rebasar  el  cayo  Smith,  sitio  en  que  empieza 
á  ensanchar  el  puerto. 

La  ciudad  está  situada  al  pie  y  en  la  ladera  oc¬ 
cidental  de  una  loma,  y  se  desarrolla  en  anfiteatro, 
destacándose  por  la  derecha  el  faro  de  244  pies  de 
altura  sobre  el  nivel  del  mar,  los  dos  castillos  y 
una  alta  ribera,  de  la  que  descienden  ocho  pequé- 
ñas  corrientes,  de  las  cuales  las  más  caudalosas  son 
el  arroyo  Cascón  y  los  ríos  de  Caimanes  y  Paradas. 

Reproducimos  una  fotografía  de  Cayo  Smith, 
que  representa  una  casa  de  pescadores. 

• 

*  • 

EL  CORONEL  D.  HELIODORO  MONCADA, 
comandante  militar  de  Cárdenas  (pág.  313). 

Toda  la  prensa,  al  ocuparse  en  la  brillante  de¬ 
fensa  de  Cárdenas  y  elogiar  como  merece  al  co¬ 
mandante  militar  jefe  de  las  fuerzas  que  rechaza¬ 
ron  bizarramente  el  desembarco,  ha  incurrido  en 
el  error  de  confundir  el  dicho  jefe  D.  Heliodoro 
Moneada  con  su  hermano  D.  Luis,  que  también 
sirvió  en  Cuba,  distinguiéndose  por  sus  hechos. 
Nosotros  también  publicamos  recientemente  el 
retrato  de  D.  Luis  Moneada,  y  hoy  lo  hacemos 
con  el  del  verdadero  defensor  de  Cárdenas,  para 
que  aquel  facilísimo  error  de  todos  quede  justa¬ 
mente  rectificado. 

El  coronel  D.  Heliodoro  Moneada  cohermano 
también  del  muy  ilustrado'  coróne!  de  caballería 
D.  Santiago,  teniente  fiscal  militar  que  ha  sido 
del  Consejo  Supremo  de  Guerra  y  Marina.  El  de¬ 
fensor  de  Cárdenas  nació  en  Pamplona  en  3  de 


Julio  de  1845.  Se  distinguió  mucho  en  la  campaña 
carlista  en  el  Norte  y  en  el  Centro,  y  al  terminar 
ésta  pasó  voluntariamente  á  la  isla  de  Cuba,  donde 
sirvió  siete  años,  pasando  después  á  Puerto  Rico. 
A  los  tres  años  regresó  á  la  Península,  y,  ascen¬ 
dido  por  antigüedad  á  coronel,  marchó  nuevamen¬ 
te,  á  su  instancia,  á  la  campaña  de  Cuba,  siendo 
nombrado  comandante  militar  de  Cárdenas. 

A  él,  pues,  corresponden  todos  los  merecidos 
elogios  que  con  motivo  de  la  defensa  de  aquella 
plaza  se  han  hecho  unánimemente. 

*  « 

CAPTURA  DE  DOS  CORRESPONSALES  CCYANKEESD 
en  la  playa  del  Salado  (pág.  313). 

Al  fin  lograron  los  yankees  su  anhelo  de  pene¬ 
trar  en  la  isla  de  Cuba.  Ya  han  penetrado  dos  en 
la  misma  Habana . pero  penetraron  presos. 

Según  telegramas  de  los  corresponsales,  cerca 
de  la  Cabaña  tres  barcos  yankees  trataron  de  pro¬ 
teger  un  desembarco  en  combinación  con  una  par¬ 
tida  de  300  insurrectos. 

Dos  periodistas  norteamericanos,  reportera  del 
World,  iban  en  un  bote  con  quince  separatis¬ 
tas,  protegidos  por  los  fuegos  de  sus  buques  de 
guerra. 

El  bote  logró  llegar  á  tierra,  y  cuando  toda  la 
gente  había  desembarcado  llegaron  los  soldados 
españoles,  quienes,  á  pesar  del  fuego  vivísimo  de 
cañón  que  desde  las  barcos  hacía  el  enemigo,  se 
acercaron  valerosamente  á  la  costa  sin  cesar  de 
disparar  sus  fusiles. 

Tan  certeras  y  terribles  eran  sus  descargas,  que 
otras  barcazas,  con  gentes  de  desembarco,  tuvie¬ 
ron  que  retroceder  y  ampararse  con  los  buques 
yankees,  y  los  quince  cubanos  ya  desembarcados 
se  vieron  obligados  á  reembarcar  á  toda  prisa  y 
huir  á  fuerza  de  remos,  no  sin  que  los  proyectiles 
les  alcanzaran,  á  juzgar  por  la  gritería  y  el  desba¬ 
rajuste  observados  en  los  fugitivos. 

Los  corresponsales  yankees  no  pudieron  ganar 
el  bote,  y  aunque  daban  angustiosos  gritos  á  los 
que  huían,  éstos,  locos  de  terror,  sólo  se  cuidaron 
de  escapar  de  aquella  lluvia  de  balas,  abandonando 
á  sus  compañeros  de  expedición. 

Los  yardeees  quedáronse,  pues,  en  tierra  y  caye¬ 
ron  en  poder  de  nuestros  soldados. 

Cuando  éstos  los  cogieron  estaban  asustadísimos. 

Sus  primeras  palabras  fueron  de  súplica. 

—  ¡Nos  encomendamos  á  la  hidalguía  de  los  es¬ 
pañoles !— decían. 

Nadie  trató  de  molestarles;  pero  ellos  cada  vez 
más  aterrados  exclamaban: 

— No  matarnos  y  nos  ofrecemos  á  prestaros  toda 
clase  de  servicios. 

Los  soldados,  sin  hacer  caso  de  tan  humillantes 
ofrecimientos,  se  llevaron  presos  á  los  yankees . 

A  su  entrada  en  la  Habana  el  pueblo  les  hizo  un 
ruidoso  recibimiento,  usando  para  la  serenata  los 
característicos  instrumentos  propios  del  día  de 
San  Isidro. 

Esta  primera  invasión  ha  dado  asunto  al  dibujo 
de  Alcázar,  que  en  la  citada  página  publicamos. 

» 

«  « 

DON  RAMÓN  ARGÜELLES, 
coronel  de  voluntarios  de  la  isla  de  Cuba  (pág.  314). 

Entre  los  generosos  donantes  que  en  la  suscrip¬ 
ción  nacional  han  demostrado  su  amor  á  España, 
merece  especialísima  mención  D.  Ramón  Argue¬ 
lles,  que  ha  ofrecido  al  general  Blanco  para  las 
necesidades  de  la  guerra  la  suma  de  diez  millones 
de  pesetas. 

Hace  unos  treinta  años  que  llegó  á  Cuba  D.  Ra¬ 
món  Arguelles  con  un  pequeño  capital,  y  á  fuerza 
de  trabajo,  de  perseverancia  y  de  gran  acierto  en 
sus  empresas  logró  reunir  una  gran  fortuna  y 
todo  género  de  honores.  Antetel  conflicto  de  la 
madre  patria  todo  egoísmo  de  Comerciante  desapa¬ 
rece,  y  de  aquella  fortuna  con  el  trabajo  de  tan¬ 
tos  años  reunida,  ofrece  á  España  la  mayor  parte. 
Este  rasgo  de  generosidad  del  jefe  de  voluntarios, 
no  solamente  es  apreciado  con  gratitud  y  entu¬ 
siasmo  por  sus  hermanos  de  España,  sino  que  en 
importantísimas  revistas  extranjeras  hemos  leído 
muy  justos  elogios  al  Sr.  Argüelles  por  este  her¬ 
moso  ejemplo  de  patriotismo. 

» 

•  e 

BELLAS  ARTES. 

Monumento  á  Gayarre,  por  Mariano  Benlliure  (págs.  316  y  317). 

Aun  cuando  la  Exposición  del  Círculo  de  Bellas 
Artes,  abierta  actualmente  en  el  Palacio  de  Cristal 
del  Retiro,  no  tuviera  otra  obra  que  el  Monumento 
á  Gayarre,  de  Mariano  Benlliure,  éste,  por  la  atre¬ 
vida  originalidad  con  que  está  imaginado  y  lo  pri¬ 
moroso  de  su  artística  ejecución,  llamaría  podero¬ 


samente  la  atención  pública.  Como  nuestros  lec¬ 
tores  pueden  apreciar  por  la  reproducción  del 
hermoso  mausoleo  que  en  doble  página  publica¬ 
mos,  la  obra  resulta  grandiosa  y  digna  de  su  ge¬ 
nial  autor. 

Sobre  una  gradería  se  eleva  la  urna  de  mármol, 
decorada  en  sus  costados  con  grupos  de  niños  can¬ 
tores  en  bajo  relieve,  unidos  por  bandas,  en  las 
que  campean  inscripciones  de  las  óperas  <jue  Ga¬ 
yarre  cantaba;  en  cada  uno  de  los  cuatro  ángulos 
lleva  un  niño  de  bulto,  esculpido  con  la  belleza  y 
la  gracia  que  para  estos  asuntos  tiene  el  inimitable 
cincel  de  Benlliure. 

Llora  al  pie  de  la  urna,  apoyándose  en  una  lira 
rota,  una  matrona  que  personifica  la  Música,  y 
apoyados  en  los  bordes  de  la  tumba  abierta,  dos 
figuras,  representando  la  Melodía  y  la  Armonía, 
levantan  el  riquísimo  féretro  que  guarda  los  restos 
del  ártista,  sobre  el  cual  se  posa  un  ángel  apli¬ 
cando  el  oído  como  si  esperara  volver  á  oir  aque¬ 
lla  voz  privilegiada  del  inolvidable  tenor. 

La  composición  del  grupo,  en  lo  que  se  refiere 
al  modo  de  simbolizar  la  inmortalidad  del  artista, 
no  puede  ni  debe  juzgarse  con  la  frialdad  de  la 
lógica;  hay  que  sentirla  y  juzgarla  en  el  terreno 
de  la  fantasía,  y  admirar  el  poderoso  genio  que 
revela  su  conjunto  y  la  maravilla  de  ejecución  de 
todos  sus  detalles. 

Un  distinguido  crítico  de  arte  ha  dicho  con  gran 
acierto  que  aquello  es  un  poema  de  mármol  y 
bronce. 

•  • 

EXPOSICIÓN  DE  BELLAS  ARTES  DE  BARCELONA. 

Solos  españolas.  —  Sala  extranjera.  — Gran  salón  central 
(págs.  319  y  320). 

Recientemente  dimos  cuenta  en  esta  sección  del 
acto  inaugural  de  la  Exposición  de  Bellas  Artes  ó 
Industrias  Artísticas,  que  actualmente  se  celebra 
en  Barcelona.  Completando  hoy  nuestra  informa¬ 
ción  gráfica,  publicamos  tres  fotografías  de  dicha 
Exposición:  una  de  la  Sección  de  Escultura  ex¬ 
tranjera,  instalada  en  el  hermoso  salón  del  Pala¬ 
cio  que  se  construyó  para  la  primera  Exposición 
Universal,  y  dos  de  las  instalaciones  de  Industrias 
Artísticas. 

.  • 

•  * 

MARINA  DE  GUERRA  NORTEAMERICANA. 

.  El  acorazado  Masmchuseth  <pág.  320). 

El  acorazado  Massachusetts  es  un  buque  de 
acero  de  10.288  toneladas  de  desplazamiento, 
106,07  metros  de  eslora  y  21,11  de  manga.  Su  ve¬ 
locidad  es  de  16  millas,  y  su  calado  máximo  de 
7,80  metros.  El  blindaje  es  de  45,70  centímetros 
en  los  costados,  43  en  la  torre,  42  en  la  barbeta,  y 
7,6  á  6,9  en  la  cubierta.  Su  artillería  se  compone 
de  4  cañones  de  32,5  centímetros,  8  de  20,  15  de 
tiro'rápido,  20  de  6  libras,  6  de  una,  4  Gatling, 
y  6  tubos  lanzatorpedos.  Fué  botado  al  agua  el 
año  1893. 

• 

•  • 

EL  GOBIERNO  DE  PUERTO  RICO. 

Los  secretarios  y  subsecretarios  del  despacho  (pág.  321). 

Con  ocasión  del  Manifiesto  en  que  ha  dado  ga¬ 
llarda  muestra  de  su  amor  á  la  madre  patria  el  Go¬ 
bierno  de  Puerto  Rico,  publicamos  hoy  los  retratos 
de  los  secretarios  del  despacho  que  lo  constituyen 
y  de  los  subsecretarios  de  los  departamentos. 

Preside  el  primer  Gabinete  portorriqueño  en 
el  nuevo  régimen  autonómico  el  respetable  pa¬ 
tricio  D.  Francisco  Mariano  Quiñones,  el  único 
que  sobrevive  á  los  comisionados  de  1865  que  fir¬ 
maron  en  Noviembre  del  siguiente  año  el  Mani¬ 
fiesto  pidiendo  para  su  país  la  abolición  de  la  es¬ 
clavitud  «con  indemnización  ó  sin  ella,  si  no  fuera 
otra  cosa  posible;  sin  reglamentación  del  trabajo 
libre  ó  con  ella,  si  se  estimaba  de  absoluta  nece¬ 
sidad]). 

Siempre  estuvo  el  Sr.  Quiñones  con  su  palabra, 
con  su  pluma  y  con  el  voto  del  lado  de  los  comi¬ 
sionados  reformistas  á  quienes  hoy  se  califica  jus¬ 
tamente  de  precursores  de  la  autonomía. 

Ha  sido  el  Sr.  Quiñones  diputado  á  Cortes,  y 
goza  de  gran  prestigio  como  inteligencia  y  como 
carácter. 


El  secretario  de  Gobernación  y  Gracia  y  Justi¬ 
cia  es  D.  Luis  Muñoz  Rivera,  el  infatigable  direc¬ 
tor  de  La  Democracia . 

Es  muy  elogiado  el  talento  práctico  con  que  ha 
conseguido  enlazar  los  destinos  del  partido  libe¬ 
ral  en  Puerto  Rico  á  los  del  presidido  por  el  señor 
Sagasta,  y  el  esfuerzo  y  la  constancia  con  que  ha 
logrado  llevar  al  censo  restringido  80.000  electo¬ 
res  liberales. 


Digitized  by  ^.ooQie 


« 


312  —  n.°  xx 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Mato  1898 


1.  Santiago  de  Cuba. — 2.  Punta  Blanca. — 3.  Escuadra  española^ — 4.  Cayo  Ratones. — 5.  Cayo  Smith. — 6.  Punta  Soldado. — 7.  Castillo  de  Santa  Catalina. — 8.  Batería 
de  la  Estrella. — 9.  Ensenada  de  la  Estrella. — 10.  Vigía. — 11.  Faro. — 12.  Morro. — 13.  Punta  del  Morrillo. — 14.  La  Socapa. — 15.  Desembarcadero  del  Cobre. — 16.  Punta 
Sal. — 17.  Buenavista.— 18.  Navio  Soberano. — 19.  Río  Gascón. — 20.  Matadero. 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA.— ENTRADA  Y  BAHÍA  DE  SANTIAGO  DE  CUBA. 

(Dibujo  de  Caula.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


g.v  ;* 

««•si 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA.— captura  de  dos  redactores  corresponsales 
DEL  PERIÓDICO  NORTEAMERICANO  «WORLD»,  EN  LA  PLATA  DEL  SALADO  (CUBA), 

(Dibujo  d9  M.  Alcázar.) 


Digitized  by 


Google 


SO  Mayo  1898 


El  secretario  de  Hacienda  es  el  literato 
D.  Manuel  Fernández  Juncos,  director 
de  El  Buscapié ,  asturiano  de  nacimiento, 
portorriqueño  de  corazón,  infatigable  po¬ 
lemista  y  defensor  entusiasta  de  la  causa 
liberal  en  Puerto  Rico. 

Identificado  con  D.  Rafael  María  Labra 
en  política,  y  autonomista  de  siempre, 
tiene  gran  reputación  como  economista. 

Secretario  de  Obras  públicas  y  Comu¬ 
nicaciones  es  el  jurisconsulto  D.  Juan 
Hernández  López,  que  á  su  fama  como 
letrado  une  la  de  orador  elocuentísimo. 
Prestó  importantes  servicios  a  la  causa 
autonomista,  y  estuvo  separado  de  la  po¬ 
lítica  activa  mientras  juzgó  que  su  parti¬ 
do  trabajaba  estérilmente,  volviendo  á  la 
lucha  con  nuevos  bríos  cuando  la  juzgó 
posible  y  eficaz.  Es  presidente  del  Ateneo 
y  de  la  Institución  Superior  libre  de  En¬ 
señanza. 

El  decano  del  Colegio  de  Abogados, 
D.  José  Severo  Quiñones,  es  secretario  de 
Agricultura,  y  sus  méritos  como  hombre 
de  ciencia  y  orador  muy  brillante  los 
avalora  la  viril  energía  de  su  carácter,  del 
que,  en  difíciles  circunstancias,  ha  dado 
pruebas  evidentes. 


El  abogado  D.  Manuel  F.  Rossy  desem¬ 
peña  la  cartera  de  Instrucción  pública. 
Desde  los  comienzos  de  su  carrera  se  con¬ 
sagró  á  la  política  liberal,  y  en  las  épocas 
más  difíciles  para  su  causa  demostró  gran 
entusiasmo,  sin  temor  á  los  peligros  que 
entonces  tenía  su  atrevida  campaña  en 
los  periódicos  autonomistas.  Contribuyó 
con  su  peculio  á  la  fundación  del  perió¬ 
dico  El  País  y  y  en  él  ha  tomado  muy 
activa  parte  como  escritor. 


N.b  xx  —  313 


D.  Cayetano  Coll  y  Tosté,  subsecreta¬ 
rio  de  Agricultura,  Industria  y  Comer¬ 
cio,  es  hijo  de  Arecibo,  y  desde  estudiante 
luchó  en  Barcelona  y  en  su  país  por  la 
causa  liberal.  Médico  distinguido  de  gran 
práctica,  es  además  poeta  laureado  y  di¬ 
rector  propietario  del  Repertorio  Histórico 
de  Puerto  Rico . 

El  Sr.  Coll  contribuyó  poderosamente 
á  la  terminación  de  un  hermoso  hospital 
en  Arecibo,  y  hoy  tiene  la  idea  generosa 
de  fundar  en  Puerto  Rico  una  sociedad 
benéfica  protectora  para  asegurar  el  ali¬ 
mento  de  los  enfermos  pobres,  y  una 
cocina  económica. 

En  su  paso  por  el  gobierno  regional 
de  San  Juan  ha  demostrado  el  Sr.  Coll 
sus  brillantes  aptitudes  de  mando. 


Ejerce  la  subsecretaría  de  la  Presiden¬ 
cia  D.  Julián  E.  Blanco,  hijo  de  uno  de 
los  primeros  periodistas  liberales  del  país 
y  nieto  por  su  madre  de  uno  de  los  defen¬ 
sores  del  puente  de  San  Antonio  cuando 
el  asedio  de  los  ingleses  de  1797. 

Cuando  cursaba  sus  estudios  con  gran 
aprovechamiento  tuvo  que  dedicarse  al 
humilde  oficio  de  amanuense  de  procura¬ 
dor  para  ganarse  el  sustento,  y  pasó  des¬ 
pués  por  los  bufetes  de  cuatro  notables 
jurisconsultos,  adquiriendo  en  ellos  gran 
caudal  de  conocimientos. 

Ha  sufrido  por  sus  ideas  liberales  mu¬ 
chas  persecuciones  y  destierros,  siendo 
varias  veces  reconocida  su  inocencia  des¬ 
pués  de  sufrir  grandes  daños  por  suponér¬ 
sele  delincuente.  En  1870  hizo  en  El  Pro¬ 
greso  su  primera  campaña  periodística,  y 
al  año  siguiente  fue  elegido  diputado  pro¬ 
vincial. 

Designado  por  sus  compañeros  para 
desempeñar  la  Comisaría  de  Hacienda  y 
Contabilidad ,  organizó  con  ese  carácter 
la  Hacienda  de  la  provincia,  comenzando 


D.  HELIODORO  MONCADA  Y  SOLER, 

CORONEL  DE  INFANTERÍA, 

COMANDANTE  MILITAR* DE  CÁRDENAS  (CUBA). 


314  —  n.*  xx 


LA.  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Mayo  1898 


por  levantar  un  empréstito  que  se  cubrió  rápida¬ 
mente  y  que  en  plazo  brevísimo  fué  reintegrado. 

El  mismo  año  71  hubo  de  cesar  en  su  cargo, 
para  ser  elegido  diputado  ¿  Cortes  por  el  distrito 
de  Caguas,  siendo  revestido  de  igual  representa¬ 
ción  en  las  nuevas  Cortes  de  1872  y  en  las  Consti¬ 
tuyentes  del  año  1873. 

Todas  las  correspondientes  actas  fueron  apro¬ 
badas  por  el  Congreso;  pero  el  Sr.  Blanco  sólo 
pudo  asistir  á  las  Cortes  de  1871,  por  haberse  di¬ 
suelto  las  otras  antes  de  llegar  él  á  Madrid. 

Durante  un  período  de  alejamiento  de  la  vida 
política  se  dedicó  Blanco  á  trabajos  de  otro  gé¬ 
nero,  como  la  fundación  de  la  Asociación  de  Agri¬ 
cultores,  á  que  prestó  eficaz  ayuda,  y  la  creación 
del  Banco  Territorial  y  Agrícola.  En  ambas  insti¬ 
tuciones  ocupó  y  ocupa  altos  pues¬ 
tos,  recibiendo  distinciones  se¬ 
ñaladísimas. 

Es  presidente  de  la  Sociedad 
Económica  de  Amigos  del  País 
y  miembro  de  varias  corpora¬ 
ciones. 


En  la  Asamblea  de  Febrero  del  año  1897  le¬ 
vantó  la  bandera  de  la  disidencia,  luchando  desde 
entonces  por  la  organización  del  grupo  «orto¬ 
doxo  ». 

El  Dr.  Barbosa  contribuyó  á  fundar  el  perió¬ 
dico  El  País ,  y  ha  sido  siempre  constante  redac¬ 
tor  del  mismo. 


D.  José  de  Diego,  subsecretario  de  Gobernación 
y  Gracia  y  Justicia,  estudió  el  bachillerato  en 
Logroño  y  Barcelona,  y  escribió  en  muchos  perió¬ 
dicos  de  la  Península  desde  muy  joven.  Dirigió  la 
¡Semana  Cómica  y  colaboró  en  Madrid  Cómico , 
Verán  ustedes ,  El  País  y  El  Progreso . 

Es  abogado  de  mucha  fama,  y  tiénela  también 


El  subsecretario  de  Obras  pú¬ 
blicas  y  Comunicaciones,  D.  Tu- 
lio  Larrinaga,  nació  en  Trujillo 
Alto  en  1847.  Estudió  y  practicó 
su  -carrera  de  ingeniero  civil  en 
el  Extranjero. 

De  regreso  á  San  Juan  de  Puer¬ 
to  Rico,  fué  nombrado  arquitecto 
municipal.  Proyectó  y  constru¬ 
yó,  en  1880,  el  primer  ferroca¬ 
rril  de  Puerto  Rico  (línea  de  tran¬ 
vía  de  San  Juan  á  Río-Piedras). 

Parante  doce  años  sirvió  el 
ca?go  de  inspector  de  obras  pro¬ 
vinciales,  proyectando  y  cons¬ 
truyendo  dos  carreteras. 

En  J889  renunció  varias  veces 
el  puesto  de  inspector  de  obras 
provinciales.  Aceptada  por  fin  la 
renuncia,  marchó  á  París,  en 
donde  se  le  hicieron  proposicio¬ 
nes  por  una  antigua  casa  cons¬ 
tructora  de  puentes  para  montar 
en  Puerto  Rico  todos  los  puentes 
del  ferrocarril  de  circunvala¬ 
ción.  En  breve  plazo  realizó  di¬ 
cha  obra  el  Sr.  Larrinaga,  ha¬ 
biendo  de  formar  brigadas  ente¬ 
ras  de  operarios  que,  para  esta 
especialidad,  no  existían  en  el 
país. 

Ha  dado  cima,  en  sus  veinti¬ 
ocho  años  de  práctica  profesio¬ 
nal,  á  gran  número  de  obras  im¬ 
portantes. 

Al  formarse  la  Compañía  de 
ferrocarriles  de  vía  estrecha  de 
Mayagíiez,  fué  llamado  para  con¬ 
fiarle  la  empresa  de  llevar  la  vía 
al  centro  de  las  más  elevadas 
montañas.  La  primera  sección  de 
esa  línea  férrea  (18  kilómetros) 
ha  quedado  abierta  recientemen¬ 
te  á  la  explotación,  y  muy  pronto  quedará  termina¬ 
da  la  prolongación  hasta  San  Sebastián. 

En  este  pueblo  se  encontraba  cuando  se  le  llamó 
para  ocupar  la  subsecretaría  de  Obras  públicas  y 
Comunicaciones. 

Ha  sido  siempre  liberal  de  corazón,  y  cuando 
su  partido  le  ha  confiado  trabajos  de  propaganda 
los  ha  desempeñado  como  bueno. 


Subsecretario  del  departamento  de  Instruc¬ 
ción  pública  es  el  distinguido  facultativo  y  hom¬ 
bre  público  D.  José  C.  Barbosa,  que  regresó  con 
título  de  médico-cirujano  á  su  país  natal  en  el 
año  1880. 

Apenas  llegado,  ingresó  en  el  partido  liberal 
entonces  existente,  que  era  el  asimilista. 

Iniciada  ya  la  labor  de  propaganda,  asistió  el 
Dr.  Barbosa  á  la  reunión  convocada  por  el  señor 
Millet,  en  la  que  éste  expresó  la  conveniencia  de 
proclamar  el  régimen  autonómico  como  organis¬ 
mo  de  la  descentralización  que  pedía  el  antiguo 
partido  liberal. 

Comisionado  por  el  Comité  de  San  Juan,  Bar¬ 
bosa  fué  uno  de  los  que  en  la  Asamblea  de  1887 
dieron  forma  definitiva  al  plan  autonómico. 

Surgieron  los  sucesos  del  año  87,  y  Barbosa 
prestó  su  cooperación,  su  consejo  y  su  apoyo  mo¬ 
ral  y  material  á  todos  los  perseguidos  por  sus 
ideas  autonómicas. 

Desde  entonces  figuró  en  todas  las  delegaciones 
del  partido. 


D.  RAMÓN  ARGUELLES, 

CORONEL  DE  VOLUNTARIOS  DE  LA  ISLA  DE  CUBA. 
(De  fotografió.) 


muy  reconocida  como  poeta  de  hondo  sentimiento 
y  brillante  fantasía. 

En  la  asamblea  de  Mayagüez  celebrada  por  el 
partido  autonomista  fué  elegido  secretario. 

«Su  ingreso  en  el  partido  liberal  monárquico  es¬ 
pañol — dice  un  periódico  de  Puerto  Rico— es  un 
acto  de  sincero  patriotismo.  Amaba  la  república 
por  amor  á  la  patria  y  á  la  libertad.  Vino  á  la  mo¬ 
narquía  porque  encontró  en  el  seno  de  ella  el  bien 
y  la  libertad  de  la  patria. 

»Su  inteligencia,  su  talento  vigoroso,  sus  varia¬ 
dos  conocimientos  y  su  amor  á  la  tierra  nativa  y 
á  la  nación  madre ,  hacen  esperar  de  él  una  labor 
á  la  que  deberá  notables  progresos  el  país.» 


Desempeña  la  subsecretaría  de  Hacienda  el  jo¬ 
ven  y  distinguido  periodista  D.  Luis  Sánchez  Mo¬ 
rales,  que  desde  el  año  86  comenzó  sus  tareas 
periodísticas  en  El  Palenque  de  la  Juventud , 
figurando  siempre  en  el  partido  autonomista.  Du¬ 
rante  mucho  tiempo  fué  ingenioso  y  castizo  cro¬ 
nista  de  El  Buscapié . 

Al  regresar  de  la  Península  la  comisión  que 
concertó  la  alianza  con  el  partido  del  Sr.  Sagasta, 
fue  uno  de  los  que  se  abstuvieron  de  votar  en  la 
asamblea  de  Febrero  del  97,  é  ingresó  en  el  grupo 
autonomista  histórico  que  recogió  la  tradición  del 
partido.  Unánimemente  se  le  designó  para  secre¬ 
tario  de  la  colectividad. 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


EPISODIOS  DE  60ERRA  MARITIMA. 


EL  «HIENA». 

'N  los  momentos  de  revolución  de  las 
colonias  americanas  contra  la  madre 
patria,  no  fué  la  de  Buenos  Aires  de 
las  más  perezosas  en  procurarse,  con 
el  auxilio  exterior,  buques  de  guerra. 
Los  buenos  oficios  del  banquero  de  Bos¬ 
ton  William  White  le  sirvieron  para  en¬ 
cargar,  sin  reparo  en  el  precio,  un  bajel  rᬠ
pido  y  fuerte,  de  condiciones  superiores  eñ 
cualquier  concepto  á  los  de  la  estación  espa¬ 
ñola  del  Río  de  la  Plata. 

Servidos  á  maravilla  los  de¬ 
seos,  se  botó  al  agua  un  buque 
construido  expresamente,  apare¬ 
jado  de  queche  ó  bergantín  y  ar¬ 
mado  con  veinte  cañones  de 
grueso  calibre.  Se  aseguraba  que 
con  la  marcha  podría  burlarse 
de  cualquiera  otro  de  mayor  ca¬ 
pacidad,  y  con  el  esmero  de  las 
disposiciones  militares  hacer 
cara  ventajosamente  á  los  me¬ 
jores  enemigos.  Pusiéronle  los 
insurgentes  por  nombre  Hiena , 
y  ordenaron  que  al  punto  salie¬ 
ra  á  campaña,  porque  estaba  su 
puerto  principal  de  Buenos  Aires 
bloqueado,  y  les  convenía  dis¬ 
traer  ó  molestar  á  los  que  amino¬ 
raban  los  recursos  de  resistencia. 

Con  estas  órdenes  emprendió 
el  Hiena  el  primer  viaje  hasta 
la  costa  patagónica,  y  entró  en 
la  bahía  de  los  Santos  á  fin  de 
tomar  lenguas  respecto  al  núme¬ 
ro  y  situación  de  las  fuerzas  blo- 
queadoras  en  el  Plata.  Nada  tenía 
que  temer  en  aquel  fondeadero, 
donde  ni  había  fortificación,  ni 
guarnición,  ni  más  de  algunos 
colonos  que  vivían  de  la  caza  y 
de  la  pesca. 

Una  embarcación  con  seis  es¬ 
pañoles  se  aproximó  al  costado, 
ofreciendo  en  venta  frutas  y  vo¬ 
latería,  y  aceptados  los  artículos 
subiéronlos  á  bordo,  procediendo 
al  ajuste,  que  se  fué  prolongando 
por  no  entender  bien  el  inglés 
de  los  tripulantes.  Lo  que  enten¬ 
dieron  en  seguida  era  que  no 
había  en  el  buque  mucha  disci¬ 
plina,  observación  con  que  se  de¬ 
cidieron  á  la  empresa,  que  cuesta 
trabajo  concebir,  de  hacerse  due¬ 
ños  de  él.  Armas  no  tenían  otras 
que  las  facas  del  oficio  marinero; 
pero  de  ánimo  no  estaban  des¬ 
provistos.  Acometiendo  de  im¬ 
proviso  los  seis  á  la  gente  ame¬ 
ricana  descuidada,  en  menos 
tiempo  que  se  dice  abatieron  á 
18  hombres,  mientras  el  mayor 
número  de  la  dotación,  que  era  de  96,  se  precipi¬ 
taba  por  las  escotillas  poseído  de  pánico  en  busca 
de  armamento.  En  el  intermedio,  nuestros  marine¬ 
ros  hicieron  señas  á  tierra,  de  donde  no  tardó  en 
llegarles  refuerzo  suficiente  para  aprisionar  á  to¬ 
dos  los  sorprendidos,  para  dar  la  vela  y  entregar¬ 
los  con  el  buque  al  comandante  de  Marina  de  Mon¬ 
tevideo. 

El  que  hizo  cabeza  á  los  seis  primeros  se  llamaba 
José  González.  Su  nombre  se  publicó  en  la  Oaceta 
de  la  Regencia  del  reino  de  17  de  Octubre  de  1812 
con  relación  del  suceso  y  merecido  elogio.  El  Hie¬ 
na  sirvió  bastantes  años  en  la  Armada  sin  cam¬ 
biarle  la  denominación. 

EL  «MAIPÍ’I». 

Pronto  repuso  la  pérdida  del  primer  bajel  el 
Gobierno  provisional  de  los  argentinos.  Lo  mismo 
que  el  de  los  chilenos  y  que  los  de  las  otras  regiones 
americanas,  contaba  con  agentes  activos  y  con  el 
crédito  que  la  simpatía  de  su  causa,  ó  mejor  dicho, 
que  la  animadversión  universal  contra  la  pasada 
preponderancia  de  España  sostenía.  Pronto  la  re¬ 
pública  naciente  en  el  Plata,  ála  par  de  las  demás, 
dispuso  de  escuadra,  cuya  bandera  se  encargaban 
de  llevar  sobre  las  aguas  saladas  aventureros  de 
todos  los  rincones.  El  Sr.  Barros  Arana,  historia¬ 
dor  de  Chile,  ha  publicado  lista  de  los  treinta  pri¬ 
meros  oficiales  de  Marina  contratados  en  los  Es¬ 
tados  Unidos  de  América:  de  aquel  país  era  la 
mayoría;  mas  los  había  ingleses,  holandeses,  fran- 


Digitized  by 


Google 


30  Hato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.#  xx  —  315 


ceses  é  italianos,  y  aun  dieron  contingente  otras 
naciones  europeas,  cuando  sin  transcurrir  espacio 
largo  de  tiempo,  un  lord  inglés  aceptó  el  almiran¬ 
tazgo  de  la  Armada  republicana. 

Otro  historiador  argentino,  Calvo,  cuenta  inge¬ 
nuamente  cómo  habiéndose  llegado  á  formar,  la 
escuadra  de  Buenos  Aires  bajo  la  dirección  y  man¬ 
do  de  William  Brown,  contribuyeron  á  organi¬ 
zaría  marinos  de  fortuna  de  once  nacionalidades 
distintas,  declarando  los  nombres  de  los  coman¬ 
dantes  Baxter,  Rusell,  King,  Clark,  Leech,  Hubac, 
Mac  Dougall  los  que  predominaban.  En  esta  es¬ 
cuadra,  lo  mismo  que  en  la  de  Chile,  se  mandaba 
la  maniobra  en  inglés. 

Importan  los  antecedentes  á  la  inteligencia  del 
episodio  del  Maipú ,  ocurrido  cuando  la  marina 
insurgente  se  había  hecho  superior  á  la  de  España 
en  el  Pacífico.  No  habiendo  seguridad  para  la  na¬ 
vegación  mercantil,  por  natural  consecuencia,  ni 
naves  de  guerra  disponibles  que  la  ampararan,  de¬ 
cidió  el  consulado  de  Lima  en  1818  armar  por  su 
cuenta  dos  buques  del  comercio,  la  fragata  Resolu¬ 
ción ,  que  puso  á  cargo  del  alférez  de  navio  de  la 
Armada  D.  Francisco  Sevilla,  y  el  bergantín  Can¬ 
tón ,  cuyo  mando  confió  al  alférez  de  fragata  don 
Antonio  González  Madroño.  Ambos  barcos  habían 
de  servir  de  escolta  contra  corsarios  al  convoy 
reunido  con  destino  á  los  puertos  peruanos. 

Diéronse  á  la  vela  en  el  mes  de  Octubre,  nave¬ 
gando  juntos  y  en  buen  orden  hasta  el  día  17. 
Cuando  amaneció,  hallándose  cerca  de  las  islas 
Chinchas,  avistaron  dos  bergantines  sospechosos 
que  á  todo  trapo  se  dirigían  hacia  el  convoy.  Sevi¬ 
lla  se  interpuso  resuelto  á  defenderlo,  y  uno  de 
los  dichos  bergantines,  el  mayor,  le  abordó  inme¬ 
diatamente  por  mitad  del  costado.  La  pelea  era 
muy  desigual  por  superioridad  del  insurgente  en 
artillería,  en  tripulación  y  en  borda  con  la  fra¬ 
gata  mercante:  no  fué,  sin  embargo,  feliz  en  el 
asalto;  tuvo  que  desatracarse  con  pérdida  de  gente, 
y  ensayó  otro  sistema,  corriéndose  por  la  popa  y 
cañoneando  á  la  Resolución  á  tiro  de  metralla. 
Tampoco  consiguió  su  objeto  con  el  segundo  modo 
de  combatir,  que  duró  cosa  de  una  hora;  antes 
bien,  uno  de  los  proyectiles  de  la  fragata  le  echó 
abajo  el  palo  trinquete  con  el  mastelero  de  gavia, 
y  aproximándose  en  esto  el  Cantón ,  que  había  ya 
rendido  al  otro  bergantín  enemigo,  arrió  el  pri¬ 
mero  la  bandera,  resultando  ser  el  nombrado 
Maipú  y  de  catorce  cañones,  de  los  calibres  de  á  18 
y  9,  y  120  hombres  anglo-americanos  ó  ingleses: 
su  comandante,  Mr.  John  Brown.  Tuvo  en  la  re¬ 
friega  26  muertos  y  35  heridos,  esto  es,  más  de  la 
mitad  de  la  tripulación  de  baja;  y  la  Resolución  20 
heridos  y  4  muertos,  con  gruesa  avería  en  el  cas¬ 
co.  El  segundo  bergantín  apareció  presa  que  ellos 
habían  hecho,  y  que  se  recobró  sin  resistencia. 

«JUANITA». 

Era  la  Condor  goletiila  primorosa,  construida 
en  los  Estados  Unidos,  como  los  otros  barcos  que 
voy  enumerando;  de  gran  velocidad,  armada  con 
un  cañón  giratorio  de  á  18  en  crujía,  dos  carro¬ 
ñadas  del  mismo  calibre  y  dos  cañones  largos  de 
á  8  en  los  costados.  En  el  primer  viaje  hecho  á 
Costa-Firme  para  ponerse  al  servicio  de  los  sepa¬ 
ratistas,  encontró  por  mala  suerte  á  nuestro  ber¬ 
gantín  Hércules ,  que  la  arrinconó  sobre  tierra  y  la 
apresó.  No  hay  para  qué  referir  pormenores,  por¬ 
que  estos  recuerdos  se  dedican  á  hechos  de  armas 
que  se  distinguen  por  circunstancias  poco  comu- 
,  nes;  y  teniendo  el  Hércules  fuerza  superior  á  la 
goleta,  no  era  de  los  que  pudieran  añadir  página 
gloriosa  á  la  historia  de  la  marina  el  apresamiento. 
Baste  consignar  que  el  comandante  americano  Sa¬ 
muel  Pilot,  en  el  extremo  de  la  fuga,  se  fué  á  la 
costa  y  abandonó  el  barco  con  la  mayor  parte  de 
la  gente. 

Tripulado  en  seguida  por  la  española,  y  confian¬ 
do  el  mando  al  alférez  de  fragata  D.  José  Mon- 
tojo,  avistó  en  la  mar  á  otra  goleta  de  igual  porte, 
al  parecer,  á  la  que  dió  caza  medio  día  antes  do 
alcanzarla.  Empezado  el  combate  con  el  cañón,  la 
abordó  por  la  tarde,  decidiendo  el  encuentro  al 
arma  blanca  en  breve  pero  sangrienta  lucha.  En  el 
buque  colombiano  nombrado  Juanita  murieron  el 
comandante,  el  segundo,  un  oficial,  con  la  mitad  de 
los  marineros.  Eran  50  en  suma,  y  no  quedaron  vi¬ 
vos  más  de  24,  los  más  heridos.  De  los  españoles, 
21  cayeron  también  muertos  ó  heridos  graves,  entre 
los  últimos,  el  alférez  de  fragata  D.  Pablo  de  Lla¬ 
nos,  héroe  de  la  jornada;  el  primero  que  saltó  en 
la  cubierta  del  insurgente,  chafarote  en  mano;  el 
que  palmo  á  palmo  la  fue  ganando  y  ganó  en  tota¬ 
lidad,  á  costa  de  un  pistoletazo  á  quema  ropa  que 
le  llevó  la  mandíbula  inferior. 

No  fué  seguramente  acción  naval,  esta  del  5  de 
Abril  de  1824,  que  tenga  importancia  técnica;  mas 
si  se  considera  que  se  riñó  en  un  espacio  de  ochen¬ 


ta  pies  de  longitud,  obstruido  por  los  cañones,  los 
palos  y  los  pertrechos  desordenados,  lidiando 
cuerpo  á  cuerpo  como  fieras  un  centenar  de  hom¬ 
bres  que  entre  los  recursos  ofensivos  no  excusa¬ 
ron  el  incendio,  hay  motivos  para  avalorar  el  tem¬ 
ple  de  alma  de  los  vencedores.  Por  este  concepto 
se  celebró  el  hecho  en  España,  poniéndolo  entre 
los  señalados:  en  los  periódicos,  en  los  libros,  en 
el  teatro,  se  citó  por  ejemplar  de  bizarría,  y  hoy 
mismo  lo  recuerda  un  cañonero  de  nuestra  Ar¬ 
mada  con  el  simpático  nombre  de  Condor . 

Cesáreo  Fernández  Duro. 


LA  VIDA  PRIVADA  DE  ÜN  GRANDE  HOMBRE. 


(RECUERDOS  DE  GLADSTONE.) 

Ba  desaparición  de  entre  los  vivos  de 
un  hombre  de  las  condiciones  de 
Mr.  Gladstone,  tan  íntimamente  uni¬ 
do  á  la  vida  de  Inglaterra  en  el  pre¬ 
sente  siglo,  y  que  tanta  influencia  ha 
ercido  en  sucesos  importantísimos  de 
uropa,  no  podía  menos  de  conmover  al 
3  culto,  y  durante  muchos  días  han  te- 
íonmovedora  importancia  las  noticias 
que  salían  del  castillo  de  Hawarden,  donde 
el  venerable  anciano  ha  exhalado  el  último  suspiro 
rodeado  de  todos  los  seres  queridos  de  su  alma. 

La  vida  política  del  ilustre  colaborador  de  Ro¬ 
berto  Peel,  del  que  completó  la  obra  de  Palmers- 
ton,  del  inventor  del  home  ruley  del  que  ha  hecho 
que  se  llame  en  Inglaterra  gladstoniano  á  todo  lo 
que  tiene  un  sentido  elevado  de  libertad,  de  dig¬ 
nidad  y  de  pureza,  la  apreciará  la  historia  al  ocu¬ 
parse  en  la  parte  más  importante  del  reinado  de 
la  Graciosa  Soberana  del  Reino  Unido,  Emperatriz 
de  la  India.  Pero  hay  algo  muy  interesante  en  este 
momento,  y  es,  fijarse  en  la  vida  privada  de  ese 
eminente  estadista  para  poder  apreciar  la  bené¬ 
fica  influencia  que  en  los  actos  públicos  délos  que 
gobiernan  á  los  pueblos  ejerce  la  pureza  de  las 
costumbres,  la  delicadeza  de  los  sentimientos  y  el 
orden  y  el  amor  que  prevalecen  en  un  hogar  ben¬ 
decido  por  el  cariño. 

Se  suele  decir  que  á  los  hombres  engolfados  en 
las  luchas  de  la  política,  y  colocados  á  la  cabeza 
de  los  partidos,  no  hay  que  juzgarlos  más  que  por 
sus  actos  públicos,  respetando  su  vida  privada;  y 
aunque  esto  debe  practicarse  en  justicia,  no  se 
puede  desconocer  la  íntima  relación  que  existe 
entre  la  vida  pública  y  la  privada,  y  la  poderosa 
influencia  que  launa  ejerce  en  la  otra. 

El  talento  más  poderoso,  la  palabra  más  elo¬ 
cuente,  la  intención  más  recta  y  pura  se  empaña¬ 
rán  ó  sufrirán  eclipses  si  el  que  posee  esas  sobera¬ 
nas  condiciones  no  las  completa  con  un  hogar 
sereno  y  apacible  para  entregarse  al  reposo  des¬ 
pués  de  la  lucha,  ó  para  prepararse  para  las  nue¬ 
vas  empresas. 

Los  gustos  y  las  aficiones  del  hombre  público, 
la  familia  de  que  ha  salido,  y  más  principalmente 
aquella  que  él  se  ha  formado,  ejercen  una  influen¬ 
cia  poderosísima  é  inevitable  en  todos  los  actos 
de  su  vida  de  gobernante.  Si  es  aficionado  al  lujo 
y  ai  aparato;  si  la  vanidad  le  ciega;  si  propende 
al  endiosamiento,  y  en  vez  de  tener  á  su  lado 
quien  le  aparte  de  estos  peligros  se  los  cubren  de 
flores,  no  procederá,  aunque  lo  intente,  con  la 
rectitud  propia  del  hombre  sencillo,  que  necesita 
de  muy  poco  para  vivir  y  que  tiene  en  el  hogar 
respetable,  que  es  el  santuario  de  su  familia,  todo 
lo  que  su  alma  anhela  para  ser  dichoso. 

Nadie  podrá  negar  al  primer  Marqués  de  la  En¬ 
senada  su  gran  talento  y  su  provechosa  y  fecunda 
iniciativa,  con  la  que  prestó  importantes  servicios 
á  su  patria  y  á  su  rey.  Pero  no  se  podrá  descono¬ 
cer  tampoco  que  le  precipitó  en  la  desgracia  su  des¬ 
medido  amor  al  fausto  y  al  esplendor,  que  se  prestó 
á  tan  malévolas  insinuaciones,  y  que  dió  tan  po¬ 
derosas  armas  á  sus  adversarios. 

Menos  genio  que  el  famoso  D.  Zenón  Somode- 
villa  tuvo  aquel  otro  ministro  de  su  tiempo,  el 
modesto  Campillo,  que  decía  que  sólo  necesitaba 
de  una  peseta  diaria  para  vivir,  y  que  podía  aho¬ 
rrar  la  mitad  si  era  tiempo  de  uvas;  y  no  dejó  de 
prestar  buenos  servicios  á  su  país,  y  sobre  todo 
no  tuvo  tan  estrepitosa  caída  como  el  que  deslum¬ 
bró  á  la  corte  con  sus  trenes,  y  le  decía  al  buen 
Fernando  VI,  que  le  reprendía  por  su  lujo:  «De¬ 
jad,  señor,  que  por  la  librea  del  criado  se  conozca 
la  magnificencia  del  amo.» 

En  Gladstone  se  unían  al  talento  más  poderoso 
los  gustos  más  sencillos,  y  una  delicadeza  de  alma 
que  se  manifestó  desde  que  comenzó  su  vida  en 


el  colegio,  y  que  le  ha  acompañado  en,  todos  los 
actos  de  su  vida. 

Su  juventud  no  fué  tumultuosa,  y  acalló  todas 
las  pasiones  su  amor  al  estudio,  que  le  proporcio¬ 
nó  purísimas  delicias.  Tenía  quince  años  cuando 
obtuvo  en  Eton  su  primer  triunfo  oratorio,  mara¬ 
villando  á  sus  condiscípulos  y  á  sus  maestros  con 
un  alarde  de  elocuencia  debido  á  sus  porten  tosas- 
facultades  naturales,  pero  debido  también  al  gusto 
que  adquirió  en  el  estudio  de  los  modelos  subli¬ 
mes  de  Grecia,  que  habían  sido  el  encanto  de  sus 
años  de  adolescente. 

Herido  en  el  alma,  al  comenzar  su  vida,  por  la 
quiebra  de  su  padre,  que  fué  un  comerciante  muy 
rico,  no  descansó  hasta  rehabilitarle;  y  cuando  lo 
logró,  recogiendo  todos  los  créditos  que  había 
contra  el  autor  de  sus  días,  llevó  con  tan  legítimo 
orgullo  su  nombre  de  Gladstone,  que  no  consintió 
en  dejarle  por  ninguno  de  los  títulos  aristocráti¬ 
cos  que  en  diferentes  ocasiones  le  ofreció  la  Reina 
como  recompensa  de  sus  señaladísimos  servicios. 

La  suerte,  que  le  fué  siempre  propicia,  puso  en 
su  camino  á  una  mujer  encantadora  y  de  talento, 
á  la  bella  y  virtuosa  Catalina  Glynne;  se  enamoró 
de  ella,  fué  correspondido,  y  se  casaron  cuando 
Gladstone  acababa  de  cumplir  los  treinta  años  y 
se  hallaba  en  la  plenitud  de  sus  poderosas  facul¬ 
tades. 

Entonces  comenzó  para  el  eminente  hombre 
público  una  vida  privada  que  ha  sido  hasta  que 
ha  exhalado  el  último  suspiro  un  cielo  sin  nubes, 
una  existencia  que  no  ha  turbado  una  sola  crisis, 
un  paraíso  formado  por  el  cambio  de  afectos  de 
dos  seres  que  se  aman,  que  se  comprenden  y  que 
no  forman  más  que  uno  solo. 

Han  tenido  tres  hijos  y  dos  hijas;  los  han  criado 
y  educado  á  su  lado;  los  han  visto  correr  por  los 
bosques  de  Hawarden,  y  han  bendecido  á  las 
compañeras  que  ellos  han  elegido,  y  á  los  compa¬ 
ñeros  que  ellas  han  aceptado,  ensanchando  el  ho¬ 
gar  de  la  familia,  alegrado  por  las  risas  y  los  jue¬ 
gos  de  los  nietos. 

Gladstone,  tan  amante  de  la  familia,  tan' enca¬ 
riñado  con  el  castillo  dohde  tenía  su  biblioteca,  y 
con  el  bosque  donde  ejercitaba  sus  fuerzas  derri¬ 
bando  añosas  encinas,  y  donde  se  complacía  en 
plantar  otras  nuevas,  era  en  sociedad  un  hombre 
encantador.  Poseía  como  pocos  la  magia  de  la 
conversación  particular,  y  el  que  asombraba  en  la 
tribuna,  encantaba  en  una  tertulia,  sobretodo  al 
referir  sucesos. 

Durante  cinco  horas  estuvo  hablando  una  vez 
en  la  Cámara  de  los  Comunes  para  defender  un 
presupuesto  formado  por  él,  y  no  produjo  el  me¬ 
nor  cansancio  ni  en  amigos  ni  en  adversarios. 

«Habla  el  lenguaje  de  los  dioses»,  decían  de  él 
en  la  patria  de  Fox,  en  el  país  donde  se  ha  hecho 
un  culto  de  la  elocuencia  parlamentaria. 

En  un  salón  producía  el  mismo  efecto  que  en 
la  tribuna;  y  este  hombre,  que  fué  un  marido  fide¬ 
lísimo  al  que  la  maledicencia  no  ha  podido  seña¬ 
lar  ni  la  más  pasajera  aventura,  tenía  especial 
complacencia  en  hablar  con  las  señoras,  de  las  que 
gustaba  verse  rodeado  y  á  las  que  encantaba  con 
su  trato. 

Pero  en  cuanto  podía  dejar  á  Londres  y  sus  sa¬ 
lones  lo  hacía  con  mucho  gusto,  y  se  refugiaba  en 
Hawarden  con  su  esposa  y  con  sus  hijos,  y  allí  se 
levantaba  á  las  cinco  de  la  mañana  y  se  ponía  á 
traba  j  ar,  variando,  según  el  precepto  de  Montaigne, 
el  asunto  de  su  labor,  esto  es,  consagrándose  unas 
veces  á  los  estudios  de  economía,  otras  á  los  de 
literatura  ó  de  derecho,  que  alternaban  con  sus 
dominantes  ocupaciones  políticas. 

La  literatura  clásica  fué  siempre  para  él  un  ma¬ 
nantial  de  delicias,  y  en  los  últimos  días  de  su 
existencia  se  hacía  recitar  por  su  esposa  los  tro¬ 
zos  de  la  Riada  que  juntos  habían  aprendido. 

Consagró  siempre  mucho  cuidado  al  ejercicio 
físico  para  conservar  su  fuerza  y  su  salud,  y  daba 
grandes  paseos  á  pie  y  manejaba  con  singular  des¬ 
treza  el  hacha  del  leñador. 

Su  esposa  ha  sido  siempre  su  compañera  inse¬ 
parable,  su  confidente,  su  amiga,  ejerciendo  con 
él  funciones  de  lectora  y  de  secretaria,  pero  sin 
dejar  ver  nunca  su  influencia  ni  mezclarse  en  cues¬ 
tiones  políticas. 

Un  hecho  insignificante  al  parecer,  prueba  la 
entereza  y  la  delicadeza  del  alma  de  la  señora  de 
Gladstone.  Llevaba  en  su  coche  á  su  esposo  á  la 
Cámara  un  día  en  que  éste  tenía  que  pronunciar 
un  discurso  que  le  preocupaba  mucho  y  que  debía 
ser  de  gran  importancia,  y  cuando  llegaron  á  la 
puerta  del  Parlamento  Gladstone  se  despidió  de 
ella,  bajó  del  carruaje  y  cerró  la  portezuela  con 
tal  violencia  que  cogió  la  yema  de  los  dedos  á  la 
pobre  señora,  que  no  tuvo  tiempo  de  retirar  la 
mano. 

Sabido  es  el  horrible  dolor  que  un  accidente 
de  esta  clase  produce;  pues  la  valerosa  dama  tuvo 


Digitized  by 


Google 


I¡ 

\ 


Digitized  by  ^.ooQie 


/ 


I 

\ 

* 


Digitized  by 


Google 


por  ;mariano  BENLLIL'RE. 


318  —  x.°  xx 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Mayo  1898 


el  valor  de  ahogarle  y  de  no  dar  un  solo  grito, 
para  que  su  esposo  no  se  preocupara  ni  distrajese 
de  la  idea  de  su  discurso. 

Sesenta  y  dos  años  han  vivido  en  la  más  estrecha 
unión  William  Evart  Gladstone  y  Catalina  Glyn- 
ne,  y  la  muerte  sólo  ha  podido  separarlos.  Yo  no 
olvidaré  nunca  el  efecto  que  me  hizo  aquella  res¬ 
petable  pareja  de  ancianos  venerables  cuando  los 
vi  hará  unos  cuatro  años  en  Biarritz:  él  llevaba  la 
levita  negra  y  larga,  el  chaleco  con  dos  hileras  de 
botones,  y  el  sombrero  de  copa,  que  era  su  traje 
habitual  lo  mismo  en  Londres  que  en  Hawarden, 
lo  mismo  cuando  era  primer  ministro  que  cuando 
viajaba;  y  ella  dejaba  ver,  entre  el  marco  formado 
por  los  encajes  negros  de  una  capota  adornada 
con  violetas,  un  semblante  en  el  que  se  unían  á  los 
restos  de  una  gran  belleza  el  sello  augusto  de  la 
maternidad  y  de  la  virtud. 

Mr.  Gladstone,  al  que  hacía  un  momento  había 
oído  yo  hablar  de  España  con  gran  simpatía  y  ha¬ 
ciendo  un  caluroso  elogio  de  D.  Emilio  Castelar, 
al  que  profesó  siempre  gran  amistad  y  con  el  que 
sostenía  frecuente  correspondencia,  compró  al 
salir  del  hotel  lo&  periódicos  del  día  y  se  los  dió  á 
su  esposa,  que  los  metió  en  un k  cabos,  en  el  que  se 
veía  un  tomo  de  las  obras  de  Homero. 

Los  sucesos  del  día  y  la  literatura  clásica,  lo  que 
constituía  la  curiosidad  del  hombre  público  y  la 
afición  del  literato,  se  unieron  en  aquel  saco ,  de¬ 
mostrando  que  ni  aun  en  viaje  olvidaba  aquel 
insigne  estadista  ni  sus  deberes  ni  sus  encantos. 

Ha  muerto  sin  enfermedad  y  sin  dolores,  á  los 
ochenta  y  ocho  años,  asistido  por  su  esposa  y  ro¬ 
deado  de  sus  hijos  y  de  sus  nietos,  y  rezando  el 
Padre  nuestro . 

I Qué  grande  su  vida  y  qué  hermosa  su  muerte! 
Bien  se  puede  decir  que  Mr.  Gladstone  ha  gozado 
de  toda  la  felicidad  que  se  puede  disfrutar  en  la 
tierra,  porque  en  él  se  han  unido  el  genio  y  la 
honradez,  y  ha  consagrado  tan  inmenso  culto  á  lo 
que  es  manantial  de  puras  y  tranquilas  delicias: 
el  hogar  y  la  familia. 

Kasabal. 


REVISTA  MUSICAL  0). 


Sr .  Director  de  La  Ilustración. 

Ijl  querido  amigo:  Cuánta  verdad  en¬ 
cierra  aquel  sabido  refrán  «el  hom¬ 
bre  propone  y  Dios  dispone»,  no 
creo  necesite  demostración,  porque, 
á  bien  seguro,  habrá  tenido,  como  to¬ 
dos  los  mortales,  ocasión  de  apreciarlo 
muchas  veces  en  su  vida.  Y  convencido 
de  ello,  no  ha  de  extrañar  el  que  le  diga,  que 
en  los  tiempos  que  corremos,  cogióme  el  tal 
refrán  de  medio  á  medio,  ó  lo  que  es  lo  mismo, 
que  todos  los  firmes  propósitos  que  tenía  al  co¬ 
menzar  el  invierno,  de  proseguir  la  campaña  que 
de  luengos  años  vengo  haciendo  en  La  Ilustra¬ 
ción  como  cronista  musical,  se  fueron  al  traste, 
gracias  á  las  frescas  brisas  con  que  el  Guadarra¬ 
ma  acaricia  á  los  moradores  de  esta  heroica  villa, 
las  cuales  pusieron  á  mi  flaca  humanidad  cual  si 
digan  dueñas,  ó  dicho  más  en  canto  llano,  en  el 
estado  patológico  más  antimusical  posible,  y  mi 
pensamiento  más  preocupado  con  las  pócimas  de 
la  botica  que  con  partituras  y  obras  de  arte. 

A  Dios  gracias,  el  temporal  que  he  corrido  ha 
amainado,  permitiéndome  consagrar  algunos  ra¬ 
tos  á  mis  aficiones  musicales,  y  me  deja  ahora  re¬ 
anudar,  aunque  tardíamente,  mis  interrumpidas 
tareas,  las  cuales,  por  ahora,  me  sospecho  que  no 
han  de  ser  muy  largas,  ni,  usando  de  una  conocida 
frase,  he  de  hacer  gemir  mucho  las  prensas  con 
mis  escritos,  dado  que  en  el  momento  histórico 
en  que  trazo  estas  líneas  hace  ya  días  que  la  So¬ 
ciedad  de  Conciertos  ha  dado  el  acorde  final  de 
sus  sesiones,  la  empresa  del  Regio  coliseo  cerró 
las  puertas  de  éste  á  piedra  y  lodo  hasta  el  otoño, 
y  la  compañía  lírico- dramática  del  teatro  del  Prín¬ 
cipe  Alfonso  tuvo,  al  poco  tiempo  de  comenzar  sus 
tareas,  que  darlas  por  terminadas  a  fortiori . 

Dicho  esto  por  vía  de  preámbulo,  y  como  justi¬ 
ficación  del  silencio  que  a  fortiori  he  guardado, 
entremos  en  materia  si  le  place. 

Ya  sabe  usted  que  la  Sociedad  de  Conciertos,  no 
sé  si  con  buen  ó  mal  acuerdo ,  ha  dado  dos  series 
de  ellos,  desde  los  comienzos  del  invierno  hasta 
poco  há.  Hablar  á  usted  y  á  los  lectores  de  su 
ilustrado  periódico  de  la  primera  sería  servirles 
un  plato  trasnochado,  ypondría  á  La  Ilustración 


(í)  La  abandancia  de  materiales  de  palpitante  actualidad  ha 
sido  causa  del  retraso  con  que  se  publica  esta  Revista. 


al  nivel  de  aquellas  viejas  Gacetas  de  Madrid  4«1 
tiempo  de  nuestros  abuelos,  que  traían  noticias  de 
Polonia  ó  de  Dinamarca  á  los  seis  ú  ocho  meses 
de  ocurridos  los  sucesos  que  relataban.  Por  eso 
me  guardaré  bien  de  hacerlo,  enderezando  esta 
carta  á  hablar  tan  sólo  de  la  segunda  campaña, 
cuyos  ecos  todavía  resuenan  en  mis  oídos,  y  aun 
eso,  fijándome  únicamente  en  lo  de  más  interés  y 
novedad. 

Al  tratar  de  hacerlo,  no  creo  que  haya  usted  de 
llevar  á  mal  el  que,  cediendo  no  ya  á  una  invete¬ 
rada  manía,  que  tal  pudiera  creerse  dado  mi  eclec¬ 
ticismo  en  materia  de  arte,  sino  á  un  profundo  y 
arraigado  convencimiento,  empiece  por  dolerme 
una  vez  más  del  espíritu  estrecho  y  exclusivista 
que  de  algún  tiempo  á  esta  parte  preside  á  la  redac¬ 
ción  de  los  programas  de  dichos  Conciertos.  Mer¬ 
ced  á  él,  ni  una  sola  vez  se  han  visto  estampados  en 
ellos  Iob  nombres  de  Haydn,  el  padre  de  la  sinfo¬ 
nía,  y  de  Mozart,  haciéndose  de  sus  obras  una  pre¬ 
terición  soberanamente  injusta,  antiartística  de 
todo  punto,  y  que  no  tiene  precedente  ni  ejemplo 
en  ninguna  de  las  series  de  conciertos  verdadera- 
.  mente  importantes  del  Extranjero.  Mendelssohn 
ha  figurado,  por  gracia  sin  duda,  dos  veces,  y  qui¬ 
zás  esas  ¿despecho  de  los  que  tienen  por  catecismo 
infalible  El  Judaismo  en  música ,  que  en  mal  hora, 
y  en  un  momento  de  despecho,  escribió  Wagner;  y 
no  han  salido  mejor  parados  Weber  y  Schubert. 
Es  decir,  se  ha  dado  de  lado,  más  ó  menos  abso¬ 
lutamente,  á  grandes  maestros  en  el  arte,  cuyas 
obras  asombraron  al  mundo  y  vivirán  mientras 
haya  quienes  rindan  fervoroso  y  desapasionado 
culto  á  la  verdadera  música. 

¿Quiere  decir  esto  que  yo  pretenda  que  sus  com- 

Íjosiciones,  las  del  titán  de  la  música,  como  Ber- 
ioz  llamó  á  Beethoven,  y  las  del  patriarca  de  todos, 
el  gran  Bach,  sean  las  únicas  que  se  oigan  en  los 
Conciertos  á  que  vengo  aludiendo,  y  se  haga  caso 
omiso  de  cuanto  bueno  se  ha  escrito  después,  sea 
cual  fuere  su  procedencia?  Creo  que  me  hará  usted 
la  justicia  de  creer  que  nada  está  más  lejos  de  mi 
ánimo  que  semejante  ridicula  pretensión.  Lo  que 
yo  aconsejo  y  pido,  con  la  seguridad ,  sin  embargo, 
de  que  mis  palabras  han  de  ser  verdadero  sermón 
en  desierto,  es  que,  dejándose  guiar  por  un  buen 
sentido  artístico ,  y  tomando  por  norma  lo  que  se 
hace  en  otras  naciones  más  cultas,  musicalmente 
hablando,  que  la  nuestra,  se  de  cabida  en  los  Con¬ 
ciertos  á  todo  lo  selecto,  sin  preferencias  de  es¬ 
cuela  ni  intransigencias  desnudas  de  toda  razón. 

Y  no  es  esta  la  única  observación  ó  el  consejo 
que  he  de  dar,  puesto  ya  en  este  camino,  no  sin 
advertir  que  algo  y  con  fortuna  se  ha  iniciado 
últimamente  en  el  sentido  que  voy  á  indicar.  Si 
es  siempre  empresa  no  fácil  de  conseguir  la  de 
mantener  vivo  el  interés  en  los  Conciertos  pura¬ 
mente  sinfónicos,  la  dificultad  sube  de  punto,  fa¬ 
tal  y  necesariamente,  cuando  éstos  cuentan  largos 
años  de  existencia;  y  por  más  que  se  luche  para 
darles  atractivo  buscando  obras  nuevas,  y  lla¬ 
mando  artistas  y  maestros,  de  gran  renombre  al¬ 
gunos,  que  coadyuven  á  los  trabajos,  no  es  posible 
que  tengan  toda  la  variedad  y  el  atractivo  que  de 
desear  fuera. 

Esto  acontece  con  los  que  celebra  nuestra  So¬ 
ciedad  de  Conciertos,  y  el  mal  seguirá  en  au¬ 
mento,  y  en  daño  suyo,  si  no  da  entrada  en  ellos 
á  un  elemento  importantísimo  que  figura  en  todos 
los  de  verdadera  importancia  en  el  Extranjero,  y 
figuró  en  los  nuestros  allá  en  sus  comienzos,  y 
cuando  estaba  ai  frente  de  ellos  el  inolvidable 
Barbieri:  el  elemento  vocal.  Con  él,  la  Sociedad  de 
Conciertos  abriría  ancho  campo  á  sus  tareas;  se¬ 
rían  éstas  mucho  más  amenas  ó  interesantes;  los 
amantes  del  arte  tendrían  ocasión  de  conocer  y 
apreciar  las  hermosas  obras  que  los  grandes  maes¬ 
tros  españoles  y  extranjeros  han  escrito  en  ese  gé¬ 
nero,  y  la  Asociación  cumpliría  aun  más  y  mejor 
el  fin  artístico  para  que  fue  creada,  que  no  es  otro 
que  el  de  difundir  y  popularizar  las  admirables 
creaciones  de  los  grandes  genios  de  la  música. 

Terminado  este  capítulo  de  advertencias, no  vaya 
usted  á  creer  que  intento  ahora  darle  cuenta,  si¬ 
quiera  fuese  á  vuela  pluma,  de  cuanto  se  oyó  en 
los  Conciertos  á  que  esta  carta  se  refiere.  Tan  le¬ 
jos  está  eso  de  mi  ánimo ,  que  no  sólo  me  he  pro¬ 
puesto  guardar  silencio  respecto  de  las  obras  allí 
interpretadas  y  ya  de  antes  conocidas,  porque  res¬ 
pecto  de  ellas  ya  está  dicho  todo  cuanto  yo  pudiera 
escribirle,  sino  que  aun  de  las  que  no  se  encuen¬ 
tran  en  ese  caso,  y,  por  tanto,  han  figurado  por  vez 
primera  en. los  programas,  he  de  ser  muy  parco, 
dado  su  relativo  mérito,  reservándome  no  serlo 
tanto  en  aquello  que  pudiéramos  llamar  la  great 
atraction  de  la  temporada. 

Así,  con  decirle  que  la  primera  Suite  de  Mosz- 
kowski,  sin  ser  una  composición  que  inmortalice 
á  su  autor,  es  agradable  y  muestra  que  éste  conoce 
bien  los  secretos  del  arte  de  la  instrumentación; 


que  la  overtura  de  la  ópera  La  Novia  vendida ,  de 
Smetana,  no  gustó  á  los  señores,  como  el  exami¬ 
nando  de  un  conocidísimo  cuento,  á  pesar  de  no 
estar  exenta  de  mérito;  que  lo  propio  pasó,  y  con 
muchísima  razón,  digan  lo  que  quieran  los  apasio¬ 
nados  de  Berlioz,  con  la  Marcha  de  los  peregrinos, 
de  este,  la  cual,  dicen  los  que  lo  saben,  entusias¬ 
mó  á  Paganini  cuando  la  oyó;  que  tampoco  entu¬ 
siasmaron  á  las  gentes,  ni  en  realidad  había  mo¬ 
tivo  para  ello,  las  Pieces  Symplioniques  de  Kerven- 
guen;  y  que  tanto  la  Marcha  triunfal  como  la 
Overtura  de  concierto ,  de  Espino,  revelan  un 
maestro  entendido  en  el  arte,  y  fueron  con  justi¬ 
cia  muy  aplaudidas,  tengo  liquidada  sin  trabajo 
mi  cuenta  con  no  escasa  parte  de  las  novedades 
presentadas  por  la  Sociedad  de  Conciertos,  las 
cuales,  salvo  levísimas  excepciones,  no  creo  ha¬ 
yan  enriquecido  gran  cosa  su  bagaje  artístico. 

Y  vamos  al  punto  capital  de  esta  carta.  Hablan¬ 
do  Berlioz  de  lo  que  debe  ser  un  director  de  or¬ 
questa,  y  después  de  hacer  constar  que  ha  de  oir 
y  ver,  ha  de  ser  ágil  y  vigoroso,  y  ha  de  estar  com¬ 
penetrado  de  la  partición  que  tiene  delante  de  sus 
ojos,  añade  que  debe  poseer  además  otras  dotes 
casi  indefinibles,  sin  las  cuales  no  puede  estable¬ 
cerse  el  apretado  lazo  que  ha  de  unirle  con  la  or¬ 
questa  q¡ue  tiene  bajo  su  mando.  Estas,  á  juicio  del 
gran  critico  y  maestro,  son:  «Que  se  conozca  que 
siente,  que  comprende,  que  se  conmueve;  y  enton¬ 
ces— añade — su  sentimiento,  su  emoción  se  comu¬ 
nican  á  los  que  dirige;  su  llama  interior  los  abrasa, 
su  electricidad  los  electriza,  su  fuerza  de  impul¬ 
sión  los  arrastra,  y  proyecta  en  tomo  suyo  las 
irradiaciones  vitales  del  arte  musical.» 

Poseedor  en  grado  eminente  de  esas  cualidades 
es  el  joven  maestro  Ricardo  Strauss,  que,  prece¬ 
dido  de  honrosísima  y  bien  ganada  reputación,  ha 
dirigido  tres  de  los  Conciertos  objeto  de  esta  car¬ 
ta.  Hijo  de  un  padre  músico,  desde  niño  dedicóse 
al  divino  arte,  mostrando  tan  grandes  disposicio¬ 
nes  y  aprovechando  de  tal  modo  las  enseñanzas 
que  recibiera  de  W.  Meijer,  maestro  de  capilla  de 
Munich,  que  cuando  sólo  contaba  diez  y  seis  años 
de  edad  publicó  con  éxito  varias  composiciones, 
y  poco  después,  Le  vi,  cuya  fama  es  notoria  y 
cuyo  gran  mérito  hemos  apreciado  y  admirado 
aquí,  daba  á  conocer  una  sinfonía  en  cuatro  tiem¬ 
pos  del  novel  compositor.  La  favorable  acogida 
que  obtuvo,  le  animó  más  y  más  á  seguir  traba¬ 
jando  con  Richtter  y  Hans  de  Bülow,  hasta  el 
punto  de  que  á  los  veintitrés  años  ya  compartía 
con  Le  vi  los  trabajos  de  la  dirección  de  las  óperas 
en  el  teatro  de  Munich,  la  cual,  por  renuncia  de 
aquél,  ha  ejercido  en  absoluto,  y  no  mucho  después 
era  activo  cooperador  de  la  interpretación  de  las 
obras  wagnerianas  en  Bayreuth,  dirigiendo  ade¬ 
más  Los  Maestros  Cantores ,  y  ganando  en  aquella 
Meca  del  wagnerismo  la  consagración  de  director 
de  orquesta,  colocándose,  si  no  al  nivel,  á  bien  corta 
distancia  del  mismo  Le  vi,  de  Richter  y  Motil,  que, 
como  es  sabido,  son  los  tres  grandes  padres  que  el 
mundo  musical  reconoce  en  la  materia. 

Strauss  ha  dirigido  aquí  tres  Sinfonías  y  la  over¬ 
tura  de  Leonora ,  de  Beethoven,  y  varias  obras  de 
Wagner,  con  singular  maestría,  sobre  todo  las  úl¬ 
timas,  en  las  que  se  ve  que  ha  recogido  en  la  pro¬ 
pia  fuente  la  tradición  del  modo  y  forma  como 
deben  ser  interpretadas  aun  en  sus  más  mínimos 
detalles.  Afortunadísimo  también  en  la  quinta 
Sinfonía  de  Beehtoven,  cuyas  grandes  bellezas 
supo  hacer  resaltar,  y  nuestra  orquesta  bajo  su  hᬠ
bil  batuta  interpretó  de  un  modo  irreprochable, 
en  mi  humilde  opinión  no  lo  fué  tanto  en  las  de¬ 
más,  debido  esto  tal  vez  al  afán  de  ahondar  más  y 
más  en  busca  de  la  verdadera  interpretación  de  las 
obras  beethovenianas,  al  deseo  de  alcanzar  más 
efecto  en  ciertos  y  determinados  pasajes  de  ellas, 
añadiendo  para  ello  á  las  indicaciones  que  Beetho¬ 
ven  puso  en  sus  partituras,  algo  y  aun  algos  de  co¬ 
secha  propia,  lunar,  dicho  sea  entre  paréntesis, 
que  la  crítica  se  ha  atrevido  á  poner  también,  tra¬ 
tándose  de  las  mismas  obras,  á  Motil,  á  pesar  de 
su  gran  saber  y  de  su  mucha  autoridad,  ó,  en  fin, 
á  la  voluntad  de  querer  sustituir  la  manera  de  en¬ 
tender  é  interpretar  ciertos  y  determinados  pasa¬ 
jes,  con  lo  que  venía,  con  más  ó  menos  razón, 
teniéndose  como  tradicional  desde  Habeneck  hasta 
nuestros  días,  bien  que  en  ello  no  anden  los  pare¬ 
ceres  muy  acordes. 

Pero,  de  todos  modos,  Ricardo  Strauss  es  una 
gran  figura  como  director  de  orquesta,  y  el  lla¬ 
mado  á  suceder,  con  Weingartner,  otro  joven  que 
por  las  muestras  da  quince  y  raya  á  muchos  maes- 
trazos,  á  los  que  ya  antes  he  nombrado  y  por  de¬ 
recho  propio  figuran  en  primera  línea. 

Pero  si  desde  ese  punto  de  vista  todo  elogio  que 
de  Strauss  se  hiciera  sería  merecido,  no  pasa  lo 
propio  considerado  como  compositor.  No  sólo  no¬ 
bleza,  sino  verdad  obliga,  y  deber  es  del  que  ejerce 
la  crítica  decirla,  con  más  ó  menos  claridad  y  lisu- 


Digitized  by  LjOOQie 


30  Mato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xx  —  319 


ra,  á  despecho  de  los  que  tengan  un  contrario  pare¬ 
cer.  Y  de  que  de  esto  último  puede  uno  estar  seguro, 
no  hay  más  que  echar  una  ojeada  al  artículo  que  en 
la  Ghude  Musí  cale  de  Bmxeíles  dedicó  Kufferat  al 
elogio  de  unas  obras  de  Sbrauss,  que,  por  cierto,  ni 
en  París  después,  ni  luego  aquí,  conmovieron  al 
público,  ni  mucho  menos,  y  en  el  cual  á  los  que  no 
opinaren  como  él,  los  trata  nada  menos  que  de 
mandarines  de  la  crítica,  doctrinarios  de  la  bana¬ 
lidad  y  apóstoles  de  lo  soso  y  délo  vulgar,  no  pi¬ 
diendo  para  ellos  la  interdicción  civil  y  el  extra¬ 
ñamiento  perpetuo  de  todo  lugar  donde  se  cultive 
la  música,  sin  duda  por  un  exceso  de  indulgencia 
que  es  de  agradecer.  Perdonando  este  desahogo 
que  en  un  momento  de  entusiasmo  artístico  se  per¬ 
mitió  el  portaestandarte  del  wagnerismo  en  Bél¬ 
gica,  no  será  malo  recordarle,  no  en  són  de  de¬ 
fensa,  sino  como  justificación  del  parecer  que  cada 
cual  tenga  en  materia  de  arte,  no  sólo  aquella  frase 
latina  de  gustibus  non  disputandum ,  que  en  nues¬ 
tra  tierra  se  ha  traducido  «en  materia  de  gustos 
no  hay  nada  escrito»,  sino  lo  que  un  maestro  de  la 
crítica  como  Berlioz,  que  ciertamente  no  pecaba 
por  exceso  de  benevolencia,  decía  en  uno  de  sus 
escritos,  dando  una  prueba  de  su  gran  sentido:  «Lo 
que  yo  encuentro  bello,  es  lo  bello  para  mí;  pero 
quizás  no  lo  sea  para  mi  mejor  amigo,  aquel  cuyas 
simpatías  son  casi  siempre  las  mías,  y  que,  sin 
embargo,  no  le  produce  la  misma  impresión,  pe¬ 
diendo  muy  bien  suceder  que  la  obra  que  me  trans¬ 
porta,  me  da  fiebre  y  arranca  lágrimas,  le  deje  á 
él  frío ,  ó,  lo  que  es  más,  no  le  guste  nada  y  hasta 
le  impaciente.» 

Pero,  pidiendo  á  usted  perdón  por  esta  digre¬ 
sión,  y  volviendo  al  asunto,  le  he  de  declarar  con 
toda  lealtad  que,  concediendo  á  los  poemas  sinfó¬ 
nicos  Don  Juan  y  Las  Jugarretas  de  Tül  Eulens- 
piegel  y  Muerte  y  Transfiguración  todos  los  pri¬ 
mores  que  se  quieran  desde  el  punto  de  vista  de  la 
armonía  y  del  contrapunto;  reconociendo  de  buen 
grado  la  gran  maestría  que  en  ellos  revela  su  au¬ 
tor  en  el  arte  de  la  instrumentación ,  y  de  que  es 
legítima  consecuencia  el  gran  colorido  que  tienen 
muchas  de  sus  páginas,  á  los  que,  como  yo,  no  es¬ 
tán  bien  avenidos  con  el  gongorismo  musical  que 
ha  invadido  á  los  seudo  imitadores  de  Wagner,  ni 
por  su  forma,  ni  por  su  ausencia  de  claridad,  ni 
por  las  ideas  que  encierran,  pueden  gustarnos  unas 
composiciones  que,  bien  miradas ,  más  pueden  te¬ 
nerse  por  los  delirios  de  una  razón  enlerma,  que 
por  la  descripción  fantástica  de  sucesos  que  ni  aun 
con  ayuda  de  apuntador  (que  no  es  otra  cosa  el 
programa  que  les  acompaña)  pueden  entenderse. 

Alargaría  más  de  lo  debido  esta  carta,  si  yo  apun¬ 
tase  siquiera,  y  á  propósito  de  esto,  la  cuestión  de 
lo  que  la  música  debe  expresar,  dónde  empieza  su 
acción  y  cuáles  son  los  límites  de  su  campo,  cues¬ 
tión  harto  debatida  desde  los  antiguos  tiempos,  y 
en  la  que  el  modernismo  ha  tomado  no  poca  parte; 
pero  aun  hecho  caso  omiso,  a  fortiori,  de  ello,  es 
lo  cierto  que  exagerar  del  modo  y  manera  que  se 
hace  en  tales  poemas  la  música  descriptiva,  es  sa¬ 
carla  de  sus  naturales  límites  y  desnaturalizarla 
por  completo.  Prescindiendo  del  Don  Juan ,  que 
aun  los  más  entusiastas  partidarios  de  los  poemas 
en  cuestión  reconocen  como  el  más  endeble  de 
todos,  ¿es  posible,  como  dice  un  autorizado  crítico 
de  allende  el  Pirineo,  pintar  musicalmente  las 
aventuras  de  un  personaje  que  monta  á  caballo, 


penetra  en  una  plaza  rompiendo 
platos  y  hortalizas,  se  disfraza 
de  fraile,  hace  la  corte  á  las  mu¬ 
chachas,  oficia  de  estudiante  en 
una  Universidad  y  muere  á  ma¬ 
nos  del  verdugo  en  menos  de  tres 
cuartos  de  hora,  como  sucede  en 
Las  Jugarretas  de  Till  Eulens - 
jriegel?  Se  dirá  por  los  partidarios 
de  este  género  de  música  que  eso 
es  muy  factible,  porque  ésca  pue¬ 
de  expresarlo  todo;  pero  á  esa 
afirmación  rotunda  podría  con¬ 
testársele  como  aquel  ilustre 
prócer,  gloria  de  la  literatura  es¬ 
pañola,  á  un  maestro  de  baile 
que  se  esforzaba  en  demostrarle 
que  con  la  danza  todo  se  podía 
decir  y  expresar:  «Pues  bien,  hᬠ
game  usted  el  favor  de  explicar¬ 
me  cómo  podré  yo  asomarme  al 
balcón,  llamar  aí  sereno  y  decir¬ 
le  que  vaya  corriendo  á  avisar  al 
comadrón,  porque  mi  mujer  está 
de  parto.»  Y  si  eso  pasa  con  el 
poema  sinfónico  aludido,  en 
cuanto  al  de  Muerte  y  Transfi¬ 
guración,  haciendo  mías  sus 
palabras,  diré  yo  aquí,  con  el 
crítico  antes  aludido,  que  «en 
realidad  es  un  baile  fúnebre,  en 
que  Strauss  pinta  los  sufrimien¬ 
tos  de  un  enfermo.  La  música 
no  nos  dice  qué  mal  tiene,  pero 
bien  se  ve  que  empieza  por  el  es¬ 
tado  comatoso.  Después,  de  tiem¬ 
po  en  tiempo,  un  violento  acceso 
nace  saltar  de  su  lecho  al  enfer¬ 
mo  y  al  público  también,  y  de 
sacudida  en  sacudida  se  liega  á 
la  catástrofe  final ,  después  de  lo 
que  se  oyen  unas  arpas,  señal 
evidente  de  que  el  muerto  está 
ya  en  el  Paraíso.» 

Y  basta  de  sinfonías,  para  decir  á  usted  que 
harto  mejores  que  ellaB  son  las  melodías  que  can¬ 
tó  Mme.  Strauss  con  hermosa  voz,  aunque  no  de 
mucha  extensión,  con  expresión  y  sin  acudir  á 
ninguno  de  esos  recursos  de  mal  gusto  á  que  suelen 
acudir  los  artistas  en  demanda  de  aplausos;  y  que 
gran  cosecha  de  ellos  alcanzó  con  toda  justicia  en 
uno  de  los  Conciertos  nuestro  violoncelista  Mi- 
recki,  demostrando  una  vez  más  ser  de  la  raza  de 
los  buenos  artistas  y  merecedor  de  la  alta  estima 
en  que  es  tenido  por  los  amantes  de  la  buena  mú¬ 
sica. 

Y  para  concluir  esta  carta,  que  á  pesar  de  todos 
mis  propósitos  ha  resultado  larga,  consignaré  que 
los  Conciertos  terminaron  interpretándose  en  los 
últimos,  por  el  excelente  Orfeón  de  San  José,  que 
en  no  lejana  fecha  ganó  en  buena  lid  merecidos 
lauros,  la  cantata  bíblica  de  Wagner,  La  Cena  de 
los  Apóstoles,  y  el  coro  de  Grieg,  La  verdadera ; 
patria .  Escrita,  según  dicen,  la  primera  para  un 
festival  y  en  época  en  que  Wagner  no  había  entra¬ 
do  aún  en  su  última  manera,  parece  casi  toda  ella 
la  obra  de  un  clásico  de  los  buenos  tiempos  de  la 
música  religiosa  puramente  vocal,  sin  que  esto 
quiera  decir  que  se  eleve  á  la,  altura  de  la  de  los 


SALAS  ESPAÑOLAS. 

(De  fotografía  de  J.  Fumells.) 


grandes  maestros  de  entonces,  cuyas  obras  brilla¬ 
ban  no  sólo  por  la  corrección  y  pureza  de  la  forma, 
sino  por  la  unción  religiosa  de  que  estaban  im¬ 
pregnadas;  siendo,  no  sólo  en  mi  sentir,  sino  en  el 
de  la  mayoría  de  las  gentes  que  la  oye,  lo  verda¬ 
deramente  bello  ó  inspirado  de  ella  el  final  en  que 
interviene  la  orquesta  con  poderosa  manera,  pᬠ
gina  grandiosa  en  que  el  maestro  de  Bayreuth  se 
elevó  á  grande  altura,  conmoviendo  é  impresio¬ 
nando  ai  oyente.  Lo  cual  no  pasa  á  éste  con  el  coro 
de  Grieg,  que  no  podrá  contarse  entre  las  obras 
maestras  de  este  originalísimo  autor.  Ambas*  como 
he  dicho,  las  interpretó  con  amore  el  Orfeón  de 
San  José,  secundado  por  la  orquesta,  alcanzando 
con  justicia  los  obreros  que  le  componen  grande 
y  merecida  ovación. 

Y  con  esto  doy  por  comenzadas  mis  vacaciones, 
deseando  que  en  el  Otoño,  al  reanudar,  Deo  vo- 
lente,  mis  tareas,  estén  nuestros  ánimos  harto  más 
tranquilos  para  tratar  de  música  que  al  presente 
lo  están. 

Siempre  suyo  afectísimo  amigo, 

J.  M.  Esperanza  y  Sola. 


BARCELONA.— EXPOSICIÓN  DE  BELLAS  ARTES  É  INDUSTRIAS  ARTÍSTICAS.— sala  bxtbaxjbra. 


(De  fotografía  de  J.  Furnella» 


DIN  D^aST  DON".  <*> 


II. 


^A  risible  manía  de  ponerse  un  Don  de¬ 
lante  del  nombre  se  propagó  tan  rᬠ
pida  y  generalmente  por  España,  por 
Portugal  y  por  nuestras  posesiones 
americanas,  que  son  infinitas  las  anéc- 

f-  -tjí/  dotas,  chanzas,  sátiras  y  epigramas,  y  no 
^  pocas  las  disposiciones  de  monarcas  y  de 
autoridades  que  procuraron  poner  coto  á  lo 
que  entonces  se  tenía  por  intolerable  abuso 
y  deplorable  confusión. 

En  Francia  debió  ocurrir  también  algo  de  eso, 
á  juzgar  por  algunas  indicaciones  que  se  hacen  en 
estos  versos  de  Fuloy: 


Oui-da,  je  Tiene  avertir,  s  il  tous  plait, 

Dom  procureur  que  dom  mulet  est  pr£t; 

y  en  aquellos  otros  de  la  conocida  fábula  de  La 
Fontaine  El  cerdo,  la  cabra  y  el  carnero: 


Dom  pourceau  criait  en  chemin 
Comme  s  il  avait  cent  bouchers  á  ses  troussea, 


aunque  ese  dictado  fué  casi  privativo  de  los  frai- 


(1)  Véase  el  número  anterior. 


Digitized  by  ^.ooQie 


320  —  n.°  xx 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Mayo  1898 


MARINA  DE  GUERRA  NORTEAMERICANA.  —  el  acorazado  «massachusetts». 

(De  fotografía.) 


t 


üli 

■ 

P 

BARCELONA.— EXPOSICIÓN  DE  BELLAS  ARTES  É  INDUSTRIAS  A R TI STICAS.  — gran  salón  central. 


(De  fotografía  de  J.  Fumells.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


D.  Juan  Hernández  López 
Obras  públicas  y  Comunicaciones). 


D.  José  Severo  Quiñones 
(Agricultura,  Industria  y  Comercio). 


D.  Manuel  F.  Rossy 
(Instrucción  pública). 


D.  Tulio  Larrinaga 
(Obras  públicas  y  Comunicaciones). 


D.  Luis  Muñoz  Rivera 
(Gobernación  y  Gracia  y  Justicia). 


D.  Francisco  Mariano  Quiñones, 
presidente. 


D.  Manuel  Fernández  Juncos 
(Hacienda). 


SECRETARIOS  DEL  DESPACHO. 


D.  José  C.  Barbosa 
>  (Instrucción  pública). 

•  h 


D.  Cayetano  Coll  y  Tosté 
Agricultura,  Industria  y  Comercio). 


D.  Julián  E.  Blanco 
(Presidencia). 


D.  José  de  Diego 

Gobernación  y  Gracia  y  Justicia). 


SUBSECRETARIOS. 


D.  Luis  Sánchez  Morales 
(Hacienda). 


PRIMER  GOBIERNO  AUTONÓMICO  DE 


PUERTO  RICO. 


(De  fotografías.) 


Digitized  by 


322  —  n.°  xx 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Mato  1898 


les  benedictinos,  que  «no  soltaban  el  Dom  ni  á  tres 
tirones». 

En  cnanto  al  oso  ó  aboso  del  Don  en  las  Amé¬ 
rica»  españolas,  baste  recordar  la  siguiente  anéc¬ 
dota  que  refiere  el  Duque  de  Frías  en  su  Deleite  de 
la  discreción: 

«Es  Arequipa  una  ciudad  de  gran  pobreza  en  el 
Perú,  y  de  tal  vanidad  en  sus  vecinos,  que  por  ella 
se  dice  aquel  proverbio:  <iDe  Dones ,  pendones  y 
muchachos  sin  calzones .»  Sucedió  que  llegando  á 
apearse  en  la  posada  cierto  religioso  grave,  vió  á 
un  mozuelo  hecho  andrajos  y  díjole:  «¡Eli,  man¬ 
cebo,  téngame  este  estribo!»  Respondióle  enfure¬ 
cido:  «¡Eli,  padre!  ¿Sabe  que  habla  con  Don  N... 
de  Tal  y  Tal?»,  arrojando  millares  de  apellidos. 
A  que  dijo  el  religioso:  «Pues  señor  .Don  Fulano 
de  Tal  y  Tal  y  Tal,  Ymd.  se  vista  como  se  llama 
ó  se  llame  como  se  viste.» 

Respecto  á  lo  que  en  este  punto  sucedía  en  Por¬ 
tugal  a  mediados  del  siglo  xvji,  hállase  esta  cu¬ 
riosa  noticia  en  una  de  las  interesantes  cartas  de 
D.  Jerónimo  de  Barrionuevo  (1)  escritas  en  aque¬ 
lla  época  y  hace  algunos  años  coleccionadas  y 
publicadas  con  el  título  de  Avisos  de  Barrionue- 
vo ,  en  la  notable  «Colección  de  escritores  caste¬ 
llanos»  : 

«Las  Cortes  han  concedido  al  Rey  prorrogación 
de  ocho  millones,  y  que  no  se  trate  más  de  las 
quiebras  de  los  pasados;  y  ha  dado  á  S.  M.  una 
persona  un  arbitrio,  el  más  gracioso  del  mundo. 
Helo  visto  y  leído  impreso . Dice  que  en  Portu¬ 

gal  se  apreciaban  los  títulos  de  los  Dones ,  y  que 
^si  el  Rey  ponía  una  imposición,  por  corta  que 
fuese,  la  suma  sería  grande,  y  que  se  podía  hacer 
lo  mismo  en  todos  los  demás  honores,  mitad  de 
justicias  y  otras  cosas,  porque  no  hay  ya  quien  no 
se  llame  Don  por  cuitado  que  sea,  ni  mujer  que  no 
le  traiga  rodando  entre  los  chapines  por  esas  ca¬ 
lles.  No  sé  adónde  pueda  llegar  locura  semejante.» 

En  nuestros  tiempos  únicamente  los  reyes  usan 
el  Don  en  Portugal;  los  demás  todos  son  señores 
más  ó  menos  «ilustrísimos  y  excelentísimos». 

Por  lo  que  se  refiere  á  España,  imposible  sería 
citar  ni  aun  enumerar  todas  las  disposiciones  y 
todas  las  sátiras  á  que  dió  ocasión  la  vanidosa  por¬ 
fía  de  los  empeñados  en  usar  el  Don,  que  sólo  les 
concedía  su  antojo  y  sancionaba  su  voluntad. 

Dice  el  licenciado  Baltasar  Porreño,  en  sus  Di¬ 
chos  y  hechos  del  señor  rey  D .  Felipe  II,  que 
viendo  algunos  caballeros  y  consejeros  la  desor¬ 
den  de  mucha  gente  común  que  se  nombraban 
Dones,  esto  es,  Don  Fulano  y  Doña  Fulana,  pi¬ 
dieron  á  S.  M.  lo  remediase  con  pragmática  y  gra¬ 
ves  penas,  y  oídas  las  causas  y  razones  que  para 
ello  daban,  respondió  como  tan  prudente:  «Esto  es 
irremediable,  y  así  me  parece  dejallo  y  que  cada 
uno  tome  de  la  vanidad  lo  que  quisiere,  y  con  este 
acuerdo  suyo  nunca  más  se  trató  de  ello». 

Pero  el  bueno  de  Porreño  se  olvidó  de  estas  pa¬ 
labras  á  las  pocas  páginas,  y  él  mismo  las  desmin¬ 
tió  refiriendo  las  siguientes  anécdotas  y  dando  la 
subsiguiente  noticia: 

«Firmando  (Felipe  II)  una  venta  para  un  Don 
Fulano  de  un  lugar  de  behetría,  dijo:  «Vuélvase  á 
hacer  sin  el  Don,  porque  no  puede  haberle  en  lu¬ 
gar  de  behetría.» 

«Llevándole  San toyo  (su  secretario)  unas  con¬ 
sultas  de  unos  corregimientos,  iba  consultado  un 
Don  Fulano,  hijo  de  Fulano.  Tomó  la  pluma  y  bo¬ 
rró  el  Don,  diciendo:  «Désele  el  corregimiento  con 
condición  que  no  se  llame  Don,  pues  su  padre  no 
lo  tuvo;  que  ningúu  hijo  se  debe  preferir  á  su 
padre.» 

»E1  año  de  158G  mandó  pregonar  en  sus  reinos 
de  Castilla  y  León,  aquella  pragmática  tan  alabada 
de  las  cortesías  y  tratamientos,  así  para  con  las 
personas  reales,  como  para  con  los  demás  gene¬ 
ralmente,  con  que  se  evitaron  muchos  cuidados, 
encuentros  y  desórdenes.» 

También  Felipe  III  prestó  atención  á  tan  im¬ 
portante  asunto,  y  en  3  de  Enero  de  1611  publicó 
una  pragmática  declarando  quiénes  podían  usar 
el  Don,  y  eran  los  obispos,  condes,  mujeres  é  hi¬ 
jos  de  los  hidalgos  y  los  hijos  de  personas  titula¬ 
das  «aunque  fueran  bastardos»;  y  Felipe  IV  en 
1636  repitió  la  pragmática  de  su  abuelo,  aumen¬ 
tando  la  severas  penas  ya  señaladas  por  éste  para 
«los  que  dieran  á  otros  tratamientos  indebidos, 
para  los  que  los  recibieran  enteramente  y  aun 
para  los  que  lo  oyeren,  si  no  avisasen». 

Sin  embargo,  en  3  de  Julio  de  1664  diéronse  re¬ 
glas  para  las  medias  anatas  de  mercedes,  y  en 
ellas  están  comprendidos  los  títulos  de  Dones  en 
200  reales,  y  siendo  por  dos  vidas  400,  y  siendo 
perpetuos  600.....»;  lo  cual  demuestra  que  no  se 
echó  en  saco  roto  aquella  «proposición  de  arbitrio» 
que  algunos  años  anteS  llamaba  Barrionuevo  «el 
más  gracioso  del  mundo». 


(1)  Fechada  en  Madrid  á  12  de  Junio  de  1655 


Lógico  y  natural  era  que  lo  que  así  trastornaba 
las  costumbres,  ocupaba  á  los  legisladores,  daba 
asunto  á  los  poetas  y  tema  de  hablillas  á  los  des¬ 
ocupados,  fuera  también  llevado  á  la  escena;  y 
muestra  de  lo  que  con  motivo  del  Don  se  decía, 
es  lo  que  el  ilustre  Don  Juan  Ruiz  de  Alareón 
pone  en  boca  de  los  graciosos  Lucía  y  Tristán  en 
la  comedia  La  prueba  de  las  promesas.  Tristán, 
ascendido  de  lacayo  á  secretario,  desdeña  á  Lucía, 
que  era 

Fregona  el  año  pasado 
Y  hogaño  también  fregona; 

á  lo  que  ella  dice  ofendida: 

No  me  fregonice  tanto, 

Ni  piense  desYanecido 

Que  un  Don  tan  recién  nacido, 

Puede  á  nadie  dar  espanto, 

palabras  que  hacen  exclamar  á  Tristán: 

¿Remoqnetitos  al  Donf 
Huélgome,  por  vida  mía; 

Mas  escáchame,  Lucía, 

Que  he  de  darte  una  lección , 

Para  que  puedas  saber, 

Si  á  murmurar  te  dispones, 

De  los  «pegadizos  dones» 

La  reula  que  has  de  tener. 

Si  fuera  en  mí  tan  reciente 
La  nobleza  como  el  Don , 

Diera  á  tu  murmuración 
CaiiRa  y  razón  suficiente; 

Pero  si  sangre  heredé 
Con  que  presuma  y  blasone, 

¿Quién  quitará  que  me  endone 
Cuando  la  gana  me  dé? 

¿Qué  es  Don ,  y  qué  significa? 

Es  acc  dente  del  nombre. 

Que  la  nobleza  del  hombre 
Que  le  tiene  nos  publica. 

Pues  ahora  pregunto  yo: 

¿Un  hábito  es  cosa  fea 
Ponérsele,  cuando  sea 
Viejo  un  caballero?  No. 

Luego  si  es  noble,  es  bien  hecho 
Ponerse  el  Don  siempre  un  hombre, 

Pues  es  el  Don  en  el  nombre 
Lo  que  el  hábito  en  el  pecho. 

A  pesar  de  todo  lo  dicho  y  de  todo  lo  precep¬ 
tuado,  en  el  siglo  xvui  hubo  ya  completa  libertad 
para  ponerse  el  Don  quien  lo  tenía  por  conve¬ 
niente.  De  modo  que  ya  nada  significaba  y  nada 
decía.  Y  en  vez  de  ser  «accidente  del  nombre», 
como  creía  Alareón,  era  ya  una  parte  casi  esen¬ 
cial  del  nombre  mismo,  con  la  diferencia  de  que 
el  nombre  podía  llamarse  propio,  pero  el  Don  era 
imposible  dejar  de  llamarlo  común . 

A  fines  del  pasado  siglo,  todavía  D.  Ramón  de 
la  Cruz  suelta  alguna  pulla  á  los  dones  pegadizos. 
En  La  Maja  majada  dice  Mauricio  á  Doña  Petro¬ 
nila: 

Usté  en  eso  no  se  meta, 

Doña  Petronila . 

—  I  Arroz! 

interrumpe  con  mucha  gracia  Colasa  la  criada» 
que  sigue  diciendo: 

Mi  señora  doña  Petra, 

Hermana  do  la  Bastiana, 

Pasanta  de  muñuelera 
En  las  Vistillas,  recoja 
Usté  ese  Don  que  Je  cuelga, 

Porque  está  mal  hilvanado . 

Hoy......  ¡bah!  hoy  ¿quién  se  ocupa  de  esas  co¬ 
sas?  Y,  sin  embargo,  en  estos  tiempos  democráti¬ 
cos  en  que  el  Don  nada  significa  y  no  es  distin¬ 
ción,  porque  todos  lo  tienen,  y  no  es  honor  ni 
merced,  porque  quien  quiere  y  cuando  quiere  se 
lo  pone,  quítenle  ustedes  á  cualquiera  el  Don,  y 
ya  verán  ustedes  cómo  se  ofende  y  protesta  y 
pone  el  grito  en  el  cielo. 

Y,  sin  embargo,  todos  llamamos  al  inmortal 
autor  del  Quijote,  á  uno  de  los  mayores  genios  de 
la  humanidad,  honra,  gloria  y  orgullo  de  Espa¬ 
ña,  Miguel  de  Cervantes,  y  nos  morimos  de  risa 
cuando  algún  extranjero  «ignorante»  se  permite 
llamarle  Don  Miguel. 

Hoy  no  hay  necesidad  de  tener  dinero  para  te¬ 
ner  don . .  din  dan  don  es  hoy  un  sonido  vano; 

pero  la  vanidad  humana,  con  ser  más  risible  por 
aferrarse  á  no  soltar  lo  que  tan  poco  vale,  quizás 
pudiera  ser  mejor  explotada  que  en  el  siglo  XVII. 

Decrétese  hoy  aquel  impuesto  que  en  1655  pro¬ 
ponían  al  rey  Felipe  IV  para  sostener  entonces 
los  gastos  de  la  guerra,  aquel  arbitrio  el  más 
gracioso  del  mundo;  y  aunque  es  muy  posible  que 
alguno,  como  el  Aretino  cuando  Carlos  V  le  ofre¬ 
ció  el  Don,  conteste  que  «un  Don  sin  Din  es  como 
una  pared  sin  blanquear,  que  sólo  sirve  para  basu¬ 
rero»,  posible  es  que  muchísimos  se  deshagan  del 
din  por  no  deshacerse  del  Don. 

De  ese  modo  hoy  podría  también  procurarse 
dinero  para  la  guerra,  y  ya  que  ahora  no  sea  nece¬ 
sario  ni  exacto  decir:  Din  dan  don ,  podría,  en 
cambio,  decirse  Don  dan  din. 

Y  esto  sonaría  mucho  mejor  en  los  oídos  de  la 
patria. 

Felipe  Pérez  y  González. 


LA  NIÑA  Y  LA  MARIPOSA. 


I. 

De  clavel  en  clavel ,  de  rosa  en  rosa, 
En  el  iardin  florido  revolaba 
Una  alegre  y  pintada  mariposa; 

Y  una  niña,  que  absorta  la  miraba, 
Febril,  entusiasmada  y  anhelosa 
Con  impaciente  afán  la  perseguía, 

Y  al  mirarla  tan  bella  se  decia: 

— ¡Si  pudiese  cogerla!  ¡Es  tan  hermosa! 


II. 

Sobre  un  rojo  clavel  la  mariposa 
Parando  el  vuelo  se  quedó  posada, 

Y  la  niña,  callada  y  sigilosa, 

Alargando  la  mano  codiciosa, 

Consiguió  verla  al  fin  aprisionada 
Entre  sus  dedos  de  marfil  y  rosa. 

La  débil  mariposa,  que  de  lejos 
Como  viviente  llama  relucía 

Del  esplendente  sol  á  los  reflejos, 

Cuando  las  tenues  alas  de  colores 

Con  movimiento  rápido  batía 

Al  volar  del  jardín  entre  las  flores, 

Contemplada  de  cerca,  parecía 

Que  el  polvo  de  oro  en  que  la  luz  fingía 

Del  iris  los  matices  y  cambiantes, 

Y  los  tonos  alegres  y  brillantes 
Que  esmaltaban  sus  hélitros,  perdía. 

Y  mirando  á  la  pobre  mariposa, 

Que  inquieta,  palpitante  y  temblorosa 
Con  inútil  afán  se  retorcía 
Prisionera  en  su  mano  nacarada, 

La  niña  murmuró  desconsolada: 

— ¡No  es  tan  hermosa  como  yo  creía! 

III. 

Abrió  la  blanca  mano ,  y  presurosa 
Volvió  de  nuevo  á  remontarse  al  cielo 
La  ingrávida  y  brillante  mariposa; 

Y  al  verla  desplegar  el  raudo  vuelo, 

La  niña,  arrepentida  y  pesarosa, 

¡Ay! — dijo  con  amargo  desconsuelo — 

¡La  he  dejado  marchar !  ¡Y  es  tan  hermosa!! 

Manuel  de  Sandoval. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 

Suscripción  nacional  por  el  hambre,  en  Rusia:  el  peligro  del  hambre 
por  la  guerra. — Elementos  de  resistencia.—  Los  peregrinos  rusos  de 
Lavra.— La  mujer  anterior  oí  hombre  —  Adán  según  Pontoppidan. 
—  Gramática  alemana  viva. 

*  HfJ  ambién  en  Rusia  están  de  suscripción 
nacional.  No  se  reúnen  fondos  allí 
vi  para  atender  á  las  exigencias  de  la 
guerra,  sino  para  cubrir  las  apre¬ 
miantes  necesidades  del  hambre.  En 
diez  y  seis  gobiernos  cogieron  muy  mala 
cosecha,  y  al  llegar  la  primavera  ni  tie- 
O)  nen  pan  ni  grano  para  la  siembra  de  esta 
•  3  época.  El  Gobierno  ha  podido  enviar  á  las  co¬ 
marcas  centrales  del  Imperio  bastantes  cantida¬ 
des  de  trigo  y  ocho  millones  de  rublos;  pero  es 
tan  grande  el  número  de  los  que  sufren,  que  la 
crisis  aguda  queda  en  pie.  La  suscripción  volunta¬ 
ria  apenas  da  resultados,  porque  el  malestar  eco¬ 
nómico  es  en  Rusia  tan  profundo  como  en  el  resto 
de  Europa.  En  San  Petersburgo,  por  ejemplo,  á 
pesar  de  las  excitaciones  de  la  prensa  y  de  los  es¬ 
fuerzos  de  los  comités  de  socorro,  no  ha  podido 
recaudar  la  Cruz  Roja,  que  es  la  sociedad  encar¬ 
gada  de  reunir  los  fondos  y  distribuirlos,  más  que 
23.000  rublos,  cantidad  insignificante  dada  la  po¬ 
blación  de  la  capital  de  Rusia. 

Si  á  la  deficiencia  de  la  cosecha  del  centro  se 
uniera  dentro  de  dos  meses  la  de  la  zona  meridio¬ 
nal  del  Imperio,  la  catástrofe  sería  inmensa,  no 
sólo  para  los  rusos,  sino  para  toda  la  Europa  occi¬ 
dental,  porque  con  poco  trigo  en  los  puertos  del 
Mar  Negro,  y  acaparado  y  caro  el  de  los  Estados 
Unidos  á  consecuencia  de  la  guerra,  sería  casi  im¬ 
posible  abastecer  á  algunas  naciones  de  nuestro 
continente,  tal  vez  á  las  que  más  consumen.  Na¬ 
die  tendría  la  culpa  de  que  la  inclemencia  de  los 
tiempos,  reduciendo  mucho  las  cosechas,  nos  de¬ 
jara  sin  pan;  pero  todos  cuantos  se  surten  de  la 
América  del  Norte  sufrirían  las  consecuencias  de 
la  incalificable  conducta  de  los  yankees,  que,  al 
provocar  una  guerra  inoportuna,  innecesaria,  in- 
j  usta  é  inmoral,  crea  grandes  dificultades  al  tráfico, 
encarece  el  mercado  y  pone  á  la  marina  mercante 
en  el  caso  de  no  poder  surtirse  de  ese  producto. 
Bien  es  verdad  que  en  cuanto  Inglaterra,  Francia 
ó  Alemania  sientan  la  menor  amenaza  de  hambre, 
acordarán  ,quje  la  guerra  termine,  porque  el  honor 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Mato  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xx  —  323 


internacional  y  la  conciencia  elástica  y  el  afán 
belicoso  de  ver  desde  la  barrera  cómo  se  baten  los 
modernos  buques  de  guerra  podrán  interesarles 
mucho  platónicamente,  y  podrán  dar  toda  la  es¬ 
pera  necesaria  á  que  los  encuentros  se  realicen; 
pero  ni  el  honor,  ni  la  conciencia,  ni  el  entusias¬ 
mo  militar  resisten  á  las  exigencias  de  los  estó¬ 
magos  vacíos,  y  no  hay  potencia  de  primero  ni 
de  cuarto  orden  que  se  atreva  á  resistir  á  la  poten¬ 
cia  del  hambre. 

Las  masas  populares  pobres,  que  viven  en  cons¬ 
tante  sobriedad,  que  comen  poco  y  á  las  que  todo 
les  gusta,  aprovecha  y  satisface,  son  los  únicos 
elementos  sociales  que  pueden  resistir  las  acome¬ 
tidas  de  la  necesidad.  Los  pobres  hijos  de  las  po¬ 
bres  familias  de  los  labradores  españoles  que  hacen 
en  Cuba  campañas  de  tres  y  de  ocho  años  alimen¬ 
tándose  con  arroz,  tocino  y  galletas,  son  invenci¬ 
bles  si  el  clima  infame  no  les  aniquilara;  en  cam¬ 
bio  el  voluntario  (!!)  yankee,  blanco  ó  negro,  en  la 
An tilla,  el  inglés  en  el  valle  del  Nilo,  arrojan  la 
carabina  y  se  tumban  en  el  suelo  si  no  comen 
bien,  si  les  faltan  las  carnes  y  las  conservas,  las 
galletas  finas,  el  té,  los  alcoholes  y  la  vida  confor- 
,  table,  es  decir,  alcohólicamente  regalona  y  voraz, 
que  la  gente  anglo-sajona  usa  en  su  tierra,  lo  mis¬ 
mo  en  los  tugurios  callejeros,  que  en  la  existencia 
cómoda  de  la  familia,  que  en  la  sociedad  de  di¬ 
nero. 

•  « 

En  Rusia  misma,  á  pesar  del  hambre,  se  da  hoy 
el  espectáculo  de  poder  contemplar  cómo  millares 
de  personas,  consumidas  por  ella  y  que  parece  que 
viven  del  aire,  se  agitan  y  recorren  inmensos  te¬ 
rritorios  sostenidas  por  el  fanatismo,  que  es  una 
de  las  excusas  más  usadas  para  disculpar  la  holga¬ 
zanería.  En  estos  días  se  está  verificando  la  pere¬ 
grinación  de  los  devotos  vagabundos  de  distintos 
gobiernos  ó  comarcas,  tan  lejanas  algunas  como 
las  de  Tchernigoff  y  varias  de  Siberia,  al  monas¬ 
terio  de  Lavra,  cerca  de  Petchersk,  región  de 
Kieff,  donde  se  venera  á  San  Nicolás  y  á  otros 
muy  afamados  santos  nacionales,  que  están  repre¬ 
sentados  en  el  pórtico  de  aquel  templo  en  anti¬ 
quísimas  imágenes.  Imposible  es  darse  idea  de  lo 
extraño  de  semejantes  desfiles  de  peregrinos.  No 
sólo  en  cada  gobierno,  sino  en  cada  valle  ó  tierra 
de  las  regiones  rusas,  cambian  las  formas  de  los 
trajes,  jamás  relacionados  con  la  moda  ni  con  los 
gustos  modernos  con  que  se  atavían  los  habitantes 
de  las  villas  y  ciudades,  pudiendo  asegurarse  que 
la  indumentaria  que  les  caracteriza  es  la  misma 
que  usaron  hace  dos  ó  tres  siglos.  Muchos  curiosos 
hay  que  van  desde  San  Petersburgo,  desde  Yarso- 
via  y  desde  las  ciudades  alemanas  próximas  á  la 
frontera,  á  presenciar  el  paso  de  los  peregrinos  de 
la  Rusia  oriental  por  las  calles  y  plazas  de  Kieff, 
á  la  gran  vía  de  Alejandro,  por  la  que  avanzan 
en  verdaderas  legiones,  como  los  rebaños  de  me¬ 
rinos  por  el  centro  de  las  ciudades  viejas  de  Cas¬ 
tilla.  La  peregrinación  arrastra  á  toda  la  masa  de 
los  pueblos,  lo  mismo  á  los  hombres  adultos,  que 
á  los  viejos,  que  á  los  niños,  que  á  las  mujeres. 
Estas  son  las  que,  por  sus  raros  atavíos  y  vesti¬ 
mentas,  por  sus  originales  tipos,  llaman  más  ex¬ 
traordinariamente  la  atención.  Los  abrigos  y  las 
faldas  son  de  chillones  matices,  rojos,  verdes, 
amarillos  y  rayados  como  telas  ordinarias  de  jer¬ 
gón;  cúbrense  con  mantos  blancos  que  se  atan  á  la 
cintura,  dejando  sueltas  sus  puntas  delanteras  y 
llevando  recogida  por  detrás  en  abultados  dobles, 
á  estilo  de  abultado  polisón,  toda  la  caída  ó  re¬ 
borde,  para  que  se  vean  bien  los  pliegues  y  toscas 
labores  de  la  falda.  Calzan  muchas  de  ellas  enor¬ 
mes  botas,  y  en  cambio  llevan  las  más  los  zapatos 
en  la  mano,  porque  jamás  se  los  ponen  en  su  pue¬ 
blo,  y  además  por  penitencia  y  por  economía.  El 
tocado  ostenta  infinidad  de  formas:  las  mujeres 
bien  acomodadas,  ó  cosa  semejante,  envuelven  su 
cabeza  en  cerrada  toca  para  conservar  bien  el  ca¬ 
bello,  y  sólo  dejan  ver  el  óvalo  del  rostro;  en  cam¬ 
bio  las  pobres,  las  más,  se  lían  alrededor  del  mo¬ 
ño  un  trapo,  cuyas  puntas  atan  debajo  de  la  barba; 
otras  llevan  encasquetado  el  gorro  alto  de  pieles; 
otras  lucen  las  enmarañadas  crenchas,  jamás  pei¬ 
nadas  ni  atusadas,  que  caen  sobre  la  espalda;  otras, 
en  fin,  llevan  á  estilo  de  turbante  diversas  ban¬ 
das  de  tejidos  de  distintos  colores,  exornados  con 
prendidos  y  joyas  baratas  que  hacen  juego  con  los 
pendientes  y  los  múltiples  pollares  de  cuentas  me¬ 
tálicas  del  cuello  y  del  pecho.  Hombres  y  muje¬ 
res  van  cargados  con  heterogéneos  equipajes,  sa¬ 
cos,  atos,  maletas,  cestos  y  largos  báculos  ó  palos 
que  sirven  para  sostener  sobre  los  hombros  el  mi¬ 
serable  ajuar  y  provisiones  de  las  familias. 

Al  llegar  al  pórtico  de  San  Nicolás,  en  Lavra, 
se  amontonan  para  besar  los  pies  de  la  imagen 
del  Santo  y  para  tocar  con  trozos  de  lienzo  blan¬ 
co,  recortados  á  propósito,  las  vestiduras  de  otras 


imágenes  misteriosas,  retazos  que  besan,  guardan 
y  veneran  como  reliquias  y  amuletos  y  como  re¬ 
cuerdo  de  la  peregrinación.  Los  monjes  de  Lavra 
recogen  cuantiosas  limosnas,  depositadas,  ochavo 
á  ochavo,  por  millares  de  peregrinos,  y  pagan  con 
bendiciones  los  fervientes  saludos  y  oraciones  que 
los  fieles  lanzan  en  la  confusa  algarabía  allí  rei¬ 
nante. 

Cumplidos  los  votos,  visitados  los  santuarios, 
entregadas  las  dádivas  piadosas  y  recogidas  las  re¬ 
liquias,  vuelven  los  peregrinos  hacia  sus  comarcas, 
dispersándose  en  todas  direcciones  y  perdiéndose 
en  los  inmensos  horizontes  de  aquellas  tristes  es¬ 
tepas,  con  el  espíritu  lleno  de  fe  y  el  estómago 
casi  vacio  á  prueba  de  todas  las  hambres  que  lle¬ 
nan  de  espanto  á  los  pueblos  cómodos,  pero  que 
se  remedian  en  la  salvaje  vida  rural  con  un  pu¬ 
ñado  de  raíces  cocidas,  con  una  masa  alimenticia 
que  llaman  pan  y  con  unos  sorbos  de  agua  y  algu¬ 
nos  tragos  de  aguardiente  indefinible,  extraído  de 
no  se  sabe  dónde,  y  fabricado  por  el  procedimiento 
de  Balarrasawieff  y  Compañía. 

• 

•  * 

No  se  han  sublevado  en  los  Estados  Unidos  los 
pieles  rojas ,  pero  es  indudable  que  se  van  á  insu¬ 
rreccionar  las  pieles  rubias .  Hace  estragos  en  aque¬ 
lla  tierra  del  disloque  la  fiebre  del  feminismo. 
Las  yankees  no  irán  á  Cuba,  ni  á  ninguna  parte, 
en  calidad  de  amazonas,  pero  es  seguro  que  van  á 
invadir  las  casas  de  todos  los  prójimos  para  que 
imperen  en  ellas,  única  y  exclusivamente,  las  pró¬ 
jimas.  Semejante  pretensión  necesitaba  una  base 
histórica,  induditable,  que  dejara  establecida  la 
primacía  de  la  mujer  en  el  mangoneo  de  vida  so¬ 
cial  de  la  humanidad.  Pues  bien;  esta  base  existe, 
ya  que  el  superior  talento  de  una  señora  ha  dado 
con  ella.  Esta  señora,  Mrs.  Gamble,  había  publi¬ 
cado  hace  algún  tiempo  una  obra  originalísima, 
titulada:  Emancipación  de  la  mujer ,  en  la  que,  se¬ 
gún  la  autora,  quedó  demostrada  la  superioridad 
moral  y  física  de  la  mujer  sobre  el  hombre,  con 
arreglo  á  los  principios  científicos  de  la  teoría 
evolucionista.  Fue  el  libro  muy  ensalzado  entre 
las  faldas  revolucionarias,  y  ante  tan  entusiasta 
acogida,  escribió  Mrs.  Gamble  otra  obra,  mucho 
más  estupenda,  que  intituló:  La  idea  de  Dios  entre 
los  antiguos ,  ó  el  sexo  en  la  religión .  El  trabajo  es 
muy  escabroso  y  pertenece  al  género  peor,  y  en¬ 
tre  las  muchas  afirmaciones  ó  extravagancias  ori¬ 
ginales  que  contiene  figuran  éstas:  El  elemento 
femenino  precedió  en  la  naturaleza  al  masculino. 
Las  diosas  son  más  antiguas  que  los  dioses:  Astarte 
fué  anterior  á  Baal;  Hera  a  Zeus;  Iris  á  Osiris; 
Eostra  á  Odín.  La  mujer,  en  el  primer  período  de 
la  humanidad,  se  representó  por  la  serpiente,  esto 
es,  por  el  diablo,  personaje  anterior  al  hombre. 

A  esta  sarta  de  desatinos  engancha  los  siguien¬ 
tes:  Noé  fue  Menú,  el  legislador  indio;  Noé  fué 
un  dios  marino,  una  especie  de  pez  ó  pejenaute 
antediluviano;  Abraham  fué  el  primero  de  los 
druidas;  los  griegos  son  los  descendientes  de  los 
y  avanas  indios;  los  jonios  son  los  antiguos  adora¬ 
dores  de  la  diosa  Yon,  expulsados  de  la  India  por 
no  haber  querido  admitir  que  el  espíritu  creador 
fuera  masculino. 

Este  modernismo  filosófico  femenino  yankee  es 
de  lo  más  cómico  y  divertido  que  puede  imagi¬ 
narse  en  el  proceso  de  las  aberraciones  de  la  fan¬ 
tasía  humana.  Sin  embargo,  aun  se  puede  encon¬ 
trar  algo  más  cómico  y  ridículo  que  estos  engen¬ 
dros,  y  es  el  que  haya  gentes  que  lo  tomen  en 
serio. 

• 

«  # 

Para  que  forme  pendant  con  esta  chifladura  de 
las  nietas  del  tío  Sam,  hágase  cargo  el  lector  de 
los  descubrimientos  bíblicos  (!!)  que  acerca  de  la 
historia  de  la  creación  de  Eva  en  el  Paraíso  ha  rea¬ 
lizado  en  Noruega  un  vecino  de  Ibsen,  el  literato 
R.  Henric  Pontoppidan:  «Vivía  Adán  en  el  Pa¬ 
raíso,  solo  y  completamente  aburrido,  tumbado 
en  la  hierba  é  imitando,  por  pasar  el  tiempo,  los 
cánticos  de  los  pájaros,  los  rugidos  de  las  fieras  y 
los  estruendos  de  los  vientos  y  de  las  tormentas. 
Viéndole  Dios  así,  tuvo  lástima  de  él  y  compren¬ 
dió  que  le  hacía  falta  una  compañera.  Para  propor¬ 
cionársela  ocurrió  lo  que  es  sabido:  le  sacó  una 
costilla  mientras  dormía,  y  al  despertar  le  presen¬ 
tó  á  la  nueva  divina  criatura,  diciéndole: — Aquí 
tienes  á  Eva.  Comparte  con  ella  tu  vida  y  permane¬ 
ced  unidos,  como  es  mi  voluntad. — Algún  tiempo 
después  llamó  el  Señor  á  Adán  y  le  preguntó  cómo 
le  iba  en  su  nuevo  estado.  Adán,  medio  loco  y 
tembloroso,  se  echó  á  sus  pies  y  contestó: — ;  Padre, 
Señor,  sacadme  las  demás  costillas  y  hacedme  con 
ellas  otras  tantas  Evas!— Desde  entonces  compren¬ 
dió  el  Creador  que  el  mundo  estaba  perdido,  y  sin 
detenerse  á  mirar  á  Adán,  llamó  á  un  arcángel, 


cuyas  alas  eran  de  oro,  y  le  dijo: — Desenvaina  tu 
espada  y  expulsa  de  mi  Paraíso  á  un  hombre  y  á 
una  mujer  que  encontrarás  en  él  para  que  vayan  á 
morir  de  hambre  y  de  pesadumbre  en  el  desier¬ 
to.»  Tal  es  la  sátira  filosófica  del  insigne  Pontop¬ 
pidan,  mucho  más  humorística  que  Lis  fantasías 
de  Mrs.  Gamble. 

* 

«  « 

El  tétrico  país  del  Norte,  lo  mismo  en  Europa 
que  en  América,  ridiculiza  los  ideales  del  amor 
por  falta  de  calor  en  la  sangre  y  de  luz  en  el  cere¬ 
bro.  En  cambio  entre  la  gente  meridional  todo  se 
presta  é  invita  á  sentir  y  á  querer,  y  de  todo  se 
saca  partido  para  ensanchar  los  horizontes  de  la 
alegría.  Durante  el  período  de  vacaciones,  muchos 
Jóvenes  extranjeros  que  concurren  á  la  Universi¬ 
dad  de  Ginebra,  y  que  usan  el  francés  como  len¬ 
gua  cosmopolita,  aprenden  el  alemán  por  un  pro¬ 
cedimiento  encantador.  Buscan  una  novia  proce¬ 
dente  de  los  cantones  del  Norte  de  Suiza,  donde 
se  habla  esta  lengua,  ó  una  alemana  legítima,  sa¬ 
jona,  bávara  ó  prusiana,  y  recorren  con  ella  á  dia¬ 
rio  los  pintorescos  valles,  vericuetos  y  rincones 
de  las  orillas  del  lago  y  del  gran  río.  Ellas  hablan 
generalmente  el  francés  y  el  alemán  con  igual  fa¬ 
cilidad.  Ellos  intentan  aprender,  y  aprenden  poco 
á  poco,  el  alemán,  obligados  por  el  propósito  que 
se  imponen  de  entenderse  con  ellas  en  esta  len¬ 
gua,  y  dirigidos  y  aleccionados  por  las  correccio¬ 
nes  cariñosas  que  las  muchachas  aplican  á  sus  erro¬ 
res  y  torpezas.  Y  luego  que  con  unas  semanas  de 
noviaje  se  entiende  casi  de  corrido  el  sajón  po¬ 
pular,  ponderan  juntos  las  excelencias  de  este 
método,  que  irónicamente  llaman  «de  la  Univer¬ 
sidad».  Entre  otras  muchas  composiciones  estu¬ 
diantiles  que  así  lo  consagran,  es  muy  espiritual 
y  curiosa  la  siguiente,  sostenida  en  diálogo  por  la 
profesora  y  el  alumno : 

« — Lieben — aimer, 

On  nous  fait  conjuger  des  Yerbes; 

— Easen  —  m&nger, 

Nous  avons  des  appétits  superbes ! ; 

— Spazieren — promener, 

Nous  montons  tous  les  jours  au  S&léve; 

—  Traumen — rérer . ; 

C’est  la  méthode  de  l’Université 
De  Genéve!» 

Después  de  estos  dulces  coloquios,  dígale  cual¬ 
quiera  á  los  chicos  que  Mrs.  Gamble  opina  que  la 
mujer  fué  anterior  al  hombre,  ó  que  Pontoppidan 
sabe  que  fué  posterior,  y  que  Adan  quería  quedar 
completamente  descostillado,  y  ellos,  riéndose  de 
semejantes  extravagancias,  repetirán:  <c Lieben, 
essen,  spazieren,  traumen »,  que  es  lo  que  anhela 
la  juventud  ajena  á  la  fiebre  feminista  y  á  la  ta¬ 
rea  de  descifrar  jeroglíficos  paradisiacos., 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  naát*  per* timado  de  loa  jabonea  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabello*** 

3  grandes  premios.  21  medallas  de  ero.— Fuera  de  oononrss 
4,  PLACE  DE  L’OPÉRA,  PARIS 

De  Tenia  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


CREMA  DE  LA  MECA 

hipoitanti»  receta  para  Blanquear  el  Cutís,  una  y  bénéflca.  —  Basta  usa 
pequeñísima  cantidad  para  adarar  el  cutis  más  obscuro  y  darle  la  blancura  suave  y 
■acarada  del  maiílL(Preo/oe/r  Aar/s,6*.)DU8SlR,1.RueJ.-J.RousaaautParis. 


1  WUIPO  o  pi*  (Antigua  osas  de  EHILE  PIHSAT),  SO.  rué 
A.  n  AuuDO  &  u-  Louis-U-Orand, Parta.— TRAJES  Y  ABRIGOS 
La  casa  que  viste  á  las  señoras  con  máB  elegancia,  riqueza  y  buen  gu*to 


BOYAL  HOUBIGANT  SZUSfiZ 

fumista,  19,  Faubourg  8*  Honoré,  París, 


Perfumería  exótica  SENET,  35,  ruedu  Quafcre  Septembre. 
París.  (  Véanse  los  anuncios, ) 


Perfumería  Ninon ,  M&Ison  LECONTE,  31,  rué  du  Quatrc- 
Septembre.  (  Véanse  las  amando*.) 


LA  FohfaTIMa  IaLI  8HES  es  el  mejor  alimento  país 
nifío*  desde  la  edad  de  6  á  7  mesen,  principalmente  en  el  destete 
y  en  el  periodo  del  crecimiento.  Tiene  un  gusto  muy  agradable 
y  es  de  tacitísima  digestión.  París ,  6,  Avenue  Victoria . 


tyioíeltepucafe 

SA  VOS  -  E8SENCE  —  EAU  DE  TOILETTE 
POODRE  DE  *12 

L.  T«  PIVER  A  PARIS 


B1  VINO  de  PIPTONA  OATILLON,  el  mq/or  reconstituyente 
do  /as  fuerzas,  rettabieoe  •/  apetito  y  /as  digestiones  •  Enfermedades 

MIBTOUAOO,  LANGUIDEZ,  ANEMIA, «fu. 


Digitized  by  ^.ooQie 


324  —  n.®  xx 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Mito  1898 


SANTIAGO  DE 


CUBA.— PESCADORES  DE  CAYO  SMITH,  PRÓXIMO  Á  LA  CAPITAL. 


(De  fotografía.) 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

pin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARABIBA  i  ¿S, 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias).  gastritis,  acedías,  disenteria,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  higado,  riñones  y  sangre.— 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  >  Es  también  el  mejor  alimento  para  cnar  &  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Do  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres.  » 


ARI-SANTA,  por  D.  ANTONIO  de  TRUEBA 

Es  una  de  las  mejores  obras  literarias  del  ilustre  Antón  el  de  los  Cantares , 
moral,  instructiva  y  amenísima. 

Forma  ún  elegante  volumen  en  8.°  mayor  francés,  y  se  vende  á  4  pesetas 
en  la  Administración  de  este  periódico,  Madrid,  calle  del  Arenal,  núm.  18. 


LICOR  DEL  POLO  DE  ORIVE 

Nada  hay  tan  desagradable  como  una  dentadura  sucia,  una  boca  do  olor  fétido,  unas  encías  pᬠ
lidas  y  blandas.  Las  señoritas  que  poseen  el  arte  de  la  belleza  y  que  saben  lo  que  más  encanta  al 
hombre,  sostienen  sus  dientes  con  hermoso  y  nacarado  marfil,  las  encías  duras  y  rosadas  como  el 
carmín  y  la  boca  deliciosamente  perfumada  por  la  menta  y  la  rosa,  con  el  uso  diario  del  más  ba¬ 
rato  y  mejor  de  lo*  dentífricos  del  mundo  Licor  del  Polo  de  Orive.  Por  mayor,  Melchor 
García,  Capellanes,  1,  Madrid. — Al  detalle,  en  todas  las  farmacias  y  perfumerías. 


Bu  toda,  olas©  de  vóailtce  y  diarreas,  y  en. 
toda  clase  de  Indisposiciones  del  tn^bo  di¬ 
gestivo,  emplead  los 

Salicilatos  de  VIVAS  PÉREZ 

adoptados  de  Real  Orden 
POR  EL  MINISTERIO  DE  MARINA  Y  POR  EL  DE  QUERRA 

Los  recomiendan  indiscutibles  autoridades  médicas. — Celebran  con  entu¬ 
siasmo  sus  efectos  cuantos  los  usaron.  .  ,  .„  . 

Depósito  en  todas  las  farmacias  acreditadas  del  mundo.— Son  falsificadas 
las  cajas  que  no  lleven  prospecto  con  inscripción  trasparente. 


CUADROS  VIEJOS 

POR 

D.  JULIO  MONREAL 


Colección  de  pinceladas,  toques  y  esbozos, 
representando  costumbres  españolas  del  si* 
glo  XVII. 

Un  tomo,  en  8.°  mayor  francés,  que  se 
vende,  á  4  pesetas,  en  la  Administración  de 
este  periódico,  Madrid,  calle  del  Arenal,  18. 


OBRAS  POÉTICAS 

DB 

E).  JOSÉ  VELARDE 

DB  VBKTA  EX  LA  A DMHU8TRACXÓN  DB  BfiTB  PERIÓDICO 

AREMAL,  18,  MADRID. 

Peseta*. 


Alegría  (poema) .  1 

El  Holgadero.  (Segunda  parte  de  Ale¬ 
gría.)  (Idem) .  1 

Fernando  de  Laredo  (ídem) .  1 

La  niña  de  Gómez- Arias  (ídem) .  1 

El  año  campestre  (ídem) .  1 

Teodomiro,  ó  la  Cueva  del  Cristo 
(ídem) .  2 


MAPA  DE  LA  ISLA  DE  CUBA. 

En  la  Administración  de  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid,  hállase  de  venta  el  Mapa  de  la  Isla  de  Cuba  más  com¬ 
pleto  de  todos  los  publicados  hasta  el  día. 

Este  mapa,  esmeradamente  impreso  á  cinco  tintas,  está  dividido  en  dos 
hojas,  comprendiendo  una  la  parte  oriental ,  y  la  otra  la  occidental  de 
la  Isla.  Es  indispensable  á  todos  cuantos  quieran  seguir,  en  todos  sus  de¬ 
talles,  las  operaciones  militares  en  la  Isla  de  Cuba. 

El  precio  de  venta  en  toda  España  es  de  2  pesetas  cada  hoja,  ó  sean 
4  pesetas  el  mapa  completo. 


CDDfrOS,  POR  D.  JOSÍ  RRHÍHDIZ  BRffill 

De  venta  en  las  oficinas  de  La  Ilustración 
Española  t  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


REUMATISMO 

Se  alivia  á  la  primera  untura  del  prodigioso 
Bálsamo  Antireumático  de  Orive,  reco¬ 
nocido  como  irreemplazable  en  todo  el  mundo 
para  calmar  en  el  acto  los  mis  indomables  ata¬ 
ques  de  reuma.  En  los  casos  más  desesperados  es 
el  consuelo  de  los  enfermos  y  el  crédito  de  los  mé¬ 
dicos  que  lo  recetan.— En  todas  las  formadas. 
Por  mayor:  Bilbao,  Orive,  y  en  Madrid,  M.  Garda. 


Impreso  oon  tinta  de  Xa  fábrica'  LOMLLEPI  j  C.%  16,  rae  Suger,  París. 


Reservados  todos  Tos  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.— Establecimiento  tipolitográfleo  c  Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  ^.ooQie 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 


AÑO. 

SEMESTRE. 

TRIMESTRE. 

Madrid . 

35  pesetas. 

18  pesetas. 

10  pesetas. 

Provincias . 

40  id. 

21  id. 

11  id. 

Extranjero . 

60  francos. 

26  francos. 

14  francos. 

¥ 

ANO  XLII.  —  NUM.  XXI. 


& 


administración: 
ARENAE,  18. 


Madrid,  8  de  Junio  de  1898. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN.  PAGADEROS  EN  ORO. 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipina*. 
Demás  Estados  de  América  y 
Asia . 


AÑO. 


12  pesos  fuertes. 
60  francos. 


SEMESTRE. 

7  pesos  fuertes. 
86  francos. 


Excmo.  Sr.  D.  GERMÁN  GAMAZO, 

MINISTRO  DE  FOMENTO. 

'  (De  fotografía  do  M.  Huerta.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


326  —  n.°  xxi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Junio  1898 


SUMARIO. 


Texto.— Crónica  general»  por  D.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenco.— Episodios  de  guerra  ma¬ 
rítima,  por  D.  Cesáreo  Fernández  Duro.  —  Desayuno  de  gorrión, 
por  D.  Alfonso  Pérez  Nievo.  — Eucaristía,  poesía,  por  D.  Carlos 
Luis  de  Cuenca.  —  Corpa*  Chriati ,  por  D.  Anselmo  Gascón  de  Go- 
tor,  C.  d^la  Peal  Academia  de  San  Fernando.  —  Las  recientes  apli¬ 
caciones  del  horno  eléctrico,  por  D.  José  Rodríguez  Mourelo.— 
Los  que  se  fueron.  Valeriano  D.  Bécquer,  por  D.  E.  de  Lustonó.— 
Pueblos  delincuentes,  por  D.  Benito  Mariano  Andrade  — Por  ambos 
mundos.  Narraciones  cosmopolitas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de 
Bengoa.  — Sueltos.  — Importante. —  Libros  presentados  á  esta  Re¬ 
ducción  por  autores  ó  editores,  por  C.— Anuncios. 

Grabados.  — Retrato  del  Excmo.  Sr  D.  Germán  Oamazo ,  ministro 
de  Fomento.  —  Retrato  de  la  Baronesa  de  Janzé.— Retrato  de  don 
Emilio  Díaz  Moreu.  capitán  de  navio  — La  guerra  entre  España  y 
los  EE.  UU.  de  Norte- América:  El  acorazado  de  segunda  clase 
Cristóbal  Colán ,  que  combatió  en  Santiago  de  Cuba  contra  la  escua¬ 
dra  del  comodoro  Schley.  Vistas  de  Santiago  de  Cuba:-Entrada 
de  la  bahía.  Castillo  del  Morro.  La  población  y  la  bahía.  Muelle 
grande.  Trabajos  de  fortificación  en  la  costa  de  Santiago  de  Cuba. 
—  Retrato  del  Excmo.  Sr.  D.  Juan  Manuel  Sánchez  y  Gutiérrez  de 
Castro,  ministro  de  Estado.— Alegoría  del  Carpios  Chritstú  —  Bellas 
Artes:  Un  dia  de  Mayo,  cuadro  de  Félix  Mestres  Borrell.  —  Retrato 
de  Mr.  Goschen,  primer  lord  del  Almirantazgo  de  Inglaterra.— 
Barcelona:  Feria-Concurso  Agrícola,  inaugurada  el  &  de  Mayo 
próximo  pasado.  —  París  (Francia):  Exposición  del  palacio  de  la 
Baronesa  de  Janzé. 


CRÓNICA  GENERAL. 


.A  discusión  de  los  Presupuestos  no 
daba  juego,  como  dicen  en  su  tecni¬ 
cismo  especial  los  parlamentarios;  la 
de  la  plata  fue  acogida  como  un  entre¬ 
tenimiento;  pero  prohibida  la  expor¬ 
tación,  que  por  lo  menos  convierte  ante 
la  ley  en  criminal  al  especulador  y  dis¬ 
minuye  sus  ganancias,  y  evita  ó  decrece  la 
posibilidad  del  conflicto  que  se  intentaba  oca¬ 
sionar,  estaba  el  asunto  agotado  en  su  aspecto  pin¬ 
toresco  para  los  que  hacen  de  la  ciencia  política 
un  ejercicio  semejante  al  de  los  reñideros  de  ga¬ 
llos.  La  cosa,  sin  embargo,  tenía  miga  para  el  pú¬ 
blico:  tratábase  nada  menos  que  de  exigir  al  ciu¬ 
dadano  un  tanto  por  ciento  en  la  moneda  de  papel 
que  hubiera  en  el  fondo  de  todos  los  bolsillos,  sin 
el  riesgo  de  meter  la  mano  en  ellos  para  sustraer 
esos  millones;  de  dificultar  el  pago  de  los  jornales 
y  los  giros  para  las  atenciones  de  guerra,  y  de  dar 
á  la  plata  un  precio  que  no  tiene:  era,  hablando 
en  plata  también,  especie  de  traición,  si  no  por  las 
intenciones,  que  salvamos,  por  las  consecuencias 
que  pudo  producir.  Es  verdad  que  el  negocio  no 
tiene  entrañas:  clava  sus  dientes  con  la  irrefle¬ 
xión  de  la  criatura  ansiosa  que  mama  hasta  exte¬ 
nuar  á  su  nodriza,  y  está  clavándonos  Jas  garras 
en  todas  formas,  ya  ocultando  y  encareciendo  el 
trigo,  ya  subiendo  el  precio  de  muchos  géneros 
indispensables  que  en  conciencia  no  han  sufrido 
los  quebrantos  y  recargos  que  se  hacen  pagar  al 
público,  y  contribuyendo  al  malestar  con  su  indi¬ 
ferencia  y  falta  de  generosidad  y  patriotismo  en 
que  parecen  puestos  en  competencia  las  gentes  de 
negocio  y  los  que  viven  de  la  política. 


Otro  hecho  muy  distinto  ha  fijado  nuestra  aten¬ 
ción  en  estos  días.  La  repetición  de  telegramas 
provinientes  de  diversas  capitales  extranjeras,  en 
que  se  nos  aconseja  pidamos  la  paz  por  conducto 
de  otra  potencia  á  Mr.  Mac-Kinley,  el  que  nos  de¬ 
claró  la  guerra,  y  el  cual,  según  los  telegramas,  se 
hallaría  dispuesto  á  otorgárnosla  si  le  cediéramos 
Puerto  Rico,  diéramos  la  independencia  á  Cuba 
con  un  protectorado,  y  dejásemos  á  las  potencias 
resolver  respecto  de  Filipinas:  esto  es  lo  que  se 
tantea,  con  pocas  variantes.  Y  todo  ¿por  qué?  Por 
la  razón  sencilla  de  ser  lo  que  más  conviene  á 
nuestros  enemigos  y  á  la  tranquilidad  del  mundo, 
que  dejaron  perturbar  las  naciones  que  se  sienten 
molestadas.  No  hacemos  á  ningún  español  la  inju¬ 
ria  de  acoger  tan  mala  idea:  desde  que  las  Cáma¬ 
ras  norteamericanas  nos  ordenaron ,  y  su  Presi¬ 
dente  intimó  renunciar  á  toda  autoridad  en  Cuba 
y  retirar  nuestras  fuerzas  de  mar  y  tierra  de  aque¬ 
lla  posesión  secular,  hemos  sido  aún  más  agravia¬ 
dos  y  ofendidos  por  lo  de  la  sangre  generosa  de¬ 
rramada  en  Cavite,  la  captura  de  inofensivos 
barcos  mercantes  antes  de  la  declaración  formal 
de  guerra,  bombardeo  sin  aviso  de  nuestras  pla¬ 
zas,  uso  de  nuestra  bandera  para  atacarnos,  y  de 
proyectiles  reprobados.  Por  consiguiente,  no  he¬ 
mos  de  pedir  la  paz  por  gratitud.  ¿La  pediríamos 
por  temor?  No  le  tuvimos,  ó  predominó  sobre  éste 
la  vergüenza,  cuando  rechazamos  mucho  menores 
exigencias,  sucediera  lo  que  sucediese.  Y  desde 
entonces,  ¿qué  ha  ocurrido  fuera  de  lo  de  Cavite, 
que  es  el  principio  de  una  partida  problemática? 
Que  sus  escuadras  han  sido  rechazadas  y  averia¬ 
das,  hasta  el  momento  de  escribir,  en  Cárdenas, 
Matanzas,  Cienfuegos,  Guantánamo,  Santiago  de 
Cuba  y  Puerto  Rico.  Somos  los  agredidos  ó  inju¬ 


riados,  no  los  vencidos  á  quienes  se  impone  inso¬ 
portables  condiciones. 

Esa  paz  ignominiosa  sólo  sería  aceptable  des¬ 
pués  de  terribles  desastres  reveladores  de  impo¬ 
tencia.  A  Mac-Kinley,  que  nos  expulsó  de  Cuba, 
corresponde  hacer  efectiva  su  amenaza,  forzar  con 
sus  escuadras  nuestros  puertos  y  vencer  á  nuestros 
soldados :  hasta  ahora  su  famosa  intervención  pa¬ 
cificadora  sólo  ha  logrado  aumentar  los  males  de 
Cuba  y  extenderlos  á  otras  islas;  íntegras  están  en 
España  y  las  Antillas  nuestras  baterías  y  nuestras 
escuadras  modernas;  íntegro  el  Ejército,  íntegro 
el  honor  de  la  bandera,  y  los  corazones  que  le 
defienden  llenos  de  ardimiento.  ¿Hemos  de  ha¬ 
cerles  traición  confesando  su  impotencia?  ¿Quién 
es  el  infame  y  el  imbécil  que  habla  aún  de  paces 
vergonzosas? 

Si  las  hiciéramos,  dentro  de  diez  años  nos  des¬ 
pedirían  de  las  Canarias,  luego  de  las  Baleares  y 
luego  nos  desterrarían  al  Africa,  y  harían  bien; 
que  esa  es  la  suerte  de  los  pueblos  que  no  se  saben 
defender.  Mientras  que  si  España  es  fuerte  y  dura, 
y  hiere  y  corta,  ya  se  mirarán,  aun  los  fuertes  y 
osados,  antes  de  atreverse  con  nosotros.  Si  no  por 
patriotismo,  por  conveniencia,  por  espíritu  sim¬ 
plemente  mercantil,  debemos  defender  nuestro 
derecho. 


Nuestros  marinos,  nuestros  artilleros  del  Morro 
y  baterías  de  La  Socapa  y  Punta  Gorda  en  Santiago 
de  Cuba;  el  crucero  Cristóbal  Colón ,  que  manda 
Díaz  Moreu,  tuvieron  la  honra  de  rechazar  el  pri¬ 
mer  ataque  á  Santiago  de  Cuba,  haciendo  retirarse 
á  los  acorazados  que  embestían  á  la  plaza.  Los  mis¬ 
mos  artilleros  terrestres  y  los  buques  menores  que 
vigilaban  el  canal  echaron  á  pique  al  Merry  Mac 
ó  hicieron  huir  al  acorazado  que  trataba  de  forzar 
la  entrada  del  puerto  en  el  silencio  de  la  noche, 
dos  días  después.  Un  teniente  de  navio,  un  maqui¬ 
nista  y  varios  tripulantes,  fueron  recogidos  en 
aquel  naufragio  y  hechos  prisioneros.  Podrán  las 
vicisitudes  de  la  guerra  y  la  suerte  de  las  armas 
sernos  desfavorables  en  los  azares  de  la  lucha. 
Hasta  ahora,  Cuba  y  Puerto  Rico  muerden  á  los 
yankees .  Estos  han  adoptado  la  fórmula  de  llamar 
reconocimientos  á  los  ataques  fracasados.  No  se 
exponen  tantos  buques  de  los  mejores  de  una  es¬ 
cuadra  para  esa  operación,  ó  si  se  hace,  tiene  el 
segundo  alcance  de  aprovecharse  de  la  sorpresa 
para  un  golpe  atrevido,  según  dicen  los  inteligen¬ 
tes;  ni  se  retiran  tantos  buques  á  la  vista  de  su  es¬ 
cuadra  averiados,  sin  haber  obtenido  alguna  ven¬ 
taja  que  influya  en  la  moral.  Y  en  cuanto  al  ataque 
nocturno,  no  pueden  negar  que  fué  una  sorpresa 
frustrada  que  les  costó  un  buque,  y  víctimas  y  pri¬ 
sioneros  sin  ninguna  utilidad  y  con  detrimento  de 
la  confianza  de  las  fuerzas  en  la  pericia  y  acierto 
de  sus  jefes. 

Explica  el  enemigo  este  fracaso  como  un  éxito, 
afirmando  con  gran  frescura  que  trató  de  obstruir 
el  canal  de  salida  echando  á  pique  el  Merry  Mac . 
Aun  aceptando  la  intención,  no  fué  realizada,  ni  el 
acorazado  que  protegía  la  operación  pudo  salvar  á 
los  tripulantes  del  buque  auxiliar.  Si  aceptásemos 
la  versión  de  que  el  Merry  Mac  fue  sacrificado  vo¬ 
luntariamente  para  no  conseguir  nada,  la  respon¬ 
sabilidad  del  jefe  yankee  sería  mayor  por  lo  pue¬ 
ril  del  intento,  toda  vez  que  la  dinamita  hubiera 
desobstruido  en  pocas  horas  el  canal;  y  si  conta¬ 
ban  con  esto,  claro  es  que  no  se  trataba  de  ence¬ 
rrar  á  nuestra  escuadra  para  siempre,  sino  el 
tiempo  necesario  para  cañonear  las  baterías  sin  la 
presencia  exterior  de  un  crucero  nuestro,  lo  cual 
demuestra  que  en  la  última  jornada  les  estorbó 
mucho  el  Colón.  ¿Encerraría  el  Merry  Mac  alguno 
de  esos  artificios  explosivos  que  ponderaban  los 
norteamericanos?  Si  es  así,  el  no  haber  reven¬ 
tado  aquéllos  ni  incendiado  el  buque  la  explo¬ 
sión  de  que  fué  víctima,  prueba  una  vez  más  que 
las  minas  exteriores  hunden  instantáneamente 
los  buques  sin  dar  lugar  á  otros  fenómenos,  y  me¬ 
nos  al  incendio,  por  lo  cual  interior,  y  muy  inte¬ 
rior,  debió  ser  la  causa  de  la  voladura  del  Maine, 
inicuo  pretexto  de  la  guerra.  Y  será  mayor  la 
prueba  si  se  confirma  la  voladura  del  Baltimore  en 
Filipinas,  que,  según  se  dice,  se  incendió  y  voló 
por  causa  interna. 

En  resumen :  las  operaciones  de  estos  días  han 
sido,  no  sólo  provechosas,  sino  honrosísimas  para 
España.  Continúa  enfrente  de  Santiago  de  Cuba 
toda  la  escuadra  norteamericana,  y  sus  ataques 
han  sido  hasta  ahora  infructuosos,  con  daño  de  sus 
buques.  Debemos  desear  y  esperar  que  continúen 
con  la  misma  suerte  que  hasta  aquí.  España  entera 
sigue  con  entusiasmo  estas  operaciones,  y  ve  con 
júbilo  lo  bien  defendidos  que  están  los  puertos 
atacados  hasta  ahora  por  los  yankees.  Estos  empie¬ 
zan  á  comprender  que  su  empresa  es  muy  difícil. 
Ayudemos  desde  aquí  á  los  que  exponen  su  vida 


y  cuidan  allí  de  nuestra  honra;  no  dificultemos 
su  acción,  antes  ayúdeles  cada  cual  en  lo  que  esté 
en  su  mano;  que  los  pueblos  enérgicos,  desintere¬ 
sados  y  constantes  que  defienden  una  buena  causa, 
son  invencibles  á  la  larga. 

• 

0  tt 

Ha  muerto  un  veterano:  el  teniente  general  don 
José  Ignacio  de  Echavarría  y  Castillo,  marqués  de 
Fuente-Fiel,  senador  y  ex  ministro  de  la  Guerra. 
Tenía  ochenta  años  de  edad;  contaba  en  su  hoja 
de  servicios  muchas  acciones  de  guerra;  fué  uno  de 
los  últimos  defensores  de  Isabel  II  en  la  batalla 
de  Alcolea;  se  desterró  voluntariamente  en  la  épo¬ 
ca  revolucionaria;  volvió  á  servir  con  la  Restau¬ 
ración.  Fué  un  valiente  y  un  caballero  leal.  Dios 
le  haya  premiado. 


0  0 

Tenemos  entendido  que  se  ha  propuesto  á  la 
J unta  central  de  la  suscripción  nacional  la  emi¬ 
sión  de  sellos  de  diferentes  tipos  y  valores,  para 
que  en  esa  forma  cada  cual  contribuyese  oculta  y 
lentamente ,  á  la  medida  de  sus  fuerzas  y  deseos, 
á  aumentar  los  fondos  de  tan  patriótica  suscrip¬ 
ción.  De  desear  sería  que ,  tanto  esos  sellos  como 
los  que  se  han  emitido  en  Alicante,  Mallorca  y  Je¬ 
rez  de  la  Frontera,  se  m&tasellasen  en  las  admi¬ 
nistraciones  de  Correos,  aunque  no  sirven  para 
el  franqueo,  dándoles  con  esa  inutilización  oficial 
marca  de  haber  servido  ya  y  valor  filatélico  y  de¬ 
mostrando  que  la  Administración  aplaude  aquel 
regalo.  De  Bélgica  hemos  recibido  una  carta  fran¬ 
queada  en  forma  regular,  y  que  tenía  en  el  sobre, 
además,  muy  separado  del  otro,  un  sello  español. 
Pues  bien;  este  timbre  estaba  matasellado  en  for¬ 
ma  por  la  galante  Administración  de  Correos  bel¬ 
ga.  El  que  nos  escribía  era  un  caballero  francés, 
Mr.  P.  P.,  que  demostraba  de  aquel  modo,  usando 
voluntariamente  en  su  correspondencia  sellos  es¬ 
pañoles,  su  afecto  á  España  y  la  manera  de  Con¬ 
tribuir  al  aumento  de  sus  gastos,  si  bien  echaba  de 
menos  un  signo  más  claro,  como  serían  los  sellos 
patrióticos,  para  demostrar  esa  simpatía,  que  agra¬ 
decemos  al  c  udadano  francés  que  nos  escribe. 

Tal  vez  nuestro  comercio  ayudaría  á  la  difusión 
de  esos  timbres  expendiéndolos  gratuitamente,  ó 
demostrando  con  ellos  en  alguna  forma  su  interés 
por  la  suscripción.  Esta  sigue  progresando  y  al¬ 
canza  ya  cifra  importante,  y  justo  es  decir  que 
nuestra  aristocracia,  á  pesar  de  que  no  son  para 
ella  bonancibles  los  tiempos,  remite  continua¬ 
mente  cantidades  respetables,  como  son  en  Es¬ 
paña  los  miles  de  pesetas.  Por  nuestra  parte,  y 
rogaremos  á  todos  ios  deudores  que  sigan  nuestro 
ejemplo,  si  esos  sellos  se  hacen  no  pagaremos  el 
recibo  del  casero  y  otros  de  igual  magnitud  si  no 
coloca  en  ellos  el  timbre  patriótico. 

0 

0  0 

Las  cigarreras  de  Madrid  constituyen  un  poder 
ante  el  cual  ceden  el  estado  de  sitio,  la  misma 
Guardia  civil,  la  Iglesia  y  el  Gobierno.  No  hace 
mucho  hizo  enterrar  juntos  dos  amantes  que  se 
habían  suicidado  del  mismo  modo.  En  estos  días 
se  empeñaron  en  casar  á  un  guardia  civil  contra 
su  gusto.  Este  quería  unirse  con  una  joven:  las  ci¬ 
garreras  trataron  de  obligarle  á  que  se  casase  con 
otra  que  presentaba  una  criatura  entre  sus  brazos. 
Se  produjo  un  alboroto  en  la  parroquia  de  San  Il¬ 
defonso;  escaparon  los  novios  á  otra  iglesia,  y  se 
reprodujo  el  motín  en  San  Antonio  de  la  Florida. 
No  hubo  casamiento.  No  sabemos  en  qué  habrá 
quedado  todo:  podrá  suceder  que  el  guardia,  con 
tiempo  pára  reflexionar,  se  quede  soltero  para 
siempre. 

0 

0  0 

Un  joven  me  anuncia  su  boda. 

— ¿Cuándo  se  casa  usted? 

— Mañana. 

— ¿Tiene  usted  arreglados  los  papeles? 

—  Sí,  señor.  Están  hechas  las  amonestaciones  y 
tengo  licencia  del  vicario. 

—  Falta  un  requisito,  joven.  Otra  licencia  para 
casarse,  de  las  cigarreras  de  Madrid. 


—Una  limosna  para  un  pobre  cesante. 

—  ¡Cesante!  ¿quiere  usted  ser  gobernador?  Dé¬ 
jeme  extender  el  nombramiento. 

— (Tornando  un  papel.)  Esto  es  una  burla. 

— Pues  tome  un  real,  hermano.  Pero  con  el  mis¬ 
mo  derecho  que  nombra  Mac-Kinley  un  goberna¬ 
dor  de  Filipinas,  le  nombraba  á  usted  gobernador 
de  Nueva  York. 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  JúNicr  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  xxi  —  327 


'  — Péro  ¿va  ó  no  á  Cuba  ese  regimiento  yankee 
de  amazonas? 

—  Parece  que  han  desistido:  los  españoles  ha¬ 
blan  preparado  para  hacerle  frente  un  escuadrón 
de  suegras,  sin  otras  armas  que  sus  escobas  y  sus 
uñas. 


En  la  escuadra  yankee . 

La  tripulación  arroja  al  mar  un  marinero  muerto 
del  pasmo. 

Los  tiburones  devoran  el  cadáver,  y  parece  que 
dicen,  moviendo  las  colas  con  regocijo: 

I  Gracias ,  señor  marino ! 

Echenos  otro  cacho  de  tocino. 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


EXCMO.  SR.  D.  GERMÁN  GAMAZO, 
ministro  de  Fomento  (pág.  1.*). 

Nació  el  ilustre  jurisconsulto  y  estadista  don 
Germán  Gamazo  y  Calvo  en  Valladolid;  allí  cursó 
con  gran  aprovechamiento  la  carrera  de  Derecho 
y  adquirió  bien  pronto  justa  fama  de  orador  fo- 
rense  y  de  hábil  polemista.  En  1863  se  trasladó 
á  Madrid;  ingresó  en  el  bufete  de  D.  Manuel  Sil- 
vela,  y  continuó  dedicado  al  foro  hasta  el  año  1871, 
en  que  comenzó  su  vida  política  como  diputado 
pór  Valladolid.  Liberal,  pero  poco  inclinado  á  las 
ideas  radicales,  militó  en  el  partido  del  Sr.  Sa- 
gásta  y  fue  dé  los  primeros  que  reconocieron  la 
monarquía  restaurada  y  aceptaron  la  Constitución 
del  76,  formando  en  el  partido  conservador. 

Perteneció  después  al  grupo  llamado  centralista, 
que  se  fusionó  mas  tarde  con  el  partido  del  señor 
Sagaáta,  y  desde  entonces  figura  á  su  lado  como 
Una  de  las  más  altas  personalidades  de  su  agru¬ 
pación  política.  En  1883  fué  ministro  de  Fomen¬ 
to,  dejando  muy  gratos  recuerdos  de  su  gestión,  y 
luego  lo  ha  sido  de  Ultramar  y  de  Hacienda. 

En  la  última  crisis  ha  entrado  nuevamente  en 
el  Ministerio  de  Fomento. 

•  •  # 

D.  EMILIO  DÍAZ  MOREU, 

capitán  de  navio,  comandante  del  acorazado  Cristóbal  Colón 
<pág.  328). 

Nació  este  distinguido  marino  en  Motril  (Gra¬ 
nada)  el  28  de  Enero  de  1846,  y  desde  1858  per¬ 
tenece  á  la  Armada,  contando  en  sus  años  de  ser¬ 
vicios  más  de  veintiuno  de  embarco.  Ha  navegado 
por  los  mares  de  la  Península,  Indias,  Pacífico  y 
Filipinas,  y  ha  mandado  la  falúa  Buen  Viaje ,  la 
¡corbeta  Hircey  el  bergantín  Marta  Luisa ,  el  ca¬ 
ñonero  Pelícano ,  la  goleta  Valiente ,  el  aviso  Mar¬ 
qués  del  Duero y  la  fragata  Zaragoza ,  el  crucero 
Aragón  y  el  Conde  del  Venadito ,  con  el  que  estuvo 
!en  los  sucesos  de  Melilla  y  en  el  cual  condujo  á 
jMazagán  al  embajador  extraordinario  en  Marrue¬ 
cos,  general  Martínez  Campos. 

Ascendió  á  capitán  de  navio  hace  tres  años,  y 
en  la  actualidad  manda  el  Cristóbal  Colón ,  que 
en  la  entrada  del  puerto  de  Santiago  de  Cuba 
combatió  victoriosamente  contra  los  barcos  norte¬ 
americanos  el  31  de  Mayo  próximo  pasado. 

* 

•  « 

¡  LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  ESTADOS  UNIDOS. 

El  acorazado  de  segunda  olase  Cristóbal  Colón  (pág.  328). 

El  acorazado  de  segunda  clase  Cristóbal  Colón , 
de  6.800  toneladas,  construido  para  la  marina  de 
guerra  española  por  la  casa  Ansaldo  de  Génova  y 
mandado  en  la  actualidad  por  el  capitán  de  navio 
D.  Emilio  Díaz  Moreu,  combatió  bizarra  y  victo¬ 
riosamente  contra  la  escuadra  norteamericana,  el 
31  de  Mayo  próximo  pasado,  en  la  embocadura  del 
puerto  de  Santiago  de  Cuba. 

Según  los  telegramas  de  los  corresponsales  en 
la  isla,  próximamente  al  mediodía  aparecieron  á 
la  vista  de  Santiago  de  Cuba  once  barcos  de  guerra 
norteamericanos. 

Después  de  maniobrar  colocándose  en  orden  de 
ataque,  á  las  dos  de  la  tarde  enfilaron  la  boca  del 
canal  los  acorazados  enemigos  Iowa ,  Massaxhu- 
setts  y  Texas  y  el  crucero  protegido  Brooklyn ,  el 
crucero Amazonas  y  un  transatlántico  armado  én 
guerra. 

Inmediatamente  rompieron  el  fuego  contra  las 
baterías  que  defienden  la  entrada  del  canal. 

Los  fuertes  españoles  contestaron  con  un  fuego 
terrible. 


El  acorazado  Cristóbal  Colón  estaba  situado  en 
la  boca  del  canal,  precisamente  en  la  parte  vi¬ 
sible  desde  el  mar,  y  ^apenas  se  entabló  el  combate 
disparó  sus  cañones  contra  los  barcos  enemigos. 

Los  provectiles  lanzados  por  las  baterías  espa¬ 
ñolas  del  Morro,  de  La  Socapa  y  de  Punta  Gorda  y 
los  que  enviaba  incesantemente  el  Colón  eran  tan 
certeros,  que  los  buques  enemigos  comenzaron  á 
replegarse  y  á  emprender  la  retirada. 

Los  acorazados  yankees  hicieron  unos  setenta 
disparos  con  los  cañones  de  30  centímetros,  pero 
sin  producir /ningún  daño  ni  en  las  baterías  ni  en 
el  Colón . 

Algunos  de  los  proyectiles  lanzados  por  eleva¬ 
ción  por  los  barcos  enemigos  cayeron  dentro  del 
puerto  de  Santiago  de  Cuba,  pero  sin  hacer  daños 
ni  ocasionar  desgracias. 

Una  hora  escasa  duraba  el  combate  cuando  uno 
de  los  proyectiles  españoles  dió  en  la  popa  del 
acorazado  loica ,  produciéndole  averías  de  consi¬ 
deración. 

Al  mismo  tiempo  caían  sobre  la  cubierta  de  di¬ 
cho  acorazado  dos  granadas  que  debieron  ocasio¬ 
nar  muchas  bajas,  y  en  otro  buque  yankee  otra 
granada  produjo  un  incendio  á  bordo. 

Entonces  la  escuadra  enemiga  cesó  de  disparar 
y  se  retiró  rápidamente  de  la  vista  de  Santiago  de 
Cuba,  pudiendo  observarse  desde  las  baterías  es¬ 
pañolas  avanzadas  y  desde  el  Colón  que,  además 
délos  indicados,  llevaba  otro  buque  de  gran  porte 
con  averías  también. 

Ni  en  las  baterías  españolas,  ni  en  el  Colón ,  ni 
en  el  puerto  de  Santiago,  el  ataque  del  enemigo  ha 
producido  destrozos  ni  bajas. 

« 

<*  6 

EXPOSICIÓN  DEL  PALACIO  DE  LA  BARONESA  DE  JANZÉ. 

Vistas  parciales  de  los  Ralones  (pág.  337). 

Merece  nuestra  más  viva  gratitud  el  hermoso 
rasgo,  de  caridad  para  los  desgraciados  y  de  sim¬ 
patía  para  España,  que  ha  tenido  la  ilustre  Baro¬ 
nesa  de  Janze. 

Es  el  palacio  que  en  París  posee  la  aristocrática 
dama  de  tal  suntuosidad  y  encierra  tanta  riqueza 
artística,  que  su  morada  se  considera  como  valioso 
museo,  cuya»  preciosidades  no  era  dado  á  todos 
admirar,  como  acontece  con  las  que  en  las  públicas 
galerías  se  conservan.  Su  noble  corazón  le  sugirió 
la  feliz  idea  de  abrir  su  palacio  á  la  pública  admi¬ 
ración,  destinando  el  producto  deda- entrada  en  él 
al  socorro  de  los  heridos  españoles.  La  gran  sim¬ 
patía  que  Francia  nos  demuestra  en  las  actuales 
circunstancias,  y  la  atracción  que  la  generosa  idea 
ejerció  en  la  sociedad  parisiense,  han  llevado  al 
suntuoso  hotel  gran  número  de  visitantes. 


A  estas  líneas,  en  que  saludamos  agradecidos  á 
la  ilustre  dama,  acompaña  la  reproducción  del  úni¬ 
co  retrato  fotográfico  que  de  ella  existe.  En  él  apa¬ 
rece  en  la  plenitud  de  su  juvenil  belleza,  y  así  con¬ 
cuerda  con  la  idea  que  los  españoles  nos  formamos 
de  su  rostro,  al  conocer  la  hermosura  de  su  alma. 

o 

•  « 

SANTIAGO  DE  CUBA. 

Entrada  de  la  bahia  —  Cantillo  del  Morro.— La  población  y  la  hahia. 
—Muelle  grande.  — Trabajos  de  fortiUcaoión  en  la  costa  de  San¬ 
tiago  de  Cuba  (págs.  320  y  340). 

El  interés  de  la  guerra  de  España  con  los  Esta¬ 
dos  Unidos  de  Norte- América,  se  ha  concentrado 
en  estos  últimos  días  en  Santiago  de  Cuba.  Ade¬ 
más  del  combate  del  31  de  Mayo,  de  que  ante¬ 
riormente  hemos  escrito,  ha  intentado  el  buque 
auxiliar  Merry  Max  forzar  la  entrada  del  puerto, 
auxiliado  por  el  acorazado  lowa .  Cualesquiera  que 


fueran  los  propósitos  de  los  conspicuos  comodo¬ 
ros,  una  vez  más  se  vieron  frustrados,  pues  el 
Merry  Mac  fué  echado  á  pique  y  el  lotea  viró 
en  redondo  y  huyó  á  toda  velocidad,  sin  detenerse 
á  auxiliar  siquiera  á  los  tripulantes  del  otro  bar¬ 
co,  que  deben  la  vida  á  los  españoles,  hidalgos 
siempre  con  los  vencidos.  En  estas  ocasiones  en 
que  los  yankees  abandonan  á  sus  hermanos  y  los 
españoles  los  salvan,  sí  que  nos  toca  á  nosotros 
exclamar:  «Acordáos  del  Maine .» 

Aunque  los  telegramas  recibidos  por  los  perió¬ 
dicos  diarios  no  señalan  el  paraje  en  que  se  fué  á 
pique  el  Merry  Macy  de  las  noticias  oficiales  dedú¬ 
cese  que  el  casco  se  hundió  á  la  entrada  del  canal, 
pero  todavía  fuera  de  la  boca  de  éste. 

La  profundidad  del  paso  varía  entre  5  y  8  bra¬ 
zas,  y  como  la  anchura  mínima  es  de  170  metros, 
compréndese  que  puede  ser  obstruido  con  relativa 
facilidad.  Pero  el  despacho  del  almirante  Cervera 
advierte  que  la  navegación  ha  quedado  casi  del 
todo  libre,  y  además  no  creemos  que  ofrezca  gran 
dificultad  volar  con  dinamita  los  restos  del  barco 
que  puedan  ser  obstáculo  á  la  salida  de  nuestros 
buques. 

En  nuestro  número  anterior  publicamos  deta¬ 
lles  del  puerto  de  Santiago  de  Cuba,  al  explicar  el 
grabado  de  su  plano  en  perspectiva,  y  hoy  com¬ 
pletamos  nuestra  información  gráfica  con  los  gra¬ 
bados  de  la  bahía  vista  desde  el  mar,  del  puerto, 
del  muelle  grande  y  de  la  fortaleza  del  Morro, 
mandada  construir  en  el  año  1665  por  el  maestre 
de  campo  D.  Pedro  Yayona  Villanueva.  También 
publicamos  en  la  última  página  una  vista  de  los 
trabajos  de  fortificación  en  la  costa  de  Cuba.  Des¬ 
de  esas  baterías  y  en  aquellas  aguas,  nuestros  sol¬ 
dados  y  nuestros  marinos  han  defendido  con  vic¬ 
toriosa  bizarría  la  bandera  de  España  contra  la 
asechanza  y  el  ímpetu  de  las  formidables  escua¬ 
dras  norteamericanas,  y,  hasta  ahora,  los  peque¬ 
ños  han  rechazado  á  los  gigantes,  y  la  honda  de 
David  ha  puesto  la  piedra  en  la  frente  del  coloso. 
• 

•  • 

EXCMO.  SR.  D.  JUAN  M.  SÁNCHEZ  Y  GUTIÉRREZ  DE  CASTRO, 

duque  de  Almodóvar  del  Rio ,  ministro  de  Estado  (pág.  330). 

En  la  última  modificación  ministerial  ha  sido 
elegido  para  el  difícil  ministerio  de  Estado  el  se¬ 
ñor  Duque  de  Almodóvar  del  Río,  á  quien  la  opi¬ 
nión  señalaba  hace  tiempo  para  obtener  una  car¬ 
tera  y  las  Cortes  encomendaron  la  presidencia  de 
comisiones  importantísimas.  En  mas  de  una  oca¬ 
sión  fué  enviado  por  el  Gobierno  para  concertar 
en  el  Extranjero  tratados  de  comercio,  distinguién¬ 
dose  notablemente  y  siendo  con  justicia  celebrado 
su  talento  y  su  diplomática  habilidad  por  los  es¬ 
tadistas  más  insignes  de  Francia,  Alemania  é  In¬ 
glaterra,  cuya  afectuosa  amistad  conserva. 

Las  dotes  de  su  inteligencia,  avaloradas  por  una 
brillantísima  educación,  hacen  fundar  legítimas 
esperanzas  en  su  difícil  gestión  de  las  cuestiones 
internacionales,  hoy  como  nunca  importantes  para 
nosotros. 

• 

•  * 

«Corpus  chrjsti.» — (Véanse  el  grabado  y  el 
artículo  de  los  Sres.  Gascón  de  Gotor  en  la  pᬠ
gina  332.) 

•  * 

BELLAS  ARTES. 

Un  día  de  Mayo,  cuadro  de  Félix  Mostrea  Borrell  (pág.  333). 

Premiado  fué  con  medalla  de  tercera  clase  el 
hermoso  cuadro  de  Félix  Mestres  Borrell  en  la 
última  Exposición  Nacional  de  Bellas  Artes. 

Un  día  de  Mayo  se  titula,  y  fácil  es  al  contem¬ 
plarle  formar  cabal  idea  del  asunto  y  del  acierto 
con  que  está  tratado. 

Mística  ceremonia  de  la  Pascua  florida;  poética 
procesión  de  niñas,  cuyas  blancas  vestiduras  y 
flotantes  velos  revelan  que  celebran  la  fiesta  inol¬ 
vidable  de  su  primera  comunión.  En  la  época  en* 
que  el  cerrado  capullo  de  la  infantil  inocencia  va 
á  abrir  su  corola  al  sol  de  la  juventud,  la  familia 
cristiana  lleva  á  sus  hijos  al  pie  del  altar  á  recibir 
el  aroma  de  la  gracia,  que  con  el  admirable  Sacra¬ 
mento  se  infunde  en  el  alma,  defensora  de  su  pu¬ 
reza  contra  las  asechanzas  de  la  vida.  La  sencilla 
ceremonia,  tan  sublime  en  su  fondo  y  tan  poética 
en  su  forma,  no  se  borra  jamás  de  nuestra  memo¬ 
ria  y  siempre  se  recuerda  con  ternura. 

• 

•  • 

MR.  GOSCHEN, 

primer  lord  del  Almirantazgo  de  Inglaterra  (pág.  335). 

Muy  comentada  ha  sido  por  la  prensa  la  visita 
que  recientemente  ha  venido  á  hacer  á  la  plaza  de 
Gibraltar  el  primer  lord  del  Almirantazgo  de  In- 


Digitized  by  ^.ooQie 


328  —  n.*  xxi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Junio  1898 


glaterra,  Mr.  Goschen,  muy  poco  des¬ 
pués  del  célebre  discurso  del  Minis¬ 
tro  de  las  Colonias,  Mr.  Chamberlain, 
que  tanta  impresión  produjo  en  toda 
Europa. 

Goza  Mr.  Goschen  de  gran  prestigio 
en  su  país,  y  es  muy  celebrada  su  ges¬ 
tión  al  frente  de  los  negocios  de  la 
marina  inglesa.  Fué  primer  lord  del 
Almirantazgo  en  un  Ministerio  liberal 
presidido  por  el  ilustre  Gladstone,  y 
algunos  años  después  entró  á  desem¬ 
peñar  idéntico  cargo  en  un  Ministerio 
unionista,  bajo  la  presidencia  de  Sa- 
lisbury. 

Procedente  de  Portsmouth  llegó  el 
28  de  Mayo  último  á  Gibraltar,  á  bordo 
del  crucero  inglés  Terrible.  Explícase 
oficialmente  el  objeto  de  su  visita  di¬ 
ciendo  que  no  era  otro  que  el  de  ins¬ 
peccionar  las  obras  del  dique  que  en 
Gibraltar  se  construye,  y  realmente 
sólo  en  los  dos  días  que  ha  durado  su 
permanencia  ha  desembarcado  para 
inspeccionar  dichas  obras,  viviendo  á 
bordo  del  crucero.  En  la  tarde  del  80 
emprendió  Mr.  Goschen  el  viajo  de 
regreso. 

• 

•  • 


BARCELONA. 

Feria-Concurso  Agrícola  (pág.  336 ). 

La  honda  preocupación  que  la  gue¬ 
rra  mantiene  en  todos  los  espíritus  no 
puede  ni  debe  traducirse  en  abandono 
ni  en  olvido  de  los  vitales  intereses 
del  país;  antes  bien  debe  estimularnos 
á  conservar  y  acrecentar,  nuestros  ele¬ 
mentos  de  .vida,  esenciales  mantene¬ 
dores  de  nuestra  resistencia  y  de  nues¬ 
tra  rehabilitación  de  los  presentes  que¬ 
brantos. 

Por  eso  ;  merece '  plácemes  cuanto 
tienda  al  estímulo  y  fomento  de  nues¬ 
tra  agricultura,  como  la  Feria-Concur¬ 
so  que  se  inauguró  en  Barcelona  el 
5  de  Mayo  último. 


D.  EMILIO  DÍAZ  MOREU, 

CAPITÁN  DE  NAVIO, 
COMANDANTE  DEL  ACORAZADO  «CRISTÓBAL  COLÓN». 
(De  fotografía  de  J.  Mon.) 


Poco  antes  de  las  cuatro  se  habían 
ya  reunido  en  el  palacio  del  Goberna¬ 
dor  el  delegado  regio  Sr.  Griera,  el 
baile  del  Real  Patrimonio  Sr.  Monner, 
el  Ayuntamiento  presidido  por  el  te¬ 
niente  de  alcalde  D.  Juan  Amat  y  Sor- 
maní,  el  gobernador  civil  D.  Ramón 
Larroca,  el  obispo  Dr.  Catalá,  y  repre¬ 
sentaciones  de  la  Diputación,  Cuerpo 
consular  y  otras  entidades  impor¬ 
tantes. 

A  pie,  y  precedida  por  un  piquete  de 
la  Guardia  Municipal,  de  gran  gala,  se 
dirigió  la  comitiva  oficial  al  Salón 
central  del  Museo  de  Reproducciones, 
donde  aguardaba  el  Capitán  general 
Sr.  Conde  de  Caspe. 

Una  compañía  del  regimiento  de 
Almansa,  con  bandera  y  música,  rin¬ 
dió  los  honores  de  ordenanza  á  los  re¬ 
presentantes  de  S.  M.  la  Reina  y  de 
8.  A.  R.  la  Infanta  Isabel,  batiendo  la 
marcha  Real  al  unísono  con  la  banda 
municipal. 

Una  vez  la  comitiva  en  el  estrado 
del  Salón  de  Reproducciones,  el  secre¬ 
tario  del  Ayuntamiento,  Sr.  Gómez 
del  Castillo,  leyó  los  acuerdos  por  los 
que  se  celebraba  el  certamen,  y  acto 
seguido  el  secretario  del  Comité  Eje¬ 
cutivo,  D.  Martín  Lorenzo  Coria,  dió 
lectura  de  una  minuciosa  y  razonada 
Memoria  en  la  que  relató  los  trabajos 
realizados  para  llevar  á  cabo  tan  im¬ 
portante  concurso,  dedicando  á  la  par 
justísimos  elogios  al  señor  Collaso, 
tanto  por  su  iniciativa  como  por  sus 
incesantes  desvelos  para  el  mayor  lu¬ 
cimiento  del  certamen. 

Después  de  sentidas  frases  del  señor 
Amat  y  8ormaní,  que,  como  hemos 
dicho,  presidió  la  corporación  munici¬ 
pal,  levantóse  D.  José  Griera  y,  en 
nombre  de  S.  M.  la  Reina,  declaró 
inaugurada  la  primera  Feria-Concurso 
Agrícola. 

Como  complemento  del  acto  oficial, 
la  comitiva  y  los  invitados  visitaron  los 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE- AMÉRICA.— el  acorazado  de  segunda  clase  «Cristóbal  colón», 

QUE  COMBATIÓ  EN  SANTIAGO  DE  CUBA  CONTRA  LA  ESCUADRA  DEL  COMODORO  SCHLEY, 


Digitized  by  v^.ooQie 


‘  LA  POBLACIÓN  T  LA  BAHÍA.  MUELLE  GRANDE. 

; LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE-AMÉRICA.  —  vistas  de  santiago  de  cuba. 


(Do  fotografías  de  D.  José  Buena) 


Digitized  by  ^.ooQie 


330  —  N.°  xxi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


3  Junio  1398 


jardines  en  que  están  emplazadas  las  instalacio¬ 
nes.  Termino  la  ceremonia  inaugural  con  los 
mismos  honores  mili  bares  con  que  empezara,  y 
con  la  grandísima  animación  que  la  prestaron 
cuantos  concurrieron  al  solemne  acto. 

Momentos  después,  el  alcalde  Sr.  Griera,  dele¬ 
gado  regio,  elevó  un  telegrama  á  S.  M.  la  Reina 
Regente  participándole  haberse  abierto  el  cer¬ 
tamen. 

A  la  vez  remitió  otro  á  D.  José  Collaso,  dándole 
cuenta  de  dicho  acto  y  trasmitiéndole  el  recuerdo 
que  en  aquél  se  le  había  dedicado  como  iniciador 
de  la  Feria-Concurso  Agrícola. 

Cáelos  Luis  de  Cuenca. 


año,  en  vista  de  lo  cual  desarmó  y  vendió  los  bu¬ 
ques  de  su  escuadra,  restituyéndose  á  Yeracruz  en 
una  balandra  de  pescadores  á  dar  cuenta  de  su 
poco  lucida  campaña. 

Entonces  pasó  Laborde  á  la  Costa-Firme,  pre¬ 
sentándose  sucesivamente  ante  Cartagena ,  Santa 
Marta,  la  Guaira  y  Cumaná,  puertos  en  que  se  ha¬ 
llaban  las  naves  de  Colombia.  Como  á  todas  las 
mayores  desarmó  igualmente  el  temor  de  per¬ 
derlas,  después  de  tanto  tiempo  de  zozobra  se  vió 
libre  de  corsarios  el  mar  de  las  Antillas,  y  pudo 
el  jefe  español  dedicarse  á  las  cuestiones  desaten¬ 
didas  de  relación,  visitando  á  las  autoridades  de 
Jamaica  y  Santo  Domingo. 

Transcurrieron  -unos'dos  años  de  tranquilidad 


EPISODIOS  DE  GUERRA.  MARITIMA. 


EL  « GUERRERO )) • 

Con  brevísima  exposición  se  ha  indica¬ 
do  en  los  artículos  precedentes  la  diligen¬ 
cia  y  empeño  que  pusieron  Colombia, 

Buenos  Aires,  Chile  y  el  Perú  para  dispo¬ 
ner  de  fuerzas  navales  con  que  luchar 
contra  la  madre  patria  por  su  indepen¬ 
dencia;  Méjico  no  se  quedó  á  la  zaga  en 
la  actividad  ejercitada  á  fin  de  procurarse 
el  principal  elemento  que  debía  oponer  á 
la  represión  preparada  en  las  costas  de  la 
Península  ibérica,  estando  por  medio  la 
gran  extensión  del  Océano  Atlántico. 

Los  revolucionarios  de  Nueva  España, 
lo  mismo  que  los  de  las  otras  colonias 
hispano  -  americanas ,  contaban  con  las 
simpatías,  con  el  crédito  abierto  y  con  la 
ayuda  eficaz  del  pueblo  y  del  Gobierno 
de  los  Estados  Unidos;  de  modo  que  no 
les  fué  difícil  formar  también  su  escua¬ 
drilla  de  guerra,  habiendo  encomendado 
la  organización  y  el  mando  al  comodoro 
David  Porter,  antiguo  oficial  de  la  ma¬ 
rina  de  aquella  República,  que  continua¬ 
ba,  sin  embargo,  enviando  protestas  de 
amistad  á  España. 

A  fines  del  año  1825  se  creyó  el  referi¬ 
do  comodoro  en  disposición  de  tomar  la 
ofensiva,  puesto  de  acuerdo  con  el  jefe 
de  la  escuadra  colombiana,  anglo-ameri- 
cano  como  él,  para  bloquear  la  isla  de 
Cuba  y  combinar  planes  contra  la  de 
Puerto  Rico;  mas  justamente  por  este 
tiempo  había  sido  nombrado  comandante 
general  del  apostadero  de  la  Habana  don 
Angel  Laborde,  ascendido  al  empleo  de 
brigadier  por  los  eminentes  servicios  pres¬ 
tados  en  el  de  Puerto  Cabello;  y  tanto 
había  sabido  cambiar  el  estado  del  puerto 
y  arsenal,  restos  del  poderío  de  España; 
tanto  consiguió  que  las  advertencias  y 
clamores  enviados  al  Gobierno  fueran  es¬ 
cuchados,  que  saliendo  á  la  mar  con  el 
navio  Guerrero,  las  fragatas  Lealtad ,  Ibe¬ 
ria  ^  Perla  y  bergantín  Vengador  y  goleta 
Habanera ,  seis  buques  puestos  á  su  cargo 
y  por  él  bien  disciplinados,  desconcertó  á 
los  enemigos,  muy  ajenos  de  tener  que  verse  con 
semejante  fuerza  y  que  se  separaron,  por  tanto, 
tratando  de  volver  a  los  respectivos  puertos  de 
procedencia. 

Porter  no  pudo  conseguirlo,  cortado  su  camino 
por  el  seno  mejicano,  á  menos  de  reñir  batalla  con 
desventaja,  y  se  resolvió  á  entrar  en  Cayo  Hueso 
bajo  la  protección  de  la  bandera  estrellada.  Pensó 
quizá  hacer  de  aquel  puerto  base  de  operaciones, 
manteniéndose  casi  á  la  vista  de  la  Habana  y  en 
disposición  de  recorrer  sus  aguas  tan  luego  como 
las  naves  españolas  se  alejaran;  pero  cualquiera 
otra  cosa  hiciera  con  ellas  Laborde.  Cambiando 
los  papeles,  bloqueó  al  que  había  proyectado  blo¬ 
quearle,  sin  arredrarse  por  las  condiciones  peli¬ 
grosas  del  lugar,  á  la  boca  del  canal  de  Bahama, 
batido  por  fuertes  corrientes  y  rodeado  de  escollos. 
De  allí  no  se  movió  ni  aun  en  la  época  conocida 
en  que  suelen  desencadenarse  los  huracanes,  pre¬ 
firiendo  arrostrarlos  á  dejar  abierta  la  puerta  álos 
sendo  mejicanos  encerrados. 

Siéndole  contraria  la  suerte,  presentóse  en  efec¬ 
to  el  terrible  fenómeno  atmosférico  $n  los  días  5 
y  6  de  Septiembre  de  1826,  con  empuje  que  desar¬ 
boló  de  todos  los  palos  al  navio  Guerrero ,  causó 
serias  averías  á  los  demás  bajeles  y  zozobró  á  la 
pequeña  Habanera ,  haciéndola  desaparecer  para 
siempre  entre  las  olas  con  cuantos  hombres  la 
tripulaban.  El  bloqueó  subsistió  no  obstante,  y 
Porter  tuvo  la  última  prueba  por  suficiente  para 
convencerse  de  su  constancia,  habiendo  pasado  un 


Excmo.  Sb.  1).  JUAN  MANUEL  SANCHEZ  Y  GUTIÉRREZ  DE  CASTRO, 

DUQUE  DE  ALMODÓVAB  DEL  RÍO, 

MINISTRO  DE  ESTADO. 

(De  fotografía  de  M.  Huerta.) 


en  Cuba,  aprovechados  por  el  Gobierno  de  Méjico 
para  adquirir  y  preparar  barcos  que  róemplazaran 
á  los  de  la  escuadra  deshecha  en  Cayo  Hueso.  En 
una  de  las  ausencias  de  Laborde  había  salido  del 
puerto  de  la  Habana,  el  9  de  Febrero  de  1828, 
convoy  de  cuarenta  goletas  caboteras  escoltado 
por  las  de  guerra  Marte  y  Amalia ,  y,  puestas  á  la 
vela,  al  día  siguiente  llegó  aviso  por  tierra  de  ha¬ 
ber  sido  atacadas  por  un  bergantín  insurgente  de 
gran  porte,  y  de  que,  acogidas  en  el  puerto  de 
Bañes,  se  defendían  dificultosamente  del  buque 
enemigo,  cuya  artillería,  gruesa  y  de  largo  alcan¬ 
ce  ,  hacía  muy  desigual  la  pelea  y  necesariamente 
acabaría  por  destruir  ó  sojuzgar  á  los  dos  barcos 
menores. 

En  las  guerras  de  mar  juega  la  información  un 
papel  incomparablemente  superior  al  que  hace 
en  las  guerras  terrestres.  De  ella  depende  muchas 
veces  el  encuentro  ó  separación  de  las  escuadras, 
el  logro  del  objeto  calculado,  la  caza  ó  la  huida, 
los  golpes  impensados,  el  éxito,  en  una  palabra. 
Es  incalculable,  en  estos  tiempos  de  hilos  telegrᬠ
ficos  y  de  hojas  impresas  diariamente,  el  servicio 
que  puede  hacer  la  prensa  comunicando  la  obser¬ 
vación  de  sus  corresponsales  respecto  de  la  situa¬ 
ción,  la  entrada  y  salida,  la  fuerza,  las  condicio¬ 
nes  de  buques  enemigos  en  cualquier  parte,  y  no 
hay  que  decir  si  es  igualmente  dañosa  la  indiscre¬ 
ción,  haciendo  públicas  semejantes  noticias  rela¬ 
tivamente  á  las  naves  propias.  Sin  contar  con  los 
medios  rápidos  de  que  actualmente  se  dispone, 


mostraron  los  americanos  en  la  lacha  de  que  se 
va  tratando  mucha  sagacidad  y  gran  disposición 
para  el  espionaje,  por  medio -del  cual  solían  estar 
impuestos  de  lo  que  les  importaba  conocer,  y  su¬ 
pieron  en  Méjico  el  alejamiento  de  Laborde  con 
la  escuadra  y  la  disposición  en  que  quedaba  el 
apostadero. 

Había  dejado  en  la  Habana  á  las  dos  goletas 
mencionadas  y  una  fragata,  la  Casilda ,  barco 
pesado  y  de  malas  condiciones  marineras,  con  que 
no  solía  contarse  más  que  para  hacer  bulto.  Otra 
fragata  se  hallaba  en  el  puerto,  la  Lealtad ,  pero 
en  composición,  desarmada  y  sin  gente.  Al  lle¬ 
gar  el  aviso  desde  Bañes,  pensó  el  segimdo  jefe 
de  Marina  que  saliera  desde  luego  la  Casilda  hacia 
allá;  era  de  esperar  que  llegara  á  tiempo 
de  salvar  á  las  goletas,  y  no  era  poco; 
ocurrióle,  sin  embargo,  poner  á  prueba 
la  buena  voluntad  del  comandante  de  la 
segunda  fragata,  y  hallándola  dispuesta  á 
cualquier  esfuerzo  si  se  le  facilitaban  ele¬ 
mentos,  empezó  por  procurarle  el  de  ma¬ 
rineros,  mandando  embargar  la  mitad  en 
todos  los  buques  mercantes  del  puerto  y 
añadiendo  á  la  suma  los  del  arsenal  y 
embarcaciones  menores. 

Esto  ocurría  en  la  mañana  del  9  de  Fe¬ 
brero  estando  la  Lealtad  atracada  al  mue¬ 
lle  de  la  machina  sin  más  que  los  palos 
machos;  en  la  mañana  del  10,  antes  de 
pasar  veinticuatro  horas,  salía  á  la  mar, 
ofreciendo  muestra  de  actividad  de  que 
habrá  pocos  ejemplos  y  de  que  debió  que¬ 
dar  satisfecho  el  comandante  D.  Melitón 
Pérez  del  Camino.  Iba  el  casco  sin  pin¬ 
tura,  y  todavía  estando  á  la  vela  por  la 
boca  del  Morro,  llevaba  lanchas  al  cos¬ 
tado  acabando  de  embarcar  pólvora,  ví¬ 
veres  y  efectos  de  varias  clases.  La  gente 
no  conocía  á  los  oficiales,  ni  unos  á  otros 
se  habían  visto  hasta  entonces;  al  tiempo 
mismo  que  se  hacía  su  lista,  se  les  seña¬ 
laba  puesto  en  los  cañones  ó  en  la  mani¬ 
obra,  en  situación  nada  á  propósito  para 
entrar  en  combate;  advertíase,  no  obs¬ 
tante,  que  siendo  marineros  veteranos  los 
reunidos  á  bordo,  no  necesitaban  más  que 
simulacro  de  zafarrancho  para  posesio¬ 
narse,  y  esto  se  iba  verificando  mientras 
la  fragata,  con  completo  velamen  de  alas 
y  rastreras,  se  acercaba  al  lugar  de  la  ne¬ 
cesidad. 

Un  disparo  de  fortuna  de  las  goletas, 
que  desarboló  al  bergantín  insurgente  del 
mastelero  mayor,  le  había  entretenido, 
suspendiendo  el  combate  mientras  reem¬ 
plazaba  la  arboladura,  diligencia  acabada 
de  hacer  en  el  instante  de  llegar  la  fra¬ 
gata  á  su  alcance  en  la  misma  tarde. 

Nada  hizo  para  esquivarla  el  insurgente, 
que  era  el  bergantín  nombrado  Guerrero, 
recientemente  construido  en  Nueva  York,  * 
armado  con  22  cañones  de  á  24  y  tripu¬ 
lado  con  300  hombres  escogidos.  Mandᬠ
balo  el  comodoro  Porter,  que,  fiado  en  los 
informes,  se  proponía  borrar  las  malas 
impresiones  de  la  derrota  de  Cayo  Hueso, 
empezando  por  rendir  las  dos  goletas  que 
se  le  venían  á  las  manos,  y  siguiendo  por 
el  bloqueo  de  la  Habana,  en  que  estaba  interesado 
su  amor  propio.  Creyendo  que  la  fragata  avistada 
fuera  la  Casilda  y  de  la  que  podía  burlarse  como 
cualquiera  de  los  vapores  rápidos  de  hoy  día  lo 
hace  de  los  de  marcha  ordinaria,  se  aguantó  du¬ 
rante  la  noche,  sin  perder  de  vista  á  los  buqueci- 
llos  ambicionados.  La  amanecida  del  11  de  Febrero 
le  hizo  variar  un  tanto  de  ideas,  porque  aquella 
fragata  sin  pintura  y  de  aparejo  destartalado  se  le 
aproximaba  tanto,  que  debía  de  ser  de  pies  de 
privilegio:  imposible  que  hiciera  tal  camino  la  Ca¬ 
silda,  pótala  de  reputación  en  los  términos  del 
seno  mejicano.  Maniobrando,  pues,  con  alguna 
prudencia  ensayó  diversas  posiciones,  en  todas 
las  que  la  fragata  le  sacó  ventaja,  visto  lo  cual  se 
puso  en  franca  huida  con  todo  trapo,  convencido 
de  haberse  equivocado. 

Dióle  caza  la  Lealtad  desde  las  ocho  de  la  ma¬ 
ñana  hasta  las  once,  hora  en  que,  alcanzándole  á 
distancia  de  tiro  de  fusil,  disparó  una  tras  otra 
dos  andanadas  de  la  artillería,  sin  que  fuera  nece¬ 
saria  la  tercera.  El  Guerrero ,  muerto  el  comodoro 
Porter  en  compañía  de  19  más,  y  con  otros  46 
hombres  heridos,  arrió  la  bandera,  rindiéndose 
el  segundo  comandante,  hijo  del  mismo  Porter. 
En  la  fragata  resultaron  19  fuera  de  combate,  dos 
de  ellos  para  siempre. 

Con  mucha  alegría  presenciaron  los  habitantes 
de  la  Habana  el  regreso  de  la  fragata  conduciendo 
prisionero  al  bajel  famoso  de  que  tanto  se  prome¬ 
tían  los  insurgentes.  Con  él  acabaron  el  comodoro. 


Digitized  by 


Google 


8  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xxi  —  331 


y  la  escuadra  de  Méjico,  y  no  volvió  á  presentarse 
por  aquellas  aguas  barco  hostil.  En  nuestra  ar¬ 
mada  sirvió  el  bergantín  con  nombre  de  Cautivo , 
hasta  que,  cambiado  el  aparejo  por  el  de  corbeta, 
se  le  dió  el  nuevo  nombre  de  Liberal . 

Cesáreo  Fernández  Duro. 


DESAYUNO  DE  GORRIÓN. 


I. 


g^¿ERO  esto  ya  no  se  puede  soportar,  se¬ 
ñor!  Una  cosa  es  tener  buen  corazón 
y  hacer  por  el  prójimo,  y  otra  que¬ 
darse  sin  camisa.  Hasta  el  propio  San 
Bemardino  de  Sena,  y  eso  que  era 
un  santo,  lo  decía:  «La  caridad  bien  en¬ 
tendida  empieza  por  uno  mismo.»  ¡Es 
claro!  Ha  cundido  la  voz;  todo  el  mundo  sabe 
en  la  comarca  lo  que  es  usted,  y  se  nos  co¬ 
men  por  sopa. 

Y  la  pobre  ama  de  llaves  acabó  su  diatriba,  en 
la  que  latía  un  intenso  cariño  hacia  el  sacerdote, 
á  voces  y  roja  de  indignación,  pero  á  la  vez  sa¬ 
cando  del  cajón  de  la  mesa  una  media  hogaza,  que 
alargó  ¿  la  mendiga.  El  aguacero  de  denuestos  de¬ 
rivó,  como  era  natural,  sobre  la  menesterosa. 

— ¡Tome  usted  y  quítese  de  en  medio! — la  gritó, 
amedrentándola  de  tal  manera  que  la  mujer  aga¬ 
rró  el  pan  temblando,  se  lo  puso  bajo  ei  brazo 
tapándolo  con  el  raído  mantón,  y  se  salió  de  la 
rustica  cocina  sin  atreverse  á  mirar  al  ama,  que 
clavaba  en  ella  sus  ojos  de  acero,  y  murmurándole 
al  compasivo  sacerdote:  « ¡Dios  se  lo  pague,  señor!» 

El  cura  vió  desaparecer  á  la  mendiga  calle  arri¬ 
ba,  y  sintiendo  profunda  lástima  de  ella  por  la 
manera  brusca  como  había  sido  despedida,  se 
volvió  hacia  el  ama  y  la  dijo  con  voz  severa  pero 
suave,  de  triste  reposo: 

— Juana.  Eres  incorregible,  y  en  cuanto  ves  un 
pobre  te  pones  fuera  de  tino  como  los  perros  de 
fas  masías.  Todos  tenemos  derecho  á  la  vida. 

—  Pero  no  la  obligación  de  mantener  vagos. 

— Esa  mujer  está  enferma.  Lo  lleva  escrito  en 
la  cara. 

— De  beber  aguardiente.  Usted  es  demasiado 
cándido,  señor. 

— Y  tú  muy  mal  pensada.  En  último  caso,  mi 
deber  es  socorrer  al  que  no  tiene,  donde  le  encuen¬ 
tre  y  sin  averiguar  más.  Yo  no  poseo,  no  debo  po¬ 
seer  nada  mío.  Los  hábitos  que  llevo  me  obligan 
al  sacrificio  permanente. 

— Pero  es  que  á  ese  paso,  señor,  llegará  usted  á 
carecer  hasta  de  lo  preciso.  ¿Y  entonces? 

El  cura  no  contestó  al  pronto.  Contempló  con  se¬ 
rena  mirada  el  rostro  compungido  del  ama  de  lla¬ 
ves,  y  abriendo  de  par  en  par  la  ventana  trasera 


de  la  cocina  que  daba  al  campo,  y  por  la  que  pe¬ 
netraron  á  la  vez  una  intensísima  claridad  y  una 
bocanada  de  aromas,  la  obligó  á  mirar  al  valle  y 
la  dijo  con  humilde  sonrisa  mostrándola  su  tapiz 
de  huertos: 

— Entonces.....  Dios  proveerá.  Piensa  despacio, 
Juana,  en  esa  naturaleza  que  tienes  delante  de 
tL  ¡Qué  libro  tan  elocuente  para  los  que  saben 
leerlo!  ¿Quién  calculas  tú  que  cuida  de  esos  milla¬ 
res  de  troncos,  de  pájaros,  de  plantas  que  ahí  vi¬ 
ven?  Nadie.  Y  son  seres  como  tú  y  yo,  creados  con 
un  fin  como  el  tuyo  y  el  mío.  Pero  la  mano  del 
Señor  no  les  abandona  nunca,  y  les  manda  á  su 
tiempo  lluvias  y  rocíos,  y  sol  y  heladas,  y  crecen 
tan  hermosos!  Pues  si  esto  hace  con  ellos,  ¿por  qué 
no  ha  de  hacerlo  también  con  nosotros,  que  somos 
igualmente  hijos  suyos? 

La  vieja  sintióse  desarmada  por  el  espontáneo 
razonamiento  de  su  amo,  y  sólo  contestó  entre 
dientes: 

— Lo  que  es  buenas  razones  no  le  faltan  á  usted 
nunca.  Así  tuviéramos  igualmente  pan. 

Siempre  comenzaban  estas  cuestiones  lo  mis¬ 
mo,  y  siempre  concluían  igual.  El  ama  enseñaba 
primero  los  colmillos,  y  terminaba  por  obedecer 
al  cura  y  callarse.  Respeto  de  perro  que  cesa  en 
sus  gruñidos  moviendo  la  cola.  Y  el  caso  es  que 
no  le  faltaba  del  todo  la  razón  á  la  pobre  mujer. 
Sin  ser  una  prebenda,  no  era  cosa  despreciable 
aquel  curato,  y  hubieran  podido  vivir  con  tran¬ 
quilo  regalo,  haciendo  obras  de  caridad,  sí  señor, 
que  no  tenía  ella,  á  Dios  gracias,  un  corazón  de 
roca,  pero  moderadamente  y  sin  llegar  á  las  pri¬ 
vaciones  que  pasaban. 

Porque  conforme  cogía  el  buen  clérigo  la  paga, 
vaciábala  en  las  casas  en  que  batía  sus  alas  la  mi¬ 
seria.  Por  fortuna,  era  propia  la  en  que  vivía. 
Y  si  luego  recibía  durante  el  mes  algún  obsequio, 
apenas  si  paraba  en  su  despensa  una  semana. 


«¡Parece  esto  un  fielato!»  solía  decir  riéndose  el 
ama,  bien  que  alguna  lágrima  se  deslizase  tímida¬ 
mente  entre  las  risas.  Hasta  la  ropa  entraba  en 
juego.  Daba  grima  ver  al  sacerdote  con  su  sotana  de 
ala  de  mosca,  cepilladísima  pero  casi  transparente 
de  puro  raída.  Los  hábitos  nuevos  empeñados  en  la 
ciudad;  el  gabán  de  invierno  que  gastaba  bajo  los 
manteos,  vendido.  A  la  propia  ama  la  debía  varias 
mensualidades,  y  á  veces  pedíale  el  salario  á  los 
ocho  días  de  entregado  para  socorrer  alguna  des¬ 
dicha. 

Para  la  honrada  sirviente  hubiera  tenido  fácil 
remedio  tal  prodigalidad:  marcharse  del  lado  de 
su  amo.  Alguna  vez  le  amenazó  con  dejarle,  sin 
propósito  serio  de  realizar  la  amenaza,  porque  en 
el  fondo  admiraba  la  abnegación  del  sacerdote; 
pero  al  ver  la  cara  compungida  que  puso,  ella  mis¬ 
ma  tuvo  que  desmentirse  para  consolarle.  Llevaba 
cuarenta  años  en  la  casa;  había  conocido  al  cura 
en  las  mocedades;  las  familias  de  ambos  eran  ami¬ 
gas  y  convecinas.  Lazos  tales,  cuando  viene  á  es¬ 
trecharlos  luego  el  ejemplo  de  una  gran  virtud,  no 
se  desatan  fácilmente. 

Ante  el  efecto  de  sus  palabras,  cesó  de  amena¬ 
zar  el  ama  con  irse,  pero  no  dejó  de  reñir  á  su  se¬ 
ñor  como  si  fuera  un  chiquillo  y  como  si  él  estu¬ 
viera  á  su  servicio  en  vez  de  estarlo  ella. 

— No  te  apures,  mujer — terminaba  siempre  el 
cura  con  su  habitual  mansedumbre, — no  te  apures. 
¡Dios  proveerá,  que  es  el  que  provee  á  los  pájaros 
y  á  los  árboles! 

Y  el  ama  concluía  moviendo  la  cabeza  y  con 
cierto  tono  de  reproche  burlón: 

—  ¡Sí,  señor,  sí!  ¡Pero  no  va  á  ser  boca  la  que 
abran  los  arrieros  cuando  un  día  se  encuentren 
en  la  carretera  un  cura  de  sotana  parda  y  una  vieja 
con  gafas  pidiendo  limosna! 


II. 

Pronto  estuvo  á  punto  de  cumplirse  la  predic¬ 
ción  de  la  vieja  gruñona.  Una  mañana  en  vano 
miró  y  remiró  el  bolsillo  y  la  cómoda:  ni  un  real. 
Y  nada  de  comer  en  la  despensa.  Por  todo  ali¬ 
mento  para  el  desayuno,  un  trozo  de  hogaza  en  el 
cajón. 

—  Ya  caerá  algo,  mujer,  mientras  me  afeito — 
dijo  el  cura; — y  si  no,  lo  pediremos  prestado. 

Y  sin  apurarse  grandemente,  dispuso  navajas  y 
jabón. 

Y  algo  cayó  hacia  la  mitad  de  su  faena,  afeitán¬ 
dose  ante  el  espejillo  colgado  de  la  vidriera.  To¬ 
das  las  mañanas  hacía  la  misma  operación,  y  como 
por  la  fuerza  de  la  costumbre  apenas  necesitaba 
cuidarse  del  cristal,  manejaba  la  navaja  mirando 
á  la  vez  la  campiña  que  se  descubría  inmensa 
desde  aquel  balcón.  El  bueno  del  párroco  llevaba 
así  la  cuenta  de  lo  que  sucedía  en  la  ribera  abar¬ 
cada  desde  su  observatorio,  viniendo  á  ser  un  ins¬ 
pector  de  la  mañana  en  los  huertos.  No  se  le  es¬ 
capaba  un  detalle.  El  Patazas  ha  empezado  ya  la 
escardadura.  La  noria  de  Antolín  no  trabaja  hoy. 
¡Anda,  anda,  la  vaca  de  la  Faustina  metida  por 
entre  las  coles!  ¡Menudo  zafarrancho! 

Lavábase  el  cutis  con  la  brocha,  cuando  vió  ve¬ 
nir  por  un  sendero,  prados  á  través,  una  campe¬ 
sina,  baja  la  cabeza,  andando  despacio,  como  per¬ 
sona  que  camina  abrumada  por  el  peso  de  una 
honda  preocupación.  Sujetándola  con  el  brazo  iz¬ 
quierdo  traía  una  excusa  de  mimbre  atada  con  una 
guita.  La  figura  se  fué  acercando ,  y  ya  próxima 
reconocióla  el  padre,  iluminándose  su  rostro  con 
la  luz  de  una  repentina  alegría.  Ai  llegar  frente  á 
la  casa  levantó  la  aldeana  la  cabeza,  distinguió  Ja 
cara  bondadosa  del  párroco  enjugándose  con  la 
toalla,  y  le  sonrió. 

—  Es  la  Patricia,  la  chica  del  tío  Cerrojo — mur¬ 
muró  el  cura;  —  y  mucho  me  equivoco  si  eso  que 
trae  bajo  el  brazo  no  es  una  excusa  de  fresa. 

Y  acabándose  de  secar,  se  salió  de  su  cuarto  gri¬ 
tando,  á  la  vez  que  bajaba  por  la  escalera  de  la  co¬ 
cina: 

—  ¡Juana,  Juana!  ¿Yes  cómo  hacía  yo  bien  en 
no  desconfiar?  Ahí  viene  la  Patricia,  por  el  atajo 
de  los  Trampales,  á  traernos  fresa. 

No  acababa  de  decirlo,  cuando  penetró  en  la  co¬ 
cina  la  aldeana,  una  muchachota  fresca  y  colora¬ 
da,  de  gruesos  labios  llenos  de  risa  y  ojos  cándi¬ 
dos.  El  ama  de  llaves  interrumpió  el  lavado  á  que 
se  entregaba  y  salió  al  encuentro  de  la  campesina, 
saludándola  con  el  agrado  del  que  se  dispone  á 
recibir  un  obsequio. 

—  ¡Hola,  Patricia!  ¿tú  por  aquí?  —  dijo  la  vieja 
gruñona. 

—  ¿Que  tal  va  tu  padre  del  golpe  que  se  dió  la 
otra  tarde  en  la  serraduría? — agregó  el  clérigo. 

La  campesina  soltó  sobre  la  mesa  la  excusa  que 
traía  bajo  el  brazo,  y  cogiéndose  las  puntas  del 


delantal  replicó ,  sin  atreverse  á  mirar  de  frente 
al  cura,  intimidada  por  el  respeto: 

— Pues  padre  ya  está  bien,  gracias  á  Dios,  señor 
cura.  Y  de  su  parte  vengo  á  traer  á  usted  esa  poca 
fresa.  Es  la  primera  que  da  el  fresal  nuevo,  y  mi 
padre  dijo,  dice:  «Anda  y  llévale  á  D.  Julián  esa 
excusita,  que  no  quiero  que  nadie  la  pruebe  antes 
que  él.» 

El  ama  había  destapado  mientras  el  cestito,  y 
sobre  un  lecho  de  verdísimas  y  amplias  hojas  de 
moral  surgía  un  empedrado  de  fresa  de  vivísimos 
tonos.  La  buena  señora  cogió  del  vasar  una  fuente 
honda  de  loza,  y  tomando  la  excusa,  volcó  en  la 
fuente  el  fresco  fruto,  que  rodó  como  una  cascada 
de  rubíes,  esparciendo  por  la  cocina  un  olor  in¬ 
citante. 

—  ¡Debe  de  estar  riquísima!  —  exclamó  el  ama 
de  llaves  cortando  la  frase  para  lanzar  una  mirada 
de  reproche  á  su  señor,  que  decía: 

— Pero  ¿por  qué  se  ha  incomodado  tu  padre,  Pa¬ 
tricia? 


III. 

Media  hora  después,  bañados  por  un  rayo  de  sol 
que  entraba  por  la  puerta  de  la  cocina,  mano  á 
mano,  á  uno  y  otro  lado  de  la  limpísima  mesa,  se 
desayunaban  tranquilamente  amo  y  criada. 

— ¿Ves  cómo  Dios  ha  provisto,  Juana?—  decía  el 
clérigo. 

Y  la  buena  mujer  replicaba,  señalando  á  la  fuen¬ 
te  y  al  pan  desparramado  sobre  la  mesa: 

—  Contentándose  como  los  gorriones  con  miga¬ 
jas  y  fresa.....  ¡Pero  yo  estoy  por  una  jicara  de 
chocolate ! 

Alfonso  Pérez  Nieva. 


EUCARISTÍA. 


I  Amor,  Eterno  Amor  que  de  la  nada 
Creaste  las  innúmeras  esferas 
Que,  reflejando  tu  mirada  amante, 
Fulguran  en  sus  órbitas  inmensas! 

¡  Oh  Padre  de  la  humana  criatura 
Que  formaste  del  lodo  de  la  tierra 

Y  porque  dominase  lo  creado 

Le  diste  generoso  un  alma  eterna! 

¡  Oh  Salvador  que  al  redimir  al  mundo 
De  la  terrible  y  merecida  pena, 

Padeciste  por  él  dolor  acerbo 

Y  moriste  en  patíbulo  de  afrenta! 

¡Aun  no  bastaba  al  infinito  anhelo 
De  tu  divino  amor  tanta  largueza, 

Y  tu  cuerpo  y  tu  sangre  redentora 
Dejaste  al  hombre  por  perpetua  herencia! 

¡Oh  soberano  símbolo  en  que  todos 
Los  dogmas  y  misterios  se  completan! 

¡Oh  Sacramento  vivo  que  el  portento 
Del  amor  infinito  nos  revelas! 

¿Qué  vista  mirará  tus  resplandores? 
¿Qué  acento  cantará  tu  gloria  excelsa? 
¿Qué  idea  del  humano  entendimiento 
Abarcaría  tu  infinita  esencia? 

Cae  ante  Ti,  vencida  y  humillada 
La  vana  ceguedad  de  mi  soberbia, 

Y  postrado  ante  el  ara  de  tu  gloria 
Hundo  mi  frente  en  polvo  de  la  tierra. 

Porque  ante  Ti,  mi  corazón  herido 
Del  rudo  batallar  de  la  existencia, 

Deja  el  amargo  tedio  de  la  vida 

Y  de  inefable  placidez  se  llena. 

Por  Ti,  el  rebelde  espíritu,  que  atado 
Al  peñón  de  sus  dudas  forcejea, 

Rompe  la  esclavitud  que  le  aprisiona 

Y  con  las  alas  de  la  fe  se  eleva. 

Piedad,  Señor;  no  es  digna  la  morada 
Del  alma  que  pecó  de  tu  presencia, 

Mas  haz  que  vibre  el  celestial  acento 
De  tu  voz  que  las  almas  regenera. 

Que  ya  me  alumbra  tu  mirada  amante 

Y  en  las  negruras  de  mi  sér  penetra. 
Como  en  la  negra  charca  del  pantano 
El  sol  desde  los  cielos  se  refleja ! 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


Digitized  by  t^-ooQie 


deaurati;  cuín  pede,  data  Ecclesúe  per  Regem  1  á  co-  mk^ry{ 
lum  Ar  agonía,  pondere  L  marchas;  su  mita  te,  ct  la - 
terihus  ac  parte  anterior  i  hahct  / dures  imagines  stan - 
tes,  et  alienas  pidas  in  smaltio....  lando . ;  retrorsum 

hahet  portas  cumfa et  com ad  custodiendum  cor -  ^ 

por  alia,  et  importis  sunt  sex  se  uta  et  in  pede  quatuor 
de  anuís  Jtegis  Aragón um.» 

La  alhaja  es  ejemplar  valioso  <le  orfebrería  aragonesa,  sin  (pie  pueda  precisar  á 
qué  escuela  pertenece,  si  á  la  de  Barcelona  ó  á  la  célebre  de  Montpeller;  tiene  cierta 
parecido  con  el  báculo  del  Papa  Luna  que  expone  en  una  de  mis  vitrinas  el  Museo 
Nacional  de  Antigüedades  cs|  añohn;  ambos,  en  su  ornamentación,  presentan  es¬ 
maltes  traslúcidos  y  esbozan  influencias  del  arte  francés.  Mide  —  excluyendo  las  es¬ 
tatuas  y  el  viril,  coronamiento  de  pésimo  gusto  colocado  en  el  pasado  siglo  para 

/ai*  una  forma  recién  consagrada  ad  cavtclam  —  80 
isa  50  marcos  de  plata. 

rra  con  puertas  blasonadas,  quizá  retocadas, 
el  precioso  tronco  del  ostensorio,  por  acuerdo  de  los  reyes  Fernando  é  Isabel, 

el  interior,  en  un  armario,  se  guardan  las  seis 
La  parte  posterior  de  la  alhaja  forma  el  asunto  de  la  ilustración  do 

Jesús  crucificado  y 

Herreros  con  indumentaria  de  la  centuria  en  que  se  repujaron,  en  el 
>,  en  el  inferior,  estando  separados  uno  de  otro 
azul  obscui o  esmaltado:  en  los  laterales  de  la 
estatuas,  ascendiendo  á  19  el  total,  y 
de  Aragón,  que 


PR  cumplimentar  el  acuerdo  de  llev 

I  centímetros  de  altura,  y  pe 
[  La  parte  anterior  del  ostensorio  se  cier 

siendo  muy  curiosas  las  fallebas;  en 

esta  página:  pertenece  al  siylo  XIII  la  imaginería  de  los  dos  cuadro: 

[  superior;  María,  madre,  y  dos  orantes, 
por  galerías  que  destacan  del  fondo 
custodia,  sobre  ménsulas  y  cabe  guardapolvos, 

10  los  escudos  heráldicos  con  las  barras,  último  cuartel  de  las  armas 
se  cuentan  en  tal  joya. 

Por  origen  confirmado  por  el  inventario,  y  por  la  imaginería  de  los  cuadros,  la  cus¬ 
todia  procesional  de  Daroca  es  del  siglo  XIII;  por  las  innovaciones  dominantes  en  ella, 
podría  adjudicarse  al  siglo  XIV;  en  los  XV-XVI  fué  nuevamente  reformada,  y  en 
el  xvill  afeada  y  quizá  mutilada  en  su  remate. 

_ _  Antes  se  conducía  la  alhaja  procesionalmente  sobre  andas  de  madera,  estofadas  sua 

columnas  espirales,  sus  tallas,  medallas  é  historiados  relieves;  desde  hace  muy  pocos 
JÉ  XkH  años  se  lleva,  gracias  á  la  esplendidez  del  canónigo  Sr.  Fuertes,  en  andas  de  plata,  á 

modo  de  basamento  que  mide  60  centímetros  de  altura,  también  decorado  con  meda- 
nRBLm  I Iones,  y  en  el  frontis,  dentro  de  un  sagrario,  colocan  el  relicario  de  filigrana  de  oro, 

donativo  de  los  monarcas  Católicos . 

El  milagro  aconteció  en  12119;  en  1262  se  creó  una  comisión  compuesta  de  indivi¬ 
duos  del  clero  y  de  vecinos  de  la  ciudad  para  rogar  al  Santo  Padre  la  aprobación  del 
culto  de  las  Sagradas  Formas,  espontáneamente  tributado  por  el  pueblo;  petición  que, 
apaciguadas  las  discordias  de  giielfos  y  gibelinos,  apoyaron  Santo  Tomás  y  San  Bue- 
<  v,  r  naventura;  en  1263  publicóse  la  Bula  creando  la  festividad  del  Corpus,  aunque,  tam- 

bien  por  los  antedichos  disturbios,  no  se  hizo  vigente  hasta  1311  en  el  Concilio  do 
Viena,  ai  que  asistieron  los  reyes  de  Aragón,  Francia  é  Inglaterra,  siendo  pontífice 
Clemente  V;  y  en  1336  .luán  XXII  acordó  celebrar  octava  y  mandó  llevar  procesio- 
2?  nalmente  el  Santísimo  Sacramento.- 

Principiaron  á  celebrar  la  solemnidad  del  Corpas:  Barcelona,  en  1319,  según  sus 
dietarios  municipales;  Sens,  en  1.320;  Tournay,  en  1323;  Vich  y  Chartres,  1330;  Va¬ 
lencia,  1335;  Palma,  1316;  Pavía,  1401,  siguiendo  después  las  demás  ciudades  del 
^  orbe  católico.  Distinguiéronse  en  España  por  su  carácter  y  originalidad:  Barcelona,  Zaragoza,  Sevi- 

«  lia,  Valencia  y  Madrid,  que  presentaron  pasajes  délos  Testamentos;  celebraron  danzas  de  espadap, 
dé  ángeles  y  de  diablos,  de  la  mala  hembra;  idearon  tarascas,  rocas,  carros  de  triunfo,  gigantones 
r  y  enanos. 

Construyeron  custodias  procesionales,  que  muchas  de  ellas  desaparecieron  con  los  sitiadores  de 
principios  de  este  siglo:  Barcelona,  1408;  Vich,  1413;  Valencia,  1456;  (ferona,  siglo  XV;  monasterio  de  (Guadalupe,  1480  ( r  >; 
León,  1506;  Córdoba,  1513;  Toledo,  1517;  Cuenca  y  la  Cartuja  de  Miradores,  1528;  Zamora,  1528  (?);  Cádiz,  el  Cogollo  y 
Salamanca,  por  igual  fecha;  Jaén,  1533;  Zaragoza,  1537;  Toro,  1538;  Santiago,  1554;  Calahorra,  ídem  (?);  Santa  María  de 
Uioseco,  loo  i ;  convento  de  San  Esteban  ^Salamanca),  Ubi:  Avila,  lotl;  San  Juan  de  Alarcon  ^Cuenca  \,  lo  i  5;  Sevilla,  loSO; 


C.  de  la  Real  Academia  de  San  Fernando. 


Digitized  by  XjOOQie 


CUADRO  DE  FÉLIX  MESTRES  EORRELL.-  TREMIALO  CON  3  *  MEDALLA  EN  LA  EXPOSICIÓN  GENERAL  DE  BELLAS  ARTES  DE  1867. 


334  —  n.°  xxi 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Junio  1898 


US  RECIENTES  APLICACIONES  DEL  HOMO  ELECTRICO. 


ON  ser  las  invenciones  modernas  tan 
iMgv&yM  fecundas  en  aplicaciones  prácticas, 
J  ninguna  de  ellas  aventaja,  y  pocas 
igualan,  al  homo  eléctrico.  Extendi- 
da,  gracias  á  él,  la  escala  de  las  tem- 
peraturas,  hasta  alcanzar  como  límite  su- 
perior  la  de  la  volatilización  del  carbono, 
habiendo  antes  transformado  en  vapor  la 
|  cal,  el  ácido  silícico,  y  cuantas  substancias 
*  eran  consideradas  refractarias  al  cambio  de 


estado,  bien  puede  decirse  que  ha  causado  en  la 
Metalurgia  tan  hondos  cambios  como  produjeron 
los  nuevos  métodos  para  obtener  el  níquel  ó  los 
procedimientos  de  beneficiar  los  minerales  de  hie¬ 
rro  fosforados.  Ningún  invento  se  ha  extendido 
más  en  menos  tiempo :  convirtió  en  usuales  me¬ 
tales  rarísimos;  consintió  preparar,  en  cantida¬ 
des  ya  relativamente  grandes,  cuerpos  cuyas  alea¬ 
ciones  y  ligas  con  otros  tienen  á  cada  punto 
mayores  aplicaciones;  por  él  se  obtiene  el  carburo 
de  calcio,  de  cuya  utilidad  nadie  duda,  base  de  la 
industria  del  acetileno  y  fundamento  de  la  indus¬ 
tria  del  alcohol  sintético;  y  por  el  horno  eléctrico 
se  ha  llegado  á  aislar  y  estudiar  la  serie  de  los 
carburos  metálicos  casi  completa,  nueva  clase  de 
cuerpos,  muchos  de  ellos  inmediatamente  aplica¬ 
bles,  que  relacionan  de  modo  positivo  los  com¬ 
puestos  minerales  y  las  substancias  orgánicas. 
Aparte  de  esto,  débese  al  ya  famoso  aparato  ha¬ 
ber  completado,  con  magníficos  datos  experimen¬ 
tales,  el  conocimiento  de  los  estados  del  carbono, 
no  ya  sólo  en  lo  relativo  á  las  propiedades  parti¬ 
culares  de  cada  uno,  sino,  acaso  mejor,  esclare¬ 
ciendo  el  problema  de  su  génesis,  especialmente 
en  lo  relativo  al  asunto  de  los  estados  interme¬ 
dios  y  al  mecanismo  de  los  fenómenos  en  los  cua¬ 
les  se  producen.  Y  dentro  de  la  pura  teoría,  es 
bien  sabido,  á  la  hora  presente,  cómo  los  resulta¬ 
dos  experimentales,  conseguidos  aplicando  la  tem¬ 
peratura  extrema  producida  en  el  horno  eléctri¬ 
co,  son  datos  de  gran  valor,  en  los  cuales  se  apo¬ 
yan  doctrinas  de  la  mayor  importancia,  relativas 
al  probable  origen  de  substancias  naturales  de 
tanta  complejidad  como  los  petróleos,  naftas  y 
esquistos  bituminosos. 

Demandan  los  adelantos  realizados  atento  y  mi¬ 
nucioso  estudio;  reclama  el  conocimiento  de  los 
más  trascendentales  examen  detenido,  y  meréce¬ 
lo,  en  general,  el  novísimo  procedimiento  meta¬ 
lúrgico,  cuyas  aplicaciones  en  brevísimo  tiempo 
han  de  transformar  la  gran  industria  de  los  me¬ 
tales,  haciendo  usuales  cuantos  se  califican  de  ra¬ 
ros,  aprovechando  las  cualidades  de  los  carburos 
metálicos,  solos  ó  asociados,  y  preparando  alea¬ 
ciones  á  voluntad,  dotadas  de  cualidades  previstas 
de  antemano.  En  ciencia,  los  descubrimientos  son 
función  de  los  métodos,  y  cada  uno  nuevo  es  ger¬ 
men  de  muchos;  porque  aun  no  percibiéndose  cla¬ 
ras  las  relaciones  entre  los  hechos  y  los  medios  de 
llevarlos  á  cabo,  semejantes  lazos  existen,  son  ín¬ 
timos  y  llegan  á  descubrirse  al  cabo,  de  igual  modo 
que  por  el  estudio  de  un  movimiento  se  deduce 
la  fuerza  ó  el  sistema  de  fuerzas  que  lo  originaron. 
Nos  hallamos  en  el  caso  presente  con  un  procedi¬ 
miento  nada  complicado  ciertamente,  el  cual  pone 
©n  manos  del  investigador  medio  de  conseguir  y 
aplicar  la  mayor  energía  térmica  jamás  conocida: 
ai  punto  vese  la  posibilidad  práctica  de  nuevos 
cambios  de  estado,  haciendo  á  todos  los  cuerpos 
susceptibles  de  ellos,  porque,  así  como  los  medios 
de  conseguir  grandes  presiones  y  temperaturas 
extremadamente  bajas  han  borrado  la  noción  de 
gases  permanentes,  ante  la  potencia  térmica  del 
horno  eléctrico  no  hay  substancias  refractarias, 
ni  óxidos  irreductibles,  ni  metales  que  no  se  vo¬ 
latilicen.  Y  si  desde  el  punto  de  vista  físico  son 
posibles,  en  la  práctica,  semejantes  transforma¬ 
ciones,  obteniendo  gases  que  son  cal,  sílice,  car¬ 
bono  ó  plata,  desde  el  punto  de  vista  químico 
facilítanse  asociaciones  moleculares  y  se  hacen 


interesantes,  es  preciso  considerar  los  experimen¬ 
tos  á  que  se  alude.  Primero,  en  razón  de  su  valor 
como  datos  para  inferir  la  estructura  de  los  cuer¬ 
pos  obtenidos  y  el  mecanismo  generador  de  ellos 
en  reacciones  químicas  de  extraordinaria  senci¬ 
llez;  y  luego,  en  razón  de  las  aplicaciones  de  las 
nuevas  substancias,  ya  sea  por  sí  mismas,  ya  uni¬ 
das  á  otras  cuyas  propiedades  modifican,  hacién¬ 
dolas  susceptibles  de-  nuevos  usos  industriales. 
Tanto  por  haberlos  preparado  puros,  cuanto  por 
haber  conseguido  sus  carburos,  la  obtención  de 
cuerpos  metálicos  en  el  horno  eléctrico  ha  influi¬ 
do,  de  manera  decisiva,  en  los  progresos  de  la 
nueva  Metalurgia,  los  cuales  aseguran,  para  ya  no 
lejano  porvenir,  la  posibilidad  de  modificar  las 
propiedades  de  los  metales,  conforme  se  logra  me¬ 
jorar  las  del  acero,  haciéndole  perder  carbono  por 
el  ferromanganeso,  ó  como  se  alcanza  basta  pro¬ 
ducir  bronces  de  aluminio,  dotados  de  las  condi¬ 
ciones,  previstas  de  antemano,  que  los  hacen  uti¬ 
lizabas  para  diversas  industrias.  Las  formas  de 
combinaciones  obtenidas,  merced  á  la  tempera¬ 
tura  elevadísima  producida  en  el  horno  eléctrico 
de  Moissan,  demuestran  también  cómo  pueden 
unirse  químicamente  cuerpos  considerados  iner¬ 
tes,  cuyas  relaciones  de  parentesco  parecen  no 
existir,  ó  cuando  menos  hallarse  muy  lejanas,  y 
ser  en  extremo  débiles;  por  donde  se  viene  á  pro¬ 
bar,  en  el  caso  concreto  del  carbono  y  los  meta¬ 
les,  que  las  afinidades  de  unos  cuerpos  para  otros, 
de  tan  varios  modos  manifestadas,  son  función  de 
la  temperatura,  ó,  hablando  con  mayor  propiedad, 
del  estado  de  las  substancias  que  reaccionan  y  del 
medio  ó  mecanismo  generador,  conforme  aparece 
bien  probado,  ya  en  otro  orden  de  fenómenos,  en 
los  notabilísimos  casos  de  combinación  directa  del 
nitrógeno  con  los  cuerpos  orgánicos  binarios  y 
ternarios,  por  influencia  de  los  efluvios  eléctri¬ 
cos,  estudiados  por  Berthelot  en  ingeniosos  y  ad¬ 
mirables  experimentos,  cuyos  resultados  son  deci¬ 
sivos. 

No  es  preciso  esforzarse  mucho  para  entender 
este  hecho  fundamental,  base  de  los  novísimos 
trabajos:  cuando  se  calienta,  á  la  temperatura  cuyo 
límite  superior  está  en  la  correspondiente  á  tres 
mil  grados  centesimales,  un  óxido  metálico  cual¬ 
quiera  mezclado  con  carbón,  el  óxido  se  reduce  y 
el  metal,  en  tales  circunstancias  puesto  en  liber¬ 
tad,  se  une  al  carbono  en  exceso,  formando  el  car¬ 
buro  metálico.  Constituye  el  caso  más  sencillo,  y 
también  el  más  importante  por  las  numerosas  apli¬ 
caciones  que  ya  tiene  el  producto  conseguido,  el 
carburo  de  calcio,  ahora  preparado  en  grandes 
cantidades  mediante  reacción  del  carbón  sobre  la 
cal  viva.  Una  propiedad,  quizá  la  de  mayor  inte¬ 
rés,  desde  luego  la  más  general,  de  los  carburos 
metálicos  es  descomponer  el  agua,  de  ordinario  á 
la  temperatura  ordinaria,  produciéndose  el  hidrato 
metálico,  insoluble  casi  siempre,  y  desprendién¬ 
dose  uno  ó  varios  carburos  de  hidrógeno,  en  cier¬ 
tos  casos  hasta  mezclados  con  este  mismo  gas  puro: 
recuérdense,  á  guisa  de  ejemplos,  la  obtención  del 
acetileno,  que  es  ya  una  industria,  la  del  formeno, 
la  del  etileno  y  la  del  grupo  de  hidrocarburos  lí¬ 
quidos  constituyentes  del  petróleo,  producidos  en 
las  acciones  del  carburo  de  urano  sobre  el  agua. 
Este  mismo  modo  de  descomponer  las  combina¬ 
ciones  metálicas  del  carbono  es  la  base  y  punto  de 
partida  de  los  novísimos  métodos  de  obtenerlas, 
mediante  una  reacción  á  todas  ellas  extensiva  y 
tan  general  como  puede  serlo  aquella  misma  ori¬ 
ginaria  del  carburo  de  calcio  ó  la  que  produjo  las 
variadas  formas  del  carbono,  disolviéndolo  antes 
en  la  masa  de  un  metal  fundido,  y  sometiendo 
luego  el  sistema  á  enormes  presiones  y  lento 
enfriamiento.  Aunque  las  observaciones  relati¬ 
vas  al  mecanismo  de  las  reacciones  generadoras 
de  los  carburos  metálicos  sean  posteriores,  pue¬ 
den  ahora  servir  de  guía  para  entender  los  nue¬ 
vos  métodos,  cuya  práctica  es  por  todo  extremo 
sencilla. 

Está  averiguado  que  ningún  cuerpo,  aun  el  pro¬ 
ducido  mediante  las  reacciones  instantáneas  ca¬ 
racterísticas  de  las  materias  explosivas,  se  forma 


posibles  las  antes  desconocidas:  la  serie,  ya  tan 
completa,  de  los  carburos  metálicos  es  de  ello  el 
mejor  ejemplo.  Diferentes  veces  me  he  ocupado 
en  el  estudio  particular  de  algunos;  ahora  me  pro¬ 
pongo  hablar  de  los  estados  ó  cuerpos  intermedios 
hasta  llegar  á  formarlos,  partiendo  del  carbón  y 
el  correspondiente  óxido  metálico,  y  tratar  luego 
de  un  procedimiento  general  de  obtención  por 
medio  de  reacciones  sencillas,  partiendo  del  car¬ 
buro  de  calcio,  el  cual  hace,  respecto  del  particu¬ 
lar,  análogos  oficios  que  el  acetileno  respecto  de 
los  carburos  de  hidrógeno,  y  en  particular  de  los 
pirogenados:  ambas  cosas,  cuya  importancia  vese 
al  punto,  constituyen  las  más  recientes  aplicacio¬ 
nes  del  famoso  horno  eléctrico. 


de  una  vez,  como  de  repente,  sin  transición  alguna 
entre  el  estado  inicial  de  los  cuerpos  que  han  de 
actuar  y  el  estado  final  correspondiente  á  la  subs¬ 
tancia  ya  formada.  Se  trata,  en  el  caso  general  del 
fenómeno  químico,  del  paso  de  un  sistema  de  equi¬ 
librio  molecular  á  otro  sistema,  lo  cual  no  se  con¬ 
sigue  sin  pasar  antes  por  toda  una  serie  de  estados 
intermedios,  tanto  más  rápidos,  cuanto  más  vio¬ 
lenta  es  la  reacción.  Al  descomponerse  un  óxido 
mediante  el  carbón  en  el  horno  eléctrico,  no  se 
forma  inmediatamente  el  carburo  metálico;  tanto 
valdría  esto,  como  admitir  que  el  hecho  se  llevase 
á  cabo  de  la  misma  manera  y  al  mismo  tiempo  en 
toda  la  masa  constituida  por  la  mezcla  del  óxido  y 
el  carbón:  en  ella,  por  necesidad,  han  de  efee- 


Desde  dos  puntos  de  vista,  ambos  igualmente  tuarse  reacciones  internas  y  secundarias,  cuyo 


término  será,  en  definitiva,  el  carburo  que  se 
trata  de  obtener.  Iniciase  en  un  pronto  la  meta¬ 
morfosis  química;  allí  se  reduce  el  óxido,  y  mien¬ 
tras  el  metal  libre  se  combina  con  el  carbón,  el  , 
fenómeno  iniciado  continúa  propagándose  en  la 
masa,  podiendo  coexistir  en  ella  el  óxido  metᬠ
lico,  el  metal  y  mucho  carbón  sin  actuar,  en  dis¬ 
posición  de  producir  determinadas  acciones  secun¬ 
darias. 

Sin  pretender  generalizar  el  hecho,  debe  citarse 
un  fenómeno,  primeramente  y  hace  ya  tiempo  in¬ 
dicado  por  Berthelot,  y  ahora  comprobado  por 
Moissan  en  experimentos  recientes:  se  trata  de  la 
formación  de  ciertos  carburos  metálicos,  los  al¬ 
calinos,  haciendo  reaccionar,  ya  á  la  temperatura 
ordinaria,  el  acetileno  puro  sobre  el  metal  corres¬ 
pondiente,  en  cuyo  caso,  antes  de  producirse  el 
carburo,  fórmase  un  cuerpo  ternario,  combinación 
integral  del  metal  y  el  acetileno,  compuesto  ines¬ 
table  fácilmente  disociable,  originándose  así,  sir¬ 
viendo  de  términos  intermediarios,  el  acetileno 
potásico  y  el  acetileno  sódico,  los  carburos  de  po¬ 
tasio  y  de  sodio.  Mas  no  son  éstos  los  únicos  me¬ 
tales  susceptibles  de  unirse  al  más  sencillo  de  los 
hidrocarburos  formando  combinaciones  definidas; 
otros,  como  el  magnesio,  lo  hacen  también,  y  J 
en  las  mismas  circunstancias  se  disocian  los  cuer¬ 
pos  constituidos  por  el  metal,  el  hidrógeno  y 
el  carbono.  Salta  á  la  vista  la  importancia  de  los 
hechos  referidos,  no  limitada  á  la  ciencia  pura, 
sino  extendida  hasta  un  método  general  para  ob¬ 
tener  los  carburos  metálicos,  partiendo  como 
reacción  generadora  de  la  llevada  á  cabo  entre  el 
metal  y  el  acetileno:  sábese  cómo  éste,  ó  por  me¬ 
dio  de  condensaciones  pirogenadas  que  lo  enrique¬ 
cen  de  carbono,  ó  mediante  combinaciones  con  el 
hidrógeno,  produce  y  engéndrala  serie  casi  com¬ 
pleta  de  los  carburos  de  éste.  Pues  bien;  los  nue¬ 
vos  experimentos  demuestran  cómo,  pasando  por 
una  combinación  ternaria  poco  estable,  se  llega  á 
reemplazar  el  hidrógeno  del  acetileno  por  un  me¬ 
tal,  formando  así  los  carburos  metálicos. 

Calentando  en  el  horno  eléctrico  la  mezcla  de 
cal  viva  y  carbón ,  se  prepara  el  carburo  de  calcio, 
en  el  día  producto  industrial;  este  carburo,  en  con¬ 
tacto  con  el  agua,  produce  acetileno,  que,  en  con¬ 
tacto  con  un  metal  y  empleando  el  mecanismo  ya 
dicho,  genera  carburo  metálico,  el  cual,  á  su  vez, 
actuando  sobre  el  agua,  se  transforma  en  hidrato 
metálico,  desprendiéndose  uno  ó  varios  carburos 
de  hidrógeno.  Tal  ciclo  de  reacciones  químicas, 
cuya  práctica  en  los  laboratorios  es  ahora  fácil, 
tiene  muchos  puntos  de  contacto  y  presenta  nota¬ 
bles  analogías  con  el  génesis  más  racionalmente 
probable  de  los  hidrocarburos  naturales.  Nadie 
duda  de  la  existencia  del  carburo  de  hierro  na¬ 
tivo  á  grandes  profundidades  de  la  corteza  terres¬ 
tre;  allí  la  temperatura  es  muy  elevada,  y  mantie¬ 
ne  el  agua  en  estado  de  vapor  á  enormes  presio¬ 
nes,  circunstancias  necesarias  para  que  se  formen 
dos  series  de  compuestos:  el  vapor  de  agua  des¬ 
compone  el  carburo  metálico,  y  resultan  de  ello 
hidrato  férrico  y  los  carburos  de  hidrógeno  que  el 
calor  y  las  presiones  determinen;  de  otra  parte, 
como  se  produce  acetileno  en  contacto  de  un  me¬ 
tal,  habrá  acaso  la  reacción  secundaria  indicada, 
regenerándose  quizá  el  carburo  primitivo;  fórmase 
también  acetiluro  de  hierro,  el  cual,  descompues¬ 
to  por  el  agua,  da  acetileno  libre,  susceptible  de 
todo  linaje  de  transformaciones  pirogenadas.  Así, 
con  sólo  un  carburo  metálico  y  vapor  de  agua 
pueden  generarse  multitud  de  cuerpos  de  funcio¬ 
nes  químicas  definidas,  cuya  mezcla  constituye  las 
mejores  primeras  materias  de  la  gran  industria 
química  moderna;  y  no  es  aventurado  suponer, 
después  del  conocimiento  de  los  fenómenos  elec- 
trocapilares  estudiados  por  Becquerel,  que  la  mis¬ 
ma  electricidad  empleada  en  producir  el  calor  ne¬ 
cesario  para  tales  metamorfosis  químicas,  es  el 
propio  agente  que  en  la  Naturaleza  interviene  en 
la  producción  y  génesis  de  cuerpos  idénticos,  ó 
cuando  menos  muy  semejantes. 

Un  nuevo  hecho,  más  general  todavía,  acaba  de 
añadirse  á  la  ya  numerosa  lista  de  las  maravillas 
realizadas  en  el  horno  eléctrico:  la  importancia 
del  experimento  es  doble,  porque  pone  de  mani¬ 
fiesto  las  relaciones  íntimas  existentes  entre  los 
carburos  de  hidrógeno  y  los  carburos  metálicos,  y 
da  un  método  fácil  de  conseguir  estos  últimos  en 
tales  condiciones  que  no  tardará  en  hacerse  in¬ 
dustrial.  Obtenido  en  grandes  cantidades  el  car¬ 
buro  de  calcio,  descomponiéndolo  por  el  agua,  fué 
cosa  sencillísima  tener  acetileno  puro,  que  da  in¬ 
definida  serie  de  compuestos  de  hidrógeno  y  car¬ 
bono,  y  es  susceptible  de  producir  el  alcohol  sin¬ 
tético:  con  acetileno  y  los  metales,  no  sólo  Fe 
generan  acetiluros,.  sino,  pasando  por  la.  combi¬ 
nación  ternaria,  tantas  veces  nombrada,  se  pre¬ 
paran  los  carburos  metálicos,  cuando  menos  los 
alcalinos  y  el  de  magnesio.  Todo  ello  es  conse- 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Junio  1888 


LA  ILUSTRACIÓN'  "ESRAN'OLA  Y  AMERICANA 


n.°  xxi  —  335 


cuencia  del  puro  estadio  de  las  reacciones  del  ace¬ 
tileno  sobre  diversos  cuerpos,  y  en  las  más  varia¬ 
das  condiciones  experiméntales;- faltaba,  empero, 
conocer  el  modo  de  actuar  entre  sí,  y  unos  con 
otros,  los  distintos  carburos  metálicos,  y  esto  ha 
sido  el  objeto  de  los  recientes  trabajos  de  Moissan, 
acaso  los  más  importantes  llevados  á  cabo  con  au¬ 
xilio  del  horno  eléctrico:  fué  el  carburo  de  calcio 
el  punto  de  partida,  y  se  procedía  mezclándolo 
íntimamente  con  distintos  óxidos  metálicos,  so¬ 
metiendo  luego  la  mezcla,  y  no  por  mucho  tiem¬ 
po,  á  la  temperatura  desarrollada  en  el  arco  vol¬ 
taico.  El  resultado  de  los  experimentos  fue  suma¬ 
mente  curioso  y  de  un  interés  grandísimo  para  la 
industria:  el  carburo  de  calcio  se  descompone  en 
las  condiciones  indicadas,  fórmase  óxido  de  calcio 
y  se» genera  el  carburo  del  metal  cuyo  óxido  ha 
sido ¡  sometido  al  tratamiento.  Cuantos  ensayos  se 
hicieron — y  á  la  hora  presen¬ 
te  van  .ya  muchos — dieron  el 
mismo  resultado,  y  así  quedó 
como  un  método  general  para 
obtener  los  carburos  metáli¬ 
cos  la  acción  de  los  óxidos  so¬ 
bre  el  carburo  de  calcio,  á  la 
elevada  temperatura  produci¬ 
da  en  el  horno  eléctrico. 

A  tan  sencillos  términos  se 
concreta  un  procedimiento 
llamado  á  producir,  ya  de  mo¬ 
mento,  una  verdadera  revolu¬ 
ción  industrial  en  el  campo  de 
la  Metalurgia,  en  cuanto  las 
consecuencias  de  los  novísi¬ 
mos  experimentos  han  de  per¬ 
mitir  modificar  y  mejorar,  por 
medio  de  aleaciones  con  otros, 
las  condiciones  de  los  usua¬ 
les,  preparar  en  cantidad  al¬ 
gunos  hasta  ahora  raros,  y  uti¬ 
lizar  las  propiedades  de  de¬ 
terminadas  combinaciones 
metálicas  del  carbono,  hasta 
el  presente  sin  uso  ninguno; 
que  de  tal  suerte  van  poco  á 
poco  pasando  á  la  industria 
las  sustancias  diputadas  por 
meras  curiosidades  ó  rarezas 
de  laboratorio. 

Considerando  la  mezcla  de 
un  carburo  metálico ,  rico  de 
carbono,  con  otro  carburo  de 
metal  más  oxidable,  y  some¬ 
tiéndola  á  elevadísima  tempe¬ 
ratura  en  una  corriente  muy 
violenta  de  aire,  sucederá  que 
la  descarburación  se  irá  ha¬ 
ciendo  hasta  ser  casi  comple¬ 
ta,  oxidándose  el  metal  que 
lo  sea  más  fácilmente,  pero 
uniéndose  parte  del  que  queda 
libre  al  menos  oxidable:  te¬ 
niendo  en  cuenta  semejantes 
hechos,  realizados  en  la  des¬ 
carburación  de  las  fundicio¬ 
nes  de  hierro,  por  ejemplo,  se 
comprende  la  posibilidad  de 
obtener  ligas  metálicas  bina¬ 
rias  ó  ternarias,  cuyas  pro¬ 
piedades  se  prevean,  teniendo 
en  cuenta  las  de  los  metales 
originarios.  Se  partirá  de  los 
correspondientes  carburos, 
obtenidos  reaccionando  el  de 
calcio  con  los  óxidos,  de  la  J 

manera  ya  dicha,  y  de  seguro 
encontrarítfnse  pronto  aplicaciones  inmediatas  á 
los  primeros  productos  de  las  metamorfosis  quí¬ 
micas:  conocido  el  principio  y  determinada  la  ge¬ 
neralidad  de  la  reacción  originaria,  aquéllas  no 
tardarán  de  seguro  mucho  tiempo  en  llegar.  Y  en 
otro  orden  de  ideas  no  menos  importante,  si  con 
razón  el  acetileno  es  tenido  como  fundamental  de 
todos  los  carburos  de  hidrógeno,  en  especial  los 
procedentes  de  síntesis  pirogenada,  después  de  los 
últimos  experimentos  de  Moissan  bien  puede  ser 
considerado  el  carburo  de  calcio  origen  y  punto 
de  partida  de  los  carburos  metálicos,  en  cuanto 
todos  pueden  formarse  cuando  reacciona  sobre  los 
óxidos  de  los  metales:  las  funciones  químicas  de 
ambos  cuerpos  son  análogas,  y  la  misma  su  reac¬ 
ción  característica;  pues  de  uno  ó  de  otro  se  pue¬ 
de  partir  para  conseguir,  por  mecanismos  quími¬ 
cos,  si  no  idénticos,  muy  semejantes,  toda  la  serie 
de  las  combinaciones  metálicas  del  carbono,  obte¬ 
nidas  á  la  elevada  temperatura  desarrollada  en  el 
homo  eléctrico. 

José  Rodríguez  Mourelo. 


LOS  QUE  SE  FUERON. 


VALERIANO  D.  BÉCQUER. 


Cuando  mis  pálidos  restos 
Oprima  la  tierra  ya. 

Sobre  la  olvidada  fosa 

¿ Quién  vendrá  á  llorar? 

¿Quién,  en  fin,  al  otro  día, 

Cuando  el  sol  vuelva  á  brillar, 

De  que  pasé  por  el  mundo, 

Quién  se  acordará? 

GUSTAVO  A.  BÉCQUER,  Rima  LXI. 

El  año  de  1870,  tan  fecundo  en  sucesos  políticos, 
no  lo  fue  menos  en  numerosas  y  sensibles  pérdi¬ 
das  para  España.  La  política,  la  pintura,  la  música 
y  las  letras  vieron  desaparecer,  en  el  trascurso  de 
aquél,  políticos  tan  notables  como  D.  Pascual  Ma- 


Mr.  GOSCHEN, 

PRIMER  LORD  DEL  ALMIRANTAZGO  DE  INGLATERRA. 
(De  fotografía  de  Elliot  &  Fry.) 


doz  y  el  invicto  general  Prim;  escritores  y  publi¬ 
cistas  tan  excelentes  como  Javier  de  Ramírez, 
Juan  Pérez  Calvo,  Juan  Rico  y  Amat,  Agustín  Fu¬ 
nes  y  Luis  Soles  y  Eguílaz;  autores  dramáticos  de 
la  importancia  de  Camprodón  y  de  Sanz  Pérez, 
cultivador  del  género  andaluz  (1);  compositor  tan 
inspirado  como  Gaztambide;  actores  tan  aprecia¬ 
dos  como  Juan  Catalina  y  Antonio  Capo,  cisógrafo 
además  de  gran  mérito;  poetas  líricos  de  la  talla  de 
Bernardo  López  García  y  Gustavo  Adolfo  Bécquer, 
y  al  pintor  y  dibujante  Valeriano  Domínguez  Béc¬ 
quer,  hermano  queridísimo  del  autor  de  las  Rimas . 

Al  anunciar  la  prensa  de  Madrid  su  fallecimien¬ 
to,  acaecido  el  20  de  Septiembre  del  citado  año, 
uno  de  los  más  ilustres  periodistas  de  la  época 
decía,  en  el  artículo  necrológico  que  le  dedicó,  que 
la  nueva  generación  de  España  había  perdido  en 
él  un  artista;  la  desgracia  un  alma  fuerte  que  ator¬ 
mentar,  y  la  Naturaleza  uno  de  sus  más  fieles  y 
más  inteligentes  admiradores. 


(1)  Autor  de  La  flor  de  la  canela ,  El  parto  de  los  montes,  El 
congreso  de  gitanos,  Marinos  en  tierra,  y  otras  muchas,  verda¬ 
deros  modelos  en  su  género. 


Pero  dejemos  al  inmortal  autor  de  las  Rimas  el 
trabajo'  de' retratar  á"su  hermano.  ¿Quién  mejor 
que  él  podría  hacerlo? 

Los  apuntes  que  van  á  continuación ,  y  que  hoy 
por  primera  vez  se  dan  á  luz,  fueron  escritos  al 
correr  de  la  pluma,  para  que  los  tuviese  presentes 
Augusto  Ferrún,  su  hermano  del  alma,  al  escribir 
la  biografía  de  Valeriano. 

Del  autor  de  La  Soledad  y  La  Pereza  los  he¬ 
redó  el  coleccionador  de  estos  datos. 

Habla  Gustavo  Adolfo  Bécquer: 

((Valeriano  nació  en  Sevilla  en  Diciembre  del 
año  1834,  de  modo  que  había  cumplido  ya  treinta 
y  cinco  años.  Como  sabes,  nuestro  padre  era  pin¬ 
tor,  y  murió  siendo  nosotros  muy  pequeños,  tam¬ 
bién  á  los  treinta  y  cinco  años. 

»A  poco  de  morir  nuestro  padre,  murió  nuestra 
madre.  Valeriano  de  pequeño  estuvo  en  el  colegio 
de  San  Diego,  de  Sevilla,  del 
que  fué  maestro  el  célebre  don 
Alberto  Lista.  Siempre  mos¬ 
tró  una  gran  disposición  para 
la  pintura.  Es  una  puerilidad,- 
pero  yo  recuerdo  que  siendo 
muy  chicos  nos  quitaban  la  luz 
después  de  acostados,  y  Vale¬ 
riano  las  noches  de  luna  abría 
el  balcón  y  dibujaba  á  aquella 
claridad  dudosa.  Ya  desde  chi¬ 
co  pintaba  todo  lo  que  nos  su¬ 
cedía,  y  retrataba  en  papeles 
y  libros  á  las  gentes  que  íba¬ 
mos  conociendo.  Esta  costum¬ 
bre,  que  conservó  siempre, 
hace  que  en  sus  carteras  se 
encuentren  muchos  episodios 
de  su  vida  y  sus  viajes,  he¬ 
chos  con  gracia  y  facilidad.  Le 
ha  sido  siempre  tanto  más  fᬠ
cil  la  expresión  de  las  ideas 
por  medio  del  dibujo  que  de 
la  palabra,  que,  como  sabes,  su 
correspondencia  conmigo,  que 
en  gran  parte  conservo,  es  cu¬ 
riosísima,  porque  no  dice  las 
cosas,  sino  que  las  pinta  con 
la  pluma. 

»Después  de  salir  del  cole¬ 
gio,  comenzó  decididamente 
á  dibujar,  bajo  la  dirección 
de  mi  tío  Joaquín.  Pero  al  par 
de  los  estudios,  un  poco  ruti¬ 
narios,  de  las  Academias  de 
Sevilla,  seguía  él  libremente 
pintando  y  dibujando  por  su 
cuenta,  apuntando  ligera¬ 
mente  del  natural  cuanto  veía, 
ó  trazando  al  capricho  lo  que 
pensaba. 

»La  facilidad  que  para  com¬ 
poner  y  pintar  demostró  des¬ 
de  luego,  llamaba  la  atención 
en  Sevilla,  donde  hizo  multi¬ 
tud  de  retratos,  y  cuadros  y 
bocetos  originales,  siempre  li¬ 
geramente,  pues  la  necesidad 
de  vivir,  casi  desde  niño,  del 
producto  de  su  trabajo,  no  le 
permitió  nunca  hacer  estudios 
serios.  Lo  que  sabía  lo  adivi¬ 
naba.  Ni  su  estilo,  ni  su  ma¬ 
nera,  ni  su  color,  se  parecía  á 
nada  de  lo  que  había  visto  allí, 
y  siempre  conservó  una  sen¬ 
cillez  y  una  espontaneidad  que 
le  hacían  original.  Vino  á  Ma¬ 
drid  por  el  año  61,  y  á  poco  estuvimos,  á  causa 
de  estar  yo  enfermo  un  año  en  el  monasterio  de 
Veruela,  aislados  completamente. 

»Allí  dibujó  mucho  y  pintó  algunos  cuadros  pe¬ 
queños  de  costumbres  aragonesas,  y  dos  de  fanta¬ 
sía  muy  originales.  Uno  es  En  busca  del  diablo , 
y  otro,  La  pecadora .  También  pintó  La  vendimia . 
En  esta  época  se  fijó  en  el  estudio  de  las  costum¬ 
bres  populares. 

»De  vuelta  á  Madrid  obtuvo  una  pensión,  siendo 
Ministro  de  Fomento  Alcalá  Galiano,  para  viajar 
por  España  estudiando  las  costumbres.  La  pensión 
era  insuficiente:  diez  mil  reales  al  año,  de  los  cua¬ 
les  habían  de  salir  los  viajes,  vivir  con  sus  hijos, 
pues  alejado  siempre  de  los  centros  ninguna  otra 
cosa  tenía  que  hacer,  y  todos  los  gastos  de  dos  cua¬ 
dros  originales  que  había  de  presentar  cada  año 
al  Museo.  Vivía,  viajaba  y  pintaba  con  mil  traba¬ 
jos  y  privaciones:  sin  embargo,  era  feliz.  Apuntaba 
y  dibujaba  mucho,  rodando  de  aldea  en  aldea.  Sus 
libros  están  llenos  de  episodios  curiosos  y  pinto¬ 
rescos  de  estos  viajes.  A  última  hora,  en  un  luga- 
rejo  cualquiera,  hospedado  en  un  mesón,  con  buena 
ó  mala  luz,  con  avíos  ó  sin  ellos,  pintaba  los  cua- 


Digitized  by  ^.ooQie 


X."  XXI 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


8  Junio  1898 


1.  La  Guardia  Municipal  esperando  la  llegada  de  la  Comisión  para  el  acto  inaugural. —  2.  Llegada  de  la  Comisión. — 3,  Vista  general  de  la  ¿Sección  de  V  iticultura. 
4.  Pabellón  déla  Asociación  de  fabricantes  de  harinas.  —  5.  Pabellón  para  instalaciones  permanentes. — 6.  Vaquería  bretona  é  instalación  colombófila  de  Cataluña. 
7.  Sección  de  Horticultura. 


BARCELONA.  —  FERIA-CONCURSO  AGRÍCOLA,  INAUGURADA  EL  5  DB  MAYO  PRÓXIMO  PASADO. 

(De  fotografía»  de  J.  Furnells.) 


Digitized  by  AjOOQle 


8  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xxi  —  337 


PARÍS  (FRANCIA).  — EXPOSICIÓN  DEL  PALACIO  DE  LA  BARONESA  DE  JANZÉ,  Á  BENEFICIO  DE  LOS  HERIDOS  ESPAÑOLES. 

VISTAS  PARCIALES  DE  LOS  SALONES* 

(De  fotografías.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


338  —  n  .•  xxi 


La  ilustración  española  y  americana 


8  Junio  1898 


dro s  de  la  pensión,  sin  modelos,  sin  recursos.  Así 
^  pintó  los  ocho  cuadros  que  están  en  el  Museo  Na¬ 
cional  de  Madrid.  Dos  de  costumbres  aragonesas. 
•  titulados  El  chocolate  y  El  presen  te .  Tres  de  cos¬ 
tumbres  y  tipos  de  Soria:  Las  carretas  de  los  pi¬ 
nares  ,  El  leñador  y  La  hilandera .  Tres  de  Avila: 
.  La  romería  de  San  Soles ,  El  escuadra  y  La  ven¬ 
dedora  de  huevos .  Todos  estos  cuadros  están  he¬ 
chos  de  memoria,  en  malísimas  condiciones,  y, 
sin  embargo,  rebosan  en  elfos  la  verdad,  la  espon- 
.  taneidad  y  la  gracia. 

«La  costumbre  de  estar  siempre  apuntando  del 
natural,  hacía  que  no  se  amanerase  nunca  y  que 
hubiera  en  sus  composiciones  un  sello  grande  de 
verdad.  Pero  por  lo  mismo  que  no  se  ceñía  al  rea¬ 
lizar  sus  ideas  ai  modelo  vulgar  y  prosaico,  tienen 
todas  sus  composiciones  un  sabor  de  arte  y  belle¬ 
za  ,  algo  de  selecto  y  distinguido  <jue  sabía  encon¬ 
trar  y  extraer  aun  de  las  cosas  mas  vulgares,  que 
al  pasar  por  su  fantasía  como  que  se  depuraban  y 
perdían  algo  de  material  y  grosero  sin  dejar  de 
ser  verdad. 

«En  estos  tres  años,  y  para  atender  algo  á  poder 
vivir,  pues  los  diez  mil  reales  eran  insuficientes, 
fue  cuando  probó,  á  instancias  de  Rico  (1),  á  dibu¬ 
jar  algo  en  madera  para  grabar,  ó  hizo  la  colección 
de  dibujos  de  costumbres  que  empezaron  á  lla¬ 
mar  la  atención  en  el  Museo  Universal  de  Gaspar 
y  Roig. 

« Al  llegar  la  Revolución,  entre  otras  economías, 
suprimieron  en  Fomento  éu  pensión.  Era  tan  poca 
cosa,  y  la  devolvía  en  dos  ó  tres  cuadros  anuales 
con  tanta  usura,  que  yo  creo  que  hicieron  mal,  toda 
vez  que  la  colección  habría  sido  tanto  más  intere¬ 
sante  cuanto  más  completa.  La  pensión  no  era  una 
canonjía  ni  mucho  menos;  sin  embargo,  él  sintió 
mucho  perderla,  porque  perdía  la  base  para  seguir 
sus  instintos,  corriendo  de  pueblo  en  pueblo  pin¬ 
tando  y  dibujando  al  aire  libre.  El  decía  que  á  los 
seis  ú  ocho  años  de  andar  así,  y  pasando  luego  dos 
haciendo  estudios  serios  de  otro  género,  se  fijaría 
en  un  punto  y  había  de  echar  cuadros  por  los  de¬ 
dos.  Y  sí  los  hubiera  echado. 

«Un  día  nos  pusimos  los  dos  á  recordar,  chicos 
y  grandes ,  cuántos  cuadros  originales  había  pin¬ 
tado,  é  hicimos  una  lista — á  pesar  de  los  muchos 
que  no  recordaríamos— de  ciento  once.  Esta  lista 
la  conservo.  Dibujos  con  asuntos  y  composiciones, 
eso  no  es  posible  ni  imaginarlo:  á  más  de  los  mi¬ 
les  que  ha  dado  y  se  han  perdido,  y  á  más  de  los 
muchos  publicados,  conservo  en  sus  carteras  y  li¬ 
bros,  seguramente,  trescientos  ó  cuatrocientos,  de 
los  que  cada  uno  se  puede  decir  que  es  una  idea  ó 
un  cuadro. 

«Siempre  hemos  pasado  trabajos;  sin  embargo, 
preguntándole  yo,  hablando  entre  nosotros: — ¿Si 
te  dieran  una  renta  muy  grande  con  prohibición 
absoluta  de  pintar ,  la  aceptarías?  Y  siempre  decía 
que  NO.  Otra  veces  decía: —  Yo  lo  que  quisiera  era 
uno  que  me  diese  de  comer  y  beber  nada  más  que  lo 
suficiente ,  y  luego  muchos  colores  y  muchos  lienzos 
de  todos  tamaños ,  chicos  y  grandes ,  anchos  y  estre¬ 
chos;  á  veces  el  tamaño  le  da  á  uno  el  asunto ;  y  yo 
pintar  y  pintar ,  y  él  que  se  llevase  lo  pintado ,  y  si 
podía  hiciera  con  aquello  el  negocio  que  le  diese  la 
gana . 

«Realmente  pintar  y  dibujar  era  en  él  una  pa¬ 
sión.  No  sabía  nada  de  casi  nada,  pues  sabes  que 
siempre  decía  que  en  cuanto  leía  un  poco  le  dolía 
la  cabeza,  y,  sin  embargo,  por  la  relación  que  tiene 
el  Arte  con  todo,  todo  lo  adivinaba.  No  conocía  los 
hechos  históricos,  y,  sin  embargo,  el  tipo  y  el  ca¬ 
rácter  artístico  de  los  hombres  y  las  cosas  de  todas 
las  épocas  los  conocía  perfectamente. 

«Era  gran  aficionado  á  la  música,  la  sentía,  y 
hacía  entre  las  combinaciones  del  sonido  y  las  del 
color  unas  comparaciones  hermosas. 

«Por  último,  después  de  la  Revolución  estuvimos 
en  Toledo,  y  luego  aquí.  En  este  tiempo  pintó  dos 
cuadros,  para  Yalera  (2)  unos  retratos,  y  bosquejó 
cuatro  tablitas  que  ha  dejado  sin  concluir.  Dibujó 
bastante  en  sus  libros,  y  ha  hecho  los  dibujos  de 
La  Ilustración  de  Madrid .  Su  carácter,  lo  que  él 
era,  tú  lo  sabes.  De  todo  esto  hablaré  yo  algún 
día,  cuando  publique,  que  pienso  hacerlo,  un  libro 
con  los  grabados  suyos,  á  los  que  acompañaré  con 
un  poco  de  texto.  De  seguro  será  un  libro  intere¬ 
sante,  pues  á  más  de  los  conocidos  añadiré  algu¬ 
nos  dibujos  de  las  carteras. 

«Tú  de  todo  esto  aprovecha  lo  que  quieras  y  te 
parezca  oportuno. — Gustavo .» 

* 

•  * 

Otro  de  los  que  se  fueron ,  el  eximio  literato 
Ramón  Rodríguez  Correa,  en  cuyos  brazos  exhaló 

(1)  Don  Bernardo  Ricb,  notable  grabador,  muy  apreciado  de 
los  lectores  de  La  Ilustración  Española  y  Americana  por 
haber  desempeñado  la  dirección  artística  de  este  periódico  hasta 
su  fallecimiento.  * 

(2)  D.  Juan  Yalera. 


Gustavo  el  último  suspiro,  al  coleccionar  las  obras 
de  éste,  refiere  en  el  prólogo  la  siguiente  aventura 
ocurrida  á  los  dos  hermanos  la  primera  vez  que 
juntos  visitaron  la  ciudad  de  Toledo. 

«Una  magnífica  noche  de  luna  decidieron  am¬ 
bos  artistas  contemplar  su  querida  ciudad  bañada 
por  la  fantástica  luz  del  tibio  astro.  Armado  el 
pintor  de  lápices  y  el  poeta-arquitecto  de  recuer¬ 
dos,  abandonaron  la  vetusta  corte,  y  sobre  arrui¬ 
nado  muro  entregáronse  horas  enteras  á  su  charla 
artística. 

«Hallábanse  departiendo  los  hermanos,  cuando 
acercóse  una  pareja  de  guardias  civiles,  que  por 
aquellos  días,  sin  duda,  andaban  á  caza  de  malhe¬ 
chores  vecinos.  Algo  oyeron  de  ábsides,  de  pechi¬ 
nas,  de  ojivas  y  otros  términos  á  cual  más  sospe¬ 
chosos  y  enrevesados,  unido  á  disertaciones  sobre 
el  género  plateresco  de  Berruguete  y  Juan  Gua, 
sobre  el  artificio  de  Juanelo,  etc.;  y  examinando 
el  desaliño  de  los  que  tal  hablaban,  sus  luengas 
barbas,  sus  exaltados  modales,  lo  entrado  de  la 
hora,  la  soledad  de  aquellos  lugares,  y  obedecien¬ 
do,  sobre  todo,  á  esa  axiomática  seguridad  que 
tiene  la  policía  de  España  para  engañarse,  dieron 
airados  sobre  aquellos  pajarracos  nocturnos,  y  á 
pesar  de  sus  protestas  y  de  no  escuchadas  expli¬ 
caciones,  fueron  éstos  á  continuar  sus  escarceos 
artísticos  á  la  dudosa  y  horripilante  luz  de  un  ca¬ 
labozo  de  la  cárcel  de  Toledo.  También  el  Gober¬ 
nador  debía  aguardar  por  aquellas  cercanías  la 
visita  de  temidos  conspiradores,  cuando  al  ama¬ 
necer  los  delincuentes  honrados  continuaban  en 
su  mazmorra. 

«Supimos  todo  esto  en  la  Redacción  de  El  Con¬ 
temporáneo  ,  al  recibir  una  carta  explicatoria  de 
Gustavo,  toda  llena  de  dibujos,  representándolos 
detalles  de  la  pasión  y  muerte  probable  de  ambos 
justos.  La  Redacción  en  masa  escribió  á  los  equi¬ 
vocados  carceleros,  y  por  fin  vimos  entrar  sanos 
y  salvos  los  presos,  parodiando  ante  nosotros,  con 
palabras  y  lápices ,  las  famosas  prisiones  de  Silvio 
Pellico.  ¿ Quién  en  aquellos  ojos  brillantes,  risas 
estrepitosas  y  sorprendentes  facilidades  para  todo 
lo  que  era  expresión  de  cualquier  arte,  hubiera 
podido  predecir  estéril  é  importuna  muerte?» 

• 

«  * 

Cuando,  después  de  una  vida  de  quebrantos  y  de 
escaseces,  habían  conseguido,  unificando  sus  es¬ 
fuerzos,  organizar  Gustavo  y  Valeriano  una  mo¬ 
desta  manera  de  vivir,  la  muerte  del  pintor  hirió 
el  corazón  del  poeta,  siéndole  á  éste  tanto  más 
cruel  la  herida,  cuanto  más  refractario  era  su  es¬ 
píritu  ideal  á  la  seca  verdad  del  no  ser. 

El  23  de  Septiembre  de  1870  dejó  de  existir 
Valeriano. 

El  22  de  Diciembre  del  mismo  año  exhaló  Gus¬ 
tavo  el  último  suspiro. 

Huérfanos  casi  desde  niños,  la  desgracia  fué  la 
morada  de  ambos;  pero  también  fueron  sus  com¬ 
pañeros  fieles  la  resignación,  el  genio  y  el  arte. 

E.  de  Lustonó. 


PUEBLOS  DELINCUENTES. 


sólo  cometen  delitos  los  hombres, 
A sino  también  los  pueblos. 

homicidio  y  el  robo,  delitos  tí- 
picos  contra  las  personas  y  la  propie- 
dad,  se  ^evan  a  cabo  Por  *aB  socie- 
dades  organizadas  que  se  llaman  Estados, 
^  lo  mismo  que  por  sus  socios ,  que  se  ape- 
vfj'  llidan  ciudadanos. 

Los  pueblos,  pues,  son  á  veces  sujetos  ac¬ 
tivos  de  delito,  al  cometer  acciones  ú  omi¬ 
siones  voluntarias,  penadas  por  la  ley  natural 
emanada  de  la  Justicia  suprema  que  rige  los  des¬ 
tinos  de  la  humanidad. 

La  muerte  violenta  de  una  nación  débil,  ó  la 


sustracción  de  sus  propiedades  y  territorios,  como 
la  muerte  airada  de  un  individuo  ó  el  apoder  a- 
miento  forzoso  de  sus  bienes,  son  hechos  intrín¬ 
secamente  malos,  independientemente  de  las 
leyes  que  puedan  castigarlos  en  cada  momento 
histórico. 


El  robo  á  mano  armada  y  en  cuadrilla ,  realizado 
en  la  soledad  del  camino  contra  el  indefenso  ca¬ 


minante,  ha  sido  y  será  siempre  delito  abomina¬ 
ble,  de  igual  naturaleza  jurídica  que  la  apropiación 
violenta  de  aquellos  territorios  que  por  legítimo 
derecho  de  ocupación  primaria  posee  un  pueblo. 

Ese  ciego  egoísmo  que  arrastra  al  hombre  hacia 
el  crimen  por  afán  de  lucro,  aparece  hoy  domi¬ 
nando  al  sentimiento  colectivo  de  algunas  nacio¬ 
nalidades  poderosas. 


La  idea  de  fuerza,  preponderante  en  los  tiempos 
de  conquista  de  las  edades  primitivas,  resurge  arro¬ 
gante,  pretendiendo  borrar  con  su  presencíalas 
huellas  indelebles  de  la  verdadera  civilización, 
fundada  en  el  concepto  del  derecho  que  ha  infor¬ 
mado  saludablemente  la  vida  de  los  pueblos  cul¬ 
tos  en  las  últimas  centurias. 


Pero  no  es  lo  peor  que,  de  hecho,  alguna  nación 
poco  escrupulosa  pretenda  violar  las  leyes  más 
elementales  de  la  sociología  internacional  con 
ambiciones  desmedidas  sobre  propiedades  ajenas, 
sino  que  haya  alguien  que  se  empeñe  en  hacer  ver 
que  esas  tentativas  de  dominio  por  la  fuerza  son 
ajustadas  al  más  estricto  derecho  de  gentes. 

Tergiversando  y  torciendo  el  sentido  de  algunas 
máximas  de  la  filosofía  positiva,  y  aplicando  á  la 
vida  jurídica  de  las  naciones  aquellas  teorías  pro¬ 
pagadoras  de  que  la  idea  de  derecho  surge  por  vía 
de  evolución  de  la  idea  de  fuerza,  mércase  hoy 
cierta  tendencia  hacia  el  primitivo  y  brutal  des¬ 
potismo  apellidado  derecho  de  anexión  ó  de  con¬ 
quista. 

Y  á  fines  de  siglo,  y  después  de  los  trabajos  y 
desvelos  de  los  jurisconsultos  más  eminentes  de 
todos  los  países  civilizados,  dirigidos  á  sentar  las 
bases  inmutables  del  derecho  internacional,  hallé¬ 
monos  expuestos  á  tocar  de  cerca  los  efectos  de¬ 
sastrosos  de  la  regresión  tristísima  á  los  tiempos 
en  que  la  fuerza  del  derecho  era  anulada  por  el 
derecho  de  la  fuerza. 


Pero  así  como  los  ciudadanos  honrados  tienen 
el  derecho  de  legítima  defensa  contra  las  agresio¬ 
nes  injustas  de  los  malhechores,  también  le  tienen 
los  pueblos  de  recta  conciencia  contra  los  acome¬ 
timientos  egoístas  de  los  Estados  delincuentes;  y 
ya  que  para  sus  crímenes  no  hay  directa  y  eficaz 
sanción,  como  no  sea  la  maldición  de  Dios  y  el 
desprecio  de  la  Historia,  tendrán  los  ofendidos  que 
acudir  á  todos  los  medios  que  estén  á  su  alcance 
para  repeler  el  ataque. 

I  Pueden  tan  fácilmente  los  ágresores  dejar  en 
la  contienda  los  trozos  de  su  piel  y  los  pedazos  de 
su  carne! 

Benito  Mariano  Andrade. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 

La  lucha  política  en  Bélgica:  flamencos  católicos  federativos  contra* 
valones  liberales  unitarios.  —  La  política  en  Francia:  indiferencia* 
creciente.  —  Indiferencia  general. 


íy; vPéLGICA,  que  disfruta  de  plena  paz  ma- 
terial,  vive  en  perpetua  guerra  moral 
intestina.  Ahora  acaba  de  darse  una 
icjr-,  nueva  batalla  en  los  comicios.  El  par- 
w  tido  clerical  ó  católico  ha  obtenido 
otra  vez  la  victoria  sobre  el  partido  libe- 
^  ral.  ¿Es  que  se  lucha  en  Bélgica  dentro 
del  terreno  religioso?  En  realidad  no. 
Esas  denominaciones  ocultan  ó  disfrazan  el 


verdadero  fin  de  la  contienda.  Allí  lo  que 
realmente  lucha  es  la  mitad  de  Bélgica  contra  la 
otra  mitad:  el  regionalismo  ó  federalismo  fla- 
meneo  del  Norte  contra  el  unitarismo  liberal  ó 


demócratico  del  Sur  y  del  Oeste,  contra  los  valo¬ 
nes;  la  población  que  habla  la  lengua  flamenca  y 
que  simpatiza  con  Holanda*  y  Alemania,  contra  la 
que  habla  francés  y  mantiene  las  tradiciones  re¬ 
volucionarias.  El  regionalismo  belga  alienta  cier¬ 
tas  aficiones  separatistas,  y  deja  escapar  á  me¬ 
nudo  las  significativas  frases  de:  «la  patria  y  la 
nación  flamenca».  En  la  apasionada  lucha  que  se 
sostiene  asegúrase  que  reviste  el  carácter  de  una 
guerra  de  razas,  y  mucha  parte  de  la  opinión  en¬ 
tiende  allí  que,  si  la  unidad  belga  se  destruye,  será 
porque  así  lo  quieren  los  flamencos. 

Estos,  por  su  parte,  imponiéndose  en  el  gobierno 
por  medio  del  sufragio,  van  consiguiendo  que  se 
les  otorgue  una  serie  de  concesiones  que  tienden 
al  reconocimiento  efectivo  de  su  importancia  y  de 
su  poder  en  el  país.  Los  flamingantsy  como  se  de¬ 
nominan  alli  los  sostenedores  de  la  restauración 


del  espíritu,  lengua  y  administración  flamencas, 
han  conseguido  realizar,  por  ser  mayoría  en  el 
Parlamento,  las  siguientes  conquistas  contra  el 
unitarismo  valón :  ley  admitiendo  el  uso  de  la  len¬ 
gua  holandesa  en  los  tribunales  (1873);  ley  conce¬ 
diendo  á  los  flamencos  el  derecho  á  ser  empleados 
de  la  administración  civil  en  los  municipios  y 
provincias  (1878);  ley  autorizando  el  uso  del  ho¬ 
landés  en  la  segunda  enseñanza  (1883);  ley  am- 


Digitized  by  ^.ooQie 


8  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xxi  —  339 


pliando  la  otorgada  para  el  aso  de  esta  lengua  en 
los  tribunales  (1889);  y,  en  fin ,  la  ley  Coremens- 
Wriendt,  aprobada  en  ^.bril  del  año  actual,  en 
la  que  se  ordena  que  al  lado  del  texto  oficial  del 
Código  se  inserte  el  mismo  texto  en  lengua  fla¬ 
menca. 

La  agitación  entre  estos  dos  bandos  enemigos 
no  sólo  revuelve  al  país  entero,  sino  que  produce 
tremendas  peleas  en  el  Congreso  de  los  Diputados. 
En  siete  tumultuosas  sesiones  vociferan  como  lo¬ 
cos  veinticinco  oradores.  Aplaudió  en  masa  el  ve¬ 
cindario  de  Gante  al  aprobarse  la  ley,  y  protesta¬ 
ron  enfurecidos  los  de  Namur  y  Lie  ja.  Flamencos 
y  valones  chocan  donde  quiera  que  se  encuen¬ 
tran;  la  policía  es  arrollada,  y  menudean  las  tundas 
en  todas  partes.  La  verdad  es  que  no  se  parecen 
nada  los  dos  elementos  que  forman  el  pueblo  bel¬ 
ga.  En  el  Mediodía,  país  accidentado,  que  sostiene 
la  industria  minera,  rico  en  trigo  y  en  pan  blanco, 
vive  el  elemento  activo,  alegre,  emprendedor,  de 
origen  galo,  identificado  con  Francia;  en  Oriente 
y  al  Norte,  en  las  comarcas  turberas  y  arenosas, 
en  los  polders,  habita  el  flamenco,  tenaz,  sosega¬ 
do,  de  mucha  resistencia,  gran  consumidor  de 
carne  y  de  cerveza,  de  tipos  rubios  con  ojos  azu¬ 
les,  y  de  sangre  sajona  y  teutónica.  Donde  más  se 
notan  las  diferencias  es  en  la  población  rural: 
desde  Bruselas,  Courtrai  y  Tongres  no  se  oye  ha¬ 
blar  más  que  flamenco;  en  cambio  al  Sur,  entién¬ 
dese  todo  el  mundo  con  el  patois  valón.  Los  pri¬ 
meros  son  agricultores;  los  segundos  industriales: 
aquéllos  son  católicos,  músicos,  poetas,  entusias¬ 
tas  de  las  tradiciones  municipales,  particularistas 
en  política;  éstos  son  indiferentes  en  religión,  sa¬ 
tíricos,  polemistas  y  unitarios.  Desde  que  Bélgica 
quedó  hecha  nación  en  1830,  hasta  1870,  predomi¬ 
nó  el  elemento  liberal,  valón,  mientras  que  poco 
á  poco  los  flamencos  trabajaban  con  constancia  y 
sin  ruido  para  reivindicar  sus  derechos  contra  esa 
opresión.  La  excusa  fué  la  lengua.  La  lengua,  ha 
dicho  un  pensador,  es  la  bandera  de  los  que  no 
tienen  ninguna. 

Derrotada  Francia  en  1870,  empezó  á  eclipsarse 
su  influencia  entre  los  belgas.  Surgió  el  flamigan- 
tismo ,  la  propaganda  de  la  lengua  flamenca  ú  ho¬ 
landesa,  y  con  ella  la  de  sus  tradiciones  y  admi¬ 
nistración,  y  desde  entonces  acá  consiguieron  todas 
las  victorias  que  quedan  indicadas.  Como  se  ve, 
todo  es  cuestión  de  dualismo  de  razas  y  de  es¬ 
píritu.  Esa  división  no  acabará  nunca;  Gante  y 
Amberes,  Malinas  y  Lovaina  serán  siempre  fla¬ 
mencas,  clericales  y  federativas;  Lie  ja,  Namur  y 
Courtrai  liberales,  y  Charleroi  y  Mons  socialistas. 
Como  tales  se  han  portado  en  las  recientes  elec¬ 
ciones,  en  las  que  el  triunfo,  por  una  gran  mayo¬ 
ría,  ha  afianzado  más  y  más  en  el  poder  al  partido 
católico. 

• 

•  • 

En  cambio,  la  última  campaña  electoral  fran¬ 
cesa  apenas  ha  cambiado  la  orientación  de  la  po¬ 
lítica.  Ya  que  queda  explicada  la  división  de  los 
partido^  en  Bélgica,  es  curioso  bosquejar  en  bre¬ 
ves  párrafos  4a  de  los  de  Francia.  Cuatro  tenden¬ 
cias  ó  doctrinas  distintas  inspiran  hoy  á  los  po¬ 
líticos  franceses,  dividiéndolos  en  otros  tantos 
grupos  principales;  los  republicanos,  propiamente 
dichos;  los  socialistas;  los  antisemitas  ó  neoboulan- 
gistas,  y  los  clericales  ó  monárquicos. 

El  partido  republicano  comprende  dos  tenden¬ 
cias:  la  de  los  radicales,  cuyo  jefe  es  Mr.  Bour- 
geois,y  la  dé  los  unionistas  dirigidos  por  Mr.  Mé- 
line,  y  cuyo  ídolo  es  hoy  Mr.  Deschanel.  Al 
f rento  de  los  socialistas  figuran  Mr.  Jaurés  y  mon- 
sieur  Millerand;  en  la  heterogénea  masa  de  los 
neoboulangistas,  ó  nacionalistas,  ó  antisemitas, 
guían  Mrs.  Drumond,  Dérouléde,  Thiébaut,  Mille- 
roye  y  Rochefort,  y  en  la  hueste  monárquica  no  se 
puede  decir  que  haya  jefe,  siendo  su  verdadero 
espíritu  informador  Mr.  Brunetiére,  que  ha  esta¬ 
blecido  la  tesis  de  que  la  Francia  es  el  catolicismo 
y  de  que  el  catolicismo  es  la  Francia.  La  ruptura 
de  las  relaciones  que  hubo  entre  antisemitas  y 
clericales  y  las  divisiones  de  los  socialistas,  son 
la  más  fírme  base  para  la  continuación  de  la  re¬ 
pública. 

El  socialismo,  muy  poderoso  en  Francia,  ofrece 
tQdos  los  caracteres  de  una  especie  de  religión 
popular,  que  brinda  ¿  las  clases  trabajadoras  y 
sufridas  los  consuelos  de  su  antigua  fe  y  de  las  es¬ 
peranzas  que  ya  han  perdido.  Predican  la  solida¬ 
ridad,  la  unidad  moral ,  el  amor  fraternal  día  los 
primitivos  cristianos  y  la  nobleza  de  los  senti¬ 
mientos.  Desde  que  concurren  á  los  comicios  y 
han  abandonado  las  antiguas  violencias,  viven  en¬ 
tregados  á  las  esperanzas  que  alientan  cuantos  se 
creen  víctimas  del  régimen  social,  tiránico  é  in¬ 
justo.  Esperan  y  confían  en  la  creación,  en  la  tie- 
xra,rde  un  paraíso  que  no  está  muy  lejano.  Se  pide 
A  todos  fe,  ardiente  fe,  que  no  niegan  cuando  se 


les  promete  que  se  realizará  cuanto  su  imagina¬ 
ción  sueña  y  desea.  Este  espíritu  platónico  tan 
seductor  alcanza  muchos  adeptos,  y  cada  día  es 
mayor  el  número  de  socialistas  en  los  pueblos 
grandes  y  las  aldeas.  En  cada  elección  consiguen 
mayor  número  de  representantes.  Mr.  Millerand 
y  otros  les  aseguran  que  no  se  trata  de  repartir  ni 
de  hacer  común  la  propiedad  pequeña,  sino  la  de 
los  grandes,  la  de  los  ricos.  Con  esta  garantía  figu¬ 
ran  en  las  filas  socialistas  muchos  pequeños  pro¬ 
pietarios  rurales.  * 

Los  antisemitas  explotan  las  tradiciones  del  pa¬ 
sado  y  los  odios  de  raza.  Fanáticos  también  á  su 
manera,  exageran  el  culto  y  el  amor  á  la  patria  y 
al  ejército,  y  se  valen  de  todos  los  medios,  de  to¬ 
dos  los  sucesos  y  de  los  más  ruidosos  procesos, 
como  se  ha  visto,  para  aparecer  como  los  más  fíe¬ 
les  servidores  de  la  nación,  idólatras  de  su  ban¬ 
dera  y  acérrimos  enemigos  de  sus  explotadores, 
y  promueven  pasajeros  pero  ruidosos  escándalos, 
que  al  fin  y  al  cabo  vienen  á  tener  la  misma  im¬ 
portancia  que  su  representación  en  el  Parlamen¬ 
to;  esto  es,  ninguna.  Los  monárquicos  ó  «el  cleri¬ 
calismo  militante»,  que  sé  dice  en  Francia,  como 
no  tienen  jefe! ó  símbolo  de  poder,  como  aparecen 
reñidos  con  la'mayor  parte  de  las  conquistas  polí¬ 
ticas  modernas,  y  como  no  han  conseguido  atraerse 
á  la  opinión,  que  en  general  sigue  ciegamente  al 
éxito,  no  logran  ventaja  alguna  en  las  elecciones, 
y  en  la  última  hasta  han  perdido  el  concurso  de 
bastantes  amigos  de  Mr.  Méline  que  solían  armo¬ 
nizar  con  ellos. 

Los  dos  grupos  republicanos  que  constantemente 
se  disputan  el  poder,  radicales  y  moderados,  no  se 
diferencian  en  el  fondo  ni  en  la  firmeza  de  sus 
doctrinas,  ni  en  sus  convicciones  más  ó  menos 
arraigadas;  plantean  las  cuestiones  políticas  sin 
prejuicio  alguno  y  sin  pasión  ni  entusiasmo,  y 
cambian  de  orientación  y  de  denominaciones  se¬ 
gún  lo  imponen  las  circunstancias.  Por  esto,  no 
dirigiendo  la  opinión,  sino  dejándose  dirigir  por 
ella;  no  teniendo  programa  fijo  para  apelar  al  su¬ 
fragio,  sino  dejando  abierto  el  campo  á  todas  las 
ideas;  no  luchando  por  ellas,  sino  por  las  personas 
y  por  los  intereses  locales,  ha  descendido  mucho 
el  nivel  de  la  política,  que  al  cabo  y  al  fin  viene  á 
ser  para  el  elector  un  recurso  para  sacar  algo  en 
el  momento  de  votar,  y  algo  más,  si  se  tercia,  des¬ 
pués,  y  para  la  mayor  parte  de  los  elegidos  una 
ilusión  pasajera  que  sólo  produce  sacrificios  y  pe¬ 
sadumbres.  Contra  semejante  rebajamiento  traba¬ 
jan  esforzados,  con  muy  buenos  deseos  y  rara  cons¬ 
tancia,  el  radical  Mr.  Bourgeois  y  el  republicano 
Mr.  Deschanel,  «un  pico  de  oro». 


reacción  con  todos  sus  odios,  y  ante  semejante 
peligro  dieron  el  grito  de  alarma  y  quedó  la  unión 
deshecha.  El  socialismo,  al  templarse  tanto  en  sus 
procedimientos,  se  ha  creado  en  sus  propias  hues¬ 
tes  numerosos  enemigos.  Resulta,  pues,  de  todo 
esto,  que  nadie  conserva  fidelidad  ¿  su  verdadero 
programa;  que  no  hay  una  bandera  típica,  sino 
un  lienzo  abigarrado  de  todos  colores,  y  que  tan¬ 
tas  vacilaciones  y  contradicciones  agitan  el  es¬ 
píritu  de  los  electores  como  el  de  los  candidatos. 
Tal  es,  en  resumen,  lo  que  allí  se  dice  al  analizar 
el  estado  de  la  opinión,  y  bueno  es  hacerlo  cons¬ 
tar  entre  nosotros  para  que  no  se  crea  que  somos 
el  único  pueblo  del  mundo  que  carece  de  fe,  de 
dirección  y  de  vigor  en  la  política.  Si  cupiera  aquí 
el  añadir  los  resúmenes  que  pueden  hacerse  de  la 
anárquica  política  italiana,  de  la  embrollada  y 
sumisa  política  alemana,  de  la  aparatosa,  hueca  y 
egoísta  política  inglesa  y  de  la  caótica  política 
austro-húngara,  vería  el  lector  bien  á  las  claras 
que  no  hay  nadie  que  pueda  ponemos  la  ceniza  en 
la  frente,  y  que  los  pueblos  más  prósperos  y  afa¬ 
mados  son  tan  incrédulos,  tan  interesados  y  tan 
faltos  de  ideal  en  sus  creencias  y  costumbres  po¬ 
líticas  como  nosotros,  que  tenemos  encima  la 
pesadumbre  de  un  siglo  entero  de  ruinosas  luchas. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


Previa  galante  invitación,  tuvimos  el  gusto  de  asistir  el  31  del 
próximo  pasado  á  la  inauguración  del  Hotel  de  Ventas,  insta¬ 
lado  en  el  antiguo  palacio  de  los  Duques  de  Nájera,  en  la  calle 
de  Atócha.  El  Hotel  de  Ventas  es  en  Madrid,  tal  como  ahora  se 
ha  establecido,  una  novedad ,  ya  conocida  y  ensayada  con  buen 
éxito  en  otros  países.  Su  amplio  y  lujoso  local  tiene  condiciones 
apropiadas  para  la  exposición  y  venta  de  objetos,  y  su  organi¬ 
zación  es  favorable  á  los  particulares,  que  por  él  podrán  verse 
libres  de  los  apremios  de  tiempo  en  sus  verdaderas  almonedas, 
y  de  la  coacción  de  los  que  comercian  con  los  apuros  del  próji¬ 
mo.  Tiene  el  Hotel  de  Ventas,  además,  autorización  oficial  para 
servir  de  depósito  y  encargarse  de  la  exposición  y  venta  condi¬ 
cional  de  los  muebles  y  efectos  que  hayan  de  subastarse  judi¬ 
cialmente,  de  lo  cual  resulta  seguramente  un  gran  beneficio  á 
los  interesados,  satisfaciendo  una  necesidad  hace  tiempo  sen¬ 
tida  en  los  Juzgados  de  Madrid.  . 

Muchos  plácemes  recibió  el  Sr.  Gil  Montgano  por  su  útilísi¬ 
mo  establecimiento  de  las  distinguidas  personas  que  concurrie¬ 
ron  á  la  brillante  inauguración  del  Hotel  de  Ventas,  y- fueron 
obsequiadas  con  un  espléndido  banquete. 


JABÓN  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

el  mu»  perfumado  de  loa  jabones  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  del  cabelle** 

3  graides  premios.  21  medalla*  de  ere.— Fuera  de  oeaoareo 
4,  PIAOS  OS  Xi’OPÉ&A,  FASIS 

l)e  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 


«  * 

A  menudo  se  oye  decir  en  España  que  aquí  se 
han  perdido  toda  la  fe  y  entusiasmo  políticos,  y 
que  vivimos  en  medio  de  la  mayor  pasividad  é  in¬ 
diferencia.  Pues  bien;  «en  todas  partes  cuecen 
habas».  La  prensa  de  Francia,  salvas  raras  excep¬ 
ciones,  ha  manifestado  una  vez  más,  con  motivo 
de  las  últimas  elecciones,  que  aquella  nación  atra¬ 
viesa  una  época  de  triste  atonía  y  de  positivo  es¬ 
tancamiento  en  materia  de  ideas  políticas.  Rei¬ 
na  una  indiferencia  tan  general,  que  no  sólo  han 
sido  pacíficas  las  elecciones,  sino  que  en  diversas 
comarcas  han  pasado  desapercibidas  y  apenas  ha 
habido  reuniones  públicas.  No  se  discute  ya  nada, 
ni  nada  interesa.  Los  antiguos  entusiasmos  se  re¬ 
cuerdan  como  cosa  extraña.  Los  candidatos  se 
agitan,  inundan  el  país  con  manifiestos  y  carteles 
de  todos  colores;  pero  los  electores,  los  pueblos, 
hacen  el  mismo  caso  de  los  programas  que  las  pa¬ 
redes  de  los  carteles  que  pegan  sobre  ellas  con 
engrudo.  Los  partidos  se  subdividen  cada  día  más 
dentro  de  sus  respectivos  grupos,  á  lo  cual  se  debe 
el  que  haya  tantos  candidatos  y  el  que  concurran  á 
las  urnas  tantas  gentes  que  votan  exclusivamente 
por  las  personas  y  no  por  las  ideas.  Ya  no  hay  fe 
común  ó  colectiva,  ni  apenas  personas  que  sim¬ 
bolicen  los  principios.  Todos  los  partidos  políticos 
sufren  grandes  desengaños  con  semejante  estado 
de  cosas,  porque  el  sufragio  universal  no  da  la 
victoria  á  ninguno  de  ellos.  Todos  los  ídolos  ó  per¬ 
sonajes  declinan.  El  gran  proteccionista  Mr.  Mé¬ 
line  ha  tenido  que  retirar  su  credo  y  suprimir  los 
derechos  de  importación  de  los  trigos  ante  la  apa¬ 
rición  del  monstruo  del  «  pan  caro  ».  Los  radicales 
ya  no  se  atreven  á  sostener  sus  famosos  progra¬ 
mas  del  impuesto  progresivo  sobre  la  renta  y  de 
la  revisión  constitucional.  Muchos  antisemitas  ó 
nacionalistas,  después  de  vociferar  con  Rochefort 
y  Drumond,  se  asustan  y  se  callan  al  pensar  que 
trabajan  inconscientemente  por  el  bulangismo 
anónimo  y  por  el  restablecimiento  de  la  dicta¬ 
dura  del.  sable.  Los  que  piensan  con  serenidad 
vieron  en  la  unión  de  estos  antisemitas  con  los 
monárquicos  que  empezaba  á  asomar  la  oreja  la 


LA  BOCA  SANA 

Alerte,  limpia  y  el  aliento  perfumado  tendrá  siempre 

•1  que  use  la  MENTHOLINA  del  Dr.  Andreu. 

Cura  el  dolor  de  muelas.  Libritos  gratis.  En  las  boticas.' 

CARNE  LIQUIDA 

OEL  DOCTOR  VALDÉS  GARCÍA,  DE  MONTEVIDEO; 

Es  el  tónico  reparador  per  excelencia  y  el  reconstituyente 
más  eficaz  y  poderoso  para  ios  enfermos,  convalecientes  y  per¬ 
sonas  débiles.— Expéndese  en  todas  las  farmacias  de  España. 


PITE  EPILATOIRE  WJS8ER 


>  dMtrny*  basta  •  feas 
'  raloas  el  míe  da! 

_  _  _ _ t  roatro  do  lasdtir — 

Para  tos  brasoaaaplasss  al  piu VORI.—  1*  Rae  J-J.  liooass— .bf 


Perfumería  exótica  SENET,  35,  me  da  Quatie  Septembm 
París.  (Véanse  los  anuncios. J 


Perfumería  Ninon,  Maison  LECONTE,  31,  rae  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véanse  las  anuncios  J 


VIOLETTE IDÉALE  de  la  ▼ioleta. 

Monblgaat,  perfumista,  París ,  19,  Fanbourg  S*  Honoré. 


IMPORTANTE. 


Rogamos  á  los  Señores  Suscriptores  cuyos  abo¬ 
nos  terminen  en  fin  del  presente  mes  y  .piensen 
seguir  honrándonos  con  su  concurso,  se  sirvau 
anunciar  su  propósito  á  esta  Administración  con 
la  mayor  anticipación  posible,  á  fin  de  que  el  ser¬ 
vicio  de  sus  respectivos  abonos  no  sufra  retraso 
por  la  aglomeración  de  trabajos,  propia  de  esta 
época  dei  año,  en  nuestras  oficinas. 

Tanto  para  avisar  las  renovaciones,  como  para 
hacer  cualquier  reclamación  sobre  el  servicio,  es 
muy  conveniente  acompañar  á  las  cartas  una  de 
las  fajas  con  que  se  recibe  el  periódico. 

El  Administrador. 


Digitized  by  ^.ooQie 


•  M.l 

ñjjSKPg i 


Digitized  by 


Google 


Impreso  con  tlnt»  do  ta  «telo*  tOEUXBUX  y  C.%  X«,  me  Bnrer,  Parí». 


Recorvados  iodos  Vos  derechos  de  propiedad  artística  y  literario. 


•m  a  tvrtty  —  jfrytfvhlfyMmiflnto  tipolitográflco  c  Sucesores  de  Rivadeneyra», 


MAPA  DE  LA  ISLA  DE  CUBA. 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


’340  ’n.°  xxi 


8  Junio  í 808 


LIBROS  PRESENTADOS 

A  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  NORTE  AMÉRICA.  - 

EN  LA  COSTA  DE  SANTIAGO  DE  CUBA. 


Descripción  geográfica  «le  las  Islas  Canarias, 
por  D.  Juan  de  la  Puerta  Canseco. 

Lujosamente  editados  están  los  ejemplares  que  de  esta 
obra  hemos  recibido,  digna  también  de  nuestro  imparcial 
elogio  por  su  mérito  científico.  Su  autor,  el  maestro  de 
primera  enseñanza  D.  Juan  de  la  Puerta  Canseco,  decla¬ 
ra  con  gran  modestia  que  su  único  propósito  al  publicar 
su  tratado  de  la  geografía  de  Canarias  ha  sido  el  de  faci¬ 
litar  el  estudio  á  la  infancia;  pero  examinado  detenida¬ 
mente  su  libro  se  comprende  que  no  es  sólo  útil  a  la 
infancia  que  comienza  á  estudiar,  sino  á  todas  aquellas 
personas  que  deseen  conocer  la  geografía  de  aquellas  isla*. 
La  escasez  de  obras  que  traten  de  una  región  determinada 
hace  que  las  noticias  geográficas  que  generalmente  se  ad¬ 
quieren  sean  muy  superficiales  y  poco  detalladas,  y  cuando 
se  quiere  puntualizar  un  dato  hay  que  recurrir  á  obras  vo¬ 
luminosas,  no  siempre  fáciles  de  encontrar.  El  Sr.  Puerta 
ha  simplificado  muy  diestramente  la  materia  y  la  pre¬ 
senta  en  forma  clara  al  alcance  de  todos;  pero  es  una 
verdadera  geografía  de  Canarias  prácticamente  útil. 

Acompañan  al  texto  25  láminas  perfectamente  fotogra¬ 
badas  y  un  mapa  en  colores. 

Revista  Moderna. —  Esta  notabilísima  publicación,  que 
▼e  la  luz  en  la  República  del  Brasil,  ha  puesto  á  la  venta 
recientemente  un  magnífico  número,  dedicado  por  com¬ 
pleto  á  España,  el  cual  es  una  espontánea  y  sincera  mani¬ 
festación  de  las  simpatías  con  que  en  aquella  gran  Repú¬ 
blica  se  mira  la  causa  do  España  con  motivo  de  la  guerra 
á  que  nos  han  impelido  los  Estados  Unidos. 

Publica  en  el  citado  número,  que  por  cierto  es  un  nota¬ 
bilísimo  trabajo  tipográfico,  los  retratos,  muy  bien  re¬ 
producidos  y  estampados,  de  SS.  MM.  los  Reyes  de  Espa¬ 
ña,  de  los  Sres.  Sagasta,  Blanco,  Montojo  y  otros,  además 
de  magníficas  vistas  de  la  Habana  y  Santiago  de  Cuba,  y 
numeremos  trabajos  literarios,  todos  dedicados  á  asuntos 
españoles,  de  inmejorables  firmas. 

Con  ser  muy  digna  de  gratitud  por  parte  de  todos  los 
españoles  tal  demostración  de  afecto  en  las  actuales  cir¬ 
cunstancias,  aun  lo  es  más  el  objeto  á  que  se  deaica  el 
importe  de  la  ventadel  repetido  número,  que  se  destina  á 

engrosar  el  producto  de  la  suscripción  nacional. 

Se  halla  de  venta  este  notable  número  en  la  librería  del 
Sr.  Fe,  al  precio  de  2  francos  ejemplar.— C. 


TRABAJOS  DE  FORTIFICACIÓN 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARÁBIGA  [{S 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disenteria,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  8angre.—50  anos  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  ,  Es  también  el  mejor  alimento  para  cnar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Dü  Barry  Y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres. 


TRATAMIENTO  POR  EL  CDAL  SE  CURAN  SEGURAMENTE 


^  oURjcoj rs 


Los  ROMADIZOS,  en  12  horas. 

Loo  CATARROS  LARÍNGEOS,  en  12  horas. 
Los  CATARROS  CRONICOS,  en  5  meses. 

El  ASMA,  en  todos  los  casos. 

La  BRONQUITIS,  en  todos  los  casos. 

Las  RONQUERAS,  en  12  horas. 

Las  AFONÍAS,  por  completo. 

La  Influenza  ,  en  24  horas. 

Las  ANGINAS,  en  12  horas. 

El  RONQUIDO,  aspirándolo  al  acostarse. 

Los  MAREOS,  se  garantiza  la  cura. 

El  CRUP,  en  12  horas. 

La  TOS  FERINA,  aliviada  en  5  minutos. 

Las  NEURALGIAS,  en  10  minutos. 

Los  DOLORES  DE  CABEZA,  en  10  minutos. 

El  INHALADOS  DE  ÁCIDO  CAR¬ 
BÓLICO  puede  ser  usado  durante  varios 
Ineses  por  una  familia,  constituyendo,  por 
tanto,  el  remedio  más  barato  del  mundo. — Su 
precio ,  pesetas,  12,50. 

El  INHALADOS  DE  ÁCIDO  CAR¬ 
BÓLICO,  una  vez  vacío,  se  vuelvo  &  llenar 
por  la  módica  suma  de  4  pesetas.  | 


En  la  Administración  d©  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid,  hállase  de  venta  el  Mapa  de  la  Isla  de  Cuba  más  com¬ 
pleto  de  todos  los  publicados  hasta  el  día. 

Este  mapa,  esmeradamente  impreso  á  cinco  tintas,  está  dividido  en  dos 
hojas,  comprendiendo  una  la  parte  oriental ,  y  la  otra  la  occidental  de 
la  Isla.  Es  indispensable  á  todos  cuantos  quieran  seguir,  en  todos  sus  de¬ 
talles,  las  operaciones  militares  en  la  Isla  de  Cuba. 

El  precio  de  venta  en  toda  España  es  de  2  pesetas  cada  hoja,  ó  sean 
4  pesetas  el  mapa  completo. 


De  este  Inhalador  hállense  ejemplares  de  muestra  en  la 
Administración  de  LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA, 

AR'ENAIi,  18,  MADRID. 


EL  ANTIGUO  MADRID 

PASEOS  HISTÓRICO-ANECDÓTICOS  POR  LAS  CALLES  Y  CASAS 

DE  ESTA  VILLA 
POB 

D.  RAMÓN  DE  MESONERO  ROMANOS 

«EL  CURIOSO  PARLANTE» 

Dos  tomos,  8.*  mayor  francés,  con  varios  grabados. — 4  pesetas  cada  uno. 

De  venta  en  las  oficinas  de  este  periódico,  Arenal,  18,  Madrid. 

LA  CRUZ  DEL  VALLE  DENTADURA 

nABU.  Para  conservar  ésta  sana  ó  sin  padecimiento 

FUifiM  A  alguno,  elíjase  un  dentífrico  higiénico,  acreditado 

POR  DOÑA  ISABEL  CHEIX  ¡en  la  práctica.  Deséchenee,  por  perjudiciales,  loe 
FUK  11UJ1A  dulzainos.  Un  buen  dentífrico  ha  de  perfumar  y 

-  refrescar  la  boca  deliciosamente  con  el  aroma  do 

Véndese  en  las  principales  librerías.  Precio,  la  menta  y  la  rosa,  Pe.ro 

_  r  ..i  ,  ,  ,  r.  muto  ligero  de  los  tónicos  ó  amargos,  «orno  su 

dita  peseta.— Los  pedidos  á  la  autora,  Gra-  ^  co®  el  Licor  «leí  Polo  «le  Orive.  Por 

vina,  31 ,  Sevilla.  toayor,  M.  García.  Capellanes,  1 ,  Madrid. 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

extra,  de  aroma  riquísimo,  permanente  y  muy  delicado.  Inimitable  para  curar  la  blandura  de  los 
párpados;  excitar  suave  y  deliciosamente  la  piel,  evitando  los  catarros  á  los  propensos  &  resfriarse; 
aclarar  la  vista  cansada  y  para  el  tocador,  pañuelo  y  baño.  Preferida  á  las  más  acreditadas  dol 
Extranjero.  Krascos  corrientes,  de  3  á  12  reales.  Muy  lujosos  con  cuentagotas,  de  6  á  26  reales. 
Por  medida ,  franco  envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  un  litro,  5  pesetas.  Desde  cuatro  Jitros, 
á  4  pesetas.  En  frascos,  farmacias  y  perfumerías.  Por  medida,  su  autor,  Ascao,  7. 


Madrid...., 

Provincias. 

Extranjero, 


tW*  ’  44iijf  t 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN.  PAGADEROS  EN  ORO. 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN 


ANO  XLII.  —  NUM.  XXII 


administración: 
ARENAL,  18 


35  pesetas.  18  pesetas. 

40  id.  21  id. 

50  francos.  26  francos. 


10  pesetas. 

11  id. 

14  francos. 


Madrid,  15  de  Junio  de  1898 


Cuba,  Puerto  Rico  y  Filipinas.  12  pesos  fuertes.  7  pesos  fuertes. 
Demás  Estados  de  América  y 

Asia .  60  trancos.  35  francos. 


i 


LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  Uü.  DE  NORTE-AMÉRICA. 


Barrio  de  San  Nicolás.  Barrio  do  Tondo. 


;  Tesorería  y  Aduana.  Muralla.  Paseo  y  monumento  de  Magallanes. 

VISTA  PARCIAL  DE  MANILA. 


(De  fotografía.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA  '  ' 


"15  Jumo  1898 


342  —  n.°  xxn 


SUMARIO. 


TEXTO. _ Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón. — Nuestros 

grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de*  Cuenca. —  £1  centenario  del  gran 
pintor  alemán  Jacobo  Asmo  Carstens.  El  25  de  Mayo  de  18118,  por 
D.  Juan  Fastenrath.  —  ¿Cómo  se  hace  un  duro?,  por  D.  Ramón 
Arizcun.  —  El  alma  del  muerto.  Cuento  trágico,  por  D.  Alejandro 
Larrubiera.  —  Sol  en  Tauro,  por  D.  Eduardo  de  Palacio.— Instantᬠ
nea,  soneto,  por  D.  Manuel  de  Sandoval.  —  Carta  de  Cuba,  soneto, 
por  D.  Rafael  Ochoa.— Por  ambos  mundos.  Narraciones  cosmopo¬ 
litas,  por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa.  —  Sueltos.  —  Importante. 
—  Libros  presentados  ¿  esta  Redacción  por  autores  ó  editores, 
por  C.— Anuncios.  _  ,  TT„  „  ..  ^ 

Grabados.  —  La  guerra  entre  Espnna  y  los  KE.  UU.  de  Norte- 
Amórica:  Vista  parcial  de  Manila.  Crucero  norteamericano  Merry 
Mac,  echado  á  pique  en  Santiago  de  Cuba.  Crucero  español  licina 
Mercedes,  convertido  en  batena  flotante  en  Santiago  de  Cuba.  Cro¬ 
quis  general  de  cables  submarinos. —  Madrid:  Fabrica  Nacional  de 
la  Moneda  y  Timbre.  La  acuñación  de  la  plata.  Taller  de  fundi¬ 
ción.  Recepción  de  barras  de  plata.  Sala  de  balanzas.  Vertedor  y 
carro  de  rielar.  Tesorillo.  Balanza  automática.  Retratos  de  D.  Car¬ 
los  Torrijos  y  la  Cruz,  D.  Antonio  del  Castillo  Olivares,  D.  Luis 
López  Puigcérver,  D.  Federico  García  Patón,  D.  Bartolomé  Maura 
y  D.  Joaquín  Uossell.  Taller  de  fabricación.  Laminador.  Horno  de 
recocer.  Escarchador.  Banco  de  hilera.  Prensas  de  cortar.  Sala  de 
blanqueo.  Tórculos.  Volante  de  hincar  troqueles.  Prensa  de  acuñar. 
Máquina  de  inutilizar  moneda.  Entrega  de  la  moneda  fabricada. 
Vista  general  de  la  Fábrica. — Retrato  d^l  Dr.  Sanarelli,  distinguido 
médico,  descubridor  del  bacilo  déla  fiebre  amarilla. —  Retrato  de 
D.  Casimiro  del  Collado,  distinguido  literato. 


CRÓNICA  GENERAL. 


^  A  prensa  extranjera  no  puede  menos 
de  reconocer  una  verdad.  Mientras 
que  España  no  oculta,  sino  que  reco¬ 
noce  y  declara  en  sus  partes  oficiales 
todas  nuestras  pérdidas,  los  almiran¬ 
tes  norteamericanos  desfiguran  de  tal 
modo  los  hechos,  que  convierten  sus  des- 
. catabros  en  victorias:  hasta  los  nombres  co¬ 
nocemos  en  España  de  los  jefes  y  oficiales 
muertos  ó  heridos  en  el  último  ataque  in¬ 
fructuoso  y  empeñado  de  la  escuadra  yankee  á 
Santiago  de  Cuba:  sólo  indirectamente,  por  el  re¬ 
fuerzo  de  G50  marineros  que  envían  ellos  á  esa  es¬ 
cuadra,  se  evidencia  que  han  tenido  bajas  enor¬ 
mes,  ya  por  las  balas,  ya  por  el  vómito,  en  su 
bloqueo  y  sus  ataques.  Que  bus  buques  han  pade¬ 
cido  bastante,  es  indudable;  como  que  las  defen¬ 
sas  de  Santiago  de  Cuba  se  hallan  íntegras.  La  ri¬ 
gurosa  censura  telegráfica  que  han  establecido  en 
el  país  donde  la  noticia  ha  tenido  siempre  la  liber¬ 
tad,  dijimos  mal,  la  licencia  más  escandalosa,  y 
tanto  se  miente  en  nuestro  daño,  demuestra  que 
algo  ó  mucho  nos  quieren  ocultar  y  tratan  de  que 
no  se  divulgue  por  el  mundo,  y  debe  enseñarnos 
á  ser  algo  menos  francos  y  esconder  mejor  nues¬ 
tros  pensamientos;  que  la  mitad  del  éxito  en  la 
guerra  está  en  engañar  al  adversario.  La  marina 
española  ha  hecho  nuevos  sacrificios  de  sangre  ge¬ 
nerosa  en  el  segundo  jefe  del  Reina  Mercedes , 
D.  Emilio  Acosta,  y  algunos  de  sus  bizarros  tri¬ 
pulantes:  también  lia  derramado  la  suya  el  vale¬ 
roso  ejército  de  tierra,  figurando  entre  los  heridos 
el  ilustre  inventor  Sr.  Ordóñez,  honra  de  nuestra 
artillería,  al  rechazar  la  formidable  de  los  acora¬ 
zados  de  Sampson.  Orgullosos  podemos  estar  del 
valor  heroico  y  sereno  de  nuestra  marina  y  nuestro 
ejército,  y  de  cuantos  luchan  en  Cuba  y  Puerto 
Rico.  Hasta  ahora  sólo  ha  encontrado  el  enemigo 
una  muralla  de  hierro  que  le  costará  trabajo  y  mu¬ 
cha  sangre  franquear.  Si  dominando  el  mar  halla 
un  boquete  en  aquella  extensa  costa,  todavía  le 
quedará  dentro  el  hueso  por  roer. 


No  son  gratas  las  impresiones  que  nos  trasmi¬ 
ten  de  Filipinas,  y  no  sabemos  si  las  exagera  ó  no 
la  incertidumbre.  Que  son  graves  aun  después  del 
desastre  de  Cavite,  lo  demuestra  la  importancia 
que  las  dió  el  Jefe  del  Gobierno,  noticiando  la  re¬ 
belión  vuelta  á  renacer  y  capitaneada  por  el  trai¬ 
dor  Aguinaldo,  recién  sometido  y  pagado,  según 
se  dice,  y  que  gritaba  con  el  bolsillo  repleto:  ¡viva 
España!  Pronto  han  arrojado  los  yanlcees  su  más¬ 
cara  humanitaria:  para  hacernos  la  guerra  no  han 
sentido  escrúpulo  en  armar  y  excitar  á  la  guerra 
más  salvaje  á  las  hordas  que  asesinan  mujeres,  ni¬ 
ños  y  pacíficos  religiosos:  ya  se  sabe  por  qué  artes 
pudo  deslizarse  la  escuadra  de  Dewey  en  la  bahía 
de  Manila;  ya  no  se  puede  dudar  de  dónde  provi¬ 
no  la  conspiración  que  obligó  á  España  á  sostener 
ios  guerras  lejanas  á  la  vez  para  extenuarnos,  y 
el  papel  que  hacían  en  nuestras  regiones  ultrama¬ 
rinas  los  cónsules  de  nuestra  amiga  la  República 
norteamericana.  ¡Qué  lección  la  de  esos  cónsules 
para  todos  los  Estados,  sobre  todo  de  América,  que 
mantienen  relaciones  con  la  falaz  República!  En¬ 
vanézcanse  los  yanlcees  de  su  fácil  entrada  en  Ca¬ 
vite;  envanézcanse  de  combatir  á  las  escasas  fuer¬ 
zas  españolas  de  un  país  que,  por  la  misma  escasez 
de  esas  fuerzas,  se  demuestra  que  dominábamos 
benignamente,  confiados  en  el  buen  natural  de 
aquellas  gentes.  Se  puede  luchar  contra  las  agre¬ 
siones  extranjeras;  pero  contra  la  deserción  de  los 


que  nos  inspiraban  confianza,  y  la  traición  inter¬ 
na,  la  lucha  es  más  difícil.  Si  sólo  de  castigar  y  no 
de  reducir  se  tratase ,  el  castigo  que  merecerían 
era  dejarles  por  amos  á  los  yankees .  No  sabemos 
si  Aguinaldo  habrá  leído  la  sentencia  de  Calderón: 

El  traidor  no  es  menester 
Siendo  la  traición  pasada. 

Pero  España  no  puede  renunciar  á  lo  que  es 
suyo  porque  momentáneamente  sufra  un  eclipse 
su  poder. 


Los  yankees ,  que  trataron  en  Cuba  de  sacar  con 
mano  ajena  las  castañas  del  fuego,  tratan  de  ha¬ 
cer  lo  mismo  en  Filipinas:  creemos,  haya  suce¬ 
dido  lo  que  quiera,  que  están  en  un  error.  No  se 
domina  ni  se  infunde  respeto  y  cariño  en  una  re¬ 
gión  durante  siglos  sin  que  se  conserven  grandes 
elementos  en  ella  afectos  á  nosotros,  y  sin  que 
produzca  la  rebelión  y  la  ingratitud  estremeci¬ 
miento  como  el  que  causa  un  sacrilegio;  ni  se 
perturban  aquellas  regiones  sin  que  los  ecos  de  la 
sublevación  prendan  en  otras  no  distantes  las  chis¬ 
pas  del  incendio.  ¿Y  en  nombre  de  qué?  ¡De  la  hu¬ 
manidad!  Véase  lo  que  escribe  acerca  de  eso  El 
Tiempo ,  periódico  de  Méjico: 

«Los  Estados  Unidos  han  exterminado  más 
gente  en  cien  años  que  todas  las  naciones  del 
mundo  juntas  desde  que  principió  la  era  cristiana. 

^Calcúlase  que  en  todo  el  territorio  que  hoy 
ocupa  aquella  República  había,  cuando  llegaron 
los  peregrinos,  más  de  seis  millones  de  indios, 
cálculo  muy  bajo  si  se  considera  la  inmensa  ex¬ 
tensión  que  hay  desde  las  playas  del  Atlántico  al 
Pacífico,  y  desde  el  Río  Bravo  al  San  Lorenzo. 

3> ¿Qué  número  de  indios  existe  hoy  en  los  Es¬ 
tados  Unidos? 

»Unos  cuantos  miles;  y  esta  observación  basta 
para  dar  una  idea  de  la  espantosa  obra  de  destruc¬ 
ción  de  aborígenes  comenzada  por  Inglaterra  y 
continuada,  con  un  empeño  digno  de  mejor  causa, 
por  sus  descendientes. 

»Con  razón  Logan,  el  gran  jefe  indio,  echaba 
en  cara  á  los  yankees  su  horrible  crueldad,  di- 
ciéndoles  que  asesinaban  á  los  hombres,  á  las  mu¬ 
jeres  y  á  los  niños  á  sangre  fría. 

»Nuda  decimos  del  exterminio  de  la  raza  meji¬ 
cana  en  Tejas,  California,  Nuevo  Méjico  y  otras 
regiones  que  fueron  nuestras.  Los  mejicanos  dis¬ 
minuyen  en  ellas  rápidamente,  gracias  al  estado 
de  miseria  á  que  los  han  reducido  sus  conquista¬ 
dores.!) 


. r . 

No  es  sólo  en  Méjico;  en  casi  toda  la  América 
española  se  oyen  voces  análogas  contra  la  trope¬ 
lía  de  los  yanlcees .  Sentimos  no  poder  copiar  el 
artículo  que  publica  El  Porvenir ,  de  Cartagena 
(Colombia).  Extractaremos  sus  conceptos  princi¬ 
pales  : 

«Para  nadie  era  nueva  la  intervención  de  los 
Estados  Unidos  en  lo  de  Cuba;  hoy  pasa  de  auxi¬ 
liar  á  actor  principal.  El  Tío  Sam  cree  á  España 
cansada,  y  cae  encima  con  sus  millones  y  sus 
fuerzas  para  castigarla,  más  que  por  sus  errores, 
por  sus  grandezas  pasadas;  pero  el  quijotismo  que 
hace  reir  á  los  enemigos  de  España,  y  llaman 
también  España  á  toda  la  América  latina,  no  es 
cosa  de  burla  cuando  se  apresta  á  pelear,  porque 
si  cae  descalabrado,  no  le  derriban  sin  haber  alan¬ 
ceado  á  muchos.  Los  Estados  Unidos  pudieron  in¬ 
fluir  en  lo  de  Cuba  por  vías  amistosas,  sin  obligar 
á  España  á  quemar  el  último  cartucho.  El  Ministro 
de  España  no  escuchó  sino  insultos,  algunos  de 
carácter  oficial,  para  su  patria  y  su  raza;  No  obra¬ 
ron  así  contra  Inglaterra:  entonces  se  contentaron 
con  sacar  aquello  de  «América  para  los  ameriea- 
»nos!>,  en  que  no  se  comprenden  «  esos  pueblos  se- 
))inisaívajes  que  cubren  el  continente  desde  el  Río 
>Grande  hasta  el  cabo  de  Hornos»,  como  dijo  el 
New  York  Herald.  Los  pueblos  americanos  no 
pueden  ver  una  nación  hermana  en  esa República.» 

Y  termina  con  estas  elocuentes  líneas  el  escritor 
colombiano  D.  Lino  M.  de  León,  después  de  algu¬ 
nas  salvedades  en  favor  de  los  cubanos: 

«Vencida  España  por  los  Estados  Unidos,  lo  sen¬ 
tiremos  con  los  españoles;  porque,  quién  más,  quién 
menos,  españoles  todos  somos.  En  español  senti¬ 
mos  ;  en  español  pensamos ;  por  españoles  nos 
aman  entrañablemente  no  pocos  de  los  pueblos  no 
españoles,  hasta  el  extremo  de  hacerle  sus  caricias 
de  cuando  en  cuando  á  nuestro  comercio  de  expor¬ 
tación . 

»En  español,  por  último  —  aunque  debiéramos 
haber  dicho  por  cima  de  todo, — á  Dios  elevamos 
nuestras  plegarias,  siendo  por  cierto  la  de  los  pre¬ 
sentes  solemnes  instantes  por  el  universal  reinado 
de  la  justicia,  por  la  paz  y  la  dicha  de  todos  los 
pueblos I» 


Los  poetas  sudamericanos  enardecen  los  espí¬ 
ritus,  reconociéndose  hijos  de  España.  Quisiéramos 
poder  transcribir  los  versos  inspirados  que  publica 
La  Correspondencia  de  Bogotá . 

«Si  escrito  está  que  caigas,  acosada 
En  lucha  desigual,  tú  sin  desdoro 
Perecerás  de  lauros  coronada...... 

escribe  en  hermoso  soneto  J.  C.  Ramírez. 

«Puede  trocar  los  mares  en  cuarteles 

El  coloso  de  América . 

¡Pero  jamás  con  bombas  ni  bajeles 
Se  rinde  á  la  justicia  ó  se  la  mata!» 

dice  Enrique  W.  Fernández  en  otro  notable  so¬ 
neto. 


«España,  madre  España . 

¿Qué  pecho  americano 
Al  sentir  que  circula  por  sus  venas 
La  ardiente  sangre  que  tu  sér  anima 
No  alza  la  frente  ufano? . 


Tus  hijas  tornan  hacia  ti  los  ojos, 

Y  olvidados  de  un  tiempo  los  enojos, 

Vuelven  á  ti  con  la  cerviz  erguida 
Desafiando  los  odios  y  la  muerte. 

¡Que  es,  España,  tu  suerte  nuestra  suerte: 

Que  nunca  el  seno  maternal  se  olvida.» 

Así  canta  Ruperto  S.  Gómez  en  una  oda  entonada. 
Y  aunque  sólo  podemos  transmitir  de  esas  poesías 
los  conceptos  que  dan  idea  de  su  espíritu,  nos  pa¬ 
rece  consolador  que  vengan  á  nosotros  de  ese  con¬ 
tinente  americano  que  perdimos,  y  donde  tantas 
raíces  tiene  nuestro  corazón,  esas  voces  amigas 
que  tanto  prueban,  que  tanto  significan  para  nos¬ 
otros  y  para  la  orgullosa  República  del  Norte. 

Los  periódicos  alemanes  hablan  ya  de  la  posi¬ 
ble  anexión,  ó  propósitos  de  hacerla,  de  toda  la 
América  del  Sur  hasta  el  canal  de  Nicaragua.  No 
creemos  que  á  esos  países  les  halle  desprevenidos. 


Y  continúan  los  periódicos  extranjeros  propo¬ 
niéndonos  que  pidamos  la  paz.  Nadie  la  desea  ni 
hizo  más  por  conservarla  que  nosotros.  ¿Y  qué 
conseguimos?  Ser  atacados  injusta  y  brutalmente. 
No  hacemos  la  guerra,  sino  que  nos  defendemos 
contra  los  que  nos  la  hacen.  A  ellos  corresponde 
cesar  en  su  agresión.  ¿Que  causa  males  al  mundo? 
Es  lamentable;  pero  no  podemos  remediarlo,  ni 
compadecer  á  nadie  por  males  que  sufrimos  en 
primer  término.  Lo  que  nos  extraña  es  que  se  asus¬ 
ten  de  nuestra  futura  suerte,  cuando  España  no  se 
asusta,  por  haber  descontado  con  melancólica  fir¬ 
meza  cuantas  desgracias  nos  puedan  ocurrir.  So¬ 
mos  el  caminante  sorprendido  en  su  camino  á 
quien  se  quiere  quitar  la  bolsa,  y  se  defiende. 

Cuando  el  Gobierno  expuso  el  estado  de  una 
parte  de  la  isla  de  Luzón,  los  partidos  ofrecieron 
su  apoyo  en  lo  fundamental;  si  hubo  distingos,  fu¿ 
sólo  en  lo  accesorio.  ¿Quieren  que  nos  unamos  del 
todo?  No  será  imposible  si  nos  aprietan  algo  más. 
Tenemos  temple  no  sólo  para  reñir  con  los  de 
afuera,  sino  para  seguir  peleándonos  en  casa.  Y  no 
es  jactancia:  está  sucediendo;  es  vicio  de  lá  san¬ 
gre.  Aunque  convendría  que  no  imitásemos  la  fᬠ
bula  de  los  dos  conejos.  ¿Es  oportunidad  esta  de 
dividirnos  sobre  quién  tuvo  ó  no  la  culpa  de  esto 
ó  aquello?  Pues  todos  la  tuvimos:  unos  antes,  otros 
después,  ó  al  mismo  tiempo.  ¿Es  ocasión  de  mur¬ 
murar  por  si  el  Ministro  de  Marina  va  á  Cádiz  á 
conferenciar  con  el  general  Cámara  y  Livermore? 
¿De  retardar  los  Presupuestos?  ¿De  escatimar 
recursos? 

Ignoramos  si  el  país  está  ó  no  satisfecho  del 
Gobierno:  somos  independientes;  pero  una  varia¬ 
ción  tendría  el  inconveniente  de  debilitarnos  y 
trastornar  todos  los  planes.  ¿Para  qué?  ¿Qué  se  ga¬ 
naría  con  un  cambio?  Dejémosle  gobernar  con 
calma  en  estas  graves  circunstancias.  Es  lo  sensato 
y  lo  español.  Cuando  todo  concluya,  bien  ó  mal — y 
¿de  qué  sirven  la  esperanza  y  el  valor  sino  para 
confiar  en  el  bien? — entonces  tirémonos  los  tras^ 
tos  á  la  cabeza;  pero  hoy  no,  que  están  empeñadas 
la  suerte,  la  riqueza  y  la  honra  de  la  patria. 

• 

•  * 

Apartemos  la  vista  de  la  guerra  y  fijemos  la  vista 
en  la  literatura:  aun  ahí  la  guerra  nos  persigue. 
El  ilustre  autor  de  los  Episodios  Nacionales  ha 
reanudado  aquel  trabajo,  empezando  otra  serie  con 
un  tomo  que  titula  Zumaldcarregui ,  al  que  segui¬ 
rán  Mendizábal ,  De  Oñate  á  la  Oran  ja ,  Luchana * 
La  campaña  del  Maestrazgo ,  La  Estafeta  román¬ 
tica,  Ver  gara.  Montes  de  Oca,  Los  Ay  acuchos  f 
Bodas  reales .  Como  se  ve,  su  trabajo  histórico  no¬ 
velesco  se  detendrá  en  el  principio  del  reinado  de 
Isabel  II:  aun  este  episodio ,  viviendo  los  dos  prin¬ 
cipales  personajes,  parecerá  á  algunos  demasiádó 
próximo  para  novelado;  aunque  históricamente 
resulta  bien  lejano,  y  ha  sido  analizado  con  bas- 


Digitized  by  AjOOQle 


>5  Junio  189R 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xxii  —  343 


tanto  crudeza  por  políticos  graves,  en  especial  el 
difunto  Marqués  de  Miradores,  que  intervino  en 
los  sucesos.  Zumalacarregui,  como- es- sabido,  fue 
la  primera  figura  militar  del  partido  carlista,  así 
como  Cabrera  su  caudillo  más  legendario.  El  señor 
Pérez  Galdós  se  ciñe  bastante  á  la  historia  más 
admitida  respecto  del  general  carlista,  y  añade  de¬ 
talles  de  localidad  que  no  conocíamos;  la  parte 
novelesca  es  de  carácter  simbólico  y  fantástico,  y 
de  un  sabor  místico  moderno,  que  recuerda  algo 
á  Nazarin  del  mismo  autor.  Aunque  las  ideas  del 
Sr.  Galdós  hagan  creer  lo  contrario,  nos  parece 
que  guarda  justa  neutralidad  al  apreciar  á  los  cris- 
tinos  y  carlistas:  á  lo  menos.se  conforma  con  re¬ 
laciones  carlistas  de  las  intrigas  que  hubo  en  la 
corte  de  D.  Carlos  contra  Zumalacarregui.  Escrita 
como  todas  las  del  autor,  le  deséamos  en  esta  ter¬ 
cera  serie  de  los  Episodio k  Nacionales  la  misma 
suerte  que  en  las  anteriores,  de  que  será  epílogo  y 
complemento. 

• 

*  * 

Las  procesiones  del  Corpus  en  Madrid  siempre 
fueron  célebres  por  las  carreras  que  se  producen 
en  la  gente  amontonada  en  calles  céntricas  y  es¬ 
trechas;  este  año  no  han  faltado. 

— ¿Estuviste  en  la  procesión? 

— Como  siempre. 

— ¿Corriste? 

— Como  un  gamo. 

— ¿No  temes  que  te  atropellen? 

— Jamás;  cuando  hay  carreras  yo  siempre  gano 
el  primer  premio. 


— ¿No  dice  usted  que  adelanta  el  mundo?  Yo 
creo  que  hemos  vuelto  á  la  Edad  Media. 

— Estos  no  son  siglos  guerreros. 

— ¿No?  Cada  diez  años  se  acometen  las  nacio¬ 
nes.  Antes  los  hombres  de  armas  se  cubrían  de 
hierro;  hoy  se  ponen  las  corazas  en  los  buques. 
Viene  á  ser  lo  mismo. 


Mr.  Comish  ha  experimentado  en  el  Jardín 
Zoológico  de  Londres  los  efectos  del  violín  y  de 
la  flauta  en  diversos  animales. 

— Sólo  las  serpientes  no  manifestaron  placer; 
los  alacranes  demostraron  satisfacción,  y  lo  mis¬ 
mo  los  lagartos:  en  la  jaula  de  león,  éste  agrade¬ 
ció  la  música  meneando  la  cola;  el  elefante  alzó 
una  pata  mientras  duró  el  concierto,  y  el  tigre  se 
paseó  gruñendo  de  gusto. 

— Y  dígame  usted:  ¿qué  sucedió  en  la  jaula  del 
yankee? 


Las  chicas  andaluzas,  cuando  San  Antonio  tarda 
en  concederles  novio,  cuelgan  la  imagen  de  una 
cuerda  y  la  sumergen  en  el  pozo.  Esto  hizo  Pa¬ 
quita  y  tuvo  novio,  pero  salió  un  tremendo  ca¬ 
lavera. 

—  ¡Vaya  un  pez  que  me  proporcionaste! — dijo 
la  niña  al  Santo. 

La  imagen  milagrosa  abrió  la  boca  y  contestó: 

— Si  me  metiste  en  el  agua,  ¿qué  podía  sacar  de 
ella  sino  un  pez? 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


VISTA  PARCIAL  DE  MANILA  (P ÁG.  1.*). 

La  cama  de  la  humanidad ,  de  la  que  los  yan - 
kees  se  declararon  exclusivos  paladines,  y  su  im¬ 
paciente  deseo  de  que  terminase  inmediatamente 
la  insurrección  cubana,  les  ha  sugerido  sin  duda 
la  nobilísima  idea  de  encender  y  fomentar  otra 
insurrección  en  Filipinas,  y  no  han  encontrado 
medio  más  eficaz  para  promover  la  civilización  v 
obtener  la  paz  que  el  de  armar  y  sobornar  hordas 
de  salvajes  contra  España. 

Cuando  en  los  tiempos  venideros  se  lea  la  his¬ 
toria  serena  é  imparcial  de  los  sucesos  de  esta 
época,  habrá  que  volver  con  asco  la  hoja  que  man¬ 
chen  los  hechos  de  la  República  norteamericana. 

Efi  grabado  que  representa  una  vista  parcial  de 
Manila  tiene  hoy  un  tristísimo  motivo  de  opor¬ 
tunidad.  Al  contemplar  las  baterías,  el  paseo  de 
Magallanes  y  el  pintoresco  Pasig,  apena  el  alma 
considerar  la  angustiosa  situación  de  los  hijos  de 
España  que  en  aquella  lejana  tierra  se  ven  bajo  el 
feroz  asedio  de  la  traición  tagala  y  de  los  pérfidos 
y ankeesy  sin  recibrr-á-  tiempo  el- auxilio  que  con¬ 
toda  el  alma  desearíamos  darles  sus  hermanos. 


CRUCERO  NORTEAMERICANO  «MERRY  MAC»  (l'ÁO.  344). 

En  nuestro  número  anterior  referimos  el  frus¬ 
trado  plan  de  los  norteamericanos  contra  Santia¬ 
go  de  Cuba  y  la  pérdida  de  su  buque  auxiliar  Me - 
rry  Mac>  que  fue  echado  á  pique  cuando  intentaba 
forzar  la  entrada  del  puerto.  Hoy  publicamos  un 
dibujo  de  dicho  barco,  que  era  de  4.600  toneladas 
y  perteneció  á  la  Compañía  Real  Inglesa  hasta 
que  lo  compraron  los  yankees  para  auxiliar  de  su 
marina  de  guerra. 

•  * 

CRUCERO  ESrAÜÍOL  «REINA  MERCEDES»  (PAG.  344). 

Fue  botado  al  agua  el  crucero  Reina  Mercedes 
en  el  año  1887,  y  tiene  85  metros  de  eslora,  13,2 
de  manga  y  7,90  de  puntal,  desplaza  3.090  tonela¬ 
das  y  una  máxima  velocidad  horaria  de  15,08  mi¬ 
llas.  Nuestro  grabado  le  representa  fondeado  en 
la  ensenada  de  la  Fstrella,  á  la  entrada  del  puerto 
de  Santiago  de  Cuba  y  preparado  para  el  combate. 
Como  se  recordará,  este  barco  español  tomó  ac¬ 
tiva  parte  en  la  defensa  de  dicho  puerto  cuando 
el  Merry  Mac ,  auxiliado  por  el  acorazado  Ioway 
intentó  forzar  la  entrada  de  la  bahía. 


Contra  lo  que  se  acostumbra  en  las  cartas  geo¬ 
gráficas,  van  en  blanco  los  mares,  y  rayados  los 
continentes  é  islas,  con  el  objeto  de  que  destaquen 
con  mayor  claridad  las  líneas  de  los  cables.  Estas 
son  más  gruesas  en  los  que  comunican  con  nues¬ 
tra  Península.  El  croquis  va  dividido  en  tres  sec¬ 
ciones:  la  superior  de  la  izquierda  contiene  Jas 
comunicaciones  en  los  puertos  de  la  Isla  de  Cuba; 
la  inmediata  de  Ja  derecha,  las  de  España  con  di¬ 
cha  Isla,  á  saber,  la  que  partiendo  de  la  Habana 
enlazaba  en  Cayo  Hueso,  hoy  interrumpida,  y 
la  que  desde  Santiago  de  Cuba  desciende  á  Ja¬ 
maica,  y  va  por  las  Bermudas  al  Canadá,  Ingla¬ 
terra,  y  de  allí  á  Bilbao,  que  es  la  que  hoy  se  uti¬ 
liza.  La  parte  inferior  del  croquis  es  continuación 
de  la  anterior  por  Occidente  (lado  derecho  del 
croquis  superior),  y  contiene  las  comunicaciones 
desde  Cádiz  por  el  Mediterráneo,  mar  Rojo,  golfo 
de  Omán  y  de  Bengala,  mar  de  la  China,  islas  de 
Malta  y  Hong-Kong,  y  de  allí  á  Manila.  Debemos 
advertir  que  en  los  sitios  en  que  la  línea  se  inte¬ 
rrumpe  y  sigue  otra  de  puntos,  se  indica  que  la 
comunicación  se  continúa  por  las  líneas  telegráfi¬ 
cas  terrestres. 

• 


*  # 

MADRID.  FÁBRICA  DE  LA  MONEDA  Y  TIMBRE.— 
LA  ACUÑACIÓN  DE  LA  PLATA. — (Véanse  las  ilustra¬ 
ciones  de  las  págs.  345,  347,  348,  349  y  352,  y  el 
artículo  del  Sr.  D.  Ramón  Arizcun  en  la  346.) 

» 

*  # 

DR.  SANARELLI, 

descubridor  del  bacilo  de  la  fiebre  amarilla  (pég.  351). 

El  ilustre  Dr.  Sanarelli,  que  después  de  largos 
y  dificilísimos  trabajos  en  Río  Janeiro  ha  descu¬ 
bierto  el  verdadero  bacilo  de  la  fiebre  amarilla, 
no  pudo  llegar  á  tiempo  á  las  sesiones  del  Conr. 
greso  de  Higiene  y  Demografía  últimamente  ce-  * 
lebrado  en  esta  corte,  perdiéndose,  por  tanto,  la 
ocasión,  de  que  en  él  luciera  su  reconocido  ta¬ 
lento. 

Comenzó  su  vida  científica  el  Sr.  Sanarelli  á 
los  dieciocho  años  de  edad  en  la  Universidad  de 
Siena  (Italia),  dedicándose  con  gran  entusiasmo 
al  estudio  de  las  ciencias  médicas  y  naturales  al 
lado  del  sabio  profesor  Sanquirico,  de  quien  fué 
predilecto  é  inseparable  discípulo.  Hallábase  aún 
en  el  tercer  año  de  sus  estudios,  y  ya  publicó  la 
primera  de  una  serie  de  Memorias  sobre  la  lisio- 
patología  de  la  alimentación,  demostrando  sus  só¬ 
lidos  conocimientos  en  Química  biológica. 

Dedicóse  con  grande  ardor  á  la  entonces  nueva 
ciencia  de  la  Bacteriología,  y  alcanzó  por  sus  no¬ 
tables  trabajos  sobre  esta  materia  el  premio  na¬ 
cional  para  el  perfeccionamiento  en  las  ciencias 
módicas.  En  Pavía  y  en  Munich  completó  sus 
estudios  al  lado  de  los  más  notables  maestros,  y 
publicó  obras  de  verdadera  importancia;  y  de 
vuelta  á  Italia,  se  le  ofreció  el  puesto  de  jefe  de 
servicio  en  el  Instituto  de  Higiene  de  Pisa,  y  des¬ 
pués  en  la  Escuela  Superior  de  Higiene  de  Roma; 
confiriéndole  en  seguida  el  Consejo  de  Instruc¬ 
ción  pública,  por  título,  el  grado  de  profesor  li¬ 
bre  (Privatdocent )  de  Higiene  pública. 

Pero  la  gran  aspiración  de  Sanarelli  se  realizó 
en  1892,  marchando  á  París  á  tomar  activa  parte 
en  los  prodigiosos  trabajos  del  Instituto  Pasteur, 
donde  dejó  brillante  recuerdo  de  su  actividad  in¬ 
cansable  y  su  amor  á  la  ciencia. 

Sus  estudios  y  descubrimientos  sobre  serotera- 
pia  de  la  fiebre  tifoidea  y  sobre  el  cólera  produ¬ 
jeron  gran  sensación  en  el  mundo  científico,  y 
sus  publicaciones  científicas  le  abrieron  las  puer¬ 
tas  de  la  Universidad  en  su  patria,  siendo  nom¬ 
brado  catedrático  de  Higiene  pública  en  Siena,  en 
la  misma  institución  donde  comenzó  á  estudiar. 

En  Agosto  de  1895  fue  á  Montevideo  para  diri¬ 
gir,  á  instancias  de  la  Facultad  de  Medicina,  los 
estudios  de  Bacteriología;  y  después  de  largas  y 
penosas  investigaciones,  realizadas  con  inquebran¬ 
table  constancia,  consiguió  hallar  el  bacilo  de  la 
fiebre  amarilla,  resolviendo  uno  de  los  más  difí¬ 
ciles  problemas  de  la  Bacteriología.  Resuelto  el 
problema  etiológico  de  la  terrible  enfermedad,  la 
ciencia  ha  dado  un  gran  paso  hacia  la  parte  más 
importante  de  la  cuestión,  que  es,  á  no  dudar,  la 
terapéutica  que  la  cure. 

* 

•  # 

CROQUIS  GENERAL  DE  CABLES  SUBMARINOS  (l»ÁG.  353). 

~  De  gran  actualidad  creemos  la  publicacióa  del 
croquis  de  cables  submarinos,  dibujado  para  La 
Ilustración,  Española  y  Americana  por  D.  Gui¬ 
llermo  de  Federico. 


n.  CASIMIRO  DEL  COLLADO, 
distinguido  literato  (pág.  350). 

El  28  de  Marzo  falleció  en  Méjico  el  notable  li¬ 
terato  y  académico  D.  Casimiro  del  Collado,  figura 
de  verdadera  y  reconocida  importancia  en  la  lite¬ 
ratura  hispano- americana.  Nació  en  4  de  Marzo 
de  1822  en  Santander,  y  de  ello  se  vanagloriaba 
Menéndez  y  Pelayo  en  un  estudio  sobre  dicho  es¬ 
critor,  del  que  decía  que  era  paisano  suyo  dos  ó 
tres  veces,  pues  Collado  nació  en  la  misma  provin¬ 
cia,  en  la  misma  ciudad  y  hasta  en  el  mismo  barrio 
y  en  la  misma  calle  que  el  autor  de  la  Historia  de 
las  ideas  estéticas  en  España . 

.  _ .A.lofl  catorce_años  de. edad,  marchó  Collado  á 
América  á  buscar  fortuna,  y  á  pesar  de  que  la  ha¬ 
lló  fácilmente  en  los  negocios  mercantiles,  siguió 
siempre  sus  naturales  inclinaciones  literarias. 

En  1841,  á  Jos  diecinueve  años  de  edad,  fundó 
en  Méjico  un  periódico  de  crítica  teatral  y  litera¬ 
tura,  llamado  El  Apuntador ,  en  el  que  aparecie¬ 
ron  sus  primeras  composiciones  poéticas. 

En  plena  época  de  romanticismo  era  difícil  sus¬ 
traerse  á  su  corriente  y  dejar  de  sufrir  la  pode¬ 
rosa  influencia  de  Víctor  Hugo  y  de  Lord  Byron 
á  un  poeta  que  conocía  las  lenguas  en  que  éstos 
escribían;  pero  el  talento  de  Collado  no  dejó  que 
se  anulara  su  personalidad  literaria  en  la  imita¬ 
ción  servil  de  la  escuela  dominante. 

«A  semejanza  del  Duque  de  Rivas — dice  uno  de 
los  más  notables  críticos  de  Collado — tomó  del 
romanticismo  lo  que  en  realidad  tenía  de  bueno: 
la  profundidad  en  el  sentimiento;  la  viveza  en  las 
imágenes;  la  energía  en  la  elocución;  la  novedad 
y  la  brillantez  en  el  conjunto,  y  á  esto  se  debió 
el  agrado  con  que  fueron  acogidos  y  con  que  hoy 
se  leen  sus  primeros  ensayos.» 

Pesado,  Carpió,  Segura,  Arango  y  Escandón  y 
otros  escritores  mejicanos  de  valía  fueron  sus  ca¬ 
maradas  de  vida  literaria,  y,  como  ellos,  alcanzó 
pronto  justo  renombre. 

De  sus  composiciones  románticas  son  las  más 
notables:  sus  Orientales ;  su  leyenda  Oelmira ,  y  la 
que  tituló  En  la  muerte  de  mi  hermana  y  fue  leída 
por  él  en  la  Academia  de  San  Juan  de  Letrán. 

Aumentó  en  esta  Academia  su  renombre  el  te¬ 
ner  D.  Casimiro  raras  facultades  de  lector. 

Apartado  en  la  segunda  época  de  su  vida  de  la 
escuela  romántica,  y  nombrado  miembro  de  la 
Academia  Mejicana  correspondiente  de  la  Real 
Española,  el  poeta  siguió  las  huellas  de  los  clási¬ 
cos;  y  en  sus  nuevas  composiciones,  como  dice  su 
ilustre  prologuista  D.  Marcelino  Menéndez  y  Pe- 
layo,  «la  lengua,  estudiada  por  Collado  con  amor 
más  que  filial,  le  abrió  sus  más  recónditos  tesoros 
y  camarines,  y  derramó  sobre  sus  cantos  lluvia  de 
perlas  y  de  flores,  no  de  las  postizas  y  contrahe¬ 
chas,  sino  de  las  que  reserva  para  sus  vencedores. 
No  encontró  rima  indócil,  ni  estrofa  rehacia:  el 
pensamiento  y  la  forma  no  fueron  en  él  como  el 
cuerpo  y  la  vestidura,  sino  como  el  cuerpo  y  el 
alma,  y  la  estrofa  salió  alada  y  vibrante  del  taller 
de  la  idea». 

De  las  composiciones  de  su  segunda  época,  sus 
admiradores  en  el  país  que  lo  acaba  de  perder 
prefieren  la  Oda  á  Méjico ,  y  algunos  de  ellos,  le¬ 
trados  y  entusiastas,  afirman  que  hasta  hoy  nin¬ 
gún  mejicano  cantó  como  Collado  la  patria  en  que 
por  tantos  años  vivió  el  poeta,  y  en  la  cual  nació 
á  la_ vida  literaria  y  logró  sus  legítimos  triunfos 
de  escritor. 

Carlos  Luís  de  Cuenca. 


Digitized  by  ^.ooQie 


34- 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Junio  1898 


CHUCERO  NORTEAMERICANO  «MERRT  MAC»,  ECHADO  Á  PIQUE  AL  INTENTAR  FORZAR  LA  ENTRADA  DEL  PUERTO  DE  SANTIAGO  DE  CUBA, 


CRUCERO  ESPAÑOL  (REINA  MERCEDES»,  CONVERTIDO  EN  BATERÍA  FLOTANTE  PARA  DEFENDER  LA  ENTRADA  DEL  PUERTO  DE  SANTIAGO  DE  CUBA. 

LA  GUERRA  ENTRE  ESPAÑA  Y  LOS  EE.  UU.  DE  N  O  RT  E- A  M  É  RI C  A. 

(Dibujos  de  Caula.) 


Digitized  by 


Goosle 


v~ 


"SF  ?sSm 


"T-  .\  7 


'  : 


Digitized  by 


..  Taller  de  fundición. — B.  Recepción  de  barras  de  plata. — C.  Sala  de  balanzas. — D.  Vertedor  y  carro  de  rielar. — E.  Tesorillo  (almacén  de  metales  en  fabricación). 

MADRID.— FÁBRICA  NACIONAL  DE  LA  MONEDA  Y  TIMBRE.— LA  ACUÑACIÓN  DE  LA  PLATA. 


346  —  n.°  xxix 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


15  Junio  1898 


EL  CENTENARIO  DEL  GRAN  PINTOR  ALEMÁN 

JACOBO  ASMO  CARSTENS. 


(EL  25  DE  MAYO  DE  1898.) 


UNQUE  los  tiempos  que  corren,  dada  la 
injusta  guerra  que  contra  su  voluntad 
y  sólo  en  mantenimiento  de  sagrados 
derechos  tiene  que  sostener  la  pobre 
cuanto  heroica  España,  no  son  los 
más  oportunos  para  ocuparse  de  arte  y 
de  artistas,  creo  conveniente  no  echar 
en  olvido  al  fundador  del  clasicismo  ale- 
^  mán,  Jacobo  Asmo  Carstens,  que  por  lo  ma¬ 
cizo  é  inmortal  de  su  fama  se  nos  presenta 
como  figura  de  museo  cubierta  con  la  pátina  del 
tiempo. 

Con  Carstens  expiró  un  artista  pensador  en  que 
el  pensamiento  y  la  composición  eran  la  copia  de 
su  riqueza  interior,  mientras  la  ejecución  de  sus 
concepciones  era  el  reflejo  de  su  pobreza  exterior 
y  de  su  estrechez.  Tiene  la  gloria  de  haber  sido  el 
heraldo  del. arte  alemán  que  cultivaron  en  la  pri¬ 
mera  mitád  del  siglo  actual  los  Wachter,  Koch, 
Schick,  Overbeck,  ISchadow,  Cornelius,  Schnorr, 
Buenaventura,  Genelli,  Rottmann  y  Preller,  cuyas 
composiciones  nobles  ostentan  el  ideal  de  belleza 
helénica  conquistado  para  el  arte  alemán  por 
Jacobo  Asmo  Carstens,  que  sabía  penetrar  como 
el  que  más  en  el  antiguo  espíritu  heleno,  realizan¬ 
do  en  las  esferas  de  las  Bellas  Artes  lo  que  Win- 
ckelmann  hizo  triunfar  en  la  ciencia,  lo  que  pre¬ 
gonaron  en  la  poesía  alemana  Klopstock  y  Lessing, 
Goethe  y  Schiller,  y  lo  que  en  la  arquitectura  al¬ 
canzó  Schinkel. 

Carstens  abandonó  el  arte  ecléctico,  ruin,  raquí¬ 
tico,  decaído  y  amanerado  de  su  tiempo  para  bus¬ 
car  y  rebuscar  caminos  nuevos,  restaurando  el 
ideal  de  las  líneas  rítmicas  y  de  la  belleza  armo¬ 
niosa,  de  la  sencillez  y  grandeza  antiguas,  y  re  ti- 
tuyendo  la  figura  humana  en  la  plenitud  de  su 
verdad  y  de  su  hermosura.  Hay  quien,  vanaglorián¬ 
dose  con  el  espíritu  moderno,  siendo  naturalista 
ó  impresionista,  dice  que  las  creaciones  helénicas 
de  Goethe  Ifigenia  y  Tasso  fueron  un  retroceso 
en  el  desarrollo  del  gran  poeta,  y  que  lo  misino 
füé  el  estilo  severo  y  plástico  de  Carstens,  des- 

Íireciando  el  brillo  del  color.  Pero  aquel  juicio  de 
a  nueva  generación  no  es  un  juicio  imparcial,  pues 
á  cada  artista  ha  de  juzgarse  desde  la  época  en 
que  vivió:  en  los  tiempos  de  Carstens  consisiia 
el  progreso  en  la  erección  de  un  ideal  puro  y  se¬ 
vero  de  belleza,  y  Carstens  ha  de  denominarse 
uno  de  los  artistas  más  eminentes  que  produjo  la 
dultura  germana,  el  primer  genuino  artista  ale¬ 
mán  después  de  la  época  memorable  de  los  Alber¬ 
to  Durero  y  Holbein,  un  artista  de  cuerpo  entero, 
con  estilo  original,  con  personalidad  propia,  que 
buscaba  notas  artísticas  nuevas;  un  artista  cándido 
y  primitivo,  sorprendente  por  la  genialidad  de  su 
invento:  un  artista  lleno  de  poesía  que  ejercía  una 
gran  influencia  sobre  Thorwaldsen  y  hasta  sobre 
el  arte  moderno,  que  no  debiera  olvidar  nunca  lo 
que  debe  á  Carstens.  Este  tenía  á  gala  luchar  por 
su  profesión,  por  el  mundo  helénico  que  estudiaba 
on  las  traducciones  de  Homero,  de  Píndaro  y  de 
los  trágicos,  por  el  ideal  de  belleza  clásica  que  re¬ 
conocía  también  en  Rafael  y  Miguel  Angel;  no 
debía  nada  á  la  escuela,  todo  á  sí  propio,  y  lo  sa¬ 
crificaba  todo  al  arte,  que  era  su  vida,  su  religión. 
Preocupado  con  su  arte,  iba  peor  trajeado  que  los 
artistas  de  hoy  por  las  calles  de  Roma,  que  le  dió, 
más  que  una  tumba  tranquila  después  de  una  exis¬ 
tencia  llena  de  luchas,  más  que  la  blanca  piedra 
sepulcral  próxima  á  la  pirámide  de  Cestio,  en  me¬ 
dio  de  hierbas  exuberantes  y  de  rosas  silvestres, 
una  misión  trascendental,  de  que  se  encargaba 
su  alma  libre,  grande  y  pura,  y  que  llevaba  á  cabo 
con  la  fuerza  y  la  fe  de  su  prodigioso  idealismo. 

El  fundador  del  clasicismo,  que  más  era  dibu¬ 
jante  que  pintor,  el  ilustre  autodidacto  alemán 
que  se  conmovía  con  la  silueta  de  San  Pedro  y  se 
recreaba  con  los  antiguos  y  los  grandes  italianos, 
los  maestros  del  Renacimiento,  y  se  entusiasmaba 
con  las  impresiones  de  fuerza  ardorosa,  de  poesía 
penetrante  y  honda  que  le  proporcionaba  su  estan¬ 
cia  en  la  Ciudad  Eterna,  era  hijo  de  un  pobre  mo¬ 
linero  de  San  Jürgen  (Jorge),  cerca  de  Schleswig, 
y  durante  cinco  años,  hasta  los  veintidós  de  edad, 
hubo  de  ejercer  la  profesión  de  cubero  en  la  ciudad 
de  Eckernforde. 

Nació  el  10  de  Mayo  de  1754. 

*  Sümisos  y  encantados  seguimos  á  Carstens  en 
todas  sus  peregrinaciones :  vemos  al  niño  en  la  ca¬ 
tedral  de  Schleswig  sentir  con  delicadezas  de  mís¬ 
tico  las  bellezas  de  los  cuadros  religiosos,  rogando 
á  Dios  le  conceda  en  su  gracia  que  un  día  pudiese 
pintar  también  cuadros  bellos  en  su  honor.  Le 


acompañamos  en  1776  á  Copenhague,  donde  la 
contemplación  de  los  vaciados  de  yeso  en  la  Aca¬ 
demia  le  producía  un  Sentimiento  de  devoción 
sacrosanta,  como  si  éstos  fuesen  seres  sobrehuma¬ 
nos,  y  donde  lograba  reproducir  cual  cuadro  inte¬ 
rior  todo  lo  que  había  visto.  Le  acompañamos 
en  1783  en  su  primer  viaje  á  Roma,  que  había  de 
interrumpir  por  falta  de  dinero,  no  llegando  sino 
hasta  Mantua,  donde  las  pinturas  monumentales 
de  Julio  Romano  le  hicieron  adivinar  las  bellezas 
de  las  concepciones  rafaélicas.  Le  vemos  después 
emplear  seis  años  de  su  vida  en  trabajos  artísticos 
en  la  ciudad  anseática  Lübeck  y  ganarse  la  amis¬ 
tad  del  escritor  de  arte  Sr.  Temow.  En  1790  le  ve¬ 
mos  ascender  á  profesor  de  la  Academia  de  Berlín; 
y,  por  fin,  en  1792  le  vemos,  gracias  á  un  estipen¬ 
dio  debido  al  ministro  de  Prusia  Sr.  de  Heinitz, 
atravesar  los  Alpes  y  llegar  á  Roma.  Allí  no  daba 
paz  á  la  mano y  y  no  obstante  las  amonestaciones 
constantes  del  Ministro  para  que  volviese  á  Berlín, 
no  podía  abandonar  la  ciudad  privilegiada  del  arte 
después  de  haber  admirado  los  artistas  de  la  anti¬ 
güedad  en  el  Vaticano  y  las  obras  maestras  de 
Rafael  y  Miguel  Angel.  Entre  los  artistas  italianos 
é  ingleses  residentes  en  Roma  obtuvo  un  señalado 
triunfo  en  la  Exposición  de  once  composiciones 
suyas  llenas  de  grandiosidad  clásica,  que  inauguró 
en  Abril  de  1795  en  el  estudio  de  Pompeyo  Batto- 
ni,  en  la  vía  Boca  de  León.  Aquel  día  mereció 
llamarse  el  día  de  bautismo  del  sacro  arte  alemán. 
Pero  la  naturaleza  del  maestro,  consumida  por  la 
lucha  y  la  enfermedad,  extinguióse  ya  en  la  pri¬ 
mavera  de  1798,  muriendo  el  pintor,  cuyo  estilo 
recordaba  los  grandes  maestros  del  Renacimien¬ 
to,  en  25  de  Mayo. 

La  numerosa  colonia  de  artistas  españoles  resi¬ 
dentes  en  Roma  se  ha  mostrado  digna  de  la  no¬ 
ble,  constante  y  enérgica  raza  española,  recau¬ 
dando  fondos  en  Mayo  de  1898  para  el  desarrollo 
de  la  marina  nacional,  abriendo  la  suscripción 
entre  sus  colegas  el  ilustre  Villegas.  Y  la  colonia 
de  artistas  alemanes  ha  celebrado  en  Roma  el 
centenario  de  su  inovidable  maestro  Jacobo  Asmo 
Carstens. 

Juan  Fastenrath. 

Colon  iu,  27  de  Mayo  de  1898. 


¿CÓMO  SE  HACE  UN  DURO? 


*  JUREME  Dios  de  alardear  de  erudito;  pretendo 
sólo,  y  no  es  poco,  que  quien  pusiere  los  ojos 
sobre  mis  notas  á  vuela  pluma,  las  recorra 
sin  fatiga  y  las  concluya  sin  hastío.  Y  pues 
me  brinda  la  ocasión  asunto  interesante  por 
demás  en  estos  tiempos  positivistas,  he  de 
abordarlo  sin  rodeos  ni  preámbulos. 

r’  El  dinero:  este  es  el  asunto,  y  su  interés  ac¬ 
tual  no  nace  sólo  de  ser  el  nervio  de  la  guerra,  sino 
de  que  está  sirviendo  en  estos  momentos  de  mediador 
pura  la  manifestación  de  bien  opuestos  sentimientos 
ante  las  amarguras  de  la  patria:  la  generosidad,  que  le  vierte 
con  largueza  en  las  arcas  del  Tesoro,  y  el  egoísmo,  que  le 
acapara  codicioso  para  ponerle  en  extranjeras  manos,  arras¬ 
trado  á  la  traición  por  la  avaricia. 

Del  dinero  hablaré;  mas  no  del  oro  aristocrático.  ¿Quién 
recuerda  en  estos  tiempos  aquellas  peí uconas  que  semejaban 
retratos  de  nobles  antepasados  en  la  mansión  vetusta  de 
una  familia  linajuda,  ó  aquellas  atildadas  isabelinas,  simbó¬ 
licas  imágenes  de  la  heredera  de  cien  títulos  nobiliarios, 
ricamente  ataviada  para  lucir  su  belleza  en  los  modernos 
salones  del  gran  mundo? 

Quede  también  á  un  lado  la  calderilla  democrática  lanzada 
de  uno  á  otro  mercado,  ora  en  bien  alineados  paquetes  que  al 
deshacerse  muestran  el  color  luciente  del  metal  cobrizo,  como 
el  pueblo  es  lanzado  á  la  guerra  en  que  su  propia  sangre  da 
tintes  rojizos  al  brillo  de  las  heroicas  virtudes  del  soldado, 
ora  en  obscuras  masas  pesadas  é  inconscientes,  que  seme¬ 
jan  la  masa  popular  convertida  por  el  espíritu  de  la  revolu¬ 
ción  en  ola  devastadora  de  destrucción  y  de  exterminio,  en 
que  aquel  brillo  queda  empañado  por  las  negruras  aterrado¬ 
ras  de  bajas  pasiones  y  rencores  infernales. 

El  metal  del  presente,  el  que  llama  la  atención  de  las 
gentes,  el  que  hoy  atrae  todas  las  miradas,  el  metal  puesto 
de  moda  en  el  Extranjero,  donde  se  solicita  el  que  de  Es¬ 
paña  procede  como  solicitan  nuestras  elegantes  los  últimos 
figurines  llegados  de  París,  es  la  plata;  esta  plata  en  cuya 
elaboración  fuimos  los  españoles,  en  tiempos  pasados,  maes¬ 
tros  de  todo  el  mundo;  esta  plata  que,  convertida  en  duros 
blancos,  brillantes,  resistentes  y  macizos,  semeja  con  rasgos 
de  exacto  parecido  á  esa  otra  clase  del  cuerpo  social,  á  la 
que  la  falta  de  un  solo  nombre  español  propio  y  el  prurito 
de  emplear  los  de  idiomas  extraños  han  continuado  con  el 
afrancesado  de  burguesía,  á  esa  clase  media  en  que  se  re- 
unen  y  conciertan  la  honradez,  la  laboriosidad  y  la  fortaleza 
del  pueblo,  con  la  cultura,  la  distinción,  y  a  veces  también 
la  riqueza,  de  las  clases  elevadas. 

Quiero,  pues,  hablar  del  duro,  y  quiero  presentároslo  en 
su  propia  casa,  donde  hallaréis  remembranzas  de  palacio 
del  magnate  y  de  hogar  del  pobre;  de  estudio  del  artista  y 
de  taller  del  obrero;  de  despacho  donde  el  banquero  opu¬ 
lento  maneja  el  capital  por  millonadas,  y  de  oficina  en  que 
el  modesto  empleado  consigna  en  cuadriculados  impresos 
minuciosas  estadísticas ;  de  gabinete  y  laboratorio  en  que  el 


ingeniero  aplica  los  prodigiosos  adelantos  de  las  ciencias,  y 
de  militar  fortaleza  en  que  soldados,  en  su  mayor  parte  ve¬ 
teranos,  rinden  culto  de  amor  y  lealtad  á  su  bandera,  de  res¬ 
peto  y  obediencia  á*  la-  disciplina,  y~de  abnegación  nunca 
desmentida  ante  los  sacrificios  y  penalidades  que  impone  el 
cumplimiento  del  deber  cuando  se  inspira ,  no  en  los  egoís¬ 
mos  del  lucro,  sino  en  los  sentimientos  elevados  del  honor. 

Salvemos,  pues,  de  un  salto  la  cadena  de  siglos  que  en¬ 
laza  aquellos  tiempos  cantados  por  Homero,  en  que  el  buey 
servía  de  uoidad  monetaria,  y  en  cuatro  de  éstos  era  esti¬ 
mada  una  cautiva  hábil  en  las  labores  de  su  sexo,  con  estos 
presentes  en  que  al  voluminoso  comúpeta  ha  sustituido  el 
vivaracho  perro  chico ,  y  hasta  uno  de  éstos  para  pagar  el 
resumen  diario  de  todas  las  manifestaciones  de  la  vida  so¬ 
cial  ,  el  periódico ,  suma  y  compendio  de  progresos  y  retro¬ 
cesos,  de  virtudes  y  vicios,  de  acciones  heroicas  y  de  accio¬ 
nes  criminales,  que  produce  la  febril  actividad  de  este 
mundo  moderno,  no  sé  si  taller  inmenso  de  trabajo  intelec¬ 
tual  y  manual,  ó  si  colosal  casa  de  orates  en  que  la  humani-r 
dad  enloquecida  inventa  y  realiza  toda  clase  de  absurdas 
extravagancias. 


& 

o  o 

Y  puesto  que  os  he  de  presentar  á  Su  Argentina  Excelen¬ 
cia  en  su  propio  palacio ,  dejad  conmigo  el  bullicioso  centro 
de  Madrid  y  dirijámonos  juntos  á  la  espaciosa  plaza  donde 
tiene  asiento  el  más  apropiado  y  oportuno  esa  mansión  del 
símbolo  de  la  riqueza,  casa  solariega  de  donde  salen  dis¬ 
puestas  á  recibir  universal  vasallaje  generaciones  innume¬ 
rables  del  poderoso  caballero ,  mostrando  en  el  rostro  la  es¬ 
tirpe  regia  de  donde  tienen  su  poder  soberano ,  y  cubriendo 
sus  espaldas  con  el  manto  en  que  campea  el  blasonado  es¬ 
cudo  de  la  patria. 

Ocupa  el  centro  de  la  plaza  la  estatua  de  Colón ,  que  re¬ 
cuerda  y  simboliza  todas  nuestras  grandezas,  y  afluyen  allí 
vías  y  paseos  que  parecen  abiertos  para  dar  acceso  á  todos 
los  elementos  sociales:  el  paseo  de  Recoletos,  por  donde  ha 
de  venir  ese  mundo  oficial  que  llena  los  centros  burocráti¬ 
cos  de  la  capital;  el  de  la  Castellana,  de  cuyos  hoteles  sun¬ 
tuosos  llegará  el  gran  mundo,  acaso  de  regreso  de  la  fiesta 
hípica  celebrada  allá  en  los  confines  de  la  ciudad  con  el 
campo;  la  calle  de  Genova,  por  donde  afluirán,  viniendo  del 
industrial  y  populoso  Chamberí,  las  masas  obreras,  y  las  de 
Goya  y  Hermosilla  abiertas  á  la  clase  media  que  concilia  el 
decoro  con  la  economía,  refugiándose  en  el  barrio  de  Sala¬ 
manca.  ' 

Ahí,  en  esa  anchurosa  plaza,  frente  á  la  estatua  del  descu¬ 
brid-  r  de  aquellas  Indias  de  inagotable  riqueza,  de  las  que 
hoy  una  nación  sin  escrúpulo  trata  de  arrancarnos  los  últimos 
jirones,  luce  los  dos  cuerpos  salientes  de  su  fachada,  la  verja1 
que  los  une  y  la  rampa  que  á  ella  da  acceso,  nuestra  Fábrica 
Nacional  de  la  Moneda  y  Timbre  (pág.  352),  modelo  de  só¬ 
lida  construcción,  severa  y  elegante,  sobria  en  el  adorno  ex¬ 
terior,  cual  morada  del  acaudalado  modesto  que  prefiere 
el  bienestar  de  la  comodidad  á  la  suntuosidad  del  lujo,  y 
dejando  dominar  sobre  sus  alineados  caballetes  las  esbel-< 
teces  airosas  de  sus  altas  y  elegantes  chimeneas,  que  lan¬ 
zan  al  aire  alientos  empañados  reveladores  de  la  actividad 
fabril. 

Franqueemos  la  anchurosa  verja,  junto  á  la  cual  guarda 
y  defiende  los  tesoros  que  el  edificio  encierra  una  pequeña 
guardia. 

Tras  breve  estancia  en  el  severo  y  anchuroso  despacito 
del  celoso  administrador  de  aquella  casa,  D.  Antonio  del 
Castillo,  ábresenos,  ante  la  autorización  que  dicta  su  amabi¬ 
lidad  extremada,  el  paso  al  interior. 

Imposible  recorrer  de  una  vez  todas  sus  dependencias  ni 
describir  en  un  solo  relato,  sin  cansancio  de  quien  lo  leye¬ 
re,  cuanto  en  ellas  se  encierra  digno  de  ser  conocido.  Séame 
permitido  pasar  por  alto  al  presente  cuanto  se  refiere  al  ser¬ 
vicio  del  timbre  del  Estado,  y  dejar  para  ocasión  más  opor¬ 
tuna  la  descripción  que  merecen  los  valiosos  trabajos  anti¬ 
guos  conservados  y  los  que  ahora  se  hacen  en  la  sección  artís¬ 
tica.  Hoy  está,  en  aquella  casa,  concentrada  la  atención  en 
un  solo  objeto,  la  acuñación  de  plata  en  monedas  de  cinco 
pesetas,  para  surtir  con  abundancia  de  ellas  las  arcas  del 
Banco  de  España,  de  donde  han  de  salir  á  los  mercados.  Tal 
es  también  el  asunto  de  palpitante  interés  para  el  público, 
temeroso  ya  de  un  conflicto  ocasionado  por  la  exportación 
de  la  plata,  tras  del  cual  veía  las  amenazas  del  curso  forzoso 
y  de  la  depreciación  del  billete,  y  que  parece  conjurado 
merced  á  la  prohibición  de  exportar  y  á  la  actividad  extraor¬ 
dinaria  y  meritísima  con  que  nuestra  Fábrica  Nacional  de 
la  Moneda  está  reponiendo  las  bajas  producidas,  por  la  ex¬ 
portación  ya  hecha ,  en  la  masa  de  plata  en  circulación. 

Aunque  así  limitado  el  campo  de  mi  narración,  es  por 
demás  extenso ,  y  no  me  atrevería  á  hacerlo  recorrer  á  mis 
lectores  si  no  creyera  que  ha  de  inspirarles  grande  interés  la 
contestación  que  en  él  se  encierra  á  esta  pregunta,  que  nadie 
podrá  hacerse  sin  que  en  él  despierte  la  curiosidad: 

¿Cómo  se  hace  un  duro? 

o 

o  o 

Los  carros  del  Banco  de  España  ruedan  pesadamente  so¬ 
bre  el  anchuroso  patio,  conduciendo  las  blancas  y  relucien¬ 
tes  barras  de  plata  fina ,  que  á  poco  cubren  en  largas  filas 
el  suelo  de  las  galerías  (B ,  pág.  345).  Traspórtaselas  á  la 
sala  de  balanzas  (C),  y  allí  se  encarga  de  ellas  la  Fábrica, 
después  de  pesarlas  una  á  una,  con  escrupulosa  exactitud 
el  juez  de  balanzas,  en  las  muy  sensibles  y  bien  cuidadas 
que  para  este  fin  existen.  Cada  barra  recibe  un  número  de 
orden,  frente  al  cual  se  anota  su  peso  en  el  registro  de 
entrada. 

Bastaría  el  peso  exacto  para  determinar  el  valor  de  la  ba¬ 
rra,  si  sólo  plata  contuviera;  pero  la  más  fina  plata  salida 
del  copelado  en  los  fábricas  de  desplatación  contiene  siem¬ 
pre  algunos  elementos  extraños,  siquiera  sólo  sean,  algunas 
milésimas  de  la  masa.  Es  preciso,  pues,  un  ensayo  que  file 
la  cantidad  de  esas  impurezas,  pof  el  cual  se  determina  la 
riqueza  en  plata,  que  también  se  consigna,  para  cada  barra, 
en  el  documento  de  entrega. 

Después  de  este  doble  bautismo ,  á  partir  del  cual  se  lie- 


Digitized  by  ^.ooQie 


15  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.#  XXII  —  347 


varán-cuenta.  minuciosísima  y  razón  exacta  hasta,  de  las  más 
pequeñas  partículas  del  metal  precioso ,pasa  labarra  con 
todas  sus  compañeras  á  la  tesorería.  Dentro  de  aquel  recin¬ 
to  ,  que  semeja  soñados  tesoros  de  un  cuento  de  badas ,  es- 
,  peran  en  apiñadas  pilas  el  momento  de  ser  empleadas  en  la 
*  fabricación. 

o 

o  o 

Son  las  seis  de  la  mañana;  van  llegando  á.la  fábrica,  unos 
en  pos  de  otros  y  en  gran  número,  hombres  de  caras  curti¬ 
das  v  manos  callosas,  muchos  con  cabellos  tan  blancos  como 
la  plata  que  manejan  á* diario  hace  veinte,  treinta,  cuarenta, 
cuarenta  y  cinco  años,  y  otros,  no  más*  jóvenes  por  regla 
general ,  cuyos  trajes  y  tipos  revelan  al  hombre  consagrado 
al  trabajo  burocrático.  En  todos  aquellos  rostros  marcó  su 
sello  la  honradez,  dejando  ver  á  través  de  la  serena  transpa¬ 
rencia  de  un  mirar  reposado  y  tranquilo,  los  claros  reflejos 
de  la  lealtad  constante  y  fiel.  Cada  uno  toma  de  los  cuadros 
fijados  en  la  portería  la  medalla  que  contiene  su  número,  y 
la  deposita ,  ya  dentro  del  taller,  en  las 
tablillas  de  asistencia.  Después  ocupa 
su  puesto  y  se  dispone  á  emprender  la 
ruda  tarea  que  abandonó,  para  reponer 
apenas  sus  fuerzas,  á  las  nueve  de  la 
noche  anterior,  y  que  no  interrumpirá 
hasta  que  de  nuevo  llegue  esa  misma 
hora. 

V:aá  empezar  la  diaria  labor;  distri- 
búyense  por  todas  partes  las  vagonetas 
en  que  quedó'  el  día  anterior  el  metal  en 
elaboración;  pónense  en  movimiento 
las  máquinas ;  enciéndense  los  hornos, 
y  al  silencio  del  reposo  sucede  el  ruido 
del  trabajo,  en  medio  de  un  continuado 
ir  y  venir  en  aparente  confusión ,  pero 
en  real  y  efectivo  orden  perfecto,  de 
operarios,  vagonetas  y  esportillas,  en 
que  ora  disimula  el  metal  su  riqueza 
bajo  capa  de  negros  tonos,  ora  la  mues¬ 
tra  espléndida  con  blanco  y  fulgurante 
brillo. 

Sigamos,  para  no  perdernos  en  la 
confusión  aparente,  el  orden  metódico 
del  trabajo. 

Aquellas  robustas  barras  de  32  á  35 
kilogramos,  que  quedaron  custodiadas 
en  la  tesorería  por  centinelas  obligados 
á  mirarlas  á  través  de  los  gruesos  ba¬ 
rrotes  de  las  rejas,  salen,  después  de 
nuevamente  pesadas,  en  las  vagonetas 
que  han  de  conducirlas  á  la  fundición. 

En  e 8 te  momento  los  funcionarios  ad¬ 
ministrativos  que  las  recibieron  del 
Banco  las  entregan  á  los  jefes  técnicos 
de  la  fabricación.  D.  Federico  García 
Patón  y  D.  Joaquín  Hosell ,  y  allí  em¬ 
piezan  á  la  vez  la  responsabilidad  grave 
y  la  misión  delicada  de  éstos.  Determí¬ 
nase  el  peso  de  cobre  que  ha  de  alearse 
con  cada  barra  de  plata,  para  que  ésta 
alcance  el  titulo  legal  de  900  milésimas; 
apártase  este  peso  de  granalla  en  un 
saquito,  y  pónense  juntos  los  dos  me¬ 
tales  que  han  de  celebrar  indisoluble 
himeneo  entre  ardores  de  infierno,  en 
el  fondo  candente  del  enrojecido  crisol, 
o 

o  o 

Arde,  en  efecto,  con  vividos  res¬ 
plandores,  el  carbón  acumulado  en  los 
22  hornos  de  la  fundición  (A,  pág.  345),  en  tanto  que  los 
horneros  agitan,  ya  uno,  ya  otro  de  ellos,  levantando  un 
momento  sus  grandes  y  pesadas  tapas,  hasta  que  la  barra 
alojada  en  cada  crisol,  y  la  granalla  de  cobre  que  la  acom¬ 
paña,  ceden  á  la  violencia  del  fuego  y  truecan  las  frías 
rigideces  del  estado  sólido  por  las  flexibilidades  volup¬ 
tuosas  del  ardiente  líquido.  Gira  entonces  la  equilibrada 
grúa,  extendiendo  su  férreo  brazo  sobre  el  horno,  álzase  la 
tapa  de  éste,  sepúltase  en  él  la  tenaza,  suspendida  de  la 
grúa  por  robusta  cadena,  y  al  recoger  ésta,  aparece  opri¬ 
mido  entre  las  garras  de  aquélla  el  crisol.  Su  negra  opa¬ 
cidad  se  ha  trocado  en  encendido  rojo ,  y  cerca  de  sus 
bordes  aparece  tembloroso ,  vivo ,  resplandeciente ,  irra¬ 
diando  fulgurantes  destellos  de  luz  anaranjada,  el  precioso 
metal. 

Media  vuelta  de  la  grúa  lleva  el  crisol  al  vertedor,  bajo 
del  cual  está  preparado  el  carro  de  rieleras  (D,  pág.  345) 
cargado  de  gruesas  barras  de  hierro  que  al  unirse  forman 
las  cajas  de  moldes  en  que  tomará  la  pasta,  al  solidificarse, 
la  forma  de  pequeñas  barras  á  que  se  da  el  nombre  de  rieles. 
Un  operario  dirige,  merced  á  bien  sencillos  mecanismos  de 
engranaje,  ya  el  avance,  ya  la  inclinación  del  crisol;  otro  de¬ 
rrama  con  una  brocha  dentro  de  las  rieleras ,  el  aceite  que  ha 
de  impedir  que  la  pasta  se  adhiera  al  molde;  y  una  vez  ver¬ 
tida’ ést^  sucesivamente  en  cada  caja,  otros  apartan  el  carro, 
desarman  las  cajas  y  sacan  los  rieles,  que  depositan  todos 
jqntos  en  una  de  las  casillas  en  que  está  dividida  la  vago¬ 
neta  que  los  ha  de  conducir  á  poder  del  ensayador. 

La  vigorosa  animación  del  cuadro  que  ofrece  en  estos 
días  la  gran  sala  de  fundición  de  plata,  donde  se  funden  dia¬ 
riamente  14.000  kilogramos  de  metal ,  es  en  verdad  digna 
de  verse,  y  si  todos  cuantos  en  aquella  Casa  trabajan  están 
dando  pruebas  de  celo  dignas  de  calurosos  elogios ,  mere¬ 
cen,  entre  todos,  uno  muy  especial  los  que  derrochan  el  te¬ 
soro  de  la  salud,  único  que  poseen,  permaneciendo  diaria¬ 
mente  dieciséis'  horas  en  aquella  atmósfera  cargada  de  hu¬ 
mos  y  vapores,  bajo  la  acción  enervante  de  aquella  tempe¬ 
ratura  insoportable,  consagrados  á  un  trabajo  rudo  y  sin 
descanso. 

o 

Q  Q 

Dos  inspecciones  ha  de  sufrir  el  producto  de  cada  cri¬ 
solada:  la  déí  pesó  y  :  la  de*  la  ley.'  Por  eso  ha  de  ir  en  la  * 


vagoneta  cada  grupo  de  rieles  separado  de  los  demás. 

El  peso  debiera  ser, igual. al  de.  la  barra  de  plata  y  la  gra¬ 
nalla  de  cobre  si  todo  el  metal  se  aprovechara.  Pero  alguna 
parte  se  volatiliza,  otra  puede  verterse  en  el  horno  al  agitar 
la  pasta,  y  queda  en  las  cenizas,  y  otra  cae  inevitablemente 
fuera  del  molde  y  queda  en  el  suelo ,  de  dondo  se  ha  de  re¬ 
coger  á  su  tiempo  con  esmero.  La  primera  y  parte  de  las 
otras  dos  desaparecen ,  y  constituyen  la  -merma ;  pero  ésta 
se  reduce  cuanto  es  posible  (rara- vez  pasa  de  1,5  por 
1.000),  almacenando  las  cenizas  de  hornos  y  las  tierras  del 
barrido,  apartando  de  ellas  directamente  lo  más  grueso,  y 
tratando  después  la  masa  por  el  procedimiento,  entre  meta¬ 
lurgistas  bien  conocido .  de  la  amalgamación. 

Consiste  en  mezclar  las  cenizas  y  tierras  con  mercurio  y 
agitar  la  mezcla.  Las ' partículas  de  plata  se  amalgaman  (en 
términos  vulgares  podríamos  decir  que  se  disuelven  en  .el 
mercurio  como  el  azúcar  ó  la  sal  en  el  agua).  Retírense  las 
tierras,  queda  sola  la  amalgama,,  mátenla  en  una  retorta, 
pónese  al  fuego,  en  comunicación  por  un  tubo  con  otro  re¬ 


cipiente,  y  el  mercurio  volatilizado  en  la  primera  se  con¬ 
densa  de  nuevo  en  el  segundo,  en  taDto  que  en  aquélla 
queda  al  fin  solidificada  en  un  pan  ó  torta  la  plata  resca¬ 
tada. 

Aun  queda  en  las  tierras  y  cenizas  alguna  plata,  que  ya 
no  conviene  recoger  en  la  fábrica  porque  requiere  otros 
procedimientos ;  pero  se  logra  de  ella  algún  beneficio  ven¬ 
diendo  esos  residuos  á  las  fábricas  de  desplatación,  donde 
existen,  para  beneficiarlos,  hornos  de  copelar. 

La  recogida  de  cenizas  y  tierras,  si  bien  es  un  trabajo 
puramente  mecánico,  exige  bien  probada  fidelidad,  y  está 
encomendada  al  celo  de  un  operario  titulado  jefe  de  la  es¬ 
cobilla,  verdadero  modelo  de  laboriosidad  y  honradez,  aun 
allí  donde  estas  cualidades  tanto  abundan,  que  cuenta  79 
años  de  edad  y  51  de  servicio  en  la  Fábrica. 

Volvamos  á  la  inspección  de  los  rieles.  Anótase  el  peso 
de  cada  crisolada,  y  pasan  en. la  vagoneta  á  poder  de  los 
ensayadores,  quienes  determinan  la  ley  ó  riqueza  de  la 
pasta  de  cada  una  de  ellas.  Concede  la  ley  una  tolerancia  de 
dos  milésimas  de  defecto  ó  exceso ,  y  por  consiguiente  no 
serian  legales  y  deben.,  apartarse  las  pastas  en  que  la  canti¬ 
dad  de  plata  por  kilogramo  no  llegue  á  898  gramos  ó  pase 
de  902.  Son,  pues,  desechados  los  rieles  no  comprendidos 
entre  estos  límites,  y  se  entregan  los  demás  como  útiles  al 
taller  de  fabricación. 

Los  desechados  vuelven  á  la  fundición,  y  mezclados  allí 
con  cobre  ó  con  recortes  de  la  misma  fabricación ,  se  funden 
de  nuevo  en  proporciones  convenientes  para  lograr  rieles 
de  ley. 

Rarísima  vez  este  examen  rigoroso  llega  á  encontrar  mo¬ 
tivo  para  desechar  una  crisolada. 

Enciérranse  en  la  fundición  problemas  técnicos  de  suma 
importancia,  que  no  me  es  dado  desflorar  aquí.  La  reduc¬ 
ción  de  mermas ,  la  homogeneidad  del  producto,  el  punto 
de  temperatura,  la  economía  de  combustible,  y  mil  otros 
interesantísimos  detalles,  hacen  de  esta  operación,  en  apa¬ 
riencia,  tosca,  y  sencilla,  la  más  delicada  quizás  de  la  fabri¬ 
cación,  porque  en  ésta,  como  en  todas  las  industrias  meta¬ 
lúrgicas  ,  de  la  buena  fundición  depende  la  buena  fabrica¬ 
ción,  puesto  que  en  aquélla  se  dan  al  metal  las  cualidades 
que  le  han  de  hacer  bueno  ó  malo  para  el  trabajo  á  que  des¬ 
pués  se  le  somete. 


Sigamos  á  la  masa  de  rieles  al  salir  de  la  cautividad  en 
ue  durante  veinticuatro  horas  los  tuvo  el  ensayador,  hasta 
arles  patente  de  bien  dispuestos  para  el  rudo  combate  que 
han  de  librar,  y  entremos  con  ellos  en  la  gran  sala  de  fa¬ 
bricación  ( 1 ,  págs.  348  y  349). 

] Hermoso  espectáculo!  Un  salón  inmenso  de  14  metros  de 
anchura  y  70  ae  longitud,  cubierto  por  la  techumbre  á  dos 
aguas  que  sostienen  34  graciosas  y  ligerisimas  armaduras 
.de\hierro,  es  el  palenque  en  que  el  riel  prueba,  á  través  de 
cilindros,  hileras,  cortes  y  estampas,  su  dócilísima  obedien¬ 
cia,  al  duro  trabajo  que  se  le  exige,  de  la  cual,  en  premio, 
recibe  forma  atilaada,  brillo  consistente  y  6obre  todo  atri¬ 
butos  preciados  de  soberanía,  que  le  avaloran  mucho  más 
de  lo  que  en  justa  estimación  corresponde  á  la  materia  que 
le  forma,  con  ser  ésta,  por  su  valor  intrínseco,  llamada  pre¬ 
ciosa. 

Sigamos  una  á  una  las  transformaciones  del  riel.  Una, 
otra,  otra  más,  y  aun  una  cuarta  vez,  pasa  oprimido  en¬ 
tre  otros  tantos  pares  de  cilindros  laminadores  (2,  pág.  348), 
aumentando  en  cada  una  su  longitud 
á  medida  que  pierde  grueso;  pero  al 
terminar  esa  cuarta  tortura,  tan  opri- 
fnido  queda  y  tan  violentamente  colo¬ 
cadas  sus  moléculas,  que  cualquier 
otro  cambio  de  forma  le  obligaría  á 
quebrarse  como  frágil  lámina  de  vi¬ 
drio.  Dicese  entonces  que  el  metal  está 
agrio,  y  para  volverle  esa  docilidad  al 
cambio  de  forma  que,  por  respetos  ai 
latino  origen  se  llama  ductilidad,  pre¬ 
ciso  es  someterle  en  hornos  de  rever¬ 
bero  (3,  págs.  348  y  349)  á  la  bien¬ 
hechora  influencia  del  calor.  Allí,  á  la 
temperatura  del  rojo  sombrío,  parece 
como  que  se  aflojan  los  anudados  lazos 
y  las  violentas  aproximaciones  de  las 
torturadas  moléculas,  cual  si  se  prepa¬ 
rasen  á  gozar  de  nuevo  de  la  libertad 
que  lá  fusión  les  dió  en  el  crisol. 

Quedan  muy  lejos  de  ella;  pero  basta 
el  ambiente  de  libertad  que  dentro  de 
la  masa  crea  el  esponjamiento  de  la  di¬ 
latación  que  el  calor  produce,  para  que 
se  ordenen  según  las  leyes  de  cohesión 
á  que  por  naturaleza  obedecen,  y  en 
ese  orden  recobren  aptitudes  y  energías 
para  resistir  nuevos  esfuerzos. 

Sufren  los,  en  efecto,  en  otras  dos  pa¬ 
sados  por  los  laminadores,  de  las  cua¬ 
les  la  última,  denominada  alisado,  W 
aproxima  mucho  al  grueso  y  ancho  de 
la  moneda,  este  último  con  pequeños 
excesos  laterales.  Falta,  sin  embargo,  á 
la  tira  igualdad  en  ese  espesor  y  an¬ 
chura,  que  sólo  se  logran  haciéndola 
pasar  por  una  hilera. 

¿Qué  es  una  hilera?  preguntará  el 
lector  no  versado  en  trabajos  de  meta¬ 
las.  No  es  sino  una  chapa  ae  acero  per¬ 
forada  en  su  centro  por  una  abertura 
de  bordes  afilados  y  de  forma  exacta¬ 
mente  igual  á  la  sección  que  se  quiere 
dar  á  la  tira  ó  barra  que  por  ella  pase. 
Mas  para  que  ese  paso  tenga  lugar  es 
preciso  antes  preparar  la  punta  de  la 
tira,  aguzándola,  y  esto  es  lo  que  hace 
otra  máquina  denominada  escarchador 
(4,  pág.  349). 

Entre  dos  cilindros  que  giran  en 
sentido  contrario  uno  de  otro,  como 
los  de  los  laminadores,  pero  «que  vuelven  en  seguida  sobre 
su  marcha,  coloca  un  obrero  la  punta  del  riel.  Oogenia  los 
cilindros,  la  aplastan  al  avanzar  llevándola  entre  ellos,  y  la 
devuelven  al  regreso  su  libertad,  después  de  haber  adel¬ 
gazado  el  extremo  sometido  á  su  apretado  abrazo. 

Pasan  así  preparados  los  rieles  á  los  bancos  en  que  las  hi¬ 
leras  imaciables  los  esperan,  y  una  nueva  tortura  les  da  allí 
una  forma  más  perfecta,  como  una  nueva  prueba,  en  el 
orden  moral ,  eleva  á  una  nueva  perfección  al  alma  que  por 
ella  pasa.  Sujeta  con  fijeza  la  hilera  en  la  férrea  é  inflexible 
cabeza  del  banco  (5,  pág.  348),  introdúcese  en  la  abertura 
la  aguzada  punta  del  riel,  y  por  el  otro  lado  se  coge  entre  las 
estriadas  quijadas  de  una  tenaza  poderosa  denominada  cairo. 
Sobre  el  banco  se  mueve  una  gran  cadena,  en  cuyos  gruesos 
eslabones  pueden  enganchar  dos  corchetes  del  carro.  Cogido 
asi  éste  por  la  cadena,  avanza  arrastrado  por  ella,  alejándose 
de  ja  cabeza,  y  como  por  el  mismo  tiro  se  aprietan  fuerte¬ 
mente  las  quijadas,  el  riel  se  ve  forzado  á  seguir  el  avance, 
pasando  á  través  de  la  hilera  y  acomodándose  exactamente 
en  toda  su  longitud  á  la  forma  de  ésta. 

o 

o  • 

Ya  se  lograron  con  suficiente  exactitud  el  grueso  precito 
y  la  holgada  anchura,  y  llega  el  momento  de  dar  vida  in¬ 
dividual  á  lo  que  hasta  entonces  sólo  fué  conjunto  en  masa/ 
Es  preciso  separar  del  riel  cada  uno  de  los  discos  que  más 
adelante  han  de  tomar  el  pomposo  titulo  de  monedas,  y  qué 
al  nacer  se  contentan  con  el  más  familiar,  y  sólo  usado  en  la 
casa  nativa,  de  cospeles.  Cortadores  cilindricos,  movidos  por 
máquinas  llamadas  cortes  (8,  pág.  348),  efectúan  la  separa¬ 
ción  de  los  cospeles,  por  medio  de  repetidos  golpes  que  de¬ 
jan  en  el  riel  movido  por  el  operario  una  tila  de  círculos 
vacíos,  en  tanto  que  los  discos  que  los  ocupaban  caen  á  la 
espuerta  que  los  recibe. 

K1  recorte  restante,  que  es  llamado  en  la  casa  cizalla, 
representa  el  60  por  100  del  total ,  y  vuelve  á  la  fundición 
para  recibir.de  nuevo  la  forma  de  riel.  Excepto  lo  que  de 
él  se  emplea  para  corregir  fundiciones  de  ley  defectuosa, 
suele  fundirse  solo,  puesto  que  asi  conserva  esa  misma  ley 
que  ya  tenía,  antes  con  tendencia  á  mejorar  que  á  empo¬ 
brecerse. 

Al  salir  ol^cospel  del  corte,  sus  cantos  tienen  defectos  y 
rebabas,  que  es  preciso  corregir' ó  quitar, "y  de  ello  sé  en*» 


BALANZA  AUTOMÁTICA. 

MADRID.— FÁBRICA  NACIONAL  DE  [LA  MONEDA  Y  TIMBRE. 
LA  ACUÑACIÓN  DE  LA  PLATA. 


Digitized  by  ^.ooQie 


D.  Oarlos  Torrijos  y  la  Cruz,  D.  Luis  López  Pu 

interventor.  tesorero. 

Exorno.  8r.  D.  Antonio  del  Oastillo  Olivares, 

administrador.  t 


1.  Taller  de  fabricación.  —  2.  Laminador.  —  3.  Horno  de  recocer.  —  4.  Escarchados  —  5.  Banco  de  hilera.  —  6.  Fít 

MADRID.  — FÁBRICA  NACIONAL  DE  LA  MONEDt 

(DB  FOTOGRAFÍA 

( 

! 


Digitized  by  ^.ooQie 


de  cortar.  —  7.  Sala  de  blanqueo.  —  8.  Tórculos.  —  0.  Volante  de  hincar  troqueles.  —  10.  Prensa  de  acuñar 


£DA  Y  TIMBRE.  — LA  ACUÑACION  DE  LA  PLATA: 


DE  PRIETO.) 


Google 


Digitized  by 


D.  Federico  García  Patón,  D.  Joaquín  Rossell. 

director  facultativo,  jefe  de  la  fabricación.  segundo  jefe  de  fabricación. 

D.  Bartolomé  Maura, 
jefe  del  centro  artístico  de  gratado. 


360  —  n.°  xxii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  '  Y  AMERICANA 


15  Junio;  1898 


carga  otra  ingeniosa  máquina,  el  tórculo  (8,  pág.  349), 
cuyo  mecanismo  merece  algunas  líneas.  Sobre  una  mesa 
de  hierro  se  ven  varios  tubos  verticales,  en  que  un  ope¬ 
rario  coloca  pequeñas  pilas  de  cospeles  sin  cesar  renovadas. 
El  cospel  que  queda  debajo  de  todos  en  cada  pila  recibe 
por  su  canto,  gracias  á  una  ranura  que  separa  el  tubo  de 
la  mesa,  el  contacto  de  una  guía  que  se  mueve  alternati¬ 
vamente  avanzando  y  retrocediendo;  y  así  como  una  cre¬ 
mallera,  dotada  de  análogo  movimiento  alternativo,  haría 
avanzar  y  retroceder  un  piñón  que  con  ella  engranara,  así 
la  guia  obliga  al  cospel  á  rodar  por  su  canto  sobre  ella  sa¬ 
liendo  de  debajo  de  la  pila,  apoyado  en  la  guía  misma  y  en 
otra  igual  tija  y  paralela  4  la  primera,  que  le  toca  y  oprime 
en  los  puntos  diametral  mente  opuestos  á  los  sucesivos  de 
contacto  con  la  primera.  Así,  rodando  oprimido  entre  ambas 
guias,  los  cantos  adquieren  regularidad  perfecta,  y  antes 
ae  que  la  guía  móvil  empiece  su  retroceso,  la  fija,  que  no 
llega  tan  lejos  como  aquélla,  deja  libre  al  cospel  precisa¬ 
mente  al  pasar  éste  encima  de  un  orificio ,  por  donde  cae  al 
tubo  que  le  conduce  á  la  espuerta  colocada  debajo  de  la  mᬠ
quina.  Otro  cospel  quedó  entretanto  formando  la  base  de  la 
pila,  y  al  siguiente  avance  de  la  guia  móvil  rueda  á  su  vez 
con  ella  y  va  á  acompañar  al  que  le  precediera;  y  asi  otro  y 
otro,  sin  interrupción  y  con  rapidez  casi  vertiginosa. 

Al  salir  el  cospel  del  tórculo  está  otra  vez  agrio  el  metal,  y 
es  preciso  recocerle  de  nuevo  para  que  resista  la  acuñación. 
Así  se  hace,  no  sin  ser  antes  contado  y  pesado  escrupulosa¬ 
mente;  y  como  la  acción  del  fuego  oxida  el  cobre  de  la  su¬ 
perficie  y  ennegrece  ésta,  hay  que  hacer  seguir  á  esta  ope¬ 
ración  la  del  blanqueo  (7,  pág.  348),  allí  llamada  blanque¬ 
cido  ó  blanquimento ,  que  consiste  en  encerrarlos  cospeles 
en  un  bombo  de  oobre  agujereado,  sumergir  éste  en  agua 
acidulada  con  ácido  sulfúrico  y  voltearle  para  que  las  mo¬ 
nedas  reciban  la  acción  del  ácido ,  que  convierte  el  óxido  de 
cobre  en  sulfato  soluble  y  le  desprende,  dejando  al  descu¬ 
bierto  limpia  capa  de  plata  de  un  blanco  mate. 

Así,  recocidos  y  limpios,  debieran  ya  ir  los  cospeles  á  la 
acuñación;  pero  es  preciso  no  olvidar  que  se  trata  de  opera¬ 
ciones  en  que  la  exactitud  y  la  perfección  han  de  ser  extre¬ 
madas,  y  para  lograr  que  lo  sean  es  preciso  también  extre¬ 
mar  las  precauciones. 

No  basta,  pues,  que  los  rieles  hayan  sido  pesados  escru- 
ul  08  amen  te  al  pasar  del  ensayo  al  laminaje,  de  éste  á  las 
ileras,  cortes  y  tórculos,  ni  que  al  salir  de  éstos  los  cospeles 
hayan  sido  también  pesados,  contados  y  distribuidos  por 
millares  en  espuertas.  Es  preciso  contarlos  y  pesarlos  de 
nuevo  por  partidas  al  salir  del  blanqueo. 


Una  sola  operación  fabril  resta  para  convertir  el  cospel 
en  moneda:  la  acuñación.  Pero  antes  de  sufrir  esta  meta¬ 
morfosis  que  le  ha  de  transformar  de  masa  anónima  sin 
más  valor  que  el  que  intrínsecamente  corresponde  á  la  ma¬ 
teria  que  le  forma,  en  signo  de  cambio  adornado  con  el  es¬ 
cudo  de  la  patria  y  realzado  con  el  busto  del  soberano,  es 
preciso  que  salga  triunfante  de  una  última  prueba,  per  la 
cual  asegure  la  confianza  que  á  todos  ha  de  inspirar  y 
afiance  el  crédito  del  Estado,  que,  bajo  la  garantía  de  su 
palabra,  lo  lanza  al  mercado.  Esa  prueba  es  la  del  peso  le¬ 
gal,  fijado  para  el  duro  en  25  gramos,  con  una  tolerancia, 
por  defecto  ó  por  exceso,  de  75  miligramos.  Pesar  tan  gran 
número  de  piezas  una  por  una  con  la  precisión  y  con  la  ce¬ 
leridad  necesarias,  no  sería  empresa  fácil  si  no  existiera 
para  ello  el  delicado  cuanto  ingenioso  aparato  que  se  llama 
balanza  automática.  Cinco  de  estos  preciosos  aparatos  tiene 
nuestra  Fábrica  para  las  monedas  grandes,  cuatro  para  las 
medianas  y  tres  para  las  pequeñas. 

No  las  describiré,  temeroso  de  ir  demasiado  lejos  en  estos 
apuntes.  Baste  decir,  para  completar  la  idea  que  de  su  me- 
•anismo  da  el  grabado  de  la  página  347 ,  que  de  la  posición 
en  que  quedan  los  brazos  de  la  balanza  depende  la  que  toma 
una  tolva  delante  de  uno  de  los  tres  orificios  que  respecti¬ 
vamente  dan  entrada  á  las  cajas  de  cospeles  buenos,  fuer¬ 
tes  ó  débiles.  Una  guía  empuja,  uno  tras  otro,  los  cospeles 
al  platillo  de  la  balanza;  del  otro  brazo  pende  el  contrapeso, 
y  ae  éste  la  tolerancia,  que  actúa  ó  no  según  es  necesario. 
Si  el  cospel  equilibra  al  contrapeso,  con  ó  sin  tolerancia,  la 
tolva  se  coloca  sobre  el  buzón  de  la  caja  central,  y  en  ésta 
cae  la  pieza  que  la  balanza  aprueba;  si  le  falta  peso ,  se  in¬ 
clina  el  brazo  del  lado  del  contrapeso,  y  la  tolva  la  dirige  á 
la  caja  de  las  débiles,  llamadas  febles;  y  si,  por  el  contrario, 
es  excesivo  el  peso,  el  brazo  cae  del  lado  del  platillo,  y  por 
la  tolva  va  el  cospel  á  la  caja  de  los  fuertes. 

Por  término  medio  resultan  aprobados  80  cospeles  de  cada 
1Ó0,  y  20  fuertes  ó  febles. 

Los  de  las  dos  últimas  clases  vuelven  á  la  fundición ;  los 
de  la  primera,  contados  de  nuevo  por  millares,  se  entregan 
á  las  prensas  que  hap  de  imprimir  en  ellos  el  cuño. 

• 

o  o 

Es  ésta  otra  máquina  interesante  ( 10 ,  pág.  349  ).  En  su 
mesilla  coloca  el  operario  las  pilas  de  cospeles,  que  una  mano 
mecánica  coge  y  lleva  uno  por .  uno  encima  del  anverso  del 
troquel,  y  enmedio  de  las  tres  piezas  laterales  que,  encaja¬ 
das  en  una  virola  ligeramente  cónica,  han  de  juntarse  é  im¬ 
primir  en  los  cantos  las  flores  de  lis.  Baja  entonces,  llevado 
por  la  prensa,  el  reverso  del  troquel,  y  una  presión  rápida 
y  violenta  obliga  á  lá  dócil  pasta  á  llenar  todos  los  huecos 
del  dibujo.  La  transformación  está  hecha;  el  cospel  mate  ha 
quedado  convertido  en  moneda  brillante  y  sonora;  la  pren¬ 
sa,  en  su  acompasado  movimiento,  asciende  dejando  libre + 
el  antes  vil  metal  y  ahora  recién  coronado  soberano;  éste? 
salta  con  presteza  por  el  tubo  de  salida,  dejando  oir  el  argen¬ 
tino  timbre  de  su  voz  al  chocar  en  la  esportilla  con  los  que 
le  precedieron,  y  el  que  ha  de  seguirle  entra  á  su  vez  entre 
las  caras  del  troquel  para  ser  igualmente  transformado. 

También  hay  bajas  en  esta  última  batalla:  ya  son  los  can¬ 
tos  que  resultaron  defectuosos,  ya  las  caras  que  no  llena¬ 
ron  los  huecos  del  grabado,  ya  las  hojas  ó  poros  que  quitan 
¿  la  pieza  el  sonoro  timbre  ó  la  brillante  tersura.  Témanlas 
expertos  examinadores,  que  sin  compasión  retiran  las  que 
presentan  el  más  pequeño  defecto,  y  otra  máquina  (pagi¬ 
na  352)  se  encarga  de  hacerlas  pasar  entre  estriados  cilin¬ 


dros  que  surcan  inexorables  las  caras  del  que  no  supo  ad¬ 
quirir,  al  beso  del  troquel,  la  perfección  deseada. 

Quedan,  en  fin,  aprobados  los  que  la  alcanzaron;  cu éntan- 
se,  pesándolos  por  grupos  de  cincuenta;  reúnense  en  talegas 
por  millares,  y  aquellos  carros  del  Banco  que  trajeron  las 
gruesas  barras  de  plata,  vuelven  á  rodar  pesadamente,  opri¬ 
midos  bajo  la  preciosa  carga,  y  la  depositan  en  las  arcas 
desde  las  cuales  se  lanzará  el  flamante  duro  á  los  azares  de 
la  vida,  sin  descanso,  tomando  parte  en  cuantas  acciones 
buenas  y  malas  puedan  imaginarse. 

o 

o  o 

El  modelado  del  cuño,  en  cera;  su  reducción  sobre  acero; 
las  condiciones  que  ha  de  llenar  como  objeto  de  arte  dentro 
del  restringido  margen  que  á  los  relieves  deja  la  necesidad 
de  que  los  adquiera  la  moneda  en  un  solo  golpe;  la  hinca  del 
cuño  por  la  acción  poderosa  y  repetida  de  la  prensa  de  vo¬ 
lante  (9,  pág.  349)  en  los  tochos  de  acero,  en  los  que  se  ha 
de  vaciar  en  hueco  lo  que  el  cuño  tiene  en  relieve  para  que 
en  relieve  también  lo  tomen  á  su  vez  de  aquél  los  cospeles, 
son  operaciones  delicadas  é  interesantísimas  que  piden  ma¬ 
yor  espacio  para  ser  descritas. 

Dejo  intactas  también  otras  muchas  y  muy  graves  cues¬ 
tiones  que  con  la  fabricación  de  la  moneda  se  relacionan,  y 
que  en  aquella  casa  se  estudian.  Esbozarlas  siquiera  sería 
asunto  para  un  libro.  Hay  allí  mucho  que  aprender,  todo 
ello  digno  del  mayor  interés;  perorante  todo,  son  dignas  de 
él,  y  merecen  bien  de  la  patria  y  gratitud  de  todos,  la  leal¬ 
tad  acrisolada,  la  actividad  incansable,  la  probada  compe¬ 
tencia  y  el  elevado  concepto  del  deber,  que,  desde  el  más 
alto  basta  el  más  bajo,  pone  todo  aquel  personal  meritísimo 
en  el  rudo  trabajo  que  las  circunstancias  le  imponen  al  pre¬ 
sente. 

• 

•  • 

Los  elementos  de  la  Fábrica  están  dispuestos  para  una  fa¬ 
bricación  normal  de  100.000  piezas  diarias.  Surgió  el  apre¬ 
mio  de  las  circunstancias,  y  redoblando  el  trabajo  se  llegó  á 
rendir  125.000;  pero  se  vislumbró  el  conflicto,  solicitóse  un 
nuevo  esfuerzo,  yante  la  imposibilidad  de  formar  personal 
de  relevo,  prestóse  todo  el  mundo  á  trabajar  desde  las  seis  de 
la  mañana  basta  las  nueve  de  la  noche,  con  lo  cual  se  lia  lo¬ 
grado,  desde  el  día  fi  del  corriente,  rendir  200.000  piezas  dia¬ 
rias,  equivalentes  á  un  millón  de  pesetas,  y  que  pesan  5.000 
kilogramos.  Esto  requiere  tener  en  movimiento  una  masa  de 
plata  de  50.000  kilogramos,  que  rueda  de  uno  á  otro  lado  y 
viene,  al  terminar  el  trabajo  del  día,  á  encerrarse  cuidadosa¬ 
mente  en  el  llamado  tosorillo  (E,  pág.  345),  dopde  al  pre¬ 
sente  se  reúne  todas  las  noches  un  valor  próximo,  y  á  veces 
superior,  á  40  millones  de  reales.  Y  es,  en  verdad,  intere¬ 
sante  la  vista  que  ofrece  ese  capital  cuantiosísimo  convertido 
en  negras  y  toscas  tiras,  en  amontonados  recortes  y  en 
blancos  y  negros  cospeles.  Nadie  sospecharía,  á  no  estar 
advertido,  que  aquella  masa  metálica  representa  próxima¬ 
mente  el  coste  del  grandioso  edificio  en  que  el  mismo  Banco 
de  España  ha  de  recibirla. 

Si  enumerar  detalles  es  imposible,  lo  es  también  nombrar 
personas.  Las  más  significadas  por  su  categoría,  á  quienes 
nunca  agradeceré  bastante  la  amabilidad  con  que  me  han 
tratado,  aparecen  en  los  dos  grupos  que  figuran  al  frente 
de  los  grabados  insertos  en  las  páginas 348  y  349  del  presente 
número.  Bien  quisiera  referir  sus  altos  merecimientos  y  se¬ 
ñalados  servicios  y  aptitudes,  pero  me  lo  impiden  los  lími¬ 
tes,  que  ya  be  rebasado,  del  espacio  á  que  debiera  ceñirme. 

Ellos  me  impiden  también  analizar  el  coste  de  fabrica¬ 
ción,  dato  interesante  y  complejo  allí  donde  las  trabas  de 
una  repetidisima  y  escrupulosa  comprobación  obligan  á  re¬ 
cuentos  y  repesos,  ensayos  y  refundiciones  que  en  una  fa¬ 
bricación  menos  delicada  serían  innecesarios.  En  globo  se 
estima  el  coste  de  fabricación  en  1,50  pesetas  por  kilogra¬ 
mo,  equivalente  á  93  $  céntimos  por  duro. 

La  responsabilidad  de  los  jefes  de  fabricación  sólo  queda 
salvada  entregando,  en  el  conjunto  de  una  labor,  el  998  por 
1.000  de  lo  que  durante  ella  han  recibido. 

Sírvenle  de  abono  para  esa  entrega  las  monedas  que 
rinde,  los  residuos,  si  quedan,  y  el  importe  de  la  venta  de 
cenizas  y  tierras  beneficiables. 

Es,  en  resumen,  la  Fábrica  Nacional  de  la  Moneda,  en  es¬ 
tos  momentos,  centro  de  actividad  prodigiosa,  y  es  en  todo 
tiempo  digna  de  ser  visitada,  por  el  interés  vivísimo  que 
despierta  cuanto  en  ella  se  encierra.  Acaso  alguna  vez,  cuan¬ 
do  la  ocasión  fuere  propicia,  guiaré  á  los  lectores  de  La 
Ilustración  en  una  nueva  visita  á  otras  secciones.  Hoy  basta 
ya,  y  aun  temo,  con  haber  callado  mucho,  haber  dicho  de¬ 
masiado;  mas  todo  era  preciso  para  que,  como  el  loco  sevi¬ 
llano  citado  por  Cervantes  mostraba  á  los  testigos  de  su  fa¬ 
tigoso  soplo  cuánto  es  gran  trabajo  hinchar  un  perro,  así 
mostrara  yo  á  cuaotos  me  leyeren  que  no  es  cosa  tan  fácil 
y  sencilla  como  pudiera  creerse  hacer  un  duro. 

Ramón  Arizcun. 


EL  ALMA  DEL  MUERTO. 


(CUENTO  TRÁGICO.) 

I. 

Ofrecíase  la  campiña  de  Villabrín  sombría,  y  el 
cielo  encapotado  ocultaba  las  titilaciones  de  los  as¬ 
tros:  un  calor  bochornoso  caía  sobre  la  tierra,  y  de 
ésta  desprendíase  un  vaho  cálido:  el  canto  del  rui¬ 
señor  venía  á  ser,  en  el  concierto  de  los  indescrip¬ 
tibles  acordes  nocturnos,  el  aria  de  tenor,  coreada 
desapacible  y  monótonamente  por  sapos  y  grillos, 
ranas  y  cigarrones. 

Recostado  en  uno  de  los  árboles  de  la  carretera 
se  encontraba  al  acecho  un  hombre  joven. 


A  cada  instante  miraba  con  ansia  y  temor  no 
disimulados  á  todo  lo  largo  del  camino  real.  . 

El  silencio  de  la  noche  fuá  interrumpido  por  los 
ecos  de  un  canto  popular  entonado  con  potente 
voz  y  no  escaso  gusto. 

—  ¡El! — murmuró  el  que  acechaba,  saliendo  al 
encuentro  del  cantor. 

Al  encontrarse  frente  á  frente  del  mismo .,  le 
dijo  con  acento  tembloroso: 

—  ¡Quin,  te  esperaba! 

El  de  la  copla  hizo  alto  y  replicó  sorprendido: 

—  ¿A  mí?.....  ¿No  te  era  lo  mismo  en  el  pueblo? 

—  ¡No!  allá  abajo  podían  enterarse. 

— ¡Vaya  un  misterio!  ¿Y  qué  tienes  que  decirme? 
— Ahora  te  lo  diré. 

—  ¿La  cosa  es  grave? 

— Demasiado  sabes  que  sL 
— ¿Yo,  Juan? 

— Sí,  tú;  no  te  hagas  de  nuevas.  En  el  pueblo  se 
corre  que  eres  novio  de  Anita,  la  hija  del  boti¬ 
cario. 

—  Sí,  lo  soy,  ¿y  qué?..... — replicó  Quin  arrogan¬ 
temente. 

Y  con  acento  de  insulto,  prosiguió:  . 

— ¿Y  para  decirme  eso  te  quedas  como  un  ladrón 
de  caminos,  en  la  carretera,  esperando  mi  paso?..... 
¡Hombre,  lo  tomo  á  broma,  que  si  no!..... 

—  No;  no  lo  tomes  á  broma,  Quin.  Ya  en  ello  la 
vida. 

— ¿La  vida?,..-  ¡Ja!  ¡ja!  ¡ja!  ¡Estás  loco!..... 

— Sí;  por  esa  mujer  lo  estoy. 

— ¿Quieres  quitarme  la  novia?.....  ¡Quítamela, 
hombre,  quítamela  si  te  atreves! 

— No  seas  fanfarrón  y  déjate  de  bravatas.  Vuel¬ 
vo  á  repetirte  que  hablo  en  serio.  Escucha. 

— ¿Algún  cuento? . 

— No;  historia  pura. 

—  Que  sea  corta;  tengo  prisa.  , 

— El  caso  merece  no  tenerla.  Voy  á  decirte  á  ti 
ahora  lo  que  jamás  he  dicho  á  persona  humana. 
Quiero  á  Anita — á  tu  novia — como  no  he  querido 
á  ninguna  mujer.  Y  eso,  tú  y  todos  los  del  pueblo 
debéis  de  saberlo ,  que  no  he  buscado  el  esconder¬ 
me  para  manifestar  mis  sentimientos.....  ¡Bueno! 
Ninguno  de  los  mozos  se  ha  atrevido  á  requebrar 
á  Anita,  porque  adivinaban  que  al  primero  que  lo 
intentase  le  saldría  caro  el  hallazgo.  Tú,  más  arro¬ 
jado  y  vendiéndote~mi  amigo,  la  has  requerido  y 
propalado  por  el  pueblo  la  hazaña.  ¡Y,  por  Cristo 
que,  ó  dejas  de  pensar  más  en  esa  mujer...-  ó  te 
aplasto  como  á  un  sapo! 

—  Vaya,  hombre,  vete  á  dormir.  Debes  de  haber 
tomado  una  copita  de  más. 

—  ¡No  bebo!.....  ¡Y  no  me  insultes,  Quin!  Sé  que 
tú  al  pedirle  amores  á  esa  mujer,  lo  has  hecho  por 
prurito  orgulloso..—  «  Ya  que  los  otros  no  se  atre¬ 
ven,  seré  yo  el  primero» — te  has  dicho. — Y  mal 
aconseja,  Quin,  el  amor  propio  cuando  á  tales  ex¬ 
tremos  conduce. 

Y  Juan,  dulcificando  cuanto  pudo  su  acento,  con¬ 
tinuó  : 

— Amigo  mío ,  vuelve  sobre  tu  acuerdo  y  olvida 
á  esa  niña,  á  quien  tan  injustamente  traen  en  len¬ 
guas  por  tu  causa. 

—  ¡Dejar  yo  á  Anita!-...  Pero,  Juan,  ¿crees  que 
me  asustan  tus  cacareos?..... 

—  Por  lo  que  más  quieras  te  lo  suplico.  ¡  Si  no—..! 
— ¿Me  amenazas?..... 

— ¡No!.....  No  te  amenazo..—  Eres  novio  de  esa, 
mujer  guiado  por  el  amor  propio,  que  te  ciega. 
A  esa  niña  no  la  amas  tú  como  ella  se  merece  ser 
amada.  Honradamente  tú  no  la  quieres,  no  puedes 
quererla.  En  el  pueblo  tienes  fama  de  mujeriego, 
y  para  ti,  Anita  es  una  más  en  la  lista:  para  mí,  en 
cambio,  ¡es  la  única!—. 

—  Hablas  tan  bien  como  el  señor  Cura—  ¡muy 

bien! . pero  yo  no  dejo  á  Anita—  ¡Será  esto  por 

amor  propio,  lo  que  tú  quieras,  pero  con  ella  me 
caso.....  ¡Y  si  no,  al  tiempo!— 

— Piensa  bien  tus  palabras,  Quin. 

— ¡Las  sostengo! 

— Tú  lo  quieres.....  ¡pues  sea!  ¡Defiéndete!— 
No  dijo  más  Juan.  Rápido  como  el  pensamiento, 
se  registró  los  bolsiUos  de  la  americana,  y  una  ace¬ 
rada  hoja  brilló  en  su  mano;  Quin,  que  no  iba  des¬ 
prevenido,  sacó  á  su  vez  una  navaja,  y  entre  ambos 
jóvenes  se  entabló  la  lucha.  Rugiendo  de  rabia,  los 
rivales  se  abrazaron.....  Su  abrazo  era  de  muerte. 
Uno  de  los  dos  debía  de  encontrar  su  lecho  mor¬ 
tuorio  en  el  blando  polvo  de  la  carretera..... 


Sonó  un  ¡ay!,  cayó  un  cuerpo,  y  el  otro  que  que¬ 
daba  en  pie  arrodillóse  junto  al  caído,  y  palpán¬ 
dole,  murmuró  con  espanto: 

— ¡En  mitad  del  corazón!..... 

Y  para  atajar  la  sangre  que  abundantemente 
manaba  de  la  herida,  el  vencedor  sirvióse  de  su 
pañuelo  como  de  una  compresa. 

Finalizada  la  operación,  miró  aterrorizado  á  lo 
largo  de.lá  carretera*  .  .  .. 


Digitized  by  AjOOQle 


.  15.  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  xxii  —  351 


/ 


Nadie  había  presenciado  la  lacha. 

El  vencedor  hizo  un  esfuerzo.sobrehwanoLCon 
ambas  manos  levantó  en  alto  el  inanimado  cuerpo 
de  su  rival,  y  con  aquella  carga  que  le  hacía  gemir 
de  cansancio  se  internó  en  la  campiña,  atrave¬ 
sando  los  prados  y  salvando  ¿  saltos  las  lindes. 

Llegó  á  un  pradal  cercado  de  piedras.  Sin  aliento 
casi  arrojó  al  suelo  la  pesada  carga,  arrodillóse  al 
pie  de  la  cerca,  y  con  la  misma  hoja  acerada  con 
que  diera  muerte  á  su  rival,  cavó  un  hoyo  en  la 
tierra  y  dentro  de  él  sepultó  el  cadáver. 

Gruesas  gotas  de  sudor  surcaban  la  frente  del 
joven  al  acabar  su  lúgubre  faena. 

Dirigió  al  cielo  una  mirada  de  imponderable 
amargura,  y  casi  sollozando,  cruzadas  las  manos 
en  actitud  de  súplica,  balbució: 

— ¡Perdóname,  Dios  mío! ¡Vir¬ 
gen  Santísima,  perdóname!..... 

Y  las  lágrimas  al  brotar  de  sus 
ojos  cayeron  sobre  la  tumba  que 
acababa  de  abrir,  sobre  el  cuerpo 
del  rival  reducido  á  la  nada. 

Arrojó  ?la  tierra  removida  en  el 
hoyo,  apisonándola  hasta  dejarla  al 
nivel  de  la  superficie. 

El  cielo,  como  si  providencial¬ 
mente  quisiera  borrar  las  huellas 
de  aquel  sangriento  episodio,  en¬ 
vió  á  la  tierra  una  lluvia  torrencial. 


II. 


color  de  la  gloria.  Y  ni  gloria  ni  esperanza  de  lo¬ 
grarla  prometíase,  el  desdichado  mozo  al  lado  de 
aquella  hermosa  mujer  por  la  que  en  lucha  había 

matado  á  un  hombre . Y  mayor  sarcasmo  aún  la 

alegría  que  resplandecía  qn  todos  los  convidados, 
incluso  en  la  heroína  de  la  fiesta. 

Contraste  suficiente  para  borrar  la  negra  página 
siempre  viva  en  el  pecho  ¡de  Juan. 

Pero  hay  páginas  que  qada  ni  nadie  puede  bo¬ 
rrar.  La  conciencia  que  tiene  una  mancha,  es  bui¬ 
tre  que  se  asoma  á  todas  las  alegrías  destrozándo¬ 
las  despiadado. 

El  regocijado  aspecto  de  los  convidados;  el  des¬ 
lumbrador  cuadro  del  banquete;  lá  mesa  cubierta 
de  niveos  manteles ,  y  sobre  éstos  la  vajilla  de  Sé- 


pastoril:  que  el  hombre,  cuando  los  cuidados  de  las 
drogas  le  dejaban  vagar,  gustaba  de  leer  los  clásicos 
que  tratan  de  Filis  y  Batos,  y  pintan  Arcadias  allí 
donde  hay  un  poco  de  verdura  y  un  par  de  grose¬ 
ros  pastores,  los  cuales,  gracias  ¿  la  poesía  de  los 
que  los  pintan,  pueden  aparecer  hasta  sublimes  y 
amantes. 

IV. 

Terminó  el  banquete,  y  los  comensales  creyeron  * 
del  caso,  y  como  medida  higiénica  y  divertida,  en¬ 
tregarse  al  agitado  placer  del  baile. 

Mientras  se  organizaban  las  parejas,  Anita,  apo¬ 
yada  en  el  brazo  de  Juan,  paseaba  con  dulce  deja¬ 
dez  por  el  prado. 

De  pronto  se  detuvo  la  joven,  y 
señalando  alegremente  á  su  esposo 
una  rosa  pálida  que  se  erguía  al  otro 
lado  de  la  cerca,  le  dijo: 

— ¿Vamos  á  coger  esa  flor,  Juan?' 
— ¿Esa  flor?..... — repitió  el  aludi¬ 
do  con  espanto,  mientras  desviaba 
la  vista  del  sitio  señalado  por  Anita» 
—  Sí,  hombre.  ¡Tengo  capricho 
en  cogerla!  ¡Es  tan  bonita!.....  Anda, 
ven  conmigo. 

Juan  permanecía  quieto. 

—  ¡Qué  poco  galante  eres! — re¬ 
plicó  con  despecho  la  joven. 

Y  abandonando  el  brazo  de  su  es,- 
poso,  se  dirigió  resueltamente  hacia 
la  cerca. 

Juan  le  gritó  con  acento  desfalle¬ 
cido: 

—  ¡Anita! . 

Pero  Anita,  sin  hacerle  caso, 
arrancó  la  rosa,  y  con  aire  de  triun¬ 
fo  volvió  á  reunirse  á  su  compañe¬ 
ro  ,  diciéndole  irónicamente : 

— ¿Tenías  miedo  á  clavarte  al¬ 
guna  espina?.....  ¡Mírala!  ¡Mírala  qué 
bonita  es! . 

Juan  apartaba  sus  ojos  de  la  rosa; 
era  un  horror  aquello.  La  rosa  había 
fructificado  en  el  mismo  sitio  que 
servía  de  tumba  á  Quin. 

— Ahora,  para  castigarte,  verás 
lo  que  hago — dijo  Anita  riendo. 

Y  posó  sus  labios  sobre  las  hojas, 
depositando  en  ellas  un  ruidoso 
beso. 

—Ahora,  Juan —prosiguió,— bé¬ 
sala  tú  también  como  castigo  á  no 
querer  las  flores.  ¡Y  eso  que  sabes 
que  las  quiero  con  toda  mi  alma!..... 

Y  al  notar  la  palidez  cadavérica 
que  cubría  el  rostro  de  su  amado, 
le  preguntó  con  voz  que  semejaba 
una  caricia: 

— ¿Qué  tienes?.—. 

—  Nada.  Un  desfallecimiento..... 
¡Ya  pasó! 

V. 


— El  era  ambicioso,  y  puede-ser— 

Pero  bien  pudo  decirnos  que  se  iba, 
y  no  que  de  la  noche  á  la  mañana... 
si  te  he  visto  no  me  alcuerdo. 

—El  día  menos  pensao  le  vemos  hecho  un  Duque. 

—Amén..... 

— ¡Ea!  ¡Ya  sale  la  novia! 

— Vámonos  detrás. 

— ¿Y  para  qué,  mujer?..... 

— ¡Toma!  ¿Para  qué? . Para  ver  si  cae  algo. 

— Como  que  nos  van  á  dejar  entrar  á  los  pro¬ 
bes .  ¡Sí,  en  seguidita !..... 

— Pues  que  nos  prohíban  la  entrada  en  el  campo. 

—  ¡Ah!  ¿pero  la  boda  se  celebra  en  el  campo? . 

— Como  lo  cuento.  El  padrino  así  lo  ha  querío. 

En  el  prao  alto  que  tiene  el  boticario  han  preparao 

las  cosas . ¡Y  qué  cosas,  hija  de  mi  alma! . ¡Y 

qué  comía!.....  ¡Y  qué  de  confituras!.....  De  princi¬ 
pes  ríales.....  En  mi  vida  vi  otra  igual. 

—  Pues  vamos,  señá  Pascuala. 

Las  mujerucas,  á  retaguardia  del  cortejo  nup¬ 
cial,  emprendieron  la  marcha,  y  las  galas  de  los 
convidados,  iluminadas  fuertemente  por  el  sol, 
hacían  más  duro  el  contraste  con  el  montón  de 
trapos  de  la  chusma  villabrinesca:  que  nunca  hubo 
función  que  no  tenga  por  apéndice  la  miseria . 

III. 

El  día  de  sus  nupcias.....  ¡qué  triste  se  le  antojó 
á  Juan!  ¡qué  largo!  Saroásticas  se  le  antojaban  las 
galas  del  cielo  y  las  galas  de  latierra;  verde  la  una 
con  el  eolor  de  la  esperanza,  azul  el  otro  con  el 


ESC  UBRIDO  R  DEL  BACILO  I)E  LA  FIEBRE  AMARILLA. 

(De  fotografía.) 

vres  de  irisados  tonos;  los  destellos  de  la  plata; 
los  artísticos  centros  cuajados  de  flores;  las  hu¬ 
meantes  viandas;  el  animado  charloteo  de  los  co¬ 
mensales;  sus  ojos  bañados  de  esa  luz  propia  de  los 
seres  dichosos;  el  encanto  de  los  ojos  de  Anita, 
que  muy  abiertos  miraban  á  Juan  como  repro¬ 
chándole  su  conducta  estrafalaria,  y  suplicándole 
una  de  esas  mimosas  miradas  que  bañan  el  espí¬ 
ritu  de  dulce  placidez;  el  plañidero  pedir  de  la 
chusma,  que,  estacionada  á  respetuosa  distancia  de 
la  mesa,  seguía  con  avidez  la  desaparición  de  los 
manjares  en  la  boca  de  los  señorones;  el  tintineo 
de  las  copas;  el  ruido  de  los  cubiertos  y  de  los  pla¬ 
tos;  los  dulces  acentos  de  Anita  instando  al  que  ya 
era  su  dueño  á  que  hiciese  honor  ai  festín:  todo  era 
para  el  joven  obscuro,  sombrío,  negro.  Una  idea 
fija  le  hacía  clavar  angustiosas  miradas  allá  en  la 
cerca  de  piedra  que  rodeaba  el  prado:  allí  estaba 

«aquél»,  es  decir,  un  montón  de  huesos . 

Nunca  la  casualidad  fué  más  cruel  ni  el  azar 
trajo  una  nota  más  lúgubre.  Juan  quiso  dominar¬ 
se,  entrar  de  lleno  en  la  fiesta  que  por  él  se  cele¬ 
braba.  Buscó  en  los  ojos  de  su  novia  el  efluvio  mag¬ 
nético  que,  tocando  en  el  corazón  ó  iluminando 

el  cerebro,  desviara  la  pesadilla ¡ Y  no  pudo!  Sus 

palabras  eran  ilógicas,  su  risa  una  mueca  de  dolor. 
Interiormente  renegaba  de  aquello  que  él  mismo 
había  preparado,  del  banquete,  de  los  convidados, 
de  su  debilidad  en  complacer  al  suegro,  que  exigió 
que  se  celebrara  la  boda  á  campo  raso ,  á  estilo 


Los  sones  de  la  fiesta  habían  en¬ 
mudecido.  Marido  y  mujer  se  con¬ 
templaban  en  silencio. 

Anita,  sorprendida  de  la  actitud 
de  sufrimiento  de  Juan,  volvió  á  preguntarle  con 
el  solícito  interés  de  la  mujer  amante: 

— ¿Estás  enfermo?..... 

—No:  un  ligero  dolor  de  cabeza.  Puedes  reti¬ 
rarte  á  descansar — replicó  Juan  con  acento  som¬ 
brío. — Yo,  mientras,  voy  á  asomarme  á  la  ventana, 
á  ver  si  con  el  fresco  de  la  noche  me  alivio. 

Anita  obedeció. 

En  un  florero  que  había  sobre  la  tabla  de  már¬ 
mol  de  la  chimenea  dejó  la  rosa  cogida  en  el  prado. 


¡La  rosa  allí! 

Y  como  atraído,  Juan  iba  acercándose  á  ella, 
tendiendo  las  manos,  como  si  la  flor  fuera  un  arma 
que  hacia  él  se  dirigiese  amenazadora.  Retrocedió4 
antes  de  tocarla;  dejóse  caer  á  plomo  en  una  silla, 
y  vió  la  rosa  transformarse  en  una  silueta  negra, 
que  iba  agrandándose,  agrandándose,  mientras, 
que  la  habitación  se  estrechaba,  empequeñecién¬ 
dose  hasta  lo  imposible,  hasta  no  dejar  espacio 
más  que  parala  negra  silueta  y  él,  Juan.  La  silueta 
hablaba,  y  echándole  los  brazos  al  cuello,  10  decía 
algo  muy  horrible  que  hizo  lanzar  un  grito  de  es¬ 
panto  al  desventurado.  Juan  quiso  hablar,  pero  las 
palabras  morían  en  la  garganta  estranguladas  por 
un  orgasmo  terrible;  intentó  incorporarse  ©n  su 
asiento,  pero  tampoco  pudo:  le  pesaba  el  Jcuerpo 
como  si  fuera  de  hierro;  una  situación  horrible. 

—  ¡Juan! — se  oyó  una  voz  dulce;  la  de  Anita. 

Y  Juan  no  pudo  responder,  no  pudo  moverse; 


Digitized  by  ^.ooQie 


m  - 


Digitized  by 


Google 


VISTA  GENERAL  DE  LA  FÁBRICA. 

MADRID  — FÁBRICA  NACIONAL  DE  LA  MONEDA  Y  TIMBRE.— LA  ACUÑACIÓN  DE  LA  PLATA. 

(De  fotografía  de  Franzen.) 


354  —  n.°  xxii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Junio  1899 


sentía  un  miedo  que  le  erizaba  el  cabello,  que  po¬ 
nía  perláticas  sus  manos  y  tembloroso  todo  el 
cuerpo:  una  crisis  sin  nombre  no  registrada  en 
ninguna  terapéutica. 

Con  ojos  extraviados  miró  hacia  la  entornada 
puerta:  detrás  de  ésta  se  encontraba  su  mujer,  la 
mujer  de  sus  amores. 

Arrastrándole ,  llevado  de  no  sé  qué  espíritu  de  * 
arrepentimiento,  Juan,  en  vez  de  acudir  al  dulce 
llamamiento  de  su  esposa,  llegó  hasta  la  puerta  de 
salida,  y  como  (Dios  le  dió  á  entender,  tambaleán¬ 
dose  como  un  ébrio,  salió  de  su  casa,  abandonó  el 
nido  por  él  fabricado  para  sus  amores,  y  las  som¬ 
bras  de  la  noche  le  robaron  para  siempre  de  Vi- 
llabrín.  ] 


Para  siempré;  porque  hace  más  de  cuarenta  años 
que  en  el  pueblo  se  murmura  que  el  diablo,  envi¬ 
dioso  de  la  felicidad  que  en  la  tierra  esperaba  á 
Juan,  habíale  arrebatado  de  brazos  de  su  esposa  la 
noche  de  nupcias . 

Alejandro  Larrubiera. 


SOL  EN  TAURO. 


N  cuanto  empieza  el  calor  resucitan  los 
verdaderos  aficionados  á  la  fiesta  na- 
íal. 

-Mire  usted,  podrá  haber  disgus- 
tos  públicos  y  de  familia,  y  peligros  y 
calamidades  públicas,  y  enfermedades  y 
pestes,  de  todo  menos  dinero  y  tranqui¬ 
lidad;  pero  todo  eso  es  lo  de  menos  mientras 
\  j  no  nos  falten  los  toros. 

Esto  me  decía  un  aficionado  de  verdad,  abo¬ 
nado  á  una  barrera  de  sombra  desde  antes  de  na¬ 
cer,  porque  fu  señor  padre  le  dejó  «el  talón»  para 
que  continuara  abonándose  todas  las  temporadas, 
y  el  número  de  un  décimo  de  la  Lotería  nacional, 
que  también  tenía  por  abono  desde  la  juventud. 

Y  cumplidas  estas  obligaciones  expiró. 

Lo  primero  que  hizo  el  hijo  fue  dar  sepultura  al 
padre,  como  era  natural,  y  lo  segundo  fue  «sacar 
©1  décimo»  de  la  administración  donde  le  com¬ 
praba  el  padre,  y  lo  tercero,  en  cuanto  vió  el  rar- 
tel  anunciando  la  apertura  de  la  temporada  y  del 
abono,  fué  sacar  los  billetes  de  barrera. 

En  ambos  lados  encontró  en  la  primera  corrida 
á  dos  abonados,  también  veteranos  como  el  di¬ 
funto. 

Le  saludaron  cariñosos,  y  en  seguida  le  dijo  uno 
de  ellos: 

— ¿Usted  es  aficionado,  eh? 

—  Sí ,  señor — respondió  el  mozo. 

—  Pero,  por  mucho  que  quiera  ser — replicó  el 
interpelante, — no  será  usted  tan  buen  aficionado 
como  su  padre:  aquél  era  un  inteligente  de  ver¬ 
dad,  aunque  algo  parcial. 

_ Muy  parcial — afirmó  el  otro  abonado. — He¬ 
mos  andado  á  puñetazo  limpio  en  varias  ocasio¬ 
nes  por  su  intemperancia. 

El  muchacho  callaba. 

Pero  tanto  apretó  uno  de  los  inteligentes  colin¬ 
dantes,  que  se  deducía  que  el  difunto  era  un  al¬ 
cornoque,  y  ya  no  pudo  oir  más  el  hijo. 

_ Bueno— replicó,  -  pues  tengan  ustedes  la  bon¬ 
dad  de  suspender  esa  conversación. 

Claro  es  que  no  pasaron  muchas  corridas  sin  que 
fueran  á  las  manos  el  hijo  y  heredero  del  finado 
inteligente  y  sus  vecinos. 

La  Situación  que  aquellas  bofetds  crearon  al  no¬ 
vel  abonado,  era  insostenible. 

Entre  buscarse  una  ruina— según  él— y  dejar  la 
barrera  de  sus{aii'tepasados,  no  sabía  qué  hacer. 

Su  bueña  suérte  resolvió  el  problema. 

A1  tino  de  sus  colaterales,  que  era  funcionario 

Íniblico,  lo  trasladaron  á  otra  provincia;  y  al  otro, 

e  trasladaron  también . al  cementerio. 

Y  ro  dejaron  sucesión. 

—No  perdería  mi  barrera?  ni  la  permutaría  por 
una  dirección  general,  créame  usted — confesaba 
el  aficionado. 

Un  árabe  ño  prestará  su  caballo  ni  sus  armas  al 
mejor  amigo.  ; 

Un  abonado  no  cede  la  localidad  ni  a  una  per¬ 


sona  de  su  familia. 

En  cuanto  empieza  ía  temporada,  se  rejuvene¬ 
cen  los  aficionados. 

— Parece  imposible  que  pueda,  un  hombre  de 
bien  vivir  sin  corridas  de  toros  durante  el  in¬ 
vierno. 

—  Doy  todos  los  dramas  por  una  buena  corrida. 

—Yo  cambio  á  Wagner  por  Guerra,  y  doy  al¬ 
guna  cosa  encima. 

—¡Ah!  si  en  lugar  de  ópera  hubiera  corridas  de 
toros  en  el  Real,  más  viril  sería  este  pueblo. 


—  Los  toros  son  la  única  verdad  social. 

Y  algunos  aficionados  entusiastas  van  aún  más 
allá. 

He  oído  decir  á  uno  de  ellos: 

— Yo  exigiría  la  tauromaquia  obligatoria  para 
los  niños. 

El  que  posee  un  talón  de  abono,  cree  que  es  su¬ 
perior  á  cualquier  otro  ciudadano  sin  abono. 

«Para  los  extranjeros  y  los  niños  sin  gradua¬ 
ción» —  según  anunciaba  la  empresa  de  un  teatro 
— la  primera  corrida  de  toros  es  un  espectáculo 
mágico. 

La  aglomeración  de  gente,  el  ruido,  la  alegría» 
los  vestidos  bordados  con  plata  y  oro  que  usan  los 
toreros,  las  suertes,  el  peligro,  los  toros,  los  caba- 
.  líos,  la  sangre . 

Algunos,  aunque  no  muchos,  extranjeros  se 
1  aficionan  al  espectáculo. 

— Esto  ser  come  la  música — me  hablaba  uno; — 
mí  no  entender  an  prinsipio;  hoy  ya  conoser  al 
toro  and  los  toreadores  e  los  suertes  de  pique  e 
mondadientes  and  espadas  e  molilleros.  Mí  gosar 
mocho  conosiendo  el  argumento. 

Para  los  niños  empieza  también  la  temporada 
taurina  en  sus  juegos  en  la  calle  ó  en  el  paseo,  y 
á  domicilio. 

Sillas  derribadas  y  aun  mortecinas  por  golpes 
del  toro ;  butacas  pareadas  y  aun  estoqueadas  por 
los  diestros  menores,  que  se  sirven  de  bastones  ó 
de  cualquier  otra  arma  para  ejecutar  las  suertes  de 
picar  y  de  matar;  protestas  del  público  de  padres 
y  madres;  castigos  que  suele  imponer  la  presi¬ 
dencia  paterna..... 

En  cada  casa  un  torero,  y  en  cada  paseo  una 
cuadrilla. 

Las  aficiones  impulsan  á  cada  nene  por  su  ca¬ 
mino. 

Unos  se  contentan  con  ser  caballos,  y  piafan  y 
botan  como  los  auténticos. 

Otros  se  declaran  picadores,  y  tratan  de  conven¬ 
cer  al  criado  ó  á  la  doncella  para  que  hagan  de 
caballos. 

Otros  son  banderilleros  de  nacimiento. 

Algunos  se  lanzan  de  una  vez  y  se  titulan  ma¬ 
tadores. 

Pero  lo  más  cómico  es  que  varios  chiquitines 
aspiran  á  ser  toros  desde  sus  primeros  años. 

Aspiraciones  soberbias,  si  bien  se  mira. 

I  Ser  toro  1  volcar  á  los  caballos  y  á  los  picado¬ 
res,  alcanzar  á  los  banderilleros,  humillar  al  al¬ 
tivo  matador;  todo  esto  halaga  el  amor  propio  de 
los  toretes  voluntarios. 

Cuando  llegan  estos  meses  en  que  la  Naturaleza 
despierta,  el  sol,  no  solamente  sonríe,  sino  que 
abrasa  con  el  aliento,  la  fiesta  de  boros  está  en  su 
mejor  período. 

Los  inteligentes  lo  dicen. 

—  Páralos  toros,  sol,  mucho  calor;  que  pique, 
que  pique:  así  les  hierve  la  sangre  y  pegan. 

Es  el  desiderátum  de  «la  afición»:  que  peguen 
los  toros,  que  revienten  á  muchos  caballos,  y  de 
cuando  en  cuando,  á  algún  picador. 

Porque  á  los  pobres  picadores  les  tienen  mala 
voluntad  los  aficionados,  ó  por  lo  menos,  asi  pa¬ 
rece. 

Las  corridas  formales  empiezan  en  Abril ;  pero 
hasta  Mayo  ó  hasta  Junio  no  están  los  toros  en  su 
punto. 

Es  cuando  pegan. 

No  me  atrevo  a  decir:  «¡Qué  barbaridad!».....  por¬ 
que  también  soy  de  esos. 

No  de  los  toros,  de  los  aficionados  á  que  «pe¬ 
guen». 

Eduardo  de  Palacio. 


INSTANTÁNEA. 


SONETO. 

Filé  tan  sólo  un  instante;  de  repente 
Se  iluminó  mi  espíritu  abatido, 

Y  latió,  dé  placer  estremeció', 

Mi  apasionado  corazón  ardiente. 

Tu  acento,  entrecortado  y  balbuciente, 
El  preludio  ensayó  junto  á  mi  oído 
Pe  ese  sublime  canto  no  aprendido, 

Que  es  siempre  igual  y  siempre  diterente. 

Y  como,  al  ser  el  arma  disparada, 
Mientras  arde  la  pólvora  inflamada, 

La  víctima  desplómase  sin  vida, 

Así ,  con  repentina  llamarada, 
Resplandeció  en  tus  ojos  la  mirada, 

Y  yo  en  el  corazón  sentí  la  herida. 

Manuel  pe  Sandoval. 


CARTA  DE  CUBA. 


AL  SOLDADO-PERIODISTA  JOSÉ  FRANQUESA, 
COMBATIENTE  EN  CUBA. 


SONETO. 

Por  la  quebrada  cuesta  de  un  camino  » 

Donde  la  choza  del  pastor  humea,  ' 

Se  adelanta  el  cartero  de  la  aldea  } 

A  la  zaga  de  escuálido  pollino. 

Nada  inquieta  al  honrado  campesino, 

Cuya  faz  varonil  el  cierzo  orea; 

La  tonada,  que  alegre  canturrea 
Fresca  se  escucha  en  el  lugar  vecino. 

Esperando  noticias  de  un  valiente, 

Sale  al  atajo  la  serrana  airosa 

Que  del  primer  amor  la  pena  siente,  'í 

Y  que  al  cielo  mirando  ruborosa,  * 

Besó  la  carta  del  soldado  ausente, 

Y  hacia  la  aldea  se  volvió  dichosa-...  ;? 

Rafael  Ochoa.  . 


POR  AMBOS  MUNDOS. 

NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 


La  tradición  de  la  resistencia  en  el  pueblo  castellano.  —  Loe  tagalos 
y  visayoB  en  mano»  de  loe  \iankeen. — Loe  alemanes  en  Marruecos. 
Campaña  rusa  contra  el  corsé. 

?OR  la  áspera  cuesta  que  conduce  en 
Toledo  desde  la  Puerta  Bisagra  á  la 
Puerta  del  Sol,  al  Miradero  y  á  Zo- 
codover,  subo  penosamente  una  an- 
,  -  ciana,  vestida  de  luto,  descalza  y  con 
^  los  zapatos  en  la  mano.  Al  lado  de  ella 
camina  otra  mu j  er  bastante  más  joven,  de 
cabello  y  ojos  muy  negros  y  de  tez  morena 
m  salpicada  de  diminutos  lunares,  como  los  al- 
baricoques  que  se  crían  en  los  cigarrales  toleda¬ 
nos.  También  lleva  el  calzado  en  la  mano  y  los 
pies  al  aire.  En  medio  de  ellas,  aprisionado  por  el 
cariño  de  ambas,  va  un  mozo  de  veintiséis  años, 
delgado,  enjuto  v  fuerte,  ostentando  el  humilde  f 
glorioso  equipo  de  soldado  de  la  reserva.  El  mozp 
ha  sido  llamado  de  nuevo  al  servicio  de  las  arma», 
y  acude  á  la  capital  con  su  madre  y  su  abuela,  quf, 
no  satisfechas  con.  haber  llorado  mucho  alia  en 
su  pobre  hogar  del  pueblo  de  Bargas,  quieren  re¬ 
correr  todo  el  calvario  sin  enjugar  sus  lagrima*, 
hasta  que  el  muchacho  quede  al  amparo  de  la  ban¬ 
dera  de  su  regimiento.  ....  .  , 

Dentro  ya  de  la  imperial  ciudad  se  calzan  las 
lugareñas  y  marchan  por  el  intrincado  laberinto 
de  sus  estrechas  y  sombrías  callejuelas,  hasta  dar 
con  una  pobre  posada,  ó  mesón  primitivo,  adonde 
han  acudido  otras  varias  familias  de  la  aldea  para 
acompañar  también  a  sus  hijos.  Allí,  en  un  rin¬ 
cón,  entorno  á  la  improvisada  mesa,  fórmase  un 
amistoso  grupo,  tertulia  y  banquete  de  despedi¬ 
da,  de  una  docena  de  labriegos,  mujeres,  viejos  y 
mozas,  padres  y  soldados,  que  recíprocamente  se 
animan,  aunque  todos  sienten  en  su  alma  la  pun- 
zante  pena  de  la  separación  de  sus  muchachos. 
Entre  suspiros  y  frases  de  humorísticos  recuerdos 
y  consuelos,  traban  singular  algarabía  hembras  y 
varones,  y  éstos  procuran  endulzar  los  tragos 
amargos  del  nuevo  pesar  que  les  envía  la  suerte 
con  los  tragos  deliciosos  del  clarete  de  la  tierral;  y 
aquéllas  no  dan  tregua  á  secarse  los  ojos  con  el 
revés  de  las  manos,  porque  tanto  mas  afluyen  las 
lágrimas  á  ellos  cuanto  más  bromean  los  hom¬ 
bres.  Un  viejo,  que  bebe  poco  y  habla  menos,  da 
con  el  codo  á  la  anciana  de  Bargas  que  se  sienta 
á  su  lado,  y  exclama,  moviendo  tristemente  la 

cabeza:  „  ,  .  _ 

— Señora  Martina,  ¡de  esta  hecha  se  acaba 

España!  ,  . 

Ante  tal  salida  enmudece  el  concurso,  y  enton¬ 
ces  la  vieja,  descargando  un  tremendo  golpe  en  la 
mesa  con  su  nudoso  y  curtido  puño,  mira  al  vete¬ 
rano  con  marcado  gesto  de  altanería  y  de  pesar,  y 

responde:  ,  _ 

_ ¡Eso  nunca,  nunca I  porque  por  apurada  y 

combatida  que  esté  España,  yo  la  he  visto  en  peor 
estado,  y  ha  sabido  levantarse  y  resistir  y  vivir, 
sin  que  se  haya  acobardado  nunca.  Hace  ochenta 
y  cinco  años  que  nací,  y  cuando  tenia  diez,  y  an¬ 
tes  y  después,  oí  contar  á  mi  padre  lo  que  España 
había  pasado  y  lo  que  estaba  sufriendo,  que  fue 
mucho  más  grave  que  lo  que  ahora  sufre.  Las  tro¬ 
pas  francesas  invadieron  y  conquistaron  toda 
nuestra  tierra;  la  saquearon  y  aniquilaron,  y  nos 
quedamos  sin  ejército,  sin  dinero,  sin  gobierno  y 
sin  pan.  Habíamos  perdido  todos  nuestros  barcos 


Digitized  by  AjOOQle 


15  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA'  Y>  AMERICANA 


n.°  xxii  —  355 


en  un  solo  combate;  y  perdimos  másj,  perdimos 
Méjico,  Perú,  Colombia,  Chile,  Buenos  Aires  y 
Montevideo.  Perdimos  después  tres  ó  cuatro  veces 
la  paz  interior;  y  á  pesar  de  todo,  España  se  re¬ 
hizo  y  no  se  hundió,  y  vivimos  fortaleciéndonos 
poco  á  poco,  desde  el  año  50  al  70  y  desde  el  80 
hasta  el  95.  Ahora,  cuando,  gracias  á  la  paz,  avan¬ 
zábamos  por  el  camino  de  nuestro  mejoramiento, 
un  pueblo  infame,  lleno  de  fuerza  y  de  dinero, 
prepara  el  crimen  de  robarnos  las  islas  de  la  Amé¬ 
rica,  y  para  ello  inventa  la  guerra  de  la  insurrec¬ 
ción  de  Cuba  y  la  sostiene;  y  cuando  ve  que  íba¬ 
mos  á  terminarla,  nos  declara  la  guerra,  y  pone 
en  peligro  nuestro  dominio  en  América  y  en  I  Fi¬ 
lipinas,  y  ayuda  á  los  sanguinarios  salvajes  de  juno 
y  otro  lado,  é  insiste  en  llevar  adelante  ese  cri¬ 
men,  mientras  las  demás  ilaciones  lo  consienten 
y  se  cruzan  de  brazos,  temerosas  de  combatir  unas 
contra  otras.  Tal  vez  al  amparo  de  este  egoísmo, 
que  pagarán  bien  pronto  muy  caro  ellas  mismas, 
porque  no  quedará  colonia  que  con  tan  inmundo 
ejemplo  no  se  insurreccione  y  emancipe;  tal  vez 
por  esa  impunidad  perdamos  lo  que  en  Ultramar 
tenemos;  pero  España  no  se  aniquilará ;  vivirá  en¬ 
tera,  animosa,  fuerte  en  su  pobreza,  indomable  en 
su  sufrimiento,  con  el  odio  eterno  guardado  en  e^ 
pecho,  acariciando  el  ideal  de  la  venganza  futura, 
y  sin  más  preocupación  durante  algunos  años  que 
la  de  hacerse  más  fuerte  cada  día,  la  de  convertir 
á  todos  sus  hijos  en  soldados  y  marinos  y  aguardar 
el  momento  en  que  la  variable  fortuna  desate  sus 
horrores  contra  los  egoístas  que  ahora  nos  despo¬ 
jan,  ó  que  consienten  el  despojo,  para  ser  también 
egoístas  nosotros  y  unirnos  con  los  que  se  com¬ 
prometan  á  aniquilar  á  nuestros  enemigos.  En  todo 
debemos  pensar  menos  en  bajar  la  cabeza  y  en 
conformarnos.  Viviremos  descalzas  y  comeremos 
pan  negro;  pero  criaremos  nuestros  hijos  para  la 
patria  y  ahorraremos  un  puñado  de  pesetas  para 
que  no  falten  fusiles.  Como  salimos  adelante  hace 
setenta  ú  ochenta  ó  noventa  años,  saldremos  aho¬ 
ra;  pero  ¡que  no  se  acabe  nunca  el  odio,  hasta  que 
quede  satisfecha  la  venganza  1  Ochenta  y  cinco 
años  de  pesadumbres  no  han  abatido  mi  corazón, 
que  está  cada  día  más  entero,  y  así  es  España:  un 
siglo  entero  de  desventuras  no  podrán  hacer  que 
vacile  un  solo  instante  en  el  cumplimiento  de  su 
deber ,  reducido  en  adelante  á  combatir  y  vencer 
á  sus  hipócritas  ó  infames  enemigos.  ¡Vamos  á  de¬ 
jar  á  nuestros  hijos  en  el  cuartel! 

Todos  los  lugareños,  enardecidos  por  las  frases 
de  la  venerable  bargueña,  se  pusieron  en  pie  sin 
proferir  una  frase.  Ninguno  de  ellos,  ni  hombres 
ni  mujeres,  lloraba  ya;  y  silenciosos  y  altaneros 
al  cumplir  el  triste  deber,  salieron  por  los  angos¬ 
tos  callejones  y  acompañaron  hasta  el  cuerpo  de 
guardia  a  los  cinco  soldadas,  que  fueron  recibidos 
con  fraternales  abrazos  por  un  centenar  de  paisa¬ 
nos  y  compañeros. 

* 

•  #  - 

El  Arzobispo  de  Manila  decía,  no  hace  muchas 
semanas,  á  los  indios,  en  una  elocuente  pastoral 
publicada  con  motivo  de  la  declaración  de  gue¬ 
rra  y.  de  la  aproximación  de  la  escuadra  norteame¬ 
ricana  al  archipiélago,  que  si  el  pueblo  yanlcee  lle¬ 
gaba  á  invadir  y  dominar  aquel  .país,  todas  las 
tradiciones  y  costumbres  católicas  se  verían  es¬ 
carnecidas,  y  no  quedarían  ni  templo,  ni  altar,  ni 
familia  cristiana  que  no  fueran  miserablemente 
aniquilados  por  los  idólatras  del  dallar .  Verdad 
grande  es  esta;  pero  aun  suponiendo  que  la  fe  y 
nuestras  creencias  sean  cosas  de  poco  más  ó  me¬ 
nos  para  la.  menguada  tagalería,  bueno  es  añadir 
á  las  previsiones  del  Prelado  que  desde  el  mo¬ 
mento  ^n  que  desapareciera  la  soberanía  española, 
quedaría  de  hecho  implantada  la  esclavitud  del 
indio,  rico  Apobre, %an te  la  férrea  y  antihumanita¬ 
ria  tiranía  yankee ,  incapaz  de  reconocer  derecho, 
ni  propiedad,  ni  aspiración  alguna  en  una  raza 
inferior  que  no  puede  servirle  de  otra  cosa  que 
de  bestia  de  trabajo  y  de  carga.  Los  filipinos  se 
convertirían  no  en  autonómicos,  sino  en  autóma¬ 
tas.  El  yankee  no  consiente  su  vecindad,  su  contac¬ 
to,  ni  su  trato :  someterían  á  todos;  si  algunos  se 
rebelaran,  los  acorralarían,  por  no  exterminarlos 
de  una  vez,  en  las  Indians  reservations ,  como  las 
del  Oeste  y  del  Norte  en  Iob  Estados  Unidos;  y  si 
alguno  que  otro  sobresalía  como  hombre  de  nego¬ 
cio,  nuevo  Jim,  Tom  ó  Billy  de  Cagayán,  sería  el 
hazmerreír  de  la  endiosada  aristocracia  monopo¬ 
lista  extranjera,  y  andaría,  con  todos  sus  compañe¬ 
ros,  de  fortuna,  puesto  en  caricatura  y  en  solfa 
en  todos  los  periódicos  anglo-sajones  del  mundo. 

La  esperanza  de  la  constitución  de  una  república 
tagalo-visaya  es  una  ilusión  de  los  vendidos  en 
Biac-na-bató.  En  Filipinas  no  se  constituirá  nada 
que  no  sea  sumisión  absoluta  á  los  mercachifles 
de  Nueva  York  y  de  San  Francisco,  y  tal  vez  de 
Liverpool,  de  Manchester  y  de  Nagasaki  y  Yoko- 


hama.  Al  filipino  rico  y  hacendado  se  lo  absorbe¬ 
rán  y  asimilarán,  como  lo  han  hecho  en  su  tierra 
con  los  desventurados  propietarios  rurales  de  al¬ 
gunos  Estados  del  Oeste,  de  los  antiguos  coloniza¬ 
dores  que  vivieron  lejos  de  la  avaricia  yankee ,  á 
quienes  los  negros  denominaban  en  són  de  burla 
crackers ,  y  que  han  tenido  que  sucumbir  ante  la 
invasión  de  los  explotadores  de  las  riquezas  del 
suelo,  verdugos  implacables,  para  los  que  nada  sig¬ 
nifican  las  familias  ni  los  pueblos  si  se  trata  de 
hacer  negocio.  En  las  minas,  en  las  vías  férreas, 
en  el  aprovechamiento  de  los  bosques,  en  el  de 
las  ganaderías,  surgen  genios  audaces,  sin  Dios 
y  sin  conciencia,  que,  favorecidos  por  el  éxito, 
imperan  sobre  veinte  mil  trabajadores,  es  decir, 
sobre  otras  tantas  familias,  que  suman  cien  mil 
personas,  y  amontonan  cinco,  y  luego  diez  y  lue¬ 
go  veinte  millones  de  duros,  cuando  ayer,  venidos 
de  nadie  sabe  dónde,  no  tuvieron  más  hogar  que 
la  mísera  chabola  de  madera,  lean  toy  apoyada  en 
los  berruecos  de  la  montaña. ,  Estos  millonarios, 
que  tienen  á  su  cuenta  tantas  vidas  y  tantas  lágri¬ 
mas,  brotan  como  plantas  malditas  donde  quiera 
que  hay  algo  que  explotar,  y  claro  es  que  pocos 
países  hay  en  el  mundo  más  abonados  para  que 
surjan  como  el  rico  suelo  de  Filipinas.  La  pobla¬ 
ción  es  para  ellos  un  rebaño;  el  revólver  la  única 
policía,  y  el  egoísmo  el  único  ideal.  Tagalos  y  vi- 
sayos,  sujetos  á  las  costumbres  yankees,  sometidos 
á  la  esclavitud  del  miserable  jornal,  vivirían 
echando  muy  de  menos  á  los  gobernadores,  á  los 
te  capitanes  pasados»,  á  los  frailes  y  á  todos  los 
casillas,  que  les  han  tratado  como  á  hombres,  en 
cuanto  se  vieran  sometidos  al  bestial  negocio  del 
Tío  Sam,  que  les  trataría  como  á  perros.  No  habría 
allí,  como  no  lo  ha  habido  nunca,  el  derecho  de 
pernada,  pero  tendrían  en  cambio  que  sufrir  el 
derecho  de  patada.  Y  no  valdría  remontarse ,  por¬ 
que  el  yankee ,  que  sacó  á  los  indios  del  Colorado, 
del  Utah  y  del  Arizona  de  sus  cavernas  naturales 
(cave  dwelling)  y  artificiales  (diff  divelliny),  y  los 
arrojó  de  sus  campamentos,  buscaría  en  los  últi¬ 
mos  rincones  de  las  cordilleras  de  los  Caraballos 
y  Mariveles  á  los  remontados,  y  los  colgaría  de 
los  árboles  si  do  le  servían  para  trabajar.  La  domi¬ 
nación  de  los  Estados  Unidos  se  resumiría  en  un 
supremo  fin  social ,  que  es  el  de  la  éktinción  de 
todas  las  razas  indígenas.  Así  lo  han  hecho  ó  están 
á  ¡punto  de  ultimarlo  en  el  Norte  de  América,  y 
asi  lo  han  hecho  sus  maestros  y  progenitores  los 
ingleses  en  Nueva  Zelanda,  Australia  y  El  Cabo. 
No  puede  esperarse  otra  cosa  de  la  barbarie  mo¬ 
derna,  que  ha  invadido  nuestros  territorios  como 
Atila  invadió  el  centro  y  mediodía  de  Europa  en 
los  pasados  siglos. 

♦ 

*  O  ’  V%* 

Más  suave  y  hábilmente  so  incrustan  los  alema¬ 
nes  en  la  masa  de  los  pueblos  que  han  de  servir  de 
base  á  la  explotación  europea.  Sus  agentes  comer¬ 
ciales  y  sus  ingenieros,  que  se  van  diseminando 
por  toda  la  tierra,  dejando  atrás,  á  Jos  franceses  y 
aproximándose  en  el  predominio  de  su  influencia 
á  hacerla  tan  respetable  é  intensa  como  la  de  los 
ingleses,  no  podían  menos  de  aparecer  trabajando 
con  éxito  en  Marruecos.  Esta  aparición,  y  la  se¬ 
riedad  de  los  trabajos  que  han  emprendido,  traen 
muy  preocupados  á  los  franceses;  y  si  nosotros  pu¬ 
diéramos  preocuparnos  por  algo,  también  senti¬ 
ríamos  el  desasosiego  de  idéntica  preocupación. 

Los  alemanes  constituyen  el  elemento  extran¬ 
jero  más  poderoso  que  hoy  bulle  en  la  ciudad  y 
puerto  de  Rabat,  la  población  más  importante  del 
Imperio,  llave  de  las  comunicaciones  entre  los 
reinos  de  Marrakesh  y  Fez,  y  bajo  cuyos  muros 
artillados  pasa  el  único  camino  practicable  que 
une  al  Sur  con  el  Norte  del  país.  Hace  seis  años 
que  varios  ingenieros  alemanes,  acompañados  del 
personal  necesario  de  maquinistas,  capataces  y 
empleados,  construyen,  por  encargo  del  Sultán, 
los  fuertes  que  defienden  la  entrada  del  río  Obou 
Regrag  contra  cualquier  ataque  marítimo  y  las  bate¬ 
rías  del  puerto.  Estas  obras  no  se  terminan  nunca: 
siempre  hay  necesidad  de  completarlas,  y  con  tal 
excusa  nunca  dan  por  concluida  su  misión  los  ale¬ 
manes.  Al  amparo  de  los  que  fortifican  el  puerto, 
se  han  establecido  tres  casas  de  comercio  de  Ham- 
burgo.  En  la  ciudad  de  Mazagán  no  había  en  1895 
más  que  una  casa  de  tráfico  alemana;  hoy  se  cuen¬ 
tan  cinco.  En  Fez  no  hay  más  que  un  comercio 
que  venda  géneros  europeos,  y  su  dueño  es  un  ale¬ 
mán.  En  Marruecos  existen  cuatro  establecimien¬ 
tos  comerciales:  dos  alemanes,  uno  suizo-alemán 
y  otro  francés,  pero  dirigido  y  administrado  por 
un  alemán.  En  Salé  se  emprenderán  muy  pronto 
nuevas  obras  de  fortificación,  que  servirán  para 
formar  así  otro  núcleo  germánico  pagado  con  el 
tesoro  del  Sultán.  Estos  ingenieros  y  agentes  sa¬ 
ben  de  sobra  que  los  gobernadores  ó  bajás  de  los 
pueblos  no  tienen  autoridad  ni  medios  para  opo¬ 


nerse  á  su  creciente  ingerencia;  y  confiado»  en  la 
impunidad  que  les  da  el  apoyo  de  la  corte  de  Ma¬ 
rruecos,  hacen  todo  lo  que  creen  oportuno  con 
excusa  de  servirla  mejor,  pero  en  realidad  para 
arraigar  más  y  más  su  influencia,  sus  intereses  Jr 
su  ¡porvenir.  ■ 

» 

<  *  * 

Rusia  sigue  idénticos  procedimientos  en  Abisi- 
nia  y  en  las  lejanas  comarcas  de  Mandchuria  y  de 
Corea.  De  su  vida  social  no  hay  que  decir  nada,  por¬ 
que  allí  realmente,  ó  imperialmente  si  se  quiere, 
no  se  hace  en  el  interior  política  ninguna;  pero 
curioso  es  saber  lo  que  el  actual  ministro  de  Ins¬ 
trucción  pública,  S.  Bogoljewow,  acaba  de  ordenar, 
y  que  afecta  á  la  libertad  y  capacidad  individual,  si 
no  de  los  ciudadanos,  de  las  ciudadanas,  villanas  y 
aldeanas,  y  que,  aunque  no  tenga  relación  con  las 
aspiraciones  de  la  opinión,  la  tiene  muy  grande 
con  las  del  feminismo  emancipador  de  todas  las 
opresiones  que  sufre  la  mujer.  No  hay  entre  estas 
opresiones  ninguna  como  la  del  corsé.  Un  buen 
ministro  de  Instrucción  pública,  ó  de  Justicia  (aun¬ 
que  de  Gracia  de  ninguna  manera),  ó  de  Hacienda, 
que  no  simpatice  con  el  corsé,  no  podría  olvidar 
que  sus  súbditas  intelectuales  viven  y  padecen  bajo 
esa  opresión  indigna,  y  cumpliendo  con  su  deber 
de  emancipador,  debía  condenarla  y  suprimirla. 
Esto  es  lo  que  ha  hecho  Bogoljewow  al  prohibir  á 
las  alumnas  que  asisten  á  las  escuelas  superiores, 
á  los  liceos  y  á  los  conservatorios  de  música  y  de 
bellas  artes ,  el  uso  del  corsé.  La  orden  es  termi¬ 
nante,  como  rusa,  y  se  cumple  á  raja  tabla.  Ya  no 
hay  allí,  entre  la  juventud  femenina  que  acude  á 
las  aulas,  cinturas  elegantes,  ni  corazas  postizas, 
ni  talles  esbeltos,  ni  cuerpos  artísticos.  Se  ha  im¬ 
puesto  la  blusa,  tan  ancha  por  arriba  como  por 
abajo,  el  cinturón  de  lana  ó  de  seda  y.....  ¡ancha 
Castilla!  El  talle  resulta  talego  con  tendencias  de 
costal,  y  el  cuerpo,  más  que  de  persona,  parece 
cuerpo  de  ejército.  Pero  la  higiene  lo  ordena  y  el 
Ministro  también,  aunque  la  belleza  y  la  elegan¬ 
cia  se  eclipsen.  Las  feministas,  tan  anchas  de  con¬ 
ciencia  como  de  cuerpo,  aplauden  á  rabiar  esta 
reforma.  ¡Allá  se  las  compongan! 

Ricardo  Becerro  db  Bkngoa. 


JABON  DE  LOS  PRINCIPES  DEL  CONGO 

el  perfumado  de  los  jabones  de  tocador 

LOCION  VAISSIER  del  cabero 

Agrandes  premios.  21  medallas  de  oro.— Fuera  de  conours* 
4,  PLACE  BE  Ii’OFÉRA,  PARIS 

De  renta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 

CREMA  SE  LA  MECA 

Importante  receta  para  Blanquear  el  Cutim,  tana  y  béaéflca.  —  BasU  fia 
peqnefiídma  cantidad  para  aclarar  el  cutí!  más  obscuro  y  darle  la  Mineara  nato  f 
sacuada  del  muüLjPreolo  en  Parie.0'.)  PU8aEN,1.RimL*J.Bo»iti«B,Pirtt. 

Perfumería  Ninon.  Maison  LE  CONTE,  31,  rué  du  Quatre- 
Septembre.  (  Véante  los  anuncios. J 

— . . . . . . . . . L. 

Perfumería  exótica  SENET,  35,  rnedu  Qnatre  Septemtíte. 
París.  (  Véanse  los  anuncios ,J  ^ 

BOYAL  HOUBIGANT 


fumista,  19,  Faubomg  S*  Honoré,  Parts. 


¡¡g|r  Viofeftepucjife 

SA V(J/I  —  E3SEHCE  —  EAU  DE  TOILETTE 
“s=s^  POIWRE  DE  MIZ 

L.T.  PIVER  A  PARIS 


Bi  VINO  de  PKPTONA  OATILLON,  el  mejor  reconstituyente 
de  /ai  fuerzas,  restablece  el  apetito  /  /ai  digestiones.  Enfermedades 
<fó/ ESTÓMAGO.  LANGUIDEZ.  ANEMIA. efe. 


IMPORTANTE. 


Rogamos  a  los  Señores  Suscriptores  cuyos  abo¬ 
nos  terminen  en  fin  del  presente  mes  y  que  pien¬ 
sen  seguir  honrándonos  con  su  concurso,  se  sirvan 
anunciar  su  propósito  á  esta  Administración  con 
la  mayor  anticipación  posible,  á  fin  de  que  el  ser¬ 
vicio  de  sus  respectivos  abonos  no  sufra  retraso 
por  la  aglomeración  de  trabajos,  propia  de  esta 
época  del  año,  en  nuestras  oficinas. 

Tanto  para  avisar  las  renovaciones,  como  para 
hacer  cualquier  reclamación  sobre  el  servicio,  e» 
muy  conveniente  acompañar  á  las  cartas  una  de 
las  fajas  con  que  se  recibe  el  periódico. 

El  Administrador*,  •, 


Digitized  by  ^.ooQie 


366  —  to.°  xxii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


15  Junio  1898 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 


Las  guerras  de  Granada,  por  D.  Víctor  Bala- 
guer. 

El  ilastre  académico  de  la  Española  y  de  la  His¬ 
toria  D.  Víctor  Balaguer  ha  publicado  el  tomo  33 
de  la  colección  de  sus  obras,  cuyo  producto  íntegro 
destina  á  sostener,  conservar  y  fomentar  la  Bi¬ 
blioteca-Museo  de  Villanueva  y  Geltrú,  fundada 
por  el  autor.  No  necesitamos  encarecer  el  mérito 
de  este  libro,  que  por  si  solo  recomienda  el  nom¬ 
bre  del  que  lo  escribió,  y  sólo  diremos  de  él  que 
contiene  en  sus  400  páginas  de  lectura  la  intere¬ 
sante  narración  de  aquellas  guerras  de  Granada 
qae,  á  no  estar  testificadas  por  la  autoridad  de 
historiadores  arábigos  y  españoles,  parecerían 
épicas  creaciones  de  la  fantasía.  Tan  concienzu¬ 
da  y  detalladamente  se  refieren  en  este  libro  los 
sucesos  que  pusieron  grandioso  remate  á  la  titᬠ
nica  epopeya  de  ocho  siglos,  que  en  estas  épocas 
de  abatimiento  ante  la  adversidad  que  nos  que¬ 
branta,  confórtase  el  alma  y  se  deleita  ante  el  fiel 
relato  de  pasadas  glorias. 

Las  guerras  de  Oranada  réndense  al  precio 
de  6  pesetas. 

Póstuma,  poesías  de  Stecchetti,  adaptación  al 
castellano  por  J.  Jurado  de  la  Parra. 

Conocida  es  la  aceptación  que  el  libro  Postuma 
alcanzó  en  Italia,  donde  su  aparición  fué  un  ver¬ 
dadero  acontecimiento  literario,  agotándose  en 
breve  tiempo  hasta  veinte  ediciones  de  esta  colec¬ 
ción  de  versos. 

¿Justificó  tamaño  éxito  la  gallardía  y  brillantez 
de  la  forma  en  que  están  expresadas  las  ideas  más 
atrevidas?  ¿Fué  precisamente  lo  escabroso  del 
asunto  y  los  atrevimientos  é  impiedades  del  autor 
los  que  excitaron  la  pública  curiosidad  ?  ¿  Aumentó 
el  interés  con  que  la  obra  fué  buscada  la  fingida 
historia  del  autor,  á  quien  se  presentaba  como  un 
desdichado  presa  de  la  lenta  agonía  de  enfermedad 
incurable,  en  la  profunda  desesperación  de  un 
alma  que  siente  que  todo  le  va  faltando  poco  d 
poco  alrededor?  Cuando  se  descubrió  que  Lorenzo 
Stecchetti  no  había  existido,  y  que  Olindo  Guerri- 
ni,  que  presentaba  al  público  los  versos  del  malo¬ 
grado  poeta,  era  el  verdadero  autor  de  ellos ,  se 
juzgó  la  vida,  enfermedad  y  muerte  de  Stecchetti 
como  reclamo  de  grosero  mercantilismo. 

Sin  juzgar  nosotros  este  asunto,  sí  confesaremos 
que  toda  la  celebridad  de  Postuma  no  nos  hace 
variar  de  criterio  sobre  esa  literatura  sensual  que 


D.  CASIMIRO  DEL  COLLADO, 

DISTINGUIDO  LITERATO, 
t  recientemente  en  Méjico. 

(De  fotografía  remitida  por  nuestros  agentes  generales  en  Méjico, 
Bres.  Herrero  Hermanos.) 


hace  rastrero  el  alto  vuelo  con  que,  la  verdadera 
poesía  pasa  sobre  la  materia. 

Nuestros  elogios  son  para  el  traductor,  que  ha 
realizado  una  labor  cuya  dificultad  es  inmensa. 
Conservar  la  energía  y  el  carácter  del  original, 
dignificando  hasta  donde  es  posible  el  concepto,  y 
trasladar  de  la  lengua  italiana  á  la  más  rebelde 
nuestra  versos  ajenos,  sin  que  los  propios  pierdan 
la  espontaneidad  y  frescura  con  que  se  engendran 
y  nacen  las  poesías  originales,  es  fortuna  que  muy 
raras  veces  se  consigue,  y  acredita  en  el  Sr.  Jurado 
de  la  Parra  un  completo  dominio  de  la  forma ,  un 
estudio  concienzudo  do-  la  obra  de  Stecchetti ,  y 
una  perseverante  laboriosidad — ¿por  qué  no  de¬ 
círselo?— dignos  de  más  alto  empleo. 

Amalia,  poema  por  D.  Salvador  Llanas  y  Ra- 
bassal. 

Hemos  recibido  ejemplares'  del  poema  Amalia , 
del  distinguido  escritor  catalán  D.  Salvador  Lla¬ 
nas  y  Rabassa,  merecedor  como  pocos  del  título 
de  fecundo  autor;  pues  además  de  muchas  leyen¬ 
das  y  pequeños  poemas ,  ha  escrito  para  el  teatro 
cinco  dramas  en  cuatro  actos,  Ay  es  del  alma,  El 
Alfiler  de  oro ,  Entre  mi  hijo  y  mi  honra,  La  Mu - 
jer  de  Urías  y  El  Emplazado ;  dos  en  tres  actos, 
Carlos  de  Viana  y  Don  Carlos  el  Hechizado ,  y 
otro  en  un  acto,  El  Hermano  del  Mártir,  todos 
ellos  representados  con  éxito  repetidas  veces.  Para 
el  teatro  catalán  ha  escrito  también  varios  dra¬ 
mas  ,  entre  los  que  recordamos  Lo  mas  mdlheit , 
L'anell  de  la  moría,  Ramón  Llull  y  La  mal' 
ánima. 

Amalia ,  que  es  el  último  libro  que  ha  dado  á 
luz,  es  un  voluminoso  poema,  escrito  todo  él  en 
décimas,  de  las  que  contiene  el  libro  1.272,  y  me¬ 
reció  elogios  de  críticos  como  Melchor  de  Palau, 
Feliú  y  Codina,  y  otros  paisanos  del  aplaudido 
autor. 

La  Exposición  Nacional  <le  Bellas  Artes 

de  1897. 

El  cuaderno  22  de  esta  importante  publicación, 
que  hemos  recibido,  contiene  el  retrato  de  D.  Sal¬ 
vador  Martínez  Cubells,  y  cuadros  del  mismo,  Ji¬ 
ménez  Aranda,  Fernández  Alvarado,  Miguel  Gar- 
bonell,  Díaz  Peinador;  esculturas  de  Atche  y  Cas¬ 
taño,  y  muebles  artísticos  de  S.  Santa  Bárbara,  y 
obras  de  arte  decorativo  de  Beristain,  Oliva  y 
Tomás  E*truch.  El  texto  contiene  muy  concienzu¬ 
dos  estudios  sobre  las  obras  que  figuraron  en  la 
referida  Exposición,  escritos  por  el  competente 
critico  de  artes  Sr.  Alcántara. 


C. 


REUMA 


No  hay  uno  que  se  re¬ 
sista  á  la  eficacia  pode¬ 
rosa,  jamás  desmentida, 
del  Bálsamo  Anli- 
reumático  de  Orive. 
Se  detalla  la  composición  á  los  médicos  que  de¬ 
seen  conocerla.— En  todas  las  farmacias.  Por  ma¬ 
yor:  Bilbao,  Orive,  y  Madrid,  M.  García. 


LA  CRUZ  DEL  VALLE 


Poema,  por  D*  Isabel  Oheix.  Véndese  en  las  prin¬ 
cipales  librerías.  Precio,  una  peseta.— Los  pedidos  á 
la  autora,  Gravina,  31 ,  Sevilla. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARABI8A 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disenteria,  pituitas, 
náuseas,  fiebres»  estreñimientos,  diarrea,  cólicos.  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas /por  k  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  .  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  ¿  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barrt  t  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres.  « 


VOCABULARIO 

DE 

TÉRMINOS  DE  ARTE 

ESCRITO  EN  FRANCES  POR  i.  ADEUNE 

TRADUCIDO  AUMENTADO  CON  MÁS  DE  600  VOCES  Y  ANOTADO 

pob  , 

D.  JOSÉ  RAMÓN  MÉLIDA, 

del  cuerpo  de  Archiveros,  Bibliotecarios  y  Anticuarios. 


Esta  importantísima  obra  revisto  particular  interés,  pnes,  como  indica  su  título,  tiene 
por  objeto  vulgarizar  los  conocimientos  artísticos,  definiendo  en  forma  concisa  y  clara  ol 
tecnicismo  especial  de  las  Artes. 

El  Vocabulario  de  términos  de  Arte  es  un  elegante  volumen  en  4.°,  demás 
de  500  páginas,  encuadernado  en  tela,  y  con  profusión  de  grabados  que  facilitan  extraor¬ 
dinariamente  la  comprensión  del  texto.  Su  precio  de  venta  es  8  pesetas  en  toda  España. 
Los  Sres.  Suscriptores  á  La  Ilustración  Española  y  Americana  podrán  adquirirlo  por  sólo 
4  pesetas  en  Madrid,  5  pesetas  en  provincias  y  6  pesetas  en  América  y  el  Extranjero  (in¬ 
cluso  franqueo  y  certificado,  en  estos  últimos  casos). 

Diríjanse  los  pedidos  á  la  Administración  de  La  Ilustración,  Arenal,  18,  Madrid. 


MAPA  DE  LA  ISLA  DE  CUBA. 


En  la  Administración  de  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid,  hállase  de  yenta  el  Mapa  de  la  Isla  de  Cuba  más  com¬ 
pleto  de  todos  los  publicados  hasta  el  día. 

Este  mapa,  esmeradamente  impreso  á. cinco  tintas,  está  dividido  en  dos 
hojas,  comprendiendo  una  la  parte  oriental ,  y  la  otra  la  occidental  de 
la  Isla.  Es  indispensable  á  todos  cuantos  quieran  seguir,  en  todos  sus  de¬ 
talles,  las  operaciones  militares  en  la  Isla  de  Cuba. 

El  precio  de  venta  en  toda  España  es  de  2  pesetas  cada  hoja,  ó  sean 
4  pesetas  el  mapa  completo. 


CUADROS  VIEJOS 

POR 

D.  JULIO  MONREAL 


Colección  de  pinceladas,  toques  y  esbozos,  re¬ 
presentando  costumbres  españolas  del  siglo  xvn. 

Véndese  en  las  oficinas  este  periódico,  calle 
del  Arenal,  18,  Madrid. 


DOLORES 

«MUELAS 


Loe  calma  en  el  acto  al 
descuidado  que  los  sufre 
por -no  usar  todos  los  días 
el  Licor  del  Bolo  de 
Orive.  Pero  el  no  tener 


dolores  de  muelas  depende  de  la  voluntad;  y 
esto  es  tan  exacto,  que  jamás  tuvo  doleitáfe al¬ 
guna  en  la  boca  el  que  se  enjuagó  todos  loe 'días 
con  tan  excelente  dentífrico,  que  se  vende  en 
toda  farmacia  y  perfumería  acreditada. 


Impreso  con  tinto  de  la  fábrica  LOBZLLSVS  j  C.%  10,  me  Bnger,  Parts. 


Reservados  todos  los  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID. — Establecimiento  ti  pornográfico  «  Sucesores  de  Rivadeneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


Digitized  by  LjOOQle 


PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN. 

AÑO  XLII. —  NÚM.  XXIII. 

|  PRECIOS  DE  SUSCRIPCIÓN,  PAGADEROS  EN  ORO. 

aRo. 

SEMESTRE. 

TRIMESTRE. 

ADMINISTRACIÓN: 

ARO. 

SEMESTRE. 

Madrid . 

38  peseta*. 

18  pesetas. 

10  pesetas. 

A  HEN  A.  L,  10. 

Coba,  Puerto  Rico  y  Filipinas. 

12  pesos  Inertes. 

7  pesos  Inertes. 

Provincias . 

40  id. 

21  id. 

11  id. 

Demás  Estados  de  América  y 

Extranjero . 

60  francos. 

26  francos. 

14  francos. 

Madrid,  22  do  Junio  do  1898. 

ARia  r  1 1  -  _ .... 

60  franooe. 

86  francos. 

1 

i 

_ 


Excmo.  Sb.  D.  RAMÓN  BLANCO  Y  ERENAS, 

MARQUÉS  DE  PEÑA-PLATA, 

GOBERNADOR  GENERAL  DE  LA  ISLA  DE  CUBA  Y  GENERAL  EN  JEFE  DEL  EJÉRCITO  DE  OPERACIONES. 

(De  fotografía ) 


Digitized  by 


358  —  x.d  xxiu 


L*A  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Junio  1898 


SUMARIO. 


TEXTO.— Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.— Los  discursos  de  Cham¬ 
bo  ría  i  n  y  Salisbury.  por  D.  Emilio  Cas  telar,  de  la  Real  Academia 
Española.— Correo  interior,  por  D.  A.  Sánchez  Pérez.  — K1  problema 
de  Filipinas  y  el  de  la  Península,  por  D  Juan  de  Madariaga,  conde 
de  Torre  Vólez.— Noche  de  San  Juan,  por  D.  Alejandro  Larrubiera. 
— A  mi  querido  poeta  Antonio  Mana  tíodró,  eo  el  día  de  San  An¬ 
tonio,  soneto,  por  D.  Antonio  Griio.  —  A  Grilo,  soneto,  por  D.  Anto¬ 
nio  Mana  Godró  —Por  ambos  mundos.  Narraciones  cosmopolitas, 
por  D.  Ricardo  Becerro  de  Bengoa.  —  Gran  café-restaurant  de  Co¬ 
lón  y  academia  de  billar,  de  Barcelona,  por  D.  Luciano  García  del 
Real.—  8ueJt04.— Importante.— Libros  presentados á esta  Redacción 
por  autores  ó  editores,  por  C.— Anuncios. 

Grabados.— Retrato  del  Kxcmo.  8r.  D.  Ramón  Blanco  y  Erenas, 
marqués  de  Peña-Plata  —  Filipinas:  Grut  i  en  Biac-na-bató.  Paseo 
del  malecón  y  obras  del  puerto  (Manila).  Calle  del  Rosario,  en  Bi- 
nondo.  Proveedores  de  víveres  á  las  puertas  de  Manila.  In  Jiirenas 
insurrectos  y  aliados  de  las  tropas  norteamericanas.  —  Retrato  de 
D.  Fernando  Arbós  y  Tremanti,  laureado  arquitecto.  —  Bellas  Ar¬ 
tes:  En  la  fuente ,  cuadro  de  Godward.  Riqueza s  d*  Extramaduray 
cuadro  de  Emilio  Sala.  —  Marina  de  guerra  española:  Destructor 
de  torpederos  Terror ,  fondeado  en"  Han  Juan  de  Puerto  Rico.  —  La 
Habana:  Las  nuevas  Cámaras  insulares.  Salón  de  sesiones.  Edifi¬ 
cio  donde  se  hallan  instaladas  los  nuevas  Cámaras.  —  Barcelona: 
Gran  café-restaurant  de  Colón  y  academia  de  billar  —Retrato  del 
Illmo.  Sr.  Dr.  D.  Pedro  Loza  y  Pardavé,  arzobispo  de  Guad ala- 
jara  (Méjico). 


CRÓNICA  GENERAL. 


r^ARPÓ  de  Cádiz  la  escuadra  que  manda 
-  el  contraalmirante  D.  Manuel  de  la 
Cámara,  y  los  periódicos  noticieros 
afirman  que  se  la  vió  desde  Gibraltar 
cruzar  el  Estrecho  y  aun  pasar  por 
delante  de  Ceuta*  Como  nuestra  Cró- 
,  ,  nica  se  escribe  con  anterioridad  á  su  fe- 
cha  y  sólo  el  paso  del  canal  de  Suez  de- 
terminaría  con  seguridad  el  rumbo  cierto, 
1  únicamente  consignamos  su  salida  de  Cádiz. 
Vaya  donde  vaya,  despedimos  con  efusión  á  su  bi¬ 
zarro  jefe  y  á  todos  cuantos  forman  la  expedición 
que  va  á  defender  en  esta  difícil  guerra  los  dere¬ 
chos  de  España,  por  los  cuales  hacen  tantos  gene¬ 
rosos  sacrificios  nuestro  ejército  y  nuestra  mari¬ 
na.  Difícil  era  la  elección  del  punto  adonde  debían 
acudir:  el  apremio  principal  estaba  en  Filipinas, 
de  donde  las  noticias  eran  y  son  dolorosas  por  el 
crecimiento  de  la  insurrección  tagala,  promovida 
y  pagada  por  los  yankees  y  sostenida  por  su  escua¬ 
dra,  hasta  el  punto  de  hallarse  en  peligro  la  capi¬ 
tal  del  Archipiélago.  Claro  es  que  también  hu¬ 
biera  sido  muy  útil  en  otras  partes,  como  acaso 
conviniera  recurrir  al  corso  en  diversos  mares 
para  entretener  y  dispersar  á  la  marina  ynnkee ; 
pero  no  hemos  de  dar  consejos  á  quien  no  los  ha 
de  menester,  cuando  nos  atenemos  al  principio  de 
no  distraer  á  los  que  dirigen,  sino  fortalecer  la 
unidad  de  dirección.  Menos  consejos  y  más  dine¬ 
ro,  esto  es  lo  que  se  necesita,  sobre  todo  cuando 
esos  consejos  sólo  conducen  á  producir  desalien¬ 
to,  cuando  tanta  falta  hace  levantar  los  corazo¬ 
nes,  y  es  indudable  que  los  yankees ,  qde  pro¬ 
movieron  y  auxiliaron  la  insurrección  en  Cuba, 
y  luego  y  ahora  la  de  los  tagalos,  conspiran  en 
España  y  hacen  lo  posible  para  dividirnos  y  des¬ 
animarnos,  exagerando  los  peligros,  atizando  todo 
género  de  discordias  y  comprando  á  todos  aque¬ 
llos  que  por  su  naturaleza  venal  se  presten  á  la 
traición,  añadiendo  indirectamente  leña  al  fuego 
de  nuestras  divisiones,  procurándoles  informes, 
esparciendo  alarmas,  y  prestándoles  diversos  y 
útiles  servicios. 


Entretanto,  nuevos  é  inútiles  bombardeos  á 
Santiago  de  Cuba  han  puesto  á  prueba  una  y  otra 
vez  el  valor  de  sns  heroicos  defensores  y  la  forta¬ 
leza  de  sus  baterías.  La  prensa  y at tiene  refiere  com¬ 
bates  y  describe  batallas  en  las  cercanías  de  Guan- 
tánamo,  donde  supone  que  desembarcó  una  corta 
fuerza,  que  se  mantiene  con  dificultad  al  amparo 
de  unos  cruceros.  Como  por  la  vía  española  no 
hay  noticias  oficiales,  y  los  conductos  norteame¬ 
ricanos  son  tan  novelescos,  no  nos  atrevemos  á 
afirmar  ni  negar  el  hecho,  que  no  conceptua¬ 
mos  imposible,  y  que,  de  todos  modos,  aun  admi¬ 
tiendo  la  versión  yankee ,  no  los  favorece,  y  de¬ 
muestra  el  valor  de  nuestra  infantería.  Lo  que 
rechazamos  con  toda  convicción  es  la  calumnia 
de  que  nuestros  soldados  y  voluntarios  mutilan 
los  cadáveres,  propalada  por  los  mismos  que  nos 
atribuyen  la  voladura  del  Maine  para  encañar  y 
explotar  á  la  plebe  norteamericana.  Nuestros  sol¬ 
dados  y  voluntarios  sufrieron  esas  venganzas  crue¬ 
les  en  la  guerra  civil  alentada  por  los  yankees ; 
pero  siempre  constituyeron  y  forman  un  ejército 
regular  y  disciplinado,  incapaz  de  esas  bajezas. 
Mienten  los  corresponsales  que  se  las  achacan:  si 
hubo  esos  encuentros,  que  por  afirmarlo  ellos  son 
muy  sospechosos,  no  hubo  en  ellos  seguramente 
españoles  que  mutilasen  ¿  los  muertos. 


La  presencia  de  una  escuadra  alemana  en  la 
bahía  de  Manila  inspira  á  Le  Tempe  ciertos  rece¬ 
los.  Y  suponiendo  que  pueda  haber  cierta  aproxi¬ 
mación  entre  España  y  la  triple  alianza,  cita  iró¬ 
nicamente  la  solidaridad  de  la  raza  latina.  En 
efecto,  la  práctica  enseña  á  España  el  valor  de  esa 
solidaridad,  y  no  hace  muchos  días  Le  Temps 
mismo  nos  negaba  todo  auxilio  de  Francia,  des¬ 
aire  que  no  merecíamos  por  no  haber  pedido 
aquél.  Le  Temps  ha  sido  siempre,  además,  uno  de 
los  periódicos  franceses  menos  afectos  á  España, 
y  lo  demuestran  sus  correspondencias  de  Madrid 
y  de  la  Florida,  en  que  tantos  elogios  prodiga  al 
famoso  cónsul  Lee,  uno  de  los  inventores  de  la  ca¬ 
lumnia  del  Maine  y  de  los  que  promovieron  la 
insurrección,  que  ya  no  disimula  sus  propósitos 
de  anexionarse  á  Cuba.  En  España  no  sabemos 
nada  que  autorice  nuestra  proximidad  hacia  Ale¬ 
mania,  y,  hoy  por  hoy,  estamos  peleando  solos 
contra  la  agresión  de  los  Estados  Unidos:  respecto 
del  porvenir . ese  Dios  lo  sabe. 

Lo  que  va  habiendo  en  Europa  es  miedo  á  tener 
que  usar  de  los  acorazados  y  á  que  se  arme  un  lío 
inesperado  por  Oriente.  La  verdad  es  que  España 
sólo  confía  en  su  razón  y  en  sus  cañones,  que, 
como  dice  el  refrán,  obras  son  amores . Con¬ 

viene  fijarse  en  un  nuevo  principio  que  se  esta¬ 
blece  en  el  derecho  internacional  con  esta  guerra: 
las  naciones  que  crean  en  otras  intereses  mercan¬ 
tiles  tienen  derecho  á  intervenir  en  ellas;  luego 
ningún  Estado  previsor  debe  dejará  los  otros  que 
creen  esos  intereses. 


Los  catalanistas  quieren  que  se  pida  la  paz  :  es 
una  opinión;  pero  aconsejan  que  nos  amputemos 
un  miembro;  y  como  eso  es  siempre  una  desgra¬ 
cia,  no  nos  parece  remedio,  sino  un  mal.  Por  for¬ 
tuna,  decir  catalanista  no  es  decir  catalán:  somos 
tan  partidarios  de  la  paz  como  el  primero ;  desea¬ 
mos  siempre  que  no  hubiera  guerra.  Barcelona  fue 
una  de  las  poblaciones  que  se  indignó  con  razón 
ante  la  insolencia  insoportable  de  los  yankees:  no 
provocamos,  sino  que  rehuimos  el  combate;  pero 
nos  acosaron  como  fieras  para  que  desalojáramos 
lo  nuestro.  Por  buena  que  sea  la  paz,  cuando  no  la 
hemos  alterado  nosotros,  es  preferible  cuidar  de 
dos  cosas  que  no  son  indiferentes:  la  reputación  y 
basta  el  interés  material  que  va  á  ella  unido.  No 
se  gobierna  sólo  para  apartar  males  presentes,  sino 
para  evitar  mayores  males;  y  si  España  resultase 
un  país  tan  blando  que  se  acoquinara  á  los  prime¬ 
ros  reveses,  caería  sobre  nosotros  todo  el  universo; 
mientras  si  demuestra  que  no  se  la  puede  ofender 
y  despojar  sino  con  trabajo,  será  respetada,  lo  que 
no  es  poco  en  estos  tiempos.  Es  muy  prudente  lo 
que  proponen  los  catalanistas:  impone  sacrificios 
y  acaso  desastres  el  temperamento  contrario;  pero 
los  pueblos  viven  para  el  porvenir  y  para  la  histo¬ 
ria.  Por  eso  creemos  que  contra  la  prudencia  ca¬ 
talanista  protestará  la  energía  y  la  bravura  ca¬ 
talana. 

No  se  rige  á  los  pueblos  con  sentimentalismo, 
sino  con  energía,  sobre  todo  en  épocas  de  peligro 
y  amenazas;  ni  es  ocasión  de  manifestar  miedo 
cuando  ha  sonado  el  cañón,  ni  es  decente  entre¬ 
gar  á  los  que  luchan,  sino  ayudarlos  con  recursos, 
con  simpatías,  con  aplausos,  según  pueda  cada 
cual.  ¿Creían  los  que  gritaban  «¡guerra!»  que  no 
había  de  interrumpir  nuestras  digestiones  y  que 
sólo  se  hacía  con  carne  de  soldado  y  de  marino? 
Pues  se  hace  con  tributos  y  sacrificios  y  tristeza 
generales  ¿Nos  creían  mejor  dispuestos?  ¿Acaso 
ignoraban  que  llevamos  tres  años  de  gastos  y  lu¬ 
cha,  y  un  siglo  de  revuelta*,  en  que  nos  hemos 
tenido  que  desarmar  porque  desconfiamos  los  unos 
de  los  otros?  Una  guerra  extranjera  podría  si¬ 
quiera  tener  la  triste  ventaja  de  unirnos  en  un 
sentimiento  nacional.  Peor  para  nosotros  si  no  lo 
comprendimos  y  no  sacrificamos  nuestros  egoís¬ 
mos  y  codicias.  Hágase  la  paz  ó  sígase  la  guerra, 
hay  que  gastar  mucho  en  cañones  y  marina;  no 
hay  más  derecho  público  que  el  de  la  fuerza,  y 
nuestra  posición  en  la  entrada  del  Mediterráneo 
nos  obliga  á  ser  un  pueblo  marino  y  militar,  con 
colonias  ó  sin  ellas,  mientras  no  se  alteren  las  ac¬ 
tuales  circunstancias  de  los  pueblos.  En  resumen: 
deseando  la  paz  como  el  primero,  creo  que  pre¬ 
tenderla  en  estas  circunstancias  sería  más  desas¬ 
troso  que  lo  de  Cavite.  Sería  peor  que  haber  aban¬ 
donado  á  Cuba  á  las  primeras  intimaciones  de 
Mac-Kinley.  Si  hoy  la  pudiesen  lograr  los  Estados 
Unidos,  habrían  hecho  un  magnífico  negocio  y 
sin  quiebras,  ó  indirectamente  creo  que  trabajan 
por  hacerlo.  Esta  es  mi  opinión:  no  presumo  de 
infalible.  Creo  que  lo  patriótico  es  tener  firmeza  y 
dejar  en  libertad  al  Gobierno  de  escoger  lo  que 
convenga. 


•  * 


La  nueva  composición  de  la  Cámara  francesa 
ha  determinado  la  dimisión  del  Gobierno  presi¬ 
dido  por  Mr.  Méline,  y  á  la  hora  en  que  escribi¬ 
mos  no  tiene  sucesor  definitivo.  Aunque  Mr.  Mé¬ 
line  había  logrado  una  mayoría  favorable  en  la 
votación  que  motivó  su  salida,  el  Ministro  no  la 
creyó  suficiente  para  gobernar.  Mala  ocasión  es 
para  dividirse  la  que  han  elegido  los  franceses, 
estando  la  política  exterior  tan  desorientada  y 
vidriosa.  Si  bien  el  régimen  parlamentario  es  de 
tal  mdole,  que  no  siendo  seguramente  la  intención 
de  los  franceses  debilitarse,  se  encuentran  sin 
quererlo  divididos,  pues  nadie  sabe,  al  depositar 
su  voto  en  la  urna,  qué  efecto  público  producirá 
aquel  acto  privado  cuando  se  sumen  todas  las  pa¬ 
peletas.  Por  mucha  seguridad  que  tenga  cada  elec¬ 
tor  de  la  conveniencia  particular  de  su  voto,  ig¬ 
nora  en  absoluto  su  influencia  en  la  totalidad  de 
la  política.  La  prueba  está  en  lo  sucedido  en  Fran¬ 
cia:  la  mayoría  de  los  franceses  ha  querido  un 
Parlamento  gubernamental:  el  Ministerio,  sin 
embargo,  contando  con  la  mayoría  del  país,  no 
puede  gobernar  con  las  Cámaras,  lo  cual  es  eviden¬ 
temente  contrario  al  voto  del  país. 

• 

•  • 

Nuestros  compatriotas  de  las  Repúblicas  Ar¬ 
gentina  y  del  Uruguay  han  remitido  nuevas  y  res¬ 
petables  sumas  para  la  suscripción  nacional,  que 
va  tomando  cuerpo  y  pasa  de  los  ochenta  y  cuatro 
millones  de  reales.  Esta  generosidad,  que  siempre 
sería  agradecida,  nos  conmueve  mucho  más  cuan¬ 
do  ciertos  egoísmos  forman  contraste  con  aquella 
esplendidez. 

* 

P  0 

Se  quejan  algunos  periódicos  del  sinnúmero  de 
enmiendas,  concesiones  y  otras  gollerías  que  á  úl¬ 
tima  hora,  y  en  montón,  se  introducen  para  apro¬ 
vechar  las  últimas  sesiones  de  las  Cámaras:  como 
no  estamos  enterados  de  pormenores,  sólo  dire¬ 
mos  con  tristeza  que  es  una  práctica  viciosa  hace 
ya  tiempo,  que  concluirá  por  desacreditar  el  sis¬ 
tema  parlamentario  si  no  se  corrige.  Malo  es,  pero 
peor  nos  ha  parecido  la  esterilidad  de  las  sesiones 
desde  el  punió  de  vista  nacional  y  patriótico. 

b  Aunque  no  resuelto  en  absoluto,  lo  está  en  prin¬ 
cipio  el  servicio  militar  obligatorio,  reforma  que 
unos  hallan  excelente  y  otros  funesta,  y  de  que  no 
podemos  exponer  el  pro  y  el  contra.  También  ne¬ 
cesitaría  más  espacio  del  que  disponemos  la  refor¬ 
ma  que  se  introduce  por  los  nuevos  presupuestos 
en  la  legislación  acerca  de  los  empleados,  y  que 
ha  ocasionado,  aunque,  según  parece,  de  un  modo 
indirecto,  un  rarísimo  lance  personal  entre  el  pre¬ 
sidente  de  la  Cámara,  Sr.  Marqués  de  la  Vega  de 
Armijo,  y  el  diputado  por  Madrid  Sr.  Marqués  de 
Cabriñana. 


Encerraba  dos  cuestiones  independientes  y  li¬ 
gadas  entre  sí.  Una  personal:  por  palabras,  supues¬ 
tas  ó  reales,  que  motivaron  una  dura  carta  del 
Sr.  Urbina  al  Marqués  presidente,  y  éste  había 
entregado  á  sus  padrinos,  que,  según  El  Impar áál, 
muy  enterado  del  asunto,  lo  hubieran  arreglado 
sin  dificultad.  Otra  política:  ¿constituía  desacato  al 
Presidente  un  acto  de  esa  especie,  y  ofensa  al  Par¬ 
lamento?  Así  lo  creía  el  joven  y  elocuente  orador 
Sr.  Sánchez  Guerra,  volviendo  por  los  fueros  de 
la  Presidencia,  y  calculando  acaso  que  la  dignidad 
personal  había  impedido  al  Presidente  usar  de  su 
indiscutible  autoridad.  Los  consejos  del  Sr.  Sil- 
vela  y  la  fuerza  de  la  razón,  obrando  en  el  ánimo 
y  buen  natural  del  Sr.  Marqués  de  Cabriñana,  le 
hicieron  poner  término  al  conflicto  retirando  la 
carta,  entre  los  aplausos  del  Congreso.  Perp  quedó 
un  punto  pendiente:  la  susceptibilidad  del  señor 
Marqués  de  la  Vega  de  Armijo.  ¿Envolvía  censura 
esa  actitud  de  la  Cámara  por  no  haber  hecho  uso 
de  su  autoridad  presidencial?  A  nuestro  juicio, 
ninguna:  el  Congreso  defendía  ésta  en  cuanto  á 
jurisprudencia  y  precedente,  elevando  su  escudo 
para  sostener  sus  prerrogativas,  y  el  Marqués  de 
la  Vega  de  Armijo  quedaba  aún  más  autorizado  al 
no  querer  valerse  de  ellas  en  lo  que  afectaba  á  su 
decoro  personal.  Lo  referimos  como  caso  pinto¬ 
resco.  Tenía  precedentes.  Recordamos  que  el  ge¬ 
neral  Narváez,  siendo  presidente  del  Gobierno, 
envió  sus  padrinos  al  Conde  de  San  Luis,  que  lo 
era  del  Congreso,  y  por  un  asunto  personal.  Pero 
mejor  será  que  no  se  repitan  estos  lances. 


Los  paisajes  de  D.  Carlos  Haes  eran,  en  las  Ex¬ 
posiciones  primeras  que  recordamos  haber  visto 
en  el  patio  de  la  Trinidad,  de  los  cuadros  que 
atraían  al  público:  sin  duda  veía  en  ellos  encan- 


Digitized  by  t^.OOQLe 


22  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.#  xxiii  —  359 


tos  nuevos  ó  algo  grato  á  que  no  estaba  acostum¬ 
brado  en  aquel  tiempo:  esto  y  su  figura  simpática 
y  elegante  se  pusieron  en  moda  durante  muchos 
años,  hasta  que  otros  paisajistas  trajeron  otras 
cualidades,  haciéndole  enorme  competencia  sus 
discípulos  ó  sus  émulos,  sin  quitarle  su  título  de 
maestro.  Hay  en  arte  sus  modas,  y  los  favoritos 
de  ayer  no  son  los  de  mañana:  sólo  el  tiempo,  á 
la  larga,  fija  las  categorías,  teniendo  en  cuenta 
quién  precedió  á  quién,  y  si  éste  innovó  ó  aquél 
se  limitó  sólo  á  mejorar.  Don  Carlos  Haes  era  bel¬ 
ga,  nacido  en  Bruselas;  pero  vino  á  España  muy 
joven,  primero  á  Málaga,  trasladándose  á  Madrid 
definitivamente  y  obteniendo  toda  clase  de  pre¬ 
mios  en  las  Exposiciones,  una  gran  cruz,  una  cᬠ
tedra  por  oposición,  una  plaza  de  académico  de 
Bellas  Artes  y  la  estimación  general  por  su  ta¬ 
lento  y  su  carácter.  Ha  muerto  soltero  á  los  setenta 
años  de  edad,  el  17  de  Junio,  en  su  estudio  de  la 
calle  de  Atocha,  nútn.  55,  asistido  y  llorado  por  sus 
compañeros  y  discípulos. 

• 

tt  « 

Ajustada  nuestra  Crónica,  la  abrimos  para  re¬ 
gistrar  un  acontecimiento  doloroso  de  gran  im¬ 
portancia:  la  muerte  de  D.  Manuel  Tamayo  y 
Baus:  no  necesita  adjetivos  el  autor  de  El  Drama 
nuevOy  á  nuestro  juicio  el  más  perfecto  y  humano 
y  el  más  hondo  que  ha  producido  nuestro  teatro 
hace  dos  siglos;  de  Virginia  y  una  de  las  mejores 
tragedias  castellanas;  de  Locura  de  amor  y  her¬ 
moso  drama  histórico  romántico;  de  Lances  de 
honor  y  drama  de  costumbres,  que  estremece  por 
sus  patéticos  episodios  y  abrumador  misticismo; 
de  La  Bola  de  nievey  famosa  en  el  teatro ;  de  Los 
Hombres  de  bieriy  la  sátira  dramática  más  atrevida 
con  que  se  ha  abofeteado  al  público  egoísta;  de  Lo 
Positivo  y  modelo  de  arreglos  teatrales  y  de  pro¬ 
verbios  delicados,  que  constituyen  un  conjunto 
selecto  que  vivirá  en  la  escena  y  en  el  libro  como 
obra  genial  y  vibrante  y  modelo  de  dicción.  Rom¬ 
pió  la  pluma  en  el  vigor  de  su  talento  y  se  ente¬ 
rró  voluntariamente  en  vida  en  la  secretaría  de 
la  Academia  de  la  Lengua  y  en  la  Dirección  del 
Cuerpo  de  Archiveros,  logrando  ver  su  obra  san¬ 
cionada  por  la  posteridad.  No  tenemos  más  espa¬ 
cio  que  para  descubrimos  con  veneración  ante  la 
tumba  del  maestro. 

• 

•  *  - 

Un  espía  yankee  se  detiene  ante  una  carnicería 
donde  despachan  al  pormenor  carne  de  puerco,  y 
escribe  en  su  cartera: 

c¡ Horrible  atrocidad!  Protesten  ante  el  mundo 
civilizado.  En  España  se  mutilan  los  cadáveres.» 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


EXCMO.  SR.  D.  RAMÓN  BLANCO  T  BREÑAS, 

marqués  de  Peña-Plata ,  gobernador  general  de  la  Isla  de  Cuba 
'  y  general  en  Jefe  del  ejército  de  operaciones. 

En  la  primera  página  publicamos  hoy  el  re¬ 
trato  del  general  Blanco,  en  testimonio  de  respeto 
y  admiración  al  caudillo  español  cuyo  corazón 
conserva  el  santo  fuego  del  patriotismo  y  la  viril 
energía  que  se  declara  en  las  hermosas  frases  de 
sus  alocuciones  al  ejército  y  al  pueblo  de  la  Ha¬ 
bana. 

El  general  Blanco  nació  en  San  Sebastián,  en 
1833,  y  comenzó  su  historia  militar  en  los  sucesos 
de  Barcelona  del  año  55,  donde  recibió  un  balazo 
en  el  pecho. 

Ascendió  á  capitán  en  1858;  pasó  voluntaria¬ 
mente  á  Cuba,  y  allí  recibió  el  encargo  de  mar¬ 
char  á  Santo  Domingo  á  averiguar  el  fundamento 
de  los  planes  del  general  Santana,  del  que  se  de¬ 
cía  que  pensaba  pedir  la  anexión  de  aquella  Repú¬ 
blica  á  España.  Estuvo  en  la  campaña  que  siguió 
al  desacertado  paso  que  dió  el  Gobierno  de  enton¬ 
ces,  y  por  su  comportamiento  le  dieron  el  empleo 
de  teniente  coronel. 

Después  estuvo  en  Filipinas,  siendo  algún  tiem¬ 
po  gobernador  de  Mindanao,  y  de  regreso  á  la 
Península  sirvió  en  los  ejércitos  del  Norte  y  de 
Cataluña  con  mucha  honra,  ganando  todos  los  as¬ 
censos  por  méritos  de  guerra.  Las  principales 
acciones  en  que  tomó  parte  fueron  las  de  Puente 
la  Reina,  Montejurra,  Velabieta,  Somorrostro, 
San  Pedro  Abanto,  Monte  Muru,  liberación  de 
Irún,  Urbieta,  toma  de  Dancharinea  y  asalto  de 
Peña-Plata.  Esta  última  le  valió  el  título  de  Mar¬ 
qués.  Antes  había  ganado,  con  la  pacificación  de 
Cataluña,  el  ascenso  á  teniente  general. 


Ha  sido  capitán  general  de  Cataluña,  Aragón 
y  Filipinas.  Fué  jefe  del  cuarto  militar  de  D.  Al¬ 
fonso  XII,  y  en  la  campaña  de  Mindanao  ganó  el 
empleo  de  capitán  general  de  ejército. 

En  la  difícil  situación  en  que  las  circunstancias 
le  han  colocado,  deseamos  vivamente  tenga  la 
suerte  de  que  bajo  su  mapdo  se  cubran  de  gloria 
los  animosos  defensores  de  la  honra  nacional  en 
la  perla  de  las  Antillas  españolas. 

• 

0  0 

ISLAS  FILIPINAS. 

Gruta  en  Biac-na-bató.— Paseo  del  Malecón,  en  Manila.  —  Calle  del 
Rosarlo,  en  Binondo. —  Proveedores  de  víveres  á  las  puertas  de 
Manila. — Indígenas  insurrectos  y  aliados  de  las  tropas  norteame¬ 
ricanas  (págs.  360  y  361.; 

En  las  Cámaras,  en  la  prensa,  en  los  círculos 
políticos  y  en  las  conversaciones  particulares  es 
asunto  de  preferente  discusión  la  paz  de  Filipinas 
y  el  célebre  pacto  de  Biac-na-bató.  Totalmente 
ajenos  á  nuestra  misión  la  crítica  de  estos  asuntos 
olíticos  de  palpitante  actualidad,  nos  limitamos 
publicar  un  dato  interesantísimo  desde  el  punto 
de  vista  gráfico:  una  gruta  en  Biac-na-bató,  que  á 
su  pintoresco  aspecto  une  la  celebridad  que  le  ha 
dado  el  pacto  de  efímera  pacificación  del  Archi¬ 
piélago  filipino. 

De  Manila  publicamos  el  paseo  del  Malecón, 
uno  de  los  mejores  de  la  ciudad:  á  este  paseo  con¬ 
duce  la  Calzada  de  las  Aguas,  así  como  á  las  obras 
del  magnífico  puerto  que  aun  se  halla  en  construc¬ 
ción.  En  dicho  paseo  está  el  obelisco,  de  14  metros 
de  altura,  levantado  para  honrar  la  memoria  del 
ilustre  patricio  Simón  de  Anda  y  Salazar,  obra 
construida  por  suscripción  pública. 

Tiene  Manila  muchos  arrabales,  y  casi  todos 
ellos  están  cruzados  por  esteros,  y  unidas^- por 
lo  tanto,  muchas  calles  por  puentecillos  que  le 
dan  cierto  asj^cto  veneciano.  El  más  impprtante 
de  estos  arrabales  es  el  de  Binondo, que  tiene  do¬ 
ble  perímetro  que  la  ciudad  murada.  En  este  ba¬ 
rrio  están  situados  los  mejores  bazares  de  los  chi¬ 
nos,  los  Bancos  ingleses  y  las  más  importantes 
casas  de  comercio  de  europeos.  De  él  publicamos 
la  calle  del  Rosario.  Como  detalle  de  las  costum¬ 
bres,  insertamos  también  el  grabado  que  repre¬ 
senta  á  los  proveedores  de  víveres,  instalados  á 
las  puertas  de  la  ciudad  en  sus  características  ca¬ 
setas  de  ñipa. 


Las  principales  razas  indígenas  del  Archipiélago 
de  Legazpi  son  la  de  los  negritos  y  la  malaya,  de 
los  indios  cristianos  y  de  los  moros;  pero  en  los 
distintos  terrenos  que  ocupan  suelen  tener  nom¬ 
bre  diferente.  Del  migmo  modo  que  los  negritos 
reciben  de  los  indígenas  los  nombres  de  aetasy 
attaSy  até  y  etay  itay  etc.,  los  igor  rotes  se  llaman 
también  tinguianes  en  Hocos  Norte  é  llocos  Sur 
de  la  provincia  de  Abra  (LuzónL  Como  país  de 
los  igorrotes  se  designa  generalmente  la  citada 
provincia,  los  distritos  de  Lepan to,  Bontoc,  Tia- 
gan  y  Berenguel,  y  una  buena  parte  de  otras  pro¬ 
vincias  limítrofes,  como  la  Isabela,  Nueva  Vizca¬ 
ya,  ambos  llocos  y  La  Unión.  También  otras  co¬ 
marcas  reducidas  se  hallan  habitadas  por  infieles, 
como  sucede  con  los  aetasy  en  el  distrito  del  Prín¬ 
cipe,  provincias  de  Bataán  y  Zambales,  y  los 
remontados  del  interior  de  Camarines.  General¬ 
mente  se  establecen  en  la  parte  más  montuosa 
del  territorio,  como  la  gran  cordillera  del  Caraba- 
lio  y  sus  estribaciones.  Los  que  habitan  el  terri¬ 
torio  de  llocos  y  la  parte  llana  del  Abra  son  los 
que  reciben  el  nombre  de  tinguianes. 

El  traje  del  igorrote  no  puede  ser  más  sencillo, 
pues  se  reduce  al  bajaquey  turbante  de  corteza  de 
bolitiy  y  el  upit  ó  saquito  donde  llevan  el  tabaco 
y  la  pipa  ó  cuaco. 

Al  contemplar  los  tipos  de  nuestro  grabado, 
fielmente  reproducidos  por  la  fotografía,  se  admi¬ 
rará  seguramente  los  elementos  civilizadores  de 
que  los  humanitarios  yankees  se  sirven  para  su 
misión  de  paz  á  cañonazos  y  de  progreso.....  igorro¬ 
te.  Norteamericanos  y  tagalos  se  aliaron  y  se  ayu¬ 
dan  contra  nosotros  por  la  eficacia  de  una  ley  que 
formuló  hace  tiempo  nuestro  antiguo  proverbio: 
¡Dios  los  cría  y  ellos  se  juntan! 

0  ' 

0  0 

D.  FERNANDO  ARBÓ8  Y  TREMANTI , 
laureado  arquitecto  (pág  362). 

El  12  del  actual  se  efectuó  en  la  Real  Academia 
de  Bellas  Artes  de  San  Fernando  la  pública  y  so¬ 
lemne  recepción  del  académico  D.  Fernando  Ar- 
bós  y  Treman  ti,  elegido  hace  dos  años  para  dicho 
cargo. 

Su  discurso  sobre  las  transformaciones  más  cul¬ 
minantes  de  la  arquitectura  cristiana  y  confirmó 
nuevamente  la  vasta  y  profunda  cultura  artística 


del  laureado  arquitecto,  y  el  claro  juicio  con  que 
aprecia  la  historia  del  arte  cristiano  y  siente  el 
ideal  de  la  arquitectura,  cuya  transformación  pre¬ 
sentó  como  lógico  resultado  del  renacimiento  del 
esplritualismo  religioso  y  la  fraternidad  huma¬ 
na,  que  simbolizará  el  nuevo  arte  en  su  brillante 
apogeo. 

Es  costumbre  en  nuestra  patria  que  á  los  jóve¬ 
nes  que  en  su  artística  carrera  demuestran  gran¬ 
des  aptitudes  se  les  envíe  á  Roma,  á  fin  de  que  en 
la  Ciudad  Eterna  encuentre  su  genio  ambiente 
apropiado  para  pu  total  desarrollo;  pero  con  el  se¬ 
ñor  Arbós  sucedió  todo  lo  contrario :  no  le  man¬ 
damos  allá,  sino  que  fué  Roma  la  que  nos  le  en¬ 
vió.  Hijo  de  un  distinguido  artista  español,  nació 
Arbós  en  la  ciudad  que  encierra  tantas  arquitec¬ 
tónicas  maravillas,  y  ante  aquellas  bellezas  y  en 
aquel  ambiente  artístico  brotó  en  su  alma  la  vo¬ 
cación  firme  y  segura  que,  encauzada  por  la  cien¬ 
tífica  disciplina,  ha  dado  después  tan  brillantes 
resultados  en  las  obras  de  su  talento. 

Desde  1862  hasta  1865  cursó  la  carrera  de  ar¬ 
quitecto  en  París,  continuándola  y  terminándola 
después  en  la  Escuela  Superior  de  Madrid. 

En  ambos  centros  obtuvo  premios  como  estu¬ 
diante  el  que,  una  vez  en  posesión  de  su  título 
profesional,  ha  seguido  obteniéndolos  como  arqui¬ 
tecto. 

El  proyecto  de  edificio  destinado  á  Monte  de 
Piedad  y  Caja  de  Ahorros,  premiado  en  primer 
lugar  por  voto  unánime  del  Jurado;  ¡el  de  una 
gran  necrópolis  en  el  término  de  Vicálvaro,  que 
obtuvo  igual  recompensa,  y  últimamente  el  de  la 
Real  basílica  de  Nuestra  Señora  de  Atocha,  en  que 
ganó  el  primer  premio  también,  justificarían  ple¬ 
namente  la  envidiable  fama  que  su  talento  ha  sa¬ 
bido  conquistar, -aunque  no-fuesen  igualmente  co¬ 
nocidos  sus  excelentes  trabajos  como  arquitecto 
de  la  Real  Casa,  deja  Dirección  General  de  Esta¬ 
blecimientos  Penales,  del  Ministerio  de  Fomento 
é  inspector  vocal  de  la  Junta  ¡facultativa  de  cons¬ 
trucciones  civiles,  cargos  que  en  distintas  épocas 
ha  venido  ejerciendo. 

Muy  conocidas  son  en  la  corte  las  obras  parti¬ 
culares  que  ha  dirigido,  y  hoy  está  fija  la  atención 
de  los  inteligentes  en  las  del  templo  de  Atocha, 
también  á  su  cargo. 

En  aquella  basílica,  donde  se  perpetúa  en  mau¬ 
soleos  la  memoria  de  ilustres  caudillos,  y  se  cuel¬ 
gan  las  banderas  de  nuestros  gloriosos  triunfos, 
perpetuará  Arbós  también  su  esclarecido  re¬ 
nombre. 

Los  grandes  arquitectos  no  tienen  que  esperar 
á  que  la  justicia  de  las  futuras  generaciones  eleve 
monumentos  á  su  memoria;  £in  pecar  de  inmo¬ 
destia,  ellos  mismos  los  dejan  construidos  en  sus 
propias  obras. 

0 

0  0 

BELLAS  ARTES. 

En  la  fuente,  cuadro  de  Godward.  —  Riquezas  de  Extremadura , 
cuadro  de  Emilio  Sala  (págs.  364  y  365). 

Muy  bella  y  muy  artística  es  la  figura  de  la  jo¬ 
ven  griesra  del  cuadro  de  Godward,  titulado  En  la 
fuente.  Por  el  asunto,  la  clásica  manera  con  que 
está  tratado  y  hasta  el  primor  con  que  los  jaspea¬ 
dos  mármoles  estén  pintados,  recuerda  esta  obra 
las  del  celebrado  Alma  Tadema. 


Riquezas  de  Extremadura  ha  titulado  Emilio 
Sala  su  precioso  cnadro,  que  llama  justamente  la 
atención  del  público  que  visita  la  Exposición 
bienal  del  Círculo  de  Bellas  Artes.  Tan  primoro¬ 
samente  pintado  está  el  lienzo,  que  su  reproduc¬ 
ción  fotográfica  parece  tomada  directamente  del 
natural  de  aquella  tierra.  Al  ver  la  cerdosa  piara, 
se  recuerda  aquella  escena  del  Ingenioso  Hidalgo 
cuando  el  tropel,  el  gruñir  y  la  presteza  con  que 
llegaron  los  animales  inmundos  puso  en  confu¬ 
sión  y  por  el  suelo  á  la  albarda.  á  las  armas,  al 
Rucio,  á  Rocinante,  á  Sancho  y  á  Don  Quijote.  No 
falta  quien  ante  el  cuadro  recuerda  sucesos  y  ani¬ 
males  de  más  reciente  actualidad,  y  aun  en  este 
caso  puede  exclamar  con  Don  Quijote:  <rj Castigo 
del  cielo  es  que  á  un  caballero  andante  vencido  le 
coman  adivas  y  le  piquen  avispas  y  le  huellen 
puercos!» 

• 

•  0 

MARINA  DE  QUERRA  ESPAÑOLA. 

El  destructor  de  torpederos  Terror  (pág.  367). 

Entre  las  invenciones  que  con  la  mayor  fres¬ 
cura  del  mundo  propalan  los  periódicos  yankees 
para  dar  pasto  abundante  á  la  expectación  jin¬ 
goísta  y  merece  figurar  en  primer  término  la  noti¬ 
cia  de  la  destrucción  de  nuestro  cazatorpederos 
Terror.  No  se  daba  la  tal  noticia  como  rumor,  sino 


Digitized  by  ^.ooQie 


>■  360 


H.°  XZ1II 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


'  22  Junio  1898 


FILIPINAS.— GRUTA  EN  BIAC-NA-BATÓ.  —  PASEO  DEL  MALECÓN  Y  OBRAS  DEL  PUERTO  (MANILA).  — CALLE  DEL  ROSARIO,  EN  BINONDO. 

PROVEEDORES  DE  VÍVERES  Á  LAS  PUERTAS  DE  MANILA. 

(De  fotografiad.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Junio  1898 


ILUSTRACION  ESPAÑOLA 


AMERICANA 


x.°  xxni  —  361 


1.  Jóvenes  de  la  provincia  de  Albay. — 2.  Tinguianes  de  Nueva  Écija.  —  3.  Indios  remontados  en  la  provincia  de  Albay. 

4.  Igorrotes  antropófagos  del  Caraballo. — 5.  Negritos  aetas  de  Mariveles.  —  6.  Tinguianes  del  Abra.  —  7.  Igorrote  antropófago. — 8.  Tinguián  de  Nueva  Écija, 

F  I  L  I  P  I  N  A  S  .  —  INDÍGENAS  INSURRECTOS  Y  ALIADOS  DE  LAS  TROPAS  NORTEAMERICANAS. 

(De  fotografías.) 


Digitized  by 


Google 


362  —  N.°  XXIII 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Junio  1898 


con  todos  los  detalles  más  minuciosos  del  suceso, 
lo  que  hizo  creer  á  los  periódicos  extranjeros  y  á 
alguno  nacional  que  la  pérdida  de  nuestro  barco 
era  un  hecho  negado  sistemáticamente  por  el  Go¬ 
bierno.  Por  último,  se  ha  acreditado  que  el  Te¬ 
rror  es tá  en  Puerto  Rico,  y  que  toda  la  relación  de 
la  prensa  norteamericana  fué  una  ridicula  fábula. 

El  cazatorpederos  Terror  fué  construido  por  la 
casa  Thomson,  en  Clydebank  (Inglaterra),  y  bo¬ 
tado  al  agua  en  1896.  Tiene  67  metros  de  eslora, 
6  de  manga  y  2,96  de  puntal;  desplaza  380  tonela¬ 
das,  y  su  mayor  velocidad  horaria  es  de  29  millas. 
Su  armamento  consiste  en  dos  ametralladoras  de 
14  milímetros,  sistema  Maxim-N orden f el t,  situa¬ 
das  una  á  popa  y  otra  á  proa;  dos  del  mismo  sis¬ 
tema,  de  6,  en  los  lados,  y  dos  cañones  de  37,  sis¬ 
tema  Maxim,  á  babor  y  á  estribor.  Lleva  también 
dos  tubos  lanzatorpedos,  de  14  pulgadas,  sistema 
Shawartz  Kor. 


lio  en  la  catedral  el  7  de  Marzo  del  mismo  año, 
de  manos  del  sabio  y  santo  obispo  Sollano. 

En  1870  estuvo  en  Roma  y  asistió  al  Concilio 
ecuménico  del  Vaticano,  siendo  uno  de  los  obis¬ 
pos  más  entusiastas  defensores  de  los  dogmas  en 
él  definidos. 

Toda  la  archidiócesis  le  debe  favores  de  gran  va¬ 
lía,  y  le  profesa  tierno  y  respetuoso  afecto,  que  se 
ha  hecho  público  en  la  celebración  de  sos  bodas  de 
plata  sacerdotales  y  episcopales,  y  aun  más  cuan¬ 
do  celebró  el  quincuagésimo  aniversario  de  su  or¬ 
denación.  Su  Seminario  se  llama,  con  razón,  semi¬ 
llero  de  obispos  y  pues  de  allí  han  salido  muchos  de 
los  que  honrosamente  rigen  diócesis  mejicanas. 
Levantó  el  templo  de  los  Dolores,  joya  de  Guada- 
lajara;  construyó  el  nuevo  Seminario,  ó  instituyó 
las  escuelas  parroquiales,  hoy  florecientes.  Ha  vi¬ 
sitado  varias  veces  todas  las  paroquias  y  ranche¬ 
rías  de  su  extenso  arzobispado.  Nueve  obispos 


lo  pasado,  la  vigilancia  de  lo  presente  y  el  estu¬ 
dio  de  lo  por  venir,  mandar  en  un  gran  pueblo,  el 
cual  cree,  por  los  respetos  que  se  le  guardan  y  por 
la  organización  de  que  goza,  gobernarse  á  sí  mis¬ 
mo  él,  mientras  lo  gobiernan  sus  más  expertos  y 
consumados  estadistas.  Hace  tiempo  se  halla  divi¬ 
dido  el  Ministerio  inglés  en  dos  tendencias  muy 
contrarias  y  muy  batalladoras :  una  tendencia  or- 
gu liosísima,  creyendo  á  la  Gran  Bretaña  más  fuerte 
dentro  de  su  aislamiento  que  restringida  por  inúti¬ 
les  alianzas;  y  otra  tendencia  conquistadora,  cre¬ 
yendo  necesario  fortalecer  el  Imperio  con  grandes 
amistades,  no  sólo  para  conservar  lo  adquirido, 
para  conseguir  nuevas  adquisiciones  en  todos  los 
mares  y  en  todos  los  territorios  del  mundo.  La 
primer  tendencia  está  representada  en  el  Minis¬ 
terio  inglés  por  lord  Salisbury,  el  jefe  de  aquella 
situación;  y  la  segunda  está  representada  por  mís- 
ter  Chamberlain,  el  ministro  de  las  Colonias. 


LA  HABANA. 

La*  nuevas  Cámaras  insulares  (pág.  368). 

Publicamos  en  la  referida  página  dos 
vistas,  una  exterior  y  otra  interior,  del 
antiguo  Casino  Español  de  la  Habana, 
edificio  en  el  cual  se  ha  establecido  el 
Parlamento  insular  de  Cuba.  Solemne 
fué  la  inauguración  de  la  primera  legisla¬ 
tura  del  nuevo  régimen  colonial,  y  fué 
ocasión  de  explícitas  y  calurosas  demos¬ 
traciones  de  amorá  España  y  de  adhesión 
al  ilustre  General  que  es  en  aquella  an tilla 
digno  representante  de  la  madre  patria. 

El  trayecto  que  recorrió  el  General  es¬ 
taba  engalanado  y  cubierto  por  las  tropas. 

Salió  el  general  Blanco  en  una  carroza, 
acompañado  de  los  señores  general  Gon¬ 
zález  Parrado  y  Congosto. 

Quince  cañonazos  anunciaron  su  salida 
de  Palacio,  y  otros  quince  que  había  lle¬ 
gado  al  Parlamento. 

En  los  balcones  había  mucha  gente  pre¬ 
senciando  el  paso  de  la  comitiva. 

Al  terminar  la  lectura  del  Mensaje,  el 
general  Blanco  dió  un  viva  á  España,  que 
fue  contestado  unánimemente. 

—¿Juráis  todos  morir  por  ella? — pre¬ 
guntó  á  seguida  el  general  Blanco. 

— ¡Sí,  sí!  —  contestaron  todos  los  asis¬ 
tentes,  dando  otros  vivas  á  España  y  á 
Blanco,  salvador  de  Cuba. 

Al  salir  del  Parlamento  y  al  entrar 
en  la  Capitanía  general  se  repitieron  las 
salvas. 

La  multitud  que  había  en  las  calles  y  en 
los  balcones  presenciando  el  desfile,  acla¬ 
mó  con  entusiasmo  al  General. 

• 

•  * 

BARCELONA:  GRAN  CAFÉ-RESTAURANT 
DE  COLÓN  Y  ACADEMIA  DE  BILLAR.— (  Véa¬ 
se  la  pág.  369,  y  el  artículo  de  D.  Luciano 
García  del  Real  en  la  371.) 

•  • 

ILLMO.  SR.  DR.  D.  PEDRO  LOZA  Y  PARDAVÉ, 
arzobispo  de  Guadalajara  (Méjico)  (pág.  372). 


D.  FERNANDO  ARBÓS  Y  TREMANTI, 
LAUREADO  ARQUITECTO. 

NUEVO  ACADÉMICO  DE  LA  DE  BELLAS  ARTES  DE  SAN  FERNANDO. 
(De  fotografía  de  M.  Huerta.) 


II. 

En  todo  el  desarrollo  de  la  política  im¬ 
perante  sobre  Inglaterra,  hase  conocido 
esta  irremediable  división.  Cuantos  Esta¬ 
dos  gobiernan  al  planeta  y  tienen  la  he¬ 
gemonía  del  mundo,  han  de  sobrellevar 
en  sus  hombros  innumerables  problemas, 
desconocidos  en  aquellos  Estados  y  pue¬ 
blos  que  deben  obedecer  al  ¡empuje  de 
los  que  son  primates,  si  no  por  más  sabios 
éstos,  por  más  poderosos,  ricos  y  fuertes. 
Inglaterra  tiene,  considerándolas  á  ojo 
de  buen  cubero,  las  gravísimas  cuestiones 
siguientes:  cuestión  del  Egipto;  cuestión 
de  Chipre;  cuestión  de  Creta  y  Grecia; 
cuestión  de  Turquía  y  Armenia;  cuestión 
del  mar  Rojo  y  del  golfo  pérsico;  cuestión 
del  Afghanistan,  en  las  montañas  de  India 
fronterizas  con  la  Mongolia;  cuestión  de 
China,  en  el  Océano  amarillo;  el  Níger 
en  las  tierras  del  Congo;  Zanzíbar  en  el 
espacio  africano  austral;  los  boeros  en  el 
Cabo  de  Buena  Esperanza;  por  las  aguas 
americanas  centrales  cuestión  de  la  des¬ 
embocadura  del  Orinoco,  mientras  por  las 
a  nías  americanas  boreales  cuestión  del 
Canadá  y  de  Terranova;  en  una  puerta 
del  Mediterráneo  Gibraltar,  donde  media 
el  Medit  erráneo  Malta,  y  al  concluirse  la 
tierra  de  Suez,  que  se  da  la  mano  con  Abi- 
sinia  y  Nubia:  problemas  infinitos,  como 
no  los  han  conocido  por  su  iipportancia 
y  por  su  número  los  Imperios  mayores 
surgidos  en  el  tiempo  y  destinados  á  do¬ 
minar  el  espacio.  Pues  bien,  como  cada 
cual  de  todos  estos  grandes  problemas 
ofrece  una  diaria  dificultad  preñada  de 
guerras  y  combates,  siempre  que  tal  difi¬ 
cultad  surge,  Salisbury  propone  un  trata¬ 
miento  de  conciliación  y  de  paz,  mientras 
Chamberlain  propone  un  tratamiento  de 
guerra  y  de  conquista. 


han  sido  por  tan  venerable  pastor  consagrados. 

Llámasele,  por  su  elocuencia  y  virtudes,  el  Ma - 
sillón  mejicano  y  y  su  inteligencia  clarísima  y  su 

energía  inquebrantable  se  mantienen  en  su  avan-  Chamberlain  seguramente  no  consintiera  4as 
zada  edad  como  en  los  mejores  años  de  su  vida.  matanzas  de  Armenia,  tan  desdorosas  para  Ingla- 


Nació  el  venerable  decano  del  Episcopado  meji¬ 
cano  en  su  capital  el  18  de  Enero  de  1815.  Fue 
alumno  aprovechado  de  la  antigua  Universidad 
Gregoriana,  y  aventajado  discípulo  del  sabio  obispo 
Dr.  de  la  Garza  y  Ballesteros,  prelado  de  grata  me¬ 
moria  en  aquel  país,  de  quien  el  Dr.  Loza  recibió 
láp  órdenes  sacerdotales  y  fué  familiar  cuando  di¬ 
cho  pastor  gobernó  la  diócesis  de  Sonora.  En  la 
misma  fué  rector  del  Seminario  y  secretario  del 
gobierno  de  la  mitra  de  Guadalajara. 

El  obispo  Dr.  de  la  Garza  propuso  al  Sr.  Loza 
para  que  le  sucediese  en  la  mitra  de  Sonora;  y, 
aunque  el  agraciado  se  ocultó  en  un  claustro  de 
Puebla  de  los  Angeles  huyendo  de  tanta  honra,  le 
sacó  de  su  retiro  la  obediencia  á  la  Santa  Sede,  y 
fué  solemnemente  consagrado  el  22  de  Agosto  de 
1852  en  la  iglesia  de  San  Fernando  de  la  ciudad 
de  Méjico. 

Modelo  de  prelados  fué  en  la  Sonora,  donde  con 
apostólico  celo  promovió  el  culto  y  fomentó  la 
instrucción  en  el  Seminario  y  en  las  escuelas;  y 
tan  llana  era  su  condición,  que  administrando  los 
sacramentos  como  el  párroco  más  humilde,  reco¬ 
rrió  en  algunas  ocasiones  más  de  sesenta  leguas  de 
penoso  camino  para  ir  á  confesar  á  un  enfermo 
en  aquellas  vastísimas  comarcas. 

El  22  de  Junio  de  1868  fué  promovido  para  el 
arzobispado  de  Guadalajara,  del  que  tomó  posesión 
en  28  de  Marzo  de  1869,  recibiendo  el  sagrado  pa- 


C ARLOS  Luis  DE  CUENCA. 


LOS  DISCURSOS  DE  CHAMBERLAIN  Y  SALISBURY. 


P  OY  no  puede  atenderse  á  otra  cuestión 
que  á  la  cuestión  de  los  discursos  bri- 
rwwr1  únicos.  Entiéndense  por  discursos 
británicos  los  dos  pronunciados  por 
el  primer  Ministro  y  por  el  Ministro 
de  las  Colonias  en  grandes  asociaciones 
inglesas,  de  carácter  mercantil  aparente, 
de  verdadero  carácter  político  en  realidad. 
X*  Los  ingleses,  tan  originales  de  suyo  que  los 
*  estimamos  extravagantes,  no  aprovechan  las 
discusiones  de  sus  Cámaras  para  expresar  los  pro¬ 
gramas  gravísimos  y  los  propósitos  trascendenta¬ 
les;  dirígense  á  cualquier  amiga  reunión  bautizada 
con  el  nombre  de  club,  y  en  su  benévolo  seno, 
sin  miedo  á  oir  protestas  y  á  encontrar  dificulta¬ 
des,  dicen  todo  cuanto  les  sugiere  su  gusto,  y  fun¬ 
dan  á  su  arbitrio  nuevas  combinaciones,  dando  á 
su  país  una  orientación  prometida  mucho  antes 
de  ser  esperada,  pues  las  alturas  del  Gobierno  se 
han  hecho  para  desde  allí,  con  la  experiencia  de 


térra;  no  callara  delante  del  pacto  convenido  en¬ 
tre  los  imperantes  de  Alemania  y  los  califas  de 
Constantinopla;  no  tolerara  la  paz  y  quietud  con 
que  Francia  se  apoderó  del  Imperio  de  Madagas- 
car  y  de  las  orillas  del  Níger,  en  detrimento  de 
los  intereses  británicos;  no  tuviera  tantos  escrú¬ 
pulos  como  ha  tenido  la  opinión  liberal  europea 
en  lo  relativo  á  las  irrupciones  de  Jameson  y  sus 
filibusteros  en  el  territorio  de  independientes  re¬ 
públicas  africanas;  contestara  sin  escrúpulo  á  los 
anatemas  y  censuras  del  joven  César  germánico 
con  retos  y  desafíos  temerarios;  protestara  contra 
la  extensión  inmensa  que  va  tomando  el  Imperio 
moscovita  por  la  Mongolia  y  la  Mande huria  y  la 
Corea;  no  consintiera  sin  disparar  sus  cañones  los 
acaparamientos  de  territorios  chinos,  por  Alema¬ 
nia  hechos,  contando,  si  no  con  la  conformidad, 
con  la  paciencia  del  pueblo  inglés,  tan  maltratado 
y  maltrecho  en  estos  últimos  tiempos,  que  no  ha 
podido  adquirir  un  átomo  de  tierra,  mientras  sus 
tres  grandes  potencias  rivales,  Rusia,  Francia, 
Germania,  las  tres  á  una,  se  han  engrandecido 
con  innumerables  territorios  amenazadores  á  la 
prepotencia  británica  y  con  muchísimo  influjo  so¬ 
bre  la  futura  suerte  del  planeta.  Ni  el  partido 
tory  por  su  vieja  experiencia;  ni  el  primer  Mi¬ 
nistro  inglés  por  su  carácter  conciliador  y  pacífi¬ 
co;  ni  el  temperamento  mercantil  é  industrial  so¬ 
brepuesto  á  lá  Gran  Bretaña  por  sus  seculares 
trabajos,  podían  suscribir  á  la  política  conquista- 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Jünjo  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xxiu  —  363 


dora  dei  Ministro  de  las  Colonias,  dimanando  de 
todo  esto  una  batalla  interior  dentro  del  Gobierno 
inglés,  que  le  ha  traído  indecibles  dificultades  y 
le  ha  suscitado  innumerables  crisis. 

IV. 

Esta  política  inflige  un  verdadero  mentís  á  toda 
la  historia  y  á  toda  la  doctrina  del  Ministro  de 
las  Colonias  británico.  Para  cumplirla  práctica¬ 
mente  hay  que  alterar  todo  el  temperamento  fisio¬ 
lógico  y  toda  la  complexión  psíquica  de  Inglate¬ 
rra.  Una  sociedad  organizada  para  el  trabajo  ha 
de  tener  el  organismo  correspondiente  con  el 
ministerio  á  desempeñar  y  con  la  fidelidad  á  cum¬ 
plir  en  el  mundo  social.  No  les  pidáis  á  las  espe¬ 
cies  carniceras,  al  tigre,  al  leopardo,  al  león,  aquel 
sabio  y  providencial  organismo  tomado  por  los 
bómbices  que  tejen  sus  sedas  y  las  abejas  que  des¬ 
tilan  sus  mieles.  Nada  de  Parlamentos,  los  cuales 
garrulean  en  Inglaterra  y  debilitan  los  poderes  y 
autoridades  centrales;  nada  de  libertad,  trayendo 
consigo  aparejada  la  triste  anarquía;  nada  de  mer¬ 
cenarios  soldados,  como  los  tradicionales  é  histó¬ 
ricos;  nada  de  ministros  hechos  en  los  perturba- 
dísimos  y  perturbadores  comicios:  un  bárbaro 
emperador,  con  su  espada  por  cetro  y  su  rojo 
manto  en  sangre  humana  teñido;  un  imperio  des¬ 
pótico  y  avasallador,  cual  aquel  que  todos  los  con¬ 
quistadores,  desde  Ciro  á  Tamerlán,  ejercieran;  la 
disciplina  militar  forzada,  sustituyendo  á  la  dis¬ 
ciplina  social  voluntaria;  un  presupuesto  consa¬ 
grado  al  exterminio  apocalíptico,  sustituyendo  al 
presupuesto  creador  de  la  industria  y  del  trabajo: 
hé  ahí  la  política  de  Chamberlain,  política  terri¬ 
ble,  contradictoria  con  sus  teorías  económicas, 
con  su  antiguo  culto  á  los  derechos  humanos,  con 
su  escuela  de  Manchester  tan  progresiva,  con  sus 
propósitos  humanitarios  y  reformadores,  con  todo 
aquello  que  le  había  dado  la  corona  de  pensador 
entre  los  demócratas,  sustituida  por  sus  discursos 
con  una  corona  de  Atila  entre  los  irruptores,  azo¬ 
tes  de  la  humanidad  y  del  planeta. 

V. 

Nunca  llevó  Disraeli,  el  enemigo  implacable 
de  la  escuela  democrática;  el  opositor  terrible  á 
las  ideas  mantenidas  por  Chamberlain ;  el  apolo¬ 
gista  de  un  Imperio  que,  al  cabo,  se  convirtió  en 
falsa  honra  y  en  vano  título  para  la  reina  Victo¬ 
ria,  emperatriz  de  los  Imperios  indianos;  nunca 
llevó  Disraeli,  repito,  la  romántica  idea  cesarista, 
embargadora  de  toda  su  existencia,  donde  acaba 
de  llevarla  el  exaltado  hugonote,  perteneciente  á 
la  escuela  de  Manchester  un  día ;  competidor  de 
Dilke  y  Labouchére  otro  día  en  principios  avanza¬ 
dos;  con  un  carácter  tan  radical  que  tocaba  en  la 
república,  y  de  utopías  tan  exageradas  que  frisa¬ 
ban  todas  ellas  con  el  más  descabellado  comunis¬ 
mo.  Realista  exaltado  en  este  segundo  período  de 
su  existencia;  patricio  y  aristócrata  y  noble  al 
modo  tory;  para  justificar  sus  injustificables  con¬ 
versiones  tiene  que  acogerse  á  los  procedimien¬ 
tos  más  exagerados  y  á  las  doctrinas  más  extremas 
de  la  nueva  iglesia  política  donde  le  llevaran  sus 
impaciencias  injustificables  y  sus  desapoderadas 
ambiciones.  Ninguno  de  los  apóstatas  célebres  que 
han  ocupado  un  triste  puesto,  desde  Juliano  á  Na¬ 
poleón,  ninguno,  ni  aun  aquellos  pertenecientes 
por  sus  tallas  y  por  sus  historias  á  la  misma  espe¬ 
cie  de  Chamberlain,  exageraron  sus  ideas  reaccio¬ 
narias  al  ingresar  en  la  reacción,  como  las  ha  exa¬ 
gerado  el  Ministro  de  las  Colonias  británicas,  y 
ninguno  ha  promovido  los  escándalos  que  ahora 
promueve  la  grande  apoetasía  del  antiguo  radical 
inglés,  expresada  con  un  cinismo  de  que  guardan 
para  honra  de  nuestra  humanidad  bien  pocos  ejem¬ 
plos  nuestros  anales  históricos.  Creíamos  que  no 
podría  darse  un  paso  en  estas  materias  compara¬ 
ble  al  que  diera  por  Francia  Olivier  y  su  tiempo: 
Chamberlain  ha  eclipsado  á  Olivier,  y,  según  la 
vía  hoy  recorrida  por  él  y  el  método  reciente¬ 
mente  abrazado,  puede  traer  su  apostasía  conse¬ 
cuencias  tan  graves  al  Imperio  inglés,  como  las 
que  trajo  al  último  Imperio  napoleónico  la  triste 
apostasía  del  orador  republicano. 

VI. 

En  los  antiguos  torys  hay  mayor  mesura  que  la 
ofrecida  por  este  radical,  desatentadamente  con¬ 
verso  al  torysmo.  Y  la  prueba  de  mi  aserto,  la 
prueba  del  carácter  superior  que  los  viejos  con¬ 
servadores  ofrecen  sobre  su  radical  neófito,  se 
halla  en  que  ha  resistido  Salisbury  con  resisten¬ 
cias  invencibles  á  todos  los  propósitos  é  intentos 


guerreros  del  antiguo  demócrata  economista.  Sa¬ 
lisbury  no  ha  querido  oponerse  con  violencias  y 
combates  violentos  á  la  posesión  de  Puerto  Arturo 
y  á  la  posesión  de  Talien-Wai  por  los  ejércitos 
moscovitas;  no  ha  querido  considerar  como  un  ca- 
sus  belli  próximo  los  ingresos,  más  ó  menos  cier¬ 
tos,  del  ejército  francés  en  las  posesiones  británi¬ 
cas  adyacentes  al  Níger;  no  ha  querido  oponer 
protestas  armadas  contra  los  acaparamientos  ger¬ 
mánicos  en  China,  dejando  hablar  á  Chamberlain 
cuanto  quisiera  mientras  los  intentos  de  éste  no 
pasasen  del  dicho  al  hecho.  Y  así  nadie  ignoraba 
en  Inglaterra,  y  muchos  sabían  en  Europa,  cómo 
los  discursos  pronunciados  contra  el  aislamiento 
inglés;  las  manifestaciones  hechas  por  una  mayor 
actividad  en  la  política  universal  y  por  una  mayor 
intervención  en  todos  los  problemas  interconti¬ 
nentales;  los  proyectos  dirigidos  contra  Francia  y 
Alemania  y  Rusia  en  el  Oriente  asiático,  prove¬ 
nían  todos  de  Chamberlain,  emperrado  en  prestar 
al  partido  tory  su  mismo  carácter  batallador,  se¬ 
cuela  y  consecuencia  de  su  viejo  carácter  radical 
ó  revolucionario,  y  en  promover  alianzas  con  ob¬ 
jeto  de  suscitar  una  guerra  planetaria,  en  cuyos 
incendios  hervirían  los  mares  y  se  convertirían 
las  tierras  en  nubes  de  cenizas,  retrocediendo  los 
míseros  humanos  hasta  la  barbarie  prehistórica,  y 
el  planeta  entero  hasta  una  edad  como  aquella  in¬ 
memorial  de  las  geológicas  catástrofes:  que  los 
movimientos  regresivos  tampoco  tienen  término 
y  límite  cuando  pierden  la  cabeza  los  hombres 
destinados  á  dirigir  las  sociedades  iluminándolas 
si  abrazan  el  error,  y  enderezándolos  si  cometen 
la  enorme  culpa  de  penetrar  en  abominables  re¬ 
trocesos. 

Emilio  Castelar. 

Concluirá 


CORREO  INTERIOR. 


SR.  IX  EMILIO  MABIO 

PRIMER  ACTOR  Y  DIRECTOR 

Paseo  de  la  Rabana,  18,  hotel 


Papeles  son  papeles. 

Cartas  son  cartas, 

Palabras  de  los  hombres 
Todas  son  falsas. 

( Cantar  infantil.) 

Querido  y  nunca  olvidado  (aunque  sí  algo  olvi¬ 
dadizo)  amigo  mío:  No  me  parece  muy  infantil, 
antes  bien  considero  propio  de  vejez  experimen¬ 
tada — y,  por  ende,  recelosa — el  cantarcito  que  me 
sirve  de  lema  para  encabezar  esta  pobre  epístola 
dirigida  al  amigo  siempre  estimado;  pero  en  la¬ 
bios  de  niñas  (que  jugaban  al  corro)  lo  oí,  por  vez 
primera — ¡hace  ya  medio  siglo! — y  en  labios  in¬ 
fantiles  lo  he  oído  después  muchísimas  veces 
desde  aquella  época  ya  remota  hasta  la  presente, 
en  que  acaso  lo  cantan  las  biznietas  de  aquellas 
niñas  que  entonces  lo  cantaban;  porque  esas  co- 
j olillas  del  corro ,  por  lo  mismo  que  son  muy  malas 
y  muy  impropias  de  la  niñez,  suelen  ser  durade¬ 
ras,  y  se  perpetúan  tradicionalmente,  de  genera¬ 
ción  en  generación,  de  una  manera  lastimosa. 
Pero,  propia  ó  impropiamente,  con  oportunidad 
ó  sin  ella,  las  niñas  lo  cantan,  y,  por  consiguiente, 
infantil  es  el  cantarcito  aunque  no  lo  parezca. 
¡Bah!  de  esas  cosas  que  no  son  lo  que  parecen  ó 
que  no  parecen  lo  que  son  está  lleno  el  mundo,  y 
usted,  querido  amigo  mío  y  admirado  artista,  lo 
sabe  perfectísimamente. 

Perdóneme  usted,  Sr.  D.  Emilio,  estas  conside¬ 
raciones,  que  no  me  atrevo  á  llamar  impertinen¬ 
tes,  y  á  las  cuales  doy  de  mano  en  este  punto  mis¬ 
mo,  y  siga  leyendo  con  benevolencia,  habitual 
en  usted  cuando  de  mí  se  trata,  estas  cortas  lineas , 
á  cuyo  recibo  celebraré  se  halle  usted  con  la  más 
cabal  salud  que  yo  para  mí  deseo:  se  lo  digo  de 
corazón,  y  que  Dios  no  me  la  dé  si  me  queda  otra. 

Pues  sí,  amigo  Mario,  por  aquí  supimos  todos 
con  gran  contentamiento,  aunque  naturalmente 
sin  extrañeza,  que  por  esas  poblaciones  andaluzas, 
primero,  y  por  la  hermosa  y  culta  capital  gallega, 
después,  había  usted  alcanzado  triunfos  artísticos 
á  que  por  tantos  conceptos  es  usted  acreedor,  y  al 
felicitarnos  por  ellos  hemos  pensado  y  hemos  di¬ 
cho  los  muchos  admiradores  que  usted  tiene:  «Pero 
¿no  es  verdaderamente  deplorable  que  Emilio  Ma - 
rio ,  ese  verdadero  maestro,  ese  representante  de 
la  buena  escuela  y  de  las  gloriosas  tradiciones  de 
nuestro  teatro,  haya  de  ausentarse  de  Madrid,  don¬ 
de  tanto  lo  queremos,  y  donde  tan  conveniente, 
más  aún,  tan  necesaria  es  su  presencia?» 


Llamaban  unos  á  esto ,  con  notoria  injusticia  sin 
duda,  ingratitud  de  usted;  teníanlo  otros  por  fu¬ 
nesto  resultado  de  la  invasión  del  mal  gusto;  pero 
éstos  y  aquéllos  confiaban  en  que  ese  alejamiento 
duraría  poco.  A  usted,  amigo  mío,  corresponde 
ahora  la  meritoria  labor  indispensable  para  que 
esas  esperanzas  no  se  conviertan  en 

Ilusiones  engañosas, 

Livianas  como  el  placer, 

según  dijo  un  gran  poeta  nuestro,  y  que,  á  pesar 
de  ser  español ,  dejó  escritas  y  dichas  cosas  muy 
buenas,  de  las  cuales  acaso  no  tendrán  noticia 
muchos  admiradores  de  dramaturgos  suecos  ver¬ 
tidos  al  francés,  dramaturgos  que  en  autores  espa¬ 
ñoles  hallaron  muchas  veces  fuentes  de  inspira¬ 
ción  para  obras  cuya  importación  á  España  se 
pretende  ofrecer  cual  descubrimiento  novísimo  y 
prodigioso,  á  la  sombra  de  exótica  etiqueta ,  ó 
marca  de  fábrica,  si  usted  lo  pretiere  para  que  los 
señores  académicos  de  la  Española  no  se  enfaden. 

Usted,  que  es  lector  asiduo,  desde  hace  mucho 
tiempo,  de  esta  Ilustración  Española  y  Ameri¬ 
cana,  sabe  ya,  tanto  por  las  ligeras  noticias  es¬ 
critas  por  un  literato  de  gusto  exquisito,  y  tan 
discreto  como  modesto — y  no  es  de  admirar,  por¬ 
que  la  modestia  y  la  discreción  van  casi  siempre 
juntas — que  firma  sus  trabajos  con  la  inicial  A, 
cuanto  por  artículos  magistrales  suscritos  por  el 
justamente  celebrado  autor  de  Pepita  Jiménez ,  lo 
que  ha  ocurrido  en  los  teatros  de  la  villa  y  corte 
durante  el  tiempo  que  usted  empleaba  en  lograr 
victorias  y  recoger  laureles  por  esas  hermosas  tie¬ 
rras  del  Mediodía  y  del  Noroeste  de  España. 

No  voy  á  enterar  á  usted,  pues,  de  lo  que  usted 
sabe,  fuera  de  que  ese  asunto  de  los  teatros  no 
corresponde  á  mi  jurisdicción;  pero  sí  he  de  de¬ 
cirle  que,  en  efecto,  esas  ocurrencias  teatrales  de 
la  temporada,  poco  há  fenecida,  vienen  á  constituir 
prueba  plena  de  lo  necesaria  que  es  la  presencia 
de  usted  en  un  teatro  de  esta  heroica  villa. 

¿En  cuál  de  ellos? 

Eso  para  mí  es  indiferente;  en  cualquiera:  en 
el  Español  ó  en  el  Cómico,  en  la  Princesa  ó  en  el 
de  las  Aguas  (como  usted  dijo,  no  há  muchos  me¬ 
ses,  á  Ensebio  Blasco,  en  carta  dirigida  á  éste 
desde  las  columnas  de  un  diario  madrileño,  El 
Liberal ,  si  no  estoy  equivocado). 

No  vaya  usted  á  figurarse  por  lo  dicho  que,  re¬ 
negando  de  mis  antiguas  opiniones,  aspiro  ahora 
á  centralizar  la  literatura  dramática  y  propongo 
que  Madrid  monopolice  lo  poco  bueno  que  aun 
queda  del  arte  escénico  nacional;  no,  no  es  eso. 

Siempre  fui  enemigo  de  toda  centralización  y 
de  todos  los  monopolios,  y  muy  especialmente  de 
la  centralización  y  de  los  monopolios  artísticos; 
pero,  como— sean  cuales  fueren  mis  opiniones  en 
la  materia — no  tengo  más  remedio  que  reconocer 
y  aceptar  los  hechos  consumados,  admito  que,^or 
ahora  al  menos ,  la  vida  artística  y  literaria  se 
halla  centralizada  en  Madrid:  lo  deploro,  lo  con¬ 
sidero  un  mal;  creo  que  debemos  enderezar  nues¬ 
tros  esfuerzos  á  procurar  y  á  conseguir  saludable, 
acaso  salvadora,  descentralización;  pero,  aun  cuan¬ 
do  en  ese  sentido  se  han  realizado  ya  muy  lauda¬ 
bles  ensayos  en  varios  puntos,  y  principalmente 
en  Barcelona,  cuyo  florecimiento  literario  y  ar¬ 
tístico  en  estos  últimos  años  es  evidente,  la  cen¬ 
tralización  existe,  y  con  esa  existencia,  factor  que 
se  impone  incontrastablemente,  es  preciso  contar 
para  todo  lo  que  á  la  literatura  dramática  y  al  arte 
escénico  respecta. 

Cumpla  usted,  por  consiguiente,  lo  que  á  Ense¬ 
bio  Blasco  y,  aun  más  que  á  Ensebio  Blasco,  al 
público  madrileño  prometió  usted  en  la  carta  ya 
mencionada,  y  vea  el  modo  de  conseguir  que  en 
la  temporada  teatral  próxima  venidera  (1898- 
1899)  figure  el  nombre  de  Emilio  Mario  al  frente 
del  elenco  de  una  compañía  de  las  que  hayan  de 
funcionar  en  cualquiera  de  los  teatros  de  Madrid; 
en  cualquiera  digo,  porque  donde  quiera  que  esté, 
allí  estará — sin  duda  de  ningún  genero — una  de 
las  cabeceras,  y  me  quedo  corto. 

Porque  usted,  amigo  D.  Emilio,  es,  y  valga  lo 
vulgar  de  la  frase,  el  que  nos  trajo  las  gallinas . 

Los  verdaderos  amantes  del  adelantamiento  del 
teatro,  si  con  imparcialidad  proceden,  han  de  con¬ 
venir  en  ello.  Usted  en  sus  gloriosas  é  inolvidables 
campañas  de  la  Comedia,  además  de  tributar  el 
debido  homenaje  á  nuestro  insigne  Moratín,  á  nues¬ 
tro  ingenioso  y  fecundísimo  Bretón  de  los  Herre¬ 
ros,  logró  aclimatar,  con  atrevimiento  que  ahora 
no  pueden  estimar  los  que  no  alcanzaron  aquellas 
épocas  de  pudibundeces  hipócritas,  de  un  público 
aparentemente  asustadizo,  las  obras  de  Dumas 
(hijo)  y  de  Sardou,  que  eran  ya  conocidas  en  todos 
los  teatros  del  mundo  cuando  aun  no  habían  lo¬ 
grado  entrada  en  el  nuestro. 

Al  mismo  tiempo  que  con  traducciones,  por  en¬ 
cargo  de  usted  hechas,  se  ensanchaban  los  hori- 


Digitized  by 


Google 


BELLAS  ARTES 


,  EN  LA'  FUENTE,  _ 

CUADRO  DE  GODWARD. 

(Publicado  con  autorización  de  la  Sociedad  Fotográfica  de  Berlín.) 


Digitized  by 


Google 


MADRID.  — VI  EXPOSICIÓN  BIENAL  DEL  CÍRCULO  DE  BELLAS  ARTES. 


Digitized  by  ^.ooQie 


CUADRO  DB  EMILIO  SALA. 


3(>6  —  x.°  xxi n 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Junio  1898 


zontea  de  nuestra  dramaturgia,  presentaba  usted 
autores  españolea  á  quienes  alentó  con  su  apoyo. 
Ceferino  Falencia,  hace  ya  bastantes  años;  Ja¬ 
cinto  Benavente  y  Mariano  Vela,  en  estos  últimos, 
en  teatros  por  usted  dirigidos  alcanzaron  sus  más 
decisivos  triunfos. 

No  ha  llegado  aún,  y  quiera  Dios  (en  buena 
hora  lo  diga)  que  tarde  mucho  tiempo  en  llegar, 
para  usted  la  hora  de  las  alabanzas  no  discutidas 
y  de  los  elogios  unánimes;  pero,  reduciendo  las 
cosas  á  una  sencilla  y  veraz  exposición  de  hechos, 
siempre  quedan  en  evidencia  los  servicios  presta¬ 
dos  por  usted,  en  su  vida  de  director  y  de  empre¬ 
sario,  á  la  literatura  y  al  arte  escénico. 

Y  quien  tales  servicios  ha  prestado  y  quien  tan¬ 
tos  otros  puede  prestar  aún,  sobre  todo  á  los  es¬ 
critores  españoles  que  toman  en  serio  el  arte  y 
quieren  trabajar  y  saben  hacerlo,  está  obligado  á 
permanecer  aquí  para  fomentar  el  arte  dramático 
español,  que  ahora  como  nunca  ha  menester  de 
estímulos  y  de  apoyo. 

Sabe  usted,  amigo  D.  Emilio,  que  hay  en  cuanto 
digo  y  en  cuanto  escribo,  á  falta  de  otras  dotes, 
una  de  la  cual  no  prescindo  ni  prescindiré  nunca: 
la  sinceridad;  esa  sinceridad  con  que  se  repite  de 
usted  leal  amigo  y  admirador  constante 

A.  SÁNCHEZ  PÉREZ. 


EL  PROBLEMA  DE  FILIPINAS  T  EL  DE  LA  PENÍNSULA. 


vez  ^ue  una  ma^a  llega  á 

®  remover  la  ansiedad  pública,  crece 
Y  el  coro  de  las  recriminaciones,  no 

f  siempre  acertadas,  ni  siempre  justas. 

El  desastre  inacabable  de  Cavite  las 
aumenta  con  gran  intensidad,  y  millares 
N  de  voces  se  unen  para  hacer  un  capítulo 
e  cargos  por  no  haber  enviado  inmediatos 
j  refuerzos  á  la  isla  de  Luzón. 

¡Parece,  en  efecto,  tan  elemental  eso  de 
acudir  al  socorro  de  quien  se  halla  en  trance  de 
muerte!  ¿Quién  puede  discutir,  no  ya  la  conve¬ 
niencia,  sino  la  obligación  en  que  se  está  de  ha¬ 
cerlo?  Pero  la  cuestión  no  es  esa:  las  buenas  inten¬ 


ciones  están  á  salvo;  lo  que  hay  que  averiguar  des¬ 
apasionadamente  es  si  se  disponía  á  la  par  de  me¬ 
dios  adecuados  á  realizarlas  con  éxito. 


Se  ha  hablado  y  se  ha  discutido  mucho  acerca 
de  tan  grave  asunto;  pero  ¿las  cosas  se  han  juz¬ 
gado  desde  su  verdadero  punto  de  vista,  para  rec¬ 
tificar  las  derivaciones  exaltadas  de  la  gran  masa 
de  opinión? 


* 

*  • 


Al  comenzar  la  guerra  con  los  Estados  Unidos, 
en  Filipinas  apenas  se  había  apagado  el  fuego  de 
una  lucha  potentísima  por  la  cantidad  y  por  la  ca¬ 
lidad  de  los  insurrectos:  el  indio,  si  tiene  quien 
le  dé  ejemplo,  es  temerario  por  temperamento  y 
fanático  de  naturaleza.  La  manera  de  concluir  la 
guerra  civil,  manera  no  aceptada  por  el  gabinete 
Cánovas,  pero  realizada  con  posterioridad,  influyó 
de  toda  evidencia  en  la  disminución  de  nuestra 
fuerza  moral  y  en  el  aumento  de  las  vanidosas 
arrogancias.  De  cualquier  modo,  nadie  creyó  en 
una  larga  paz;  los  más  exigentes  contentábanse 
con  un  intervalo  de  veinte  años,  al  igual  de  la  du¬ 
ración  de  los  períodos  de  paz  en  Cuba. 

Dewey  se  presenta  inopinadamente  en  la  bahía 
de  Manila,  destruye  nuestra  débil  escuadra,  y 
las  tropas  españolas,  siempre  victoriosas  ante  los 
indios,  míranse  ahora  replegadas  bajo  los  muros 
de  la  hasta  entonces  intangible  Manila.  Aguinaldo 
llega,  y  contra  la  opinión  de  todos  los  sabios  re¬ 
cién  venidos  de  Filipinas  á  la  Península,  gemelos 
de  cuantos  llegaron  antes,  pues  todos  juntos  prue¬ 
ban  que  nunca  acertamos  á  enterarnos  de  cuál  era 
el  verdadero  estado  de  cosas  y  situación  de  ánimo 
de  tagalos  ni  visayos,  ni  de  nadie,  levanta  en  cuatro 
días  el  país,  y  mientras  Dewey  guarda  la  bahía  de 
Manila  ó  incomunica  á  ésta  con  el  resto  del  mun¬ 
do,  Aguinaldo,  dueño  efectivo  del  territorio,  en¬ 
cierra  nuestras  fuerzas  en  el  recinto  de  la  ciudad 
murada,  y  sin  elementos  de  combate,  casi  sin 
subsistencias,  quizá  escasas  las  municiones,  parece 
al  vulgo  que  ya  España  no  posee  en  Luzón  más  te¬ 
rreno  que  el  que  pisa. 


tiva,  temporal  ó  definitiva  —  eso  el  tiempo  lo 
dirá  —  de  Cuba.  El  objetivo  de  Washington  en  Fi¬ 
lipinas  seguramente  fue  no  más  que  llamar  la 
atención  por  ese  lado;  pero  el  éxito  superó  á  las 
esperanzas :  lo  contrario  de  lo  que  les  ocurre  en 
Cuba:  así  son  las  cosas  de  la  guerra; 

El  2  de  Mayo,  día  doblemente  infausto  para 
la  patria,  trajo  el  telégrafo  la  triste  nueva  del 
desastre  de  Cavite :  en  el  ánimo  de  todo  el  mundo 
surgió  el  anhelo  unánime  del  desquite,  y  como 
la  base  no  podía  ser  otra  que  nuestras  fuerzas  na¬ 
vales,  hacia  ellas  convergieron  las  miradas. 

Afirmar  que  apenas  declarada  la  guerra  surgió 
un  plan  combinado  y  general  de  campaña,  sería 
afirmar  una  majadería,  y  yo  no  lo  haré:  se  vió  sólo 
de  la  parte  de  afuera  —  de  la  parte  de  adentro  no 
puedo  juzgar  por  la  sencilla  razón  de  descono¬ 
cerla —  que  cual  el  médico  que  no  diagnostica,  ata¬ 
cábamos  solamente  síntomas:  allí  hay  un  dolor, 
pues  una  cataplasma;  el  enfermo  tose,  píldoras  de 
cinoglosa  ó  jarabe  de  brea;  fiebre  alta,  antipirina; 
y  así  en  lo  demás.  Se  anunció  que  la  escuadra 
yankee  salía  para  la  Habana;  pues  barcos  nuestros 
á  la  Habana.  ¿Cuántos?  Los  que  haya  por  el  pron¬ 
to.  ¿Adónde?  Hacia  adelante.  ¿Con  qué  objetivo? 
Con  el  que  se  presente. 

La  opinión ,  por  su  parte,  á  las  veinticuatro  ho¬ 
ra?  de  declarada  la  guerra,  no  hacía  más  que  pre¬ 
guntar  por  la  escuadra.  Es  empresa  homérica  con¬ 
vencer  á  las  gentes  de  que  ni  las  escuadras  se 
improvisan,  ni  pueden  moverse  sino  en  la  pleni¬ 
tud  de  sus  elementos  de  acción  y  previstas  las 
contingencias  y  modos  de  subvenir  á  las  necesida¬ 
des  y  á  las  mil  complicaciones  de  la  vida  de  mar, 
sobre  todo  en  campaña,  y  en  campaña  contra  fuer¬ 
zas  muy  superiores.  El  clamoreo  fué  grande;  se 
gritaba:  «¡Barcos!  ¡barcos!»,  como  en  los  toros  se 
piden;  «¡Caballos!  ¡caballos! d.  Se  comprenderá 
cuánto  con  el  desconocimiento  de  las  cosas  se  des¬ 
naturalizan  y  atropellan  los  sucesos,  y  se  abruma 
á  los  que  gobiernan  con  exigencias  impremedita¬ 
das  y  comprometidas,  al  propio  tiempo  que  se 
coopera  á  la  confusión  general. 

Nosotros  éramos  débiles  en  la  mar:  esto  no  ha¬ 
bía  por  qué  negarlo;  y  es  elemental,  que  si  una 
fuerza  A  es  más  débil  que  otra  B,  si  A  se  divide  y 
subdivide,  se  habrá  hecho  una,  dos,  etc.,  veces  más 
débil,  y  B  una,  dos,  etc.,  veces  más  fuerte.  Pero  no 
hubo  medio:  una  escuadra  minúscula,  á  todas  luces 
minúscula,  fué  «empujada  á  Cuba,  y  á  Cuba  fué  y 
á  Cuba  llegó,  porqtie  Dios  protege  la  buena  in¬ 
tención. 

Nuestro  poder  naval  quedó  más  debilitado;  sur¬ 
gió  lo  de  Filipinas,  y  aquí  no  disponíamos  de  un 
solo  barco:  á  fuerza  de  órdenes  y  gestiones  se  re¬ 
unieron,  al  cabo  de  mucho  tiempo  —  porque  los 
días  en  época  de  guerra  tienen  mucha  más  dura¬ 
ción  moral  que  efectiva, —  el  Pelayo  y  el  Carlos  V 
y  unos  cuantos  barcos  mercantes  en  traje  de  bar¬ 
cos  de  guerra.  La  escuadra  llamada  de  Cervera 
llegaba  en  tanto  á  la  Martinica:  pudo  entonces  or¬ 
denarse  la  reconcentración  en  Canarias,  ó  en  un 
punto  cualquiera  de  la  Península,  aun  á  despecho 
de  los  indoctos,  que  hubiesen  puesto  el  grito  en 
el  cielo. 

«  * 

Para  socorrer  á  Filipinas  con  intento  de  recon¬ 
quistar  la  isla  de  Luzón,  había  que  tener  en  cuen¬ 
ta:  l.v  Situación  interior  y  exterior.  2.°  Barcos  de 
guerra  necesarios.  3."  Contingente  de  tropas  pre¬ 
cisas  y  posibilidad  de  embarcarlas  y  convoyarlas. 
4."  Tiempo  para  preparar  la  expedición,  y  días 
de  mar. 

Situación  interior  y  exterior .  Dewey  domi¬ 
nando  en  absoluto  el  exterior;  Aguinaldo  y  su 
gente  preparándose  á  levantar  en  armas  el  in¬ 
terior,  intento  hoy  ya  conseguido.  —  Barcos  de 
guerra  necesarios .  Cuando  menos  una  flota  en  un 
tercio  superior  á  la  de  Dewey  en  previsión  de 
los  refuerzos  a  éste. —  Contingente  de  tropas  preci¬ 
sas  y  posibilidad  de  embarcarlas  y  convoyarlas . 
Cuando  la  situación  estaba  vencida,  según  afirma¬ 
ciones  del  general  Polavieja,  y  cuando  ni  remota¬ 
mente  podían  contar  los  insurrectos  filipinos  con 
el  auxilio  poderoso  de  los  Estados  Unidos,  aquel 
General  declaró  que,  sobre  los  25.000  hombres  de 
que  disponía,  necesitaba  20.000  más,  ó  sea  un  total 
de  45.000.  Prescindiendo  de  ese  actual  poderoso 
auxilio  de  los  Estados  Unidos;  prescindiendo  de 
no  hallarse  ahora  dominada  la  situación  por  nos¬ 
otros,  sino  por  los  enemigos,  y  triunfante  la  rebe¬ 
lión,  no  creo  exagerada  hoy,  días  de  angustia  su- 


poder  siquiera  simular  que  están  armados.  Ahora 
bien:  una  expedición  de  esta  naturaleza  es  difícil 
de  convoyar  ni  por  las  dos  escuadras  reunidas  de 
Cervera  y  Cámara.  Si  por  esto  se  rebajan  barcos  de 
transporte  y  hombres,  en  tal  proporción  irá  siendo 
deficiente  el  refuerzo;  reducido  á  expediciones  de 
8  á  10.000  hombres,  tendrían  que  ir  sin  convoyar; 
y  limitado  á  una  única  expedición  de  esa  cifra, 
parece  una  temeridad  de  tal  especie,  que  no  atino 
á  comprender  que  nadie  piense  siquiera  en  ella  ¿ 
la  hora  presente  (1),  ni  pudo  pensarse  tampoco 
cuerdamente  antes.  —  Tiempo  necesario  para  jtre - 
parar  la  expedí  ción^  y  días  de  mar.  Regulada  por 
el  barco  mercante  de  menor  andar,  y  á  partir  de 
la  llegada  de  la  escuadra  á  la  Martinica,  no  creo 
que  la  expedición  más  pequeña,  si  hubiera  de  ir 
con  tropas,  tardase  menos  de  dos  meses  en  orga¬ 
nizarse  y  llegar,  y  mes  y  medio  si  hubiese  sido  sólo 
compuesta  de  barcos  de  guerra. 

De  todo  lo  expuesto  se  desprende:  l.°  La  recon¬ 
quista  de  la  isla  de  Luzón  se  nos  hizo  imposible 
desde  que,  destruida  nuestra  escuadra,  teniendo  en 
Cavite  una  base  de  operaciones  los  yankees  y  do¬ 
minando  en  el  mar,  actuaron  como  tropas  de  des¬ 
embarco  las  hordas  tagalas  sublevadas  en  masa, 
no  dejando  á  los  españoles  más  terreno  que  el  que 
pisaban.  2."  Los  refuerzos  hubieran  llegado  tarde, 
aun  enviados  á  raíz  del  desastre  de  Cavite,  y  ha 
habido  absoluta  imposibilidad  de  enviarlos  en  el 
número  y  calidad  necesarios  para  afirmar  el  éxito. 
3.°  Nuestra  base  de  operaciones  está  en  las  Yisayas 
y  Mindanao,  y  sobre  esta  base  debe  defenderse  la 
soberanía  de  España  en  el  archipiélago,  calculando 
con  precisión  y  previsión  lo  que  hay  que  hacer, 
porque  es  evidente  que  algo  hay  que  hacer .  Si  desde 
el  principio  se  hubiese  visto  claro  todo  esto,  las 
cosas  marcharían  mejor  á  estas  horas,  porque  la 
cuestión  planteada  en  sus  términos  exactos  habría 
adelantado  soluciones  rápidas  y  eficaces.  4.°  Para 
quebrantar  los  propósitos  de  los  yankees ,  favore¬ 
cer  la  soberanía  de  España  en  la  mayor  cantidad 
posible  de  territorio  filipino  y  prevenir  nuevas 
insurrecciones  de  indígenas,  convendría  dar  en¬ 
trada  en  alguna  parte  del  archipiélago  á  Europa, 
porque  una  nación  sola  no  podrá  ya  nunca  impo¬ 
nerse  á  los  engreídos  y  traidores  tagalos.  5.°  La 
rendición  de  Manila  no  supone,  como  general¬ 
mente  se  cree,  la  extinción  súbita  de  nuestra  so¬ 
beranía  en  Filipinas,  porque  ni  la  capitulación  al¬ 
canzará  á  más  fuerzas  de  las  que  tenga  á  su  más 
inmediato  mando  el  Capitán  general,  ni  la  isla  de 
Luzón,  aun  considerada  en  su  conjunto  y  aun  pres¬ 
cindiendo  de  las  provincias  enclavadas  en  ella  que 
todavía  permanecen  fieles,  es  otra  cosa  que  una 
parte  mínima  del  archipiélago,  y  el  resto  ó  porción 
muy  importante  de  él  puede  y  debe  defenderse 
bajo  la  bandera  de  España. 

• 

*  * 

Vengamos  ahora  á  otro  orden  de  considera¬ 
ciones. 

El  infortunio  de  nuestras  armas  en  una  parte 
del  archipiélago,  obedeciendo  á  causas  que  no  son 
para  tratadas  ahora,  jamás  ha  debido  amenguar, 
ni  con  efecto  ha  amenguado,  los  alientos  de  la  na¬ 
ción.  Accidente  propio  de  la  guerra,  donde  lo  mis¬ 
mo  se  pierde  que  se  gana,  pero  adonde  nadie  debe 
ir  fiado  á  un  éxito  total  y  dulce,  no  debe  ser  alar¬ 
gado  de  sus  justas  proporciones,  ni  menos  tomado 
por  pretexto  para  fines  perturbadores  por  las  ban¬ 
derías  políticas  en  la  metrópoli. 

A  vueltas  de  mucho  hablar  de  patriotismo  y  de 
encomiar  el  desinterés  de  los  juicios  y  de  prego¬ 
nar  la  elevación  de  miras,  obsérvase,  sin  embargo, 
sin  esforzarse  mucho  en  la  observación,  cómo  los 
partidos  políticos  revolucionarios  y  sus  órganos 
en  la  prensa,  aun  aquellos  á  quienes  no  les  ha  ido 
del  todo  mal  con  los  prohombres  de  la  Monarquía 
en  los  veinticinco  años  de  Restauración,  y  que  han 
usado  de  continuas  melosidades  con  las  institucio¬ 
nes  mientras  han  visto  lejos  la  tierra  de  promi¬ 
sión,  hoy,  creyendo  que  de  las  desgracias  de  la 
patria  pueden  surgir  los  días  de  ventura  para  ilu¬ 
siones  durante  esos  veinticinco  años  almacenadas, 
toman  pretexto  de  esas  mismas  desgracias  para 
arrojar  las  responsabilidades,  no  sobre  los  Gobier¬ 
nos  de  la  Monarquía,  sino  sobre  la  Monarquía  mis¬ 
ma,  predicando  como  consecuencia  que  la  reprise 
del  régimen  que  produjo  los  vergonzosos  días  del 
73  es  la  única  panacea  para  llevar  la  patria  por 
caminos  de  prosperidad  y  bienandanza;  mientras 
creen  otros  que  el  retroceso  á  los  días  de  Torque- 


*  * 

No  se  creía  en  la  posibilidad  de  la  guerra  por 
los  llamados  principalmente  á  prever  el  caso;  pero 
menos  se  creyó  en  una  agresión  feliz  contra  Fili¬ 
pinas;  quizá  ni  por  los  yankees  mismos,  porque  el 
objetivo  de  su  campaña  era  y  es  la  ocupación  efec- 


prema,  la  cifra  de  45.000  hombres  que  pidió  el 
general  Polavieja  en  días  de  bonanza:  es  así  que 
el  general  Augustin  dispondrá  de  un  máximo  de 
8.000  soldados;  luego  habrían  de  enviarse  37.000 
hombres.  Calculando  mu/barco  para  .nada  I.QQ0  _ 
hombres,  hacen  falta  37  barcos  de  un  andar  míni¬ 
mo  de  12  millas,  y  con  algunas  condiciones  para 


mada  y  á  las  miserables  intrigas  de  Escoiquiz, 
hará  también  lucir  por  igual  acaso  el  sol  de  la  fe¬ 
licidad  sobre  este  país,  cuyos  destinos  vense  á  dos 
dedos  de  regir. 


(1)  Me  refiero  siempre  á  la  isla  de  LuzónT 


Digitized  by  v^.ooQie 


22  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  T  AMERICANA 


N.é  xxin  —  36? 


Hora  es,  pues,  de  discutir  un  poco  tan  intere¬ 
sante  tema.  - 

Muchas  veces  se  anotan  los  hechos;  pero  no  to¬ 
das  se  penetran  bien  las  causas  ni  la  trascendencia 
efectiva.  El  país  se  ha  enterado,  no  cabe  duda,  de 
cuánto  progresaron  en  pocos  años  las  institucio¬ 
nes  militares,  lo  mismo  en  la  parte  formal  que  en 
la  de  esencia,  en  su  organización  y  medios,  como 
en  su  fisonomía  moral;  mas  hay  mucha  gente  que 
no  se  ha  dado  cuenta  todavía  de  cómo  se  han  pre¬ 
parado  y  realizado  estos  hechos,  que  no  han  sido 
ciertamente  efecto  ele  una  mera  mecánica  oficial. 

« 

«  « 

Hace  doce  á  catorce  años,  la  fecha  importa  poco, 
se  reunieron  unos  cuantos  militares  y  marinos, 
todos  modestos,  humildes,  humildísimos,  insigni¬ 
ficantes  (esa  fue  tal  vez  su  mayor  defensa);  quisie¬ 
ron  hacer  algo  obscura  y  calladamente  en  beneficio 
de  su  patria,  y  de  la  comunidad  de  tendencias  y  pen- 


cual,  y  en  plena  paz,  se  vió  amenazado  de  des¬ 
membración  el  territorio  nacional.  Bastó  estable¬ 
cer  el  contacto,  y  la  integridad  del  territorio  quedó 
á  salvo,  sin  ocurrir  aquí  dentro  en  la  Península 
el  temido  choque,  el  temido  derramamiento  de 
sangre;  más  adelante  se  juzgó  un  día  que  el  pres¬ 
tigio  de  las  instituciones  militares  no  estaba  bien 
defendido,  y  se  produjo  otra  vez  el  contacto,  y  una 
delegación  de  siete  modestísimos  subalternos  le¬ 
vantó  de  sus  asientos,  aun  sin  quererlo,  á  un  Con¬ 
sejo  de  Ministros  entero,  y  una  situación,  entera 
también,  cayó  como  por  arte  de  encantamiento; 
otro  día  se  creyó  en  cierta  colonia  que  se  había 
presentado  igual  fenómeno,  y  también  el  contacto 
surgió  como  por  magia;  cuanto  después  ocurrió 
no  hay  para  qué  mencionarlo.  No  los  cito  como 
sucesos  placenteros,  sino  como  prueba  de  lo  for¬ 
midable  y  robusto  del  fenómeno,  apareciendo  y 
desapareciendo  con  la  rapidez  del  rayo,  y  como 
el  rayo  aniquilando. 

Pues  bien;  no  lo  duden  los  soñadores  políticos 


ó  no  en  el  manto  del  patriotismo.  El  pabellón,  á 
fuerza  de  usarse  y  usarlo  mal,  está  muy  roto  y  no 
cubre  ya  la  mercancía.  La  Monarquía  tiene  más 
raíces  de  lo  que  parece  y  de  lo  qtie  quisieran  mu¬ 
chos.  No  influye  poco  en  esto  que  detrás  de  ella 
no  hay  nada.  Eso  de  ir  al  caos  con  un  breve  en¬ 
treacto  á  beneficio  de  cuatro  malos  cómicos,  hace 
veinticinco  años  frustrados,  se  descuenta  por  in¬ 
necesario,  y  el  famoso  tacto  de  codos  lo  evitará, 
pese  á  quien  pese. 

Por  otra  parte,  nadie  apercibe  entre  nosotros 
la  existencia  de  seres  sobrenaturales;  de  modo 
que  no  son  de  esperar  los  casos  agudos  de  mila¬ 
gros  fulminantes:  pierdan,  pues,  la  esperanza  y 
no  perturben  cuantos  están  á  caza  de  sucesos  gra¬ 
ves  de  orden  interior,  esperando  de  ellos  el  pro¬ 
pio  provecho;  limítense  á  disfrutar  en  plena  paz 
lo  que  se  les  da  ó  merodean,  que  no  es  poco,  y  no 
olviden,  además,  que  de  alterarse  la  paz  interior 
por  alguna  violenta  y  súbita  convulsión,  el  porve¬ 
nir  no  puede  ser  jamás  de  elementos  viejos,  tris- 


f 

u 


MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA.  — destructor  de  torpederos  «terror»,  fondeado  en  san  juan  de  puerto  rico. 


(De  fotofíi-Afia  de  Reymundo  y  C .“) 


samientos,  surgió  desde  luego  ese  Centro  militar 
de  Madrid,  progenitor  de  otros  varios  de  provin¬ 
cias  y  que  ya  cuenta  con  una  brillante  hoja  de 
servicios  prestados  ¡y  los  que  aún  ha  de  prestar I 

En  aquella  tribuna,  en  la  prensa  y  en  el  libro  se 
hicieron  propagandas,  sin  descanso  y  con  fe  del 
apostolado  más  convencido,  de  la  necesidad  de 
reorganizar1  y  dignificar  el  ejército,  fomentar  y 
reformar  la¡  marina  y  establecer  el  servicio  gene¬ 
ral  militar  obligatorio.  Si  fue  fructífera  ó  no  la 
propaganda]  díganlo  las  leyes  que  se  dictaron  y  que 
colocaron  á  grande  altura  la  organización  militar 
y  el  espíritú  de  disciplina;  la  ley  concediendo  un 
crédito  de  200  millones  para  hacer  escuadra — y  si 
no  la  tenemos  en  la  debida  proporción ,  claro  es, 
no  puede  iniputarse  á  quienes  sólo  se  movían  en 
el  terreno  de  las  ideas, — y  la  ley  estableciendo  el 
servicio  geqeral  militar  obligatorio,  cuya  más  es¬ 
tricta  aplicación  es  ya  en  estos  días  un  ideal,  no 
sólo  militar^  sino  popular. 

Aquellos  modestos  y  obscuros  propagandistas 
tuvieron  sufc  días  de  relativa  notoriedad;  mas 
pronto  volvieron  á  la  tranquila  paz  de  una  obscu¬ 
ridad  satisfécha  de  sí  misma  y  del  éxito  alcanza¬ 
do,  único  lauro,  única  compensación  á  que  aspira¬ 
ban,  que  otra  alguna  no  era  posible;  les  bastaba  con 
esto  y  con  verse  libres  á  ratos  de  los  disgustos  y 
hasta  las  persecuciones  de  que  en  varias  ocasiones 
fueron  objeto.  Cada  cual  soportó  con  resignación 
su  mala  hora,  y  la  pasó  como  Dios  le  dió  á  en¬ 
tender. 

La  primera  vez  que  pudo  medirse  la  intensidad 
de  la  gran  fuerza  creada,  abriendo  el  período  de 
la  mayor  edad  de  las  instituciones  militares,  fué 
durante  cierto  cónflicto  con  país  extranjero,  en  el 


de  aventuras,  cualesquiera  que  sean  su  proceden¬ 
cia,  vestimenta  y  significación,  todo  ello  es  un 
efecto  del  hondo  transformismo  realizado  en  las 
instituciones  militares,  Jas  cuales  hoy,  en  los  ca¬ 
sos  extremos,  siguen  sin  vacilar  el  camino  que  les 
traza  su  espíritu  y  honor,  y  rechazan  todo  acto 
innoble  ó  toda  ingerencia  extraña  ó  fuera  de  ley. 
Acabó  el  tiempo  en  que  los  militares  eran  instru¬ 
mentos  ciegos  que  neciamente  servían  de  peldaño 
á  las  ambiciones  de  algunos  militares  ó  paisanos 
de  insana  codicia;  hoy  la  masa  militar  no  va  más 
allá  de  adonde  con  perfecta  conciencia  cree  que 
debe  ir;  guíase  de  sus  propias  inspiraciones,  y  des¬ 
deña  los  espíritus  santos  más  ó  menos  tribunicios 
ó  endiosados.  Ya  no  puede  nadie,  entiéndase  bien, 
nadie ,  ir  á  los  cuarteles  por  las  tropas  para  hacer¬ 
las  pedestal  de  su  engrandecimiento  personal.  Lo 
que  convenga  hacer  se  hace  sólo  por  sugestiones 
imperiosas  de  la  religión  del  deber  y  pensando 
sólo  en  la  patria,  y  será  arrollado  con  toda  facili¬ 
dad  cuanto  á  ello  se  oponga;  porque  ya,  además, 
no  se  usa  el  fusil  de  chispa,  y  con  estos  mausers 
modernos  se  acabaron  los  valientes  y  las  valen¬ 
tías  de  ocasión  en  la  vía  pública.  Fíjense  las  gen¬ 
tes  en  el  alboroto  que  había  en  España  antes  de 
las  declaraciones  parciales  del  estado  de  guerra  en 
Ja  Península;  luego  de  hechas,  todo  quedó  como 
una  balsa  de  aceite;  se  puede  oir  el  vuelo  de  una 
mosca. 

• 

•  • 

Quiero  decir  con  todo  esto  que  las  instituciones 
militares  ya  andan  solas  y  no  hacen  caso  de  ton¬ 
terías,  díganlas  quienes  las  digan,  y  envuélvanse 


temen  te  ensayados  en  años  inolvidables  para  la 
patria:  el  tacto  de  codos  producirá  resortes  nue¬ 
vos,  y  serán  barrera  infranqueable  donde  se  estre¬ 
llarán  las  aventuras  y  las  ambiciones  decrépitas. 

Juan  de  Mad ariaga, 

Conde  de  Torre  Vélez. 


NOCHE  DE  SAN  JUAN. 


Todos  los  santos  son  buenos. 
Y  San  Juan  es  el  mejor, 

Porque  ése  tu  va  la  dicha 
De  bautizar  al  S^ñor. 

(Cantar  popular.) 


Precursor  de  la  Buena  Nueva  el 
que  desde  las  márgenps  del  Jordán 
exhortaba  á  penitencia  prefigurando 
el  bautismo  de  Cristos  simboliza  el 
amor,  la  redención,  la  luz  de  los  cie¬ 
los;  su  fiesta,  una  de  las  más  grandes  del 
cristianismo,  se  celebra  en  el  solsticio  de 
verano,  cuando  la  Naturaleza  muestra  pró¬ 
diga  toda  su  fecundidad;  cuando  el  cielo  es 
más  azul,  más  puro;  cuando  el  sol,  como 
amante  ávido  de  caricias,  envuelve  á  la  tierra  en 
beso  ardentísimo  y  perdurable:  en  la  noche  de 
San  Juan,  millares  de  luceros  parpadean  en  lo  in¬ 
finito;  la  tierra  arroja  vaho  cálido;  su  seno,  hen¬ 
chido  de  flores  y  frutos,  aromatiza  el  ambiente. 

En  lo  hondo  de  los  valles,  en  las  cumbres  de 
las  montañas ,  en  las  plazas  de  las  ciudades  y  de 


Digitized  by  v^.ooQie 


22  Junio  1893 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


SALÓN  DE  SESIONES 


EDIFICIO  DONDE  SE  HALLAN  INSTALADAS  LAS  NUEVAS  CÁMARAS, 


(De  fotografías  de  los  gres.  Otero  y  Colominas.) 


Digitized  by 


í  22  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


,N.°  xxiii  —  ,369 


La  academia  d3  billar. — Vista  exterior  del  edificio.  —  Gran  salón  del  café. 

BARCELONA.  — GRAN  café-restaubant  de  colón  y  academia  de  billar. 

(De  fotografías ) 


s, 


r 

i 


Digitized  by  ^.ooQie 


370  —  n.°  xxm 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


22  Junio  1898 


las  aldeas,  en  todas  partes  donde  se  sigue  la  doc¬ 
trina  del  Justo,  arden  hogueras,  resuenan  músi¬ 
cas  y  bailan  mozos  y  mozas.  Y  mientras  los  tron¬ 
cos  de  los  árboles,  las  árgomas  y  los  heléchos 
chisporrotean  y  levantan  llamaradas  de  fuego  se¬ 
mejantes  á  lenguas  de  oro  bendiciendo  al  Bautista, 
mozas  y  mozos  también  se  sienten  abrasados  por 
el  amor,  y  las  ilusiones  y  esperanzas  que  éste  le¬ 
vanta  en  su  pecho  en  tal  noche  son  acaso  más  bri¬ 
llantes  y  menos  fugaces  que  las  chispas  que  brotan 
de  la  fogata. 

¡Noche  de  San  Juan!  Adornad,  mujeres,  vuestros 
cabellos  con  guirnaldas  de  trébol,  artemisa,  gro¬ 
sella  ó  verbena,  que  son  las  consagradas  al  Pre¬ 
cursor,  y  antes  de  que  el  reloj  marque  las  doce 
de  la  noche  escuchad  mi  charla:  un  puñado  de 
creencias  que  tienen  su  origen  en  esta  festividad. 
¡Dichoso  yo  si  practicáis  alguna  de  ellas  y  su  re¬ 
sultado  se  ajusta  á  vuestro  deseo ! . 


Las  hogueras  simbolizan  el  fuego  celeste,  y  en 
casi  todos  los  pueblos  arden  la  víspera  de  San 
Juan:  en  las  regiones  americanas  que  descubri¬ 
mos  y  poblamos  los  españoles,  hay  la  arriesgada 
costumbre,  por  los  jinetes  atrevidos,  de  hacer  que 
los  caballos  atraviesen  de  un  salto  por  encima  de 
las  llamas:  en  España,  por  lo  regular,  como  ocu¬ 
rre  en  Andalucía,  rodean  la  «candela»  una  por¬ 
ción  de  chaveas  que  saltan  y  danzan,  ó  bien,  como 
se  practica  en  Cataluña  y  en  varios  puntos  del 
Norte  y  Castilla,  la  gente  moza  forma  corro  y 
canta  en  derredor  de  la  lumbre  (1). 

En  muchos  puntos  celebran  la  ñesta  de  San 
Juan  con  grandes  regocijos  y  gastos  de  pólvora, 
y  difícilmente  habrá  algún  pueblo  en  que  no  se 
haga  feria  ó  verbena:  en  Madrid,  desde  el  año 
16ol  en  que  se  verificó  con  gran  suntuosidad  la 
primera  verbena  de  San  Juan,  ideada  por  el  Conde- 
Duque  de  Olivares,  continúa  dicha  fiesta,  aunque 
de  up  modo  que  dista  mucho  de  lo  que  debía  espe¬ 
rarse  de  la  capital  de  España. 

El  rocío  que  antes  de  salir  el  sol  cae  sobre  las 
plantas  en  el  día  del  Bautista,  es  tradicional  que 
ejerce  benéfica  influencia  sobre  las  enfermedades: 
en  Toscana  creen  que  bañándose  los  ojos  en  este 
rocío  no  padecerán  dolencia  alguna 'en  ellos;  en 
Suecia  ó  Islandia,  que  sanarán  de  los  males  del 
cuerpo,  y  en  Yenecia,  los  calvos — ¡no  hay  por 
qué  sonreirse  incrédulamente! — recogen  el  rocío 
para  que  les  crezca  el  pelo. 

En  Madrid  y  en  otros  muchos  puntos  es  cosa  de 
eney  entre  la  gente  del  pueblo,  el  lavarse  la  cara  la 
víspera  de  San  Juan,  al  sonar  las  doce  de  la  no¬ 
che:  esto  da  la  felicidad  para  todo  el  año.  No  pue¬ 
de  ser  más  factible  ni  mas  económico  el  alcanzar 
tamaña  ventaja. 

En  Extremadura  las  niñas  casaderas  parten  un 
huevo  la  víspera  del  Precursor  al  dar  las  doce,  y 
lo  echan  en  un  vaso  mediado  de  agua. 

Al  día  siguiente  corren  presurosas  á  ver  la  for¬ 
ma  que  ha  tomado  el  huevo.  Y  todo  es  cuestión  de 
fe:  unas  ven  flotar  en  el  vaso  un  navio,  otras  adi¬ 
vinan  una  locomotora,  quiénes  un  arado,  cuáles 
una  espada.  Y  no  se  necesita  un  gran  esfuerzo  de 
imaginación  para  averiguar  la  profesión  del  no¬ 
vio  que  les  depara  la  suerte,  marino,  ingeniero, 
labrador,  militar,  etc.,  etc.,  según  se  transforme  el 
huevo. 

También  preparan  las  jóvenes  catalanas  sus  ho¬ 
róscopos.  Para  esto  colocan  debajo  de  su  cama,  en 
tal  noche,  tres  cardos:  cada  cardo  tiene  el  nom¬ 
bre  de  un  adorador  ficticio  ó  efectivo.  El  cardo 
que  de  los  tres  florece  primero ,  es  el  que  indica  á 
la  niña  el  que  verdaderamente  la  quiere. 

En  la  mayoría  de  los  pueblos  hay  otra  supers¬ 
tición  muy  arraigada,  y  que  en  sus  resultados  fes 
parecida  á  las  múltiples  que  prevalecen  la  víspera 
ae  San  Juan:  la  que  tiene  ansia  por  conocer  el 
gran  misterio  de  sus  amores,  coloca  en  el  patio,  y 
en  sitio  precisamente  bañado  por  los  rayos  de  la 
luna,  un  lebrillo  lleno  de  agua:  á  las  doce  en  punto 
se  asoma  á  éste,  y  en  su  fondo  surge  misteriosa¬ 
mente  la  imagen  del  hombre  que  la  adora  en  se¬ 
creto. 

Otras  costumbres,  ya  olvidadas,  pero  que  á  tí¬ 
tulo  de  curiosidad  relatamos,  son  las  que  se  ejecu¬ 
taban  siglos  há  en  España  y  en  Inglaterra:  las 
inglesitas,  al  rayar  el  día  de  San  Juan,  asomᬠ
banse  á  la  ventana  de  su  casa  ó  salían  á  la  calle, 
en  la  persuasión  de  que  el  primer  joven  que  viesen 
había  de  conducirlas  al  altar. 

Las  españolas  con  ganas  de  perder  su  soltería 
poníanse  al  balcón  ó  á  la  ventana  en  la  noche  del 
Santo,  con  el  cabello  suelto  y  el  lindo  pie  desnu¬ 
do,  metido  en  un  barreño  lleno  de  agua.  Y  así  per- 


(1)  Algunas  de  las  tradiciones  de  la  noche  de  San  Juan  que 
figuran  en  este  artículo  se  encuentran  confirmadas  por  D  Car¬ 
los  Mendoza  en  su  notable  y  erudito  trabajo  La  Leyenda  de 
las  plantas, — (N.delA,) 


manecían  mucho  ó  poco  tiempo,  según  el  caso, 
hasta  escuchar  el  primer  nombre  de  varón  que  se 
pronunciara  en  la  calle:  suponían  que  así  se  lla¬ 
maría  el  esposo  que  los  hados  las  deparasen. 

Entre  los  mozos  se  siguen  ciertas  prácticas  le¬ 
gendarias,  como  la  de  regalar  ramos  de  diversas 
flores  de  excepcional  virtud,  la  de  atar  lazos  á  las 
rejas  de  las  casas  de  sus  novias,  la  de  desgañitarse 
cantando  coplas  alusivas  á  la  protección  que  el 
Santo  ha  de  dispensar  á  sus  quereres,  acompañán¬ 
dose  de  guitarras  ó  bandurrias. 

Una  de  estas  prácticas,  la  más  generalizada,  es 
la  de  que  el  mozo  que  pretende  á  una  moza  cuel¬ 
gue  de  uno  de  los  hierros  de  la  ventana  en  donde 
vive  el  objeto  de  sus  ansias,  un  ramo  de  rosas  y 
azucenas  la  víspera  de  San  Juan  por  la  noche. 

Si  á  la  mañana  siguiente  permanece  el  ramo  en 
el  mismo  sitio  en  que  se  puso,  es  señal  de  que  su 
declaración  ha  sido  desatendida,  y  si,  por  el  con¬ 
trario,  ha  sido  recogido,  prueba  esto  que  la  niña  le 
corresponde. 

Existe  entre  los  labradores  firme  creencia  de 
que,  recogiendo  en  la  noche  de  San  Juan  determi¬ 
nadas  hierbas  de  sus  campos,  se  verán  estos  libres 
durante  todo  el  año  de  inclemencias  atmosféricas, 
plagas  y  enfermedades. 

¡Noche  de  San  Juan,  bendita  seas!.....  ¡Cuántas 
ilusiones,  cuánta  fe  y  cuántos  ensueños  pueblan 
el  mundo  en  tal  noche! . ¡Felices  los  puros  de  co¬ 

razón  que  tienen  arraigadas  en  el  suyo  creencias 

tan  candorosas! .  ¡Dichosos  los  que  realizan  sus 

más  caras  esperanzas  en  esta  bendita  noche  en 
que  palpita  el  amor  en  la  Naturaleza  y  en  el  cora¬ 
zón  humano! .  Para  estas  nupcias  sólo  hay  un 

poeta  que  pueda  escribir  el  epitalamio:  Dios. 

Alejandro  Larrübiera. 


i  MI  QUERIDO  POETA  ANTOHIO  MARÍA  GODRÓ, 

EN  EL  DÍA  DE  SAN  ANTONIO. 


(HABLA  LA  ESPOSA  MUERTA.) 

«¡Por  la  primera  vez,  Antonio  mío, 
Después  de  nuestro  santo  matrimonio, 

Al  llegar  tu  bendito  San  Antonio, 

Sientes  cansancio  ....  y  soledad . y  frío! 

»¡  EstaR  dulces  palabras  que  te  envío 
Son  de  mi  amor  eterno  testimonio, 

Y  á  mis  hijos  les  doy  por  patrimonio 
Ternuras  que  en  sus  sueños  les  confío!! 

»¡  Acércate  al  altar  de  la  Florida 
Cuando  hoy  la  luz  medrosa  te  despierte, 

Y  no  llores  allí  por  mi  partida!! 

»¡ Nunca  mis  ojos  dejarán  de  verte: 
Nuestras  almas,  tan  juntas  en  la  vida, 
Son  más  inseparables  en  la  muerte!!!» 


13  de  Junio,  1898 


Por  la  copia, 
Antonio  Grilo. 


-A»  GBILO. 


Desde  las  cumbres  de  la  eterna  vida 
Tendió  la  inspiración  el  raudo  vuelo 
Para  imprimir  un  ósculo  del  cielo 
Entre  los  labios  de  mi  abierta  herida. 

El  alma  que  escuchó ,  de  horror  transida, 
De  bu  respiro  el  postrimer  anhelo, 

Oye  cantar  tras  el  celeste  velo 
La  madre  de  mis  hijos  tan  querida. 

La  magia  de  tu  estrofa  rutilante 
Hace  vivir  de  nuevo  las  ideas 
De  aquel  sér  tan  amado  y  tan  amante. 

¡Bien  hayas  tú,  que  la  esperanza  creas! 
¡Bendita,  sí,  tu  inspiración  gigante! 
¡Heraldo  de  mi  amor,  bendito  seas! 

Antonio  María  Godró. 

13  Junio  98. 


POR  AMBOS  MUNDOS. 


NAKRACIONES  CÜSMOrOI.li'AS. 

Washington  :  Patriotería  belicosa:  el  shake-hand.—  Á  Europa  á  pie, 
sobre  el  mar,  desde  Boston.— El  vicio  de  la  embriaguez  en  las 
mariposas. 

Supongo  que,  después  de  dos  meses  de  despedi¬ 
das  de  los  bravos  y  de  recepciones  guerreras  entu¬ 
siastas,  ya  se  irá  cansando  Mr.  Mac-Kinley  de  ver 
desfilar  y  recibir  á  los  boys  que  concurren  á  la  Casa 
Blanca  de  Washington  á  darle  el  shake-hand ,  ó 
‘  apretón  de  manos,  porque  el  fiasco  belicoso  de  la 


gran  nación  no  ha  podido  ser  más  grande.  Regis¬ 
trado  ,  llorado  y  maldecido  el  incalificable  abando¬ 
no  de  la  bahía  de  Manila,  donde  nuestros  valientes 
marinos,  mal  dirigidos,  sucumbieron,  marchando 
al  abordaje,  ante  la  audacia  é  impunidad  de  De- 
wey,  y  donde  se  paralizaron  todas  las  energías  de 
combate  de  los  norteamericanos,  que  encomenda¬ 
ron  la  continuación  de  su  empresa,  para  que  sir¬ 
vieran  de  verdugos  y  de  carne  de  cañón ,  á  dos¬ 
cientos  mil  indios  traidores,  que  no  hace  mucho 
tiempo  fueron  barridos  y  dispersados  en  pocos 
días  por  los  invictos  Polavieja  y  Lachambre;  re¬ 
gistradas  y  lamentadas  esa  horrible  desventura  y 
sus  consecuencias  necesarias,  queda  como  resul¬ 
tado  ostensible  y  elocuente  de  la  incapacidad  yan - 
kee  el  fiasco  de  todas  sus  tentativas  contra  Cuba  y 
Puerto  Rico. 

De  nada  les  han  valido  hasta  ahora  los  355  mi¬ 
llones  de  pesos  gastados  en  preparativos  y  expe¬ 
diciones  marítimas;  de  nada  el  haber  soñado  au¬ 
mentar  su  ejército  desde  23.000  hombres,  que  dicen 
que  tenían  á  fines  de  Abril,  á  100.000  para  Cuba, 
20.000  para  Puerto  Rico,  otros  tantos  para  Filipi¬ 
nas  y  130.000  para  la  primera  reserva,  cuyas  fuer¬ 
zas  no  parecen  por  ninguna  parte;  y  de  nada,  en 
fin,  la  poderosa  (!)  escuadra  del  bloqueo  oficial,  ni 
la  volante,  porque  á  estas  horas,  después  de  se¬ 
senta  días  de  gnerra,  no  dominan  un  solo  palmo 
de  tierra  en  nuestras  Antillas.  Ni  lo  dominarían 
nunca  ni  se  aproximarían  á  ellas  si  tuviéramos  en 
aquellos  mares  cuatro  ó  seis  acorazados  más;  que 
á  tan  sencilla  deficiencia  se  debe  el  que  Sampson 
y  Schley  se  hombreen  en  el  mar,  á  dos  pasos  de 
su  tierra,  como  no  se  hombrearán  jamás  de  playas 
adentro  Lee,  Miles  y  otros  generales  descono¬ 
cidos. 

Por  creer  que  esa  deficiencia  era  mucho  mayor, 
y  que  nuestras  colonias  serian  conquistadas  en 
ocho  días;  por  creernos  débiles  y  sin  ánimos  para 
resistir,  se  atrevió  Mac-Kinley  á  hacer  con  España 
lo  que  Cleveland  jamás  quiso  hacer  contra  Ingla¬ 
terra  en  Hawai  y  en  Venezuela,  ante  cuya  poten¬ 
cia,  impulsado  por  el  temor,  contestó  al  Senado, 
cuando  éste  hizo  suya  la  proposición  Davis,  que  se 
opondría  á  ella  con  todas  sus  fuerzas,  porque  el 
pueblo  no  reclamaba  una  solución  tan  belicosa 
(for  wich  there  ivas  no  popular  demand).  El  te¬ 
mor  al  enemigo  poderoso  libró  entonces  á  Cleve¬ 
land  de  una  acusación  (impeachment)  del  pueblo; 
y  la  vanidad  y  ,1a*  avaricia  han  librado  ahora  á 
Mac-Kinley  de  )otra  impeachment  más  tremenda, 
al  halagar  al  pueblo  declarándonos  la  guerra,  con 
la  seguridad  de  que  éste,  vencedor  un  día,  se  re¬ 
parta  los  despojos.  «Yo  the  victor  belong  the  spoils /», 
como  dijo  antaño  el  senador  yankee  Mr.  Marcy. 

La  raza  ó  pisto  étnico  anglo-sajón  que  puebla  el 
territorio  unido  adolece,  en  efecto,  de  la  idiosin¬ 
crasia  del  despojo,  del  spoifs  system ;  practica  sin 
escrúpulo  la  cleptomonía  ó  vicio  de  apoderarse 
de  lo  ajeno  contra  la  voluntad  de  su  dueño;  y 
como  lo  hizo  ayer  con  Tejas,  Florida,  Nuevo  Mé¬ 
jico  y  California,  y  lo  hace  ahora  con  Hawai,  as¬ 
pira  á  hacerlo  mañana  con  Cuba,  Puerto  Rico  y 
Filipinas.  A  esto  se  reduce  su  ideal,  que  antes  se 
formulaba,  respecto  á  las  aspiraciones  de  todo 
yankee ,  en  la  frase:  «Comprar  ó  venderse»,  según 
irónica  y  fielmente  lo  expuso  el  escritor  Gayarre, 
de  Nueva  Orleans,  en  su  afamada  comedia  The 
school  for  poli  ti  es ,  tan  aplaudida  en  Nueva  York 
en  1854;  y  ahora,  con  el  progreso  de  los  tiempos, 
se  ha  convertido  en  la  de :  To  destroy  and  tú  roby 
«destruir  y  robar». 

En  pro  de  la  iruerra,  del  supuesto  predominio 
del  mas  fuerte,  de  la  destrucción  y  del  despojo,  se 
han  celebrado  en  Washington  los  .grandes  desfiles 
y  recepciones  de  improvisados  batallones  de  vo¬ 
luntarios  blancos,  alquilados,  sin  patria  ni  hogar; 
y  de  pelotones  de  negros,  vestidos  de  mamarra¬ 
chos,  con  uniformes  galoneados,  charreteras  y 
tricornios  con  plumas.  Todos  ellos,  blancos,  par¬ 
dos  ¿  verdes  y  negros,  avanzaban  blandiendo  sus 
sables  vírgenes,  y  entonando  con  aguardentoso 
timbre  los  patrióticos  himnos  Star  Spangled  Ban - 
nery  ó  el  Yankee  doodley  por  no  poder  modular, 
sin  duda,  con  sus  ásperos  gaznates,  el  dulce  can¬ 
tar  resumen  de  sus  criminales  deseos: 

Cuba,  gemina  Antillica,  sposa  del  mar! 

Las  turbas  entran  en  Witehouse  á  dar  al  Presi¬ 
dente  un  shake-hand  y  y  á  oir  de  labios  del  misino 
la  democrática  ^respuesta:  Glad  *to%*see  youy  «Me 
alegro  veros»;  y,  cumplido  este  debér  patrióti¬ 
co,  desfilan  de  nuevo  y  se  atropellan  al  fin,  para 
asistir  devotamente  á  algún  prayer  meeting  donde 
piden  al  cielo  el  exterminio  de  todos  los  españo¬ 
les.  Y,  antes  y  después,  fortifican  su  espíritu  con 
el  de  remolacha  ó  patatas  que  contienen  las  bo¬ 
tellas  de  whisky  y  de  brandy,  y  se  tumban  pen¬ 
sando  en  la  victoria,  gracias  á  la  mona  dormi¬ 
lona,  que  parece  repetir  en  sus  oídos  el  cantar  ve- 


Digitized  by  ^.ooQie 


22  Junio  1898 


'LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA*  Y  AMERICANA 


N.°  xxin  —  371 


neciano,  no  sabido  en  Tampa,  ni  en  Punta  Rasa, 
ni  en  Charleston : 

Dormi,  o  bella,  o  fingí  di  dormir! 

•  • 

Mientras  ana  ó  varias  divisiones  de  guerreros 
norteamericanos  se  apoderan  de  las  Antillas,  otra 
vendrá  á  España  sin  necesidad  de  barcos.  ¿Cómo? 
Andando.  El  problema  está  resaelto.  Un  capitán 
(allí  todos  son  capitanes  de  repente),  William  01- 
drieve,  vecino  de  Boston,  ha  inventado  unas  bo¬ 
tas,  de  madera  de  cedro,  con  su  quilla  y  todo,  de 
metro  y  medio  de  longitud,  y  con  las  cuales  «se 
tiene  tieso»  sobre  el  agua  y  anda  por  ella  como 
Pedro  por  su  casa.  Las  botas  pueden  sostener  un 
peso  de  80  kilogramos;  y  como  Oldrieve  no  pesa 
más  que  73,  no  hay  peligro  de  que  se  sumerja.  Así 
lo  ha  demostrado  paseándose  sin  novedad  durante 
muchas  horas  en  la  bahía  de  Massachusetts  y  en 
los  ríos  Hudson  y  Merrimac.  En  una  ocasión  en 
que  se  propuso  recorrer  la  bahía  de  Pablo,  en  la 
Florida,  cuando  llegó  al  centro  de  ella  lo  arrastró 
hacia  alta  mar  una  fuerte  racha  de  viento.  Al  ver 
que  desaparecía  creyéronlo  perdido;  pero  algunas 
horas  después  apareció  de  nuevo,  tan  erguido  como 
antes  y  saltando  de  ola  en  ola,  hasta  que  llegó  á  la 
playa.  Desde  entonces  acá  ha  perfeccionado  mu¬ 
cho  las  botas,  y  en  prueba  de  la  confianza  que  tiene 
en  ellas,  se  propone  salir  de  Boston  el  día  4  del 
próximo  Julio  para  dirigirse  al  Havre.  Le  acom¬ 
pañará,  no  á  pie,  sino  embarcado  en  su  chalupa,  el 
famoso  capitán  (otro  capitán)  William  Andrews, 
que  ha  hecho  dos  veces  la  travesía  del  Atlántico 
(en  1878  y  en  1892),  tripulando  él  solo  su  lancha. 
Durante  la  travesía,  y  si  el  mar  está  en  calma,  se 
pondrá  Andrews  otras  botas,  semejantes  á  las  de 
Oldrieve,  y  aprenderá  á  andar  con  ellas  sobre  el 
agua.  Para  dormir  y  comer  se  acomodarán  ambos 
en  la  lancha.  Tienen  acordado  seguir  el  trayecto 
de  los  baques  transatlánticos,  y  calculan  que  tar¬ 
darán  en  recorrerlo  de  cincuenta  á  ochenta  días. 
Desde  el  Havre  remontarán  el  Sena  hasta  París. 

En  cuanto  ambos  capitanes  vuelvan,  andando,  á 
Boston,  el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  man¬ 
dará  fabricar  cuarenta  mil  pares  de  botas  marinas 
y  se  instruirán  otros  tantos  voluntarios  en  pasear 
por  el  mar  en  todos  los  puertos  del  Atlántico.  Una 
vez  adiestrados,  se  dirigirán  á  las  costas  de  España 
para  aniquilarnos,  si  aun  dura  la  guerra;  y  si  se 
hubiera  terminado,  irán  á  poblar  el  interior  del 
Sudán  y  del  Congo  en  Africa,  que  es  el  verdadero 
país  donde  podrán  perfeccionar  sus  ideas  humani¬ 
tarias,  cristianas  y  civilizadoras  los  continuadores 
de  las  sangrientas  y  abominables  prácticas  de  But- 
ler  y  Sherman. 

• 

*  * 


hizo  las  siguientes:  encerró  en  una  galería  de  flo¬ 
res  doce  mariposas  machos  y  doce  hembras,  y  ob¬ 
servó  que,  mientras  que  estas  sólo  libaban  algunas 
gotas  de  rocío  para  calmar  su  sed,  aquéllos  se  pre¬ 
cipitan  sobre  las  flores  de  cuya  destilación  se  ob¬ 
tiene  más  alcoholy  chupaban  insaciables  hasta  que 
caen  desvanecidos  por  largo  tiempo.  Apenas  hay 
día  en  que  no  se  encuentren  algunos  ejemplares 
muertos  por  la  embriaguez.  Y  para  mayor  prueba  de 
sus  afirmaciones  dejó  caer  algunos  gotas  de  whisky 
en  el  suelo  y  en  los  soportes  de  las  plantas  en  la 
galería,  viéndose  inmediatamente  que  las  maripo¬ 
sas  machos  se  dirigían  á  ellas  hasta  consumirlas. 

Puesta  en  el  jardín  sobre  un  banco  una  copa 
de  gin,  se  lanzaron  sobre  ella,  al  sentir  las  ema¬ 
naciones  del  licor,  multitud  de  estos  insectos  que 
volaban  en  libertad,  y  después  de  saciarse,  se  fue¬ 
ron  cayendo  dormidos  alrededor  de  aquel  deli¬ 
cioso  pozo.  En  cambio,  según  Mr.  Tutt,  no  es 
cierto  que  los  mar  ¡posos  sean  infieles,  ni  incons¬ 
tantes,  como  lo  han  divulgado  sin  razón  alguna 
los  poetas.  Por  el  contrario,  no  tienen  jamás  sino 
una  sola  compañera,  á  la  que  guardan  fidelidad 
hasta  la  muerte.  Frecuentemente  se  ve  que  cuando 
el  varón  se  achispa,  y  apenas  puede  volar  ni  tenerse 
en  pie,  va  á  dormir  la  mona  al  lado  de  su  cara 
mitad,  que  le  prodiga  toda  clase  de  cariños  para 
salvarle  y  animarle.  Los  naturalistas  saben  ya, 
pues,  un  interesante  dato  más  acerca  de  este  lepi- 
dóptero:  los  poetas  deben  cambiar  de  opinión  res¬ 
pecto  á  sus  ilusiones;  Jos  anticuarios  ó  historiado¬ 
res  apuutarán  que  no  fue  Noé  el  primer  iluminado 
alcohólicamente,  y  los  borrachos  podrán  sostener 
que  su  vicio  es  obra  de  la  Naturaleza;  que  existe 
desde  que  hay  flores,  mosquitos  y  mariposas  en  el 
mundo,  y  que  no  importa  que  la  gente  aguada  ande 
diciendo  hace  muchos  siglos  que: 

Quum  Tini  vis  penetraTit..... 

Consequilur  gravitas  membrorum  praepediuntur 
Crura  vaciilanti,  tarduscit  lingua,  madet  mens, 

Nant  oculi;  clamor,  singultus,  iurgia,  gliscunt; 

porque  también  es  cierto  que  el  espíritu  de  la  sa¬ 
biduría  con  nada  se  conforta  mejor  que  con  el  es¬ 
píritu  de  vino  (si  munitae  adhibti  vim  sajñentiae); 
y  que,  en  la  ocasión  presente,  el  alcohol,  disfrazado 
de  gin,  de  ron,  de  brandy  y  de  whisky,  ha  de  ser 
uno  de  nuestros  mejores  auxiliares,  en  los  climas 
tropicales,  para  que  la  fiebre  amarilla  diezme  y 
aniquile  á  las  mariposas  machos  que  Mac-Kinley 
envía  para  que  agosten  y  ensucien  el  jardín  más 
hermoso  del  mundo:  la  isla  de  Cuba. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


GRAN  CAFÉ-RESTAURANT  DE  COLÓN 


Pero,  en  broma  ó  no  en  broma,  lo  creíble  es  que 
si  la  guerra  dura  algún  tiempo  y  trae  consigo  las 
consiguientes  complicaciones,  no  les  han  de  faltar 
barcos  á  los  Estados  Unidos,  porque  Inglaterra 
caerá  al  fin  del  lado  á  que  se  inclina,  se  aliará  des¬ 
caradamente  con  sus  hermanos  ó  primos  del  otro 
lado  del  mar,  y  pondrá  á  su  disposición  la  marina 
que  sea  necesaria.  No  necesitan  inventar  los  in¬ 
gleses  nada  nuevo  para  dominar  los  mares  ni  para 
ir  con  gran  número  de  combatientes  hasta  el  fin 
del  mundo,  por  lo  cual  sus  sabios  más  eminentes 
se  dedican  á  descubrir  toda  suerte  de  maravillas 
en  el  pacífico  terreno  de  las  ciencias.  Que  hubiera 
en  la  Gran  Bretaña  grandes  adoradores  del  dios 
Baco  no  era  un  secreto  para  nadie;  pero  que  entre 
los  tipos  másgenuinos  representantes  de  la  embria¬ 
guez  estuvieran  «las  pintadas  mariposas»,  eso  nin¬ 
guno  lo  podía  sospechar  siquiera.  Semejante  des¬ 
cubrimiento  ha  causado  profunda  sensación  en 
todas  las  clases  sociales,  sensación  de  alegría  pro¬ 
pia  del  compañerismo,  entre  los  25  millones  de 
consumidores  de  whisky,  ron,  jerez,  tinto,  que  se 
han  bebido  ya,  en  los  cinco  meses  que  van  trans¬ 
curridos  de  este  año,  7.575.063  galones  de  vino, 
por  valor  de  2.678.682  libras  esterlinas;  y  sensa¬ 
ción  de  inmensa  pesadumbre  en  las  damas  místi¬ 
cas  y  remilgadas  y  en  los  propagandistas  de  la 
abstinencia  alcohólica,  cofrades  de  las  congrega- 
.  ciones  de  templanza  y  agua  limpia.  Es  el  caso  que 
el  profesor  Dr.  J.  W.  Tutt,  de  la  Sociedad  de  Ento¬ 
mología  de  Londres,  ha  averiguado  que  las  mari¬ 
posas  machos  «se  dedican  con  frenesí  á  la  bebida». 
Las  mariposas  hembras  no.  Suum  cuique .  Trátase 
dé  las  mariposas  de  los  jardines,  de  los  bellísimos 
y  delicados  seres  que  revolotean  en  torno  á  las  flo¬ 
res,  y  cuyos  encantos,  candidez  y  pureza  han  ce¬ 
lebrado  tantas  veces  los  poetas,  hasta  que  Mr.  Tutt 
ha  venido  á  decir,  en  la  conferencia  que  dió  no 
hace  quince  días,  que  poetas  y  vulgo  estábamos 
equivocados,  y  que  las  mariposas  «son  los  borra¬ 
chos  más  repugnantes  del  universo». 

Entre  otras  muchas  experiencias  demostrativas, 


Y  ACADEMIA  DE  BILLAR,  DE  BARCELONA. 


'asta  una  ojeada  á  los  grabados  de  la 
página  369  para  conocer  que  aquel 
nuevo  y  magnífico  establecimiento  es 
excepcional  en  su  género,  pues  no  hay 
otro  que  llegue  ni  á  la  grandeza  de  sus 
proporciones  ni  á  la  artística  distribu¬ 
ción  de  las  partes  que  le  constituyen. 

Su  construcción,  en  la  que  abuudan  el 
mármol  y  el  hierro,  ofrece  un  admirable 
ejemplo  de  cómo  se  hacen  las  grandes  obras 
en  Barcelona.  En  el  punto  mejor,  á  la  entrada  del 
paseo  de  Gracia  y  ocupando  parte  de  la  Ronda  de  la 
Universidad,  hubo  que  derribar  varios  edificios 
para  dejar  libre  el  espacio  inmenso  que  ocupa  el 
solo,  1.200  metros  cuadrados.  La  altura  del  cimien¬ 
to  al  techo,  sin  contar  los  remates,  es  de  14  metros, 
de  los  cuales  corresponden  al  café  siete  y  medio 
próximamente,  circunstancia  que,  al  darle  una  am¬ 
plitud  sin  ejemplo,  le  hace  también  superiormente 
higiénico,  y  toda  la  construcción  se  efectuó  en 
seis  meses. 

Consignaré  otros  datos  reveladores  de  su  gran¬ 
diosidad:  sólo  en  el  salón  del  café  hay  más  de 
ciento  treinta  mesas,  y  podría  haber  más,  pues 
entre  unas  y  otras  queda  espacio  sobrado  para  el 
tránsito.  Su  soberbio  lucernario  parece  la  cúpula 
de  un  templo. 

Arriba,  en  los  salones  de  billar,  hay  veintisiete 
mesas  con  mucha  holgura,  sin  contar  la  de  ma¬ 
yor  lujo,  que  está  en  la  Academia,  la  cual  se  halla 
instalada  en  el  bajo  y  de  la  que  hablaré  en  segui¬ 
da;  de  modo  que  con  ese  número  de  mesas  de  bi¬ 
llar  habría  para  surtir  tres  grandes  establecimien¬ 
tos  de  este  género.  Además,  ai  lado  de  los  billares 
se  encuentran  salas  destinadas  á  otros  juegos  líci¬ 
tos;  en  la  del  tresillo  hemos  contado  diez  y  seis 
mesas,  pero  no  sería  fácil  contar  todas  las  que  es¬ 
tán  á  disposición  del  público  y  á  las  que  correspon¬ 
den  millares  de  cómodos  asientos. 


Tres  puertas  principales  dan  acceso  al  café: 
una  por  el  chaflán,  otra  por  el  Paseo  de  Gracia  y 
la  tercera  por  la  Ronda  de  la  Universidad.  En  el 
frente  de  esta  puerta  se  halla  la  elegante  escalera 
de  mármol,  que  comunica  con  la  parte  superior, 
adornada  de  lindísimas  estatuas,  y  abajo,  á  su  iz¬ 
quierda,  se  halla  la  entrada  de  la  Academia. — Es 
verdaderamente  admirable  la  vista  de  conjunto  de 
la  sala  suntuosa,  de  decoración  propia  para  más 
importante  objeto  por  su  severidad  como  por  su 
riqueza. 

Descuellan  entre  su  adorno  los  hermosos  ven¬ 
tanales  de  colores,  que,  así  como  los  que  decoran 
el  cafó  y  el  lucernario,  salieron  de  los  talleres 
barceloneses  de  A.  Rigalt  y  C.\  Después  de  la 
Academia  quise  ver  la  cocina,  que  es  muy  propor¬ 
cionada  á  tales  grandezas  y  que  merecería  la  vi¬ 
sita,  aunque  no  fuese  sino  para  observar  cómo  un 
motor  eléctrico  facilita  todo  el  trabajo  de  la  repos¬ 
tería  y  del  café.  Llama  la  atención  un  recipiente 
de  200  litros  de  cabida,  que  se  renuévan  cada  día, 
destinado  á  hacer  el  excelente  cafó  que  se  toma 
en  esta  casa. 

— Esa  agua  es  de  Moneada  y  la  preferimos  por 
sus  condiciones  superiores  para  este  objeto,  me 
dijeron. 

Es  justo  citar  los  nombres  de  los  que  con  su 
iniciativa  y  su  inteligencia  dotaron  á  Barcelona  de 
tan  notable  establecimiento:  D.  Arturo  Vilaseca, 
dueño  é  inspirador;  el  Sr.  Rogent,  arquitecto,  y 
D.  Francisco  Riera,  maestro  de  obras  y  contratis¬ 
ta.  El  Sr.  V  ilaseca  dió  al  arquitecto  idea  exacta  y 
general  de  lo  que  constituye  la  originalidad  de 
este  establecimiento;  por  eso  le  citamos  como  ins¬ 
pirador. 

En  las  primeras  horas  de  la  tarde,  en  el  grandio¬ 
so  café  Colón  se  reúnen  y  se  confunden  todas  las 
clases  de  Barcelona:  desde  el  menestral  hasta  el 
opulento  banquero,  y  con  ellos  se  mezcla  la  colo¬ 
nia  extranjera  con  numeroso  contingente. 

Aquí  debo  trascribir  una  frase  que  oí  á  uno  de 
los  extranjeros  el  día  de  la  inauguración,  entre  el 
entusiasmo  que  cundía  por  toda  la  concurrencia: 

«Esto  es  Barcelona;  sabe  hacer  el  mejor  teatro 
del  mundo  y  el  mejor  café,  y  sabe  hacer  exposi¬ 
ciones  que  nos  admiran,  y  sobresalir  en  la  indus¬ 
tria  y  en  las  artes.» 

El  gentío  que  allí  acude  tarde  y  noche  ofrece 
un  aspecto  pintoresco  en  primavera  y  verano, 
desparramándose  por  las  amplias  aceras  del  Paseo 
de  Gracia  y  de  la  Ronda  de  la  Universidad,  y 
arriba  por  la  hermosa  galería-balcón  que  corre  á 
lo  largo  de  las  paredes. 

Luciano  García  del  Real. 


JABON  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

©I  más  perfumado  de  los  jabones  de  tocador 

LOCIÓN  VAISSIER  rfitóatt1- 

3grandes  premios.  21  medallas  de  oro. — Fuera  de  ooaoirso 

4,  PLACE  DE  L'OFÉRA,  PARIS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América 


LA  BOCA  SANA 

merte,  limpie  y  el  aliento  perfumado  tendrá  siempre 

el  que  use  la  MENTHOLINA  del  Dr-  anomo. 

Cora  el  dolor  de  muelas.  Librltos  gratis.  En  las  botioas, 


píte  épilatoirb  dussbr 

Psrs  tos  bnsot  «rapto###  #1 PIUVORK— •  1, 


d##troj#  bista  lis 
raioos  #1  Tollo  d#t 
rostro  do  la#  dinas. 

.«.r 


EAU  oHOUBIGANT  S&TÜETCwK 

Honblrant,  perfumista,  París  %  19,  Faubouig  S*  Honoré. 


Perfumería  exótica  8KNET,  35,  ruedu  Quatre  fleptembr* 
París.  (  Véante  los  anuncios .) 


Perfumería  Ninon.  Maison  LE  CONTE,  31,  rué  du  Quatv» 
Septembre.  (  Véante  los  anuncios  J 


IMPORTANTE. 


Rogamos  á  los  Señores  Suseriptores  cuyos  abo¬ 
nos  terminen  en  fin  del  presente  mes  y  que  pien¬ 
sen  seguir  honrándonos  con  su  concurso,  se  sirvan 
anunciar  su  propósito  á  esta  Administración  con 
la  mayor  anticipación  posible,  á  fin  de  que  el  ser¬ 
vicio  de  sus  respectivos  abonos  no  sufra  retraso 
por  la  aglomeración  de  trabajos,  propia  de  ésta 
época  del  año,  en  nuestras  oficinas. 

Tanto  para  avisar  las  renovaciones,  como  para 
hacer  cualquier  reclamación  sobre  el  servicio,  es 
muy  conveniente  acompañar  á  las  cartas  una  de 
las  fajas  con  que  se  recibe  el  periódico. 

El  Administrador. 


Digitized  by  AjOOQle 


372  —  n.°  xxiii 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


*  22  Junio  1898 


LIBROS  PRESENTADOS 

Á  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 

El  Laboratorio  Central  de  Sanidad 

Militar.  Memoria  histórico  -  descriptiva, 
por  D.  Ignacio  Viñes,  D.  Manuel  Cano  y 
D.  José  Lbeda. 

Damos  las  gracias  al  Sr.  Inspector  Direc¬ 
tor  del  Laboratorio  Central  de  Sanidad 
Militar  y  depósito  de  medicamentos  para 
el  ejército,  por  la  interesante  Memoria  que 
ha  tenido  la  bondad  de  remitirnos.  El  señor 
Viñes,  en  unión  del  teniente  coronel  de  In¬ 
genieros  D.  Manuel  Cano  y  del  farmacéu¬ 
tico  primero  D.  José  Ubeda,  merecen  la  fe¬ 
licitación  más  sincera  por  su  ilustrado 
trabajo,  en  el  que  se  da  á  conocer  la  inne¬ 
gable  importancia  del  Laboratorio  Central, 
que  tantas  Tentajas  ha  traído  al  Estado, 
al  Ejército  y  á  la  Marina.  No  es  posible  en 
el  reducido  espacio  de  esta  sección  anali¬ 
zar  detenidamente  una  obra  llena  de  datos 
interesantes,  y  hemos  de  limitarnos  á  con¬ 
signar  que  en  ella  se  acredita  el  desarrollo 
y  progreso  que  tan  beneficioso  estableci¬ 
miento  ha  alcanzado  por  el  celo  y  laborio¬ 
sidad  inteligente  de  su  personal  facultativo, 
y  que  produce  en  la  actualidad  cuatro  Te¬ 
ces  más  de  lo  que  cuesta.  A  la  reseña  his¬ 
tórica,  organización  y  servicios  del  Labo¬ 
ratorio,  descripción  del  edificio,  instalacio¬ 
nes  y  material,  siguen  unos  curiosísimos 
datos  estadísticos,  y  planos  y  láminas  de 
los  laboratorios ,  maquinaria  y  almacenes. 

Connultor  del  propietario,  agricul¬ 
tor  y  ganadero,  por  D.  Angel  de  Torrejón 
y  Boneta,  ingeniero  agrónomo. 

Conceptuamos  este  libro  sumamente  útil 
al  propietario,  agricultor,  ganadero,  aboga¬ 
do,  ingeniero,  administrador,  arrendatario, 
colono,  secretario  de  Ayuntamiento,  etc., 
porque  en  un  volumen  se  coleccionan  lae 
principales  disposiciones  legales  é  instruc¬ 
ciones  prácticas  relativas  á  las  materias  si¬ 
guientes:  Código  civil  y  ley  de  Enjuicia¬ 
miento  (bienes,  propiedad,  deslinde,  arren¬ 
damiento  ,  compra-venta ,  servidumbres, 
usufructo,  censos,  desahucios,  etc.):  con¬ 
tribuciones  é  impuestos;  crédito  agrícola; 
Banco  hipotecario  ;  pósitos  ;  ganadería; 
montes  y  guardería  rural;  aguas  y  riegos; 
expropiación  forzosa;  caza  y  pesca;  plagas 
del  campo;  colonias  agrícolas;  aduanas;  fe¬ 
rias  y  mercados;  transportes;  teguros;  mar¬ 
cas  agrícolas;  legislación  penal;  enseñanza 
y  experimentación  agrícola;  corporaciones 
oficiales  y  Cámaras  de  Agricultura;  pesas  y 
medidas,  etc. 

La  sola  mención  de  los  asuntos  que  en 
este  libro  se  tratan,  cuyo  conocimiento  es 
tan  útil ,  justifica  plenamente  el  elogio  que 
esta  obra  práctica  merece,  poniendo  al  al- 


Illmo.  Sr.  Dr.  D.  PEDRO  LOZA  Y  PARDA  VÉ, 

ARZOBISPO  DE  G  ü  AD  ALA  J  ARA  (MÉJICO). 

(De  fotografía  remitida  por  nuestros  agentes  generales  en  Méjico,  Sres.  Herrero  Hermanos.) 


canee  de  todos,  en  un  momento  dado,  co¬ 
nocimientos  que  por  estar  esparcidos  en 
muy  diversas  obras  sería  dificilísimo  ad¬ 
quirir. 

Véndese  la  obra  en  las  principales  libre¬ 
rías,  y  en  Madrid,  en  la  Administración, 
Lagasca,  36,  al  precio  de  6  pesetas. 

Química  biológica,. aplicada  á,  la  hi- 
giene  y  día  patología  humanas . 

Se  han  recibido  los  cuadernos  9,  10,11 
y  12  de  esta  obra  científica  de  reconocida 
importancia. 

Publícala  D.  Manuel  Soler,  editor  de  Bar¬ 
celona,  al  precio  de  4  reales  cuaderno. 

Toledo.  Tradiciones ,  descripciones ,  narra¬ 
ciones  y  apuntes  de  la  imperial  ciudad , 
por  D.  Juan  Marina. 

Se  ha  publicado  el  xiv  volumen  de  la  co¬ 
lección  elzevir  ilustrada  que  publica  en  Bar¬ 
celona  la  casa  Gili.  Toledo,  la  imperial 
ciudad  que  tantos  recuerdos  históricos  ate¬ 
sora  y  tan  artísticos  monumentos  encie¬ 
rra;  la  que  á  través  de  los  tiempos  conserva 
un  carácter  de  antigüedad  que  constituye  so 
mayor  encanto ,  ha  sido  siempre  fuente  co¬ 
piosa  donde  artistas  y  escritores  bebieron 
la  inspiración  que  produjo  obras  bellísimas. 

Una  vez  máís  sus  monumentos,  los  re¬ 
cuerdos  de  sus  pasadas  glorias  y  sus  poéti¬ 
cas  leyendas,  han  inspirado  á  un  escritor 
de  gran  cultura  y  excelente  gusto  un  libro 
interesante:  D.  Juan  Marina  declara  que 
sus  páginas  son  exacto  reflejo  de  las  impre¬ 
siones  subjetivas  que  la  histórica  ciudad  le 
causara  al  contemplar  los  espléndidos  edi¬ 
ficios,  las  múltiples  y  esbeltas  torres,  los 
pintorescos  alrededores,  las  numerosas  le¬ 
yendas  y  tradiciones  populares,  la  impor¬ 
tante  historia  y  las  variadas  y  poéticas  si¬ 
luetas  de  la  ciudad  conocida  con  el  nombre 
de  Roma  Española • 

Contiene  el  libro  del  Sr.  Marina  intere¬ 
santes  tradiciones,  como  la  del  Cristo  de 
la  Vega ,  distinta  de  la  que  escogió  el  gran 
Zorrilla  para  su  leyenda  A  buen  juez  mejor 
testigo;  episodios  históricos,  como  Santia¬ 
go  y  Libertad ,  inspirado  en  la  lucha  de  las 
Comunidades;  descripciones  déla  ciudad, 
como  la  titulada  A  la  luz  de  la  luna,  é  in¬ 
vestigaciones  de  gran  interés  y  erudición, 
como  la  de  La  calle  de  las  Armas  y  Nemine 
discrepante ,  consagradas  la  primera  al  an¬ 
tiguo  gremio  de  espaderos  toledanos,  y  rica 
la  segunda  en  detalles  de  los  antiguos  cole¬ 
gios  y  de  la  vida  estudiantil. 

La  obra,  editada  con  el  mismo  lujo  que 
los  tomos  anteriores  de  la  colección ,  está 
profusamente  ilustrada  con  artísticos  dibu¬ 
jos  del  joven  y  muy  distinguido  pintor  señor 
García  Sampedro. 

Véndese  el  tomo  al  precio  de  2  pesetas. 

C. 


AGUA  DE  COLONIA  DE  ORIVE 

extra,  de  inimitable  aroma  y  de  efectos  sorprendentes  y  deliciosos  para  curar  y  evitar  los  cata 
rros  á  los  propensos  á  resfriarse,  friccionándose  á  diario  suavemente  el.  pecho.  En  frascos,  far¬ 
macias  y  perfumerías.  Por  mayor,  M.  García,  Madrid.  Por  medida  la  remite  su  autor  á.  domicilio, 
franco  envase  estación  ferrocarril  Bilbao,  5  pesetas  litro.  Desde  cuatro  litros,  á  4  pesetas. 


MAPA  DE  LA  ISLA  DE  CUBA. 

En  la  Administración  de  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid,  hállase  de  venta  el  Mapa  de  la  Isla  de  Cuba  más  com- 
pleto  de  todos  los  publicados  hasta  el  día. 

Este  mapa,  esmeradamente  impreso  á  cinco  tintas,  está  dividido  en  dos 
hojas,  comprendiendo  únala  parte  oriental ,  y  la  otra  la  occidental  de 
la  Isla.  Es  indispensable  á  todos  cuantos  quieran  seguir,  en  todos  sus  de¬ 
talles,  las  operaciones  militares  en  la  Isla  de  Cuba. 

El  precio  de  venta  en  toda  España  es  de  2  pesetas  cada  hoja,  ó  sean 
4  pesetas  el  mapa  completo. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

•in  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARABI8I i. ?r.V. 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias),  gastritis,  acedías,  disentería,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  higado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  Es  también  el  mejor  alimento  para  criar  á  los  niños.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres.  * 

ALMANAQUES 


DE 

LH  ILUSTRflGlOH  ESPAÑOLA  I AIAEAICAÑA 

Correspondientes  á  los  años  1878,  1879  y  1881  á  1898 


EIIDA  I  Al  1©  JAQUECAS,  M/í/n&rM en  • / 
LUnALHIAOMfdma*>(ft/s/er/*mo,  toda*  la» 
enfermedades  nervtoeaa  ¡9  cí/msnnrpnn  M  |  CR 
con  laa  pildora»  antlneurilgica a  dellt  u  n  U 11 1 1  n 
3  franco».— Parla, Farmacia, 2J,  ruédala  Non  í'i* 


É 


MEMORIAS  DE  UN  SETENTON 

NATURAL  Y  VECINO  DE  MADRID 

tor 

D.  RAMON  DE  MESONERO  ROMANOS. 


Dos  tomos ,  8.°  mayor  francés ,  6  pesetas. 
De  venta  en  las  oficinas  de  Lv  Ilustración 
Española  y  Americana,  Arenal,  18,  Madrid. 


BOCA  Y  MUELAS 

Las  tiene  fuertes  y  sanas,  deliciosamente  per¬ 
fumadas  con  el  aroma  de  la  menta  y  de  la  rosa 
y  sin  dolor  alguno,  el  que  usa  á  diario  el  inmejo¬ 
rable  dentífrico  Licor  del  I*olo  de  Orive. 
Frasco ,  6  rs.  en  toda  farmacia  y  perfumería. 

LA  CRUZ  DEL  VALLE 

POEMA 

POR  DOÑA  ISABEL  CHEIX 

Véndese  en  las  principales  librerías.  —  Precio,  una 
peseta.— Los  pedidos  á  la  autora ,  Clavel,  31 ,  Sevilla 


PRECIO  DE  CADA  ALMANAQUE:  2  PESETAS 

Se  venta  en  las  principales  librerías,  y  en  la  Administración  de 

LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 

Arenal,  18,  Madrid. 


Impreso  oon  Unta  de  la  fttbrloa  LOULLZTC  j  C.»,  16,  rué  Snger,  París. 


MADRID.— Establecimiento  tipolitográfico  «Sucesores  de  Rivadeneyra», 

Reservados  todos  Vos  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria.  impresores  de  la  Real  Oasa. 


Digitized  by  ^.ooQte 


30  Junio  1898 


374  —  n.°  xxiv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


SUMARIO. 

Texto. — Crónica  general,  por  D.  José  Fernández  Bremón.— Nuestros 
grabados,  por  D.  Carlos  Luis  de  Cuenca.  —  Efectos  del  corso,  por 
i).  Cesáreo  Fernández  Duro.  —  Las  manos,  por  D.  Felipe  Pérez  y 
González.  —  Carlos  de  Haes,  por  D.  Aureliano  de  Beruete.  —  Del 
Sur  de  América,  por  D  Kamón  Arizeun. — Ante  el  cadáver  de  mi 
querido  amigo  y  compañero  Manuel  Tamayo  y  Baus,  soneto,  por 
D.  Manuel  del  Palacio.— Ante  una  estatua,  poesía,  por  D.  Juan  Ar- 
zadún. — Por  ambos  mundos  Narraciones  cosmopolitas,  por  D.  Ri¬ 
cardo  Becerro  de  Bengoa.— Sueltos. —  Importante. —  Libros  presen¬ 
tados  á  esta  Redacción  por  autores  ó  editores.— Anuncios. 

Grabados.— Retrato  de  D.  Manuel  Tamayo  y  Baus  —  Retrato  y 
vista  parcial  del  estudio  del  ilustre  paisajista  D.  Carlos  de  Haes.— 
Manila:  El  puente  colgante.  El  puente  de  Ayala.  — Marina  de 
guerra  norteamericana :  Cañones  de  dinamita  á  bordo  del  dinami¬ 
tero  Vesuvius.— Madrid:  La  primera  comunión  del  rey  D.  Alfon¬ 
so  XIII  en  la  capilla  del  Real  palacio.  —  Retrato  de  D.  Manuel 
C.  Román,  jefe  del  partido  autonomista  de  Puerto  Rico  — Retrato 
del  Excmo.  Sr.  D.  Julián  González  y  Parrado,  general  de  división. 
— Marina  de  guerra  española :  La  oflcialidad-del-aviso-/^w/í/a- — 
Isla  de  Cuba:  Bahía  de  Guantánamo  — Retrato  de  D.  José  de  Pon- 
tes  y  Rosales,  primer  farmacéutico  de  la  Real  Cámara,  nbevo 
académico  de  la  Real  de  Medicina.-  —  - ~  “ 


CRÓNICA  GENERAL. 


1  nuestra  conciencia  no  nos  impidiera 
contribuir  á  la  desunión  de  los  espa¬ 
ñoles,  diríamos  al  cerrarse  las  Cortes 
.  .  lo  que  el  Sr.  Aguilera  cuando  partió 
^  en  8U  *'rea  Woodford;  «Gracias  á 
Dios  que  estamos  solos.  ¡Viva  España!» 

Porque,  á  decir  verdad,  y  resumiendo 
las  tareas  parlamentarias  del  período  que 
py.  termina,  pueden  reducirse  á  lo  siguiente: 

negar  al  Gobierno  gran  parte  de  los  recursos 
que  pedía  para  la  guerra;  debilitar  con  críticas  ya 
inútiles  la  acción  central,  y  no  ofrecer  al  país  ni 
remedios  ni  siquiera  alientos  para  arrostrar  las 
circunstancias.  Todo  lo  que  desanima  y  entorpe¬ 
ce,  aun  siendo  útil — no  lo  discutimos — en  épocas 
normales,  es  en  tiempo  de  guerra  malo  y  peligro¬ 
so.  Por  nuestra  parte,  declaramos  que  nos  han  de¬ 
jado  las  últimas  sesiones  el  mal  sabor  de  ver  des¬ 
conocidos,  por  algún  orador,  los  esfuerzos  de 
nuestra  marina,  que  supo  morir  heroicamente  en 
Cavite  con  barcos  inservibles  y  viejos;  batirse 
con  los  buques  menores  de  la  escuadra  contra  los 
yankees  en  varios  puertos  de  Cuba;  sostener  en  la 
boca  de  Santiago  de  Cuba  con  un  solo  crucero  el 
fuego  de  la  formidable  escuadra  enemiga,  después 
de  haber  burlado  el  general  Cervera  la  vigilancia 
de  los  almirantes  contrarios,  y  constituir  en  aque¬ 
lla  bahía  un  núcleo  de  resistencia  que,  no  sólo  per¬ 
mite  mantener  íntegra  la  capital  y  nuestra  mejor 
plaza  de  armas,  sino  que,  si  Dios  nos  ayudara,  la 
previsión  de  nuestros  jefes  y  el  valor  de  nuestro 
ejército  de  tierra  podrían  ocasionar  al  enemigo  un 
serio  contratiempo. 


El  desembarco  de  los  yankees  en  Baiquiri  ha  va¬ 
riado  en  Cuba  las  condiciones  de  la  guerra:  si  por 
un  lado  han  conseguido  la  ventaja  de  haber  to¬ 
mado  tierra  por  un  punto  indefenso,  apoyados  por 
los  cañones  de  la  escuadra,  y  Santiago  de  Cuba, 
sólo  amenazado  hasta  ahora  por  el  mar,  tiene  que 
defenderse  por  mar  y  tierra,  también  podemos 
poner  en  funciones  ya  nuestro  ejército  y  volunta¬ 
rios  contra  la  irrupción  de  los  yankees ,  favoreci¬ 
dos  por  los  insurrectos  de  García  y  Castillo,  cono¬ 
cedores  del  terreno,  y,  en  este  concepto,  grandes 
auxiliares.  Desde  luego  ya  ha  habido  choques  y 
movimientos  que  suponemos  sean  puramente  es¬ 
tratégicos,  y  ya  ha  tenido  que  apelar  á  la  fuga  y 
sufrir  pérdidas  de  personas  notables  la  caballería 
yankee .  Estamos,  pues,  en  un  período  expectante 
de  sumo  interés  para  las  eventualidades  de  la  gue¬ 
rra;  y  como  sólo  nos  ocupamos  de  lo  ya  sucedido, 
que  no  es  grato,  debemos  suspender  esta  relación 
en  lo  más  arduo  del  enredo,  deseando  anotar  en 
otro  número  impresiones  de  hechos  más  satisfac¬ 
torios. 

Sólo  haremos  una  reflexión.  Confiados  en  los 
informes  que  uno  y  otro  día  suministraba  la  pren¬ 
sa  acerca  de  la  falta  de  organización  del  ejér¬ 
cito  yankee ,  nos  ha  sorprendido  el  desembarco. 
Indudablemente,  los  periódicos  españoles  han  ve¬ 
nido  estando  mal  servidos  por  sus  corresponsales: 
ojalá  se  equivoquen  también  en  lo  desfavorable. 
Y  si  no,  ¿qué  le  hemos  de  hacer?  En  las  contrarie¬ 
dades  se  prueba  el  temple  de  los  pueblos. 

La  situación  no  es  cómoda.  En  Cuba  se  pelea 
con  los  insurrectos  y  los  yankees .  En  Filipinas 
tenemos  otras  dos  guerras,  y  en  España  empieza 
otra  insurrección:  la  de  llamar  valor  á  quitar  el 
ánimo  y  acoquinarse  ante  el  peligro.  ¡Valor  se 
necesita  para  esta  falsificación  y  para  publicar 
como  cosa  corriente  ciertas  condiciones  de  paz 
ignominiosas!  ¡Y  valor  necesitan,  para  criticar  á 
los  que  pelean,  los  que  se  quedan  en  casa! 


No  daremos  importancia  al  incidente  ocurrido 
entre  el  ministro  d^  Marina,  general  Auñón,  y  los 
periodistas  de  la  'tribuna  del  Congreso.  Sólo  dire¬ 
mos  que  si  por  algo  se  .pecó  aquel  día,fué  por  exceso 
de  publicidad:  porque  el  parte  del  general  Cervera 
debió,  en  nuestra  opinión,  reservarse,  ó  por  lo 
menos  suprimirse  en  él  algunas  líneas,  por  lo  que 
se  prestaban  á  interpretaciones  desagradables.  El 
Ministro  estaba  herido,  con  razón,  de  los  ataques 
que  había  sufrido  la  Marina;  y  si  fue  injusto  con 
la  prensa,  ésta  debió  tener  en  cuenta  que  el  señor 
Auñón  representaba  una  de  las  fuerzas  que  sostie¬ 
nen  nuestro  derecho,  y  contestar  á  sus  argumen¬ 
tos  ó  agravios  con  refutaciones  y  argumentos. 
Pero  no  estaban  serenos  los  ánimos  del  uno  ni  de 
— -loa-^tros  aquel  día,  y  no  hay  que  volver  sobre  el 
asunto.  Nosptros  no  nos  cansaremos  de  repetir  á 
nuestros  compatriotas:  Unión,  unión  y  unión; 
pues  han  de  tener  presente  que  la  responsabili¬ 
dad  de  los  males  que  sobrevengan  no  recaerá  so¬ 
bre  los  que  hacen  algo,  aunque  sea  ineficaz,  sino 
sobre  los  que,  haciendo  menos,  impiden  que  haya 
tranquilidad  en  la  dirección,  y  recursos,  y  aliento 
y  confianza.  Con  éstos  se  acometen  y  terminan 
empresas  muy  difíciles;  si  faltan,  recordemos  el 
ejemplo  de  la  China,  el  país  más  poblado  de  la 
tierra.  Sabido  es  que  los  yankees  acuden  para  ven¬ 
cer  á  dividir  á  sus  contrarios,  y  sentiríamos  que 
su  influencia  se  dejara  sentir  dentro  de  España, 
con  la  difusión  de  noticias  y  propósitos  que  por  su 
naturaleza  no  parecen  procedentes  de  españoles, 
ni  encarnan  en  el  espíritu  nacional.  En  guerra, 
pava  hacer  algo  difícil,  hay  muchas  veces  que 
prescindir  de  la  prudencia. 


Otro  buque  de  la  Transatlántica,  auxiliar  de  gue¬ 
rra,  el  Mana  Cristina ,  al  mando  del  bravo  capi¬ 
tán  de  fragata  D.  Justo  Aréjula,  ha  entrado  en 
Cienfuegos  con  recursos  forzando  el  bloqueo  y 
burlando  la  escuadra  yankee:  los  aplausos  y  acla¬ 
maciones  con  que  ha  sido  acogida  en  aquel  puerto 
la  brava  tripulación  del  transatlántico,  y  su  intré¬ 
pido  comandante  al  trasladarse  á  la  Habana,  pre¬ 
sagian  alguna  recompensa  oficial  bien  merecida. 


Al  cerrar  esta  Crónica,  la  escuadra  del  general 
Cámara  está  en  Port-Said;  y  con  este  motivo  se 
supone  que  nuestros  amigos  los  ingleses  aprove¬ 
charán  la  ocasión,  no  de  molestarnos  directa¬ 
mente,  pero  de  hacer  méritos  ante  los  yankees 
con  esa  neutralidad  que,  declarando  el  carbón  con¬ 
trabando  de  guerra,  decidió  en  favor  de  los  Esta¬ 
dos  Unidos  las  principales  ventajas  marítimas.  De 
lo  que  resulta  que  España  está  haciendo  frente,  y 
no  se  abate,  á  la  insurrección  cubana,  á  la  tagala  y 
á  los  poderosos  Estados  Unidos,  ayudados  por  In¬ 
glaterra.  No  es  mala  página  de  historia  para  con¬ 
cluir  el  siglo  XIX.  Los  precedentes  que  deja  para 
el  siglo  venidero  son  tales,  que  van  á  quedar:  anu¬ 
lado  todo  el  derecho  internacional;  demostrada  la 
inutilidad  de  la  diplomacia,  y  aun  convertida  en 
elemento  sospechoso  de  perturbación  y  espionaje 
para  el  pueblo  que  la  acoge;  los  pueblos  descon¬ 
fiados  unos  de  otros;  el  comercio  considerado 
como  vanguardia  de  las  invasiones  militares  y 
principio  de  dominación  extranjera;  y  converti¬ 
dos  en  definidores  del  derecho  y  la  razón  los  ca¬ 
ñones  de  mayor  calibre. 

Entretanto,  continúan  en  crisis  Francia  é  Ita¬ 
lia;  Inglaterra .  ¿pero  á  qué  ocuparnos  de  Eu¬ 

ropa?  ¿Acaso  existe  el  viejo  continente?  Y  si  exis¬ 
tiera,  ¡debe  estar  tan  lejos! 

o 

e  « 

El  mismo  día  en  que  se  celebraba  en  Palacio  la 
ceremonia  de  la  confirmación  del  rey  D.  Alfon¬ 
so  XIII,  recibíamos  un  periódico,  Et  Boletín  del 
Comercio ,  de  Barranquilla  (Colombia),  en  que,  á 
propósito  de  haber  festejado  allí  la  colonia  de  es¬ 
pañoles  el  cumpleaños  del  nacimiento  del  Rey, 
estampaba  el  articulista  colombiano,  entre  otros 
párrafos  de  igual  sentido,  el  siguiente,  que  merece 
ser  leído: 

«Nosotros  no  creemos,  no  podemos  creer,  que 
mientras  los  españoles  están  comprometidos  en 
una  guerra  extranjera,  haya  uno  de  ellos,  uno  si¬ 
quiera,  que  piense  en  otra  cosa  que  en  defender  la 
bandera  de  la  patria.  No  es  posible  que  hoy,  cuando 
la  espada  se  ha  desenvainado  para  pelear  como  en 
otros  días,  haya  quien  piense  en  España  en  soca¬ 
var  el  trono  secular  de  sus  reyes.  La  blanca  mano 
de  una  mujer  admirable  muestra  á  las  huestes  de 
Castilla  el  lugar  donde  se  ha  de  combatir  por  el 
honor  de  todos;  y  un  niño,  ahijado  de  León  XIII, 
duerme  seguro  mientras  tanto,  porque  está  prote¬ 
gido  por  la  lealtad  española.  En  él  serán  respeta¬ 
das,  no  sólo  las  tradiciones  gloriosas  y  los  siglos 


que  han  pasado  por  sobre  su  corona,  sino  la  abne¬ 
gación  heroica  de  su  madre  y  su  propia  inocencia. 
Nadie  entre  los  suyos  ultrajará  su  diadema  ni  su 
cetro,  precisamente  porque  la  una  ciñe  los  dorados 
bucles  de  un  niño  y  al  otro  lo  sostienen  manos 
inocentes.» 

La  circunstancia  de  ser  escrito  el  artículo  en  un 
país  republicano  y  en  la  América  española,  unida 
á  otros  muchos  síntomas  de  simpatía  á  España  en 
aquellas  regiones,  prueban  que  moralmente  no 
estamos  tan  aislados,  y  que  nos  importa  tener  pa¬ 
triotismo  y  corazón. 

No  vemos  citados  siquiera  en  nuestra  prensa 
estos  movimientos  del  espíritu  americano.  En 
cambio  nos  quieren  dar  por  leales  los  consejos  de 
Le  Temps ,  que  siempre  fué  contrario  á  España  en 
la  cuestión  de  Cuba.  Y  por  combatir  al  Gobierno 
sólo  noticias  pesimistas  se  acogen,  y  versiones 
yankees  de  los  hechos,  que,  aun  dándolas  por  tales, 
labran  y  minan  la  confianza  y  la  energía  nacio¬ 
nales. 


4 


«  « 


Por  la  calle  de  Génova  vemos  desfilar  un  gran 
entierro:  va  delante  el  clero  parroquial;  detrás  un 
féretro  lujoso  y  enlutado,  al  que  rodean  los  porteros 
del  Senado  y  del  Congreso;  siguen  dos  largas  filas 
de  pobres  con  hachas  encendidas,  y  á  pie,  graves 
y  vestidos  de  luto,  políticos,  ex  ministros,  títulos, 
banqueros  y  toda  ciase  de  personajes;  dos  coches 
llenos  de  magníficas  coronas,  los  de  gala  de  las 
Cámaras,  los  de  los  Ministros  y  una  fila  tan  larga 
de  carruajes  particulares  que  nos  cansamos  de  con¬ 
tarlos. 

— ¿Quién  es  el  muerto?  —  preguntamos. 

—  D.  José  Elduaven,  primer  marqués  del  Pazo 
de  la  Merced  —  nos  responden. 

—  Entonces  comprendemos:  acompañan  á  la  es¬ 
tación  del  Norte,  para  ser  enterrado  en  su  panteón 
de  Vigo,  á  uno  de  los  personajes  de  más  influencia 
que  tuvo  el  partido  conservador,  y  que,  excepto  la 
jefatura  del  Gobierno,  ejerció  los  cargos  más  altos 
del  Estado.  Ingeniero  de  caminos,  político  y  ora¬ 
dor,  era  uno  de  los  pocos  hombres  que  tenían  au¬ 
toridad  personal  en  el  mundo  de  la  política  y  en 
el  de  la  Banca,  por  su  carácter,  conocimiento  de  los 
asuntos  públicos  y  energía.  Deja  vacante  un  Toi¬ 
són  y  la  vicepresidencia  del  ferrocarril  del  Norte, 
y  se  le  erigió  en  vida  una  estatua.  Aunque  nació 
en  Madrid  el  año  23,  Galicia  fue  su  patria  adopti¬ 
va.  Murió  á  los  setenta  y  cinco  años,  y  su  magní¬ 
fico  entierro  corresponde  á  su  alta  posición,  su  in¬ 
fluencia  y  su  fortuna. 


* 

#  • 

Estamos  en  el  período  de  las  verbenas  y  los  ex¬ 
traordinarios  :  aquéllas  no  son  tan  frecuentes; 
en  este  mes  las  de  San  Antonio,  San  Juan  y  San 
Pedro:  los  extraordinarios  salen  todas  las  tardes 
invariablemente,  y  lo  ordinario  es  que  no  digan 
nada  nuevo;  los  preferimos,  sin  embargo,  á  los 
que  publican  los  periódicos  formales,  porque 
cuando  éstos  se  vocean  es  para  anunciar  una  des¬ 
gracia,  como  si  les  faltase  tiempo  para  causarnos 
y  cobrarnos  un  disgusto.  Véndense  primero  al 
precio  corriente  los  extraordinarios  de  pega;  pero 
ese  papel  baja  á  la  caída  de  la  tarde,  y  entonces 
se  pregona  y  cambia  por  un  pitillo;  los  vendedo¬ 
res  se  fuman  su  mercancía  patriótica,  y  todo  se 
convierte  en  humo. 

Siguen  las  tómbolas;  la  suscripción  pasa  de  los 
noventa  millones  de  reales;  los  aragoneses  acla¬ 
man  á  Polavieja,  y  Madrid  está  tan  divertido 
como  si  nada  sucediera  por  el  mundo.  Volviendo 
á  las  verbenas,  la  gente  menuda  y  las  señoras 
acuden  á  la  plaza  Mayor,  aquéllos  por  las  figuri¬ 
llas  de  los  santos,  éstas  para  elegir  tiestos  de  al- 
bahaca,  clavellinas,  hortensias  y  geranios,  hierba 
luisa  y  ramas  de  peras  de  San  Juan.  Pero  la  ver¬ 
dadera  fiesta  es  el  Prado:  allí,  en  torno  de  las  bu¬ 
ñolerías  ó  de  una  orquesta  de  vihuelas  y  bandu¬ 
rrias,  se  come,  bebe,  baila  y  se  hace  el  amor  al  aire 
libre,  que  lo  está  como  si  fuera  otoño  el  mes  de 
Junio:  que  este  año  apenas  hubo  invierno,  y  ape¬ 
nas  hay  verano. 


•  * 

En  la  lucha  del  Ayuntamiento  contra  los  canes 
callejeros,  el  público  se  ha  puesto  hoy,  como  siem¬ 
pre,  de  parte  de  los  perros.  Ya  se  han  dado  bata¬ 
llas.  Siguiendo  el  ejemplo  de  Europa,  nos  decla¬ 
ramos  neutrales  para  no  comprometernos. 

# 

«  * 

— ¿Y  tu  hijo? 

—  Lo  envié  á  Madrid  para  que  aprendiera  idio¬ 
mas . 


Digitized  by  ^.ooQie 


n.°  xxiv  —  375 


30  Jdnio  1898  LA  ILUSTRACIÓN  '  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


— ¿Y  adelanta? 

—  Me  escribió  qtie  ya  sabía  tres,  y  he  averiguado 
que  eran:  el  de  los  dedos,  para  hablar  de  lejos  con 
su  novia;  el  caló,  y  el  lenguaje  de  las  flores. 


—  He  visto  en  coche  á  los  de  López:  ¡vaya  un 
carruaje  tronado  que  llevaban! 

— Te  equivocas.  Es  magnífico:  son  ellos  los  que 
hacen  parecer  tronado  al  carruaje. 


Doña  Mónica  tiene  mucho  miedo  á  las  tormen¬ 
tas:  su  esposo  la  tranquiliza  apelando  á  la  estadís- 
tica.  ^ 

—  ¡Ay,  ay! — grita  la  señora  santiguándose. 

—  No  tengas  miedo,  mujer:  á  lo  más  suelen  caer 
seis  ó  siete  rayos:  repartidos  entre  500.000  habi¬ 
tantes,  no  tocamos  á  nada. 


En  la  verbena: 

—Pero  ¿dónde  está  la  fuente  de  Neptuno? 

— Está  deshecha. 

— ¿Y  el  dios  de  las  aguas? 

—  fin  vuelto  en  una  funda. 

—  ¡Y  queremos  tener  ventajas  en  el  mar  cuando 
tratamos  á  Neptuno  de  ese  modo! 

José  Fernández  Bremón. 


NUESTROS  GRABADOS. 


D.  MANUEL  TAMA  YO  Y  BAUS  (PAO.  1.a). 

El  20  del  corriente  falleció'  en  esta  corte  el 
eminente  escritor  D.  Manuel  Tamayo  y  Baus. 

Hijo  de  actores,  comenzó  á  revelarse  desde  su 
infancia  su  privilegiado  entendimiento,  que  con 
admirable  iniciativa  cultivó  en  el  estudio,  y  cuén¬ 
tase  de  él  que  á  los  diez  años  de  edad  salió  á  es¬ 
cena  en  Granada  de  la  mano  de  sus  padres,  como 
traductor  aplaudido  de  la  obra  que  acababan  de 
representar.  _ 

El  que  para  nosotros  ha  sido  el  primer  autor 
dramático  español,  estrenó  en  el  teatro  de  la  Cruz 
de  Madrid  su  primera  obra  original,  que  no  gustó; 
mas  bien  pronto  diéronle  victorioso  desquite  otras 
muchas  que  el  público  ha  aplaudido  siempre,  y 
que  han  quedado  como  modelos.  ¿Quién  no  conoce 
entre  las  joyas  de  nuestra  dramática  contemporᬠ
nea  los  títulos  de  Virginia ,  La  Ricahembra ,  Hija 
y  Madre ,  Locura  de  amor ,  La  Bola  de  nieve.  Lo 
positi  vo  y  Más  vale  maña  que  fuerza  y  El  Drama 
yiuevo  y  No  hay  mal  que  por  bien  no  venga? 

Era  tal  el  dominio  del  arte  que  como  autor  dra¬ 
mático  poseía  Tamayo,  que  en  la  última  de  las 
obras  citadas  acertó  á  sostener  una  acción  intere¬ 
sante,  que  no  decae  un  momento  durante  tres  ac¬ 
tos,  con  tres  personajes  únicamente. 

Por  modestia  según  unos,  y  según  otros  por  un 
piadoso  voto,  no  se  presentaba  nunca  Tamayo  á 
recibir  en,  la  escena  los  aplausos  del  publico,  y 
*  siempre  firmaba  sus  obras  con  el  seudónimo  de 
Joaquín  Estébanez;  pero  ni  este  ni  otro  alguno 
que  hubiera  escogido  podían  engañar  al  público 
ni  á  la  crítica,  que  desde  las  primeras  escenas 
veían  en  el  dominio  del  castizo  castellano  y  en  la 
especial  hermosura  del  diálogo  la  personalidad  li¬ 
teraria  de  su  ilustre  autor. 

Católico  ferviente,  dió  á  sus  obras  siempre  una 
finalidad  moral  y  religiosa,  sin  adular  gustos  ni 
modas  del  público,  ni  temer  su  desvío  ni  sus 
enojos. 

Hace  tiempo  que  renunció  á  escribir  para  el 
teatro;  pero  era  opinión  entre  sus  íntimos  que 
acabadas  tenía  obras,  de  alguna  de  las  cuales  hasta 
se  decía  el  título. 

«Corroborando  esto — dice  un  colega, — se  sabe 
que  muy  recientemente,  y  comprendiendo  su  es¬ 
tado,  hizo  una  selección  en  sus  papeles,  rompien¬ 
do  muchos,  pero  conservando  otros. 

»Del  examen  de  estos  últimos  se  encargarán 
sus  testamentarios,  salvando  del  olvido  una  labor 
que  seguramente  será  digna  de  figurar  entre  las 
obras  del  gran  dramaturgo.» 

Sus  méritos  literarios  le  abrieron  las  puertas  de 
la  Academia  Española  á  los  treinta  años  de  edad, 
y  cuando  murió  Bretón  de  los  Herreros  fue  ele¬ 
gido  secretario  perpetuo  de  la  misma. 

En  la  actualidad  era  jefe  del  Cuerpo  de  Archi¬ 
veros  y  Bibliotecarios,  y  director  de  la  Biblioteca 
Nacional.  Cuando  el  traslado  de  ésta  al  nuevo  Pa¬ 
lacio,  dió  asombrosas  muestras  de  su  celo  y  labo¬ 
riosidad,  interviniendo  personalmente  en  tan  lar¬ 
go  y  penoso  trabajo,  con  notorio  quebranto  de  su 
salud. 


El  entierro  de  Tamayo,  al  que  su  cristiana  aus¬ 
teridad  privó  de  humana  pompa,  fue  modestísimo; 
pero  cuantos  escritores  y  actores  se  hallaban  en 
Madrid  concurrieron  espontáneamente  á  rendir 
el  sincero  testimonio  cKísu  admiración  al  escritor 
eminente,  gloria  indiscutible  de  las  letras  caste¬ 
llanas. 

•  • 

DON  CARLOS  DE  haes.  —  (Véanse  los  grabados 
de  la  pág.  37G,  y  el  artículo  de  D.  Aureliano  de 
Beruete  en  la  379.) 

•  « 

MANILA. 

El  puente  colgante.— El  puente  de  Ayala  (pág.  377). 

Situada  la  población  de  Manila  á  orillas  del  Pa- 
sig,  tiene  varios  puentes  para  atravesarlo:  entre 
ellos,  el  colgante  y  el  de  Ayala,  cuya  importancia 
es  grande  en  estos  momentos. 

El  puente  colgante,  reproducido  en  nuestro  gra¬ 
bado  de  la  citada  página,  es  de  propiedad  particu¬ 
lar,  y  su  paso  no  es  gratuito.  Une  el  arrabal  de 
Quiapo  con  Arrocerosy  punto  que  fue  antiguo  mer¬ 
cado  de  arroz,  del  que  tomó  su  nombre. 

El  puente  de  Ayala  une  el  barrio  aristocrático 
de  San  Miguel  con  el  de  la  Concepción ,  y,  en  rea¬ 
lidad,  sus  tramos  forman  dos  puentes,  que  descan¬ 
san  en  la  isla  de  San  Andrés ,  situada  en  el  centro 
del  cauce  del  Pasig. 

Llámase  á  esta  isla,  de  la  Convalecencia,  porque 
en  ella  existen  el  Hospital  de  Convalecientes ,  la 
Casa  de  Dementes  y  el  Hospicio  de  San  José . 

• 

•  * 

MARINA  I)K  QUERRA  NORTEAMERICANA. 

Cañones  de  dinamita  á  bordo  del  dinamitero  VesuviuH( pág.  378). 

Desde  los  comienzos  de  la  guerra  entre  España 
y  los  Estados  Unidos  de  Norte-América  se  viene 
hablando  del  barco  dinamitero  Vesuvius,  que  es 
el  único  de  su  clase  que  existe  en  el  múndo  según 
los  pomposos  elogios  que  de  él  hacen  los  yankees . 
Hasta  ahora  la  verdad  es  que  no  se  ha  demostrado 
con  hecho  alguno  notorio  que  haya  efectuado  nin¬ 
guna  de  las  extraordinarias  proezas. que^de.éL  se _ 
prometían;  pero  como  todos  los  días  le  atribuyen 
una  terrible  misión,  y  en  las  fantásticas  descrip¬ 
ciones  de  los  combates  de  Guantánamo  le  han  he¬ 
cho  actuar  los  reporters  norteamericanos,  publi¬ 
camos  hoy  un  grabado  de  su  cubierta  para  que 
nuestros  lectores  lo  conozcan.  No  es  ciertamente 
la  belleza  su  nota  característica,  y  á  tenernos  de 
mejor  humor  los  actuales  sucesos,  quizás  no  nos 
faltara  alguna  frase  cómica  que  dedicar  á  esos  ca¬ 
ñones . en  zapatilla s. 

♦ 

•  « 

MADRID. 

La  primera  comunión  del  Rey  D.  Alfonso  XIII  (págs.  380  y  381). 

El  jueves,  23  del  actual ,  recibió  el  Rey  de  Espa¬ 
ña  por  vez  primera  el  sacramento  de  la  Eucaris¬ 
tía.  Este  acto,  que  las  más  humildes  familias  cató¬ 
licas  celebran  siempre  con  toda  la  solemnidad 
posible,  ha  revestido  en  el  alcázar  de  nuestros 
reyes  un  carácter  de  austera  sencillez,  que  con¬ 
trasta  notoriamente  con  los  brillantes  esplendores 
tradicionales  en  la  corte. 

Las  circunstancias  por  que  el  país  atraviesa, 
que  preocupan  y  afligen  hondamente  el  ánimo  de 
S.  M.  la  Reina,  se  reflejan  en  todos  los  actos  pala¬ 
tinos,  y  por  eso  el  de  administrar  al  Rey  por 
primera  vez  el  pan  de  vida,  con  ser  tan  impor¬ 
tante  para  la  Real  familia,  no  ha  tenido  otras 
solemnidades  que  las  que  la  liturgia  católica  ha 
establecido  en  honor  de  tan  augusto  Sacramento. 

Ni  lujosas  galas,  ni  ricas  preseas,  ni  ceremonial 
de  etiqueta,  ni  ostentoso  acompañamiento.  La  Real 
familia,  con  personas  de  su  inmediato  servicio,  y 
los  Ministros  de  la  Corona,  asistieron  al  acto  con¬ 
movedor,  que  aumentaba  su  interés  en  aquella 
sencilla  intimidad  familiar  en  que  se  celebraba. 

Al  pie  del  púlpito  tenía  su  asiento  el  Nuncio  de 
Su  Santidad,  y  enfrente,  en  el  lado  del  Evangelio, 
estaban  el  Arzobispo -Obispo  de  Madrid-Alcalá  y 
el  arzobispo-obispo  de  Granada,  Sr.  Moreno  Mazón. 
Estos  Prelados  tuvieron  el  paño  durante  la  comu¬ 
nión. 

El  Gobierno  ocupaba  la  derecha  de  la  Familia 
Real. 

S.  M.  el  Rey,  que  había  confesado  el  día  ante¬ 
rior  con  el  P.  Montaña,  estuvo  arrodillado  con 
gran  recogimiento  desde  el  principio  de  la  misa. 

AHlegar  el  momento  señalado  por  el  ritual,  el- 
Obispo  de  Sión,  que  asistido  por  el  clero  de  la  Ca¬ 
pilla  celebraba  el  oficio  divino,  se  adelantó  al  au¬ 
gusto  penitente,  en  cuya  boca  depositó  la  sagrada 
hostia. 


En  aquel  punto  S.  M.  la  Reina  Regente,  visible¬ 
mente  emocionada,  tuvo  que  inclinar  el  rostro 
para  ocultar  sus  lágrimas. 

Terminada  la  misa,  el  Prelado  oficiante  pronun¬ 
ció  una  breve  plática  ensalzando  los  beneficios  de 
las  prácticas  religiosas,  únicas*  que  fortifican  el 
espíritu  en  los  días  de  prueba  por  que  España  atra¬ 
viesa. 

El  grabado  que' eh  doble  página  publicamos  re¬ 
produce  un  dibujo  de  nuestro  compañero  Comba, 
representando  el  solemne  momento  de  la  comu¬ 
nión. 

• 

•  • 

,  D.  MANUEL  C.  ROMÁN, 

jefe  del  partido  autonomista  de  Puerto  Rico  (pág.  383). 

El  trabajador  hijo  del  pueblo  que  por  su  propio 
y  vigoroso  esfuerzo  ha  logrado  hacer  una  fortuna, 
el  Sr.  D.  Manuel  C.  Román,  á  quien  la  prensa  de 
su  país  califica  de  patriota  ardiente,  español  leal  y 
portorriqueño  fiel,  es  hoy  el  jefe  del  partido  au¬ 
tonomista  liberal. 

No  es  larga  su  historia  en  la  vida  pública;  pero 
de  ella  6e  dice,  con  razón,  que  si  no  tiene  el  brío 
arrebatado  y  brillante  de  los  políticos  de  combate, 
posee  en  cambio  la  seguridad,  la  firmeza,  la  cons¬ 
tancia  inconmovible  de  quien  jura  fe  á  una  causa 
y  le  dedica  los  esfuerzos  de  una  voluntad  que  no 
decae  y  de  un  vigor  siempre  resistente,  al  que  los 
obstáculos  no  dominan. 

Miembro  del  Municipio  de  San  Juan  do  Puerto 
Rico,  consignan  las  actas  de  sus  sesiones  más 
de  un  rasgo  suyo  altamente  beneficioso  para  el 
pueblo. 

La  confianza  plena  del  partido  liberal  le  escogió 
para  su  tesorero,  y  de  su  brillante  gestióñ  es  prue¬ 
ba  el  unánime  voto  con  que  le  honró  en  una  de 
sus  últimas  sesiones  el  comité  del  partido. 

a 

a  • 

EXCMO.  SR.  I).  JULIÁN  GONZÁLEZ  Y  PARRADO, 

general  de  división,  segundo  cabo  de  la  Capitanía  general 
de  la  Isla  de  Cuba  (pág.  384). 

Correspondencias  y  periódicos  de  Cubanos  dan 
reiteradamente  noticia  de.  la. inteligencia  y  acti¬ 
vidad  con  que  el  general  segundo  cabo  D.  Julián 
González  y  Parrado  cumple  su  dificilísima  misión 
en  las  graves  circunstancias  por  que  atraviesa 
la  isla. 

El  general  González  y  Parrado,  que  procede  del 
arma  de  Infantería,  ha  servido  varias  veces  en 
los  ejércitos  de  Cuba  y  de  Filipinas,  y  une  por 
tanto  á  sus  brillantes  dotes  militares  un  conoci¬ 
miento  práctico  de  aquellos  países,  que  hoy  tiene 
innegable  importancia. 

Como  general  de  brigada  tomó  activa  y  muy 
eficaz  parte  en  la  campaña  de  la  Isla  de  Luzón,  y 
por  sus  beneméritos  servicios  en  ella,  y  muy  par¬ 
ticularmente  en  el  ataque  y  toma  de  Marahuit  el 
10  de  Febrero  de  1895,  le  fué  concedido,  á  pro¬ 
puesta  del  General  en  jefe,  el  empleo  de  general 
de  división. 

El  general  González  y  Parrado,  cuyo  retrato  pu¬ 
blicamos,  es,  además  de  bizarro  militar,  persona 
de  vasta  cultura  y  escritor  distinguido.  El  autor  de 
Divagaciones  militares  no  solamente  ha  escrito 
sobre  cuestiones  técnicas,  sino  sobre  asuntos  de 
bella  literatura. 

•  • 

MARINA  DE  GUERRA  ESPADOLA. 

La  oficialidad  del  aviso  Giralda  (pág.  384). 

El  yate  Giralda ,  adquirido  por  el  Gobierno  es¬ 
pañol  para  aviso,  fué  construido  por  la  Compañía 
Fairfield  en  1895  con  destino  á  Mr.  Hug  Mac  Cal- 
mont. 

Es  seguramente  el  yate  más  grande  de  propie¬ 
dad  particular,  pues  mide  de  eslora  95  metros,  de 
carena  83,  de  manga  10,70  y  de  puntal  5,80.  Su 
desplazamiento  es  de  1.500  toneladas. 

Sobre  el  puente  tiene  el  yate  un  castillo  central 
de  50  metros  de  longitud,  y  á  popa  otro  que  sirve 
de  abrigo  al  timón. 

El  Giralda  es  de  casco  esbelto,  y  se  distingue 
por  la  velocidad  que  le  proporciona  su  máquina. 

Las  pruebas  efectuadas  en  1895  acusan  un  andar 
de  20,90  millas  por  hora,  desarrollando  las  dos  mᬠ
quinas  á  tiro  forzado  8.500  caballos  de  fuerza. 

Nuestro  grabado  representa  al  comandante  y  ofi¬ 
ciales  del  Giralda  sobre  la  cubierta  del  mismo. 

El  l.°  de  la  izquierda  es  el  contador  de  fragata 
D.  Rafael  Barrera;  el  2.°,  el  alférez  de  navio  don 
José  García  de  Paredes;  el  3.°,  el  segundo  médico 
D.  Luis  Cendrero;  el  4.°,  el  alférez  de  navio  don 
José  Ochoa;  el  5.°,  el  capitán  de  fragata  D.  Rafael 
Rodríguez  dé  Vera,  distinguido  marino  que  manda 
el  aviso  Giralda ;  le  siguen  en  orden  de  colocación 


Digitized  by  ^.ooQie 


376  —  n.°  xxiv 


LA  '  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Junio  1898 


el  segando  comandante  teniente  de  navio 
D.  Juan  de  Ibarreta  y  el  alférez  de  navio 
D.  Ramón  Bullón. 

o 

#  tt 

LA  DE  CUBA. 

Bahía  de  Ouantánamo  (p&g.  385). 

El  puerto  de  Ouantánamo,  en  el  que  hay 
muchos  sitios  que  pueden  abrigar  numero¬ 
sas  escuadras,  se  interna  unas  10  millas  de 
S.  á  N.,  con  una  anchura  muy  variable,  la 
cual  es,  entre  las  puntas  exteriores  de  su 
boca,  de  dos  millas,  y  se  divide  en  dos  par¬ 
tes:  una  interior,  la  bahía  de  Joa,  con  3,0 
á  4,5  metros  de  agua,  á  la  cual  se  llega  por 
un  estrecho  y  muy  profundo  canal;  y  otra  ex¬ 
terior,  en  la  que  ordinariamente  fondean  los 
buques  de  gran  porte.  Desde  su  punta  exte¬ 
rior  de  barlovento,  que  es  muy  limpia,  corre 
la  costa  oriental  una  milla  al  N.,  descen¬ 
diendo  media  milla  al  N.  de  dicha  punta,  y 
á  algo  más  de  media  milla  al  O.  un  placer 
de  piedra  cuya  cabeza  se  halla  en  el  paralelo 
de  la  boca  del  río  Guantánamo,  y  en  cuyo 
veril  se  cogen  de  6,7  á  8,4  metros  de  agua; 
tuerce  después  al  E.,  formando  una  punta  y 
una  ensenada,  donde  alrededor  de  la  prime¬ 
ra,  y  á  corta  distancia  de  un  playazo  de  arena 
en  que  se  ve  algún  matorral  y  suele  haber 
algunos  bohíos,  acostumbran  á  fondear  los 
barcos  de  guerra. 

Su  costa  de  sotavento  está  guarnecida  de 
placer  de  piedra,  á  distancia  de  dos  cables, 
desde  fuera  hasta  la  boca  del  citado  río,  que 
se  halla  á  media  milla  al  N.  de  la  punta  in¬ 
terior  de  la  misma  banda,  y  luego,  conver¬ 
tida  en  una  playa  de  arena  en  cuyo  centro 
se  ve  un  notable  frontón  parduzco,  corre  al 
NE.  á  formar  el  límite  NO.  del  fondeadero 
exterior. 

Comenzaron  á  construirse  las  fortificacio¬ 
nes  dé  Guantánamo  desde  que  en  Julio  de 


* 1  ' ' 


DON  CARLOS  DE  HAES, 

ILUSTRE  PAISAJISTA. 

Nació  en  Bruselas  en  1831;  t  en  Madrid  el  17  del  actual. 
(De  fotografia  del  Sr.  Marqués  de  Bellamar.) 


1742  le  ocupó  el  almirante  inglés  Vemon. 
Arruináronse  luego,  y  en  1846  D.  Leopoldo 
O’Dónnell  comenzó  la  pequeña  de  la  angos¬ 
tura,  que  se  terminó  el  año  siguiente* 

• 

•  4» 

SR.  D.  JOSÉ  DE  rONTES  Y  ROSALES, 
primer  farmacéutico  de  la  Real  Cámara  (pág.  388). 

En  la  solemne  sesión  pública  celebrada 
por  la  Real  Academia  de  Medicina  el  día  12 
del  actual,  tomó  posesión  de  su  plaza  de  nú¬ 
mero  el  ilustrado  Dr.  D.  José  de  Pontee  y 
Rosales,  primer  farmacéutico  de  Cámara 
de  S.  M. 

Nació  el  nuevo  académico  en  la  ciudad  de 
Granada  en  el  año  1838,  siguiendo  después 
en  aquella  Universidad,  con  gran  brillantez, 
sus  estudios  en  la  Facultad  de  Farmacia, 
cuya  licenciatura  obtuvo  con  la  calificación 
de  sobresaliente.  En  1860  se  graduó  de  doc¬ 
tor  con  igual  censura,  y  más  tarde  ingresó 
por  oposición  en  el  Cuerpo  de  Sanidad  Mili¬ 
tar.  Obtuvo  además  el  grado  de  bachiller  en 
ciencias  físico-químicas  en  la  Universidad 
de  Granada. 

Por  oposición  también,  ingresó  en  1862, 
con  el  núm.  1  y  el  cargo  de  profesor  ayudan¬ 
te,  en  la  Real  botica,  habiendo  obtenido  en 
ella  los  ascensos  que  por  antigüedad  le  fue¬ 
ron  correspondiendo,  hasta  alcanzar  el  ac¬ 
tual  de  primer  farmacéutico  de  la  Real  Cᬠ
mara,  jefe  de  la  dependencia  y  de  todo  el 
servicio  farmacéutico  de  los  Reales  Sitios. 

En  oposición  á  una  plaza  de  catedrático 
auxiliar  de  la  Universidad  Central,  fué  pro¬ 
puesto  en  terna  por  unanimidad. 

Ha  sido  redactor  en  varios  periódicos 
científicos,  como  La  C tínica ,  El  Restaura - 
dor  Farmacéutico  y  El  Semanario  Farma¬ 
céutico  ,  y  su  estudio  biográfico  de  Fr.  Ber- 
nardino  Laredo  mereció  ser  premiado  por 
el  Ilustre  Colegio  de  Farmacéuticos  de  Ma- 


MADRID.  — VISTA  PARCIAL  DEL  ESTUDIO  DEL  ILUSTRE  PAISAJISTA  D.  CARLOS  DE  HAES. 

(De  fotografia  del  Sr.  Marqués  de  Bellamar. 


/ 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.°  xxiv  —  377 


MANILA.  —  EL  PUENTE  COLGANTE. 

(De  fotografía.) 


MANILA.— EL  PUENTE  DE  AYALA. 
(De  fotografía.) 


Digitized  by  ^.ooQie 


378  —  N.°  xxiv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Junio  1898 


MARINA  DE  GUERRA  NORTEAMERICANA.— caSonks  dk  dinamita 

Á  BORDO  DEL  DINAMITERO  üVKSUVIUS». 

(De  fotografía.) 


drid;  pero  lo  que  más  le  dió  á  conocer  fue  la  tra¬ 
ducción,  arreglo  y  comentarios  que  hizo  de  la  im¬ 
portante  y  voluminosa  obra  de  Dorvault,  que  lia 
sido  durante  muchos  años  el  repertorio  de  Farma¬ 
cia  más  completo  que  se  ha  escrito;  tradujo  tam¬ 
bién  con  notable  acierto  la  obra  de  Wurtz,  Leccio¬ 
nes  de  Filosofía  y  Química ,  y  colaboró  en  el  gran 
Diccionario  de  Farmacia  que  publicó  el  referido 
Colegio. 

Dedicóse  en  la  Real  oficina  de  Farmacia  á  los 
trabajos  de  laboratorio,  procurando  conservar  el 
alto  concepto  de  que  aquella  oficina  ha  gozado 
siempre,  logrando  que  hoy  sea  admirada  por  cuan¬ 
tos  conocen  su  organización  y  servicios. 

Como  profesor  práctico  se  ha  distinguido  por 
su  escrupulosidad  y  carácter  observador,  del  que 
es  reflejo  fiel  el  notable  discurso  que  para  su  in¬ 
greso  en  la  Academia  ha  escrito  acerca  del  Con¬ 
cepto  de  la  Farmacopea  al  terminar  esta  centuria. 

Es  miembro  de  la  Sociedad  Real  de  Farmacia 
de  Bruselas  y  de  varias  otras  Corporaciones  cien¬ 
tíficas. 

Carlos  Luis  de  Cuenca. 


EFECTOS  DEL  CORSO  G>. 


III. 


W I  pasados  los  tiempos  en  que  rigieron 
a  la  monarquía  Felipe  IV  y  Carlos  II, 
hubiéramos  de  examinar  con  despa¬ 
jé*  ció  los  sucesos  marítimos,  diéranos 
la  enconada  lucha  sostenida  para  asen¬ 
tar  en  el  solio  á  D.  Felipe  V  sobrada 
materia  de  corroboración  á  las  observa¬ 
ciones  que  se  desprenden  de  los  grandes 
servicios  prestados  á  la  patria  por  los  cor- 
sistas. 

Días  de  suprema  ansiedad  transcurrían  después 
que  á  la  hostilidad  externa  de  Austria,  Inglaterra, 
Holanda,  Saboya  y  Portugal,  naciones  coligadas 
para  repartirse  los  despojos  de  la  triste  España, 
vino  á  juntarse  el  alzamiento  de  la  antigua  región 
aragonesa  en  guerra  intestina,  por  la  que  las  po¬ 
blaciones  todas  de  las  costas  de  Cataluña  y  Valen¬ 
cia  se  pusieron  á  devoción  del  adversario.  Blo¬ 
queadas  las  demás  de  la  Península;  destruidas  ó 
apresadas  las  escuadras  y  las  flotas;  anulado  el 
comercio  por  la  inmensa  superioridad  naval  con 
que  contaba  aquél,  mientras  las  nuevas  de  Italia  y 
de  Flandes  se  sucedían  en  siniestra  serie,  llegada 
la  de  avanzar  los  ejércitos  enemigos  por  Ciudad- 
Rodrigo  y  Salamanca  hacia  Madrid,  mayor  aflic¬ 
ción  que  la  de  ver  al  país  convertido  en  vivaque  de 
soldadesca  extraña  y  ensangrentado  por  sus  pro¬ 
pios  hijos,  produjo  la  evidencia  de  haberse  tro¬ 
cado  en  contrarios  también  los  generales  france¬ 
ses  en  cuyas  manos  tenía  el  referido  D.  Felipe 
puesta  la  defensa.  Concertados  con  su  mismo  her¬ 
mano,  trabajaban  el  ánimo  de  Luis  XIV  inclinán¬ 
dolo  á  la  indignidad  de  despojarle  del  trono  en 


que  le  puso,  y  de  dar 
oídos  á  las  proposi¬ 
ciones  de  paz  con  que 
tentaban  á  su  can¬ 
sancio  los  aliados. 

Quizá  fue  el  Rey 
de  España  el  único 
que  no  tuviera  en¬ 
tonces  su  causa  por 
desesperada;  quizá 
sintió  inspiración  al 
ejercitar  el  disimulo, 
al  desplegar  la  ener¬ 
gía  con  que  se  hizo 
merecedor  del  califi¬ 
cativo  de  Animoso , 
como  del  de  Soldado , 
y  digno  también  del 
pueblo  castellano, 
único  en  sostenerlo 
contra  su  familia  y 
contra  el  mundo  to¬ 
do.  El  hecho  es  que, 
desviado  el  soplo  del 
infortunio  en  la  tre¬ 
menda  crisis,  la  ba¬ 
talla  de  Almansa  su¬ 
ministró  al  adorno 
del  santuario  de  Ato¬ 
cha,  en  Madrid,  cien¬ 
to  doce  banderas  con 
la  variedad  de  colo¬ 
res  y  blasones  de  tantos  beligerantes. 

Esto  en  tierra:  en  la  mar,  al  corso  se  debie¬ 
ron,  como  en  tantas  otras  circunstancias,  las  débi¬ 
les  compensaciones  de  los  daños  experimentados, 
con  las  presas  y  atrevidas  acciones  que  obligaron  á 
los  bri taños  á  distraer  muchos  de  sus  bajeles  en 
protección  del  comercio,  y  aun  así  no  lo  conse¬ 
guían,  teniendo  que  sentir  á  cada  paso  la  captura 
de  sus  mercantes  y  los  rebatos  en  sus  posesiones 
de  Ultramar.  Sin  los  armadores  particulares,  sin 
los  navios  corsarios,  no  se  vieran  en  las  aguas  del 
Océano  las  insignias  de  España,  ni  sonara  el  nom¬ 
bre  de  sus  marinos  como  frecuentemente  se  oía 
en  el  Parlamento  inglés  en  representaciones  de 
perjuicios,  si  hemos  de  dar  crédito  al  historiador 
Campbell,  según  el  cual,  además,  unidas  las  na¬ 
ves  del  almirantazgo  nuestro  de  Ostende  con  las 
de  Dunquerque,  ó  hacían  en  las  pesquerías  holan¬ 
desas  destrozos  que  recordaban  los  de  antaño,  ó 
cruzando  en  la  Mancha  no  dejaban  paso  á  nave 
suelta  ni  á  convoy  que  no  llevara  fuerte  escolta. 

Bastante  progresó  el  material  de  la  Marina  en 
los  siglos  xvil  y  XVIII:  tuvo  amplitud  la  capaci¬ 
dad  de  los  vasos,  solidez  su  construcción,  aumento 
en  potencia  y  número  la  artillería;  celeridad  en 
la  carga  y  disparo  las  armas  portátiles;  mas  no 
variaron  ni  la  propulsión  obtenida  del  viento  ni 
el  sistema  tradicional  de  organización  y  provisio¬ 
nes  del  bajel,  continuando,  por  consecuencia,  con 
escasas  alteraciones,  las  ideas  á  que  obedecía  la 
aplicación  de  las  unidades  y  las  sumas.  El  corso 
seguía  siendo  arma  y  recurso  de  las  naciones  dé¬ 
biles  contra  las  fuertes;  pero  en  cien  años  más  do 
vida  del  universo,  el  empleo  del  vapor,  la  susti¬ 
tución  de  la  madera  por  hierro  y  acero,  la  lucha 
de  poder  entre  el  cañón  y  la  coraza,  el  invento  de 
máquinas,  de  explosivos,  de  todas  aquellas  com¬ 
plicaciones  anteriormente  indicadas  (1),  causaron 
revolución  completa. 

Tasso  y  Cervantes  maldijeron  á  los  inventores 
de  las  armas  de  fuego,  que,  puestas  en  manos  de 
un  cobarde  que  acaso  tiembla  al  dispararlas,  en¬ 
vían  por  azar  el  proyectil  mortífero  al  pecho  de 
un  valiente  caballero.  ¡Cuán  distantes  estarían  de 
pensar  que  en  la  marcha  de  la  humanidad,  por  el 
pretendido  camino  de  la  perfección,  otras  armas, 
contra  las  cuales  nada  significan  inteligencia  ó 
bizarría,  vendrían  á  decidir  las  sempiternas  dispu¬ 
tas  de  los  hombres,  lanzando  á  éstos  por  cientos 
en  el  aire,  hechos  fragmentos  ennegrecidos  que 
se  confunden  con  los  de  la  nave  arrogante  que 
gobernaban  I 

Ello  es  así:  el  torpedo ,  á  que  cuadra  mejor,  al 
parecer,  el  nombre  de  «máquina  infernal»  que 
tuvo  en  los  ensayos  primitivos;  el  torpedo,  con 
los  acompañantes  de  predilección  guerrera  en  los 
presentes  días,  ha  transformado  el  modo  de  ser 
de  las  marinas.  Mas,  antes  con  mucho  de  que  se 
generalizaran  estos  medios  en  las  militares,  ha¬ 
bía  surgido  la  duda  y  planteádose  la  cuestión  de 
subsistencia  del  corso,  y  esto  no  tan  sólo  por  el 
enorme  costo  que  representan  los  armamentos 
modernos,  por  la  dificultad  de  reunir  personal 
idóneo  que  los  maneje,  y  por  los  obstáculos  que 
habían  de  ofrecerse  al  reemplazo  de  las  provisio¬ 
nes  indispensables;  ante  todo,  por  el  acuerdo  de 


(1)  Véanse  los  números  de  8  y  22  de  Mayo  último. 


(1)  En  el  número  de  30  de  Abril. 


las  grandes  potencias,  enderezado  á  debilitar  más 
y  más  á  las  que  están  por  debajo  de  su  nivel,  y  á 
privarlas  por  tanto  de  aquel  recurso  tan  de  temer, 
introduciendo  en  lo  que  pasa,  al  grado  de  las  pri¬ 
meras,  por  derecho  internacional  y  cláusulas  ó  con¬ 
diciones  que  lo  anularan. 

La  contienda  entre  los  Estados  de  la  América 
del  Norte  demostró,  sin  embargo,  que  aun  es  po¬ 
sible  saltar  por  encima  de  los  obstáculos  imagina¬ 
dos  y  servirse  en  las  guerras  marítimas  de  la  pa¬ 
lanca  del  movimiento  mercantil,  nervio  de  los 
intereses  en  la  vida  actual  de  las  naciones.  El  corso 
tuvo  necesariamente  que  cambiar  de  fase,  acomo¬ 
dándose  á  las  alteraciones  adoptadas  en  la  nave¬ 
gación;  pero  en  el  objetivo  y  en  los  procederes, 
así  como  en  los  efectos  contrarios  á  las  pretensio¬ 
nes  de  dominación,  siguió  su  carrera  por  lo  que 
se  ha  visto,  favoreciendo  á  los  oprimidos.  Díganlo 
los  sucesos. 

Tranquilos  atendían  á  sus  operaciones  los  nego¬ 
ciantes  de  Boston  y  de  Nueva  York,  pensando  que 
en  guerra  interior  con  gentes  dedicadas  á  la  agri¬ 
cultura  nada  podría  turbar  el  curso  ordinario  de 
su  comercio.  Los  Estados  del  Norte  disponían  de 
mayor  población  y  de  incomparable  riqueza;  de 
ellos  eran  los  arsenales ,  las  fábricas,  los  estable¬ 
cimientos  técnicos;  de  ellos,  la  armada  militar;  de 
ellos  la  mar,  en  fin.  Los  Estados  del  Sur  estaban, 
no  obstante,  resueltos  á  extender  sobre  las  olas 
testimonio  de  vitalidad,  y  el  l.°  de  Julio  de  1861 
despacharon  bajel  que  diera  al  viento  la  bandera 
de  su  confederación. 

Llamábase  este  buque  Sumter.  Endeble  y  pe¬ 
queño,  respondiendo  únicamente  á  las  necesida¬ 
des  de  comunicación  periódica  entre  los  puertos 
de  Nueva  Orleans  y  la  Habana,  para  las  que  fue 
construido,  medía  500  toneladas,  y  le  proporcio¬ 
naba  impulso  máquina  de  vapor  de  corta  fuerza. 
Deshechos  los  camarotes  de  pasajeros,  fortalecida 
un  tanto  la  cubierta,  reformada  la  arboladura  con 
el  fin  de  servirse  de  ella  en  lo  ordinario,  se  armó 
el  vaso  con  dos  cañones  giratorios  en  crujía  y  cua¬ 
tro  obuseros  del  calibre  de  á  24  en  las  bandas.  El 
director  de  la  transformación,  el  que  iba  á  serlo  de 
la  campaña  y  alma  de  la  navecilla,  era  Mr.  R.  Sem¬ 
ines,  oficial  distinguido  de  la  marina  de  guerra 
ahora  enemiga,  hombre  de  inteligencia,  de  ins¬ 
trucción  y  de  entereza  bien  probada  pronto,  em¬ 
pezando  por  la  salida  del  Missisippí  rompiendo  el 
bloqueo,  perseguido  por  los  guardianes  de  la  boca. 

Hizo  la  primera  captura  de  barcos  mercantes  el 
día  3;  verificó  seguidamente  otras  siete  sin  difi¬ 
cultad,  siendo  en  la  tierra  y  no  en  las  aguas  donde 
había  de  encontrarlas.  Lo  mismo  en  el  puerto  de 
Cienfuegos,  de  Cuba,  primero  en  que  entró,  que 
en  los  sucesivos  de  las  antillas  inglesas,  francesa^ 
y  holandesas,  el  reconocimiento  de  su  Gobierno  y 
pabellón,  la  observancia  de  las  leyes  de  neutrali¬ 
dad  y  de  asilo,  le  obligaron  á  tratar  y  á  discutir 
con  las  autoridades  locales;  á  hacer  entrega  de  pre¬ 
sas  y  prisioneros,  y  á  sufrir  toda  especie  de  entor¬ 
pecimientos  en  la  provisión  de  efectos  ó  comesti¬ 
bles  que  necesitaba  reemplazar. 

Se  los  suscitaban  principalmente  los  cónsules 
acreditados  de  los  Estados  Unidos,  por  lo  general 
activos,  hábiles,  y  que  no  limitándose  á  la  gestión 
natural  de  los  oficios,  no  en  todas  ocasiones  repug¬ 
naron  medios  ilícitos :  el  soborno  de  los  marine¬ 
ros,  por  ejemplo;  la  compra  anticipada  del  carbón, 
ó  el  flete  de  las  embarcaciones  de  que  pudiera  ser¬ 
virse.  Semmes  á  todo  se  sobrepuso,  menos  á  la  pre¬ 
tensión  de  utilizar  los  barcos  capturados,  inacep¬ 
table  por  parte  de  los  neutrales:  así,  determinó 
destruir  cuantos  cayeran  en  sus  manos,  una  vez 
probada  con  exhibición  de  documentos  fehacien¬ 
tes  la  propiedad  enemiga  de  la  carga,  pues  en  caso 
de  pertenecer  á  amigos,  ponía  á  rescate  el  vaso. 

Sosteniendo  el  crucero  por  el  mar  Caribe,  Costa 
Firme  y  Brasil,  el  resto  del  año,  dirigióse  á  Eu¬ 
ropa  al  empezar  el  de  1862,  sabiendo  que  no  me¬ 
nos  de  ocho  bajeles  de  guerra  de  fuerza  superior 
le  andaban  á  los  alcances,  con  órdenes  precisas 
del  Gobierno  de  Washington  para  deshacer  aquel 
estorbo,  molesto  más  de  cuanto  pudiera  presumirse 
de  su  pequeñez,  pues  abultando  la  fama  en  alas 
del  temor  la  entidad  de  los  daños,  por  la  subida 
de  los  fletes  y  crecimiento  en  las  pólizas  de  segu¬ 
ros,  se  estimaban  en  un  millón  de  pesos  las  pér¬ 
didas  de  aquellos  negociantes  de  Nueva  York  y 
Boston  nombrados  anteriormente,  y  esto  sin  po¬ 
ner  en  cuenta  la  influencia  moral  ejercida  por 
aquel  barquichuelo,  el  desconcepto  de  los  jefes 
que  lo  perseguían,  la  irritación  de  los  políticos  y 
las  censuras  de  los  periódicos. 

En  realidad  hizo  el  Sumter  en  nueve  meses  de 
campaña  diez  y  ocho  presas,  de  las  que  siete  in¬ 
cendió,  tomando  de  algunas  otras  pagarés  ó  libran¬ 
zas  por  soltura.  Más  no  pudo  hacer:  reconocido  el 
buque  en  la  bahía  de  Cádiz,  apareció  que  por  el 
trabajo  extraordinario  y  constante  á  que  se  le 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.°  xxiv  —  379 


constreñía,  necesitaba  reparaciones  considerables 
en  el  casco  y  en  la  máquina,  y,  lo  peor  del  caso, 
reemplazo  de  las  calderas,  declaradas  inservibles. 
Obras  de  tanta  importancia,  equivalentes  á  la 
transformación  del  bajel,  no  cabía  autorizarlas 
sin  faltar  á  los  preceptos  rudimentarios  de  auxilio 
por  humanidad  ó  arribada  forzosa:  en  la  aprecia¬ 
ción  coincidieron  las  autoridades  españolas  y  las 
inglesas  de  Gibraltar,  adonde  el  Sumter  se  tras¬ 
ladó  tentando  el  último  extremo;  y  no  quedándole 
el  de  volver  á  la  mar  en  tan  mala  disposición,  por 
haber  llegado  á  celarlo  desde  Algeciras  buques 
enemigos,  el  comandante  Semmes  determinó  des¬ 
armarlo  allí  donde  estaba,  reservando  su  propósito 
de  adquirir  barco  mejor  y  de  continuar  la  empresa 
osada  con  que  había  de  alcanzar  renombre  entre 
los  marineros  del  siglo. 

Cesáreo  Fernández  Duro. 


XjA.8  MANOS. 


(p^AN  ustedes  al  teatro,  y  á  poco  que  se 
fijen  en  la  «acción»  de  los  comedian- 
_  tes,  observarán  que  la  mayor  parte,  y 
entre  ésta  muchos  de  los  que  pasan 
por  n°tables  y  aun  Por  eminentes, 
«no  saben  qué  hacer  con  las  manos». 
«Ellos»  necesitan. tenerlas  constante¬ 
mente  ocupadas  con  el  bastón  ó  con  el  som¬ 
brero  ó  metidas  en  los  bolsillos;  «ellas»  no 

s  pueden  pasar  sin  el  pañuelo  ó  sin  el  abanico; 
y  cuando  unos  y  otras,  por  la  índole  del  papel  que 
representan  ó  de  la  situación  en  que  los  ha  puesto 
el  autor,  se  ven  privados  de  aquellos  « indispensa¬ 
bles  auxiliares»,  son  de  notar  la  violencia  de  sus 
actitudes,  la  torpeza  de  sus  movimientos,  el  emba¬ 
razo  de  su  acción  y  la  figura  desgarbada  que  pre¬ 
sentan  sin  atinar  con  el  modo  natural  de  mover 
los  brazos  ni  saber  cómo  ni  dónde  colocar  las 
manos. 

A  mí  me  ha  confesado  un  actor,  muy  aplaudido 
por  cierto,  que  cuando  sale  á  escena  cada  mano  «le 
pesa  un  quintal»;  y  actriz  hay  que  desde  que  se  le¬ 
vanta  el  telón  envidia  á  la  Venus  de  Miio,  no  por 
su  belleza  extraordinaria,  sino  por  su  carencia  de 
tan  «incómodas»  extremidades  torácicas. 

Así  vemos,  que  mientras  unos  actores  apenas 
mueven  alguna  vez  las  manos,  siempre  con  los 
brazos  caídos  y  pegados  al  cuerpo,  como  soldados 
de  madera  de  las  cajas  de  juguetes,  otros  los  mue¬ 
ven  descompasadamente  como  si  fueran  aspas  de 
molino,  ó  los  levantan  á  modo  de  «Juanes  de  las 
Viñas»  y  como  si  de  vez  en  cuando  les  tiraran  de 
un  cordelito. 

Ven  ustedes  un  cuadro,  una  estampa,  una  cari¬ 
catura,  y  á  poco  que  reparen  en  los  pormenores 
de  las  figuras  notarán  que  en  muchos  casos,  y  aun 
en  obras  de  artistas  célebres  y  celebrados,  las  ma¬ 
nos  dejan  bastante  que  desear,  y  cuando  no  son 
defectuosas,  desproporcionadas  ó  imperfectas,  apa¬ 
recen  en  colocación  impropia  y  forzada,  como  si 
en  ese  punto  hubiera  sido  imposible  lograr  la  «na¬ 
turalidad»  del  modelo  ó  hubiera  fracasado  el  ta¬ 
lento  del  artista.  Y  cuenta  que  no  son  pocos  los 
pintores,  dibujantes  y  caricaturistas  qae  al  dar  en 
ese  tropiezo,  y  no  acertando  á  vencer  la  «dificul¬ 
tad»  que  las  manos  ofrecen,  apelan ,  como  algunos 
comediantes,  al  recurso  de  esconderlas,  ó  procu¬ 
ran  disimular  sus  defectos  acudiendo  á  algún  otro 
recurso  más  ó  menos  ingenioso. 

Yo  he  visto  cuadros  y  dibujos  en  que  figuras 
muy  lindas  estaban  afeadas  por  manos  que  no  pa¬ 
recían  «de  la  misma  mano»;  manos  extendidas  que 
á  primera  vista  se  hubieran  tomado  por  manojos 
de  espárragos;  manos  cerradas  que  semejaban  ca- 
becitas  de  ídolos  indios,  y  manos  entreabiertas, 
con  todas  las  apariencias  de  pulpos  marinos. 

Esas  «dificultades  artísticas»  en  el  uso  y  en  la 
copia  ó  representación  de  las  manos  corresponde, 
sin  duda,  á  la  importancia  extraordinaria  que  las 
manos  tienen,  y  á  su  indudable  supremacía  sobre 
las  demás  partes  del  cuerpo  humano,  excepción 
hecha  de  la  cabeza,  morada  de  la  inteligencia, 
cuando  se  tiene,  y  del  corazón,  albergue  del  senti¬ 
miento,  cuando  no  se  carece  de  él. 

Y  hasta  en  el  lenguaje  usual  y  corriente  se  re¬ 
conoce  y  declara  esa  superioridad  aun  sobre  el  co¬ 
razón  y  sobre  la  cabeza. 

Si  un  hombre  desea  realizar  su  unión  con  una 
mujer  santificándola  por  el  matrimonio,  no  pide 
su  corazón,  como  parece  lógico  y  natural,  como 
centro  del  amor  que  inspira  aquel  deseo  de  unión 
y  ha  de  contribuir  á  hacerle  dichoso:  el  hombre 
pide  «su  mano» ,  porque  de  ese  modo  se  entiende 
que  lo  ha  pedido  todo. 

Si  una  persona  quiere  dar  el  testimonio  más  evi¬ 


dente  de  la  virtud  de  otra,  ó  la  prueba  más  termi¬ 
nante  de  su  absoluta  confianza  en  ella,  no  dice  que 
pondría  su  cuerpo  en  una  hoguera,  su  cabeza  en 
un  horno  ó  sus  pies  en  la  lumbre:  dice  que  pondría 
« las  manos  en  el  fuego»,  dando  á  entender  que 
exponerse  á  perder  las  manos  es  el  mayor  sacrifi¬ 
cio  que  puede  imaginarse. 

Aplícase  á  un  enfermo  medicina  tan  oportuna, 
provechosa  y  eficaz,  que  el  paciente  logra  rápida 
curación  ó  inmediato  alivio,  y  todos  convienen  en 
que  aquella  medicina  admirable  ha  sido  «  mano  de 
santo». 

Sucesos  inesperados,  circunstancias  imprevis¬ 
tas  llegan  á  favorecer  al  hombre  honrado  reme¬ 
diando  sus  desdichas,  sacándolo  de  trances  en  que 
parece  ya  imposible  toda  salvación ;  vienen  á  cas¬ 
tigar  al  malo,  causándole  quebrantos  y  dolores,  ó 
destruyendo  sus  inicuos  y  mejor  fraguados  planes; 
concurren  para  descubrir  el  crimen  que  ha  que¬ 
dado  impune,  ó  para  vindicar  la  inocencia  injus¬ 
tamente  perseguida  ó  calumniada,  y  en  aquellos 
sucesos  y  en  aquellas  circunstancias  ven  todos  «la 
mano  de  Dios». 

En.  los  trances  apurados,  en  las  situaciones  gra¬ 
ves,  en  los  momentos  de  angustia,  de  dolor,  de  es¬ 
peranza  ó  de  desaliento,  se  levantan  los  ojos  al 
cielo  para  pedir  fuerzas,  para  implorar  clemencia, 
para  buscar  consuelo;  pero  como  recurso  supremo, 
como  último  recurso  para  lograrlo,  á  la  vez  que 
los  ojos,  se  alzan  «las  manos  al  cielo». 

Pilatos  después  de  sentenciar  al  Justo  se  lavó 
«las  manos»,  creyendo  que  eso  bastaba  para  puri¬ 
ficar  su  alma  de  aquel  crimen;  el  sacerdote  en  la 
misa  lava  sus  manos  ínter  inocentes ;  Jesucristo,  al 
expirar  en  la  cruz  por  su  amor  á  los  hombres,  pro¬ 
nunció  esta  su  «última  palabra»,  dirigiéndose  á 
su  divino  Padre:  ín  «  manas  tuas »  commendo  spi- 
ritum  meum. 

Signo  de  afecto,  de  amistad,  de  paz,  fué  siem¬ 
pre  «darse  las  manos»,  ya  materialmente,  en  el 
último  caso,  estrechándoselas  los  jefes  de  los  ejér¬ 
citos  enemigos,  ya  simbólicamente  entregándose 
mutuamente  «manos  de  bronce,  de  plata  ó  de 
oro»;  señal  de  convicción  ó  de  sinceridad  ha  sido 
en  todo  tiempo  hablar  con  «la  mano  puesta  sobre 
el  corazón»;  expresión  de  la  mayor  franqueza  y 
de  la  bondad  suma  tener  «el  corazón  en  la  mano», 
y  condición  esencial  para  la  eficacia  del  juramento 
colocar  la  mano  sobre  los  santos  Evangelios  ó  po¬ 
nerla  sobre  el  sagrado  objeto  por  que  se  jura,  ó 
cuando  menos  extenderla  en  el  aire  abierta  y  con 
la  palma  hacia  abajo  para  dar  mayor  solemnidad 
y  fuerza  al  juramento. 

El  sacerdote  que  bendice,  el  padre  que  desea 
atraer  sobre  sus  hijos  los  favores  del  cielo,  el  rey 
que  el  Viernes  Santo  en  la  ceremonia  de  la  ado¬ 
ración  de  la  Cruz  «perdona  á  los  que  delinquen 
para  que  Dios  lo  perdone»,  unen  ai  pensamiento 
y  al  deseo  el  movimiento  ó  la  imposición  de  las 
«manos»,  como  si  fuera  requisito  indispensable 
para  fortalecer  ó  confirmar  su  anhelo  y  sus  pa¬ 
labras. 

Para  dar  idea  de  una  conversación  íntima,  afec¬ 
tuosa,  confidencial,  que  los  franceses  llaman  un 
cabeza  á  cabeza  ( tete-u-tete),  los  españoles  tenemos 
una  frase  mucho  más  propia  y  expresiva:  «hablar 
mano  á  mano;»  para  ponderar  la  mala  suerte  del 
que  no  encuentra  quien  le  proteja,  decimos  que  no 
hay  quien  «le  dé  la  mano»;  para  indicar  ó  desear 
el  acierto  en  cualquier  asunto  ó  empresa,  nuestras 
palabras  son  éstas:  «¡Buena  mano!»;  para  hacer  el 
más  significativo  é  inexcusable  cumplimiento  á 
una  persona,  aunque  sólo  de  palabra  ó  por  escrito, 
«se  le  besa  la  mano»:  la  ceremonia  palatina  en  que 
los  cortesanos  demuestran  más  ostensiblemente 
su  afecto,  sumisión  y  acatamiento  á  los  reyes,  es 
el  besamanos . 

En  unos  versos  que  leí,  hace  algunos  años,  en 
una  velada  que  el  Centro  Instructivo  del  Obrero 
dedicó  á  la  memoria  de  mi  inolvidable  amigo  Fe¬ 
lipe  Ducazcal,  decía  yo: 

«No  es  la  mano  solamente 
Un  pedazo  deleznable 
De  este  cuerpo  miserable 
Que  el  mal  rinde  fácilmente. 

No;  que  siempre  con  razón 
Para  el  noble  y  el  Yillano, 

Ha  sido  y  será  la  mano 
Trasunto  del  corazón. 

Por  eso,  si  un  daño  aflige 
Ó  un  goce  en  el  alma  anida, 

La  mano,  como  atraída, 

Al  corazón  se  dirige. 

Por  eso  todo  hombre  busca 
La  de  algún  querido  sór, 

Cuando  le  anima  el  placer 
O  cuando  el  dolor  le  ofusca. 

Y  es  de  admiración  objeto 
La  del  hombre  superior, 

Ya  se  estreche  con  amor, 

Ya  se  bese  con  respeto. 


Por  eso  la  honrada  mano 
Del  obrero,  encallecida, 

Vale  más  que  la  pulida 
Del  inútil  cortesano.* 

Y  ustedes  perdonen  que  haga  esta  «cita»  mía, 
pero  no  tengo  «á  mano»  otra. 

Conste,  pues,  para  terminar — ó  dicho  ahora  con 
mayor  propiedad — para  «dar  de  mano»  á  este  tra¬ 
bajo,  que  es  innegable  la  superioridad  de  la  mano 
sobre  las  demás  partes  de  nuestro  cuerpo,  y  que, 
como  dice  un  amigo  mío,  también  aficionado  á  los 
juegos  de  palabras,  sin  duda  por  eso  es  la  mano  la 
que  en  todo  caso  lleva . la  palma. 

Felipe  Pérez  y  González. 


CARLOS  DE  HAES. 


A  desaparecido  para  siempre  este  ar¬ 
tista  ilustre,  cuyo  pincel,  por  hallarse 
completamente  ocioso  de  años  atrás, 
fué  cayendo  en  olvido,  y  con  él  una 
de  las  figuras  que  más  influencia  han 
ejercido  en  el  desarrollo  del  arte  en 
nuestra  patria  durante  casi  toda  la  se- 
gunda  mitad  de  este  siglo. 

^  Nació  Ilaes  en  Bruselas  poco  antes  de  1830, 
de  familia  distinguida,  de  origen  holandés. 
Hizo  en  Bélgica  su  educación  primera,  base  de 
una  cultura  poco  común,  que  mostró  siempre,  no 
ya  en  las  obras  artísticas  que  creó,  sino  en  todas 
las  manifestaciones  de  su  vida,  y  que  hizo  el  en¬ 
canto  de  cuantos  cultivaron  su  trato.  De  niño 
aprendió  el  dialecto  flamenco,  que  no  olvidó  ja¬ 
más,  á  la  par  que  los  idiomas  francés  y  holandés. 
Dotado  de  aptitud  para  las  lenguas,  conocía  bien 
el  inglés  y  algo  del  alemán  é  italiano,  y  al  trasla¬ 
darse  desde  Bélgica  á  Málaga  su  familia,  cuando 
su  padre  se  estableció  como  comerciante  en  aque¬ 
lla  población,  Haes,  todavía  muchacho,  al  apren¬ 
der  el  castellano,  se  asimiló  no  poco  del  acento 
andaluz,  que  dio  un  tinte  y  un  gracejo  especial  á 
su  conversación  siempre  culta,  amena  y  chispean¬ 
te,  sin  caer  jamás  en  lo  vulgar  ni  chocarrero.  Esta 
amalgama  de  lo  flamenco  de  origen  y  de  lo  fla¬ 
menco  de  Málaga  fue  en  él  una  cualidad  que  le 
daba  gran  atractivo,  y  que  unida  á  su  tan  distin¬ 
guido  y  elegante  porte  y  á  su  corrección  en  el 
trato,  maneras  y  ademanes,  le  hubiera  abierto 
todas  las  puertas,  si  su  gran  talento  de  artista  no 
las  hubiera  hallado  siempre  de  par  en  par. 

Intentó  su  padre  dedicarle  al  comercio,  pero  su 
vocación  le  llamaba  hacia  otro  lado,  y  de  las  en¬ 
señanzas  mercantiles  no  sacó  otra  cosa,  y  no  fué 
poco,  sino  los  hábitos  del  más  perfecto  orden  eco¬ 
nómico,  unidos  á  la  más  rigurosa  formalidad  y 
exactitud  en  el  cumplimiento  de  todos  sus  com¬ 
promisos  y  obligaciones.  Para  él,  contestar  una 
carta,  corresponder  á  un  obsequio,  devolver  una 
visita,  eran  deberes  cuyo  incumplimiento  le  ponía 
nervioso:  consideraba  éstos  como  letras  á  la  vista, 
cuyo  pago  no  consiente  aplazamientos  ni  excusas. 

De  carácter  firme  y  vocación  decidida,  no  pudo 
sujetarse  á  los  intentos  paternos,  y  pronto  hubo 
de  poner  los  ojos  en  el  arte  de  la  pintura,  eligien¬ 
do  la  especialidad  del  paisaje,  que  casi  exclusiva¬ 
mente  cultivó  desde  su  juventud. 

Su  origen  patrio  y  las  relaciones  de  familia  y 
amistad,  hicieron  que  fuera  Bélgica  el  país  en 
que  se  dedicó,  durante  varios  años,  al  estudio  se¬ 
rio  del  arte.  Si  hubiera  podido  escoger,  segura¬ 
mente  hubiera  optado  por  Francia,  donde  á  la 
sazón  estaban  en  su  apogeo  los  paisajistas  más 
grandes  de  este  siglo,  que  es,  á  no  dudar,  el  que 
ha  revelado  en  esta  rama  del  arte  manifestacio¬ 
nes  bien  diferentes  y  de  orden  quizás  superior  al 
de  anteriores  épocas. 

En  Francia,  cuando  Haes  la  atravesó  para  ir  á 
Bélgica,  allá  hacia  el  año  1850,  florecían  aquellos 
paisajistas  que,  inspirados,  á  no  dudar,  en  otros 
ingleses  anteriores,  y  en  particular  en  Constable, 
constituían  lo  que  más  tarde  se  ha  llamado  la  es¬ 
cuela  de  Barbizón,  cuyas  firmas  son  hoy  cotizadas, 
y  con  razón,  tan  altas  cual  las  de  los  grandes 
maestros  de  los  siglos  xví  y  XVII.  Eran  aquéllos 
Rousseau,  Troyón,  Corot,  Millet,  Daubigny  y 
otros  no  tan  célebres.  Los  principales  paisajistas 
belgas  no  rayaban  á  la  altura  de  estos  colosos, 
pero  eran  reflejos  suyos. 

Haes  tuvo  por  maestro  á  Quinaux,  paisajista  de 
grande  habilidad  técnica  que  le  inculcó  su  maes¬ 
tría  en  el  dibujo,  base  de  enseñanza  de  todas  las 
artes  plásticas.  Al  poco  tiempo  de  aprendizaje, 
Haes,  que  se  hallaba  dotado  de  las  mayores  apti¬ 
tudes,  y  que  fue  un  traba jor  incansable,  resistente 
cual  ninguno  á  todas  las  fatigas  de  la  vida  del  pai¬ 
sajista,  y  Dios  sólo  sabe  cuán  grandes  son  éstas, 


Digitized  by  ^.ooQie 


MADRID.  — LA  PRIMERA  COMUNIÓN  DEL  REY  D.  A 

(dibujo  de  ji 

I 


r 


Digitized  by  ^.ooQie 


Alfonso  xiii  en  la  capilla  del  real  palacio. 


)E,ijAN  comba.) 


I 


Digitized  by 


382  —  n.°  xxiv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Junio  1898 


comenzó  á  distinguirse  entre  sus  compañeros  y 
logró  alcanzar  éxitos  en  las  Exposiciones  de  Bél¬ 
gica. 

De  regreso  á  Málaga,  envió  á  Madrid,  en  1856, 
dos  cuadros  destinados  á  la  Exposición  Nacional. 
Desconocido,  y  sin  relaciones  ni  apoyo,  pasó  lo 
de  siempre:  colocaron  mal  sus  cuadros;  pero  el 
público,  llevado  de  la  mano  por  la  crítica  inteli¬ 
gente,  que  manifestó  sus  juicios  en  la  prensa,  hizo 
justicia  ai  artista  poniendo  en  el  lugar  que  mere¬ 
cían  sus  obras,  que  de  otra  suerte  hubieran  pasado 
inadvertidas. 

Contrajo  en  Madrid,  con  ocasión  de  estos  suce¬ 
sos,  amistades  que  le  fueron  muy  preciosas  du¬ 
rante  el  curso  de  su  vida.  Uno  de  sus  íntimos  de 
entonces,  y  con  el  cual  le  unió  para  siempre  amis¬ 
tad  fraternal,  fuó  el  distinguido  literato  Federico 
Muntadas,  conocido  de  todo  el  mundo  por  haber 
sacado  á  luz  las  bellezas  de  sus  propiedades  en  el 
río  Piedra,  en  las  cercanías  del  monasterio  de  este 
nombre  en  Aragón.  Muntadas  instó  á  Haes  á  pasar 
una  temporada  en  Piedra;  fué,  en  efecto,  el  artista 
á  acompañar  unos  días  á  su  amigo,  pero  quedó  tan 
encantado  del  paisaje,  que  pasó  allí  todo  el  verano 
haciendo  estudios,  los  cuales,  expuestos  en  Madrid 
en  el  otoño,  causaron  el  asombro  de  todos  los  ar¬ 
tistas  y  aficionados.  He  oído  referir  á  Raimundo 
de  Madrazo,  que  fué  uno  de  aquellos  entusiastas, 
el  gran  contento  que  tuvo  al  ir  en  compañía  de 
otro  pintor  tan  conocido,  Suárez  Llanos,  una  ma¬ 
ñana  á  la  Casa  de  Campo  á  ver  pintar  á  Haes.  Ma¬ 
drazo  y  Llanos  llevaban  sus  cajas,  pero  no  las 
abrieron;  querían  tan  sólo  observar  cómo  se  go¬ 
bernaba  delante  del  natural  aquel  artista,  mitad 
belga,  mitad  español,  que  se  había  entrado  de  sor¬ 
presa  asombrando  á  todos  con  sus  cuadros  y  estu¬ 
dios,  que  parecían  ventanas  abiertas  al  campo. 

Corría  el  año  1857.  Muerto  Pérez  Villaamil,  que 
era  profesor  de  paisaje  en  la  Academia  de  San 
Fernando,  se  convocaron  las  oposiciones  á  la  cᬠ
tedra  vacante.  Haes,  en  aquella  época,  tenía  el 
propósito  de  volver  á  Bélgica,  y  lo  hubiera  reali¬ 
zado  á  no  ser  por  su  viaje  á  Piedra  ya  referido. 
Sus  amigos  y  admiradores  de  Madrid  le  impulsa¬ 
ron  ¿  que  se  presentase  á  las  oposiciones  de  aque¬ 
lla  cátedra  de  paisaje.  Esto  determinó  que  se 
quedase  entre  nosotros,  y  á  ello  debemos  que  su 
nombre  sea  una  gloria  del  arte  moderno  español. 

La  superioridad  de  Haes  sobre  sus  compañeros 
de  oposiciones  era  tal,  que,  á  pesar  de  las  influen¬ 
cias  que  mediaron,  ninguno  pudo  disputarle  el 
triunfo.  Los  trabajos  que  fuó  realizando  durante 
aquellos  ejercicios,  producían  tal  sorpresa  entre 
los  opositores;  los  procedimientos  de  que  se  ser¬ 
vía  eran  tan  diferentes  de  los  conocidos,  tan  otra 
la  brillantez  de  los  colores  que  usaba,  que  en  cierta 
ocasión  hubieron  de  descerrajar  la  caja  de  su  uso 
con  el  fin  de  sorprender  algo  que  buscaban  como 
causa  secreta  de  lo  que  no  era  otra  cosa  que  el 
fruto  de  una  enseñanza  sabia,  basada  en  el  estudio 
del  natural,  puesta  al  servicio  de  una  inteligencia 
clara  y  despreocupada,  todo  ello  en  contraposición 
á  los  métodos  inspirados  en  amaneramientos  de 
escuela  y  en  convencionalismos  tan  al  uso  enton¬ 
ces  en  España. 

Y,  sin  embargo,  las  obras  que  tanto  asombro 
produjeron  entre  sus  colegas  y  sus  admiradores 
de  aquella  época  no  son,  ni  con  mucho,  compara¬ 
bles  á  otras  por  él  ejecutadas  con  posterioridad. 
Los  estudios  y  aun  los  cuadros  de  Haes  de  toda 
aquella  época,  muy  bien  dibujados,  es  cierto,  ado¬ 
lecen  de  cierta  nimiedad  y  tienen  un  color  tosta¬ 
do,  debido  principalmente  al  abuso  del  asfalto,  de 
que  entonces  se  servía  para  buscar  transparencias. 

El  mismo,  cuando  contemplaba  alguna  de  las 
obras  de  su  juventud,  decía  que  eran  duras  y  ta¬ 
bacosas,  y  más  de  una  vez,  habiéndole  preguntado, 
ante  alguna  de  ellas  que  hacía  largo  tiempo  no 
había  visto,  qué  efecto  le  producía,  exclamaba: 
«Hecho  de  menos  un  incendio.» 

A  esta  su  primera  época  pertenecen  los  estudios 
que  existen  en  la  clase  de  paisaje  de  la  Escuela  de 
Bellas  Artes,  pintados  en  su  mayoría  en  Bélgica; 
el  cuadro  hecho  para  las  oposiciones  á  la  cátedra, 
que  se  conserva  en  la  misma  Escuela,  y  que  repre¬ 
senta  una  vista  del  Palacio  Real  desde  la  Casa  de 
Campo;  y  también,  aun  cuando  fuó  pintado  poste¬ 
riormente,  el  famoso  lienzo  de  El  Valle  del  Lo - 
zoya,  existente  en  el  Museo  moderno,  el  cual 
figuró  y  obtuvo  gran  celebridad  en  la  Exposición 
Nacional  de  1860. 

Desde  esta  fecha  se  inicia  la  del  apogeo  del  ar¬ 
tista,  quien  fuó  desarrollando  y  afinando  sus  cua¬ 
lidades  en  una  vida  de  constante  laboriosidad.  No 
tan  sólo  desempeñaba  la  cátedra  de  paisaje  de  la 
Escuela  superior  de  Pintura,  y  dirigía  desde  ella 
la  educación  de  multitud  de  discípulos,  sino  que 
también  era  profesor  de  dibujo  en  la  Escuela  de 
Ingenieros  de  Caminos,  y  como  académico  de  San 
Fernando,  que  lo  fué  aquel  mismo  año  de  60,  asis¬ 


tió  á  las  juntas  y  comisiones  de  aquella  Corpora¬ 
ción.  Trabajaba,  además,  constantemente  en  su 
estudio  de  la  calle  de  San  Quintín,  donde  pintó 
numerosos  cuadros  que  le  encargaban  á  porfía  los 
aficionados  más  distinguidos.  En  el  Palacio  Real, 
en  las  casas  de  los  grandes,  en  las  de  todas  las 
personas  de  alta  posición  social,  los  paisajes  de 
Haes  alternaban  con  los  retratos  del  maestro  don 
Federico  de  Madrazo. 

Su  actividad  no  se  limitaba  á  la  vida  del  estudio 
y  de  la  cátedra.  Hombre  de  sociedad  y  de  cultura, 
frecuentaba  los  círculos  literarios,  y  estrechó  la¬ 
zos  de  amistad  con  los  escritores  y  publicistas  de 
aquel  tiempo.  Cañete,  Tamayo  (que  también  acaba 
de  morir),  Morphy,  Zarco  del  Valle  fueron  sus 
íntimos;  y  en  esta  vida  de  múltiples  ocupaciones, 
aun  le  quedaba  tiempo  para  asistir  á  los  salones 
más  en  boga,  entre  ellos  el  de  la  Condesa  de  Ve- 
lle,  quien,  muy  amante  de  las  artes  y  protectora 
de  ellas,  reunía  en  su  casa  á  lo  más  florido  de  los 
artistas  de  la  época,  como  Rosales,  Palmaroli, 
Luis  Alvarez,  Víctor  Manzano,  Araujo,  y  tantos 
otros  de  aquella  pléyade. 

Vivía  con  su  familia,  á  la  cual  había  hecho  ve¬ 
nir  de  Málaga  á  disfrutar  á  su  lado  de  aquella 
época  de  bienestar  y  de  gloria;  y  su  madre,  á  cada 
nuevo  cuadro  que  su  hijo  pintaba,  reunía  á  sus  ín¬ 
timos  para  enseñarles  gozosa  la  nueva  creación. 

Libre  del  desempeño  de  sus  cátedras  durante  el 
verano,  empleaba  Haes  esta  estación,  la  más  fa¬ 
vorable  para  todo  paisajista,  en  hacer  largas  ex¬ 
cursiones  por  España  y  el  Extranjero,  en  las  cua¬ 
les,  impulsado  por  una  verdadera  fiebre  de  trabajo, 
pintaba  estudios  sin  cuento,  que  aprovechaba  du¬ 
rante  los  inviernos  para  hacer  cuadros,  á  fin  de 
satisfacer  las  numerosas  peticiones  de  su  escogida 
clientela. 

De  sus  campañas  de  aquellos  años  merece  con¬ 
signarse  la  de  Elche,  á  la  cual  fué  acompañado  de 
algunos  discípulos  y  amigos,  entre  ellos  el  inolvi¬ 
dable  Zeferino  Araujo  Sánchez,  que  también  fuó 
paisajista  é  imitador  de  Haes,  pero  que  se  dió  á 
conocer  más  bien  como  crítico,  y  á  él  debemos 
muchas  obras  y  trabajos  de  este  género  que  son 
de  todos  conocidos.  Araujo  era  uno  de  los  amigos 
más  entusiastas  de  Haes  y  más  conocedor  de  su 
vida  y  de  sus  obras,  y  si  él  viviera,  es  bien  seguro 
que  no  fuera  yo  quien  se  hubiera  atrevido  á  dis¬ 
putarle  el  honor  de  escribir  estas  líneas. 

Otra  excursión  de  Haes  fuó  la  realizada  á  través 
de  la  Mancha,  para  hacer  la  reproducción  de  los 
paisajes  por  los  cuales  cruzó  el  Ingenioso  Hidalgo. 
i  Había  que  oirle  contar  las  aventuras  que  le  ocu¬ 
rrieron,  tan  cómicas  algunas  como  las  del  héroe 
manchego!  Pero  como  el  viaje  de  éste  no  fuó  cosa 
real,  sino  de  la  imaginación  de  Cervantes,  fuéle 
á  Haes  imposible  seguir  las  etapas  de  Don  Quijote, 
y  hubo  de  desistir  de  su  propósito. 

Por  aquella  época  colaboro  en  la  revista  El  Arte 
en  España ,  fundada  por  Cruzada  Villaamil,  en 
compañía  de  Enrique  Mélida,  Araujo,  Suárez  Lla¬ 
nos,  y  tantos  otros,  de  los  que  pocos  viven  ya. 
Haes  publicó  en  ella  algún  artículo;  pero  lo  más 
importante  que  dió  á  la  estampa  en  tan  exce¬ 
lente  publicación  fuó  una  serie  de  paisajes  graba¬ 
dos  al  agua  fuerte,  en  los  que  reveló  aptitudes 
desconocidas  en  él  hasta  entonces.  Sabidas  son  las 
dificultades  de  este  procedimiento  de  grabado, 
que  Haes  logró  dominar  con  su  constancia  y  labo¬ 
riosidad  ya  tan  probadas. 

Sus  viajes  al  Extranjero  alternaban  con  los  que 
hacía  por  el  interior  de  España,  y  así  fuó  enrique¬ 
ciendo  con  los  estudios  numerosos  que  de  ellos 
aportaba  la  inmensa  colección  que  atesoraba  para 
sus  cuadros.  Tenía  por  principio  de  conducta  no 
desprenderse  jamás  de  ningún  estudio  hecho  de¬ 
lante  del  natural. 

Por  los  años  de  72  y  73  se  dedicó  con  preferen¬ 
cia  á  pintar  marinas  y  rocas  en  las  costas  de  Viz¬ 
caya  y  Santander,  aficionándose  á  este  género,  que 
alternó  desde  entonces  con  el  de  paisaje.  También 
pertenecen  á  esta  época  buena  cantidad  de  estu¬ 
dios  de  gran  tamaño  hechos  en  las  cercanías  del 
monasterio  de  Piedra,  en  el  pueblo  de  Jarava,  de 
terrenos  y  rocas  amarillas  y  rojizas,  que  interpre¬ 
tó  con  el  mayor  vigor  de  claroscuro  y  brillantez 
de  color.  Ya  entonces  había  ido  desterrando  de 
sus  obras  la  nimiedad  y  dureza  que  se  advierten 
en  las  de  su  juventud,  y  pintaba  con  mayor  ampli¬ 
tud  y  desenvoltura.  También  abandonó  por  com¬ 
pleto  los  frotes  con  asfalto,  cuyo  color  llegó  á  de¬ 
testar,  y  hasta  lo  eliminó  de  su  paleta.  Pintaba  de 
primeras,  sin  preparación  ni  bosquejo,  logrando 
así  gran  frescura  y  brillantez  en  las  tintas.  Procu¬ 
raba  hacer  cada  estudio  del  natural  en  una  sesión 
de  dos  ó  tres  horas,  empleando  lo  más  dos  sesio¬ 
nes,  según  el  tamaño  del  lienzo. 

De  año  en  año,  con  este  trabajo  constante,  fué 
adquiriendo  gran  práctica  y  maestría  en  estos  ejer¬ 
cicios  delante  del  natural,  en  los  cuales  gozaba  el 


artista  mucho  más  que  cuando  en  su  taller  pintaba 
los  cuadros  de  encargo.  Estudios  y  más  estudios 
en  el  campo:  este  era  su  lema,  que  imponía  tam¬ 
bién  á  sus  discípulos.  No  se  hallaba  satisfecho  si 
después  de  cada  viaje  de  verano  no  aumentaba  su 
colección  con  un  centenar  de  ellos.  Aprovechando 
horas  perdidas  ó  sesiones  cortas,  pintaba  del  na¬ 
tural  multitud  de  tablas  pequeñas  que  jamás  reto¬ 
caba. 

Observaba  Haes  fielmente  la  tradición  apren¬ 
dida  de  sus  maestros,  de  pintarlos  cuadros,  bien 
copiando  en  mayor  escala  los  estudios  hechos  del 
natural,  bien  componiendo  dichos  cuadros  con 
asuntos  tomados  de  aquéllos.  Son  contados  los 
cuadros  que  hizo  pintados  directamente  del  natu¬ 
ral,  á  excepción  de  las  citadas  tablas  de  tamaño 
pequeño,  que  como  cuadros  pueden  considerarse. 
También  al  pintar  aquéllos  procuraba  hacerlo  de 
primeras;  pero  en  esta  obra  de  segunda  mano 
nunca  consiguió,  y  él  fué  el  primero  en  recono¬ 
cerlo,  la  frescura  y  espontaneidad  de  sus  estudios: 
de  ahí  la  mayor  estimación  que  de  éstos  hacía. 

Por  aquellos  días  del  70  al  80,  el  número  de  sus 
discípulos  fué  aumentando.  Sería  imposible  recor¬ 
dar  los  nombres  de  todos;  entre  ellos  se  contaba 
José  Jiménez,  hermano  de  Federico,  el  conocido 
pintor  de  animales,  cuyos  estudios  de  paisaje  le 
revelaron  como  pintor  de  la  raza  de  Daubigny:  su 
muerte  prematura  nos  privó  de  una  gloria  verda¬ 
dera.  Morera,  cuyo  nombre  ya  ilustre  nos  evita 
todo  elogio,  fué  desde  entonces  también  su  discí¬ 
pulo  predilecto,  y  más  tarde  fué  para  él  como  un 
hijo,  y  le  acompañó  constantemente  durante  más 
de  veinte  años,  hasta  la  hora  de  la  muerte.  Mon- 
león,  Férriz,  Agustín  Lhardy,  Entrala,  Bernardo 
Villamil  y  tantos  otros,  fueron  también  los  discí¬ 
pulos  de  Haes  de  aquella  década. 

Tuve  yo  el  honor,  desde  el  año  de  1873,  de  serlo 
también  y  de  acompañarle  en  varios  viajes  y  ex¬ 
cursiones,  amén  de  las  que  hacíamos  anualmente 
todos  los  de  su  clase  las  mañanas  de  Mayo,  desde 
la  Academia  de  San  Fernando  al  monte  del  Pardo 
ó  á  sus  cercanías,  que  terminaban  al  fin  de  cada 
temporada  con  un  fraternal  banquete  que  Haes 
presidía,  alternando  con  todos  como  el  compañero 
más  alegre  y  espiritual,  después  de  habernos  mos¬ 
trado  la  mayor  solicitud  corrigiendo  á  todos  uno 
y  otro  día.  En  aquellas  inolvidables  mañanas  pri¬ 
maverales,  Haes,  no  tan  sólo  nos  aconsejaba  y  re¬ 
tocaba  los  estudios  de  todos  nosotros,  sino  que 
pintaba  para  sí.  No  podía  someterse  á  ir  al  campo 
y  no  traer  algo  pintado  del  natural. 

José  Entrala,  cuya  aptitud  para  el  paisaje  era 
envidiada  por  nosotros  y  muy  estimada  por  Haes, 
y  yo,  tuvimos  la  fortuna  de  acompañar  al  maestro 
en  el  verano  del  74  á  los  Picos  de  Europa.  Bien  nos 
mostró  Haes  á  qué  punto  llegaban  su  entusiasmo 
y  su  laboriosidad;  bien  nos  estimuló  con  su  ejem¬ 
plo.  Jamás  estaba  ocioso,  y  cuando  la  lluvia  nos 
imposibilitaba  de  pintar  en  el  campo,  faena  en  la 
que  empleábamos  todas  las  horas  de  luz,  él  aprove¬ 
chaba  el  tiempo  pintando,  desde  la  ventana  de  la 
posada  ó  de  la  fonda  en  que  nos  hallábamos,  lo 
que  veía  delante.  En  aquel  viaje  trabajó  enorme¬ 
mente,  y  entre  los  muchos  estudios  que  hizo  se 
cuenta  aquel  de  que  se  sirvió  para  Su  cuadro  La 
Canal  de  Mancorbo ,  del  Museo  moderno. 

También  hicimos  juntos  el  viaje  del  verano  si¬ 
guiente,  que  empezó  por  Alsasua  y  Aranzana.  Po¬ 
cos  meses  después,  en  1896,  contrajo  Haes  matri¬ 
monio  con  D.R  Inés  de  Uhagón.  La  fortuna,  tan 
pródiga  con  Haes  hasta  entonces,  le  volvió  la  es¬ 
palda  en  aquella  ocasión,  pues  perdió  en  breves 
días  á  su  amada  compañera  y  á  la  hija  que  de  ella 
tuvo,  antes  de  cumplir  el  año  de  su  matrimonio. 

Desde  aquella  época  empezó  Haes  á  mostrar 
más  afición  á  las  nieblas  y  tintes  grises  del  Norte, 
y  especialmente  de  Holanda,  que  á  la  luz  meri¬ 
dional  de  España.  Creía  que  era  más  apto  para  la 
interpretación  del  paisaje  de  aquellas  comarcas. 
Y  estaba  en  lo  cierto  al  pensar  así,  pues  aun  cuan¬ 
do  se  advierte  gran  progreso  en  su  paisaje  de  La 
Canal  de  Mancorbo ,  que  puede  presentar  como  un 
buen  ejemplar  de  so  segunda  época,  comparándolo 
con  el  del  Valle  del  Lozoya,  tipo  de  los  de  su  pri¬ 
mera,  no  iguala  aquél  á  los  hechos  en  los  últimos 
años  de  su  vida  de  pintor,  sobre  todo  el  de  las  Cer¬ 
canías  de  Vreeland,  que  fuó  premiado  en  París  en 
la  Exposición  Universal  de  1878,  y  que  es,  á  mi 
juicio,  la  más  completa  expresión  del  talento 
de  este  paisajista.  En  dicho  cuadro,  de  vigoroso 
efecto,  de  colorido  jugoso  y  de  una  factura  envuelta 
y  magistral,  trabajó  Haes  cual  en  ninguno  de  sus 
cuadros;  y  no  contento  con  el  éxito  obtenido  en 
París,  volvió  á  retocarlo  y  á  corregirlo,  logrando 
con  este  trabajo,  hecho  en  diferentes  épocas,  un 
empaste  que  no  tienen  otras  obras  suyas.  Además 
de  ésta  podríamos  citar  multitud  de  ellas  que  pintó 
en  los  últimos  años  de  trabajo,  pues  su  labor  en¬ 
tonces  fué  tan  intensa  como  en  su  juventud,  bus- 


Digitized  by 


Google 


30  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


N.a  xxiv  —  383 


cando  siempre  la  tonalidad  análoga  á  la  del  cuadro 
que  hemos  mencionado,  inspirada  en  las  brumas 
y  paisajes  nublados  del  Norte. 

Hace  ya  tiempo  que,  fatigado  su  organismo  por 
un  trabajo  tan  continuo  y  tan  intenso,  puede  de¬ 
cirse  vertiginoso,  y  quebrantada  su  salud  por  la 
fatiga,  empezó  á  sentir  desasosiego,  y  aun  dolor 
físico,  así  que  trabajaba  algunas  horas  seguidas.  Su 
dolencia  fué  agravándose,  y  hubo  de  resignarse  a 
abandonar  por  completo  el  trabajo,  privándose 
del  goce  de  la  realización  de  tantas  obras  que  ima¬ 
ginara,  lo  cual  fué  para  el  artista  una  muerte  mo¬ 
ral.  Su  vida  intelectual  quedó  reducida  á  la  con¬ 
templación  y  á  la  lectura,  y  al  trato  de  los  muchos 
amigos  que  siempre  le  rodearon.  En  su  estudio, 
lleno  de  estudios  y  de  cuadros  por  él  pintados, 
rara  vez  se  hablaba  de  pintura,  que  para  él  era  una 


teres  por  nuestros  lectores  de  América,  y  con  gra¬ 
titud  por  los  de  España.  Dice  así: 

*Sr,  Director  de  La  Ilustración  Española  y  Americana. 

Madrid. 

»Una  reunión  tan  trascendental  como  entu¬ 
siasta  y  conmovedora  tuvo  lugar  el  domingo  8  de 
Mayo  en  esta  histórica  ciudad  de  Mendoza,  capi¬ 
tal  de  uno  de  los  Estados  más  prósperos  y  popu¬ 
losos  que  forman  la  Confederación  Argentina. 

»Lo  más  selecto  de  esta  sociedad,  por  su  in¬ 
teligencia  y  su  posición,  invitó  á  «los  amigos 
de  España»  á  un  fneeling  que  se  celebró  el  día 
mencionado  en  el  teatro  Municipal,  á  las  dos 
de  la  tarde,  y  que  fue  un  acto  imponente  y  entu¬ 
siasta. 


»nal  al  menos.  Y  cuando,  venciendo  esos  prejui¬ 
cios,  he  estudiado  su  historia,  deslumbrándome 
»ante  las  espadas  de  sus  héroes  y  la  luz  de  sus  ge- 
»nios;  cuando  he  admirado  al  Cid  y  me  ha  abru¬ 
mado  Cervantes,  ha  surgido  en  mí,  como  revela- 
»eión  inefable  y  arrebatadora,  el  amor,  el  entu¬ 
siasmo,  el  orgullo  de  tener  su  sangre  y  proceder 
»de  su  patria,  con  la  satisfacción  de  conquistar  por 
»mí  mismo  esos  tesoros  que  se  me  tenían  ocultos 
»por  torpe  injusticia  y  cobarde  recelo.  Sí,  todos 
»los  americanos  hemos  sido  ingratos  con  España, 
»pues  permitiendo  que  muchas  naciones  extranje¬ 
ras  tengan  aún  posesiones  en  América,  parece 
»que  sólo  hubiéramos  tenido  empeño  en  ver  des- 
»aparecer  de  nuestro  mundo  el  pabellón  déla  glo- 
»riosa  conquistadora.» 


ilusión  perdida.  Pasó  los  últimos  veranos 
en  Algor ta,  gozando  de  la  vista  del  Océa¬ 
no  y  saboreando  las  bellezas  todas  de  la 
Naturaleza  con  su  exquisito  reünamiento 
de  artista,  y  pintando  en  su  mente  cuanto 
veia,  ya  que  sus  nervios  agotados  no  le 
consentían  hacerlo  en  realidad. 

Pocos  días  há,  en  vísperas  de  su  viaje 
anual,  le  vi  entrar  en  mi  casa:  estaba  de¬ 
mudado,  ya  presa  de  la  traidora  última 
enfermedad.  Esclavo,  como  siempre,  de 
los  deberes  de  la  amistad  y  cortesía,  quiso 
despedirse  de  mí  y  de  los  míos.  «¿Qué 
tiene  usted,  D.  Carlos?,  le  pregunté  sor¬ 
prendido  de  verle  cual  nunca  le  había  vis¬ 
to.— Me  siento  muy  mal,  me  dijo.  El  ca¬ 
lor......  Me  voy  á  Algorta,  y  quería  ver  á 

ustedes.»  Fué  aquella  visita,  que  quedará 
bien  grabada  en  mi  alma,  la  última  que 
él  hizo. 

Día  llegará  en  que  se  estudien  cual  me¬ 
recen  las  obras  de  pintor  tan  insigne. 
Sirvan  entretanto  estas  líneas,  escritas 
aún  con  lágrimas  en  los  ojos,  de  tributo 
cariñoso  á  la  memoria  del  maestro  respe¬ 
tado  y  del  entrañable  amigo. 

Aureliano  de  Beruete. 


DEL  SUR  DE  AMÉRICA. 


Tiempo  há  que  viene  recibiendo  La 
Ilustración  Española  y  Americana 
testimonios  elocuentes  de  las  simpatías 
y  afectos  cordialísimos  que  por  España 
sienten  sus  hijos  de  América. 

Desde  que  los  Estados  Unidos  empeza¬ 
ron  á  significar  su  espíritu  de  humanidad 


»No  hay  que  decir  si  tan  leales  senti¬ 
mientos  serían  aplaudidos,  así  como  la 
elocuente  oración  con  que  supo  corres¬ 
ponderles  el  abogado  español  Sr.  D.  An¬ 
tonio  López  de  Gálvez. 

»Una  preciosa  niña,  Fanny  Gallegos, 
hija  del  Vicecónsul  español,  declamó  las 
décimas  Al  Dos  de  Mayo  de  Bernardo 
López  García,  j  la  Srta.  Esther  Fouza  la 
valiente  Oda  a  España  del  poeta  argen¬ 
tino  D.  Calixto  Oyuela. 

» Hablaron  después  un  italiano,  un  grie¬ 
go  y  un  ruso  por  sus  respectivas  colecti¬ 
vidades,  demostrando  todos  su  adhesión 
á  la  causa  española  y  protestando  contra 
la  intromisión  yankee  y  la  barbarie  de  sus 
bombas  incendiarias  con  que  la  había  sos¬ 
tenido  en  Manila. 

»En  nombre  de  los  españoles  cerró  el 
acto,  dando  gracias  del  alma,  el  ex  direc¬ 
tor  y  propietario  de  nuestro  Correo  Espa¬ 
ñol  de  Buenos  Aires,  Sr.  Justo  López  de 
Gomara.  No  es  posible  transcribir  todo! 
su  hermosísimo  discurso,  pero  tampoco 
lo  es  para  mí  omitir  algunos  de  sus  pᬠ
rrafos. 

«España  combatida — decía  el  Sr.  Ló- 
»pez  de  Gomara,  —  España  injuriada  por 
»uua  nación  inmensa,  se  alza  con  la  arro- 
«gancia  de  sus  mejores  días  y  el  valor 
«temerario  de  sus  insignes  capitanes,  dis- 
»puesta  á  sucumbir  con  honra;  y  cuando 
»la  creemos  sola,  abandonada  ante  el 
»peligro  y  la  desgracia,  sus  hermanas  la- 
» tinas  y  sus  hijas  poderosas  y  libres,  y  los 
«hombres  y  los  pueblos  todos  amantes  del 
»derecho  y  de  la  justicia,  la  gritan  á  una 
»voz:  ¡Adelante,  preclaro  paladín,  con- 
»tigo  están  los  corazones  todos! 

»Y  entre  el  eco  ensordecedor  del 


y  sus  deseos  de  paz,  hasta  que  movidos 
del  uno  y  arrastrados  por  los  otros  han  ar¬ 
mado  á  la  barbarie  tagala  contra  la  civili¬ 
zación  española,  y  han  convertido  una 
rebelión  agonizante  y  otra  ya  muerta  en 
auxiliares  generosos  de  esa  guerra  santa 
provocada  en  nombre  de  nobilísimos  sen¬ 
timientos  de  universal  fraternidad  contra  esta  Es¬ 
paña  opresora  de  la  libre  América,  esa  misma 
América  oprimida  y  esclava  no  cesa  de  anatema¬ 
tizar  la  empresa  yankee ,  calificándola  de  expolia¬ 
ción  escandalosa,  de  brutal  atropello  y  de  villana 
alevosía.  Y  á  la  vez  proclama  por  todas  partes  que 
esa  tiranía  española  pintada  con  tan  negros  colo¬ 
res,  y  esa  esclavitud  odiosa  en  que  yacen  aún 
nuestras  Antillas,  y  á  la  que  estuvo  sujeta  ante¬ 
riormente  una  gran  parte  de  los  pueblos  america¬ 
nos,  no  ha  podido  condensarse  en  palabra  más 
dura  que  la  que  resume  y  expresa  todos  los  amo¬ 
res,  todas  las  generosidades  y  todas  las  ternuras: 
la  de  «madre».  Madre  llaman  á  España  las  nacio¬ 
nes  americanas  que,  orando  en  nuestro  idioma, 
adoran  á  nuestro  Dios;  y  con  ese  nombre,  á  la  vez 
que  desenmascaran  y  condenan  con  un  enérgico 
mentís  la  hipocresía  yankee ,  proclaman  la  grati¬ 
tud  y  el  amor  que  España  supo  despertar  en  esos 
grandes  pueblos  cuya  cuna  meció  con  solicitud 
amorosa,  y  que  hoy,  fuertes  y  vigorosos,  dan  mues¬ 
tras  de  juventud  lozana,  llenando  de  risueñas  es¬ 
peranzas  el  porvenir  de  la  humanidad. 

En  medio  de  los  dolores  que  á  España  causan 
las  calumnias  con  que  la  ultrajan  y  la  violencia 
con  que  la  vejan  los  Estados  Unidos,  es  gran  con¬ 
suelo  para  ella  que  la  hagan  justicia  y  le  muestren 
amor  y  reconocimiento  esos  otros  pueblos  de  Amé¬ 
rica  que  la  conocen  mejor  ,  y  en  los  que  no  entur¬ 
bia  las  luces  del  entendimiento  el  delirio  de  la  ra¬ 
pacidad,  ni  paraliza  las  fibras  del  corazón  el  hielo 
del  egoísmo. 

Entre  esos  numerosos  testimonios  de  afecto  y 
gratitud  hemos  recibido  una  carta  que  los  con¬ 
densa  todos,  y  que  seguramente  será  vista  con  in¬ 


D.  MANUEL  C.  ROMÁN, 

JEFE  DEL  PARTIDO  AUTONOMISTA  LIBERAL  DE  PUERTO  RICO. 
(De  fotografía.) 


»E1  vicegobernador  D.  Jacinto  Alvarez,  no  obs¬ 
tante  su  cargo  oficial,  presidió  la  Comisión  de  ar¬ 
gentinos  que  ocupaba  la  escena,  manifestando  que 
prefería  al  pueril  respeto  de  formulismos  políti¬ 
cos  hacer  ver  que  el  vicegobernador  de  Mendoza 
sabía  sentir  como  hombre  honrado  y  proceder  con 
lealtad;  y  los  ministros  de  Gobierno,  Hacienda  y 
Fomento  también  se  encontraban  entre  los  pre¬ 
sentes.  Los  acaudalados  industriales  Sres.  Balbino 
Arizu  y  Miguel  Escorihuela  presidían  la  Comisión 
española. 

»Abrió  el  acto  entre  los  aplausos  del  inmenso 
público,  de  que  formaban  parte  las  más  distingui¬ 
das  damas,  el  Dr.  D.  Severo  G.  del  Castillo,  hom¬ 
bre  de  tan  severo  y  recto  carácter  como  acrisolada 
reputación  y  alta  inteligencia,  verdadera  encar¬ 
nación  de  la  justicia,  de  que  ha  sido  intachable 
magistrado,  y  cuya  sola  adhesión  suponía  ya  el 
fallo  favorable  para  la  causa  española  de  la  opi¬ 
nión  respetable  de  este  pueblo. 

»Otro  argentino,  ilustre  por  su  claro  talento  y 
las  nobles  cualidades  de  su  viril  carácter,  D.  Ju¬ 
lio  L.  Aguirre,  habló  después,  y  en  un  discurso 
tan  magistral  como  aquella  grandiosa  reunión 
merecía,  compendió  dignamente  sus  causas  y  pro¬ 
pósitos. 

«Todos  los  americanos — dijo  entre  otras  mu- 
»chas  bellezas  y  en  noble  arrebato  de  elocuencia, — 
»todos  los  americanos  hemos  sido  ingratos  con 
»nuestra  gloriosa  madre  patria,  inculcándosenos 
»desde  la  escuela  cierta  injusta  aversión,  como  si 
»se  temiera  que  la  natural  atracción  del  afecto 
»fuese  tan  grande  que  pudiera  poner  en  peligro 
»nuestra  independencia,  ó  nuestro  carácter  nacio- 


» mundo  honrado  se  destaca  una  voz  que 
»agita  y  conmueve  todas  las  fibras  de  mi 
«alma:  la  voz  argentina,  la  de  mi  esposa, 
»la  de  mis  hijos,  la  de  mis  amigos  y  com- 
» pañeros  de  todos  los  días,  que  gritan  á 
»mi  patria:  ¡Madre,  contigo  estamos!  Y 
»en  medio  de  tan  profundas  emociones, 
»y  cuando  en  la  cultísima  ciudad  de  Mendoza  se 
»celebra  una  manifestación  del  universal  senti- 
»miento,  ¿he  de  ser  yo  quien  pueda,  no  ya  pagar, 
»pero  aceptar  siquiera  deuda  tan  inmensa  de  gra¬ 
titud  y  de  nobleza? 


»En  la  perversa  tierra  hay  quien,  valiéndose  de 
»la  fuerza  de  la  materia  bruta,  violenta  y  disloca 
»la  rectitud  y  alteza  del  espíritu;  ved  en  el  Norte 
»un  pueblo  que,  laborioso  y  próspero,  parecía  des- 
»tinado  á  ser  el  Paraíso  del  moderno  Redentor, 
»el  trabajo;  y  la  ambición,  el  orgullo  ó  el  delirio 
» tremendo  del  vicio,  haciéndole  olvidar  que  no 
»sólo  de  pan  vive  el  hombre,  han  hecho  de  él  el 
» criminal  incendiario  que  con  la  tea  en  la  mano 
»amenaza  destruir  diecinueve  siglos  de  cultura. 
»Por  horrible  sarcasmo,  la  antorcha  de  la  civiliza- 
»ción  iluminando  al  mundo  se  ha  convertido  en 
»la  mecha  del  petróleo  que  la  deshonra  y  ani- 
»quila,  y  los  marinos  españoles  han  perecido  en- 
»tre  sus  llamas  como  heroicos  mártires  de  la  más 
»sacrosanta  de  las  religiones:  la  religión  de  la 
»  patria. 

»¡Oh!  ¡ese  pueblo  no  merece  llamarse  america- 
»no!  Y  no  lo  es,  en  efecto. 

»Descubierta  América  por  velas  latinas,  el  yan~ 
y>Jcee  no  puede  desempeñar  en  su  territorio  otro 
» papel  que  el  de  usurpador  intruso  que  anhela 
»apoderarse  del  fruto  del  trabajo  ajeno.  Tejas  y 
»California  y  Cuba  lo  comprueban.  El  águila  del 
»Norte  acecha  la  presa  en  que  saciarse;  las  estre- 
»llas  de  la  noche  esperan  las  sombras  en  que  ex- 
»tender  su  reinado:  si  les  fuera  posible,  América 


Digitized  by  ^.ooQie 


384  —  n.°  xxiv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Junio  1898 


rentera  sería  estrecha  á  su  ambi¬ 
ción;  pero  hay  en  el  Sur  un  pue- 
»blo  llamado  á  ser  el  campeón ,  el 
areivindicador  de  los  derechos  y 
^grandezas  de  la  raza:  la  República 
»  Argén  tina,  donde  no  tememos  in¬ 
vasiones  de  estrellas,  porque  á  la 
»luz  del  sol  de  Mayo  vivimos  en 
»pleno  mediodía  y  se  eclipsarían 
apronto  cuantas  osaren  penetrar  en 
»su  horizonte. 

>En  el  palenque  de  la  historia,  los 
»siglos  y  las  razas  contemplarán  la 
*  liza  y  aplaudirán  el  triunfo,  y  al 
»fin  América,  abierta  á  todos  los 
^hombres  de  bien ,  será  de  los  ver¬ 
daderos  americanos,  sus  legítimos 
dueños,  y  no  de  aquellos  que  estam¬ 
pan  rótulos  pomposos  para  disfraz 
de  malas  mercancías. » 

>En  esos  mismos  días  se  había 
constituido  en  toda  la  República  la 
c  Sociedad  de  Damas  Pro  Patria 
para  contribuir  con  suscripciones 
nacionales  al  engrandecimiento  de 
la  Marina  argentina,  y  en  el  mismo 
teatro  donde  se  hablaba  acababa  de 
verificarse  un  baile  de  niños  con  ese 
objeto.  Estas  circunstancias,  utili¬ 
zadas  por  el  Sr.  Gomara,  formaron 
el  lazo  final  de  la  entusiasta  re¬ 
unión,  poniéndole  el  sello  de  soli¬ 
daridad  fraternal,  que  será  inque¬ 
brantable  entre  nosotros. 

^Entiendo  que  acontecimientos 
de  esta  importancia  y  trascenden¬ 
cia,  producto  legítimo  de  la  ilustra¬ 
ción  española  y.  americana,  mere¬ 
cen  quedar  consignados  en  las  pági¬ 
nas  que  llevan  ese  nombre. 

»No  concluiré  sin  hacer  saber  al 
Sr.  Director  que  los  dos  mil  españo¬ 
les  que  residen  en  esta  provincia 
han  .  contribuido  con  50.000  duros 
para  la  Suscripción  nacional  abierta 
en  Madrid  con  el  patriótico  propó¬ 
sito  de  contribuir  a  los  gastos  de  la 
guerra. 

*Los  españoles  residentes  en  la 
Argentina  hemos  remitido  ya  dos 


millones  de  francos,  y  pronto  irá  el 
tercero,  sintiendo  no  poder  hacer 
más  por  nuestra  España. 

x>  Saluda  al  Sr.  Director 

»  A.  J.  Ramos .» 

Mendoza,  16  Mayo,  98. 

Al  hacerse  eco  La  Ilustración 
Española  y  Americana  de  esos 
acentos  de  fraternal  amor  venidos 
de  la  América  española,  siente,  á  la 
vez  que  gratitud  profunda,  una  ín¬ 
tima  satisfacción,  la  de  haber  con¬ 
tribuido  en  la  medida  de  sus  fuer- 
zas,  y  por  la  labor  perseverante  de 
muchos  años,  á  establecer  corrien¬ 
tes  de  comunicación  y  lazos  de  so¬ 
lidaridad  entre  esa  América  espa¬ 
ñola  y  la  madre  España,  en  las  re¬ 
giones  elevadas  y  serenas  de  las 
letras  y  de  las  artes,  en  las  que  na¬ 
cen  y  se  desarrollan  vigorosos  gér¬ 
menes  de  paz,  de  concordia  y  de 
fraternidad  verdaderas. 

¡  Quién  sabe  si  esa  fraternidad  lle¬ 
gará  un  día  á  convertirse  en  solida¬ 
ridad  perfecta  de  aspiraciones  den¬ 
tro  de  una  independencia  absoluta 
de  nacionalidades,  y  si  será  ése  el 
día  en  que  una  inmensa  cruzada  le¬ 
vantada  por  las  razas  latinas  pasea¬ 
rá  por  el  mundo  la  gloriosa  enseña 
del  ideal,  á  que  siempre  rindió  cul¬ 
to,  vencedora  ya  del  frío  cálculo  y 
del  mercantilismo  egoísta,  que  son 
dos  ídolos  ante  los  cuales  se  postran 
otras  razas  hoy  poderosas! 

Mucho  pueden  en  el  mundo  la 
fuerza  de  las  armas  y  la  influencia 
del  oro ,  que  todo  lo  violentan ;  pero 
pueden  más  á  la  larga  y  en  definiti¬ 
va  la  fuerza  de  la  ideas  y  el  influjo 
de  los  sentimientos.  Que  al  fin  toda 
materia  se  descompone  y  todo  cuer¬ 
po  perece;  pero  el  espíritu,  y  cuanto 
de  él  procede,  lleva  el  sello  indele¬ 
ble  de  su  divino  origen,  la  inmor¬ 
talidad. 

Por  la  Dirección, 

Ramón  Arizcun. 


.  »  ***  +  ÍJ* 


.  %  t/  1 


Excmo.  Sr.  D.  JULIÁN  GONZÁLEZ  Y  PARRADO, 

GENERAL  DE. DIVISIÓN. 

SEGUNDO  CABO  PE  LA  CAPITANÍA  GENERAL  PE  CUBA. 

(De  fotografía.) 


■ 

V\  x  \  "  w  .* 


MARINA  DE  GUERRA  ESPAÑOLA.  — la  oficialidad  del  aviso  «giralda». 

(De  fotografía  de  J.  Furnells.) 


Digitized  by 


Google 


Digitized  by  ^.ooQie 


1.  Eusenacla  de  Joa. — 2.  Playa  de  Pescadores.— 3.  Cayo  del  Toro.— 4.  Fuerte.  — 5.  Cuyo  Barnón.— 6.  Cayo  del  Medio. — 7.  Cayo  del  Hospital.— 8.  Ocujal.— 9.  Punta  Pescador. 10.  Punta  de  Barlovento. 

11.  Punta  de  Sotavento. —  12.  Punta  de  Sun  Nicolás.  — 13.  Ensenada  de  MuLcmil la. — 14.  Rio  de  Guantánaino.— 15.  Rincón  del  Tio  Frío. — 16.  Punta  del  Hicaeal. — 17.  Cayo  de  Caoba.  — 18.  Caimanera. 19.  Faro.  — 20.  Punta  Salinas.* 

21.  Ferrocarril  á  Santa  Catalina  do  Guanta  nau.o.— 22.  Punta  Rubí  ó  Manatí. 

ISLA  DE  CUBA. -BAHÍA  DE  GUANTA  ÑAMO. 


386  —  n  •  xxiv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Junio  1898 


ANTE  EL  CADÁVER 
.DE  MI  aUlRIDO  AMIGO  I  COMPAÑERO  MASOEL  TAMAYO  Y  BAOS. 


SO  NETO. 

El  sol,  que  los  espacios  ilumina, 
También  de  luto  y  lobreguez  se  viste; 

Ya  se  ocultó;  parece  que  no  existe 
Y  á  través  de  las  nubes  se  adivina. 

¿Por  qué  la  luz  del  astro  que  declina 
Llega  á  nosotros  desmayada  y  triste? 

¿Por  qué,  Señor,  lo  que  inmortal  hiciste 
Al  olvido  sucumbe  y  á  la  ruina? 

Yo  vi  este  cuerpo  misero  y  helado 
De  cuantos  dones  guarda  el  bajo  suelo 
Con  justicia  y  sin  limites  colmado. 

Gloria,  nombre,  fortuna . ¡loco  anhelo! 

Tuvo  otra  aspiración  y  la  ha  logrado; 
¿Quién  pudiendo  volar  no  aspira  al  cielo? 

Manuel  del  Palacio. 


ANTE  UNA  ESTATUA. 


Contemplando  a  sus  pies  la  inmensa  rada 
De  Nueva  York,  fanal  que  al  nauta  muestra 
La  vía  del  emporio  sin  segundo, 

De  rayos ,  no  de  almenas ,  coronada. 

La  Libertad  gigante  alza  en  su  diestra 
La  clara  antorcha  que  ilumina  al  mundo. 

Cuando  en  la  noche  el  ave  emigradora 
Desde  el  Norte  glacial  huye  á  otros  climas, 
Ve  refulgir  como  impensada  aurora 
Su  resplandor  sobre  las  altas  cimas. 

Nuncio  del  astro  que  templó  su  estío 
Juzga  el  fulgor  radioso  que  columbra, 

Y  le  saluda  con  alegres  notas, 

Hasta  que,  á  impulsos  de  su  propio  brío, 

Se  estrella  en  el  fanal  que  la  deslumbra 
Helada  y  ciega  y  con  las  alas  rotas. 

Cuando  tu  luz,  estatua  gigantea, 

Con  la  sangre  inocente  derramada 
De  cárdeno  matiz  se  colorea, 

¡Qué  triste ,  oh  Libertad ,  es  ver  trocada 
Tu  pura  antorcha  en  incendiaria  tea! . 

No  hay  en  la  ingente  mole  férrea  y  dura 
La  majestad  serena 
Que  las  almas  suspende  y  enajena. 

Cuando  el  pliegue  de  suelta  vestidura 
Guarda ,  petrificada  en  la  escultura, 

La  caricia  gentil  del  aura  helena. 

Es  de  otra  raza.  El  pueblo  invencionero, 
Que  en  las  alturas  do  se  forja  el  rayo 
Hace  brillar  al  rayo  prisionero, 

Reprocha  al  Arte  como  vil  desmayo 
Su  creador  ensueño.  Vasallaje 
Le  rinde  el  suelo  que  domó,  salvaje, 

Y  cual  sátiro  á  ninfa  sin  ventura 
Que  en  sus  brazos  hercúleos  forcejea, 

A  la  joven,  espléndida  Natura 

Sin  piedad  de  su  virgen  hermosura 
Viola  y  fecunda  en  bárbara  pelea. 

Son  sus  armas  triunfantes 
Corvos  arados  y  afiladas  proras, 

Y  en  sumisa  legión ,  como  elefantes 
De  asiático  rajah,  locomotoras 

A  su  voz  obedecen  jadeantes, 

Del  tiempo  y  la  distancia  vencedoras. 

Roza  incapaz  de  levantar  el  vuelo — 

¡Pesa  el  oro  en  sus  alas! — nunca  el  cielo 
Del  ideal  ansió;  tan  insensata, 

Que  cifrando  en  lo  enorme  la  grandeza, 
Argos  del  lucro  y  ciega  á  la  belleza, 

Del  Niágara  la  hirviente  catarata, 

Del  mundo  encanto,  con  brutal  rudeza 
Al  carro  de  la  Industria  arrienda  y  ata. 

El  noble  hidalgo,  con  altivo  ceño, 
Proclama,  desde  cumbres  ideales, 

Falsa  su  gloria,  su  poder  pequeño. 

¡Para  juzgar  mezquinos  y  triviales 
Sus  férreos  monumentos  colosales, 

Basta  al  loco  inmortal  su  Clavileño ! 

¡  Su  furor  compadece !  No  le  admira 
Que  ante  España  no  sienta  el  vil  logrero 
Veneración,  amor,  ¡ay!  ¡lo  que  inspira 
La  ancianidad  gloriosa  al  caballero! 

¡  Es  justo,  advenedizo  de  la  Historia, 

Que  no  evoque  un  recuerdo  en  tu  memoria, 
Fiera  legión  de  estatuas  inmortales 
Que  duerme  en  nuestras  viejas  catedrales 
El  sueño  majestuoso  de  la  gloria! 

Cuando  en  tu  culto  al  oro  que  te  oprime 
Relegas  olvidados 
Al  templo  de  los  dioses  ignorados, 

Al  fiero  Honor  y  al  Ideal  sublime, 

¿No  hay  algo  en  tu  grandeza  que  te  espanta, 
Viendo  que,  en  tu  naciente  poderío, 


Como  en  marmóreo  pedestal  vacío 
Ni  una  idea  ni  un  héroe  se  levanta? 

¿Y  al  pueblo  insultas  de  la  Patria  mía? 
Antes  que  tú  nacieras,  ya  escribía 
Noble  poeta  y  guardador  austero 
De  un  código  de  honor  ¡su  Romancero! 

Que  es  provocar  al  débil  felonía; 

Y  en  la  tierra  natal  de  la  hidalguía, 

Del  injusto  ofensor  para  vergüenza, 

Siempre  que  afrenta  á  venerable  anciano 
Brutal  conde  Lozano, 

¡  Surge  un  Cid  generoso  que  le  venza ! 

De  tu  misión  pacifica  ¿qué  has  hecho? 

Si  la  fuerza  brutal  vence  al  derecho, 

Si  entre  sangre  y  estrago 
Busca  ganancia  infame  tu  codicia, 

Si  parodia  de  Roma  á  la  milicia 
La  mercenaria  hueste  de  Gartago; 

De  la  gigante  Libertad,  que  un  día 

Mostrarnos  pretendía 

Cómo,  por  luminoso  derrotero, 

Puede  libre  y  feliz  el  mundo  entero 
Gozar  derechos  y  cumplir  deberes, 

¿Qué  hiciste?  ¡  Un  faro  más  que  al  lucro  guía 
Turbas  de  codiciosos  mercaderes! . 

Hoy  que,  á  tus  pies,  la  Guerra  desgreñada 
La  razón  y  el  derecho  pisotea, 

Mientras  miras  al  cielo  consternada, 

¡Qué  triste,  oh  Libertad,  es  ver  trocada 
Tu  pura  antorcha  en  incendiaria  tea! 

Juan  Arzadún. 


POR  AMBOS  MONDOS. 


NARRACIONES  COSMOPOLITAS. 

Nuestra  colonización  y  la  extranjera  —Por  la  caridad  entra  la  peste. 
—La  quiebra  de  Ilooley.  —  La  fuerza  de  la  voluntad  de  lord  ltose- 
bery.  —  Terapéutica  social  del  imperador  de  Alemania. 

íW  abido  es  cómo  paga  el  diablo  á  quien 
bien  le  sirve.  Nosotros  los  españoles 
hemos  cometido  la  insensatez  de  con- 
>  'xJ  vert^r  á  los  tagalos  y  mestizos  en  ciu- 

<f ÍGtíyfó  dadanos;  de  establecer  para  ellos  uni- 
versidades,  seminarios,  colegios  y  escue¬ 
las;  de  hacerlos  doctores,  sacerdotes  y 
funcionarios  públicos,  y,  en  cuanto  la  juven¬ 
tud  indígena  se  vió  enaltecida  con  esas  dis¬ 
tinciones  que  jamás  mereciera,  emprendió  la  pro¬ 
paganda  parricida  contra  España,  conspiró  apro¬ 
vechándose  del  bien  que  les  hicimos,  y  después 
de  rendidos  y  perdonados,  se  han  unido  á  nues¬ 
tros  infames  enemigos  los  acaparadores  de  la  he¬ 
gemonía  americana.  ¿Por  qué  no  se  han  sublevado 
contra  Holanda,  contra  esta  nación  que  tiene  sólo 
4  millones  y  medio  de  habitantes,  los  32  millones 
de  indígenas  que  pueblan  sus  colonias  de  Sumatra, 
Java,  Sur  de  Borneo,  Flores,  Célebes,  Molucas  y 
Nueva  Guinea?  Pues  sencillamente  porque  los  ho¬ 
landeses,  menos  quijotes  que  nosotros,  no  han  he¬ 
cho  ningún  doctor,  ni  ningún  abogado,  ni  ningún 
clérigo,  ni  ningún  funcionario  de  los  naturales  de 
aquel  país;  porque  no  han  pensado  jamás  en  igua¬ 
larse  con  ellos,  en  poco,  ni  en  mucho,  ni  en  nada; 
porque  los  han  dejado  en  su  vida  primitiva  como 
á  bestias  naturales,  con  sus  costumbres  propias, 
con  sus  emperadores  y  reyes  pour  vire ,  con  su  re¬ 
ligión  y  sus  tradiciones,  sin  cuidarse  de  que  vayan 
ó  de  que  no  vayan  al  cielo  ó  á  los  profundos  infier¬ 
nos.  Los  holandeses  no  han  hecho  del  indígena  más 
que  una  máquina  de  trabajo,  á  la  que  exigían  que 
entregase  la  cosecha  de  café  que  recogía,  á  razón 
de  15  pesetas  por  partida,  por  ejemplo,  para  ven¬ 
derla  luego  en  Holanda  á  fiO.  Esta  tiranía,  esta  ex¬ 
plotación  del  hombre,  duró  desde  1832  á  1872.  En 
1890  cesaron  algunos  de  los  monopolios  antiguos; 
pero  el  Gobierno  holandés  continúa  explotando  el 
del  café,  el  del  opio  y  el  de  la  sal.  A  cambio  de 
que  el  indígena  trabaje  y  pague,  completamente 
sometido  al  Estado,  se  le  conservan  todas  sus  li¬ 
bertades  (?)  antiguas,  las  de  la  vida  del  atraso  y 
del  abandono;  y  con  esta  concesión  vive  á  su  gus¬ 
to,  y  los  holandeses  más.  Esta  es  la  colonización 
modelo,  la  egoísta;  y  la  nuestra  es  la  mala,  la  ge¬ 
nerosa,  y  así  es  el  mundo,  el  de  los  explotadores. 
Y  para  el  caso  de  que  los  naturales  cambien  de 
modo  de  pensar  y  se  les  ocurra  alzarse  contra  sus 
dominadores,  mantienen  éstos  allí  constantemente 
un  ejército  de  15.000  europeos  (de  ellos  11.000  ho¬ 
landeses),  y  otros  15.000  indígenas. 

La  farsa  de  la  conservación  de  los  monarcas 
malayos  y  de  su  corte  y  ejército,  con  cuyas  apa¬ 
riencias  creen  los  naturales  que  aun  son  casi  in¬ 
dependientes,  es  completa.  En  Surakarta  (la  se¬ 
gunda  población  importante  del  archipiélago,  que 
cuenta  130.000  habitantes)  viven  dos  Emperado¬ 
res:  Susocbonán  y  Pangerán  Adipati  Ario  Mangku- 


Negoro,  descendientes  de  los  antiguos  monarcas. 
Como  gentes  del  mismo  oficio,  no  se  pueden  ver 
uno  á  otro  ni  pintados,  y  en  su  mutua  rivalidad 
está  la  garantía  de  su  impotencia  y  la  tranquilidad 
absoluta  de  los  holandeses.  Además,  para  que  la 
recíproca  tirria  sea  más  honda  entre  ambos,  los 
holandeses  los  han  hecho  cuñados,  casando  á  Su- 
sochonán  con  la  hermana  de  Negoro. 

Para  imponerse  á  los  babiecas  de  sus  súbditos 
tiene  aquél  delante  de  su  palacio  unos  cañones  de 
bronce,  cubiertos  de  roña  desde  el  oído  hasta  la 
boca;  y  en  cambio,  Negoro  manda  un  regimiento 
ó  montón  de  seiscientos  soldados  (?)  de  infantería 
y  medio  escuadrón  de  caballería.  No  pueden  los 
Emperadores  salir  de  su  palacio  sin  permiso  del 
Residente  ó  Gobernador  de  la  comarca;  y  disfru¬ 
tan  de  tai  independencia  y  consideración,  que  to¬ 
das  las  mañanas  les  presentan  el  correo  en  una 

bandeja  de  oro;  pero . ¡después  que  lo  ha  abierto 

y  examinado,  de  la  cruz  á  la  fecha,  el  Residente!! 

¡Qué  palacios  y  (jué  corte  tan  admirable  la  de 
los  Soberanos  in  partibus  de  las  colonias  holande¬ 
sas!  Los  europeos  que  visitan  las  residencias  im¬ 
periales  cuentan  que  no  acaban,  y  tragan  que  es 
un  portento.  Negoro  recibe  en  los  salones  de  su 
Pendono ,  decosados  á  la  europea  con  resabios  del 
arte  malayo  é  iluminados  por  setecientas  lámpa¬ 
ras.  Allí  se  dan  banquetes  de  trescientos  cubiertos, 
y  á  cada  convidado  sirve  un  camarero  especial. 
No  tienen  otro  oficio  los  Soberanos  que  comer, 
tumbarse  á  la  sombra  y  oir  los  acordes  de  la  mú¬ 
sica  europea,  que  ejecutan  (y  es  verdad  el  vocablo) 
ios  músicos  indígenas,  que  aprenden  de  oído  para 
ser  artistas,  el  gamela ng  de  Java.  Entre  estos  Sobe¬ 
ranos  y  los  grandes  de  su  corte  abunda  mucho  el 
dinero,  y  toda  su  preocupación  consiste  en  consu¬ 
mirlo  alegremente.  No  hay  para  qué  decir  que  á 
la  buena  comida  y  á  la  buena  música  añaden  el 
indispensable  regalo  de  las  esposas  legítimas  por 
docenas.  Ningún  agustino,  ni  franciscano,  ni  do¬ 
minico,  ni  jesuíta  les  ha  dicho  jamás  que  por  ese 
camino  se  va  al  infierno,  porque  allí  no  se  estilan 
tales  hábitos;  y  en  cambio,  los  holandeses,  los  des¬ 
cendientes  de  los  especieros  del  siglo  XVTI,  les  ani¬ 
man  á  que  sigan  disfrutando  de  la  vita  bonay  con 
tal  de  que  malayos  ricos  y  pobres  paguen  el  tributo 
que  el  Gobierno  de  La  Haya  les  exige.  Y  esto  es  el 
resumen  de  un  sistema  colonizador,  suave,  inteli¬ 
gente,  acertado,  modelo  y  garantizado  contra  toda 
clase  de  sublevaciones.  «Al  olor  de  la  rica  miel» 
han  acudido  á  poblar  y  á  aumentar  las  poblacio¬ 
nes  de  aquella  deliciosa  Insulinda  miles  y  miles 
de  malayos,  chinos,  árabes  ó  indios;  y  desde  unos 
tres  millones  de  habitantes  que  había  en  todas  las 
islas  á  principios  del  siglo  XIX,  son  hoy  treinta  y 
dos  los  que  residen  en  aquel  paraíso  de  la  zona  tó¬ 
rrida  oceánica.  He  referido  las  maravillas  estu¬ 
pendas  de  la  colonización  comercial,  laica,  positi¬ 
vista  y  utilitaria  de  los  holandeses,  en  mis  leccio¬ 
nes  sobre  los  intereses  ultramarinos  en  la  cátedra 
del  Ateneo  de  Madrid,  y  digo  y  repito  ahora  que 
jamás  hubiéramos  tenido  insurrecciones  en  las  Fi¬ 
lipinas  si,  siendo  menos  humanitarios,  menos  ca¬ 
balleros,  menos  cristianos  y  menos  quijotes,  y 
habiéndonos  dedicado  exclusivamente,  sin  ningún 
miramiento,  á  imponer  el  predominio  español  so¬ 
bre  el  tagalo ,  y  á  explotar  su  fuerza  física  como 
se  explota  la  de  los  animales,  y  á  trazar  una  línea 
absoluta  de  separación  entre  los  indígenas  y  los 
peninsulares,  no  los  hubiéramos  educado  ni  ense¬ 
ñado  nada,  ni  hubiéramos  tratado  de  evangelizar¬ 
los,  ni  redimirlos,  ni  les  hubiéramos  abierto  las 
puertas  de  la  Universidad  y  de  los  colegios  y  se¬ 
minarios,  ni  les  hubiéramos  dado  participación 
alguna  en  la  administración  y  gobierno  de  los  pue¬ 
blos.  Esto  es  muy  duro;  pero  más  duro  es  el  pago 
que  nos  ha  dado  la  ingratitud  filipina. 


o  « 

Por  la  caridad  entra  la  peste .  Si  no  hubiera  ni 
un  abogado,  ni  un  alcalde,  ni  un  empleado,  ni  un 
cura  indígena,  no  se  hubieran  sublevado  jamás 
aquellas  islas.  Lo  demuestran  así  las  colonias  y 
posesiones  holandesas  ó  inglesas  de  Asia  y  de 
Oceanía.  Por  eso  las  conservan,  por  haber  tratado 
á  los  naturales  como  seres  inferiores  é  indignos; 
por  eso  no  las  conservamos  nosotros,  por  haberlos 
considerado  como  hombres  y  como  hermanos 
nuestros.  La  colonización  digna  y  humanitaria  ha 
sido  la  española;  la  colonización  brutal  y  exter- 
minadora  ha  sido  la  inglesa  y  las  que  la  han  imi¬ 
tado.  Cuanto  queda  dicho  de  Java  y  de  Sumatra, 
se  puede  repetir  de  la  India,  de  Nueva  Zelanda  y 
del  Africa  Meridional,  donde  el  elemento  indí¬ 
gena  ó  ha  desaparecido  en  absoluto  ó  no  tiene 
participación  alguna  en  la  administración  y  go¬ 
bierno  de  la  colonia,  por  más  que  conserve  todas 
las  libertades  y  prácticas  de  la  barbarie  antigua, 
como  ocurre  en  la  India  entera.  El  laissez  /aire, 


Digitized  by  ^.ooQie 


30  Junio  1898 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


n.®  xxiv  —  387 


laissez  aller  de  los  librecambistas  es  la  gran  doc¬ 
trina  del  egoísmo  colonizador;  dejad  al  colono,  al 
indio,  al  tagalo  que  hagan  lo  que  les  dó  la  gana, 
con  tal  de  que  vivan  sometidos  y,  paguen  el  tribu¬ 
to,  con  tal  de  que  trabajen  como  caballerías  y  pro¬ 
duzcan  todo  lo  que  puedan  al  tesoro  colonial,  y  lo 
demás  es  palabrería  pura.  Esto  será  antihumano 
y  anticristiano ;  pero  haciéndolo  así  conservan  sus 
colonias  las  naciones  grandes  y  pequeñas  de  Euro¬ 
pa,  y  por  no  hacerlo  nosotros,  las  hemos  perdido 
y  las  iremos  perdiendo. 

* 

«  « 

Para  los  pueblos  anglo-sajones  y  flamencos,  la 
colonización  no  es  más  que  un  negocio,  y  todos 
los  medios,  aun  los  más  detestables,  son  lícitos  y 
buenos  con  tal  de  realizarlo.  Este  grosero  positi¬ 
vismo  está  en  la  masa  de  la  sangre  de  esos  pue¬ 
blos,  y  lo  aplican,  no  sólo  al  trato  de  los  colonos, 
sino  al  de  sus  conciudadanos  y  convecinos.  «Amon¬ 
tonar  dinero,  y  caiga  el  que  caiga»,  tal  es  el  ideal. 
Así  lo  puso  en  práctica,  con  tanta  audacia  como 
fortuna,  el  millonario  aventurero  Hooley,  cuya 
espantosa  quiebra  acaba  de  producir  tanta  sensa¬ 
ción  en  la  Bolsa  de  Londres.  Ese  mozo,  que  cuenta 
hoy  treinta  y  nueve  años,  era  no  hace  muchos 
humilde  emplead illo  de  una  casa  de  banca,  y  en 
1897  había  reunido  un  capital  que  le  producía 
1.800.000  pesetas  de  renta.  No  hubo  jamás  obs¬ 
táculos  ni  dificultades  para  él  en  materia  de  nego¬ 
cios.  En  1895  fundó  la  Compañía  de  Dunlop,  con 
la  que  sacó  ai  público  cinco  millones  de  libras  es¬ 
terlinas,  dos  de  los  cuales  se  apropió  como  funda¬ 
dor.  Había  creado  ya,  con  un  capital  de  dos  millo¬ 
nes  y  medio  de  libras,  la  sociedad  Bovil  para  la 
explotación  del  extracto  de  carne;  se  hizo  dueño 
de  la  empresa  de  aguas  minerales  de  Scheweppe; 
mangoneó  como  pocos  en  los  centros  bursátiles  de 
la  City,  en  Londres;  fundó  la  fábrica  de  fusiles 
Lee-Metford;  trató  de  realizar  varios  empréstitos 
con  las  naciones  extranjeras,  y  entre  ellos  uno  de 
16  millones  de  libras  con  el  Gobierno  chino,  y 
tuvo  gran  participación  en  el  contratado  para  el  su¬ 
ministro  del  gas  en  Viena. 

Vivía  á  lo  millonario  espléndido,  con  seis  admi¬ 
rables  posesiones  rurales  de  gran  cultivo,  produc¬ 
ción  y  lujo;  poseía  afamada  caballeriza,  y  era  su¬ 
mamente  pródigo  en  sus  constantes  donativos. 
Cuando  se  celebró  el  Jubileo  de  la  reina  Victoria, 
regaló  á  la  catedral  de  San  Pablo  una  colección 
de  ornamentos  de  oro  puro.  Su  fama  de  hombre 
atrevido  y  afortunado  es  tanta,  que  aun  hoy,  des¬ 
pués  de  la  quiebra,  se  asegura  en  Inglaterra  que 
el  activo  que  presenta  es  mayor  que  el  pasivo,  que 
pagará  á  todos  sus  acreedores  y  que  continuará 
negociando  con  tanta  actividad  como  antes. 

En  una  reciente  conversación  con  un  periodista, 
dijo  con  su  habitual  frescura  y  sangre  fría:  «He 
dado  á  los  pobres  más  de  250.000  libras ,  y  hoy  no 
tengo  una  peseta  en  mi  casa.  El  banquero  en  cuya 
caja  dejé  5.000.000  de  libras,  se  ha  negado  á  pa¬ 
garme  un  cheque  de  150  que  le  he  enviado  para 
satisfacer  los  gastos  de  mis  empleados.  Durante 
muchos  años  he  trabajado  dieciséis  horas  diarias, 
sin  haber  tenido  en  ellos  dos  ó  tres  días  libres 
para  descansar.  Muchos  caballeros  á  quienes  he 
sacado  de  la  nada,  que  ocupan  hoy  grandes  posi¬ 
ciones  gracias  á  haberles  admitido  á  formar  parte 
de  los  sindicatos  que  fundé  y  que  se  hicieron  ri¬ 
cos  sin  tener  que  discurrir  nada,  me  vuelven  la 
espalda;  pero  no  importa;  yo  me  reharé,  yo  vol¬ 
veré  á  subir;  pagaré  á  todos  y  me  quedarán  500.000 
libras  para  empezar  á  trabajar  de  nuevo  por  mi 
cuenta.  Soy  víctima  de  las  calumnias  de  mis  ex¬ 
plotadores  ,  y  juro  que  he  de  desenmascararlos  y 
que  daré  buena  cuenta  de  ellos.» 

Con  gran  impaciencia  se  esperan  en  el  mundo 
de  los  hombres  de  negocios  las  revelaciones  de 
Hooley;  pero  no  hay  persona  que  piense  en  esto 
que  no  diga: -Por  muy  crueles  explotadores  que 
hayan  sido  los  que  persiguen  á  Hooley,  ¿qué  ex¬ 
plotador  se  podrá  comparar  con  él,  que  en  diez 
años,  sin  tener  mil  pesetas  á  su  disposición,  acu¬ 
muló  un  capital  de  tantos  millones?  ¿A  cuántos 
miles  de  familias  habrá  desplumado  este  D.  Juan 
de  Robres,  para  hacer  pasar  los  ahorros  del  pró¬ 
jimo  á  sus  insondables  bolsillos  ?  Aun  es  muy  jo¬ 
ven,  y  con  lo  que  ha  aprendido,  posible  es  que 
vuelva  á  recuperar  la  fortuna,  porque  la  tenacidad 
de  su  carácter  no  dejará  de  encontrar  bastantes 
millares  de  incautos  á  quienes  arrastrar  y  asimi¬ 
larse  pecuniariamente.  Todo  es  cuestión  de  volun¬ 
tad  y  de  constancia,  virtudes  típicas  en  el  carác¬ 
ter  inglés,  y  de  las  cuales  fué  modelo  incompara¬ 
ble  por  cierto  el  ex  jefe  del  partido  liberal  lord 
Rosebery.  Era  estudiante  en  Oxford  á  los  dieci¬ 
séis  años  este  famoso  aristócrata,  y  discutiendo  en 
cierta  ocasión  con  sus  compañeros  acerca  del  po¬ 
der  de  la  firme  voluntad,  les  dijo:  «Tal  como  me 


veis,  yo  me  casaré  con  la  joven  más  rica  de  Ingla¬ 
terra;  yo  seré  primer  Ministro  en  el  Gobierno,  y 
yo  ganaré  el  primer  premio  en  las  carreras  del 
Derby.»  No  puede  soñar  mayores  éxitos  ni  gran¬ 
dezas  un  inglés.  Pero  lord  Rosebery  no  soñó,  por¬ 
que  algunos  años  después  se  casaba  con  una  hija 
de  Rothschild  y  presidía  el  Gobierno  liberal  cuan¬ 
do  lord  Gladstone  se  retiró;  y  de  sus  caballerizas 
salió  el  caballo  que  obtuvo  el  gran  premio  en  las 
carreras.  Como  marido  y  como  criador  de  potros 
1*  fue  mejor  que  como  político,  porque  no  consi¬ 
guió  retener  por  mucho  tiempo  la  jefatura  del 
partido  liberal,  que  le  disputó  y  arrebató  sir 
W.  Harcourt,  y  á  quien  ahora  trata  de  arrebatár¬ 
sela  á  su  vez,  para  suceder  definitivamente  á  lord 
Gladstone.  ¿Lo  conseguirá?  Todo  se  puede  esperar 
en  la  política  si  se  tiene  la  cabeza  tan  dura  y  el 
ánimo  tan  esforzado  como  Rosebery,  que  hasta 
ahora  siempre  que  ha  dicho  «¡quiero!»,  ha  logrado 
realizar  lo  que  ha  querido. 


Alemania  es  tan  positivista  ó  más  que  la  Gran 
Bretaña,  y  está  tan  materializada  como  la  nación 
más  prosaica  y  realista  del  orbe.  Esta  enfermedad 
corroe  su  organismo  y  su  sangre  hasta  lo  más 
hondo,  y  es  más  grave  en  la  vida  del  pueblo  y  de 
la  clase  media  que  el  socialismo  y  que  el  anar¬ 
quismo.  ¡Pero  no  haya  miedo!  El  enfermo  teutón 
sajón  tuvo  un  gran  médico:  el  emperador  Guiller¬ 
mo.  Acaba  ahora  mismo  de  encontrar  un  remedio 
heroico  contra  el  mal  social ,  un  elixir  para  idea¬ 
lizar  á  la  nación,  para  levantarla,  para  que  se  re¬ 
dima  del  ruin  culto  de  la  materia.  ¿Cuál  es  este  ma¬ 
ravilloso  remedio?  El  teatro. 

Discutan  en  hora  buena  ateneístas ,  lateros  de 
cafó,  logorreos  y  emborronadores  de  cuartillas,  si 
el  teatro  es  ó  no  escuela  de  costumbres;  Guillermo 
de  Alemania  ha  hablado,  y  el  pleito  queda  resuelto 
en  suprema  instancia.  Hé  aquí  alguno  de  los  pᬠ
rrafos  de  la  alocución  imperial,  dirigida  hace  diez 
días  á  los  artistas  de  los  teatros  alemanes  subven¬ 
cionados  por  el  Gobierno:  «Cuando  subí  al  trono 
acababa  de  salir  de  la  escuela  del  idealismo,  en  la 
que  mi  padre  me  educó.  Desde  entonces  he  creído 
que  los  teatros  reales  estaban  destinados,  antes 
que  á  todo,  á  cultivar  el  idealismo  en  el  pueblo,  y 
que  deben  ser,  como  la  escuela  y  la  universidad, 
un  instrumento  de  que  el  monarca  se  sirve  para 
conservar  los  tesoros  intelectuales  de  la  noble  pa¬ 
tria  alemana.  El  teatro  debe  contribuir  á  formar 
el  espíritu  y  el  carácter  del  pueblo,  á  arraigar  sus 
ideas  morales,  y  es  para  el  soberano  una  de  las 
principales  armas  que  puede  emplear  en  pro  del 
progreso  de  la  nación.  Por  esto  tengo  el  deber  de 
cuidarme  mucho  de  que  se  sostenga  y  prospere, 
como  lo  hicieron  mi  padre  y  mi  abuelo.  Os  agra¬ 
dezco  muchísimo,  señores  artistas,  el  haber  culti¬ 
vado  é  interpretado  tan  magistralmente  las  obras 
maestras  alemanas,  las  creaciones  de  nuestros 
grandes  genios  y  las  de  los  de  las  demás  naciones. 
En  todas  partes  se  admira  el  arte  de  los  teatros 
que  llevan  el  nombre  de  reales  por  estar  bajo  el 
amparo  de  los  reyes. 

» Continuad  ayudándome  á  servir  el  ideal  con 
firme  confianza  en  Dios,  y  á  sostener  la  lucha 
contra  el  materialismo  y  contra  las  tendencias 
opuestas  al  espíritu  alemán,  y  á  las  cuales  se  han 
entregado  desgraciadamente  algunos  teatros  ale¬ 
manes.» 

A  esta  original  encíclica  laica  y  regia,  por  la 
que  se  eleva  á  los  cómicos  al  rango  de  regenera¬ 
dores  activos  del  espíritu  humano,  ha  contestado, 
en  nombre  de  los  actores,  el  Conde  de  Hochberg, 
intendente  general  de  los  teatros  subvencionados 
por  el  Gobierno,  asegurándole  que  el  arte  nacio¬ 
nal  multiplicará  sus  triunfos  bajo  la  dirección 
del  Emperador,  y  enviándole  el  testimonio  de 
gratitud  de  cuantos  toman  parte  en  la  vida  teatral. 
Confía  Guillermo  II  en  que  la  nación  se  engran¬ 
decerá  inspirándose  en  el  recuerdo  de  las  grandes 
obras  de  sus  escritores  dramáticos  pasados  y  pre¬ 
sentes,  como  nosotros  confiamos  en  que  hemos  de 
ser  cada  día  más  ruines  y  pequeños  inspirándonos 
en  los  mamarrachos  y  chulaperías  de  nuestro  des¬ 
acreditado  y  hundido  arte  callejero,  cuya  peque- 
ñez  y  pobreza  en  la  forma  literaria  son  dignas  de 
sus  menguados  ideales. 

Ricardo  Becerro  de  Bengoa. 


Al  publicar  en  nuestro  número  XXI  el  retrato 
y  los  espléndidos  salones  del  palacio  de  la  Vizcon¬ 
desa  de  Janzó,  la  llamábamos  Baronesa,  reprodu¬ 
ciendo  el  error  en  que  la  prensa  extranjera  incu¬ 
rría  al  confundir  ambos  títulos.  Tenemos,  por  lo 
tanto ,  el  gusto  de  hacer  constar  que  la  aristocrᬠ


tica  dama  que  destinó  el  producto  de  la  Exposi¬ 
ción  de  su  artística  morada  al  beneficio  de  los  he¬ 
ridos  españoles  es  Mme.  Choiseul  Gouffier^  viz¬ 
condesa  de  Janzé,  y  no  baronesa. 


JABON  DE  LOS  PRÍNCIPES  DEL  CONGO 

•1  más  perfumado  de  loa  jabone»  de  tocador 

LOCION  VAISSIER 

3g rindes  premios.  21  medallas  de  oro. — Fuera  de  oononreo 
4,  PLACE  DE  I/OFÉBJL,  PARIS 

De  venta  en  todas  las  buenas  perfumerías  de  España  y  América. 

CREMA  BE  LA  MECA 

Importante  rr reta  para  Bl*nqu«mr  el  Cotia,  una  y  béaéfica.  —  Basta  «n» 
peqnrfif  dina  cantidad  para  adarar  el  cutís  más  obscuro  y  darle  la  Mancara  saavc  j 
nacarada  dd  marflL(Proo/ooA  Pir/a(5(.)DU88eRJ.RueJ.-J.Rottsam^arla. 


14  ¥UH  -  ES9EHCE  -  EAU  DE  TOILETTt 
POUOfíE  DE  DIZ 


L.T.  PIVER  a  PARIS 


Bl  VINO  de  PINTONA  OATILLON,  •/  m»Jor  rOCOflttltUyonU 
de  /ii  ftrerzae,  rutsbiso»  •/  apetito  /  /««  dége$tlone$.  E»fbrm»dsdm 

*et  I8TÓSAQO.  LANGUIDEZ,  A  NIDIA,  ele. 


Perfumería,  erótica  SENET,  35,  ruedu  Quatre  Septembra. 
París.  (  Véante  loe  anuncio*.)  ^ 


Perfumería  Ainon,  Maison  LECONTE.  31.  rué  du  Quatre 
Septembra.  (  Véanse  lo»  anuncio».) 

FOLIOS  PEiO  d’ESPABIB  exquisito  perfume. 

Ileiiblgaat,  perfumista,  París ,  19,  Faubourg  S*  Honoré. 


IMPORTANTE. 


Rogamos  á  los  Señores  Suscriptores  cuyos  abo¬ 
nos  terminen  con  el  presente  número  y  que  pien¬ 
sen  seguir  honrándonos  con  su  concurso,  se  sirvan 
anunciar  su  propósito  á  esta  Administración  con 
la  mayor  anticipación  posible,  á  fin  de  que  el  ser¬ 
vicio  de  sus  respectivos  abonos  no  sufra  retraso 
por  la  aglomeración  de  trabajos,  propia  de  esta 
época  del  año,  en  nuestras  oficinas. 

Tanto  para  avisar  las  renovaciones,  como  para 
hacer  cualquier  reclamación  sobre  el  servicio,  e« 
muy  conveniente  acompañar  á  las  cartas  una  de 
las  fajas  con  que  se  Recibe  el  periódico. 


Los  Señores  Suscriptores  recibirán  con  el  pre¬ 
sente  número  la  Portada  y  el  Indice  general  co¬ 
rrespondientes  al  tomo  lxv  de  La  Ilustración 
Española  y  Americana,  que  termina  en  esta 
fecha. 


Los  frecuentes  abusos  que  vienen  cometiéndose 
por  individuos  que  falsamente  se  atribuyen  el  ca¬ 
rácter  de  representantes  de  esta  Empresa  en  las 
provincias,  nos  ponen  en  el  caso  de  recordar  nue¬ 
vamente:  l.°,  que  no  respondemos  más  que  de 
aquellas  suscHpciones  que  se  hayan  formalizado  y 
satisfecho  en  nuestras  oficinas;  2.°,  que  el  público 
debe  acoger  con  la  mayor  reserva  las  instancias 
de  personas  que,  á  la  sombra  del  crédito  de  la  Em¬ 
presa,  y  atribuyéndose  una  representación  que  de 
ningún  modo  pueden  justificar,  abusan  de  su 
buena  fe;  y  3.°,  que  siendo  en  gran  número  los  li¬ 
breros,  impresores  y  dueños  de  establecimientos 
mercantiles  que  en  todas  las  capitales  y  poblacio¬ 
nes  importantes  del  Reino  reciben  suscripciones 
á  La  Ilustración  Española  y  Americana  y  á 
La  Moda  Elegante,  correspondiendo  con  hon¬ 
radez  á  la  confianza  que  en  ellos  deposita  el  pú¬ 
blico,  no  nos  es  posible  estampar  aquí  una  lista 
tan  numerosa,  ni  es  tampoco  necesario;  porque 
conocidos  como  son  en  sus  respectivas  localidades 
por  el  crédito  que  su  comportamiento  les  haya 
granjeado,  nada  es  tan  fácil,  para  las  personas  que 
deseen  suscribirse  por  medio  de  intermediarios, 
como  asesorarse  previamente  de  la  responsabilidad 
y  garantía  que  puede  ofrecerles  aquel  á  quien  en - 
tregan  su  dinero. 

El  Administrador. 


Digitized  by 


Google 


388  —  n.°  xxiv 


LA  ILUSTRACIÓN  ESPAÑOLA  Y  AMERICANA 


30  Junio  a  * 


LIBROS  PRESENTADOS 

i  ESTA  REDACCIÓN  POR  AUTORES  Ó  EDITORES. 

España  ilustrada.— Vistas,  monumentos, 
escultura  y  pintura. 

Se  han  recibido  ejemplares  del  numero 
24  de  esta  artística  publicación  de  la  casa 
Hauser  y  Menet,  que  contiene  preciosas 
vistas  de  Toledo,  Eibar,  León,  y  el  célebre 
cuadro  de  Goya  La  familia  de  Carlos  IV. 

El  Credo  y  la  ilazón,  por  D.  José  de  Elo- 
]*. — Un  distinguido  jefe  ael  Cuerpo  de  E.  M., 
el  Sr.  D.  José  de  Elola,  cuyo  nombre  en  el 
ejército  es  Yentaj  osamen  te  conocido,  nos 
sorprende  con  la  publicación  de  una  obra 
de  religión  de  gran  profundidad  y  alcance, 
cuyo  título  encabeza  estas  líneas. 

Declara  el  autor  que  desconoce  las  sutile- 
zas  escolásticas  y  que  ignora  las  razones 
que  los  doctores  de  la  Iglesia  aducen  en 
apoyo  de  su  doctrina;  pero  que,  como  hom¬ 
bre,  encuentra  en  su  razón,  en  su  concien¬ 
cia  y  en  el  ejercicio  del  sentido  común 
medios  apropiados  para  conocer  la  verdad, 
y  los  emplea.  .... 

Llevado  por  imperiosa  necesidad  de  su 
espíritu  á  profundizar  el  significado  de  las 
palabras  del  Credo,  y  obedeciendo  á  la  irre¬ 
sistible  aspiración  A  la  verdad  que  el  hom¬ 
bre  siente,  escribió  para  sí  mismo;  pero  in¬ 
ducido  por  personas  respetables  A  publicar 
un  estudio  nacido  de  aquellas  causas  pura¬ 
mente  subjetivas,  colma  todo  su  anhelo  la 
esperanza  de  que  algún  indiferente  medite, 
algún  descreído  crea,  alguno  sienta  al  leer 
las  páginas  lo  que  el  autor  sintiera  al  es¬ 
cribirlas. 

Examinando  las  grandes  afirmaciones 
católicas  del  símbolo  de  la  fe,  trata  el  señor 
Elola  con  grandísimo  acierto  de  materia 
tan  difícil  con  la  sola  ayuda  de  la  razón  na¬ 
tural;  pero  la  razón  del  autor  es  la  de  una 
inteligencia  ejercitada  en  la  fecunda  disci¬ 
plina  de  los  estudios  matemáticos,  está 
ilustrada  con  la  riqueza  de  ideas  de  una 
vasta  cultura,  y  tiene  tal  luz  y  (calor  de 
una  fe  sincera,  que,  superando  sus  propios 
deseos,  resulta  la  obra  una  apología  cató¬ 
lica  brillante  y  simpática  de  gran  fuerza 
sugestiva. 

En  materias  tan  delicadas  de  tratar, 
puede  la  mejor  intención  de  un  escritor 
poco  versado  en  ciencias  eclesiásticas  caer 
en  errores  lamentables;  pero  D.  José  Elola, 
que  sometió  su  trabajo  á  la  censura  de  la 
Iglesia,  mereció  del  Excmo.  Sr.  Obispo  de 
Puerto  Rico  la  autorización  plena  del  mis¬ 
mo  por  no  contener,  según  la  censura,  cosa 
alguna  contra  el  dogma  católico  y  sana 


DON  JOSÉ  DE  PONTES  Y  ROSALES, 

PRIMER  FARMACÉUTICO  DE  LA  REAL  CÁMARA, 
NUEVO  ACADÉMICO  DE  LA  REAL  DE  MEDICINA. 

(De  fotografía  de  Fernando  Deba*.) 


moral,  encontrando  su  lectura  recomenda¬ 
ble  á  los  fieles  por  la  instrucción  religiosa 
que  encierra. 

El  precio  marcado  en  la  obra  es  el  de  6 
centavos  de  peso. 

Claufttros  románicos  españoles,  por 
D.  Enrique  Serrano  Fatigatf. 

El  docto  catedrático  y  presidente  de  la 
Sociedad  Española  de  Excursiones,  don 
Enrique  Serrano  Fatigati,  cuya  Memoria 
acerca  del  Sentimiento  de  la  Naturaleza  en 
los  relieves  medioevales  españoles  exami¬ 
namos  ligeramente  en  una  de  nuestras  úl¬ 
timas  notas  bibliográficas,  ha  publicado 
otro  interesante  estudio  en  que  da  nueva 
muestra  de  sus  profundos  conocimientos 
arqueológicos. 

En  este  examina  los  caracteres  propios 
de  los  claustros  románicos  en  nuestro  país, 
y  describe  el  estado  de  los  principales  de 
ellos.  El  monasterio  de  Ripoll,  San  Cucu- 
fate  del  Vallés,  San  Benito  de  Bagés,  San 
Juan  de  la  Peña,  San  Pedro  el  Viejo  de 
Huesca,  el  monasterio  de  Silos,  San  Pedro 
de  Vi Uanueva  (Asturias),  los  de  La  Oliva 
é  Iranzu,  los  monumentos  de  Poblet,  San¬ 
tas  Cruces,  Vailbona,  las  Huelgas  de  Bur¬ 
gos  y  otros  muchos,  son  objeto  de  su 
investigación.  Analiza  después  la  proceden¬ 
cia  de  los  claustros  españoles  y  sus  relacio¬ 
nes  con  los  extranjeros,  examina  su  va¬ 
riada  ornamentación,  consagrando  dos  ca¬ 
pítulos  respectivamente  á  la  del  monasterio 
de  Silos  y  de  los  relieves  de  Tarragona. 

Veintiséis  figuras  intercaladas  en  el  texto 
ilustran  la  obra,  á  la  que  acompañan  dos 
fototipias,  una  del  claustro  de  San  Juan  de 
la  Peña  y  otra  del  de  Silos,  hechas  por 
Hauser  y  Menet 

La  Cristiada,  por  Fr.  Diego  de  Ojeda. 

Hemos  recibido  los  cuadernos  25  y  26  de 
la  edición  artística  y  monumental  que  la 
casa  S.  González  y  Comp.*,  de  Barcelona, 
publica  del  épico  poema  cristiano  de  Diego 
de  Ojeda. 

Necesariamente  habríamos  de  incurrir 
en  repeticiones  de  lo  que  en  análogos  casos 
hemos  dicho  de  obra  tan  bella  é  importante 
si  tratáramos  de  elogiar  como  merecen  los 
cuadernos  últimamente  recibidos. 

JLa  Exposición  Nacional  de  Bellas 

Arte*.— Hemos  recibido  ejemplares  del  cua¬ 
derno  XIV  de  esta  artística  publicación, 
que  contiene  el  retrato  de  J.  Martínez  Aba¬ 
des,  y  obras  del  mismo,  de  Hernández  Ná- 
jera,  Vila,  María  Luisa  La  Riva,  Vancell, 
Alcalá  Galiano,  Francés,  Cusín  y  Beristain. 

C. 


MAPA  DE  LA  ISLA  DE  CUBA. 


En  la  Administración  do  La  Ilustración  Española  y  Americana, 
Arenal,  18,  Madrid,  hállase  de  venta  el  Mapa  de  la  Isla  de  Cuba  más  com¬ 
pleto  de  todos  los  publicados  hasta  el  día. 

Este  mapa,  esmeradamente  impreso  á  cinco  tintas,  está  dividido  en  dos 
hojas,  comprendiendo  una  la  parte  oriental ,  y  la  otra  la  occidental  de 
la  Isla.  Es  indispensable  á  todos  cuantos  quieran  seguir,  en  todos  sus  de¬ 
talles,  las  operaciones  militares  en  la  Isla  de  Cuba. 

El  precio  de  venta  en  toda  España  es  de  2  pesetas  cada  hoja,  ó  sean 
4  pesetas  el  mapa  completo. 


LICOR  DEL  POLO  DE  ORIVE 

Nada  hay  tan  desagradable  como  una  dentadura  sucia,  una  boca  de  olor  fétido,  unas  encías  pᬠ
lidas  y  blandas.  Las  señoritas  que  poseen  el  arte  de  la  belleza  y  que  saben  lo  que  más  encanta  al 
hombre,  sostienen  sus  dientes  con  hermoso  y  nacarado  marfil,  las  encías  duras  y  rosadas  como  eL 
carmín  y  la  boca  deliciosamente  perfumada  por  la  menta  y  la  rosa,  con  el  uso  diario  del  más  ba-1 
rato  y  mejor  de  los  dentífricos  del  mundo  Licor  del  Polo  d©  Orive.  Por  mayor,  Melchor 
García,  Capellanes,  1,  Madrid.— Al  detalle,  en  todas  las  farmacias  y  perfumerías. 


LA  SALUD  PARA  TODOS 

sin  medicina,  por  la  deliciosa  harina  de  salud 

LA  REVALENTA  ARABIGA  I  . K 

Cura  las  digestiones  laboriosas,  (dispepsias!,  gastritis,  acedías,  disenteria,  pituitas, 
náuseas,  fiebres,  estreñimientos,  diarrea,  cólicos,  tos,  diabétis,  debilidad,  todos  los 
desórdenes  del  pecho,  bronquios,  vejiga,  hígado,  riñones  y  sangre. — 50  años  de 
buen  éxito,  renovando  las  constituciones  más  agotadas  por  la  vejez,  el  trabajo  ó  los 
excesos.  .  Es  también  el  mejor  alimento  para  cnar  á  los  niñoB.— Depósito  General  : 
Vidal  y  Ribas,  Barcelona,  y  en  casa  de  todos  los  buenos  boticarios  y  ultramarinos 
de  la  Península  y  de  Ultramar.  Du  Barry  y  Cía.,  77,  Regent  Street,  Londres,  i 


CUENTOS,  POR  D.  JOSÉ  FERNÁNDEZ  BREMÓN. 


De  venta  en  las  oficinas  de  este  periódico,  calle  del  Arenal,  18,  Madrid. 


SUEÑOS  Y  REALIDADES 

POR 

D.  RAMÓN  DE  NAVARRETE. 

La  mejor  recomendación  de  este  ameno  libro 
¡3  manifestar  que  está  escrito  por  el  distinguido 
ronista  de  salones  y  teatros  El  Marqués  de 
Valle- Aleare. 

Elegante  volumen  en  8.°  mayor  francés,  que 
;e  vende,  á  4  pesetas,  en  la  Administración  de 
npri  ñílirn.  Arenal.  18.  Madrid. 


REUMATISMO 

Se  alivia  á  la  primera  untura  del  prodigioso 
Bálsamo  Ant¡reuniát¡co  de  Orive,  reco¬ 
nocido  como  irreemplazable  en  todo  el  mundo 
para  calmar  en  el  acto  los  más  indomables  ata¬ 
ques  de  reuma.  En  los  casos  más  desesperados  es 
el  cons  ielo  de  los  enfermos  y  el  crédito  de  los  mé¬ 
dicos  que  lo  recetan. — En  todas  las  farmacias. 
Por  mayor:  Bilbao,  Orive,  y  en  Madrid,  M.  García. 


FIN  DEL  TOMO  LXV. 


Impreso  oon  tinta  de  la  fábrioa  LOMLLIUI  y  G.\  16,  ruó  Suger,  París. 


Reservados  todos  loe  derechos  de  propiedad  artística  y  literaria. 


MADRID.— Establecimiento  tipolitográfico  «Sucesores  de  Bivadoneyra», 
impresores  de  la  Real  Casa. 


'i 


Digitized  by  ^.ooQie 


I' 


I 


University  of  California 
SOUTHERN  REGIONAL  LIBRARY  FACILITY 
405  Hilgard  Avenue,  Los  Angeles,  CA  90024-1388 
Retum  this  material  to  the  library 
from  which  it  was  borrowed. 


01  OCT  1 8  1S5£ 


NON-RI:NEWABLE 


intei 


OUf  y  Uurv^ 


Form  L9-Serie8  4939 


IBRARV  f*C*MÍ{| 


[HERN  RE 


000  018  314  5 


//